Principios del Derecho Disciplinario en Panamá
Principios del Derecho Disciplinario en Panamá
LECTURA COMPLEMENTARIA:
REGLAMENTO DISCIPLINARIO. CARRERA ADMINISTRATIVA
Idioma español
MINISTERIO DE LA PRESIDENCIA
DIRECCIÓN GENERAL DE CARRERA ADMINISTRATIVA
DIRECCIÓN DE RELACIONES LABORALES Y BIENESTAR DEL SEVIDOR PÚBLICO
AUTORIDADES
Licenciado. ALVARO ALEMAN
Ministro de la Presidencia.
2015
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DIRECCIÓN GENERAL DE CARRERA ADMINISTRATIVA
DIRECCIÓN DE RELACIONES LABORALES Y BIENESTAR DEL SEVIDOR PÚBLICO
SUMARIO
I. Ideas básicas iniciales.
II. Concepto de principio jurídico.
III. Noción de procedimiento administrativo: 1. Finalidades del proceso Admininstrativo
IV. Principios del Derecho Disciplinario panameño: 1. Aclaración. 2. Principios rectores.
2.1. Debido proceso legal. 2.1.1. Debido proceso y tutela efectiva en el Derecho Discipli-
nario. 2.2. Presunción de inocencia. 2.3. Legalidad: Tipicidad de las causales y sanciones
correspondientes. 2.4. Proporcionalidad entre el hecho cometido y la sanción aplicada.
V. La Razonabilidad en función de la remoción de recurso humano en el sector público.
Discrecionalidad vs. Arbitrariedad, y ¿Qué de la Razonabilidad?
Expreso, primero que todo, mi mayor agradecimiento al Comité Organizador, por esta
gentil invitación, para compartir en Tierras Mexicanas en las que estoy por segunda vez en
este año, un conversatorio sobre aspectos medulares del Derecho Disciplinario, que sin
duda cada una de las intervenciones habrán de contemplar.
Doctrinalmente existen diversas opiniones acerca de las finalidades del Derecho Discipli-
nario, sobre todo si se trata de aspectos que conciernen al Derecho Administrativo ligados
al Derecho Penal, en lo que éste ultimo como Derecho Común, ha aportado a la configu-
ración dentro de los estamentos y cuerpos de la Administración, de una función públicaso-
metida al principio de legalidad en las relaciones de empleo con su personal adscrito.
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Naturalmente, que estas ideas las esbozo dentro del marco o espectro jurídico del Dere-
cho panameño y sus principios vigentes; sin embargo, nada impide que tengan cierto hilo
conductor con el derecho vigente en otras latitudes.
Es elemental que se precise este concepto por cuanto comúnmente se le liga a valores
como la paz, las buenas relaciones entre vecinos, el ornato, el aseo y otros, que son
inmanentes a nociones por lo regular mucho más profundas y constantes, que se configu-
ran por ello como principios del Derecho. Se ha dicho que por su etiología los principios
son más constantes que los valores.
Por principio jurídico entiendo la base, el origen, el fundamento, que inspira a la Ciencia
del Derecho, las ramas en que éste se divide o a las disciplinas que lo integran. Tienen
tal rango los aforismos de la buena fe, los pactos deben cumplirse, la equidad, irretroacti-
vidad de la Ley, salvo la favorable al reo y la de orden público e interés social, cuando en
ellas así se exprese; el bien particular ha de ceder ante el interés colectivo, bien común o
interés público, dura es la ley pero es la ley; aunque este último es morigerado cuando la
aplicación con rigor del derecho puede ocasionar gran perjuicio al interesado, entre mu-
chos otros.
Los principios del Derecho tienen un sitial y efectos importantes en todos los ámbitos de lo
jurídico, sobre todo al referirnos más ampliamente a los Principios Generales del Derecho
como fuentes[1], capaces de generar o emanar normas de carácter obligatorio. Cobran
especial relevancia, cuando según el Derecho Civil y la centenaria regla de integración
normativa, ante la ausencia de Ley exactamente aplicable al caso sometido a considera-
ción de la autoridad, sirven para suplir una laguna; aunque lo ideal es que el ordenamien-
to no presente “baches legales”, por su plenitud ideal.
