APOGEO DE LA FILOSOFÍA, LA SOFÍSTICA Y SÓCRATES
Yolvi Ocaña
Los primeros filósofos, los jonios, eran principalmente cosmólogos, se preocupaban por elemento originario, el
movimiento. Más adelante durante el siglo V a.c. el pensamiento adquirirá una orientación diferente: de las
especulaciones cosmológicas se pasara al tema del hombre. Son los sofistas los primeros en preguntarse sobre el hombre
y su papel en el mundo. Pero es Sócrates quien revoluciona el pensamiento filosófico, Sócrates nos enseña en que consiste
vivir y cómo hacer para lograr una existencia feliz.
En este capítulo conoceremos el papel de los sofistas en el desarrollo del pensamiento filosófico y la importancia de
Sócrates como el primer gran filósofo, en quien se fundían armoniosamente la vida y la doctrina.
“Solo hay un bien, el conocimiento Solo hay un mal, la ignorancia”
Sócrates.
Desde el siglo V a.C. se inicia una fase nueva de la filosofía en Grecia, en este periodo es el hombre el tema de debate
principal. En esto influyeron algunas razones ajenas a la filosofía: el predominio de Atenas después de las guerras medicas
contra los persas, el triunfo de la democracia, etcétera. Como señala Julián Marías, “aparece en primer plano la figura del
hombre que habla bien, del ciudadano, y el interés del ateniense se vuelve a la realidad política, civil y, por lo tanto, al
hombre mismo” (2007, p. 34).
Grecia cambia y este cambio se refleja en la filosofía, los intereses y reflexiones ya no son la naturaleza, el movimiento o
el elemento fundacional. En el centro del pensamiento griego se encuentra ahora el ciudadano, en el sentido del
desarrollo de la esencia de la persona y la vida en sociedad. Así describe Ortega y Gasset (1985) en el Espíritu de la letra
la sociedad ateniense en el siglo V a.C.
Cada hombre se siente vitalmente ---no como nosotros, idealmente--- parte del cuerpo público. No sabría
vivir por sí y para sí. El griego de este tiempo hubiera sentido su propia individualidad como una soledad
trágica y violenta, como una amputación que conlleva el dolor y la muerte, (p. 83).
Fruto de esta época es el movimiento sofístico, y frente a este surgirá la trascendental figura de Sócrates.
2.1 Los sofistas
Muchas de las palabras que actualmente usamos y le damos un significado específico, tuvieron en su origen una acepción
muy diferente. Por ejemplo pedagogía, palabra fundamental para comprender los procesos educativos, y que significa
hoy conjunto de los saberes que están orientados hacia la educación. En sus orígenes en Grecia, hacía referencia al esclavo
que acompañaba a los niños el paidagogós.
Esta misma situación sucede con la palabra "sofista" (sophistés) esta fue, al principio, un sinónimo de "sabio" (sophós).
En su acepción actual, la palabra sofista, tiene una connotación muy peyorativa, designa a un hombre que con igual
facilidad puede probar la verdad que la falsedad de la misma afirmación. Esta definición no vale, desde luego, para los
primeros sofistas. En la época de su emergencia sofista significaba “sabio”. Durante el gobierno de Pericles 1 hubo en
Atenas y en otras ciudades griegas profesores de filosofía que se apodaban ellos mismos sofistas. Carl Grimberg afirma
“la significación intelectual de los sofistas fue enorme; hicieron posible en este tiempo que la ciencia se divulgara,
enseñando a pensar al pueblo. El nuevo período iniciado por ellos es una época de intensa vida intelectual, semejante a
la corriente cultural que hizo del siglo XVIII el siglo de las luces” (1967, p. 95).
