Contenido
Capítulo 1
Alimentos tradicionales .................................7
Capítulo 2
Medicina alternativa ....................................35
Capítulo 3
Regalos, flores y otras tradiciones ................45
Capítulo 4
¡Ya llegó la música! .......................................57
Capítulo 5
Juegos y juguetes ........................................67
Capítulo 6
Nuestro calendario ........................................81
Capítulo 7
Chascos .......................................................105
Capítulo 8
Días .............................................................113
Capítulo 9
Funerales .....................................................127
Apéndice
Decires, dichos y refranes ...........................135
A todos nosotros de este lado del Bravo,
y a los que se fueron –siendo parte de
nosotros– y siguen siendo nuestros.
Capítulo 1
Alimentos tradicionales
El maíz
“Patria, tu superficie es el maíz”...1 ha dicho, con justi-
cia, el cantor de nuestro suelo: el maíz formó el cuer-
po del hombre en la leyenda mesoamericana de la
Creación.
El maíz fue el alimento por excelencia de los pue-
blos antiguos de esta tierra; ha sido, por los siglos, “el
pan nuestro de cada día”. Hoy sustenta tanto a ricos
como a pobres y alegra sus mesas.
El maíz se presenta en cada casa en forma de torti-
llas (palabra española con que se denominaron a los
delgados panes de maíz; en náhuatl, tlazcalli), totopos
–tortilla grande y dura que se usa en las costas–, tosta-
das, uchepos o corundas; o gentilmente transformadas
las básicas tortillas en chilaquiles o enchiladas, viu-
das, dobladas, enfrijoladas, entomatadas... con o sin
queso, con o sin crema...
1
Suave Patria, de Ramón López Velarde.
Alimentos tradicionales
Y como gran final de estas delicias de nuestra cocina,
no dejemos los tacos ni las quesadillas –¡los tacos, eso
sí, “con mucha crema”!... las quesadillas con salsita o
“a pelo”–. Entre nuestros platillos “de categoría”, ahí
va la torta azteca, a la par con la suculenta sopa de
tortilla de restaurantes de primera.
Y no es “ajonjolí de todos los moles”, ¡pero sí acom-
paña a todos los moles!
No quisiera olvidar los tamales de elote, de Veracruz,
envueltos en acuyo bien llamado hoja santa. No qui-
siera callarme la delicia de los tamales grandes –cos-
teños, chiapanecos, grandes o normales–, abundantes
en carne –si no es que son de chaya o de frijoles–, cobi-
jados como un paquete apetitoso por su brillo y su
olor a hoja de plátano. No es posible ignorar los
tamales, comunes en el Altiplano y parte del Pacífico,
los tamales cernidos, muy batidos, suaves, ligeros, es-
ponjosos, arropados en “hoja de tamal”, ¡sí, en esas
hojas con que el elote en mata viene envuelto para
enseñar al hombre la modestia!
El elote
El elote lo hacemos en tortitas, en pastel, en sopa o en
tamales envueltitos en hoja verde de mazorca, y en nu-
merosos guisos y ensaladas.
El elote tierno y lechoso es un verdadero manjar
que se ofrece temprano en las esquinas, gritando sus
olores en humito desde una vaporera, y vuelve en las
tardes, para ganarle al fresco de la noche.
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Capítulo 1
El pozol o pozole
El pozole es otro de los platillos típicos de mayor tra-
dición para celebraciones de bautizos, graduaciones,
bodas, cumpleaños señalados –18, 50 años– o fechas
que requieren reuniones amistosas: dígase día del
médico o de la secretaria. Presente está en los eventos
familiares, como el estreno de una casa, la iniciación
de algún negocito, la despedida de unos parientes de
visita...
Es muy rico el pozole –blanco o colorado– según
sea de Guerrero o tapatío, o de Gómez Palacio, donde se
hace una variante suculenta: ya cocido el maíz y des-
cabezado, se guisa con pancita y con pata de res
sin faltarle su chile, sea guajillo o de árbol...
El pozole es una de esas combinaciones acertadas
del sincretismo nacional: el imprescindible maíz –ca-
cahuacintle o del “mero grandote y reventón”–, guisa-
do con cachete y oreja de marrano o cochino (palabra
derivada del náhuatl, usando la raíz cochi, sueño, para
llamarlo “el dormilón”), en caldillo espesito y sustan-
cioso; claro, con su copete de lechuga, al que se ador-
na con sus rabanitos y se sazona con limón, orégano y
polvito de chile...
El pozole no “va” con las tortillas comunes, se toma
con totopos y también con tostadas ¡bien fritas en
manteca de cerdo!
¿Y si lo acompañamos con tepache?... hmm.
El tepache es un jugo de piña fermentado, endulza-
do con piloncillo o con panela.
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Alimentos tradicionales
Yo prefiero tomarlo con agua de jamaica, o ¿qué tal
una de tamarindo?
Otros lo toman con cerveza... ¡salud!
El atole
Es el líquido tibio, suave, dulce, con que se desayuna y
se merienda en nuestras fiestas.
El fino se hace con maicena que es harina –casi
polvo– de maíz escogido; hervidito con leche. El co-
rriente o “de pueblo” se hace disolviendo “tantita masa
de la de las tortillas” en un poco de agua y, una vez que
se cuece, “se le pone su leche”.
De fresa o de vainilla, de coco o de piña, de naranja
o de canela, el atole se sirve en las tamaladas de cum-
pleaños y las primeras comuniones. Las “salidas de
sexto” (al terminar la primaria) y las del “chorrosavo
cumpleaños de la abuela”, que llegó a los “chochenta”.
El champurrado
Tal vez el inicial, el primitivo, el más antiguo –lo pien-
so por sus ingredientes cien por ciento nativos–, es un
atole –¡va sin leche!– al que se le disuelven dos tabli-
llas de chocolate... o tres... (ver pág. 102).
11
Capítulo 1
El chocolate
¡Se inventó en México y traspasó fronteras, cruzó ma-
res, conquistó paladares y movió corazones: se hizo
universal! (sin globalizaciones, conste).
El cacao, me gustaría recordarles, se usó no como
alimento de los privilegiados, sino que en la vida
prehispánica sirvió como moneda.
Bueno, volviendo al chocolate, se disuelven tabli-
llas en leche, se hierve, se bate para sacarle espu-
ma,¡mucha espuma!, si es a la mexicana. A la francesa
es un poco más claro y quieto, un poquito más dulce y
con sabor a vainilla. ¿Y si es a la española?, pues es
muy cargado, espeso –a veces “engordado” con bizco-
cho o maicena– y con su saborcito de canela...
En cualquiera de estas variedades también suele
ser tradicional, pues los tamales se acompañan con
atole, con champurrado, o bien, con chocolate. Los
que saben de fiestas, si es que quieren lucirse, ofrecen
una jarra con cada una de las olorosas bebidas.
–¿Quieres atole o te servimos champurrado? ¿Te
gusta el chocolate?
–¿De qué hizo “usté” el atole, doña? Si es de coco,
prefiero champurrado, gracias.
...Y si la fiesta es grande, “pomadosa”, ¡grandiosa
si se reparten luego los cucuruchos con palomitas de
maíz! Crujientes, sabrosas, tan bellas como flores... (y
se comen “a puños”).
12
Alimentos tradicionales
El frijol
El frijol es el acompañante tradicional del maíz.
–Más bien diremos que el frijol se acompaña con
las tortillas. ¿Qué hubo?
–Dijo doña Chonita que hacen “un matrimonio de
los de antes”, ella sabrá por qué... tú ya me entiendes.
El frijol es, en verdad, el compañero inseparable
del maíz, de los moles y de los guisados mestizos. Bayo
o negro, ojo de cabra, canario o en cualquiera de sus
muchas variedades; caldoso o “martajado”, seco o re-
frito, el frijol es también tradicional, se come a diario,
¡y nunca cansa!
También los ayocotes, esos frijoles en tamaño ma-
yúsculo, pertenecen a nuestros preferidos, guisaditos
con un caldillo bien picante.
El chile
Relleno o en salsita, crudo, asado, desvenado o en ra-
jas, en pasta o en caldillo, el chile tiene tantas varieda-
des como gustos y está recomendado para los usos y
preparación de infinidad de platillos nacionales de la
gran tradición, como rajas con crema, chiles rellenos,
en nogada, o de lujo; en ensalada tricolor: de rajas,
crema y granos de granada.
Los más comunes son el chile serrano – “que se
echa en el arroz”; perdón, también en la salsa de las
albóndigas–, el jalapeño, que se presenta desvenado o
13
Alimentos tradicionales
en vinagre. Hay chiles habaneros, de cera, mulatos,
guajillo, poblanos, de árbol y el nombrado chilpotle, por
decir algo. ¡Ah!, y cuidado con el piquín: “chiquito,
pero picoso”.
El jitomate o tomate
En náhuatl se llamaba jitomate o “tomate de ombli-
go” (de xictli, ombligo). Tomate fue lo que es para
nosotros todavía: el tomate de cáscara o “verde”. La
palabra tomate se internacionalizó al ser más accesi-
ble a la mayoría de los idiomas extranjeros; por tal
motivo, aprendimos a llamarle también tomate.
Bien, sería imperdonable no mencionar al jitomate
como parte vital de la cocina mexicana –y aun de la
internacional, con el “bacalao a la Vizcaína”–.
El tomate o pomodoro (algo como manzana de oro),
pronunciado según la fonética de otras lenguas, es ya
universal, envasado y procesado en otros países; para
nosotros sigue siendo un alimento popular y un com-
ponente de infinidad de salsas y complementos de la
comida.
Otro tanto se podría decir del aguacate, del cual
conocemos algunas variedades, todas aceptables y ca-
paces de alternar con los manjares más elaborados.
Los dos son suculentos manjares, y combinados:
¿quién no ha disfrutado del mexicanísimo y delicioso
guacamole?... Por eso en el momento de pasarles lista
entre nuestros alimentos tradicionales, los dos dicen:
¡presente!
15
Capítulo 1
Calabacitas tiernas
La calabacita es otro de nuestros alimentos desde
“enantes”. Sí, desde tiempos prehistóricos la calabaza
se cultiva en estas tierras, al mismo tiempo que el maíz,
el frijol y el chile.
La calabaza de Castilla es una variedad que apare-
ció más tarde, pero que ya “sazona”, es grande y “cha-
peada” (como la que se convirtió en carroza en algún
cuento); nos da ricos guisados mezclándose sus tro-
zos de atractivo amarillo anaranjado con pedazos de
carne y, claro, ¡con su mole espesito!
...Y “por allá por Muertos”, ¡qué deliciosa en tacha!
Con guayaba, naranja y piloncillo... y qué vistosa cuan-
do los ingredientes se echan por los ojos y boca que se
le han abierto para hacerla una cara desdentada.
La flor de calabaza es rica en quesadillas, en sopa
–con todo y su “velita” (el exquisito y saludable po-
len)–. Se combina con jitomate en salsa, chile de ár-
bol, serrano...
Las semillas –las pepitas–, ¡secas, tostadas, saladi-
tas!, se presentan como una golosina barata y popular.
Los chilacayotes pertenecen a esta familia –pare-
cen una derivación o modificación de la calabaza; en
náhuatl se llama algo así como “calabaza lisa”–. Tam-
bién entra en la lista de nuestros preferidos: cuando
es tierno, va en mole de chile ancho, con queso de
“morona” y bastantes tortillas.
Y cuando lo bajamos de la barda o del alero de la
casa de campo, ya maduro, asoleado y compacto, ¡qué
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Alimentos tradicionales
suavidad y encanto al paladar, ya hervido, deshebrado
en miel de azúcar, formando los cabellos de ángel!
El nopal
Nos da tunas el nopal,
Y sus pencas, ensalada;
Nos espina algunas veces
Pero no nos pide ¡ni agua!
Dice un versito que me encontré “por ahí”.
Y: “Al Nopal lo van a ver
sólo cuando tiene tunas”...
Así, como está “pencudo” y no quiere florear, no
hablaremos más de él,
–... ¿Manque esté en el escudo?
– ¡Manque! Hay que ver que ya todos lo conocen...
No debemos menospreciar al nopal, máxime ahora
que las comunidades de Milpa Alta lo han procesado
en encurtidos y hasta en cremas faciales.
17
Capítulo 1
Hierbas
Ahora, una sazonadita a todo con nuestras hierbas fa-
voritas: el cilantro, el perejil, el epazote y la hierba-
buena... o para mayores lujos, el orégano, los cominos,
la mejorana, el tomillo y la albahaca. ¡Qué sabores!
El arroz
¡Qué ingratitud sería la nuestra si no le diéramos su
importancia al arroz! Cierto que no es nativo de Amé-
rica, mas es parte esencial en nuestra dieta actual,
como lo fue desde la época colonial.
Originario –según se acepta en general– del sur de
la India, pasó a China “hace unos 5,000 años”. Se ex-
tendió hasta Japón por el Oriente y también pasó a
Indochina; por el oeste llegó a Persia y a Egipto. En
tiempo de Alejandro Magno se introdujo en Europa,
aunque su definitiva difusión en el Mediterráneo se
debe a los árabes.
Siglos después, los españoles lo trajeron a Améri-
ca, donde su aceptación fue unánime y sorprendente
la difusión de su cultivo en todas las zonas húmedas o
en aquellas cuyos caudales proveían del agua necesa-
ria para inundar los campos.
El arroz es el platillo imprescindible en la cocina
mexicana de todos los rumbos. Se come “haciendo
fuertes” a los humildes “frijolitos”, así como fiel acom-
pañante de los chiles rellenos, del mole y de otros gui-
sos tradicionales.
18
Alimentos tradicionales
He escuchado comentarios como el siguiente que
me parece muy significativo en cuanto a la importan-
cia del arroz:
–Voy a ver mi arrocito, comadre, que habiendo arroz,
como que ya hay comida...
O bien, el popular dicho de “este arroz ya se coció”,
al referirse a un asunto que está por lograrse.
También nos deleita el arroz en el muy popular pos-
tre conocido como arroz con leche, con sus rajitas de
canela o su cascarita de limón...
La papa
Aunque no es mexicana y sí de origen sudamericano,
la papa (o patata por corrupción lingüística, debido a
su semejanza con la batata o camote) se conoció an-
tes de la Conquista. Durante la Colonia pasó a Europa,
donde después de muchos desaires fue aceptada en
todos los países, tanto que ahora son famosas las “pa-
pas a la francesa”, la “tortilla de patata a la española”
y aún suele hablarse de nuestra aludida, llamándole
“el milagro alemán” (recordando que la papa salvó al
país germano de hambrunas en tiempos de guerra y
en posguerras)...
Nosotros la tenemos como puré, acompañando a
diversas carnes; como sopa de papa rebanada; en
quesadillas, o como tortitas –muy mexicanas igualmen-
te– amasadas con huevo y fritas en manteca (o acei-
te)... rellenas con rajas, con queso. Sí, la papa es un
19
Alimentos tradicionales
alimento muy versátil y del gusto de la mayoría de los
paladares nacionales.
El taco
Más. ¡Más! En este arco iris de sabores y formas, de
imaginación y de realidades “reales” –al insistir en su
presencia verdadera y constante– nos queda, como
“broche de oro”, su majestad el taco.
–¡Tacos, joven!
Diariamente los hacemos en casa, improvisando la
tortilla enredada con el guisado, sal y mantequilla, con
tuétano, con azúcar, con miel, con nata, con frijolitos
“secos”.
También los preparamos en serie –rellenos de cho-
rizo, de huevo, de papa, de carnita deshebrada– para
luego freírlos y presentarlos en la mesa como plato de
paso o como plato fuerte.
Los hay de puestos, de fonditas, de restaurantes
típicos, por todo el territorio. Los hay fuera, en los
comedores nostálgicos, allende una y otra frontera,
uno y otro mar...
Y casi siempre, aquí y allá, se sirven con su queso y
¡mucha crema!
¿Qué tal ahora unos tacos de chicharrón con
guacamole?
El chicharrón es otro de nuestros alimentos tradicio-
nales –aunque el origen del cerdo fue la importación
colonial.
21
Capítulo 1
Y hablando de la aceptación y nacionalización del
“dormilón”, no olvidemos, en regiones distintas, las
carnitas y la cochinita pibil.
