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20 20ebook

El documento habla sobre cómo tomar decisiones correctas enfocándose en cuatro cosas: 1) La Biblia, 2) Consejo de personas sabias, 3) Circunstancias, y 4) Paz interior. Indica que para tomar buenas decisiones se debe actuar con la sabiduría que proviene de Dios a través de Su Palabra.

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Eduardo García
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El documento habla sobre cómo tomar decisiones correctas enfocándose en cuatro cosas: 1) La Biblia, 2) Consejo de personas sabias, 3) Circunstancias, y 4) Paz interior. Indica que para tomar buenas decisiones se debe actuar con la sabiduría que proviene de Dios a través de Su Palabra.

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Publicado por:

Lulu.com
Raleigh, NC

Copyright © 2016 Eduardo García.


Todos los derechos reservados.

Texto bíblico: Reina-Valera 1960


© Sociedades Bíblicas Unidas

Diseño de portada: Marco Umaña

ISBN 978-1-365-44224-7
CONTENIDO
La búsqueda I 07

01 Qué es lo que Dios quiere en realidad de mí I 09


02 Cómo vivir con satisfacción I 13
03 Cómo tomar decisiones correctas I 17
04 Qué hacer en la incertidumbre I 23
05 Porqué pecar realmente es una gran cosa I 27
06 Cómo no morder el anzuelo de la tentación I 31
07 Porqué no debo tener todo lo que deseo I 37
08 Porqué razones no debería iniciar un noviazgo I 41
09 Cómo disfrutar mi soltería I 45
10 Porqué debo dejar de compararme con otros I 49
11 Cómo ser un buen hijo aunque sea difícil I 55
12 Cómo tener buenas relaciones personales I 59
13 Cómo ocupar correctamente mis palabras I 63
14 Cómo ser un líder eficaz I 67
15 Qué cosas no son negociables en el ministerio I 71
16 Cómo crear el hábito de lectura de la Biblia I 77
17 Cómo aprovechar la lectura de la Biblia I 81
18 Porqué la Biblia es la Palabra de Dios I 85
19 Cómo superar la depresión I 89
20 Cómo puedo aprovechar el sufrimiento I 93
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La búsqueda

Si eres joven probablemente estás pasando por un


proceso emocionante de búsqueda, en el que estás
por determinar tus propósitos y convicciones, que
luego le darán forma a tu proyecto de vida.
Por esta razón, si estás pasando por “la búsqueda”
es el momento perfecto para que puedas encontrarte
significativamente con Jesús y te conviertas en su
seguidor.
De esto se trata la primera recopilación
de algunas de las entradas más visitadas en
elcomentariouniversal.com. Contiene los posts más
vistos en el blog por referencias de búsquedas en
internet: “porqué no debería iniciar un noviazgo”,
“cómo ser un buen hijo aunque tenga malos padres”,
“cómo crear el hábito de la lectura de la Biblia”, entre
otros.
Mi deseo es que sigas en tu búsqueda, y te
encuentres con un Dios que siempre te busca a ti.

Eduardo G.

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01 Qué es lo que
Dios quiere en
realidad de mí
Dios está interesado en que vivas algo grande. Pero
esto no tiene nada que ver con escribir un libro, o
que otra persona escriba uno sobre ti. Dios te ha
llamado a que hagas algo significativo con tu vida,
a que seas relevante, a que seas como su Hijo Jesús.
Sin embargo, esto no significa que debes creerte un
héroe religioso que da la cara por Él, sino más bien
se trata de ser hombres y mujeres que permanecen
cara a cara con Él. Esto es lo que Dios quiere en
realidad de ti.
En Génesis, cuando la Biblia cita las primeras
palabras de Dios hacia el hombre, encontramos al
Creador buscando a Adán y a Eva: “¿Dónde estás
tú?” (Génesis 3:9) El primer llamado, que marca en
realidad cada uno de los que Dios hace para tu vida,
es su deseo de encontrarse contigo.
“Entre los árboles”, afanados por “coser
delantales” que cubran nuestra vergüenza, Dios se
acerca, y nos busca. Aun cuando sabe que hemos

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fallado, Él no quiere explicaciones, conoce nuestra


incapacidad. Solo quiere hacernos una pregunta:
¿Dónde estás tú?
¿Una pregunta? ¿Acaso Dios no sabía en qué
lugar estaban Adán y Eva? Por supuesto que sí. Nota
que el relato bíblico detalla que llamó al hombre,
y entonces frente a frente le hizo la pregunta, que
según el texto original incluso puede interpretarse
como “dónde permaneces o cuál es tu camino”.
Unas páginas más adelante en la Biblia, cuando
Moisés dirigía al pueblo de Israel por el desierto
hacia la tierra prometida, se nos describe el tipo de
relación que este hombre tenía con Dios. La Biblia
dice que “Jehová hablaba a Moisés cara a cara, como
habla cualquiera a su compañero”. Revisar unos
versículos de contexto nos dan una idea más clara
de la cercanía que existía entre ambos:
“Y dijo Moisés a Jehová: Mira, tú me dices a mí:
Saca este pueblo; y tú no me has declarado a quién
enviarás conmigo. Sin embargo, tú dices: Yo te he
conocido por tu nombre, y has hallado también
gracia en mis ojos. Ahora, pues, si he hallado gracia en
tus ojos, te ruego que me muestres ahora tu camino,
para que te conozca, y halle gracia en tus ojos; y mira
que esta gente es pueblo tuyo. Y él dijo: Mi presencia
irá contigo, y te daré descanso. Y Moisés respondió:
Si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques
de aquí. ¿Y en qué se conocerá aquí que he hallado
gracia en tus ojos, yo y tu pueblo, sino en que tú
andes con nosotros, y que yo y tu pueblo seamos

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apartados de todos los pueblos que están sobre la


faz de la tierra? Y Jehová dijo a Moisés: También haré
esto que has dicho, por cuanto has hallado gracia
en mis ojos, y te he conocido por tu nombre”. (Éxodo
33:12-17)
Entonces, ¿Qué es lo que Dios quiere en
realidad de nosotros? Debemos saber que Dios nos
conoce y quiere que le conozcamos, Además, que Él
quiere darnos su compañía y que ésta es suficiente
para nuestra vida. Y que al caminar a su lado quiere
cambiar nuestras vidas apartándonos para Él.
Si estás frustrado porque hay ciertas cosas que
no puedes cambiar y avanzar en tu vida cristiana,
evalúa cuánto estás permaneciendo en su presencia
o disfrutando de su compañía. Nadie es influenciado
por otra persona si no pasa tiempo con ella. Por otro
lado, si el problema es que no buscas o disfrutas su
compañía, seguramente se deba a que no le conoces.
Nadie disfruta la compañía de un desconocido. Y si
no le conoces, ¿dónde estás tú?