Al contrario de los filósofos de la escuela jónica que, encerrados en su torre de marfil, trataban de desentrañar los enigmas
de la existencia, los sofistas tendían a enseñar conocimientos y filosofía útiles para la vida. Estos pensadores presentan,
también, otras esenciales diferencias con respecto a cualquier expresión filosófica anterior: son profesores ambulantes,
que van de ciudad en ciudad, enseñando a los jóvenes; y enseñan por dinero, mediante una retribución, caso nuevo en
Grecia y que sorprendió no poco. Tenían gran brillantez y éxito social; eran oradores y retóricos, y fundamentalmente
1 Gobernante de Atenas del siglo V a.c., (495 a. C.- 429 a. C.) llamado “el Olímpico” por sus conciudadanos,
su época de gobierno es considerada la más brillante de la Grecia clásica, y llamada el siglo de Pericles.
1
pedagogos. Pretendían saber y enseñar todo, desde luego, cualquier cosa y su contrario, la tesis y la antítesis. Tuvieron
una gran influencia en la vida griega, y fueron personajes importantes; algunos, de gran inteligencia. Para Julián Marías,
“el sofista parece filósofo, pero no lo es. Surgen entonces dos problemas: 1) la filosofía que pueda haber en la sofística;
2) el problema filosófico de la realidad del sofista” (2007, p. 35).
La utilidad fue siempre el fundamento de su actividad. En ellos radicaba, por una parte, la fuerza de este movimiento,
pero, por otra, la causa principal de su decadencia.
Para los griegos, la ciencia práctica más importante era el arte de discurrir, la retórica. El pueblo heleno gustaba de los
buenos discursos; quien sabía manejar bien la palabra conseguía oyentes. Un sofista afirma que la retórica da al hombre
el poder de reinar sobre los demás y hacer de ellos sus esclavos.
Gracias a su dialéctica, los sofistas se vanagloriaban de “convertir el argumento más débil en el más sólido”. Ninguna idea
científica o convicción está tan vigorosamente sistematizada que no pueda ser pulverizada por la fuerza mágica de la
elocuencia. Hacían observar que “cada cosa es susceptible de dos interpretaciones distintas y las dos capaces de
defenderse a la vez”. La verdad absoluta no existe; sólo hay “opciones” y “maneras de ver”.
Aunque los sofistas ponían por las nubes el arte del bien hablar, estaban convencidos, sin embargo, que este arte producía
sus mejores frutos cuando se acompañaba de conocimientos suficientes. Así, los sofistas dignos de tal nombre se
preocupaban de dominar todas las ciencias, para enseñar a sus alumnos a hacerse buenos ciudadanos. Además, para
satisfacer el ansia de saber, que crecía sin cesar, se necesitaban hombres versados en muchas materias.
Sin embargo, el movimiento sofista se atascó luego en apariencias de conocimiento más bien que en lograr un saber real;
su técnica derivó muy pronto en una manifestación de la retórica. El sofisma degeneró en argucia abogadil y en pirueta
verbal. Leamos el siguiente ejemplo que nos presenta Carl Grimberg: “La enfermedad ¿es buena o mala?”, preguntaban
los sofistas, y cuando les contestaban que la enfermedad era mala respondían con aire de triunfo: “No, para el médico
no” “¿Es una desgracia la muerte?” “No, por cierto, para quien vende ataúdes.” Y tenían preguntas tan tortuosas como
éstas: ¿Se miente cuando uno no dice la verdad, pero no la oculta? (Grimberg, 1967, p. 116).
Los sofistas de quienes nos han llegado referencias fueron Hipias, Pródico, Eutidemo y, los más importantes, Protágoras
y Gorgias. Sus pensamientos y la crítica de estos, nos es conocido de un modo vivo y muy crítico por los diálogos de
Platón, las obras de Diógenes Laercio y las comedias de Aristófanes.
En los siguientes párrafos haremos un pequeño esbozo de la vida y obra de los dos sofistas más trascedentes tomando
como referencia el diccionario filosófico de Ferrater Mora.
