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Sabanalarga: Historia y Resistencia Colonial

Este documento resume el proceso de poblamiento de Sabanalarga, Colombia entre 1550 y 1833. Explica que Sabanalarga existía como un poblamiento independiente antes de ser integrado al sistema político y eclesiástico de la Corona española en 1744 cuando fue establecida como parroquia. Su fundación formal respondió a una estrategia de reordenamiento territorial de España para ejercer un mayor control sobre los grupos semidispersos que vivían en la región. Finalmente, el documento analiza cómo Sabanalarga participó en el proceso de
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Sabanalarga: Historia y Resistencia Colonial

Este documento resume el proceso de poblamiento de Sabanalarga, Colombia entre 1550 y 1833. Explica que Sabanalarga existía como un poblamiento independiente antes de ser integrado al sistema político y eclesiástico de la Corona española en 1744 cuando fue establecida como parroquia. Su fundación formal respondió a una estrategia de reordenamiento territorial de España para ejercer un mayor control sobre los grupos semidispersos que vivían en la región. Finalmente, el documento analiza cómo Sabanalarga participó en el proceso de
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1

ESPACIO, SOCIEDAD Y RESISTENCIA EN LA


PROVINCIA DE CARTAGENA: CASO
SABANALARGA, 1550-1833
2

A mi madre,

Nidia de Jesús Barraza Ahumada


3

<< A lo largo de toda su historia, la ciudad no se caracteriza ni por el número de sus habitantes, ni
por la actividad de las gentes que viven en ella, pero sí por sus rasgos particulares de condición
jurídica, de sociabilidad y de cultura. Estos rasgos derivan del papel primordial que desempeña el
núcleo urbano, el cual no es económico, sino político. La ciudad se diferencia del medio que la
circunda, y en éste ella es el punto de residencia del poder. El Estado crea la ciudad. Sobre la ciudad
el Estado toma lugar >> George Duby
4

AGRADECIMIENTOS

En el campo académico e institucional, agradezco a la Universidad del Atlántico,


(Barranquilla, Colombia) y a la Universidad Católica Andrés Bello (Caracas, Venezuela),
por la formación recibida, a su cuerpo de profesores por brindarme las herramientas
necesarias para la realización de esta investigación.

Dentro de esta línea, mi reconocimiento, a mí amigo y profesor, Pedro Castellón Patiño,


cuyas sugerencias metodológicas, críticas y recomendaciones bibliográficas como tutor de
tesis fueron fundamentales para el desarrollo de este estudio. De la misma manera, mi
gratitud al docente Tomás Straka Medina, quien con sus explicaciones historiográficas me
permitieron analizar este proceso de larga duración con otras aristas; al investigador,
Manuel Donís Ríos, cuyas enseñanzas y conocimientos en ámbito territorial me sirvieron
de apoyo y referencia, al abogado y amigo, Javier Rodríguez Berdugo, miembro del Centro
de Historia del Municipio de Sabanalarga, por sus indicaciones gramaticales y aclaraciones
relacionados con la interpretación jurídica de algunas instituciones del derecho indiano. Así
también, a los directivos del Archivo General de la Nación, Colombia, quienes pusieron en
marcha una plataforma virtual a través de la Web para la descarga de documentos de la
historia del país, al Archivo Histórico del Departamento del Atlántico; y a las bibliotecas
Piloto del Caribe y Meira del Mar.

Finalmente, en el campo familiar, mi complacencia a la profesora Nidia de Jesús Barraza,


por su amor incondicional y sacrificio; a mis hermanos, Alexis Rafael, Nidia Lucia y
Francellys Judith Roa Barraza, por su comprensión, y de modo especial, a mi amiga y
compañera del alma Etis Ortiz Berdugo, por su apoyo inquebrantable.
5

TABLA DE CONTENIDO

INTRODUCCIÓN----------------------------------------------------------------------------------- 8

Capítulo I

1. Sabanalarga y su región histórica -------------------------------------------------------------- 12

1.1 Historiografía regional ------------------------------------------------------------------------- 15

1.2 Historiografía local ----------------------------------------------------------------------------- 25

Capítulo II

SABANALARGA: ESPACIO E IDENTIDAD CULTURAL

2. Invasión y encuentro de dos mundos en la cuenca del Caribe------------------------------- 31

2.1 La conquista territorial en el Caribe neogranadino------------------------------------------ 50

2.2 La otra conquista: colonización de lo imaginario ------------------------------------------- 61

Capítulo III

LA PROVINCIA O GOBERNACIÓN DE CARTAGENA

3. La alteración del espacio ---------------------------------------------------------------------- 73

3.1 El imperio y su jerarquía política y espacial ------------------------------------------------ 82

3.2 Encomienda, mercedes de tierra y población indígena ------------------------------------ 97

Capítulo IV

SABANALARGA: RECONOCIMIENTO E INCORPORACIÓN AL IMPERIO


ESPAÑOL BORBÓNICO

4. Partido de Tierradentro: despoblamiento y encomiendas ------------------------------- 110


6

4.1 Poblamientos espontáneos e ilegales --------------------------------------------------------126

4.2 La segunda conquista: burocrática y de nuevos espacios -------------------------------- 133

Capítulo V

UNA APROXIMACIÓN A SABANALARGA: DE PARROQUIA A VILLA

5. Los libres de todos los colores de Sabanalarga se incorporan a la vecindad y milicias


disciplinadas --------------------------------------------------------------------------- 157

5.1 Conflictos y resistencia de vecinos de Sabanalarga en la provincia de Cartagena---- 171

5.2 La invención y ruptura de la Gran Colombia: levantamientos y resistencia en la


provincia de Cartagena ---------------------------------------------------------------------------- 185

ALGUNAS CONSIDERACIONES FINALES ------ --------------------------------------- 201

REFERENCIAS ---------------------------------------------------------------------------------- 205

ANEXOS ------------------------------------------------------------------------------------------- 221


7

INTRODUCCIÓN

Esta investigación profundiza en el Caribe neogranadino durante la época Colonial,


específicamente, la provincia o gobernación de Cartagena, el proceso de poblamiento de
Sabanalarga y su posterior categorización a villa en el tercer lustro del siglo XIX. En otras
palabras, el estudio ha sido enmarcado entre los años 1550 y 1833, periodización de larga
duración que consideramos adecuada ya que nos permite analizar este complejo proceso de
formación social de la comunidad de Sabanalarga.

A partir de 1550 la conquista estaba prácticamente concluida en la provincia de Cartagena


por parte de España; lo que significó modificar su planteamiento de dominación y
estrategia por un nuevo proceso de organización, explotación y sobre todo de poblamiento
durante los siguientes siglos. Al comenzar la centuria del siglo XVIII, el Caribe
neogranadino distaba mucho de ser una sociedad señorial regida por leyes y controlada por
la Iglesia, por el contrario, la mayoría de su población vivía por fuera de tales controles y
con una manifiesta autonomía. Por lo que se puede deducir que el reformismo borbónico
está directamente relacionado con el reordenamiento del espacio y el nuevo orden político-
administrativo pretendido por la monarquía española, en donde varias poblaciones del
partido de Tierradentro (actualmente departamento del Atlántico, Colombia) fueron
incorporadas a la “república de españoles”. De allí nuestro interés en estudiar el actual
municipio de Sabanalarga, ubicado en esa jurisdicción territorial, del cual existen algunas
publicaciones que hacen referencia a sus orígenes; no obstante, estas han sido realizadas
por investigadores que no tienen una formación académica de historiador, por tanto sus
planteamientos y tesis no cumplen con toda la rigurosidad histórica requerida, por lo que, se
hace necesario realizar una revisión que permita analizar y contextualizar los distintos
procesos que hicieron posible el reconocimiento de Sabanalarga como parroquia, en 1744,
y su erección como villa, en 1833, durante el gobierno de Francisco de Paula Santander. Es
decir, tener en cuenta que dicho poblamiento perteneció a la gobernación o provincia de
Cartagena, que su proceso no sólo se debió a la crisis fiscal, al reordenamiento en el partido
8

y a una política de defensa, sino que hizo parte, según expresión de John Lynch, de << la
segunda conquista de América >>, de tipo burocrático, conquista de nuevos espacios y
grupos humanos.

Este acercamiento al tema de investigación nos ha permitido analizar que existe un


distanciamiento metodológico y teórico de los investigadores que han trabajado el proceso
poblacional de Sabanalarga, que plantea un aparente antagonismo entre la historiografía
regional y local. Posiblemente esto se deba a que no se ha estudiado con una
conceptualización e hipótesis que logre conectarlas. Estos problemas nos han motivado a
establecer una correlación entre estos dos enfoques historiográficos y los sucesos que vivía
la propia España, y posteriormente, la Gran Colombia y la Nueva Granada, para así
alejarnos de la parroquialidad de estudios preliminares. Por tanto, este trabajo aportará una
nueva hipótesis, mayor rigurosidad académica, un conjunto de datos estadísticos,
exposición crítica el contexto histórico, utilización de fuentes de las últimas investigaciones
científicas; así también estudia temas antes abordados de manera tangencial, como la
participación de Sabanalarga en el proceso de Independencia durante la llamada
reconquista de Cartagena y su oposición a la dictadura de Rafael José Urdaneta Farías.

Teniendo en cuenta estas reflexiones académicas, la hipótesis es del siguiente tenor: la


población de Sabanalarga antes de ser integrada al sistema fiscal, político y eclesiástico de
la Corona española, ya existía como poblamiento alterno o independiente. Por consiguiente
su “fundación” como parroquia, en 1744, respondió a toda una dinámica de reordenamiento
territorial que buscaba integrar los grupos semidispersos y “arrochelados” de estos sitios
espontáneos e ilegales a la estructura urbana colonial, para así ejercer un mayor control
político-administrativo por parte de España.

Hipótesis con la cual procuramos dar respuesta a los siguientes interrogantes generales y
específicos: ¿Qué mecanismos y estrategias de sometimiento utilizaron los españoles
durante el proceso de conquista? ¿Cuáles fueron las primeras ciudades que fundaron los
españoles en el actual territorio colombiano? ¿Qué consecuencias trajo la dominación
española para la población originaria de estos territorios? ¿Qué papel jugó la institución
9

eclesiástica en todo este proceso? ¿De qué forma se dividió el territorio, es decir, cómo
estaba jerarquizado el espacio por parte de la Corona? ¿Cuáles eran las poblaciones
indígenas? ¿A quiénes les concedieron las mercedes de tierras y por qué? ¿Qué diferencia
existe entre la merced de tierra y la encomienda? ¿Qué impacto tuvo el sistema de
encomiendas en la población? ¿Cuáles fueron los mecanismos de resistencia que utilizaron
los distintos grupos humanos? ¿Existieron encomiendas en Sabanalarga en laépoca
colonial? ¿Qué funcionarios intervinieron en el proceso de reducción y sometimiento de los
grupos semidispersos de Sabanalarga? ¿Quiénes fueron esos primeros pobladores? ¿Cómo
se organizó el espacio de la parroquia de Sabanalarga? ¿Qué mecanismo usó la Corona para
permitir el acceso a la tierra de forma legal de los alrededores de Sabanalarga? ¿Por qué se
crearon las milicias disciplinadas y qué sabanalargeros participaron en ellas? ¿Qué
participación tuvo Sabanalarga en el proceso de Independencia? ¿Cuáles fueron las
divisiones territoriales durante las primeras décadas del siglo XIX? ¿Qué papel jugó la
población de Sabanalarga durante la reconquista de Pablo Morillo? ¿Por qué el general
Francisco de Paula Santander le otorgó la categoría de villa a Sabanalarga, en 1833? ¿Qué
papel jugó esta población en contra de la dictadura de Rafael José Urdaneta Farías?

La monografía está dividida en cinco capítulos. En el primer capítulo, Sabanalarga y su


región histórica, se precisa la diferencia entre las circunscripciones geográficas y
administrativas y el concepto de región histórica para luego mostrar un balance
historiográfico regional de la provincia o gobernación de Cartagena, asimismo, realizamos
un acercamiento a la historiografía local del actual municipio de Sabanalarga.

En el segundo capítulo, Sabanalarga: espacio e identidad cultural, se plantean algunos


aspectos relacionados con el arribo de los españoles al Caribe neogranadino, sus métodos
de sometimiento, su filosofía conquistadora, el proceso de conquista y poblamiento, que
permite establecer que el encuentro de estos dos mundos fue un enfrentamiento de carácter
cultural y por ende un choque de los imaginarios colectivos, que ocasionó una resistencia
de las comunidades originarias de este territorio.
10

El tercer capítulo, La gobernación o provincia de Cartagena, hace referencia a la alteración


del espacio, sus encomiendas y la población indígena, pues, la dominación española en los
territorios del Caribe y la provincia de Cartagena fue ejercida a través de la creación de
distritos, partidos y la fundación de centros urbanos, que conllevó al dislocamiento de los
pueblos originarios y al surgimiento de poblamientos alternos a tal dominación.

El cuarto capítulo, Sabanalarga: reconocimiento e integración al Imperio español


borbónico, se hará énfasis en el partido de Tierradentro, sus encomiendas, las políticas
borbónicas de reorganización espacial llevadas a cabo por Francisco Pérez de Vargas, en
1744. Se estudian los informes del vicario ecónomo del partido, Valentín Rodríguez, ya que
el reordenamiento territorial y exploración de nuevos espacios fue gracias a la unión entre
la autoridad civil, representada en las expediciones militares, y la autoridad eclesiástica,
representada en el caso de Sabanalarga a través del vicario ecónomo. Esto nos permite
entender que la política de organización territorial que “fundó” la parroquia de Sabanalarga,
fue ejecutada con el fin de ejercer un mayor dominio político-administrativo de los vecinos
libres y grupos humanos dispersos, para así sujetarlos y convertirlos en vasallos de su
majestad el Rey.

Y el quinto capítulo, Una aproximación a Sabanalarga: de parroquia a villa, se tendrá


encuenta la resistencia de algunos vecinos de Sabanalarga después de oficializada su
incorporación al Imperio español. La relación existente entre la división espacial de la
provincia de Cartagena, los empadronamientos y las milicias disciplinadas. A la vez, se
considerará la fragmentación territorial bajo la República, que nos permitirá explicar cómo
este proceso trajo profundos cambios provinciales y urbanísticos. Finalmente, abordará la
relevancia de Sabanalarga en toda esta dinámica, es decir, su participación en la
Independencia, los levantamientos y resistencia de sus habitantes durante el gobierno de
Rafael Urdaneta que la llevaron a ser erigida villa en 1833.

Para finalizar es importante señalar y comentar a nuestros lectores los inconvenientes


presentados durante el desarrollo de la investigación, porque sin duda alguna se contó
principalmente con fuentes primarias impresas debido a que se consultó el Archivo General
11

de la Nación, en Bogotá, durante un tiempo corto por los límites financieros, y su


plataforma virtual. En cuanto al estudio del poblamiento de la región actual del Caribe
colombiano en época prehispánica, es una incuestionable que se está frente a una limitante,
debido a que las comunidades indígenas fueron poblaciones ágrafas; por ende no se pueden
confrontar las afirmaciones de los cronistas, quienes en medio de su cosmovisión
interpretaron esas realidades y todo lo que esto implicó, ya que en ciertos casos intentaron
justificar los actos cometidos por las empresas conquistadoras.

Del mismo modo, los expedicionarios y funcionarios que ejecutaron las órdenes de la
Corona estaban convencidos que lo realizado era lo políticamente necesario y correcto para
instaurar el orden y la civilización europea en estos territorios. La casi inexistencia de un
trabajo sistemático de historia que aborde la población de Sabanalarga a partir de su
reconocimiento e integración al Imperio. Finalmente, el estudio de las poblaciones cercanas
(Sabanalarga) a la ciudad de Cartagena durante las primeras décadas del siglo XIX es
bastante complejo debido a que los investigadores han sido deslumbrados por su papel
protagónico durante la Independencia y por la construcción del Estado-Nación.

Dichas dificultades pretendimos superarlas con la utilización de las distintas disciplinas,


historia, antropología, filosofía, etnohistoria, entre otras. De hecho, el resultado de este
trabajo ha sido posible gracias a la utilización de fuentes primarias impresas. Además de
fuentes secundarias como libros y artículos de autores reconocidos regionales, nacionales e
internacionales, que abordaron el período y tema en cuestión, permitiendo construir un
discurso histórico que pretende explicar este complejo proceso de larga duración.
12

Capítulo I

1|. SABANALARGA Y SU REGIÓN HISTÓRICA

La Región Histórica es cambiante y dinámica al ser expresión de períodos históricos, de


sistemas sociales y económicos proyectados en espacios geográficos. Según el historiador
venezolano Germán Cardozo Gaulé, una región histórica es:

“un área con características históricas comunes, producto: uno, de la lenta gestión y
fraguado de vínculos económicos y socioculturales entre los paisajes humanos que
la componen; y dos, el predominio e influencia de una ciudad que actúa como
centro jerarquizante”. 1

Mientras que para la investigadora Tarcila Briceño, no es más que el espacio:

“menor que el nacional y mayor que el del terruño, que se desarrolla en torno a una
ciudad, con una dinámica propia que lo hace singular y coherente, con una
personalidad definida, cuyos habitantes han tejido vínculos y nexos de solidaridad a
lo largo del tiempo, así como han construido un sistema de valores y
representaciones sociales, que expresan una conciencia y un sentimiento de
pertenencia a esa tierra”. 2

Teniendo en cuenta estos dos conceptos teóricos y metodológicos, la región histórica de


Sabanalarga se formó en los espacios de los períodos prehispánicos, monárquicos y
republicanos que antecedieron y participaron en la construcción de la nación colombiana,
por ende, su área es mayor que la del núcleo urbano y menor que el de la provincia de
Cartagena. Sin embargo, el liderazgo de la urbe no es inmutable, ni su límite regional fijo
debido a que nuevas realidades variaron el papel del asentamiento poblacional.

1
Straka Medina, Tomás. “Geohistoria y microhistoria en Venezuela: reflexiones en homenaje de Luis
González y González”, en Tzintzun. Revista de Estudios Históricos, Nº 042, Morelia, México, 2005, pág. 106.
2
Briceño, Tarcila. “De la ciudad colonial a la región histórica”, en Tiempo y Espacio. Vol. XV, N° 29-30,
Caracas, Venezuela, 1998, pág.15.
13

Ahora bien, la Historia cumple un papel importante para el conocimiento del pasado debido
a que ella estudia las actividades humanas en el tiempo y en el espacio. Su función
principal es explicar el suceder en el movimiento de la sociedad en todas sus estructuras;
analizadas a través de la heurística, las fuentes primarias documentales, orales y visuales. Y
con la interpretación hermenéutica, llegar al conocimiento de lo sucedido en el pasado, para
su comprensión, explicación y síntesis histórica. En otras palabras, es la ciencia de los
hombres en el tiempo, el análisis de las sociedades humanas sujetas a cambios y en
continua transformación. 3

Con base en lo argumentado en las líneas previas, es ineludible realizar un balance


historiográfico de carácter regional y local en Colombia, para ello se hace necesario
conocer y señalar la institucionalización de la disciplina, es decir, su profesionalización
académica a partir de la década de los sesenta del siglo XX. En tal sentido, la pionera fue la
Universidad Nacional, en 1964, sede Bogotá, la cual puso en marcha un plan de estudio de
pregrado adscrito a la Facultad de Ciencias Humanas. Años después se creó y desarrolló
este tipo de programa en las distintas universidades públicas y privadas del país.4 Aunque
es pertinente aclarar, que la enseñanza de la historia ya había comenzado en la Universidad
Nacional, a finales de la década de los cincuenta, bajo el impulso del historiador
colombiano Jaime Jaramillo Uribe y del español Antonio Antelo Iglesias. 5

Estas primeras generaciones de historiadores de mediados del siglo XX se formaron en


Licenciatura en Educación con Énfasis en Historia, hecho que contrasta en la actualidad
debido a la separación entre estas dos disciplinas. No obstante, en un país como Colombia
donde los recursos económicos son insuficientes para la investigación, la historia regional y

3
Ocampo López, Javier “La microhistoria en la historiografía general”, en Histórielo. Revista de Historia
Regional y Local. Vol. 1, N° 1. Facultad de Ciencias Humanas, Medellín, 2009. pág. 204
4
Ramírez Bacca, Renzo, “Tendencias de la historia regional en Colombia”, en Histórielo. Revista de
Historia Regional y Local. Vol. 3, N° 5. Facultad de Ciencias Humanas, Medellín, 2011. pág. 150
5
Soza, Felipe, “La historiografía Latinoamericana”, en Balmaceda, Catalina; Burker, Peter, y otros.
Comprender el pasado. Una historia de la escritura y el pensamiento histórico. Editorial Akal, Madrid, 2013.
pág. 419
14

local se convirtió en un modelo práctico de incursionar en la disciplina, lo cual fue


acompañado por un proceso de sistematización de los archivos regionales y locales
generando una nueva alternativa historiográfica frente a las historias nacionales e historias
patrias.6 Esto ha permitido que en los últimos años surja una producción de tipo regional,
en gran parte, por la diferencia y fuerza política de cada región que integran este territorio.
7

En el ámbito nacional son importantes los estudios regionales que realizaron los
historiadores Germán Colmenares, Jorge Orlando Melo, Bernardo Tovar, Armando
Martínez, Albeiro Valencia, Eliécer Zapata, Sergio Elías Ortiz, Javier Ocampo López,
entre otros. 8

En cuanto a la profesionalización de esta disciplina en el norte de Colombia, la iniciativa la


tomó la Universidad de Cartagena, en 1992, y posteriormente, la Universidad del Atlántico,
en 1994. Esto ha dado un impulso significativo al conocimiento y estudio de la región,
sobre todo, luego de la aparición y consolidación de las revistas El Taller de la Historia e
Historia Caribe; sin dudas, las publicaciones sobre estudios históricos más emblemáticas
de esta parte del país. Esto fue posible, en parte, debido al convenio de estas instituciones
con la Universidad Nacional, para la formación de docentes con maestrías en Historia, sin
olvidarnos de los profesionales que estudiaron en el exterior y en otras instituciones
académicas del país, los cuales dieron un estimuló importante a la disciplina, entre estos
investigadores del Caribe colombiano podemos citar a Eduardo Posada Carbó, Adolfo
Meisel Roca, Jorge Conde Calderón, Adelaida Sourdís Nájera, Luis Alarcón Meneses,
Gustavo Bell Lemus, Alfonso Múnera Cavadía, Sergio Paolo Solano y Dalín Miranda
Salcedo.

Sin embargo, hay que esclarecer que antes de la consolidación del estudio de la Historia
como disciplina, ya existían investigadores de distintas áreas del conocimiento
(antropólogos, sociólogos, geógrafos, abogados, sacerdotes y licenciados) que tuvieron la

6 Ramírez Bacca, Renzo, Op. Cit, pág.152


7
Sosa, Felipe. Op. Cit. pág. 425
8
Ocampo López, Javier, Op. Cit. pág. 207
15

inquietud y en algunos casos motivaciones personales para estudiar el pasado regional y


local de esta zona del litoral norte colombiano.

Es necesario dilucidar e insistir que, a continuación, ofrecemos un balance historiográfico


regional de la provincia o gobernación de Cartagena, asimismo, realizamos un
acercamiento a la historiografía local del municipio de Sabanalarga. Debido a ello vamos a
privilegiar las investigaciones que hayan estudiado el proceso de conformación de las
estructuras espaciales y su ocupación, o dicho de otro modo, su poblamiento. Siendo un
punto muy importante en este estudio, desde nuestra subjetividad y por cuestiones
metodológicas, separamos en dos grupos historiográficos estos trabajos. Los primeros, que
abordan la problemática de manera nacional o regional y no ahondan en el actual municipio
de Sabanalarga. Los segundos, aquellos estudios nacionales, regionales y locales que sí
hayan disertado sobre distintos temas de este centro urbano, principalmente, los que han
enfatizado en su proceso de poblamiento en época colonial y durante las primeras décadas
del siglo XIX. Esto permitirá conocer desde qué punto de vista académico afrontaron los
autores sus trabajos y, por supuesto identificar debilidades y fortalezas teóricas que nos
lleven a encontrar algunos vacíos historiográficos existentes en dichas investigaciones, en
especial, las que profundizaron sobre la población sabanalarguera.

1.1 HISTORIOGRAFÍA REGIONAL

Desde el punto de vista de la investigación específica regional, se puede, en ciertos casos,


partir de una determinada circunscripción-administrativa, aunque ello debe ser
complementado y modificado con otras variables geográficas e históricas debido a que cada
región tiene sus propias características, por tanto, no la veremos como algo homogéneo ya
que la demarcación jurisdiccional no coincide necesariamente con la región histórica.
Explicada esta parte, Las Provincias fueron las primeras divisiones territoriales de la
América española que se formaron a partir del descubrimiento y población en los nuevos
territorios. La extensión aproximada de la provincia o gobernación de Cartagena era de algo
más de 65.000 Km, cifra que se obtiene si sumamos los cuatro departamentos que hoy la
16

integraran: Atlántico, creado en 1905, Bolívar, Córdoba, Sucre y parte de la región de


Urabá.

En este orden de ideas, se halla el derrotero de las investigaciones de la década del setenta,
en primer lugar, Capitalismo, hacienda y poblamiento en la Costa Atlántica, del
sociólogo Orlando Fals Borda (1976); este trabajo de carácter descriptivo, realizó una
aproximación global sobre el desarrollo de formas de producción y fuerzas productivas que
se dieron en la Costa Atlántica colombiana desde la llegada de los conquistadores españoles
hasta las primeras décadas del siglo XX. Hay que abonarle a esta investigación que estudió
en líneas generales el proceso de poblamiento en la provincia de Cartagena e intentó
vincular los procesos históricos de la propiedad con los movimientos sociales
contemporáneos.

Por su parte, el historiador Juan Friede, “La conquista del territorio y el poblamiento”,
trabajo que cuenta con varias publicaciones en la Nueva Historia de Colombia, Vol. I.
(1978, 1980, 1984, 1989, 1998 y 2001), que tengamos conocimiento. El cual estudia la
conquista territorial y poblacional que realizaron los españoles durante el siglo XVI,
específicamente, las gobernaciones de Cartagena y Santa Marta. En cuanto a la provincia
de Cartagena, profundiza en los vejámenes sufridos por la población indígena y en la
importancia estratégica que adquirió su puerto (Cartagena) para la penetración y defensa
del resto del territorio. Sin embargo, este estudio es un primer acercamiento a la dinámica
poblacional de estas dos gobernaciones debido a que no profundiza en aspectos como la
entrega de encomiendas y mercedes de tierras que son importantes para comprender y
explicar el proceso de poblamiento en este siglo.

Pero, sin ninguna duda, sólo fue a partir de la década de los ochenta con la publicación de
los cuatro volúmenes del investigador Fals Borda, Historia doble de la Costa (1980,
1981, 1982 y 1986), que la historiografía sobre el Caribe colombiano marcó un creciente
interés. En el caso de nuestra investigación sólo se analizará el primer libro, Mompox y
Loba, nuevamente editado por la Universidad Nacional de Colombia, en 2002. En este
17

volumen, el autor centra su estudio en el territorio de la provincia de Cartagena,


concretamente, la depresión momposina. Concluyó, básicamente, que en esta región del
país se dieron una serie de procesos económicos que llevaron a la consolidación del
latifundio. Aunque es oportuno señalar que este trabajo recibió varias críticas por la
metodología y utilización de las fuentes empleadas. 9

Por otro lado, se encuentra la investigación del historiador cartagenero Adolfo Meisel
Roca, “Esclavitud, mestizaje y haciendas en la provincia de Cartagena, 1533-1851”, la
cual ha tenido varias publicaciones (1980, 1988 y 1998), esta última aparece en el libro El
Caribe Colombiano. Selección de textos históricos. Respecto a la investigación, el autor
analiza algunas haciendas de los alrededores de la ciudad de Cartagena, en especial las
ubicadas en el partido de Mahates, de las que toca aspectos como la demografía, la
inversión, la productividad y su decadencia a fínales del siglo XIX.

De la misma manera, tenemos que enunciar el trabajo del geógrafo y doctor en Ciencias
Sociales José Agustín Blanco Barros, El Norte de Tierradentro y los orígenes de
Barranquilla (1987), en el que se estudia el proceso de poblamiento del área septentrional
del actual departamento del Atlántico, tomando como punto de inicio el sistema de
encomiendas de Galapa y Malambo, el surgimiento de las haciendas San Blas y San
Nicolás, la entrega de mercedes y la aparición de los distintos sitios de libres que fueron el
embrión de futuras poblaciones.

Asimismo, la obra de Hermes Tovar Pinzón, Hacienda Colonial y formación colonial


(1988), donde se estudia la situación de la gran propiedad en el siglo XVIII, es decir, la
hacienda y sus actividades de agricultura y ganadería. Argumenta que esta apareció desde
el proceso de conquista y colonización, y que en el siglo XVIII esos espacios productivos
se consolidaron. Esta situación se debió a dos hechos, el primero, la ampliación de estas
propiedades en tierras baldías, aunque en algunos casos implicó la ocupación de territorios
de resguardos indígenas. Y el segundo hecho, la aparición o surgimiento de nuevos
9
Berquist, Charles. “En nombre de la historia: Una crítica disciplinaria de la Historia Doble de la Costa de
Orlando Fals Borda, y la respuesta del sociólogo Fals Borda, “Comentarios a la mesa redonda sobre
Historia Doble de la Costa”, en Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura, N° 16-17, Bogotá,
1988-1989, págs. 205-240
18

propietarios quienes invirtieron recursos económicos en tierras. En síntesis, este trabajo


estudia la dinámica económica a partir de las haciendas del norte del Caribe neogranadino,
durante el siglo XVIII, desde una perspectiva empresarial.

De igual forma, consideraremos las investigaciones publicadas durante la década de los


noventa. Las cuales, quizás, fueron las precursoras en forjar un análisis histórico con mayor
rigurosidad metodológica y científica, mediante la utilización de diversas disciplinas de las
ciencias sociales para interpretar el hecho histórico en su integridad y superar la simple
descripción de los acontecimientos. En tal sentido, lo que pretende “la nueva historia” de
América Latina, es evitar caer en una mera sumatoria de hechos o una abstracta
formulación de generalidades, una mecánica sucesión de estructuras socio-económicas o
una simple narración de efemérides cotidianas y creencias individuales. 10

Aclarada esta parte, aquí se destaca el trabajo del historiador Germán Colmenares, “El
tránsito a sociedades campesinas de dos sociedades eslavistas en la Nueva Granada:
Cartagena y Popayán, 1750-1850” (1990), en el cual, a través del método comparativo,
establece las diferencias y algunas similitudes de los epicentros esclavitas más importantes
de finales de la época colonial en la Nueva Granada, Cartagena y Popayán. Explica que la
ciudad de Cartagena de Indias tuvo privilegios militares y comerciales, tal vez el más
importante, la trata de esclavos que ocasionó que sus haciendas esclavistas fueran de
carácter subsidiario. Además, arguye que la aparición de las haciendas que incorporaron
mano esclava en el trapiche fue mucho más temprana en el Caribe; sin embargo, las
haciendas del valle del Cauca se mostraron más aptas para subsistir a las continuas crisis
del esclavismo. El ensayo finaliza, argumentando que después de la Independencia el papel
de la ciudad de Cartagena cambió, circunstancia que se evidencia con su declive comercial
y demográfico, y el surgimiento gradual de la ciudad de Barranquilla.

También tenemos que señalar, el artículo del doctor en Historia Fabio Zambrano Pantoja
“El proceso de poblamiento (1510-1800)” (1991), que analiza el panorama general de las
distintas regiones históricas que conforman la actual Colombia. El estudio inicia con la
10
Guerra Vilaboy, Sergio. “Las grandes corrientes de la historiografía latinoamericana”, en Revista Clío.
N° 166. Órgano de la Academia Dominicana de Historia. Santo Domingo, 2003. pág. 179.
19

fundación de las primeras ciudades, sus trazados, las normas urbanísticas, la organización
territorial y administrativa, durante los siglos XVI y XVII. Finalmente, examina lo que el
autor denominó la gran expansión del siglo XVIII, o mejor dicho, el proceso de
poblamiento de las regiones en esta centuria, específicamente, las actividades realizadas por
José Fernando de Mier y Antonio de la Torre y Miranda, en la costa atlántica; Francisco
Silvestre y Mon y Velarde, en Antioquia y Cauca, y en la región central, Antonio Moreno y
Escandón. Sin embargo, no abordó la zona del pacifico ni la labor ejecutada por Francisco
Pérez de Vargas en la provincia de Cartagena.

Del mismo modo, nos referiremos al estudio que realizaron el historiador Zambrano
Pantoja, y el académico Oliver Bernard, Ciudad y territorio. Proceso de poblamiento
en Colombia (1993), trabajo que se enmarca dentro de la larga duración histórica porque
parte desde la fundación de centros urbanos (ciudades) realizados por españoles hasta la
evolución espacial y poblacional de finales del siglo XX en el territorio colombiano. No
obstante, cuando aborda la región Caribe lo hace de manera general explicando que en
época colonial este territorio se dividía en dos provincias, Cartagena y Santa Marta, en
cuyas jurisdicciones se encontraban dos tipos de asentamientos urbanos, los legales y los
espontáneos o ilegales. Además sustenta que con la llegada de la independencia se perdió la
unidad política y territorial pretendida por España, provocando la distensión de los lazos
entre el Caribe y las regiones vecinas. Cabe señalar, que posiblemente el mayor aporte de
este estudio se centró en la gran cantidad de fuentes gráficas y mapas que permiten una
interacción con la parte escrita, y por ende con los diferentes procesos regionales que se han
dado en el país.

Disímil con respecto a la anterior investigación, es el estudio de la doctora en Historia,


María Cristina Navarrete, “La provincia de Cartagena y su área de influencia en el
siglo XVII. Espacio y poblamiento” (1996), que trata de manera general el espacio
geográfico y poblacional de esa provincia, en un período y área mucho más corto.
Manifiesta que la ciudad de Cartagena se convirtió en paso obligado para la circulación de
productos manufacturados para la gobernación y el resto del territorio neogranadino,
asimismo, por su importante puerto negrero. Trasformando a esta ciudad en eje económico
20

y social para las poblaciones (villas, pueblos de indios y sitios de libres) que confluían a su
alrededor. No obstante, es un trabajo corto que más bien invita a profundizar sobre la
temática poblacional de esta parte de la región del Caribe colombiano.

A la par, reseñamos la indagación del ya mencionado, Tovar Pinzón, La estación del


miedo o desolación dispersa. El Caribe colombiano en el siglo XVI. (1997 y 2013),
ensayo que trabajó el espacio de las llanuras del Caribe colombiano, desde el Cabo de la
Vela, hasta el Urabá, durante el lapso del siglo XVI. El autor explica los diversos modelos
económicos y actividades que orientaron los europeos para obtener rentas. Del mismo
modo discurre sobre la importancia que representó el oro para la economía europea y el
sistema de organización colonial que hizo posible que dichos excedentes llegaran a los
puertos.

De otra parte, se encuentra el trabajo del doctor en Filosofía, Cristóbal Arteta Ripoll,
Poblamiento, sociedad y cultura en Tierradentro (1998), que partiendo de una
descripción geográfica aborda el estudio de la provincia de Cartagena y el partido de
Tierradentro, específicamente, las poblaciónes de Saco y Juan de Acosta. Además, debido a
su formación académica analiza desde la otredad el proceso de conquista y la religiosidad
que fue impuesta por los españoles en estos espacios territoriales.

Para cerrar esta década, hay que analizar el estudio del docente investigador de la
Universidad Atlántico, y doctor en Historia, Jorge Conde Calderón, Espacio, sociedad y
conflictos en la provincia de Cartagena, 1740-1815 (1999). Esta investigación privilegió
el tiempo de larga duración al de corta duración, pues, inicia desde la llegada de los
españoles, en el siglo XVI, hasta principios del siglo XIX. Centra su mirada en el estudio
de la provincia de Cartagena a través de tres momentos: el espacio, la organización social y
los conflictos, estrechamente correlacionados. En tal sentido, argumenta sobre la
dislocación del espacio por la ocupación española, el número de encomiendas, la aparición
de un poblamiento al margen del orden pretendido por la Corona, el reordenamiento del
territorio durante las reformas borbónicas, los inconvenientes suscitados por el crecimiento
demográfico del siglo XVII y los conflictos entre autoridades locales de Cartagena y
21

funcionarios españoles. A la vez, establece algunas diferencias entre los partidos que
conformaban la provincia de Cartagena. Es pertinente indicar que este trabajo tiene el
mérito de ser, quizás, el primer estudio acucioso que aborda la problemática poblacional en
un tiempo largo y espacio regional. Sin embargo, toca de manera ligera las visitas que
realizaron los funcionarios de la Corona española en los siglos XVI y XVII, que aunque
tuvieron como objetivo principal la protección indígena, también ejecutaron medidas que
instaron al reagrupamiento de la población, en otras palabras, la visitas están relacionadas
con el dislocamiento y organización del espacio en este territorio.

Al despuntar el siglo XXI, se destaca la investigación del antes reseñado, Zambrano


Pantoja, quien publicó el artículo “Historia del poblamiento del territorio de la Región
Caribe de Colombia” (2000), el cual aparece divulgado en el libro Poblamiento y ciudades
del Caribe colombiano. Este trabajo se enmarca dentro de la larga duración histórica,
debido a que parte del escenario geográfico y poblamiento prehispánico del Caribe
colombiano hasta el proceso de formación del poblamiento durante el siglo XX. De ahí, que
tenga en cuenta el urbanismo español y los poblamientos espontáneos que surgieron en las
provincias de Cartagena y Santa Marta, en los siglos, XVI y XVIII. Asimismo, el autor
estudia de manera sucinta la dinámica poblacional luego de la ruptura o separación
territorial con España, resaltando que uno de los grandes cambios que se evidenció fue la
abolición del sistema jerárquico de privilegios de los centros urbanos tradicionales. Por otra
parte, analiza la conformación de una red urbana desde mediados del siglo XIX y últimas
décadas del siglo XX, diseñando para su explicación una serie de cuadros. Finalmente,
aborda los procesos territoriales en el Istmo de Panamá y el Caribe insular, concretamente,
San Andrés y Providencia.

Así también, tenemos que adentrarnos en el estudio de la profesora de la Universidad de los


Andes y doctora en Geografía, Marta Herrera Ángel, Ordenar para controlar.
Ordenamiento espacial y control político en las llanuras del Caribe y en los Andes
centrales Neogranadinos, siglo XVIII (2002), quien utilizó el método comparativo,
estrategia poco empleada en este medio, para estudiar la geografía, la morfología de los
22

asentamientos, la organización espacial y política que se llevó a cabo durante el siglo XVIII
en dos regiones de la Nueva Granada, las llanuras del Caribe (provincia de Cartagena y
provincia de Santa Marta) y Andes Centrales (provincia de Santafé y jurisdicción de
Tunja). Concluyó sólidamente que en el norte neogranadino no existían asentamientos que
impulsaran las pautas europeas, por ello, desde mediados del siglo XVIII, en el Caribe se
buscó organizar e integrar a la población libre al Imperio español; por otra parte, la
existencia de un entramado de los indios permitió un mayor control de la población de los
Andes, hecho que a fínales de este mismo siglo buscó que los libres asumieran la dirección
de las poblaciones, sin que ello alterara el orden "natural" de las cosas.

De la misma manera, el trabajo del Licenciado en Ciencias Sociales y doctor en Educación,


Armando Luis Arrieta Barbosa, Los Mokaná. Impacto de la conquista temprana
sobre una cultura de transición, 1533-1610. (2003), parte de investigaciones de tipo
arqueológico, para así analizar los procesos de poblamientos que se dieron en el partido de
Cartagena antes del arribo de los españoles. Asimismo, tiene en cuenta las diversas
migraciones internas que llegaron a este espacio geográfico, para luego ahondar en los
aspectos concernientes al período anterior al sistema de encomiendas. Finalmente,
profundiza en la conquista y colonización de los grupos indígenas que habitaban esta zona
del norte de Colombia. Con base en esto, posiblemente, el autor intenta aportar y esclarecer
las raíces históricas de los pueblos de origen indígena que ocupaban el área abordada.

De otro lado, se encuentra el libro La región y sus orígenes: momentos de la historia


económica y política del Caribe colombiano (2007), que contiene dos importantes artículos,
el primero, “La conquista del Caribe colombiano o la pedagogía exploratoria para el
establecimiento de la dominación española”, del historiador José Polo Acuña, trabajo que
inicia su estudio desde los viajes del almirante Cristóbal Colón, hasta las primeras cuatro
décadas del siglo XVI. Establece que hubo tres fases de penetración del territorio. La
primera, de tipo de percepción, reconocimiento del espacio y exploración. La segunda,
donde se establecieron puntos estratégicos que sirvieron como fuertes militares y factorías
comerciales. La tercera, cuando aparece una intención de colonizar por parte de España, o
mejor dicho, fundar núcleos urbanos. En este marco, muestra los rasgos característicos de
23

los primeros contactos que se dieron entre indios y europeos, el reparto de encomiendas, la
creación o fundación de ciudades y villas, y por supuesto, el orden espacial al cual fueron
sometido los indígenas, o sea, los pueblos de indios.

El segundo artículo, en este mismo texto, el trabajo del doctor en Historia, Hugues
Sanchez Mejia, “Las ciudades, villas, sitios y el sistema político-administrativo en el
Caribe colombiano”. Este artículo realiza un breve recorrido histórico del poblamiento en
el Caribe colombiano, basándose en un cartabón que tiene como eje principal los distintos
núcleos urbanos que fundaron los españoles. Estos espacios fueron jerarquizados de
acuerdo a su importancia en: ciudades, villas, parroquias y pueblos de indios. Sin embargo,
según el autor, a mediados del siglo XVIII aparecieron “arrochelados” que se encontraban
en los montes escondidos; debido a tal situación España realiza campañas de poblamiento
para agrupar y reorganizar el espacio de las provincias de Cartagena y Santa Marta.
Durante la siguiente centuria las ciudades perdieron sus privilegios, hecho que se acentuó
por los conflictos políticos internos que se vivía durante las primeras décadas de la
construcción de República de Colombia. Finalmente, expone como el fracaso del modelo
federalista a finales del siglo XIX conllevó a volver al sistema político y administrativo de
gobernaciones, municipios y corregimientos. Cambio que significó la subdivisión de las
gobernaciones del Caribe colombiano en departamentos: Atlántico, Cesar, Córdoba,
Guajira, Magdalena y Sucre, división territorial que aún permanece hasta el presente.

Por otra parte, se encuentra la obra Cartagena de Indias en el siglo XVI (2009), donde
aparece publicado el trabajo titulado “El poblamiento en el siglo XVI: contraste entre el
Caribe y el interior Andino” de la investigadora Marta Herrera Ángel, quien en este
estudio centra su mirada en un documento, la Visita de 1560; el objetivo es comparar la
dinámica poblacional con sus respectivas jurisdicciones. Expresa que la información
cuantitativa y cualitativa debe ser considerada con su debida reserva, sin desconocer su
importancia ya que es uno de los primeros escritos que ofrece una panorámica del territorio
de la Nueva Granada. En todo caso, la autora establece una serie de elementos, entre estos,
el informe referido al Caribe neogranadino, es de carácter parcial, pues, sólo abarcó unas
áreas del territorio, la distribución poblacional no era homogénea, la diferencia en el mayor
24

número de indígenas existentes en la provincia de Santa Marta con respecto a la provincia


de Cartagena. Asimismo, considera que los espacios más densamente poblados se
encontraban en las ciudades de la jurisdicción del Nuevo Reino y la provincia de Popayán;
esto explica, en parte, por qué de la centralidad política.

De otro lado, se encuentra el artículo realizado por el ya referenciado José Polo Acuña y la
doctora en Ciencias Sociales Ruth Gutiérrez Meza, “Territorios, gentes y culturas libres
en el caribe continental neo-granadino 1700-1850: una síntesis” (2011), el cual aparece
publicado en el texto Historia Social del Caribe colombiano. Territorios, indígenas,
trabajadores, cultura, memoria e historia. Este estudio muestra una visión global de los
acontecimientos y representaciones que se entrelazaron en el territorio del Caribe neo-
granadino, particularmente, las gentes, territorios y culturas libres que estuvieron por fuera
del control de las autoridades en época colonial y republicana. Con base en esto, parte de
las reformas borbónicas ejecutadas en el siglo XVIII, diseñaron planes para la defensa del
territorio y control de la población que se encontraba viviendo con mucha autonomía; esta
intervención se ejecutó en las distintas provincias o gobernaciones del territorio. Espacios
donde confluían prácticas paganas, cristianas y gentes libres que no se ajustaban a la
organización social y requisitos del Estado. Entrado el siglo XIX y finalizada la pugna
militar, la república se interesó por controlar e incorporar a la población, sobre todo,
conquistar a los grupos indígenas del Caribe colombiano, Wayuu, quienes ocupan la parte
de la península de la Guajira, y a los Chimila, ubicados en el área oriental del río
Magdalena. Aunque es conveniente apuntar que este trabajo no abordó el reformismo
borbónico antes de Carlos III (1740-1758), y no profundizó en la sujeción de los grupos
humanos distintos a los indígenas en época republicana.

Para finalizar este primer grupo, hay que abordar la ponencia presentada en el XII Simposio
de la Asociación Iberoamericana de Filosofía Política Iberoamérica: la ciudad y el poder,
titulada, “Poblamiento, jurisdicción y estatus en la experiencia urbana neogranadina”
(2011), del autor Armando Martínez Garnica, en la que manifiesta que el fenómeno
urbano que se dio en la Nueva Granada no es un simple hecho arquitectónico sino un
ordenamiento político fundado bajo un sistema jerarquizado. Pero que durante el curso de
25

Independencia se originó un impulso político igualitario que abolió la segregación


estatutaria del sistema indiano, el cual tuvo marchas y contramarchas que fueron
determinadas por el proceso de integración social del cuerpo de ciudadanos.

1.2 HISTORIOGRAFÍA LOCAL

Antes de profundizar en el segundo grupo correspondiente al ámbito local consideramos


que debemos destacar las palabras del historiador mexicano Luis González y González,
acerca de la microhistoria local:
“Indaga los avatares de un terruño desde su fundación hasta el presente. Pregunta
por los sucesivos actores y acciones de la minicomunidad. Toma muy en serio la
geografía, los modos de producción y los frutos del municipio. Le da mucha
importancia a los lazos de parentesco y demás aspectos de la organización social.
Destaca los valores culturales de los distintos tiempos. Se asoma a la vida del
pequeño mundo a través de multitud de reliquias y testimonios”.11

Aunque unos años más tarde (1985), señaló que durante algún tiempo no tuvo clara la
diferencia entre terruño y región. Finalmente, manifestó que son disimiles, la primera era la
comunidad donde predominaban los lazos de sangre y el conocimiento mutuo entre las
personas; en tanto, la región era una comunidad mediana donde son peculiarmente
importantes los lazos económicos. 12 En otras palabras, la historia local nos permite estudiar
los rasgos propios que dan identidad a un pueblo o población, es decir, sus disposiciones
históricas en sus estructuras políticas, educativas, sociales, económicas, religiosas,
ideológicas, que han sentado las bases para un mundo socio-cultural regional, en sus
relaciones con América Latina y el Mundo. Por consiguiente, no es sorprendente, entonces,
que en Colombia se hable de identidad antioqueña, costeña, nariñense, tolimense, cundi-
boyacense, santandereana, entre otras. 13

11
Ocampo López, Javier, Op. Cit. págs. 205-206
12
Arias, Patricia. “Luis González. Microhistoria e historia regional”, en Destacados. N° 21, 2006, pág. 184
13
Ocampo López, Javier. Op. Cit. pág. 222
26

Teniendo en cuenta lo expuesto hasta este momento, enunciamos, posiblemente, la primera


indagación donde se describe el proceso de poblamiento en la provincia o gobernación de
Cartagena. Este trabajo lo realizó el político, militar y estadista Juan José Nieto,
“Geografía histórica, estadística y local de la Provincia de Cartagena república de la
Nueva Granada, descrita por cantones” (1839 y 1993). El texto es útil porque suministra
algunos datos geográficos y económicos que, quizás, en su mayoría son precisos. En tal
sentido, describe los cuatro cantones que conformaban, en primera instancia, a Barlovento,
nombre que se le dio al departamento del Atlántico a principios del siglo XIX; tiempo
después, este espacio territorial fue denominado Estado Federal de Barlovento, y a fínales
de esa misma centuria, en diciembre de 1840, se trasformó en Provincia Independiente de
Cibeles. Sin embargo, cuando aborda el tema referido a Sabanalarga realiza un discurso
heroico que busca resaltar algunos hechos y no su explicación. Manifiesta que sus
principales fundadores fueron siete campesinos, Dionisio, Lucas Tesillo, Joaquín Figueroa,
Placido Ortega, Diego Almanza, Carlos Orozco y Marcelo de Jesús. Agrega, que esta
población fue erigida en villa, el 8 de octubre de 1833, y que se caracterizó por el gran
sentido patriótico de sus habitantes, pues, el ejército republicano estuvo allí durante el
proceso de Independencia y fue recibido con mucha hospitalidad. Asimismo, destaca que
muchos de sus jóvenes habitantes concurrieron a la escuela en contrastes con las otras
parroquias.

La siguiente investigación fue realizada por Jorge N. Abelló, quien para el momento de
esta publicación era Miembro del Centro de Historia del Atlántico. Su obra, El
departamento del Atlántico (1915), reseña los distintos aspectos que formaban el recién
creado departamento, o sea, sus límites, extensión, las diversas vías de comunicación,
industria, población, bancos, fiestas populares, colegios, personajes destacados y
representación política nacional. De la población de Sabanalarga argumentó que tiene
valiosas tierras para la actividad de la ganadería debido a sus excelentes pastos y extensos
cañaverales. De igual forma, expresa que este núcleo urbano contaba con un puerto fluvial
en el río Magdalena en el área de Puerto Giraldo y vías de comunicación terrestre que la
conectan con Barranquilla y vías fluviales que la comunican con Cartagena. Por último,
27

indica que esta población tiene una industria pecuaria y agrícola que produce yuca, maíz,
millo, caña de azúcar para su abastecimiento, y algodón en cantidades apreciables. No
obstante, este trabajo buscaba dos fines, el primero, que fuera aprovechado como texto
pedagógico y por tanto que se distribuyera en las escuelas, y el segundo, que impulsara una
identidad cultural en los pobladores del recién creado departamento del Atlántico. 14

Por otra parte, está la monografía del contador, profesor y rector de secundaria Arístides
Manotas, Memorias sobre el pasado de Sabanalarga (1954), de carácter descriptivo;
asegura que nada se sabe de la fundación de esta población, pero que sus primeros
pobladores (menciona los mismos nombres que Nieto), se asentaron en la “Cruz Grande”,
lugar cerca de la ciudad de Cartagena, área donde hubo dos encomiendas, San Jacinto y
Maná. En relación con el siglo XIX, señala que esta población se levantó a favor del
legítimo gobierno del general Joaquín Mosquera, quien fue derrocado por Rafael Urdaneta;
que pocos años después se le dio la categoría de villa. De igual forma, ofrece información
de las personas que se asentaron o visitaron esta población entre el siglo XIX y primeros
años del siglo XX. Además, menciona que en 1885 el gobierno nacional estableció el
monopolio del tabaco y aguardiente, lo que trajo como consecuencia que sus habitantes se
“cruzaran de brazos”. Finalmente, establece su ubicación geográfica, indica cuales han sido
los sucesos trágicos de esta población, detalla cuáles son sus fiestas populares: Semana
Santa, Navidad, Nuestra Señora de las Mercedes, Carnavales, y expone los nombres de los
sacerdotes que han estado vinculados con esta feligresía. No obstante, hay que remarcar
que este trabajo monográfico no evidencia de dónde obtuvo esta información, es ante todo
una narración de hechos; el autor pareciera estar preocupado por levantar o crear glorias del
pasado e incluso exaltar las elites locales, que analizar procesos históricos.

14
El 19 junio de 1910 se consolidó la iniciativa de varios personajes importantes de la ciudad de
Barranquilla de establecer un Centro de Historia. Dentro de estos intelectuales cabe destacar al docente
Jorge N. Abelló, quién en un comunicado dirigido a la Academia Nacional de Historia, sede Bogotá, del
año anterior, expresó dicho anhelo. La Academia, que había sido creada en 1902, comisionó a dos de
sus miembros: Tulio Samper y Andrés M. Benito Revollo para estudiar dicha propuesta. Finalmente, de
manera formal, el Centro de Historia del Atlántico, se creó en diciembre de 1909, siendo elegido como
presidente Guillermo Donado Puente. Véase, Revista Barranquilla Grafica. Nº 194 de abril de 1979. pág.
SN
28

De igual forma, hay que tener en cuenta la publicación del académico y antropólogo
Aquiles Escalante. La obra que nos ocupa tiene por título Geografía del Atlántico (1961),
la cual aborda la parte poblacional indígena y el espacio geográfico de esta zona del norte
de Colombia. Estudio descriptivo que tiene en cuenta ciertas características etnográficas de
las comunidades indígenas, especialmente, los mocaná, con sus actividades de subsistencia,
vivienda, actividades recreativas, adornos, organización social y religiosidad de las mismas.
Del mismo modo, describe la fauna, flora, agricultura, industria, bancos y minería del
departamento del Atlántico. Las únicas partes que hacen referencia a Sabanalarga, son las
páginas 223-224; en las que argumenta que no se sabe nada en concreto de su fundación y
que muchos de sus habitantes llegaron a dichas tierras atraídos por su gran fertilidad.
Asimismo, hace una mención de la participación de esta población en el proceso de
independencia.

Ahora bien, la investigación más importante que hasta este momento haya abordado la
problemática poblacional de Sabanalarga, la desarrolló el ya antes citado Blanco Barros,
en su texto, “Sabanalarga: sus orígenes y su fundación definitiva” (1977), nuevamente
publicada en el libro José Agustín Blanco: Obras Completas, Tomo II, (2014). Este trabajo
estudia el proceso de poblamiento en la época colonial del actual municipio de Sabanalarga
y su fundación como parroquia, el 26 de enero de 1744. Sin embargo, influenciado todavía
por la historiografía positivista tradicional, magnifica la labor realizada por el funcionario
Francisco Pérez de Vargas, destacándolo como un “héroe” al cual se le debe dicha
“fundación”; dejando de lado todo un contexto y un nuevo proceso poblacional llevado a
cabo por los reyes de España, en el siglo XVIII, el cual permitió reorganizar las provincias
o gobernaciones de Cartagena y Santa Marta, e integrar los grupos dispersos bajo los
dogmas eclesiásticos y bajo la administración española. Es importante subrayar, que esta
investigación tiene el valor académico de haber encontrado y trascrito los documentos que
hacen referencia al proceso de poblamiento llevado a cabo durante el reformismo
borbónico; los cuales en la actualidad pueden ser consultados a través de la plataforma
29

virtual del Archivo General de la Nación. 15

Del mismo modo, la obra del intelectual francés Jacques Aprile-Gniset, La ciudad
colombiana. Prehispánica, de conquista e Indiana (1991), se ocupa de la formación
espacial de los núcleos urbanos, analiza la organización urbanística prehispánica, aborda las
poblaciones indígenas de Buritaca y las aldeas de Tambo y Chori, en los actuales
departamentos de Antioquia y Chocó, respectivamente. Para luego ahondar en el modelo
espacial impuesto por España entre los siglos XV y XVIII, profundizando en la ciudad de
Cali. Además, estudia sutilmente algunas villas, parroquias, sitios y lugares del período en
cuestión. Respecto a Sabanalarga, las únicas páginas donde se hace referencia a esta
población son las 464-465. El autor interpreta la labor realizada por Francisco Pérez de
Vargas como un “feroz expulsor y enemigo del campesino”, afirmación, anacrónica y
atiborrada de prejuicio.

Asimismo, tenemos que adentrarnos en la indagación realizada por el médico y docente


universitario Juan Pablo Llinás Cuentas. Sabanalarga, Atlántico, 1810-2010 (2011). Este
libro se diferencia de las investigaciones previamente analizadas porque no se interesa de
manera profunda en los comienzos poblacionales y coloniales de este espacio urbano. Por
el contrario, intenta analizar los distintos procesos históricos durante el período
republicano. No obstante, el autor utiliza algunas fuentes que no tienen gran rigurosidad
académica como la investigación de Manotas, expone algunos datos equivocados con lo
cual descontextualiza algunos hechos, tiene muy poco en cuenta las últimas
investigaciones, aborda demasiados temas, no maneja una hipótesis clara y precisa, y
esgrime un discurso que se ajusta a lo anecdótico, filosófico e histórico.

Por último, la investigación del licenciado en Ciencias Sociales, magister en Historia y


actual estudiante de doctorado en Ciencias Humanas, Jaime Colpas Gutiérrez,

15
La primera divulgación de este trabajo despertó el interés local de la elite letrada, hecho que se evidencia
con la aparición de un trabajo mimeografiado y dos pequeñas revistas denominadas Boletín de Historia, textos
muy cortos, pero que muestran un esfuerzo por conseguir temas concernientes a Sabanalarga. El primero,
muestra un manifiesto interés en las dos primeras décadas del siglo XIX, específicamente, el proceso de
Independencia. El segundo, es una publicación donde aparece el Censo de la Feligresía de San Antonio de
Sabanalarga de 1777.
30

Antecedentes históricos del departamento del Atlántico, 1533-1905 (2013). Este trabajo
tiene en cuenta dos aspectos principalmente para realizar el análisis investigativo: lo
histórico y geográfico. Aborda de manera sucinta el paisaje, el poblamiento indígena, el
proceso de conquista y poblamiento del partido de Tierradentro, hace énfasis en las
provincias de Barranquilla y Sabanalarga durante el siglo XIX. Sin embargo, al tener en
cuenta varias poblaciones lo hace de manera general, por tanto, no logra contextualizar ni
profundizar en los diversos procesos que dieron origen a los futuros municipios del
departamento del Atlántico. Asimismo, el breve enfoque dado a las provincias no permite
ahondar en los conflictos suscitados por la autonomía regional y las guerras civiles que
afectaron el desarrollo comercial y ganadero. La parte que hace referencia a los inicios o
comienzos de Sabanalarga, está en la página 51, donde manifiesta que esta feligresía en
1742, se componía de 300 vecinos dispersos y que su fundación fue realizada por Pérez de
Vargas, el 26 de enero de 1744. Por último, en las páginas 142-143, señala la misma
argumentación del político, militar y estadista Juan José Nieto, indicando que fueron siete
campesinos los que fundaron esta población, la cual posteriormente fue erigida en villa,
cabecera del cuarto cantón de la provincia de Cartagena, el 8 de octubre de 1833, por los
servicios prestados durante el proceso de Independencia.
31

Capítulo II

SABANALARGA: ESPACIO E IDENTIDAD


CULTURAL
2. INVASIÓN Y ENCUENTRO DE DOS MUNDOS EN LA CUENCA
DEL CARIBE.

