RESUMEN DEL LIBRO:
DIOS NO ESTÁ MUERTO
CURSO: APOLOGÉTICA
PROFESORA: CARLA HORNUNG
ALUMNA: CARLA VALDIVIA
RESUMEN DEL LIBRO: DIOS NO ESTÁ MUERTO
La Existencia de Dios
¿Por qué debemos estar preocupados con la pregunta: ‘¿Dios existe?’
A R. Brooks le hicieron esta pregunta mientras enseñaba en la universidad de Buenos
Aires. ¿Alguna vez has escrito una canción? - le preguntó a uno de sus alumnos. En el
libro cuenta cómo la expresión facial de dicho joven cambió instantáneamente, ya que
parecía que él estaba cambiando el tema de Dios hacia algo de lo que su alumno
realmente deseaba hablar. Le dijo que sí, y luego Brooks preguntó: ¿Por qué deseaste
escribir una canción?
Pues para compartir mis sentimientos con los demás, crear algo que ellos pudieran
disfrutar, así como compartir mi corazón y mis pensamientos, contestó su estudiante.
¿Qué harías si escribieras una canción por todas esas nobles razones y alguien negara
que tú escribiste esa canción o le diera por error a alguien más el crédito? – preguntó el
profesor.
Sí, me molestaría si no me reconocieran como el autor de la canción que escribí. -
respondió su alumno.
Dios merece el reconocimiento de todo lo que Él ha creado. Saber que existe un Creador
cambia toda nuestra opinión y nuestra perspectiva. Debe inspirarnos a honrarle más de
lo que podemos honrar a una mujer o a un hombre por cualquier logro humano.
Además, debe provocarnos a buscarle, a desear sinceramente una relación con Él.
La realidad de Dios como Creador nos lleva a investigar el mundo que Él creó con
mayor confianza, y a comprender su naturaleza y su carácter. Toda la belleza, la
grandeza y la provisión del planeta deben provocar una gratitud que nos abrume.
Este es el espíritu de evangelismo que nos envía con el mensaje de amor, esperanza y
reconciliación, no de odio y división. Cuando escuchamos “Dios está de vuelta”, eso
obviamente no significa que en realidad se hubiera ido a algún lugar. La fe en Dios ha
vuelto. No una fe ciega e irracional, sino una fe que está bien afirmada en la evidencia.
La evidencia firme es la base para comunicar esa fe en una manera directa y clara. Si no
es que otra cosa, los escritos de los nuevos ateos han logrado despertar a millones de
cristianos de su sueño dogmático.
Los ateos
Un ateo sí tiene que creer que el punto central de todas las religiones del mundo es
simplemente un gran error, mientras que los que los no ateos son libres de pensar que
todas las religiones, incluso las más extrañas, contienen al menos un indicio de verdad.
Los argumentos que los ateos utilizan contra Dios desaparecen rápidamente como un
espejismo cuando son respondidos por creyentes instruidos como Lewis. Los ateos
declaran que el universo no es lo que se espera si existiera un Dios sobrenatural.
Toda esta muerte y sufrimiento dicen, son una clara evidencia de que un Dios amoroso e
inteligente no podría estar detrás de todo ello. La verdad es que Dios ha creado un
mundo en el que las elecciones son reales y la humanidad es afectada por las decisiones
que toman otros seres humanos. Aunque Dios le dio a la humanidad mandamientos
claros, en nuestra mayoría hemos ignorado estas directrices. El desastre que resulta no
es culpa de Dios, es nuestro.
Somos llamados a seguir a Dios y amarlo con todo nuestro corazón y nuestra mente.
Esto significa que tenemos que pensar e investigar. La Verdad es otra palabra para
realidad. Cuando algo es verdad, lo es en todos lados. Por ejemplo, las tablas de
multiplicar son tan verdad en China como lo son en Estados Unidos, la gravedad
funciona en África de la manera que lo hace en Asia.
El Espejismo de la incredulidad
Richard Dawkins asegura que Dios debe ser un espejismo, ya que no podría existir.
Afirma que aunque el universo parezca estar diseñado, eso no pudo haber sucedido
porque continuamos con la pregunta: “¿Quién diseñó al diseñador?”.
Este es en sí un ejemplo de la posición irracional e inflexible de la mente atea. La
verdad es que no se debe tener una explicación para cada explicación. Tal demanda se
establece en la regresión infinita donde nada podría ser conocido, y la ciencia y la razón
se quebrarían.
Sigmund Freud habló de la creencia religiosa como el cumplimiento de un deseo, el
deseo de tener a “una figura paterna en el cielo” que pueda enderezar las cosas por
nosotros y hablarnos cuando estemos solos. Por otro lado, David Aikman, autor de El
espejismo de la incredulidad, colocó el ateísmo en la misma categoría que la religión,
diciendo: “El ateísmo mismo es un espejismo”, el supremo cumplimiento de un deseo.
