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Principios del Derecho Disciplinario en Panamá

Este documento presenta una introducción al régimen disciplinario y el debido proceso en el sector público de Panamá. Explica brevemente los conceptos de principio jurídico y procedimiento administrativo, y luego resume los principios rectores del derecho disciplinario panameño, incluyendo el debido proceso legal, la presunción de inocencia, la legalidad y la proporcionalidad. Finalmente, discute la razonabilidad en el contexto de la remoción de empleados públicos y la diferencia entre discrecionalidad y arbitrariedad.
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Principios del Derecho Disciplinario en Panamá

Este documento presenta una introducción al régimen disciplinario y el debido proceso en el sector público de Panamá. Explica brevemente los conceptos de principio jurídico y procedimiento administrativo, y luego resume los principios rectores del derecho disciplinario panameño, incluyendo el debido proceso legal, la presunción de inocencia, la legalidad y la proporcionalidad. Finalmente, discute la razonabilidad en el contexto de la remoción de empleados públicos y la diferencia entre discrecionalidad y arbitrariedad.
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MINISTERIO DE LA PRESIDENCIA

DIRECCIÓN GENERAL DE CARRERA ADMINISTRATIVA


DIRECCIÓN DE RELACIONES LABORALES Y BIENESTAR DEL SERVIDOR PÚBLICO

EL RÉGIMEN DISCIPLINARIO Y EL DEBIDO PROCESO

LECTURA COMPLEMENTARIA:
REGLAMENTO DISCIPLINARIO. CARRERA ADMINISTRATIVA

Idioma español
MINISTERIO DE LA PRESIDENCIA
DIRECCIÓN GENERAL DE CARRERA ADMINISTRATIVA
DIRECCIÓN DE RELACIONES LABORALES Y BIENESTAR DEL SEVIDOR PÚBLICO

AUTORIDADES
Licenciado. ALVARO ALEMAN
Ministro de la Presidencia.

Licenciado. DAVID MONTENEGRO.


Director General de Carrera Administrativa.

Licenciada. ELISA ÁLVAREZ


Dirección de Administración de Recursos Humanos.

Magíster. AMÍLCAR E. BRICEÑO A.


Dirección de Relaciones Laborales y Bienestar del Servidor Público.

SR. MAXIMO GOMEZ


Dirección de Capacitación y Desarrollo del Servidor Público.

2015
MINISTERIO DE LA PRESIDENCIA
DIRECCIÓN GENERAL DE CARRERA ADMINISTRATIVA
DIRECCIÓN DE RELACIONES LABORALES Y BIENESTAR DEL SEVIDOR PÚBLICO

PRINCIPIOS DE DERECHO DISCIPLINARIO EN PANAMÁ


Autor: Javier Ernesto Sheffer Tuñón

SUMARIO
I. Ideas básicas iniciales.
II. Concepto de principio jurídico.
III. Noción de procedimiento administrativo: 1. Finalidades del proceso Admininstrativo
IV. Principios del Derecho Disciplinario panameño: 1. Aclaración. 2. Principios rectores.
2.1. Debido proceso legal. 2.1.1. Debido proceso y tutela efectiva en el Derecho Discipli-
nario. 2.2. Presunción de inocencia. 2.3. Legalidad: Tipicidad de las causales y sanciones
correspondientes. 2.4. Proporcionalidad entre el hecho cometido y la sanción aplicada.
V. La Razonabilidad en función de la remoción de recurso humano en el sector público.
Discrecionalidad vs. Arbitrariedad, y ¿Qué de la Razonabilidad?

I. IDEAS BÁSICAS INICIALES

Expreso, primero que todo, mi mayor agradecimiento al Comité Organizador, por esta
gentil invitación, para compartir en Tierras Mexicanas en las que estoy por segunda vez en
este año, un conversatorio sobre aspectos medulares del Derecho Disciplinario, que sin
duda cada una de las intervenciones habrán de contemplar.

La materia que nos ocupa es de gran trascendencia para el Derecho Administrativo.

El título de la ponencia se centra en los principios de esta disciplina, por cuanto no es


casual que en la práctica de los despachos administrativos de la Administración Central, la
descentralizada por funciones y territorialmente, y en aquellos cuya función no es típica-
mente la administrativa, sino que la ejercen de manera residual, tal cual el Órgano Judicial
y el Legislativo, son de necesaria aplicación las normas del Derecho Disciplinario, por el
cometido básico de tender a la preservación de la buena marcha de la función o servicio
respectivo; la búsqueda de la verdad, de la disciplina del sujeto pasivo y, en último grado,
más que de encontrar responsables y culpables de una falta, seguir la secuencia del orden
que debe imperar en el desenvolvimiento de tales despachos oficiales, por los cometidos
de naturaleza institucional y de servicio público que tienen encomendados.

Por lo anterior, se puede afirmar que la “Potestad disciplinaria” de la Administración res-


pecto de los servidores que fungen en ella, está orientada en el interés público.

Doctrinalmente existen diversas opiniones acerca de las finalidades del Derecho Discipli-
nario, sobre todo si se trata de aspectos que conciernen al Derecho Administrativo ligados
al Derecho Penal, en lo que éste ultimo como Derecho Común, ha aportado a la configu-
ración dentro de los estamentos y cuerpos de la Administración, de una función públicaso-
metida al principio de legalidad en las relaciones de empleo con su personal adscrito.

Material de lectura 3
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Naturalmente, que estas ideas las esbozo dentro del marco o espectro jurídico del Dere-
cho panameño y sus principios vigentes; sin embargo, nada impide que tengan cierto hilo
conductor con el derecho vigente en otras latitudes.

II. CONCEPTO DE PRINCIPIO JURÍDICO

Es elemental que se precise este concepto por cuanto comúnmente se le liga a valores
como la paz, las buenas relaciones entre vecinos, el ornato, el aseo y otros, que son
inmanentes a nociones por lo regular mucho más profundas y constantes, que se configu-
ran por ello como principios del Derecho. Se ha dicho que por su etiología los principios
son más constantes que los valores.

Por principio jurídico entiendo la base, el origen, el fundamento, que inspira a la Ciencia
del Derecho, las ramas en que éste se divide o a las disciplinas que lo integran. Tienen
tal rango los aforismos de la buena fe, los pactos deben cumplirse, la equidad, irretroacti-
vidad de la Ley, salvo la favorable al reo y la de orden público e interés social, cuando en
ellas así se exprese; el bien particular ha de ceder ante el interés colectivo, bien común o
interés público, dura es la ley pero es la ley; aunque este último es morigerado cuando la
aplicación con rigor del derecho puede ocasionar gran perjuicio al interesado, entre mu-
chos otros.

En la hora actual de la globalización otras figuras vienen perfilándose como derechos


fundamentales, porque la conciencia colectiva de la humanidad así los percibe, y en mi
opinión, es posible traducirlos a principios. Es el caso de la obligación de preservar y
derecho a gozar de un ambiente sano (ecosistema), el derecho a la paz, a la cultura, al
desarrollo humano sostenible, el derecho a las fuentes tecnológicas y de la información,
consustancial a la “era del conocimiento”, en la que nos ha tocado vivir, y la buena gestión
que de este insumo se haga, porque cada instante su avance produce un momento revo-
lucionario, ya no desde la perspectiva de las luchas ideológicas, sino por el acercamiento
de millones de personas movidas por diversas razones, que de otra manera tal vez nunca
hubiesen tenido contacto, ocasionando, a su vez, nuevas relaciones de todo tipo.