A finales del siglo XV, el continente europeo se encontraba inmerso en un proceso cuyos
elementos se entrelazaron para hacer posible la expansión del Viejo Mundo hacia territorios
ignorados y dominio de nuevas poblaciones. El descubrimiento de América fue hecho a
nombre de la Corona española, y aunque al frente de la primera expedición iba un marino
italiano, no es posible captar los motivos del descubrimiento ni los diversos factores que
contribuyeron a hacer realizables los largos viajes de los descubridores y dotar de energías
y recursos a quienes se encargarían de rendir y dominar a los pueblos nativos de las zonas
recién encontradas, sin atender sucintamente al conjunto de la situación europea en este
siglo. 16

Dos rutas comunicaban a Europa con los centros productores de especies en Oriente. Los
venecianos controlaban la ruta del norte, que transitaba por Constantinopla y el Estrecho
del Bósforo, mientras los genoveses dominaban la del sur, que pasaba por Suez. Por casi
dos centurias este comercio se mantuvo estable, pero su continuidad se vio interrumpida
cuando en 1453 los turcos tomaron Constantinopla y rompieron el monopolio veneciano.
Las enormes cargas económicas exigidas por los turcos encarecieron los productos
orientales, sal y especies, tan necesarias para la conservación de las carnes, forzando a la
búsqueda nuevas rutas. Asimismo, el oro era importante y necesario para Europa ya que no

16
Melo, Jorge Orlando. Historia de Colombia. El establecimiento de la dominación española. Editorial
Presidencia de la República, Bogotá, 1996, pág. 3
32

podía producirlo en cantidades suficientes pues para ese entonces las minas de este
continente estaban casi agotadas.17

Igualmente, desde mediados del siglo XV y durante el siguiente siglo, se inició una fase de
crecimiento demográfico y productivo la cual fue el resultado, en parte, de un movimiento
natural, facilitado por la recuperación de la agricultura. Hubo a su vez un significativo
progreso en la navegación marítima y construcción naval. Como consecuencia de estos
avances y diversificación comenzó un desarrollo en el comercio impulsado en primera
instancia por portugueses en las costas de África y españoles en América. Tal desarrollo
demográfico, en una sociedad jerarquizada, donde la nobleza monopolizaba las mejores
tierras, condujo al deterioro de las condiciones de los vasallos. La mano de obra se abarató,
mientras aumentó las rentas en manos de los propietarios. Fue esta concentración de la
riqueza en una minoría lo que permitió el desarrollo del comercio. Los sectores poderosos
crearon una demanda de artículos, lanas, vinos, sedas, pieles y otra serie de objetos que
favorecieron el incremento de las manufacturas, el adelanto de una agricultura
especializada y el aumento del mercado internacional. 18

Luego de esta mirada general de Europa, es adecuado acercarnos a la situación de España,


sobre todo, a la unión de sus reinos más importantes, Castilla y Aragón. Ambos habían
incorporado varios reinos y dominios más pequeños en su proceso de expansión. Esta unión
se debió al matrimonio de los dos herederos, Isabel y Fernando, en 1469, la cual fue más la
consecuencia de consideraciones dinásticas que el resultado de confusas y tal vez
inexistentes aspiraciones nacionales. En la práctica, teóricamente de iguales, conllevó a la
subordinación de Aragón, el reino más avanzado y moderno, pero más débil demográfica y
militarmente, es decir, a Castilla y a sus intereses. 19

De manera que, el arribo de los españoles, y específicamente de la Corona de Castilla, al


continente americano ha sido motivo de múltiples investigaciones a lo largo de nuestra

17
Moya Pons, Frank. Historia del Caribe: azúcar y plantaciones en el mundo Atlántico. Editorial Crítica,
Barcelona, 2008, pág. 21
18
Solórzano Fonseca, Juan Carlos y Quirós Vargas, Claudia. Costa Rica en el siglo XVI: descubrimiento,
exploración y conquista. Editorial UCR, San José, Costa Rica, 2006, pág. 6
19
Melo, Jorge Orlando. Op. Cit. pág. 14
33

historia. Sin embargo, hay que tener claro que fue un enfrentamiento de carácter cultural y
por ende un choque de los imaginarios colectivos, generando así una resistencia de las
comunidades originarias de este territorio

“ …y la estigmatización de los europeos que deducían que estos grupos devoraban


a sus compañeros y es justamente allí donde se inicia la palabra Caribata, con la
cual Cristóbal Colón, designa una parte de la isla la Española, espacio donde se
ubicaban algunos grupos indígenas, posteriormente la palabra derivó en Caníbal,
que significa aquellos que comen personas y luego Caribe”.20

Si analizamos este párrafo a través del iris de un encuentro entre dos culturas, podemos
deducir que el choque no radicó en las cuestiones de explotación y poder, sino en una
incapacidad de comprensión entre ambas culturas.

No obstante, después de buscar con poco éxito especies en la geografía de las islas
antillanas, consideradas por Colón como el extremo oriental del continente asiático, halló
oro, metal que según sus expectativas convertiría a la isla en un enclave europeo. Es decir,
La Española sería un centro de actividades de factoría comercial, cuya estructura debía ser
copiada de las factorías portuguesas del litoral africano, que el genovés conocía bien. Se
trataba de una empresa básicamente mercantil en la cual un puerto, una lonja y un par de
edificaciones suponían toda la infraestructura necesaria para impulsar la comercialización
de aquellos productos con precios elevados que hicieran posible sufragar los altos costos
comerciales. 21

Este sueño pronto se rompió, la cantidad de oro recibido resultó ser muy desalentadora, y
Colón, ávido de mostrar resultados a sus soberanos, trató de suplir la deficiencia con otra
mercancía, al embarcar indios caribeños con destino a España para venderlos como
esclavos. De acuerdo con las previsiones del derecho romano los << barbaros >> podían
ser legítimamente esclavizados, y << barbaros >> llegó a considerarse por el cristianismo

20
Bell Lemus, Gustavo. "¿Costa atlántica? No: Costa Caribe”, en El Caribe en la nación colombiana. X
Cátedra Anual de Historia Ernesto Restrepo Tirado. Museo Nacional de Colombia, Bogotá, 2006, pág. 125
21
Pérez Herrero, Pedro. América Latina y el colonialismo europeo. Siglo XVI-XVII. Editorial Sintesis,
Madrid, 2004, pág. 30
34

medieval como el equivalente a << infiel >>. El infiel era un hombre que había rechazado
la verdadera fe, pero estos nuevos grupos habían vivido, aunque inexplicablemente, en una
total ignorancia de ella. 22

De allí que el canibalismo sería uno de los tantos pretextos para justificar las diversas
expediciones como “guerras justas” ya que estos pueblos descubiertos había que
civilizarlos. En este escenario Colón se encontró con pobladores nativos que se auto
denominaban Taínos (gente pacífica o amistosa), los cuales se dedicaban a la caza, pesca y
agricultura de algunos cultivos como yuca, plátano, maíz, tabaco, maní, ají, batata y piña. 23

No es sorprendente, entonces, las prácticas antropófagas hayan sido exageradas por los
cronistas españoles quienes se afanaban en rechazar y censurar las características culturales
y sociales de estas comunidades. Merece especial atención, que la práctica del canibalismo
entre los indios caribes contribuyó al estereotipo de los europeos, no obstante, en más de
una ocasión y bajo la presión de las circunstancias y del hambre, los españoles fueron
tentados a realizar esta práctica que la consideraban monstruosa. 24

Es difícil evocar la mirada de los vencidos, de esos tainos que poblaban las islas, primera
humanidad americana que recibió el choque con occidente. No los imaginemos
unánimemente pasivos, fascinados con los objetos provenientes de Europa, víctimas
embrutecidas de la rapacidad y de los perros de los conquistadores, sino indígenas que
sabían revertir la relación de la fuerza cuando encontraban los medios para hacerlo,
defender sus tierras, liquidar a sus agresores, acosar al invasor y rechazar la religión. 25
Dicho de otro modo, no los interpretemos inocentes o ingenuos como en su momento lo
hizo desde La Española Bartolomé de las Casas, sino como seres humanos:

22
Elliott, John H. “La conquista española y las colonias de América”, en Leslie Bethell (Compilador):
Historia de América Latina. (16 Vol.). Editorial Crítica, Barcelona, 1990, Vol. 1, pág. 136 (Citado en adelante
como La conquista española y las colonias de América, y la página)
23
Moya Pons, Frank. Op .Cit. pág. 22
24
Bernad, Carmen y Gruzinski, Serge. Historia del Nuevo Mundo. Del descubrimiento a la conquista. La
experiencia europea.1492-1550. (traducción), María Antonia Neira. Fondo de Cultura Económica, México,
1996, pág. 224
25
Ibíd.
35

“…. entre todas las razas, crio Dios los más simples, sin maldades ni dobleces,
obedientísimas, fidelísimas a sus señores naturales y a los cristianos a quien sirven;
más humildes, más pacientes, más pacíficas y quietas, sin rencillas ni bollicios, no
rijosos, no querulosos, sin rancores, sin odios, sin desear venganzas, que hay en el
mundo”.26

Cabe señalar, sin embargo, que el primer contacto con los aborígenes consistió en un
intercambio de productos voluntarios entre estas dos culturas. Los españoles cambiaban
peines, espejos, collares, baratijas por alimentos, piedras preciosas y oro. A este
intercambio se le dio el nombre de Rescate,27 constituyéndose en una forma de ingresos
económicos para las inversiones privadas y la Corona española como para los
conquistadores, no obstante, no se sentían satisfechos con lo conseguido y empezaron a
cambiar su estrategia. 28

Surgió así La cabalgata, estrategia violenta empleada por las huestes que se basó en asolar
a la tierra y comunidades indígenas mediante expediciones militares para apropiarse del
oro y recursos de los aborígenes. Cuando estas dos estrategias no dieron los frutos
esperados en oro y recursos, se cambió de mudos operandi, porque se tenía que cumplir con
las obligaciones y expectativas creadas por las empresas conquistadoras y colonizadoras;
entonces, se intentó beneficiarse de la abundante mano de obra existente en la Antillas.
Estrategia que buscó solucionar el problema de mano de obra, de ahí el impulsó de la
institución del repartimiento. El indio, por su parte, no se sentía propenso a trabajar
voluntariamente en las empresas creadas por los colonizadores, pero tampoco podían ser
convertidos en esclavos, pues suponía una violación de los requerimientos de las bulas
alejandrinas. Este inconveniente es superado con el reparto de indios entre los

26
De las Casas, Bartolomé. Brevísima relación de la destrucción de las indias. Editorial Universidad
Antioquia. Medellín, Colombia. 2011. pág.13
27
Rescate, son formas sutiles de intercambio comercial entre españoles e indígenas, en donde los españoles
engañaban a los indios, para obtener sus metales preciosos. Enciclopedia SALVAT. Editores SALVAT,
Barcelona, 1984, Tomo II. pág. 2854
28
Polo Acuña, José. “La Conquista del Caribe colombiano o la pedagogía exploratoria para el
establecimiento de la dominación española”, en Gustavo Bell Lemus (Compilador): La Región y sus
Orígenes. Momentos de la historia económica y política del Caribe colombiano. Editorial Nomos,
Corporación Parque Cultura del Caribe, Barranquilla, 2007, págs. 21-24.
36

conquistadores, quienes les pagaban un salario. Este sistema no suponía la concesión del
territorio que ocupaban los nativos, sino que era una forma de legalizar la compulsión al
29
trabajo.

Como es sabido los inicios de estos primeros repartimientos debemos situarlos en 1496,
cuando el almirante Colón procedió por primera vez a repartir mano de obra indígena entre
los españoles que lo acompañaban. El segundo reparto lo realizó tres años después, o sea,
en 1499, “a cada uno tierras a discreción con mil matas de yuca, y como se obligase a los
caciques vecinos hacer cultivar aquellos terrenos por sus súbditos, de ahí tomaron principio
esas reparticiones de indios”. Realmente se desconoce la mayoría de los detalles de estos
repartimientos, porque no existe constancia que permita determinar los números de
aborígenes entregados, ni los españoles que los recibieron, ni por cuanto tiempo fueron
dados. Lo que si podemos divisar es que en eso dos primeros repartimientos no debieron
ser demasiado nativos ya que, por un lado, afectó a un grupo reducido de ellos, y, por el
otro, aún no se había descubierto los principales yacimientos auríferos. 30

Esto sería el preámbulo de las encomiendas que se formalizaron el 20 de diciembre de


1503, este sistema de control, a diferencia de los repartimientos, utilizaba la fuerza laboral
indígena para beneficio de la Metrópoli, es decir, los indios ahora serán vasallos de la
Corona, además del obligatorio adoctrinamiento de los aborígenes por parte de los
encomenderos. Aunque este sistema fue evolucionando lentamente por la disminución de la
población nativa y la presión moral ejercita por algunos religiosos. Hecho que hizo que,
entre 1512 y 1513, los Habsburgo estipularan de manera precisa las obligaciones de los
indígenas de trabajar durante nueve meses en el año en servicio de los encomenderos y
ceder a estos la mayor parte de sus tierras, reservando para su propio cultivo media fanega
por cabeza. 31

29
Pérez Herrero, Pedro. Op. Cit. pág. 33. Como era de prever el sistema de pagos no dieron los resultados
esperados, pues era un sistema europeo extraño para los indígenas.
30
Mira Caballos, Esteban. “Los orígenes de los repartimientos y las encomiendas indianas: Algunas
reflexiones”, en Esteban Mira Caballos (Compilador): Las Antillas Mayores, 1492-1550. Vervuert-
Iberoamericana, Frankfurt-Madrid, 2000, págs. 18-20
31
Polo Acuña, José. Op. Cit. pág. 33
37

Las encomiendas eran de dos tipos: una dependía directamente de la Corona, la cual se
caracterizaba porque estaba encomendada a través de los oficiales reales quienes mantenían
las premisas señaladas y no tenían tiempo de caducidad; la otra por el contrario, tenían un
tiempo límite máximo de “tres vidas” y dependían del encomendero. 32 De todas maneras
algunas familias lograban mantener las encomiendas por cuatro generaciones ya que se les
prolongaba por una o dos generaciones más, hasta que esta institución entró en decadencia
hacia mediados del siglo XVII.

Es pertinente explicar que la encomienda y la propiedad territorial en América son procesos


diferentes, pues la merced de tierra estuvo a cargo de los Cabildos, institución que nunca
tuvo la facultad de encomendar ni siquiera en aquellas oportunidades en que, por la falta del
gobernador, estuviesen al frente del gobierno. Además, la merced de tierra implicaba
trasferencia del derecho de propiedad del terreno, mientras que la encomienda no implicó
en si la trasferencia del dominio del terreno, sino su encargo, junto con los indígenas, para
su explotación económica como fuente de tributo. Siempre dependía de los gobernadores y
virreyes, los derechos fueron temporales y aunque los títulos de encomienda manifiestan
que se dan los indios con todas sus tierras y aguas, se sobreentiende que no implicó derecho
33
de propiedad debido a su caducidad.

A pesar de tales trabas, los más perspicaces aprovecharon su influencia social, su posición
privilegiada y los ingresos proporcionados por las encomiendas para adquirir grandes
extensiones de tierras que utilizarían para la cría de ganado y cultivos para el
abastecimiento propio y núcleos urbanos cercanos. De acuerdo con el uso metropolitano,
sin embargo, siguieron existiendo limitaciones estrictas sobre la propiedad del suelo en
territorios americanos españoles. La pertenencia de tierras estuvo condicionada a su
ocupación y uso, si bien el subsuelo continuaba siendo posesión innegable de la Corona
según las leyes castellanas; los dueños podían poner mojones para delimitar sus

32
Borrego Plá, María del Carmen. Cartagena de indias: La andadura de una vida bajo la colonia. El Áncora
Editores, Bogotá, 2010, pág. 47 (Citado en adelante como La andadura de una vida bajo la colonia, y la
página)
33
Arcila Farias, Eduardo. El régimen de encomiendas en Venezuela. Escuela de Estudios Hispano-
americanos, Sevilla, 1957, pág. 164
38

propiedades pero no cercarlas, los bosques y las aguas continuaron siendo bienes
comunales. Esto no significó que los encomenderos y otros colonizadores acaudalados
pudieran adquirir bienes susceptibles de ser heredados; esto dio como resultado el
nacimiento de lo que iba a ser el modelo de una sociedad colonial construida sobre los
fundamentos de la ciudad, estancias y haciendas rurales que variaban considerablemente en
tamaño y función según las circunstancias locales. 34

Para ser encomendero se debía cumplir con algunos requisitos mínimos. Aparentemente
dos, uno, jurar fidelidad al Rey y acudir con las armas cuando fuese necesario, y dos, velar
por la educación y protección de sus encomendados. Ciertamente en las Antillas no se ha
encontrado ningún caso de ritual de pleitesía, aunque es probable que al momento de la
entrega de la Real Cedula de encomienda se produjese algún acto en este sentido. 35

Fue el designado gobernador Nicolás de Ovando, quien remplazó al genovés Colón, el que
desarrolló este sistema antes realizado en España, cuando se desempeñó como comendador
de la orden de Alcántara. Este sistema de encomiendas ibérica consistía en distribuir
pueblos y tierras de los moros a los conquistadores cristianos, en tanto la encomienda en las
Antillas obligaba a los nativos a trabajar en los campos, minas y casas. 36 Por tanto, la
característica fundamental de la encomienda en las islas antillanas estuvo exclusivamente
en la prestación personal del indio a favor del español. La Corona en vez de sostener a sus
funcionarios con sueldos, lo hizo dándoles indios en encomienda, práctica que se mantuvo
algún tiempo para favorecer a algunos funcionarios importantes. 37

Además, el gobernador Ovando llevaba instrucciones de fundar nuevas poblaciones


teniendo en cuenta las condiciones naturales y la distribución de la población. También se
le ordenó que en adelante los cristianos fueran concentrados en núcleos urbanos, pauta que
marcaría el precedente de la segregación de las «villas» españolas respecto de los

34
Elliott, John H.. Imperios del mundo Atlántico. España y Gran Bretaña en América. (traducción) Martha
Ballcells. Tauros, Madrid, 2006, pág. 79
35
Mira Caballos, Esteban. Op. Cit. págs. 18-20
36
Bernad, Carmen y Gruzinski, Serge. Op. Cit. pág. 223
37
Ramos Pérez, Demetrio. Historia de la colonización española en América. Ediciones Pegaso, Madrid,
España, 1947, pág. 299
39

«pueblos» indígenas. Ovando llegó en abril de 1502 junto con 2.500 europeos. Poco tiempo
después un huracán destruyó su capital, la reconstruyó en la orilla derecha del río Ozama
para mejorar las comunicaciones con el interior. El plano de la nueva ciudad fue el primer
ejemplo de un trazado geométrico en América. Sin más tardanza, el gobernador ideó los
patrones para una red de «villas» en La Española, quince de las cuales recibieron los
blasones reales en 1508. Algunas se situaron en el oeste y sureste para controlar el trabajo
de los indígenas; otras fueron emplazadas cerca de los depósitos auríferos o en zonas
adecuadas al desarrollo de la ganadería y la agricultura. Al finalizar de su mandato, Ovando
gobernaba a una población europea de entre 8.000 y 10.000 habitantes. Había apuntalado
las bases para el desarrollo de una economía regional integrada y promovido la isla como
plataforma para la exploración del Caribe. 38

Puede afirmarse que hacia 1520 a 1540 las ciudades antillanas se habían estabilizado y
consolidado en La Española, capital establecida en Santo Domingo, Verapaz al oeste, y
Azúa al sur. Otros asentamientos eran Puerto Plata, al norte, ciudad que se convirtió en el
puerto de entrada de miles de lucayos que trajeron de manera forzada; Villanueva de
Yaquimo, dedicada al corte de palos de tinte; Concepción de la Vega, Santiago y Bonoa, en
el centro de la isla fundamentalmente agrícolas. 39

Con el gobernador Ovando también llegaron varios franciscanos y se integraron con los
misioneros que habían traído las expediciones de Colón. Poco tiempo después a La
Española arribaron los primeros dominicos, dirigidos por Pedro de Córdoba, en 1510, y los
agustinos en 1531. Estas argumentaciones previas, nos revelan que el proyecto castellano
de desarrollo urbano no se puso en práctica inmediatamente en isla La Española, marco
inicial del impulso colonizador español en América. Las primeras ciudades, incluidos los
intentos desafortunados de La Navidad y La Isabela, fundadas por Colón en su primer y

38
Morse, Richard M.. “El desarrollo urbano de la Hispanoamérica colonial”, en Bethell, Leslie
(Compilador): Historia de América Latina. (16 Vol.). Editorial Crítica, Barcelona, 1990, Vol. 3. pág. 20- 21
39
Garavaglia, Juan Carlos y Marchena Fernández, Juan. América Latina. De los orígenes a la Independencia.
América precolombina y consolidación del espacio colonial. (2 Tomos). Editorial Crítica, Barcelona,
2005,Tomo I, pág. 126
40

segundo viaje, respectivamente, y la subsecuente cadena de centros urbanos que cruzaba la


isla alcanzando la costa sur de Santo Domingo, fueron erigidas sobre planos irregulares y
no se distinguían demasiado de las factorías comerciales con que contaban los portugueses
40
en África o italianos en el Mediterráneo.

Otro aspecto que conviene dejar claro, es la diferencia entre los indios naborías y de
encomiendas. El vocablo naborías es de origen indígena, designa a aquellos aborígenes que
estaban en una situación legal parecida al esclavo, no constituyendo más que una variante
jurídica de la esclavitud. La única diferencia existente entre un término y otro es que los
naborías no se podían vender legalmente. Estos nativos, a medio camino entre libertad y
esclavitud, no solían ser herrados, aunque en el Juicio de Residencia que, en 1528, se le
tomó al gobernador de la isla Cubagua, se le hizo cargo de herrar a los aborígenes esclavos
en la cara y en el brazo para distinguirlos. Las naborías podemos dividirlos en dos tipos.
Los que cumplían labores domésticas en las casas de los españoles, estos eran mejor
tratados que los otros indios, debido a que después de varios años de convivencia con los
europeos muchos terminaban por congraciándose con ellos. En el segundo grupo se
encontraban los indígenas que realizaban tareas en las granjerías y minas, quienes se
diferenciaban de los de “casas” debido a que trabajaban mientras durara la demora de los
indios de repartimiento, el resto de tiempo lo ocupaban en la hacienda de su señor, mientras
41
los indios de repartimientos iban a descansar en sus propios “conucos”.

Los aborígenes, por otra parte, comenzaron a escaparse hacia otras islas, se suicidaban
tomando el jugo de la yuca amarga e incluso ahogaban y mataban a sus hijos para que estos
no fueran esclavizados, esto hizo que su población descendiera, sin olvidarnos de los
vejámenes a los cuales eran sometidos y las enfermedades que llegaron con los españoles.
42
Así lo atestiguó fray Pedro de Córdoba, desde Santo Domingo, quien comentó respecto
al suicidio:

40
Morse, Richard M..Op. Cit. pág. 21
41
Mira Caballos, Esteban. Op. Cit. págs. 27-30
42
Moya Pons, Frank. Op. Cit. pág. 27
41

“Las mujeres, fatigadas de los trabajos, han huido de concebir y el parir, porque
siendo preñadas o paridas no tuviesen trabajo sobre trabajo; es tanto que muchas,
estando preñadas, han tomado cosas para mover y han movido las criaturas, y otras
después de paridas con sus manos han muerto sus propios hijos”. 43

Cabe destacar, que muchas enfermedades estaban presentes en ambos continentes, como la
tuberculosis, y la sífilis; no obstante, los europeos aportaron a la epidemiologia americana
muchísimas nuevas, como viruela, sarampión, peste negra, gripe, fiebre tifoidea y demás
44
infecciones respiratorias. Contrariamente, a lo que pudiéramos inferir, hubo algunos
aborígenes que colaboraron con las empresas conquistadoras. Actitud que se reprodujo por
doquier en los espacios del Nuevo Mundo, permitiendo que los conquistadores avanzaran y
se establecieran con menos desgastes. 45 En otras palabras, la reacción de los nativos de
América ante el arribo de los españoles fue considerablemente variada, desde el
ofrecimiento de alianzas hasta la colaboración más o menos forzada, desde la resistencia
pasiva hasta una hostilidad constante. En todas partes del territorio americano español, sin
embargo, la llegada de estos seres humanos desconocidos causó el mismo asombro, no
menos intenso que el experimentado por los mismos conquistadores, es decir, ambas partes
estaban descubriendo un nuevo grupo de hombres cuya existencia ni siquiera habían
logrado imaginar. 46

Para 1508 sólo quedaban 60.000 indios de 400.000 desde la llegada europea a La Española,
por estos motivos se inicia un proceso de búsqueda de mano de obra, oro y de ocupación de
territorios, esta vez en las islas de Cuba, San Juan y Lucayas (Bahamas).47 Aunque existen
otras valoraciones más elevadas de la población de las Antillas y del área circuncaribeña
con anterioridad a la conquista nunca han sido, ni mucho menos, totalmente aceptadas. No

43
Sánchez-Albornoz, Nicolás. “La población de la América colonial española” en Bethell, Leslie
(Compilador): Historia de América Latina. (16 Vol.). Editorial Crítica, Barcelona, 1990, Vol. 4. pág. 21
44
Narvaja, Benito y Pinotti, Luisa. Violencia, población e identidad en la colonización de América hispánica.
Ciclo Básico Común. Editorial Universidad de Buenos Aires, Argentina, 1998, pág. 51
45
Bernad, Carmen y Gruzinski, Serge. Op. Cit. pág. 225
46
Wachtel, Nathan. “Los indios y la conquista española” en Bethell, Leslie (Compilador): Historia de
América Latina. (16 Vol.). Editorial Crítica, Barcelona, 1990, Vol. 1. pág. 170
47
Moya Pons, Frank. Op. Cit. págs. 27-28
42

se discute el hecho de la rápida destrucción de los nativos en este espacio, sino solamente
su magnitud. La isla Española ha sido estudiada más sistemáticamente, según otras
afirmaciones contaba con una población de 8 millones de habitantes o sólo de 100.000 en
1492, el caso es que tan sólo quedaban unos pocos cientos de supervivientes en 1570. En la
cuenca del Gran Caribe, el descalabro fue igualmente brusco. Sin embargo, al parecer se
detuvo a tiempo precisamente para que la población indígena no se extinguiera como
ocurrió en las Antillas. Irónicamente, el temprano estancamiento económico que afectó a
esta zona alivió la presión a que estaban sometidos los aborígenes, salvando bastantes
vidas. 48

Al mismo tiempo la escasez de alimentos y medicinas, la adaptación al nuevo ambiente


hacía que muchos europeos murieran, la distribución igualitaria del trabajo, las
conspiraciones dentro de los expedicionarios generó la necesidad de utilizar mayor fuerza
laboral nativa y es así que los españoles realizan campañas militares para capturar y
someter a los indios al sistema de encomiendas.

Además, el declive de la población indígena acarreó a la introducción de esclavos negros


(ladinos). El primer embarque llegó a la isla La Española en 1505, a éste le siguieron más
consignaciones, hasta que el funcionario Cisneros prohibió los embarques debido a que los
recién llegados provocaban desordenes. Después de su muerte, los cargamentos empezaron
de nuevo con Carlos V, este otorgó una licencia a la casa de Borgoña para enviar 4.000
esclavos a las Indias en el curso de ocho años, esta rápidamente vendió su licencia a los
49
genoveses. Es por tanto, que desde la ciudad de Valladolid se le facultó a Pedro de
Cifuentes el envío desde la isla Española de doce esclavos negros a la provincia de
Cartagena, con el fin de sacar oro de las sepulturas que en este territorio exista. 50

48
Sánchez-Albornoz, Nicolás. “La población de la América colonial española”, en Bethell, Leslie
(Compilador): Historia de América Latina. (16 Vol.). Editorial Crítica, Barcelona, 1990, Vol. 4. pág. 16
49
La conquista española y las colonias de América. pág.140
50
Friede, Juan. (Compilador): Documentos inéditos para la historia de Colombia, (10 Tomos). Bogotá.
Academia Colombiana de Historia, 1955- 1960. Tomo V, pág. 10 (Citado en adelante por sus iniciales DIHC,
tomo y páginas)
43

Estos primeros años fueron de feroz captura de esclavos, actividad a la cual se dedicó
Colón, su familia y demás colonos. El genovés ya tenía experiencia en estos negocios,
envió más de 4.000 indígenas a distintos empresarios europeos, quienes los vendieron en
Portugal, España, Madeira, Italia y Cabo Verde. En esta coyuntura, los indios Caribes que
eran acusados de antropofagia pudieron ser esclavizados legalmente ante la Corona
española al haber declarado la “guerra justa” contra ellos. 51

Igualmente, los españoles exploraron las costas de México, Florida, Venezuela y la actual
Colombia, pero no establecieron sitios permanentes debido a que regresaban a las islas para
el reparto del botín; proceso denominado <<fase insular de la conquista>> y comprendió el
período entre 1492 y 1519. 52 Las palabras de Bartolomé de las Casas, describen como
testigo y observador privilegiado de la época, como se desarrollaron los acontecimientos y
motivaciones que instaron a explorar los extensos y desconocidos bordes continentales del
mar Caribe.

“En este año de 1500, como cada día creciese la nueva de que la Tierra Firme tenía
oro y perlas, y los que iban por la costa della, por rescate de cosillas de poco valor,
como cuentas verdes y azules, y otros colores, y espejuelos y cascabeles, cuchillos y
tijeras, etc., traían mucho provecho, y por poco que fuese, según entonces estaba
España pobre en dinero, era tenido por mucho, y hacíase mucho con ello, y así
crecía el ancia de ser rico en los nuestros, y hacía perder el miedo a navegar mares
tan profundos y de tan lengua distancia, nunca jamás navegada, mayormente
vecinos de Triana [….] navegaron la costa abajo, y pasaron por la rivera de la mar,
de lo que nombramos al presente Santa Marta y Cartagena, y de lo demás que es
hasta la culata o ensenada que el golfo de Uraba [….]. Decíese que traían dos o tres

51
Garavaglia, Juan Carlos y Marchena Fernández, Juan. Op. Cit. pág. 120
52
Gamboa, Jorge Augusto. (Editor), Encomienda, identidad y poder: la construcción de la identidad de los
conquistadores y encomenderos del Nuevo Reino de Granada, vista a través de las Probanzas de mérito y
servicios 1550-1650. Instituto colombiano de Antropología e Historia, Bogotá, 2002, pág. 14
44

arcas de piezas de oro, que entonces, se tenían por riqueza grande, y nunca tan
imaginada”. 53

Otros elementos que motivaron la penetración espacial es que no hay lugar donde la fábula
esté mejor representada que la cuenca del Caribe. Aquí estaba la isla de las amazonas de
Grijalba, los monstruos de Colón, los gigantes de Vespucci. Pero de todas las leyendas, la
que más animó a las empresas conquistadoras fueron la Fuente de la Eterna Juventud y El
Dorado. 54 Esta última utopía, que entusiasmó la imaginación de esa generación, impulsó el
avance hispánico por las tierras del Nuevo Reino. Aunque hay que advertir, que nunca
consiguieron llegar a las míticas ciudades de oro, buscándolas lograron conocer grandes
extensiones del territorio y levantar poblados que fueron base de una colonia que estaba en
proceso de formación. 55

El hallazgo de estas tierras durante las primeras décadas tomó por sorpresa a España, hasta
el punto que la Corona ejecutó ciertas medidas un tanto erráticas. Primero, financió los
viajes y expediciones con créditos solicitados a particulares, pero después, cuando no tuvo
a quién recurrir, concedió la idea de otorgar permisos a particulares para que por su cuenta
y riesgo continuaran el proceso de ocupar nuevos territorios. 56

En este orden de ideas, La Española fue el sitio y base de operaciones a partir del cual los
europeos exploraron las Antillas y conquistaron Tierra Firme. La historia de esta isla es
breve, atroz y ejemplar. En sólo dos décadas los nuevos colonos acabaron con gran parte de
su población y oro. 57 Respecto al oro, durante los primeros años del siglo XVI, se enviaron
a España 276 kilogramos de oro según cifras oficiales (probablemente la cantidad real
debió ser mayor). Pero luego de 1515, sin aborígenes que trabajaran, las remisiones
disminuyeron hasta casi desaparecer. En Cuba, alrededor de 1511, se hallaron importantes

53
Vidal Ortega, Antonio. Cartagena de Indias y la región Histórica del Caribe, 1580-1610. Consejo Superior
de Investigaciones Científicas. Escuela de estudios Hispano-Americanos. Sevilla, 2002, pág. 38
54
Arciniegas, Germán. Biografía del Caribe. Editorial Planeta Colombiana S. A. Bogotá, 2000, pág. 108
55
Martínez Carreño, Aída, Colombia. Desde el descubrimiento hasta la guerra de los mil días. 1942-1905.
Colección Documentos. Grupo Editorial Norma, Bogotá, 2009, pág. 37
56
Rodríguez González, Ana Luz y Otros. Historia de Colombia, todo lo que hay que saber. Editorial Tauros,
Bogotá, 2006, pág. 60
57
Bernand, Carmen y Gruizinki, Serge. Op. Cit. pág. 222
45

reservas en Sierra Maestra, y en Jamaica, Puerto Rico y Trinidad se extinguieron después


de 1520. Entre 1492 y 1520 se enviaron 30.000 kilogramos de oro, el 80 % procedente de la
isla La Española y el resto de las otras Antillas y costas continentales. 58

En esta dinámica, los españoles, portugueses, franceses, e ingleses intentaron demarcar y


conocer no solo su espacio territorial, sino otras latitudes, lo cual estimuló la elaboración de
mapas y cartas náuticas, para ello se hizo necesario contar con un cuerpo de cartógrafos de
la categoría de Fernando Vaz Dourado. Cosmógrafo que se le atribuye la representación de
la cuenca del Caribe durante el siglo XVI, en la cual nos muestra con rigurosidad científica,
las islas de la Española, Cuba, Jamaica y las costas continentales que hasta dicha centuria
se tenía conocimiento. De la misma manera, en este mapa de Vaz Dourado, de gran
colorido, observamos que se tiene muy poca información de las áreas interiores que
ocuparía la Nueva Granada, y por supuesto, la provincia de Cartagena. (Véase mapa N° 1)

En este escenario, el archipiélago caribeño se convirtió en una especie de laboratorio donde


se practicaron los distintos mecanismos que se utilizaron durante la ocupación y
59
colonización del continente. Por consiguiente, durante las primeras décadas de la
conquista, la sociedad nativa sufrió un proceso de desestructuración a todos los niveles:
espiritual, demográfico, económico, y social. Ciertas estructuras sobrevivieron, pero
fragmentadas y aisladas de su contexto original y trasplantadas al mundo colonial. Sin
embargo, esos componentes de continuidad aseguraron que las tradiciones nativas, algo
modificadas, se transmitieran, mientras que al mismo tiempo soportaban la hegemonía
española. 60

Para instalar una presencia permanente en el Nuevo Mundo, los españoles dependieron de
las incipientes etapas de colonización, de un flujo continuo de inmigrantes, pues la tasa de

58
Garavaglia, Juan Carlos y Marchena Fernández, Juan. Op. Cit. pág. 124
59
Ikonómova, Aneta. “La colonia del Caribe en el siglo XVI. Historia local-diseño global”, en Martha Ardila
(Compilador): El Gran Caribe. Historia, cultural y política, Colección Pretextos. Edición Universidad
Externado de Colombia, Bogotá, 2005, pág. 39
60
Wachtel, [Link].pág.189
46

FUENTE: Recuperado en la Biblioteca Nacional de Portugal, 25-feb-2017), mapa N° 1


47

mortalidad de los recién llegados era alta. Es por ello que hasta que no se corrigió el
desequilibrio de los sexos inherente en estos movimientos migratorios trasatlánticos, no
existía ninguna posibilidad de que la población blanca mantuviera el terreno alcanzado, y
menos aún que lo aumentara, sin un flujo continuo de inmigrantes europeos. 61

No es sorprendente, entonces, que para promover la colonización, la Corona insistió en que


todos los conquistadores y encomenderos tendrían que estar casados, esto produjo un
número creciente de mujeres emigrantes. Si las mujeres representaban un 5 o 6 % del
número total de emigrantes durante el período de 1509 a 1539, esta cantidad aumentó al 28
% en los años continuos. 62

De hecho, en el impulso de la ocupación la Corona comprendió que de no consolidar


núcleos urbanos que permitieran una presencia permanente en estos vastos espacios le sería
imposible colonizar, esto quiere decir, que la colonización fue ante todo una tarea de
urbanización, porque quien no colonizaba no conquista en su totalidad el territorio. Para
lograrlo hubo que utilizar la ganadería como estrategia de subsistencia, ya que les
proporcionaba a los europeos nutrientes que otros alimentos no les ofrecían, además de
servir de herramienta fundamental para la colonización de América.

Por tanto, para la Corona era significativo convertir a La Española en un centro ganadero
prospero. En marzo de 1503, la Reina Isabel aprobó en Zaragoza la solicitud de enviar a
América, las bestias y ganados que hubieren menester. Las dificultades para los animales
eran enormes, debido a las condiciones del viaje, la alimentación, el cambio de clima y el
ataque de las plagas del trópico. Pero luego que los hatos antillanos ganaderos crecían,
prosperaban y se consolidaban, se mandaban a Tierra Firme, cecina, carne en tasajo y
ganado en pie. 63

61
Elliott, John H.. Op. Cit. pág. 91
62
La conquista española y las colonias de América. pág. 165
63
Sourdis Nájera, Adelaida. La Ganadería en Colombia. Cinco siglos construyendo un país. Editorial
Sanmartín Obregón, Bogotá, 2008, págs. 25-26 (Citado en adelante como La Ganadería en Colombia, y
página)
48

En este sentido, la conquista importó un cambio de dieta a la vez que una alteración del
modo de producción. Los europeos introdujeron en las Indias la alimentación mediterránea
basada en trigo, carne ovina o bovina, aceite, vino y dulces (miel o azúcar). El ganado y la
caña encontraron en América condiciones óptimas para su propagación; el trigo mucho
menos. Tanto los animales de esos hatos como los baguales, que también abundaban,
invadían constantemente los cultivos de los pueblos de indios, destruyendo sus cosechas y
forzando el abandono de la tierra. El vacío provocado invitaba a los hacendados a ampliar
sus estancias o crear otras nuevas, dicho de otro modo, la agricultura y la ganadería
europeas se extendían, pues, a expensas del indígena. 64

Por su parte, la introducción del trigo provocó una nueva distorsión al forzar a los nativos a
alterar los cultivos. Sus mejores tierras hubieron de producir ese cereal para pago del
tributo o para abastecer a las ciudades. Exigidos por la imposición, faltos de experiencia y
repugnando su consumo, los indígenas se resistieron a cultivarlo, y cuando lo hicieron,
obtuvieron rendimientos inferiores a los que sacaban de granos tradicionales, como el maíz.
Los conquistadores optaron, en consecuencia, por repartirse tierras de labranza, con
detrimento, naturalmente, de las tierras de los aborígenes. La despoblación inicial facilitó la
apropiación del suelo para producir bienes de consumo para la sociedad colonial o de
exportación para la Metrópoli. 65

Ahora bien, los primeros colonos, los nuevos inmigrantes y sus descendientes, se veían así
mismos naturalmente como miembros de una raza conquistadora, e incluso, si ellos mismos
no habían participado en tal conquista. Estos colonizadores de ascendencia hispana
empezaron a ser conocidos como “criollos” por la década de 1560, este reconocimiento se
evidenció con la exención del pago de impuestos, un privilegio del que gozaban los nobles
e hidalgos en España. Esta prerrogativa los distinguía de la población indígena tributaria,
aunque muchos de ellos no vivieran mejor que sus vecinos indios. 66

64
Sánchez-Albornoz, Nicolás. Op. Cit pág. 20
65
Ibíd. págs. 20- 21
66
Elliott, John H.. Op .Cit. pág. 263
49

Hay que insistir y aclarar que España no siempre destruyó, ni impuso todo por la fuerza.
La Corona estaba interesada en acabar con todo aquello que obstaculizara su dominación y
le fue imposible evitar el intercambio cultural debido a que muchos españoles asimilaron
algunas frases de la lengua taina y ciertas costumbres como dormir en hamacas, consumir
cazabe y tabaco. Bartolomé de las Casas, comentó al respecto:

“Se hacen construir unas casas que no soportan la comparación con la chozas
flamencas, se desplazan en canoa a lo largo de las costas y sobre los ríos, se
balancean y duermen en hamacas, aunque con ello se recientan su espalda. Maíz,
piragua, canoa, cacique….son algunas de las palabras indígenas que a través del
castellano llegan a las lenguas europea”. 67

Así como la incorporación de plantas y animales provenientes de la península ibérica que


conjeturaron un cambio en la ecología y la utilización de la tierra en América, es decir, las
huestes llegaron con distintas especies vegetales y animales útiles para el trabajo de
68
conquista, el caballo, el perro, el cerdo y, desde luego, el ganado. No obstante, la
ocupación y colonización se logró bajo una máscara evangelizadora, caracterizada por la
sumisión y explotación del continente americano. 69

Del mismo modo, la Real Cedula del 19 de abril de 1495, otorgó capitulaciones a personas
particulares con el fin de reconocer, explotar, conquistar, fundar ciudades, villas y lugares
en los nuevos territorios descubiertos. 70 Esto permitió la recalada de Alonso de Ojeda, Juan
de la Cosa, Américo Vespucio, Rodrigo de Bastidas, Vasco Núñez de Balboa, Pedro de
Heredia y Pedrarias Dávila, entre otros, al actual Caribe colombiano.

Este espacio del Caribe neogranadino, para 1500, se calculaba en una población de unos
2.565.376 indígenas, desde Urabá hasta la península de la Guajira; cifra que corresponde al

67
Bernand, Carmen y Gruizinki, Serge. Op. Cit. págs. 236-237
68
Sourdis Nájera, Adelaida. Op. Cit. pág. 22
69
Ikonómova, Aneta. Op. Cit. pág. 27
70
Friede, Juan: “La conquista del territorio y el poblamiento”, en Nueva Historia de Colombia, Vol. I,
Edición Planeta, Bogotá, 2001, pág. 71
50

31.08 % del total de la población para el territorio, de la cual se puede deducir que esta
región fue uno de los espacios más poblados de las comunidades nativas prehispánicas. 71

2.1 LA CONQUISTA TERRITORIAL EN EL CARIBE


NEOGRANADINO

Mucho antes de la llegada de los españoles, en los territorios de la actual América


Hispánica existían grandes civilizaciones, las cuales tenían una gran diversidad cultural y
un cierto desarrollo en orfebrería, agricultura y cerámica. Cabe señalar, sin embargo, que
no es nuestra intención dar un panorama minucioso de los pueblos que la habitaban, cosa
que excedería los límites de la investigación, sino acercarnos desde nuestra subjetividad a
algunas de las distintas culturas pre-colombinas que sufrieron el impacto de la conquista
europea.

En relación con lo que acabamos de argumentar, los Aztecas ocupaban la parte norte del
territorio de México; los Mayas el sureste del territorio antes mencionado, la península de
Yucatán y la actual Guatemala; los Incas el actual Ecuador, Perú y parte de Chile, y
finalmente los Chibchas o Muiscas en el territorio de la hoy Colombia. No obstante, estas
civilizaciones indígenas tuvieron que ceder estos territorios por la rapidez de la conquista
española. 72

En cuanto a Los Mayas, su organización política estuvo caracterizada por la conformación


de ciudades-estados y confederación de ciudades, los cuales eran administrados desde el
ámbito político por los nobles, sacerdotes y funcionarios civiles. El nacom para tiempos de
guerra y el halach-uinic para tiempos de paz; estos se complementaban con los sacerdotes
para detentar el poder. En cuanto a la agricultura esta civilización se estructuró alrededor
de la milpa, sistema de cultivo que permitía trabajar ciento noventa días al año, logrando
producir excedentes para su comercialización. Además, realizaron importantes obras en
infraestructura, la pirámide que servía como espacio religioso y construyeron edificaciones

71
Polo Acuña, José. Op. Cit. pág. 21
72
Chanun, Pierre, Historia de América Latina. (Traducción), Federico Monjardín. Universitaria de Buenos
Aires, 1969, pág. 8
51

para la recreación, como los conocidos Juegos de Pelota de Chichén-Itzá. 73 Por su parte,
Los Aztecas se estructuraban en una confederación integrada por los pueblos de
Tenochtitlán, Tlacopan y Texcoco; los primeros tenían la dominación hegemónica del
ejército y del culto. Asimismo, la sociedad contaba con un calendario y un desarrollo
arquitectónico que permitió que sus ciudades tuvieran desarrollo urbano, como templos,
pirámides escalonadas, esculturas monumentales y palacios. De otro lado, Los Incas
constituyeron un imperio basado en la explotación de la comunidad productiva, el ayllu. A
la arribada de los españoles llevaban más de dos siglos practicando y desarrollando esta
política de conquista de comunidades agrícolas que organizaban para sus intereses.
Finalmente, Los Chibchas estaban organizados en nobles, quienes disputaban el poder
central y constituían un estamento privilegiado cuya ocupación era la religión, el cobro de
tributos, la administración y asuntos de guerra. Escalones más abajo se encontraban los
agricultores y artesanos, quienes practicaban el intercambio de productos agrícolas, tejidos,
sal, oro, piedras preciosas y cerámicas. 74

Identificado, en líneas generales, las civilizaciones que ocupaban el territorio de la América


Hispánica, se hace necesario explicar que el inicio de la conquista de esos espacios fue
realizado por pequeños grupos de no más de 500 soldados y aventureros que en muy poco
tiempo acabaron con las estructuras de los imperios precolombinos. Al principio estas
huestes repartieron el botín de acuerdo al aporte de sus integrantes, pero a medida que
avanzaba la conquista se organizaron mejor logrando dirigirse como empresas comerciales
financiadas con capital privado de comerciantes y empresarios peninsulares, pues, había
que traer comida, armas, pólvora, caballos y toda clase de pertrechos de Europa, y estos
eran costosos. Esta situación llevó a que los financiadores recibieran privilegios
económicos y políticos, aunque la Corona siempre se reservó el derecho jurisdiccional y la

73
Fazio Fernández, Mariano. La América ingenua: breve historia del descubrimiento, conquista y
evangelización. Ediciones RIALP, S.A. Madrid, 2009, págs. 17-18
74
Narvaja, Benito y Pinotti, Luisa. Op. Cit. págs. 17-24
52

soberanía sobre los recursos más importantes como oro, perlas y demás metales preciosos
cuya explotación era permitida a cambio del pago del quinto real. 75

Sin embargo, contrario a lo que muchos pudiéramos pensar, las riquezas provenientes de
los reinos de América fueron utilizadas para la cancelación de deudas atrasadas con
banqueros y mercaderes, que no sólo eran españoles, sino también genoveses, alemanes,
flamencos (Fugger, Doria, Grimaldi, Esquete, Shetz, Welser, Centurión), y para el
sostenimiento de las cortes y pago de los objetos de lujo que dicha fortuna implicaba. 76

Por lo argumentado hasta aquí debemos preguntarnos: ¿Por qué España pudo conquistar de
forma rápida a América? Esta pregunta compleja tiene una respuesta histórica que se
relaciona con la liberación de la misma España de la dominación árabe, los significativos
avances militares y tecnológicos en acero, hierro y pólvora, la consolidación de una
escritura que permitió acumular y multiplicar los conocimientos, la experiencia guerrera,
las enfermedades, y la unión de los reinos de Aragón y Castilla. 77

Por supuesto, también el dominio a América fue posible gracias a la red de créditos que
circulaban por medio de los agentes locales y empresarios respaldados por funcionarios
reales, encomenderos ricos y las grandes casas bancarias de Génova y Austria. 78 Así como
la casualidad de los europeos en llegar en el momento en que se estaba acabando el ciclo
calendario (el tiempo entre la mayoría de las culturas indígenas se mide de forma circular y
no lineal como el cristiano), hizo que los españoles en algunos casos fueran considerados
como dioses que regresaban a la tierra. Los mitos de Viracocha, Kukulkán y Quetzalcóatl,

75
Gamboa, Jorge Augusto. [Link]. pág. 15. Hernán Cortés llegó a las costas mexicanas con cerca de 508
soldados, las huestes de Francisco Pizarro lograron conquistar el Perú con 160 hombres únicamente y
Gonzalo Jiménez de Quesada salió de Santa Marta en 1536 con 800 hombres, de los cuales llegaron a las
sabanas de Bogotá 180. Véase, Friede, Juan “La conquista del territorio...” pág. 80
76
Martínez Carreño, Aída. Op. Cit. pág. 35
77
Kalmanovitz, Salomón. (Editor): Nueva historia económica de Colombia. Fundación Universidad de
Bogotá Jorge Tadeo Lozano. Editorial Tauros historia, Bogotá, 2010, págs. 25-26
78
La conquista española y las colonias de América. pág.148
53

por citar algunos ejemplos bastante conocidos, sirvieron para introducirse de manera
pacífica en parte del territorio. 79

Además, el fin de la lucha por la recuperación del territorio español derivó que hidalgos,
villanos y muchos desocupados que estaban preparados para la guerra llegaran a las Indias
Occidentales. Estas gentes provenían de Andalucía, Extremadura, Castilla, entre otras
regiones. Se ha calculado que sólo el 1,8 % poseían un título e incluso obtenido después de
una conquista como es el caso de Hernán Cortés, a quien se le otorgó el título de marqués
del valle de Oxaca por la conquista de México, pero este era meramente decorativo al no
implicar cargo en el gobierno. 80

Este proceso de conquista para el caso concreto del Caribe neogranadino comprendió el
período entre 1500 a 1550, en el cual se inició la exploración de la geografía costera y
también andina, es decir, los territorios que comprenden el Mar del Norte o litoral
Atlántico, la meseta chibcha y parcialmente el Mar del Sur o litoral Pacífico. Al mismo
tiempo se fundaban centros urbanos o ciudades que cumplieron un papel fundamental en el
devenir de la colonización, como Cartagena, Santa Marta, Valledupar, Popayán y Cali,
entre otras. 81

De los primeros viajes exploratorios en el Caribe neogranadino, entre 1499 y 1506, se


pueden inferir varios puntos. Primero, se trataron de viajes exploratorios que buscaban
reconocer un espacio, obviamente, muy desconocido, característica que les dio a las
empresas una capacidad de inventiva, creación y experimentación en la nueva realidad
donde ahora se encontraban, porque, a pesar de que los españoles tenían experiencia militar

79
Pérez Herrero, Pedro. Op. Cit. pág. 51. Es adecuado comentar que existe una acepción peyorativa del mito
que lo consideran como una invención o falsedad. En la actualidad sabemos que el mito es un relato antiguo
que pretende explicar bajo la concatenación narrativa de símbolos un acontecimiento trascendental para una
colectividad: sus orígenes, el mundo que lo rodea, el aprendizaje de una técnica necesaria para la
supervivencia, las hazañas de unos personajes que establecieron pautas de conductas para sus descendientes,
el hallazgo de algo que cambio su destino, entre otros aspectos. Véase, Revilla, Federico. Fundamentos
antropológicos de la simbología. Ediciones Cátedra. Madrid, 2007, pág. 243
80
Martínez Carreño, Aída. Op. Cit. págs. 38-39. Véase, para un análisis más completo y detallado a Carmen
Gómez Pérez “Los beneméritos de la tierra, oro, conquista y poder en Cartagena de indias.1532-1560”, en
Haroldo Calvo Stevenson y Adolfo Meisel Roca (Editores): Cartagena de Indias en el siglo XVI. Edición
Banco de la República, Cartagena, 2009
81
La Filosofía de la conquista en Colombia. pág. 16
54

alcanzada durante el proceso de reconquista con los moros, definitivamente, América era
algo completamente nuevo. Segundo, si bien es cierto estas primeras expediciones
necesitaron del permiso de la Corona, también lo es, que el capital privado jugó un papel
fundamental. Por lo general, una persona acaudalada aportaba el capital y los recursos para
el viaje. Y tercero, no se pensaba en una colonización permanente, pues sólo fue en 1508
cuando España comenzó a estipular capitulaciones para una colonización sostenida. 82

Despuntado el siglo XVI, llegó Rodrigo de Bastidas, escribano de Triana, barrio de Sevilla,
quien capituló la conquista del litoral Caribe, que comprendía desde el Cabo de la Vela
hasta el Darién en la desembocadura del río Atrato. Éste descubre de igual forma la
desembocadura del Río Grande (Magdalena) y la ensenada del Urabá. En 1508, Alonso de
Ojeda llegó a Calamar, sitio perteneciente a Cartagena donde los indios se resistieron a tal
dominación. Ojeda continuó recorrido y llegó a Urabá, fundó en 1509 a San Sebastián del
Urabá, primer poblado de españoles en las actuales tierras colombianas. Por último, Vasco
Núñez de Balboa, quien tras cruzar a la otra orilla del Atrato fundó a Santa María la
Antigua del Darién, en 1510, y posteriormente descubrió el Océano Pacifico, llamado Mar
del Sur. 83

Estos pequeños asentamientos sirvieron como puntos estratégicos. Funcionaron como


factorías, fuertes militares, estancias de labranzas y base de operaciones para los rescates y
cabalgatas que se realizaron en el Caribe neogranadino. En cuanto a la Antigua del Darién,
fundada por Núñez de Balboa y Martín Fernández de Encizo, fue el primer núcleo urbano
al que se le otorgó la categoría o rango de ciudad. Primer asiento del gobierno español en
Tierra Firme, capital de Castilla de Oro; primer obispado con iglesia catedral, y primera
ciudad que contó con una población superior a los 3.500 habitantes, de los cuales mil eran
indígenas que se ocupaban de los distintos oficios. 84

82
Polo Acuña, José. Op. Cit. págs. 19-20
83
Friede, Juan. Op. Cit. págs. 71-73
84
Zambrano Pantoja, Fabio y Bernard, Olivier. Ciudad y territorio. El proceso de poblamiento en Colombia,
Academia de Historia de Bogotá-Instituto Francés de Estudios Andinos-Fundación de Estudios Históricos
Misión Colombia. Tercer Mundo Editores, 1993, pág. 30 (Citado en adelante como Ciudad y Territorio, y
página)
55

En un informe anónimo de la época se detalla a esta población como: “aderezado, más de


doscientos bohíos hechos, la gente alegre, y contenta cada fiesta juegan caña…tenían muy
bien sembrada toda la tierra con maíz y yuca, puercos hartos para comer, todos los caciquez
85
en paz”. Pero el descubrimiento del Pacifico, las enfermedades y la fundación de
Panamá, en 1519, hizo que este núcleo urbano se despoblara rápidamente.

Aunque, por otra parte, Núñez de Balboa se opuso a las nuevas poblaciones fundadas por
los españoles recién llegados, defendió el derecho de los primeros expedicionarios, ya que
estos llevaban varios años ocupando el territorio. Sin embargo, debido a sus constantes
reclamos y protestas por las disposiciones de la Corona en lo relacionado con el derecho a
la tierra fue acusado de rebeldía contra las autoridades locales, de traición al Rey y
amotinamiento, esto le ocasionó que le hicieran un juicio donde fue ejecutado y sus bienes
entregados a Gonzalo Fernández de Oviedo. 86

Una de las características presentes durante estos primeros años de descubrimiento del Gran
Caribe, y, por supuesto de Tierra Firme, es que esta se convirtió en “tierra de nadie”, donde
españoles y europeos emprendían campañas de saqueo y cacería de mano de obra esclava
87
para las islas antillanas << útiles >>: Puerto Rico, Cuba, Santo Domingo y Jamaica.

A Puerto Rico llegó la empresa de Juan Ponce de León, la explotación siguió básicamente
el mismo modelo de La Española, es decir, buscando los placeres auríferos. Capturó y
repartió algunos indios para buscar oro al otro lado de la isla, obligándolos a abandonar sus
conucos. Esto motivó una resistencia que acabó en un enfrentamiento sangriento. Pocos
años después quedó muy deshabitaba, se trasformó en una isla << inútil >> y se acabó el
oro. En Cuba sucedió algo similar, Diego de Velázquez arribó a una parte de la isla, y
Pánfilo de Narváez, por la otra, hizo repartimientos, buscó oro, y acabó con la población
nativa. Incidente que hizo que buscaran aborígenes en las costas cercanas a Yucatán y allí

85
Friede, Juan. Op. Cit. pág. 72
86
Rodríguez González, Ana Luz. Op. Cit. pág. 62
87
Zambrano Pantoja, Fabio. “Historia del poblamiento del territorio de la Región Caribe de Colombia”, en
Alberto Abelló Vives y Silvana Giaimo Chávez (Compiladores): Poblamiento y ciudades del Caribe
colombiano. Editorial Gente Nueva LTDA. Santafé de Bogotá, 2000, pág. 26 (Citado en adelante como
Historia del poblamiento del territorio de la Región Caribe de Colombia, y página)
56

conocieron la existencia de un gran reino. No tardaron en organizar una expedición,


dirigida por el yerno de Velázquez y Hernán Cortez. La isla quedó muy despoblada, tanto
que su capital, Santiago, se ubicó en el oriente para estar más cerca de La Española.
Finalmente, Jamaica, ocupada por Juan Esquivel, muy poblada inicialmente de arahuacos,
siguió el mismo camino. 88

Claro está, estos no fueron los únicos mecanismos o maneras de afirmar una ocupación
física territorial, pues, también se dio la ocupación simbólica, la cual consistió en rebautizar
las tierras. Colón colocó nombres a las islas, cabos y accidentes geográficos que descubría
en sus viajes: nombres de la familia real (Fernandina y Juana), nombres descriptivos
apropiados a algún rasgo físico prominente, nombres sagrados (San Salvador), y otros
nombres que simplemente se ajustaban a su propio paisaje imaginario, empezando por la
<< Indias >>. Este aspecto de poner nuevos nombres a los lugares, era propio de todas las
potencias europeas en las Américas, se puede explicar de modo razonable como una
manifestación de poder. 89

Dicho de otro modo, los espacios ocupados por los castellanos fueron primero conquistados
militarmente para después ser colonizados. Los europeos intentaron trasplantar a los
territorios descubiertos el modelo de una sociedad en donde el honor y prestigio social eran
parte central de la estructura social. De hecho buscaban vasallos y tierras para ganar
ascendencia. Para legitimar el trabajo indígena y derecho sobre la tierra los españoles se
plantearon que los nativos no constituían sociedades civiles, por tanto, las áreas que
habitaban no eran suyos, sino que las ocupaban transitoriamente debido a sus pecados e
infidelidad. Por consiguiente, el Adelantado es el mismo conquistador, debido a que una
vez llega a estos territorios inició un proceso de conquista, sometiendo y vasallaje.

Estos intentos han permitido, entre otras cosas, establecer que la Corona de Castilla tenía el
interés de colonizar y es por ello que en las incipientes décadas del siglo XVI centró su
atención en sujetar a tierra los distintos pobladores con el objetivo primordial de consolidar
una economía hacia dentro y hacia fuera para beneficio directo de la Metrópoli. En

88
Garavaglia, Juan Carlos y Marchena Fernández, Juan. Op. Cit. págs. 122-123
89
Elliott, John H.. Op. Cit. págs. 67- 68
57

consecuencia realizó unas prerrogativas como estímulo, reconocimiento jurídico de las


ciudades, el pago del diezmo en vez del quinto real, legaliza la introducción de esclavos
negros que permite asegurar la mano de obra, títulos honoríficos, sueldos, privilegios a
capitanes y rendimiento económico a gobernadores. 90

Estos estímulos están posiblemente relacionados con tres factores principalmente, la


conquista de México, el final de la explotación en las islas Antillanas y el viaje de
Magallanes. La conquista de México, por sus fabulosos botines y la gran cantidad de oro
que sirvieron como acicate para la explotación de las desconocidas tierras del resto del
continente. El final de la explotación en las Antillas, porque se había privilegiado el
poblamiento insular dejando de lado la política colonizadora para tierra adentro y el resto
América. Por último, el viaje de Magallanes (1519-1522), debido a que este permitió
modificar el papel de Panamá como posible punto de apoyo comercial con el lejano oriente,
conllevando a estimular el poblamiento y la fundación de ciudades en la región Caribe
neogranadina. 91

Simultáneamente con la conquista de América se presentó una agitación política en Europa


que enfrentó a los grandes monarcas, a veces por el territorio y otras veces por la religión.
El emperador Carlos V del Sacro Imperio Romano Germánico (1519) tuvo que afrontar
revueltas internas en España y en Alemania, debido a la crisis religiosa impulsada por
Martín Lutero. Además, el emperador invadió Túnez y se embarcó en una serie de guerras
contra Francia y su monarca, Francisco I. Finalmente, Carlos V en 1546 derrotó a los
protestantes alemanes, pocos años después enfermo y fatigado abdicó el trono en su hijo
Felipe y se retiró al monasterio de Yuste, en Extremadura. Fue durante el gobierno de
Felipe II que España se convirtió en la primera potencia del mundo. 92

En este contexto y con las capitulaciones otorgadas a Bastidas, se fundó en 1525, la ciudad
de Santa Marta, capital y puerto principal de la gobernación o provincia del mismo nombre.

