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PREMIO EL BARCO DE VAPOR - 2014
ek ale)
ma
a
IWILINS ATUL)
eeeEncontrar el espejo no fue casuaidad. No puede
serl. Misben, fue producto de una serie de ever-
tos rams y dslocados. Igual que mi vis.
‘Como rara vez ecu estaba ls tes en bt
cocina, Mi paps habia cocinada un bun de be-
renjenasy cuando Te afreci una copa de vino &
ni mami, la cates que no con los ojos como
bho. Dos segundos despuss se abrazaron. Cie
tro segundos después loraron. El lanto dur
is de dos o cuatro segundes. Ahi entendi que
estaba embarazada. No por el vino, el abrazo 0
1 iempo, sino por la ligrimas. Llevaban como
sis aos tratando de ener ofr io, pero no habia
«caso. No podian. Al principio, fueron al médico y
les dijo que igual era raro porque ya habian po-
ldo tener una hija. Le pregunta mi mama si el
parto fue muy traumatico y ella contests ques,
que yo vena no mo. Ennead, por spats.
(Que sé yo. (Eso ni siquiera me lo cont a mi la
escuché hablando por telefono con mi abuela queya ests muerta. Le hicieron un montén de exi-
‘enes, peo los resultados siempre salietan bue-
nos, Parecia no tener ningin problema. Un di,
pap (que es medio esotérco porque es de esos
psilogos ca la volada jungiana) le dj que era
‘su inconscente. Que estaba esresada, que debia
dejato it Reljarae. ahi empezs la seguldlla de
_doctores mula Chamanes, ots, videntes. For
res de Bach, pemoterapia, rik. Yoo me wago el
‘cen de que la esencia de lnvanda (ol que se)
te abrir ls chakras y te deja embarazada; pero
ri mam 6 Y tat. Lo intent una y ota, oa
‘vez. Pero no hubo e380. Lo inio que loge fe
perder plata tempo, y ganar una predic: que
‘yor rar, Exotampoco me lo cont mi mam
‘ccuché cuando vino una vieja scare las carts
nace dos aos Ellas extaban en living y yo de-
tris dela puerta dela cocina, Poa or cuando la
bruja barajaba, cuando dejab las carta sobre la
mesa. Llegé el silencio, Un silencio largo. Se es
cuchaba el movimiento inguieto de mi mam so-
bre I sila, como si tuvira un side de hormigas
‘jo ella. Es un alma antigua, le dio por fin. Tene
muchas vidas en su cuerpo, pero hay algo rare
cenell. Mimamé pregunts qué ea. Las cartas no
‘quieren habla Ella ene un blogueo energstico,
‘Yono sé emo a esas alturas mi mamé segua ahi,
8
pero.el punto es que no se movis Al contrario,
Te plo que sacara mas cata. Le cont todo #1
‘drama acerca dela supuestainferilidad y le dijo
«qe se moira lo me pasaba. Volvié a bar,
[Acortar A escoger. No sé qué carts salon, no sé
«q caraspsieon lo nleo que ses que a bruja
orden el azo lo guards y salé del departamer
to como sihubiea vist al diablo. a oi por
sq, desde es dia, mi mama quedé ebsesicnada
conmigo. Cuando estaba depresiva pensaba que
podea pasar alg; cuando estaba de mejor dnimo
esa que tenia una nt indigo me pregustaba
Svein cosas, Yo lo sini que vela esque se habia
‘elt loca cone ema des hij yas guaguas.
Hast el afo pasado, caando supe que tendria un
hermano ohermana menor
Se abracaron, lloraron. Celebraton. Cuando
pas a emocin de a noticia, msi mam jo que
tendrfammos que ios del departamento porque
era muy chico para los cuatro. Ea realidad, mas
que una propuesa, Fe una orden. Yo n0 me Voy,
aseguré. Insist en que no queria ime deal que
‘ese departamento era nuestro hogar. Que eabi
mos de més. Que habia familias de seis personas
ve vivian en lugares mis chicos que ese. Que Nu
‘oa era mi barrio, nuestro bari. Y que no deamos
9unto, sino cinco porque quilt, que me acom-
pfs desde os set aos, también ea parte de la
familia. Mi mans ni tuvo quecontstar porque mi
pps puso altro desu lado. Cambia a cata por
que es una decisién tomada, dijo. Yo tuve que
‘scalar la deisn, pero no cambié I ara
Mi mam, como es poquito obsesva,cambis
una preocupacién por ota: ya no era que no po-
«lia tener guagua, sino que podia perdera. Los tres
rimeros meses son crucales, epetia. Cuando ya
tenia sis y todo seguia perfectamente bie, vino
1a obsesiinporel cambio de casa, Que cusnda nos
‘vamos ai Je deca ami papa. Que tenlamos que
armar todo lo antes posible porque ella no queria
‘star desembalando con una gusta enorme 0, peor,
con el nto ren nacido (est convencida quie-
‘re estarlo- de que serd hombre). Mi pap le con-
testaba que ea lento, que no era Legary comprar
‘unacasa como en el Metespol.¥ ela le respondia
_qucel lento era porque estabe leno decasasen
[Nuoa, que emo no ib a ser eapaz de encontar
un, Yo preferia no meterme,porgue siempee sal
_g0perdiendo. Asique, despa de colegio me iba
1 esa del loco para capearme ls dramas de
‘ams, Alrededor dels siete dela tarde, cuando
10
‘mi pops sala dela pega, metbaa buscar y nos pa
sedbomes por la combina buscando cass Lo que
ec lea certo: por ms que bascsbamos, na la
encontrsbaenos
Hasta que una noche cuando bon aser casas
ie, egames a una casa. Lievabamos horas dan-
4 vuelas por el bari, recoriendo todas las pro-
piedades que mi papé agend6 durante el dia, pero
ringuna nos habia gustado.Esibamas carsados,
hates y muertos de hambre. Decidimos que era
sulfcente, que era hora de volver Mi papa se me-
{36 una calle para dar la vuelta y salir a Macul
pero esa calle To evs ata yes ota, y ninguna
era Macul. Tu mamd debe estar histrica, que ata,
se qua{6 mi paps. Dio a vuelta de nuevo y llega
‘moe a una plaza con siete cost antiguas alrededor.
[Nos si furon as casas la plaza o os faroes sin
polillas, pero me encants Y para mi suerte, una
de elas tenia ef cartel rojo con ltrs blanca: “Se
vende”, Ess fueron ls palabeas mgs,
‘Mi paps estaion6 el auto y nos bajamos. La
‘casa tenia una fachada de piedea y wn pequeno
patio delantero cercado por una reja de madera,
‘que me legaba hasta la intra. Toque el timbre
Togué de nuevo, Parece que no hay nadie comen-
‘6 mi papa y antes de que aleanzara a Hamar al
un_mimero de telfono escrito deb del arta, cores
tart improperios y sol le pregunts qué tenia que
ver a nia, Todo comienza y termina en ania
El es todo lo que usted no tuvo, lo que usted no
ceri ser jams sel destino, ea historia. Yon
‘cambiaeéninguno dels dos, sentencs la negra
[La mujer sl dl dormitrio conse de venga
2a,Por lane, por ania, Pore castigo de vivir
la scmbra de una mucea encammada,
‘Cuando ls aguas del rej woveron a corre,
‘41 yagstaba agotade. Se agobis dal intento, de as
promesas sin campli del vente estriYella en
lquecé por el intento, por las promesas sin cum
pliry por el viete eséi El matrimonio murié
que ms enterado que la primera esposa. La
‘mujer oiaba en secret al marido que a ech6 al,
‘olsdo, Lo odiab cada vez que a Yamaba reina de
In casa, porque ella sabia que a verdadera here-
ders de ee tro er anit, Esa condenada ni
que, aa edad de sick as, ra a eopia innegabe
dela muerta Mientras ell, uva enveecida frente
espe, ere vacio
cy
En su desesperacidnentendio cul era el inicn
snedio posible para vive trangia Era una me
ida drstia, carente de toda misercondia, Peso
luna vee mis, equ bia tenidopiead com ll?
‘a vida, que la habia hecho olvidar sus aces?
El hombre que la habs adaptado como a un pe-
‘ro cleo y al que ahora, vieja eine Le ea
‘nul? :La nin, quele recordaba todos los dass
gat en es cass Sella hacia fo que tena plana-
do, ea cas solo recbiria o meneida, La cosecha
seria su propia siembr,
Era una caluros tae de verano, EL maridoba.
laa salido y solo os vados, a nega, lana y ella
salar en asa Fue hasta el dormitorio de
‘unit y a encom frente al tcador.Cepilaba
Largo cabello negro que hacia contrast com st
el Blanc y labios rojo. i ntentaba vera xq
‘vandal odio que senia por ella, poda entender
por usu padre segu enamorado dela mera,
‘La nina ea tan linda que dolla mirarl, Pero esa
betvdad prontose dsipen oas de rabia envi-
‘ay react, Tune pine le coils et abello.