De todos modos, los Principios a los que me refiero inspiran la labor legislativa, que por
orientarse en ellos, crea normas que beben de los mismos y contribuyen a su respeto y
materialización por los tribunales y el órgano administrativo por excelencia.
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Estamos de acuerdo con estas dos acepciones brindadas por Comadira, quien sigue la
jurisprudencia de su país, Argentina, en cuanto a la identificación o equivalencia entre
los términos “bien común” e “interés público”, subsumibles también en la conocida frase
“bienestar general” o “bien común” pregonado por la filosofía clásica. El procedimiento
administrativo, pues, tiende hacia el bienestar general.[4]
Este cotejo se asemeja, un poco, a la analítica e interesante reflexión que entre las expre-
siones utilidad pública e interés social, con referencia al derecho del Estado de expropiar
bienes a tenor de la Constitución de 1946, hizo el jurista panameño César Quintero, al
expresar que el “aludido concepto de interés social, sólo tiene trascendencia si se da al de
utilidad pública un sentido demasiado estrecho. De lo contrario, el concepto de ésta inclu-
ye aquél.[5]
Según Hutchinson, “es la vía, el camino que debe seguir la Administración para llegar al
fin propuesto: dictar un acto administrativo, celebrar un contrato, etc. Por ello conviene
observar que debe haber una íntima relación entre el procedimiento y la materia objeto de
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él”. [8]
Este mismo expositor afirma que el procedimiento administrativo “consiste en una serie de
actos, formal y sustancialmente administrativos, mediante los cuales se ejerce la función
administrativa”. [9]
Ya lo hemos dicho antes, todas estas definiciones encierran un elemento común que
identifica propiamente la naturaleza del procedimiento administrativo: Es un instrumento
para el buen gobierno y fluido ejercicio de la función administrativa del Estado; la geren-
cia sobre la que se apoya tiene justificación en la búsqueda del bienestar general; tareas
que, entre otras también esenciales, están en la base de este ente político jurídico y de la
Administración Pública que aquél debe desempeñar.
También con esta perspectiva finalística, Dromi conceptúa que la eficiencia de la Adminis-
tración, en su renovado rol de autoridad, implica la existencia de instrumentos de control,
para evitar desvíos en su actuación, y si éstos se producen pueda aquélla ser encausada
en forma oportuna. En este sentido, el procedimiento y el proceso administrativos cons-
tituyen la forma de articular el control, proveyendo a la protección de los derechos de
los administrados. Autocontrol en el ámbito del procedimiento, control jurisdiccional en el
proceso.[12]
Las claras ideas de Dromi coinciden con la posición de Sarmiento García, para quien en la
regulación del ejercicio de la autoridad o poder político, el derecho positivo debe sin duda
otorgar a quienes ejercen función administrativa la competencia requerida para que atien-
dan cumplidamente las exigencias circunstanciales del bien común; pero como el desbor-
de es posible, como el uso injusto del poder es factible, es menester también que ponga a
los depositarios de los derechos en situación de defenderlos con eficacia; y agrega que:
“De ahí la necesidad de una adecuada regulación del procedimiento y del proceso admi-
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nistrativos, que equilibre las atribuciones que requieren los sujetos que ejercen función
administrativa con la protección de los derechos de los administrados -y, en definitiva, de
la libertad- contra el abuso”. [13]
Para mí existe otra expresa y clara finalidad del procedimiento administrativo: Constituye
un “instrumento racionalizador del poder público”, porque establece los parámetros jurídi-
cos de la conducta de la Administración y sus personeros. Cosa que es una clara emana-
ción del principio de legalidad.
