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Tesis Sobre Ciencia y Proceso Penal

La tesis doctoral analiza el concepto y régimen jurídico de la llamada "prueba científica" en el proceso penal. Se divide en dos capítulos. El primero estudia la relación entre ciencia y proceso penal, desde las bases epistemológicas de la ciencia hasta la introducción progresiva del conocimiento científico en la prueba de los hechos. El segundo capítulo analiza los fundamentos conceptuales de la prueba científica, incluyendo conceptos como prueba, verdad y reconstrucción de los hechos desde una perspect
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Tesis Sobre Ciencia y Proceso Penal

La tesis doctoral analiza el concepto y régimen jurídico de la llamada "prueba científica" en el proceso penal. Se divide en dos capítulos. El primero estudia la relación entre ciencia y proceso penal, desde las bases epistemológicas de la ciencia hasta la introducción progresiva del conocimiento científico en la prueba de los hechos. El segundo capítulo analiza los fundamentos conceptuales de la prueba científica, incluyendo conceptos como prueba, verdad y reconstrucción de los hechos desde una perspect
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UNIVERSIDAD PABLO DE OLAVIDE DE SEVILLA

FACULTAD DE DERECHO
DEPARTAMENTO DE DERECHO PÚBLICO

TESIS DOCTORAL:

Ciencia y proceso penal. Un estudio sobre el concepto

y régimen jurídico de la llamada «prueba científica»

Presentada por ANA SÁNCHEZ RUBIO para la colación del grado de Doctora en
Ciencias Jurídicas y Políticas por la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla.

Dirigida por:

DR. IGNACIO FLORES PRADA

Depositada en Sevilla, a 15 de septiembre de 2016.


UNIVERSIDAD PABLO DE OLAVIDE DE SEVILLA
FACULTAD DE DERECHO
DEPARTAMENTO DE DERECHO PÚBLICO

TESI DI DOTTORATO DI RICERCA IN


GIURISPRUDENZA E SCIENZE POLITICHE

Per il conseguimento del titolo di Dottorato di Ricerca Internazionale

Scienza e processo penale. Uno studio sul concetto

e regime giuridico della «prova scientifica»

Relatore: Dottoranda:

DR. IGNACIO FLORES PRADA ANA SÁNCHEZ RUBIO

Siviglia, Settembre 2016


A mis padres,

quienes me han dado todo a cambio de nada


ÍNDICE

ABREVIATURAS ......................................................................................................... 15

INTRODUCCIÓN .......................................................................................................... 17
INTRODUZIONE .......................................................................................................... 23

CAPÍTULO I
CIENCIA Y PROCESO PENAL
1.-Sobre la ciencia, lo científico y la metodología científica ...................................... 31
1.1.-Bases de la epistemología ................................................................................ 31
1.1.1.-Conocimiento común y conocimiento científico ...................................... 32
1.1.2.-Hacia una acotación del concepto de ciencia ............................................ 34
a.-Primeras aproximaciones ............................................................................. 35
b.-Ciencias duras y ciencias suaves, ¿igualmente falibles? ............................. 39
c.-La noción de ciencia en el proceso penal .................................................... 42
1.1.3.-Algunas notas características de la actividad científica ............................ 42
1.2.-El método científico ......................................................................................... 48
1.2.1.-El método científico como senda del avance de la ciencia ....................... 49
1.2.2.-Fases del método científico ....................................................................... 54
1.2.3.-Paralelismo entre método científico y método de verificación de los
hechos en el proceso ............................................................................................ 57
2.-Algunas ideas sobre la evolución del conocimiento científico............................... 60
2.1.-El deslinde entre la ciencia y otras disciplinas del saber ................................. 61
2.2.-El positivismo y el postpositivismo científico ................................................. 66
2.2.1.-Génesis y rasgos esenciales del positivismo ............................................. 66
2.2.2.-El falsacionismo como producto del neopositivismo ................................ 69
2.2.3.-Crítica al falsacionismo radical ................................................................. 73
3.-De la mística a la razón: la progresiva introducción de la ciencia en la prueba de los
hechos en el proceso penal .......................................................................................... 75
3.1.-La mística como ciencia .................................................................................. 75
3.2.-El empleo de métodos del conocimiento común en el razonamiento judicial . 79
3.3.-La influencia del conocimiento científico en el proceso penal ........................ 82
8

3.3.1.-La pericia como tradicional medio de prueba por el que el conocimiento


extrajurídico penetró en el proceso ...................................................................... 82
3.3.2-La aparición de las ciencias forenses ......................................................... 86
3.3.3.-Los orígenes de la policía científica .......................................................... 90
4.-La modernidad tecnológica y científica en el actual sistema penal probatorio ...... 92
4.1.-Nuevas pruebas científicas............................................................................... 93
4.1.1.-Taxonomía de las pruebas científicas: pruebas científicas de primera y de
segunda generación.............................................................................................. 97
4.1.2.-Nivel de consolidación de las nuevas pruebas científicas en el proceso
penal .................................................................................................................... 98
4.2.-La necesaria adecuación del proceso a las exigencias probatorias
contemporáneas ..................................................................................................... 101
4.2.1-Problemática en cuanto a la obtención de pruebas científicas ................. 103
4.2.2.-Problemática en cuanto a la admisión de pruebas científicas ................. 108
4.2.3.-Problemática en cuanto a la práctica de pruebas científicas ................... 109
4.2.4.-Problemática en cuanto a la valoración de pruebas científicas ............... 111
4.3.-Organismos auxiliares de nueva creación en materia forense ....................... 112
4.3.1.-Organismos de ámbito nacional .............................................................. 113
4.3.2.-Organismos de ámbito internacional ....................................................... 116

CAPÍTULO II
FUNDAMENTOS CONCEPTUALES DE LA PRUEBA CIENTÍFICA
1.-Planteamiento inicial ............................................................................................ 121
2.-La prueba de los hechos en el proceso penal ........................................................ 123
2.1.-Prueba y prueba jurídica ................................................................................ 124
2.1.1.-La prueba ................................................................................................. 124
2.1.2.-La prueba jurídica ................................................................................... 127
2.1.3.-Sobre la complejidad interna del concepto de prueba jurídica................ 132
2.2.-Prueba y verdad ............................................................................................. 137
2.2.1.-Verdad formal y verdad material ............................................................ 137
2.2.2.-Verdad judicial y verdad científica ......................................................... 140
2.2.3.-La verdad como finalidad del proceso .................................................... 142
2.3.-Verdad, verosimilitud y probabilidad ............................................................ 144
2.3.1.-La verosimilitud ...................................................................................... 145
2.3.2.-La probabilidad ....................................................................................... 148
a.-La probabilidad estadística ........................................................................ 148
9

b.-La probabilidad lógica ............................................................................... 150


2.4.-La reconstrucción de los hechos .................................................................... 151
2.4.1.-La inferencia en el razonamiento judicial ............................................... 152
2.4.2.-El juez y la ciencia .................................................................................. 155
3.-La prueba científica como categoría probatoria: el método científico ................. 157
3.1.-La proyección lineal del método científico en la actividad probatoria .......... 159
3.1.1.-La prueba científica como fuente de prueba ........................................... 159
3.1.2.-La prueba científica como medio de prueba ........................................... 163
3.1.3.-La prueba científica como resultado probatorio ...................................... 166
3.1.4.-La presencia de cientificidad en cualquier estadio de la actividad
probatoria ........................................................................................................... 167
3.2.-Caracteres del método científico empleado de la actividad probatoria ......... 168
3.2.1.-El conocimiento científico ...................................................................... 168
3.2.2.-Objetividad de los resultados .................................................................. 172
3.2.3.-La intervención de personal cualificado.................................................. 174
3.2.4.-La especialización de la técnica empleada .............................................. 176
3.3.-Sobre el concepto de prueba científica .......................................................... 179
3.3.1-La pluralidad de pruebas científicas ......................................................... 180
3.3.2.-Algunos rasgos esenciales de esta nueva categoría probatoria ............... 181
4.-Prueba científica y prueba pericial ....................................................................... 183
4.1.-Caracteres comunes y propios de cada categoría probatoria ......................... 185
4.2.-Delimitación de ambas figuras ...................................................................... 189
5.-La prueba científica y el contradictorio ................................................................ 193
5.1.-El método heurístico del contradictorio ......................................................... 194
5.1.1.-Un modelo procesal importado de la ciencia .......................................... 194
5.1.2.-El examen cruzado .................................................................................. 198
5.2.-La necesidad de contradicción en la prueba científica................................... 201
5.2.1.-Casos ilustrativos del contradictorio en la prueba científica ................... 203
5.2.2.-El contradictorio y la prueba científica en la fase de investigación ........ 207
5.2.3.-El contradictorio y la prueba científica en la fase de juicio oral ............. 211
5.3.-El contradictorio como elemento configurador de la prueba científica ......... 213
6.-Para un concepto de prueba científica .................................................................. 215
10

CAPITOLO II
FUNDAMENTI CONCETTUALI DELLA PROVA SCIENTIFICA
1.-Considerazioni preliminari ................................................................................... 221
2.-La prova dei fatti nel processo penale .................................................................. 222
2.1.-Prova e prova giuridica .................................................................................. 223
2.1.1.-La prova .................................................................................................. 223
2.1.2.-La prova giuridica ................................................................................... 225
2.1.3-La complessità interna del concetto di prova giuridica ............................ 230
2.2.-Prova e verità ................................................................................................. 233
2.2.1.-Verità formale e verità materiale ............................................................. 233
2.2.2.-La verità come finalità del processo ........................................................ 235
2.3.-Verità, verosimiglianza e probabilità ............................................................. 237
2.3.1.-La verosimiglianza .................................................................................. 237
2.3.2.-La probabilità .......................................................................................... 239
a.-La probabilità statistica .............................................................................. 239
b.-La probabilità logica .................................................................................. 240
2.4.-La ricostruzione dei fatti ................................................................................ 241
2.4.1.-L’inferenza nel ragionamento del giudice ............................................... 242
2.4.2.-Il giudice e la scienza .............................................................................. 243
3.-La prova scientifica come categoria probatoria: il metodo scientifico ................. 245
3.1.-La proiezione lineare del metodo scientifico nell’attività probatoria ............ 247
3.1.1.-La prova scientifica come fonte di prova ................................................ 247
3.1.2.-La prova scientifica come mezzo di prova .............................................. 249
3.1.3.-La prova scientifica come risultato probatorio ........................................ 252
3.1.4.-La presenza della scientificità in tutti gli stadi dell’attività probatoria ... 253
3.2.-Caratteri del metodo scientifico proprio dell’attività probatoria ................... 254
3.2.1.-La conoscenza scientifica ........................................................................ 254
3.2.2.-I risultati prossimi alla certezza ............................................................... 257
3.2.3.-L’intervento di personale specializzato ................................................... 259
3.2.4.-Il grado di complessità della tecnica impiegata ...................................... 261
3.3.-Sul concetto di prova scientifica .................................................................... 263
3.3.1-La pluralità di prove scientifiche .............................................................. 264
3.3.2.-Alcuni tratti essenziali di questa nuova categoria probatoria .................. 265
4.-Prova scientifica e perizia ..................................................................................... 266
4.1.-Caratteri comuni e propri di ciascuna categoria probatoria ........................... 268
11

4.2.-Delimitazione di entrambe le figure .............................................................. 272


5.-La prova scientifica ed il contraddittorio.............................................................. 275
5.1.-Il metodo euristico del contraddittorio........................................................... 275
5.1.1.-Un modello processuale importato dalla scienza .................................... 275
5.1.2.-L’esame incrociato .................................................................................. 278
5.2.-La necessità del contraddittorio nella prova scientifica ................................. 281
5.2.1.-Casi illustrativi del contraddittorio nella prova scientifica ..................... 282
5.2.2.-Il contraddittorio e la prova scientifica nella fase di indagine ................ 286
5.2.3.-Il contraddittorio e la prova scientifica nella fase del dibattimento ........ 287
5.3.-Il contraddittorio come elemento specifico della prova scientifica ............... 289
6.-Per un concetto de prova scientifica ..................................................................... 291

CAPÍTULO III
LA INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA EN EL PROCESO PENAL
1.-El método científico en la indagación de los hechos delictivos ........................... 297
1.1.-El protagonismo del método científico en la escena del crimen .................... 298
1.2.-El método científico y los principios de Locard ............................................ 301
1.2.1.-El principio de transferencia ................................................................... 302
1.2.2.-El principio de correspondencia .............................................................. 303
1.2.3.-El principio de reconstrucción de los hechos .......................................... 304
1.2.4.-El principio de probabilidad .................................................................... 305
2.-Sujetos intervinientes en la obtención de la fuente de prueba .............................. 305
2.1.-La intervención inmediata: policía de proximidad, sanitarios y bomberos ... 307
2.2.-Los sujetos vinculados con la investigación oficial ....................................... 309
2.2.1.-El juez de instrucción .............................................................................. 310
2.2.2.-El ministerio fiscal .................................................................................. 315
2.2.3.-El letrado de la administración de justicia .............................................. 319
2.2.4.-La policía científica ................................................................................. 321
2.3.-El papel de la defensa en la investigación científico-criminal ....................... 329
2.3.1.-La intervención del investigado en la obtención de fuentes de prueba
científicas ........................................................................................................... 329
a.-La investigación desarrollada contra una persona no identificada ............ 331
b.-Excepciones a la presencia del investigado identificado ........................... 335
c.-La defensa técnica...................................................................................... 337
d.-La prueba de descargo ............................................................................... 339
12

2.3.2.-El investigado como sujeto pasivo de la investigación científica ........... 343


3.-Cautelas necesarias durante la fase de investigación para la efectividad de la prueba
científica.................................................................................................................... 350
3.1.-La cadena de custodia .................................................................................... 351
3.1.1.-Concepto ................................................................................................. 353
3.1.2.-Sobre la inanidad normativa de la cadena de custodia en el ordenamiento
jurídico español ................................................................................................. 356
3.2.-Desarrollo técnico del aseguramiento de la prueba científica ....................... 362
3.2.1.-Del lugar de los hechos delictivos al examen científico ......................... 362
3.2.2.-Del examen científico al depósito de la muestra ..................................... 365
3.2.3.-Del depósito de la muestra a la sede judicial .......................................... 368
4.-Vicios en la obtención, tratamiento y conservación de las fuentes de prueba
científicas .................................................................................................................. 373
4.1.-Consideraciones generales ............................................................................. 375
4.2.-Los vicios científico-técnicos ........................................................................ 376
4.2.1.-Vicios científico-técnicos cometidos en el lugar de los hechos delictivos
........................................................................................................................... 377
4.2.2.-Vicios científico-técnicos cometidos en los laboratorios forenses.......... 380
4.2.3.-Vicios científico-técnicos vinculados a la lógica del método científico . 386
4.2.4.-Tratamiento procesal de irregularidades científicas ................................ 389
4.3.-Los vicios de naturaleza no científica ............................................................ 392
4.3.1.-Las actuaciones que vulneran derechos fundamentales .......................... 392
4.3.2.-Los errores protocolarios de la investigación científico-penal................ 400
5.-Control previo para la depuración de los elementos probatorios ......................... 405

CAPÍTULO IV
LA PRUEBA CIENTÍFICA ANTE EL ÓRGANO SENTENCIADOR
1.-Planteamiento ....................................................................................................... 415
2.-La admisión de la prueba científica ...................................................................... 416
2.1.-De los criterios tradicionales de admisibilidad probatoria y su aplicación a las
pruebas científicas ................................................................................................. 417
2.1.1.-La pertinencia .......................................................................................... 419
2.1.2.-La utilidad ............................................................................................... 421
2.1.3.-La licitud ................................................................................................. 424
2.2.-La necesidad de elaborar criterios ad hoc para la admisibilidad de pruebas
científicas .............................................................................................................. 427
13

2.2.1.-La aportación de la doctrina estadounidense........................................... 428


a.-Frye y el criterio de aceptación general ..................................................... 430
b.-Daubert y el test de cientificidad de la prueba........................................... 433
c.-Joiner y el estándar de discrecionalidad .................................................... 439
d.-Kumho y la cientificidad de la técnica ...................................................... 442
e.-La modificación de las Federal Rules of Evidence.................................... 444
2.2.2.-Los tribunales españoles ante el estándar norteamericano de admisibilidad
probatoria ........................................................................................................... 445
2.2.3.-Algunas propuestas para un estándar de admisión de pruebas científicas
........................................................................................................................... 450
a.-La importación de la doctrina estadounidense ........................................... 451
b.-La inclusión de nuevos parámetros ........................................................... 454
2.3.-La difusa frontera entre ciencia y pseudociencia ........................................... 459
2.3.1.-El principio de prudencia ........................................................................ 460
2.3.2.-La posibilidad de que el juez recurra a un experto.................................. 463
3.-La práctica de la prueba científica ........................................................................ 465
3.1.-El cuestionamiento de la pericia como único medio de prueba apto para el
ingreso de la ciencia al proceso ............................................................................. 466
3.1.1.-La declaración del experto ...................................................................... 470
3.1.2.-El papel de la oralidad en la práctica de la prueba científica .................. 474
3.2.-La diversidad de medios para la práctica de pruebas científicas ................... 478
3.2.1.-El artículo [Link] LECrim: la conversión de la prueba pericial en
documental ........................................................................................................ 479
a.-Antecedentes de la reforma........................................................................ 480
b.-Trascendencia práctica de esta mutación de medios de prueba................. 484
3.2.2.-La naturaleza jurídica del medio de prueba ............................................ 494
3.2.3.-Sobre la viabilidad de que otras pruebas científicas se practiquen a través
de este medio probatorio ................................................................................... 499
a.-La frustrada ampliación de esta tendencia: el artículo 588 del Anteproyecto
de la LECrim .................................................................................................. 503
b.-La posible afectación de principios procesales.......................................... 506
3.3.-La contradicción de la prueba científica en juicio oral .................................. 508
3.3.1.-El hurto entre expertos ............................................................................ 510
3.3.2.-La posibilidad de contradecir pruebas de distinta naturaleza .................. 512
4.-La valoración de la prueba científica .................................................................... 513
4.1.-Sobre el sistema de valoración de las pruebas científicas.............................. 516
4.1.1.-La libre valoración de la prueba en el proceso penal .............................. 518
14

4.1.2.-La hipotética proximidad de la valoración de la prueba científica al sistema


de prueba legal ................................................................................................... 523
4.2.-La probabilidad y la estadística en la valoración de la prueba científica....... 528
4.2.1.-El teorema de Bayes y la prueba científica ............................................. 530
4.2.2.-Breves consideraciones sobre la aplicación del teorema de Bayes al ámbito
científico-probatorio .......................................................................................... 532
a.-Las falacias que esconden algunas formas de presentar los resultados
estadísticos ..................................................................................................... 533
b.-La valoración en conjunto de pruebas científicas y no científicas ............ 536
4.3.-El control judicial sobre la actividad probatoria científica ............................ 538
4.3.1.-Presunción de legalidad de las actuaciones ............................................. 541
4.3.2.-El control de las actuaciones protocolarias ............................................. 544
a.-Actuaciones que afectan a la autenticidad de la fuente de prueba científica
....................................................................................................................... 544
b.-Actuaciones que no afectan a la autenticidad de la fuente de prueba
científica......................................................................................................... 548
4.3.3.-El control del resultado probatorio .......................................................... 553
4.4.-El razonamiento científico-probatorio ........................................................... 559
4.4.1.-La conveniencia de un nuevo paradigma de valoración ......................... 560
4.4.2.-La deseada creación de estándares de prueba objetivos .......................... 565
4.4.3.-Factores de ponderación para la valoración de la prueba científica ........ 570
4.5.-La motivación de las sentencias y la prueba científica .................................. 574
4.6.-El control de la valoración de la prueba científica en apelación y casación .. 579
5.-La revisión penal por la aparición sobrevenida de pruebas científicas ................ 584
5.1.-El requisito relativo a la novedad de la prueba .............................................. 586
5.2.-La revisión contra reum ................................................................................. 591

CONCLUSIONES ........................................................................................................ 597


CONCLUSIONI ........................................................................................................... 609

BIBLIOGRAFÍA .......................................................................................................... 621


ABREVIATURAS

[Link]. Autores varios


ADN Ácido Desoxirribonucleico
AFSN Red Asiática de Ciencias Forenses
AICEF Academia Iberoamericana de Criminalística y Estudios
Forenses
ALECrim Anteproyecto de Ley de Enjuiciamiento Criminal
ASCLAD Red de Directores de Laboratorios Forenses de Estados Unidos
de América
ATC Auto del Tribunal Constitucional
ATS Auto del tribunal Supremo
Art. (Arts.) Artículo(s)
BCPP Borrador de Código Procesal Penal
BOE Boletín Oficial del Estado
BPA Bloodstain Pattern Analysis
CDO. Considerando
CE Constitución Española
CEDH Convenio Europeo de Derechos Humanos
CNUFADN Comisión Nacional para el uso forense del ADN
coord. coordinador
CP Código Penal
c.p.p. Código Procesal Penal italiano
DA Disposición Adicional
DFRWS Digital Forensic Research Workshop
dir. Director
Ed. Edición
EN Norma europea
ENAC Entidad Nacional de Acreditación
ENFSI European Network of Forensic Science Institute
EOMF Estatuto Orgánico del Ministerio Fiscal
et al. y otros
etc. etcétera
ETSI Instituto Europeo de Normas de Telecomunicaciones
FBI Federal Bureau of Investigation
FGE Fiscal General del Estado
FJ Fundamento jurídico
FRE Federal Rules of Evidence
GITEC Grupo Iberoamericano de trabajo en la escena del crimen
GPS Sistema de posicionamiento global
INACIPE Instituto Nacional de Ciencias Penales
IFSA Alianza Forense Estratégica Internacional
INTCF Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses
IP Número que identifica un dispositivo en una red
ISO Organización Internacional de Normalización
LCN Low Copy Number
LEC Ley de Enjuiciamiento Civil
LECrim Ley de Enjuiciamiento Criminal
16

LO Ley Orgánica
LOFCSE Ley Orgánica de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado
LOPJ Ley Orgánica del Poder Judicial
LR Likelihood Ratio
NIG Número de Identificación General
núm./n. número
ob. cit. obra citada
O. M. Orden Ministerial
Orden PRE Orden del Ministerio de la Presidencia
P300 Potencial evocado cognitivo positivo de 300 milisegundos
PCB Bifenilo ploriclorado
p. (pp.) página(s)
RCL Repertorio Cronológico de Legislación
RJ Repertorio de Jurisprudencia
SAID Sistema Automático de Identificación Dactilar
SAP Sentencia de la Audiencia Provincial
SARFSN Red Sudafricana Regional de Ciencias Forenses
SITEL Sistema Integrado de Interceptación Legal de
Telecomunicaciones
SMANZFL Red de Directores de Laboratorios Forenses de Australia y
Nueva Zelanda
ss. siguientes
StPO Strafprozeßordnung, Ley de Enjuiciamiento Criminal de
Alemania
STC (SSTC) Sentencia(s) del Tribunal Constitucional
STEDH Sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos
STS (SSTS) Sentencias(s) del Tribunal Supremo
SVA Statement Validity Assesment
SWGSTAIN Scientific Working Group on Bloodstain Pattern Analysis
t. tomo
TC Tribunal Constitucional
TS Tribunal Supremo
TEDH Tribunal Europeo de Derechos Humanos
trad. traducido
UNE Una Norma Española
U.S. Estados Unidos
v./ vs. contra
[Link]. verbigracia
vid. véase
vol. volúmen
INTRODUCCIÓN
Vivimos en la sociedad tecnológica. Desde la segunda mitad del siglo XX, los
avances científicos en la mayoría de los campos del saber han experimentado un
crecimiento exponencial en calidad, velocidad y cantidad. Como consecuencia, la
sociedad actual ha marcado el comienzo de la era del conocimiento, no solo por la
entidad de los logros científicos, sino principalmente por la aplicación directa de sus
resultados a la mejora de la vida personal y familiar, a las condiciones de trabajo, a la
sanidad, a los procesos productivos, al ocio, a la economía e incluso a los sistemas de
garantías de derechos y libertades.

El ámbito jurídico es, efectivamente, uno de los campos en los que la revolución
científico-tecnológica está encontrando cabida y utilidad, aunque no sin dificultades y
resistencias, pues junto con la aparición de nuevas técnicas surgen nuevos problemas
éticos, procesales y constitucionales. En concreto, dentro del proceso se advierte una
doble proyección del avance científico y técnico. Por un lado, contribuye a la gestión de
la actividad procesal, a través de recursos como Minerva NOJ o LexNet que permiten
tratar y almacenar la información judicial electrónicamente. Por otro lado, la tecnología
apoya cada vez más la eficacia material del proceso, es decir, la mejora del proceso
como instrumento de solución de conflictos y de garantía de la paz social. En este
último ámbito es en el que cabe situar la proyección de la tecnología y de la ciencia
sobre la actividad probatoria. Esta cuestión presenta sustancial importancia en el
proceso penal, en el que la averiguación de los hechos, esto es, la obtención de
información relevante de las fuentes de prueba, resulta capital de cara a la justicia
material de la sentencia, a lo que se suma la gravedad de los derechos en juego en la
justicia penal.

En este sentido, la influencia de los progresos científico-técnicos a la hora de


demostrar el acontecimiento de unos hechos en el proceso judicial, y muy especialmente
en el proceso penal, está adquiriendo un protagonismo impensable hace tan solo unos
años. No quiere esto decir que la relación entre ciencia y proceso sea una cuestión
novedosa puesto que, desde antiguo, la ciencia es un instrumento fundamental en la
tarea de reconstruir la pequeña historia de los hechos que constituyen el apoyo de todo
pronunciamiento judicial. Pero, pese a que la confluencia entre ciencia y proceso no es
reciente, es cierto que hoy día el destino del sujeto pasivo del proceso penal está cada
vez más vinculado a la respuesta de pruebas conformadas sobre la base de un método
científico, debido al predominio que el paradigma científico está ejerciendo sobre el
ámbito probatorio.
18

Precisamente, fruto de este influjo ha sido acuñado en el campo jurídico el


concepto de «prueba científica». Un concepto de contenido difuso pero que sirve para
designar un fenómeno existente y creciente: el uso de los avances científicos y técnicos
sobre la actividad probatoria. De este modo, la expresión «prueba científica» es
utilizada para identificar el aporte que la ciencia ha efectuado al acervo probatorio. Se
trata de una expresión excesivamente sintética que, en su contenido, designa una
realidad muy compleja, que engloba un conjunto heterogéneo de prácticas, actividades y
reglas probatorias. La denominada «prueba científica» no se reduce a una fuente de
prueba, ni a una diligencia de investigación, ni a un medio probatorio, sino que se sitúa
en un ámbito más amplio del que estamos acostumbrados a entender el sentido estricto
de «prueba». La homogeneidad de la expresión recorre transversalmente los distintos
estadios de la actividad probatoria —descubrimiento de fuentes, recogida, conservación,
obtención de información, depuración de los elementos probatorios, admisión, práctica
y valoración—, de suerte que lo que define a esta categoría probatoria es que haya sido
conformada mediante la aplicación de unos cánones metodológicos debidamente
contrastados por la comunidad científica de referencia.

El método científico es, por tanto, la esencia de esta categoría probatoria. Su


utilización en el proceso dependerá de la realización de experimentos que lo vayan
refutando, o validando, con anterioridad a que sea aceptado como método óptimo para
la obtención de las conclusiones que brinda. Dichos experimentos se llevan a cabo con
base en el establecimiento de hipótesis de contraste que permiten comprobar cuál de
ellas es la acertada y descartar, a su vez, la hipótesis errónea. Este contraste de hipótesis
se corresponde con el mecanismo empleado para elaborar una teoría científica, conocido
como el método del ensayo y error. La objetividad y la verificabilidad de los resultados
que se obtienen tras su aplicación han sido las razones principales del incremento de su
práctica procesal. De ahí que en los últimos años la llamada prueba científica haya
contribuido a resolver de forma categórica litigios penales extremadamente complejos,
gracias a un amplísimo catálogo de técnicas de muy diversa índole —estudios de
balística, radares de penetración de tierra, exámenes óseos, interceptación de
comunicaciones, análisis toxicológicos, huellas dactiloscópicas o tests de ADN—. Sin
embargo, cabe insistir en que estas técnicas científicas, al tiempo que coadyuvan de
manera determinante al esclarecimiento de los hechos están planteando serios retos al
sistema probatorio tradicional.

En primer lugar, el mayor desafío reside en enfrentarse a una realidad procesal


carente de ordenación específica, ya que la legislación vigente ni siquiera recoge una
definición que permita identificar qué pruebas merecen el calificativo de científicas o
qué atributos ha de reunir una prueba para que sea reputada como científica. Lo único
que normativamente puede encontrarse es una respuesta jurídica lenta, escasa,
19

dubitativa y fragmentaria. Hasta no hace mucho, solo estaba regulada la prueba de


ADN, y contábamos con una regulación deficiente en materia de intervención de
comunicaciones, y prácticamente inexistente en lo que atañe a las intervenciones
corporales. En la actualidad, el tratamiento normativo se ha visto ampliado por la
modificación de la LECrim operada en el año 2015, pero sin un marco de referencia
claro y conjunto. Tampoco en la jurisprudencia es posible encontrar alusión alguna a los
criterios que deben tenerse en cuenta para determinar la cientificidad de las pruebas.
Tan solo la doctrina ―iusfilosófica, en su mayor parte― ha abordado la cuestión,
valiéndose de elementos epistemológicos para definir este fenómeno, pero sin haber
alcanzado consenso al respecto.

En segundo lugar, el hecho de que en muchas ocasiones el origen de las


evidencias científicas sean elementos intangibles o especialmente sensibles ha suscitado
recelos en cuanto a la posible falta de autenticidad de las muestras, debido a la fácil
manipulación de las mismas. Y es que las fuentes de prueba susceptibles de ser
analizadas a través de un método científico han de ser obtenidas y tratadas con singular
precaución y asepsia, lo que ha puesto de manifiesto la necesidad de ejercer un control
reforzado por parte del sistema procesal, que garantice la integridad de los elementos de
prueba y la legitimidad de los resultados obtenidos.

En tercer lugar, los conocimientos altamente especializados que requiere la


comprensión del funcionamiento de estas técnicas hacen que resulte particularmente
compleja la admisión de los métodos científicos al proceso judicial. Los clásicos
parámetros de admisión de las pruebas ―pertinencia, utilidad y licitud― se muestran
insuficientes para que el juez pueda determinar si la técnica o el método que pretende
practicarse en el proceso descansa sobre fundamentos ciertamente científicos o si, por el
contrario, se sustenta en teorías carentes de verificación. Se evidencia, así, la obligación
de acometer la creación de estándares de admisibilidad probatoria que avalen la
cientificidad de la prueba propuesta.

En cuarto lugar, dada la variedad de técnicas e instrumentos que utilizan estas


pruebas, se hace preciso adecuar a cada fuente el medio probatorio más apropiado para
canalizar los resultados científicos al proceso. Con relación a ello, el uso del método
científico como prueba ha cuestionado la exigencia de que los conocimientos
extrajurídicos hayan de practicarse en el proceso con la comparecencia de un experto en
el juicio oral. De esta forma, la prueba científica ha roto los esquemas de la tradicional
pericia, toda vez que la fiabilidad y la objetividad de la técnica empleada han originado
que se contemplen otros medios de prueba para introducir la ciencia al proceso. No
obstante, tampoco existen criterios que clarifiquen qué medio probatorio ha de utilizarse
para practicar cada método científico.
20

En quinto y último lugar, también supone un reto para el sistema probatorio la


valoración de la información que proporcionan estas técnicas pues, al presentarse sus
conclusiones como objetivas, altamente fiables y mensurables, se ha visto reducido
notablemente el margen de libre apreciación judicial. Hasta el punto de que, en
ocasiones, no parece posible que el juez se aparte de los resultados científicos
aportados. En este sentido, prueba, método científico y libre convencimiento son temas
que se entrelazan y se condicionan entre sí, en un ámbito en el que operadores
científicos y jurídicos deben encontrar un punto de convergencia, que conduzca a una
valoración lo más ajustada posible tanto a los estándares científicos como a las reglas
jurídicas.

Ante este escenario, puede afirmarse que el terreno de la prueba científica ha


conocido una progresiva expansión que no ha sido correspondida en el ordenamiento
jurídico español con una simétrica atención por parte de los juristas, en grado de dar
respuesta sobre el plano sistemático y aplicativo del fenómeno. Sin embargo, constatada
y reconocida la creciente dependencia del conocimiento del juez hacia los métodos
científicos y los instrumentos tecnológicos, es necesario establecer mecanismos que den
respuesta a los desafíos planteados. A fin de abordar este cometido, el presente estudio
pretende contextualizar al método científico en la dinámica procesal, analizar la
naturaleza jurídica de las pruebas que ofrece y esbozar las directrices generales por las
que debería guiarse su práctica en el seno del proceso. Ello nos permitirá demostrar
cómo el método científico ha dado vida a una nueva categoría probatoria, que precisa de
unos principios, bases y criterios que han de regir de modo homogéneo la obtención, el
control, la conservación, la admisión, la práctica y la valoración de sus conclusiones.

Este objetivo se espera alcanzar siguiendo un doble eje de estudio. Por una parte,
desde una perspectiva epistemológica, se describen los rasgos que caracterizan a la
ciencia, al método científico y, por consiguiente, a la cientificidad de una prueba. En
este punto reviste especial importancia abandonar las rígidas tipologías de la prueba
derivadas de la LECrim, que nos llevan a pensar en ellas según los medios por los que
vienen representadas —la prueba testifical, la prueba documental, la prueba pericial,
etc.—. En lo que a ello concierne, el primer y el segundo capítulo son los encargados de
evidenciar cómo el método científico ha ampliado los esquemas clásicos del régimen
jurídico-probatorio.

Por otra parte, en un segundo nivel de análisis, en el tercer y en el cuarto


capítulo de este estudio se desciende por entero a la práctica procesal, al tratarse sobre la
proyección del método científico en los distintos momentos de la actividad probatoria.
El primero de estos capítulos se centra en la fase de investigación, por lo que examina
las cautelas que requieren la obtención, el tratamiento, la conservación y la depuración
21

de las fuentes de prueba, así como la función que desempeñan los diferentes sujetos que
intervienen tanto en la investigación preliminar como en la instrucción. En el último
capítulo, referido a la fase de juicio oral, pueden identificarse tres aspiraciones
principales: por un lado, contribuir a la selección de criterios que sirvan para procurar la
entrada de ciencia de calidad al proceso; por otro lado, indagar sobre la idoneidad de
diferentes medios de prueba para la práctica del método científico en el plenario; en fin,
delimitar las pautas necesarias para perfilar un paradigma de valoración científico-
probatorio.

El título de esta memoria de tesis, “Ciencia y proceso penal. Un estudio sobre el


concepto y régimen jurídico de la llamada «prueba científica»”, es ya una declaración
de intenciones, dirigida a definir una realidad difusa, que reclama unos referentes
normativos comunes y homogéneos, una suerte de principios básicos que orienten la
labor del legislador y del juez a la hora de regular y decidir, respectivamente, sobre la
aplicación de la denominada prueba científica. De esta manera, con el propósito de
dotar de racionalidad científica a los actos probatorios, un mismo hilo conductor
recorrerá los cuatro capítulos de esta investigación: la prueba como método científico.
La prueba es, pues, el tema de fondo de las siguientes líneas, y decimos de fondo porque
el papel principal se lo hemos reservado a la ciencia.
INTRODUZIONE
Viviamo nella società tecnologica. Dalla seconda metà del ventesimo secolo, i
progressi scientifici che si sono registrati nella maggior parte dei campi del sapere
hanno determinato una crescita esponenziale della qualità, velocità e quantità. Come
conseguenza, la società attuale ha segnato l'inizio dell'era della conoscenza, non solo per
l'entità dei risultati scientifici, ma piuttosto e principalmente per l'applicazione diretta
degli stessi ai miglioramenti della vita personale e familiare, alle condizioni di lavoro,
alla sanità, ai processi produttivi, all'ozio, all'economia ed anche ai sistemi di garanzia e
di diritti e libertà.

L'ambito giuridico è effettivamente uno dei campi nei quali la rivoluzione


scientifico-tecnologica sta incontrando spazio ed utilità, anche se non sempre senza
difficoltà e resistenze. Infatti, insieme all'emersione delle nuove tecniche emergono
nuovi problemi etici, processuali e costituzionali. In concreto, all'interno del processo si
avverte una doppia proiezione del progresso scientifico e tecnico. Per un verso,
contribuisce alla gestione dell'attività processuale attraverso risorse come Minerva NOJ
o LexNet le quali permettono di trattare ed immagazzinare informazioni giudiziarie in
modo elettronico. Per l'altro verso, la tecnologia sostiene sempre di più l'efficacia
materiale del processo, cioè, il miglioramento dello stesso come strumento di
risoluzione di conflitti e garanzia della pace sociale. È in questo ultimo ambito che si
deve collocare la proiezione della tecnologia e della scienza sull'attività probatoria.
Questa questione presenta una sostanziale importanza nel processo penale, nel quale
l'accertamento dei fatti, cioè l'ottenimento dell'informazione rilevante dalle fonti di
prova, risulta di capitale importanza rispetto alla giustizia materiale della sentenza alla
quale si somma la rilevanza dei diritti in gioco nella giustizia penale.

In questo senso, l'influenza dei progressi scientifico-tecnici nella dimostrazione


dell'effettivo svolgersi di determinati fatti nel processo giudiziario, e più specificamente
nel processo penale, sta acquisendo un protagonismo che era impensabile sino a qualche
anno fa. Questo non vuol dire che la relazione tra scienza il processo sia una questione
nuova visto che, sin dall'antichità, la scienza è uno strumento fondamentale nell'attività
di ricostruzione di quella piccola storia dei fatti che costituisce la base di ogni decisione
giudiziaria. Però, nonostante la confluenza della scienza nel processo non sia recente, è
certo che oggigiorno il destino del soggetto passivo del processo penale è sempre più
vincolato alla risposta di prove confermate sulla base di un metodo scientifico in
ragione del predominio che il paradigma scientifico sta esercitando in ambito
probatorio.
24

Più precisamente, il frutto di questo influsso è stato il conio nel campo giuridico
del concetto di «prova scientifica». È un concetto dal contenuto diffuso che però serve
per designare un fenomeno esistente e crescente: l'uso dei progressi scientifici e tecnici
sull'attività probatoria. In questo modo, l'espressione «prova scientifica» è utilizzata per
identificare l'apporto che la scienza ha offerto nel contesto delle prove. Si tratta di
un'espressione eccessivamente sintetica che, nel suo contenuto, designa una realtà
estremamente complessa, che ingloba un insieme eterogeneo di pratiche, attività e
regole probatorie. La c.d. «prova scientifica» non si riduce ad una fonte di prova, né ad
un'attività investigativa, né ad un mezzo di prova, ma piuttosto si situa in un ambito più
ampio di quello a cui siamo abituati facendo riferimento al termine «prova» in senso
stretto. L'omogeneità dell'espressione percorre trasversalmente i distinti stadi
dell'attività probatoria ―scoperta delle fonti, raccolta, conservazione, ottenimento di
informazioni, depurazione degli elementi probatori, ammissione, acquisizione e
valutazione― in modo che ciò che definisce questa categoria probatoria è che la stessa
si sia formata tramite l'applicazione di canoni metodologici debitamente falsificati dalla
comunità scientifica di riferimento.

Il metodo scientifico è, pertanto, l'essenza di questa categoria probatoria. Il suo


utilizzo nel processo dipenderà dalla realizzazione di esperimenti che lo contraddicano,
o confermino, prima che sia accettato come metodo di alta validità per l'ottenimento
delle conclusioni che offre. Questi esperimenti si realizzano sulla base della fissazione
di ipotesi di contrasto che permettono di corroborare quale di esse è quella corretta e
scartare, a sua volta, l'ipotesi erronea. Questo contrasto di ipotesi corrisponde al
meccanismo impiegato per elaborare una teoria scientifica, conosciuto come il metodo
di esperimento ed errore. L'oggettività e la verificabilità dei risultati che si ottengono
attraverso la sua applicazione sono state le ragioni principali dell'incremento del suo
utilizzo nel processo. Da questo è derivato che negli ultimi anni la cosiddetta prova
scientifica ha contribuito a risolvere in modo categorico controversie penali
estremamente complesse, grazie ad un ampissimo catalogo di tecniche di indole diversa
―come gli studi di balistica, i radar di penetrazione della terra, gli esami ossei, le
intercettazione di comunicazioni, le analisi tossicologiche, le impronte digitali o i test
del DNA―. Tuttavia, è opportuno insistere sul fatto che queste tecniche e scientifiche,
se facilitano in modo determinante l'accertamento dei fatti, stanno rappresentando serie
sfide per il sistema probatorio tradizionale.

In primo luogo, la sfida maggiore risiede nell'affrontare una realtà processuale


carente di ordine specifico; si consideri che la legislazione vigente non contiene
nemmeno una definizione che consenta di identificare quali prove meritano la
qualificazione di «prove scientifiche» o quali attributi deve riunire una prova perché la
si possa considerare «scientifica». L'unico elemento che può incontrarsi da un punto di
25

vista normativo è una risposta giuridica lenta, scarsa, incerta e frammentaria. Sino a non
molto tempo fa, era regolata unicamente la prova del DNA e la disciplina sulle
intercettazioni di comunicazioni e sugli accertamenti corporali era deficitaria e
praticamente inesistente. Attualmente, il trattamento normativo è stato ampliato
attraverso la modifica apportata alla LECrim. nel 2015 seppure in un quadro di
riferimento non chiaro. Nemmeno nella giurisprudenza è possibile incontrare alcuna
allusione ai criteri che si devono considerare per determinare la scientificità delle prove.
Solo la dottrina, per lo più quella giusfilosofica, ha affrontato la questione, avvalendosi
di elementi epistemologici utili a definire questo fenomeno; in ogni caso non è stato
raggiunto alcun consenso in materia.

In secondo luogo, il fatto che in molte occasioni all'origine delle prove


scientifiche vi siano elementi intangibili o altamente sensibili ha suscitato questioni in
quanto alla possibile mancanza di autenticità dei campioni, dovuto alla facile
manipolazione degli stessi. Infatti le fonti di prova suscettibili di essere analizzate
attraverso un metodo scientifico devono essere ottenute e trattate con singolare
precauzione e asepsi e questo ha determinato manifestamente la necessità di esercitare
un controllo rinforzato da parte del sistema processuale al fine di garantire l'integrità
degli elementi di prova e la legittimità dei risultati ottenuti.

In terzo luogo le conoscenze altamente specializzate che richiede la


comprensione del funzionamento di queste tecniche fa sì che risulti particolarmente
complessa l'ammissione dei metodi scientifici al processo giudiziario. I classici
parametri di ammissione della prova ―pertinenza, utilità e validità― si dimostrano
insufficienti perché il giudice possa determinare se la tecnica o il metodo che si ritiene
di utilizzare nel processo riposa su fondamenti certamente scientifici o se, al contrario,
si sostenta in teorie carenti di verifica. Occorre evidenziare, così, la necessità di creare
degli standard di ammissibilità probatoria che avallino la scientificità della prova
proposta.

In quarto luogo, data la varietà delle tecniche e degli strumenti che utilizzano
queste prove, è opportuno adeguare ad ogni fonte il mezzo probatorio più appropriato al
fine di introdurre i risultati scientifici nel processo. In relazione a questo, l'uso del
metodo scientifico come prova ha valutato in termini problematici l'esigenza che le
conoscenze extragiuridiche si debbano acquisire al processo attraverso la comparizione
al dibattimento di un esperto. In questo modo, la prova scientifica, ha rotto gli schemi
della perizia tradizionale ogni volta che l'affidabilità ed oggettività della tecnica
impiegata ha determinato che si considerino altri mezzi di prova per introdurre la
scienza nel processo. Peraltro, non esistono nemmeno criteri che chiariscano quale
mezzo probatorio si deve utilizzare per il ricorso ad ogni metodo scientifico.
26

In quinto ed ultimo luogo, costituisce una sfida per il sistema probatorio anche la
valutazione dell'informazione fornita da queste tecniche giacché, presentando le stesse
le proprie conclusioni come oggettive, altamente affidabili e misurabili, è stato ridotto
notevolmente lo spazio di libero convincimento del giudice. Questo fino al punto che, in
determinate occasioni, non sembra possibile che il giudice si discosti da risultati
scientifici ottenuti. In questo senso, prova, metodo scientifico e libero convincimento
sono temi che si intrecciano e si condizionano tra di loro in un ambito in cui gli
operatori scientifici e giuridici devono incontrare un punto di convergenza che conduca
a una valutazione il più corretta possibile sia con riferimento agli standard scientifici sia
in relazione alle regole giuridiche.

Di fronte a questo scenario, si può affermare che il terreno della prova scientifica
ha conosciuto un'espansione progressiva a cui non è corrisposta nell'ordinamento
giuridico spagnolo una simmetrica attenzione da parte dei giuristi in grado di dare
risposta dal punto di vista sistematico e applicativo del fenomeno. Tuttavia, constatata e
riconosciuta la crescente dipendenza della conoscenza del giudice da metodi scientifici
e strumenti tecnologici, è necessario stabilire meccanismi che diano risposte alle sfide
presentate. Al fine di affrontare questo compito, il presente studio si propone di
contestualizzare il metodo scientifico nella dinamica processuale, analizzare la natura
giuridica delle prove che offre ed individuare le linee direttive generali attraverso le
quali guidare la sua acquisizione in seno al processo. Questo permetterà di dimostrare
che il metodo scientifico ha dato vita ad una nuova categoria probatoria legata a
specifici principi basati su criteri che devono regolare in modo omogeneo l'ottenimento,
il controllo, la conservazione, l'ammissione, l'acquisizione e la valutazione delle sue
conclusioni.

Ci si propone di raggiungere tale obiettivo attraverso una doppia ottica di studio.


Da un lato, il riferimento è alla prospettiva epistemologica attraverso cui si descrivono i
tratti che caratterizzano la scienza, il metodo scientifico e, di conseguenza, la
scientificità di una prova. In questo senso riveste una speciale importanza l'abbandono
delle rigide tipologie di prova eredi del codice processuale penale. Queste categorie,
infatti, ci porterebbero a pensare alle prove scientifiche sulla base dei mezzi attraverso
cui vengono rappresentate - la testimonianza, il documento, la perizia, etc.-. Per ciò che
attiene con questi temi, il primo ed il secondo capitolo sono incaricati di evidenziare
come il metodo scientifico ha ampliato gli schemi classici del regime giuridico-
probatorio.

Dall'altro lato, in una seconda prospettiva di analisi, il terzo ed il quarto capitolo


di questo studio entrano nel cuore della pratica processuale, poiché trattano della
proiezione del metodo scientifico nei distinti momenti dell'attività probatoria. Il primo
27

di questi capitoli si incentra sulla fase delle indagini, per cui esamina le cautele che
richiedono l'ottenimento, il trattamento, la conservazione e la depurazione delle fonti di
prova, così come la funzione che svolgono i differenti soggetti che intervengono tanto
nella fase delle indagini preliminari come nell'istruzione. Nell'ultimo capitolo, riferito
alla fase del giudizio orale, si possono identificare tre aspirazioni principali: da una
parte, contribuire alla selezione di criteri utili a consentire l'ingresso di una scienza
qualificata nel processo; dall'altra parte, indagare sull'idoneità dei differenti mezzi di
prova per l'applicazione del metodo scientifico nel dibattimento; infine, delimitare i
criteri necessari per profilare un paradigma di valutazione scientifico-probatoria.