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02 Cómo vivir con


satisfacción
Para vivir satisfechos estamos dispuestos a probarlo
todo, y este es el riesgo que debemos evitar. Así como
el agua es la bebida más idónea para satisfacer la
sed física, ir a Jesús, fuente de agua viva, es lo único
que complacerá por completo nuestras almas.
Sin embargo, incluso si tenemos una relación con
el Hijo de Dios debemos examinar constantemente
si estamos yendo a Él para satisfacernos. Teniendo
en cuenta lo anterior, te propongo tres cosas que
cada día debes ajustar en tu vida para encontrar
satisfacción verdadera en Jesús:

Encuentra tu Propósito

Tú decides para qué, por qué, por quién y cómo


vivir. Pero si en cada una de estas cosas buscas la
voluntad de Dios, al final de cada día, e incluso al final
de todos tus días, no existirá nada por lo que debas
lamentarte. Jesús siempre nos mostrará la senda
de la vida, y solo ahí encontraremos la plenitud de
gozo. (Salmos 16:11)

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Evalúa tus Prioridades

El Salmista dijo: “Enséñanos de tal modo a contar


nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría”
(Salmos 90:12). Procura ocuparte en las cosas más
importantes. El inteligente sabe cómo organizar sus
días, pero el sabio cómo ocuparlos para la eternidad.
Mientras nos ocupamos de todas las cosas de este
mundo, encargarnos principalmente de lo eterno
(la Biblia y las personas) siempre garantizará
satisfacción. Jesús lo prometió (Mateo 6:33).

Enfoca tu Pasión

Nuestros deseos le dan sentido a nuestras vidas,


determinan nuestras historias. Es por esto que
pasiones correctas producen finales felices. Lo que
Dios quiere para ti es bueno, agradable y perfecto.
Entonces, ¿podrás encontrar satisfacción si tus
deseos están alineados con los de Él? Por supuesto
que sí.

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03 Cómo tomar
decisiones correctas
Somos lo que decidimos. Por esta razón tomar
decisiones correctas es tan importante. Sobre todo
en aquellas cosas que no son lo suficientemente
claras: iniciar una relación de noviazgo, cambiar de
universidad o trabajo, realizar un viaje, mudarte de
domicilio, etc.
Sin embargo, es posible reconocer lo que Dios
quiere para cada área de nuestras vidas. La voluntad
de Dios es práctica, y se debe practicar en cada una
de las decisiones que tomamos. No te compliques.
La voluntad de Dios no es más ni menos que lo que
Él quiere. Y lo que Él quiere está establecido en su
Palabra. Es por esto que no debería existir esa frase
de “tener que descubrir la voluntad de Dios para
nuestras vidas”.
Dios describe en su Palabra que sus deseos
para tu vida son buenos, agradables y perfectos.
Además, detalla los principios que debes seguir
para que puedas disfrutar las buenas obras que ha
preparado para que andes en ellas. Así que cuando
alguien se acerca diciendo que está “buscando la

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voluntad de Dios” respecto a alguna cosa, nuestra


pregunta inmediata debería ser si acaso extravió su
Biblia.
Por otro lado, cuando se trata de tomar
decisiones no confíes en tu capacidad. “Fíate de
Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu
propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos,
y él enderezará tus veredas” (Proverbios 3:5-6).
Puedes ser muy inteligente y tener la capacidad
de resolver problemas, pero para tomar decisiones
correctas debes ser sabio, y actuar con esa sabiduría
que proviene de lo alto, una que se encuentra
únicamente disponible en la Biblia.
Así que cuando debas tomar una decisión todo
se resume a una sola: ¿Decidirás de acuerdo a lo que
está establecido en la Biblia? Si decides que lo harás
así, entonces entonces hay cuatro cosas que debes
considerar:

La Biblia

Por supuesto que es lo primero en la lista. Es la palabra


profética más segura que tenemos. Esto quiere decir
que no hay nada más claro y directo que las propias
palabras de Dios para conocer su dirección sobre
nuestras decisiones. Abre sus páginas, entiéndela
y pon en práctica sus principios. No te preocupes
demasiado por las cosas que no comprendes de
la Biblia, pero sí por aquellas que entiendes a la
perfección y no estás obedeciendo. Deja que el

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Espíritu Santo te enseñe, es el mejor maestro que


existe, y te ayudará con el discernimiento para todas
las cosas.

Las autoridades

Busca el consejo de tus autoridades espirituales,


y examina si éste va de acuerdo a la Palabra de
Dios. Sin embargo, ten cuidado y no te justifiques.
No cometas el error de andar en la búsqueda de
lo que quieres escuchar. Por otro lado, no prestes
atención a aquellas personas que deciden cerrar sus
Biblias y únicamente abrir sus bocas la hora de dar
un consejo. Ten en cuenta que las experiencias de
otros pueden ser muy buenas, pero la sabiduría que
proviene de Dios no tiene comparación. Por otro
lado, ora por tus autoridades antes de ir a escuchar
su consejo. Cuando sobre ellas existe la autoridad de
la Biblia es una tremenda bendición que no debes
menospreciar.

Las circunstancias

Dios es soberano y él hace como quiere. Proverbios


20:24 dice: “De Jehová son los pasos del hombre;
¿Cómo, pues, entenderá el hombre su camino?”
Esto quiere decir que nadie tiene la capacidad
de comprender por completo cada una de las
situaciones que le rodean. Por esta razón no hay
nada más peligroso que jugar al “meteorólogo de

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las circunstancias” y pretender dar pronósticos y


conclusiones que nos lleven a tomar decisiones
únicamente basados en éstas.

