https://www.elespectador.
com/noticias/salud/oscuros-hallazgos-humana-vivir-articulo-426687
En el caso de Humana vivir en liquidación se encontraba una persona que estaba trabajando
durante años en la Supersalud des de hace 21 años y pidió una licencia no remunerada para estar
trabajando en Humana Vivir y existen indicios que funcionarios de la superintendencia prestaban
servicios en horas libres en esta eps, adicionalmente se verifica que la liquidación de esta entidad
se hizo sin la respectiva inspección, se evidencia una gran cantidad de problemas con todas las
cuentas, duraron un tiempo sin tiempo sin enviar reportes financieros a la Supersalud por parte de
humana vivir y no tenía redes prestadores que permitieran atender a sus afiliados, hay una parte
de cuentas pendientes de auditar las cuales evidencian que la EPS debe más de 723.000 millones a
clínicas y hospitales, por lo tanto estas redes prestadoras se negaban a atender los afiliados por la
falta de pago, se evidenciaba un desorden administrativo caótico el cual no presentaba una
información real ni fidedigna.
En Humana vivir se evidenciaba investigaciones día a día, congelamiento de cuentas bancarias
habían muchas cuentas contables pendientes de depurar desordenes en procesos y
procedimientos los cuales son netamente necesarios para llevar un control de los recursos de las
Eps y poco a poco se vieron afectados los usuarios por las monumentales deudas que tenía con la
redes prestadores de salud.
https://www.asuntoslegales.com.co/actualidad/desfalco-en-el-sector-de-la-salud-supera-los-2-
billones-de-pesos-2024205
La contraloría ha revelado millonarios desfalcos de más de dos billones de pesos, investigaciones
revelaron que solo en la eps Caprecom la más grande del régimen subsidiado este desvió supera el
billón de pesos, no solamente están involucrados las EPS adicionalmente están involucradas los
hospitales , institutos descentralizados, entes territoriales, operadores fiduciarios, y demás
entidades las cuales manejan recursos públicos del sector salud; estos casos se ven en varios
sectores del país pero en la costa atlántica están los casos más preocupantes se han encontrados
pagos a eps con inconsistencias en afiliaciones y bases de datos donde se reportan pacientes ya
fallecidos y o retirados, en Cartagena la Contraloría se hallaron irregularidades por mas de 1.000
millones por compra de suministros y medicamentos.
https://www.semana.com/nacion/articulo/corrupcion-hospitales-vergenza-capital/257568-3
Tres hospitales tienen presupuestos de más de 130.000 millones anuales los cuales son Kennedy
Simon Bolivar y Meissen cada uno. En total, los 22 hospitales públicos de Bogotá mueven casi 1
billón y medio de pesos. Pero tanto dinero no ha servido para que los hospitales presten un mejor
servicio y garanticen el derecho a la salud a los bogotanos, en estos hospitales se atienden las
personas más vulnerables de la ciudad hoy en día les deben más de 250.000 millones, esta no es ni
la única ni la principal razón para que la mitad de los hospitales de Bogotá este al borde del
colapso financiero, se volvió tener un hospital un negocio, se revisaron contrataciones de varios
hospitales estatales de los últimos años y se evidencia perdida de millones de pesos, uno de los
casos más comunes es un gerente cómplice.
Otra manera como desangran a los hospitales, según pudo constatar SEMANA entre los contratos
revisados, es con la construcción de nuevas sedes o el reforzamiento de las existentes (ver ‘El eje
Julio Gómez’). Y también hay una gran cantidad de contratos de personal –con supuestas
entidades sin ánimo de lucro y cooperativas– que terminan siendo nóminas fantasmas de
empleados. Como el caso de un médico del Hospital de Meissen que vive en Estados Unidos y a
quien le pagaban nocturnos y dominicales. Se trató de ponerle coto al asunto prohibiendo la
contratación a través de cooperativas, pero los hospitales han seguido vinculando personal a
través de estas empresas.
En el área de alimentación uno de los contratistas más importantes es Jorge Camargo Campero,
representante legal de la empresa Nutrir, que tiene contratos con varios hospitales, entre ellos
uno en el Simón Bolívar por más de 1.000 millones de pesos. Como lo denunció en una columna el
periodista Daniel Coronell, Camargo Campero fue quien le vendió una casa en Miami al
excongresista German Olano por 220.000 dólares.