Los principios del Derecho tienen un sitial y efectos importantes en todos los ámbitos de lo
jurídico, sobre todo al referirnos más ampliamente a los Principios Generales del Derecho
como fuentes[1], capaces de generar o emanar normas de carácter obligatorio. Cobran
especial relevancia, cuando según el Derecho Civil y la centenaria regla de integración
normativa, ante la ausencia de Ley exactamente aplicable al caso sometido a considera-
ción de la autoridad, sirven para suplir una laguna; aunque lo ideal es que el ordenamien-
to no presente “baches legales”, por su plenitud ideal.

De todos modos, los Principios a los que me refiero inspiran la labor legislativa, que por
orientarse en ellos, crea normas que beben de los mismos y contribuyen a su respeto y
materialización por los tribunales y el órgano administrativo por excelencia.

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El Derecho Disciplinario ha de discurrir por intermedio de un instrumento o herramienta


que lo efectivice. Este vehículo “instrumentalizador” es el “procedimiento administrativo”.
Acojo la tesis que describe a este último como una especie de Derecho Común de la
Administración Pública, caracterizada por la secuela incesante de procedimientos, que
deben ajustarse a la materia respectiva, fiscal, de derecho de autor, disciplinaria, ambien-
tal, etc.

III. NOCIÓN DE PROCEDIMIENTO ADMINISTRATIVO

El procedimiento administrativo constituye el “instrumento procesal por el cual el Estado


cumple su función administrativa…”[2]

También y de modo más preciso y desscriptivo, “es la serie, secuencia o sucesión de


actos que, dirigida a la satisfacción directa e inmediata del bien común o interés público,
constituye el elemento ordenador, regulador y sistematizador del desenvolvimiento de la
función administrativa del Estado”.[3]

Estamos de acuerdo con estas dos acepciones brindadas por Comadira, quien sigue la
jurisprudencia de su país, Argentina, en cuanto a la identificación o equivalencia entre
los términos “bien común” e “interés público”, subsumibles también en la conocida frase
“bienestar general” o “bien común” pregonado por la filosofía clásica. El procedimiento
administrativo, pues, tiende hacia el bienestar general.[4]

Este cotejo se asemeja, un poco, a la analítica e interesante reflexión que entre las expre-
siones utilidad pública e interés social, con referencia al derecho del Estado de expropiar
bienes a tenor de la Constitución de 1946, hizo el jurista panameño César Quintero, al
expresar que el “aludido concepto de interés social, sólo tiene trascendencia si se da al de
utilidad pública un sentido demasiado estrecho. De lo contrario, el concepto de ésta inclu-
ye aquél.[5]

Comparativamente y desde una óptica procesal, para Comadira procedimiento y procedi-


miento judicial no son sino cauces procesales externos de funciones diversas: el primero
dirigido a garantizar la satisfacción con inmediatez del interés público; el segundo, enca-
minado a lograr la resolución de conflictos entre partes con intereses contrapuestos.[6]
De acuerdo con Dromi, el procedimiento administrativo es “un instrumento de gobierno y
de control. Cumple una doble misión republicana: el ejercicio del poder por los carriles de
la seguridad y la legalidad y la defensa de los derechos por las vías procesales recursivas
y reclamativas, además de los modos ordinarios de participación procedimental en calidad
de parte interesada”. [7]

Según Hutchinson, “es la vía, el camino que debe seguir la Administración para llegar al
fin propuesto: dictar un acto administrativo, celebrar un contrato, etc. Por ello conviene
observar que debe haber una íntima relación entre el procedimiento y la materia objeto de

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él”. [8]
Este mismo expositor afirma que el procedimiento administrativo “consiste en una serie de
actos, formal y sustancialmente administrativos, mediante los cuales se ejerce la función
administrativa”. [9]

Ya lo hemos dicho antes, todas estas definiciones encierran un elemento común que
identifica propiamente la naturaleza del procedimiento administrativo: Es un instrumento
para el buen gobierno y fluido ejercicio de la función administrativa del Estado; la geren-
cia sobre la que se apoya tiene justificación en la búsqueda del bienestar general; tareas
que, entre otras también esenciales, están en la base de este ente político jurídico y de la
Administración Pública que aquél debe desempeñar.

1. Finalidades del procedimiento administrativo


Al enfocar el procedimiento administrativo como presupuesto necesario para la habilita-
ción de la instancia judicial, puede decirse que los objetivos del mismo son:
a. Producir una etapa conciliatoria anterior al juicio;
b. Dar a la Administración la posibilidad de revisar el acto y corregir algún error;
c. Promover el control de legitimidad y conveniencia de los actos de los órganos inferio-
res;
d. Facilitar la tarea tribunalicia, al llevar ante los jueces una situación
contenciosa ya planteada; y,
e. Permitir una mejor defensa del interés público.[10]

Hutchinson, concretamente, reseña dos finalidades del procedimiento administrativo con


las que estamos plenamente de acuerdo: a) Constituir una garantía de los derechos de
los particulares; y, b) asegurar la pronta y eficaz satisfacción del interés general, mediante
la adopción de medidas y decisiones necesarias, por los órganos de la Administración.
[11]

También con esta perspectiva finalística, Dromi conceptúa que la eficiencia de la Adminis-
tración, en su renovado rol de autoridad, implica la existencia de instrumentos de control,
para evitar desvíos en su actuación, y si éstos se producen pueda aquélla ser encausada
en forma oportuna. En este sentido, el procedimiento y el proceso administrativos cons-
tituyen la forma de articular el control, proveyendo a la protección de los derechos de
los administrados. Autocontrol en el ámbito del procedimiento, control jurisdiccional en el
proceso.[12]

Las claras ideas de Dromi coinciden con la posición de Sarmiento García, para quien en la
regulación del ejercicio de la autoridad o poder político, el derecho positivo debe sin duda
otorgar a quienes ejercen función administrativa la competencia requerida para que atien-
dan cumplidamente las exigencias circunstanciales del bien común; pero como el desbor-
de es posible, como el uso injusto del poder es factible, es menester también que ponga a
los depositarios de los derechos en situación de defenderlos con eficacia; y agrega que:
“De ahí la necesidad de una adecuada regulación del procedimiento y del proceso admi-
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nistrativos, que equilibre las atribuciones que requieren los sujetos que ejercen función
administrativa con la protección de los derechos de los administrados -y, en definitiva, de
la libertad- contra el abuso”. [13]

Para mí existe otra expresa y clara finalidad del procedimiento administrativo: Constituye
un “instrumento racionalizador del poder público”, porque establece los parámetros jurídi-
cos de la conducta de la Administración y sus personeros. Cosa que es una clara emana-
ción del principio de legalidad.

Con palabras de Santizo Pérez, a medida que la organización y evolución del Estado va
adquiriendo más complejidad, el Derecho Administrativo aparece como un imperativo
categórico que desplaza al derecho político. Y esta nueva orientación del Derecho, es la
que viene a encargarse de la estructuración y conservación de la sociedad políticamente
organizada. Surgiendo de esa manera un nuevo concepto y entendimiento de esa nove-
dosa rama del Derecho con los otros poderes estatales; lo que obliga, consecuentemen-
te, a que se instituya un ordenamiento procesal, cual es el procedimiento administrativo,
llamado a limitar las intromisiones funcionales de los poderes del Estado.[14]

IV. Principios del Derecho Disciplinario panameño


1. Aclaración
Aquí debemos partir señalando que no siempre ha existido la conciencia a nivel de los
estamentos públicos de contar con un régimen estatutario lo más específico o concreto
posible, para regular, mediante un procedimiento administrativo, la conducta que en la
función administrativa deben cumplir los servidores públicos adscritos a las distintas de-
pendencias oficiales.

En este proceso han incidido diversos factores en el desarrollo de la toma de conciencia,


y uno de esos que es de mucha importancia consiste en el principio de legalidad, respecto
de los cuales puede afirmarse circundan todos los demás.