‘La nia devolvié una mirada extrafiada, Le hizo
‘una tenzay del bolita desu vestdo extra un
luzo de sea multicolor Ses qu es esto le pre
‘guns mostnindolee azo, La nia hizo un gesto
2»negative, Exel azo que ust el dia que me cass con
tu padre, contesté mientras guardaba una mitad
yylaotra la amarraba alo largo dela trenza. Hoy
‘yas estar muy bonita cuando leguea la cas,
Te dijo, La volte y la rd. La odiaba incluso sa
bend que, ene foodo, ella no tena la eulpa. Su
Tinicoertor fue nace ese da pagaria su pecado.
[La sen al bore de Ia cama y le propuso un
trato, Le dljo que su padre estaba por Mega, que
Jo ira a buscar a la entrada y To levara hasta su
Aormitorio para que vers lo linda que estaba su
Inj. Lanta sonny prometis que esperar. Ela
coments que deena Ia puerta cerrada con llave
para que nadie la vera antes que su padre y Ia
nia cepts La mujer sali del dormitoioy cer
Ta puer. Moti a Mave en a cerraray gir6 una
‘vee, dos veces. Entonces, sé la mitad del azo
_que no habia usado y lo encollé alrededor dela
‘anil Sonvié apenas cal impercepiblemente y
le prendis fuego. Fate no tard en devorar la puer™
ta, el muro el pasill. Antes de que se pusiera a
toser por el humo a majersalié a hurtadillas y
‘sandal. a sal, rit ueg! Todos aera!
| ugo! Las criacoscorian por os pasils labe-
rintcos de la cas para alia arin. Ela ya estar
Intalos pies del manzano, vendo cémo el humo y
las amas engulian I ass que en algin momento
30
también fue su hogar. La negra leg hasta el mane
zano, sudada por el calor infernal y le pregunts
Ande estaba la ia, Ela respons con na mic
radaapagada y la negra enters, pero no ent a
buscara. La mujer pensé que no lo hacia porque
‘entrar a as lamas era entrar ala muerte, pero la
negra nose movis porque exe ea destino ajeno.
‘La casa anda y ef humo se elevaba cuando dt
lag. Pregunts con gritos qué habia pasado, pero
nadie supo qué responder Las nicas des que sa-
ban ol igen del fuego se mantuvieron en slen-
«jo. El hombre buses entre las diferentes mizadas
ycsando no enconts lo ojos de anita, sis su
vida acaba. Todo fe silencio, menos su coeazin
Giro hci a cas en lamas y cori hacia ella. La
mujer le grit que no To hicer, que estaba loco,
que morris Pero dl no ecuehs nada, no vio nada,
no snt6 nada. Core entre vias, hum y fuego
hast llegar al dormitori desu hija. La puerta ha-
bia ido ttalmenteconsumid, aque atravesd el
‘umbral con sor igrimas y carraspeo, Al fondo,
en unrincin, estaba sv ij. Lora viva. La toms
en brazos y rmprendié el camino de vuelta, pero
‘cuando ibs en Ia mitad, una vga se desplom so-
bre. Alcanz6 a soltar alana para evitar que
eibiera el peso del impacto sobre ella. sins
‘no su columna se paria como la rama de una
aplanta vii, pequeta y fii Su hia se volte y
tomé su mano, Fle ordend que coriea, que s-
Iiera de a. La nia no querla obedecer, pera
Insists Ell tena que vivir Y com ia fuerza de ss
‘atin respite le pics que lo hiciera, que vier
Entonoes, la nia beso su frente y comer a es
quivarescombros ogo y humo,
Ocho
Me despierto cansada porque dorm pésimo. Dic
‘en que cuando uno se cambia de asa las prime
ras tes noches son ls pees Dicen quel cuerpo
sno reconoce el entorno y se estresa. Yo creo que
50 es cosa de gatos y que dorm mal por eulpa
el espjo. Esta como posed, en serio. O es pa
rece porgue son toda la noche con él No es que
yosea vidente al coteario, en general msnea me
acuerdo de mis sueios. Por eso creo que el spf
tiene algo, No es normal ue haya soiado como
cinco ves seguidas con él. Que lo volvia a encor-
‘rar entrrade. Qu haba replicas por toda casa
(Que lo tomaba com unas manos que no eran las
mas. Que ls angeles me mizaban as es mj-
‘es me lamaban.¥ aun as, con tds ess suo,
‘nunca vi mi refeo. No pe. Cada ver queestuve
frente lo vi cubierto de gris, Era como ver Ia
pantalla de un televisorapagad. Negro tod.
Me esto alo largo dela cama yella se mueve
conmigo, Las das no estén js, as que el piso
{de madera no ayuda mucho. El quilt ya no duer
‘mea mis pies. Eso significa que deben ser como
3Jas once de la maaana. Lo corrabore cuando tomo
lela y veo la hora. Me pongo las pantulas
(queen verdad so calcetines cites) y me levar-
10, Abst el espe. Es como ol Di demi mam
sent que me mira yes0 me perturba. Si mars
no fuera catia, quis yo no tendria el peso d-
ino sobre ls hombros, pero ya eagué. Camino
hasta el expejoy veo mi elo en. Por fi tengo
Incerteza de que no estoy en un sue, Eso me cal-
‘ma, Paso los des por encima del bore iregula.
Desde abajo hacia reba. Recomo las mujeres, =
0 losngeles.Tenen algo de bonito y macabro
‘aver, Me pregunos ser dngoes 0 demons.
Su gorduray sus alas me dicen que son dngeles;
seston sus eras me dice lo contri, Pareiran
reise O lara. No sien qué es, slo sé que hay
lg ramen sis cars. Quizas el que hizo el espejo
tampoco lo tenia may claro y por e50 quedaron
‘sf, Nifelices ni ristes. Ni Buenos ni mals. De-
cio que averiguaré de dénde viene el espjp. No
tengo mada mj que hacer Fl flacosube y sube
fotos veraniegas a Facdbook mientras yo ordeno
jas y muero de calor. sta seré Ia aventura que
Je contaré cuando vuelva de vacaciones. El dird
{que me pass en la etapa del Arcania y yo le dite
que me da lo mismo, Nome va a cree, seri en
ni cara, En exe momento, entonces, le preguntaré
a
i qulere conocer a historia de espejo encanta
‘para cto para tener una historia, tengo que ira
bbuscara. Ast que iréa una tienda de antigiedades
para empezar por l bic suorigen,
[No tengo ies sobre anticuaiosy me suena la
guata de hambre asf que resoelvo que primero e-
-maré desyuno y después ver cfm lo hago Ti
cl cubrecamas hacia delante para que mi mama
crea que hice Ia cama y ordeno un poco mi peza
‘Mientras mis conenta I dee, menos molestars.
aso al lado de la ventana y ve el manzano eno
jardin. El quilto est bjo su sombra. Todavia no
escubeo si su Bjacién con el dol es porque le
usta o porque ve algo ms. Dicen que os anima
Jes pueden perlbie cosas que uno jams vera. Yo
se pregunta sess esol caso dal quitro, aunque
‘me custa cele porque les un volado como yo.
Bajo las escaleras y veoa mis paps ondenando
cosas enol lving ilones, mucbles,ewadros. En
realidad, mi mam dixpone y mi paps ica ms
la derecha;no, mds. 2gulerda. Mi paps me
salud y mi mamé dice que el desayuno ests en
|i cocina. Voy paca alléy veo el pan tostado y la
pala molida, eanegeecida. Lo sivo en un plato
‘elvo al ving. Me quedo parada en el umbral
les pregunta edmo darmieron. Mi mam no rs-
onde, solo dice que no hable con la boc lena.
35‘Mi paps ests absorto one arsen Subo de maevo a
si peza, depo plato en l piso y tome ella
Como todavia no tenemos Inte, slo me rsta
€1.3G parm averiguar déinde puedo encontear una
tienda de antigiedades. Abro el buscador yest
bo "Antigiedades Nao”, pero mearoja un sin
fin de posiblidades en Providenla.Entonces eo:
“Hace rents anos queen el edificio Los Pajares,
cl caacol de Avenida Providencia con Bucarest,
rinan as antigedades. Son crea de cuarenta lo
‘aes donde abundan los recuerdos yun solemne
espe por ls objets antiguos” dice una de las
gas que encuentro le para ala. Me ducho lo
ss répido que puedo, me vist, tom el espejo
-y lo meto on la mochila. No estan grande ni tan
pesado asf que me viene perfecto para llevar en
clsanasta de la bic.