Con palabras de Santizo Pérez, a medida que la organización y evolución del Estado va
adquiriendo más complejidad, el Derecho Administrativo aparece como un imperativo
categórico que desplaza al derecho político. Y esta nueva orientación del Derecho, es la
que viene a encargarse de la estructuración y conservación de la sociedad políticamente
organizada. Surgiendo de esa manera un nuevo concepto y entendimiento de esa nove-
dosa rama del Derecho con los otros poderes estatales; lo que obliga, consecuentemen-
te, a que se instituya un ordenamiento procesal, cual es el procedimiento administrativo,
llamado a limitar las intromisiones funcionales de los poderes del Estado.[14]
Veremos, a continuación, algunos de los principios que pueden extraerse del Derecho
nacional; sin perjuicio que esta tarea deje de ser taxativa, en otras palabras, no aspira a
ser una lista cerrada.
Sin embargo, por regla, estas normas consisten en “conatos de procedimientos adminis-
trativos”, porque la regulación es deficiente ya que presentan muchos vacíos, que obvia-
mente no tienen respuesta en la Ley orgánica de la respectiva institución, pues ésta sólo
prevé la ya clásica en nuestro Derecho Disciplinario, “facultad de libre nombramiento y
remoción”, como potestad en haber de la “autoridad nominadora” aplicable al recurso hu-
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mano que no está amparado por una Ley de carrera -como la de la carrera administrativa,
por citar un ejemplo-, que le conceda estabilidad laboral, o por Ley especial que le prodi-
gue igual prerrogativa.[15]
A esto se agrega un régimen recursivo muy restringido, caso del derecho disciplinario en
el Órgano Judicial, en que contra el recurso de reconsideración, una vez surtido su trámi-
te, no procede el recurso de apelación, teniendo que acudir el afectado a la vía de control
judicial de la Administración, es decir, a la Sala Tercera de la Corte Suprema de Justicia,
para revisar la validez del acto acusado.[16]
2. Principios rectores
2.1. Debido proceso legal
El Derecho Disciplinario, en específico la sustanciación del trámite que la acción discipli-
naria conlleva, debe regirse por el previo proceso legal, es decir, el sujeto a enmienda en
su conducta tiene derecho a:
-Ser oído, lo que implica poder ser asistido por un abogado o abogada de su elección;
-Ofrecer y producir prueba, que consiste en aportar todas las pruebas lícitas y pertinentes,
e intervenir en la práctica o evacuación de las que se hayan admitido u ordenado por la
autoridad encargada de decidir;
-A alegar o presentar, generalmente por escrito, el resumen de la posición jurídica en su
defensa antes de que se dicte la resolución de fondo;
-Que la resolución del procedimiento esté debidamente motivada, sobre todo porque se
trata de la afectación de derechos o intereses que conciernen al sujeto a disciplina;
-Poder hacer uso de los recursos legales que contiene el respectivo régimen disciplinario.
Todo esto -en suma- representa un conjunto de garantías procesales para que se efectivi-
ce el denominado derecho de defensa, de rango constitucional, como más adelante abor-
do.
Considero por el grado de cercanía y esa incesante influencia entre instituciones y figuras
jurídicas, que en este aspecto aplica lo que puede catalogarse como “tutela administrativa
efectiva”, como un parangón a la “tutela judicial efectiva”, prevista en varias constituciones
tal cual la española de 1978; pero que razones de respeto de las libertades, y sobre todo
control del poder, justifican.
El énfasis no puede dejar de hacerse acerca de lo que significa la vía administrativa como
mecanismo de autocontrol ejercido ante la propia Administración, por medio de la interpo-
sición de los recursos que permite la Ley, de tal suerte que ésta, si existen razones funda-
das, vuelva sobre sus pasos y proceda a revocar, modificar, aclarar o anular sus propios
actos, que imponen sanciones disciplinarias.
El debido proceso se aplica a todo tipo de procesos;[18] no siempre esto ha sido así en
nuestro Derecho, ya que una tesis bastante limitada argüía que este derecho a gozar de
un debido trámite tenía mayor preponderancia en los asuntos criminales. Esta tesis ob-
soleta, por cierto, fue abandonada a finales de la década de los 70 del siglo pasado, por
una más amplia aupada por el Pleno de la Corte Suprema de Justicia en demandas de
amparo de los derechos humanos o fundamentales y también en ejercicio del control de
constitucionalidad concentrado de actos jurídicos en general, emanados de autoridades
públicas.