2.1.1 Protágoras
Nació en Abdera el año 481 y murió el 411 a. c. Tuvo gran influencia en Atenas, en tiempo de Pericles. Se ocupó de
gramática y del lenguaje, fue gran retorico y mostro gran escepticismo respecto a la posibilidad del conocimiento,
especialmente de los dioses. Pero su fama mayor procede de una frase suya, transmitida por varios filósofos posteriores,
que dice: “El hombre es la medida de todas las cosas: de las que son, en tanto que son, y de las que no son, en tanto que
no son.” De esta frase se han dado numerosas interpretaciones, que van desde el relativismo al subjetivismo.
Protágoras defendía el relativismo y el convencionalismo de las normas, costumbres y creencias del hombre.
2.1.2 Gorgias
Gorgias era de Leontinos, en Sicilia, vivió entre el 485 y el 380 a. c. Fue embajador en Atenas en el 427 a.C. donde se
radicó. Contemporáneo de Protágoras. Fue uno de los grandes oradores griegos. Escribió un libro titulado Del no ser,
donde afirmaba que no existe ningún ente, que si existiera no sería cognoscible para el hombre, y que si fuera cognoscible
no sería comunicable. La filosofía viene a perderse en retórica y en renuncia a la verdad. Sostenía que para cada ocasión
y para cada persona hace falta un comportamiento distinto, y entonces la moral es un instinto y no un conocimiento
resumible en palabras y, por lo tanto, enseñable.
No obstante las críticas a los sofistas por su relativismo extremo, su escepticismo, su poca valoración de la verdad y la
excesiva importancia a la retórica, tuvieron el mérito de provocar un constante avance en el conocimiento del lenguaje y
de los procesos mentales discursivos, avance que culminaría en los primeros tratados sistemáticos de Aristóteles sobre
el estilo literario, oratoria y principalmente la lógica formal. Además debemos resaltar que plantearon la primara
2
pedagogía, que realmente merece ese nombre. Donde existía un propósito, un método, técnicas, conocimientos
específicos y una evaluación. Los griegos denominaban a esta una Paideía.
Este corriente cultural, ya antes de su decadencia, tuvo que enfrentarse con uno de los espíritus más críticos y nobles de
Grecia y aun de toda la historia humana, Sócrates.
2.2 Sócrates, Sabio de la Antigüedad y maestro de los hombres
A lo largo de la historia se suceden muchos acontecimientos cuya trascendencia no es posible determinar de inmediato.
Los soldados de la batalla de Marathon, la batalla de Zama, los conspiradores contra Julio Cesar, los marineros que
viajaban con Colón, los testigos del juicio contra Galileo o las señoras parisinas que participaron en la toma de la Bastilla;
no eran conscientes del significado y alcance de su participación en un hecho histórico. De la misma forma los jueces y
testigos de un juicio político realizado en Atenas hace veinticuatro siglos, en el 399 a.C. , no eran conscientes que estaban
participando en uno de los acontecimientos más importantes de la historia. Un anciano de setenta años, sencillo y afable
que no había ocupado jamás cargo social o político importante; que sólo había abandonado su ciudad natal durante el
servicio militar, fue condenado a muerte. Se llamaba Sócrates.
Sócrates nació en 469 A.C, su vida llena la segunda mitad del siglo V ateniense; fue testigo de la época de máximo esplendo
de su natal Atenas, cuando esta ciudad, bajo el gobierno de Pericles, se constituyó en el centro político y cultural de toda
Grecia. Murió a los setenta años, en 399, cinco años después de la total derrota de Atenas a manos de Esparta, dando fin
a la guerra del Peloponeso y finalizando también la gloria ateniense. Luego de su muerte durante el siglo IV, la filosofía
griega alcanzaría su máxima plenitud con su discípulo Platón y con el discípulo de este Aristóteles. Era el hijo del escultor
Sofonisto y la partera Fainarate. Sócrates tuvo una actuación digna y valiente como ciudadano y soldado; pero, sobre
todo, fue el hombre del ágora2, las calles y plazas de Atenas fueron testigo de sus conversaciones con todo tipo de
personas sobre los más diversos temas. Estas conversaciones aparentemente triviales terminaban convirtiéndose en
jornadas de reflexión y exámenes de conciencia. Sócrates consagro su vida a intentar enseñar a los demás el difícil arte
de hacerse mejores. Pagaría este intento con su vida.