Il titolo di questa memoria di tesi, "Scienza e processo penale. Uno studio sul
concetto e sul regime giuridico della cosiddetta «prova scientifica»", è già una
dichiarazione d'intenti diretta a definire una realtà evanescente che richiama dei
riferimenti normativi comuni ed omogenei, cioè, un insieme di principi di base che
orientino il lavoro del legislatore del giudice nel momento, rispettivamente, della
regolamentazione e decisione dell'applicazione della citata prova scientifica. In questa
maniera, con il proposito di dotare di razionalità scientifica gli atti probatori, uno stesso
filo conduttore percorrerà i quattro capitoli di quest'indagine: la prova come metodo
scientifico. La prova è, quindi, il tema di fondo delle righe che seguono, e diciamo di
fondo perché il ruolo principale lo abbiamo riservato alla scienza.
CAPÍTULO I

CIENCIA Y PROCESO PENAL

1.-Sobre la ciencia, lo científico y su metodología. 1.1.-Bases de la epistemología.


1.1.1.-Conocimiento común y conocimiento científico. 1.1.2.-Hacia una acotación del
concepto de ciencia. a.-Primeras aproximaciones. b.-Ciencias duras y ciencias suaves,
¿igualmente falibles? c.-La noción de ciencia en el proceso penal. 1.1.3.-Algunas notas
características de la actividad científica. 1.2.-El método científico. 1.2.1.-El método
científico como senda del avance de la ciencia. 1.2.2.-Fases del método científico.
1.2.3.-Paralelismo entre método científico y método de verificación de los hechos en el
proceso. 2.-Algunas ideas sobre la evolución del conocimiento científico. 2.1.-El
deslinde entre la ciencia y otras disciplinas del saber. 2.2.-El positivismo y el
postpositivismo científico. 2.2.1.-Génesis y rasgos esenciales del positivismo. 2.2.2.-El
falsacionismo como producto del neopositivismo. 2.2.3.-Crítica al falsacionismo
radical. 3.-De la mística a la razón: la progresiva introducción de la ciencia en la prueba
de los hechos en el proceso penal. 3.1.-La mística como ciencia. 3.2.-El empleo de
métodos del conocimiento común en el razonamiento judicial. 3.3.-La influencia del
conocimiento científico en el proceso penal. 3.3.1.-La pericia como tradicional medio
de prueba por el que el conocimiento extrajurídico penetró en el proceso. 3.3.2.-La
aparición de las ciencias forenses. 3.3.3.-Los orígenes de la policía científica. 4.-La
modernidad tecnológica y científica y el actual sistema penal probatorio. 4.1.-Nuevas
pruebas científicas. 4.1.1.-Taxonomía de las pruebas científicas: pruebas científicas de
primera y de segunda generación. 4.1.2-Nivel de consolidación de las nuevas pruebas
científicas en el proceso penal. 4.2.-La necesaria adecuación del proceso a las
exigencias probatorias contemporáneas. 4.2.1.-Problemática en cuanto a la obtención de
pruebas científicas. 4.2.2.-Problemática en cuanto a la admisión de pruebas científicas.
4.2.3.-Problemática en cuanto a la práctica de pruebas científicas. 4.2.4.-Problemática
en cuanto a la valoración de pruebas científicas. 4.3.-Organismos auxiliares de nueva
creación en materia forense. 4.3.1.-Organismos de ámbito nacional. 4.3.2.-Organismos
de ámbito internacional.
31

1.-Sobre la ciencia, lo científico y la metodología científica

La aplicación práctica de la ciencia y de su metodología ha crecido a un ritmo


vertiginoso en los últimos años. En la actualidad, su masiva utilización viene
representada por numerosos avances, tanto científicos como tecnológicos, que se
proyectan sobre muy diversas ramas del saber. Este creciente progreso y aplicación del
conocimiento científico en las sociedades desarrolladas del siglo XXI hace cada vez
más frecuente que para la resolución de controversias haya de acudirse al conocimiento
científico de los hechos, y que, por tanto, sean requeridos métodos de averiguación que
no pueden ser más que científicos1. Ello implica la creciente penetración en el proceso
de pruebas basadas en construcciones cognitivas científicas que soportan la motivación
táctica de una resolución judicial y la anudan a realidades extraprocesales que
necesariamente formarán parte del discurso lógico de la argumentación judicial2.

Esta carga de cientificidad que predomina en numerosas decisiones judiciales


hace conveniente aclarar a qué nos referimos a día de hoy con las apalabras «ciencia»,
«conocimiento científico» y, especialmente, «método científico», ya que estos términos
ajenos al ámbito jurídico no han sido, ni son, conceptos estáticos. Además, perfilar el
significado de estas nociones resulta decisivo para determinar cuándo nos encontramos
ante las denominadas «pruebas científicas» en un proceso judicial, puesto que dichas
concepciones configuran su identidad. Se pretende de este modo contextualizar la
prueba científica desde una perspectiva epistemológica, con el fin de dilucidar el
significado que adquiere el calificativo «científica» que acompaña a estas pruebas, así
como los elementos tenidos en cuenta para su consideración como tal.

1.1.-Bases de la epistemología

La validez del conocimiento dentro de las disciplinas científicas parte de la


epistemología en la que se sustenta, es decir, en la teoría de los fundamentos y métodos
del conocimiento científico3. Es por ello por lo que para alcanzar una noción lo más
cercana posible de ciencia, o de lo que se entiende por científico, resulta imprescindible

1
En este sentido, señala TARUFFO que «sucede cada vez con mayor frecuencia, de hecho, que
circunstancias relevantes para las decisiones judiciales pueden ser averiguadas y valoradas con
instrumentos científicos, y por tanto se reduce proporcionalmente el área en la que el juicio sobre los
hechos puede ser formulado solamente sobre bases cognoscitivas no científicas». TARUFFO, M.,
«Conocimiento científico y estándares de prueba judicial», en Boletín Mexicano de Derecho
Comparado, año XXXVIII, núm. 14, 2005, p. 1287.
2
PÉREZ GIL, J., El conocimiento científico en el proceso civil. Ciencia y tecnología en tela de juicio,
Tirant lo Blanch, Valencia, 2010, p. 12.
3
DANCY, J., Introducción a la epistemología contemporánea, Tecnos, Madrid, 2012, p. 17.
32

construir una aproximación propedéutica de ambos términos, que nos proporcione las
bases sobre las que operarán a lo largo de este trabajo.

1.1.1.-Conocimiento común y conocimiento científico

Durante siglos, el conocimiento científico ha estado ligado a otros tipos de


conocimiento. La ciencia, en tiempos remotos, fue confundida con varias disciplinas,
como la filosofía4, la alquimia o la teología, e incluso con el saber ordinario5. Sin
embargo, actualmente se evidencia con claridad la diferencia entre conocimiento común
y conocimiento científico, entre simple experiencia y técnica científica6. De este modo,
el conocimiento científico puede ser distinguido del conocimiento común o vulgar de
las cosas, pues se trata de conocimientos situados en distintos niveles de profundidad
del entendimiento, y que operan con diferentes procedimientos de aproximación a las
leyes de la realidad de las cosas.

Por un lado, el conocimiento ordinario comenzó a configurarse como respuesta


del ser humano a las dificultades ligadas a su supervivencia, es decir, como el efecto de
esa batalla. En este sentido, defendía FOUCAULT que «solo hay conocimiento bajo la
forma de ciertos actos que son diferentes entre sí y múltiples en su esencia, actos por los
cuales el ser humano se apodera violentamente de ciertas cosas, reacciona a ciertas
situaciones, les impone relaciones de fuerza. O sea, el conocimiento es siempre una
cierta relación estratégica en la que el hombre está situado»7. Dichas respuestas han sido
producto, generalmente, de procesos metodológicos básicos, unidos al denominado
«ensayo y error», consistente en la repetición de un modelo que, tras ensayar y fallar
varias veces, alcanza una solución estimada como óptima8. Pero este tipo de
conocimiento, aunque ha dado buenos resultados para un modo de vida primario y
básico de supervivencia, no puede ser considerado como científico, principalmente,

4
Por ejemplo, para Aristóteles y Santo Tomás de Aquino las ciencias son coextensivas a la filosofía.
Estos autores defendían que la filosofía y la ciencia son lo mismo. En este sentido, las ahora llamadas
«ciencias positivas» —nombre que se les da para diferenciarlas de las disciplinas filosóficas— no son
sino desarrollo de las mismas ramas de la filosofía, especializaciones suyas, que profundizan en el
aspecto empírico mediante todas las nuevas técnicas de experimentación. BEUCHOT, M., Introducción
a la filosofía de Santo Tomás de Aquino, San Esteban, Salamanca, 2004, pp. 50-51.
5
BUNGE, M., Buscar la filosofía en las ciencias sociales, Siglo XXI Editores, Buenos Aires, 2005, p.
13.
6
BACHELARD, G., «Conocimiento común y conocimiento científico», en El racionalismo aplicado,
trad. por Irene Ramos, Paidós, Buenos Aires, 1978, p. 99.
7
FOUCAULT, M., La verdad y las formas jurídicas, Gedisa, Barcelona, 1978, pp. 30-31.
8
En consonancia con esta opinión se sitúa la postura de Popper que considera que el modelo de “ensayo y
eliminación de error” de la teoría darwiniana es un método que emplea la especie humana para
adaptarse al medio, para invadir nuevos nichos ecológicos, e incluso para inventar nuevos nichos
ecológicos. GONZÁLEZ DE LUNA, M. E., Filosofía del sentido común: Thomas Reid y Karl Popper,
UNAM, México, 2004, p. 85.
33

debido a la cortedad de su alcance9. Y es que con él solo se solucionan problemas


inmediatos y que exigen una rápida respuesta, por lo que no precisan de una gran
teorización ni reflexión.

Por el contrario, el conocimiento científico es aquel que no solo proporciona


respuestas sino que también da razones, es decir, explica el por qué de las cosas a través
de la obtención de información objetiva, mediante un método de contraste y, por tanto,
susceptible de ser comprobado. Por este motivo suele decirse que la ciencia crece a
partir del conocimiento común y le rebasa10. No obstante, la ciencia no es una mera
prolongación o un simple afinamiento del conocimiento ordinario. En relación con ello
afirma BUNGE que «el sentido común no puede ser juez autorizado de la ciencia, y el
intento de estimar las ideas y los procedimientos científicos a la luz del conocimiento
común u ordinario exclusivamente es descabellado»11. La ciencia elabora sus propios
cánones de validez, por ello se encuentra en muchos aspectos bastante alejada en sus
perspectivas respecto de lo que ordinariamente aceptamos o suponemos como correcto
o evidente.

Así, mientras el conocimiento común nos lleva a ver el objeto y a entenderlo sin
detalles, es decir, a limitarnos a la simple visión del hombre medio —percepción
acrítica—; el conocimiento científico nos lleva a ver lo que otros no han visto, esto es, a
ver más allá de lo que cualquier persona vería, ya que el conocimiento científico se
apoya en la investigación y en un método heurístico estandarizado, que produce
resultados de conocimientos especializados, y no en fútiles observaciones12. El hombre,
para producir el conocimiento científico, observa, descubre, explica y predice sobre la
realidad, y llega al conocimiento sistemático de esta. Sin embargo, el conocimiento
común para interpretar la naturaleza solo se limita a la simple inspección superficial de
la misma, lo cual no modifica la realidad de ella13. En este sentido, manifestaba POPPER
que el conocimiento común ha llevado a confusiones, especialmente en la teoría del

9
CUCCURULLO, L., MARIANI, E., Contesti e validità del discorso scientifico, Armando, Roma, 2005,
p. 21.
10
BUNGE, M., La investigación científica, Barcelona, Ariel, 1985, pp. 19-20.
11
BUNGE, M., La investigación científica: su estrategia y filosofía, Siglo XXI, México, 2004, p. 4.
12
MALDONADO ROSSO, J., «Concepto de ciencia y carácter científico del conocimiento histórico», en
Revista de historia de El Puerto, núm. 49, 2012, p. 108.
13
En este sentido, sostiene SALVADOR CODERCH y RUBÍ PUIG que «la ciencia explica, predice y
admite contrastación. Se distingue así del conocimiento ordinario (el sentido común), que es siempre
aplicado y mayormente informal, aunque permita interactuar razonablemente en la vida social y, con
frecuencia, defina nuestra propia identidad como miembros de la colectividad y al margen de la
comunidad científica». SALVADOR CODERCH, P., RUBÍ PUIG, A., «Riesgos de desarrollo y
evaluación judicial del carácter científico de dictámenes periciales», en Indret. Revista para el análisis
del derecho, núm. 1, 2008, p. 26.
34

conocimiento científico, pues es un conocimiento simplista según el cual adquirimos


conocimientos sobre el mundo abriendo los ojos y mirando o, en general, observando14.

No queremos defender con ello que el conocimiento común no sea


conocimiento, o no sea racional; solo que esta clase de conocimiento no se ajusta al que
ha de imperar en las actividades de producción de la prueba científica ―recogida,
análisis, obtención de resultados, etc.―. Insistimos en que también el conocimiento
científico utiliza como herramienta básica el método del ensayo y error, pero no lo hace
instintivamente, como una reacción irreflexiva ante un problema, sino aplicando una
metodología fundada en una investigación previa, que dota a este método de un
formalismo cognoscitivo que lo distingue del conocimiento común15. Será este
conocimiento científico y su modo de operar el fundamento de este trabajo, ya que las
pruebas científicas a las que hacemos alusión se valen de sus mecanismos
gnoseológicos, pues utilizan técnicas metódicas, sistemáticas, controlables y
consistentes, que dan lugar a resultados empíricamente contrastables16.

1.1.2.-Hacia una acotación del concepto de ciencia

En términos generales, la determinación de un concepto tan controvertido y


polémico como el de «ciencia» es uno de los retos más complejos a los que el
entendimiento humano se ha enfrentado17. Como muestra de esta dificultad, la palabra
«ciencia» ha adquirido varios significados o sentidos y, como se ha indicado
anteriormente, ha sido muy distinto el que recibía en la Antigüedad y en la Edad Media
del que recibe en la actualidad. Pese a esta falta de unanimidad, para el sistema penal
probatorio resulta de suma utilidad delimitar un concepto de ciencia que sea susceptible
de aplicación para cualquiera de las llamadas «pruebas científicas» que pueden ser
practicadas en él. Ello es así porque la ciencia y su método son la esencia compartida
por la gran variedad de pruebas que alberga dicha expresión, ya que están regidas por un
método científico probatorio que reviste de seguridad a los resultados que
proporcionan18.

14
POPPER, K., The Logic of Scientific Discovery, Taylor & Francis, Londres, 2005, p. 39.
15
Si bien, tal y como señala DANCY, conviene adelantar que este método no es infalible, «si se requiere
un método infalible o completamente fiable, el conocimiento es imposible». DANCY, J., Introducción a
la epistemología contemporánea, ob. cit., p. 48. En el mismo sentido, ECHEVERRÍA, J., Ciencia
moderna y postmoderna, Fundación Juan March, 1998, p. 27.
16
BUNGE, La investigación científica…, ob. cit., p. 10.
17
ROTHMAN, K. J., Epidemiología Moderna, Madrid, Díaz de Santos, 1989, p. 26.
18
Esto es, un pionero procedimiento quirúrgico, un nuevo tipo de microchip, la posibilidad de intervenir
un correo electrónico, comprobar la manipulación de un test genético o vigilar el espacio mediante un
satélite dirigido por control remoto, aunque a priori parece que tienen más diferencias que semejanzas,
35

Partiendo de una definición básica del concepto, que sirva como punto de inicio
de lo que seguirá a continuación, puede afirmarse que actualmente la ciencia es definida
como el «conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el
razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes
generales»19. Sin embargo, como ya se ha reseñado y se pondrá de manifiesto en este
apartado, aunque es ésta una definición aceptada, no es la única definición de ciencia.

a.-Primeras aproximaciones

Si nos remontamos a los orígenes del término, debe señalarse que el sustantivo
«ciencia» procede de la palabra griega episteme, que derivó en el vocablo latín scientia,
que a su vez, procede del verbo latino scire, que significa saber20. Etimológicamente,
ciencia equivale, pues, a «el saber». Sin embargo, volvemos a reiterar que hay saberes
que no pertenecen a la ciencia tal como hoy la entendemos, pero que sí pertenecían a la
noción de ciencia aceptada en otra época. Nos encontramos, por tanto, con la dificultad
de tener que definir con términos actuales conceptos que han sido objeto de una
profunda evolución histórica21. Razón por la que no existe una definición de ciencia
unánimemente consensuada por la comunidad científica22.

Salvando la ausencia de una definición única de ciencia, una primera


aproximación a su concepto podría ser aquella que la define como un procedimiento
metódico de estudiar el mundo natural, que no lleva al entendimiento de la verdad de las
cosas, sino que determina qué es más probable de ser correcto en el momento actual y
con los medios que se tienen a disposición23. En consonancia con esta definición, se
manifiestan MESTRES y VIVES-REGO quienes aseveran que «aunque se tenga un
cuerpo de experimentos que hayan puesto a prueba de forma importante una hipótesis y
ésta siempre se haya demostrado correcta, debe recordarse que, por su propia definición,

comparten una base de conocimiento científico, tecnológico y social, unido a una alta fiabilidad en sus
procesos y resultados, que hace posible que se les catalogue como ciencia.
19
Definición extraída de la Real Academia Española, primera acepción.
20
AYLLÓN VEGA, J. R., Filosofía mínima, Ariel, Barcelona, 2007, p. 27.
21
Ni siquiera la palabra científico existía hace doscientos años. Hasta el siglo XIX lo que hoy
denominamos científico recibía numerosas acepciones: experimentador, naturalista, astrónomo, etc.
LLEONART y AMSÉLEM, A. J., Investigación científica y Derecho Internacional, Consejo Superior
de Investigaciones Científicas, Madrid, 1981, p. 55. Fue William Whewell, quien acuñó el término
«científico» ―scientist― con base en una analogía entre «arte y artista» ―art and artist―. Tanto
dicho término como su filosofía de la ciencia tuvo gran influencia en las concepciones de ciencia del
siglo diecinueve. NOLA, R., SANKEY, H., Theories of Scientific Method: An Introduction, Routledge,
New York, 2007, p. 8.
22
PÉREZ SOTO, C., Sobre un concepto histórico de la ciencia: de la epistemología actual a la
dialéctica, Lom Ediciones, Santiago de Chile, 1998, p. 36.
23
GARCÍA SUÁREZ, A., Modos de significar: una introducción temática a la filosofía del lenguaje,
Tecnos, Madrid, 2011, p. 86.
36

la ciencia no puede llegar nunca a una verdad absoluta. Es lo que se denomina el


principio de la indeterminación o incertidumbre, por el que se asume que es imposible
que se conozcan en su totalidad y con absoluta precisión la universalidad de las
cosas»24. Por tanto, un elemento fundamental que pivota sobre el concepto de ciencia es
el grado de probabilidad, y no de exactitud, que pueden arrojar los resultados que se
obtienen de su aplicación práctica.

De otra parte, pero también desde una perspectiva general, BUNGE define a la
ciencia como un conjunto de conocimientos ordenados y de reglas de interacción25. En
efecto, la ciencia parte de la creencia de que el mundo es ordenado, o más bien, de que
el mundo puede ser ordenado a través de la intervención humana. Por ello, el
conocimiento científico es sistemático, esto es, fundado, metódico y coherente. Así,
toda teoría científica tiene que organizarse formalmente para asegurar que el despliegue
sistemático de conocimientos no se realiza de manera inadecuada. Normalmente, un
sistema axiomático o un cálculo lógico contenido en el aparato matemático que utilizan
las teorías empíricas sirven para este propósito26.

Además, tal y como apunta BUNGE, estos conocimientos científicos no son


aislados, la ciencia no es un conjunto de conocimientos independientes sino que están
interrelacionados entre sí, hasta que logran alcanzar un conocimiento científico
general27. Tomando en consideración esta finalidad, PÉREZ SOTO sostiene que la
ciencia consiste en una serie de proposiciones dispuestas en orden jerárquico, donde las
de nivel más bajo de la jerarquía se refieren a los hechos particulares y las del más alto a
alguna ley general que gobierna todo en el Universo28. En virtud de este enfoque, el
objetivo principal de la ciencia, más que una mera descripción de fenómenos empíricos,
es establecer, mediante leyes y teorías, los principios generales con que se pueden

24
Acerca de esta imposibilidad de alcanzar la verdad se manifiestan MESTRES, F., VIVES-REGO, J.,
«Justicia y Ciencia. Uniendo lo mejor de ambos mundos», en Revista Electrónica de Ciencia Penal y
Criminología, núm. 17-04, 2015, p. 3. Esta concepción de ciencia es fruto de la evolución histórica de la
misma que será abordada en el epígrafe 2 de este capítulo, ya que allá por el 1596, Descartes,
considerado como el padre del método científico defendía que «El fin de los estudios debe ser dirigir el
entendimiento a emitir juicios sólidos y verdaderos de todas las cosas que se presentan». BLAKSLEY
BAZTERRICA, E., Crítica a la verdad científica, Dunken, Ayacucho, 2005, p. 50.
25
BUNGE, M., La ciencia: su método y su filosofía, Debolsillo, 2009, p. 10.
26
ESTANY, A., Introducción a la filosofía de la ciencia, Crítica, Barcelona, 1993, pp. 202-205.
27
PÉREZ SOTO, C., Sobre un concepto histórico…, ob. cit., pp. 54-62.
28
Esta idea de ciencia casa con aquellas denominadas nomotéticas en contraposición de las ideográficas.
Distinción de ciencias elaborada por Winderlband según la cual las ciencias nomotéticas están
destinadas a la construcción de un sistema de leyes generales en cuya formulación se explica el hecho
singular por subsunción, mientras que las ciencias ideográficas tratan de analizar el hecho pero en su
singularidad, en su individualización. GONZÁLEZ, C. M., Racionalidad científica y discursos
prácticos: la compleja relación entre moral y derecho, Universidad Nacional de Río Cuarto, Buenos
Aires, 2002, p. 54.
37

explicar y pronosticar los fenómenos empíricos29. Por esta razón se ha indicado supra
que el conocimiento científico también es predictivo, puesto que los esquemas generales
encuadran una cantidad ilimitada de casos específicos30.

Desde un punto de vista más pragmático, en aras de concretar el significado de


ciencia, cabría señalarse que en el lenguaje común la palabra ciencia viene usada para
evocar tres conceptos de significado diverso, pero algo más específicos31. En el primero
de ellos, la ciencia a veces viene entendida como método experimental, como
instrumento riguroso de investigación de los fenómenos del mundo real. Se trata de un
acercamiento metodológico, común a todas las ciencias experimentales. Esencialmente,
consiste en formular unas hipótesis o un sistema de hipótesis, llamadas teóricas, para
verificarlas después a través de la experimentación. Desde este punto de vista se define
como ciencia aquella aproximación científica, en general, relacionada con las
prescripciones metodológicas relativas al desarrollo de una actividad de investigación32.

Desde un segundo enfoque, la misma expresión viene utilizada para definir el


conjunto de conocimientos que derivan de la investigación, es decir, se considera la
ciencia como un proceso cumulativo de conocimiento33. Sin embargo, desde una tercera
perspectiva, la misma palabra también puede significar todas las potenciales
aplicaciones que derivan del conocimiento adquirido mediante el progreso científico.
Con esta última acepción se habla de ciencia como tecnología34 o, en palabras de
ECHEVERRÍA, de «tecnociencia»35.

En este sentido, puede afirmarse que la tecnología no es más que ciencia


aplicada, por lo que ha de sustentarse en la premisa del conocimiento científico para su
existencia. Con ello se alude a un marco de referencia de dimensión práctica, que nos
permite enfocar un modelo a través de la exposición de capas sucesivas de términos
como: investigación científica, análisis, verificación, teoría, práctica y tecnología36.

29
RUDIO, F. V., Introduçao ao projeto de pesquisa científica, Petrópolis, Vozes, 1986, p. 11.
30
BACHELARD, G., La formación del espíritu científico, Siglo XIX, Buenos Aires, 2004, p. 66.
31
CEGARRA SÁNCHEZ, J., Metodología de la investigación científica y tecnológica, Díaz de Santos,
Madrid, 2012, pp. 11-12.
32
Ibídem, pp. 14-15.
33
BARONA, J. L., Ciencia e historia. Debates y tendencias en la historiografía de la ciencia, Universitat
de Valencia, Valencia, 1994, p. 42.
34
FEYNMAN R. P., Il senso delle cose, Adelphi, Milano, 2004, p. 18.
35
Según lo planteado por este autor «los conocimientos científicos y técnicos se han ido imbrincando
entre sí, hasta el punto de suscitar una nueva forma de ciencia, la tecnociencia. […] Ahora, con una
actitud y una justificación básicamente instrumentalista, es la tecnología la que dirige, planifica y
organiza las actividades científicas». ECHEVERRÍA, J., Ciencia moderna y postmoderna, ob. cit., p.
68.
36
ZIMAN, J., ¿Qué es la ciencia?, trad. por Eulalia Pérez Sedeño y Nuria Galicia Pérez Cambridge
University Press, Madrid, 2003, p. 25.
38

Siguiendo este razonamiento, la ciencia se puede presentar como una búsqueda


progresivamente detallada y sistemática, normalmente dirigida a conseguir unos medios
cada vez más sofisticados y eficaces para resolver problemas37.

De otro lado, cabe señalar que, durante este proceso heurístico, cobra especial
importancia, como se verá cuando nos ocupemos de la evolución de la ciencia, la
falibilidad de la misma. Según se defiende en la actualidad, las ciencias están destinadas
a proporcionar bases empíricas, sensoriales y, en cuanto tales, relativas, nunca
absolutas38. Las leyes del conocimiento científico no son más que hipótesis cuyo
fundamento no es posible conocer hasta su máxima profundidad. Como consecuencia,
una hipótesis que hasta hace poco tiempo podía ser confirmada, viene sucesivamente
falsificada y, entonces, superada39. Por tanto, debe insistirse en la idea de que en la
ciencia no hay certeza absoluta. En palabras de RIVADULLA RODRÍGUEZ, la ciencia
«no puede ser entendida entonces como certeza absoluta, es decir, como manifestación
del objeto en toda su realidad […]. Por consiguiente, a partir de la certeza no podemos
concluir la validez objetiva»40. De este modo, aunque la ciencia responde a un conjunto
de conocimientos de carácter racional, sistemático y verificable, no puede dejarse atrás
su cualidad de falible41.

En virtud de todo lo expuesto, como conclusión sobre estas primeras


aproximaciones al concepto de ciencia podemos afirmar que hoy en día la ciencia es
concebida como una actividad humana que da lugar a un cuerpo sistemático y
organizado de conocimientos, esto es, a un método que hace uso de leyes y principios
generales y crea otros nuevos, los cuales son contrastables empíricamente para ser
verificados o falsados. El hecho de que sea una actividad humana nos remite al
científico inmerso en una sociedad, con todo lo que ello supone respecto a la creación y
aceptación de nuevas teorías. El rasgo de sistematicidad nos lleva a la necesidad utilizar
un único método científico. La idea de leyes o principios generales nos recuerda el
carácter de universalidad que busca la explicación racional. Por último, que sea
contrastable nos permite dilucidar sobre su falibilidad.

37
GONZÁLEZ DE LUNA, E. M., Filosofía del sentido…, ob. cit., p. 114.
38
El conocimiento científico está fundado sobre hipótesis de explicaciones caracterizadas por su
constante mutabilidad y su carácter provisional. Cada teoría es asumida por la comunidad científica
como verdadera solo provisionalmente porque siempre conserva un carácter hipotético y conjetural, por
ello puede ser siempre confutada por futuros controles. AYLLÓN VEGA, J. R., Filosofía mínima, ob.
cit., p. 32.
39
HEMPEL C. G., Aspetti della spiegazione scientifica, Il Saggiatore, Milano, 1986, pp. 53 y ss.
40
RIVADULLA RODRÍGUEZ, A., Hipótesis y verdad en ciencia: ensayos sobre filosofía de Karl R.
Popper, Complutense, Madrid, 2004, p. 154.
41
BACHELARD, G., La formación del…, ob. cit., p. 66.
39

b.-Ciencias duras y ciencias suaves, ¿igualmente falibles?

Precisamente en relación con la falibilidad de la ciencia cabe indicar que, aunque


la incerteza sea un elemento común en todos los campos del conocimiento, ésta aumenta
en virtud del grado de error de cada una de ellas que depende, al menos, de un aspecto
particularmente relevante: la tipología de las ciencias que se entienden como fiables42.
En este sentido, ya era aseverado por la escuela cartesiana43 que «es claro que la certeza
no en todas las ciencias es del mismo grado, sino proporcional a la diversa naturaleza de
las cosas sobre las que ha de recaer la certidumbre, al objeto con el que trabajan y al
método que emplean. Por ello esta certidumbre puede ser más fuerte o más débil»44. En
la misma línea, aunque posteriormente, viene diferenciando HEDGES la dureza o
debilidad de la ciencia en virtud «del grado más o menos subjetivo en las conclusiones a
que arriba cada ciencia y del número de veces en que coinciden los resultados de un
experimento cuando se han seguido siempre las mismas pautas»45.

En función de estos criterios se ha elaborado en nuestros días una clasificación


que distingue entre ciencias duras y ciencias suaves46. Las primeras ―hard sciences―,
adquieren tal denominación por tener un estatuto epistemológico más fuerte. Entre ellas
se encuentran la física, la química o la biología. Siguiendo esta clasificación, los
márgenes de dudas aumentan de manera exponencial para el otro grupo de ciencias,
dado su estatuto epistemológico más débil, estas son las conocidas como «ciencias
suaves» ―soft sciences―47. Los modelos de interpretación de la realidad en este género

42
BOLAÑOS GUERRA, B., Argumentación científica y objetividad, Universidad Nacional Autónoma de
México, México, 2002, p. 41.
43
Se conoce como escuela cartesiana o cartesianismo, a un movimiento filosófico que se inició en el siglo
XVII bajo la influencia de Descartes, y que ha llegado a nuestros días en la escuela denominada
«Espiritualismo francés», cuyos últimos representantes han sido Huet y Lemoine. En España es Martín
Martínez el máximo referente del cartesianismo. Sobre esta corriente filosófica vid., ad exemplum,
GAOS, J., Museo de filósofos: sala del cartesianismo, UNAM, México, 1960; CRUZ DEL POZO, M.
V., Gassendismo y cartesianismo en España: Martín Martínez, médico filósofo del siglo XVIII,
Universidad de Sevilla, Sevilla, 1997; MORENO ROMO, J. C., Vindicación del cartesianismo radical,
Anthropos, Barcelona, 2010.
44
PRISCO, G., Elemento de filosofía especulativa según las doctrinas de los escolásticos y singularmente
de Santo Tomás de Aquino, Imprenta de Tejado, Madrid, 1866, p. 143. En este sentido, y en palabras del
propio SANTO TOMÁS DE AQUINO «era propio del sabio no pedir a cada materia otra certeza sino la
que tenga de suyo», en Summa Theologiae, I, q. 1, a. 1, c.
45
HEDGES, L. V., «How hard is hard science, how soft is soft science? The empirical cumulativeness of
research», en American Psychologist, vol. 42, núm. 2, mayo 1987, p. 443.
46
Una de las primeras obras en mencionar esta distinción y que ha servido de referente para el desarrollo
de la citada clasificación es aquella escrita por DE SOLLA PRICE, D. J., Little science, big
science…and beyond, Columbia University Press, 1963.
47
Con la expresión estatuto epistemológico se hace referencia a los fundamentos, los límites y los
métodos de las diversas disciplinas. El término epistemología deriva del griego «episteme» que indica el
conocimiento verdadero y fundado. Es hoy usado en dos sentidos. El que se refiere a la expresión
inglesa «epistemology» es un término que indica la teoría filosófica del conocimiento en general y es,
por ello, sinónimo de gnoseología. En el sentido hoy más difuso el término es sinónimo de filosofía de
40

de ciencias son, por ejemplo, la politología, la sociología o la ecología, al estar


constituidas sobre paradigmas teóricos que con frecuencia representan solo una
perspectiva y no ciertamente una ley científica48.

Respecto al primer elenco, debe observarse que, normalmente, no surgen


problemas sobre la utilización de las llamadas «ciencias duras» como la química, la
biología, la ingeniería, las matemáticas, y sus respectivas articulaciones como la
farmacología, la genética, la ciencia de los materiales y otras por el estilo. Más bien
sucede normalmente que cuando una persona no experta en estas materias se encuentra
frente a circunstancias que pueden ser establecidas, interpretadas o valoradas solamente
recurriendo a nociones que pertenecen a estos ámbitos del saber, es decir, que son
«científicas» en el sentido más obvio y más tradicional del término, renuncia a utilizar
su propio conocimiento, ya que éste carecerá de la especialización requerida49.

Sin embargo, en lo que concierne a los casos de ciencias soft, un punto relevante
del problema es que se trata de áreas del saber relativas a hechos humanos y sociales
que tradicionalmente, y por siglos, han formado parte simplemente del sentido común y
no eran consideradas como «científicas». Ahora, por el contrario, estas áreas del saber
se afirman como «ciencias» y pretenden una dignidad y una atención no inferiores a las
de las ciencias «duras». Pero, por tradición histórica, la tendencia prevalente es
infravalorar el rigor que las ciencias sociales pueden ofrecer al ámbito científico50. La
sociedad parece estar ligada a una concepción restringida de ciencia, según la cual
solamente cuando entra en juego una ciencia «dura» se vuelve indispensable la ayuda de
un experto, mientras que las ciencias sociales pertenecen a la cultura media, y por tanto
entrarían en el normal bagaje del conocimiento. Esto se debe, fundamentalmente, a que
las ciencias «duras» presentan menor grado de falibilidad en sus resultados, es decir,
mayor fiabilidad y mayor capacidad de autoverificación, ya que en ellas no hay margen
de subjetividad51.

En lo que al sistema procesal atañe, no es que no se requiera de un experto para


llevar a cabo la práctica de las pruebas formadas por las soft sciences, sino que el
recurso a tal experto, en la mayoría de los casos, no comportaría la práctica de una

la ciencia y su significado está centrado en la fundación del conocimiento cierto. ECHEVERRÍA, J.,
Filosofía de la…, ob. cit., p. 161.
48
BUNGE, M., Buscar la filosofía…, ob. cit., p. 36.
49
TARUFFO, M., «Conocimiento científico y estándares de prueba judicial», ob. cit., p. 1290.
50
En este sentido, MARDONES señala que «a veces se recurre a expertos en las áreas de la psicología y
del psicoanálisis, de la economía y de las otras ciencias sociales, pero esto no sucede con mucha
frecuencia, y desde luego no en todos los casos en los que sería necesario y oportuno». MARDONES,
J., M., Filosofía de las ciencias humanas y sociales. Materiales para una fundamentación científica,
Anthropos, Barcelona, 2001, p. 57.
51
BARONA, J. L., Ciencia e historia…, ob. cit., p. 185.
41

prueba científica, porque este tipo de ciencias no cumplen el rigor y la objetividad


necesarios para que así sea52. Por ejemplo, para investigar acerca de la autenticidad de la
firma de un manuscrito se precisaría de un perito caligráfico. En este caso estaríamos
ante una prueba que se vale de dos soft sciences, la caligrafía y la grafología. De otro
lado, para descifrar a quien pertenece la firma de un documento electrónico habría que
requerir a un informático que, ayudado de un software de desencriptación, fuese capaz
de determinar quién es el autor de esa signatura. En este supuesto estaríamos ante la
práctica de una hard sciecne, la informática, que se compone de otras como las
matemáticas o la ingeniería.

Ante este escenario, a la pregunta de ¿qué resultado proporcionará mayor


exactitud? Parece obvio que la respuesta acertada sería apostar por la segunda de las
pruebas. Sin embargo, el interrogante de ¿sólo una de ellas es prueba científica? Merece
una respuesta distinta, que valore las circunstancias de cada caso. En este sentido,
podemos adelantar que una prueba basada en una hard science, suponiendo que las
personas que la producen han trabajado con la diligencia debida, dará lugar a un
resultado científico, pues el método que emplea para su desarrollo lo es53.
Contrariamente, mayor problema plantean las pruebas producidas por una ciencia suave,
dada la subjetividad y el margen de error que entrañan muchas de ellas. No obstante, no
puede negarse tajantemente que ninguna de estas ciencias pueda dar lugar a una prueba
científica. Ello dependerá, en sustancia, del método científico que hayan seguido cada
una de estas ciencias para alcanzar sus resultados54.

52
BUNGE, M., La ciencia, su método…, ob. cit., p. 9. En este sentido, destaca SCHUSTER la actualidad
del debate en torno a la objetividad de las ciencias sociales. Sostiene el autor que «a etse respecto suele
operar el prejuicio naturalista de que la objetividad, tal como se logra en las ciencias naturales, es
imposible en las ciancias sociales. Así, se suele hablar de los compromisos políticos del invetsigador, de
la imposibilidad de no tomar partido frente al objeto de estudio, e incluso del uso ideológico de las
teorías sociales. Todo ello pondría de manifiesto el nivel de “retraso” que afecta a las disciplinas
sociales frente a su “hermana mayor”». SCHUSTER, F. L., Filosofía y métodos de las ciencias sociales,
Manantial, Buenos Aires, 2002, p. 15.
53
Según el Oxford English Dictionary el método científico es un «procedimiento que ha caracterizado a
la ciencia natural desde el siglo XVII y que consiste en la observación sistemática, medición y
experimentación, y en la formulación, análisis y modificación de las hipótesis». Ahora bien, cabe
adelantar que este método utiliza, a su vez, métodos definitorios, métodos clasificatorios, métodos
estadísticos, métodos hipotético-deductivos, procedimientos de medición, etc. diferentes en función de
la rama científica con la que trabajen. GOWER, B., Scientific Method: An Historical and Philosophical
Introduction, Routledge, London, 1997, p. 30.
54
Esta problemática es la que se da con algunas pericias psicológicas. A este respecto estamos asistiendo
en la actualidad, desde algunos sectores de la judicatura, a un cuestionamiento de la utilización procesal
de estas pruebas apoyándose, por un lado, en la advertencia de déficit metodológicos en su elaboración
y, por otro, en valoraciones judiciales acríticas. En este sentido, vid. ad exemplum, STS 847/2005, de 30
de junio, FJ 1.
42

c.-La noción de ciencia en el proceso penal

Si hemos de referirnos a la cientificidad de la actividad probatoria pareciera


deseable disponer de una definición de «ciencia» que cohoneste las concepciones más
globales de la episemología con el ámbito jurídico en el que será utilizado55. En este
orden de ideas, y de acuerdo con lo que venimos sostieniendo en las líneas precedentes,
convenimos con TONINI, en que la definición de ciencia que mejor podría adaptarse a
los fines del proceso penal es aquella que afirma que «la ciencia es aquel tipo de
conocimiento que tiene por objeto los hechos de la naturaleza; es ordenada según un
conjunto de reglas generales que son denominadas leyes científicas y que están unidas
entre ellas de modo sistemático y empleando un método controlable por los
especialistas en la formulación de las reglas, en la verificación y en la falsificación de
las mismas ―el método científico―; y siempre que todo ello se elabore con rigor,
precisión y objetividad»56.

1.1.3.-Algunas notas características de la actividad científica

Una vez definido qué se entiende por «ciencia» y, en concreto, qué se entiende
por ciencia en el proceso penal, para lo que aquí nos interesa, esto es, a efectos
procesales, es conveniente recopilar y analizar las características que van ligadas al
concepto de ciencia. Estas características son las que diferencian la ciencia de otros
medios de conocimiento y las que han de concurrir en el procedimiento de obtención,
tratamiento, análisis, conservación y práctica de una prueba para catalogarla como
«prueba científica»57. Es decir, lo que se muestra a continuación no es más que un
análisis sobre la concurrencia de los elementos clave de la ciencia en el proceso penal.

El primer elemento que consideramos oportuno destacar es el empirismo que


caracteriza a la ciencia. El empirismo se manifiesta en la actitud del investigador, que

55
La necesidad de acotar el ámbito en el que será utilizada la ciencia para lograr una definición más
afinada de la misma es confirmada por TARELLO, al afirmar que «se ha dicho, con cierta autoridad,
que fundar una ciencia sobre una definición de la misma ocasiona más bien confusiones que luces; que,
mientras es siempre útil hacer resaltar y verificar el estado actual de una disciplina (o viene studios que
van bajo una determianda etiqueta), definir una ciencia o una disciplina o una etiqueta invita a litigar
sobre las definiciones antes que a continuar los trabajos; que el peor servicio que pueda hacerse a una
disciplina es malgastar fuerzas de otras manera utilizables en la disciplina empleándolas en polémicas
sobre la disciplina misma». TARELLO, G., Cultura giuridica e politica del diritto, Societá Editrice il
Mulinúm, Bolonia, 1988, p. 343.
56
TONINI, P., La prova scientifica, en [Link]., Prove e misure cautelari, SCALFATI, A., in Trattato di
procedura penale, (dir) SPANGHER, G., vol II, t. I, Torino, 2009, p. 88.
57
Para la realización de este recorrido sobre los rasgos esenciales de la concepción de ciencia en el
proceso penal hemos acudido a McBURNEY D. H., Metodologia della ricerca psicológica, Il Mulino,
Bologna, 2001, pp. 18 y ss.; BUNGE, M., La ciencia: su método…, ob. cit., pp. 32 y ss.; CEGARRA
SÁNCHEZ, J., Metodología de la investigación científica…, ob. cit., pp. 1-19.
43

consiste en observar el fenómeno y en hacer más fiable el dato experimental directo. En


palabras de CEGARRA SÁNCHEZ, «la ciencia es empírica ya que se refiere a hechos
que ocurren en el mundo y tiene que valerse de la observación o la experimentación
para contrastar sus hipótesis y verificar sus fórmulas»58. No obstante, si bien la
experiencia empírica es una característica esencial de la ciencia, es importante resaltar
que esta relación no es recíproca, es decir, que no todos los métodos empíricos del
conocimiento son científicos, pues también los métodos intuitivos como el sentido
común parten del dato empírico y no son métodos científicos59.

Lo que verdaderamente distingue a la ciencia de otros métodos empíricos del


conocimiento es su objetividad60. El modo científico de adquisición del conocimiento
surge con base en observaciones objetivas realizadas de manera tal que un sujeto
normalmente dotado, bajo las mismas condiciones de tiempo y lugar, llegaría al mismo
resultado. Cuando las observaciones son realizadas objetivamente y descritas con
exactitud, representan un camino que otros investigadores pueden seguir para
comprobar si reconstruyen lo mismo61. Ello sustenta la importancia que los científicos
dan a la validez de los métodos de búsqueda. Métodos que, huelga decir, son
especializados, puesto que la ciencia comienza a trabajar delimitando un objeto en el
cual se especializa, lo que ha dado lugar a numerosas disciplinas científicas. Sin
embargo, conviene señalar que esta diversidad de disciplinas científicas no ha logrado
desdibujar la unidad metodológica de la ciencia62. Una muestra de ello es que la
especialización no ha impedido la formación de campos interdisciplinarios tales como la
biofísica o la cibernética.

Sobre la base de esta objetividad y especialización, otro rasgo que caracteriza a


la ciencia es que opera dividiendo los problemas en aspectos más y más pequeños y

58
CEGARRA SÁNCHEZ, J., Metodología de la investigación científica…, ob. cit., p. 4.
59
PICKOVER, C. A., De Arquímedes a Hawking: Las leyes de la ciencia y sus descubridores, Crítica,
Barcelona, 2009, pp. 131-156.
60
Hay autores que critican esta objetividad de la ciencia, entre ellos destaca RORTY que defiende que
«pese a que en nuestra cultura las nociones “ciencia”, “racionalidad”, “objetividad” y “verdad” están
ligadas [...] para entender la ciencia debemos alejarnos de la idea de objetividad y de la obediencia de
rígidos criterios […] pues la verdad nunca es absoluta, sino relativa, por lo que en toda objetividad
subyace cierta subjetividad». Vid. más en RORTY, R., Objetivity, Relativism and Truth, Cambridge
University Press, Cambridge, 1991, pp. 33-38.
61
GARCÍA AVILÉS, A., Introducción a la metodología de la investigación científica, Plaza y Valdés,
México, 1997, pp. 64-71.
62
En esta línea afirma MOSTERÍN que «hay muchos tipos distintos de investigación científica. No es lo
mismo tratar de detectar las ondas gravitacionales que buscar una vacuna contra el sida o que probar la
conjetura de Goldbach. […] Las metodologías son diferentes en todos estos casos, y la racionalidad
científica no las determina unívocamente, aunque sí las constriñe mediante ciertas orientaciones
marco». MOSTERÍN, J., Ciencia, filosofía y racionalidad, Gedisa, Barcelona, 2014, p. 136.
44

manejables, es decir, la ciencia es analítica63. La investigación científica aborda


problemas circunscritos, uno a uno, y trata de descomponerlo todo en elementos.
Precisamente debido a que los problemas de la ciencia son parciales así son también,
por consiguiente, sus soluciones, pero esta parcialidad solo acontece al principio de la
investigación. A medida que ésta avanza, su alcance se amplía hasta lograr resultados
generales que tienden a ser incorporados en síntesis conceptuales llamadas teorías64. Por
ello se considera también que la ciencia es general.

Con relación a ello BUNGE llega a afirmar que «no hay efectivamente nada tan
universal como la ciencia, ni siquiera la filosofía»65. Esta generalidad se manifiesta en
que la ciencia ubica los hechos singulares en pautas generales y los enunciados
particulares en esquemas amplios. El científico no se ocupa del hecho singular de
manera aislada, sino en su contexto. Por esto la ciencia no se sirve de los datos
empíricos ―que siempre son singulares―, sino es para manipularlos y convertirlos en
piezas de estructuras teóricas. De este modo, el científico intenta exponer mediante
leyes las pautas universales que se esconden en el seno de las singulares66.

Estas leyes universales y su desarrollo teórico son siempre puestos a prueba y


comprobados experimentalmente, porque la ciencia es, además, verificable. A tenor de
lo dispuesto por CHAMÍA, un método adquiere el carácter de científico sólo si sus
conclusiones son verificables empíricamente mediante el procedimiento que utilizó67.
La prescripción de que las hipótesis científicas deben ser capaces de aprobar el examen
de la experiencia es una de las reglas del método científico68. La aplicación de esta regla
depende del tipo de objeto, del tipo de hipótesis y de los medios disponibles. Esto es, la
verificación de la fórmula de un compuesto químico se hace de manera muy diferente a
cómo se lleva a cabo la verificación de un cálculo astronómico. Pero, se trate del objeto
que se trate o de la hipótesis que se formule, para que el resultado sea científico ha de

63
En este sentido, señala CEGARRA SÁNCHEZ que «un sistema conceptual cuando es formulado por
primera vez puede ser considerado un postulado en gran escala, del cual es posible deducir muchas
consecuencias, cada una de las cuales a su vez puede ser el origen de encadenamientos de
razonamientos que llevan a deducciones comprobables por experimentación». CEGARRA SÁNCHEZ,
J., Metodología de la investigación científica…, ob. cit., p. 8.
64
McBURNEY, D. H., Metodologia della ricerca…, ob. cit., p. 26.
65
BUNGE, M., La investigación científica…, ob. cit., p. 10.
66
Ibídem, p. 12.
67
CHAMÍA, J. G. A., «La importancia de la prueba científica en el proceso penal», en Indicios. Revista
científica de criminalística, año 1, vol. 1, 2010, p. 55.
68
Para DIAZ y HELER no solo es ésta una regla sino la enjundia del método científico, pues consideran
que su «esencia reside, precisamente, en la posibilidad de confrontar si las hipótesis planteadas en un
inicio son o no sostenibles». DÍAZ, E., HELER, M., El conocimiento científico: hacia una visión crítica
de la ciencia, Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires, 1999, p. 27.
45

ser susceptible de verificación y control69. La cualidad de verificable viene también


destacada por SABINO, que define a la ciencia como «una de las actividades que el
hombre realiza, como un conjunto de acciones encaminadas y dirigidas hacia
determinado fin, que no es otro que el de obtener un conocimiento verificable sobre los
hechos que lo rodean»70.

