PARTE ESPECIAL DEL DERECHO PENAL ECONÓMICO
5. Falsedades
Los documentos falsos (contrato, factura, cuentas anuales, renuncia, declaración) son
instrumentos casi connaturales a la delincuencia económica. El administrador que se
lleva dinero de la sociedad y luego lo cubre con documento falso. El que quiere engañar
a los consumidores utilizará un etiquetaje falso. El que adquiere adquirir clientes publica
datos falsos.
Están muy presentes en la delincuencia económica. Son tipos penales que tienen
naturaleza de carácter instrumental. Su injusto consiste en ser un instrumento para otros
injustos posteriores.
A la vez es un injusto necesario que debe estar en nuestro DP porque en una sociedad
compleja hay una necesidad de confiar en la información que nos proporcionan otros. Se
tiene uno que fiarse de las informaciones escritas por otros. Esos documentos son un
instrumento en los que hemos de confiar. Ojo, no todos los documentos son iguales y que
generan la misma confianza.
¿Por qué se castiga a alguien porque introduzca en los documentos datos falsos o
información que no corresponde con la realidad? Esos documentos tienen que ser
susceptibles de confianza pero no de la misma intensidad. En función de la clase del
documento tienen mayor o menor fuerza probatoria.
El documento tiene una función de perpetuidad, de garantía (de expresar quien es el
otorgante del documento, va unida a la autenticidad del documento) y función
probatoria (va vinculada a la veracidad del contenido).
Se castiga más cuando lo cometen los funcionarios que cuando son los particulares. Esto
se debe que los funcionarios tienen unos deberes mayores respecto a la fiabilidad e los
documentos en el tráfico jurídico.
El principio básico que nos sirve para interpretar del art. 390 y ss. CP. En el caso de los
funcionarios se extiende no solo al deber de autenticidad sino que tienen un deber de
veracidad. En el caso de los particulares se castigan las falsedades cuando afectan a la
autenticidad (material) y cuando uno miente solo se castiga (el 390.1.3 CP). Son impunes
las falsedades ideológicas de faltar a la verdad de los hechos (390.1.4 CP) cuando son
cometidas por un particular. En el tráfico económico hay muchas falsedades
documentales por particulares de este tipo.
Las facturas falsas van a ser las falsedades comunes más frecuentes en los casos reales de
DPE.
El problema de los documentos compuestos y complejos es un problema importante por
lo siguiente. Compuesto → adquiere sentido unido a un documento de referencia. Ej.
Matricula de coche, una matricula en si expresa su contenido por estar adherida a un
vehículo. Complejos → aquellos que tienen la vocación estar juntos a otros documentos.
Ej. Cuentas anuales de una empresa, tenemos la memoria, el balance… están hechas para
ser vistas en un subconjunto. El administrador que falseare las cuentas anuales (290 CP).
Si en el balance hay un error pero luego en la memoria esta muy bien, esta neutraliza el
error porque están hechos para ser leídos en conjunto.
Un documento para serlo debe tener una declaración imputable a una persona. Una
lista de la compra no es un documento. Todos los papeles son documentos, pero no todo
papel o soporte es documento.
Aclarar cuando un documento falso entra en el trafico jurídico y menoscaba la
confianza que debemos poder tener en los documentos para interactuar. Parece claro que
para afectar al tráfico jurídico debe tener la vocación de entrar en el tráfico jurídico. Si es
de carácter interno parece ser inidóneo.
El problema es que presupone todo lo que ocurre intramuros no pertenece al tráfico
jurídico. Podemos pensar que ha diferentes niveles de tráfico jurídico.
Si uno asume la idea de que las comunicaciones puramente internas no son en si
documentos capaces de alterar el tráfico jurídica, se podría hacer la siguiente distinción:
si ex ante lo único previsible es archivarlo, no es importante lo que ocurra ex post. Ahora
bien, si lo que estoy haciendo es contar que tengo unos gastos horribles y necesito que se
celebre contratos por ejemplo, esa comunicación interna no solo nos interesa saber si va
a pertenecer al tráfico jurídico sino las relaciones con los demás.
Las falsedades distorsionan el tráfico porque desorientan a los destinatarios. Las
falsedades te van a aparecer con dos funciones: el medio para cometer otros delitos y la
otra es que sirven también como medio para encubrir un delito previamente cometido.