En Sócrates se fundían armoniosamente la vida y la doctrina. No hubo ariscas estridencias en este sabio; era, por
naturaleza, un sincero amigo de los hombres, compartía sus desgracias y gozaba con sus alegrías.
Sus necesidades eran muy limitadas. Barylko nos presenta la siguiente anécdota, entre un sofista y Sócrates:
“Llevas una vida como ningún esclavo la soportaría; nunca se contentaría él con su alimento tan parco,
con tan escasa bebida y vestidos tan pobres. Debo reconocer que nos das ejemplo de sobriedad”. Sócrates
le responde: “¿Acaso te son más sabrosos tus platos suculentos que a mí el sencillo alimento que tomo?
No pienses que la felicidad reside en un modo de vida lleno de superfluidades. Al contrario, yo pienso que
se vive con los dioses cuando no se tienen necesidades. Quien menos necesidades tiene, más se acerca a
la divinidad” (2005, p. 23).
Si nos preguntáramos cuál es, la principal aportación socrática a la filosofía, Julián Marías (2007) responde
categóricamente que le debemos dos cosas: “los razonamientos inductivos y la definición universal, ambas cosas se
refieren al principio de la ciencia” (p. 38). Cuando Sócrates pregunta, pregunta que es, por ejemplo, la justicia, pide una
definición. Definir es poner límites a una cosa, y por ello, decir lo que algo es, su esencia; la definición nos conduce a la
esencia, y al saber entendido como un simple discernir o distinguir sucede, por exigencia de Sócrates, un nuevo saber
cómo definir, que nos lleva a decir lo que las cosas son, a descubrir su esencia. De aquí arranca toda la fecundidad del
pensamiento socrático, vuelto a la verdad, centrado nuevamente en el punto de vista del ser, de donde se había apartado
la sofistica. En Sócrates se trata de decir verdaderamente lo que las cosas son.
Sócrates no concebía el pensar como una actitud de aislamiento, el pensador no debía mantenerse encerrado en su casa,
en su gabinete. Él se crió en la calle, en la plaza pública, y allí iba a encontrarse con la gente, compartir sus desgracias y
gozar con sus alegrías, en discusión, en confrontación de ideas, en diálogo.
2 Plaza de las ciudades-estado griegas (polis).
3
Sócrates aseguraba haber aprendido el oficio de pensar de su madre, que era partera. El buen filósofo es como una partera
que puede ayudar al otro a extraer la verdad que guarda dentro de sí. ¿Cómo? A través del diálogo. Porque el hombre
más ignorante e inculto guarda en su interior la verdad, solo hay que ayudarlo a darla a luz. Dialogando con él,
conduciéndolo con preguntas a la movilización, a la introspección, hasta que permanecía adormecida en su interior. A
este método él lo denominara mayéutica.
Esta y no otra es la idea básica de la educación: la función del maestro consiste en ayudar al alumno a gestar la verdad, a
producirla. Sócrates sondeó a fondo la cultura de sus contemporáneos y descubrió cuán superficial y hueca era: un barniz
de conocimientos, no un todo coherente. Por eso Sócrates dedicó su vida a luchar contra la sabiduría aparente y las frases
vacías. Este objetivo de vida fue luego retomado por su discípulo Platón.
Sócrates demuestra que pensar no es adoptar ideas ajenas, sino hacerlas emerger desde nuestro interior, ayudados por
algo o alguien. Sócrates confiaba en este método, confiaba en el hombre y en su poder de pensar y alcanzar ideas
correctas siempre y cuando se tomara el camino adecuado.
