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Análisis Crítico de Tinianov y el Formalismo Ruso

En 3 oraciones: Tinianov critica en su ensayo "Sobre la evolución literaria" la noción de tradición en los estudios literarios de la época, argumentando que los elementos literarios cambian de función dependiendo del sistema en el que se encuentran. Plantea que una obra literaria forma parte de un sistema complejo definido por relaciones dinámicas entre forma y función. Este enfoque marca el distanciamiento de Tinianov del formalismo ruso y el inicio de un movimiento post-formalista que considera factores más allá de la forma textual.
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Análisis Crítico de Tinianov y el Formalismo Ruso

En 3 oraciones: Tinianov critica en su ensayo "Sobre la evolución literaria" la noción de tradición en los estudios literarios de la época, argumentando que los elementos literarios cambian de función dependiendo del sistema en el que se encuentran. Plantea que una obra literaria forma parte de un sistema complejo definido por relaciones dinámicas entre forma y función. Este enfoque marca el distanciamiento de Tinianov del formalismo ruso y el inicio de un movimiento post-formalista que considera factores más allá de la forma textual.
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Tinianov: “Sobre la Evolución Literaria”

Análisis y Crítica

Miguel Marinovic Sfeir

Profesoras: Chantal Dussaillant y Rebeca Errázuriz

Teorías de la Literatura
Magíster de Literatura Comparada
16 de junio de 2019

Universidad Adolfo Ibáñez


Iuri Tinianov (1894-1943), fue uno de los principales exponentes del formalismo ruso,
movimiento vanguardista de comienzos del siglo XX, que se propuso aplicar el método
científico al estudio literario, elevándolo al estatus de ciencia autónoma. Su objeto de
estudio es la “literariedad”, es decir, la especificidad formal-estética incorporada en el
lenguaje literario, y no la literatura como tal en conjunto. En los momentos de formular
aquella precisión, los mecanismos “lingüísticos” de la “forma” literaria y no otros de sus
constituyentes (como los símbolos de la imaginación, las peculiaridades conceptuales
conscientes o inconscientes del contenido, la determinación cultural de las estructuras
comunicativas de género, etc.) eran los objetos seleccionados con preferencia (casi en
exclusiva) por la atención científica de la crítica (García y Hernández 61-62).
En el presente informe, se realizará un análisis crítico de el ensayo de Tinianov,
“Sobre la evolución literaria” (1927), trabajo en el que su autor hace un listado de quince
apartados acerca del formalismo ruso, donde constata las dificultades teórico-
metodológicas de los estudios literarios, buscando proponer las características que la
historia literaria debiese asumir como propias, deponiendo el estatuto colonial del
momento. Se analizarán los aportes que este historiador hizo a los estudios lingüísticos,
dando paso a un movimiento post-formalista.

“Sobre la evolución literaria” es un diagnóstico de los estudios literarios de la época,


