El descubrimiento del Inconsciente
Sigmund Freud, descubre a finales del siglo XIX, y a través de sus experiencias con
la hipnosis, que aprendió del Dr. Charcot en París, el Inconsciente. Pero
fundamentalmente, a través de sus trabajos con las pacientes histéricas, donde se
da cuenta de que existe la represión (la represión es un olvido profundo muy difícil
de llevar a la conciencia).
El descubrimiento del Inconsciente, representa un giro copernicano: no solamente
la razón no es lo más poderoso en el ser humano, sino que es mucho más
importante su pensamiento inconsciente.
Esto representó una herida narcisista para la época (y continúa siéndolo), ya que el
hombre creía que la conciencia y que el yo eran lo más fuerte, y descubre que hay
fuerzas ocultas en la mente que tienen un inmenso poder y están reprimidas.
El inconsciente desconoce la contradicción, el “no”, el tiempo y la muerte; y sus dos
mecanismos son la condensación (metáfora) y el desplazamiento (metonimia).
Tenemos un leve acceso a él (que es insabido, regido por la palabra y la pulsión e
inaccesible) a través de los sueños, los actos fallidos, los chistes, etc. Lo que está
reprimido son pensamientos, ideas, pulsiones y deseos inconcientes. Freud lo
demuestra en 1900 en “La Interpretación de los sueños”.
En psicoanálisis, le pedimos al paciente que diga todo lo que se le cruce por la
mente, sin censuras, superando el temor y la vergüenza; y encontramos palabras e
ideas que se repiten, y deseos también. Pero hay que escuchar con un oído muy
atento (a ésto Freud lo llamó “atención parejamente flotante”) el hilo conductor de
la palabra que nos conduce a lo reprimido profundo.
No se puede forzar el tiempo de elaboración del paciente, por eso los análisis suelen
ser de larga duración.
El psicoanálisis difiere de la sugestión en que ésta se basa sobretodo en la
seducción del paciente. En cambio, el analista, no seduce al paciente, le interpreta y
señala sus mecanismos y su problemática, siempre respetando su tiempo de
elaboración.
Al psiconálisis, aún hoy, se le ofrecen resistencias, y ésto es porque cuestiona al
sujeto y hay muchos sujetos que no quieren ser cuestionados, prefieren pensar que
sus problemas psíquicos no tienen nada que ver con ellos mismos.
Freud tuvo que luchar con muchas resistencias al psicoanálisis; se le acusó de
“pansexualista” (como si todo fuera sexual), cuando Freud sostuvo que hay una
pulsión sexual y otra de muerte.
Esto es tan sólo una aproximación al enorme descubrimiento freudiano, que hasta
cambió los cimientos de la Filosofía contemporánea.