90
Salazar Ramos, Roberto. “La filosofía de la conquista en Colombia”, en La Filosofía en Colombia.
Editorial El Buho, Bogotá,1988, pág. 27 (Citado en adelante como La filosofía de la conquista en Colombia, y
la página)
91
Historia del poblamiento del territorio de la Región Caribe de Colombia. pág. 27
92
Martínez Carreño, Aída. Op. Cit. págs. 43-44
58

Dicha provincia comprendía desde el Cabo de la Vela, hasta el Río Grande (Magdalena).
Del mismo modo, Heredia, soldado y conquistador de Vadillo, fundó a Cartagena en 1533,
93
puerto principal, fuerte militar y capital de la gobernación de Cartagena. Ya que las
huestes conquistadoras sólo alcanzaron reconocimiento político por parte de la Corona a
partir del principio identificador del núcleo urbano, pues representaban la continuidad de la
civilización urbana mediterránea en el Nuevo Mundo conquistado. 94

En otras palabras, las capitulaciones muestran un creciente interés y necesidad de colonizar


en forma estable y ordenada que no se limitó al saqueo de las comunidades indígenas. De
hecho, desde estas dos gobernaciones o provincias se instruyó la conquista y poblamiento
de la meseta chibcha, o sea, parte del territorio neogranadino. No obstante, este proceso de
penetración no estuvo exento de profundas contradicciones y conflictos entre los mismos
gobernadores y las huestes conquistadoras por su afán de enriquecimiento fácil y rápido,
particularmente en la gobernación de Santa Marta.

CUADRO 2. Redes Urbanas del Caribe Neogranadino 1525-1550

CIUDADES/VILLAS FUNDACIÓN TIPO DE CIUDAD


Santa Marta 1525 Puerto
Cartagena 1533 Puerto
Tolú 1535 Puerto
Simití 1537 Puerto
Ayapel 1543 Agrícola
Riohacha 1545 Puerto
Valledupar 1550 Agrícola

FUENTE: Fabio Zambrano Pantoja. “El proceso de poblamiento.1510-1800”. En: Gran


Enciclopedia de Colombia. Círculo de lectores. Santa Fe de Bogotá, 1991, pág. 126. Véase, Ciudad
y territorio, pág. 46

93
Zambrano Pantoja, Fabio. “El proceso de poblamiento. 1510-1800”, en Gran Enciclopedia de Colombia.
Círculo de lectores, Santa fe de Bogotá, 1991, págs.117-118
94
Colmenares, Germán. Historia económica y social de Colombia. 1537-1719. Ediciones Culturales, Bogotá,
1973, pág. 3 (Citado en adelante como Historia económica y social de Colombia, y página)
59

La región Caribe neogranadina quizás sufrió más que ningún otra parte del actual territorio
de Colombia de profundos cambios y dislocaciones espaciales durante el proceso de
sometimiento y colonización español. Debido a que los indígenas desde tiempos
prehispánicos habían logrado, con el acceso a ríos, ciénagas y caños, crear corredores que
les sirvieron como vías para intercambios comerciales. Debemos suponer que estos
intercambios eran más frecuentes en la banda izquierda del río Magdalena, área que
gozaba de mayor densidad demográfica y de la presencia de comunidades indígenas
sedentarias con altos niveles técnicos de agricultura. Por eso no es temerario aseverar que
desde antes de la ocupación europea se estaban marcando las diferencias entre las
subregiones del Caribe, de un lado del río la provincia de Cartagena, del otro la
gobernación de Santa Marta.95

En la misma forma, es significativo expresar y discernir que las tres primeras décadas del
siglo XVI se caracterizaron por la improvisación y desorganización casi anárquica,
motivada, principalmente, por los intereses económicos de los conquistadores, y en la cual,
más allá de la apropiación de los botines y la expoliación forzada, no había ninguna
inclinación por consolidar algún tipo de sociedad en estos territorios. Asimismo, el espacio
geográfico del Caribe neogranadino influyó en el establecimiento de los centros urbanos,
ya que esta condicionó el tipo de desarrollo y condiciones de las sociedades establecidas en
sus regiones. Pero luego de 1550, la conquista del Caribe estaba prácticamente concluida
por parte de España, esto significó modificar su planteamiento de dominación y estrategia
por un nuevo proceso de organización, explotación y sobre todo de poblamiento.

En consecuencia, la empresa colonizadora española, de manera un poco arbitraria, la


podemos dividir en dos grupos. Por un lado, el de los conquistadores aventureros, ávidos de
un botín inmediato y encargados de hostigar a las comunidades indígenas para satisfacer
sus intereses y, por el otro, el de pobladores que buscaban crear condiciones estables de
subsistencia. Con el tiempo esta diferencia se acentuó desarrollándose dos grupos humanos
bastante definidos. El primero, aquel que gozaba de tierras y una estable situación
económica y, el segundo, una población carente de medios económicos aptos para la

95
Ciudad y Territorio. pág. 100
60

subsistencia, al cual se le conoció como los << desesperados >>, dando paso en América a
rasgos similares de lo que en España se vivía en el momento del descubrimiento. 96

Entonces, durante estas primeras etapas de colonización los mayores beneficiarios fueron
los mercaderes que abastecieron a los conquistadores de víveres y de objetos
manufacturados que necesitaban, a cambio de oro que han pillado o sacado de sus
concesiones. Por ende, la fortuna de los conquistadores está ligada al éxito de la
expedición, a las vicisitudes del descubrimiento y del pillaje. Por su parte, los mercaderes
siguen a ritmo de los negocios y del crédito. A la par comienzan a florecer los litigios y la
reinversión de las ganancias en nuevas expediciones a las islas y el continente, es decir, con
el capital acumulado en las Antillas se financió la conquista y ocupación de Tierra Firme.
97

En tales circunstancias, el Imperio español buscó la consolidación del poder no sólo para el
Gran Caribe, sino también para la Nueva Granada, a través de la institución de la audiencia,
ya que los encomenderos habían adquirido mucha independencia con respecto a la Corona:
se habían descubierto varias minas donde se halló gran cantidad de metales preciosos, la
fertilidad de las tierras, el excesivo poder económico de los encomenderos, las
comunidades religiosas reclamaban la regularización de la población para facilitar su labor
de adoctrinamiento, y, finalmente, limitar las funciones de los Cabildos, Obispados,
98
Alcaldías y Gobernaciones. En esencia las audiencias buscaron consolidar el proceso
colonizador, el cual permitiría aumentar las ganancias en las Cajas Reales, mayores
beneficios para la Metrópoli y ejercer un mayor control político-administrativo y de
justicia.

96
Historia del poblamiento del territorio de la Región Caribe de Colombia. pág. 31
97
Bernand, Carmen y Gruizinki, Serge. Op. Cit. págs. 239
98
Salazar Ramos, Roberto. “Los procesos ideológicos de la pacificación”, en La filosofía en Colombia.
Editorial El Búho, Bogotá, 1988, págs. 49- 51(Citado en adelante como Los procesos ideológicos de la
pacificación, y página)
61

2.2 LA OTRA CONQUISTA: COLONIZACIÓN DE LO IMAGINARIO

Durante el siglo XV, la familia y la jerarquía eclesiástica eran los dos pilares fundamentales
sobre los que se sostenía la estructura social en la Europa moderna. La familia ordenada
bajo el control del cabeza de familia, era el Estado en microcosmo, de la misma manera que
el Estado, bajo el gobierno real, era un microcosmo del universo gloriosamente arreglado y
sometido a su Creador. En tal sentido, unos habían nacido para gobernar y otros para
obedecer o, como expresó John Winthrop: “En todas las épocas unos tienen que ser ricos y
otros pobres, unos elevados y eminentes en poder y dignidad, otros humildes y sumisos”. 99

Partiendo de estas premisas y preceptos, desde la llegada de Colón a las Antillas, se hizo
necesario justificar la ocupación, por tanto, había que recurrir a las bulas papales, debido a
que durante parte del siglo XV en Europa las distintas expediciones de exploración y
conquistas eran legitimadas por el papado, es así, que mediante la Bula Inter Caetera de
Alejandro VI, en 1493, otorgó el permiso a los Reyes Católicos para el proceso de
sometimiento y colonización. A cambio la institución eclesiástica obtendría la
evangelización de las tierras descubiertas, por descubrir y el mantenimiento de la Iglesia
bajo el Patronato Real. 100

El Patronato, que funcionó en Hispanoamérica durante el período colonial, concedió a los


reyes de España la autoridad para fijar y organizar la iglesia. Asimismo, los monarcas
tenían la potestad de vetar las bulas papales, presentar candidatos para las distintas sedes
episcopales, recaudar y gastar los diezmos eclesiásticos. El Patronato Real, implicó la
intromisión del Estado en los asuntos de la Iglesia católica, pero, por otra parte, la Corona
dependía de las justificaciones religiosas. 101 Por consiguiente, la empresa de conquista y
colonización de los territorios descubiertos se apoyó en un Estado bicéfalo, o sea, un Estado
de dos cabezas o caras, que en ocasiones se reconocían recíprocamente y en otras renegaba
de este parentesco, pero que en últimas sabían que eran parte de un todo indisoluble.

99
Elliott, John H.. Op. Cit. pág. 239
100
Barnadas M, Josep. “La iglesia católica en la Hispanoamérica colonial”, en Bethell, Leslie
(Compilador): Historia de América Latina. (16 Vol.). Editorial Crítica, Barcelona, 1990, Vol. 2. pág. 186
101
De Roux, Rodolfo. Dos mundos enfrentados. CINEP, Santa fe de Bogotá, 1990, pág.102
62

Por tanto, la conquista, además de ser un encuentro y un choque cultural, se caracterizó por
los inconvenientes surgidos entre la Corona y la Iglesia, problemas referidos al maltrato
físico, la esclavitud, la muerte de los indios, los límites entre estos dos poderes, los
diezmos, la moral eclesiástica, etc. 102

Estos cuestionamientos fueron expuestos a finales de 1511, por el fraile de la orden de


Santo Domingo, Antonio de Montesinos, quien declaró públicamente en la isla La
Española, que todos los colonos estaban en pecado mortal por la crueldad y tiranía con que
trataban a los aborígenes. 103 Bartolomé de las Casas, por su parte, denunció que en la isla:

“Los cristianos, con sus caballos y espadas y lanzas comienzan a hacer matanzas y
crueldades extrañas en ellos. Entraban en los pueblos ni dejaban niños, ni viejos ni
mujeres preñadas ni paridas que no desbarrigaban y hacían pedazos, como si dieran
en unos corderos metidos en sus apriscos. Hacían apuestas sobre quién de una
cuchillada abría el hombre por medio o le cortaba la cabeza de un piquete o le
descubría las entrañas”. 104

Además de criticar los métodos empleados por los conquistadores, la explotación y la


servidumbre a que los europeos habían sometido a los indígenas, llegó a negar la
legitimidad del gobierno español en América por basarse en la fuerza y la guerra, debido a
que este fraile dominico predicaba la conversión a la fe cristiana de los indígenas por
métodos pacíficos. 105

Hay que subrayar, que a la monarquía española le interesó tener propicio al Papado para
evitar conflictos internos y externos con las demás potencias europeas. Tengamos en cuenta
que el Papado disponía de una fuerza en el ámbito político internacional, el cual actuaba no

102
La filosofía de la Conquista en Colombia. pág. 21
103
Pérez Herrero, Pedro. Op. Cit. pág. 35
104
De las Casas, Bartolomé. Op. Cit. pág.19
105
González González, Fernán E..Poderes enfrentados: Iglesia y Estado en Colombia. Santafé de Bogotá,
1997.pág. 41
63

solo como representante del poder supremo, sino como regulador de la política exterior
durante los tiempos medievales y modernos. 106

Por su parte, la Iglesia planteó construir en el Nuevo Mundo una sociedad en la que no
tuvieran cabida los desórdenes y vicios de la Vieja Europa. Desde esta perspectiva, estos
territorios se convertirían en un laboratorio en el que partiendo de cero se pudiera poner en
práctica un modelo de sociedad evangelizada. Ciertamente, este esquema social no era
compatible con el modelo de sociedad del conquistador, el cual se apoyaba en una relación
de señor y vasallo. Debido a esto, el modelo de una sociedad americana basada en la pureza
planteaba en la práctica algunos escollos, ya que esta experiencia no solo era incapaz de
generar recursos económicos suficientes para remitirlos a la península, sino que incluso no
funcionaba como una empresa autosuficiente, por lo que desde España se tenía que enviar
recursos para la financiación de la evangelización. 107

La intensidad del esfuerzo español por convertir a los pueblos del Nuevo Mundo al
cristianismo sólo es comprensible dentro del entorno de las preocupaciones espirituales de
la cristiandad de finales del siglo XV y principios de la siguiente centuria, en particular en
la península Ibérica. El ansia de renovación y regeneración espiritual entre sectores
eclesiásticos como laicos dio rienda suelta a un movimiento de reformas que, ya a finales
del siglo XV, había tenido un profundo impacto en la civilización europea. 108

Sin embargo, a la Iglesia no solo le preocupaba los asuntos espirituales sino que sus
intereses la llevaron a intervenir en asuntos económicos y políticos. Y a medida que el
Estado bicéfalo colonial se ponía en marcha se complicaban algunas de sus tareas, porque
se trataba de actuar con una doble estructura administrativa, civil y eclesiástica que, en la
mayoría de los casos, no llegó a buen término. Posiblemente estos problemas se tornaron
más graves durante la primera etapa de la colonización, pero en la medida en que se fueron
consolidando los núcleos del poder civil en cada espacio, también se definieron las células

106
Ramos Pérez, Demetrio. Op. Cit. pág. 296
107
Pérez Herrero, Pedro. Op. Cit. pág. 36
108
Elliott, John H.. Op. Cit. pág. 117
64

del poder eclesiástico. 109 No obstante, contrario de lo que pudiéramos pensar, en principio,
la Corona se sirvió de las reclamaciones de la institución eclesiástica para tratar de reducir
el poder de los conquistadores y con ello expandir su control sobre los territorios en
América.

En cuanto a la moral eclesiástica no es la intención de esta investigación juzgar, señalar,


absolver o condenar las acciones de esta institución, sino analizar su devenir histórico y el
papel de la misma en el desarrollo de la colonización del imaginario colectivo. Esta moral
se evidenció en el Requerimiento redactado por Juan López de Palacios de Rubio, que
había sido elaborado por la Junta de Teólogos en Burgos, en 1512, la cual debía leerse a
los indios antes de hacerles la guerra.

“Uno de los pontífices hizo a los Reyes de España y aceptaron la verdadera fe; sus
Altezas los recibieron alegre y benignamente y los mandaron a tratar como a los
otros súbditos y vasallos. También a vosotros os requiere ahora a que reconozcáis a
la Iglesia por señora y superiora del universo mundo y a que rindáis pleitesía al Rey
de España como a nuevo señor vuestro. Más, si no lo hicierais así, con la ayuda de
Dios, emplearemos la fuerza contra vosotros y os someteremos al yugo de la Iglesia
y del Rey, como es la ley frente a los vasallos rebeldes. Os despojaremos de
vuestros bienes y os haremos esclavos a vosotros, vuestras mujeres y a vuestros
hijos. Al mismo tiempo declaramos solemnemente que las muertes y daños que de
ello recibieren lo serán por vuestra culpa y no de la Alteza, ni mía, ni de estos
caballeros que conmigo vienen”. 110

Indudablemente, el Requerimiento era muestra clara de la herencia medievalista y de una


concepción militar que tuvo como base las Cruzadas, propia de una cultura de guerreros
que consideró la Conquista como un proceso necesario para la evangelización, pasando
111
incluso por encima de diferencias culturales y etnográficas. De igual manera, este
documento era una ficción jurídica debido a que el mismo se leía (casi siempre en

109
Rodríguez González, Ana Luz. Op. Cit. pág. 106
110
La Filosofía de la Conquista en Colombia. pág. 22
111
González González, Fernán E.. [Link]. pág. 40
65

castellano), momentos antes de entrar en batalla, acompañado de redobles de tambores, y


se ofrecía a los pobladores indígenas sólo unos instantes para dar su contestación. Es obvio
que si por algunas razones podían entender el idioma entre el sonido de las trompetas y
tambores, difícilmente pudieron comprender los conceptos en él expresados. 112

A los frailes ya señalados se les sumó Pedro Bonilla, Francisco de Carvajal, Tomás de Toro
Cabero, Diego de Torres y Gerónimo de San Miguel, estos describieron y denunciaron la
situación de los indígenas intentando detener los abusos y maltratos por parte de muchos
cristianos.

Fray de Toro Cabero, primer obispo que llegó a Cartagena en 1535, manifestó lo siguiente:

“… que toda la mayor parte de esta tierra es alzada, y los indios escandalizados a
causa de las crueldades y malos tratamientos de los cristianos, los cuales por donde
quiera que van queman con sus pies las yerbas y la tierra por donde pasan y
ensangrentan sus manos, matando y partiendo por medio niños, ahorcando indios, o
porque los llevan por guías y les yerran el camino, o porque no les dicen donde
hallarán oro, que esto es su apellido y no el de Dios y el de Vuestra Majestad. Y así
se despuebla toda esta tierra, que no hay en ella sino muy poquitos pueblos de
indios que estén de paz, y aún estos cada día, viendo las opresiones de los cristianos
y sus malos tratamientos cuando sus pueblos van, cada día se rebelan, que ni los
unos ni los otros pueden oír el nombre de cristianos más que de demonios o
basiliscos. Son tan grandes las severidades y malos ejemplos que los cristianos les
hacen y les dan, que con gran dificultad se convertirán a la Santa Fe Católica”. 113

Fray San Miguel, se quejaba desde Santa Fe:

“….. en este Nuevo Reino, aunque es poca tierra, se han hecho tantas y tan
grandes crueldades que si yo no las supiera de raíz y tan verazmente, no pudiera
creer en que corazón cristiano cupieran tan crueles y fieras inhumanidades [….]
Porque unos los han quemado vivos; otros, les han, con muy grande crueldad,
112
Pérez Herrero, Pedro. Op. Cit. pág. 93
113
DIHC. III, pág. 277
66

cortado manos, narices, lenguas y otros miembros, otros es cierto que los haber
ahorcado gran número de ellos así hombres como mujeres [….] Estos son los
servicios que acá a vuestra alteza se hacen y por los cuales piensan ser
remunerados ”. 114

Contrario a estas posturas filosóficas y denuncias, existieron la de juristas como Juan Ginés
de Sepúlveda y teólogos como el dominico Tomás Ortiz, y de los frailes Francisco de
Benavides y Toribio de Motolinía. Este último comunicó:

“Es justo y licito hacer la guerra de conquista para preparar el camino a la


propagación de la fe. Es justo y licito hacer esclavos a los capturados en guerra justa
y a aquellos que por naturaleza lo son y no sirven para otra cosa”. 115

El dominico Ortiz, escribió al Consejo de Indias:

“Comen carne humana en la tierra firme, son sodométicos más que en generación
alguna; ninguna justicia hay entre ellos; andan desnudos, no tienen amor ni
vergüenca; son estólidos, alocados no guardan verdad si no es a su provecho; son
inconstantes, no saben qué cosa sea consejo; son ingratíssimos y amigos de
novedades [.…] Son bestiales, précianse de ser abominables en vicios; ninguna
obediencia ni cortesía tienen mozos a viejos, ni hijos a padres. No son capaces de
doctrina de castigo. [.…] comen piojos y arañas y gusanos crudos, doquiera que los
hayan; no tienen arte ni maña de ser hombres”. 116

Por su parte, Ginés de Sepúlveda se basó en las ideas de Aristóteles sobre la esclavitud
natural de los inferiores y la división dualista de la humanidad entre pueblos civilizados
(europeos), y bárbaros (pueblos no cristianos y no europeos), por tanto, el descubrimiento y
conquista debían estar al servicio de los intereses de la Nación española; dicho de otro

114
Tovar Pinzón, Hermes. La estación del miedo o la desolación dispersa. El Caribe colombiano en el siglo
XVI. Editorial Ariel, Santa Fe de Bogotá, 1997, pág. 56
115
Klauver, Alonso. Descubrimiento y Conquista: En las garras del imperio, (2 Tomos). Lima, Perú, 2000.
Tomo I, pág. 78
116
Todorov, Tzveton. La conquista de América, el problema del otro. Siglo XXI editores, México, 1987, pág.
162
67

modo, consideraba justa la encomienda y la guerra contra los indios por ser estos seres
117
inferiores. Dentro de sus argumentos a favor de la guerra justa podemos parafrasear
cuatro puntos que Sepúlveda expuso, en 1550, en Valladolid, España: 1) Es legítimo
dominar por la fuerza de las armas cuya condición natural es tal que deberían obedecer a
otros, si rechazan dicha obediencia y no queda ningún otro recurso; 2) Es legítimo desterrar
el abominable crimen que consiste comer carne humana, que es ofensa particular a la
naturaleza, y poner fin al culto de los demonios, el cual más que cualquiera otra cosa,
provoca la ira de Dios, con el monstruoso rito del sacrificio humano; 3) La guerra contra
los infieles se justifica porque abre el camino para la propagación de la religión cristiana y
facilita la tarea de los misioneros; y 4) Es legítimo salvar de los graves peligros a los
innumerables mortales inocentes que esos barbaros inmolaban todos los años, apaciguando
así a sus dioses con corazones humanos. 118

Estas aseveraciones dejan ver entre líneas que las afirmaciones escritas de Colón, el 6 de
octubre de 1492, sobre la no existencia de una religiosidad en las comunidades indígenas
habían quedado atrás debido a que se reconoce que tienen culto, por ende una religión, pero
no son cristianos, y, por consiguiente, adoraban al diablo. De ahí el interés de sustituir los
ídolos por las imágenes cristianas. Debido a que el ídolo, era lo contrario de la imagen pues
miente, engaña, lo que explica que, a ojos de los conquistadores, el enfrentamiento entre las
culturas y las sociedades pudo ser interpretado, comprendido y pintado en forma de
representaciones: imágenes verdaderas contra imágenes falsas. Sin embargo, esta antítesis
es ficticia, ya que ídolo e imagen pertenecen al mismo molde, el de Occidente, es decir, es
creación de la mente, que depende de una visión occidental de la cosas. 119

No obstante, estas realidades son más complejas si tenemos en cuenta que las normas de
apreciación son relativas y que los indígenas no eran niños, lo que es ordinario o
insignificante para uno, para el otro, tiene el precio de la rareza o novedad. Sobre todo
cuando se realizaban relaciones mercantiles que aparentemente siempre favorecían al

117
González González, Fernán E.. Op. Cit. págs. 44-45
118
Todorov, Tzveton. Op. Cit. pág. 165
119
Gruzinki, Serge. La guerra de las imágenes. De Cristóbal Colón a “Blade Runner” 1492-2019. Fondo de
Cultura Económica, México, 1994, págs. 52 y 55
68

conquistador, este intercambio se volvió en contra del europeo cuando el oro obtenido
resultó ser sólo un poco de cobre pulido. Además, según los españoles, el trueque resultaba
ventajoso para el nativo debido a que lo despojaba de imágenes malas, falsas, por
representaciones benéficas y eficaces. En este sentido, los indios tenían todo que ganar.
Pero si en el curso del intercambio los europeos cambiaban baratijas por ídolos que eran
codiciados por su belleza y material, siempre que estos tuvieran un valor mercantil, dejaron
de ser entonces una representación demoniaca para convertirse en objetos de valor. 120

Estas argumentaciones muestran un perfil sesgado y maniqueo de las características


culturales entre los aborígenes y los europeos. Los primeros, eran desnudos, atiborrados de
vicios, idólatras, barbaros, caníbales, sin gobierno, deshonestos y salvajes, por el contrario,
a los europeos los enmarcaban como vestidos, honrados, con gobierno, lleno de virtudes,
elocuentes y monógamos. Toda esta distinción abarcó un componente racial que fue
utilizado ideológicamente para un nuevo orden colonial, que descansaba en una sociedad
dominante en todos los aspectos de comparación con los pueblos originaros. En este
sentido, la Corona española tenía el derecho de conquistar las tierras descubiertas, someter
a los indios como súbditos y vasallos. Si fuese necesario esclavizarlos, pues contaba con el
permiso otorgado por la bula papal, el concepto de bárbaro, las posturas sesgadas, el
requerimiento y las capitulaciones. Esta posición de España sobre las Indias fue
acompañada de una disposición defensiva frente las otras potencias europeas, aptitud que se
evidenció al sustituir de manera oficial la palabra conquista por pacificación.

En tales circunstancias, a la Iglesia se le asignó la responsabilidad de evangelizar, el fin era


impulsar la sumisión y la europeización de estos grupos. Además de predicar la lealtad
hacia los Reyes Católicos, cualquier medio de resistencia de la institución eclesiástica se le
consideraba como un problema político, o sea, la evangelización era la esencia espiritual de
la colonización, porque a través de ella se logró imponer, por lo menos en gran parte, un

120
Ibíd. págs.50-52
69

imaginario colectivo, no sólo a los indígenas, sino también a los distintos grupos humanos
que llegaban a América desde Europa. 121

Por consiguiente, al igual que en España esta institución en la América española funcionó
mediante el establecimiento de obispados, los cuales se constituyeron en centros
administrativos autónomos en donde se realizaban nombramientos, sacramentalización,
formación de seminaristas y la coordinación de los trabajos misionales. La primera diócesis
que tengamos conocimiento, se creó en 1504 en la isla La Española. 122

CUADRO 1. Fundación de obispados en Hispanoamérica

Siglo XVI 1504-1550 22

Siglo XVII 1551-1600 9 31

Siglo XVIII 5

Siglo XIX 3

FUENTE: Josep M. Barnadas. “La iglesia católica en la Hispanoamérica colonial”. En: Historia
de América Latina. Editorial Crítica, VoI.2, Barcelona, 1990, pág.190

Así también, la labor de las autoridades eclesiásticas, regulares y seculares, estaban


encaminadas a la conversión de las comunidades indígenas y los diversos grupos humanos,
los cuales desafiaban la voluntad de España de consolidar la fe de Cristo en todos los
confines de la tierra. 123 Por tanto, el programa de evangelización fue lanzado en medio de
una ola de entusiasmo y de fervor generada por los miembros de las órdenes religiosas que
veían en las tierras recién descubiertas perspectivas incalculables para captar neófitos y
salvar almas. Contando, por supuesto, con el apoyo de la Corona, la cual sufragaba los
gastos del viaje de aquellos religiosos que solicitaban llegar a América.124

121
Barnadas M, Josep. Op. Cit. pág. 186
122
Ibíd. pág. 190
123
Los procesos ideológicos de la pacificación. págs. 85
124
Elliott, John H.. Op. Cit. págs. 119-120
70

En este orden de ideas, los indígenas debían ser adoctrinados bajo la enseñanza del Ave
María, el Credo, los Mandamientos, el Padre Nuestro y los Sacramentos de la Iglesia, todo
ello en castellano. 125 No es sorprendente entonces que el rey Carlos I recomendara utilizar
la lengua castellana como elemento idiomático unificador ante la variedad de dialectos y
lenguas vernáculas. Sin embargo, después que asumiera el trono Felipe IV, en 1634, la
lengua castellana fue de carácter obligatorio para el adoctrinamiento de los indígenas.
Varias décadas después, Carlos III prohibió definitivamente el uso de las lenguas nativas
mediante la Real cedula del 16 de abril de 1770. 126 Aunque es oportuno esclarecer, que la
cristianización de los indígenas no consistió únicamente en la enseñanza de la doctrina de la
fe católica sino también que estos grupos “inferiores” asumieran las costumbres y forma de
vida española, lo cual incluía vivir “políticamente” al estilo europeo. 127

Como hemos logrado explicar, la unión entre los intereses del Estado y la Iglesia es muy
compleja y llena de contradicciones debido a que el propósito principal de la fundación de
algunas misiones no fue la conversión de los indios como se mencionó en líneas previas,
sino prevenir el establecimiento en la región de alguna potencia extranjera.

Durante el siglo XVIII, con el proyecto de Carlos III y sucesores, la Corona buscó restringir
la independencia de la Iglesia católica en América, por tanto redujeron los privilegios
judiciales y fiscales. Las herencias pasaron a ser competencia del gobierno y los procesos
relacionados con los concubinatos, ahora dependían del tribunal real. A la par el gobierno
borbónico anuló la inmunidad eclesiástica, pues al igual que los estamentos militares, el
clero poseía un valioso fuero que colocaba a sus miembros por fuera de la jurisdicción de
los tribunales civiles. En 1795, se publicó un nuevo código legal para la Indias, en el que la
inmunidad absoluta que se tenía ante los tribunales reales quedaba derogada en aquellos

125
Arrieta Barbosa, Armando Luis. Los Mokaná. Impacto de la conquista y la colonización temprana sobre
una cultura de transició[Link] Milenio Editores, Barranquilla, 2003, pág. 120
126
Ibíd. pág. 37-38. Es conveniente señalar que si bien es cierto la lengua hizo parte de la estrategia de
sometimiento, este proceso de transculturación en la actualidad identifica a la mayoría de los espacios
territoriales que España conquistó.
127
Palacios, Marco y Safford Frank. Colombia país fragmentado sociedad dividida. Colección Vitral.
Editorial Norma, Bogotá, 2002, pág. 92
71

casos donde los miembros de la Iglesia fueran hallados culpables de delitos graves y
atroces. 128

Este control político sobre las comunidades religiosas también pretendió constituir algunos
parámetros que rigieran su actividad económica para así generar suficientes ingresos que
garantizaran su sostenimiento, sin que, por eso, llegaran a convertirse en grandes empresas.
Por ello Carlos III implementó mecanismos como la inspección de los libros de cuentas, el
traslado de religiosos, clausura de conventos y promovió el retorno a los conventos de los
frailes seculares que se encontraban dispersos.

Cabe resaltar, en este punto, las cinco grandes órdenes religiosas que llegaron a América:
franciscanos, dominicos, agustinos, mercedarios, capuchinos, carmelitas descalzos y
jesuitas; a las cuales se les estipuló la evangelización, por tanto, serían la base primordial de
la propagación del dogma cristiano. En cuanto a los jesuitas, en 1580 había 217, y para
cuando fueron expulsados, en 1767, por los Borbones, se aproximaban a 2.617. 129 Esta
orden vivía y trabajaba en colegios, misiones y haciendas. Tenía bajo su poder grandes
extensiones de tierras en este territorio, eran propietarios de muchos esclavos, por tanto, era
un obstáculo para el control político y fiscal pretendido por la Corona.

Esto permite establecer que, aunque los monarcas Borbones nunca lo admitieron, los
jesuitas dejaron una brecha que no fue fácil llenar. La institución eclesiástica sufrió la
pérdida de pastores, maestros emprendedores y las misiones nunca recuperaron su antigua
prosperidad; realidades que sí fueron reconocidas por los virreyes de la Nueva Granada y
otras partes, por ejemplo, la educación secundaria supuso un golpe duro para el Estado que
no fue capaz de mantenerlo, a pesar de realizar un cierto progreso en la educación primaria.
130

En las postrimerías de la época colonial, en la Nueva Granada, la Iglesia contaba con un


clero compuestos de hombres y mujeres, de 1.850 entre seculares y regulares, para una

128
Lych, Jhon. Dios en el Nuevo Mundo. Una historia religiosa de América Latina. Editorial Crítica,
Barcelona, 2012, págs. 103-104
129
De Roux, Rodolfo. Op. Cit. pág. 110
130
Lych, Jhon. Op. Cit. pág. 115
72

población de 1.400.000 habitantes, esto significa que existió un miembro o funcionario del
clero por cada 750 personas, proporción mucho mayor que en cualquier país de América
Hispánico en la actualidad. 131 Finalmente, la Corona española logró implantar un sistema
de control de esos imaginarios colectivos, utilizando como mecanismo la institución
eclesiástica, a través de la adoctrinación del cristianismo a los “infieles” y “herejes”, debido
a la construcción de ciudades, villas, y parroquias que fungieron como centros de poder
político y administrativo.

131
Bushnell, David. Colombia una nación a pesar de sí misma. Nuestra historia desde tiempos precolombinos
hasta hoy. Editorial Planeta. Bogotá, 2009, pág. 44
73

Capítulo III

LA PROVINCIA O GOBERNACIÓN DE
CARTAGENA*
3. LA ALTERACIÓN DEL ESPACIO

El territorio de la gobernación de Cartagena, se hallaba ubicado en la costa del Caribe


neogranadino; se caracteriza por una costa arenosa y baja, salpicada de albuferas y
marismas, en las que los accidentes más relevantes son la desembocadura del río
Magdalena en las Bocas de Ceniza, la bahía de Cartagena con la isla de Barú, el golfo de
Morrosquillo y el de Urabá. Por su ubicación en el trópico, cuenta con un clima lluvioso,
con temperaturas elevadas y un alto grado de humedad. No existen estaciones propiamente
dichas y sólo el régimen de lluvias establece un período seco y otro lluvioso, este último
situado entre los meses de mayo a noviembre. Este entorno natural se hallaba conformado
por ciénagas, pantanos, bifurcaciones, áreas inundables, caños, arroyos y lodazales, mucho
más agudo en época de lluvia y que durante el siglo XVII gozaba de una gran extensión de
selvas pluviales. Estas características físicas de la gobernación incidieron directamente en
la ocupación y uso del espacio. 132

Posiblemente, la descripción más detallada y amplía de la provincia de Cartagena la realizó


un funcionario real en 1571:

“ Generalmente la tierra y superficie desta provincia es más montusa que llana


mayormente la tierra adentro que sin ser sierra es de muchos y muy continuos

* Es importante señalar y precisar, que durante las primeras décadas del siglo XIX a este espacio
jurisdiccional se le continuó llamando provincia de Cartagena, la cual fue dividida en las provincias de
Mompox (1826), Sabanilla (1852) y Cartagena, y a partir de 1857 recibió el nombre de Estado de Bolívar. A
finales de este mismo siglo y durante el régimen centralista establecido por la constitución de 1886 se le llamó
Departamento de Bolívar. Ya en el siglo XX este espacio territorial fue fraccionado en los actuales
departamentos del Atlántico, en 1905, Córdoba, en 1951 (25.020 Km) y Sucre en 1966 (101.917 Km), y
quedando reducido al actual territorio de Bolívar (25.978 Km).
132
Vidal Ortega, Antonio. Op. Cit. págs. 209-210
74

montes y montañas muy cerradas, de muchos y muy crecidos árboles y muchos


valles profundos todos llenos de arcabucos de ciénagas y pantanos de las continuas
aguas porque la tierra trabada y arcillosa y en pocas partes arenosas salvos en los
ríos y costas y así es apropósito para pantanos y tremedales aunque en partes hay
zabanas y vegas buenas para simientes y ganados” .133

Este marco tan hostil y distinto del que se daría en el futuro, fue el que enfrentó la hueste
del Adelantado Pedro de Heredia a su llegada a este territorio. En los universos mentales de
todos sus acompañantes, el mítico oro y el mundo caballeresco europeo, se entremezclaban
con romances, que de alguna u otra forma pensaban que podrían llegar a emular. Pero con
el paso del tiempo, estos ideales comenzarían a ser cuestionados. En primer lugar, los
recién llegados habían entrado en contacto con el entorno geográfico ya descrito, que no
tenía nada que ver con el dejado atrás, y que para colmo, solía ser refugio frecuente de
depredadores y reptiles. Aquella geografía les pareció grandiosa, perturbadora y
amenazante, rememorando, en muchos casos, la fauna mitológica esculpida en las gárgolas
de las catedrales españolas. Por otra parte, el tan ansiado oro se encontraría
fundamentalmente en las tumbas indígenas prehispánicas y su volumen estaría muy lejos
del producido en otros lugares de la América española, como Potosí, con lo que la
decepción tomó cuerpo. Así pues, al romperse el mito, la adaptación a la nueva realidad les
resultaría enormemente difícil. A este medio geográfico adverso y al cansancio físico se
añadía, muchas veces, una deficiente alimentación, pues en los primeros años básicamente
era de subsistencia. 134

Estos enfoques nos permiten, entre otras cosas, entender que el espacio de América ofreció
enormes diferenciaciones en cuanto a características físicas y climáticas. En otras palabras,

133
Tovar Pinzón, Hermes. (Compilador): Relaciones y Visitas a los Andes. (4 Tomos). Siglo XVI. Región
Caribe. Colcultura - Instituto Colombiano de Cultura Hispánica, Bogotá, 1993. Tomo II. pág. 416 (Citado en
adelante como Relaciones y Visitas a los Andes, tomo y página)
134
Borrego Plá, María del Carmen. “Encomienda y población indígena en la Provincia de Cartagena a fines
del siglo XVI y comienzos del XVII”, en Haroldo Calvo Stevenson Y Adolfo Meisel Roca (Editores):
Cartagena de Indias en el siglo XVI, Banco de la República, Cartagena, 2009, pág. 247 (Citado en adelante
como Encomienda y población indígena en la Provincia de Cartagena, y página)
75

no hubo una sola América, sino muchas, y estas marcadas discrepancias llevaron a distintos
estilos de conquista y colonización.

Durante las primeras décadas del siglo XVI, en el Caribe neogranadino hubo diferentes
formas de penetrar el territorio, de conseguir los metales, piedras preciosas y, en últimas, de
dominar a sus habitantes y controlar el espacio. Estos cuatro focos de penetración fueron: la
provincia de Río Hacha; la provincia de Santa Marta, que comprendía Tamalameque,
Valledupar y la Sierra Nevada; Urabá que alcanzaba parte del Atrato y el Darién, y la
gobernación de Cartagena, que comprendía las llanuras del Sinú y las estribaciones de los
135
Andes colombianos. En estos incipientes años de penetración territorial, como ya se
sustentó, no hubo un procedimiento único de conquista y colonización, pero algunos
modelos tendían a constituirse, debido a que las expediciones militares necesitaban
organización y abastecimientos para seguir avanzando, alimentos, armas de fuego, espadas
y otros pertrechos.

Por su parte, la situación para de ciudad de Cartagena no iba mucho mejor que en otros
lugares de su gobernación. Era realmente difícil que las ínfimas fortunas de los españoles
pudieran hacer frente al encarecimiento de los productos básicos para su subsistencia.
Fueron diversos los informes sobre el costo de la vida que se enviaron a España. Por medio
de ellos se puede conocer aproximadamente el precio de los alimentos en el mercado
cartagenero y el notable incremento de los mismos cuando eran vendidos en el resto de la
provincia. En la ciudad, por ejemplo, una pipa de harina costaba treinta castellanos,
alcanzando más de cuarenta si era de vino. Lo mismo ocurría con otros alimentos, como la
carne salada de cerdo, de la que si una arroba costaba entre cinco y seis pesos en Cartagena,
136
en el Sinú su precio aumentaba hasta diez.

Estas condiciones de la conquista estimuló la rapacidad. Debido a que muchos


conquistadores de base debieron endeudarse para adquirir los suministros esenciales, los

135
Tovar Pinzón, Hermes. Op. Cit. págs. 64 - 65
136
Elvás Iniesta, María Salud. “Abastecimiento y hambre en la conquista de Cartagena de Indias”, en
Aguaita. N° 15-16, 2006-2007. pág. 36
76

organizadores incurrían en enormes deudas para conseguir las embarcaciones y el equipo


de la expedición. El gravamen de estos compromisos en los centros de abastecimiento,
combinada con una ola de posesividad generalizada, forzaba a los jefes expedicionarios a
saquear cualquier tesoro y a imponer a sus acompañantes precios de monopolio. Estos
últimos, cada vez más endeudados, empezaron a demostrar insatisfacción, elevar quejas y
reclamar nuevas expediciones para pagar a sus acreedores y, de ser posible, regresar a
España ricos; dicho de otro modo, el endeudamiento y la ambición insatisfecha fueron el
motor de la conquista. Un claro ejemplo de este proceso tuvo lugar en la provincia de
Cartagena. La noticia del hallazgo de entierros de oro en los sitios ceremoniales del Sinú
hizo que el gobernador Pedro de Heredia enviara a la mayor parte de sus hombres a
prolongadas expediciones de distracción mientras dispuso que esclavos africanos
desenterraran las piezas funerarias de oro y que los indios produjeran alimentos para éstos.
Al parecer, 200 conquistadores murieron de hambre como consecuencia de esta táctica
dilatoria. 137

Este arribo de españoles a la provincia de Cartagena conllevó a una dislocación de la forma


como las comunidades indígenas se encontraban organizadas, tanto en su espacio, como en
sus necesidades básicas de vida. Este proceso se comenzó por el norte y centro de
Tierradentro, alrededor de Cartagena y la necrópolis del Sinú. 138 De manera general, el
rasgo más sobresaliente de la organización de estas culturas fue su agrupación en
sociedades tribales más o menos igualitarias, donde la jerarquía en su interior no estaba
sancionada por la permanencia de una casta o linaje. Aunque tampoco se puede hablar de
una verdadera división del trabajo, acorde con las funciones económicas desempeñadas por
los individuos, no al menos de una que fuera mucho más allá de una incipiente división
sexual del trabajo. De cualquier manera, existe consenso en los investigadores, de la
correlación entre el maíz y una mayor complejidad social, debido a que resulta claro que
con su cultivo muchas sociedades indígenas dieron el paso de la tribu al cacicazgo, esto es,
de una sociedad de carácter más o menos igualitario a una de tipo jerárquico señorial. No

137
Palacios, Marco y Safford Frank. Op Cit. pág. 55
138
Conde Calderón, Jorge. Espacio, sociedad y conflictos en la provincia de Cartagena.1740-1815. Fondo de
Publicaciones de La Universidad Atlántico, Barranquilla, 1999, pág. 13
77

en vano el cacicazgo está definido como el nivel intermedio entre una organización tribal y
una de índole estatal . 139

Ahora bien, según algunos relatos de indios, los llamados sinúes se dividían en tres reinos:
Pancenú ubicado en las llanuras del río San Jorge; Canufaná, localizado, entre el San Jorge
y el bajo Cauca, y Fincenú, establecido en el área del río Sinú, en donde se encontraba el
grupo más fuerte, al cual los otros grupos le rendían homenaje y en donde se enterraban a
los muertos importantes. Sin embargo, no existe ningún indicio que se tratara realmente de
tres reinos, lo más probable es que estas comunidades indígenas vivieran en pequeños
núcleos separados y gobernados por caciques distintos, pero con ciertas similitudes
140
religiosas, lingüísticas y por ende culturales. Este tipo de organización no sólo
contribuía a defender el territorio de posibles invasores, y en ocasiones, a expandirlos, sino
que fundamentalmente conducía a la especialización y a la división del trabajo. Por
ejemplo, en sus actividades agrícolas, de orfebrería, pesca, de caza, en la elaboración de
utensilios de uso doméstico, así como rituales. 141

En este marco se continúa la penetración territorial, es por ello, que las huestes españolas
y portuguesas de Pedro de Heredia recorren el valle del Apóstol Santiago, nombre que se le
dio al corredor entre el mar y la serranía de Piojó, después llegaron a Zamba (actual
Galerazamba), en donde se estableció una colonia portuaria que sirvió para la llegada de
galeones. Luego recorrieron varias poblaciones indígenas como: Oca, Tubará, Cipacua,
142
Galapa, y Malambo. En este contexto, el Imperio español realizó un proceso de
fundación de ciudades en el siglo XVI con el fin de forjar centros de dominios que le
permitirán integrar los distintos grupos humanos (indios, blancos, esclavos, mulatos, negros
y mestizos), pero a pesar de los intentos administrativos y la hibridación del continente los
grupos humanos no cesaron de resistirse a dicha dominación, ya que todavía se encuentran
huellas, vestigios que confirman lo que hemos mencionado en segmentos anteriores. Este

139
Historia del poblamiento del territorio de la Región Caribe de Colombia. págs. 14-15
140
Melo, Jorge Orlando. Op. Cit. pág. 48
141
Historia del poblamiento del territorio de la Región Caribe de Colombia. pág. 23
142
Colpas Gutiérrez, Jaime. Antecedentes históricos del departamento del Atlántico, 1533-1905. Fundación
Cultural Nueva Música. Editorial La Iguana Ciega. Barranquilla, 2013, págs. 34-35
78

panorama, no sólo se produjo en la gobernación de Cartagena y el Caribe neogranadino,


sino también en toda la América colonial. 143

En estos centros urbanos (ciudades) convivían religiosos, administradores, soldados y


mercaderes, estos últimos comercializaban aceites, baratijas, vinos y otras mercancías que
llegaban desde España. Al mismo tiempo, trasportaban oro, perlas y esclavos por el mar
Caribe. 144 No obstante, el nuevo ordenamiento territorial y poblacional español se asentó
en lugares donde existían comunidades indígenas que ofrecieron poca resistencia, la cual no
siempre tuvo forma de rebelión armada, debido a que muchas veces los aborígenes huían de
sus lugares de residencia y se internaban en los arcabucos. En otras oportunidades se
escabullían durante las horas de la noche y reunían en bohíos construidos específicamente
para practicar sus ritos ancestrales. Sin embargo, el espacio fue jerarquizado por la Corona
española mediante las gobernaciones de Cartagena y Santa Marta; estas provincias las
organizaron en ciudades, villas, parroquias y pueblos de indios.

Asimismo, las distintas expediciones militares que se realizaron a mediados del siglo XVII,
para seguir penetrando el territorio de la gobernación, utilizaron como guías a los
aborígenes, hecho que refleja la necesidad y la dependencia de ciertos conocimientos
indígenas 145

De igual manera, los conquistadores establecieron vínculos comerciales entre las


poblaciones, es decir, crearon redes urbanas que privilegiaron los intercambios de
productos para beneficio de la Metrópoli; esto influyó en la importancia que le concedieron
a los territorios donde vivían la mayor parte de la población colonial y es, entonces, cuando
los puertos marítimos y fluviales adquieren un papel fundamental. A Cartagena se le otorgó
la función de ser las “llaves de las Indias” y desde allí se controlaba al Caribe
neogranadino y al resto del territorio para beneficio del Imperio. Pero en la práctica jamás
lograron instaurar un dominio real y efectivo, ya que surgieron varios inconvenientes como
el contrabando y el poblamiento espontáneo. Respecto a este último, fue una integración y
143
Zambrano Pantoja, Fabio, Región. Nación e Identidad cultural, Fundación de Estudios Históricos Misión
Colombia, págs. 7-9. (Mecanografiado)
144
Tovar Pinzón, Hermes. Op. Cit. pág. 65
145
Vidal Ortega, Antonio. Op. Cit. pág. 217
79

conformación espacial no formal, dicho de otro modo, por fuera de los intereses
administrativos y coloniales, donde zambos, mestizos, indios, esclavos fugitivos, e incluso
blancos pobres, establecieron un modelo de poblamiento alterno (Sitios de libres), que en la
mitad del siglo XVIII se les llamó en forma peyorativa <<arrochelados>>. 146

Algunas de estos sitios de libres o rochelas mostraban cierta homogeneidad racial,


especialmente aquéllas conformadas por nativos que habían huido de las encomiendas y
pueblos de indios a los que habían sido asignados de manera forzada. 147 Al final, el modelo
de organización espacial español privilegió la fundación de una sola ciudad hegemónica,
Cartagena, con ciertos privilegios fiscales o contribuciones que le realizaban las villas y
pueblos para su sostenimiento. 148

Asimismo, esta ciudad se consolidó como núcleo central del comercio con el interior de la
Nueva Granada, las islas del Caribe y Europa, pues existía un intercambio de mercancías,
de productos agrarios, industriales y metalíferos. 149 Además, la urbe de Cartagena era un
importante centro eclesiástico. Fue sede episcopal y, a partir de 1610, asiento del Tribunal
de la Inquisición; también tenía cuatro monasterios y dos conventos, hasta el punto que
para esta fecha cerca del 10% de la población masculina estaba representada por religiosos.
Sin embargo, la misma importancia de su puerto la hizo objeto de ataques de corsarios y
fuerzas navales. Estos asaltos instaron a la Corona española a invertir grandes sumas en las
fortificaciones de la ciudad. En la década de 1590, después del ataque de Francis Drake, se
comenzó un programa de fortificaciones en el puerto, en los años siguientes se
construyeron los primeros baluartes y fuertes, complementados con construcciones
adicionales durante el siglo XVIII. 150

Con base en esto, Cartagena se convirtió en la puerta de entrada y salida hacia el mundo
exterior y una de las principales bases de las fuerzas marítimas españolas, junto con La

146
Zambrano Pantoja, Fabio. Op. Cit. págs. 36-38
147
Helg, Aline. Libertad e igualdad en el Caribe colombiano, 1770-1835. Editorial Universidad EAFIC.
Medellín, 2011. pág. 57
148
Conde Calderón, Jorge. Op. Cit. pág. 18
149
Tovar Pinzón, Hermes. Op. Cit. pág. 167
150
Palacios, Marco y Safford Frank. Op Cit. pág. 126
80

Habana. Además, puerto comercial de esclavos africanos, porque a este núcleo urbano
151
llegaban para aclimatarlos y después enviarlos a sus destinos finales. Una buena
descripción nos la ofrece el padre Alonso de Sandoval, respecto a su arribo y condiciones
de estos grupos humanos:

“… llegan hechos unos esqueletos; sacándolos en tierra en carnes vivas, pónenlos


en un gran patio o corral; acuden luego a él innumerables gentes, unos llevados de
su codicia, otros de curiosidad y otros de compasión [….]. Si en este lugar los sanos
no enferman, todavía es de algún refrigerio la vida del tiempo que está en él por
ordenarse engordarlos para poderlos vender con más ventajas [.…]. En algunas
casas de estos señores de armazones hay unos grandes aposentos todos rodeados de
tablas, donde dividiendo a los hombres de las mujeres encierran de noche para
dormir a toda esta gente”. 152

En síntesis, la dominación española en los territorios del Caribe neogranadino y la


provincia o gobernación de Cartagena fue ejercida a través de la creación de partidos y la
fundación de centros urbanos. Estos últimos, lugares organizados en torno a símbolos como
la plaza y la iglesia, o sea, espacios de consolidación del poder político y el sometimiento
de áreas “vírgenes” y grupos humanos “incultos”, que acarreó el dislocamiento y
trasformación del área de convivencia de los pueblos originarios. Según el cronista
Fernández Gonzalo de Oviedo:

“Las casas en que estos indios viven son de diversas maneras, porque algunas son
redondas como un pabellón, y esta manera de casa se llama caney. En la isla
Española hay otra manera de casas, que son hechas a dos aguas, y a éstas llaman en
Tierra-Firme bohío; y las unas y las otras son de buena madera, y las paredes de
cañas atadas con bejucos [.…] en la Castilla de Oro, hay muchos pueblos de indios
puestos sobre árboles, y en cimas de ellos tiene sus casas y moradas, y hechas

151
Bushnell, David. Op. Cit. pág. 40
152
Vidal Ortega, Antonio. [Link].pág.134
81

sendas cámaras, en que viven con sus mujeres y hijos [.…] por estar seguro de los
animales y bestias fieras y de sus enemigos”. 153

No es sorprendente, entonces, que el investigador George Duby expresará al respecto de la


fundación de núcleos urbanos:

“A lo largo de toda su historia, la ciudad no se caracteriza ni por el número de sus


habitantes, ni por la actividad de las gentes que viven en ella, pero sí por sus rasgos
particulares de condición jurídica, de sociabilidad y de cultura. Estos rasgos
derivan del papel primordial que desempeña el núcleo urbano, el cual no es
económico, sino político. La ciudad se diferencia del medio que la circunda, y en
éste ella es el punto de residencia del poder. El Estado crea la ciudad. Sobre la
ciudad el Estado toma lugar ”. 154

Es necesario tener presente que los controles espaciales de los núcleos urbanos españoles
estaban fuertemente establecidos por una legislación que regulaba las relaciones de estos
centros con sus territorios. Así, por ejemplo, la introducción de una economía monetaria
por parte de España, estaba basada en el establecimiento de una institucionalización de los
mecanismos de acumulación, los cuales tenían su centralidad en los núcleos urbanos. En tal
sentido, a Cartagena, Santa Marta y Mompox se les creó el sistema de Cajas Reales,
institución que buscó concentrar los ingresos provenientes de los diferentes sistemas
impositivos, así como los gastos de la Corona. Sin embargo, las mejores condiciones
comerciales que ofrecían las potencias rivales de España hizo que el control monetario sólo
fuera ejercido en los puertos, y por ende, la escasa regulación de este proceso en sus

153
Fernández de Oviedo, Gonzalo. Sumario de la natural historia de las Indias. Fondo de Cultura Económica.
México, 1996, págs.134-136
154
Duby, George. Histoire de la France urbaine. (5 Tomos). Editorial Seuil, París, 1980. Tomo I, pág. 13.
Véase, Roa Barraza, William. “Conquista y poblamiento de nuevos espacios en la provincia de Guayana,
1724-1777”, en Boletín de la Academia Nacional de la Historia. Vol. XCVII, N° 386, 2014, pág. 108. Esta
definición de ciudad es válida para el período colonial y principios de la época republicana ya que a medida
que se trasforman las estructuras económicas y sociales se desvirtúa el determinismo político.
82

fronteras interiores y la existencia de puertos naturales donde se practicaba el contrabando,


lo cual perturbó la regulación de esta economía monetaria. 155

Estos núcleos urbanos, independientemente del número de vecinos, tamaño, precariedad en


construcciones y pobreza de quienes vivían, eran considerados un espacio sagrado debido a
las tradiciones medievales. La distribución del área era la retícula, formada por manzanas y
calles paralelas que se cruzaban en ángulo recto, no lineal sino longitudinal. El conjunto de
estas bandas longitudinales formaban el espacio público, siendo la plaza el centro
fundamental de la ciudad. En la plaza se ubicaban los edificios del poder civil y religioso,
pero también era un lugar donde se establecían las diversas funciones sociales como ferias,
ceremonias y fiestas. 156

3.1 EL IMPERIO Y SU JERARQUÍA POLITICA Y ESPACIAL

Si se analiza con detenimiento las instituciones coloniales que la Corona adoptó para
administrar y gobernar los territorios americanos durante el reinado de los Habsburgo, se
pueden observar características y funciones que se tomaron de la península española. Esto
permite mostrar algunos rasgos de modernidad de un Estado racional y burocratizado.

Fue durante la segunda mitad del siglo XVI, que España logró establecer un sistema
definitivo de gobierno para la Nueva Granada y para el mismo Imperio español, esta
estructura era altamente centralizada, pues el territorio era gobernado por el Rey y sus
consejeros desde España. El cuerpo de funcionarios más importantes era el Consejo de
Indias, cuyos miembros servían simultáneamente como corte de apelación, órgano
legislativo y tribunal administrativo. 157 Esta institución inició en 1518 y sesionó en España,
en el Palacio de Madrid, hasta 1561, cuando tuvo su propia sede. Durante los dos primeros
siglos hubo 249 consejeros y sólo siete de ellos tuvieron la oportunidad de ocupar altos
cargos en América; en el mismo lapso estuvieron 25 presidentes. Dicho Consejo estaba
conformado por consejeros que podían ser juristas o teólogos, un secretario, varios

155
Historia del poblamiento del territorio de la Región Caribe de Colombia. pág. 85
156
Ciudad y Territorio. págs. 36-37
157
Ibíd. pág. 32
83

procuradores, notarios, conserjes y alguaciles. 158 En América la función estaba a cargo del
virrey, lugarteniente general del monarca, a cuyo cargo se encontraba en el territorio
159
asignado la alta dirección de la política real.

Del otro lado del océano, la máxima autoridad eran los virreyes e institución de Los
virreinatos, estos se establecieron el 20 de noviembre de 1542, por orden real de Carlos I,
en la que dijo brevemente:

“Establecemos y mandamos que los reinos del Perú y Nueva España sean regidos y
gobernados por virreyes que representan nuestra persona, y tengan el gobierno
superior, y hagan y administren justicia igualmente a todos nuestros súbditos y
vasallos, y entiéndase en todo lo que conviene al sosiego, quietud y
ennoblecimiento y pacificación de aquellas provincias, como las leyes de esta título
y recopilación se dispone y ordena”. 160

Bajo los virreinatos se encontraban las Capitanías Generales, las Reales Audiencias, La
Casa de la Contratación, los Corregidores y finalmente los Cabildos o consejos
municipales. Posteriormente, en el siglo XVIII el reformismo borbónico creó dos nuevos
cargos administrativos, los intendentes y regentes.

Capitanías Generales. El título de capitán general, que cumplía funciones estrictamente


militares, de guerra o defensa, se otorgaba a los funcionarios españoles no con el mismo
rango de los virreyes, sino dependientes de éstos. Casi siempre eran nombrados en las
provincias donde se presentaban dificultades con los indígenas. Vale la pena advertir, que
la jurisdicción militar podía o no coincidir con la de las provincias. Real Audiencia, este
organismo se puede considerar como un Consejo de Indias pequeño, el cual estaba
compuesto por un presidente, oidores, un fiscal y un alguacil. Esta institución tenía como
objetivos centrales el cumplimiento de las Leyes de las Indias y como órgano consultivo de

158
Rodríguez González, Ana Luz. Op. Cit. pág. 78
159
Santofimio Gamboa, Jaime Orlando. Tratado de derecho administrativo. (2 Tomos). Bogotá. Universidad
Externado de Colombia y Universidad Carlos III. 1997, Tomo I, pág. 288
160
Zuluaga Gómez, Víctor. América bajo la dominación europea. Colección Universidad Tecnológica de
Pereira, Colombia, 1991, pág. 37
84

161
los virreyes. A lo largo del siglo XVI se crearon 10 audiencias en todo el territorio
americano. En el virreinato de Nueva España: Santo Domingo (1511), México (1527),
Guatemala (1543), Guadalajara (1548). En el virreinato de Perú: Panamá (1538), Lima
(1543), Santa Fe de Bogotá (1548), Charcas (1559), Quito (1563), Chile (1563-1573;
fundada de nuevo en 1606). Todas estas audiencias sumaban unos 90 cargos en los niveles
de presidentes, oidores, y fiscales. Los 1.000 hombres que los ocuparon durante los dos
siglos del reinado de los Austrias constituyeron la burocracia de España en América. 162 En
cuanto a la Audiencia de Santa Fe de Bogotá, su instalación real se efectuó dos años
después, ya que su presidente, el licenciado Gutiérre de Mercado, murió en Mompox antes
de emprender su viaje al interior. A la ciudad de Bogotá sólo llegaron dos oidores, los
licenciados Beltrán González y Juan de Galarza, quienes iniciaron la Audiencia el 12 de
abril de 1550. 163

La Casa de la Contratación, fundada en 1503 como un organismo que se encargaba de las


relaciones comerciales entre el Nuevo Mundo y la Corona. Regulaba la importación y
exportación de mercancías e intentaba controlar el envío de flotas y pasajeros. Después en
1510 adquirió facultades legislativas en procesos fiscales de justicia y asuntos de hacienda
pública.164 Estos últimos, realizados por funcionarios reales, los cuales estaban encargados
de los recaudos de impuestos y demás imposiciones fiscales en los espacios americanos;
para finales del siglo XVI tenían atribuidas funciones jurisdiccionales especiales en materia
de hacienda, en una especie de competencia especializada, que le sustrajo el conocimiento
de estos asuntos a la justicia ordinaria de las reales audiencias.165

Respecto a los viajes de exploración y las primeras conquistas, estas arrastraron a un


puñado de marineros, soldados, funcionarios y clérigos. Al embarcarse, pocos pensaban
asentarse en el Nuevo Mundo. Vivos o muertos, muchos permanecieron allí para siempre.