aludiendo a la falta de autonomía por su dependencia hacia el psicologismo, que explicaba
los fenómenos literarios en función de los aspectos psicológicos de sus autores.
Lo primero que hace Tinianov es mencionar la tradición como una noción
fundamental para la historia literaria practicada previamente, destinada a ser objeto de
revisión. La tradición es considerada críticamente por el autor como una “abstracción
ilegítima de uno o varios elementos literarios de un sistema en el que se emplean y donde
desempeñan determinado papel. Se le otorga valor idéntico a elementos de otro sistema
donde su empleo es diferente. El resultado es una serie unida sólo ficticiamente, que tiene
la apariencia de entidad” (Tinianov 90-91).
Pone en duda el traspaso mecánico de elementos de un sistema literario a otro, sin
considerar que el rol de esos elementos en otro sistema puede variar. Propone que existe
una correlación entre la obra con sus propios elementos, con otras obras de la serie literaria,
y con otras obras de la serie, extraliterarias, como la política o la cultura. “La existencia de
un hecho como hecho literario depende de su cualidad diferencial, (es decir de su
correlación, sea con la serie literaria, sea con una serie extraliteraria); en otros términos,
depende de su función. Lo que es ´hecho literario` para una época será un fenómeno
lingüístico dependiente de la vida social para otra, según el sistema literario con referencia
al cual se sitúa este hecho” (Tinianov 92).
Definido el sistema a partir de su relación correlativa, inicia la explicación de cómo
el autor entiende el “juego dinámico” que produce la evolución de la serie literaria. En
principio, su desarrollo y cambio están definidos por una relación dinámica entre forma y
función. A modo de ejemplo, el uso léxico que en un estado cumple una función destinada
a cierto grupo de élite, en otra parte del sistema, al cambiar su función, puede encarnar una
función para las masas.
Los elementos pueden relacionarse de dos maneras: la primera es la denominada
“función autónoma”, que es la relación con elementos semejantes que pertenecen a otras
obras o series. La segunda es la “función sinónima”, es decir, la relación con los otros
elementos del mismo sistema (Dussaillant 56). Sin embargo, para Tinianov “la función
autónoma, o sea la correlación de un elemento con una serie de elementos semejantes que
pertenecen a otras series, es la condición necesaria para la función sinónima, para la
función constructiva de este elemento” (93).
La función autónoma es necesaria para la sinónima, ya que a través de la negación
respecto a lo que en otras obras se ha convertido en redundante, una obra afirma su carácter
literario, en otras palabras, su capacidad de causar extrañamiento frente a algo que se ha
automatizado, oponiéndose a la idea esencialista de “literariedad”.
La reflexión anterior respecto a la oposición a la “literariedad” no sólo es acertada,
sino que se ha mantenido vigente hasta el período actual. “La perspectiva histórica
cuestiona que la ´literariedad`, entendida como el conjunto de características que dan
especificidad literaria a la obra, constituya una propiedad intrínseca, o sea, formal o
estructural, de la propia obra, dado que esa propiedad necesita de un lector que la actualice.
En consecuencia, en esta perspectiva deja de buscarse en los mecanismos verbales y
estructurales del texto la causa de ´literariedad`, y se considera determinante en la
valoración literaria de cualquier texto la actuación del receptor y la situación de recepción,
así como también las circunstancias sociohistóricas que permitan tal valoración. Incluso se
acepta la posibilidad de que un texto considerado literario no se diferencie estructuralmente
de uno no literario. Pues no son sus propiedades intrínsecas las que hacen de un texto una
obra literaria, sino el modo en el que el receptor lo considera. La cualidad de literario, en
suma, es el resultado de unos procesos específicos de comprensión” (Maldonado 12).
Tinianov utiliza el siguiente ejemplo para explicar lo anterior: “Una carta de
Deryavin a un amigo, por ejemplo, es un hecho de la vida social; en la época de Karamzin y
de Pushkin la misma carta amistosa fue un hecho literario. Lo testimonia el carácter
literario de memorias y de diarios de un sistema literario y de su carácter extraliterario en
otro” (Tinianov 92-93).
El autor tiene razón al determinar que una obra literaria se vale tanto de sus aspectos
intrínsecos como de todo lo que la rodea, ya sea historia, política, la psicología de su
creador, etc. Esto, sin embargo, hace de los estudios literarios una disciplina mucho más
compleja, ya que no se analiza un sistema cerrado, sino uno abierto, en el cual parece
utópico pensar, o siquiera imaginar, que se puedan conocer todos los aspectos que
construyen la obra. Así, Tinianov comienza un distanciamiento y crítica al formalismo
ruso, ya que deja de importar sólo la forma del texto. Hay que tomar en cuenta también su
contenido, el contexto en que se escribe, el pasado del autor y también del lector que busca
entenderla, etc.

