INSTITUTO DE ESTUDIOS SUPERIORES EMPRENDEDORES “ALFRED NOBEL” · CLAVE:
20MSU0074U
ANTOLOGÍA:
SALUD MENTAL
MAESTRO O ASESOR:
WILLIAMS HENRY GRIJALVA SANTOS
LICENCIADO EN PSICOLOGÍA
FECHA:
SEPTIEMBRE-DICIEMBRE
TEMA I. ASPECTOS CONCEPTUALES
1.1 Salud
La salud mental es un fenómeno complejo determinado por múltiples factores sociales,
ambientales, biológicos y psicológicos, e incluye padecimientos como la depresión, la
ansiedad, la epilepsia, las demencias, la esquizofrenia, y los trastornos del desarrollo en
la infancia, algunos de los cuales se han agravado en los últimos tiempos.
En este sentido, lograr que la población conserve la salud mental, además de la salud
física, depende, en gran parte, de la realización exitosa de acciones de salud pública,
para prevenir, tratar y rehabilitar.
Otro aspecto inherente a la política social, es que la salud mental se relaciona al igual
que la salud física, con la pobreza, en donde la incidencia de estos padecimientos exige
de los afectados mayor proporción de los pocos ingresos que generan, además de lo
incapacitantes que resultan, que como consecuencia disminuyen o frenan el potencial de
desarrollo de las personas y por tanto de los núcleos familiares.
Antes de definir la salud tal como la entendemos en la actualidad, vale la pena recordar los
conceptos que establecieron los expertos hace algunos años. Así, por ejemplo, la
Organización Mundial de la Salud (OMS), en 1946, formuló una definición e identificó tres
dimensiones de salud: "Estado de completo bienestar mental, físico y social, y no
meramente la ausencia de enfermedad o dolencia".
René Dubos, microbiólogo francés, en el año 1959 dice: "Los términos salud y enfermedad
carecen de significado a menos que sean definidos en relación con una cierta persona que
funciona en un ambiente social y físico determinado". (4)
En el Congreso de Médicos y Biólogos de Lengua Catalana (1976), se aceptó la definición
de que: La salud es aquella manera de vivir que es autónoma, gozosa y solidaria.
Por su parte, Caba afirma que “...el concepto de salud es inseparable de la paz y de la
amenaza de guerra, de la eliminación de la pobreza y de la marginación, de la
conservación del medio ambiente, de la reducción del desempleo. La salud y la
enfermedad no deben concebirse como conceptos estrictamente biológicos e individuales y
se deben formular como procesos condicionados por determinadas circunstancias sociales
y económicas". (5)
Milton Terris, detractor de la definición de la OMS, viene a decir que la salud tiene dos
aspectos: uno subjetivo que se refiere a "sentirse bien" y el otro objetivo que implica "la
capacidad para la función". (6) Sobre esta base, propone eliminar la palabra "completo”,
ya que la salud como la enfermedad no es un valor absoluto; señalando que existen
distintos grados de salud, como hay distintos grados de enfermedad, e incluir el aspecto
objetivo, la capacidad de funcionar. Así, la definición de Terris: "Estado de bienestar
físico, mental y social, con capacidad de funcionar y no únicamente la ausencia de
afecciones o enfermedades", siendo operativa, se observa el inconveniente de no considerar
la enfermedad en su estado precoz, sin tener en cuenta las que pueden no producir
síntomas, ni limitar la capacidad de funcionamiento.
Por su parte San Martín sostiene que el enfoque de la OMS, siendo prospectivo y dinámico,
es difícilmente alcanzable por todas las sociedades. (3)
Por otro lado, podemos decir que el enfoque positivo que la OMS da al concepto de salud
ha hecho que en los últimos treinta o cuarenta años, se desarrolle una nueva cultura de la
salud en la que se han ido desarrollando modelos explicativos que permiten integrar las
complejas interacciones de los factores biológicos, psicológicos y sociales. El modelo
ecológico es un caso de nuevo enfoque que, apoyado en el desarrollo de la Ecología
Humana, nos explica la salud desde el proceso adaptativo del hombre a su complejo medio
físico y social.
Como bien dice Hernán San Martín: "Nos ha costado siglos para darnos cuenta que
nuestro bienestar biológico, social y mental, que la salud y la enfermedad, no son meros
accidentes en nuestra vida, ni tampoco premio o castigo que nos caen del cielo, sino que
corresponden a situaciones ecológicas, económicas y sociales bien precisas que nosotros
mismos, a través de nuestra historia, hemos provocado". (7)
Dubos, en 1959, presenta la salud y la enfermedad no como meros acontecimientos
biológicos, sino como fenómenos en que lo cósmico, lo vital, lo histórico y lo biográfico
individual y colectivo aparecen en una insoluble unión, en un marco de estructuras sociales
definidas, entendiendo la salud como "el estado de adaptación al medio y la capacidad de
funcionar en las mejores condiciones de este medio". (4) Esta es una definición que tiene la
virtud de no oponer la salud a la enfermedad como pasa con otras definiciones.
Por su parte, Iván Illich afirma que: "Salud es, después de todo, una palabra cotidiana que
se usa para designar la intensidad con que los individuos hacen frente a sus estados
internos y sus condiciones ambientales". (8) Esta definición incluye la noción del equilibrio
de las fuerzas vitales, la armonía, la autonomía y la responsabilidad en el proceso de
adaptación al medio ambiente.
San Martín dice, en 1985, que "la salud es una noción relativa, que reposa sobre criterios
objetivos y subjetivos (adaptación biológica, mental y social) y que aparece como un
estado de tolerancia y compensación físico, psicológico, mental y social fuera del cual
todo otro estado es percibido por el individuo y/o por su grupo, como la manifestación de
un estado mórbido". (3)
Así pues, el concepto de salud tenemos que entenderlo de manera amplia e integral y,
además, como el equilibrio y la adaptación del individuo para mantener la armonía consigo
mismo, con los demás y con el medio ambiente en el que vive; como una manera de vivir
que suponga el desarrollo de la potencialidad humana, que permita el goce pleno y
armonioso de sus facultades, para disfrutar un bienestar individual y para participar en el
progreso común.
Sin embargo, la adaptación necesita de un proceso dinámico en el medio que nos rodea
(natural y social, económico y cultural), condicionado por variados y múltiples factores que
influyen en el estado de salud. Los diversos factores o determinantes que condicionan el
nivel de salud de las personas (que nunca se deben considerar aisladamente, sino en
constante interacción), según Lalonde, (9) son los siguientes:
La biología humana: genética, envejecimiento.
El medio ambiente: los factores físicos, químicos, biológicos, psicosociales y
socioculturales.
El estilo de vida: conductas de salud.
Y el sistema asistencial sanitario.
