Sabanalarga: Historia y Resistencia Colonial
Sabanalarga: Historia y Resistencia Colonial
A mi madre,
<< A lo largo de toda su historia, la ciudad no se caracteriza ni por el número de sus habitantes, ni
por la actividad de las gentes que viven en ella, pero sí por sus rasgos particulares de condición
jurídica, de sociabilidad y de cultura. Estos rasgos derivan del papel primordial que desempeña el
núcleo urbano, el cual no es económico, sino político. La ciudad se diferencia del medio que la
circunda, y en éste ella es el punto de residencia del poder. El Estado crea la ciudad. Sobre la ciudad
el Estado toma lugar >> George Duby
4
AGRADECIMIENTOS
TABLA DE CONTENIDO
INTRODUCCIÓN----------------------------------------------------------------------------------- 8
Capítulo I
Capítulo II
Capítulo III
Capítulo IV
Capítulo V
INTRODUCCIÓN
y a una política de defensa, sino que hizo parte, según expresión de John Lynch, de << la
segunda conquista de América >>, de tipo burocrático, conquista de nuevos espacios y
grupos humanos.
Hipótesis con la cual procuramos dar respuesta a los siguientes interrogantes generales y
específicos: ¿Qué mecanismos y estrategias de sometimiento utilizaron los españoles
durante el proceso de conquista? ¿Cuáles fueron las primeras ciudades que fundaron los
españoles en el actual territorio colombiano? ¿Qué consecuencias trajo la dominación
española para la población originaria de estos territorios? ¿Qué papel jugó la institución
9
eclesiástica en todo este proceso? ¿De qué forma se dividió el territorio, es decir, cómo
estaba jerarquizado el espacio por parte de la Corona? ¿Cuáles eran las poblaciones
indígenas? ¿A quiénes les concedieron las mercedes de tierras y por qué? ¿Qué diferencia
existe entre la merced de tierra y la encomienda? ¿Qué impacto tuvo el sistema de
encomiendas en la población? ¿Cuáles fueron los mecanismos de resistencia que utilizaron
los distintos grupos humanos? ¿Existieron encomiendas en Sabanalarga en laépoca
colonial? ¿Qué funcionarios intervinieron en el proceso de reducción y sometimiento de los
grupos semidispersos de Sabanalarga? ¿Quiénes fueron esos primeros pobladores? ¿Cómo
se organizó el espacio de la parroquia de Sabanalarga? ¿Qué mecanismo usó la Corona para
permitir el acceso a la tierra de forma legal de los alrededores de Sabanalarga? ¿Por qué se
crearon las milicias disciplinadas y qué sabanalargeros participaron en ellas? ¿Qué
participación tuvo Sabanalarga en el proceso de Independencia? ¿Cuáles fueron las
divisiones territoriales durante las primeras décadas del siglo XIX? ¿Qué papel jugó la
población de Sabanalarga durante la reconquista de Pablo Morillo? ¿Por qué el general
Francisco de Paula Santander le otorgó la categoría de villa a Sabanalarga, en 1833? ¿Qué
papel jugó esta población en contra de la dictadura de Rafael José Urdaneta Farías?
Del mismo modo, los expedicionarios y funcionarios que ejecutaron las órdenes de la
Corona estaban convencidos que lo realizado era lo políticamente necesario y correcto para
instaurar el orden y la civilización europea en estos territorios. La casi inexistencia de un
trabajo sistemático de historia que aborde la población de Sabanalarga a partir de su
reconocimiento e integración al Imperio. Finalmente, el estudio de las poblaciones cercanas
(Sabanalarga) a la ciudad de Cartagena durante las primeras décadas del siglo XIX es
bastante complejo debido a que los investigadores han sido deslumbrados por su papel
protagónico durante la Independencia y por la construcción del Estado-Nación.
Capítulo I
“un área con características históricas comunes, producto: uno, de la lenta gestión y
fraguado de vínculos económicos y socioculturales entre los paisajes humanos que
la componen; y dos, el predominio e influencia de una ciudad que actúa como
centro jerarquizante”. 1
“menor que el nacional y mayor que el del terruño, que se desarrolla en torno a una
ciudad, con una dinámica propia que lo hace singular y coherente, con una
personalidad definida, cuyos habitantes han tejido vínculos y nexos de solidaridad a
lo largo del tiempo, así como han construido un sistema de valores y
representaciones sociales, que expresan una conciencia y un sentimiento de
pertenencia a esa tierra”. 2
1
Straka Medina, Tomás. “Geohistoria y microhistoria en Venezuela: reflexiones en homenaje de Luis
González y González”, en Tzintzun. Revista de Estudios Históricos, Nº 042, Morelia, México, 2005, pág. 106.
2
Briceño, Tarcila. “De la ciudad colonial a la región histórica”, en Tiempo y Espacio. Vol. XV, N° 29-30,
Caracas, Venezuela, 1998, pág.15.
13
Ahora bien, la Historia cumple un papel importante para el conocimiento del pasado debido
a que ella estudia las actividades humanas en el tiempo y en el espacio. Su función
principal es explicar el suceder en el movimiento de la sociedad en todas sus estructuras;
analizadas a través de la heurística, las fuentes primarias documentales, orales y visuales. Y
con la interpretación hermenéutica, llegar al conocimiento de lo sucedido en el pasado, para
su comprensión, explicación y síntesis histórica. En otras palabras, es la ciencia de los
hombres en el tiempo, el análisis de las sociedades humanas sujetas a cambios y en
continua transformación. 3
3
Ocampo López, Javier “La microhistoria en la historiografía general”, en Histórielo. Revista de Historia
Regional y Local. Vol. 1, N° 1. Facultad de Ciencias Humanas, Medellín, 2009. pág. 204
4
Ramírez Bacca, Renzo, “Tendencias de la historia regional en Colombia”, en Histórielo. Revista de
Historia Regional y Local. Vol. 3, N° 5. Facultad de Ciencias Humanas, Medellín, 2011. pág. 150
5
Soza, Felipe, “La historiografía Latinoamericana”, en Balmaceda, Catalina; Burker, Peter, y otros.
Comprender el pasado. Una historia de la escritura y el pensamiento histórico. Editorial Akal, Madrid, 2013.
pág. 419
14
En el ámbito nacional son importantes los estudios regionales que realizaron los
historiadores Germán Colmenares, Jorge Orlando Melo, Bernardo Tovar, Armando
Martínez, Albeiro Valencia, Eliécer Zapata, Sergio Elías Ortiz, Javier Ocampo López,
entre otros. 8
Sin embargo, hay que esclarecer que antes de la consolidación del estudio de la Historia
como disciplina, ya existían investigadores de distintas áreas del conocimiento
(antropólogos, sociólogos, geógrafos, abogados, sacerdotes y licenciados) que tuvieron la
En este orden de ideas, se halla el derrotero de las investigaciones de la década del setenta,
en primer lugar, Capitalismo, hacienda y poblamiento en la Costa Atlántica, del
sociólogo Orlando Fals Borda (1976); este trabajo de carácter descriptivo, realizó una
aproximación global sobre el desarrollo de formas de producción y fuerzas productivas que
se dieron en la Costa Atlántica colombiana desde la llegada de los conquistadores españoles
hasta las primeras décadas del siglo XX. Hay que abonarle a esta investigación que estudió
en líneas generales el proceso de poblamiento en la provincia de Cartagena e intentó
vincular los procesos históricos de la propiedad con los movimientos sociales
contemporáneos.
Por su parte, el historiador Juan Friede, “La conquista del territorio y el poblamiento”,
trabajo que cuenta con varias publicaciones en la Nueva Historia de Colombia, Vol. I.
(1978, 1980, 1984, 1989, 1998 y 2001), que tengamos conocimiento. El cual estudia la
conquista territorial y poblacional que realizaron los españoles durante el siglo XVI,
específicamente, las gobernaciones de Cartagena y Santa Marta. En cuanto a la provincia
de Cartagena, profundiza en los vejámenes sufridos por la población indígena y en la
importancia estratégica que adquirió su puerto (Cartagena) para la penetración y defensa
del resto del territorio. Sin embargo, este estudio es un primer acercamiento a la dinámica
poblacional de estas dos gobernaciones debido a que no profundiza en aspectos como la
entrega de encomiendas y mercedes de tierras que son importantes para comprender y
explicar el proceso de poblamiento en este siglo.
Pero, sin ninguna duda, sólo fue a partir de la década de los ochenta con la publicación de
los cuatro volúmenes del investigador Fals Borda, Historia doble de la Costa (1980,
1981, 1982 y 1986), que la historiografía sobre el Caribe colombiano marcó un creciente
interés. En el caso de nuestra investigación sólo se analizará el primer libro, Mompox y
Loba, nuevamente editado por la Universidad Nacional de Colombia, en 2002. En este
17
Por otro lado, se encuentra la investigación del historiador cartagenero Adolfo Meisel
Roca, “Esclavitud, mestizaje y haciendas en la provincia de Cartagena, 1533-1851”, la
cual ha tenido varias publicaciones (1980, 1988 y 1998), esta última aparece en el libro El
Caribe Colombiano. Selección de textos históricos. Respecto a la investigación, el autor
analiza algunas haciendas de los alrededores de la ciudad de Cartagena, en especial las
ubicadas en el partido de Mahates, de las que toca aspectos como la demografía, la
inversión, la productividad y su decadencia a fínales del siglo XIX.
De la misma manera, tenemos que enunciar el trabajo del geógrafo y doctor en Ciencias
Sociales José Agustín Blanco Barros, El Norte de Tierradentro y los orígenes de
Barranquilla (1987), en el que se estudia el proceso de poblamiento del área septentrional
del actual departamento del Atlántico, tomando como punto de inicio el sistema de
encomiendas de Galapa y Malambo, el surgimiento de las haciendas San Blas y San
Nicolás, la entrega de mercedes y la aparición de los distintos sitios de libres que fueron el
embrión de futuras poblaciones.
Aclarada esta parte, aquí se destaca el trabajo del historiador Germán Colmenares, “El
tránsito a sociedades campesinas de dos sociedades eslavistas en la Nueva Granada:
Cartagena y Popayán, 1750-1850” (1990), en el cual, a través del método comparativo,
establece las diferencias y algunas similitudes de los epicentros esclavitas más importantes
de finales de la época colonial en la Nueva Granada, Cartagena y Popayán. Explica que la
ciudad de Cartagena de Indias tuvo privilegios militares y comerciales, tal vez el más
importante, la trata de esclavos que ocasionó que sus haciendas esclavistas fueran de
carácter subsidiario. Además, arguye que la aparición de las haciendas que incorporaron
mano esclava en el trapiche fue mucho más temprana en el Caribe; sin embargo, las
haciendas del valle del Cauca se mostraron más aptas para subsistir a las continuas crisis
del esclavismo. El ensayo finaliza, argumentando que después de la Independencia el papel
de la ciudad de Cartagena cambió, circunstancia que se evidencia con su declive comercial
y demográfico, y el surgimiento gradual de la ciudad de Barranquilla.
También tenemos que señalar, el artículo del doctor en Historia Fabio Zambrano Pantoja
“El proceso de poblamiento (1510-1800)” (1991), que analiza el panorama general de las
distintas regiones históricas que conforman la actual Colombia. El estudio inicia con la
10
Guerra Vilaboy, Sergio. “Las grandes corrientes de la historiografía latinoamericana”, en Revista Clío.
N° 166. Órgano de la Academia Dominicana de Historia. Santo Domingo, 2003. pág. 179.
19
fundación de las primeras ciudades, sus trazados, las normas urbanísticas, la organización
territorial y administrativa, durante los siglos XVI y XVII. Finalmente, examina lo que el
autor denominó la gran expansión del siglo XVIII, o mejor dicho, el proceso de
poblamiento de las regiones en esta centuria, específicamente, las actividades realizadas por
José Fernando de Mier y Antonio de la Torre y Miranda, en la costa atlántica; Francisco
Silvestre y Mon y Velarde, en Antioquia y Cauca, y en la región central, Antonio Moreno y
Escandón. Sin embargo, no abordó la zona del pacifico ni la labor ejecutada por Francisco
Pérez de Vargas en la provincia de Cartagena.
Del mismo modo, nos referiremos al estudio que realizaron el historiador Zambrano
Pantoja, y el académico Oliver Bernard, Ciudad y territorio. Proceso de poblamiento
en Colombia (1993), trabajo que se enmarca dentro de la larga duración histórica porque
parte desde la fundación de centros urbanos (ciudades) realizados por españoles hasta la
evolución espacial y poblacional de finales del siglo XX en el territorio colombiano. No
obstante, cuando aborda la región Caribe lo hace de manera general explicando que en
época colonial este territorio se dividía en dos provincias, Cartagena y Santa Marta, en
cuyas jurisdicciones se encontraban dos tipos de asentamientos urbanos, los legales y los
espontáneos o ilegales. Además sustenta que con la llegada de la independencia se perdió la
unidad política y territorial pretendida por España, provocando la distensión de los lazos
entre el Caribe y las regiones vecinas. Cabe señalar, que posiblemente el mayor aporte de
este estudio se centró en la gran cantidad de fuentes gráficas y mapas que permiten una
interacción con la parte escrita, y por ende con los diferentes procesos regionales que se han
dado en el país.
y social para las poblaciones (villas, pueblos de indios y sitios de libres) que confluían a su
alrededor. No obstante, es un trabajo corto que más bien invita a profundizar sobre la
temática poblacional de esta parte de la región del Caribe colombiano.
De otra parte, se encuentra el trabajo del doctor en Filosofía, Cristóbal Arteta Ripoll,
Poblamiento, sociedad y cultura en Tierradentro (1998), que partiendo de una
descripción geográfica aborda el estudio de la provincia de Cartagena y el partido de
Tierradentro, específicamente, las poblaciónes de Saco y Juan de Acosta. Además, debido a
su formación académica analiza desde la otredad el proceso de conquista y la religiosidad
que fue impuesta por los españoles en estos espacios territoriales.
Para cerrar esta década, hay que analizar el estudio del docente investigador de la
Universidad Atlántico, y doctor en Historia, Jorge Conde Calderón, Espacio, sociedad y
conflictos en la provincia de Cartagena, 1740-1815 (1999). Esta investigación privilegió
el tiempo de larga duración al de corta duración, pues, inicia desde la llegada de los
españoles, en el siglo XVI, hasta principios del siglo XIX. Centra su mirada en el estudio
de la provincia de Cartagena a través de tres momentos: el espacio, la organización social y
los conflictos, estrechamente correlacionados. En tal sentido, argumenta sobre la
dislocación del espacio por la ocupación española, el número de encomiendas, la aparición
de un poblamiento al margen del orden pretendido por la Corona, el reordenamiento del
territorio durante las reformas borbónicas, los inconvenientes suscitados por el crecimiento
demográfico del siglo XVII y los conflictos entre autoridades locales de Cartagena y
21
funcionarios españoles. A la vez, establece algunas diferencias entre los partidos que
conformaban la provincia de Cartagena. Es pertinente indicar que este trabajo tiene el
mérito de ser, quizás, el primer estudio acucioso que aborda la problemática poblacional en
un tiempo largo y espacio regional. Sin embargo, toca de manera ligera las visitas que
realizaron los funcionarios de la Corona española en los siglos XVI y XVII, que aunque
tuvieron como objetivo principal la protección indígena, también ejecutaron medidas que
instaron al reagrupamiento de la población, en otras palabras, la visitas están relacionadas
con el dislocamiento y organización del espacio en este territorio.
asentamientos, la organización espacial y política que se llevó a cabo durante el siglo XVIII
en dos regiones de la Nueva Granada, las llanuras del Caribe (provincia de Cartagena y
provincia de Santa Marta) y Andes Centrales (provincia de Santafé y jurisdicción de
Tunja). Concluyó sólidamente que en el norte neogranadino no existían asentamientos que
impulsaran las pautas europeas, por ello, desde mediados del siglo XVIII, en el Caribe se
buscó organizar e integrar a la población libre al Imperio español; por otra parte, la
existencia de un entramado de los indios permitió un mayor control de la población de los
Andes, hecho que a fínales de este mismo siglo buscó que los libres asumieran la dirección
de las poblaciones, sin que ello alterara el orden "natural" de las cosas.
los primeros contactos que se dieron entre indios y europeos, el reparto de encomiendas, la
creación o fundación de ciudades y villas, y por supuesto, el orden espacial al cual fueron
sometido los indígenas, o sea, los pueblos de indios.
El segundo artículo, en este mismo texto, el trabajo del doctor en Historia, Hugues
Sanchez Mejia, “Las ciudades, villas, sitios y el sistema político-administrativo en el
Caribe colombiano”. Este artículo realiza un breve recorrido histórico del poblamiento en
el Caribe colombiano, basándose en un cartabón que tiene como eje principal los distintos
núcleos urbanos que fundaron los españoles. Estos espacios fueron jerarquizados de
acuerdo a su importancia en: ciudades, villas, parroquias y pueblos de indios. Sin embargo,
según el autor, a mediados del siglo XVIII aparecieron “arrochelados” que se encontraban
en los montes escondidos; debido a tal situación España realiza campañas de poblamiento
para agrupar y reorganizar el espacio de las provincias de Cartagena y Santa Marta.
Durante la siguiente centuria las ciudades perdieron sus privilegios, hecho que se acentuó
por los conflictos políticos internos que se vivía durante las primeras décadas de la
construcción de República de Colombia. Finalmente, expone como el fracaso del modelo
federalista a finales del siglo XIX conllevó a volver al sistema político y administrativo de
gobernaciones, municipios y corregimientos. Cambio que significó la subdivisión de las
gobernaciones del Caribe colombiano en departamentos: Atlántico, Cesar, Córdoba,
Guajira, Magdalena y Sucre, división territorial que aún permanece hasta el presente.
Por otra parte, se encuentra la obra Cartagena de Indias en el siglo XVI (2009), donde
aparece publicado el trabajo titulado “El poblamiento en el siglo XVI: contraste entre el
Caribe y el interior Andino” de la investigadora Marta Herrera Ángel, quien en este
estudio centra su mirada en un documento, la Visita de 1560; el objetivo es comparar la
dinámica poblacional con sus respectivas jurisdicciones. Expresa que la información
cuantitativa y cualitativa debe ser considerada con su debida reserva, sin desconocer su
importancia ya que es uno de los primeros escritos que ofrece una panorámica del territorio
de la Nueva Granada. En todo caso, la autora establece una serie de elementos, entre estos,
el informe referido al Caribe neogranadino, es de carácter parcial, pues, sólo abarcó unas
áreas del territorio, la distribución poblacional no era homogénea, la diferencia en el mayor
24
De otro lado, se encuentra el artículo realizado por el ya referenciado José Polo Acuña y la
doctora en Ciencias Sociales Ruth Gutiérrez Meza, “Territorios, gentes y culturas libres
en el caribe continental neo-granadino 1700-1850: una síntesis” (2011), el cual aparece
publicado en el texto Historia Social del Caribe colombiano. Territorios, indígenas,
trabajadores, cultura, memoria e historia. Este estudio muestra una visión global de los
acontecimientos y representaciones que se entrelazaron en el territorio del Caribe neo-
granadino, particularmente, las gentes, territorios y culturas libres que estuvieron por fuera
del control de las autoridades en época colonial y republicana. Con base en esto, parte de
las reformas borbónicas ejecutadas en el siglo XVIII, diseñaron planes para la defensa del
territorio y control de la población que se encontraba viviendo con mucha autonomía; esta
intervención se ejecutó en las distintas provincias o gobernaciones del territorio. Espacios
donde confluían prácticas paganas, cristianas y gentes libres que no se ajustaban a la
organización social y requisitos del Estado. Entrado el siglo XIX y finalizada la pugna
militar, la república se interesó por controlar e incorporar a la población, sobre todo,
conquistar a los grupos indígenas del Caribe colombiano, Wayuu, quienes ocupan la parte
de la península de la Guajira, y a los Chimila, ubicados en el área oriental del río
Magdalena. Aunque es conveniente apuntar que este trabajo no abordó el reformismo
borbónico antes de Carlos III (1740-1758), y no profundizó en la sujeción de los grupos
humanos distintos a los indígenas en época republicana.
Para finalizar este primer grupo, hay que abordar la ponencia presentada en el XII Simposio
de la Asociación Iberoamericana de Filosofía Política Iberoamérica: la ciudad y el poder,
titulada, “Poblamiento, jurisdicción y estatus en la experiencia urbana neogranadina”
(2011), del autor Armando Martínez Garnica, en la que manifiesta que el fenómeno
urbano que se dio en la Nueva Granada no es un simple hecho arquitectónico sino un
ordenamiento político fundado bajo un sistema jerarquizado. Pero que durante el curso de
25
Aunque unos años más tarde (1985), señaló que durante algún tiempo no tuvo clara la
diferencia entre terruño y región. Finalmente, manifestó que son disimiles, la primera era la
comunidad donde predominaban los lazos de sangre y el conocimiento mutuo entre las
personas; en tanto, la región era una comunidad mediana donde son peculiarmente
importantes los lazos económicos. 12 En otras palabras, la historia local nos permite estudiar
los rasgos propios que dan identidad a un pueblo o población, es decir, sus disposiciones
históricas en sus estructuras políticas, educativas, sociales, económicas, religiosas,
ideológicas, que han sentado las bases para un mundo socio-cultural regional, en sus
relaciones con América Latina y el Mundo. Por consiguiente, no es sorprendente, entonces,
que en Colombia se hable de identidad antioqueña, costeña, nariñense, tolimense, cundi-
boyacense, santandereana, entre otras. 13
11
Ocampo López, Javier, Op. Cit. págs. 205-206
12
Arias, Patricia. “Luis González. Microhistoria e historia regional”, en Destacados. N° 21, 2006, pág. 184
13
Ocampo López, Javier. Op. Cit. pág. 222
26
La siguiente investigación fue realizada por Jorge N. Abelló, quien para el momento de
esta publicación era Miembro del Centro de Historia del Atlántico. Su obra, El
departamento del Atlántico (1915), reseña los distintos aspectos que formaban el recién
creado departamento, o sea, sus límites, extensión, las diversas vías de comunicación,
industria, población, bancos, fiestas populares, colegios, personajes destacados y
representación política nacional. De la población de Sabanalarga argumentó que tiene
valiosas tierras para la actividad de la ganadería debido a sus excelentes pastos y extensos
cañaverales. De igual forma, expresa que este núcleo urbano contaba con un puerto fluvial
en el río Magdalena en el área de Puerto Giraldo y vías de comunicación terrestre que la
conectan con Barranquilla y vías fluviales que la comunican con Cartagena. Por último,
27
indica que esta población tiene una industria pecuaria y agrícola que produce yuca, maíz,
millo, caña de azúcar para su abastecimiento, y algodón en cantidades apreciables. No
obstante, este trabajo buscaba dos fines, el primero, que fuera aprovechado como texto
pedagógico y por tanto que se distribuyera en las escuelas, y el segundo, que impulsara una
identidad cultural en los pobladores del recién creado departamento del Atlántico. 14
Por otra parte, está la monografía del contador, profesor y rector de secundaria Arístides
Manotas, Memorias sobre el pasado de Sabanalarga (1954), de carácter descriptivo;
asegura que nada se sabe de la fundación de esta población, pero que sus primeros
pobladores (menciona los mismos nombres que Nieto), se asentaron en la “Cruz Grande”,
lugar cerca de la ciudad de Cartagena, área donde hubo dos encomiendas, San Jacinto y
Maná. En relación con el siglo XIX, señala que esta población se levantó a favor del
legítimo gobierno del general Joaquín Mosquera, quien fue derrocado por Rafael Urdaneta;
que pocos años después se le dio la categoría de villa. De igual forma, ofrece información
de las personas que se asentaron o visitaron esta población entre el siglo XIX y primeros
años del siglo XX. Además, menciona que en 1885 el gobierno nacional estableció el
monopolio del tabaco y aguardiente, lo que trajo como consecuencia que sus habitantes se
“cruzaran de brazos”. Finalmente, establece su ubicación geográfica, indica cuales han sido
los sucesos trágicos de esta población, detalla cuáles son sus fiestas populares: Semana
Santa, Navidad, Nuestra Señora de las Mercedes, Carnavales, y expone los nombres de los
sacerdotes que han estado vinculados con esta feligresía. No obstante, hay que remarcar
que este trabajo monográfico no evidencia de dónde obtuvo esta información, es ante todo
una narración de hechos; el autor pareciera estar preocupado por levantar o crear glorias del
pasado e incluso exaltar las elites locales, que analizar procesos históricos.
14
El 19 junio de 1910 se consolidó la iniciativa de varios personajes importantes de la ciudad de
Barranquilla de establecer un Centro de Historia. Dentro de estos intelectuales cabe destacar al docente
Jorge N. Abelló, quién en un comunicado dirigido a la Academia Nacional de Historia, sede Bogotá, del
año anterior, expresó dicho anhelo. La Academia, que había sido creada en 1902, comisionó a dos de
sus miembros: Tulio Samper y Andrés M. Benito Revollo para estudiar dicha propuesta. Finalmente, de
manera formal, el Centro de Historia del Atlántico, se creó en diciembre de 1909, siendo elegido como
presidente Guillermo Donado Puente. Véase, Revista Barranquilla Grafica. Nº 194 de abril de 1979. pág.
SN
28
De igual forma, hay que tener en cuenta la publicación del académico y antropólogo
Aquiles Escalante. La obra que nos ocupa tiene por título Geografía del Atlántico (1961),
la cual aborda la parte poblacional indígena y el espacio geográfico de esta zona del norte
de Colombia. Estudio descriptivo que tiene en cuenta ciertas características etnográficas de
las comunidades indígenas, especialmente, los mocaná, con sus actividades de subsistencia,
vivienda, actividades recreativas, adornos, organización social y religiosidad de las mismas.
Del mismo modo, describe la fauna, flora, agricultura, industria, bancos y minería del
departamento del Atlántico. Las únicas partes que hacen referencia a Sabanalarga, son las
páginas 223-224; en las que argumenta que no se sabe nada en concreto de su fundación y
que muchos de sus habitantes llegaron a dichas tierras atraídos por su gran fertilidad.
Asimismo, hace una mención de la participación de esta población en el proceso de
independencia.
Ahora bien, la investigación más importante que hasta este momento haya abordado la
problemática poblacional de Sabanalarga, la desarrolló el ya antes citado Blanco Barros,
en su texto, “Sabanalarga: sus orígenes y su fundación definitiva” (1977), nuevamente
publicada en el libro José Agustín Blanco: Obras Completas, Tomo II, (2014). Este trabajo
estudia el proceso de poblamiento en la época colonial del actual municipio de Sabanalarga
y su fundación como parroquia, el 26 de enero de 1744. Sin embargo, influenciado todavía
por la historiografía positivista tradicional, magnifica la labor realizada por el funcionario
Francisco Pérez de Vargas, destacándolo como un “héroe” al cual se le debe dicha
“fundación”; dejando de lado todo un contexto y un nuevo proceso poblacional llevado a
cabo por los reyes de España, en el siglo XVIII, el cual permitió reorganizar las provincias
o gobernaciones de Cartagena y Santa Marta, e integrar los grupos dispersos bajo los
dogmas eclesiásticos y bajo la administración española. Es importante subrayar, que esta
investigación tiene el valor académico de haber encontrado y trascrito los documentos que
hacen referencia al proceso de poblamiento llevado a cabo durante el reformismo
borbónico; los cuales en la actualidad pueden ser consultados a través de la plataforma
29
Del mismo modo, la obra del intelectual francés Jacques Aprile-Gniset, La ciudad
colombiana. Prehispánica, de conquista e Indiana (1991), se ocupa de la formación
espacial de los núcleos urbanos, analiza la organización urbanística prehispánica, aborda las
poblaciones indígenas de Buritaca y las aldeas de Tambo y Chori, en los actuales
departamentos de Antioquia y Chocó, respectivamente. Para luego ahondar en el modelo
espacial impuesto por España entre los siglos XV y XVIII, profundizando en la ciudad de
Cali. Además, estudia sutilmente algunas villas, parroquias, sitios y lugares del período en
cuestión. Respecto a Sabanalarga, las únicas páginas donde se hace referencia a esta
población son las 464-465. El autor interpreta la labor realizada por Francisco Pérez de
Vargas como un “feroz expulsor y enemigo del campesino”, afirmación, anacrónica y
atiborrada de prejuicio.
15
La primera divulgación de este trabajo despertó el interés local de la elite letrada, hecho que se evidencia
con la aparición de un trabajo mimeografiado y dos pequeñas revistas denominadas Boletín de Historia, textos
muy cortos, pero que muestran un esfuerzo por conseguir temas concernientes a Sabanalarga. El primero,
muestra un manifiesto interés en las dos primeras décadas del siglo XIX, específicamente, el proceso de
Independencia. El segundo, es una publicación donde aparece el Censo de la Feligresía de San Antonio de
Sabanalarga de 1777.
30
Antecedentes históricos del departamento del Atlántico, 1533-1905 (2013). Este trabajo
tiene en cuenta dos aspectos principalmente para realizar el análisis investigativo: lo
histórico y geográfico. Aborda de manera sucinta el paisaje, el poblamiento indígena, el
proceso de conquista y poblamiento del partido de Tierradentro, hace énfasis en las
provincias de Barranquilla y Sabanalarga durante el siglo XIX. Sin embargo, al tener en
cuenta varias poblaciones lo hace de manera general, por tanto, no logra contextualizar ni
profundizar en los diversos procesos que dieron origen a los futuros municipios del
departamento del Atlántico. Asimismo, el breve enfoque dado a las provincias no permite
ahondar en los conflictos suscitados por la autonomía regional y las guerras civiles que
afectaron el desarrollo comercial y ganadero. La parte que hace referencia a los inicios o
comienzos de Sabanalarga, está en la página 51, donde manifiesta que esta feligresía en
1742, se componía de 300 vecinos dispersos y que su fundación fue realizada por Pérez de
Vargas, el 26 de enero de 1744. Por último, en las páginas 142-143, señala la misma
argumentación del político, militar y estadista Juan José Nieto, indicando que fueron siete
campesinos los que fundaron esta población, la cual posteriormente fue erigida en villa,
cabecera del cuarto cantón de la provincia de Cartagena, el 8 de octubre de 1833, por los
servicios prestados durante el proceso de Independencia.
31
Capítulo II
A finales del siglo XV, el continente europeo se encontraba inmerso en un proceso cuyos
elementos se entrelazaron para hacer posible la expansión del Viejo Mundo hacia territorios
ignorados y dominio de nuevas poblaciones. El descubrimiento de América fue hecho a
nombre de la Corona española, y aunque al frente de la primera expedición iba un marino
italiano, no es posible captar los motivos del descubrimiento ni los diversos factores que
contribuyeron a hacer realizables los largos viajes de los descubridores y dotar de energías
y recursos a quienes se encargarían de rendir y dominar a los pueblos nativos de las zonas
recién encontradas, sin atender sucintamente al conjunto de la situación europea en este
siglo. 16
Dos rutas comunicaban a Europa con los centros productores de especies en Oriente. Los
venecianos controlaban la ruta del norte, que transitaba por Constantinopla y el Estrecho
del Bósforo, mientras los genoveses dominaban la del sur, que pasaba por Suez. Por casi
dos centurias este comercio se mantuvo estable, pero su continuidad se vio interrumpida
cuando en 1453 los turcos tomaron Constantinopla y rompieron el monopolio veneciano.
Las enormes cargas económicas exigidas por los turcos encarecieron los productos
orientales, sal y especies, tan necesarias para la conservación de las carnes, forzando a la
búsqueda nuevas rutas. Asimismo, el oro era importante y necesario para Europa ya que no
16
Melo, Jorge Orlando. Historia de Colombia. El establecimiento de la dominación española. Editorial
Presidencia de la República, Bogotá, 1996, pág. 3
32
podía producirlo en cantidades suficientes pues para ese entonces las minas de este
continente estaban casi agotadas.17
Igualmente, desde mediados del siglo XV y durante el siguiente siglo, se inició una fase de
crecimiento demográfico y productivo la cual fue el resultado, en parte, de un movimiento
natural, facilitado por la recuperación de la agricultura. Hubo a su vez un significativo
progreso en la navegación marítima y construcción naval. Como consecuencia de estos
avances y diversificación comenzó un desarrollo en el comercio impulsado en primera
instancia por portugueses en las costas de África y españoles en América. Tal desarrollo
demográfico, en una sociedad jerarquizada, donde la nobleza monopolizaba las mejores
tierras, condujo al deterioro de las condiciones de los vasallos. La mano de obra se abarató,
mientras aumentó las rentas en manos de los propietarios. Fue esta concentración de la
riqueza en una minoría lo que permitió el desarrollo del comercio. Los sectores poderosos
crearon una demanda de artículos, lanas, vinos, sedas, pieles y otra serie de objetos que
favorecieron el incremento de las manufacturas, el adelanto de una agricultura
especializada y el aumento del mercado internacional. 18
17
Moya Pons, Frank. Historia del Caribe: azúcar y plantaciones en el mundo Atlántico. Editorial Crítica,
Barcelona, 2008, pág. 21
18
Solórzano Fonseca, Juan Carlos y Quirós Vargas, Claudia. Costa Rica en el siglo XVI: descubrimiento,
exploración y conquista. Editorial UCR, San José, Costa Rica, 2006, pág. 6
19
Melo, Jorge Orlando. Op. Cit. pág. 14
33
historia. Sin embargo, hay que tener claro que fue un enfrentamiento de carácter cultural y
por ende un choque de los imaginarios colectivos, generando así una resistencia de las
comunidades originarias de este territorio
Si analizamos este párrafo a través del iris de un encuentro entre dos culturas, podemos
deducir que el choque no radicó en las cuestiones de explotación y poder, sino en una
incapacidad de comprensión entre ambas culturas.
No obstante, después de buscar con poco éxito especies en la geografía de las islas
antillanas, consideradas por Colón como el extremo oriental del continente asiático, halló
oro, metal que según sus expectativas convertiría a la isla en un enclave europeo. Es decir,
La Española sería un centro de actividades de factoría comercial, cuya estructura debía ser
copiada de las factorías portuguesas del litoral africano, que el genovés conocía bien. Se
trataba de una empresa básicamente mercantil en la cual un puerto, una lonja y un par de
edificaciones suponían toda la infraestructura necesaria para impulsar la comercialización
de aquellos productos con precios elevados que hicieran posible sufragar los altos costos
comerciales. 21
Este sueño pronto se rompió, la cantidad de oro recibido resultó ser muy desalentadora, y
Colón, ávido de mostrar resultados a sus soberanos, trató de suplir la deficiencia con otra
mercancía, al embarcar indios caribeños con destino a España para venderlos como
esclavos. De acuerdo con las previsiones del derecho romano los << barbaros >> podían
ser legítimamente esclavizados, y << barbaros >> llegó a considerarse por el cristianismo
20
Bell Lemus, Gustavo. "¿Costa atlántica? No: Costa Caribe”, en El Caribe en la nación colombiana. X
Cátedra Anual de Historia Ernesto Restrepo Tirado. Museo Nacional de Colombia, Bogotá, 2006, pág. 125
21
Pérez Herrero, Pedro. América Latina y el colonialismo europeo. Siglo XVI-XVII. Editorial Sintesis,
Madrid, 2004, pág. 30
34
medieval como el equivalente a << infiel >>. El infiel era un hombre que había rechazado
la verdadera fe, pero estos nuevos grupos habían vivido, aunque inexplicablemente, en una
total ignorancia de ella. 22
De allí que el canibalismo sería uno de los tantos pretextos para justificar las diversas
expediciones como “guerras justas” ya que estos pueblos descubiertos había que
civilizarlos. En este escenario Colón se encontró con pobladores nativos que se auto
denominaban Taínos (gente pacífica o amistosa), los cuales se dedicaban a la caza, pesca y
agricultura de algunos cultivos como yuca, plátano, maíz, tabaco, maní, ají, batata y piña. 23
No es sorprendente, entonces, las prácticas antropófagas hayan sido exageradas por los
cronistas españoles quienes se afanaban en rechazar y censurar las características culturales
y sociales de estas comunidades. Merece especial atención, que la práctica del canibalismo
entre los indios caribes contribuyó al estereotipo de los europeos, no obstante, en más de
una ocasión y bajo la presión de las circunstancias y del hambre, los españoles fueron
tentados a realizar esta práctica que la consideraban monstruosa. 24
Es difícil evocar la mirada de los vencidos, de esos tainos que poblaban las islas, primera
humanidad americana que recibió el choque con occidente. No los imaginemos
unánimemente pasivos, fascinados con los objetos provenientes de Europa, víctimas
embrutecidas de la rapacidad y de los perros de los conquistadores, sino indígenas que
sabían revertir la relación de la fuerza cuando encontraban los medios para hacerlo,
defender sus tierras, liquidar a sus agresores, acosar al invasor y rechazar la religión. 25
Dicho de otro modo, no los interpretemos inocentes o ingenuos como en su momento lo
hizo desde La Española Bartolomé de las Casas, sino como seres humanos:
22
Elliott, John H. “La conquista española y las colonias de América”, en Leslie Bethell (Compilador):
Historia de América Latina. (16 Vol.). Editorial Crítica, Barcelona, 1990, Vol. 1, pág. 136 (Citado en adelante
como La conquista española y las colonias de América, y la página)
23
Moya Pons, Frank. Op .Cit. pág. 22
24
Bernad, Carmen y Gruzinski, Serge. Historia del Nuevo Mundo. Del descubrimiento a la conquista. La
experiencia europea.1492-1550. (traducción), María Antonia Neira. Fondo de Cultura Económica, México,
1996, pág. 224
25
Ibíd.
35
“…. entre todas las razas, crio Dios los más simples, sin maldades ni dobleces,
obedientísimas, fidelísimas a sus señores naturales y a los cristianos a quien sirven;
más humildes, más pacientes, más pacíficas y quietas, sin rencillas ni bollicios, no
rijosos, no querulosos, sin rancores, sin odios, sin desear venganzas, que hay en el
mundo”.26
Cabe señalar, sin embargo, que el primer contacto con los aborígenes consistió en un
intercambio de productos voluntarios entre estas dos culturas. Los españoles cambiaban
peines, espejos, collares, baratijas por alimentos, piedras preciosas y oro. A este
intercambio se le dio el nombre de Rescate,27 constituyéndose en una forma de ingresos
económicos para las inversiones privadas y la Corona española como para los
conquistadores, no obstante, no se sentían satisfechos con lo conseguido y empezaron a
cambiar su estrategia. 28
Surgió así La cabalgata, estrategia violenta empleada por las huestes que se basó en asolar
a la tierra y comunidades indígenas mediante expediciones militares para apropiarse del
oro y recursos de los aborígenes. Cuando estas dos estrategias no dieron los frutos
esperados en oro y recursos, se cambió de mudos operandi, porque se tenía que cumplir con
las obligaciones y expectativas creadas por las empresas conquistadoras y colonizadoras;
entonces, se intentó beneficiarse de la abundante mano de obra existente en la Antillas.
