Nadaísmo: Interpretaciones y Vanguardia
Nadaísmo: Interpretaciones y Vanguardia
Maestría en Literatura
Anteproyecto de Investigación
Pereira
2019
Anteproyecto de Investigación
¡Ni siquiera sabemos en qué consisten las cosas vivas, ni qué es lo vivo, ni qué nombre tiene!
Déjenos solos y sin libros, y al momento nos extraviaremos, nos perderemos, no sabremos qué
hacer, ni dónde dirigirnos; qué amar y qué odiar, qué respetar y qué despreciar. Nos pesa ser
hombres, hombres auténticos, de carne y hueso. Nos avergonzamos de ello, lo tomamos como algo
Hemos nacido muertos y hace ya tiempo que ya no procedemos de padres vivos, cosa que nos
agrada cada vez más. Le estamos cogiendo gusto. Pronto inventaremos la manera de nacer de las
ideas. Pero por ahora basta; no quiero escribir más «desde el subsuelo».
1. Título
2. Tema
Resulta esencial explorar aquí la afirmación del nadaísmo como sentido aceptable
de la noción de vanguardia, que permitió la posible aparición de los primeros gestos de un
ideal pesimista dentro de la literatura Colombiana en la primera mitad del siglo XX, luego
del aliento del surrealismo y de algunas corrientes vanguardistas de Europa que se
trasladaron al mundo bogotano y que se estructuraron en autores como Vargas Vila, León
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de Greiff, Barba Jacob, Luis Vidales, Fernando González, entre otros, antes de consolidarse
de forma expansiva con la aparición del movimiento nadaísta.
Para tal objetivo, lo primero que se establece tiene que ver con la contextualización
histórica sobre el funcionamiento de las vanguardias en el contexto latinoamericano y
colombiano, y posteriormente, el rastreo que permita poner al descubierto su relación con
aquello que la tradición llama “falsa conciencia”, que se ordena, según Sloterdijk:
atendiendo a la crítica ideológica en donde la obra de arte se presenta a la vez como un
principio y un fin. Con el objetivo de orientar nuestra interpretación en el ámbito de las
posibilidades y encontrar allí, en los manifiestos, ensayos y artículos de revista, algunos
gestos posmodernos que conciban elementos que permitan esta lectura.
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estético. De esta forma lo sustenta Poggioli (1964: 18) cuando afirma que estos son:
“documentos consistentes en preceptos de índole artística y estética”.
En algunos tópicos existen ciertos consensos, como sucede con la pregunta sobre el
fin de la modernidad o su transformación hacia la posmodernidad. Unos se plantean en
nombre del posmodernismo otros se hacen para combatirlo. El que nos interesa aquí es el
que hace de la vanguardia artística una parte de la posmodernidad estética en donde la
aceleración de los cambios, la búsqueda de la novedad, las aspiraciones utópicas y otros
aspectos asociados a la sociología literaria, han permitido que estos se conviertan casi que
en principios estéticos, si consideramos que el arte es, en su esencia, la expresión de una
individualidad genial.
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El análisis de las vanguardias continúa a través de la “dialéctica de los
movimientos” propuesta por Poggioli en donde se pueden establecer cuatro aspectos de
gran valor: el activismo, el antagonismo, el nihilismo y el agonismo. El activismo,
comprende fundamentalmente el gusto por el movimiento que está relacionado con el
activismo político y el radicalismo ideológico que busca la acción. El antagonismo es un
activismo con oponente. Se define el oponente como la búsqueda de un enemigo que puede
ser la tradición, otro orden social, otro movimiento, etc. El antagonismo hace uso del humor
y la desacralización. Por su parte el nihilismo, siendo una exageración del antagonismo, en
él se alcanza a ejercer la destrucción como propósito de negación. Finalmente el agonismo
plantea el desinterés por la estética de la tradición y la aceptación de la propia.
4. Justificación
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inquietudes que se nos presentan. De hecho hemos estados detenidos durante largo tiempo,
ante la pregunta que interroga por la causa de este querer; pues dicho ejercicio
hermenéutico de alguna manera entraría a formar parte, no sólo de los estudios literarios
que dan cuenta de las transformaciones estéticas de una época determinada, sino que
también se justifica en la medida en que se llegue a considerar como aporte significativo a
una tradición académica. Si consideramos validos los argumentos antes mencionados, es
necesario considerar que el estudio sobre los conceptos acerca de la modernidad y la
posmodernidad permitirán ampliar el horizonte de la discusión acerca del valor de la
literatura nadaísta hacia la mitad del siglo XX en Colombia, y quedará justificada entonces,
la investigación dentro de la relación filosofía-literatura de la Maestría en Literatura de la
Universidad Tecnológica de Pereira, perteneciente al grupo de investigación sobre los giros
lingüísticos en literatura y filosofía del lenguaje, que permitirá considerar la no neutralidad
de la discusión, a la hora de pronunciarnos sobre la complejidad de la existencia.