161
Ibíd. págs. 36-38
162
Elliott, John H.. “España y América en los siglos XVI y XVII”, en Leslie Bethell (Compilador): Historia
de América Latina. (16 Vol.). Editorial Crítica, Barcelona, 1990, Vol. 2, pág. 11 (Citado en adelante como
España y América en los siglos XVI y XVII, y pagina)
163
Friede, Juan. Op. Cit. pág. 89
164
Jaramillo Uribe, Jaime. “La administración colonial”, en Nueva Historia de Colombia, Vol. I. Edición
Planeta, Bogotá, 2001, pág. 178
165
Santofimio Gamboa, Jaime Orlando. Op. Cit. pág. 291
85

Estos hombres contribuyeron a la avanzada de una oleada que a lo largo de siglos atraería a
166
millones de europeos a América.

Las personas que aspiraban a cruzar el Atlántico debían presentar los documentos
necesarios relativos a su origen y lugar de nacimiento a los oficiales de la Casa de la
Contratación para recibir una licencia real que le autorizaba a realizar el viaje. Es claro y
patente que se trató de una emigración controlada desde una fase muy temprana a la cual se
añadieron restricciones, a veces estas mermaban, según variaban necesidades y prioridades.
Sin embargo se podía falsificar tal documentación o sobornar a los capitanes de los barcos
para desembarcar en Veracruz, Cartagena de Indias y desaparecer luego en los espacios
americanos. Además, durante los primeros años de la colonización, moros, judíos, gitanos y
herejes tenían completamente prohibida la entrada en las Indias españolas, no obstante, era
posible encontrar formas de eludir tal situación, pero se hizo más difícil a partir de 1552
cuando lo emigrantes debían presentar pruebas de sus lugares de origen para demostrar su
limpieza de sangre, dicho de otro modo, la ausencia de cualquier sangre judía o mora. 167
Estas medidas intentaban impedir el embarque de extranjeros e incluso en un principio de
los naturales de la corona de Aragón. El objetivo era reservar el derecho a la emigración a
América para los súbditos de la corona de Castilla. 168

Con la llegada de los Borbones a principios del siglo XVIII, esta institución fue remplazada
por los Juzgados de arribadas, las cuales funcionaron en la ciudad de Cádiz a partir de
1717; el objetivo era regular los trámites necesarios para despachar los buques de cada
puerto autorizado y dinamizar los intercambios de información entre Europa y el continente
americano, tan necesarios para las operaciones mercantiles. 169

Los Corregidores, tenían la función de evitar los excesos de los encomenderos, hacer
cumplir las Leyes de las Indias, fijar la tasa del tributo que debían entregar los indios y

166
Sánchez-Albornoz, Nicolás. Op. Cit. pág. 23
167
Elliott, John H.. Op. Cit. págs. 92 y 94
168
Sánchez-Albornoz, Nicolás. Op. Cit. pág. 23
169
Pérez Herrero, Pedro. Op. Cit. pág. 132
86

distribuir la mano de obra indígena entre los encomenderos. Sin embargo, en la práctica el
corregidor fue un azote peor que los mismos encomenderos. 170

Para supervisar el desempeño de estos funcionarios en América, la Corona española creó


dos instituciones: la visita y la residencia. Las visitas, realizadas por visitadores regios,
tuvieron como función central verificar el estado de la población indígena. Se iniciaron en
la segunda mitad del siglo XVI y para la historia de la Nueva Granada tuvieron tres ciclos.
El primero, entre 1550 y 1600, período de la creación de la Real Audiencia; el segundo, en
los albores del siglo XVII, y el tercero, a mediados del siglo XVIII. Los juicios de
residencia, eran investigaciones que se adelantaban para establecer la conducta de un
funcionario, casi siempre al terminar su período, y eran efectuados por los funcionarios
entrantes. 171

Con el arribo de la familia de los Borbones, en el siglo XVIII, se aplicaron unas reformas
económicas, políticas y administrativas que buscaron modernizar el Estado. Quizás como
respuesta a la debilidad de la economía española y a la necesidad de defenderse de los
avances efectuados por Inglaterra y el mismo proceso industrialización inglés a mediados
del siglo XVIII. De allí la racionalización de nuevos cargos administrativos (Intendencia y
Regencia), y reordenamientos territoriales que tenían como fin mejorar los tributos, los
impuestos y la defensa del territorio.

La Intendencia y Regencia, los funcionarios de estas instituciones estaban encargados del


manejo de la hacienda pública, pero la intervención en asuntos de gobierno, eclesiásticos,
justicia y guerra conllevó a múltiples conflictos con las autoridades locales y hasta con los
virreyes, lo cual condujo al fracaso de las instituciones. El más conocido regente para la
Nueva Granada fue don Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres, por su protagonismo en los
sucesos de los comuneros de 1781. 172

170
Barrera Monroy, Eduardo. “Presidentes y virreyes de la Nueva Granada”, en Gran Enciclopedia. Círculo
de lectores, Santa fe Bogotá, 1991, pág. 165
171
Rodríguez González, Ana Luz. Op. Cit. pág. 84
172
Barrera Monroy, Eduardo. Op. Cit. pág. 166
87

Para finalizar, Los Cabildos o concejos municipales, los cuales se formalizaron en América
de la siguiente manera:

“El que capitulare nueva población de ciudad, Villa o Colonia, tenga la jurisdicción
civil y criminal en primera instancia por los días de su vida y de su hijo o heredero;
pueda poner Alcaldes ordinarios, Regidores y otros oficiales del Consejo del mismo
pueblo”. 173

Otros funcionarios del cabildo, pero que no lo constituían propiamente, eran el procurador,
escribano, ejecutor, mayordomo, depositario general y tenedor. Dentro de las funciones del
cabildo se encontraban administrar la ciudad y sus bienes, abastos, urbanismo, adjudicar
mercedes, reconocimiento de cargos, incluidos el gobernador, obispo, regidores y
pregoneros. 174

Los alcaldes y regidores constituyeron el Cabildo, el cual influyó de manera directa en el


repartimiento de las mercedes de tierra que se les entregaba a los vecinos. Los alcaldes, por
su parte, tenían que cumplir con los requisitos de saber leer y escribir y mostrar un balance
al posesionarse de sus haberes, con el fin de controlar la honradez del mandatario. 175 Los
concejos municipales eran el escalón más bajo del sistema político y administración
colonial. Sus miembros con frecuencia ocupaban estos cargos por alguna forma de
nombramiento sumario o la compra a través de subastas públicas.

La decisión de vender cargos públicos para obtener ganancias adicionales, promovió la


venalidad en la administración de los reinos, porque algunos cargos fueron desempeñados
por personas que poseían poder económico, pero no la competencia requerida para

173
Zuluaga Gómez, Victor. Op. Cit. pág. 41
174
Hernández Becerra, Augusto. “Fundamentos constitucionales del ordenamiento territorial colombiano.
Reflexiones, sobre el proceso de la descentralización”, en Luis Villar Borda, Fabio Valencia Morato, Jorge
Pino Ricci (Compiladores): Régimen de las entidades territoriales. Universidad Externado de Colombia.
Editorial Panamericana Formas e Impresos S.A. Bogotá, 2003, pág. 38
175
Ciudad y Territorio. pág. 39-40
88

ejercerlos, y además, hizo que en la práctica ciertas instituciones se colocaran al servicio de


intereses privados y no públicos. 176

En otras palabras, las familias criollas aprovecharon esta oportunidad de la venta de cargos
en las administraciones centrales y locales para reafirmar su poder y su dominio social y
económico. Sin embargo, estos intereses y privilegios fueron tocados dentro de las políticas
borbónicas de mitad del siglo XVIII, debido a que se restringió la venta de cargos públicos
para los criollos y se redujeron los nombramientos en la Iglesia y puestos más importantes
dentro del Estado; la intención fue cortar los fuertes lazos burocráticos y su cierta
independencia de la administración. Esto conllevó al surgimiento de rebeliones y
movimientos en la Nueva Granada y el resto de América, los cuales algunas veces eran
incitados y dirigidos por estos grupos familiares debido a que esta reforma burocrática
amenazaba el poder conseguido durante el reinado de los Habsburgo.

CUADRO 3. Administración Virreinal

FUENTE: Jaramillo Uribe, Jaime: “La administración colonial” En: Nueva Historia de
Colombia, Vol. I. Edición Planeta, Bogotá, 2001, pág. 178

176
Rodríguez González, Ana Luz. Op. Cit. pág. 83
89

En cuanto al espacio, las provincias fueron la primera división territorial que se realizó en
la América española, constituyéndose en las unidades básicas del gobierno territorial en las
Indias. Las provincias o gobernaciones, como también se les llamó por estar a cargo de un
gobernador, al principio dependió directamente del rey. Del monarca también dependió su
gobernador que en el derecho castellano correspondió al corregidor. Sus funciones se
enmarcaron dentro del gobierno ordinario. Esto es, los asuntos propiamente administrativos
del territorio a su cargo, que no eran políticos, ni de justicia. En síntesis, en las cosas
menudas de la administración.177

Según los españoles, la provincia de Cartagena era un territorio dominado, controlado y


bien delimitado, pero en realidad en los primeros años de la conquista careció de unos
límites o demarcaciones más o menos precisas. Fernández de Oviedo fue quien primero
logró el derecho de construir una fortaleza permanente y comercializar en Cartagena y sus
regiones vecinas. La fortaleza fue capitulada en Valladolid, en 1523, debido a la resistencia
indígena de los caribes, los cuales mataron a Juan de la Cosa y despedazaron al capitán
Alonso de Ojeda, y según le han comentado al Rey son: “la gente más feroz de Tierra
Firme”. 178

Pocos años después, en 1525, obtuvo una capitulación para la conquista de la región, que
recibió el nombre de gobernación de Cartagena. En dicha capitulación se incluyó el derecho
de esclavizar a los indios, pero este no consiguió ningún resultado favorable, ya que durante
los siguientes años en el Caribe neogranadino sólo se realizaron eventuales expediciones
con la presencia de algunos esclavos. 179 Igualmente, el Rey le concedió la llegada de cien
hombres con el fin de poblar la tierra, autorizó el arribo de religiosos, frailes o clérigos de
misa para que estuviesen en dicha población y fortalecieran la conversión de los indios y
administraran los sacramentos. 180

177
Santofimio Gamboa, Jaime Orlando. Op. Cit. pág. 289
178
DIHC. I,pág. 73
179
Melo, Jorge Orlando. [Link]. págs. 137-138
180
DIHC. I, pág. 98
90

Posteriormente, el 15 de agosto de 1532, mediante una capitulación al Adelantado Heredia,


se le autorizó: “Vos doy licencia y facultad para que podáis hacer y hagáis en la dicha
provincia una fortaleza cual convenga para defensa de los españoles que en ella residieren,
en la parte que os pareciere”. De igual manera, en esta capitulación el monarca manifestó:

"Es nuestra merced y voluntad que habiendo disposición en la dicha tierra tengáis
en ella todas las granjerías, así de ganados y labranzas y todas las otras cosas que
tienen en la isla de La Española y San Juan los vecinos de ellas [.…] para poder
pasar a la dicha provincia, de estos nuestros Reinos y del Reino de Portugal e isla
de Cabo Verde, y donde quisiereis y por bien tuviereis, cien esclavos negros, la
mitad negros, la mitad hembras”. 181

En pocas palabras, significaba la autorización de fundar una ciudad, administrar justicia


criminal y civil en la provincia. Su primer asentamiento fue en la isla de Calamarí, donde
existía una pequeña población indígena. Posteriormente, en 1534, la iglesia fue elevada a
182
obispado y nombrados los regidores de la ciudad. Ya en 1535 habían llegado las
expediciones de Juan Ortiz, Alonso de Heredia, Rodrigo Durán y muchos aventureros en
busca de fortuna, ocasionando su rápido poblamiento; para ese mismo año el número de
españoles que se encontraban en la ciudad de Cartagena alcanzaban los 2.000 habitantes
(soldados, comerciantes, herradores, curas, carpinteros y algunas mujeres). 183

No obstante, los límites jurisdiccionales de la gobernación no se encontraban plenamente


establecidos, por lo que, el 31 de julio de 1540, una segunda capitulación fue autorizada a
Heredia delimitando esta vez de manera clara y precisa dicha provincia. En esta
capitulación se le otorgó conquistar y poblar desde el Río Grande (Magdalena) hasta el río
del Darién o Atrato en el Golfo de Urabá, con extensión de 70 leguas de costa incluyendo
de igual forma las islas. Por los datos expuesto, la provincia de Cartagena quedó
definitivamente delimitada al norte con el mar Caribe, al sur por los limites naturales de la

181
Ibíd. II, págs. 277-280
182
Zambrano Pantoja, Fabio. Op. Cit. pág. 118. Estas primeras construcciones de cierta manera improvisadas
contaron con el apoyo de los indios, pues desde muy temprano fueron obligados a pagar el diezmo y
utilizados como mano de obra para la edificación de las diversas obras públicas.
183
Melo, Jorge Orlando. Op. Cit. págs. 141 y 146
91

serranía de Ayapel y San Lucas, al oriente con el Río Grande y al occidente por el río del
Darién o Atrato. 184 (Véase mapa N °2)

De otro lado, las ciudades, en términos generales, representaban un espacio jerarquizado,


basado en la tradición heredada del derecho romano y estaban integradas por vecinos; estos
recibían privilegios económicos y políticos, solares, estancias y servicios personales, de
acuerdo a su jerarquía dentro de las huestes conquistadoras. 185 Una vez fundada la ciudad
bajo el derecho castellano, que expresaba la posesión de un territorio por los Reyes
Católicos, se procedía a la entrega de una jurisdicción donde este espacio urbano ejercía
una influencia para tratar de asegurar el monopolio de los recursos en sus cercanías, y a la
vez, señalaba un área con respecto a otra ciudad y villa. De cualquier manera, era un núcleo
complejo donde política, religión, comercio, jurisdicción y autonomía dependían
directamente del rey, gobernador, supremo juez y legislador.

En orden descendente se encontraban las villas, habitadas por villanos, es decir, por vecinos
de menor importancia, gobernadas por un Cabildo de formación similar pero con un
número pequeño de regidores que eran elegidos por el cabildo de la ciudad, un solo alcalde,
algunos escribanos, la no existencia de un obispado, pero si de una parroquia y una
jurisdicción mucho más limitada. 186 En esta provincia o gobernación se fundaron varias
villas: Mompox, Tenerife, San Benito de Abad, Ayapel y Tolú. Las dos primeras, ubicadas
a orillas del Río Grande, por tanto, operaban como puertos fluviales y de introducción de
mercancías para el interior del territorio. En el caso de Mompox, ejerció como puerto
comercial de abastecimiento y de provisiones de los navegantes del río. Tolú funcionaba
como fuerte militar. San Benito de Abad y Ayapel como centros importantes de
encomiendas y como villas de abastecimiento de productos de pancoger para la ciudad de
Cartagena. 187

184
DIHC. VI, págs. 100- 106. Véase, Conde Calderón, Jorge. Op. Cit. págs. 2-3.
185
Sánchez Mejía, Hugues: “Las ciudades, villas, sitios y el sistema político-administrativo en el Caribe
Colombiano”, en Gustavo Bell Lemus (Compilador): La Región y sus Orígenes. Momentos de la historia
económica y política del Caribe colombiano. Editorial Nomos, Barranquilla, 2007, pág. 39
186
Corradine Angulo, Alberto. “Origen de los municipios en Colombia”, en Revista Credencial Historia.
Bogotá, 2003, pág. 37
187
Sánchez Mejía, Hugues. Op. Cit. págs. 40-41
92

FUENTE: Mapa Geográfico de la Provincia de Cartagena de 1787. Autor Juan López, Persionista por S. M.
C.; Individuo de la Real Academia de Buenas Letras de Sevilla, de la Sociedad Vascongada y de la de
Asturias. (Recuperado en la Biblioteca Virtual del Patrimonio Bibliográfico, 23-nov-2016), mapa N° 2
93

De la misma manera, en la provincia de Cartagena coexistían los pueblos indígenas, los


cuales fueron organizados y separados de la población española por no ser considerados
como vecinos, pero también para tener un mejor control sobre sus tributos y para ser
adoctrinados en la fe católica. Estos pueblos contaban con un territorio propio en donde se
dedicaban a las actividades de agricultura y ganadería. 188 En otros términos, la política de
segregación espacial y racial tenía como objetivo mantener separadas las dos “repúblicas”
el mundo de los indios y el de los españoles. Las primeras prohibiciones las impuso el
licenciado Miguel Díez de Armendáriz, en 1547, que prohibió a los encomenderos estar en
los pueblos de indios por más de dos meses al año y limitó el número de sus acompañantes.
189

El término «república» denotaba una polis agrourbana compuesta o integrada


funcionalmente por grupos humanos insertos en la estructura del Imperio, que gozaba al
mismo tiempo de un cierto grado de autogobierno, o al menos de autoadministración.
Aunque la noción de dos repúblicas sugiere equidad y, para los nativos, significaba
oficialmente un armazón protector contra la explotación; la república de indios se convirtió
en un eufemismo para encubrir un régimen de destribalización, cristianización,
reglamentación y trabajos forzados. En la práctica, además, lo que apareció no fue la
implantación de la polis, según la visión abrigada por Bartolomé de las Casas, sino una
serie de núcleos urbanos denominados con los términos << pueblos de españoles >> y <<
pueblos de indios >>. 190

Dentro de estos pueblos de indios podemos citar: Mahates, Piojó, Tubará, Baranoa, Momil,
Turbaco, Barrancas, Carex, Manatí, Malanbito, San Antero, Turbaná y Galapa. Estos
pueblos indígenas en su mayoría dieron paso a la categoría de parroquia, la cual se
caracterizaba por el establecimiento de una iglesia, una plaza, una cárcel y un alcalde

188
Corradine Angulo, Alberto. Op .Cit. pág. 37
189
Melo, Jorge Orlando. Op. Cit. pág. 256
190
Morse, Richard M..Op. Cit. págs. 28-29
94

pedáneo, nombrado por el cabido capitalino. Por lo general, estas parroquias eran habitadas
por mulatos, indios, negros, mestizos, cimarrones y blancos pobres. 191

Esta serie de parámetros (ciudad, villa, pueblo), aparentemente sencillos, enclaustraban


serias dificultades de aplicación, no sólo por la extensión territorial de América, sino que tal
organización no contempló el fenómeno del mestizaje, que horadó las claras diferencias
entre lo indio, africano y europeo. De esta manera, aunque lo dispuesto por la Corona tuvo
un importante impacto sobre la forma como se organizó la población, no da cuenta de las
variaciones y complejidades que presentó la aplicación del este modelo de segregación
espacial. 192

Estas fundaciones y distribución espacial respondieron a diversas necesidades, tales como:


1) Las de constituirse en abastecimiento de asientos y reales de minas; 2) En centros de
trasbordo para la entrada y salida de productos con la Metrópoli; 3) En áreas de servicio de
ayuda a la administración de territorios conquistados, de apoyo militar para la penetración
territorial, defensa armada de los centros administrativos y políticos; y 4) En áreas de
abastecimiento agropecuario para los centros mineros. 193

De tal manera, que la Corona expidió normas casuistas para resolver las situaciones de la
colonización a medida que se presentaban, y por la complejidad que ellas adquirieron, a
medida que el Imperio se expandió y aumentó la población y por ende sus intereses
económicos, políticos y sociales, nuevas normas eran necesarias, lo cual llevó al
surgimiento de la Legislación de Indias o el denominado Derecho Indiano, que buscó
regular todas las conductas individuales y actividades que le interesaban al Estado. 194

Pero la política espacial en el siglo XVI más importante para la legislación española en
materia urbanística colonial fue la ordenanza de Felipe II del 13 de julio de 1573. La cual

191
Sánchez Mejía, Hugues. Op. Cit. págs. 41-42
192
Herrera Ángel, Marta. Ordenar para controlar, ordenamiento espacial y control político en las llanuras del
Caribe y en los Andes centrales Neogranadinos, siglo XVIII. Instituto Colombiano de Antropología, Bogotá,
2002, pág. 82
193
Morcillo, Pedro Pablo. La planeación en Colombia. Historia Derecho y Gestión. Universidad Piloto de
Colombia, Bogotá, 2002, pág. 96
194
Ibíd.
95

constaba de 148 parágrafos, de los que más de 20 se refieren únicamente al trazado de


planos y construcción de nuevas ciudades, los restantes regulan los asuntos políticos,
sociales y económicos de las ciudades fundadas por los españoles en América. La
ordenanza constituyó una sintesis de las instrucciones y de las disposiciones reales, de las
experiencias de los conquistadores españoles y de los misioneros dominicos y franciscanos
en su actividad pobladora y urbanizadora en las colonias, así como un cúmulo de lecturas
de trasados teóricos de la antigüedad, medievalistas y renacentista. 195

A continuación señalaremos algunas partes de dichos parágrafos debido a que nos permiten
conocer más a fondo a esta legislación y la organización del espacio pretendido por la
Corona:

 “De la Plaza salgan cuatro calles principales, una por medio de cada costado de la
plaza; y dos calles por cada esquina de la plaza. Las cuatro esquinas de la Plaza
miren a los cuatro vientos principales; porque de esta manera, saliendo las calles de
la Plaza, no estarán expuestas a los cuatro vientos principales, que sería de mucho
inconveniente ”.
 “Las calles en lugares fríos, sean anchas; y en las calientes, sean angostas. Pero para
defensa donde hay caballos, son mejores anchas ”.
 “ Para el templo de la Iglesia mayor, parroquia o monasterios, se señalen solares; los
primeros después de las plazas y calles; y sean en isla entera, de manera que ningún
otro edificio se les arrime, sino el perteneciente a su comodidad y ornato ”.
 “El sitio y solares para carnicerís (mataderos), pescaderías, tenerías y otras oficinas
que causan inmundicias, se den en parte que con facilidad se puedan conservar sin
ellas”.

195
Wirobisz, Andrzej. “La ordenanza de Felipe II del año de 1573 y la construcción de ciudades coloniales
españolas en América”, en Estudios Latinoamericanos, Vol. 7, 1980, pág. 19. Véase, para un análisis más
completo y detallado Fundación de pueblos en el siglo XVI, «Boletín del Archivo General de la Nación», t.
VI, México 1935, n° 3, págs. 321 -360. Lo mismo también (pero con una fecha errónea) en la Colección de
documentos... de América y Oceanla, t. VIII, Madrid 1867, págs. 484-537. Algunos fragmentos relativos a la
planeación de ciudades fueron editados en el original español y en traducción inglesa por Z. N u t t a l l :
Royal Ordinances Concerning tht Laying Out of New Towns, «Hispanic American Historical Review», t. IV,
1921, n° 4, págs. 743-753. Una parte de la Ordenanza, fue también publicada en la Colección de documentos
para la formación social de Hispanoamérica, t. I, Madrid 1953, págs. 471- 478.
96

 “Dispongan los solares y edificios [.…] de manera que en la habitación de ellos se


pueda gozar de los aires del medio día y del norte por ser los menores [.…] y
procuren en cuanto fuese posible que los edificios sean de una forma por el ornato
de la población ”. 196

Sin embargo, las recomendaciones y postulados de las Ordenanzas de Descubrimiento y


Nueva Poblacion, buscaron fue regular el casuismo que se presentaba en los asentamientos
españoles y formalizar de cierta manera lo que en algunos nucleos urbanos se estaba
realizando en la practica, es decir, la dinámica de colonización en América habia avanzado
suficientemente como resultado de las capitulaciones que la Corona habia dado a los
conquistadores españoles.

Ademas, estas pautas no intentaron unicamente regular el espacio, sino tambien ordenaron
a los pobladores que tuvieran un “Plante”, requisito necesario para que el establecimiento
productivo de la comunidad. Este consistió en 10 vacas de vientre, dos o cuatro bueyes, dos
novillos, cinco puercas de vientre, un gallo, seis gallinas, una yegua de vientre y viente
ovejas de Castilla. 197

Es pertinente explicar, que estas Ordenanzas, no constituyeron una normativa totalmente


nueva para la época en la cual se dictaron; en realidad, materialmente fueron el producto
final de un conjunto de normas establecidas durante el proceso de conquista y poblamiento
realizado en las décadas precedentes, que iniciaron con las instrucciones entregadas a
Pedrarias Dávila, en 1513, y que por aproximaciones sucesivas se fueron repitiendo y
perfeccionando posteriormente en cada proceso de descubrimiento y poblamiento.
Asimismo, el contenido de las Ordenanzas fue incorporado al texto de la Recopilación de
las Leyes de los Reynos de Las Indias, mandada a imprimir y publicar por el Rey Carlos II,

196
Arbouin-Gómez, Felipe, “Derecho urbanístico y desarrollo territorial colombiano. Evolución desde la
colonia hasta nuestros días”, en Vniversitas, N° 124, 2012, págs. 22-23
197
Sourdis Nájera, Adelaida. Op. Cit. pág. 33
97

en 1680, con lo cual continuaron rigiendo hasta bien entrado el siglo XIX, después de la
Independencia de las Naciones Americanas. 198

3.2 ENCOMIENDAS, MERCEDES DE TIERRA Y POBLACIÓN


INDIGENA

Antes de entrar en detalles hay que aclarar que la historiografía latinoamericana del siglo
XIX se apoyó en cálculos numéricos para denunciar los abusos cometidos por los europeos
durante el proceso de conquista y colonización de América; esta interpretación es conocida
como Leyenda Negra. Esto suscitó un debate con otros historiadores y etnohistoriadores,
pues planteaban que no hubo tantas muertes ya que la causa principal se debió a las
enfermedades, argumentando también que los indígenas asumieron su condición de
vasallos de la Corona española sin grandes problemas. Estas interpretaciones sesgadas y de
cierta manera maniqueas, e incluso con tintes ideológicos, negaron o guardaron silencio de
la resistencia indígena, del sincretismo cultural, de la complejidad institucional, de los
conflictos de los conquistares, entre otros aspectos.

Tenemos que recalcar, que al hablar de población aborigen en la gobernación de Cartagena,


resulta imposible llevar a cabo una cuantificación exacta debido a que las fuentes son
escasas y en algunos partidos se desconoce el número de nativos tributarios en ciertas
fechas. Aun así, son cifras que permiten hacernos una idea, ya que refleja una tendencia del
descenso demográfico generalizado y continuo de los indígenas. Un elemento que
podríamos utilizar para tal propósito son las tasas de las visitas ejecutadas por los
funcionarios de la Corona para reorganizar las cargas tributarias del sistema de
encomienda. 199

En este orden de ideas, y teniendo en cuenta las razones aducidas, la población indígena en
esta provincia no era muy numerosa al momento del proceso de la conquista. En 1575 el

198
Véase, Brewer-Carías, Allan R, “Poblamiento y orden urbano en la conquista española de América”, en
Enrique Gómez-Reino y Carnota (Coordinador): Ordenamientos urbanísticos: valoración crítica y
perspectivas de futuro. Texto que recoge los textos presentado en las Jornadas Internacionales de Derecho
Urbanístico, Santiago de Compostela, 2 y 3 de julio de 1998.
199
Vidal Ortega, Antonio. Op. Cit. 217
98

obispo de la ciudad de Cartagena, Fray Dionisio, concluía que estos eran 25.000 indios
tributarios. Según documentación de 1603, en esta época existían unos 30.000 indígenas
tributarios. Entonces, teniendo en cuenta estas dos cifras la población total indígena, hacia
1533, posiblemente, oscilaba entre 90.000 y 100.000 habitantes, usando como coeficiente
del 1 a 3 entre población total y población tributaria. 200 Aunque contrario a estas cifras y a
la percepción del fraile, el gobernador de la provincia de Cartagena, el Adelantado Heredia,
había manifestado que en este territorio existían pueblos muy grandes, lo cual parece no
ajustarse a la realidad debido a que estos pueblos encomendados se caracterizaron por tener
un bajo número de indios tributarios. Por tanto, es razonable pensar, que el gobernador
exageró la población indígena en su gobernación para de esta manera impulsar y justificar
una política de repartimiento y sometimiento.

Pero independientemente de que no exista un consenso en el número de indígenas en este


espacio, lo innegable es que el impacto mismo de la conquista hizo que muchas de estas
pequeñas comunidades y tribus de pescadores semi-nomadas y agricultores desaparecieran,
hecho que afectó a la población española debido a la escasez de alimentos; en tales
circunstancias, hubo la necesidad de recurrir de manera permanente a los recién
201
conquistados para el establecimiento de explotaciones agrícolas y ganaderas. Esta
situación de escasez se acrecentó más si tenemos en cuenta que las comunidades nativas no
generaban grandes excedentes productivos debido a que su productividad no se basaban en
relaciones de explotación como surgió después de la conquista, sino en relaciones de
parentesco, por lo que el poco excedente productivo se utilizaba para nuevas siembras e
intercambio de alimentos con otras comunidades.

Por consiguiente, mediante la capitulación de 1532 no sólo se da el permiso para la


fundación de una ciudad, sino también se inició el establecimiento de la relación español-
indígena que obligó al segundo a entregar parte de su subsistencia. No obstante, Heredia

200
González Luna, Lola, Resguardos coloniales de Santa Marta y Cartagena y resistencia indígena. Biblioteca
Banco Popular, Bogotá, 1993, pág. 38
201
Meisel Roca, Adolfo. “Esclavitud, mestizaje y haciendas en la provincia de Cartagena. 1533-1851”, en
Gustavo Bell Lemus (Compilador): El Caribe colombiano. Selección de textos históricos. Ediciones Uninorte,
Barranquilla, 1998, pág. 72
99

carecía de facultades para realizar y establecer repartos, lo cual lo llevó a cometer robos,
abusos y maltratos contra los indios para obtener oro y alimentos para las huestes
conquistadoras. 202

Aunque para una fecha preliminar, el 15 de agosto 1534, existió una real provisión donde
se especificaba la forma de tasar a los indios cuyas instrucciones fueron las mismas que se
203
dieron para la provincia de Galicia en Nueva España. Asimismo, en una cédula de
septiembre de 1553, el Rey ordenó que los encomenderos de la provincia de Cartagena
residieran en esa gobernación, debido a que en otras partes del Nuevo Reino los
encomenderos no habitaran en ellas, y en caso tal, que se ausentaran requerían una licencia
de la Audiencia, de no cumplir esta disposición se les quitarían los indios y pasarían a una
Corona Real. 204

Según el obispo de Cartagena, Juan de Soto, “los indios asignados a la Corona son peor
tratados que los encomenderos a particulares por que han de contentar a veinte y aquellos a
uno”. Esta afirmación tiene fundamento, si tenemos en cuenta que los indígenas que
pasaron a la Corona fueron entregados en custodia a particulares y se les autorizó a los
Oficiales de Cartagena recaudar los tributos. Circunstancia que ocasionó que, hacia 1557,
de los 16 pueblos de indios que pasaron a la Corona, en su mayoría habían sido enajenados
por particulares. De la misma manera, trajo consigo que los Oficiales permanecieran en
dichos pueblos entre siete u ocho meses viviendo de los nativos. 205

Este panorama llevó a algunos vecinos, como el licenciado Santa Cruz, en 1539, solicitar a
su majestad el Rey encomendar a los indígenas de dicha gobernación, debido a que se
encontraban pasando muchas penurias. Acrecentadas, además, por una epidemia de
sarampión que acabó con la vida de 3.000 aborígenes. 206 Esta situación llevó a la escasez

202
Borrego Plá, María del Carmen, Cartagena de Indias XVI. Estudios Hispano-Americanos, Sevilla, España,
1983, pág. 106
203
DIHC. III, págs. 138-139
204
Friede, Juan. (Compilador): Fuentes documentales para la historia del Nuevo Reino de Granada. (8
Tomos). Biblioteca del Banco Popular, Bogotá, 1975-1976, págs. 67-68 (Citado en adelante como Fuentes
para la historia del Nuevo Reino, y página)
205
Arrieta Barbosa, Armando Luis, Op. cit. pág. 112
206
Meisel Roca, Adolfo. Op. Cit. págs.72
100

de alimentos; el Rey ordenó entonces que sus oficiales en Jamaica enviaran 500 vacas para
el mantenimiento de los pobladores. A la par, el licenciado Vadillo, quien era el
comisionado para reconocer las tierras de las costas del Caribe, informó que el flete de cada
animal costaba 20 pesos y que entre todos podían sumar hasta 10.000. Además, solicitó que
esta cantidad fuera remitida en oro porque la calidad de la tierra en las cercanías de la
ciudad de Cartagena dificultaba la cría de ganado, actividad que sólo se podía ejecutarse en
el valle del Sinú, lo que incrementará mucho los costos. 207

Por otra parte, el obispo fray Jerónimo de Loayza, en 1538, recibe una real cédula para que,
junto con el gobernador, realice repartos de encomiendas y las tasaciones correspondientes.
Los repartos serían proporcionales a la cantidad de indios y la riqueza de la tierra. Sin
embargo, no se puede comprobar si se efectuó ese mismo año por la ausencia de
208
documentación. Lo que podemos verificar es que los primeros repartimientos de
encomiendas se realizaron entre 1540 y 1541 e intervinieron el escribano Francisco Nieto,
el teniente tesorero Lázaro Saaevedra; el obispo Loayza, y el adelantado, gobernador y
capitán general, Heredia.

CUADRO 4. Encomiendas de la provincia o gobernación de Cartagena 1540-


1541

SITIO NÚMERO DE NÚMERO DE PUEBLOS


ENCOMIENDAS
Cartagena 33 67
Tolú 63 88
Mompox 23 40
Villa de María 20 58

FUENTE: Eduardo Gutiérrez de Piñeres. (Compilador), Documentos para la Historia del


Departamento de Bolívar. Imprenta Departamental. Cartagena, 1924

Esto permitió, de cierta manera, un mejoramiento en el abastecimiento de alimentos de los


europeos, debido a que la tributación de las encomiendas era entregada en productos de la

207
Sourdis Nájera, Adelaida. Op. Cit. pág. 29
208
Borrego Plá, María del Carmen. Op. Cit. pág. 108
101

tierra. Sin embargo, a medida que el tiempo trascurría y la población crecía, la insuficiencia
se hizo cada día más notable. Este sería el momento cuando los vecinos de mayor rango
social decidieron la adquisición de estancias agrícolas y ganaderas que no sólo les
proporcionó considerables beneficios, sino que además resultaban ser una señal de
inmejorable prestigio. No obstante, la principal dificultad con que se enfrentaba esta
producción estribaba en la escasez de agua, lo que obligó a la utilización del caudal del río
Grande (Magdalena) o las reservas de aguas de lluvia almacenadas en los jagüeyes. 209

Los repartos se efectuaron primeramente en Mompox y el valor del tributo asignado


ascendía a 9.525 pesos de oro. Del mismo modo se les impuso obligaciones en trabajo y
especies. Finalmente, la posibilidad de que los encomenderos tuvieran ganado y aves en las
tierras de sus tributarios con la obligación de cuidarlos. Poco tiempo después se repartieron
las encomiendas de Cartagena, Tolú y Villa María. 210 Pesé a tales disposiciones, y algunos
años trascurridos, Cartagena y sus vecinos seguía necesitando alimentos, es por tal motivo,
que una cédula del 24 de abril de 1545, dirigida a los oficiales reales de dicha ciudad,
concedió la libertad de almojarifazgo durante seis años a todo el ganado que llevaran los
vecinos, vacas, puercos, ovejas, cabras, yeguas y potros. 211

Estos hechos, e innegablemente, los repartos no sólo significaban un premio para quienes
habían financiado y contribuido militarmente para el sometimiento de los pueblos nativos,
sino también una forma de mantener un control sobre los extensos territorios. 212 En este
sentido, los beneficiarios principales fueron los integrantes de las primeras huestes, por
tanto, las encomiendas se obtuvieron por derecho de conquista y sin perjuicio de sus
orígenes; esto derivó que la tierra se convirtiera en el principal organizador y jerarquizador
de esta sociedad. Por ende la tierra se convirtió en un símbolo de prestigio, nobleza y poder
que se amplió a toda la familia, y desde luego, esgrimiéndose como el mayor mérito a la

209
La andadura de una vida bajo la colonia, págs. 33-34
210
Meisel Roca, Adolfo. Op. Cit. pág. 74
211
DIHC. VIII, pág. 59
212
Colmenares, Germán. “La economía y la sociedad colonial 1550-1800”, en Nueva Historia de Colombia.
Edición Planeta, Bogotá, 1989,Vol. 1, pág. 145
102

hora de conseguir otros beneficios y prebendas. Dentro de este grupo de conquistadores se


encontraban: Alonso de Montemayor, Rodrigo Durán, Diego Maldonado, Juan Velásquez,
Alonso de Heredia, Sebastián Pérez, Gaspar Bernal, Juan Rodríguez, Agustín Nieto, Diego
León del Castillo, Alonso Monte, Baltasar de Parraga, Juan Villoria, Alonso de Carvajal,
Francisco Durán, Pedro de Barros, entre otros. 213 A manera de ilustración, hemos optado
por mostrar dos conquistadores a los cuales se les asignaron encomiendas:

 “Yten encomendó a Sebastián Perez alguazil mayor conquistador desta governación


al cacique que los xristanos llaman GALAN con todos sus pueblos e prencipales e
yndios dellos e con todo lo que a él e a ellos les pertenece y mandan que le den de
tributo en cada un año quatrocientos pesos del oro quentrellos ay e se trata e se lo
paguen en tres tercios cada tercio de quatro en quatro meses”.

 “Yten encomienda a Alonso de Heredia su hermano e su thenyente general en esta


governación al cacique ALAYGUA con todos sus pueblos e prencipales e yndios
dellos e con todo lo que les pertenece e mandan que les den de tributo en cada un
año quinientos pesos del oro que entre ellos ay e se trata pagaos en tres tercios del
año de quatro en quatro meses”.214

La ocupación física de estas áreas por parte de estos españoles, quienes disfrutaban o
disponían de indios tributarios, podían regocijarse ante la grata perspectiva de unos
ingresos y un estilo de vida señoriales sin que tuvieran que preocuparse por explotar estos
espacios. Por consiguiente, el sometimiento en América se basó en la dominación de las
215
gentes, lo cual implicó tomar posesión del territorio descubierto. De otro lado, la
Corona española en 1550 y 1565 concedió nuevas mercedes, en estos casos de 200 y 500

213
Gómez, Pérez, Carmen. “Cartagena de indias y los conquistadores del siglo XVI entre traición y cambio”,
en Revista Historia y Cultura. N° 2. Facultad de Ciencias Humanas. Universidad de Cartagena. Editorial
Lealon, Medellín, Colombia, 1994, págs. 44-50
214
Relaciones y Visitas a los Andes. Tomo II, págs. 382-383. Véase, para un análisis más completo y
detallado DIHC. VI, págs. 154-167
215
Elliott, John H.. Op. Cit. pág. 75
103

esclavos negros, respectivamente, respondiendo así a la petición del cabildo capitalino, en


que se le habría informado de que se necesitan muchos más negros en las estancias y hatos
de ganado de toda la provincia. 216

Estos conquistadores creyeron que tenían derecho a usurpar, maltratar y quitar los
alimentos a los indígenas, sin olvidarnos de la poca unificación en el criterio de las
tasaciones, lo cual condujo a una rápida disminución demográfica de los indígenas,
teniendo en cuenta que la población indígena ubicada en los territorios de la gobernación de
Cartagena, en 1533, se calcula en 100.000 habitantes. 217 Las siguientes cifras de 1570 y la
descripción de la provincia de Cartagena de 1571 demuestran que su población había
disminuido drásticamente.

 “ Ay en esta governación […] repartimientos de su magestad y particulares en […]


pueblos de yndios en los quales antiguamente después acá bido muchos más que
ahora. La causa de se aver echo menos dicen ques trabajo demasiado y
maltratamiento”. 218

CUADRO 5. Población indígena de la provincia o gobernación de Cartagena


1570

TRIBUTARIOS POBLACION TOTAL


Cartagena 2.000 6.000
Tolú 1.700 5.100
Mompox 2.000 6.000
Villa de María 1.800 5.400
Total 7.500 22.500

FUENTE: Germán Colmenares. Historia económica y social de Colombia, 1537-1719. Ediciones


Culturales, Bogotá, Colombia, 1973, pág. 63

216
La andadura de una vida bajo la colonia, pág. 79
217
González Luna, Lola. Op. Cit. pág. 38
218
Relaciones y Visitas a los Andes. Tomo II, pág. 419
104

Esta crisis demográfica intentó ser contrarrestada con la introducción de esclavos africanos.
La primera noticia que se tiene en esta gobernación, y en particular de la ciudad de
Cartagena, fue la utilización de cincuenta esclavos parte del adelantado Heredia, entre 1534
y 1535, para el saqueo de las tumbas y santuarios del Zenú. 219

Asimismo, la Corona quiso aplicar una política de protección a la organización social


indígena y sus formas de trabajo cuando aún estas eran la fuente principal de los
abastecimientos para los centros urbanos y mineros. La rápida extinción de esta población
hizo urgente esta medida debido a que los aborígenes nunca habían sido sometidos bajo un
régimen regular de trabajo y su organización social, que aunque se conservaba en algunos
220
aspectos, se estaba desvertebrando progresivamente. Los encomenderos por su parte
justificaban los maltratos y, por ende, el sometimiento, pues, según ellos, los aborígenes
eran dados o inclinados a la pereza e indiferentes a la necesidad de acumular riquezas, es
decir, no se movían por las mismas razones que los europeos. 221

A medida que descendía la población indígena y trascurría la segunda mitad del siglo XVI
el encomendero perdió interés en la encomienda, pues ya no generaba las ganancias
económicas esperadas, hechos que pueden ser demostrados debido a que los partidos de la
gobernación de Cartagena, en 1560, albergaba los siguientes encomenderos, Tolú 31, Villa
de María 10, Cartagena 18, y para 1610 solamente se encontraban entre 15 y 18,
respectivamente. Esto no significa que el encomendero abandonó este sistema productivo y
de control, sino que se convirtió en estanciero agrícola y ganadero, recuperando así ciertos
beneficios económicos y manteniendo un prestigio social que le otorgaba el poseer tierras.
222

219
Vidal Ortega, Antonio. Op. Cit. pág. 262
220
Kalmanovitz, Salomón. Economía y Nación: una breve historia de Colombia. Grupo editorial Norma,
Bogotá, Colombia, 2003, pág. 37
221
Colmenares, Germán. Op. Cit. pág. 147
222
La andadura de una vida bajo la colonia, pág. 48
105

El sistema de encomiendas de la costa Caribe neogranadina se diferenció mucho del


sistema de la región andina, pues este no tuvo resultados satisfactorios debido a varios
factores, por ejemplo, la población indígena no se articuló sobre centros prehispánicos
hegemónicos, sino por el contrario la población estaba conformada por un mosaico de
grupos de menor densidad demográfica. Igualmente no respondían a un mando unificado o
central, lo cual dificultó aún más la intención de controlarlos. 223 Sin embargo, la institución
se convirtió en la principal fuente de ingresos económicos de los españoles en la provincia
de Cartagena, lo cual acarreó conflictos entre encomenderos, indígenas tributarios y la
misma Corona. De igual manera, a partir de la encomienda, se fue evolucionando a
diferentes formas de colonato lo cual permitió que la población mestiza cada vez más
abundante durante el siglo XVIII se fuera integrando en el trabajo de las haciendas.

En lo concerniente a la merced de tierra, específicamente para la agricultura y la ganadería,


estaba a cargo del Cabildo de Cartagena por cédula real provista en Valladolid (España), el
5 de enero de 1560. Desde 1591 fue también posible adquirir tierras mediante la
composición, o mejor dicho, a través del pago de una cantidad determinada a las Cajas
Reales. 224

En tal sentido, bajo el reinado de Felipe II, el presidente de la audiencia Antonio González
recibió la orden de revisar los títulos otorgados por los cabildos, gobernadores e incluso las
mismas audiencias. Lo cual implicó en principio que los vecinos ocupantes fueran
desposeídos para que luego mostraran sus títulos. Además se debía inspeccionar las tierras
necesarias para los ejidos, pastos, calles y plazas en lugares poblados y se reconocería a los
indios las tierras que hubiera menester para su ganado y sementeras. Estas medidas algunos
investigadores la catalogaron como una “reforma agraria” lo cual es anacrónico, ya que no
se trató de ninguna reforma, pues se pretendió obtener el consentimiento de los habitantes a
propósito de una nueva fuente impositiva e iniciar un proceso de legitimación de las

223
Historia del poblamiento del territorio de la Región Caribe de Colombia. pág. 34
224
Blanco Barros, José Agustín. “Sabanalarga: sus orígenes y su fundación definitiva”, en Jorge Villalón
Donoso y Alexander Vega Lugo (Editores): José Agustín Blanco: Obras Completas. Tomo II, Editorial
Universidad del Norte, Barranquilla, Colombia, 2014, pág. 73. Este trabajo fue publicado en forma de libro en
1977 por el Instituto Colombiano de Cultura. Colecciones Especiales, Bogotá
106

usurpaciones territoriales, pero sin molestar a los ocupantes que pudieran contribuir con un
225
arreglo razonable a las finanzas reales. En pocas palabras, con las composiciones se
buscó meter en cintura una parte importante de la vida económica, es decir, se pretendió
que las estancias, haciendas agrícolas y propiedades eclesiásticas que estaban al margen de
la ley, pagaran dinero al fisco. 226

A pesar de las diferencias entre encomienda y merced de tierra ya explicadas, en la práctica


los Cabildos o concejos municipales durante el siglo XVI eran dominados por los
encomenderos, esto les permitió acumular gran cantidad de concesiones de tierra en los
alrededores de las ciudades, e incluso durante el siglo XVII los alcaldes ordinarios en su
mayoría eran encomenderos. 227

Desafortunadamente sólo se encuentra información detallada de las tierras adjudicadas por


el Cabildo, entre 1589 y 1631, período durante el cual los españoles se adueñaron de la
mayor parte de las tierras cercanas a la ciudad capitalina. En este lapso el Cabildo adjudicó
347 concesiones de las cuales 287 se realizaron en caballerías, o sea, el 84%; un 13% no
aparece la extensión y el 3% restante en fanegas y estancias. La fanega corresponde a 8
hectáreas y 5.410 metros cuadrados y la caballería de 427 hectáreas y 500 metros
cuadrados, es decir, 50 fanegas. 228 Disímil es la posición de la investigadora María del
Carmen Borrego Plá, quien sugiere que el Cabildo cartagenero entregó aproximadamente
en dichas fechas unos 285 repartos de tierras, los cuales vendrían a sumar un total de 942
caballerías que, según cálculos recientes, podrían corresponder a 400 hectáreas. 229 Pero
independientemente que no exista un acuerdo en esta parte, las entregas de tierras
provocaron que los indígenas se desplazaran hacia otros lugares y áreas de la gobernación.

Estas concesiones de tierras buscaban garantizar el abastecimiento de alimentos para la


ciudad debido a que los productos que llegaban desde España no eran suficientes. Aunque

225
Historia económica y social de Colombia, págs. 148-149
226
Rodríguez González, Ana Luz. Op. Cit. pág. 88
227
Palacios, Marco y Safford Frank .Op. Cit. pág. 75
228
Meisel Roca, Adolfo. Op. Cit. pág. 84
229
La andadura de una vida bajo la colonia, pág. 33
107

en la realidad estas mercedes de tierras fueron otorgadas de manera simbólica ya que el


patriciado urbano cartagenero estaba más interesado en el prestigio y poder que le ofrecía el
tener tierra que en un interés en explotar comercial y monetariamente este territorio. Como
veremos más adelante, en una ordenanza otorgada en 1552 por el Cabildo de la ciudad de
Cartagena, la cual fue aprobada varios años después por el presidente de la Audiencia de
Santafé.

Las mercedes adjudicadas por el Cabildo capitalino en el partido de Tierradentro, que se


tiene conocimiento, iniciaron el 6 de junio de 1590, con la entrega de dos caballerías de
tierras a María Carrillo, ubicadas entre Malambo y el pueblo de Baranoa. Dicho cabildo
estuvo conformado por el gobernador y capitán general, don Pedro Lodeña; el alcalde
ordinario, capitán Fernan Pérez de Medina; el Oficial de la Real Hacienda, Alonso de
Tapia, los Regidores, Pedro Coronado Maldonado y Domingo Felix, y el procurador
general, Pedro Mejía, quienes firmaron el documento. 230

Este proceso de apropiación de la tierra por parte de los españoles está relacionado con el
problema de equilibrio entre sus propias necesidades y la capacidad de las economías
indígenas para satisfacerlas mediante el tributo. Este equilibrio se rompió muy pronto dado
el aumento constante de vecinos y la resistencia de la sociedad indígena para abastecer a los
núcleos urbanos. 231 Además, si bien la ciudad de Cartagena y el resto de la gobernación
consumían sobre todo bienes alimenticios de producción local, el trigo sólo se podía
cultivar en las altiplanicies del territorio, en particular en Ocaña. Como en el área del
partido de Tierradentro y el resto del Caribe neogranadino no se producía todo el trigo que
se necesitaba, a finales del siglo XVI y durante el XVII los altiplanos le suministraron
algunas cantidades de trigo, casi siempre cara y a veces en mal estado, por la vía del río
Magdalena hacia Cartagena. No obstante, a partir de 1690, la harina del interior fue
232
desplazada paulatinamente por las harinas extranjeras. A continuación en el cuadro

230
Archivo General de la Nación (AGN), Tierras de Bolívar, 1. 8, f. 529 a 530v.
231
Historia económica y social de Colombia, pág. 141
232
Palacios, Marco y Safford Frank. Op Cit. pág. 128
108

aparecen las cifras del número de concesiones y equivalentes en hectáreas que entregó el
cabildo entre 1589 y 1631 en la provincia de Cartagena.

CUADRO 6. Concesiones de tierras 1589 - 1631

AÑOS N° DE N° DE CONCESIONES EQUIVALENTE EN CONCESIÓN


CONCESIONES EN CABALLERIAS HECTAREAS SIN
EXTENSIÓN
1589-1598 98 82 90.321h.-750 m2 13
1600-1609 52 41 58.932 h.- 9000 m2 8
1610-1619 92 78 105.481h.-3.500 m2 13
1620-1629 78 67 133.239 h.-6.000 m2 8
1630-1631 21 19 23.060 h.-7.000 m2 2

FUENTE: Eduardo Gutiérrez de Piñeres. Op. Cit. págs. 149-165

Fue la Cedula Real del 8 de abril de 1629, la que concedió una vida más para el disfrute de
las encomiendas, mediante el pago de una composición. Todavía el 10 de octubre de 1704,
se permitió por “cuatro vidas”, mediante el pago de dos annatas para los gastos de guerra.
Sin embargo, estas prerrogativas no tuvieron mucha incidencia, pues, en 1701, la Corona
decretó la incorporación de todas las encomiendas poseídas por personas no residentes en
las Indias. La abolición general de esta institución se decretó el 29 de noviembre de 1718,
completándose con las normas derogatorias de 1720 y del 11 de agosto de 1721. Cabe
aclarar que algunas encomiendas persistieron, aunque se puede afirmar que el ciclo
histórico de esta institución quedó cerrado de derecho y de hecho en la segunda mitad del
siglo XVIII. 233

233
Ots Capdequí, José. María. El Estado español en las Indias. Fondo de Cultura Económica, México, 1975,
pág. 27. Con la abolición y extinción de algunas encomiendas, estos espacios pasaron a ser tierras de
realengas, es decir, retornaron al dominio de la Corona española, quien procedía a otorgarlas en forma de
mercedes o venderlas a sus vasallos.
109

Desde luego, la aparición y el avance de las estancias agrícolas y ganaderas influyó en la


decadencia de la encomienda como forma de monopolio sobre la mano de obra indígena, y
en parte sobre el comercio de los frutos que daba la tierra. En suma, la muerte de los indios
tributarios, la pérdida del monopolio sobre estos, la temporalidad o caducidad de las
encomiendas, la restricción en el monto del tributo y el alza de los costos de sostenimiento,
condujo a los encomenderos a la ruina, sobre todo aquellos que no usufructuaron
paralelamente estancias o minas. 234 Pero por otro lado, estos repartos o concesiones de
tierras ahondaron aún más la necesidad de mano de obra en las haciendas y hatos
ganaderos. Para substituir esta deficiencia fueron introducidos desde 1595 a 1600
aproximadamente 15.445 esclavos africanos al puerto de Cartagena, no todos tuvieron
como destino la provincia de Cartagena. 235

En síntesis, el reparto de los indígenas, las encomiendas y la entrega de mercedes en la


gobernación de Cartagena representaron no sólo el sometimiento, desplazamiento y la
desaparición de muchas de estas comunidades, sino también una forma o mecanismo para
intentar tener control sobre los extensos territorios que la Corona reclamaba como suyos.

234
Kalmanovitz, Salomón. Op. Cit. pág. 43
235
Arrieta Barbosa, Armando Luis. Op. Cit. pág. 150
110

Capítulo IV

SABANALARGA: RECONOCIMIENTO E
INTEGRACIÓN AL IMPERIO BORBONICO
4. PARTIDO DE TIERRADENTRO: DESPOBLAMIENTO Y
ENCOMIENDAS

Se ha dilucidado que la familia lingüística que predomina en los actuales territorios


colombianos en época prehispánica era la chibcha. En lo que respecta al norte de esta área
el escenario era distinto. Los Caribes ocuparon las zonas costeras del mar que lleva su
mismo nombre, logrando penetrar y despojar de sus tierras a los chibchas que se
encontraban en clima caliente. 236 De estos pueblos hay que preponderar a los Zenú, que se
ubicaban en los valles de los ríos Cauca, Magdalena y Sinú, los cuales construyeron obras
hidráulicas complejas como el sistema de camellones a gran escala que permitía mantener
paralelamente una agricultura de inundaciones. Por otro lado, quizás la cultura caribeña que
tuvo mayor desarrollo fueron los Taironas de lengua chibcha, estos vivían en el norte y
occidente de la Sierra Nevada de Santa Marta y fue el único pueblo de la actual Colombia
que realizó trabajos de ingeniería en piedra: caminos, puentes, drenaje, templos y obras de
irrigación. 237

De la familia lingüística Caribe hay que resaltar pequeñas poblaciones indígenas como los
Mocaná, que hicieron presencia en el partido de Tierradentro. Iniciada la expedición de
Heredia en 1533, que logra atravesar parte del territorio “virgen” del actual departamento
del Atlántico, se encontraban los siguientes pueblos:

236
Escalante, Aquiles. Geografía del Atlántico. Imprenta Departamental, Barranquilla, 1961, pág. 34
237
Palacios, Marco y Safford, Frank. Op. Cit. pág. 40
111

“Baranoa, Luruaco o Buruaco, Galapa, Cipacúa o Cipagua, Turipana, Usiacurí,


Suribana, Yaguaro, Saco, Mazaguapo, Hibácharo, Paulato, Cibarco, Malambo,
Tamemo, Piohón o Piojó, Tubará, Oca, Taive y Mahates”. 238

Según el mapa del partido de Tierradentro, elaborado por el geógrafo José Agustín Blanco
Barros, quien posiblemente se apoyó en el diseño geográfico de la provincia de Cartagena
de 1787, podemos observar que los pueblos nativos se situaron principalmente en la zona
más septentrional del partido, y que la región histórica de Sabanalarga debió ser ocupada
por colonizadores espontáneos que tendían a la autarquía, por lo menos hasta el surgimiento
de un pequeño excedente productivo que pudieran intercambiar. Esta representación
cartográfica, también nos muestra algunas poblaciones indígenas que sufrieron crisis
demográfica que las llevaron a desaparecer. Asimismo, logra situar algunos pueblos de
indios existentes durante el siglo XVI. Sin embargo, no compartimos con el geógrafo la
ubicación de la parroquia de Sabanalarga para el siglo señalado, debido a que esta
población fue integrada o reconocida por el Imperio español durante la centuria del XVIII.
(Véase, mapa N° 3)

Parte de la población indígena del partido de Tierradentro fue entregada a encomenderos,


otra se extinguió rápidamente por los maltratos causados por los conquistadores, otro grupo
huyó hacia los montes para evitar el sometimiento al sistema de encomiendas y al control
español. Pero posiblemente el mecanismo que mayor incidió en la desaparición de algunas
de estas poblaciones fue la decisión política y administrativa de concentrarlos en poblados,
hecho que facilitó la prolongación de las enfermedades infecciosas. De igual forma, hay
que tener presente los espacios dejados, por diversas razones, desaparecimiento o
reducciones, fueron ocupados por pequeñas explotaciones agropecuarias pertenecientes a
españoles y trabajadas por esclavos.

238
Urueta, José P. (Compilador): Documentos para la Historia de Cartagena. (7 Tomos.). Cartagena.
Tipografía de Antonio Araujo L., 1887- 1890 Tomo. I, págs. 74-76. Véase, Blanco Barros, José Agustín, El
Norte de Tierradentro y los orígenes de Barranquilla. Banco de la República, Bogotá, 1987, pág. 31 (Citado
en adelante como El Norte de Tierradentro, y página)
112

FUENTE: Poblamiento del partido de Tierradentro, siglos XV-XVI. José Agustín Blanco. “Sabanalarga:
sus orígenes y su fundación definitiva”, en Jorge Villalón Donoso y Alexander Vega Lugo (Editores): José
Agustín Blanco: Obras Completas. Tomo II, Editorial Universidad del Norte, Barranquilla, Colombia (2014).
Partido, es un distrito o territorio que comprende varias poblaciones de una provincia, que para la
administración de Justica, ejerce jurisdicción un juez de primera instancia. (Mapa N° 3) A partir de 1996 las
comunidades rurales y seminurbanas de los municipios de Tubará, Baranoa y Galapa fueron reconocidos
como Pueblo Indígena Mokaná, por la Asociación Nacional de Indígenas Colombianos y la Dirección
Nacional de Asuntos Indígenas.
113

Sin olvidarnos que la Iglesia y la Corona estigmatizaron e intentaron prohibir la poligamia,


reduciendo así la posibilidad de una recuperación demográfica.

“Y porque así el servicio de Dios, Nuestro Señor, y salud de las ánimas de aquellos
naturales conviene, que las dichas casas y lugares donde así los dichos indios
hablan, se quiten y sé de orden como en ninguna otra parte hablen los dichos indios
con el demonio, y se prohíban y cesen dichas borracheras, y se dé orden como no
tengan más de una mujer, y todo esto toca e incumbe hacer vos, como a prelado
que sois”. 239

Sin embargo, en el asentamiento exacto de Sabanalarga no existió ningún grupo o aldea


indígena como tal; pero, a un kilómetro aproximadamente se hallaba el poblado aborigen de
los Suribana, de la cual se tiene poco conocimiento, comunidad nativa ya extinguida por
cierto. De todas formas se han encontrado pequeños vestigios de su presencia: cerámicas,
hachas pulidas y otros artilugios. Además, no se conoce de manera clara cuales fueron las
causas que instaron a su desaparición, o mejor dicho, si fueron expulsados de sus territorios
o entregados a un encomendero, pero es indudable que el impacto de la conquista fraguó su
pronta extinción. 240

Para mostrar las encomiendas que existieron en el partido de Tierradentro se hace necesario
estudiar las visitas realizadas en el siglo XVI, por los funcionarios Melchor Pérez de
Arteaga, Diego de Narváez, Antonio González, y, finalmente, Juan de Villabona y Jacinto
Vargas Campuzano, a mediados del siglo XVII. Estos visitadores se enmarcaron dentro de
una estrategia de inspección y control sobre la tierra y los indígenas, que se diferenciaba de
los juicios de residencia que se aplicaban a la conducta de una persona.