Los documentos mercantiles (390 y ss.) tienen la misma protección que los documentos
públicos u oficiales. La jurisprudencia ha sido amplia cosa que no lo ha sido la doctrina,
dando solo importancia a los documentos mercantiles que tienen una gran fuerza
probatoria o valor. La jurisprudencia tiende a ser generosa porque a veces, las falsedades
son lo único que queda en una acusación.
Problema de las famosas falsedades cometidas por particular cuando se falta a la verdad
en la narración de los hechos y el caso de las facturas falsas. El 390.1.4 vemos que es una
forma de falsedad ideológica. Problema de veracidad no de autenticidad. Parecería
clarísimo que una factura falsa es una mentira escrita, la jurisprudencia está llevando las
facturas falsas por el 390.1.2 CP, porque no se podría castigar a los particulares que
hicieran facturas falsas por el 390.1.4 CP. En realidad, cuando las partes en una factura
falsa ponen por escrito este negocio simulado dice la jurisprudencia que esto induce a
error sobre la autenticidad del documento (origen). El TC ha admitido la interpretación
ampliatoria. A muchos autores, les parece una analogía in malem partem.
APUNTES:
Falsedad material → cambiar la firma o en el DNI modificar el nombre. Falsedad
ideológica → no guardan relación con la persona sino con el objeto, con el documento
que no se ajusta a la realidad. Faltar a la verdad en la redacción de los hechos.
Estos dos tipos de falsedades se pueden dar conjuntamente. Cuando sean funcionarios se
castiga tanto la material como la ideológica.
El 392 no castiga al particular por mentir solo se le castiga en la falsedad material, aunque
como excepción si que se le castiga por la falsedad ideológica del punto 3. Los
particulares no están castigados por no decir la verdad. Si que se puede castigar cuando
distorsiona los documentos.
Excepcionalmente se castigaran las falsedades en documento privado (395) cuando se
utilicen las falsificaciones para perjudicar a otro.
Supuesto: Jordi y Ivo son administradores de sociedades distintas y se están
enriqueciendo a través de cuentas en Suiza. Se tiene que justificar la salida de dinero.
Entonces IVO le dice a Jordi que le emita una factura en que se dice que se paga un
servicio de asesoría. Con esto se estaría haciendo una justificación para explicar la salida
de capital. → faltando a la verdad, si son particulares que cometen una falsedad ideológica
el hecho será penalmente atípico. El TS dice que esto es incorrecto, en cuanto a las
facturas inexistentes, se cometen una falsedad material, se comete una simulación de
documento 390.2 CP.
INTRODUCCIÓN. EL SENTIDO DE LA SANCIÓN PENAL DE DELITOS DE
FALSEDAD DOCUMENTAL
En el título XVIII del CP se definen y sancionan los delitos de falsedades. El núcleo de
la regulación legal lo constituye el Capítulo de los delitos de falsedades documentales.
Ni la falsificación de moneda ni las falsedades personales son objeto de este texto.
Con la denominación de falsedades se designa un conjunto de conductas cuyo
denominador común es el engaño. Sin embargo, que en todas las falsedades haya un
engaño no significa que todo engaño sea constitutivo de falsedad punible.
Ha sido tradicional la calificación de los delitos de falsedad como delitos contra la fe
pública, es decir, contra la confianza de los ciudadanos. Lo que se pretende garantizar
con la tipificación de los delitos de falsedades es la confianza en que la toma de decisiones
en la interacción social tiene lugar en condiciones de simetría de información entre todos.
Las falsedades son actos de naturaleza instrumental. Lo normal es que se cometa
falsedad con el fin de obtener un beneficio, económico o no, que por lo general va
asociado a la causación de un perjuicio a otro, económico o no.
La sanción penal de las falsedades expresa en realidad una anticipación en la
intervención del Derecho penal. Su fin último es proteger los intereses personales o
patrimoniales vinculados a la toma de decisiones en condiciones de igualdad de
información. Para ello, se sancionan conductas que resultan ser actos preparatorios o
intentos de producir las decisiones erróneas que perjudiquen los intereses de otros. Otro
contexto posible de las falsedades es su realización con el fin de ocultar o encubrir la
previa comisión de otro delito.