Si un texto puede tener varios sentidos, por ejemplo, uno histórico y otro espiritual, es
necesario recurrir a una noción de significación mucho más compleja que la de los signos
llamados unívocos, requeridos por una lógica de la argumentación. Finalmente el trabajo
mismo de la interpretación revela un propósito profundo: el de vencer una distancia, un
alejamiento cultural, acercar al lector un texto que se ha vuelto ajeno e incorporar así su
sentido a la comprensión presente que un hombre puede darle por sí mismo. (Ricoeur,
2003: 9-10)
La semiótica, que estudia tanto los sistemas abstractos de comunicación, como los
procesos que permiten crear estados de mundos posibles y la modificación o
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transformación de estas estructuras, ha reconocido a lo largo de los últimos años tener un
foco de lectura más amplio acerca de algunos tópicos que se presentan en la literatura
latinoamericana, como el personaje anómalo, la ciudad como metáfora, las vanguardias, la
literatura de la dictadura, el realismo sucio, entre otros. Alcanzar a develar nuevos
significados a partir de, primero, una hermenéutica de la interpretación, y segundo, una
desconstrucción del lenguaje, permitirá, en términos generales, señalar puntos concretos en
los cuales se pueda ubicar el paso de la primera mitad del siglo XX, que se caracteriza por
los valores tradicionales y el romanticismo y la segunda mitad, que se caracteriza por la
llegada de los ideales existencialistas, nihilistas y destructivos, que se establecieron con el
objetivo de estructurar una ideología acerca de lo posmoderno cuando hubo un intento por
superar los criterios de la modernidad. De esta forma, cabe resaltar que los tópicos
señalados sobre el movimiento nadaísta y su estética de vanguardia se encuentran
localizados en su literatura más controversial o contestataria, como lo han sido los
manifiestos, las reseñas y artículos de prensa, y que reflejan un simbolismo bastante
interesante, que en el mejor de los casos, permitirá tener una esperanza frente a los
interrogantes planteados sobre el concepto de lo posmoderno en su literatura.
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Hay un punto por resaltar, y es precisamente la importancia del paso histórico que
surge de la relación modernidad – posmodernidad, ya que es el panorama donde el objetivo
de esta investigación busca ubicarse para generar un diálogo académico entorno a la
estética contemporánea. Lo primero que debemos resaltar, tiene que ver con que algunos de
los exponentes de los textos que se refieren a la ontología hermenéutica son considerados
como los intelectuales que promovieron una imagen de la existencia en unas nuevas
condiciones denominadas la no historicidad, o mejor aún, de poshistoricidad, y que hace
pensar a autores como Vattimo en la aparición – al menos de vestigios – de una
posmodernidad. Esos autores entre los que se destacan Nietzsche y Heidegger han realizado
el desarrollo teórico de esa imagen posmoderna. A este respecto Vattimo, considera que:
La elaboración teórica de esa imagen – que por ahora ciertamente sólo se encuentra en su
fase inicial – es lo que puede conferir peso y significado al discurso sobre la posmodernidad
al superar las críticas y las sospechas de que se trata todavía sólo de una moda “moderna”
más entre otras, de una superación más que se propone legitimarse únicamente sobre la base
de estar más al día, de ser más nueva y, por lo tanto, más válida en relación con una visión
de la historia entendida como progreso, es decir, precisamente de conformidad con los
mecanismos de legitimación que caracterizan a la modernidad. (Vattimo, 1997: 13-14)
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responsabilidad con la barbarie social, que de alguna manera volcó el sentido de la cultura,
ha permitido al menos de alguna manera advertir hacia dónde se orienta dicha transición o
tendencia histórica. La crisis de la modernidad como la antesala de la postmodernidad
obedeció a un proceso de desencantamiento del mundo, esto es, de secularización, que se
tradujo en la muerte de Dios, así como del interés del fundamento último, esto es, el fin de
la metafísica, y junto con todo esto las promesas del programa cultural de la razón ilustrada
y la afirmación del nihilismo como estado para alcanzar la libertad del sujeto que
finalmente termina siendo el concepto por el cual se ha planteado la discusión sobre el fin
de lo moderno. En el universo físico de la cosmogonía moderna, el hombre ya no puede
habitar ni sentirse en su casa, así: “todo ha de representarse en primer lugar, en el sentido
de nuestra existencia, tomando nota del hecho de que “Dios ha muerto”. Entonces cuando
la trascendencia pierde su fuerza vinculante y enmudece, el hombre abandonado así mismo
reclama su libertad” (Volpi, 2005: 25).