Todas estas variables, las biológicas en menor medida, pueden ser modificables por
acciones conjuntas de los pueblos: comunidad, grupos. Si bien hay que resaltar que son los
factores sociales los que predominan en nuestro tiempo histórico, en la configuración de la
salud de la población. De tal manera que la salud de la población depende, en parte, de la
forma en que las acciones políticas condicionan el medio y crean aquellas circunstancias
que favorecen la confianza en sí, la autonomía y la dignidad para todos; especialmente de
los débiles, los pobres, los transeúntes, los enfermos mentales... Los niveles de salud, en
consecuencia, serán óptimos cuando el ambiente favorezca una capacidad de
enfrentamiento autónoma, personal y responsable.
1.2 Dimensión de la salud mental en la salud pública
La salud mental se define como un estado de bienestar en el cual el individuo es
consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida,
puede trabajar de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer una contribución a su
comunidad.
Se calcula que aproximadamente el 20% de los niños y adolescentes del mundo tienen
trastornos o problemas mentales
Cerca de la mitad de los trastornos mentales se manifiestan antes de los 14 años. En todas
las culturas se observan tipos de trastornos similares. Los trastornos neuropsiquiátricos
figuran entre las principales causas de discapacidad entre los jóvenes. Sin embargo, las
regiones del mundo con los porcentajes más altos de población menor de 19 años son las
que disponen de menos recursos de salud mental. La mayoría de los países de ingresos
bajos y medios cuenta con un solo psiquiatra infantil por cada millón a cuatro millones de
personas.
Los trastornos mentales y los trastornos ligados al consumo de sustancias son la principal
causa de discapacidad en el mundo
Los trastornos mentales y los trastornos ligados al consumo de sustancias son la causa de
cerca del 23% de los años perdidos por discapacidad.
Cada año se suicidan más de 800 000 personas
Cada año se suicidan más de 800 000 personas, y el suicidio es la segunda causa de muerte
en el grupo de 15 a 29 años de edad. Hay indicios de que por cada adulto que se suicida hay
más de 20 que lo intentan. El 75% de los suicidios tienen lugar en países de ingresos bajos
y medios. Los trastornos mentales y el consumo nocivo de alcohol contribuyen a muchos
suicidios. La identificación precoz y el tratamiento eficaz son fundamentales para
garantizar que estas personas reciben la atención que necesitan.
La guerra y las catástrofes tienen efectos importantes en la salud mental y el bienestar
psicosocial
La incidencia de los trastornos mentales tiende a duplicarse después de las emergencias.
Los trastornos mentales figuran entre los factores de riesgo importantes de otras
enfermedades y de lesiones no intencionales o intencionales
Los trastornos mentales aumentan el riesgo de contraer otras enfermedades como la
infección por VIH, las enfermedades cardiovasculares o la diabetes, y viceversa.
La estigmatización y la discriminación de que son víctimas los enfermos y sus familiares
disuaden a los pacientes de recurrir a los servicios de salud mental
La ignorancia y la estigmatización que rodean a las enfermedades mentales están muy
extendidas. Pese a disponer de tratamientos eficaces, existe la creencia de que no es posible
tratar los trastornos mentales, o de que las personas que los padecen son difíciles, poco
inteligentes o incapaces de tomar decisiones. Esa estigmatización puede dar lugar a malos
tratos, rechazo y aislamiento, y privar a las personas afectadas de atención médica y apoyo.
Dentro del sistema de salud, es muy frecuente que esas personas reciban tratamiento en
instituciones que se parecen más a almacenes humanos, que a lugares para curarse.
En la mayoría de los países son frecuentes las denuncias de violaciones de los derechos
humanos de las personas con discapacidad mental o psicológica
Esas violaciones incluyen la coerción física, la reclusión y la privación de las necesidades
básicas y la intimidad. Pocos países cuentan con un marco legal que proteja debidamente
los derechos de las personas con trastornos mentales.
Existen grandes diferencias en el mundo en la distribución de profesionales competentes
en atención de salud mental
La escasez de psiquiatras, enfermeras psiquiátricas, psicólogos y trabajadores sociales son
algunos de los principales obstáculos que impiden ofrecer tratamiento y atención en los
países de ingresos bajos y medios. Los países de ingresos bajos cuentan con 0,05
psiquiatras y 0,42 enfermeras psiquiátricas por cada 100 000 habitantes, mientras que en los
países de ingresos altos la tasa de los psiquiatras es 170 veces mayor y la de las enfermeras
es 70 veces mayor.
Para que aumente la disponibilidad de servicios de salud mental, hay que superar cinco
obstáculos clave
Para que aumente la disponibilidad de servicios de salud mental, hay que superar cinco
obstáculos clave: la no inclusión de la atención de salud mental en los programas de salud
pública y las consiguientes consecuencias desde el punto de vista de la financiación; la
actual organización de los servicios de salud mental; la falta de integración de la salud
mental en la atención primaria; la escasez de recursos humanos para la atención de salud
mental; y la falta de iniciativa en el terreno de la salud mental pública.
Los recursos financieros que se necesitan para que aumenten los servicios son
relativamente modestos
Los gobiernos, los donantes y los grupos que representan a los agentes de salud mental, los
enfermos mentales y sus familiares tienen que trabajar de consuno para que aumenten los
servicios de salud mental, sobre todo en los países de ingresos bajos y medios. Los recursos
financieros que se necesitan son relativamente modestos: US$ 2 por persona y año en los
países de ingresos bajos y US$ 3 a 4, en los de ingresos medios.
Por cuanto acabamos de ver, el estado mental también forma parte de la evaluación del
estado de salud de cualquier sujeto. Porque, sin duda, no se puede ostentar un nivel óptimo
de salud y un deficitario estado mental. Por tanto, el concepto de “salud mental” va
implícito en el concepto de salud y además como algo indisociable.
En cualquier caso, la salud y, por tanto, la salud mental, desde una perspectiva actual, se
contempla como un proceso dinámico, por el cual todas las personas -a lo largo de la vida-
atravesamos por diferentes períodos en los que el grado de salud varía dentro de ese
proceso continuo: salud?enfermedad.
Mucha gente piensa en la “enfermedad” mental cuando escuchan la expresión “salud
mental”. No obstante, salud mental es mucho más que la ausencia de trastorno mental. La
salud mental es un don que todos queremos poseer, independientemente de si lo
designamos o no con ese nombre. Cuando hablamos de felicidad, tranquilidad, goce o
satisfacción, casi siempre nos estamos refiriendo a la salud mental.
La salud mental tiene que ver con la vida diaria de todos. Se refiere a la manera como cada
uno de nosotros nos relacionamos con otros en el seno de la familia, en la escuela, en el
trabajo, en las actividades recreativas, en el contacto diario con nuestros iguales y, en
general, en la comunidad. Comprende la manera en que cada uno armoniza sus deseos,
anhelos, habilidades, ideales, sentimientos y valores morales con los requerimientos para
hacer frente a las demandas de la vida.