Y en el área de aseo, otro contratista que llama la atención es Cipsa Ltda., que ha prestado el
servicio a los hospitales Occidente de Kennedy y Simón Bolívar. Un informe de auditoría de la
Contraloría en 2009 encontró que esta empresa, además de no pagar sueldos a los empleados en
varias ocasiones, prestaba un mal servicio y el propio subgerente administrativo del Simón Bolívar
reconoce que puede haber problemas de asepsia por estos motivos.
Al revisar documentos de la empresa, SEMANA encontró un vínculo directo con funcionarios de la
administración de Samuel Moreno que son más que coincidentes. Una de las socias accionistas y
gerente es Mónica Lorena Rincón Latorre, esposa del exdirector del Fondo de Vigilancia desde
2009, Mauricio Solano. El hermano de Solano, Jorge, trabajó como subgerente financiero en el
hospital de Engativá y como asesor de una dependencia de la Secretaría de Salud hasta finales de
2011. Como subgerente de Cipsa aparece Luz Ángela Noguera, coordinadora de transportes del
Fondo de Vigilancia y quien supervisaba los contratos de renting de automóviles del Distrito, entre
ellos el que estuvo asignado hasta hace dos semanas al exalcalde Samuel Moreno.
En otras palabras, empiezan a aparecer conexiones entre contratistas y funcionarios de la anterior
administración que podrían indicar que hay una red que trabajaba articuladamente y que, a su
vez, también están vinculados con quienes están hoy en la mira por el escándalo del carrusel de la
contratación. La Contraloría se quejó la semana pasada de que las investigaciones en el sector de
la salud no avanzan en la Fiscalía y el propio fiscal Montealegre, recién posesionado, también dijo
que había que revisar los acuerdos a los que se había llegado con contratistas como Julio Gómez.
Las investigaciones sobre la gestión de los gerentes del Simón Bolívar, Meissen y Kennedy y el
exsecretario de Salud de la pasada administración apenas comienzan. Esto, que ya se empieza a
conocer como el carrusel de la salud, podría ser el eslabón entre dos de los peores y más recientes
escándalos de corrupción que ha conocido el país.
Mientras tanto, el secretario Jaramillo ha dicho que no van a cerrar los hospitales del Distrito y
buscarán recursos adicionales. “Lo que queremos es salvaguardar los hospitales”, dijo. Pero
también envió un mensaje claro a los nuevos gerentes que fueron elegidos por puntaje en un
examen practicado por la Universidad Javeriana, que asumirán el cargo en los próximos días. “El
que no sirva, se va”, dijo.
El cambio en el mando de estas instituciones puede ser el primer paso para aliviar a los hospitales,
pero si los organismos de control no avanzan, los hospitales podrían recaer. Un gran porcentaje de
los bogotanos no se ha dado cuenta de que la corrupción no solo acabó con las calles de Bogotá,
sino que puede acabar hasta con la vida de sus habitantes.
La rebelión de las batas
En Meissen, Simón Bolívar y Kennedy los empleados se les sublevaron a los gerentes.
Además de la gran cantidad de recursos y pacientes que atienden, el Simón Bolívar, el Hospital de
Meissen y el de Kennedy tienen otra cosa en común: los médicos y trabajadores honestos de sus
instituciones se alzaron la bata y protestaron de una u otra manera por la mala gestión de sus
gerentes.
Simón Bolívar
La revolución se gestó primero en el Hospital Simón Bolívar. Un grupo de 57 médicos interpusieron
una denuncia ante la Superintendencia de Salud contra el gerente Luis Guillermo Cantor, muy
cercano a la familia del alcalde Samuel Moreno Rojas, porque, según ellos, había incrementado de
manera injustificada la nómina de personal administrativo desde su llegada a la institución a
finales de 2009. Antes de llegar a este hospital, Cantor fue subgerente administrativo del Hospital
de Meissen, luego gerente encargado del Hospital San Blas y del Tunal. Quería quedarse en el
cargo pero no pasó el examen, entonces Héctor Zambrano lo nombró en Planeación en Secretaría.
Volvió a presentarse para el segundo concurso y aunque no sacó el primer puntaje fue elegido de
la terna que la junta directiva del hospital le presentó a Héctor Zambrano, alcalde encargado en
ese momento.