Por su parte (Carlos) Rincón, tiene otra consideración respecto del momento en el
que la discusión sobre la posmodernidad adquiere una importancia académica; cuando
considera que el diálogo sobre lo posmoderno se presenta sólo hacia finales de los años
setenta y principio de los ochenta, momento en el cual se consolida dentro del debate sobre
el nuevo arte en los Estados Unidos, que se ubica entre los años 1977 y 1980, con la
organización del primer foro de la Modern Language Association sobre posmodernismo en
el año de 1978. Hassan (1981), adelantó una intensa labor por plantear nuevas demandas a
toda teoría de cambio cultural que quisiera dar cuenta de la relación modernidad-
posmodernidad, lo que lo llevó a considerar que el concepto de posmodernismo habría
pasado a ser un cliché, sin llegar todavía a convertirse en un concepto. (Rincón, 1995: 22).
Más allá de la aparición de una “semántica difusa”, se puede sostener que el uso del
concepto “posmoderno”, según el profesor (Carlos) Rincón (1995), termina por
corresponder a dos enciclopedias, dos acepciones que sitúan la discusión en un panorama
histórico de gran valor frente al objetivo propuesto en esta investigación. Al respecto nos
señala: “1) el primero constituido en lo fundamental entre 1959-1979, lo conforman un
conjunto de altamente sensible y matizado de nociones, conceptos y categorías descriptivas
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y analíticas”. Y más adelante: “ 2) desde 1979 se unió a ese sentido tipológico o topológico
una segunda enciclopedia, una segunda acepción o archivo, que las relativizó:
“posmodernismo” (o “posmodernidad”) como concepto de esa época, concebido dentro de
una lógica de antiperiodización”. (Carlos Rincón; 1995: 48)
Otra mirada la hace Harvey, quien supone que a mediados de los años sesenta
florecieron los principales movimientos anti-culturales y anti-modernistas para: “oponerse
al carácter opresivo de la racionalidad técnico-burocrática con fundamentos científicos, que
provenía del poder monolítico de las corporaciones, del Estado y de otras formas del poder
institucionalizado (incluyendo el de los partidos políticos y los sindicatos burocratizados)”.
(Harvey, 1990: 55). De esta manera el concepto de posmodernidad se vuelve atractivo, ya
que a partir de las últimas décadas se ha centrado como parte de la trasformación cultural y
social, que se ha desplazado también al espacio del arte donde el término de posmoderno,
resulta bastante interesante.
Desde una perspectiva anti-histórica, o no-histórica, el surgimiento de la
postmodernidad fue un fenómeno que se produjo según algunos críticos luego de los
grandes problemas que presentó la modernidad, entendiendo esta última como una
“categoría compleja sobre la cual hay que ponerse más o menos de acuerdo para poder
discutir sobre su vigencia o crisis” ( Cruz Kronfly, 1994: 27). Este punto de vista sobre la
modernidad, condujo a varios autores a considerar un aspecto importante que se debe
resaltar. Tiene que ver precisamente con el papel de las vanguardias en la configuración del
ideal posmoderno, teniendo en cuenta que la ideología vanguardista es un fenómeno social
justamente en función del carácter antisocial o asocial de las manifestaciones culturales o
artísticas que sostiene y expresa la modernidad, lo que ha permitido que movimientos e
ideales estéticos se configuren a la luz del simbolismo de las tendencias y figuras más
nuevas y significativas del arte de vanguardia, que le ha permitido a la literatura avanzar
hacia ideales que se podrían considerar como parte de los fenómenos culturales que
abrieron las puertas para la configuración de lo posmoderno en Colombia. Teniendo en
cuenta que la literatura contemporánea nos ha planteado diferentes retos donde corrientes
como la filosofía del desdén, la filosofía del existencialismo alemán o la filosofía de la
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diferencia francesa, se presentan como alternativas ante los elementos moralizantes de una
sociedad, las literaturas de vanguardia surgen como una literatura experimental que permite
replantear el sentido histórico de la estética moderna, como una alternativa ante una cultura
en crisis, y las ciudades como el medio para que estos sujetos en crisis, resurjan a través de
sus lugares comunes.