Platos de mayor tradición
• De la tierra
Los platos de tradición más socorridos son el mole de
guajolote, la barbacoa, las carnitas, la cochinita pibil
en el sureste y el cabrito por los rumbos de Monterrey.
El guajolote o pavo –hoy navideño–, alabado por
su riqueza proteínica y escasa grasa, es originario
de México.
Los aztecas lo domesticaron por su excelente carne,
sus magníficos huevos y su abundante, aunque delicada,
descendencia. Su nombre era hueixólotl –más o menos
algo como “viejo enojón–. Se le llamó pavo en España;
en Francia le pusieron Dindón –graciosa palabra resul-
tante de la expresión d’Ind: (de India). Los ingleses lo
llamaron turkey porque –como otros exóticos produc-
tos americanos– lo creyeron procedente de Turquía...
La barbacoa requiere una especie de horno subte-
rráneo y la presencia intercalada de pencas de maguey
para que el borrego o chivo que va a prepararse se con-
vierta en sustanciosos trozos de carne “maciza”.
El cabrito norteño es una preparación apetitosa
hecha en forma esmerada con fuego “especial”, con
poco aliño, pero gran sabor.
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Alimentos tradicionales
Las carnitas típicas se elaboran en un enorme cazo
de cobre, en que se fríe el puerco troceado, al cual se
agregan granos de sal y se rocía agua hasta lograr su
completo cocimiento.
El chicharrón se obtiene de la piel limpia y rasura-
da del cerdo, frita y dorada en su propia grasa.
La cochinita pibil es típica de la zona maya. Se co-
cina a base de achiote –sustancia colorante– prepara-
do con hierbas finas escogidas y un acidito de vinagre.
• Del mar
En cuanto a los platillos elaborados con productos
marinos, tenemos en nuestras tradiciones el ceviche –de
origen peruano, introducido por Acapulco en el siglo
pasado–, para el cual se mezcla el pez sierra –crudo–
desmenuzado, que se “cuece” en limón. Se aliña con
sal, aguacate y jitomate, ¡muy de acuerdo con los pa-
ladares mexicanos!
El pan de cazón, una especie de pirámide de torti-
llas enfrijoladas que se alternan con el cazón –cría muy
joven de tiburón– guisado con jitomate, chile y hierbas.
Todos los peces y mariscos se preparan en muy di-
versas formas, según su procedencia y costumbres del
lugar. Son muy apreciados, sobre todo en las costas y
en las grandes ciudades, así como en los restaurantes
o comedores regionales.
23
Capítulo 1
• Los insectos
Los insectos tampoco fueron desdeñados como alimen-
to por los antiguos mexicanos, ni lo son ahora en di-
versos rumbos y niveles, aun en los restaurantes típicos
de más categoría.
En familia suelen comerse en ocasiones especiales,
las más de las veces para acompañar “un trago”.
Tal es la suerte de los jumiles, dañinos para las plan-
tas verdes, a las cuales chupan, como vampiros, con su
“pico”.
Igual ocurre con los chapulines o saltamontes, así
como con los gusanos de maguey y los escamoles
(hueva comestible de ciertas hormigas).
Unos de ellos asados, bien al vapor o fritos; otros
crudos, todos capaces de hacer la delicia de ciertos
paladares.
Bebidas nacionales
• Pulque
Aunque la bebida por excelencia fue el milenario pul-
que –el de la leyenda de Xóchitl, la muchachita hija
del descubridor, cuyo soberano Tecpancaltzin la sedu-
jo y determinó la caída del Imperio Tolteca– obtenida de
la fermentación del aguamiel que extraen del maguey,
su ingestión y efectos han sido sustituidos, poco a poco,
por la cerveza, a nivel popular y aun campesino.
24
Alimentos tradicionales
Hasta muy entrado el siglo xx no había pueblo, rum-
bo ni ciudad sin sus respectivas pulquerías. Claro, con
su departamento de mujeres y una ventanilla para ven-
tas al exterior.
A medida que los cerveceros envasaron el producto
“refrescante” –al principio rechazado por su extraño
sabor–, las tiendas de abarrotes, muchas de ellas veci-
nas de las pulquerías, los tendajones y hasta los
estanquillos, provistos de las manejables, atractivas y
transparentes botellas con el dorado líquido, provoca-
ron el decaimiento y cierre de las pulquerías.
La cerveza es hoy también bebida nacional, elabo-
rada en Toluca, en Orizaba, en nuestra Ciudad de Méxi-
co y en otros lugares industriales; tiene fama en el
mundo y se consume en muchos países, además de
México. Sabido es que se obtiene de la fermentación
de la cebada con azúcar y levadura, perfumándose lue-
go con lúpulo.
El tepache, la horchata (la auténtica de semilla de
melón o las imitaciones preparadas con arroz o con
maicena), con canela o con cascarita de limón; la chía,
ese antiquísimo líquido, espesito, refrescante, obteni-
do de la semilla de la chía blanca, echada en remojo,
(la chía negra, se emplea para la pintura de jícaras en
Michoacán) son bebidas caseras, familiares; se encuen-
tran muy a menudo en los puestos de las ferias de pue-
blo o de los barrios.
Los moscos de Tenancingo y los pálidos de Orizaba,
así como el vinito de nanche, son “nadita” embriagan-
tes. Se toman con medida. Se vendían en garrafones
25
Alimentos tradicionales
en puestos de la calle; ahora sólo en algunos poblados
viejos. Agradan y confortan; son de poca graduación.
Los moscos se producen y embotellan en Tenancin-
go, Estado de México. Son licores dulces de diversas
frutas de la zona. Son famosos aun fuera del rumbo.
Los pálidos de Orizaba son infusiones de fruta o
cáscara (de limón, lima o naranja) en aguardiente de
caña. Se toman en vasos pequeños.
En cuanto al vinito de nanche, propio de tierras del
Golfo y del Caribe, es un licorcillo a base de esta fruta
(poco conocida en otras regiones), al que se le agrega
“un punto” de azúcar.
El rompope es otra de nuestras bebidas consentidas;
hecho con leche, huevo, azúcar, canela y, claro, su ron.
No olvidemos el café, pues donde quiera te ofrecen
y te sirven un “cafecito”.
• Bebidas fuertes
El mezcal es aguardiente de maguey obtenido al desti-
lar las pencas asadas.
El mezcal de olla se envasa en unos recipientes es-
féricos de barro negro, lo cual refina su sabor.
El tequila es el mezcal producido en la zona de
Tequila, Jalisco. Dicho mezcal se produce de un ma-
guey especial de la región, el maguey azul (agave
tequilana).
El aguardiente es la bebida espirituosa que se ob-
tiene de la fermentación del jugo de caña o de algún
vino destilado.
27
Capítulo 1
El comiteco, aguardiente producido en Comitán,
Chiapas, es muy estimado y preferido por los origina-
rios del rumbo, y por las “colonias” de chiapanecos de
otras ciudades.
El tesgüino se hace de maíz prieto tostado, molido,
disuelto en agua; se deja reposar varios días para que
fermente. Es muy fuerte, su nombre deriva del náhuatl
tecuini: el corazón palpita...
En cambio, el oztochi, fermentación de jugo de caña
en agua, es tan suave que hasta las mujeres preñadas
pueden beberlo.
• Vinos
La zona de Baja California que ve al Mar de Cortés,
por un lado, y por el oeste hacia el Pacífico, produce
últimamente finos vinos de mesa, a la altura de los
europeos y de los chilenos.
En Zacatlán de las Manzanas, Puebla, se produce
buena sidra, la espumosa bebida –dulzona o seca– ori-
ginaria del noroeste de España.
28
Alimentos tradicionales
Dichos de la cocina de la abuela:
Para que no digan que no hemos dicho, aquí les van
unos dichos muy mexicanos –aunque algunos, de pura
chiripa puedan encontrarse dentro de los dichos de
otras tradiciones–. ¡Y lo dicho, dicho está!
Y mil perdones por no apegarnos a un estricto or-
den alfabético:
• Estar a medios chiles (se dice de algo a medias).
• Plantar, dar un plantón (no cumplir un trato).
• Dar calabazas (rechazar al pretendiente en amores).
• Ponerse rojo como jitomate (por vergüenza o inco-
modidad).
• Dar atole con el dedo (engañar al inocente).
• Hacer de chivo los tamales (ser infiel).
• Estar como agua para chocolate (algo así como es-
tar a punto).
• Ser baboso como nopal (no ser especialmente listo).
Ojo: también se encuentra en el mercado su equiva-
lente femenino.
• Caer pesado como aguacate (dicho de nuevo e indi-
gesto cuño: implica pesadez pero de carácter).
• Ser plato de segunda mesa (ser elegido como segun-
da o última opción, aunque no sea banquete, fiesta,
convite, reunión o junta de negocios).
• Vestirse con capas como la cebolla (dicho de nuevo
cuño, climático, que hace referencia al hombre pre-
cavido, quien frente a los cambios del tiempo viste
29
Capítulo 1
diferentes prendas para ponérselas o quitárselas a
voluntad del clima).
• Engordar como gallina para caldo (de obvio y volu-
minoso significado).
• Poner a fulano como camote (maltratarlo).
• Parecer pan con atole (ser poco agraciado. Vamos:
ser feúcho y desgarbado, digo, sin gracia).
• Ser como la miel (ser dulce o empalagoso).
• Ser agrio como limón (no todo mundo puede ser dul-
zón).
• Ser largo como espagueti (sin palabras).
• Ser tan bueno como el pan (obvio, muy obvio).
• Ganarse el pan (encontrar un oficio que lo facilite).
• Ser del año del caldo (no muy moderno, por cierto).
• Ser chiquito, pero picoso (parecer hormiga y resul-
tar león).
• Tronar como ejote (mostrar enojo, insatisfacción).
• Hacerse guaje o hacerse pato (hacerse el tonto me-
nospreciando al prójimo).
• Pegarse como chicle (no dejar a sol ni a sombra al
interferido; es decir, estar pegado a las faldas o pan-
talones de alguien).
• Portarse zapotito y no durazno (ceder para no endu-
recerse).
• Pasársela muele y muele (en concreto: ser un molón
que ya ni la amuela).
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Alimentos tradicionales
Y ahora una lista muy lista de refranes
• Sólo la olla sabe lo que se está cocinando (sólo quien
lo padece sabe lo que sucede y ni siquiera la siempre
comedida comadrita).
• El que nace pa’ tamal del cielo le caen las hojas (el
que es tonto, donde quiera abusan de él).
• Aquí sólo mis chicharrones truenan (en pocas pala-
bras: “y sigo siendo el rey”).
• Si eso dice pan de dulce, qué dirá tortilla dura (si así
se expresa el suertudo, qué dirá el infortunado).
• Acá las tortas (aquí, mi valedor, soy quien soy y todo
me queda guango).
• ...y en Metepec, los tacos (respuesta directa y sin
paradas para el valentón, algo así como “pararle los
tacos”).
• El comal le dijo a la olla (equivalente al que ve la paja
en el ojo ajeno y no es capaz de ver una viga en el
suyo).
• Para más abundancia: “el comal le dijo a la olla/ mira
qué tiznada estás/ y l’olla le contestó: ‘¡mírate tú por
detrás!...’”
• Lo dirás de horchata, pero salió de chía (se afirma de
algo que no salió como se esperaba).
• La manzana no cae lejos del árbol (el hijo no es muy
distinto a su progenitor).
• Mientras que son peras o son manzanas (perder el
tiempo en cosas superfluas).
31
Alimentos tradicionales
• Tanto tiempo de atolera y no saberla menear (cuan-
do el tiempo no da experiencia).
• Este capulín ya se heló (se dice de algo echado a
perder).
• Este arroz ya se coció (algo casi logrado).
• El amor es como los pasteles: no sirven recalentados
(sin explicación).
• ¿A quién le dan pan que llore? (nadie que se benefi-
cie tendrá por qué quejarse).
33
Capítulo 2
Medicina alternativa
Tradición herbolaria
La sabiduría popular, antigua como las tradiciones,
aparece en todo el territorio nacional en forma de re-
medios.
Aun en las grandes ciudades –antes de la visita al
médico, que generalmente se hace “cuando ya no hay
remedio”– siempre hay alguien que trata de ayudar
cuando te quejas de tus males o sufres de molestias
comunes.
Si no tienes hambre
tómate estafiate;
te duelen los pies
siéntate al revés,
y para un dolor:
ahí está el cedrón.
Medicina alternativa
Aparte de versitos y dichos, si tienes malestar esto-
macal no falta quien te ofrezca un “tecito” de cedrón.
¡Qué bien! El cedrón es deliciosamente aromático;
sabrosísimo hecho en té.
El té –o “tecito”, que es más mexicano– es una in-
fusión hecha con la flor, hierba y raíz recomendada. Se
toma calientito y suele ser muy efectivo.
Si no te dan cedrón, quizá te ofrezcan una taza con
hierbabuena, hojas de naranjo o manzanilla.
Cuando el mal sea por bilis, tómate hojas de
tabachín como purgante o cálmate con tila, también
llamada tilia. ¡Ah!, pero si la molestia se repite y sos-
pechas parásitos, recurre al epazote o a las semillas
secas de calabaza.
Si tu mal es de la garganta, hierve mercadela en leche
mediada (con agua), luego cuélala y haz gárgaras.
Para la tos hay el laurel cerezo; o si la bronquitis se
“emperra”, puedes buscar la flor de tabachín, o bien,
hacer un té de hojas de eucalipto, colarlo y beberlo
caliente, despacio y con miel de abeja.
Oye, también es efectivo el ítamo, díctamo o ítamo
real. Si no lo conocen por estos nombres, pide candelilla.
Como podrás imaginarte, además de la tradición
prehispánica y española, entre nuestros conocimien-
tos y remedios hay algunos de origen africano, que se
sumaron durante la Colonia a las dos corrientes pri-
marias.
La medicina mesoamericana era rica en conoci-
mientos, mismos que aún son válidos. Muchas de sus
enseñanzas han pasado a la farmacopea universal.
37
Capítulo 2
Los ejemplos más clásicos son la flor de manita –en
francés gantelet, guantecito, de la cual se obtiene la
sustancia conocida en la farmacopea universal como
digital, usada con éxito en cardiología. Asimismo, la
magnolia mexicana, yoloxóchitl (flor del corazón) es
empleada para afecciones cardíacas.
El zoapatle o cihuapatle (cuyo significado es reme-
dio de mujeres) es útil para producir contracciones
uterinas. Cuando se usa en el posparto es de gran ayu-
da; mas si se usa a destiempo –antes del parto, por
ejemplo– suele tener consecuencias fatales.
El repelente para insectos conocido como citronela
no es más que la esencia de nuestro aromático toronjil.
Para reumas y dolores articulares se preparan ho-
jas de marihuana con alcohol; digo, se elaboraban, pues
en la actualidad no se consiguen. ¡Lástima, eran muy
efectivas!
Bueno, no te apures, tenemos el zumaque.
Para las contusiones –con o sin raspaduras– encon-
tramos el árnica.
Así, la medicina llamada alternativa es abundante
en posibilidades. Sólo pondré unas cuantas de las ma-
ravillas con que contamos:
La malva cura inflamaciones, en cataplasma.
La mejorana para luxaciones y “moretones”.
El nogal evita la caída del cabello.
El muitle es antianémico y contrarresta la epi-
lepsia.
El orégano para la tos, lo mismo que la ortiga o
chichicaxtle.
38
Medicina alternativa
El tabaquillo para la digestión.
El romero no falta en los baños de las parturientas
por su poder astringente y energético.
El perejil calma al instante el ardor de un piquete
de abeja.
El rabanillo... ¡cuidado!, es tetanizante. Los brujos
indígenas lo aplican a sus enemigos o “encargados”,
pues produce desórdenes mentales.
¡Otra ganguita es el toloache! (en náhuatl, toloat-
zin): venenoso y enajenante. Las hojas, en fumigación,
son benéficas para la tosferina y el asma. Los farma-
céuticos preparan ungüentos calmantes.
Pero administrados con maldad –de acuerdo con
su tiempo de corte y tal o cual fase lunar– producen
parálisis, idiotez y aun la muerte.
La homeopatía ha tomado en cuenta sus propieda-
des y elabora –en microdosis– tinturas para casos es-
peciales de alienismo, parálisis y paros respiratorios.
