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"El cuarto de atrás: Memoria y ficción"

El documento resume la novela El cuarto de atrás de la escritora española Carmen Martín Gaite, publicada en 1978. Es considerada una obra de memoria histórica que recoge los eventos más relevantes de la posguerra en España hasta la transición a la democracia, desde una perspectiva tanto histórica como personal. La autora utiliza elementos autobiográficos y de ficción para explorar su identidad a través del recuerdo de su infancia y juventud durante este turbulento periodo de la historia española.
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"El cuarto de atrás: Memoria y ficción"

El documento resume la novela El cuarto de atrás de la escritora española Carmen Martín Gaite, publicada en 1978. Es considerada una obra de memoria histórica que recoge los eventos más relevantes de la posguerra en España hasta la transición a la democracia, desde una perspectiva tanto histórica como personal. La autora utiliza elementos autobiográficos y de ficción para explorar su identidad a través del recuerdo de su infancia y juventud durante este turbulento periodo de la historia española.
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EL CUARTO DE ATRÁS

Carmen Martín Gaite


La salmantina Carmen Martín Gaite publica en 1978 su novela El cuarto de atrás,
con la que gana el Premio Nacional de Literatura ese mismo año, y que le permite,
además, sumarse con éxito a la corriente de escritos de recuperación histórica sobre la
época de posguerra.
El cuarto de atrás es considerado como un ejercicio de memoria en el que su
autora recoge los acontecimientos más relevantes de su juventud y su edad adulta, que
abarcan desde el fin de la guerra hasta la época de transición. La originalidad de la obra
reside en no centrarse únicamente en temas políticos, sino también sentimentales,
culturales y personales, ofreciendo así la oportunidad de conocer este periodo tanto desde
una perspectiva histórica como cotidiana. Por ello es una novela difícil de catalogar, pues
contiene elementos fantásticos, metaliterarios y memorísticos, que caracterizan diferentes
géneros novelescos. Martín Gaite recupera décadas de historia de España mediante la
cultura, las costumbres y los acontecimientos, así como revisa su propia vida a través de
sus recuerdos. En este sentido se puede afirmar que, con esta obra, propone tanto un libro
de memorias como un ensayo sobre el oficio de escribir e, incluso, se acerca a los modelos
de la novela fantástica.
Aunque se han escrito multitud de obras cuya acción se sitúa en la época de
posguerra, en esta ocasión la autora ofrece un punto de vista totalmente personalizado de
los hechos y de las circunstancias del país. Las épocas de transición y democracia se
caracterizan por una reacción, en términos generales, contra el franquismo y contra la
memoria oficial impuesta por Francisco Franco. Tras décadas de dictadura y censura, los
ciudadanos sienten la necesidad de contar su parte de la historia, con lo que contribuyen
a crear una memoria alternativa. Precisamente, la crisis de la narradora en El cuarto de
atrás simboliza la transformación del panorama político, que supone un gran cambio en
España en los planos social, económico y por supuesto ideológico. De la misma manera
que la autora padece un bloqueo mental, tanto en su escritura como en su evolución
personal, los españoles sufren una parálisis, una pérdida de identidad. La postura de
Martín Gaite frente a este periodo difiere de la común construcción de la víctima y del
trauma de posguerra, pues transmite experiencias y sensaciones a lo largo de la novela
sin añadirles a sus recuerdos un componente excesivamente crítico o político. Sin
censurar la verdad, muestra interés por lo cotidiano y elemental.
El objetivo de Martín Gaite en su narración parece consistir en “contar las
vivencias más elementales de su vida personal a través de un discurso espontáneo”. Esto
implica el reencuentro con su propia identidad, lo que sugiere que realiza esta panorámica
de sus años de juventud con el propósito de alcanzar una autocomprensión y analizar su
evolución personal. La base sobre la que se construye la narración sería, por tanto, esta
búsqueda de identidad, que da pie al discurso en que se lleva a cabo la recuperación de la
memoria histórica, sentimental y personal.
El capítulo destinado a la memoria histórica consta de los subapartados represión
política, adoctrinamiento de la mujer y decadencia económica, pues son estos los temas
que Martín Gaite recoge en su novela con mayor insistencia (los analizaremos
posteriormente). La memoria sentimental incluye medios de comunicación (revistas,
novela rosa, cine, etc.), las costumbres más relevantes de la época y las celebridades
admiradas por esta generación. Finalmente, la memoria personal se estructura primero
en infancia, periodo al que dedica numerosas anécdotas, segundo en juventud y
finalmente en edad adulta, que resulta mucho más breve que los otros apartados.
Por otra parte, resulta claro que no se trata de una novela exclusivamente
autobiográfica, sino que es una obra que integra memoria y ficción, lo que implica que
las anécdotas y los eventos aparezcan en desorden y en ocasiones incompletos.
Ese "cuarto de atrás" al que hace referencia el título de la novela es el cuarto de
jugar que tenía la autora con su hermana en Salamanca. Es el espacio de su infancia donde,
felizmente, reinaba el caos: su paraíso perdido. Ese espacio idealizado y mítico del juego
desaparecerá durante la guerra, cuando la necesidad hace que se convierta en despensa:
paso de lo lúdico a lo útil y, en cierta forma, de la infancia a la madurez, de lo ideal a lo
real. Por otro lado, también lo podríamos considerar como "un desván del cerebro, del
subconsciente, una especie de recinto secreto lleno de trastos borrosos, separado de las
antesalas más limpias y ordenadas de la mente por una cortina que solo se descorre cuando
aparecen los recuerdos".