El nadaísmo nació en medio de una sociedad que, si no había muerto, apestaba. Apestaba a
cachuchas sudadas de regimiento, apestaba a sotanas sacrílegas de sacristía, apestaba a
factorías que lanzaban por sus chimeneas el alma de sus obreros, apestaba al pésimo aliento
de sus discursos, apestaba al incienso de sus alabanzas pagadas, apestaba a las más sucias
maquinaciones políticas, apestaba a cultura de universidad, apestaba a literatura rosa,
apestaba a jardín infantil, apestaba a genocidios, apestaba a miserias, apestaba a torturas,
apestaba a explosiones, a pactos, apestaba a plebiscitos, apestaba a mierda. Entonces un
grupo de jóvenes dejó su coca-cola a medio tomar para gritar: BASTA. (Cobo, 1995: 197-
198)
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humano como animal simbólico y, en consecuencia, a sus realizaciones en el campo de la
comunicación mediada por la palabra. El discurso, en especial los casos, sucesos,
acontecimientos, relatos, etc, han llegado a ser una fuente de conocimiento inmejorable y
primordial del saber sobre las ciencias humanas y críticas. Genette (1972: 10) ha formulado
el problema en los siguientes términos: “la función esencial de la crítica, sigue siendo la de
alimentar el diálogo entre un texto y una psique, consciente y/o inconsciente, individual y/o
colectiva, creadora y/o receptora”, para concluir de manera específica que “el especialista
en poética también es el propio lector de sí mismo y descubrir (nos dice también la ciencia
moderna) es siempre un poco inventar” (Genette, 1972: 325).
Las literaturas de vanguardia, que surgidas del horizonte aún presente en el aire de
la primera guerra mundial, superaron el modernismo preciosista y el impresionismo;
tuvieron en personajes nihilistas, iconoclastas, panfletarios, etc, la posibilidad de hacer
estallar en cada ideal una sublevación. De este modo podemos ver cómo en Colombia hacia
principios del siglo XX, algunos autores ya dejaban ver su acercamiento hacia horizontes
del discurso cercanos a la vanguardia. Lagos nos señala que: “José María Vargas Vila fue el
primer escritor vanguardista de finales y principios de la pasada y presente centuria que se
paró sobre sus dos colosales razones de hombre insurrecto, para encender la primera gran
llamarada de rebeldía continental en el hemisferio americano: contra lo americano, sobre lo
americano, con lo americano”. (Lagos, 1977: 97).
Por su parte Romero (1988: 12) considera que al escritor colombiano “solo le queda
tiempo para el exilio, un puesto en la empresa privada y la renuncia a toda posibilidad de
influir en su país”. ¿De dónde van a surgir pues la vanguardias en Colombia? La primera
hipótesis, es que van a surgir de las excepciones oscuras en cuanto a influencias y
presencias, y de los exilios, internos o externos y sus postulados de lucha y de cambio,
desde principios del siglo XX con autores como Guillermo Valencia que representaban la
inteligencia colombiana del momento. En segundo lugar, y con el ánimo de contextualizar
el panorama histórico cabe resaltar, que el grupo de intelectuales denominado El
Centenario, los cuales estuvieron influenciados por el peor de los modernismos, agruparon
12
a un gran número de intelectuales quienes se consideraron los primeros en hacer respirar
unas pocas partículas de polución vanguardista en el país. Sin embargo, movimientos como
Los Nuevos, Piedra y Cielo, Los Cuadernícolas y el grupo Mito, permitieron preparar el
terreno para la aparición del movimiento nadaísta a mediados de los años cincuenta,
consolidando así, el movimiento vanguardista con más proyección dentro del contexto
social colombiano. De esta forma y siguiendo a Romero, los movimientos y más
específicamente el grupo Mito, atentaron contra “el orden estructurador de una rebelión de
la conciencia que posibilitó el desorden romántico vanguardista del nadaísmo”. (Romero,
1988: 25),
Bajo las nuevas reglas del pensamiento moderno, se conformaba una gnoseología en
la que el sujeto recaía en un racionalismo y fuera de ello todo lo demás era visto con plena
desconfianza y sospecha. El saber científico y el saber racional aseguraban las condiciones
tanto metafísicas como epistemológicas para la clara aprehensión de lo físico. Desde
entonces, el saber giraba siempre hacia el elemento temático de cómo hacerle aprehensible
al sujeto lo real y objetivo, de ahí el valor que adquiere una literatura que se establece en la
periferia y promueve una reflexión sobre la historia y el sujeto que devienen crisis,
nostalgia, inconformidad.