Veremos, a continuación, algunos de los principios que pueden extraerse del Derecho
nacional; sin perjuicio que esta tarea deje de ser taxativa, en otras palabras, no aspira a
ser una lista cerrada.

Esta regulación se materializa a través de los denominados “Reglamentos Internos” de la


institución, los que, comúnmente, contienen apartados acerca del “Recurso humano”, que
prevé normas sobre acciones de personal, régimen de faltas y sanciones disciplinarias,
recursos legales y prestaciones laborales.

Sin embargo, por regla, estas normas consisten en “conatos de procedimientos adminis-
trativos”, porque la regulación es deficiente ya que presentan muchos vacíos, que obvia-
mente no tienen respuesta en la Ley orgánica de la respectiva institución, pues ésta sólo
prevé la ya clásica en nuestro Derecho Disciplinario, “facultad de libre nombramiento y
remoción”, como potestad en haber de la “autoridad nominadora” aplicable al recurso hu-
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mano que no está amparado por una Ley de carrera -como la de la carrera administrativa,
por citar un ejemplo-, que le conceda estabilidad laboral, o por Ley especial que le prodi-
gue igual prerrogativa.[15]

A esto se agrega un régimen recursivo muy restringido, caso del derecho disciplinario en
el Órgano Judicial, en que contra el recurso de reconsideración, una vez surtido su trámi-
te, no procede el recurso de apelación, teniendo que acudir el afectado a la vía de control
judicial de la Administración, es decir, a la Sala Tercera de la Corte Suprema de Justicia,
para revisar la validez del acto acusado.[16]

2. Principios rectores
2.1. Debido proceso legal
El Derecho Disciplinario, en específico la sustanciación del trámite que la acción discipli-
naria conlleva, debe regirse por el previo proceso legal, es decir, el sujeto a enmienda en
su conducta tiene derecho a:
-Ser oído, lo que implica poder ser asistido por un abogado o abogada de su elección;
-Ofrecer y producir prueba, que consiste en aportar todas las pruebas lícitas y pertinentes,
e intervenir en la práctica o evacuación de las que se hayan admitido u ordenado por la
autoridad encargada de decidir;
-A alegar o presentar, generalmente por escrito, el resumen de la posición jurídica en su
defensa antes de que se dicte la resolución de fondo;
-Que la resolución del procedimiento esté debidamente motivada, sobre todo porque se
trata de la afectación de derechos o intereses que conciernen al sujeto a disciplina;
-Poder hacer uso de los recursos legales que contiene el respectivo régimen disciplinario.
Todo esto -en suma- representa un conjunto de garantías procesales para que se efectivi-
ce el denominado derecho de defensa, de rango constitucional, como más adelante abor-
do.

Considero por el grado de cercanía y esa incesante influencia entre instituciones y figuras
jurídicas, que en este aspecto aplica lo que puede catalogarse como “tutela administrativa
efectiva”, como un parangón a la “tutela judicial efectiva”, prevista en varias constituciones
tal cual la española de 1978; pero que razones de respeto de las libertades, y sobre todo
control del poder, justifican.

El énfasis no puede dejar de hacerse acerca de lo que significa la vía administrativa como
mecanismo de autocontrol ejercido ante la propia Administración, por medio de la interpo-
sición de los recursos que permite la Ley, de tal suerte que ésta, si existen razones funda-
das, vuelva sobre sus pasos y proceda a revocar, modificar, aclarar o anular sus propios
actos, que imponen sanciones disciplinarias.

En esto debo reparar que en el procedimiento disciplinario y en el sancionador el correc-


cionado y el particular, no son colaboradores de la Administración, precisamente, porque
ocupan el rol de sujetos pasivos de la acción disciplinaria o sancionadora.
El particular en el ámbito de la actividad represiva, ya sea disciplinaria, contravencional o
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penal, no es un colaborador de la Administración. Al respecto, la Procuración del Tesoro


de la Nación argentina ha señalado:
“Esta es la única actividad de la Administración Pública donde la figura de colaborador
que presenta el administrado en el derecho administrativo moderno, pierde su dogmática
relevancia.”[17]

El propósito de orden dentro de los estamentos públicos no es incompatible con el de


respeto y la sustanciación de un proceso justo, de la naturaleza que fuere, ya que esta
aspiración es un derecho fundamental que se inspira entre otras fuentes del Sistema Inte-
ramericano de Protección de los Derechos Humanos, concretamente del artículo 8.1 de la
Convención Americana de Derechos Humanos o Pacto de San José, de 22 de noviembre
de 1969, de la que Panamá es parte.

El debido proceso se aplica a todo tipo de procesos;[18] no siempre esto ha sido así en
nuestro Derecho, ya que una tesis bastante limitada argüía que este derecho a gozar de
un debido trámite tenía mayor preponderancia en los asuntos criminales. Esta tesis ob-
soleta, por cierto, fue abandonada a finales de la década de los 70 del siglo pasado, por
una más amplia aupada por el Pleno de la Corte Suprema de Justicia en demandas de
amparo de los derechos humanos o fundamentales y también en ejercicio del control de
constitucionalidad concentrado de actos jurídicos en general, emanados de autoridades
públicas.

Con todo, el artículo 32 de la Constitución establece el derecho a gozar de un debido pro-


ceso, en los siguientes términos:
“Artículo 32. Nadie será juzgado, sino por autoridad competente y conforme a los trá-
mites legales, y no más de una vez por la misma causa penal, administrativa, policiva o
disciplinaria”. (Énfasis suplido).

La norma superior copiada ha servido de base para estimar que en todo proceso, admi-
nistrativos y judiciales, debe respetarse el debido proceso legal, como emanación de la
legalidad, para el caso de una Administración supeditada a la Ley y al Derecho.
El concepto jurídico “trámites legales” tiene una connotación que difiere del sentido co-
mún, y la Corte Suprema desde antaño se ha encargado de precisar que su significado
no corresponde al lenguaje liso y llano, sino al que jurídicamente es relevante según la
función que en el proceso y el Estado de Derecho debe cumplirse por razón de la tutela
judicial efectiva, categoría de la cual el debido proceso es elemento de gran trascendencia
para el respeto de los derechos humanos.

En efecto, trámites legales, es una frase “...comprensiva de vía procesal adecuada y de


formas esenciales que constituyan garantía suficiente de un proceso regular”.[19]
Para el Pleno de la Corte, “el requisito constitucional del debido proceso está compuesto
por varios elementos concurrentes: autoridad competente, por los trámites legales y por el
juzgamiento por una sola vez, en causas penales, policivas o disciplinarias. En este senti-
do el debido proceso consiste fundamentalmente en los trámites que hay que adelantar y
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que fija la ley para todas las causas que a nivel administrativo y judicial se propongan.”[20]
Resulta oportuno destacar que la Constitución nacional contempla la prohibición del doble
juzgamiento como integrante del derecho fundamental a gozar de un debido proceso.
El “non bis in ídem” no es un principio jurídico separado sino ligado a la garantía procesal
analizada; por eso no lo reseño en este pequeño esbozo como una categoría aparte del
debido proceso. Constituye una garantía de protección al justiciable, que se traspola al
ámbito administrativo disciplinario, por cuanto sería violatorio de los más elementales va-
lores de la legalidad, sancionar más de una vez por el mismo hecho -dentro de la misma
esfera de competencia o jurisdicción- a un sujeto pasivo.

La afirmación anterior se distingue de la posibilidad jurídica de que un mismo hecho sea


generador de distintos tipos de responsabilidad, fiscal, penal, patrimonial, ambiental, etc.,
cosa que puede darse y es permitido por el ordenamiento, ya que pudiera estarse ante
diferentes bienes jurídicos tutelados o intereses protegidos, sin que se infrinja el “non bis
in ídem”.