Según la Federación Mundial para la Salud Mental (10), la salud mental tiene que ver con:
Cómo nos sentimos con nosotros mismos.
Cómo nos sentimos con los demás.
En qué forma respondemos a las demandas de la vida.
No existe una línea divisoria que separe con precisión a la persona mentalmente sana de la
que no lo está. En verdad, existe toda una gama de grados de salud mental y no hay una
característica singular que pueda tomarse aisladamente como evidencia de que se la posee.
Por otra parte, tampoco la ausencia de uno de esos atributos puede admitirse como prueba
de “enfermedad” mental. Más aún, nadie mantiene durante toda su vida las condiciones de
una “buena” salud mental.
Entre las características de las personas mentalmente sanas se encuentran las siguientes:
1. Están satisfechas consigo mismo.
No están abrumadas por sus propias emociones (rabia, temores, amor, celos,
sentimientos de culpa o preocupaciones).
Pueden aceptar sin alterarse las decepciones de la vida.
Tienen una actitud tolerante, despreocupada, respecto a la propia persona y a los
demás y son capaces de reírse de sí mismas.
Ni subestiman ni sobrevaloran sus habilidades.
Se respetan a sí mismas.
Se sienten capaces de enfrentar la mayoría de las situaciones.
Consiguen placer de las cosas simples de la vida cotidiana.
2. Se sienten bien con los demás.
Son capaces de amar y tener en consideración los intereses de los demás.
Sus relaciones personales son satisfactorias y duraderas.
Les gusta confiar en los demás y sentir que los otros confían en ellos.
Respetan las múltiples diferencias que encuentran en la gente.
No se aprovechan de los demás ni dejan que se les utilice.
Se sienten parte de un grupo.
Se consideran implicados en los avatares que afectan a la sociedad.
3. Son capaces de satisfacer las demandas que la vida les presenta.
Enfrentan sus problemas a medida que se van presentando.
Aceptan sus responsabilidades.
Modifican su ambiente cuando esto es posible y se ajustan a él cuando es necesario.
Planifican para el futuro, al que enfrentan sin temor.
Tienen la mente abierta a nuevas experiencias e ideas.
Hacen uso de sus dotes y aptitudes.
Se fijan sus metas ajustándose a la realidad.
Son capaces de tomar sus propias decisiones.
Consiguen satisfacción en poner su mejor esfuerzo en lo que hacen.
Sostiene Bárbara S. Jonson (11) que las sociedades definen los términos salud y
enfermedad según sus creencias y valores. Cuando una persona es capaz de llevar a cabo su
rol en la sociedad y su conducta se adapta al entorno, decimos que la persona está sana;
cuando no se cumplen las responsabilidades de rol y la conducta es de falta de adaptación,
decimos que la persona está enferma.
La cultura tiene una gran influencia en estas determinaciones acerca de la salud y la
enfermedad. Una conducta que es aceptable en un grupo cultural puede no ser tolerada por
otro grupo.
Menninger, citado por Johnson, definía la salud mental como “la adaptación de los seres
humanos a los demás y al mundo que les rodea con un máximo de eficacia y felicidad”.
Sin embargo, tenemos que insistir en que no existe una definición de salud mental aceptada
a nivel general; y a la vez que, varios autores sostienen, de modo general, que la salud
mental se relaciona con la conducta del individuo.
Johnson dice que la salud mental supone un dominio de las áreas de la vida relacionadas
con el amor, el trabajo, el juego e incluso con la felicidad. Entre los componentes de la
salud mental se encuentran los siguientes:
1. Autodominio: La persona demuestra autonomía, sensación de separación,
independencia y una tendencia a creer en los valores y reglas de conducta por lo
cuales se rige su vida. La persona actúa de forma independiente, dependiente o
interdependiente, según considere necesario, sin perder de forma permanente su
independencia.
2. Orientación del crecimiento: La persona quiere salir de su “status quo” para
progresar hacia su autorrealización y maximizar sus capacidades.
3. Tolerancia de la incertidumbre: La persona se enfrenta a la incertidumbre de la
vida y a la certeza de la muerte con fe y esperanza.
4. Autoestima: La autoestima de la persona se construye sobre el autoconocimiento y
la conciencia de sus talentos, capacidades y limitaciones.
5. Dominio del entorno: La persona es eficaz, capaz, competente y creativa a la hora
de enfrentarse con el entorno y de influir en él.
6. Orientación a la realidad: La persona distingue entre hechos y fantasías, entre el
mundo real y el mundo de los sueños y actúa de acuerdo con ello.
7. Tratamiento individualizado del estrés: La persona experimenta las depresiones,
ansiedad, etc., de la vida diaria y es capaz de tolerar altos niveles de estrés, sabiendo
que esa sensación no va a durar siempre. La persona es flexible y puede
experimentar el fracaso sin autocastigarse. Habitualmente, la persona afronta crisis
sin necesidad de ayuda más allá del apoyo de la familia y amigos.
Muchos aspectos de la vida de la personas, según Johnson, son signos indicativos de salud
mental. Algunos de ellos son:
un trabajo importante,
disfrutar de la vida,
el humor,
la capacidad para beneficiarse del descanso y del sueño,
el optimismo,
la espontaneidad,
la satisfacción en las relaciones con los demás,
la capacidad para trabajar bien solo y con otros,
la capacidad para realizar juicios y tomar decisiones razonables,
la aceptación de la responsabilidad por sus acciones,
la capacidad para dar y recibir,
la demostración de conductas que generalmente son aceptadas por el grupo,
y la capacidad para expresar emociones, incluyendo sentimientos intensos.
El humor puede ser un mecanismo de afrontamiento y un indicador de salud mental, ya que
sugiere la capacidad para reírse de los propios problemas y equivocaciones.
También ha descrito Johnson otras características de las personas mentalmente sanas:
1) Flexibilidad Psicosocial: La flexibilidad es la capacidad de la personalidad para
recuperarse fácilmente o adaptarse a situaciones y acontecimientos difíciles o dolorosos y
para movilizar recursos de afrontamiento y energías.
Existen estudios sobre esta Flexibilidad Psicosocial, acerca del por qué algunas personas
sucumben al estrés y a la adversidad, mientras que otras escapan al daño producido por
ellos.
Los investigadores proponen que los “procesos protectores” reducen el efecto de las
situaciones de riesgo (como un acontecimiento amenazante), reducen las reacciones
negativas provocadas por el encuentro con la propia situación de riesgo, favorecen la
autoestima y la autoeficacia a través de relaciones seguras y de apoyo. La protección reside
en las formas en que los individuos perciben y se enfrentan a los cambios de la vida y
afrontan las circunstancias vitales estresantes.