Los elementos del surrealismo, la influencia del existencialismo francés de los años
40 y 50 y la generación Beat de Norteamérica, permitieron que un grupo de escritores en
Colombia marcaran la tendencia a la negación en un estado cargado de fracasos políticos e
intelectuales, un país injusto socialmente, precursor de la muerte y la crueldad, causante
finalmente de un desencantamiento ideológico en las nuevas generaciones de mediados del
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siglo XX, y que bajo el panorama decadente fueron estructurando – gracias a conceptos
anclados al existencialismo – una ideología nueva, una ideología que lograse manifestar la
diferencia de la Colombia conservadora y creyente. Ante la palabra vieja y desgastada, la
propuesta de un elemento nuevo, materialista, influencias de una filosofía de lo animal, de
lo natural, que juega con lo vulgar en ocasiones y que conforma esencialmente el valor de
lo diferente, se anclaba en el pensamiento de la Colombia de mediados de los años
cincuenta bajo el nombre de: Primer Manifiesto Nadaísta.
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¿Tiene realmente sentido todo ese esfuerzo por situar el paso de lo moderno
a lo posmoderno en la literatura colombiana de principios del siglo XX?
¿Cómo defender la idea de que el nadaísmo se consolidó como algo más que
provocaciones y experimentos vanos en su intento por alcanzar un ideal
existencial?
6. Formulación de la Hipótesis
Este estudio se propone aclarar la relación que vincula los, por un lado, resultados
de la reflexión acerca del problema de las interpretaciones en la literatura colombiana, y,
por el otro, sobre el fin de la época moderna y la posible llegada a la posmodernidad con la
aparición ascendente del nihilismo (como estado del pensamiento), dentro del primer
periodo de los años 20 hasta la consolidación del movimiento que fundó el escritor
Antioqueño Gonzalo Arango en el año de 1958 denominado Nadaísmo; y la fuerte
influencia de las vanguardias latinoamericanas que marcaron un importante avance desde el
año de 1917, en la búsqueda por consolidar una estética sobre lo posmoderno.
15
fundamento para afirmar la superación de la tradición moderna y negar los valores
decadentes del cristianismo. Esta incursión en la nada va a tener una repercusión profunda
cuando, como bien lo refiere Volpi (2005: 15) “trae a la superficie el malestar profundo que
hiende como una grieta la autocomprensión de nuestro tiempo”. Desde la frase célebre con
que Nietzsche (2008: 115) lo anuncia ya en sus Fragmentos Póstumos: “El más inquietante
de todos los huéspedes”, el nihilismo no va a desaparecer de los círculos sociales, humanos
y políticos, y de ahí la relevancia que adquiere este en el panorama de la literatura
colombiana. Con la afirmación de la nada se dejan atrás los tiempos oscuros del
romanticismo tardío y se anuncia la renuncia y el rechazo que permitirá superar los restos
de modernidad que aún se respiraba en Colombia.
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una identidad. Es el acto fundador de un sujeto colectivo. [...] Esta intención explica el
ritual de autodestinación de los escritos manifestarios: los signatarios informan y
contemplan en ellos una imagen especular. (Gelado, 2008: 650)
Sea como sea, aun en virtud de la intervención de factores especiales como, por
ejemplo, la difusión de la literatura significativamente más vasta y la posesión por parte de
alguna notable mayoría de individuos de una cultura por lo menos rudimentaria, el
problema de la popularidad o impopularidad del arte ha llegado a asumir en el seno de la
civilización contemporánea un alcance específico y no genérico, un significado
enteramente rico y nuevo, y es precisamente en este punto donde la viabilidad de lo
posmoderno en la literatura nadaísta se vuelve una posibilidad dentro del universo de las
interpretaciones de la literatura colombiana.
7. Antecedentes
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crecimiento del mundo editorial hacia mediados de los años cincuenta y que posibilitó la
difusión de las ideas sobre los nuevos movimientos emergentes de los conflictos sociales y
políticos en los que se encontraba el país, y describe que el profesor colombiano de la
Univestity of Southern California, Héctor Orjuela, considera al movimiento nadaísta
fundamental para “Inyectar un poco de vitalidad (y encono) en ciertos sectores
tradicionalistas de nuestras letras y, especialmente, para encauzar la expresión estética y
revolucionaria de un grupo de escritores jóvenes que hallan en el nadaísmo la respuesta a
algunos interrogantes comunes a las nuevas generaciones”. (Llanos, 2015: 112-113)
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lecturas de cada uno; del lampo iluminador o enceguedor del Liberalismo, del Comunismo,
del Panteísmo, de todos los nihilismos y humanismos y hasta el budismo”.