Al mismo tiempo que Cantor contrataba 100 empleados y convertía consultorios en oficinas, a
varios médicos se les cancelaba su contrato laboral. Los galenos conformaron un sindicato y como
represalia, a algunos de los integrantes de esta significativa protesta les abrieron investigaciones
disciplinarias. Adicionalmente, a principios de enero, empezaron a circular de manera clandestina
panfletos anónimos, conocidos como ‘Simoncitos’ en los que denuncian presuntas irregularidades
en el Simón Bolívar como nepotismo en el nombramiento de algunos funcionarios y
contrataciones sospechosas, entre otros. En uno de los Simoncitos apareció publicada una
conexión entre funcionarios del Simón Bolívar y el Hospital de Meissen, que harían parte de una
especie de ‘rosca gerencial’, porque Jesús Eduardo Alfonso, subgerente administrativo del hospital
Simón Bolívar, está casado con Marlén Sierra Pérez, subgerente administrativa de Meissen. “El
Simón Bolívar es el siamés del Hospital de Meissen”, afirma el actual secretario de Salud,
Guillermo Alfonso Jaramillo.
Meissen
Jaramillo ordenó una auditoría especial a partir del 20 de febrero para investigar presuntas
irregularidades en el manejo del hospital por parte del gerente Carlos Lizcano y algunos directivos.
Mientras la comisión hacía su trabajo, los médicos y contratistas del hospital protagonizaron un
paro el 4 de abril pasado, el primero en la historia de la institución, porque no les pagaban desde
noviembre del año pasado y no tenían insumos como gasa o antibióticos para trabajar. Lo increíble
es que, según reveló la investigación, antes de que saliera Lizcano del hospital a principios de año,
se gastó el 72 por ciento del presupuesto para su funcionamiento en 2012. El informe de la
comisión investigadora fue presentado el pasado jueves y en él se revelan todo tipo de
arbitrariedades, desde contratos de comida supuestamente para pacientes, que incluían costillas
de ternera, langostinos y vino blanco, hasta contratos con una empresa de medicamentos que
termina ofreciendo transporte en lujosas camionetas que utilizaban los directivos del hospital.
Uno de los asesores de la dirección en este hospital es el exgerente del Tunal, Aldemar Bautista
Otero, que fue destituido e inhabilitado por la Procuraduría por utilizar dineros de un contrato de
construcción del hospital para un viaje al exterior. Él también ha sido contratado por los hospitales
de Nazareth, Usme, Fontibón y Vista Hermosa, y ha sido mencionado, junto con Lizcano, entre los
gerentes de hospitales que asistían a reuniones con concejales y contratistas en el apartamento de
Manuel Sánchez para discutir contratos en el sector de la salud durante la Alcaldía de Luis Eduardo
Garzón, según la versión de Olano ante la Corte.
Lo grave es que Lizcano, que ni siquiera sabía en qué piso de su hospital funcionaba medicina
interna, no solo era gerente del Hospital de Meissen, sino que a través de convenios que firmó con
la Secretaría de Salud, obtuvo el control del Hemocentro distrital, del Equipo Comando (que es un
grupo de médicos y auxiliares que responden ante emergencias en la ciudad) y parte de los
empleados que trabajan en el Centro Regulador de Urgencias de la Secretaría. también son
contratados a través de Meissen.
Occidente de Kennedy
El otro gerente al que la comunidad de su hospital le ha hecho plantones desde al año pasado fue
Fabio Barrera, del Hospital de Kennedy, que llegó como encargado y se quedó ocho años. En la
entrada principal, los enfermeros y otros empleados se pararon con megáfono a exigirle a la
gerencia que les pagara. Algunos subieron a las oficinas de dirección. Y en las redes sociales
también han empezado a circular denuncias de presuntas irregularidades de la gestión de Barrera,
por un aumento desmesurado de personal en áreas no médicas y mala administración de los
recursos. “El laboratorio clínico está agonizando y urgencias es un ‘reventadero de gente’”, le dijo
a SEMANA un médico del hospital.
Hoy Cantor, Lizcano y Barrera están siendo investigados por la Fiscalía dentro de lo que ya se
conoce como el escándalo del Carrusel de la Salud, junto con el exsecretario de Salud Héctor
Zambrano, que defiende su gestión. Sobre los tres gerentes, afirma que llegaron a sus cargos por
concurso y habían tenido una buena trayectoria en otras instituciones, pero dice que a cada
gerente le corresponde dar sus explicaciones. “Que se investigue con toda la rigurosidad. Tengo la
tranquilidad de lo actuado”.
