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Dirección Espiritual y Meditación

Este documento discute el significado y propósito de la dirección espiritual. Originalmente era una práctica monástica necesaria para los solitarios que vivían en el desierto alejados de la comunidad cristiana y necesitaban guía para enfrentar las tentaciones. Aunque hoy en día la situación es diferente, la dirección espiritual sigue siendo útil para recibir consejo y apoyo en el camino espiritual de cada uno.
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Dirección Espiritual y Meditación

Este documento discute el significado y propósito de la dirección espiritual. Originalmente era una práctica monástica necesaria para los solitarios que vivían en el desierto alejados de la comunidad cristiana y necesitaban guía para enfrentar las tentaciones. Aunque hoy en día la situación es diferente, la dirección espiritual sigue siendo útil para recibir consejo y apoyo en el camino espiritual de cada uno.
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THOMAS MERTON

D I R E C C IÓN E S P I R ITUAL
Y M E D ITAC IÓN

3ª edición

DESCLÉE DE BROUWER
BILBAO - 2005
ÍNDICE

PRÓLOGO . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 9
1. LA DIRECCIÓN ESPIRITUAL . . . . . . . . . . . . . . . . . . 13
El significado y el propósito de la dirección
espiritual . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 13
¿Es necesaria la dirección? . . . . . . . . . . . . . . . . . . 22
¿Cómo sacar partido de la dirección? . . . . . . . . 29
Manifestación de conciencia y dirección . . . . . 32
Problemas especiales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 46
2. ¿QUÉ ES LA MEDITACIÓN? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 53
3. LA MEDITACIÓN EN LA ESCRITURA . . . . . . . . . . . 59
4. MEDITACIÓN: ACCIÓN Y UNIÓN . . . . . . . . . . . . . . 67
5. ¿CÓMO MEDITAR? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 79
Recogimiento . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 80
El sentido de la indigencia . . . . . . . . . . . . . . . . . . 81
El clima apropiado de la oración . . . . . . . . . . . . 84
Sinceridad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 89
Concentración y unidad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 93
El tema de la meditación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 95
Fundamentos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 100
6. TEMPERAMENTO Y ORACIÓN MENTAL . . . . . . . . . 105
7. RESUMEN Y CONCLUSIÓN . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 109
PRÓLOGO

Este libro contiene una versión, revisada y conside-


rablemente ampliada, del material sobre dirección espi-
ritual y meditación que apareció, por entregas, en la
revista Sponsa Regis1. La primera parte se dirige al cris-
tiano, particularmente al religioso que busca un director
espiritual, o que ya lo tiene y desea beneficiarse todo lo
posible de esa situación. Al mismo tiempo, confiamos
en que algunos sacerdotes que son demasiado tímidos
para considerarse posibles “directores espirituales”, pue-
dan, al leer estas páginas, aprender a vencer sus dudas
naturales y, fiándose de la ayuda de Dios, se sientan ani-
mados a dar consejo y aliento en el confesionario cuan-
do se presente la ocasión.
Por otro lado, esperamos que algunas ideas demasia-
do rígidas y estereotipadas sobre la dirección desapa-
rezcan en parte, si se acepta una de las ideas que recal-

1. Los artículos sobre dirección espiritual fueron publicados en la


revista Sponsa Regis entre julio y noviembre de 1959; los artícu-
los sobre meditación fueron publicados entre febrero y junio
de 1960. Véase Christine M. Bochen, “Spiritual Direction and
Meditation”, en (William H. Shannon; Christine M. Bochen y
Patrick F. O’Connell [eds.]) The Thomas Merton Encyclopedia,
Orbis Books, New York 2002, p. 448. [Nota de la traductora].