Estrategia que buscó solucionar el problema de mano de obra, de ahí el impulsó de la
institución del repartimiento. El indio, por su parte, no se sentía propenso a trabajar
voluntariamente en las empresas creadas por los colonizadores, pero tampoco podían ser
convertidos en esclavos, pues suponía una violación de los requerimientos de las bulas
alejandrinas. Este inconveniente es superado con el reparto de indios entre los
26
De las Casas, Bartolomé. Brevísima relación de la destrucción de las indias. Editorial Universidad
Antioquia. Medellín, Colombia. 2011. pág.13
27
Rescate, son formas sutiles de intercambio comercial entre españoles e indígenas, en donde los españoles
engañaban a los indios, para obtener sus metales preciosos. Enciclopedia SALVAT. Editores SALVAT,
Barcelona, 1984, Tomo II. pág. 2854
28
Polo Acuña, José. “La Conquista del Caribe colombiano o la pedagogía exploratoria para el
establecimiento de la dominación española”, en Gustavo Bell Lemus (Compilador): La Región y sus
Orígenes. Momentos de la historia económica y política del Caribe colombiano. Editorial Nomos,
Corporación Parque Cultura del Caribe, Barranquilla, 2007, págs. 21-24.
36
conquistadores, quienes les pagaban un salario. Este sistema no suponía la concesión del
territorio que ocupaban los nativos, sino que era una forma de legalizar la compulsión al
29
trabajo.
Como es sabido los inicios de estos primeros repartimientos debemos situarlos en 1496,
cuando el almirante Colón procedió por primera vez a repartir mano de obra indígena entre
los españoles que lo acompañaban. El segundo reparto lo realizó tres años después, o sea,
en 1499, “a cada uno tierras a discreción con mil matas de yuca, y como se obligase a los
caciques vecinos hacer cultivar aquellos terrenos por sus súbditos, de ahí tomaron principio
esas reparticiones de indios”. Realmente se desconoce la mayoría de los detalles de estos
repartimientos, porque no existe constancia que permita determinar los números de
aborígenes entregados, ni los españoles que los recibieron, ni por cuanto tiempo fueron
dados. Lo que si podemos divisar es que en eso dos primeros repartimientos no debieron
ser demasiado nativos ya que, por un lado, afectó a un grupo reducido de ellos, y, por el
otro, aún no se había descubierto los principales yacimientos auríferos. 30
29
Pérez Herrero, Pedro. Op. Cit. pág. 33. Como era de prever el sistema de pagos no dieron los resultados
esperados, pues era un sistema europeo extraño para los indígenas.
30
Mira Caballos, Esteban. “Los orígenes de los repartimientos y las encomiendas indianas: Algunas
reflexiones”, en Esteban Mira Caballos (Compilador): Las Antillas Mayores, 1492-1550. Vervuert-
Iberoamericana, Frankfurt-Madrid, 2000, págs. 18-20
31
Polo Acuña, José. Op. Cit. pág. 33
37
Las encomiendas eran de dos tipos: una dependía directamente de la Corona, la cual se
caracterizaba porque estaba encomendada a través de los oficiales reales quienes mantenían
las premisas señaladas y no tenían tiempo de caducidad; la otra por el contrario, tenían un
tiempo límite máximo de “tres vidas” y dependían del encomendero. 32 De todas maneras
algunas familias lograban mantener las encomiendas por cuatro generaciones ya que se les
prolongaba por una o dos generaciones más, hasta que esta institución entró en decadencia
hacia mediados del siglo XVII.
A pesar de tales trabas, los más perspicaces aprovecharon su influencia social, su posición
privilegiada y los ingresos proporcionados por las encomiendas para adquirir grandes
extensiones de tierras que utilizarían para la cría de ganado y cultivos para el
abastecimiento propio y núcleos urbanos cercanos. De acuerdo con el uso metropolitano,
sin embargo, siguieron existiendo limitaciones estrictas sobre la propiedad del suelo en
territorios americanos españoles. La pertenencia de tierras estuvo condicionada a su
ocupación y uso, si bien el subsuelo continuaba siendo posesión innegable de la Corona
según las leyes castellanas; los dueños podían poner mojones para delimitar sus
32
Borrego Plá, María del Carmen. Cartagena de indias: La andadura de una vida bajo la colonia. El Áncora
Editores, Bogotá, 2010, pág. 47 (Citado en adelante como La andadura de una vida bajo la colonia, y la
página)
33
Arcila Farias, Eduardo. El régimen de encomiendas en Venezuela. Escuela de Estudios Hispano-
americanos, Sevilla, 1957, pág. 164
38
propiedades pero no cercarlas, los bosques y las aguas continuaron siendo bienes
comunales. Esto no significó que los encomenderos y otros colonizadores acaudalados
pudieran adquirir bienes susceptibles de ser heredados; esto dio como resultado el
nacimiento de lo que iba a ser el modelo de una sociedad colonial construida sobre los
fundamentos de la ciudad, estancias y haciendas rurales que variaban considerablemente en
tamaño y función según las circunstancias locales. 34
Para ser encomendero se debía cumplir con algunos requisitos mínimos. Aparentemente
dos, uno, jurar fidelidad al Rey y acudir con las armas cuando fuese necesario, y dos, velar
por la educación y protección de sus encomendados. Ciertamente en las Antillas no se ha
encontrado ningún caso de ritual de pleitesía, aunque es probable que al momento de la
entrega de la Real Cedula de encomienda se produjese algún acto en este sentido. 35
Fue el designado gobernador Nicolás de Ovando, quien remplazó al genovés Colón, el que
desarrolló este sistema antes realizado en España, cuando se desempeñó como comendador
de la orden de Alcántara. Este sistema de encomiendas ibérica consistía en distribuir
pueblos y tierras de los moros a los conquistadores cristianos, en tanto la encomienda en las
Antillas obligaba a los nativos a trabajar en los campos, minas y casas. 36 Por tanto, la
característica fundamental de la encomienda en las islas antillanas estuvo exclusivamente
en la prestación personal del indio a favor del español. La Corona en vez de sostener a sus
funcionarios con sueldos, lo hizo dándoles indios en encomienda, práctica que se mantuvo
algún tiempo para favorecer a algunos funcionarios importantes. 37
34
Elliott, John H.. Imperios del mundo Atlántico. España y Gran Bretaña en América. (traducción) Martha
Ballcells. Tauros, Madrid, 2006, pág. 79
35
Mira Caballos, Esteban. Op. Cit. págs. 18-20
36
Bernad, Carmen y Gruzinski, Serge. Op. Cit. pág. 223
37
Ramos Pérez, Demetrio. Historia de la colonización española en América. Ediciones Pegaso, Madrid,
España, 1947, pág. 299
39
«pueblos» indígenas. Ovando llegó en abril de 1502 junto con 2.500 europeos. Poco tiempo
después un huracán destruyó su capital, la reconstruyó en la orilla derecha del río Ozama
para mejorar las comunicaciones con el interior. El plano de la nueva ciudad fue el primer
ejemplo de un trazado geométrico en América. Sin más tardanza, el gobernador ideó los
patrones para una red de «villas» en La Española, quince de las cuales recibieron los
blasones reales en 1508. Algunas se situaron en el oeste y sureste para controlar el trabajo
de los indígenas; otras fueron emplazadas cerca de los depósitos auríferos o en zonas
adecuadas al desarrollo de la ganadería y la agricultura. Al finalizar de su mandato, Ovando
gobernaba a una población europea de entre 8.000 y 10.000 habitantes. Había apuntalado
las bases para el desarrollo de una economía regional integrada y promovido la isla como
plataforma para la exploración del Caribe. 38
Puede afirmarse que hacia 1520 a 1540 las ciudades antillanas se habían estabilizado y
consolidado en La Española, capital establecida en Santo Domingo, Verapaz al oeste, y
Azúa al sur. Otros asentamientos eran Puerto Plata, al norte, ciudad que se convirtió en el
puerto de entrada de miles de lucayos que trajeron de manera forzada; Villanueva de
Yaquimo, dedicada al corte de palos de tinte; Concepción de la Vega, Santiago y Bonoa, en
el centro de la isla fundamentalmente agrícolas. 39
Con el gobernador Ovando también llegaron varios franciscanos y se integraron con los
misioneros que habían traído las expediciones de Colón. Poco tiempo después a La
Española arribaron los primeros dominicos, dirigidos por Pedro de Córdoba, en 1510, y los
agustinos en 1531. Estas argumentaciones previas, nos revelan que el proyecto castellano
de desarrollo urbano no se puso en práctica inmediatamente en isla La Española, marco
inicial del impulso colonizador español en América. Las primeras ciudades, incluidos los
intentos desafortunados de La Navidad y La Isabela, fundadas por Colón en su primer y
38
Morse, Richard M.. “El desarrollo urbano de la Hispanoamérica colonial”, en Bethell, Leslie
(Compilador): Historia de América Latina. (16 Vol.). Editorial Crítica, Barcelona, 1990, Vol. 3. pág. 20- 21
39
Garavaglia, Juan Carlos y Marchena Fernández, Juan. América Latina. De los orígenes a la Independencia.
América precolombina y consolidación del espacio colonial. (2 Tomos). Editorial Crítica, Barcelona,
2005,Tomo I, pág. 126
40
Otro aspecto que conviene dejar claro, es la diferencia entre los indios naborías y de
encomiendas. El vocablo naborías es de origen indígena, designa a aquellos aborígenes que
estaban en una situación legal parecida al esclavo, no constituyendo más que una variante
jurídica de la esclavitud. La única diferencia existente entre un término y otro es que los
naborías no se podían vender legalmente. Estos nativos, a medio camino entre libertad y
esclavitud, no solían ser herrados, aunque en el Juicio de Residencia que, en 1528, se le
tomó al gobernador de la isla Cubagua, se le hizo cargo de herrar a los aborígenes esclavos
en la cara y en el brazo para distinguirlos. Las naborías podemos dividirlos en dos tipos.
Los que cumplían labores domésticas en las casas de los españoles, estos eran mejor
tratados que los otros indios, debido a que después de varios años de convivencia con los
europeos muchos terminaban por congraciándose con ellos. En el segundo grupo se
encontraban los indígenas que realizaban tareas en las granjerías y minas, quienes se
diferenciaban de los de “casas” debido a que trabajaban mientras durara la demora de los
indios de repartimiento, el resto de tiempo lo ocupaban en la hacienda de su señor, mientras
41
los indios de repartimientos iban a descansar en sus propios “conucos”.
Los aborígenes, por otra parte, comenzaron a escaparse hacia otras islas, se suicidaban
tomando el jugo de la yuca amarga e incluso ahogaban y mataban a sus hijos para que estos
no fueran esclavizados, esto hizo que su población descendiera, sin olvidarnos de los
vejámenes a los cuales eran sometidos y las enfermedades que llegaron con los españoles.
42
Así lo atestiguó fray Pedro de Córdoba, desde Santo Domingo, quien comentó respecto
al suicidio:
40
Morse, Richard M..Op. Cit. pág. 21
41
Mira Caballos, Esteban. Op. Cit. págs. 27-30
42
Moya Pons, Frank. Op. Cit. pág. 27
41
“Las mujeres, fatigadas de los trabajos, han huido de concebir y el parir, porque
siendo preñadas o paridas no tuviesen trabajo sobre trabajo; es tanto que muchas,
estando preñadas, han tomado cosas para mover y han movido las criaturas, y otras
después de paridas con sus manos han muerto sus propios hijos”. 43
Cabe destacar, que muchas enfermedades estaban presentes en ambos continentes, como la
tuberculosis, y la sífilis; no obstante, los europeos aportaron a la epidemiologia americana
muchísimas nuevas, como viruela, sarampión, peste negra, gripe, fiebre tifoidea y demás
44
infecciones respiratorias. Contrariamente, a lo que pudiéramos inferir, hubo algunos
aborígenes que colaboraron con las empresas conquistadoras. Actitud que se reprodujo por
doquier en los espacios del Nuevo Mundo, permitiendo que los conquistadores avanzaran y
se establecieran con menos desgastes. 45 En otras palabras, la reacción de los nativos de
América ante el arribo de los españoles fue considerablemente variada, desde el
ofrecimiento de alianzas hasta la colaboración más o menos forzada, desde la resistencia
pasiva hasta una hostilidad constante. En todas partes del territorio americano español, sin
embargo, la llegada de estos seres humanos desconocidos causó el mismo asombro, no
menos intenso que el experimentado por los mismos conquistadores, es decir, ambas partes
estaban descubriendo un nuevo grupo de hombres cuya existencia ni siquiera habían
logrado imaginar. 46
Para 1508 sólo quedaban 60.000 indios de 400.000 desde la llegada europea a La Española,
por estos motivos se inicia un proceso de búsqueda de mano de obra, oro y de ocupación de
territorios, esta vez en las islas de Cuba, San Juan y Lucayas (Bahamas).47 Aunque existen
otras valoraciones más elevadas de la población de las Antillas y del área circuncaribeña
con anterioridad a la conquista nunca han sido, ni mucho menos, totalmente aceptadas. No
43
Sánchez-Albornoz, Nicolás. “La población de la América colonial española” en Bethell, Leslie
(Compilador): Historia de América Latina. (16 Vol.). Editorial Crítica, Barcelona, 1990, Vol. 4. pág. 21
44
Narvaja, Benito y Pinotti, Luisa. Violencia, población e identidad en la colonización de América hispánica.
Ciclo Básico Común. Editorial Universidad de Buenos Aires, Argentina, 1998, pág. 51
45
Bernad, Carmen y Gruzinski, Serge. Op. Cit. pág. 225
46
Wachtel, Nathan. “Los indios y la conquista española” en Bethell, Leslie (Compilador): Historia de
América Latina. (16 Vol.). Editorial Crítica, Barcelona, 1990, Vol. 1. pág. 170
47
Moya Pons, Frank. Op. Cit. págs. 27-28
42
se discute el hecho de la rápida destrucción de los nativos en este espacio, sino solamente
su magnitud. La isla Española ha sido estudiada más sistemáticamente, según otras
afirmaciones contaba con una población de 8 millones de habitantes o sólo de 100.000 en
1492, el caso es que tan sólo quedaban unos pocos cientos de supervivientes en 1570. En la
cuenca del Gran Caribe, el descalabro fue igualmente brusco. Sin embargo, al parecer se
detuvo a tiempo precisamente para que la población indígena no se extinguiera como
ocurrió en las Antillas. Irónicamente, el temprano estancamiento económico que afectó a
esta zona alivió la presión a que estaban sometidos los aborígenes, salvando bastantes
vidas. 48
48
Sánchez-Albornoz, Nicolás. “La población de la América colonial española”, en Bethell, Leslie
(Compilador): Historia de América Latina. (16 Vol.). Editorial Crítica, Barcelona, 1990, Vol. 4. pág. 16
49
La conquista española y las colonias de América. pág.140
50
Friede, Juan. (Compilador): Documentos inéditos para la historia de Colombia, (10 Tomos). Bogotá.
Academia Colombiana de Historia, 1955- 1960. Tomo V, pág. 10 (Citado en adelante por sus iniciales DIHC,
tomo y páginas)
43
Estos primeros años fueron de feroz captura de esclavos, actividad a la cual se dedicó
Colón, su familia y demás colonos. El genovés ya tenía experiencia en estos negocios,
envió más de 4.000 indígenas a distintos empresarios europeos, quienes los vendieron en
Portugal, España, Madeira, Italia y Cabo Verde. En esta coyuntura, los indios Caribes que
eran acusados de antropofagia pudieron ser esclavizados legalmente ante la Corona
española al haber declarado la “guerra justa” contra ellos. 51
Igualmente, los españoles exploraron las costas de México, Florida, Venezuela y la actual
Colombia, pero no establecieron sitios permanentes debido a que regresaban a las islas para
el reparto del botín; proceso denominado <<fase insular de la conquista>> y comprendió el
período entre 1492 y 1519. 52 Las palabras de Bartolomé de las Casas, describen como
testigo y observador privilegiado de la época, como se desarrollaron los acontecimientos y
motivaciones que instaron a explorar los extensos y desconocidos bordes continentales del
mar Caribe.
“En este año de 1500, como cada día creciese la nueva de que la Tierra Firme tenía
oro y perlas, y los que iban por la costa della, por rescate de cosillas de poco valor,
como cuentas verdes y azules, y otros colores, y espejuelos y cascabeles, cuchillos y
tijeras, etc., traían mucho provecho, y por poco que fuese, según entonces estaba
España pobre en dinero, era tenido por mucho, y hacíase mucho con ello, y así
crecía el ancia de ser rico en los nuestros, y hacía perder el miedo a navegar mares
tan profundos y de tan lengua distancia, nunca jamás navegada, mayormente
vecinos de Triana [….] navegaron la costa abajo, y pasaron por la rivera de la mar,
de lo que nombramos al presente Santa Marta y Cartagena, y de lo demás que es
hasta la culata o ensenada que el golfo de Uraba [….]. Decíese que traían dos o tres
51
Garavaglia, Juan Carlos y Marchena Fernández, Juan. Op. Cit. pág. 120
52
Gamboa, Jorge Augusto. (Editor), Encomienda, identidad y poder: la construcción de la identidad de los
conquistadores y encomenderos del Nuevo Reino de Granada, vista a través de las Probanzas de mérito y
servicios 1550-1650. Instituto colombiano de Antropología e Historia, Bogotá, 2002, pág. 14
44
arcas de piezas de oro, que entonces, se tenían por riqueza grande, y nunca tan
imaginada”. 53
Otros elementos que motivaron la penetración espacial es que no hay lugar donde la fábula
esté mejor representada que la cuenca del Caribe. Aquí estaba la isla de las amazonas de
Grijalba, los monstruos de Colón, los gigantes de Vespucci. Pero de todas las leyendas, la
que más animó a las empresas conquistadoras fueron la Fuente de la Eterna Juventud y El
Dorado. 54 Esta última utopía, que entusiasmó la imaginación de esa generación, impulsó el
avance hispánico por las tierras del Nuevo Reino. Aunque hay que advertir, que nunca
consiguieron llegar a las míticas ciudades de oro, buscándolas lograron conocer grandes
extensiones del territorio y levantar poblados que fueron base de una colonia que estaba en
proceso de formación. 55
El hallazgo de estas tierras durante las primeras décadas tomó por sorpresa a España, hasta
el punto que la Corona ejecutó ciertas medidas un tanto erráticas. Primero, financió los
viajes y expediciones con créditos solicitados a particulares, pero después, cuando no tuvo
a quién recurrir, concedió la idea de otorgar permisos a particulares para que por su cuenta
y riesgo continuaran el proceso de ocupar nuevos territorios. 56
En este orden de ideas, La Española fue el sitio y base de operaciones a partir del cual los
europeos exploraron las Antillas y conquistaron Tierra Firme. La historia de esta isla es
breve, atroz y ejemplar. En sólo dos décadas los nuevos colonos acabaron con gran parte de
su población y oro. 57 Respecto al oro, durante los primeros años del siglo XVI, se enviaron
a España 276 kilogramos de oro según cifras oficiales (probablemente la cantidad real
debió ser mayor). Pero luego de 1515, sin aborígenes que trabajaran, las remisiones
disminuyeron hasta casi desaparecer. En Cuba, alrededor de 1511, se hallaron importantes
53
Vidal Ortega, Antonio. Cartagena de Indias y la región Histórica del Caribe, 1580-1610. Consejo Superior
de Investigaciones Científicas. Escuela de estudios Hispano-Americanos. Sevilla, 2002, pág. 38
54
Arciniegas, Germán. Biografía del Caribe. Editorial Planeta Colombiana S. A. Bogotá, 2000, pág. 108
55
Martínez Carreño, Aída, Colombia. Desde el descubrimiento hasta la guerra de los mil días. 1942-1905.
Colección Documentos. Grupo Editorial Norma, Bogotá, 2009, pág. 37
56
Rodríguez González, Ana Luz y Otros. Historia de Colombia, todo lo que hay que saber. Editorial Tauros,
Bogotá, 2006, pág. 60
57
Bernand, Carmen y Gruizinki, Serge. Op. Cit. pág. 222
45
Para instalar una presencia permanente en el Nuevo Mundo, los españoles dependieron de
las incipientes etapas de colonización, de un flujo continuo de inmigrantes, pues la tasa de
58
Garavaglia, Juan Carlos y Marchena Fernández, Juan. Op. Cit. pág. 124
59
Ikonómova, Aneta. “La colonia del Caribe en el siglo XVI. Historia local-diseño global”, en Martha Ardila
(Compilador): El Gran Caribe. Historia, cultural y política, Colección Pretextos. Edición Universidad
Externado de Colombia, Bogotá, 2005, pág. 39
60
Wachtel, [Link].pág.189
46
mortalidad de los recién llegados era alta. Es por ello que hasta que no se corrigió el
desequilibrio de los sexos inherente en estos movimientos migratorios trasatlánticos, no
existía ninguna posibilidad de que la población blanca mantuviera el terreno alcanzado, y
menos aún que lo aumentara, sin un flujo continuo de inmigrantes europeos. 61
Por tanto, para la Corona era significativo convertir a La Española en un centro ganadero
prospero. En marzo de 1503, la Reina Isabel aprobó en Zaragoza la solicitud de enviar a
América, las bestias y ganados que hubieren menester. Las dificultades para los animales
eran enormes, debido a las condiciones del viaje, la alimentación, el cambio de clima y el
ataque de las plagas del trópico. Pero luego que los hatos antillanos ganaderos crecían,
prosperaban y se consolidaban, se mandaban a Tierra Firme, cecina, carne en tasajo y
ganado en pie. 63
61
Elliott, John H.. Op. Cit. pág. 91
62
La conquista española y las colonias de América. pág. 165
63
Sourdis Nájera, Adelaida. La Ganadería en Colombia. Cinco siglos construyendo un país. Editorial
Sanmartín Obregón, Bogotá, 2008, págs. 25-26 (Citado en adelante como La Ganadería en Colombia, y
página)
48
En este sentido, la conquista importó un cambio de dieta a la vez que una alteración del
modo de producción. Los europeos introdujeron en las Indias la alimentación mediterránea
basada en trigo, carne ovina o bovina, aceite, vino y dulces (miel o azúcar). El ganado y la
caña encontraron en América condiciones óptimas para su propagación; el trigo mucho
menos. Tanto los animales de esos hatos como los baguales, que también abundaban,
invadían constantemente los cultivos de los pueblos de indios, destruyendo sus cosechas y
forzando el abandono de la tierra. El vacío provocado invitaba a los hacendados a ampliar
sus estancias o crear otras nuevas, dicho de otro modo, la agricultura y la ganadería
europeas se extendían, pues, a expensas del indígena. 64
Por su parte, la introducción del trigo provocó una nueva distorsión al forzar a los nativos a
alterar los cultivos. Sus mejores tierras hubieron de producir ese cereal para pago del
tributo o para abastecer a las ciudades. Exigidos por la imposición, faltos de experiencia y
repugnando su consumo, los indígenas se resistieron a cultivarlo, y cuando lo hicieron,
obtuvieron rendimientos inferiores a los que sacaban de granos tradicionales, como el maíz.
Los conquistadores optaron, en consecuencia, por repartirse tierras de labranza, con
detrimento, naturalmente, de las tierras de los aborígenes. La despoblación inicial facilitó la
apropiación del suelo para producir bienes de consumo para la sociedad colonial o de
exportación para la Metrópoli. 65
Ahora bien, los primeros colonos, los nuevos inmigrantes y sus descendientes, se veían así
mismos naturalmente como miembros de una raza conquistadora, e incluso, si ellos mismos
no habían participado en tal conquista. Estos colonizadores de ascendencia hispana
empezaron a ser conocidos como “criollos” por la década de 1560, este reconocimiento se
evidenció con la exención del pago de impuestos, un privilegio del que gozaban los nobles
e hidalgos en España. Esta prerrogativa los distinguía de la población indígena tributaria,
aunque muchos de ellos no vivieran mejor que sus vecinos indios. 66
64
Sánchez-Albornoz, Nicolás. Op. Cit pág. 20
65
Ibíd. págs. 20- 21
66
Elliott, John H.. Op .Cit. pág. 263
49
Hay que insistir y aclarar que España no siempre destruyó, ni impuso todo por la fuerza.
La Corona estaba interesada en acabar con todo aquello que obstaculizara su dominación y
le fue imposible evitar el intercambio cultural debido a que muchos españoles asimilaron
algunas frases de la lengua taina y ciertas costumbres como dormir en hamacas, consumir
cazabe y tabaco. Bartolomé de las Casas, comentó al respecto:
“Se hacen construir unas casas que no soportan la comparación con la chozas
flamencas, se desplazan en canoa a lo largo de las costas y sobre los ríos, se
balancean y duermen en hamacas, aunque con ello se recientan su espalda. Maíz,
piragua, canoa, cacique….son algunas de las palabras indígenas que a través del
castellano llegan a las lenguas europea”. 67
Del mismo modo, la Real Cedula del 19 de abril de 1495, otorgó capitulaciones a personas
particulares con el fin de reconocer, explotar, conquistar, fundar ciudades, villas y lugares
en los nuevos territorios descubiertos. 70 Esto permitió la recalada de Alonso de Ojeda, Juan
de la Cosa, Américo Vespucio, Rodrigo de Bastidas, Vasco Núñez de Balboa, Pedro de
Heredia y Pedrarias Dávila, entre otros, al actual Caribe colombiano.
Este espacio del Caribe neogranadino, para 1500, se calculaba en una población de unos
2.565.376 indígenas, desde Urabá hasta la península de la Guajira; cifra que corresponde al
67
Bernand, Carmen y Gruizinki, Serge. Op. Cit. págs. 236-237
68
Sourdis Nájera, Adelaida. Op. Cit. pág. 22
69
Ikonómova, Aneta. Op. Cit. pág. 27
70
Friede, Juan: “La conquista del territorio y el poblamiento”, en Nueva Historia de Colombia, Vol. I,
Edición Planeta, Bogotá, 2001, pág. 71
50
31.08 % del total de la población para el territorio, de la cual se puede deducir que esta
región fue uno de los espacios más poblados de las comunidades nativas prehispánicas. 71
En relación con lo que acabamos de argumentar, los Aztecas ocupaban la parte norte del
territorio de México; los Mayas el sureste del territorio antes mencionado, la península de
Yucatán y la actual Guatemala; los Incas el actual Ecuador, Perú y parte de Chile, y
finalmente los Chibchas o Muiscas en el territorio de la hoy Colombia. No obstante, estas
civilizaciones indígenas tuvieron que ceder estos territorios por la rapidez de la conquista
española. 72
71
Polo Acuña, José. Op. Cit. pág. 21
72
Chanun, Pierre, Historia de América Latina. (Traducción), Federico Monjardín. Universitaria de Buenos
Aires, 1969, pág. 8
51
para la recreación, como los conocidos Juegos de Pelota de Chichén-Itzá. 73 Por su parte,
Los Aztecas se estructuraban en una confederación integrada por los pueblos de
Tenochtitlán, Tlacopan y Texcoco; los primeros tenían la dominación hegemónica del
ejército y del culto. Asimismo, la sociedad contaba con un calendario y un desarrollo
arquitectónico que permitió que sus ciudades tuvieran desarrollo urbano, como templos,
pirámides escalonadas, esculturas monumentales y palacios. De otro lado, Los Incas
constituyeron un imperio basado en la explotación de la comunidad productiva, el ayllu. A
la arribada de los españoles llevaban más de dos siglos practicando y desarrollando esta
política de conquista de comunidades agrícolas que organizaban para sus intereses.
Finalmente, Los Chibchas estaban organizados en nobles, quienes disputaban el poder
central y constituían un estamento privilegiado cuya ocupación era la religión, el cobro de
tributos, la administración y asuntos de guerra. Escalones más abajo se encontraban los
agricultores y artesanos, quienes practicaban el intercambio de productos agrícolas, tejidos,
sal, oro, piedras preciosas y cerámicas. 74
73
Fazio Fernández, Mariano. La América ingenua: breve historia del descubrimiento, conquista y
evangelización. Ediciones RIALP, S.A. Madrid, 2009, págs. 17-18
74
Narvaja, Benito y Pinotti, Luisa. Op. Cit. págs. 17-24
52
soberanía sobre los recursos más importantes como oro, perlas y demás metales preciosos
cuya explotación era permitida a cambio del pago del quinto real. 75
Sin embargo, contrario a lo que muchos pudiéramos pensar, las riquezas provenientes de
los reinos de América fueron utilizadas para la cancelación de deudas atrasadas con
banqueros y mercaderes, que no sólo eran españoles, sino también genoveses, alemanes,
flamencos (Fugger, Doria, Grimaldi, Esquete, Shetz, Welser, Centurión), y para el
sostenimiento de las cortes y pago de los objetos de lujo que dicha fortuna implicaba. 76
Por lo argumentado hasta aquí debemos preguntarnos: ¿Por qué España pudo conquistar de
forma rápida a América? Esta pregunta compleja tiene una respuesta histórica que se
relaciona con la liberación de la misma España de la dominación árabe, los significativos
avances militares y tecnológicos en acero, hierro y pólvora, la consolidación de una
escritura que permitió acumular y multiplicar los conocimientos, la experiencia guerrera,
las enfermedades, y la unión de los reinos de Aragón y Castilla. 77
Por supuesto, también el dominio a América fue posible gracias a la red de créditos que
circulaban por medio de los agentes locales y empresarios respaldados por funcionarios
reales, encomenderos ricos y las grandes casas bancarias de Génova y Austria. 78 Así como
la casualidad de los europeos en llegar en el momento en que se estaba acabando el ciclo
calendario (el tiempo entre la mayoría de las culturas indígenas se mide de forma circular y
no lineal como el cristiano), hizo que los españoles en algunos casos fueran considerados
como dioses que regresaban a la tierra. Los mitos de Viracocha, Kukulkán y Quetzalcóatl,
75
Gamboa, Jorge Augusto. [Link]. pág. 15. Hernán Cortés llegó a las costas mexicanas con cerca de 508
soldados, las huestes de Francisco Pizarro lograron conquistar el Perú con 160 hombres únicamente y
Gonzalo Jiménez de Quesada salió de Santa Marta en 1536 con 800 hombres, de los cuales llegaron a las
sabanas de Bogotá 180. Véase, Friede, Juan “La conquista del territorio...” pág. 80
76
Martínez Carreño, Aída. Op. Cit. pág. 35
77
Kalmanovitz, Salomón. (Editor): Nueva historia económica de Colombia. Fundación Universidad de
Bogotá Jorge Tadeo Lozano. Editorial Tauros historia, Bogotá, 2010, págs. 25-26
78
La conquista española y las colonias de América. pág.148
53
por citar algunos ejemplos bastante conocidos, sirvieron para introducirse de manera
pacífica en parte del territorio. 79
Además, el fin de la lucha por la recuperación del territorio español derivó que hidalgos,
villanos y muchos desocupados que estaban preparados para la guerra llegaran a las Indias
Occidentales. Estas gentes provenían de Andalucía, Extremadura, Castilla, entre otras
regiones. Se ha calculado que sólo el 1,8 % poseían un título e incluso obtenido después de
una conquista como es el caso de Hernán Cortés, a quien se le otorgó el título de marqués
del valle de Oxaca por la conquista de México, pero este era meramente decorativo al no
implicar cargo en el gobierno. 80
Este proceso de conquista para el caso concreto del Caribe neogranadino comprendió el
período entre 1500 a 1550, en el cual se inició la exploración de la geografía costera y
también andina, es decir, los territorios que comprenden el Mar del Norte o litoral
Atlántico, la meseta chibcha y parcialmente el Mar del Sur o litoral Pacífico. Al mismo
tiempo se fundaban centros urbanos o ciudades que cumplieron un papel fundamental en el
devenir de la colonización, como Cartagena, Santa Marta, Valledupar, Popayán y Cali,
entre otras. 81
79
Pérez Herrero, Pedro. Op. Cit. pág. 51. Es adecuado comentar que existe una acepción peyorativa del mito
que lo consideran como una invención o falsedad. En la actualidad sabemos que el mito es un relato antiguo
que pretende explicar bajo la concatenación narrativa de símbolos un acontecimiento trascendental para una
colectividad: sus orígenes, el mundo que lo rodea, el aprendizaje de una técnica necesaria para la
supervivencia, las hazañas de unos personajes que establecieron pautas de conductas para sus descendientes,
el hallazgo de algo que cambio su destino, entre otros aspectos. Véase, Revilla, Federico. Fundamentos
antropológicos de la simbología. Ediciones Cátedra. Madrid, 2007, pág. 243
80
Martínez Carreño, Aída. Op. Cit. págs. 38-39. Véase, para un análisis más completo y detallado a Carmen
Gómez Pérez “Los beneméritos de la tierra, oro, conquista y poder en Cartagena de indias.1532-1560”, en
Haroldo Calvo Stevenson y Adolfo Meisel Roca (Editores): Cartagena de Indias en el siglo XVI. Edición
Banco de la República, Cartagena, 2009
81
La Filosofía de la conquista en Colombia. pág. 16
54
alcanzada durante el proceso de reconquista con los moros, definitivamente, América era
algo completamente nuevo. Segundo, si bien es cierto estas primeras expediciones
necesitaron del permiso de la Corona, también lo es, que el capital privado jugó un papel
fundamental. Por lo general, una persona acaudalada aportaba el capital y los recursos para
el viaje. Y tercero, no se pensaba en una colonización permanente, pues sólo fue en 1508
cuando España comenzó a estipular capitulaciones para una colonización sostenida. 82
Despuntado el siglo XVI, llegó Rodrigo de Bastidas, escribano de Triana, barrio de Sevilla,
quien capituló la conquista del litoral Caribe, que comprendía desde el Cabo de la Vela
hasta el Darién en la desembocadura del río Atrato. Éste descubre de igual forma la
desembocadura del Río Grande (Magdalena) y la ensenada del Urabá. En 1508, Alonso de
Ojeda llegó a Calamar, sitio perteneciente a Cartagena donde los indios se resistieron a tal
dominación. Ojeda continuó recorrido y llegó a Urabá, fundó en 1509 a San Sebastián del
Urabá, primer poblado de españoles en las actuales tierras colombianas. Por último, Vasco
Núñez de Balboa, quien tras cruzar a la otra orilla del Atrato fundó a Santa María la
Antigua del Darién, en 1510, y posteriormente descubrió el Océano Pacifico, llamado Mar
del Sur. 83
82
Polo Acuña, José. Op. Cit. págs. 19-20
83
Friede, Juan. Op. Cit. págs. 71-73
84
Zambrano Pantoja, Fabio y Bernard, Olivier. Ciudad y territorio. El proceso de poblamiento en Colombia,
Academia de Historia de Bogotá-Instituto Francés de Estudios Andinos-Fundación de Estudios Históricos
Misión Colombia. Tercer Mundo Editores, 1993, pág. 30 (Citado en adelante como Ciudad y Territorio, y
página)
55
Aunque, por otra parte, Núñez de Balboa se opuso a las nuevas poblaciones fundadas por
los españoles recién llegados, defendió el derecho de los primeros expedicionarios, ya que
estos llevaban varios años ocupando el territorio. Sin embargo, debido a sus constantes
reclamos y protestas por las disposiciones de la Corona en lo relacionado con el derecho a
la tierra fue acusado de rebeldía contra las autoridades locales, de traición al Rey y
amotinamiento, esto le ocasionó que le hicieran un juicio donde fue ejecutado y sus bienes
entregados a Gonzalo Fernández de Oviedo. 86
Una de las características presentes durante estos primeros años de descubrimiento del Gran
Caribe, y, por supuesto de Tierra Firme, es que esta se convirtió en “tierra de nadie”, donde
españoles y europeos emprendían campañas de saqueo y cacería de mano de obra esclava
87
para las islas antillanas << útiles >>: Puerto Rico, Cuba, Santo Domingo y Jamaica.
A Puerto Rico llegó la empresa de Juan Ponce de León, la explotación siguió básicamente
el mismo modelo de La Española, es decir, buscando los placeres auríferos. Capturó y
repartió algunos indios para buscar oro al otro lado de la isla, obligándolos a abandonar sus
conucos. Esto motivó una resistencia que acabó en un enfrentamiento sangriento. Pocos
años después quedó muy deshabitaba, se trasformó en una isla << inútil >> y se acabó el
oro. En Cuba sucedió algo similar, Diego de Velázquez arribó a una parte de la isla, y
Pánfilo de Narváez, por la otra, hizo repartimientos, buscó oro, y acabó con la población
nativa. Incidente que hizo que buscaran aborígenes en las costas cercanas a Yucatán y allí
85
Friede, Juan. Op. Cit. pág. 72
86
Rodríguez González, Ana Luz. Op. Cit. pág. 62
87
Zambrano Pantoja, Fabio. “Historia del poblamiento del territorio de la Región Caribe de Colombia”, en
Alberto Abelló Vives y Silvana Giaimo Chávez (Compiladores): Poblamiento y ciudades del Caribe
colombiano. Editorial Gente Nueva LTDA. Santafé de Bogotá, 2000, pág. 26 (Citado en adelante como
Historia del poblamiento del territorio de la Región Caribe de Colombia, y página)
56
Claro está, estos no fueron los únicos mecanismos o maneras de afirmar una ocupación
física territorial, pues, también se dio la ocupación simbólica, la cual consistió en rebautizar
las tierras. Colón colocó nombres a las islas, cabos y accidentes geográficos que descubría
en sus viajes: nombres de la familia real (Fernandina y Juana), nombres descriptivos
apropiados a algún rasgo físico prominente, nombres sagrados (San Salvador), y otros
nombres que simplemente se ajustaban a su propio paisaje imaginario, empezando por la
<< Indias >>. Este aspecto de poner nuevos nombres a los lugares, era propio de todas las
potencias europeas en las Américas, se puede explicar de modo razonable como una
manifestación de poder. 89
Dicho de otro modo, los espacios ocupados por los castellanos fueron primero conquistados
militarmente para después ser colonizados. Los europeos intentaron trasplantar a los
territorios descubiertos el modelo de una sociedad en donde el honor y prestigio social eran
parte central de la estructura social. De hecho buscaban vasallos y tierras para ganar
ascendencia. Para legitimar el trabajo indígena y derecho sobre la tierra los españoles se
plantearon que los nativos no constituían sociedades civiles, por tanto, las áreas que
habitaban no eran suyos, sino que las ocupaban transitoriamente debido a sus pecados e
infidelidad. Por consiguiente, el Adelantado es el mismo conquistador, debido a que una
vez llega a estos territorios inició un proceso de conquista, sometiendo y vasallaje.
Estos intentos han permitido, entre otras cosas, establecer que la Corona de Castilla tenía el
interés de colonizar y es por ello que en las incipientes décadas del siglo XVI centró su
atención en sujetar a tierra los distintos pobladores con el objetivo primordial de consolidar
una economía hacia dentro y hacia fuera para beneficio directo de la Metrópoli. En
88
Garavaglia, Juan Carlos y Marchena Fernández, Juan. Op. Cit. págs. 122-123
89
Elliott, John H.. Op. Cit. págs. 67- 68
57
En este contexto y con las capitulaciones otorgadas a Bastidas, se fundó en 1525, la ciudad
de Santa Marta, capital y puerto principal de la gobernación o provincia del mismo nombre.