Estas visitas no exigían la elaboración de ordenanzas, ya sea porque no todos los lugares las
demandaban o porque no todos los visitadores tenían la condición para realizarlas, por
tanto, no existió un modelo que se pudiera imitar, lo que permite asegurar que la
reglamentación debió ser específica y carecía de un carácter general. En tal sentido, no hay

239
DIHC. VIII, pág. 212
240
Blanco Barros, José Agustín. Op. Cit. págs. 67-68
114

dos ordenanzas que coincidan en sus disposiciones, aunque aborden los mismos aspectos,
religiosos, indígenas, laborales y sociales.

El 6 de mayo de 1560 llegó Pérez de Arteaga, oidor de la Audiencia de Santa Fe, como
visitador general de la provincia o gobernación de Cartagena. Esta visita culminó el 14 de
junio de 1561, y contó con el apoyo de un alguacil y un escribano. Estos dos comisionados
visitaron Tolú y Mompox; por su parte Pérez de Arteaga se dedicó al partido de Cartagena
y a la ciudad misma. 241

Esta primera visita evidenció el descenso demográfico de la población indígena, por los
vejámenes cometidos por los encomenderos, por tanto, este oidor inició un proceso de
reducción y tasación en el distrito de Cartagena (que en ese momento incluía el territorio de
Tierradentro), pasando así de 52 pueblos a 22. 242 Aunque tenemos que comentar que este
tipo de proceso de reducción fue autorizado por el Rey español para todas las provincias
pertenecientes a la jurisdicción de la Audiencia del Nuevo Reino de Granada, en octubre de
243
1549, que tengamos conocimiento.

De otro lado, Pérez de Arteaga ordenó que los indígenas ladinos que eran utilizados para el
servicio personal de los encomenderos tuvieran una cédula donde constara cuánto
cobraban, para quién trabajaban, durante cuánto tiempo, y por último, estipuló un sueldo
entre cuatro y seis pesos de plata anuales; de manera que estas actividades personales no
fueran consideradas como un servicio, sino como un trabajo. 244 Estas disposiciones, según
el propio visitador, eran para evitar el vagabundeo, debido a que los aborígenes sin trabajo
se emborrachaban y las indias se convertían en malas mujeres, siendo pues numerosos los
nacimientos de mestizos. 245

La visita de Pérez de Arteaga no dejó órdenes claras y precisas, apenas elaboró una
reglamentación laboral que encomendó a sus comisionados para que la impusieran en los

241
Encomienda y población indígena en la Provincia de Cartagena, pág. 250
242
Conde Calderón, Jorge. Ensayos históricos sobre el Departamento del Atlántico. Ministerio de Cultura.
Editorial El Malpensante, Bogotá, 2002, pág. 52 (Citado en adelante como Ensayos históricos, y página)
243
DIHC. X, págs. 154-155
244
La andadura de una vida bajo la colonia, págs. 213-214
245
Vidal Ortega, Antonio. Op. Cit. pág. 260
115

pueblos. Estas medidas regulaban que los indios no debían ser sacados de sus pueblos y que
se debían de proteger por los malos tratos. 246 Por consiguiente, la documentación existente
no permite dictaminar una relación precisa de las encomiendas, sus encomenderos y el
número de indígenas tributarios. Pero la visita del oidor hizo posible que tuviéramos
conocimiento de algunos pueblos indígenas a través de las actas correspondientes a su
labor: Tocahagua, Galapa, Mahates, Luruaco, Misahares, Choa, Mazaguapo y Piohon. 247

En todo caso, la encomienda para estos pueblos también significó la organización del
tiempo y su cristianización, ya que los indios no debían estar sin el pasto espiritual, por
tanto, eran obligados acudir a la Iglesia. En este orden de ideas, una Real Cedula de 1560
encargó a los visitadores “se informe en cada lugar y pueblo que horden se tienen en su
doctrina y quien se la muestra y quien le dize misa y los administra los sacramentos de la
iglesia y si en esto oviere alguna falta haga que se provea luego”. 248 Finalmente, esta visita
de Pérez de Arteaga debió ser preocupante para los intereses de los encomenderos por las
posibles consecuencias que traerían estas investigaciones debido a que este grupo era el que
ejercía mayor poder en la provincia.

La segunda visita la realizó Diego de Narváez, en 1572, quien organizó unas doctrinas e
hizo agregaciones de unos pueblos a otros, debido a la disminución de la población
indígena y a las constantes peticiones de los encomenderos, ya que estos presionaban para
realizar agregaciones con el fin de tener mano de obra indígena. 249

Además, como se habían presentado inconvenientes entre el oidor anterior y los


encomenderos, que atribuían que aquel había excedido su labor. Narváez en su visita separó

246
Rivera Ruiz, Julián. Cartagena de Indias y su Provincia: una mirada hacia los siglos XVI y XVII. Editorial
El Ancora, Bogotá, 2005, pág.112 (Citado en adelante como Cartagena de Indias y su Provincia, y página)
247
El Norte de Tierradentro, pág. 32
248
López Rodríguez, Mercedes “ El tiempo de rezar y el tiempo de sembrar: El trabajo indígena como otra
práctica de cristianización durante el siglo XVI”, en Anuario Colombiano de Historia Social y Cultural, N°
27, 2000, pág. 33
249
González Luna, Lola. Op. Cit. págs. 43-44
116

el distrito de Tierradentro del de Cartagena para así efectuar las agregaciones y tratar de
hacer cumplir las tasas del tributo establecido por Pérez de Arteaga. 250

En esta visita también se ordenó que cada 20 indios hiciera una roza de maíz y entregaran
dos gallinas, pero los encomenderos obligaron a los indígenas a realizar rozas más grandes
que las que tenían tasadas, a sembrar frijoles, yuca y limpiar las rozas viejas para
sembrarlas. 251 Sin embargo, tampoco aparece un cuadro detallado de dichas agregaciones y
encomiendas. Aun así, tenemos conocimiento que durante la visita de Narváez el
gobernador de la provincia de Cartagena, Francisco Bahamonde de Lugo, ordenó, en julio
de 1572, que los días martes de cada semana a los naturales se les permitiría vender y
comprar en el mercado y feria públicas: aves, frutas, granjerías, hamacas y cualquier otra
mercancía. 252 Por su parte, Álvaro de Mendoza, oriundo de la ciudad capital, consideraba
que dicha disposición iba en detrimento de los propios indios, ya muchos de estos se
encuentran a muchas leguas de distancia, por tanto, se alejaban nueve días de su casa en
menoscabo del tributo, y dejando a su familia y sementera. Además, argumentó que eran
pocos los productos que podían llevar, según él, sólo gallinas, debido a que vecinos llegan a
253
los pueblos a comprar.

La primera información detallada y completa de las encomiendas, fue practicada por el


nuevo presidente de la Audiencia de Santafé, Antonio González, quien desembarcó en
Cartagena, en 1589, procedente de España. Esta tercera visita dejó ordenanzas sobre el trato
de los encomenderos hacia los indígenas y las bogas, fijó las tasas por las demoras a los 27
pueblos indios del distrito de Cartagena y dictaminaron órdenes sobre los servicios de los
aborígenes.

CUADRO 7. Lista practicada al distrito de Tierradentro (Gobernación de


Cartagena) en 1589 por el presidente Antonio González

PUEBLOS ENCOMENDEROS TRIBUTARIOS ROZAS (en varas)

250
Ensayos históricos, págs. 52-53
251
Arrieta Barbosa, Armando Luis. Op. Cit. pág. 136
252
Fuentes documentales para la historia del Nuevo Reino. pág. 186
253
Ibíd. págs. 188-189
117

1° Mahates (Martín Polo) 37 3258*


2° Zamba (Diego Fernández) 16 3.258
3° Macahuapo (Gaspar Bernal) 6 1400
4°Piohón y Tameme (Juan de Viloria) 37 3.246
5°Cipacua (María Carrillo) 184 16.192
6°Tubará (Álvaro de Mendoza) 203 17.864
7°Yaguaro (Diego Fernández) 8 704
8°Cacaramoa (Juan de Viloria) 48 4.224
9°Pahulato (María Carrillo) 45 4.970
10°Galapa (Joseph de las Barros) 38* 4.224
11°Malambo (Francisco de Ludueña) 44 3.872
12°Baranoa (Joseph de las Alas) 41 3.780*
13°Usiacurí (Alonso López de Montalván) 25 1.200
14°Granada (Pedro Coronado) 103 9.064
15°Ocha (choa) (Corona Real) 15 1.320
FUENTE: Archivo General de la Nación (AGN), Visitas de Bolívar, Tomo. I, fols. 45-50
*Cifras equivocas, por cuanto a cada tributario correspondían 88 varas en cuadro y tributar
debían tributar en rozas de maíz de la demora.

González, además, decidió reglamentar y oficializar la tributación de los encomenderos,


claro, con algunas pequeñas modificaciones. Primero, en lugar de permitir la ampliación de
las rozas, redujo el número de tributarios por fanega de maíz de 18 a 16 indígenas; segundo,
ratificó la entrega de las gallinas y perdices que los indígenas daban en Navidad a los
encomenderos; tercero, ordenó que los nativos tuvieran la obligación de cultivar y recoger
la cosecha; cuarto, estableció que las rozas debían hacerse dos veces al año, más una
adicional para solventar las necesidades de la comunidad. Finalmente, ordenó que los
encomenderos le entregaran las semillas y herramientas necesarias para realizar el cultivo.
254

254
Arrieta Barbosa, Armando Luis. Op. Cit. pág. 136
118

Estas ordenanzas fueron reprochadas por el obispo de la ciudad de Cartagena, Fr. Antonio
de Hervias:

“Escrito tengo a V.A. sobre la visita de este obispado y cómo de ella resultó estar
los indios muy opresos de sus encomenderos y ser tratados peor que los viles
esclavos, y sobre todo todos los trabajos que tengo escritos vuestro Presidente
doctor González, que lo debiera remediar, los cargó mucho más. [….]. Son
asimismo fatigados de sus encomenderos por estar muy de ordinario entre indios
contra las cedulas reales de S. M., de que reciben los indios notables detrimentos y
no son señores de comer la tortilla que hacen para sí”. 255

En otras reformas emprendidas por este visitador, figuró la de darle legitimidad definitiva al
mayordomo. El gobernador debía intervenir en su nombramiento y el mayordomo, por su
parte, presentaría sus finanzas ante el gobernador y quedaría sometido a juicio de
residencia. Sin embargo, la reglamentación no precisó los mecanismos a seguir para el
nombramiento, ni le dio ningún tipo de jerarquía y jurisdicción que lo asimilara a un
funcionario de la Corona. 256

Asimismo, en 1590, aprobó una orden del Cabildo de la ciudad de Cartagena, la cual dice
así:

“…que por quanto muchas perssonas que tienen merzedes de este Cavildo de tierras
para Estanzias se las tienen deziertas y despobladas y no hazen casso de ellas y es
ocasión que no se provean en otras partes [….] se le proveyeren de aquí en adelante,
que las pueblen dentro de un año que corra desde el día que se le proveyere en
adelante y que la contiene y tenga poblada so pena que si no la poblare en este
dicho tiempo o teniéndola despoblada la despoblare y la desamparare ”. 257

De igual manera prohibió que los encomenderos exportaran carne o maíz para tratar de
evitar la escasez de estos alimentos en la ciudad y en la armada, a no ser que se dieran
255
Cartagena de Indias y su Provincia, pág. 98
256
Herrera Ángel, Marta. Op. Cit. pág. 138
257
Archivo Privado de la Familia Ripoll Oliveros, folios 70r-74r. En: Arteta Ripoll, Cristóbal. Poblamiento,
sociedad y cultura en Tierradentro. Edición Amauta, Barranquilla, 1998. Documento 2
119

excedentes, en cuyo caso el permiso lo daría el gobernador. Como los pueblos se


encontraban dispersos, los doctrineros, frailes y clérigos debían repartir su tiempo en varios
lugares a lo largo del año. González hizo responsable de un mayor adoctrinamiento a los
encomenderos, así como de que hubieran los ornamentos para administrar misa y que las
iglesias estuvieran provistas de imágenes. Asimismo, encargó a los mayordomos que
animaran a los nativos a producir animales de corral y productos de la tierra para venderlos
libremente en la capital de la provincia. 258

En este panorama y ante la paulatina decadencia de la encomienda como institución


organizadora del espacio colonial y de eje de explotación económica, las autoridades
españolas intentaron reorganizar la mano de obra indígena, por medio de la figura del
<<concierto>>. Para ello fue menester reagruparla en los resguardos, creados para el
territorio neogranadino por el presidente de la Audiencia, según lo estipulado por el
Consejo de Indias, en 1588. Estos resguardos fueron constituidos como terrenos más o
menos deslindados, ocupados por núcleos indígenas al mando de un cacique, por herencia o
elección, en los cuales los nativos vivían dentro de un régimen político, social y económico
más o menos tradicional, ya fueran indios encomendados o indios “libres” tributarios de la
Corona. Por lo tanto, la instauración de los resguardos fue un intento de organizar y regular
el espacio, no obstante en la práctica fue un fracaso debido a que se desarrolló bajo el ideal
de las dos “repúblicas”, ideal que se resquebrajaba por la dinámica demográfica y
socioeconómica de las haciendas agropecuarias. 259

Ya en el siglo XVII fue nombrado oidor de la Audiencia de Santafé, Juan de Villabona y


Zubiaurre, convirtiéndose en un funcionario importante para el presidente Juan de Borja.
Entre 1609 y 1611 visitó la gobernación de Cartagena. En esta visita aplicó formalmente
los resguardos, reordenó algunos pueblos e intentó mejorar las relaciones entre
260
encomenderos e indios. La primera diligencia que realizó fue la de informarse a través
de las actas de visitas anteriores y el asesoramiento de personas entendidas en el tema, de
modo que antes de ejecutar las visitas ya tenía una idea de las realidades que
258
Cartagena de Indias y su Provincia, págs. 95-96
259
Historia del poblamiento del territorio de la Región Caribe de Colombia. pág. 38
260
González Luna, Lola. Op. Cit. págs. 46-47 y 53
120

posteriormente confirmaría. Como, por ejemplo, el servicio personal contribuía a la ruina


de los indígenas, pues los diezmaba al tener que pagar tributo que cuando eran mucho más
para que los encomenderos pudieran vivir con ostentación y vanidad, y consideraba que la
falta de doctrina no ayudaba a remediar su situación. 261

Como los aborígenes estaban descendiendo demográficamente este visitador aplicó una
política de agregaciones que lo llevaron a tener roces con los encomenderos y con el mismo
gobernador de la provincia de Cartagena. Este reordenamiento debe interpretarse con
marcadas aristas: el problema era solucionar las largas distancias que tenían que recorrer
los doctrineros, proteger a los indígenas de su posible desaparición total, ejercer mayor
control sobre los pueblos, e indudablemente las de orden socioeconómico, al intentar
separar a los indios de los pueblos que los encomenderos consideraban de su propiedad.

Estos pueblos reordenados en el distrito de Tierradentro fueron 17 debido a que aparece el


pueblo Venta de Zambos de Nuestra Buena Vista, separado de Tubará y el pueblo de
Granada igualmente separado en Granada Arriba y Granada Abajo. Cabe mencionar que
estos reordenamientos fueron posteriormente suspendidos por el gobernador de turno.

CUADRO 8. Listado de distrito de Tierradentro (Gobernación de Cartagena)


en 1610 por el oidor Juan de Villabona y Zubiaurre

ENCOMIENDA ENCOMENDERO INDIOS (útiles) DEMAS GENTES


1° Mahates (Luis Polo del Águila) 19 42
2° Zamba (Diego Hernández Calvo) 7 21
3° Macahuapo (Melchor Morales) 3 8
4° Piohón (Juana Maldonado) 29 81
5° Cipacua (Gerónimo de Portugal y Córdova) 108 314
6° Tubará (Alonso de Mendoza y Carvajal) 131 379
7° Yaguaro (Diego Hernández Calvo) 16 47
8° Cacaramoa (Juana Maldonado) 22 62
9° Pahulato (Gerónimo de Portugal y Córdova) 29 91

261
Cartagena de Indias y su Provincia, pág. 114
121

10° Galapa (Nicolás de Barros) 37 76


11° Malambo (Francisco de Ludeña) 41 118
12° Baranoa (Joseph de las Alas) 35 121
13° Usiacurí (Alonso López de Montalván) 34 112
14° [Link] (Francisca Coronado) 26 101
15° Ocha (choa) (Real Corona) 1 20
16° Venta de los Zambos (Alonso de Mendoza y Carvajal) 12 42
17° [Link] (Alonso López de Montalván) 16 79

FUENTE: Archivo General de la Nación (AGN), Visitas de Bolívar, Tomo. I, fols. 302r a 304v

En cuanto a los servicios personales, Villabona y Zubiaurre, observó la imposibilidad de


anularlos ya que los negros tenían un precio muy alto, a veces cercano a los 400 pesos de
plata; por consiguiente, los indígenas continuaban prestando dicho servicio en hatos de
ganado, estancias, trasporte terrestre, servicios domésticos, entre otros. 262 No obstante, le
estaba rigurosamente prohibido realizar labores en pesquería, monterías, extracción de
bálsamos, caza de perdices y el laboreo.

En lo concerniente a la doctrina, en esta visita se ordenó que los padres de doctrina no


impusieran castigos con cepos y prisiones a los indios, pues esto era competencia de la
justicia. Además, que los indios al asistir a la Iglesia estén honesta y decentemente vestidos
a la usanza española y cristiana. Por otra parte, le dio mayor importancia al mayordomo en
comparación con González, ya que este consideró que los mayordomos eran necesarios en
los hatos y estancias para que les enseñaran a los indígenas la doctrina y enviaran a misa los
domingos y días de fiesta. En cuanto a la condiciones de los indígenas y su tributo fijó para
el sostenimiento de los viejos enfermos, mujeres, tullidos, huérfanos, viudos, la realización
de una roza de comunidad la cual estaría vigilada por el mayordomo y debían ser libres de
tributo los jubilados por edad o enfermedad, pero sí ayudar con la cría del ganado. 263

262
La andadura de una vida bajo la colonia, págs. 218-219
263
Cartagena de Indias y su Provincia, págs. 121-123
122

En este marco, y teniendo en cuenta la coyuntura que atravesaba la población indígena, el


Cabildo cartagenero le pidió a la Corona, en 1623, que la ciudad tuviera la capacidad de
“traer indios de la parte del Brasil, Río Marañon o Amazonas, bien recatados de los
caribes”. Hasta este momento ignoramos la respuesta administrativa a dicha petición, pero
sabemos que a medida que trascurría el tiempo, la urbe y partidos no dejaron de recibir
esclavos negros, procedentes fundamentalmente de Angola, Cabo Verde y Guinea. 264

La quinta y última visita que se realizó en el actual Caribe colombiano la practicó, Jacinto
de Vargas Campuzano, el cual llegó a la gobernación de Cartagena, en 1675, por interés del
obispo de la ciudad, Antonio Saénz Lozano; este acusaba a los encomenderos de abusar de
los indios a través de las rozas de maíz y esbozaba que el tributo se hiciera en pesos como
se hacía en otros lugares del Reino. 265 Estas denuncias son descritas de manera exhaustiva
en su informe de 1669:

“ Desde el mes de enero, en que da principio el año, comienzan los indios a picar el
monte para la roza de la demora y luego le derriban y le repican; y por mediado
abril poco más o menos lo queman y con todo rigor, que la Semana Santa están en
estos ejercicios; y en este tiempo los encomenderos sacan algunos indios y los
envían a montear hicoteas, miel de abejas, pita y otros frutos, diciendo que son días
de demora, en tanto grado que sólo el sábado dicen que es del indio para que él solo
busque el sustento para así, su mujer e hijos; y después; al principio del invierno,
que en España es el verano, siembra la dicha roza y todo el decurso de él consume
en limpiarla, pajarearla y otras diligencias, y todo el otoño recogerla, y en ella
misma siembra otra roza, que llaman la segunda; y en el entretiempo, si queda
alguno, hacen bohíos y pañoles, para que guarden los frutos fuera de los pueblos y
ordinariamente en las mismas rozas, y les obligan a que los guarden y vigíen, y a los
indios en este ministerio ocupados los hacen que traigan ganado de cerda a esta
ciudad y otros los ocupan en que traigan cargas de gallina y otras abastos, hechos
arrieros, en que se consume todo el año sin que los indios miserables tengan tiempo

264
La andadura de una vida bajo la colonia, pág. 231
265
González luna, Lola. Op. Cit. pág. 57
123

cierto y conocido en que poder valerse de su trabajo, y la paga del que ejercen es el
motivo de esta carta; porque sobre ello se han movido y mueven los pleitos,
controversias y disenciones que propuse en el principio a V.A. y llega tanto el rigor
que cuando no hay mulas o caballos sirven del ministerio en tanto grado que son
caballos de los negros, de los mercachifles, de los españoles buenos y malos, y esto
lo aseguro con la evidencia de haberlo yo visto”. 266

Vargas Campuzano era un juez con mucha experiencia pues llevaba en la administración de
justicia en Indias desde 1658, primero como fiscal y oidor en Santo Domingo durante seis
años. Después fue oidor de Panamá por dos años, y de Santa Fe por ocho, para finalizar en
México donde ejerció como alcalde del crimen y como oidor en su Audiencia. 267 Su visita
estaba encaminada en averiguar cuál era la situación de los indígenas, si las ordenanzas de
Villabona habían sido cumplidas, e indagar en las tierras que le fueron adjudicadas para los
resguardos. 268

CUADRO 9. Lista practicada al distrito de Tierradentro (Gobernación de


Cartagena) visitados por Jacinto de Vargas Campuzano

PUEBLOS TOTAL RESERVADOS TRIBUTARIOS


1° Piohón 173 3 34
2° Usiacurí 172 9 31
3° Media Granada 106 2 32
4° Baranoa 72 - 12
5° Yaguaro 70 3 12
6° Zamba 42 2 8
7° Tubará 183 - 46
8° Cipacua 128 5 25
9° Paulato 51 2 9
10° Galapa 127 - 14
11° Malambo 341 - 84

266
Ruiz Rivera, Julián. “La Provincia de Cartagena de India en 1675”, en Ensayos Históricos, N°13. Anuario
del Instituto de Estudios Hispanoamericanos, Caracas, 2001, pág. 13. Véase, Cartagena de Indias y su
Provincia, págs. 55-56
267
Ibíd. pág. 14
268
González luna, Lola. Op. Cit. pág. 55
124

FUENTE: Lola González L., Resguardos coloniales de Santa Marta y Cartagena y resistencia
indígena. Biblioteca Banco Popular, Bogotá, 1993, pá[Link] N° 5

La visita contó con el apoyo del capitán Diego de Olivares; este en la práctica visitó la
mayoría de los pueblos, debido a que Vargas Campuzano adujo que la llegada de la armada
de galeones al mando del general don Nicolás Fernández de Córdoba, requería su presencia
en la ciudad (Cartagena), para nombrar como juez delegado a un capitán de la Compañía de
Infantería. 269 Del mismo modo, para 1665, tiempo durante el cual se realizó la visita, en la
provincia de Cartagena, no había mayordomos, es más, solo habían dos administradores.

En tal sentido, el encomendero de Talahiguia expresó al respecto:

“… si se pudiera mayordomo en dicho pueblo fuera de gravísimo perjuicio para los


indios, porque con la mano que tienen les hacen vejaciones apurándoles en el
trabajo porque siempre buscan sus comodidades, y siendo la encomienda tan corta
que apenas hay que para pagar doctrina”

Por su parte, el encomendero de Usuacurí, Fernando de Reales, afirmó:

“… que el nombre de administrador ero lo mismo que el mayordomo y por tal había
asistido a dicho pueblo, y que siendo el encomendero como era tan pobre, huérfano,
su sobrino, y que las demoras apenas alcanzaban a pagar el estipendio del doctrinero
y camarico y un tributo de cincuenta pesos que se le paga en cada año en las Cajas
Reales”.270

Pero realmente, Vargas Campuzano no introdujo grandes cambios en lo referido a la


tributación y trabajo indígena, pues su labor se basó en cuantificar las tierras de tributo para
tratar de evitar los abusos que existían en la extensión a cultivar por los nativos.

Dentro de esta dinámica, algunos pueblos de indios de la provincia de Cartagena, durante el


siglo XVII, pasaron o se trasformaron en resguardos, Galapa, Tubará, Baranoa, Piojó,

269
Ruiz Rivera, Julián. Op. Cit. pág.15
270
Ibíd. págs. 28-29
125

Usiacurí, Turbana, Malambo, Chinú, Mahates, Turbaco y Toluviejo, y otros fueron creados
como Morroa, Sampúes y Sotavento. Posiblemente el establecimiento de los resguardos fue
el único intento notable de organización del espacio, emprendido por las autoridades
coloniales en este siglo. 271

Finalmente, estos pocos funcionarios que llegaron a esta gobernación hicieron siempre
visitas de tiempo parcial y en términos generales tenían como objetivos resolver las
dificultades o inconvenientes que se presentaban con los encomenderos y la población
indígena. Pero como es sabido sus resultados no fueron los esperados, debido a la premisa
no escrita: el rey está en España y yo mando aquí. 272 Asimismo, estas visitas muestran una
clara contradicción entre el deseo de la Corona de proteger a los nativos y su necesidad de
incrementar sus ingresos, pues en el momento en que el tamaño de la población indígena
descendía vertiginosamente el mero hecho de aumentar y mantener los tributos significó
mayores cargas y vejaciones. Estos informes elaborados por funcionarios oficiales también
sirvieron para establecer una mejor correspondencia entre lo que se anotaba en las cajas
reales y lo que se debía ingresar teniendo en cuenta los datos disponibles de los indios
tributarios y sus respectivas tasaciones.

De todas maneras las encomiendas del partido de Tierradentro eran de tipo agrario (Estas
encomiendas se diferencia de las encomiendas mineras que se dieron en las estribaciones
del Sinú) y los indios debían trabajar en tres o cuatro rosas de maíz, de las cuales la mayor
era reservada para el tributo. La extensión de las mismas era estipulada por el visitador de
turno. Los aborígenes realizaban dos siembras en el año y las cuentas del tributo las hacia el
mayordomo de la encomienda en vísperas de Navidad. 273

A la par, estas visitas nos permitieron mostrar que al hablar de poblamiento en el Caribe, e
incluso en América en el siglo XV y buena parte del siglo XVII, desde la perspectiva de la
población que la habitaba, de cierta manera es un contrasentido, ya que la invasión europea
trajo como consecuencia un proceso continuo de despoblamiento, lo cual no significó la

271
Historia del poblamiento del territorio de la Región Caribe de Colombia. pág. 38
272
Encomienda y población indígena en la Provincia de Cartagena, pág. 249
273
El Norte de Tierradentro, pág. 36
126

total desaparición de la población indígena, debido a que hasta principios del siglo XVIII
continuó siendo la población más numerosa de todo el territorio neogranadino. Asimismo,
se puede apreciar que existía un marcado interés de los visitadores o funcionarios por saber
el número de indios tributarios, lo cual está relacionado con la obtención de sus recursos y
por supuesto la intención de administrar y ejercer un control sobre el territorio y la
población.

Del mismo modo, el análisis de estas visitas permite expresar por lo argumentado hasta
aquí, que en la región histórica de Sabanalarga, no existieron encomiendas reales como lo
aseguró Arístides Manotas, en su investigación de 1954, ya que para tal fin era necesario
contar con un grupo o comunidad indígena más o menos suficiente para sostener al
encomendero, y los Suribana que eran los más próximos a tal ubicación desaparecieron
rápidamente. 274 Además hay que agregar, que estas visitas dejan percibir que los indios
eran necesarios para la construcción de obras públicas, por ende, para la fabricación de las
pequeñas ermitas y sostenimiento de los curas, esto explica por lo menos en parte, por qué
la no existencia de este tipo de construcción en este espacio (Sabanalarga) hasta la llegada y
puesta en marcha de las reformas del siglo XVIII, por parte de España; las cuales instaron a
la sujeción de las gentes de todos los colores que eran predominantes en el partido de
Tierradentro.

4.1 POBLAMIENTOS ESPONTANEOS E ILEGALES

Es significativo señalar que la ocupación del espacio, el control político y orden


administrativo sobre un territorio determinado, no únicamente se ejerce a través de la
violencia, sino también con la imposición de imágenes y símbolos, es decir, unas
representaciones jerárquicas que se pretenden imponer en una sociedad. En tal sentido, la
Iglesia cumplió un papel preponderante en los imaginarios colectivos e ideológicos, junto
con la majestuosidad del rey, con sus designios provenientes de Dios, según la tradición
monárquica. De hecho la institución eclesiástica facilitó el sometimiento de muchos grupos

274
Véase, Manotas, Arístides, Memorias sobre el pasado de Sabanalarga. Talleres Tipográficos Blas Movilla,
Barranquilla, 1954. Digitalizado para la Web por Manuel Reyes Vega, (2003) e-
mail:sabanalarga35@[Link] (Consulta realizada 18-mayo-2013)
127

humanos (blancos, indios, esclavos, negros, mulatos, zambos y mestizos) al Vasallaje


español. Estos aspectos estuvieron presentes durante los sitios de libres, parroquia y
posterior villa de Sabanalarga.

Diego de Peredo, obispo de la ciudad de Cartagena, expresó:

“Sitio se da en esta provincia (Cartagena) a todo lugar que tenga alguna población
aunque corta como no sea ciudad, villa o pueblo (que es significativo de los que no
son de indios); el vecindario de los sitios es mixto y común de españoles, mestizos
(que lo son los hijos de los españoles con las indias), negros mulatos (que
denominan así a los hijos de blancos y negras), zambos (a los hijos de mulatos y
negras) y otras mixtiones que tienen sus determinadas denominaciones; y estos
generalmente se denominan libres por distinguirse de los indios tributarios”. 275

Por consiguiente, los mestizos por su propia condición pudieron suavizar la carga de ser
indios encomendados; podían reivindicar su situación si por cualquier motivo venían a
exigirle el tributo indígena aunque vivieran entre aborígenes. Entonces la hibridación étnica
en el mundo rural también pudo ser una estrategia de resistencia y una forma de oposición
al sistema colonial. 276

Los comienzos de este mestizaje se dan desde que los europeos desembarcaron en el
territorio de las indias, ya que los primeros contactos que se desatan es la conquista de las
mujeres nativas para satisfacer los deseos sexuales de los recién llegados, pues había
pasado un largo período de tiempo sin contacto con personas de otro sexo. Aunque las
referencias de estos inicios y contactos no son muy abundantes muchos españoles vivieron
con mujeres indígenas en concubinato e incluso conformaron una sociedad polígama. 277

275
Urueta, José P. Op. Cit. Tomo. III, pág. 324. Véase, Peredo, Diego de. “Noticia historial de la Provincia
de Cartagena de Indias año de 1772”, en Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura, N° 6-7.
Bogotá. Universidad Nacional, 1971-1972, pág. 137. El manuscrito original se encuentra en la Biblioteca
Nacional de Colombia en. Libros Raros y Curiosos. Tomo 160, folios 45r-130v
276
Vidal Ortega, Antonio. Op. Cit. pág. 219
277
Melo, Jorge Orlando. Op. Cit. pág. 245
128

Estos amancebamientos fueron perseguidos desde el primer momento por las autoridades
indianas debido a la gran generalidad de estas prácticas. De ahí que, en casi todos los
juicios de residencia, había una pesquisa secreta para averiguar si los enjuiciados vivían
amancebados y si estaban castigando estos delitos lo suficiente. Pero también es cierto que
muchos gobernadores se hicieron los de “la vista gorda” en muchos de estos casos, dado
que a veces los mismos funcionarios practicaban el amancebamiento. 278 Este enfoque nos
permite razonar que, en líneas generales, no hubo una repulsa racial por parte de los
conquistadores europeos en este sentido. Por tanto, aunque no hubo rechazo, si existió una
distinción racial.

No es sorprendente entonces que estos Sitios de libres, aparecieran inmediatamente


después del proceso de la ocupación española; estos eran un poblamiento alterno y
espontaneó integrado por pequeños núcleos familiares o vecinos que se abrían paso entre el
monte para cultivarlo, o mejor dicho, grupos humanos que de una u otra manera hacían
resistencia al dominio español y cuyo anhelo era establecerse en un espacio territorial de
acuerdo con sus ideales y no con las necesidades de la Metrópoli. Estos sitios se
multiplicaron durante los siglos XVI y XVII y se convirtieron en un serio desafío para la
estabilidad del orden que pretendía la institución eclesiástica y la Corona española. 279

Muchos de estos asentamientos dejaron de ser considerados sitios y fueron calificados de


rochelas; a los pobladores se les dejó de llamar vecinos, ahora se les conocerá como
arrochelados. Con este cambio de lenguaje se enfatizó que estos asentamientos no se
ajustaban a la voluntad de Dios y del rey, razón por la cual estos espacios debían ser
destruidos y su población reunida en un sitio donde se incorporaran al orden cristiano. 280

De hecho, muchos de estos asentamientos se les consideraron de una u otra manera


dependiendo de los intereses de los curas y expedicionarios. Lo que no puede quedar en
duda es que el surgimiento de los sitios de libres rompió con el modelo de las dos

278
Mira Caballos, Esteban. “Una etnia conflictiva: mestizos en las Antillas”, en Esteban Mira Caballos
(Compilador): La Antillas Mayores, 1492-1550. Vervuert-Iberoamericana, Frankfurt-Madrid, 2000, págs.
287-288
279
Conde Calderón, Jorge. Op. Cit. págs. 34-35
280
Herrera Ángel, Marta. Op. Cit. pág. 207
129

“repúblicas”; espacios donde mestizos conformaron una casta que, aunque no homogénea
desde el punto de vista étnico, condujo a una polaridad racial con los criollos, que si bien
aún conservaban su condición de exención de impuestos veían amenazado su status social,
pues comenzó a difuminarse la distinción entre conquistadores y conquistados. Sin
embargo, aún no se tiene una fecha precisa del comienzo de este proceso poblacional en los
sitios de libres de Sabanalarga.

De cualquier manera, las pequeñas haciendas agrícolas y ganaderas fueron los principales
soportes de poblamiento en el Caribe neogranadino durante el siglo XVII, ya sea porque
algunas veces apoyaron la conformación espontánea de los sitios de libres para obtener
mano de obra, o bien porque en sus intersticios se colocaron estos grupos humanos por
fuera de la ley, como lo eran los palenques y rochelas. 281

Otro poblamiento ilegal que se encontraba en el Caribe neogranadino fueron los


Palenques, estos aparecieron en los siglo XVI y XVII, y al igual que los sitios de libres se
convirtieron en un problema de orden público para la Corona y en una “región de refugio”.
Estos estaban ubicados en los Montes de María, Valle de Upar, la Sierra Nevada y las
serranías de San Lucas, y Luruaco. 282 Generalmente se situaban en zonas de difícil acceso
e inhóspitas, en terrenos boscosos, pantanos de la sabana, ciénagas y llanuras. Entre los
palenques de la provincia de Cartagena, aunque no perduraron, podemos mencionar:
Matuna, Berrugas, Limón, San Miguel, Matuderé, Arenal, Catas, Musanga, Tiquizio,
283
Tabacal y Betankur. (Los dos últimos en el partido de Tierradentro, aunque la
investigadora María Cristina Navarrete considera que Tabacal es el mismo Matuderé)

Ahora bien, la huida de muchos cautivos negros no siempre tuvo como objetivo la
búsqueda de la libertad definitiva, pues esta práctica en muchos casos sólo obedecía a
conseguir vestidos, alimentos suficientes, trabajar sin ser maltratados y alcanzar alguna
libertad de movimiento. Por tanto, su finalidad no era desafiar el sistema esclavista sino

281
Historia del poblamiento del territorio de la Región Caribe de Colombia. pág. 39
282
Romero Jaramillo, Dolcey. Los afroatlanticences: esclavización, resistencia y abolición. Universidad
Simón Bolívar. Barranquilla, 2009, pág. 15
283
Historia del poblamiento del territorio de la Región Caribe de Colombia, pág. 41
130

tener ciertos privilegios dentro de este sistema. La vida de los esclavos negros osciló entre
el radicalismo de huir a un palenque y la resignación de servir. 284

De esta situación, es preciso mencionar que la resistencia de las comunidades negras se les
intentó mitigar con estrategias, que no siempre fueron violentas, pues, el monarca español
ordenó que se les perdonara cualquier hecho que hasta entonces fueran realizados, siempre
y cuando estos regresaran en paz y, por ende, a servir a sus amos. 285

La maniobra es entendible debido a que la fuga de los negros no sólo privó a los
propietarios de esclavos de su posesión y de su necesario trabajo como mano de obra, bien
escasa por cierto, sino que el cimarronaje se constituyó en una amenaza para estabilidad de
la sociedad esclavista. Esta modalidad de resistencia persistió en todo el período colonial y
por ende fueron frecuentes las expediciones militares como medio de combatirlas. Entre
1571 y 1575, el funcionario Mexía llegó a la ciudad de Cartagena para realizar un juicio de
residencia al gobernador de la ciudad Francisco Bahomonde Lugo y sus oficiales, el cual
manifestó en una carta dirigida al rey acerca de la amenaza que los cimarrones
representarían para la ciudad:

“Los negros crecen en toda esta costa y tienen tierra tan fragosa como de la
Tierrafirme y saben que sus vecinos se han sustentados alzados, y son tan amigos de
la libertad como sus naturales, y para cada vecino desta gobernación hay mas de
seis negros, y cuando yo llegué aquí los que estaban en el monte cimarrones venían
y buscar compañeros, y si no se hallara su población y se hiciera la justicia de ellos,
hubiera crecido el daño, con viene que V.M. pusiera remedio, dicen acá que el
mejor es que no vengan más de los que acá están ahora”. 286

284
Navarrete P., María Cristina. “Cimarrones y palenques en las provincias al norte del Nuevo Reino de
Granada siglo XVII”, en Revista Fronteras de la Historia. Instituto colombiano de Antropología e Historia.
Vol.6, Bogotá, 2001. pág.106
285
DIHC. VI, págs. 27-28
286
Vidal Ortega, Antonio. Op. Cit. págs. 224-225. La única forma de conseguir la libertad de manera legal era
a través de la manumisión, esta se conseguía de dos formas. La primera era reuniendo algún dinero para
comprarse su independencia. En el caso de que el esclavo realizaran algún oficio tenían mayor oportunidad de
conseguir dinero extra. La segunda por la caridad cristiana de los dueños, aunque casi siempre la otorgaban
cuando estos eran viejos y, por tanto, ya habían pasado sus mejores años productivos.
131

Asimismo, estas formas de poblamiento en el Caribe se asociaban todavía en la segunda


mitad del siglo XVIII con amenazas externas, por una posible alianza entre nativos e
invasores extranjeros. Dentro de esta lógica el Imperio miraba a estos espacios como un
peligro militar o como territorios en los que debían mantener misioneros religiosos. 287

Otro elemento a recalcar, y contrario a lo que la historiografía tradicional ha expuesto, estos


espacios, los sitios de libres y palenques, no fueron comunidades totalmente cerradas, ya
que algunas se adecuaron a los intercambios comerciales que se establecían en los
mercados más cercanos; realizaban contactos con otros grupos poblacionales, circunstancia
que les permitió adquirir ciertos elementos culturales. En otras palabras, estos espacios
establecieron una estrategia de supervivencia que les permitió mantener su autonomía y, al
mismo tiempo, negociar con las autoridades locales y hacendados para su beneficio.

Los palenques tenían un mínimo de organización sociopolítica, y para ello crearon e


imitaron un mínimo de pautas españolas, nombramiento de un “rey” a cuya mujer se le
proclamó “reina”. Las otras autoridades eran un tesorero-contador, un teniente aguerra, un
alguacil, quienes junto con el “rey” conformaban el cabildo de negros. 288

Pero independientemente de las razones de la aparición de estos poblamientos espontáneos


y su organización sociopolítica, la Corona española buscó tener un mayor control sobre la
provincia de Cartagena, el partido de Tierradentro y por ende ejercer dominación sobre el
territorio del Caribe neogranadino y, desde luego, sobre sus habitantes. De allí las visitas de
los distintos funcionarios: Arteaga, Narváez, González, Villabona y Vargas Campuzano; las
cuales tenían como objetivo primordial, pero no único, proteger a los comunidades
indígenas como ya se explicó. Y posteriormente en el siglo XVIII, los expedicionarios
Antonio de la Torre y Miranda, José Fernando de Mier y Guerra, Francisco Pérez de
Vargas y Joseph Palacios de la Vega, tenían como fin el agrupamiento y sometimiento de
poblamientos ilegales.

287
Colmenares Germán. “El tránsito a sociedades campesinas de dos sociedades esclavistas en la Nueva
Granada: Cartagena y Popayán, 1780-1850”, en Huellas. Revista de la Universidad del Norte, Barranquilla,
N° 29, 1990, pág. 8
288
Fals Borda, Orlando. Historia doble de la Costa. Mompox y Loba. Tomo I. Carlos Valencia Editores, 1980,
pág. 53B
132

Respecto a los territorios de la región histórica de Sabanalarga, se tienen evidencias que


desde 1600 el Cabildo de Cartagena adjudicó varias mercedes de tierras a algunos vecinos,
de los cuales podemos mencionar.

 “El 10 de abril de dicho año (1600) se mandó dar título de la venta de Turipana a
Don Alonso de Mendoza, y se hizo merced de nuevo con ocho cavallerías de tierras,
sin perjuicio”.

 “En doze de diciembre de seiscientos y veinte y tres (1623), al Capitán Alonso de


Muñoz de Piedrola, quatro cavallerías de tierras, en la tierra adentro, junto a las
sabanas desde el agua del Salto, corriendo hazia el Cascajal, sin perjuicio”.

 “A Matheo del Solar, el dicho día (1623), quatro cavallerías de tierras en la tierra
adentro, junto al Pueblo que se decía Suribana, linde con tierras que se dieron a
Alonso de Muñoz de Piedrola, sin perjuicio”.

 “En quinze de octubre (1624) a Don Diego Simanca quatro cavallerías de tierras, en
la tierra adentro, que empiezan a correr desde la savana de los Balsamos, hacia
Pedro Hoyo, sin perjuicio”. 289

De estas cuatro adjudicaciones enunciadas hay que resaltar las entregadas a Don Alonso de
Mendoza de Carvajal, pues fue el español que recibió el mayor número de concesiones 11
290
para una extensión total de 34 caballerías, o sea, más de 14.000 hectáreas. De igual
manera hay que destacar las mercedes otorgadas al capitán Alonso de Muñoz de Piedrola y
Matheo del Solar, debido a que estas adjudicaciones se encontraban en las extensiones de
tierras que hacen parte de la región histórica de Sabanalarga; la cual se caracterizaba,
durante principios del siglo XVII, por la no presencia de población indígena concentrada,

289
Gutiérrez de Piñeres, Eduardo. (Compilador): Documentos para la historia del Departamento de Bolívar.
Imprenta Departamental, Cartagena, 1924, págs. 156 y 174-175. Véase, Blanco Barros, José Agustín. Op. Cit.
pág. 77 (Los Ítems se encuentran sin modificación alguna, tal cual como en los informes del siglo XVII, por
tanto su escritura corresponde a ese contexto)
290
Meisel Roca, Adolfo. Op. Cit. pág. 85
133

porque sus habitantes eran mestizos y estaban dispersos, lo cual era un problema para la
Corona española, debido a que no realizaban grandes aportes a la Caja Real y a la
institución eclesiástica.

4.2 LA SEGUNDA CONQUISTA: BUROCRATICA, DE NUEVOS


ESPACIOS Y DE GENTES LIBRES.

El reformismo borbónico es considerado como una nueva reconquista de América, la cual


puede definirse así:

“Un conjunto de reformas conducentes a hacer saltar el viejo pacto colonial,


establecido y mantenido a lo largo de muchos años, entre las antiguas autoridades
metropolitanas y los poderes locales andinos, cada vez más poderosos, y sustituirlo
por una nueva política, el llamado reformismo borbónico: una serie de medidas
administrativas y gubernativas mediante las cuales la monarquía española deseaba –
y necesitaba con urgencia – reencauzar, redirigir y controlar al orden colonial,
fuertemente instalado y guarnecido en el tiempo y el espacio”. 291

Para poder explicar de manera clara cuál fue la segunda conquista de América, se hace
necesario comprender el absolutismo español, que comenzó con la unión de Castilla y
Aragón, por el matrimonio de Isabel y Fernando II.

Sin embargo, las exageradas diferencias de los reinos impidieron un coherente sistema
fiscal y una fusión administrativa; la única institución que logró unificarse fue la
Inquisición la cual sirvió como aparato ideológico del Estado. El reino de Castilla contaba
con una población de 6.000.000 de habitantes, poseía numerosas ciudades, algunas de estas
tenían contactos comerciales con las industrias textiles de Flandes, la nobleza era
propietaria de grandes extensiones de tierras que utilizaban para la agricultura y cría de
ovejas. Pero en la órbita política era muy débil ya que las Cortes fueron siempre

291
Garavaglia, Juan Carlos y Marchena Fernández, Juan. América Latina. De los orígenes a la Independencia.
La sociedad colonial ibérica en el siglo XVIII. Tomo II, Op. Cit. págs. 31-32. Véase, Roa Barraza, William.
[Link]. pág. 105. Los cuatro reyes Borbones que dominaron el siglo XVIII español fueron, Felipe V (1700-
1746), Fernando VI (1746-1759), Carlos III (1759-1788), y Carlos IV (1788-1808).
134

ocasionales. Por el contrario en Aragón el sistema señorial era el más represivo de la


península, sus habitantes se calculan en 1.000.000, la aristocracia contaba con mucha más
servidumbre y sus provincias tenían sus propias Cortes independientes. 292

No obstante, la aparente firmeza económica que permitían los metales preciosos obtenidos
del Nuevo Mundo hizo triplicar los ingresos de la Corona durante el reinado de Carlos V,
también crecieron los préstamos financieros y las presiones fiscales que llevó al Estado a la
bancarrota, en 1557, cuando Felipe II se encontraba en el trono español. Asimismo sus
sucesores intentaron recuperar las arcas del Estado, pero el gasto militar por las continuas
guerras no lo permitieron hasta el punto que Felipe III se declaró otra vez en bancarrota en
1607 y 1627. 293

En estas circunstancias la relación de España y las Indias experimentó un cambio decisivo,


resultado del conflicto internacional entre 1620 y 1650, que ocasionó que el Caribe se
convirtiera en una base desde la cual el comercio ilícito pudo realizarse a gran escala en
294
tierra firme. La situación era tan desesperante para la Corona que Felipe III ordenó
atacar los galeones españoles que trasportaban los metales preciosos a la península, pues
buscaba apoderarse de la carga total ya que sólo le correspondía el quinto real, esto
significó que los galeones no sólo sufrían ataques de los corsarios ingleses sino también los
propios. 295

Teniendo en cuenta las argumentaciones que acabamos de sustentar, merece especial


atención, el hecho que la costa occidental de la provincia de Cartagena, a finales de esta
centuria, constituía un espacio donde circulaban las mercancías de contrabando de las
potencias extranjeras, con el apoyo de los indios. De la misma manera, los escoceses se
habían establecido a lo largo de la costa del Darién, con el respaldo de la Corona británica,
una colonia con el nombre de Calcedonia. Solo fue en 1699 cuando se logró expulsar a los
escoceses, pero no se pudo imponer un control efectivo sobre los indígenas, ni siquiera un

292
Anderson, Perry. El Estado Absolutista. Siglo XXI editores. México, 1990, págs. 57-62
293
Ibíd. págs. 66 y 75-77
294
España y América en los siglos XVI y XVII, pág. 41
295
Klauver, Alonso. Op. Cit. pág. 62
135

siglo después, cuando bajo el virreinato de Antonio Caballero y Góngora, se emprendiera


una expedición en 1785 para someterlos. 296

En otras palabras, durante la administración de los reyes de la Casa de los Habsburgo en el


siglo XVII, España vivió una crisis fiscal y productiva por la no recaudación adecuada de
impuestos, que los llevó a intensificar la venta de los cargos públicos y el cierre de muchas
haciendas agrícolas y ganaderas que produjo escasez de alimentos y subida de precios de
los mismos, afectando así la economía. Estos aspectos se profundizaron durante la guerra
de Sucesión, que permitió que los reinos en América tuvieran cierto grado de autonomía
política y finalmente el ascenso de la dinastía de los Borbones al poder en 1700, cuando
Felipe de Anjou llegó al trono español. 297 Esté Borbón era nieto de Luis XIV, rey de
Francia, y familiar de Carlos II, último de la casa de los Austria, quién en testamento
escrito designó como heredero a su sobrino-nieto, pues el monarca no había dejado
descendiente; aquel fue reconocido como Felipe V bajo el tratado de Utrecht de 1713, en el
que España tuvo que realizar varias concesiones territoriales y comerciales con Inglaterra y
otros países europeos que pusieron fin a la guerra de Sucesión. 298

Entre las concesiones comerciales que la Corona británica consiguió por parte de España
fue el permiso para introducir durante los siguientes treinta años 4.000 esclavos anuales y la
aprobación de enviar un navío con 500 toneladas de mercancías para la comercialización en
299
los mercados hispanoamericanos. En cuanto la introducción de esclavos, esta fue
realizada para la provincia de Cartagena por la South Sea Company, (Compañía de los
Mares del Sur), que celebró un contrato para el aprovisionamiento regular de esclavos; esta
actividad la ejecutó durante 18 años, en tres momentos distintos que se resumen en el
siguiente cuadro:

296
Múnera, Alfonso. El fracaso de la nación: Región, clase y raza en el Caribe colombiano 1717-1821.
Editorial Planeta, Bogotá, 2008, pág. 74. (Citado en adelante como el fracaso de la nación, y pagina)
297
Véase: [Link] (Consulta realizada 12-sep-2013)
298
Cunill, Pedro, Vivas Ramírez, Fabricio y Otros. Los tres primeros siglos de Venezuela, 1498-1810.
Editorial Grijalbo. S.A. Caracas, Venezuela, 1993, pág. 125
299
Pérez Herrero, Pedro. Op. Cit. pág. 123
136

CUADRO 10. Números de esclavos introducidos a la ciudad de Cartagena y


cercanías por la compañía de los mares del sur

Primer período Segundo Período Tercer período


Año Número de esclavos Año Número de esclavos Año Número de esclavos

1714 174 1722 480 1730 731


1715 616 1723 789 1731 1.077
1716 117 1724 692 1732 718
1717 352 1725 1.298 1733 700
1718 298 1726 420 1734 840
-- -- 1727 320 1735 401
-- -- -- -- 1736 452
Totales 1.557 -- 3.999 -- 4.919

FUENTE: Germán Colmenares. Historia económica y social de Colombia.1537-1719. Ediciones


Culturales, Bogotá, Colombia, 1973, pág. 216

Además, el tratado de Utrecht le arrebató a España posesiones en Europa ya que el


emperador de Austria recibió Milán, Países Bajos, Cerdeña y Nápoles. El rey de Saboya se
quedó con Sicilia. Finalmente cedió a Portugal, aliada de Inglaterra, un asentamiento en la
ribera oriental del Río de la Plata, espacio ideal para practicar el contrabando. 300

Debido a estas concesiones territoriales y comerciales, los Borbones de cierta manera


comenzaron a depender de los vastos territorios en América para buscar vincularse en el
nuevo escenario europeo. Entorno que se dificultaba aún más porque una de las ciudades
importantes para España en América, Cartagena de Indias, fue asaltada en 1697 por
corsarios franceses comandados por Jean Bernard Desjeans, baron de Pointis, a los que se
unieron filibusteros bajo órdenes de Jean Baptiste Ducasse. Este ataque destruyó parte de
las murallas, la artillería fue robada en su mayoría y la escasa dotación que no se llevaron

300
Brading, D. A. “La España de los borbones y su imperio americano”, en Bethell, Leslie (Compilador):
Historia de América Latina. Editorial Crítica, Vol. 2, Barcelona, 1990, pág. 86
137

era deficiente. Este era justamente el escenario de Cartagena en los albores de la guerra de
Sucesión, una ciudad expuesta, casi indefensa y sin recursos; pero que podía ser
ambicionada por ingleses por su política de quebrar estratégicamente el dominio de España
en las Indias. 301

De manera general, esta era la situación para España cuando los Borbones llegan al poder a
principios del siglo XVIII, lo cual llevó que la visión y filosofía hacia estos territorios
cambiara. Si con los Habsburgo se trataba del <<rey de las Españas y de las Indias >>, con
los Borbones consistirá en el << rey de España y emperador de las Indias >>; desde
entonces, se habló ya no de reinos, sino de colonias, es decir, se inició un nuevo proceso
administrativo que traería consigo una serie de trasformaciones, conocidas como las
302
reformas borbónicas. En la propia España las expectativas por la aplicación de este
programa político y económico de corte francés, había suscitado un clima de desconfianza,
sobre todo en los reinos como Cataluña y Aragón, que detentaban ciertos privilegios desde
la época de los Habsburgo, y se inclinaban de manera abierta a apoyar al Emperador, en el
entendido de que este apoyo le sirviera para garantizar sus fueros. 303

Hay que subrayar que la diferencia entre la economía metropolitana y los reinos eran casi
inexistentes en el siglo XVII, es decir, a los borbones le correspondió hacer un inventario
del Imperio para aplicar unas medidas que permitieran modernizar la economía, las
instituciones y la sociedad misma. De allí que estas reformas tenían como objetivo
solucionar los inconvenientes antes mencionados reducir el poder de los virreyes y las
Audiencias, aumentar la productividad fiscal y la diversificación de productos, realizar un
cambio profundo en el ámbito educativo inspirado en la Ilustración, mejorar el sistema de
defensa y seguridad contra la invasión extranjera, desamortizar los bienes de la Iglesia,

301
Cartagena de Indias y su Provincia, págs. 277-278
302
Garrido, Margarita. “Precursores de la independencia”, en Gran Enciclopedia de Colombia. Círculo de
lectores, Santa fe Bogotá, 1991, pág. 211-212
303
Rodríguez Mirabal, Adelina. “La España reformista de comienzos del siglo XVIII y la nueva orientación
del comercio ultramarino”, en Ensayos Históricos, N° 13, Anuario del Instituto de Estudios
Hispanoamericanos, Caracas, 2001, pág. 40
138

combatir el contrabando, promover la libertad de comercio y ejercer un mayor control sobre


el poblamiento disperso. 304

Según, Balthasar de la Fuente, cura de San Nicolás (Barranquilla), quien recorrió la


provincia de Cartagena nos ilustró, en 1690, que esta área estaba poblada:

“… de diversas gentes, que viven por aquellos montes divididos los unos de los
otros, sin gobierno político, ni Eclesiastico, ignorantes de los Misterios de nuestra
Santa Fé, y Doctrina Cristiana; originando de hallarse retirados de las poblaciones,
donde ay Justicia y Parrocos, y por esto imposibilitados de que los curas los
enseñen, ni los administren los Santos Sacramentos ”. 305

De igual forma, en 1702, el gobernador de la provincia, Juan Díaz Pimienta, reflexionó


sobre la situación del comercio, la ciudad y el campo:

“Los pocos caudales, que se podían considerar en esta tierra así propios de vecinos
como de apoderados, los tienen fuera de esta Provincia y sólo hacen bajar a esta
ciudad aquellos de que no necesitan para emplear en ropas de ilícito trasporte, en
que siempre hallarán muchísima más utilidad y breve lucro que el que V.M. podrá
darles en el repartimiento a que creo excusarán manifestando pobreza, como en esta
plaza afectan todos”. 306

En cuanto a la defensa y seguridad del Caribe neogranadino, en especial de la provincia de


Cartagena, el gobernador manifestó, pocos años después que:

“En todas las indias, según me han informado, y aquí donde tengo experiencia, para
la paga de la guarnición es mucha y efectiva, para el servicio, inútil y poca, porque
sin que un gobernador que no es más que un hombre solo, lo pueda remediar los
mejores de ella con solapa de subalternos, uno es sastre, otro Zapater y otro se pasa
sin hacer guardias”. Ante los rumores de una posible invasión inglesa el gobernador

304
Garrido, Margarita. Op. Cit. págs. 212-214
305
Herrera Ángel, Marta. Op. Cit. págs. 238-239
306
Cartagena de Indias y su Provincia, págs. 279
139

organizó y mandó a llamar milicias de la provincia, que según el escribano pasaban


de 2.700 milicianos. 307

La situación que vivía Cartagena, luego del ataque de 1697, y el escenario descrito por el
gobernador condujo a los Borbones a formar una milicia disciplinada; dicho de otro modo,
un programa sistemático de entrenamiento que permitiera la profesionalización de un
cuerpo de personal regular, tanto en el manejo de las armas, como para obedecer a los
mandos correspondientes, y así rechazar cualquier intento de invasión por parte de
potencias extranjeras. En tal sentido, la reorganización de los batallones o compañías y la
conformación de milicias integradas por castas de todos los colores serían un apoyo del
ejército regular. Por tanto, los distintos gobernadores que llegaron a la provincia de
Cartagena realizaron estrategias y medidas para la defensa del territorio, resultado positivo
sólo gracias a que los ingleses desestimaron un ataque a la ciudad de Cartagena ya que
tenían claro que la Guerra de Sucesión se definiría en Europa y no en las colonias
españolas.

