Puebla en las exposiciones universales
del siglo xix: La inserción de una región
en el contexto global
María de Lourdes Herrera Feria
Puebla en las exposiciones
universales del siglo xix:
La inserción de una región
en el contexto global
Primera edición: 2014
d. r. © Benemérita Universidad Autónoma de Puebla
4 Sur 104, Centro Histórico,
Puebla, Pue. C. P. 72000
Dirección de Fomento Editorial
2 Norte 1404, Centro Histórico,
Puebla, Pue., C. P. 72000
Tel. 246 8559
ISBN: 978-607-487-825-7
Diseño Editorial: Abraham Zajid Che
Impreso y hecho en México
Se prohíbe la reproducción, el registro o la transmisión
parcial o total de esta obra por cualquier medio impreso,
mécanico, fotoquímico, electrónico o cualquier
otro existente o por existir, sin el permiso previo del
titular de los derechos correspondientes.
índice
agradecimientos 9
introducción 11
escenarios distantes 33
Puntos de encuentro en la ruta de la modernidad 42
Las exposiciones universales y sus principios clasificatorios 78
la puesta en escena de la nación mexicana 121
La próspera imagen del territorio nacional 124
La construcción de la experiencia expositiva 144
Los pabellones mexicanos en las exposiciones universales 169
la inserción de una región en el contexto global 197
Reconfiguraciones políticas y fluctuaciones económicas regionales 199
Objetos y productos poblanos en las colecciones nacionales 228
Actores locales en escenarios internacionales 307
conclusiones 341
anexo: expositores poblanos en la segunda mitad
del siglo xix 349
fuentes y bibliografía 403
índice de ilustraciones 435
índice de tablas 437
índice de figuras 439
agradecimientos
La primera versión de este texto fue presentada en la Universidad
Libre de Berlín, en los primeros días de julio de 2012, para obtener el
grado de doctor en Historia Moderna. Posteriormente, para fines de pu�
blicación, se reorganizó su estructura, se eliminaron y agregaron algunas
partes. En la preparación de las diferentes versiones recibí el apoyo de va�
rias personas e instituciones a quienes deseo expresar mi reconocimiento
por su acompañamiento y orientación: Georg Fischer, Michel Bertrand,
Jeffrey Bortz, Evelyne Sanchez, Mariano Torres, María del Pilar Pacheco,
Carlos Contreras y Miguel Ángel Cuenya, en diferentes oportunidades,
se mostraron dispuestos a discutir mis dudas, a sugerir formas de pre�
sentación de los resultados, a recomendar y proporcionar bibliografía de
difícil acceso. Les agradezco sus opiniones críticas y sus sugerencias, ade�
más de su consideración y aprecio personal.
El Instituto Latinoamericano de la Universidad Libre de Berlín me
brindó la oportunidad de desarrollar y concluir mis estudios doctorales
con su guía y respaldo, por tanto, mi deuda con su comunidad acadé�
mica es impagable. Especialmente deseo expresar una enorme gratitud
al profesor Stefan Rinke, destacado estudioso de la historia latinoame�
ricana, por su riguroso y atento asesoramiento científico y al profesor
emérito Reinhard Liehr, reconocido especialista de la historia poblana,
quien se interesó por los progresos de mi trabajo y revisó cuidadosa y
pacientemente mi escrito. Sus puntuales y generosas observaciones y los
comentarios críticos de los profesores Nikolaus Böttcher, Ingrid Kum�
mels, Michael Goebel y Nina Elsemann han mejorado sustancialmente la
estructura y el contenido de esta versión final.
En diferentes etapas, mi trabajo de investigación contó con el apoyo
financiero del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), del
Programa de Mejoramiento del Profesorado de la Secretaría de Educa�
10 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
ción Pública (Promep), del Programa de Apoyo a la Investigación de la
Vicerrectoría de Investigación y Estudios de Posgrado de la Beneméri�
ta Universidad Autónoma de Puebla (buap) y, de manera decisiva, del
Deutscher Akademischer Austauschdienst (daad).
Del mismo modo, mi labor se benefició con la atención solícita y pro�
fesional del personal encargado de diferentes repositorios documentales
por lo que deseo dejar constancia de mi reconocimiento a los archivistas y
bibliotecarios del Archivo Municipal de Puebla, del Archivo General del
Estado de Puebla, de la Biblioteca José María Lafragua y de la Biblioteca
del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la buap en la ciudad
de Puebla; del Archivo General de la Nación, del Archivo Histórico de la
Secretaría de Relaciones Exteriores y de la Biblioteca Miguel Lerdo de Te�
jada de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público en la Ciudad de Mé�
xico y de la Biblioteca del Instituto Iberoamericano de la ciudad de Berlín.
Finalmente, no tengo palabras que alcancen a expresar mi agrade�
cimiento a Adolfo Alejandro, José Fabián, Javier Alejandro y Elizabeth;
y sólo me queda reconocer que su paciencia, amor y comprensión son
absolutamente inmerecidos.
Puebla, Pue., verano de 2014
introducción
En este texto se aborda un aspecto del proceso de construcción de
la imagen de la nación mexicana en el contexto internacional durante la
segunda mitad del siglo xix, cuando los conflictos internos y las inter�
venciones extranjeras plantearon, con urgencia, la necesidad de ganar
reconocimiento y credibilidad en la sociedad de las naciones. Diversas
gestiones diplomáticas, movimientos de opinión, edición de obras propa�
gandísticas y participación en eventos internacionales dejaron testimonio
del interés del Estado mexicano por figurar en el concierto de las naciones
con una identidad propia.
En la historiografía de este período, caracterizado por la fractura y la
búsqueda de consensos en torno a una idea de nación y a la imagen que
debía proyectar, la descripción y el análisis de este proceso se ha centrado
en la actuación de los grupos dirigentes asentados en el centro político
de la nación y se ha pospuesto la revisión del papel que desempeñaron
los poderes regionales. Por lo que, el propósito principal de esta investi�
gación es presentar la forma en que el estado de Puebla contribuyó a la
integración de las colecciones mexicanas que se exhibieron en las exposi�
ciones universales de la segunda mitad del siglo xix.
La elección del estado de Puebla como espacio propicio para dilu�
cidar los mecanismos mediante los cuales una región estableció relacio�
nes con el centro nacional del poder político y contribuyó a configurar
una representación de la nación para su uso y consumo en los circuitos
internacionales estuvo determinada por la disponibilidad de fuentes do�
cumentales y por las características de la historia de su ciudad capital,
elementos que en conjunto permiten formar una idea de la relación que
se forjó entre la capital federal del país y sus centros periféricos.
La ciudad de Puebla, capital del estado, fundada desde las prime�
ras décadas del Virreinato español, se convirtió en el centro político y
12 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
administrativo de una de las regiones económicas y demográficas más
dinámicas y productivas tanto de la Nueva España como del México in�
dependiente, ubicada estratégicamente en el corredor Veracruz–México–
Acapulco, entre el Atlántico y el Pacífico, tempranamente formó parte
de los circuitos comerciales mundiales y sus habitantes pronto tomaron
consciencia de su propio valor.1 Los comerciantes, industriales y hacen�
dados, representados en el ayuntamiento, trataron de mantener un orden
social favorable a sus intereses, aunque eso significó la confrontación con
los representantes de los diferentes poderes metropolitanos. Se les identi�
ficó como baluarte del conservadurismo político y del proteccionismo in�
dustrial. Varios grupos sociales de Puebla, desde los grandes y pequeños
productores y empresarios, los comerciantes, industriales, hacendados y
artesanos, hasta los mismos grupos dirigentes, se distinguieron, en diver�
sos momentos y con diferentes grados de intensidad, por su activismo en
las guerras civiles y en los conflictos nacionales del siglo xix, con posturas
que en más de una ocasión fueron contrarias a las de los poderes políticos
federales.
Con antecedentes que se remontan a los primeros años del Virreina�
to, el territorio poblano ha sido escenario de complejos procesos políticos,
económicos y sociales que han dejado huella en su organización como
obispado, intendencia, departamento y, finalmente, Estado libre y sobe�
rano. La fundación de su ciudad capital, con todas sus particularidades,
y su devenir en el tiempo como una de las mayores concentraciones urba�
nas del período novohispano han provocado la atención de cronistas, via�
jeros e historiadores por su importancia económica y política. Relevancia
que aún conservaba en los albores del siglo xxi. En la actualidad, la zona
conurbada de la ciudad de Puebla ocupa el cuarto lugar en importancia
dentro de la república mexicana por su densidad demográfica y por su
influencia económica que gravita, incluso, sobre varios municipios del
vecino estado de Tlaxcala.2 La concentración de actividades industriales
Liehr, Reinhard, Ayuntamiento y oligarquía en Puebla, 1780–1810, 2 t., México, Secretaría de Edu�
1
cación Pública, 1976, p. 157.
2
Los municipios conurbados de la ciudad de Puebla son San Martín Texmelucan, San Pedro
Cholula, Amozoc, Cuautlancingo, San Miguel Xoxtla, Huejotzingo, San Andrés Cholula. En tanto,
San Pablo del Monte, Papalotla, Xicohtzingo, Zacatelco y Tenancingo pertenecen al estado de Tlax�
cala. Véase Consejo Nacional de Población, Evolución de las ciudades en México 1900–2000, México,
Consejo Nacional de Población, 1994, p. 96.
introducción 13
y productivas la ha constituido como una de las regiones económicas
más importantes del país, independientemente de límites territoriales
administrativos, al mismo tiempo es escenario de grandes desigualdades
sociales.3
En los estudios históricos sobre esta región se aprecia como tenden�
cia general: primero, la preeminencia de investigaciones sobre el período
colonial de la ciudad capital y, segundo, la crónica como principal fuente
de información y sustento de esos trabajos. El resultado ha sido una rica
descripción que incluye desde las características del espacio geográfico
hasta la recreación de cuadros costumbristas que ejemplifican la vida so�
cial, sin dejar de lado continuas referencias a las construcciones civiles
y religiosas. Estas descripciones dieron forma a un paisaje urbano que
recupera la presencia hispana, en detrimento de otros grupos como los
indios y los mestizos, al tiempo que establece la centralidad de la ciudad
capital frente a la enorme extensión del obispado o de la intendencia,
revelando los elementos con los que se constituiría una identidad cultu�
ral marcada por su origen como república de españoles. Esta percepción
ha sido perpetuada en posteriores interpretaciones, las cuales asimilaron
la imagen institucional que nos legaron los cronistas, correspondiente al
ideal de las elites angelopolitanas coloniales.4
3
De los 217 municipios que integran al estado de Puebla, sólo 25 localidades sobrepasan los 15
mil habitantes, de los cuales la mayoría se ubica en la franja central del estado donde también se
encuentra su ciudad capital. En el territorio poblano se ubican algunos de los municipios con ma�
yores índices de pobreza. Véase Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social.
Informe de pobreza y evaluación en el estado de Puebla 2012, México, Consejo Nacional de Evaluación
de la Política de Desarrollo Social, 2012.
4
Los cronistas pertenecían a la elite y, por ende, sus escritos reflejan sus intereses. Zerón Zapata,
Miguel, La Puebla de los Ángeles en el siglo xvii. Crónica de la Puebla, pról. de Mariano Cuevas, Puebla,
México, Patria, 1945; Bermúdez de Castro, Diego Antonio, Theatro Angelopolitano o Historia de la
ciudad de Puebla, México, Junta de Mejoramiento Moral, Cívico y Material del Municipio de Puebla,
1985; Villa Sánchez, Juan de, Puebla sagrada y profana. Informe dado a su muy ilustre ayuntamiento el año
de 1746, notas de Francisco Javier de la Peña (1835), estudio introductorio, cotejo y adaptaciones de
Francisco Téllez Guerrero y María Esther López–Chanes, Puebla, México, Benemérita Universidad
Autónoma de Puebla, Fomento Editorial, Vicerrectoría de Investigación y Estudios de Posgrado,
1997; López de Villaseñor, Pedro, Cartilla vieja de la nobilísima ciudad de Puebla (1781), ed. e índices
de José I. Mantecón, introd. de Efraín Castro Morales, México, Universidad Nacional Autónoma
de México, Instituto de Investigaciones Estéticas, 1961; Fernández de Echeverría y Veytia, Mariano,
Historia de la fundación de la ciudad de Puebla de los Ángeles en la Nueva España, su descripción y presente
estado, 2 v., ed., pról. y notas de Efraín Castro Morales, Puebla, México, Ediciones Altiplano, 1962;
Otte, Enrique (comp.), Cartas privadas de emigrantes a Indias, 1540–1616, México, Fondo de Cultura
Económica, 1996.
14 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
A las crónicas sobre la ciudad se suman los apuntes y relatos de
viajeros.5 El descubrimiento, conquista y colonización del nuevo mun�
do provocó, desde épocas tempranas, un profundo interés por conocer y
describir las riquezas naturales y las condiciones de vida que existían en
los dominios coloniales españoles. La descripción del paisaje poblano, la
riqueza de su suelo y la abundancia de mano de obra, así como la magni�
ficencia de su arquitectura civil y religiosa fueron elementos distintivos
de la región, expuestos desde el siglo xvii. Al despuntar el siglo xix, Hum�
boldt6 dedicó varias de las páginas de su Ensayo político a describir las po�
tencialidades de desarrollo del territorio poblano y de sus habitantes. En
1990 fue publicada una amplia recopilación de relatos elaborados por los
viajeros más notables que se ocuparon de describir la ciudad de Puebla
durante la Colonia y el siglo xx; obra útil que recupera, aunque de manera
fragmentada, diversas facetas de su vida urbana.7
En resumidas cuentas, tres aspectos se han destacado: primero, la
demografía y el estudio histórico de la población; segundo, los problemas
relacionados con la era fundacional y el desarrollo urbano; y, tercero, el
estudio de la historia del arte y de la arquitectura,8 aunque también la
5
Gage, Thomas, Nuevo reconocimiento de las Indias Occidentales, México, Secretaría de Educación
Pública, Fondo de Cultura Económica, 1982; Gemelli Careri, Giovanni Francesco, Viaje a la Nueva
España, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1976; Vázquez de Espinoza, Antonio,
Descripción de la Nueva España en el siglo xvii, México, Patria, 1944. En relación a los viajeros colonia�
les puede consultarse el trabajo de Flores Salinas, Bertha, México visto por algunos viajeros (siglos xvi y
xvii), México, Ediciones Botas, 1964. Además Flores Salinas, Bertha, México visto por algunos viajeros
(siglo xviii), México, Ediciones Botas, 1967.
6
Humboldt, Alexander von, Ensayo político sobre el reino de la Nueva España, México, Porrúa, 1991.
7
Ibarra Mazari, Ignacio (comp.), Crónica de la Puebla de los Ángeles según testimonios de algunos
viajeros que la visitaron entre los años 1540 a 1960, Puebla, México, Gobierno del Estado de Puebla,
Secretaría de Cultura, Comisión V Centenario, 1990.
8
Vollmer, Günter, “La evolución cuantitativa de la población indígena en la región de Puebla
(1570–1810)”, Historia Mexicana, 89, v. xxiii, n. 1, julio–septiembre de 1973, pp. 43–51; Calvo, Tho�
mas, Acatzingo, demografía de una parroquia mexicana, México, Instituto Nacional de Antropología e
Historia, 1973; Grajales Porras, Agustín, Explotation démografique d'un dénombrement mexicain ancien.
Le cas de la paroisse d'Analco a Puebla, 1792 (Tesis de maestría en Demografía), Université Catho�
lique de Louvain, 1982; Cuenya, Miguel Ángel, “La evolución demográfica de una parroquia en
la Puebla de los Ángeles (1660–1800)”, Historia Mexicana, 143, v. xxxvi, n. 3, enero–marzo de 1987,
pp. 443–464; Contreras Cruz, Carlos y Cuenya, Miguel Ángel (eds.), Ángeles y constructores. Mitos
y realidades en la historia colonial de Puebla (siglos xvi–xvii), Puebla, México, Benemérita Universidad
Autónoma de Puebla, Fomento Editorial, 2000; Hirschberg, Julia, “Social experiment in New Spain:
A prosopographical study of the early settlement at Puebla de los Ángeles (1531–1534)”, Hispanic
American Historical Review, v. lix, n. 1, 1979, pp. 1–33; Méndez Sáinz, Eloy, Urbanismo y morfología de
las ciudades novohispanas. El diseño de Puebla, Puebla, México, Universidad Nacional Autónoma de
introducción 15
composición de los grupos de poder y la educación han sido objetos de
estudio.9 Estos estudios se han centrado fundamentalmente en la ciudad
de Puebla, dejando de lado las particularidades del vasto territorio pues�
to bajo la jurisdicción de la ciudad.
En el momento actual, la historiografía poblana ha abonado el cami�
no para reconocer las vías de intercambio entre lo local y lo global, pero
no ha planteado una exploración consistente sobre la simultaneidad de
esos procesos de intercambio ni de la relación que vinculó a los diferentes
actores sociales. La formulación de una explicación coherente sobre la in�
serción de la región en el contexto global, particularmente en la segunda
mitad el siglo xix, es una tarea pendiente.
Si bien las aportaciones de la historiografía mexicana10 permiten vis�
lumbrar la diversidad de los procesos que tienen lugar en los contex�
tos regionales, aún falta reconocer y articular series de eventos que den
cuenta de las particularidades de la historia local. Con este propósito he
México, Universidad Autónoma de Puebla, 1988; Yanes Díaz, Gonzalo, Espacios urbanos del siglo xvi
en la región Puebla Tlaxcala, Puebla, México, Gobierno del Estado de Puebla, Comisión V Centenario,
1991; Yanes Díaz, Gonzalo, Desarrollo urbano virreinal en la región Puebla–Tlaxcala, Puebla, México,
Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Fomento Editorial, Síntesis, 1995; Fernández, Mar�
tha, Diego de la Sierra, un arquitecto barroco de la Nueva España, México, Universidad Nacional Autó�
noma de México, Instituto de Investigaciones Estéticas, 1986; Díaz, Marco “La arquitectura domés�
tica en Atlixco”, Jahrbuch für Geschichte von Staat, Wirtschaft und Gesellschaft Lateinamerikas, n. 20,
1983, pp. 377–392; Azar, Héctor, A la luz de Puebla, Puebla, México, H. Ayuntamiento del Municipio
de Puebla, 1992; Bühler, Dirk, Puebla: patrimonio de arquitectura civil del Virreinato, München, Deuts�
ches Museum, 2001; Bühler, Dirk, Inventario de los monumentos arquitectónicos del siglo xvi al xx en
San Pedro y San Andrés Cholula, Puebla, Puebla, Universidad de las Américas, 1991; Terán Bonilla,
José Antonio, El desarrollo de la fisonomía urbana del centro histórico de la ciudad de Puebla (1531–1994),
Puebla, México, Universidad Popular Autónoma de Estado de Puebla, 1996.
9
Liehr, Reinhard, Ayuntamiento y oligarquía en Puebla, 1780–1810, 2 t., México, Secretaría de Edu�
cación Pública, 1976; Peña, José F. de la, Oligarquía y propiedad en la Nueva España, 1550–1624, Mé�
xico, Fondo de Cultura Económica, 1983; Medina Rubio, Arístides, La Iglesia y la producción agrícola
de Puebla, 1550–1795, México, El Colegio de México, 1982; Torre Villar, Ernesto de la, Historia de la
educación en Puebla. Época colonial, Puebla, México, Universidad Autónoma de Puebla, 1988; Torres
Domínguez, Rosario, Colegios y colegiales palafoxianos de Puebla en el siglo xviii, Puebla, México, Uni�
versidad Nacional Autónoma de México, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Fomento
Editorial, 2008.
10
Las tres últimas décadas del siglo xix han motivado el mayor interés por la necesidad de
replantear el significado del Porfiriato, ya que desde los años cuarenta del siglo pasado dejó de
considerarse como un breve episodio de la historia patria en el que se rompió la tradición liberal
o se sublimó el caudillismo dictatorial. Véase Cosío Villegas, Daniel, Extremos de América, México,
Tezontle, 1949, pp. 114–180; Cosío Villegas, Daniel (ed.), Historia moderna de México, 10 t., México,
Hermes, 1956–1972; Barrón, Luis, Historias de la Revolución Mexicana, México, Centro de Investiga�
ción y Docencia Económicas, Fondo de Cultura Económica, 2004.
16 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
limitado mi observación a la contribución poblana en las muestras mexi�
canas exhibidas en el extranjero, en un período donde se registraron, en
el ámbito nacional, los mayores esfuerzos para la modernización política
y económica de un país con casi diez millones de habitantes dispersos en
un vasto territorio, mientras en el contexto mundial se desarrollaban las
grandes exposiciones universales en las que se celebraban las conquistas
y avances del progreso material y cultural de la humanidad.
Este período está atravesado por un conjunto de transformaciones
de larga duración, que varios autores han coincidido en definir como glo�
balización y, más puntualmente, como “primera globalización”,11 las cua�
les resultaron de un proceso de integración del mercado mundial que no
tenía precedentes en la historia de la humanidad.12 Las demostraciones
de estas transformaciones fueron escenificadas en las exposiciones uni�
versales, que se iniciaron con la primera en la ciudad de Londres en 1851.
Para el gobierno mexicano, las exposiciones celebradas en la segun�
da mitad del siglo xix fueron la oportunidad de mostrar las posibilidades
que el país ofrecía a la inversión y a la colonización extranjera, y para los
habitantes y el gobierno de Puebla, representaron la posibilidad de nego�
ciar nuevos consensos con los poderes centrales, además de incursionar
progresivamente en los circuitos comerciales y de aprender nuevos mo�
delos económicos y culturales. Los datos disponibles confirman la pre�
sencia de México en las exposiciones universales más relevantes, desde
Londres en 1851 hasta la de París en 1900, donde alcanzaría su mayor lu�
cimiento. Con ésta última se cierra el período de análisis, pues considero
que después de esta fecha la organización de la participación mexicana
en esos certámenes mundiales ya mostraba algunos signos de la crisis del
Porfiriato que desembocaría en la revolución de 1910.
La historiografía sobre las exposiciones universales ha dejado esta�
blecido que éstas fueron iniciativas globales. La pretensión de exhibir to�
dos los objetos desarrollados para satisfacer las necesidades materiales
y espirituales de la humanidad involucró a diferentes países, indepen�
dientemente de su régimen político y económico. Al mismo tiempo, hace
Kuntz Ficker, Sandra y Liehr, Reinhard, (eds.), “Introducción”, Estudios sobre historia econó-
11
mica de México desde la época de la independencia hasta la primera globalización, México, El Colegio de
México, 2014.
12
Kuntz Ficker, Sandra, Las exportaciones mexicanas durante la primera globalización (1870–1929),
México, El Colegio de México, 2010.
introducción 17
evidente la necesidad de revisar su impacto en las comunidades locales,
que finalmente asumieron el costo y el trabajo de la representación na�
cional. La revisión de los procesos y de los elementos que formaron las
colecciones poblanas permite pensar aquellos fenómenos globales como
parte de la historia local y reconocer diferentes acciones como parte del
proceso de inserción de esta región en el contexto mundial de la segunda
mitad el siglo xix.
Las reflexiones vertidas en torno a la participación mexicana en las
exposiciones universales la presentan como una tarea del gobierno fede�
ral hacia afuera, que poco o nada había tenido que ver con las diferentes
regiones que integraban al México decimonónico, en la que sólo se in�
volucraron los funcionarios gubernamentales sin que la mayoría de los
habitantes tuviera noticia de ello, como si las exposiciones universales
hubieran sucedido muy lejos del acontecer cotidiano del ciudadano co�
mún. Pero la información localizada en el archivo de la Escuela de Artes
y Oficios del Estado de Puebla sugiere nuevas perspectivas sobre la his�
toria local y sus entrelazamientos con los eventos de la historia mundial.
Desde finales del siglo xviii y a lo largo de la primera mitad del siglo
xix, se constituyeron grupos de poder local que pusieron en marcha me�
canismos para mantener el orden y la gobernabilidad en diferentes regio�
nes de México.13 La capacidad para administrar el gobierno, la justicia,
la policía y las finanzas fue lo que convirtió a esos grupos en interlocu�
tores obligados frente al proceso de construcción de un Estado nacional
durante el siglo xix.14 Por consiguiente, la participación mexicana en los
circuitos internacionales se pudo realizar mediante procesos de negocia�
ción entre el poder central y los poderes locales, en tanto que éstos no
compartían en el mismo grado ni de la misma forma los referentes que
imponía la modernización.
El trabajo empírico de recopilación de datos sobre los objetos y los
artífices de las colecciones poblanas arroja luz sobre la interacción de los
13
Al respecto véanse los trabajos de Bakewell, Peter, Minería y sociedad en el México colonial.
Zacatecas, 1549–1700, México, Fondo de Cultura Económica, 1976, para el caso de Zacatecas, y Lie�
hr, Reinhard, Ayuntamiento y oligarquía en Puebla, 1780–1810, 2 t., México, Secretaría de Educación
Pública, 1976, para el caso de Puebla.
14
Carmagnani, Marcello, “Territorios, provincias y estados: las transformaciones de los espa�
cios políticos en México, 1750–1850”, en Josefina Zoraida Vázquez (coord.), La fundación del estado
mexicano, 1821–1855, México, Nueva Imagen, 1994, pp. 39–74. La realidad mexicana resulta menos
caótica si se le observa desde la perspectiva regional.
18 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
poderes locales y los poderes federales para establecer un consenso en
torno a la imagen de nación que se exhibía y también ofrece indicios de
los modelos que las grandes capitales del mundo occidental irradiaron a
las regiones más apartadas.
Esta perspectiva nos obliga a mirar, no la totalidad de los procesos
que configuran la historia mundial ni la particularidad que se atribuyen a
la historia regional, sino aquéllos en los que se concentran las interaccio�
nes de lo global y lo local y, en particular, aquéllos que teniendo un alcan�
ce mundial encuentran su correlato en manifestaciones locales. En este
caso, describir las estrategias, las acciones y los elementos presentes en
la integración de las muestras poblanas que se agregaron a las coleccio�
nes nacionales expuestas en los circuitos internacionales con el objetivo
de exhibir una imagen de nación progresista y moderna permite enfocar
el análisis en la interacción de los actores sociales, en diferentes niveles,
para comprender los procesos de integración de México y sus regiones a
los espacios internacionales, más allá de la diversidad regional.
En la fase inicial de la investigación, las tareas de recopilación y or�
denamiento de la información se guiaron, intuitivamente, por el afán de
recabar los datos sobre los elementos que aportó el estado de Puebla a
la integración de las muestras mexicanas en la segunda mitad del siglo
xix. Sin embargo, la exposición de los resultados de la búsqueda está
determinada por una perspectiva metodológica que pretende explicitar
el proceso de inserción de una región en el contexto global. Este trabajo
parte del supuesto de que la imagen del mundo que actualmente circula
sugiere que el planeta dejó de ser un escenario en el que tienen lugar dis�
tintas historias para convertirse en una categoría histórica, cuya pertinen�
cia no está determinada metahistóricamente sólo por la naturaleza o por
la geografía, sino, sobre todo, por la interrelación de actores y procesos
sociales. De las múltiples inferencias que se derivan de esta apreciación,
dos las considero como relevantes: la primera consiste en que las diferen�
tes colectividades humanas han tomado conciencia de que comparten un
mismo horizonte, un mismo espacio temporal; la segunda, que muchos
de los fenómenos que afectan la vida social de grupos y comunidades
sólo pueden concebirse en una dimensión global.
En particular, la historia de América Latina, en vista de la influencia
introducción 19
que reviste la experiencia y la herencia colonial,15 no se puede concebir
sin considerar la relación entre el pasado de la región y los acontecimien�
tos mundiales.
En los inicios de la segunda mitad del siglo xix aparecieron sólidos
fundamentos e instituciones en la economía mundial que alentaron una
red, cada vez más densa, de intercambios de bienes, servicios y personas,
conectando a los países desarrollados entre sí y éstos con el mundo no de�
sarrollado.16 La predominancia de los intereses del mercado internacio�
nal sobre los mercados nacionales y la emergencia de una serie de crisis
simultáneas en la organización del poder, la producción y la cultura en
todas las regiones del planeta, signos del cambio cualitativo que se ave�
cinaba en la configuración mundial, ponían en evidencia las trayectorias
de desarrollo en las regiones.
Las soluciones a las crisis nacionales o regionales recurrieron de ma�
nera sostenida a adaptaciones y apropiaciones interregionales, que pro�
piciaron la interacción cada vez más competitiva entre las regiones. Las
periferias, salvaguardadas por la distancia, comenzaron a desdibujarse,
lo mismo que los espacios entre las regiones, no sólo por la aceleración de
una continua expansión europea, sino también por el establecimiento de
un nuevo orden de relaciones de dominación y subordinación entre las
distintas regiones del planeta. Esta dinámica permite entender el predo�
minio europeo a partir del siglo xix.
A diferencia de las otras regiones en crisis, Europa resolvió sus pro�
blemas regionales volcándose hacia afuera de sus límites geopolíticos
(migraciones, flujos de capital), externalizando la búsqueda de solucio�
nes a través de la expansión (imperialismo) y la ocupación espacial (co�
lonialismo), sincronizando el tiempo mundial (los medios de transporte,
de comunicación y el patrón oro) y coordinando las interacciones en el
mundo (las exposiciones mundiales, la creación de organizaciones inter�
nacionales). Las iniciativas europeas se coludieron, sobrepusieron e in�
teractuaron con las dinámicas de crisis paralelas en las otras regiones,
configurando así una época global internacionalizada. 17
15
Stanley, J. y H. Stein, Barbara, La herencia colonial de América Latina, México, Siglo XXI, 1977,
citado en Adelman, Jeremy, “Latin American and World Histories: Old and New Approaches to
the Pluribus and the Unum”, Hispanic American Historical Review, v. 84, n. 3, 2004.
16
Hobsbawm, Eric, La era del capitalismo, Barcelona, España, Guadarrama, 1976.
17
Fazio, Hugo, “La historia global: ¿encrucijada de la contemporaneidad?”, Revista de Estudios
20 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
En este escenario se puso de manifiesto la capacidad de los habitan�
tes de las diferentes regiones del mundo para proyectarse en el plano
internacional; ellos se configuraron históricamente como actores sociales,
para compartir información y experiencia a fin de participar en la toma
de decisiones o para optar por el aislamiento o la resistencia, frente a los
procesos de globalización. Estas dos posturas se confrontan, mientras los
primeros propagan la pertinencia de la cooperación internacional como
recurso para la solución de problemas sociales y económicos, los últimos
reivindican la importancia de la sobrevivencia de la cultura e identidad
“locales”. Así, la colaboración y la resistencia coexisten en una relación de
tensión que otorga a las actuales formas de convivencia internacional una
variabilidad temporal de mediano o largo plazo.
El reciente examen revela un largo proceso histórico que avanza
desigualmente, impulsado por la interacción entre los protagonistas his�
panoamericanos y quienes no lo son, que inventan un recorrido para
propiciar el acercamiento entre el mundo hispanoamericano y el mundo
europeo, creando gradualmente la convergencia en torno a determinadas
formas de comportamiento y de organización social, normas jurídicas y
mecanismos económicos y sociales comunes que permitieron la coexis�
tencia marcada por influencias recíprocas. Lo que se ha visualizado como
un proceso unilateral, hoy se problematiza cuando la evidencia histórica
muestra las iniciativas y las acciones de colaboración o resistencia que los
protagonistas juzgaron pertinentes, de tal suerte que su inserción en el
contexto global no puede concebirse como acciones inconscientes o aje�
nas a su voluntad.18 Al mismo tiempo, el paradigma de la interacción no
debe inducir a simplificar la reciprocidad de las relaciones en un plano
de igualdad y equivalencia. La mayoría de los contactos surgieron de
interacciones que fueron frecuentemente desiguales, jerárquicas y has�
ta represivas. El acento puesto en los entrelazamientos, en principio, no
dice nada acerca de las modalidades de la interacción, que puede abarcar
desde un pase forzado, asimilación libre, destrucción brutal, hasta rees�
tructuración variada.19
Sociales, n. 23, abril de 2006, p. 66, consultado el 14 de agosto de 2010, disponible en [Link]
[Link]/pdf/815/[Link].
18
Carmagnani, Marcello, El otro Occidente. América Latina desde la invasión europea hasta la globali-
zación, México, El Colegio de México, Fondo de Cultura Económica, 2004, pp. 11–13.
19
Conrad, Sebastian y Randeria, Shalini, “Einleitung”, en Conrad, Sebastian y Randeria, Shalini
introducción 21
Desde esta perspectiva, la comprensión del fenómeno no puede li�
mitarse al ámbito de los intercambios comerciales, aun cuando es en ese
terreno donde más evidentemente se reconocen mecanismos e instru�
mentos de la expansión de los intereses europeos.
El control de los nuevos territorios que garantizaba la explotación
de riquezas —ya en forma directa o a través del intercambio comercial,
que en los siglos xviii y xix generó una notable aceleración de las trans�
formaciones sociales y económicas para consolidar el sistema capitalista
como un orden social y económico dominante— sugiere una pluralidad
de fuerzas que interactuaron acompañando la aspiración de los protago�
nistas de la historia para coexistir, dialogar y participar en los aconteci�
mientos del mundo, sin renunciar, por ello, a sus específicas característi�
cas locales y nacionales.20
La toma de conciencia de que está en marcha un proceso de mun�
dialización, a partir de las nuevas demandas generadas por la revolución
industrial y por el mejoramiento de los medios de transporte, alienta el
deseo de compartir experiencias culturales. Este ánimo posee una enor�
me capacidad de propagación espontánea que no deja de influir en las
decisiones, condicionando las dimensiones nacionales e internacionales.
Desde mediados del siglo xix, las elites políticas y económicas de las
diferentes regiones impulsaron diversas iniciativas para vincular los ám�
bitos locales a los contextos internacionales, muestra de ello fueron los
ejercicios de aprendizaje selectivo de otras sociedades, la promoción de
oleadas de inmigración y las exposiciones universales que comenzaron a
mediados del siglo xix, donde se desplegaban de manera organizada las
glorias y logros particulares de las naciones. Estos eventos exaltaban las
diferencias y buscaban lo común dentro de la estructura de una cultura
emergente para relacionar lo particular y lo universal.
La historiografía sobre las exposiciones universales las muestran
como empresas de las grandes potencias comerciales para exhibir ante el
mundo su fortaleza y pertinencia como modelos, al tiempo que abre vías
de exploración sobre los esfuerzos organizativos y la enorme cantidad de
(eds.), Jenseits des Eurozentrismus. Postkoloniale Perspektiven in den Geschichts und Kulturwissenschaf-
ten, Frankfurt y Nueva York, 2002. Agradezco al Dr. S. Rinke el acceso a una versión en español de
este material bajo el título de Historias divididas. Europa en un mundo postcolonial.
20
Carmagnani, Marcello, El otro Occidente. América Latina desde la invasión europea hasta la globali-
zación, México, El Colegio de México, Fondo de Cultura Económica, 2004, p. 10.
22 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
recursos que debían poner en juego las naciones en proceso de consolida�
ción que eran invitadas a las celebraciones del progreso y la modernidad.
En su intento por hacer una reconstrucción del siglo xix, en el que
nace la sociedad industrial,21 W. Benjamin se topó con el gran tema de las
exposiciones universales como uno de los objetos históricos que, junto a
los pasajes, los panoramas y las barricadas, definió la centralidad cultu�
ral de París durante el siglo xix. En su estudio, definió a las exposiciones
universales como los lugares de peregrinación en los que se rendía culto
al fetiche que es la mercancía.22
Las reflexiones de este pensador pueden considerarse como el pri�
mer hito de un movimiento historiográfico que se ha interesado por el
estudio de esos ritos de la sociedad industrial y de la burguesía, que se
propagaron por el mundo y pautaron el horizonte cultural de la segunda
mitad del siglo xix.23
Desde entonces, el estudio de estos eventos, considerados como las
oportunidades idóneas para mostrar los avances del progreso y la mo�
dernidad y su percepción, como uno de los mecanismos mediadores que
hicieron operativa la difusión de modelos culturales, ha despertado el
interés de diferentes disciplinas.
Por la pluralidad de significados que revisten estas grandes manifes�
taciones de la cultura moderna, quienes han incursionado en este vasto
territorio se encuentran con múltiples direcciones de exploración, pues
en las exposiciones universales se percibe, en primer lugar, el esfuerzo
por hacer triunfar las doctrinas económicas librecambistas, el fomento
de la industria y del comercio y la conquista de mercados; en segundo
lugar, la exhibición de la fuerza organizativa de los Estados, su capacidad
de convocatoria para estimular el patriotismo industrial y el orgullo na�
cional en corto plazo; en tercer lugar, la profunda confianza en la utopía
del progreso que marcó la segunda mitad del siglo xix y, finalmente, el
estímulo para desarrollar innovaciones técnicas y disciplinas científicas
Aguirre, Jesús, “Prólogo: Walter Benjamin. Fantasmagoría y objetividad”, en Walter Benja�
21
min, Poesía y capitalismo. Iluminaciones ii, Madrid, España, Taurus, 1998, p. 16.
22
Benjamin, Walter, Poesía y capitalismo. Iluminaciones ii, Madrid, España, Taurus, 1998, p. 179.
23
López–Ocón Cabrera, Leoncio, “La exhibición del poder de la ciencia. La América Latina en
el escenario de las exposiciones universales del siglo xix”, en José Augusto Mourão, Ana María
Cardoso de Matos y María Estela Guedes (coords.), O mundo ibero–americano nas grandes exposições,
Lisboa, Portugal, Vega, 1998, pp. 67–90.
introducción 23
emergentes y para divulgar los adelantos científicos que establecieron el
imperio de la ciencia y la ciencia del imperio.24
La realización de las exposiciones universales ha merecido el interés
de especialistas y curiosos y ha generado una enorme cantidad de textos.
A principios del tercer milenio se preparó una útil recopilación25 de traba�
jos sobre el tema que incluye aproximadamente 1 200 registros sobre las
exposiciones realizadas en veinte países, principalmente en Norteamérica
y Europa occidental; los textos incluidos pueden considerarse fuentes se�
cundarias descriptivas y no necesariamente académicas; los compilado�
res aclaran que organizaron las referencias en cinco apartados: primero,
obras de consulta para la investigación, como bibliografías, artículos de
revistas, publicaciones periódicas, recursos en internet; segundo, obras
generales sobre historia y teoría de las exhibiciones internacionales; terce�
ro, exposiciones antes de 1851; cuarto, exposiciones celebradas entre 1851
y 1951 organizadas geográfica y cronológicamente; y quinto, exposicio�
nes celebradas después de 1951.
En el ámbito latinoamericano, historiadores, críticos literarios, antro�
pólogos y críticos de arte de Argentina, Brasil, Chile, Estados Unidos de
América y latinoamericanistas europeos han construido un sitio web en
el que se expone material audiovisual, documental, bibliográfico y ensa�
yístico sobre la participación de Argentina, Brasil y Chile en las exposi�
ciones universales en las décadas finales del siglo xix.26
El interés de los especialistas en el tema ha sido alentado por exten�
24
López–Ocón Cabrera, Leoncio, “La exhibición del poder de la ciencia. La América Latina en
el escenario de las exposiciones universales del siglo xix”, en José Augusto Mourão, Ana María
Cardoso de Matos y María Estela Guedes (coords.), O mundo ibero–americano nas grandes exposições,
Lisboa, Portugal, Vega, 1998, pp. 68–73.
25
Geppert, Alexander, Coffey, Jean y Lau Tammy, “International Exhibitions, Expositions Uni�
verselles and World's Fairs, 1851–1951: A Bibliography”, Wolkenkuckucksheim: Internationale Zeitschrift
für Theorie und Wissenschaft der Architektur, Special Issue, 2000, consultado el 20 de enero de 2010,
disponible en [Link]
26
Birkbeck College de Londres, Programa de Postgrado en Español y Latinoamericano de la Cultura
Visual, Andermann, Jens y Schell, Patience A. (dirs.), Birkbeck College y Universidad de Londres
Universidad de Manchester, consultado el 27 de enero de 2011, disponible en [Link]
[Link]/ibamuseum/[Link].
24 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
sas colecciones de informes,27 noticias28 y relatos29 que presentan datos
diversos sobre las exposiciones universales que se verificaron desde 1851
en Londres. Del mundo latinoamericano se pueden citar, por lo menos,
dos ejemplos. José Martí en 1889 creó en Nueva York, gracias a la ayuda
financiera del brasileño Da Costa Gómez, una efímera revista infantil, La
Edad de Oro, destinada a los niños americanos, donde se incluyeron, en
sus cuatro números publicados, tres largos artículos y numerosas ilustra�
ciones sobre esa exposición universal. Al presentar tal evento como un
gigantesco tiovivo de la naturaleza y un enorme caleidoscopio de la plu�
ralidad de las culturas humanas, Martí pretendía despertar en sus par�
ticulares lectores una atención y un asombro no sólo ante las maravillas
de la sociedad industrial, sino también ante la riqueza y variedad de las
sociedades humanas y la complejidad de la historia que la habían hecho
posible.30 Martí apuntó:
[…] ya las exposiciones no son lugares de paseo. Son avisos: son lec�
ciones enormes y silenciosas: son escuelas […]. Ningún libro, ni ninguna
colección de libros pueden enseñar a los maestros de agricultura lo que
verán por sus propios ojos en los terrenos de la Exposición.31
27
Informes históricos, financieros y administrativos, generales y particulares sobre las expo�
siciones universales se pueden consultar en una colección especialmente formada y resguardada
en los fondos del Conservatorio Nacional de Artes y Oficios de Francia; la mayor parte de los ma�
teriales está digitalizado y disponibles en [Link] aparte se
deben mencionar los variados y abundantes materiales que para el caso de México se localizan en
la serie de Exposiciones extranjeras del fondo de Fomento resguardado en el Archivo General de la
Nación y en el Archivo Histórico de la Secretaría de Relaciones Exteriores. Un ejemplo de informe
presentado por un comisionado a sus superiores es el de Escandón, Pedro, La industria y las bellas
artes en la Exposición Universal de 1855. Memoria dirijida [sic] al excelentísimo señor Ministro de Fomento
de México, París, Francia, Imprimerie Centrale de Napoleón Chaix etc., 1856.
28
La mayoría de los periódicos de la época reseñaron las exposiciones universales. Entre los
más notables se puede mencionar La Ilustración Española y Americana, publicada en Madrid, España;
además la mayoría de los gobiernos nacionales editaron publicaciones periódicas para orientar a
los potenciales expositores y para dar cuenta de sus labores organizativas. Véase [Link]
[Link]/RUB/fcata_expo.html.
29
Véase, por ejemplo, Ruiz de Velasco, Felipe, Revista descriptiva de la Exposición de Nueva Orleans
de 1884–1885, México, Tipografía El Gran Libro, 1886.
30
López–Ocón Cabrera, Leoncio, “La formación de un espacio público para la ciencia en la
América Latina durante el siglo xix”, Asclepio. Revista de historia de la medicina y la ciencia, v. 50, n. 2,
1998, p. 224, consultado el 15 de septiembre de 2011, disponible en [Link]
31
Martí, José, “Exposiciones”, en Obras completas, 8 t., La Habana, Cuba, Editorial Nacional de
Cuba, 1963, pp. 343–399.
introducción 25
Para el caso de México, se puede mencionar a José Godoy quien,
después de declarar que su libro carecía de méritos literarios, presenta
datos fidedignos y exactos respecto a la historia y situación de la ciudad
de Chicago y sobre el estado que guardan los trabajos iniciados para lle�
var a cabo la exposición universal de 1893, anexando una puntual des�
cripción de las exposiciones universales realizadas hasta esa fecha.32 Esta
disertación retomará varios de estos informes y relatos; los que aquí se
mencionan sólo deben servir como ejemplo de la atención dispensada, en
su momento, a estos eventos.
Las noticias, informes y relatos son fuentes valiosas que permiten
recuperar impresiones que dejaban en la mentalidad de los hombres de la
época las exposiciones universales, consideradas como la quintaesencia
de los tiempos modernos en los que se accedía a novedades, ideas y cono�
cimientos; se tejían relaciones basadas en la transferencia y la apropiación
de experiencias, y se negociaban ante los ojos de un público internacio�
nal los elementos representativos de las identidades nacionales. La nota
dominante de estos primeros trabajos es la descripción y comparación
de datos cuantitativos de las exposiciones: fechas de apertura, número
de expositores y visitantes, así como montos invertidos y las ganancias
obtenidas.
En el caso de México, recientes balances historiográficos establecen
que el estudio de la participación mexicana en las exposiciones universa�
les, aunque con pocos trabajos, cuenta con un buen nivel de análisis.33 Sin
embargo, los trabajos existentes hasta el momento sólo se ocupan de des�
cribir la planeación y organización general de las incursiones mexicanas
en esos eventos internacionales como resultado de dos estrategias, una
cultural y otra ideológica: la inserción en el “concierto de las naciones”
civilizadas y la afirmación de una identidad nacional. Mientras algunos
autores se dedican a examinar la presencia mexicana en una exposición
32
Godoy, José F., La ciudad de Chicago y la exposición universal de 1893, Chicago, Estados Unidos
de América, Cía. Publicista Panamericana, 1892.
33
Tenorio Trillo, Mauricio y Gómez Galvarriato, Aurora, El Porfiriato, México, Centro de Inves�
tigación y Docencia Económicas, Fondo de Cultura Económica, 2006.
26 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
en particular,34 Tenorio Trillo35 analiza el ingreso de México al circuito de
las ferias mundiales que se celebraron entre 1880 y 1930, poniendo espe�
cial atención en las de París, Río de Janeiro y Sevilla, y procura, a través
de la descripción y exégesis de los pabellones de México, reconstruir las
líneas de un proyecto político y cultural; sin embargo, su análisis se cen�
tra en las acciones de las elites en el gobierno central del país y deja de
lado particularidades regionales.
En este panorama, salvo el trabajo de Tenorio Trillo, el centralismo
y la fragmentación predomina en la historiografía sobre la representa�
ción de la nación mexicana en el formato de las exposiciones universales.