2) Libertades. Según Satir y otros autores, las personas mentalmente sanas muestran
ciertas “libertades” en su conducta:
La libertad para ver y oír lo que está ocurriendo, en lugar de lo que fue, lo que sería
o lo que debería ser.
La libertad para pensar, sentir y expresar lo que realmente se piensa y se siente, y no
lo que se debería pensar o sentir.
La libertad de preguntar lo que se quiere, sin tener que esperar a que nos den
permiso para ello.
La libertad para correr riesgos en lugar de elegir la seguridad para no “perder el
equilibrio”.
3) Ánimo. Éste es una circunstancia de la personalidad que se ha identificado en individuos
sanos. Se ha propuesto que el ánimo permite a las personas sometidas a grandes niveles de
estrés permanecer sanas y resistir a las enfermedades y trastornos. Los tres componentes del
ánimo son:
Control: sensación de estar al mando de la propia vida y de los acontecimientos de
la vida y de ser capaz de influir en ellos.
Compromiso: sensación de que la vida y el trabajo de la persona son importantes y
de participación intensa en las actividades de la vida.
Desafío: se contemplan los cambios como algo normal y los obstáculos encontrados
en el transcurso de la vida como retos y oportunidades.
4) Equilibrio en la vida. Las personas mentalmente sanas luchan por conseguir el
equilibrio en sus vidas. Para establecer el equilibrio entre los aspectos físicos, espirituales,
emocionales y sociales de la vida, se debe prestar atención a las necesidades y objetivos y
tener determinación para llevarlas a cabo. A menudo un aspecto de la vida de la persona
domina los demás en detrimento de su propia salud. Por ejemplo, los adultos con muchas
ocupaciones se encuentran a menudo tan enfrascados en la lucha diaria del trabajo y del
cuidado de sus hijos y de la casa que olvidan atender sus propias necesidades de ejercicio,
ocio o renovación espiritual.
Por otra parte, retomando las aportaciones de la Federación Mundial para la Salud Mental
(FMSM), en su primera andadura (1947), definió la salud mental como sigue:
“La salud mental es el estado que permite el desarrollo óptimo de cada individuo en el
orden físico, intelectual y afectivo, en la medida en que es compatible con el desarrollo de
otros individuos”
“Es deber de la sociedad permitir a sus miembros ese desarrollo, asegurando a la vez el
desarrollo de la sociedad misma, dentro de la tolerancia debida a las demás sociedades”.
Destacando la importancia del equilibrio entre el Yo con el medio ambiente y
fundamentalmente con la sociedad, Fromm (12) distingue un aspecto individual de la salud
mental que sería una vivencia de felicidad, de bienestar de la persona, y otro aspecto de
consideración social en relación con el estatus y rol de la persona.
Para Soddy (12), la salud mental es lo siguiente: “sujeto sano que reacciona sin esfuerzo
doloroso a la vida. Sus ambiciones quedan en el cuadro de las realizaciones posibles. Hay
una noción justa de su capacidad y su realidad. Es capaz de ayudar y aceptar ayuda”. En
esta definición, además de la idea de la felicidad y equilibrio, hay una concepción más
dinámica, que incluye el sentido de apreciación de la realidad, muy importante al analizar el
criterio de salud mental.
Así pues, sostienen Megías y Serrano que la salud mental “se manifiesta por un equilibrio
dinámico de la personalidad, la integración, siempre renovada a tendencias
contradictorias que permiten establecer relaciones significativas entre el individuo y el
mundo, que a la vez preserva la identidad del Yo y favorece la adaptación al medio”. Y por
otra lado, dicen: “La salud mental, lejos de ser la ausencia de enfermedades y problemas
mentales y psíquicos, es por el contrario la percepción y conciencia de ellos y la
posibilidad personal y/o colectiva de tratar de solucionarlos, de modificarlos, de intervenir
sobre ellos”. (13)
Por su parte Vasco dice que “la salud mental aporta nuevos elementos para la reflexión en
la medida que introduce las variables de las posibilidades al nivel individual y/o social”.
(14)
Por otra parte, desde la perspectiva holística, según Ugalde y Lluch (15), una persona está
sana cuando:
Carece de síntomas, enfermedades y trastornos.
Se halla en “excelente” condición física y psíquica
Está relajada y llena de vitalidad.
La vida tiene sentido para ella.
Desarrolla creativamente sus potenciales humanos.
Si entendemos la salud como “equilibrio”, entre el hombre y su medio, está claro que no es
una cuestión estática, permanente, ni definitiva, sino que tiene que ir adecuándose
continuamente a las condiciones del medio tanto como a las condiciones internas de las
personas, ya que ambas (condiciones externas e internas) son cambiantes permanentemente.
No olvidemos, en este sentido, que cada uno de nosotros somos seres únicos, somos
individualidades sumergidas, subsumidas en un conjunto, único, por un lado, y común, por
otro, de circunstancias vitales. Cada uno de nosotros tenemos una “filosofía de la vida” y
tenemos una “forma de ser o estar” en el medio que nos ha tocado vivir.
El “proceso de vivir” del ser humano es muy complejo, es el resultado de múltiples
interacciones, de múltiples relaciones consigo mismo y con el mundo circundante; y, por
tanto, cualquier intento de definición resulta, necesariamente, simplista. Describir y
delimitar los componentes que intervienen en la vida humana no es tarea sencilla, dado que
los procesos vivenciales de los actores sociales son tremendamente complejos.
Sostiene Serrallonga (16), que cada cultura posee un conjunto de características
antropológicas merced a las cuales decide quién está “cuerdo” y quién está “loco”. Se
usarán criterios médicos, sociológicos, estadísticos, etc., pero ninguno de ellos por sí solo
dará la auténtica dimensión de la salud. Si a esta situación añadimos el polimorfismo
etiopatogénico de los trastornos mentales podemos concluir, sin temor a errar, que es difícil
hallar una correcta definición de lo que es la salud mental.
Finalmente, podemos decir que la salud se concibe como un concepto biopsicosocial, ya
que hace referencia a una visión total que conlleva la unidad de cuerpo, mente y espíritu y
las relaciones que la persona establece con los demás y con el medio ambiente.