Pocos años después, el 25 de octubre de 1711, el cabildo municipal de Cartagena solicitó


permiso para dictar una sisa sobre la carne de res y de cerdo para ayudar a construir y
mantener dos o tres piraguas de guerras para impedir cualquier ataque enemigo en las
costas. 308

Vemos entonces, que la nueva monarquía debía plantearse un modelo político y económico
sobre la base de la unificación territorial, lo que sin duda significó enfrentar los privilegios
regionales y someter a los reinos a la autoridad del soberano, a fin de fortalecer la política
centralizadora del Estado. Esto implicó un reto para Felipe V, debido a que se corría el
riesgo de generar conflictos internos por la abolición de los fueros regionales. La guerra de
Sucesión le permitió al monarca el pretexto para la aplicación en España de este modelo
centralizado. Aragón y Valencia fueron los primeros reinos que se les quitaron los
privilegios, con los llamados Decretos de la Nueva Planta, en 1707; pocos años después en

307
Ibíd. 292-293
308
Ibíd. pág. 281
140

1715, se promulgó el segundo de estos decretos, para el reino de Mallorca, y en 1716, el


tercer decreto, para Cataluña. 309

Como principal instrumento administrativo de esta política reformista en la América


española se crearon las intendencias, pero por circunstancias aún no aclaradas, en el
Virreinato de la Nueva Granada no tuvo vigencia. Las políticas reformistas borbónicas se
hicieron presentes en estos territorios a través de sus virreyes y la institución de la
Regencia, representantes de esta nueva visión gubernativa. 310

Son precisamente estas políticas la que conllevaron a realizar un nuevo reordenamiento


territorial y por ello a los virreinatos de México y Perú, se sumó la creación de dos nuevos
virreinatos. El virreinato de la Nueva Granada, en 1717, que fue disuelto transitoriamente
en 1723, y restablecido definitivamente en 1739, comprendía las audiencias de Panamá,
Santa fe y Quito, cuya capital era Santa fe de Bogotá. Y el virreinato del Río de la Plata, en
1776, que incluía los territorios de Argentina y Altos del Perú. Finalmente, la Capitanía
General de Venezuela, en 1777, con capital en Caracas, la cual ocupó en esencia casi todo
el territorio de la actual República de Venezuela. 311

En cuanto a la decisión de restaurar el virreinato de la Nueva Granada, el monarca español


manifestó:

“Y habiéndose experimentado maior decadencia en aquellos preciosos dominios y


que va cada dia en aumento como me lo han representado varias comunidades de
su distrito, suplicandome vuelva á erigir el Virreinato para que con las mas amplias
facultades de este empleo logre Gobierno el mejor orden con que los desauziados
ánimos de mis vasallos se esfuercen y apliquen al cultivo de sus preciosos metales y
abundantes frutos, y se eviten por lo que actualmente fructifican fiarse a manos de
extrangeros, como esta sucediendo; en grave perjuicio de la Corona [….] he resuelto
erigir de nuevo el mencionado Virreynato de este nuevo Reino de Granada […..].
Respecto de lo qual y que he nombrado para que establezca el referido Virreynato al
309
Rodríguez Mirabal, Adelina. Op. Cit. pág. 42
310
Jaramillo Uribe, Jaime. Op. Cit. págs. 185-186
311
Bushnell, David. Op. Cit. pág. 33
141

Theniente general de mis Exércitos D. Sebastian de Eslaba os ordeno y mando que


por la presente observeis y cumplais lo por mi resuelto y ovedezcais al mencionado
Virrey como súbditos”. 312

Entre otras razones, se creó para intentar meter en cintura a los contrabandistas y por lo
mismo se pagaba desde Nueva España una guarnición muy costosa. Algunos funcionarios
de la época informaron que del conjunto de posesiones españolas en América ninguna otra
sufre del mal exagerado del contrabando como lo que sucede en la Nueva Granada. Los
consejeros del Rey calcularon esta práctica en seis millones de pesos en los comienzos del
siglo XVIII, mientras el comercio legal no lograba superar los dos millones de pesos. 313

Este entorno fue percibido por dos ilustrados españoles que llegaron a la Nueva Granada, a
mediados del siglo XVIII, Jorge Juan y Antonio de Ulloa, quienes describieron tal
situación, comentando al respecto:

“Para tratar del comercio ilícito en la Indias […] Cartagena, siendo éste el primer
puerto para hablar de este asunto, y adonde parece que, conjuraba la malicia contra
la legalidad, convierte en fraude aun aquellas providencias y recursos que lo debían
destruir y aniquilar; pues las que se han tomado con tanta prudencia y sagacidad, y
que prometían desarraigar de las costas todos los motivos del trato ilícito, son las
que en tiempo presente sirven de solapa para que se frecuenten aquellas vías
prohibidas con mayor desahogo y seguridad”. 314

Además, la creación del virreinato buscó realizar un reordenamiento e incorporación de


muchos sitios de libres a la política administrativa española, pues estos asentamientos
poblacionales aparecieron desde el mismo inicio de los procesos de conquista y habrían
aumentado por la recuperación demográfica de finales del siglo XVII.

312
AGI, Santa Fe, 385. Real Cédula de Restauración del Virreinato del Nuevo Reino de Granada. San
Ildefonso, 20 de agosto de 1739. En: Donís Ríos, Manuel, El territorio de Venezuela. Documentos para su
Estudio, Universidad Católica Andrés Bello, Caracas, 2001, pág. 390
313
Múnera, Alfonso. “Ilegalidad y frontera”, en Historia económica y social del Caribe colombiano.
Ediciones Universidad del Norte, Bogotá, 1994, pág. 135
314
Juan, Jorge y Ulloa, Antonio de. Noticias secretas de América. (2 Tomos). Editorial América, Madrid,
1918.pág. 220
142

Por lo tanto, a partir de las primeras décadas del siglo XVIII, las provincias del Caribe
neogranadino ocuparon la atención, en términos poblacionales, de la Corona española, y
son precisamente las reformas iniciadas por los reyes Borbones, quienes mediante un
“nuevo” proceso poblacional buscan reunir o incorporar a los grupos humanos
arrochelados, amancebados y dispersos de los sitios de libres, a la estructura urbana
colonial, pues vivían “sin Dios ni ley”. 315 De hecho, las grandes extensiones de tierras que
inicialmente habían sido pobladas por indígenas mayoritariamente, ahora en el siglo XVIII
se encontraban habitadas por gentes que tenían en común vivir por fuera del sistema
colonial, en otras palabras, ausentes del sistema fiscal, religioso, político y administrativo
de la Corona; por ende, el Estado tenía muy poca influencia sobre estos grupos que se
encontraban en estos espacios poblacionales.

Cabría razonar, entonces, que la ciudad de Cartagena por ser una bahía propicia para el
arribo de galeones y entrada de la Nueva Granada, se sostenía gracias al comercio exterior
y al contrabando que practicaban sus habitantes, desde los más presuntuosos hasta lo más
humildes, asimismo, por su fiscalidad al ser centro militar y político. Es por ello, que
difícilmente a las autoridades, e incluso a los vecinos de la ciudad, les interesó mirar las
fronteras interiores de la provincia o gobernación. 316

La política de reorganización espacial fue más intensa en la segunda mitad del siglo XVIII,
debido a que no solamente se presentaban inconvenientes con muchos pobladores del
Caribe, sino también con las Islas británicas por sus avances territoriales en Bélice y la
Guayana Británica. 317 Los ingleses, por su parte, buscaban establecer colonias en el Caribe
para tener mayor acceso a los tesoros españoles, garantizar un mercado para sus productos,
en especial textiles, y en últimas, para ofrecer un hogar a su población excedente. 318 Estos

315
Ensayos históricos, pág. 60
316
Polo Acuña, José y Gutiérrez Meza, Ruth “Territorios, gentes y culturas libres en el Caribe continental
Neo-Granadino, 1700-1850”, en Sergio Paolo Solano y José Polo Acuña (editores): Historia Social del
Caribe colombiano. Territorios, indígenas, trabajadores, cultura, memoria e historia. La Carreta Editores,
2011, págs. 11-12
317
Conde Calderón, Jorge. Op. Cit. pág. 58
318
Bryan, Patrick E.. “Jamaica y el Caribe español, 1655-1713”, en Leopoldo Zea (Compilador): El
Descubrimiento de América y su Sentido Actual. Colección Tierra Firme. Edición de Cultura Económica,
Mexico,1989, pág. 69
143

enfrentamientos y agresiones territoriales e incluso comerciales que sufría España en sus


dominios americanos, causó el fortalecimiento militar, el desarrollo económico y la
concreción de razones exógenas que llevaron a la creación de nuevas instituciones y cargos
públicos. 319

Respecto al fortalecimiento militar en la provincia de Cartagena, en 1736, bajo el mandato


de Felipe V se estableció un batallón fijo de diez compañías. Esta unidad fue conocida
generalmente como el “fijo”, la cual contribuyó en la defensa contra la invasión inglesa del
almirante Edward F. Vernon, en 1741, pese a que tal victoria resultó ser más un logro de la
marina y de las unidades rodantes enviadas desde España. 320 La reforma no sólo significó
la dotación militar del personal, sino que hubo una importante inversión en la construcción
de las fortificaciones, las cuales demandaron artesanos y una migración interna de un
importante grupo de personas de las cercanías de la provincia. Dentro de este tipo de
edificaciones, el cierre de Bocagrande en la bahía de Cartagena, que según el ingeniero
Antonio de Arévalo, en su presupuesto se requerían 500 personas. 321

Así también, la Corona tenía la necesidad de realizar campañas de poblamiento


urbanizadoras para defender las fronteras internas, sujetar a la población dispersa y si fuera
posible traer pobladores desde España, pues la consigna era defender el territorio poblando;
lo cual responde a un interés de seguridad estratégico y comercial por el gran contrabando
que se estaba presentando en el Caribe neogranadino y el peligro que representaban las
extensiones de tierras y riquezas a merced de las otras potencias.

Este proceso permitió que en la región del Caribe neogranadino se ampliara la frontera
agraria durante el siglo XVIII con empresas militares que establecieron algunas haciendas
de trapiche y grandes hatos ganaderos, por ejemplo, la que desarrolló Fernando Mier y

319
Briceño Monzón, Claudio, “De la centralización Borbónica al estado-nación en Venezuela”, en Mañongo.
Revista semestral de Historia y Ciencias Sociales N° 35, Vol. XVIII, Facultad de Ciencias de la Educación de
la Universidad de Carabobo, Valencia, Venezuela, 2010, pág. 56. La alianza familiar entre españoles y
franceses, fortalecida con el “pacto de familia” de 1761 suscitó entre 1762 y 1808 ocho guerras entre España
e Inglaterra, donde sin ninguna duda España fue la gran perdedora debido a que sus intereses coloniales en
América se debilitaron profundamente, en especial, los comerciales.
320
Kuethe, Allan J.. Reforma Militar y Sociedad, 1773-1808. Banco de la República, Santafé de Bogotá,
1993, pág. 87
321
El fracaso de la nación. pág. 83
144

Guerra en la gobernación de Santa Marta, que planteaba dentro de sus objetivos marginar la
presencia de la nación de los Chimilas. En la provincia de Cartagena, este proceso consistió
en que grupos humanos y tierras fueron incorporados a las haciendas y la creación de
nuevas unidades productivas sobre el territorio conquistado, asimismo, convirtió a la
ganadería en la actividad más importante de las haciendas. Es probable, entonces, que la
expansión de los hatos ganaderos que se dio durante esta centuria no sólo fue el resultado
de la decadencia de la hacienda esclavista, sino también, el marcado interés de ubicar a los
esclavos en distintos frentes de trabajo, debido que era la principal actividad comercial de
la ciudad de Cartagena. Aunque, que los privilegios de este núcleo como plaza militar y
comercial, subordinaron el crecimiento agrario regional, pues únicamente se buscó
322
abastecer a los dos centros urbanos y comerciales más importantes de la gobernación.

En esta dinámica, la recomendación que realizó la Iglesia, en 1749, fue pedir que se
definiera por medio de una Real Cedula, “… el modo forma, y tiempo de exigir del estado
eclesiástico secular y regular el impuesto de la sisa de las carnes que se expende en el
abasto común, a fin de que su producto contribuya al gasto y reparos de reedificación, y
construcción de la muralla que bate el mar por la parte superior de esta ciudad
(Cartagena)”. Se dispuso entonces que se cobrara mensualmente por los siguientes cinco
años. 323 El impuesto de la sisa era un tributo pagadero por cada cabeza de ganado vacuno o
cerduno que se sacrificara, el cual fue utilizado para la construcción y mejoramiento de las
fortificaciones, que bastante falta le hacía a la ciudad y provincia debido al ataque sufrido
durante la guerra de Sucesión, a los hostigamientos de piratas y filibusteros e
innegablemente por la presencia inglesa en el gran Caribe.

Esta amalgama de ideas estratégicas de organización territorial responden al perfil


ideológico de la Ilustración, lo cual no sólo revelan una nueva mentalidad, sino un nuevo
sistema de gobierno económico y comercial para las colonias, debido a que se buscó
convertir al indio y grupos humanos dispersos de los sitios de libres en seres productores de
bienes de consumo para América y España. Según Joseph del Campillo y Cosío, el

322
Colmenares, Germán. Op. Cit. págs. 12-14
323
Sourdis Nájera, Adelaida. Op. Cit. pág. 41
145

“comercio es el que mantiene el cuerpo político, como la circulación de la sangre el natural;


pero en la América, donde es el comercio un estanque general, no puede producir sino
enfermedades y muerte políticas”. 324 De hecho, consideraba a las colonias como un gran
mercado sin explotar, especialmente a los pobladores, porque estos eran el tesoro más
importante que tenía España. Por tanto había que incorporarlos a la sociedad para asegurar
la demanda de manufacturas españolas y eliminar los monopolios y reformar el sistema
político. 325

Esta visión reformista también fue impulsada por otro ideólogo, Pedro Rodríguez
Campomanes (1723-1803), quien se convirtió en uno de los promotores de este cambio
bajo el gobierno de Carlos III. Este consideraba que las propiedades de la Iglesia y la
existencia de los monopolios eran peligroso para la circulación y creación de la riqueza, por
lo que propuso la formación de sociedades económicas y la liberación del comercio como
mecanismo para la trasformación española. 326

Otros de los aspectos que influyeron de manera directa en esta conquista y organización
regional fueron, en primer orden, la situación de ciudad de Cartagena, pues había
desabastecimiento de alimentos y víveres, lo cual se profundizó durante el bloqueo de la
armada inglesa en 1741. Como segundo componente estuvo el aumento demográfico de
esta ciudad ya que este se tradujo en mayor demanda. En tal sentido, Cartagena necesitaba
para su consumo de carne diaria de más de veinte reses, o sea, consumía en un sólo día lo
que Buga o Cali en una semana. Como tercer aspecto estaban los comerciantes que
buscaban y anhelaban nuevas tierras para formar hatos de ganado y producir alimentos para

324
Del Campillo y Cosío, Joseph. Nuevo Sistema de Gobierno Económico para la América. Facultad de
Humanidades y Educación. Universidad de los Andes, Mérida, Venezuela, 1971. pág.70. Esta obra fue escrita
en 1743 por este funcionario español durante el reinado de Felipe V, ocupó cargos en la Secretaria de
Hacienda, de Guerra, de Marinas y de Indias, por tanto este libro es fundamental para entender la nueva
mentalidad económica española a mediados del siglo XVIII para América.
325
Brading, D. A. Op. Cit. pág. 102
326
Pérez Herrero, Pedro. Op. Cit. pág. 126. Es oportuno explicar que no se trataba de un sistema o régimen de
“Libre Comercio” pues se buscó regular el tráfico algunos productos y fomentar la producción de otros.
Debido al incremento de la demanda internacional de algodón, cueros, tabaco, lino, azúcar, tintes, cacao, entre
otros. Sin embargo, los Borbones no establecieron un programa claro para aumentar la productividad agrícola
en la América española, pues básicamente se intentó generar nuevos beneficios económicos para el Imperio a
través de impuestos.
146

el consumo de la ciudad y para la exportación hacia la cuenca del Caribe. 327 En la misma
forma, es significativo resaltar, que luego del ataque de los ingleses, la ciudad de Cartagena
perdió una importante comunidad de comerciantes, la mayoría de los cuales regresaron a
España, incluidos los diputados de la Escuela de Cádiz, y en 1757 sólo habían 15
comerciantes españoles establecidos en la capital de la provincia. 328

Teniendo en cuenta tales eventos, a mediados de esta centuria, se intentó incorporar tierras
y grupos humanos para que desarrollaran la ganadería y aumentar los productos agrícolas.
De esto último se desprende que además de someter a la población libre para un mejor
control del espacio, la Corona necesitaba reorganizar los territorios para ejercer mayor
dominio sobre los medios de producción, de tal manera que ello fortaleciera el intercambio
de alimentos para Cartagena. Estos cambios en el sector productivo era impulsado por una
política borbónica para toda la América española, cambio que también buscó restringir y si
fuera posible eliminar aquellos sectores productivos (alimentos), y manufactureros que
competieran con los metropolitanos.

Por lo argumentado hasta aquí, se puede asegurar que el proceso fundacional y el


reconocimiento e incorporación oficial de muchas poblaciones durante el siglo XVIII, fue
el proceso de poblamiento más importante que se ha dado en el actual territorio
colombiano, ya que 264 municipios actuales surgieron en ese siglo, o sea, el 26%. 329

El reordenamiento y las expediciones para el Caribe neogranadino fueron dispuestos por el


Estado colonial. La primera se inició en la provincia de Santa Marta por el maestre de
campo De Mier y Guerra, durante 26 años, de 1744 a 1770; la segunda ejecutada en el
partido de Tierradentro por Pérez de Vargas, entre 1744 y 1745; la tercera, a cargo De la
Torre y Miranda, en las sabanas de la provincia de Cartagena, durante 5 años, de 1774 a
1779; la última realizada por el franciscano Palacios de la Vega, en los territorios del San
Jorge, Nechí y el Cauca, entre 1787 y 1788. Según sabemos, estas cuatro expediciones

327
Aprile-Gniset, Jacques. La ciudad colombiana. Prehispánica, de conquista e indiana. Impreso en Talleres
Gráficos Banco Popular, Bogotá, Colombia, 1991, pág. 461
328
El fracaso de la nación. pág. 86
329
Ciudad y Territorio. pág. 52
147

lograron el agrupamiento y reagrupamiento de más de 60 pueblos y de cerca de 60.000


habitantes de todas las castas: blancos, zambos, mestizos, negros y mulatos. 330

De esta manera, durante el reformismo borbónico surgieron funcionarios ilustrados que


ayudaron a diseñar y ejecutar políticas de defensa, sometimiento y control poblacional en
las que se evidencian algunas respuestas o resistencia dadas por estos grupos humanos
libres, así como ciertos aspectos de su organización interna, la cual fue criminalizada y
satanizada. 331

CUADRO 11. Algunas Redes Urbanas del Caribe Colombiano en el siglo XVIII

DIVERSOS NÚCLEOS FECHA DE DIVERSOS NÚCLEOS FECHA DE


URBANOS CONGREGACIÓN URBANOS CONGREGACIÓN
(parroquia, pueblos, lugares) (parroquia, pueblos, lugares)

Ponedera 1744 Ciénaga de Oro 1775


(F. Pérez de Vargas) (De la Torre y Miranda)

El Banco 1747 San Jacinto 1776


(De Mier y Guerra) (De la Torre y Miranda)

Guamal 1747 Sahagún 1776


(De Mier y Guerra) (De la Torre y Miranda)

Montería 1774 San Juan Nepomuceno 1778


(De la Torre y Miranda) (De la Torre y Miranda)

FUENTE: Hugues, Sánchez Mejía. “Las ciudades, villas, sitios y el sistema político-
administrativo en el Caribe Colombiano”, en Gustavo Bell Lemus (Compilador): La Región y sus
Orígenes. Momentos de la historia económica y política del Caribe colombiano. Editorial
Nomos, Barranquilla, 2007, pág. 46. (Agregamos los nombres de los funcionarios para mayor
claridad y precisión en la investigación)

En la provincia o gobernación de Cartagena este proceso territorial y poblacional comenzó


en la ciudad de Cartagena y hacia el norte del Canal del Dique, es decir, el territorio del
332
partido de Tierradentro, actual departamento del Atlántico. Para llevar a cabo este
reordenamiento hay que referirnos a Sebastián de Eslava y Lazaga, quien fue escogido para
ocupar el cargo de virrey del Nuevo Reino de Granada, el 20 de agosto de 1739. Este

330
El fracaso de la nación. pág. 75-76
331
Polo Acuña, José y Gutiérrez Meza, Ruth. Op. Cit. pág. 15
332
Conde Calderón, Jorge. Op. Cit. pág. 62
148

designó al expedicionario y funcionario Pérez de Vargas (Alcalde Pedáneo de Soledad y


Barranquilla), para que hiciera la incorporación oficial de Sabanalarga como parroquia y
el reordenamiento de las poblaciones de Baranoa, Malambo, Juan de Acosta, Tubará,
Santo Tomás, Galapa y San Luis Beltrán (Polo nuevo). 333

Dicha gestión era fiscalizada por Andrés de Madariaga, quien se desempeñaba como
Capitán a Guerra334del partido de Tierradentro y fue quien llegó al sitio de Sabanalarga para
335
evidenciar y constatar que el funcionario había cumplido con lo mandado. Según el
informe de Pérez de Vargas del 26 de enero de 1744:

“En cumplimiento de las ordenes de [Link]. Sobre la total fundación de esta


Parroquia de Sabanalarga me hallo hoy día de la fecha en esta dicha Paraje donde he
tenido el gusto de que se ha logrado el celo con que he practicado estas diligencias,
pues se halla del todo fundada dicha Parroquia con todos sus feligreses que constan
de ciento y ochenta y seis padres de familia viviendo ya en este dicho sitio”. 336

De igual manera, el virrey Eslava y Lazaga organizó empresas o expediciones militares en


la Nueva Granada, estas eran formadas por pardos, mulatos, libertos, mestizos, y fueron
utilizadas por las autoridades virreinales para castigar, reducir o “pacificar” a los pequeños
núcleos familiares dispersos que vivían del pancoger. 337 Entonces la diseminación de estos
grupos no permitía mejorar la fiscalidad de la Corona, pues con los recursos (impuestos) se
pretendía modernizar el Estado y enfrentar de mejor manera las potencias de Inglaterra,
Francia, Holanda y Portugal que estaban haciendo hostigamientos, y en algunos casos
presencia en los territorios de la América española como ya se mencionó en líneas previas.

De hecho las expediciones se constituyeron en herramientas de organización territorial y,


desde luego, en agentes fundamentales de la trasformación del espacio, en la que se

333
Blanco Barros, José Agustín. Op. Cit. págs. 99-100
334
Capitán a Guerra, Autoridad civil habilitada para entender asuntos de guerra. Antiguamente eran los
corregidores, gobernadores y alcaldes mayores. Diccionario de la Lengua Española. Vigésima Segunda
edición. Editorial ESPASA, 2001, pág. 297
335
Blanco Barros, José Agustín. Op. Cit. pág. 93
336
A.G.N. Poblaciones varias, tomo 10. Primera parte, folios. 011-012. En: Blanco Barros, José Agustín. Op.
Cit. págs. 578-579. Documento Número 7
337
Aprile-Gniset, Jacques. Op. Cit. págs. 461-462
149

configuraba el mundo selvático moderno y se ponen las bases de un proceso de conquista y


vasallaje. La población de estos sitios de libres habitaba en los partidos de Tierradentro,
Real de la Cruz y de la Balza, áreas donde las empresas militares capturaron y sometieron a
las gentes para conformar la parroquia de Sabanalarga. Debido a que estos pequeños grupos
familiares de los sitios de Cascabel, El Hatillo, San Benito, Pinto, Isabel López, Arroyo de
Piedra, San Estanislao y los Zorros, que podemos nombrar, demostraban que se podía vivir
de acuerdo a sus propias reglas y pautas sociales, por ende estos arrochelados ofrecían una
alternativa de supervivencia distinta al urbanismo y normativas españolas, de ahí el peligro
ante el iris del Estado colonial.

Además, estos grupos no pagaban impuestos, no practicaban los cánones de la religión


católica, comercializaban algunos productos y bienes en la capital de la provincia, y entre
los mismos sitios; es decir, estos espacios lograron desarrollar un pequeño excedente
productivo, ganado, panela, aguardiente y posiblemente oro, producción no controlada y
considerada por las autoridades locales como contrabando.

“En el Sitio nombrado Pinto de esta Parroquia (Sabanalarga) mandé quemar unas
casas por no haber cumplido con lo mandado, de unas mujeres que vivían en ellas
arrochelando maldades, a las que se les notificó que en el término de tres días
desocupasen esta jurisdicción”. 338

Las expediciones que concentraron la población dispersa de la región histórica de


Sabanalarga, estaban integradas por el sargento Francisco Conde, el ayudante Gregorio de
la Vega, los escribanos Antonio de la Torre, Manuel Joseph de Pereira y el juez de
comisión del partido de Tierradentro, Pérez de Vargas, que podemos citar. 339

No hay que olvidar, en todo este proceso de poblamiento, las distintas misiones o pueblos
de misión que con sus actividades de adoctrinamiento y colaboración en la reducción de
grupos humanos fueron imprescindibles para el agrupamiento y reconocimiento de muchos

338
A.G.N. Poblaciones varias. Tomo 5, folios 378r-383. En: Blanco Barros, José Agustín. Op. Cit. págs. 576-
577 Documento Número 5
339
A.G.N. Miscelánea Colonia, Tomo 140, folios 459-463. En: Blanco Barros, José Agustín. Ibíd. pág. 597
Documento Número 17
150

poblados. Este tipo de organización a cargo de las comunidades religiosas se consideraba


una fase transitoria de adecuación al orden colonial, debían finalizar con la incorporación
de los indios como fieles vasallos del rey.

En cuanto a los pueblos de misión en la Nueva Granada, su actividad fue mucho más
enérgica en el siglo XVIII, concretamente en el sur de este territorio (Caquetá y Putumayo),
área asignada a los franciscanos españoles. 340 De allí que las misiones realizadas en los
llanos del Caribe neogranadino durante ese siglo, no se hayan encontrado suficientes
341
descripciones de cómo se organizó el espacio. Posiblemente la labor misional más
estudiada en el Caribe fueron las ejecutadas por la orden Capuchina de Valencia, en la
provincia de Santa Marta, la cual tuvo como objetivo principal reducir a los indios
342
Chimilas. No obstante, la información disponible permite apreciar que las misiones
usualmente contaron con iglesia, edificación muy sencilla, de materiales de bareque y paja,
que no sólo eran baratos y relativamente fáciles de conseguir, sino que tendían a
deteriorarse debido a los climas cálidos y húmedos que predomina en la región, pero
independientemente de estas dificultades, este espacio sirvió para el adoctrinamiento. 343

Estas misiones, al igual que la conquista armada, llamada “pacificación” estaban integradas
por un sistema de elementos políticos, religiosos, culturales y sociales que se
compenetraron de tal manera que es casi imposible separarlos. En otras palabras, el
reordenamiento territorial y exploración de nuevos espacios fue gracias a la unión entre la
autoridad civil, representada en las expediciones militares, y la autoridad eclesiástica

340
Lych, Jhon. Op. Cit. pág. 134
341
Herrera Ángel, Marta. Op. Cit. pág. 84
342
Véase, para un análisis más completo y detallado a Marcela Quiroga Zuluaga. “Entre la inconstancia y la
incuria: la experiencia fallida de los pueblos de misión chimilas a finales del siglo XVIII, en las llanuras del
Caribe”, en Historia Caribe, Vol. X, N°. 26, Barranquilla, 2015. Lola Luna, “La nación Chimila: un caso de
resistencia indígena en la nación de Santa Marta”, en Conquista y resistencia en la historia de América,
editado por Pilar García Jordán, Universitat de Barcelona, 1991. Gustaf Bolinder “Los Últimos Indígenas
Chimilas”, en Boletín del Museo del Oro N° 18, 1987. Carlos Alberto Uribe “La rebelión chimila en la
provincia de Santa Marta Nuevo Reino de Granada en el siglo XVIII”, en Estudios Andinos N° 13, 1977.
Hugues R. Sánchez Mejía “Composición, mercedes de tierra realengas y expansión ganadera en zona de
frontera de la gobernación de Santa Marta, Valledupar, 1700-1810”, en ACHSC Vol.39, N°. 1, 2012. Edgar
Rey Sinning. Poblamiento y resistencia: los chimilas frente el proceso de ocupación de su territorio. Santa
Marta, Gobernación del Magdalena. Conexión Cultural Editores, 2012. Cesar Mendoza Ramos “La provincia
de Santa Marta: espacio y poblamiento, 1780-1810”, en Amauta, N°. 14, 2009
343
Herrera Ángel, Marta. Op. Cit. pág. 85
151

simbolizada en las misiones, en el caso de Sabanalarga, a través del vicario ecónomo del
partido de Tierradentro, Joseph Valentín Rodríguez.

La población dispersa de las gentes libres de Sabanalarga, pertenecía a la jurisdicción de la


provincia de Cartagena, en cuya gestión administrativa del virrey Eslava (1740-1749), se
inició la construcción de veinte iglesias en las provincias de Santa Marta y Cartagena, de
las cuales podemos citar: Valledupar, Chiriguaná, Soledad, Santo Tomás y Sabanalarga,
que permitieron rendir culto a su Majestad Divina, 344

Es importante dilucidar que estas no fueron las primeras iglesias que se establecieron en
Tierradentro por órdenes reales. Según el cronista Alonso de Zamora algunas casas
religiosas dominicas dependían del convento de San José de Cartagena, construido en 1539,
con trabajo indígena y apoyo pecuniario de los encomenderos. Para 1571, el número de
conventos de Tierradentro eran más de doce, de los cuales podemos mencionar el de Tolú,
1567 y Malambo, 1568. 345

En este proceso, las llamadas misiones, 346 fueron muy importantes, pues a través del
adoctrinamiento de la fe católica y los diversos informes de sacerdotes se logró imponer
una “nueva” religión dominante en los imaginarios colectivos, y son los distintos informes
del vicario Valentín Rodríguez al virrey, los que contribuyen con la incorporación de
Sabanalarga como parroquia el 26 de enero de 1744. A continuación, señalaremos algunas
partes de dichos informes:

 “El vicario del Partido de Tierra adentro ynforma a [Link]. que componiéndose
como se compone la feligresía de Sabanalarga de más de trescientos vecinos, por
estar estos repartidos en treinta y ocho sitios, distantes unos de otros”.

344
Colmenares, Germán (Compilador): Relaciones e Informes de los Gobernantes de la Nueva Granada. (3
Tomos). Banco Popular, Bogotá, 1989. Tomo I, pág. 48 (Citado en adelante como Relaciones e Informes,
tomo y página)
345
Arteta Ripoll, Cristóbal. Op. Cit. pág. 68. La ciudad de Cartagena en 1570 tenía unas trescientas casas de
españoles, la única edificación en piedra era compartida por el Cabildo y el gobernador, lo cual significa, que
en la construcción de dichas iglesias aún no se utilizaba la piedra, Palacios, Marco y Safford Frank. Op. Cit.
pág. 78
346
Misión o Misiones, Serie de predicaciones para la evangelización de los no cristianos o para la conversión
y adoctrinamiento de los fieles. Gran Enciclopedia Larosse. Edición Planeta S.A, Bogotá, 1993, Tomo XV,
pág. 7353
152

 “… y la feligresía por lo dispersa e ympracticable que hasen sus caminos los


arroyos y otros malos pasos dispuesta a careser del pasto espiritual, morir sin
sacramentos, no oyr misa los días de fiestas, baptisar los niños grandes, y sepultar
los cuerpos difuntos ya corruptos; haciéndosele imposible a el Cura saber el modo
de vivir de sus ovejas y enseñarles la doctrina christiana”. 347

A la luz de estas aseveraciones, se infiere que las gentes libres no profesaban las normas
eclesiásticas respecto al matrimonio, bautismo, entierros y comunión, al tiempo; nos
muestran que algunos sacerdotes debían cobrar honorarios excesivos que los libres de todos
los colores de estos sitios no podían pagar. Del mismo modo, estos breves trazos,
evidencian que el expedicionario Pérez de Vargas y el vicario Valentín Rodríguez realizó
papeles significativos. El primero, porque cumplió con el objetivo propuesto por el
reformismo borbónico, que era congregar a los vecinos libres en un solo sitio para su
sometimiento como parroquia. 348 El segundo, porque con sus primeros informes describe
de manera detallada los sitios de libres que formaron el Curato de Sabanalarga, los cuales
vivían alejados de la ortodoxia cristiana.

Del vicario no podemos precisar en cuál de las misiones que llegaron al virreinato del
Nuevo Reino de Granada se encontraba vinculado; sin embargo, de las misiones más
importantes en la mitad del siglo XVIII encontramos: Los Capuchinos de Valencia, Padres
Agustinos, Misión de Cristo Crucificado, Orden San Juan de Dios y La Compañía de Jesús.

Esta última comúnmente conocida como Jesuitas, es una orden religiosa de la Iglesia
católica que llegó a Nueva Granada en 1604; se caracterizó por ser la más ferviente
seguidora de la institución eclesiástica, se identificó por tener grandes haciendas de su
“propiedad” y por su labor educativa y misionera. 349

347
A.G.N. Poblaciones varias. Tomo 5, folios 372-374. En: Blanco Barros, José Agustín. Op. Cit. págs. 571-
573 Documento Número 1 (Estos ítems hacen parte del informe del 9 de Agosto de 1742)
348
Parroquia, era una porción de territorio diocesano con iglesia propia y una población determinada, al frente
del cual había un rector especial, como pastor de la misma para la necesaria “cura de almas” Enciclopedia
jurídica Omeba. Tomo XXI, Editores libreros, Buenos Aires, 1996. pág. 470
349
Peña Borrero Margarita y Mora Alberto Carlos. Historia de Colombia 1. Editorial Norma, Bogotá, 1987,
pág. 99
153

Merece especial atención, que el informe de Valentín Rodríguez manifiesta que los sitios de
libres eran 38, distantes unos de otros; contrario a la relación e informe del virrey Eslava,
que menciona 52 sitios. Pero si bien es cierto no existe concordancia en las cifras, este
documento nos brinda y aporta nuevas luces que permiten explicar el porqué del
reordenamiento forzado de la población “libre de todos los colores”. Un importante
elemento, es que parte de estas gentes fueron buscadas y sacadas de sus espacios de
convivencia para brindar apoyo a la urbe capitalina durante la invasión inglesa de 1741, y
para la realización de trabajos en la ciudad de Cartagena, situación que se complicaba aún
más si tenemos en cuenta la dispersión existente en el partido de Tierradentro; en otras
palabras, antes del reconocimiento institucional de la parroquia de Sabanalarga estos grupos
humanos prestaron servicios a la Corona. 350 De lo antes expuesto, consideramos que el
virrey también utilizó como estrategia la cancelación de un salario, el cual sirvió como
estímulo para el agrupamiento y defensa de la capital de la provincia, debido a que pocos
años después ocurrió una sublevación de algunos batallones por la no cancelación de casi
nueve meses de pago, situación que se resolvió con la orden de pagarles y decretar el
perdón general a los insurrectos. 351

Por otro lado, se presentaron inconvenientes con pobladores que huían hacia los montes;
debido a que no querían estar bajo el dominó español generando la posibilidad de crear dos
Iglesias, la de Sabanalarga y Ponedera, esta última como viceparroquia, a las orillas del río
Magdalena. La recomendación que el “fundador” hizo al virrey para reprimir los focos de
resistencia de pequeños núcleos familiares y vecinos que escapaban hacia los montes, fue
la solicitud de un permiso especial para hallarlos en cualquier parte del partido y traerlos
amarrados para que otros vecinos los vean y no intenten lo mismo e incluso se les coloque
352
multas por no cumplir con las dictámenes de sus superiores. En este sentido, es
razonable pensar que estos castigos ejemplares infundieron miedo en la población dispersa,
debido a que tenían como objetivo hacerles entender que debían someterse a los anhelos

350
Relaciones e Informes. Tomo I, pág. 53
351
Del Castillo Mathieu, Nicolás. Los gobernadores de Cartagena de Indias, 1504-1810. Editorial Guadalupe,
Santafé de Bogotá, 1998, págs.214-215
352
A.G.N. Poblaciones varias. Tomo 5, folios 378r-383. En: Blanco Barros, José Agustín. Op. Cit. págs. 576-
577 Documento Número 5
154

españoles de “vivir ordenadamente”, pues cualquier desacato iría en contra de su majestad


el Rey.

“En el sitio de San Esthannislao en la jurisdicción del partido de la Valza en veinte


y nueve días del mes de Henero de mil setecientos quarente y quatro años, yo Don
Francisco Peres de Vargas […] y en este Partido Jues de Comisión para aprendeher
los fugitivos parroquianos del citio de Sabanalarga, y mandarme su Esselencia que
por fuersalos lleve a su lexitima Parrochia por horden librada por su Exselencia”. 353

Los pobladores que intentaron resistirse eran considerados fugitivos, entre ellos, Ambrosio
Melgarejo, Candelaria de Sosa, Isabel, Diego de Ávila, Jasinto y Juana de Ragiz. Estos
fueron obligados a dirigirse hacia la feligresía, utilizando como mecanismo el
hostigamiento de las empresas militares, la quema de sus casas y el despojo de las
herramientas de trabajo, lo cual nos hizo inferir la posibilidad de que algunos de estos libres
de todos los colores fueran los primeros vasallos y parroquianos de Sabanalarga. En
síntesis, los sitios de libres previamente señalados, fueron espacios de confrontación entre
las autoridades del Estado colonial y los distintos grupos humanos.

 “En treinta días del mes de henero del año referido teniendo yo dicho Alcalde que
en el citio de San Benito de esta jurisdicción de la Balza se hallan algunos
parroquianos de Savanalarga, protegiéndome en dicho ausilio que tengo pedido al
Ayudante de dicho Partido, Gregorio de la Vega, le recombine pasase a dicho citio y
aprehendiese los comprehendidos trayéndomelos a este de San Esthanislao para
juntarlos con los que aquí se hallan existentes y conducirlos a su total fundación;
los que dicho Ayudante aceptó y pasó en prosecución a dicho sitio, con la gente que
le pareció llevar en su compañía ”.
 “Ayudante haga comparecer a mí presencia el referido Diego de Avila, para que
efecto de que ponga ante mí de manifiestos los bienes que de estas tuviere en su
poder, sin separación del mas mínimo; y declarados que sean, los entregue para
travaxo y embargo de ellos, y que conste judicial para ponerlos en vía junto con sus
353
A.G.N. Miscelánea Colonia. Tomo 140, folios 459-463. En: Blanco Barros, José Agustín. Ibíd. págs. 593-
597 Documento Número 17
155

personas para el Savanalarga, para por este medio quitarles el uso de ellos y lograra
al fin que se pretende por el superior horden que tengo”. 354

A la par, la escogencia de los espacios para el reconocimiento e integración de muchas


poblaciones del territorio del Caribe neogranadino al sistema urbanístico del Imperio
español, intentó tener en cuenta las recomendaciones de Campillo y Cosío, este sugirió que
se ubicaran cerca de los ríos navegables para facilitar la entrada de las mercancías de
España y sacar los productos de América, sin olvidar la importancia que tenía la pesca y el
riego para la actividad de la agricultura. 355 Estas sugerencias no fueron tenidas en cuenta
durante la escogencia del área de Sabanalarga, ya que el informe del 9 de abril de 1743,
dirigido al virrey por el corregidor del partido de Tierradentro, Francisco Navarro de
Acevedo, expresó las siguientes líneas:

“ … la deferencia que ay entre el Sitio de la Ponedera y el de la Savana Larga para


una formal y perpetua fundación, a veras del Río Grande de la Magdalena en
paraxe, que por la especialidad de estar en sus riveras y no comprehenderlo sus
abenidas, es enviado de las demás fundacionese de ellas, y el de Savana Larga por
lo mas ymmediato seis leguas apartado de estas en lo Interior de las tierras con
notoria escases de Aguas y otras esterilidades parese que vastava para que se
conosiesen las comodidades y augmentos que promete el uno y la poca subsistencia
que por sus defectos se puede esperar del otro”. 356

Finalmente, uno de los elementos que posiblemente se tuvo en consideración para la


escogencia del lugar, fue el sometimiento de un grupo considerable de libres de todos los
colores que pudieran retribuir económicamente al cura, y este grupo auxiliar también con la
construcción y gastos de la ermita. Además de la ubicación de la Iglesia en un lugar
estratégico, debido a que la distancia entre los más alejados sitios de libres era de 19 leguas,
es decir, se procuró que la parroquia de Sabanalarga se estableciera en medio o centro de

354
Ibíd.
355
Del Campillo y Cosío, Joseph, Op. Cit. pág. 134
356
A.G.N. Miscelánea Colonia, Tomo 140, folios 312-314v. En: Blanco Barros, José Agustín. Op. Cit. págs.
574-575 Documento Número 3
156

estos espacios, para que frailes y real hacienda ejecutaran de mejor manera sus actividades.
357

357
Relaciones e Informes. Tomo I, págs. 50-51
157

Capítulo V

UNA APROXIMACIÓN A SABANALARGA: DE


PARROQUIA A VILLA
5. LOS LIBRES DE TODOS LOS COLORES DE SABANALARGA SE
INCORPORAN A LA VECINDAD Y MILICIAS DISCIPLINADAS

Las medidas del Estado absolutista español obligaron a la población dispersa y arrochelada
a concentrarse para así ejercer un mayor control social “bajo el toque de la campana”, y
para estar dentro de las normas, reglas, obligaciones fiscales y religiosas provinciales,
358
virreinales, y por ende peninsulares. Y posiblemente, para crear un sentimiento
igualitario ante la nación española, estimulado con la entrega de tierras, con la construcción
de casas de manera oficial y con el ingreso a las milicias disciplinadas de los ahora
parroquianos de la feligresía de Sabanalarga. Sin embargo, está sujeción no era suficiente
para someter a la población libre al estilo español, debido a que la concentración en un sólo
sitio no bastaba para asegurar sus fines políticos, ideológicos y económicos. Estas
situaciones ya explicadas reflejan hasta cierto punto el “fracaso” de someter y reducir a la
población a la obediencia, por tanto, la búsqueda de las gentes, la quema de sus casas,
llevar amarrados a hombres y mujeres a un área específica, sin ninguna duda, es una
conquista territorial, institucional y poblacional.

Luego que se hiciera la fundación de tipo oficialista de la parroquia, está la necesidad de


consolidar una administración en la misma. Entonces, el 25 de abril de 1744, desde la
ciudad de Cartagena, el virrey Eslava y Lazaga, nombró como alcalde pedáneo a Agustín

358
Colpas Gutiérrez, Jaime. Op. págs. 48 y 50
158

Cornelio Hernández Cabarcas, con el fin de que administre justicia sujete a los vecinos que
siguen fugitivos y contribuya con la fabricación de casas para sus pobladores. 359

Sin embargo, días después, se mantenía la resistencia de algunos vecinos y se presentaban


otros inconvenientes que el ahora párroco de la feligresía de San Antonio de Sabanalarga,
Sebastián Baloco Leygrave, hizo referencia en un documento enviado con fecha del 29 de
noviembre de 1744 al virrey, en el que expresó que la pequeña ermita o Iglesia que existía
en el Curato se había quemado en un incendio, y que el alcalde Hernández Cabarcas no
estaba cumpliendo a cabalidad con las disposiciones de capturar y someter a la población
dispersa debido a que muchos vivían arrochelados en los sitios de libres que aun persistían,
por tanto, recomendó como alcalde pedáneo al español Juan Guillén del Águila, ya que
según él “desempeñará en todo su obligación, y se logrará el efecto assi de la obra de esta
Yglesia, como de la total destrucción de los sitios donde muchos se mantienen todavía, en
gran detrimento de sus almas”. 360

A mediados de 1745 Guillén del Águila se desempeñaba como alcalde pedáneo de la


parroquia San Antonio de Sabanalarga. Fue escogido para someter a los distintos grupos
humanos, gentes de todos los colores que se mantenían por fuera del control español
después de oficializada la fundación de esta población. En dicha gestión, envió varios
informes al virrey Sebastián de Eslava en los que expresaba la resistencia decidida de
algunos vecinos libres: Juan Orencio de Cuentas, Manuel de Araujo y Miguel de Estrada,
quienes preferían regresar a sus pequeños hatos, no prestaban ninguna atención a las
amonestaciones, intentaban evadir la construcción de la Iglesia o incluso elegían mudarse
del área (sitio) para no estar sometido al toque de la campana. De la misma manera, el
documento manifiesta los inconvenientes surgidos para la construcción de la cárcel.

359
A.G.N. Empleados públicos. Tomo 25, folios 449r-449v. En: Blanco Barros, José Agustín. Op. Cit. pág.
580. Documento Número 9. Alcalde Pedáneo, se llama así los Alcaldes de Aldea, y otros lugares cortos, que
tienen muy limitada su jurisdicción. Diccionario de Autoridades. Real Academia Española. Editorial Gredos, S.A.
Madrid, 1963. Tomo III, pág.178. Muchas parroquias, lugares y núcleos urbanos durante las primeras décadas del
siglo XIX que hasta cierta medidas fueron ruralizadas aspiraron a una mayor autonomía municipal, en el
espacio abordado respecto a la ciudad de Cartagena, debido a que el logro de un estatus de reconocimiento
propio en una sociedad donde la ubicación jerárquica del poblamiento determinaba la valoración social de los
habitantes que la conformaban y por ende sus privilegios.
360
A.G.N. Empleados públicos. Tomo 26, folios 816r-816v. En: Blanco Barros, José Agustín. Op. Cit. pág.
581 Documento Número 10
159

 “…. siendo solos los de esta especie los más reveldes, un Manuel de Araujo negro
libre que éste todavía se halla con su familia e hijos; en el sitio nombrado Arroyo de
Piedra, que dista de esta parroquia leguas sin poner aquí sus pies ni aun a Missa los
días de fiesta ni a los divinos oficios de semana (Santa) [….] y tres días, sin poderse
passar a este lado, ni al otro; y lo mismo sucede al Palmar de la Candelaria donde
dicho negro pretende mudarse”.

 “…. a V. Exa por medio de esta, como hallándome ynformado, que Juan Orencio
de Quentas vesino de este sitio, [h]avía buelto a fundarse con su mujer hijos y
esclabos en su antigua rochela de Cascabel en donde tiene su hatillo,
(.…)Inmediatamente pasé el día 18 del corriente, (ilegible) a las seis de la tarde con
el Cabo de Esquadra y dos hombres, y luego llegó reconocí y hallé ser cierto
estaban todos con sus casas nuevamente fundadas y materiales para la otra. Al punto
hice sacar los trates que tenían y las derribé… Y al Salvador a quien le quemé la
casa traxelo preso a este sitio donde lo tengo bien asegurado. [.…]. Participo assí
mismo vuestra señoria como está del todo acabada la cárcel y solo le faltan las
puertas, y estas señor, por no [h]aver carpintero no las tiene ya puestas, pero quedó
con el ciudadano de solicitar uno que me dicen [h]ai en uno de estos curatos”. 361

En las postrimerías de 1745, en el centro de Sabanalarga existía una pequeña plaza estrecha
y alargada, dos pequeñas construcciones como son: una iglesia y una cárcel, símbolos de la
conquista realizada. La Iglesia, y con ello el cristianismo, representación única de lo
sagrado. La cárcel y la plaza, son evidencias del nuevo orden y poder político alcanzado
por la Corona. En esta dinámica, es significativo explicar que el trazado urbanístico del
poblado desconoció el formalismo de la cuadricula ortogonal, debido a que se ajustó a las
necesidades del espacio. El resultado fue una localidad en forma de “telaraña” caracterizada
por la confluencia de numerosos senderos de labores que se unían con el asentamiento y se

361
A.G.N. Poblaciones varias. SC.46,10, D.13 (Consultado a través de la plataforma virtual del Archivo
General de la Nación)
160

articulaba con las viviendas, o sea, el trazado “libre” constituyó una forma urbana
cuadricular irregular alrededor de una plaza de geometría también irregular. 362

Esta población se convirtió lentamente en un escenario urbano donde confluían el


intercambio comercial de alimentos de primera necesidad y manufacturas, así como un
lugar donde la política logró con su secularización delimitar el poder de las órdenes
religiosas, y finalmente, la institucionalización de la parroquia ocasionó que los vecinos
ahora tuvieran que comprar las tierras a la Corona, les brindó la posibilidad de incorporarse
a las milicias disciplinadas, sin olvidarnos, por supuesto, de la búsqueda de una mayor
movilidad política y de los roces o conflictos que comenzarían a presentarse entre las
autoridades locales y los ahora vasallos del Rey.

En cuanto a estos aspectos, debemos hacer mención que, a partir de 1760, la mayoría de las
cesiones de tierras contaron con ingenieros agrimensores que dejaban poco espacio a la
duda en la mensura de los terrenos y su avalúo. En otras ocasiones se procedía a elaborar
mapas de acuerdo a los intereses de las partes que se encontraban en conflicto. Además, se
buscaba que los vecinos que lindaban con la propiedad solicitada se enteraran de su remate
a través de los pregones, hecho que, por lo general, realizaba un negro esclavo especialista
en la cuestión. Lo anterior nos muestra que para la Corona española reglamentar el acceso a
las tierras realengas era parte vital del reformismo en el cual se habían embarcado los
Borbones en la provincia de Cartagena en los albores de 1740. 363

Acerca de las de tierras realengas, en la región histórica de Sabanalarga, tenemos


conocimiento que un grupo de vecinos de esta población junto con los habitantes de la
viceparroquia de Ponedera en 1768 solicitaron la compra de 22 caballerías de tierras, 5
fanegas, 1 almud y 3 cuartillas, que fueron medidas por el agrimensor general, Domingo
Camarillo, y pregonadas durante varios días por Manuel de Jesús Andrade; tierras que
estaban avaluadas en 16 pesos cada caballería para un total de 359 pesos. 364 Respecto a los

362
Aprile-Gniset, Jacques. Op. Cit. pág. 464
363
Sánchez Mejía, Hugues Rafael. “Composición, mercedes de tierras realengas y expansión ganadera en
una zona de frontera de la gobernación de Santa Marta: Valledupar, 1740-1810”, en Anuario Colombiano de
Historia Social y de la Cultura. Vol. 39, N° 1. Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 2012, pág. 91
364
Archivo Histórico del Atlántico. (AHA). Notaria Única de Sabanalarga. Tomo 1854-1856.
161

roces o conflictos, en esa misma anualidad, los moradores de Sabanalarga detuvieron con
un par grillos al alcalde pedáneo, Juan de Mendoza, por haber construido una prisión en
casa de unas mujeres con que tenía parentesco el cura de la parroquia, Diego Durán, quien
junto con su hermano motivaron a los vecinos para realizar tal acto. 365

En este marco, Carlos III creó un equipo de ministros ilustrados: el duque de la Ensenada,
Campomanes, el marqués de Esquilache y los condes de Aranda y Floridablanca, entre
otros. Este cuerpo de ministro coincidió en el momento en que Inglaterra había conquistado
la hegemonía mundial. Los esfuerzos de este reformismo estaban orientados a una
independencia entre la nobleza y la Iglesia; mejoramiento en condiciones médicas y
sanitarias, apoyo a expediciones científicas para que realizaran un inventario de las riquezas
naturales e intentar descubrir nuevos productos comerciables, asimismo, que se levantaran
mapas de los límites y costas de América y la introducción de ciencias útiles (matemática,
la física y astronomía) para el fortalecimiento de la marina, milicias, artilleros, navegantes,
y estimular la producción de alimentos y manufacturas. 366

Sin embargo, está incorporación forzada y reconocimiento de Sabanalarga y de otras


poblaciones no significó la solución estructural de producción alimentaria para el sustento
de la ciudad de Cartagena, ni contribuyó a disipar la preocupación por la defensa del
territorio del Caribe neogranadino. En lo concerniente a la producción de alimentos, el
informe de don Antonio de Arévalo, de 1766, aseguró que los propietarios de los predios de
los alrededores de la ciudad preferían dedicarse a la elaboración de materiales para la
construcción y no para la siembra de maíz. Debido a que la provisión procedia de una
distancia relativamente grande, riberas del río Sinú, en donde los precios de la tierra y
disponibilidad de labradores dejaban un margen de rentabilidad razonable. A la par, el
ingeniero Arévalo hizo estimaciones de la ganadería, manifestando que en las
inmediaciones de la ciudad había 30 hatos con 3.000 cabezas de ganado, y a medida que se

365
Blanco Barros, José Agustín. “El censo del Departamento del Atlántico. Partido de Tierradentro, 1777 ”,
en Boletín de la Sociedad Geografía de Colombia. Vol. XXVII, N° 104, 1972, pág. 29. Véase:
[Link] (Consulta realizada el 24 de marzo de
2017)
366
Gonzalo, España. Mutis y la expedición botánica. Editorial Panamericana, Santafé de Bogotá, 1999,
págs.18-20
162

distanciaba de la urbe con un radio entre 8 y 25 leguas había 23.000 cabezas distribuidas en
90 hatos. 367

Por otra parte, el ministro de Indias, José de Gálvez, informó en una orden fechada del 10
de noviembre de 1776, que el monarca español deseaba saber con precisión y certeza el
número de sus vasallos en América y Filipinas, por tanto, había resuelto que virreyes y
gobernadores realizaran padrones (Censos) que permitieran la distinción de los estados,
sexos y castas de todas las personas. Comunicación que fue remitida tiempo después por el
virrey de la Nueva Granada, Manuel Antonio Flores, al gobernador de la provincia de
Cartagena, Juan Díaz Pimienta, para que la ejecutara el corregidor y justicia mayor del
partido de Tierradentro, Juan García Turín. 368 Aunque hay que indicar que si bien es cierto
se intentó conocer la densidad del poblamiento en todo el territorio neogranadino y, en
general, la demografía, solo se tuvo referencia de los espacios administrados efectivamente
por la Corona española; por tanto, posiblemente, un número considerable de aborígenes,
cimarrones, europeos, mestizos, entre otros grupos humanos no fueron registrados.

Para la puesta en marcha y realización del empadronamiento en la provincia de Cartagena


fue necesario demarcarla en tres corregimientos, sólo para efectos del “censo”, pues la
gobernación continuó con la división territorial de partidos. El tercer corregimiento era el
nombrado Tierradentro, donde fue sugerida la abolición de las capitanías a guerra de Santo
Tomás, Barranquilla y Real de la Cruz. 369 Estas disposiciones asumidas por las autoridades
centrales del virreinato fueron ejecutadas con el fin de debilitar las elites e instituciones
públicas de las provincias neogranadinas. La característica de esta circunscripción
territorial que ya existía en España era la de colocar a un corregidor frente a un espacio, que
podía ser uno o dos partidos, con el atributo de justicia mayor y de poder intervenir en
causas administrativas, contenciosas y atribuciones fiscales. 370

367
Colmenares, Germán. Op. Cit. pág. 18
368
Conde Calderón, Jorge. Op. Cit. pág. 100
369
Moreno y Escandón, Francisco Antonio. Indios y mestizos de la Nueva Granada a fínales del siglo XVIII.
Bogotá, Banco Popular, 1985.págs. 88-89
370
Solano, Sergio Paolo, y Otros. “Ordenamiento territorial y conflictos jurisdiccionales. En el Bolívar
grande, 1800-1886”, en Historia Caribe. N° 13, 2008. pág.81
163

CUADRO 12. Resumen general de vecinos del Partido de Tierrradentro que fueron
empadronados en 1777

Eclesiásticos Vezinos Almas Naturales Esclavos Total almas

Barranquilla 4 526 2.586 5 42 2.633


Soledad 1 362 1.993 3 66 2.062
Malambo 1 195 1.021 792 6 816
Savana Grande 1 338 1.761 - 25 1.786
Santo Tomás 1 101 1.088 - 29 1.117
Ponedera 1 71 421 - 34 455
Savana Larga 2 334 1.796 - 58 1.854
Candelaria 1 95 474 - 6 480
Real de la Cruz 1 273 1.406 - 51 1.475
Manaty - 84 441 - 26 461
Santa Rosa 1 84 676 - 34 700
Santa Cathalina 1 136 707 1 17 725
Palmar de Candelaria 1 124 663 2 24 689
Piojón 1 92 340 99 57 496
Usiacurí 1 115 - 509 2 511
Media Granada - 142 394 393 - 787
Baranoa 1 192 1.097 - 27 1.124
Pueblo Nuevo - 94 472 - - 472
Tubará 1 191 17 1.000 1 1.118
Galapa 1 101 373 552 2 952
Totales 21 3.709 16.666 3.366 578 20.600

FUENTE: Archivo General de la Nación (AGN), Censos Varios, T. 8, f. 198r

Según el empadronamiento realizado en San Antonio de Sabanalarga, esta población estaba


ubicada en el camino de la capital de la gobernación de Cartagena, a una distancia de 6
164

leguas de Ponedera y 10 de Barranquilla. Contaba con 3 agregaciones o feligresías en su


región histórica: Turipana, Molinero y Pinuela. Entre los vecinos de la parroquia podemos
citar: Miguel Domínguez, Juan Mendoza, Don Luis de Hoyos, Margarita Herrera,
Valentina Pacheco, Don Miguel Cantillo, Andrés Muñoz, María de Castro, Pedro Patiño,
Juan de Ariza, Miguel Barraza y Eugenia Estrada. 371

En este contexto, el reformismo borbónico realizó un programa destinado a fortalecer el


Imperio en sus colonias luego de la Guerra de los Siete Años, debido a que la derrota
infligida por los británicos en la Habana y Manila, puso al descubierto la debilidad de las
defensas españolas. Por eso bajo el gobierno de Carlos III, se inició una reforma militar que
tuvo como proyecto piloto la recuperación de la isla de Cuba, la cual fue dirigida por dos
experimentados militares, el Conde de Ricla y el mariscal de campo Alejandro O¨Reilly. La
aplicación de este programa militar para la Nueva Granada se inició en 1773, el cual tuvo
como objetivo central la reorganización del ejército en milicias disciplinadas y el
mejoramiento defensivo, en especial la reparación de los puntos estratégicos de las
provincias costeras del Caribe. Por consiguiente, el sistema de defensa se basó en una serie
de fuertes y ciudades fortificadas en las costas, siendo las más importantes Cartagena,
Portobelo, Santa Marta, Panamá y Guayaquil. 372

El programa militar se extendió en el ámbito del poder naval. España logró contar entre
1741 a 1761 con no menos de 54 barcos, armados con 3.688 cañones. Al terminar el
reinado de Carlos III, la armada española presumía de poseer una flota de 66 navíos,
apoyados por acopio de fragatas. 373 Por su parte, el virrey neogranadino, José Manuel de
Guirior, quien mostraba una tendencia a las ideas reformista, promovió el fortalecimiento
de la agricultura señalando el predominio de tierras improductivas y la creciente conversión
de tierras de manos muertas como factores claves de la miseria rural. En tal sentido, planteó
que distribuyeran estos espacios improductivos entre campesinos sin tierra, pues,

371
A.G.N. Censos varios. Tomo 6. Folio 098r y ss. En: Boletín de Historia. Vol. I, N° 3, 1977 (Actualmente
el censo puede ser consultado de forma completa a través de la plataforma virtual del Archivo General de la
Nación )
372
Kuethe, Allan J.. Op. Cit .págs.73-79
373
Brading, D. A. Op. Cit. pág. 91
165

consideraba que tal medida podría estimular a la agricultura y reducir así la pobreza de la
Nueva Granada. 374

En 1788, el conde de Floridablanca, primer ministro durante más de una década, presentó
un informe general donde resaltaba el éxito de la armada española en la reciente guerra con
Gran Bretaña. Expresaba que el crédito público se encontraba en un nivel tan alto que las
deudas contraídas durante la guerra de independencia norteamericana se habían
consolidado por el nuevo banco de San Carlos mediante la emisión de bonos que se
movieron con un valor nominal. Los ingresos aduaneros se duplicaron hasta en un doble y
el programa de obras públicas, sobre todo carreteras y canales, era materia de orgullo. 375

Es pertinente destacar, que la reforma militar no fue un programa unificado que abarcó todo
el virreinato, es decir, fue una iniciativa regional en la que poderes locales hacían valer sus
iniciativas y mando, hecho que fortaleció los privilegios de Cartagena y la autonomía
relativa que tenían los gobernadores. El objetivo central de esta reforma estaba encaminado
al fortalecimiento de la defensa externa más que a un orden político interno; no obstante,
permitió la incorporación, prestigio y movilidad social de grupos humanos de los distintos
niveles de la Colonia e incluso españoles que en su mayoría eran pobres; algunos
integrantes de dichas milicias eran voluntarios.