También entre las flores “buenas” podemos citar la
jamaica, refrescante y diurético leve. El gordolobo es
para la tos; la borraja, anticatarral; el azahar, calmante...
Los cabellos de elote son un excelente diurético;
cuyo efecto aumenta si se asocia con unas pingüicas:
un tecito sabroso y eficaz.
Si alguna vez has visto a alguien con una rodajita
de papa en las sienes, es un remedio bueno para los
dolores de cabeza; se llaman “chiqueadores” y si se
combinan con ruda “sacan el mal aire”.
39
Capítulo 2
El temazcal
Puede ser un baño con sentido religioso, como se cree
que haya sido el de las parturientas al cumplir la cuaren-
tena. Semejante al baño ritual de las hebreas, las re-
cién paridas asisten a un baño de purificación.
Esta tradición se ha perdido adonde han llegado
las clínicas de maternidad, aunque “por conservar las
buenas costumbres” se lleve a cabo cuando la madre
cumple este periodo de limpieza interna y “le llega su
fecha”.
De esa manera, se considera –a pesar de los conse-
jos médicos oportunos– que la mujer queda apta para
un nuevo embarazo.
El temazcal puede tomarlo cualquier persona –hom-
bre o mujer– que requiera un descanso, un intermedio
en los quehaceres o una temporada de salud.
El temazcal consiste en una caseta ante cuya única
puerta –pequeña y de poca altura– se halla un brasero
ardiendo, para que su fuego caliente el agua que el
temazcalero (bañero) rociará sobre la pedacería de
astillas suaves y ramitas que cubren el piso.
Se provee al bañista de una rama de árbol para que
se golpee el cuerpo, con objeto de activar la sudora-
ción que se busca. El vapor y los “golpes de rama” de-
terminan un sudor copioso.
Con el sudor salen los males, el cansancio y toda
impureza; por eso el temazcal sigue siendo tradicio-
nal para muchos mexicanos.
40
Medicina alternativa
Cuando el bañista recibe la señal de “cumplido”,
debe salir de la caseta y echarse al río vecino.
En lugares donde no hay un río cercano, el
temazcalero prepara unos cubos o tinajas con agua
fría y muy limpia para que la persona culmine su rito.
Los temazcales no son mixtos y el temazcalero debe
pertenecer al sexo del bañista.
Si en el lugar hay espacio para varias casetas de
temazcal, los asistentes se dividen por sexos y, “por
delicadeza”, no quedan nunca unos enfrente de otras.
Una variedad de este sistema es el temazcal con
reposadero, donde las personas pueden recostarse o
sentarse en sillas de lona para descansar y reponerse
del desgaste del baño ritual y entonces “se echan un
sueñito”.
Antojos
A propósito de las parturientas, si volvemos con ellas
cuatro o cinco meses atrás, las hallamos con costum-
bres verdaderamente tradicionales, a veces extravagan-
tes pero comunes, como son los antojos.
Esta creencia dice que las embarazadas –perdón,
retiro la palabra y digo: la que está enferma de niño, la
que está esperando, la que está en estado interesante
o simplemente está en estado– no pueden negarse a
conseguir o comer cualquier capricho que “se les an-
toja” porque dañan al pequeño.
41
Medicina alternativa
Comer fresas a medianoche porque si no... se le
pintan los párpados al niño del color de la fruta...
No comer frutas bifurcadas porque le nacen hijos
cuates...
Limpiarse los ojos si no atinó a voltearse cuando
pasó un ciego, un cojo u otra persona impedida, con
algún defecto o particularidad notoria: un gran lunar
visible, el pelo albino o rojo... Y los ojos se limpian con
ramitas de ruda, con flor de manzanilla o con agua
bendita...
Así, la mujer “en espera” se la pasa temerosa, preo-
cupada, dispuesta a contrarrestar los maleficios, has-
ta el día en que “se alivia”, “compra el niño”, o bien,
“sale de su cuidado”, aunque un médico amigo dijo,
con gran acierto, que muchas veces “salen de su des-
cuido”...
43
Capítulo 3
Regalos, flores y otras tradiciones
Regalos y flores
En ocasión del nacimiento, el registro o el bautismo
de un bebé –algunas veces ya no tan bebé si el papá no
“juntó para la fiesta”– se acostumbran determinados
obsequios y flores que la tradición ha consagrado.
Para estas ceremonias, al igual que para las confir-
maciones y primeras comuniones –con sus respectivas
tamaladas–, los padrinos regalan el atuendo del día,
de pies a cabeza, además de velas, rosarios y acceso-
rios del caso.
Los invitados le brindan a los niños ropita, jugue-
tes, dulces u objetos del culto, como medallas, Biblias,
devocionarios, imágenes y estatuillas de santos. Y a la
mamá del niño –sobre todo, en los bautizos– le llevan
ramos de flores blancas, principalmente azucenas, que
ella ofrecerá en el templo por la pureza y suerte del
festejado, o bien, colocará en ese lugarcito de casa
donde está la foto de Abue, la imagen del Corazón de
Jesús o de la Virgencita de Guadalupe.
Regalos, flores y otras tradiciones
Los enamorados intercambian dulces, alhajitas más
o menos costosas (perdón, unos “se van al puro pape-
lillo”: cuentas corrientes que se usan en los disfraces
típicos), relojes y relicarios, collares, prendedores, “es-
clavas” de oro... Tradicionalmente es el enamorado el
que “pide, dando”. Lo indicado son cajas de chocola-
tes, caramelos rellenos en forma de corazón, además
de las ya sugeridas alhajas.
Sin embargo, las flores tradicionalmente van con
las declaraciones que acompañan al pretendiente de-
seoso de ser correspondido en el afecto. Nardos, rosas,
claveles, indican la costumbre “de ley”.
Esta costumbre deriva de la que existía en varias
ciudades de Asia Menor durante el siglo XVIII, median-
te la cual un ramo de flores acompañaba u ocultaba
ciertos objetos, extravagantes al parecer, pero porta-
dores de un mensaje. Este fino lenguaje dejó de usarse
porque permitía interpretaciones equivocadas; por
ejemplo, un carbón apagado quería decir “el fuego me
consume” podía tomarse como: “eres insensible, tu co-
razón está apagado”...
De algún modo las flores tienen todavía algún sig-
nificado tradicional, sobre todo, las rosas: las de color
rosado simbolizan ternura; las blancas son muestra de
un amor puro y limpio; las rojas significan pasión; las
amarillas, celos.
Las gardenias llevan un mensaje emotivo con su
perfume, así como las azucenas y los nardos.
47
Capítulo 3
Las camelias impresionan por su elegancia y su
belleza, los claveles son signo de un acendrado afecto:
blanco... rojo...
Hubo un tiempo en que el mensaje era sobreenten-
dido.
Rosas: Te amo con pasión.
Claveles: Amor ardiente.
Orquídeas: Nuestro amor es puro.
Camelias: Estoy loco de amor.
En 1866 se publicó en Inglaterra –que se difundió
en varios países y llegó hasta nosotros– un diccionario
con el significado de treinta flores.
A pesar de éste y otro libros semejantes, había gran-
des confusiones en los envíos, compromisos y roturas
injustificadas, a tal grado que se prohibieron los inver-
naderos traficantes.
Entre las tradiciones mexicanas, las rosas rojas si-
guen siendo las preferidas para una declaración apa-
sionada.
Las ferias de pueblo
México es famoso por sus diversas ferias, como la del
nopal, la del mole, la de las artesanías…
En Aguascalientes se festeja la feria de San Mar-
cos, cada año en abril, con manualidades, bordados y
deshilados, productos típicos y una sonada feria lite-
48
Regalos, flores y otras tradiciones
raria, donde concursan poetas y escritores y se entre-
gan valiosos premios. También, aunque nos suene chus-
co, en Amecameca se celebra anualmente la feria del
burro.
Es incompleto hablar de las ferias de los pueblos
sin recordar sus nombres ni manifestar su típica inte-
gración mestiza, ya que al nombre indígena se ha agre-
gado el nombre colonial, generalmente de un santo de
origen español, y se remata con una especie de advo-
cación o dedicatoria referente a los próceres naciona-
les. Así tenemos, por ejemplo, San Bartolo Naucalpan
de Juárez, Santa María Yucuñuti, también de Juárez,
sí, Benito Juárez, el representante máximo de las Le-
yes de Reforma y el autor de la mundialmente famosa
frase: “Entre los individuos, como entre las naciones,
el respeto al derecho ajeno es la paz”. Otro ejemplo lo
tenemos en Santa Rosa Necoxtla de Mendoza, cuyo
final recuerda a Camerino Mendoza, luchador obrero
de la zona, muerto en la localidad.
Cada pueblo antiguo o moderno, indígena o mesti-
zo, tiene por costumbre tradicional celebrar el día
dedicado al santo patrono. Fue la forma en que los
misioneros validaron los asentamientos primitivos –y
a veces procuraron su instalación sedentaria donde
antes sólo hubo nomadismo– en torno de una nueva
imagen: el santo patrono, cuya veneración, desde lue-
go, quedaba promovida.
En las ferias de pueblo se reúnen artesanos de la
región con sus productos típicos y hay juegos mecáni-
cos, tiro al blanco, carrusel, y de lo más gustado, la
49
Capítulo 3
lotería y los títeres, así como el pajarito de la suerte,
que vaticina el futuro sacando con el pico un papelito
donde se encierra el esperado mensaje. Allí, la soltera
espera que le auguren un próximo y feliz matrimonio;
la anciana y la “dejada”, la vuelta del ausente, sea hijo
o “señor”; al marinero, feliz vuelta a su tierra. Pero no
todos los “papelitos” traen suerte si al que vive en el
décimo piso le pronostican un temblor...
Los títeres
¿Vienes? Yo no puedo imaginarme una feria sin títeres.
En verdad, los títeres o marionetas son los peque-
ños duendes, los geniecitos que nos hablan con sabi-
duría y ríen con nosotros en las ferias. Todas las culturas
tuvieron la presencia de los títeres –aun antes de apa-
recer la escritura–: en Japón, China, Java... hay restos
milenarios de estos diminutos actores.
Los hay de guante –quizá los primeros–, actuando
los dedos como unidades y después haciendo un per-
sonaje cada mano.
Existen los de varilla, manejables desde un lugar
oculto bajo el escenario. Hay de cuerdas, movidos por
los titiriteros desde un tablado o enrejado superior.
Éstos fueron primero una unidad compacta –de made-
ra, de trapo o de pasta– para volverse luego articula-
dos. Hoy existen maravillas con mecanismos muy
adelantados, capaces de movimientos más precisos, se-
mejantes a los humanos.
50
Regalos, flores y otras tradiciones
Algunos títeres pueden representar a animales o
seres fantásticos.
Los griegos gozaron de su presencia; los remedos
de humanidad saltan entre las letras de Homero, de
Herodoto y de Aristóteles.
Para llegar a Grecia ya habían cruzado Egipto y la
India, donde la leyenda sitúa su cuna, afirmando que
Siva se enamoró de la muñeca de su mujer y la dotó de
vida y movimiento...
En Egipto, por cierto, se encontró en la tumba de
un tal Kelmis ¡el ejemplar de un libreto de teatro para
marionetas!
El nombre que les dieron los griegos se refiere a las
cuerdas con que se mueven. Los romanos las llamaron
figuritas animadas.
Durante la Edad Media aparecieron en las iglesias
para representaciones sacras. Los “belenes”, “miste-
rios”, o para nosotros “nacimientos”, derivan de una
de esas escenas con marionetas. ¡Increíble!
En el siglo XVI, el espectáculo de titiriteros creció
al mismo tiempo que la comedia del arte italiana. Los
personajes aparecían en las funciones de títeres:
pulchinela, arlequino, il dottore, formaron parte del
diminuto elenco de movimientos espásticos y voz pres-
tada, alegría de las ferias.
Cuando pasaron a otros países, “cruzando el char-
co”, los personajes se adaptaron a las historias del li-
breto y éstas a la intención catequizante, política o de
mero entretenimiento.
51
Regalos, flores y otras tradiciones
Además de ser un atractivo infantil en ferias y en
teatro, hoy se utilizan con fines didácticos, así como
psicoterapéuticos.
Puede decirse que Rosete Aranda fue en México el
padre de los títeres, cuyo museo, semillero y taller,
florecen hasta la fecha en Huamantla, Tlaxcala. Mireya
Cueto es la decana de los titiriteros actuales. Sus crea-
ciones, como Nasrudín y sus personajes cervantinos,
del mismo modo que Rinrín, el renacuajo, hacen las deli-
cias de los niños, de los maestros y de los papás que
tienen el privilegio de asistir a sus funciones.
Hoy día se hacen adaptaciones de obras de Goethe,
de Dickens y de García Lorca para representaciones de
marionetas.
En nuestras ferias, según el rumbo y la categoría,
los títeres –muy concurridos siempre– presentan des-
de un simple diálogo humorístico sin complicaciones,
hasta obras maestras con las que sentimos la magia
del teatro, doblemente fantástica en el minúsculo es-
cenario de esos pequeños favoritos.
Los compadres
Entre las tradiciones mexicanas, el compadrazgo es
una institución de las más respetadas.
Desde luego, los más genuinos, los “de a de veras”,
son los que comparten la tutela posible del ahijado:
los papás y los padrinos.
53
Capítulo 3
Hay otros compadres también “de primera”, como
los que confirman a un niño o lo acompañan en su
primera comunión.
Los siguen los padrinos de 15 años, en cuyo caso
quedan como compadres de los papás de la festejada.
También se dicen compadres entre sí los consue-
gros.
Desde luego, las madrinas del Niño Dios son coma-
dres no sólo de la dueña de la imagen que vistieron,
sino también del marido de ésta.
Cuando alguien tiene un plátano “cuate” (que cre-
ció compartiendo espacio con otro como los herma-
nos siameses) busca una persona de su agrado para
separarlos al unísono y volverse comadres o compa-
dres.
Los compadres se deben entre sí no sólo preferen-
cia y respeto, sino un afecto especial que debe acre-
centarse con repetidas y mutuas atenciones.
Si por alguna razón dos compadres discuten, antes
de llegar a las manos tapan el compadrazgo colocan-
do el sombrero, ceremoniosamente, sobre una piedra
o mata. Una vez liquidado el pleito, ambos recogen
sus prendas y se dan las manos...
Si en una reunión están conversando dos comadres
–o compadres, o compadre y comadre– se toma a ofensa
que uno de ellos se levante o se dirija a un recién llega-
do sin pedirle permiso a su acompañante. También es
ofensivo “hacerse a un lado” para que alguien se sien-
te entre ellos.
54
Regalos, flores y otras tradiciones
Los primeros convidados a cualquier evento fami-
liar son los compadres, a menudo antes que los pa-
rientes.
Los compadres tienen lugar de honor en una mesa.
En alguna necesidad se recurre a los compadres
para pedir ayuda, pues se supone que al tener un pa-
rentesco espiritual respetable deben “procurarse” en-
tre sí.
Los compadres son los representantes de los pa-
dres cuando éstos no pueden asistir, por enfermedad o
ausencia, a una ceremonia –boda, graduación del ahi-
jado–, lo mismo que si han fallecido.
Si alguien viene recomendado por un compadre, el
otro debe darle a esa persona asilo y atenciones. Si
necesita dinero o relacionarse con una persona impor-
tante, nada más propio que pedirle su colaboración.
Cuando hay un enfermo de gravedad y se halla en
peligro de muerte, se avisa a los compadres. Es lo co-
rrecto, como lo es la respuesta de ellos asistiendo al
enfermo, llevándole comida adecuada –su caldito de
pollo, sus manzanas, su verdurita– y llamando al sacer-
dote si se cree atinado.
55
Capítulo 4
¡Ya llegó la música!
Las trajineras de Xochimilco
Hay quien afirma que las trajineras de Xochimilco pue-
den equipararse a las góndolas venecianas.
Infatigables y en constante trajín llevan y traen a
los viajeros por los diferentes canales.
Cada trajinera tiene en el frente un nombre de mu-
jer: Lupita, Juanita o María... y recuerdan a las espo-
sas, novias, enamoradas o parientas de los dueños.