Bj os excalerasygrito "Chao", peroantes de
{que peda salir mi mamé vuelve ala vida y me
tiene en la entrada de la casa Para donde vas,
re pregunta come dicndome queen realidad no
ine a ningin lado. Providenca le contest. Por
qué, vuelve a preguntse (Para mi mamé todo lo
‘que sea antgiedad vale callampe, at que decide
‘que no le contaré sobre el espeo. De hecho, me
sorprende que todavia no haya retado ami paps
or compra unas vies y asada, en verde una
36
neva con quincho y piscina). Quiero ver algunas
2831 motivo esque no Te cst tenerme: lla me
6
cont que se ques embarazada mientras poolea-
ba con mi pap asf que seguramente soy para ella
‘una ia impuesta. Algo que no pai, erally
cept porgue e atin
‘Mi paps toma otro arrollao, lo maseay se le
«cl rellen dentro dl pocilo de soya, salpican
do todo alrededor. El sonsiey yo también. A te
{da lo mismo mancharse no se qua por tonteras.
Es simple y alegre. Si mi mamé hubiese estado
‘qu I situacion seria cifereme. Habra empera-
doa alegar que lacamisa era nueva, que como no
sabe comer un simple arzllado primaver. Ya no
usa la palabra “oto”, porque escuchs que era de
soos deciea, pero lo certo esque lo piensa, Mi
‘mam slempre a encontrado que mi paps es pocs
cosa, un hombre de clase media esforzade cuyo
selidonoessuficiente pat ene una casa con pis
‘ay nahi ben vestida enn colegio ABCI. St
‘a hubiera sido por mi de ego mi mams habe
‘erminado con mi paps y se habia conseguido un
abogado, noun psicslogo. A vees, cuando pelean
(cuando ella pelea con 6, porque a no le gus
‘a gitar ni discutis), le dice quees un mediocre:
que por eso es psicélogo porque no le diol mate
para estudiar medicina, na carera de verdad,
£Elpodra responderle que por lo menos se di
6a estudiar algo y que gracias a eso vivimos,
opero nunca le contesta. Le dice ya, bueno, si, claro,
como si no le importara, aunque en el fondo, hasta
el quiltro sabe que le duele. Quizas él seria feliz si
mi mam no se hubiese quedado embarazada de
mf porque asi habria encontrado a una mujer que
lo quisiera de verdad y no estaria con alguien por
pura resignaci6n. Pero ya es demasiado tarde.
Termino de almorzar con un gusto amargo en
la boca. Limpio los platos mientras mi papa orde-
na la casa. Mi mama, a esas alturas, duerme siesta.
El quiltro hace lo mismo para capear el calor. A mi
casi se me olvida todo el asunto del espejo. Siento
el peso de cien dias en uno solo. Estoy cansada
como hace tiempo no lo estaba y estoy segura de
que no es por la mudanza ni el incendio. Subo las
escaleras a rastras, como no le gusta a mi mama.
Recorro las piezas restantes para ver en cual dor-
miré esa noche, ya que la mia es un vacio ennegre-
cido con olor a humo. No quiero dormir lejos del
manzano. Por algtin motivo, ese Arbol es mi cable
a tierra en esta casa, como si viéndolo o teniéndolo
cerca tuviera las rafces que nunca he tenido. Sin
embargo, no hay mucho que pueda hacer porque
la nica pieza desde donde se ve el manzano es la
mfa. Decido quedarme en la que esta mas lejos de
mis papas, que es chica y acogedora. Mi papa puso
68
el sofa cama de color mostaza que mi mama queria
botar porque lo encuentra viejo y ordinario, pero
mi papa se lo prohibi6. Le dijo que habia estado en
su familia toda la vida, que todavia se podia usar y
que no tenia plata para comprar uno nuevo. Hubo
una pelea por eso, pero yo me fui y no alcancé a
escuchar qué se dijeron esa vez. Mejor asf.
Abro el sofa hasta dejarlo como cama y dejo en-
cima mi mochila. Dentro de ella, esta el espejo. No
quiero verlo, no por ahora. Tengo la sensaci6n de
que el incendio lo produjo la mujer de ojos oscuros
que habita en él, 0 en la casa, 0 en mi. Sé que de
algun modo esa mujer esta ligada al espejo, aun-
que no sé cémo ni por qué. Y a pesar de que quiero
descubrirlo porque me mata la curiosidad, al mis-
mo tiempo me pregunto si ser4 bueno que lo haga,
sicon ello vendran cosas positivas o negativas. Mi
mama diria que dejara todo como esta, que no me
meta en problemas. Mi papa diria que una vida sin
verdad no es vida. El quiltro, si pudiera hablar, me
pediria que le cuente todos los detalles porque es
igual de curioso que yo. El flaco respira a través
del Play y no tiene cabeza para nada mas. Y yo...
Equé digo yo?
Abro el bolso y saco el espejo. Veo a las mujeres,
a los angeles, alados y macabros. Alguien cuyo des-
tino aan no esta decidido, dijo el viejo anticuario.
69Alguien que puede ascender a la luz o caer a la
oscuridad. Qué vaguedad. ;Quién no es asi? Todas
las personas que he conocido llevan luz y oscuri-
dad dentro. Entonces, :qué tuvo de especial esta
mujer de ojos oscuros que le fue necesario un es-
pejo para representar su dualidad? Decido que ma-
fana seguiré averiguando sobre la historia de esa
casa, ese terreno y ese espejo, pero ahora solo quie-
ro dormir. Quiero acostarme sobre el sofa cama,
dormir y despertarme en la noche a comer un pan
con palta para después volver a dormir. Estoy can-
sada y por algtin motivo, tengo pena. No me gusta
sentir pena. Siempre la he sentido ajena a mi.
Vuelvo a sonar con el espejo y la mujer de ojos
negros. Esta vez, no hay nieve negra ni manzanas
que se transforman en codgulos. El suefio de esta
noche no me habla en metaforas, al contrario, me
pinta un cuadro realista, aunque difuminado en
sus bordes. La casa donde vivo no estd, no exis-
te. En cambio, una construccién de adobe y tejas
color ladrillo esta frente al manzano. Por una de
las puertas dobles sale una mujer con falda an-
cha y café oscura, como sus ojos. Lleva una blusa
que antes debi haber sido blanca, aunque ahora
es crema y alrededor de la cintura usa un pafio
como cintur6n. Esta es la mujer que vino a mi
mente como un flash, pero ahora la veo de cuerpo
70
entero, caminando por el terreno que yo camino,
saliendo de una casa que yo no conozco. Se dirige
hacia el manzano a paso lento, nada la apura ni
la detiene. Ella es una con esa tierra, que ahora es
mia. La mujer apoya una mano en el tronco del
manzano y murmura algo que no logro escuchar.
Entonces, aparece corriendo una nifia. Es diferente
a ella. Tiene la piel blanca como la nieve, los Ojos
negros como la madera del ébano y los labios Tojos
como la sangre. Se parece a mi, pero no soy yo.
La nifa lleva un vestido celeste vaporoso y una
trenza larga atraviesa su espalda. Es linda y dulce,
como sacada de un cuento de hadas. Se detieme al
lado de la mujer y toma su mano. La mujer fija su
mirada en ella, asi que veo cémo las dos se miiran
como si fueran una sola persona y, al mismo tiem-
po, dos diferentes. No es su madre y tampoco lo
parece, pero aun asi tienen una conexi6n que no
logro entender. Es un vinculo similar al que tiene
el blanco con el negro, el agua con el aceite ola
vida con la muerte.
Apenas pienso en eso, todo se revuelve, El sue-
fio, claro y vivido, desaparece para dar paso 4 las
escenas metaforicas de ocasiones anteriores. La
negra y la nifia caen tomadas de la mano em un
remolino de hojas, ramas y manzanas. Se alejan,
se alejan, hasta que veo el espejo y mis man@s en
71su borde. Ahora soy yo quien esta frente al manza-
no, siempre con el espejo a mi lado, como si fuera
mio y no de esa mujer. Entonces, veo que el arbol
ya no tiene manzanas, sino unas ramas con hojas
largas y ovaladas. Algunas tienen flores de forma
acampanada y de un tono purpura. Si me muevo,
veo en ellas reflejos verdosos aunque su olor no lo
siento. Me llama la atencién, en especial, su fruto:
unas bayas de color negro. Gritan mi nombre, me
atraen como el huso atrajo a la princesa durmien-
te, asi que acerco mis manos y toco una de ellas.
Un dolor agudo recorre todo mi cuerpo en un solo
escalofrio. Siento la boca, los ojos y la nariz secos.
Caigo a los pies del manzano y comienzo a vomi-
tar. De mi boca salen manzanas podridas. La sen-
saci6n es tan vivida que las imagenes surrealistas
no me apartan de la realidad.
Esta noche me siento mas en un recuerdo que
en un sueno.
72
Cinco
El odio se propaga con facilidad, pens6 la mujer
mientras veia a la nifia cuidar el jardin. Podaba los
fufos que usaria como decoracién en el interior
de la casona y los dejaba dentro de un canasto de
mimbre que urdié la negra. Detuvo su mirada en
el canasto y advirtié que era una analogia perfec-
ta de la relacién que tenia la nifia con la negra: la
primera era la materia; la segunda, la urdimbre.