De esta forma podemos ver que la incursión en las vanguardias por parte de los
nadaístas en movimientos como el Dadá, de los conocidos Triztan Tzara y Jean Arp, el
existencialismo de Jean Paul Sartre y Albert Camus, el surrealismo de André Bretón o el
futurismo de Filippo Tommaso Marinetti y Ardengo Soffici, van a ser finalmente la balsa
que les permitirá partir hacia un nuevo ideal filosófico-literario que aporta nuevos
horizontes a nuestra hipótesis de investigación, donde queda de manifiesto que la
vanguardia y el existencialismo son finalmente las propuestas adoptadas por los nadaístas
para alcanzar una estética que promovió el fin de la modernidad en Colombia. Suma el
aporte que hace Romero (1988) en su libro El nadaísmo colombiano o la búsqueda de una
vanguardia perdida, acerca de este tema; la aparición de las vanguardias en el panorama
colombiano y la adhesión del movimiento nadaísta en esta tendencia estética, tiene que ver
con el contexto histórico en el cual se pudo configurar, ya que un gran número de autores
mostraban ya un desacuerdo cultural e ideológico con los valores provenientes de los
ideales modernos.
Por otro lado, el investigador Carlos Fajardo Fajardo (1997), nos plantea en el
artículo “El grupo Mito y el Nadaísmo. La poesía colombiana bajo la violencia partidista”,
que los movimientos “Nadaísta” y “Postnadaísta”, están ubicados en una “modernidad a
medias”, porque se encuentran sumergidos en una amalgama de distintas sensibilidades
culturales y técnicas literarias, producto de un proceso de hibridaciones entre la sociedad
premoderna tradicional y una modernización impuesta.
Un aspecto que ha sido recuperado y que es de gran ayuda para los investigadores
tiene que ver con la tesis de maestría acerca de la revista Nadaísmo 70 que se titula: Revista
Nadaísmo 70: cultura, política y literatura en Colombia de la egresada de la Universidad
Tecnológica de Pereira Alexandra Restrepo (2012), quien de forma cauta recopila y
digitaliza todo el material de los ocho números que vieron su aparición entre los años 60 y
70 donde se exponen las ideas de los Nadaístas sobre la realidad nacional que se plasmaron
19
en sus manifiestos, panfletos, exhibiciones públicas y actos vandálicos, donde hicieron una
lectura de la historia, de la sociedad y de la política, logrando una activa correspondencia
con los lectores que habían agotado la lectura de los clásicos. Otro referente es el profesor
investigador de la Universidad de Guadalajara Brahiman Saganogo (2010), quien en un
artículo titulado “Nadaísmo colombiano: ruptura socio-cultural o extravagancia expresiva”
señala la importancia en el campo estético de la literatura nadaísta, ya que esta:
Proclamó la “muerte” del género literario, o el nacimiento “del género sin límite”. Sus
miembros afirmaron el gusto por una literatura de ruptura insistiendo en la desacralización
de la lógica, el caos como diversión, el arte como medio de liberación y en la fantasía.
Dicho de otra forma, se trataba de la formulación de una estética nadaísta caracterizada por
no sólo el caos, sino también por la violencia de las imágenes, la espontaneidad de la
creación de las mismas y los juegos. Pues una estética nueva que con el tiempo se ha
explicado por sus creaciones más que por sus influencias. (Saganogo; 2010: 4)
8. Marco conceptual
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que permitió estructurar una identidad a lo largo de la llamada generación desencantada y
que se propuso superar el modernismo tardío y decadente, herencia de una Europa en ruinas
y devastada por el declive de la ilustración.
Aquí cabe resaltar el importante aporte que nos hace Poggiolí (2011) respecto de la
configuración del concepto de vanguardia, ya que muchos de los jóvenes artistas que
impulsaron su aparición establecieron vínculos con la anarquía y el socialismo, siendo estos
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los primeros en denominarse de forma sugestiva decadentes, acercándose a la bohemia que
fue característica del París de la época y que encuentran en el Spleen de Baudelaire un gran
referente. De esta forma Poggioli afirma que:
Esta alianza de radicalismo político y radicalismo artístico, este paralelismo de las dos
vanguardias sobrevivió en Francia hasta la aparición de la primera revista del movimiento
literario moderno, significativamente titulada, La Revue Indepéndante, que, fundada por el
80, fue tal vez el último órgano que recogiese fraternalmente bajo la misma bandera, a los
rebeldes de la política y del arte, a los representantes de la opinión avanzada en las dos
esferas del pensamiento social y del pensamiento artístico. (Poggioli, 2011: 27)
Así mismo se puede considerar que estas literaturas del siglo XIX y XX, las cuales
representan las herencias más próximas, tienen como preceptos precisamente la negación
de las estructuras estables del ser, escepticismo y negación de los valores, nihilismo en
potencia. De allí la importancia de una hermenéutica simbólica y del sujeto, ya que esto
permitirá la definición de la condición estética respecto de los acontecimientos históricos
del sujeto moderno en su paso hacia lo posmoderno y apelar a una interpretación de la
realidad que esté sujeta a las múltiples que se pueden establecer sobre un ideal
determinado, cuando se tiene en cuenta la significativa afirmación de Nietzsche (2008: 222)
“No hay hechos sino interpretaciones”.