Considero que el creciente interés por documentar la configuración de la
identidad nacional, siempre a la zaga de la construcción del Estado nacio�
nal, se puede enriquecer con el registro pormenorizado de las acciones y
las estrategias que desarrollaron los habitantes de las regiones del Méxi�
co decimonónico ante las demandas de participación en las exposiciones
universales que las elites reclamaban desde el centro de la administración
política del país.
Esta investigación reflexiona sobre los procesos globales a partir de
sus manifestaciones locales. Para examinar los elementos que el estado
de Puebla y sus habitantes aportaron a la construcción de la imagen na�
cional de modernidad y progreso en la segunda mitad del siglo xix, y que
ésta fuera difundida en los circuitos internacionales, es necesario precisar
las diferentes vías que sirvieron para instrumentar la participación de
México en las exposiciones universales. A mi parecer, esta cuestión sólo
puede determinarse, si se revisa la actuación de las elites regionales ―sus
vínculos a diferentes niveles, su capacidad de convocatoria y las tareas
que acometieron― en la labor de integrar colecciones de objetos locales
34
Yeager, Gene, “Porfirian commercial propaganda: Mexico in the World Industrial Exposi�
tions”, The Americas, a Quarterly Review of Inter–American Cultural History, v. xxxiv, n. 1, julio 1977,
pp. 230–243; Fuente Salceda, María de la Concepción de la, La participación de México en la Exposición
Universal de Filadelfia, 1876 (Tesis de licenciatura en Historia), México, Universidad Iberoamericana,
1984; Riguzzi, Paolo, “México próspero, las dimensiones de la imagen nacional en el Porfiriato”,
Historias. Revista de la Dirección de Estudios Históricos, n. 20, 1988, pp. 137–157; Díaz y de Ovando,
Clementina, “México en la Exposición Universal de París, 1889”, Anales del Instituto de Investigacio-
nes Estéticas, n. 61, 1990, pp. 109–171; Díaz y de Ovando, Clementina, Las ilusiones perdidas del general
Vicente Riva Palacio: la Exposición Internacional Mexicana, 1880 y otras utopías, México, Universidad
Nacional Autónoma de México, 2002.
35
Tenorio Trillo, Mauricio, Artilugio de la nación moderna. México en las exposiciones universales
(1880–1930), México, Fondo de Cultura Económica, 1998.
introducción 27
capaces de evocar una representatividad nacional. Las políticas y estra�
tegias definidas desde el centro político de la nación, bajo la impronta de
referentes culturales globales, sólo podían operarse a nivel local.
En los apremios al gobierno y habitantes del estado de Puebla para
formar colecciones de objetos, con miras a participar en las exposiciones
universales, se puede entrever la estrategia selectiva de la dirigencia polí�
tica del país. El afán por lograr el reconocimiento internacional, en medio
de las críticas circunstancias que predominaban durante la formación del
Estado–nación en México, activó los resortes de la participación, la cual
para el estado de Puebla se analizará en las exposiciones universales de
1851, 1855, 1876, 1885, 1889, 1893 y 1900 a fin de comprender la actuación
de las elites locales y nacionales en el proceso de inserción de la nación en
el contexto internacional.
El examen de la información se orientó por tres hipótesis de trabajo.
En primer lugar, considero que la respuesta de los habitantes de las regio�
nes a la convocatoria del poder político central para construir una imagen
de nación moderna se constituyó en el elemento básico para que las elites
constituyeran esa imagen como medio para insertarse en el contexto glo�
bal. En las diferentes regiones de México, este proceso se cumplió por la
vía de la colaboración, la negociación o la imposición. Hacia el exterior
se desdibujaron las abismales diferencias entre las zonas urbanas y las
rurales, entre el centro de la nación y sus regiones periféricas. En segundo
lugar, el afán por lograr una digna representación de la nación impulsó el
reconocimiento de las regiones y sus potencialidades, en otras palabras,
los imperativos del contexto global demandaron la puesta en escena de
las particularidades regionales, destacándolas como signo de identidad
nacional. Finalmente, la presencia mexicana en las exposiciones univer�
sales, si bien respondía al interés público de figurar en los escenarios del
mundo occidental en donde se condensaban los valores de la época, no
desencadenó de manera automática acciones inmediatas por parte de los
poderes locales y de los habitantes de las regiones, quienes sólo se suma�
ron a esta tarea de manera progresiva obedeciendo a sus propios intereses.
Para entender el alcance de las tareas que las autoridades centrales
exigían a la población y a los grupos dirigentes de los entornos locales, he
dividido la presentación del tema en tres apartados y un anexo.
Primero, haré una reflexión general sobre escenarios aparentemente
distantes que confluyen en los recintos de las grandes exposiciones uni�
versales. La puesta en escena de las colecciones de objetos en esos recintos
28 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
estaba predeterminada por su carácter representativo de lo nacional, de
tal manera que esos eventos estaban destinados a recuperar los produc�
tos y los objetos, naturales y culturales, conforme a su pertenencia a una
comunidad nacional. Entonces, es necesario ofrecer un panorama general
de la realización de estas celebraciones, atendiendo criterios cronológicos
pero también geográficos, para establecer las semejanzas y las diferencias
entre los eventos organizados en Europa y los que se hicieron en Norte�
américa, poniendo especial atención en los sistemas de clasificación de
objetos que formaban parte de los reglamentos anexos a las convocatorias
elaboradas por los países anfitriones. La revisión de esos sistemas y sus
principios clasificatorios, así como su comparación, permitirá reconocer
los elementos comúnmente demandados para su exposición, mismos que
debían reunir las naciones participantes en las fiestas del progreso para
aparecer como naciones modernas.
Enseguida, me propongo examinar con más detalle la forma cómo
México concurrió a cuatro exposiciones internacionales europeas y a tres
norteamericanas para mostrar su adhesión a los paradigmas del progre�
so y la modernidad. En cada oportunidad los artífices de la participa�
ción mexicana reeditaron la próspera imagen de la nación que empezó a
circular sistemáticamente desde principios del siglo xix.
La puesta en escena mexicana se materializó en pabellones y objetos
que apuntaron a construir una nueva imagen nacional, aunque ésta no
correspondiera a la realidad mexicana. El diseño de sus recintos exposi�
tivos y la integración de sus colecciones siguieron los formatos previstos
en los reglamentos y los sistemas de clasificación de objetos preparados
en los países organizadores de las exposiciones, los cuales funcionaron
como instrumentos homogeneizadores, pues sus indicaciones y restric�
ciones favorecían la selección de elementos representativos de la realidad
nacional. Sin una escuela arquitectónica propia, los responsables de las
muestras mexicanas montaron edificios expositivos eclécticos en los que
se mezclaban materiales y estilos que fueron bien recibidos por la comu�
nidad internacional aunque, en el plano interno, desataron la polémica
sobre lo que debería ser el estilo arquitectónico nacional.
La asidua participación mexicana en estos eventos, a pesar de sus
conflictos internos y sus diferendos con las grandes potencias, logró que
los operadores del gobierno mexicano percibieran la enorme asimetría
que caracterizaba la estructura productiva mexicana y, en consecuencia,
se dedicaron a hacer gala de la abundancia de los recursos naturales que
introducción 29
podía atraer a los inversionistas extranjeros. Las colecciones de objetos
remitidas por México aspiraban a mostrar un país que ofrecía paz, segu�
ridad, justicia, riquezas naturales poco comunes, leyes protectoras de la
vida, de la propiedad y del espíritu de empresa, recreando una imagen
de México como territorio de oportunidad. Esa imagen se compuso con
la integración de las cualidades de sus regiones. Y todo indica que el te�
rritorio poblano se representó a partir de la particularidad y la calidad de
sus productos naturales.
En tercer lugar, examino las formas de participación de los habitan�
tes del estado de Puebla en las exposiciones internacionales de la segun�
da mitad del siglo xix, conforme a sus propias circunstancias e intereses,
para configurar lo nacional. La adaptación de la idea de progreso que
los organizadores y expositores llevaron a cabo, a fin de configurar lo
nacional, hizo posible la puesta en escena de la nación en los circuitos
internacionales. La interacción de los actores locales con los poderes na�
cionales, la definición de sus estrategias a diferentes niveles y la ejecución
de las acciones finalmente llevó a la inserción de la región en el contexto
global. Hasta ahora, los estudios históricos sobre el tema se han centrado
en las acciones de las elites instaladas en el gobierno central del país y han
dejado de lado las particularidades regionales situadas en la periferia del
poder central. Por tanto, es importante describir la participación de los
actores locales en esa empresa colectiva como responsables de la puesta
en escena de la nación, entre los recursos que emplearon para represen�
tar al estado de Puebla, destaca la organización de exposiciones locales y
regionales y las estrategias que desarrollaron para insertarse progresiva�
mente en el contexto global que se representaba en los escenarios de las
exposiciones universales decimonónicas.
Finalmente, se presentan las conclusiones y un anexo que pretende
recopilar y organizar los datos empíricos recabados; los expositores po�
blanos que participaron en las diferentes exposiciones de la segunda mi�
tad del siglo xix aparecen nominalmente, por orden alfabético de apellido.
La información para sustentar esta investigación proviene de fondos
documentales situados en repositorios locales, nacionales e internaciona�
les. En principio he revisado la información disponible en fondos pobla�
nos tales como el Archivo General del Estado de Puebla, especialmente
los documentos históricos de la extinta Escuela de Artes y Oficios porque
esa fue la institución designada por el gobierno del estado para fomentar
y organizar la muestra que debería llevarse a París en 1889; en sus insta�
30 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
laciones se concentraron los productos de los expositores provenientes
de todos los distritos del estado para organizar su inventario, registro y
envío. También son útiles, para mi propósito, los documentos del Archi�
vo del Ayuntamiento de Puebla y los materiales impresos de la Biblioteca
José María Lafragua de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.
A nivel nacional han sido fundamentales los acervos documentales
de dos dependencias del gobierno federal: el Ministerio de Fomento, Co�
lonización, Industria y Comercio y el Ministerio de Relaciones Exterio�
res, cuyas funciones, actualmente, están encomendadas a sendas secre�
tarías del gobierno federal. Del Ministerio de Fomento se utilizaron los
documentos de su Sección Segunda que están reunidos en la serie “Ex�
posiciones extranjeras” del ramo de Fomento, resguardada en el Archivo
General de la Nación; esta serie documental está integrada por diversos
tipos documentales: invitaciones al gobierno mexicano para participar en
las exposiciones, nombramientos de delegados, representantes y comi�
siones; proyectos de construcción de pabellones, edificios e instalaciones
(planos y fotografías); relaciones de los productos presentados, cuentas
de erogaciones, premios, entre otros muchos documentos que dan cuenta
de la forma en que México participó en diversas exposiciones internacio�
nales a partir de 1855. Su relevancia deriva del registro que guarda de
la organización interna que debió desplegar el gobierno nacional para
involucrar a todas las regiones del país en la tarea de integrar las coleccio�
nes mexicanas para las exposiciones celebradas en París (1855), Nacional
Mexicana (1875), Internacional de Filadelfia (1876), París (1889), Chica�
go (1893), Atlanta (1895), Nashville (1896), Omaha (1898), San Antonio
(1900), París (1900) por citar sólo las que se corresponden a nuestro perío�
do de estudio.
Si la serie de “Exposiciones extranjeras” es útil para conocer la diná�
mica interna que se desarrollaba cuando el gobierno mexicano decidía
participar en una exposición universal, los documentos del Archivo His�
tórico de la Secretaría de Relaciones Exteriores revelan el momento y las
condiciones en las que se iniciaba el proceso en el contexto internacional.
El personal del servicio consular mexicano se mantenía atento a las ini�
ciativas y sucesos que se registraban en las grandes capitales del mundo
en las que estaban apostados sus informes y recomendaciones, algunas
veces sesgados por sus propios intereses, podían influir en la decisión del
ejecutivo mexicano para tomar parte o no en determinadas exposiciones,
una vez tomada la decisión, fueron piezas fundamentales para llevar la
introducción 31
empresa a buen término. La consulta de estos materiales permite ampliar
nuestra visión sobre las razones que animaron al gobierno mexicano para
participar en esos grandes eventos de alcance transnacional.
Gracias a los avances en la digitalización de importantes acervos,
también se exploró la colección de publicaciones y documentos de las
exposiciones nacionales y universales del Conservatorio Nacional de Ar�
tes y Oficios de Francia. En éste se localiza una cantidad abrumadora de
información que mayoritariamente se refiere a la actividad organizativa
de las comisiones francesas, ya como anfitrionas de las cinco exposicio�
nes universales —1855, 1867, 1878, 1889, 1900— que instrumentaron los
diferentes regímenes de gobierno francés, ya como participantes en las
exposiciones universales que se organizaron en Londres, Nueva York,
Viena, Filadelfia, Melbourne, Anvers y Chicago. Esta información resulta
especialmente pertinente para visualizar la forma y el alcance de las gran�
des exposiciones universales, sus pretensiones y su espíritu, del Conser�
vatorio Nacional de Artes y Oficios de Francia se tomaron los datos para
cuantificar países participantes, expositores, premios y para comparar los
sistemas de clasificación de las diferentes exposiciones. Y, para ilustrar
esta disertación, el Catálogo de Impresos y Fotografías en línea de la Li�
brary of Congress de los Estados de Unidos.
También se revisó un conjunto de fuentes impresas publicadas en
la época, entre las que se cuentan: publicaciones con fines promociona�
les elaboradas por el gobierno o por particulares con subsidios oficiales,
publicaciones periódicas, tanto particulares como gubernamentales con
fines informativos y formativos y otras más, que se prepararon con miras
a apoyar la labor de los expositores mexicanos;36 estos datos se han con�
trastado con una bibliografía especializada sobre el tema que aparece al
final del texto.
Las fuentes impresas se consultaron en la Biblioteca José María Lafragua de la Benemérita
36
Universidad Autónoma de Puebla, en la Biblioteca Miguel Lerdo de Tejada de la Secretaría de
Hacienda y Crédito Público de México y en la Biblioteca del Instituto Iberoamericano de Berlín.
escenarios distantes
El contexto histórico decimonónico estuvo marcado por el reorde�
namiento, casi universal del espacio político en un sistema de Estados–
nación: imperios, reinos, ciudades–Estado, protectorados y colonias del
mundo occidental; se orientaron a definir una identidad, un territorio,
una cultura y un lenguaje comunes para configurar una presencia sin�
gular en el escenario internacional. Desde entonces, la idea de nación,
como principio legitimador del Estado moderno, ha desempeñado un
papel determinante en la articulación de las colectividades humanas y su
representación se ha instalado como una tarea inacabada.
En el espacio geopolítico europeo, los conflictos armados precipi�
taron algunas unidades nacionales, mientras que en Hispanoamérica el
declive de las comunidades tradicionales —pueblos, familia, parroquias,
barrios, gremios, cofradías y muchas otras—, resultante de la desintegra�
ción de la monarquía hispánica, impuso la necesidad de materializar o
imaginar nuevas formas de organización política de la vida social.
Desde finales del siglo xviii se proclamaron Estados en nombre de
naciones que aún estaban en proceso de construcción o inexistentes. Los
diferentes proyectos nacionales debieron conciliar poblaciones fenotípi�
camente diferenciadas, con diversos grados de mestizaje, con una gran
pluralidad lingüística y con historias fragmentadas.
En el cambiante orden mundial, los problemas asociados a la identi�
dad nacional y a la legitimación del ejercicio del poder siempre fueron una
fuente inagotable de conflictos, cuya solución más exitosa, en las socieda�
des posteriores a la caída del antiguo régimen, ha sido la configuración de
la nación como organización política, por excelencia, de la modernidad.1
1
Pérez Vejo, Tomás, “La construcción de las naciones como problema historiográfico: el caso
34 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
La evidencia empírica muestra que esas entidades del mundo occi�
dental no corresponden a un modelo único, sino, más bien, son resultado
de procesos históricos particulares que determinan diversos grados de
integración y de desarrollo de las comunidades humanas.
La insistencia en la importancia del papel que juegan las naciones, y
de su operatividad, como formas representativas de complejos y vario�
pintos grupos humanos en el contexto internacional, nos lleva a reflexio�
nar sobre el concepto de nación2 —cuando el proceso de globalización
ha puesto en duda su relevancia, por lo que las ciencias sociales parecían
apuntar su obsolescencia como concepto articulador de la identidad y de
la pertenencia de los individuos a las colectividades— y en cómo algunas
de éstas llegan a convertirse en modelos hegemónicos.
El desarrollo teórico de la idea de nación3 nos remite a dos modelos,
sin embargo los datos empíricos muestran que esos dos modelos resultan
tanto alternativos como complementarios. Mucho se ha abundado para
matizar la distinción entre las concepciones de nación étnica y cívica, y
para destacar la indisociable relación entre las dimensiones étnico–cultu�
ral y política de toda nación; el mismo Smith4 ha puesto de relieve el com�
ponente étnico que reside en la base de las naciones como fenómenos po�
líticos de la modernidad al subrayar el decisivo componente étnico de las
naciones —el conjunto de mitos, recuerdos y símbolos que se recuperan
del mundo hispánico”, Historia Mexicana, v. liii, n. 2, octubre–diciembre 2003, pp. 275–311.
2
Una revisión, en lengua española, sobre el problema de la nación y el nacionalismo se puede
consultar en Faraldo, José M., “Modernas e imaginadas. El nacionalismo como objeto de investigación
histórica en las dos últimas décadas del siglo xx”, Hispania. Revista Española de Historia, n. 209, lxi/3,
2001, pp. 933–964, consultado el 15 de octubre de 2010, disponible en [Link]
3
Existe una bibliografía muy extensa sobre el tema desde el siglo xix. Durante el siglo xx apa�
recieron libros considerados hoy día como clásicos, entre ellos destacan: Hayes, Carlton J. H., The
Historical Evolution of Modern Nationalism, Nueva York, ee. uu., R. R. Smith, 1931; Deutsch, Karl W.,
Nationalism and Social Communication: An Inquiry into the Foundations of Nationality, Cambridge, mit
Press, 1953; Kohn, Hans, The Age of Nationalism, Nueva York, ee. uu., Harper and Row, 1944. En las
décadas siguientes se publicaron aportaciones notables: Armstrong, J., Nations before Nationalism,
Chapel Hill, ee. uu., University of North Carolina Press, 1982; Breuilly, J., Nationalism and the state,
Manchester, uk, Manchester University Press, 1982; Balibar, Etienne y Wallerstein, Immanuel, Race,
Nation, Class, London, Verso, 1991; Gellner, Ernest, Nations and Nationalism, Oxford, Blackwell,
1983; Hroch, M., Social Preconditions of National Revival in Europe. A Comparative Analysis of the So-
cial Composition of Patriotic Groups among the smaller European Nations, Cambridge, Cambridge Uni�
versity Press, 1985; Smith, Anthony D., Theories of Nationalism, London, Duckworth, 1983; Smith,
Anthony, The Ethnic Origins of Nations, Oxford, Blackwell, 1986; Smith, Anthony D., La identidad
nacional, Madrid, España, Trama Editorial, 1997.
4
Smith, Anthony, The Ethnic Origins of Nations, Oxford, Blackwell, 1986.
escenarios distantes 35
para la legitimación de la nación—, al tiempo que destaca la importancia
para la constitución moderna de la nación, de la índole de esa herencia,
mitos y narrativas heredados, para la orientación política de la nación.
De ahí que resulte vana toda pretensión de distinguir lo cívico de lo
cultural, pues los atributos de ambas concepciones están presentes en los
diferentes procesos de construcción nacional y para desbloquear el aná�
lisis empírico de la articulación de los procesos de construcción nacional
es preciso superar el obstáculo epistemológico que supone la celebrada
dicotomía en la concepción de nación, cívica/étnica, cargada de conteni�
do normativo, que genera, mediante la claridad feliz de su código binario
—que la haría tan popular durante todo el siglo xx entre los estudiosos
del nacionalismo—, muchos más problemas de los que ayuda resolver.5
Sin embargo, esta concepción dicotómica es pertinente para mostrar
las dificultades inherentes a la formulación de una abstracción con vali�
dez universal sobre la idea de nación, en tanto que, como tal, resulta insu�
ficiente para dar cuenta de la articulación inextricable de elementos étni�
cos y cívicos que en cada caso se concreta en síntesis político–ideológicas
muy diferentes mediante procesos abiertos y contingentes que evolucio�
nan de modo desigual en el tiempo, a tenor de circunstancias internas
y externas, por lo que no pueden ser fijados de una vez y para siempre
como cívicos o como políticos. La lengua o la etnicidad, el territorio o
la historia común, rasgos culturales homogéneos o una combinación de
estos factores han resultado inútiles como referentes para una definición,
pues estos factores son de naturaleza cambiante y ambigua.6 Entonces, si
resulta poco satisfactorio definir a la nación con base en tipologías, cate�
gorías fijas, rasgos objetivos o las cualidades empíricas comunes como la
lengua, la cultura, el origen étnico o la unidad territorial, se debe apelar al
recurso de considerarla como resultado de un proceso que se desarrolla
desigualmente entre los grupos sociales en las diferentes regiones, pues
las ideas sobre la nación no son unívocas ni inmutables, sino que están
sujetas a variaciones a lo largo del tiempo y a lo ancho de la geografía.
En Europa, derivados de diversas situaciones históricas y geográfi�
cas, se pueden tipificar tres tipos de procesos en la conformación de los
5
Máiz Suárez, Ramón, “Per modum unius: Más allá de la dicotomía nacionalismo cívico vs.
nacionalismo étnico” en Ander Gurrutxaga, Abad (ed.) El presente del Estado–Nación, Leioa, España,
Universidad del País Vasco, Servicio de Publicaciones, 2004, pp. 107–127.
6
Hobsbawm, Eric, Naciones y nacionalismo desde 1780, Barcelona, España, Crítica, 1995.
36 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
Estados nacionales: una revolución interna en el interior del Estado que
transformó al ya existente y constituyó a la nación como una comunidad
de ciudadanos en la Europa Occidental con Francia como caso paradig�
mático; la creación de un nuevos Estados a partir de la unificación de
comunidades culturales, políticamente divididas, como en los casos de
Alemania e Italia; la disolución de los grandes imperios multinacionales
a consecuencia de movimientos nacionales contra el Estado monárquico
existente, como en la Europa del Este. Para Hispanoamérica es oportuno
revisar las características de sus experiencias a fin de intentar establecer
las particularidades de los procesos que allí conformaron la nación.
Tanto la tipología dicotómica de las concepciones de nación como los
trabajos sobre la primera fase del proceso de formación del Estado y de la
nación en América Latina permiten hablar de un modelo propio, paralelo
en el tiempo y hasta anterior a los procesos europeos.7
A la luz de estas reflexiones, König plantea que la especificidad del
proceso de construcción de las naciones en el subcontinente debe buscar�
se en su estatus colonial, o mejor dicho, en su deseo de emanciparse de
imperios coloniales decadentes y en su aspiración a la libertad política y
económica.8 Esta apreciación trae a colación la cuestión de la territoria�
lidad, ya que los afanes emancipadores y la idea de libertad que consti�
tuían el principal criterio de pertenencia a la nación sólo podían hacerse
realidad si los grupos dirigentes lograban el control del territorio dejando
atrás su estatus colonial. La negación del estatus colonial fue fundamen�
tal para que los americanos se pensaran y reconocieran como parte de un
nuevo cuerpo político: la nación.
En el desarrollo reciente de la historiografía latinoamericanista9 se
han revalorado ideas, imaginarios, valores, comportamientos y su con�
7
Anderson, Benedict, Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusión del naciona-
lismo, México, Fondo de Cultura Económica, 1993, pp. 77–101.
8
König, Hans–Joachim, “Nacionalismo y nación en la historia de Iberoamérica”, en Hans–
Joachim König, Tristan Platt y Colin Lewis (coords.), Estado–nación, comunidad indígena, industria.
Tres debates al final del milenio, Netherlands, ahila, 2000, p. 38.
9
Por citar unos pocos ejemplos: Guerra, François–Xavier, Modernidad e independencias. Ensa-
yos sobre las revoluciones hispánicas, México, Mapfre, Fondo de Cultura Económica, 2000; Guerra
François–Xavier y Quijada, Mónica (coords.), Imaginar la nación, Münster, Hamburg, Alemania,
Lit Verlag, 1994; Annino, Antonio; Castro Leiva, Luis y Guerra, François–Xavier, (comps.), De los
imperios a las naciones: Iberoamérica, Zaragoza, España, IberCaja–Forum Internacional des Sciences
Humaines, 1994; König, Hans–Joachim, Platt, Tristan y Lewis, Colin (coords.), Estado–nación, comu-
nidad indígena, industria. Tres debates al final del milenio, Netherlands, ahila, 2000.
escenarios distantes 37
fluencia para comprender la integración de un nuevo modelo de comu�
nidad política en el que se sintetizaron diversos atributos ligados entre
sí. En Hispanoamérica, pero no solamente allí,10 la vinculación e identi�
ficación con el territorio constituyó un elemento de integración básico,
que sirvió para sustentar la formación de Estados nacionales antes de
que se afirmara la idea de nación en los espacios geopolíticos del sub�
continente, en tanto que fueron los Estados independientes los que cons�
truyeron las modernas comunidades políticas después de la ruptura del
pacto colonial, con lo que se rectifica la percepción de que la causa de los
movimientos de independencia y la consecuente formación de Estados
nacionales fue resultado de una previa toma de conciencia nacional, pues
al despuntar el siglo xix no existían nacionalidades cultural o étnicamente
determinadas como fundamentos de los nuevos Estados. El vago senti�
miento americano, como lo califica Brading,11 no correspondía a ningún
territorio político en específico.
El vasto territorio de la región hispanoamericana y la diversidad de
naciones que en ella surgirían permite observar, en la larga duración,
cómo las viejas identidades colectivas locales, ligadas a la religión católi�
ca y a la producción agraria y artesanal, dejaron de representar de modo
satisfactorio a la red social en la que tenía lugar el grueso de la actividad
económica, social y política que determinaba el entorno de las personas y
aparecieron y se desarrollaron nuevos criterios para conformar una nue�
va comunidad imaginada, “la nación”, que podía ocupar ese vacío12 con
la intermediación y la integración de los espacios regionales.
Mónica Quijada13 observa que los procesos hispanoamericanos de
construcción nacional en el siglo xix se caracterizaron por dos fenómenos
estrechamente relacionados: por la expansión de una voluntad homoge�
neizadora, entendida como la construcción de una nación de ciudadanos
unidos en la identificación de referentes comunes que convirtieran a una
sumatoria de individualidades en un colectivo cohesionado, y la conso�
10
Véase por ejemplo el análisis sobre los casos del País Vasco y la Provincia de Québec en el
siglo xx en Santiago García, José A., “Las fronteras (étnicas) de la nación y los tropos del naciona�
lismo”, Universidad de Navarra, consultado el 18 de marzo de 2011, disponible en [Link]
[Link]/puresoc/pdfs/BP–[Link].
11
Brading, David, Los orígenes del nacionalismo mexicano, México, Era, 1980.
12
Hobsbawm, Eric, La era del imperio, Barcelona, España, Crítica, 1998.
13
Quijada, Mónica, “Nación y territorio: la dimensión simbólica del espacio en la construcción
nacional argentina (Siglo xix)”, Revista de Indias, v. lx, n. 219, 2000, pp. 373–394.
38 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
lidación de una ideología territorial que implicó la unificación y consoli�
dación del espacio nacional en su percepción tanto simbólica como física.
Los alcances de la vinculación con la tierra natal, con el lugar de ori�
gen, se manifestaron en el poderoso sentimiento patrio de los criollos des�
de antes de los movimientos independentistas.14 El aprecio por el lugar
de procedencia también se vislumbra en las obras de los jesuitas ameri�
canos exiliados por la política borbónica, de tal manera que las represen�
taciones territoriales sirvieron para construir los referentes con los que se
fundaron los sentimientos de apego y pertenencia de las comunidades.15
En la América hispánica, el territorio adquirió un carácter decisivo
al momento de crear la nación. El componente fundamental que va a dis�
tinguir el proceso de construcción nacional hispanoamericana, a lo largo
del siglo xix, no podía ser la unidad étnica, sino la exaltación de las carac�
terísticas del territorio y la territorialidad como expresión del control po�
lítico del espacio geográfico por parte de los nuevos poderes. Entonces,
se puede observar que allí donde falla la apelación al linaje o a la especi�
ficidad cultural, la territorialidad como expresión geográfica del poder16
se convierte en un factor de singularización y de diferenciación nacional.
De aquí viene la importancia de la geografía o de un paisaje determinado
con el que se identificaron los miembros de las comunidades nacionales
hispanoamericanas.
Esta breve reflexión sirve para llamar la atención sobre el hecho de
que a pesar de la distancia, a lo largo del siglo xix, tanto en Europa como
en América, tuvieron lugar una gran diversidad de procesos que desem�
bocaron en la constitución de las modernas naciones, cuyas elites gober�
nantes coincidieron en el afán de poner en escena sus proyectos naciona�
les y la operatividad de sus realizaciones.
Uno de los medios más eficaces para difundir y promover la idea de
nación y su representación fue las exposiciones universales, que, en con�
junto, nos restituyen la imagen de la sociedad decimonónica. La partici�
14
Martínez Peláez, Severo, La patria del criollo. Ensayo de interpretación de la realidad colonial gua-
temalteca, Guatemala, Universidad de San Carlos, 1970.
15
Betancourt Mendieta, Alexander, “Patria y territorio en dos regiones de América Latina: An�
tioquía (Colombia) y San Luis Potosí (México)”, Cultura y representaciones sociales, año 2, n. 4, marzo
2008, pp. 94–118, consultado el 30 de enero de 2011, disponible en [Link]/revis�
ta/num4/[Link].
16
Nogués, Joan, Nacionalismo y territorio, Lleida, España, Milenio, 1998, p. 60.
escenarios distantes 39
pación en las exposiciones universales, al decir de un hombre de negocios
británico en el curso de una encuesta oficial, era la única forma legítima
para una nación de hacer publicidad sobre sí misma.17 Sin embargo, para
promoverse en el escenario internacional, las comunidades nacionales
debían definir la imagen de nación que deseaban proyectar. Este proceso
de definición tuvo diferentes puntos de partida y siguió derroteros varia�
bles determinados por el grado de integración de las diversas comunida�
des regionales.
Al despuntar la segunda mitad del siglo xix, los nexos entre las con�
diciones económicas, el desarrollo tecnológico y la elaboración intelec�
tual, que organizaban la vida social, permitieron arribar a una época del
pensamiento occidental dominada por la creencia de que Europa era el
centro de la historia, el punto culminante del desarrollo de la civilización.
No obstante, las transformaciones de las viejas estructuras que impuso la
modernidad sustentada en los procesos de industrialización no tuvieron
ni podían tener el mismo ritmo, alcance y profundidad en toda la geogra�
fía europea. Gran Bretaña, gobernada por una estable monarquía, podía
ostentarse como una indiscutible potencia: su expansión colonial por los
cinco continentes, el poderío de su flota y la envergadura de su sistema
financiero y comercial le conferían un lugar de primer orden en el con�
cierto de las naciones; la prolongada era victoriana permitió que en los
súbditos de la corona británica se interiorizara un sentimiento de superio�
ridad. Francia, por su parte, tras fallidas experiencias imperiales, sobre�
saltos revolucionarios y persistentes tentaciones autoritarias consiguió,
finalmente, estabilizar sus estructuras republicanas fortalecidas por su
adhesión al laicismo. Entre los cuatro grandes imperios que se repartían
la mitad centro–oriental del continente europeo, el alemán, organizado
sobre el arrogante poderío de Prusia, era el que poseía unas estructuras
económicas, sociales y políticas más avanzadas, si bien mediatizadas por
un básico autoritarismo emanado de la propia naturaleza y desarrollo
histórico de las entidades que lo configuraron; a su lado, la monarquía
dual de Austria y Hungría, sombra ya del mítico Sacro Romano Imperio,
mostraba un desarrollo más débil. Al este, el imperio ruso se mantenía
como una autocracia incapaz de avanzar y el imperio otomano, el per�
17
Schroeder–Gudehus, B., “Les grandes puissances devant l'Exposition Universelle de 1889”,
Le mouvement social, n. 149, octubre–diciembre de 1989, p. 15.
40 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
manente hombre enfermo de Europa, se mostraba sumido en una extrema
descomposición. Italia, por su parte, atravesaba la compleja ruta en busca
de unidad nacional. Finalmente, España vivía el proceso de organización
de una monarquía liberal de base democrática, pero se hallaba atrapada
en unas arcaicas estructuras reacias a la modernización y apenas lograba
conservar algunos jirones de lo que había sido su gran imperio colonial.
Por otra parte, en los territorios situados al otro lado del Atlántico,
la construcción de la identidad nacional debió sobreponerse, en el plano
internacional, a su pasado colonial y a la rivalidad entre las potencias
económicas para conservarlos como su área de influencia y, en el plano
interno, a la debilidad resultante de la confrontación, sin aliados, de una
larga y cruenta lucha.18
En este contexto, las comunidades nacionales fueron convocadas a
mostrar en las exposiciones universales, efímeros microcosmos en los
que circulaban las representaciones de lo racional y de lo imaginario, sus
logros y fortalezas, materializados en objetos y productos. Las que se ce�
lebraron en la segunda mitad del siglo xix fueron un cuadro comparativo
de los pueblos,19 que exponían sus producciones materiales y cultura�
les bajo los paradigmas del progreso; en ellas competían vertiginosa y
desigualmente las naciones convertidas en sus propios fetiches.20 Utiliza�
das como emblemas del progreso, modelos de clasificación y símbolos de
las transformaciones en curso, las exposiciones universales pueden ser
vistas como uno de los mecanismos más eficaces para irradiar, al resto de
las naciones, la validez y la pertinencia del modelo europeo de nación.
La ausencia o la participación en las exposiciones podía modificar
la representación de una nación en el contexto global, toda vez que esos
eventos sirvieron como escenarios de maniobras culturales y políticas en
las que se configuraron, por comparación y oposición, identidades na�
18
Zoraida Vázquez, Josefina, “Una difícil inserción en el contexto de las naciones”, en Antonio
Annino y François–Xavier Guerra (coords.), Inventando la nación. Iberoamérica, siglo xix, México, Fon�
do de Cultura Económica, 2003, pp. 255–259.
19
Leprun, Silvyane, “Paysages de la France extérieure: la mise en scène des colonies à
l'Exposition du Centenaire”, Le mouvemente social, n. 149, octubre–diciembre de 1989, pp. 99–128.
20
González–Stephan, Beatriz, “La construcción espectacular de la memoria nacional: cultura vi�
sual y prácticas historiográficas (Venezuela siglo xix)”, Memorias culturales: circulación del conocimien-
to en la educación y la sociedad, Jalla 2006, Universidad de los Andes, Colombia, 2007, consultado el 22
de noviembre de 2011, disponible en [Link]
escenarios distantes 41
cionales y transnacionales21 —pues su realización comprometía, tanto a
organizadores como a expositores, a definir la naturaleza de su identidad
nacional y a afirmarla— y, de manera general, contribuyeron a avalar
la idea de la unidad cultural de la civilización occidental, al tiempo que
legitimaron la superioridad europea sobre el resto de los continentes y el
colonialismo en su versión civilizadora.22
Aunque los cambios que sustentaban el poderío económico y la su�
premacía cultural de las naciones europeas no latían al mismo ritmo en
todo el territorio del Viejo Continente, sino que en realidad se concen�
traban en puntos geográficos perfectamente delimitados y localizados
—Londres, París, Viena, Berlín—, el relato oficial, canónico, sobre la evo�
lución y constitución de las comunidades nacionales construyó un espa�
cio de observación que convirtió a Europa en el centro de la organización
política y económica, en un modelo de vida social, en un ejemplo del
progreso de la humanidad y, sobre todo, en el punto desde el que se ob�
servaba y clasificaba al resto del mundo.23
Las ferias comerciales que se realizaban en las ciudades europeas,
desde el Medioevo, para el intercambio de mercancías y capitales, lo mis�
mo que las exposiciones públicas, de alcance local y nacional, de produc�
tos e innovaciones técnicas que tuvieron lugar desde el siglo xviii, consti�
tuyeron el antecedente de las exposiciones universales decimonónicas. A
partir de los últimos años del siglo xviii —en París, Francia (1798)— estos
eventos se propusieron rebasar el ámbito de lo local y de lo nacional, pero
las pretensiones de universalidad sólo alcanzaron a materializarse hasta
1851, con la organización de la “Gran Exposición de los Trabajos de la In�
dustria de Todas las Naciones” en Londres, Inglaterra, donde las poten�
cias occidentales empezaron a formalizar la aspiración de presentar, en
21
Geppert, A. C. T., “True Copies. Time and space travels at British Imperial Exhibitions (1880–
1930)”, en H. Berghoff et al. (eds.), The making of modern tourism: the cultural history of the British
experience (1600–2000), Nueva York, ee. uu., Palgrave, 2002, p. 243.
22
Lasheras Peña, Ana Belén, España en París. La imagen nacional en las exposiciones universa-
les (1855–1900) (Tesis de Doctorado en Historia Moderna y Contemporánea), Universidad de
Cantabria, 2009, p. 62, consultado el 15 de septiembre de 2011, disponible en [Link]
net/10803/10660.
23
Para revisar el proceso de configuración de Europa Occidental como centro geopolítico y
geohistórico y la ideología de la expansión occidental a partir del reconocimiento e invención de
América, véase Mignolo, Walter, La idea de América latina. La herida colonial y la opción decolonial,
Barcelona, España, Gedisa, 2007, p. 60.
42 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
un solo recinto, todos los objetos y adelantos que el ingenio humano era
capaz de producir a lo largo y a lo ancho del mundo, inaugurando, así,
la posibilidad de incorporarlos en la escena internacional. La exposición
universal de 1851 fue percibida, aun por sus coetáneos, como un signo
inequívoco de una nueva época, como un quiebre en el devenir histórico
que auguraba los tiempos modernos.
Hasta 1851, grupos de particulares agrupados en sociedades eco�
nómicas o científicas, en algunos casos contando con el patrocinio del
poder público, habían promovido exhibiciones de objetos y productos,
principalmente con fines comerciales; después de esa fecha, esos eventos
adquirieron nuevos alcances y significados, determinados por sus fines
representativos. Las exposiciones universales fueron el lugar de exhibi�
ción de naciones situadas en puntos geográficos distantes y disímiles.
Sin detenernos en los datos cuantitativos que dan noticia de su or�
ganización y financiamiento, aquí nos interesa abordar las exposiciones
universales celebradas en la segunda mitad del siglo xix como un fenó�
meno global que tuvo resonancia en los ámbitos locales, en tanto que
impuso a las diferentes comunidades del orbe la necesidad de definir
su idea de nación y las estrategias para representarlas en los circuitos
internacionales a fin de lograr su inserción en el concierto de las nacio�
nes. El esbozo de un panorama general de esta serie de acontecimientos,
siguiendo un orden cronológico y, en ocasiones, topográfico, se hace in�
dispensable para apreciar cómo se erigieron en un principio clasificatorio
de aplicación universal.
Puntos de encuentro en la ruta de la modernidad
La ventajosa posición económica alcanzada por un reducido número
de países europeos en el contexto internacional hizo que sus avances téc�
nicos, sus planteamientos políticos y sus aportaciones culturales tuvieran
una difusión generalizada que los colocaba en un lugar predominante,
y la celebración de las exposiciones universales, desplegada a partir de
1851, como escaparate de exhibición de las capacidades industriales, co�
merciales y creativas, afirmó el poderío económico y la centralidad cultu�
ral de las naciones que las organizaron.
Frente al espectáculo que ofrecía la exposición parisina de 1855, visi�
tantes españoles como Benito Pérez Galdós o Emilia Pardo Bazán, expre�
escenarios distantes 43
saron su certeza de que se encontraban en el centro de la cultura occiden�
tal. Pedro Alarcón, literato español romántico, no dudó en apuntar que
Suponiendo que la civilización es una gran pirámide que la humani�
dad ha levantado sobre la tierra, […] el lugar en que nos encontramos en
este momento constituye la verdadera cúspide de esa pirámide, ó sea, [sic]
la suprema altura a la que ha llegado nuestro siglo, el mayor de los siglos
[…] si no mienten los periódicos. No: nadie lo negará. Europa es la patria
de la ciencia y del poder que hoy prevalecen en el planeta que habitamos:
Francia es la cabeza de Europa: París el cerebro de Francia […]. Estamos,
como quien dice, en el corazón de la sociedad humana, en el centro de su
vida, en el laboratorio de la historia contemporánea. En torno nuestro se
alzan los templos de los modernos dioses (los palacios de las exposiciones
universales…). París es hoy la metrópoli del universo […].24
Este sentimiento de centralidad cultural, que inspiraba la contem�
plación de esas empresas expositivas, encontró en la pluma de los in�
telectuales su explicación sistemática. Muchos años después, en la
“Introducción”25 preparada en 1920 a su Recopilación de ensayos sobre so-
ciología de la religión, Weber resumió una percepción de cuño corriente
entre los europeos:
[…] para un hijo de la moderna civilización europea, la investigación
de cualquier problema de la historia universal, inevitablemente le plan�
teaba la siguiente cuestión: ¿qué serie de circunstancias han llevado a que
precisamente en el suelo de Occidente, y sólo aquí, se hayan dado ciertas
manifestaciones culturales, mismas que —al menos tal y como solemos re�
presentárnoslas— se encuentran en una dirección evolutiva de alcance y
validez universales?26
24
Alarcón, P. A., De Madrid a Nápoles, Madrid, España, Imp. y Lib. de Gaspar Roig, 1861, p. 32.
25
Considerada como la “clave” fundamental para entender los objetivos de su obra, la “Intro�
ducción” se redactó en 1920 para sendos artículos que aparecieron publicados en 1904 y 1905, des�
pués fue incluida en el primer volumen de sus “Gesammelte Aufsätze zur Religionssoziologie”. Véase
Villegas M., Francisco Gil, “Introducción del editor”, en Max Weber, La ética protestante y el espíritu
del capitalismo, México, Fondo de Cultura Económica, 2003, pp. 15–16.
26
Weber, Max, La ética protestante y el espíritu del capitalismo, México, Fondo de Cultura Econó�
mica, 2003, p. 53. Las cursivas son nuestras.
44 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
Argumentó que sólo en Occidente había ciencia, arte, literatura, le�
gislación, administración pública, Estado y organización política, comer�
cio, industria y relaciones laborales en aquella fase de su evolución que
se reconocía como ‘válida’ por su sistematización y utilización racional. A
medida que Weber expone la fundamentación racional de las manifesta�
ciones culturales presentes en la vida social europea, opone la existencia
de procedimientos y recursos que carecen de esa organización racional
en otras partes del mundo, calificándolas como expresiones de conoci�
mientos empíricos, soluciones rudimentarias a los problemas de la vida
material y espiritual, en fin, divagaciones sobre los problemas del mundo
y de la vida sin orden ni principios clasificatorios.27 Entonces, la raciona�
lidad, otrora un sistema de pensamiento subversivo,28 se afirmó como el
elemento básico de los nuevos tiempos, en tanto que permitía conocer y
moldear la realidad de manera sistemática para sustentar el desarrollo
técnico y científico de la civilización moderna y la creencia en el perma�
nente y progresivo ascenso del género humano.
De la disertación de Weber se pueden colegir las ideas, que ya cir�
culaban desde siglos atrás, de que sólo en Europa Occidental se podían
encontrar sociedades constituidas y construidas, esencialmente, a partir
del conocimiento teórico o del conocimiento experto. Desde el logos occi�
dental eurocentrista se había propuesto al racionalismo como fundamen�
to universal de la ciencia, de la economía, de la técnica, de la moral, del
derecho, del Estado, y el remolino de esta racionalización cultural y so�
cial arrasó y disolvió las tradicionales formas de convivencia social, pues
entre otras consecuencias, definió patrones de socialización que norma�
ban identidades, comportamientos, situaciones y productos conforme a
modelos homogéneos que pretendían reducir a su mínima expresión las
diferencias.
La marcha triunfal de la moderna historia europea, supuestamente
universal, daba cuenta, a decir de Jürgen Habermas, de la realización de
27
Weber, Max, La ética protestante y el espíritu del capitalismo, México, Fondo de Cultura Econó�
mica, 2003, pp. 53–70.
28
En sus inicios, durante los siglos xvi y xvii, el racionalismo era casi tan herético, en términos
políticos, como la herejía religiosa representada por Pascal y el jansenismo. Descartes, en busca de
mayor libertad, prefirió emigrar a Holanda. En esa época, las matemáticas y, sobre todo, la física al
impugnar las concepciones teológicas tenían un carácter subversivo. El siglo xviii, heredero del pen�
samiento de Descartes, marca con la Ilustración el triunfo del racionalismo, de la razón propagando
sus luces, de la creencia en la evolución y el progreso.
escenarios distantes 45
[…] una gavilla de procesos acumulativos que se refuerzan mutuamen�
te: la formación de capital y la movilización de recursos; el desarrollo de las
fuerzas productivas y el incremento de la productividad del trabajo; la im�
plantación de poderes políticos centralizados y el desarrollo de identidades
nacionales; la difusión de los derechos de participación política, las formas de
vida urbana y la educación formal; la secularización de valores, normas, etc.29
Esta tendencia planteó la necesidad de subvertir los códigos preexis�
tentes, de disolver los viejos valores que entraron en profunda contradic�
ción con nuevos estatutos del conocimiento cuando se pretendía respon�
der a tales conmociones mediante lógicas totalmente nuevas. Entonces, la
modernidad, que no podía ni quería tomar sus criterios de orientación de
modelos de otras épocas, se desgajó de sus orígenes y se convirtió en un
patrón autónomo de procesos de evolución social,30 cuyas características
representaban una ruptura con el pasado y exhibían el carácter distintivo
de una época enfáticamente nueva,31 orientada siempre hacia el futuro.