El corazón

Nuestro corazón aprecia, calcula, concibe, considera,


cuenta, determina, diseña, encamina, estima, forma,
idea, imagina, ingenia, intenta, inventa, maquina,
medita, piensa, planea, provee, resuelve, trama,
traza, pero sobre todo es engañoso. Así que “eso que
sientes” debe ser lo último en ser alineado. Como
todo lo demás también debe ser afirmado en lo que
Dios determina en su Palabra. Como lo resume muy
bien Proverbios: “El corazón del hombre piensa su
camino; mas Jehová endereza sus pasos.” (Proverbios
16:9). La única paz que debería determinar si tomas
o no una decisión, es aquella que surge de decidir
que estás obrando conforme a la Biblia.
Respalda tus decisiones en Dios y su Palabra, y
entonces podrás experimentar la seguridad de estar
yendo tras lo correcto, y comprobarás lo que Él ha
preparado para ti.

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04 Qué hacer en la
incertidumbre
No necesitas saber los detalles de lo que Dios quiere
hacer con tu vida en el futuro. Eclesiastés 11:4-6 dicen:
“El que al viento observa, no sembrará; y el que mira
a las nubes, no segará. Como tú no sabes cuál es el
camino del viento, o cómo crecen los huesos en el
vientre de la mujer encinta, así ignoras la obra de
Dios, el cual hace todas las cosas. Por la mañana
siembra tu semilla, y a la tarde no dejes reposar tu
mano; porque no sabes cuál es lo mejor, si esto o
aquello, o si lo uno y lo otro es igualmente bueno”.
A partir de estos versículos hay algunas cosas que
deberíamos saber sobre no saber nada:

Haz más que ser un meteorólogo

No esperes las condiciones perfectas ante lo


que debes hacer. La incertidumbre sobre las
circunstancias de la vida no debe paralizarnos.
¡Emprende!, porque cuando lo haces obedeces un
llamado hacia la fe.

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Dios suele trabajar sus proyectos en silencio

Siempre seremos ignorantes de TODO lo que Dios


está haciendo a nuestro alrededor. Aunque no lo
parezca Dios está trabajando en tu futuro. La mayoría
de veces la vida es como un embarazo: es suficiente
con poder observar que el vientre crece para tener
la esperanza de que “algo bueno está por salir”.

Trabaja constantemente

O como se dice popularmente: “no te quedes con la


boca abierta”. Desconocer los detalles de lo que Dios
hará en nuestras vidas no es motivo para quedarnos
con los brazos cruzados, sino por el contrario debe
impulsarnos a trabajar en cada cosa que llega a
nuestras manos, y hacerlo con empeño. Asegúrate
de estar sembrando y abonando para lo que Dios te
permitirá cosechar en el futuro.

¿No sabes lo que Dios hará con tu vida? No necesitas


saberlo, basta con conocer lo que Él quiere de ti y
saber que está contigo.

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05 Porqué pecar
realmente es una
gran cosa
La tradición enseña que los primeros cristianos
crearon una lista de los “pecados más dañinos”.
Llegó a ser conocida como “los siete pecados
capitales”. Tradicionalmente está compuesta por
la ira, la avaricia, la pereza, el orgullo, la envidia, la
lujuria y la gula. Pero la verdad es que todo pecado
destruye, y produce muerte. Esta es la razón por la
que cualquier clase de pecado en realidad se trata
de “una gran cosa”, aun cuando a veces parece que
“no es para tanto”.
Uno de los principales errores que podemos
cometer es permitir ciertas prácticas pecaminosas
en nuestras vidas, porque a simple vista creemos
que no producen graves consecuencias. Pero eso es
una mentira.
Piensa en las goteras que existen al interior
de algunas cavernas, y cómo terminan por perforar
fuertes rocas debido a su golpe continuo durante
mucho tiempo. También las consecuencias graves de

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una gotera continua se ven reflejadas en un antigua


práctica de tortura conocida como “la gota china”.
Un método en el que se inmovilizaba a las víctimas
boca arriba, de modo que les cayera sobre la frente
una gota de agua fría cada cinco segundos. Después
de algunas horas, el goteo provocaba daño físico en
la piel. Aunque la verdadera agonía consistía en la
locura que les provocaba al no permitirles dormir, y
el que tampoco pudieran beber de esa agua cuando
la sed atacaba, razones por las que a los pocos días
morían de un paro cardíaco.
Las consecuencias del pecado son igual, por
“pequeño” que parezca. Son tan graves que fueron
la razón por la cual Dios entregó a Su Hijo para morir
en una cruz. Así que antes de pensar que “si haces
eso” en realidad “no es la gran cosa” o “no es para
tanto”, deberías recordar lo siguiente:

Las Consecuencias son Dolorosas

Como en “la gota china” las consecuencias del


pecado pronto traen dolor y agonía a nuestras vidas.
Observa la oración penitente de David en el Salmo
38: “Nada hay sano en mi carne, a causa de tu ira;
ni hay paz en mis huesos, a causa de mi pecado…
Estoy debilitado y molido en gran manera; gimo a
causa de la conmoción de mi corazón…” Cuando
nos entregamos al pecado, somos inmovilizados
espiritualmente, y el daño aunque parezca invisible
es real, y no tardará en traer dolor a nuestra carne, y

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con toda seguridad mucho daño a nuestro corazón.