Existen razones reales por las que los no creyentes no desean que Dios exista, o al
menos buscan reducirlo a una fuerza ciega impersonal. Sin Dios, no hay
responsabilidad. Sin Dios, no hay una verdadera moralidad. Si Dios está muerto,
alguien tendría que tomar su lugar y ese alguien generalmente es el hombre mismo.
La verdadera pregunta es: ¿cuántas pruebas son suficientes para convencerlo de que
Dios es real? La mayor parte del tiempo, los ateos no han pensado acerca de lo que en
realidad se necesitaría para que crean. Cuando le preguntaron a Dawkins durante un
debate público, él dijo: “Es una pregunta muy difícil e interesante, porque, digo, yo solía
pensar que si tal vez, ya sabe, el gran gigante de dos metros setenta de altura, Jesús, de
pronto rugiera con la voz de Paul Robeson y me dijera: “Existo. Heme aquí’, pero, aun
así, a veces me pregunto si eso lo lograría.
Dawkins no parece haber pensado lo suficiente esta pregunta trivial. De hecho, si
alguien más afirmara ver a un Jesús de dos metros setenta de altura, esta persona sería
ridiculizada. La verdad es que, si su mente está decidida acerca de lo que no cree,
entonces no hay evidencia que lo convenza. Ignorará incluso el más devastador
testimonio contra su posición.
La pregunta es, aún si comprobaran la existencia de Dios, ¿creerá en Él y lo seguirían?
Si la respuesta es no, entonces el problema no es una falta de información. Si todas sus
preguntas están respondidas y continúa sin creer, entonces su verdadero problema es
espiritual, no intelectual.
Aunque muchas cosas malas se han llevado a cabo en el nombre de la religión, e incluso
en el nombre de Jesucristo, una investigación sincera puede rápidamente separar la
verdad del error, el hecho de la ficción. Las falsas declaraciones deben desafiarse y ser
vistas como lo que son: vanas imaginaciones. El fanatismo es un problema humano, no
un problema de religión. ¿No lo cree? Solo hay que ver un evento deportivo, un
concierto de rock o un mitin político. Los fanáticos ateos son tan irracionales como sus
homólogos religiosos.
Una vez más, Jesucristo es distinto e independiente de la filosofía y la religión hechas
por el hombre. Él fue el crítico original de las prácticas religiosas vacías y de las vidas
superficiales.
Con un pequeño esfuerzo, podemos tener una fe libre de defectos y manchas. Este tipo
de fe comienza con un conocimiento firme de que Dios es real. Recordemos que no es
suficiente con solo creer que Dios es real. Incluso los demonios creen en Dios y
tiemblan. Nosotros debemos poder demostrar y articular la verdad de Dios en una
manera que quienes nos rodean puedan comprender claramente.
La fe y la razón no son enemigos
La razón es una herramienta que nos ayuda a comprender mejor nuestra fe y a
defenderla; como lo explicó San Anselmo, la nuestra es una fe que busca entendimiento.
Existen métodos inductivos para comprobar lo razonable y la credibilidad, no solo para
la creencia en Dios en general, sino específicamente para el cristianismo. Espero
demostrar que la fe y la razón son compañeros vitales y componentes complementarios
para el descubrimiento de la verdad.
La ciencia es en realidad “de Dios”. Debido a que la perspectiva cristiana señalaba al
hecho de que el universo fue diseñado, este podría comprenderse racionalmente. Como
lo explicó C. S. Lewis: “Los hombres se volvieron científicos porque esperaban ley en
la naturaleza, y esperaban ley en la naturaleza porque creían en un legislador”.
Albert Einstein estaría de acuerdo: “Lo más incomprensible acerca del universo es que
es comprensible”. Ellos creían que el universo fue realizado por un Dios de propósitos
que creó la humanidad a su imagen, criaturas que piensan los pensamientos de Dios
después de Él.
Para Kepler, “el principal objetivo de todas las investigaciones del mundo externo
deberían descubrir el orden racional que ha sido impuesto por Dios, y que Él nos reveló
en el idioma de las matemáticas”.
Cuando los ateos se refieren al trato brutal de la Iglesia hacia Galileo, como resultado de
sus descubrimientos científicos, ellos pasaron por alto la historia real. No es típico de la
fe oponerse a la ciencia de esa manera. En primer lugar, Galileo, así como la mayoría de
los científicos de ese tiempo, eran personas de fe.
En segundo lugar, él desafió no solamente las perspectivas religiosas de su día, sino
también aquellas científicas y religiosas. Al final, la observación de Galileo de que la
Tierra en realidad giraba alrededor del Sol, no tuvo relevancia en ninguna doctrina de
fe, sino meramente en una interpretación de la Escritura que finalmente cambiaría. Tal
pareció que algunas interpretaciones de datos científicos contradecían la Escritura a
primera vista, pero luego tuvieron que ser ajustadas y terminaron confirmando la
Escritura.