Por otro lado, la propuesta planteada por Paul Ricoeur (2003) en sus textos El
problema de las interpretaciones y del texto a la acción, permitirá ampliar las lecturas
sobre el corpus, teniendo en cuenta que en el plano de una filosofía de la interpretación las
unidades elementales de significación (palabras, conceptos), permiten examinar qué
modificaciones sufre nuestro problema de simbolismo cuando se lo transfiere de un nivel de
consideración a otro, considerando que hay un arriba (relación del simbolismo con la
realidad, con la experiencia, con el mundo, con la existencia) y un abajo (relación del
simbolismo con el ser, con lo ontológico). Surge pues así, la necesidad de analizar la
importancia que han tenido los manifiestos, los panfletos, los gestos nihilistas y quínicos en
el plano simbólico dentro del movimiento nadaísta, con el propósito de encontrar el sentido
múltiple de sus gestos, que para la hermenéutica se encuentra en un conjunto de elementos
lingüísticos en el cual se articulan acontecimientos, personajes, instituciones, realidades
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naturales o históricas, con el fin de contextualizar de alguna forma el paso de lo moderno a
lo posmoderno en el siglo XX en la literatura colombiana.
9. Modelo metodológico
Para lograr establecer la conexión entre los diferentes conceptos y corrientes que se
procuran estudiar, es importante establecer cuatro momentos de la investigación:
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misma. Es tratar de ubicar el prefijo post, que según la interpretación que se
busca, trataron de establecer autores como Nietzsche y Heidegger al
considerar la herencia del pensamiento europeo.
2. Búsqueda de criterios acerca del fenómeno ideológico (Antecedentes): en
el segundo momento, se evaluarán arduamente los estudios dedicados a la
configuración de posiciones históricas e ideológicas dentro del movimiento
nadaísta en los últimos años, que permitirá determinar el alcance de sus
conceptos, tendencias, límites y fenómenos que durante años han influido en
las nuevas generaciones de la literatura colombiana contemporánea.
3. Pertinencia e importancia: el tercer momento, busca analizar el alcance de
los conceptos de nihilismo, quinismo y existencialismo, dentro de las
corrientes vanguardistas de Latinoamérica con el fin de establecer qué
repercusiones tuvieron estas en la literatura colombiana y en especial en el
movimiento nadaísta. Es precisamente en el sentido negativo como se busca
interpretar el idealismo predominante a finales del siglo XIX y principios del
XX.
4. De la explicación a la comprensión: este cuarto momento, busca situar la
literatura nadaísta dentro de una estética posmoderna a partir del estudio
simbólico de los manifiestos, artículos y ensayos, luego de haber
desconstruido los tópicos de dicha literatura que harán el análisis más claro.
Hay simbolismo porque lo simbolizable se sitúa, en primer lugar, en una
realidad no lingüística, de ahí que el doble sentido del símbolo es el modo en
el cual se manifiesta el lenguaje como presencia con el propósito de abrir la
multiplicidad de sentidos que lo contemplan. En este punto se dará respuesta
a la pregunta de investigación.
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diferencien principalmente los problemas filosóficos explícitos de la narrativa nadaísta, es
decir, aquellos que se enuncian directamente en el texto; y los simbólicos, que no están
directamente enunciados pero que sí subyacen a la construcción de los conceptos, los cuales
pueden ser develados bajo la metodología desconstructivista.
El objetivo de este trabajo es mostrar que el régimen de apertura está ligado al grado
en el que opera la interpretación comprendida como la exégesis de los textos y que la
realidad del universo lingüístico, sólo se percibe completa con el cambio de escala y la
consideración de pequeñas unidades significantes, ubicando la interpretación de los textos
en el punto de unión de lo lingüístico y lo no lingüístico, es decir, entre el lenguaje y la
experiencia vivida.