La Comunión se Destruye

Dios nunca toma la iniciativa cuando se trata de


estar lejos, pero nosotros somos expertos. Quizás
no buscamos conscientemente apartar a Dios de
nuestras vidas cada vez que pecamos, pero es lo que
logramos. Como en el Génesis, Dios nos ha dado
instrucciones claras a través de su Palabra, y espera
que le obedezcamos, pero cuando escogemos
el pecado entonces automáticamente estamos
menospreciando su presencia por completo, y
entonces la comunión se destruye. No cometamos
el error de pensar que Dios puede llegar a ignorar
nuestro pecado solo porque nosotros sí somos
capaces de hacerlo. Dios es santo. (Romanos 6:23;
Gálatas 6:8)

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06 Cómo no morder
el anzuelo de la
tentación
Una pareja de recién casados disfrutaban su luna de
miel en una playa del caribe. Era su último día en
ese lugar antes de regresar a sus trabajos y empezar
su nueva vida. Atardecía. Recostada sobre la arena,
la joven esposa disfrutaba los últimos rayos del sol
de ese día, a su lado estaba sentado el esposo que
veía el horizonte. Entonces sucedió.
Una jovencita pasó frente a la vista del hombre.
Este la siguió con sus ojos y se olvidó por completo
del paisaje, y de su esposa, que al percatarse de lo
ocurrido lo miró y le dijo: “¿En realidad valió la pena
este problema en el que te acabas de meter?”
Desde Adán y Eva, las tentaciones siguen
seduciéndonos con la misma cosa: “un poco de
felicidad, placer o deleite para nuestra carne”. Por
esta razón es que se vuelven tan atractivas. Ocupan
el cebo perfecto, pero siempre a cambio de un
precio grande: la muerte. Esto es lo que estableció
Santiago en su epístola, y nos brinda algunas claves

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para poder resistir la tentación.

Recuerda la Corona

“Bienaventurado el varón que soporta la tentación;


porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la
corona de vida, que Dios ha prometido a los que le
aman”. (Santiago 1:12) Hay una recompensa para los
que resisten la tentación y permanecen fieles. Así
que sé firme porque esto vale la pena, aquí y en la
eternidad. El apóstol Pablo lo dijo: “Todo aquel que
lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para
recibir una corona corruptible, pero nosotros, una
incorruptible”. (1 Corintios 9:25). No vale ni siquiera
la pena considerar morder el anzuelo, no cuando
recuerdas la corona.

Revisa su Causa

“Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado


de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado
por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno
es tentado, cuando de su propia concupiscencia
es atraído y seducido”. (Santiago 1:13-14) Dios nunca
es el autor del pecado. Santiago se ocupa de dejar
claro que Dios no induce a nadie a hacer lo malo,
porque en Él no existe maldad.
Somos tentados por nuestra propia
concupiscencia, nuestros deseos por lo prohibido.
Somos seducidos por nuestra naturaleza

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pecaminosa, ese “germen del mal” del que solo


seremos librados hasta que seamos igual a Jesús.
Sin embargo, mientras tanto debes encargarte
de revisar las causas que “activan” esos deseos, y
tomar medidas para evitarlas. Una encuesta que
se realizó en una revista reflejó lo siguiente: el 84%
de los entrevistados podían resistir la tentación
mediante la oración, 76% evitando situaciones
comprometedoras, 66% estudiando de la Biblia y
un %52 rindiendo cuentas a alguien. Procuremos
andar el espíritu y no satisfagamos los deseos de la
carne (Gálatas 5:16).

Reconoce su Consecuencia

“Entonces la concupiscencia, después que ha


concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo
consumado, da a luz la muerte”. (Santiago 1:15) En
otras palabras, el proceso es más o menos así: cuando
nuestra naturaleza pecaminosa interna cede ante la
tentación externa se produce el pecado, y la muerte
como su consecuencia. Entonces, ¿en realidad vale
pena morder el anzuelo?, claro que no. El pecado
siempre produce muerte, un corte letal a nuestra
comunión con Dios. (Romanos 6:21-23)
Ceder ante la tentación para “disfrutar de
ella” es mortal. Cuando lo hacemos cometemos el
mismo error de los osos polares que durante horas
lamen un balde con sangre congelada de foca, hasta
quedar insensibles de su lengua, y finalmente no ser

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capaces de percatarse que terminan cortándose y


desangrándose por un cuchillo que los cazadores
dejaron en su interior.
No vale la pena morder el anzuelo de la
tentación. Resiste, y no permitas que tu gusto por
las cosas espirituales se adormezca. Sé capaz de
distinguir cualquier amenaza a tu vida espiritual, y
no caigas en la trampa. No vale la pena.

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07 Porqué no debo
tener todo lo que
deseo
No hay nada de malo con tener deseos. Son nuestros
deseos los que nos definen. Jesús lo dijo: “Porque
donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro
corazón” (Mateo 6:21). Sin embargo, si nuestros
deseos o intereses son los que determinan nuestras
vidas, deberíamos poner más atención sobre aquello
donde estamos poniendo nuestro corazón, para no
correr el riesgo de equivocarnos y terminar nuestras
historias con un final infeliz. Nadie quiere eso. Pero
suele pasar, le ocurrió a Sansón en Jueces 14.
La historia de Sansón nos enseña que se
termina mal cuando lo único que nos interesa es
la satisfacción nuestros deseos carnales. En Jueces
capítulo 14 se narran tres diferentes ocasiones en
las que Sansón fue tras ellos: 1. Tomó una mujer
extranjera como esposa, aunque la ley no lo permitía,
2. Recogió un panal de abejas en medio del cadáver
de un animal, a pesar de que su voto como nazareo
se lo prohibía. 3- Propuso un acertijo a un grupo de

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hombres, con el que pretendía ganar 60 prendas


de vestir muy costosas. Sansón era un hombre con
mucha tenacidad, alguien que podría ser fácilmente
descrito como lleno de pasión. Lastimosamente
siempre utilizó su ímpetu para satisfacer sus deseos
carnales.
1 Juan 2:16-17 describen el proceso por el que
pasó Sansón, uno al que debemos prestar mucha
atención: “Porque todo lo que hay en el mundo,
los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la
vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del
mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que
hace la voluntad de Dios permanece para siempre”.
Entonces, ¿deberíamos tener todo lo que
deseamos? La respuesta es sencilla: si son para
agradarnos únicamente a nosotros, entonces
es muy seguro que no. Podemos identificar tres
características que nunca faltan en los deseos
carnales, y que podemos encontrar en la historia de
Sansón en Jueces capítulo 14:

Placer

No busques aquello con lo que únicamente pretendes


satisfacerte a ti mismo. Esto fue lo que Sansón hizo
cuando tomó una mujer extranjera como esposa.
Solo pensó en lo bien que eso lo haría sentir, y dejó a
un lado todo lo demás, incluso el mandamiento de
Dios que establecía que no tomaran como esposas
a extranjeras. Si estás siguiendo a Jesús tus deseos

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no deben ir en la dirección de buscar agradarte a


ti mismo, sino hacia aquello que agrada a Dios. No
vayas tras lo que tú piensas que es bueno, sino sobre
lo que la Biblia dice que es provechoso.