Acción
Una mujer que padece insomnio una noche -supuestamente, la narradora
convertida en personaje de su propia novela- se ve sorprendida por la visita inesperada de
un desconocido que la fascina y que entabla conversación con ella, como si la conociera
desde siempre, haciéndole preguntas sobre su vida, enmarcado todo en un ambiente
misterioso. El desenlace resulta un final sorpresa que se encadena con el principio y deja
al lector con la sombra de una duda: los límites entre la realidad y la ficción. Todo pudo
y no pudo, a la vez, ser sueño.
La acción propiamente dicha es mínima, puesto que en el fondo se trata de un
análisis introspectivo, de un viaje al interior de ella misma en busca de su pasado, y poder
explicarse y comprenderse a sí misma.
Se produce un desdoblamiento de la autora en narradora como voz en off o
narradora observadora (que desde una supuesta realidad, la del momento de la escritura,
transcribe esa ficción, ese diálogo ficticio como realidad que ha ocurrido verdaderamente)
y narradora-personaje, dialogante, que toma parte en la conversación (de esta forma el
"yo" autobiográfico aparece dentro del plano de la ficción), dando lugar a un juego de
espejos.
Carmen Martín Gaite reivindica el caos, como una vuelta a la infancia, el contar
atento y sin prisas, que requiere también una lectura atenta y un interlocutor dispuesto
para permitir la realización final del acto comunicativo. Por este motivo se demora en los
más mínimos detalles y se detiene una y otra vez, saboreando la propia narración y
jugando con lo aparentemente intrascendente. No obstante, la escritura disfruta con este
juego ya que se identifica con la manera de contar de los niños -saltos en el tiempo hacia
delante y hacia atrás, distracciones por cualquier cosa, pérdida momentánea del hilo
argumental… El contar por el contar y, sobre todo, por el contarse a uno mismo. El placer
de contar.
La referencia constante, y simbólica” al "escondite inglés” es de especial
importancia para entender el significado de la obra: la escritora se ha sentido durante
parte de su vida como si estuviera jugando, sin saberlo, a ese juego infantil, como si todo
cambiara o desapareciera sin que ella siquiera se diera cuenta de nada, como mirando a
la pared mientras todo transcurre a sus espaldas.

Personajes
El personaje que aparece al iniciarse el texto, el "hombre de negro", un hombre
misterioso del que desconocemos la identidad, hecho que alimenta la intriga, juega el
papel del interlocutor soñado, un receptor inventado e instrumental, una presencia que es
pretexto para la narración y a la vez filtro de la misma. Como si se tratase de un experto
psicoanalista, Alejandro, es el catalizador que permite a la narradora recordar y recuparar
sus recuerdos. Esta figura hace, por poner un ejemplo, la función de dar pie o la réplica
en teatro: gracias a las preguntas del "hombre de negro" se consigue reconstruir, poco a
poco, la memoria y el entorno de la narradora-personaje; la obliga a aclarar sus ideas.
Por otro lado, los personajes más familiares para la escritora sirven como punto
de referencia o de anclaje de la narración, como papel pautado para guiarse. Así aparecen
su hermana Ana, sus padres, su tío, su hija Marta y una amiga de ésta.