90
Salazar Ramos, Roberto. “La filosofía de la conquista en Colombia”, en La Filosofía en Colombia.
Editorial El Buho, Bogotá,1988, pág. 27 (Citado en adelante como La filosofía de la conquista en Colombia, y
la página)
91
Historia del poblamiento del territorio de la Región Caribe de Colombia. pág. 27
92
Martínez Carreño, Aída. Op. Cit. págs. 43-44
58
Dicha provincia comprendía desde el Cabo de la Vela, hasta el Río Grande (Magdalena).
Del mismo modo, Heredia, soldado y conquistador de Vadillo, fundó a Cartagena en 1533,
93
puerto principal, fuerte militar y capital de la gobernación de Cartagena. Ya que las
huestes conquistadoras sólo alcanzaron reconocimiento político por parte de la Corona a
partir del principio identificador del núcleo urbano, pues representaban la continuidad de la
civilización urbana mediterránea en el Nuevo Mundo conquistado. 94
93
Zambrano Pantoja, Fabio. “El proceso de poblamiento. 1510-1800”, en Gran Enciclopedia de Colombia.
Círculo de lectores, Santa fe de Bogotá, 1991, págs.117-118
94
Colmenares, Germán. Historia económica y social de Colombia. 1537-1719. Ediciones Culturales, Bogotá,
1973, pág. 3 (Citado en adelante como Historia económica y social de Colombia, y página)
59
La región Caribe neogranadina quizás sufrió más que ningún otra parte del actual territorio
de Colombia de profundos cambios y dislocaciones espaciales durante el proceso de
sometimiento y colonización español. Debido a que los indígenas desde tiempos
prehispánicos habían logrado, con el acceso a ríos, ciénagas y caños, crear corredores que
les sirvieron como vías para intercambios comerciales. Debemos suponer que estos
intercambios eran más frecuentes en la banda izquierda del río Magdalena, área que
gozaba de mayor densidad demográfica y de la presencia de comunidades indígenas
sedentarias con altos niveles técnicos de agricultura. Por eso no es temerario aseverar que
desde antes de la ocupación europea se estaban marcando las diferencias entre las
subregiones del Caribe, de un lado del río la provincia de Cartagena, del otro la
gobernación de Santa Marta.95
En la misma forma, es significativo expresar y discernir que las tres primeras décadas del
siglo XVI se caracterizaron por la improvisación y desorganización casi anárquica,
motivada, principalmente, por los intereses económicos de los conquistadores, y en la cual,
más allá de la apropiación de los botines y la expoliación forzada, no había ninguna
inclinación por consolidar algún tipo de sociedad en estos territorios. Asimismo, el espacio
geográfico del Caribe neogranadino influyó en el establecimiento de los centros urbanos,
ya que esta condicionó el tipo de desarrollo y condiciones de las sociedades establecidas en
sus regiones. Pero luego de 1550, la conquista del Caribe estaba prácticamente concluida
por parte de España, esto significó modificar su planteamiento de dominación y estrategia
por un nuevo proceso de organización, explotación y sobre todo de poblamiento.
95
Ciudad y Territorio. pág. 100
60
subsistencia, al cual se le conoció como los << desesperados >>, dando paso en América a
rasgos similares de lo que en España se vivía en el momento del descubrimiento. 96
Entonces, durante estas primeras etapas de colonización los mayores beneficiarios fueron
los mercaderes que abastecieron a los conquistadores de víveres y de objetos
manufacturados que necesitaban, a cambio de oro que han pillado o sacado de sus
concesiones. Por ende, la fortuna de los conquistadores está ligada al éxito de la
expedición, a las vicisitudes del descubrimiento y del pillaje. Por su parte, los mercaderes
siguen a ritmo de los negocios y del crédito. A la par comienzan a florecer los litigios y la
reinversión de las ganancias en nuevas expediciones a las islas y el continente, es decir, con
el capital acumulado en las Antillas se financió la conquista y ocupación de Tierra Firme.
97
En tales circunstancias, el Imperio español buscó la consolidación del poder no sólo para el
Gran Caribe, sino también para la Nueva Granada, a través de la institución de la audiencia,
ya que los encomenderos habían adquirido mucha independencia con respecto a la Corona:
se habían descubierto varias minas donde se halló gran cantidad de metales preciosos, la
fertilidad de las tierras, el excesivo poder económico de los encomenderos, las
comunidades religiosas reclamaban la regularización de la población para facilitar su labor
de adoctrinamiento, y, finalmente, limitar las funciones de los Cabildos, Obispados,
98
Alcaldías y Gobernaciones. En esencia las audiencias buscaron consolidar el proceso
colonizador, el cual permitiría aumentar las ganancias en las Cajas Reales, mayores
beneficios para la Metrópoli y ejercer un mayor control político-administrativo y de
justicia.
96
Historia del poblamiento del territorio de la Región Caribe de Colombia. pág. 31
97
Bernand, Carmen y Gruizinki, Serge. Op. Cit. págs. 239
98
Salazar Ramos, Roberto. “Los procesos ideológicos de la pacificación”, en La filosofía en Colombia.
Editorial El Búho, Bogotá, 1988, págs. 49- 51(Citado en adelante como Los procesos ideológicos de la
pacificación, y página)
61
Durante el siglo XV, la familia y la jerarquía eclesiástica eran los dos pilares fundamentales
sobre los que se sostenía la estructura social en la Europa moderna. La familia ordenada
bajo el control del cabeza de familia, era el Estado en microcosmo, de la misma manera que
el Estado, bajo el gobierno real, era un microcosmo del universo gloriosamente arreglado y
sometido a su Creador. En tal sentido, unos habían nacido para gobernar y otros para
obedecer o, como expresó John Winthrop: “En todas las épocas unos tienen que ser ricos y
otros pobres, unos elevados y eminentes en poder y dignidad, otros humildes y sumisos”. 99
Partiendo de estas premisas y preceptos, desde la llegada de Colón a las Antillas, se hizo
necesario justificar la ocupación, por tanto, había que recurrir a las bulas papales, debido a
que durante parte del siglo XV en Europa las distintas expediciones de exploración y
conquistas eran legitimadas por el papado, es así, que mediante la Bula Inter Caetera de
Alejandro VI, en 1493, otorgó el permiso a los Reyes Católicos para el proceso de
sometimiento y colonización. A cambio la institución eclesiástica obtendría la
evangelización de las tierras descubiertas, por descubrir y el mantenimiento de la Iglesia
bajo el Patronato Real. 100
99
Elliott, John H.. Op. Cit. pág. 239
100
Barnadas M, Josep. “La iglesia católica en la Hispanoamérica colonial”, en Bethell, Leslie
(Compilador): Historia de América Latina. (16 Vol.). Editorial Crítica, Barcelona, 1990, Vol. 2. pág. 186
101
De Roux, Rodolfo. Dos mundos enfrentados. CINEP, Santa fe de Bogotá, 1990, pág.102
62
Por tanto, la conquista, además de ser un encuentro y un choque cultural, se caracterizó por
los inconvenientes surgidos entre la Corona y la Iglesia, problemas referidos al maltrato
físico, la esclavitud, la muerte de los indios, los límites entre estos dos poderes, los
diezmos, la moral eclesiástica, etc. 102
“Los cristianos, con sus caballos y espadas y lanzas comienzan a hacer matanzas y
crueldades extrañas en ellos. Entraban en los pueblos ni dejaban niños, ni viejos ni
mujeres preñadas ni paridas que no desbarrigaban y hacían pedazos, como si dieran
en unos corderos metidos en sus apriscos. Hacían apuestas sobre quién de una
cuchillada abría el hombre por medio o le cortaba la cabeza de un piquete o le
descubría las entrañas”. 104
Hay que subrayar, que a la monarquía española le interesó tener propicio al Papado para
evitar conflictos internos y externos con las demás potencias europeas. Tengamos en cuenta
que el Papado disponía de una fuerza en el ámbito político internacional, el cual actuaba no
102
La filosofía de la Conquista en Colombia. pág. 21
103
Pérez Herrero, Pedro. Op. Cit. pág. 35
104
De las Casas, Bartolomé. Op. Cit. pág.19
105
González González, Fernán E..Poderes enfrentados: Iglesia y Estado en Colombia. Santafé de Bogotá,
1997.pág. 41
63
solo como representante del poder supremo, sino como regulador de la política exterior
durante los tiempos medievales y modernos. 106
Por su parte, la Iglesia planteó construir en el Nuevo Mundo una sociedad en la que no
tuvieran cabida los desórdenes y vicios de la Vieja Europa. Desde esta perspectiva, estos
territorios se convertirían en un laboratorio en el que partiendo de cero se pudiera poner en
práctica un modelo de sociedad evangelizada. Ciertamente, este esquema social no era
compatible con el modelo de sociedad del conquistador, el cual se apoyaba en una relación
de señor y vasallo. Debido a esto, el modelo de una sociedad americana basada en la pureza
planteaba en la práctica algunos escollos, ya que esta experiencia no solo era incapaz de
generar recursos económicos suficientes para remitirlos a la península, sino que incluso no
funcionaba como una empresa autosuficiente, por lo que desde España se tenía que enviar
recursos para la financiación de la evangelización. 107
La intensidad del esfuerzo español por convertir a los pueblos del Nuevo Mundo al
cristianismo sólo es comprensible dentro del entorno de las preocupaciones espirituales de
la cristiandad de finales del siglo XV y principios de la siguiente centuria, en particular en
la península Ibérica. El ansia de renovación y regeneración espiritual entre sectores
eclesiásticos como laicos dio rienda suelta a un movimiento de reformas que, ya a finales
del siglo XV, había tenido un profundo impacto en la civilización europea. 108
Sin embargo, a la Iglesia no solo le preocupaba los asuntos espirituales sino que sus
intereses la llevaron a intervenir en asuntos económicos y políticos. Y a medida que el
Estado bicéfalo colonial se ponía en marcha se complicaban algunas de sus tareas, porque
se trataba de actuar con una doble estructura administrativa, civil y eclesiástica que, en la
mayoría de los casos, no llegó a buen término. Posiblemente estos problemas se tornaron
más graves durante la primera etapa de la colonización, pero en la medida en que se fueron
consolidando los núcleos del poder civil en cada espacio, también se definieron las células
106
Ramos Pérez, Demetrio. Op. Cit. pág. 296
107
Pérez Herrero, Pedro. Op. Cit. pág. 36
108
Elliott, John H.. Op. Cit. pág. 117
64
del poder eclesiástico. 109 No obstante, contrario de lo que pudiéramos pensar, en principio,
la Corona se sirvió de las reclamaciones de la institución eclesiástica para tratar de reducir
el poder de los conquistadores y con ello expandir su control sobre los territorios en
América.
“Uno de los pontífices hizo a los Reyes de España y aceptaron la verdadera fe; sus
Altezas los recibieron alegre y benignamente y los mandaron a tratar como a los
otros súbditos y vasallos. También a vosotros os requiere ahora a que reconozcáis a
la Iglesia por señora y superiora del universo mundo y a que rindáis pleitesía al Rey
de España como a nuevo señor vuestro. Más, si no lo hicierais así, con la ayuda de
Dios, emplearemos la fuerza contra vosotros y os someteremos al yugo de la Iglesia
y del Rey, como es la ley frente a los vasallos rebeldes. Os despojaremos de
vuestros bienes y os haremos esclavos a vosotros, vuestras mujeres y a vuestros
hijos. Al mismo tiempo declaramos solemnemente que las muertes y daños que de
ello recibieren lo serán por vuestra culpa y no de la Alteza, ni mía, ni de estos
caballeros que conmigo vienen”. 110
109
Rodríguez González, Ana Luz. Op. Cit. pág. 106
110
La Filosofía de la Conquista en Colombia. pág. 22
111
González González, Fernán E.. [Link]. pág. 40
65
A los frailes ya señalados se les sumó Pedro Bonilla, Francisco de Carvajal, Tomás de Toro
Cabero, Diego de Torres y Gerónimo de San Miguel, estos describieron y denunciaron la
situación de los indígenas intentando detener los abusos y maltratos por parte de muchos
cristianos.
Fray de Toro Cabero, primer obispo que llegó a Cartagena en 1535, manifestó lo siguiente:
“… que toda la mayor parte de esta tierra es alzada, y los indios escandalizados a
causa de las crueldades y malos tratamientos de los cristianos, los cuales por donde
quiera que van queman con sus pies las yerbas y la tierra por donde pasan y
ensangrentan sus manos, matando y partiendo por medio niños, ahorcando indios, o
porque los llevan por guías y les yerran el camino, o porque no les dicen donde
hallarán oro, que esto es su apellido y no el de Dios y el de Vuestra Majestad. Y así
se despuebla toda esta tierra, que no hay en ella sino muy poquitos pueblos de
indios que estén de paz, y aún estos cada día, viendo las opresiones de los cristianos
y sus malos tratamientos cuando sus pueblos van, cada día se rebelan, que ni los
unos ni los otros pueden oír el nombre de cristianos más que de demonios o
basiliscos. Son tan grandes las severidades y malos ejemplos que los cristianos les
hacen y les dan, que con gran dificultad se convertirán a la Santa Fe Católica”. 113
“….. en este Nuevo Reino, aunque es poca tierra, se han hecho tantas y tan
grandes crueldades que si yo no las supiera de raíz y tan verazmente, no pudiera
creer en que corazón cristiano cupieran tan crueles y fieras inhumanidades [….]
Porque unos los han quemado vivos; otros, les han, con muy grande crueldad,
112
Pérez Herrero, Pedro. Op. Cit. pág. 93
113
DIHC. III, pág. 277
66
cortado manos, narices, lenguas y otros miembros, otros es cierto que los haber
ahorcado gran número de ellos así hombres como mujeres [….] Estos son los
servicios que acá a vuestra alteza se hacen y por los cuales piensan ser
remunerados ”. 114
Contrario a estas posturas filosóficas y denuncias, existieron la de juristas como Juan Ginés
de Sepúlveda y teólogos como el dominico Tomás Ortiz, y de los frailes Francisco de
Benavides y Toribio de Motolinía. Este último comunicó:
“Comen carne humana en la tierra firme, son sodométicos más que en generación
alguna; ninguna justicia hay entre ellos; andan desnudos, no tienen amor ni
vergüenca; son estólidos, alocados no guardan verdad si no es a su provecho; son
inconstantes, no saben qué cosa sea consejo; son ingratíssimos y amigos de
novedades [.…] Son bestiales, précianse de ser abominables en vicios; ninguna
obediencia ni cortesía tienen mozos a viejos, ni hijos a padres. No son capaces de
doctrina de castigo. [.…] comen piojos y arañas y gusanos crudos, doquiera que los
hayan; no tienen arte ni maña de ser hombres”. 116
Por su parte, Ginés de Sepúlveda se basó en las ideas de Aristóteles sobre la esclavitud
natural de los inferiores y la división dualista de la humanidad entre pueblos civilizados
(europeos), y bárbaros (pueblos no cristianos y no europeos), por tanto, el descubrimiento y
conquista debían estar al servicio de los intereses de la Nación española; dicho de otro
114
Tovar Pinzón, Hermes. La estación del miedo o la desolación dispersa. El Caribe colombiano en el siglo
XVI. Editorial Ariel, Santa Fe de Bogotá, 1997, pág. 56
115
Klauver, Alonso. Descubrimiento y Conquista: En las garras del imperio, (2 Tomos). Lima, Perú, 2000.
Tomo I, pág. 78
116
Todorov, Tzveton. La conquista de América, el problema del otro. Siglo XXI editores, México, 1987, pág.
162
67
modo, consideraba justa la encomienda y la guerra contra los indios por ser estos seres
117
inferiores. Dentro de sus argumentos a favor de la guerra justa podemos parafrasear
cuatro puntos que Sepúlveda expuso, en 1550, en Valladolid, España: 1) Es legítimo
dominar por la fuerza de las armas cuya condición natural es tal que deberían obedecer a
otros, si rechazan dicha obediencia y no queda ningún otro recurso; 2) Es legítimo desterrar
el abominable crimen que consiste comer carne humana, que es ofensa particular a la
naturaleza, y poner fin al culto de los demonios, el cual más que cualquiera otra cosa,
provoca la ira de Dios, con el monstruoso rito del sacrificio humano; 3) La guerra contra
los infieles se justifica porque abre el camino para la propagación de la religión cristiana y
facilita la tarea de los misioneros; y 4) Es legítimo salvar de los graves peligros a los
innumerables mortales inocentes que esos barbaros inmolaban todos los años, apaciguando
así a sus dioses con corazones humanos. 118
Estas aseveraciones dejan ver entre líneas que las afirmaciones escritas de Colón, el 6 de
octubre de 1492, sobre la no existencia de una religiosidad en las comunidades indígenas
habían quedado atrás debido a que se reconoce que tienen culto, por ende una religión, pero
no son cristianos, y, por consiguiente, adoraban al diablo. De ahí el interés de sustituir los
ídolos por las imágenes cristianas. Debido a que el ídolo, era lo contrario de la imagen pues
miente, engaña, lo que explica que, a ojos de los conquistadores, el enfrentamiento entre las
culturas y las sociedades pudo ser interpretado, comprendido y pintado en forma de
representaciones: imágenes verdaderas contra imágenes falsas. Sin embargo, esta antítesis
es ficticia, ya que ídolo e imagen pertenecen al mismo molde, el de Occidente, es decir, es
creación de la mente, que depende de una visión occidental de la cosas. 119
No obstante, estas realidades son más complejas si tenemos en cuenta que las normas de
apreciación son relativas y que los indígenas no eran niños, lo que es ordinario o
insignificante para uno, para el otro, tiene el precio de la rareza o novedad. Sobre todo
cuando se realizaban relaciones mercantiles que aparentemente siempre favorecían al
117
González González, Fernán E.. Op. Cit. págs. 44-45
118
Todorov, Tzveton. Op. Cit. pág. 165
119
Gruzinki, Serge. La guerra de las imágenes. De Cristóbal Colón a “Blade Runner” 1492-2019. Fondo de
Cultura Económica, México, 1994, págs. 52 y 55
68
conquistador, este intercambio se volvió en contra del europeo cuando el oro obtenido
resultó ser sólo un poco de cobre pulido. Además, según los españoles, el trueque resultaba
ventajoso para el nativo debido a que lo despojaba de imágenes malas, falsas, por
representaciones benéficas y eficaces. En este sentido, los indios tenían todo que ganar.
Pero si en el curso del intercambio los europeos cambiaban baratijas por ídolos que eran
codiciados por su belleza y material, siempre que estos tuvieran un valor mercantil, dejaron
de ser entonces una representación demoniaca para convertirse en objetos de valor. 120
120
Ibíd. págs.50-52
69
imaginario colectivo, no sólo a los indígenas, sino también a los distintos grupos humanos
que llegaban a América desde Europa. 121
Por consiguiente, al igual que en España esta institución en la América española funcionó
mediante el establecimiento de obispados, los cuales se constituyeron en centros
administrativos autónomos en donde se realizaban nombramientos, sacramentalización,
formación de seminaristas y la coordinación de los trabajos misionales. La primera diócesis
que tengamos conocimiento, se creó en 1504 en la isla La Española. 122
Siglo XVIII 5
Siglo XIX 3
FUENTE: Josep M. Barnadas. “La iglesia católica en la Hispanoamérica colonial”. En: Historia
de América Latina. Editorial Crítica, VoI.2, Barcelona, 1990, pág.190
121
Barnadas M, Josep. Op. Cit. pág. 186
122
Ibíd. pág. 190
123
Los procesos ideológicos de la pacificación. págs. 85
124
Elliott, John H.. Op. Cit. págs. 119-120
70
En este orden de ideas, los indígenas debían ser adoctrinados bajo la enseñanza del Ave
María, el Credo, los Mandamientos, el Padre Nuestro y los Sacramentos de la Iglesia, todo
ello en castellano. 125 No es sorprendente entonces que el rey Carlos I recomendara utilizar
la lengua castellana como elemento idiomático unificador ante la variedad de dialectos y
lenguas vernáculas. Sin embargo, después que asumiera el trono Felipe IV, en 1634, la
lengua castellana fue de carácter obligatorio para el adoctrinamiento de los indígenas.
Varias décadas después, Carlos III prohibió definitivamente el uso de las lenguas nativas
mediante la Real cedula del 16 de abril de 1770. 126 Aunque es oportuno esclarecer, que la
cristianización de los indígenas no consistió únicamente en la enseñanza de la doctrina de la
fe católica sino también que estos grupos “inferiores” asumieran las costumbres y forma de
vida española, lo cual incluía vivir “políticamente” al estilo europeo. 127
Como hemos logrado explicar, la unión entre los intereses del Estado y la Iglesia es muy
compleja y llena de contradicciones debido a que el propósito principal de la fundación de
algunas misiones no fue la conversión de los indios como se mencionó en líneas previas,
sino prevenir el establecimiento en la región de alguna potencia extranjera.
Durante el siglo XVIII, con el proyecto de Carlos III y sucesores, la Corona buscó restringir
la independencia de la Iglesia católica en América, por tanto redujeron los privilegios
judiciales y fiscales. Las herencias pasaron a ser competencia del gobierno y los procesos
relacionados con los concubinatos, ahora dependían del tribunal real. A la par el gobierno
borbónico anuló la inmunidad eclesiástica, pues al igual que los estamentos militares, el
clero poseía un valioso fuero que colocaba a sus miembros por fuera de la jurisdicción de
los tribunales civiles. En 1795, se publicó un nuevo código legal para la Indias, en el que la
inmunidad absoluta que se tenía ante los tribunales reales quedaba derogada en aquellos
125
Arrieta Barbosa, Armando Luis. Los Mokaná. Impacto de la conquista y la colonización temprana sobre
una cultura de transició[Link] Milenio Editores, Barranquilla, 2003, pág. 120
126
Ibíd. pág. 37-38. Es conveniente señalar que si bien es cierto la lengua hizo parte de la estrategia de
sometimiento, este proceso de transculturación en la actualidad identifica a la mayoría de los espacios
territoriales que España conquistó.
127
Palacios, Marco y Safford Frank. Colombia país fragmentado sociedad dividida. Colección Vitral.
Editorial Norma, Bogotá, 2002, pág. 92
71
casos donde los miembros de la Iglesia fueran hallados culpables de delitos graves y
atroces. 128
Este control político sobre las comunidades religiosas también pretendió constituir algunos
parámetros que rigieran su actividad económica para así generar suficientes ingresos que
garantizaran su sostenimiento, sin que, por eso, llegaran a convertirse en grandes empresas.
Por ello Carlos III implementó mecanismos como la inspección de los libros de cuentas, el
traslado de religiosos, clausura de conventos y promovió el retorno a los conventos de los
frailes seculares que se encontraban dispersos.
Cabe resaltar, en este punto, las cinco grandes órdenes religiosas que llegaron a América:
franciscanos, dominicos, agustinos, mercedarios, capuchinos, carmelitas descalzos y
jesuitas; a las cuales se les estipuló la evangelización, por tanto, serían la base primordial de
la propagación del dogma cristiano. En cuanto a los jesuitas, en 1580 había 217, y para
cuando fueron expulsados, en 1767, por los Borbones, se aproximaban a 2.617. 129 Esta
orden vivía y trabajaba en colegios, misiones y haciendas. Tenía bajo su poder grandes
extensiones de tierras en este territorio, eran propietarios de muchos esclavos, por tanto, era
un obstáculo para el control político y fiscal pretendido por la Corona.
Esto permite establecer que, aunque los monarcas Borbones nunca lo admitieron, los
jesuitas dejaron una brecha que no fue fácil llenar. La institución eclesiástica sufrió la
pérdida de pastores, maestros emprendedores y las misiones nunca recuperaron su antigua
prosperidad; realidades que sí fueron reconocidas por los virreyes de la Nueva Granada y
otras partes, por ejemplo, la educación secundaria supuso un golpe duro para el Estado que
no fue capaz de mantenerlo, a pesar de realizar un cierto progreso en la educación primaria.
130
128
Lych, Jhon. Dios en el Nuevo Mundo. Una historia religiosa de América Latina. Editorial Crítica,
Barcelona, 2012, págs. 103-104
129
De Roux, Rodolfo. Op. Cit. pág. 110
130
Lych, Jhon. Op. Cit. pág. 115
72
población de 1.400.000 habitantes, esto significa que existió un miembro o funcionario del
clero por cada 750 personas, proporción mucho mayor que en cualquier país de América
Hispánico en la actualidad. 131 Finalmente, la Corona española logró implantar un sistema
de control de esos imaginarios colectivos, utilizando como mecanismo la institución
eclesiástica, a través de la adoctrinación del cristianismo a los “infieles” y “herejes”, debido
a la construcción de ciudades, villas, y parroquias que fungieron como centros de poder
político y administrativo.
131
Bushnell, David. Colombia una nación a pesar de sí misma. Nuestra historia desde tiempos precolombinos
hasta hoy. Editorial Planeta. Bogotá, 2009, pág. 44
73
Capítulo III
LA PROVINCIA O GOBERNACIÓN DE
CARTAGENA*
3. LA ALTERACIÓN DEL ESPACIO
* Es importante señalar y precisar, que durante las primeras décadas del siglo XIX a este espacio
jurisdiccional se le continuó llamando provincia de Cartagena, la cual fue dividida en las provincias de
Mompox (1826), Sabanilla (1852) y Cartagena, y a partir de 1857 recibió el nombre de Estado de Bolívar. A
finales de este mismo siglo y durante el régimen centralista establecido por la constitución de 1886 se le llamó
Departamento de Bolívar. Ya en el siglo XX este espacio territorial fue fraccionado en los actuales
departamentos del Atlántico, en 1905, Córdoba, en 1951 (25.020 Km) y Sucre en 1966 (101.917 Km), y
quedando reducido al actual territorio de Bolívar (25.978 Km).
132
Vidal Ortega, Antonio. Op. Cit. págs. 209-210
74
Este marco tan hostil y distinto del que se daría en el futuro, fue el que enfrentó la hueste
del Adelantado Pedro de Heredia a su llegada a este territorio. En los universos mentales de
todos sus acompañantes, el mítico oro y el mundo caballeresco europeo, se entremezclaban
con romances, que de alguna u otra forma pensaban que podrían llegar a emular. Pero con
el paso del tiempo, estos ideales comenzarían a ser cuestionados. En primer lugar, los
recién llegados habían entrado en contacto con el entorno geográfico ya descrito, que no
tenía nada que ver con el dejado atrás, y que para colmo, solía ser refugio frecuente de
depredadores y reptiles. Aquella geografía les pareció grandiosa, perturbadora y
amenazante, rememorando, en muchos casos, la fauna mitológica esculpida en las gárgolas
de las catedrales españolas. Por otra parte, el tan ansiado oro se encontraría
fundamentalmente en las tumbas indígenas prehispánicas y su volumen estaría muy lejos
del producido en otros lugares de la América española, como Potosí, con lo que la
decepción tomó cuerpo. Así pues, al romperse el mito, la adaptación a la nueva realidad les
resultaría enormemente difícil. A este medio geográfico adverso y al cansancio físico se
añadía, muchas veces, una deficiente alimentación, pues en los primeros años básicamente
era de subsistencia. 134
Estos enfoques nos permiten, entre otras cosas, entender que el espacio de América ofreció
enormes diferenciaciones en cuanto a características físicas y climáticas. En otras palabras,
133
Tovar Pinzón, Hermes. (Compilador): Relaciones y Visitas a los Andes. (4 Tomos). Siglo XVI. Región
Caribe. Colcultura - Instituto Colombiano de Cultura Hispánica, Bogotá, 1993. Tomo II. pág. 416 (Citado en
adelante como Relaciones y Visitas a los Andes, tomo y página)
134
Borrego Plá, María del Carmen. “Encomienda y población indígena en la Provincia de Cartagena a fines
del siglo XVI y comienzos del XVII”, en Haroldo Calvo Stevenson Y Adolfo Meisel Roca (Editores):
Cartagena de Indias en el siglo XVI, Banco de la República, Cartagena, 2009, pág. 247 (Citado en adelante
como Encomienda y población indígena en la Provincia de Cartagena, y página)
75
no hubo una sola América, sino muchas, y estas marcadas discrepancias llevaron a distintos
estilos de conquista y colonización.
Durante las primeras décadas del siglo XVI, en el Caribe neogranadino hubo diferentes
formas de penetrar el territorio, de conseguir los metales, piedras preciosas y, en últimas, de
dominar a sus habitantes y controlar el espacio. Estos cuatro focos de penetración fueron: la
provincia de Río Hacha; la provincia de Santa Marta, que comprendía Tamalameque,
Valledupar y la Sierra Nevada; Urabá que alcanzaba parte del Atrato y el Darién, y la
gobernación de Cartagena, que comprendía las llanuras del Sinú y las estribaciones de los
135
Andes colombianos. En estos incipientes años de penetración territorial, como ya se
sustentó, no hubo un procedimiento único de conquista y colonización, pero algunos
modelos tendían a constituirse, debido a que las expediciones militares necesitaban
organización y abastecimientos para seguir avanzando, alimentos, armas de fuego, espadas
y otros pertrechos.
Por su parte, la situación para de ciudad de Cartagena no iba mucho mejor que en otros
lugares de su gobernación. Era realmente difícil que las ínfimas fortunas de los españoles
pudieran hacer frente al encarecimiento de los productos básicos para su subsistencia.
Fueron diversos los informes sobre el costo de la vida que se enviaron a España. Por medio
de ellos se puede conocer aproximadamente el precio de los alimentos en el mercado
cartagenero y el notable incremento de los mismos cuando eran vendidos en el resto de la
provincia. En la ciudad, por ejemplo, una pipa de harina costaba treinta castellanos,
alcanzando más de cuarenta si era de vino. Lo mismo ocurría con otros alimentos, como la
carne salada de cerdo, de la que si una arroba costaba entre cinco y seis pesos en Cartagena,
136
en el Sinú su precio aumentaba hasta diez.
135
Tovar Pinzón, Hermes. Op. Cit. págs. 64 - 65
136
Elvás Iniesta, María Salud. “Abastecimiento y hambre en la conquista de Cartagena de Indias”, en
Aguaita. N° 15-16, 2006-2007. pág. 36
76
137
Palacios, Marco y Safford Frank. Op Cit. pág. 55
138
Conde Calderón, Jorge. Espacio, sociedad y conflictos en la provincia de Cartagena.1740-1815. Fondo de
Publicaciones de La Universidad Atlántico, Barranquilla, 1999, pág. 13
77
en vano el cacicazgo está definido como el nivel intermedio entre una organización tribal y
una de índole estatal . 139
Ahora bien, según algunos relatos de indios, los llamados sinúes se dividían en tres reinos:
Pancenú ubicado en las llanuras del río San Jorge; Canufaná, localizado, entre el San Jorge
y el bajo Cauca, y Fincenú, establecido en el área del río Sinú, en donde se encontraba el
grupo más fuerte, al cual los otros grupos le rendían homenaje y en donde se enterraban a
los muertos importantes. Sin embargo, no existe ningún indicio que se tratara realmente de
tres reinos, lo más probable es que estas comunidades indígenas vivieran en pequeños
núcleos separados y gobernados por caciques distintos, pero con ciertas similitudes
140
religiosas, lingüísticas y por ende culturales. Este tipo de organización no sólo
contribuía a defender el territorio de posibles invasores, y en ocasiones, a expandirlos, sino
que fundamentalmente conducía a la especialización y a la división del trabajo. Por
ejemplo, en sus actividades agrícolas, de orfebrería, pesca, de caza, en la elaboración de
utensilios de uso doméstico, así como rituales. 141
En este marco se continúa la penetración territorial, es por ello, que las huestes españolas
y portuguesas de Pedro de Heredia recorren el valle del Apóstol Santiago, nombre que se le
dio al corredor entre el mar y la serranía de Piojó, después llegaron a Zamba (actual
Galerazamba), en donde se estableció una colonia portuaria que sirvió para la llegada de
galeones. Luego recorrieron varias poblaciones indígenas como: Oca, Tubará, Cipacua,
142
Galapa, y Malambo. En este contexto, el Imperio español realizó un proceso de
fundación de ciudades en el siglo XVI con el fin de forjar centros de dominios que le
permitirán integrar los distintos grupos humanos (indios, blancos, esclavos, mulatos, negros
y mestizos), pero a pesar de los intentos administrativos y la hibridación del continente los
grupos humanos no cesaron de resistirse a dicha dominación, ya que todavía se encuentran
huellas, vestigios que confirman lo que hemos mencionado en segmentos anteriores. Este
139
Historia del poblamiento del territorio de la Región Caribe de Colombia. págs. 14-15
140
Melo, Jorge Orlando. Op. Cit. pág. 48
141
Historia del poblamiento del territorio de la Región Caribe de Colombia. pág. 23
142
Colpas Gutiérrez, Jaime. Antecedentes históricos del departamento del Atlántico, 1533-1905. Fundación
Cultural Nueva Música. Editorial La Iguana Ciega. Barranquilla, 2013, págs. 34-35
78
Asimismo, las distintas expediciones militares que se realizaron a mediados del siglo XVII,
para seguir penetrando el territorio de la gobernación, utilizaron como guías a los
aborígenes, hecho que refleja la necesidad y la dependencia de ciertos conocimientos
indígenas 145
conformación espacial no formal, dicho de otro modo, por fuera de los intereses
administrativos y coloniales, donde zambos, mestizos, indios, esclavos fugitivos, e incluso
blancos pobres, establecieron un modelo de poblamiento alterno (Sitios de libres), que en la
mitad del siglo XVIII se les llamó en forma peyorativa <<arrochelados>>. 146
Asimismo, esta ciudad se consolidó como núcleo central del comercio con el interior de la
Nueva Granada, las islas del Caribe y Europa, pues existía un intercambio de mercancías,
de productos agrarios, industriales y metalíferos. 149 Además, la urbe de Cartagena era un
importante centro eclesiástico. Fue sede episcopal y, a partir de 1610, asiento del Tribunal
de la Inquisición; también tenía cuatro monasterios y dos conventos, hasta el punto que
para esta fecha cerca del 10% de la población masculina estaba representada por religiosos.
Sin embargo, la misma importancia de su puerto la hizo objeto de ataques de corsarios y
fuerzas navales. Estos asaltos instaron a la Corona española a invertir grandes sumas en las
fortificaciones de la ciudad. En la década de 1590, después del ataque de Francis Drake, se
comenzó un programa de fortificaciones en el puerto, en los años siguientes se
construyeron los primeros baluartes y fuertes, complementados con construcciones
adicionales durante el siglo XVIII. 150
Con base en esto, Cartagena se convirtió en la puerta de entrada y salida hacia el mundo
exterior y una de las principales bases de las fuerzas marítimas españolas, junto con La
146
Zambrano Pantoja, Fabio. Op. Cit. págs. 36-38
147
Helg, Aline. Libertad e igualdad en el Caribe colombiano, 1770-1835. Editorial Universidad EAFIC.
Medellín, 2011. pág. 57
148
Conde Calderón, Jorge. Op. Cit. pág. 18
149
Tovar Pinzón, Hermes. Op. Cit. pág. 167
150
Palacios, Marco y Safford Frank. Op Cit. pág. 126
80
Habana. Además, puerto comercial de esclavos africanos, porque a este núcleo urbano
151
llegaban para aclimatarlos y después enviarlos a sus destinos finales. Una buena
descripción nos la ofrece el padre Alonso de Sandoval, respecto a su arribo y condiciones
de estos grupos humanos:
“Las casas en que estos indios viven son de diversas maneras, porque algunas son
redondas como un pabellón, y esta manera de casa se llama caney. En la isla
Española hay otra manera de casas, que son hechas a dos aguas, y a éstas llaman en
Tierra-Firme bohío; y las unas y las otras son de buena madera, y las paredes de
cañas atadas con bejucos [.…] en la Castilla de Oro, hay muchos pueblos de indios
puestos sobre árboles, y en cimas de ellos tiene sus casas y moradas, y hechas
151
Bushnell, David. Op. Cit. pág. 40
152
Vidal Ortega, Antonio. [Link].pág.134
81
sendas cámaras, en que viven con sus mujeres y hijos [.…] por estar seguro de los
animales y bestias fieras y de sus enemigos”. 153
Es necesario tener presente que los controles espaciales de los núcleos urbanos españoles
estaban fuertemente establecidos por una legislación que regulaba las relaciones de estos
centros con sus territorios. Así, por ejemplo, la introducción de una economía monetaria
por parte de España, estaba basada en el establecimiento de una institucionalización de los
mecanismos de acumulación, los cuales tenían su centralidad en los núcleos urbanos. En tal
sentido, a Cartagena, Santa Marta y Mompox se les creó el sistema de Cajas Reales,
institución que buscó concentrar los ingresos provenientes de los diferentes sistemas
impositivos, así como los gastos de la Corona. Sin embargo, las mejores condiciones
comerciales que ofrecían las potencias rivales de España hizo que el control monetario sólo
fuera ejercido en los puertos, y por ende, la escasa regulación de este proceso en sus
153
Fernández de Oviedo, Gonzalo. Sumario de la natural historia de las Indias. Fondo de Cultura Económica.
México, 1996, págs.134-136
154
Duby, George. Histoire de la France urbaine. (5 Tomos). Editorial Seuil, París, 1980. Tomo I, pág. 13.
Véase, Roa Barraza, William. “Conquista y poblamiento de nuevos espacios en la provincia de Guayana,
1724-1777”, en Boletín de la Academia Nacional de la Historia. Vol. XCVII, N° 386, 2014, pág. 108. Esta
definición de ciudad es válida para el período colonial y principios de la época republicana ya que a medida
que se trasforman las estructuras económicas y sociales se desvirtúa el determinismo político.
82
Si se analiza con detenimiento las instituciones coloniales que la Corona adoptó para
administrar y gobernar los territorios americanos durante el reinado de los Habsburgo, se
pueden observar características y funciones que se tomaron de la península española. Esto
permite mostrar algunos rasgos de modernidad de un Estado racional y burocratizado.
Fue durante la segunda mitad del siglo XVI, que España logró establecer un sistema
definitivo de gobierno para la Nueva Granada y para el mismo Imperio español, esta
estructura era altamente centralizada, pues el territorio era gobernado por el Rey y sus
consejeros desde España. El cuerpo de funcionarios más importantes era el Consejo de
Indias, cuyos miembros servían simultáneamente como corte de apelación, órgano
legislativo y tribunal administrativo. 157 Esta institución inició en 1518 y sesionó en España,
en el Palacio de Madrid, hasta 1561, cuando tuvo su propia sede. Durante los dos primeros
siglos hubo 249 consejeros y sólo siete de ellos tuvieron la oportunidad de ocupar altos
cargos en América; en el mismo lapso estuvieron 25 presidentes. Dicho Consejo estaba
conformado por consejeros que podían ser juristas o teólogos, un secretario, varios
155
Historia del poblamiento del territorio de la Región Caribe de Colombia. pág. 85
156
Ciudad y Territorio. págs. 36-37
157
Ibíd. pág. 32
83
procuradores, notarios, conserjes y alguaciles. 158 En América la función estaba a cargo del
virrey, lugarteniente general del monarca, a cuyo cargo se encontraba en el territorio
159
asignado la alta dirección de la política real.