LA CUESTIÓN DEL BIEN JURÍDICO
INTRODUCCIÓN
Doctrina y jurisprudencia discuten acerca de si lo protegido mediante los delitos de
falsedad documental es una genérica seguridad del tráfico jurídico o, más bien, las
específicas funciones de los documentos en dicho tráfico jurídico. Estas funciones son
tres: la función de perpetuación, la función de garantía y la función probatoria. La
primera alude a la capacidad del documento de hacer constar su contenido de forma
estable (permanencia). La segunda, a su capacidad de identificar a su autor (autenticidad).
La tercera, a su capacidad de ser instrumento de prueba de su contenido (veracidad).
Serán conductas penalmente relevantes las que privan al documento de su capacidad
de perpetuación, las que quiebran su autenticidad y, en fin, las que provocan la falta de
correspondencia de su contenido con la realidad.
EL CONCEPTO DE DOCUMENTO Y EL ALCANCE DE LA DEFINICIÓN LEGAL
El art. 26 CP define el documento como "todo soporte material que exprese o
incorpore datos, hechos o narraciones con eficacia probatoria o cualquier otro tipo
de relevancia jurídica". El concepto de documento propio de los delitos de falsedades
documentales requiere los elementos de capacidad de perpetuación, capacidad de prueba
y autenticidad, esto es, capacidad de identificar a su otorgante (función de garantía).
El documento requiere un soporte material, pues solo éste puede darle su cualidad de
perpetuidad. Ese soporte no tiene por qué ser en papel necesariamente. Podrían serlo otros
materiales clásicos o más modernos como la cinta magnetofónica, la cinta de video, el
disquete, el disco duro de un ordenador o un disco compacto. El soporte material, pues,
puede ser informático. La materialización no tiene por qué ser en forma de escrito, sino
que puede manifestarse también mediante imágenes, signos o símbolos. La combinación
de unas y otras formas de materialización da origen a los denominados documentos
compuestos.
El documento debe poder atribuirse a una persona, pues solo de este modo cumple la
función de garantía. Esa atribución tiene lugar, normalmente, mediante la firma o la
rúbrica. Esto significa que el texto anónimo, por sí solo, no puede ser objeto de los delitos
de falsedad documental, sino solo mediante su incorporación a un expediente o sumario
que actuaría como documento complejo del que el anónimo formaría parte.
El documento ha de ser objetivamente adecuado para tener efectos probatorios en el
tráfico jurídico, efectos probatorios que varían en función de la clase de documento.
Sobre las fotocopias, la jurisprudencia mayoritaria considera que sí constituyen un
documento, aunque solo de naturaleza privada, incluso en el caso de que se tratara de
la fotocopia de un documento oficial. Solo en el caso de que la fotocopia fuera cotejada
y autenticada por fedatario público nos hallaríamos ante un documento público u oficial.
En el caso de que la fotocopia constituyera el instrumento para la confección de un
documento simulado, le correspondería la naturaleza propia del documento objeto de
simulación. En la doctrina parece seguir siendo mayoritaria la tesis según la cual la
fotocopia no es en absoluto un documento.
La sustitución de placas de matrícula es sancionada por la jurisprudencia como falsedad
documental.
LAS CLASES DE DOCUMENTOS
En la regulación de las falsedades del CP se distingue entre documentos públicos,
oficiales, mercantiles y privados.
Son públicos los documentos autorizados por notarios o por otros funcionarios a quienes
se atribuye fe pública, en su ámbito de competencia, con los requisitos y formalidades
que establecen las leyes. Una clase particular de ellos son los documentos oficiales,
expedidos por los funcionarios públicos en el ejercicio de sus cargos. La característica
fundamental de estos documentos es su especial fuerza probatoria. Esta especial fuerza
probatoria se relaciona con la existencia de deberes cualificados de veracidad, que recaen
sobre los funcionarios competentes para expedir tales documentos.
Son documentos privados aquellos que son otorgados por particulares, sin intervención
de fedatario público alguno. El contenido probatorio de estos documentos es muy inferior
al de los anteriores, lo que se relaciona con la ausencia de deberes generales de veracidad
para los particulares cuya infracción fuera sancionable por sí misma.