La norma superior copiada ha servido de base para estimar que en todo proceso, admi-
nistrativos y judiciales, debe respetarse el debido proceso legal, como emanación de la
legalidad, para el caso de una Administración supeditada a la Ley y al Derecho.
El concepto jurídico “trámites legales” tiene una connotación que difiere del sentido co-
mún, y la Corte Suprema desde antaño se ha encargado de precisar que su significado
no corresponde al lenguaje liso y llano, sino al que jurídicamente es relevante según la
función que en el proceso y el Estado de Derecho debe cumplirse por razón de la tutela
judicial efectiva, categoría de la cual el debido proceso es elemento de gran trascendencia
para el respeto de los derechos humanos.
que fija la ley para todas las causas que a nivel administrativo y judicial se propongan.”[20]
Resulta oportuno destacar que la Constitución nacional contempla la prohibición del doble
juzgamiento como integrante del derecho fundamental a gozar de un debido proceso.
El “non bis in ídem” no es un principio jurídico separado sino ligado a la garantía procesal
analizada; por eso no lo reseño en este pequeño esbozo como una categoría aparte del
debido proceso. Constituye una garantía de protección al justiciable, que se traspola al
ámbito administrativo disciplinario, por cuanto sería violatorio de los más elementales va-
lores de la legalidad, sancionar más de una vez por el mismo hecho -dentro de la misma
esfera de competencia o jurisdicción- a un sujeto pasivo.
Bajo esta premisa es también de lugar que la responsabilidad que cabe exigir sea ventila-
da ante la instancia judicial o administrativa competente.
Esa doctrina legal sólo pudo tener cabida obviando La Ley Superior y de cara al proceso
de modernización del Estado, una de cuyas consignas fue la reducción de la planilla o
plantilla estatal, y por tanto incurriendo en infracción directa de la Constitución, específica-
mente, del artículo 300, cuyo texto transcribo para mejor ilustración:
“Artículo 300. Los servidores públicos serán de nacionalidad panameña sin discrimina-
ción de raza, sexo, religión o creencia y militancia política. Su nombramiento y remoción
no será potestad absoluta y discrecional de ninguna autoridad, salvo lo que al respecto
dispone esta Constitución.
…”. (Énfasis suplido).
Guardando las debidas distancias, el fin de interés público contenido en preservar la co-
rrecta conducta en el engranaje o institución oficial, no está tan lejos de que ello se haga
siguiendo los pasos que conduzcan a ello, como el trato apropiado del correccionado como
humano que es.
A inicios de los años 90 y cada 5 años tras el cambio de gobernantes, la comentada ma-
nera de reducir la planilla estatal ha tenido incidencia directa en la flexibilización de los
principios del Derecho Disciplinario, ya que la jurisprudencia llegó a afirmar que no era
necesario llevar a cabo procedimiento disciplinario alguno para remover a este tipo de fun-
cionarios, pese a que en el fondo estuvieran presentes móviles de índole política, es decir,
que la competencia de la “autoridad nominadora” fuera ejercida para disponer de la plaza y
así nombrar allegados o copartidarios.[22]
A todo esto se agrega que en la mayoría de los Despachos con facultad de remover fun-
cionarios a su cargo, no existe una dependencia encargada de instruir “el sumario discipli-
nario”, sino que la acción es tomada por la autoridad nominadora, que emite la resolución
o decreto, y se ejecuta por el Departamento de Recursos Humanos; excepcionalmente se
consulta con antelación al Departamento de Asesoría Legal. Éste sólo funge como revisor
y elaborador de proyectos de decisión, revocando o confirmando los recursos interpuestos
por el interesado.
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disciplinaria.