Tales verificaciones son posibles de ser realizadas porque, como se acaba de


hacer referencia, la ciencia es metódica, no procede por azar ni de forma caprichosa,
sino siguiendo un método rigurosamente planificado71 ―lo cual no excluye el papel que
el azar juega a veces en la investigación científica―. Los investigadores no tantean en
la oscuridad, por el contrario, saben lo que buscan y cómo encontrarlo. La ciencia es
pues, esclava de sus propios métodos y técnicas mientras éstos tienen éxito. Pero, a su
vez, es libre de multiplicar y de modificar en todo momento sus reglas, en aras de una
mayor racionalidad y objetividad, siempre y cuando estas modificaciones sigan un
orden, esto es, cumplan con la nota de sistematicidad que caracteriza a la ciencia72. Y es
que la ciencia no es un agregado de informaciones inconexas, sino un sistema de ideas
conectadas lógicamente entre sí. Así lo defiende BRAVO al afirmar que la ciencia «es
sistemática, dado su carácter fundado, ordenado y coherente»73. Por ello, presenta sus
resultados de forma organizada, estableciendo clasificaciones en sus descubrimientos.
Toda ciencia contiene teorías o sistemas de ideas que están relacionadas racionalmente
entre sí, es decir, que están ordenadas mediante una relación de implicación.

Además, es fundamental que estas teorías científicas sean comprensibles, por


tanto, la ciencia ha de ser comunicable. No puede ser secreta ni esotérica, ni solamente
para unos pocos. La ciencia no es inefable sino expresable, no es privada sino pública.
Hay, ciertamente, planos oscuros y nociones difusas en toda teoría científica, pero es
preciso aclararlos antes de estimar su adecuación74. La comunicabilidad es posible

69
HURTADO, I., Y TORO, J., Paradigmas y métodos de la investigación en tiempos de cambio,
Minerva, Caracas, 2007, p. 37.
70
SABINO, C., El proceso de investigación, Panapo, Caracas, 1992, p. 8.
71
El conocimiento científico se caracteriza por el método adoptado y no tanto por el objeto de estudio. En
dicho método se establecen una serie de momentos y reglas que deben seguirse en cada paso y
especifican cómo se puede profundizar en un problema, concretándose en un proceso sistemático que
comprende leyes universales. GONZÁLEZ AGUADO, E., «¿Existe un método científico?», en Revista
sigma, núm. 23, 2003, p. 127.
72
RODRÍGUEZ MOGUEL, E., Metodología de la investigación, UAT, México, 2005, p. 32.
73
BRAVO, S., La ciencia: su método y su historia, UNAM, México, 1991, p. 9.
74
Con relación a la comunicabilidad de la ciencia, sostiene BUNGE que la información obtenida a través
de un método científico debe tener carácter público y ser suficientemente clara para poder ser entendida
por aquellos especialistas del mismo campo científico e inluso por profanos en la materia. En
determinados casos, por razones extracientíficas, por ejemplo, seguridad nacional, competencia
comercial, la comunicación no se produce, pero ello es extraño al comportamiento normal. Además, de
clara, la comunicación debe ser precisa, condición necesaria para poder ser verificada, para su
aceptación o refutación por otro científicos independientes. La comunicación es, por tanto, el medio que
46

gracias a la precisión que brinda la ciencia, que es, a su vez, una condición necesaria
para la verificación de los datos empíricos y de las hipótesis científicas. En concreto, la
precisión y claridad de la ciencia queda patente en el hecho de que ésta no trabaja con
ambigüedades, todo lo que elabora goza del máximo rigor.

Si bien, debe reconocerse que la ciencia, aunque lo pretende, nunca está


enteramente libre de vaguedades pues, como hemos afirmado en varias ocasiones, es
falible. No obstante, pese a no estar exenta de errores, posee una técnica única para
encontrarlos y sacar provecho de ellos: el registro, la medición y la reflexión de cada
uno de los fenómenos que se produzcan75 ―para lo que resulta fundamental utilizar un
lenguaje uniforme, que en buena parte viene representado por símbolos76―.

De ello se infiere que la ciencia es explicativa. Busca explicar los fenómenos, no


solamente describirlos77. Intenta explicar los hechos en términos de leyes, y las leyes en
términos de principios. Los científicos no se conforman con descripciones detalladas,
además de inquirir cómo son las cosas, procuran responder por qué ocurren los hechos
de la manera en que ocurren y no de otra forma78. Además, las explicaciones científicas
van cambiando y evolucionando con el paso del tiempo, lo cual nos indica que no son
finales o absolutas, sino siempre susceptibles de perfección79. En otras palabras, la
ciencia se autocorrige y progresa. La evolución del conocimiento científico surge con el
descubrimiento de nuevos datos que casi siempre contradicen el conocimiento
precedente.

En este sentido, la ciencia se caracteriza por su apertura al cambio y por la


disponibilidad de lo científico a cambiar las propias opiniones, de manera que no
reconoce barreras que la limiten. Si un conocimiento fáctico no es refutable, entonces
no pertenece a la ciencia sino a algún otro ámbito. La disposición a autocorregirse
determina el continuo progreso de las ciencias, dadas las cantidades y cualidades de los
descubrimientos. Este progreso científico viene asegurado, además, por el requisito de

tiene el científico para dar a conocer sus hallazgos y con ello el reconocimiento nacional o internacional
de su valía. BUNGE, M., La ciencia: su método…, ob. cit., p. 11.
75
Además, la ciencia progresa en nuestros días bajo el impulso de las necesidades tecnológicas y
aprovechando los aparatos e instrumentos puestos a su disposición por el avance creado por ella con
anterioridad. MITCHAM, C., ¿Qué es la filosofía de la tecnología?, Antropos, Barcelona, 1988, p. 100.
76
ECHEVERRÍA, J., Ciencia moderna y postmoderna, ob. cit., p. 31.
77
Según BRAVO la ciencia, en general, define la mayoría de sus conceptos. Las definiciones son
convencionales pero no se les elige caprichosamente; deben ser convenientes y fértiles y, una vez que se
ha elegido una definición, ésta debe ser respetada. BRAVO, S., La ciencia…, ob. cit., p. 10.
78
En este sentido, asevera CEGARRA SÁNCHEZ que el conocimiento científico es legal, pues «intenta
englobar en pautas generales los hechos singulares mediante las llamadas leyes naturales o sociales. Las
leyes son relaciones invariables entre propiedades y son en sí una propiedad de un conjunto de hechos,
que permite la explicación, la predicción y la actuación». CEGARRA SÁNCHEZ, Metodología de la
investigación científica…, ob. cit., p. 7.
79
McBURNEY, D. H., Metodologia della ricerca…, ob. cit., p. 31.
47

la verificabilidad de las hipótesis80. Así, una hipótesis que se pensaba cierta y, con
posterioridad, resulta ser refutada garantiza el progreso del conocimiento mediante la
búsqueda hacia la hipótesis válida.

No obstante, la mencionada autocorrección no impide que pueda defenderse que


la ciencia es predictiva, pues intenta hacer vaticinios, aunque a veces fallidos, acerca de
los fenómenos, trascendiendo de la experiencia e imaginando cómo puede haber sido el
pasado y cómo podrá ser el futuro. De este modo, la predicción constituye una manera
eficaz de poner a prueba las hipótesis planteadas, así como un elemento clave del
control y aún de la modificación del curso de los acontecimientos81. El hecho de que
esta predicción sea, a veces, fallida es lo que nos lleva a afirmar que la ciencia es
posibilista. Nunca afirma poseer la verdad o el conocimiento completo sobre ninguna
cuestión, precisamente porque en cualquier momento el descubrimiento de nuevos
conocimientos convierte viejos y obsoletos a los precedentes82.

Por último, un rasgo esencial de toda ciencia es que sea útil83. En consonancia
con esta cualidad afirma RODRÍGUEZ MOGUEL que la ciencia es útil porque sus
conocimientos pueden ser aplicados y, a través de ella, podemos averiguar cómo son las
cosas y las leyes que las rigen84. Y es que, como se ha mencionado supra, la ciencia,
además de constituir el fundamento de la tecnología, es útil en la medida en que se
emplea en la construcción de concepciones del mundo que concuerda con los hechos y,
también, en la medida en que crea el hábito de adoptar una actitud de examen, que
acostumbra a los científicos a poner a prueba sus afirmaciones y a argumentar

80
Insistimos en que para que un hecho sea aceptado como científico, este debe ser contrastable de
manera objetiva. Sobre las técnicas de verificación, señala TAMAYO TAMAYO que «son muy
variadas y dependen de la especialidad científica que se estudie y de los medios disponibles. Por
ejemplo, las técnicas de análisis para conocerla composición de un compuesto químico, mediante
diferentes métodos analíticos, son completamente diferentes de las empleadas en el comportamiento
sociológico de los humanos, métodos de encuestas analizados estadísticamente. Estas técnicas varían y
se perfeccionan con la experimentación y su finura puede proporcionar conocimientos nuevos, como
sucede, por ejemplo, con la astronomía». TAMAYO Y TAMAYO, M., El proceso de la investigación
científica, Limusa, México, 2004, p. 153.
81
En este sentido lo expresa BRAVO al considerar que la ciencia es predictiva, puesto que los esquemas
generales encuadran una cantidad ilimitada de futuros casos específicos. BRAVO, S., La ciencia…, ob.
cit., p. 10.
82
TAMAYO Y TAMAYO, M., El proceso de la investigación…, ob. cit., p. 157.
83
BUNGE, M., La ciencia: su método…, ob. cit., p. 10.
84
Sobre esta idea, argumenta el autor que la ciencia «aumenta la cultura general, haciendo a los humanos
más libres al ayudar a comprender mejor cómo somos, cómo nos relacionamos, etc., remoldeando
nuestra forma de ser para perfeccionarnos. Es verdad que el conocimiento científico mal empleado es
fuente de desasosiego e inquietud, pero ello no es culpa del conocimiento científico sino de su mala
utilización por el ser humano, debiendo la comunidad internacional disponer de las leyes y medios para
solucionar estas desviaciones». RODRÍGUEZ MOGUEL, E., Metodología de la investigación, ob. cit.,
p. 33.
48

correctamente85. Esto es, la ciencia es valiosa en sí misma como clave para remodelar la
naturaleza y la sociedad y como esencia para la inteligencia del hombre.

Tan solo una ciencia que reúna todas estas características dará lugar a la
producción de lo que en esta tesis sostenemos por «prueba científica». En sentido
contrario, cualquier ciencia que carezca de alguno de los rasgos recién expuestos no
podrá conformarla, por no alcanzar el estatuto epistemológico exigido para la formación
de esta nueva categoría probatoria.

1.2.-El método científico

De todos los rasgos o características de la actividad científica sobresale el


método como forma esencial o sustancial de proceder86. El método científico es, por
tanto, el protocolo general empleado, tácita o explícitamente, para llevar a cabo un
estudio o investigación, con independencia de la disciplina a la que se refieran ―física,
química, biología, informática, etc.―. En este sentido lo expresa GONZÁLEZ
AGUADO, al afirmar que «lo que constituye el denominador común de todas las
ciencias es el uso del método científico, entendido este como el conjunto de
procedimientos por los cuales se plantean problemas científicos y se elaboran hipótesis
científicas para explicar las observaciones, la recogida de datos y, una vez obtenidos
estos y analizados, la extracción de conclusiones que confirman o refutan la hipótesis
inicial. La diferencia está en qué es lo que se considera datos válidos en cada disciplina,
y cómo se recolectan y se procesan estos datos»87.

Esta manera de proceder está constituida por un acervo de normas, que sirven
como patrones que deben ser satisfechos si alguna investigación es estimada como
investigación responsablemente dirigida, cuyas conclusiones merecen una confianza
racional88. De este modo, el método científico constituye el procedimiento planteado

85
Por ello, cuando se llega a la conclusión de que algo se ha probado científicamente se hace harto difícil
discutir esa afirmación. ABARCA FERNÁNDEZ, R., «La epistemología: herramienta para precisar los
campos científicos», en Entelequia. Revista Interdisciplinar, núm. 3, 2007, p. 76.
86
En este sentido, LAKATOS considera al método científico como una pugna de programas de
invetsigacion, que tienen un núcleointocable y un cinturón protector de hipótesis que juegan como
auténticos rompecabezas. LAKATOS, I., «La falsación y la metodología de los programas de
investigación científica», en LAKATOS, I., MUSGRAVE, A., La crítica y el desarrollo del
conocimiento, Grijalbo, Barcelona, 1975, pp. 244-245.
87
GONZÁLEZ AGUADO, E., «¿Existe un método científico?», ob. cit., p. 127.
88
Según ORTIZ y GARCÍA, se trata de «una interconectada serie de conceptos y esquemas conceptuales
que se han desarrollado como un resultado de la experimentación y la observación, capaces de
engendrar una guía, un protocolo que, de ser cumplido, garantiza la obtención de unas conclusiones
previamente contrastadas». ORTIZ, F.; GARCÍA, M. P., Metodología de la Investigación, Limusa,
México, 2005, pp. 53-55.
49

que se sigue en la investigación89, desde la gestión del problema hasta la explicación del
resultado, para descubrir las formas de existencia de los procesos objetivos, para
desentrañar sus conexiones internas y externas, para generalizar y profundizar los
conocimientos así adquiridos, para llegar a demostrarlos con rigor racional y para
comprobarlos en el experimento y con las técnicas de su aplicación90.

Este método científico será el fundamento de la nueva categoría probatoria


objeto de estudio: la prueba científica. Sus directrices se seguirán en el momento de
obtención, tratamiento, análisis y conservación de las muestras que darán lugar a estas
pruebas. Más aún, su presencia tendrá lugar también de manera indirecta en el proceso
penal, en las fases de admisión, práctica y valoración de las pruebas científicas, ya que
el hecho de que dichas pruebas hayan sido formadas mediante un método científico
condiciona y amplía las reglas de admisión, práctica y valoración pertenecientes a la
teoría general de la prueba. En suma, el método es lo que define a la prueba científica,
pues no es esta una noción que se identifique con una fuente o un medio de prueba, sino
con una actividad regida por leyes y principios verificados de manera objetiva.

Así las cosas, y habida cuenta de la importancia del método científico en el


actual sistema penal probatorio, en las siguientes líneas procederemos a mostrar de qué
manera es contemplado por la filosofía de la ciencia, qué fases lo componen y qué
similitudes ofrece con respecto al método en que se investiga y se enjuicia en un
proceso penal.

1.2.1.-El método científico como senda del avance de la ciencia

El método científico representa las reglas del juego sin las cuales no se
consideran válidos los intentos realizados91. En palabras de BUNGE, «No hay avenidas
hechas en ciencia, pero hay en cambio una brújula mediante la cual a menudo es posible
estimar si se está sobre una huella promisoria. Esta brújula es el método científico, que

89
En palabras de AZÚA REYES «Quien de verdad quiere hacer ciencia, debe ir por el camino adecuado
para descubrir lo que busca; este camino se llama método. El empleo del método es lo que caracteriza a
la investigación científica». AZÚA REYES, S., Metodología y técnicas de la investigación jurídica,
Porrúa, México, 2014, p. 2
90
RUIZ LIMÓN, R., Historia y evolución del pensamiento científico, Martínez Coll, México, 2006, p.
122.
91
Al respecto, señala ZIMAN que hay dos modos de invetsigar las complejas actividades humanas y sus
productos: uno es volver a recorrer los pasos que han dado lugar a determinados resultados, y otro hacer
la disección del resultado, con la esperanza de poner al descubierto su tipo estructural y revelar las
relaciones lógicas de sus partes, componentes e, incidentalmente, de exponer también sus
inconsistencias y fallos. Se decide por un método que ofrece la aproximación histórica al estudio de la
ciencia y que permite recorrer y reconstruir los pasos dados por los investigadores para obtener sus
resultados. De etse modo, acoge el denominado método de casos como herramienta pedagógica para
esclarecer la actividad científica. ZIMAN, J., ¿Qué es la ciencia?, ob. cit., p. 14.
50

no produce automáticamente el saber, pero que nos evita perdernos en el caos aparente
de los fenómenos […]»92. Por ende, el método científico no es una fórmula que una vez
aplicada halla las respuestas correctas a las preguntas científicas, sino el conjunto de
procedimientos por los cuales se plantean los problemas científicos y se ponen a prueba
las hipótesis propuestas. En definitiva, el método científico constituye el patrón de la
investigación93.

En este orden de ideas, el método científico es considerado como el mejor


método de que disponemos para comprender las relaciones funcionales entre las cosas
con el mayor apego posible a la realidad, lo cual es la meta de las ciencias94. Los
investigadores emplean el método científico como una forma planificada de trabajar,
que ha resultado ser lo suficientemente exitosa como para que todos los campos la
hayan adoptado, excluyendo prácticamente cualquier otro método de solución de
problemas. Es por ello por lo que decimos que puede considerarse la palabra «método»
como equivalente a «procedimiento»95. ¿Cuáles son los procedimientos que realizamos
para encontrar respuestas en la práctica de la investigación científica? ¿Qué pasos
seguimos? He ahí la noción de método.

En este sentido, filósofos de la ciencia como MOLINA consideran que el método


científico no solo está localizado en la práctica de la investigación, sino en la
convergencia entre la teoría y la praxis. Así, la dialéctica de la teoría y la práctica en la
dinámica del método científico se manifiesta en la vinculación de éste con su contexto
circundante y, a su vez, con la experiencia. El método existe como aquel aspecto de la
teoría que se proyecta sobre la práctica. Ya que, por opuestas que sean, la teoría ―el
conocimiento, el pensamiento― y la práctica ―la acción, el trabajo―, y en última
instancia el propio pensar, el método científico constituye una actividad específica
práctico-social96, pues, cuando conocemos, realizamos una acción práctica, por peculiar
que sea, pero siempre necesitamos de una premisa teórica.

92
BUNGE. M, La ciencia, su método,…, ob. cit., p. 32.
93
Al respecto señala AYALA que «Todas las ciencias experimentales se basan en el método científico,
que es una de las diversas formas que tenemos los humanos de adquirir nuevos conocimientos».
AYALA, F. J., Darwin y el Diseño Inteligente. Creacionismo, Cristianismo y Evolución, Alianza,
Madrid, 2008, p. 23.
94
BRAVO, S., La ciencia: su…, ob. cit., p. 12.
95
Esta concepción vive una pugna entre dos tendencias, al enfrentarse en la filosofía dos tradiciones del
método cientifico, la tradición aristotélica y la tradición galileana. La primera, preocupada por la
comprensión; el cómo, y su explicación teleológica a partir de la esencia de dar razón a los hechos. La
segunda, preocupada por el por qué y el para qué, deviene de las ideas de Galileo, Platón y Bacon, e
intenta la explicación desde las causas y consecuencias de los fenómenos. Dado que su interés es la ley
general que rige el fenómeno, se torna en mecanicista y funcionalista. RUIZ LIMÓN, R., Historia y
evolución…, ob. cit., p. 121.
96
MOLINA, M. J., El Método Científico Global, Molwick, Madrid, 2014, p. 29.
51

Por otra parte, respecto al método científico se ha discutido considerablemente


sobre si se trata de un modelo único o una variedad de procedimientos97. De
conformidad con la postura que defiende la referida diversidad de métodos, manifestaba
FEYERABEND que «la idea de un método que contenga principios firmes, inalterables y
absolutamente obligatorios que rijan el quehacer científico tropieza con dificultades
considerables […]. Descubrimos entonces que no hay una sola regla, por plausible que
sea, y por firmemente basada que esté en la epistemología, que no se infrinja en una
ocasión u otra»98.

De lo contrario, en la actualidad, es pacíficamente admitido por la mayoría de la


doctrina científica la existencia de un único método que guía la teoría de la
investigación, que funciona como patrón general para la senda del avance de la ciencia,
frente a una minoría que sostiene la presencia de una pluralidad de métodos en contra de
su unicidad99. Este debate doctrinal se ha desarrollado, fundamentalmente, en virtud de
dos criterios: la multiplicidad de personas que lo aplican y las numerosas ramas
científicas que existen.

Con base en el primero de los argumentos, esto es, las diferentes personas que
aplican el método científico, se piensa que al ser la ciencia producto de lo que hacen los
científicos, hay tantos métodos científicos como hombres de ciencia pues, la
subjetividad que cada científico aporta en el proceder del método hace a éste único e
irrepetible100. Ante esta teoría cabe aclarar que, a pesar de que el método científico
reserva un espacio a la libertad, innovación y creatividad de los investigadores, con
frecuencia necesario para producir nuevas y revolucionarias hipótesis, esta connotación
personal acontece siempre dentro de un único modelo de principios generales, esto es,
97
NUÑEZ TENORIO, J. R., Metodología de las ciencias sociales, Alfadi, Barcelona, 1989, p. 38.
98
FEYERABEND, P. K., Against method. Outline of an anarchistic Theory of knowledge, New Left
Books, Londres, 1975, trad. D. Ribes, Tratado contra el método. Esquema de una teoría anarquista del
conocimiento, Tecnos, Madrid, 1981, p. 47.
99
La doctrina que apoya la existencia de un único método científico coincide en que, al menos en sus
fases fundamentales, solo se puede hablar de un único método científico de aceptación universal. Entre
los autores que defienden esta postura caben ser destacadas las opiniones de BUNGE, M., La ciencia:
su método…, ob. cit., p. 14; HEMPEL, C., Filosofía de la ciencia natural, Alianza, Madrid, 1973, pp.
66 y ss.; ECHEVERRÍA, J., «Unidad de la Ciencia y concepción estructural», en W. González,
Aspectos metodológicos de la investigación científica, Universidad de Murcia, Murcia, 1988, pp. 287-
302; FEHÉR, M., «Acerca del papel asignado al público por los filósofos de la ciencia», en ORDÓÑEZ,
J., ELENA, A., La ciencia y su público: perspectivas históricas, CSIC, Madrid, 1990, pp. 428-433;
ESTANY, A., Introducción a la filosofía de la ciencia, Crítica, Barcelona, 1993, pp. 51-56;
CHALMERS, A., ¿Qué es esa cosa llamada ciencia?, Siglo XXI, Madrid, 2000, pp. 33-38; POPPER,
K., The logic of scientific…, ob. cit., pp. 147-152.
De otro lado, entre aquellos que sostienen la imposibilidad de un exclusivo método científico
debido, principalmente, a que la racionalidad científica invita a elegir en cada caso la metodología más
prometedora, se encuentran FEYERABEND, P. K., Against method…, ob. cit., pp. 45 y ss.;
MOSTERÍN, J., Ciencia, filosofía y…, ob. cit., p. 137; DÍAZ, E., HELER, M., El conocimiento
científico…, ob. cit., pp. 31 y ss.
100
BRIDGMAN, Reflections of a Physicist, Philosophical Library, New York, 1955, p. 83.
52

dentro del marco de pautas del método científico101. No es posible rebasar este marco
con aportes subjetivos, sino que dicha subjetividad podrá tan solo manifestarse en tanto
en cuanto las pautas generales del procedimiento del método científico hayan sido
respetadas.

En virtud del segundo de los argumentos, se postula la pluralidad de métodos


con base en la existencia de numerosas subdisciplinas científicas102. Al respecto cabe
argüir que, si bien es cierto que cada una de las ramas de la ciencia tiene una parte de
conocimiento científico propio, con sus particulares técnicas especializadas, no es
menos cierto que, al pertenecer todas ellas al campo de la ciencia, tienen también una
parte de conocimientos comunes, relativos a los principios generales del método
científico que emplean en su proceder103. Este núcleo común incluye aspectos como la
generación y verificación de hipótesis, la lógica inductiva y deductiva, el protocolo
general a seguir en la realización de sus operaciones, o los límites y presunciones
propias de la ciencia. Precisamente porque el método científico goza de estos principios
generales, toda ciencia, sea de la rama que sea, comparte el mismo conjunto de
principios metodológicos104.

Al hilo de esta idea, aunque desde una perspectiva restringida de método


científico, parte de la doctrina lo presenta como interesado únicamente en las
matemáticas, en la física y en la química ―ciencias experimentales―, es decir, en lo
mensurable ―lo que se puede medir, pesar y contar―, excluyendo ciencias como la
economía o la sociología105. Pero, si ello fuera así, está claro que quedarían fuera del

101
McLELLAND, C. V., The Nature of Science and the Scientific Method, The Geological Society of
America, Boulder, 2006, p. 4.
102
Esta cuestión se la plantea PRISCO, con base en que, como las ciencias son múltiples y diversas,
naturalmente surge la duda sobre si debe adoptarse un mismo método en todas las ellas.
Decantándose, finalmente, por la unicidad del método científico como única guía a seguir para la
repetición de unas conclusiones científicas. PRISCO, G., Elementos de filosofía…, ob. cit., pp. 140-
145.
103
En este sentido vid. HACKING, I., «The disunities of the sciences», en GALISON, P., STUMP, D. J.,
The disunity of science: Boundaries, contexts and power, Stanford, Stanford University Press, 1996,
pp. 37-74, donde explica con detalle la denominada «tesis de la unidad de la ciencia». Tal unidad es
abordada en, al menos, tres sentidos no relacionados necesariamente que son: 1) práctico, es decir,
cierto compromiso de buscar conexiones entre fenómenos; 2) metafísico, el sentimiento de que existe
un mundo susceptible de investigación científica, una realidad accesible a la descripción científica y
una verdad abierta igualmente para todos aquellos científicos que comparten técnicas y experiencias;
y 3) metodológico, que refiere a la existencia de un solo estándar de razón que se extiende a través de
las distintas disciplinas y de diferentes circunstancias.
104
HUGH, G., GAUCH, J., Scientific Method in Brief, Cambridge University Press, Cambridge, 2012,
pp. 2-13.
105
En otras palabras, «el método científico tiene su base y postura sobre la teoría mecanicista ―todo es
considerado como una máquina, y para entender el todo debemos descomponerlo en partes pequeñas
que permitan estudiar, analizar y comprender sus nexos, interdependencia y conexiones entre el todo y
sus partes―, y, por consiguiente también ese mismo carácter». Sin, embargo, continúan estos autores
afrimando que «la ciencia no está en modo alguno circunscrita a lo mensurable. El papel desempeñado
por la medición y por la cantidad ―cualidades cuantitativas― en la ciencia es en realidad muy
53

alcance del razonamiento científico campos o parcelas de la realidad, siendo entonces


necesario encontrar un nuevo camino que nos lleve hasta ella.

Al respecto, y en relación con la diferenciación entre ciencias duras y ciencias


suaves, como hemos afirmado supra, la ciencia no está reducida a las matemáticas, a la
física y a la química, mas es innegable que son las ciencias que, junto con la filosofía,
sustentan la epistemología positivista desde sus orígenes106. No obstante, esto no
significa que el método científico no pueda ser aplicado a todo tipo de ciencias, ya sean
hard sciences o soft sciences, en la medida en que todas ellas son ciencias.

Sin embargo, incluso centrándonos únicamente en las llamadas «ciencias duras»,


no puede soslayarse que existen múltiples diferencias entre los métodos específicos que
se aplican en ellas, pues no es el mismo método el que se sigue para obtención de una
muestra de ADN que el que se aplica para la desencriptación de un documento
electrónico. Fijar alguno de estos procedimientos específicos como un ejemplo ideal
podría prejuzgar el tema. Así, las innumerables diferencias que existen entre ambas
técnicas solo pueden ser salvadas con la aplicación de un único procedimiento que
constituye un modelo sumamente general: el método científico. En la práctica, esto
significa que el método científico debe ser útil para todo el conjunto de lo que ahora se
considera ciencia107.

Y es que la ciencia trabaja a base de modelos, es decir, representaciones


propuestas para sistemas o relaciones que simplifican la comprensión de un problema
dado. El modelo, esto es, el método, no pretende ser la fiel representación de una
situación verdadera sino que simplemente establece un camino para alcanzar las
conclusiones deseadas. El método establece reglas de comportamiento, de manera que si
el mundo estuviera realmente hecho a partir de esas reglas, entonces su comportamiento
coincidiría con lo que observamos. El método postula una manera, no por la cual la
naturaleza realiza el hecho observado, sino por la que podría hacerlo, y verifica que está
en lo cierto108. Siguiendo estas pautas, se espera que el método científico proporcione

importante, pero creo que a veces se le supervalora. Las leyes cualitativas pueden ser tan científicas
como las leyes cuantitativas. Tampoco la ciencia está reducida a la física y a la química; mas a los
defensores del elevado camino hacia la verdad les conviene creer que ello es así. Para ellos es
necesario, en efecto, presentar a la ciencia como estando limitada, por su misma naturaleza, a la tarea
de preparar el escenario para que la entrada en él una forma más elevada de conocimiento». Ibídem.
106
Estas ciencias, junto con la lógica, que es la ciencia base que las gobierna, conforman la tradición
científico-explicativa y respaldan el estatuto epistemológico de las ciencias duras, que son aquellas
que conformarán la nueva categoría probatoria defendida en esta tesis. BUNGE, M., La ciencia: su
método…, ob. cit., p. 58.
107
ECHEVERRÍA, J., Filosofía de la Ciencia, Akal, Madrid, 1998, p. 166.
108
En este sentido advierte ZIMAN de que «los modelos no son estáticos, generalmente van cambiando
según los nuevos resultados de las observaciones o experimentos realizados e incluso eventualmente
pueden llegar a ser desechados y sustituidos por otro, o restringidos a un cierto campo menos general
que el pensado origialmente. Muchas veces se construyen modelos que se sabe de antemano que no
54

predicciones acertadas y, más aún, que permita avanzar y profundizar en el


entendimiento del sistema que la ciencia trata de establecer.

Otra muestra de la existencia de un único método científico es que, al tratarse de


un procedimiento general, no sucumbe a los cambios que tienen lugar en las ciencias. Es
decir, el método científico no es un modelo que vaya mutando según los nuevos
resultados de las observaciones o experimentos realizados. Tampoco es un modelo que
sea desechado y sustituido por otro. Sino que es, precisamente, el método por el que se
aceptan o rechazan modelos más concretos109.

El método científico, pues, no es más que una guía, un procedimiento que está
gobernado por principios lógicos, estructurado por conclusiones, fundamentos y leyes
que sirven para generar nuevos conocimientos científicos ex novo o mediante la
refutación de los ya existentes110. Dicho método se caracteriza por los mismos rasgos
que la propia ciencia, esto es, por ser verificable, metódico, sistemático y capaz de
elaborar predicciones en el campo de lo comprobable. Las características de este
método dan estructura a la solución de problemas y su proceder es único frente a todos
ellos111.

1.2.2.-Fases del método científico

Como se ha puesto de relieve, la cuestión de establecer un «método científico


general» para todo tipo de ciencias absorbe el núcleo de la discusión epistemológica
contemporánea112. Dicho método postula que el descubrimiento científico está

representan la totalidad del problema pero que lo simplifican para poder empezar a tratarlo cuando
éste es muy complejo; osea que de él se eliminan, concientemente, factores que se saben presentes,
pero que de tomarlos todos en cuenta, dificultarían el estudio del problema. Posteriormente el modelo
se va complicando tendiendo siempre a explicar la mayor parte de los detalles de los hechos
observados». ZIMAN, J., ¿Qué es la ciencia?, ob. cit., p. 325.
109
BUNGE, M., La ciencia: su método…, ob. cit., p. 11.
110
En relación con ello sostienen ASENSI-ARTIGA y PARRA-PUJANTE que el método científico,
aunque poseedor de unas pautas marcadas, goza de un gran nivel de abstracción, de generalidad y de
alcance explicativo y predictivo que es lo que le dota de ser susceptible de aplicación a cualquier
ciencia. ASENSI-ARTIGA, V., PARRA-PUJANTE, A., «El método científico y la nueva filosofía de
la ciencia», en Anales de documentación, núm. 5, Murcia, 2002, pp. 13-15.
111
ECHEVERRÍA, J., Filosofía de la Ciencia, ob. cit., p. 171.
112
En lo que a ello concierne conviene tener clara la evolución del estudio de este único método
científico. Según NÚÑEZ TENORIO, debemos partir «de la filosofía, seguimos con la epistemología
―como parte de la filosofía―, continuamos con la filosofía de la ciencia ―como parte integrante de
la epistemología― y llegamos finalmente al método científico, como principal objeto de estudio de la
filosofía de la ciencia. A partir de ahí hablamos de ciencia como conjunto de conocimientos logrados
por la aplicación del método científico y separada de la filosofía, puesto que esos conocimientos se
han obtenido con un método diferente al filosófico. […] El método científico, que goza de un
consenso universal y que por otra parte es el que se ha utilizado desde Galileo hasta Heisenberg,
pasando por Newton, Lavoisier, Darwin, Einstein, Fleming, Frieman, Keynes, ―solo por citar
55

conducido por una lógica invariable que consta de una serie de momentos sucesivos. En
el primero de estos momentos, el hombre de ciencia construye escenarios, hipótesis o
teorías, que pueden ser «ensayos» ―pruebas―, en aras de resolver los innumerables
problemas que le sugiere la complejidad del universo. En un segundo momento, el
hombre de ciencia somete sus «ensayos» o «conjeturas» a pruebas severas y
sistemáticas que se revelarán tanto más fecundas como puedan ser «refutables», o aún
más, «falsificadas» ―error―. Finalmente, la aplicación del método prueba y error
implica por parte del hombre de ciencia, que renuncie a las exactitudes individuales y
acepte sin moderación que sus propias conjeturas pueden ser combatidas en el seno de
la comunidad científica, bajo las mismas condiciones, para valorar la equivalencia de
los resultados113.

Esta secuencia enfatiza, según el neopositivismo, el horizonte ilimitado de la


creación científica. Constituye un tipo de «patrón universal» que, como acaba de
mencionarse, extrapolado a partir de las ciencias naturales se revela igualmente
practicable en las ciencias de la sociedad114. A su vez, este modelo nos recuerda que el
método científico está basado en los preceptos de falsabilidad, que indica que cualquier
proposición de la ciencia debe resultar susceptible de ser falsada, y de reproducibilidad,
que requiere que un experimento tenga que poder repetirse en lugares distintos y por un
sujeto cualquiera115.

Para llevar a cabo esta refutación o verificación de hipótesis el método científico


sigue una serie de etapas con la finalidad de obtener un conocimiento válido desde el
punto de vista de la ciencia. De manera laxa pueden extraerse tres etapas principales
necesarias para llegar a establecer un conocimiento científico. La primera consiste en
observar y describir los hechos, fase donde el sujeto conocedor ―científico― entra en
contacto con el fenómeno, y sabe de él algo, algo que lo induce a continuar buscando, a
plantearse un reto, un desafío, o a solventar un problema116. La segunda trata de postular

algunos― puede ser aplicado a cualquier materia». NÚÑEZ TENORIO, J. R., Metodología de las
ciencias…, ob. cit., p. 37.
113
El procedimiento llamado ensayo y error (“trial and error”) está, según Popper, en el inicio mismo de
toda investigación científica, y sólo reproduce a nivel del conocimiento los procesos de adaptación, de
supervivencia y de desaparición de aquellas hipótesis o teorías que, debido a su falta de consistencia,
no pueden ser tomadas como verdaderas. BAUDOUIN, J., Karl Popper, Cruz, México, 1994, p. 31.
114
COMELLAS, J., L., Historia sencilla de la Ciencia, Rialp, Madrid, 2007, p. 178.
115
BAUDOUIN, J., Karl Popper, ob. cit., p. 32.
116
Respecto a esta fase señala MOLINA que «la observación es la primera etapa del método científico y
solo esta etapa pertenece al nivel empírico, porque se usan los sentidos para observar y percibir la
realidad, para recoger la información. Posteriormente, ya en el plano intelectual, surgen inquietudes y
se formulan preguntas relacionadas con el problema. La observación debe ser constante, por lo que es
un factor decisivo para detectar cuándo surge algún problema. El planteamiento del problema es
fundamental, porque de él dependen los pasos a seguir». MOLINA, M. J., El Método Científico…, ob.
cit., pp. 41-43.
56

hipótesis o modelos que, si son verdaderos, expliquen aquellos hechos. Y la tercera se


centra en deducir de estas hipótesis o modelos consecuencias que puedan ser puestas a
prueba por la observación o experimentación para aceptarlos o rechazarlos117.

En relación con esto último, cabe señalar que es una regla cardinal del método
científico el que las hipótesis o modelos deben, en principio, ser tales que pueda
demostrarse experimentalmente que están equivocados, de modo que, las
especulaciones no comprobables se consideran «no científicas»118. Por ello, el valor de
las hipótesis y los modelos en el método científico es indiscutible. Incluso aquéllos que
resultaron inadecuados fueron útiles, puesto que dirigieron la búsqueda de evidencias
que condujeron después a mejorar teorías119.

Finalmente, conviene desarrollar las fases del método científico de manera más
detallada, desmenuzando en secuencias más concretas las tres grandes etapas acabadas
de explicar. Así, la dinámica implícita del método científico se inicia con el
planteamiento de un problema que da lugar a la actividad de observación, en la que se
recolectan datos y se toma una muestra120. Continúa con la descripción minuciosa de los
datos. Más tarde con la inducción, es decir, la extracción del principio general implícito
de los resultados observados. Después han de plantearse hipótesis que expliquen los
resultados y su relación causa-efecto y que permitan arbitrar técnicas para someter las
conjeturas a contrastación. Seguidamente ha de realizarse una experimentación
controlada, para comprobar la hipótesis, su relevancia y la fiabilidad que merece, para
poder interpretar los resultados. Con base en ello, el paso sucesivo consiste en elaborar
la demostración o refutación de la hipótesis inicialmente planteada, esto es, estimar la
pretensión de la verdad de las conjeturas y de la fidelidad de las técnicas121. A
continuación se determinan los dominios en los que son óptimas las conjeturas y las
técnicas, es decir, se realiza una comparación universal para contrastar la hipótesis con
la realidad, y poder, posteriormente, formular los nuevos problemas originados por la
investigación. Por último, se difunden los resultados alcanzados en publicaciones

117
MOENSSENS, A. A., HENDERSON, C. E., PORTWOOD, S. G., Scientific Evidence in Civil and
Criminal Cases, Foundation Press, New York, 2007, p. 1275.
118
BUNGE, M., La ciencia: su método…, ob. cit., p. 12.
119
RUIZ LIMÓN, R., Historia y evolución…, ob. cit., p. 123.
120
La muestra se selecciona con base en ciertas variables de la población definidas con anticipación al
trabajo de campo, utilizando métodos aleatorios. En este abordaje metodológico, después de
operacionaliar los conceptos, es decir, de traducirlos en términos que puedan ser medibles u
observables empircamente, se determinan las características que debe tener la muestra para lograr una
representatividad estadística de la población a estudiar. Vid. GONZÁLEZ AGUADO, E., «¿Existe un
método científico?», ob. cit., p. 128.
121
BUNGE, M., La ciencia: su método…, ob. cit., p. 14.
57

científicas para que el resto de la comunidad científica pueda conocerlos y contrastarlos


y la teoría elaborada pueda lograr solidez122.

1.2.3.-Paralelismo entre método científico y método de verificación de los


hechos en el proceso

Tanto las notas características del método científico como el desarrollo de sus
fases, nos permite realizar una analogía de este patrón de procedimiento de la
investigación científica con el método que se emplea en un proceso penal para
investigar los hechos que se denuncian, y llegar a decidir sobre los mismos. En este
sentido, podemos empezar resaltando el hecho de que ambos métodos proponen
tentativamente soluciones a un problema, y terminan eliminando aquellas que son falsas
por ser erróneas o por no estar suficientemente verificada su consistencia123. En este
último caso, es sobradamente conocida en materia probatoria la necesidad de probar los
hechos que se alegan «más allá de toda duda razonable»124.

Con ello lo que se está sosteniendo es que el trabajo del científico, como el del
juez, comienza con un problema. Se suceden entonces los intentos de solución del
problema mediante la práctica de pruebas y demostraciones, con el fin de alcanzar el
éxito de eliminar la perturbación ante la que se encuentran, de alcanzar una nueva
situación no problemática125. Este éxito viene representado en la ciencia mediante la
elaboración de leyes generales aceptadas por la comunidad científica de referencia,
mientras que en el proceso el éxito lo constituye el pronunciamiento de una sentencia
justa. Para ello, ambos operadores trabajan eliminando los errores de forma crítica, pues
comparten el objetivo de desdeñar teorías falsas y localizar aquellas que solucionan el

122
MOLINA, M. J., El Método Científico…, ob. cit., pp. 44 y ss.; MOENSSENS, A. A., HENDERSON,
C. E., PORTWOOD, S. G., Scientific Evidence in…, ob. cit., pp. 1274 y ss.
123
POPPER, K., El mito del marco común. En defensa de la ciencia y la racionalidad, trad. Marco
Aurelio Galmarini, Paidós, Barcelona, 1997, p. 17. Sobre esta idea, FERRER señala que «la ciencia
tiene cabida dentro del proceso como instrumento de averiguación de la verdad, hay que partir de la
base entonces de que el proceso busca la verdad, así como también la ciencia. El objetivo común, por
tanto, es la investigación de la verdad». FERRER BELTRÁN, J., La valoración racional de la
prueba, Madrid, Marcial Pons, 2007. p. 47. También TARUFFO ha destacado al respecto que «en un
cierto sentido puede decirse que la ciencia y el proceso tienen un objetivo común: la búsqueda de la
verdad. La investigación científica está de por sí orientada hacia la búsqueda de la verdad. […] Si se
atiende a la averiguación de los hechos, el proceso puede también ser concebido como un método para
el descubrimiento de la verdad: un método a veces muy complicado y con frecuencia inedecuado para
el objetivo, pero sin embargo un procedimiento orientado hacia el logro de la verdad». TARUFFO,
M., «Conocimiento científico y estándares de prueba judicial», ob. cit., p. 1285.
124
Expresión tomada del inglés “beyond a reasonable doubt”. Sobre este concepto y su utilidad práctica
vid., entre otros, VIVES ANTÓN, T. S., «Más allá de toda duda razonable», en Teoría y Derecho.
Revista de pensamiento jurídico, núm. 2, 2007, p. 166-188.
125
RIVADULLA RODRÍGUEZ, A., Hipótesis y verdad en ciencia…, ob. cit., p. 156.
58

problema, de conformidad con la lógica popperiana que propugna la verificabilidad o


falsabilidad de las hipótesis126.

Con base en esta equivalencia, es posible comparar el método de la ciencia con


el método del proceso judicial pues, como acaba de señalarse, la misión de ambos es
descartar hipótesis hasta dar con una cierta y verificar su pretendida certeza mediante la
contradicción127. Lo que les diferencia sustancialmente es la finalidad con la que van a
ser utilizados esos resultados. En el caso de la ciencia los resultados se destinarán a
elaborar teorías que puedan llegar a sustentar nuevos progresos tecnológicos, o que den
respuesta a un problema inicial128. En el marco de un proceso los resultados probatorios
servirán de fundamento para reconstruir unos hechos que valgan de base para motivar
un veredicto conforme a Derecho129.

Este paralelismo entre ambos métodos es fácilmente apreciable en cada etapa de


que ha de superar tanto el método científico como el método de verificación de los
hechos en el proceso. De este modo, durante la primera etapa ya mencionada
―identificación y formulación del problema que motiva el comienzo de la
investigación―, en el caso de la ciencia, el referido problema puede surgir bien de
manera espontánea, provocado por el interés de mejorar la sociedad ―por ejemplo, para
encontrar un medicamento contra una enfermedad, para mejorar la productividad de una
fábrica, etc.―, bien en el curso de otra investigación en la que se han observado ciertos
errores130. En el caso del proceso penal, el problema que da comienzo a la investigación
viene dado a través de un atestado policial, una denuncia o una querella, que da paso al
inicio de una investigación. Aunque, cabe añadir que, al igual que sucede con la ciencia,

126
POPPER, K., El mito del marco…, ob. cit., pp. 18-22.
127
Respecto al paralelismo existente entre los instrumentos epistemológicos de los que juez y científico se
sirven, HERNÁNDEZ GARCÍA señala cómo «el derecho y la ciencia, en cuanto sistemas formales de
indagación, tienen en común diversas características importantes. Cada una de las tradiciones sostiene
la propia capacidad para valorar la prueba y deducir de las mismas conclusiones racionales y
convenientes. La fiabilidad de los observadores o la credibilidad de sus observaciones constituye un
aspecto de crucial importancia tanto para la indagación científica como para la judicial».
HERNÁNDEZ GARCÍA, J. «Conocimiento científico y decisión judicial. ¿Cómo accede la ciencia al
proceso y cómo puede valorarse por los jueces?», en Jueces para la Democracia, núm. 54, 2005, p.
76. En la misma línea, NIEVA FENOLL apunta que «la correcta valoración de la prueba pasa
precisamente por la utilización de ese método científico hasta las últimas consecuencias,
acercándonos, para ello, a las ciencias que estudian cada medio de prueba. De lo contrario, la
actividad probatoria vendrá guiada simplemente por prejuicios, como digo, intuitivos, olvidando que
existen ciencias que ofrecen todo un acervo extraordinario de conocimientos para que el juez tome sus
conclusiones de la manera más satisfactoria». NIEVA FENOLL, J., ««Inmediación» y valoración de
la prueba: el retorno de la irracionalidad», en Diario La Ley, núm. 7783, 2012, p. 6.
128
ECHEVERRÍA, J., Filosofía de la Ciencia, ob. cit., p. 72.
129
IGUARTÚA SALAVERRÍA, J., Valoración de la prueba, motivación y control en el proceso penal,
Tirant lo Blanch, Valencia, 1995, p. 28.
130
IRANZO, J. M., BLANCO MERLO, R., Sociología del conocimiento científico, CIS, Madrid, 1999,
pp. 23-25.
59

puede surgir un conflicto que dé lugar al comienzo de una nueva investigación en el


transcurso de otra: es lo que se conoce como hallazgos casuales131.

Tras la identificación del problema que da inicio a las investigaciones, procede


elaborar un enunciado de las hipótesis que puedan resolverlo. En el ámbito científico,
para simplificar los problemas, se plantean varias hipótesis nulas a las que se enfrentan
hipótesis alternativas, o unas u otras han de demostrar que su afirmación es cierta132.
Por su parte, en el proceso penal estas hipótesis enfrentadas vienen dadas por cada una
de las partes implicadas en forma de alegaciones sobre los hechos que se investigan.
También se van planteando hipótesis, por ejemplo, acerca de sospechosos o de los
distintos móviles que hayan podido llevar a cometer un delito133, pero estas últimas
formulaciones acontecen tras la siguiente etapa de búsqueda de información y análisis.

Como acaba de adelantarse, una vez planteadas las hipótesis debe empezarse una
búsqueda de información en la que puedan ser respaldadas, y dicha información ha de
ser analizada. En el ámbito de la ciencia esta búsqueda de información se lleva a cabo
mediante la recogida de datos y el control de las variables con las que se trabaja134. En
el proceso penal esta actividad tiene lugar con la práctica de diligencias de
investigación, a través de las que se obtienen muestras, rastros y vestigios que se
someten a análisis en los laboratorios científicos y son custodiadas como fuentes de
prueba135.