Pero la ruptura radical con el pasado es tan sólo uno de los mitos de la
modernidad, ante la evidencia de que las rupturas radicales son imprac�
ticables, pues ningún orden social puede alcanzar cambios que no estén
latiendo previamente en su condición existente.32
Una vez que la revolución industrial se consolidó como régimen pro�
ductivo dominante en el siglo xix, principalmente en Inglaterra, Francia y
en los territorios de los imperios de la Europa central, el espacio urbano
comenzó a cambiar de carácter, adquiriendo paulatinamente la doble fi�
nalidad de ordenar la creciente complejidad de actividades urbanas, oca�
sionada por el desarrollo del comercio, la industria y el incremento de
población, y, a la vez, articular el nuevo tipo de sociabilidad impulsada
por la floreciente burguesía europea. La vida individual y colectiva en
las grandes ciudades acusó recibo del impacto de las nuevas y radicales
transformaciones sobre el hábitat humano, manifestadas en la urbaniza�
29
Habermas, Jürgen, El discurso filosófico de la modernidad. (Doce lecciones), Buenos Aires, Argen�
tina, Taurus, 1989, p. 12.
30
Habermas, Jürgen, El discurso filosófico de la modernidad. (Doce lecciones), Buenos Aires, Argen�
tina, Taurus, 1989, p. 13.
31
Una revisión de los conceptos de “antiguo” y “moderno”, y su oposición, se puede encon�
trar en Le Goff, Jacques, Pensar la historia. Modernidad, presente, progreso, Barcelona, España, Paidós,
1991, pp. 145–173.
32
Harvey, David, París, capital de la modernidad, Madrid, España, Akal, 2006.
46 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
ción de las condiciones de vida, asociadas al desarrollo de los centros
habitados, lo cual planteó un nuevo estilo de vida que sirvió de modelo
al progreso de todos los habitantes del orbe.
Los ambientes de las grandes ciudades33 estuvieron sujetos a impo�
nentes metamorfosis urbanístico–arquitectónicas, en un contexto en el
que los signos del pasado convivieron con proyecciones, a veces teme�
rarias, hacia el futuro; en su remodelación y planeación convergieron, de
manera contundente, los vertiginosos procesos de cambio en curso.34 Esto
fue particularmente visible en la transformación que sufrieron las ciuda�
des europeas a lo largo del siglo xix: una nueva racionalidad se impuso en
su planificación para dar cabida a una multitud de habitantes, emigrados
desde el entorno rural y a la diversidad de sus relaciones —ya de solida�
ridad, ya de competencia— orientadas por un nuevo tipo de afinidades
que debían ser vigiladas y controladas; las nuevas funciones del espacio
urbano, de carácter político y económico, obligaron a un desarrollo edili�
cio en el que se hicieron patentes todas las ambigüedades prolíficas que
caracterizan los momentos de transición.
Las ciudades europeas y las que emergieron al otro lado del Atlánti�
co bajo la impronta del capitalismo35 aspiraron a convertirse en miradores
privilegiados desde donde se pudiera observar y dictar el orden mundial
para hacerse de un lugar en el tablero internacional. Sin embargo, esas
aspiraciones sólo fueron cristalizadas por un selecto puñado de ciudades
que lograron encumbrarse como capitales de la modernidad.
Una de las estrategias más visibles para que una ciudad alcanzara un
estatus cultural hegemónico fue la organización de exposiciones univer�
sales. Entonces, no es por azar que las ciudades capitales o aquéllas que
presentaban signos ciertos del proceso de industrialización se disputaran
33
En Europa, las más notables eran Londres, París, Viena, Berlín, Barcelona, Roma, Florencia,
Praga, San Petersburgo, Moscú, pero al otro lado del Atlántico, las elites de América del Norte se
esforzaban por posicionar en el escenario internacional a Chicago, Nueva York, Filadelfia, Boston
y Nueva Orleans.
34
Pizza, Antonio, Arte y arquitectura moderna. 1851–1933. Del Crystal Palace de Joseph Paxton a la
clausura de la Bauhaus, Barcelona, España, Edicions de la Universitat Politècnica de Catalunya, 1999,
p. 11.
35
En la década de 1890, Daniel Burnham planificó el desarrollo de una serie de ciudades, inclu�
yendo el centro de Washington D. C. y Chicago, su The White City, que fue levantada en el entonces
desolado Parque Jackson, a orillas del Lago Michigan, en 1893 como parte del Pabellón de la expo�
sición colombina, fue incorporada en el plano de Chicago en 1907.
escenarios distantes 47
la posibilidad de ser sede de esos eventos, aun cuando los proyectos para
su realización confrontaran a los diferentes sectores de su comunidad.36
Herederas de una tradición que se remontaba a los últimos años del
siglo xviii, la serie de empresas expositivas con pretensiones de univer�
salidad empezó en 1851, teniendo como sede la ciudad de Londres, y de
esa fecha a 1900 se organizaron un sinnúmero de exposiciones a lo largo
y ancho del mundo, estableciendo el ciclo de lo que James B. Gilbert de�
finió como exposiciones victorianas, las cuales compartieron un estilo de
difusión cultural: promover la “alta cultura” que se gestaba en las gran�
des capitales en oposición a las exposiciones que se celebraron después
de la Primera Guerra Mundial, que mayoritariamente se orientaron a la
difusión de la “cultura popular”.37
A partir de 1851, cada año, nuevos productos, ideas, actitudes y
oportunidades comerciales fueron sometidos a la atención de millares de
personas38 en recintos expositivos, ya locales, ya nacionales o universales
que se habilitaron regularmente, a veces de manera paralela, en distintos
puntos de la geografía mundial. Pero, entre todas ellas, las que se celebra�
ron en Londres, París, Filadelfia, Viena, Nueva Orleans y Chicago fueron
las que lograron la mayor resonancia e impacto.
Londres, ciudad capital del Imperio Británico, pasó de 1 000 000 de
habitantes en 1800 a 6 500 000 en 1900, la causa fundamental de su creci�
miento fue, sin lugar a dudas, el nuevo sistema económico asentado en la
ciudad que demandaba la concentración de recursos humanos y materia�
les. La la urbe ofrecía ventajas únicas y atractivas oportunidades, pero su
carácter pionero que le permitió beneficiarse del desarrollo tecnológico
aparejado a la revolución industrial, también, la llevó a experimentar, de
manera temprana, las dramáticas contradicciones de la civilización in�
dustrial y sus consecuencias sociales.39 Sin embargo, esto no impidió que
36
Aimone, Linda y Olmo, Carlo, Les expositions universelles (1851–1900), París, Francia, Belin,
1993, pp. 22–23.
37
Gilbert, J. B., “World's Fair as Historicals Events”, en R. W. Rydell y N. Gwinn (eds.), Fair
representations: World's Fairs and the modern world, Amsterdam, University Press, 1994, pp. 13–27.
38
Ferguson, Eugene S., “Exposiciones tecnológicas (1851–1900)”, en Melvin Kranzberg y Ca�
rroll W. Pursell, Jr. (eds.), Historia de la tecnología: la técnica en Occidente de la Prehistoria a 1900, Bar�
celona, España, Gustavo Gili, 1981, pp. 785–805.
39
Éxodo rural, desarrollo urbano anárquico, problemas de vivienda, explotación inhumana de
las fuerzas de trabajo, inequidad social, contaminación ambiental y degradación de algunas partes
urbanas fueron vividas con plena conciencia por los pensadores de la época, tal como lo atestiguan
48 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
la serie de exposiciones universales se iniciara, precisamente, en Londres
con la celebración en 1851 de The Great Exhibition of the Works of Industry
of all Nations.
El lugar habilitado como sede de esa gran exposición, la primera que
se verificó en los tiempos modernos con el carácter de internacional, fue
un edificio especial conocido con el nombre de Crystal Palace que tenía
555 metros de longitud, 125 de anchura y 19 de altura, y 32 metros de
altitud sobre el crucero abovedado en el centro del edificio, situado en el
Hyde Park, fue una fantasía de hierro y cristal que sedujo la imaginación
del gran público desde antes de su inauguración el 1 de mayo de 1851,
durante todo del verano y hasta el 15 de octubre cuando se clausuró el
certamen.40
La iniciativa de la Royal Society of Arts obtuvo el respaldo financiero
del Banco de Inglaterra y el apoyo del príncipe consorte, que encabezó la
junta directiva encargada de la organización de los trabajos de la expo�
sición. Las invitaciones se enviaron por vía diplomática a los diferentes
gobiernos extranjeros, señalándoles el espacio que se les había asignado
dentro del Crystal Palace para recibir las remisiones de su producción in�
dustrial, con la observación de que “todo está preparado y detalladamen�
te previsto y presiden en todos los acuerdos el orden, los miramientos y
la delicadeza para alejar hasta la más remota sospecha de parcialidad en
perjuicio de los extranjeros a aquel país”.41
Dickens y Engels; este último, aunque de origen alemán, eligió precisamente a la clase trabajadora
inglesa como ejemplo de una situación de especulación capitalista: “Las grandes ciudades están
principalmente habitadas por obreros [...] estos obreros no tienen ninguna propiedad y viven del
salario, que pasa casi siempre de la mano a la boca; [...] todos los obreros hasta el más experto están
siempre expuestos al hambre, es decir, a la muerte por inanición, y muchos sucumben a ella. Las vi�
viendas de los obreros están generalmente mal ordenadas, mal construidas, mal conservadas, mal
ventiladas, húmedas y sucias; sus inquilinos disponen del mínimo espacio, y en la mayoría de los
casos duerme por lo menos una familia en una habitación”, citado en Pizza, Antonio, Arte y arqui-
tectura moderna. 1851–1933. Del Crystal Palace de Joseph Paxton a la clausura de la Bauhaus, Barcelona,
España, Edicions de la Universitat Politècnica de Catalunya, 1999, pp. 67; véase también Dugast,
Jacques, La vida cultural en Europa entre los siglo xix y xx, Barcelona, España, Paidós, 2003, pp. 65–70.
40
Fue visitada por poco más de seis millones de personas según datos apuntados en Findling,
J. E. y Kimberly, D. P. (eds.), Historical Dictionary of World's Fair and Expositions (1851–1988), Nueva
York, ee. uu., Greenwood Press, 1990; Ferguson, Eugene S., “Exposiciones tecnológicas (1851–
1900)”, en Melvin Kranzberg y Carroll W. Pursell, Jr. (eds.), Historia de la tecnología: la técnica en
Occidente de la Prehistoria a 1900, Barcelona, España, Gustavo Gili, 1981.
41
Invitación de la Dirección de Colonización e Industria nombrada Comisión Central Mexicana para lo
concerniente a la exposición de los objetos de industria que debe verificarse en Londres el 1º de mayo de 1851,
México, Imprenta de Vicente García Torres, 1850.
escenarios distantes 49
Ilustración 1. “El Palacio de Cristal, pabellón de The Great Exhibition of the Works of Industry
of all Nations, Londres 1851”. Vista panorámica desde Hyde Park
Fuente: Imagen de dominio común, consultada el 30 de julio de 2011, disponible en http://
[Link]/46/flashcards/227046/jpg/[Link]
Durante los cinco meses que duró la exposición, en la que predomi�
nó la presencia de los expositores británicos y la de los que provenían de
sus colonias,42 se presentaron objetos representativos de las naciones en
un ambiente que conminaba al olvido de pasadas confrontaciones, a la
solidaridad de los pueblos a favor de las causas del progreso y la civiliza�
ción, en el que se exaltaban los sentimientos de amor a la patria, hacién�
dolos compatibles con el culto al bien general de la humanidad. De esta
manera, la exposición londinense trazó el derrotero que debían seguir las
relaciones entre las diferentes naciones.
42
Los datos cuantitativos en torno a las exposiciones siempre presentan variaciones. De acuer�
do con Findling y Kimberly, Historical Dictionary of World's Fair and Expositions, concurrieron 13 937
de expositores, de los cuales 6 861 fueron de Inglaterra, 520, de las colonias inglesas y 6 556, de las
demás naciones. Según los informes de la Comisión Francesa, el número de expositores rebasó los
17 mil, de los cuales 9 730 fueron británicos, 1 760, franceses y los restantes 5 510 correspondieron al
resto de las naciones. Véase Picard, Alfred, Exposition universelle international de 1889 à Paris. Rapport
général. Historique des expositions universelles. Preliminaries de l'exposition universelle de 1889, i t., París,
Francia, Imprimerie Nationale, 1891, pp. 235–236, consultado el 10 de diciembre de 2011, disponi�
ble en [Link]
50 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
Ilustración 2. “Vista interior de la nave oriental de la sala de la Exposición de Londres en 1851”.
Se muestran los elementos distintivos de las naciones expositoras
Fuente: Library of Congress. Prints & Photographs Catalog On Line (ppoc), consultada el 30 de
julio de 2011, disponible en [Link]
El éxito que en todos los órdenes alcanzó la exposición londinense
de 1851 removió sentimientos nacionales y reavivó las aspiraciones de
los parisinos, quienes reclamaron que la idea de una exposición universal
pertenecía a Francia, pues las peticiones y las gestiones para lograrla se
habían hecho desde antes de la caída del rey Luis Felipe y aun en tiempos
de la Asamblea Constituyente, pero juzgaron que a la clase gobernante le
faltaron los bríos necesarios para llevar a feliz término la empresa, decla�
rando sin titubeos: “la Francia inventa, la Inglaterra ejecuta”.43
París, como metrópoli cultural, gozó de un prestigio considerable en
toda Europa. La vida urbana de París y las reformas impulsadas en esa
ciudad por Napoleón y Haussman, durante la década de 1850, se pueden
43
Arnoux, J. J., El Palacio de Cristal. Exposición de la Industria Universal en Londres en 1851, París,
Francia, Correo de Ultramar, Editores propietarios MM. X. de Lasalle y Mélan, 1851.
escenarios distantes 51
citar como el paradigma de la urbanización de la ciudad moderna del
siglo xix. La apertura de anchos y extensos bulevares abrió la antigua ciu�
dad medieval al paseo del público, al tráfico acelerado de carruajes y tre�
nes, a la proliferación de comercios, cafés, bares y teatros en el centro de
la ciudad; a la centralización de las actividades político–administrativa,
al confinamiento a las zonas periféricas de las actividades productivas, o
todo aquello considerado “molesto”, como hospitales, cárceles, manico�
mios, etcétera, dejando rastros visibles de la nueva lógica que imperaba en
la planeación urbana. Estas obras, además de la construcción de grandes
palacios destinados a la cultura, parques, mercados, alumbrado y muchas
otras obras de infraestructura, dotaron a París de una nueva capacidad
para soportar y promover el incipiente desarrollo comercial e industrial
del momento, y también le auspiciaron una vida social bulliciosa y vario�
pinta. El terreno parisino quedó listo para un rápido e irrefrenable desa�
rrollo capitalista que induciría a cambios radicales en el uso de la ciudad.
Ilustración 3. “Vista panorámica del Palacio de la Exposición Universal de París, en 1855, en los
Campos Elíseos”
Fuente: L'Illustration, París, 1854–11–11, en John Carter Brown University Library, consultada el
30 de julio de 2011, disponible en [Link]
r&id=1223581258187500&colid=6
52 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
Las transformaciones de la capital francesa tuvieron como objetivo
mostrar la prosperidad nacional a pesar de las convulsiones internas y
los descalabros militares. Los costos de la derrota ante el ejército prusiano
en 1870 y de la proclamación de la república, no impidieron el reordena�
miento urbano y las obras de mejoramiento material de la ciudad para
probar el renacimiento de la nación francesa ante los ojos del mundo eu�
ropeo. En 1890, las nuevas reformas y las nuevas construcciones daban
a la ciudad su aspecto monumental y triunfal. Este modelo urbano se
convirtió rápidamente en un ejemplo que se irradió hacia diferentes par�
tes del mundo como el paradigma de las nuevas formas de vida en las
ciudades modernas.44
La celebración de cinco exposiciones universales en la segunda mi�
tad del siglo xix sirvió a la afirmación de París como capital de la mo�
dernidad. La serie inició con la Exposición Universal de los productos de la
Agricultura, de la Industria y las Bellas Artes, en 1855, donde la nación fran�
cesa pudo mostrar su idea de lo que debía reunirse en esos eventos, y por
primera vez se incluyó un pabellón dedicado exclusivamente a las bellas
artes.
Las exposiciones universales, como uno de los primeros fenómenos
de comunicación de masas en la emergente sociedad industrial, se celebra�
ron en la capital parisina con una periodicidad matemática, casi cada once
años. La siguiente edición se inauguró oficialmente el 1 de abril de 1867 y
se clausuró el 31 de octubre de ese año, decretada por Napoleón III para
demostrar la grandeza del Segundo Imperio, tuvo como tema principal
el progreso y la paz, a pesar de que la exposición estuviese, irónicamente,
situada frente al edificio de la École Militaire, en un espacio que abarcaba
48 hectáreas, al cual se añadió la isla de Billancourt de 21 hectáreas. Du�
rante los siete meses, la exposición fue visitada por millones de personas,
incluidos expositores y empleados. Fue la más grandiosa exposición in�
ternacional habida hasta ese momento, tanto por su magnitud como por
el propósito del proyecto.
44
Sobre la centralidad cultural de París y su transformación urbana existe una bibliografía muy
amplia; aquí se retomaron los planteamientos contenidos en Harvey, David, París, capital de la mo-
dernidad, Madrid, España, Akal, 2006; Dugast, Jacques, La vida cultural en Europa entre los siglo xix y
xx, Barcelona, España, Paidós, 2003.
escenarios distantes 53
Ilustración 4. “Vista oficial de la Exposición Universal de París en 1867, vista aérea del terreno de
la exposición”. Litografía coloreada a mano. Eugenio Cicéri et Philippe Benoist; Berlín, Verlag von
Goupil & Co.; París, Publié par Goupil et Cie. y Nueva York, M. Knoedler de 1867
Fuente: Library of Congress. Prints & Photographs Catalog On Line (ppoc), consultada el 30 de
julio de 2011, disponible en [Link]
La impresión que causó quedó asentada en las crónicas de la época:
[…] quien visitó la Exposición Universal de París en 1867, puede con
verdad decir que ha visto el mundo entero, que ha visto todo lo que hay en
el mundo. Jardines, casas, cabañas, palacios, ruinas, cascadas, faros, cam�
panarios, cúpulas, minaretes, chimeneas, máquinas, y cien mil cosas más
se veían en aquel vasto recinto […]. Al entrar en aquel centro de la civiliza�
ción, en aquel magnífico templo del trabajo y la actividad humana, todo es�
píritu cristiano había de admirar el infinito poder de Dios, que ha hecho tan
grande al hombre. […] allí se contemplaba la prueba evidente del inmenso
poder del trabajo y del talento.45
45
Frontaura, Carlos, Viaje cómico a la Exposición de París, París, Francia, Librería de Rosa y Bou�
ret, 1868, p. 188.
54 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
Ilustración 5. “Vista de la Exposición de París en 1867, edificio principal de la exhibición y globo
volando en la distancia” (título asignado por el personal de la Biblioteca). Cromolitografía, 1867.
Colección Tissandier
Fuente: Library of Congress. Prints & Photographs Catalog On Line (ppoc), consultada el 4 de
agosto de 2011, disponible en [Link]
Y de manera inevitable, el visitante extranjero procedía a comparar
la realidad representada en los recintos expositivos con su propia reali�
dad nacional:
Mi primera impresión al entrar en la exposición universal y contemplar
aquel mundo de la inteligencia y del verdadero progreso, fue de profunda
tristeza; como no podía menos de recordar a mi patria querida, víctima de
la política mal entendida, desgarrada por continuas luchas y empobrecida
por las ambiciones desmedidas y la desunión que reina […].46
Sin duda alguna, la opinión de este periodista español bien podía ser
compartida por visitantes de otras naciones, como las hispanoamericanas.
46
Frontaura, Carlos, Viaje cómico a la Exposición de París, París, Francia, Librería de Rosa y Bou�
ret, 1868, p. 189.
escenarios distantes 55
El posicionamiento internacional que ofrecía la organización de una
exposición universal no estaba a discusión. Aunque el panorama nacio�
nal francés estaba ensombrecido por su aplastante derrota en la Guerra
Franco–Prusiana de 1870, por las consecuencias de la invasión alemana
—pérdida de territorio y elevados costos de la indemnización exigidos
por los vencedores—, y por la lucha fratricida de la Comuna, los poderes
públicos de Francia y de su capital no se resignaron al aislamiento de su
república ni a la contemplación de las ruinas de sus monumentos. En
medio de críticas y vacilaciones se dispusieron a exhibir la recuperación
nacional y a mostrar la vitalidad, la inteligencia y la laboriosidad del pue�
blo francés, reclamando su posición en la misión secular de promover
el progreso y la civilización.47 La tercera Exposición Universal de París
tuvo lugar del primero de mayo al 10 de noviembre de 1878, y su tema
fue Agricultura, Artes e Industria. Esta exposición cumplió con creces su
objetivo, al superar en dimensiones y dividendos a las realizadas hasta
entonces: las artes plásticas y mecánicas fueron representadas a gran es�
cala; la Avenida de las Naciones, una calle con 730 metros de longitud, se
dedicó a ejemplos de la arquitectura doméstica de casi todas las ciudades
de Europa y algunas de Asia, África y América.
Esta vía fue una de las más transitadas de la exposición; en ella se
combinaron y convivieron arquitecturas y tipos separados naturalmente,
dando lugar a una extraña vecindad de las antípodas, lo que supuso todo
un éxito para los organizadores.
[…] el conjunto de la calle de las naciones presentaba una fisonomía
bellísima, de encantador aspecto, de tradiciones gloriosas, de tipos extraños
que formaban un museo arquitectónico, una vía, nunca vista hasta ahora
[…]. Allí se oían todas las lenguas, se veían todos los trajes y todos los colo�
res, se aspiraban todos los aromas y se mezclaba todo lo raro, todo lo bello,
todo lo más separado y equidistante entre sí […].48
47
Picard, Alfred, Exposition universelle international de 1889 à Paris. Rapport général. Historique des
expositions universelles. Preliminaries de l'exposition universelle de 1889, i t., París, Francia, Imprimerie
Nationale, 1891, p. 235, consultado el 10 de diciembre de 2011, disponible en [Link]
fr/redir?8XAE349.1.
48
Santos, J. E., España en la exposición universal celebrada en París en 1878, publicase de Real Orden
del Ministerio de Fomento, ii t., Madrid, España, Imp. y Fundición de Manuel Tello, 1881, pp. 60 y
61; citado en Lasheras Peña, Ana Belén, España en París. La imagen nacional en las exposiciones uni-
versales (1855–1900) (Tesis de Doctorado en Historia Moderna y Contemporánea), Universidad de
56 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
Ilustración 6. “Calle de las Naciones, en el Palacio del Campo Marte, cerca de la fachada portuguesa”
Fuente: Vandière, Simon, L'Exposition universelle de 1878 illustrée, París, Calmann Lévy, 1879, en
John Carter Brown University Library, disponible en [Link]
worldfairs/[Link]
La celebración de los ideales republicanos y del centenario de la
Toma de la Bastilla fue la justificación de la exposición que se celebró del
6 de mayo al 31 de octubre de 1889. En ella se ampliaron sistemáticamen�
te todos los aspectos relacionados a las exposiciones: superficie, expo�
sitores, presupuesto. Abarcó una superficie de 96 hectáreas, incluyendo
el Campo Marte, el Trocadero, la estación de Orsay, una parte del Sena
y la explanada de los Inválidos. El propósito fue mostrar la riqueza y la
fortaleza de la república francesa, erigida no sólo en potencia política y
económica, sino sobre todo, civilizadora.
Cantabria, 2009, p. 169, consultado el 15 de septiembre de 2011, disponible en [Link]
net/10803/10660.
escenarios distantes 57
Ilustración 7. “La Torre Eiffel y el Campo de Marte visto desde Trocadero Palace, París exposi�
ción de 1889”. Impresión fotográfica: albúmina. Fecha de creación 1889
Fuente: Library of Congress. Prints & Photographs Catalog On Line (ppoc), consultada el 13 de
septiembre de 2011, disponible en [Link]
Más allá de las pretensiones políticas y culturales de los organizado�
res, se percibe la tendencia a magnificar los objetos industriales y tecno�
lógicos sobre las colecciones artísticas o agrícolas, enmarcados en el im�
ponente escenario constituido por la Galería de las Máquinas. Las formas
ojivales de los veinte arcos en hierro de esta catedral industrial albergaban
la exhibición de máquinas en movimiento diseñadas para todo tipo de
aplicaciones con el objetivo principal de demostrar los avances mecáni�
cos del país anfitrión, ya que las máquinas francesas ocuparon cerca de
dos tercios del espacio expositivo.
58 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
Ilustración 8. “Interior de la Galería de las Máquinas en la Exposición de París de 1889”. Impre�
sión fotográfica: albúmina
Fuente: Library of Congress. Prints & Photographs Catalog On Line (ppoc), consultada el 14 de
agosto de 2011, disponible en [Link]
A su vista, doña Emilia Pardo Bazán apunta:
[…] sólo de entrar en la galería y ver el continuo y periódico movi�
miento de tanto artilugio, me entra un malestar, un desasosiego, un azo�
ramiento físico, que se convierten pronto en sufrimiento y alteración ner�
viosa. Allí todo se mueve, todo anda: las máquinas sudan, gimen, trabajan
como esclavas que son, de una tenacidad sombría e implacable.49
Por primera vez en los escenarios expositivos se utiliza la electrici�
dad, lo que va a permitir aumentar considerablemente los horarios de
visita, prácticamente hasta la media noche, apareciendo también otro es�
49
Pardo Bazán, E., Al pie de la torre Eiffel. Crónicas de la Exposición, Madrid, España, La España
Editorial, 1889, p. 179.
escenarios distantes 59
pectáculo novedoso para la época: las fuentes luminosas y lo que pasaría
a convertirse en el símbolo de la ciudad, la Torre Eiffel.
Ilustración 9. “Fuentes luminosas”. Espectáculo nocturno en la Exposición Universal de 1889
Fuente: Colección de ilustraciones y grabados de la Biblioteca José María Lafragua (buap)
El ciclo de las exposiciones francesas en el siglo xix se cerró con la de
1900, celebrada entre el 15 de abril y el 12 de noviembre. Su recinto expo�
sitivo engulló los espacios que habían sido ocupados por las anteriores
exposiciones parisinas: los Campos Elíseos y el muelle aledaño en 1855,
el Campo de Marte en 1867, el Trocadero en 1878 y la Explanada de los
Inválidos y el muelle de Orsay en 1889, la exposición acabó por ser una
ciudad dentro de la ciudad. A lo largo del Sena se ubicaron los pabellones
nacionales de los 58 países.
60 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
Ilustración 10. “Vista panorámica de la Exposición Universal de París en 1900”. Litografía 72 x
93 cm. Lucien Baylac (1851–1913), Toulouse, París, B. Sirven, imp. EDIT., [1900]
Fuente: Library of Congress. Prints & Photographs Catalog On Line (ppoc), consultada el 14 de
agosto de 2011, disponible en [Link]
Los visitantes quedaron pasmados ante la enormidad y diversidad
de la exposición: “aquello es un maremágnum, un verdadero laberinto,
un burdel donde se cansa, se fatiga, se hastía y se aburre. ¡Qué bullicio
y qué mareo!”,50 y van de asombro en asombro ante los descubrimientos
científicos, los objetos de arte, las mercancías y la celebración de los Jue�
gos Olímpicos.
50
Vallina Subirana, E. de la, El certamen universal de 1900 y la reforma de la enseñanza del Excmo.
Sr. Marqués de Pidal con otras impresiones anotadas en mi cartera de viaje, Madrid, España, Imp. del
Asilo de Huérfanos del S. C. de Jesús, 1900, citado en Lasheras Peña, Ana Belén, España en París. La
imagen nacional en las exposiciones universales (1855–1900) (Tesis de Doctorado en Historia Moderna
y Contemporánea), Universidad de Cantabria, 2009, p. 193, consultado el 15 de septiembre de 2011,
disponible en [Link]
escenarios distantes 61
La recurrente regularidad de las exposiciones parisinas, 1855, 1867,
1878, 1889, 1900, carece de parangón, no ya en otras capitales, sino en
otros países; ningún otro, europeo o no, organizó con tanta constancia este
tipo de celebraciones.51 De ahí que además de ser el ícono de la naciente
sociedad burguesa, de la modernidad, París haya sido considerada la ca�
pital del siglo xix. Justamente así, París, capital del siglo xix, tituló Walter
Benjamin52 sus meditaciones sobre el Segundo Imperio, donde describía
los pasajes, los panoramas, las exposiciones universales o las reformas
urbanas de Haussmann. Los trabajos y afanes de los organizadores, de
los contribuyentes y de los expositores franceses fueron recompensados
con la afirmación de su nación como potencia, no sólo económica, sino
sobre todo cultural.
El carácter plurinacional del imperio de los Habsburgo atrajo hacia
su ciudad capital a poblaciones de variadas tradiciones culturales. Vie�
na, en la década de 1860, se libró del collar que la ahogaba, un cinturón
de murallas medievales que rodeaban a su pequeño centro urbano, y, al
desaparecer, quedó disponible para la edificación. El espacio liberado se
destinó a una sola calle circular, la Ringstrasse, que dio lugar a la conver�
sión de la vieja capital imperial en una ciudad moderna y cosmopolita.53
En la nueva urbanización de la Ringstrasse se celebró, en la arquitectura,
el triunfo del Recht (derecho) constitucional sobre el Macht (poder) impe�
rial. Esto se hizo evidente en el tramo delimitado por el Parlamento, el
Ayuntamiento, la Universidad y el Teatro, donde cada edificio presen�
taba un estilo arquitectónico diferente, pero en ningún caso irrelevante.
El Parlamento enfocó su fachada hacia el Palacio Imperial, al otro lado
del Ring, posicionamiento que parecía una metáfora de la pugna entre el
sistema parlamentario y el absolutismo cesáreo. La edificación más po�
51
Lasheras Peña, Ana Belén, “Emigrados en el París de las exposiciones universales del siglo
xix:la visión de España fuera de España”, Universidad de Cantabria, consultado el 15 de septiembre
de 2011, disponible en [Link]
glhyflcndd/AnaBelenLasherasEmigradosenelPar%C3%ADsdelasexposicionesuniversalesdelsiglo
[Link].
52
Benjamin, Walter, Poesía y capitalismo. Iluminaciones ii, Madrid, España, Taurus, 1998.
53
La burguesía vienesa, que no sólo buscaba pavonearse, sino también el confort y la ganancia,
levantó a lo largo de la Ringstrasse soberbias casas a las que se llamó Mietpalast (palacio de renta):
en el majestuoso piso principal vivía el nuevo rico y el resto de los pisos albergaba apartamentos
de alquiler. Pero más allá, estaba el contrapunto del Mietpalast, el Mietkaserne (casa de vecindad), el
bloque de viviendas para obreros, que pagaban alquiler por vivir en el hacinamiento y en la falta
de intimidad, guardando más parecido con los espacios que ocupaba la soldadesca en un cuartel.
62 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
lémica fue la Universidad, por la oposición de los militares a un edificio
que reuniese todas las facultades, porque en la revolución de 1848, una
milicia estudiantil, la Legión Académica, había hecho huir al ejército im�
perial de Viena. En todo caso, los cuatro edificios representaban, como en
una rosa de los vientos, el sistema de valores del liberalismo.54
La urbanización de la nueva Ringstrasse, junto a los grandes edifi�
cios monumentales que la flanqueaban, permitió la creación de un es�
pacio público dotado de gran fuerza representativa, exactamente la que
requerían las necesidades simbólicas de un proyecto basado en la gran
escala, en los valores estéticos académicos y en una concepción del espa�
cio público ligado a unas instituciones simuladas o inexistentes.55
Viena fue el lugar de la Weltausstellung en 1873, que tuvo lugar entre
el primero de mayo y el 31 de octubre en el corazón del Imperio Austro�
húngaro. Su tema central fue Cultura y Educación. Para su celebración, se
levantaron los recintos expositivos en el Prater, que era el paseo favorito
de aquella ciudad. El edificio principal consistió de una nave central y
dieciséis naves laterales; además, para la exhibición de la maquinaria, de
las bellas artes y de la agricultura se prepararon pabellones especiales.
La superficie total de la Exposición de Viena rebasó por mucho la que
se había asignado a anteriores exposiciones y el costo de todos los edifi�
cios ascendió al equivalente de 7 850 000 pesos. Estuvo abierta 186 días,
fue visitada por un promedio diario de 18 779 visitantes; el número de
expositores que remitieron objetos a ese certamen ascendió a 70 000 en
números redondos.56
Schorske, Carl, Viena Fin–de–Siècle. Política y cultura, Barcelona, España, Gustavo Gili, 1981.
54
Pizza Antonio y Pla., Maurici, Viena–Berlín. Teoría, arte y arquitectura entre los siglos xix y xx,
55
Barcelona, España, Edicions de la Universitat Politècnica de Catalunya, 2002.
56
Las cifras sobre las exposiciones siempre deben tomarse con reserva, pues varían de acuerdo
a la fuente consultada. Véase Godoy, José F., La ciudad de Chicago y la exposición universal de 1893,
Chicago, Estados Unidos de América, Cía. Publicista Panamericana, 1892, p. 150.
escenarios distantes 63
Ilustración 11. “Entrada principal del recinto expositivo de la Weltausstellung, Viena 1873”.
Fotografía de Michael Frankenstein, de la Asociación de Fotógrafos de Viena, Wien, Technisches
Museum Wien, 1873
Fuente: Gateway World Expo 1873, consultada el 14 de agosto de 2011, disponible en http://
[Link]/wiki/Weltausstellung_1873
A pesar de su fugacidad temporal, las exposiciones universales no
sólo fomentaban la industria, el comercio y la conquista de mercados,
sino que, sobre todo, funcionaron como mecanismos de afirmación, de
posicionamiento de las naciones en el contexto global, porque dejaban
sedimentos imborrables en la cultura de la época y por esta razón, su
realización fue disputada por ciudades situadas fuera del continente eu�
ropeo, aunque con un éxito desigual.
64 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
Ilustración 12. “Pabellón de la empresa Krupp en la Weltausstellung, Viena 1873”. Fotografía
de Oscar Kramer de la Asociación de Fotógrafos de Viena, Wien, Technisches Museum Wien, 1873
Fuente: Krupp Pavillon Expo 1873, consultada el 14 de agosto de 2011, disponible en http://
[Link]/w/[Link]?title=Datei:Krupp_Pavillon_Expo_1873.jpg&filetimesta
mp=20090227162414
Las ciudades de América del Norte se distinguían por su novedad.
Erigidas a finales del siglo xviii, en su construcción se advertía el afán de
ruptura con su pasado. Alrededor de 1850 no podía decirse que tuvieran
una gran concentración demográfica ni una larga tradición como con�
juntos urbanos ni siquiera una arquitectura distintiva. Las más notables
guardaban resabios de antaño a pesar de su adhesión a la modernidad:
eran ciudades portuarias de mar o río surgidas al fragor del comercio co�
lonial como Boston, Filadelfia, Charleston, Nueva Orleans o Nueva York.
De la misma forma, tampoco se podía ignorar la pujanza económica de
sus habitantes, quienes vieron en las exposiciones universales una gran
oportunidad para los negocios.
Por otra parte, el interés por convertirlas en sede de esos certámenes
más bien parecía obedecer a la urgencia de dotar de densidad simbóli�
escenarios distantes 65
ca a las ciudades norteamericanas con argumentos diversos y, a veces,
desproporcionados. Así, Filadelfia, que había funcionado entre 1798 y
1800 como capital de la nueva nación norteamericana, promovió en 1876
la Centennial International Exhibition para conmemorar su movimiento
de independencia.
Ilustración 13. “Vista del terreno y los edificios de la Exposición Internacional de Filadelfia
en Fairmount Park, 1876”. Litografía, color, 52.5 x 70.2 cm (hoja). August L. Weise, Philadelphia,
ee. uu., AL Weise lith, c1876
Fuente: Library of Congress. Prints & Photographs Catalog On Line (ppoc), consultada el 30 de
julio de 2011, disponible en [Link]
En el lugar escogido para ubicar la exposición —Fairmount Park—
se levantaron el Edificio Principal, el Salón de la Maquinaria, el Palacio
de Bellas Artes, el Palacio de Horticultura, el Edificio de Agricultura y el
Edificio de la Señoras. El gobierno de los Estados Unidos también erigió
un bello edificio para su departamento. El número total de expositores
fue de 38 864, siendo 8 175 americanos y el resto de países extranjeros. La
exposición se abrió el 10 de mayo de 1876 y permaneció abierta hasta el
10 de noviembre de ese mismo año, con un aforo de visitantes de más de
nueve millones de personas.57
Años después, la Asociación Nacional de Cultivadores de Algo�
dón, de los Estados Unidos de América del Norte, al celebrar su con�
57
Véase Godoy, José F., La ciudad de Chicago y la exposición universal de 1893, Chicago, Estados
Unidos de América, Cía. Publicista Panamericana, 1892, p. 150.
66 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
greso anual en octubre de 1882, resolvió por voto unánime solemnizar
el primer centenario de la producción manufacturera y el comercio del
algodón, simbolizado con el envío al exterior de la primera remesa de
algodón, anunciando para el año de 1884 una Exposición Industrial Uni�
versal, bajo los auspicios combinados del gobierno nacional, de la misma
asociación y de la ciudad de Nueva Orleans (Luisiana), la gran metrópoli
del cotton south, donde había de efectuarse el concurso.
Ilustración 14. “La Exposición Centenaria del Algodón, Nueva Orleans, Luisiana, abierta del 1°
de diciembre 1884 al 31 de mayo 1885”. Cromolitografía de Joseph Ferdinand Keppler, 1838–1894,
Nueva York, Keppler y Schwarzmann, 10 de diciembre de 1884. La ilustración muestra al Tío Sam
y a la Libertad saludando a un grupo de mujeres con la etiqueta “México, Brasil, Cuba, Perú, La
Plata, Chile, Haití, [y] Ecuador” para la Exposición Mundial del Centenario Industrial y de algodón
en Nueva Orleans, Louisiana
Fuente: Library of Congress. Prints & Photographs Catalog On Line (ppoc), consultada el 30 de
agosto de 2011, disponible en [Link]
Para argumentar la validez de los motivos que justificaban la realiza�
ción del certamen se utilizaron datos estadísticos que avalaban la calidad
y eficiencia de los Estados Unidos de América como país exportador: en
1883, el algodón producido en los estados del sur ascendió a la cifra de
escenarios distantes 67
siete millones de pacas, que fueron exportadas a todos los “países civi�
lizados del universo”, y cerca de tres millones de toneladas de semilla,
después de la siembra necesaria para la cosecha de 1884; esa enorme can�
tidad de semilla había podido producir, con la manipulación necesaria,
105 millones de litros de aceite de algodón, millón y medio de toneladas
de panes de aceite o de harina y otro medio millón de toneladas de cásca�
ras para la fabricación de papel. Entonces, la localidad de Nueva Orleans,
considerada como el mercado algodonero más grande del mundo, venta�
josamente situada como portal de acceso al Golfo de México, a Centroa�
mérica y a las Antillas españolas, fue la elección natural como sitio de la
exposición, cuyos edificios y anexos se situaron convenientemente cerca
de las estaciones principales de ferrocarril y de la línea, de 15 millas de
longitud, de los muelles de carga y descarga.58
Ilustración 15. “Salón de Horticultura”. Exposición Mundial de la Industria y del Centenario del
Algodón en Nueva Orleans, Luisiana. Litografía, color. H. Armas, del.; Thos. Hunter, lith., Phila�
delphia, Thos. Hunter, lit., 1884
Fuente: Library of Congress. Prints & Photographs Catalog On Line (ppoc), consultada el 28 de
octubre de 2011, disponible en [Link]
58
Véase La ilustración Española y Americana, año xxviii, n. xli, Madrid, 8 de noviembre de 1884,
pp. 265–267.
68 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
A pesar de su impacto en la promoción de las relaciones comerciales
entre las naciones del continente americano, o precisamente por eso, la
exposición de Nueva Orleans no ha sido considerada como una de las
grandes exposiciones, su mención aquí obedece a la trascendencia que
tuvo para su nación vecina, México.
Para algunos observadores y estudiosos europeos de la época59, las
exposiciones americanas más sorprendentes fueron dos: la de Filadelfia
en 1876 y la de Chicago en 1893, en tanto que revelaron la fecunda acti�
vidad y la potencia productiva de la industria y de la agricultura de los
Estados Unidos de América del Norte.
Ilustración 16. “Exposición Colombina Mundial de Chicago 1893”, vista panorámica. Litografía,
coloreada, 41 3/4 x 28 pulgadas, Chicago, Bank Note Co., c1893
Fuente: Library of Congress. Prints & Photographs Catalog On Line (ppoc), consultada el 28 de
octubre de 2011, disponible en [Link]
Krantz, Camille (dir.), Exposition internationale de Chicago en 1893. Rapports. Rapport administra-
59
tif sur l'Exposition internationale de Chicago, París, Francia, Imprimerie Nationale, 1895, p. xv, consul�
tado el 29 de diciembre de 2011, disponible en [Link]
escenarios distantes 69
Los habitantes de Chicago,60 después de superar los proyectos que
presentaron las ciudades de Nueva York y San Louis Missouri, tuvieron la
oportunidad de promover la Exposición Colombina en 1893 para conme�
morar el cuarto centenario del descubrimiento del continente americano.
La elección de la ciudad de Chicago, la Reina del Oeste, situada en pleno
corazón del continente, lejos de la influencia europea que aún dominaba
en las ciudades americanas en el borde del Atlántico, contribuyó a esa
revelación y a desterrar la idea eurocentrista de que el mundo civilizado
tenía sus confines en el Estrecho de Gibraltar. Aunque en la exposición
de Chicago los países europeos conservaron un lugar preponderante, los
otros continentes estuvieron más y mejor representados que en ninguna
otra exposición: Asia, África, América del Norte y los territorios latinoa�
mericanos exhibieron su propia visión del progreso y su adhesión a la
modernidad. Por otra parte, ese certamen internacional activó la recons�
trucción de la ciudad que había sido devastada por un incendio en 1871.
La organización de la exposición en la ribera derecha del lago Michigan
dio como resultado un ambicioso modelo urbano conocido como la Whi�
te City, que marcó el retorno a una arquitectura académica y convencio�
nal. La Exposición Colombina de 1893 aparece así, más que nunca, como
un modelo fáctico para el desarrollo del futuro asentamiento urbano.61
En la segunda mitad del siglo xix, la fuerza representativa de las ex�
posiciones impulsó proyectos de organización e iniciativas de participa�
ción más allá de los territorios europeos y norteamericanos. Independien�
temente de su fortaleza institucional, de su capacidad económica, de su
peso político o cultural, naciones de todo el orbe saltaron a la palestra inter�
nacional con el objetivo de organizar su propia versión de una exposición
universal, que en la mayoría de las ocasiones tuvieron una resonancia li�
60
La ciudad de Chicago se distinguió por un rápido desarrollo. Sus relaciones comerciales la
ligaron con todas las naciones y los artefactos de sus fábricas eran conocidos aún en las partes más
remotas del globo. Su comercio se desarrolló de una manera sorprendente en los últimos años del
siglo xix y lo mismo puede decirse de su industria: el valor total de las transacciones mercantiles
de la plaza en 1890 fue de 1 380 millones de pesos; los artículos en los que se registró mayor movi�
miento fueron: géneros y alfombras, abarrotes, madera, ropa hecha, botas y zapatos, libros, efectos
de escritorio y papel tapiz, papel, fierro, carbón, ferretería y cuchillería, joyas, relojes y diamantes.
Véase Godoy, José F., La ciudad de Chicago y la exposición universal de 1893, Chicago, Estados Unidos
de América, Cía. Publicista Panamericana, 1892, p. 22.
61
Pizza, Antonio, Arte y arquitectura moderna. 1851–1933. Del Crystal Palace de Joseph Paxton a la
clausura de la Bauhaus, Barcelona, España, Edicions de la Universitat Politècnica de Catalunya, 1999,
p. 42.
70 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
mitada a sus regiones. Ciudades como Santiago de Chile, Buenos Aires,62
Caracas,63 Guatemala,64 Sidney, Melbourne, Adelaide, Hobart, la neoze�
landesa Dunedin o Calcuta y otras más lograron promover a sus naciones
en el contexto global con la organización de una exposición universal.
Entre las varias iniciativas que surgieron para organizar esos fastuo�
sos eventos en las últimas décadas del siglo xix se cuenta la del Ministro
de Fomento del gobierno mexicano en 1880.65
Ilustración 17. Proyecto del “Palacio de la Exposición Internacional Mexicana de 1880” a partir
del dibujo realizado por Ramón Rodríguez y Arangoity en 1879
Fuente: Archivo General de la Nación, México, fondo Fomento, serie Exposiciones extranjeras,
v. 99, exp. 1
Sus preparativos y afanes fueron infructuosos,66 ya que tropezó con
duras críticas en los recintos parlamentarios y en la prensa. Al respecto,
un redactor anónimo escribió:
Invitación a México para que concurra a la Exposición de Buenos Aires (1879), Archivo His�
62
tórico de la Secretaría de Relaciones Exteriores, México, exp. 19–22–27.
63
Documentos relativos a la Exposición de Caracas (1898–1900), Archivo Histórico de la Secre�
taría de Relaciones Exteriores, exp. 19–20–107.
64
Documentos relativos a la Exposición Centroamericana a celebrarse en Guatemala en 1897.
Informes y notas consulares sobre la participación mexicana y descripción del evento (1894–1897),
Archivo Histórico de la Secretaría de Relaciones Exteriores, exp. 19–20–81.
65
Para una revisión del proyecto de la Exposición Internacional Mexicana, véase Díaz y de
Ovando, Clementina, Las ilusiones perdidas del general Vicente Riva Palacio.