A la vez que los formalistas formulaban sus teorías, contemporáneos a ellos, el grupo Bajtín
las discutía para elaborar sus propias. “Estos estudiosos se preocupaban por la cuestión de
la especificidad literaria, pero, a diferencia de los formalistas, conciben la literatura en su
vínculo con la ideología. El mundo se constituye también en la literatura en la medida en
que esta representa, del modo específico que supone el material artístico, los lenguajes
sociales y sus conflictos” (López y Fernández 50).
Tinianov, a diferencia de sus contemporáneos formalistas, no concibió sus hipótesis
entendiendo la “literariedad” como un elemento característico de la literatura, algo que
comparte con el grupo Bajtín, quienes lo vieron también como componente del lenguaje
cotidiano de la gente. Las autoras citadas anteriormente se refieren al “signo ideológico”, y
dan el ejemplo de la palabra “cabeza”, parte superior del cuerpo humano separada del
tronco por el cuello, pero que en Argentina esa palabra se llenó de marcas después del
peronismo. A partir de ese período empezó a designarse como “cabecita negra”, a todo
aquel que viajaba desde el interior del país a Buenos Aires a conseguir trabajo. La
denominación sufrió matices variados, desde la reivindicación de la clase obrera, hasta el
insulto (52).
Por tanto, el grupo Bajtín se opuso a las respuestas formalistas sobre la
especificidad del hecho literario, reprochándoles el empobrecimiento conceptual que
representaba entender que pasara, exclusivamente, por el análisis del material formal del
que estaba constituida la obra. Entienden que lo específicamente literario debe hallarse en
una concepción global de la obra, que tenga en cuenta tanto su forma como su contenido.
Iuri Tinianov también lo entendió como insuficiente, formando parte de un sistema
mucho más complejo que la mera obra literaria. Este distanciamiento hacia sus colegas,
junto a las críticas de Trotsky, quien proclamaba la “literatura y revolución” y que
argumentaba que el formalismo era escapista, no atendiendo a los problemas derivados de
la lucha de clases, significarían el fin del formalismo, pero sentaría las bases para un
movimiento posterior: el Estructuralismo Checo (Gómez 36-37). Esta nueva teoría
lingüística, fundada por el suizo Ferdinand de Saussure (1857-1913), que inicia su rumbo
poco después de su muerte por obra del ruso Roman Jakobson (1896-1982), donde, tal y
como decía Tinianov, se consideraría la lengua como un sistema, es decir, un conjunto de
elementos solidarios que tienen diferentes relaciones.

Además de las teorías que contradecían la idea de “literariedad”, el formalismo ruso vería
su fin por la persecución y el exilio, en un contexto político sumamente álgido. La
revolución bolchevique significaría, entre otras cosas, la censura de nuevas ideas y la
necesidad de muchos intelectuales de huir del nuevo régimen que había derrocado a los
zares. Es así como las ideas rusas se expandirán por Europa, no para dar pie a nuevas
escuelas formalistas, sino estructuralistas. Según Shklovski (1893-1984), las ideas
formalistas ya estaban obsoletas: “Por lo que a mí se refiere el formalismo es algo que
pertenece al pasado. Todo lo que queda del formalismo es la terminología, hoy en día
generalmente aceptada, así como una serie de observaciones tecnológicas” (Domínguez
203).
Nuevas escuelas nacieron de los formalistas rusos, como el Círculo Lingüístico de
Praga, la Escuela de Ginebra y la Escuela de Copenhague, ya estructuralistas, y si bien el
formalismo como fue concebido llegaría a su fin, fue el que sentó las bases para los
estudios literarios como algo que se debía estudiar no sólo desde otras disciplinas, sino
también desde una propia.

En 1967, Hans Robert Jauß denuncia un hecho que el formalismo, al igual que Tinianov,
pasaron completamente por alto. Para Jauß el formalismo peca de lo que él llamó “el
platonismo dogmático”, “dirigida a una Historia de la Literatura y el Arte como una historia
de sustancias eternas y constantes invariables, según la cual las obras son siempre las
mismas, idénticas a sí mismas y reveladas de una vez para siempre, de forma que el
receptor sólo tendría que asistir, pasivamente, al develamiento de su sentido” (Jauß 325-
327). La recepción estética, según este modelo, sería por tanto pasiva y estática, ya que el
receptor debería identificarse con la obra que hace suya.
Jauß denuncia el modelo previamente descrito como un “paradigma caduco”. Lo
metaforiza a través de la idea de un espejo roto, el cual ofrece una imagen fragmentaria que
no se deja totalizar, sino que multiplica el sentido, resistiéndose a la clausura.
La Estética de la Recepción propone considerar la obra de arte como el resultado de
la confluencia de diversos elementos: el autor y la obra, pero también el receptor, el
excluido.
Ahora los estudios literarios no giran única y exclusivamente en torno a lo que el
autor quiso decir, influenciado por el contexto, sino también a lo que el lector, a través de
su propia historia y comprensión, interpretó de lo que leyó. Esto hace de la teoría de los
sistemas de Tinianov una muchísimo más compleja, ya que autor hay uno, mientras que los
receptores abundan, todos de contextos y formaciones distintas, que hacen de su
comprensión una totalmente singular.