No debe olvidarse que, pese a que se ha realizado un análisis sobre los datos o
vestigios obtenidos, dicho análisis ha de ser falsado o verificado. En la ciencia esta
comprobación se realiza a través del ensayo y error, mientras que en el proceso la

131
En concreto, los hallazgos casuales acontecen cuando se obtienen resultados probatorios derivados de
la realización de determinadas diligencias encaminadas en un principio a la investigación de un
determinado delito, pero de las que resultan elementos que acreditan la existencia de otro delito
distinto o afectante a un tercero no inicialmente investigado. Acerca de los hallazgos casuales puede
consultarse MARTIN GARCÍA, P., «Hallazgos casuales en la diligencia de entrada y registro. Prueba
ilícita», en TSJ y AP: Sentencias de Tribunales Superiores de Justicia, Audiencias Provinciales y
otros Tribunales, vol. V, Aranzadi, Pamplona, 2000; ÁLVAREZ DE NEYRA KAPPLER, S., «Los
descubrimientos casuales en el marco de una investigación penal», en Revista Internacional de
Estudios de Derecho Procesal y Arbitraje, núm. 2, 2011; RIVERO ORTIZ, R., «Hallazgos casuales
en los delitos y faltas. Nuevos pronunciamientos jurisprudenciales», en Diario La Ley, núm. 7846,
2012.
132
En este contexto, la hipótesis nula es la conjetura inicial, la suposición que se hace sobre la base de la
experiencia del pasado, el conocimiento a priori y la respuesta más lógica al problema planteado. De
otro lado, la hipótesis alternativa es la posibilidad novedosa, aquella afirmación no tan elemental de
suponer. GÓMEZ VILLEGAS, M. A., Inferencia estadística, Díaz de Santos, Madrid, 2005, pp. 207 y
ss.
133
MUÑOZ, C., Fundamentos para la Teoría General del Derecho, Plaza y Valdés, Barcelona, 1996, p.
178.
134
GONZÁLEZ AGUADO, E., «¿Existe un método científico?», ob. cit., p. 128.
135
BUQUET, A., Manual de criminalística moderna. La ciencia y la investigación de la prueba, Siglo
XXI, Madrid, 2006, pp. 13-14.
60

verificación de los hechos alegados tiene lugar mediante la contradicción que garantiza
el debido proceso. En ambos escenarios, los resultados de estas comprobaciones o
enfrentamientos son los que determinan las decisiones de mantener o rechazar una
hipótesis136.

Finalmente, una vez que las hipótesis han sido suficientemente contrastadas ha
de elegirse una hipótesis como verdadera y, consecuentemente, ha de procederse a la
elaboración de conclusiones. Estas conclusiones son las que en la ciencia van a permitir
la elaboración de leyes universales o de una teoría científica, como reseñábamos supra;
similarmente, en el proceso dichas conclusiones son las que van a sustentar, al menos,
una parte de la motivación de la sentencia137.

Como puede comprobarse, en el proceso se siguen unas pautas de razonamiento


muy semejantes a aquellas que gobiernan la actividad científica. Este hecho, tal vez, sea
uno de los que ha facilitado la entrada de las pruebas científicas en el proceso, ya que
pese a la dificultad que entraña comprender el funcionamiento de un nuevo avance
tecnológico para cualquier hombre medio, la simetría en el proceder de ambos campos
del saber es evidente.

2.-Algunas ideas sobre la evolución del conocimiento científico

No pretende hacerse aquí una historia exhaustiva de la ciencia, pues ello nos
alejaría del eje central de esta trabajo ―la prueba científica―, además de que tal
intención se correspondería con una labor propia de otro ámbito del saber distinto del
Derecho. La finalidad de este epígrafe no es otra que la de situar históricamente el
momento actual del conocimiento y del método científico, señalando los hitos más
importantes acontecidos durante la formación de lo que hoy día denominamos
«ciencia», para dejar patente que aunque ésta es parte y resultado de la evolución social
y cultural, mantiene unas constantes que son las que aquí nos interesan. Estas constantes
serán las que nos permitan identificar la esencia de lo que en este trabajo consideramos
«ciencia», y más concretamente, «método científico».

136
Para aceptar o rechazar una hipótesis, advierte TARUFFO, la prueba ha de pasar el estándar de más
allá de toda duda razonable. Según este autor «por lo general, el estándar de la prueba más allá de toda
duda razonable solamente puede superarse cuando la conexión entre un hecho (causa) y otro hecho
(efecto) está recubierta por una ley de naturaleza deductiva o, al menos, casi-deductiva, cuya
aplicación permita otrogar un carácter de certeza o de casi-certeza al enunciado que se refiere a dicha
conexión. Más allá de las pocas hipótesis en las que el caso particular entra en un modelo nomológico-
deductivo especifico, es muy probable que las pruebas científicas, incluso si se encuentran ―cuando
esto es posible― integradas por otras pruebas, puedan aportar elementos para superar el estándar en
cuestión». TARUFFO, M., «Conocimiento científico y estándares de prueba judicial», ob. cit., p.
1311.
137
IGUARTÚA SALAVERRÍA, J., Valoración de la prueba…, ob. cit., p. 28.
61

2.1.-El deslinde entre la ciencia y otras disciplinas del saber

Como se ha reseñado anteriormente, la ciencia ha formado parte de numerosas


disciplinas que antaño formaban un todo y que han ido categorizándose a lo largo de los
años138. Durante muchos siglos no se mantuvo diferenciación alguna, principalmente,
entre ciencia y filosofía. En el mundo griego, ciencia era episteme, es decir, el tipo de
conocimiento superior. Platón lo oponía a «opinión», doxa, que era el conocimiento
propio del mundo sensible, el de los objetos empíricos. La episteme era el conocimiento
propio del mundo inteligible, eterno, inmutable, tal y como eternas e inmutables eran las
ideas a las cuales se refería. La concepción platónica defendía que el conocimiento era
cuestión exclusivamente del razonamiento y, no sólo no recurrieron nunca a la
experimentación, sino que la despreciaban como un método lleno de errores y
variaciones que nunca podría conducirnos al verdadero conocimiento de «la esencia de
las cosas»139. Para conocer algo se consideraba que era suficiente con observarlo y
permitir así que se revelara su integridad y fuerza. Según Platón, todas las ciencias que
utilizaran instrumentos y medidas eran secundarias, impropias y, por tanto, la ciencia
que estaba más cerca de la verdadera era la ciencia de las matemáticas, pues trataba con
entes absolutos sin relación con las cosas reales140, era puro conocimiento intelectual.

Sin embargo, esta concepción fue variando. Así, según el juicio posterior,
marcado por la filosofía de Aristóteles ―384-322 a. C.―, el conocimiento científico
era aquel que aspiraba a descubrir las «cuatro» causas de las cosas: la formal, la
material, la eficiente y la final. La ciencia para Aristóteles se define como el
conocimiento de lo universal y necesario. Por ello, dividió las ciencias en ciencias de lo
necesario y en ciencias de lo posible. Las ciencias de lo necesario eran las matemáticas,
la filosofía natural ―física―, la filosofía primera ―llamada posteriormente metafísica,

138
A este respecto cabe señalar que el hecho de la superación de la comprensión teocéntrica del mundo,
propia de la Edad Media, propició acudir a la idea de razón como fuente universal de conocimiento, lo
que permitió el desarrollo de la concepción moderna de la ciencia. BRAVO, S., La ciencia: su…, ob.
cit., p. 17.
139
Platón distingue dos géneros fundamentales de conocimiento: la ciencia (episteme) y la opinión. A su
vez, el tipo de conocimiento que denomina ciencia se divide en ciencia en sentido estricto —o
inteligencia (noûs) o dialéctica o filosofía— y pensamiento discursivo, y la opinión en creencia y
conjetura. La noción actual de ciencia no coincide totalmente con la platónica: para este filósofo la
ciencia era el conocimiento estricto —universal y necesario— de lo absoluto, de lo eterno —que
identificaba con las ideas— y una tarea eminentemente racional. Solo la ciencia que llamamos
matemática coincide casi totalmente con esta forma de entender la ciencia, pero muchos
conocimientos que ahora llamamos científicos caerían en lo que Platón denomina mera opinión; por
ejemplo, los que apenas son algo más que meras especulaciones en un caso, o generalizaciones
empíricas en otro, como la sociología, la psicología, la economía... Por el contrario, la física teórica
estaría a medio camino entre la opinión y la ciencia, dado su carácter eminentemente matemático y
racional. Vid. PLATÓN, Diálogos, vol. IV, en República, Gredos, Madrid, 2003, pp. 530 y ss.
140
BRAVO, S., La ciencia: su…, ob. cit., p. 18.
62

dividida en teología y ontología―, y la lógica, concebida, además, como la


propedéutica o instrumento de todas las anteriores. Las ciencias de lo posible venían
representadas por aquellos objetos que pudieran darse o no, que se dividirían en dos
grupos: el que trata de la conducta humana, por ejemplo la ética y la política; y el que
trata lo relacionado con la producción de una obra exterior, por ejemplo, la poesía, la
retórica, la gramática, la medicina o la arquitectura141. Diferenciación que guarda cierto
paralelismo con la clasificación mencionada supra que distingue entre ciencias duras y
ciencias suaves.

En palabras de ARISTÓTELES, «Lo cognoscible científicamente y la ciencia se


diferencian de lo opinable y la opinión en que la ciencia es universal, y se forma a través
de proposiciones necesarias, y lo necesario no es admisible que se comporte de otra
manera. En cambio, hay algunas cosas que existen y son verdaderas pero que cabe que
se comporten también de otra. Está claro, pues, que sobre ésas no hay ciencia»142.

Precisamente, gracias a esta teoría de la lógica aristotélica y de la matemática


griega y árabe, comenzaron a gestarse los cambios que caracterizarían a la revolución
científica de los siglos XV y XVI, que propiciaron una nueva concepción de ciencia que
pretendería ser simultáneamente experimental e inductiva, pero también matemática y
racional143. Ya Aristóteles y los médicos de la antigüedad como Galeno, habían iniciado
ese camino de doble dirección. Bajo estas premisas el empirismo ingenuo comenzaba
una instancia de superación para acercarse a la idea de la ciencia como un saber
simultáneamente experimental y demostrativo, de modo similar a como hoy la
conocemos144.

141
Según SALGADO GONZÁLEZ, Aristóteles definía a la ciencia (episteme) desde el siguiente
argumento: «Todos asumimos que lo que sabemos no puede ser de otra manera que la que es, mientras
que en el caso de las cosas que pueden ser de otra manera (doxas), cuando han pasado de nuestro ver
ya no podemos decir si existen o no. Por lo tanto, el objeto del conocimiento científico es por
necesidad. Por ende, es eterno. [...] La inducción nos introduce en los principios básicos y universales,
mientras que la deducción se inicia desde los universales [...]. Así, la episteme es un estado
demostrativo, es decir, un estado de ánimo capaz de demostrar lo que sabe. De esta forma, una
persona tiene el conocimiento científico (episteme) porque los primeros principios son conocidos por
ella y así su creencia está condicionada en cierta manera, y, porque si ya no son más conocidos por
ella, por la conclusión extraída de ellos obtendrá solo incidentalmente conocimiento (serán doxa)».
SALGADO GONZÁLEZ, S., «La filosofía de Aristóteles», en Durerías. Revista Española de
filosofía, 2012, pp. 3-12.
142
ARISTÓTELES, Segundos analíticos, I, 33, 88b.
143
En este sentido, la ciencia moderna (positivista) seguirá manteniendo el criterio de lo universal, pero se
producirá una inversión total respecto a que solo se considerará ciencia al estudio de lo observable y
empírico mundo físico, en tanto que se considerará mera especulación carente de valor a lo que
Aristóteles designaba como metafísica. ARTOLA, M., SÁNCHEZ RON, J. M., Los pilares de la
ciencia, Planeta, Madrid, 2012, pp. 181 y ss.
144
LINDBERG, D., Los inicios de la ciencia occidental: la tradición científica europea en el contexto
filosófico, religioso e institucional (desde el 600 a. C. hasta 1450), trad. por Antonio Beltrán, Paidós
Ibérica, Barcelona, 2002, p. 96.
63

De esta manera fue como tuvo lugar el desarrollo del método inductivo,
sumamente utilizado en el razonamiento científico actual. En virtud de los postulados de
este método se reafirmó el valor de la ciencia experimental, puesto que ésta permitía
acceder a cuestiones vetadas a la ciencia observacional. Francis Bacon fue uno de los
férreos defensores de este método, y fue quien hizo explícito por primera vez un
programa de matematización de la física, e instaló una nueva concepción acerca del
objeto de la ciencia145. Para BACON la investigación ya no debía centrarse en la
naturaleza o la «forma» de acuerdo a los principios aristotélicos sino en las «leyes» de
la naturaleza146. Este cambio de perspectiva supone una ruptura con la tradición, ya que
cambió el foco a través del cual se observarían los fenómenos naturales.

Estos virajes acerca de la concepción de ciencia y su progresivo deslinde con


otras ramas del conocimiento afectaron al objeto de estudio de la misma, de modo que
algunos temas dejaron de ser considerados «científicos», muchas explicaciones fueron
abandonadas como irrelevantes y otras muchas sufrieron alteraciones fundamentales147.
Así, hacia el siglo XV empezó a perfilarse en Europa un enorme cambio cultural: el
Renacimiento, que dio paso a la Edad Moderna (siglos XVI-XVIII), en la que se
abandonó la concepción aristotélica de la ciencia. Poco a poco fue surgiendo la ciencia
tal y como la entendemos hoy en día, y ese proceso se conoce como «Revolución
científica». Sus artífices principales fueron Copérnico (1473-1543), Kepler (1571-
1630), Galileo (1564-1642), Descartes (1596-1650) y, posteriormente, Newton (1642-
1727)148.

145
El filósofo inglés Francis Bacon (1561-1626) fue quien lo estudió minuciosamente proponiéndolo para
todas las ciencias. El método inductivo intenta ordenar la observación tratando de extraer conclusiones
de carácter universal desde la acumulación de datos particulares. Así, Bacon proponía un camino que
condujera desde cientos y miles de casos individuales observados hasta el enunciado de grandes leyes
y teorías de carácter general, por lo que el conocimiento tendría una estructura de pirámide: una
amplia base cimentada en la observación pura hasta la cúspide, en donde colocaríamos las
conclusiones de carácter general y teórico. La propuesta inductiva adolecía de algunos defectos. En
primer lugar, para observar hay que saber qué observar y, para ello, debemos contar con una teoría
previa que nos diga qué datos son los significativos. Por lo tanto, la observación en sí misma no podía
ser el inicio del método. El segundo defecto del método inductivo reside en el problema de cómo
extraer conclusiones generales a partir de la observación de casos particulares. Dicho de otra manera,
el método inductivo no puede dar una copia, un catálogo exhaustivo de todo lo que sucede en la
realidad, motivo por el cual el método inductivo sólo ofrece conocimientos probables. Vid.
HURTADO LEÓN, I.; TORO GARRIDO, J., Paradigmas y métodos de investigación…, ob. cit., pp.
63-64.
146
BACON, F., Novum Organum, libro segundo, aforismo II, trad. en Francis Bacon, La gran
restauración, ed. Miguel A. Granada, Alianza, Madrid, 1985, pp. 188-189.
147
LINDBERG, D., Los inicios de la ciencia…, ob. cit., p. 212.
148
La mayor parte de los historiadores consideran el origen de la ciencia experimental moderna como una
consecuencia de la revolución científica acaecida entre 1543, año en que se publicó el libro de
Copérnico (1473-1543) sobre el sistema solar (De revolutionibus orbium coelestium) y el de Andries
van Wesel (1514-1564) sobre anatomía humana (De humani corporis fabrica), y 1687, año en que
aparecieron los Principia Mathematica de Isaac Newton (1642-1727). Esta revolución, caracterizada
por los grandes avances que en ciencias naturales supusieron las obras de astrónomos y naturalistas de
64

De entre las teorías sobre el método y el conocimiento científico de estos autores


cabe destacar el esfuerzo de Descartes por recuperar la idea del método deductivo sobre
el modelo de la demostración matemática149. Según DESCARTES, el conocimiento
científico ha de partir de unos principios generales y sobre ellos estructurar, mediante el
razonamiento, un cuerpo doctrinal o teoría. Aplicando dicha teoría a casos particulares,
describe y explica el comportamiento de los fenómenos y predice, además, nuevos
fenómenos aún no observados150.

Sin embargo, a pesar de la suma importancia de la teoría del conocimiento de


Descartes y de las aportaciones de todos los científicos mencionados en el perfilamiento
del concepto actual de ciencia151, puede considerase a Galileo como el auténtico
fundador de la ciencia moderna, porque él es quien sienta las bases para la
matematización definitiva de la física. Para GALILEO, el mundo estaba escrito en
lenguaje matemático152, de manera que, de algún modo, sólo existía aquello que podía
ser matematizado, cuantificado. Galileo fue además el introductor del «método
hipotético», que aunaba el método inductivo y el método deductivo, es decir, la
observación empírica con la deducción formal, el valor de los hechos con la necesidad
de los razonamientos153. Lo que supone la base del conocimiento científico actual.

la talla de Tycho Brahe (1546-1601), Galileo Galilei (1564-1642), Johannes Kepler (1571-1630),
William Harvey (1578-1657) y Robert Boyle (1627-1691). Sobre la revolución científica del siglo
XVII y el desarrollo de una nueva filosofía natural, vid. LEONOBLE, R. y BELAVAL, Y., «La
revolución científica del siglo XVII», en Historia General de las Ciencias, vol. II, La ciencia
moderna, Orbis, Barcelona, 1988, pp. 213 y ss. Vid. también COMELLAS, J., L., Historia sencilla
de la…, ob. cit., p. 103.
149
DESCARTES, R., Los principios de la filosofía, trad. por Guillermo Quintás, Alianza, Madrid, 1995,
p. 264. En este sentido, destaca OLLERO TASSARA que «en los orígenes de las ciencia moderna
resaltaba la pretensión de abrir un campo de conocimiento riguroso. Sus aportaciones suministrarían
puntos de apoyo ciertos e incontrovertibles, capaces de permitir al hombre un dominio efectivo sobre
su entorno. Para ello parecía imprescindible romper con especulaciones ―míticas, teológicas o
metafísicas― y renunciar al argumento de autoridad». OLLERO TASSARA, A., ¿Tiene razón el
derecho? Entre método científico y voluntad política, Congreso de los Diputados, Madrid, 2006, p.
36.
150
DESCARTES, R., Los principios de la filosofía, ob. cit., p. 268.
151
Como es sabido, entre sus más destacados descubrimientos Copérnico recogió la teoría heliocéntrica
del griego Aristarco, olvidada en la antigüedad, y la contrapuso a la teoría geocéntrica comúnmente
aceptada de Claudio Ptolomeo, que concordaba con las creencias de la tradición cristiana. Kepler,
firme partidario del modelo copernicano, intentó demostrar que las distancias de los planetas al Sol
venían dadas por esferas en el interior de poliedros perfectos, anidadas sucesivamente unas en el
interior de otras. ECHEVERRÍA, R., El búho de Minerva: introducción a la filosofía moderna,
Comunicaciones Noreste, Santiago, 2006, pp. 47-51.
152
«La filosofía está escrita en ese libro tan grande que tenemos constantemente abierto ante los ojos; me
refiero al Universo, pero no puede ser leído si antes no hemos aprendido a entender su lengua, a
conocer los caracteres en que está escrito. Está escrito en lenguaje matemático, y sus caracteres son
triángulos, círculos y otras figuras geométricas sin las cuales es imposible entender ni una sola
palabra». Galileo Galilei, metáfora del libro de la naturaleza.
153
HERNÁNDEZ GONZÁLEZ, F. J.; SALGADO GONZÁLEZ, S., «El Renacimiento y la Nueva
Ciencia», en Durerías. Cuadernos de Filosofía, 2010-2011, pp. 10-12.
65

Desde ese momento la naturaleza empezó a concebirse mecánicamente. Las


cuatro causas aristotélicas quedaron reducidas a dos: la causa material y la eficiente. Ya
no importa la causa formal, en donde residía la esencia de las cosas, ni tampoco la final,
la ciencia no se pregunta con qué finalidad se ha creado algo, no se pregunta, por
ejemplo, por qué los cuerpos se atraen. No importa el por qué ―causa― sino el cómo
―ley―154.

La culminación de esos esfuerzos viene representada por la ley de la gravitación


universal, expuesta en 1687 por el matemático y físico británico Isaac Newton en su
obra Philosophiae naturalis principia mathematica, «Principios matemáticos de la
filosofía natural»155. Al mismo tiempo, la invención del cálculo infinitesimal por parte
de Newton y del filósofo y matemático alemán Gottfried Wilhelm Leibniz sentó las
bases para alcanzar el nivel actual de ciencia en su sentido más puro156. Así fue como la
ciencia fue distinguiéndose de la filosofía, aunque es indiscutible que sigue conteniendo
un gran aporte filosófico; y así fue también como se fue delimitando su modo de
proceder hacia el método científico, tal y como hoy lo entendemos. Sin embargo, esta
evolución continuó durante los siglos XIX y XX, debido, principalmente, a las
corrientes positivistas.

154
PÉREZ SOTO, C., Sobre un concepto…, ob. cit., p. 44.
155
PAPP, D., Historia de las Ciencias. Desde la antigüedad hasta nuestros días, Andrés Bello, Santiago
de Chile, 1996, p. 158.
156
«Todo el pensamiento leibniziano se cimienta en un intento de mediación y síntesis entre lo antiguo y
lo moderno. La filosofía nuclear de G. W. Leibniz no es la de un ordenamiento determinado more
geométrico y, por ende, necesario, sino de un ordenamiento organizado de forma espontánea y, por
tanto, libre. El orden que Leibniz desea explicitar y valer en todos sus escritos no es geométrico y
necesario, sino que se puede organizar y desenvolver de la mejor manera, conforme a una regla
necesaria. […] La ciencia matemática es una aplicación de un arte de la demostratio que puede abrirse
a otros muchos asuntos. Uno de los sueños leibnizianos era el de la creación de una ciencia general,
que tuviera a su entera disposición una simbólica, denominada característica universal, la cual pudiera
desempeñar, en todos los campos, el papel del simbolismo en matemáticas, y que permitiera decir,
ante cualquier cuestión: «calculemos», en vez de «discutamos». Leibniz concebía esta ciencia de tal
manera que si la poseyéramos se podría razonar en metafísica y en moral, pues los caracteres fijarían
nuestros pensamientos, demasiado vagos y variables, en esas disciplinas en las cuales la imaginación
no nos auxilia. […] La combinatoria leibniziana consiste, esencialmente, en establecer todos los
enlaces posibles, esto es, no contradictorios, entre unos términos primitivos dados. De esta manera se
prueba a priori la realidad de un concepto como tal. Mas este método es casi siempre inaccesible para
el espíritu humano; pues no hay noción alguna, excepto la de número, cuyos últimas «circunstancias»
podamos llegar a determinar: la claridad y la distinción de una idea no son suficientes para ello; no
solamente hace falta que sea clara, o sea, inconfundible con otras (por ejemplo, un color) y que sea
distinta, esto es, que tengamos un conocimiento claro de los caracteres por los cuales se distingue de
las demás (tales sean la extensión en relación con el pensamiento), sino además que sea adecuada, o
sea, que esos mismos caracteres sean analizados en sus últimos componentes». RODERO
CILLEROS, S., SÁNCHEZ RODRÍGUEZ, M., Leibniz en la filosofía y la ciencia modernas,
Comares, Granada, 2010, pp. 1-11. Sobre este asunto, vid. también GOÑI, C., Breve historia de la
filosofía, Palabra, Madrid, 2010, p. 151; URDANOZ, T., Historia de la Filosofía, BAC,
Madrid, 2000, pp. 184-186.
66

2.2.-El positivismo y el postpositivismo científico

2.2.1.-Génesis y rasgos esenciales del positivismo

La filosofía que subyace a la ciencia moderna llega a su máximo desarrollo con


el positivismo científico157. Desde una primera aproximación, puede afirmarse que este
movimiento sólo consideraba ciencia aquella afirmación o proposición cargada de
significado, y una proposición tenía significado cuando se podían indicar las
circunstancias que la hacen verdadera o falsa para cualquier observador externo. Este
criterio para distinguir las proposiciones con significado se conoce como el principio de
verificación158.

Un análisis detallado de esta nueva corriente es aquel que la descompone en los


tres elementos que el positivismo considera esenciales para la ciencia, y que hoy en día
continúan siéndolo: el empirismo, la utilidad y la predicción. Primero, el positivismo
incorpora todo lo que sea dado o puesto como evidente. En este sentido, el
conocimiento positivo es solo el conocimiento de los hechos o fenómenos observados y
de las leyes que coordinan y describen los fenómenos. La filosofía positivista restringe
entonces el conocimiento a los hechos empíricos, a lo que «positivamente» se puede
describir159. Toda especulación metafísica, argumentación ética o consideración estética
cae fuera del criterio de un conocimiento verdadero. Este siempre se puede someter a
prueba empírica, y si esto no es posible, queda descartado como conocimiento
científico160.

Segundo, el positivismo defiende como ciencia aquello que es útil. Cada


conocimiento verdadero se caracteriza por la utilidad concreta para el progreso social de
la humanidad. COMTE, pensador francés, formuló así un principio que ha llegado a ser

157
El término «positivismo» fue utilizado por primera vez en el siglo XIX por Augusto Comte (1798-
1856), pero algunos de los conceptos positivistas se remontan al empirismo de David Hume, al
filósofo Saint-Simon y a la filosofía crítica de Immanuel Kant. Para profundizar en este concepto vid.,
entre otros, MORENO VILLA, M., «El positivismo y el avance científico del siglo XIX», en
Filosofía. Historia de la Filosofía Moderna y Contemporánea, vol IV, Mad, Sevilla, 2003.
158
TOMASINI BASSOLS, A., Filosofía analítica: un panorama, Plaza y Valdes, México, 2004, p. 169.
159
Esta corriente de pensamiento defiende, por consiguiente, que la riqueza tanto histórica como factual,
acerca de cómo construir en base segura la ciencia, se fundamenta en el conocimiento del
comportamiento de la naturaleza y la experiencia que de ello se desprende, es decir, en el empirismo.
ARTOLA, M., SÁNCHEZ RON, J. M., Los pilares de la…, ob. cit., pp. 302 y ss.
160
El modelo de ciencia propuesto por el empirismo partía de una visión psicologicista del conocimiento,
a partir de la cual todas las percepciones remiten directa o indirectamente a la mente, algunas porque
se refieren al plano conductual o al plano de los gustos y sentimientos, como la ética y la estética;
otras porque estudian los principios y operaciones del pensamiento, como la lógica; y otras, porque
son consecuencia del uso de sus facultades cognoscitivas, como la matemática y la física. Esta
perspectiva se encuentra presente en el fundamento de las actualmente denominadas ciencias factuales
(como la medicina, la biología, la química, entre otras) y sentó las bases para el desarrollo del método
experimental tal y como actualmente se concibe. ECHEGOYEN OLLETA, J. Filosofía Medieval y
Moderna: Historia de la Filosofía (Vol. 2), Edinumen, Madrid, 1996, p. 47.
67

de gran envergadura para la revolución industrial y tecnológica: el conocimiento nunca


es un fin en sí, sino siempre un instrumento para mejorar las condiciones de vida y para
avanzar en la misión histórica de la humanidad161. La especulación metafísica es inútil,
porque no contribuye nada a la solución de los grandes problemas sociales y
tecnológicos. Este espíritu positivista se llamaría en el siglo XX la «razón
instrumental»162.

Tercero, es característica esencial del positivismo y de la ciencia moderna que


un elemento científico permita la predicción. El conocimiento positivo tiene capacidad
para predecir los fenómenos, tanto naturales como sociales, como consecuencia de un
sinnúmero de datos empíricos163. Las ciencias tienen que estar al servicio de la
planificación de la sociedad y de la vida humana; por lo tanto, requieren de criterios que
permitan predecir el futuro con base en datos estadísticos, leyes y probabilidades164.

De estos tres elementos positivistas es posible extraer ciertas similitudes con el


ámbito probatorio. En primer lugar, respecto al empirismo, al igual que el positivismo
requiere que el conocimiento sea solo de los hechos observados, en el proceso se exige
que las alegaciones se fundamenten en hechos probados. Lo que no pueda ser probado
no existe para el proceso. En segundo lugar, para el positivismo el conocimiento ha de
ser útil. En sintonía con esta característica, la prueba procesal, científica o no, para que
sea admitida ha de ser útil para la resolución de los hechos, de lo contrario será
rechazada. En tercer y último lugar, el proceso no requiere predecir el futuro, pero sí es

161
COMTE, A., Discurso sobre el espíritu positivo, trad. Julián Marías, Alianza, Madrid, 1980, p. 57.
162
En la obra de Comte se encuentra un esquema lógico fundacional: la disociación. Este esquema lógico,
afirma MARCUSE, en el que adquiere sentido la razón instrumental «no solo articula los conceptos
claves de Comte sino también a la sociología como ciencia, tal y como la pensó el autor que le dio
nombre. En el texto se desarrolla metodológicamente un análisis de este esquema. En el que se
detectan las siguientes disociaciones fundamentales: Primera disociación: ente ética y técnica. Para
Comte, las cuestiones técnicas pertenecen a dos planos diferentes de la acción social: las primeras
señalan los fines y las segundas los medios. Segunda disociación: para Comte los cambios
revolucionarios habidos en la historia social eran necesarios para llegar al momento positivo, el
alumbramiento de la sociedad industrial burguesa; llegado este momento ya no es pertinente aplicar la
crítica sobre las instituciones, objeto de la ciencia, sino solo sobre los valores». MARCUSE, H., One-
dimensional Man, Beacon Press, Boston, 1996, p. 152.
163
KREMER-MARIETTI, A., ¿Qué es? El positivismo, trad. por Cecilia Montes Robert, Cruz, México,
1997, p. 13.
164
Según sostienen VEGA, CUVI y MARTÍNEZ, «es una determinación metodológica importante la que
aquí establece Comte. Esta observación de la realidad como ella es en sí, nos permite encontrar las
leyes que la rigen y responder así a nuestras necesidades reales. El orden científico consistirá, por lo
tanto, en descubrir un orden de leyes, de relaciones constantes, entre los fenómenos que nos
permitirán conocerlos y preveerlos. […] El campo del positivismo es el mundo del fenómeno y de lo
observable. No pretende, por resultar vano e inaccesible, la determinación del origen primero y d ela
destinación final de los fenómenos. Se reduce, en expresión de Comte, «à l’appréciation systematique
de ce qui est». Por lo tanto, el positivismo, como sistema, debe permanecer en contacto con nuestra
situación real y relativa, y esto como consecuencia del método de observación, que debe
circunscribirse al campo del fenómeno». VEGA, S.; CUVI, M.; MARTÍNEZ, A., Género y ciencia:
los claroscuros de la investigación científica, Fundacyt, Quito, 2001, p. 68.
68

cierto que la experiencia acumulada de resolución de controversias, puede ayudar a


resolver casos futuros de características semejantes.

En otro orden de consideraciones, volviendo a la acotación del término ciencia y


su demarcación con el resto de los tradicionales saberes ―la filosofía, la teología, la
metafísica, etc.―, el positivismo da inicio a una larga tradición de reduccionismo
científico. El modelo de cada ciencia lo entrañan las ciencias naturales, y su
demostrabilidad empírica sirve como criterio general para el conocimiento científico.
Con base en ello, los positivistas clasifican las ciencias en seis ciencias básicas:
matemáticas, astronomía, física, química, fisiología ―o biología― y sociología ―o
física social―165. El orden jerárquico indica la principalidad y el grado de
demostrabilidad, pero la utilidad social aumenta con las últimas ciencias, la biología y la
sociología. Todas las ciencias «espirituales» quedan fuera del criterio positivista, en
especial la psicología y la teología. También la metafísica tiene que ceder ante la
orientación reduccionista del positivismo166. Como puede apreciarse, esta clasificación
guarda un paralelismo aún mayor que la clasificación aristotélica de las ciencias con la
actual diferenciación entre ciencias duras y ciencias suaves, correspondiéndose las
ciencias experimentales con las soft sciences y las ciencias de mayor demostrabilidad
con las hard sciences.

En último término, conforme a los defensores del positivismo, el modelo


paradigmático de toda ciencia es la matemática, por lo que mantienen viva la esencia
del referido concepto de ciencia moderna implantado por Galileo. Las demás ciencias
pueden acercarse cada vez más a este ideal de una ciencia puramente deductiva, pero
nunca pueden ser tan representativas como las matemáticas. La filosofía sólo tiene su

165
En este sentido, se advierte en la actualidad que «el positivismo de Comte en su faceta específicamente
cientifista está vigente hoy día en todos aquellos que creen encontrar en la ciencia el saber
fundamental acerca del mundo. en Efecto, el positivismo, aunque con otros nombres continúa como
actitud de fondo en muchos sectores científicos, educativos y políticos, con los diversos matices que
se han desarrollado a lo largo de su trayectoria histórica y la dinámica propia que llevan consigo. No
es vedad, por tanto, que el positivismo esté históricamente superado. Se han superado sus primeras
manifestaciones ingenuas y románticas, pero no la radical actitud antimetafísica, rasgo común de
pensamiento contemporáneo, también incluso de algunos críticos de la ciencia moderna. La
concepción positivista del mundo, sin embargo, no se difunde a la manera de una corriente filosófica,
sino como un método establecido para trabajar en las ciencias. La entrada del punto de vista
positivista en las ciencias occidentales, en la física, en la química, en la biología, en las ciencias
humanas, es un hecho notorio y de enormes proporciones, y constituye además un proceso que todavía
sigue en curso, de cuyo alcance práctico y moral quizá no nos damos cuenta. Ahora bien, si nos
ceñimos a la actividad científica convencional, la mentalidad positivista no tiene por qué ser negativa.
Mientras el científico se mantiene en el ámbito que le es propio, no existe peligro de incurrir en
cientifismo. El problema se plantea cuando, amparándose en ese positivismo, el científico abandona
su especialidad y elabora una filosofía pretendiendo que sigue haciendo ciencia». Vid. KREMER-
MARIETTI, A., ¿Qué es? El…, ob. cit., p. 22.
166
MARDONES, J., M., Filosofía de las ciencias humanas y sociales…, ob. cit., p. 36.
69

lugar como «filosofía positiva» porque toda filosofía racionalista y especulativa todavía
pertenece al estadio metafísico, y no contribuye al desarrollo de la humanidad.

Con estos axiomas, el positivismo como movimiento filosófico logró un impacto


considerable y es reconocido un hito en el desarrollo de la filosofía empírica167. Tanto,
que las sucesivas teorías que fueron surgiendo con posterioridad, se han nutrido, en gran
medida, de los postulados del positivismo científico del siglo XIX.

2.2.2.-El falsacionismo como producto del neopositivismo

En el siglo XX, se puede hablar de una sucesión de teorías epistemológicas


decisiva en la formación de lo que en la actualidad se entiende por ciencia. Así, tras el
positivismo, cuyas máximas han sido recién expuestas, surgió el neopositivismo,
también llamado positivismo lógico, cuyos orígenes se deben a Wittgenstein y Rusell168.
Esta corriente fue afianzada hacia los años veinte en el llamado Círculo de Viena169,
lugar desde el que fue extendiéndose a Inglaterra y Estados Unidos. De la misma cabe
destacar su vinculación con los nuevos desarrollos de la lógica formal, en particular de
la lógica matemática170. Y es que el neopositivismo es un empirismo radical, mucho
más riguroso que el clásico171.

167
ESTERMANN, J., Historia de la Filosofía, vol. II, Abya-yala, 2000, p. 68 y ss.
168
El neopositivismo lógico surgió entre las dos guerras mundiales. El planteamiento wittgensteiniano,
germen de esta nueva corriente filosófica, influyó enormemente en los positivistas lógicos que
conformarían el Círculo de Viena. En ellos persiste el interés por el lenguaje y el objetivo de su
análisis es el de revelar la estructura del lenguaje científico al analizar sus proposiciones en otras más
básicas que fuesen verificables. Para ellos, las afirmaciones metafísicas son pseudoproposiciones que
simplemente no tienen significado cognoscitivo y deben ser eliminadas. BEUCHOT, M., En el
camino de la hermenéutica analógica, San Esteban, Salamanca, 2005, pp. 94 y ss.
Sobre el Cículo de Viena considera OLLERO TASSARA que «pocos movimientos más
decisivos en neustro siglo, a la hora de llevar hasta el final el ansia de rigor de la ciencia, que el
llamado Círculo de Viena. Al prestigio de sus principales animadores, dentro del mundo científico,
hay que unir el contacto mantenido con el grupo por figuras de la reflexión sobre la ciencia, como
Wittgenstein o Popper, e incluso la de teóricos del derecho de la talla de un Han Kelsen. Cuando en
1983 el grupo se ve forzado a desintegrarse por la coyuntura política, ha sentado ya las bases de la
dicusión sobre la ciencia durante toda la centuria. Claridad de lenguaje, rigor lógico y fundamentación
de los asertos serán las exigencias de toda ciencia; el problema radicará en la fijación de los baremos
metodológicos que permitan controlarlas». OLLERO TASSARA, A., ¿Tiene razón el derecho?..., ob.
cit., p. 37.
169
Este círculo se forma en el año 1924, en torno al seminario de M. Schlick, al que pertenecieron R.
Carnap, O. Neurath, C. Hempel y H. Hahn, a ellos se unió el profesor berlinés H. Reichembach y A.
Tarski, de Varsovia. En el año 1929 publicaron un manifiesto titulado Concepción Científica del
Mundo.
170
MARÍ, E., Neopositivismo e ideología, Eudeba, Buenos Aires, 1974, p. 22.
171
El modelo de ciencia propuesto por el empirismo propio de los siglos XVII y XVIII partía de una
visión psicologicista del conocimiento, a partir de la cual todas las percepciones remiten directa o
indirectamente a la mente, algunas porque se refieren al plano conductual o al plano de los gustos y
sentimientos, como la ética y la estética; otras porque estudian los principios y operaciones del
70

Su teoría defiende que no hay más que una fuente de conocimiento que es la
sensación, y con ésta no captamos realidad ninguna, sino sólo impresiones
fenomenológicas. Además, para los neopositivistas, las llamadas verdades de razón o
ideales, que aparecen con carácter necesario y universal, no son más que frases
gramaticales sin sentido real172. De este modo, al igual que el positivismo, el
neopositivismo defiende un saber antimetafísico, es decir, profesa un agnosticismo total
respecto de cualquier realidad en sí o cualquier objeto de conocimiento que no pueda
verificarse en la experiencia sensible173 y presenta una marcada propensión a la
intervención metodológica y la matematización de todas las ciencias.

Así las cosas, podemos afirmar que hasta la mitad del siglo pasado era aceptada
una concepción positivista de la ciencia. Con base en esta corriente científico-filosófica
la ciencia era considerada ilimitada, completa e infalible174. Era ilimitada porque
defendía que cada singular ley científica tenía un valor general y absoluto. Era completa
en el sentido de que cada ley era idónea para explicar enteramente la ocurrencia de un
fenómeno. Por último, la ciencia era infalible porque era única y no podía equivocarse,
como tampoco podían errar los científicos175.

Esta concepción de la ciencia, con la finalidad de distinguir los enunciados


científicos de aquellos que no lo eran, se basaba, como se ha indicado supra, en el

pensamiento, como la lógica; y otras, porque son consecuencia del uso de sus facultades
cognoscitivas, como la matemática y la física. Esta perspectiva se encuentra presente en el
fundamento de las actualmente denominadas ciencias factuales (como la medicina, la biología, la
química, entre otras) y sentó las bases para el desarrollo del método experimental tal y como
actualmente se concibe. VERICAT, J. «El Iusnaturalismo», en CAMPS, V., (ed.), Historia de la
Ética, tomo II, Editorial Crítica, Barcelona, 1992, pp. 37 y 38.
172
En relación con esta idea cabe destacar al ya citado, filósofo, matemático, lingüista y lógico austríaco,
Wittgenstein, que defendía una perspectiva de la filosofía como actividad clarificadora del lenguaje,
un tipo de gramática en sentido amplio. Consideraba que la filosofía no es una doctrina sino una
actividad que no busca imponerse ni crear una doctrina nueva, sino construir un modo de pensar
nuevo: hablar de lo que se puede hablar; decir lo que es y lo que no es; callar ante lo inefable. Vid.
WITTGENSTEIN, L., Investigaciones filosóficas, trad. GARCÍA SUÁREZ y MOULINES, Crítica,
Barcelona, 2002. De esta manera, Wittgenstein mantuvo una posición de distanciamiento en relación
con las ciencias empíricas y encontró su máximo rival en Karl Popper que contemplaba la salida más
allá de las palabras en la ciencia. Para Popper, filósofo y teórico de la ciencia, la ontología, que es el
estudio del ser, ha de ser sustituida por la física cuántica, que profundiza en la esencia de la materia
―átomos, partículas elementales―,así como la epistemología, que es la teoría del conocimiento, ha
de ser sustituida por la neurofisiología. De este modo argumentaba, contrariando a Wittgenstein:
«cuando conozcamos la estructura y funcionamiento del cerebro, quizás deduzcamos cómo surgen las
ideas, pero se requieren instrumentos de precisión, microscopios, campos electromagnéticos y
tecnologías aún no inventadas, pero no palabras». POPPER, K., Los dos problemas fundamentales de
la epistemología. Basado en manuscritos de los años 1930-1933, Tecnos, Madrid, 1980, p. 34.
Una confrontación entre las tesis de ambos autores puede consultarse en MUNZ, P., Our
knowledge of the growth of knowledge: Popper or Wittgenstein?, Routledge, London, 1985.
173
QUESADA SÁNCHEZ, F. J., Aproximación a la metodología de la ciencia: las ciencias sociales y la
contabilidad, Universidad Castilla-La Mancha, Cuenca, 2004, p. 104.
174
BUNGE, M., Buscar la filosofía…, ob. cit., p. 156.
175
TONINI, P., Il diritto delle prove penali, Giuffrè, Milano, 2012, p. 159.
71

principio de verificación: un enunciado es científico si es confirmado por la experiencia


mediante la repetición constante de su verificación. Además, la filosofía positivista
defendía la idea de que existía un único método científico idóneo para operar en todos
los sectores del conocimiento científico176. Bajo estas premisas, y en relación con el
proceso penal cabe advertirse que, por un lado, la necesidad de verificación científica
mencionada casa con la necesidad de demostración de las pruebas aportadas al proceso,
sean de la naturaleza que sean; es decir, la contraparte tiene la posibilidad de demostrar
que la prueba que le incrimina es errónea, pese a que se fundamente en leyes científicas.
A su vez, la parte que las aporta deberá verificarlas. Por otro lado, la unicidad del
método científico, como se ha apuntado con anterioridad, es la que da vida a la nueva
categoría probatoria que se propone en este trabajo: la prueba científica.

Sin embargo, los estudios que surgieron en los años cuarenta, comenzaron a
cuestionar esta teoría. Se constató que la ciencia es limitada: de un fenómeno es posible
seleccionar tan solo un número limitado de aspectos y representarlos con una ley
científica. También se demostró que la ciencia es incompleta: no se conocen todos los
aspectos de un mismo fenómeno. Las leyes científicas deben, si es posible, ser
actualizadas y modificadas para representar también tales aspectos; si no es posible
actualizarla o modificarla, la ley debe ser abandonada. Por último, se evidenció que la
ciencia es falible: cada ley científica tiene un porcentaje de error que ha de ser hallado;
el conocimiento del margen de error es el único índice de que existe una teoría
seriamente contrastada177.

El mayor artífice de este cuestionamiento fue el movimiento falsacionista de


Popper, filósofo, sociólogo y teórico de la ciencia178. Este pensamiento es reconocido

176
SANTUCCI, A., Scienza e filosofía nella cultura positivistica, Feltrinelli, Milán, 1982, p. 53.
177
TONINI, P., Il diritto delle…, ob. cit., p. 160; KREMER-MARIATTI, A., ¿Qué es? El Positivismo,
ob. cit., pp. 10-12.
178
Karl Raimund Popper (Viena, 1902 - Londres, 1994) fue un filósofo austriaco. Estudió filosofía en la
Universidad de Viena y ejerció más tarde la docencia en la de Canterbury (1937-1945) y en la London
School of Economics de Londres (1949-1969). Aunque próximo a la filosofía neopositivista del
Círculo de Viena, llevó a cabo una importante crítica de algunos de sus postulados; así, acusó de
excesivamente dogmática la postura de dividir el conocimiento entre proposiciones científicas, que
serían las únicas propiamente significativas, y metafísicas, que no serían significativas. Para Popper,
bastaría con delimitar rigurosamente el terreno propio de la ciencia, sin que fuera necesario negar la
eficacia de otros discursos en ámbitos distintos al de la ciencia. También dirigió sus críticas hacia el
verificacionismo que mantenían los miembros del Círculo, y defendió que la ciencia operaba por
falsación, y no por inducción. Ésta es, en rigor, imposible, pues jamás se podrían verificar todos los
casos sobre los que regiría la ley científica. La base del control empírico de la ciencia es la posibilidad
de falsar las hipótesis, en un proceso abierto que conduciría tendencialmente a la verdad científica.
Esta concepción abierta de la ciencia se corresponde con el antiesencialismo de Popper, que mantuvo
en obras posteriores dedicadas a la crítica del historicismo, entendido como aquella doctrina que cree
posible determinar racionalmente el curso futuro de la historia. Así, La sociedad abierta y sus
enemigos (1945) y La miseria del historicismo (1957) llevan a cabo una rigurosa crítica hacia
cualquier forma de dogmatismo y una defensa de la democracia como sistema abierto capaz de
optimizar la justicia de las instituciones políticas.
72

como uno de los ejes de la moderna epistemología. Dicho filósofo determinó el


abandono definitivo de la conocida inducción por enumeración. Tal teoría consistía en
el análisis de un número finito de casos particulares e idénticos, de cuya generalización
nacería una teoría científica. Según el filósofo, no es lógico elaborar una regla general
derivada de casos particulares. Si así fuera, sería siempre posible la inducción al
error179. En este orden de ideas, afirmaba este pensador que «por cuánto numerosos sean
los casos de cisnes blancos que podamos haber observado, eso no garantiza la
afirmación de que todos los cisnes son blancos»180. En este sentido, se preguntaba
POPPER: ¿Quién podría excluir con absoluta certeza que un día se haya visto o se vea
un cisne negro?181.

Siguiendo este razonamiento, dada una hipótesis sobre cómo se desenvuelve un


fenómeno en un caso particular, se deduce de las reglas aplicables que son las
consecuencias las que deben ser verificadas. Entonces se procede a la observación
empírica para comprobar si tales consecuencias son verificables. En caso positivo, la
regla es válidamente aplicable. En caso negativo, es decir, si una sola consecuencia no
se ha verificado, se deduce que la regla podría no ser válida para explicar la existencia
de aquel fenómeno. En virtud de esta teoría, la petición de objetividad científica hace
inevitable que todo enunciado científico sea «provisional para siempre»182.

