Qué es Resiliencia:
La palabra resiliencia se refiere a la capacidad de sobreponerse a momentos
críticos y adaptarse luego de experimentar alguna situación inusual e
inesperada. También indica volver a la normalidad.
Resiliencia es un término que deriva del verbo en latín resilio, resilire, que
significa "saltar hacia atrás, rebotar".
La resiliencia es una aptitud que adoptan algunos individuos que se
caracterizan por su postura ante la superación de una adversidad y de mucho
estrés, con el fin de pensar en un mejor futuro.
Resiliencia se ha convertido en un término popular, pero ¿qué significa ser
resiliente?
La adversidad es parte de la vida. Resiliencia es la inefable capacidad que le
permite a ciertas personas anteponerse a las distintas adversidades que se les
presentan en la vida diaria. Permite desarrollar conductas positivas ante el
estrés, las amenazas o algún conflicto. En su libro “Resiliencia” los autores
Andrew Zolli y Ann Healy definen a la resiliencia como la capacidad de un
sistema, empresa o persona para mantener su propósito central e integridad
ante un cambio dramático de circunstancias.
Más allá de dejarse vencer por el fracaso o las dificultades, las personas
resilientes siempre encuentran una forma de “renacer desde las cenizas”.
Algunos psicólogos, han identificado ciertos factores que hacen a una persona
resiliente; por ejemplo, el optimismo, una actitud positiva ante la vida, la
habilidad para regular las emociones y la capacidad para entender el fracaso
como una consecuencia del aprendizaje.
Las personas resilientes suelen tener buena confianza en sí mismos, toman
riesgos de manera inteligente, tiene un fuerte deseo por aprender y son
capaces de emplear recursos sociales, físicos y psicológicos para mantener su
bienestar. Lo que aún no se sabe, es si una persona con estas características se
hace más resiliente de manera inconsciente o si ser conscientemente resiliente
resulta en el desarrollo inconsciente de estas habilidades.
¿Por qué nos interesa la resiliencia?
Porque esta característica nos permite perseguir nuestras metas sin importar
los factores externos que puedan estar contraviniendo a nuestras acciones.
Aquellas personas con baja resiliencia culpan a los factores de estrés externos,
se sienten abrumados con facilidad, se estancan en los problemas y viven con
angustia constantemente. Las personas altamente resilientes tienden a tomar
mayores responsabilidades personales, minimizan la culpa y entienden los
factores de estrés como un reto y no como una amenaza que les impide dar el
siguiente paso.
Si bien en cierto que algunos retos son más grandes que otros, todos nos
enfrentamos a diversas situaciones de estrés, cambios de circunstancias
drásticos y adversidades; se descompone el carro, alguien amado muere,
tenemos problemas de salud, económicos, personales… la lista de factores de
estrés es interminable y viene en muchas formas y tamaños; sin embargo, lo
importante a tener en cuenta es que el estrés es subjetivo y que las
consecuencia que este tipo de eventos tendrán en nuestra vida dependen, en
gran parte, de nuestro nivel de resiliencia. ¿Qué cambios puedes hacer en tu
vida diaria para fortalecer esta habilidad?
Decálogo de una persona resiliente
Os presentamos aquí diez consejos para construir la resiliencia propuestos por
la Asociación Americana de Psicología:
Establecer y mantener relaciones. Las buenas relaciones familiares y sociales
son una excelente fuente para obtener y aceptar ayuda y apoyo, potenciando la
resiliencia. También encontraremos oportunidades para ayudar a otros, algo
que, a su vez, también redundará en nuestro bienestar personal.
Evitar ver las crisis como problemas insuperables. A menudo, no podemos
cambiar los hechos, pero sí la forma cómo los interpretamos y respondemos a
ellos. Como indicábamos anteriormente, hemos de procurar limitar el efecto
de las emociones no productivas.
Aceptar que el cambio es parte de la vida. Aceptar que hay circunstancias que
no podemos cambiar, como es el caso de la enfermedad de Alzheimer en un
ser querido, puede ser de gran ayuda para centrarse en las que sí podemos
modificar y canalizar nuestros esfuerzos hacia ellas.
Dirigirse hacia los propios objetivos. Es importante plantearse objetivos
realistas y hacer algo de forma regular que nos acerque a ellos.
Preguntémonos: ¿Qué puedo hacer hoy (por insignificante que pueda parecer)
para acercarme a uno de mis objetivos? Por ejemplo: “Tomar algo con un/a
amigo/a, ya que ello me permitirá un rato de desahogo y poder compartir mi
experiencia.”
Ejecutar acciones decisivas. Actuar en la medida en que se pueda sobre las
situaciones adversas para tratar de cambiar su rumbo, en vez de evitarlas y
confiar en que se resolverán solas.
Fomentar el autodescubrimiento. A menudo, pasar por situaciones vitales
difíciles conlleva una sensación de fortalecimiento personal. Aunque todavía
nos sintamos vulnerables, estas vivencias pueden favorecer el concepto de uno
mismo y de las propias capacidades y llevarnos a apreciar aspectos de la vida
a los que antes no prestábamos atención o no nos parábamos a analizar.
Alimentar una visión positiva de uno mismo. Desarrollar confianza en nuestro
instinto y en las propias capacidades para resolver problemas.
Ver las cosas en perspectiva. Tratar de considerar las situaciones estresantes
en un contexto más amplio y con cierta objetividad, evitando hacer una
montaña de un grano de arena.
Mantener la esperanza. Una actitud optimista nos capacita para confiar en que
nos pasarán cosas buenas. Procurar visualizar lo que se quiere es mejor que
preocuparse por lo que uno teme.
Otras formas útiles de potenciar la resiliencia. A algunas personas les ayuda
escribir acerca de sus pensamientos y sentimientos más profundos
relacionados con las situaciones traumáticas que les ha tocado vivir o aquellas
que que les generan un alto nivel de estrés. Hay a quien la meditación y las
prácticas espirituales les resulta de gran ayuda.