La incredulidad es producto de no pensar
Cuando sucede algo que no comprendemos, sugerir que lo que ocurrió simplemente son
“los misteriosos caminos de Dios”, no es abandonar la razón ni aceptarlo todo
ciegamente en nombre de la fe. Si un conductor ebrio mata a una familia inocente,
nosotros nos preguntamos por qué sucedió.
La respuesta razonable es que sucedió porque alguien se descuidó y condujo
ilegalmente un coche mientras estaba incapacitado, y el resultado fue la muerte de una
familia inocente. Pero la verdadera pregunta es: ¿Por qué Dios dejó que sucediera?
Escuchamos historias de la intervención de Dios, de manera que, ¿por qué sucedió en
este caso? Cuando apelamos al misterio, simplemente estamos reconociendo que hay
muchas cosas que no sabemos. Eso definitivamente no significa que vivamos con una
resignación fatalista. Debemos continuar buscando respuestas a estas grandes preguntas.
Muchas veces el verdadero misterio yace en comprender las motivaciones de personas
que hacen lo que hacen.
La Escritura explica la tendencia del corazón humano a ser atraído hacia la incredulidad
al suprimir la evidencia de Dios. Tal como un abogado que no desea que ninguna
evidencia que pueda desacreditar a su cliente salga a la luz en un juicio, el escéptico es
amenazado por el creyente que argumenta a favor de Dios, basado en la razón.
La incredulidad puede resultar de no lograr recordar. Jesús llevó a cabo muchos
milagros, tales como alimentar a miles de personas con unos cuantos peses y panes. Una
y otra vez, aunque sus discípulos habían experimentado milagro tras milagro, ellos
olvidaban el poder de Jesús tan pronto como enfrentaban otro desafío. La incredulidad
de los discípulos era resultado de no pensar claramente y de no recordar. El
razonamiento serio puede restaurar su fe en Dios.
La ciencia
Las matemáticas son una creación abstracta de reglas y relaciones de la mente humana.
¿Por qué debían de explicar tan elegantemente la mecánica de nuestro universo con
unas cuantas ecuaciones? Más importante aún, las matemáticas son el idioma y el
fundamento de la ciencia, de manera que la ciencia nunca puede justificar su existencia.
En otras palabras, si las matemáticas son la base de la ciencia, entonces la ciencia no
puede ser la fuente de verificación de las matemáticas.
Sería como una casa que sostiene sus cimientos, en lugar de que los cimientos sostengan
la casa. Este es un vistazo de cuán difícil es que la ciencia sea el juez supremo de la
existencia de Dios, ya que Dios es el Creador y fundamento de todo ser.
La razón
La limitación más grande de la ciencia es que no puede decirnos por qué estamos aquí.
¿Por qué se hizo el universo? ¿Por qué estamos aquí?
No existe un conflicto real entre la ciencia y Dios, pero hay un conflicto entre el
naturalismo y la fe. El naturalismo es la creencia de que todo lo que existe es naturaleza.
Esto excluye por definición lo que sea sobrenatural y esté más allá de la naturaleza. En
una conferencia de 1941, llamada: “Ciencia, filosofía y religión: un simposio”, Albert
Einstein dio una revelación de su perspectiva de que ambos terrenos, la religión y la
ciencia, son válidos:
La ciencia solamente puede ser creada por quienes están profundamente imbuidos con
la aspiración hacia la verdad y el entendimiento. Esta fuente de pensamiento, sin
embargo, surge de la esfera de la religión. A esto también corresponde la fe en la
posibilidad de que las regulaciones válidas para el mundo de la existencia son
racionales, es decir, comprensibles para la razón. No puedo concebir a un científico
genuino sin una profunda fe. La situación puede expresarse mediante una imagen: la
ciencia sin religión es débil, la religión sin ciencia es ciega.
La fe verdadera no es ciega. Se basa en la evidencia y requiere de todos nuestros
esfuerzos por la búsqueda de la verdad. Dios requiere que no enterremos la cabeza en la
arena, sino que abramos los ojos para observar la evidencia de Él a nuestro alrededor. Él
nos llama a utilizar la razón y el intelecto a medida que desarrollamos una fe creíble.
De manera irónica, la naturaleza de los escépticos es estar inconscientes de que están
ciegos a las verdades que dan testimonio de un Creador sobrenatural. En este caso, su
razonamiento puede oscurecerse y ser poco fiable.
Toda la fe debe contener razón, tal como la razón misma contiene fe.
Personalmente me gustó mucho el libro, puso a prueba mi fe, hizo que cuestionara mis
creencias, no para debilitarlas, sino para construirlas sobre bases más firmes.
Definitivamente nunca podremos comprender a cabalidad la ciencia y probar la
existencia de Dios, pues nuestra mente es finita y nuestro conocimiento limitado.
Pero una cosa sé, que hoy mi fe es más firme, y que no debo tener temor de que
cuestionar, indagar y buscar respuestas sobre mi creador, sino que esas interrogantes
serán las que fortalecerán y darán bases más firmes para creer en Dios. Será la misma
razón, la que fortalecerá mi fe.