CUADRO 12. Resumen de las Compañías de Milicias de todos los colores del partido
de Sabanalarga y sitio (parroquia) de San Antonio de Sabanalarga, 1780

NOMBRES Y APELLIDOS EDAD COLOR CONDICIÓN POSICIÓN


Don. Francisco de Ahumada Capitán (Partido)
Don. Pedro Antonio Manota ------ -------- -------- Teniente (Partido)

Don. Manuel Carrillo ------- -------- --------- Sub-teniente (Partido)


Manuel de Roa 30 Blanco Casado Cabo (Partido)
Jacinto Coronado 23 Blanco Casado Soldado (Partido)
Antonio Sarmiento 26 Mestizo Soltero Soldado (Partido)

374
El fracaso de la nación. Op. Cit. págs. 63-64
375
Brading, D. A. Op. Cit. pág. 122
166

Don. Bruno Cabarcas ---- Blanco ------- Capitán (Parroquia)

Josef Ferillo 32 Pardo claro Casado Sargento (Parroquia)

Casimiro Cabarcas 22 Zambo Soltero Soldado (Parroquia)

Juan de la Cruz Mercado 23 Zambo Soltero Soldado (Parroquia)

Alejandro Montimer 29 Pardo Soltero Soldado (Parroquia)

Miguel Domínguez 31 Pardo Casado Soldado (Parroquia)

FUENTE: Archivo General de la Nación (AGN), Milicias y Marina, SC. 37- CO. SC.37.14.28
(Consultado a través de la plataforma virtual del Archivo General de la Nación, donde puede ser
analizado de forma completa)

A pesar, del prestigio social que podía representar estar incorporados a estas milicias
disciplinadas, la gente huía de estos cuerpos militares. La deserción de soldados fue
constante, lo cual ocasionó un problema para la Corona debido a que estos podían unirse
con prófugos y demás fugitivos, y formar reductos independientes. Pero este no sería el
único problema que se estaba presentando, se sumó la fuga de esclavos en la provincia,
hecho que si bien es cierto no era nuevo, ayudó con la proliferación de rochelas o sitios de
libres que tuvieron que ser tolerados hasta tanto no lo se les legalizara nombrándoles una
autoridad formal. 376

A través de las milicias disciplinadas intentaron idear una taxonomía que tuviera en cuenta
las combinaciones raciales, basadas en grados de relación y gradaciones del color de la piel.
Circunstancia que fue registrada por algunos pintores del siglo XVIII que propugnaron por
dar una expresión visual a un sistema clasificatorio idealizado para ponderar y preservar la
supremacía de una elite que se sentía amenazada por la contaminación desde abajo, aun
cuando ellas mismas se veían tachadas de degeneradas por parte de los oficiales que
llegaban de España. Dicho de otro modo, la <<blancura>>, al menos en teoría, se convirtió
en indicador de posición en la escala social. De ahí que la limpieza de sangre se convirtió
en la Nueva Granda, e incluso en la América española, en un mecanismo para el

376
Bell Lemus, Gustavo. “Deserciones, fugas cimarrones, rochelas y uniones libres: el problema del control
social en la Provincia de Cartagena al final del dominio español, 1816-1820”, en Cartagena de Indias: de la
Colonia a la República. Editorial LEALON, Medellín, 1991, págs. 81 y 88 (Citado en adelante como
Deserciones, fugas, cimarrones, rochelas y uniones libres, y páginas)
167

sostenimiento del control por parte de la elite dominante. Cualquier acusación de sangre
mezclada, acarreaba el estigma de ilegitimidad, utilizado para justificar una política
segregación que procuraba que las castas de todos los colores no llegaran a cargos públicos,
sobre todo, el ingreso a corporaciones municipales, órdenes religiosas, colegios y
377
universidades.

Con base en esto, y refiriéndonos de manera general a la movilidad y comportamiento de


muchos de estos habitantes, el visitador Francisco Gutiérrez de Piñeres por el alistamiento
de mulatos en las milicias disciplinadas, realizó en 1789 las siguientes afirmaciones:

“ El más vil negro, mulato, tercerón, ahora se considera ya igual a cualquier hombre
blanco y, en lugar de respetar como antes a la nobleza, si no se pone al nivel de ella
por lo menos ha desaparecido aquella subordinación que tanto servía para conservar
la armonía que resulta de las jerarquías, que ha disipado el ascendiente que la
sostenía. Desde que el hombre de color se alista en la milicia se le inspiran
sentimientos marciales que no conocía, o que no se atrevía a explicar. Se le
recuerdan a cada instante los privilegios y extensiones de que goza, se le representa
la independencia casi absoluta de las justicias ordinarias, se le atribuye el manejo de
las armas que le eran prohibidos. En una palabra, se le hacen conocer todo lo que
pueden y se desplegan sus naturales facultades, que por fortuna ignoraba o solo
poseía en habito remoto por la imposibilidad de ejecutarlas ”. 378

Pero la movilidad y el acenso social no eran los únicos aspectos que algunos funcionarios
estigmatizaban, estos prejuicios fueron descritos por José Fernández Díaz de Lamadrid,
obispo que durante tres años recorrió (ciudades, villas, parroquias, pueblos y conventos) la
provincia de Cartagena y partido de Tierradentro, 1778-1781:

377
Elliott, John H..Op. Cit. pág. 264
378
Martínez Garnica, Armando. “Poblamiento, jurisdicción y estatus en la experiencia urbana
neogranadina”, en XII Simposio de la Asociación Iberoamericana de Filosofía Política Iberoamérica: la
ciudad y el poder, Bogotá, 2011. pág. 21 (Citado en adelante como Poblamiento, jurisdicción y estatus, y la
página)
168

“indios, mestizos, mulatos, negros, y zambos, y otras gentes de la inferior clase.


Todos se congregan de montón, sin orden, ni separación de sexos, mesclados con
las mujeres. Unos tocan, otros bailan, y otros cantan versos lascivos, haciendo
incidentes movimientos con sus cuerpos. En los intermedios no cesan de tomar
aguardiente y otras debidas fuertes, que llaman guarapo, y chicha, y duran estas
funciones hasta el amanecer” . 379

Esto expone la poca influencia eclesiástica en estos espacios, e incluso en los lugares
debidamente reconocidos por España. De hecho, estos sitios de libres y palenques seguían
siendo desacreditados por la Corona, eran símbolos de desorden social, familiar y racial, y
al mismo tiempo reductos donde gentes libres se amalgamaban en uniones profanas
teniendo hijos de categorías raciales poco verificables. 380

Respecto a la parroquia de Sabanalarga, Fernández Díaz de Lamadrid, manifestó que se


encontraba preocupado porque los padres no mandan a sus hijos a escuchar misa a la
iglesia, aunque, los mismos progenitores no asistían olvidando así la salvación de sus
almas. De la misma manera, afirmó que los ornamentos para la realización de las misas
estaban casi inservibles, por tanto, ordenó que vasos y demás elementos sagrados fueran
hechos nuevos para celebrar la misa. A la vez, afirmó que logró confirmar 671 vecinos de
381
todas las edades. De lo expuesto, consideramos que el fraile pareciera estar más
interesado por la cantidad o número de mestizos bautizados que preocupado por su
conversión a la religión católica.

Estas circunstancias permiten evidenciar que aún la Corona no había podido sujetar a los
distintos grupos humanos en núcleos urbanos y acierto control institucional; esto explica,
por lo menos en parte, por qué no hubo un eco importante del movimiento de los
Comuneros (1781) en el Caribe neogranadino, pues muchos podían huir de la
reglamentación administrativa, y los que estaban, según la mirada del gobernador de la

379
Martínez Reyes, Gabriel, (Compilador): Carta de los Obispos de Cartagena de Indias durante el período
hispánico, 1533-1820. Editorial Zuluaga, Medellín, 1986, pág. 547
380
Helg, Aline. Op. Cit. pág. 63
381
Ibíd.págs.645-645
169

provincia de Cartagena, Joaquín de Cañaveral y Ponce, no se comportaban de la mejor


manera, aseverando que procuró: “limpiarla de vicios y exterminar los pecados públicos,
excesos y desordenes por cuyo medio al paso que se evitan las ofensas a Dios Nuestro
Señor se hagan los vasallos del Rey fieles a su Magestad, proficupas a si mismos y a sus
familias y útiles al estado”. Debido a ello promulgó una serie de medidas y prohibiciones
para las poblaciones y capital de la gobernación, por ejemplo, los habitantes serian
encarcelados si expresaban en la plaza, calles y paseos públicos palabras deshonestas o mal
sonantes. Asimismo, los fandangos de tambor y bundes solo podían durar hasta las nueve
382
de la noche, a excepción en víspera de navidad y santos reyes.

Sin embargo, en la Nueva Granada las reformas militares y fiscales no incrementó el


volumen del comercio legal, porque el alto nivel de contrabando se mantuvo. Entre 1782 y
1796, las exportaciones legales de la Nueva Granada a España fueron las más pequeñas del
Imperio, solamente el 3,2% de la exportación americana, a pesar del enorme territorio del
virreinato, de más de un millón de kilómetros. Incluso para finales del siglo XVIII era
incapaz de sostenerse financieramente y por eso continuaba recibiendo un <<situado>> de
100.000 pesos desde Nueva España para pagar la flotilla de guardacostas de la ciudad de
Cartagena. Aunque al final de la centuria, la exportación de productos agrícolas tuvo algún
incremento, específicamente en cueros, cacao, algodón, quinas y palo de brasilete. 383

No menos importante para el Caribe neogranadino fue tratado de Versalles de 1783, entre
Inglaterra y España, debido a que pusieron fin a las disputas territoriales en la cuenca del
Caribe. Los ingleses reconocieron la soberanía española sobre la costa que se extendía entre
el cabo << Gracias a Dios >> y Bocas del Toro, en Panamá, y sobre las islas adyacentes; a
la vez que concertó el despojo de los súbditos británicos establecidos en dichos espacios.
Cabe señalar, sin embargo, que los colonos ingleses de las islas de San Andrés y
Providencia, solicitaron un permiso para permanecer en ellas, propuesta que fue respaldada

382
De Tovar Mora, Gilma, (Trascrito) “El deber de vivir ordenadamente para obedecer al Rey”, en Anuario
Colombiano de Historia Social y de Cultura, N° 20, 1992. El movimiento de los comuneros, evidenció que no
existía una fuerza armada adecuada en las regiones interiores del territorio neogranadino, debido a que las
tropas existentes se encontraban en las costas, sobre todo, en la provincia de Cartagena.
383
El fracaso de la nación. págs. 63-64
170

por el virrey Antonio Caballero y Góngora. A cambio de su permanencia, los colonos


debían reconocer la soberanía de la Corona española, abstenerse de comercializar con
Jamaica y convertirse al catolicismo, compromisos que aceptaron, pero que en la realidad
no estaban dispuestos a cumplir. 384

Esta situación fue agravada por la imprudencia de la Corona española, cuando decidió
unirse a la coalición continental contra el régimen revolucionario en Francia, pues sufrió
una flagrante derrota cuando las tropas francesas atravesaron los Pirineos. A finales de
1795, se vio obligada a firmar la paz que la llevó a ceder el territorio de Santo Domingo.
Las consecuencias de este revés son incalculables, puesto que la flota inglesa pocos años
después impuso un riguroso bloqueo naval a Cádiz, el cual impidió que 186 navíos
zarparan del puerto. 385

En este marco y con la expansión de los hatos ganaderos durante el siglo XVIII se
constituyeron títulos de dominios sobre posiciones individuales de cientos y cientos de
caballerías, entre 10 y 50 mil hectáreas. Pero aun así, es imposible creer que una superficie
tan extensa como la provincia con una densidad poblacional de un poco más de un
habitante por kilómetro, haya podido ser distribuida, y más aún cuando el 50 % este
espacio estaba cubierto por vegetación selvática o por pantanos y ciénagas. 386 De la misma
manera, hay que advertir que a finales de esta centuria existía un destacado grupo de
dueños de haciendas, Andrés de Madariaga, Melchor de Navarrete, Micaela de Lanz y
Manuel Escobar; este último, considerado el más rico de todos, poseía cuatro haciendas y
182 esclavos dedicados a la producción de melaza para el monopolio de aguardiente. Una
de ellas, la hacienda Toro Hermoso, la de mayor valor en la provincia de Cartagena, fue
avaluada en 82.375 pesos platas. 387

Los últimos años del régimen colonial fueron caóticos, caracterizados por la guerra y el
desorden administrativo. El comercio legal con España desapareció casi por completo y los

384
Historia del poblamiento del territorio de la Región Caribe de Colombia. pág. 85
385
Brading, D. A. Op. Cit. págs. 122-123
386
Colmenares, Germán. Op. Cit. pág.22
387
El fracaso de la nación. pág. 89
171

barcos dejaron de transportar la harina, el vino, la ropa, las aceitunas y las herramientas de
trabajo para la actividad agrícola y marítima durante largos períodos. Por tanto para
garantizar los suministros de las provincias de Cartagena, Santa Marta y Riohacha, tuvieron
que subsistir contrabandeando para beneficio de la Nueva Granada. 388

5.1 CONFLICTOS Y RESISTENCIA DE LOS VECINOS DE


SABANALARGA EN LA PROVINCIA DE CARTAGENA

En los albores del siglo XIX se hizo mucho más evidente cómo el esquema que los
españoles soñaron imponer en sus posesiones de ultramar, con la organización ideal de dos
“repúblicas”, había fracasado claramente, en gran parte a causa de la ruralización o
poblamiento al margen del control de las instituciones del Estado, aunque esta afirmación
no aplica de forma definitiva para el caso concreto de Sabanalarga. 389

Las ciudades comenzaron a ceder sus privilegios a las poblaciones y congregaciones que
surgían. Las principales razones de estas trasformaciones se dieron en el territorio
neogranadino a finales de período colonial y principios de la época republicana; su
organización y estructura fueron causadas por dos aspectos que están relacionados con las
guerras de independencias. El primero de ellos fue la destrucción física de las urbes, en
especial Cartagena, la cual pagó un precio elevado por haber sido la plaza fuerte durante la
Colonia. El segundo fue la guerra que produjo la ruina de una parte de la riqueza
acumulada en los núcleos urbanos, representada tanto en tributos urbanísticos como la
riqueza de la elite comercial y empresarial. Esto provocó una crisis en la incipiente
agricultura de exportación que había comenzado a desarrollarse desde las reformas de libre

388
Ibíd. pág. 82
389
Todo Estado debe limitar su territorio, por ende, durante el proceso de desintegración del Imperio español
en América se optó por la doctrina conocida en el derecho internacional como Uti Possidetis Iuris, esta es
una acción en virtud de la cual los países beligerantes conservan provisionalmente el territorio poseído al final
de un conflicto, hasta que se disponga otra cosa por un tratado entre las partes. Sin embargo, la tarea no fue
nada fácil por lo impreciso de las demarcaciones en ciertos lugares, pero sobre todo por los intereses
regionales y políticos que trataban de imponerse sobre las disposiciones administrativas. Tirado Mejía,
Álvaro. El Estado y la política en el siglo XIX. El Áncora Editores. Bogotá. 2001. pág. 11
172

comercio, en la década de 1780, así como un lento crecimiento demográfico de la costa


neogranadina en comparación con el resto del territorio. 390

Un importante criollo, José María Lozano y Peralta, vecino de la ciudad de Santa Fe,
describió la situación del país a solicitud del monarca español, el 24 de abril de 1801:

“ Reino es el mayor y más precioso de la América siendo hasta ahora un esqueleto


de población por los interminables terrenos y dispersión de sus habitantes, los
cuales en su mayor parte son hombres del monte, díscolos e indisciplinados, que a
excepción de esa capital y puerto de Cartagena, todo lo demás ni se puede llamar
población ni sacar las ventajas de la sociedad; pues la ciudad de Tunja esta medio
arruinada, Mompós y Honda son villas, pero informes: Pamplona y Neiva ciudades
por honor, las de Atagracia, Anserma, la Palma, Tocaima y otras han llegado a su
exterminio, de forma que el resto de aquellas tierras, fértiles, hermosas, y ricas son
pueblos de Indios y Parroquias que el decir una Iglesia y una casa del cura en el
centro de las campiñas, solas y sin cultivos lastimándose el corazón al ver que
aquellos fertilísimos objetos con que ha enriquecido la naturaleza a quel País, sean
sus habitantes tan rústicos y montaraces ”.391

Pocos años después, en 1807, José Ignacio de Pombo, quizás el más importante economista
de la época, atribuyó el pobre desarrollo de la economía del virreinato frente a otras
colonias, a los diezmos, alcabalas, estancos y otros gravámenes que pesaban sobre la
producción. Jamaica, con sólo 200.000 habitantes, exportaba anualmente ocho millones de
pesos. Haití, antes de la revolución, con una población que no llegaba a las 300.000 almas,
generaba 40 millones. Caracas y Guyana producían cinco millones de pesos cada una, y
Cuba, habitada por 400.000 habitantes, lograba los siete millones de pesos, debido a un
régimen tributario preferencial distinto. El virreinato neogranadino, en cambio, con
extensos y fértiles territorios, caudalosos ríos, diversidad de climas, costas sobre dos

390
Historia del poblamiento del territorio de la Región Caribe de Colombia. págs. 69-70
391
Gómez de Salazar, Diego, y Otros. “Aspectos de la situación social del Nuevo Reino de Granada a
comienzos del siglo XIX”, en Anuario Colombiano de historia social y de la cultura. Vol. 2. 1964. págs. 552-
553
173

océanos y una población cercana a 2.000.000 de habitantes, sólo alcanzaba los 500.000 en
productos agrícolas y tres millones de pesos en metales preciosos al año. 392

En cuanto a la producción agrícola de la provincia de Cartagena, en la segunda década del


siglo XIX, estaba prácticamente estancada, específicamente, azúcar y licores derivados de
la caña; mercancías de consumo que, a pesar de estar protegidas por la tarifa de 1823,
declinaron por falta de capitales locales y de mano de obra esclava que había disminuido en
un 50 % desde 1778. Pero, sin dudas, la razón principal del estancamiento agrícola fue la
destrucción que ocasionaron las guerras independentistas, la cual fue mucho más grave en
esta gobernación debido a que la región del Caribe neogranadino, fue el último espacio
393
liberado del dominio español.

El general Joaquín Posada Gutiérrez, oriundo de Cartagena, pormenoriza un tanto


exagerado, la situación de las provincias del Caribe neogranadino:

“Ahora no hay en las provincias de la Costa, arrabal de ciudad ni villa, ni aldea, ni


caserío, donde no empecine la zambra desde las siete de la noche del sábado y que
dure hasta el amanecer del lunes, constituyendo el juego y el aguardiente la
principal diversión, así que los jornaleros y menestrales, malbaratando en esa dos
noches y el día intermedio cuanto ganaran en la semana, que dan postrados de
cansancio, sus trabajos suspendidos el lunes y muchas veces el martes, y sus
familias y ellos mismos sufriendo hambre y contrayendo deudas. La necesidad los
obliga a trabajar dos o tres días de la semana, para el sábado siguiente volver a la
criminal disipación. Así que toda empresa del campo en que haya de trabajarse con
jornaleros es perdida, porque nunca puedes contar con ellos en los momentos más
necesarios y reconvertirlos es expuesto”.394

392
Sourdis Nájera, Adelaida. Op. Cit. pág. 99
393
Bell Lemus, Gustavo. “El impacto económico de la Independencia en Cartagena, 1821-1830”, en
Cartagena de Indias: de la colonia a la república. Editorial LEALON, Medellín, 1991,págs. 116-117
394
Ibíd. pág. 118
174

Este marco y los acontecimientos políticos que vivía la península ibérica como resultado de
la invasión napoleónica y la abdicación de la realeza española, generaron desconcierto. Si
el ambiente en España era confuso y permitía la dispersión de poderes, en América, donde
las noticias llegaban con varios meses de atraso, la situación era aún más complicada. 395
Estas dificultades intentaron ser superadas con la formación de juntas de gobierno en las
provincias. La autoridad se depositó en la Junta Suprema Central que se instaló en Aranjuez
en septiembre de 1808, presidida por Floridablanca y de la cual hacia parte Gaspar Melchor
de Jovellanos. Sus objetivos eran recuperar el reino, reconstruirlo como monarquía
hereditaria bajo Fernando VII y restaurar las leyes fundamentales. En consecuencia, la
Junta solicitó a los ayuntamientos de cada provincia americana, que nombran a tres
individuos para escoger a uno por sorteo. Por la Nueva Granada fue electo el cartagenero
Antonio de Narváez y de la Torre. Contra esta manifiesta desigualdad, que dejaba a las
provincias de América en franca minoría y desventaja frente a los peninsulares, Camilo
Torres, en representación del ayuntamiento de Santafé, escribió su conocido << Memorial
de Agravios >>. El comisionado nunca llegó debido a que la Junta Suprema se disolvió
resignando el mando en un Consejo de Regencia, quien debía reunir las Cortes Generales
396
del reino para decidir qué clase de gobierno debería subsistir.

Este enfoque nos permite explicar por qué entre 1808 y 1810 se conformaron juntas
autónomas en la América española. Algunas de estas juntas supremas proclamaron su
lealtad a la causa realista o a la causa patriota. Sin embargo, sin importar a favor de quien
iba la adhesión, todas las proclamas eran una reacción contra Cartagena, capital de la
provincia, residencia del poder hegemónico y formalmente dominante durante la

395
Reyes Cárdenas, Catalina. “Soberanías, territorios y conflictos en el Caribe colombiano durante la
primera República de Colombia.1808- 1815”, en Anuario Colombiano de Historia Social de la Cultura, N°
30, 2003, pág. 151. Aunque hay que advertir que no sólo fue un vacío de poder político lo que estaba viviendo
la península española, debido a que se encontraba en una fuerte crisis financiera que se intentó solucionar con
la emisión de Vales reales y desamortización de algunos bienes de la Iglesia. Véase, para un análisis detallado
a Brian R. Hamnett. La política española en una época revolucionaria, 1790-1820. Fondo de Cultura
Económica, México, 2011
396
Sourdis Nájera, Adelaida “Ruptura del estado colonial y tránsito hacia la república, 1800-1850”, en
Adolfo Meisel Roca (Editor): Historia económica y social del Caribe colombiano. Ediciones Uninorte- Ecoe
Ediciones, Bogotá, 1994. págs. 162-163
175

Colonia. 397 Dicho de otra manera, los núcleos urbanos vieron en esta coyuntura la
posibilidad de independizarse no sólo de la península española sino del yugo de la capital
de la gobernación que pretendía ejercer una autoridad política y económica sobre ellas.

Es precisamente, durante estos primeros años decimonónicos cuando se hace más notoria la
real configuración del reino neogranadino. Espacio poco cohesionado, con provincias
débiles en las que el control territorial y político y las identidades colectivas estaban
diseminados en sociedades locales (ciudades, villas y parroquias), dominadas en su mayoría
por los cabildos. Esta conformación dificultó el tránsito hacía formas modernas de Estado y
de nación. 398

La ciudad de Cartagena, por su parte, durante casi 300 años había crecido encerrada en sí
misma, de espaldas al resto de la provincia con más poder político y simbólico que efectivo
sobre sus espacios interiores. Pero para efectos administrativos, a finales del período
colonial, la gobernación de Cartagena se dividió en cinco partidos: Mahates, Barranca,
Tierradentro, Mompox y Tolú. Este modelo sería copiado con algunas variantes por el
gobierno de la elite cartagenera. Lo importante es que estas áreas tuvieron sus propias
manifestaciones políticas frente a dicha elite. 399

La discusión central, en el período de 1808 a 1810, tanto en la península como en América,


era la soberanía, respecto a la cual afloraron antiguas concepciones iusnaturalistas. Esas
ideas insistían en que ante la ausencia del rey y de la familia real, la soberanía debía recaer
en el pueblo; que en su momento la había cedido al rey a través de un pacto. La acepción de
pueblo no se entendía en el sentido moderno de ciudadanos libres, sino en el de
comunidades locales organizadas y representadas en sus cabildos. En estas circunstancias
los protagonistas políticos serían los cabildos, en los que recaía la soberanía. Este nuevo

397
Conde Calderón, Jorge. “Autonomía y rivalidades entre poblaciones en la provincia de Cartagena, 1810-
1815”, en Costa Atlántica colombiana. Etnología e historia. Medellín, 1994, pág.135. Las declaraciones de
fidelidad a Fernando VII les sirvieron tanto a las autoridades coloniales como a las elites criollas para ocultar
sus temores y sus diversos intereses.
398
Reyes Cárdenas, Catalina. Op. Cit. pág. 153
399
Conde Calderón, Jorge. [Link]. pág.137
176

empoderamiento de dicha institución como organismo que representaba la soberanía del


pueblo contribuyó, sin duda, que a partir de 1810 se acentuara aún más la fragmentación
política y espacial. 400

En ese sentido, el primer paso dado por los pueblos emancipados fue la proclamación de la
soberanía de las provincias. La adopción de este principio esbozó problemas cuando quiso
determinar la extensión que debería quedar bajo la soberanía de las provincias republicanas.
Las posiciones enfrentadas se emplazaron en el rango comprendido entre la defensa de los
fueros de los cabildos locales antiguos y la restauración de la jurisdicción del extinto
virreinato, mediando entre ellas la defensa militar de la << provincias suprema >> o de las
provincias-corregimientos, en otras palabras, pugnas entre el interés provincial y local. 401

La provincia de Cartagena es un ejemplo de esta coyuntura, no sólo salieron a flote los


conflictos internos de esta gobernación, sino también su disidencia radical frente al eje
administrativo colonial, Santafé de Bogotá, que anhelaba convertirse en el centro de la
nueva república. De igual manera la ciudad cartagenera, en estos mismos años, debió
resistir acciones un tanto drásticas como la de Mompóx que en agosto de 1810 decidió no
sólo desvincularse de España sino declararse provincia independiente ya que desconoció al
Consejo de Regencia de España, reconocido por Cartagena y enviar diputados al Congreso
propuesto por la capital del Virreinato de la Nueva Granada. 402

La respuesta de la urbe capitalina contra este movimiento autonomista fue la fuerza bélica,
aunque hay que advertir que este comportamiento o estrategia fue aplicado por otras
cabeceras del territorio neogranadino. Cartagena envió al Regimiento Fijo a someter a los
momposinos; los socorranos se trabaron en una escaramuza contra los sangileños y los

400
Reyes Cárdenas, Catalina. Op. Cit. pág. 154
401
Martínez Garnica, Armando. El legado de la “patria boba”. Sistemas & Computadores, Bucaramanga,
1998, pág. 33 (Citado en adelante como El legado de la patria boba, y página)
402
Reyes Cárdenas, Catalina. Op. Cit. pág. 162
177

charaleños; los piedecuestanos repelieron a pedradas una incursión enviada por Girón. 403
Pocos años después, en 1813, las poblaciones de las sabanas de Corozal y riberas del río
Sinú se negaron aceptar la declaración de Independencia absoluta frente a España, hecha
por Cartagena, y se separaron de la gobernación para unirse al movimiento realista en el
Caribe neogranadino. En estas poblaciones habitaba un considerable grupo de blancos
peninsulares, propietarios de haciendas, quienes vieron con recelo las retaliaciones tomadas
contra los españoles en la urbe capitalina y sobre todo temían que sus bienes fueran
confiscados. La actitud realista de estos núcleos urbanos era también una respuesta al
resentimiento cultivado durante muchos años frente a los privilegios de la ciudad de
Cartagena. 404

Según las opiniones del obispo de Cartagena, Custodio Díaz Camarillo, la separación
política de Cartagena con respecto a España era: “…día desgraciado para aquella Provincia
en él, precediendo el alboroto y tumultuación de una parte del pueblo asalariado por los
jefes declararon la soberanía de aquel estado, y la independencia de la península, en la
mayor efervescencia del populacho armado”. 405

Estas situaciones, y la posición oficial de la institución eclesiástica cartagenera, no


impidieron que Manuel Rodríguez Torices fuera designado bajo la Constitución de 1812,
nuevo gobernador del Estado soberano de la provincia de Cartagena, la cual fue dividida
jurisdiccionalmente en cinco departamentos con base en los centros urbanos tradicionales
instaurados en la colonia temprana, como eran la ciudades de Cartagena y Simití, y las
villas de Mompox, San Benito Abad y Tolú. 406 Dicha constitución fue redactada por el
presbítero Manuel Benito Rebollo y tuvo un cariz abiertamente liberal: derechos del
hombre, división tripartita del poder, libertad de imprenta, elecciones periódicas. 407

403
Martínez Garnica, Armando. “Las providencias neogranadinas ante la crisis de la monarquía española”,
en Haroldo Calvo Stevenson y Adolfo Meisel Roca (Editores): Cartagena de Indias en la independencia.
Edición Banco de la República, Cartagena, 2011, pág. 113
404
Reyes Cárdenas, Catalina. Op. Cit. pág. 189
405
Martínez Reyes, Gabriel. Op. Cit. pág. 583
406
Solano, Sergio Paolo, y Otros. Op. Cit. pág. 81.
407
El legado de la patria boba. pág. 74
178

Por otra parte, los dirigentes políticos del Estado provincial elevaron la preeminencia de
algunas poblaciones, precisamente, parroquias y villas de su jurisdicción, como premio por
sus servicios militares, es decir, se dieron títulos de << benemérita la patria >> y <<
valerosa >> por decreto. Se elevaron así las parroquias de Soledad y Majagual a la
categoría de villa. Sin embargo, la restauración de la audiencia y del virrey, que por las
armas protagonizaron las fuerzas enviadas por el restablecido Fernando VII en su trono,
significó que los ascensos anteriores no fueran reconocidos por el virrey Juan de Sámano.
408

De mismo modo, los rumores del desembarco de la expedición española al mando del
general Pablo Morillo en la isla de Margarita (Venezuela), forzó al caudillo Simón Bolívar
a realizar pactos secretos, cuyo resultado fue su exilio con rumbo a la isla de Jamaica. Le
siguieron otros distinguidos soldados venezolanos: el secretario Pedro Briceño, el general
Santiago Mariño y los hermanos Carabaño. 409 El objetivo inicial de la reconquista de la
Nueva Granada no sólo era atacar a la ciudad de Cartagena, que se hallaba en poder de los
patriotas; punto estratégico que debía ser sometido antes de dedicarse a la recuperación del
territorio andino. Debido a que los españoles tenían claro que esta capital era casi
inexpugnable ya que tenía armas y municiones suficientes para defenderse, usaron como
estrategia la rendición por hambre. Con esta meta la acción se dirigió a tomarse la provincia
de donde provenían sus víveres, bloqueando los caminos y sitiándola por mar. 410

Finalmente, la escuadra española llegó a la ciudad de Santa Marta, en julio de 1815, donde
organizó dos expediciones. La vanguardia, comandadas por Francisco Tomás Morales,
quien ocuparía el norte de la provincia de Cartagena; el sur y centro estarían a cargo del
brigadier Pedro Ruiz de Porras, compuestas por regimientos de españoles y tropas samarias.
Meses después, la división de vanguardia, con aproximadamente 1.300 hombres, marchó y

408
Poblamiento, jurisdicción y estatus. pág. 23
409
El legado de la patria boba. pág.100
410
Sourdis De la Vega, Adelaida. Cartagena de Indias durante la Primera República ,1810-1815. Banco de la
República, Bogotá, 1988, pág. 130 (Citado en adelante como La Primera República, y página)
179

ocupó la provincia, estableció cuarteles en las haciendas << Palenquillo >> y <<Mamonal
>>. 411

En esta situación, un grupo de vecinos, que en un su mayoría eran de Sabanalarga,


intentaron resistir la ocupación española, dirigidos por José Salvador de Narváez; sin
embargo, luego del enfrentamiento algunos huyeron hacia el núcleo urbano cartagenero,
otros desertaron e incluso apoyaron la causa realista. El ejército expedicionario forzó a los
parroquianos sabanalargueros a jurar fidelidad al Rey, nombraron un ayuntamiento con
cuatro regidores y dos alcaldes, lo cual fue congratulado con la realización de una misa. 412

Respecto a la capacidad castrense que se halló en la parroquia de Sabanalarga comentó el


militar español Morales: “Sabana Larga donde tienen su quartel general custodiados estos
por trescientos infantes y cincuenta caballos al mando del insurgente están (ilegible) y en
donde manda en jefe el traidor Narvaes que tiene enfuerzas ochocientos hombres en
infantería y cientos a caballería ”.413

El general Morrillo tenía instrucciones precisas, bloquear la plaza fuerte de Cartagena por
mar y tierra para impedir que ingresaran viveres. La situación para las poblaciones de las
inmediaciones de la ciudad no podía ser alentadora debido a que muchas de ellas fueron
sometidas, entre estas, Baranoa, Malambo, Barranquilla, Galapa, Soledad, Usiacurí, y por
supuesto, Sabanalarga, parroquia donde las tropas españolas ubicaron un hospital para la
atención de los enfermos.

El bloqueo de la ciudad cartagenera perduró 106 días, durante los cuales sus habitantes se
vieron obligados a alimentarse con ratas, burros y bacalao rancio; cientos murieron. En un

411
Sourdis Nájera, Adelaida. Op. Cit. pág. 178
412
Corrales, Manuel Ezequiel (Compilador): Documentos para la Historia de la Provincia de Cartagena de
Indias, hoy Estado Soberano de Bolívar, en la Unión Colombiana (2 Tomos). Imprenta de Medardo Rivas,
Bogotá, 1883, Tomo 2, pág. 100
413
Véase: Biblioteca Digital de la Real Academia de la Historia. Documento: Morales a Morrillo sobre el
apresamiento de un espía insurgente que comunicó el número de hombres y artillería en Sabanalarga.
Sabanagrande, 15 agosto de 1815. [Sig.9/7660, leg.17, b), ff.162-163.]
180

intento por mejorar este escenario la urbe se proclamó formalmente parte del Imperio
británico, pero los funcionarios ingleses ignoraron cortésmente el ofrecimiento, de acuerdo
con la neutralidad determinada por la ley británica en el conflicto hispanoamericano. 414 Las
poblaciones de la provincia fueron quemadas o destruidas por realistas y patriotas, cultivos
arrasados, sus cosechas confiscadas, primero por la guerra civil y luego por el ejército
expedicionario. Muchos vecinos tuvieron que abandonarlo todo y refugiarse en los montes.
415

Un testigo presencial de esta época, José Martín Tátis, escribió varios años después:

“Yo era un niño cuando tuvo lugar un suceso que no se ha borrado de mi memoria.
[…. ]. Mi padre (Manuel José Tátis, vecino de Sabanalarga) había seguido la suerte
de todos los patriotas comprometidos en el pronunciamiento glorioso del 11 de
noviembre de 1811 y se encontraba entre los defensores de Cartagena […]. Las
propiedades de mi familia habían sido confiscadas; la hacienda la había destruido la
División del General español Morales, que se mantuvo á costa de ella, así como de
la de Don José María del Real y otros patriotas que tenían propiedades en lo que se
llama hoy provincia de Sabanalarga. [….. ]. En Sabanalarga (parroquia) perdidas
las propiedades de mi padre, tuvo la familia que alquiler una casita para vivir, que
pertenece hoy a la señora Polo”. 416

La urbe de Cartagena y algunas de las poblaciones en sus cercanías fueron doblegadas.


Morillo dejó claro que no planeaba establecer compromisos con quien consideraba
rebeldes. Restableció casi de inmediato la Inquisición, y por otro lado, creó una corte
militar para juzgar a los principales patriotas que fueron hechos prisioneros. Las
ejecuciones comenzaron fuera de las murallas de la ciudad; al mismo tiempo, diferentes
batallones emprendieron el camino hacia el interior del territorio neogranadino. La falta de
preparación de los patriotas, así como como su creciente desmoralización, hizo que la tarea

414
Bushnell, David. Op. Cit. pág. 77
415
La Primera República, pág. 151
416
Corrales, Manuel Ezequiel. Op. Cit. págs. 227-230
181

de Reconquista fuera relativamente fácil. A principios de mayo de 1816, el gobierno


peninsular estaba nuevamente establecido en Bogotá. 417

Por su parte, el gobernador de la provincia, brigadier Gabriel Ceferino de Torres y Velasco,


a comienzos de 1816, organizó empresas en los territorios aledaños de la ciudad capitalina
para capturar a cuanto esclavo anduviera libre y sin dueño. En mayo de esa misma
anualidad, comisionó a Benito de Jesús para que pasara por los núcleos urbanos de
Turbaco, Sabanalarga, San Estanislao, Mahates y Arroyo Grande para cumplir con dicho
propósito. Incluso, a veces, el mismo gobernador dirigió estas correrías, y cuando no podía
lo delegaba a particulares. En junio de 1817, y en respuesta a una representación enviada al
Consulado de Cartagena, por varios hacendados que solicitaban la destrucción de unas
rochelas, Torres y Velasco expidió una circular dirigida a los capitanes a guerra con
instrucciones precisas para aprehender a los fugitivos, desertores, vagos, criminales y
esclavos que andaban por ahí. 418 De la misma manera, el gobernador presentó un informe
detallado al virrey del Nuevo Reino, según el cual, los cartageneros podían dividirse en
cuatro grupos. Los auténticos revolucionarios, los simpatizantes del gobierno
419
revolucionario, el populacho veleidoso y carente de ideas, y los realistas convencidos.

En tales circunstancias, la reacción no se hizo esperar por parte de los patriotas, en primera
instancia desde el ámbito político, con la realización en febrero de 1819 del Congreso de
Angostura, en la actual ciudad Bolívar. Posiblemente lo más importante del encuentro fue
la reunión de Venezuela y Nueva Granada, bajo el nombre de república de Colombia, la
elección provisional nacional del general Bolívar como presidente de Colombia, y la
convocatoria a un Congreso General en Villa del Rosario de Cúcuta, para consolidar la
alianza pactada. En el seno del mismo, se expidió la Ley Fundamental de la República de
Colombia, en diciembre de 1819, y en ella se decretó la unión de las repúblicas de
Venezuela y Nueva Granada en una sola bajo el título de República de Colombia, como se

417
Bushnell, David. Op. Cit. pág.76 Entre los juzgados por el consejo militar podemos mencionar: Santiago
Stuard Manuel del Castillo, Martín Amador, Agustín Betancur, Andrés López, Salvador Marimón, José Ayos,
Rafael Monasterio, entre otros.
418
Deserciones, fugas, cimarrones, rochelas y uniones libres. págs. 81 y 88
419
El legado de la patria boba. pág. 20
182

llamó realmente. En el artículo 5º se dispuso la división de este espacio en tres


departamentos, incluyendo el Ecuador, el cual se hallaba controlado por los españoles, por
tanto, su representación era meramente nominal como parte del proyecto político
Colombiano. Venezuela, Quito y Cundinamarca, con capitales en Caracas, Quito y Bogotá,
420
respectivamente. Con base en esto, el Congreso estableció un gobierno que incluyó
administraciones separadas. Los gobernantes de los tres departamentos se llamarían
vicepresidentes; por Cundinamarca fue escogido Francisco de Paula Santander.

En lo militar, la victoria más importante fue la batalla de Boyacá, 7 de agosto de 1819, por
lo menos para el actual territorio colombiano. La confrontación devastó el principal
contingente español del interior del territorio de la Nueva Granada y franqueó el paso hacia
la ciudad de Bogotá. Es decir, debido a la batalla de Boyacá, se logró el control de una
población relativamente densa, de la cual se podía obtener reclutas, impuestos y
provisiones. 421

En este orden de ideas, se inició la recuperación el área del Caribe neogranadino. Bolívar
encargó en el mando de las operaciones a su coterráneo el general Mariano Montilla, quien
se distinguía por su dinamismo y dotes de buen organizador y estratega. La ofensiva fue
planeada en tres frentes que actuarían simultáneamente. El primero, a cargo del mismo
general Montilla quien debía invadir la Costa desde Margarita. El segundo a cargo de los
granadinos José María Córdoba y Hermógenes Maza, quienes debían tomar a Mompox. El
tercero a cargo de los coroneles Jacinto Lara y José María Carreño, venezolanos que debían
invadir la provincia de Santa Marta por la parte de Ocaña.422

Ya puesta en marcha la campaña, Córdoba ocupó Mompox. Lara y Carreño irrumpieron en


algunas poblaciones de la provincia de Santa Marta. Por su parte, Montilla desde la
población de Soledad dispuso tomarse a la parroquia de Sabanalarga. Ignacio Romero,

420
Blanco Blanco, Jacqueline. “De la Gran Colombia la Nueva Granada, contexto histórico-político de la
transición constitucional.”, en Prolegómenos-Derechos y Valores. Vol. X. N° 20, 2007, pág.74
421
Bushnell, David. Op. Cit. págs.79-80
422
Sourdis Nájera, Adelaida. Op. Cit. pág. 184
183

comandante realista, le comunicó al jefe español de la plaza de Cartagena, mariscal de


campo Pedro Ruiz de Porras, en julio de1820, que:

“A pesar de hallar todos los pueblos abandonados y sin el menor recurso de ninguna
especie, puse en marcha aquella misma tarde el parque de municiones, fusiles,
pertrechos y hospital, emprendiendo yo la retirada con toda la columna á las ocho
de la noche, con el mayor orden y en todo arreglo, habiendo formado la primera
marcha hasta San Estanislao, donde llegue á las nueve. […]. Los enemigos en el
momento que desocupé á Sabana larga tuvieron repetidos avisos y chasqui, de los
muchos picaros que infestan esta Provincia, y á las cuatro de la madrugada ocupó el
pueblo su caballería en número de 100 hombres, á las cinco de la mañana la
infantería en número de 500 hombres con 4 violentos; pero parece no han
adelantado sino alguna pequeña partida hasta San Estanislao”.423

Tátis, nos comentó en sus reminiscencias acerca del arribo del general Montilla á
Sabanalarga: “Su entrada la presidió un escuadrón de caballería al mando del coronel
Garden, francés al servicio de la República; luego un pelotón de Irlandeses, como cien
hombres, con tres plazas de batallas; y retaguardia la infantería, compuesta casi toda de
voluntario.” 424 En esta misma anualidad, el gobernador político de la provincia de
Cartagena, Pedro Gual, le comunicó al vicepresidente Santander:

“Hemos encontrado estos países a nuestra llegada enteramente exhaustos de


recursos por un pillaje sistemático de los españoles habían establecido sobre los
bienes muebles e inmuebles de los vecinos. El resultado ha sido haber hecho
desaparecer casi toda la moneda circundante en los términos de faltar lo muy
preciso e indispensable para el tráfico diario de las familias”.425

423
Corrales, Manuel Ezequiel. Op. Cit. págs. 401-402. Véase, Llinás, Juan Pablo. Sabanalarga, Atlántico,
1810- 2010. Impresión Artes Gráficas Industriales Ltda. 2011, págs. 117- 118
424
Ibíd. pág. 479. Véase, “Reminiscencias de un Sabanalarguero”, en Boletín de Historia. Vol. I. N° 2,
1977, pág. 4
425
Sourdis Nájera, Adelaida. Op. Cit. pág. 192
184

La principal política rural del gobierno nacional, a principios de la década de 1820, consistió en
desarrollar la agricultura mediante la generosa distribución de tierras a emigrantes europeos que
a la vez robustecerían la minoría blanca. A pesar de ello solo algunos colonos europeos llegaron,
varios miembros de la elite poscolonial tomaron parte en el proyecto de colonización. Los
terrenos o espacios que la Corona española no había podido incorporar a sus dominios se
convirtieron en tierras nacionales. Sin embargo, el gobierno no adquirió registros de cuáles
tierras eran en efecto de dominio público, y no contaba con el personal calificado para realizar
una agrimensura nacional. Para complicar aún más la situación, en la mayor parte del Caribe
neogranadino las tierras públicas estaban amalgamadas con predios privados, resguardos, ejidos
y tierras de propiedad de la Iglesia, muy pocos de los cuales tenían los limites claramente
definidos. 426

Finalmente, las guerras de independencias terminaron con la victoria de Ayacucho, donde


fueron derrotadas definitivamente las armas españolas. En la Nueva Granada, la ofensiva
final ocurrió en 1821, cuando la ciudad de Cartagena, último reducto de los españoles en la
provincia del mismo nombre, se rindió ante las tropas comandadas por el general Montilla,
el capitán de navío José Prudencio Padilla y el teniente coronel José María Córdoba. 427

Esto permitió realizar el Congreso en la Villa del Rosario de Cúcuta, reunión donde se
expidió la primera constitución política de Colombia. Es decir, se creó la Republica que
unió a la Nueva Granada, Venezuela y Ecuador, de acuerdo con los deseos de Bolívar quien
pensaba que un Estado fuerte y centralizado podría organizar el poder suficiente para
mantener su independencia y liberar el sur de América. Sin embargo, fue precisamente este
carácter centralista de su gobierno, lo que posteriormente dio margen a profundas
428
desavenencias.

Estas constituciones que hemos abordado hasta aquí, nos muestran como las provincias
históricas de la nación no solo fueron los espacios territoriales donde se buscó la consolidación

426
Helg, Aline. Op. Cit. págs. 309-310
427
La Ganadería en Colombia. pág. 104
428
Sourdis Naájera, Adelaida. Proceso de independencia en el Caribe colombiano. Banco de la República,
Montería, 1996.pág. 28
185

de un Estado, sino también las unidades básicas para el ordenamiento político y administrativo
tras el derrumbe el Imperio español. La Gran Colombia, como es conocida por la
historiografía colombiana, se organizó territorialmente en 1821 en departamentos, y estos a su
vez en provincias, cantones y parroquias e instauró las asambleas electorales para elegir
presidente, vicepresidente, senadores y representantes. Además, ordenó que cada departamento
tuviera un intendente y que cada provincia un gobernador. 429

5.2 LA INVENCIÓN Y RUPTURA DE LA GRAN COLOMBIA:


LEVANTAMIENTOS Y RESISTENCIA EN LA PROVINCIA DE
CARTAGENA.

Los primeros acercamientos del proyecto Gran colombiano se iniciaron en el Congreso de


Angostura, pero el Estado de la unión se formalizó jurídicamente en 1821, cuando se redactó
una constitución de tipo nacional, la cual reglamentó su creación, y por supuesto, su división
territorial. En este sentido, quedó conformado por los departamentos de: Orinoco, Zulia,
Venezuela, Boyacá, Cundinamarca, Cauca y Magdalena, este ultimó comprendió el espacio de
las provincias de Cartagena, Santa Marta y Riohacha con sus respectivas islas adyacentes. 430

Cartagena fue erigida capital del nuevo departamento, envestida con ciertos poderes
administrativos, militares y políticos sobre las poblaciones de sus inmediaciones. Esto significó
que la ciudad recuperó parte de su tradicional potestad y privilegios sobre la costa neogranadina
y no tardó en utilizarlo al solicitar y lograr aprobar el cierre del puerto de Sabanilla. A la par,
impuso gravámenes y contribuciones a los demás centros urbanos destinados a financiar los

429
Roa Barraza, William y Salgado Hernández, Bartolo. “Evolución político-administrativa del municipio de
Ponedera, Atlántico, 1744 1965”, en Boletín de Antigüedades de Sabanalarga. Vol. 8, 2017, pág. 75. Véase.
Borja, Miguel, Estado, sociedad y ordenamiento territorial en Colombia. Instituto de Estudios Políticos y
Relaciones Internacionales. Universidad Nacional de Colombia. CEREC, Santa fe de Bogotá, 1996, págs. 29-
30
430
Corrales, Manuel Ezequiel (Compilador): Efemérides y Anales del Estado de Bolívar. (4 Tomos). Edición
Oficial, Casa editorial J.J. Pérez, 1889, Bogotá, Tomo I, pág. 173. El tomo IV fue publicado en 1892 por la
Imprenta de M. Rivas.
186

gastos en que ella incurriera. Estas obligaciones no fueron bien recibidas en las poblaciones,
motivó un resentimiento que se profundizó con el paso de los años. 431

Dicho de otro modo, el territorio fue el mismo que comprendió el antiguo Virreinato de la
Nueva Granada y Capitanía general de Venezuela. Cabe destacar, sin embargo, que mientras
el sistema de provincias se mantuvo, el régimen de departamentos y cantones varió, debido a
que muchos fueron suprimidos y otros fueron creados. En cuanto a la política de colonización en
el departamento del Magdalena, uno de los beneficiarios fue el general venezolano Montilla,
quien recibió grandes extensiones de tierras. También obtuvo, entre otras propiedades, una
“plantación” cerca de Sabanalarga y una hacienda en Turbaco, a 24 kilómetros de la ciudad de
Cartagena. 432

Para 1824, el Congreso dividió el espacio de la Gran Colombia en 12 departamentos, a los ya


nombrados en líneas previas, se les sumó: Apure, Istmo, Ecuador, Guayaquil y Asuay. El
departamento del Magdalena mantuvo las mismas provincias y se le especificó los cantones y
cabeceras.433 Dos años después, a esa misma jurisdicción se le anexó la provincia de Mompox;
es decir, el departamento del Magdalena quedó conformado por cuatro provincias. En 1825
se calculó que la población ascendió a 1.491.538 habitantes, distribuidos para las provincias
del Caribe neogranadino de la siguiente manera: Santa Marta 44.395, Riohacha 11.925 y
Cartagena 143.645. 434

En el ámbito internacional, los gobiernos de Colombia y México recibían ataques españoles


lanzados desde el territorio cubano, aquellos decidieron responder por vía militar atacando
navíos de España en ultramar, hasta las cercanías del estrecho de Gibraltar. En este orden
de ideas, la Gran Colombia y México preparaban una invasión a Cuba para expulsar a los

431
Bell Lemus, Gustavo. “Conflictos regionales y centralismo. Una hipótesis sobre las relaciones políticas
de la costa Caribe con el gobierno central en los primeros años de la República 1821-1840”, en Gustavo Bell
Lemus (Compilador): El Caribe colombiano. Selección de textos históricos. Ediciones Uninorte, Barranquilla,
1998, págs. 43-44
432
Helg, Aline. Op. Cit. págs. 311
433
Corrales, Manuel Ezequiel. Op. Cit. págs. 175-176
434
Blanco Blanco, Jacqueline. [Link]. pág. 76
187

colonialistas de su última base importante. Estados Unidos, bajo la presidencia de John


Quincy Adams, reaccionó posiblemente preocupado ante la idea de que los países
hispanoamericanos pudiesen liberar a la isla y arrebatarle una potencial área de influencia.
El gobierno norteamericano propuso a Inglaterra una política conjunta para disuadir tales
planes. Londres y Washington siguieron distintas líneas de acción. Los ingleses
tímidamente consideraron que esta operación era dificultar una eventual paz entre España y
sus ex-colonias; mientras, la política estadunidense la exigió a través de su secretario de
Estado Henry Clay. Finalmente, los planes de atacar a Cuba fue desestimado por la presión
ejercita por el país del norte. 435

Asimismo, la Gran Colombia soportaba confrontaciones internas surgidas entre líderes y


bandos políticos bolivarianos y santanderista, que proponían agendas y proyectos según sus
propias consideraciones. Discrepancias que llevaron a momentos nocivos para el posterior
desarrollo político del Estado, entre ellos, la instauración de la Constitución boliviana,
sancionada en mayo de 1826, totalmente contraria a la Constitución de Cúcuta; los
problemas que provocó la frustración política en Ocaña y el atentado contra la vida del
presidente Simón Bolívar, el cual trajo como consecuencia el exilio del general Santander y
la muerte de varios de sus más cercanos seguidores. La discusión de la Gran Colombia, no
única pero quizás la más relevante, giró entorno de la denominada Constitución boliviana
que entre sus reformas tenía: la creación de un nuevo poder, el electoral; el establecimiento
de un presidente vitalicio (Bolívar) y de un vicepresidente hereditario, y la composición del
poder legislativo por tres cámaras. 436

Bolívar y Santander habían llegado al punto del desacuerdo casi que total. Este último no
tenía un concepto favorable del modelo constitucional boliviano, al igual que a la mayoría
del conjunto de liberales gran colombianos, quienes planteaban que sólo era una monarquía
encubierta y, por ende, contradecía a los principios republicanos que había inspirado la
separación del Imperio español. Pese al enorme rechazo de la Constitución en la Nueva

435
Boersner, Demetrio. Relaciones internacionales de América Latina. Breve historia. Editorial Nueva
Sociedad, Caracas, 2004, pág.80
436
Blanco Blanco, Jacqueline. Op. Cit. pág. 77
188

Granada fue sancionada como Carta Fundamental por el Colegio Electoral de Lima en
agosto de 1826.

Estos inconvenientes internos no frenaron la preeminencia de la Gran Colombia, por su


patrocinio al Congreso de Panamá, realizado en 1826. Estuvieron presentes los
representantes de Perú (incluida Bolivia), la Gran Colombia, México y Centro América.
Brasil, no asistió por temor que se cuestionara su sistema monárquico. Estados Unidos
tampoco concurrió para no tener compromisos multilaterales que fueran incompatibles con
la Doctrina Monroe. Chile y las Provincias Unidas del Río de la Plata no se presentaron por
diversos motivos. Los cuatro representantes hispanoamericanos suscribieron el Tratado de
Unión, Liga y Confederación Perpetua, por el cual acordaron ligarse y confederarse para la
guerra y la paz. El objeto del tratado sería sostener y defender la soberanía e independencia
de las partes, mantener la paz y auxiliarse mutuamente en caso de agresión. 437

No obstante, en Venezuela ocurrió un motín militar que desconoció por completo el


gobierno de la Gran Colombia, que proclamó como jefe civil y militar a José Antonio Páez,
de los departamentos de Orinoco, Zulia y Venezuela. Tal designación lo llevó a actuar de
manera independiente del gobierno central de Bogotá, nombrando funcionarios públicos y
convocando a elecciones para diputados a un congreso constituyente de los tres
departamentos en cuestión. El movimiento se inició porque el concejo de la ciudad de
Caracas acusó a Páez, quien era el comandante general del departamento, de reclutar de
manera forzada a personas para las milicias. El comandante manifestó que no había
obtenido resultados satisfactorios de las leyes expedidas y reglamentadas concernientes al
servicio militar de años anteriores. 438

Este contexto se agravó, aún más, debido a que en Quito también se levantó en contra del
gobierno de Bogotá, ya que no contaba con ningún funcionario que ocupara un puesto
importante en el ámbito nacional. En lo económico, la tendencia a reducir las barreras
comerciales favorecía a Venezuela, por ser ésta comunidad exportadora de productos
437
Boersner, Demetrio. Op. Cit. págs. 80-81
438
Riaño Ordoñez, Carlos Hernán. El general José Antonio Páez. Universidad Católica de Colombia. Bogotá,
2014, pág. 73 (Tesis de Maestría para obtener título en Ciencias Políticas)
189

pastoriles y agrícolas, y perjudicaba a Quito por tener más desarrollada la manufactura


textil. En la Nueva Granada, los seguidores del vicepresidente Santander lanzaron una
campaña rigurosa en la prensa y Congreso en contra de Bolívar, arguyendo que trataba de
subvertir las instituciones de la nación. 439

Bolívar, entretanto, comenzó a gestionar en el Perú la adopción del proyecto de la


constitución que había redactado para Bolivia. Los temores abrigados por los hombres
liberales de la Gran Colombia, según los cuales el presidente había modificado sus ideas
políticas y cortejaba ahora la Corona, parecieron confirmarse cuando las ciudades de
Panamá, Cartagena y Maracaibo expidieron actas por medio de las cuales le conferían
facultades dictatoriales y lo llamaban a ejecutar la variación del sistema. En efecto, usando
una <<autoridad de dictador>> que prescindió de reivindicar, promovió oficiales
comprometidos en las actas de la dictadura, dispuso a su antojo de los caudales públicos y
derogó sentencias ejecutoriadas en la corte marcial. En estas circunstancias, el presidente,
decidió regresar a Bogotá a mediados de 1827, luego de su permanencia en Perú, para
intentar ponerle fin a las actividades sediciosas del grupo político de Santander; luego se
dirigió a Venezuela para ofrecerles amnistía a los rebeldes. El general Páez fue confirmado
como << jefe superior de Venezuela >>; otros como Francisco Carabaño y Andrés
Torrellas recibieron ascensos, y el dominicano José Núñez de Cáceres obtuvo el juzgado de
Maturín. 440

Evidentemente, estos acontecimientos fueron una amenaza para la integridad territorial del
país, nación que no había alcanzado ni la unidad geográfica, ni la estabilidad política, ni el
equilibrio organizacional necesario para una consolidación efectiva y perdurable. Esto
quedó evidenciado en un nuevo motín, esta vez, en la ciudad de Lima, en el que
participaron las tropas colombianas allí estacionadas, donde se derogó la Constitución
boliviana que apenas regía en el país desde el mes de diciembre. La revuelta se extendió a

439
Bushnell, David. Op. Cit. págs.101-103
440
Gutiérrez Ardila, Daniel. “La convención de las discordias: Ocaña, 1828”, en Revista de Estudios
Sociales. N° 54. 2015, págs. 151-152
190

Guayaquil y Bolivia, en donde comenzó a ser cuestionada la autoridad de Sucre. En


síntesis, fracasó el proyecto de establecer la Confederación de los Andes (Bolivia y Perú) y,
simultáneamente, las tentativas de imponer en Colombia, mediante asambleas tumultuarias,
el código de la presidencia vitalicia. 441

En este orden de ideas, las tensiones políticas buscaron ser aplacadas con la realización de
una convención en la ciudad Ocaña, la cual se efectuó entre abril y junio de 1828, que tuvo
como fin reformar la constitución de Cúcuta, pero no terminó en buenos términos debido a
que no hubo acuerdo entre las partes. No obstante, dejó ver dos tendencias políticas bien
marcadas, los que apoyaban a Santander, con su propuesta federalista, y a Bolívar, con su
idea centralista.

Estas confrontaciones políticas se hicieron evidentes en la provincia de Cartagena, cuando


un grupo de personas del barrio Getsemaní de la urbe cartagenera se levantó contra los
intentos de Bolívar de modificar la constitución. Un testigo declaró que el almirante José
Padilla, un marino pardo convertido en general durante las guerras de Independencia, fue el
organizador de esta revuelta; agregó que: “Lo que quería el general Montilla (comandante
general de la ciudad) era destruir la constitución y las leyes y disolver la convención
después que los pueblos por la libertad”. Según otra declaración, Padilla también afirmó:
“La Carta boliviana no servía de ninguna ventaja a la segunda clase, pues ésta era la que
había peleado en los campos de batalla para ahogar la tiranía”. Y en esta dinámica fue
declarado por la multitud comandante de la ciudad capitalina. 442

La noticia del fracaso de la convención de Ocaña llegó a Bogotá. Fue convocada una
improvisada asamblea de notables, que en su mayoría se identificaban con la propuesta
bolivariana, y concedieron poderes dictatoriales a Bolívar para “salvar” la integridad de la
Gran Colombia. Las medidas no se hicieron esperar, algunas reformas fueron
conservadoras y en beneficio de la Iglesia, reapertura de monasterios suprimidos, se
441
Ibíd.pág.152
442
Lasso, Marixa. “Haití como símbolo republicano popular en el Caribe colombiano: Provincia de
Cartagena, 1811-1828” en Historia Caribe. Vol. III. N° 8, 2003, págs.15-16
191

otorgaron poderes especiales al ejército, restauración del impuesto colonial de las ventas o
443
alcabala y la reimplantación del tributo indígena. Además, expidió un Decreto
Orgánico, el 27 de agosto de 1828 en la ciudad de Bogotá, el cual fue ratificado por los
ministros secretarios de Estado de: Relaciones Exteriores, Interior, Hacienda y Guerra,
quienes otorgaron amplias facultades, creando un régimen autócrata que reemplazó la
Constitución de Cúcuta en muchos aspectos, y sometía al arbitrio de Bolívar la gran
mayoría de los asuntos de Estado. 444 Por su parte, Montilla, aumentó la represión e hizo
arrestar, encarcelar, deportar o ejecutar a los contradictores a lo largo y ancho de las
provincias del Caribe neogranadino.445

Con los ánimos exacerbados, los santanderistas determinaron su muerte para acabar con su
mandato. El 25 de septiembre perpetraron un atentado contra su vida el cual fracasó debido
a la acción de Manuela Sáenz, que lo previno del peligro. A través de juicios y condenas
fueron castigados los responsables, entre quienes se encontraban Santander por haber
conocido los planes y no haber impedido la conspiración. 446

Las medidas dictatoriales se endurecieron luego del atentado, comenzaron una serie de
revueltas en el departamento del Cauca, los militares santanderistas, José María Obando y
José Hilario López, iniciaron un movimiento insurreccional que fue prontamente sofocado.
Sin embargo, ambos coroneles lograron el control sobre Pasto e iniciaron acercamientos
con Bolívar que culminaron con un perdón similar al concedido a Páez. 447

En medio de estos enfrentamientos, se convocó a una constituyente, en enero de 1830. En


la ciudad de Bogotá se instauró formalmente el “Congreso Admirable” donde Bolívar
anunció su renuncia a la presidencia. Sin embargo, debido a que las deliberaciones del
Congreso solo acababan de comenzar, se vio obligado a continuar ejerciendo el cargo hasta
443
Bushnell, David. Op. Cit. pág.108
444
Véase, para realizar un análisis más completo y detallado a Manuel Pérez Vila (Compilador): Simón
Bolívar. Doctrina del Libertador. Biblioteca Ayacucho, Caracas, 2009. págs. 326 -333
445
Helg, Aline. Op. Cit. pág. 388
446
Sourdis Nájera, Adelaida. Op. Cit. pág. 197
447
Bushnell, David. Op. Cit. pág.100
192

el 4 de mayo. 448 El desistimiento se produjo en momentos en que el agitado ambiente


político convirtió en casi una exigencia su retiro, como una alternativa para salvar la
integración del país, luego de su dictadura. Para los santanderistas, la presencia de Bolívar
constituyó una amenaza para la democracia y las libertades. La renuncia más que ser
aceptada, llegó a ser una acción política exigida y manifiesta públicamente luego del
atentado. 449 Entre tanto, Venezuela notificó su separación y fue enviada una comisión a
negociar los términos de dicha determinación 450

Aceptada la renuncia, se realizó una convención para redactar una constitución; y designar
al nuevo presidente y vicepresidente: los elegidos fueron Joaquín Mosquera y Domingo
Caicedo. La reacción no se hizo esperar, Montilla, Urdaneta y algunos bolivarianos
promovieron levantamientos contra la Constitución debido a que pretendían restablecer la
Gran Colombia. Las revueltas iniciaron en el departamento de Boyacá, provincia del
Socorro, en el cantón de Vélez. Estos disturbios fueron prontamente reprimidos por 300
soldados de la línea de Cúcuta. Sin embargo, Urdaneta derrocó y obligó a Mosquera a
renunciar de la presidencia ya que contaba con el apoyo del batallón del Callao. 451

En el departamento del Magdalena, la dictadura encontró apoyo a través de un grupo de


bolivarianos de la ciudad de Cartagena liderados por el general Montilla y el prefecto Juan
de Francisco Martín. En las otras provincias del departamento y jefes militares también la
apoyaron pero con menos vehemencia. Esta coyuntura fue aprovechada por un conjunto de
liberales que lanzaron una insurrección. La resistencia comenzó por los cantones de
Sabanalarga, Barranquilla y Soledad. 452 Por su parte, el gobierno provisional de Urdaneta,
ordenó reducir a prisión a 40 oficiales que habían apoyado a Mosquera - Caicedo. Aunque
posteriormente les concedió la libertad, unos recibieron licencias absolutas; a otros se les
otorgó pasaportes para que salieran del país; algunos fueron retirados de la parte militar.