Del otro lado del océano, la máxima autoridad eran los virreyes e institución de Los
virreinatos, estos se establecieron el 20 de noviembre de 1542, por orden real de Carlos I,
en la que dijo brevemente:
“Establecemos y mandamos que los reinos del Perú y Nueva España sean regidos y
gobernados por virreyes que representan nuestra persona, y tengan el gobierno
superior, y hagan y administren justicia igualmente a todos nuestros súbditos y
vasallos, y entiéndase en todo lo que conviene al sosiego, quietud y
ennoblecimiento y pacificación de aquellas provincias, como las leyes de esta título
y recopilación se dispone y ordena”. 160
Bajo los virreinatos se encontraban las Capitanías Generales, las Reales Audiencias, La
Casa de la Contratación, los Corregidores y finalmente los Cabildos o consejos
municipales. Posteriormente, en el siglo XVIII el reformismo borbónico creó dos nuevos
cargos administrativos, los intendentes y regentes.
158
Rodríguez González, Ana Luz. Op. Cit. pág. 78
159
Santofimio Gamboa, Jaime Orlando. Tratado de derecho administrativo. (2 Tomos). Bogotá. Universidad
Externado de Colombia y Universidad Carlos III. 1997, Tomo I, pág. 288
160
Zuluaga Gómez, Víctor. América bajo la dominación europea. Colección Universidad Tecnológica de
Pereira, Colombia, 1991, pág. 37
84
161
los virreyes. A lo largo del siglo XVI se crearon 10 audiencias en todo el territorio
americano. En el virreinato de Nueva España: Santo Domingo (1511), México (1527),
Guatemala (1543), Guadalajara (1548). En el virreinato de Perú: Panamá (1538), Lima
(1543), Santa Fe de Bogotá (1548), Charcas (1559), Quito (1563), Chile (1563-1573;
fundada de nuevo en 1606). Todas estas audiencias sumaban unos 90 cargos en los niveles
de presidentes, oidores, y fiscales. Los 1.000 hombres que los ocuparon durante los dos
siglos del reinado de los Austrias constituyeron la burocracia de España en América. 162 En
cuanto a la Audiencia de Santa Fe de Bogotá, su instalación real se efectuó dos años
después, ya que su presidente, el licenciado Gutiérre de Mercado, murió en Mompox antes
de emprender su viaje al interior. A la ciudad de Bogotá sólo llegaron dos oidores, los
licenciados Beltrán González y Juan de Galarza, quienes iniciaron la Audiencia el 12 de
abril de 1550. 163
161
Ibíd. págs. 36-38
162
Elliott, John H.. “España y América en los siglos XVI y XVII”, en Leslie Bethell (Compilador): Historia
de América Latina. (16 Vol.). Editorial Crítica, Barcelona, 1990, Vol. 2, pág. 11 (Citado en adelante como
España y América en los siglos XVI y XVII, y pagina)
163
Friede, Juan. Op. Cit. pág. 89
164
Jaramillo Uribe, Jaime. “La administración colonial”, en Nueva Historia de Colombia, Vol. I. Edición
Planeta, Bogotá, 2001, pág. 178
165
Santofimio Gamboa, Jaime Orlando. Op. Cit. pág. 291
85
Estos hombres contribuyeron a la avanzada de una oleada que a lo largo de siglos atraería a
166
millones de europeos a América.
Las personas que aspiraban a cruzar el Atlántico debían presentar los documentos
necesarios relativos a su origen y lugar de nacimiento a los oficiales de la Casa de la
Contratación para recibir una licencia real que le autorizaba a realizar el viaje. Es claro y
patente que se trató de una emigración controlada desde una fase muy temprana a la cual se
añadieron restricciones, a veces estas mermaban, según variaban necesidades y prioridades.
Sin embargo se podía falsificar tal documentación o sobornar a los capitanes de los barcos
para desembarcar en Veracruz, Cartagena de Indias y desaparecer luego en los espacios
americanos. Además, durante los primeros años de la colonización, moros, judíos, gitanos y
herejes tenían completamente prohibida la entrada en las Indias españolas, no obstante, era
posible encontrar formas de eludir tal situación, pero se hizo más difícil a partir de 1552
cuando lo emigrantes debían presentar pruebas de sus lugares de origen para demostrar su
limpieza de sangre, dicho de otro modo, la ausencia de cualquier sangre judía o mora. 167
Estas medidas intentaban impedir el embarque de extranjeros e incluso en un principio de
los naturales de la corona de Aragón. El objetivo era reservar el derecho a la emigración a
América para los súbditos de la corona de Castilla. 168
Con la llegada de los Borbones a principios del siglo XVIII, esta institución fue remplazada
por los Juzgados de arribadas, las cuales funcionaron en la ciudad de Cádiz a partir de
1717; el objetivo era regular los trámites necesarios para despachar los buques de cada
puerto autorizado y dinamizar los intercambios de información entre Europa y el continente
americano, tan necesarios para las operaciones mercantiles. 169
Los Corregidores, tenían la función de evitar los excesos de los encomenderos, hacer
cumplir las Leyes de las Indias, fijar la tasa del tributo que debían entregar los indios y
166
Sánchez-Albornoz, Nicolás. Op. Cit. pág. 23
167
Elliott, John H.. Op. Cit. págs. 92 y 94
168
Sánchez-Albornoz, Nicolás. Op. Cit. pág. 23
169
Pérez Herrero, Pedro. Op. Cit. pág. 132
86
distribuir la mano de obra indígena entre los encomenderos. Sin embargo, en la práctica el
corregidor fue un azote peor que los mismos encomenderos. 170
Con el arribo de la familia de los Borbones, en el siglo XVIII, se aplicaron unas reformas
económicas, políticas y administrativas que buscaron modernizar el Estado. Quizás como
respuesta a la debilidad de la economía española y a la necesidad de defenderse de los
avances efectuados por Inglaterra y el mismo proceso industrialización inglés a mediados
del siglo XVIII. De allí la racionalización de nuevos cargos administrativos (Intendencia y
Regencia), y reordenamientos territoriales que tenían como fin mejorar los tributos, los
impuestos y la defensa del territorio.
170
Barrera Monroy, Eduardo. “Presidentes y virreyes de la Nueva Granada”, en Gran Enciclopedia. Círculo
de lectores, Santa fe Bogotá, 1991, pág. 165
171
Rodríguez González, Ana Luz. Op. Cit. pág. 84
172
Barrera Monroy, Eduardo. Op. Cit. pág. 166
87
Para finalizar, Los Cabildos o concejos municipales, los cuales se formalizaron en América
de la siguiente manera:
“El que capitulare nueva población de ciudad, Villa o Colonia, tenga la jurisdicción
civil y criminal en primera instancia por los días de su vida y de su hijo o heredero;
pueda poner Alcaldes ordinarios, Regidores y otros oficiales del Consejo del mismo
pueblo”. 173
Otros funcionarios del cabildo, pero que no lo constituían propiamente, eran el procurador,
escribano, ejecutor, mayordomo, depositario general y tenedor. Dentro de las funciones del
cabildo se encontraban administrar la ciudad y sus bienes, abastos, urbanismo, adjudicar
mercedes, reconocimiento de cargos, incluidos el gobernador, obispo, regidores y
pregoneros. 174
173
Zuluaga Gómez, Victor. Op. Cit. pág. 41
174
Hernández Becerra, Augusto. “Fundamentos constitucionales del ordenamiento territorial colombiano.
Reflexiones, sobre el proceso de la descentralización”, en Luis Villar Borda, Fabio Valencia Morato, Jorge
Pino Ricci (Compiladores): Régimen de las entidades territoriales. Universidad Externado de Colombia.
Editorial Panamericana Formas e Impresos S.A. Bogotá, 2003, pág. 38
175
Ciudad y Territorio. pág. 39-40
88
En otras palabras, las familias criollas aprovecharon esta oportunidad de la venta de cargos
en las administraciones centrales y locales para reafirmar su poder y su dominio social y
económico. Sin embargo, estos intereses y privilegios fueron tocados dentro de las políticas
borbónicas de mitad del siglo XVIII, debido a que se restringió la venta de cargos públicos
para los criollos y se redujeron los nombramientos en la Iglesia y puestos más importantes
dentro del Estado; la intención fue cortar los fuertes lazos burocráticos y su cierta
independencia de la administración. Esto conllevó al surgimiento de rebeliones y
movimientos en la Nueva Granada y el resto de América, los cuales algunas veces eran
incitados y dirigidos por estos grupos familiares debido a que esta reforma burocrática
amenazaba el poder conseguido durante el reinado de los Habsburgo.
FUENTE: Jaramillo Uribe, Jaime: “La administración colonial” En: Nueva Historia de
Colombia, Vol. I. Edición Planeta, Bogotá, 2001, pág. 178
176
Rodríguez González, Ana Luz. Op. Cit. pág. 83
89
En cuanto al espacio, las provincias fueron la primera división territorial que se realizó en
la América española, constituyéndose en las unidades básicas del gobierno territorial en las
Indias. Las provincias o gobernaciones, como también se les llamó por estar a cargo de un
gobernador, al principio dependió directamente del rey. Del monarca también dependió su
gobernador que en el derecho castellano correspondió al corregidor. Sus funciones se
enmarcaron dentro del gobierno ordinario. Esto es, los asuntos propiamente administrativos
del territorio a su cargo, que no eran políticos, ni de justicia. En síntesis, en las cosas
menudas de la administración.177
Pocos años después, en 1525, obtuvo una capitulación para la conquista de la región, que
recibió el nombre de gobernación de Cartagena. En dicha capitulación se incluyó el derecho
de esclavizar a los indios, pero este no consiguió ningún resultado favorable, ya que durante
los siguientes años en el Caribe neogranadino sólo se realizaron eventuales expediciones
con la presencia de algunos esclavos. 179 Igualmente, el Rey le concedió la llegada de cien
hombres con el fin de poblar la tierra, autorizó el arribo de religiosos, frailes o clérigos de
misa para que estuviesen en dicha población y fortalecieran la conversión de los indios y
administraran los sacramentos. 180
177
Santofimio Gamboa, Jaime Orlando. Op. Cit. pág. 289
178
DIHC. I,pág. 73
179
Melo, Jorge Orlando. [Link]. págs. 137-138
180
DIHC. I, pág. 98
90
"Es nuestra merced y voluntad que habiendo disposición en la dicha tierra tengáis
en ella todas las granjerías, así de ganados y labranzas y todas las otras cosas que
tienen en la isla de La Española y San Juan los vecinos de ellas [.…] para poder
pasar a la dicha provincia, de estos nuestros Reinos y del Reino de Portugal e isla
de Cabo Verde, y donde quisiereis y por bien tuviereis, cien esclavos negros, la
mitad negros, la mitad hembras”. 181
181
Ibíd. II, págs. 277-280
182
Zambrano Pantoja, Fabio. Op. Cit. pág. 118. Estas primeras construcciones de cierta manera improvisadas
contaron con el apoyo de los indios, pues desde muy temprano fueron obligados a pagar el diezmo y
utilizados como mano de obra para la edificación de las diversas obras públicas.
183
Melo, Jorge Orlando. Op. Cit. págs. 141 y 146
91
serranía de Ayapel y San Lucas, al oriente con el Río Grande y al occidente por el río del
Darién o Atrato. 184 (Véase mapa N °2)
En orden descendente se encontraban las villas, habitadas por villanos, es decir, por vecinos
de menor importancia, gobernadas por un Cabildo de formación similar pero con un
número pequeño de regidores que eran elegidos por el cabildo de la ciudad, un solo alcalde,
algunos escribanos, la no existencia de un obispado, pero si de una parroquia y una
jurisdicción mucho más limitada. 186 En esta provincia o gobernación se fundaron varias
villas: Mompox, Tenerife, San Benito de Abad, Ayapel y Tolú. Las dos primeras, ubicadas
a orillas del Río Grande, por tanto, operaban como puertos fluviales y de introducción de
mercancías para el interior del territorio. En el caso de Mompox, ejerció como puerto
comercial de abastecimiento y de provisiones de los navegantes del río. Tolú funcionaba
como fuerte militar. San Benito de Abad y Ayapel como centros importantes de
encomiendas y como villas de abastecimiento de productos de pancoger para la ciudad de
Cartagena. 187
184
DIHC. VI, págs. 100- 106. Véase, Conde Calderón, Jorge. Op. Cit. págs. 2-3.
185
Sánchez Mejía, Hugues: “Las ciudades, villas, sitios y el sistema político-administrativo en el Caribe
Colombiano”, en Gustavo Bell Lemus (Compilador): La Región y sus Orígenes. Momentos de la historia
económica y política del Caribe colombiano. Editorial Nomos, Barranquilla, 2007, pág. 39
186
Corradine Angulo, Alberto. “Origen de los municipios en Colombia”, en Revista Credencial Historia.
Bogotá, 2003, pág. 37
187
Sánchez Mejía, Hugues. Op. Cit. págs. 40-41
92
FUENTE: Mapa Geográfico de la Provincia de Cartagena de 1787. Autor Juan López, Persionista por S. M.
C.; Individuo de la Real Academia de Buenas Letras de Sevilla, de la Sociedad Vascongada y de la de
Asturias. (Recuperado en la Biblioteca Virtual del Patrimonio Bibliográfico, 23-nov-2016), mapa N° 2
93
Dentro de estos pueblos de indios podemos citar: Mahates, Piojó, Tubará, Baranoa, Momil,
Turbaco, Barrancas, Carex, Manatí, Malanbito, San Antero, Turbaná y Galapa. Estos
pueblos indígenas en su mayoría dieron paso a la categoría de parroquia, la cual se
caracterizaba por el establecimiento de una iglesia, una plaza, una cárcel y un alcalde
188
Corradine Angulo, Alberto. Op .Cit. pág. 37
189
Melo, Jorge Orlando. Op. Cit. pág. 256
190
Morse, Richard M..Op. Cit. págs. 28-29
94
pedáneo, nombrado por el cabido capitalino. Por lo general, estas parroquias eran habitadas
por mulatos, indios, negros, mestizos, cimarrones y blancos pobres. 191
De tal manera, que la Corona expidió normas casuistas para resolver las situaciones de la
colonización a medida que se presentaban, y por la complejidad que ellas adquirieron, a
medida que el Imperio se expandió y aumentó la población y por ende sus intereses
económicos, políticos y sociales, nuevas normas eran necesarias, lo cual llevó al
surgimiento de la Legislación de Indias o el denominado Derecho Indiano, que buscó
regular todas las conductas individuales y actividades que le interesaban al Estado. 194
Pero la política espacial en el siglo XVI más importante para la legislación española en
materia urbanística colonial fue la ordenanza de Felipe II del 13 de julio de 1573. La cual
191
Sánchez Mejía, Hugues. Op. Cit. págs. 41-42
192
Herrera Ángel, Marta. Ordenar para controlar, ordenamiento espacial y control político en las llanuras del
Caribe y en los Andes centrales Neogranadinos, siglo XVIII. Instituto Colombiano de Antropología, Bogotá,
2002, pág. 82
193
Morcillo, Pedro Pablo. La planeación en Colombia. Historia Derecho y Gestión. Universidad Piloto de
Colombia, Bogotá, 2002, pág. 96
194
Ibíd.
95
A continuación señalaremos algunas partes de dichos parágrafos debido a que nos permiten
conocer más a fondo a esta legislación y la organización del espacio pretendido por la
Corona:
“De la Plaza salgan cuatro calles principales, una por medio de cada costado de la
plaza; y dos calles por cada esquina de la plaza. Las cuatro esquinas de la Plaza
miren a los cuatro vientos principales; porque de esta manera, saliendo las calles de
la Plaza, no estarán expuestas a los cuatro vientos principales, que sería de mucho
inconveniente ”.
“Las calles en lugares fríos, sean anchas; y en las calientes, sean angostas. Pero para
defensa donde hay caballos, son mejores anchas ”.
“ Para el templo de la Iglesia mayor, parroquia o monasterios, se señalen solares; los
primeros después de las plazas y calles; y sean en isla entera, de manera que ningún
otro edificio se les arrime, sino el perteneciente a su comodidad y ornato ”.
“El sitio y solares para carnicerís (mataderos), pescaderías, tenerías y otras oficinas
que causan inmundicias, se den en parte que con facilidad se puedan conservar sin
ellas”.
195
Wirobisz, Andrzej. “La ordenanza de Felipe II del año de 1573 y la construcción de ciudades coloniales
españolas en América”, en Estudios Latinoamericanos, Vol. 7, 1980, pág. 19. Véase, para un análisis más
completo y detallado Fundación de pueblos en el siglo XVI, «Boletín del Archivo General de la Nación», t.
VI, México 1935, n° 3, págs. 321 -360. Lo mismo también (pero con una fecha errónea) en la Colección de
documentos... de América y Oceanla, t. VIII, Madrid 1867, págs. 484-537. Algunos fragmentos relativos a la
planeación de ciudades fueron editados en el original español y en traducción inglesa por Z. N u t t a l l :
Royal Ordinances Concerning tht Laying Out of New Towns, «Hispanic American Historical Review», t. IV,
1921, n° 4, págs. 743-753. Una parte de la Ordenanza, fue también publicada en la Colección de documentos
para la formación social de Hispanoamérica, t. I, Madrid 1953, págs. 471- 478.
96
Ademas, estas pautas no intentaron unicamente regular el espacio, sino tambien ordenaron
a los pobladores que tuvieran un “Plante”, requisito necesario para que el establecimiento
productivo de la comunidad. Este consistió en 10 vacas de vientre, dos o cuatro bueyes, dos
novillos, cinco puercas de vientre, un gallo, seis gallinas, una yegua de vientre y viente
ovejas de Castilla. 197
196
Arbouin-Gómez, Felipe, “Derecho urbanístico y desarrollo territorial colombiano. Evolución desde la
colonia hasta nuestros días”, en Vniversitas, N° 124, 2012, págs. 22-23
197
Sourdis Nájera, Adelaida. Op. Cit. pág. 33
97
en 1680, con lo cual continuaron rigiendo hasta bien entrado el siglo XIX, después de la
Independencia de las Naciones Americanas. 198
Antes de entrar en detalles hay que aclarar que la historiografía latinoamericana del siglo
XIX se apoyó en cálculos numéricos para denunciar los abusos cometidos por los europeos
durante el proceso de conquista y colonización de América; esta interpretación es conocida
como Leyenda Negra. Esto suscitó un debate con otros historiadores y etnohistoriadores,
pues planteaban que no hubo tantas muertes ya que la causa principal se debió a las
enfermedades, argumentando también que los indígenas asumieron su condición de
vasallos de la Corona española sin grandes problemas. Estas interpretaciones sesgadas y de
cierta manera maniqueas, e incluso con tintes ideológicos, negaron o guardaron silencio de
la resistencia indígena, del sincretismo cultural, de la complejidad institucional, de los
conflictos de los conquistares, entre otros aspectos.
En este orden de ideas, y teniendo en cuenta las razones aducidas, la población indígena en
esta provincia no era muy numerosa al momento del proceso de la conquista. En 1575 el
198
Véase, Brewer-Carías, Allan R, “Poblamiento y orden urbano en la conquista española de América”, en
Enrique Gómez-Reino y Carnota (Coordinador): Ordenamientos urbanísticos: valoración crítica y
perspectivas de futuro. Texto que recoge los textos presentado en las Jornadas Internacionales de Derecho
Urbanístico, Santiago de Compostela, 2 y 3 de julio de 1998.
199
Vidal Ortega, Antonio. Op. Cit. 217
98
obispo de la ciudad de Cartagena, Fray Dionisio, concluía que estos eran 25.000 indios
tributarios. Según documentación de 1603, en esta época existían unos 30.000 indígenas
tributarios. Entonces, teniendo en cuenta estas dos cifras la población total indígena, hacia
1533, posiblemente, oscilaba entre 90.000 y 100.000 habitantes, usando como coeficiente
del 1 a 3 entre población total y población tributaria. 200 Aunque contrario a estas cifras y a
la percepción del fraile, el gobernador de la provincia de Cartagena, el Adelantado Heredia,
había manifestado que en este territorio existían pueblos muy grandes, lo cual parece no
ajustarse a la realidad debido a que estos pueblos encomendados se caracterizaron por tener
un bajo número de indios tributarios. Por tanto, es razonable pensar, que el gobernador
exageró la población indígena en su gobernación para de esta manera impulsar y justificar
una política de repartimiento y sometimiento.
200
González Luna, Lola, Resguardos coloniales de Santa Marta y Cartagena y resistencia indígena. Biblioteca
Banco Popular, Bogotá, 1993, pág. 38
201
Meisel Roca, Adolfo. “Esclavitud, mestizaje y haciendas en la provincia de Cartagena. 1533-1851”, en
Gustavo Bell Lemus (Compilador): El Caribe colombiano. Selección de textos históricos. Ediciones Uninorte,
Barranquilla, 1998, pág. 72
99
carecía de facultades para realizar y establecer repartos, lo cual lo llevó a cometer robos,
abusos y maltratos contra los indios para obtener oro y alimentos para las huestes
conquistadoras. 202
Aunque para una fecha preliminar, el 15 de agosto 1534, existió una real provisión donde
se especificaba la forma de tasar a los indios cuyas instrucciones fueron las mismas que se
203
dieron para la provincia de Galicia en Nueva España. Asimismo, en una cédula de
septiembre de 1553, el Rey ordenó que los encomenderos de la provincia de Cartagena
residieran en esa gobernación, debido a que en otras partes del Nuevo Reino los
encomenderos no habitaran en ellas, y en caso tal, que se ausentaran requerían una licencia
de la Audiencia, de no cumplir esta disposición se les quitarían los indios y pasarían a una
Corona Real. 204
Según el obispo de Cartagena, Juan de Soto, “los indios asignados a la Corona son peor
tratados que los encomenderos a particulares por que han de contentar a veinte y aquellos a
uno”. Esta afirmación tiene fundamento, si tenemos en cuenta que los indígenas que
pasaron a la Corona fueron entregados en custodia a particulares y se les autorizó a los
Oficiales de Cartagena recaudar los tributos. Circunstancia que ocasionó que, hacia 1557,
de los 16 pueblos de indios que pasaron a la Corona, en su mayoría habían sido enajenados
por particulares. De la misma manera, trajo consigo que los Oficiales permanecieran en
dichos pueblos entre siete u ocho meses viviendo de los nativos. 205
Este panorama llevó a algunos vecinos, como el licenciado Santa Cruz, en 1539, solicitar a
su majestad el Rey encomendar a los indígenas de dicha gobernación, debido a que se
encontraban pasando muchas penurias. Acrecentadas, además, por una epidemia de
sarampión que acabó con la vida de 3.000 aborígenes. 206 Esta situación llevó a la escasez
202
Borrego Plá, María del Carmen, Cartagena de Indias XVI. Estudios Hispano-Americanos, Sevilla, España,
1983, pág. 106
203
DIHC. III, págs. 138-139
204
Friede, Juan. (Compilador): Fuentes documentales para la historia del Nuevo Reino de Granada. (8
Tomos). Biblioteca del Banco Popular, Bogotá, 1975-1976, págs. 67-68 (Citado en adelante como Fuentes
para la historia del Nuevo Reino, y página)
205
Arrieta Barbosa, Armando Luis, Op. cit. pág. 112
206
Meisel Roca, Adolfo. Op. Cit. págs.72
100
de alimentos; el Rey ordenó entonces que sus oficiales en Jamaica enviaran 500 vacas para
el mantenimiento de los pobladores. A la par, el licenciado Vadillo, quien era el
comisionado para reconocer las tierras de las costas del Caribe, informó que el flete de cada
animal costaba 20 pesos y que entre todos podían sumar hasta 10.000. Además, solicitó que
esta cantidad fuera remitida en oro porque la calidad de la tierra en las cercanías de la
ciudad de Cartagena dificultaba la cría de ganado, actividad que sólo se podía ejecutarse en
el valle del Sinú, lo que incrementará mucho los costos. 207
Por otra parte, el obispo fray Jerónimo de Loayza, en 1538, recibe una real cédula para que,
junto con el gobernador, realice repartos de encomiendas y las tasaciones correspondientes.
Los repartos serían proporcionales a la cantidad de indios y la riqueza de la tierra. Sin
embargo, no se puede comprobar si se efectuó ese mismo año por la ausencia de
208
documentación. Lo que podemos verificar es que los primeros repartimientos de
encomiendas se realizaron entre 1540 y 1541 e intervinieron el escribano Francisco Nieto,
el teniente tesorero Lázaro Saaevedra; el obispo Loayza, y el adelantado, gobernador y
capitán general, Heredia.
207
Sourdis Nájera, Adelaida. Op. Cit. pág. 29
208
Borrego Plá, María del Carmen. Op. Cit. pág. 108
101
tierra. Sin embargo, a medida que el tiempo trascurría y la población crecía, la insuficiencia
se hizo cada día más notable. Este sería el momento cuando los vecinos de mayor rango
social decidieron la adquisición de estancias agrícolas y ganaderas que no sólo les
proporcionó considerables beneficios, sino que además resultaban ser una señal de
inmejorable prestigio. No obstante, la principal dificultad con que se enfrentaba esta
producción estribaba en la escasez de agua, lo que obligó a la utilización del caudal del río
Grande (Magdalena) o las reservas de aguas de lluvia almacenadas en los jagüeyes. 209
Estos hechos, e innegablemente, los repartos no sólo significaban un premio para quienes
habían financiado y contribuido militarmente para el sometimiento de los pueblos nativos,
sino también una forma de mantener un control sobre los extensos territorios. 212 En este
sentido, los beneficiarios principales fueron los integrantes de las primeras huestes, por
tanto, las encomiendas se obtuvieron por derecho de conquista y sin perjuicio de sus
orígenes; esto derivó que la tierra se convirtiera en el principal organizador y jerarquizador
de esta sociedad. Por ende la tierra se convirtió en un símbolo de prestigio, nobleza y poder
que se amplió a toda la familia, y desde luego, esgrimiéndose como el mayor mérito a la
209
La andadura de una vida bajo la colonia, págs. 33-34
210
Meisel Roca, Adolfo. Op. Cit. pág. 74
211
DIHC. VIII, pág. 59
212
Colmenares, Germán. “La economía y la sociedad colonial 1550-1800”, en Nueva Historia de Colombia.
Edición Planeta, Bogotá, 1989,Vol. 1, pág. 145
102
La ocupación física de estas áreas por parte de estos españoles, quienes disfrutaban o
disponían de indios tributarios, podían regocijarse ante la grata perspectiva de unos
ingresos y un estilo de vida señoriales sin que tuvieran que preocuparse por explotar estos
espacios. Por consiguiente, el sometimiento en América se basó en la dominación de las
215
gentes, lo cual implicó tomar posesión del territorio descubierto. De otro lado, la
Corona española en 1550 y 1565 concedió nuevas mercedes, en estos casos de 200 y 500
213
Gómez, Pérez, Carmen. “Cartagena de indias y los conquistadores del siglo XVI entre traición y cambio”,
en Revista Historia y Cultura. N° 2. Facultad de Ciencias Humanas. Universidad de Cartagena. Editorial
Lealon, Medellín, Colombia, 1994, págs. 44-50
214
Relaciones y Visitas a los Andes. Tomo II, págs. 382-383. Véase, para un análisis más completo y
detallado DIHC. VI, págs. 154-167
215
Elliott, John H.. Op. Cit. pág. 75
103
Estos conquistadores creyeron que tenían derecho a usurpar, maltratar y quitar los
alimentos a los indígenas, sin olvidarnos de la poca unificación en el criterio de las
tasaciones, lo cual condujo a una rápida disminución demográfica de los indígenas,
teniendo en cuenta que la población indígena ubicada en los territorios de la gobernación de
Cartagena, en 1533, se calcula en 100.000 habitantes. 217 Las siguientes cifras de 1570 y la
descripción de la provincia de Cartagena de 1571 demuestran que su población había
disminuido drásticamente.
216
La andadura de una vida bajo la colonia, pág. 79
217
González Luna, Lola. Op. Cit. pág. 38
218
Relaciones y Visitas a los Andes. Tomo II, pág. 419
104
Esta crisis demográfica intentó ser contrarrestada con la introducción de esclavos africanos.
La primera noticia que se tiene en esta gobernación, y en particular de la ciudad de
Cartagena, fue la utilización de cincuenta esclavos parte del adelantado Heredia, entre 1534
y 1535, para el saqueo de las tumbas y santuarios del Zenú. 219
A medida que descendía la población indígena y trascurría la segunda mitad del siglo XVI
el encomendero perdió interés en la encomienda, pues ya no generaba las ganancias
económicas esperadas, hechos que pueden ser demostrados debido a que los partidos de la
gobernación de Cartagena, en 1560, albergaba los siguientes encomenderos, Tolú 31, Villa
de María 10, Cartagena 18, y para 1610 solamente se encontraban entre 15 y 18,
respectivamente. Esto no significa que el encomendero abandonó este sistema productivo y
de control, sino que se convirtió en estanciero agrícola y ganadero, recuperando así ciertos
beneficios económicos y manteniendo un prestigio social que le otorgaba el poseer tierras.
222
219
Vidal Ortega, Antonio. Op. Cit. pág. 262
220
Kalmanovitz, Salomón. Economía y Nación: una breve historia de Colombia. Grupo editorial Norma,
Bogotá, Colombia, 2003, pág. 37
221
Colmenares, Germán. Op. Cit. pág. 147
222
La andadura de una vida bajo la colonia, pág. 48
105
En tal sentido, bajo el reinado de Felipe II, el presidente de la audiencia Antonio González
recibió la orden de revisar los títulos otorgados por los cabildos, gobernadores e incluso las
mismas audiencias. Lo cual implicó en principio que los vecinos ocupantes fueran
desposeídos para que luego mostraran sus títulos. Además se debía inspeccionar las tierras
necesarias para los ejidos, pastos, calles y plazas en lugares poblados y se reconocería a los
indios las tierras que hubiera menester para su ganado y sementeras. Estas medidas algunos
investigadores la catalogaron como una “reforma agraria” lo cual es anacrónico, ya que no
se trató de ninguna reforma, pues se pretendió obtener el consentimiento de los habitantes a
propósito de una nueva fuente impositiva e iniciar un proceso de legitimación de las
223
Historia del poblamiento del territorio de la Región Caribe de Colombia. pág. 34
224
Blanco Barros, José Agustín. “Sabanalarga: sus orígenes y su fundación definitiva”, en Jorge Villalón
Donoso y Alexander Vega Lugo (Editores): José Agustín Blanco: Obras Completas. Tomo II, Editorial
Universidad del Norte, Barranquilla, Colombia, 2014, pág. 73. Este trabajo fue publicado en forma de libro en
1977 por el Instituto Colombiano de Cultura. Colecciones Especiales, Bogotá
106
usurpaciones territoriales, pero sin molestar a los ocupantes que pudieran contribuir con un
225
arreglo razonable a las finanzas reales. En pocas palabras, con las composiciones se
buscó meter en cintura una parte importante de la vida económica, es decir, se pretendió
que las estancias, haciendas agrícolas y propiedades eclesiásticas que estaban al margen de
la ley, pagaran dinero al fisco. 226
225
Historia económica y social de Colombia, págs. 148-149
226
Rodríguez González, Ana Luz. Op. Cit. pág. 88
227
Palacios, Marco y Safford Frank .Op. Cit. pág. 75
228
Meisel Roca, Adolfo. Op. Cit. pág. 84
229
La andadura de una vida bajo la colonia, pág. 33
107
Este proceso de apropiación de la tierra por parte de los españoles está relacionado con el
problema de equilibrio entre sus propias necesidades y la capacidad de las economías
indígenas para satisfacerlas mediante el tributo. Este equilibrio se rompió muy pronto dado
el aumento constante de vecinos y la resistencia de la sociedad indígena para abastecer a los
núcleos urbanos. 231 Además, si bien la ciudad de Cartagena y el resto de la gobernación
consumían sobre todo bienes alimenticios de producción local, el trigo sólo se podía
cultivar en las altiplanicies del territorio, en particular en Ocaña. Como en el área del
partido de Tierradentro y el resto del Caribe neogranadino no se producía todo el trigo que
se necesitaba, a finales del siglo XVI y durante el XVII los altiplanos le suministraron
algunas cantidades de trigo, casi siempre cara y a veces en mal estado, por la vía del río
Magdalena hacia Cartagena. No obstante, a partir de 1690, la harina del interior fue
232
desplazada paulatinamente por las harinas extranjeras. A continuación en el cuadro
230
Archivo General de la Nación (AGN), Tierras de Bolívar, 1. 8, f. 529 a 530v.
231
Historia económica y social de Colombia, pág. 141
232
Palacios, Marco y Safford Frank. Op Cit. pág. 128
108
aparecen las cifras del número de concesiones y equivalentes en hectáreas que entregó el
cabildo entre 1589 y 1631 en la provincia de Cartagena.
Fue la Cedula Real del 8 de abril de 1629, la que concedió una vida más para el disfrute de
las encomiendas, mediante el pago de una composición. Todavía el 10 de octubre de 1704,
se permitió por “cuatro vidas”, mediante el pago de dos annatas para los gastos de guerra.
Sin embargo, estas prerrogativas no tuvieron mucha incidencia, pues, en 1701, la Corona
decretó la incorporación de todas las encomiendas poseídas por personas no residentes en
las Indias. La abolición general de esta institución se decretó el 29 de noviembre de 1718,
completándose con las normas derogatorias de 1720 y del 11 de agosto de 1721. Cabe
aclarar que algunas encomiendas persistieron, aunque se puede afirmar que el ciclo
histórico de esta institución quedó cerrado de derecho y de hecho en la segunda mitad del
siglo XVIII. 233
233
Ots Capdequí, José. María. El Estado español en las Indias. Fondo de Cultura Económica, México, 1975,
pág. 27. Con la abolición y extinción de algunas encomiendas, estos espacios pasaron a ser tierras de
realengas, es decir, retornaron al dominio de la Corona española, quien procedía a otorgarlas en forma de
mercedes o venderlas a sus vasallos.
109
234
Kalmanovitz, Salomón. Op. Cit. pág. 43
235
Arrieta Barbosa, Armando Luis. Op. Cit. pág. 150
110
Capítulo IV
SABANALARGA: RECONOCIMIENTO E
INTEGRACIÓN AL IMPERIO BORBONICO
4. PARTIDO DE TIERRADENTRO: DESPOBLAMIENTO Y
ENCOMIENDAS
De la familia lingüística Caribe hay que resaltar pequeñas poblaciones indígenas como los
Mocaná, que hicieron presencia en el partido de Tierradentro. Iniciada la expedición de
Heredia en 1533, que logra atravesar parte del territorio “virgen” del actual departamento
del Atlántico, se encontraban los siguientes pueblos:
236
Escalante, Aquiles. Geografía del Atlántico. Imprenta Departamental, Barranquilla, 1961, pág. 34
237
Palacios, Marco y Safford, Frank. Op. Cit. pág. 40
111
Según el mapa del partido de Tierradentro, elaborado por el geógrafo José Agustín Blanco
Barros, quien posiblemente se apoyó en el diseño geográfico de la provincia de Cartagena
de 1787, podemos observar que los pueblos nativos se situaron principalmente en la zona
más septentrional del partido, y que la región histórica de Sabanalarga debió ser ocupada
por colonizadores espontáneos que tendían a la autarquía, por lo menos hasta el surgimiento
de un pequeño excedente productivo que pudieran intercambiar. Esta representación
cartográfica, también nos muestra algunas poblaciones indígenas que sufrieron crisis
demográfica que las llevaron a desaparecer. Asimismo, logra situar algunos pueblos de
indios existentes durante el siglo XVI. Sin embargo, no compartimos con el geógrafo la
ubicación de la parroquia de Sabanalarga para el siglo señalado, debido a que esta
población fue integrada o reconocida por el Imperio español durante la centuria del XVIII.
(Véase, mapa N° 3)
238
Urueta, José P. (Compilador): Documentos para la Historia de Cartagena. (7 Tomos.). Cartagena.
Tipografía de Antonio Araujo L., 1887- 1890 Tomo. I, págs. 74-76. Véase, Blanco Barros, José Agustín, El
Norte de Tierradentro y los orígenes de Barranquilla. Banco de la República, Bogotá, 1987, pág. 31 (Citado
en adelante como El Norte de Tierradentro, y página)
112
FUENTE: Poblamiento del partido de Tierradentro, siglos XV-XVI. José Agustín Blanco. “Sabanalarga:
sus orígenes y su fundación definitiva”, en Jorge Villalón Donoso y Alexander Vega Lugo (Editores): José
Agustín Blanco: Obras Completas. Tomo II, Editorial Universidad del Norte, Barranquilla, Colombia (2014).
Partido, es un distrito o territorio que comprende varias poblaciones de una provincia, que para la
administración de Justica, ejerce jurisdicción un juez de primera instancia. (Mapa N° 3) A partir de 1996 las
comunidades rurales y seminurbanas de los municipios de Tubará, Baranoa y Galapa fueron reconocidos
como Pueblo Indígena Mokaná, por la Asociación Nacional de Indígenas Colombianos y la Dirección
Nacional de Asuntos Indígenas.
113
“Y porque así el servicio de Dios, Nuestro Señor, y salud de las ánimas de aquellos
naturales conviene, que las dichas casas y lugares donde así los dichos indios
hablan, se quiten y sé de orden como en ninguna otra parte hablen los dichos indios
con el demonio, y se prohíban y cesen dichas borracheras, y se dé orden como no
tengan más de una mujer, y todo esto toca e incumbe hacer vos, como a prelado
que sois”. 239
Para mostrar las encomiendas que existieron en el partido de Tierradentro se hace necesario
estudiar las visitas realizadas en el siglo XVI, por los funcionarios Melchor Pérez de
Arteaga, Diego de Narváez, Antonio González, y, finalmente, Juan de Villabona y Jacinto
Vargas Campuzano, a mediados del siglo XVII. Estos visitadores se enmarcaron dentro de
una estrategia de inspección y control sobre la tierra y los indígenas, que se diferenciaba de
los juicios de residencia que se aplicaban a la conducta de una persona.
Estas visitas no exigían la elaboración de ordenanzas, ya sea porque no todos los lugares las
demandaban o porque no todos los visitadores tenían la condición para realizarlas, por
tanto, no existió un modelo que se pudiera imitar, lo que permite asegurar que la
reglamentación debió ser específica y carecía de un carácter general. En tal sentido, no hay
239
DIHC. VIII, pág. 212
240
Blanco Barros, José Agustín. Op. Cit. págs. 67-68
114
dos ordenanzas que coincidan en sus disposiciones, aunque aborden los mismos aspectos,
religiosos, indígenas, laborales y sociales.