Hay quien visita Xochimilco los domingos y días
festivos. Hay quien gusta de celebrar su cumpleaños a
bordo de una trajinera mientras se agasaja con música
y comida típica.
El menú es siempre sabroso y consta de mole, arroz,
nopales, carnitas... acompañados “para que pasen” por
refrescos, cerveza y tepache; con frescas aguas de hor-
chata, jamaica, tamarindo, o bien, una simple limona-
da. Como postre, los viajeros pueden deleitarse con
dulces de leche, frutas cubiertas…
¡Ya llegó la música!
Y los amantes de la naturaleza arribarán, también
a remo, a los puestos de plantas, árboles y flores. Asi-
mismo, los que gustan de vegetales y frutas de la esta-
ción.
Los mariachis
“Un matrimonio sin música no es un matrimonio”, diría
algún experto en fechas importantes de la vida del
hombre. Bien que lo sabían los mexicanos de épocas
pasadas que amenizaban bodas, fiestas y jolgorios con
música de mariachi.
Es en el siglo XIX cuando se acuña la palabra mariachi
que proviene, según la creencia popular, de marriage,
palabra francesa que significa matrimonio. Aunque
últimamente Nayarit disputa esta procedencia alegan-
do que existe un pueblo –hoy abandonado– de nombre
Mariachi...
Surgen estos conjuntos musicales en tierras de Jalis-
co, sede del gran Mariachi de Tecalitlán, entre familias
afrancesadas felices de vivir a la moda de París, gusto-
sas de satisfacerse con platillos a la europea y de ata-
viarse con charme (léase sharm), a la usanza de tierras
de ultramar.
¡Quién diría que una palabra francesa definiría tan-
to a la música como a los músicos más representati-
vos de nuestro país!
Hoy día lugareños y turistas deseosos de escuchar
música de mariachi difunden el espíritu festivo de la
59
Capítulo 4
música vernácula por todo el orbe, donde impresiona
con su bien acompasada música de violines, trompe-
tas, guitarras y guitarrones y con sus trajes adornados
con herrajes de plata y su sombrero de ala ancha.
Como mera curiosidad, existen grupos de mariachis
de diversas nacionalidades, entre los cuales sobresa-
len el mariachi japonés, el italiano y el de chicanos.
¡Ah!, y también hay mariachis de mujeres.
Y como despedida, aquí les traigo el Son de la Ne-
gra o las típicas Golondrinas que despidieron tiempo
atrás, según se cuenta, a la mismísima emperatriz
Carlota.
Instrumentos típicos
Y ahora les hablaremos de algunos instrumentos típi-
cos que de inmediato se vinculan con la esencia de
nuestro país.
Empezaremos con el organillo o cilindro –maneja-
do por un organillero o cilindrero–, instrumento de
indudable origen europeo, específicamente de Austria,
traído a México en tiempos de don Porfirio.
No por casualidad cuenta entre su repertorio con
“música de antes”, piezas europeas adaptadas sin difi-
cultad a nuestro oído e idiosincrasia.
Pocos –se calculan cien– son los cilindros que han
sobrevivido y que nos brindan hasta hoy su música es-
pecial. Y un secretito: cuando algún organillo finiqui-
ta sus días, dona generosamente sus partes, como
60
¡Ya llegó la música!
“órganos vitales”, para mantener con vida a los cilin-
dros que aún se mantienen en pie.
Salterio: otro de los instrumentos típicos es el sal-
terio (del griego psalterión), con cuerdas en forma de
prisma que se carga sobre las piernas y se toca con un
pequeño mazo, una púa o las uñas. Al salterio se le
relaciona con los salmos de David, quien, se hacía
acompañar de esta especie de cítara atravesada por
varias hileras de cuerdas, de sonido singular, que hoy
día continúa amenizando los festejos con su reperto-
rio de antiguos valses.
Arpa: conocida desde la antigüedad clásica, deriva
de la voz griega arpé, hoz o gancho; es uno de los ins-
trumentos de cuerda más sobresalientes que acompa-
ñan, tanto al son jarocho, como a la jarana yucateca y
al típico mariachi.
El arpa se toca con ambas manos, mientras que su
predecesora, el arpa eólica, sonaba por impulso de las
corrientes de aire.
Guitarra: en árabe quitara, en griego khitara o cí-
tara; llegó a España para quedarse. Luego cruzó el océa-
no, arribando a México, donde en la actualidad no hay
mariachi sin guitarra o sin su derivado, el guitarrón.
También deriva de la guitarra el requinto jarocho.
En nuestro país, la guitarra sufrió un cambio acor-
de a la sensibilidad del mexicano: una séptima cuerda.
Alguien dijo: “La guitarra grácil y con cuerpo de
mujer, siempre fresca, nos deleita con su voz sin años
y con su plática musical –que abarca una rica gama de
61
Capítulo 4
posibilidades expresivas– que oscila entre lo más ele-
vado y lo popular”.
Marimba: por cierto, una canción bastante conoci-
da afirma que la marimba “tiene voz de mujer”, la de
Tehuantepec y la del estado de Chiapas, así como la
del vecino Guatemala donde también se le escucha y
goza.
Proveniente de África se aclimató con facilidad al
calor y humedad de su nuevo entorno. Sus ecos leja-
nos avivados por la nostalgia deleitan tanto a los del
lugar como a los fuereños, con su voz inconfundible y
su frondosidad de notas.
Aunque perteneciente al pueblo, se le encuentra
en orquestas de pompa y circunstancia, donde se le
respeta por su magnífica madera de artista.
Armónica: también hablaremos de la armónica, ins-
trumento musical en forma de cajita, provisto de una
serie de ranuras con una o varias lengüetas metálicas
cada una; se toca al soplar y aspirar por esas ranuras.
Toca todas las piezas habidas y por haber y, como
es pequeña, cuando se termina de usar se guarda... ¡Y
hasta otro día!
Trajes y personajes
Empezaremos con personajes que conforman el perfil
de lo mexicano, de lo tradicional o costumbrista. En el
país o en el exterior, el charro mexicano es paradigma
de la Tierra del Nopal y la Serpiente.
62
¡Ya llegó la música!
Charro: cosa sorprendente, el charro proviene del
nombre que se da a los campesinos en Salamanca, cuyo
atuendo se ganó el corazón de los vaqueros mexicanos
y perdura a través del pantalón y la chaqueta de gamu-
za con adornos de plata –a los costados y al frente–,
además del sombrero de ala ancha –de fieltro o gamu-
za– mejor conocido como sombrero de charro.
Hoy existe su equivalente femenino en la charra,
ataviada como su pareja, aunque con falda larga. Ella es
la amazona que aprenderá a montar a caballo y a pes-
puntear los diferentes pasos del arte de la charrería.
China: la china poblana, la de la falda tricolor con
el escudo nacional, bordada con chaquira, lentejuela y
canutillo; la de la blusa de algodón, lustrosos collares
de papelillo y fino rebozo; la de los zapatos de raso
para bailar jarabe... Es una de las figuras legendarias
con más peso en suelo mexicano.
La china poblana –cuenta una leyenda de tiem-
pos de la Colonia– era una princesa oriental traída
como esclava por mar en una nao de China. Con el tiem-
po fue redimida para luego formar parte de un conven-
to de religiosas de la ciudad de Puebla. Su traje, con el
que llegó vestida, inspiró el traje que caracteriza a la
mujer mestiza.
Adelita: otro de los trajes típicos es el de las Adelitas.
Como se sabe, durante la Revolución Mexicana las
mujeres seguían fielmente a sus hombres. Les servían
de enfermeras, cocineras y abastecedoras de “parque”.
Incluso en medio de la contienda parían hijos y ente-
rraban dignamente a sus muertos.
63
¡Ya llegó la música!
Las Adelitas se eternizaron en la afamada canción
de La Adelita que dice:
“Adelita se llama la joven a quien yo quiero con todo
el corazón...”
Esas mujeres fuertes lejanamente vestían como las
Adelitas de estos tiempos mejores, que, sin embargo,
respetan la esencia de la vestimenta: faldas largas, blu-
sas con encajes en la pechera y botines con agujetas
¡para bailar las famosas polkas norteñas!
Jarochas: otro de los personajes por recordar es la
jarocha, gente franca y sin “pelos en la lengua”, proce-
dentes del puerto y el estado de Veracruz.
Para los que ignoran el significado de jarocha se
nos explica: “Son los de origen andaluz, conocidos por
gente franca, los primeros pobladores de esta región.
Sus mujeres, es decir, las jarochas, visten de manera
muy similar a las españolas procedentes de Valencia”.
65
Capítulo 5
Juegos y juguetes
Los caballitos
El niño, comúnmente, juega a ser “grande”, es decir,
adulto.
En el campo, en los pueblos y hasta en las ciuda-
des, hubo por mucho tiempo caballitos de petate, con
o sin jinete, que los pequeños manejaban a manera de
títeres. Los hubo también capaces de soportar el peso
de su dueño, eran de bulto y de tamaño suficiente para
usarse de monturas; mismos que más tarde se hicie-
ron de pasta con una plataforma con ruedas, para que
el jinete pudiera adelantar en el camino imaginario de
sus juegos.
Aun los más pequeños –menos intrépidos– cabal-
garon al reino de la ilusión sobre un balancín –con o
sin cascabeles–, subiendo y bajando sobre sus rieles
curvos.
A veces una simple cabeza de cartón o tallada en
madera justificaba que un niño corriera por la casa
Juegos y juguetes
montado sobre un palo, en cuya punta superior se veía
la figura que relinchaba con la propia voz del jinete.
Más tarde apareció el caballito Roncy –mecánico,
sofisticado, armado con un sistema con resortes–, sal-
taba al impulso feliz y enajenado de su dueño.
Con el advenimiento de los automóviles, cada peque-
ño quiso su coche. Muchos se subieron a él y suplieron
el mecanismo de las ruedas con sus propios pies.
Los más favorecidos tuvieron cochecitos mecáni-
cos y pudieron sentarse y ordenar –por medio del vo-
lante– que las ruedas los llevaran.
Aquellos que no alcanzaron coches grandes los tu-
vieron pequeños para sujetarlos con la mano y lanzar-
los al frente, apostando “carreritas” con los amigos.
Como una alternativa entre los vehículos, hubo pa-
tín del diablo, patines y patinetas. Las modas y las po-
sibilidades económicas de los padres determinaron su
variedad y su presencia en las calles, en los parques,
en los jardines y en las casas.
Las niñas patinaron también. Muchas prefirieron
impulsar o jalar el carrito de la muñeca. Los vimos de
varas, de lona, de hule con metal; desde luego, con
ruedas de madera, de fierro o con llantitas.
Se hicieron luego las carriolas, remedando las que
lleva mamá y fabricadas a escala, funcionando como
las de los nenes.
Las bicicletas imitaron también a las grandes; se
fabricaron de acuerdo con la fuerza impulsora y la es-
tatura de los niños. Las había para niños y niñas. Y
para los más chicos, los triciclos.
69
Capítulo 5
¡Qué alegres los chiquillos y las niñas de preescolar
con sus triciclos adornados para la fiesta de la prima-
vera!
¡Qué serios y formales en esas lecciones de tránsito!
¡Qué importantes llevando a la hermanita parada
sobre el travesaño posterior y sujeta a los hombros!
Las niñas, además de mamás de las muñecas y co-
madres entre sí, juegan a la casita, con muebles dimi-
nutos –o grandes, en versiones modernas–, con puertas
y ventanas, a las que hay que colocar cortinitas, tape-
tes, macetitas, floreros en las mesas... Todo lo que hay
en un hogar de verdad.
La comidita ha sido una de las actividades lúdicas
de las niñas. Los varones asisten como convidados o
mandaderos.
Allí, con una réplica de los mayores, las niñas coci-
nan con metates y braseros manejando comales, ollitas,
sartenes, cucharas y platones para servir los chiles re-
llenos, acomodándole un “chicloso” al interior de una
ciruela pasa. La imaginación mentía al paladar y a ve-
ces alguien comentaba:
–Están deliciosos, no pican nada, nada.
Y hablando de comidas quisiera comentarles un diá-
logo infantil:
–Comadre, mi niño está muy gordo.
–¡Ay, comadrita!, por eso a mis hijos, carne de lom-
briz deshuesada y refresco colado, para no engordar...
70
Juegos y juguetes
Otros juegos
Mas los niños también saben ser niños cuando un adul-
to ha hecho para ellos baleros y trompos, reatas y co-
lumpios...
Sería tapar el sol con un dedo si calláramos que los
niños juegan al –tal vez colonial– juego de policías y
ladrones. Y usan remedos de pistolas y carabinas... Las
armas del juego “clásicas” son los palos o las espadas de
juguete. Y debemos hablar de las resorteras y las hon-
das, nada deseables entre los objetos que procuran di-
versión a los pequeños.
Los niños anteriores a la Conquista jugaron con
pequeñas macanas y practicaron tiro al blanco usando
flechas, y tuvieron escudos como sus padres, caballe-
ros águilas o tigres...
¡Volvamos a la paz!
El balero y el trompo eran de los juguetes más usua-
les antes de la era cibernética de computadoras y vi-
deojuegos.
El binomio niño-balero pudo disfrutar de las horas
en mutua compañía, ensayando los ensartes sencillos,
los capiruchos, los alrevesados y la vuelta al mundo.
De aquí se derivaban luego las competencias entre
vecinos, palomillas y barrios; encuentros verdaderamen-
te deportivos en que el ganador obtenía un puñado de
cacahuates, unos drops en paquete, o unos cuantos
aplausos cuando había público de ambos sexos.
71
Capítulo 5
Los baleros sin trampa eran de madera –el cuerpo
y el palo– sus partes se unían con un cordel; los maldi-
tos tenían un guardapuntas de metal sobre el cabo del
palo.
El trompo también requería destreza, práctica, buen
ojo y mucho tino. El secreto estaba en el modo de en-
volver la cuerda sobre el trompo, así como darle el ti-
rón a tiempo y con chanfle (sesgo).
Había todo un argot para nombrar el tipo de juga-
das y de golpes que los jugadores manejaban con des-
treza, igual que las suertes practicadas.
Antes de los años treinta, cuando había pocos ra-
dios y unas cuantas televisiones, estos juguetes eran
los preferidos de los niños. En los pueblos y en el cam-
po tardaron más en entrar al cajón de los recuerdos.
Lo mismo pasó con los huesitos. Eran doce huesos
de chabacano limpios, en ocasiones teñidos con anili-
na. Los jugadores debían meterlos en un hoyo prepa-
rado ex profeso en la tierra.
Otro tipo de tiro de huesitos se hacía con los de
capulín. Consistía en lanzar un hueso para golpear un
blanco propuesto, ya fuera una moneda, una corcholata
o un trozo plano de madera.
Las canicas son las esferitas mágicas originarias de
la cultura prehispánica, que los niños españoles naci-
dos en México –desde el primer tiempo– compartie-
ron con los niños indígenas y mestizos.
Las primeras canicas fueron de barro seco, imitan-
do las piedritas redondas de los ríos con que se jugaba
en la prehistoria. Más adelante se elaboraron de vidrio
72
Juegos y juguetes
y de pasta o de acrílicos, y lo mejor es que perduran
hasta nuestros días.
Ca-nican-nica se decía en náhuatl aquí estoy yo;
era la voz de reto que lanzaba quien invitaba a la com-
petencia, lanzando al aire la esferita botante; de allí el
nombre de juego de las canicas.
Los jugadores prueban suerte lanzando la canica
con el pulgar de la mano medio cerrada apoyada en el
suelo ¡o desde el aire! Si ésa era la condición de la
competencia. Se trata de introducir la esferita, desde
un límite llamado tiro, en un hoyo preparado para el
efecto. El que entre primero puede, de un “golpe”,
matar a las otras canicas (sacarlas del juego), o bien,
embolsárselas si era apuesta “de a devis”.
Cada niño tenía su “tirito” consentido. Era la cani-
ca que se acomodaba mejor en su mano, obedecía a su
pulgar y le ganaba más partidos.
Hay que añadir que los “tiritos” eran estimados cual
verdaderas joyas.
Matatenas
Ya fuera con guijarros, canicas o huesitos, las matatenas
–también de origen náhuatl– fueron preferidas por las
niñas durante siglos.
