UD 4.
ESPAÑA: LA CRISIS DEL ANTIGUO RÉGIMEN
1. La crisis política. Carlos IV y la Francia revolucionaria
En España, el siglo XIX fue un período de transformaciones que llevaron al fin del
Antiguo Régimen, cuyo alcance limitado provocó un importante retraso en España.
El absolutismo dio paso a un sistema liberal, en un ambiente de gran inestabilidad.
La población creció, pero de forma moderada; y la economía se modernizó, pero
los progresos fueron tardíos, lentos y poco intensos.
Se estableció una nueva sociedad de clases basada en la riqueza. Pero los
terratenientes mantuvieron una gran influencia, la burguesía y el proletariado
crecieron poco, y el campesinado siguió siendo mayoritario.
1.2 El reinado de Carlos IV (1788-1808)
Tras su entronización, dejó el poder en manos del primer ministro, Manuel Godoy
El temor a la propagación de la Revolución Francesa, provocó el cierre de fronteras, lo que
provocó la ocupación francesa del País Vasco y Navarra, a la que se puso fin con la Paz de
Basilea (1795). (Príncipe de la Paz, vistiendo de victoria lo que realmente fue una derrota)
En 1807, se da un giro radical a la política y se firma el Tratado de Fontainebleau (invasión
de Portugal, bloqueo a Reino Unido, etc.)
Sin embargo, la ocupación del territorio español provocó el Motín de Aranjuez (1808), donde
el pueblo se levantó contra Godoy y apoyaba a Fernando VII (el Deseado).
Esto provocó las llamadas Abdicaciones de Bayona, aprovechadas por Napoleón para
situar en el trono español a José Bonarparte, como José I.
Abdicaciones de Bayona
(5 Mayo 1808)
De Fernando VII en Carlos IV.
Mi venerado padre y señor: Para dar a Vuestra Majestad una prueba
de mi amor, de mi obediencia y de mi sumisión, y para acceder a los
deseos que Vuestra Majestad me ha manifestado reiteradas veces,
renuncio mi corona en favor de Vuestra Majestad, deseando que
Vuestra Majestad pueda gozarla por muchos años. Recomiendo a
Vuestra Majestad las personas que me han servido desde el 19 de
marzo.
Abdicaciones de Bayona
(5 Mayo 1808)
De Carlos IV en Napoleón Bonaparte.
Su Majestad el rey Carlos, que no ha tenido en toda su vida otra mira que la felicidad de
sus vasallos, constante en la idea de que todos los actos de un soberano deben
únicamente dirigirse a este fin [...] ha resuelto ceder, como cede por el presente, todos
sus derechos al trono de España y de las Indias a Su Majestad el emperador Napoleón,
como el único que, en el estado a que han llegado las cosas, puede restablecer el
orden; entendiéndose que dicha cesión sólo ha de tener efecto para hacer gozar a sus
vasallos de las condiciones siguientes:
1º. La integridad del reino será mantenida: el príncipe que el emperador Napoleón
juzgue debe colocar en el trono de España será independiente y los límites de la
España no sufrirán alteración alguna.
2º. La religión católica, apostólica y romana será la única en España. No se tolerará en
su territorio religión alguna reformada y mucho menos infiel, según el uso establecido
actualmente.
1.3 La formación de grupos ideológicos
Entre 1808 y 1813 reinó José I, quien estableció el Estatuto de Bayona, que el rey tenía el
poder ejecutivo y la iniciativa para proponer leyes, con reformas como la abolición de la
tortura y el fin de los privilegios a la nobleza.
Los afrancesados*: formados por miembros de la nobleza, del clero y algunos
funcionarios, que apoyaron las reformas y a la nueva monarquía del Bonaparte.
Los patriotas: se negaron a aceptar a un monarca extranjero, impuesto por las armas. En
este grupo se incluyeron la mayoría del pueblo y los liberales (su mayoría burgueses y
profesionales liberales).
2.1 La guerra de la Independencia
La llegada de los franceses provocó el
levantamiento del pueblo de Madrid el 2 de mayo
de 1808, que se extendió a otras ciudades y
supuso el inicio de la guerra de la Independencia.
En las ciudades se luchó por medio de la
resistencia, y en el campo, a través de la
guerrilla*.