El 6 de mayo de 1560 llegó Pérez de Arteaga, oidor de la Audiencia de Santa Fe, como
visitador general de la provincia o gobernación de Cartagena. Esta visita culminó el 14 de
junio de 1561, y contó con el apoyo de un alguacil y un escribano. Estos dos comisionados
visitaron Tolú y Mompox; por su parte Pérez de Arteaga se dedicó al partido de Cartagena
y a la ciudad misma. 241
Esta primera visita evidenció el descenso demográfico de la población indígena, por los
vejámenes cometidos por los encomenderos, por tanto, este oidor inició un proceso de
reducción y tasación en el distrito de Cartagena (que en ese momento incluía el territorio de
Tierradentro), pasando así de 52 pueblos a 22. 242 Aunque tenemos que comentar que este
tipo de proceso de reducción fue autorizado por el Rey español para todas las provincias
pertenecientes a la jurisdicción de la Audiencia del Nuevo Reino de Granada, en octubre de
243
1549, que tengamos conocimiento.
De otro lado, Pérez de Arteaga ordenó que los indígenas ladinos que eran utilizados para el
servicio personal de los encomenderos tuvieran una cédula donde constara cuánto
cobraban, para quién trabajaban, durante cuánto tiempo, y por último, estipuló un sueldo
entre cuatro y seis pesos de plata anuales; de manera que estas actividades personales no
fueran consideradas como un servicio, sino como un trabajo. 244 Estas disposiciones, según
el propio visitador, eran para evitar el vagabundeo, debido a que los aborígenes sin trabajo
se emborrachaban y las indias se convertían en malas mujeres, siendo pues numerosos los
nacimientos de mestizos. 245
La visita de Pérez de Arteaga no dejó órdenes claras y precisas, apenas elaboró una
reglamentación laboral que encomendó a sus comisionados para que la impusieran en los
241
Encomienda y población indígena en la Provincia de Cartagena, pág. 250
242
Conde Calderón, Jorge. Ensayos históricos sobre el Departamento del Atlántico. Ministerio de Cultura.
Editorial El Malpensante, Bogotá, 2002, pág. 52 (Citado en adelante como Ensayos históricos, y página)
243
DIHC. X, págs. 154-155
244
La andadura de una vida bajo la colonia, págs. 213-214
245
Vidal Ortega, Antonio. Op. Cit. pág. 260
115
pueblos. Estas medidas regulaban que los indios no debían ser sacados de sus pueblos y que
se debían de proteger por los malos tratos. 246 Por consiguiente, la documentación existente
no permite dictaminar una relación precisa de las encomiendas, sus encomenderos y el
número de indígenas tributarios. Pero la visita del oidor hizo posible que tuviéramos
conocimiento de algunos pueblos indígenas a través de las actas correspondientes a su
labor: Tocahagua, Galapa, Mahates, Luruaco, Misahares, Choa, Mazaguapo y Piohon. 247
En todo caso, la encomienda para estos pueblos también significó la organización del
tiempo y su cristianización, ya que los indios no debían estar sin el pasto espiritual, por
tanto, eran obligados acudir a la Iglesia. En este orden de ideas, una Real Cedula de 1560
encargó a los visitadores “se informe en cada lugar y pueblo que horden se tienen en su
doctrina y quien se la muestra y quien le dize misa y los administra los sacramentos de la
iglesia y si en esto oviere alguna falta haga que se provea luego”. 248 Finalmente, esta visita
de Pérez de Arteaga debió ser preocupante para los intereses de los encomenderos por las
posibles consecuencias que traerían estas investigaciones debido a que este grupo era el que
ejercía mayor poder en la provincia.
La segunda visita la realizó Diego de Narváez, en 1572, quien organizó unas doctrinas e
hizo agregaciones de unos pueblos a otros, debido a la disminución de la población
indígena y a las constantes peticiones de los encomenderos, ya que estos presionaban para
realizar agregaciones con el fin de tener mano de obra indígena. 249
246
Rivera Ruiz, Julián. Cartagena de Indias y su Provincia: una mirada hacia los siglos XVI y XVII. Editorial
El Ancora, Bogotá, 2005, pág.112 (Citado en adelante como Cartagena de Indias y su Provincia, y página)
247
El Norte de Tierradentro, pág. 32
248
López Rodríguez, Mercedes “ El tiempo de rezar y el tiempo de sembrar: El trabajo indígena como otra
práctica de cristianización durante el siglo XVI”, en Anuario Colombiano de Historia Social y Cultural, N°
27, 2000, pág. 33
249
González Luna, Lola. Op. Cit. págs. 43-44
116
el distrito de Tierradentro del de Cartagena para así efectuar las agregaciones y tratar de
hacer cumplir las tasas del tributo establecido por Pérez de Arteaga. 250
En esta visita también se ordenó que cada 20 indios hiciera una roza de maíz y entregaran
dos gallinas, pero los encomenderos obligaron a los indígenas a realizar rozas más grandes
que las que tenían tasadas, a sembrar frijoles, yuca y limpiar las rozas viejas para
sembrarlas. 251 Sin embargo, tampoco aparece un cuadro detallado de dichas agregaciones y
encomiendas. Aun así, tenemos conocimiento que durante la visita de Narváez el
gobernador de la provincia de Cartagena, Francisco Bahamonde de Lugo, ordenó, en julio
de 1572, que los días martes de cada semana a los naturales se les permitiría vender y
comprar en el mercado y feria públicas: aves, frutas, granjerías, hamacas y cualquier otra
mercancía. 252 Por su parte, Álvaro de Mendoza, oriundo de la ciudad capital, consideraba
que dicha disposición iba en detrimento de los propios indios, ya muchos de estos se
encuentran a muchas leguas de distancia, por tanto, se alejaban nueve días de su casa en
menoscabo del tributo, y dejando a su familia y sementera. Además, argumentó que eran
pocos los productos que podían llevar, según él, sólo gallinas, debido a que vecinos llegan a
253
los pueblos a comprar.
250
Ensayos históricos, págs. 52-53
251
Arrieta Barbosa, Armando Luis. Op. Cit. pág. 136
252
Fuentes documentales para la historia del Nuevo Reino. pág. 186
253
Ibíd. págs. 188-189
117
254
Arrieta Barbosa, Armando Luis. Op. Cit. pág. 136
118
Estas ordenanzas fueron reprochadas por el obispo de la ciudad de Cartagena, Fr. Antonio
de Hervias:
“Escrito tengo a V.A. sobre la visita de este obispado y cómo de ella resultó estar
los indios muy opresos de sus encomenderos y ser tratados peor que los viles
esclavos, y sobre todo todos los trabajos que tengo escritos vuestro Presidente
doctor González, que lo debiera remediar, los cargó mucho más. [….]. Son
asimismo fatigados de sus encomenderos por estar muy de ordinario entre indios
contra las cedulas reales de S. M., de que reciben los indios notables detrimentos y
no son señores de comer la tortilla que hacen para sí”. 255
En otras reformas emprendidas por este visitador, figuró la de darle legitimidad definitiva al
mayordomo. El gobernador debía intervenir en su nombramiento y el mayordomo, por su
parte, presentaría sus finanzas ante el gobernador y quedaría sometido a juicio de
residencia. Sin embargo, la reglamentación no precisó los mecanismos a seguir para el
nombramiento, ni le dio ningún tipo de jerarquía y jurisdicción que lo asimilara a un
funcionario de la Corona. 256
Asimismo, en 1590, aprobó una orden del Cabildo de la ciudad de Cartagena, la cual dice
así:
“…que por quanto muchas perssonas que tienen merzedes de este Cavildo de tierras
para Estanzias se las tienen deziertas y despobladas y no hazen casso de ellas y es
ocasión que no se provean en otras partes [….] se le proveyeren de aquí en adelante,
que las pueblen dentro de un año que corra desde el día que se le proveyere en
adelante y que la contiene y tenga poblada so pena que si no la poblare en este
dicho tiempo o teniéndola despoblada la despoblare y la desamparare ”. 257
De igual manera prohibió que los encomenderos exportaran carne o maíz para tratar de
evitar la escasez de estos alimentos en la ciudad y en la armada, a no ser que se dieran
255
Cartagena de Indias y su Provincia, pág. 98
256
Herrera Ángel, Marta. Op. Cit. pág. 138
257
Archivo Privado de la Familia Ripoll Oliveros, folios 70r-74r. En: Arteta Ripoll, Cristóbal. Poblamiento,
sociedad y cultura en Tierradentro. Edición Amauta, Barranquilla, 1998. Documento 2
119
Como los aborígenes estaban descendiendo demográficamente este visitador aplicó una
política de agregaciones que lo llevaron a tener roces con los encomenderos y con el mismo
gobernador de la provincia de Cartagena. Este reordenamiento debe interpretarse con
marcadas aristas: el problema era solucionar las largas distancias que tenían que recorrer
los doctrineros, proteger a los indígenas de su posible desaparición total, ejercer mayor
control sobre los pueblos, e indudablemente las de orden socioeconómico, al intentar
separar a los indios de los pueblos que los encomenderos consideraban de su propiedad.
261
Cartagena de Indias y su Provincia, pág. 114
121
FUENTE: Archivo General de la Nación (AGN), Visitas de Bolívar, Tomo. I, fols. 302r a 304v
262
La andadura de una vida bajo la colonia, págs. 218-219
263
Cartagena de Indias y su Provincia, págs. 121-123
122
La quinta y última visita que se realizó en el actual Caribe colombiano la practicó, Jacinto
de Vargas Campuzano, el cual llegó a la gobernación de Cartagena, en 1675, por interés del
obispo de la ciudad, Antonio Saénz Lozano; este acusaba a los encomenderos de abusar de
los indios a través de las rozas de maíz y esbozaba que el tributo se hiciera en pesos como
se hacía en otros lugares del Reino. 265 Estas denuncias son descritas de manera exhaustiva
en su informe de 1669:
“ Desde el mes de enero, en que da principio el año, comienzan los indios a picar el
monte para la roza de la demora y luego le derriban y le repican; y por mediado
abril poco más o menos lo queman y con todo rigor, que la Semana Santa están en
estos ejercicios; y en este tiempo los encomenderos sacan algunos indios y los
envían a montear hicoteas, miel de abejas, pita y otros frutos, diciendo que son días
de demora, en tanto grado que sólo el sábado dicen que es del indio para que él solo
busque el sustento para así, su mujer e hijos; y después; al principio del invierno,
que en España es el verano, siembra la dicha roza y todo el decurso de él consume
en limpiarla, pajarearla y otras diligencias, y todo el otoño recogerla, y en ella
misma siembra otra roza, que llaman la segunda; y en el entretiempo, si queda
alguno, hacen bohíos y pañoles, para que guarden los frutos fuera de los pueblos y
ordinariamente en las mismas rozas, y les obligan a que los guarden y vigíen, y a los
indios en este ministerio ocupados los hacen que traigan ganado de cerda a esta
ciudad y otros los ocupan en que traigan cargas de gallina y otras abastos, hechos
arrieros, en que se consume todo el año sin que los indios miserables tengan tiempo
264
La andadura de una vida bajo la colonia, pág. 231
265
González luna, Lola. Op. Cit. pág. 57
123
cierto y conocido en que poder valerse de su trabajo, y la paga del que ejercen es el
motivo de esta carta; porque sobre ello se han movido y mueven los pleitos,
controversias y disenciones que propuse en el principio a V.A. y llega tanto el rigor
que cuando no hay mulas o caballos sirven del ministerio en tanto grado que son
caballos de los negros, de los mercachifles, de los españoles buenos y malos, y esto
lo aseguro con la evidencia de haberlo yo visto”. 266
Vargas Campuzano era un juez con mucha experiencia pues llevaba en la administración de
justicia en Indias desde 1658, primero como fiscal y oidor en Santo Domingo durante seis
años. Después fue oidor de Panamá por dos años, y de Santa Fe por ocho, para finalizar en
México donde ejerció como alcalde del crimen y como oidor en su Audiencia. 267 Su visita
estaba encaminada en averiguar cuál era la situación de los indígenas, si las ordenanzas de
Villabona habían sido cumplidas, e indagar en las tierras que le fueron adjudicadas para los
resguardos. 268
266
Ruiz Rivera, Julián. “La Provincia de Cartagena de India en 1675”, en Ensayos Históricos, N°13. Anuario
del Instituto de Estudios Hispanoamericanos, Caracas, 2001, pág. 13. Véase, Cartagena de Indias y su
Provincia, págs. 55-56
267
Ibíd. pág. 14
268
González luna, Lola. Op. Cit. pág. 55
124
FUENTE: Lola González L., Resguardos coloniales de Santa Marta y Cartagena y resistencia
indígena. Biblioteca Banco Popular, Bogotá, 1993, pá[Link] N° 5
La visita contó con el apoyo del capitán Diego de Olivares; este en la práctica visitó la
mayoría de los pueblos, debido a que Vargas Campuzano adujo que la llegada de la armada
de galeones al mando del general don Nicolás Fernández de Córdoba, requería su presencia
en la ciudad (Cartagena), para nombrar como juez delegado a un capitán de la Compañía de
Infantería. 269 Del mismo modo, para 1665, tiempo durante el cual se realizó la visita, en la
provincia de Cartagena, no había mayordomos, es más, solo habían dos administradores.
“… que el nombre de administrador ero lo mismo que el mayordomo y por tal había
asistido a dicho pueblo, y que siendo el encomendero como era tan pobre, huérfano,
su sobrino, y que las demoras apenas alcanzaban a pagar el estipendio del doctrinero
y camarico y un tributo de cincuenta pesos que se le paga en cada año en las Cajas
Reales”.270
269
Ruiz Rivera, Julián. Op. Cit. pág.15
270
Ibíd. págs. 28-29
125
Usiacurí, Turbana, Malambo, Chinú, Mahates, Turbaco y Toluviejo, y otros fueron creados
como Morroa, Sampúes y Sotavento. Posiblemente el establecimiento de los resguardos fue
el único intento notable de organización del espacio, emprendido por las autoridades
coloniales en este siglo. 271
Finalmente, estos pocos funcionarios que llegaron a esta gobernación hicieron siempre
visitas de tiempo parcial y en términos generales tenían como objetivos resolver las
dificultades o inconvenientes que se presentaban con los encomenderos y la población
indígena. Pero como es sabido sus resultados no fueron los esperados, debido a la premisa
no escrita: el rey está en España y yo mando aquí. 272 Asimismo, estas visitas muestran una
clara contradicción entre el deseo de la Corona de proteger a los nativos y su necesidad de
incrementar sus ingresos, pues en el momento en que el tamaño de la población indígena
descendía vertiginosamente el mero hecho de aumentar y mantener los tributos significó
mayores cargas y vejaciones. Estos informes elaborados por funcionarios oficiales también
sirvieron para establecer una mejor correspondencia entre lo que se anotaba en las cajas
reales y lo que se debía ingresar teniendo en cuenta los datos disponibles de los indios
tributarios y sus respectivas tasaciones.
De todas maneras las encomiendas del partido de Tierradentro eran de tipo agrario (Estas
encomiendas se diferencia de las encomiendas mineras que se dieron en las estribaciones
del Sinú) y los indios debían trabajar en tres o cuatro rosas de maíz, de las cuales la mayor
era reservada para el tributo. La extensión de las mismas era estipulada por el visitador de
turno. Los aborígenes realizaban dos siembras en el año y las cuentas del tributo las hacia el
mayordomo de la encomienda en vísperas de Navidad. 273
A la par, estas visitas nos permitieron mostrar que al hablar de poblamiento en el Caribe, e
incluso en América en el siglo XV y buena parte del siglo XVII, desde la perspectiva de la
población que la habitaba, de cierta manera es un contrasentido, ya que la invasión europea
trajo como consecuencia un proceso continuo de despoblamiento, lo cual no significó la
271
Historia del poblamiento del territorio de la Región Caribe de Colombia. pág. 38
272
Encomienda y población indígena en la Provincia de Cartagena, pág. 249
273
El Norte de Tierradentro, pág. 36
126
total desaparición de la población indígena, debido a que hasta principios del siglo XVIII
continuó siendo la población más numerosa de todo el territorio neogranadino. Asimismo,
se puede apreciar que existía un marcado interés de los visitadores o funcionarios por saber
el número de indios tributarios, lo cual está relacionado con la obtención de sus recursos y
por supuesto la intención de administrar y ejercer un control sobre el territorio y la
población.
Del mismo modo, el análisis de estas visitas permite expresar por lo argumentado hasta
aquí, que en la región histórica de Sabanalarga, no existieron encomiendas reales como lo
aseguró Arístides Manotas, en su investigación de 1954, ya que para tal fin era necesario
contar con un grupo o comunidad indígena más o menos suficiente para sostener al
encomendero, y los Suribana que eran los más próximos a tal ubicación desaparecieron
rápidamente. 274 Además hay que agregar, que estas visitas dejan percibir que los indios
eran necesarios para la construcción de obras públicas, por ende, para la fabricación de las
pequeñas ermitas y sostenimiento de los curas, esto explica por lo menos en parte, por qué
la no existencia de este tipo de construcción en este espacio (Sabanalarga) hasta la llegada y
puesta en marcha de las reformas del siglo XVIII, por parte de España; las cuales instaron a
la sujeción de las gentes de todos los colores que eran predominantes en el partido de
Tierradentro.
274
Véase, Manotas, Arístides, Memorias sobre el pasado de Sabanalarga. Talleres Tipográficos Blas Movilla,
Barranquilla, 1954. Digitalizado para la Web por Manuel Reyes Vega, (2003) e-
mail:sabanalarga35@[Link] (Consulta realizada 18-mayo-2013)
127
“Sitio se da en esta provincia (Cartagena) a todo lugar que tenga alguna población
aunque corta como no sea ciudad, villa o pueblo (que es significativo de los que no
son de indios); el vecindario de los sitios es mixto y común de españoles, mestizos
(que lo son los hijos de los españoles con las indias), negros mulatos (que
denominan así a los hijos de blancos y negras), zambos (a los hijos de mulatos y
negras) y otras mixtiones que tienen sus determinadas denominaciones; y estos
generalmente se denominan libres por distinguirse de los indios tributarios”. 275
Por consiguiente, los mestizos por su propia condición pudieron suavizar la carga de ser
indios encomendados; podían reivindicar su situación si por cualquier motivo venían a
exigirle el tributo indígena aunque vivieran entre aborígenes. Entonces la hibridación étnica
en el mundo rural también pudo ser una estrategia de resistencia y una forma de oposición
al sistema colonial. 276
Los comienzos de este mestizaje se dan desde que los europeos desembarcaron en el
territorio de las indias, ya que los primeros contactos que se desatan es la conquista de las
mujeres nativas para satisfacer los deseos sexuales de los recién llegados, pues había
pasado un largo período de tiempo sin contacto con personas de otro sexo. Aunque las
referencias de estos inicios y contactos no son muy abundantes muchos españoles vivieron
con mujeres indígenas en concubinato e incluso conformaron una sociedad polígama. 277
275
Urueta, José P. Op. Cit. Tomo. III, pág. 324. Véase, Peredo, Diego de. “Noticia historial de la Provincia
de Cartagena de Indias año de 1772”, en Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura, N° 6-7.
Bogotá. Universidad Nacional, 1971-1972, pág. 137. El manuscrito original se encuentra en la Biblioteca
Nacional de Colombia en. Libros Raros y Curiosos. Tomo 160, folios 45r-130v
276
Vidal Ortega, Antonio. Op. Cit. pág. 219
277
Melo, Jorge Orlando. Op. Cit. pág. 245
128
Estos amancebamientos fueron perseguidos desde el primer momento por las autoridades
indianas debido a la gran generalidad de estas prácticas. De ahí que, en casi todos los
juicios de residencia, había una pesquisa secreta para averiguar si los enjuiciados vivían
amancebados y si estaban castigando estos delitos lo suficiente. Pero también es cierto que
muchos gobernadores se hicieron los de “la vista gorda” en muchos de estos casos, dado
que a veces los mismos funcionarios practicaban el amancebamiento. 278 Este enfoque nos
permite razonar que, en líneas generales, no hubo una repulsa racial por parte de los
conquistadores europeos en este sentido. Por tanto, aunque no hubo rechazo, si existió una
distinción racial.
278
Mira Caballos, Esteban. “Una etnia conflictiva: mestizos en las Antillas”, en Esteban Mira Caballos
(Compilador): La Antillas Mayores, 1492-1550. Vervuert-Iberoamericana, Frankfurt-Madrid, 2000, págs.
287-288
279
Conde Calderón, Jorge. Op. Cit. págs. 34-35
280
Herrera Ángel, Marta. Op. Cit. pág. 207
129
“repúblicas”; espacios donde mestizos conformaron una casta que, aunque no homogénea
desde el punto de vista étnico, condujo a una polaridad racial con los criollos, que si bien
aún conservaban su condición de exención de impuestos veían amenazado su status social,
pues comenzó a difuminarse la distinción entre conquistadores y conquistados. Sin
embargo, aún no se tiene una fecha precisa del comienzo de este proceso poblacional en los
sitios de libres de Sabanalarga.
De cualquier manera, las pequeñas haciendas agrícolas y ganaderas fueron los principales
soportes de poblamiento en el Caribe neogranadino durante el siglo XVII, ya sea porque
algunas veces apoyaron la conformación espontánea de los sitios de libres para obtener
mano de obra, o bien porque en sus intersticios se colocaron estos grupos humanos por
fuera de la ley, como lo eran los palenques y rochelas. 281
Ahora bien, la huida de muchos cautivos negros no siempre tuvo como objetivo la
búsqueda de la libertad definitiva, pues esta práctica en muchos casos sólo obedecía a
conseguir vestidos, alimentos suficientes, trabajar sin ser maltratados y alcanzar alguna
libertad de movimiento. Por tanto, su finalidad no era desafiar el sistema esclavista sino
281
Historia del poblamiento del territorio de la Región Caribe de Colombia. pág. 39
282
Romero Jaramillo, Dolcey. Los afroatlanticences: esclavización, resistencia y abolición. Universidad
Simón Bolívar. Barranquilla, 2009, pág. 15
283
Historia del poblamiento del territorio de la Región Caribe de Colombia, pág. 41
130
tener ciertos privilegios dentro de este sistema. La vida de los esclavos negros osciló entre
el radicalismo de huir a un palenque y la resignación de servir. 284
De esta situación, es preciso mencionar que la resistencia de las comunidades negras se les
intentó mitigar con estrategias, que no siempre fueron violentas, pues, el monarca español
ordenó que se les perdonara cualquier hecho que hasta entonces fueran realizados, siempre
y cuando estos regresaran en paz y, por ende, a servir a sus amos. 285
La maniobra es entendible debido a que la fuga de los negros no sólo privó a los
propietarios de esclavos de su posesión y de su necesario trabajo como mano de obra, bien
escasa por cierto, sino que el cimarronaje se constituyó en una amenaza para estabilidad de
la sociedad esclavista. Esta modalidad de resistencia persistió en todo el período colonial y
por ende fueron frecuentes las expediciones militares como medio de combatirlas. Entre
1571 y 1575, el funcionario Mexía llegó a la ciudad de Cartagena para realizar un juicio de
residencia al gobernador de la ciudad Francisco Bahomonde Lugo y sus oficiales, el cual
manifestó en una carta dirigida al rey acerca de la amenaza que los cimarrones
representarían para la ciudad:
“Los negros crecen en toda esta costa y tienen tierra tan fragosa como de la
Tierrafirme y saben que sus vecinos se han sustentados alzados, y son tan amigos de
la libertad como sus naturales, y para cada vecino desta gobernación hay mas de
seis negros, y cuando yo llegué aquí los que estaban en el monte cimarrones venían
y buscar compañeros, y si no se hallara su población y se hiciera la justicia de ellos,
hubiera crecido el daño, con viene que V.M. pusiera remedio, dicen acá que el
mejor es que no vengan más de los que acá están ahora”. 286
284
Navarrete P., María Cristina. “Cimarrones y palenques en las provincias al norte del Nuevo Reino de
Granada siglo XVII”, en Revista Fronteras de la Historia. Instituto colombiano de Antropología e Historia.
Vol.6, Bogotá, 2001. pág.106
285
DIHC. VI, págs. 27-28
286
Vidal Ortega, Antonio. Op. Cit. págs. 224-225. La única forma de conseguir la libertad de manera legal era
a través de la manumisión, esta se conseguía de dos formas. La primera era reuniendo algún dinero para
comprarse su independencia. En el caso de que el esclavo realizaran algún oficio tenían mayor oportunidad de
conseguir dinero extra. La segunda por la caridad cristiana de los dueños, aunque casi siempre la otorgaban
cuando estos eran viejos y, por tanto, ya habían pasado sus mejores años productivos.
131
287
Colmenares Germán. “El tránsito a sociedades campesinas de dos sociedades esclavistas en la Nueva
Granada: Cartagena y Popayán, 1780-1850”, en Huellas. Revista de la Universidad del Norte, Barranquilla,
N° 29, 1990, pág. 8
288
Fals Borda, Orlando. Historia doble de la Costa. Mompox y Loba. Tomo I. Carlos Valencia Editores, 1980,
pág. 53B
132
“El 10 de abril de dicho año (1600) se mandó dar título de la venta de Turipana a
Don Alonso de Mendoza, y se hizo merced de nuevo con ocho cavallerías de tierras,
sin perjuicio”.
“A Matheo del Solar, el dicho día (1623), quatro cavallerías de tierras en la tierra
adentro, junto al Pueblo que se decía Suribana, linde con tierras que se dieron a
Alonso de Muñoz de Piedrola, sin perjuicio”.
“En quinze de octubre (1624) a Don Diego Simanca quatro cavallerías de tierras, en
la tierra adentro, que empiezan a correr desde la savana de los Balsamos, hacia
Pedro Hoyo, sin perjuicio”. 289
De estas cuatro adjudicaciones enunciadas hay que resaltar las entregadas a Don Alonso de
Mendoza de Carvajal, pues fue el español que recibió el mayor número de concesiones 11
290
para una extensión total de 34 caballerías, o sea, más de 14.000 hectáreas. De igual
manera hay que destacar las mercedes otorgadas al capitán Alonso de Muñoz de Piedrola y
Matheo del Solar, debido a que estas adjudicaciones se encontraban en las extensiones de
tierras que hacen parte de la región histórica de Sabanalarga; la cual se caracterizaba,
durante principios del siglo XVII, por la no presencia de población indígena concentrada,
289
Gutiérrez de Piñeres, Eduardo. (Compilador): Documentos para la historia del Departamento de Bolívar.
Imprenta Departamental, Cartagena, 1924, págs. 156 y 174-175. Véase, Blanco Barros, José Agustín. Op. Cit.
pág. 77 (Los Ítems se encuentran sin modificación alguna, tal cual como en los informes del siglo XVII, por
tanto su escritura corresponde a ese contexto)
290
Meisel Roca, Adolfo. Op. Cit. pág. 85
133
porque sus habitantes eran mestizos y estaban dispersos, lo cual era un problema para la
Corona española, debido a que no realizaban grandes aportes a la Caja Real y a la
institución eclesiástica.
Para poder explicar de manera clara cuál fue la segunda conquista de América, se hace
necesario comprender el absolutismo español, que comenzó con la unión de Castilla y
Aragón, por el matrimonio de Isabel y Fernando II.
Sin embargo, las exageradas diferencias de los reinos impidieron un coherente sistema
fiscal y una fusión administrativa; la única institución que logró unificarse fue la
Inquisición la cual sirvió como aparato ideológico del Estado. El reino de Castilla contaba
con una población de 6.000.000 de habitantes, poseía numerosas ciudades, algunas de estas
tenían contactos comerciales con las industrias textiles de Flandes, la nobleza era
propietaria de grandes extensiones de tierras que utilizaban para la agricultura y cría de
ovejas. Pero en la órbita política era muy débil ya que las Cortes fueron siempre
291
Garavaglia, Juan Carlos y Marchena Fernández, Juan. América Latina. De los orígenes a la Independencia.
La sociedad colonial ibérica en el siglo XVIII. Tomo II, Op. Cit. págs. 31-32. Véase, Roa Barraza, William.
[Link]. pág. 105. Los cuatro reyes Borbones que dominaron el siglo XVIII español fueron, Felipe V (1700-
1746), Fernando VI (1746-1759), Carlos III (1759-1788), y Carlos IV (1788-1808).
134
No obstante, la aparente firmeza económica que permitían los metales preciosos obtenidos
del Nuevo Mundo hizo triplicar los ingresos de la Corona durante el reinado de Carlos V,
también crecieron los préstamos financieros y las presiones fiscales que llevó al Estado a la
bancarrota, en 1557, cuando Felipe II se encontraba en el trono español. Asimismo sus
sucesores intentaron recuperar las arcas del Estado, pero el gasto militar por las continuas
guerras no lo permitieron hasta el punto que Felipe III se declaró otra vez en bancarrota en
1607 y 1627. 293
292
Anderson, Perry. El Estado Absolutista. Siglo XXI editores. México, 1990, págs. 57-62
293
Ibíd. págs. 66 y 75-77
294
España y América en los siglos XVI y XVII, pág. 41
295
Klauver, Alonso. Op. Cit. pág. 62
135
Entre las concesiones comerciales que la Corona británica consiguió por parte de España
fue el permiso para introducir durante los siguientes treinta años 4.000 esclavos anuales y la
aprobación de enviar un navío con 500 toneladas de mercancías para la comercialización en
299
los mercados hispanoamericanos. En cuanto la introducción de esclavos, esta fue
realizada para la provincia de Cartagena por la South Sea Company, (Compañía de los
Mares del Sur), que celebró un contrato para el aprovisionamiento regular de esclavos; esta
actividad la ejecutó durante 18 años, en tres momentos distintos que se resumen en el
siguiente cuadro:
296
Múnera, Alfonso. El fracaso de la nación: Región, clase y raza en el Caribe colombiano 1717-1821.
Editorial Planeta, Bogotá, 2008, pág. 74. (Citado en adelante como el fracaso de la nación, y pagina)
297
Véase: [Link] (Consulta realizada 12-sep-2013)
298
Cunill, Pedro, Vivas Ramírez, Fabricio y Otros. Los tres primeros siglos de Venezuela, 1498-1810.
Editorial Grijalbo. S.A. Caracas, Venezuela, 1993, pág. 125
299
Pérez Herrero, Pedro. Op. Cit. pág. 123
136
300
Brading, D. A. “La España de los borbones y su imperio americano”, en Bethell, Leslie (Compilador):
Historia de América Latina. Editorial Crítica, Vol. 2, Barcelona, 1990, pág. 86
137
era deficiente. Este era justamente el escenario de Cartagena en los albores de la guerra de
Sucesión, una ciudad expuesta, casi indefensa y sin recursos; pero que podía ser
ambicionada por ingleses por su política de quebrar estratégicamente el dominio de España
en las Indias. 301
De manera general, esta era la situación para España cuando los Borbones llegan al poder a
principios del siglo XVIII, lo cual llevó que la visión y filosofía hacia estos territorios
cambiara. Si con los Habsburgo se trataba del <<rey de las Españas y de las Indias >>, con
los Borbones consistirá en el << rey de España y emperador de las Indias >>; desde
entonces, se habló ya no de reinos, sino de colonias, es decir, se inició un nuevo proceso
administrativo que traería consigo una serie de trasformaciones, conocidas como las
302
reformas borbónicas. En la propia España las expectativas por la aplicación de este
programa político y económico de corte francés, había suscitado un clima de desconfianza,
sobre todo en los reinos como Cataluña y Aragón, que detentaban ciertos privilegios desde
la época de los Habsburgo, y se inclinaban de manera abierta a apoyar al Emperador, en el
entendido de que este apoyo le sirviera para garantizar sus fueros. 303
Hay que subrayar que la diferencia entre la economía metropolitana y los reinos eran casi
inexistentes en el siglo XVII, es decir, a los borbones le correspondió hacer un inventario
del Imperio para aplicar unas medidas que permitieran modernizar la economía, las
instituciones y la sociedad misma. De allí que estas reformas tenían como objetivo
solucionar los inconvenientes antes mencionados reducir el poder de los virreyes y las
Audiencias, aumentar la productividad fiscal y la diversificación de productos, realizar un
cambio profundo en el ámbito educativo inspirado en la Ilustración, mejorar el sistema de
defensa y seguridad contra la invasión extranjera, desamortizar los bienes de la Iglesia,
301
Cartagena de Indias y su Provincia, págs. 277-278
302
Garrido, Margarita. “Precursores de la independencia”, en Gran Enciclopedia de Colombia. Círculo de
lectores, Santa fe Bogotá, 1991, pág. 211-212
303
Rodríguez Mirabal, Adelina. “La España reformista de comienzos del siglo XVIII y la nueva orientación
del comercio ultramarino”, en Ensayos Históricos, N° 13, Anuario del Instituto de Estudios
Hispanoamericanos, Caracas, 2001, pág. 40
138
“… de diversas gentes, que viven por aquellos montes divididos los unos de los
otros, sin gobierno político, ni Eclesiastico, ignorantes de los Misterios de nuestra
Santa Fé, y Doctrina Cristiana; originando de hallarse retirados de las poblaciones,
donde ay Justicia y Parrocos, y por esto imposibilitados de que los curas los
enseñen, ni los administren los Santos Sacramentos ”. 305
“Los pocos caudales, que se podían considerar en esta tierra así propios de vecinos
como de apoderados, los tienen fuera de esta Provincia y sólo hacen bajar a esta
ciudad aquellos de que no necesitan para emplear en ropas de ilícito trasporte, en
que siempre hallarán muchísima más utilidad y breve lucro que el que V.M. podrá
darles en el repartimiento a que creo excusarán manifestando pobreza, como en esta
plaza afectan todos”. 306
“En todas las indias, según me han informado, y aquí donde tengo experiencia, para
la paga de la guarnición es mucha y efectiva, para el servicio, inútil y poca, porque
sin que un gobernador que no es más que un hombre solo, lo pueda remediar los
mejores de ella con solapa de subalternos, uno es sastre, otro Zapater y otro se pasa
sin hacer guardias”. Ante los rumores de una posible invasión inglesa el gobernador
304
Garrido, Margarita. Op. Cit. págs. 212-214
305
Herrera Ángel, Marta. Op. Cit. págs. 238-239
306
Cartagena de Indias y su Provincia, págs. 279
139
La situación que vivía Cartagena, luego del ataque de 1697, y el escenario descrito por el
gobernador condujo a los Borbones a formar una milicia disciplinada; dicho de otro modo,
un programa sistemático de entrenamiento que permitiera la profesionalización de un
cuerpo de personal regular, tanto en el manejo de las armas, como para obedecer a los
mandos correspondientes, y así rechazar cualquier intento de invasión por parte de
potencias extranjeras. En tal sentido, la reorganización de los batallones o compañías y la
conformación de milicias integradas por castas de todos los colores serían un apoyo del
ejército regular. Por tanto, los distintos gobernadores que llegaron a la provincia de
Cartagena realizaron estrategias y medidas para la defensa del territorio, resultado positivo
sólo gracias a que los ingleses desestimaron un ataque a la ciudad de Cartagena ya que
tenían claro que la Guerra de Sucesión se definiría en Europa y no en las colonias
españolas.
Vemos entonces, que la nueva monarquía debía plantearse un modelo político y económico
sobre la base de la unificación territorial, lo que sin duda significó enfrentar los privilegios
regionales y someter a los reinos a la autoridad del soberano, a fin de fortalecer la política
centralizadora del Estado. Esto implicó un reto para Felipe V, debido a que se corría el
riesgo de generar conflictos internos por la abolición de los fueros regionales. La guerra de
Sucesión le permitió al monarca el pretexto para la aplicación en España de este modelo
centralizado. Aragón y Valencia fueron los primeros reinos que se les quitaron los
privilegios, con los llamados Decretos de la Nueva Planta, en 1707; pocos años después en
307
Ibíd. 292-293
308
Ibíd. pág. 281
140
Entre otras razones, se creó para intentar meter en cintura a los contrabandistas y por lo
mismo se pagaba desde Nueva España una guarnición muy costosa. Algunos funcionarios
de la época informaron que del conjunto de posesiones españolas en América ninguna otra
sufre del mal exagerado del contrabando como lo que sucede en la Nueva Granada. Los
consejeros del Rey calcularon esta práctica en seis millones de pesos en los comienzos del
siglo XVIII, mientras el comercio legal no lograba superar los dos millones de pesos. 313
Este entorno fue percibido por dos ilustrados españoles que llegaron a la Nueva Granada, a
mediados del siglo XVIII, Jorge Juan y Antonio de Ulloa, quienes describieron tal
situación, comentando al respecto:
“Para tratar del comercio ilícito en la Indias […] Cartagena, siendo éste el primer
puerto para hablar de este asunto, y adonde parece que, conjuraba la malicia contra
la legalidad, convierte en fraude aun aquellas providencias y recursos que lo debían
destruir y aniquilar; pues las que se han tomado con tanta prudencia y sagacidad, y
que prometían desarraigar de las costas todos los motivos del trato ilícito, son las
que en tiempo presente sirven de solapa para que se frecuenten aquellas vías
prohibidas con mayor desahogo y seguridad”. 314
312
AGI, Santa Fe, 385. Real Cédula de Restauración del Virreinato del Nuevo Reino de Granada. San
Ildefonso, 20 de agosto de 1739. En: Donís Ríos, Manuel, El territorio de Venezuela. Documentos para su
Estudio, Universidad Católica Andrés Bello, Caracas, 2001, pág. 390
313
Múnera, Alfonso. “Ilegalidad y frontera”, en Historia económica y social del Caribe colombiano.
Ediciones Universidad del Norte, Bogotá, 1994, pág. 135
314
Juan, Jorge y Ulloa, Antonio de. Noticias secretas de América. (2 Tomos). Editorial América, Madrid,
1918.pág. 220
142
Por lo tanto, a partir de las primeras décadas del siglo XVIII, las provincias del Caribe
neogranadino ocuparon la atención, en términos poblacionales, de la Corona española, y
son precisamente las reformas iniciadas por los reyes Borbones, quienes mediante un
“nuevo” proceso poblacional buscan reunir o incorporar a los grupos humanos
arrochelados, amancebados y dispersos de los sitios de libres, a la estructura urbana
colonial, pues vivían “sin Dios ni ley”. 315 De hecho, las grandes extensiones de tierras que
inicialmente habían sido pobladas por indígenas mayoritariamente, ahora en el siglo XVIII
se encontraban habitadas por gentes que tenían en común vivir por fuera del sistema
colonial, en otras palabras, ausentes del sistema fiscal, religioso, político y administrativo
de la Corona; por ende, el Estado tenía muy poca influencia sobre estos grupos que se
encontraban en estos espacios poblacionales.