66
Sobre la desafortunada recepción interna que tuvo el proyecto, se puede consultar el discurso
del diputado al Congreso General por el estado de Morelos, Fernández, José Diego, Discurso que
contra el proyecto de Exposición Internacional pronunció en la Cámara de Diputados el 22 de abril de 1879,
México, Imprenta de J. F. Jens, 1879.
escenarios distantes 71
¡Una Exposición Internacional! Clamamos al oír el proyecto de Riva
Palacio y no pudimos contener nuestra risa. Confesamos que nuestra burla
sólo alcanzó a Riva Palacio, pues creímos que en el gabinete de don Porfirio
habría un hombre, siquiera de mediano juicio, que pusiera un hasta aquí a
la locura del encargado del Departamento de Fomento […].67
Justo es apuntar, que en este terreno, la primacía absoluta la tuvieron
las ciudades europeas, sobre todo París.
Los países latinoamericanos no participaron en todas las exposicio�
nes e inicialmente su presencia fue poco significativa: en la primera gran
exposición universal celebrada en Londres, apenas se hicieron presentes
en las flores de pluma y en las alas de escarabajo de Brasil, tapioca, nuez
moscada, cacao y esmeraldas de la Nueva Granada, la actual Colombia;
un gran pedazo de mineral de oro de Chile y obras de cera de México.
La presencia latinoamericana fue mínima en la Exposición de París
de 1855, pues a ese certamen sólo acudieron 142 expositores latinoameri�
canos de un total de 20 839, de los que 10 148 eran extranjeros. Ese inicial
puñado de expositores fue creciendo paulatinamente y alcanzaron a for�
mar un contingente notable en la exposición parisina de 1889, en la que
de un total de 55 000 expositores, más de 5 000 fueron latinoamericanos;
los cuales llegaron a obtener el 10 % de los premios que se concedieron.
En efecto, de los 33 639 premios que se otorgaron en esa ocasión los expo�
sitores latinoamericanos obtuvieron 3 653, destacando en esa cifra global
los 873 premios obtenidos por los mexicanos, los 670 de los argentinos o
los 489 de los brasileños.68
En la última gran exposición del siglo xix, la celebrada en París en
1900, la presencia latinoamericana no creció con respecto a la de 1889. En
términos relativos, incluso disminuyó, los registros oficiales69 muestran
67
“La Exposición Internacional Mexicana”, El Republicano, 2 de marzo de 1879, p. 2.
68
“Crónicas de la Exposición de París”, La Ilustración Española y Americana, ii v., 1889, p. 199,
citado por López–Ocón Cabrera, Leoncio, “La formación de un espacio público para la ciencia en
la América Latina durante el siglo xix”, Asclepio. Revista de historia de la medicina y la ciencia, v. 50,
n. 2, 1998, pp. 205–226, consultado el 15 de septiembre de 2011, disponible en [Link]
[Link]. Veáse también López–Ocón Cabrera, Leoncio, “La exhibición del poder de la ciencia.
La América Latina en el escenario de las exposiciones universales del siglo xix”, en José Augusto
Mourão, Ana María Cardoso de Matos y María Estela Guedes (coords.), O mundo ibero–americano
nas grandes exposições, Lisboa, Portugal, Vega, 1998, pp. 72–77.
69
Picard, Alfred, Exposition universelle international de 1889 à Paris. Rapport général. Historique des
72 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
una participación limitada a cinco países de la región —Ecuador, Guate�
mala, México, Nicaragua, Perú y El Salvador— con sólo 4 947 exposito�
res, de un total de 83 047; los expositores latinoamericanos lograron 1 898
recompensas de las 45 944 que fueron distribuidas en esa ocasión, de las
cuales más de la mitad, 1 037, fueron para los expositores mexicanos.
Para promover y sostener su presencia en las exposiciones univer�
sales del último cuarto del siglo xix, las atribuladas naciones latinoame�
ricanas debían movilizar una considerable cantidad de energías y recur�
sos. Su situación como Estados en vías de formación y como economías
emergentes las llevó a figurar marginalmente por dos razones: los países
organizadores se reservaban para sí una desproporcionada cantidad de
espacio y, por otra, sus escasos recursos y el incipiente desarrollo de su
estructura productiva ponían límites a sus pretensiones de exhibición.
En estas condiciones los países latinoamericanos empeñaron sus mejores
esfuerzos para participar, principalmente, en las exposiciones que desde
su particular punto de vista les aseguraban la mejor proyección, en los
lugares de celebración con los que reconocían mayor afinidad. No es ca�
sual, entonces, su participación multitudinaria en la exposición universal
parisina de 1889, celebrada para conmemorar el triunfo de la república,
ideal civilizatorio compartido por las emergentes naciones latinoamerica�
nas. Esa estrategia selectiva de las elites latinoamericanas se revela como
una constante en los estudios de caso sobre diferentes países del subcon�
tinente.70
Entre 1851 y 1900, cuando no existía ninguna normatividad que re�
gulara estos eventos, se inauguraron más de un centenar de exposiciones
que se autoproclamaron universales o internacionales; independiente�
mente de los cambios de régimen y de las guerras,71 cada año de este pe�
ríodo no pasó sin la celebración de más de una exposición en la vasta geo�
grafía del mundo occidental.72 Pero, a pesar de su denominación, hubo
expositions universelles. Preliminaries de l'exposition universelle de 1889, i t., París, Francia, Imprimerie
Nationale, 1891, pp. 659 y 802, consultado el 10 de diciembre de 2011, disponible en [Link]
[Link]/redir?8XAE349.1.
70
Especialmente sugerente sobre la República de Argentina es el trabajo de Barth, Volker, “Na�
tion et alterité: l'Argentine aux Expositions universelles de 1867, 1878 et 1889 à Paris”, Les Cahiers
alhim, n. 15, 2008, pp. 211–232.
71
Rebérioux, Madeleine, “Au tournant des expos: 1889”, Le mouvement social, n. 149, octubre–
diciembre de 1989, p. 4.
72
Véase la detallada cronología elaborada por Aimone, Linda y Olmo, Carlo, Les expositions
escenarios distantes 73
entre ellas diferencias notables, tanto en sus formatos de organización
como en el impacto que lograron.
Un primer tipo consistió en la exposición de productos industriales,
que pretendían promocionar y estimular determinada industria o todas
las industrias de una región o un país y no siempre contaban con el pa�
trocinio oficial de sus gobiernos. Un segundo tipo, muy común en los
Estados Unidos, era de carácter local, justificado por la conmemoración
de algún acontecimiento histórico, significativo, muchas veces, sólo para
la comunidad local y era resultado de iniciativas particulares o de asocia�
ciones comerciales. El tercer tipo, la exposición universal, tenía un alcance
internacional, era organizada por un Estado y en ella se podían presentar
todo tipo de productos bajo un sistema de clasificación elaborado por el
país anfitrión; este tipo de exposiciones se registró, principalmente, en los
países europeos. También hubo exposiciones que conjugaron característi�
cas de más de uno de los tipos señalados.
Por sus pretensiones, la diversidad de los objetos exhibidos, los es�
pacios ocupados, el número de expositores y visitantes, las recompensas
entregadas y los montos de inversión aplicados en su realización, algu�
nos autores73 no han dudado en identificar a una decena de estos eventos
como grandes exposiciones, entre las muchas que tuvieron lugar en la
segunda mitad del siglo xix.
universelles (1851–1900), París, Francia, Belin, 1993, pp. 295–304.
73
La calificación de la importancia de las exposiciones universales es abordada por varios au�
tores, aquí sólo retomamos los datos de Aimone, Linda y Olmo, Carlo, Les expositions universelles
(1851–1900), París, Francia, Belin, 1993, pp. 295–304; Ferguson, Eugene S., “Exposiciones tecno�
lógicas (1851–1900)”, en Melvin Kranzberg y Carroll W. Pursell, Jr. (eds.), Historia de la tecnolo-
gía: la técnica en Occidente de la Prehistoria a 1900, Barcelona, España, Gustavo Gili, 1981, p. 792; y
Schroeder–Gudehus, B. y Rasmussen, A., Les fastes du progrès: le guide des expositions universelles
(1851–1992), París, Flammarion, 1992. Al momento actual, la página oficial del Bureau Internatio�
nale des Expositions menciona estos eventos como las exposiciones internacionales más relevantes,
información consultada el 30 de noviembre de 2011, disponible en [Link]
site/fr/[Link].
74 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
Tabla 1. Grandes exposiciones universales, 1851–1900
Recom-
Superficie
Miembros pensas
Año Lugar ocupada Expositores Visitantes
del jurado entrega-
(en ha)
das
1851 Londres 9.6 17 000 6 039 000 314 5 187
1855 París 16.8 24 000 51 600 00 410 11 033
1862 Londres 9.5 27 500 6 000 000 567 12 305
1867 París 68.7 52 000 10 200 000 627 19 395
1873 Viena 183.4 42 000 7 254 000 420 25 552
1876 Filadelfia 115 38 864 9 678 000 250 13 104
1878 París 74 52 385 16 032 000 800 29 810
1889 París 96 61 722 32 350 000 1 052 33 889
1893 Chicago 274 70 000 27 539 000 852 23 757
1900 París 112 83 047 50 860 801 2 333 70 896
Las cifras en torno a las exposiciones registran variaciones de acuerdo a las fuentes consultadas
Fuente: La mayoría de los datos que aquí se ofrecen se tomaron de Krantz, Camille (dir.), Expo-
sition internationale de Chicago en 1893. Rapports. Rapport administratif sur l'Exposition internationale de
Chicago, París, Francia, Imprimerie Nationale, 1895, p. 213, consultado el 29 de diciembre de 2011,
disponible en [Link]
La resonancia de las celebraciones europeas fue más significativa en
comparación a la gran mayoría de las exposiciones decimonónicas que no
lograron cumplir con sus pretensiones de universalidad, ya fuera por su
localismo, por la especialización de la colección exhibida o por sus límites
organizativos; para ejemplificar su frecuencia y distribución geográfica,
aquí enlistamos algunas de las más notables, entre las que aparecen va�
rias de las que extendieron a México la invitación correspondiente, no
siempre atendida, y otras a las que sí concurrió como nación expositora:
escenarios distantes 75
Tabla 2. Exposiciones internacionales especializadas, 1851–1900
Año Lugar Nombre
1853 Dublín, Irlanda The Great Industrial Exhibition
1860 Besançon, Francia Exposition Universelle
1862 Hamburgo, Alemania International Agricultural Exhibition
1868 Le Havre, Francia Exposition Maritime Internationale
1872 Lyon, Francia Exposition Universelle e Internationale
1875–1876 Santiago de Chile, Chile Exposición Internacional de Chile
Buenos Aires, Exposición Sud–Americana Industrial,
1880
República Argentina Agrícola y de Bellas Artes
1881 Atlanta, ee. uu. International Cotton Exposition
1881 París, Francia Exposition International de l'Electricité
1882 Bordeaux, Francia Exposition International des vins
1882 Edimburgo, Escocia International Fisheries Exhibition
1882 Munich, Alemania Exposition International de l'Electricité
1883 Amsterdam, Países Bajos Exposition Colonial
American Exhibition of the Products,
1883–1884 Boston, ee. uu. Arts and Manufactures of Foreign Na�
tions
1883–1884 Calcuta, India International Exhibition
World's Industrial and Cotton Centen�
1884–1885 Nueva Orleans, ee. uu.
nial Exposition
International Forestry and Woodworks
1884 Edimburgo, Escocia
Exhibition
1885 Londres, Gran Bretaña International Exhibition of Inventions
1886 Londres, Gran Bretaña Colonial and Indian Exhibition
International Exhibition of Navigation,
1886 Liverpool, Gran Bretaña
Commerce and Industry
1888 Barcelona, España Exposición Universal de Barcelona
1889 Buffalo, ee. uu. International Industrial Exposition
76 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
Tabla 2. Exposiciones internacionales especializadas, 1851–1900
Año Lugar Nombre
1889–1890 Boston, ee. uu. Exposition Maritime International
1894 Lyon, Francia Exposition International et Colonial
California Midwinter International Ex�
1894 San Francisco, ee. uu.
position
Cotton States and International Exposi�
1895 Atlanta, ee. uu.
tion
1896 Berlín, Alemania Berliner Gewerbe Ausstellung 1896
1897 Guatemala Exposición Centroamericana
Tennessee Centennial and International
1897 Nashville, ee. uu.
Exposition
TransMississipi and International Expo�
1898 Omaha, ee. uu.
sition
Fuente: Aimone, Linda y Olmo, Carlo, Les expositions universelles (1851–1900), Francia, Belin, 1993
Estos datos, sin aspirar a ser exhaustivos, muestran: primero, la in�
sistencia con la que las naciones pretendieron mostrarse en el contexto
global, exhibiendo su capacidad de convocatoria y sus fortalezas organi�
zativas, que llevaba implícito el reconocimiento a su condición de nación;
segundo, la preeminencia de los países europeos, en los que es evidente
la competencia entre Gran Bretaña y Francia; tercero, la decidida emer�
gencia de las ciudades norteamericanas en la carrera por figurar en los es�
cenarios internacionales; y, por último, la aparición, si bien marginal, de
algunas ciudades hispanoamericanas que comparecieron exhibiendo la
naturaleza de su territorio y la particularidad de sus recursos naturales.
La idea de mapamundi, que defendieron los organizadores de es�
tos eventos, reproducía dentro del recinto expositivo la diversidad del
mundo en miniatura; esta manipulación del espacio hizo germinar una
visualización particular de los diferentes grupos humanos ahí represen�
tados. Desde los salones y las galerías de las exposiciones se transmitían
mensajes ideológicos y educativos a las masas para crear una cultura con
pretensiones globales, hasta entonces desconocida; la distribución se�
cuencial de las mercancías materializaba la metáfora sobre la estandari�
escenarios distantes 77
zación de las sociedades industrializadas y, a la vez, la bondad utópica
de una humanidad homogeneizada. Al organizar y clasificar el mundo
como una exhibición, las exposiciones crearon y concretizaron las dife�
rencias, tornando las culturas en objetos desplegados en vitrinas en el
orden histórico evolutivo que reflejaba la hegemonía de Occidente, o más
bien de Europa.74 Desde ahí se miraba al mundo y se construían los nue�
vos paradigmas.
La intención de representar todas las manifestaciones culturales del
mundo en pacífica convivencia respondió al ferviente anhelo expresado
desde 1851 por el príncipe Alberto, para quien las exposiciones univer�
sales debían ser “un medio feliz para promover la unidad entre las na�
ciones, así como la paz y la buena voluntad entre las diversas razas de la
humanidad”.75 De los recintos expositivos, se procuró proscribir la con�
flictiva y cambiante realidad política y social de la Europa de la segunda
mitad del siglo xix para dar paso a un nuevo orden simbólico en el que
el mundo y sus objetos ya no nos es dado, sino que es producido, do�
minado, manipulado, inventariado y controlado, en resumidas cuentas,
adquirido.
Las exposiciones, en un mismo espacio, revelaban civilizaciones y
culturas remotas. Mostraban los resultados de los trabajos de las nacio�
nes, sus pueblos, sus artefactos, sus costumbres, sus modos de vida y sus
vestigios arqueológicos. Las naciones organizadoras siempre ocupaban,
junto con sus países vecinos o sus colonias, los lugares centrales dentro
de los recintos; más allá se ubicaban los territorios situados en la periferia
del progreso: de ignota geografía —Oceanía o el África negra—, los paí�
ses nuevos —las repúblicas latinoamericanas—, o las pujantes economías
emergentes representadas, casi exclusivamente, por los Estados Unidos
de América. Esta manipulación del espacio expositivo clasificó a las na�
ciones y a los pueblos en naciones viejas y jóvenes, en naciones exóticas
y modernas, constituyendo una jerarquía, con principios occidentales, de
etnias, civilizaciones y territorios. Se afirmó, así, que los valores europeos
74
Muratorio, Blanca, “Nación, identidad y etnicidad: imágenes de los indios ecuatorianos y sus
imagineros a fines del siglo xix”, en Imágenes e imagineros. Representación de los indígenas ecuatorianos
(siglos xix y xx), Quito, Ecuador, Flacso Sede Ecuador, 1994, pp. 109–198.
75
Arnoux, J. J., El Palacio de Cristal. Exposición de la Industria Universal en Londres en 1851. París,
Francia, Correo de Ultramar, Editores propietarios MM. X. de Lasalle y Mélan, 1851, véase capítulo
II, donde se recoge el discurso del príncipe Alberto y de la reina Victoria.
78 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
tematizados en las exposiciones universales, fundados en la primacía de
la razón, tenían un destino y una aplicación universal que justificaba su
enseñanza, difusión e imposición a todos los pueblos del mundo.
Las exposiciones universales y sus principios clasificatorios
En los recintos de las exposiciones universales se exhibieron las ca�
racterísticas más meritorias de las naciones, en una época marcada por la
construcción de los nacionalismos; en ellos se expresaron, al mismo tiem�
po, la gran diversidad de la sociedad humana y la aspiración a configurar
una civilización global unificada, gobernada por los mismos referentes
culturales y económicos, una contradicción que fue puesta al margen por
la mayoría de los fervientes seguidores de la ideología del progreso.
La noción de progreso, presente ya desde la antigüedad clásica, ad�
quirió una nueva significación después de la Revolución Francesa y a lo
largo del siglo xix se afianzó sobre la acumulación de mejoras materiales,
de conocimientos científicos y de nuevas instituciones que la propagaron
con eficacia. Entre 1840 y 1890, paralelamente al gran boom económico e
industrial del Occidente, se registró el triunfo de la ideología del progre�
so76 y, a pesar de algunas voces críticas, se instaló como el único referente
explicativo del proceso civilizatorio. Los resultados espectaculares del
avance científico y técnico lograron que el hombre común se familiariza�
ra con el crecimiento indefinido del poder humano sobre la naturaleza, al
tiempo que su mente penetraba en los secretos de ésta.77
En este sentido, las exposiciones universales fueron el reconocimien�
to público del progreso material, donde se atestiguaba la rápida transfor�
mación de las condiciones de vida, un movimiento cuya continuidad pa�
recía no tener límites. Los avances del progreso, representados en objetos
y productos desde 1851, pronto se convirtieron en atributos susceptibles
de comparación entre las diferentes comunidades nacionales y, su exhi�
76
Le Goff, Jacques, “Progreso/reacción”, en Pensar la historia. Modernidad, presente, progreso,
Barcelona, España, Paidós, 1991, pp. 196–233. Los estudios clásicos sobre el tema son: Bury, John,
La idea de progreso, Madrid, España, Alianza Editorial, 2009; y Nisbet, Robert, History of the Idea of
Progress, Nueva York, ee. uu., 1980.
77
Bury, John, La idea de progreso, Madrid, España, Alianza Editorial, 2009; y Nisbet, Robert,
History of the Idea of Progress, Nueva York, ee. uu., 1980, p. 330.
escenarios distantes 79
bición, alentó la competencia y la rivalidad entre ellas. La primera expo�
sición, celebrada en Londres en 1851, fue prontamente replicada por una
ciudad al otro lado del Atlántico, aunque sólo pudo ofrecer una versión
limitada, simbolizada por la copia del Palace of Crystal, construido por
una organización de particulares para albergar la Exposición de Nueva
York en 1853. Las exposiciones universales de la segunda mitad del siglo
xix fueron la escenificación de una vieja apuesta europea. El desafío a la
iniciativa londinense provino de la exposición parisina de 1855, en con�
creto de Napoleón III, quien llevó al terreno de las exposiciones la antigua
rivalidad entre las dos naciones situadas a orillas del Canal de la Mancha.
Aparte de las manifiestas tensiones políticas que en ellas subyacían,
las exposiciones universales que tuvieron lugar en la segunda mitad del
siglo xix alcanzaron a imponer nuevas formas de percepción de la reali�
dad. La organización de esos eventos, en general, y la composición de los
sistemas de clasificación que ordenaron los objetos dentro de los recin�
tos expositivos, en lo particular, construyeron modelos de interpretación
de aplicación universal. Es pertinente, entonces, repasar los sistemas de
clasificación que instauraron algunas de las principales exposiciones con
fines comparativos.
De facto, la celebración de estos eventos clasificaba a las naciones
en dos grandes grupos: las que poseían las capacidades para organizar
una exposición y el resto de las participantes, simples convidadas a la
celebración de los fastos del progreso y la modernidad. Este principio
clasificatorio no estaba a salvo de las tensiones que imponía el rejuego de
la diplomacia internacional. El prestigio de una nación podía quedar en
entredicho si no se le invitaba a participar, negándole, con ese gesto, el
reconocimiento a su calidad de nación, como ocurrió en el caso de México
en 1878; o cuando su invitación era desairada o rechazada, como suce�
dió en la edición parisina de 1889, cuando las monarquías europeas se
resistieron a participar en lo que consideraron sería la celebración de los
valores republicanos.78 No obstante, tanto en el primer como en el segun�
do caso, siempre quedaba el recurso de la participación extraoficial de
expositores particulares: muchos productores mexicanos que deseaban
78
Un detallado recuento de la tensión diplomática que precedió a la exposición parisina de
1889 se puede consultar en Schroeder–Gudehus, B., “Les grandes puissances devant l'Exposition
Universelle de 1889”, Le mouvement social, n. 149, octubre–diciembre de 1989, pp. 15–24.
80 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
buscar un mercado a sus efectos, participaron con sus propios recursos y sin
el apoyo del gobierno, el cual aún no restablecía relaciones diplomáticas
con la Francia de 1878;79 de la misma forma que la censura de Bismarck
al festejo de la Francia republicana no impidió la participación de artistas
alemanes en la exposición de 1889 con el apoyo de fondos privados.80
Alianzas y conflictos entre las naciones se expresaron en la celebra�
ción de las exposiciones, que se convirtieron en arena de la diplomacia
internacional,81 donde se escamoteaba o se afirmaba la calidad de nación
y su importancia en el contexto global. El tono y los recursos empleados
para alentar la participación de las naciones en las exposiciones universa�
les determinaba su jerarquía en el contexto internacional.
La potencia de ese principio clasificatorio, de la que acusaron recibo
las comunidades del orbe, irrumpió en los imaginarios locales, imponién�
doles la urgencia de diseñar acciones y estrategias que hicieran posible su
inserción en el concierto de las naciones civilizadas. Una vez convocadas,
esas comunidades nacionales debían sujetarse a procedimientos orga�
nizativos y a sistemas de clasificación diseñados por los organizadores,
cuyo objetivo era hacer legible la concentración de una gran diversidad
de objetos, a los ojos tanto de los visitantes como de los jurados encarga�
dos de su comparación, valoración y calificación.
Las bases de la normatividad que rigió a las exposiciones universales
fueron inicialmente planteadas por los organizadores de la exposición
londinense de 1851. La convocatoria a esa primera exposición universal
fue acompañada de un reglamento y de una Lista clasificada de los objetos
admisibles, a los que debían sujetarse los interesados en participar. La cer�
teza de que no era posible admitir todos los objetos que pudieran remitir�
se definió el procedimiento para reunir lo más notable de las produccio�
79
Kuntz Ficker, Sandra, Las exportaciones mexicanas durante la primera globalización (1870–1929),
México, El Colegio de México, 2010, p. 76.
80
Schroeder–Gudehus, B., “Les grandes puissances devant l'Exposition Universelle de 1889”,
Le mouvement social, n. 149, octubre–diciembre de 1989; Lasheras Peña, Ana Belén, España en París.
La imagen nacional en las exposiciones universales (1855–1900) (Tesis de Doctorado en Historia Moder�
na y Contemporánea), Universidad de Cantabria, 2009, p. 79, consultado el 15 de septiembre de
2011, disponible en [Link]
81
Como uno de tantos ejemplos, vale recordar que en la exposición parisina de 1900 se celebró,
con gran pompa, la alianza franco–rusa de 1894 con la inauguración del Puente Alejandro III. Véase
Brown, R. W., “Paris 1900”, en Findling y Kimberly (eds.), Historical Dictionary of World's Fairs and
Expositions, 1851–1988, Nueva York, ee. uu., Greenwood Press, pp. 155–164.
escenarios distantes 81
nes naturales y culturales de cada nación: las comisiones inglesas, al tanto
del delicado cargo de decidir sobre la admisión o repulsa de los artículos
extranjeros destinados a la exhibición, consideraron que no debía pesar
sobre ningún tribunal inglés la responsabilidad de excluir o incluir los
objetos de procedencia extranjera, sino que esa tarea debía ser acometida
por una comisión central calificadora en cada país, que gozara de la con�
fianza de los mismos exhibidores y que estuviera absolutamente libre de
imputaciones de parcialidad. Es decir, los organizadores de la exposición
delegaban en la autoridad central de cada país (cualquiera que fuese) la
responsabilidad de representarse a sí mismos, decidiendo sobre el mérito
de los objetos enviados, al tiempo que reclamaban el envío de los ejem�
plos más perfectos de las producciones nacionales.
Inevitablemente, acontecimientos y decisiones que tenían lugar en
el contexto global se manifestaban en los entornos locales, más allá de
la distancia y de las diferencias políticas y culturales. Los responsables
locales82 de promover, reunir, seleccionar y enviar los objetos de sus paí�
ses a la exposición londinense debían empezar por traducir a su lengua
oficial los documentos que detallaban las condiciones, el tiempo y modo
para enviar los objetos, así como aspectos organizativos de la exposición83
para descifrar la lógica que subyacía en los sistemas de clasificación de
los objetos. La exposición londinense de 1851 no sólo alcanzó resonancia
por haber sido la primera edición de una larga serie de exposiciones, sino
también porque lanzó la primera iniciativa para clasificar el heterogéneo
mundo de los objetos en 4 secciones y 59 clases:
82
En México, la responsabilidad recayó en la recién instituida Dirección de Colonización e In�
dustria, que fue habilitada como Comisión Central Mexicana para la Exposición en Londres. La de�
cisión fue tomada el 25 de mayo de 1850 bajo la presidencia de José Joaquín de Herrera y Ricardos.
83
Circular del 1º de Julio de 1850, publicada en México por Mariano Gálvez, secretario de la
Comisión Central Mexicana para la Exposición de Londres.
82 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
Tabla 3. Clasificación de los objetos admisibles en la Exhibición de las Obras
de Industria de todas las Naciones, Londres, 1851
Núm. de
Sección Grupos de objetos
clases
Primeras materias y productos para
Productos de los reinos mineral,
demostrar las producciones natura-
vegetal y animal usados en manu�
les sobre que se emplea la indus-
facturas metálicas, medicina, ma�
tria humana.
nufacturas de cristal, loza y barro;
En esta sección se incluirán bajo la de-
porcelana; piedras y sustancias
nominación de primeras materias, todos
minerales para edificios, utensilios
los productos de los reinos mineral, ve-
y adornos; sustancias usadas como 32
getal y animal, ya sea en un estado me-
alimentos o en su preparación, en
ramente primitivo o en cualquier grado
procesos químicos o en la medicina;
de preparación antes de llegar al de ma-
sustancias para manufacturas texti�
nufactura; y se clasificarán conforme a
les y tejidos, para objetos domésti�
los usos que hace de ellos el hombre en
cos o de ornato, para manufactura
su estado original, y en sus transforma-
de utensilios, para pinturas y tintes
ciones químicas y mecánicas.
Maquinaria para objetos de agri- Maquinaria: de uso directo; para
cultura, manufacturas, construc- elevar y mover cuerpos; para pesar,
ción y demás, e igualmente toda medir, observar; instrumentos ma�
clase de inventos mecánicos para temáticos y filosóficos; instrumen� 9
demostrar los agentes que el inge- tos para dibujar y aparatos usados
nio humano ha llegado a crear so- por artistas y grabadores; maquina�
bre los productos naturales ria agrícola, entre otros
Manufacturas: fábricas de hilados
y tejidos; manufacturas de metales
en que se use oro, plata, cobre, zinc,
Manufacturas para demostrar el re- hierro, acero, plomo, bronce, peltre
sultado producido por la operación o metales mezclados; manufactu�
de la industria humana en las pro- ras de cristal o vidrio, porcelana,
ducciones de la naturaleza. Las ma- terracota o alfarería; manufacturas 11
nufacturas que se presenten en esta de sustancias vegetales: madera,
sección deberán estar perfectamen- paja, cáñamo, hierba, goma elásti�
te acabadas en estado de usarse ca, gutapercha; manufacturas de
sustancias animales: marfil, hueso,
cuerno, pegamento, cuero, concha,
plumas, pelo, cerdas
escenarios distantes 83
Tabla 3. Clasificación de los objetos admisibles en la Exhibición de las Obras
de Industria de todas las Naciones, Londres, 1851
Núm. de
Sección Grupos de objetos
clases
Escultura, modelos y arte plástica:
Escultura, modelos y arte plástica
escultura como arte bella en meta�
en general para demostrar el gusto
les, minerales, madera y otras sus�
y destreza ostentados en todas las
tancias vegetales, y en sustancias
aplicaciones de la industria humana
animales; grabados en cuño para
En esta sección se admitirán todos los
producir entalles: adornos de ar� 7
objetos formados de cualquiera materia,
quitectura, mosaicos y ataujía, es�
con tal de que manifiesten cierto grado
maltes, materiales y procedimien�
de gusto y destreza que permita clasi-
tos aplicables a las bellas artes en
ficarlos bajo la denominación de Bellas
general, modelos de arquitectura,
Artes
topografía, anatomía
Fuente: Dirección de Colonización e Industria, Invitación de la Dirección de Colonización e Industria
nombrada Comisión Central Mexicana para lo concerniente a la exposición de los objetos de industria que
debe verificarse en Londres el 1º de mayo de 1851, México, Imprenta de Vicente García Torres, 1850?;
Olivera López, Luis y Meza Oliver, Rocío, Catálogo de la Colección Lafragua de la Benemérita Universi-
dad Autónoma de Puebla (1616–1873), México, Universidad Nacional Autónoma de México y Bene�
mérita Universidad Autónoma de Puebla, 2006
A diferencia de la interpretación de la comisión mexicana, la comi�
sión francesa registró que el sistema de clasificación quedó definitiva�
mente establecido en seis secciones que se subdividieron en 30 clases de
objetos que, a su modo de ver, presentaba lamentables ausencias: la agri�
cultura no estaba representada más que por su maquinaria e instrumen�
tos, la pintura fue excluida de la exhibición de las bellas artes bajo el ar�
gumento de que resultaba ajena a los fines de la industria y los objetos de
la enseñanza tampoco encontraron lugar en la exposición, a pesar de su
importancia en la vida social y de su beneficiosa influencia en el desarro�
llo de la productividad industrial y de la civilización entre los pueblos.84
Si bien imperfecta, pues en algunos ítems no queda claro si los objetos
mencionados se consideran parte de un grupo o una clase, o aún incom�
pleta, pues con excepción de grabados y esculturas, las obras pictóricas
84
Picard, Alfred, Exposition universelle international de 1889 à Paris. Rapport général. Historique des
expositions universelles. Preliminaries de l'exposition universelle de 1889, i t., París, Francia, Imprimerie
Nationale, 1891, pp. 109–111, consultado el 10 de diciembre de 2011, disponible en [Link]
[Link]/redir?8XAE349.1.
84 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
y otros objetos de las bellas artes no fueron incluidos, sus pretensiones
de universalidad quedaron a buen resguardo y tanto los procedimientos
organizativos85 como el sistema de clasificación propuesto se instalaron
como referencia obligada, ya para igualar, ya para superar, en las poste�
riores ediciones de las exposiciones universales.
El emperador de los franceses, “por la gracia de Dios y la voluntad
nacional”, decretó la celebración de una exposición universal de produc�
tos agrícolas e industriales que tendría lugar en París, desde mayo hasta
septiembre de 1855, en la que serían admitidos los productos de todas
las naciones,86 y en un segundo decreto consideró que uno de los medios
más eficaces para contribuir al progreso de las artes era la celebración
de una exposición, con el concurso de todos los artistas del mundo, que
ofreciera una fuente de fecundas comparaciones, por lo que la exposición
de 1855 debía incluir, también, la puesta en escena de las bellas artes.87
La exposición de la colección francesa y de sus colonias quedó bajo el
cuidado, observación y vigilancia de un grupo de reconocidos hombres
de la política, las ciencias y las artes que se distribuyeron las responsabi�
lidades de acuerdo a sus habilidades e intereses, creando el precedente
de comisiones especializadas, al tiempo que conminaban a los gobiernos
extranjeros a formar sus propias comisiones y comités responsables de
examinar, elegir y enviar los productos de sus naciones; esas comisiones
autorizadas por sus respectivos gobiernos serían el único enlace posible
con la Comisión Imperial, que declinaba así la responsabilidad de aten�
der a los expositores en lo particular.
85
A fin de eliminar los productos indignos de una exposición universal, la comisión francesa
los sometió a un doble examen a cargo, primero, de comisiones departamentales y, después, de la
comisión central. Este proceso de selección se fue instaurando como el más eficaz para el lucimien�
to de las naciones. Véase Picard, Alfred, Exposition universelle international de 1889 à Paris. Rapport
général. Historique des expositions universelles. Preliminaries de l'exposition universelle de 1889, i t., París,
Francia, Imprimerie Nationale, 1891, pp. 235 y 236, consultado el 10 de diciembre de 2011, disponi�
ble en [Link]
86
“Decreto firmado por Napoleón y fechado el 8 de marzo de 1853”, en Rapport sur l'exposition
universelle de 1855, présenté à l'Empereur par S. A. I. le Prince Napoleón, président de la commission, París,
Francia, Imprimerie Impériale, 1856, p. 170, consultado el 15 de noviembre de 2011, disponible en
[Link]
87
“Decreto firmado por Napoleón y fechado el 22 de junio de 1853”, en Rapport sur l'exposition
universelle de 1855, présenté à l'Empereur par S. A. I. le Prince Napoleón, président de la commission, París,
Francia, Imprimerie Impériale, 1856, p. 72, consultado el 15 de noviembre de 2011, disponible en
[Link]
escenarios distantes 85
Esa comisión de expertos estudió y resolvió la preparación de todos
los trabajos relativos a la exposición universal parisina de 1855, entre las
cuales mereció una gran atención la definición del sistema de clasifica�
ción de los objetos. En su seno se debatió entre la opción de adoptar el
sistema de clasificación de las exposiciones quinquenales francesas o la
elaborada por la Comisión Real de Londres, que ofrecía la ventaja de que
ya se había puesto en práctica en 1851 y era conocida por la mayor parte
de las posibles naciones asistentes a la exposición de 1855. El examen pre�
liminar de esta grave cuestión y la elaboración de una propuesta quedó a
cargo de Frédéric Le Play, quien concluyó:
[…] no creo que se deban subordinar los productos de la industria hu�
mana a las numerosas concepciones filosóficas, sino que esta clasificación
debe servir, sobre todo al principal objetivo de la exposición que es brindar
al público y al jurado internacional los medios de apreciar los méritos de
los productos expuestos.88
En atención a estas consideraciones, propuso que en torno a cada
objeto se organizaran las materias primas necesarias para su fabricación,
así como los instrumentos y máquinas que han concurrido a su elabora�
ción y los oficios de las personas que hacían posible su transformación.
Este orden, establecido mediante composiciones secuenciales, creó una
imagen intencionada de series, en virtud de la cual la industria aparecía
como una inmensa cadena de montaje, cuyos eslabones se hallaban en�
trelazados entre sí.89
Los objetos se ordenaron en ocho grupos que agrupaban treinta cla�
ses de las cuales, veintisiete sirvieron a la clasificación de los objetos de
la industria y tres a la clasificación de los objetos de las bellas artes. Toda
clasificación persigue un propósito y el esquema tripartito que aquí se
aplicó (productos brutos, máquinas y productos elaborados) intentó des�
terrar la descontextualización de los objetos, situándolos en el proceso de
su creación.
88
Rapport sur l'exposition universelle de 1855, présenté à l'Empereur par S. A. I. le Prince Napoleón,
président de la commission, París, Francia, Imprimerie Impériale, 1856, pp. 16–17, consultado el 15 de
noviembre de 2011, en [Link]
89
“Exposición Universal de París de 1855”, La Ilustración. Periódico universal, 24 de septiembre
de 1855, p. 378.
86 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
Tabla 4. Esquema de clasificación de los objetos admisibles a la Exposition
Universelle de Paris, 1855
Núm. de
División Grupo Clase
clases
Arte de las minas y metalurgia
Industrias que tiene
como objeto principal Artes forestales, caza, pesca y reco�
la extracción o la pro� lección de productos obtenidos sin 3
ducción de materias cultivo
brutas
Agricultura
Mecánica general aplicada a la
industria
Mecánica especial y materiales
Productos de la industria
Industrias que tienen para ferrocarriles y otros medios de
especialmente el obje� transporte
4
to de emplear fuerzas
mecánicas Mecánica especial y material de
talleres industriales
Mecánica especial y materiales para
la manufactura de tejidos
Artes de precisión, industrias y su
relación con las ciencias y la ense�
ñanza
Industrias especial� Industrias relacionadas con la pro�
mente fundadas sobre ducción y el empleo del calor, la luz
el empleo de agentes y la electricidad
4
físicos y químicos o
relativas a las ciencias Artes químicas, tinturas, e impre�
y la enseñanza siones, industrias del papel, de las
pieles, del caucho, etc.
Preparación y conservación de sus�
tancias alimenticias
escenarios distantes 87
Tabla 4. Esquema de clasificación de los objetos admisibles a la Exposition
Universelle de Paris, 1855
Núm. de
División Grupo Clase
clases
Higiene, farmacia, medicina y
Industrias relaciona� cirugía
das con las profesio� Marina y artes militares 3
nes científicas
Construcciones civiles
Industrial del acero en bruto y ma�
nufacturado
Manufacturas de pro� Fabricación de obras en metales
4
ductos minerales Orfebrería, joyería, industria del
bronce
Industrias del vidrio y la cerámica
Industria del algodón
Industria de la lana
Manufactura de Industria de la seda 5
tejidos
Industria de lino y del cáñamo
Bonetería, pasamanería, tapicería,
bordados y encajes
Industrias del mueble y la decora�
ción
Confección de ropa, objetos de
Muebles y decora� moda y fantasía
ción, modas, diseño
4
industrial, imprenta y Dibujo y plástica aplicado a la in�
música dustria, impresiones y fotografía
Fabricación de instrumentos de
música
Pintura, grabado y litografía
de arte
Obras
Bellas artes Escultura y grabado de medallas 3
Arquitectura
Fuente: “Decreto firmado por Napoleón y fechado el 6 de abril de 1854”, en Rapport sur l'exposition
universelle de 1855, présenté à l'Empereur par S. A. I. le Prince Napoleón, président de la commission, París,
Francia, Imprimerie Impériale, 1856, pp. 176–194, consultado el 15 de noviembre de 2011, disponi�
ble en [Link]
88 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
Este sistema de clasificación, derivado del que se aplicó en Londres
en 1851, considerado flexible, pragmático y muy adaptable a la práctica
comercial, intentó expresar la visión armónica del progreso que campea�
ba en el siglo, sin olvidar su misión didáctica: clasificar es conocer. El afán
clasificatorio del sistema parisino de 1855 se extendió a los objetos comu�
nes y corrientes, se formó una galería de economía doméstica para mos�
trar alimentos y provisiones, muebles y vestimentas de uso cotidiano; así,
junto a la exhibición del lujo, del arte y de las grandes riquezas industria�
les aparecieron los objetos directamente relacionados con el bienestar de
las mayorías.
La intención de clasificar todos los objetos se instaló como un deno�
minador común en todas las exposiciones. En la exposición universal de
1867, Frédéric Le Play intentó mostrar en un único espacio todos los pro�
ductos del trabajo humano, haciendo coincidir la forma del palacio y el
esquema clasificatorio. El edificio de 1867 destacó por su racionalismo, en
el que los objetos se clasificaron atendiendo a su naturaleza y a su lugar
de procedencia. El sistema superó la presentación inglesa articulada so�
bre el principio de la unidad de la producción, que tenía el inconveniente
de diseminar productos similares de los diferentes países en recintos se�
parados, siendo difícil establecer comparaciones.
En la exposición parisina de 1867, los objetos fueron distribuidos en
diez grupos y en 95 clases:
Tabla 5. Lista de clasificación de objetos. Exposición Universal
de París, 1867
Núm. de
Grupo Descripción
clases
I Obras de arte De la 1 a la 5
II Material y aplicaciones de las artes liberales De la 6 a la 13
III Muebles y otros objetos destinados a la habitación De la 14 a la 26
Vestimentas, tejidos y otros objetos para uso de las
IV De la 27 a la 39
personas
Productos en bruto y manufacturados de las indus�
V De la 40 a la 46
trias extractivas
escenarios distantes 89
Tabla 5. Lista de clasificación de objetos. Exposición Universal
de París, 1867
Núm. de
Grupo Descripción
clases
VI Instrumentos y procedimientos de las artes usuales De la 47 a la 66
Alimentos frescos o conservados en diversos gra�
VII De la 67 a la 73
dos de preparación
Productos vivos y especímenes de establecimientos
VIII De la 74 a la 82
agrícolas
Productos vivos y especímenes de establecimientos
IX De la 83 a la 88
hortícolas
Objetos especialmente expuestos para mejorar la
X De la 89 a la 95
condición física y moral de los pueblos
Fuente: Rapport sur l'Exposition universelle de 1867, à Paris. Prècis des opérations et listes del collabo-
rateurs. Avec un appendice sur l'avenir des expositions, la statistique des opérations, les documents officiels
et le plan de l'Exposition, París, Francia, Impremerie Impériale, 1869, pp. 572–573, consultado el 15 de
noviembre de 2011, disponible en [Link]
Este sistema de clasificación presentó cambios con respecto a los
anteriores sistemas clasificatorios. Primero, aumentó de ocho a diez el
número de grupos de objetos, los productos de la agricultura y los de la
horticultura formaron grupos diferentes; y, para destacar el mejoramien�
to material, intelectual y moral de las grandes mayorías, los objetos rela�
cionados con la economía doméstica —que se habían reunido en una ga�
lería anexa durante la exposición de 1855— y los asociados a la vivienda
humana fueron apartados de la clase que anteriormente los agrupaba con
objetos de la imprenta y de la música, pasaron a constituir, en conjunto,
el grupo décimo. Segundo, se triplicó el número de clases, algunas de las
cuales fueron reubicadas en grupos diferentes, en el afán de distinguir,
con más precisión, la naturaleza de los objetos. Tercero, las bellas artes
ocuparon un primerísimo lugar, su representación mereció la apertura de
dos nuevas clases con las que se separaban las pinturas al óleo de los de�
más tipos de pinturas y dibujos, y se apartaron los grabados en medallas
de otros tipos de grabados. Finalmente, la enseñanza, sin constituir un
grupo especial, fue representada en varias clases de objetos, aunque sólo
90 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
el nivel primario, excluyendo la enseñanza secundaria y superior. Estos
cambios buscaban una coherencia más perfecta entre las clases de objetos
susceptibles de exhibición.
Al igual que en la exposición de 1855, el reto de organizar la gran
heterogeneidad del mundo de los objetos se resolvió con el recurso de las
exposiciones anexas. En 1867, la comisión francesa consideró pertinente
mostrar al gran público un montaje sobre la historia del trabajo humano,
con productos representativos de todas las épocas y de todos los pue�
blos para su fecunda comparación. También se efectuó una exhibición
sobre pesos, medidas y monedas para favorecer las relaciones comercia�
les entre naciones. El éxito de esta celebración llevó a Frédéric Le Play a
expresar la necesidad de que se sustituyeran las exposiciones temporales
por exhibiciones permanentes en dos modalidades: museos generales y
museos comerciales.
Al despuntar el último tercio del siglo xix, las exposiciones se habían
instalado en el imaginario de la época porque abrían oportunidades a
nuevos productos, desarrollaban, por la vía de la comparación, el gusto
artístico y el conocimiento científico y permitían constatar periódicamen�
te los avances logrados por los diferentes pueblos. Si las primeras mos�
traron una gran cantidad de objetos novedosos, en la exposición vienesa
de 1873, además de las novedades tecnológicas, se exhibió el perfecciona�
miento de los productos, los progresos realizados en la construcción de
las máquinas, en la precisión de los ajustes, en la fineza de las piezas y en
la calidad de las materias primas. La atracción por lo desconocido, por lo
nuevo, lo exótico y lo diferente se expresó en un sistema clasificatorio que
organizaba los objetos en 26 grupos, además de exposiciones adicionales
y temporales que presentaron colecciones de objetos sobre historia de las
invenciones, historia de la industria, de los precios, representaciones del
comercio mundial, pabellones sobre la infancia y trabajos de las mujeres.
escenarios distantes 91
Tabla 6. Clasificación de objetos admisibles en la Weltausstellung
de Viena, 1873
Núm. de
Grupo Sección (descripción general)
secciones
I. Explotación de las
Explotación de minas 3
minas y metalurgia
Economía rural, cría de ganado, industria fo�
II. Explotación agrícola
restal. Cultivo de la vid y de árboles frutales. 5
e industria forestal
Horticultura. Máquinas agrícolas
Productos químicos empleados en la indus�
tria. Preparaciones farmacéuticas, aceites
III. Industria química esenciales, perfumería, drogas y otras ma� 5
terias primas para la farmacia y la industria
química. Cuerpos grasos. Materias tintóreas
Harinas y productos elaborados con la hari�
IV. Sustancias alimen�
na. Azúcar, confitería y chocolatería. Vinos
tarias y de consumo
y sustitutos del vino, maltas, cerveza y otros 5
como productos de la
líquidos fermentados, vinagres. Tabaco y
industria
productos análogos
Tejidos de lana, de algodón, de lino, de seda.
V. Industria textil y Pasamanerías, tejidos de hilo de oro y plata,
materias para la con� encajes y bordados, plumas y flores artificia� 8
fección les. Vestidos para los dos sexos, peletería,
sombreros y guantes. Calzado. Tapicería
VI. Industria del cuero Cueros, pieles y forros. Objetos de cuero y
3
y del caucho de caucho
Objetos de oro y de plata, orfebrería, joyería,
VII. Industria de los bisutería. Objetos en fierro y acero. Armas
4
metales de todo tipo, exceptuando armas de guerra.