Precariedad

No pongas tus ojos sobre cosas perecederas. No


busques satisfacción entre aquellas cosas que no
tienen vida. No te distraigas en las cosas de este
mundo. Si no estás buscando trascender para la
eternidad con lo que deseas, entonces no vale
la pena. No escojas apartarte de lo eterno por un
poco de deleite temporal, así como lo hizo Sansón
cuando recogió el panal de abejas del cuerpo del
león, violando su voto de nazareo que lo consagraba
a Dios.

Poder

No procures enaltecerte. Pon mucha atención a tus


motivaciones. Solo Dios es grande, y Él acostumbra
únicamente poner su atención sobre los humildes.
Si lo que buscas es hacerte llegar “muy lejos” a ti
mismo, lo que en realidad lograrás es que Dios te
contemple desde la distancia. “No anheles trajes
costosos” como Sansón, con la intención de ser
reconocido y estimado por todos. Solo hay una
posición que deberíamos anhelar: estar a los pies de
Jesús.

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08 Porqué razones
no debería iniciar
un noviazgo
El noviazgo es uno de los temas que probablemente
menos entendemos, pero que más nos atrae cuando
somos jóvenes. La Biblia no dice nada sobre este tipo
de relación, no al menos sobre como lo practicamos
en nuestra época y cultura. Sin embargo, a través
de sus principios generales para nuestras vidas
sí podemos señalar algunos motivos por los que
nunca deberías iniciar una relación de noviazgo:

Porque me siento solo o sola

Es posible que pases por momentos en los que te


sientas solo o sola y es muy válido que busques la
manera de remediarlo, pero iniciar una relación
de noviazgo con toda seguridad no va a aliviar tu
“sensación de soledad”. Si lo que quieres es compañía
asegúrate primero de haber llenado el tanque
relacional de manera vertical, y procura una relación
íntima con Dios. Luego Él se encargará de llenarte

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de manera horizontal, y ten presente que no lo hará


necesariamente con un relación de noviazgo.

Porque lo siento en mi corazón

No decidas iniciar un noviazgo basándote en tus


sentimientos, estos van y vienen. Incluso la emoción
más sincera de todas puede ser una farsa completa.
Si decides iniciar una relación de noviazgo por todo
“eso que en este momento sientes”, es probable que
luego ya no sientes nada, te encuentres sin razón
para continuar y finalmente decidas terminarlo.
Cuida tu corazón, una de las mejores maneras de
hacerlo es no prestándole demasiada atención.

Porque mis amigos y amigas me presionan

La presión grupal puede ser un verdadero problema.


Resiste. No hay razón válida para seguir lo que la gran
mayoría dice, hace o piensa. Cuando son más que tú
con toda seguridad pretenderán convencerte si estás
yendo en contra de la corriente, pero debes saber
que casi de manera general las multitudes siempre
están equivocadas. Demuestra tus convicciones.
Busca ser aprobado por Dios antes que por las
personas.

Porque ya hemos pasado al siguiente nivel

No inicies un noviazgo porque erróneamente

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decidiste avanzar de manera confusa en una relación.


Si no respetaste los límites, emocionales o físicos,
simplemente detente. No cometas el error de creer
que “formalizando las cosas” las vas a solucionar, por
el contrario quizás solo las vas a empeorar.

Porque me gusta cómo me trata

El cortejo puede enamorar fácilmente, pero no te


dejes llevar por esto. No caigas en el flirteo y coqueteo
de cualquiera. Cuando se trata de decidir iniciar una
relación de noviazgo con alguien, es más importante
que observes cómo es la relación de esa persona con
Dios y los demás, que cómo se comporta y busca
relacionarse contigo.
El noviazgo es una gran cosa, pero debes
asegurarte de tener los motivos correctos antes de
iniciar una relación de este tipo. Sobre todo debes
tener claro que si tu motivación no es llegar hasta el
matrimonio solo terminarás quemado o quemada.
No enciendas el fuego si no pretendes consumarlo.
Con los principios y convicciones correctas… ya está.

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09 Cómo disfrutar
mi soltería
Hay algo que mi esposa siempre me ha dicho,
incluso desde que fuimos amigos: “Disfruta cada
etapa que Dios te permite vivir”. Estoy convencido
que la soltería es una hermosa etapa que puede
ser completamente disfrutable, pero solo si estás
dispuesto o dispuesta a actuar con mucha sabiduría.
Así que si no hay nada en tu perfil de Facebook que
indique que tienes una relación, aquí hay tres cosas
que deberías considerar para disfrutar de tu soltería:

Cuídate

Ten cuidado en tus relaciones con personas del sexo


opuesto, no se trata de ser paranoico o paranoica
pero sí de actuar con prudencia. En cualquier clase
de relación existen límites. Respétalos. No vayas más
allá de donde no está claramente permitido. Que tus
relaciones de amistad con personas de otro sexo se
vean, se escuchen y se aprecien por completo como
eso: una relación de amigos. Sobre todo pon mucha
atención a los límites emocionales y en el contacto

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físico. No te engañes, una “amistad especial” no es


más que una relación que ha traspasado los límites
y ha avanzado de manera confusa al próximo nivel.
Si has llegado a una situación como ésta, detente y
retrocede. No empujes ni permitas que te empujen.

Crece

Madura. Prepárate en cada área de tu vida.


Crece espiritualmente, emocionalmente y
económicamente. La soltería es como el tiempo
de paz, y si lo que deseas es tener una relación en
el futuro, y que ésta sea buena, debes prepararte
como para una guerra. Ármate y desarróllate con las
actitudes y acciones correctas.

