EL DIOS QUE NOS OYE
La Palabra de Dios dice claramente que Dios quiere escuchar las oraciones de la
gente. Salmo 65:2 dice: "Tú oyes la oración; a ti acudirá todo ser". El Midrash, un
comentario judío de partes del Antiguo Testamento, dice lo siguiente acerca del
Salmo [Link] "Un hombre mortal no puede comprender la conversación de dos
personas hablando al mismo tiempo, pero no sucede así con Dios. Todos oran
delante de él, v él entiende y recibe todas sus oraciones" tRnbba 21.4). Los hombres
se pueden cansar de escuchar a la gente, pero los oídos de Dios nunca se cansan,
él nunca se cansa de las oraciones de los hombres.
Un aspecto de la oración que debemos comprender es cómo hacer la petición
correcta. "Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa
conforme a su voluntad, él nos oye" (1 J n 5: 14). Debemos pedir conforme a su
voluntad. Pero ¿cómo sabemos si nuestra petición es conforme a su voluntad? Ante
todo, debemos expresar nuestro deseo de lo que queremos de Él. A veces nos
sentimos culpables por querer ciertas cosas, de modo que disimulamos nuestros
deseos. Pero si hemos de conocer la voluntad de Dios sobre el asunto, debemos
reconocer nuestros deseos. Luego debemos estar dispuestos a que Él nos lleve a
una absoluta neutralidad, hasta el punto en que en realidad nos da igual que resulte
de una u otra manera. La neutralidad significa que nosotros deseamos lo que Dios
quiere más que lo que queremos nosotros. Eso pudiera requerir algún tiempo Y
oración, pero es un paso fundamental al buscar la voluntad de Dios.
Los mayores impedimentos para recibir respuesta a la oración son:
1. Pecado: Si nos humillamos, buscamos a Dios y huimos del pecado, Dios nos
perdonará y escuchará nuestras oraciones (2d a Crónicas 7:14).
2. Temor: El temor bloquea nuestras oraciones, minando así nuestra fe. Debemos
aceptar el perdón de Dios y el nuevo espíritu que Él nos ha dado-uno de poder, fe
y dominio propio.
3. Culpabilidad: Para ser libres de los sentimientos de condenación, debemos
darnos cuenta que Dios no sólo nos ha perdonado, sino que también se ha olvidado
de nuestros pecados; por consiguiente, podemos orar con una conciencia limpia y
con seguridad.
4. Sentimiento de inferioridad: Como hijos amados de Dios, no debemos actuar
como mendigos en nuestras oraciones. Podemos orar con confianza basados en la
Palabra de Dios, el testimonio de Jesús y en la defensa del Espíritu.
5. Duda: La duda entorpece nuestras oraciones porque realmente no creemos en lo
que pedimos. Nosotros demostramos nuestra confianza en Dios al hacer los
arreglos para el cumplimiento de nuestras peticiones.
6. Motivos equivocados: Cuando nuestras prioridades son correctas-colocando el
reino de Dios y Su honor por sobre todas las cosas-Él escuchará nuestras oraciones
y suplirá nuestras necesidades.
7. Amargura: Dios no escuchará nuestras oraciones si albergamos iniquidad en
nuestros corazones, tales como los celos. Debemos mantener corazones
transparentes y puros delante de Dios y el hombre.
8. Falta de perdón: La falta de perdón estorba nuestras oraciones al bloquear
nuestras relaciones con Dios y los demás. Efesios 4:26-27 dice, ''Airaos, pero no
pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo".
9. Relaciones familiares rotas: Dios no contestará nuestras oraciones si violamos
Sus propósitos al no demostrar Su amor y gracia a los miembros de nuestra familia.
Debemos enmendar toda relación rota tan pronto como nos sea posible.
10. Ídolos: Debemos examinar nuestras prioridades. Cualquier cosa que tenga
mayor valor que Dios es un ídolo e impedirá que nuestras oraciones sean
contestadas. Dios merece nuestro más alto amor y respeto.
11. Mezquindad: Proverbios 21:13 dice, "El que cierra su oído al clamor del pobre,
también él clamará, y no será oído". Si somos mezquinos, no seremos escuchados,
pero si somos compasivos y generosos, nuestras oraciones serán contestadas.
Veamos lo que podría ser considerado el mejor pasaje sobre la oración. Primera de
Juan 5:13-15 une todo lo que hemos estado discutiendo. Este pasaje inicia con,
"estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios ...
"(v. 13). ¿Se aplica este versículo a usted? "...para que sepáis que tenéis vida
eterna" (v. 13). Lo que Juan estaba diciendo era, "les escribo estas cosas para que
sepan que ustedes están conectados a Dios". Luego dijo, "esta es la confianza que
tenemos en él" (v. 14). ¿Cuál es esa confianza? ce...que si demandáremos alguna
cosa conforme á su voluntad, él nos oye" (v. 14).
Nuevamente aquí hallamos ese condicional "si": "si demandáremos alguna cosa
conforme á su voluntad... ", la Palabra de Dios es Su voluntad. Su Palabra es Su
deseo, Su deseo es Su intención y Su intención es Su propósito. "Si demandáremos
alguna cosa conforme á su voluntad, él nos oye" Puede estar seguro de que Dios
siempre escucha sus oraciones-cien por ciento de las veces-cuando usted ora
conforme a Su voluntad. ¿A quién escucha Dios cuando usted ora enunciando Su
Palabra? A Sí mismo. Dios le escuchará cuando Él escuche las palabras que Él
mismo ha hablado.
¿Hay algo importante en la oración más que el hecho de que Dios le escuche? El
pasaje nos dice lo que ocurre cuando esto toma lugar: "Y si sabemos que él nos
oye en cualquiera cosa que demandáremos, sabemos que tenemos las peticiones
que le hubiéremos demandado" (v. 15, el énfasis fue añadido).
El plan de Dios para su vida es mucho más grande que sus propios planes. No
obstante, para entrar en ese plan, usted tiene que creer y afirmarlo con lo que dice.
La razón por la cual la vida de Jesús fue tan exitosa es porque Él no habló Sus
propias palabras; Él habló las palabras de Dios, el Padre.
Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio
mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar. Y sé que su
mandamiento es vida eterna. Así pues, lo que yo hablo, lo hablo como el Padre me
lo ha dicho (Juan 12:49-50).
Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre
que mora en mí, él hace las obras... El que no me ama, no guarda mis palabras; y
la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió (Juan 14:10, 24)
¿Necesitamos algo más claro que esto? Este es el secreto para vivir una victoriosa
vida de fe. Fue una de las claves principales para el poder de Jesús en la tierra.
Jesucristo no inventó palabras para decir. Él siempre oró a Dios usando lo que Dios
dijo primero. ¿Por qué? Una vez más, es porque Dios cuida Su Palabra para así
cumplirla. Las obras de Jesús fueron las obras del Padre porque Sus palabras eran
las palabras del Padre. Sus milagros fueron los milagros del Padre porque Sus
palabras eran las palabras del Padre.
Él sabía quién Él era, lo que Él creía y lo que decía, esa combinación le trajo la
victoria sobre la tierra.