Objetos fabricados en otros metales
Carpintería, ebanistería, chapas, objetos tor�
neados, escultura en madera. Madera graba�
VIII. Madera labrada 3
da, objetos de corcho y cestería. Pintura en
madera, madera teñida y dorada
92 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
Tabla 6. Clasificación de objetos admisibles en la Weltausstellung
de Viena, 1873
Núm. de
Grupo Sección (descripción general)
secciones
IX. Objetos en piedra, Objetos en piedra y cemento. Porcelanas,
industrial del cristal y loza de barro, terracotas y cerámicas. Crista� 3
la cera les, cristalería de lujo y vitrales
Objetos de espuma de mar, en escala, en
cuerno, en hueso, en marfil, en nácar, etc.
X. Artículos de
Objetos de cera, juguetes. Objetos de fantasía 4
mercería
en cuero, en bronce, en laca. Látigos, parasol,
sombrillas
Cubiertas, cartones y papel. Papeles de fan�
tasía, papeles pintados, naipes. Objetos de
escritorio, materiales para las artes gráficas,
XI. Industria del papel 4
instrumentos para el uso de pintores y dise�
ñadores. Objetos confeccionados en papel,
en cartón y en papel maché
Tipografía, grabado en cobre y acero, lito�
XII. Artes gráficas y
grafía, cromografía. Fotografía. Diseños in� 4
diseño industrial
dustriales, diseños y pinturas de decoración
Motores, transmisiones, componentes de
XIII. Máquinas y mate� máquina, material de transporte y otros ma�
4
rial de transporte teriales para vías férreas. Carros y otros me�
dios de transporte
Instrumentos matemáticos, de geometría
XIV. Instrumentos de práctica, de astronomía, de física y de quími�
3
precisión y de medicina ca. Relojería. Instrumentos de cirugía, próte�
sis plásticas y mecánicas
Instrumentos de teclado. Instrumentos de
XV. Instrumentos de
cuerda. Instrumentos de viento y otros apa� 3
música
ratos acústicos
escenarios distantes 93
Tabla 6. Clasificación de objetos admisibles en la Weltausstellung
de Viena, 1873
Núm. de
Grupo Sección (descripción general)
secciones
Equipamiento y ropa. Armamento en gene�
ral, artillería. Atención médica y enfermeda�
XVI. Arte militar des del ejército de tierra y de mar. Educación 4
militar, enseñanza e instrucción, cartografía
e historiografía
Construcciones navales y armamento. Cons�
XVII. Marina trucciones diversas que sirvan a la navega� 2
ción, hidrografía
Planos, modelos y diseños de casas y de mo�
XVIII. Ingeniería civil y numentos públicos. Trabajos hidráulicos.
3
arquitectura Materiales y procedimientos de construc�
ción de caminos y vías férreas
XIX. Tipos de habi�
tación burguesa, su
Sin
distribución interior, su
secciones
decoración y su amue�
blamiento
XX. Tipos de habitación
rural, su distribución, Sin
sus utensilios y su secciones
mobiliario
XXI. La industria Sin
nacional secciones
XXII. Representación
de la eficacia de los Sin
Museos de Bellas Artes secciones
aplicadas a la industria
XXIII. Objetos de arte
Sin
para los servicios reli�
secciones
giosos
XXIV. Exposiciones de
Sin
aficionados (sin exa�
secciones
men)
94 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
Tabla 6. Clasificación de objetos admisibles en la Weltausstellung
de Viena, 1873
Núm. de
Grupo Sección (descripción general)
secciones
XXV. Bellas Artes.
Obras que han sido
Arquitectura. Escultura. Pintura. Artes grá�
producidas después de 4
ficas
la Exposición Universal
de Londres de 1862
Planos, disposiciones, medios de enseñanza
y producciones de la escuela primaria, de la
XXVI. Educación ense� escuela secundaria, de las escuelas especia�
4
ñanza, instrucción les, de las escuelas técnicas superiores y de
las universidades. Medios auxiliares para la
instrucción de adultos.
Fuente: Description des machines les plus remarquables et les plus nouvelles de l'exposition de Vienne en
1873: motrices, machines–outils, locomotives, appareils divers, précédée d'une notice sur les progrès récents
de la métallurgie, París, Francia, Baudry, 1874, pp. 6–9 y 16–18, consultado el 17 de diciembre de
2011, disponible en [Link]
La clasificación de objetos adoptada aquí difirió esencialmente de la
que se había venido imponiendo en las exposiciones francesas; en esta
ocasión casi se triplicó el número de grupos en los que estos se podían
clasificar y más de la mitad de esos grupos se dedicó a organizar la cre�
ciente diversidad de objetos resultante de la producción industrial, aun�
que se redujo el número de secciones o clases a 78 posibilidades para
reunir los objetos. Por la descripción general de las secciones en las que
se agruparon los objetos para su exhibición, se puede observar la impor�
tancia que se concedió al perfeccionamiento de la mecanización e indus�
trialización de la actividad humana, lo mismo que las limitaciones para
clasificar los objetos de la vida cotidiana: los objetos de los grupos 19 al 23
asociados a los modos de vida rural y urbano, a los servicios religiosos y
a la difusión de las bellas artes no fueron seccionados, como si fueran un
conjunto de imposible clasificación y su inclusión en el sistema, lo mismo
que su valoración, la cual dependió de su utilidad para la industria; para
estos grupos de objetos no hubo jurados especialmente designados, en
tanto que su apreciación estaba condicionada por su utilidad a las acti�
vidades productivas, su calificación corrió a cargo de los jurados de los
otros grupos.
escenarios distantes 95
Una sección absolutamente novedosa fue la XXII, en la que se pre�
tendió reunir los objetos representativos de la eficacia de los museos de
bellas artes aplicadas a la industria, aunque su descripción quedó omiti�
da en el sistema clasificatorio se la puede percibir como parte del interés
específico en el proceso educativo. Ese interés tuvo su manifestación más
clara en la definición de la sección XXVI, la cual no se integró únicamente
con material pedagógico —libros, mapas, instrumentos—, sino, princi�
palmente, con métodos de enseñanza y reglamentos escolares de todos
los niveles educativos que permitían mostrar la relación de la educación
con las diferentes ramas de la actividad productiva.90 Dedicada a la cul�
tura y la educación, la exposición vienesa fue la primera en asignar una
sección especial a los objetos relacionados con la promoción de la cultura
intelectual en todas sus formas y en todos sus grados, materializando una
de las reiteradas aspiraciones de las exposiciones: servir al progreso de la
humanidad mostrando los procedimientos mediante los cuales el hom�
bre común podía lograr el ascenso social. De esta manera, la comisión
imperial austríaca contextualizaba la importancia de la educación en los
procesos de mejoramiento social de la población.
Afianzadas ya como el medio más idóneo para promover la imagen
de una nación, tres años más tarde, al otro lado del Atlántico, los Estados
Unidos de América celebraron, en Filadelfia, su primera gran exposición
universal.91 Los preparativos se habían iniciado desde 1871, cuando el
Congreso de la Unión determinó que el centenario de la independencia
del país sería conmemorado con una exposición internacional de bellas
artes, de la industria, de los productos del suelo y de las minas; la celebra�
ción tenía dos objetivos explícitos, dar a conocer sus productos industria�
les en el mercado europeo y alentar sus exportaciones, pero también, de
manera implícita, perseguía exhibir los resultados de sus progresos en el
arte y en la industria después de un siglo de vida independiente.
Si bien la presencia de los Estados Unidos de América en las expo�
90
Picard, Alfred, Exposition universelle international de 1889 à Paris. Rapport général. Historique des
expositions universelles. Preliminaries de l'exposition universelle de 1889, i t., París, Francia, Imprimerie
Nationale, 1891, pp. 220–222, consultado el 10 de diciembre de 2011, disponible en [Link]
[Link]/redir?8XAE349.1.
91
“Declaración del Presidente de los Estados Unidos de América. Firmada en Washington D.
C., el 3 de julio de 1873”, en Rapports. France. Commission supérieure. Exposition internationale et uni-
verselle de Philadelphie (1876), París, Francia, Imprimerie Nationale, 1877, xxiii–xxiv, consultado el 20
de diciembre 2011, disponible en [Link]
96 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
siciones universales no fue constante, eso no impidió que mostrara los
resultados de un rápido desarrollo en varios de sus sectores industriales,
constituyendo siempre una revelación, además su desempeño como na�
ción convocante fue muy activo y original. Fue la primera nación ame�
ricana que tomó la iniciativa de celebrar en su territorio una exposición
universal desde 1851 para inaugurar su propia serie de celebraciones; no
concentró la realización de estos eventos en su ciudad capital, Washing�
ton, sino que alentó su organización en varias ciudades situadas a lo largo
y ancho de su territorio —Nueva York, Filadelfia, Nueva Orleans, Boston,
Chicago, Omaha, Atlanta, San Luis, San Francisco— como una estrategia
de promoción económica y cultural orientada a fortalecer la emergencia
de sus nuevos centros urbanos como polos de desarrollo, promovió las
celebraciones con la mayoritaria concurrencia de capitales privados y las
explotó publicitariamente, habilitando en forma espectacular los lugares
destinados a la exhibición de los objetos. Junto a las novedosas formas de
organización, uno de los componentes más originales de la serie de ex�
posiciones americanas fueron sus sistemas de clasificación de los objetos,
que abrieron espacios para la representación de la condición femenina
después de la exposición de Filadelfia en 1876.92
La exposición de Filadelfia fue la oportunidad de los norteamerica�
nos para mostrar al mundo su propia interpretación de la clasificación
del mundo de los objetos, agrupándolos en siete grupos y 329 clases.
Tabla 7. Sistema de clasificación adoptado por la Dirección General
Americana en Filadelfia, 1876
Núm. de
Grupo Sección
clases
minas y metalurgia
Minerales, metales, minerales para la construcción y productos
I. Explotación de
de las minas
Productos metalúrgicos 15
Explotación de minas, modelos, mapas
Véase Hodeir, Catherine, “En route pour le pavillon americaine”, Le mouvement social, n. 149,
92
octubre–diciembre de 1989, pp. 89–98; Aimone, Linda y Olmo, Carlo, Les expositions universelles
(1851–1900), París, Francia, Belin, 1993, pp. 81 y 82.
escenarios distantes 97
Tabla 7. Sistema de clasificación adoptado por la Dirección General
Americana en Filadelfia, 1876
Núm. de
Grupo Sección
clases
Productos químicos
Cerámicas, porcelanas, etc.
Cristalería y objetos de vidrio
Muebles y objetos de uso general en la construcción
Materias hiladas y tejidas de origen vegetal y animal
II. Productos manufacturados
Objetos de lana y mezclas de lana
Sedas y otros tejidos en los que predomina la seda
96
Vestuario, bisutería, ornamentos y artículos de viaje
Papeles, papelería, registros y archivos
Armamento militar y naval, armas de fuego y motores de caza
Medicina, cirugía y prótesis
Quincallería, herramientas de corte, cubertería y productos me�
talúrgicos
Objetos manufacturados de origen vegetal, animal o mineral
Carros, coches y accesorios
Sistemas de educación, métodos y libros
III. Educación y ciencias
Instituciones y sociedades (sociedades científicas y museos)
Instrumentos científicos, filosóficos y métodos
35
Ingeniería, arquitectura, mapas, planos y representaciones grá�
ficas
Condición física, social y moral del hombre
98 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
Tabla 7. Sistema de clasificación adoptado por la Dirección General
Americana en Filadelfia, 1876
Núm. de
Grupo Sección
clases
Escultura
Pintura
IV. Bellas artes
Grabado y litografía
27
Fotografía
Diseño industrial y arquitectónico, modelos y decoración
Decoración en cerámica y en materiales vítreos, mosaicos y ob�
jetos incrustados
Máquinas, útiles y dispositivos para las minas, la metalurgia, la
química y las artes extractivas
Máquinas y útiles para trabajar los metales, la madera y la pie�
dra
Maquinaria e instrumentos para las fábricas de tejido y de papel
Máquinas, dispositivos e instrumentos empleados en la costura
y confección de vestimentas y de objetos de ornamentación
Maquinaria y dispositivos para la tipografía, la impresión, el
V. Máquinas
estampado, la encuadernación y la industria del papel
73
Motores y aparatos para la generación y transmisión de fuerza
Máquinas hidráulicas y neumáticas, bombas, grúas y ventila�
dores
Vías férreas, materiales y dispositivos
Máquinas empleadas en la preparación de productos agrícolas
Aparatos de transporte por aire, por vacío y por agua
Máquinas y aparatos especiales para el servicio de la exposi�
ción, calderas, máquinas, grúas, bombas, etc.
escenarios distantes 99
Tabla 7. Sistema de clasificación adoptado por la Dirección General
Americana en Filadelfia, 1876
Núm. de
Grupo Sección
clases
Agricultura y productos de los bosques (maderas, resinas, go�
mas, semillas)
Fruticultura
Productos agrícolas (cereales, leguminosas, tabaco)
VI. Agricultura
Animales terrestres
Animales acuáticos 63
Productos animales y vegetales
Sustancias textiles de origen vegetal o animal
Máquinas, utensilios y procedimientos de fabricación
Ingeniería agrícola y administración
Sistemas de cultivo y explotación
Árboles, arbustos y plantas de ornato; plantas y flores
VII. Horticultura
Invernaderos calientes y templados, orangeries y viñas
25
Instrumentos de jardinería, accesorios para jardines
Diseño y construcción de jardines, economía hortícola
Fuente: Rapports. France. Commission supérieure. Exposition internationale et universelle de Philadel-
phie (1876), París, Francia, Imprimerie Nationale, 1877, p. xlv–lxii, consultado el 20 de diciembre
2011, disponible en [Link]
Los sistemas de clasificación de cada exposición universal muestran,
por un lado, la recuperación de experiencias previas pero, por otro, ex�
ponen los intereses nacionales de los países anfitriones. En la clasifica�
ción de la primera gran exposición universal americana se percibe una
orientación pragmática para hacer legible la heterogénea masa de objetos
resultante de la revolución industrial. Las manifestaciones materiales de
la innovación tecnológica fueron valoradas por su impacto en los ámbitos
de la producción y del intercambio comercial, de donde resultó el interés
100 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
por clasificarlas puntualmente; los tres grupos de objetos dedicados a los
productos manufacturados, las máquinas y la agricultura explotada de
forma mecanizada, por sí solos, reunieron 232 clases de objetos, más de
dos tercios de las posibilidades que ofrecía el sistema.
La importancia concedida a la innovación tecnológica replanteó los
métodos y los fines de la práctica pedagógica. En Filadelfia, al igual que
en Viena, el tema educativo fue expuesto en un grupo especial, en el que
se reunieron los objetos representativos de la teoría y la práctica de la
enseñanza, así como los recursos para la educación física, intelectual y
moral en todas las edades y para todas las clases sociales. Pero, a diferen�
cia de la exposición vienesa, en Filadelfia el tema educativo se alineó con
el desarrollo de las ciencias y la innovación tecnológica, asignando un
nuevo objetivo a la enseñanza y al aprendizaje: la transferencia de conoci�
mientos para alentar la innovación, lo que motivó la integración tanto de
objetos como de procedimientos del campo de la educación y de la cien�
cia. Para algunos observadores,93 el esquema del grupo III era demasiado
ambicioso y sus límites estaban imperfectamente trazados: los objetos de
la educación y de la ciencia, propiamente dicha, no debían ser reunidos
en un solo grupo, pues cada una de estas actividades generaban, por sí
mismas, objetos que merecían un grupo especial por separado.
Mientras el sistema clasificatorio utilizado en Filadelfia se articuló
en torno a la industrialización y a los procesos de mecanización, eviden�
ciando su apuesta por un modelo económico de desarrollo, la tercera ex�
posición universal francesa, celebrada en 1878, estableció un sistema de
clasificación en el que se determinaba la jerarquía de los objetos con base
a su utilidad en la vida social. Las obras artísticas se colocaron a la cabeza
del sistema de clasificación general y los demás objetos se fueron agru�
pando en gradación descendente hasta la horticultura; de esta manera,
a través del sistema de clasificación, la primera exposición de la Francia
republicana preconizó un orden de los objetos en el que tenían los prime�
ros lugares los que eran producto de la creatividad humana, después los
que servían al cultivo del intelecto y sucesivamente, por nivel de comple�
jidad, agrupó los que servían al sustento material del cuerpo.
93
Picard, Alfred, Exposition universelle international de 1889 à Paris. Rapport général. Historique des
expositions universelles. Preliminaries de l'exposition universelle de 1889, i t., París, Francia, Imprimerie
Nationale, 1891, pp. 230–232, consultado el 10 de diciembre de 2011, disponible en [Link]
[Link]/redir?8XAE349.1.
escenarios distantes 101
El sistema de clasificación de la exposición parisina de 1878 fue prác�
ticamente calcado del que se había preparado para la exposición de 1867,
pero en esta ocasión abarcó noventa clases reunidas en nueve grupos.
Tabla 8. Lista de clasificación de objetos. Exposition Universelle de Paris, 1878
Grupo Descripción Núm. de clases
I Obras de arte De la 1 a la5
Educación y enseñanza. Material y proce�
II De la 6 a la 16
dimientos de las artes liberales
III Mobiliario y accesorios De 17 a la 29
IV Tejidos. Vestimentas y accesorios De la 30 a la 42
Industrias extractivas. Productos en bruto
V De la 43 a la 49
y manufacturados
Herramientas, instrumentos y procedi�
VI De la 50 a la 68
mientos de las industrias mecánicas
VII Productos alimenticios De la 69 a la 75
VIII Agricultura y piscicultura De la 76 a la 84
IX Horticultura De la 85 a la 90
Fuente: Rapport administratif sur l'exposition universelle de 1878 à Paris. Rapport au Président de la
République, à l'appui du décret du 14 avril 1876, ii t., París, Francia, Imprimerie Nationale, 1881, pp.
33–67, consultado el 20 de diciembre de 2011, disponible en [Link]
En este caso, la desaparición de un grupo y la disminución de 95
a 90 clases no necesariamente significó la exclusión de objetos anterior�
mente considerados sino, más bien, su reacomodo y la inclusión de otros
más, ya en diferentes grupos o en exposiciones especializadas dentro de
la gran exposición.
Así, la muestra de las obras artísticas, correspondiente al primer gru�
po, se limitó a aquéllas que fueron ejecutadas después del primer día de
mayo de 1867, pero se abrió una sección de arte retrospectivo para exhi�
bir los objetos de arte europeo creados desde la antigüedad más remota
hasta el año de 1800 con el propósito de apreciar mejor el estado contem�
poráneo del arte en el mundo y la marcha de la civilización a través de
102 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
los tiempos.94 Su objetivo fue no solamente satisfacer la curiosidad de los
espectadores, sino también exponer ante los ojos de los artistas los mejo�
res modelos legados por sus predecesores para desarrollar el buen gusto
y el sentimiento estético, a fin de contribuir al progreso de las industrias
ligadas al arte como la joyería, el diseño y construcción de mobiliario, la
cerámica, etc. Los objetos del arte europeo fueron ordenados cronológi�
camente, mientras que los objetos de otros países fueron clasificados en
orden geográfico.
Por otra parte, el grupo décimo de 1867, creado para reunir los obje�
tos destinados a la mejora de la condición física y moral de la población,
se eliminó bajo el argumento de que sus colecciones eran más aparatosas
que útiles a la representación del tema, pero no desaparecieron del siste�
ma: la enseñanza de niños y adultos, en 1878, fue integrada al grupo II,
el mobiliario y la vivienda de las clases populares pasaron a los grupos
III y IV, mientras que, los productos y las herramientas de la pequeña
industria fueron ubicadas al lado de los productos y herramientas de las
grandes casas.95 La representación de la cuestión sobre el estado moral de
las mayorías bajo el régimen republicano fue redondeada con la apertura
de la Galerie du Travail, ubicada en el palacio principal del Campo Mar�
te, en la que se recuperaron las colecciones de la clase 95 del suprimido
grupo X de 1867. En esta galería se establecieron talleres para trabajos
manuales donde se realizaban objetos a la vista del público.
Entre los cambios más notables deben apuntarse los que se registran
en el grupo II. El número de clases para ordenar los objetos dedicados a
la educación y la enseñanza se amplió para incluir, de manera específica,
tres niveles de enseñanza: la primaria, la secundaria y la superior, pues
el éxito de las exposiciones pedagógicas de Viena y de Filadelfia, aunado
a los progresos en la organización de la enseñanza pública después de
1867, hicieron necesario atribuir a los objetos de la educación un lugar
más extenso que en las anteriores exposiciones. Del mismo modo, los
94
Rapport administratif sur l'exposition universelle de 1878 à Paris. Rapport au Président de la Ré-
publique, à l'appui du décret du 14 avril 1876, i y ii t., París, Francia, Imprimerie Nationale, 1881,
pp. 90–99 y 179–184, consultado el 20 de diciembre de 2011, disponible en [Link]
redir?8XAE278.
95
Picard, Alfred, Exposition universelle international de 1889 à Paris. Rapport général. Historique des
expositions universelles. Preliminaries de l'exposition universelle de 1889, i t., París, Francia, Imprimerie
Nationale, 1891, pp. 240–241, consultado el 10 de diciembre de 2011, disponible en [Link]
[Link]/redir?8XAE349.1.
escenarios distantes 103
objetos de la medicina, la higiene y la asistencia pública, concebidas en
estrecha relación con la educación, ameritaron que se les reuniera en una
clase especial dentro del grupo II.
En cambio, fue reducido el número de clases del grupo VIII corres�
pondiente a las actividades de la Agricultura y la Piscicultura: se mantu�
vieron tres clases, referidas a modelos de explotaciones rurales y fábricas
agrícolas, insectos útiles y peces, crustáceos y moluscos, pero desapare�
cieron las seis clases dedicadas a animales vivos.
La representación de toda la producción humana y de los problemas
de la civilización se valió de exposiciones especiales anexas, por ejemplo,
sobre las aguas minerales francesas,96 sobre el desarrollo del arte musical97
o sobre sus puertos comerciales.98 Pero la exposición de retratos nacio�
nales históricos99 y la exposición de ciencias antropológicas,100 de indis�
cutible éxito entre el público, pusieron de manifiesto tanto la aspiración
de los organizadores franceses como el ánimo de los visitantes: penetrar
los misterios de extintas civilizaciones, mediante el estudio del pasado,
y así recorrer el devenir de los tiempos para comprender el avance de la
humanidad desde sus orígenes. La fascinación por los mecanismos del
progreso, entendido como un perpetuo movimiento hacia adelante, fue
el sello distintivo de la exposición parisina de 1878.
Siguiendo la tradición establecida por anteriores exposiciones, la que
se organizó en París en 1889, admitió todo tipo de productos de la agri�
96
Destinada a mostrar las riquezas hidrotermales de Francia y a ofrecer datos completos sobre
su búsqueda y localización, su captación, su composición química, su conservación y su empleo.
97
Considerando su importancia en la civilización moderna, las audiciones musicales fueron
organizadas con más cuidado que en 1867.
98
En la que se expusieron las disposiciones portuarias, su planificación, su mantenimiento, sus
posibilidades de comunicación hacia el extranjero y hacia el interior del país, entre otros muchos
aspectos.
99
Más de 900 obras —entre pinturas, esculturas, tapices y diseños— fueron adjuntadas a la
sección de Bellas Artes con el concurso de municipalidades, autoridades diocesanas, coleccionistas
y descendientes de ilustres familias; la muestra no necesitó de la participación de las colecciones de
los Museos de Louvre ni del de Versalles.
100
La exhibición internacional de Antropología —organizada por la Sociedad Antropológica
de París— contó con la participación de dieciséis países, cuyas colecciones fueron preparadas por
los representantes de las naciones expositoras, aunque Francia aportó la mayor cantidad de objetos
provenientes, principalmente, de su colonia argelina y sirvió para contextualizar el congreso que
con ese tema se celebraba en el Palacio del Trocadero. Véase Rapport administratif sur l'exposition
universelle de 1878 à Paris. Rapport au Président de la République, à l'appui du décret du 14 avril 1876, i
t., París, Francia, Imprimerie Nationale, 1881, pp. 571–578, consultado el 20 de diciembre de 2011,
disponible en [Link]
104 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
cultura, de la industria, excluyendo algunas materias peligrosas, y obras
de arte. El sistema de clasificación para organizar la heterogénea masa
de objetos no presentó cambios estructurales significativos, pues una vez
más se adoptó la yuxtaposición de dos criterios básicos: el orden científi�
co que atiende la naturaleza de los objetos expuestos y el criterio geográ�
fico para destacar las diferencias nacionales.
El reglamento general de la exposición, publicado el 26 de agosto de
1886, dispuso un sistema de clasificación de los objetos dividido en nue�
ve grandes grupos que abarcaban 85 clases a los que se agregó un grupo
especial dedicado a la economía social. Ese sistema fue afinado mediante
sucesivos decretos, quedando definitivamente en 87 clases.
Tabla 9. Sistema de clasificación
en la Exposition Universelle de Paris, 1889
Núm. de
Grupo Denominación
clases
I Obras de arte 6
Educación y enseñanza. Materiales y procedi�
II 12
mientos de las artes liberales
III Mobiliario y accesorios 13
IV Tejidos, vestimentas y accesorios 11
Industrias extractivas, materias primas y produc�
V 7
tos manufacturados
Instrumentos y procedimientos de la industria
VI 19
mecánica. Electricidad
VII Productos alimenticios 7
VIII Agricultura, viticultura y piscicultura 6
IX Horticultura 6
Fuente: Picard, Alfred, Exposition universelle international de 1889 à Paris. Rapport général. Exploi-
tation, services divers, régime financier et bilan de l'exposition universelle de 1889, iii t., París, Francia,
Imprimerie Nationale, 1891, p. 6, consultado el 10 de diciembre de 2011, diponible en [Link]
[Link]/redir?8XAE349.3
La clasificación general quedó arreglada con varios decretos posteriores (11 de marzo, 1 de
mayo, 9 de junio, 23 de julio de 1887 y 9 de agosto de 1888)
Sin apartarse de la estructura clasificatoria ideada por Le Play desde
1867, el sistema formulado en 1889 buscaba incluir en los salones y ga�
lerías de la exposición los últimos descubrimientos y los más recientes
escenarios distantes 105
inventos de aplicación práctica, que hacían tangible y accesible al gran
público la idea de progreso material y cultural de la humanidad. Y para
dar cuenta de ese proceso, se crearon nuevas clases de objetos, a manera
de ejemplo se pueden citar: la clase 62 en el grupo VI (Instrumentos y
procedimientos de la industria mecánica) para presentar las aplicaciones
y desarrollo de uno de los hallazgos más importantes del mundo mo�
derno: la electricidad o la inclusión, en ese mismo grupo, de la clase 64,
para presentar la benéfica aplicación de los recursos de la Higiene y la
asistencia pública; del mismo modo, en el grupo VIII (Agricultura, viti�
cultura y piscicultura) se desterraron las clases dedicadas a la exhibición
de animales útiles a las labores y explotaciones agrícolas para dar paso a
clases de objetos que reflejaran el desarrollo de la metodología científica
en el sector agrícola como la 73 bis (agronomía y estadística agrícola) o la
73 ter (organización, métodos y material para la enseñanza agrícola). La
preocupación por mostrar los últimos avances en el quehacer humano
llevó a agregar de manera tardía dos clases más: una en el primer grupo,
para reunir los objetos y los procedimientos relativos a la enseñanza de
las artes del diseño y, otra en el segundo grupo, para integrar las eviden�
cias materiales de la enseñanza técnica.101
La inquietud sobre la problemática social no era ajena a los recintos
expositivos franceses. Con antecedentes desde 1855 y 1867, el tema re�
surgió en un grupo especial denominado Economía social, añadido a la
clasificación por disposición del 9 de junio de 1887. La cuestión social y
la situación de las clases trabajadoras atenazaban al siglo y fueron abor�
dadas en este grupo que se organizó en dieciséis secciones, en las que
se agruparon obras debidas a la iniciativa privada, de establecimientos
públicos y asociaciones, cuyo fin último suponía la mejora de las condi�
ciones materiales y morales de la clase obrera, abordando temas como la
vivienda obrera, el seguro de accidentes, el asociacionismo, la educación,
la higiene, etcétera. Cada sección se organizó a partir de un comité de
admisión, que unidos formaron la Commission d'organisation presidida
por Léon Say.102
101
Picard, Alfred, Exposition universelle international de 1889 à Paris. Rapport général. Historique des
expositions universelles. Preliminaries de l'exposition universelle de 1889, iii t., París, Francia, Imprimerie
Nationale, 1891, pp. 10 y 11, consultado el 10 de diciembre de 2011, disponible en [Link]
[Link]/redir?8XAE349.1.
102
Picard, Alfred, Exposition universelle international de 1889 à Paris. Rapport général. Historique des
106 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
Del mismo modo, el conjunto se completó con varias exposiciones
especiales como la Retrospectiva del Arte Francés, las de Manufacturas
Nacionales, Monumentos Históricos, Historia del Teatro, Historia de la
Enseñanza del Dibujo, Retrospectiva del Trabajo y de las Ciencias Antro�
pológicas, de Economía Social, Concursos Temporales de Animales Ce�
bados y Concursos Temporales de Agricultura, Viticultura, Piscicultura
y Horticultura. Los ajustes al sistema clasificatorio de 1889 concitaron los
elementos de una enorme enciclopedia, intentando, una vez más, inven�
tariar el imparable desarrollo humano.
La utilización de las exposiciones universales como recurso para
promover, de manera legítima, la supremacía cultural de las naciones, a
través de la exhibición de sus producciones, socavó sus propósitos origi�
nales. La Exposición Universal de París en 1889, más que cualquier otra,
puso en evidencia cómo esas celebraciones se convertían en el escenario
de rivalidades políticas y diplomáticas. La confrontación entre el régimen
republicano francés y los Estados monárquicos abonó el desencanto por
las grandes exposiciones: “Nuestro gobierno, no es favorable, en prin�
cipio, a tales exposiciones, empresas onerosas para el Estado y para los
expositores y de utilidad dudosa”,103 le explicó el secretario de relaciones
exteriores del gobierno alemán, Herbert von Bismarck, a su embajador
en París. Los expositores más representativos de las grandes potencias
europeas desplazaron su energía a la participación en las exposiciones es�
pecializadas, poniendo en entredicho la función que venían cumpliendo
las grandes exposiciones generales.
Sin embargo, para los Estados Unidos de América, al otro lado del
Atlántico, el desafío que representaba la organización de una exposición
universal seguía constituyendo el medio más eficaz para acceder al es�
tatus simbólico de gran potencia. En 1893, para conmemorar el cuarto
centenario del descubrimiento de América, se resolvió la celebración de
la World's Columbian Exposition en la ciudad de Chicago, con el propósi�
to de ofrecer una brillante demostración de la fecunda actividad y de la
potencia productiva de la industria y de la agricultura norteamericanas.
expositions universelles. Preliminaries de l'exposition universelle de 1889, i t., París, Francia, Imprimerie
Nationale, 1891, pp. 324 y 325, consultado el 10 de diciembre de 2011, disponible en [Link]
[Link]/redir?8XAE349.1.
103
Citado en Schroeder–Gudehus, B., “Les grandes puissances devant l'Exposition Universelle
de 1889”, Le mouvement social, n. 149, octubre–diciembre de 1989, p. 17.
escenarios distantes 107
No vamos a resumir aquí las estrategias organizativas ni las for�
mas de financiamiento que llevaron a la audaz ejecución del evento, no
exenta de vicisitudes, sino la concepción norteamericana de lo que debía
mostrarse en sus recintos expositivos, la cual se refleja en el sistema de
clasificación adoptado. La clasificación norteamericana de la exposición
colombina dividió los objetos y productos en doce grandes departamen�
tos, identificados alfabéticamente, los cuales fueron distribuidos en una
superficie de más de 120 hectáreas, de las cuales 40 hectáreas correspon�
dían a espacios cubiertos en pabellones y galerías. Estos doce grandes
departamentos se subdividieron en 172 grupos y 917 clases de objetos.
Tabla 10. Sistema de clasificación de los objetos en la World's Columbian
Exposition. Chicago, 1893
Departamento Descripción general Lugar de exhibición
Productos alimenticios. Aguas Palacio de la Agricul�
minerales. Vinos y licores. Cer� tura. Pabellón forestal.
a) Agricultura vezas. Productos forestales. Pabellón de productos
Productos lácteos. Instrumentos lácteos y anexos al Pa�
agrícolas lacio de la Agricultura
Vinos. Licores. Horticultura. Palacio de la Horticul�
Floricultura. Fruticultura. Frutas tura. Exposición floral
b) Viticultura
y legumbres conservadas. Ins� al aire libre en Wooded
trumentos de la horticultura Island
Exposición en un par�
Animales domésticos y salvajes.
que reservado en los
c) Ganados Aves de corral. Insectos. Proce�
alrededores del Pala�
sos de mejora
cio de la Agricultura
d) Flora y fauna Instrumentos y procedimientos
Palacio de Pesquerías
acuática de pesca y de piscicultura
Productos de las minas y meta�
e) Minas Palacio de Minería
lurgia
Generadores. Máquinas textiles.
f) Máquinas Máquinas de vapor. Máquinas Palacio de la Máquinas
de impresión
108 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
Tabla 10. Sistema de clasificación de los objetos en la World's Columbian
Exposition. Chicago, 1893
Departamento Descripción general Lugar de exhibición
Palacio de los Trans�
portes y sus anexos
g) Medios de transporte Ferrocarriles. Barcos. Vehículos destinados a la exposi�
ción de vagones y loco�
motoras
Objetos manufacturados. Vesti�
mentas. Mobiliario. Productos Palacio de las Manu�
farmacéuticos. Productos ce� facturas y de las Artes
h) Manufacturas
rámicos. Quincallería. Joyería. liberales. Palacio de los
Bronces. Orfebrería. Armamen� cueros
to. Cueros y pieles. Juguetes, etc.
Motores eléctricos. Iluminación. Palacio de la Electrici�
i) Electricidad
Telefonía. Telegrafía. Metalurgia dad
Pintura. Escultura y artes deco�
j) Bellas artes Palacio de Bellas Artes
rativas. Exposición retrospectiva
Educación. Instrucción. Trabajos
públicos. Arquitectura. Música. Palacio de las Manu�
k) Artes liberales Arte dramático. Higiene. Instru� facturas y de las Artes
mentos de precisión. Fotografía. liberales
Economía social
Arqueología. Historia del traba�
l) Etnología jo y de las invenciones. Religio� Palacio de Etnología
nes antiguas
Fuente: Krantz, Camille (dir.), Exposition internationale de Chicago en 1893. Rapports. Rapport ad-
ministratif sur l'Exposition internationale de Chicago, París, Francia, Imprimerie Nationale, 1895, pp.
48–50, consultado el 29 de diciembre de 2011, disponible en [Link]
Este sistema de clasificación rompió con la tradición expositiva que se
había desarrollado hasta el momento. Los organizadores de la exposición
colombina exhibieron su confianza en el futuro y en la potencia creativa
del pueblo norteamericano, hicieron tabla rasa del sistema de clasifica�
escenarios distantes 109
ción aplicado en la exposición de Filadelfia en 1876 y se apartaron nota�
blemente de la tradición francesa, sostenida sin modificaciones esenciales
en 1867, 1878 y 1889. Mientras que el sistema francés respondía a una
orientación filosófica que agrupaba metódicamente los objetos, de acuer�
do con su naturaleza y a su lugar de origen, el sistema norteamericano se
limitó, exclusivamente, a agrupar objetos similares, sin distinción de ori�
gen. El pragmatismo de los organizadores tenía en la gran disponibilidad
de espacio una firme base de apoyo; entre las grandes exposiciones, la
de Chicago fue la que contó con los mayores espacios expositivos, lo que
permitió distribuir a los expositores y a sus productos en recintos perfec�
tamente delimitados conforme al sistema de clasificación. Sin embargo,
esa desagregación significó grandes inconvenientes al momento de valo�
rar, en conjunto, las capacidades productivas de las naciones expuestas.
En un movimiento inverso a la representación expresada en el siste�
ma clasificatorio de la exposición parisina de 1878, en esta ocasión apa�
recieron, en primer lugar, los objetos y productos de las actividades pro�
ductivas primarias: agricultura, ganadería y minería, para seguir con las
actividades productivas relacionadas con la industria: máquinas, herra�
mientas, manufacturas, medios de transporte y generación de energías,
para concluir con aquéllas que eran producto de la actividad intelectual y
con las expresiones de la cultura: bellas artes, artes liberales y etnología.
En términos declarativos, los organizadores no se apartaron del obje�
to que animaba este tipo de eventos, la educación del pueblo, por eso in�
sistieron en que la World's Columbian Exposition debía presentar objetos
interesantes asociados al descubrimiento y a los resultados de esa gran
empresa. Esa misión educativa se materializó en la integración de una
colección histórica de objetos provenientes de Europa y Sudamérica que
se exhibió en el Museo Nacional de Washington durante la exposición e
ilustró la época del descubrimiento y el estado que guardaba el continen�
te cuando Colón pisó suelo americano. El proyecto expositivo abarcaba:
Un modelo de la casa en que nació Colón. Una colección de retratos de
él, de su familia y del mayor número de personas que estuvieron asociados
con él y tomaron parte en sus descubrimientos.
Una ilustración de la corte de Fernando e Isabel, con figuras de ta�
maño natural, vestidas a la usanza de la época y retratos y facsímiles de
documentos de Estado referidos a su primer viaje y a los acontecimientos
subsecuentes a la vida del descubridor.
110 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
Una reproducción perfecta de la carabela en que Colón se embarcó,
tripulada por marineros genoveses con vestidos de aquella época y que se
atracara en o cerca de los terrenos de la Exposición, debiendo equiparla con
cuanto sea posible, como lo estuvo durante su viaje: mapas, instrumentos, etc.
Un modelo de bulto de las Islas Antillas y de la costa norte de Sur
América, demostrando la ruta de Colón y los demás descubridores en sus
diversos viajes […].
Modelos de tamaño natural de los habitantes de América cuando fue
descubierta, con una colección de objetos que demuestren sus costumbres,
vestidos y manera de vivir.
Los últimos días de Colón ilustrados por medio de modelos, retratos,
una colección de documentos originales, su último testamento, su muerte,
su entierro, modelos de su ataúd y su tumba.
La época de la Conquista, ilustrada con modelos del palacio de Mocte�
zuma y sus templos, con otros objetos ya sea en su forma original o repro�
ducidos con exactitud, demostrando el estado de las partes semicivilizadas
del continente, su organización social, religiosa y política, figuras de los
conquistadores, con sus vestidos, armas y armaduras […]. Igual ilustración
de la civilización de los incas del Perú […].
Colecciones que muestren el desarrollo de los recursos del continente
durante cuatrocientos años, ilustrando por medio de lecciones objetivas los
progresos de la civilización.
La época de la revolución ilustrada por medio de retratos, documentos
históricos y otros objetos que expliquen la historia de esa lucha que resulto
en la separación de las colonias españolas de la corona de España […].
Esta colección histórica debía tener como complemento una exhibición
que demuestre el estado actual de la sociedad y civilización en las otras
repúblicas americanas, el modo de vivir y las costumbres de los pueblos,
su clase de vida, sus métodos de agricultura y el progreso de las artes me�
cánicas y de las ciencias, sus vestidos nacionales, etc., que se ilustrarían por
medio de tipos exactos, desde el ranchero de México hasta el gaucho de la
República Argentina.104
104
Godoy, José F., La ciudad de Chicago y la exposición universal de 1893, Chicago, Estados Unidos
de América, Cía. Publicista Panamericana, 1892, pp. 98 y 99.
escenarios distantes 111
Fuera de los Estados Unidos, los países latinoamericanos fueron los
que manifestaron mayor interés y entusiasmo respecto a la exposición
universal de 1893; en ella quedó demostrado que en ese país no sólo el
progreso marchaba con pasos de gigante, también se evidencio que su
influencia económica y cultural se extendía vigorosamente a lo largo del
continente. Ante el espectáculo que ofrecía el avance estadounidense, los
observadores europeos reconocieron que las transformaciones económi�
cas que se avecinaban con el nuevo siglo traían aparejado el peligro de
perder su antigua preeminencia frente a las jóvenes naciones lanzadas a
la conquista del mundo. Para ellos, la exposición de Chicago fue fecunda
en enseñanzas y los acercó al conocimiento de una potencia desmesura�
da, no desprovista de nobleza y de gracia.105
Ante esa perspectiva y aún bajo la impresión del espectáculo que
había ofrecido la exposición de 1889, el diputado François Deloncle hizo
una propuesta de resolución a la Cámara de Diputados de Francia en el
sentido de que “La Cámara invite al Gobierno a decretar una exposición
universal en París, para el año 1900”, a fin de cerrar dignamente el siglo
xix dejando testimonio de las maravillas del genio de la Francia y de su
influencia en la nueva etapa de la civilización, que se inauguraba con el
nuevo siglo.106
Tanto los poderes nacionales como los de la ciudad de París se apres�
taron a tomar las medidas necesarias para preparar la gran celebración,
donde las artes, la ciencia y las actividades productivas presentarían los
avances seculares en sus procedimientos, métodos y materiales, constitu�
yendo, así, la síntesis del siglo xix, que al tiempo que proporcionaría las
más preciosas enseñanzas atraería poderosamente la atención y curiosi�
dad de los espectadores: educar divirtiendo.
El proyecto parisino para una grandiosa exposición en 1900 tenía
firmes bases: una infraestructura edilicia heredada de exposiciones pre�
vias, que para esta ocasión se ampliaría desmesuradamente, y un sistema
105
Krantz, Camille (dir.), Exposition internationale de Chicago en 1893. Rapports. Rapport adminis-
tratif sur l'Exposition internationale de Chicago, París, Francia, Imprimerie Nationale, 1895, p. xxiii,
consultado el 29 de diciembre de 2011, disponible en [Link]
106
“Propuesta de resolución presentada a la Cámara de Diputados el 2 de julio de 1892”, en
Picard, Alfred, Exposition universelle de 1900 à Paris. Rapport général administratif et technique, París,
Francia, Imprimerie nationale, 1902–1903, p. 7, consultado el 12 de enero de 2012, disponible en
[Link]
112 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
probado y mejorado, de manera continua, para clasificar y arreglar la
exhibición de los objetos.
A pesar de la experiencia de los franceses en el terreno de la orga�
nización de exposiciones universales, sistemáticamente documentada en
extensos informes, el Comisario General de la exposición, como primer
paso, sometió a una minuciosa revisión y a un detallado estudio el siste�
ma de clasificación de los objetos que se pondría en práctica en 1900, toda
vez que, desde su punto de vista, la clasificación ejercía una influencia
capital en el éxito de la empresa, por tanto, nada exigía más atención que
esa clasificación que constituía una de las bases esenciales del Reglamen�
to General y del proyecto en su conjunto. El sistema clasificatorio debía
ofrecer los objetos y los productos a la vista de los visitantes en un orden
lógico, simple y preciso para facilitar, a la vez, la apreciación del mérito
relativo de los expositores y el mayor impacto educativo en el público.
Los trabajos para definir el sistema clasificatorio pusieron en eviden�
cia que las diferentes ramas de la actividad artística, industrial o agrícola
tenían innumerables puntos de contacto, se entrelazaban unas con otras,
se mezclaban, se confundían. Entonces, sus objetos y productos no po�
dían ser agrupados de manera puntual, porque ningún sistema clasifica�
torio era capaz de establecer clases, ni grupos de objetos con un dominio
perfectamente definido, pues los objetos poseen un carácter mixto que
hacían incierta cualquier elección de una categoría para agruparlos. Los
objetos podían ser apreciados por sus cualidades intrínsecas o por sus
posibles usos, podían constituir el producto de una industria determina�
da y, a la vez, la materia prima; por tanto, muchos de ellos eran suscepti�
bles de cambiar de clase o de grupo dependiendo de sucesivos procesos
de elaboración o manipulación. Así, tanto el público como los jurados
calificadores difícilmente valorarían justamente sus cualidades si se los
presentaba aislados de sus orígenes, de sus aplicaciones o de sus usos.107
Después de un atento examen de los modelos clasificatorios prece�
dentes, elaborados tanto en Francia como en el extranjero, se optó por
permanecer fieles a la tradición nacional, tomando como punto de par�
tida la clasificación de 1889, pero procurando el perfeccionamiento del
Picard, Alfred, Exposition universelle de 1900 à Paris. Rapport général administratif et technique,
107
París, Francia, Imprimerie nationale, 1902–1903, pp. 47 y 48, consultado el 12 de enero de 2012,
disponible en [Link]
escenarios distantes 113
sistema, con base en la experiencia, a fin de mantener la armonía entre
la denominación de los grupos y las características más notables de los
productos y objetos en ellos reunidos. A sabiendas de que el número
casi inconmensurable de objetos exhibidos en una exposición superaba
cualquier esfuerzo clasificatorio, los organizadores franceses ampliaron
el sistema utilizado en 1889. La clasificación general de 1900 contempló
18 grupos en los que se distribuyeron 121 clases; englobó 1506 tipos de
productos a los que se añadió una docena más de tipos de objetos de la
exposición retrospectiva.
Tabla 11. Sistema de clasificación de los objetos
en la Exposition Universelle de Paris en 1900
Núm. de
Grupo Descripción general de las clases
clases
Educación de la infancia. Enseñanza prima�
ria y de adultos. Enseñanza secundaria. En�
I. Educación y enseñanza señanza superior e instituciones científicas. 7
Enseñanzas especiales (artística, agrícola,
industrial y comercial)
Pinturas y diseños. Grabados y litografía.