En los diálogos platónicos se recogen los debates de su maestro Sócrates con los sofistas y otros ciudadanos de Atenas,
diálogos donde se muestra a plenitud el método socrático. En el Gorgias, Sócrates está discutiendo en la calle con un
sofista llamado Calicles3. Dialogan acerca de quiénes deben gobernar.
Calicles afirma una teoría muy interesante: en la naturaleza, explica, los grandes dominan a los pequeños, los tiburones
se comen a los pececillos de colores, los fuertes aplastan a los débiles. Eso es natural. Nadie se asombra. Nos
asombraríamos si no sucediera así, si el tigre no acosara al cervatillo e intentara devorarlo.
Lo mismo, sostiene Calicles, deberíamos aplicar a nuestra vida ---la de los hombres---, la ley de la naturaleza. Los mejores,
que son los más fuertes, deberían dominar y someter a todos los demás, y hacer con ellos lo que les plazca. Pero la
realidad, se lamenta Calicles, es otra; los hombres tenemos leyes propias, las de la moral, las de la sociedad, que nos
impiden poner en práctica esta teoría. Si alguien golpea a otro porque es más fuerte que él, es más fuerte que él, es
reprendido. Si alguien, por disponer de los medios, le quita a una persona sus bienes, porque ese pobre sujeto no puede
o no sabe defenderse, recibe un castigo.
Nos regimos por leyes contrarias a las de la naturaleza, afirma Calicles, practicando la piedad, absteniéndonos de realizar
nuestra espontánea voluntad, frenando nuestros impulsos. Esas leyes van en contra de lo natural. Por lo tanto, concluye
Calicles, no son buenas, no son correctas. “¿Y cómo es que llegamos a tener leyes?”, se pregunta. Las impusieron los
débiles, flojos, los pobres, los desamparados, los que están llenos de miedo. Esas leyes nacieron de la miseria de ciertos
hombres que necesitan poner una valla a la naturaleza para poder subsistir, Platón lo presenta así:
Pero que aparezca un hombre tan felizmente dotado como para sacudir, para romper, para arrojar lejos
de si todas estas cadenas, y seguro estoy de que, pisoteando todo cuanto se ha escrito, sortilegios,
encantamientos y hasta las leyes mismas, por contrarias a la naturaleza, se rebelará, se erigirá en amo
por cuanto no es nuestro esclavo, y entonces brillara en todo su esplendor el derecho de la naturaleza
(2004, p. 39).
Sócrates responde, apelando a su fina ironía: Sea, oh inteligentísimo Calicles--- ¿es esto lo que tú querías decir? Tú
sostienes que ‘mejor’ es igual a ‘el más fuerte’, dime ahora que entiendes tú por “mejor”.
Ha comenzado la tarea de Sócrates. Ha elogiado su inteligencia, para tranquilizarlo, ahora puede empezar a interrogar a
Calicles.
--- ¿Quiénes son los mejores? ¿Son los más sabios o son otros individuos?
--- Los más sabios, obviamente ---replica Calicles.
--- Luego, según tú --- dice Sócrates ---, con frecuencia un hombre razonable es más poderoso que millares
de hombres irrazonables; a él le corresponde mandar y a los otros, obedecer (2004, p. 42).
Calicles dice que eso es exactamente lo que él venía expresando. Ahora Sócrates quiere saber si los que han de gobernar
también han de gobernarse a sí mismos.
--- ¿Qué quieres decir con esto? ---Calicles no ha comprendido.
--- ¿Quiero decir que cada uno de ellos es dueño de sí mismo.
3 Joven ateniense amigo de Platón.
4
¿A menos que tú creas que no vale la pena ser dueño de sí mismo y que lo único que importa es mandar
sobre los demás?