El odio no acaba ni siquiera con la muerte, pen-
s6 la mujer. Sin embargo, aunque tenia la certeza
de que su resentimiento por la nifia continuaria
después de que muriera, veia en esa posibilidad
un atisbo de paz. Conoceria la tranquilidad cuan-
do no tuviera que escuchar su voz de nifia convir-
tiéndose en mujer; cuando no tuviera que ver su
pelo oscuro brillar bajo el sol y la luna; cuando no
tuviera que oler los fiuios que cortaba para deco-
rar la casa de su padre. No queria mas la presencia
de la nifia en su vida porque cada dia que pasa-
ba, el odio se acrecentaba junto con su vejez. Asi,
mientras la nifa se convertia en mujer y ganaba
73vida, ella se convertfa en anciana y se acercaba a la
muerte. La vida y la muerte viviendo juntas, una
odiando a la otra, y la otra sin hacer caso del odio.
Anos atras, la negra le dijo que ella era la muer-
te y la nifia, la vida; lo cierto es que ella no repre-
sentaba ninguna pieza en ese tablero. La verdad
era otra: la nifia era la vida, la negra era la muerte
y ambas jugaban como iguales sobre el tablero.
Ella, en cambio, era un ser inferior. No inspiraba
respeto ni admiracion, ni siquiera envidia como
cuando era joven y su piel era tan firme como la
cAscara de una manzana. Lo tinico que provocaba
en sus criados era temor. Se habia convertido en
la madrasta descarifiada; en la mujer dura y fria
que nadie se atreve a mirar. Solo la negra y la nifa
pasaban a su lado con el mentén erguido y los ojos
abiertos mientras los demas agachaban cabeza y
parpados. No sabia cémo lo habia logrado, pero
la negra era respetada por todos, sin importar raza
o clase.
La nifia cumpli6 los doce afios apenas un par
de meses atras. Era una edad bonita para morir.
La mujer pensé que incluso para eso tenia gracia.
Maldita nia que ni siquiera en su muerte podia
conocer las tinieblas. Habia personas que tenian
un cordén umbilical con la luz; otras, con la oscuri-
dad. A ella le hubiese gustado pertenecer al primer
74
grupo, pero ese espacio ya habia sido ocupado por
la nifia y donde estaba la nifia, estaba su ausencia.
Asi, mientras a ella le gustaba azotar a sus escla-
vos, a la nifa le gustaba curarlos; mientras ella se
refugiaba en la soledad de la noche, la nifia disfru-
taba la compaiiia del sol. La nifia le quité cualquier
posibilidad de ser feliz. Ahora, le tocaba perder.
Llevaba semanas urdiendo su plan para que
todo resultara como lo habia pensado. Esta vez,
no dejaria espacios para errores y, por lo mismo,
la negra no podia enterarse del método que usa-
ria. Ya conocia perfectamente sus intenciones, pero
jamas permitiria que averiguara como Ilevaria a
cabo el asesinato de la nifa. Si la negra la descu-
bria, estaba segura de que impediria la muerte de
la vida. Y la vida necesitaba morir.
Hacia tiempo que habia conseguido cultivar
una planta nativa de Europa, pero con posibilidad
de crecimiento en Chile. Algunos la Ilamaban be-
lladona; otros, cereza del diablo. Le gustaba, sobre
todo, por la ambigiiedad del nombre. A la nifia co-
rrespondia la belleza; a ella le pertenecia el veneno
negro que utiliza la oscuridad. La nifia moriria de
la mano del diablo, pero, al mismo tiempo, con
la hermosura que siempre la habia caracterizado.
Miré su rostro en el espejo cuando pensé en esa
conclusién. Ya habia dejado de contar las lineas
75que lo cruzaban, ahora se enfocaba en los cabellos
blancos que nacian cada vez mas cercanos el uno
del otro. Quizds, cuando la nifia muriera, dejaria
de mirar su reflejo en el espejo. Quedaria tranquila
ante la imposibilidad de que la vida siguiera co-
rriendo tras de ella, queriendo alcanzar algo que
no tiene alcance.
Decidié que haria la mezcla la tiltima noche de
otofio. Afios atras escuché a la negra decir que el
otono simbolizaba limpieza y transformaci6n: asi
como caian las hojas de los arboles, el ser humano
también aprendfa a dejar atras aquello que no le
sirve para recibir la primavera de forma ligera y
renovada. Era precisamente eso lo que ella queria
lograr. Ya no mas cargas, culpas, arrepentimien-
tos. No mas dudas, segundas oportunidades. Ha-
bia Ilegado el momento de actuar, de hacer lo que
siempre quiso, pero que nunca le resulté. Esta vez,
nadie ayudaria a la nifia. Esta vez, su hijastra cae-
ria en un suefio eterno.
Era una noche sin luna y, afuera, las fauces del
lobo aguardaban por ella. Esperé que la casa com-
pleta durmiera para prender la vela que iluminaria
su camino por el jardin. Dejé caer la cera derretida
dentro del candelabro y luego apret6 con firme-
za la base de la vela sobre él. Cuando estuvo lo
76
suficientemente estable, giré despacio la manilla,
aunque no pudo evitar que la puerta crujiera. Sa-
bia que la nifia no despertaria; su Preocupacién era
la negra: no queria que la viera ni mucho menos
que se enterara del plan que durante tanto tiempo
fraguo. Sin embargo, ningtin otro sonido le res-
pondio. Al parecer, nadie despert6. Con la mano
derecha alz6 el candelabro a la altura de su pecho
mientras con la izquierda hacia un escudo para
que la llama no se apagara. Camino hasta la puerta
de salida mas cercana, la abrié suavemente y salid.
El frio de la noche la recibié. El viento corrfa,
pero no lo suficiente como para que el fuego cedie-
ra, aunque si para colarse entre los pliegues de su
vestido, largo y vaporoso. Apreté los dientes y fue
hacia el fondo del jardin, donde habia plantado la
cereza del diablo. Estaba en el rincén mas himedo
y lagubre que encontré, lugares que la nifia ni la
negra jamds visitaban. No fue necesario contar con
mucha luz para ver la planta que casi alcanzaba el
metro de altura. Se arrodillé cerca de ella y obser-
vo sus bayas negras, que emanaban el olor de la
muerte. Dejé el candelabro a un lado y del escote
de su vestido sacé un pafwuelo blanco con el cual
comenz6 a coger las bayas, una a una. Con diez
tendria mds que suficiente; seria imposible que la
nina resistiera esa dosis. Creyé ver una sombra
77pasar detrds suyo, pero cuando se volteé solo le
contest6 el murmullo del viento. Cuando hubo ter-
minado de obtener los frutos, tomé el candelabro
y emprendi6 rumbo de vuelta a la casa. Sin que
nadie aparentemente lo advirtiera, entré de nuevo
a su dormitorio y cerré la puerta con doble Ilave.
Dejé las bayas y el candelabro encima del to-
cador y, luego, del primer cajén extrajo un peine
de carey con forma de flor y siete dientes largos.
Era el peine preferido de la muerta. La madre de
la nifia lo usé hasta pocos dias antes de morir y
cuando finalmente dejé a su marido, este lo guar-
do para él. Era uno de los tantos trofeos que tenia
de la muerta, recuerdos que le hicieron imposible
olvidar la presencia de la mujer y la hermosura de
la nifia. Probablemente, si el padre estuviera con
vida, le habria legado el peine a su hija, pero ella
no queria darle esa felicidad ni tampoco estaba
dispuesta a ver la copia de la muerta caminando
por los pasillos de la casa con su peine y belleza.
El peine pasé afios guardado y empolvado en el
primer cajén de su tocador, pero habia llegado el
momento de liberarlo. Con su libertad, ella por fin
quedaria libre a su vez de la nina.
Extendié el pafiuelo donde estaban apiladas
las bayas de belladona sobre el tocador y, con los
dientes del peine, las aplasté una a una. El borde
78
i ea
de carey las rompié facilmente hasta empaparse
por completo con su liquido oscuro. Cuando ya
no quedaban bayas por aplastar, envolvié el peine
con el mismo panuelo y lo guardo dentro del pri-
mer cajon. Ahi lo dejo reposar toda la noche para
que sus dientes se impregnaran del veneno. A la
manana siguiente, sacé el peine una vez mas, aun-
que en esta ocasi6n no tenia intencién de volver a
quedarse con él. Se puso sus guantes blancos de
encaje y tomé el recuerdo de la muerta. Cruzé la
casona hasta llegar al dormitorio de la nifia. Llamé
a la puerta y su voz, dulce y tierna, le contest6 del
otro lado para que entrara. Tomé aire para llenar
sus pulmones y con la exhalacién, giré la manilla.
La nifia arreglaba una de las flores que decoraban
su pieza; cuando la vio, le sonrié apenas. Ya no era
tan ingenua como cuando tenia siete afios y en su
mirada se advertia cierta desconfianza.