Bajo esta premisa es también de lugar que la responsabilidad que cabe exigir sea ventila-
da ante la instancia judicial o administrativa competente.

2.1.1.Debido proceso y tutela efectiva en el Derecho Disciplinario


Preciso hacer referencia a una tesis jurisprudencial compartida por el Pleno de la Corte
y la Sala Tercera, muy acentuada y difundida prácticamente durante toda la última déca-
da del Siglo XX, en el sentido que cuando el servidor público o agente estatal no posee
estabilidad, su remoción del puesto no está sujeta a restricciones, por lo que la autoridad
nominadora puede removerlo libremente. Esta condición de absoluta precariedad en el
destino público, fue magnificada a expensas de la Constitución en perjuicio de los servi-
dores ubicados en esa “categoría” o condición jurídica, porque tal interpr[21]etación no
coincide ni con el texto ni con el espíritu de la misma.

Esa doctrina legal sólo pudo tener cabida obviando La Ley Superior y de cara al proceso
de modernización del Estado, una de cuyas consignas fue la reducción de la planilla o
plantilla estatal, y por tanto incurriendo en infracción directa de la Constitución, específica-
mente, del artículo 300, cuyo texto transcribo para mejor ilustración:
“Artículo 300. Los servidores públicos serán de nacionalidad panameña sin discrimina-
ción de raza, sexo, religión o creencia y militancia política. Su nombramiento y remoción
no será potestad absoluta y discrecional de ninguna autoridad, salvo lo que al respecto
dispone esta Constitución.
…”. (Énfasis suplido).

La Convención Americana establece y obliga a los Estados signatarios a estructurar sus


organismos de justicia para que se respeten los derechos de los asociados, entre éstos,
los servidores públicos, que son capitales por el solo hecho de integrar el género humano,
por lo que es parte de dicha protección su “dignidad”. El artículo 25 de este instrumento
supranacional es determinante al respecto:
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“Artículo 25. Protección Judicial.


1. Toda persona tiene derecho a un recurso sencillo y rápido o a cualquier otro recurso
efectivo ante los jueces o tribunales competentes, que la ampare contra actos que violen
sus derechos fundamentales reconocidos por la Constitución, la ley o la presente Conven-
ción, aun cuando tal violación sea cometida por personas que actúen en ejercicio de sus
funciones oficiales.
2. Los Estados partes se comprometen:
a. a garantizar que la autoridad competente prevista por el sistema legal del Estado decidi-
rá sobre los derechos de toda persona que interponga tal recurso;
b. a desarrollar las posibilidades de recurso judicial, y
c. a garantizar el cumplimiento, por las autoridades competentes, de toda decisión en que
se haya estimado procedente el recurso.”

La interdicción de la arbitrariedad en el Estado de Derecho supone una relación de medio


a fin de carácter razonable, entre el derecho tutelable y el instrumento de afectación al mis-
mo, de otro modo estamos ante una acción no acorde con lo que implica la protección de
los derechos y garantías constitucionales, tal es el caso del debido proceso, y las oportuni-
dades a que el trámite sumarial seguido al sujeto a disciplina se desenvuelva respetando
aquéllos.

Guardando las debidas distancias, el fin de interés público contenido en preservar la co-
rrecta conducta en el engranaje o institución oficial, no está tan lejos de que ello se haga
siguiendo los pasos que conduzcan a ello, como el trato apropiado del correccionado como
humano que es.

A inicios de los años 90 y cada 5 años tras el cambio de gobernantes, la comentada ma-
nera de reducir la planilla estatal ha tenido incidencia directa en la flexibilización de los
principios del Derecho Disciplinario, ya que la jurisprudencia llegó a afirmar que no era
necesario llevar a cabo procedimiento disciplinario alguno para remover a este tipo de fun-
cionarios, pese a que en el fondo estuvieran presentes móviles de índole política, es decir,
que la competencia de la “autoridad nominadora” fuera ejercida para disponer de la plaza y
así nombrar allegados o copartidarios.[22]

A todo esto se agrega que en la mayoría de los Despachos con facultad de remover fun-
cionarios a su cargo, no existe una dependencia encargada de instruir “el sumario discipli-
nario”, sino que la acción es tomada por la autoridad nominadora, que emite la resolución
o decreto, y se ejecuta por el Departamento de Recursos Humanos; excepcionalmente se
consulta con antelación al Departamento de Asesoría Legal. Éste sólo funge como revisor
y elaborador de proyectos de decisión, revocando o confirmando los recursos interpuestos
por el interesado.

2.2. Presunción de inocencia


Es de suyo considerar que éste es un derecho que le asiste al sujeto pasivo de la acción

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disciplinaria.
La Constitución de la República lo contempla en el artículo 22, para el caso de delitos, al
prever que “Las personas acusadas de haber cometido un delito tienen derecho a que se
presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad…”; y aunque aparentemente
liga el derecho a gozar de asistencia de abogado desde el mismo momento de la “deten-
ción” o “aprehensión“ física, mencionando expresamente ese patrocinio abogadil “en las
diligencias policiales y judiciales”, la presunción de inocencia va más allá del ámbito de
juicios criminales tramitados ante autoridades judiciales, y de los juicios de policía, correc-
cionales o civiles, ventilados ante los jefes de Policía.

La interpretación garantista, sin duda, extiende el derecho de presunción de inocencia a


favor del sujeto a la acción disciplinaria. Presunción que admite prueba en contrario, por lo
que puede ser destruida dentro del procedimiento administrativo disciplinario, conforme a
las pruebas de cargo recabadas, lícitamente, por la Administración.

2.3. Legalidad: Tipicidad de las causales y sanciones correspondientes


Es común que los Reglamentos Internos prevean el tipo o conducta reprochable, prefe-
riblemente de manera diáfana, y la sanción que cabe por incurrir en la acción u omisión
regulada.

Éste es uno de los puntos de mayor coincidencia con el Derecho Penal, al extremo que
se haya llamado Derecho Administrativo Sancionador o Derecho Penal Disciplinario a la
materia que nos ocupa.

El nullum crimen sine praevia lege, es una garantía fundamental dentro del Estado de
Derecho.

La norma constitucional inspiradora es el artículo 31, a saber:


“Artículo 31. Sólo serán penados los hechos declarados punibles por Ley anterior a su
perpetración y exactamente aplicable al acto imputado”.

Es por esta razón legal que el Código Penal, tradicionalmente, ha dividido las infracciones
a la Ley penal en delitos y faltas; éstas las define y castiga el Código Administrativo[23].
No obstante, las faltas o conductas sujetas a corrección son puestas en función de los
particulares en general, más que de los agentes vinculados a la Administración por una
relación de empleo público o estatutaria, y su represión corresponde a las autoridades de
Policía.

Es imperioso cumplir con el principio de legalidad durante la creación de conductas jurídi-


camente relevantes en los estrados públicos, relativas al incumplimiento de sus deberes
legales por los servidores del Estado, ya que la potestad disciplinaria está supeditada a
la Ley y ambas a la Constitución. Lo mismo es exigible en el ámbito de la actuación de la
Policía.

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En el ámbito del principio de legalidad y la responsabilidad exigible a los agentes públicos,


la Carta Magna ha previsto en el artículo 18 que los servidores públicos son responsables
por violación de la Constitución y las leyes; y además, por omisión en el ejercicio de éstas
y extralimitación en el cargo.