--- ¿Cómo entiendes tu ese dominio sobre sí mismo? ---pretende saber Calicles.
--- Pues de un modo sencillo ---contesta Sócrates---, en ser sabio y dominarse, en ser el dueño absoluto
de sus pasiones y caprichos (2004, p. 45).
A Calicles esto ya no le gusta. Al contrario; él entiende por hombre grande, poderoso e inteligente a aquel que obra
siempre según su voluntad y solo por ella. La definición de Sócrates contradice, para Calicles, la ley de la naturaleza.
Sócrates le hace ver que esos gustos, que son placeres momentáneos y pasajeros, nunca son satisfechos, y que el hombre
que se sujeta a ellos vive caóticamente y fuera de la inteligencia. Las pasiones y los caprichos de los deseos nos conducen
a una vida sin sentido, nos colocan a la espera de que alguien o algo apaguen nuestra sed. Lejos de ser libres y poderosos,
somos, entonces, esclavos y dependientes. Inteligente, en consecuencia, es el hombre libre, el que se gobierna, y solo él,
por tanto, puede gobernar a los demás, es decir educarlos y hacerlos inteligentes en ese autogobierno que produce la
verdadera libertad.
Sabio, le explica Sócrates, es quien sabe vivir y no quien sabe cosas, quien tiene muchos conocimientos. Sabio, en este
contexto, es quien sabe controlarse aspirando a los bienes verdaderos: la independencia y la libertad. De allí, la máxima
socrática Conócete a ti mismo. Es decir, conócete en tus debilidades, para aprender a dominarlas y a ser sabio de esa
manera.
Los gobernantes tienen, pues, la función de ser maestros, filósofos, de procurar el bien de los ciudadanos, enseñándoles
a “modificar los deseos de la ciudad y a resistir a ellos, y de llevar a esta, por la persuasión o la autoridad, a las medidas
más convenientes para volver mejores a los ciudadanos”.
Pero los gobernantes, esos hombres reales de la política cotidiana, los del pasado y los del presente, ¿a qué se dedican?
Sócrates, según Platón, responde “Navíos, murallas, arsenales y otras cosas por el estilo”, eso es lo que procuran creyendo
que es lo mejor para la ciudad. Y no lo es. Lo que corresponde es mejorar a la gente, y de ese modo mejorar la vida.
Navíos, murallas, puentes y otras construcciones mejoran a la ciudad, pero no a sus habitantes.
En los cuidados relativos tanto al cuerpo como al alma hay dos tratamientos distintos; uno servil, y por
medio del cual es posible procurarnos, si nuestro cuerpo tiene hambre, alimentos; si sed, bebidas; si
frio, vestidos, mantas, calzado.
Los que procuran estos elementos son vendedores, artesanos, panaderos, cocineros,
tejedores…Cuidan el cuerpo desde afuera. Pero los que verdaderamente cuidan el cuerpo en si son los
que practican el arte de la gimnastica y de la medicina […] (2004, p. 58).
Los paliativos son las apariencias; los remedios, la disciplina gimnástica, son la verdad, el conocimiento de la verdad y los
únicos, por tanto, que modifican la realidad. Del mismo modo, explica Sócrates a Calicles, los gobernantes pueden
engolosinar al pueblo, o realmente gobernarlo, es decir, educarlo; es decir, mejorarlo.
Claro que conocemos pueblos y sociedades que se rebelan contra sus gobernantes. Y los gobernantes se indignan
profundamente, se ofenden, gimen de dolor por la ingratitud de su gente. Platón (2004) pone en boca de Sócrates:
Cuando una ciudad enjuicia, cualquiera sea el motivo, a uno de sus hombres públicos, veo a los acusados
indignarse, revolverse contra la injusticia que se comete con ellos y gritar a voz en cuello que es un crimen
querer perderlos tras tantísimos servicios como han prestado al Estado jamás seria tratado injustamente
por la ciudad que preside… ¿Habrá algo más ilógico que su proceder y que sus quejas? ¿Cómo es posible
que una vez que han llegado a ser buenos y justos gracias a un maestro que les ha librado de la injusticia,
puedan perjudicar a sus maestros en virtud de aquello que gracias a ellos ya no tienen? ¿No te parece
esto extraño, amigo mío? Y considera, Calicles, que con tu negativa a responderme me has obligado a
hacer este verdadero discurso, digno de un político.