9
camos en estas páginas, a saber: que no hay que consi-
derar al director como una máquina mágica2 para resol-
ver casos y declarar la santa voluntad de Dios más allá
de toda posibilidad de apelación, sino como un amigo
de confianza que, en un clima de comprensión compa-
siva, nos ayuda y fortalece en los esfuerzos que realiza-
mos a tientas para corresponder a la gracia del Espíritu
Santo, que es el único Director verdadero en el sentido
más pleno de la palabra.
También queremos poner de relieve que, como la
gracia supone la naturaleza, obtendremos el mayor pro-
vecho de la dirección espiritual si se nos anima a desa-
rrollar nuestra sencillez natural, nuestra sinceridad y
franca honradez espiritual, en una palabra, a “ser noso-
tros mismos” en el mejor sentido de la expresión. De
este modo, un uso sano y frecuente de este importante
medio de perfección ayudará a los cristianos a mantener
un contacto vital con la realidad de su vocación y de su
vida, en lugar de encontrarse perdidos en un laberinto
de ficciones abstractas y devotas.
La segunda parte del libro3 está formada por unas
notas sobre la meditación escritas en 1951 a modo de
acompañamiento a ¿Qué es la contemplación? Después de
mecanografiarlas, quedaron arrinconadas y olvidadas.
En este momento se imprimen con añadidos y correc-
ciones. No es posible aprender la meditación en un
libro, sino que sencillamente se ha de meditar. No obs-

2. Esta idea se desarrolla más adelante; por ejemplo, en la pági-


na 20. [Nota de la traductora].
3. La segunda mitad del libro contiene las cinco secciones que
van de “¿Qué es la meditación?” a “Temperamento y oración
mental”. [Nota de la traductora].

10
tante, todos podemos reconocer que unas pocas suge-
rencias, en el momento correcto y con las palabras
apropiadas, pueden ejercer una influencia decisiva.
Esperamos que estas pocas páginas puedan ayudar a
alguien que no haya podido encontrar lo que necesita-
ba en otros libros que abordan el mismo tema. Ésta es
una razón suficiente para que sean publicadas, supo-
niendo que no hay nada radicalmente erróneo en nues-
tra aproximación. De hecho, no tiene que haberlo, pues
lo que se expone es perfectamente tradicional y familiar.
La única característica llamativa de esta aproximación
es su naturalidad y su aversión a los sistemas conven-
cionales y rígidos. Pero no porque haya algo malo en los
sistemas de meditación –y, por supuesto, la aversión a
los sistemas no debe ser interpretada como repudio de
la disciplina–. La disciplina es muy importante y sin ella
jamás será posible una meditación seria. Pero tiene que
ser la disciplina de uno mismo, no una rutina impuesta
mecánicamente desde fuera.
Así pues, aquí están estas páginas que no pretenden
ser una exposición completa, minuciosa o exhaustiva.
Sencillamente abordan algunos de los pocos puntos
importantes que cualquier persona necesita compren-
der antes de poder realmente meditar bien. En ningún
lugar de estas notas he insistido en que la meditación es
importante; y en ningún momento he tratado de vender
a alguien la idea de la meditación. La razón es que esto
se da por supuesto. Este libro no está destinado a per-
sonas que no quieren meditar. Se dirige sólo a quienes
están ya interesados y desearían meditar todos los días.
El factor del deseo es, claro está, extraordinariamente
importante. Una de las razones principales por las que

11
quienes empiezan a meditar fracasan y no llegan a nin-
guna parte es que les falta entusiasmo y no están real-
mente interesadas. Es obvio que una persona que no tie-
ne verdadero deseo de meditar, a buen seguro no ten-
drá éxito; pues aquí hay un lugar, anterior a todos los
demás, donde uno mismo tiene que hacer todo el tra-
bajo, ayudado por la gracia de Dios, porque nadie lo
hará por él.

Abadía de Getsemaní

12
1 *

LA DIRECCIÓN ESPIRITUAL

EL SIGNIFICADO Y EL PROPÓSITO
DE LA DIRECCIÓN ESPIRITUAL

El significado original y primigenio de la dirección


espiritual sugiere una necesidad particular vinculada a
una tarea ascética especial, una peculiar vocación para
la que se requiere una formación profesional. En otras
palabras, la dirección espiritual es un concepto monás-
tico. Es una práctica que no fue necesaria hasta que los
hombres se retiraron de la comunidad cristiana con el
fin de vivir como solitarios en el desierto, ya que los
miembros ordinarios de la primitiva comunidad cristia-
na no tenían ninguna necesidad particular de dirección
espiritual en el sentido profesional. El obispo, represen-
tante vivo y visible del apóstol que había fundado la
Iglesia local, hablaba en nombre de Cristo y de los após-
toles y, ayudado por los presbíteros, atendía todas las
necesidades espirituales de su grey. El miembro indivi-
dual de la comunidad era “formado” y “guiado” por su
participación en la vida de la comunidad, y toda ins-
trucción que necesitara se la daban, en primer lugar el

* En el libro original de Merton los “capítulos” no están nume-


rados. La numeración que nosotros añadimos quiere única-
mente servir de guía o ayuda para el lector. [Nota del editor].