En la primera fase de la guerra se frenó el
avance francés, ante la resistencia encontrada en
ciudades como Girona, Zaragoza, Valencia y
Cádiz, y la victoria en la batalla de Bailén (1808)
A partir de 1812, los problemas de Napoleón en
Rusia y la ayuda del un ejército británico
provocaron la derrota francesa. Como
consecuencia, Napoleón reconoció a Fernando
VII como rey de España en el Tratado de
Valençay (1813).
“También combaten la malagueña Juana
García, de cincuenta años; la vecina de la
calle de la Magdalena Francisca Olivares
Muñoz; Juana Calderón, que tumbada en
un zaguán carga y pasa fusiles a su marido
José Beguí; y una muchachita quinceañera
que cruza a menudo la calle sin inmutarse
por las descargas francesas, llevando en el
delantal munición para su padre y el
grupo de paisanos que disparan contra los
franceses desde el huerto de las
Maravillas, hasta que en una descarga
cerrada cae muerta por una bala. El
nombre de esta joven nunca llegará a
saberse con certeza, aunque algunos
testigos y vecinos afirman que se llama
Manolita Malasaña”
DAOIZ Y VELARDE
2.2 Las Cortes de Cádiz y la Constitución de 1812
Ante el vacío de poder creado por la ausencia de los reyes, los patriotas crearon juntas provinciales
de defensa.
El poder lo asumió una Junta Suprema Central, con las funciones de coordinar la guerra y realizar
reformas. Para ello, la Junta Suprema convocó unas Cortes en Cádiz (1810), elegidas por sufragio
universal masculino.
Entre los diputados de las Cortes había absolutistas, y liberales, que lograron la mayoría, y
consiguieron que las Cortes realizasen reformas legales y aprobasen una constitución.
Entre las leyes aprobadas encontramos: la libertad de imprenta (1810), y abolieron los señoríos
(1811), los gremios (1813) y la Inquisición (1813), poniendo fin al Antiguo Régimen.
La Constitución de 1812, la primera en la historia de España, reconocía derechos individuales, como
la igualdad ante la ley, y establecía la soberanía nacional y la división de poderes
3.1 Las etapas del reinado de Fernando VII
Tras la guerra de la Independencia, en 1814, Fernando VII regresó a España.
El Sexenio Absolutista (1814-1820): Fernando VII abolió La Pepa, anulando lo logrado en Cádiz, e
inició la persecución contra los liberales, que se exiliaron o protagonizaron golpes de Estado militares.
Se restablecieron los privilegios a los privilegiados, etc.
Llegada Triunfal
de Fernando VII
a España tras su
exilio en Francia.
El Trienio Liberal (1820-1823): El triunfo del pronunciamiento del General Riego en Las Cabezas de
San Juan (Sevilla) en 1820, hizo que Fernando VII jurase la Constitución de 1812 y restableciera lo
acordado en Cádiz. En este mismo periodo, Fernando VII se ganaba el apoyo absolutista de la Santa
Alianza, que envió en 1823 a los “Cien Mil Hijos de San Luis*”, restableciendo el absolutismo.
“Españoles,
Cuando vuestros heroicos esfuerzos lograron poner término al cautiverio en que me retuvo la mas inaudita
perfidia, todo cuanto vi y escuché, apenas pisé el suelo patrio, se reunió para persuadirme que la Nación
deseaba ver resucitada su anterior forma de Gobierno; y esta persuasión me debió decidir á conformarme con
lo que parecía ser el voto casi general de un pueblo magnánimo que, triunfador del enemigo extranjero, temía
los males aun mas horribles de la intestina discordia. […]
[…] Españoles: vuestra gloria es la única que mi corazón ambiciona. Mi alma no apetece sino veros en torno de
mi Trono unidos, pacíficos y dichosos. Confiad, pues, en vuestro REY, que os habla con la efusión sincera […]
[…] Marchemos francamente, y yo el primero, por la senda constitucional[…]”
Juramento de la Constitución de Cádiz por Fernando VII de España
El Trágala* fue una canción que los liberales españoles
utilizaban para humillar a los absolutistas tras
el pronunciamiento militar de Rafael del Riego
en Cabezas de San Juan. La sátira se dirige
contra Fernando VII, que en 1820 fue obligado a jurar
la Constitución de Cádiz.
Fernando VII recibe en Cádiz a los Cien
Mil Hijos de San Luis. Según el marqués
de Miraflores, los Cien Mil Hijos de San Luis
fueron recibidos por el pueblo español como
libertadores al grito de «¡Viva el rey
absoluto!» y «¡Viva la Religión y la
Inquisición!»