Por tanto, según lo dispuesto por este autor, una teoría no puede ser nunca
verificada, sino sólo falsificada: no existe ningún método científico que esté en grado de
demostrar la verdad de una ley científica, sino sólo, eventualmente, su falsedad183. Con
relación a ello argumentaba POPPER que «la verdad es que todos somos falibles y la
ciencia es falible. Y la ciencia es falible porque la ciencia es humana: en la prospectiva
lógica, ninguna ley universal es cierta, ya que, por cuantas confirmaciones se hayan
obtenido, los casos que aún no han sido observados son infinitos y puede ocurrir que el

179
El modelo epistemológico enunciado por Popper, basado en la creación de conocimiento científico a
partir de la falsación de hipótesis ―refutación en sentido negativo de las mismas― permitió superar
las tesis positivistas que en la búsqueda de métodos de verificación capaces de proporcionar un
conocimiento seguro, presuponían que el mundo físico se encontraba regido por leyes causales y que,
en consecuencia, todo aquel conocimiento científico verificado era indiscutiblemente verdad.
180
POPPER K. R., «Problemi, scopi e responsabilità della scienza», in Scienza e filosofía, Torino, 1969,
p. 151.
181
POPPER, K. R., La lógica de la investigación científica, trad. por Víctor Sánchez de Zavala, Tecnos,
Madrid, 2008, p. 348.
182
En este sentido afirmaba POPPER que «toda teoría científica lleva aparejada la semilla de su propia
provisionalidad, pero mientras no se demuestre su falsedad esta debe ser aceptada como verdadera».
Con esta aseveración se pone de relieve no solo la existencia de límites inherentes al conocimiento
empírico, sino también el carácter temporal que para los citados autores presenta toda teoría científica.
POPPER, K. R., La lógica de la investigación científica…, ob. cit. p. 241.
183
PRADA MÁRQUEZ, B. I., «La defensa popperiana de la objetividad científica (Aciertos y
desaciertos)», en RIVADULLA RODRÍGUEZ, A., Hipótesis y verdad en ciencia: ensayos sobre la
filosofía de Karl R. Popper, Complutense, Madrid, 2004, p. 271.
73

caso n+1 cuestione una teoría venerable; la historia de la ciencia nos demuestra que es
la historia de una disputa ininterrumpida que ha destrozado una serie ilimitada de
teorías»184. Lo cual concuerda con las características propias de la ciencia, relativas a su
autocorrección y su progreso, pero no encaja con la posibilidad de elaborar leyes
científicas generales, capaces de explicar un fenómeno científico. Esta es una de las
razones por las que el falsacionismo no fue generalmente aceptado por los filósofos de
la época185.

2.2.3.-Crítica al falsacionismo radical

Sobre la corriente detractora del falsacionismo radical de Popper o, en otras


palabras, sobre el periodo conocido como post-popperianismo186, es fundamental la
aproximación crítica que afirma que el falsacionismo no resuelve todos los problemas,
ya que es obvio que ninguna teoría científica es consistente con todos los hechos que la
respaldan, precisamente por el hecho de que la formulación de una teoría depende del
contexto en el que se aplique187. Del mismo modo, las partes han de aportar pruebas al
proceso según el contexto histórico, social, cultural y científico en el que se encuentren.
Es por ello por lo que las verificaciones de las pruebas científicas presentadas están
limitadas por los logros intelectuales de su tiempo; así como lo están las verificaciones
de una ley científica, pues nunca podrá ser demostrado el caso n+1.

De ello cabe inferir que el falsacionismo lleva la verificación al absurdo. Lo que


se conoce en el sistema probatorio como probar lo imposible, pues se pide que se
verifique un enunciado fáctico a sabiendas de que dicha verificación nunca va a
encontrar término. Debido a esta circunstancia, el falsacionismo logró ser superado188.
Así, contrarios al falsacionismo radical de Popper se encuentran los considerados

184
POPPER K. R., Conjetures and Refutations: The Growth of Scientific Knowledge, New York, 1962,
trad. it.; Congetture e confutazioni, Bologna, 1972, pp. 325 y ss.
185
SANTUCCI, A., Scienza e filosofía nella cultura positivistica, [Link]., pp. 62 y ss.
186
Entre los principales autores que discrepan con la teoría falsacionista radical de Popper caben ser
destacados: SUSSER, M., Causal thinking in the health sciences. Concepts and strategies of
epidemiology, Oxford University Press, Nueva York, 1973; HEMPEL, C., Filosofía de la ciencia
natural, ob. cit., 1973; SUSSER, M., «Falsification, verification and causal inference in
epidemiology: reconsiderations in the light of Sir Karl Popper´s philosophy», en ROTHMAN, K. J.,
Causal Inference, Epidemiology Resources Inc., Massachusetts, 1988, pp. 33 y ss.; HOWSON, C.,
URBACH, P., «Bayesian reasoning in science», in Nature, núm. 350, 1991, pp. 371-374;
GREENLAND, S., «Induction versus Popper: substance versus semantics», en Epidemiology
Resources Inc., núm. 27, 1998, pp. 543-548.
187
GONZÁLEZ DE LUNA, E. M., Filosofía del sentido común…, ob. cit., p. 78.
188
FEYERABEND, P. K., Against method…, ob. cit., pp. 52 y ss.
74

periodos de ciencia normal, en los cuales la comunidad científica acoge una


determinada teoría y la reconoce como válida189.

Estos periodos permiten ver el progreso científico y tecnológico sin


escepticismos. Entre ellos destaca la teoría de las revoluciones científicas de Khun y el
llamado falsacionismo refinado de Lakatos. Este último retoca la teoría falsacionista de
Popper por considerarla excesivamente metodológica, por ello le añade el adjetivo
«refinado». Por esta razón se dice que Lakatos llevó a cabo una adaptación del
falsacionismo popperiano, ya que para este autor sí era posible establecer leyes
generales científicas. Según su argumentación, no es falsable cualquier teoría sino sólo
aquellas enfrentadas, es decir, si una de ellas tiene un exceso de contenido empírico no
corroborado respecto a otra190.

Hasta aquí el recorrido por los hitos principales de la formación de la ciencia que
recogen las características esenciales de la misma. A modo de conclusión respecto esta
sucinta evolución histórica cabe señalar que, una vez superado el dogma de la
omnipotencia de la ciencia y el aura de infalibilidad con que era contemplada, tampoco
debe caerse en un agnosticismo absoluto que lleve a excluir la utilidad de tal disciplina
en la sociedad y, en lo que aquí nos atañe, en el proceso. El carácter temporal de la
ciencia no debe desmotivar, ni debe llevar a pensar que ésta sea inútil o no fiable191. El
juez, en un concreto momento histórico, tiene el deber de decidir si su veredicto puede
fundarse sobre elementos que en años venideros podrían ser falsificados192. Por lo que,

189
KUHN T., The Structutre of Scientific Revolutions, 1962, trad. it., Grande dizionario enciclopedico,
Torino, vol. XI, p.720.
190
El esquema general de Lakatos es particularmente atractivo, porque postula una estructura casi
tridimensional para sus «programas científicos de investigación». «En efecto, cada uno de esos
programas está formado por tres capas concéntricas de entidades dialécticas: 1) El núcleo central, que
reúne los supuestos básicos y esenciales del programa, o sea todo aquello que es fundamental para su
existencia; 2) Este núcleo central está celosamente protegido de las peligrosas avanzadas de la
falsación por un cinturón protector llamado «heurístico negativo», que es un principio metodológico
que estipula que los componentes del núcleo central no deben abandonarse a pesar de las anomalías, y
que está constituido por múltiples elementos como hipótesis auxiliares, hipótesis observacionales,
diferentes condiciones experimentales, entre otros; 3) La capa externa del programa científico de
investigación se conoce como «heurístico positivo» y representa las directrices generales para explicar
los fenómenos. Lakatos examina en detalle los distintos mantos que constituyen los programas de
investigación, el carácter flexible de la heurística positiva, el papel de las anomalías y las diferentes
interpretaciones que pueden darse a las confirmaciones, refutaciones y desafíos, para lo cual usa un
abundante material histórico, considerando que la filosofía de la ciencia sin historia de la ciencia es
vacua. Sin embargo, opina que la historia de la ciencia es racionalmente reconstruible, existiendo una
diferencia marcada entre la historia interna y externa de la ciencia, no queriendo decir que no haya una
historia sino que ésta se explica internamente a través de la teoría de los programas de investigación,
cuya metodología es completada por la historia empírica. Por lo que Lakatos desarrolla una teoría de
la racionalidad, que debe entenderse como una metodología y como un programa de investigación. En
definitiva, destaca los hechos empíricos dentro de una metodología». Vid. JOHANI URQUIJO, M.,
«Racionalidad y elección de teorías. La controversia: Lakatos-Kuhn», en GARCÍA PAREDES, H.,
Tomas Kuhn, Universidad del Valle, p. 120.
191
BOLAÑOS GUERRA, B., Argumentación científica y objetividad, ob. cit., p. 43.
192
DOMINIONI O., «In tema di nuova prova scientifica», in Diritto penale e processo, 2001, p.1064.
75

dada la imposibilidad de predecir el futuro, una decisión se considera justa si se basa en


una prueba sobre la que se practica una ciencia considerada válida en el preciso
momento en el que la sentencia se pronuncia193.

3.-De la mística a la razón: la progresiva introducción de la ciencia en la prueba de


los hechos en el proceso penal

La ciencia, con independencia del concepto que imperase de ella en cada


momento histórico, siempre ha sido un instrumento útil y habitual en la resolución de
conflictos judiciales. Por tanto, esta no es una materia totalmente desconocida para el
proceso. En realidad, los métodos «científicos» han sido utilizados por la administración
de justicia desde antaño pero, estos métodos primitivos que hacían llamarse
«científicos», debido a la evolución sufrida por el concepto de ciencia, hoy día son
concebidos como métodos pertenecientes a la mística o a la religión. Estas prácticas
primigenias no prestaban especial atención a la calidad, rigurosidad, objetividad y
fiabilidad de la prueba obtenida por medio de métodos a los que por aquel entonces se
denominaban «científicos o técnicos»194. Métodos que distan mucho de asimilarse a
aquellos que en la actualidad han surgido con la aparición de nuevas tecnologías
científicamente testadas. Por ello, se requiere un replanteamiento del tema, en concreto,
del tema de la ciencia y del tema de la prueba. Dicho replanteamiento se abordará desde
una perspectiva histórica e interdisciplinar, capaz de cohonestar el ámbito probatorio
con el ámbito científico, y que nos permita diferenciar las pruebas científicas de
aquellas rodeadas de un aurea mitológico en absoluto coincidente con la ciencia195.

3.1.-La mística como ciencia

El saber ajeno al jurídico y, en particular, el saber científico, ha estado presente


en las decisiones judiciales desde tiempos ancestrales, incluso cuando asumía formas
que hoy calificaríamos cuanto menos de «extravagantes»196. Augures, magos, médicos,

193
FERRUA, P., «Processo penale e verità», in Democrazia e diritto, 2000, p. 207.
194
TARUFFO, M., «La aplicación de estándares científicos a las ciencias sociales y forenses», en
Estándares de prueba y prueba científica, Marial Pons, Madrid, 2013, p. 203.
195
DE CATALDO NEUBURGER, L., Scienza e proceso penale: linee guida per l’acquisizione della
prova scientifica, CEDAM, Padova, 2010, Introduzione.
196
Nietzsche y Heidegger mostraron que la ruptura entre la ciencia y la mística se dio en Grecia en los
albores mismos de lo que se llama «cultura occidental». En cualquier caso, se manifestó en toda su
crudeza en la Modernidad en forma de positivismo. El positivismo cientificista pretendió que todo lo
que es se puede conocer con métodos empíricos y que solo es verdad aquello que conocemos
empíricamente y formulamos matemáticamente. Mucho antes, por otro lado, se había ido
desarrollando en el seno de la Iglesia católica un auténtico positivismo teológico que afirmaba la
76

matemáticos, han contribuido siempre al conocimiento judicial, orientándolo en su


decisión bajo el presupuesto de infalibilidad de su saber particular197. También estaba
muy difundida la creencia en la astrología, cuyas prácticas ―posos del café, oráculos
con aceite, quiromancia, etc.― eran consideradas métodos completamente sagrados,
pues, era pacíficamente admitido que interpretaban la decisión de Dios198. Así, las
pruebas más arcaicas, provenientes de los siglos X, XI y XII, procedían de una
concepción del mundo místico-religioso199, donde se manejaba un concepto de delito
referido a la divinidad, como ofensa a la misma. Por ello, la superstición encontraba un
amplio espacio para completar el déficit de conocimiento de las causas de los
acontecimientos naturales y humanos200. Estas creencias están muy ligadas a la
desaparición ―temporal― del Derecho Romano y a la expansión del más primitivo
Derecho Bárbaro201.

Los hombres de aquella sociedad, no estando en grado de comprender los


indicios criminales de un delito, de reconstruir los hechos, de descubrir los movimientos
y de identificar a los autores, debido a su limitada concepción de la vida social, eran
inducidos a buscar ayuda en fuerzas sobrenaturales ―lo divino―, para que con esa
intervención pudieran definir las cuestiones controvertidas, haciendo emerger la
«verdad» y protegiendo al inocente202. Para ello se solía recurrir a los juramentos, en los
que el temor del castigo divino actuaba como un disuasivo para el enmascaramiento de
la verdad, y a las ordalías, también llamadas juicios de Dios, que consistían en someter

revelación cristiana como la única revelación plena de Dios en el mundo, consideraba los dogmas
cristianos como expresiones inmutables de verdades ocultas reveladas por Dios, y sostenía que la
jerarquía católica ha sido instituida por Dios mismo como depositaria y garante única de la verdad y
del misterio divino en la Tierra y el cosmos entero. La religión, vacía de mística, se creía autorizada
así para dictar verdades a la ciencia. No es descabellado pensar que el positivismo cientificista
moderno ha sido una reacción contra el positivismo y absolutismo cristiano que se había apoderado
del misterio en exclusiva, lo que equivale a negarlo. Vid. sobre este asunto TERRADAS SABORIT,
I., Justicia vindicativa, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid, 2008, pp. 302 y ss.
197
En este sentido, apunta DE CATALDO que el recurso a saberes ajenos al jurídico jugaba plenamente
con la íntima convicción judicial. Afirma la autora que «es este un medio de parapetarse tras los
argumentos de una autoridad: gracias a ella escapa a las quejas de arbitrariedad, parcialidad,
corrupción… el juez, ya no puede puede hacer ostentación de su íntima convicción, se esforzará, en
revancha, en la inspiración que le suscite la prueba practicada. Con el empleo de estos recursos, en la
práctica el juez había perdido su poder de tener la última palabra, por lo que en puridad quien juzgaba
era el «experto» a través de su declaración». DE CATALDO NEUBURGER, L., Scienza e proceso…,
ob. cit., Introduzione.
198
BLEEKER, C. J., WIDENGREN, G., Historia religionum: manual de historia de las religiones, vol II,
trad. VALIENTE MALLA, J., Madrid, 1973, pp. 157-159.
199
DE COULANGES, F., La ciudad antigua – Estudio sobre el culto, el derecho y las instituciones de
Grecia y Roma, trad. por Ciges Aparicio, El Foro, Buenos Aires, 2000, pp. 249-251.
200
LÓPEZ-BARJA DE QUIROGA, J., Tratado de Derecho Procesal Penal, Aranzadi, Pamplona, 2007,
p. 743.
201
RIBAS ALBA, J. M., Prehistoria del Derecho: [sobre una genética de los sistemas jurídicos y
políticos desde el Paleolítico], Almuzara, Córdoba, 2015, pp. 156 y ss.
202
TOMÁS Y VALIENTE, F., La tortura judicial en España, Crítica, Barcelona, 2000, pp. 207–208.
77

a una persona a una especie de lucha con su propio cuerpo para comprobar si era capaz
de vencer o si fracasaría203. Estas últimas adquirieron un papel protagonista en el modo
de resolución de casos judiciales. Se trataba de métodos probatorios por los que, a
veces, juicio y pena coincidían, liberando a los órganos judiciales de las tareas
investigativas y valorativas, al limitarse los jueces tan sólo a tomar en consideración el
resultado del acto al que el acusado era sometido204.

Algunas de las más practicadas eran la prueba del fuego, la prueba del hierro
candente y la prueba caldaria. En la prueba del fuego se decidía la culpabilidad o
inocencia del sospechoso poniéndole la mano en un brasero, andando con los pies
desnudos por carbones encendidos o atravesando con los pasos contados el espacio
entre dos hogueras. La prueba del hierro candente consistía unas veces en enrojecer al
fuego nueve o doce rejas de arado con las que el acusado debía trabajar, otras veces lo
que se calentaba era un guantelete de armas en el que el acusado debía meter la mano y
otras, una barra de hierro a la que debía agarrarse205. Por último, la prueba caldaria, era
realizada en la iglesia, donde a un lado estaba el agua hirviendo en una caldera puesta al
fuego, y al otro lado una gran cuba donde se echaba agua fría. Si la acusación era de un
delito menor, debían meter la mano en el agua hirviendo hasta la muñeca, pero si era de
un delito grave, debían sumergir el brazo hasta el codo206. En los tres tipos de ordalías
cuando finalizaba el rito se les envolvía la parte del cuerpo dañada, el juez colocaba un
sello y al tercer día se examinaba el resultado de la prueba: si había quemadura, el
acusado era culpable, si no las había era inocente207.

Como puede comprobarse estas pruebas terminaban con una victoria o un


fracaso. Eran pruebas tasadas, impregnadas de fuertes connotaciones religiosas y de
subjetivismo, en las que la irracionalidad del pensamiento fundado en la fe o creencia

203
FOUCAULT, M., La verdad y las formas…, ob. cit., p. 70.
204
LORUSSO, S., «La prova scientifica», en Prova penale e método scientifico, Utet, 2009, p. 2.
205
BARTLETT, R., Trial by fire and water. The medieval judicial ordeal, Oxford, Clarendon Press,
1986, p. 72.
206
En relación con estas prácticas había otras pruebas tales como la ordalía del agua que consistía en
amarrar la mano derecha al pie izquierdo de una persona y arrojarla al agua. Si el acusado no se
ahogaba perdía el proceso pues eso significaba que el agua no lo había recibido bien, y si se ahogaba
lo ganaba pues era evidente que el agua no lo había rechazado. FOUCAULT, M., La verdad y las
formas…, ob. cit., p. 70.
207
Sobre estos ritos señala TERRADAS SABORIT que «para comprender mejor la normalidad social y
jurídica de las ordalías y juramentos exculpatorios o purgativos, hay que considerar todo un contexto
de acciones jurídicas al encuentro de los bienes, honores o estatutos, y del propio cuerpo físico del reo.
El derecho vindicatorio y retributivo de ofensas y crímenes tiene dos vertientes subjetivas: la del
ofendido y la del reo de la ofensa. Cuando las leyes y los juicios contemplan más bien la vertiente del
ofendido, se ordena el derecho a la composición y todos los derechos a obtener satisfacciones y la
recuperación de los bienes jurídicos conculcados. Cuando contemplan la del reo de la ofensa, se
ordena la obligación de pagar por lo hecho, y a devolver con creces por haber abusado y desposeído o
atentado contra bienes y vidas». TERRADAS SABORIT, I., Justicia vindicatoria, ob. cit., pp. 736 y
ss.
78

religiosa imponía sus reglas ante la ausencia de un pensamiento ilustrado y la carencia


de conocimientos científicos208. Es por ello por lo que en ningún momento aparece algo
semejante a la sentencia, como ocurriría a partir de finales del siglo XII y comienzos del
XIII209.

Fue con el establecimiento de las instituciones estatales en la administración de


justicia, debido al avance de la sociedad, cuando la prueba perdió su carácter individual
y privado para adquirir una dimensión pública210. A partir de entonces las sentencias
fueron obligadas a incluir una motivación en sus conclusiones, como método de control
en la aplicación de unos determinados límites a la actividad judicial211. Tal escenario,
entre los siglos XIII y XVIII, propició que se fuera abandonando el uso de las pruebas
despiadadas recién expuestas lo que, a su vez, representó el humus por el cual la
indagación212 venció sobre la simple prueba. Una indagación que continuó utilizando
métodos crueles como la tortura, pero que poco a poco dio paso al uso de conocimientos
considerados científicos según la época en la que operaban213.

208
DOLZ LAGO, M. J., «Reflexiones sobre la prueba oficial-científica (a propósito del valor probatorio
de los informes periciales emitidos por laboratorios oficiales)», en La Ley penal: revista de derecho
penal, procesal y penitenciario, núm. 65, 2009, p. 24.
209
FOUCAULT, M., La verdad y las formas…, ob. cit., p. 71. Para el año 1215, cuando el Cuarto
Concilio Luterano prohibió a los sacerdotes formar parte de tales pruebas, esta práctica se había
extinguido casi completamente, y para el año 1300, como lo señala BARTLETT, era ya un «vestigio
en todas las jurisdicciones». BARTLETT, R., Trial by Fire and Water…, ob. cit., p. 34.
210
Acerca del surgimiento de la idea de la promoción de la justicia como responsabilidad pública y, con
ella, de distintos modelos para garantizar la protección del interés público dentro de la defensa de la
legalidad vid., por todos, AGUILERA DE PAZ, E., Comentarios a la Ley de Enjuiciamiento
Criminal, tomo I, Reus, Barcelona, 1923, pp. 565 y ss.
211
Sobre la evolución histórica de la obligación de motivar las sentencias vid. COLOMER
HERNÁNDEZ, I., La motivación de las sentencias: sus exigencias constitucionales y legales, Tirant
lo Blanch, Valencia, 2003, pp. 60-72.
212
LANGBEIN, J. H., Torture and the Law of Proof. Europe and England in the Ancien Regime,
Chicago, University of Chicago Press, 1976, p. 52.
213
Entre estos métodos pertenecientes a la mística y aquellos otros alejados de prácticas crueles pero, a su
vez, alejados también del actual concepto de ciencia, el método de la tortura fue aplicado como vía
más eficaz para la obtención de confesiones hasta llegar a adquirir el papel de «prueba reina» en el
proceso penal. Este protagonismo se mantuvo hasta finales del siglo de las luces ya que contra ello se
posicionaron numerosos autores ilustrados defendiendo que «Llámesele prueba, llámesele medio para
descubrir la verdad, dénsele todos los nombres que quiera para paliar su dureza y rigor, lo cierto es
que sus efectos son tan terribles y dolorosos, como los de las más atroces penas; y no estamos ya,
gracias a Dios, en tiempos de que se aprecie tan poco la vida de los hombres». LARDIZÁBAL Y
URIBE, M., Discurso sobre las penas contraído a las leyes criminales de España, para facilitar su
reforma, Joachin de Ibarra, Madrid, 1782, p. 285.
79

3.2.-El empleo de métodos del conocimiento común en el razonamiento


judicial

Las pruebas místico-religiosas recién señaladas pertenecientes a sistemas


bárbaros, arcaicos e irracionales fueron cayendo en desuso debido al surgimiento de un
sistema racional de establecimiento de la verdad214. Debido a ello, el derecho moderno
preilustrado, se considera surgido de la razón y basado en la naturaleza humana, ya que
comparte con la ciencia un principio unificador esencial, que tal y como señala BOBBIO
no consiste en dotar a estas disciplinas de un concreto contenido, sino de una cierta
manera de abordar su estudio caracterizada por el método que utilizan215. Nos referimos,
en este caso, al método racional, ya que fue este el que permitió reducir el derecho y lo
moral, por primera vez en la historia de la reflexión sobre la conducta humana, a ciencia
demostrativa216.

Así fue, pues, cómo el humanismo y la ilustración hicieron primar el


componente lógico sobre el componente divino y cómo el juez empezó a verse
abandonado a su suerte a la hora de decidir y valorar las pruebas ante él practicadas217.
De este modo, desde el inicio de estas nuevas prácticas hasta el origen del método
científico, tal y como hoy lo entendemos, fueron emergiendo otros instrumentos y
métodos de adquisición del conocimiento basados en el saber común, de los que se
valían tanto los científicos de épocas anteriores, para alcanzar y justificar los resultados
de sus investigaciones, como los jueces para motivar sus sentencias218. Para ilustrar
estos medios del conocimiento, es conveniente distinguir entre cuatro modelos
conceptuales: la intuición, la autoridad, la experiencia y la lógica219.

El primero de ellos, la intuición, conocido también como método del sentido


común, es la adquisición de una certeza sin el uso del razonamiento ni de la

214
FOUCAULT, M., La verdad y las formas…, ob. cit., p. 82.
215
BOBBIO, N. y BOVERO, M. Sociedad y Estado en la filosofía moderna. El modelo iusnaturalista y el
modelo hegeliano-marxiano, Fondo de Cultura Económica, México, 1986, pp. 18 y 19.
216
FERNÁNDEZ GARCÍA, E. «El iusnaturalismo racionalista hasta finales del siglo XVII», en
ANSUÁTEGUI ROIG, F. J., et al., Historia de los derechos fundamentales, tomo I, Dykinson,
Madrid, 1998, p. 575.
217
PRAT WESTERLINDH, C., «Nuevos detectores de mentiras y derecho penal», en La Ley penal:
revista de derecho penal, procesal y penitenciario, núm. 84, 2011, p. 31.
218
Tal y como señala GASCÓN ABELLÁN, «aunque los paradigmas del conocimiento jurídico o los
modelos de ciencia del derecho no siempre han caminado al compás de la epistemología dominante, la
Ilustración es quizá uno de esos momentos en que cabe hablar de una unidad del saber, de un estímulo
compartido que pugna por el desarrollo de todas las áreas del conocimiento bajo un sello unitario que
pretende inspirar desde las ciencias naturales, la cosmología y la óptica al derecho, la moral e incluso
la religión». GASCÓN ABELLÁN, M., Los Hechos en el Derecho. Bases argumentales de la prueba,
Marcial Pons, Madrid, 2010, p. 27.
219
GULOTTA, G., «Il diritto psicológico», in Studi in ricordo di Giandomenico Pisapia, vol. III, Giuffré,
Milano, 2000, pp. 485-489.
80

inferencia220. Un método del conocimiento directo, basado en la sabiduría popular.


La intuición jugaba un papel de gran importancia en el procedimiento decisivo, abría
caminos, pues cuando ella obraba, las personas eran capaces de ver las relaciones que
comprenderían la totalidad de una situación con claridad, acertada o no, y la
evidencia se aparecía de manera espontánea e inmediata221. En tiempos más recientes,
pese a las dudas acerca de la trascendencia o intrascendencia de la intuición como forma
de conocimiento, el mundo jurídico le ha reconocido una importancia especial. Valga
el ejemplo que brinda CALAMANDREI cuando menciona el protagonismo que, a
su juicio, puede tener la intuición en la construcción de una sentencia judicial, al
asegurar que «al juzgar, la intuición y el sentimiento tienen muy a menudo una
participación más importante de lo que a primera vista parece; no por nada, diría alguno,
sentencia deriva de sentir»222. Y es que, según este autor, la argumentación jurídica no
constituye un discurso estrictamente racional a partir de un proceso lógico de carácter
discursivo, pues en ella lo intuitivo se integra como componente esencial.
Análogamente, cuando el científico propone una nueva hipótesis lo hace, en parte,
impulsado por predicciones, aunque las mismas encuentran fundamento en leyes de la
naturaleza223.

El segundo instrumento del conocimiento común, el método de la autoridad,


consiste en acudir a una autoridad de referencia en el asunto que se trata de resolver. El
conocimiento viene así fundado, ciegamente, en las afirmaciones de un sujeto venerado,
que incluso podría ser una autoridad religiosa, un gran filósofo o un estudioso
importante224. Sus aseveraciones eran consideradas como inatacables y por ello se
asumían como completamente veraces. De este modo, las afirmaciones que se
realizasen venían estimadas como verdaderas sólo porque se citaba la fuente de la que
provenían y dicha fuente era respetada por el conjunto de la sociedad225. El problema
fundamental que plantea el uso de este método es la falta de contraste entre lo afirmado

220
ZAVALA, J. A., Filosofía de la Transformación del Mundo, Colegio de Michoazcán, México, 1989,
p. 97.
221
Es de Henri Bergson la teoría de que «hay cosas que la inteligencia sola es capaz de buscar sin poder
encontrarlas por sí misma. Esas cosas sólo el instinto las hallará, pero jamás las buscará. Es que el
hombre, ser inteligente, conserva algo de instinto». GARCÍA MORENTE, M., La filosofía de Henri
Bergson, Editorial Encuentro, Madrid, 2011, p. 34.
222
CALAMANDREI, P., Elogio de los jueces escrito por un abogado, EJEA, Buenos Aires, 1956, p. 57.
223
KAUFMANN, A., Filosofía del derecho, trad. por Luís Villar Borda y Ana María Montoya,
Universidad Externado de Colombia, Bogotá, 1999, p. 22.
224
KUHN, T., La Estructura de las Revoluciones Científicas, Fondo de cultura económica, USA, trad.
por SOLIS C., 2013, p.181.
225
Este método de la autoridad encuentra acogida en el terreno de la prueba científica en el año 1923
cuando un fallo de un Tribunal Federal, en el caso Frye vs Estados Unidos, 293 F. 1013, estableció el
criterio de que una prueba científica para su validez en juicio debía haber sido aceptada previamente
por la comunidad científica de referencia (autoridad). Sobre este pronunciamiento véase el capítulo IV
de este trabajo.
81

por la autoridad consultada y el resto de entendidos en la materia. El sujeto venerado se


convertía así en juez del caso.

La tercera vía utilizada para obtener conocimiento y, con base en él, poder
resolver conflictos judiciales, era el método de la experiencia del caso. En esta ocasión
la adquisición del conocimiento llegaba a través de la experiencia sensorial del sujeto226.
Respecto a esta manera de proceder, advierte FOUREZ de que, pese a ser un método
recomendable ―en comparación con los anteriores que utilizaban los juicios divinos o
la tortura―, entrañaba un alto riesgo de error. La principal limitación de este método
era que tomaba confianza de la propia experiencia personal, y ello significaba razonar
desde un pequeño campo frente al gran número de situaciones potenciales que
existían227. Además, esta técnica estaba imbuida de subjetivismo, cualidad de la que ha
de carecer cualquier veredicto justo.

Finalmente, el último de los métodos empleados tras la erradicación de la


justicia vindicativa consistía en el razonamiento lógico, es decir, la aproximación
racional o silogística, que se empleaba cuando se descubría un nuevo conocimiento
partiendo de hechos conocidos228. La conclusión que se alcanzaba a través del
razonamiento podría ser factible, pero estaba lejos de ser cierta si no venía verificada
previamente la validez de la premisa229. Derivando lo propuesto por esta lógica, se
distinguen dos grandes tipos de razonamientos: por un lado, el razonamiento deductivo,
que va de lo general a lo particular, y, por otro lado, el razonamiento inductivo, que
consiste en obtener conclusiones generales a partir de premisas que contienen datos

226
Al respecto, señala FERRAJOLI que quizás el aspecto más evidente de este método sea la
constatación de la ineludible (aunque indeseable) proyección de la subjetividad del juez. Éste, «por
más que se esfuerce por ser objetivo, siempre está condicionado por las circunstancias ambientales en
las que actúa, por sus sentimientos, sus inclinaciones, sus emociones, sus valoresésticos-políticos... En
todo juicio, en suma, siempre está presente una cierta dosis de prejuicio». FERRAJOLI, L., Derecho y
razón. Teoría del garantismo penal, tad. Andrés Ibáñez, et al., Trotta, Madrid, 1995, pp. 56-57.
227
FOUREZ, G., La Construcción del conocimiento científico: sociología y ética de la ciencia, Narcea,
Madrid, 2006, p. 28.
228
LÓPEZ, SABINO DE J., Thomas Hobbes: o la unidad de naturaleza y sociedad, Eramus Ediciones,
Barcelona, 2009, p. 157.
229
Para la explicación de este método SABOURIN se vale de un ejemplo significativo: partiendo de los
principios de la aerodinámica, que ha construido el avión Concorde, se podría demostrar que una
avispa no puede volar, puesto que estos principios no son, en efecto, aplicables al vuelo de este
insecto. Es decir, podría llegarse a la conclusión de que la avispa no puede volar utilizando el
razonamiento de la aeronáutica, sin embargo, ha de observarse que no es una premisa adecuada para el
campo de la biología. SABOURIN, M., «The evolution of ethical standards in the practise of
psychology: A reflexion on the APA Code of Ethics», en Japanese Journal of Psychology, 70, 1999,
pp. 51-64.
82

particulares. Ambos razonamientos continúan utilizándose hoy día en la lógica


científica y jurídica230.

3.3.-La influencia del conocimiento científico en el proceso penal

De todo lo que hasta ahora llevamos dicho puede fácilmente advertirse cómo el
conocimiento extrajurídico que se introducía en el proceso penal en los siglos XIV y
XV dio un gran salto desde el conocimiento teológico e intuitivo al conocimiento
racional. Más tarde este salto se dio del conocimiento racional al conocimiento
científico, lo que fue propiciado, desde el ámbito jurídico, por un mayor control de las
decisiones judiciales y por la regularización codificada del medio por el que era
introducido al proceso: la pericia. La ciencia dejó de ser concebida por muchos como
algo extraño, ajeno y exótico que, sin embargo, cada vez era más indispensable para
aportar respuestas objetivas a quien, como los jueces y los jurados, debían decidir sobre
los hechos de un litigio231. De manera gradual, el libre criterio de los expertos se fue
restringiendo con la aparición de técnicas algo más exhaustivas. Fueron entrando a
formar parte del proceso personas más especializadas y primigenias innovaciones
tecnológicas, que son la base de los avances científicos actuales232.

3.3.1.-La pericia como tradicional medio de prueba por el que el conocimiento


extrajurídico penetró en el proceso

La evolución de los métodos místicos a los métodos del conocimiento común


dio lugar al surgimiento de técnicas, por aquel entonces consideradas científicas, algo
más racionales que las anteriores, pero únicamente basadas en la experiencia de quien
las practicaba. Entre ellas se encontraban, por ejemplo, la inspectio ventris, en la que se
recurría a un obstétrico ―persona que solía tratar la gestación y el parto― para decidir
si una mujer estaba embarazada; la mechanici aut achiteti, muy utilizada para establecer
los límites borrados o destruidos por inundaciones, situaciones en las que se recurría a
los agrimensores, a quienes, más que como a expertos, se les otorgaba facultad para

230
GARATE, R., «El razonamiento jurídico», en Derecho y Ciencias Sociales, Instituto de
Cultura Jurídica y Maestría en Sociología Jurídica, UNLP, núm. 1, abril 2009, pp. 197-211.
Esta idea es expresada con singular claridad por FERNÁNDEZ GARCÍA cuando subraya cómo «el
concepto de razón y de naturaleza humana, lo mismo que la metodología utilizada por los creadores y
divulgadores del derecho natural racionalista, demuestra una significativa afinidad con el método
deductivo cartesiano y la filosofía de las ciencias naturales». FERNÁNDEZ GARCÍA, E. «El
iusnaturalismo racionalista hasta finales del siglo XVII», ob. cit., p. 588.
231
TARUFFO, M., «Conocimiento científico y estándares de prueba judicial», ob. cit., pp. 63-64.
232
ABEL LLUCH, X., La prueba pericial, Bosh, Barcelona, 2009, p. 28.
83

decidir sobre la cuestión por su interés en la causa; o la comparatio litterarum, en la que


los «entendidos en escritura» trabajaban a la hora de determinar la autenticidad de un
texto o cuando la parte a quien se le oponía un documento negaba su firma233.

La entrada de estos métodos en el proceso penal, pese a la falta de precisión que


les caracteriza en la actualidad, fue admitida y regulada a través del tradicional medio
de prueba por el que la ciencia era introducida en el proceso, el denominado medio
pericial. Así, la pericia fue durante mucho tiempo el único vehículo para que ciencia y
proceso confluyeran y, de este modo, penetrase el conocimiento científico en el ámbito
jurídico. Tan tradicional resulta este medio que sobre la prueba de peritos ―aunque con
notas características muy distintas a como hoy la conocemos― comenzaron a
encontrarse algunos elementos embrionales en el Bajo Imperio Romano, cuando se
adoptó el procedimiento extraordinario234.

Hasta entonces, parece que no era necesaria la pericia ni su aplicación como un


medio de prueba en un proceso litigioso. El juez todo lo resolvía y se consideraba que
poseía todos los conocimientos para poder hacerlo así235. En las controversias actuaba
un juez privado nombrado por las partes a través de una lista, de tal suerte que, cuando
se requería un conocimiento especial sobre determinada materia para componer la litis
la manera más sencilla, y más expedita en la práctica, era la de nombrar juez a una
persona experta en el tema concreto. Así, el juez no tenía necesidad de llamar a un
perito, ya que él era, «juez y perito al mismo tiempo»236.

De este modo, en el derecho de los pueblos bárbaros que dominaron a Europa


después de la caída del Imperio Romano, no se practicó la peritación judicial, porque
era incompatible con las costumbres que imperaban en materia de prueba judicial237. Sin

233
SCIALOJA, V., Procedimiento Civil Romano, Ediciones Jurídicas Europa-América, Buenos Aires,
1967, p. 401.
234
DEL CASTILLO MORALES, L., PELLERANO GÓMEZ, J., HERRERA PELLERANO, H.,
Derecho Procesal Penal, vol I, Calpedom, 1999, p. 41. ALISTE SANTOS, T. J., miembro del Grupo
Iudicium de Investigación de Estudios Procesales de la Universidad de Salamanca, en su Ensayo sobre
«Motivación Judicial en el Derecho Romano», establece sobre dicho procedimiento extraordinario que
«Junto a los procedimientos enmarcados en el ordo iudiciarum privatorum corrió paralelo desde muy
antiguo el sistema extraordinario, que terminaría imponiéndose frente a las legis actiones y el
procedimiento formulario. Paradójicamente, dicho procedimiento, que en origen sirvió para el
encauzamiento procesal de aquellas cuestiones no previstas por el viejo ordo iudiciorum, de ahí su
calificación como cognitio extra-ordinem, acabó siendo un nuevo ordo iudiciorum privatorum de alta
repercusión e importancia posterior. A diferencia de los procedimientos clásicos, el sistema
extraordinario suprime la fórmula y las dos instancias del mismo grado. Hay un predominio de la
escritura frente a la oralidad. Se admite la apelación como medio de impugnación de sentencias. Y un
mismo juez conoce del asunto de principio a fin, afirmándose la naturaleza pública del proceso, no
siendo ya la sentencia obra del iudex privatus sino verdadero acto del poder público».
235
DEVIS ECHANDÍA, H., Teoría General de la Prueba Judicial, vol. II, Temis, Bogotá, 2002, p. 291.
236
SCHIAFFINO, M., Vademecum Pericial, Roca, Buenos Aires, 1999, p. 34.
237
DE SANTO, V., La Prueba Pericial, Universidad, Buenos Aires, Argentina, 2005, p. 25. «El peritaje
hace su aparición recién en el Derecho Romano, ya que no se conocen antecedentes de este medio de
84

embargo, cuando el procedimiento extraordinario creó la figura del juez como


funcionario público estatal era lógico que esa persona no conociera todos los campos
del saber y necesitara el asesoramiento de expertos en ciertos asuntos en discusión238.
Por lo que para suplir esta carencia de conocimiento surgió la figura del perito. Empero,
la clase de metodologías consideradas científicas en aquella época, no se valían de
ninguna ciencia rigurosa, ni de ningún método que hubiese sido sometido a verificación
o refutación de la manera en la que hoy se exige. Es más, los requisitos y
procedimientos a seguir por los peritos no estaban asentados. La aplicación práctica de
la pericia como medio de prueba algo más exhaustivo cobra importancia por obras de
los jurisconsultos italianos239.

Así las cosas, en el siglo XIII la prueba pericial adquirió mayor valor procesal, al
intentarse una reglamentación de la misma240. Pero no fue hasta la Constitutio
Criminalis Carolina de Carlos V (1532) cuando se contempló el informe médico de las
pericias, relacionadas con daños a las personas, como requisito indispensable para
considerarla prueba en el proceso241. Por aquel entonces en España se comenzó a
perfilar como prueba pericial el llamado «juicio de los hombres buenos»242, entre tanto
en 1569, Francia vio aparecer una cofradía de escribanos dedicados al estudio de las
falsificaciones243. Reapareció pues la prueba pericial ya muy avanzada la Edad Media,

prueba en el Derecho Griego antiguo. Se utiliza como vehículo para obtener la convicción del
magistrado y, por ende, como una prueba al suprimirse el procedimiento in iure, en el cual, en virtud
de que se elegía para conocer del pleito a alguien experto en la misma materia, resultaba
sobreabundante recurrir a la colaboración de peritos».
238
Sobre los antecedente de la pericia en derecho romano y en derecho comparado vid. DEVIS
ECHANDÍA, H., «Función y naturaleza jurídica de la peritación y del perito», Revista de Derecho
Procesal Ibero-Americana., núm. 4, 1969, pp. 862-864. Algunas notas sobre la historia de la
peritación pueden verse en MARTÍN SÁNCHEZ, T., La prueba pericial judicial y extrajudicial,
Dykinson, Madrid, 1999, pp. 11 y ss.
239
SCARANO, G., «La C.T.U. e la perizia medico-legale», in L’attività del C.T.U. e del perito, DI
MARCO, G.; SICHETTI, M., Giuffrè, Milano, 2010, p. 215.
240
A este respecto en España cabe destacar las aproximaciones encontradas en Las Partidas respecto a la
prueba pericial. De una parte, con referencia a la acreditación de la honra de la mujer se especificaba
que «…si fuesse pleito, en razón de alguna mujer que dizen que es corrompida, o de mujer que dezian
que fincaua preñada de su marido, ca tales cotiendas como estas se deuen librar por vista de mujeres
de buena fama» (III, XIV, 8). También podía emplearse la pericia para el cotejo de letras cuando el
escribano que había extendido un documento no lo podía reconocer, sirviendo entonces «buenos omes
e sabidores que sepan bien conocer e entender las formas e las figuras de las letras» (III, XVIII, 118).
241
DÍAZ SÁNCHEZ, C. L., El informe de peritos en los procedimientos civil y penal, Talca, Chile, 2000,
p. 69.
242
Acerca de los antecedentes de la pericia en el derecho español vid., entre otros, GARCÍA VALDÉS,
R., Derecho procesal criminal, Reus, Madrid, 1944; SERRA DOMÍNGUEZ, «De la prueba de
peritos», en Comentarios al Código Civil y Compilaciones forales (dir. por ALBALADEJO), Madrid,
1981.
243
LESSONA, C., Teoría General de la Prueba en Derecho Civil, trad. por Aguilera de Paz, Reus,
Madrid, 1907, p. 54.
85

inserta en ese «proceso común»244 que se fue formando o gestando a partir de la fusión
de diversos institutos provenientes de los Derechos Romano, Canónico y Germano. En
ocasiones dicha pericia era confundida con el testimonio de terceros. Así lo revelan, por
ejemplo, las figuras del testis peritus y del peritus assessor o consiliarius del Derecho
Canónico, aunque poco a poco se habrían de ir perfilando las notas que separaban o
distinguían al testigo del perito.

Más adelante, la prueba pericial empezó a ser regulada y difundida por los
avatares propios del comercio, y por el masivo empleo de medios de pago que se fueron
creando al amparo de un tráfico cada vez más fluido y extenso, consagrándose así
expresamente en el año 1579 en Francia, la actividad pericial en la Ordenanza de
Blois245. Aunque fue en el año de 1667 cuando se autorizó a los jueces y a las partes la
libre elección de los peritos. Y tres años más tarde, en la Ordenanza Criminal Francesa
de 1670, cuando por fin la pericia fue codificada y se introdujo plenamente en el sistema
penal inquisitivo, figurando en los Códigos posteriores y separándose así, aunque
fatigosamente, de la prueba testimonial, hasta convertirse en una institución
autónoma246.

Conviene destacar también que, al mismo tiempo de la codificación en


ordenanzas, Jacques Raveneau aportó datos precisos sobre el tema de la caligrafía
forense247; mientras que Etienne de Blegny, a fines de la misma centuria, expuso en su
tratado acerca del modo de proceder en los casos de comprobaciones de escrituras
objeto de litigios judiciales248. En ese instante se produjo un cambio en la
sistematización y en el concepto de metodología aplicada a la búsqueda de la verdad,
tanto para las cuestiones civiles como para las penales. Comenzó una nueva etapa de
transición histórica que implicó el desarrollo de grandes transformaciones en la
producción de la prueba249.

244
GARCÍA DE LA MADRID, M., Historia de los tres derechos: Romano, Canónico y Español, Don
Pedro Sanz, Madrid, 1831, p. 368.
245
La Ordenanza de Blois consta de 333 artículos sobre el funcionamiento de la policía general del reino.
Fue publicada por Enrique III en mayo de 1579. Aunque está firmada en París, se la llama de Blois
porque satisface algunas de las quejas y peticiones hechas por los Estados generales celebrados en
Blois en 1576 y 1577. MONTENER Y SIMÓN, Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano de
Literatura, Ciencias, Artes, etc., W. M. Jackson, Inc., Barcelona, 1899, tomo II.
246
MITTERMAIER, C. J. A., Tratado de la prueba en materia criminal; exposición comparada, México,
1877, pp. 198-201.
247
La mayoría de ellos contenidos en su obra Traité des inscriptions en faux et reconnaissances
d’écritures et de signatures par comparison et autrement…, Thomas Jolly, París, 1665. (Tratado de
inscripciones y falsos reconocimientos de escritos y firmas por comparaciones y otros métodos…).
248
LESSONA, C., Teoría General de..., ob. cit., p. 62.
249
En palabras de SCARANO, «era ésta una de las consecuencias de la invención de las tecnologías
positivias de poder que había tenido lugar a lo largo del siglo XVIII, un poder que es por fin no
meramente un poder represivo sino un poder positivo, un poder que fabrica, que observa, que
86

Desde entonces, la prueba pericial fue paulatinamente incorporada a la mayoría


de los ordenamientos procesales de fines del siglo XIX, cobrando un papel vital en los
procedimientos judiciales, directamente proporcional a los avances científicos y
tecnológicos que han venido operándose o sucediendo desde entonces250. De manera
que, cuando se inició la era de las codificaciones en inicios del siglo XIX, con el Código
que promulgó Napoleón en 1804, el peritaje volvió a tener consagración formal en los
Códigos Procesales europeos del momento. Así ocurrió, por ejemplo, en el antiguo
procedimiento penal francés, en el penal austríaco de 1803 y otros penales europeos del
siglo XIX y XX, como es el caso de la Ley de Enjuiciamiento Criminal española de
1882251.

Puede entreverse, así, como la pericia se adoptó como instrumento autónomo de


prueba, que permitía realizar demostraciones científicas en el proceso penal gracias a
los pioneros criminalistas italianos de la Edad Media. Posteriormente, el positivismo
jurídico le otorgó gran importancia, al punto que se llegó a pronosticar un futuro
eminentemente técnico de la prueba en general, que haría depender su valor de las
experimentaciones científicas y comprobaciones técnicas de los hechos, debido
principalmente a que por aquel entonces los avances científicos crecían a una velocidad
arrolladora252. A nuestro entender, estas tendencias positivistas se referían con sus
predicciones no a una mayor cientificidad de la pericia sino a un nuevo método
probatorio: la prueba científica; institución que por aquella época se consideraba ya el
sistema probatorio del futuro, como en efecto está ocurriendo253.