El juego consiste en aventar un puñado de guija-
rros al aire, recibiendo cuantos sea posible en el dorso
de la mano... echando a lo alto uno de ellos mientras
se alza otro de los caídos. Había muchas combinacio-
nes de estas suertes.
73
Juegos y juguetes
Era un entretenimiento versátil: se jugó en salas,
patios, descansos de escaleras, un rincón tras un pia-
no... Ideales para todo tiempo, fuera de “aguas” o de
“secas”, es decir, en mayo o en noviembre. Las niñas
siempre se divirtieron bajo techo cuando el clima no
era favorable.
En juegos de grupo contamos con Las escondidillas,
además de otros más movidos: La roña, Los encanta-
dos, en que los jugadores se dividían en perseguidos y
perseguidores con diferentes versiones; juegos que han
derivado en otros como Uno dos tres por mí, Bote
pateado, etcétera.
Uno de gran acción y compañerismo es el Burro
castigado, en que alguien se fleta (hace de burro, in-
clinándose hasta parecer un cuadrúpedo, sólo que con
los brazos cruzados bajo el pecho). Los demás saltan
sobre él, contando y accionando con una secuencia
propia. El que comete algún error en el salto, debe
suplir al burro.
Las niñas preferían el avión de piso o la reata las
deportistas; y las soñadoras, el columpio.
Rondas
Los juegos de rondas también eran divertidos, sobre
todo, para los más pequeños y los niños poco capaces
de diversiones de mayor actividad o destreza. Así tene-
mos la Rueda de San Miguel, Milano, Doña Blanca,
Matarile-rile-ron, la Víbora de la Mar y algunos más
75
Capítulo 5
que los maestros de preescolar tratan de conservar para
el futuro, enseñándoselos a los pequeños.
Aunque menos movido que los anteriores, per-
tenecen a este tipo de juegos las cebollitas, el teléfono
descompuesto y Juan Pirulero, este último igualmen-
te cantado.
Nota: No resistí el encanto del olor a ropero viejo
de:
A Madrú señores
vengo de La Habana
de cortar madroños
para doña Juana.
la mano derecha
y también la izquierda
y luego de lado
Y después “costado”
y la media vuelta
con su reverencia.
Otros juegos tradicionales fueron el doctor, la boti-
ca, la tiendita y la escuelita, en que un pequeño –ge-
neralmente una niña– es la maestra y los demás son
alumnos. Unos y otra se comportan representando un
grupo escolar en un salón de clases. Para más propie-
dad se cambian nombres, que muchas veces son gra-
ciosos:
76
Juegos y juguetes
Toño, de altos vuelos, se llamó: Roberto Aguilar de
los Montes Castillo.
Manuel, el primogénito, era Juan Satisfecho.
La pequeña Lucía, Rosita Caballejo Chipendale.
¡Vaya comparsa!
Las piñatas
Marco Polo las conoció cuando los mandarines, con su
vara de mando, rompían ciertas figuras de búfalos o
dragones para liberar las semillas contenidas en su
interior... con Marco Polo arribaron a Italia y se exten-
dieron por Europa. Hasta nosotros llegaron con el Evan-
gelio.
Tuvieron siete picos como “los pecados capitales”.
Se visten de oropeles para significar el atractivo –en-
gañoso como ellos– de los placeres mundanos.
Dentro hay un premio: rompiendo las vanidades se
encuentra la verdad y el alimento, el disfrute sano de
la vida.
¿Cómo ven? Perfectamente bien buscado el simbo-
lismo, ¿verdad?
...Y luego se quedaron entre nosotros para siem-
pre, sin moralejas, claro.
Varió la figura de estrella, ya en el siglo XX, por rá-
banos, flores o canastas. Luego aparecieron persona-
jes del momento, lo mismo que los judas, otra de
nuestras tradiciones, para tronar el Sábado de Gloria...
77
Capítulo 5
Hubo piñatas de Mamerto, el charrito desobedien-
te y llevachascos por inepto, personaje; de las tiras có-
micas de los años veinte y treinta; de Pancho o de Ramona
y de la mula Filomena, sin faltar algún diablo y por
supuesto, las siempre vigentes estrellas.
Luego tuvimos Popeyes, Caperucitas, personajes
de las caricaturas televisivas, futbolistas, astronau-
tas, hasta llegar a los marcianos y a los superhéroes
actuales.
En un museo podrían exhibirse también barcos,
autos, submarinos, aviones, dirigibles y ¿por qué no?,
una cápsula espacial o una caricatura de Osama o del
comandante enmascarado.
La manufactura de las piñatas ha evolucionado con
el tiempo. Por cientos de años fueron ollas vestidas en
una comunidad o en casa. Ollas quebradizas, hechas
para romperse; sin barniz vidriado, sin adorno ninguno;
con una boca estrecha para el volumen de su panza.
Se cubrieron con papel de colores “enchinando”
las tiras cortadas, con objeto de cubrir mejor las al-
mas –papeles o cartones– con que estaban hechos los
picos o figuras sobre el cuerpo de la olla.
El engrudo (pegamento casero) se hizo desde el
lejano ayer, o tal vez antier, cociendo harina de trigo
bien disuelta en agua con vinagre para que el pega-
mento “agarre fuerza”.
Los papeles de estaño “oritos o platitas” suplieron
pronto el costoso oro volador del inicio, dándole el mis-
mo aspecto y usándose con mayor abundancia.
78
Juegos y juguetes
Cuando los modelos se diversificaron, la forma bá-
sica deseada se le dio con trozos de cartón, así les pu-
sieron patas, cuernos, nariz...
Para hacerlas barcos o cualquier otro vehículo se
emplearon armazones construidos de periódico sobre
la olla.
Vestir piñatas se convirtió con el tiempo en una
artesanía, cuyo oficio se hereda de padres a hijos.
En los últimos tiempos, las ollas se sustituyen, casi
siempre, con cajas de cartón vacías o periódicos –al-
gunos usan moldes prefabricados–, lo que facilita la
confección, pero causa demérito en cuanto a su au-
tenticidad, tal como se nota al golpear y golpear sin
provecho y usar “algo” además del palo (garrote, tran-
ca, bastón) para derribarla.
Al ser elementos de doctrina, las piñatas se hicie-
ron para celebraciones religiosas como las posadas.
Esa tradición perduró en las antiguas vecindades y en
algunas parroquias conservadoras. Estuvieron presen-
tes en las verbenas populares y más tarde aparecieron
en las casas, para celebrar eventos familiares.
En el interior, las piñatas contienen fruta de la es-
tación; por ejemplo, en tiempo de posadas, naranjas,
cacahuates, limas, cañas, jícamas...
En fiestas sociales suelen traer regalos, dulces, “pre-
mios”
…Te paso una mascada para que te venden los ojos,
tomes tu palo y ¡tino!
Nota. No dejes que te caigan encima si te avientas,
porque te roban los tejocotes.
79
Capítulo 6
Nuestro calendario
La Navidad
Según la tradición: “Jesús nació una noche para ama-
necer el 25 de diciembre”.
Se ha cuestionado esta fecha, aunque se aceptó en
definitiva después de algunas discusiones histórico-
teológicas, debido a la concordancia de ciertas circuns-
tancias astronómicas que debían cumplirse.
Quizá tuvo cierto simbolismo el solsticio de invier-
no (22-23 de diciembre) que se situó en el 25, por la
superstición mundial de sumar 2+5 y obtener el má-
gico 7, y entre las fechas hay sólo un día o dos de dife-
rencia.
Dicho solsticio marcaría el momento de la mínima
noche para que el día –la luz de la mañana– empezara
a crecer como la fe cristiana...
Algunos teólogos han propuesto para septiembre
el nacimiento de Jesús, alegando a favor de esta fecha el
siguiente argumento: la igualdad de los días en el equi-
Nuestro calendario
noccio que se da en septiembre podría significar la
igualdad de todos los hombres que propone la doctri-
na cristiana...
Asimismo, se ha rebatido el año en que comienza la
era cristiana, dado que los sucesos de la Natividad –cen-
sos y otros hechos consignados en la historia universal–
tuvieron efecto cuatro o seis años antes del año seña-
lado.
Por motivos políticos, sociales y económicos, este
supuesto error no se ha corregido.
Las posadas
Con la catequización de la Colonia se estableció en las
misiones y parroquias, más tarde en los barrios y des-
pués en las vecindades y casas particulares, la costum-
bre de conmemorar –durante los nueve días anteriores
a la Navidad– el peregrinaje de José y María mientras
recorrían el camino entre su pueblo y el lugar donde
se cumplía con el censo.
Jesús estaba por llegar al mundo; eran los días an-
teriores a su nacimiento.
Se cuenta que María dio a luz en Belén de Judá, en
un pobre mesón, en una cueva del camino o en un
pesebre, debido al gran movimiento de peregrinos que
viajaban en esos días por el mismo motivo.
Los episodios se representaban primero en vivo; en
adelante se hicieron maquetas para transportar a los
83
Capítulo 6
peregrinos en andas delante de la procesión que reza y
canta en recuerdo de esos días.
La tradición conserva la costumbre de hacer la pro-
cesión con velitas hasta la casa donde se va “a pedir
posada”.
Al final de cada día del novenario, las puertas se
abren y se hace la fiesta.
Entren santos peregrinos
reciban este rincón
no de esta pobre morada
sino de mi corazón.
Cantan las aleluyas al recibir a la concurrencia que
trae los peregrinos.
De la feliz entrada, sigue la “prendida” de luces de
bengala, los abrazos, los recuerditos, las canastitas con
colación, la piñata y a veces la merienda y el baile.
El árbol
También se cuestiona al pino como representante de
esta festividad, ya que las coníferas no son propias de la
región de Asia Menor en que se desarrolló el natalicio.
Sin embargo, como el pino es verde todo el año,
soporta el clima de diferentes latitudes y no pierde sus
hojas en invierno, se le dio validez simbólica para re-
presentar la vida eterna.
84
Nuestro calendario
La costumbre de “poner el árbol” en casas y tien-
das nació –según nos cuentan– en Europa Central, de
donde pasó a Norteamérica. Luego llegó hasta noso-
tros y ha adquirido la categoría de tradición.
Nosotros lo llenamos de foquitos, de nieve artificial,
de estrellas y toda clase de figuritas –muchas de ellas
artesanías nacionales– y le damos un puesto de preferen-
cia en la sala, en el despacho, en el vestíbulo si la casa
es grande, cerca de la escalera donde todos disfrutan
su presencia al pasar.
Bajo el árbol se colocan los regalos del intercambio
familiar –o de los compañeros de trabajo en las oficinas–
y allí suelen dejarse las medias colgantes –estilo ameri-
cano– y los tradicionales zapatos que amanecerán se-
ñalando los regalos que recibirá cada niño.
Año nuevo
La llegada de un nuevo año es siempre motivo de cele-
bración. En México se celebra de diferentes maneras:
las familias católicas acostumbran ir a la iglesia al
anochecer a dar gracias por todas las bendiciones re-
cibidas durante el año que termina, o bien, asistir a la
misa de gallo, que en casi todas las iglesias se celebra
la víspera del año nuevo.
El 31 de diciembre es la fecha en que tradicional-
mente se despide al “año viejo” y se recibe al “año
nuevo”. A semejanza de la Nochebuena, los familiares
y amigos se reúnen alrededor de la mesa para cenar,
85
Capítulo 6
ya sea en el hogar, en algún restaurante o centro noc-
turno. Además de estrechar los lazos familiares y amis-
tosos se participan toda clase de parabienes.
El momento culminante se inicia al término de la
cena, con las doce campanadas, anunciando que un
año se va y llega otro cargado de promesas y buenos
deseos.
En la mesa se coloca previamente, delante de cada
comensal, un recipiente con doce uvas que simbolizan
los doce meses del año por venir, que, de acuerdo con
el ritual, deben comerse con cada una de las campana-
das del reloj. El significado se relaciona con las aspiracio-
nes y anhelos de cada uno de los participantes, con el
deseo de que se conviertan en realidad.
Después vienen los brindis por el año que comien-
za, en los que se expresan los buenos propósitos. Hay
abrazos, alegría, felicitaciones y algunas veces baile;
se reparten silbatos, serpentinas y confeti. En todos
los corazones está presente la añoranza de un año que
termina y la esperanza de alcanzar mayor éxito en el
año que comienza.
Hay algunas supersticiones referentes al año nuevo:
Sacar las maletas a la puerta de la casa traerá mu-
chos viajes.
Sentarse y volverse a parar con cada una de las doce
campanadas trae consigo matrimonio.
Recibir el año con dinero dentro de los zapatos trae-
rá mucha prosperidad económica.
Para tener mucha ropa nueva durante el año se debe
usar al revés la ropa interior el 31 de diciembre.
86
Nuestro calendario
Usar ropa interior roja, hará encontrar el amor de
tu vida.
Utilizar ropa amarilla traerá felicidad y alegría.
Comer una uva con cada campanada, a la vez que
pides un deseo, hará que se te cumplan todos.
El “Nacimiento”
Volviendo al natalicio de Jesús, nuestras costumbres
más arraigadas indican la celebración de las “posadas”
y la “puesta del Nacimiento”.
En las casas, algunos establecimientos, escuelas
católicas, mercerías, jugueterías, tiendas y grandes al-
macenes, se pone el “Nacimiento” unas semanas antes
del día 25. Para ello se hace una especie de maqueta
representativa del lugar en que el Niño Jesús nació: el
campo, los montes, los caminos, los pueblitos, se si-
mulan con una capa de musgo, sobre la cual se aco-
modan figuras de barro, de cartón, espejos o papel de
estaño, árboles, diminutos animales y personas –el
aguador, el arriero, la lavandera en el río, la tortillera
con su gran canasta; además: ángeles.
Pero no falta en todo Nacimiento puesto con pro-
piedad y conocimiento de causa, el personaje antago-
nista: el Diablo.
Tras una peña, entre la maleza, en una cueva, el
Diablo de utilería se asoma. Su presencia es necesaria
para mover el ánimo a la lucha por el bien, en este
caso, la llegada de los devotos caminantes al portal de
87
Alimentos tradicionales
Belén. El Diablo quiere impedir que el peregrino lle-
gue a saludar al Niño Redentor.
El pesebre es la parte central, imprescindible del
“Nacimiento”. Representa un establo con animales, al
cual arribaron José y María en su peregrinaje con mo-
tivo del censo, apremiados por el inminente nacimien-
to del niño de María.
Sobre el pesebre apareció la estrella que guió a los
magos.
Justo arriba del pesebrito de nuestro “nacimiento”
habrá siempre una estrella.
A las 12 de la noche del día 24 se coloca en el pese-
bre la figura del Niño Dios. Al empezar el día 25, Jesús
ha nacido y está recostado –entre el burro y la vaca del
establo–, acompañado de José y María en actitud de
veneración, así como del ángel que lo custodia como a
cualquier mortal.
La cena
Independientemente de la celebración de la última
posada, la cena de Nochebuena se hace para terminar
el día 24 de diciembre.
Antes se guardaba vigilia (comida con abstinencia
de carne) por lo que se preparaba el agasajo con pes-
cados y ensaladas.
El pescado podía ser fresco, o bien, un abundante y
elaborado plato de bacalao a la Vizcaína.
89
Capítulo 6
La ensalada tradicional llevaba betabel, jícama, na-
ranja (todo rebanado), polvoreado de azúcar y salpica-
do con cacahuates.
La bebida obligada era el ponche –que se conserva
todavía como preferido–, hecho con tamarindo, gua-
yaba, tejocotes, flor de jamaica, caña y algo (según el
gusto) de aguardiente o de ron.
Así se acostumbró hasta pasada la mitad del siglo
XX. Después se hizo de lado la vigilia sustituyendo o
agregando a los platillos de pescado, nuestro pavo (gua-
jolote) asado, relleno, de acuerdo con usos de otros
pueblos...
Además de esas viandas, o en su defecto, suele pre-
sentarse un lechón o una “corona” de lomo de puerco
a la que se dejan las costillas.
El pavo se acompaña con mermelada de arándanos.
Si se hace la “corona”, suele servirse con puré de papa,
guarnición de verduras o compota de manzana. La “co-
rona”, a veces, va con ciruelas pasas, cocidas en el jugo
del asado.