Iuri Tinianov planteó una crítica a la “literariedad” que desataría una discusión de suma
importancia para el formalismo. Introduciría la idea de “sistema” para la literatura,
argumentando correctamente que no podía entenderse la obra única y exclusivamente a
partir de sus elementos internos, sino que esta también se ve influenciada por obras de la
serie literaria y obras de la serie extraliterarias.
El grupo Bajatín estudiaría a los formalistas y plantearían sus propias teorías
lingüísticas. Al igual que Tinianov, entenderían la “literariedad” como un elemento que no
pertenece solamente a la literatura, sino que esta presente de muchas más formas, como en
el habla cotidiana, afiches publicitarios, y más. Así, una vez más Tinianov vio los estudios
literarios como una disciplina que abarca mucho más que obras como las de Góngora y
Dostoievski. Está presente también en lo mundano, lo que amplió mucho el espectro de
estudio.
Sumado a las incongruencias que daría a conocer Tinianov, la escuela formalista se
disolvería por la hostil situación política que vivía Rusia y donde los intelectuales
formarían parte de los grupos más criticados y perseguidos, obligando a muchos a huir al
extranjero. Pese a esta terrible situación, esto permitiría la divulgación de sus ideas y el
nacimiento del estructuralismo, que, si bien vería al formalismo como obsoleto, no hubiera
visto su génesis sin este.
Sin embargo, los estudios literarios no acabarán ahí, ni tampoco las críticas al
formalismo ruso. Hans Jauß, desde la Estética de la Recepción, comprendería que no se
puede excluir al lector de los estudios literarios, puesto que el resultado final de la obra
depende de lo que este haya entendido de esta, y no sólo lo que el autor quiso transmitir con
su trabajo. Por tanto, la idea de entender la literatura sólo desde la perspectiva del autor
resultaría en una idea inacabada de la disciplina.
Tinianov hizo grandes aportes a los estudios literarios y, si bien su teoría al igual
que la de los formalistas dejó aristas sueltas sumamente importantes, dieron el pie a
comenzar a estudiar y a entender la literatura no sólo desde la óptica de otras disciplinas,
sino de una propia abocada al trabajo realizado, algo que supondría el inicio de una
revolución en cuanto a la comprensión de los textos y el arte.

Bibliografía
Domínguez, José. Teoría de la literatura. Madrid: Editorial Centro de Estudios Ramón
Areces, 2002.

Dussaillant, Chantal. Formalismo Ruso. 2019. Power Point.


García Berrio, Antonio. Hernández Fernádez, Teresa. «Iniciación al estudio de la
literatura.» Madrid, España: Ediciones Cátedra, 2004. 61-62.

Gómez, Fernando. Manual de crítica literaria contemporánea. Madrid: Editorial Castalia,


2008.

Jauß, Hans. «La estética de la recepción.» Antich, Xavier. Imágenes Rotas. Materiales
para una historia contemporánea de las ideas estéticas. Barcelona: MACBA, 2010. 325-
327.

López, Martina. Fernández, Adriana. Enseñar literatura: Fundamentos teóricos. Propuesta


didáctica. Buenos Aires: Ediciones Manantial SRL y Universidad General de General
Sarmiento, 2005. 50.

Maldonado, Manuel. «La crisis de la literariedad y la interpetación literaria.» Revista de


Filiología Alemana, Vol. 19 (2011): 12.

Tinianov, Iuri. «Sobre la evolución literaria.» Todorov, Tzvetan. Teoría de la literatura de


los formalistas rusos. Siglo Veintiuno Editores, 1970.

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