Lo cierto es que en el contexto de la disciplina existe un amplio abanico de posibilidades


de tipificar, de cuando en cuando, conductas como sujetas a corrección en instrumentos
reglamentarios, cosa que tiene mucho que ver con la materia o funciones asignadas a la
entidad, para contrarrestar conductas de los operarios que produzcan efectos disvaliosos
respecto del orden, la ética o moral, e incluso la imagen y “buen nombre de la institución”.
Como ejemplo emblemático está el caso de los cuerpos policiales o de la Fuerza Pública,
que registran en los reglamentos de disciplina causales que podrían resultar risibles o
extrañas; pero que son justificables según la experiencia y sucesos a lo interno del esta-
mento que las adopta.

No siempre se logra cumplir a plenitud con este principio de tipicidad, a lo que se debe
aspirar es que la conducta reprimible se desprenda de la norma creada al efecto, con
cierto grado de definición, y que no se convierta, porque ello sería lesivo a la legalidad y
tipicidad, y en consecuencia abonaría al criterio discrecional de la autoridad, en violación
del derecho a un proceso justo.

En esto tengo presente las palabras de Sánchez Morón, muy atinadas, al comentar algu-
nos precedentes del Tribunal Constitucional español sobre el tema. Según este autor:
“…la jurisprudencia admite una mayor flexibilidad del principio de tipicidad en el marco de
las relaciones especiales de sujeción y, por tanto, en el régimen disciplinario de los funcio-
narios…En consecuencia, las normas de derecho disciplinario tipifican con frecuencia las
infracciones utilizando conceptos jurídicos indeterminados (“abandono del servicio”, “no-
torio incumplimiento de las funciones esenciales”, “abuso de autoridad”, “grave descon-
sideración”, etc.), o bien por remisiones a otras normas (“incumplimiento de las normas
sobre incompatibilidades”), o inclusive a deberes genéricos o deontológicos (“dignidad
de los funcionarios o de la Administración”) o, por último, mediante cláusulas de cierre
(“incumplimiento de los deberes y obligaciones del funcionario, siempre que no deban ser
calificados como falta muy grave o grave”). Esta situación ha provocado una justa crítica
doctrinal. Pero con independencia de la necesidad de mejorar técnicamente la tipificación
de las infracciones, no se deduce de dicha situación la inconstitucionalidad de las normas
del derecho disciplinario-salvo las que ocasionaran en una manifiesta imprevisibilidad de
las conductas sancionables…”[24] (Énfasis suplido).

2.4. Proporcionalidad entre el hecho cometido y la sanción aplicada


Este principio emana de la razonabilidad con la que reclama ser interpretado y aplicado el
Derecho[25].

Panamá cuenta desde el año 2000 con una Ley de Procedimiento Administrativo General,
que es la No. 38 de 31 de julio de dicho año; sin embargo, no fue previsto en ella el “pro-
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cedimiento administrativo sancionador”, que corresponde en casos en que los particulares


incurran en conductas desviadas de la Ley o normas reglamentarias, y de paso que sir-
viese para ser empleado, analógicamente, en los procedimientos seguidos a las personas
vinculadas a la Administración por una relación de empleo público. Esta posibilidad surge
del artículo 37 de la mencionada Ley de procedimiento común.[26]

Tal circunstancia de algún modo pudiera verse atenuada por una Ley anterior, la Ley 9
de 1994 sobre carrera administrativa; pero como su nombre lo indica, la misma trata del
personal sujeto a dicha carrera pública, por lo que la mayoría de sus “principales” disposi-
ciones que se refieren a asuntos disciplinarios están concebidas para regir respecto de los
funcionarios de carrera.

Aquí cabe destacar que, aun bajo la exigencia del previo proceso legal ya comentado, la
mencionada Ley contiene supuestos de destitución directa, basados en la comisión de
faltas estimadas como “gravísimas”.

En esto de la proporcionalidad entre el hecho cometido y la condigna sanción, el Código


Administrativo es expreso en su artículo 845, al establecer como deber de todo servidor
público dispensar un trato cortés y respetuoso a los particulares. Veamos:
“Artículo 845. Todo empleado público debe respeto y obediencia a sus superiores, y cor-
tesía y deferencia a los particulares. Los jefes de las oficinas públicas cumplirán por sí, y
harán que sus subalternos cumplan fielmente sus deberes”.

Este factor de buenas relaciones humanas fomentadas en el servicio público es impor-


tante porque ayuda a mostrar una mejor imagen del recurso humano que trabaja bajo
dependencia del Estado; sirve para mesurar el nivel cultural de tales operarios y favorece
un adecuado trato entre los agentes públicos y los particulares. El buen trato debe darse
en doble vía, es decir, recíprocamente entre los particulares que acuden a los despachos
oficiales movidos por los intereses que les conciernen y los operarios del sistema o servi-
dores públicos.

Se ha visto que no es suficiente que existan normas jurídicas que obliguen al funcionario
a ser cortés con quienes acuden a sus despachos, es importante tender a su cumplimien-
to a través de una campaña educativa sistemática y constante auspiciada por el propio
Estado.[27]

¿Ante un incumplimiento de este tipo digamos por parte del funcionario, qué sanción
disciplinaria cabe imponer? La disposición llama a que sea el Jefe de Despacho para que
vigile su observancia.

El interrogante cobra vida en función del principio que se analiza. Lo ideal es que la san-
ción disciplinaria corresponda en su adecuada medida a la acción u omisión cometida; no
obstante, la realidad plantea que en la sustanciación de un trámite disciplinario pueden
incidir factores extralegales que afectan ese equilibrio deseado, como son los de índole
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político, animadversión, filiación partidaria, creación de espacios en los puestos públicos,


etc.

V. La Razonabilidad en función de la remoción de recurso humano en el sector pú-


blico
Discrecionalidad vs. Arbitrariedad, y ¿Qué de la Razonabilidad?[28]

Atenta contra la razón que un acto de contenido individual carezca en la resolución que lo
externa de parte motiva o considerandos que expliquen, de conformidad con los hechos
y normas legales, la decisión que se adopta, por ejemplo, la aplicación de la destitución
del cargo, con todo y que se alegue que ello emana de una “potestad discrecional” de la
autoridad nominadora. La discrecionalidad no significa arbitrariedad.

En las decisiones o elementos discrecionales de los actos que dicta la Administración, la


obligatoriedad de la motivación obedece a dos razones fundamentales. La primera, como
señala Fernández, permite deslindar la discrecionalidad de la arbitrariedad, ya que al no
haber motivación el acto administrativo aparece, en el mundo jurídico, “como producto
de la sola y exclusiva voluntad del órgano que lo dicta, lo que resulta incompatible con el
Estado de Derecho”, que es el gobierno del derecho y no de los hombres. La segunda ra-
zón tiene que ver con la tutela judicial efectiva y, más precisamente, con la garantía de la
defensa, pues si el acto no se encuentra motivado, el particular se halla impedido de ejer-
cer las facultades que integran el llamado debido proceso adjetivo (derecho a ser oído, a
ofrecer y producir pruebas y a una decisión fundada.[29]

Esta opinión obedece a un claro criterio e imperativo de razonabilidad que en Panamá


fluye de la Norma de Normas, sí, de la Constitución, que pese a que deja sentados indu-
dables parámetros de acción en lo que concierne a la administración de recursos huma-
nos en las instituciones públicas, esos límites de razonabilidad, son soslayados, debido
-en parte- a una infundada tesis jurisprudencial, nacida en la década del 90 del siglo
pasado[30], que llegó a afirmar de modo “extremo”, que los servidores abarcados en el
concepto de libre nombramiento y remoción, no es necesario que su desvinculación del
engranaje público sea precedido de un proceso, ni que el acto de destitución sea motiva-
do.

Esta poco razonable tesis de la Sala Tercera de la Corte,[31] ya no tiene cabida a raíz de
la Ley 38 de 2000, cuyo artículo 155, numeral 1, obliga a la Administración a motivar los
actos afectantes de derechos subjetivos.