Los documentos mercantiles tienen una protección en el CP idéntica a la de los
documentos públicos y oficiales. Estos documentos son los que se han elaborado
conforme al Código de Comercio y hacen constar derechos definidos en las leyes
mercantiles. La jurisprudencia los define como todo aquél documento que recoja una
operación de comercio o tenga validez o eficacia para hacer constar derechos u
obligaciones de tal carácter o sirva para demostrarlas. La doctrina, en cambio, se acoge a
un concepto más estricto, vinculado a la especial fuerza probatoria de algunos
documentos comerciales, que justificaría su equiparación a los documentos públicos y
oficiales. Por ejemplo, letras de cambio y otros títulos-valores.
Una de las clases de documentos más discutida en la jurisprudencia y en la doctrina era
la de los denominados documentos oficiales por destino o por incorporación. La
doctrina más clásica del TS mantenía que los documentos inicialmente configurados
como privados se convertían en públicos u oficiales tan pronto como se incorporaran a
expedientes administrativos. Esta doctrina fue abandonada. Pero se ha mantenido en una
amplia corriente de la Sala Segunda del TS la idea de que es preciso castigar por falsedad
en documento oficial al particular que ha incurrido en una inveracidad en un documento
privado que no tiene otro fin posible que el de incorporarse a un expediente
administrativo, engañando al funcionario público encargado de tramitarlo: son éstos los
denominados documentos recepticios.
La doctrina de los documentos recepticios implica una extensión improcedente de la
responsabilidad a título de falsedad documental que no guarda relación con el sentido
del concepto central "fuerza probatoria".
Un documento privado incorporado a un expediente oficial no pasa por ello a tener la
fuerza probatoria de los documentos otorgados por funcionarios dotados de fe pública.
LAS CONDUCTAS DE FALSEDAD (ART. 390-400 CP)
CLASES
El art. 390.1 CP alude a cuatro clases de conductas falsarias.
Las de los números 1º y 2º son falsedades materiales, es decir, implican una intervención
del autor sobre el soporte material del documento. Tal intervención puede consistir, por
un lado, en la alteración de uno de los elementos o requisitos de carácter esencial del
documento. A ello se refiere el art. 390.1.1 con la expresión : "alterando un documento
en alguno de sus elementos o requisitos de carácter esencial". Por otro lado, la
falsedad puede consistir en la creación de dicho soporte material por alguien que no
aparecerá como el otorgante formal de tal documento. A esta conducta se refiere el art.
390.1.2 CP con la siguiente expresión: "simulando un documento en todo o en parte,
de manera que induzca a error sobre su autenticidad".
Las conductas de los números 3º y 4º del art. 390.1 CP son falsedades ideológicas. Solo
afectan a la función probatoria. Las falsedades ideológicas no requieren una intervención
material sobre el soporte del documento, sino sencillamente una inveracidad de las
declaraciones contenidas en él. En el art. 390.1.3 CP se tipifica la falsedad cometida
"suponiendo en un acto la intervención de personas que no la han tenido, o
atribuyendo a las que han intervenido en él declaraciones o manifestaciones
diferentes de las que hubieran hecho". El art. 390.1.4 CP contiene la referencia genérica
a la mentira escrita, contemplando como modalidad falsaria la falta a la verdad "en la
narración de los hechos".
Parece que en las falsedades documentales no se contempla específicamente la lesión de
la función de perpetuación de los documentos. Un sector de la doctrina entiende que la
destrucción de todo o parte de un documento es una alteración de éste y, por tanto, típica
como delito de falsedad documental. Sin embargo, la mayoría rechaza esta posibilidad,
señalando que tal destrucción solo es subsumible para los particulares en el delito de
daños patrimoniales, y para los funcionarios públicos en el delito de infidelidad en la
custodia de documentos.
El CP, además, sanciona las conductas de presentación en juicio o de uso de documento
falso. La sanción penal del uso requiere la idoneidad para perjudicar a un tercero. El art.
400 CP tipifica, y sanciona con la misma pena del delito consumado, un acto preparatorio:
la fabricación, recepción, obtención o tenencia de medios específicamente destinados a
la comisión de los delitos de falsedad documental.
SUJETOS
Sujetos activos de los delitos de falsedad son, por un lado, las autoridades y funcionarios
públicos. En este caso se trata de delitos especiales. La condición de sujeto activo del
delito la obtienen los funcionarios y autoridades que obren en el ejercicio de sus
funciones. La conducta del funcionario público que comete una falsedad en un
documento público u oficial fuera del ámbito de su específica competencia está sometida
al mismo tratamiento que la falsedad cometida por particulares.