3.3.2-La aparición de las ciencias forenses

La constante evolución de la ciencia y de las técnicas utilizadas para la


resolución de casos judiciales propició que el conocimiento extrajurídico que tal y como
hemos visto penetraba en el proceso penal, allá por el siglo XIX, sea el que podemos
empezar a calificar como «científico»254. En palabras de NIETO ALONSO, «a partir de
mediados del siglo XIX, aparece la prueba como medio científico para llegar a adquirir

construye, un poder que sabe y se multiplica a partir de sus propios efectos. Estamos, en definitiva,
ante ese poder de normalización que tanto ha proliferado —y con tanto éxito— en nuestra sociedad
durante los últimos siglos». SCARANO, G., «La C.T.U. e la perizia…», ob. cit., p. 209.
250
DÍEZ-PICAZO, L., Derecho y manifestación social. Tecnología y derecho privado, Civitas, Madrid,
1979, p. 102.
251
MITTERMAIER, C. J. A., Tratado de la prueba…, ob. cit., p. 204.
252
DEVIS ECHANDÍA, H., Teoría General de…, ob. cit., p. 299.
253
SOMOZA CASTRO, O., La muerte violenta. Inspección ocular y cuerpo del delito. Las decisivas
primeras veinticuatro horas, La Ley, Madrid, 2004, Prólogo, pp. XXVI-XXVIII.
254
ROBLEDO, M. M., «La aportación de la prueba pericial científica en el proceso penal», en Gaceta
Internacional de Ciencias Forenses, núm. 15, abril-junio, 2015, pp. 8-9.
87

la certeza de los hechos y demostrar la evidencia de los mismos tal como se


desarrollaron»255. Múltiples teorías y metodologías fueron originadas o perfeccionadas
durante dicho periodo. De todas ellas, han resultado especialmente útiles para el proceso
penal, desde la aparición de las mismas hasta nuestros días, la medicina legal ―en sus
múltiples vertientes―, la balística, la toxicología, la fotografía forense, la antropología,
la dactiloscopia y la entomología256. Estas ciencias, entre otras, son conocidas como
ciencias forenses, en cuanto que suponen la aplicación de principios científicos al
proceso. Es decir, aplican de manera sistemática a los vestigios, muestras y objetos
obtenidos, una metodología científica que dota de objetividad a las conclusiones
obtenidas257.

De esta suerte, las disciplinas forenses surgidas en tiempos anteriores al siglo


XX se empezaron a guiar científicamente258. No obstante, dichas disciplinas, en sus
inicios, no gozaban de un porcentaje considerable de empirismo, ya que la intuición y el
sentido común eran muy empleados y, lógicamente, no se obtenían resultados altamente
fiables259. Si bien, incluso con la ausencia del rigor científico que proporcionan las
técnicas empleadas en la actualidad, estos métodos propios de la criminalística
propiciaron la creación y, más tarde, la evolución de lo que hoy conocemos como
«prueba científica».

De entre ellas caben ser destacadas algunas aportaciones significativas como


pueden ser, en el ámbito de la medicina forense, el embalsamiento de cadáveres, los
signos clínicos que han de servir para conocer la gravedad de las heridas o aquellas
señales que permiten reconocer si un cuerpo fue arrojado vivo o muerto al agua
estudiando los rasgos de las asfixias por el óxido de carbono260. También en el plano
procesal fue de gran importancia el comienzo de una estructuración homogénea de los

255
NIETO ALONSO, J., Apuntes de criminalística, Tecnos, Madrid, 2014, p. 18.
256
RODES LLORET, F., Laboratorio forense, Universidad de Alicante, Alicante, 2013, p. 22.
257
En este sentido, de unicidad de principios y método, señala GÓMEZ COLOMER que «si pensamos
en los avances espectacuares de la medicina y de las nuevas tecnologías de la información y de la
comunicación (NTIC: informática, internet y teleomunicaciones), y si relacionamos su posible
aplicación en la investigación de crímenes tan graves como los de la criminalidad organizada
(terrorismo o narcotráfico, por ejemplo), asesinatos y homicidios, delitos sexuales, resulta evidente la
necesidad de sistematizar toda la problemática que presenta la llevanza al proceso de estos hechos y
sus pruebas bajo comunes denominadores, no sólo para facilitar su práctica, sino sobre todo y también
por ser más importante, para facilitar el convencimiento positivo o negativo del juzgador respecto a
los hechos que con esas pruebas se trata de demostrar». GÓMEZ COLOMER, J. L., «Los retos del
proceso penal ante las nuevas pruebas que requieren tecnología avanzada: el análisis de ADN», en La
prueba de ADN en el proceso penal, Tirant lo Blanch, Valencia, 2014, pp. 27-28.
258
ROBLEDO, M. M., «La aportación de la prueba pericial…», ob. cit., pp. 8-9.
259
RAMILA SÁNCHEZ, N. J., La ciencia contra el crimen, Nowtilus, Madrid, 2010, pp. 17-18.
260
CLARK, M., CRAWFORD, C., Legal Medicine in History, University of Cambridge, Cambridge,
1994, p.110.
88

informes médicos, lo cual facilitaba la tarea del juez en el momento de valoración de la


prueba261.

De otro lado, el cotejo de proyectiles según el molde o turquesa donde hubieran


sido fabricados fue una aportación de los primeros auspicios de la ciencia balística, para
lo cual utilizaban una simple lupa. Hoy día ha cambiado la herramienta empleada, la
lupa ha sido sustituida por el microscopio electrónico de barrido, pero el procedimiento
base para el cotejo se ha mantenido262. Lo mismo sucede con las huellas dactilares. El
método de comparación es idéntico pero en la actualidad se utilizan técnicas
electrónicas que permiten apreciar con mayor precisión y rapidez la coincidencia de
huellas263. Es más, no debe olvidarse que fue en el siglo XIX cuando FRANCIS
GALTON aseguró que estas huellas no cambiaban con el paso del tiempo y que eran
únicas para cada individuo264, lo cual supuso la base científica de las investigaciones
modernas265.

Cabe añadir, en este punto, que pese a la gran utilidad de la mayoría de estas
ciencias decimonónicas no todas han aportado métodos científicos utilizados en la
actualidad. Al respecto merecen ser destacadas las técnicas antropológicas de Cesare
Lombroso que pretendían demostrar la existencia de delincuentes natos266. LOMBROSO
defendía que existía una relación entre ciertas anomalías morfológicas del hombre y la
delincuencia. Según su teoría, si esta correspondencia quedaba acreditada, podían
realizarse detenciones preventivas, es decir, retener a los criminales antes de que
cometiesen un delito267. Para ello, estudió diferentes aspectos antropológicos. Estudios

261
GISBERT CALABUIG, J. A., Medicina legal y Toxicología, Masson, Barcelona, 2005, p. 10.
262
En concreto, los sistemas más novedosos tecnológicamente en la actualidad permiten el examen digital
balístico utilizando incluso imágenes en dos dimensiones de proyectiles y casquillos, este sistema
permite escanear mediante un láser a través de un interferómetro de aplicaciones específicas y generar
imágenes de alta resolución en tres dimensiones, las cuales permiten ser examinadas con mayor
precisión y con las garantías necesarias que requiere una evidencia física para un informe en menor
tiempo y con menor margen de error. Este sistema permite, además, analizar las muestras por medio
de colorización topográfica sensible, movimiento de las fuentes de luz, la orientación, etc., lo cual les
dota de una altísima fiabilidad. JIMÉNEZ ORTIZ, J., «Balística forense: inicios», en Quadernos de
criminología: revista de criminología y ciencias forenses, núm. 12, 2011, pp. 6-11.
263
COLE, S. A., «More than zero: accounting for error in latent fingerprint identification», in Journal of
criminal law and criminology, vol. 95, 2005, pp. 991-994.
264
GALTON, F., Finger Prints, MacMillan, London, 1892, pp. 12-59.
265
LERET, M. G., Derecho, biotecnología y bioética, CEC, Caracas, 2005, p. 61.
266
GALERA, A., «La antropología criminal española de fin de siglo», en Investigaciones Psicológicas,
núm. 4, Universidad Complutense, Madrid, 1987, pp. 155-161.
267
En primer lugar, Lombroso estudió el cráneo, en el que intentó establecer diferencias de tamaño entre
los criminales y los que no lo eran. Al no apreciar esta diferencia recurrió a analizar las anomalías
craneanas, tales como el hoyuelo en medio del occipital, la sinostosis precoz craneal o las mandíbulas
voluminosas. En segundo lugar examinó el cerebro, principalmente las irregularidades de las
circunvoluciones cerebrales, aunque también el excesivo desarrollo del cerebro, la existencia de un
opérculo occipital, así como el peso del cerebro. Por último, se centró en el estudio del cuerpo, en
aspectos como la estatura, el peso y la apertura de los brazos. Para profundizar sobre esta teoría vid.
89

que tuvieron gran repercusión en su época, pero que no lograron que hoy en día sea
aceptado por la comunidad científica que exista una cavidad en el cráneo que pueda
determinar la propensión de una persona a ser un criminal268.

Así sucedió también con los sueros de la verdad que, una vez inyectados por vía
endovenosa en el acusado, lo llevaban a un estado de narcosis que se patentizaba por
somnolencia, obnubilación y, finalmente, pérdida de la sensibilidad y de la conciencia,
lo que provocaba su confesión269. Respecto a la falta de vigencia de esta técnica, se
pronunció el Tribunal Supremo, en sentencia de 22 de mayo de 1982, al declarar que
«como no podía por menos de suceder, el narcoanálisis encontró su asiento en el
Derecho procesal y juristas y Tribunales han tomado posturas diamétricamente opuestas
a la par que en el terreno científico y clínico ocurría, desde su aceptación plena, a su
adopción con recelos, para llegar a la postura extrema de su erradicación de los medios
probatorios».

Lo cierto es que, con vigencia o no en el acervo científico-probatorio actual,


todas estas ciencias forenses suponen el precedente de lo que ahora conocemos como
prueba científica. Además, su existencia dio lugar al surgimiento de un nuevo término
muy utilizado en este ámbito probatorio: la criminalística270. Vocablo que hace
referencia a aquel conjunto de disciplinas que se ocupan del descubrimiento y la
comprobación científica del delito y el delincuente271. Mediante el uso de esta ciencia
multidisciplinaria se ha logrado suministrar información objetiva de otra manera
inalcanzable para el investigador y para el sistema judicial, a través del examen de la
evidencia física. Sus objetivos son similares a los de las ciencias naturales, ente otros,
dedicarse a la búsqueda de la verdad a través de la aplicación del método científico, lo
que casa por completo con la metodología que se sigue para la producción de una
prueba científica272.

LOMBROSO, C., L’uomo deliquente in rapporto all’antropologia, alla giurisprudenza ed


alle discipline carcerarie, Fratelli Bocca, Torino, 1896, pp. 26 y ss.
268
SERRANO GÓMEZ, A., SERRANO MAÍLLO, A., La Antropología criminal en la historia de la
Criminología española, Aquilafuente, Salamanca, 2007, pp. 746-752.
269
Sobre el surgimiento de esta técnica, nacida en Francia a principios del siglo XX, y sus problemas
científicos y jurídicos, vid. ampliamente COSSA, P., CHARLES, R., Sérum de vérité?: Le problème
de la narco-analyse, Heures de France, París, 1949.
270
Esta denominación fue otorgada por el más ilustre y distinguido criminalista de todos los tiempos, el
Doctor en Derecho Hans Gross, mediante su prestigiosa obra Manual del Juez, todos los Sistemas de
Criminalística ―Handbuch für Untersuchumgsrichter al System der Kriminalistik―, publicada en
Graz, Austria en 1892.
271
GASPAR, G., Nociones de criminalística e investigación criminal, Editorial Universidad, 1993, p. 28.
272
Respecto al concepto de esta ciencia surgen, con frecuencia, confusiones con otro tipo de ciencia, la
Criminología. En relación a ello ha de tenerse en cuenta que, aunque ambas son ciencias están
vinculadas con los delitos, no significan lo mismo. La Criminalística, por su parte, trabaja con los
elementos físicos e indiciarios, mientras que a Criminología, lo hace con las conductas humanas, sus
90

3.3.3.-Los orígenes de la policía científica

El incesante crecimiento de las ciencias forenses y su abrumadora presencia en


el proceso penal desde principios del siglo XX propició el impulso de la creación de
instituciones oficiales dedicadas únicamente a la obtención, análisis y conservación de
muestras, vestigios o rastros que pudieran ser estudiados a través de un método
científico. El uso de estas metodologías en el proceso dejó patente que no bastaba con
los conocimientos y la experiencia de los tradicionales cuerpos de policía pues, por
aquel entonces, no estaban conformados por científicos de las distintas ramas de la
criminalística. Fue así como surgió la Policía Científica273.

En concreto, puede afirmarse que su origen acontece cuando Salvatore


Ottolenghi, discípulo de Lombroso y profesor de Medicina Legal, fundó en Roma una
Escuela de Policía Científica en el año 1902274. Ottolenghi fue el primer estudioso de las
técnicas de investigación científicas en su conjunto, esto es, sin distinguir entre cada una
de las disciplinas que la forman. Durante los primeros años de vida de la Escuela se
presenciaron progresos inimaginables, tanto en el campo científico como en el
didáctico, así como en el territorial. Lo más destacable fue que se reorganizasen las
funciones de la Policía Científica en tres servicios: el servicio de identificación, el de
investigación técnica de la Policía Judicial y el antropológico-biográfico para
delincuentes y sospechosos275. Además, esta nueva concepción de la Policía Científica
encontró gran acogida entre los estudiosos de la época en todo el mundo. Así, Alfredo
Nicéforo, en la Escuela Positiva de Roma en 1903, con su monografía de estudio y
enseñanza de la criminología, colocaba por primera vez a la Policía Judicial Científica,
en el cuadro general de la Criminología276.

El nacimiento de la policía científica también se produjo en España277. El primer


acontecimiento destacable tuvo lugar en 1895, con la creación, en el Gobierno Civil de

patrones predictivos y explicativos. Por ello, y pese a sus limitaciones sintácticas, su semántica y
objetivos son muy diferentes, originando cierta confusión terminológica en el mundo judicial, policial
y, sobre todo, mediático. Vid. IBÁÑEZ PEINADO, J., Métodos, técnicas e instrumentos de la
investigación criminológica, Dykinson, Madrid, 2014, pp. 126-127.
273
EMSLEY, C., SHPAYER-MARKOV, H., Police Detectives in History, 1750-1950, Ashgate
Publishing, 2006, p. 9.
274
GIULIANO, A., Dal pensiero di Lombroso all’impronta digitale, Cortina, Torino, 2011, p. 17.
275
STRANO, M., Manuale di criminologia clinica, Società Editrice Europea di Nicodemo, Firenze, 2003,
pp. 285-288.
276
DE BENITO, E., Policía Judicial Científica, vol. XXV, Reus, Madrid, 1915, p. 16.
277
Sobre el desarrollo español de la policía científica vid., ad exemplum, BERNALDO DE QUIRÓS, C.,
La Nuevas Teorías de la Criminalidad, Reus, Madrid, 1908; LECINA CALVO, M., «Pequeña historia
de la Policía Científica española», en Ciencia policial, núm. 41, 1998, pp. 7-42; Policía Científica:
91

Barcelona del primer gabinete antropométrico y fotográfico con fines identificativos


―aunque aún no se había acuñado el nombre de Policía Científica para referirse a la
institución pues, como hemos reseñado supra, ello se produce en Roma en el año
1902―. Este hecho se vio reforzado al año siguiente con la creación del Servicio de
Identificación Judicial, mediante Decreto de Ministerio de Gracia y Justicia de 10 de
septiembre, que disponía la creación en las cárceles del Reino del Servicio de
Identificación Antropométrico, según el sistema de Bertillon278. Trece años más tarde,
en 1908, se creó en Madrid la primera Escuela teórico-práctica de Policía, sobresaliendo
entre sus asignaturas la Antropometría y la Fotografía, como se haría poco después en la
escuela de Barcelona, donde el Gabinete antropométrico gozaba de un gran prestigio279.

El desarrollo de esta institución se expandía por todo el mundo a una velocidad


vertiginosa. En 1911, en Suiza, el alemán Rodolph Archihald Reiss se dedicaba
íntegramente a los estudios de la Policía Científica y abrió diferentes secciones de
balística y dactiloscopia para aumentar la especialización280. En estas mismas fechas, en
Estados Unidos un policía jefe de la ciudad de Berkeley inició la introducción del
conocimiento científico en su equipo policial. Se trataba de August Vollmer, quien,
impresionado por la falta de conocimiento técnico del cuerpo policial en el momento de
examinar pruebas físicas, confió en el conocimiento científico de unos amigos expertos
en varios campos de la criminalística ―psiquiatras, neurólogos, biólogos― para que
auxiliaran a su brigada policial281. Por otro lado, en los países latinoamericanos, análisis
iniciados por Juan Vucetich integraban el uso de métodos científicos en la investigación
criminal y ello propició la creación de Institutos de Policía y Laboratorios de
Criminalística282.

De este modo, en sus tempranas apariciones, la prestación de los servicios de


criminalística, identificación analítica e investigación técnica, así como la elaboración

100 años de ciencia al servicio de la justicia, Ministerio del Interior, 2011; DOLZ LAGO, M. J.,
FIGUEROA NAVARRO, C., La prueba pericial científica, Edisofer, Madrid, 2012.
278
El sistema de Bertillon fue creado por Alphonse Bertillon, criminalista del siglo XIX, quien dio a
conocer su método antropométrico en 1885 en el Primer Congreso Internacional de Antropología
Criminal, y que fue adoptado oficialmente en 1888. Dicho método, conocido también como
«bertillonaje», estaba basado en el registro de las diferentes características óseas métricas y cromáticas
en personas mayores de veintiún años, en once diferentes partes del cuerpo. Vid. más sobre el sistema
de Bertillon, ad exemplum, en ALBARRACÍN, R. Manual de criminalística, Editorial Policial, 1971,
p. 50 y ss; REVERTE COMA, J. M., Antropología forense, Ministerio de Justicia, Madrid, 1999, pp.
126-127; VALENCIA CABALLERO, L., Cadáveres desconocidos: una aproximación a sus
probables rostros, Instituto Nacional de Antropología e Historia, México, 2010, pp. 88 y ss.
279
DOLZ LAGO, M. J., FIGUEROA NAVARRO, C., La prueba pericial…, ob. cit., p. 38.
280
MONTIEL SOSA, J., Manual de criminalística, Limusa, México, 1998, p. 61.
281
WILSON, O. W., «August Vollmer», in Journal of Criminal Law and Criminology, vol. 44, 1953, p.
99.
282
ALONSO PÉREZ, F., CABANILLAS SÁNCHEZ, J. (et. al.), Manual del policía, La Ley, Madrid,
2004, p. 1103.
92

de los informes periciales y documentales eran las funciones compartidas por la policía
científica de todos los países, independientemente de las diferencias existentes en la
organización funcional en cada uno de ellos. Con base en estas características comunes,
puede afirmarse que la Policía Científica en los preludios del siglo XX llegó a ser
criminalística, ya que la experiencia fue demostrando que el estudio de determinadas
fuentes de prueba, como el de las huellas dactilares, manifiestamente importantes para
la justicia, o el descubrimiento de falsos documentos, sobrepasaba las responsabilidades
de las rutinarias investigaciones policiales283. Así fue cómo comenzó a hacerse
necesario que especialistas tales como biólogos, físicos o químicos, interviniesen tanto
en la escena del crimen como en los laboratorios de criminalística creados en el interior
del cuerpo policial284. Y así fue también, mediante el trabajo de la policía científica,
cómo se introdujo el método científico en el proceso penal y, en concreto, en su sistema
probatorio285.

4.-La modernidad tecnológica y científica en el actual sistema penal probatorio

Como ya ha sido reseñado al comienzo de este trabajo, en la actualidad es un


hecho notorio que tanto la ciencia como su aplicación práctica ―la tecnología― están
presentes en gran parte de las actividades cotidianas ―economía, ocio, trabajo, familia,
etc.―. A lo largo de este capítulo se ha puesto de relieve que el ámbito judicial no es
una excepción a esta regla general, de manera que la presencia de la ciencia y de la
tecnología en el proceso se ha visto aumentada exponencialmente en los últimos años.
Si bien, cabe advertir que dicha presencia no solo acontece durante la actividad
probatoria, sino también en otros aspectos del proceso distintos de la prueba286. Entre

283
El crecimiento de los Gabinetes de Identificación era imparable. La importancia de su labor y
resultados eran tan patentes que el 17 de noviembre de 1934, el Presidente del Consejo de Ministros
del Gobierno de la República, Niceto Alcalá Zamora firmó un Decreto reconociendo carácter oficial al
Servicio de Identificación. El preámbulo del Decreto expresaba la filosofía que lo inspiraba al
disponer que «como es axiomático que ninguna policía medianamente organizada puede hoy
prescindir de los trabajos del servicio de identificación , pues, sin hipérbole, puede afirmarse que la
identificación de los reincidentes y los trabajos técnico-policiales de laboratorio son a la policía lo que
los rayos X a la medicina, toda vez que lo mismo que no basta el ojo clínico del médico…, puede
sostenerse que tampoco basta al policía modernos, toda astucia, sagacidad, memoria visual y otras
dotes que pueda poseer para realizar completamente la cada día más compleja, difícil y delicada
función policial».
284
SIMONÍN, C., Medicina Legal Judicial, JIMS, Barcelona, 1955, p. 54.
285
BUQUET, A., Manual de criminalística moderna…, ob. cit., p. 28.
286
Y no solo en distintas facetas del proceso, sino del Derecho. En este sentido, señala VÁZQUEZ
ROJAS que «en esta convergencia, la ciencia (y la tecnología) no sólo ha suscitado nuevos problemas
jurídicos, como la regulación de la investigación en células madre o el comercio electrónico, sino que
ha provocado el replanteamiento de cuestiones que se habían considerado no problemáticas
jurídicamente, por ejemplo, la llamada maternidad subrogada o la fecundación postmortem; o
exclusivamente jurídicas, como el potencial impacto de la neurociencia en el ámbito de la
responsabilidad penal; o, por el contrario, de poco interés para el derecho, [Link]., los cambios
93

ellos pueden ser destacados la masiva generación de documentos de soporte informático


y de expedientes judiciales electrónicos en la administración de justicia; u otras
situaciones en las que la ciencia no sirve para tareas de gestión ni de prueba, como por
ejemplo, los informes utilizados para proceder a la calificación de un sujeto, es decir, el
usual parte del especialista emitido para evaluar la capacidad de entendimiento de una
persona, su peligrosidad criminal, la madurez de un menor o la condición de salud del
detenido287.

Sin embargo, en el presente trabajo nos centraremos en una de las muchas


consecuencias derivadas de este fenómeno de «cientificidad judicial»: la progresiva
cientificidad experimentada por el sistema probatorio. En otras palabras, analizaremos
el nuevo modo de indagar y de verificar las afirmaciones alegadas por las partes en el
proceso penal, es decir, el recurso jurídico al método científico288. Puesto que, dado el
creciente desarrollo vivido hasta ahora por parte de la ciencia en la investigación
criminal, cabe vaticinar un impacto cada vez mayor de pruebas científicas en el proceso
penal289.

4.1.-Nuevas pruebas científicas

Con ánimo de reflejar esta revulsión científica de la actividad probatoria,


conviene reiterar que cada vez es más frecuente, y en muchos tipos de controversia es
habitual, el recurso a instrumentos, a tests o a experimentos inéditos, en suma, a
pioneras investigaciones científicas, para resolver una causa judicial. Basta pensar en el

climáticos o la teoría del creacionismo». VÁZQUEZ ROJAS, C., «Sobre la cientificidad de la prueba
científica en el proceso judicial», en Anuario de Psicología Jurídica, vol. 24, núm. 1, 2014, p. 65.
287
Sobre la influencia de la ciencia en ámbitos de la justicia distintos del sistema probatorio vid., entre
otros, MACÍAS CASTILLO, A., «Declaración judicial de incapacidad», en Actualidad civil, núm. 8,
2005; CÁRCAMO, N., «Hacia la Administración de Justicia electrónica», en Iuris: Actualidad y
práctica del derecho, núm. 145, 2010, pp. 22 y ss; GARCÍA TORRES, M. L., «La tramitación
electrónica de los procedimientos judiciales», en La Ley penal: revista de derecho penal, procesal y
penitenciario, núm. 82, 2011, pp. 4 y ss.; GONZÁLEZ DE LA GARZA, L. M., Justicia electrónica y
garantías constitucionales: comentario a la Ley 18/2011, de 5 de julio, reguladora del uso de las
tecnologías de la información y la comunicación en la Administración de Justicia, La Ley, 2012;
GAMERO, E., VALERO, J., Las Tecnologías de la Información y la Comunicación en la
Administración de Justicia, Thomson-Aranzadi, Cizur Menor, 2012; MUÑOZ SORO, J. F., La
gestión y valoración de los documentos judiciales en el nuevo contexto tecnológico, Universidad de
Zaragoza, Zaragoza, 2013.
288
En este sentido, señala TARUFFO que ello «implica una reducción del recurso a las nociones
proporcionadas por la experiencia y por el sentido común, que es proporcional a la ampliación del uso
de metodologías científicas». TARUFFO, M., Simplemente la verdad, Marcial Pons, Madrid, 2010, p.
240.
289
Al respecto, apunta VÁZQUEZ ROJAS que «cada vez más tratados, leyes, reglamentos o sentencias,
se elaboran con supuesto fundamento en información de carácter científico y, también con suma
frecuencia, se enarbola un uso de la palabra «ciencia» que parece suponer una imagen «romántica» de
la empresa científica».VÁZQUEZ ROJAS, C., «Sobre la cientificidad de la prueba…», ob. cit., p. 65.
94

ejemplo de la prueba de ADN que, utilizada por primera vez en un proceso penal en
1987290 ―hace tan solo veintinueve años―, hoy se ha vuelto de uso común cuando se
trata de determinar la identidad de un sujeto, tanto en procedimientos civiles como
penales. Desde entonces, otras muchas técnicas científicas, hasta hace poco tiempo del
todo inusuales, han sido utilizadas en los procesos penales de distintos países en
sustitución de metodologías probatorias no científicas, e incluso en sustitución de
técnicas probatorias científicas consideradas obsoletas o poco rigurosas.

Entre estas novedosas técnicas destacan, por ejemplo, la reconstrucción a través


de la informática del rostro de un individuo ―en lugar de acudir al tradicional
dibujante―; técnicas electroencefalográficas como la P300 que permiten detectar
estímulos neurológicos emitidos por nuestro cerebro para comprobar si un sujeto
almacena cierta información relevante para el caso que se investiga ―en lugar de
recurrir a la clásica máquina de la verdad―; la aportación de SMS, emails o mensajes
de Whatsapp291 ―en lugar de cartas manuscritas―; la utilización del georradar para
encontrar cuerpos o materiales enterrados ―en lugar de cavar guiándose únicamente
por la información obtenida del testimonio de testigos o del propio investgado―; la
localización de personas según el GPS de sus dispositivos móviles ―en lugar de
perseguirlas en secreto―; la utilización del microscopio electrónico de barrido para
analizar residuos hallados en la escena del crimen ―en lugar de valerse de una simple
lupa―; las imágenes proporcionadas por las cámaras de videovigilancia ―en lugar de
la declaración de un testigo físico―; e incluso la incipiente investigación sobre la
posible utilización de la «huella bacteriana» para identificar a personas292 ―en lugar de

290
Se trata del caso conocido como Colin Pitchfork, acontecido en Inglaterra, cuyo protagonista asesinó y
violó a dos chicas adolescentes ―Sentencia dictada por el «Tribunal Superior de lo Penal», the Crown
Court, de Leicester, el 22 de enero de 1988―. En esta investigación las muestras de ADN fueron
cruciales, no solo para condenar finalmente a Pitchfork a cadena perpetua, sino también para exculpar
al señor Buckland, acusado antes de que se descubriera al verdadero culpable por una suerte de
pruebas indiciarias que, junto a un interrogatorio policial intimidatorio, lo llevaron a confesar un delito
que no había cometido. Posteriormente, se realizó una recolección de muestras entre los hombres de la
zona, llegándose al culpable, que había pedido a un compañero que diera una muestra por él. Vid. más
sobre este caso en WILLIAMS, R., JOHNSON, P., Genetic Policing: The use of DNA in Criminal
Investigations, Willan, Oregon, 2013, pp. 41-44. Cabe señalar que, aunque en ámbito penal el caso
Pitchfork fue el primero resuelto por el método científico de genética forense de ADN, el caso pionero
en que se utilizó esta técnica no fue un caso criminal sino civil. Nos referimos al caso Sarbah
―Sarbah vs. Home Office, Ghana Immigration Case, 1985―, en el que se pudo demostrar, más allá
de una duda razonable, mediante pruebas de ADN que el chico de quince años arribado a Londres en
un avión procedente de África, Andrew Sarbah, de madre inglesa y padre africano, era hijo de su
supuesta madre y que no se trataba de un inmigrante ilegal sino que había entrado en Inglaterra
legalmente. Vid. más sobre este caso, entre otros, en KAYE, D. H., The double helix and the law of
evidence, Harvard University Press, Cambridge, 2010, pp. 53 y ss.
291
Con referencia a estas técnicas electrónicas o cibernéticas hay quien denomina al proceso actual como
«proceso 2.0», en alusión a la revulsión de pruebas electrónicas aparecidas en los últimos años. Vid.
ampliamente BUENO MATA, F., Prueba electrónica y proceso 2.0, Tirant lo Blanch, Valencia, 2014.
292
La huella bacteriana, es un nuevo método científico que permite individualizar a cada persona
mediante las bacterias que viven en nuestras manos. Esta novedosa metodología, también conocida
como «tercera huella dactilar», en cuanto posterior en el tiempo a la huella dactilar o lofoscópica y a
95

analizar la huella dactilar―. Estas novedades instrumentales y procedimentales, que en


absoluto agotan las existentes y se indican a título meramente ejemplificativo, son las
que han configurado la nueva categoría probatoria que denominamos «prueba
científica».

Estas metodologías, entre otras, constituyen una nueva categoría que forma un
todo, con independencia de la ciencia de la que se valgan. Por ello, no parece útil
clasificar estos métodos e instrumentos en virtud de la rama científica a la que
pertenezcan293 pues, muchas de estas metodologías se nutren de distintas disciplinas
científicas. Por ejemplo, este es el caso de la técnica del análisis de los patrones de
machas de sangre, conocido internacionalmente como Bloodstain Pattern Analysis
(BPA). Esta técnica consiste en el estudio de los patrones de salpicaduras de sangre en
la escena del crimen con el fin de deducir los hechos que lo causaron294. A través de
dicho estudio se puede determinar el movimiento de la víctima durante y después del
derramamiento de la sangre, su posición y el tipo de arma utilizada295. Para alcanzar
estas conclusiones el BPA ha de valerse de distintas disciplinas científicas como la
química, para los métodos de revelación de los vestigios; las matemáticas, para la
modelización de los diversos mecanismos de formación de las manchas hemáticas; y la

la prueba genética de ADN, está siendo estudiada en profundidad para poder ser introducida en el
proceso penal como método probatorio. Se estima que dichas bacterias que habitan nuestra piel
superan diez veces el número de células de un cuerpo humano. Según sus investigadores ―entre los
que cabe destacar a Noah Fierer biólogo estadounidense e impulsor de esta investigación―, dado que
tales microbios son personalizados, la posibilidad de que podamos usar las bacterias de la piel
residuales en objetos para la identificación forense se ha visto materializada examinando la
coincidencia de las bacterias en el objeto con las bacterias de la piel asociada a la persona sospechosa
de haber tocado el material en cuestión. Este descubrimiento supone un gran avance para los delitos
en los que la escena del crimen carezca de restos que contengan células que poder examinar para
extraer el ADN y en cuyas superficies no puedan obtenerse huellas dactilares con total claridad, ya
que estas bacterias perduran una media de dos semanas. Sin embargo, la verificación de este método
aún no está concluida, de ahí que aún no se haya utilizado en ningún proceso penal. Sobre el posible
uso de la huella bacteriana vid, ad exemplum, KEIM P, «Microbial Forensics: A Scientific
Assessment», in American Academy of Microbiology, Washington, DC, 2003; BOTTONE, E.
J., CHENG, M., HYMES, S., et al., «Ineffectiveness of handwashing with lotion soap to remove
nosocomial bacterial pathogens persisting on fingertips: A major link in their intrahospital spread»,
in Infect Control Hosp Epidemiol, 2004, 25:262–264;
LINGAAS, E., FAGERNES, M., «Development of a method to measure bacterial transfer from
hands», in J Hosp Infect, núm. 49, 2009, pp. 43-72; FIERER, N., et al., «Forensic identification using
skin bacterial communities», in Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States
of America, vol. 107, núm. 14, 2010; BLASER, M. J., «Harnessing the power of the human
microbiome», in Proceedings of the National Academy of Science USA, 2010, p. 6126.
293
Resulta habitual encontrar clasificaciones construidas en función de la ciencia de la que se valen las
pruebas. Estas clasificaciones distinguen, por ejemplo, entre pruebas toxicológicas, pruebas
biológicas, pruebas electrónicas, pruebas balísticas, pruebas dactiloscópicas, pruebas entomológicas,
pruebas neurológicas, pruebas antropológicas, etc. Vid. ad exemplum, ANTÓN BARBERÁ, F., DE
LUIS TURÉGANO, J., Policía científica, Tirant lo Blanch, Valencia, 2012.
294
Sobre esta técnica vid. ampliamente MACDONELL, Bloodstain Patterns, Laboratry of Forensic
Science, Corning, 2005, pp. 47-52.
295
BEVEL, T., GARDNER, R. M., Blood Pattern Analysis, CRC Press, Boca Raton, 2002, p. 4.
96

física, para el estudio de las fuerzas en juego ―cohesión, gravedad, velocidad, etc.―296.
Por lo que se trata de un método científico de obtención de pruebas que, como muchos
otros, se denota por su carácter interdisciplinar.

Debido a esta interdisciplinariedad y a la inmensa diversidad de instrumentos y


técnicas científicas aplicados al proceso penal que, lejos de cesar, aumentan a un ritmo
vertiginoso, parece oportuno agrupar todas estas metodologías científicas en una única
categoría probatoria caracterizada, principalmente, por acoger pruebas basadas en el
método científico, como se verá con mayor detalle en el próximo capítulo. Sin embargo,
dentro de esta única categoría probatoria es posible realizar una clasificación que
distingue entre pruebas científicas de primera y de segunda generación. Estos grupos de
pruebas científicas atienden al grado de modernidad de cada una de ellas. Incluso,
dentro de las pruebas científicas más avanzadas ―las de segunda generación―, cabría
diferenciar entre aquellas que están suficientemente testadas y aquellas otras que aún no
gozan de la suficiente consolidación científica como para ser admitidas en el proceso
penal. La distinción entre estas clasificaciones probatorias será lo que nos ocupe en las
siguientes líneas.

296
Sobre la distinta posición en la que puede encontrarse la sangre y cómo puede ello reconstruir parte de
los hechos controvertidos, detalla FRATINI que «las huellas producidas por la sangre pueden ser
dinámicas o estáticas; y de estas mismas se desprenden las de apoyo, embarramiento, escurrimientos,
etc., son las que con mayor frecuencia se pueden encontrar en el lugar de los hechos. Las huellas de
sangre estáticas se dan cuando la persona se encuentra inmóvil. Pueden surgir diferentes formas y
figuras dependiendo de la cantidad, calidad y origen de la sangre, así como la dimensión de la lesión
en profundidad, longitud y soporte que la reciba. La inclinación del soporte puede causar una
variación importante en la forma en que se encuentre la sangre. La inclinación aproximada de 30°
presenta una forma oval. La inclinación aproximada de 45° presenta una forma de raqueta,
acumulación y abultamiento en la parte inferior y decoloración en la superior. Cuando hay una
inclinación de 60° a 90° aproximada comienza a presentar un alargamiento total, hay acumulación y
abultamiento en la parte inferior y coloración casi uniforme. Por otro lado, las huellas dinámicas de
sangre, son aquellas que se presentan cuando el cuerpo está en movimiento. En este caso se
considerara la velocidad que es la que influirá en la variación de cómo se presentan las huellas de
sangre. Cuando es una velocidad lenta, se presentan estrías en uno de sus lados indicando la dirección
del movimiento. Cuando es velocidad rápida, se presentan con forma de lágrima y con una sola estría
o alargamiento, indicando la dirección del movimiento. También hay huellas hemáticas que presentan
un goteo ininterrumpido, generalmente es poco ancha según la cantidad de la hemorragia y se presenta
en forma de franja que indica la dirección del movimiento. Por su parte, las huellas proyectadas o
también conocidas como de proyección se presentan directamente sobre muros o paredes presentando
forma alargada con salpicaduras y cuando la gota de sangre se presenta abundante hay escurrimiento.
Las huellas por salpicaduras generalmente provienen de los vasos arteriales, los cuales debido a la
potencia de las pulsaciones del corazón se proyectan con fuerza y son diversiformes. Las huellas de
arrastre se originan cuando se tiene contacto con la superficie, se sigue el movimiento y se deja un
camino. Las huellas por contacto, cuando debido al contacto que se tiene con la superficie se le deja la
forma con la que fue tocado y las huellas por absorción cuando debido al material con el que están
hechas algunas prendas éste absorbe la sangre». FRATINI, P., «La Bloodstain Pattern Analysis (BPA)
come fonte di prova», en Scienza e processo penale. Nuove frontiere e vecchi pregiudizi, CONTI, C.,
Giuffrè, Milano, 2011, pp. 281 y ss.
97

4.1.1.-Taxonomía de las pruebas científicas: pruebas científicas de primera


y de segunda generación

En contraposición a las pruebas científicas decimonónicas señaladas en el


apartado anterior que, en ocasiones, utilizaban teorías y procedimientos carentes de
verificación, se basaban en la intuición, o hacían uso de herramientas poco precisas, ha
venido surgiendo desde finales del siglo XX y principios del XXI métodos científicos
cada vez más rigurosos. Considerando como punto de partida de este fenómeno la
utilización del ADN en un proceso penal, resulta pacífico afirmar que el progreso
tecnológico aplicado al proceso judicial desde aquel entonces ha sido de gran dimensión
en menos de treinta años. Tanto es así que pruebas que considerábamos hace tan solo
cincuenta años métodos científicos revolucionarios, han sido relegadas a un nivel de
precisión inferior del que se sitúan las nuevas pruebas científicas. Puede intuirse así, que
esta clasificación alude al salto tecnológico experimentado entre unas y otras pruebas. A
tenor de lo dispuesto por MURPHY las pruebas científicas de segunda generación
pertenecen a este último grupo, mientras que las pruebas científicas de primera
generación se corresponden con los métodos de investigación decimonónicos referidos
supra297.

Esta postergación de ciertas pruebas científicas hacia un estrato de cientificidad


menor encuentra su razón de ser en dos razones: (i) el avance de los instrumentos que se
empleaban para conformarlas ―por ejemplo, antes de la aparición del sistema
automático de identificación dactilar, SAID, las huellas dactilares eran comparadas una
a una con el uso de una lupa, hoy día este sistema permite la identificación automática
de manera electrónica de una huella dubitada con otra registrada en la base de datos
policial, lo que proporciona mayor precisión298―; (ii) la aparición de nuevos
procedimientos que dan lugar a inéditas pruebas científicas que por aquel entonces eran
inimaginables ―el ADN es el paradigma de todos ellos―.

Ante este viraje científico-probatorio, el actual sistema procesal se encuentra día


a día con propuestas de admisibilidad de «pruebas científicas de segunda generación».
Esto es, con solicitudes de admisión de pruebas que se caracterizan por la complejidad
que entraña su funcionamiento299; cuyas técnicas no se valen de herramientas

297
Sobre esta clasificación vid. MURPHY, E., «The new forensics: Criminal justice, false certainty, and
the second generation of scientific evidence», California Law Review 95, núm. 3, 2007, pp. 721-797;
PÉREZ GIL, J., El conocimiento científico en el…, ob. cit., 2010, p. 46.
298
Vid. más sobre este sistema automatizado en COLE, S. A., «Fingerprint Identification and the
Criminal Justice System», in LAZER, D., DNA and the Criminal Justice System, 74, 2004; ANTÓN
BARBERÁ, F., Iniciación a la dactiloscopia y otras técnicas policiales, Tirant lo Blanch, Valencia,
2005; GUARDIOLA MARÍN, J., «Sistema de reconocimiento de huellas dactilares», en Mundo
electrónico, núm. 308, 2006, p. 38-41.
299
CASASOLE, F., Le indagini scientifiche nel proceso penale, Dike, Roma, 2013, p. 97.
98

manejables por todos, como puede ser una lupa, sino de instrumentos altamente
sofisticados ―el software de un ordenador o los satélites de los que precisa el GPS―; y
cuyos métodos ofrecen una robustez y una fiabilidad en algunas ocasiones fijadas por
un porcentaje de acierto muy cercano al 100% ―es el caso del ADN cuyos resultados,
en muchos casos, alcanzan el 99,99% de certidumbre300―.

Por todo ello, estas pruebas científicas «de segunda generación» poco tienen que
ver con aquellas denominadas «de primera generación». En estas nuevas pruebas
científicas, que han irrumpido en el panorama probatorio a finales del siglo XX y
principios del XXI, viene intrínseca la existencia de un salto tecnológico, que hace que
los resultados sean óptimos, que no deja cabida a la subjetividad y que requiere de
estricta rigurosidad y precisión en su formación301.

4.1.2.-Nivel de consolidación de las nuevas pruebas científicas en el proceso


penal

En torno a estas pruebas científicas nuevas o de segunda generación que cada


vez son más utilizadas para la resolución de conflictos penales, es necesario distinguir,
en el elenco de instrumentos científico-técnicos, entre aquellas que son ya objeto de una
sustancialmente compartida y arraigada experiencia en el uso judicial, debido a la
mayor utilización en el proceso de las mismas ―balística, ADN, huella dactilar―, y
aquellas otras más recientes que, a pesar de poseer una elevada especialización, no están
tan consolidadas en el ámbito penal probatorio ―P300, huella bacteriana―302.

Todas ellas son pruebas que se han obtenido mediante la adopción de criterios
derivados de una indiscutible innovación en un determinado campo científico, que
forman parte del patrimonio común de los estudiosos y expertos del sector, y cuyo uso
no es habitual en el proceso. Pero el segundo grupo de pruebas científicas al que

300
Este porcentaje tan alto de fiabilidad suele darse con mayor frecuencia en los procesos por paternidad
que en aquellos por violaciones o asesinatos. Sobre este asunto vid., entre otros, FÉRNANDEZ
ÁLVAREZ, B. M., «El ADN desde una perspectiva penal», en Noticias Jurídicas, diciembre 2006, p.
1. Evidentemente, la probabilidad irá disminuyendo a medida que lo haga la coincidencia entre
marcadores. Vid. DIRKMAAT, D., A Companion to Forensic Anthropology, Blackwell, 2012, p. 658-
660; PRIMORAC, D., SCHANFIELD, M., Forensic DNA Applications: An Interdisciplinary
Perspective, CRC Press, New York, 2014, pp. 173 y ss.
301
FORZA, A., «Prova scientifica e scientificità della prova. Questioni epistemologiche e
metodologiche», en Scienza e proceso penale: linee guida per l’acquisizione della prova scientifica,
CEDAM, Padova, 2010, Introduzione, p. 18.
302
Tal y como apunta DOMINIONI, «es, por tanto, la Novel Science la ciencia que viene a alimentar las
cuestiones que debe resolver el sistema jurídico. [...] En este proceso se corre un riesgo: que la
epistemología investigativa no encuentre un punto de sutura con la técnica procesal de formación de la
prueba». DOMINIONI, O., La prova penale scientifica. Gli strumenti scientifico-tecnici nuovi o
controversi e di elevata specializzazione, Giuffrè, Milano, 2005, pp. 12-14.
99

hacemos referencia, aquellas que aún no están consolidadas en el proceso penal, son
métodos que carecen de consenso —en algunos de sus extremos— por parte de la
comunidad científica de referencia. Esto ocasiona una importante falta de confianza en
el resto de la sociedad y, además y fundamentalmente, genera serias dificultades para su
admisión como prueba en un proceso donde se decide sobre la culpabilidad o inocencia
de un sujeto.

Así las cosas, teniendo en cuenta el grado de consolidación de las nuevas


pruebas científicas en el proceso penal, cabría distinguir entre dos clases de pruebas
científicas de segunda generación: las nuevas y afianzadas y las nuevas pero aún no
comúnmente aceptadas. Por ejemplo, hoy en día nadie duda de que el sistema SAID
identifica sin margen de error la coincidencia de huellas dactilares, ni de que el ADN
proporciona un resultado de coincidencia biológica incontestable ―si ha sido obtenido
con las cautelas y protocolos necesarios―. Sin embargo, no sucede lo mismo con la
actual prueba neurofisiológica del test P300 que, a través de la electroencefalografía,
mide la actividad eléctrica del cerebro cuando un individuo es expuesto a un estímulo
―visual, auditivo, etc.―, para detectar la respuesta automática que emana de su cerebro
cuando se le presenta una información que ya tenía almacenada con anterioridad303. Esta
técnica, habiendo sido verificada científicamente, provoca un cierto recelo en el ámbito
judicial, entre otras cosas ―como la posible conculcación a derechos fundamentales―,
por la desconfianza surgida en torno a la rigurosidad de sus resultados304.

Por un lado, respecto a este caso en concreto, cabe argüir que técnicas
neurofisiológicas de registro y valoración de la electroencefalografía han sido realizadas
en el ámbito médico desde hace tiempo. Por ejemplo, para la valoración de patologías
cerebrales o de secuelas en traumatismos craneoencefálicos, para la determinación de la
muerte cerebral con la adopción de las consecuentes medidas legales que procedieran o
para la apreciación de la simulación de disfunciones neurológicas o cognitivas que
puedan implicar indemnizaciones económicas, incapacidad laboral o aprobación de
minusvalías305. Los resultados de este método han sido incluidos en informes médico-
periciales para la justificación de las conclusiones alcanzadas, sobre todo en procesos

303
Vid. sobre este método científico, entre otros, en FARWELL, L., «Brainfingerprinting: a
comprenhensive tutorial review of detection of concealed information with event-related brain
potentials», in Cogn Neurodyn, núm. 6, abril 2012, pp. 117-120; TEROL, O., ÁLVAREZ, M.,
MELGAR, N., MANZANERO, A. L., «Detección de información oculta mediante potenciales
relacionados con eventos», en Anuario de Psicología Jurídica, núm. 24, Elsevier, 2014, pp. 49-50;
PETISCO RODRÍGUEZ, J. M., «La neurociencia al servicio de la seguridad nacional. La prueba
P300», en Instituto Español de Estudios Estratégicos, enero 2015, pp. 5-8.
304
VILLAMARÍN LÓPEZ, M. L., Neurociencia y detección de la verdad y del engaño en el proceso
penal. El uso del escáner cerebral (fMRI) y del brainfingerprinting (P300), Marcial Pons, Madrid,
2014, p. 120.
305
ANDREU NICUESA, C., VALDIZÁN USÓN, J. R., «Potencial Evocado Cognitivo P300 en la
investigación pericial (P300-pericial)», en Derecho y Proceso Penal, núm. 33/2014, pp. 5-6.
100

laborales y civiles; por lo que esta metodología no resulta del todo desconocida para
nuestros tribunales306. Sin embargo, en lo que concierne al proceso penal, esta prueba ha
sido utilizada tan solo en tres ocasiones en España307 y con bastante resistencia, ya que
aún no ha logrado hacerse hueco en la confianza de los operadores jurídicos nacionales.

Enlazando con esta última idea, interesa destacar que también las pruebas
científicas actualmente consolidadas en el ámbito del proceso penal, como pueden ser la
ya citada huella dactilar o el test de ADN, fueron objeto de dudas y cuestionamientos
por parte de los tribunales de justicia cuando comenzaron a ser utilizadas para la
resolución de casos criminales. Jueces y abogados se enfrentaban a la valoración,
defensa o enervación de técnicas completamente desconocidas para ellos y, además, en
el caso del ADN, de difícil comprensión para una persona no experta en una
determinada ciencia, en este supuesto la biología308.