Se ha afirmado que del artículo 300 de la carta panameña emana el principio de estabili-
dad de los servidores públicos, opinión con la que concuerdo; aunque he de reparar que
esaestabilidad es relativa, y no debe confundirse con inamovilidad ni sedentarismo en el
ejercicio de las funciones asignadas al puesto.

Aparte de violar el elemento esencial de motivación que deben contener los actos ad-
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ministrativos individualizados, esta falta de razonabilidad colisiona al mismo tiempo con


otros derechos y garantías, v. gr., el derecho de defensa y estabilidad laboral, que es parte
de la tutela jurisdiccional efectiva, porque, además, la norma constitucional mencionada
agrega que:
“Los servidores públicos se regirán por el sistema de méritos; y la estabilidad en sus car-
gos estará condicionada a su competencia, lealtad y moralidad en el servicio”.

Dicha meritocracia generalmente es puesta de relieve al establecer los requisitos de


acceso a la función pública, escalafón, antigüedad, incentivos, aumentos de sueldos,
responsabilidad funcionarial, atribuciones del cargo, entre otros factores. De lo que resulta
que un personal que reúna las condiciones de mérito (idoneidad) y funja de acuerdo a la
competencia, lealtad y moralidad, tiene de algún modo establecido a su haber un fuero
o estabilidad que emana de la propia Constitución, interpretada en su sentido de justicia
natural, que está expresado, no por inferencia, en el artículo 300 analizado.

Sin embargo, las circunstancias históricas vividas en la década del 90, de reducción de
planilla estatal, crisis económica y clientelismo político consabido, vigente hasta nuestros
días, han persuadido u orillado a interpretaciones tribunalicias no acordes con el criterio
de razonabilidad en esta materia, y sobre todo no compatibles con el texto expreso de la
norma superior.[32]

Va siendo hora que se corrija esta tesis de la judicatura que en nada contribuye a la exce-
lencia en la prestación de los servicios públicos y en fin de cuentas a la salud de la Patria,
a través de una planta diestra de recurso humano profesionalizado, si cada 5 años, a raíz
de la renovación de las autoridades de elección popular y cargos de selección, también es
cambiado, aplicando criterios políticos e inmisericordes, personal que puede contribuir al
desarrollo institucional del país, a través de una buena Administración Pública. Es decir,
tales criterios no ortodoxos, traslucen medidas arbitrarias y entronizan una clara desvia-
ción de poder[33].

Por ello coincido con el autor Ismael Mata, refiriendo a Coviello, que en el Derecho Ad-
ministrativo, “el principio de razonabilidad constituye el paradigma para el control de la
discrecionalidad, ya que ‘la circunstancia de que la Administración obrase en ejercicio de
facultades discrecionales, en manera alguna puede aquí constituir un justificativo de su
conducta arbitraria; puesto que es precisamente la razonabilidad con que se ejercen tales
facultades, el principio que otorga validez a los actos de los órganos del Estado y que per-
mite a los jueces, ante planteos concretos de parte interesada, verificar el cumplimiento
de dicha exigencia’”.[34]

La discrecionalidad implica la facultad del agente de escoger entre dos o más alternativas
lícitas, la que resulte conveniente y oportuna a los intereses públicos, no a los propósitos
a favor de terceros, político-partidistas o personales (egoístas, de venganza o lucro) de
dicho agente oficial. Si bien la razonabilidad abarca la proporcionalidad, ni en aquélla ni

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ésta tiene cabida la arbitrariedad[35].

Lo ha dicho la Sala Tercera, siguiendo a Tomás Ramón Fernández: la arbitrariedad es


fruto de la voluntad o el puro capricho de los administradores y la discrecionalidad, por el
contrario, “cuenta con el respaldo… de una fundamentación que la sostiene”.[36] Apoyatu-
ra que en mi concepto debe ser racional y razonable.
Como señala el maestro Brewer-Carías: “…en el caso de actos discrecionales, siempre
debe haber una adecuación a los fines de la norma y el acto debe ser proporcional a los
hechos o causa que lo originen conformándose, así, los principios de racionalidad, razo-
nabilidad, justicia, equidad, igualdad, proporcionalidad y finalidad, como límites a la discre-
cionalidad”[37].

Debo puntualizar que en este escrito no he abordado lo que para otros autores constitu-
yen principios, como la prohibición de la analogía in peius del sujeto a disciplina, irretroac-
tividad de la norma no favorable y retroactividad de la norma más favorable, de culpa-
bilidad y de personas responsables, así como el de extinción de la responsabilidad y la
prescripción, porque ellos no se plasman de modo expreso en el ordenamiento; sin em-
bargo, es posible que sean analizados por la jurisprudencia, y delimitados prácticamente
por la doctrina nacional.

Esto tiene su interés porque en el derecho positivo algunos de dichos rubros han sido
reconocidos en meros reglamentos internos, tal es el caso de la extinción de la responsa-
bilidad disciplinaria por prescripción de la acción; aunque sería mejor, que éste y otros as-
pectos, sean tratados por un Código de Derecho Disciplinario, o por un régimen legal que
brinde mayor seguridad jurídica y no quede sujeto a los posibles cambios por la autoridad
que dicta el referido reglamento. Además, considero que son aspectos de reserva legal
referentes a garantías y derechos de los procesados.

Panamá, agosto de 2010.


Fuente: www.colegiodederechodisciplinario.com/jest.html

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LOS SERVIDORES PÚBLICOS DE CARRERA ADMINISTRATIVA


Autor: Lcdo. Carlos López

Los Servidores Públicos son las personas nombradas temporales o permanentemente


en cargos del Órgano Ejecutivo, Legislativo y Judicial, de los Municipios, entidades autó-
nomas o semiautónomas y en general, la que percibe remuneración del Estado.

En la actualidad, la Carrera Administrativa es el resultante de un enfoque sistémico que


se utiliza en las esferas gubernamentales, y tienen dos características básicas: el Mérito y
la Estabilidad.

El sistema tiende a mejorar el desempeño de los servidores públicos en vista de los prin-
cipios básicos de administración de personal manifestada en la Constitución Nacional, en
cuanto se interpreta que el Servidor Público, en su condición de persona nombrada tem-
poral o permanentemente en cargos se regirán por el sistema de mérito y la estabilidad en
sus cargos estará condicionada a su competencia, lealtad y moralidad en el servicio. Así
lo señala, el segundo párrafo del artículo 300 de la Constitución Nacional.

Los requisitos para un sistema de mérito y de carrera es necesaria la instrumentación ju-


rídica congruente con las necesidades de los recursos humanos suficientemente capaces
para que asuman responsabilidades. Como también, debe prevalecer la productividad de
conocimiento, ya que esto equivale a su potencial humano en el desempeño.

Para comenzar el sistema de carrera administrativa es de mérito y estabilidad, conforme


a los resultados de un conjunto de adquisiciones de razones naturales de entendimiento y
sabiduría como profesional en donde se obtiene la respuesta mediante el índice académi-
co universitario.

La existencia de la Facultad de Administración Pública, data en la Universidad de Panamá


desde el año 1941, a la fecha de hoy, han transcurrido 68 años creando los profesionales
titulados como Administradores Públicos.

No obstante, en el año 1955 con el Presidente de la República, Ricardo ( Dicky ) A. Arias


Espinosa toma la primera intención de disposiciones legales como Ley para los Emplea-
dos públicos. Hoy día, con la Ley 9 de 1994 y su correspondiente reglamento, igualmente
la Ley 24 de 2007 que modifica la Ley 9 – 94 y varios artículos del reglamento, todavía no
se separa el clientelismo de la técnica administrativa pública.