Tengo algo que te pertenece, le dijo sin alifiar
su voz de tonos melosos que pudieran hacerle
sospechar. Un objeto que, en realidad, pertenecid
a tu madre. Solo cuando dijo esa tiltima palabra,
la nifia dejé el florero y se dio media vuelta para
mirarla. Piel blanca, pelo negro, labios rojos que
la persiguen, la miran y la increpan. Ya no mas,
pens6, ya no mas. Abrié la palma de su mano pro-
tegida por el guante de encaje y le mostré el peine
79)de carey. Tu padre lo guardé y me pidid que te lo
entregara cuando tuvieras edad suficiente; ese dia
ya llegé, le dijo con el brazo extendido para que
la nifta lo recibiera. Y lo hizo. Lo tomé entre sus
dedos temblorosos y los ojos aguados; lo miré con
detenimiento como si estuviera frente a la muerta
y no frente a un peine viejo y lleno de veneno. En-
tonces, lo llevé a su boca, cerré los ojos y lo beso.
Lloré cerca del peine como si fuera la mejilla de
la muerta. Gracias, le dijo y a la mujer le hubie-
se gustado responder, por primera vez, gracias a
ti. Gracias por hacer esto tan facil, por no poner
resistencia. Gracias porque esta noche ya estaras
muerta. Sin culpas ni remordimientos, finalmente,
le estaria haciendo un favor: volveria a encontrarse
con sus padres, los muertos vivientes que siempre
le pertenecieron.
No hizo falta que llegara la noche para que la
nifia cayera a la cama. Un par de horas mas tarde,
la cereza del diablo ya circulaba por cada rincon
de su cuerpo. Sus efectos hipnéticos la hicieron
caer en un estado de sopor que ni siquiera la negra
era capaz de entender. Las alucinaciones llegaron
junto con las incoherencias. Dijo que su padre es-
taba vivo y que solo sentia decepcién por la mujer
que dejé entrar a su casa. jLa negra tenia razén!
jLa negra tenia raz6n!, gritaba euforica mientras
80
su criada le ponia paiios mojados sobre la frente.
La mujer observaba la escena desde el marco de
la puerta para ver a su hijastra morir. Sabia que
los efectos de la belladona apenas comenzaban.
Luego se le secarian boca, nariz y ojos; le vendria
una risa incontrolable, le seguirian los vémitos, la
migrana, la sudoracion y, finalmente, la paralisis.
Una muerte dramatica, digna de la nifia. No podia
sonreir, pero queria hacerlo. Disfrutaba la caida de
la nifia porque a medida que descendia a las ti-
nieblas, sentia su propio ascenso. Sin embargo, no
despertaria sospechas. Se dirigié con paso firme
hasta su dormitorio y se senté frente al espejo que
anos antes le regalé la negra. Miré su boca, que
no era roja como la sangre; su pelo, que no era ne-
gro como la madera del ébano; su piel, que no era
blanca como la nieve, y se alegr6. Una corriente
de felicidad, que no sentia desde que su marido le
pidio matrimonio, cruz6 su cuerpo. Siempre que
estaba frente a ese espejo, veia la sombra de la nifia
tras de ella, pero no esta vez. Alivio, libertad y jus-
ticia. Sus deseos de los tltimos diez anos, por fin
llegarian a ella.
La puerta de su dormitorio se abrié de golpe.
Solo habia una persona capaz de desafiarla de esa
manera. La negra la sefial6 con su dedo indice.
No permitiré que nada le pase a la nifia, le afirm6é
81amenazante. Y si algo le ocurre, su muerte se fun-
dira con la de ella. Los dedos de la mujer, finos y
largos, recorrieron el borde del espejo. Lo tallaste
tu, ¢cierto?, preguntd. La negra no contest6, pero
su silencio respondié la pregunta. Lo tallaste solo
un tiempo antes de que yo apareciera; recuerdo
que cuando me lo entregaste, estaba nuevo. Lo
miré y ya no pude despegar mis ojos de él. Al prin-
cipio crei que era solo mio, como si el espejo for-
mara parte de mi, pero no. Este espejo somos tu,
la nifia y yo. Angeles macabros que en ocasiones
ascendemos y otras, caemos. La negra se acercé a
ella lentamente, paso a paso, hasta quedar tan cer-
ca la una de la otra que podian oler su aliento. El
espejo muestra lo que uno quiere ver, le dijo. Us-
ted quiere ver la muerte de la nifia en su vida, pero
la nifia no morira. La nifia nunca morira. Salié de
la habitacién tan rapido como habia entrado, de-
jando a la mujer con la sola compaiiia del espejo:
era tiempo de sanar a la nifia.
Fue hasta su dormitorio y, una vez ahi, eché a la
criada que cuidaba de ella. Nadie manejaba como
ella el arte de la curaci6n con plantas medicinales
y necesitaba soledad para trabajar. La nifia estaba
mas palida que de costumbre y sus pupilas dila-
tadas corroboraban la presencia del veneno en su
cuerpo. No necesitaba preguntarle a la mujer qué
82
le habia dado: reconocia la cereza del diablo con
facilidad. Se senté sobre la cama al lado de la nifia
y pas6 otro pao htimedo alrededor de su cara,
banada en sudor. El cuerpo de la nifia estaba ahi,
pero su espiritu se distanciaba cada vez mas de
la tierra. Es habil su madrastra, le dijo mientras
remojaba de nuevo el pano en el recipiente con
agua. Supo que yo no estaria dispuesta a ayudarla
y planté la semilla mas fatal que encontré. Luego
estrujé el pafio y dio toques suaves sobre el rostro
de la nina. Pero usted es fuerte, nifia. Y yo mas,
anadié la negra.
La negra se levanto y de los bolsillos de su fal-
da sacé el unico antidoto posible para el vene-
no de la belladona: haba del Calabar. Ayud6 a la
nifia a incorporarse, metié sus dedos dentro de
la garganta hasta que comenz6 a vomitar. Nece-
sitaba que tuviera el est6mago vacio para darle
el antidoto y que, de esta manera, surtiera efecto.
Cuando ya no quedaba nada dentro de ella, le
administré la medicina y la volvié a recostar. La
negra advirtid que sus labios ya no eran rojos,
que su pelo tenia el color de la muerte y su piel
se fundia con el blanco de las sabanas. La nifia era
nieve negra sobre la cama.
Antes de que fueras concebida, ya esperaba
por ti. Desde que naci, esperaba por ti. Porque la
83oscuridad necesita de la luz, asi como la muerte
necesita de la vida.
Vuelve a mi, nieve negra.
Vuelve a mi.
84
Cuatro
Anoche tuve el suefio mas hicido de mi vida. Tam-
bién, el mas raro. La mujer de piel oscura me inspi-
ra una confianza que jamas he sentido por nadie,
a excepcion del quiltro. El suefo (0 pesadilla, o
recuerdo, ya no sé qué diablos fue) hizo que me
desvelara, asi que pasé practicamente toda la no-
che despierta. El sofa cama tampoco fue de ayuda
porque el colchén es duro y angosto, y yo me mue-
vo como torbellino mientras duermo. En resumen,
estaba condenada a pasar una noche fatal.
Cuando son las siete y empiezo a sentir ruidos
en la cocina, bajo las escaleras para tomar desayu-
no. Ahi estén mis papas que, al parecer, ya se re-
conciliaron porque mi pap le prepara un pan con
mermelada a mi mama. Cuando me ve, pregunta
si quiero uno y le respondo que si. Ademas del
pan con palta, la mermelada es mi preferida para
despertar con Animo. Sin embargo, no sé por qué
intuyo que ni siquiera eso me ayudara a tener un
buen dia. Ultimamente he sentido que algo viene
por mi 0 que yo estoy a punto de alcanzar algo.
85De cualquier modo, no sé qué es y me carga la incer-
tidumbre. Por lo mismo, estoy decidida a resolver
el misterio del espejo (y del manzano), pero antes
comenzaré por mi suefio de ayer. Las imagenes
corrieron muy rapido y varias de ellas ya se mez-
claron o se me olvidaron, menos una: la planta de
flores acampanadas y con pequefios frutos negros.
Necesito saber qué planta es y qué significado pue-
de tener para mi, porque algun motivo debe haber.
Mi papa deja el pan al centro de la mesa y mi
mama hace un gesto para que yo me sirva prime-
ro. Ella tiende a hacer eso conmigo; no sé si piensa
que la comida estara envenenada y prefiere que la
pruebe yo antes o simplemente es de buena onda.
Puede sonar paranoico, pero no confio en la buena
onda de mi mama porque ella nunca lo ha sido.
Cuando era joven, por ejemplo, era de esas com-
pafieras de colegio que acusaban a los demas ante
la inspectora, no prestaba los apuntes y competia
por las notas. Lo sé porque mi papa, que estaba en
su mismo curso, me lo ha contado. El, en cambio,
era el tipico nerd que armaba grupos de estudios
con los més porros para ayudarlos a pasar de afio.