Cabría razonar, entonces, que la ciudad de Cartagena por ser una bahía propicia para el
arribo de galeones y entrada de la Nueva Granada, se sostenía gracias al comercio exterior
y al contrabando que practicaban sus habitantes, desde los más presuntuosos hasta lo más
humildes, asimismo, por su fiscalidad al ser centro militar y político. Es por ello, que
difícilmente a las autoridades, e incluso a los vecinos de la ciudad, les interesó mirar las
fronteras interiores de la provincia o gobernación. 316
La política de reorganización espacial fue más intensa en la segunda mitad del siglo XVIII,
debido a que no solamente se presentaban inconvenientes con muchos pobladores del
Caribe, sino también con las Islas británicas por sus avances territoriales en Bélice y la
Guayana Británica. 317 Los ingleses, por su parte, buscaban establecer colonias en el Caribe
para tener mayor acceso a los tesoros españoles, garantizar un mercado para sus productos,
en especial textiles, y en últimas, para ofrecer un hogar a su población excedente. 318 Estos
315
Ensayos históricos, pág. 60
316
Polo Acuña, José y Gutiérrez Meza, Ruth “Territorios, gentes y culturas libres en el Caribe continental
Neo-Granadino, 1700-1850”, en Sergio Paolo Solano y José Polo Acuña (editores): Historia Social del
Caribe colombiano. Territorios, indígenas, trabajadores, cultura, memoria e historia. La Carreta Editores,
2011, págs. 11-12
317
Conde Calderón, Jorge. Op. Cit. pág. 58
318
Bryan, Patrick E.. “Jamaica y el Caribe español, 1655-1713”, en Leopoldo Zea (Compilador): El
Descubrimiento de América y su Sentido Actual. Colección Tierra Firme. Edición de Cultura Económica,
Mexico,1989, pág. 69
143
Este proceso permitió que en la región del Caribe neogranadino se ampliara la frontera
agraria durante el siglo XVIII con empresas militares que establecieron algunas haciendas
de trapiche y grandes hatos ganaderos, por ejemplo, la que desarrolló Fernando Mier y
319
Briceño Monzón, Claudio, “De la centralización Borbónica al estado-nación en Venezuela”, en Mañongo.
Revista semestral de Historia y Ciencias Sociales N° 35, Vol. XVIII, Facultad de Ciencias de la Educación de
la Universidad de Carabobo, Valencia, Venezuela, 2010, pág. 56. La alianza familiar entre españoles y
franceses, fortalecida con el “pacto de familia” de 1761 suscitó entre 1762 y 1808 ocho guerras entre España
e Inglaterra, donde sin ninguna duda España fue la gran perdedora debido a que sus intereses coloniales en
América se debilitaron profundamente, en especial, los comerciales.
320
Kuethe, Allan J.. Reforma Militar y Sociedad, 1773-1808. Banco de la República, Santafé de Bogotá,
1993, pág. 87
321
El fracaso de la nación. pág. 83
144
Guerra en la gobernación de Santa Marta, que planteaba dentro de sus objetivos marginar la
presencia de la nación de los Chimilas. En la provincia de Cartagena, este proceso consistió
en que grupos humanos y tierras fueron incorporados a las haciendas y la creación de
nuevas unidades productivas sobre el territorio conquistado, asimismo, convirtió a la
ganadería en la actividad más importante de las haciendas. Es probable, entonces, que la
expansión de los hatos ganaderos que se dio durante esta centuria no sólo fue el resultado
de la decadencia de la hacienda esclavista, sino también, el marcado interés de ubicar a los
esclavos en distintos frentes de trabajo, debido que era la principal actividad comercial de
la ciudad de Cartagena. Aunque, que los privilegios de este núcleo como plaza militar y
comercial, subordinaron el crecimiento agrario regional, pues únicamente se buscó
322
abastecer a los dos centros urbanos y comerciales más importantes de la gobernación.
En esta dinámica, la recomendación que realizó la Iglesia, en 1749, fue pedir que se
definiera por medio de una Real Cedula, “… el modo forma, y tiempo de exigir del estado
eclesiástico secular y regular el impuesto de la sisa de las carnes que se expende en el
abasto común, a fin de que su producto contribuya al gasto y reparos de reedificación, y
construcción de la muralla que bate el mar por la parte superior de esta ciudad
(Cartagena)”. Se dispuso entonces que se cobrara mensualmente por los siguientes cinco
años. 323 El impuesto de la sisa era un tributo pagadero por cada cabeza de ganado vacuno o
cerduno que se sacrificara, el cual fue utilizado para la construcción y mejoramiento de las
fortificaciones, que bastante falta le hacía a la ciudad y provincia debido al ataque sufrido
durante la guerra de Sucesión, a los hostigamientos de piratas y filibusteros e
innegablemente por la presencia inglesa en el gran Caribe.
322
Colmenares, Germán. Op. Cit. págs. 12-14
323
Sourdis Nájera, Adelaida. Op. Cit. pág. 41
145
Esta visión reformista también fue impulsada por otro ideólogo, Pedro Rodríguez
Campomanes (1723-1803), quien se convirtió en uno de los promotores de este cambio
bajo el gobierno de Carlos III. Este consideraba que las propiedades de la Iglesia y la
existencia de los monopolios eran peligroso para la circulación y creación de la riqueza, por
lo que propuso la formación de sociedades económicas y la liberación del comercio como
mecanismo para la trasformación española. 326
Otros de los aspectos que influyeron de manera directa en esta conquista y organización
regional fueron, en primer orden, la situación de ciudad de Cartagena, pues había
desabastecimiento de alimentos y víveres, lo cual se profundizó durante el bloqueo de la
armada inglesa en 1741. Como segundo componente estuvo el aumento demográfico de
esta ciudad ya que este se tradujo en mayor demanda. En tal sentido, Cartagena necesitaba
para su consumo de carne diaria de más de veinte reses, o sea, consumía en un sólo día lo
que Buga o Cali en una semana. Como tercer aspecto estaban los comerciantes que
buscaban y anhelaban nuevas tierras para formar hatos de ganado y producir alimentos para
324
Del Campillo y Cosío, Joseph. Nuevo Sistema de Gobierno Económico para la América. Facultad de
Humanidades y Educación. Universidad de los Andes, Mérida, Venezuela, 1971. pág.70. Esta obra fue escrita
en 1743 por este funcionario español durante el reinado de Felipe V, ocupó cargos en la Secretaria de
Hacienda, de Guerra, de Marinas y de Indias, por tanto este libro es fundamental para entender la nueva
mentalidad económica española a mediados del siglo XVIII para América.
325
Brading, D. A. Op. Cit. pág. 102
326
Pérez Herrero, Pedro. Op. Cit. pág. 126. Es oportuno explicar que no se trataba de un sistema o régimen de
“Libre Comercio” pues se buscó regular el tráfico algunos productos y fomentar la producción de otros.
Debido al incremento de la demanda internacional de algodón, cueros, tabaco, lino, azúcar, tintes, cacao, entre
otros. Sin embargo, los Borbones no establecieron un programa claro para aumentar la productividad agrícola
en la América española, pues básicamente se intentó generar nuevos beneficios económicos para el Imperio a
través de impuestos.
146
el consumo de la ciudad y para la exportación hacia la cuenca del Caribe. 327 En la misma
forma, es significativo resaltar, que luego del ataque de los ingleses, la ciudad de Cartagena
perdió una importante comunidad de comerciantes, la mayoría de los cuales regresaron a
España, incluidos los diputados de la Escuela de Cádiz, y en 1757 sólo habían 15
comerciantes españoles establecidos en la capital de la provincia. 328
Teniendo en cuenta tales eventos, a mediados de esta centuria, se intentó incorporar tierras
y grupos humanos para que desarrollaran la ganadería y aumentar los productos agrícolas.
De esto último se desprende que además de someter a la población libre para un mejor
control del espacio, la Corona necesitaba reorganizar los territorios para ejercer mayor
dominio sobre los medios de producción, de tal manera que ello fortaleciera el intercambio
de alimentos para Cartagena. Estos cambios en el sector productivo era impulsado por una
política borbónica para toda la América española, cambio que también buscó restringir y si
fuera posible eliminar aquellos sectores productivos (alimentos), y manufactureros que
competieran con los metropolitanos.
327
Aprile-Gniset, Jacques. La ciudad colombiana. Prehispánica, de conquista e indiana. Impreso en Talleres
Gráficos Banco Popular, Bogotá, Colombia, 1991, pág. 461
328
El fracaso de la nación. pág. 86
329
Ciudad y Territorio. pág. 52
147
CUADRO 11. Algunas Redes Urbanas del Caribe Colombiano en el siglo XVIII
FUENTE: Hugues, Sánchez Mejía. “Las ciudades, villas, sitios y el sistema político-
administrativo en el Caribe Colombiano”, en Gustavo Bell Lemus (Compilador): La Región y sus
Orígenes. Momentos de la historia económica y política del Caribe colombiano. Editorial
Nomos, Barranquilla, 2007, pág. 46. (Agregamos los nombres de los funcionarios para mayor
claridad y precisión en la investigación)
330
El fracaso de la nación. pág. 75-76
331
Polo Acuña, José y Gutiérrez Meza, Ruth. Op. Cit. pág. 15
332
Conde Calderón, Jorge. Op. Cit. pág. 62
148
Dicha gestión era fiscalizada por Andrés de Madariaga, quien se desempeñaba como
Capitán a Guerra334del partido de Tierradentro y fue quien llegó al sitio de Sabanalarga para
335
evidenciar y constatar que el funcionario había cumplido con lo mandado. Según el
informe de Pérez de Vargas del 26 de enero de 1744:
333
Blanco Barros, José Agustín. Op. Cit. págs. 99-100
334
Capitán a Guerra, Autoridad civil habilitada para entender asuntos de guerra. Antiguamente eran los
corregidores, gobernadores y alcaldes mayores. Diccionario de la Lengua Española. Vigésima Segunda
edición. Editorial ESPASA, 2001, pág. 297
335
Blanco Barros, José Agustín. Op. Cit. pág. 93
336
A.G.N. Poblaciones varias, tomo 10. Primera parte, folios. 011-012. En: Blanco Barros, José Agustín. Op.
Cit. págs. 578-579. Documento Número 7
337
Aprile-Gniset, Jacques. Op. Cit. págs. 461-462
149
“En el Sitio nombrado Pinto de esta Parroquia (Sabanalarga) mandé quemar unas
casas por no haber cumplido con lo mandado, de unas mujeres que vivían en ellas
arrochelando maldades, a las que se les notificó que en el término de tres días
desocupasen esta jurisdicción”. 338
No hay que olvidar, en todo este proceso de poblamiento, las distintas misiones o pueblos
de misión que con sus actividades de adoctrinamiento y colaboración en la reducción de
grupos humanos fueron imprescindibles para el agrupamiento y reconocimiento de muchos
338
A.G.N. Poblaciones varias. Tomo 5, folios 378r-383. En: Blanco Barros, José Agustín. Op. Cit. págs. 576-
577 Documento Número 5
339
A.G.N. Miscelánea Colonia, Tomo 140, folios 459-463. En: Blanco Barros, José Agustín. Ibíd. pág. 597
Documento Número 17
150
En cuanto a los pueblos de misión en la Nueva Granada, su actividad fue mucho más
enérgica en el siglo XVIII, concretamente en el sur de este territorio (Caquetá y Putumayo),
área asignada a los franciscanos españoles. 340 De allí que las misiones realizadas en los
llanos del Caribe neogranadino durante ese siglo, no se hayan encontrado suficientes
341
descripciones de cómo se organizó el espacio. Posiblemente la labor misional más
estudiada en el Caribe fueron las ejecutadas por la orden Capuchina de Valencia, en la
provincia de Santa Marta, la cual tuvo como objetivo principal reducir a los indios
342
Chimilas. No obstante, la información disponible permite apreciar que las misiones
usualmente contaron con iglesia, edificación muy sencilla, de materiales de bareque y paja,
que no sólo eran baratos y relativamente fáciles de conseguir, sino que tendían a
deteriorarse debido a los climas cálidos y húmedos que predomina en la región, pero
independientemente de estas dificultades, este espacio sirvió para el adoctrinamiento. 343
Estas misiones, al igual que la conquista armada, llamada “pacificación” estaban integradas
por un sistema de elementos políticos, religiosos, culturales y sociales que se
compenetraron de tal manera que es casi imposible separarlos. En otras palabras, el
reordenamiento territorial y exploración de nuevos espacios fue gracias a la unión entre la
autoridad civil, representada en las expediciones militares, y la autoridad eclesiástica
340
Lych, Jhon. Op. Cit. pág. 134
341
Herrera Ángel, Marta. Op. Cit. pág. 84
342
Véase, para un análisis más completo y detallado a Marcela Quiroga Zuluaga. “Entre la inconstancia y la
incuria: la experiencia fallida de los pueblos de misión chimilas a finales del siglo XVIII, en las llanuras del
Caribe”, en Historia Caribe, Vol. X, N°. 26, Barranquilla, 2015. Lola Luna, “La nación Chimila: un caso de
resistencia indígena en la nación de Santa Marta”, en Conquista y resistencia en la historia de América,
editado por Pilar García Jordán, Universitat de Barcelona, 1991. Gustaf Bolinder “Los Últimos Indígenas
Chimilas”, en Boletín del Museo del Oro N° 18, 1987. Carlos Alberto Uribe “La rebelión chimila en la
provincia de Santa Marta Nuevo Reino de Granada en el siglo XVIII”, en Estudios Andinos N° 13, 1977.
Hugues R. Sánchez Mejía “Composición, mercedes de tierra realengas y expansión ganadera en zona de
frontera de la gobernación de Santa Marta, Valledupar, 1700-1810”, en ACHSC Vol.39, N°. 1, 2012. Edgar
Rey Sinning. Poblamiento y resistencia: los chimilas frente el proceso de ocupación de su territorio. Santa
Marta, Gobernación del Magdalena. Conexión Cultural Editores, 2012. Cesar Mendoza Ramos “La provincia
de Santa Marta: espacio y poblamiento, 1780-1810”, en Amauta, N°. 14, 2009
343
Herrera Ángel, Marta. Op. Cit. pág. 85
151
simbolizada en las misiones, en el caso de Sabanalarga, a través del vicario ecónomo del
partido de Tierradentro, Joseph Valentín Rodríguez.
Es importante dilucidar que estas no fueron las primeras iglesias que se establecieron en
Tierradentro por órdenes reales. Según el cronista Alonso de Zamora algunas casas
religiosas dominicas dependían del convento de San José de Cartagena, construido en 1539,
con trabajo indígena y apoyo pecuniario de los encomenderos. Para 1571, el número de
conventos de Tierradentro eran más de doce, de los cuales podemos mencionar el de Tolú,
1567 y Malambo, 1568. 345
En este proceso, las llamadas misiones, 346 fueron muy importantes, pues a través del
adoctrinamiento de la fe católica y los diversos informes de sacerdotes se logró imponer
una “nueva” religión dominante en los imaginarios colectivos, y son los distintos informes
del vicario Valentín Rodríguez al virrey, los que contribuyen con la incorporación de
Sabanalarga como parroquia el 26 de enero de 1744. A continuación, señalaremos algunas
partes de dichos informes:
“El vicario del Partido de Tierra adentro ynforma a [Link]. que componiéndose
como se compone la feligresía de Sabanalarga de más de trescientos vecinos, por
estar estos repartidos en treinta y ocho sitios, distantes unos de otros”.
344
Colmenares, Germán (Compilador): Relaciones e Informes de los Gobernantes de la Nueva Granada. (3
Tomos). Banco Popular, Bogotá, 1989. Tomo I, pág. 48 (Citado en adelante como Relaciones e Informes,
tomo y página)
345
Arteta Ripoll, Cristóbal. Op. Cit. pág. 68. La ciudad de Cartagena en 1570 tenía unas trescientas casas de
españoles, la única edificación en piedra era compartida por el Cabildo y el gobernador, lo cual significa, que
en la construcción de dichas iglesias aún no se utilizaba la piedra, Palacios, Marco y Safford Frank. Op. Cit.
pág. 78
346
Misión o Misiones, Serie de predicaciones para la evangelización de los no cristianos o para la conversión
y adoctrinamiento de los fieles. Gran Enciclopedia Larosse. Edición Planeta S.A, Bogotá, 1993, Tomo XV,
pág. 7353
152
A la luz de estas aseveraciones, se infiere que las gentes libres no profesaban las normas
eclesiásticas respecto al matrimonio, bautismo, entierros y comunión, al tiempo; nos
muestran que algunos sacerdotes debían cobrar honorarios excesivos que los libres de todos
los colores de estos sitios no podían pagar. Del mismo modo, estos breves trazos,
evidencian que el expedicionario Pérez de Vargas y el vicario Valentín Rodríguez realizó
papeles significativos. El primero, porque cumplió con el objetivo propuesto por el
reformismo borbónico, que era congregar a los vecinos libres en un solo sitio para su
sometimiento como parroquia. 348 El segundo, porque con sus primeros informes describe
de manera detallada los sitios de libres que formaron el Curato de Sabanalarga, los cuales
vivían alejados de la ortodoxia cristiana.
Del vicario no podemos precisar en cuál de las misiones que llegaron al virreinato del
Nuevo Reino de Granada se encontraba vinculado; sin embargo, de las misiones más
importantes en la mitad del siglo XVIII encontramos: Los Capuchinos de Valencia, Padres
Agustinos, Misión de Cristo Crucificado, Orden San Juan de Dios y La Compañía de Jesús.
Esta última comúnmente conocida como Jesuitas, es una orden religiosa de la Iglesia
católica que llegó a Nueva Granada en 1604; se caracterizó por ser la más ferviente
seguidora de la institución eclesiástica, se identificó por tener grandes haciendas de su
“propiedad” y por su labor educativa y misionera. 349
347
A.G.N. Poblaciones varias. Tomo 5, folios 372-374. En: Blanco Barros, José Agustín. Op. Cit. págs. 571-
573 Documento Número 1 (Estos ítems hacen parte del informe del 9 de Agosto de 1742)
348
Parroquia, era una porción de territorio diocesano con iglesia propia y una población determinada, al frente
del cual había un rector especial, como pastor de la misma para la necesaria “cura de almas” Enciclopedia
jurídica Omeba. Tomo XXI, Editores libreros, Buenos Aires, 1996. pág. 470
349
Peña Borrero Margarita y Mora Alberto Carlos. Historia de Colombia 1. Editorial Norma, Bogotá, 1987,
pág. 99
153
Merece especial atención, que el informe de Valentín Rodríguez manifiesta que los sitios de
libres eran 38, distantes unos de otros; contrario a la relación e informe del virrey Eslava,
que menciona 52 sitios. Pero si bien es cierto no existe concordancia en las cifras, este
documento nos brinda y aporta nuevas luces que permiten explicar el porqué del
reordenamiento forzado de la población “libre de todos los colores”. Un importante
elemento, es que parte de estas gentes fueron buscadas y sacadas de sus espacios de
convivencia para brindar apoyo a la urbe capitalina durante la invasión inglesa de 1741, y
para la realización de trabajos en la ciudad de Cartagena, situación que se complicaba aún
más si tenemos en cuenta la dispersión existente en el partido de Tierradentro; en otras
palabras, antes del reconocimiento institucional de la parroquia de Sabanalarga estos grupos
humanos prestaron servicios a la Corona. 350 De lo antes expuesto, consideramos que el
virrey también utilizó como estrategia la cancelación de un salario, el cual sirvió como
estímulo para el agrupamiento y defensa de la capital de la provincia, debido a que pocos
años después ocurrió una sublevación de algunos batallones por la no cancelación de casi
nueve meses de pago, situación que se resolvió con la orden de pagarles y decretar el
perdón general a los insurrectos. 351
Por otro lado, se presentaron inconvenientes con pobladores que huían hacia los montes;
debido a que no querían estar bajo el dominó español generando la posibilidad de crear dos
Iglesias, la de Sabanalarga y Ponedera, esta última como viceparroquia, a las orillas del río
Magdalena. La recomendación que el “fundador” hizo al virrey para reprimir los focos de
resistencia de pequeños núcleos familiares y vecinos que escapaban hacia los montes, fue
la solicitud de un permiso especial para hallarlos en cualquier parte del partido y traerlos
amarrados para que otros vecinos los vean y no intenten lo mismo e incluso se les coloque
352
multas por no cumplir con las dictámenes de sus superiores. En este sentido, es
razonable pensar que estos castigos ejemplares infundieron miedo en la población dispersa,
debido a que tenían como objetivo hacerles entender que debían someterse a los anhelos
350
Relaciones e Informes. Tomo I, pág. 53
351
Del Castillo Mathieu, Nicolás. Los gobernadores de Cartagena de Indias, 1504-1810. Editorial Guadalupe,
Santafé de Bogotá, 1998, págs.214-215
352
A.G.N. Poblaciones varias. Tomo 5, folios 378r-383. En: Blanco Barros, José Agustín. Op. Cit. págs. 576-
577 Documento Número 5
154
Los pobladores que intentaron resistirse eran considerados fugitivos, entre ellos, Ambrosio
Melgarejo, Candelaria de Sosa, Isabel, Diego de Ávila, Jasinto y Juana de Ragiz. Estos
fueron obligados a dirigirse hacia la feligresía, utilizando como mecanismo el
hostigamiento de las empresas militares, la quema de sus casas y el despojo de las
herramientas de trabajo, lo cual nos hizo inferir la posibilidad de que algunos de estos libres
de todos los colores fueran los primeros vasallos y parroquianos de Sabanalarga. En
síntesis, los sitios de libres previamente señalados, fueron espacios de confrontación entre
las autoridades del Estado colonial y los distintos grupos humanos.
“En treinta días del mes de henero del año referido teniendo yo dicho Alcalde que
en el citio de San Benito de esta jurisdicción de la Balza se hallan algunos
parroquianos de Savanalarga, protegiéndome en dicho ausilio que tengo pedido al
Ayudante de dicho Partido, Gregorio de la Vega, le recombine pasase a dicho citio y
aprehendiese los comprehendidos trayéndomelos a este de San Esthanislao para
juntarlos con los que aquí se hallan existentes y conducirlos a su total fundación;
los que dicho Ayudante aceptó y pasó en prosecución a dicho sitio, con la gente que
le pareció llevar en su compañía ”.
“Ayudante haga comparecer a mí presencia el referido Diego de Avila, para que
efecto de que ponga ante mí de manifiestos los bienes que de estas tuviere en su
poder, sin separación del mas mínimo; y declarados que sean, los entregue para
travaxo y embargo de ellos, y que conste judicial para ponerlos en vía junto con sus
353
A.G.N. Miscelánea Colonia. Tomo 140, folios 459-463. En: Blanco Barros, José Agustín. Ibíd. págs. 593-
597 Documento Número 17
155
personas para el Savanalarga, para por este medio quitarles el uso de ellos y lograra
al fin que se pretende por el superior horden que tengo”. 354
354
Ibíd.
355
Del Campillo y Cosío, Joseph, Op. Cit. pág. 134
356
A.G.N. Miscelánea Colonia, Tomo 140, folios 312-314v. En: Blanco Barros, José Agustín. Op. Cit. págs.
574-575 Documento Número 3
156
estos espacios, para que frailes y real hacienda ejecutaran de mejor manera sus actividades.
357
357
Relaciones e Informes. Tomo I, págs. 50-51
157
Capítulo V
Las medidas del Estado absolutista español obligaron a la población dispersa y arrochelada
a concentrarse para así ejercer un mayor control social “bajo el toque de la campana”, y
para estar dentro de las normas, reglas, obligaciones fiscales y religiosas provinciales,
358
virreinales, y por ende peninsulares. Y posiblemente, para crear un sentimiento
igualitario ante la nación española, estimulado con la entrega de tierras, con la construcción
de casas de manera oficial y con el ingreso a las milicias disciplinadas de los ahora
parroquianos de la feligresía de Sabanalarga. Sin embargo, está sujeción no era suficiente
para someter a la población libre al estilo español, debido a que la concentración en un sólo
sitio no bastaba para asegurar sus fines políticos, ideológicos y económicos. Estas
situaciones ya explicadas reflejan hasta cierto punto el “fracaso” de someter y reducir a la
población a la obediencia, por tanto, la búsqueda de las gentes, la quema de sus casas,
llevar amarrados a hombres y mujeres a un área específica, sin ninguna duda, es una
conquista territorial, institucional y poblacional.
358
Colpas Gutiérrez, Jaime. Op. págs. 48 y 50
158
Cornelio Hernández Cabarcas, con el fin de que administre justicia sujete a los vecinos que
siguen fugitivos y contribuya con la fabricación de casas para sus pobladores. 359
359
A.G.N. Empleados públicos. Tomo 25, folios 449r-449v. En: Blanco Barros, José Agustín. Op. Cit. pág.
580. Documento Número 9. Alcalde Pedáneo, se llama así los Alcaldes de Aldea, y otros lugares cortos, que
tienen muy limitada su jurisdicción. Diccionario de Autoridades. Real Academia Española. Editorial Gredos, S.A.
Madrid, 1963. Tomo III, pág.178. Muchas parroquias, lugares y núcleos urbanos durante las primeras décadas del
siglo XIX que hasta cierta medidas fueron ruralizadas aspiraron a una mayor autonomía municipal, en el
espacio abordado respecto a la ciudad de Cartagena, debido a que el logro de un estatus de reconocimiento
propio en una sociedad donde la ubicación jerárquica del poblamiento determinaba la valoración social de los
habitantes que la conformaban y por ende sus privilegios.
360
A.G.N. Empleados públicos. Tomo 26, folios 816r-816v. En: Blanco Barros, José Agustín. Op. Cit. pág.
581 Documento Número 10
159
“…. siendo solos los de esta especie los más reveldes, un Manuel de Araujo negro
libre que éste todavía se halla con su familia e hijos; en el sitio nombrado Arroyo de
Piedra, que dista de esta parroquia leguas sin poner aquí sus pies ni aun a Missa los
días de fiesta ni a los divinos oficios de semana (Santa) [….] y tres días, sin poderse
passar a este lado, ni al otro; y lo mismo sucede al Palmar de la Candelaria donde
dicho negro pretende mudarse”.
“…. a V. Exa por medio de esta, como hallándome ynformado, que Juan Orencio
de Quentas vesino de este sitio, [h]avía buelto a fundarse con su mujer hijos y
esclabos en su antigua rochela de Cascabel en donde tiene su hatillo,
(.…)Inmediatamente pasé el día 18 del corriente, (ilegible) a las seis de la tarde con
el Cabo de Esquadra y dos hombres, y luego llegó reconocí y hallé ser cierto
estaban todos con sus casas nuevamente fundadas y materiales para la otra. Al punto
hice sacar los trates que tenían y las derribé… Y al Salvador a quien le quemé la
casa traxelo preso a este sitio donde lo tengo bien asegurado. [.…]. Participo assí
mismo vuestra señoria como está del todo acabada la cárcel y solo le faltan las
puertas, y estas señor, por no [h]aver carpintero no las tiene ya puestas, pero quedó
con el ciudadano de solicitar uno que me dicen [h]ai en uno de estos curatos”. 361
En las postrimerías de 1745, en el centro de Sabanalarga existía una pequeña plaza estrecha
y alargada, dos pequeñas construcciones como son: una iglesia y una cárcel, símbolos de la
conquista realizada. La Iglesia, y con ello el cristianismo, representación única de lo
sagrado. La cárcel y la plaza, son evidencias del nuevo orden y poder político alcanzado
por la Corona. En esta dinámica, es significativo explicar que el trazado urbanístico del
poblado desconoció el formalismo de la cuadricula ortogonal, debido a que se ajustó a las
necesidades del espacio. El resultado fue una localidad en forma de “telaraña” caracterizada
por la confluencia de numerosos senderos de labores que se unían con el asentamiento y se
361
A.G.N. Poblaciones varias. SC.46,10, D.13 (Consultado a través de la plataforma virtual del Archivo
General de la Nación)
160
articulaba con las viviendas, o sea, el trazado “libre” constituyó una forma urbana
cuadricular irregular alrededor de una plaza de geometría también irregular. 362
En cuanto a estos aspectos, debemos hacer mención que, a partir de 1760, la mayoría de las
cesiones de tierras contaron con ingenieros agrimensores que dejaban poco espacio a la
duda en la mensura de los terrenos y su avalúo. En otras ocasiones se procedía a elaborar
mapas de acuerdo a los intereses de las partes que se encontraban en conflicto. Además, se
buscaba que los vecinos que lindaban con la propiedad solicitada se enteraran de su remate
a través de los pregones, hecho que, por lo general, realizaba un negro esclavo especialista
en la cuestión. Lo anterior nos muestra que para la Corona española reglamentar el acceso a
las tierras realengas era parte vital del reformismo en el cual se habían embarcado los
Borbones en la provincia de Cartagena en los albores de 1740. 363
362
Aprile-Gniset, Jacques. Op. Cit. pág. 464
363
Sánchez Mejía, Hugues Rafael. “Composición, mercedes de tierras realengas y expansión ganadera en
una zona de frontera de la gobernación de Santa Marta: Valledupar, 1740-1810”, en Anuario Colombiano de
Historia Social y de la Cultura. Vol. 39, N° 1. Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 2012, pág. 91
364
Archivo Histórico del Atlántico. (AHA). Notaria Única de Sabanalarga. Tomo 1854-1856.
161
roces o conflictos, en esa misma anualidad, los moradores de Sabanalarga detuvieron con
un par grillos al alcalde pedáneo, Juan de Mendoza, por haber construido una prisión en
casa de unas mujeres con que tenía parentesco el cura de la parroquia, Diego Durán, quien
junto con su hermano motivaron a los vecinos para realizar tal acto. 365
En este marco, Carlos III creó un equipo de ministros ilustrados: el duque de la Ensenada,
Campomanes, el marqués de Esquilache y los condes de Aranda y Floridablanca, entre
otros. Este cuerpo de ministro coincidió en el momento en que Inglaterra había conquistado
la hegemonía mundial. Los esfuerzos de este reformismo estaban orientados a una
independencia entre la nobleza y la Iglesia; mejoramiento en condiciones médicas y
sanitarias, apoyo a expediciones científicas para que realizaran un inventario de las riquezas
naturales e intentar descubrir nuevos productos comerciables, asimismo, que se levantaran
mapas de los límites y costas de América y la introducción de ciencias útiles (matemática,
la física y astronomía) para el fortalecimiento de la marina, milicias, artilleros, navegantes,
y estimular la producción de alimentos y manufacturas. 366
365
Blanco Barros, José Agustín. “El censo del Departamento del Atlántico. Partido de Tierradentro, 1777 ”,
en Boletín de la Sociedad Geografía de Colombia. Vol. XXVII, N° 104, 1972, pág. 29. Véase:
[Link] (Consulta realizada el 24 de marzo de
2017)
366
Gonzalo, España. Mutis y la expedición botánica. Editorial Panamericana, Santafé de Bogotá, 1999,
págs.18-20
162
distanciaba de la urbe con un radio entre 8 y 25 leguas había 23.000 cabezas distribuidas en
90 hatos. 367
Por otra parte, el ministro de Indias, José de Gálvez, informó en una orden fechada del 10
de noviembre de 1776, que el monarca español deseaba saber con precisión y certeza el
número de sus vasallos en América y Filipinas, por tanto, había resuelto que virreyes y
gobernadores realizaran padrones (Censos) que permitieran la distinción de los estados,
sexos y castas de todas las personas. Comunicación que fue remitida tiempo después por el
virrey de la Nueva Granada, Manuel Antonio Flores, al gobernador de la provincia de
Cartagena, Juan Díaz Pimienta, para que la ejecutara el corregidor y justicia mayor del
partido de Tierradentro, Juan García Turín. 368 Aunque hay que indicar que si bien es cierto
se intentó conocer la densidad del poblamiento en todo el territorio neogranadino y, en
general, la demografía, solo se tuvo referencia de los espacios administrados efectivamente
por la Corona española; por tanto, posiblemente, un número considerable de aborígenes,
cimarrones, europeos, mestizos, entre otros grupos humanos no fueron registrados.
367
Colmenares, Germán. Op. Cit. pág. 18
368
Conde Calderón, Jorge. Op. Cit. pág. 100
369
Moreno y Escandón, Francisco Antonio. Indios y mestizos de la Nueva Granada a fínales del siglo XVIII.
Bogotá, Banco Popular, 1985.págs. 88-89
370
Solano, Sergio Paolo, y Otros. “Ordenamiento territorial y conflictos jurisdiccionales. En el Bolívar
grande, 1800-1886”, en Historia Caribe. N° 13, 2008. pág.81
163
CUADRO 12. Resumen general de vecinos del Partido de Tierrradentro que fueron
empadronados en 1777
El programa militar se extendió en el ámbito del poder naval. España logró contar entre
1741 a 1761 con no menos de 54 barcos, armados con 3.688 cañones. Al terminar el
reinado de Carlos III, la armada española presumía de poseer una flota de 66 navíos,
apoyados por acopio de fragatas. 373 Por su parte, el virrey neogranadino, José Manuel de
Guirior, quien mostraba una tendencia a las ideas reformista, promovió el fortalecimiento
de la agricultura señalando el predominio de tierras improductivas y la creciente conversión
de tierras de manos muertas como factores claves de la miseria rural. En tal sentido, planteó
que distribuyeran estos espacios improductivos entre campesinos sin tierra, pues,
371
A.G.N. Censos varios. Tomo 6. Folio 098r y ss. En: Boletín de Historia. Vol. I, N° 3, 1977 (Actualmente
el censo puede ser consultado de forma completa a través de la plataforma virtual del Archivo General de la
Nación )
372
Kuethe, Allan J.. Op. Cit .págs.73-79
373
Brading, D. A. Op. Cit. pág. 91
165
consideraba que tal medida podría estimular a la agricultura y reducir así la pobreza de la
Nueva Granada. 374
En 1788, el conde de Floridablanca, primer ministro durante más de una década, presentó
un informe general donde resaltaba el éxito de la armada española en la reciente guerra con
Gran Bretaña. Expresaba que el crédito público se encontraba en un nivel tan alto que las
deudas contraídas durante la guerra de independencia norteamericana se habían
consolidado por el nuevo banco de San Carlos mediante la emisión de bonos que se
movieron con un valor nominal. Los ingresos aduaneros se duplicaron hasta en un doble y
el programa de obras públicas, sobre todo carreteras y canales, era materia de orgullo. 375
Es pertinente destacar, que la reforma militar no fue un programa unificado que abarcó todo
el virreinato, es decir, fue una iniciativa regional en la que poderes locales hacían valer sus
iniciativas y mando, hecho que fortaleció los privilegios de Cartagena y la autonomía
relativa que tenían los gobernadores. El objetivo central de esta reforma estaba encaminado
al fortalecimiento de la defensa externa más que a un orden político interno; no obstante,
permitió la incorporación, prestigio y movilidad social de grupos humanos de los distintos
niveles de la Colonia e incluso españoles que en su mayoría eran pobres; algunos
integrantes de dichas milicias eran voluntarios.
CUADRO 12. Resumen de las Compañías de Milicias de todos los colores del partido
de Sabanalarga y sitio (parroquia) de San Antonio de Sabanalarga, 1780
374
El fracaso de la nación. Op. Cit. págs. 63-64
375
Brading, D. A. Op. Cit. pág. 122
166
FUENTE: Archivo General de la Nación (AGN), Milicias y Marina, SC. 37- CO. SC.37.14.28
(Consultado a través de la plataforma virtual del Archivo General de la Nación, donde puede ser
analizado de forma completa)
A pesar, del prestigio social que podía representar estar incorporados a estas milicias
disciplinadas, la gente huía de estos cuerpos militares. La deserción de soldados fue
constante, lo cual ocasionó un problema para la Corona debido a que estos podían unirse
con prófugos y demás fugitivos, y formar reductos independientes. Pero este no sería el
único problema que se estaba presentando, se sumó la fuga de esclavos en la provincia,
hecho que si bien es cierto no era nuevo, ayudó con la proliferación de rochelas o sitios de
libres que tuvieron que ser tolerados hasta tanto no lo se les legalizara nombrándoles una
autoridad formal. 376
A través de las milicias disciplinadas intentaron idear una taxonomía que tuviera en cuenta
las combinaciones raciales, basadas en grados de relación y gradaciones del color de la piel.
Circunstancia que fue registrada por algunos pintores del siglo XVIII que propugnaron por
dar una expresión visual a un sistema clasificatorio idealizado para ponderar y preservar la
supremacía de una elite que se sentía amenazada por la contaminación desde abajo, aun
cuando ellas mismas se veían tachadas de degeneradas por parte de los oficiales que
llegaban de España. Dicho de otro modo, la <<blancura>>, al menos en teoría, se convirtió
en indicador de posición en la escala social. De ahí que la limpieza de sangre se convirtió
en la Nueva Granda, e incluso en la América española, en un mecanismo para el
376
Bell Lemus, Gustavo. “Deserciones, fugas cimarrones, rochelas y uniones libres: el problema del control
social en la Provincia de Cartagena al final del dominio español, 1816-1820”, en Cartagena de Indias: de la
Colonia a la República. Editorial LEALON, Medellín, 1991, págs. 81 y 88 (Citado en adelante como
Deserciones, fugas, cimarrones, rochelas y uniones libres, y páginas)
167
sostenimiento del control por parte de la elite dominante. Cualquier acusación de sangre
mezclada, acarreaba el estigma de ilegitimidad, utilizado para justificar una política
segregación que procuraba que las castas de todos los colores no llegaran a cargos públicos,
sobre todo, el ingreso a corporaciones municipales, órdenes religiosas, colegios y
377
universidades.
“ El más vil negro, mulato, tercerón, ahora se considera ya igual a cualquier hombre
blanco y, en lugar de respetar como antes a la nobleza, si no se pone al nivel de ella
por lo menos ha desaparecido aquella subordinación que tanto servía para conservar
la armonía que resulta de las jerarquías, que ha disipado el ascendiente que la
sostenía. Desde que el hombre de color se alista en la milicia se le inspiran
sentimientos marciales que no conocía, o que no se atrevía a explicar. Se le
recuerdan a cada instante los privilegios y extensiones de que goza, se le representa
la independencia casi absoluta de las justicias ordinarias, se le atribuye el manejo de
las armas que le eran prohibidos. En una palabra, se le hacen conocer todo lo que
pueden y se desplegan sus naturales facultades, que por fortuna ignoraba o solo
poseía en habito remoto por la imposibilidad de ejecutarlas ”. 378
Pero la movilidad y el acenso social no eran los únicos aspectos que algunos funcionarios
estigmatizaban, estos prejuicios fueron descritos por José Fernández Díaz de Lamadrid,
obispo que durante tres años recorrió (ciudades, villas, parroquias, pueblos y conventos) la
provincia de Cartagena y partido de Tierradentro, 1778-1781:
377
Elliott, John H..Op. Cit. pág. 264
378
Martínez Garnica, Armando. “Poblamiento, jurisdicción y estatus en la experiencia urbana
neogranadina”, en XII Simposio de la Asociación Iberoamericana de Filosofía Política Iberoamérica: la
ciudad y el poder, Bogotá, 2011. pág. 21 (Citado en adelante como Poblamiento, jurisdicción y estatus, y la
página)
168
Esto expone la poca influencia eclesiástica en estos espacios, e incluso en los lugares
debidamente reconocidos por España. De hecho, estos sitios de libres y palenques seguían
siendo desacreditados por la Corona, eran símbolos de desorden social, familiar y racial, y
al mismo tiempo reductos donde gentes libres se amalgamaban en uniones profanas
teniendo hijos de categorías raciales poco verificables. 380
Estas circunstancias permiten evidenciar que aún la Corona no había podido sujetar a los
distintos grupos humanos en núcleos urbanos y acierto control institucional; esto explica,
por lo menos en parte, por qué no hubo un eco importante del movimiento de los
Comuneros (1781) en el Caribe neogranadino, pues muchos podían huir de la
reglamentación administrativa, y los que estaban, según la mirada del gobernador de la
379
Martínez Reyes, Gabriel, (Compilador): Carta de los Obispos de Cartagena de Indias durante el período
hispánico, 1533-1820. Editorial Zuluaga, Medellín, 1986, pág. 547
380
Helg, Aline. Op. Cit. pág. 63
381
Ibíd.págs.645-645
169
No menos importante para el Caribe neogranadino fue tratado de Versalles de 1783, entre
Inglaterra y España, debido a que pusieron fin a las disputas territoriales en la cuenca del
Caribe. Los ingleses reconocieron la soberanía española sobre la costa que se extendía entre
el cabo << Gracias a Dios >> y Bocas del Toro, en Panamá, y sobre las islas adyacentes; a
la vez que concertó el despojo de los súbditos británicos establecidos en dichos espacios.
