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Historia de la Salvación Bíblica

La historia de salvación se refiere a la acción especial de Dios en la historia guiando a la humanidad hacia su salvación definitiva a través de Jesucristo. Se concreta en los acontecimientos del pueblo de Israel narrados en la Biblia y culmina en Jesús, el centro de la creación y la historia. Dios estuvo presente en la historia de Israel y preparó la llegada de Jesús, quien inauguró el Reino de Dios y fundó la Iglesia como el nuevo pueblo de Dios que continúa la historia de

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Historia de la Salvación Bíblica

La historia de salvación se refiere a la acción especial de Dios en la historia guiando a la humanidad hacia su salvación definitiva a través de Jesucristo. Se concreta en los acontecimientos del pueblo de Israel narrados en la Biblia y culmina en Jesús, el centro de la creación y la historia. Dios estuvo presente en la historia de Israel y preparó la llegada de Jesús, quien inauguró el Reino de Dios y fundó la Iglesia como el nuevo pueblo de Dios que continúa la historia de

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La Salvacion

Con este nombre: "Historia de la Salvación", entendemos la entrada de Dios en


nuestra historia humana y en nuestra vida. Es Dios que viene para conducir a todo
hombre a su fin último, a su objetivo natural, que es el Reino de Dios.

La enseñanza más importante, el mensaje que el Señor da en cada página, es que


Dios interviene con su poder en la historia del hombre, e interviene siguiendo un
plan, un proyecto determinado, desde la creación hasta el final de los tiempos.

Israel, este pequeño pueblo fue el escenario de las acciones maravillosas de la


salvación.
Todo lo que pasó dentro de esta nación, escogida para ser depositaria de la misión
divina, revistió así, carácter sagrado. Todos los acontecimientos, hasta las leyes que
reglamentaron la vida social y política, son interpretados y vividos como
intervenciones salvíficas del Señor Yahvéh.
Un ejemplo es el narrado en el Éxodo Cap. 16 y 17, del maná en el desierto. Los
estudiosos afirman que se trata de una resina dulce que sale en los meses de verano
de los arbustos cerca del Sinaí; para los ojos de todos puede ser una cosa natural,
pero para los ojos del pueblo creyente eso reviste un significado especial de
providencia y de ayuda de Yahvéh; así lo vio el pueblo de Israel, como la prueba de
que Dios no los abandonaba.

Jesús, centro de la Historia de la Salvación

Jesús es la primicia de los resucitados, que nos llevará al Reino de Dios,


después de haber destruido el mal.
Cristo Jesús, su vida, su muerte y su resurrección, es el centro de la
Historia de toda la Salvación:

"Por Él, con Él, y en Él, han sido creadas todas las cosas. Todo fue hecho
por Él, y con Él, todo subsiste en Él" (1 Cor. 1, 15-17)
Es de suma importancia, que quien se acerca al estudio de la Biblia, tenga
presente la relación que toda la historia tiene con la venida y la enseñanza
de Cristo. El mismo Jesús lo recuerda a los discípulos de Emaús: "Y les
explicó todo lo que de Él se hablaba en las Escrituras" (Lc. 24, 25-27).

Etapas de la Historia de la Salvación

Preparación del Pueblo de Dios:


Dios desde el principio ha querido la salvación de todos los hombres.
Desgraciadamente el hombre desde sus orígenes, rechazó esa amistad
divina separándose así de Dios, enemistándose con sus semejantes y
trastornando su relación con la misma naturaleza. A pesar de esto Dios
nunca abandonó a la humanidad caída en el pecado.

Dios comienza por escoger un Pueblo.


Deseando la reagrupación de los hombres divididos por el pecado, Dios
quiso formar un Pueblo y para eso eligió a los patriarcas: Abraham, Isaac
y Jacob. Ellos son los portadores de las promesas que se harán realidad
en un futuro: promesas de descendencia, de la tierra y de la bendición a
todos los pueblos. A través de los patriarcas, modelos de fe, esperanza y
obediencia. Dios va preparándose un pueblo.