¿Es que no puedes hablar sin que se te responda? ---se fastidia Calicles.
Tal vez; en todo caso aquí me tienes entregado a larguísimas disertaciones por negarte a responderme.
Pero, por el dios de la amistad, dime si no te parece absurdo sostener que se ha hecho bueno a un
hombre, para reprocharle luego, una vez que lo es y se enorgullece de ello, que obra como un perverso.
--- Así me parece ---afirma Calicles (p. 62).
5
En resumen, dice Sócrates, todos los hombres que poseen funciones superiores en la sociedad ---funciones que son, ante
todo, educativas por esencia---“no tienen derecho a censurar a aquellos a quienes han educado, ya que no pueden
censurar a aquellos a quienes han educado, ya que no pueden acusar a sus discípulos de perversidad respecto de ellos
sin condenarse a sí mismos” (2004, p. 69).
Y le pregunta a Calicles:
--- ¿No te parece?
--- Sí ---responde Calicles.
http://losmetodosfilosoficos.blogspot.com
En los párrafos anteriores hemos podido leer una de las mejores
expresiones del método socrático, Sócrates conduce a su
interlocutor a través del diálogo a ciertos errores que Calicles no
había advertido en su razonamiento. Luego, una vez que ambos
reconozcan la propia ignorancia, saldrá a la luz el verdadero
saber.
Este método género la admiración de sus conciudadanos, sus
discípulos lo admiraban y seguían, muchos le debieron el llegar
a ser hombres dignos, pero los enemigos y envidiosos no eran
menos.
Las críticas de Sócrates a la moral imperante, al orden social establecido agudizaron las contradicciones y finalmente fue
acusado por sus enemigos de introducir dioses nuevos y extraños a la ciudad y por consiguiente de corruptor de la
juventud. Esta acusación era solo una excusa para condenar a un hombre crítico e independiente de los bandos políticos
rivales.
Según los testimonios que fueron recogidos por Diógenes Laercio en su obra Vidas de filósofos ilustres, la acusación fue
presentada por Meleto, el discurso fue redactado por Ánito, y todos los preparativos procesales corrieron a cargo del
demagogo Licón.
Sócrates se defendió de los cargos que se le hacían de un modo brillante, haciendo gala de una lógica derrochadora contra
sus acusadores, sin humillarse ni tratando de despertar la compasión de nadie.
Luego de escuchada la acusación y la defensa, 281 votos se inclinaron por su culpabilidad, 220 trataron de absolverle. En
la segunda parte del proceso, los acusadores solicitaron la pena de muerte; de acuerdo a los procedimientos establecidos
el acusado podría proponer una pena alternativa. Finalmente fue condenado a muerte bebiendo cicuta 4, por un jurado
irritado con la lógica demoledora de Sócrates.
En la parte final de su juicio uno de sus discípulos se lamenta “Lo que más me duele es que te condenen siendo inocente”
le dice. Sócrates le contesta: “¿Acaso querías que me condenen siendo culpable?”. Otros le proponen huir todo está
asegurado; incluso el mismo jurado estaba dispuesto a hacerse “de la vista gorda”. Un imposible para Sócrates, el hombre
que había vivido respetando la ley y exigiendo que todos la cumplan no podía traicionarse a sí mismo. Dice el maestro,
“pues es mejor morir como hombre bueno que vivir como hombre malo”. Su muerte sería, en efecto, la confirmación de
cuanto afirmara durante su vida. Corría el año de 399 a. c., posiblemente ninguno de los presentes imagino el alcance y
trascendencia que este juicio y su sentencia tendría en la historia de la filosofía occidental.