Los dos se conocieron en uno de esos grupos, de
hecho. Mi papa dice que ayud6 a mi mama a pasar
Fisica porque no entendia nada, pero mi mama,
hasta el dia de hoy, no lo reconoce. Dice que solo
86
queria conocerlo y que, por eso, inventé la excusa
de ser mala en un ramo cuando en realidad era la
mejor alumna de su generacién. Yo le creo a mi
papa porque él no sabe inventar nada y, por otro
lado, ya he pillado en varias ocasiones a mi mama
diciendo mentiras blancas para justificar sus deu-
das en la tarjeta de crédito. Obviamente, mi papa
no le cree, pero esté mas dispuesto a seguir pagan-
do las cuotas interminables que agregar otra pelea
a su lista de discusiones.
Saco un pan y me lo como en menos de un mi-
nuto. Mi mama pone los ojos en blanco, no le gus-
ta que coma con ansiedad. Hoy dia necesito ayuda
para colgar los ultimos cuadros, dice mi mama al
aire. Odio cuando la gente pide las cosas asi, me
gustan las personas directas. No escucho mi nom-
bre, asi que no me doy por aludida y sigo comien-
do. Como sabe que hoy mi papa debe volver a la
pega y que, por lo tanto, él no podra ayudarla, esta
vez me habla directamente. Ti, qué pretendes ha-
cer hoy? Le respondo una mentira blanca, como
ella me ensefié. Necesito averiguar el misterio de
los ultimos dias, y perder el tiempo colgando cua-
dros no es una posibilidad. Mi mama dice algo asi
como que no importa porque esté acostumbrada
a hacer todo sola; luego levanta su loza sucia y la
deja dentro del lavaplatos con un gesto dramiatico.
87Entonces, se va de la cocina. Quiero decirle a mi
papa que no sé cémo la soporta, pero sé que me
contestard que son las hormonas y que esta em-
barazada. Mi papa tiene una forma muy practica
para mentirse a si mismo.
Termino de tomar desayuno, lavo los platos y
voy directo a la ducha. No quiero dejar espacio
para que mi mama empiece a joder y deba que-
darme con ella colgando cuadros, asi que lo mejor
es salir de la casa con mi papa y que él me deje
en algtin cibercafé. Todavia no tenemos Internet
y necesito averiguar con qué planta sofé, es decir,
necesito Google. Estoy lista en menos de quince
minutos, bajo las escaleras corriendo y veo que mi
papé esta a punto de irse. No le doy tiempo a mi
mamé para que pregunte donde voy 0 a qué hora
vuelvo porque parto corriendo al auto y me meto
en el asiento del copiloto. Veo que mis papas con-
versan hasta que se despiden con un beso en la
boca; el beso me parece insipido, como el que me
di hace un tiempo atras con el flaco para probar
qué onda, qué se siente. Mi papa sube al auto, deja
el bolso en el asiento de atras y me pregunta don-
de quiero que me deje. Lo primero que se me viene
a la cabeza es una biblioteca nueva que pusieron
en Plaza Nujioa. Arranca el motor y diez minutos
después estoy dentro de la biblioteca.
88
Empiezo a buscar en Google, pero pronto me
doy cuenta de que no sé cémo hacerlo para aco-
tar. “Planta con hojas acampanadas”, resultados:
93.400; “Planta con bayas negras”, resultados:
155.000. Podria estar todo el dia y la noche y, aun
asi, no daria con la planta que sofé. Entonces, me
acuerdo de la maratén de American Horror Story
que me pegué con el flaco: si hay algo en comun
entre la serie y mi suefio es que ambos son sér-
didos, oscuros y extrafios. Casi diab6licos. Busco:
“Planta venenosa de hojas acampanadas y bayas
negras”, resultados: 3.380, aunque solo uno Ilama
mi atenci6n: Atropa belladonna. La descubri.
Las paginas en Internet dicen que esta planta
siempre estuvo relacionada con las leyendas y, so-
bre todo, con la brujerfa. Su principio activo es la
atropina, que produce justamente aquello que senti
en mi sueno: boca, nariz y ojos secos, aunque tam-
bién tiene otros efectos, como el aumento del ritmo
cardiaco 0 la distorsién en la visién, haciendo que
los objetos cercanos se vean borrosos. A medida que
leo sobre la planta, se me vienen mas sensaciones
e imagenes a la mente. Veo la mano oscura de la
negra pasar sobre mi frente hasta llegar a los parpa-
dos y cerrarlos. No me da miedo, al contrario, hay
algo que me hace sentir c6moda con ella como si la
conociera desde nina y no tuviera por qué temerle.
89Toda la vida he considerado que no tengo una
pizca de supersticién. Es una de las similitudes
que tengo con mi papa. Para mi, aquello que no
tiene ldgica simplemente no entra en mi radar de
posibilidades. Hoy, sin embargo, es la primera vez
que siento lo contrario. No tengo ninguna prueba
de lo que voy a decir, pero no puedo evitar sen-
tir que pertenezco mas a esa realidad de suenos,
espejos y manzanos que a esta. He crecido con la
sensacion irrevocable de que cai en mi familia por
pura mala suerte, porque mi mamé era lo suficien-
temente conservadora como para no atreverse a
ser madre soltera y mi papa no era lo suficiente-
mente valiente como para decirle que seria un pa-
dre presente, pero sin matrimonio de por medio.
He crecido sintiéndome desfasada, como si no per-
teneciera a mi familia, a mis amigos ni a mi €poca.
Hasta hoy.
Vuelvo a la casa con la vista pegada al suelo
y los hombros caidos. No sé por qué, pero siento
como si viniera llegando de la guerra 0, mejor di-
cho, recién entrando a ella. No quiero tener que
ver la cara de mi mam, pero ahi esta arreglando
su casa nueva con una sonrisa a medias para recal-
carle a mi papa que ella no queria vivir ahi. Paso
de largo y me alegra que no me llame para que la
90
ayude con un problema ficticio. Subo las escaleras
en direccién a mi nueva (aunque antigua) pieza,
desde donde veo el manzano. Apoyo los codos en
el lugar donde antes del incendio estaba la venta-
na y centro mis ojos en el arbol. Le pido a la negra
que si de verdad existe, no me deje sola y me en-
serie el camino de vuelta a casa. Como respuesta
recibo un langiietazo del quiltro en mis pies. Sé
que a mi mami le dard un infarto si lo ve dentro
de la casa, asi que le pido que me siga en silencio
hasta mi actual pieza con el sofa cama. Nos debe-
mos ver ridiculos echados encima de un colch6n
del ancho de mi espalda, pero me gusta tener al
quiltro asi de cerca. Quizds sea porque él y yo nos
parecemos: tenemos una familia a la cual, en reali-
dad, no pertenecemos.
Me quedo dormida porque tltimamente todo
lo que hago es investigar sobre el espejo y dormir.
Lo hago de forma consciente porque sé que el tini-
co modo para ponerme en contacto con la negra es
sofiando. Y esta vez, no es la excepcion. La negra
llega a mis suefios al poco rato de cerrar los ojos.
La veo nitida como la noche anterior antes de que
apareciera la belladona. Lleva la misma falda lar-
ga y café junto a la blusa color crema. Su tenida
me dice a gritos que no es de este siglo, aunque si
del mio, aquella época en la que verdaderamente
91siento que vivi y de la que, por algun motivo que
desconozco, me extirparon.
La negra llora a los pies del manzano. No la
conozco lo suficiente; aun asi, es raro verla llorar.
Es una imagen que no me hace sentido con ella.
Me gustaria acercarme y dejar caer mi mano sobre
su hombro, pero en este suefio no tengo cuerpo,
solo vision. Es como estar viendo una pelicula de
la cual se quiere participar, aun sabiendo que no
se puede, que es imposible hacerlo. Y parece que
la negra es capaz de escuchar mis deseos 0 pensa-
mientos, porque es ella quien gira su cabeza para
mirarme. Fija sus ojos en los mios y me dice algo
que no escucho. No entiendo, le digo (0 pienso que
le digo), pero ella vuelve a repetir palabras que no
llegan a mis oidos. Veo que el manzano empieza
a arder desde las frutas a sus raices y la negra se
pone a gritar como lo harfa mi mama. La negra
parece loca, pero sé que no lo esta.
Antes de que las llamas devoren todo mi sueno,
logro escuchar las palabras de la negra.
Vuelve a mi, nieve negra.
Vuelve a mi.
92
Tres
Una vez mas, la nifia gané. La nifia siempre gana,
pens6 mientras trituraba con su mano uno de los
fufios con los que le gustaba decorar la casa. Le
gustaria hacer lo mismo con ella: tomar el cuello
entre sus manos y romperlo. Pero no puede por-
que la negra siempre esta acechando, siempre va
dos pasos delante de ella. Tres veces intento asesi-
nar a la nifia, aunque solo habia conseguido matar
asu marido y levantar sospechas. Sabia que solo le
quedaba una oportunidad y no podia fallar. Esta
vez, no fallaria.