En este sentido, convenimos con FERNÁNDEZ ENTRALGO en que sufren estas


nuevas pruebas científicas no familiarizadas, en sus inicios, con los procesos penales ese
rechazo sistemático a lo desconocido que caracteriza a la ciencia del derecho309.
Entendemos que esta reacción es consecuencia de dos factores: la caracterización de la
comunidad de juristas por un enfoque tradicionalista y reticente a abandonar los
esquemas culturales que se encuentran ya profundamente consolidados310; y el temor de
que el recurso a nuevos instrumentos técnicos en el proceso pueda favorecer la

306
De entre estos casos vid. ad exemplum la STSJ de Valencia 3670/2004, de 3 de diciembre (JUR
2005/67752) que evalúa la invalidez permanente absoluta otorgada a un trabajador a raíz de los
resultados de una serie de pruebas neurológicas, entre ellas una P300 auditiva.
307
La primera vez que se utilizó este test en nuestro país fue por el Doctor en Neurofisiología José Ramón
Valdizán en el año 2013 para la averiguación del paradero del cadáver de Pilar Cebrián, cuyo
principal sospechoso de su desaparición continúa siendo su marido, quien se sometió voluntariamente
a esta prueba. Este proceso aún sigue abierto. Después, la P300 ha sido empleada en otros procesos,
como el de Marta del Castillo, una vez dictada sentencia, ―STS 62/2013, de 29 de enero― o el del
empresario zaragozano Publio Cordón, durante la fase de investigación, algo que ha suscitado un
importante debate acerca de la posible colisión con derechos fundamentales. Pero, hasta el momento,
el uso de la P300 en nuestro país no ha servido para hallar ningún cadáver, condenar a ningún
sospechoso, ni absolver a ningún convicto. Aún así, la P300 está intentando abrirse paso para ser
considerada como prueba científica legalmente aceptada.
308
Así lo recogen GOODWIN, R. J.; GURULÉ, J., Criminal and forensic evidence…, ob. cit., pp. 309-
311, al poner de manifiesto que el ADN comenzó a introducirse en el sistema legal en el año 1984 en
Inglaterra y que fue una materia llena de controversias, sobre todo, acerca de si tal procedimiento
debía o no ser admitido como prueba. También apuntan el gran negocio que surgió detrás de esta
técnica por parte de las compañías privadas, lo cual suscitó más dudas aún en el ámbito procesal.
309
FERNÁNDEZ ENTRALGO, J., utiliza el término «neofobia» para referirse a este fenómeno procesal
de inadmitir nuevas pruebas científicas al proceso. Cita, a tal efecto, la STS de 30 de noviembre de
1981, y la, en su juicio, correcta por revolucionaria, STS de 5 de julio de 1984, que tomaba en
consideración, a efectos probatorios, los datos recogidos en una cinta de vídeo. FERNÁNDEZ
ENTRALGO, J., «Prueba ilegítimamente obtenida», en Jueces para la Democracia, núm. 7, 1989, pp.
26-27.
310
RIVELLO, P., La prova scientifica, Giuffrè, Milano, 2014, p. 68.
101

desnaturalización del mismo y la lógica exquisitamente jurídica que lo debe gobernar311.


Consideramos que esta oposición casi automática frente a toda innovación científica
―que también fue sufrida en sus inicios por la técnica del ADN312― no casa con una
sociedad caracterizada por sus avances tecnológicos.

Ante esta desconfianza, desde una perspectiva exclusivamente jurídica, tan solo
cabe alegar que, si bien es comprensible que ante una falta de consenso científico, por
mínimo que sea, estas pruebas no sean admitidas, es también un hecho objetivo que,
hasta el momento, la introducción de este tipo de pruebas en el proceso ha facilitado la
labor de instrucción y, consecuentemente, de decisión en algunas actuales y clamorosas
sentencias basadas, precisamente, en estas recientes metodologías avanzadas313. No
propugnamos con ello un absoluto fideísmo frente a cualquier prueba científica que nos
lleve a mitificar esta categoría probatoria314. Solo creemos conveniente que el derecho
muestre una actitud más receptiva hacia todo progreso científico que se sea útil como
herramienta de investigación, sin dejar de ejercer un control sobre su calidad y
fiabilidad.

4.2.-La necesaria adecuación del proceso a las exigencias probatorias


contemporáneas

Tal y como venimos señalando, este recurso a técnicas científicas de muy


diversa índole para investigar y, posteriormente, poder probar lo alegado por las partes
se ha convertido en un usual iter probatorio no exento de polémica315. Y es que,
contrariamente a lo que a priori pueda parecer, el recurso a la ciencia en el proceso no
solo no es suficiente por sí mismo para resolver todos los problemas, sino que suscita

311
BONZANO, C., «Prova scientifica: le garanzie difensive tra progresso tecnológico e stasi del
sistema», in CONTI, C., Scienza e processo penale. Nouve frontiere e vecchi pregiudizi, Giuffré,
Milano, 2011, p. 103.
312
VILLAMARÍN LÓPEZ, M. L., Neurociencia y detección de la verdad…, ob. cit., p. 120.
313
Ad exemplum el caso Bretón, STS 587/2014, de 18 de julio, cuya principal prueba de cargo consistió
en un estudio antropológico de unos restos de huesos hallados mediante la utilización de un georradar
y el caso Marta del Castillo, STS 62/2013, de 29 de enero, en el que se reconstruyeron los hechos
mediante la labor de la informática forense respecto al posicionamiento de los participantes la noche
del delito.
314
Sobre ello se pronuncia HERNÁNDEZ GARCÍA cuando afirma que «En todo caso, cabe prevenir
también contra el riesgo de la maximalización de las conclusiones científicas que suponga, validada su
fiabilidad, trasladarlas, sin más, a la decisión fáctica». HERNÁNDEZ GARCÍA, J., «Conocimiento
científico y decisión judicial ¿Cómo accede la ciencia al proceso y cómo puede valorarse por los
jueces?», en Jueces para la Democracia, núm. 54, 2005, p. 76.
315
En este sentido, sostiene TARUFFO que «contrariamente a lo que muchos piensan, el recurso a la
ciencia en el proceso no solo no es suficiente por sí solo para resolver todos los problemas, sino que
suscita otros nuevos, de no fácil solución». TARUFFO, M., Simplemente la verdad, ob. cit., p. 241.
102

otros nuevos de no fácil solución316. No es posible abordar aquí todas las vidriosas
cuestiones que surgen a propósito del uso probatorio de la ciencia, ya que ello nos
llevaría a una casuística prácticamente interminable, pero al menos puede hacerse
alguna mención a los problemas más importantes que este plantea. Problemas que, por
muy distintos que sean, conducen a una única solución: la adecuación de ciertas reglas
procesales ya existentes y la creación de otras nuevas que permitan la entrada del
conocimiento científico en el proceso, manteniendo el respeto a todas las garantías
―presunción de inocencia, derecho de defensa, derecho a los medios de prueba
pertinentes y, en definitiva, el derecho a la tutela judicial efectiva―.

Abundando en esta idea, aunque de todos es sabido que de lege ferenda es


necesaria una regulación del ordenamiento procesal penal español que se adapte a los
tiempos que corren y sustituya la vetusta Ley de Enjuiciamiento Criminal317, estas
nuevas metodologías probatorias caracterizadas por su cientificidad rezuman
especialmente la necesidad de introducir ciertos cambios en la teoría general de la
prueba318. Ello se debe a que la complejidad de los avances científicos, y la velocidad
alcanzada por los mismos, presenta hoy un camino vanguardista para la integración del
saber, que merece una nueva perspectiva de la actividad probatoria319. En este sentido,
denuncia MORENO CATENA, la necesidad de que la ley incorpore «los nuevos métodos
y técnicas de investigación criminal, que contribuyen de un modo científico al

316
TARUFFO, M., Simplemente la verdad, ob. cit., p. 241.
317
Sobre algunas propuestas de reforma de la Ley procesal española vid., entre otros, SAN MARTÍN
CASTRO, C., «Reflexiones sobre el nuevo código procesal penal», en Advocatus, núm. 23, 2010, pp.
15-18; MUERZA ESPARZA, J., «El secreto en el nuevo Código Procesal Penal», en Actualidad
jurídica Aranzadi, núm. 868, 2013, pp. 2 y ss.; SÁNCHEZ POS, M. V., «La prueba en el Borrador de
Código Procesal penal de 2013», en Diario La Ley, núm. 8197, 2013; TOMÉ GARCÍA, J. A., «La
segunda instancia penal en el Borrador de Código Procesal penal de 2013», en La ley penal: Revista
de derecho penal, procesal y penitenciario, núm. 104, 2013, pp. 3 y ss.; JUANES PECES, A., «El
concepto de imputado en el nuevo código procesal penal», en El Cronista del Estado Social y
Democrático de Derecho, núm. 41, 2014, pp. 50-53; CABEZUDO RODRÍGUEZ, N., «Dogmática y
realidad en la admisión y práctica de la prueba pericial. De la Ley de Enjuiciamiento Criminal de 1882
al Borrador del Código Procesal penal de 2012», en Revista General de Derecho Procesal, núm. 32,
2014; MARCOS FRANCISCO, D., «Los recursos de apelación y casación en el Nuevo Código
Procesal Penal», en Revista General de Derecho Procesal, núm. 32, 2014; RODRÍGUEZ LAINZ, J.
L., «Los juicios rápidos en el Borrador de Anteproyecto de Código Procesal Penal», en Diario La Ley,
núm. 8229, 2014; CUADRADO SALINAS, C., «La suspensión condicional de la acción penal: luces
y sombras del Borrador de Código Procesal Penal», en Revista General de Derecho Procesal, núm.
35, 2015; MORENO CATENA, V. M., RUIZ LÓPEZ, C., LÓPEZ JIMÉNES, R., Reflexiones sobre el
nuevo proceso penal: Jornadas sobre el borrador del nuevo Código Procesal Penal, Tirant lo Blanch,
Valencia, 2015.
318
DOLZ LAGO, M. J., «Reflexiones sobre la prueba…», ob. cit., p. 20.
319
En este sentido, Isaac Asimov, en una de sus frases célebres, muy acertadamente decía que «El aspecto
más triste de la vida actual es que la ciencia gana en conocimiento más rápidamente que la sociedad
en sabiduría».
103

descubrimiento de los hechos y proporcionan un elevadísimo grado de certeza en las


conclusiones a que se llegan»320.

Resulta urgente pues, profundizar en un conocimiento crítico y realizar un


estudio desde el punto de vista jurídico-probatorio que dé paso a la creación de «reglas
jurídicas de la ciencia». De esta manera es como la evolución científica acontecida en
los últimos años impone al proceso judicial la obligación de conocer los nuevos
instrumentos de investigación, de no cerrar los ojos ante la ciencia, de no repudiarla en
cuanto elemento espurio por extraño al derecho, sino de integrarla en el bagaje
intelectual del mismo a través de la creación de nuevos estándares científico-
probatorios. Obligación que resulta muy rentable para el ámbito jurídico por estar
ayudando al jurista a aceptar modos de pensar diversos, y por renovar ciertos rasgos
agotados que caracterizan la regulación en materia criminal321.

Este replanteamiento del régimen probatorio en materia penal será llevado a


cabo en los capítulos tres y cuatro de este trabajo. Ahora tan solo pretendemos situar al
lector en el estado en que se encuentra el actual sistema penal probatorio, debido a los
problemas surgidos tras la entrada de nuevas pruebas científicas en el proceso, para
ofrecerle una visión de conjunto sobre las controversias surgidas por estos nuevos
métodos científico-probatorios. Esta situación será abordada en función de cuatro
cuestiones principales que ponen sobre la mesa la falta de respuesta jurídica ante la
actividad probatoria científica. Se distinguirá así, entre las dificultades surgidas con
relación a las pruebas científicas en lo relativo a su fase de obtención, al momento de su
admisión, a su práctica y, por último, en lo que respecta a su valoración.

4.2.1-Problemática en cuanto a la obtención de pruebas científicas

La entrada en el proceso de esta nueva categoría probatoria, tan novedosa como


discutible, ha llegado a plantear, en algunos casos, el conocido debate sobre qué límites
debe respetar un Estado en la investigación de unos hechos322. Y es que, efectivamente,

320
MORENO CATENA, V., «Los elementos probatorios obtenidos con la afectación de derechos
fundamentales durante la investigación penal», en GÓMEZ COLOMER, J. L., Prueba y proceso
penal. Análisis especial de la prueba prohibida en el sistema español y en el derecho comparado,
Tirant lo Blanch, Valencia, 2008, p. 78.
321
DE CATALDO NEUBURGER, L., L’operazione decisoria da emanazione divina alla prova
scientifica, Cedam, Milán, 2014, p. 4.
322
Sobre ello, sostiene RIVERA BAEIRAS que «es cierto que los avances de la tecnología se aplican en
la actualidad en los laboratorios forenses y sirven también a la policía científica para descubrir
elementos de prueba que antes eran inimaginables, pero no es menos cierto que su aplicación, en
ocasiones, pone en tela de juicio el límite entre actuación legítima e ilegímita, en lo que respecta a la
afectación de derechos fundamentales».RIVERA BEIRAS, I., Política criminal y sistema penal:
viejas y nuevas racionalidades punitivas, Anthropos, Barcelona, 2005, pp. 409-410.
104

existen fuentes de prueba que para poder ser obtenidas mediante procedimientos
científicos, afectan a derechos fundamentales. Por ejemplo, este es el caso de las
pruebas electrónicas que, en cuanto suponen el acceso a la información contenida en los
dispositivos electrónicos por parte del sistema penal pueden afectar a varios derechos
fundamentales: a la intimidad personal (artículo 18.1 CE), al secreto de las
comunicaciones (artículo 18.3 CE), e incluso al derecho a la autodeterminación
informativa en el ámbito de la protección de datos personales (artículo 18.4 CE)
―también puede verse afectado el derecho a la inviolabilidad domiciliaria (artículo 18.2
CE), en aquellos supuestos en los que el dispositivo electrónico es hallado en el seno de
una entrada y registro en domicilio323―.

De otro lado, puede darse una afectación de derechos fundamentales en la toma


de muestras de ADN cuando ésta ha de practicarse sobre un investigado, ya que podría
verse afectado el derecho a la integridad física (artículo 15 CE) y a la intimidad (artículo
18.1 CE). También en el caso del test P300 se discute acerca de si es una técnica que
puede conculcar el derecho fundamental a la intimidad (artículo 18. 1 CE) y el derecho
a no declarar contra uno mismo (artículo 24.2 CE). La vulneración de este último
derecho fundamental es cuestionada también en la realización de las pruebas o tests de
alcoholemia en los delitos contra la seguridad vial por conducción bajo el efecto de
bebidas alcohólicas.

Estos ejemplos en absoluto recogen toda la casuística existente ni, mucho


menos, la que está por venir cuando en un futuro surjan métodos científicos
configuradores de alguna nueva prueba de estas características —en este sentido, se está
empezando a hablar de derechos de cuarta generación, que son aquellos que se
configuran como consecuencia de los nuevos avances tecnológicos324—. Por tanto,

323
Respecto a qué derechos fundamentales podrían encontrarse afectados mediante el uso de la
informática forense matiza GALÁN MUÑOZ, A., «La internacionalización de la represión y la
persecución de la criminalidad informática: un nuevo campo de batalla en la eterna guerra entre
prevención y garantías penales», en Revista Penal, núm. 24, julio, 2009, p. 6: «Se protege el derecho a
la inviolabilidad informática, entendiendo por tal a aquel derecho instrumental y puramente formal
que permite o faculta a toda persona a mantener sus sistemas informáticos y, sobre todo, a los datos y
a los programas contenidos en los mismos al margen de intromisiones ajenas no deseadas. Estamos
hablando de una suerte de privacidad o, más bien, de inviolabilidad informática que presentaría
notables similitudes con aquellas otras inviolabilidades como la del domicilio o la de las
comunicaciones, que el ordenamiento jurídico en general y el Derecho penal en particular ha
protegido para convertir, dichos ámbitos o medios, en reductos especialmente protegidos frente a
intromisiones ajenas».
324
En concreto, la STS 143/2013, de 28 de febrero (RJ 2013\4387), FJ 5º, declara que «Los avances
tecnológicos están planteando serios retos al derecho tradicional, hasta el punto de que hace ya tiempo
que se habla de los derechos de cuarta generación para referirse a los que nacen en la era digital».
En relación con ello, es destacable la innovadora clasificación de los derechos humanos en cuatro
categorías que ha acontecido en los últimos años, a saber: los derechos humanos de primera
generación serían los que se soportan axiológicamente a partir de la necesidad existencial del ser
humano como ser racional en lo privado primero y en lo público después; los de segunda generación
se basan en la necesidad del desenvolvimiento de éste en los marcos sociales y económicos de una
105

sirvan los ejemplos recién expuestos tan solo a efectos de ilustrar un fiel reflejo de la
ingente diversidad de cuestiones que pueden emerger en torno al procedimiento de
obtención de fuentes de prueba pertenecientes a esta nueva categoría probatoria.

Así las cosas, no pudiendo hallar en la jurisprudencia ni en la doctrina un


tratamiento uniforme sobre la afectación de derechos fundamentales en la obtención de
pruebas científicas, mucho menos resulta ser éste deducible de la legislación, que arroja
un balance francamente negativo, dada la actual falta de tratamiento sobre la materia y
la contradicción derivada de las sucesivas reformas frustradas de la LECrim ―el
Anteproyecto de Ley de Enjuiciamiento Criminal de 2011 y el Borrador del Código
procesal penal de 2013325―.

Tan solo puede mencionarse respecto a la regulación legal de estos supuestos


varios preceptos inconexos, desperdigados a lo largo del referido cuerpo legal. Por
ejemplo, el artículo 520.6 LECrim ―reformado por la Ley Orgánica 13/2015, de de 5
de octubre, de modificación de la Ley de Enjuiciamiento Criminal para el
fortalecimiento de las garantías procesales y la regulación de las medidas de
investigación tecnológica― establece una importante novedad en materia de ADN.
Aunque con una redacción muy limitada, este nuevo precepto recoge la posibilidad de
tomar muestras del cuerpo de un detenido, con la finalidad de obtener su ADN, aun

sociedad determinada; los de tercera generación se explican en la inefable prioridad del


mantenimiento y subsistencia de la raza humana como tal; mientras que los de cuarta generación se
sustentarán en la necesidad inédita de asegurar a todos los individuos el acceso a las tecnologías de la
información y comunicación, así como la eliminación de sus datos del mundo digital cuando lo
soliciten, con todas las garantías que de ello se desprenden. Sobre este concepto de derechos de cuarta
generación, vid., entre otros, ORTEGA MARTÍNEZ, J., «Sociedad de la información y derechos
humanos de la cuarta generación: un desafío inmediato para el derecho constitucional», en
CARBONELL, M., Derecho constitucional: memoria del Congreso Internacional de Culturas y
Sistemas Jurídicos Comparados, Instituto de investigaciones jurídicas, México, 2004, pp. 663-684;
BUSTAMANTE DONAS, J., «Los derechos humanos de cuarta generación y sus implicaciones en la
sociedad contemporánea», en Los derechos humanos en Internet, CIDEAL, Madrid, 2012, pp. 11-36;
DOMINGO, V., «Los derechos humanos de cuarta generación», en Crítica, núm. 959, 2009, pp. 32-
37; VALDÉS, E., «Bioderecho, genética y derechos humanos. Análisis de los alcances jurídicos del
Bioderecho europeo y su posible aplicación en Estados Unidos como fuente de derechos humanos de
cuarta generecaion», en Universitas. Revista de Filosofía, derecho y política, núm. 17, 2013, pp. 139-
163.
De otra parte, es aplicable este concepto de «derechos de cuarta generación» a otros ámbitos
distintos del de las pruebas científicas. Así lo pone de manifiesto COSÍN MUÑOZ que utiliza este
nuevo término para tratar los derechos que surgen a causa de la protección del medio marino. COSÍN
MUÑOZ, M., «La protección al medio marino como derecho fundamental de cuarta generación», en
Derecho del mar y sostenibilidad ambiental en el Mediterráneo, Tirant lo Blanch, Valencia, 2014, pp.
403-408.
325
La paralización de la aprobación del Anteproyecto de Ley de Enjuiciamiento Criminal de 2011, tiene
su razón de ser en la disolución anticipada de las Cortes Generales, aunque bien es cierto que tiempo
hubo para su reforma antes de tal disolución. Por otro lado, tras el cambio de gobierno y la
elaboración de un nuevo texto para la reforma del proceso penal, el Borrador del Código procesal
penal de 2013, tampoco encontró el momento para su aprobación. Introduciéndose tan solo ciertas
reformas puntuales sobre el texto de 1882.
106

contra su voluntad326. Sobre esta novedad legislativa trataremos más en profundidad en


el capítulo tercero, simplemente valga ahora adelantar que nada tiene que ver esta
somera previsión con lo que disponía el Anteproyecto de 2011 al respecto, donde se
detallaban los vestigios que podían ser extraídos y bajo qué condiciones327.

De otra parte, en lo atinente a las pruebas de alcoholemia o sustancias


estupefacientes, ha de acudirse, tan solo como modelo de referencia, al citado
Anteproyecto de Ley de Enjuiciamiento Criminal de 2011. En concreto, a los artículos
268-272 de este texto, donde se regulaba el carácter preceptivo del sometimiento a estas
pruebas, detallándose el procedimiento a seguir para su práctica328. Sin embargo, nada
se establece respecto a estos dos supuestos ni en el posterior Borrador del Código

326
En concreto, la nueva redacción del artículo 520.6 c) párrafo segundo de la LECrim establece que «Si
el detenido se opusiera a la recogida de las muestras mediante frotis bucal, conforme a las previsiones
de la Ley Orgánica 10/2007, de 8 de octubre, reguladora de la base de datos policial sobre
identificadores obtenidos a partir del ADN, el juez de instrucción, a instancia de la Policía Judicial o
del Ministerio Fiscal, podrá imponer la ejecución forzosa de tal diligencia mediante el recurso a las
medidas coactivas mínimas indispensables, que deberán ser proporcionadas a las circunstancias del
caso y respetuosas con su dignidad».
No debe olvidarse que esta previsión está en consonancia con lo dispuesto por el artículo [Link]
del Código Penal, reformado también recientemente por la Ley Orgánica, 1/2015, de 30 de marzo, por
la que se modifica la Ley Orgánica 10/1995, de 23 de noviembre, del Código Penal. Este precepto del
Código Penal prevé que «Si se trata de condenados por la comisión de un delito grave contra la vida,
la integridad de las personas, la libertad, la libertad o indemnidad sexual, de terrorismo, o cualquier
otro delito grave que conlleve un riesgo grave para la vida, la salud o la integridad física de las
personas, cuando de las circunstancias del hecho, antecedentes, valoración de su personalidad, o de
otra información disponible pueda valorarse que existe un peligro relevante de reiteración delictiva, el
juez o tribunal podrá acordar la toma de muestras biológicas de su persona y la realización de análisis
para la obtención de identificadores de ADN e inscripción de los mismos en la base de datos policial.
Únicamente podrán llevarse a cabo los análisis necesarios para obtener los identificadores que
proporcionen, exclusivamente, información genética reveladora de la identidad de la persona y de su
sexo. Si el afectado se opusiera a la recogida de las muestras, podrá imponerse su ejecución forzosa
mediante el recurso a las medidas coactivas mínimas indispensables para su ejecución, que deberán
ser en todo caso proporcionadas a las circunstancias del caso y respetuosas con su dignidad».
327
La obtención de muestras de ADN era permitida en este cuerpo legal siempre y cuando existiera previa
autorización ―en este caso del Ministerio Fiscal, ya que sería quien dirigiría la investigación según el
tenor de este articulado―, aun en contra de la voluntad del sujeto al que debieran extraérseles las
muestras. Dicha permisión se encuentra recogida en el artículo 258.1 del mencionado texto cuya
literalidad dice así: «Las intervenciones corporales dirigidas a la obtención de cabellos, uñas, saliva u
otras muestras biológicas que no exijan acceder a zonas íntimas de la persona ni causarle mayor dolor
o sufrimiento que la molestia superficial inherente al procedimiento de toma de la muestra, se
reputarán leves y podrán ser practicadas con la autorización previa del Ministerio Fiscal, cuando el
afectado no preste su consentimiento».
328
Sirva como ilustración de esta detallada regulación lo dispuesto en el artículo 269 de dicho texto
normativo: «1. La diligencia de detección de alcohol se realizará mediante comprobación del aire
espirado o mediante análisis de sangre u orina, utilizando los instrumentos y usos determinados en la
legislación sobre seguridad vial. 2. Si resulta positiva la primera medición del aire espirado, se hará
una segunda de contraste y, a la vista de su resultado, el interesado podrá solicitar someterse a un
análisis de sangre u orina. 3. El fiscal, cuando resulte indispensable a los efectos de la investigación,
podrá solicitar del Juez de Garantías que imponga al sujeto la obligación de someterse a los
correspondientes controles de sangre u orina, aplicándose a estos efectos la regulación de las
intervenciones corporales».
107

procesal penal de 2013, ni en ninguno de los preceptos introducidos en la mencionada


ley de 2015.

Por otro lado, en cuanto a la regulación legal de la obtención de pruebas


científicas de naturaleza electrónica cabe destacar que lo dispuesto en los preceptos 273-
289 del Anteproyecto de 2011 ha sido también desbancado por la nueva redacción del
artículo 588 de la LECrim. Esta nueva redacción, elaborada por la misma ley de 2015
recién aludida, se ha realizado con base en lo que establecía el Borrador del Código
Procesal Penal del año 2013. Con esta nueva reforma el ámbito de actuación de la
intervención de comunicaciones electrónicas se ha visto profundamente ampliado y,
consecuentemente, las garantías de los ciudadanos se han visto notablemente
reducidas329. Por ejemplo, una de las muchas restricciones de derechos fundamentales
operadas se debe a que, tras esta reforma, es posible la intervención de comunicaciones
electrónicas a las personas que estén siendo investigadas por delitos de pena superior a
tres años; mientras que con el ALECrim de 2011 estas intervenciones estaban previstas
para delitos de pena superior a cinco años, además de aquellas de criminalidad
organizada y terrorismo330.

Por medidas como las descritas y por la falta de adopción de muchas otras,
consideramos, en líneas generales, que esta nueva reforma de la Ley de Enjuiciamiento

329
Sobre esta merma de garantías se manifiesta RODRÍGUEZ LAINZ, J. L., «La interceptación de las
comunicaciones telefónicas y telemáticas en el borrador de Anteproyecto de Código Procesal Penal»,
en Diario La Ley, núm. 8039, 2013.
330
Esta nueva ley, a nuestro juicio, excede las limitaciones de las garantías constitucionales ya que, entre
otras cosas, en su artículo 588 septies permite a los jueces autorizar a la policía la instalación de
troyanos en los ordenadores de los sujetos investigados para obtener la información que contuvieran o
a la que se pudiera acceder a través de ellos. El texto prevé el acceso remoto de equipos informáticos
―lo que incluye tabletas y teléfonos inteligentes― para delitos cometidos en el seno de
organizaciones criminales, de terrorismo, cometidos contra menores o personas con capacidad
modificada judicialmente, delitos contra la Constitución, de traición y relativos a la defensa nacional y
delitos cometidos a través de instrumentos informáticos o de cualquier otra tecnología de la
información o la telecomunicación o servicio de comunicación. Medida esta que, desde el punto de
vista de la operatividad policial podría ser muy útil, ya que una vez instalado ese programa las
posibilidades para la policía son infinitas ―no solo se puede acceder a la información que se
almacena en el disco duro, sino también a las contraseñas que suelen guardarse en la memoria. Con
esas contraseñas puede accederse al correo electrónico y a todas las redes sociales y conocer dónde ha
estado la persona investigada últimamente, con quién se relaciona o cuáles son sus aficiones. Incluso a
todo lo que el investigado almacene en servidores extranjeros, como puede ser el Gmail, la nube, y
hasta las claves para el desencriptado de la información, si está protegida, o los movimientos de las
cuentas bancarias, si se gestionan online. El troyano puede además proporcionar las IP (el código
identificador) de los ordenadores o dispositivos con los que se haya compartido información o dar
acceso a las búsquedas de Internet del supuesto criminal―, pero que desde el punto de vista de los
derechos fundamentales resulta muy invasiva ya que, a diferencia de un teléfono, un ordenador puede
ser utilizado por varias personas que, a pesar de no ser objeto de la investigación, verían afectados sus
derechos fundamentales. Así lo considera también el CGPJ, que se pronunció al respecto en un
informe aprobado el 12 de enero de 2015 en el que señala que «el artículo 55.2 de la Carta Magna solo
se refiere a la suspensión del derecho al secreto de las comunicaciones en los casos de bandas armadas
o de terrorismo, por lo que no se identifica en principio el fundamento constitucional de la
intervención de la comunicación en el resto de supuestos».
108

Criminal, además de adolecer de un laconismo palpable, muestra la parquedad que aún


sufre la actual legislación procesal penal respecto a cuestiones concernientes a la prueba
científica. Pues, nada ha sido aprobado sobre las modernas pruebas neurocientíficas, ni
acerca de la conservación de las muestras biológicas obtenidas, ni en lo que atiene a la
tan practicada prueba de alcoholemia. Pero, lo que más se ha echado en falta a este
respecto atiende, sin duda, a la ausencia de unos principios generales que informen de
modo uniforme la obtención de fuentes de prueba pertenecientes a esta nueva categoría
probatoria.

Por otro lado, abandonando la problemática que acarrean los derechos


fundamentales en la fase de obtención de pruebas científicas, es conveniente señalar
otras controversias que pueden surgir en esta etapa de formación de la prueba. En este
sentido, otro foco de problemas para el proceso penal es aquel relativo a los errores que
pueden tener lugar durante la adquisición de fuentes de prueba. Por ejemplo, la
contaminación de muestras en el caso de vestigios biológicos, o la manipulación de
programas informáticos en el caso de fuentes de prueba electrónicas. Es decir, pueden
acontecer ciertas alteraciones en los procedimientos de obtención o formación de la
prueba que requieren de un mayor control por parte de los tribunales. Control que, hoy
por hoy, no queda del todo garantizado en la regulación procesal vigente.

4.2.2.-Problemática en cuanto a la admisión de pruebas científicas

La fase de admisión de métodos científicos de investigación plantea también


serias dificultades en el proceso penal, pues, es la llave que abre el paso a la
introducción de estas nuevas pruebas en el campo jurídico-procesal. Por ello, se hace
necesario contar con criterios de admisibilidad para esta categoría probatoria que
puedan, por un lado, descartar los métodos que no están basados en una «buena
ciencia»331 y, por otro lado, asegurar cierto nivel de verificación de los procedimientos
en los que se basan dichas pruebas.

Sobre esta cuestión no sucede como con la anterior problemática relativa a la


obtención de pruebas científicas. Esto es, el actual sistema jurídico probatorio español
en torno a la admisibilidad de pruebas de esta naturaleza no se encuentra con una
jurisprudencia dispar, ni con una legislación sobre el tema que, al menos, aspiraba a ser
aprobada. Nos hallamos, por un lado, ante una remisión a los criterios de admisibilidad

331
Expresión importada de Estados Unidos donde se distingue entre good science y junk science a la hora
de atribuir cientificidad a determinadas metodologías. A grandes rasgos, la buena ciencia sería aquella
que encuentra un respaldo suficiente en la comunidad científica de referencia, mientras que la ciencia
basura viene constituida por el conjunto de pseudociencias que se proclaman buena ciencia pero que
no lo son, por carecer de consolidación y validación dentro de su comunidad científica.
109

que se aplican para la aceptación de cualquier prueba, esto es, la utilidad, la pertinencia
y la licitud. Y, por otro lado, ante un vacío legal, doctrinal y jurisprudencial, en cuanto a
criterios de admisibilidad creados ad hoc para pruebas científicas. Tan solo en contadas
ocasiones es posible hallar referencias jurisprudenciales a criterios establecidos en el
derecho extranjero ―en concreto, estadounidense―332.

Nos referimos al paradigmático pronunciamiento estadounidense del caso


Daubert vs Merrell Dow Pharmaceuticals, Inc333 que, desde que fue dictado en 1993,
ha servido como referente en materia de admisión de pruebas científicas en distintos
ordenamientos jurídicos de todo el mundo. Las disposiciones de esta sentencia, así
como la de su progenie ―el caso General Electric Co. vs Joiner334 y el caso Kumho
Tire Company, LTD., vs Carmichael335― y la su antecedente Frye vs United States336
serán analizadas en el primer apartado del capítulo cuatro. Se trata de parámetros
estadounidenses que intentarán ser adaptados a nuestro ordenamiento jurídico y
completados con otras pautas propias que puedan arrojar algo de luz sobre algunas
tendencias generales de la praxis.

4.2.3.-Problemática en cuanto a la práctica de pruebas científicas

El principal escollo presentado por la prueba científica en lo que a su práctica se


refiere subyace en el modo de traslación del conocimiento científico al campo jurídico.
De entrada, nos encontramos con la complejidad propia de estas pruebas, así como de su
terminología, que dificultan su comprensión por parte de quienes son legos en la
materia. Este es el caso de la mayor parte de los operadores jurídicos que intervienen en

332
Tres son las sentencias de distintas Audiencias Provinciales que se refieren a estos criterios de origen
norteamericano. La primera en mencionar dichos parámetros de fue la Audiencia Provincial de
Cuenca (Sección 1ª) en Sentencia núm. 10/2011 de 14 de junio (JUR\2011\266055) cuando, para
evaluar un informe pericial psicológico, citó la sentencia Daubert y las principales pautas establecidas
en la resolución de este caso estadounidense para valorar la eficiencia de una prueba científica (FJ 2º).
De otro lado, la Audiencia Provincial de Valencia (Sección 2ª) en Sentencia núm. 701/2014 de 28 de
julio (APR\2014\1322) estima oportuno realizar «unas consideraciones previas sobre la calidad
exigible a la actividad pericial para que pueda considerarse suficiente a los fines de la acreditación del
hecho típico», un delito mediambiental. Para ello alude también a la sentencia Daubert añadiendo que
«Dentro de esa «aclaración de aspectos» debe entenderse comprendida la intervención de las partes y,
en su defecto, del juez o tribunal, para obtener información sobre la fiabilidad del informe, en la línea
de las reglas Daubert» (FJ 5º). La tercera y última, por el momento, es la SAP de Murcia 20/2016, de
20 de enero, que versa sobre un caso muy similar al de las primeras de las sentencias citadas, relativo
a la evaluación de pruebas periciales psicológicas practicadas a menores que denunciaban haber
sufrido abusos sexuales por parte de un familiar.
333
509 U. S. 579 (1993)
334
522 U. S. 136 (1997)
335
526 U. S. 137, (119 S. Ct. 1167) (1999)
336
Frye vs. U.S. 293 F. 1013 (D. C. Cir. 1923)
110

un proceso judicial, lo que obliga a éstos a hacer un esfuerzo constante de aprendizaje


en relación con las cuestiones científicas337.

En segundo lugar, dado que al derecho no le es posible modificar estos


conceptos para que resulten más sencillos, en lo que se debe trabajar es en hallar una vía
óptima en la que el conocimiento científico sea introducido en sede judicial a través del
medio de prueba que mejor case con las exigencias científicas. En este sentido, como se
ha desarrollado supra, desde que las pruebas científicas ―de primera generación―
comenzaron a tomar parte en la actividad penal probatoria la pericia ha sido considerada
el medio de prueba más idóneo para la práctica del método científico en juicio oral.

Sin embargo, actualmente se vislumbran nuevas tendencias que contemplan la


posibilidad de introducir al proceso pruebas formadas mediante un método científico a
través de un medio de prueba distinto a la pericial. En concreto, aludimos a la reforma
operada en 2002 sobre el párrafo 2º del artículo 788.2 LECrim mediante la Disposición
Adicional Tercera de la LO 9/2002, de 10 de diciembre, sobre sustracción de menores.
La citada reforma dispone que en el ámbito del procedimiento abreviado «tendrán
carácter de prueba documental los informes emitidos por laboratorios oficiales sobre la
naturaleza, cantidad y pureza de sustancias estupefacientes cuando en ellos conste que
se han realizado siguiendo los protocolos científicos aprobados por las correspondientes
normas».

Respecto a ello surgen varios interrogantes: ¿Estamos ante una prueba


documental o ante una prueba documentada?, ¿Es éste un medio de prueba idóneo para
cualquier prueba científica o solo para algunas? Siendo así, ¿para cuáles? ¿Existe, tal
vez, otro medio distinto a la pericial capaz de trasmitir los conocimientos científicos al
proceso de un modo eficiente? De manera que, el reto jurídico para el actual sistema
procesal consiste en determinar a través de qué instrumentos probatorios de los
conocidos o por establecer, pues no existe un numerus clausus en el catálogo de pruebas
penales, se deben articular estas nuevas pruebas científicas para que surtan sus efectos
en el proceso penal338, y lo hagan de la manera más comprensible para los profesionales
del derecho, así como para la sociedad en su conjunto.

337
HERNÁNDEZ GARCÍA, C., «La comisión nacional para el uso forense del ADN», en La Ley penal:
revista de derecho penal, procesal y penitenciario, núm. 84, 2011, p. 37.
338
En este sentido, sostiene DOLZ LAGO que «son necesarias, pues, reformas legislativas que doten de
status probatorio específico a las pruebas científicas procedentes de Laboratorios oficiales, desde el
establecimiento de unos criterios de admisibilidad de la prueba, asu necesaria valoración racional
dentro del sistema de libre valoración de la prueba, sin que su aportación al proceso, vía prueba
pericial o documental o cualquier otro, alteren este contenido. […] De ahí que sería posible extender
la consideración de prueba documental a algunos informes periciales derivados de laboratorios
oficiales, ampliando el estrecho cauce abierto en el art. 788.2 párrafo segundo de la LECrim, en el
procedimiento abreviado, para extenderlo a cualquier procedimiento penal y en relación con pericias
111

4.2.4.-Problemática en cuanto a la valoración de pruebas científicas

La última cuestión problemática que hemos contemplado en este repaso sobre la


necesidad de adecuación del actual sistema procesal penal a las exigencias probatorias
contemporáneas es la relativa a la valoración de la prueba científica. Materia
especialmente escabrosa, toda vez que de la valoración de las pruebas depende el signo
de la resolución judicial.

En nuestros días, los tradicionales criterios de valoración de la prueba se ven


duramente sacudidos con la entrada de nuevas pruebas científicas, en la medida en que
la invasión científica y tecnológica en el estadio valorativo de la prueba implica una
reducción del recurso a las nociones suministradas por la experiencia y por el sentido
común, que es proporcional a la ampliación del uso de metodologías científicas. Es
decir, si el fin del proceso es el de determinar la verdad de la manera más racional
posible y con las mejores garantías de fiabilidad, parece claro que cuando se dispone de
nociones o de métodos convalidados por la ciencia el sentido común debe hacerse a un
lado339.

Por ello, sostiene DOLZ LAGO que es necesario dar un tratamiento científico a
la valoración de esta nueva categoría probatoria, sin que la íntima convicción del
juzgador ―artículo 741 LECrim― pueda desarrollarse al margen de los parámetros
científicos que han de gobernar a estas pruebas340. Han de establecerse, por tanto,
ciertos estándares de valoración de las pruebas científicas, común a todas ellas, que
faciliten la labor de evaluación de sus resultados. En este sentido lo considera LAUDAN
cuando, en relación con la valoración de las pruebas científicas, asevera que «ningún
procedimiento penal que merezca su nombre puede tener lugar en ausencia de un
estándar de prueba. Dicho estándar sirve como regla de decisión para que el juzgador de
los hechos alcance el veredicto del caso. Sin un estándar de prueba el veredicto mismo
no estaría justificado y cualquier declaración de culpabilidad será injusta»341.

Así las cosas, las pruebas científicas suponen el fin de un ciclo de técnicas
probatorias que abren paso a nuevos interrogantes. El más usual de todos, en lo relativo
a su valoración, es aquel que cuestiona hasta qué punto un juez puede apartarse del

científicas elaboradas por estos laboratorios, que se han revelado altamente fiables de acuerdo con los
estándares científicos actuales». DOLZ LAGO, M. J., «Reflexiones sobre la prueba…», ob. cit., p. 24.
339
TARUFFO, M., Simplemente la verdad, ob. cit., pp. 240-241.
340
DOLZ LAGO, M. J., «Reflexiones sobre la prueba…», ob. cit., p. 25.
341
LAUDAN, L., «La elemental aritmética epistémica del derecho II: los inapropiados recursos de la
teoría moral para abordar el derecho penal», en VÁZQUEZ, C. Estándares de prueba y prueba
científica, Marcial Pons, Madrid, 2013, p. 121.
112

resultado que proporciona un método científico de alta fiabilidad342. Nos introducimos,


de este modo, en un terreno pantanoso para el ámbito jurídico, pues el derecho ha de
valorar una realidad absolutamente ajena a su campo de conocimiento. Quizás debido a
esta complejidad el legislador ha optado por no pronunciarse al respecto. A lo largo de
este trabajo de investigación iremos abordando cada una de las dificultades
mencionadas, con la intención de darles una respuesta que permita practicar los nuevos
métodos científico-probatorios en el proceso penal sin menoscabar los derechos del
investigado.

4.3.-Organismos auxiliares de nueva creación en materia forense

La influencia de la evolución científica sobre el sistema probatorio a la que nos


venimos refiriendo ha sido de tal entidad que, en los últimos tiempos, los órganos
científico-policiales se han visto obligados a vertebrar una suerte de organismos de
control y de unificación de criterios que velen por la calidad científica y técnica de las
pruebas, y garanticen la seguridad y protección de los derechos de los ciudadanos. Estos
organismos no solo se reducen al ámbito nacional sino que, como se verá a
continuación, existen también numerosas instituciones que operan a nivel internacional
como respuesta a la necesidad de perseguir los delitos más allá de las fronteras de los
Estados, y a la mayor internacionalización del derecho penal, que requiere estandarizar
unos métodos que puedan ser aplicados en distintos países343.

Y es que puede ocurrir, por ejemplo, que las medidas de asepsia y seguridad
establecidas en un país para la obtención de muestras biológicas difieran de las que se
siguen en otro, o que una prueba científica considerada nueva en una determinada
nación pueda no ser así reputada en otro estado, donde dicha técnica ya encontró
espacio en el proceso judicial344. Por ello, se hace imprescindible la cooperación entre
los distintos ordenamientos jurídicos para lograr que todos puedan estar a la vanguardia

342
En este sentido, señala GÓMEZ COLOMER que «un tema final clave en la prueba científica que
necesariamente debe abordarse es el de su valoración, pues choca con el principio de la lógica, al
menos, que siendo técnicamente pruebas prácticamente fiables al cien por cien en cuanto a sus
resultados, su aplicabilidad en el proceso penal dependa sin embargo de la voluntad racional del juez».
GÓMEZ COLOMER, J. L., «Los retos del proceso penal ante las nuevas pruebas…», ob. cit., p. 30.
343
HERNÁNDEZ GARCÍA, C., «La comisión nacional para el uso forense del ADN», ob. cit., p. 38.
344
En lo que se refiere a la relatividad de la novedad de los métodos científicos según el ordenamiento
jurídico de cada país, apunta DOMINIONI un claro ejemplo: «de particular interés es la
reconstrucción de los hechos mediante los nuevos programas informáticos, un instrumento
ampliamente conocido en la experiencia judicial estadounidense que, de hecho, dispone de criterios de
control individualizados; por el contrario, en la experiencia italiana este es un método recién
introducido que cuando fue presentado por primera vez no pudo ser practicado porque carecía de
experimentados aparatos de escrutinio que acreditasen un eso fiable». DOMINIONI, O., La prova
penale…, ob. cit., p. 76.
113

en el ámbito probatorio. Solo así es posible sosegar la inseguridad que sufren tanto los
operadores jurídicos como la sociedad en su conjunto ante estas situaciones de
dispersión e, incluso muchas veces, de ausencia normativa.

4.3.1.-Organismos de ámbito nacional

En lo que respecta a los organismos de ámbito nacional, dada la ingente carga de


trabajo que abrumaba a la policía científica a finales del siglo XX, motivada por el
inexorable avance de la ciencia345, comenzó a evidenciarse la necesidad de crear
instituciones que sirvieran de apoyo a este cuerpo policial. De este modo, fueron
constituyéndose los institutos de medicina legal en las distintas capitales de provincia y
en las comunidades autónomas de España346. Estos institutos son órganos cuya misión
es auxiliar a los juzgados, tribunales, fiscalías y oficinas del Registro Civil mediante la
práctica de pruebas médicas, tanto tanatológicas ―relativas por ejemplo a disecciones
de cadáveres, autopsias, etc.― como clínicas y de laboratorio, así como realizar
actividades de docencia e investigación relacionadas con la medicina forense347.

En aras de concentrar a nivel nacional el conocimiento científico que emanaba


de estas prácticas médico-forenses se ha creado recientemente, en el año 2014, el
Consejo Médico Forense348. Este órgano es exclusivamente consultivo y sus funciones

345
Entre los acontecimientos de mayor calado cabe mencionar el nuevo Sistema Automático de
Identificación Dactilar; la ampliación del Plan Nacional de Identificación de Detenidos; la elaboración
de un Protocolo de Actuación de los miembros de la Policía Científica en delitos violentos y en la
realización de la diligencia de autopsia; la creación de una Base de Datos de Huellas de Calzado y de
Neumáticos; el Sistema Automático de reconocimiento de locutores, la entrada en funcionamiento de
de un grupo de pericias caligráficas, ―incluso en escritura árabe―; la suma potencialidad adquirida
por el área de pericias informáticas, ―que se ha convertido en una sección separada del resto―; y la
nueva incorporación de la infografía forense, técnica que permite, entre otras cosas, la representación
gráfica en tres dimensiones de la escena del crimen. RODRÍGUEZ NÚÑEZ, A., La investigación
policial y sus consecuencias jurídicas, Dykinson, Madrid, 2013, p. 225.
346
Los Institutos de Medicina Legal han ido instaurándose en las capitales de provincia en las que tenga
su sede un Tribunal Superior de Justicia, así como en aquellas en las que tengan su sede Salas de
Tribunal Superior de Justicia con jurisdicción en una o más provincias, se creará un Instituto de
Medicina Legal, mediante Orden del Ministro de Justicia, o por la Comunidad Autónoma afectada que
haya recibido los traspasos de medios para el funcionamiento de la Administración de Justicia, oído el
Consejo General del Poder Judicial. En las normas de creación establecerán la sede y la relación de
puestos de trabajo inicial, reflejando el ámbito territorial correspondiente de cada Instituto. Asimismo,
desarrollará su estructura y competencias. En las restantes ciudades, podrán existir Institutos de
Medicina Legal con el ámbito que reglamentariamente se establezca por el Gobierno, a propuesta del
Ministerio de Justicia, o, en su caso, de la Comunidad Autónoma afectada que haya recibido los
traspasos de medios para el funcionamiento de la Administración de Justicia.
347
ARIMANY-MANSO, J., PUJOL-ROBINAT, A., MEDALLO-MUÑIZ, J., MARTÍ-AMENGUAL, G.,
«INSTITUTOS DE MEDICINA LEGAL: UN NUEVO MODELO ORGANIZATIVO DE LA MEDICINA FORENSE EN
ESPAÑA», EN MEDICINA CLÍNICA, VOL. 126, NÚM. 2, 2006, P. 67.
348
Su regulación se encuentra en el Real Decreto 355/2014, de 16 de mayo, por el que se crea y regula el
Consejo Médico Forense.
114

principales son el asesoramiento y orientación científica en materia médico-legal, tanto


a las administraciones y organismos públicos, como a los propios médicos forenses,
impulsando, además, la coordinación entre todos los Institutos de Medicina Legal con el
Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses y con otros organismos
internacionales. Con lo que su último objetivo es el de contribuir al logro de una
respuesta científica uniforme y de calidad por parte de los distintos profesionales,
quienes tienen encomendada la función de apoyo y auxilio a juzgados y tribunales y al
ejercicio de la función jurisdiccional349.