Comparte

Asegúrate que tu propósito de comenzar y


desarrollar relaciones sea bendecir a las personas, y
no pretender obtener algo de ellas. Ten amistades,
pero no te acerques a alguien solo porque “perfila
como posible candidato o candidata”.
Si Dios te está permitiendo vivir en soltería
disfrútala. Eclesiastés 3:11 dice que: “Él todo lo hizo
hermoso en su tiempo“, pero no te confundas, esto
no solo tiene que ver con el futuro que anhelas, sino
también con el presente que ahora Él te permite
vivir, y lo que tienes o no.

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10 Porqué
debo dejar de
compararme con
otros
Si alguna vez te sentiste molesto por los logros de
otra persona, debes saber que lo hiciste después
de haberte comparado, y entender que todos esos
sentimientos de amargura que experimentaste son
nada más y nada menos que celos o envidia. Sobre
todo debes comprender que ambos sentimientos
son frutos de la carne, y que por lo tanto producirán
algún tipo de muerte en tu vida.
Nos ponemos en un lugar equivocado al
compararnos con otros, y al tratar de ganar una
batalla que no tiene sentido, nos desgastamos física
y emocionalmente. El sistema de Dios no es el de
destacar sobre los demás, sino el de prevalecer,
y colaborar hacia la mutua edificación. Así que
cuando alguien avanza, incluso más allá de donde
tú has llegado, esto debería de llenarte de la misma

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alegría sincera que experimentas al alcanzar “tus


triunfos personales”.
Personalmente me gusta mucho la
competencia, yo juego para ganar; sin embargo,
nuestro sistema competitivo, las carreras académicas
y profesionales nos han llevado a aceptar como un
estilo de vida una dinámica en la que se trata de
“todos contra todos”. Pero la carrera del creyente
no es así. Cuando la meta es ser más como Jesús
no se trata de ti. Por supuesto que debemos correr
de tal manera que obtengamos el premio, pero en
ninguna manera se trata de competir contra los
demás.
Los celos y la envidia nacen en el corazón de
Satanás. Nos empujan a reclamar “nuestros derechos”,
a querer abarcarlo todo. Y terminamos corriendo y
esforzándonos hacia una meta equivocada, por lo
que tener un enfoque correcto puede ayudarnos a
dejar de compararnos con los demás:

No se trata de ti.

En Números 11 se relata un episodio de celos de


Josué, cuando dos hombres afuera del templo
profetizaron (lee el texto para entenderlo mejor).
Esto solo demostró que el joven guerrero, aunque
destacado y esforzado, todavía no estaba preparado
para ocupar otra responsabilidad (Números 11:16-
30). Su corazón aún no estaba listo. Si bien el
ayudante de Moisés es descrito más adelante

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como alguien que “nunca se apartaba de en medio


del tabernáculo” (Levítico 33:11), sabemos que se
molestó cuando otros que estaban más lejos que
él recibieron algo que seguramente su corazón
anhelaba.
Probablemente Dios te ha dado muchas
capacidades, talentos o dones; pero no le creas a tu
carne cuando te dice: “mereces lo que Dios te ha
dado, o probablemente merezcas más”. En realidad
no te mereces nada. Como dijo el apóstol Pablo,
cada uno de nosotros debe reconocer que por la
gracia de Dios somos lo que somos (1 Corintios
15:10). Y que las bendiciones que hemos recibido
no son exclusivas de ninguno, y mucho menos para
nuestra propia satisfacción.

Colabora en lugar de competir

Los celos o la envidia surgen después de ponernos


en una posición de revalidad en contra de los demás,
¡esto está mal! Debemos entender, que como hijos
de Dios tenemos una meta en común: ser más como
Jesús (Romanos 8:29).
Al ser parte de un propósito más honorable que
alcanzar nuestras propias metas, como hijos de Dios,
todos debemos cumplir una función única como
miembros del cuerpo de Cristo para ser edificados
mutuamente. Todos somos colaboradores. Todos
estamos en el mismo equipo. ¡Debemos dejar de
vernos como contrarios! Satanás es el adversario, y

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es él quien quiere “ganar ventaja sobre nosotros”


(2 Corintios 2:11). Cuando se trata de alcanzar la
meta y los galardones hacia la eternidad, Dios nos
ha puesto como colaboradores unos de otros y no
como competidores entre nosotros.
Deja de compararte. Deja de sentir celos, y de
dar lugar a la envidia. No dejemos que Satanás gane
ventaja sobre nosotros.

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11 Cómo ser un
buen hijo aunque
sea difícil
El título está lejos de ser un testimonio personal.
Junto a mi hermano tenemos la bendición de tener
unos buenísimos padres. Definitivamente nos han
facilitado el buscar ser buenos hijos. Pero conozco
a algunos que deben esforzarse mucho para poder
cumplir aquello de “honrar a padre y a madre”.
El problema es que hay algunos hijos que
deciden poner constantemente a sus padres en una
balanza de juicio, y entonces los hallan: incompletos,
imperfectos, con una medida casi nada favorable, o
en el peor de los casos no encuentran una sola razón
de peso por la que deban honrarlos. Entonces, ponen
el grito en el aire: “¡Esto es injusto!” En realidad es
injusto que pretendamos ocupar el papel de jueces
que señalan y sentencian, una tarea que no nos
corresponde como hijos. Si estás buscando agradar
a Dios debes cumplir con tu parte aun cuando tus
padres te lo pongan difícil:

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Mantén una Actitud Respetuosa

Puede parecer que tus padres no merezcan tu


respeto, pero debes hacerlo. La Biblia manda que
te sometas a tus autoridades y que obedezcas a tus
padres porque esto es justo y agrada a Dios (Romanos
13:1-2, Efesios 6:1 y Colosenses 3:20). Hazlo con la
misma disposición que tendrías ante la mejor de las
autoridades, o en otras palabras, mantén la misma
actitud de respeto que Cristo merece cuando se
trata de obedecer a tus padres. Por otro lado, debe
quedarte claro que la Biblia no enseña que tú debes
respetarlos solo si ellos se lo ganan, por el contrario
señala que tú puedes ganarlos a ellos (si es que no
tienen una relación con Jesús) otorgándoles respeto
(1 Pedro 3:13-15).