13
obispo y los presbíteros y, después, por medio de adver-
tencias informales, sus padres, su cónyuge, sus amigos y
compañeros cristianos.
Pero cuando los primeros solitarios se retiraron al
desierto, se separaron de la comunidad cristiana. Su
marcha al desierto fue aprobada y, en cierto sentido,
canonizada por un obispo tan importante como san
Atanasio, seguido pronto por otros muchos. Ellos lleva-
ban una vida solitaria y rodeada de peligros, lejos de
cualquier iglesia, hasta tal punto que pocas veces partici-
paban en el misterio de la Eucaristía. Y, sin embargo,
habían ido al desierto para buscar a Cristo. Como Cristo,
habían sido “conducidos por el Espíritu al desierto para
ser tentados”. Y, como el mismo Señor, iban a ser tenta-
dos por el Maligno. De ahí la necesidad del “discerni-
miento de espíritus” –y de un director.
Nos remontamos muchos siglos atrás, hasta los
padres del desierto, e interpretamos su vocación a la luz
de la nuestra. Después de todo, ellos fueron los “prime-
ros religiosos”. Pero no comprendemos hasta qué punto
sus vidas eran diferentes, en muchos aspectos, de las
nuestras. En cualquier caso, su retirada intencionada de
la vida normal de la Iglesia visible fue una aventura espi-
ritual muy peligrosa y una innovación de tan gran alcan-
ce que, indudablemente, hoy sería considerada inviable
por muchos. En esta aventura hubo algunas salvaguar-
dias absolutamente esenciales, y la más obvia e impor-
tante de ellas fue la formación y guía del novicio por un
“padre espiritual”. En este caso, el padre espiritual susti-
tuía al obispo y al presbítero como representante de
Cristo. No obstante, había una diferencia, porque en esta
función no había nada jerárquico. Era una función pura
y simplemente carismática, sancionada por la santidad

14
personal del padre. En general, los más grandes “abades”
de los desiertos de Egipto y Siria no fueron sacerdotes.
Los Apothegmata o “Dichos de los Padres” siguen
siendo un testimonio elocuente de la sencillez y la pro-
fundidad de esta guía espiritual. Con frecuencia los dis-
cípulos recorrían varios kilómetros a través del desierto
sólo para escuchar una breve palabra de consejo, una
“palabra de salvación” que resumía el juicio y la volun-
tad de Dios para ellos en su situación presente y con-
creta. El impacto de esas “palabras” no residía tanto en
la sencillez de su contenido como en la acción interior,
en el alma del oyente, del Espíritu Santo que las acom-
pañaba. Esto presupone, claro está, una fe ardiente y un
hambre profunda de la palabra de Dios y de la salva-
ción. Este apetito espiritual y esta necesidad de luz ha-
bían sido, a su vez, provocados por la tribulación y la
compunción. Así pues, la “dirección” era la respuesta de
Dios a una necesidad creada en el alma por la aflicción
y la compunción, y comunicada por medio de un repre-
sentante carismático del Cuerpo místico, el abbas [abad]
o padre espiritual.
Esto nos lleva al significado fundamental de la direc-
ción espiritual, que es un proceso continuo de formación
y guía, en el que un cristiano es conducido y alentado en
su vocación especial de modo que, por una corresponden-
cia fiel a las gracias del Espíritu Santo, puede alcanzar el
fin particular de su vocación y la unión con Dios. Esta
unión con Dios significa no sólo la visión de Dios en el
cielo sino, como especifica Casiano, esa perfecta pureza
de corazón que, ya en la tierra, constituye la santidad y
permite tener una oscura experiencia de las cosas del
cielo. La dirección espiritual era, pues, uno de los
medios esenciales para alcanzar la perfección monástica.

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