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posmodernos y que permitirán concluir si en ellos se podrá ver la incursión en está estética
que ha dejado atrás la modernidad. Los textos seleccionados son:
Amilcar Osorio. Manifiesto Poético. Revista Mito. Bogotá. Vol. 8. No. 41-42. P. 257-260
Amilcar Osorio. Yo no era nadie. Ahora soy nadaísta. Revista Mito. Bogotá. Vol. 8. No. 41-
42. P. 2575-256.
Darío Lemos. Sinfonías para máquina de escribir. (1985)
Eduardo Escobar. Ensayos e intentos. (2001)
Eduardo Escobar. Nadaísmo crónico y demás epidemias. (1991)
Eduardo Escobar. Cuando nada concuerda. (2013)
Eduardo Escobar. Confesión Mínima. (1975)
Eduardo Escobar. Del embrión a la embriaguez. (1975)
Eduardo Escobar. “Sobre un equívoco”. Revista Aleph. (2014). Manizales. Vol. 48. No.
168. P. 73.
Elmo Valencia. Bodas sin oro: cincuenta años del nadaísmo. (2010). Bogotá. Taller de
Edición Rocca.
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Objetivo general:
Objetivos específicos:
27
una lectura sobre una posible aparición de una estética posmoderna en el
movimiento del nadaísmo.
4. Estudiar el nadaísmo a la luz de los conceptos que fueron precursores del cambio
histórico que generó el fin de la modernidad, con el propósito de construir los gestos
que podemos considerar de carácter posmoderno, luego de hacer un trabajo de
desconstrucción con el fin de expandir el sentido de los conceptos propios de una
estética sobre lo posmoderno.
El caso del nadaísmo, considerado por algunos como uno de los movimientos claves
de la literatura colombiana del siglo XX sugiere que se revise a la luz de los movimientos
28
de vanguardia latinoamericana, ya que estos han permitido encontrar gestos que hoy se
pueden leer bajo el horizonte de los nuevos ideales estéticos que abrieron las puertas del
mundo contemporáneo. A su vez la adhesión a conceptos que niegan cualquier vinculación
con la tradición, obliga a una precisa observación de los valores de la ilustración y el
romanticismo que marcaron un estilo en el arte literario, por lo que se hace necesario
reconocer la crítica durante este período de tiempo, ya que se puede observar cómo el
cinismo moderno se presenta como ese producto de una conciencia enferma proveniente de
la ilustración. La adhesión a conceptos como el de nihilismo, quinismo y existencialismo,
permitieron que las nuevas literaturas de principios del siglo XX, marcaran una nueva
apropiación de los fundamentos históricos, de suerte que las revoluciones teóricas y
prácticas y sobre todo la idea de “superación” permitieron la incursión en movimientos de
vanguardia como consecuencia muy directa de la enfermedad histórica.
29
Capítulo IV: El Simbolismo como horizonte. En busca de la posmodernidad.
Uno de los puntos que se ampliarán a la luz del trabajo interpretativo (exégesis),
busca definir todas esas presencias posmodernas que se ubicaron a partir de la
interpretación de los textos que se encuentran en el período comprendido entre los años 50
y 70 en el movimiento nadaísta, y que han sido relevantes para encontrar en ellas,
elementos de gran valor simbólico y desentrañar los gestos que inciden en la configuración
de toda esta literatura y que bien podrían situar la discusión en un nuevo contexto: lo
posmoderno, y de esta forma, reconsiderar la mirada que se tiene acerca de la
posmodernidad en la literatura colombiana. Se considera posmoderno y no creacionista
teniendo en cuenta que lo que se desea mostrar en la investigación, es la importancia de
esos elementos vanguardistas y de doble sentido que marcaron una época de gran cambio
cultural en la estética de la literatura colombiana y que permitió establecer un cambio
social, cultural e ideológico como precedente para las literaturas posteriores.
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Volpi, F. (2005). El nihilismo. Buenos Aires: Editorial Biblos.
Actividad Meses
1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12
Revisión del corpus x
Configuración del Marco Conceptual x x
Diseño metodológico x x
Recopilación de referentes nacionales x x
Recopilación de referentes universales x x
32
Primer informe: El conflicto de la interpretación. Modernidad x x
y Posmodernidad.
Revisión de estilo x x
Segundo informe: Búsqueda de criterios acerca del x x
fenómeno ideológico. Antecedentes.
Revisión de estilo x x
Tercer informe: La falsa conciencia ilustrada. Nihilismo, x x
quinismo y existencialismo.
Revisión de estilo x x
Informe final: El simbolismo como horizonte. En busca de la x x
posmodernidad
Revisión de estilo versión final x
33