La Constitución de la República lo contempla en el artículo 22, para el caso de delitos, al
prever que “Las personas acusadas de haber cometido un delito tienen derecho a que se
presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad…”; y aunque aparentemente
liga el derecho a gozar de asistencia de abogado desde el mismo momento de la “deten-
ción” o “aprehensión“ física, mencionando expresamente ese patrocinio abogadil “en las
diligencias policiales y judiciales”, la presunción de inocencia va más allá del ámbito de
juicios criminales tramitados ante autoridades judiciales, y de los juicios de policía, correc-
cionales o civiles, ventilados ante los jefes de Policía.
Éste es uno de los puntos de mayor coincidencia con el Derecho Penal, al extremo que
se haya llamado Derecho Administrativo Sancionador o Derecho Penal Disciplinario a la
materia que nos ocupa.
El nullum crimen sine praevia lege, es una garantía fundamental dentro del Estado de
Derecho.
Es por esta razón legal que el Código Penal, tradicionalmente, ha dividido las infracciones
a la Ley penal en delitos y faltas; éstas las define y castiga el Código Administrativo[23].
No obstante, las faltas o conductas sujetas a corrección son puestas en función de los
particulares en general, más que de los agentes vinculados a la Administración por una
relación de empleo público o estatutaria, y su represión corresponde a las autoridades de
Policía.
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No siempre se logra cumplir a plenitud con este principio de tipicidad, a lo que se debe
aspirar es que la conducta reprimible se desprenda de la norma creada al efecto, con
cierto grado de definición, y que no se convierta, porque ello sería lesivo a la legalidad y
tipicidad, y en consecuencia abonaría al criterio discrecional de la autoridad, en violación
del derecho a un proceso justo.
En esto tengo presente las palabras de Sánchez Morón, muy atinadas, al comentar algu-
nos precedentes del Tribunal Constitucional español sobre el tema. Según este autor:
“…la jurisprudencia admite una mayor flexibilidad del principio de tipicidad en el marco de
las relaciones especiales de sujeción y, por tanto, en el régimen disciplinario de los funcio-
narios…En consecuencia, las normas de derecho disciplinario tipifican con frecuencia las
infracciones utilizando conceptos jurídicos indeterminados (“abandono del servicio”, “no-
torio incumplimiento de las funciones esenciales”, “abuso de autoridad”, “grave descon-
sideración”, etc.), o bien por remisiones a otras normas (“incumplimiento de las normas
sobre incompatibilidades”), o inclusive a deberes genéricos o deontológicos (“dignidad
de los funcionarios o de la Administración”) o, por último, mediante cláusulas de cierre
(“incumplimiento de los deberes y obligaciones del funcionario, siempre que no deban ser
calificados como falta muy grave o grave”). Esta situación ha provocado una justa crítica
doctrinal. Pero con independencia de la necesidad de mejorar técnicamente la tipificación
de las infracciones, no se deduce de dicha situación la inconstitucionalidad de las normas
del derecho disciplinario-salvo las que ocasionaran en una manifiesta imprevisibilidad de
las conductas sancionables…”[24] (Énfasis suplido).
Panamá cuenta desde el año 2000 con una Ley de Procedimiento Administrativo General,
que es la No. 38 de 31 de julio de dicho año; sin embargo, no fue previsto en ella el “pro-
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Tal circunstancia de algún modo pudiera verse atenuada por una Ley anterior, la Ley 9
de 1994 sobre carrera administrativa; pero como su nombre lo indica, la misma trata del
personal sujeto a dicha carrera pública, por lo que la mayoría de sus “principales” disposi-
ciones que se refieren a asuntos disciplinarios están concebidas para regir respecto de los
funcionarios de carrera.
Aquí cabe destacar que, aun bajo la exigencia del previo proceso legal ya comentado, la
mencionada Ley contiene supuestos de destitución directa, basados en la comisión de
faltas estimadas como “gravísimas”.
Se ha visto que no es suficiente que existan normas jurídicas que obliguen al funcionario
a ser cortés con quienes acuden a sus despachos, es importante tender a su cumplimien-
to a través de una campaña educativa sistemática y constante auspiciada por el propio
Estado.[27]
¿Ante un incumplimiento de este tipo digamos por parte del funcionario, qué sanción
disciplinaria cabe imponer? La disposición llama a que sea el Jefe de Despacho para que
vigile su observancia.