Como postre se ofrecen mazapanes y turrones; suele
brindarse con sidra o terminar con el tradicional “café
de ollita” (con piloncillo) o “café alegre” (mezclado
con coñac).
Son días en que las familias se reúnen y vienen los
ausentes, hay reconciliaciones y perdones en nombre
del Niñito que nació en Belén / “Que bendice la mesa
y a nosotros también”.
90
Nuestro calendario
El arrullo
En los primeros minutos del día 25, el día de Navidad,
el Niño es arrullado devotamente por la concurrencia.
Se cantan villancicos en su honor. Pasa de mano en
mano entre los piadosos asistentes hasta quedar en el
regazo de la madrina.
Ser madrina del Niño Dios es un privilegio entre las
familias tradicionalistas.
La madrina desde ese momento será comadre de la
dueña de la escultura que representa al recién nacido.
Entre los personajes del “Nacimiento” están los
Reyes Magos, mas desde el día 25 se les coloca en la
ruta directa, por la que se les va adelantando cada
noche.
Melchor, Gaspar y Baltasar se acercan en el camino
hasta el 6 de enero en que se hallan frente al pesebre,
donde se encuentra recostado el Niño.
El día 7 de enero –después de la Epifanía o adora-
ción de los Magos– la madrina recoge la imagen y la
lleva a vestir.
Hay personas especialistas en vestir Niños Dios y
a ellas recurre la madrina para tratar de merecer el
honor.
El día 2 de febrero regresa con el Niño –ataviado
según su antigüedad– para llevarlo al templo con la
comadre, a la celebración de la misa de purificación,
donde lo bendicen lo mismo que a otras imágenes.
91
Capítulo 6
Los Reyes Magos
Una de las más bellas ilusiones de la niñez es la llega-
da de los Reyes Magos, presente entre nosotros por
herencia de nuestros ascendientes españoles. Se en-
cuentra, desde siglos atrás, entre las tradiciones
mexicanas.
El origen de esta costumbre se remonta a los misio-
neros españoles que llegaron a México durante el siglo
XVI y es parte de la tradición católica, basada en el evan-
gelio según san Mateo que narra el viaje de tres magos
venidos de Oriente que recibieron el mensaje de que
nacería el salvador y guiados por una estrella llegaron
al pesebre en Belén donde se encontraba el recién na-
cido. Los reyes le presentaron sus regalos que consis-
tían en oro, el regalo otorgado a los reyes, incienso
utilizado como signo de veneración en el altar de Dios,
y mirra usada en la preparación del cuerpo para su
embalsamamiento tras la muerte.
La celebración en la cual los niños reciben jugue-
tes es el 6 de enero, “el Día de Reyes” o los Reyes Ma-
gos. Así como los Reyes Magos le brindaron regalos al
Niño Jesús, también ellos traen presentes a los niños y
niñas que se han portado bien. Los chiquillos ponen
sus zapatos el día 5 de enero en la noche, junto con la
carta en la que solicitan el juguete que desean, cerca
de la ventana, para que los Reyes Magos les traigan lo
que anhelan.
92
Nuestro calendario
Los Santos Reyes Magos es la tradición más queri-
da por los niños de todos los países de habla hispana.
Aunque Santa Claus se ha vuelto muy conocido y tam-
bién reparte juguetes, los Reyes son los preferidos.
La Alameda Central de la Ciudad de México se con-
vierte en el sitio de reunión de chicos y grandes en los
días previos a la llegada de los reyes.
Los adornos y luces que iluminan la Alameda sir-
ven de marco a los actores improvisados que represen-
tan a los “Reyes Magos”, creando un ambiente de
ilusiones y regalos.
Los niños se acercan curiosos a los “Reyes Magos”
para tomarse la fotografía del recuerdo.
La noche del 5 de enero los mercados populares de
la Ciudad de México: Hidalgo, Portales, Mixcoac y otros,
ofrecen una amplia diversidad de juguetes.
Los “reyes” buscan entre la algarabía de la vendi-
mia los juguetes que les han solicitado los niños a tra-
vés de sus cartas.
Durante el Porfiriato se usó la traída de regalos por
el propio Niño Jesús –devoción francesa–, que se cum-
plía el 25 de diciembre, o el último para amanecer el
1o. del año.
Esta costumbre duró hasta bien entrado el siglo XX.
Disminuyó a medida que se adoptaba –por influencia
estadunidense– la venida de Santa Claus, personaje to-
mado de la figura de San Nicolás, quien llega “con renos
y trineo desde el Polo Norte” en la noche del natalicio
de Jesús.
93
Nuestro calendario
Los investigadores indican que históricamente no
fueron reyes ni magos (hechiceros), sino tal vez sabios
astrónomos - astrólogos.
En verdad parece que sí buscaron al “prometido
por la estrella”...
El Papa León I, en el siglo V aseguró que sí habían
sido tres los presentes que el niño recibió –incienso,
oro y mirra–, los portadores eran tres.
La estrella que los guió –de acuerdo con sus cono-
cimientos astronómicos– fue una de las llamadas
supernovas, o bien, como se afirmó alguna vez: un co-
meta.
Otros cálculos concluyen que se trató de una con-
junción de Júpiter y Saturno.
Se dice que Melchor, Gaspar y Baltasar llegaron res-
pectivamente en un caballo, un camello y un elefante.
Los investigadores afirman que fueron tres camellos;
mas como se ha presentado su apariencia en forma de
un europeo, un asiático y un africano, se admite la vi-
sión con cada una de sus probables monturas.
Quienesquiera que hayan sido, de dónde llegaron y
en qué lo hicieron, lo cierto es que agradecen la aten-
ción de los niños mexicanos cuando en el lugar señala-
do para los regalos dejan agua y alfalfa o paja para que
los animales puedan beber y comer algo: ¡la tradición
afirma que vienen muy cansados!
95
Capítulo 6
La rosca de Reyes
Asociada al Día de Reyes se encuentra la tradicional
rosca de Reyes. Esta tradición reúne a la familia y a los
amigos para partir la rosca en la merienda del 6 de
enero. La rosca de Reyes es un pan de forma redonda; sin
embargo, en México se elabora cada vez más ovalada, tal
vez porque los que se reúnen a partirla son más. Está
hecha de harina, mantequilla, levadura, huevos, azú-
car y agua de azahar, adornada con frutas cristaliza-
das. En su interior se esconden uno o más muñecos de
plástico en recuerdo de los niños que deseaba asesinar
el rey Herodes en la matanza de los primeros mártires
cristianos, los Santos Inocentes. La rosca se come
acompañada de chocolate caliente, tradición en don-
de se funde lo indígena con lo español.
Actualmente, la partida de la rosca de Reyes ha con-
tribuido a establecer lazos de convivencia en los cen-
tros de trabajo, puesto que esta tradición se ha hecho
extensiva y dejado de ser exclusiva del ámbito familiar.
Los niños escondidos en la rosca se han multiplica-
do y los padrinos regalan a los comensales atole y
tamales el 2 de febrero.
La tradición de los “Reyes” termina con la “partida
de la rosca”, pero ésta a su vez se enlaza con la del día de
la Candelaria.
96
Nuestro calendario
Día de la Candelaria
(2 de febrero)
El 2 de febrero se celebra la fiesta de la purificación de
la Virgen María y se conmemora la presentación del
Niño Jesús en el templo de Jerusalén. Ambas festivida-
des se realizaron en Jerusalén desde el siglo IV y rápi-
damente se extendieron a todos los países del Medio
Oriente.
Cuando el festejo llegó a Roma, se incluyó la leta-
nía, o sea, se agregaron procesiones cantadas como
parte del ritual. Más adelante, en el siglo IX, la fiesta se
enriqueció con la ceremonia de la bendición de las
candelas, de donde viene el nombre de día de la Can-
delaria.
Como casi todas las ceremonias cristianas, ésta tam-
bién tiene un origen pagano. Posiblemente sea moro,
pero en todo caso en la Europa Central y nórdica cons-
tituía una festividad anual dedicada a la fertilidad (cu-
yas sacerdotisas originaron la idea de las brujas).
La Candelaria es la fiesta de la purificación y las
velas bendecidas se conservan para auxiliar a los mori-
bundos o para librarse de los peligros del rayo y del
trueno y de las tentaciones del demonio.
La fiesta de la Candelaria en México
En el mundo católico, el ciclo de purificación y peni-
tencia se inicia con esta festividad, la Candelaria, si-
97
Capítulo 6
gue con el miércoles de ceniza, la cuaresma y la Sema-
na Santa.
En nuestro país, el día de la Candelaria se celebra
desde los inicios de la Colonia. Cada región y grupo
étnico la impregna de características propias de su
cultura. Por ejemplo: se llevan a cabo bailes popula-
res, juegos pirotécnicos, procesiones, alboradas, ferias,
música de banda, representaciones teatrales, intercam-
bio de flores, danzas tradicionales y, por supuesto, la
bendición del Niño Dios. En la Ciudad de México y en
algunos otros lugares se acostumbra que la persona
que en la merienda del día de los Reyes se sacó el “mu-
ñeco”, al “partir” la rosca de Reyes, se convierta en el
padrino del Niño Dios el día de la Candelaria.
Para cumplir con su tarea, el padrino o madrina
debe “levantar” al Niño del pesebre del Nacimiento
(el cual se colocó el 16 de diciembre anterior, o sea, la
primera posada y debe quitarse hasta el 2 de febrero)
donde fuera situado después de arrullarlo, el 24 de di-
ciembre anterior. Ya levantado tiene que “vestir” al
niño dios. Esta tarea de vestir niños dios era una gran
devoción que se hacía con el arte, dedicación, creati-
vidad y amor posibles, pero ahora se ha vuelto comer-
cial. Existe todo un ritual para tal efecto:
Ritual del vestido del Niño Dios
Son tres años consecutivos los que debe vestir el pa-
drino o madrina al Niño Dios.
98
Nuestro calendario
El primer año se viste de bebé, de blanco, sin corona
ni trono. El segundo año, el tipo de vestido es optati-
vo, pero sin corona ni trono. El tercer año se viste como
rey, como el emperador del universo, con trajes como
el del Santo Niño de Praga, y se le entroniza (se le
sienta en un trono). A partir de este año se le rinde
culto para que conceda gracias y milagros.
Cuando el Niño Dios ya está ataviado, el padrino o
la madrina lo lleva a misa para que junto con las can-
delas adornadas, las semillas de chía y trigo que servi-
rán para adornar el altar de Dolores (se pone el viernes
de cuaresma anterior al viernes santo), reciba la ben-
dición. Se le lleva sobre una charola adornada con flo-
res. Si es el primer año que recibe la bendición, se le
coloca acostado porque es pequeño y no sabe caminar.
Las velas benditas serán utilizadas para pedir favores
especiales a la Virgen o a Cristo. Una vez terminada la
ceremonia, se devuelve el Niño a su dueño, quien lo
sienta en una sillita y le enciende una veladora que ha
de acompañarlo hasta el siguiente 2 de febrero. Por la
tarde o noche se lleva a cabo la tradicional “tamalada”,
acompañada de atole de varios sabores. Comida ritual
e imprescindible en este sagrado día.
La “tamalada” del día de la Candelaria
El hecho de que el día de la Candelaria se merienden
tamales no es un simple capricho gastronómico, sino
que está en estrecha relación con el ritual católico y la
99
Nuestro calendario
inclusión de un alimento, el tamal, de origen prehis-
pánico, utilizado como una parte importante de las
ofrendas a los dioses del panteón azteca. Además, el 2 de
febrero correspondía al primer día del primer mes del
calendario mexica, llamado Atlcahualo o Quauitleoa.
Los mexicas empleaban tamales como ofrendas y
como parte de los ritos que llevaban a cabo a lo largo
de los meses que integraban su año ritual, como cuen-
ta Fray Bernardino, quien cita diez celebraciones en
que se empleaba este pan de maíz. Hacían los tamales
los del barrio Coatlan y los ofrecían en el mismo cu
(templo), delante de la diosa Coatlicue, a la cual le
tenían gran devoción.
Este alimento tan mexicano acompaña las fiestas
de las mayordomías, como el tamal de ajo, de Texcoco,
Estado de México; los tamales de semilla de huauzontle,
especiales para semana santa, y el tamal blanco de anís
preparado para las ofrendas de día de Muertos. El ta-
mal en México ha dejado su uso ritual para convertirse
en uno de los alimentos más populares de consumo
diario. Quién no conoce el tradicional desayuno del
mexicano que se compra en cualquier esquina: un vaso
de atole (de fresa, cajeta, arroz o el popular champu-
rrado), un tamal rojo, verde, de rajas con queso o uno
oaxaqueño con mole, ya sea solo o en torta (es decir,
en medio de un bolillo). Hay una variedad infinita de
tamales: los de sal, con chile verde, chile rojo, mole,
frijol, queso, cacahuate, huitlacoche, sesos, carne de
iguana, de venado, de pollo, de cerdo, pescado, maris-
cos, haba, crema de pepitas, chaya, cazón, nopales, rana,
101
Capítulo 6
biznaga, verdolagas, hoja santa, epazote, rajas de chile
poblano, en los cuales siempre estará presente el chile
como ingrediente principal. Los hay dulces con nuez,
pasitas, piña, coco, ciruela pasa, piñón, capulín. La
forma de envolverlos es también muy variada: con ho-
jas de maíz, como las corundas de Michoacán; con hojas
de elote secas que son la forma más popular; con
hojas de plátano, principalmente en la zona costera o
tropical; con hojas de hierbasanta, los de frijol.
Por supuesto que el acompañante imprescindible
del tamal es el atole hecho también de harina de maíz,
o sea, el granillo que queda después de cernir la hari-
na del maíz molido. El atole puede ser blanco, sin o
con leche; endulzado con piloncillo, con azúcar, con
miel o con chocolate, con canela, con vainilla; puede
tener sabor natural de frutas como: fresa, guayaba,
tamarindo, ciruela pasa, nuez. El atole clásico es el
blanco que se hace con masa de nixtamal y agua, el
cual es aconsejado para quienes están enfermos; para
tomarlo primero se muerde un pedacito de piloncillo,
para luego sorber un trago de atole. No podemos olvi-
dar al champurrado hecho con agua, canela y chocola-
te, si se tiene cacao a disposición, mejor. Pero siempre
será más sabroso si se sirve bien caliente y para en-
friarlo no hay que olvidar el “meneadillo” del jarro o
taza para que no queme al beberlo.
102
Nuestro calendario
Dichos y refranes sobre el atole y los tamales
• Tienes sangre de atole (nada te entusiasma).
• Nomás me das atole con el dedo (me estás tomando
el pelo).
• No donde quiera hay árboles de tamales y ríos de
atole (se dice cuando los hijos ingratos que abando-
nan el hogar regresan porque no les fue bien).
• Se te olvidó el nombre, pero no el meneadillo (se dice
de alguien que no quiere recordar su origen humil-
de).
• Parece un chorro de atole (en sentido figurado: es
lento, baboso, pesado, torpe).
• No te tapes tanto que pareces tamal (estás demasia-
do arropado).
• Al que nace para tamal del cielo le caen las hojas
(nadie escapa a su sino).
• Tienes patas de tamal (tienes pies gordos y cuadra-
dos).
• Lo entamalaron (lo mataron y lo envolvieron en una
cobija).
• Aquí estoy como la tamalera, mal y vendiendo (la
voy pasando).
• No me gusta, está muy tamalón (está gordo, tosco y
cuadrado, sin forma).
• ¿Cuándo comemos tamales? (¿cuándo es la boda?).
• Véngase, mi tamalito de dulce (vente conmigo, mi
amor, dulce, sabroso y calientito).
103
Capítulo 6
• ¡Uhm!, a esos tamales les falta agua (la cosa no está
consolidada todavía, no es un hecho).
• No me des tantas vueltas, que no soy tamal (no me
quieras desorientar o salir con evasivas).
104
Capítulo 7
Chascos
Los Santos Inocentes
(28 de diciembre)
Este día se recuerda la matanza de los “inocentes”
realizada por Herodes, con la intención de terminar
con la vida del recién nacido Jesús.
A pesar de referirse a un hecho sangriento, en Méxi-
co, sin saber exactamente su origen, se ha convertido
en una tradición festiva.
Como medida precautoria, para no caer en las bro-
mas de parientes y amigos, la gente no debe prestar
nada: dinero, alguna joya, libros o cualquier otro obje-
to, porque lo pueden hacer “inocente”.