La nifa tenia quince afios y, para ese entonces,
la mujer ya habia advertido que la unica solucién
para climinarla de su vida era por medio de la
negra; solo ella tenia el poder suficiente porque
la negra era la muerte y la muerte siempre se
llevarfa a la vida. Debia ser capaz de lograr una
alianza inquebrantable, pero era dificil. Por algain
motivo que ella desconocia, la negra no queria
que la nifia muriera. Convencerla: esa era la so-
luci6n. El primer recurso que se le ocurri6 fue el
93
‘latigo. Mandar a buscarla, amarrarla a un tron-
co y azotarla hasta que aceptara sus condiciones,
pero pronto comprendi6 que era una mala idea.
La negra no respondia a los abusos. Ademas, {se
atreveria a hacerle algo asi? Llevaba mas tiempo
del que ella podfa siquiera imaginar en esa casa y,
la verdad, parecia ser la tinica duefia de la tierra
y de las almas. Su marido ya le habia advertido
acerca de las leyendas que giraban alrededor de
la negra. Mas de una vez le dijo que se mantenia
viva gracias a la magia, oscura como ella. Le re-
petia que desconocia su origen o el momento en
el que lleg6 a trabajar con su familia. Desde que
era nifio, la negra era la misma vieja de siempre.
Algunos decian que el pacto con el diablo le per-
mitia seguir con vida; otros creian que en realidad
estaba muerta. La muerte no envejece ni se va, le
dijo su marido una vez. La muerte ronda en silen-
cio y todo lo sabe, le dijo en otra oportunidad. La
negra es el fantasma que todos temen y que nadie
quiere tener en su contra, le dijo dias antes de mo-
rir. Y ella estaba de acuerdo con esa leyenda.
Era una noche de verano cuando decidié hablar
con la negra. Transcurrieron meses desde el ultimo
atentado a la nifia y crefa que el tiempo le daria la
sabiduria necesaria para aceptar su proposicién.
94
Caminé6 con paso firme y decidido hasta la habi-
tacién de la negra y abrid la puerta de golpe; si
queria tener un pacto con ella, no podia dejar que
viera su miedo. La negra estaba sentada en el bor-
de de su cama, aguardaba. La sefiora viene a pro-
poner un trato, le dijo, siempre dos pasos delante
de ella. Hable, que la negra sucia no sabe esperar.
La mujer cerré la puerta tras de si y hablo. Con
los afios me he dado cuenta de que te gusta actuar
con equidad, negra, y equidad es lo que pediré.
La nifia ha sido la maldicion que pesa sobre mi
desde que llegué a esta casa; por ella perdi a mi
marido, mi belleza, el respeto de mis criados y la
posibilidad de ser feliz. Es justo, por tanto, que la
nifia reciba una maldicion. La negra asintio. Ese
trato es equitativo para usted, pero zes justo para
mi? Qué hace la muerte sin la vida?, pregunt6
la negra. La mujer sonrid como si con esa sonrisa
lograra estar por encima de la negra. Yo propongo
un pacto y un trueque: la maldicion para la nina
a cambio del terreno. La negra rio a carcajadas.
Lo que la sefiora ofrece es imposible, no esta per-
mitido que una negra como yo sea duefa de una
chacra, le dijo con voz aspera. No ofrezco dominio
sobre el terreno, negra; ofrezco la posibilidad de
seguir aqui. Me puedes maldecir una, dos, tres ve-
ces por echarte de mi terreno, pero no me importa:
95/
ya estoy maldita por la peor de las maldiciones,
que es esa nifia. Lo logré. Por primera vez, alguien
estuvo por encima de la negra. Estaba atada a ese
terreno como el marido a la nifia o ella al espejo.
Fue entonces cuando entendi6 por qué: tierra, nina
y espejo eran la raiz. La negra no podia vivir sin
su tierra porque estaria vacia; el marido prefirié
morir antes de que lo hiciera la nifia, la inica ra-
zon que lo mantenia respirando; ella no podia se-
pararse de su espejo porque en él siempre estaria
su reflejo. Cada dia el espejo absorbia su imagen y,
algtin dia, volveria a mostrar lo que antes estuvo
ahi. Quitarle la tierra a la negra, era quitarle la hija
al padre o el espejo a la mujer. Y la negra lo sabia.
Yo haré la maldicién, pero usted condenaré a
la nifia, dijo la negra, que no queria mancharse las
manos. A ella, sin embargo, nada le podria impor-
tar menos. Asintid, pero no se fue del dormitorio:
queria conocer cada detalle porque, esta vez, no
fallarfa. Mafana, cuando la luna esté en su punto
mas alto, llevaré a la nifa a los pies del manzano.
Ahi vera sus frutos, pero solo uno Ilamara su aten-
cién. Seré una manzana preciosa, capaz de hacerle
agua la boca a cualquiera que la viese. La sacaré
del arbol y la cortaré en dos mitades: usted come-
ra la parte blanca y la nifia, la roja. Cuando eso
ocurra, nadie sera capaz de impedir la maldicién.
96
No haga mas preguntas, porque la negra no dara
respuestas. La mujer quedé conforme. Abandoné
la habitacién de la negra con un sabor dulce en
la boca. ;
El dia siguiente se hizo lento y tedioso. Contaba
las horas para dejar de ver a la nifia y pensaba en
qué lugar la enterraria; solo sabia que no la dejaria
descansar al lado de su marido. Cada cierto tiem-
po iba hacia el manzano para ver si el fruto del
cual le hablé la negra ya habia aparecido, pero nin-
guna manzana Ilamaba especialmente su atencién.
Mientras, la nifia leia en uno de los salones de la
casa. Estaba sentada en un sillon de color escarlata
que hacia contraste con su pelo negro. Se detuvo
en ella y la recorrié con su mirada hasta advertir
lo poco que le quedaba de nifia. Era, sin duda, la
ultima oportunidad que tenia para deshacerse de
ella porque cuando fuera una mujer, no habria po-
sibilidad de engafio. Cuando la nifia dejara de ser
nina, ella tendria que abandonar la casa. Por eso,
el pacto con la negra llegaba en el mejor momento.
Solo cuando el sol se escondié para dar paso
a la luna, sintié un asomo de tranquilidad llegar
hasta ella. Faltaban unas cuantas horas para llevar
a cabo el plan que, por fin, seria capaz de sacar a
la nifia de su vida. La negra desaparecié junto con
97pregunté la madrasta y dio un paso hacia delante.
La nifia no respondi6.
La mujer sacé una pequefia navaja de su bolsi-
llo y corté la manzana en dos mitades, quedando-
se ella con una y la nina con la otra. Ahora, las dos
podremos disfrutar de ella, dijo, y le dio un mor-
disco a la parte blanca. La niita, que miraba la fruta
como si le fuera la vida en ello, vio a la madrastra
morder la manzana y no se pudo resistir. Apreto
su mitad con ambas manos y se metié a la boca
el trozo con la parte roja. Apenas el primer trozo
cruzo su garganta, sintid que esta se cerraba, im-
pidiendo el paso del aire. La manzana cayé y rod6
hasta los pies de la madrasta, que la contemplaba
Ilena de rencor. La nifia llev6 sus manos al cuello
y, como antes lo hubiera hecho la manzana, cay6
al suelo. Ahi, paulatinamente sucumbi6 al ahogo
hasta que solo vio oscuridad.
Murié como nacié, pensé la mujer: blanca como
la nieve, roja como la sangre, negra como el ébano.
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:|
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semis
Dos
Me despierto a ratos, pero pronto vuelvo a dor-
mir. Tengo la sensacion de que no soy yo y, aun
asi, me siento mas consciente de mi que nunca.
Desde ayer que no he podido levantarme. Tengo
fiebre, escalofrios y suefos que, a veces, se trans-
forman en pesadillas. Mi papé me conté que me
he despertado en tres ocasiones llamandolo. Grito
padre, no me dejes, y él decide no dejarme, asi que
se queda a mi lado hasta que vuelvo a quedarme
dormida. Yo no sé si lo llamo a él 0 Ilamo a otro
padre, uno que solo mi subconsciente recuerda.
Ahora entiendo, a medias, lo que quiso decir esa
tarotista que mi mama vio ajios atrds. Le asegur6
que yo estaba maldita, que he vivido muchas vi-
das y, por primera vez, le creo. Porque la sensacion
de esas pesadillas no puede ser ficcion. Mis suenos
no hablan de personas 0 sentimientos ajenos a mi,
sino de manzanas, espejos y mujeres que sé, co-
nozco. El flaco me diria que la situacién es como
esas peliculas donde la protagonista recibe sefales
para terminar averiguando que en realidad estamuerta, pero yo me siento mas viva que nunca. He
pasado mis quince afios sintiéndome despreciada
por mi mama; creyendo que he condenado a mi
papa a una vida que pudo haber sido mejor de no
ser por mi. Hoy, con fiebre, escalofrios y pesadi-
llas, por fin reconozco que quizas esta realidad no
fue hecha para mi.