El interrogante cobra vida en función del principio que se analiza. Lo ideal es que la san-
ción disciplinaria corresponda en su adecuada medida a la acción u omisión cometida; no
obstante, la realidad plantea que en la sustanciación de un trámite disciplinario pueden
incidir factores extralegales que afectan ese equilibrio deseado, como son los de índole
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Atenta contra la razón que un acto de contenido individual carezca en la resolución que lo
externa de parte motiva o considerandos que expliquen, de conformidad con los hechos
y normas legales, la decisión que se adopta, por ejemplo, la aplicación de la destitución
del cargo, con todo y que se alegue que ello emana de una “potestad discrecional” de la
autoridad nominadora. La discrecionalidad no significa arbitrariedad.
Esta poco razonable tesis de la Sala Tercera de la Corte,[31] ya no tiene cabida a raíz de
la Ley 38 de 2000, cuyo artículo 155, numeral 1, obliga a la Administración a motivar los
actos afectantes de derechos subjetivos.
Se ha afirmado que del artículo 300 de la carta panameña emana el principio de estabili-
dad de los servidores públicos, opinión con la que concuerdo; aunque he de reparar que
esaestabilidad es relativa, y no debe confundirse con inamovilidad ni sedentarismo en el
ejercicio de las funciones asignadas al puesto.
Aparte de violar el elemento esencial de motivación que deben contener los actos ad-
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Sin embargo, las circunstancias históricas vividas en la década del 90, de reducción de
planilla estatal, crisis económica y clientelismo político consabido, vigente hasta nuestros
días, han persuadido u orillado a interpretaciones tribunalicias no acordes con el criterio
de razonabilidad en esta materia, y sobre todo no compatibles con el texto expreso de la
norma superior.[32]
Va siendo hora que se corrija esta tesis de la judicatura que en nada contribuye a la exce-
lencia en la prestación de los servicios públicos y en fin de cuentas a la salud de la Patria,
a través de una planta diestra de recurso humano profesionalizado, si cada 5 años, a raíz
de la renovación de las autoridades de elección popular y cargos de selección, también es
cambiado, aplicando criterios políticos e inmisericordes, personal que puede contribuir al
desarrollo institucional del país, a través de una buena Administración Pública. Es decir,
tales criterios no ortodoxos, traslucen medidas arbitrarias y entronizan una clara desvia-
ción de poder[33].
Por ello coincido con el autor Ismael Mata, refiriendo a Coviello, que en el Derecho Ad-
ministrativo, “el principio de razonabilidad constituye el paradigma para el control de la
discrecionalidad, ya que ‘la circunstancia de que la Administración obrase en ejercicio de
facultades discrecionales, en manera alguna puede aquí constituir un justificativo de su
conducta arbitraria; puesto que es precisamente la razonabilidad con que se ejercen tales
facultades, el principio que otorga validez a los actos de los órganos del Estado y que per-
mite a los jueces, ante planteos concretos de parte interesada, verificar el cumplimiento
de dicha exigencia’”.[34]
La discrecionalidad implica la facultad del agente de escoger entre dos o más alternativas
lícitas, la que resulte conveniente y oportuna a los intereses públicos, no a los propósitos
a favor de terceros, político-partidistas o personales (egoístas, de venganza o lucro) de
dicho agente oficial. Si bien la razonabilidad abarca la proporcionalidad, ni en aquélla ni
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Debo puntualizar que en este escrito no he abordado lo que para otros autores constitu-
yen principios, como la prohibición de la analogía in peius del sujeto a disciplina, irretroac-
tividad de la norma no favorable y retroactividad de la norma más favorable, de culpa-
bilidad y de personas responsables, así como el de extinción de la responsabilidad y la
prescripción, porque ellos no se plasman de modo expreso en el ordenamiento; sin em-
bargo, es posible que sean analizados por la jurisprudencia, y delimitados prácticamente
por la doctrina nacional.