López, González y García sostienen que “la salud en el terreno mental implica que los
sentimientos, intereses, motivaciones, actitudes y valores de la persona maduran y
cambian durante un período de vida en el que se relaciona con otras personas y con el
medio ambiente; que manifiesta flexibilidad y estabilidad en habilidades de adaptación,
desarrolla tareas apropiadas a su tiempo y edad y cumple sus roles con el máximo de
efectividad y satisfacción”. (17)
TEMA II. MAGNITUD DEL PROBLEMA DE LA SALUD MENTAL
2.1 Epidemiología de las enfermedades mentales
2.2 Multicausalidad
2.3 Especificidad e influencia.
Para conocer la magnitud de un problema de salud es primordial, como primer paso,
definirlo. En el curso de los años se ha intentado repetidamente definir las características
que traducen el estado de salud mental. La mayoría de estas definiciones adolecen de
vaguedad, pues sólo consideran aspectos parciales, o la definen en forma negativa, en el
sentido de ausencia de trastornos mentales evidentes. Tal vez la definición más difundida
en los últimos años es la que ha propuesto un Comité de Expertos en Higiene Mental de la
OMS, en la reunión celebrada en diciembre de 1952, que establece que “el estado de salud
mental implica la capacidad del individuo de adaptarse al ambiente en que vive, así como
su capacidad de participar o contribuir en forma constructiva a las modificaciones
necesarias de su ambiente físico y social”. El estado de salud mental supone además, “que
un individuo ha logrado desarrollar su personalidad de modo que pueda conseguir
expresión armoniosa en la plena realización de sus potencialidades, para sus impulsos
instintivos, susceptibles de hallarse en conflicto” (1). Esta definición de salud mental, se
corresponde con las definiciones más en boga que intentan definir la enfermedad mental.
Cualquiera que sea la definición que se exponga, se destaca el valor que se le da a los
factores ambientales en su génesis y desarrollo; en casi todas ellas aparece la anormalidad
de las relaciones interpersonales como característica fundamental de la anormalidad
psíquica. De estas definiciones de lo normal y lo patológico de la vida psíquica, se infieren
fácilmente los aspectos múltiples que pueden presentar los problemas de la salud mental,
así como el enorme número de variables que intervienen en sus alteraciones, variables que
dependen del individuo, del ambiente físico, y del cultural y social en que se desenvuelve.
Sería, por lo tanto, presuntuoso e ilusorio intentar en este momento analizar la magnitud de
todas las manifestaciones que signifiquen problemas de salud mental, cuya riqueza y
variabilidad estructural se desprende de las definiciones que se han formulado. La
aplicación del método epidemiológico al estudio de las enfermedades crónicas y de las
alteraciones mentales, en particular, es de reciente data; es este enfoque de la enfermedad
como un fenómeno de masas estudiado en grupos de individuos y poblaciones, el que
permitirá conocer y medir con mayor exactitud la magnitud de los problemas de la salud
mental. Conforme a la descripción clásica de Morris, la epidemiología es un método tanto
descriptivo como explicativo o teórico. Como método descriptivo, la epidemiología nos
informa: primero, acerca de la historia de las enfermedades, dando cuenta de la frecuencia y
características del fenómeno mórbido a lo largo del tiempo; segundo, permite registrar la
naturaleza y distribución de la salud y la enfermedad de la población y las tasas de
incidencia y prevalencia, asi como de mortalidad; tercero, proporciona información sobre el
funcionamiento de los servicios destinados al tratamiento, y sobre la efectividad de las
medidas que se adoptan para el tratamiento y prevención de las enfermedades (2). Por lo
tanto, para conocer la magnitud de los problemas de salud mental, debemos estudiar ésta
epidemiológicamente en su normalidad y en sus alteraciones. Robert Felix ha sintetizado
con claridad las etapas que deben cumplirse en una investigación epidemiológica:
1. Recoger la información acerca de la enfermedad en estudio, con respecto a sus
características clínicas, su distribución por sexo, edad, profesión, distribución geográfica,
situación económica y status social, época de aparición de la condición mórbida.
2. Analisis de la información y formulación de hipótesis de trabajo.
3. Investigaciones subsiguientes destinadas a verificar estas hipótesis.
4. Desarrollo de teorias sobre la base de las hipótesis comprobadas.
5. Establecimiento de los hechos y características epidemiológicas de la enfermedad sobre
la base de las teorías que han sido desarrolladas y comprobadas (3).
Las principales fuentes de información que suministran los datos sobre la prevalencia de los
desórdenes mentales son:
1. Estadísticas vitales sobre mortalidad por enfermedades mentales o por causas asociadas
con ellas.
2. Los datos provenientes de ingresos a Servicios para enfermos mentales y los
correspondientes a atenciones ambulatorias en consultorios externos.
3. Los estudios sobre el terreno de la prevalencia e incidencia de desórdenes mentales.
Estadísticas en México De acuerdo a la Encuesta Nacional de Salud Mental, un 18% de la
población urbana en edad productiva (15- 64 años de edad) sufre algún trastorno del estado
de ánimo como ansiedad, depresión o fobia. Además, 3 millones de personas son adictas al
alcohol, 13 millones son fumadores y hay más de 400 mil adictos a psicotrópicos.
Se ha documentado que entre el 1 y 2% de la población adulta ha intentado suicidarse y la
tasa de suicidios consumados tiene una tendencia al alza.
De acuerdo al Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), entre 2000 y 2013, la
tasa de suicidios en el país pasó de 3.5 a 4.9 casos por cada 100 mil habitantes.15 Los
trastornos mentales son el principal factor de riesgo para suicidio y otro tipo de lesiones
autoinfligidas como cortaduras, quemaduras, heridas e intoxicaciones.
La tabla 2 muestra el porcentaje de población enferma y la edad de inicio de cada
enfermedad.
2.2 Multicausalidad
Factores asociados a la enfermedad mental Son diversas las circunstancias que en la
actualidad influyen en las condiciones de salud mental de la población y, que a partir de un
enfoque multifactorial, se asocian a condiciones de tipo biológico (genético y ambiental) y
psicosocial (económico, cultural y demográfico), que al interactuar afectan de diferente
forma a individuos, familias y grupos sociales.
2.3 Especificidad e influencia.
Bajo este esquema se revisan, de forma separada, los factores asociados a la salud mental:
• Factores biológicos Los factores biológicos se dividen en genéticos y ambientales.
a) Genéticos. La influencia de los factores genéticos en el desarrollo de la
enfermedad mental está fuera de toda discusión. Los estudios de
concordancia en gemelos han corroborado su participación de manera
inobjetable; esto queda confirmado por los estudios de adopción, ya que
independientemente de que una persona sea educada por padres no
consanguíneos, su riesgo para sufrir la enfermedad dependerá de la cercanía
genética con sus padres biológicos. Se ha demostrado que muchos de los
principales trastornos psiquiátricos están asociados a factores hereditarios.
b) Biológicos ambientales. Si bien el factor genético es considerado como el
más importante en relación con la enfermedad mental, no explica por sí solo
el 100% de las causas de estos trastornos. Existen factores ambientales
biológicos que también se han asociado, aunque en menor medida, a los
trastornos psiquiátricos. Los factores ambientales biológicos han sido
identificados con más precisión y la asociación de éstos con las
enfermedades mentales es cada vez más evidente. Un ejemplo de ello lo
podemos observar en la esquizofrenia, donde el trauma obstétrico eleva
hasta siete veces el riesgo de padecerla; asimismo, se han relacionado las
infecciones virales prenatales, la preclampsia, el uso de sustancias tóxicas
por la madre en el embarazo y el trauma obstétrico, en otros padecimientos
tales como el trastorno por déficit de atención y la epilepsia, por nombrar
algunos.
c) Factores Psicosociales. Los factores psicosociales son aquellos que están
relacionados con el medio ambiente físico y social; éstos, siempre han
estado presentes como condicionantes, en diversa medida, de la salud
mental. La modernidad económica ha producido grandes logros y avances
en la vida del país, pero también ha provocado intensos desequilibrios
regionales, crecimiento explosivo de la población así como la consecuente
sobreexplotación de los recursos naturales; esto ha modificado la
distribución territorial a partir de intensos flujos migratorios, campo-ciudad.