Los términos utilizados en las Leyes 9 – 94 y 24 - 2007 y sus reglamentaciones deben ser
entendidos a la luz del artículo No. 2 en donde se definen los conceptos. En especial lo
que es competencia en la cual el servidor público debe tener una continua demostración
de poseer la aptitud requerida como regla del correcto entendimiento humano para ejer-
cer el cargo contenido en el Manual Descriptivo de Cargo que actualmente, se denomina

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Manual de Ocupación Institucional y que con anterioridad era Manual de Clasificación de


Puesto ( sistema SICLAR). Consecuentemente de otros elementos que valoran al Servi-
dor Público, tales como:
a) estudio de formación general;
b) méritos;
c) ejecutorias individuales;
d) desempeño laboral.

La normativa de la Constitución Nacional utiliza el termino – mérito como requisito. Es


decir, si no es idóneo o profesional de inmediato descalifica el participante. Además, se
emplea el concepto – la estabilidad. Pero es que la estabilidad, esta condicionada a su
Competencia, Lealtad y Moralidad en el servicio.

Porque la aplicación de la norma introduce al sistema de proposiciones de debe ser, en


tres momentos distintos:
1. La con creación de la norma que propicia los principios, objetivos y los conceptos jurídi-
cos indeterminados.
2. La creación de derechos en caso de laguna (espíritu de la Ley).
3. La interpretación precisa o textualmente, la que orienta la aplicación concreta del dere-
cho al respectivo fin de la norma.

En vista de que el criterio constitucional positivo se define el Derecho Administrativo como


la “rama del derecho que rige la acción gubernativa y administrativa del poder jurídico”
que debe ser de dominio de todo Administrador Público.

Para determinar su Competencia es necesario tener conocimiento, que se origina de en-


tendimiento, razón natural de sus estudios de formación general, para alcanzar su profe-
sionalismo e idoneidad. En pocas palabras, se está valorando la capacidad profesional y/o
técnica que implica fundamentalmente el potencial en rendimiento. La idoneidad a la ilumi-
nación del proceso debe ser entendida como aptitud técnica, legal, moral como acceso el
ejercicio de la función pública.

Igualmente, la Lealtad que significa el amor a la Patria, sus símbolos e instituciones, como
también el respeto a la Constitución Política de la República, y a las Leyes, que de ella
emanan, en donde deberá de existir el compromiso de servir a la sociedad, a los ciudada-
nos que contribuyen a pagar las remuneraciones de los servidores públicos.
La Moralidad es el producto de ser humano y la cultura, en la cual surge la personalidad
que se expresa en la conducta o comportamiento humano. De allí nos lleva a los prin-
cipios que rige la cultura mediante los valores que correlaciona el sistema de patrones
generalmente aceptados en una organización, una comunidad, una Nación.

El servidor público deberá de actuar con pleno conocimiento en el ejercicio de la función


pública inspirada en Transparencia, Respeto, Probidad, Justicia que son algunos de los

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principios generales del código de ética de los servidores públicos quienes trabajan en las
entidades del gobierno. Así, lo establece el Decreto Ejecutivo No. 246 de 16 de diciembre
de 2004 ( G. O. 25,199 ) – Por la cual se dicta el Código Uniforme de Ética de los Servido-
res Públicos que laboran en las entidades del Gobierno Central.

Estudio de Formación General es aquel donde la acciones de aprendizaje adquiere un


conjunto de conocimiento a través de los centros de enseñanzas.

Mérito. El sistema de mérito es la razón natural de su acción y efecto por medio de su


entendimiento e inteligencia, que le facilita un dispositivo técnico - legal para sus tareas.
Debe entenderse como el profesionalismo como requisito mínimo que debe tener una
persona para ocupar el cargo.

La realización se puede analizar a través de su ejecutoria individual, tales como: Po-


nencias o Conferencias, y las Autorías de Publicaciones ( periódicos, revistas, folletos,
monografías, ensayos libros y otros). Como marco de referencias esta la Resolución No.
065 – 04 de 19 de mayo de 2004 - “ Por medio de la cual se desarrollan los criterios de
evaluación para los concursos “ de la Procuraduría de la Administración ( G. O. 25,191 / 7
de diciembre de 2004 ).

Así mismo, en la Ley No. 38 de 31 de julio de 2000 ( G. O. 24,109 de 2 de agosto de


2000 ) en su artículo 26 se menciona los principios como fundamentos al sistema de
recurso humano. La Ley 38 – 2000 adopta como artículo único el Estatuto Orgánico de la
Procuraduría de la Administración y el Procedimiento Administrativo General y otras dis-
posiciones. Ya que la Institución le sirve de consejería jurídica a los servidores públicos
administrativos y otros, porque la nueva tendencia de administración de lo público tiene
que separarse del botín político. No se debe utilizar conceptos para crear conscientemen-
te espacios para meter expresiones como “ especial de ingreso “ por que esto abriga a los
incompetentes, y se aparta de lo indicado en el artículo 300 de la Constitución Nacional.

La complicidad se convierte más grave cuando se inserta en las disposiciones legales, el


concepto “ excepcional “ porque queda al descubierto la simpatía política partidista. Léase
el artículo 67 modificado de la Ley 9 - 94 contradice el artículo 19 de la Constitución Políti-
ca de la República de Panamá.

El desempeño laboral, son las asignaciones en tareas que se realiza dentro de su enti-
dad, que establece los Manuales Descriptivos de Ocupación mediante los cargos que se
posesiona el Servidor Público. Pero es que la ocupación o labor a realizar están sujetos a
evaluaciones del desempeño y rendimiento que sirve de base a los sistemas de destitu-
ción, incentivos, retribución y capacitación.

El sistema de destitución se define, a continuación: Es la desvinculación definitiva y per-


manente de un servidor público de carrera administrativa, por las causales establecidas

Material de lectura 20
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en el régimen disciplinario, ó por incapacidad ó incompetencia en el desempeño del car-


go, de acuerdo a lo indicado en la presente Ley.

Es importante señalar, que la Ley 9 – 94 da a conocer en su artículo 138, diez y nueve


numerales por la cual se prohíbe al Servidor Público y que la Ley 24 – 2007 adiciona al
artículo 138, el 138 – A que le señala a la Autoridad nominadora y/o superior jerárquico del
nivel administrativo directivo diez y seis numerales. Para ilustrar un caso encontramos en
el artículo 138, el numeral 6., lo siguiente:

La Destitución
Alterar, retardar o negar injustificadamente el trámite de asuntos o la prestación del servi-
cio que le corresponde, de acuerdo a las funciones de su cargo.

En esta corriente de los tres verbos: Alterar ( cambiar la esencia o forma de una cosa );
Retardar ( detener, entorpecer, dilatar); y Negar ( decir uno que no es verdad, que no es
cierta una cosa a acerca de la cual se le pregunta. Prohibir, o vedar, impedir o estorbar) se
hace revelante a dar cumplimiento a la Destitución por ser una FALTA MAXIMA DE GRA-
VEDAD. Ya que el actual estilo gubernamental en las entidades públicas los servidores
públicos con frecuencia se manifiesta con las expresiones: “ yo no sé, “ “ pregúntale a él, “
y otras evasivas en donde se proyecta la ineficiencia de la Administración Pública.

El factor del comportamiento esta relacionados con su grado de noción o de sabiduría con
la naturaleza de las tareas que el servidor público debe ejecutar por el reconocimiento
profesional. La nueva gestión pública comienza con la configuración del personal idóneo
cuya responsabilidad se origina desde la toma de posesión, la capacidad de servicio sufi-
ciente para asumir un papel activo en la definición del interés público.