Esto tiene su interés porque en el derecho positivo algunos de dichos rubros han sido
reconocidos en meros reglamentos internos, tal es el caso de la extinción de la responsa-
bilidad disciplinaria por prescripción de la acción; aunque sería mejor, que éste y otros as-
pectos, sean tratados por un Código de Derecho Disciplinario, o por un régimen legal que
brinde mayor seguridad jurídica y no quede sujeto a los posibles cambios por la autoridad
que dicta el referido reglamento. Además, considero que son aspectos de reserva legal
referentes a garantías y derechos de los procesados.
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El sistema tiende a mejorar el desempeño de los servidores públicos en vista de los prin-
cipios básicos de administración de personal manifestada en la Constitución Nacional, en
cuanto se interpreta que el Servidor Público, en su condición de persona nombrada tem-
poral o permanentemente en cargos se regirán por el sistema de mérito y la estabilidad en
sus cargos estará condicionada a su competencia, lealtad y moralidad en el servicio. Así
lo señala, el segundo párrafo del artículo 300 de la Constitución Nacional.
Los términos utilizados en las Leyes 9 – 94 y 24 - 2007 y sus reglamentaciones deben ser
entendidos a la luz del artículo No. 2 en donde se definen los conceptos. En especial lo
que es competencia en la cual el servidor público debe tener una continua demostración
de poseer la aptitud requerida como regla del correcto entendimiento humano para ejer-
cer el cargo contenido en el Manual Descriptivo de Cargo que actualmente, se denomina
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Igualmente, la Lealtad que significa el amor a la Patria, sus símbolos e instituciones, como
también el respeto a la Constitución Política de la República, y a las Leyes, que de ella
emanan, en donde deberá de existir el compromiso de servir a la sociedad, a los ciudada-
nos que contribuyen a pagar las remuneraciones de los servidores públicos.
La Moralidad es el producto de ser humano y la cultura, en la cual surge la personalidad
que se expresa en la conducta o comportamiento humano. De allí nos lleva a los prin-
cipios que rige la cultura mediante los valores que correlaciona el sistema de patrones
generalmente aceptados en una organización, una comunidad, una Nación.
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principios generales del código de ética de los servidores públicos quienes trabajan en las
entidades del gobierno. Así, lo establece el Decreto Ejecutivo No. 246 de 16 de diciembre
de 2004 ( G. O. 25,199 ) – Por la cual se dicta el Código Uniforme de Ética de los Servido-
res Públicos que laboran en las entidades del Gobierno Central.
El desempeño laboral, son las asignaciones en tareas que se realiza dentro de su enti-
dad, que establece los Manuales Descriptivos de Ocupación mediante los cargos que se
posesiona el Servidor Público. Pero es que la ocupación o labor a realizar están sujetos a
evaluaciones del desempeño y rendimiento que sirve de base a los sistemas de destitu-
ción, incentivos, retribución y capacitación.
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La Destitución
Alterar, retardar o negar injustificadamente el trámite de asuntos o la prestación del servi-
cio que le corresponde, de acuerdo a las funciones de su cargo.
En esta corriente de los tres verbos: Alterar ( cambiar la esencia o forma de una cosa );
Retardar ( detener, entorpecer, dilatar); y Negar ( decir uno que no es verdad, que no es
cierta una cosa a acerca de la cual se le pregunta. Prohibir, o vedar, impedir o estorbar) se
hace revelante a dar cumplimiento a la Destitución por ser una FALTA MAXIMA DE GRA-
VEDAD. Ya que el actual estilo gubernamental en las entidades públicas los servidores
públicos con frecuencia se manifiesta con las expresiones: “ yo no sé, “ “ pregúntale a él, “
y otras evasivas en donde se proyecta la ineficiencia de la Administración Pública.
El factor del comportamiento esta relacionados con su grado de noción o de sabiduría con
la naturaleza de las tareas que el servidor público debe ejecutar por el reconocimiento
profesional. La nueva gestión pública comienza con la configuración del personal idóneo
cuya responsabilidad se origina desde la toma de posesión, la capacidad de servicio sufi-
ciente para asumir un papel activo en la definición del interés público.