No sé por qué llamo a mi papa en suefos, cuan-
do en ellos no recuerdo la presencia de un padre,
sino de dos mujeres: la negra, que me ha perse-
guido desde que encontré el espejo, y la mujer de
vestidos vaporosos y elegantes. La primera me
produce sentimientos contradictorios: confian-
za y, al mismo tiempo, resquemor. Algo que me
hace creer en ella, pero con miedo. La segunda
solo me genera tristeza. Veo en sus ojos la soledad
que hay en los mios. Tengo un mundo en comin
con esa mujer y de algtin modo que no entiendo
y desconozco, creo que existe un abismo entre no-
sotras. Ella a un lado, yo al otro. Nuestro puente
es la negra; ella es el canal que nos une, aunque
no he logrado descifrar por qué 0 c6mo lo hace.
Desconozco la identidad de la negra y de la mujer;
entonces, {cémo sé que las recuerdo?
El quiltro ha pasado mas de diez horas se-
guidas echado a mis pies. Dicen que cuando los
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animales se acercan de esa forma a sus duefios, es
porque prevén su muerte. Si es asi, no tengo mie-
do. Mi mama esta histérica y trata de darme todos
los remedios que encuentra dentro de la casa, pero
yo los escondo y luego los tiro a la basura. A pesar
de la fiebre y el reposo dentro de la cama, no me
siento enferma. La sensacion que tengo es total-
mente diferente, como si esto fuera solo un camino
para depurar y soltar aquello que no me sirve y
asi estar preparada para lo que vendra. Intenté
decirle esto mismo a mi papa, pero él cree que des-
vario; piensa que el supuesto virus que tengo me
produce las altas temperaturas acompanadas de
escalofrios, pero esta equivocado. El quiltro, por
el contrario, si me cree. Lo veo en sus ojos y en el
modo de acompainarme, como si supiera que ya no
habra mas ocasiones como estas.
éLlevard mi madre luto por mi muerte? Proba-
blemente lo haga durante un tiempo para que la
gente no piense ni hable mal de ella, pero apenas
nazca mi hermano o hermana, el luto sera una mala
anécdota de la cual no querrd hablar. Mi padre y
el quiltro, en cambio, se tehiran de negro durante
mucho tiempo. Lo bueno sera que, con ese dolor,
mi papa tendra el valor suficiente para separarse
de mi mama y armar una vida que realmente se
merezca. E] quiltro se ira con él y tampoco tendra
103que aguantar el maltrato de mi mama cuando le
dice que es un perro picante y desordenado. Pienso
en esto y pido que la fiebre me suba para descubrir
de dénde vengo y, al mismo tiempo, legarles una
mejor vida a mi papa y al quiltro. Asi debié haber
sido siempre, pero algo me arrastro a este entorno
que no me pertenece.
Siento la lengua del quiltro pasar sobre mi me-
jilla antes de volver a quedarme dormida. Los sue-
fos ahora parecen mi realidad, y me siento mas
cémoda en ellos. Aparece la negra con el espejo en
sus manos. Se mira hasta que advierte una presen-
cia junto a ella, entonces lo da vuelta y veo mi re-
flejo en él, aunque no estoy en la escena. La negra
vuelve a girar el espejo hacia ella, murmura una
palabra que no escucho y me lo muestra de nuevo.
Ahora, veo el reflejo de la mujer, que, sin embargo,
tampoco esta ahi. Parece como si el espejo fuera
un album capaz de mostrar imagenes que una vez
guard6, aunque en él solo caben las personas am-
bivalentes como los angeles que lo coronan: aque-
llas que estan a mitad de camino entre la luz y la
oscuridad, entre la vida y la muerte. La negra, la
mujer y yo formamos parte del espejo. La negra lo
tallé exclusivamente para nosotras tres.
La negra arroja el espejo al suelo y se quie-
bra en cientos de pedazos pequefios. Los vidrios
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comienzan a unirse hasta formar una raiz que
se hunde en la tierra. De ella crece un arbol que
reconozco con facilidad: es el manzano que veo
desde mi ventana. Entonces, abro mis ojos. El
quiltro sigue ahi. La fiebre y los escalofrios, tam-
bién. Veo la hora en el reloj de mi celular y sé que
mis padres estaran durmiendo. Me levanto de la
cama como si fuera una sombra. El quiltro esté a
punto de seguirme, pero me acerco a él, le hago
carifio en sus orejas y le pido que se quede. Me
mira y sabe que es una despedida.
Camino por el pasillo y bajo las escaleras para
salir de la casa. Quiero ir al manzano. Quiero ver
el manzano. Mis padres pensarian que estoy aluci-
nando, mi mamé querria darme un clonazepam y
hacerme dormir. Yo solo quiero Hegar al manzano,
encontrarme con la negra, salir de la carcel en la
que estoy.
Cuando estoy frente al Arbol, solo una de sus
manzanas llama mi atencién. Es roja, brillante y
perfectamente esférica. Morderla seria romper un
pedazo de esa totalidad. Me gusta la idea. Tiro de
ella hasta que logro desprenderla de la rama. No
lo pienso dos veces y le doy un mordisco. Caigo al
suelo, cierro los ojos.
Ahora, solo queda despertar.Uno
Blanca como la nieve, roja como la sangre, negra
como el ébano, pens6 la mujer cuando escuché los
pasos de la negra detras suyo. No se dio vuelta.
No queria mirar su cara, porque sabia que la ne-
gra no disfrutaba como ella con esa vision. La nifia
siempre debié haber estado en el suelo, justo bajo
sus pies. Lo consigui6, dijo la negra. La nifa mor-
dié la manzana y con ello rompié la linealidad de
su vida. Ahora, vivira maldita, una vida tras otra,
escindida hasta que el sol y la luna se cansen de
aparecer en el cielo. Solo volverd a unirse cuando
recuerde de donde viene. La madrastra apret6 sus
manos en pufio y se volteé, ahora si, para mirar
los ojos de la negra. Te dije que la queria muerta,
zy ahora me dices que hay una posibilidad de que
reencarne, negra traidora? No habia una sonrisa
en su rostro, pero sus labios estaban apretados;
veia la felicidad y el triunfo en sus gestos. La negra
nunca perdia; la nifia tampoco.
Si queria a la nifia muerta, pues entonces de-
bid decir muerte. La sefiora hablé de maldicion y
107toda maldicién puede ser revertida, explicé la ne-
gra que se acercaba al cuerpo de la nifia. La mujer
solo escuchaba la furia de su coraz6n. Su tinico
consuelo, el que la nifa estuviera dormida e iner-
te y, por lo tanto, imposibilitada de encontrar el
camino de vuelta a casa, se rompid mas rapido de
lo que pens6. Un sonido ahogado emergié de la
nifia. La negra la sostuvo en sus brazos y sin la ne-
cesidad de hacer nada, el pedazo de manzana sali
expulsado de su boca. La mujer cayé de rodillas al
suelo con la mirada vacia. Su intento de felicidad
se desvanecié.
La negra tomé6 el pedazo junto a la manzana
que habia rodado al caer y unié ambas partes
como si fueran un puzle. Apenas lo hizo, el fruto
volvi6 a su perfecci6n inicial y la respiracién de
la nifia se normalizd. Negra sucia, negra traidora,
repetia la mujer, pero la negra no hacfa caso a sus
comentarios. La nifia puso la palma de su mano
sobre la mejilla de la negra. Lo recuerdo todo, le
dijo. Vivi una vida tras otra sin recordar, sin saber
quién era realmente, por qué vivia en compafiia
de una madre que nunca me queria y un padre
siempre infeliz. Ahora, lo recuerdo todo. La negra
asinti6; la madrastra entendio. Negra y nifia vivi-
rian siempre juntas como la vida y la muerte; la
luz y la oscuridad.
108
La mujer arrastré6 su mano por la tierra hasta
alcanzar la manzana. La tomé6 con fuerza y apreté
sus dedos alrededor de la piel roja. Para ella, era la
ultima posibilidad de escapar. Sus dientes se cla-
varon en el fruto y el liquido cerré su garganta.
Dejo que sus pulmones se sellaran y no lucho por
el aire. Se irfa de esa casa tal cual como Ileg6: vacia
y sin recuerdos.
109Una adolescente como cualquiera
y una cruel madrastra que debe
quitarla del camino.
Dos tiempos. Dos relatos que se
funden como mitades perfectas de
una manzana.
Nieve Negra nos hard descubrir lo
que mas tememos de nosotros mis-
mos, aquello que jamas hubiésemos.
querido saber.
Camila Valenzuela Leén (1985). Es
Licenciada en Literatura y escritora.
Actualmente, cursa un Doctorado.
en Literatura e imparte clases en
el Diplormado de LU de la USACH.
En 2013 lanz6 Zahori |. El legado,
su primera novela juvenil que pu-
blico SM. La segunda parte de esta
trilogia, Revelaciones, se publicara
en 2014.
A PARTIR DE 12 ANOS
ISBN: 978-956-349-685-7
TIM
9563"4968