El recuadro 3 muestra algunos grupos vulnerables con un riesgo elevado de
padecer trastornos mentales.
• Familias en situación de pobreza. Mayor riesgo de depresión, trastornos de ansiedad,
estrés. • Individuos desempleados. Mayor riesgo de depresión.
• Adultos en plenitud. La edad avanzada está asociada con el riesgo de demencias; además,
suelen ser víctimas de maltrato, abandono e indiferencia.
• Víctimas de violencia y abuso. Desarrollo de depresión, estrés post-traumático,
drogadicción y trastorno de ansiedad.
• Población rural. Debido a una mayor prevalencia del abuso en el consumo de alcohol,
embarazos adolescentes, depresión y limitaciones en el desarrollo de las funciones
cerebrales superiores.
• Niños y niñas en situación de calle. Uso de drogas, violencia social, abuso sexual,
prostitución y explotación. Ocasiona retraimiento emocional, ansiedad, depresión y
problemas para relacionarse.
• Personas con discapacidad. Mayor riesgo de desarrollar desajustes psicosociales o
experimentar desintegración familiar.
• Madres adolescentes. Falta de información sobre educación sexual y reproductiva,
familias disfuncionales, consumo de drogas, etc.
• Población migrante. Víctima de discriminación, pérdida de apego familiar, estrés, pérdida
de identidad, autodevaluación.
TEMA III. TRABAJO SOCIAL Y SU INTERVENCIÓN EN LA SALUD MENTAL
3.1 Conceptualización
El trabajo interdisciplinar permite una visión global de las circunstancias de la persona y
posibilita una planificación conjunta de la intervención, lo cual conlleva un abordaje
multidisciplinar, por lo tanto la intervención del t.s. debe estar integrada en los equipos de
salud mental.
El/la t.s. forma parte del equipo interdisciplinar y como miembro de éste planifica y evalúa,
conjuntamente con el resto de los componentes del equipo, el trabajo a todos los niveles,
integrando las aportaciones de los diferentes profesionales. Además de la coordinación
interinstitucional ha de coordinarse con los demás dispositivos sanitarios y con los recursos
sociales, educativos y jurídicos que se encuentran en la comunidad.
El t.s. es el “profesional que tiene por objeto la investigación de los factores psicosociales
que inciden en el proceso salud-enfermedad, así como el tratamiento de los factores
psicosociales que aparecen con relación a las situaciones de enfermedad, tanto si tienen que
ver con su desencadenamiento como si se derivan de aquellas” (Ituarte Tellaeche,A., 1995
b:277, citado en Ituarte, A., 2001:23).
El/la t.s. en la Unidad de Salud Mental adecua su intervención según las características de
la persona, de su familia y de su entorno, entroncando las carencias y las necesidades socio-
sanitarias del paciente.
Los tt.ss somos los técnicos responsables de la intervención social con las personas con
enfermedad mental, con el objetivo de desarrollar capacidades psicosociales para abordar
su situación personal, así como su capacidad para desarrollar sus recursos personales y los
que le ofrece el medio social, por lo tanto el ejes de intervención serán la persona, la familia
y la comunidad.
3.2 Funciones
Identificar y atender la problemática social del paciente y de su familia, prestando
especial atención a las situaciones de riesgo social.
Favorecer el bienestar del niño/a y adolescente mediante la integración en su medio.
Informar, asesorar y orientar al paciente y a su familia, sobre los recursos socio-
sanitarios existentes, facilitando el acceso a los mismos.
Desarrollar actividades de prevención, promoción, asistencia, rehabilitación y reinserción
social desde una dimensión social y comunitaria.
Específicas:
Estudiar, investigar y valorar los factores familiares así como los condicionantes
socioeconómicos y culturales, influyentes en el proceso de salud-enfermedad del individuo
y su familia.
Potenciar la autonomía del paciente y su familia, fomentando la responsabilidad en la
resolución de sus problemas.
Intervenir desde una perspectiva social con el paciente y la familia para alcanzar los
objetivos de rehabilitación establecidos.
Potenciar la autonomía del niño/a y su familia en su medio, apoyando y fomentando la
responsabilidad en la resolución de sus problemas a través de la educación socio sanitaria.
Favorecer la adaptación de las familias a la nueva situación y a la comprensión de las
dificultades del niño/a.
Coordinar y planificar las actividades de reinserción social y laboral, familiar y de ocio.
Establecer canales de comunicación y coordinación con el equipo multidisciplinar y con
otras estructuras socio-sanitarias y educativas.
Potenciar y promover redes de apoyo social facilitando la integración social.
3.3 Niveles de intervención
1. Intervención social con individuos: intervenciones orientadas a la prevención, atención,
seguimiento y coordinación que el t.s. desarrolla con un paciente y/o núcleo familiar.
- Valoración social de la persona con enfermedad mental
- Información y asesoramiento sobre la enfermedad mental, a nivel individual y familiar
para ubicarlos en la nueva situación.
- Información y asesoramiento sobre los derechos y deberes que su situación conlleva.
- Valoración de la demanda
- Elaboración del Diagnóstico Social.
- Análisis de la red social y su funcionalidad
- Diseño del Plan de Intervención Social.
- Desarrollo del Plan de Intervención Social.
- Valoración del recurso adecuado desde la perspectiva de la Rehabilitación Psicosocial que
permita tener mejor autonomía y facilite la normalización e integración social.
- Asesoramiento y orientación social sobre recursos sociosanitarios, aspectos jurídico-
legales, laborales y educativos.
- Refuerzo de sus capacidades personales encaminadas a mejorar su autoestima y prevenir
la exclusión social.
- Apoyar al paciente en las gestiones y tramitaciones que correspondan.
- Acompañamiento y seguimiento del paciente en el proceso de normalización e integración
social.
2. Intervención familiar: las familias con un miembro con enfermedad mental tienen unas
necesidades específicas, tanto en lo referente a sus interacciones emocionales y
funcionamiento interno como en su relación con su contexto social más inmediato.
Requieren apoyo, asesoramiento e información sobre la enfermedad y su tratamiento, así
como sobre el modo de relacionarse con el enfermo y colaborar con su rehabilitación.