Desde esta perspectiva debe animarse en la creación de valor público como la Competen-
cia, la Lealtad y la Moralidad que se declara en la Constitución Nación.
En materia de evaluación, por la fiscalización, todo servidor público debe mostrar rectitud
en sus actos y decisiones, los cuales deben estar en armonía con los principios y el sano
juicio.
Así consta en la Contraloría General de la República a través del Decreto No. 214 – DGA
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RECAPITULACIÓN
Es un método de administración de personal que busca la profesionalización y la estabi-
lidad de personas competentes y productivas para el servicio de de la Administración Pú-
blica. En donde las Oficinas de Recursos Humanos de las entidades deben de desarrollar
sus actividades con plena observancia de las disposiciones legales como sistema.
La legalidad es el principio particular del código de ética de los servidores públicos que
trabajan en las entidades del gobierno central. En donde el servidor público debe sujetar
su actuación primero la Carta Magna ó la Constitución Política de la República de Pana-
má.
Después, a las Leyes y los reglamentos que regulan la actividad, y en caso de duda
procurar el asesoramiento utilizando los servicios de la Procuraduría General de la Admi-
nistración, así lo establece la Ley 38 – 2000 en su artículo 6to., especialmente el primer
numeral. y otras normativas como la de Control Interno del sector público de la Contraloría
General de la República.
De manera que el mérito para ejercer el empleo o cargo es el elemento básico por su
profesionalismo que le otorga los años de estudios y que se transforman en cifras como
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grado de conocimiento, indicado como rayo de luz por el índice académico, como resul-
tado de sus esfuerzos para su idoneidad. Ya que son las responsabilidades ante el su-
perior inmediato en donde responderá por sus aptitudes y actitudes. Igualmente, ante la
sociedad que exige buenos servicios públicos puesto que la persona revestida de servidor
público debe tener la disposición natural para el buen desempeño.
Los Servidores Públicos de Carrera Administrativa son las personas que han ingre-
sado a la carrera administrativa con mérito para la estabilidad en el ejercicio de su cargo
establecido en el Manual de Clasificación Ocupacional Institucional. Así lo da a conocer
las distintas normas de las cuales podemos mencionar la Procuraduría de la Administra-
ción, la Contraloría General de la República, y la Constitución Política de la República de
Panamá.
Bibliografía Consultada
Gacetas Oficiales
G. O. 22,562 de 21 de junio de 1994.
Ley 9 de 20 de junio de 1994. Por la cual se establece y regula la Carrera Administrati-
va.
G. O. 23,379 de 17 de septiembre de 1997.
Decreto Ejecutivo No. 222 de 12 septiembre de 1997. Por el cual se reglamenta la Ley) de
20 de junio de 19994, que establece la Carrera Administrativa.
G. O 23,946 de 14 de diciembre de 1999.
Decreto No. 214 - DGA del 8 de octubre de 1999. Por la cual se
emiten las normas de Control Interno Gubernamental para la Repùblica de Panamá.
G. O. 24,109 de 2 de agosto de 2000.
La Ley No. 38 de 31 de julio de 2000. Que aprueba el Estatuto Orgánico de la
Procuraduría de la administración, regula el procedimiento administrativo General y
dicta disposiciones especiales.
G. O. 25,176 de 15 de noviembre de 2004.
La Constitución Política de la República de Panamá.
G. O. 25,191 de 7 de diciembre de 2004.
Material de lectura 23
MINISTERIO DE LA PRESIDENCIA
DIRECCIÓN GENERAL DE CARRERA ADMINISTRATIVA
DIRECCIÓN DE RELACIONES LABORALES Y BIENESTAR DEL SEVIDOR PÚBLICO
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rrera-administrativa.htm
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MINISTERIO DE LA PRESIDENCIA
DIRECCIÓN GENERAL DE CARRERA ADMINISTRATIVA
DIRECCIÓN DE RELACIONES LABORALES Y BIENESTAR DEL SEVIDOR PÚBLICO
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