El art. 390.2 CP equipara a las autoridades y funcionarios públicos a los responsables de
confesiones religiosas "respecto de actos y documentos que puedan producir efecto en el
estado de las personas o en el orden civil".
Pueden ser sujetos activos de delitos de falsedad los particulares quienes, a su vez, cabe
que cometan falsedad sobre documentos públicos, oficiales o mercantiles (art. 392 CP) o
sobre documentos privados (art. 395 CP). La jurisprudencia acoge un concepto amplio de
autoría que no requiere la ejecución personal y física de la acción falsaria. Estima
suficiente para ser coautor la existencia de condominio del hecho, expresado en la
existencia de un acuerdo y de una aportación en fase ejecutiva. Las conductas de los
particulares solo son punibles a título de falsedad documental si pueden subsumirse en
los números 1º, 2º o 3º del art. 390.1 CP; no, en cambio, si se trata de la conducta de
"faltar a la verdad en la narración de los hechos", del art. 390.1.4 CP. El art. 395 CP
establece que la sanción de la falsedad cometida por particular ha de haber sido realizada
para perjudicar a otro.
La mentira de los particulares, así como la mentira proferida por éstos en declaraciones
ante funcionarios públicos que la recogen en los documentos que otorgan no es punible
como conducta de falsedad documental del particular.
La razón de que las mentiras de los particulares no sean punibles en sí mismas como
delito de falsedades documentales es que los documentos en los que aquéllas puedan
plasmarse no prueban la conformidad del contenido de sus manifestaciones con la
realidad: no hay aquí una posición institucional de deber equivalente a la del fedatario
público. Sin embargo, sí se exige deber de veracidad en supuestos específicos y
delimitados para la protección de determinados intereses superiores (declaraciones
testificales), o bien, en determinados documentos mercantiles.
Que el particular carezca de un deber de veracidad por regla general en sus
manifestaciones ante funcionarios públicos, no excluye que pese sobre él el deber de no
engañar, esto es, de no inducir a error a los fedatarios y funcionarios públicos en las
cuestiones a las que sí alcanza la fe pública atribuida a los documentos emanados de éstos.
No es posible sancionar a un particular como autor mediato de un delito del art. 390.1.4
CP cometido por error invencible o vencible por un funcionario, pues el particular no
puede ser autor de tal delito.
Entonces, cómo se sanciona al particular que crea falsas apariencias de modo tal que un
funcionario público sufre un error y da fe de algo que no se corresponde con la realidad?
Si la creación de falsas apariencias es en sí misma punible, ésta podría ser la vía para
sancionarle. Más allá de ahí, no se dan en el Derecho español otras posibilidades de
sanción que las que puedan derivarse de calificar la intervención del particular como
participación, a título de extraneus, en la falsedad imprudente del funcionario público del
art. 391 CP.
De las conductas de falsedad documental que pueden ser realizadas por los particulares,
no suscita especiales problemas la falsedad por alteración de extremos esenciales del
documento del art. 390.1.1 CP. En cambio la polémica sobre los términos de la aplicación
del art. 390.1.2 CP ha sido enorme. Este debate tuvo sus manifestaciones más importantes
en la STS 1/1997 (caso Filesa) y la STS 224/1998 (caso Argentia Trust). El centro de la
discusión es si cabe incluir en dicha definición legal los casos de facturas falsas en los
que dos particulares se ponen de acuerdo en otorgar un documento, firmándolo ellos
mismos, pero haciendo constar en él datos que no se corresponden con la realidad.
La Sentencia del caso Filesa tenía por objeto el tratamiento de los casos de facturas falsas,
estos son, documentos que responden a un pago cierto y a la voluntad real del emisor y
del receptor, refiriéndose sin embargo a un negocio jurídico ficticio o distinto del
realmente subyacente. A partir de ahí, se sostuvo en la resolución que dicho supuestos de
hecho no constituye una falsedad ideológica que resultaría impune al tratarse de
particulares, sino que constituye un caso de simulación total del documento, o de los
documentos, que no responden en ningún caso a lo que su contenido manifiesta. Se
consideró que esa producción por particulares de un documento enteramente falso debe
ser castigada como falsedad.