Un Pueblo que se libera y se forma:


Los descendientes de los patriarcas se establecieron en Egipto, allí
sufrieron la opresión y la esclavitud. Clamaron a su Dios y Él los liberó
sacándolos de la esclavitud. Moisés fue el guía elegido por Yahvéh su
Dios para llevar a cabo esta empresa liberadora.
Salieron de la tierra y marcharon por el desierto, rebelándose contra el
Dios que los había sacado de la esclavitud. Dios los perdonó y les mostró
su cuidado proveyéndolos de las cosas necesarias: el pan, el agua, etc.
en el desierto pactaron una Alianza con Yahvéh su Dios y así quedó
constituido y formado el Pueblo de Dios.

Un Pueblo que vive bajo la Alianza:


Al conquistar la tierra de Canaán bajo el mandato de Josué se
establecieron allí. Hubo momentos de gran fidelidad a Dios, pero poco a
poco, no obstante las amonestaciones de los profetas, se fueron
separando de Yahvéh y olvidaron la alianza que habían pactado. Los
poderosos explotaban a los débiles; utilizaban el culto y las instituciones
religiosas para tener seguridad y pretender sobornar al Dios de la Alianza.
Por eso Dios rechazó a su pueblo con la destrucción de los reinos de
Israel y de Judá. El exilio fue el castigo a la ruptura de la Alianza.

Un Pueblo bajo la esperanza de la Nueva Alianza:


El castigo del exilio no es la última Palabra del Señor, sino que de nuevo
les va a mostrar su misericordia devolviéndolos a la tierra que habían
perdido y dándoles la esperanza de una Nueva Alianza que no fallaría
como la anterior. El pueblo del exilio, ayudado por diversas personas,
empieza a reflexionar sobre su situación, reconoce su error y se convierte
al Señor.

En este período surgen las grandes figuras de los profetas, como signo
de la Alianza entre Dios y su Pueblo. Los profetas son hombres
extraordinarios, llamados por Dios a ser su voz entre el pueblo. Su acción
es especialmente recordar al pueblo la alianza que tienen con Dios,
afianzar la esperanza en el Mesías y en su Reino, en medio del olvido y la
triste suerte de Israel.

Un Pueblo bajo la Nueva Alianza:


Cuando llegó la plenitud de los tiempos, Dios envió a su Hijo nacido de
mujer, nacido bajo la Ley. En Jesús se cumplen todas las promesas del
AT, en Él llega a su plenitud toda la Historia de la Salvación.
Con su presencia y manifestación, con sus palabras y obras, signos y
milagros, sobre todo con su muerte y gloriosa resurrección, con el envío
del Espíritu de la verdad; instaura y hace presente el Reino de Dios, nos
revela la misericordia de Dios que es nuestro Padre, manifiesta y realiza la
reagrupación de los hombres dispersos y divididos por el pecado. Agrupa
en torno a sí, discípulos y gente que lo sigue, formando con ellos la
comunidad, el nuevo Pueblo de Dios, abierto a judíos y gentiles. En su
sangre sella la Nueva y definitiva Alianza.

La Historia de la Salvación continúa en la Iglesia:


El cuadro de la historia de la Salvación, que encuentra en Jesús su eje y
su centro, continua en la historia de la Iglesia y de cada cristiano. La
Iglesia es el Nuevo Pueblo de Dios, cuya cabeza es el mismo Jesús, y se
conforma como Pueblo Real, eso es, de Reyes, como Pueblo Profético y
Sacerdotal, que marcha con su jefe, Cristo, hacia el Reino de Dios.

Toda la historia humana está guiada por la Providencia divina que es siempre acción
salvífica y que camina hacia la salvación integral y definitiva de ser humano. Pero
llamamos “historia de salvación” a la dimensión de esta misma historia en cuanto está
orientada hacia Jesucristo (centro de la creación y de la historia), o también a la historia
de la revelación y de la comunicación especial de Dios a su Pueblo, el antiguo y el
nuevo Israel.