- Estudiar y conocer el medio socio-familiar y sus relaciones con el paciente - Análisis de la
dinámica familiar
- Realizar un proyecto de intervención familiar
- Informar a la familia sobre la enfermedad, su incidencia en el núcleo de convivencia y
asesorarla sobre las actitudes y comportamientos más adecuados.
- Intervención destinada a modificar conductas disruptivas y a establecer canales de
comunicación que favorezcan las relaciones entre los miembros de la familia, así como
mejorar las relaciones interpersonales y disminuir la tensión familiar.
- Apoyo y colaboración con la familia en el proceso de rehabilitación psicosocial
3. Intervención domiciliaria: intervención social constituida principalmente por técnicas de
observación y entrevista, que permite el acercamiento e interacción del profesional con el
contexto interno de la realidad familiar.
- Valoración social.
- Establecimiento de la relación terapéutica.
- Evitar la claudicación y el aislamiento social en el domicilio potenciando la adhesión al
tratamiento.
- Apoyo sociofamiliar.
- Supervisión y seguimiento.
4. Intervención Grupal: intervenciones orientadas a favorecer la relación entre pacientes,
familiares y otros miembros de la comunidad. La intervención se realizará a nivel
preventivo, asistencial y terapéutico
- Grupos de psicoeducación familiar: se conciben como un entorno de aprendizaje y
facilitación en la educación de las familias; formándolas, orientándolas y asesorándolas. Se
pretende apoyar y ayudar a que las familias aumenten su nivel de competencias, que
potencien sus capacidades específicas y adquieran estrategias específicas para afrontar su
propio desarrollo y evolución
- Grupos de ayuda mutua: espacio destinado a posibilitar el contacto entre familias
afectadas por la enfermedad mental, generando un clima de soporte emocional entre las
mismas.
- Talleres de Rehabilitación Psicosocial: orientación laboral, integración en recursos
comunitarios, ocio y tiempo libre, orientación en recursos sociales.
5. Intervención Comunitaria: intervención con redes sociales, desde el individuo hacia el
colectivo y desde el colectivo hacia el individuo, de forma que todos los ámbitos
interactúan entre sí. - Conocer el entorno comunitario del paciente.
-Elaboración del estudio de factores de riesgo social, análisis de redes sociales y análisis
comunitario.
-Integración en recursos comunitarios.
-Conocer los recursos formales e informales existentes valorando la adecuación y
aprovechamiento por parte del paciente.
-Potenciar los recursos de las redes sociales.
-Impulsar la acción comunitaria tanto de los pacientes, sus familias y del movimiento
asociativo.
-Captación de la demanda surgida con grupos, instituciones y asociaciones de la
comunidad.
-Sensibilización comunitaria fomentando el nivel de aceptación del enfermo mental en su
entorno, disminuyendo los prejuicios y miedos existentes y profundizando en las causas de
los mismos.
3.4 Trascendencia de la profesión
Todos los planes giran en torno a cuatro ejes básicos, más o menos desarrollados con
distintas variaciones: a) Prevención. Hace referencia a actividades, planes y programas de
vigilancia de la salud, así como a actividades dirigidas a los centros educativos,
especialmente enfocados hacia los trastornos de la conducta alimentaria. En general, todos
los planes remarcan la importancia de la prevención y la atención temprana en en salud
mental como base para reducir la medicalización y la cronificación de las distintas
patologías
b) Atención a personas con trastorno mental. Es el apartado más desarrollado tanto por
extensión como por profundidad en todos los planes consultados. En algunos casos se
incluye cartera de servicios, pero en otros no (solo se recoge una serie de objetivos
estratégicos a desarrollar.) El desglose es más o menos amplio en función de la
categorización que se haya elegido para abarcar todas las patologías posibles.
Prácticamente todos destinan recursos a las personas con trastorno mental grave y
adicciones.
c) Participación, humanización de la asistencia y TIC. Es en este apartado donde más se
percibe el alejamiento del modelo médico al que aludíamos en páginas anteriores. La
apuesta generalizada es por un modelo bio-psico-social apoyado en las TIC, que incluya a
las familias, al tejido asociativo y al entorno socio-laboral de las personas con trastorno
mental. La coordinación institucional, los flujos de derivación y los sistemas de
información ocupan una parte muy importante de los planes consultados, lo cual es un buen
indicador del arraigo de este modelo en la atención a la salud mental, siguiendo las
corrientes más modernizadoras.
d) Formación e investigación. También se reserva un espacio a la investigación en salud
mental y a la formación de los profesionales. Se entiende que sin estos dos pilares no puede
haber avance en los tratamientos, por lo que se considera fundamental recopilar evidencias,
promover cursos de actualización profesional y facilitar la producción científica y la
difusión de resultados en salud mental.
TEMA IV PRIORIZACIÓN DE LOS PROBLEMAS DE SALUD MENTAL
4.1 Clasificación de las enfermedades mentales
La clasificación de los trastornos mentales, también conocida como la nosología
psiquiátrica o taxonomía psiquiátrica, es un aspecto clave de la psiquiatría y otras
profesiones relacionadas a la salud mental y un tema importante para las personas
propensas a ser diagnosticadas. Actualmente hay dos sistemas ampliamente establecidos
para la clasificación de los trastornos mentales, Capítulo V de la Clasificación Internacional
de Enfermedades (CIE-10) creado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y
el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5) hechos por la
Asociación Psiquiátrica Americana (APA). Ambas categorías de la lista de trastornos son
tipos distintos, y han convergido deliberadamente sus códigos en las revisiones recientes de
modo que los manuales son a menudo comparables en términos generales, aunque siguen
existiendo diferencias significativas.
4.2 Formas de priorización
La Organización Mundial de la Salud (OMS) propuso priorizar las enfermedades mentales
en las agendas de salud pública de los países al comenzar hoy aquí la Asamblea Mundial de
la Salud que concluirá el próximo martes.
Las enfermedades mentales afectan a unos 700 millones de personas en el mundo y, hasta
ahora, no se cuenta con una atención psicosanitaria adecuada, por esa razón la OMS redactó
el borrador de un Plan de Acción para la Salud Mental 2013-2020.
De acuerdo con las constataciones hechas por la OMS, estos problemas constituyen el 13
por ciento de las enfermedades mundiales y la tercera parte de las no transmisibles en el
mundo.
Según ese organismo, 350 millones de personas en el mundo padecen depresión, 50
millones sufren epilepsia, 90 millones conviven con algún desorden de abuso de sustancias
y 35,6 millones con mal de Alzheimer y otras demencias.
El costo de las enfermedades mentales es muy alto, dos mil 500 millones de dólares al año
en el mundo, según cálculos del Foro Económico Mundial.