II. Obras de arte Escultura y grabado en medallas y piedras 4
finas. Arquitectura
Tipografía e impresiones diversas. Foto�
grafía. Ediciones (musicales, periódicos y
III. Instrumentos y pro�
afiches). Cartas y aparatos de geografía y
cedimientos generales de
cosmografía. Topografía. Instrumentos de 8
las letras, las ciencias y las
precisión. Monedas y medalla. Medicina y
artes
cirugía. Instrumentos de música. Materiales
para el arte teatral
IV. Materiales y procedi� Máquinas de vapor. Diversas máquinas
mientos generales de la motrices. Aparatos diversos de la mecánica 4
mecánica general. Máquinas–herramientas
Producción y utilización mecánica de la
electricidad. Electroquímica. Iluminación
V. Electricidad 5
eléctrica. Telegrafía y telefonía. Aplicacio�
nes diversas de la electricidad
114 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
Tabla 11. Sistema de clasificación de los objetos
en la Exposition Universelle de Paris en 1900
Núm. de
Grupo Descripción general de las clases
clases
Materiales y procedimientos de la inge�
niería civil. Modelos, planos y diseños de
trabajos públicos. Carrocerías, carros, auto�
VI. Ingeniería civil. Me�
móviles. Talabartería y guarniciones. Ma� 7
dios de transporte
terial para ferrocarriles, rieles y tranvías.
Materiales para la navegación de comercio.
Aerostática
Materiales y procedimientos de las explota�
ciones rurales, de la viticultura y de las in�
dustrias agrícolas. Agronomía. Estadísticas
agrícolas. Productos agrícolas alimenticios
VII. Agricultura 8
de origen vegetal, de origen animal. Pro�
ductos agrícolas no alimenticios. Insectos
útiles y sus productos. Insectos perjudicia�
les y vegetales parasitarios
Material y procedimientos de la horticultu�
ra y de la arboricultura. Verduras. Árboles
VIII. Horticultura y arbo� frutales y frutos. Árboles, arbustos, plantas
6
ricultura y flores de ornato. Plantas de invernadero.
Granos, semillas y plantas de la horticultu�
ra y de viveros
Materiales, procedimientos y productos de
las explotaciones y de las industrias fores�
IX. Bosques, caza, pesca y tales. Armas de caza. Productos de la caza.
6
pequeñas cosechas Equipos, instrumentos y productos de la
pesca. Acuacultura. Equipos, instrumentos
y productos para pequeñas cosechas
Material y procedimientos de las industrias
alimentaria. Productos harinosos y sus de�
rivados. Productos de la panadería y de la
pastelería. Conservas de carnes, pescados,
X. Alimentos legumbres y frutos. Azúcares y productos 8
de la confitería, condimentos y estimulan�
tes. Vinos y vinos espirituosos. Siropes y
licores, alcoholes industriales. Bebidas di�
versas
escenarios distantes 115
Tabla 11. Sistema de clasificación de los objetos
en la Exposition Universelle de Paris en 1900
Núm. de
Grupo Descripción general de las clases
clases
Explotación de minas y canteras. Gran me�
XI. Minas y metalurgia 3
talurgia. Pequeña metalurgia
Decoración fija de edificios públicos y ha�
bitaciones. Vitrales. Papeles pintados. Mue�
bles baratos y de lujo. Tapices y otros tejidos
XII. Decoración y mobilia�
de mobiliario. Decoración móvil y obras de
rio para edificios públicos 10
tapicería. Cerámica. Cristales y vidriería.
y habitaciones
Aparatos y procedimientos de calefacción y
de ventilación. Aparatos y procedimientos
de iluminación no eléctrica
Material y procedimientos del hilado, del
tejido, del blanqueamiento, tintura e im�
presión de materias textiles, de la costura y
fabricación de ropa. Hilados y tejidos de al�
XIII. Hilados, tejidos y godón, de lino, de cáñamo, de lana, de seda.
11
vestimentas Productos de la cordelería. Cuerdas. Enca�
jes, bordados y pasamanería. Industrias de
la confección y de la costura para hombres,
mujeres y niños. Diversas industrias del
vestido
Artes químicas y farmacia. Fabricación de
XIV. Industria química papel. Cueros y pieles. Perfumería. Manu� 5
facturas de tabaco
Papelería. Cubertería. Orfebrería. Joyería
y bisutería. Relojería. Bronces, fundición,
hierro forjado. Metales repujados. Cepillos,
XV. Industrias diversas artículos de cuero, cestería. Industrias del 9
caucho y del hule (material, procedimien�
tos y productos. Objetos de viaje y de cam�
pamento. Baratijas
116 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
Tabla 11. Sistema de clasificación de los objetos
en la Exposition Universelle de Paris en 1900
Núm. de
Grupo Descripción general de las clases
clases
Aprendizaje. Protección de la infancia obre�
ra. Remuneración del trabajo. Participa�
ción de los beneficios. Grandes y pequeñas
industrias. Asociaciones cooperativas de
producción y de crédito. Sindicatos profe�
sionales. Grande y pequeña cultura. Sindi�
XVI. Economía social. Hi� catos agrícolas. Crédito agrícola. Seguridad
12
giene y asistencia pública en los talleres. Reglamentación del trabajo.
Habitaciones obreras. Sociedades coopera�
tivas de consumo. Instituciones para el de�
sarrollo intelectual y moral de los obreros.
Instituciones de previsión social. Iniciativas
públicas o privadas para el bienestar de los
ciudadanos. Higiene. Asistencia pública
Procesos de colonización. Material colonial.
XVII. Colonización Productos especiales destinados a la expor� 3
tación en las colonias.
Armamento y material de artillería. Inge�
niería militar y servicios de abastecimiento.
XVIII. Ejércitos de tierra y Ingeniería marítima. Trabajos hidráulicos.
6
mar Torpedos. Cartografía, hidrografía y sus
instrumentos. Servicios administrativos.
Higiene y material sanitario
Fuente: Picard, Alfred (dir.), Exposition universelle de 1900 à Paris. Rapport général administrative et
technique. Pieces annexes. Actes officiels, tableaux statistiques et financiers, i t., París, Francia, Imprime�
rie Nationale, 1902–1903, pp. 52–56, consultado el 20 de diciembre de 2011, disponible en http://
[Link]/redir?4XAE69.8
La Comisión Superior Francesa reunida en asamblea plenaria el 6 de julio de 1894 adoptó este
sistema de clasificación, el cual fue aprobado definitivamente por decreto del 4 de agosto de 1894
En términos generales, se puede notar que este sistema de clasifica�
ción expresó una jerarquización de la actividad humana, ya preconizada
desde 1878, en la que se asignaba un primer lugar a los sistemas y proce�
sos educativos y a la creación artística, seguido por las evidencias mate�
riales del desarrollo científico y de las innovaciones tecnológicas, después
escenarios distantes 117
por las actividades productivas, para cerrar con los objetos de los grupos
de economía social, colonización y armamentos, cuestiones insoslayables
al final del siglo xix. Para lograr la representación del complejo fin de
siglo y a diferencia de los certámenes previos, que incluían diferentes
exposiciones especializadas para lograr una representación más acabada,
el sistema clasificatorio de 1900 previno que cada grupo, y de ser posible
cada clase de objetos, debía incluir exposiciones retrospectivas que expli�
caran gráficamente los avances y los procesos de transformación de los
objetos desde 1800.
Este sistema reflejó una tendencia general al fraccionamiento de los
grupos. Por ejemplo, se diferenciaron los productos de educación y en�
señanza de los procedimientos de las ciencias, las artes y las letras, y se
separaron la agricultura de la pesca y la recolección. Por otro lado, lo
que en certámenes anteriores fueron clases, ahora figuraron en el rango
de grupos. Es el caso del grupo V (Electricidad), que habiendo sido una
clase en 1889, ameritó constituirse en un grupo, y no era para menos, al
finalizar el siglo xix las aplicaciones de la electricidad —el ‘hada’ de la
electricidad— a la industria, a las comunicaciones y a la vida cotidiana
permitían vislumbrar posibilidades insospechadas. Del mismo modo se
consagró un grupo a la producción bélica e igual sucedió con la industria
química, que fue elevada a la categoría de grupo, a consecuencia de la
creciente importancia que adquiría este sector en la economía y, posible�
mente, para lucimiento de la nación anfitriona, destacada en este ámbito.
La intención de representar en los recintos expositivos la evolución
de las necesidades del ser humano, de la industria y de sus posibles so�
luciones técnicas, llevó a la aparición de nuevos grupos de objetos. Los
problemas sociales, anteriormente tematizados en exposiciones especia�
lizadas anexas a la gran exposición, emergieron como nuevos campos
semánticos susceptibles de representación en grupos de objetos. La cues�
tión social, que había sido abordada en exposiciones especializadas des�
de 1855, y que en algunas exposiciones llegó a constituir hasta dieciséis
clases repartidas en diferentes grupos, ahora se representó en un grupo
notablemente extenso, abarcó doce clases de objetos, acusando la influen�
cia del asociacionismo. Por otro lado, un nuevo grupo fue consagrado a
los procesos de colonización, a sus efectos morales y materiales; su inclu�
sión, al decir de los organizadores, se hacía por dos razones: por la nece�
sidad de expansión colonial que experimentaban todos los pueblos civi�
lizados y por el importante papel que las colonias tenían para el porvenir
118 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
de las naciones colonizadoras; huelga decir que, desde esta perspectiva,
el sometimiento de los pueblos y la explotación de sus recursos, en aras
de la civilización, aparecía como un hecho natural y reafirmaba la misión
civilizatoria de Occidente, que aquí podía exhibir, además, su preocupa�
ción por el destino de los pueblos colonizados sin voces discordantes que
cuestionaran los efectos negativos de los procesos de colonización.
Esta somera revisión de los sistemas de clasificación sobre los que se
montaban las exposiciones universales nos muestran las rápidas y cons�
tantes transformaciones que tuvieron lugar en la segunda mitad del si�
glo xix. Nada permaneció inmutable: los descubrimientos de la ciencia,
los fenómenos económicos, las relaciones internacionales y otros varios
fenómenos ejercían su influencia en una cambiante y compleja realidad
mundial. Y los sistemas de clasificación, en cada edición, debían respon�
der a la situación del momento, traducirla y reflejarla en un orden lógico
dividido en clases, en el que cada clase encarnaba una cierta información
que determinaba un carácter común a varios objetos. En ese orden lógico
subyacía un propósito: jerarquizar los objetos expuestos y lo que ellos
representaban, las comunidades nacionales que los producían.
Los sistemas de clasificación funcionaron como un recurso para veri�
ficar la posesión o capacidad de producción de los artefactos de la moder�
nidad entre los pueblos a lo largo y a lo ancho del mundo; estandarizaron
nomenclaturas y unidades de medición que sirvieron para crear equiva�
lencias y conexiones entre realidades sociales distantes y heterogéneas.
Los grupos y las clases de objetos aparecieron como una lista orde�
nada de elementos pertenecientes al mismo conjunto, definido como pro�
greso cultural y material de la sociedad, que por su diversidad precisaba
una catalogación para facilitar su identificación. Entonces, las comuni�
dades nacionales participantes en esos grandes eventos procuraban reu�
nir el mayor número de objetos posibles, registrados en esos sistemas de
clasificación, aunque no todas lograban ese propósito, pues las naciones
concurrentes no necesariamente participaban con sus objetos y productos
en todos los grupos y clases.
Convertidos en escaparates en los que se reunían los artefactos y ob�
jetos que representaban el progreso científico y técnico, en los recintos
expositivos de la segunda mitad del siglo xix se desplegó una intención
enciclopédica, ya que en cada edición se intentaba mostrar una sínte�
sis completa de la época. Este propósito enciclopédico, compartido por
los grandes organizadores de las exposiciones universales, se expresó,
escenarios distantes 119
de manera general, en dos tendencias expositivas: la anglosajona, en la
que predominaba una vocación pedagógica, utilitaria y experimental, en
las que se utilizaron abundantes métodos explicativos sobre el funciona�
miento de las máquinas o nuevos procedimientos técnicos; y la francesa,
que saltó a la palestra internacional en 1855, incorporando a la exposición
de productos industriales, la producción artística, revelando con ello su
inclinación por la espectacularidad, la suntuosidad, la singularidad y ra�
reza de las piezas, así como por el valor intrínseco tanto de las colecciones
como de las instalaciones. En las ediciones francesas, el progreso se redu�
cía a un espectáculo que no necesitaba mayor explicación.108
Sin embargo, ambas tendencias expositivas estaban firmemente co�
nectadas, la anglosajona, de hecho, fue incapaz de perpetuarse y lenta�
mente fue incorporando elementos de espectacularidad para atraer a la
gran masa de visitantes. A la larga se impuso la tendencia gala: en los
años ochenta del siglo xix se constata un considerable incremento en las
instalaciones dedicadas al ocio y la diversión de los visitantes en las ex�
posiciones universales; la de Chicago en 1893 montó una espectacular pa�
rafernalia109 y definitivamente triunfó en la exposición parisina de 1900,
en la que se registró un afortunado balance entre contenidos educativos
y entretenimiento. Todas las exposiciones buscaron funcionar como es�
cuelas de aprendizaje de la civilización industrial y, para mantener la
atención del gran público, incorporaron formas de presentar lúdicamente
los contenidos educativos que crearan la sensación de que todo lo impor�
tante —geografía, cultura, historia, artes, economía…— estaba en ellas
contenido sin menoscabo del espectáculo, al tiempo que imponían una
forma paradigmática de percibir el mundo, sus procesos y sus objetos.
De acuerdo con M. Rebérioux, el análisis e interpretación del fenó�
meno que representaron las exposiciones universales no se puede propo�
ner de manera aislada, como una mónada, como un objeto en sí mismo,
sino que se les debe explorar como puntos de confluencia de una coyun�
108
Lasheras Peña, Ana Belén, España en París. La imagen nacional en las exposiciones universales
(1855–1900) (Tesis de Doctorado en Historia Moderna y Contemporánea), Universidad de Can�
tabria, 2009, pp. 8–10, consultado el 15 de septiembre de 2011, disponible en [Link]
net/10803/10660.
109
Bassignana, P. L., Le feste popolari del capitalismo: esposizioni d'industria e coscienza nazionale in
Europa (1798–1911), Torino, Italia, Umberto Allemandi, 1997, pp. 55–62.
120 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
tura específica, formando parte de una serie de eventos.110 Las que se cele�
braron en la segunda mitad del siglo xix compartieron como característica
más visible, el que no fueron reguladas ni organizadas por organismos
internacionales, por lo tanto, su frecuencia, localización y duración fue�
ron imprevisibles111 y dependieron de la voluntad, los recursos y la capa�
cidad organizativa de los países anfitriones; además, coincidieron en la
pretensión de reunir, en cada edición, objetos naturales y culturales que
representaran la totalidad de las actividades humanas, esta aspiración
permitió el concurso de lo bello, lo útil, lo raro, lo viejo, lo nuevo…; y,
finalmente, se desarrollaron en una época marcada por la fe en el progre�
so, en la capacidad creadora del género humano para dar solución a los
problemas sociales que obstaculizaban la convivencia armónica de toda
la humanidad.
De la larga serie de exposiciones universales que inició desde 1851,
aquí me interesa constituir una serie sólo con las que se celebraron en la
segunda mitad del siglo xix a las que México concurrió con sus objetos
y productos para construir una imagen de prosperidad, de estabilidad,
de adhesión a los principios de la modernidad y del progreso; éstas se
distinguieron por la progresiva intención de publicitar la imagen de la
nación mexicana como contenedora de grandes posibilidades económi�
cas para la inversión y la colonización extranjera. Los datos disponibles
confirman la presencia de México en Londres, 1851; en París, 1855, 1867,
1889 y 1900; en Filadelfia, 1876; Nueva Orleans, 1884 y Chicago, 1893. En
esta disertación abordaré aquéllas que ejercieron una mayor influencia
en la definición de la forma como la nación mexicana se presentó en los
escenarios globales, imponiendo referentes culturales y estrategias orga�
nizativas que impactaron sus ámbitos regionales por muy dispersos y
heterogéneos que éstos fueran en el complejo siglo xix mexicano.
110
Rebérioux, Madeleine, “Au tournant des expos: 1889”, Le mouvement social, n. 149, octubre–
diciembre de 1989, pp. 3–14.
111
En 1888, coincidió la realización de exposiciones universales en Barcelona, Bruselas y
Melbourne, mientras que la Exposición de Nueva Orleans se mantuvo abierta durante casi tres
años. Véase Schroeder–Gudehus, B. y Rasmussen, A., Les fastes du progrès: le guide des expositions
universelles (1851–1992), París, Flammarion, 1992, p. 238.
la puesta en escena de la nación mexicana
La vinculación entre la idea de nación y la territorialidad, que distin�
gue a la moderna construcción de las comunidades nacionales en Hispa�
noamérica, se fundó sobre la acción de los habitantes de esos territorios
que, a lo largo de su historia, le otorgaron densidad simbólica a su es�
pacio geográfico y político, destacando sus características y exaltando la
riqueza y la fertilidad como cualidades de su territorio.
El discurso que enunciaba a la nación se fundó sobre los atributos
físicos del espacio geográfico de tal forma que productos y objetos se con�
virtieron en distintivos propios de los territorios y se instalaron como
elementos de identidad nacional,1 en una suerte de iconización, ya que
determinados productos se volvieron representativos de las naciones his�
panoamericanas en formación, sirviendo de carta de presentación ante
las comunidades del orbe.
La naturaleza de los territorios americanos, celosamente guardada
por el aislamiento que impuso el riguroso control de la administración
colonial española, fue redescubierta a partir de los primeros años del si�
glo xix por naturalistas, viajeros y cronistas extranjeros, que compusieron
una imagen de ellos —impregnada de una perspectiva neocolonial— a
partir de la abundancia de sus recursos naturales y de la alteridad cul�
tural que revelaban sus vestigios arqueológicos, paisajes exuberantes y
exóticos, flora y fauna, escenas cotidianas, ciudades y pueblos, ruinas y
1
Por citar sólo un caso: la intensa actividad económica en torno al palo de Brasil tuvo como
efecto inmediato la adopción del nombre de Brasil para las tierras descubiertas y ocupadas por los
portugueses en la parte sur del continente americano. Una interesante reflexión la brinda Murilo
de Carvalho, José, “Brasil, Brazil: sueños y frustraciones”, en José Carlos Chiaramonte, Carlos Ma�
richal y Aimer Granados (comps.), Crear la nación. Los nombres de los países de América Latina, Buenos
Aires, Argentina, Sudamericana, 2008, pp. 17–40.
122 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
testimonios del pasado fueron capturados, sobre la marcha, por su mi�
rada y plasmados en dibujos, pinturas, grabados y relatos de viajes que
destacaron la riqueza y diversidad de recursos naturales y humanos.2
Aunque la mirada de los extranjeros, principalmente europeos, que
recorrieron las antiguas posesiones españolas en América, sirvió al uso
representativo de determinados productos y objetos del territorio, la
exaltación de la abundancia de recursos naturales fue un tópico recurren�
te en el discurso oficial de las emergentes naciones hispanoamericanas:
sus emblemas, escudos y símbolos nacionales incorporaron, en diferentes
momentos, alegorías de la abundancia, para referirse a ventajosas con�
diciones materiales que garantizaban las posibilidades de explotación
productiva en sus territorios. La capacidad evocadora de los objetos y
productos del suelo americano, como fragmentos de una naturaleza exu�
berante y pródiga, se articuló en torno a su utilidad económica.
En este sentido, México no se diferenció de la mayoría de las repú�
blicas que surgieron en América durante el siglo xix, su territorio fue
presentado como una tierra de promisión. La idealización del territorio
mexicano, basada en el recuento de sus ricos y abundantes recursos, es�
pecialmente agrícolas y minerales, estaba en concordancia con los princi�
pios fisiocráticos que entonces circulaban: el mundo físico y sus recursos
eran la base de la riqueza, el capital podía ayudar a explotarla y el trabajo
a extraerla, pero sólo la naturaleza la creaba.3 Las descripciones que enfa�
tizaban el alto rendimiento de las tierras mexicanas, la diversidad de sus
productos y la abundancia de sus recursos minerales sólo confirman cómo
las ideas fisiocráticas influyeron en la representación que se construyó
del territorio mexicano después de su independencia política de España.
En los dos primeros tercios del siglo xix, las elites mexicanas cultiva�
ron la idea de un territorio nacional pródigo en recursos naturales, para
consumo interno y externo, cuyos productos podían asegurarle un lu�
gar destacado en el orden económico internacional como exportador de
productos agrícolas y minerales. En un contexto nacional lastrado por la
2
Mongne, Pascal, “Imaginaire et réalité: l'imagerie du Mexique durant la première moitié du
xixe Siècle”, en Michel Bertrand y Laurent Vidal (dirs.), À la redécouverte del Amérique. Les voyageurs
europèens au siècle des indépendances, Toulouse, Francia, Presses Universitaires Du Mirail, 2002, pp.
97–124.
3
Weiner, Richard “El declive económico de México en el siglo xix: una perspectiva cultural”,
Signos Históricos, n. 12, julio–diciembre de 2004, pp. 73–75.
la puesta en escena de la nación mexicana 123
bancarrota del erario público, por las amenazas externas y por la inesta�
bilidad política provocada por los movimientos separatistas y los golpes
militares, no podía ser de otro modo, la actividad industrial presentaba
signos de máxima debilidad y paralización económica.
La expansión de la actividad industrial se notaba, principalmente, en
el ramo textil en un espacio geográfico claramente delimitado, el centro–
oriente del territorio nacional, en el cual estaban comprendidos los estados
de Puebla y de México,4 identificados desde los aztecas como el corazón
de la nación. La multiplicación de establecimientos fabriles en los años
posteriores a la década de 1840 —después de la inauguración, en 1835, en
territorios aledaños a la ciudad de Puebla de la primera fábrica textil me�
canizada—5 no alcanzó a desdibujar la impresión de que las actividades
de la industria textil se desarrollaban sobre la base de la industria domici�
liaria practicada en el medio urbano y rural. Para los observadores exter�
nos, obsesionados por los recursos minerales,6 la industria y sus productos
aparecen muy lejos de identificarse con el territorio mexicano.7 Así, sólo
los productos y objetos que habían destacado en la economía novohispa�
na permanecían como representativos del país. Por abundantes, la plata y
sus míticos recursos minerales eran un sinónimo del territorio mexicano.
A mediados del siglo xix, México, como nación, sobrevivía penosa�
mente ante los innumerables retos que le planteaba la situación externa
e interna: la derrota ante los Estados Unidos y la consiguiente pérdida
de territorio, los levantamientos indígenas que sucedieron a la guerra,
4
En 1843, el 64 % de las empresas textiles se localizaban en los estados de México y Puebla.
Esa situación se modificó lentamente: en 1843, las fábricas textiles se concentraban en ocho es�
tados del país, para 1879 casi todos los estados contaban con una, por lo menos. Véase Gó�
mez Galvarriato, Aurora, “Fragilidad institucional y subdesarrollo: la industria textil mexi�
cana en el siglo xix”, en La industria textil mexicana, México, Instituto Mora, 1999, pp. 142–182.
5
Propiedad de Estevan de Antuñano, se denominó La Constancia Mexicana.
6
Entre 1861 y 1862 Charles Lemprière presentó una lista sobre las producciones del estado de
Puebla, destacando en primer lugar la posibilidad de explotación de minas, cuando hasta la fecha
se sabe que el territorio poblano no se distingue por su producción minera, y sólo menciona al final
la existencia de numerosas fábricas de algodón. Véase Lemprière, Charles, Notes in Mexico in 1861
and 1862, Londres, Gran Bretaña, 1862, pp. 154–156.
7
Los principales tópicos de interés presentes en los relatos de viajes de esos años son dos: las ri�
quezas naturales y el redescubrimiento de las civilizaciones prehispánicas, cuyos vestigios arqueo�
lógicos aparecen abandonados en medio de una naturaleza indómita. Sanchez Guillermo, Evelyne,
“L'industrie mexicaine vue par les voyageurs européens du xixe Siècle”, en Michel Bertrand y Lau�
rent Vidal (dirs.), À la redécouverte del Amérique. Les voyageurs europèens au siècle des indépendances,
Toulouse, Francia, Presses Universitaires Du Mirail, 2002, pp. 207–222.
124 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
el fracaso de los esfuerzos conciliadores de los liberales moderados, la
debilidad de un aparato productivo, concentrado en actividades agríco�
las y extractivas, disperso y sin vías de comunicación y un balbuceante
desarrollo de la industria. Pero los problemas por los que atravesaba la
joven república no cambiaron la impresión de que su suelo era productor
de materias primas y asiento de antiguas civilizaciones; en el exterior se
le conocía como una tierra pletórica en recursos naturales y en vestigios
arqueológicos, esas particularidades ante los ojos de los extranjeros eran
las que identificaban al país. Sobre esos referentes, las generaciones pos�
teriores a la independencia política de España sustentaron, histórica e
ideológicamente, un proyecto de nación.
La próspera imagen del territorio nacional
Desde finales del siglo xv aparecieron y circularon las primeras imá�
genes de las tierras americanas, de sus habitantes y de los objetos que le
eran propios, las cuales se difundieron en Europa, contribuyendo al lento
conocimiento del Nuevo Mundo. La idea de la exuberante riqueza de re�
cursos naturales en México surgió desde los primeros años del dominio
colonial, reseñada generosamente por conquistadores, cronistas y evan�
gelizadores8 en relaciones, cartas e informes. El rendimiento económico
en beneficio de la corona española parecía confirmarla. Se pueden citar
las opiniones de los cronistas de Indias, como la de Pedro Mártir de An�
glería quien subrayaba la abundancia y la riqueza existentes en las tierras
novohispanas, particularmente la “inmensa [cantidad de] cuadrúpedos
[y la fertilidad de los suelos, tan notable que] el trigo aumenta inmensa�
mente como dicen que ha dado ciento por uno, y alguna vez más, donde
se tiene cuidado de sembrarlo en los collados o en las lomas de las mon�
tañas […] también prosperan las vides en las mismas partes […]”.9 El cro�
nista Antonio de Solís, por su parte, al tomar en cuenta el tamaño de las
canoas hechas con sólo un tronco de árbol, concluía: “tal es la corpulencia
de aquellos árboles y tal la fecundidad de la tierra que los produce”.10
8
Véanse desde las Cartas de Relación de Hernán Cortés o las Crónicas de la Conquista de Bernal Díaz
del Castillo o de Antonio Solís.
9
Mártir Anglería, Pedro, Décadas del Nuevo Mundo, México, Porrúa, 1964, p. 2: 364.
10
Solís, Antonio de, Historia de la conquista de México, población y progresos de América septentrio-
la puesta en escena de la nación mexicana 125
A pesar de sus recurrentes períodos de crisis, la capacidad de recupe�
ración económica sustentada en sus recursos naturales convirtió a la Nue�
va España en la posesión más preciada de la corona española. Después de
más de dos siglos y medio de una constante explotación de sus recursos,
con la imposición de las reformas borbónicas de por medio, los territo�
rios novohispanos todavía alcanzarían su mayor florecimiento: los reales
de minas de Guanajuato, Zacatecas y Parral lograron sus más elevados
índices de producción, inundando de plata al mundo, mientras las indus�
trias textil y vitivinícola se desarrollaban a pesar de leyes prohibitivas.
Sin embargo, para los novohispanos de la segunda mitad del siglo
xviii, la toma de conciencia sobre la calidad y potencialidad de su territo�
rio, pródigo en recursos, no resultó únicamente de su eficiencia producti�
va, más bien se estructuró a partir de la airada respuesta a las observacio�
nes que hicieran Buffon,11 De Paw, Raynal y Robertson, en el sentido de
que la vida en América “nació tarde y no tuvo jamás la misma fuerza y
potencia activa que las regiones septentrionales” por lo que los territorios
americanos eran “malsanos”, por su inmadurez evolutiva, sobre los que
tenía asiento una “naturaleza corrompida”, que no sólo producía espe�
cies pequeñas y débiles, sino que degeneraba a las que se le trasplantaran.
Los argumentos de defensa de los criollos,12 contra lo que consideraron
calumniosas apreciaciones, exaltaron las cualidades de hombres y tierras
americanas, abriendo la puerta a un desmedido optimismo sobre la ri�
queza del territorio, que se fundaba, además, en la certidumbre de que
faltaba explotar abundantes recursos naturales de los que todavía no se
tenía noticia, en el enorme e inexplorado territorio de la Nueva España.
En este ambiente, se comprenderá la favorable recepción que tuvie�
ron los trabajos de Humboldt, quien vio a la “geografía de la Nueva Es�
nal, conocida por el nombre de Nueva España, México, Miguel Ángel Porrúa, 1988, p. 35.
11
Sus conclusiones se hacían extensivas a la población: incluso los colonos europeos, al esta�
blecerse en América, sufrían la inevitable degradación orgánica proveniente de la atmósfera y pre�
cisamente esta tesis —la degeneración de los europeos en América— fue la que provocó no sólo
la reacción apologética de los criollos, sino también la indignación de la elite ilustrada. Buffon,
Georges–Louis, Las épocas de la naturaleza, Madrid, Alianza, 1997, citado en Castro Gómez, Santiago,
La hybris del punto cero: ciencia, raza e ilustración en la Nueva Granada (1750–1816), Bogotá, Colombia,
Editorial Pontificia, Universidad Javeriana, 2005, pp. 273–291.
12
Dos ejemplos de la argumentación de los criollos americanos se pueden encontrar en Clavi�
jero, Francisco Javier, Historia antigua de México, iii t., México, Porrúa, 1958; y en Velasco, Juan de,
Historia del Reino de Quito en la América Meridional escrita por el Presbítero Don Juan de Velasco, nativo
del mismo Reino, i v., Quito, Ecuador, Casa de la Cultura Ecuatoriana “Benjamín Carrión”, 1998.
126 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
paña benévola, rica, más que propicia para el desarrollo de una nación
ilustrada y fuerte. A partir de entonces, México fue ‘el cuerno de la abun�
dancia’, y su capital ‘la ciudad de los palacios’”. Su Ensayo político se con�
virtió en una de las obras extranjeras más leídas, comentadas y citadas en
México, y gozó de una casi exclusiva autoridad en lo que a la geografía
y a la economía del país tocaba. Su perspectiva, construida a la vista de
las regiones que exploró y describió, alimentó la inmensa fe en el medio
geográfico mexicano como eficaz fuente de riqueza.13
En buena medida, la percepción de México como fuente de abasteci�
miento de materias primas fue construida por los extranjeros, la mirada
ajena ha sido el origen y sustento de la idea sobre la riqueza legendaria de
México.14 Esa percepción dio motivo de reflexión a pensadores liberales
y conservadores en la primera mitad del siglo xix mexicano, que se inte�
resaron por desentrañar las beneficiosas relaciones entre los recursos del
espacio físico y el desarrollo de la comunidad nacional, y, para ello, par�
tieron de la revisión de los datos geográficos y estadísticos de Humboldt
y su amable visión sobre la opulencia mexicana.
La obra del economista Tadeo Ortiz (1832)15 enfatizó la riqueza agrí�
cola de México, la fertilidad de su suelo y la abundancia de sus recursos
naturales. Por su parte, Mora apuntó que “México después de 1804 ha
sufrido cambios de mucho tamaño que han causado una variación total
en su fisonomía”,16 por lo que la descripción de Humboldt ya no bastaba
para conocer al país, pero no contradijo la idea de la riqueza natural de su
territorio, como tampoco la contradijo Lucas Alamán, quien se lamentaba
de la terrible situación que sufría el país por sus continuas revoluciones,
centrando su esperanza en que las nuevas generaciones aprendieran del
pasado, viendo “por qué medios se desvanecen las más lisonjeras espe�
ranzas, y cómo los errores de los hombres pueden hacer inútiles los más
13
Salmerón Sanginés, Pedro, “El mito de la riqueza de México. Variaciones sobre un tema de
Cosío Villegas”, Estudios de historia moderna y contemporánea de México, v. 26, documento 315, 2003,
pp. 127–152, consultado el 2 de septiembre de 2011, disponible en [Link]
derna/ehmc/ehmc26/[Link].
14
Cosío Villegas, Daniel, “La riqueza legendaria de México”, en Extremos de América, México,
Tezontle, 1949, pp. 94 y 95.
15
Ortiz, Tadeo, México considerado como nación independiente y libre, Guadalajara, México, Edicio�
nes itg, 1952, pp. 2: 7–51.
16
Mora, José María Luis, México y sus revoluciones, México, Fondo de Cultura Económica e Insti�
tuto Cultural Helénico, 1985, 1: páginas introductorias.
la puesta en escena de la nación mexicana 127
bellos presentes de la naturaleza”,17 y corrigieran el rumbo. A pesar de la
inestabilidad política de esos años, que bien permitía poner en duda un
futuro promisorio para la joven república, la idea de la riqueza poten�
cial del territorio mexicano por la abundancia de sus recursos naturales,
fundada en la obra humboldtiana, se mantuvo intacta y ejerció una pro�
longada influencia entre las elites culturales y políticas, no solamente al
interior del país, sino también más allá de sus fronteras.
El Estado mexicano decimonónico, obligado a procurarse un lugar
en el concierto de las naciones civilizadas, explotó los referentes de la
cultura occidental18 y los postulados económicos19 que en ese momento
circulaban, los adoptó y adaptó a las características del país, para argu�
mentar que contaba con los atributos necesarios para marchar, con dere�
cho propio, por la senda del progreso. Para destacar la prosperidad del
territorio nacional, la abundancia y variedad de sus recursos naturales, se
instrumentaron medidas para fortalecer el aparato productivo y la ima�
gen de la nación en el contexto global. Esas medidas empezaron a tomar
forma a partir de 1840, con la creación de un conjunto de instituciones
destinadas a fomentar la industria y la agricultura.20
Sobre la organización administrativa de las actividades de fomento
económico, se pueden hacer dos consideraciones. Primera, no se distin�
guió claramente entre las funciones y la administración del fomento mer�
cantil, industrial, minero y agrícola. Segunda, se basó en la coordinación
de dos tipos de estructuras: una consultiva y otra ejecutiva. Es decir, se
trató de una organización de la administración del fomento basada en la
acción compartida entre los grupos con intereses directos, en los ramos
17
Alamán, Lucas, Historia de México, México, Jus, 1990, p. 1: 8.
18
La identificación de la forma del territorio mexicano con la alegoría de la abundancia, propia
de la cultura occidental, en México fue adoptada desde finales del siglo xviii y ha permanecido hasta
nuestros días. Véase García Rojas, Irma Beatriz, “El cuerno de la abundancia: mito e identidad en
el discurso sobre el territorio y la nación mexicanos”, Revue HISTOIRE(S) de l'Amérique Latine, v. 1,
2005, consultado el 15 de mayo de 2011, disponible en [Link]
revue&page=article&op=viewFile&path%5B%5D=2005–9&path%5B%5D=31.
19
La asociación de la abundancia de recursos naturales con la riqueza de una nación se alineaba
con el pensamiento fisiocrático en boga. Véase Weiner, Richard, “El declive económico de México
en el siglo xix: una perspectiva cultural”, Signos Históricos, n. 12, julio–diciembre de 2004, pp. 68–93.
20
En 1841 se creó una Dirección General de la Industria Nacional, las Juntas de Fomento a la
Agricultura en 1843 y en diciembre de 1846 la Dirección de Colonización e Industria, y cesaron las
funciones la Dirección General de la Industria Nacional.
128 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
en cuestión, y la autoridad gubernamental.21 En ese contexto, la Dirección
General de la Industria Nacional y las Juntas de Fomento fueron institu�
ciones diseñadas como cuerpos consultivos e informativos más que eje�
cutivos. Este modelo de estructura administrativa “consultiva” fue mo�
dificado cuando, en 1853, se creó el Ministerio de Fomento, cuya labor se
vio obstaculizada por las agitaciones políticas de la época. Este primer
Ministerio de Fomento, Colonización, Industria y Comercio concentró la
administración del conjunto de asuntos económicos no hacendarios, has�
ta entonces a cargo de los ministerios de Relaciones, Justicia y Hacienda,
tales como: obras públicas, colonización y terrenos baldíos, asuntos de
fomento directo e indirecto de todos los ramos industriales, formación de
la estadística general,22 entre otros.
Los alcances y el funcionamiento del Ministerio quedaron sancio�
nados en el marco normativo de la constitución federal de 1857, cuando
se institucionalizó la república federal. En sus proyectos e informes, los
funcionarios republicanos reafirmaron la imagen de prosperidad del te�
rritorio mexicano; sin apartarse de esa convicción, en 1857, el Ministerio
de Fomento se planteó el aprovechamiento de los inmensos bienes nacio�
nales, de su ventajosa posición geográfica, de la fertilidad de sus campi�
ñas, de la exuberancia de sus frutos.
[…] en una palabra, de los fecundos gérmenes de prosperidad con que
pluguiese a la Divina Providencia dotarla, [no sin dejar de reconocer que]
esta desgraciada república, por sus convulsiones políticas y por la falta de
patriotismo de muchos de sus ricos habitantes, se ha quedado atrás, pues
las acciones que […] hacen la felicidad de los pueblos que quieren ade�
lantar, marchando con la civilización y aprovechando las conquistas de la
ciencia y de la industria.23
21
Decreto orgánico para el arreglo de la industria agrícola y fabril de la República, de Nicolás Bravo,
Presidente sustituto de la República, México, 2 de diciembre de 1842.
22
Decreto de Antonio López de Santa Ana de creación de cinco secretarías de estado para la
administración de las funciones de gobierno, México, 22 de abril de 1853, citado en Zuleta, Ma�
ría Cecilia, “La Secretaría de Fomento y el fomento agrícola en México (1876–1910). La invención
de una agricultura próspera que no fue”, Mundo Agrario, v. 1, n. 1, julio–diciembre de 2000, con�
sultado el 15 septiembre de 2011, disponible en [Link]
arttext&pid=S1515–59942000000200004&lng=es&nrm=iso.
23
Siliceo, Manuel, Memoria de la Secretaría de Estado y del Despacho de Fomento, Colonización, In-
dustria y Comercio de la República Mexicana escrita por el ministro del ramo… para dar cuenta con ella al
la puesta en escena de la nación mexicana 129
Resultaba de imposible realización porque
[…] muchos han cooperado para hacer interminable la inestabilidad
y el egoísmo, […] los hombres acaudalados, no me cansaré de repetirlo,
con excepciones rarísimas, se han encerrado en un egoísmo criminal, con
pretextos especiosos que tienden a barnizar su falta de patriotismo; en este
país no se despierta aún el espíritu de empresa y no se sabe más que hacer
el agiotaje, eso sí, en muy grande escala.24
Las aspiraciones de hacer germinar, con trabajo y dedicación, los
abundantes recursos naturales quedaron postergadas ante los sucesivos
conflictos armados: guerras de reforma y de intervención. De tal manera
que, la creación de una instancia gubernamental dedicada exclusivamen�
te a la promoción, fomento y ejecución de obras que, positivamente y
de una manera muy directa, alentaran la prosperidad nacional, era una
exigencia para la república mexicana, reconocida por sus habitantes y
por todos los gobiernos, cualquiera que fuera su orientación y su sistema.
Durante el breve período imperial, la atención a los asuntos relativos al
fomento de las actividades productivas se planteó a partir del estudio de
la geografía nacional y del detallado recuento de sus recursos naturales.
Luis Robles Pezuela, ministro de fomento expuso que el extenso territo�
rio mexicano comprendía terrenos inmensos, “ricos por lo general en los
tres reinos de la naturaleza, que al sur se localizaban ríos navegables que
convidan a establecer una fácil comunicación interoceánica”, y que, en lo
general, estaba “ampliamente dotado por la naturaleza de una inmensa
variedad de climas”, por lo cual sólo faltaba
[…] la voluntad para hacer de nuestro territorio el país más rico del mun�
do, [cuando] el completo restablecimiento de la paz, base de la prosperidad
pública, [para que] el Gobierno pueda aumentar sus rentas, y con ellas en�
sanchar los límites de su acción, para llenar los deseos de Vuestra Majestad,
que tan generosamente protege todo lo que tiende a engrandecer el país.25
soberano Congreso Constitucional, México, Imprenta de Vicente García Torres, 1857, p. 1: 19.
24
Siliceo, Manuel, Memoria de la Secretaría de Estado y del Despacho de Fomento, Colonización, In-
dustria y Comercio de la República Mexicana escrita por el ministro del ramo… para dar cuenta con ella
al soberano Congreso Constitucional, México, Imprenta de Vicente García Torres, 1857, pp. 1: 20–23.
25
Robles Pezuela, Luis, Memoria presentada a S. M. el Emperador por el ministro de fomento… De los
130 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
Sin embargo, el efímero Segundo Imperio Mexicano no se consolidó
y la paz, base de la prosperidad pública, no se materializó durante esos
años. Aun así, los funcionarios imperiales de diferentes instancias guber�
namentales, sus organismos y comisiones científicas y exploradoras al�
canzaron a ejecutar trabajos de reconocimiento del territorio que mante�
nían bajo su control político y militar: las regiones que bordeaban la ruta
que iba del puerto de Veracruz a México y las aledañas a las principales
ciudades del altiplano central. Los resultados de esos trabajos, alineados
a la perspectiva humboldtiana, sirvieron de base para alimentar la idea
de que los recursos naturales del país, por su abundancia y variedad,
eran potenciales fuentes de riqueza. En ellos, las cualidades del terreno,
la naturaleza de los habitantes, la flora y la fauna, tan poco conocidos en
ese entonces, fueron valoradas ventajosamente para su aprovechamien�
to económico después de proceder al reconocimiento y estudio de las
particularidades regionales, como en el caso de los trabajos científicos
emprendidos sobre el paraje de Metlaltoyuca.
Como ejemplo del proceder de las autoridades del Segundo Imperio,
se pueden citar los fecundos y útiles resultados, geográficos y arqueoló�
gicos, obtenidos del trabajo exploratorio de la Comisión Científica del
Valle en la expedición a Metlaltoyuca, motivado por las comunicaciones
de los prefectos políticos de Tlaxcala y de Huauchinango, en los que ma�
nifestaban que cerca de esa localidad se encontraban terrenos baldíos de
feracidad prodigiosa, cubiertos de bosques inmensos de preciosas made�
ras, y en cuyo centro se ubicaban las ruinas de una ciudad con monumen�
tos, ídolos y otros objetos que probaban su antiguo origen. Estas noticias
fueron comprobadas por comunicaciones subsecuentes, en virtud de las
cuales se dio orden al ingeniero Ramón Almaraz, jefe de la Comisión
Científica del Valle, para que en unión de los señores Antonio García y
Cubas y Guillermo Hay,26 que manifestaron ardientes deseos de hacer
trabajos ejecutados en su ramo el año de 1865, México, Imprenta de J. M. Andrade y F. Escalante, 1866.
26
Por otra parte, estos trabajos sirvieron para alentar el desarrollo de trayectorias profesionales
ligadas a la exploración y a la labor científica. Menos conocido que García Cubas, Guillermo Hay,
a partir de aquí, labró su prestigio como hombre de ciencia y se destacó por su interés en la inves�
tigación y en el desarrollo de la técnica, lo cual le valió para que el gobierno del estado de Puebla
lo designará como el primer director de la Escuela de Artes y Oficios del Estado en 1885, cargo
que dejó en 1886 al obtener el privilegio exclusivo para explotar un nuevo método de beneficio de
las sales contenidas en los tequesquites y en las aguas de los lagos salados y para blanquear la sal
amarilla que se cosechaba en las inmediaciones del Lago de Texcoco. Véase Herrera Feria, María de
la puesta en escena de la nación mexicana 131
parte de la expedición, marcharan a los lugares indicados a practicar los
reconocimientos y estudios necesarios, a fin de producir un informe cir�
cunstanciado acompañado de los planos, vistas y demás trabajos científi�
cos que ilustraran tan importante descubrimiento.27
El 15 de julio de 1865 la comisión marchó a Huauchinango para re�
conocer el camino de Tulancingo a Tuxpan, tocando a Huauchinango, y
establecer contacto con las autoridades locales, en concreto con el señor
subprefecto del distrito de Huauchinango, Juan B. Campo, a fin de exa�
minar los terrenos baldíos y levantar un croquis de estos terrenos, procu�
rando obtener el mayor número de noticias, con objeto de dar una idea de
su situación y superficie. Se proyectó la elaboración de una descripción
de la topografía y clima, de las producciones y demás circunstancias de
dichos terrenos, para saber si éstos se podían dedicar con ventaja a la co�
lonización; levantar un plano de las ruinas de la antigua ciudad y hacer
una minuciosa descripción; sacar, además, algunas vistas de ellas y de los
objetos más notables, para lo cual fue de utilidad la buena voluntad del
señor Hay que fue incorporado a la comisión y puso a disposición de ella
sus conocimientos y útiles fotográficos.28
La limitada territorialidad que mantuvo el Segundo Imperio Mexi�
cano derivó en una visión fragmentaria de la realidad mexicana, desde
el Ministerio de Fomento, sus acuciosos funcionarios inventariaron los
recursos que sirvieran al desarrollo económico del país: yacimientos mi�
neros y establecimientos industriales ubicados, principalmente, en la
porción central de México.
Los datos, las cifras y los informes que presentaron tanto las comisio�
nes mexicanas como los estudios de la Comission Scientifique du Mexi�
que se organizaron bajo una nueva racionalidad, que permitía reconocer
con mayor claridad los recursos naturales y su utilidad económica. Los
Lourdes, La educación técnica en Puebla durante el Porfiriato: la enseñanza de las artes y los oficios, Puebla,
México, SIZA–Conacyt, Secretaría de Educación Pública, Benemérita Universidad Autónoma de
Puebla, 2002, pp. 17 y 27.
27
Robles Pezuela, Luis, Memoria presentada a S. M. el Emperador por el ministro de fomento… De los
trabajos ejecutados en su ramo el año de 1865, México, Imprenta de J. M. Andrade y F. Escalante, 1866.
28
Robles Pezuela, Luis, “Memoria acerca de los terrenos de Metlaltoyuca, presentada al Minis�
terio de Fomento por la Comisión exploradora presidida por el ingeniero Ramón Almaraz, docu�
mento n. 10”, en Memoria presentada a S. M. el Emperador por el ministro de Fomento… De los trabajos
ejecutados en su ramo el año de 1865, México, Imprenta de J. M. Andrade y F. Escalante, 1866, pp.
