La presente normativa se calificó desde instrumento de blindaje al gobierno de turno en
Ecuador hasta herramienta necesaria de control social. De un primer análisis, surgen los
siguientes puntos a considerar a fin de determinar su compatibilidad con los parámetros
internacionales sobre empleo de la fuerza y protección de DDHH:
En principio, remitirnos al SIDH por el que se establece, dentro de las obligaciones, la de
garantía (artículos 1.1. y 2 CADH) que, en el caso Velásquez Rodríguez c. Honduras 1 se disgrega
en dos: adoptar medidas positivas en medidas de prevención (antes); y las de investigación y
sanción (después). Respecto a las primeras se establece adaptar la normativa interna y, es en
ese entendido que, el estado ecuatoriano busca reglamentar el empleo de la Fuerza 2; ello
mediante una norma con rango de ley 3. Si bien en apariencia el presente resultaría un acto de
buena fe por parte del Estado, lo siguiente cambia el panorama:
- El despliegue de Fuerzas Armadas en lugar de los efectivos policiales constituye una
alarma y, en casos, un peligro inminente de vulneración. En el artículo 158 de la
constitución ecuatoriana se estableció como la única función de las Fueras Armadas
la defensa de la soberanía y la integridad territorial. Y se aclara que la protección
interna y el mantenimiento del orden público son responsabilidades de la Policía. 4
- Respecto al reglamento, si bien en el artículo 7 se prescriba un orden escalonado del
uso de la fuerza, es evidente la contravención a los derechos a no ser privado de la
vida e integridad personal. Por ello resulta necesario estudiar la situación acorde a los
principios generales (legalidad, necesidad y proporcionalidad), necesarios para
establecer la responsabilidad internacional estatal por la vulneración de derechos
humanos; de lo contrario caeríamos en el craso error de no prever la posibilidad de
pasar al nivel 5 de forma repentina.
- En cuanto a esta situación incidiría en el hecho que, la jurisprudencia interamericana
ha develado múltiples situaciones en los que las fuerzas armadas actuaron de forma
irracional y arbitraria, por ello, este reglamento es un instrumento que respalda esta
clase de actuación.
Por ello, tanto el artículo 7 faculta el uso de la fuerza en casos donde talla este derecho, aun
cuando lo supra referido establece que no se priva del derecho a la integridad personal o el
derecho a la vida, bajo ninguna circunstancia.
El año pasado el ministro de Defensa, Oswaldo Jarrín, explicó que se llegó hasta el tercer nivel
para las protestas de octubre. Es decir, no se utilizó armamento letal; sin embargo, ¿existe un
respaldo sólido para que esta no se extienda a situaciones de criminalización de la protesta?
A su vez, mediante un dialogo jurisprudencial, el Tribunal Constitucional peruano reconoció el
derecho a la protesta “(…) en dichos contextos de crisis, adquiere mayor relevancia el
reconocimiento y garantía de la protesta con fines legítimos y en el marco de la legalidad
1
Párr. 175 y 176
2
El profesor Pedro Villanueva indica que se acude a principios básicos de Naciones Unidas e incide en el
caso Montero Aranguren. Concluye en que no se limita la responsabilidad del Estado al momento mismo
del empleo de la fuerza si no que constituye una suerte de proceso con etapas: la preventiva, la del
acontecimiento y la posterior de suscitado este.
3
En la OC 6/86 se establece que la expresión leyes se refiere a: “(…) actos normativos enderezados al
bien común, emanados del Poder Legislativo democráticamente elegido y promulgados por el Poder
Ejecutivo.”
4
https://www.primicias.ec/noticias/politica/nueva-norma-reabre-debate-legalidad-actuar-militar-
calles/
imperante, siempre que esta última sea conforme a la Constitución, por cuanto en tal
entendido dicha protesta, con tales características, constituirá una genuina expresión de la
soberanía popular (artículo 45 de la Constitución) […] Pero, además de ello, la protesta se erige
también como un En el Acuerdo con Malta Sobre Asistencia Humanitaria en el numeral 8 del
artículo 416 se establece que se “(…) reconoce el derecho de los pueblos a la resistencia y
liberación de toda forma de opresión”, en concordancia del artículo 4 del PIDCP que establece:
“En situaciones excepcionales que pongan en peligro la vida de la nación y cuya existencia haya
sido proclamada oficialmente, los Estados Partes (…) podrán adoptar disposiciones que, en la
medida estrictamente limitada a las exigencias de la situación, suspendan las obligaciones
contraídas en virtud de este Pacto (…). Sin embargo, esta normativa no se emite en un
contexto de excepcionalidad que también tiene limitaciones (artículo 27.2 CADH).
Ahora bien, se aplaude la iniciativa de implementación de un instructivo para las fuerzas
armadas, evidentemente su enseñanza a estos miembros, no es el tema en discusión
- Derecho a la resistencia