Temas
La ideología de los familiares de Martín Gaite se oponía al franquismo. Esto se
corresponde con las ideas que la salmantina muestra a lo largo de la novela, en la que
trata las cuestiones políticas con distancia y con desaprobación, especialmente en lo que
respecta a la represión política, al adoctrinamiento de la mujer y a la decadencia
económica de las décadas de posguerra.
Represión política: En general, la autora describe la época de posguerra de forma
negativa. Guarda recuerdos pesimistas de la época, que no duda en recuperar para retratar
así la sensación de miedo que impregnó la sociedad con el establecimiento de la dictadura
franquista tras la guerra. En la novela, se encuentran diversos pasajes descriptivos que
tienden a transmitir la sensación desesperanzadora y triste que se propagó entre los
ciudadanos a causa, principalmente, de la represión política por parte del régimen de
Franco, que no toleraba críticas ni oposición. Este fue a su vez causante del miedo, la
violencia y la desdicha que marcaron a toda una generación. Asimismo, la escritora señala
en la obra la gran falta de seguridad y tranquilidad entre los españoles, que sufrían el
temor a las represalias. Su única defensa era el silencio, bajo el que se cobijaban,
esperando pasar desapercibidos ante los franquistas. Los niños de la posguerra crecieron
habituados al silencio, a reprimir sus voces por miedo.
Adoctrinamiento de la mujer: El primer rasgo evidente de que la dictadura se
propuso la tarea de adoctrinar a la mujer para imponer en ella el rol tradicional de madre
y esposa fue el establecimiento del Servicio Social (Sección Femenina), en el que lo
primordial era una formación hogareña. Este se convirtió en un requisito indispensable
para obtener trabajo u otros muchos ámbitos como viajar. Las obligaciones de la mujer
se ceñían por tanto a las labores domésticas. El desorden era, precisamente, condenado
por la sociedad franquista, debido a que la dictadura doblegaba a los españoles a través
del control más estricto, al cual el desorden se opone. La rebeldía contra estas tareas, que
se consideraban exclusivamente femeninas, forma parte del carácter subversivo de la
autora.
El siguiente aspecto criticado de forma tajante en la obra es la amenaza de quedarse
soltera, implícita en todas las enseñanzas de la Sección Femenina. En efecto, la Sección
Femenina condenaba el aislamiento, que consideraba una sensación peligrosa para la
mujer. De esta forma, imponía a las mujeres la búsqueda de un marido y las sometía al
matrimonio, al que quedaban sujetas de por vida. Además se les impedía llevar ropa
extravagante, reír a carcajadas, fumar o adoptar cualquier rol que pudiera confundirse con
algún aspecto masculino.
Decadencia económica: Martín Gaite describe en su novela la situación de pobreza
y precariedad de ese tiempo. A causa de esta, se acentuaron las ilegalidades, siendo el
estraperlo la más complicada de manejar. Esto produjo numerosas consecuencias: la
escasez y la inflación de productos como las telas, los productos de perfumería o el
calzado. Los españoles, aquellos que podían permitírselo, reaccionaron contra estos
problemas mediante el almacenamiento de alimentos, que les ayudaba a prevenir y
combatir la escasez. Como ya se ha mencionado, en la novela se relata cómo el
denominado cuarto de atrás de su casa, que había sido hasta entonces su cuarto de juegos,
sufrió la transformación en despensa.

Lenguaje
En cuanto al lenguaje, encontramos recursos constantes para actualizar la lectura
del texto, como es el caso de los deícticos: "...¿no estaría mejor sentada aquí?"; "Ya, ahí
está la cuestión"; o de las muletillas conversacionales, que añaden vivacidad al discurso
narrativo y dan una sensación de frescura, de inmediatez inconsciente: "Bueno, sí,
claro...", "sí, ya ve", "lo que le quería decir es que yo..."; o bien emplea verbos que indican
inseguridad, para mostrar su subjetividad, para reforzar la impresión débil del recuerdo:
"no estoy segura, creo que...", "yo juraría que...", "creo que...pero no sé", "yo es que...",
pero a pesar de estas inseguridades, a veces interroga sin poner los signos que lo indican:
"Se acordará usted de que a Franco lo enterraron un veintitrés de Noviembre", como si
demostrara así que en realidad tiene más confianza en la memoria de los demás, y en la
suya propia, que lo que nos demuestra. Las enumeraciones le dan un ritmo lento a la
narración en ciertos momentos culminantes, para destacar la asfixia, la monotonía de la
vida en la época de Franco: "...Franco inaugurando fábricas y pantanos, dictando penas
de muerte, apadrinando la boda de su hija y de las hijas de su hija, hablando por la radio,
contemplando el desfile de la Victoria, Franco pescando truchas, Franco en el Pazo de
Meirás, Franco en los sellos, Franco en el NO-DO...".
Con la llegada de la transición, los escritores pueden al fin aportar su punto de
vista y sus percepciones acerca de los sucesos sobre los que habían tenido que permanecer
en silencio hasta entonces, siendo El cuarto de atrás un buen ejemplo de este ejercicio de
memoria colectiva. La originalidad de la obra reside en que Carmen Martín Gaite lleva a
cabo esta recuperación de la historia con un tono desenfadado, que expresa con sinceridad
la precariedad y la represión de la dictadura, sobre todo desde la perspectiva de la mujer,
doblemente reprimida, pero sin convertir su discurso en un reproche, sin aportar notas de
odio o rencor.

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