La Década Ominosa (1823-1833): Se inició con la represión de los liberales. La situación cambió en
1830, con motivo del problema sucesorio, pues al nacer su hija Isabel, Fernando VII derogó la Ley
Sálica* a través de la Pragmática Sanción que impedía heredar el trono a las mujeres. Don Carlos,
hermano de Fernando VII y hasta entonces su sucesor, no la aceptó y recibió el apoyo de los
absolutistas, lo que obligó a María Cristina, esposa de Fernando VII, a apoyarse en los liberales.
En el interior del país, numerosos
liberales siguen conspirando pero fueron
reprimidos con mano dura. Entre los más
famosos se encuentra el fallido
pronunciamiento de Torrijos en Málaga
que terminó con su fusilamiento.
3.2 La Independencia de la América Española
En los últimos años del reinado de Fernando VII, en América, los criollos* mostraron su descontento por
la marginación política, los fuertes impuestos y la discriminación social a la que estaban sometidos
desde la metrópolis. Esto, sumando a la llegada de las ideas liberales y revolucionarias desde Europa,
y al apoyo británico y de EEUU, dio como resultado la aparición de procesos de independencia en dos
etapas:
La primera etapa (1810-1814): Durante la Guerra de Independencia española, en América surgieron
las Juntas Revolucionarias, controladas por criollos, realizando intentonas de independencia
encabezadas por Simón Bolívar y José de San Martín, pero fracasaron con el regreso de Fernando VII
a España.
La segunda etapa (1815-
1825): Fernando VII
rechazó dar más
autonomía a las colonias,
las cuales, apoyadas por
EEUU y Reino Unido,
lograron grandes victorias
como en Ayacucho,
lográndose la
independencia en la mayor
parte de los países
latinoamericanos,
quedando el antiguo
imperio colonial español
reducido a Cuba, Puerto
Rico y Filipinas (en Asia).
4.1 La época isabelina (1833-
1868)
La etapa de las regencias:
A la muerte de Fernando VII, Isabel II
contaba sólo con tres años, por lo que
durante su minoría de edad, María
Cristina (1833-1840) y Espartero
(1840-1843) ejercieron la regencia.
El desacuerdo de don Carlos a la hora
de la sucesión provocó la Primera
Guerra Carlista (1833-1839),
enfrentando a absolutistas (carlistas)
con los liberales (isabelinos). El
Abrazo de Vergara* en 1839 puso fin
al conflicto, siendo Isabel victoriosa.
El Reinado de Isabel II
A los 12 años, Isabel II fue declarada mayor de edad y comenzó su reinado, consolidándose el
sistema de partidos políticos, aunque caracterizado por inestabilidad política dado el
enfrentamiento entre los liberales moderados (alta-media burguesía) y los liberales progresistas
(clase media y urbana).
Durante la Década Moderada (1844-1854), se impuso la Constitución de 1845, de claro
corte liberal.
Durante el Bienio Progresista (1854-1856), se redactó la Constitución de 1856, que nunca
se publicó.
Finalmente, entre 1856 y 1868 se dio la alternancia entre moderados y la Unión Liberal,
surgiendo los demócratas (defendían el sufragio universal masculino) y los republicanos
(querían el fin de la monarquía)
4.2 El Sexenio Revolucionario (1869-1874)
En 1868, el triunfo de la revolución denominada “La Gloriosa”, provocó el exilio de la reina. El
gobierno provisional promulgó la Constitución de 1868, de corte democrático (libertad de
expresión, prensa, reunión, asociación, sufragio universal masculino, división de
poderes y soberanía nacional).
La Monarquía Democrática
(1871-1873): el italiano
Amadeo de Saboya asumió,
por elección del gobierno, la
corona de España,
enfrentándose a la oposición
de los republicanos y los
borbónicos, lo que obligó al
de Saboya a abdicar 3 años
después, proclamándose la
Primera República Española.
Dos años largos ha que ciño la corona de España, y la España vive en constante lucha,
viendo cada más lejana la era de paz y de ventura que tan ardientemente anhelo. Si
fuesen extranjeros los enemigos de su dicha, entonces, al frente de estos soldados tan
valientes como sufridos, sería el primero en combatiros; pero todos los qué con la espada,
con la pluma, con la palabra agravan y perpetúan los males dé la nación son españoles,
todos, invocan el dulce nombre de la patria, todos pelean y se agitan por su bien; y entre el
fragor del combate, entre el confuso, atronador y contradictorio clamor de los partidos,
entre tantas y tan opuestas manifestaciones de la opinión pública, es imposible atinar cual
es la verdadera, y más imposible todavía hallar el remedio para tamaños males.