La Sentencia del caso Argentia Trust entendió que, en los casos de facturas falsas, la
factura para cuyo pago se efectuó la transferencia de fondos que ya ha quedado
jurídicamente calificada no fue simulada sino auténtica en tanto fue reconocida como tal
por quien la autorizó con su firma. Aunque no era verdad que la misma respondiese a los
trabajos que en ella se referían, esta circunstancia no convertía en simulada a la factura,
sino sencillamente en mendaz. Se llegó a la conclusión de la impunidad, a título de
falsedad, de los casos de facturas falsas, por tratarse de supuestos en los que solo se falta
a la verdad en la narración de los hechos.
La doctrina acogida en el caso Filesa fue avalada por el TC como una interpretación del
art. 390.1.2 CP no vulneratoria del principio de legalidad. Dicha doctrina ha sido acogida
por la jurisprudencia mayoritaria.
También es discutida la aplicación a los particulares del supuesto comprendido en el art.
390.1.3 CP. Para un sector de la doctrina, esta conducta la pueden realizar aquellos
particulares que, como los administradores o representantes de una persona jurídica,
pueden tener la obligación legal de certificar los acuerdos de una junta o asamblea, lo que
cabría que hicieran faltando a la verdad en cuanto a la determinación de los asistentes o
en cuanto a las manifestaciones efectuadas por éstos. Esta conducta sería una falta a la
verdad cualificada por las funciones desempeñadas por tales particulares, lo que
justificaría su sanción. Otro sector doctrinal, en cambio, se muestra contrario a la hipótesis
de que los particulares puedan realizan efectivamente la conducta del art. 390.1.3 CP por
entender que los documentos otorgados por éstos carecerían de fuerza probatoria en
cuanto a su contenido, lo que privaría de justificación a una sanción penal. La
jurisprudencia acoge el primer punto de vista.
IMPUTACIÓN OBJETIVA Y SUBJETIVA
Como de modo general, también en las falsedades documentales es aplicable la doctrina
de la imputación objetiva. La conducta falsaria, para ser penalmente típica, debe constituir
un riesgo relevante de afectación a la confianza de los ciudadanos en las funciones del
documento. Cuando la falsedad cometida no es idónea para producir esa perturbación, la
conducta es atípica (falsedad inocua). La jurisprudencia, de todos modos, suele operar
todavía de modo extraordinariamente formalista en los delitos de falsedad, lo que
determina que el ámbito de las falsedades consideradas inocuas sea considerablemente
restringido.
No son típicas las falsedades consentidas, salvo que el hecho de la estampación personal
de la firma tenga alguna trascendencia específica en el ámbito de que se trate. El
consentimiento puede ser expreso o implícito. Si la relevancia penal de los delitos de
falsedad documental se vincula a la fuerza probatoria parece claro que solo puede
atentarse contra tal fuerza probatoria si se produce un quebrantamiento de la
correspondencia entre apariencia y realidad. La firma estampada en el documento expresa
el contenido de voluntad de su otorgante. Lo decisivo, en general, es si esta firma se
corresponde con la voluntad del otorgante nominal o ha sido suplantada, atribuyéndosele
una voluntad que no tuvo. Si se corresponde con la voluntad del otorgante formal, no hay
falsedad punible, pues no se ha producido un riesgo relevante contra los medios de
prueba. La jurisprudencia acoge este criterio.
En cuanto a la imputación subjetiva, las falsedades son punibles de modo general solo
si se han cometido dolosamente. Una excepción a esta regla general viene dada por lo
dispuesto en el art. 391 CP, que sanciona la conducta de la autoridad o funcionario público
que comete falsedad por imprudencia grave. Como se ha indicado, en relación con este
delito es concebible la intervención punible de los particulares que determinen la
comisión de la falsedad imprudente por el funcionario público correspondiente. El art.
391 CP sanciona también al funcionario público que, por imprudencia grave, da lugar a
que otro cometa falsedad. Esta conducta podría calificarse como una intervención
imprudente en el delito doloso de falsedad cometido por un tercero. Esta diferencia en el
trato de los funcionarios públicos con respecto al de los particulares es debida a los
especiales deberes de veracidad que recaen sobre aquéllos y que les obligan a cerciorarse
de la efectiva concurrencia de las circunstancias a las cuales se extienden su facultades
como fedatarios.