La broma es que la persona que cae en el engaño al
prestar algún objeto de su propiedad, éste no se le
devuelve.
Parte de la tradición consiste en que a la persona
que se engañó, es decir, al “inocente”, se le da una
canastita con dulces con el siguiente recado: “Inocen-
Chascos
te palomita que te dejaste engañar, sabiendo que en
este día nada se debe prestar”.
Otras de las acciones consideradas como inocenta-
das eran las de divulgar convincentemente alguna no-
ticia falsa, siendo parte de la diversión que alguien se
la creyera.
Herodes, cruel e inclemente,
nos dice desde la fosa
que considera inocente
al que presta alguna cosa.
Recuerda:
Si llevas a cabo la broma de los “inocentes”, des-
pués deberás volver con dulces, juguetes y la prenda
prestada, o decir la verdad respecto a la noticia inven-
tada. Es una tradición en la que puedes divertirte.
Esta costumbre ha decaído en los últimos años.
Jueves de Corpus
Noveno jueves después del domingo de Pascua.
El jueves de Corpus es otra de las tradiciones de
carácter religioso en México. De acuerdo con los cro-
nistas, el jueves de Corpus comenzó a celebrarse en
1526, apenas cinco años después de la caída de la Gran
Tenochtitlan.
Esta tradición se iniciaba con una solemne proce-
sión encabezada por el arzobispo, que salía de la puer-
107
Capítulo 7
ta poniente de la Catedral Metropolitana seguida por
el clero establecido en la Nueva España, las autorida-
des civiles, gremios, cofradías, etc., a la que se suma-
ba el pueblo en el recorrido que se hacía por los
distintos rumbos de la ciudad.
Durante esta celebración, el Zócalo de la Ciudad
de México era invadido por los creyentes, originando
con el paso del tiempo que comerciantes y artesanos
se dieran cita en el centro de la capital, arreando sus
mulas, en cuyos lomos cargados de huacales transpor-
taban sus mercaderías.
El toque pintoresco a dicha celebración lo daban
las mulas, el colorido de las frutas de temporada y las
artesanías dentro de un ambiente de feria.
La presencia de las mulas despertó el ingenio y la
picardía del pueblo, dándole a esta fecha la denomina-
ción de “día de las mulitas”.
La tradición de celebrar el jueves de Corpus aún
perdura, aunque ya no participan las autoridades gu-
bernamentales, civiles y militares.
La celebración del jueves de Corpus dio origen al
teatro novohispano, porque parte de las actividades
religiosas de ese día era la representación de los au-
tosacramentales a un costado de la Catedral.
Como una remembranza de los indígenas que lle-
gaban el jueves de Corpus a la Plaza Mayor con sus
huacales de mercancías, se hizo costumbre llevar a los
niños a la Catedral vestidos de inditos, con un huacal
en sus espaldas.
108
Chascos
Los jueves de Corpus se venden “mulitas” hechas
con hojas de maíz secas, barro u otros materiales, con
sus huacales en los costados, recordando a las que
transportaban las mercancías hasta la plaza mayor
durante esta celebración.
¿Sabías que el onomástico de los Manueles coinci-
de con el jueves de Corpus?
Una “mulita” es el regalo más socorrido, en son de
broma, para los Manueles y también para otros que no
se llaman así, acompañándolo de la siguiente expre-
sión: ¡Felicidades en tu día!
San lunes y los puentes
Sin duda, son asuetos tradicionales “voluntariamente
forzosos”.
Son los días “santos” en que los trabajadores des-
cansan de los ajetreos del domingo y se celebran con
mucha devoción; días que pueden unirse para descan-
sar “de seguido” desde un jueves hasta un lunes –o
martes–, desde un sábado hasta un miércoles. Por ejem-
plo, en 2003:
1º. de mayo, jueves; puente, viernes 2; sábado 3,
día de la Cruz; domingo 4; lunes ¡5 de mayo! Es decir,
holganza de jueves a martes. Se trabajó martes, miér-
coles y jueves; el viernes hubo fiestas escolares por el
día de la madre, sábado 10 de mayo...
Éste y los demás puentes (sacrosantos) que van ca-
yendo durante el año se cumplen reverentemente en
escuelas, comercios y algunas fábricas, siempre y cuan-
109
Chascos
do no lo prohíba ningún contrato colectivo, “si no que
más bien lo autorice”.
Basta de explicaciones: todos los conocemos, los
deseamos y los disfrutamos
–¡Qué semana inglesa, ni qué verano ni qué pas-
cuas!... (Acerca de los esperados, por lo bien que nos
caen según nuestra tradicional afición al trabajo).
–¿Saben, muchachas? –expresó una joven maestra
comentando con sus compañeras–, quisiera que nues-
tro trabajo fuera: sábado, domingo y día de quincena.
Día de san Antonio Abad
En tiempos antiguos al hombre de bien se le prome-
tía, como recompensa, múltiples bendiciones. Leemos
en la Biblia: “será bendito en la ciudad y bendito en el
campo. Bendito será el fruto de tus entrañas, el pro-
ducto de tu suelo y los partos de vacas y rebaños”
(Deuteronomio 28: 3-4). En el capítulo dedicado al ritual
de las primicias se dirá frente al sacerdote en turno:
“y ahora aquí traigo las primicias de estos frutos de la
tierra que Yahvé me ha dado” (Deuteronomio 26:10),
entonces el sacerdote recibirá las cestas de sus manos
y la pondrá delante del altar del Señor.
Aquí encontramos uno de los posibles anteceden-
tes del 17 de enero, día de san Antonio Abad, cuando
dueños de perros, gatos, canarios y otras especies do-
mésticas de la ciudad, así como cerdos y terneras, ga-
llinas y cabras en el campo, acuden a la iglesia en espera
de la bendición sacerdotal para que den más leche,
111
Capítulo 7
mejores quesos y carne superior, así como su incom-
parable compañía como mascotas.
Sus ladridos, ronroneos, cantos, bendecidos por la
gracia superior, darán sus frutos, de los que gozarán
los devotos de san Antonio Abad, quien ansioso de en-
contrar un refugio para su alma, se recogió en el de-
sierto, donde las bestias –también criaturas del señor–
eran su única y valiosa compañía. Allí, en la ermita
destinada a la perfección de su alma, el santo se encar-
gaba de prodigarles cuidados y bendiciones sin fin.
Año tras año, las iglesias de México acogen a los
dueños de animales. En el centro de nuestra ciudad es
famosa la misa de las mascotas en la iglesia de San
Fernando, lo mismo ocurre en la antiquísima (fundada
por los Mercedarios al inicio de la Colonia) Merced de las
Huertas, por el rumbo del antiguo Colegio Militar de
Tacuba.
112
Capítulo 8
Días
Día del niño
El 30 de abril es día del niño en nuestro país.
Tiempo atrás, el niño no contaba dentro de la fami-
lia ni de la sociedad. Entre una de las razones posibles
se halla la demográfica, pues las muertes prematuras
no permitían que el niño –sin porvenir posible– tuvie-
ra voz y mucho menos voto. La palabra infante se dice
que significó: el que no tiene voz, el que no debe ha-
blar.
A medida que se estableció la medicina preventiva
y avanzó la ciencia, el niño tuvo mejor porvenir y ma-
yor esperanza de “llegar a ser algo”. Los países con
mayor higiene progresaron y se dio, a principios del
siglo XX, un movimiento a favor de su atención y ense-
ñanza en los primeros años.
El niño alcanzó mayor relevancia y respeto por par-
te de los mayores. En la actualidad la moda gira tam-
bién alrededor de la infancia: hay ropa para niños,
Días
mobiliario, libros, alimentos y hasta programas televi-
sivos y películas dedicadas a tan importantes personi-
tas.
El día del niño se celebra en las escuelas con fun-
ciones especiales, asuetos y regalitos; en las familias
con atenciones especiales. El niño se abre al mañana,
al futuro, a la esperanza tomado de la mano de sus
padres, familiares, maestros y la sociedad entera, que les
brinda cuidados y se les otorgan los privilegios que me-
recen.
Día del maestro
En mayo, el día 15, se celebra al maestro.
Recomienda el Talmud, uno de los libros clásicos
del judaísmo, hacerse de un maestro. Y con razón: el
maestro ha sido, es y será, antes que nada, nuestra
brújula, nuestro guía y especialmente nuestro amigo
más querido.
¿Y por qué precisamente el día 15 de mayo? Hay
quien dice que fue en honor de uno de los primeros
maestros occidentales que dedicó su vida a la forma-
ción de hombres de bien, san Juan Bautista de La Salle
(1651-1719), fundador del Instituto de los Hermanos
de la Doctrina Cristiana.
La idea de que “la letra con sangre entra” para nada
acompaña al maestro sabio. Hoy día, un maestro no es
un tirano a quién obedecer; tampoco una marioneta
en manos de los alumnos. Ingenioso, ágil y eterno es-
115
Capítulo 8
tudiante, ayudará al discípulo –como Sócrates con
Platón–, a encontrar el diálogo consigo mismo en pos
de la verdad.
Un buen maestro será como una comadrona que
ayuda a que nazcan las ideas en suelo fértil.
José Vasconcelos y Erasmo Castellanos Quinto, en-
tre muchos otros ilustres mexicanos, son ejemplos del
educador sobresaliente.
Día de las madres
El 10 de mayo de 1922 se instituyó el día de la madre.
Alducin, del periódico Excélsior, reclama el honor del
establecimiento de tan especial celebración. Es justo
darle crédito a quien propagó por medio de una con-
vocatoria y varios concursos la costumbre de dedicar
un día especial a las madres de México.
Se dio difusión al establecimiento de esta conme-
moración en forma intensiva por medio de la prensa,
en el momento en que se vio como oficial. Desde en-
tonces tomó auge y se arraigó como una de las fiestas
tradicionales “para quedarse”.
Más allá de todo interés comercial, esta fecha es la
perfecta oportunidad para dedicarnos por completo a
nuestras madres, abuelas, bisabuelas y aun tatarabuelas
en caso de contar con tan feliz presencia.
En México se celebra con fiestas escolares, serenatas
al pie del balcón, regalos, flores, invitaciones a comer,
aunque muchas de las madrecitas llamadas “abnega-
116
Días
das” prefieren preparar sus mejores guisos en sus pro-
pias cocinas.
Día del padre
Tardó en reconocerse la importancia del padre en la
familia. Después de algunos años de festejar a la ma-
dre, se dedicaron días al maestro y al niño; más ade-
lante, el calendario de la gratitud señaló una fecha
para el padre.
La fecha es movible. Se escogió un domingo –el
segundo de junio–, dado que la mayoría de los padres
cumplen obligaciones laborales los días de la semana;
a menos que tengan una plaza de “domingos y días
festivos”, o que les toque “guardia” en algún campa-
mento u hospital…
Los festejos –salvo los escolares, cada día más nume-
rosos– consisten en decirle a papá cuánto le debemos,
cómo le agradecemos y en qué cantidad lo amamos.
Generalmente, los testimonios de palabra y cari-
cias se acompañan de algún presente de manufactura
personal, como un cuadrito, un portalibros, una bu-
fanda o un pañuelo con iniciales. Muchas veces se pre-
fiere un objeto comprado, elegido según el gusto y el
bolsillo de la familia –y el consejo de mamá–. Estas
pequeñas muestras de gratitud y afecto van desde un
rastrillo de rasurar hasta una elegante chamarra, pa-
sando por chocolates, libros, billetes de lotería, locio-
nes y corbatas, entre otros.
117
Capítulo 8
Con motivo del día del padre, las familias suelen
reunirse a comer en casa, donde se prepara algo espe-
cial –mole, carnitas, paella–, se opta por concurrir a
un restaurante, o bien, por organizar un paseo espe-
cial.
Cumpleaños
“Sapo verde” (Happy "birday"), o sea, el cumpleaños
Cumpleaños feliz,
Cumpleaños feliz
Te deseamos todos,
¡Cumpleaños feliz!
Dice la coplilla española semejante al “Japi verde”
importado junto con la “tarta de velas”.
Nosotros cantamos “Las mañanitas” o entonamos
el también mexicano saludo coral:
Ahora que cumples / un año más
Que estés contento / con tus papás
Y en todo el año / pórtate bien
Y apaga las velas / soplando el pastel.
¡Mordida, mordida! –agrega una nueva costumbre
no muy recomendable según Salubridad, según la Liga
Defensora de Niños con Hambre y contraria a la con-
servación de las buenas costumbres…
118
Días
Con globos naranjas
y gorros azules,
muchas serpentinas,
amigos y dulces
¡qué alegre el cumpleaños
para que disfrutes!
Un pastel muy rico
–sabor de mamá–
con cinco velitas
que vas a apagar.
Cierto: la piñata
no debe faltar
con dulces y frutas
para festejar.
Más o menos podemos condensar así una de las ce-
lebraciones más gratas para un niño, desde “mater-
nal” hasta el fin del tiempo de la escuela primaria.
…Hay paseos con amigos, excursiones, circo u otro
espectáculo en honor del festejado con colaboración
común de padres y padrinos, abuelos y tíos.
119
Días
Los quince años
Los quince años se conocen también como los quince
abriles o quince primaveras.
En el nombre se encuentra la clave de esta fecha
de suma importancia social tanto para la familia como
para la festejada; de ahí que “cada quien eche la casa
por la ventana” de acuerdo con sus posibilidades.
Primero, con una misa en la iglesia para agradecer
los beneficios recibidos. Después, lo indicado para la
fiesta: invitaciones, el convite con pastel y el famosísi-
mo baile con chambelanes y música.
Chambelán, del francés, significa literalmente “el
noble que acompañaba y atendía al rey en su cámara”.
En nuestros días, es quien acompaña a la festejada para
bailar junto a ella, especialmente el vals. Por supuesto
que tendrán que ensayar. Y del ensayo depende el buen
éxito de sus pasos.
Para los especialistas en asuntos de etiqueta, los
quince años resultan una magnífica ocasión para pre-
sentar a la joven de familia en sociedad.
Despedida de soltera
Una de las tradiciones más divertidas es la despedida
de soltera, futura mujer casada, mujer de hogar.
Las amigas, parientas, comadres o vecinas, invita-
das, por supuesto, al casorio, son las organizadoras del
evento.
121
Capítulo 8
Ellas, en conjunto, se encargarán de despedir, in-
geniosamente y con humor, a la soltera, en vísperas de
su enlace matrimonial.
Los chistes, ocurrencias y chascarrillos serán el “pla-
to fuerte” y varían de color:
A veces rosa pálido, otras rojo encendido, depen-
diendo más de las organizadoras que de la festejada.
Pero eso sí, los símbolos del cambio de estado –de
la soltería al matrimonio– no podrán faltar: corazones
de todos tamaños, un rodillo para amasar o para reci-
bir al marido trasnochador, un cucharón para menear
el guisado, o una regadera para regar las plantas, an-
tes de “regarla”, pero en la cocina.
Porque la futura mujer casada habrá de recibir en
su despedida una lluvia de regalos para ajuarear el
nuevo hogar: trastes, ollas, toallas, incluyendo saleros.
Y todo lo que llegue a una casa desprovista, por lo ge-
neral, de lo más mínimo. Sí, todo para hacer el desayu-
no, la comida y la cena.
Y también, por qué no, para celebrar alguna futura
despedida de soltera a primas, hermanas o amigas;
porque siempre habrá una soltera a quién despedir y
agasajar.
El matrimonio
En México, el matrimonio religioso sigue al compro-
miso de bodas, a la despedida de soltera y al matrimonio
civil ante el juez de paz.
122
Días
Los novios abandonan a su padre y a su madre –como
dice la Biblia– para conformar un nuevo hogar. Ella
viste de blanco, él, de traje oscuro o de frac, en medio
de la algarabía de familiares y amigos y de innumera-
bles símbolos, como el arroz, magnífico augurio de fer-
tilidad y abundancia.
Varios son los padrinos encargados de abastecer a
la pareja de arras, lazo, anillo, ramo y cojines, objetos
imprescindibles para el enlace nupcial no sólo físico,
sino esencialmente espiritual.