Estas son, señores diputados, las razones que me mueven á devolver á la nación; y en su
nombre á vosotros, la corona que me ofrecía el voto nacional, haciendo de ella renuncia
por mí, por mis hijos y sucesores.
Estad seguros de que al despedirme de la corona no me desprendo del amor a esta
España tan noble como desgraciada, y de que no llevo otro pesar que el de no haberme
sido posible procurarla todo el bien qué mi leal corazón para ella apetecía.
Amadeo. Palacio de Madrid, 11 de febrero de 1873
Eugenia de Montijo,
ataviada de nodriza, trata
de consolar con el sonajero
“España”, al lloroso príncipe
de Asturias, tocado con el
quepis del ejército español.
Mientras, Napoleón da el
brazo a Isabel –así lo hizo
públicamente al recibirla en
la estación de Biarritz– y
lleva en la otra mano al
pretendiente Carlos María
de Borbón Austria, con la
clásica boina de su partido,
montando un caballo de
madera para aludir a su
belicosidad.
La Primera República (1873-1874) fue un periodo inestable, debido a los enfrentamientos
entre los unionistas y los federalistas. Además, una nueva guerra carlista, la Guerra en
Cuba y el cantonalismo* provocaron diferentes crisis de gobierno que desembocaron en
la restauración de la monarquía de los borbones en 1874.
5. La modernización económica (I). La población y la agricultura
5.1 El Crecimiento demográfico:
Entre 1788 y 1874, se produjo un gran crecimiento demográfico, debido a la mejora en la alimentación y
los avances médicos.
La población se concentraba en la periferia peninsular y en el campo, produciéndose una éxodo rural
que llevó a capitales provinciales de Cataluña, País Vasco y Madrid, surgiendo las industrias y
creciendo la población urbana.
5.3 La Desamortización
Los liberales decretaron la desamortización* o venta de los bienes amortizados, es decir, vinculados a
ciertas instituciones como la nobleza, el clero, o los municipios, que hasta entonces no podían
venderse.
Desamortización de Mendizábal (1836-1837): durante el reinado de Isabel II. Para ello, en sucesivas
leyes, el Estado confiscó y subastó los bienes del clero y abolió los mayorazgos* de la nobleza
Desamortización de Madoz (1855): decretó la venta de las tierras comunales* , de los bienes de
propios de los ayuntamientos y de todos los demás bienes amortizados o de «manos muertas»*.
6. La modernización económica (II). La industria y otros sectores
6.1 La Revolución Industrial en España:
La Primera Revolución Industrial en España se desarrolló lentamente, por lo que quedó retrasada
respecto a sus competidores europeos. Entre las causas del lento despegue industrial se han señalado:
La baja demanda de artículos industriales, el escaso espíritu emprendedor de la burguesía, el
atraso tecnológico, la escasez de materias primas y la inestabilidad política .
6.2 Los principales sectores industriales
La minería conoció una gran expansión, y convirtió a España en una importante explotadora de
minerales como plomo, hierro, mercurio y cobre.
La siderurgia se inició en Andalucía (1830-1865). Pero ante la inexistencia de carbón mineral, se
trasladó primero a Asturias, con abundantes recursos de carbón y al País Vasco, donde existían minas
de hierro.
El sector textil del algodón se concentró en Cataluña. Las fábricas primero se localizaron a lo largo
de los ríos, luego se las ubicó junto a los puertos importadores de carbón.
6.3 Otros sectores económicos
La modernización del transporte fue posible gracias a la Ley de Carreteras y la Ley de Ferrocarriles.
La red de carreteras se amplió, al igual que la ferroviaria (construcción de las líneas Barcelona-
Mataró y Madrid-Aranjuez. También se inauguraron los primeros tranvías.
El comercio interior fue escaso por la reducida demanda interna. Y el comercio exterior sufrió la
pérdida de las colonias americanas, que hasta entonces habían compensado la escasa capacidad de
compra de la población española.
Con respecto a las finanzas, se crearon
sociedades anónimas; bancos públicos,
bancos privados y las Bolsas de Madrid y
Barcelona.