Además, se tiene el artículo 76 del Decreto ejecutivo No. 222 de 12 de septiembre de


1977, en cuanto nos señala: “ a partir de la toma de posesión del servidor público, se
deberá abrir un expediente, donde se incluyan sus datos generales, referencias académi-
cas, laborales y cualquier otra información pertinente. La razón de referencias académicas
es la idoneidad, que cursos estudios en centros educativos formales ó profesionales. Es
decir que a través de un establecimiento de enseñanza la persona obtuvo su respectivo tí-
tulo como documento de ponderación para un cargo digno y merecedor por tener el grado
de noción y sabiduría.

Desde esta perspectiva debe animarse en la creación de valor público como la Competen-
cia, la Lealtad y la Moralidad que se declara en la Constitución Nación.
En materia de evaluación, por la fiscalización, todo servidor público debe mostrar rectitud
en sus actos y decisiones, los cuales deben estar en armonía con los principios y el sano
juicio.

Así consta en la Contraloría General de la República a través del Decreto No. 214 – DGA

Material de lectura 21
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de 8 de octubre de 1999 ( G. O. 23,946 de 14 de diciembre de 1999 ) la cual se enume-


ran, a saber:
1. Descripción y Análisis de Cargo
2. Incorporación de Servidores Públicos. El ingreso de servidores públicos en cada enti-
dad debe efectuarse previo proceso de convocatoria, evaluación y selección para garanti-
zar su idoneidad y competencia.
3. Control y Evaluación del Desempeño
4. Capacitación y Entrenamiento permanentemente
5. Movimiento de Servidores Públicos
6. Mantenimiento del Orden, Moral y Disciplina. Los titulares de cada entidad no sólo
deben garantizar y motivar el cumplimiento de tales principios en el trabajo que ejecutan
los subalternos, sino que ellos mismos están en la obligación de dar muestras de la ob-
servancia del orden, moral y disciplina, en el desempeño de la función pública. Para tal,
efecto es necesario que los Servidores Públicos no hayan sido condenado por delito penal
con sentencia ejecutoriada proferida por un tribuanl de justicia. Como tampoco, haber sido
indultado, ya que el indulto es la confirmación de la condena.
7. Información actualizada del Personal
8. Aplicación de la Tercerización en las Entidades
9. Asistencia y cumplimiento del Horario de Trabajo de los Servidores Públicos
10. Compensación de Becas de Estudios otorgadas al Personalidad
11. Prohibiciones de recibir regalos u otros beneficios distintos a la remuneración.

La Administración del Personal comprende una actividad de apoyo de la gestión


para optimizar la efectividad, eficiencia y productividad.

RECAPITULACIÓN
Es un método de administración de personal que busca la profesionalización y la estabi-
lidad de personas competentes y productivas para el servicio de de la Administración Pú-
blica. En donde las Oficinas de Recursos Humanos de las entidades deben de desarrollar
sus actividades con plena observancia de las disposiciones legales como sistema.
La legalidad es el principio particular del código de ética de los servidores públicos que
trabajan en las entidades del gobierno central. En donde el servidor público debe sujetar
su actuación primero la Carta Magna ó la Constitución Política de la República de Pana-
má.

Después, a las Leyes y los reglamentos que regulan la actividad, y en caso de duda
procurar el asesoramiento utilizando los servicios de la Procuraduría General de la Admi-
nistración, así lo establece la Ley 38 – 2000 en su artículo 6to., especialmente el primer
numeral. y otras normativas como la de Control Interno del sector público de la Contraloría
General de la República.

De manera que el mérito para ejercer el empleo o cargo es el elemento básico por su
profesionalismo que le otorga los años de estudios y que se transforman en cifras como

Material de lectura 22
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grado de conocimiento, indicado como rayo de luz por el índice académico, como resul-
tado de sus esfuerzos para su idoneidad. Ya que son las responsabilidades ante el su-
perior inmediato en donde responderá por sus aptitudes y actitudes. Igualmente, ante la
sociedad que exige buenos servicios públicos puesto que la persona revestida de servidor
público debe tener la disposición natural para el buen desempeño.

La estabilidad tiene tres rectas: Competencia, Lealtad y Moralidad. Es decir, es el triángu-


la acutángulo en el sitio destinado para correr en vista de que el trayecto demarcado es la
Administración Pública. No obstante, el ángulo de incidencia será el profesionalismo como
mérito en la recta que moverá el cuerpo de manera normal a una superficie donde se en-
contrara cotidianamente con el Derecho Administrativo.

Terminada la exposición se debe interpretar la clasificación de los Servidores Públicos:


a. de Carrera
b. de Carrera Administrativa
c. que no son de Carrera.

Los Servidores Públicos de Carrera Administrativa son las personas que han ingre-
sado a la carrera administrativa con mérito para la estabilidad en el ejercicio de su cargo
establecido en el Manual de Clasificación Ocupacional Institucional. Así lo da a conocer
las distintas normas de las cuales podemos mencionar la Procuraduría de la Administra-
ción, la Contraloría General de la República, y la Constitución Política de la República de
Panamá.

Bibliografía Consultada

Gacetas Oficiales
G. O. 22,562 de 21 de junio de 1994.
Ley 9 de 20 de junio de 1994. Por la cual se establece y regula la Carrera Administrati-
va.
G. O. 23,379 de 17 de septiembre de 1997.
Decreto Ejecutivo No. 222 de 12 septiembre de 1997. Por el cual se reglamenta la Ley) de
20 de junio de 19994, que establece la Carrera Administrativa.
G. O 23,946 de 14 de diciembre de 1999.
Decreto No. 214 - DGA del 8 de octubre de 1999. Por la cual se
emiten las normas de Control Interno Gubernamental para la Repùblica de Panamá.
G. O. 24,109 de 2 de agosto de 2000.
La Ley No. 38 de 31 de julio de 2000. Que aprueba el Estatuto Orgánico de la
Procuraduría de la administración, regula el procedimiento administrativo General y
dicta disposiciones especiales.
G. O. 25,176 de 15 de noviembre de 2004.
La Constitución Política de la República de Panamá.
G. O. 25,191 de 7 de diciembre de 2004.

Material de lectura 23
MINISTERIO DE LA PRESIDENCIA
DIRECCIÓN GENERAL DE CARRERA ADMINISTRATIVA
DIRECCIÓN DE RELACIONES LABORALES Y BIENESTAR DEL SEVIDOR PÚBLICO

Resolución No. 065 - 04 de 19 de mayo de 2004. Procuraduría de la Administración. Por


medio de la cual se desarrollan los criterio de evaluación para los concursos.
G. O. 25,199 de 20 de diciembre de 2004.
Decreto Ejecutivo No. 246 de 15 de diciembre de 2004. Por el cual se dicta el Código
Uniforme de Ética de los Servidores Públicos que laboran en las entidades del Gobier-
no Central.
G. O. 25,826 de 3 de julio de 2007.
Ley 24 de 2 de julio de 2007. Que modifica y adiciona a la Ley 9 - 94 que establece y
regula la Carrera Administrativa, y se dicta otras disposiciones.
G. O 25,968 de 29 de enero de 2008.
Ley 14 de 28 de enero de 2008. Que adiciona el artículo 166 - A al Código de Trabajo.
G. O. 26,019 de 15 de abril de 2008.
Decreto Ejecutivo No. 44 de 11 de abril de 2008. Que modifica y adiciona artículos al
Decreto Ejecutivo 222 de 12 de septiembre de 1997 por el que se reglamenta la Ley 9 -
94 que establece y regula la Carrera Administrativa.

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rrera-administrativa.htm

Material de lectura 24
MINISTERIO DE LA PRESIDENCIA
DIRECCIÓN GENERAL DE CARRERA ADMINISTRATIVA
DIRECCIÓN DE RELACIONES LABORALES Y BIENESTAR DEL SEVIDOR PÚBLICO

Material de lectura 25

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