213–238.
132 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
estudios de la Comission Scientifique du Mexique, instituida por un de�
creto imperial el 27 de febrero de 1864 bajo el cuidado del Ministerio de
Instrucción Pública de Francia, abarcaron diversos aspectos de la reali�
dad mexicana: zoología, botánica, geografía, lingüística y arqueología.29
Su visión tuvo un impacto de larga duración entre las elites políticas y
culturales por la amplia difusión de sus resultados, los cuales continua�
ron publicándose hasta 1909.
Vencido el “usurpador que quiso aclimatar un sistema exótico, aquí,
en la tierra clásica de la democracia”, los liberales consideraron que era
menester crear todo nuevo, desde el principio, para organizar todos los
ramos de la administración pública, desde sus instalaciones hasta sus em�
pleados; restauraron el sistema republicano, combatido largo tiempo por
reveses y adversidades y reinstalaron, en julio de 1867, el Ministerio de
Fomento, Colonización, Industria y Comercio que había dejado de fun�
cionar durante el período imperial.30
La guerra contra el invasor extranjero había afectado hondamente
las actividades productivas. El comercio, la agricultura y la industria
resintieron la falta de obras de mejoramiento material y de apoyos del go�
bierno, que se había visto obligado a grandes economías y a destinar sus
escasos fondos a la defensa de la patria. Una vez ganado con las armas el
derecho a existir como nación, los liberales pasaron a ocuparse de la crea�
ción de un marco jurídico que delimitara, de manera uniforme, la esfera
pública de la privada en el terreno de la economía, pues era fundamental
diseñar la plataforma que sirviera para la “carrera del progreso”. Inspi�
rados en la certeza de la abundancia de recursos naturales, a partir de la
década de 1870 se planteó la política de fomento del progreso material
como un fin prioritario de la acción gubernativa de la federación.
Bajo esta lógica, ligada al ascenso de Porfirio Díaz al poder en 1876 y
el advenimiento de la paz, se retomaron los objetivos económicos que no
se habían logrado concretar en los gobiernos presididos por Juárez y Ler�
do. La consolidación de las instituciones nacionales y la normalización de
29
Le Goff, Armelle y Prevost Urkidi, Nadia, Commission de l'exploration scientifique du Mexi�
que (1862–1893). F/17/2909 à 2914/3. Répertoire méthodique et semi–analytique, París, Francia,
Archives Nationales, 2009.
30
Balcárcel, Blas, Memoria que el secretario de estado y encargado del Despacho de Fomento, Coloniza-
ción, Industria y Comercio presenta al Congreso de la Unión, México, Imprenta del Gobierno en Palacio,
1868.
la puesta en escena de la nación mexicana 133
la vida republicana permitieron acotar las competencias económicas del
Estado federal, dentro de las cuales tuvo lugar el diseño de una política
de fomento como promoción31 de las actividades productivas. La instru�
mentalización de esta política, durante la década de los años ochenta del
siglo xix, tuvo como telón de fondo una transformación en los referentes
culturales que determinaban la riqueza o la pobreza de una nación.32
A diferencia de la postura sostenida por Humboldt, asumida por las
elites mexicanas en los dos primeros tercios del siglo xix, en el sentido de
que la naturaleza y sus recursos eran la fuente de toda riqueza, entre los
ideólogos y funcionarios del régimen porfiriano empezó a cobrar fuerza
la idea de que la principal causa de riqueza no se encontraba en los recur�
sos naturales, sino en la acción del trabajo humano y la tecnología aplica�
da, en otras palabras, en la fructífera interacción entre los seres humanos
y el medio natural.
En la memoria presentada al Congreso de la Unión en 1887, Carlos
Pacheco, ministro de fomento, apuntó que:
Los elementos generadores de la riqueza son la tierra, el trabajo y el ca�
pital. La tierra nos suministra las materias primas; el trabajo, que ha coope�
rado ya a su producción, las adapta a nuestras necesidades y, […] el capital,
que no es más que subsistencia acumulada, permite, sin privaciones, la len�
ta producción y la lenta transformación de las primeras materias que han de
servir después para el consumo. De la combinación de estos tres elementos
fundamentales resulta el estado de la riqueza pública como de la privada.33
Su reflexión expresa la adhesión a la idea de que la prosperidad del
país existía en potencia por las cualidades y la riqueza del territorio, pero
31
Carmagnani, Marcello, Estado y mercado. La economía pública del liberalismo mexicano, 1850–1911,
México, El Colegio de México, Fideicomiso Historia de las Américas y Fondo de Cultura Económi�
ca, 1994, pp. 48–55.
32
Weiner, Richard “El declive económico de México en el siglo xix: una perspectiva cultural”,
Signos Históricos, n. 12, julio–diciembre de 2004, p. 78, señala que los cambios en las nociones de
riqueza en el pensamiento occidental se pueden seguir desde principios del siglo xix en las obras
de A. Smith y D. Ricardo. Las elites políticas en México asimilaron esta evolución con un retraso
de medio siglo.
33
Pacheco, Carlos, “Introducción”, en Memoria presentada al Congreso de la Unión por el secretario
de Estado y del Despacho de Fomento, Colonización, Industria y Comercio de la República Mexicana, General
Carlos Pacheco. Corresponde a los años transcurridos de enero de 1883 a junio de 1885, México, Oficina
Tipográfica de la Secretaría de Fomento, 1887.
134 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
puntualizó que: “si bien es verdad que nuestro territorio es rico, en cambio,
en punto a trabajo y en punto a capital, hay una deficiencia manifiesta”.
Para esta generación de liberales —nacida entre 1845 y 1859, testi�
go de la lucha entre el imperio y la república y del advenimiento de la
paz, formada, básicamente, por Gabino Barreda, bajo los postulados del
Positivismo y asimilada a la alta burocracia porfiriana—34 la riqueza del
territorio no era más que una leyenda que se oponía al progreso material
de la nación…
[…] nuestras montañas no se juzgaban tremendos obstáculos para el
tráfico, sino depósitos inagotables de plata y oro; nuestras enormes distan�
cias, aunque sin caminos ni población, probaban nuestra grandeza; nues�
tras selvas vírgenes de la tierra caliente no se consideraban pobladas de las
dificultades que encierra una naturaleza inexplotada e inculta que, como
una fiera, no se deja domesticar sino devorando a los primeros que se le
acercan; eran fragmentos de un paraíso terrenal, en donde no había más
que recoger en abundancia sin capital ni trabajo, maderas preciosas, frutos
tropicales de alto precio y tesoros de toda especie; la falta de ríos navega�
bles, y aun de lluvias, nada significaban como elementos adversos.35
Manuel Fernández Leal y Carlos Díaz Dufoo coincidieron en señalar
que la naturaleza del territorio mexicano era más bien un impedimento
para el desarrollo económico de México, remarcando la ausencia de ríos
navegables, la pobre calidad del mineral y de la tierra destinada a la explo�
tación agrícola y, sobre todo, la falta de agua para los terrenos de cultivo.36
Estas consideraciones, elaboradas por los hombres que detentaban
el poder y la administración, acabaron por socavar la construcción de
Humboldt sobre el territorio mexicano, imponiendo la idea de que en
34
Matute, Álvaro y Trejo, Evelia, “La historia antigua en México: su evolución social”, Estudios
de Historia moderna y contemporánea de México, v. 14, 1991, pp. 89–106.
35
Macedo, Pablo, La evolución mercantil. Comunicaciones y obras públicas. La hacienda pública, Mé�
xico, Universidad Nacional Autónoma de México, 1989, pp. 175–178. En su colaboración a la mo�
numental obra de la historiografía porfiriana coordinada por Sierra, Justo, México: su evolución social
(1901), se describen las condiciones geográficas del territorio mexicano para explicar los obstáculos
para el desarrollo de las comunicaciones y su impacto en la evolución del comercio en México.
36
Díaz Dufoo, Carlos, “La evolución industrial”, en Justo Sierra, México: su evolución social, ii t.,
México, J. Ballescá y Cía., 1900–1902, pp. 99–158.
la puesta en escena de la nación mexicana 135
materia de recursos, México era pobre.37 A medida que se devaluaba
la idea de los recursos naturales como fuente de riqueza, cobraba fuer�
za la creencia en el trabajo humano y en la aplicación de la tecnología
como los medios más eficaces para vencer los obstáculos que se oponían
al engrandecimiento y desarrollo de la economía nacional: “las grandes
obras materiales, el desarrollo de fuentes de energía, la suma de capitales,
la educación científica” eran los medios idóneos para el desarrollo del
bienestar nacional.38
Este cambio de perspectiva determinó la organización del fomento
a la actividad económica en el último tercio del siglo xix mexicano, la
cual se orientó definitivamente a la exploración del territorio con fines
utilitarios, a alentar las iniciativas empresariales nacionales y extranjeras,
a promover la colonización extranjera como medio para la recuperación
de la industria, la minería y la agricultura con el concurso de la población
industriosa del país y de la que se aviniera a asentarse en el territorio na�
cional y a la promoción del país en el extranjero. Sus estrategias se enca�
minaron a desarrollar un plan de obras de infraestructura —entre las que
principalmente se contó el mantenimiento y la apertura de vías de comu�
nicación: caminos, ferrocarriles, telégrafos— y a estimular la asociación
del capital nacional con el extranjero. Así, el fomento tuvo que ver menos
con la protección y la concesión de privilegios y más con la promoción de
la actividad económica.
No se puede dejar de advertir la enorme brecha que separó las pro�
puestas de las políticas, y a éstas de los resultados obtenidos con respecto
a las metas definidas previamente; las deficiencias en la estructura y en
la organización administrativa, muy probablemente, condicionaron la
puesta en práctica de los proyectos y la efectividad de las políticas de fo�
mento.39 Pero, a pesar de sus limitaciones políticas, financieras y técnicas,
el Ministerio de Fomento comandó una gran diversidad de tareas, orga�
37
No pocos estuvieron en desacuerdo con esta afirmación, algunos mexicanos y extranjeros in�
sistieron en la riqueza del territorio señalando que ya era legendaria su fama como vasto depósito
de recursos que, sin embargo, habían sido explotados de manera incompleta.
38
Díaz Dufoo, Carlos, “La evolución industrial”, en Justo Sierra, México: su evolución social, ii t.,
México, J. Ballescá y Cía., 1900–1902.
39
Zuleta, María Cecilia, “La Secretaría de Fomento y el fomento agrícola en México (1876–1910).
La invención de una agricultura próspera que no fue”, Mundo Agrario, v. 1, n. 1, julio–diciem�
bre de 2000, consultado el 15 septiembre de 2011, disponible en [Link]
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136 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
nizadas en diferentes secciones administrativas, que no sólo estuvieron
dirigidas a fomentar la producción, sino la exportación en sí misma. Sus
actividades en ese terreno pueden caracterizarse como de auténtica pro�
paganda mercantil, pues se encaminaron a divulgar las potencialidades
de México como productor de materias primas y de productos agrícolas,
las ventajas para la colonización extranjera y las variadas posibilidades
de productivos negocios en los principales mercados internacionales. Y
esa propaganda con fines mercantiles se armó sobre la difusión, median�
te discursos, publicaciones y representaciones iconográficas de la gran
variedad y disponibilidad de riquezas naturales y sobre la exhibición de
sus recursos económicos y culturales en los circuitos internacionales con
el objetivo de presentar a México como una auténtica “tierra prometida”
para los capitales en busca de nuevas oportunidades de inversión.40
Desde su origen, y en las posteriores reestructuraciones administra�
tivas, la Sección Segunda del Ministerio quedó a cargo de la organización
de las exposiciones industriales y agrícolas, nacionales, internacionales y
permanentes en diferentes países del orbe, en las embajadas y consula�
dos, así como de la firma de tratados comerciales, como el que se firmó
(pero no llegó a ratificarse) con Estados Unidos en 1883.41 Su labor de
difusión, principalmente dirigida al exterior, no soslayó la importancia
de difundir y divulgar las “novedades” mercantiles, técnicas y producti�
vas entre los productores nacionales para sensibilizarlos sobre la impor�
tancia de atraer proyectos de inversión y de colonización extranjera.
La aspiración de los regímenes liberales mexicanos de fomentar las
actividades productivas para conquistar los mercados internacionales, a
partir de la segunda mitad del siglo xix, encontró en las exposiciones in�
ternacionales la oportunidad para exhibir sus escasas ventajas: la abun�
dancia de sus recursos y la diversidad de sus productos naturales para
exportación, como medio para hacerse publicidad y para reclamar una
posición en los circuitos económicos internacionales. Su aspiración coinci�
dió con la búsqueda de nuevos centros de abastecimiento para alimentar
40
Riguzzi, Paolo, “México próspero: las dimensiones de la imagen nacional en el Porfiriato”,
Historias. Revista de la Dirección de Estudios Históricos, Instituto Nacional de Antropología e Historia,
n. 20, abril–septiembre de 1988, pp. 137–157.
41
Archivo General de la Nación, México, fondo Fomento, serie Exposiciones Extranjeras, v.
28; Romero, Matías, Reciprocidad comercial entre México y los Estados Unidos (El Tratado Comercial de
1883), 1890, [facsimilar, 1971].
la puesta en escena de la nación mexicana 137
la imparable maquinaria industrial y comercial de las grandes potencias
económicas y gracias a esa confluencia de eventos, México y otras áreas
de la región latinoamericana lograron insertarse, de manera decidida, en
el mercado mundial gracias a la puesta en valor de una serie de materias
primas y recursos naturales reclamados por los consumidores europeos.
Por ejemplo, las lanas, carnes y cereales del Río de la Plata; el azúcar y
el café del Brasil y de la América central; el guano peruano, el salitre y el
cobre chileno, o la plata mexicana.42
El interés por los productos y objetos de las desconocidas tierras
americanas se puede ver reflejado en la intensa propaganda para alentar
la presencia de los países latinoamericanos en las exposiciones universa�
les. Por ejemplo, Ramón de la Sagra,43 que había sido el responsable de la
muestra española en la Exposición de Londres de 1851, en su labor como
editorialista de El Eco Hispanoamericano, desplegó durante varios meses
sus conocimientos y talentos para convencer a sus lectores latinoamerica�
nos de la importancia de su presencia en la exposición parisina de 1855.
Y así, no sólo les explicó cómo se debían de reunir los objetos o muestras
para su presentación en París, también les ofreció una serie de argumen�
tos para que aprovechasen la ocasión de mostrar sus progresos científicos
y sus recursos agrícolas e industriales, insistiendo en la idea de que los
productores latinoamericanos disponían en Europa, cuyo suelo estaba
depauperado, de un amplio mercado para los productos agrícolas de sus
fértiles tierras, entre los que él destacaba materias colorantes, tintóreas,
curtientes, bálsamos, gomas, resinas, fibras textiles y maderas.
En la primera mitad del siglo xix, México, al igual que el resto de
América Latina, tuvo dificultades para mantenerse en los circuitos comer�
42
López–Ocón Cabrera, Leoncio, “La formación de un espacio público para la ciencia en la Amé�
rica Latina durante el siglo xix”, Asclepio. Revista de historia de la medicina y la ciencia, v. 50, n. 2, 1998,
pp. 205 y 226, consultado el 15 de septiembre de 2011, disponible en [Link]
43
El naturalista español Ramón de la Sagra, quien había sido director del Jardín Botánico de La
Habana entre 1827 y 1835, ejerció de portavoz trasatlántico del ideario de El Eco Hispanoamericano,
al informar al público europeo de las riquezas americanas y de los adelantos y progresos científicos,
agrícolas e industriales de aquellos países ultramarinos, y, viceversa, al dar cuenta al público latino�
americano del desenvolvimiento científico técnico europeo. Él fue responsable, a partir del número
tres, de la sección que pasó a denominarse “El precursor de la exposición industrial de 1855”, que
tenía como fin dar publicidad a ese evento y estimular la participación en él de los latinoamerica�
nos. Véase López–Ocón, Leoncio, “Mensajeros de la ciencia en la periferia. La divulgación de los
conocimientos científico–técnicos en la América Latina durante el siglo xix a través de la prensa”,
Región, n. 5, 1996, pp. 19–21.
138 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
ciales internacionales. Como resabio colonial, las actividades productivas
se concentraban en el altiplano central, territorios vulnerados por cons�
tantes confrontaciones políticas y militares, mientras que los territorios
del norte y del sur, salvo los distritos mineros, subsistían en un aislamien�
to casi total. Los informes sobre el desarrollo de vías de comunicación
eran desalentadores: a pesar de las convocatorias hechas desde 1827 para
abrir, mejorar y diversificar las vías de comunicación de la república, no
había resultados satisfactorios; en 1833 se decía: “los barcos de vapor pro�
yectados por algunos comerciantes de Tampico, así como el camino que
se propuso abrir el gobierno de Oaxaca, desde las costas del Sur hasta
Veracruz, es probable hayan tenido pocos o ningunos adelantos”.44 En
1847 y 1849 se limitaron a deplorar el mal estado de ellas y la necesidad
de ocurrir prontamente a su reposición.
Las dificultades que se oponían a la comercialización de productos
más allá del entorno local —pobres e inseguras vías de comunicación,
dispersión de las comunidades, regulaciones comerciales efímeras y, a
veces, contradictorias— afectaron incluso a las regiones con mayor tradi�
ción y experiencia comercial del altiplano central, sin embargo, no dejó
de insistirse en su importancia como potenciales productores de materias
primas. Pero en el último tercio del siglo xix, la abolición del sistema de
alcabalas, la relocalización y crecimiento de los centros mineros y, sobre
todo, el desarrollo de una red nacional de ferrocarriles contribuyeron a
la incorporación de México al mercado mundial como exportador de ma�
terias primas, pero también como importador de textiles, de bienes de
consumo y de bienes de producción.
Después de su independencia política y hasta la década de 1870,
las principales potencias europeas —Gran Bretaña, Francia, Alemania,
Bélgica y España— fueron los socios dominantes en el comercio exterior
mexicano, de los cuales los tres primeros concentraban más del 50 % de
los intercambios de México con el exterior, aunque la economía mexicana
sólo representaba el 0.3 % del comercio agregado de esos tres países.
En algún momento de la década de 1880, el comercio exterior de Mé�
xico registró un importante proceso de reorientación geográfica: la pre�
44
Siliceo, Manuel, Memoria de la Secretaría de Estado y del Despacho de Fomento, Colonización, In-
dustria y Comercio de la República Mexicana escrita por el ministro del ramo… para dar cuenta con ella al
soberano Congreso Constitucional, México, Imprenta de Vicente García Torres, 1857, p. 1: 7.
la puesta en escena de la nación mexicana 139
sencia europea disminuyó de forma progresiva y consistente, mientras
se estrechaban los lazos comerciales con los Estados Unidos de América,
cuya proximidad se convirtió en una vecindad operante.45
Siguiendo a Sandra Kuntz, hasta 1870 la estructura tradicional de las
relaciones comerciales mexicanas básicamente consistía en exportar plata
acuñada en grandes cantidades y de manera secundaria tintes, maderas
(tintóreas y de ebanistería), vainilla y algunos otros artículos en cantida�
des modestas; e importar textiles, vinos y abarrotes para el consumo de la
elite peninsular y criolla. En la década siguiente, a los metales preciosos se
sumaron los minerales industriales, y luego éstos empezaron a exportar�
se con mayor grado de elaboración; los productos tradicionales —tintes y
maderas— cedieron su lugar a productos de la agricultura tropical como
el café, el henequén y el tabaco. En cuanto a las importaciones, los artícu�
los para el consumo suntuario fueron crecientemente reemplazados por
bienes de capital, insumos y combustibles empleados en la producción.
Con lo que se observa una pérdida del dinamismo de las exportaciones
tradicionales y una lenta diversificación en los productos importados a
pesar del incipiente proceso de industrialización.
Europa permaneció como el principal abastecedor de textiles del
mercado mexicano, pero para otros bienes de consumo y sobre todo para
los bienes de producción que se iban convirtiendo en el componente
principal de las importaciones mexicanas, el país encontró abastecedores
alternativos que para 1910 satisfacían en más del 70 % la demanda local:
los Estados Unidos de América se convirtieron en el proveedor domi�
nante del mercado mexicano, pues respondieron a la demanda emergen�
te, vinculada con las necesidades de la producción más que con las del
consumo. Europa fue, hasta cierto punto, confinada al comercio tradicio�
nal, de los artículos menudos y valiosos cuyo manejo era controlado por
las antiguas casas comerciales y sus distribuidores en el interior del país.46
Tanto el desarrollo de las actividades productivas como la incorpo�
ración a los circuitos comerciales no fueron procesos homogéneos, pues
45
Kuntz Ficker, Sandra “El patrón del comercio exterior entre México y Europa (1870–1913)”,
en Sandra Kuntz Ficker y Horst Pietschmann (eds.), México y la economía atlántica (siglos xviii–xx),
México, El Colegio de México, 2006, pp. 147–149.
46
Kuntz Ficker, Sandra “El patrón del comercio exterior entre México y Europa (1870–1913)”,
en Sandra Kuntz Ficker y Horst Pietschmann (eds.), México y la economía atlántica (siglos xviii–xx),
México, El Colegio de México, 2006, pp. 165–167.
140 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
[…] la extensión del territorio, la diseminación en él de una población
escasa y lo accidentado del terreno alejan de tal manera los centros de pro�
ducción de los de consumo, que en muchos casos son inexplotables riquísi�
mas regiones porque los fletes consumirían toda la utilidad del productor.
Es ésta una de las causas que impiden el equilibrio de los precios y que
elevan el costo de las mercancías de primera necesidad. Limitación de la
producción, limitación del cambio y del consumo, carestía constante de las
materias de primera necesidad: tales son los resultados de la falta de vías de
comunicación. El comercio exterior sufre, tanto como el interior, de esa falta
y nuestro mercado, ya muy limitado en el interior para cada zona producto�
ra, carece del desahogo que le proporcionaría el cambio con el extranjero.47
Aun así, las elites mexicanas fundaron las esperanzas de progreso
futuro del país en la expansión de la actividad económica, cuando toda�
vía faltaba mucho por lograr en ese terreno. En un acto de imaginación,
de invención, no desistieron de proyectar una imagen de prosperidad;
tomaron el ejemplo de los cambios que se producían en el contexto glo�
bal y procuraron adecuarlo a sus posibilidades locales. Desde el Minis�
terio de Fomento se animó a los productores de las regiones económicas
más dinámicas a promover sus productos y objetos en el exterior, bajo
su dirección, éstos se presentaron organizados bajo una racionalidad
que, en conjunto, sirviera a la representación de una próspera imagen
de la nación. Sin menoscabo de su filiación política —liberales o conser�
vadores, federalistas o centralistas, imperialistas o republicanos—, a lo
largo del siglo xix, gobernantes y grupos de particulares se afanaron en
desarrollar estrategias para transformar la organización política, las es�
tructuras económicas, las ideas, la sociabilidad, las costumbres, los há�
bitos e incluso las vestimentas usadas por la mayoría de la población,
pues ningún sacrificio era suficiente si con ello se lograba acceder a la
modernidad. Desde 1857, el ministro de fomento había sentenciado:
[…] nada seremos, en fin, si no procuramos con fe y con decisión com�
pleta, y con cualquiera sacrificio, por costoso que se suponga, mejorar nues�
47
Pacheco, Carlos, “Introducción”, en Memoria presentada al Congreso de la Unión por el secretario
de Estado y del Despacho de Fomento, Colonización, Industria y Comercio de la República Mexicana, General
Carlos Pacheco. Corresponde a los años transcurridos de enero de 1883 a junio de 1885, México, Oficina
Tipográfica de la Secretaría de Fomento, 1887.
la puesta en escena de la nación mexicana 141
tras vías de comunicación y aclimatar entre nosotros esos inventos prodi�
giosos que hacen desaparecer las distancias; tener una población abundante
y morigerada que venga a participar de las riquezas que la Providencia nos
ha dado con mano pródiga; e impulsar nuestros diversos ramos de indus�
tria hasta ponerla a la altura que el siglo reclama.48
Para los mexicanos de la época, la modernidad reclamaba una serie
de transformaciones: en el plano político, lo moderno eran las institucio�
nes y las ideas propias de la doctrina liberal, tales como el constitucio�
nalismo, la división de poderes, el sistema electoral, la representación
política, la igualdad jurídica y la garantía de los derechos individuales;
una sociedad moderna era una comunidad integrada por individuos, en
lugar de grupos con derechos y obligaciones especiales; culturalmente,
lo moderno era la imposición de la razón y la racionalidad, así como una
desmedida confianza en la ciencia y sus posibilidades; en el ámbito de la
economía, la modernidad equivalía a un sistema productivo basado en el
maquinismo que privilegiaba la cantidad sobre la calidad, al desarrollo
de la infraestructura necesaria para la industria (sistema bancario, me�
dios de transporte y comunicación) y para garantizar una eficiente dis�
tribución de insumos y productos para ampliar las esferas del mercado.49
Para el responsable de la política de fomento a las actividades producti�
vas, al final de la década de los ochenta, el objetivo era:
Comunicar los centros productores con los consumidores, y especial�
mente la mesa central, árida por su altura, con las costas fértiles por su
clima, y con las fronteras; mejorar las deplorables condiciones de nuestros
puertos; tales son en este orden las medidas más urgentes a que un gobier�
no patriota debe convertir todos sus esfuerzos.50
48
Siliceo, Manuel, Memoria de la Secretaría de Estado y del Despacho de Fomento, Colonización, In-
dustria y Comercio de la República Mexicana escrita por el ministro del ramo… para dar cuenta con ella al
soberano Congreso Constitucional, México, Imprenta de Vicente García Torres, 1857, p. 1: 5.
49
Agostoni, Claudia y Speckman, Elisa (eds.), “Presentación”, en Modernidad, tradición y alteri-
dad. La Ciudad de México en el cambio de siglo (xix–xx), México, Universidad Nacional Autónoma de
México, Instituto de Investigaciones Históricas, 2001, pp. 5–14.
50
Pacheco, Carlos, “Introducción”, en Memoria presentada al Congreso de la Unión por el secretario
de Estado y del Despacho de Fomento, Colonización, Industria y Comercio de la República Mexicana, General
Carlos Pacheco. Corresponde a los años transcurridos de enero de 1883 a junio de 1885, México, Oficina
Tipográfica de la Secretaría de Fomento, 1887, p. 1: Introducción.
142 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
No obstante, esas transformaciones, sobre todo en materia política,
estaban lejos de realizarse: cotidianamente se violaban los derechos indi�
viduales, y ni que decir sobre el montaje de la recurrente ficción electoral
que prevaleció en México durante el último tercio del siglo xix y la prime�
ra década del siglo xx.
A pesar de los invencibles obstáculos que enfrentaba la moderniza�
ción en países como México, la elite gobernante no renunció a adoptar los
parámetros de la modernidad como referentes culturales. Ante la impo�
sibilidad de modernizar al conjunto de la sociedad, sus acciones se enfo�
caron a convertir a las ciudades en el lugar de los beneficios del progreso;
sus afanes se orientaron a ordenarlas, embellecerlas, sanearlas, hacerlas
seguras y dotarlas de un aspecto semejante al que tenían los grandes cen�
tros urbanos de Europa y del norte de América. Este objetivo fue compar�
tido por la mayoría de las ciudades latinoamericanas.
En las últimas décadas del siglo xix, las principales ciudades de Amé�
rica Latina sufrieron una gran transformación: su estructura social y su
fisonomía fueron alteradas por los ritmos que imponía el desarrollo del
sistema industrial. 51 Embriagados por el llamado vértigo del progreso,
los centros urbanos crecieron, y en ellos se asentó una población del más
diverso origen, se multiplicó su actividad económica, comercial y finan�
ciera; el aspecto de las ciudades se modificó con grandes construcciones y
con la aparición de los ferrocarriles y de la energía eléctrica, a la vez que
se alteraron las costumbres tradicionales y las maneras de pensar de los
distintos grupos que se concentraban en las zonas urbanas.
Las ciudades capitales de Latinoamérica y los puertos que conecta�
ban la vida y las economías nacionales a los crecientes circuitos del mer�
cado mundial fueron los principales escenarios de esa transformación: la
mayor parte de las capitales latinoamericanas duplicaron, incluso tripli�
caron su población, a la vez que ampliaron la magnitud de su actividad
económica;52 desde las administraciones municipales se intentó sanear las
finanzas para un mejor aprovechamiento de los impuestos y se reorientó
el gasto público para fortalecer la infraestructura urbana a fin de favo�
51
Véase Romero, José Luis, Latinoamérica. Las ciudades y las ideas, México, Siglo XXI, 1977.
52
Hacia el cambio de siglo las ciudades más grandes de Latinoamérica eran Buenos Aires con
810 000 habitantes; la Ciudad de México con 350 000; Santiago de Chile, 300 000; La Habana, 330 000;
Montevideo, 300 000. En segundo lugar estaban Valparaíso con 160 000; Rosario con 110 000 y Gua�
dalajara con 100 000.
la puesta en escena de la nación mexicana 143
recer su transformación como mercados de productos, de capitales y de
fuerza de trabajo. Sus distintos sistemas políticos alentaron, en diversos
grados, el proceso de centralización convirtiéndolas, en el paso de un
siglo a otro, en grandes urbes marcadas por la concentración del poder
y de los servicios públicos. Ciudades como Río de Janeiro, Buenos Aires,
Montevideo, La Habana y, por supuesto, la Ciudad de México participa�
ron activamente de estos movimientos, y a ellas se sumaron los principa�
les puertos y algunas ciudades del interior ligadas a regiones densamente
pobladas o asentadas en zonas económicas de importancia. Entonces, las
ciudades tuvieron un papel protagónico en la constitución de la gran ilu�
sión de la modernidad y el progreso.53
La Ciudad de México y las capitales provinciales se convirtieron en
el blanco de sus anhelos modernizadores, y fueron los sitios elegidos
para poner en marcha instituciones, experiencias y prácticas considera�
das como modernas, con el propósito de convertirlas en escaparates del
progreso de la nación.
La principal intención de la política urbana fue crear una fisonomía
edilicia que reflejara la imagen de una burguesía pujante y, por ende,
de un país próspero y moderno con grandes edificios públicos e impre�
sionantes mansiones privadas. Los regímenes liberales mexicanos de la
segunda mitad del siglo xix se vieron colmados de planes y proyectos
para la formación y consolidación del Estado moderno. El discurso enar�
bolado remarcaba la finalidad y las maneras concebidas para lograrlo: la
seguridad pública como un elemento primordial del orden social y factor
propicio para el desarrollo económico y el progreso nacional; la orien�
tación del espíritu cívico hacia el respeto a la autoridad; el fomento de
la imagen del buen gobierno y del buen ciudadano, fueron, entre otros,
propósitos ampliamente difundidos por la administración nacional y por
los gobiernos estatales.
Los largos años del gobierno porfiriano (1877–1910) establecieron la
máxima de “Orden y progreso” como la base de la reconstrucción políti�
ca y económica del país. Siguiendo a François–Xavier Guerra, es un he�
cho que la modernización en México no comenzó, exclusivamente, con el
Contreras Cruz, Carlos, La gran ilusión urbana. Modernidad y saneamiento en la ciudad de Puebla
53
durante el Porfiriato. 1880–1910 (Tesis de doctorado en Historia y Geografía), Universidad del País
Vasco/Euskal Errico Unibertsitatea, 2000.
144 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
ascenso de Porfirio Díaz al poder, pero los cambios que trajo aparejados
su régimen definieron el rumbo del país hacia ese derrotero. La política
porfiriana creó las condiciones para que los actores económicos nacio�
nales y extranjeros se desarrollaran sin trabas. “En el Porfiriato [sostiene
el autor] la estabilidad política de un régimen sin fisuras va a la par con
la mutación extraordinaria de la economía y de la sociedad”,54 interven�
ción del Estado, abolición de las alcabalas, reorganización del aparato
administrativo y fiscal, desarrollo de los ferrocarriles, crecimiento de la
economía y del comercio ligado fuertemente con el mercado mundial,
reforma monetaria, etcétera, marcaron indeleblemente los años que van
entre 1880 y 1910.
Independientemente de que el proceso de modernización en México
prohijó profundas desigualdades regionales y una gran polarización so�
cial, en la que surgían nuevos grupos sociales y se consolidaban grupos
minoritarios que acaparaban una riqueza desmedida frente a la pobreza
y marginación de amplias capas de la población rural y urbana, la imagen
de la nación que se construyó en esas décadas, para consumo interno y
externo, fue la representación de la prosperidad y el progreso, y a este
propósito sirvió la participación mexicana en las exposiciones universa�
les, en donde se pretendió exhibir la identidad, la fortaleza, la potenciali�
dad y la riqueza de la nación.
La construcción de la experiencia expositiva
Al despuntar la segunda mitad del siglo xix, en medio de la ausen�
cia de un consenso básico en torno a un proyecto político de nación, los
funcionarios del gobierno mexicano, independientemente de su filiación
política, tomaron conciencia de dos cuestiones: primero, construir una
imagen positiva de la nación, conforme a los referentes culturales y políti�
cos que circulaban en el mundo occidental, para desterrar la desconfianza
y el recelo sobre la capacidad de autogobierno de la joven república y así,
atraer la inversión y la colonización extranjera y, segundo, que en esta
tarea, el papel protagónico le correspondía a las instituciones de gobier�
54
Guerra, François–Xavier, México: del antiguo régimen a la revolución, México, Fondo de Cultura
Económica, 1991, p. 1: 302.
la puesta en escena de la nación mexicana 145
no del Estado nacional. En principio, esta toma de conciencia alcanzaba
únicamente, de manera general, a los hombres de gobierno situados en
el centro político de la nación y, de manera particular, a los individuos
encargados de los Ministerios de Relaciones Exteriores y de Fomento,
revelando con ello una falta de cohesión de los gobiernos regionales y de
los actores políticos locales en torno a un proyecto de nación.
La búsqueda del reconocimiento internacional determinó la acepta�
ción de las invitaciones a participar en las exposiciones universales que
se celebraron durante la segunda mitad del siglo xix, a pesar de la desar�
ticulación del aparato productivo, de la dispersión de la población y de
la evidente incapacidad de las estructuras de gobierno para coordinar
acciones de alcance nacional. Aún así, el anuncio de la intención de cele�
brar una exposición universal en alguna remota capital del orbe movía a
la reflexión y a la acción al inestable aparato de gobierno, con un único
objetivo: figurar dignamente en el concierto de las naciones civilizadas y
lograr el reconocimiento. Al principio, dos fueron las dependencias de
gobierno directamente involucradas: el Ministerio de Relaciones Exterio�
res, primero, y, enseguida, el Ministerio de Fomento. A medida que el
aparato administrativo del Estado se estabilizó, merced a su consolida�
ción política, fueron coincidiendo las acciones de los funcionarios de los
gobiernos federales, estatales y locales, abriendo un espacio de negocia�
ción acotado por sus intereses, conocimientos y capacidades. Pero, inva�
riablemente, encontraremos a estas dos dependencias, interactuando en
la definición de las estrategias y de las acciones necesarias para represen�
tar a México en los escenarios expositivos internacionales.
La invitación a participar en la Gran exhibición de los trabajos de la
industria de todas las naciones que tendría lugar en Londres de 1851 lle�
gó en un momento crítico para el gobierno y el pueblo de México, abru�
mado por las secuelas de la derrota frente a Estados Unidos de América
y de la guerra de castas en Yucatán, por la desarticulación de su aparato
productivo y la anarquía política reinante, México concurrió de manera
marginal “por la posición abatidísima en que se encontraba la república
[…]”.55 Para los operadores de la puesta en escena de la colección mexi�
cana y también para los sectores letrados,56 se hizo evidente que estaban
55
Periódico Oficial del Departamento de Puebla, domingo 15 de enero de 1854, pp. 1 y 2.
56
“Exposición Universal de Londres en 1851: artículo primero”, La ilustración mexicana, México,
146 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
frente a un nuevo tipo de exposición, totalmente alejado de las tradicio�
nales ferias comerciales de las que tenían memoria, pues en ellas no sólo
se compraban y vendían productos sino que tenía lugar un proceso de
intercambio de ideas, informaciones y novedades en todos los ámbitos
del quehacer humano, conforme a las condiciones que diseñaban los paí�
ses organizadores.
En esa primera gran exposición universal de 1851 la participación de
México como país expositor fue marginal, pero aun así se puede apreciar
cómo funcionarios, empresarios, políticos y algún audaz expositor57 asu�
mieron la celebración de este evento como una oportunidad para mostrar
al gran público europeo el esplendor de la naturaleza americana, dotada
de una geografía peculiar que permitía gozar de una primavera perpe�
tua, pues la trascendencia del evento no pasó desapercibida para algunos
mexicanos atentos a lo que sucedía en el ancho mundo,58 y más adelante,
los veremos aparecer como organizadores y expositores de las coleccio�
nes mexicanas que se prepararon en diferentes oportunidades para exhi�
birse en los escenarios internacionales.
La acción colectiva y la organización que le era concomitante para
favorecer la participación de México, como dos facetas indisociables
del mismo problema, se estructuraron más claramente a medida que el
país se consolidaba política y económicamente, porque éstas fueron las
Imprenta de Ignacio Cumplido, 1851, p. 2: 121 y ss. La crónica del evento que apareció en noviem�
bre de ese año fue una crítica mordaz a los funcionarios de gobierno y a su pobre desempeño como
organizadores de la muestra mexicana, fue firmada por Fortún, seudónimo del periodista liberal
Francisco Zarco.
57
Mención especial merece Juan Nepomuceno Adorno, nacido en la Ciudad de México (1807–
1887), ingeniero de personalidad inquieta y gran capacidad creativa viajó por Europa y permaneció
en Inglaterra entre 1845 y 1853; a lo largo de su carrera diseñó una gran variedad de máquinas y
modelos mecánicos lo que le dio prestigio como inventor. En la gran exposición londinense de
1851 presentó su Introduction of the harmony of the universo; or principles of physico harmonic geometry
publicada por Reynell and Weight y expuso un método de anotación musical. Véase Illades, Carlos,
Las otras ideas. Estudio sobre el primer socialismo en México 1850–1935, México, Ediciones Era y Univer�
sidad Autónoma Metropolitana–Cuajimalpa, 2008, pp. 45–74.
58
Además del señor Adorno asistieron en calidad de visitantes Tomas Gillow, inglés avecinda�
do en Puebla, y su hijo, en aquel entonces de diez años, Eulogio Gillow, quien llegaría a ser, años
más tarde, arzobispo de Antequera, Oaxaca; además de ellos y de manera conjunta, hicieron el viaje
Manuel Escandón, funcionario de gobierno, Manuel Payno, ya para entonces un escritor de cierta
notoriedad y Carlos Sánchez Navarro, empresario. Véase Reminiscencias del Ilustrísimo y Reverendí-
simo Señor Doctor D. Eulogio Gillow y Zavalza, Arzobispo de Antequera Oaxaca. Obsequio cariñoso que
como recuerdo ofrece a su amado Clero Oaxaqueño y a sus amigos de confianza (2ª ed.), Puebla, Escuela
Lino–tipográfica Salesiana, 1921, p. 22.
la puesta en escena de la nación mexicana 147
oportunidades doradas del triunfante liberalismo mexicano no sólo para
aprender a concebir lo que era una nación moderna, sino, sobre todo, a
mostrar su propia versión de ella conforme a los formatos previstos en
los reglamentos y disposiciones preparados por los organizadores de las
exposiciones.
La participación en esos grandes escenarios planteó nuevas exigen�
cias a los actores involucrados en la puesta en escena: nuevas habilida�
des, nuevos saberes y el establecimiento de una estructura organizacio�
nal controlada desde el poder central para operar a favor del principal
objetivo de los regímenes liberales, el reconocimiento internacional.59 Y
esa primera experiencia permite observar el punto de partida de las ade�
cuaciones que los responsables de las políticas y estrategias nacionales
debieron afrontar no sólo hacia el exterior sino, principalmente, en el in�
terior, motivadas por las adhesiones y las resistencias de los habitantes de
las diferentes regiones y localidades.
La responsabilidad en materia de promoción económica, que en la
época se definía como “progreso material”, se había asignado desde 1853
al Ministerio de Fomento, Colonización, Industria y Comercio de la Re�
pública Mexicana, mismo que se denominaría como Secretaría de Fomen�
to de la Federación al finalizar el siglo xix. La gestión del fomento de las
actividades económicas, aunque no estuvo completamente centralizada,
pues los gobiernos estatales tenían funciones en este campo de la admi�
nistración pública, fue ejercida fundamentalmente por esta dependencia.
Los gobiernos de los estados no dispusieron de una infraestructura admi�
nistrativa específica para los fines del fomento, sino hasta bien avanzado
el siglo xix; así, los asuntos relacionados con la promoción económica se
gestionaron en los estados a través de las secretarías del gobierno central,
por lo menos hasta 1915.60 La comprensión de la importancia que revestía
la integración de muestras mexicanas, con fines representativos, motivó
que en ese Ministerio de Fomento, Colonización, Industria y Comercio se
creara una sección administrativa dedicada a fomentar las exposiciones
59
Tenorio Trillo, Mauricio, Artilugio de la nación moderna. México en las exposiciones universales
(1880–1930), México, Fondo de Cultura Económica, 1998.
60
Zuleta, María Cecilia, “La Secretaría de Fomento y el fomento agrícola en México (1876–1910).
La invención de una agricultura próspera que no fue”, Mundo Agrario, v. 1, n. 1, julio–diciem�
bre de 2000, consultado el 15 septiembre de 2011, disponible en [Link]
php?script=sci_arttext&pid=S1515–59942000000200004&lng=es&nrm=iso.
148 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
nacionales y extranjeras. A pesar de las recurrentes negociaciones políti�
cas entre las facciones provocadas por la tensión y el desacuerdo sobre el
rumbo de la nación, que causaba la constante sustitución de funcionarios,
la sección segunda del Ministerio de Fomento, responsable de las exposi�
ciones, consiguió alentar la formación, a lo largo y ancho del territorio, de
las Juntas de Fomento a las Exposiciones que concertaron los esfuerzos
de pequeños y grandes productores y promovieron los primeros ejerci�
cios de participación en los escenarios internacionales desde mediados
del siglo xix;61 esta estrategia gubernamental contribuyó a la definición
de un nuevo tipo de actor social. Los productores y comerciantes que
participaban en ferias comerciales de carácter local fueron estimulados
a incursionar en circuitos comerciales internacionales, y su aspiración de
ampliar los mercados para sus productos sirvió también a los fines repre�
sentativos que perseguía el régimen.
La participación mexicana en las exposiciones universales empezaba
a fraguarse desde sus delegaciones y sedes consulares en el extranjero,
donde formalmente se recibía la invitación y donde los países anfitrio�
nes realizaban las primeras acciones de cabildeo a favor de su causa. Los
funcionarios del servicio consular, al tiempo que transmitían la invita�
ción a sus superiores en México, anexaban informes sobre el estado de
las relaciones bilaterales, sobre la percepción de México entre los círculos
políticos y financieros de los lugares en que se encontraban apostados
o sobre los alcances del evento expositivo, y emitían recomendaciones
sobre la conveniencia, o no, de la participación mexicana; tanto sus infor�
mes como sus recomendaciones estaban orientadas por el contacto con
modelos culturales y políticos alternos y por sus propias relaciones per�
sonales con el gobierno y con los hombres de negocios del país en el que
cumplían su misión diplomática.
Este curso de acción del servicio exterior mexicano empezó a tomar
forma desde la invitación que se hizo a México, en 1852, para participar
en la exposición general de productos naturales e industriales que tendría
61
Periódico Oficial del Gobierno del estado de Puebla, domingo 7 de agosto de 1853, p. 1; y Busto,
Emiliano, Estadística de la República Mexicana. Estado que guardan la agricultura, industria, minería y co-
mercio. Resumen y análisis de los informes reunidos a la secretaría de Hacienda por los agricultores, mineros,
industriales y comerciantes de la República y los agentes de México en el exterior en respuesta a las circulares
del 1º de agosto de 1877, México, Imprenta de Ignacio Cumplido, 1880, p. 1: 26.
la puesta en escena de la nación mexicana 149
lugar en Nueva York en 1853. Francisco Arrangoiz,62 a la sazón cónsul
de la república en los Estados Unidos de América, en su carta del 11 de
diciembre de 1852 recomendó la conveniencia de que México estuviera
representado en esa exposición “pues no se tiene en este país idea de lo
adelantada que esta nuestra república en algunas de sus manufacturas”.63
La correspondencia entre el cónsul y los funcionarios del Ministerio de
Relaciones Exteriores y de Fomento en México, a propósito de la deses�
timación de su recomendación, revelan la tensión política entre faccio�
nes, haciendo evidente que la composición de las estructuras de gobierno
obedecían a acuerdos y negociaciones entre los grupos para mantener un
equilibrio de poder que no alcanzaba para operar acciones concertadas.
El cuerpo diplomático mexicano, como se ve, no podía estar al margen de
los esfuerzos por conciliar las grandes divergencias en torno a un proyec�
to común de nación. A pesar de sus desencuentros, tanto los funcionarios
del Ministerio de Fomento como los de Relaciones Exteriores fueron los
responsables de diseñar y ejecutar políticas y estrategias encaminadas a
lograr el reconocimiento internacional del país; sus acciones, desarrolla�
das en medio del expansionismo estadounidense y del intervencionis�
mo europeo, se distinguieron por un pragmatismo que obedecía a sus
propias interpretaciones y a su capacidad de adaptación a las difíciles
circunstancias geopolíticas.64
Aunque en la segunda mitad del siglo xix se organizaron más de una
docena de grandes exposiciones en diversos escenarios internacionales,
el gobierno mexicano sólo desplegó los mayores esfuerzos organizativos
en aquéllas que le permitieron, conforme al dicho de los responsables de
las muestras, presentar a la vista del mundo entero el cuadro de los ade�
lantos artísticos e industriales y de las riquezas naturales de México. Bajo
62
Francisco de Paula de Arrangoiz y Berzábal nació en Jalapa hacia el año de 1812. Hijo de una
familia de convicciones realistas y tendencias conservadoras, se identificó plenamente con Lucas
Alamán. Fue ministro de Hacienda en 1848, durante el gobierno de Manuel de la Peña y Peña y
con diferentes cargos en el servicio consular durante los gobiernos de José Joaquín de Herrera y de
Mariano Arista, sirvió en el mismo ramo a Maximiliano de Habsburgo de quien terminaría distan�
ciándose por las tendencias liberales del archiduque. Véase Arrangoiz, Francisco de Paula, México
desde 1808 hasta 1867, México, Porrúa, 1968.