7. La sociedad de clases
7.1 Los Grupos Sociales:
En el siglo XIX, la sociedad estamental del Antiguo
Régimen fue sustituida por una nueva sociedad de clases,
dividida en tres clases sociales dependiendo de su
riqueza:
La clase alta era un grupo reducido que
comprendía a la antigua nobleza y a la burguesía.
La clase media no fue numerosa, y comprendía a
los medianos propietarios agrarios, a funcionarios,
oficiales del Ejército, profesionales liberales
(médicos, abogados, notarios), propietarios de
talleres artesanos y pequeños comerciantes.
La clase baja estaba formada por los pequeños
propietarios, arrendatarios y jornaleros, los
empleados, asalariados y obreros de las fábricas,
que constituían un naciente y todavía escaso
proletariado industrial.
7.2 Conflictos Sociales y Movimiento Obrero
Los conflictos sociales se debieron a las malas condiciones de vida de los grupos más
desfavorecidos. Los jornaleros agrarios padecían bajos salarios y paro, y los obreros industriales
sufrían largas jornadas laborales, bajos salarios, falta de seguros, explotación de mujeres y
niños, y penosas condiciones de vida.
EL MOVIMIENTO OBRERO
Tuvo un carácter reivindicativo, y se manifestó
en destrucciones espontáneas de máquinas.
Fue el caso de Alcoy y Barcelona. También
se crearon asociaciones obreras para
reivindicar mejoras laborales.
A partir de 1868 se difundieron las ideologías
de la Primera Internacional: sobre todo el
anarquismo, y el socialismo marxista. En
1870 se fundó la Federación Regional
Española (FRE), integrada en la Asociación
Internacional de Trabajadores.
AFRANCESADOS: Término utilizado para designar a los españoles que defendían las
ideas de la Revolución Francesa y apoyaban al gobierno de José I Bonaparte (1808-
1813) para terminar con el Antiguo Régimen en España.
GUERRILLA: Forma de hacer la guerra consistiendo en utilizar el conocimiento del
territorio para hacer ataques rápidos y por sorpresa, haciendo difícil el contraataque
teniendo en cuenta del desconocimiento de los enemigos del territorio.
CIEN MIL HIJOS DE SAN LUIS: Ejército conformado por franceses y voluntarios
españoles, organizados por la Santa Alianza con el fin de apoyar a Fernando VII para que
restableciera el Absolutismo en contra del Liberalismo establecido por las Cortes de
Cádiz.
TRÁGALA: canción que los liberales españoles utilizaban para humillar a los absolutistas
tras el pronunciamiento militar de Rafael del Riego en Cabezas de San Juan
LEY SÁLICA: Ley que antepone el derecho a heredar de todos los varones antes que las
mujeres. Derogada por Fernando VII (1830), será el origen de las Guerras Carlistas
ABRAZO DE VERGARA: Acuerdo entre el los generales Espartero y Maroto (isabelino y
carlista) para poner fin a la I Guerra Carlista. Los carlistas aceptan a Isabel y a entregar las
armas.
CANTONALISMO: movimiento de insurrección que tuvo lugar en la época de la I República
española y que pretendía la creación de un Estado federal a partir de pequeñas unidades,
los cantones.
CRIOLLOS: Eran personas originarias de Europa que nacieron en el continente americano.
DESAMORTIZACIÓN: Ley por la que se destruye la vinculación de los bienes inmuebles,
ya sean civiles (mayorazgos), eclesiásticos o públicos (del Estado o Ayuntamientos).
Significa quitar las propiedades a las "manos muertas" y convertirlas en propiedades
privadas. En España las más importantes son: Mendizábal (1836) y Madoz (1854)
CARLISTA: Partidario de la rama dinástica de Carlos María Isidro en oposición a Isabel II.
Se declaran partidarios de mantener del Antiguo Régimen: monarquía absolutista, poder
para la Iglesia Católica, mayorazgos y fueros. Las zonas donde tendrán más importancia
son el País Vasco y Navarra.
TIERRAS COMUNALES: tierras pertenecientes a la comunidad que servían para uso y
disfrute de todos.
MAYORAZGO: tierras pertenecientes a la nobleza que pasan a manos del primogénito y no
pueden dividirse.
MANOS MUERTAS: se les denominó de manos muertas porque no podían ser vendidos ni
comprados. Término que se aplicaba especialmente a los bienes de la Iglesia, pero
también eran el caso de los mayorazgos de la nobleza o de los Ayuntamientos.