Ni en sus últimas horas Sócrates renuncio a este principio: vale más padecer la injusticia que cometerla, aunque haya que
escoger entre la vida y la muerte. Para el, ni la muerte es un mal cuando un hombre es justo. Paso sus últimos días en la
prisión a la espera de su ejecución rodeado de sus más fieles discípulos, El testamento que recoge los últimos momentos
de Sócrates, escrito por Platón en el dialogo Fedón, constituye una de las obras más bellas e intensas que se hayan escrito
jamás. Ahí Platón trasmite el espíritu con que Sócrates enfrento los últimos momentos de su vida, la desesperación de
todos los presentes frente a la inminente muerte del maestro y la imperturbabilidad de Sócrates la beber el veneno y
esperar el último suspiro. Jenofonte, otro de sus más importantes discípulos, señala en su obra Recuerdos «que ninguno
de los hombres de los que se tenga memoria soportó su muerte de una manera más bella» (1993, p. 59)
4
Planta con flor herbácea de la familia de los opiáceos usada por los griegos para quitar la vida a los condenados a pena de muerte.
6
Finalmente, entre lamentos de sus discípulos, Sócrates bebe serenamente la cicuta, sus últimos momentos fueron
descritos por Platón en su obra El Fedón:
Él paseó, y cuando dijo que le pesaban las piernas, se tendió boca arriba, pues así se lo había aconsejado
el individuo. Y al mismo tiempo el que le había dado el veneno lo examinaba cogiéndole de rato en rato
los pies y las piernas, y luego, apretándole con fuerza el pie, le preguntó si lo sentía, y él dijo que no. Y
después de esto hizo lo mismo con sus pantorrillas, y ascendiendo de este modo nos dijo que se iba
quedando frío y rígido. Mientras lo tanteaba nos dijo que, cuando eso le llegara al corazón, entonces se
extinguiría.
Ya estaba casi fría la zona del vientre, cuando descubriéndose, pues se había tapado, nos dijo, y fue lo
último que habló:
—Critón5, le debemos un gallo a Asclepio6. Así que págaselo y no lo descuides.
—Así se hará, dijo Critón. Mira si quieres algo más.
Pero a esta pregunta ya no respondió, sino que al poco rato tuvo un estremecimiento, y el hombre lo
descubrió, y él tenía rígida la mirada. Al verlo, Critón le cerró la boca y los ojos.
Este fue el fin, Equécrates7, que tuvo nuestro amigo, el mejor hombre, podemos decir nosotros, de los
que entonces conocimos, y, en modo muy destacado, el más inteligente y el más justo (2004, p. 117)
Así de este modo murió el más grande educador-filósofo que ha conocido la humanidad, en mano de unos sujetos
mediocres y envidiosos. Pero sus ideas y su mensaje jamás murieron, en cualquier lugar donde se enseñe o se hable de
filosofía el nombre de Sócrates siempre estará presente como un modelo a seguir, para todo aquel que busque la verdad
y la virtud.
http://friendsandpinkgirls.blogspot.com
ACTIVIDADES
1. En el cuadro comparativo registra las principales ideas con relación a lo que planteaban los Sofistas y Sócrates.
CRITERIOS SOFISTAS SÓCRATES
2. Redacta un comentario, resaltando la importancia del pensamiento socrático y del pensamiento sofista en tu
formación académico-profesional.
5
Discípulo de Sócrates, pertenecía a la aristocracia ateniense, se ofreció como fiador de la multa que Sócrates propuso pagar al jurado.
6
Dios de la medicina griego, se le sacrificaba un gallo cada vez que ocurría una curación.
7
Discípulo de Sócrates a quién Platón colocó como uno de los dialogantes de su obra Fedón