La historia de salvación se concreta también en la historia bíblica, del Antiguo y del


Nuevo Testamento. Los acontecimientos del Pueblo santo son los hitos de esta historia,
cuyo significado se descifra por medio de la Palabra que Dios ha revelado a su Pueblo.
Dios habla y obra de modo salvífico, y espera y hace posible la respuesta libre del
hombre. Por esto Jesús, el Verbo o Palabra personal de Dios, es el principio, el centro y
el fin de esta historia “Jesucristo es el mismo, ayer, hoy y siempre” (Heb 13,8).

DE SALVACION
La historia bajo la acción especial de Dios

Toda la historia humana está guiada por la Providencia divina que es siempre acción
salvífica y que camina hacia la salvación integral y definitiva de ser humano. Pero
llamamos “historia de salvación” a la dimensión de esta misma historia en cuanto está
orientada hacia Jesucristo (centro de la creación y de la historia), o también a la historia
de la revelación y de la comunicación especial de Dios a su Pueblo, el antiguo y el
nuevo Israel.

La historia de salvación se concreta también en la historia bíblica, del Antiguo y del


Nuevo Testamento. Los acontecimientos del Pueblo santo son los hitos de esta historia,
cuyo significado se descifra por medio de la Palabra que Dios ha revelado a su Pueblo.
Dios habla y obra de modo salvífico, y espera y hace posible la respuesta libre del
hombre. Por esto Jesús, el Verbo o Palabra personal de Dios, es el principio, el centro y
el fin de esta historia “Jesucristo es el mismo, ayer, hoy y siempre” (Heb 13,8).

Dios está presente en la historia de su pueblo (Ex 29,43), dejando un signo visible de
esta presencia y encuentro en la “tienda” (la “shekinah”) que será luego el templo (Ex
26). Esta presencia se irá intensificando hasta mostrase como “Dios con nosotros”, el
“Emmanuel” (Is 7,14). Dios es único, creador y Señor de la historia, el Santo, que llama
a la santidad (Lev 19,1).

La narración de la historia salvífica

Los libros de la Biblia narran la peregrinación constante del Pueblo de Dios. La figura
de Abrahán, que escucha y cree, sirve de prototipo en ese caminar con Dios y delante de
Dios (cfr. Gen 17,1). El camino por el desierto, saliendo de Egipto (“éxodo”) bajo la
guía de Moisés, durante cuarenta años, fue un tiempo especial de pruebas (con éxitos y
fracasos), en vistas a recibir la gracia para escuchar la palabra, vivir la Alianza y ansiar
la unión con Dios en la tierra prometida. Los profetas acentuarán la esperanza
mesiánica. El libro de la Sabiduría y otros libros morales hacen una relectura de los
hechos salvíficos.

Dios habla por medio de la revelación y sostiene el peregrinar de su Pueblo hacia “la
tierra prometida”. Los profetas, apoyándose en las promesas hechas por Dios a
Abrahán, recuerdan y alargan la perspectiva a “todas las naciones de la tierra” (Gen
12,3), en medio de las cuales Israel, viviendo su fe, es como “una bandera izada” para
sostener la esperanza mesiánica de la humanidad (Is 11,12).

La historia salvífica centrada en Cristo

En Cristo, centro de la historia de salvación, se cumplen las esperanzas y promesas,


como la realidad que sucede a la sombra. La fe cristiana descubre que la historia
humana es salvífica por la elección eterna del hombre en Cristo Redentor (cfr. Ef 1,3-
14) y por el misterio pascual de su muerte y resurrección. La teología, como reflexión
sobre la fe en Cristo, intenta presentar todos los contenidos de esa fe en la perspectiva
de una historia humana que, por gracia, es historia de salvación. Por Cristo, la historia o
el tiempo no es sólo “cronología”, sino “kairós”, es decir, “tiempo favorable… día de
salvación” (2Cor 6,2).

La Iglesia, como “sacramento universal de salvación” (LG 48) continúa esta


peregrinación hacia la resurrección final en Cristo, cuando habrá “un cielo nuevo y una
tierra nueva” (Apoc 21,1; cfr. LG 49-50). La acción salvífica de Dios en la historia
quiere la colaboración libre del hombre, en el camino de la perfección y de la misión, a
nivel personal y comunitario, para hacer que el misterio de la Iglesia se haga comunión
universal.

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