448
Acevedo Tarazona, Álvaro y Villamizar, Carlos Iván. “El último Bolívar: renuncia y retiro del ejercicio
del poder (1829-1830). Entre la autoridad y la legalidad”, en Historia y Memoria, 2015, pág. 224
449
Blanco Blanco, Jacqueline. Op. Cit. pág. 81
450
Acevedo Tarazona, Álvaro y Villamizar, Carlos Iván. Op. Cit. pág. 224
451
Restrepo, José Manuel. Historia de la Revolución en Colombia. (6 Tomos). Editorial Bedout, Medellín.,
1969-1970. Tomo VI, págs. 428 - 429
452
Sourdis Nájera, Adelaida. Op. Cit. pág. 195
193

Varios de estos actos violaron el poder ejecutivo de la Constitución que prohibía destituir a
los oficiales militares sin juicio previo, y en otros quebrantando las leyes orgánicas del
ejército. Finalmente, los castrenses que apoyaban la dictadura concedieron por decreto a
Urdaneta facultades extraordinarias. 453

Con la muerte de Bolívar desapareció el último factor que posiblemente mantenía viva la
esperanza de los bolivarianos de mantener la unión de la Gran Colombia, pero también
conllevó al rompimiento definitivo de la disciplina militar que tan muchas dificultades
trataba de imponer. Pronto comenzaron los intentos de separación: las provincias de
Casanare, Cauca y Panamá se pronunciaron contra el gobierno central de Bogotá; la
primera quiso anexarse a Venezuela, la segunda incorporarse al Ecuador, republicas que
habían formalizado su ruptura política, administrativa y territorial; y la tercera declararse
Estado independiente. 454 Dicho de otro modo, la muerte de Bolívar puso fin a cualquier
iniciativa que apuntara a la reconstrucción, por el contrario afianzó los ánimos separatistas,
la Gran Colombia se organizó en tres nuevos Estados: Ecuador, Venezuela y Nueva
Granada, cada uno con su propia constitución y un modelo de Estado igualmente propio. 455

En este contexto, el 12 de febrero de 1831, en Sabanalarga milicianos armados dirigidos


por los capitanes Policarpo Martínez y Lorenzo Hernández se tomaron el cuartel,
depusieron al alcalde y se dirigieron a las poblaciones de Santo Tomás, Baranoa y
Malambo, en donde se unieron a un mayor grupo de vecinos. El movimiento insurreccional
se apoderó de un área de la villa de Barranquilla y buscaron apoyo en ciudad de Santa
Marta y población de Ciénega. La llamada << División Liberales del Bajo Magdalena >>
montó un cuartel en la villa de Soledad, donde incitaba a la rebelión contra el gobierno
central en Bogotá y hacia Cartagena por ser este baluarte de la dictadura. 456 De la misma
manera, el levantamiento se apoderó de un arsenal de municiones que se encontraba en

453
Restrepo, José Manuel. Op. Cit. pág. 427
454
Bell Lemus, Gustavo. Op. Cit. pág.45
455
Blanco Blanco, Jacqueline. Op. Cit. pág. 82
456
Sourdis Nájera, Adelaida. Op. Cit. pág. 200
194

Barranquilla. Pocos días después, más de 500 hombres de infantería y caballería se


apostaron en Sabanalarga, ocupando lugares estratégicos. 457

Las disposiciones del general Montilla no se hicieron esperar; para tratar de evitar la
resistencia dentro de la ciudad cartagenera ordenó expulsar a todo sospechoso. Envió en la
goleta holandesa María, con destino a la isla de Jamaica, a varios vecinos de la urbe, entre
quienes se encontraban Antonio Castañeda, Diego Martínez, Enrique Rodríguez, Alejandro
Salgado, Julián Figueroa, Juan José Nieto y Francisco Correa. 458 Asimismo, comisionó al
general Ignacio Luque para que reprimiera la resistencia de las poblaciones sublevadas, esta
orden fue puesta en marcha y el 20 de febrero de 1831, en la hacienda Sans-Souci (cerca de
la parroquia de Sabanalarga), se iniciaron los enfrentamientos que ocasionaron algunos
muertos y prisioneros, dispersándose el resto. 459 La hacienda en 1828 era propiedad del
inglés John Betts, tenía algunos animales, muebles y una compañía de trapiche, en
asociación con el coronel Pedro Rodríguez y el señor José María Roca. 460 Es razonable
pensar, que estos aspectos fueron tenidos en cuenta por la resistencia que se acantonó allí
debido a que los animales servirían para sus provisiones.

El prefecto del departamento Martín, en alocución del 23 de febrero de 1831, expresó:

“Habitantes del Magdalena: pocos días há que un puñado de malvados levantó el


estandarte de la rebelión en esta Provincia (Cartagena) que siempre se ha
distinguido por su civismo y lealtad. Nuestros más pacíficos Cantones se le hizo el
trato de excesos inauditos, y sus habitantes fueron arrancados de sus casa para servir
en la filas del crimen y para llevar el desorden, la desolación y la muerte á los
pueblos inertes. Felizmente estos escandalosos han terminado por la energía con que
se han empleado los recursos que el Gobierno Supremo de la Nación á puesto a mis
órdenes para vuestra seguridad y reposo”.461

457
Restrepo, José Manuel. Op. Cit. pág. 475
458
Llinás, Juan Pablo. Op .Cit. pág. 151
459
Restrepo, José Manuel. Op. Cit. pág. 475.
460
Archivo Histórico del Atlántico. Notaria Única de Sabanalarga. Tomo 1823-1833.
461
Corrales, Manuel Ezequiel. Vol. III. Op. Cit. pág. 28
195

En esta misma anualidad, en marzo, envió una carta al ministro del Interior en la que
comunicó: “Tengo el honor de comunicarle a S. E. que las fuerzas facciosas derrotadas en
Sans- Souci y que andaban por el río haciendo depravaciones, en ambas riberas, han sido
vencidas por el gobierno”. 462

No obstante, la población cartagenera seguía siendo fiel a las autoridades existentes a pesar
del descontento existente de muchas gentes. Inesperadamente, el 6 de marzo, cuando
Luque comenzaba a derrotar definitivamente a los rebeldes del Bajo Magdalena, cambió de
bando, asumió el liderazgo de los liberales y engrosó las filas de éstos con sus propios
cuerpos de milicias. Según se informa, el general cambió de posición durante un banquete
dado en la casa bolivarista de John Glen en la villa de Barranquilla, en el que el licor corrió
libremente, luego que los comandantes de tres batallones de Cartagena denigraran de
Montilla. Los oficiales expusieron entonces públicamente que los levantamientos del Bajo
Magdalena eran legítimos y, por tanto, sus motivos eran << justos como legales >> y el <<
sistema federal >> era el único viable debido a la extensión de la República y variedad de
climas. 463

Pocos días del viraje de Luque, la población de Ciénega, bajo el mando del general
Francisco Cardona, rechazó la autoridad de Montilla y Urdaneta. La ciudad de Santa Marta
siguió por esa senda. El área occidental de Tolú pasó también a manos liberales. El 24 de
marzo, Luque comenzó a sitiar la ciudad de Cartagena con 200 hombres, 18 embarcaciones
menores y 1 goleta, respaldados por algunas poblaciones de sus cercanías. Soldados
desertaron para unirse a las fuerzas de Luque, y cartageneros hambrientos abandonaron la
ciudad. Mompox, por su parte, se unió al movimiento liberal y se separó del departamento
del Magdalena. 464 Estas realidades motivaron al general Montilla a enviar a representantes
para evitar un derramamiento de sangre. A finales de abril, se firmó la rendición en la cual

462
Llinás, Juan Pablo. Op. Cit .pág. 151
463
Helg, Aline. Op. Cit. pág. 395
464
Ibíd. pág. 396
196

Montilla dejó la comandancia y entregó el mando a Luque, y Manuel Romay asumió la


gobernación. 465

Asimismo, los levantamientos y resistencia hacia la dictadura se presentaban en otras partes


del país. Urdaneta aceptó retirarse del gobierno sin mayores enfrentamientos. Por su parte,
el general Domingo Caicedo lideró un movimiento para restablecer el orden constitucional
y se declaró en ejercicio del poder ejecutivo a partir de abril de 1831; días después convocó
a una Convención, la Convención Granadina, para expedir la Carta Fundamental del nuevo
Estado, la cual se instaló en octubre de 1831, en la capilla castrense, en la ciudad de
Bogotá. 466

La Convención organizó el país bajo el nombre de Nueva Granada como una república de
gobierno central y unitario. La constitución se promulgó a principio de 1832 y las
aspiraciones federalistas quedaron frustradas. Los departamentos fueron suprimidos y el
espacio se dividió en provincias, las cuales se fraccionaron en cantones y éstos a su vez en
distritos parroquiales. 467 La eliminación de los departamentos como entidad territorial se
debió a varias razones. Dentro de los motivos fue la lucha contra la dictadura de Urdaneta
ya que los intendentes (prefectos) de esas jurisdicciones habían concentrado poderes civiles
y militares, además de que el área geográfica que les correspondió gobernar era muy
extensa y el permanente descontento de las poblaciones que veía con desagrado la
hegemonía de una solo ciudad. 468

La constitución que entró en vigencia en la Nueva Granada era parecida a la constitución de


la Gran Colombia, sin embargo, entregó amplios poderes a las provincias debido a que
estas tomarían decisiones respecto a caminos, escuelas y asuntos de interés local, o mejor
dicho, se convirtieron en las unidades básicas del ordenamiento territorial, político y
administrativo del país. Aunque la constitución era de tipo liberal y republicano siguió

465
Sourdis Nájera, Adelaida. Op. Cit. pág. 203
466
Blanco Blanco, Jacqueline. Op. Cit. pág. 82
467
Sourdis Nájera, Adelaida. Op. Cit. pág. 203. La extensión territorial de la Nueva Granada, se aproximó a
los1.240.000 kilómetros cuadrados, comprendidos por el espacio de los suprimidos departamentos de
Antioquia, Boyacá, Cauca, Cundinamarca, Istmo y Magdalena. Blanco Blanco, Jacqueline. Op. Cit. pág. 84
468
Solano, Sergio Paolo, y Otros. Op. Cit. pág. 87
197

restringiendo el derecho al voto ya que exigía como requisitos, saber leer, escribir y poseer
una cantidad mínima de ingresos económicos anuales. 469

De la misma manera, la convención eligió como presidente a Santander, en ese momento en


el exilio, y vicepresidente a Caicedo quien ejerció hasta su llegada. Santander arribó al país
por Santa Marta de manera estratégica, pues el corazón del bolivianismo era la ciudad
cartagenera, espacio donde habían actuado los más acérrimos amigos de Bolívar. 470 Luego
pasó a la villa de Barranquilla y a la capital de la provincia de Cartagena en donde se le
hicieron algunos reconocimientos y agasajos; después emprendió su viaje hacia la ciudad
de Bogotá, donde expresó en octubre de 1832, respecto a los levantamientos que
ocurrieron en años anteriores:

“El Estado no presenta sino los tristes efectos de seis años de disturbios y de guerras
fratricidas: fortunas arruinadas, leyes sin vigor, partidos rencorosos y gastos
enormes. El desaparecimiento del anterior régimen ha frustrado una porción de
miras y malogrado diferentes ambiciones; el restablecimiento del presente ha creado
nuevos intereses y despertado aspiraciones diversas”. 471

Debido a que Cartagena y sus alrededores fueron el foco principal de los levantamientos
federalistas se le recomendó al presidente que suplementara los ingresos de dicho puerto
con fondos del tesoro nacional, a no ser que surgiera el descontento y se continuara con los
resentimientos del provincialismo”. Santander en 1833 escribió: “Solo Cartagena me
inquieta porque es gente descontentadiza, aspirando unos á ser soberanos, y otros a ser
como Haití, otros a favorecer a Montilla y algunos al mismo diablo”. No obstante, estas no
serían las únicas preocupaciones, considerando que el bolivarista José Sardá preparó una
revuelta con el objetivo de recobrar el control del territorio; fue rápidamente sofocada a
mediados de esa misma anualidad. Sardá fue hecho prisionero, pero escapó. Un año más
tarde hubo un nuevo levantamiento, murió y la conspiración terminó. Algunas de la
personas involucradas en la conjura fueron sentenciadas a muerte y otras al exilió. Las

469
Roa Barraza, William y Salgado Hernández, Bartolo. [Link]. pág. 75
470
Sourdis Nájera, Adelaida. Op. Cit. pág. 203
471
Escritos políticos y mensajes administrativos, 1820-1837. Editorial Presidencia. Bogotá. 1988, pág. 186
198

exiliadas se reunieron en Jamaica, isla que se convirtió en un centro de divulgaciones


antigranadinas.472

En este panorama, el 7 de julio de 1833, a la parroquia de Sabanalarga se le otorgó la


condición villa y capital del cuarto cantón de la provincia de Cartagena. La ley fue
propuesta por la cámara de la provincia y contó con el apoyo del senado quien en uso de
sus facultades decretó: “La parroquia de Sabanalarga queda desde luego erigida en Villa,
cabecera del cuarto Cantón; y en consecuencia previo los requisitos legales el Poder
Ejecutivo le librara el correspondiente título”. 473

Según en el mapa de la provincia de Cartagena, publicado en 2003 por el investigador


Alberto Mendoza Cándelo, podemos observar como esta circunscripción fue subdivida en 9
cantones, cada uno de estas áreas tenía una ciudad o villa que actuaba como centro
administrativo. Con lo que respecta a Sabanalarga, su condición de villa implicó que la
población ampliara los espacios territoriales de su región histórica y contara con la
institución del cabildo y, por supuesto, mayor autoridad para administrar recursos públicos
de las parroquias y agregaciones de su jurisdicción. Sin embargo, la subdivisión del cuarto
cantón no corresponde con los primeros años decimonónicos ya que las parroquias eran:
Piojó, Usiacurí, Ponedera, Candelaria, Manatí, Campo de la Cruz y Palmar de Candelaria.
(Véase mapa N° 4) Asimismo, la villa de Sabanalarga, tuvo la potestad de manejar los
ingresos del sistema fiscal que hasta ese momento mantenía, en sus aspectos esenciales, la
estructura establecida durante el virreinato, que fue conservado por los gobiernos
republicanos hasta 1850. El sistema se caracterizaba por una compleja red de impuestos
indirectos y monopolios fiscales como tabaco, sal, pólvora, naipes, entre otros. 474

Finalmente, el gobernador de la provincia manifestó en 1835 que en el espacio del cuarto


cantón se hallaban siete parroquias, que sus tierras eran utilizadas para la cría de animales y

472
Gilmore Robert, Louis. El federalismo en Colombia, 1810-1858. (2 Tomos). Editorial Disloque, Santafé
de Bogotá, 1995, Tomo I, págs. 113- 114
473
Efemérides y Anales del Estado de Bolívar. (4 Tomos). Edición Oficial, Bogotá, Casa editorial J.J. Pérez,
1889, Tomo I, pág. 177-179
474
Jaramillo Uribe, Jaime. “La economía del virreinato, 1740-1810”, en José Antonio Ocampo (Editor):
Historia económica de Colombia. Siglo XXI editores, Bogotá, 1987. pág. 77
199

otras labores, pero su producción era de difícil exportación debido a que se encontraba lejos
de Sabanilla (puerto). Sus caminos y veredas se encontraban en mal estado, era casi
imposible ponerlos en orden porque la ley prohibió obligar a los vecinos a trabajar a una
distancia mayor de dos lenguas de su vecindario. La cárcel de la villa de Sabanalarga estaba
en muy malas condiciones, al igual que las cárceles de las otras poblaciones. La mayor
parte de las iglesias requerían refaccionarse, y como estas sólo se pueden reconstruir por el
aporte voluntario, se hizo difícil reunir el dinero necesario. 475

475
Constitucional de Cartagena, N° 4, Cartagena, octubre 10 de 1835, pág. SN
200

FUENTE: Mapa de la provincia de Cartagena dividida por Cantones, 1833. Alberto Mendoza Cándelo.
Memoria histórica del departamento de Sucre, 1870 – 1950. Sincelejo: Centro de Investigación Institucional
Corporación Universitaria del Caribe, Vol. 2, 2003. Pág. 43. Mapa N° 4. El autor de la investigación
incorporó al Cantón de Vieja providencia para mayor exactitud.
201

ALGUNAS CONSIDERACIONES FINALES

En el marco temporal colonial se analizó la dinámica espacial, poblacional y social que


comprendió el sometimiento y colonización de América por la Corona española,
estableciendo que desde la llegada de los españoles los nativos sufrieron un descenso
demográfico casi que sistemático debido a varios factores: epidemias, suicidios, maltratos
físicos, trabajos excesivos y desplazamiento de su lugar de origen; en este sentido, se puede
hablar de despoblamiento. La Corona intentó la protección del indio a través de normas,
pero las medidas ejecutadas fueron contradictorias ya que aumentó los tributos, lo que
representó mayores maltratos. Asimismo, la institución eclesiástica legitimó dicho proceso
e impulsó la propagación del cristianismo con las órdenes religiosas, a pesar de que algunos
frailes denunciaban los vejámenes a que estaba sujeta la población indígena.

Esto conllevó a la alteración del espacio y a una dislocación de la forma como las
comunidades nativas estaban organizadas. En este entorno, los españoles crearon redes
urbanas (ciudades, parroquias, villas) que sirvieron como símbolos de poder político y
administrativo, apoyo a las huestes, penetración espacial, explotación indígena y, por
supuesto, poblamiento español. Es así que, durante el siglo XVI, se realizó el primer
proceso poblacional y territorial en el Caribe neogranadino por parte de España.

Debido a este proceso, el espacio fue organizado en provincias o gobernaciones, y estos, a


su vez, en partidos. En la provincia de Cartagena, y partido de Tierradentro, se realizaron
las llamadas visitas, las cuales permitieron conocer el número de pueblos, agregaciones,
encomiendas, tasaciones e indios tributarios. Estos informes de los siglos XVI a XVII
evidenciaron que en Sabanalarga no existieron encomiendas ya que para tal fin era
necesario contar con un grupo o comunidad indígena más o menos suficientes para sostener
al encomendero.

El arribo de la dinastía de los Borbones en el siglo XVIII ocasionó un nuevo proceso de


poblamiento, de reorganización territorial y administrativo en toda la América hispánica,
considerada como la segunda conquista, que está directamente relacionada con la
incorporación forzada de los sitios de libres en un solo espacio al sistema colonial, esto
202

quiere decir, Sabanalarga, como parroquia el 26 de enero de 1744. Esta campaña


urbanizadora fue realizada bajo supervisión del virrey Sebastián de Eslava y ejecutada por
el padre Joseph Valentín Rodríguez y empresas militares comandadas por Francisco Pérez
de Vargas, quien cumplió con las órdenes de reducir y concentrar a los pequeños grupos
familiares de mestizos, quienes desarrollaban actividades comerciales consideradas como
contrabando. Grupos humanos que no mostraban respeto por las categorías y jerarquías
raciales españolas, gentes que formaron uniones sexuales y familiares que exponían poco
acatamiento a las normas católicas, específicamente, la monogamia y la prohibición de
tener uniones de consanguinidad.

La reducción forzada de esta sociedad mestiza, que creció paralelamente al orden


pretendido por España, fue reconocida de manera oficial por la Corona ya que antes
existían gentes libres que además de dispersas tenían sus propias representaciones mentales,
costumbres y una cierta organización que buscaban mantener. A pesar de algunos
inconvenientes como la huida hacia los montes, la dispersión y la resistencia de los
distintos grupos humanos, en su mayoría, fueron reunidos o agrupados bajo los dogmas
eclesiásticos y la administración española, o mejor dicho, estos vecinos que vivían del
pancoger fueron obligados a producir algunos alimentos para la capital cartagenera e
incorporarse al vasallaje, a las cedulas reales y a las obligaciones religiosas y fiscal del
Imperio.

La escogencia del área donde se ubicó la parroquia no tuvo en cuenta las recomendación de
establecerla cerca de un río para facilitar el ingreso y salida de mercancías, sino se asentó
de manera estratégica en la mitad del partido de Tierradentro para poder ejecutar las
actividades civiles, fiscales y religiosas. Además, la población omitió el formalismo
cuadricular, se ajustó a las necesidades del espacio. Esta conquista poblacional, territorial y
burocrática tuvo como símbolos la iglesia, la cárcel y un grupo de funcionarios que
intentaron mantener el orden y sujetar a las gentes que aún se resistían a dejar su
autonomía.
203

Así también, la sujeción llevó que los espacios aledaños a la parroquia de Sabanalarga,
fueran considerados como tierras realengas, es decir, ahora los vasallos concentrados, para
la adquisición de tierras, quedaron sujetos al código de Indias de 1680. En esta dinámica se
creó un equipo de ilustrados que tuvieron entre sus objetivos el fortalecimiento militar
externo y la realización de empadronamientos que permitieran intervenir en asuntos fiscales
y conocer la densidad demográfica.

En este orden de ideas, Sabanalarga tenía 1.854 vecinos, empadronados bajo el gobierno
provincial de Juan Díaz Pimienta, en 1777. Algunos de ellos se incorporaron a las milicias
disciplinadas de manera voluntaria por el prestigio que podía representar, a pesar de ciertos
prejuicios de funcionarios de la Corona. Entre los milicianos sabanalargueros podemos
mencionar: Casimiro Cabarcas, Miguel Domínguez, Manuel de Roa, Antonio Sarmiento y
Juan de la Cruz Mercado. El programa militar no abarco todo el virreinato neogranadino,
sino puntos estratégicos debido a que fue una iniciativa regional. Sin embargo, esta
movilidad no fue suficiente para mantener un control social e institucional en la provincia
de Cartagena y parroquia de Sabanalarga, debido a que se tuvo que promulgar una serie de
medidas y prohibiciones que según las autoridades españolas tenían como fin acabar con
los pecados y desórdenes que se presentaba en las poblaciones de la gobernación.

En los albores del siglo XIX comenzó un proceso de reorganización espacial y de


ruralización en la región. Los aspectos que mayor incidieron fueron las guerras de
independencia, intereses políticos provinciales y la destrucción física de muchas
poblaciones. La provincia de Cartagena sufrió un intento de separación por parte de la villa
de Mompox que decidió desvincularse no solo de España sino declararse provincia
independiente. De igual manera, las poblaciones de las sabanas de Corozal y riberas del río
Sinú se separaron de la gobernación para articularse al movimiento realista del Caribe
neogranadino. Estos episodios no disuadieron a la elite cartagenera de promulgar dentro de
la constitución de 1812 una división territorial de la provincia en cinco departamentos que
tuvo como referente las ciudades de Cartagena y Simití, la villa de Tolú, San Benito Abab
y Mompox. Así como títulos de reconocimiento que enaltecieron a parroquias por sus
servicios militares durante el proceso de Independencia.
204

En esta dinámica los vecinos de Sabanalarga establecieron un cuartel militar que pretendió
resistir las fuerzas expedicionarias del general Pablo Morillo, la misma fue rápidamente
sofocada. Se confiscaron las cosechas y algunas haciendas de las cercanías de la parroquia
de Sabanalarga, se restableció la Inquisición y creó una corte militar en la ciudad de
cartagenera para juzgar a los patriotas que fueron hechos prisioneros. La recuperación de la
región y, específicamente, de la parroquia estuvo a cargo el general Mariano Montilla quien
llegó junto con un escuadrón de caballería y un grupo de voluntarios irlandeses.
Recuperada la provincia, se redactó una constitución de tipo nacional que comprendió el
territorio del antiguo Virreinato de la Nueva Granada y Capitanía General de Venezuela,
subdividido en departamentos. Cartagena se convirtió en la capital del departamento del
Magdalena, el cual quedó conformó por cuatro provincias. No obstante, este proyecto
político y territorial tuvo una considerable resistencia que la llevó finalmente a su
fragmentación.

En esta coyuntura se realizó una nueva constitución la cual no fue reconocida por los
bolivarianos Montilla y Rafael Urdaneta quienes pretendieron restablecer la Gran
Colombia, ocasionando la insurrección y resistencia de varias poblaciones de la provincia
de Cartagena, una de ellas, Sabanalarga. El movimiento en principio pudo ser reprimido,
pero luego del enfrentamiento en la hacienda Sans-Souci la situación cambió, debido a que
las fuerzas del general Ignacio Luque se unieron al movimiento y sitiaron a la ciudad de
Cartagena. Esta circunstancia precipitó la renuncia de Urdaneta al poder, se restableció el
orden constitucional bajo la carta magna de 1832, que eliminó la jurisdicción por
departamentos y mantuvo el sistema de provincias. Francisco de Paula Santander, fue
escogido como presidente de la Nueva Granada, quien meses después sancionó la ley que
erigió a la parroquia de Sabanalarga en villa del cuarto cantón de la provincia de Cartagena
pues los habitantes de esta población contribuyeron con el fin de la dictadura, y para
fomentar el patriotismo en una nación que estaba en construcción.
205

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ANEXOS

ACTAS DEL CABILDO DE CARTAGENA RELATIVAS A LAS MERCEDES DE TIERRA


CONCEDIDAS A DOÑA MARIA CARRILLO. (1590)
222

“En la ciudad de Cartagena a seis días del mes de junio de mil y quinientos y noventa años la Justicia y Regimiento de
esta ciudad se juntaron a Cavildo como lo an de costumbre en esta manera; D., Pedro Lodeña, Govenador y Capitan
General en esta Governacion: Capitan Fernan Peres de Medina, Alcalde Ordinario; Alonso de Navia, Alcalde; Contador
Alonso de Tapia, Oficial de la Real Hazienda; Pedro Coronado Maldonado, Regidor. Y ansí juntos se acordó y probeyó lo
siguiente.

Decreto: En este estado entró el Capitan Domingo Felis, Regidor; el Capitan Pedro Mexía, Procurador General. En este
Cavildo se conzedió a doña María Carrillo dos caballerías de tierra entre Malambo y el pueblo de Baranoa, sin perjuicio
de tercero y de naturales; y se le dé título en forma y con esto se acabó el Cavildo y los dichos Señores lo firmaron.D.
Pedro de Lodeña, Alonso de Navia, Fernan Perez de Medina, Alonso de Tapia, Domingo Felix, Pedro Coronado
Maldonado, Pedro Mexía, don Luis de Guzrnan, Francisco Vaena”(Escribano).

INFORME DEL PADRE JOSEPH VALENTIN RODRIGUEZ PARA EL VIRREY


SEBASTIAN ESLAVA.
“Exmo. Señor:

“El vicario del Partido de Tierra adentro ynforma a V. Exa. Que componiéndose como se compone la feligresía de
Sabanalarga ( de que es Cura propio) de más de trescientos vesinos, por estar estos repartidos en treinta y ocho sitios,
distantes unos de otros una, dos, tres, quatro, sinco hasta nuebe leguas, y la yglesia en el peor, pues no tiene mas que
quatro, a distancia de dos o tres quadras, se halla esta con el notorio desamparo y ninguna frequencia de sus feligreses;
que se esperimenta maltratado su techo, y paredes, por lo incómodo y retirado de todos; y el Cura sin tener ( si se le
ofrece) quien le de promtpo ausilio; y la feligresía por lo dispersa, e ympractible que hacen sus caminos los arroyos y
otros malos pasos dispuesta a careser del pasto espiritual, morir sin sacramentos, no oyr misa los días de fiestas, baptisar
los niños grandes, y sepultar los cuerpos difuntos ya corruptos; hasiéndole imposible a el Cura saber el modo de vivir de
sus ovejas y enseñarles la doctrina christiana de que ay tanta ignoransia a causa de que los mas no los ve sino es quando la
obligación del cumplimiento del precepto anual los trae a la yglesia: dejando aparte lo difísil que se hace el haberlos de
hallar para administrar justisia, y cosas del serbisio del Rey, y el perjucio que de semejantes viviendas se ocasionan los
unos a los otros, con sus latrocinios, y el que vivan como alarbes, sin comunicación, ni consuelo; sirviendo de trabajo,
cuidado, y mortificasión al Cura la desunión y discontinuidad de semejantes ovejas, con la pesadumbre de no poder
remediarlo; por lo que le ha paresido a el Cura haser patente a V. Exa. Como a quien puede haserlo, que congregados
dichos sitios en una o dos poblaciones, sesaran por consiguiente los referidos ( y otros muchos) inconvenientes que trae
consigo el uso de tales viviendas: y que no siendo la en que está fundada esta Yglesia capaz de ello, ni aun de poblarse
veinte vesinos, así por la falta de agua, montes para labor, y pastos para las crías de los ganados ( que nada de esto tiene)
como por estar en lo más interior del distrito, ha conferido con algunos feligreses la mudada de ella al que llaman la
Ponedera, que aunque por la mayor parte ha reconosido el desseo que los menos advertidos tienen de que en tal caso sea
en aquellos en que a cada uno tiene más quenta asia sus fines particulares, las rasones que ay para que éste entre los demás
sea el más a propósito, por estar a las beras del Río de la Magdalena en que se hallan fundadas las otras tres yglesias que
ay de curatos libres en este Partido, y el del Real de la Cruz, y ser aquel terreno saludable, y aunque a beras del Río, libre
de sus inudasiones, por estar en alto, y sobre la tierra llana, y suelo firme en que se puede estender una gran fundación,
con pastos, y montes de labor en este lado,y el otro del mismo Río; al tragín, y probición de las canoas que suben y bajan
de los demás vesindarios del Partido, Villa de Mompox, y otras partes, con cuya ocasión están próximos a lograr la venta
de sus frutos, y condusir a esa Plaza los abastos de ellos; pues aunque los puedan tener, y tengan, y de ellos caresca la
Ciudad, no se pueden trasportar de ninguno de los otros Sitios a ella por los exorbitantes costos que ocasiona el haberlo de
haser por tierra: tendrán también la fasilidad de palma, y maderas para las fábricas de sus casas, de que en otro qualquiera
caresen, por ser necesario que a lo menos la palma la lleben de allí a los demás: asimismo, que esta fundasión serbirá de
freno a las ostilidades de los yndios brabos, como se esperimenta acontese en lo correspondiente a la feligresía del Real de
la Cruz, Santo Thomás y Barranquilla en donde la frequensia que sus moradores tienen en aquellas fronteras so hasen los
daños que en el Pantano del dicho Sitio de Ponedera por falta de pobladores que los atemorisen: Cuyas congruensias
parese pudieran haber dado motivo en lo anterior por haberse tratado como se trató de que la yglesia de este Curato se
223

hubiese fundado allí; lo que no surtió efecto aún con las maderas ya cortadas, a causa de que el Cura en cuyo tiempo se
edificó tenía inmediata al Sitio en que oy se halla, su estancia y vivienda propia, y por esta razón hiso se pusiese en él, y
en tiempo en que fue Virrey de este Reyno el Excelentísimo Señor Don Jorge de Villalonga ( según se me ha informado)
haviendo intentado redusir a Villa este Curato, fue el sitio que se destinó para fundasión de ella el referido de la Ponedera:
En cuya atensión, y la de haberle asegurado muchos de sus feligreses al dicho Vicario que como la yglesia se mude a él,
desde luego se fundarán, y mudarán allí sus viviendas; suplica a V. Exa. Que asegurado de la realidad e yngeniudad de
este ynforme, y de lo que sobre él podrán de sir el Capitán Aguerra de este Partido Doctor Andrés de Madariaga, el
Capitán Doctor Miguel Camacho y otros desapasionados; y en consideración de lo que resulta consecuente a la salud
espiritual y combeniensias temporales de los feligreses el que en el nombrado Sitio de la Ponedera, y no en otro se
establesca su yglesia, expida su orden V. Exa. Para que se les intime el tráncito de ella, y que se haga para Noviembre de
este año: que mandándolo V. Exa. Así e ympetrada lisensia del Venerable Dean y Cavildo, pondrá luego al el Vicario con
los vesinos del referido sitio y sus contornos por obra la fábrica de una yglesia que ynterín sirba de ayuda de parrochia, y
asistirá en ella dejando un theniente administrando a la feligresía en ésta, y dispondrá la fundasión y pasos en el orden que
se requiere, y pasados a ella todos los feligreses el que no debiere en la que se le considere de ella más inmediato. Todo lo
qual puede executarse sin que les sirba de ningún perjuisio ni quebranto a sus casas, ni hasiendas, pues aquellas no son
ninguna importansia, y así sería sin perdida el dejarlas; y estas siendo las crías de sus animales y rozas que los otros todos
los años lleban presisamente a los abrebaderos del Río y adrrededores del referido Sitio, y que es el tiempo oportuno por
ser quando ya tienen cojidas sus cosechas, y comiensan a labrar, no les serviría de atraso, y con fasilidad se verá
conseguido el fin a que en esto el Cura aspira, y sobre que a Vuestra Excelencia ynforma, y con rendimiento suplica.
Sabanalarga Agosto 9 de 1742. Bachiller Joseph Valentín Rodríguez.

INFORME DE FRANCISCO NAVARRO DE AZEVEDO AL VIRREY ESLAVA SOBRE LA


ESCOGENCIA DEL SITIO PARA LA FUNDACION DEFINITIVA DE SABANALARGA.
“Excmo. Señor

“Señor, enterado de que Vuestra Excelencia me previene por las que he recevido con fecha 21 y 23 de los meses de
febrero y marzo y en cumplimiento de lo que V. Exa. Me ordena últimamente en la de 29 del pasado, digo Señor que sin
mas experiencia que la razón y sin otro ynteres que el del Cargo de mi obligación pudiera asegurar a V. Exa. la deferencia
que ay entre el Sitio de la Ponedera y el de la Savana Larga para una formal y perpetua fundación, a veras del Río Grande
de la Magdalena en paraxe, que por la especialidad de estar en sus riveras y no comprehenderlo sus abenidas, es enviado
de las demás fundacionese de ellas, y el de Savana Larga por lo mas ymmediato seis leguas apartado de estas en lo
Interior de las tierras con notoria escases de Aguas y otras esterilidades, parese que vastava para que se conosiesen las
comodidades y augmentos que promete el uno y la poca subsistencia que por sus defectos se puede esperar del otro porque
(pues por exemplo, en los Montes y Aguadas) es cierto que mas utilidad darían allí los pocos, que suponen, que acá los
muchos que disen (caso que los ubiere que tampoco los ay) pues los pocos frutos comerciados, parece serían de mas
utilidad a el común, que los muchos privados. Las Aguas aun rindiendo mi experiencia, a su mayor inteligencia de ellos,
es innegable que ya las descubran puedan ser mas, ni mexores, que las del Río, ni tener en aquellas los logros que en el
traxin, peses, y abrevaderos de estas, pero su puerto; que los que han de avitar aseguran seles mas útil y de menos
quebranto el que la fundación se haga en Savana Larga, y no en la Ponedera, y que al fin porque [Link] lo precura, no se
opone, el que se efectue mas en una que en otra y que con mas fasilidad se ha de conseguir a donde les es mas aceptable
devo condesender en que se haga donde mexor eligen, seguro de que en ningún tiempo podrán atribuirme a su yerro, si es
que cometieren en su elección alguno, que a este efecto viendo que la propuesta y representación que han hecho a V. Exa
es contra lo propio que yo tengo experimentado, que es para dar esta respuesta (que con propio que va pagado despacho a
[Link]) afianzarla con el dictamen de aquellos que por mas retirados del Sitio de Savana Larga pudieran disentir contra el
de los otros por mas desapasionados: Y aviendo para ello combocado a algunos de los mas principales de estos (causa
porque la he retardado hasta aora) he allado que casi todos convienen con los demas. No obstante les he dado a entender
que a los de su voluntad quisiseran fundarse en la Ponedera no dejará V. Exa de condesenderlo, pues con este fin se
ynclina a que tengan dos yglesias.
224

Esto es Señor lo que puedo y devo desir a [Link] con la yngenuidad y realidad que acistumbro sin que en este asumpto me
aya mobido ynclinación alguna contra razón, ni conciencia para ninguna operación, como parese y se evidencia de las
Providencias assi judiciales como extrajudixiales que sobre el he practicado pues en todas se hallará la blandura y espera
con que he prosedido, dando lugar a que tubiesen examen las Representaciones, y no esperimentasen agravio los
executados y vuscando el consexo en las dudasque se me han ofrecido para no herrar.

“Nuestro Señor dilate la Vida de V. Exa. Por muchos años, como deseo y la Monarquía necesita. Usiacurí y Abril 9 de
1743.
“Excmo. Señor.
“A los pies de V. Exa., su mas umilde servidor y rendido subdito,
“Francisco Navarro de Azevedo”

CARTA DEL PADRE JOSEPH VALENTIN RODRIGUEZ PARA EL VIRREY ESLAVA.


“Excmo. Señor:

“Señor. Respecto a las noticias ciertas con que me hallo que por las súplicas y negociaciones de los vecinos de los Sitios
de Isabel López y el Hatillo (de mi feligresía) ha mandado el Venerable Dean y Cabildo de esa Iglesia Catedral al Cura de
Usiacurí informe sobre si estos proceden de aquel Pueblo, y lo más se han bautizado en aquella iglesia con el ánimo de
representarle a Vuestra Excelencia el que así por esto, como por estar de inmediato, han determinado se agreguen a ella;
sin más fundamento que he experimentado en algunos sujetos, a causa de la pretensión que hice a Vuestra Excelencia
sobre arregalr mi Curato; y siendo esto en perjuicio de la colación que en nombre de Su Majestad y Dios Nuestro Señor se
me dio del Curato, pues la longura que se me señalo está… (ilegible)… en los feligreses: Estoy cierto no permitirá
Vuestra Excelencia se me desconozca, ya para aumentar el de los Indios a quienes Su Majestad señalada renta fija, y que
pago de sus Reales Cajas, y auncuando no se habían mandado agregar o congregar aquellos sitios en uno como Vuestra
Excelencia ha mandado, sin embargo de estar los nombrados de inmediato del dicho Pueblo no hubieran (tenido) por justo
los Excelentísimos Obispos, ni los Visitadores que los administrase el Cura leal.

“El Capitán Aguerra de este Partido me ha advertido que fuera conveniente la comisión para la fundación de este Curato,
en el Alcalde Pedáneo Don Francisco Perez de Vargas por ser el más a propósito, y que como quiera que este no es
dependiente de su jurisdicción, no se la somete: lo que pongo en noticia de Vuestra Excelencia mande lo que le pareciere
más conveniente.

“Nuestro Señor guarde la persona de [Link]. muchos años en la más perfecta salud que se desee, Ponedera Mayo 9 de
1743.
“Excmo. Señor.
“Besa las manos de [Link]. su más humilde siervo.
“Bachiller Joseph Valentín Rodríguez”.

PRIMER INFORME DE FRANCISCO PEREZ DE VARGAS PARA EL VIRREY ESLAVA


SOBRE EL ESTADO DE LA FUNDACION DE SABANALARGA.
“Excmo. Señor.

“Señor.

“Doy noticia a V. Exa. Del estado en que se halla la fundación de Sabanalarga, que hay en ella ciento quarenta casas
acabadas unas y otras no, pero están en el trabajo de ellas, y en la Ponedera hay treinta casa armándose, y aunque por el
mes de octubre próximo pasado habían de estar dichas fundaciones finalizadas no lo están por los quebrantos que muchos
feligreses tienen con sus labranzas y enfermedades que han padecido muchos. Y la palma estar tan dilatada, y malos los
caminos para conducirla. Por lo que considerando estas justas razones y teniendo como tengo presente a la vista estos
225

motivos, les he dado de término en nombre de V. Exa., dos meses más para que se perfeccionen dichas fundaciones en el
todo porque en estos que están trabajando no hay desobediencia lo que participo a [Link]. como debo.

“En el Sitio nombrado Pinto de esta Parroquia mandé quemar unas casas por no haber cumplido con lo mandado, de unas
mujeres que vivían en ellas arrochelando maldades, a las que se les notificó que en el término de tres días desocupasen
esta jurisdicción: Y al sitio de Arroya de Piedra, Luruaco y los Zorros mandé un oficial a que ejecute lo mismo con los
comprendidos. Lo que se ha ejecutado. Y algunos de estos feligreses se han ido huyendo al Partido de Real de la Cruz y
de la Balza de lo que por ser jurisdicciones de otros comandos doy esta noticia a [Link]. determine si fuese servido,
someterse su decreto para que pase a aprendeher sus personas donde quiera que los hallen. Y amarrados se traigan a vista
de los vecinos de esta fundación para que con este ejemplar, los demás no intenten lo mismo. Y no hagan burla de las
superiores órdenes, mandándome [Link]. así aprehendidos que sean, se remitan a la fábrica o se les obligue con multas a la
presencia en esta jurisdicción como están los demás ejecutando lo mandado, y en todo me dirá [Link]. lo que desee
ejecutar.

“En el sitio de Luruaco vive un sujeto nombrado José Francisco Molina; éste tiene arrendadas aquellas tierras y no quiere
que vayan a cortar palma a ellas (a) menos que no le den un real por cada haz. Y este también ha sido el motivo de no
estar ya acabada del todo esta fundación, porque es la única palma que hay en esta tierra y hay muchos pobres que no
tienen un real para comprarla; no ha sido nunca costumbre comprarla en otro paraje, sino todos la han cortado sin
embarazo y ahora parece que con… (ilegible)… lo intenta embarazar este sujeto, lo que no excuso poner en noticia a
[Link]. ; si fuere servido y le pareciere a [Link]. conveniente someterme su comisión sobre que el dicho Molina no
embarace el corte de palma para estar tan precisa fundación, porque de no mandar [Link]. orden este asunto, persistirá el
dicho en embararzarlo, lo que es en perjuicio de esta fundación por no haber otro paraje donde pueda cortarse. Yo me
hallo en esta ejecución procurando dar exacto cumplimiento al mandado por [Link]. aún estando como estoy enfermo, por
cuyo motivo no he sido más breve en dar [Link]. esta precisa carta y que sobre ello me ordene [Link]. lo que fuere servido
y más hallare conveniente.

“Quedo esperando órdenes de [Link], para obedecerlas como debo.


“Nuestro Señor guarde a [Link]. muchos años como hemos menester Sitio de Sabanalarga y Noviembre 28 de 1743.
“Excmo. Señor.
“Besa las manos de [Link]. su más obediente súbdito
“Francisco Peres de Vargas”

INFORME DE FRANCISCO PEREZ DE VARGAS AL VIRREY ESLAVA SOBRE LA


FUNDACION DEFINITIVA DE SABANALARGA.
“Excmo. Señor

“Señor

“En cumplimiento de las órdenes de [Link]. sobre la total fundación de esta Parroquia de Sabanalarga me hallo hoy en día
de la fecha en esta dicha Paraje donde tenido el gusto de que se ha dado logrado el celo con que hepracticado estas
diligencias, pues se halla del todo fundada dicha Parroquia con todos sus feligreses que constan de ciento y ochenta y seis
padres de familia viviendo ya en este dicho sitio a excepción de algunos que se hallan fugitivos en el Partido del Real de
la Cruz y de la Balza a donde paso personalmente a traerlos a su Parroquia como [Link] me ha ordenado y con sus
familias precisarlos a que obedezcan el orden superior y estaré a la mira para si contraviniesen a esta obediencia,
remitirlos preos a esa ciudad y luego que venga el logro de aprehenderlos y traerlos daré noticia a [Link]. de lo que
acaeciere.

“También me precisa informar a [Link]. de que estando como está este sitio fundado del todo, me parece que será
necesario el que [Link]. nombre en él un Alcalde Pedáneo para lo que se pueda ofrecer. Y que éste sea vecino del dicho
sitio para que no haya vileza, porque aunque se tiene por noticia que un Don Ylario de la Oz pretende en esa ciudad este
beneficio, debo informar a [Link]. no convenir por ningún modo por lo mal inclinado que es, y tendrá alborotado este
226

vecindario, y no tendrá la justicia su debida administración, lo que pongo en noticia de [Link]. para que si fuere servido
llevarlo a bien me diga [Link]. lo que fuere servido disponer que yo, como que tengo conocidos estos vecinos le informaré
a [Link]. la persona que pueda serlo sin perjuicio ni quebranto, y estante y habitante en este dicho sitio.

“Tengo presente el orden que tengo de [Link]. sobre la aprehensión de los desertores y vagamundos que puedan ser
habidos en esta jurisdicción y aunque no dudo haya algunos, estos es necesario gran maña para su aprehensión porque con
la noticia de los que se han aprehendido en otras jurisdicciones no se ve español en esta tierra, pero no quedará por falta de
celo, diligencia y maña.

“Yo quedo siempre como síbdito esperando las órdenes de [Link]. para obedecerlas como debo.
“Dios guarde a [Link]. muchos años como hemos menester. Sabanalarga y enero 26 de 1744.
“Besa los pies de [Link]. su más rendido servidor y obediente súbdito,
“Francisco Peres de Vargas”

SEGUNDA CARTA DEL VIRREY SEBASTIAS ESLAVA PARA FRANCISCO PEREZ DE


VARGAS.
“Supuesta la idoneydad que en carta de 16 de febrero me informó Vuestra Merced concurría en qualquiera de las personas
propuestas para Alcaldes Pedáneos del Sitio y Parroquia de Sabanalarga, he nombrado en este día a Agustín Cavarcas,
encargándole juntamente la comisión de recoger los vecinos de su Feligresía y la formal Población y Fábrica de casas en
cumplimiento de las órdenes que he dirigido a Vuestra Merced, y para que con conocimiento de ellas execute las
diligencias que requieren, se las entregará, y instruirá en lo que convenga, quedándose con copia de todo.

“Mediante este nombramiento y el que hize para la Barranquilla, que el respectivo a Vuestra Merced deberá solamente
correr por lo que toca a la Parroquia de Santo Thomas y la Soledad, y demás sitios del Partido que se comprehendieren en
la Jurisdicción de otro Alcalde Pedáneo, a fin de que administre justicia, y persiga a los que habitaren en los montes
huyendo de las Poblaciones de sus Parroquias y si para el año próximo venidero quisiere Vuestra Merced relevarse, me
propondrá otros sugetos distribuydos en tres lugares para que se destine al que desde el día primero de enero ha de servir
de Alcalde Pedáneo, cuya orden participará Vuestra Merced a los demás para que observen la forma de esta proposición
que es la que se ha de seguir en adelante.

“Dios guarde, etc. Cartagena 25 de abril de 1744.


“Don Sebastián de Eslava
“A Don Francisco Peres de Vargas”

DOCUMENTOS DE FRANCISCO PEREZ DE VARGAS


En el sitio de San Esthanislao en la jurisdicción del partido de la Valza en veinte y nueve días del mes de Henero de mil
setecientos quarente y quatro años, yo Don Francisco Peres de Vargas, Alcalde Pedáneo y Jues Hordinario del Partido de
Tierra Adentro, en este Partido Jues de Comision para aprendeher los fugitivos parroquianos del citio de Sabanalarga, y
mandarme su Esselensia que por fuersalos lleve a su lexitima Parrochia por horden librada por su Esselensia en dos de
diciembre del año próximo pasado de quarenta y tres. Y en virtud de dicho horden salí del citio de Soledad de mi
jurisdicción para este de San Estonhanislao distante veinte dos leguas de la casa de mi morada y donde habiendo llegado
le hise saber lo mandado por su Esselensia al Ayudante de Milicias Gregorio de la Vega, por hallarme ausente el
Corregidor y Juez Hordinario en dicho Partido. Y dicho Ayudante habiendo oydo y endendido el superior horden dixo
estar ptomto a las dilixencias conducentes sobre este asumto ya dar todo el favor y ausilo necesario. En cuya virtud se
pone de por dilixencias de aprendeher los suxetos que por nomina tengo cierta ciencia asisten en dicho citio. Y par que
todo conste lo pongo por dilixencias y firmo junto con dicho Ayudante y testigos con quienes actúo por defecto de
Escribano,
227

Don Francisco Peres de Vargas


Gregorio de la Vega
Manuel Joseph de Pereira
Antonio de Torres

Yncontinnente, en dicho citio, habiendo dicho Ayudante registrado las casas este citio de San Esthanislao no an podido ser
habidos los suxetos que se solicitan por decir estar ausentes, y solo se an hallado sus mujeres de estos. Y entre ellas dos
mujeres viudas, a las que se les previene por mi sepan viaxe para el sitio de Savanalarga dondetienen su Parrochia; para
los que se les impone mandato en forma, quedando a mi cargo la solicitud de los vienes que algunas de estas puedan tener
para tratar embargo en ellos. Asi lo provey mandé y firmé. Y así mismo lo firmó dicho dicho Ayudante y testigos con
quienes actúo por defecto de Escribano,

Don Francisco Peres de Vargas


Gregorio de la Vega
Antonio de Torres
Manuel Joseph de Pereira

Dilixencia

En treinta días del mes de henero del año referido teniendo yo dicho Alcalde que en el citio de San Benito de esta
jurisdicción de la Balza se hallan algunos parroquianos de Savanalarga, protegiéndome en dicho ausilio que tengo pedido
al Ayudante de dicho Partido, Gregorio de la Vega, le recombine pasase a dicho citio y aprehendiese los comprehendidos
trayéndomelos a este de San Esthanislao para juntarlos con los que aquí se hallan existentes y conducirlos a su total
fundación; los que dicho Ayudante aceptó y pasó en prosecución a dicho sitio, con la gente que le pareció llevar en su
compañía. Ypara que conste lo pngo por dilixensia y firmo con dicho Ayudante y testigos con quienes actúo por defecto
de Escribano,

Don Francisco Peres de Vargas


Gregorio de la Vega
Manuel Joseph de Pereira
Antonio de Torres

Dilixencia

En dicho dia referido compadecío ante mi dicho Ayudante que viene del citio de San Benito y dice solo hallo dos mujeres,
nombrada la una Candelaria de Sosa y la otra Isabel y que éstas las puso en viaje para la Parroquia de Savanalarga y que
asi mismo hallo en dicho sitio un hombre llamado Jasinto, y llamándolo para hacer a lo que iba, este huyó luego sin dar
lugar a poderlo aprehender y que solicitando si tenía algunos bienes no le halló ninguno mas que una media roza la que
hiso cargo dicho Ayudante de su entrega al Sarxento de Milicia Francisco Conde previniéndole la tuviese a su disposición
y quitado hasta segunda horden mía; y que esto es lo que a executado, en virtud de lo antecedente referido. Todo lo que
pongo por dilixensia y firmo con dicho Ayudante y de testigos por defecto de Escribano,

Don Francisco Peres de Vargas


Gregorio de la Vega
Manuel Joseph de Pereira
Antonio de Torres

Dilixencia

En treinta y un días del mes de henero de dicho año yo dicho Alcalde y Juez Hordinario arrecombiene a dicho Ayudante
me juntase mas mujeres que se an hallado en este sitio de San Esthanislao parroquianas de Savanalarga para tomarse sus
nombres a cada una sí y ponerlo en dilixencia. Lo que este ejecutó y traxo a mi presencia nueve mujeres, entre estas
cuatro casadas y cinco viudas y solteras, y a las casadas pregunté por sus maridos, quienes an respondido estar ausentes. Y
estando todas juntas les requerí y amoneste que oy en este día sigan viaxe para la Parroquia de Savanalarga, sin dar lugar a
228

otra cosa; en presencia de dicho Ayudante de horrades y de testigos que se hallaron presentes con quienes actúo por
defecto de Escribano,

Don Francisco Peres de Vargas


Gregorio de la Vega
Manuel Joseph de Pereira
Antonio de Torres

Auto

En dicho día yo dicho Alcalde y Juez Hordinario tuve cierta noticia que dos mujeres de estas arriba expresadas tienen
algunos bienes en este citio a recomendación de un veino de él nombrado Diego de Avila, y se nombran las referidas
Juana de Raiz y la otra Seberina, casada con Domingo Pedrosa que halla huyendo, por lo que debe hacer juicio para ella.
Para lo que le previne a dicho Ayudante haga comparecer a mí presencia el referido Diego de Avila, para que efecto de
que ponga ante mí de manifiestos los bienes que de estas tuviere en su poder , sin separación del mas mínimo; y
declarados que sean, los entregue para travaxo y embargo de ellos, y que conste judicial para ponerlos en vía junto con sus
personas para el Savanalarga, para por este medio quitarles el uso de ellos y lograra al fin que se pretende por el superior
horden que tengo. Asi lo provey mandé y firmé con testigos
Con quienes actúo por defecto de Escribano,

Don Francisco Peres de Vargas


Manuel Joseph de Pereira
Antonio de Torres

Dilixencia

En este sitio de san esthanislao en dicho dia mes y año, yo dicho Alcalde y Juez Hordinario estando para pasar a hacer
embargo de los bienes que fuesem habidos pertenecientes a estas partes y teniendo noticia que las mujeres cothenidas en
esta dilijencias ,parrochianas de Savanalarga, estaban metidas en Iglesia de este citio y las favorecía el cura de dicho citio,
por via de refugio, y no teniendo delito alguno que les valga la inmunidad eclesiástica, le escribí a dicho Padre cura carta,
dexando un tanto su contenido en vista de la qualme responde de su letra otra en que acienta el favorecen dichas megeresy
se niega a entregarlas, por lo que paro en la prosecusion de esta causa y para que conste lo pongo por dilixensia y firmo
con testigos con quienes actúo por defecto de Escribano,

Don Francisco Peres de Vargas


Manuel Joseph de Pereira
Antonio de Torres

Copia de Carta

Señor Lizenciado Don Ignacio de Lechuga Esqueba,


Mui señor mío, he venido a este citio a cumplir con lo mandado por el Excelentísimo Señor Virrey y el qu en termino de
amistad le tengoa Vuestra Merced demostrando sobre este asumpto tengo requerido alos suxetos que se an hallado aquí
parroquianos de Savanalarga sigan viaxe para su Parrochia, y hallándose el tiempo corto se hace presiso salga oy en vía a
executar lo mandado. Tengo noticia cierta que se an metido en la Iglesia de este citio, lo que no me permita Vuestra
Merced les mande seguir su viaxe para su legitima Parrochia sin que aya mas dilación y juntamente lo que fuere servido
para obededecerle.

Dios guarde a Vuestra Merced muchos años, San Esthanislao y henero 30 de 1774.
Muy señor mío
Besa, las manos de Vuestra Merced su maior paisano y amigo,

Francisco Peres de Vargas


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CARTA MEDIANTE LA CUAL EL PADRE SEBASTIAN BALOCO LEYGRAVE PIDE LA


CONSTRUCCION DE LA IGLESIA E INFORMA QUE EL ALCALDE CABARCAS NO
CUMPLE LO ORDENADO POR EL VIRREY SEBASTIAN ESLAVA.
“Señor Don Sevastian Eslava
“Excmo. Señor:
“Señor. En fuerza del ministerio en que hallo de cura de esta Grey, y como tal ser mi presisa obligación el atender a ella,
no puedo menos en la ocazión presente que ocurrir al Christianismo y Caritativo celo de V. Exa., haciendo presente a
[Link]. La necesidad y carencia tan grande que tiene este Curato de Yglesia, por hallarse sin ella desde que sucedió la
desgracia del Yncendio que devoró la que tenia; para que [Link]., como tan Christiano se sirva dar sus superiores órdenes
a fin de la construcción. Pues aunque [Link]. las tiene dadas al Alcalde Pedáneo de este Partido Don Agustín Cabarcas.
Siendo este el principal motivo porque [Link]. lo eligió, y el de agregar la feligresía a esta Parroquia, a nada Señor ha
dado providencia alguna, especialmente en orden a lo que mas urge que es la fábrica de la Yglesia, no obstante ha estarle
mandado por [Link]. en el Título y sobre ello multado en caso de no executarlo y traer a esta Parroquia a los que se hallan
dispersos y nada Señor se ha hecho. Es los más todavía se están como se estaban en las rochelas, lo que me motiva a
Ynformar a [Link]. assi por ser de mi obligación, como porque [Link] no extrañe no lo hago.

“Aora Señor es el tiempo apropiato ( sic) para sacar las maderas para la Yglesia antes que entre el rigor del hinvierno, y
como se logrará el fin Señor es corriendo con ella Juan Guillén del Aguila, español que es apropósito por su celo y
eficacia, pero éste por sí solo no puede, sólo que [Link]. siendo de su agrado lo nombrase Alcalde Pedáneo de este Partido
por dos, o tres años ynterin se acaba la Yglesia. Pues sé Señor desempeñara entodo su obligación y se logrará el efecto
assi de la obra de esta Yglesia, como de la total destrucción de los sitios donde muchos se mantienen todavía, en gran
detrimento de sus almas; assi por carecer de la Missa los días de precepto, como de poderles el Cura administrar
prontamente el pasto espiritual.

“Todo lo que pongo en la alta comprehención de [Link]. para que [Link]. disponga lo que se hallare conveniente. Y quedo
rogando a mi Señor guarde la vida de [Link]. los dilatados siglos que desseo, San Antonio de Sabanalrga y Noviembre 29
de 1744.

“Excmo. Señor

“A los pies de V. Exa. Su mas rendido siervo y humilde capellán.

RVDr. Sevastian Jph Baloco Leygrave”


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