Cabe señalar, sin embargo, que los colonos ingleses de las islas de San Andrés y
Providencia, solicitaron un permiso para permanecer en ellas, propuesta que fue respaldada
382
De Tovar Mora, Gilma, (Trascrito) “El deber de vivir ordenadamente para obedecer al Rey”, en Anuario
Colombiano de Historia Social y de Cultura, N° 20, 1992. El movimiento de los comuneros, evidenció que no
existía una fuerza armada adecuada en las regiones interiores del territorio neogranadino, debido a que las
tropas existentes se encontraban en las costas, sobre todo, en la provincia de Cartagena.
383
El fracaso de la nación. págs. 63-64
170
Esta situación fue agravada por la imprudencia de la Corona española, cuando decidió
unirse a la coalición continental contra el régimen revolucionario en Francia, pues sufrió
una flagrante derrota cuando las tropas francesas atravesaron los Pirineos. A finales de
1795, se vio obligada a firmar la paz que la llevó a ceder el territorio de Santo Domingo.
Las consecuencias de este revés son incalculables, puesto que la flota inglesa pocos años
después impuso un riguroso bloqueo naval a Cádiz, el cual impidió que 186 navíos
zarparan del puerto. 385
En este marco y con la expansión de los hatos ganaderos durante el siglo XVIII se
constituyeron títulos de dominios sobre posiciones individuales de cientos y cientos de
caballerías, entre 10 y 50 mil hectáreas. Pero aun así, es imposible creer que una superficie
tan extensa como la provincia con una densidad poblacional de un poco más de un
habitante por kilómetro, haya podido ser distribuida, y más aún cuando el 50 % este
espacio estaba cubierto por vegetación selvática o por pantanos y ciénagas. 386 De la misma
manera, hay que advertir que a finales de esta centuria existía un destacado grupo de
dueños de haciendas, Andrés de Madariaga, Melchor de Navarrete, Micaela de Lanz y
Manuel Escobar; este último, considerado el más rico de todos, poseía cuatro haciendas y
182 esclavos dedicados a la producción de melaza para el monopolio de aguardiente. Una
de ellas, la hacienda Toro Hermoso, la de mayor valor en la provincia de Cartagena, fue
avaluada en 82.375 pesos platas. 387
Los últimos años del régimen colonial fueron caóticos, caracterizados por la guerra y el
desorden administrativo. El comercio legal con España desapareció casi por completo y los
384
Historia del poblamiento del territorio de la Región Caribe de Colombia. pág. 85
385
Brading, D. A. Op. Cit. págs. 122-123
386
Colmenares, Germán. Op. Cit. pág.22
387
El fracaso de la nación. pág. 89
171
barcos dejaron de transportar la harina, el vino, la ropa, las aceitunas y las herramientas de
trabajo para la actividad agrícola y marítima durante largos períodos. Por tanto para
garantizar los suministros de las provincias de Cartagena, Santa Marta y Riohacha, tuvieron
que subsistir contrabandeando para beneficio de la Nueva Granada. 388
En los albores del siglo XIX se hizo mucho más evidente cómo el esquema que los
españoles soñaron imponer en sus posesiones de ultramar, con la organización ideal de dos
“repúblicas”, había fracasado claramente, en gran parte a causa de la ruralización o
poblamiento al margen del control de las instituciones del Estado, aunque esta afirmación
no aplica de forma definitiva para el caso concreto de Sabanalarga. 389
Las ciudades comenzaron a ceder sus privilegios a las poblaciones y congregaciones que
surgían. Las principales razones de estas trasformaciones se dieron en el territorio
neogranadino a finales de período colonial y principios de la época republicana; su
organización y estructura fueron causadas por dos aspectos que están relacionados con las
guerras de independencias. El primero de ellos fue la destrucción física de las urbes, en
especial Cartagena, la cual pagó un precio elevado por haber sido la plaza fuerte durante la
Colonia. El segundo fue la guerra que produjo la ruina de una parte de la riqueza
acumulada en los núcleos urbanos, representada tanto en tributos urbanísticos como la
riqueza de la elite comercial y empresarial. Esto provocó una crisis en la incipiente
agricultura de exportación que había comenzado a desarrollarse desde las reformas de libre
388
Ibíd. pág. 82
389
Todo Estado debe limitar su territorio, por ende, durante el proceso de desintegración del Imperio español
en América se optó por la doctrina conocida en el derecho internacional como Uti Possidetis Iuris, esta es
una acción en virtud de la cual los países beligerantes conservan provisionalmente el territorio poseído al final
de un conflicto, hasta que se disponga otra cosa por un tratado entre las partes. Sin embargo, la tarea no fue
nada fácil por lo impreciso de las demarcaciones en ciertos lugares, pero sobre todo por los intereses
regionales y políticos que trataban de imponerse sobre las disposiciones administrativas. Tirado Mejía,
Álvaro. El Estado y la política en el siglo XIX. El Áncora Editores. Bogotá. 2001. pág. 11
172
Un importante criollo, José María Lozano y Peralta, vecino de la ciudad de Santa Fe,
describió la situación del país a solicitud del monarca español, el 24 de abril de 1801:
Pocos años después, en 1807, José Ignacio de Pombo, quizás el más importante economista
de la época, atribuyó el pobre desarrollo de la economía del virreinato frente a otras
colonias, a los diezmos, alcabalas, estancos y otros gravámenes que pesaban sobre la
producción. Jamaica, con sólo 200.000 habitantes, exportaba anualmente ocho millones de
pesos. Haití, antes de la revolución, con una población que no llegaba a las 300.000 almas,
generaba 40 millones. Caracas y Guyana producían cinco millones de pesos cada una, y
Cuba, habitada por 400.000 habitantes, lograba los siete millones de pesos, debido a un
régimen tributario preferencial distinto. El virreinato neogranadino, en cambio, con
extensos y fértiles territorios, caudalosos ríos, diversidad de climas, costas sobre dos
390
Historia del poblamiento del territorio de la Región Caribe de Colombia. págs. 69-70
391
Gómez de Salazar, Diego, y Otros. “Aspectos de la situación social del Nuevo Reino de Granada a
comienzos del siglo XIX”, en Anuario Colombiano de historia social y de la cultura. Vol. 2. 1964. págs. 552-
553
173
océanos y una población cercana a 2.000.000 de habitantes, sólo alcanzaba los 500.000 en
productos agrícolas y tres millones de pesos en metales preciosos al año. 392
392
Sourdis Nájera, Adelaida. Op. Cit. pág. 99
393
Bell Lemus, Gustavo. “El impacto económico de la Independencia en Cartagena, 1821-1830”, en
Cartagena de Indias: de la colonia a la república. Editorial LEALON, Medellín, 1991,págs. 116-117
394
Ibíd. pág. 118
174
Este marco y los acontecimientos políticos que vivía la península ibérica como resultado de
la invasión napoleónica y la abdicación de la realeza española, generaron desconcierto. Si
el ambiente en España era confuso y permitía la dispersión de poderes, en América, donde
las noticias llegaban con varios meses de atraso, la situación era aún más complicada. 395
Estas dificultades intentaron ser superadas con la formación de juntas de gobierno en las
provincias. La autoridad se depositó en la Junta Suprema Central que se instaló en Aranjuez
en septiembre de 1808, presidida por Floridablanca y de la cual hacia parte Gaspar Melchor
de Jovellanos. Sus objetivos eran recuperar el reino, reconstruirlo como monarquía
hereditaria bajo Fernando VII y restaurar las leyes fundamentales. En consecuencia, la
Junta solicitó a los ayuntamientos de cada provincia americana, que nombran a tres
individuos para escoger a uno por sorteo. Por la Nueva Granada fue electo el cartagenero
Antonio de Narváez y de la Torre. Contra esta manifiesta desigualdad, que dejaba a las
provincias de América en franca minoría y desventaja frente a los peninsulares, Camilo
Torres, en representación del ayuntamiento de Santafé, escribió su conocido << Memorial
de Agravios >>. El comisionado nunca llegó debido a que la Junta Suprema se disolvió
resignando el mando en un Consejo de Regencia, quien debía reunir las Cortes Generales
396
del reino para decidir qué clase de gobierno debería subsistir.
Este enfoque nos permite explicar por qué entre 1808 y 1810 se conformaron juntas
autónomas en la América española. Algunas de estas juntas supremas proclamaron su
lealtad a la causa realista o a la causa patriota. Sin embargo, sin importar a favor de quien
iba la adhesión, todas las proclamas eran una reacción contra Cartagena, capital de la
provincia, residencia del poder hegemónico y formalmente dominante durante la
395
Reyes Cárdenas, Catalina. “Soberanías, territorios y conflictos en el Caribe colombiano durante la
primera República de Colombia.1808- 1815”, en Anuario Colombiano de Historia Social de la Cultura, N°
30, 2003, pág. 151. Aunque hay que advertir que no sólo fue un vacío de poder político lo que estaba viviendo
la península española, debido a que se encontraba en una fuerte crisis financiera que se intentó solucionar con
la emisión de Vales reales y desamortización de algunos bienes de la Iglesia. Véase, para un análisis detallado
a Brian R. Hamnett. La política española en una época revolucionaria, 1790-1820. Fondo de Cultura
Económica, México, 2011
396
Sourdis Nájera, Adelaida “Ruptura del estado colonial y tránsito hacia la república, 1800-1850”, en
Adolfo Meisel Roca (Editor): Historia económica y social del Caribe colombiano. Ediciones Uninorte- Ecoe
Ediciones, Bogotá, 1994. págs. 162-163
175
Colonia. 397 Dicho de otra manera, los núcleos urbanos vieron en esta coyuntura la
posibilidad de independizarse no sólo de la península española sino del yugo de la capital
de la gobernación que pretendía ejercer una autoridad política y económica sobre ellas.
Es precisamente, durante estos primeros años decimonónicos cuando se hace más notoria la
real configuración del reino neogranadino. Espacio poco cohesionado, con provincias
débiles en las que el control territorial y político y las identidades colectivas estaban
diseminados en sociedades locales (ciudades, villas y parroquias), dominadas en su mayoría
por los cabildos. Esta conformación dificultó el tránsito hacía formas modernas de Estado y
de nación. 398
La ciudad de Cartagena, por su parte, durante casi 300 años había crecido encerrada en sí
misma, de espaldas al resto de la provincia con más poder político y simbólico que efectivo
sobre sus espacios interiores. Pero para efectos administrativos, a finales del período
colonial, la gobernación de Cartagena se dividió en cinco partidos: Mahates, Barranca,
Tierradentro, Mompox y Tolú. Este modelo sería copiado con algunas variantes por el
gobierno de la elite cartagenera. Lo importante es que estas áreas tuvieron sus propias
manifestaciones políticas frente a dicha elite. 399
397
Conde Calderón, Jorge. “Autonomía y rivalidades entre poblaciones en la provincia de Cartagena, 1810-
1815”, en Costa Atlántica colombiana. Etnología e historia. Medellín, 1994, pág.135. Las declaraciones de
fidelidad a Fernando VII les sirvieron tanto a las autoridades coloniales como a las elites criollas para ocultar
sus temores y sus diversos intereses.
398
Reyes Cárdenas, Catalina. Op. Cit. pág. 153
399
Conde Calderón, Jorge. [Link]. pág.137
176
En ese sentido, el primer paso dado por los pueblos emancipados fue la proclamación de la
soberanía de las provincias. La adopción de este principio esbozó problemas cuando quiso
determinar la extensión que debería quedar bajo la soberanía de las provincias republicanas.
Las posiciones enfrentadas se emplazaron en el rango comprendido entre la defensa de los
fueros de los cabildos locales antiguos y la restauración de la jurisdicción del extinto
virreinato, mediando entre ellas la defensa militar de la << provincias suprema >> o de las
provincias-corregimientos, en otras palabras, pugnas entre el interés provincial y local. 401
La respuesta de la urbe capitalina contra este movimiento autonomista fue la fuerza bélica,
aunque hay que advertir que este comportamiento o estrategia fue aplicado por otras
cabeceras del territorio neogranadino. Cartagena envió al Regimiento Fijo a someter a los
momposinos; los socorranos se trabaron en una escaramuza contra los sangileños y los
400
Reyes Cárdenas, Catalina. Op. Cit. pág. 154
401
Martínez Garnica, Armando. El legado de la “patria boba”. Sistemas & Computadores, Bucaramanga,
1998, pág. 33 (Citado en adelante como El legado de la patria boba, y página)
402
Reyes Cárdenas, Catalina. Op. Cit. pág. 162
177
charaleños; los piedecuestanos repelieron a pedradas una incursión enviada por Girón. 403
Pocos años después, en 1813, las poblaciones de las sabanas de Corozal y riberas del río
Sinú se negaron aceptar la declaración de Independencia absoluta frente a España, hecha
por Cartagena, y se separaron de la gobernación para unirse al movimiento realista en el
Caribe neogranadino. En estas poblaciones habitaba un considerable grupo de blancos
peninsulares, propietarios de haciendas, quienes vieron con recelo las retaliaciones tomadas
contra los españoles en la urbe capitalina y sobre todo temían que sus bienes fueran
confiscados. La actitud realista de estos núcleos urbanos era también una respuesta al
resentimiento cultivado durante muchos años frente a los privilegios de la ciudad de
Cartagena. 404
Según las opiniones del obispo de Cartagena, Custodio Díaz Camarillo, la separación
política de Cartagena con respecto a España era: “…día desgraciado para aquella Provincia
en él, precediendo el alboroto y tumultuación de una parte del pueblo asalariado por los
jefes declararon la soberanía de aquel estado, y la independencia de la península, en la
mayor efervescencia del populacho armado”. 405
403
Martínez Garnica, Armando. “Las providencias neogranadinas ante la crisis de la monarquía española”,
en Haroldo Calvo Stevenson y Adolfo Meisel Roca (Editores): Cartagena de Indias en la independencia.
Edición Banco de la República, Cartagena, 2011, pág. 113
404
Reyes Cárdenas, Catalina. Op. Cit. pág. 189
405
Martínez Reyes, Gabriel. Op. Cit. pág. 583
406
Solano, Sergio Paolo, y Otros. Op. Cit. pág. 81.
407
El legado de la patria boba. pág. 74
178
Por otra parte, los dirigentes políticos del Estado provincial elevaron la preeminencia de
algunas poblaciones, precisamente, parroquias y villas de su jurisdicción, como premio por
sus servicios militares, es decir, se dieron títulos de << benemérita la patria >> y <<
valerosa >> por decreto. Se elevaron así las parroquias de Soledad y Majagual a la
categoría de villa. Sin embargo, la restauración de la audiencia y del virrey, que por las
armas protagonizaron las fuerzas enviadas por el restablecido Fernando VII en su trono,
significó que los ascensos anteriores no fueran reconocidos por el virrey Juan de Sámano.
408
De mismo modo, los rumores del desembarco de la expedición española al mando del
general Pablo Morillo en la isla de Margarita (Venezuela), forzó al caudillo Simón Bolívar
a realizar pactos secretos, cuyo resultado fue su exilio con rumbo a la isla de Jamaica. Le
siguieron otros distinguidos soldados venezolanos: el secretario Pedro Briceño, el general
Santiago Mariño y los hermanos Carabaño. 409 El objetivo inicial de la reconquista de la
Nueva Granada no sólo era atacar a la ciudad de Cartagena, que se hallaba en poder de los
patriotas; punto estratégico que debía ser sometido antes de dedicarse a la recuperación del
territorio andino. Debido a que los españoles tenían claro que esta capital era casi
inexpugnable ya que tenía armas y municiones suficientes para defenderse, usaron como
estrategia la rendición por hambre. Con esta meta la acción se dirigió a tomarse la provincia
de donde provenían sus víveres, bloqueando los caminos y sitiándola por mar. 410
Finalmente, la escuadra española llegó a la ciudad de Santa Marta, en julio de 1815, donde
organizó dos expediciones. La vanguardia, comandadas por Francisco Tomás Morales,
quien ocuparía el norte de la provincia de Cartagena; el sur y centro estarían a cargo del
brigadier Pedro Ruiz de Porras, compuestas por regimientos de españoles y tropas samarias.
Meses después, la división de vanguardia, con aproximadamente 1.300 hombres, marchó y
408
Poblamiento, jurisdicción y estatus. pág. 23
409
El legado de la patria boba. pág.100
410
Sourdis De la Vega, Adelaida. Cartagena de Indias durante la Primera República ,1810-1815. Banco de la
República, Bogotá, 1988, pág. 130 (Citado en adelante como La Primera República, y página)
179
ocupó la provincia, estableció cuarteles en las haciendas << Palenquillo >> y <<Mamonal
>>. 411
El general Morrillo tenía instrucciones precisas, bloquear la plaza fuerte de Cartagena por
mar y tierra para impedir que ingresaran viveres. La situación para las poblaciones de las
inmediaciones de la ciudad no podía ser alentadora debido a que muchas de ellas fueron
sometidas, entre estas, Baranoa, Malambo, Barranquilla, Galapa, Soledad, Usiacurí, y por
supuesto, Sabanalarga, parroquia donde las tropas españolas ubicaron un hospital para la
atención de los enfermos.
El bloqueo de la ciudad cartagenera perduró 106 días, durante los cuales sus habitantes se
vieron obligados a alimentarse con ratas, burros y bacalao rancio; cientos murieron. En un
411
Sourdis Nájera, Adelaida. Op. Cit. pág. 178
412
Corrales, Manuel Ezequiel (Compilador): Documentos para la Historia de la Provincia de Cartagena de
Indias, hoy Estado Soberano de Bolívar, en la Unión Colombiana (2 Tomos). Imprenta de Medardo Rivas,
Bogotá, 1883, Tomo 2, pág. 100
413
Véase: Biblioteca Digital de la Real Academia de la Historia. Documento: Morales a Morrillo sobre el
apresamiento de un espía insurgente que comunicó el número de hombres y artillería en Sabanalarga.
Sabanagrande, 15 agosto de 1815. [Sig.9/7660, leg.17, b), ff.162-163.]
180
intento por mejorar este escenario la urbe se proclamó formalmente parte del Imperio
británico, pero los funcionarios ingleses ignoraron cortésmente el ofrecimiento, de acuerdo
con la neutralidad determinada por la ley británica en el conflicto hispanoamericano. 414 Las
poblaciones de la provincia fueron quemadas o destruidas por realistas y patriotas, cultivos
arrasados, sus cosechas confiscadas, primero por la guerra civil y luego por el ejército
expedicionario. Muchos vecinos tuvieron que abandonarlo todo y refugiarse en los montes.
415
Un testigo presencial de esta época, José Martín Tátis, escribió varios años después:
“Yo era un niño cuando tuvo lugar un suceso que no se ha borrado de mi memoria.
[…. ]. Mi padre (Manuel José Tátis, vecino de Sabanalarga) había seguido la suerte
de todos los patriotas comprometidos en el pronunciamiento glorioso del 11 de
noviembre de 1811 y se encontraba entre los defensores de Cartagena […]. Las
propiedades de mi familia habían sido confiscadas; la hacienda la había destruido la
División del General español Morales, que se mantuvo á costa de ella, así como de
la de Don José María del Real y otros patriotas que tenían propiedades en lo que se
llama hoy provincia de Sabanalarga. [….. ]. En Sabanalarga (parroquia) perdidas
las propiedades de mi padre, tuvo la familia que alquiler una casita para vivir, que
pertenece hoy a la señora Polo”. 416
414
Bushnell, David. Op. Cit. pág. 77
415
La Primera República, pág. 151
416
Corrales, Manuel Ezequiel. Op. Cit. págs. 227-230
181
En tales circunstancias, la reacción no se hizo esperar por parte de los patriotas, en primera
instancia desde el ámbito político, con la realización en febrero de 1819 del Congreso de
Angostura, en la actual ciudad Bolívar. Posiblemente lo más importante del encuentro fue
la reunión de Venezuela y Nueva Granada, bajo el nombre de república de Colombia, la
elección provisional nacional del general Bolívar como presidente de Colombia, y la
convocatoria a un Congreso General en Villa del Rosario de Cúcuta, para consolidar la
alianza pactada. En el seno del mismo, se expidió la Ley Fundamental de la República de
Colombia, en diciembre de 1819, y en ella se decretó la unión de las repúblicas de
Venezuela y Nueva Granada en una sola bajo el título de República de Colombia, como se
417
Bushnell, David. Op. Cit. pág.76 Entre los juzgados por el consejo militar podemos mencionar: Santiago
Stuard Manuel del Castillo, Martín Amador, Agustín Betancur, Andrés López, Salvador Marimón, José Ayos,
Rafael Monasterio, entre otros.
418
Deserciones, fugas, cimarrones, rochelas y uniones libres. págs. 81 y 88
419
El legado de la patria boba. pág. 20
182
En lo militar, la victoria más importante fue la batalla de Boyacá, 7 de agosto de 1819, por
lo menos para el actual territorio colombiano. La confrontación devastó el principal
contingente español del interior del territorio de la Nueva Granada y franqueó el paso hacia
la ciudad de Bogotá. Es decir, debido a la batalla de Boyacá, se logró el control de una
población relativamente densa, de la cual se podía obtener reclutas, impuestos y
provisiones. 421
En este orden de ideas, se inició la recuperación el área del Caribe neogranadino. Bolívar
encargó en el mando de las operaciones a su coterráneo el general Mariano Montilla, quien
se distinguía por su dinamismo y dotes de buen organizador y estratega. La ofensiva fue
planeada en tres frentes que actuarían simultáneamente. El primero, a cargo del mismo
general Montilla quien debía invadir la Costa desde Margarita. El segundo a cargo de los
granadinos José María Córdoba y Hermógenes Maza, quienes debían tomar a Mompox. El
tercero a cargo de los coroneles Jacinto Lara y José María Carreño, venezolanos que debían
invadir la provincia de Santa Marta por la parte de Ocaña.422
420
Blanco Blanco, Jacqueline. “De la Gran Colombia la Nueva Granada, contexto histórico-político de la
transición constitucional.”, en Prolegómenos-Derechos y Valores. Vol. X. N° 20, 2007, pág.74
421
Bushnell, David. Op. Cit. págs.79-80
422
Sourdis Nájera, Adelaida. Op. Cit. pág. 184
183
“A pesar de hallar todos los pueblos abandonados y sin el menor recurso de ninguna
especie, puse en marcha aquella misma tarde el parque de municiones, fusiles,
pertrechos y hospital, emprendiendo yo la retirada con toda la columna á las ocho
de la noche, con el mayor orden y en todo arreglo, habiendo formado la primera
marcha hasta San Estanislao, donde llegue á las nueve. […]. Los enemigos en el
momento que desocupé á Sabana larga tuvieron repetidos avisos y chasqui, de los
muchos picaros que infestan esta Provincia, y á las cuatro de la madrugada ocupó el
pueblo su caballería en número de 100 hombres, á las cinco de la mañana la
infantería en número de 500 hombres con 4 violentos; pero parece no han
adelantado sino alguna pequeña partida hasta San Estanislao”.423
Tátis, nos comentó en sus reminiscencias acerca del arribo del general Montilla á
Sabanalarga: “Su entrada la presidió un escuadrón de caballería al mando del coronel
Garden, francés al servicio de la República; luego un pelotón de Irlandeses, como cien
hombres, con tres plazas de batallas; y retaguardia la infantería, compuesta casi toda de
voluntario.” 424 En esta misma anualidad, el gobernador político de la provincia de
Cartagena, Pedro Gual, le comunicó al vicepresidente Santander:
423
Corrales, Manuel Ezequiel. Op. Cit. págs. 401-402. Véase, Llinás, Juan Pablo. Sabanalarga, Atlántico,
1810- 2010. Impresión Artes Gráficas Industriales Ltda. 2011, págs. 117- 118
424
Ibíd. pág. 479. Véase, “Reminiscencias de un Sabanalarguero”, en Boletín de Historia. Vol. I. N° 2,
1977, pág. 4
425
Sourdis Nájera, Adelaida. Op. Cit. pág. 192
184
La principal política rural del gobierno nacional, a principios de la década de 1820, consistió en
desarrollar la agricultura mediante la generosa distribución de tierras a emigrantes europeos que
a la vez robustecerían la minoría blanca. A pesar de ello solo algunos colonos europeos llegaron,
varios miembros de la elite poscolonial tomaron parte en el proyecto de colonización. Los
terrenos o espacios que la Corona española no había podido incorporar a sus dominios se
convirtieron en tierras nacionales. Sin embargo, el gobierno no adquirió registros de cuáles
tierras eran en efecto de dominio público, y no contaba con el personal calificado para realizar
una agrimensura nacional. Para complicar aún más la situación, en la mayor parte del Caribe
neogranadino las tierras públicas estaban amalgamadas con predios privados, resguardos, ejidos
y tierras de propiedad de la Iglesia, muy pocos de los cuales tenían los limites claramente
definidos. 426
Esto permitió realizar el Congreso en la Villa del Rosario de Cúcuta, reunión donde se
expidió la primera constitución política de Colombia. Es decir, se creó la Republica que
unió a la Nueva Granada, Venezuela y Ecuador, de acuerdo con los deseos de Bolívar quien
pensaba que un Estado fuerte y centralizado podría organizar el poder suficiente para
mantener su independencia y liberar el sur de América. Sin embargo, fue precisamente este
carácter centralista de su gobierno, lo que posteriormente dio margen a profundas
428
desavenencias.
Estas constituciones que hemos abordado hasta aquí, nos muestran como las provincias
históricas de la nación no solo fueron los espacios territoriales donde se buscó la consolidación
426
Helg, Aline. Op. Cit. págs. 309-310
427
La Ganadería en Colombia. pág. 104
428
Sourdis Naájera, Adelaida. Proceso de independencia en el Caribe colombiano. Banco de la República,
Montería, 1996.pág. 28
185
de un Estado, sino también las unidades básicas para el ordenamiento político y administrativo
tras el derrumbe el Imperio español. La Gran Colombia, como es conocida por la
historiografía colombiana, se organizó territorialmente en 1821 en departamentos, y estos a su
vez en provincias, cantones y parroquias e instauró las asambleas electorales para elegir
presidente, vicepresidente, senadores y representantes. Además, ordenó que cada departamento
tuviera un intendente y que cada provincia un gobernador. 429
Cartagena fue erigida capital del nuevo departamento, envestida con ciertos poderes
administrativos, militares y políticos sobre las poblaciones de sus inmediaciones. Esto significó
que la ciudad recuperó parte de su tradicional potestad y privilegios sobre la costa neogranadina
y no tardó en utilizarlo al solicitar y lograr aprobar el cierre del puerto de Sabanilla. A la par,
impuso gravámenes y contribuciones a los demás centros urbanos destinados a financiar los
429
Roa Barraza, William y Salgado Hernández, Bartolo. “Evolución político-administrativa del municipio de
Ponedera, Atlántico, 1744 1965”, en Boletín de Antigüedades de Sabanalarga. Vol. 8, 2017, pág. 75. Véase.
Borja, Miguel, Estado, sociedad y ordenamiento territorial en Colombia. Instituto de Estudios Políticos y
Relaciones Internacionales. Universidad Nacional de Colombia. CEREC, Santa fe de Bogotá, 1996, págs. 29-
30
430
Corrales, Manuel Ezequiel (Compilador): Efemérides y Anales del Estado de Bolívar. (4 Tomos). Edición
Oficial, Casa editorial J.J. Pérez, 1889, Bogotá, Tomo I, pág. 173. El tomo IV fue publicado en 1892 por la
Imprenta de M. Rivas.
186
gastos en que ella incurriera. Estas obligaciones no fueron bien recibidas en las poblaciones,
motivó un resentimiento que se profundizó con el paso de los años. 431
Dicho de otro modo, el territorio fue el mismo que comprendió el antiguo Virreinato de la
Nueva Granada y Capitanía general de Venezuela. Cabe destacar, sin embargo, que mientras
el sistema de provincias se mantuvo, el régimen de departamentos y cantones varió, debido a
que muchos fueron suprimidos y otros fueron creados. En cuanto a la política de colonización en
el departamento del Magdalena, uno de los beneficiarios fue el general venezolano Montilla,
quien recibió grandes extensiones de tierras. También obtuvo, entre otras propiedades, una
“plantación” cerca de Sabanalarga y una hacienda en Turbaco, a 24 kilómetros de la ciudad de
Cartagena. 432
431
Bell Lemus, Gustavo. “Conflictos regionales y centralismo. Una hipótesis sobre las relaciones políticas
de la costa Caribe con el gobierno central en los primeros años de la República 1821-1840”, en Gustavo Bell
Lemus (Compilador): El Caribe colombiano. Selección de textos históricos. Ediciones Uninorte, Barranquilla,
1998, págs. 43-44
432
Helg, Aline. Op. Cit. págs. 311
433
Corrales, Manuel Ezequiel. Op. Cit. págs. 175-176
434
Blanco Blanco, Jacqueline. [Link]. pág. 76
187
Bolívar y Santander habían llegado al punto del desacuerdo casi que total. Este último no
tenía un concepto favorable del modelo constitucional boliviano, al igual que a la mayoría
del conjunto de liberales gran colombianos, quienes planteaban que sólo era una monarquía
encubierta y, por ende, contradecía a los principios republicanos que había inspirado la
separación del Imperio español. Pese al enorme rechazo de la Constitución en la Nueva
435
Boersner, Demetrio. Relaciones internacionales de América Latina. Breve historia. Editorial Nueva
Sociedad, Caracas, 2004, pág.80
436
Blanco Blanco, Jacqueline. Op. Cit. pág. 77
188
Granada fue sancionada como Carta Fundamental por el Colegio Electoral de Lima en
agosto de 1826.
Este contexto se agravó, aún más, debido a que en Quito también se levantó en contra del
gobierno de Bogotá, ya que no contaba con ningún funcionario que ocupara un puesto
importante en el ámbito nacional. En lo económico, la tendencia a reducir las barreras
comerciales favorecía a Venezuela, por ser ésta comunidad exportadora de productos
437
Boersner, Demetrio. Op. Cit. págs. 80-81
438
Riaño Ordoñez, Carlos Hernán. El general José Antonio Páez. Universidad Católica de Colombia. Bogotá,
2014, pág. 73 (Tesis de Maestría para obtener título en Ciencias Políticas)
189
Evidentemente, estos acontecimientos fueron una amenaza para la integridad territorial del
país, nación que no había alcanzado ni la unidad geográfica, ni la estabilidad política, ni el
equilibrio organizacional necesario para una consolidación efectiva y perdurable. Esto
quedó evidenciado en un nuevo motín, esta vez, en la ciudad de Lima, en el que
participaron las tropas colombianas allí estacionadas, donde se derogó la Constitución
boliviana que apenas regía en el país desde el mes de diciembre. La revuelta se extendió a
439
Bushnell, David. Op. Cit. págs.101-103
440
Gutiérrez Ardila, Daniel. “La convención de las discordias: Ocaña, 1828”, en Revista de Estudios
Sociales. N° 54. 2015, págs. 151-152
190
En este orden de ideas, las tensiones políticas buscaron ser aplacadas con la realización de
una convención en la ciudad Ocaña, la cual se efectuó entre abril y junio de 1828, que tuvo
como fin reformar la constitución de Cúcuta, pero no terminó en buenos términos debido a
que no hubo acuerdo entre las partes. No obstante, dejó ver dos tendencias políticas bien
marcadas, los que apoyaban a Santander, con su propuesta federalista, y a Bolívar, con su
idea centralista.
La noticia del fracaso de la convención de Ocaña llegó a Bogotá. Fue convocada una
improvisada asamblea de notables, que en su mayoría se identificaban con la propuesta
bolivariana, y concedieron poderes dictatoriales a Bolívar para “salvar” la integridad de la
Gran Colombia. Las medidas no se hicieron esperar, algunas reformas fueron
conservadoras y en beneficio de la Iglesia, reapertura de monasterios suprimidos, se
441
Ibíd.pág.152
442
Lasso, Marixa. “Haití como símbolo republicano popular en el Caribe colombiano: Provincia de
Cartagena, 1811-1828” en Historia Caribe. Vol. III. N° 8, 2003, págs.15-16
191
otorgaron poderes especiales al ejército, restauración del impuesto colonial de las ventas o
443
alcabala y la reimplantación del tributo indígena. Además, expidió un Decreto
Orgánico, el 27 de agosto de 1828 en la ciudad de Bogotá, el cual fue ratificado por los
ministros secretarios de Estado de: Relaciones Exteriores, Interior, Hacienda y Guerra,
quienes otorgaron amplias facultades, creando un régimen autócrata que reemplazó la
Constitución de Cúcuta en muchos aspectos, y sometía al arbitrio de Bolívar la gran
mayoría de los asuntos de Estado. 444 Por su parte, Montilla, aumentó la represión e hizo
arrestar, encarcelar, deportar o ejecutar a los contradictores a lo largo y ancho de las
provincias del Caribe neogranadino.445
Con los ánimos exacerbados, los santanderistas determinaron su muerte para acabar con su
mandato. El 25 de septiembre perpetraron un atentado contra su vida el cual fracasó debido
a la acción de Manuela Sáenz, que lo previno del peligro. A través de juicios y condenas
fueron castigados los responsables, entre quienes se encontraban Santander por haber
conocido los planes y no haber impedido la conspiración. 446
Las medidas dictatoriales se endurecieron luego del atentado, comenzaron una serie de
revueltas en el departamento del Cauca, los militares santanderistas, José María Obando y
José Hilario López, iniciaron un movimiento insurreccional que fue prontamente sofocado.
Sin embargo, ambos coroneles lograron el control sobre Pasto e iniciaron acercamientos
con Bolívar que culminaron con un perdón similar al concedido a Páez. 447
Aceptada la renuncia, se realizó una convención para redactar una constitución; y designar
al nuevo presidente y vicepresidente: los elegidos fueron Joaquín Mosquera y Domingo
Caicedo. La reacción no se hizo esperar, Montilla, Urdaneta y algunos bolivarianos
promovieron levantamientos contra la Constitución debido a que pretendían restablecer la
Gran Colombia. Las revueltas iniciaron en el departamento de Boyacá, provincia del
Socorro, en el cantón de Vélez. Estos disturbios fueron prontamente reprimidos por 300
soldados de la línea de Cúcuta. Sin embargo, Urdaneta derrocó y obligó a Mosquera a
renunciar de la presidencia ya que contaba con el apoyo del batallón del Callao. 451
448
Acevedo Tarazona, Álvaro y Villamizar, Carlos Iván. “El último Bolívar: renuncia y retiro del ejercicio
del poder (1829-1830). Entre la autoridad y la legalidad”, en Historia y Memoria, 2015, pág. 224
449
Blanco Blanco, Jacqueline. Op. Cit. pág. 81
450
Acevedo Tarazona, Álvaro y Villamizar, Carlos Iván. Op. Cit. pág. 224
451
Restrepo, José Manuel. Historia de la Revolución en Colombia. (6 Tomos). Editorial Bedout, Medellín.,
1969-1970. Tomo VI, págs. 428 - 429
452
Sourdis Nájera, Adelaida. Op. Cit. pág. 195
193
Varios de estos actos violaron el poder ejecutivo de la Constitución que prohibía destituir a
los oficiales militares sin juicio previo, y en otros quebrantando las leyes orgánicas del
ejército. Finalmente, los castrenses que apoyaban la dictadura concedieron por decreto a
Urdaneta facultades extraordinarias. 453
Con la muerte de Bolívar desapareció el último factor que posiblemente mantenía viva la
esperanza de los bolivarianos de mantener la unión de la Gran Colombia, pero también
conllevó al rompimiento definitivo de la disciplina militar que tan muchas dificultades
trataba de imponer. Pronto comenzaron los intentos de separación: las provincias de
Casanare, Cauca y Panamá se pronunciaron contra el gobierno central de Bogotá; la
primera quiso anexarse a Venezuela, la segunda incorporarse al Ecuador, republicas que
habían formalizado su ruptura política, administrativa y territorial; y la tercera declararse
Estado independiente. 454 Dicho de otro modo, la muerte de Bolívar puso fin a cualquier
iniciativa que apuntara a la reconstrucción, por el contrario afianzó los ánimos separatistas,
la Gran Colombia se organizó en tres nuevos Estados: Ecuador, Venezuela y Nueva
Granada, cada uno con su propia constitución y un modelo de Estado igualmente propio. 455
453
Restrepo, José Manuel. Op. Cit. pág. 427
454
Bell Lemus, Gustavo. Op. Cit. pág.45
455
Blanco Blanco, Jacqueline. Op. Cit. pág. 82
456
Sourdis Nájera, Adelaida. Op. Cit. pág. 200
194
Las disposiciones del general Montilla no se hicieron esperar; para tratar de evitar la
resistencia dentro de la ciudad cartagenera ordenó expulsar a todo sospechoso. Envió en la
goleta holandesa María, con destino a la isla de Jamaica, a varios vecinos de la urbe, entre
quienes se encontraban Antonio Castañeda, Diego Martínez, Enrique Rodríguez, Alejandro
Salgado, Julián Figueroa, Juan José Nieto y Francisco Correa. 458 Asimismo, comisionó al
general Ignacio Luque para que reprimiera la resistencia de las poblaciones sublevadas, esta
orden fue puesta en marcha y el 20 de febrero de 1831, en la hacienda Sans-Souci (cerca de
la parroquia de Sabanalarga), se iniciaron los enfrentamientos que ocasionaron algunos
muertos y prisioneros, dispersándose el resto. 459 La hacienda en 1828 era propiedad del
inglés John Betts, tenía algunos animales, muebles y una compañía de trapiche, en
asociación con el coronel Pedro Rodríguez y el señor José María Roca. 460 Es razonable
pensar, que estos aspectos fueron tenidos en cuenta por la resistencia que se acantonó allí
debido a que los animales servirían para sus provisiones.