Muestra Acciones Responsables

Haz el bien y hazlo bien. Demuéstrales a tus padres


que estás interesado en hacer las cosas de la manera
correcta. Pon mucha atención y cuidado en lo que
haces y decides. Que tu comportamiento sea el
mejor que tu papá y mamá pueden considerar.
No importa si eres el único interesado en actuar
rectamente, “procura hacer las cosas bien, no sólo
delante del Señor sino también delante de los
hombres” (2 Corintios 8:21).

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Mejora tus Actitudes Relacionales

Crea puentes. Identifica cuales son las actitudes


que debes mejorar para relacionarte mejor con tus
padres. Sé intencional. Sé amable, esto quiere decir
“fácil de amar”. Interésate en ellos. Haz preguntas.
Sonríe. Valóralos. Ten la disposición de aprender
algo nuevo de ellos y conocerlos tanto como te sea
posible. Actitudes, actitudes, buenas actitudes. Ten
presente que no existe nada más contagioso que
una actitud, así que si quieres hacer que las cosas
entre tus padres y tú funcionen pon mucho cuidado
a ellas (2 Timoteo 2:24-26, 1 Pedro 3:8-9).

En la Biblia podemos encontrar algunos relatos de


buenos hijos con malos padres, ¿cómo pudieron estos
hacer lo correcto a pesar de tener un mal ejemplo?
Fue reconociendo que era lo justo y agradable para
Dios.

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12 Cómo tener
buenas relaciones
personales
Los hombres y las mujeres somos seres relacionales,
pero no solo deseamos relacionarnos, sino que
anhelamos hacerlo bien. Cuando te acercas a
alguien no esperas ser defraudado, lastimado,
engañado, ignorado y demás. Pero la verdad es
que todos, y absolutamente todos, cuando se
trata de relacionarnos, nos equivocamos. La única
relación de la que siempre saldremos limpios es
aquella que podemos tener con Jesús. Él no falla.
Pero ya que necesitamos ayuda para relacionarnos
entre nosotros, quiero proponerte tres hábitos que
podemos poner en práctica para lograr buenas
relaciones.

Propone

Toma la iniciativa, manifiesta el interés de hacer que


las cosas pasen, de hacer que las relaciones surjan.
Hay algunas personas que nunca darán el primer

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paso. Incluso si tú eres de ese tipo de personas es


tiempo de que cambies, vayas y te presentes más
a menudo con los demás. Acércate aun a aquellos
que crees que ya conoces, o con los que por alguna
razón te has distanciado.

Pregunta

No deduzcas nada. Como estudiante de la Biblia y


de las ciencias sociales, he aprendido que esta es
la regla de oro si quieres conocer la verdad de las
cosas. En las relaciones es igual. Tratar de deducir
lo que piensan las personas, sus sentimientos o las
razones por las cuales tienen ciertas actitudes, o
actúan como lo hacen, es un error que no te debes
permitir. Preocúpate por conocer correctamente a
los que te rodean, y no les juzgues únicamente por
sus fachadas.

Perdona

Creo que la enseñanza más desafiante de Jesús fue


la que expuso mientras estaba colgado en la cruz. El
perdón no es una capacidad natural de los hombres
o las mujeres, pero sí es una necesidad en cada uno
de nosotros. Lo es porque todos pecamos, no solo en
contra Dios sino también hacia nuestros hermanos.
Es por esto que el perdón es la única opción válida
ante los defectos de las personas cuando éstos nos
alcanzan y lastiman. No significa que debemos

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pretender ignorar el dolor que se ocasiona, sino que


a pesar de eso decidiremos no cobrar más por el
daño, y entonces escogeremos crecer. Si Dios no
retiene su perdón para cada uno de nuestros errores,
porqué habríamos de hacerlo nosotros con los de
los demás.

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13 Cómo ocupar
correctamente
mis palabras
En una palabra puedes encontrar la vida o la
muerte (Proverbios 18:21). No es una exageración.
Es el valor verdadero de todo lo que decimos. Tener
la capacidad de comunicarnos usando nuestras
palabras con sabiduría es una tremenda bendición,
pero no tenerla es todo lo contrario. Te comparto tres
características que si no existen en nuestras palabras
hacemos mejor al quedarnos con la boca callada:

Que tus palabras sean Ciertas

Habla con la verdad. Las mentiras en sí mismas son


un engaño, porque prometen una salida, pero en
realidad solo te verás atrapado en la necesidad de
decir más. Además, tarde o temprano siempre salen
a la luz. No defraudes a otros, ni pierdas su confianza
y tu credibilidad. Pero sobre todo ten presente que
a Dios nunca le podrás engañar. Cuando mientes él
conoce tu pecado.

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Que tus palabras Contribuyan

Agrega valor. Si tus palabras no van a aportar nada


bueno, colaboras más quedándote callado. Por otro
lado, si tienes la oportunidad de bendecir a otros con
tus palabras no dudes en hacerlo. Nombra las faltas,
pero haz un doble esfuerzo por también mencionar
las virtudes que hay en los demás. Anima, agradece
y asegúrate de compartir con todos a tu alrededor
una buena dosis de palabras afectivas.

Que tus palabras sean Corteses

No seas áspero. Da gracia y responde bien incluso


cuando algunos no lo hagan. Procura conservar en
buen estado tus relaciones y conversaciones a través
de lo que dices. Que tus palabras no sean lo que
todos quieren evitar escuchar, sino por el contrario
un “lugar donde pueden encontrar resguardo”.

Los hombres y las mujeres ocupamos un promedio


de 7 mil a 20 mil palabras al día. Procura que cada
una de ellas tengan las tres características anteriores.

