Dialogos del ruido
rutina
Las ciudades
agitadas por ángeles
agitados por gentes
agitadas por deseos,
agitados por las ciudades
Yo.
La noche
el miedo
los cuchillos
la sangre
el dolor
mi padre
la mentira
el encierro
la soledad
las voces
la mentira
el fuego
el silencio
mi madre
el otro
el espejo
la caída
las palabras
la mentira
las aves
el árbol
las sombras
la puerta
el sol
la mañana
el sueño
el letargo
las ilusiones
las alucinaciones
el encierro
el olvido
la mentira.
las máscaras
las manos
los ojos
la sonrisa
el cuerpo
los cuerpos
los límites
la mentira.
mi padre
mi madre
las máscaras
la soledad
yo
yo
yo
yo
los pronombres
la mentira.
el ruido y ella.
Hablaban de nenúfares,
de un río donde se alcanza a ver tu sombra flotar e irse,
de un árbol solo, lleno de sombras cuyo fruto tenía el sabor del mundo,
de una rosa que arderá en la mano hasta traer la muerte,
Hablaban
Horas ahogadas en escuchar sobre
Niñas que recogían las penas adultas y las cubrían de oro,
mujeres que aprendieron a amar, amanecidas de ensoñaciones,
de hombres caducos que aman los laberintos,
de ventanas donde alcanzan a verse las tormentas mas antiguas.
pero me quede con ella y sus relatos de cicatrices y sangre,
pájaros que mueren disecados por su propio canto, en jaulas ilusorias;
mas aún en el momento honesto cuando todos duermen,
entre el silencio,
y me susurra que algo le ha roto la piel.
El ruido y el niño
campanarios y cimas de montañas
recibieron por primera vez el sol,
los techos de las casas antiguas
inhalaban el humo de un café maternal.
Las calles siguieron siendo ellas,
mujeres enfermas donde personas enfermas amanecieron,
calladas y sumisas pero salvajes.
Los cantos de los gallos en la primera hora
estaban repletos de nubes grises,
nadie los oye en el corazón de la ciudad.
El río deambula con el alma de un cadáver,
que en un momento de otro día similar
vivió y fué feliz.
Los espejos se llenaron de muecas... todo estaba listo!
El niño, abrió los ojos.
En su ventana aleteaba un sol que fallecía
por la costumbre necia de escabullirse en los vacíos de la nubes.
oyó el movimiento afuera,
el vaivén de las canciones matutinas,
olió el café,
escuchó el rió, los gallos.
Miró el espejo como algo extraño.
sintió su cuerpo diminuto
y volvió a dormir sin preocupaciones....
... puso al mundo en puntos suspensivos....
Oración uno
Para las auroras este silencio plateado
de aves del sur altísimas que rocían el mar sobre nosotros,
entre la risa cortejada de mi hijo y su aliento tranquilo.
Para las auroras la oración de mi madre, sincera,
blanda como sus deseos.
Los ojos cerrados,
en la oscuridad que asciende.
Para las auroras el jardín diminuto de los insectos,
preciso y caótico,
sin sueños y por eso hermoso.
en sus luces, donde se eterniza la tierra.
Para las auroras el recuerdo del aire
que trajo y se llevó la infancia,
las risas crispantes de lo que ya no somos,
las manos que aún nos acarician con soles.
Para estas auroras incógnitas, sin forma,
un anhelo.
El recuerdo venenoso de lo que ya no existe,
La nostalgia del silencio en la pausa del mundo.
oración dos
Dioses,
al menos esta noche,
pongan en mi alma una distracción,
una palabra, un fuego,
en el que pueda calentar la desesperación.