Medicinas venenosas
Algunos hospitales compran medicamentos hasta 100 por ciento más caros que otros.
A pesar de que hay unas tarifas estándar, cada hospital negocia como le parece con proveedores
de insumos médicos o medicamentos, que con frecuencia ofrecen precios inflados argumentando
que los hospitales no les pagan a tiempo y por eso tienen que cobrar más caro. La Personería
detectó, por ejemplo, que un frasco de acetaminofén en jarabe en 2011 costó 575 pesos con
Drogas Boyacá, pero el mismo frasco costaba 1.193 pesos con Pharma Express, que además
distribuía medicamentos próximos a las fechas de vencimiento en el hospital de Engativá. En el
hospital de Vista Hermosa algunos funcionarios denunciaron que encontraron cajas enteras de
medicamentos vencidos.
Drogas Boyacá, que tiene convenios con nueve hospitales del Distrito, pertenece a Rafael Antonio
Salamanca, a quien varios contratistas señalan de ser cercano al exrepresentante Germán Olano,
una de las piezas políticas claves del escándalo del carrusel de la contratación de malla vial. Drogas
Boyacá vende algunos medicamentos que, comparados con otros proveedores, resultan hasta 108
por ciento más caros. Lo mismo sucede con Farmared, que le vendió al hospital de Usme tabletas
de 400 miligramos de ibuprofeno a 147 pesos en 2010, mientras que el hospital de Fontibón le
compró a Macromed las mismas tabletas, al año siguiente, a 36 pesos.
El eje Julio Gómez
Obtuvo millonarios contratos en infraestructura y a través de fundaciones.
Desde 2004, la alcaldía de Luis Eduardo Garzón hizo un diagnóstico de las condiciones
estructurales de los hospitales y centros de atención en salud y en 2006 aprobó un Plan Maestro
de Equipamiento que buscaba construir nuevas sedes o reforzar las estructuras de los edificios que
ya existían. Destinaron recursos especiales con apoyo del Banco Mundial, y aunque el exsecretario
de Salud Héctor Zambrano se siente orgulloso de que lograron poner en marcha la construcción de
13 obras, seis años después, algunas no están terminadas o ni siquiera han empezado. “Menos
mal que no se construyeron porque se hubiera perdido más plata”, le dijo a SEMANA un
exfuncionario de la Secretaría de Salud.
Y es que eso es lo que ha sucedido con el caso del Hospital de Meissen, que denunció SEMANA en
noviembre de 2011. La construcción del nuevo edificio de Meissen, en donde se alojaría el área
administrativa, que hoy funciona dispersa en 13 casas arrendadas del barrio, fue contratada con
empresas del arquitecto Julio Gómez y, a pesar de recibir cuantiosos anticipos, todavía no ha
terminado. Según El Espectador, el también polémico contratista Manuel Sánchez hizo la
interventoría, pero SEMANA encontró que detrás de este contrato también estaría una firma
cuyos propietarios son oriundos de Sahagún, igual que el otro contratista del carrusel, Emilio
Tapia. En las cuentas de la empresa solo quedan 270 millones y, al parecer, miles de millones se
gastaron para pagarles a otros proveedores y contratistas del hospital, con autorización de la
Secretaría de Salud.
Meissen ha sido el caso más sonado en el cual las empresas y familiares de Gómez tuvieron
contratos, pero no fue el único. Dineros de los contratos de malla vial otorgados al clan de Julio
Gómez terminaron en las cuentas de las empresas constructoras de Meissen, pero también en las
del Consorcio Hospitalario 2007, responsable de construir la sede asistencial El Guavio del hospital
Centro Oriente. Llama la atención que dos de las firmas y socios que integran este consorcio son
las mismas que participan también en la construcción de otros hospitales: la sede Fray Bartolomé
del Hospital Simón Bolívar, el Hospital El Tintal y la unidad básica de atención (UBA El Porvenir)
que pertenece a la red del Hospital Pablo VI de Bosa. Varios de estos consorcios tienen el mismo
representante legal, Ricardo Godoy Arteaga, y por lo menos en Meissen y en Simón Bolívar
aparece una misma firma interventora.