457
Restrepo, José Manuel. Op. Cit. pág. 475
458
Llinás, Juan Pablo. Op .Cit. pág. 151
459
Restrepo, José Manuel. Op. Cit. pág. 475.
460
Archivo Histórico del Atlántico. Notaria Única de Sabanalarga. Tomo 1823-1833.
461
Corrales, Manuel Ezequiel. Vol. III. Op. Cit. pág. 28
195
En esta misma anualidad, en marzo, envió una carta al ministro del Interior en la que
comunicó: “Tengo el honor de comunicarle a S. E. que las fuerzas facciosas derrotadas en
Sans- Souci y que andaban por el río haciendo depravaciones, en ambas riberas, han sido
vencidas por el gobierno”. 462
No obstante, la población cartagenera seguía siendo fiel a las autoridades existentes a pesar
del descontento existente de muchas gentes. Inesperadamente, el 6 de marzo, cuando
Luque comenzaba a derrotar definitivamente a los rebeldes del Bajo Magdalena, cambió de
bando, asumió el liderazgo de los liberales y engrosó las filas de éstos con sus propios
cuerpos de milicias. Según se informa, el general cambió de posición durante un banquete
dado en la casa bolivarista de John Glen en la villa de Barranquilla, en el que el licor corrió
libremente, luego que los comandantes de tres batallones de Cartagena denigraran de
Montilla. Los oficiales expusieron entonces públicamente que los levantamientos del Bajo
Magdalena eran legítimos y, por tanto, sus motivos eran << justos como legales >> y el <<
sistema federal >> era el único viable debido a la extensión de la República y variedad de
climas. 463
Pocos días del viraje de Luque, la población de Ciénega, bajo el mando del general
Francisco Cardona, rechazó la autoridad de Montilla y Urdaneta. La ciudad de Santa Marta
siguió por esa senda. El área occidental de Tolú pasó también a manos liberales. El 24 de
marzo, Luque comenzó a sitiar la ciudad de Cartagena con 200 hombres, 18 embarcaciones
menores y 1 goleta, respaldados por algunas poblaciones de sus cercanías. Soldados
desertaron para unirse a las fuerzas de Luque, y cartageneros hambrientos abandonaron la
ciudad. Mompox, por su parte, se unió al movimiento liberal y se separó del departamento
del Magdalena. 464 Estas realidades motivaron al general Montilla a enviar a representantes
para evitar un derramamiento de sangre. A finales de abril, se firmó la rendición en la cual
462
Llinás, Juan Pablo. Op. Cit .pág. 151
463
Helg, Aline. Op. Cit. pág. 395
464
Ibíd. pág. 396
196
La Convención organizó el país bajo el nombre de Nueva Granada como una república de
gobierno central y unitario. La constitución se promulgó a principio de 1832 y las
aspiraciones federalistas quedaron frustradas. Los departamentos fueron suprimidos y el
espacio se dividió en provincias, las cuales se fraccionaron en cantones y éstos a su vez en
distritos parroquiales. 467 La eliminación de los departamentos como entidad territorial se
debió a varias razones. Dentro de los motivos fue la lucha contra la dictadura de Urdaneta
ya que los intendentes (prefectos) de esas jurisdicciones habían concentrado poderes civiles
y militares, además de que el área geográfica que les correspondió gobernar era muy
extensa y el permanente descontento de las poblaciones que veía con desagrado la
hegemonía de una solo ciudad. 468
465
Sourdis Nájera, Adelaida. Op. Cit. pág. 203
466
Blanco Blanco, Jacqueline. Op. Cit. pág. 82
467
Sourdis Nájera, Adelaida. Op. Cit. pág. 203. La extensión territorial de la Nueva Granada, se aproximó a
los1.240.000 kilómetros cuadrados, comprendidos por el espacio de los suprimidos departamentos de
Antioquia, Boyacá, Cauca, Cundinamarca, Istmo y Magdalena. Blanco Blanco, Jacqueline. Op. Cit. pág. 84
468
Solano, Sergio Paolo, y Otros. Op. Cit. pág. 87
197
restringiendo el derecho al voto ya que exigía como requisitos, saber leer, escribir y poseer
una cantidad mínima de ingresos económicos anuales. 469
“El Estado no presenta sino los tristes efectos de seis años de disturbios y de guerras
fratricidas: fortunas arruinadas, leyes sin vigor, partidos rencorosos y gastos
enormes. El desaparecimiento del anterior régimen ha frustrado una porción de
miras y malogrado diferentes ambiciones; el restablecimiento del presente ha creado
nuevos intereses y despertado aspiraciones diversas”. 471
Debido a que Cartagena y sus alrededores fueron el foco principal de los levantamientos
federalistas se le recomendó al presidente que suplementara los ingresos de dicho puerto
con fondos del tesoro nacional, a no ser que surgiera el descontento y se continuara con los
resentimientos del provincialismo”. Santander en 1833 escribió: “Solo Cartagena me
inquieta porque es gente descontentadiza, aspirando unos á ser soberanos, y otros a ser
como Haití, otros a favorecer a Montilla y algunos al mismo diablo”. No obstante, estas no
serían las únicas preocupaciones, considerando que el bolivarista José Sardá preparó una
revuelta con el objetivo de recobrar el control del territorio; fue rápidamente sofocada a
mediados de esa misma anualidad. Sardá fue hecho prisionero, pero escapó. Un año más
tarde hubo un nuevo levantamiento, murió y la conspiración terminó. Algunas de la
personas involucradas en la conjura fueron sentenciadas a muerte y otras al exilió. Las
469
Roa Barraza, William y Salgado Hernández, Bartolo. [Link]. pág. 75
470
Sourdis Nájera, Adelaida. Op. Cit. pág. 203
471
Escritos políticos y mensajes administrativos, 1820-1837. Editorial Presidencia. Bogotá. 1988, pág. 186
198
472
Gilmore Robert, Louis. El federalismo en Colombia, 1810-1858. (2 Tomos). Editorial Disloque, Santafé
de Bogotá, 1995, Tomo I, págs. 113- 114
473
Efemérides y Anales del Estado de Bolívar. (4 Tomos). Edición Oficial, Bogotá, Casa editorial J.J. Pérez,
1889, Tomo I, pág. 177-179
474
Jaramillo Uribe, Jaime. “La economía del virreinato, 1740-1810”, en José Antonio Ocampo (Editor):
Historia económica de Colombia. Siglo XXI editores, Bogotá, 1987. pág. 77
199
otras labores, pero su producción era de difícil exportación debido a que se encontraba lejos
de Sabanilla (puerto). Sus caminos y veredas se encontraban en mal estado, era casi
imposible ponerlos en orden porque la ley prohibió obligar a los vecinos a trabajar a una
distancia mayor de dos lenguas de su vecindario. La cárcel de la villa de Sabanalarga estaba
en muy malas condiciones, al igual que las cárceles de las otras poblaciones. La mayor
parte de las iglesias requerían refaccionarse, y como estas sólo se pueden reconstruir por el
aporte voluntario, se hizo difícil reunir el dinero necesario. 475
475
Constitucional de Cartagena, N° 4, Cartagena, octubre 10 de 1835, pág. SN
200
FUENTE: Mapa de la provincia de Cartagena dividida por Cantones, 1833. Alberto Mendoza Cándelo.
Memoria histórica del departamento de Sucre, 1870 – 1950. Sincelejo: Centro de Investigación Institucional
Corporación Universitaria del Caribe, Vol. 2, 2003. Pág. 43. Mapa N° 4. El autor de la investigación
incorporó al Cantón de Vieja providencia para mayor exactitud.
201
Esto conllevó a la alteración del espacio y a una dislocación de la forma como las
comunidades nativas estaban organizadas. En este entorno, los españoles crearon redes
urbanas (ciudades, parroquias, villas) que sirvieron como símbolos de poder político y
administrativo, apoyo a las huestes, penetración espacial, explotación indígena y, por
supuesto, poblamiento español. Es así que, durante el siglo XVI, se realizó el primer
proceso poblacional y territorial en el Caribe neogranadino por parte de España.
La escogencia del área donde se ubicó la parroquia no tuvo en cuenta las recomendación de
establecerla cerca de un río para facilitar el ingreso y salida de mercancías, sino se asentó
de manera estratégica en la mitad del partido de Tierradentro para poder ejecutar las
actividades civiles, fiscales y religiosas. Además, la población omitió el formalismo
cuadricular, se ajustó a las necesidades del espacio. Esta conquista poblacional, territorial y
burocrática tuvo como símbolos la iglesia, la cárcel y un grupo de funcionarios que
intentaron mantener el orden y sujetar a las gentes que aún se resistían a dejar su
autonomía.
203
Así también, la sujeción llevó que los espacios aledaños a la parroquia de Sabanalarga,
fueran considerados como tierras realengas, es decir, ahora los vasallos concentrados, para
la adquisición de tierras, quedaron sujetos al código de Indias de 1680. En esta dinámica se
creó un equipo de ilustrados que tuvieron entre sus objetivos el fortalecimiento militar
externo y la realización de empadronamientos que permitieran intervenir en asuntos fiscales
y conocer la densidad demográfica.
En este orden de ideas, Sabanalarga tenía 1.854 vecinos, empadronados bajo el gobierno
provincial de Juan Díaz Pimienta, en 1777. Algunos de ellos se incorporaron a las milicias
disciplinadas de manera voluntaria por el prestigio que podía representar, a pesar de ciertos
prejuicios de funcionarios de la Corona. Entre los milicianos sabanalargueros podemos
mencionar: Casimiro Cabarcas, Miguel Domínguez, Manuel de Roa, Antonio Sarmiento y
Juan de la Cruz Mercado. El programa militar no abarco todo el virreinato neogranadino,
sino puntos estratégicos debido a que fue una iniciativa regional. Sin embargo, esta
movilidad no fue suficiente para mantener un control social e institucional en la provincia
de Cartagena y parroquia de Sabanalarga, debido a que se tuvo que promulgar una serie de
medidas y prohibiciones que según las autoridades españolas tenían como fin acabar con
los pecados y desórdenes que se presentaba en las poblaciones de la gobernación.
En esta dinámica los vecinos de Sabanalarga establecieron un cuartel militar que pretendió
resistir las fuerzas expedicionarias del general Pablo Morillo, la misma fue rápidamente
sofocada. Se confiscaron las cosechas y algunas haciendas de las cercanías de la parroquia
de Sabanalarga, se restableció la Inquisición y creó una corte militar en la ciudad de
cartagenera para juzgar a los patriotas que fueron hechos prisioneros. La recuperación de la
región y, específicamente, de la parroquia estuvo a cargo el general Mariano Montilla quien
llegó junto con un escuadrón de caballería y un grupo de voluntarios irlandeses.
Recuperada la provincia, se redactó una constitución de tipo nacional que comprendió el
territorio del antiguo Virreinato de la Nueva Granada y Capitanía General de Venezuela,
subdividido en departamentos. Cartagena se convirtió en la capital del departamento del
Magdalena, el cual quedó conformó por cuatro provincias. No obstante, este proyecto
político y territorial tuvo una considerable resistencia que la llevó finalmente a su
fragmentación.
En esta coyuntura se realizó una nueva constitución la cual no fue reconocida por los
bolivarianos Montilla y Rafael Urdaneta quienes pretendieron restablecer la Gran
Colombia, ocasionando la insurrección y resistencia de varias poblaciones de la provincia
de Cartagena, una de ellas, Sabanalarga. El movimiento en principio pudo ser reprimido,
pero luego del enfrentamiento en la hacienda Sans-Souci la situación cambió, debido a que
las fuerzas del general Ignacio Luque se unieron al movimiento y sitiaron a la ciudad de
Cartagena. Esta circunstancia precipitó la renuncia de Urdaneta al poder, se restableció el
orden constitucional bajo la carta magna de 1832, que eliminó la jurisdicción por
departamentos y mantuvo el sistema de provincias. Francisco de Paula Santander, fue
escogido como presidente de la Nueva Granada, quien meses después sancionó la ley que
erigió a la parroquia de Sabanalarga en villa del cuarto cantón de la provincia de Cartagena
pues los habitantes de esta población contribuyeron con el fin de la dictadura, y para
fomentar el patriotismo en una nación que estaba en construcción.
205
REFERENCIAS
Sección Miscelánea Colonia, Tomo 140, folios 459-463. Véase “Sabanalarga: sus
orígenes y su fundación definitiva”. Documento Número 17
Hemerográfia
Constitucional de Cartagena, N° 4, Cartagena, octubre 10 de 1835
208
BORREGO PLÁ, María del Carmen. Cartagena de indias: La andadura de una vida
bajo la colonia, El Áncora Editores. Bogotá (2010)
209
CUNILL, Pedro, VIVAS RAMÍREZ, Fabricio y Otros. Los tres primeros siglos de
Venezuela, 1498-1810. Editorial Grijalbo. S.A. Caracas, Venezuela (1993)
OTS CAPDEQUÍ, José. María. El Estado español en las Indias. Fondo de Cultura
Económica. México (1975)
RIVERA RUIZ, Julián. Cartagena de Indias y su Provincia: una mirada hacia los
siglos XVI y XVII. Editorial El Ancora. Bogotá (2005)
BLANCO BARROS, José Agustín. “El censo del Departamento del Atlántico.
Partido de Tierradentro, 1777”, en Boletín de la Sociedad Geografía de Colombia.
Vol. XXVII, N° 104 (1972)
IKONÓMOVA, Aneta. “La colonia del Caribe en el siglo XVI. Historia local-
diseño global”, en Martha Ardila (Compilador): El Gran Caribe. Historia, cultural y
política, Colección Pretextos. Edición Universidad Externado de Colombia. Bogotá
(2005)
218
ANEXOS
“En la ciudad de Cartagena a seis días del mes de junio de mil y quinientos y noventa años la Justicia y Regimiento de
esta ciudad se juntaron a Cavildo como lo an de costumbre en esta manera; D., Pedro Lodeña, Govenador y Capitan
General en esta Governacion: Capitan Fernan Peres de Medina, Alcalde Ordinario; Alonso de Navia, Alcalde; Contador
Alonso de Tapia, Oficial de la Real Hazienda; Pedro Coronado Maldonado, Regidor. Y ansí juntos se acordó y probeyó lo
siguiente.
Decreto: En este estado entró el Capitan Domingo Felis, Regidor; el Capitan Pedro Mexía, Procurador General. En este
Cavildo se conzedió a doña María Carrillo dos caballerías de tierra entre Malambo y el pueblo de Baranoa, sin perjuicio
de tercero y de naturales; y se le dé título en forma y con esto se acabó el Cavildo y los dichos Señores lo firmaron.D.
Pedro de Lodeña, Alonso de Navia, Fernan Perez de Medina, Alonso de Tapia, Domingo Felix, Pedro Coronado
Maldonado, Pedro Mexía, don Luis de Guzrnan, Francisco Vaena”(Escribano).
“El vicario del Partido de Tierra adentro ynforma a V. Exa. Que componiéndose como se compone la feligresía de
Sabanalarga ( de que es Cura propio) de más de trescientos vesinos, por estar estos repartidos en treinta y ocho sitios,
distantes unos de otros una, dos, tres, quatro, sinco hasta nuebe leguas, y la yglesia en el peor, pues no tiene mas que
quatro, a distancia de dos o tres quadras, se halla esta con el notorio desamparo y ninguna frequencia de sus feligreses;
que se esperimenta maltratado su techo, y paredes, por lo incómodo y retirado de todos; y el Cura sin tener ( si se le
ofrece) quien le de promtpo ausilio; y la feligresía por lo dispersa, e ympractible que hacen sus caminos los arroyos y
otros malos pasos dispuesta a careser del pasto espiritual, morir sin sacramentos, no oyr misa los días de fiestas, baptisar
los niños grandes, y sepultar los cuerpos difuntos ya corruptos; hasiéndole imposible a el Cura saber el modo de vivir de
sus ovejas y enseñarles la doctrina christiana de que ay tanta ignoransia a causa de que los mas no los ve sino es quando la
obligación del cumplimiento del precepto anual los trae a la yglesia: dejando aparte lo difísil que se hace el haberlos de
hallar para administrar justisia, y cosas del serbisio del Rey, y el perjucio que de semejantes viviendas se ocasionan los
unos a los otros, con sus latrocinios, y el que vivan como alarbes, sin comunicación, ni consuelo; sirviendo de trabajo,
cuidado, y mortificasión al Cura la desunión y discontinuidad de semejantes ovejas, con la pesadumbre de no poder
remediarlo; por lo que le ha paresido a el Cura haser patente a V. Exa. Como a quien puede haserlo, que congregados
dichos sitios en una o dos poblaciones, sesaran por consiguiente los referidos ( y otros muchos) inconvenientes que trae
consigo el uso de tales viviendas: y que no siendo la en que está fundada esta Yglesia capaz de ello, ni aun de poblarse
veinte vesinos, así por la falta de agua, montes para labor, y pastos para las crías de los ganados ( que nada de esto tiene)
como por estar en lo más interior del distrito, ha conferido con algunos feligreses la mudada de ella al que llaman la
Ponedera, que aunque por la mayor parte ha reconosido el desseo que los menos advertidos tienen de que en tal caso sea
en aquellos en que a cada uno tiene más quenta asia sus fines particulares, las rasones que ay para que éste entre los demás
sea el más a propósito, por estar a las beras del Río de la Magdalena en que se hallan fundadas las otras tres yglesias que
ay de curatos libres en este Partido, y el del Real de la Cruz, y ser aquel terreno saludable, y aunque a beras del Río, libre
de sus inudasiones, por estar en alto, y sobre la tierra llana, y suelo firme en que se puede estender una gran fundación,
con pastos, y montes de labor en este lado,y el otro del mismo Río; al tragín, y probición de las canoas que suben y bajan
de los demás vesindarios del Partido, Villa de Mompox, y otras partes, con cuya ocasión están próximos a lograr la venta
de sus frutos, y condusir a esa Plaza los abastos de ellos; pues aunque los puedan tener, y tengan, y de ellos caresca la
Ciudad, no se pueden trasportar de ninguno de los otros Sitios a ella por los exorbitantes costos que ocasiona el haberlo de
haser por tierra: tendrán también la fasilidad de palma, y maderas para las fábricas de sus casas, de que en otro qualquiera
caresen, por ser necesario que a lo menos la palma la lleben de allí a los demás: asimismo, que esta fundasión serbirá de
freno a las ostilidades de los yndios brabos, como se esperimenta acontese en lo correspondiente a la feligresía del Real de
la Cruz, Santo Thomás y Barranquilla en donde la frequensia que sus moradores tienen en aquellas fronteras so hasen los
daños que en el Pantano del dicho Sitio de Ponedera por falta de pobladores que los atemorisen: Cuyas congruensias
parese pudieran haber dado motivo en lo anterior por haberse tratado como se trató de que la yglesia de este Curato se
223
hubiese fundado allí; lo que no surtió efecto aún con las maderas ya cortadas, a causa de que el Cura en cuyo tiempo se
edificó tenía inmediata al Sitio en que oy se halla, su estancia y vivienda propia, y por esta razón hiso se pusiese en él, y
en tiempo en que fue Virrey de este Reyno el Excelentísimo Señor Don Jorge de Villalonga ( según se me ha informado)
haviendo intentado redusir a Villa este Curato, fue el sitio que se destinó para fundasión de ella el referido de la Ponedera:
En cuya atensión, y la de haberle asegurado muchos de sus feligreses al dicho Vicario que como la yglesia se mude a él,
desde luego se fundarán, y mudarán allí sus viviendas; suplica a V. Exa. Que asegurado de la realidad e yngeniudad de
este ynforme, y de lo que sobre él podrán de sir el Capitán Aguerra de este Partido Doctor Andrés de Madariaga, el
Capitán Doctor Miguel Camacho y otros desapasionados; y en consideración de lo que resulta consecuente a la salud
espiritual y combeniensias temporales de los feligreses el que en el nombrado Sitio de la Ponedera, y no en otro se
establesca su yglesia, expida su orden V. Exa. Para que se les intime el tráncito de ella, y que se haga para Noviembre de
este año: que mandándolo V. Exa. Así e ympetrada lisensia del Venerable Dean y Cavildo, pondrá luego al el Vicario con
los vesinos del referido sitio y sus contornos por obra la fábrica de una yglesia que ynterín sirba de ayuda de parrochia, y
asistirá en ella dejando un theniente administrando a la feligresía en ésta, y dispondrá la fundasión y pasos en el orden que
se requiere, y pasados a ella todos los feligreses el que no debiere en la que se le considere de ella más inmediato. Todo lo
qual puede executarse sin que les sirba de ningún perjuisio ni quebranto a sus casas, ni hasiendas, pues aquellas no son
ninguna importansia, y así sería sin perdida el dejarlas; y estas siendo las crías de sus animales y rozas que los otros todos
los años lleban presisamente a los abrebaderos del Río y adrrededores del referido Sitio, y que es el tiempo oportuno por
ser quando ya tienen cojidas sus cosechas, y comiensan a labrar, no les serviría de atraso, y con fasilidad se verá
conseguido el fin a que en esto el Cura aspira, y sobre que a Vuestra Excelencia ynforma, y con rendimiento suplica.
Sabanalarga Agosto 9 de 1742. Bachiller Joseph Valentín Rodríguez.
“Señor, enterado de que Vuestra Excelencia me previene por las que he recevido con fecha 21 y 23 de los meses de
febrero y marzo y en cumplimiento de lo que V. Exa. Me ordena últimamente en la de 29 del pasado, digo Señor que sin
mas experiencia que la razón y sin otro ynteres que el del Cargo de mi obligación pudiera asegurar a V. Exa. la deferencia
que ay entre el Sitio de la Ponedera y el de la Savana Larga para una formal y perpetua fundación, a veras del Río Grande
de la Magdalena en paraxe, que por la especialidad de estar en sus riveras y no comprehenderlo sus abenidas, es enviado
de las demás fundacionese de ellas, y el de Savana Larga por lo mas ymmediato seis leguas apartado de estas en lo
Interior de las tierras con notoria escases de Aguas y otras esterilidades, parese que vastava para que se conosiesen las
comodidades y augmentos que promete el uno y la poca subsistencia que por sus defectos se puede esperar del otro porque
(pues por exemplo, en los Montes y Aguadas) es cierto que mas utilidad darían allí los pocos, que suponen, que acá los
muchos que disen (caso que los ubiere que tampoco los ay) pues los pocos frutos comerciados, parece serían de mas
utilidad a el común, que los muchos privados. Las Aguas aun rindiendo mi experiencia, a su mayor inteligencia de ellos,
es innegable que ya las descubran puedan ser mas, ni mexores, que las del Río, ni tener en aquellas los logros que en el
traxin, peses, y abrevaderos de estas, pero su puerto; que los que han de avitar aseguran seles mas útil y de menos
quebranto el que la fundación se haga en Savana Larga, y no en la Ponedera, y que al fin porque [Link] lo precura, no se
opone, el que se efectue mas en una que en otra y que con mas fasilidad se ha de conseguir a donde les es mas aceptable
devo condesender en que se haga donde mexor eligen, seguro de que en ningún tiempo podrán atribuirme a su yerro, si es
que cometieren en su elección alguno, que a este efecto viendo que la propuesta y representación que han hecho a V. Exa
es contra lo propio que yo tengo experimentado, que es para dar esta respuesta (que con propio que va pagado despacho a
[Link]) afianzarla con el dictamen de aquellos que por mas retirados del Sitio de Savana Larga pudieran disentir contra el
de los otros por mas desapasionados: Y aviendo para ello combocado a algunos de los mas principales de estos (causa
porque la he retardado hasta aora) he allado que casi todos convienen con los demas. No obstante les he dado a entender
que a los de su voluntad quisiseran fundarse en la Ponedera no dejará V. Exa de condesenderlo, pues con este fin se
ynclina a que tengan dos yglesias.
224
Esto es Señor lo que puedo y devo desir a [Link] con la yngenuidad y realidad que acistumbro sin que en este asumpto me
aya mobido ynclinación alguna contra razón, ni conciencia para ninguna operación, como parese y se evidencia de las
Providencias assi judiciales como extrajudixiales que sobre el he practicado pues en todas se hallará la blandura y espera
con que he prosedido, dando lugar a que tubiesen examen las Representaciones, y no esperimentasen agravio los
executados y vuscando el consexo en las dudasque se me han ofrecido para no herrar.
“Nuestro Señor dilate la Vida de V. Exa. Por muchos años, como deseo y la Monarquía necesita. Usiacurí y Abril 9 de
1743.
“Excmo. Señor.
“A los pies de V. Exa., su mas umilde servidor y rendido subdito,
“Francisco Navarro de Azevedo”
“Señor. Respecto a las noticias ciertas con que me hallo que por las súplicas y negociaciones de los vecinos de los Sitios
de Isabel López y el Hatillo (de mi feligresía) ha mandado el Venerable Dean y Cabildo de esa Iglesia Catedral al Cura de
Usiacurí informe sobre si estos proceden de aquel Pueblo, y lo más se han bautizado en aquella iglesia con el ánimo de
representarle a Vuestra Excelencia el que así por esto, como por estar de inmediato, han determinado se agreguen a ella;
sin más fundamento que he experimentado en algunos sujetos, a causa de la pretensión que hice a Vuestra Excelencia
sobre arregalr mi Curato; y siendo esto en perjuicio de la colación que en nombre de Su Majestad y Dios Nuestro Señor se
me dio del Curato, pues la longura que se me señalo está… (ilegible)… en los feligreses: Estoy cierto no permitirá
Vuestra Excelencia se me desconozca, ya para aumentar el de los Indios a quienes Su Majestad señalada renta fija, y que
pago de sus Reales Cajas, y auncuando no se habían mandado agregar o congregar aquellos sitios en uno como Vuestra
Excelencia ha mandado, sin embargo de estar los nombrados de inmediato del dicho Pueblo no hubieran (tenido) por justo
los Excelentísimos Obispos, ni los Visitadores que los administrase el Cura leal.
“El Capitán Aguerra de este Partido me ha advertido que fuera conveniente la comisión para la fundación de este Curato,
en el Alcalde Pedáneo Don Francisco Perez de Vargas por ser el más a propósito, y que como quiera que este no es
dependiente de su jurisdicción, no se la somete: lo que pongo en noticia de Vuestra Excelencia mande lo que le pareciere
más conveniente.
“Nuestro Señor guarde la persona de [Link]. muchos años en la más perfecta salud que se desee, Ponedera Mayo 9 de
1743.
“Excmo. Señor.
“Besa las manos de [Link]. su más humilde siervo.
“Bachiller Joseph Valentín Rodríguez”.
“Señor.
“Doy noticia a V. Exa. Del estado en que se halla la fundación de Sabanalarga, que hay en ella ciento quarenta casas
acabadas unas y otras no, pero están en el trabajo de ellas, y en la Ponedera hay treinta casa armándose, y aunque por el
mes de octubre próximo pasado habían de estar dichas fundaciones finalizadas no lo están por los quebrantos que muchos
feligreses tienen con sus labranzas y enfermedades que han padecido muchos. Y la palma estar tan dilatada, y malos los
caminos para conducirla. Por lo que considerando estas justas razones y teniendo como tengo presente a la vista estos
225
motivos, les he dado de término en nombre de V. Exa., dos meses más para que se perfeccionen dichas fundaciones en el
todo porque en estos que están trabajando no hay desobediencia lo que participo a [Link]. como debo.
“En el Sitio nombrado Pinto de esta Parroquia mandé quemar unas casas por no haber cumplido con lo mandado, de unas
mujeres que vivían en ellas arrochelando maldades, a las que se les notificó que en el término de tres días desocupasen
esta jurisdicción: Y al sitio de Arroya de Piedra, Luruaco y los Zorros mandé un oficial a que ejecute lo mismo con los
comprendidos. Lo que se ha ejecutado. Y algunos de estos feligreses se han ido huyendo al Partido de Real de la Cruz y
de la Balza de lo que por ser jurisdicciones de otros comandos doy esta noticia a [Link]. determine si fuese servido,
someterse su decreto para que pase a aprendeher sus personas donde quiera que los hallen. Y amarrados se traigan a vista
de los vecinos de esta fundación para que con este ejemplar, los demás no intenten lo mismo. Y no hagan burla de las
superiores órdenes, mandándome [Link]. así aprehendidos que sean, se remitan a la fábrica o se les obligue con multas a la
presencia en esta jurisdicción como están los demás ejecutando lo mandado, y en todo me dirá [Link]. lo que desee
ejecutar.
“En el sitio de Luruaco vive un sujeto nombrado José Francisco Molina; éste tiene arrendadas aquellas tierras y no quiere
que vayan a cortar palma a ellas (a) menos que no le den un real por cada haz. Y este también ha sido el motivo de no
estar ya acabada del todo esta fundación, porque es la única palma que hay en esta tierra y hay muchos pobres que no
tienen un real para comprarla; no ha sido nunca costumbre comprarla en otro paraje, sino todos la han cortado sin
embarazo y ahora parece que con… (ilegible)… lo intenta embarazar este sujeto, lo que no excuso poner en noticia a
[Link]. ; si fuere servido y le pareciere a [Link]. conveniente someterme su comisión sobre que el dicho Molina no
embarace el corte de palma para estar tan precisa fundación, porque de no mandar [Link]. orden este asunto, persistirá el
dicho en embararzarlo, lo que es en perjuicio de esta fundación por no haber otro paraje donde pueda cortarse. Yo me
hallo en esta ejecución procurando dar exacto cumplimiento al mandado por [Link]. aún estando como estoy enfermo, por
cuyo motivo no he sido más breve en dar [Link]. esta precisa carta y que sobre ello me ordene [Link]. lo que fuere servido
y más hallare conveniente.
“Señor
“En cumplimiento de las órdenes de [Link]. sobre la total fundación de esta Parroquia de Sabanalarga me hallo hoy en día
de la fecha en esta dicha Paraje donde tenido el gusto de que se ha dado logrado el celo con que hepracticado estas
diligencias, pues se halla del todo fundada dicha Parroquia con todos sus feligreses que constan de ciento y ochenta y seis
padres de familia viviendo ya en este dicho sitio a excepción de algunos que se hallan fugitivos en el Partido del Real de
la Cruz y de la Balza a donde paso personalmente a traerlos a su Parroquia como [Link] me ha ordenado y con sus
familias precisarlos a que obedezcan el orden superior y estaré a la mira para si contraviniesen a esta obediencia,
remitirlos preos a esa ciudad y luego que venga el logro de aprehenderlos y traerlos daré noticia a [Link]. de lo que
acaeciere.
“También me precisa informar a [Link]. de que estando como está este sitio fundado del todo, me parece que será
necesario el que [Link]. nombre en él un Alcalde Pedáneo para lo que se pueda ofrecer. Y que éste sea vecino del dicho
sitio para que no haya vileza, porque aunque se tiene por noticia que un Don Ylario de la Oz pretende en esa ciudad este
beneficio, debo informar a [Link]. no convenir por ningún modo por lo mal inclinado que es, y tendrá alborotado este
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vecindario, y no tendrá la justicia su debida administración, lo que pongo en noticia de [Link]. para que si fuere servido
llevarlo a bien me diga [Link]. lo que fuere servido disponer que yo, como que tengo conocidos estos vecinos le informaré
a [Link]. la persona que pueda serlo sin perjuicio ni quebranto, y estante y habitante en este dicho sitio.
“Tengo presente el orden que tengo de [Link]. sobre la aprehensión de los desertores y vagamundos que puedan ser
habidos en esta jurisdicción y aunque no dudo haya algunos, estos es necesario gran maña para su aprehensión porque con
la noticia de los que se han aprehendido en otras jurisdicciones no se ve español en esta tierra, pero no quedará por falta de
celo, diligencia y maña.
“Yo quedo siempre como síbdito esperando las órdenes de [Link]. para obedecerlas como debo.
“Dios guarde a [Link]. muchos años como hemos menester. Sabanalarga y enero 26 de 1744.
“Besa los pies de [Link]. su más rendido servidor y obediente súbdito,
“Francisco Peres de Vargas”
“Mediante este nombramiento y el que hize para la Barranquilla, que el respectivo a Vuestra Merced deberá solamente
correr por lo que toca a la Parroquia de Santo Thomas y la Soledad, y demás sitios del Partido que se comprehendieren en
la Jurisdicción de otro Alcalde Pedáneo, a fin de que administre justicia, y persiga a los que habitaren en los montes
huyendo de las Poblaciones de sus Parroquias y si para el año próximo venidero quisiere Vuestra Merced relevarse, me
propondrá otros sugetos distribuydos en tres lugares para que se destine al que desde el día primero de enero ha de servir
de Alcalde Pedáneo, cuya orden participará Vuestra Merced a los demás para que observen la forma de esta proposición
que es la que se ha de seguir en adelante.
Yncontinnente, en dicho citio, habiendo dicho Ayudante registrado las casas este citio de San Esthanislao no an podido ser
habidos los suxetos que se solicitan por decir estar ausentes, y solo se an hallado sus mujeres de estos. Y entre ellas dos
mujeres viudas, a las que se les previene por mi sepan viaxe para el sitio de Savanalarga dondetienen su Parrochia; para
los que se les impone mandato en forma, quedando a mi cargo la solicitud de los vienes que algunas de estas puedan tener
para tratar embargo en ellos. Asi lo provey mandé y firmé. Y así mismo lo firmó dicho dicho Ayudante y testigos con
quienes actúo por defecto de Escribano,
Dilixencia
En treinta días del mes de henero del año referido teniendo yo dicho Alcalde que en el citio de San Benito de esta
jurisdicción de la Balza se hallan algunos parroquianos de Savanalarga, protegiéndome en dicho ausilio que tengo pedido
al Ayudante de dicho Partido, Gregorio de la Vega, le recombine pasase a dicho citio y aprehendiese los comprehendidos
trayéndomelos a este de San Esthanislao para juntarlos con los que aquí se hallan existentes y conducirlos a su total
fundación; los que dicho Ayudante aceptó y pasó en prosecución a dicho sitio, con la gente que le pareció llevar en su
compañía. Ypara que conste lo pngo por dilixensia y firmo con dicho Ayudante y testigos con quienes actúo por defecto
de Escribano,
Dilixencia
En dicho dia referido compadecío ante mi dicho Ayudante que viene del citio de San Benito y dice solo hallo dos mujeres,
nombrada la una Candelaria de Sosa y la otra Isabel y que éstas las puso en viaje para la Parroquia de Savanalarga y que
asi mismo hallo en dicho sitio un hombre llamado Jasinto, y llamándolo para hacer a lo que iba, este huyó luego sin dar
lugar a poderlo aprehender y que solicitando si tenía algunos bienes no le halló ninguno mas que una media roza la que
hiso cargo dicho Ayudante de su entrega al Sarxento de Milicia Francisco Conde previniéndole la tuviese a su disposición
y quitado hasta segunda horden mía; y que esto es lo que a executado, en virtud de lo antecedente referido. Todo lo que
pongo por dilixensia y firmo con dicho Ayudante y de testigos por defecto de Escribano,
Dilixencia
En treinta y un días del mes de henero de dicho año yo dicho Alcalde y Juez Hordinario arrecombiene a dicho Ayudante
me juntase mas mujeres que se an hallado en este sitio de San Esthanislao parroquianas de Savanalarga para tomarse sus
nombres a cada una sí y ponerlo en dilixencia. Lo que este ejecutó y traxo a mi presencia nueve mujeres, entre estas
cuatro casadas y cinco viudas y solteras, y a las casadas pregunté por sus maridos, quienes an respondido estar ausentes. Y
estando todas juntas les requerí y amoneste que oy en este día sigan viaxe para la Parroquia de Savanalarga, sin dar lugar a
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otra cosa; en presencia de dicho Ayudante de horrades y de testigos que se hallaron presentes con quienes actúo por
defecto de Escribano,
Auto
En dicho día yo dicho Alcalde y Juez Hordinario tuve cierta noticia que dos mujeres de estas arriba expresadas tienen
algunos bienes en este citio a recomendación de un veino de él nombrado Diego de Avila, y se nombran las referidas
Juana de Raiz y la otra Seberina, casada con Domingo Pedrosa que halla huyendo, por lo que debe hacer juicio para ella.
Para lo que le previne a dicho Ayudante haga comparecer a mí presencia el referido Diego de Avila, para que efecto de
que ponga ante mí de manifiestos los bienes que de estas tuviere en su poder , sin separación del mas mínimo; y
declarados que sean, los entregue para travaxo y embargo de ellos, y que conste judicial para ponerlos en vía junto con sus
personas para el Savanalarga, para por este medio quitarles el uso de ellos y lograra al fin que se pretende por el superior
horden que tengo. Asi lo provey mandé y firmé con testigos
Con quienes actúo por defecto de Escribano,
Dilixencia
En este sitio de san esthanislao en dicho dia mes y año, yo dicho Alcalde y Juez Hordinario estando para pasar a hacer
embargo de los bienes que fuesem habidos pertenecientes a estas partes y teniendo noticia que las mujeres cothenidas en
esta dilijencias ,parrochianas de Savanalarga, estaban metidas en Iglesia de este citio y las favorecía el cura de dicho citio,
por via de refugio, y no teniendo delito alguno que les valga la inmunidad eclesiástica, le escribí a dicho Padre cura carta,
dexando un tanto su contenido en vista de la qualme responde de su letra otra en que acienta el favorecen dichas megeresy
se niega a entregarlas, por lo que paro en la prosecusion de esta causa y para que conste lo pongo por dilixensia y firmo
con testigos con quienes actúo por defecto de Escribano,
Copia de Carta
Dios guarde a Vuestra Merced muchos años, San Esthanislao y henero 30 de 1774.
Muy señor mío
Besa, las manos de Vuestra Merced su maior paisano y amigo,
“Aora Señor es el tiempo apropiato ( sic) para sacar las maderas para la Yglesia antes que entre el rigor del hinvierno, y
como se logrará el fin Señor es corriendo con ella Juan Guillén del Aguila, español que es apropósito por su celo y
eficacia, pero éste por sí solo no puede, sólo que [Link]. siendo de su agrado lo nombrase Alcalde Pedáneo de este Partido
por dos, o tres años ynterin se acaba la Yglesia. Pues sé Señor desempeñara entodo su obligación y se logrará el efecto
assi de la obra de esta Yglesia, como de la total destrucción de los sitios donde muchos se mantienen todavía, en gran
detrimento de sus almas; assi por carecer de la Missa los días de precepto, como de poderles el Cura administrar
prontamente el pasto espiritual.
“Todo lo que pongo en la alta comprehención de [Link]. para que [Link]. disponga lo que se hallare conveniente. Y quedo
rogando a mi Señor guarde la vida de [Link]. los dilatados siglos que desseo, San Antonio de Sabanalrga y Noviembre 29
de 1744.
“Excmo. Señor