Por su parte, el citado Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses,


aunque procede de una larga evolución de unión y desunión de varios laboratorios de
medicina legal de la policía científica, recibe su nombre y estructura actual en 2003350.
Se trata de un órgano técnico adscrito al Ministerio de Justicia, cuya misión es muy
similar a la de los órganos anteriores, ya que consiste en auxiliar a la Administración de
Justicia y contribuir a la unidad de criterio científico y a la calidad de la experticia
analítica, así como al desarrollo de las ciencias forenses351.

De otro lado, también adscrita al Ministerio de Justicia, y dentro del ámbito del
Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses, se encuentra la Comisión
Nacional para el Uso Forense del ADN, constituida en 2008 a instancia de los
Ministerios de Justicia e Interior352. Las funciones de esta Comisión se resumen en la

349
Vid. más sobre las funciones, estructura y composición de este órgano en la página web del Ministerio
de Justicia:
[Link]
mos/consejo_medico_forense/!ut/p/c5/04_SB8K8xLLM9MSSzPy8xBz9CP0os3gzT1dTz6BgExPjUB
cTA0_jsDDXAA9fAwNXc6B8JG55EwNidBvgAI5g3Y7eQU4efh4-_i6-PsYGjp5-
Ae5h_oYGBv5GEN145PHbHQ7yK24VwWb45U2MCMgbQOTx-
M7PIz83Vb8gNzQ0wiDTU9dRUREA5lNzbQ!!/dl3/d3/L2dJQSEvUUt3QS9ZQnZ3LzZfQUtSQkhO
SExPRE1MMzBBSU5QR1ZPMTAwTzI!/
350
Esta denominación le fue otorgada por la Ley Orgánica 19/2003 de 23 de diciembre.
351
Vid. más sobre este organismo en el portal web del Ministerio de Justicia:
[Link]
mos/instituto_nacional_de_toxicologia_y_ciencias_forenses/!ut/p/c5/04_SB8K8xLLM9MSSzPy8xBz
9CP0os3hH7yAnDz8PH38XXx9jA0dPvwD3MH9DAwN_I6B8pFm8maerqWdQsImJcaiLiYGncViY
a4CHr4GBiQExug1wAEewblxmu5rjtxsoj9_ucJBfcesPNsMvb2JEQN4AIo_Hd34e-bmp-
gW5oaERBpmeuo6KigDwpOfJ/dl3/d3/L2dJQSEvUUt3QS9ZQnZ3LzZfNklFNUlSUzQ0M1VENDB
JM1ZWRVBITTAwRTI!/
352
La constitución de esta comisión tuvo lugar mediante el Real Decreto 1977/2008, de 28 de noviembre.
La implicación de los dos Ministerios ―Justicia e Interior― que impulsaron su creación queda
patente en la medida en que cada uno tiene su participación en la materia: «(a) Por una parte, el
Ministerio del Interior, en la competencia que tienen atribuida las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del
Estado en la averiguación de los delitos y la persecución de los delincuentes. Para ello, el legislador le
atribuye un instrumento realmente eficaz, como es la base de datos sobre identificadores obtenidos a
partir del ADN. (b) Por otra, el Ministerio de Justicia, en el ámbito de la Medicina Forense, y más
concretamente a través del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses, que tiene como
misión auxiliar a la Administración de Justicia mediante la realización de pruebas e informes que le
soliciten los Jueces y Tribunales en el curso de un proceso judicial». HERNÁNDEZ GARCÍA, C.,
«La comisión nacional para el uso forense del ADN», ob. cit., pp. 38-39.
115

acreditación y coordinación de los laboratorios facultados para contrastar perfiles


genéticos en la investigación y persecución de delitos y la identificación de cadáveres,
así como en la elaboración de los protocolos técnicos oficiales sobre la obtención,
conservación y análisis de las muestras, la determinación de las condiciones de
seguridad en su custodia y la fijación de todas aquellas medidas que garanticen la
estricta confidencialidad y reserva de las muestras, los análisis y los datos que se
obtengan de los mismos353.

Como puede constatarse, la mayor parte de estos organismos de reciente


creación pertenecen al ámbito médico forense, existiendo sobre el resto de ciencias
unidades especializadas dentro de la propia policía científica o del Instituto Nacional de
Toxicología y Ciencias Forenses. Tan solo cabría mencionar, al margen de estos
organismos, la colaboración que, en cuestiones de escuchas telefónicas presta el Sistema
Integrado de Interceptación Legal de Telecomunicaciones (SITEL). Su origen responde
a la necesidad de adaptar los sistemas existentes de intrusión, basados en tecnología
analógica, a los nuevos sistemas informáticos y de tecnología digital avanzada354. En
cuanto a la unificación de criterios, señalar que SITEL utiliza un sistema digital que se
basa en las normas ETSI355, que son estándares europeos de interceptación que, al ser
objeto de una constante actualización, son susceptibles de ser fácilmente adaptables a
las novedades tecnológicas que se creen356.

353
ACÓN ORTEGO, «La Comisión Nacional para el Uso Forense del ADN», en CASADO y GUILLÉN,
ADN forense: problemas éticos y jurídicos, Universitat Barcelona, Barcelona, 2014, pp. 247 y ss.
354
DOLZ LAGO, M., «¿Hacia una jurisprudencia electrónica? (Breves reflexiones sobre SITEL)», en La
Ley Penal, núm. 74, septiembre 2010, p. 109.
355
En aras de realizar la mencionada agrupación y armonización de criterios de telecomunicación España
es miembro del Instituto Europeo de Normas de Telecomunicaciones (ETSI), organismo sin ánimo de
lucro creado al objeto de disponer del foro adecuado para la elaboración de las normas de
telecomunicación que faciliten la estandarización del sector y, por lo tanto, el avance hacia el Mercado
Único Europeo. LÁZARO LAPORTA, J., MIRALLES AGUIÑIGA, M., Fundamentos de telemática,
Universidad Politécnica de Valencia, Valencia, 2005, p. 14.
356
RODRÍGUEZ LAINZ, J. L., «Consideraciones jurídicas en torno a la licitud constitucional de
SITEL», en Diario La Ley, núm. 7344, 2010, p. 4. Vid. más sobre SITEL, ad exemplum, en
RODRÍGUEZ LAINZ, J. L., «De vueltas con SITEL», en Diario La Ley, núm. 7515, noviembre,
2010; ZOCO ZABALA, C., «Interceptación de las comunicaciones electrónicas. Concordancias y
discordancias de SITEL con el artículo 18.3 de la CE», en Indret: Revista para el Análisis del
Derecho, núm. 4, 2010; RODRÍGUEZ LAINZ, J. L., «SITEL y principio de proporcionalidad en la
intervención de comunicaciones electrónicas», en Diario La Ley, núm. 7689, 2011; BERNING
PRIETO, A. D., «La intervención de las comunicaciones electrónicas», en Revista Aranzadi Doctrinal
3/2012 parte Estudio, Aranzadi, Pamplona, 2012; GÓNZALEZ LÓPEZ, J. J., «Intervención de
comunicaciones: nuevos desafíos, nuevos límites», en PÉREZ GIL, J., El proceso penal en la
sociedad de la información, La Ley, Madrid, 2012, pp.109-162.
116

4.3.2.-Organismos de ámbito internacional

La homogeneización de pautas y criterios científicos y la creación de organismos


que colaboren a mejorar los conocimientos científicos que han de manejar los
operadores jurídicos se hace aun más necesaria, si cabe, en el ámbito internacional. En
lo que a ello concierne, desde el principio de la existencia de la policía científica se
apostó por la cooperación internacional. El paso del tiempo ha corroborado lo acertado
de esta decisión, máxime en unos momentos en los que la delincuencia transnacional y
terrorismos de variada índole se instalan con fuerza en los espacios supranacionales.
Esta situación ha llevado a diferentes iniciativas en materia de cooperación, siendo la
más importante, desde el punto de vista de las ciencias forenses, la constitución de redes
que agrupan a instituciones o países de ámbitos diversos con el objetivo común de
mejorar la conducta a seguir en cuanto a la actividad probatoria científica, de cara a
aumentar la calidad de su práctica en la Administración de la Justicia357.

Esta cooperación se ha visto facilitada por el establecimiento de organismos que


integran laboratorios, institutos e instituciones de diversos países creándose así grupos
de trabajo internacionales de reconocido prestigio en materia forense. Entre ellos, cabe
destacar la Red Europea de Institutos de Ciencias Forenses (ENFSI). Esta red está
compuesta por cincuenta y tres laboratorios de treinta y un países europeos, entre los
que se encuentra España, y se ocupa de una gran variedad de temas de investigación. En
concreto, en los últimos años, ENFSI ha centrado su materia de trabajo en estudiar en
detalle: la imagen digital, el ADN, los documentos electrónicos, las drogas, los
explosivos, las fibras, las huellas dactilares, las armas de fuego, los incendios, la
tecnología de la información, el análisis forense de voz y audio, la escritura manuscrita,
las marcas, las pinturas, los accidentes de tráfico y la escena del crimen358.

De otro lado, España forma parte también de la Academia Iberoamericana de


Criminalística y Estudios Forenses (AICEF), creada en el año 2004. Esta academia está
integrada por treinta y dos instituciones, policiales y judiciales fundamentalmente, que
representan a diecisiete países latinoamericanos, así como a España y a Portugal. Su
ámbito de competencia, consecuentemente, se extiende en esos tres territorios359. Este
organismo internacional constituye un punto de encuentro científico en el que se
debaten los problemas que plantea la moderna investigación jurídico penal

357
DOLZ LAGO, M. J., FIGUEROA NAVARRO, C., La prueba pericial…, ob. cit., pp. 57 y ss.
358
NIC DAEID, N., Fifty Years of Forensic Science: A Commentary, John Wiley & Sons, New York,
2010, pp. 291-293.
359
GARCÍA SÁNCHEZ-MOLERO, J. A., «Las asociaciones de criminalística ante los retos de la
delincuencia organizada y el terrorismo», en Revista Criminalidad, Globalización y Criminalidad,
2008, pp. 115 y ss.
117

iberoamericana, con el propósito de poner a disposición de los Tribunales de justicia las


pruebas científicas que les permitan cumplir con su función360.

Tanto ENSFI como AICEF están integradas, a su vez, en un organismo


internacional de mayor alcance territorial denominado Alianza Forense Estratégica
Internacional (IFSA)361. IFSA fue constituida durante el XV Simposio Internacional de
Ciencias Forenses de Interpol362, celebrado en Lyon en octubre de 2007. Actualmente
está conformada por diversos organismos internacionales ya que, además de ENFSI y
AICEF componen esta Alianza Forense Internacional la Red de Directores de
Laboratorios Forenses de Estados Unidos de América (ASCLAD), su homónima de
Australia y Nueva Zelanda (SMANZFL), la Red Asiática de Ciencias Forenses (AFSN)
y la Red Sudafricana Regional de Ciencias Forenses (SARFSN)363.

La visión de IFSA consiste en crear oportunidades para la colaboración


estratégica entre la comunidad científico-forense de forma global. Sus objetivos, para
lograr la visión aludida, se centran en representar a la comunidad forense internacional;
desarrollar una agenda de asuntos estratégicos relacionados con las ciencias forenses;
constituirse en un ente estratégico para otras organizaciones internacionales relevantes;
y promover y aumentar el intercambio de información en los campos de la experiencia,
el conocimiento y la destreza entre las redes de ciencias forenses364. Colaborando así,
tanto directa como indirectamente en la resolución de causas penales de todo el mundo.

Por último, en lo que concierne a la prueba científica, España forma parte


también de otros dos grupos internacionales de trabajo: el Grupo de Trabajo Científico
sobre el Análisis de los Patrones de Manchas de Sangre ―Scientific Working Group on
Bloodstain Pattern Analysis (SWGSTAIN)― y el Grupo de Investigación Forense

360
DOLZ LAGO, M. J., FIGUEROA NAVARRO, C., La prueba pericial…, ob. cit., pp. 60-61.
361
Para profundizar sobre cada uno de estos organismos y su relación con otros a nivel mundial vid.
ampliamente UBELAKER, D. H., The Global Practice of Forensic Science, John Wiley & Sons,
Oxford, 2015.
362
INTERPOL es la Organización Internacional de Policía Criminal, fue creada en 1923 y cuenta con 190
países miembros. Tiene una estructura bipartita: por un lado, está compueta por la Secretaría General
y, por otro, por una red que centraliza todos los departamentos policiales adscritos. Ningun órgano
ejerce poder sobre el otro, sino que están coordinados en el desarrollo de sus funciones. Vid. más
sobre INTERPOL, entre otros, en FOONER, M., Interpol: Issues in World Crime and International
Justice, Springer Science & Business Media, 1989; RAYON, M., «Organización internacional de
policía criminal INTERPOL», en Ciencia policial, núm. 42, 1998, pp. 111-138; CUFER, E.,
MIZIANO, V., Interpol: the art show which divided east and west, IRWIN, Moscow, 2000;
BLASHFIELD, J. F., Interpol, World Almanac, Iowa, 2004.
363
Vid. el portal web de IFSA, sección «about us», en [Link]
364
Ibídem
118

Digital ―Digital Forensic Research Workshop (DFRWS)365―. El objetivo de ambos


organismos consiste en poder discutir y evaluar métodos, técnicas y protocolos
relacionados con cada una de estas disciplinas científicas para poder establecer un
«código de buenas prácticas» que consolide internacionalmente de los métodos
empleados para la obtención de estas pruebas366.

Ante esta incesante creación de organismos que cooperan en materia de prueba


científica con los tribunales de justicia, tanto a nivel nacional como a nivel
internacional, resulta más que evidente que la modernización del actual sistema penal
científico-probatorio, en lo que a instituciones respecta, está teniendo lugar en nuestros
días, aunque esto no suceda ―y nunca pueda hacerlo― al mismo ritmo al que se
moderniza la ciencia.

365
KEYUN, R., Cybercrime and Cloud Forensics: Applications for Investigation Processes, IGI Global,
Hershey, 2013, p. 2.
366
JAMES, S. H., NORDBY, J. J., BELL, S., Forensic Science. An Introduction to Scientific and
Investigative Techniques, CRC Press, New York, 2014, pp. 97 y ss.
CAPÍTULO II
FUNDAMENTOS CONCEPTUALES DE
LA PRUEBA CIENTÍFICA

1.-Planteamiento inicial. 2.-La prueba de los hechos en el proceso penal. 2.1.-Prueba y


prueba jurídica. 2.1.1.-La prueba. 2.1.2.-La prueba jurídica. 2.1.3.-Sobre la complejidad
interna del concepto de prueba jurídica. 2.2.-Prueba y verdad. 2.2.1.-Verdad formal y
verdad material. 2.2.2.-Verdad judicial y verdad científica. 2.2.3.-La verdad como
finalidad del proceso. 2.3.-Verdad, verosimilitud y probabilidad. 2.3.1.-La
verosimilitud. 2.3.2.-La probabilidad. a.-La probabilidad estadística. b.-La probabilidad
lógica. 2.4.-La reconstrucción de los hechos. 2.4.1.-La inferencia en el razonamiento
judicial. 2.4.2.-El juez y la ciencia. 3.-La prueba científica como categoría: el método
científico. 3.1.-La proyección lineal del método científico en la actividad probatoria.
3.1.1.-La prueba científica como fuente de prueba. 3.1.2.-La prueba científica como
medio de prueba. 3.1.3.-La prueba científica como resultado probatorio. 3.1.4.-La
presencia de cientificidad en cualquier estadio de la actividad probatoria. 3.2.-
Caracteres del método científico empleado en la actividad probatoria. 3.2.1.-El
conocimiento científico. 3.2.2.-Objetividad de los resultados. 3.2.3.-La intervención de
personal especializado. 3.2.4.-La especialización de la técnica empleada. 3.3.-Sobre el
concepto de prueba científica. 3.3.1-La pluralidad de pruebas científicas. 3.3.2.-Algunos
rasgos esenciales de esta nueva categoría probatoria. 4.-Prueba científica y prueba
pericial. 4.1.-Caracteres comunes y propios de cada categoría probatoria. 4.2.-
Delimitación de ambas figuras. 5.-La prueba científica y el contradictorio. 5.1.-El
método heurístico del contradictorio. 5.1.1.-Un modelo procesal importado de la
ciencia. 5.1.2.-El examen cruzado. 5.2.-La necesidad de contradicción en la prueba
científica. 5.2.1.-Casos ilustrativos del contradictorio en la prueba científica. 5.2.2.-El
contradictorio y la prueba científica en la fase de investigación. 5.2.3.-El contradictorio
y la prueba científica en la fase de juicio oral. 5.3.-El contradictorio como elemento
configurador de la prueba científica. 6.-Para un concepto de prueba científica
121

1.-Planteamiento inicial

La prueba científica es, en esencia, un método. El concepto de prueba científica


está vinculado con la cualidad o naturaleza de la epistemología judicial y, a su vez, con
la epistemología científica. Son determinados principios, reglas, resultados y
validaciones los que permiten hablar, más que de «prueba científica», de «método
probatorio científico». La prueba científica no encaja, pues, en la tradicional
clasificación de fuentes y medios, sino en aquel esquema que hace referencia a los
métodos de aproximación judicial para el conocimiento de los hechos367. Por tanto, con
independencia de la fuente de prueba que se analice, y con independencia también del
medio probatorio que introduzca la fuente en el proceso, una prueba podrá ser
catalogada como científica en la medida en que en algun momento del iter probatorio se
haya valido de metodologías científicas durante su formación.

Esta concepción de prueba científica como método científico aplicado a la


actividad probatoria conforma la piedra angular del presente trabajo. Dicha tesis obliga
a abandonar las rígidas tipologías de la prueba derivadas de la LECrim que nos llevan a
pensar en los distintos tipos de pruebas según los medios por los que vienen
representadas —la prueba testifical, la prueba documental, la prueba pericial, etc. 368—.
Si bien, ello no es óbice para que una prueba científica confluya con alguna de estas
tipologías durante su desarrollo. Incluso esta confluencia se hace habitual, sobre todo,
con la prueba pericial como medio probatorio más utilizado para la explicación y
práctica del método científico en el juicio oral. Pero, como se verá más adelante, dicha
concurrencia no debe ser entendida como una identidad entre ambas instituciones, pues,
la prueba científica no se reduce a un medio probatorio ni a una diligencia de
investigación. Constituye en realidad una nueva categoría probatoria que se sitúa en un
ámbito más amplio del que estamos acostumbrados a entender en el sentido estricto de
«prueba», pues su desarrollo comprende o puede alcanzar todas las fases de la actividad
probatoria ―obtención, tratamiento, conservación, admisibilidad, práctica, valoración y
control―.

367
En este sentido, señala SPANGHER que «no se debe eludir que la expresión científica implica de por
sí el resultado de la actividad que viene desarrollada a la luz de los progresos del conocimiento que la
ciencia y la técnica ponen a disposición de la acción investigadora». SPANGHER, G., «Brevi
riflessioni, sparse, in tema di prova técnica», en CONTI, C., Scienza e processo penale. Nuove
frontiere e vecchi pregiudizi, Giuffrè, Milano, 2011, p. 27.
368
Tampoco encajaría la prueba científica en una concreta clasificación de prueba judicial según los
distintos criterios que se utilizan para ello como pueden ser su objeto ―pruebas directas o
indirectas―, su forma ―pruebas escritas y orales―, su estructura o naturaleza ―pruebas reales o
personales―, su finalidad ―pruebas de cargo o de descargo―, su grado o categoría ―pruebas
principales o supletorias―el momento en el que se producen ―pruebas judiciales o extrajudiciales―,
pues, en función de las características de cada prueba científica esta nueva categoría podría responder
a todas estas clases. Sobre esta clasificación de pruebas vid. DEVIS ECHANDÍA, H., La teoría
general de la prueba judicial, vol. 1, Zavalia, Buenos Aires, 1988, pp. 519-550.
122

Este concepto de prueba ha surgido en los últimos años debido, esencialmente, a


los innumerables avances científicos y tecnológicos a los que hemos hecho referencia
supra, que están siendo de creciente aplicación en el proceso penal —el estudio de
patrones de manchas de sangre, la técnica del P300, las diferentes vertientes de la
ciencia de la informática forense, etc.—. Todos estos progresos gozan de un elemento
que ha logrado que el Derecho confíe en la metodología científica cada vez más, aunque
no sin reticencias. Se trata del elevado porcentaje de fiabilidad que aseguran
proporcionar sus resultados, que viene avalado por la aceptación de la comunidad
científica de referencia en sus ramas de especialización369. Esta alta fiabilidad, unida a
los rigurosos y estandarizados principios con los que trabajan estos métodos sumamente
complejos para el saber común, es lo que ha suscitado que haya de replantearse la
concepción tradicional de prueba, así como las reglas de admisibilidad y valoración de
las mismas. La prueba científica ha introducido de este modo nuevos criterios en la
teoría general de la prueba que amplían los esquemas clásicos del régimen jurídico
probatorio.

Este hecho es una muestra más de que la prueba es un fenómeno polifacético


cuya naturaleza y definición varían de acuerdo con distintos factores históricos,
culturales y jurídicos, pues, en el origen de la prueba científica han influido
sobremanera las diferentes asunciones culturales acerca del conocimiento, la verdad, y
las técnicas y los métodos de investigación que han ido surgiendo en los últimos
años370. En este sentido, ha sido expuesto en el capítulo anterior cómo, a lo largo de la
historia, la noción de método científico ha ido evolucionando e incluso mutando desde

369
En cuanto al grado de certeza de las pruebas científicas ya apuntábamos en el capítulo anterior que el
porcentaje de acierto del ADN alcanza el 99,99% si el procedimiento de obtención y análisis ha sido
llevado a cabo con las diligencias necesarias. De otro lado, respecto a la P300 no existe una cifra fija,
debido a lo novedoso de su utilización en un contexto penal. Algunos como Rosenfeld, prestigioso
especialista en brain fingerprinting, defienden que estos tests arrojan una probabilidad situada entre el
85 y el 90%. ROSENFELD, P. J., «Brain Fingerprinting: a critical analysis», in The Scientific Review
of Mental Health Practice, vol. 4, nº 1, 2005, p. 26.; en nuestro país, el doctor Valdizán, desde una
posición más comedida, asegura que los resultados de la prueba del P300 proporcionan un margen de
error entre el 0,5 y el 18%. ANDREU NICUESA, C., VALDIZÁN USÓN, J. R., «Potencial Evocado
Cognitivo P300 en la investigación pericial (P300-pericial)», ob. cit., pp. 5-6. Pese a estas
discrepancias la precisión de esta técnica, de media, será mayor del 85%, lo que supone un alto grado
de fiabilidad. De otra parte, por poner otro ejemplo, el grado de rigor de los resultados de los patrones
de manchas de sangre variará en virtud de la superficie sobre la que repose el fluido, pero se
mantendrán igualmente elevados. Así, cuando la sangre se hallare sobre superficies no absorbentes el
porcentaje máximo de error se calcula en torno a un 17,4%. De otro lado, cuando el fluido sanguíneo
pueda filtrarse sobre el material en el que se encuentra, por ejemplo en un tejido, el porcentaje de error
es algo inferior al anterior, aproximadamente de un 14,3%. Por lo que, de media, la fiabilidad de las
pruebas que presenta este método científico ronda, como mínimo, el 85%. LABER, T. L., KISH, P.
E., TAYLOR, M. C., OWENS, G., OSBORNE, N., CURRAN, J., Reliability Assessment of Current
Methods in Bloodstain Pattern Analysis, Final Report for the National Institute of Justice, 2010-2014,
New Zealand, p. 75 y ss.; LABER, T. L., TAYLOR, M. C., KISH, P. E., «The Reliability of Current
Methods of Sequencing Bloodstain Patterns», in Journal of Bloodstain Pattern Analysis, vol. 30, nº 1,
marzo 2014, p. 9.
370
TARUFFO, M., La prueba, trad. Manríquez y Ferrer Beltrán, Marcial Pons, Madrid, 2008, p. 59.
123

los medios probatorios más arcaicos y arbitrales, como los denominados juicios de
Dios, hasta los procedimientos científicos más precisos y rigurosos de nuestra época,
como lo es la prueba de ADN.

Precisamente, en este último contexto de métodos innovadores de indagación de


los hechos y alcance de conclusiones objetivas, es donde debe situarse esta reciente
actividad científico-probatoria. Actividad que será desarrollada en un peculiar escenario
jurídico, pues vendrá caracterizado por el uso de técnicas científicas de alta
complejidad, y por la presencia de conocimientos especializados e interdisciplinares, ya
que dentro del concepto de prueba científica podemos encontrar numerosas ramas de la
ciencia —la biología, la antropología, la química, la física, la neurología, etc.—. Así las
cosas, la «prueba científica», en el plano jurídico-procesal plantea una cuestión tan
actual como difusa que requiere, al menos, algún intento de análisis en su concepto y
naturaleza. Esta será la tarea que trataremos de abordar en las líneas siguientes.

2.-La prueba de los hechos en el proceso penal

La prueba científica, pese a conformar una nueva categoría probatoria sirve, al


igual que el resto de información aportada al proceso, para establecer la existencia de
uno o más hechos relevantes para la decisión judicial371. Esta idea puede ser expresada
de distintas formas, pero, tal y como recoge TARUFFO, un dato compartido y frecuente
en las diversas culturas jurídicas es que el hecho es el objeto de la prueba o su finalidad
fundamental, en el sentido de que representa lo que «es probado» en el proceso372. Ese
objeto probatorio, como es lógico, varía en la práctica en función de las circunstancias
de cada caso concreto. Así, en ocasiones se considerará suficiente establecer de forma
aproximada la velocidad de un vehículo o dónde se encontraba una determinada persona
en un específico día y a cierta hora. Mientras que, en otros casos, habrá que estudiar el
análisis del código genético de un individuo o el análisis científico-químico de algunos

371
TARUFFO, M., «Verdad, prueba y motivación en la decisión sobre los hechos», en Cuadernos de
Divulgación de la Justicia Electoral, México, 2013, p. 17.
372
TARUFFO, M., La prueba de los hechos, Trotta, Madrid, 2002, p. 89. A este respecto MONTERO
AROCA añade que «Ante la pregunta de ¿qué puede probarse? La respuesta obvia es: hechos, pero
por nuestra parte preferimos decir datos, por cuanto, aunque los hechos sean el principal objeto de la
prueba, no faltan ocasiones en que la actividad probatoria puede referirse al Derecho y también a la
máximas de experiencia», MONTERO AROCA, J., La Prueba en el Proceso Civil, Civitas,
Pamplona, 2011, pp. 68-69. Entre los partidarios de que el objeto de la prueba son los hechos:
MICHELI, G. A., La carga de la prueba, Temis, Buenos Aires, 1961, trad. SENTÍS MELENDO, p.
112; GÓMEZ ORBANEJA, E., Derecho procesal civil, vol. I, Artes gráficas y ediciones, Madrid,
1975, pp. 291-292; SERRA, M., Comentarios al Código Civil y Compilaciones Forales, ob. cit., p. 3;
SENTÍS MELENDO, S., «La prueba es libertad», en La prueba, Ediciones Jurídicas Europa-América,
Buenos Aires, 1978, pp. 12 y 403; DÍEZ-PICAZO, L., Experiencias jurídicas y teoría del derecho,
Ariel, Barcelona, 1983, p. 215; DEVIS ECHANDÍA, H., Teoría general de la prueba judicial, ob.
cit., pp. 147 y ss.
124

materiales. Por ello, una variable importante en los hechos a probar es, precisamente, el
grado de precisión que se emplea en la determinación de un hecho y el método que ha
permitido conseguirlo.

En este sentido, la prueba científica se sitúa entre aquellas pruebas encaminadas


a demostrar un hecho con un altísimo nivel de rigurosidad a través de un procedimiento
científicamente homologado. Algunas proclaman obtener unos resultados con una
precisión de más del 97%, véase la ya citada huella bacteriana373. Pero, el núcleo de la
cuestión no consiste, únicamente, en verificar si el porcentaje de certeza que cada
técnica científica dice proporcionar es exacto o no —tarea eminentemente científica—,
sino también en determinar qué puede entenderse por probabilidad, por verdad e incluso
por prueba jurídica, para, de este modo, dilucidar hasta qué punto los nuevos métodos
científicos que han irrumpido en el catálogo jurídico-probatorio son capaces de
reproducir el hecho histórico acaecido —tarea claramente jurídica—. Ello será lo que
nos permita establecer la función del método científico en la investigación y su utilidad
para lograr eficazmente la convicción judicial en la determinación de los hechos.

2.1.-Prueba y prueba jurídica

2.1.1.-La prueba

La prueba es, en esencia, verificación; entendiendo por verificar una «cosa», de


acuerdo con WITTGENSTEIN, comprobar si esa «cosa» es verdadera. No obstante, este
autor advierte que lo que se comprueba, no es una «cosa», sino algo que se dice acerca
de ella. Es decir, lo que se verifica es un enunciado374. Probar se trata, pues, de una

373
Incluso ante un método científico no consolidado en la comunidad científica de referencia, como lo es
la huella bacteriana, resulta posible aportar porcentajes de fiabilidad de la técnica utilizada,
sumamente elevados, aunque no provistos de consenso. Así, en algunas ocasiones se ha obtenido un
porcentaje de coincidencia del 82%, WEISS, D., «Tools expand beyond DNA to Bacteria», en Law
Enforcement Investigation, enero de 2015. [Link]
investigation-tools-expand-beyond-dna-to-bacteria/; en otras, como en el primer experimento de esta
nueva metodología científica, realizado por Noah Fierer en 2010, se arrojó un porcentaje de exactitud
del 87%, FIERER, N., KNIGHT, R., et al., «Forensic identification using sking bacterial
communities», ob. cit., p. 6477 ([Link]/cgi/doi/10.1073/pnas.1000162107) y GINI, G. S., The
very next new thing: commentaries on the latest developments that will be changing your life, ABC-
CLIO, California, 2011, pp. 78-79; y en otro ensayo posterior que examinaba las 16S ―gen
bacteriano ribosomal RNA― en un microbio denominado lactobacillus el match fue del 97’5%.
FAKRUDDIN, M., KHANJADA, M., MAZUMDAR, R., CHOWDHURY, A., HOSSAIN, N.,
«Identification and characterization of microorganisms: DNA-fingerprinting methods», in
Songklanakarin Journal Science Technology, 35 (4), 2013, p. 401. Los científicos aún siguen
trabajando sobre la materia en aras a obtener un grado de certeza aproximado entre todos los
experimentos que se realicen.
374
WITTGENSTEIN, L., Tractatus Logico-Philosophicus, Alianza, Madrid, 1987, pp. 39 y ss. Siguiendo
este razonamiento, según recoge FERRATER MORA, la verificación «es la acción y el efecto de
comprobar si algún enunciado es verdadero o falso. Más especialmente se entiende por “verificación”
125

actividad de comprobación que, como es sabido, no se realiza exclusivamente en el


ámbito del Derecho sino que trasciende de este. Esto es, consiste en una actividad del
ser humano, que tiene aplicación en otras ciencias ajenas al ámbito jurídico y, también,
en la vida diaria375.

Respecto al origen del término, SENTÍS MELENDO defiende que la palabra


prueba deriva del vocablo latín probatio, probationis, que a su vez procede de la
locución probus que significa bueno376. De ello se infiere que lo que resulta probado es
bueno, puesto que se ajusta a la realidad377. Por su parte, el concepto más genérico de
prueba, es decir, su definición sin entrar en matices científicos ni jurídicos, según el
Diccionario de la Real Academia Española, es aquella que la concreta como la razón,
argumento, instrumento u otro medio con que se pretende mostrar y hacer patente la
verdad o falsedad de algo (2ª acepción); o como el indicio, señal o muestra que se da de
algo (3ª acepción); y, en otro lugar, como el ensayo o experimento que se hace de algo,
para saber cómo resultará en su forma definitiva (4ª acepción).

Al hilo del último significado, y coincidiendo con lo sostenido por


DELLEPIANE, se aprecia cómo el lenguaje corriente nos enseña que el término prueba
se utiliza, también, como equivalente a ensayo o experimento378, ya que la prueba es
una herramienta propia del conocimiento científico. Sin embargo, la actividad
probatoria también se da en un momento posterior al ensayo o experimento. Este último
tiene como finalidad el permitir realizar una afirmación en relación con la cosa
ensayada, pero tras el ensayo hay que probar, es decir, hay que verificar la exactitud de

el procedimiento adoptado mediante el cual se comprueba la verdad o falsedad de algún enunciado».


FERRATER MORA, J., “Verificación”, en Diccionario de Filosofía, Ariel, Barcelona, 1994. De
modo general, aunque no en su uso técnico, verificación equivale a comprobación, confirmación y
corroboración. ASENSI ARTIGA, V., PARRA PUJANTE, A., «El método científico y la nueva
filosofía de la ciencia», ob. cit., p. 16.
375
MIRANDA ESTRAMPES, M., La mínima actividad probatoria en el proceso penal, Bosh, Barcelona,
1997, p. 20.
376
SENTÍS MELENDO, S., «Qué es la prueba (Naturaleza de la prueba)», en Revista de Derecho
Procesal Iberoamericana, núm. 2-3, 1973, pp. 259-260.
377
También resalta la etimología bondadosa de la palabra prueba BETHAM para quien una prueba, «en el
más amplio sentido de esa palabra, se entiende como un hecho supuestamente verdadero que se
presume debe servir de motivo de credibilidad sobre la existencia o inexistencia de otro hecho»,
BETHAM, J., Tratado de las pruebas judiciales, trad. OSSORIO FLORIT, M., Comares, Granada,
2001, p. 15. Asimismo, SENTÍS MELENDO, S., «Introducción al Derecho Probatorio», en
Estudios procesales en memoria de Carlos Viada, Instituto Español de Derecho Procesal,
Madrid, 1965, pp. 531 y 534, vuelve a incidir en «que prueba significa lo bueno, nos lo pone
de manifiesto el lenguaje corriente ―no quiero decir vulgar― de los castellanos viejos: en
cualquier discusión, ante una afirmación del contradictor que se acepta, se le dice: eso se lo
doy por bueno; esto es: eso lo admito, no lo discuto, lo doy por probado; y en otro caso se le
dice: eso me lo tendrá que hacer bueno: esto es, lo tendrá que probar. Está bien clara la
equivalencia de bueno y probado».
378
DELLEPIANE, A., Nueva Teoría General de la Prueba, Temis, Bogotá, 1961, p. 14.
126

la afirmación formulada. Así, por ejemplo, si mediante el ensayo observamos el buen


funcionamiento de una máquina o de un instrumento determinado, ello nos permitirá
afirmar que el mismo funciona, pero después tendremos que probarlo, para, de este
modo, verificar la exactitud de esta afirmación379.

En ese contexto, tal y como defiende TARUFFO, emerge una noción general de
prueba como elemento de confirmación de conclusiones referidas a aserciones sobre
hechos observados, o bien como premisa de inferencias dirigidas a fundamentar
conclusiones consistentes en afirmaciones sobre ciertos hechos380. Esta idea se
corresponde, según LÖF, por un lado, con la noción lógica de prueba como elemento
que fundamenta un juicio, pero, por otro lado, constituye también la racionalización de
las ideas de la prueba que se tienen en muchos campos de la experiencia381. Por
ejemplo, en el campo científico una prueba es un hecho conjeturado por alguna teoría
cuya presencia o ausencia solo es compatible con una o varias teorías científicas. Así,
mediante el control de validez de los métodos, las pruebas permiten discriminar qué
teorías científicas pueden dar cuenta adecuadamente de cierto conjunto de hechos y
cuáles no. La prueba, por tanto, en el ámbito científico se caracteriza por constituir un
conocimiento objetivo, verificable y reproducible382.

En virtud de lo expuesto, puede advertirse que en lo que coinciden todos los


campos del saber es en que solo tras la elaboración de la mencionada verificación podrá
afirmarse que la prueba es un elemento idóneo para fundar una inferencia capaz de
ofrecer apoyo a una aserción sobre un hecho. Y será solo entonces cuando la prueba
pueda respaldar la demostración de una afirmación. Precisamente por ello, podemos
llegar a la conclusión de que en el uso corriente de la expresión, probar significa
comprobar, verificar, para de este modo, poder demostrar. En este sentido es
generalmente aceptada la afirmación de CARNELUTTI en la que asevera que el término

379
CARNELUTTI, F., La Prueba Civil, Depalma, Buenos Aires, 1982, p. 38.
380
En este sentido, señala el autor la existencia de «un esquema conceptual muy común que se puede
denominar de evidence and inference y que se vale de aportes provenientes de distintos campos a los
efectos de ofrecer instrumentos generales para la formulación y el control racional de las inferencias
que fundamentan aserciones sobre hechos. […] Sin embargo, mientras que por un lado situar la
prueba jurídica en ese contexto no significa agotar sus problemas y anular sus peculiaridades, por el
otro queda el hecho relevante de que para los juristas, y para los teóricos que asumen una
aproximación idéntica o análoga a la de los juristas, el tema de la especificidad de la prueba jurídica
constituye desde hace tiempo un tópos fundamental y uno de los temas más problemáticos y
controvertidos de la teoría de la prueba. Además, puede incluso reabsorber la cuestión de la ubicación
metodológica del concepto de prueba jurídica, dado que no está excluida la posibilidad de definir su
especificidad de forma tan radical que produzca la negación de cualquier vinculación o analogía con
otros fenómenos, hasta el punto de hacer de la prueba jurídica un tema autónomo y cerrado,
impermeable a las interferencias y atracciones que pueden provenir de otros campos de
investigación». TARUFFO, M., La prueba de los hechos, ob. cit., pp. 327 y ss.
381
LÖF, «Truth of a Proposition, Evidence of a Judgement, Validity of a Proof», en Synthese 73, 1987, p.
417.
382
BRAVO, S., La ciencia: su método y su historia, ob. cit., p. 13.
127

probar se usa en el lenguaje común como «comprobación de la verdad de una


proposición»383. Por tanto, la prueba no es más ni menos que la verificación de una
afirmación.

2.1.2.-La prueba jurídica

La palabra «prueba» tiene un significado específico en el ámbito jurídico.


Aunque, como se verá, esta acepción propia que le otorga el Derecho Procesal no es
única. Por ello, ha de tenerse presente al hablar de «prueba jurídica» la concepción
polisémica que rodea al término. En la cultura jurídica, como es sabido, no se utilizan
habitualmente definiciones estables y precisas de los conceptos que se refieren al léxico
de las pruebas384, sino definiciones, clasificaciones, terminologías y tipologías poco
rigurosas, que se emplean de manera muy flexible y variable. Así las cosas, al igual que
sucedía en el anterior epígrafe acerca del concepto general e interdisciplinar de prueba,
el problema de la prueba jurídica es, principalmente, su individualización385.

Desde una primera aproximación, puede afirmarse que la prueba en el proceso


no es más que una manifestación de la prueba genérica. Por tanto, es, también, una
actividad de verificación de la exactitud de las afirmaciones realizadas por las distintas
partes procesales. Sin embargo, la prueba jurídica le añade a esta definición común una
serie de características propias que, aunque en ningún caso tienen entidad suficiente
para desvirtuar su naturaleza386, la distinguen de su homónimo genérico.

Desde una perspectiva jurídico-procesal, en palabras de DE SANTO, puede


definirse a la prueba como la «actividad cuyo objeto consiste en verificar la exactitud de

383
CARNELUTTI, F., La Prueba…, ob. cit., p. 39.
384
TARUFFO, M., La prueba de los hechos, ob. cit., pp. 439-515.
385
Este problema tiene su razón de ser en la multiplicidad de significados que pueden ser atribuidos a este
concepto en el ámbito jurídico, lo cual ha sido destacado tradicionalmente por buena parte de la
doctrina: vid., ad exemplum, SILVA MELERO, V., La prueba procesal, Tomo I, Revista de Derecho
Privado, Madrid, 1963, p. 30; RAMOS MÉNDEZ, F., Derecho Procesal Civil, vol. I, Bosh,
Barcelona, 1986, p. 535; CORTÉS DOMÍNGUEZ, V., Derecho Procesal, Tomo I, Vol. I, con
ALMAGRO NOSETE, GIMENO SENDRA y MORENO CATENA, Tirant lo Blanch, Valencia,
1992, p. 401; VÁRELA, C., Valoración de la prueba, Astrea, Buenos Aires, 1990, p. 22; CABAÑAS
GARCÍA, J. C., La valoración de las pruebas y su control en el proceso civil. Estudio dogmático y
jurisprudencial, Trivium, Madrid, 1992, pp. 20-21; TARUFFO, M., La prova dei fatti giudirici,
Giuffrè, Milano, 1992, p. 421; MIRANDA ESTRAMPES, M., La mínima actividad…, ob. cit., p. 23.
Más recientemente, SEBASTIÁN MIDÓN, M., Derecho probatorio: parte general, vol. I, Cuyo,
2007, p. 27.
386
En este sentido SENTÍS MELENDO, S., «Introducción al Derecho probatorio», ob. cit., p. 539, afirma
que «la prueba, al convertirse en fenómeno judicial, o procesal, no modifica su carácter ni su
naturaleza; el fenómeno probatorio sigue siendo idéntico… Entre la prueba extrajudicial y la judicial,
la diferencia está en el sometimiento de esta última a unas normas de procedimiento. Pero su
naturaleza sigue siendo la misma».
128

los datos fácticos que las partes incorporan al proceso a través de sus afirmaciones»387.
De ello se desprende que la prueba procesal opera como instrumento de comprobación,
de control de las afirmaciones fácticas formuladas por las partes.

No obstante, en esta definición nada se menciona acerca de la forma en la que el


juez realiza esa comprobación o verificación de la exactitud de las afirmaciones. A
nuestro entender, obviar el destinatario de la prueba procesal constituye un error, ya que
la principal diferencia entre la prueba genérica y la prueba jurídica radica en la persona
receptora de la misma388. En virtud de esta afirmación, puede convenirse con la
definición de prueba jurídica proclamada por SERRA DOMÍNGUEZ, quien la considera
como una «actividad consistente en una comparación entre una afirmación sobre unos
hechos y la parte que se ha logrado obtener de la realidad de los mismos encaminada a
formar la convicción del juez»389. De esta manera, la prueba procesal se traduce en una
comparación entre las afirmaciones iniciales de las partes, realizadas en los escritos de
alegaciones, y las afirmaciones instrumentales que resultan de los diferentes medios de
prueba utilizados en el proceso390―único modo de acercarnos a la realidad pasada―.

Esta idea de la comparación nos lleva a apreciar que el juez debe proceder a la
reunión de los diferentes hechos afirmados por las partes para, a continuación, sujetarlos
a una confrontación con la realidad exterior a través de las máximas de la
experiencia391, eligiendo de las diversas versiones ofrecidas aquella que más le
convenza, que se convertirá en su única versión y a la que le aplicará, mediante la
subsunción posterior, la norma jurídica correspondiente392. Además, esta consideración
de prueba jurídica como actividad de cotejo permite determinar el mecanismo de
funcionamiento de la prueba, es decir, su esencia o naturaleza; pues, en la actividad
probatoria es exclusivamente al juez a quien le corresponde verificar mediante la
comparación, mientras las partes colaboran en dicha actuación aportando las fuentes de

387
DE SANTO, V., La prueba judicial, ob. cit., 2005, p. 10. Esta definición de prueba ya era predicada
por PACHECO GÓMEZ, M., Introducción al derecho, Ediciones Jurídicas, Chile, 1976, p. 272, al
establecer que «el Derecho no es objeto de prueba; sólo lo es el hecho o conjunto de hechos alegados
por las partes». Recientemente coincide también con tal afirmación SEBASTIÁN MIDÓN, M.,
Derecho probatorio…, ob. cit., p. 30, al defender que «se verifica lo conocido y previamente
afirmado; y la prueba versa sobre las afirmaciones de las partes, es decir, sobre datos que éstas poseen,
que antes fueron indagados».
388
En el tema que nos ocupa, no es lo mismo que la demostración de los resultados del método científico
se haga ante una persona especializada en la materia en cuestión a que dicha demostración se haga
ante un operador jurídico, ajeno por completo a los tecnicismos del campo científico-experimental.
389
SERRA DOMÍNGUEZ, M., Comentarios al Código Civil y Compilaciones Forales, ob. cit, p. 12.
390
SERRA DOMÍNGUEZ, M., «Contribución al estudio de la prueba», en Revista Jurídica de Cataluña,
1962, pp. 322 y ss.
391
Sobre las máximas de experiencia vid. STEIN, F., El conocimiento privado del juez, trad. DE LA
OLIVA, A., Centro de Estudios Ramón Areces, Madrid, 1990, p. 30.
392
FAIRÉN GUILLEN, V., Doctrina General del Derecho Procesal, Bosch, Barcelona, 1990, pp. 422-
423.
129

prueba al proceso, proponiendo la práctica de concretos medios de prueba e


interviniendo en el juicio393. Por tanto, al concepto de prueba procesal ha de ir ligado el
hecho de que es únicamente el juzgador quien verifica la exactitud de las afirmaciones
formuladas por las partes, comparando estas últimas con las que resulten de los medios
de prueba practicados, una vez depurados o valorados a la luz de las máximas de
experiencia394.

Dichas actividades son absolutamente necesarias ya que los hechos y los actos
jurídicos son objeto de afirmación o negación en el proceso, pero el juez es ajeno a esos
hechos sobre los cuales debe pronunciarse, por lo que no puede pasar por las simples
manifestaciones de las partes, sino que debe disponer de medios para verificar la
exactitud de esas proposiciones. Por ello, y a tenor de lo afirmado por COUTURE, se
hace necesario comprobar la verdad o falsedad de las proposiciones o del discurso
fáctico, con el objeto de formar una convicción lo más certera posible al respecto395.

Esto sucede porque cuando en el proceso se habla de «prueba», se hace


referencia siempre a una prueba histórica, no a una prueba que deriva de datos
susceptibles de repetición, como la que ofrece el matemático probando un teorema. La
prueba en sentido jurídico, como indica CALAMANDREI, se dirige siempre a suscitar en
la mente del juez una imagen, una representación de la existencia o del modo de ser de
hechos concretos, esto es, de sucesos singulares de la vida, que han tenido o tienen
existencia en el tiempo y en el espacio396. Por ello, se ha definido a la prueba también
como «el proceso de restablecimiento del hecho»397, lo cual viene a remarcar que, más
allá de las distintas declinaciones del término, la prueba atiende a la reconstrucción del
hecho histórico y no a la cualificación jurídica del caso. Desde tal óptica, la prueba se
califica como un concepto de relación entre dos entidades: un hecho conocido y otro
desconocido al que debe llegarse mediante un razonamiento lógico398. Empero, el juez

393
Vid. MONTERO AROCA, J., La prueba en el proceso civil, ob. cit., pp. 26-29 y 49-51.
En este sentido, señala TARUFFO que «el juez que decide sobre los hechos es el narrador final,
definitivo y, por tanto, el más importante en el ámbito del proceso. Al término del procedimiento, se
enfrenta con varias historias que han sido narradas por los testigos y por los abogados y que
usualmente resultan divergentes o contradictorias en diverso grado. La función principal del juez es la
de determinar cuál de todas es la mejor narración de los hechos en términos relativos, ya sea
escogiendo una historia entre aquellas que ya fueron narradas, o bien construyendo otra historia
original, si está autrizado para hacerlo y si ninguna de las historias narradas por las partes lo
satisface». TARUFFO, M., Simplemente la verdad, ob. cit., p. 65.
394
MIRANDA ESTRAMPES, M., La mínima actividad…, ob. cit., p. 19.
395
C