Otro tema es un Plan para la Prevención y Control de Enfermedades No Transmisibles, que
son la principal causa de muerte en el mundo y causantes del 69 por ciento de los decesos
en América Latina.
El Plan establece que las naciones lleven adelante estrategias de prevención, con especial
énfasis en la importancia del conocimiento público y la detección precoz, mediante el
refuerzo de los centros de atención primaria.
También se debate en la cita sobre las llamadas Enfermedades Olvidadas entre las que se
encuentran el Mal de Chagas, la malaria, la tuberculosis.
Durante la reunión efectuada el año pasado hubo desacuerdos sobre la necesidad de crear
una Convención que estableciera la obligación de contribuir con el 0,01 por ciento del
Producto Interno Bruto de cada país a la Investigación y Desarrollo (I+D) sobre este tipo de
enfermedades.
La Asamblea Mundial de la Salud es el órgano que toma las decisiones en la organización y
marca las líneas de trabajo a corto, mediano y largo plazo.
4.3 El problema por grupos etarios y su vinculación con los factores sociales
La salud mental en la Región de las Américas
Los trastornos mentales, neurológicos y por uso de sustancias son una causa importante de
morbilidad, discapacidad, traumatismos y muerte prematura, y aumentan el riesgo de
padecer otras enfermedades y problemas de salud. La prevalencia a 12 meses de estos
trastornos en conjunto varía entre 18,7 y 24,2%; la de los trastornos por ansiedad, entre 9,3
y 16,1%; la de trastornos afectivos, entre 7,0 y 8,7%; y la de trastornos debidos al consumo
de sustancias psicoactivas, entre 3,6% y 5,3%. Aunque la salud mental se reconoce como
un componente esencial de la salud general, los datos de la Región revelan profundas
brechas en el tratamiento entre las personas con trastornos mentales, que alcanzan hasta
73,5% en adultos con trastornos graves o moderados y 82,2% en niños y adolescentes. Los
análisis a lo largo del tiempo muestran un cambio mínimo en la brecha de tratamiento de la
Región en su totalidad durante los 10 últimos años, y un posible aumento para América
Latina
Figura 1. Estimación prevista de población con demencia en la Región de las
Américas, 2010, 2030 y 2050
Figura 2. Tasas de suicidio y su contribución entre las causas de muerte en la Región
de las Américas, 2014
Actualmente está en marcha un análisis detallado de la carga de las enfermedades mentales
que corregirá de manera parcial las fuentes conocidas de sesgo que llevaron anteriormente a
la subestimación de dicha carga en la Región y dieron lugar a servicios de salud mental
subfinanciados, sistemas de salud mal preparados y peores resultados generales en materia
de salud (4). Los resultados preliminares indican que los trastornos mentales, neurológicos
y por uso de sustancias son con mucho la mayor causa de discapacidad en la Región. Si
consideramos la discapacidad más la mortalidad, otros grupos de enfermedades cobran
relevancia debido a su letalidad; aun así, las enfermedades mentales representan 19% de los
años de vida ajustados en función de la discapacidad, desde 9% en Haití hasta 23% en
Canadá, y son responsables de 34% de los años vividos con discapacidad,, desde 23% en
Haití hasta 36% en Brasil, Chile y Paraguay. Por otro lado, la depresión es el factor
principal responsable de 8% de los años vividos con discapacidadentre todas las
enfermedades en la Región (5, 6). En la figura 3 se muestra la carga de enfermedad
atribuida a los trastornos mentales, neurológicos y por uso de sustancias como porcentaje
de los años de vida ajustados en función de la discapacidad y los años vividos con
discapacidad para varios países de la Región, comparada con la carga de otras
enfermedades no transmisibles y transmisibles, enfermedades maternas y del niño,
trastornos nutricionales y traumatismos.
Figura 3. Carga de enfermedad atribuida a los trastornos mentales, neurológicos y
por uso de sustancias en varios países de la Región de las Américas, 2015
Fuente: GBD 2015 DALYs and HALE Collaborators. Global, regional, and national
disability-adjusted life-years (DALYs) for 315 diseases and injuries and healthy life
expectancy (HALE), 1990-2015: a systematic analysis for the Global Burden of Disease
Study 2015. Lancet 2016;388(10053):1603-1658.
Nota: Los trastornos mentales, neurológicos y por uso de sustancias abarcan los trastornos
psicóticos, del estado de ánimo y por ansiedad, los trastornos de la alimentación, por uso de
drogas y por uso de alcohol, el autismo, los trastornos de la conducta y por déficit de la
atención, la discapacidad intelectual, la demencia, la epilepsia, la cefalea por tensión, la
migraña, la autoagresión y una estimación de los trastornos psiquiátricos asociados a dolor,
de acuerdo con el modelo especificado en las referencias 6 y 7. Las enfermedades no
transmisibles (excepto las mentales) incluyen los siguientes grupos: trastornos
cardiovasculares y circulatorios, trastornos respiratorios crónicos, neoplasias, trastornos
digestivos, cirrosis hepática, diabetes sacarina, trastornos urinarios, sanguíneos y
endocrinos; otros trastornos neurológicos, trastornos osteomusculares y otras.
La prestación de servicios tiende a fragmentarse y hay una mala coordinación entre los
niveles de atención de salud. Se presta más atención a los hospitales psiquiátricos a
expensas del desarrollo de servicios comunitarios. Los recursos materiales y humanos
asignados son escasos, desiguales y están mal distribuidos (7). En la figura 4 se muestra la
distribución de las asignaciones presupuestarias a la salud mental. El costo social y
económico que los trastornos mentales, neurológicos y por uso de sustancias representan
para las personas y las comunidades puede superarse con más inversión y un cambio de
paradigma mediante modelos que coloquen a las personas y no a las enfermedades en el
centro del sistema y se centren más en la recuperación que en la cura.
Figura 4. Distribución del presupuesto de salud mental entre hospitales psiquiátricos
y otros establecimientos de salud mental en América Latina y el Caribe, 2013
Fuente: Adaptado de WHO-AIMS: Informe sobre los sistemas de salud mental en América
Latina y el Caribe.OPS; 2013.
Nota: El presupuesto de salud mental representa la mediana del porcentaje del presupuesto
sanitario total asignado a este rubro; el presupuesto de los hospitales psiquiátricos y otros
establecimientos de salud mental se expresa como la mediana del porcentaje del
presupuesto asignado a la salud mental; otros establecimientos de salud mental son los
establecimientos de atención ambulatoria, los hospitales de día, las unidades psiquiátricas
en los hospitales generales y los establecimientos residenciales.
TEMA V. INVESTIGACIÓN SOBRE PROBLEMAS PRIORITARIOS
Realizar un proyecto de investigación documental y estadística respecto de salud mental y describir el
comportamiento de dicho problema en el contexto inmediato de los alumnos. Entregará el trabajo al finalizar
el curso.