63
Archivo Histórico de la Secretaría de Relaciones Exteriores, México, exp. 19–22–37.
64
Aguilar Zínser, Adolfo, “Prólogo”, en A. Sánchez Andrés et al. (coords.), Artífices y operadores
de la diplomacia mexicana. siglos xix y xx, México, Porrúa, umsnh, Universidad Nacional Autónoma
de México, 2004, p. xii.
150 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
esta orientación México lograría ser percibido como uno de los países
más importantes y mejor representados en las exposiciones internaciona�
les, imagen que se afirmaría, sobre todo, en el último cuarto del siglo xix.65
La exposición universal que tendría lugar en 1855 fue la primera oportu�
nidad de los hombres del régimen para ensayar la puesta en marcha de
nuevas formas de organización que sirvieran a los fines promocionales
de la joven república.
Esta nueva estructura organizativa involucró a funcionarios en Mé�
xico y a los que estaban apostados en diferentes sedes consulares euro�
peas, principalmente en París, incluyó la consabida organización de una
exposición nacional de objetos de industria y artes, en la primera semana
de noviembre de 1853, pero a diferencia de lo que había sucedido en 1850
cuando se atendió la invitación a la gran exposición londinense de 1851,
esta vez los agentes del Ministerio de Fomento se dieron a la tarea de reu�
nir los artefactos y productos más notables de todos los departamentos
para remitirlos a la Ciudad de México, a fin de que “se escogieran los más
preciosos” para su envío a la exposición;66 del mismo modo se nombró
una comisión67 integrada por funcionarios del Ministerio de Relaciones
Exteriores y de individuos suficientemente instruidos para colocar los
objetos enviados por México que, además, estaban capacitados para dar
todos los informes y explicaciones que requiriesen los miembros del ju�
rado de la exposición.
65
Riguzzi, Paolo, “México próspero: las dimensiones de la imagen nacional en el Porfiriato”,
Historias. Revista de la Dirección de Estudios Históricos, Instituto Nacional de Antropología e Historia,
n. 20, abril–septiembre de 1988, pp. 149–151.
66
Carta signada por el ministro de Fomento Velázquez de León y fechada el 1 de junio de 1854,
dirigida a Ramón Pacheco, ministro plenipotenciario de la República Mexicana en París, Archivo
Histórico de la Secretaría de Relaciones Exteriores, México, exp. 401.
67
En esa ocasión la comisión estuvo integrada por Pedro Escandón, secretario de la legación de
México en París, los señores conde de Brignola, don Guillermo O'Brien, cónsul general de México
en París, don Juan N. Adorno, don Juan Agea, empleado en este ministerio y D. J. Guillemin como
agregado a dicha comisión. Los nombramientos pueden localizarse en Legación de los Estados
Unidos Mexicanos en Francia, 1855, Archivo Histórico de la Secretaría de Relaciones Exteriores,
México, exp. 401, leg. 31.
la puesta en escena de la nación mexicana 151
Figura 1. Organigrama de las dependencias gubernamentales involucradas en la representación
de México en la Exposición Universal de París de 1855
Fuente: Archivo Histórico de la Secretaría de Relaciones Exteriores, México, exp. 401, leg. 31
De manera general, se puede apreciar la verticalidad en esa primera
estructura organizativa y, en su engranaje, la inclusión de tradicionales
y nuevos recursos de operación. Al funcionamiento de las dependencias
gubernamentales, recientemente formadas, se sumó la participación de
individuos, agrupados en juntas protectoras. Estas juntas, resabio de la
organización social del antiguo régimen, estaban integradas por persona�
152 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
jes prominentes de cada localidad que prestaban sus servicios sin remu�
neración alguna para alentar y promover diversas tareas públicas: asis�
tencia y auxilio a los pobres, educación, salud, higiene y moralización. A
la hora de articular la acción social en favor de la digna representación de
la nación, esta forma tradicional de organización fue reeditada y aprove�
chada por las nuevas estructuras de gobierno.
El presidente de la Comisión Mexicana y secretario de la Legación
Mexicana en París, Pedro Escandón, rindió un informe detallado68 en el
cual no sólo describió la participación mexicana, sino que consignó la
experiencia lograda para favorecer un mejor desempeño de los organi�
zadores y expositores mexicanos en futuras exposiciones. Puntualmente,
reseñó su negociación para lograr el mejor lugar posible que habían de
ocupar en el Palacio de la Industria los objetos remitidos por la república,
su extensión y su posición; y anunció, satisfecho, que México había obte�
nido un buen lugar, entre los Estados Unidos y Bélgica; personalmente se
ocupó de disponer de la manera más conveniente para su exhibición los
productos mexicanos,69 revelando con ello su percepción sobre la impor�
tancia del lugar desde donde se quería ser mirado: “el cuadro del señor
Cordero ya se halla colocado pero no me ha agradado mucho el sitio que
le han destinado por ser uno de los ángulos de la galería; veré si puedo
conseguir que me lo cambien de lugar”.70 Entonces, el reconocimiento a
la industria mexicana fue posible, no sólo por el esfuerzo de anónimos
expositores que enviaron sus objetos, sino también por la eficacia de los
organizadores.
Pero lo más importante de las comunicaciones de Escandón tiene
que ver con la apreciación que hace de los objetos expuestos por las na�
ciones más industrializadas y su comparación con la colección mexicana,
de donde extrae referencias aleccionadoras y recomendaciones para el
68
Escandón, Pedro, La industria y las bellas artes en la exposición universal de 1855. Memoria diri-
jida [sic] al excelentísimo señor ministro de Fomento de México, París, Francia, Imprimerie Centrale de
Napoleón Chaix etc., 1856.
69
Archivo General de la Nación. fondo Fomento, serie Exposiciones Extranjeras, v. 1, exp. 1.
70
Archivo General de la Nación, México, fondo Fomento, serie Exposiciones Extranjeras, v. 1,
exp. 1. Véase también Siliceo, Manuel, “Documento 39: Documentos justificativos correspondientes
a la cuarta parte de esta memoria que trata de la industria y medios de fomentarla”, en Memoria
de la Secretaría de Estado y del Despacho de Fomento, Colonización, Industria y Comercio de la República
Mexicana escrita por el ministro del ramo… para dar cuenta con ella al soberano Congreso Constitucional,
México, Imprenta de Vicente García Torres, 1857.
la puesta en escena de la nación mexicana 153
Ministerio de Fomento. Después de observar los logros de las naciones
exhibidas en el gran escenario de la exposición, Escandón apuntó que la
exposición universal, grande en su concepción y fecunda en sus resulta�
dos, debía ser “la gran escuela”.
Dos aspectos destacó Escandón al inicio de su informe: primero, que
a la comisión mexicana se le habían otorgado el mismo reconocimiento,
derechos y prerrogativas que a los integrantes de las comisiones de otros
países, lo cual fue utilizado como un recurso de legitimación a favor del
emergente régimen liberal mexicano en dos niveles, tanto hacia el exterior,
pero, principalmente, hacia el interior de la atribulada segunda república
federal que terminaría derrumbándose a mediados de 1855, mientras los
comisionados mexicanos intentaban mostrar, en París, la solidez de las
instituciones republicanas. Y, segundo, el éxito logrado en esa exposición
universal: “México entre todas las repúblicas hispanoamericanas, es la
que con más lucimiento se ha presentado en la exposición universal y
por eso ha sido ella la que ha recibido mayores recompensas”,71 a pesar
de las críticas circunstancias que en esa época angustiaban a la república,
las cifras sobre las recompensas logradas por la colección mexicana y su
comparación con los resultados obtenidos por otras repúblicas hispanoa�
mericanas sirvieron para justificar su apreciación.
Los hombres del régimen aprendieron que México no podía concu�
rrir ventajosamente a estos escenarios internacionales sin una intensa y
extensa labor de preparación. A todas luces habían resultado insuficien�
tes las exposiciones que los gobiernos locales promovían en todo mo�
mento, lo mismo que las exposiciones de la industria mexicana que ya se
organizaban desde 1849: la exposición realizada en la Ciudad de México
en noviembre de 1854,72 con el propósito explícito de preparar la muestra
con la que México debía concurrir a París en 1855, no dio los frutos espe�
rados ya que, por muy buenas que fueran las intenciones, era bien difícil
atender al mismo tiempo la defensa de una existencia constantemente
71
Al evento concurrieron 20 839 expositores, de los cuales 10 691 eran nativos de Francia y sus
colonias, 2 574, de Gran Bretaña y sus colonias; de los países americanos, Estados Unidos participó
con 130 expositores, México con 107; Nueva Granada, con 13; Guatemala, con 7; Argentina, con 6;
Costa Rica, con 4 y República Dominicana, con 1. La colección mexicana obtuvo 19 recompensas: 4
medallas de primera clase, 8 de segunda clase y 7 menciones honoríficas. Véase Escandón, Pedro,
La industria y las bellas artes en la exposición universal de 1855. Memoria dirijida [sic] al excelentísimo señor
ministro de fomento de México, París, Francia, Imprimerie Centrale de Napoleón Chaix etc., 1856, p. 9.
72
Periódico Oficial del Departamento de Puebla, 17 de noviembre de 1854, v. 2, n. 47.
154 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
amenazada y el progreso de los intereses morales y materiales del país.
La ansiada credibilidad ante la comunidad internacional se conver�
tía en una meta inalcanzable para un país sumido en la anarquía. Los
eventos políticos y sociales en la década de los años sesenta y parte de los
setenta imposibilitó la participación mexicana en las exposiciones univer�
sales que tuvieron lugar en esa década.
Instalado por la fuerza de las armas francesas y con la connivencia
del sector conservador, el gobierno imperial de Maximiliano de Habs�
burgo retomó el asunto de la representación del ahora Segundo Imperio
Mexicano en los certámenes internacionales. Con ese propósito, se formó
una estructura organizativa en la que se integró a individuos notables en
sus campos de conocimiento con representantes de los poderes políticos
locales, y por la revisión sistemática de experiencias previas.
Figura 2. Organigrama de funcionamiento de la Junta Permanente de Exposiciones y Protectora
de la Industria del gobierno imperial de Maximiliano de Habsburgo
Fuente: Robles Pezuela, Luis, Memoria presentada a S. M. el Emperador por el ministro de fomento...
De los trabajos ejecutados en su ramo el año de 1865, México, Imprenta de J. M. Andrade y F. Escalante,
1866, pp. 35–37
la puesta en escena de la nación mexicana 155
El ministro de Fomento, Colonización, Industria y Comercio del
Imperio, Luis Robles Pezuela, recogió de Veracruz, donde permanecía
depositada en una casa de comercio, la Memoria que Pedro Escandón
había escrito sobre la exposición universal de 1855 para hacerla circular
entre los habitantes del imperio a fin de alentar su concurrencia a la anun�
ciada exposición de 1867, en París. Al mismo tiempo se reinstaló una Jun�
ta Permanente de Exposiciones y Protectora de la Industria —compuesta
por Leopoldo Río de la Loza,73 en calidad de vicepresidente; José Urbano
Fonseca, Enrique Griffon, Patricio Murphy, Carlos Sánchez Navarro, Dr.
Jourdanet, Ignacio Cumplido, como vocales y Aniceto Ortega, en el papel
de vocal y secretario sin sueldo— y se dispuso que, en cada una de las
capitales de los 50 departamentos, en que se había dividido el territorio
nacional, se instalara una Junta de Exposiciones encabezada por el pre�
fecto político y cinco vocales, que dependería de la junta central, arriba
citada; esos organismos debían formar sus propios reglamentos y alentar
a los productores agrícolas, a los artesanos y a los artistas distinguidos a
concurrir al concurso de la exposición nacional, aplazada para el mes de
mayo de 1866, de la que seleccionarían los efectos y productos del país,
que se presentarían en la Exposición Universal de París en el año de 1867.
Al momento de rendir su informe sólo 24 de los 50 departamentos habían
cumplido con esa disposición. 74
73
El doctor Leopoldo Río de la Loza y Urbano Fonseca se habían distinguido en la dirección de
la Escuela Nacional de Agricultura fundada por el gobierno liberal de Ignacio Comonfort. Río de
la Loza (1807–1876) fue un connotado científico del siglo xix, cuyos trabajos se circunscriben dentro
de los procesos de profesionalización e institucionalización de la química y la farmacia mexicana.
Su trabajo destacó por la introducción de la química en los estudios de los médicos cirujanos, far�
macéuticos, agricultores, veterinarios, artistas y artesanos. Fue el primer científico en México que
aisló en el laboratorio sustancias como el oxígeno, el anhídrido carbónico y el nitrógeno. Estudió
los productos de los vegetales y sus componentes y caracterizó el ácido pipitzoico, descubrimiento
que le mereció en 1856 un importante premio internacional, la Medalla de Primera Clase de la So�
ciedad Universal Protectora de las Artes Industriales de Londres. Véase Siliceo, Manuel, Memoria
de la Secretaría de Estado y del Despacho de Fomento, Colonización, Industria y Comercio de la República
Mexicana escrita por el ministro del ramo… para dar cuenta con ella al soberano Congreso Constitucional,
México, Imprenta de Vicente García Torres, 1857, p. 1: 76; Urban Martínez, Guadalupe Araceli y
Aceves Pastrana, Patricia Elena, “Leopoldo Río de la Loza en la institucionalización de la química
mexicana”, Journal of the Mexican Chemical Society, v. 45, n. 1, 2001, pp. 35–39.
74
De acuerdo con la nueva nomenclatura imperial y reflejando el control que el gobierno im�
perial tenía del territorio, esos departamentos eran: Aguascalientes, Autlán, Campeche, Colima,
Durango, Fresnillo, Guanajuato, Guadalajara, La Laguna, Matamoros Izúcar, Matehuala, Mazatlán,
Mérida, Oaxaca, Puebla, Querétaro, San Luis Potosí, Tehuantepec, Tlaxcala, Tula, Tulancingo, Tux�
pan, Veracruz y Zacatecas.
156 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
Los afanes organizativos de Maximiliano y sus ministros quedaron
suspensos ante los insalvables obstáculos que enfrentó el proyecto impe�
rial. En el plano interno se pueden consignar: limitaciones presupuestales
impuestas por la supeditación de los recursos financieros del país a la
administración y fiscalización de los funcionarios franceses, resistencias
del bando conservador que no encontró en el régimen monárquico las
reivindicaciones anheladas, y una territorialidad acotada por los rebel�
des republicanos; el gobierno imperial nunca alcanzó a controlar la tota�
lidad del territorio nacional. En el contexto internacional fue decisivo el
abandono del proyecto del imperio mexicano por parte de Napoleón III,
quien libraba sus propias batallas en el continente europeo, y el retorno,
a la arena política internacional, de los Estados Unidos de América que,
una vez concluida su Guerra Civil, volvía a ocuparse decididamente de la
defensa de sus zonas de influencia política y económica. En ese escenario,
el proyecto de construir un imperio mexicano era irrealizable, lo mismo
que su representación en la exposición parisina de 1867.
Los funcionarios franceses, organizadores de la exposición de 1867,
resolvieron la ausencia mexicana con el concurso de uno de sus comi�
sionados científicos en México, Léon Méhédin, quien insistió en la cons�
trucción de un pabellón mexicano y en la exposición de una colección de
objetos reunidos durante sus exploraciones. De la errática representación
de México en la exposición de París en 1867 nos da cuenta el periodista
español Carlos Frontaura,75 quien refiere en su descripción de los sitios
que ocuparon los diferentes países y reinos que, “[…] a poco que volva�
mos la cabeza, admiraremos un templo mejicano, copia fiel de aquel en
que según cuentan las crónicas, los aztecas se complacían en degollar es�
clavos, ni más ni menos que si fueran carneros […]”.76 La breve mención,
que confirma la exigua participación mexicana en este evento, informa
sobre la percepción que se tenía de México en Europa, casi cinco décadas
después de que había dejado de ser dominio español. El desenlace de la
aventura imperial francesa en territorio mexicano daría mucho material
para reafirmar la imagen de México como un país de bárbaras costumbres.
75
Frontaura, Carlos, Viaje cómico a la Exposición de París, París, Francia, Librería de Rosa y Bou�
ret, 1868. En la dedicatoria el autor se refiere a sí mismo como el “escritor más insignificante de
España“ y apunta como fecha de elaboración de su obra: Madrid, 1 de agosto de 1867.
76
Frontaura, Carlos, Viaje cómico a la Exposición de París, París, Francia, Librería de Rosa y Bou�
ret, 1868, p. 191.
la puesta en escena de la nación mexicana 157
Una vez restaurada la república, para el Ministerio de Fomento fue
fundamental desarrollar una política orientada a rectificar la percepción
negativa sobre el país que hiciera posible la inversión extranjera y la crea�
ción de mercados para los productos mexicanos en el exterior, haciendo
visibles las bondades de su clima, la laboriosidad de su mano de obra, las
ventajas fiscales que ofrecía el régimen y su estabilidad política. Por esos
años, para las elites afincadas en el centro del país, orientar la estructura
productiva del país a la exportación de sus productos parecía la única vía
para alcanzar la tan ansiada prosperidad legitimadora, perspectiva que
era ampliamente compartida por las elites gobernantes en el continente
latinoamericano. En consecuencia, el gobierno federal asumió la promo�
ción de la exportación como una misión fundamental de su gestión, pero
se comenzó a advertir que el éxito del modelo dependía no sólo de la
existencia de una creciente demanda internacional, sino también de una
respuesta adecuada a ésta por parte de los productores, a la sazón en el
papel de posibles expositores.
Un cuarto de siglo después de que iniciaron las exposiciones inter�
nacionales, el gobierno mexicano estaba en condiciones de exhibir lo
aprendido. Funcionarios del Ministerio de Fomento y los productores
en calidad de expositores tuvieron en la exposición internacional que se
organizó en Filadelfia, para conmemorar el Centenario de la Firma del
Acta de Independencia de los Estados Unidos en 1876, la oportunidad de
mostrar sus avances materializados en objetos diversos y en capacidad
organizativa.
Con base en anteriores experiencias, el presidente de la república
nombró una Comisión Central con amplios poderes para resolver todo
lo relacionado a las exposiciones. El primer paso que dio esta comisión
para asegurar el desarrollo del intercambio comercial, de la industria y
la difusión y aprendizaje de conocimientos útiles fue encomendar al in�
geniero Gabriel Mancera77 un estudio sobre las probabilidades de éxito
77
Nacido en Pachuca, estado de Hidalgo el 6 de mayo de 1839. Realizó estudios de ingeniería
en el Colegio de Minería, donde se tituló en 1857. En Tulancingo construyó la fábrica de tejidos La
Esperanza. Sus ideas liberales provocaron su vigilancia y destierro a Puebla por parte del gobierno
de Maximiliano en 1866. Al restablecerse la república fue diputado por el estado de Puebla en la IV
Legislatura. Más adelante, al establecerse la VI Legislatura resultó electo presidente de la misma.
Eran tiempos en que los grupos lerdistas y juaristas se aliaron contra Porfirio Díaz, y en los que
Mancera apoyó al presidente Juárez. En 1876 representó a México en la exposición de Filadelfia, de
la cual trajo proyectos a México que permitieron la construcción de las vías de ferrocarril de Hidal�
158 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
que el país podría alcanzar, si concurría a la exposición de Filadelfia; sus
apreciaciones fueron presentadas en un extenso informe el 20 de abril de
1875.78 Mancera arregló su disertación en torno a dos cuestiones: qué ven�
tajas podría obtener la república mexicana si decidía participar en esta
exposición internacional y de qué manera debía ser representada para
obtener los mejores resultados. Para responder a esas cuestiones, Mance�
ra procedió a valorar el ánimo y la disposición, tanto del gobierno como
de la opinión pública norteamericana con respecto a la organización del
evento; sirviéndose de la revisión de la prensa y de numerosas entre�
vistas con “personas suficientemente caracterizadas” dio por sentada la
favorable disposición y el formal compromiso de ese gobierno para pa�
trocinar la exposición, lo cual, en principio, aseguraba su éxito y justifi�
caba el esfuerzo y el desembolso de recursos tanto del gobierno como de
los expositores mexicanos. Esta opinión la sustentó con el recuento de las
medidas adoptadas, desde 1866, por los diferentes niveles de la adminis�
tración pública norteamericana. Al mismo tiempo, advirtió que, si bien,
en los primeros años, el pueblo norteamericano había visto con apatía la
iniciativa, sus hombres proverbialmente prácticos, poco a poco compren�
dieron las oportunidades que a los intereses privados ofrecía una expo�
sición internacional, por lo que, conforme se acercaba la celebración, la
opinión pública se tornaba cada vez más favorable y por eso, sin dudarlo,
recomendó que México no debía desaprovechar la ocasión de mostrar sus
recursos y, así, destruir, aunque fuera en parte, los incalculables errores
y las incomprensibles preocupaciones que circulaban entre los potencia�
les inversionistas y el pueblo norteamericano. Mancera aprovechó para
exponer sus observaciones sobre algunas costumbres y prácticas de ese
pueblo. Hizo notar la tendencia a considerar como bienes de la comuni�
go y del Noreste. De igual manera, su renombre en ingeniería le permitió realizar estudios para la
instalación del drenaje del Valle de México. Nombrado subsecretario de Fomento en el gabinete del
general Díaz en 1878, fungió más tarde como senador en 1882. Realizó diversas obras de beneficen�
cia como la manutención de varios orfanatos y becas anuales a niños del Colegio de las Vizcaínas.
Escribió el Diccionario enciclopédico de historia, geografía, mitología y geografía. Su labor filantrópica
fue reconocida por los estados de Puebla, Tamaulipas, México y Querétaro al declararlo ciudadano
local. El 22 de enero de 1925 falleció en la Ciudad de México. Véase en Ludlow, Leonor (coord.),
“Gabriel Mancera”, en 200 emprendedores mexicanos. La construcción de una nación, 1 v., México, lid
Editorial, 2010.
78
Archivo General de la Nación, México, fondo Fomento, serie Exposiciones Extranjeras, v. 70,
exp. 14.
la puesta en escena de la nación mexicana 159
dad todos aquellos establecimientos que producían un beneficio directo
o indirecto a la sociedad: fábricas, imprentas, librerías y establecimientos
comerciales de primer orden; y dedujo que a este principio obedecía el
interés por promoverlos. Todos esos establecimientos estaban provistos
de catálogos, folletos y libros explicativos sobre su origen y organización,
aun las oficinas públicas proporcionaban, de manera gratuita, a todo el
que lo solicitara, memorias e información impresa sobre su funciona�
miento. Esa costumbre de intercambiar informes y conocimientos útiles
llamó poderosamente su atención y le pareció que debía adoptarse en
México como una práctica general para facilitar los negocios y el progre�
so en todos los ramos.
La exposición de Filadelfia fue la oportunidad de México para rein�
sertarse en los circuitos internacionales y, por lo mismo, fue cuidadosa�
mente valorada su participación. Los funcionarios mexicanos sabían que
la nación necesitaba, tanto como la más desconocida, una ocasión a pro�
pósito para presentar a la vista del extranjero un indicio de lo que había
sido, de lo que era y, sobre todo, de lo que podía llegar a ser.
Mancera apuntó que en Estados Unidos se tenía una idea exagerada
de los recursos naturales del país, pero “muchos ignoran que hay en él
una sociedad verdaderamente civilizada”. La idea de que en México la
vida y la propiedad estaban a merced de la barbarie y el vandalismo se
asumió como una de las principales causas para impedir la inversión, el
establecimiento de negocios y de relaciones diplomáticas con México. Por
tanto, la reflexión y la acción se orientaron a desestimar cualquier sacrifi�
cio con tal de corregir la imagen de México en el exterior.
De manera pragmática, calculó que en los seis meses que duraba la
exposición se podía realizar una importante labor, que en otras condicio�
nes llevaría largos años de afanes. Por tanto, si se quería sacar el máximo
provecho de ese evento, no sería suficiente enviar los productos de todo
el territorio mexicano si no iban acompañados de aquellas noticias esta�
dísticas útiles que exigía el sentido práctico de los hombres de empresa,
inversionistas potenciales. Entonces, para presentar los objetos mexica�
nos en Filadelfia, se debían organizar los trabajos necesarios para recoger
noticias estadísticas e históricas, preparar ediciones de folletos explicati�
vos para ser distribuidas de manera gratuita, los cuales debían presen�
tarse en español, inglés, francés y alemán, y debían contener noticias de
cada uno de los grupos de productos exhibidos, expresando metódica y
claramente: el lugar de origen de los productos, la cantidad de productos
160 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
que se podían obtener por distrito, sus costos, los precios de las unidades
productivas, los medios y gastos de transporte, sus puntos de venta y los
mercados en los que se demandaban, los derechos aduanales, el precio
medio del trabajo en la localidad, las condiciones del terreno y el clima,
las facilidades de explotación, el número de habitantes; en una palabra,
todo lo que un hombre emprendedor necesitaba saber con el fin de em�
plear su trabajo o de invertir su capital. Las instituciones, los monumen�
tos y las antigüedades debían ser presentados en álbumes fotográficos, en
esculturas o en publicaciones para indicar el propio interés y para alentar
el estudio de los hombres de ciencia.
Con el objetivo de “[…] cambiar la errónea opinión que sobre no�
sotros se tiene en el extranjero, y contribuir, acaso instantáneamente, a
aumentar el número de nuestros consumidores dentro y fuera del país”,
la Comisión Mexicana para la Exposición en Filadelfia se aprestó a dar los
primeros pasos para formalizar su propio funcionamiento y en primer
lugar logró la aprobación del reglamento que establecía su estructura ad�
ministrativa como se muestra en la figura 3.
Al tiempo que funcionarios de los Ministerios de Fomento y de Re�
laciones Exteriores recababan informes y opiniones en el extranjero y se
diseñaba la estructura administrativa de la Comisión Central, sus inte�
grantes se ocuparon de organizar sus tareas y de asegurar la provisión de
recursos financieros para su operación, pues la información reunida por
Mancera les permitió tomar conciencia de la gravosa carga económica
que significaba la participación en una exposición internacional. Senta�
das las bases legales, la Comisión Central obtuvo un margen de acción
suficiente para demandar la colaboración de los gobiernos de los esta�
dos, de los territorios y del Distrito Federal, de diferentes individuos o
asociaciones y para designar las comisiones que considerara necesarias.79
Los responsables de las comisiones administrativas eran nombrados por
el presidente de la Comisión Central, Manuel Romero Rubio, mientras
que los responsables de las comisiones facultativas eran los mismos inte�
grantes de la Comisión Central. Las atribuciones otorgadas a este cuerpo
de organizadores les permitían mantener contacto directo con los poten�
ciales expositores, lo mismo que con autoridades y comisiones locales,
79
Reglamento formado por Comisión Mexicana de la Exposición Nacional y de la Internacional de Fila-
delfia, México, Imprenta de Díaz de León y White, 1875.
la puesta en escena de la nación mexicana 161
las cuales, una vez que eran nombradas por el gobernador del estado o
territorio, quedaban bajo la jurisdicción de los comisionados.
Figura 3. Esquema organizativo de la Comisión Mexicana para la exposición en Filadelfia en
1876
Fuente: Reglamento formado por Comisión Mexicana de la Exposición Nacional y de la Internacional de
Filadelfia, México, Imprenta de Díaz de León y White, 1875
162 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
Como parte de los preparativos, se organizó la exposición nacional
a celebrarse en la Ciudad de México en 1875, para de ahí seleccionar los
objetos que se presentarían en la Exposición Internacional de Filadelfia en
1876, pues una de las funciones más importantes de esos comisionados
era la de fungir como jurados calificadores de los méritos de los objetos
presentados, no sólo en la Exposición de la Industria Mexicana, sino in�
cluso de otros más que no habiéndose presentado pretendieran partici�
par en el certamen internacional.
El proceso para reunir los objetos plasmado en el mencionado regla�
mento puede esquematizarse de la manera siguiente:80
Figura 4. Diagrama de flujo para organizar la muestra mexicana en Filadelfia, 1876
Fuente: Reglamento formado por Comisión Mexicana de la Exposición Nacional y de la Internacional de
Filadelfia, México, Imprenta de Díaz de León y White, 1875
80
Reglamento formado por Comisión Mexicana de la Exposición Nacional y de la Internacional de Fila-
delfia, México, Imprenta de Díaz de León y White, 1875, pp. 17–20.
la puesta en escena de la nación mexicana 163
En esta oportunidad se percibe a un Estado mexicano urgido de
reconocimiento internacional, pero con muy escasos fondos que le im�
pidieron atender las solicitudes de subvención que hicieron potenciales
expositores:
[…] aunque el reglamento que rige a esta comisión [...] no hay ninguna
prohibición para acordar subvenciones o suplementos como el que ahora se
solicita y aunque la comisión está animada de la mejor voluntad para pro�
teger en casos especiales las industrias o trabajos de sobresaliente mérito
por la escasez de los fondos de que hasta ahora puede disponer el Supremo
Gobierno para los gastos preparatorios de la Exposición Nacional y de la
representación [...] en Filadelfia [...] se ve precisada a proceder con absoluta
prudencia y a no establecer precedentes que más tarde pudieran obligarla
a ser injusta […].81
A partir de 1876, se sientan las bases tanto de la estructura organiza�
tiva como del proceso de formación de las colecciones representativas de
México en las exposiciones internacionales, mismas que se irían afinando
a medida que se consolidaban las estructuras de gobierno y se incorpo�
raban funcionarios, políticos y técnicos especializados en estas labores.
A fuerza de repetir el proceso, se perfeccionaron las formas de operación
para lograr el objetivo de promover la imagen de México como destino
idóneo para la inversión de capital.
Una vez que la capacidad organizativa del gobierno liberal mostró
su eficacia en 1876, tanto los funcionarios del Ministerio de Fomento,
como políticos y empresarios escalaron sus aspiraciones a otro nivel. En
este orden de ideas, destaca la iniciativa de organizar una exposición in�
ternacional mexicana, que ya había empezado a germinar desde los años
cincuenta sin encontrar mucho eco en el gobierno del general Santa Anna
quien estaba más ocupado en sofocar la revolución de Ayutla que preten�
día derrocarlo.
La ilusión de organizar una exposición universal en México revivió
en la década de los años setenta, a la luz de los premios obtenidos por
los productos mexicanos en la Exposición Centenaria de Filadelfia, y se
81
Archivo General de la Nación, México, fondo Fomento, serie Exposiciones Extranjeras, v. 70,
exp. 3.
164 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
discutió acaloradamente en la prensa; la Revista Universal, El Siglo Diez y
Nueve, Le Trait d'Union, El Monitor Republicano, entre otros aplaudieron
la feliz ocurrencia. Por encima de sus diferencias ideológicas, Francisco
Díaz Covarrubias, Manuel María de Zamacona, el obispo Labastida, Pe�
dro Santacilia y Vicente Riva Palacio, entre otros individuos, no menos
prestigiosos, apoyaron el proyecto a fin de “deshacer los infundios que se
propalaban en Europa contra México”.
Designado como secretario de fomento del gobierno de Porfirio Díaz,
Vicente Riva Palacio finalmente pudo presentar, en 1879, el proyecto para
realizar la Exposición Internacional Mexicana en 1880 a fin de “[…] pa�
sar de la defensa argumentada de las intrínsecas virtudes de la patria a
la muestra material y fehaciente de sus incipientes progresos y de sus
fundadas esperanzas de alcanzar un lugar prominente entre las naciones
más cultas”.82 Sin embargo, el proyecto se vio frustrado ante la renuencia
del poder legislativo para discutir el dictamen relativo a esa exposición
universal. El diputado al Congreso General por el estado de Morelos, José
Diego Fernández, argumentó en contra por dos razones: una de forma y
otra de fondo. Primero, en la documentación relativa que se envió a la
Cámara de Diputados ya se incluía el decreto del poder ejecutivo para
la realización de la exposición, sin el concurso y la aprobación del poder
legislativo, lo cual dio material para un largo debate sobre las atribucio�
nes y el respeto a los poderes de la Unión, amén de que para financiar el
proyecto, la Cámara de Diputados no se dejó engañar sobre los cuantio�
sos fondos, no declarados o mal disimulados, que exigía la empresa en un
momento de grandes penurias para las arcas nacionales y, segundo, por
las grandes dudas de que se alcanzaran los objetivos del proyecto, pues:
[…] encontramos a la cabeza de todos los males que afligen a nuestra
situación la falta de seguridad: no pueden desarrollarse de ninguna manera
el comercio y la industria, cuando el gobierno que recibe el impuesto para
dar seguridad, no puede salvar de los ladrones, bandidos y asesinos a los
ciudadanos que se dedican al desarrollo de la industria.
[…] Los capitales extranjeros no pueden desprenderse para nuestra
82
Díaz y de Ovando, Clementina, Las ilusiones perdidas del General Vicente Riva Palacio (La Expo-
sición Internacional Mexicana, 1880) y otras utopías, 2 t., México, Universidad Nacional Autónoma de
México, 2002.
la puesta en escena de la nación mexicana 165
patria, porque esos capitales no pueden venir a desarrollarse sino en un
país donde reine la libertad, donde se respete perfectamente el derecho,
haya plena seguridad y mucha moralidad. Pues cuando venga el extranjero
a este país y vea que no hay seguridad en los caminos, que no hay libertad,
que el pobre pueblo no tiene instrucción alguna, que no tiene hábitos eco�
nómicos, que no tiene principios de moralidad, entonces, ciudadanos dipu�
tados, ¿este hombre permanecerá entre vosotros?, ¿no preferirá ir a obtener
un menor lucro a su país, pero sin el temor de los ladrones, sin el temor de
las violaciones a la ley?
[…] Yo creo, que antes de pensar en traer extranjeros a nuestro país,
antes de pretender que los capitales extranjeros vengan a establecerse en
nuestro suelo, debemos procurar las condiciones de libertad y desarrollo
del progreso. Mientras esto no se realice, no tengamos esperanza de que el
extranjero venga al nuestro, porque lo primero que buscan es seguridad,
tranquilidad, libertad, y donde no se encuentren estas condiciones no ven�
drán a vivir.83
Independientemente de las pugnas solapadas entre los miembros
del gabinete, la situación que presenta el diputado J. D. Fernández no
estaba alejada de la realidad del país; para los representantes legislativos
de las regiones, otros debían ser los proyectos urgentes: la seguridad en
los caminos, la instrucción y moralización del pueblo, la aplicación de la
justicia, la realización de obras de infraestructura que hicieran posible las
actividades productivas, mientras que para los representantes del poder
central, lo más importante era combatir las ideas erróneas que se tenían
sobre México y que tanto daño causaban a los intereses del capital y el
trabajo. La extensa argumentación del diputado revela la gran distancia
que mediaba entre la visión de nación, que tenían los hombres de la elite
liberal que operaban desde el centro político del país, y la mayoría de la
población y de sus representantes, asentados en el accidentado y muchas
veces amenazado territorio nacional.
La explicación de la diversidad de estas visiones quizá debamos bus�
carla en los diferentes recursos de los actores sociales: mientras que la
Fernández, José Diego (diputado al Congreso General por el estado de Morelos), Discurso que
83
contra el proyecto de Exposición Internacional pronunció en la Cámara de Diputados el 22 de abril de 1879,
México, Imprenta de J. F. Jens, 1879.
166 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
elite estaba en posesión de vínculos e informaciones que les permitían
visualizar la integración a la comunidad internacional como un medio de
legitimar su proyecto de gobierno y para lograr la prosperidad económi�
ca a través del comercio internacional; el común de la población, iletrada
y alejada de los centros de decisión, no tenía acceso a la información y
dependía para su sobrevivencia de sus relaciones familiares o clientelares
en reducidos ámbitos locales.
En este contexto debemos entender las actividades de propaganda
que desplegó la Secretaría de Fomento, que no estaba en condiciones de
alentar la producción ni la construcción de infraestructura más allá de la
zona central del territorio nacional, pero sí podía construir un simulacro
de país moderno y estable políticamente.
Después de esta fallida iniciativa, los esfuerzos del poder central se
concentraron en lograr el mayor lucimiento de la participación mexicana
en las exposiciones universales, con tal celo que propios y extraños re�
conocían a México como el país que con mayor entusiasmo y constancia
asistió a esos eventos: organizadores, participantes y visitantes no duda�
ban en calificar a las colecciones y a los pabellones mexicanos como muy
superiores en comparación con los de otros países latinoamericanos,84 del
mismo modo, las delegaciones mexicanas encargadas de organizar las
muestras mexicanas en los escenarios internacionales, con el apoyo del
ministro de fomento y de la presidencia de la república, se esforzaban
por hacer notable la presencia mexicana en el extranjero, aprovechando
los variados eventos especiales que tenían lugar durante las exposiciones.
Un observador de Nueva Orleáns señaló que, “[…] ningún evento de la
exposición atrae más atención que el Mexico's Day que se celebraría el 29
de mayo con un estilo principesco”.85
Para la exposición de Nueva Orleans en 1885, Porfirio Díaz, en su
calidad de presidente de la comisión mexicana, estaba en condiciones de
poner a funcionar una red de relaciones muy extensa que tenía su núcleo
en una comisión central que se replicaba en los estados e incluso en los
84
Yeager, Gene, “�����������������������������������������������������������������������
Porfirian commercial propaganda: Mexico in the World Industrial Exposi�
tions”, The Americas, a Quarterly Review of Inter–American Cultural History, xxxiv, n. 1, julio de 1977,
pp. 234 y 235.
85
Yeager, Gene, “�����������������������������������������������������������������������
Porfirian commercial propaganda: Mexico in the World Industrial Exposi�
tions”, The Americas, a Quarterly Review of Inter–American Cultural History, xxxiv, n. 1, julio de 1977,
p. 238.
la puesta en escena de la nación mexicana 167
municipios que, a su vez, comandaba un grupo de agentes y técnicos
encargados de alentar a los habitantes a la patriótica tarea de contribuir a
la construcción de la imagen de modernidad de México en el extranjero.
La efectividad de este esquema organizativo mostró sus bondades en
la Exposición Universal de París en 1889, a partir de esa fecha la presen�
cia mexicana en los escenarios internacionales cobraría relevancia gracias
a la experiencia acumulada. En las exposiciones subsecuentes, Chicago
en 1893 y París en 1900, por mencionar las más relevantes, los comisio�
nados encargados de organizar el primer nivel de acción colectiva, la
cooperación de los habitantes de la república a partir de la integración de
diversos comportamientos de individuos y grupos obtuvieron notables
resultados.
Comisionados y agentes de los diferentes grupos recorrieron el país
difundiendo circulares, cuestionarios y formularios, explorando el terri�
torio y sus riquezas, convocando a los posibles expositores particulares
y oficiales, reuniendo muestras no sólo del progreso material, sino sobre
todo de los recursos naturales con los que contaba el país para demostrar
de la manera más elocuente las muchas ventajas que la nación ofrecía. La
recolección de datos e información sobre la base de cuestionarios y for�
mularios nos muestra cómo esos grupos de elite captaron el sentido de la
exposición y resolvieron de manera pragmática la urgente presentación
del inventario de la modernidad, manipulando afectiva e ideológicamen�
te las voluntades de los participantes.
A fin de alcanzar las inmensas ventajas que se pensaba ofrecían las
exposiciones universales, de manera abierta o velada, tanto organizado�
res como participantes reconocían que dos eran los móviles que anima�
ban a México a presentarse ante una Exposición Universal, uno de ellos
era buscar el mercado para los productos de su clase; otro, el presentar
“[…] la baratura de las materias primas y lo bajo de los jornales […] como
un aliciente para que industriales y capitalistas extranjeros viniesen al
país a establecer talleres y fábricas que darían trabajo al mexicano y ma�
yor comodidad y extensión al consumo […]”.86
Otra de las tareas que asumió el Ministerio de Fomento y promovió
con singular empeño entre los gobiernos locales fue la producción de un
86
Boletín de la Exposición Mexicana en la Internacional de París (1888), i t., México, Oficina Tipográ�
fica de la Secretaría de Fomento, 1888, p. 168.
168 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
gran volumen de textos de todo género, panfletos y libros dedicados a re�
señar la participación mexicana en las exposiciones universales con fines
propagandísticos, publicados en varios idiomas y distribuidos gratuita�
mente entre los asistentes a los eventos. El comisionado para la exposi�
ción de París en 1900, por ejemplo, distribuyó gratuitamente quince dife�
rentes títulos, entre guías y panfletos; y al cierre de la exposición escribió
un tratado promocional sobre el tema. Se auspició la publicación de obras
con marcados propósitos propagandísticos que describían con detalle la
geografía, la población, el comercio, las vías de comunicación, el estado
de la instrucción pública y las oportunidades de inversión de los esta�
dos y territorios nacionales que dieron a la estampa en lujosas ediciones,
profusamente ilustradas muchas veces, autores nacionales y extranjeros.
Este conjunto de acciones, y otras más, que tenían por objeto mostrar
las posibilidades de desarrollo que ofrecía México al gran capital, forma�
ban parte de un activo programa de promoción del país en el extranjero,
programa que fue ejecutado sin vacilación conforme a la racionalidad
de las elites gobernantes, pasando, a veces, por encima de los intereses y
aspiraciones de sus gobernados, con el apoyo de un cuerpo de cuadros
especializados en el ramo: funcionarios, burócratas y técnicos fueron sur�
giendo a medida que la vida material y cultural de la sociedad mexicana
acusaban recibo de la paz, de las mejoras materiales y de la propagación
de la instrucción básica y superior. Al finalizar el Porfiriato, este grupo
de burócratas y científicos había construido una imagen de México como
nación moderna para consumo interno y externo: premios y diplomas
obtenidos en los certámenes internacionales acreditaban su desempeño.
Desde la perspectiva de la elite que administraba el México porfi�
riano, la construcción de la nación pasaba por el reconocimiento interna�
cional. Las estrategias diseñadas para alcanzar ese objetivo movilizaron
recursos a favor de construir una idea de nación que pudiera ser compar�
tida por la mayoría de la población y exhibida en el plano internacional,
en la que coexistían elementos de su pasado prehispánico, que la dotaban
de una identidad diferenciada, y las aspiraciones de progreso material,
que la equiparaban con el mundo occidental.
En la segunda mitad del siglo xix, México era un país en donde casi
el 90 % de la población residía en el campo. Al ser un país rural y agrí�
cola, el análisis de cómo los habitantes de las patrias chicas, constituidas
en torno a las principales localidades y municipios, participaron en esa
gran empresa que resultó ser la construcción de una imagen nacional de
la puesta en escena de la nación mexicana 169
modernidad, no es una cuestión menor. Aun cuando especialistas en el
tema, como Mauricio Tenorio Trillo, afirmen que la presencia mexicana
en las exposiciones universales cuenta con un buen nivel de análisis,87
todavía está pendiente la reflexión sobre el comportamiento de las elites
y de los individuos situados en la periferia del poder central.
Los pabellones mexicanos en las exposiciones universales
Después de 1851, cuando arrancó la serie de las grandes exposicio�
nes universales, en las que la civilización occidental medía su propio es�
tadio de desarrollo, mediante la comparación de colecciones de objetos
representativos de la riqueza y fortaleza nacionales bajo los principios
clasificatorios y las normas impuestas por los países anfitriones, se reveló
la fuerza y el alcance de esos espacios expositivos internacionales como
escenarios de la modernidad; pronto se hizo evidente que la organización
de las exposiciones universales decimonónicas era comandada por dos
países europeos, Gran Bretaña y Francia, que se disputaron la paternidad
de la idea. Aunque fueron resultado de la competencia entre dos modelos
de modernidad, tanto económica como política, probaron su comunión
en torno a una misma idea: la idea del progreso.88 Invitadas a esos impo�
nentes escenarios, las nuevas naciones hispanoamericanas buscaron in�
gresar a los ámbitos políticos y económicos internacionales poniendo en
escena una imagen de progreso y modernidad en la que destacaron los
atributos de su producción material y cultural para atraer inmigrantes y
capitales, aunque la relación entre la imagen y la realidad era, de seguro,
evidentemente incierta; se trataba de una representación de la realidad
atendiendo los códigos expositivos, no la realidad misma. Las exposi�
ciones internacionales dieron la oportunidad, a las naciones emergentes,
para promover su nueva comunidad imaginada, aunque al interior de
cada una de ellas esa comunidad estuviera en vías de gestación.89
87
Tenorio Trillo, Mauricio y Gómez Galvarriato, Aurora, El Porfiriato, México, Centro de Inves�
tigación y Desarrollo Estratégico y Fondo de Cultura Económica, 2006.
88
Ory, Pascal, “Les Expositions universelles, de 1851 à 2010: huit fonctions de la modernité”,
consultado el 15 de noviembre de 2011, disponible en [Link]
arts/conference–expos–[Link].
89
Norambuena Carrasco, Carmen, “Imaginarios nacionales latinoamericanos en el siglo xix”,
170 puebla en las exposiciones universales del siglo xix
Desde los primeros años de su vida independiente, la visión de los
extranjeros asoció al territorio mexicano con la prosperidad, a tal grado
que el primer antecedente de una puesta en escena de México y de lo
“mexicano” con fines comerciales en los escenarios internacionales fue
resultado del redescubrimiento de la potencialidad económica del suelo
mexicano que hicieron los extranjeros. El empresario William Bullock fue
uno de los primeros viajeros británicos que visitó México después de su
independencia política de España; movido por la curiosidad y habien�
do estudia