El lazo unirá a la pareja, de manera suave y agrada-
ble; el anillo, símbolo de la indisolubilidad del matri-
monio en su carácter circular, ocupará el dedo anular
o cordial, el que conduce al corazón. Las arras son las
13 monedas que el desposado otorga a la consorte, y
recuerdan los tiempos ancestrales cuando el novio
pagaba a su futuro suegro en contante y sonante por
la novia.
En cuanto al ramo de novia, éste pasará, después
de la ceremonia, a manos de alguna soltera esperanzada
en encontrar un marido.
Después del sí por parte de los contrayentes, viene,
como corolario, el esperado convite según las prefe-
rencias y acuerdo entre ambas familias. Y, por último,
la luna de miel, nombre derivado de la antigua cos-
tumbre de proporcionar miel a los recién casados para
favorecer su vitalidad...
123
Capítulo 8
5 de mayo
“La Batalla de Puebla”
El 5 de mayo es un día memorable para México, por-
que en 1862 el ejército mexicano venció al ejército
más poderoso de ese tiempo, el de Napoleón III.
Hay diferentes expresiones para celebrarlo; una de
ellas es la representación que se lleva a cabo en el Pe-
ñón de los Baños, un barrio de la Ciudad de México,
cercano al aeropuerto. Allí, algunos de sus habitantes
se disfrazan de indios zacapoaxtlas, con calzón y camisa
blancos de manta, un sombrero de palma picudo y
machete en mano, y se enfrentan a los soldados fran-
ceses, con el uniforme que usaban en aquel entonces,
en una encarnizada batalla de la que, al final, saldrán
ganadores los mexicanos.
En Puebla, por supuesto, se desfila y se conmemo-
ra el día con diferentes actos cívicos.
Día de los Niños Héroes
Los Niños Héroes son para muchos un mito, una le-
yenda, casi un cuento. Sin embargo, su renombre, el
de los jóvenes cadetes que mueren en defensa de su
patria, resulta no solo difícil, sino imposible de borrar
de las páginas de la historia de México.
Cada 13 de septiembre se honra a Juan de la Barre-
ra, Agustín Melgar, Fernando Montes de Oca, Francis-
co Márquez, Vicente Suárez y Juan Escutia en el
124
Días
Monumento de los Niños Héroes, localizado en las cer-
canías del castillo de Chapultepec, entonces colegio
militar, donde se dio el encuentro entre las huestes
mexicanas y las tropas estadunidenses, estas últimas,
encabezadas por el general Scott, que tomaron la ciu-
dad, instalándose en el Molino del Rey.
Hoy día el nombre de las calles aledañas al Molino
del Rey llevan el nombre de los generales mexicanos
que encabezaron la defensa del lugar, como el general
León, el general Zuazo y el general Pedro Antonio de
los Santos, entre otros.
El Grito
Nuestra independencia se debe a Miguel Hidalgo y
Costilla –entonces cura del pueblo de Dolores–, quien
tocó la campana de la iglesia del curato a medianoche
para convocar a los feligreses a unirse para romper las
cadenas del coloniaje.
La madrugada del 16 de septiembre de 1810 se im-
provisó el “ejército insurgente”, cuya primera bande-
ra fue el estandarte de la Virgen de Guadalupe, que
Hidalgo tomó del santuario de San Miguel el Grande,
hoy San Miguel de Allende.
Durante el gobierno de Porfirio Díaz –cuyo santo
era justamente el día 15– la celebración se “adelantó
unas horas” para buscar la coincidencia. Por esa razón,
nuestros días patrios son el 15 y 16 de septiembre.
125
Capítulo 8
Por tanto, se conmemora el Grito de Dolores en el
Palacio Nacional de la capital de la República Mexica-
na, siendo el presidente en turno quien toca la autén-
tica campana traída de Dolores Hidalgo, expuesta en
una de las torres de dicho palacio. Y haciendo las ve-
ces de Miguel Hidalgo, mientras hace ondear la ban-
dera tricolor, el presidente lanza el tradicional grito.
Esta ceremonia se repite en cada una de las ciuda-
des y pueblos donde hay una autoridad reconocida, así
como en las embajadas y consulados mexicanos del
extranjero. A estos “gritos” asisten las colonias de mexi-
canos de la localidad.
126
Capítulo 9
Funerales
Independiente de la situación económica de los deu-
dos y de las creencias religiosas, la tradición se impo-
ne, de modo que hay que seguir determinadas reglas
casi inmóviles.
El difunto se asea, se perfuma y se viste con su ropa
preferida, pues debe tener “buena cara” para las per-
sonas que quieran acercarse a saludarlo por última vez.
Además, debe estar presentable ante el tribunal del
más allá, así como las almas que lo esperan “del otro
lado”.
No faltan escapularios, medallas, estampitas, fotos
familiares, un juguetito de su preferencia si es niño, si
es una niña su muñeca, sus trastecitos.
No nos pongamos tristes, la muerte es sólo un paso:
alegre para los que sufrían, justo para los que han cum-
plido, necesario para la continuación –en otras dimen-
siones– de una vida posterior... ¡nada para los que no
creen en nada!
Pero: la separación da dolor.
Capítulo 9
Dejemos las filosofías y volvamos a nuestro difunto.
Un blanco sudario (sábana bendita) es la envoltura
final…
La “caja” funeraria o ataúd va siempre de acuerdo
con la posición económica de los dolientes, pero la cos-
tumbre marca, simbólicamente el color:
Si es un pequeño, la cajita es blanca.
Para una jovencita, se acostumbra el rosa, si no se
ha preferido el blanco con lazos y flores de color.
Un joven requiere el gris...
Los adultos van siempre en ataúdes negros –con
“oro” o “plata” para los muy ricos– aunque se escogen
con adornos morados.
Si la difunta es una señorita de edad, va en un ataúd
gris, como los jóvenes.
El velorio
El velorio siempre se hacía en casa, en la sala, en la
recámara o en un espacio preparado al momento. Ac-
tualmente también se realiza en los modernos velato-
rios de las ciudades, ya aceptados por los dolientes. En
ellos, por cierto, no faltan las cafeterías, pues la tradi-
ción es pasar toda la noche con los familiares, en el
lugar del velorio, tomando cafecito, platicando en voz
baja y rezando el rosario.
A últimas fechas, en los velatorios, los horarios de la
vida actual permiten modificaciones a esta tradición.
128
Funerales
Ante las personas conocidas –importantes–, así como
los ídolos del pueblo, se montan guardias flanqueando
el ataúd y el velorio adquiere gran solemnidad.
Entierro
Después de los servicios religiosos o los discursos de
semblanza y despedida, el cortejo parte hacia el ce-
menterio donde será sepultado –o bien, cremado– el
difunto.
Los más allegados transportan en hombros el fére-
tro. Una vez en la fosa, una persona señalada arroja
los tres puños de tierra tradicionales. Se baja el ataúd
y sobre la tumba se colocan los arreglos florales que se
llevaron al lugar del velorio: coronas con dedicatoria,
canastos y ramos, de acuerdo con el grado de amistad,
admiración o compromiso con los deudos.
Novenario
Los nueve días siguientes al sepelio se acostumbran
servicios religiosos –particulares o en un templo– en
memoria del muerto.
En la zona mixteca, el noveno día se reúnen los
dolientes para visitar la tumba llevando réplicas de co-
mida o música y aguardiente para la despedida. En al-
gunas zonas del país, por ejemplo, en el Istmo de
Tehuantepec, así como en pueblos del interior, el cor-
tejo se acompaña con marimbas, guitarra u otra músi-
129
Capítulo 9
ca, siempre la preferida del difunto o la de su lugar de
origen, si muere en tierra extraña.
En Gómez Palacio, Durango, se pinta con cal una
gran cruz bajo la mesa o soportes en que descansa el
ataúd. Cuando éste se retira, se barre con devoción la
cruz de cal, se guarda en una bolsa especial que se
lleva al cementerio para arrojarla con el ataúd a la fosa.
Esa cruz recogió todas las plegarias y buenos re-
cuerdos de los asistentes, así como el perdón que se
pidió para el alma del difunto en las diversas oraciones
y servicios religiosos.
Exvotos
Cada barrio del mundo azteca (calpulli) tenía prefe-
rencia por alguna de las advocaciones de sus divinida-
des:
Huitzilopochtli, dios de la guerra, patrono de los mi-
litares, invocado antes de las batallas y “recompensa-
do” con sacrificios...
Tonantzin, nuestra madrecita, abogada a quien las
madres imploraban por sus hijos.
Centéotl, diosa del maíz, encargada de las buenas
cosechas, en cuyo honor y agradecimiento se hacían
danzas rituales y se ofrecían frutas.
Ixchel, la abogada de las madres por ser “milagro-
sa”, determinaba peregrinaciones de mujeres salvadas
de un mal parto hasta las islas del Caribe. El gran nú-
mero de exvotos con figuritas femeninas, encontrados
130
Funerales
por los conquistadores en toda la isla, le valió el nom-
bre que conserva en la actualidad: Isla Mujeres...
Con el advenimiento del cristianismo, religión ofi-
cial de los conquistadores, los misioneros se encargaron
de no hacer tan duro el cambio y buscaron equivalen-
cias y sincretismo.
La visión colonial volvió las devociones hacia las
nuevas figuras y hubo advocaciones preferidas. Así, el
santuario de nuestra Madrecita Tonantzin, hoy es la
iglesia de Santa María Tonacintla o Tonanzintla.
Así surgió el barrio de la Merced en el Centro His-
tórico, la Santa Vera Cruz, frente a la Alameda, los
Remedios, el Jardín de Santiago, la Catedral y se adosó
el Sagrario sobre los templos anteriores.
Del mismo modo sucede en la Villa, donde se vene-
ra la imagen de la Virgen de Guadalupe pintada en la
tosca tilma de un indígena.
(Por cierto, hay quienes afirman que se rinde culto
a una imagen semejante a la de la virgen de Guadalupe
en Extremadura, España, la tierra de Cortés).
Su preferencia y devoción se extendió por toda la
República. Por ello, constantemente llegan peregrinos
de los más diversos lugares.
Allí pueden escucharse, todo el año, rezos de súpli-
ca, de agradecimiento, de alabanza, de admiración y
se oyen cantos y aleluyas, plegarias cantadas, himnos
conmovedores.
Conjuntos de danzantes indígenas le rinden home-
naje ejecutando sus movimientos rítmicos que siguen
al tambor y a la chirimía seculares.
131
Capítulo 9
Mandas
Las mandas son especies de penitencias. Son los com-
promisos que una persona adquiere al solicitar ayuda
de un santo representado por medio de una escultu-
ra, de una imagen enmarcada, o de una estampita,
que “escucha su petición”.
Las mandas tradicionales son la compra y entrega
de “milagritos” (exvotos de oro o plata con figuras di-
versas). Las misas y otros servicios religiosos también
suelen ofrecerse y cumplirse.
Otras mandas son sacrificios personales, como no
comer dulces, reconciliarse con alguien que nos ha
ofendido, rezar ciertas oraciones por un número de-
terminado de días, visitar un asilo de pobres, publicar
el testimonio en el periódico o reconocer el favor por
medio de un retablo.
Retablos
Son historias pintadas. Es gratitud manifestada con
dibujos sencillos y letreros como de historietas, alusi-
vos al milagro obtenido. Observé uno en que una mano,
saliendo del triángulo de la providencia, detiene a un
epiléptico que rueda por una escalera.
Hay quien agradece haberse salvado de un ataque
emboscado; hay quien manifiesta haberse curado de
grave enfermedad…
132
Funerales
Aparece una madre –en estilo Naif– sacando un niño
vivo de un pozo.
Otro retablo muestra dos corazones flechados con
nombres. Un milagro que la joven retablista agradece
poniendo en la boca de una mujer pintada en su testi-
monio:
Doy gracias a la virgen
Por “berme” encontentado con mi esposo.
Y firma una devota.
Es notable la colección que se expone en museos y
casas de artistas conocidos, como Frida y Diego Rivera.
En la iglesia del Montecito llamado el Calvario, de
Amecameca, hay una serie de retablos muy interesantes.
133
Apéndice
Decires, dichos y refranes
Como comprobaste en este libro, los mexicanos so-
mos muy afectos a valernos de dichos y refranes para
darnos a entender, para hablar con gracia y darle mo-
vimiento al humor. En todos ellos se cuela el ingenio y
la perspicacia del pueblo.
No quisiera hacerte otra lista de ellos con una ex-
plicación precisa y lógica, pero tiesa. Te propongo un
relato en el que voy usándolos de manera que si los
conoces y los recuerdas, los disfrutes; pero si no los has
escuchado, puedas interpretar su intención; aunque
te diré que no soy el inventor del hilo negro.
Mi viaje
Poco a poco se anda lejos, me dije porque no tenía
prisa. Me subí a un carromato del año del caldo que
pasaba por el pueblo.
Y créete, Chucha, me fue como en feria; tardamos
siglos y me llevé una soba de perro bailarín.
Apéndice
Los asientos estaban del cocol y cuando le reclamé
al conductor, diciéndole que no servían por viejos, me
contestó enchilado:
–Viejo el aire, y to’via sopla…– y se quedó ufano,
tal vez pensando: me volé la barda con esa contesta-
ción, porque se reía tapándose la boca para disimular.
–¡Me lleva el tren! –gritó uno de los pasajeros que
parecía estudiante–, esta ventanilla se está cayendo, y
aparte, señor, su carrito huele a león.
–Acá las tortas –lo retó el conductor–, no por mu-
cho madrugar amanece más temprano, joven, no se
me esponje, ahí vamos, pian pianito, pero llegamos.
–Se me hace que te están cotorreando –terció, en-
trometiéndose, un muchacho que se la había pasado
sin decir palabra, sólo pelando la mazorca.
–No me defiendas, compadre... ¿Quién te mete, Juan
Copete? ¡A qué sales con una mamertada!
–Cada gallo canta en su gallinero –repeló el con-
ductor, como alegando su derecho de palabra por ser
dueño del vetusto vehículo.
–’Ora sí me tocó bailar con la más fea –comentó el
joven estudiante.
Se armó la bronca. Yo me quedé de a seis, pero como
el que nada debe, nada teme, me hice la loca, allá ellos...
En menos que canta un gallo, ardió Troya, se die-
ron en la torre.
Entonces pensé en lo cierto que es aquello de por
la boca muere el pez, pues sus propias palabras conde-
naron a esos hombres a pelearse de veras.
136
Decires, dichos y refranes
Después se quedaron como momias, quietecitos y
callados; realmente parecían perros con la cola entre
las patas.
Al fin llegamos a nuestro destino, habíamos tarda-
do tanto que parecía que fuimos hasta el quinto palo
verde. Yo ya no podía ni con mi alma, estaba lacia,
desguanzada como pollo placero, lo que se llama muerta.
Me quedé recordando los malos modos de aquel es-
tudiante que se veía decente. Pensé que de nada le
servía ir a la escuela. Exclamé entonces para mis
adentros: el árbol que no es frutal aunque lo pongan en
huerta.
FIN
¡Qué bárbara!, se me quedaron fuera un resto. Trataré
de sacarme la espina poniéndote unos más, ahora sí
con todas las de la ley (más o menos explicados).
Espero que no me pongas como lazo de cochino cuan-
do comentes mis puntadas. Y va de nuez (de nuevo).
Fíjate que al chavo que tú sabes se le alborotó el
chincual (tuvo ganas de divertirse sin medida) y como
es botarate (muy gastador) se quedó en la calle (sin
nada); sí, en la calle y sin llavín (sin quién lo ayude),
pobre cuate.
Agarró chica papalina (una tremenda borrachera)
que pa’ qué te cuento, estaba ¡hasta las chanclas!
137
Apéndice
Como su carnal no tiene pelos en la lengua (habla
sin temor), le dijo hasta de qué se iba a morir.
El chavo se quedó patitieso (sorprendido), pues a
él nunca le había leído la cartilla, pues lo quiere bas-
tante (en exceso).
–¿Y luego?
–Eso ya es harina de otro costal. Ahí nos vidrios...
–No me la hagas de tos...
–Órale... Chance alguna vez has dicho o has oído:
Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente.
A grandes males, grandes remedios.
El que es perico dondequiera es verde.
Nota: Nunca segundas partes fueron buenas.
Ni módulo, dijeron los astronautas.
TAN, TAN.
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