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14 Cómo ser un
líder eficaz
Líder es aquel que tiene influencia sobre otros, es
ese tipo de personas a quien los demás siguen. Un
buen líder espiritual es el que va adelante, y con su
ejemplo anima a los demás a seguir a Jesús. Uno
de los mejores líderes en la Biblia que cumple con
esta descripción es el apóstol Pablo. Él dijo: “Sed
imitadores de mí, así como yo de Cristo” (1 Corintios
11.1)
En Hechos 27, Lucas nos presenta una de las
mejores crónicas de navegación jamás escritas.
En medio de circunstancias difíciles y la urgencia
de tomar decisiones que resguardaran sus vidas,
surge el liderazgo de Pablo en la escena. En tres
intervenciones refleja algunas de las características
de un líder espiritual:

El líder comprende que lo más importante son las


personas

Este mundo puede ser muy peligroso, amenazante


e inseguro. Las circunstancias a veces pueden

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ponerse demasiado difíciles y empujarnos a sufrir


diferentes pérdidas, y entonces tendremos que
decidir qué es lo más importante o qué es lo que
deberíamos buscar no perder. Pablo lo tenía claro:
las personas. Esto podría parecer muy lógico, pero
la verdad es que muchas veces nuestras prioridades
o intereses no están en la vida de los demás. Quizás
como el centurión, el capitán y el dueño del barco,
en el relato de Hechos, estemos más interesados
en llegar a donde nosotros queremos llegar para
garantizar nuestro poder, posición o posesiones. Un
líder verdadero no busca ninguna de estas cosas,
por el contrario, procura el beneficio de los demás.
Entiende que lo más importante son las personas
(Hechos 27:1-10).

El líder coordina con las instrucciones de la


Palabra

Un líder espiritual que es eficaz siempre sabe lo que


se debe hacer, porque confía en la instrucción de
Dios y de esta manera dirige a los demás. Anima,
y aunque puede decir “te lo dije”, siempre tiene
como principal objetivo esforzar a los que están a su
alrededor. No se desgasta en señalar únicamente las
faltas de los demás, sino más bien en mostrar cuál
es la dirección que se debe seguir. Instruye, pero lo
hace respaldado de su ejemplo. Además, lo hace
siendo muy práctico. pero con un criterio dirigido
por su percepción espiritual de las cosas. Es el que

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dice: “Dios ha dicho esto en su Palabra, corrijamos


lo necesario, yo le creo, sigámosle y hagamos esto”
(Hechos 27:11-26).

El líder cuida la integridad de la plantilla

Procura mantener el equipo unido, pero entiende


que para cuidar la integridad de “todo” hay que
buscar la de “cada uno”. Un buen líder comprende
que las acciones solo son el resultado de las actitudes,
y es por esto que busca el buen ánimo del equipo
para garantizar que “el barco siga a flote”. Entiende
que no existe nada más más contagioso y nocivo
para un equipo que las malas actitudes, peor aún
si estas provienen del mismo líder. Si quieres ser un
líder eficaz debes cuidar la integridad de todos, de
cada uno y de ti mismo. (Hechos 27:27-37).

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15 Qué cosas no son


negociables en el
ministerio
Si eres parte de un ministerio, seguramente sabes
que con el afán de hacerlo bien, solemos hacer
muchas cosas. Hacemos cambios en las estructuras,
los programas y algunas veces podemos llegar a
ser muy atrevidos corriendo riesgos. Buscamos ser
creativos, estratégicos y efectivos. Eso está muy bien,
pero no es suficiente. No lo es si en medio de todos
esos esfuerzos no existe la dirección correcta. Hay
una sola cosa que no podemos perder de vista: el
ministerio es sobre personas. Y es por esta razón que
todas las iniciativas y acciones en una estructura
ministerial deben apuntar hacia el alcance o cuidado
de vidas, con el fin de glorificar a Dios.
Lo que debemos establecer son bases
correctas, porque cuando entramos en la dinámica
de ministrar fácilmente podemos caer en la trampa
de “hacer por hacer”. Por supuesto que el ministerio
es muy dinámico, debe serlo. Pero como en la
construcción de un edificio, si tenemos una buena

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base, entonces, podemos aventurarnos a construir el


diseño más innovador y arriesgado. Es el fondo del
ministerio, su corazón, el que debe ser correcto, para
que este sea capaz de sostener cualquier estructura,
programa o estrategia.
Quiero proponerte cuatro cosas que no son
negociables en el ministerio, las mismas que el
apóstol Pablo transmitió a los ancianos (líderes)
de las iglesias de Asia antes de emprender su viaje
hacia Jerusalén en Hechos 20:

Alcanzar

Evangelismo. En Hechos 20 Pablo recalca que


en ningún momento había “rehuido” anunciar el
evangelio de Cristo. La palabra en el original griego
hace referencia a la acción de “arriar las velas de una
nave”. Es un cuadro muy gráfico. Esto quiere decir
que si existe algo que no puede faltar en nuestros
ministerios es un esfuerzo agresivo por alcanzar a
otros. Pero como ministros debemos entender que
el evangelismo debe ir más allá de las actividades y
convertirse en nuestro estilo de vida. Por otro lado,
no cometamos el error de pensar que no debemos
buscar alcanzar a otros, si no somos capaces de
lograr madurez o ciertos objetivos entre el grupo
que ya hemos alcanzado. Si quieres que todo en
el ministerio avance, entonces, deberías de “subir
siempre las velas” (Hechos 20.20 y 27).

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Apacentar

Pastorear. Cuida al grupo. Presta suficiente atención


a cada uno. Provee de la necesaria dirección
espiritual. Quizás esta sea la acción con la que más
estamos relacionados a la hora de hacer ministerio,
sin embargo, creo que es la que más podemos llegar
a descuidar. Porque podemos caer en la trampa de
pensar que el ministerio se trata de “hacer cosas”, y
en realidad es sobre personas. Pastorear a otros es
la parte en la que más “nos ensuciamos”. El cuadro
del pastor impecable que dirige a la manada es un
engaño. Trabajar con personas es “sucio”, pero es lo
que Dios te ha llamado a hacer, si es que él te “ha
puesto” en el ministerio. Recuerda que crecemos
para ayudar a crecer a otros. Así que no olvides poner
cuidado sobre tu propia vida antes de pretender
cuidar a los demás, y ten siempre presente que
el rebaño le pertenece a Cristo, para que no te
enseñorees de los que Él te ha confiado, y a la vez
seas capaz de descansar en su cuidado como pastor
de los pastores (Hechos 20.28).

Arreglar

Corregir. Esta es la parte del ministerio que algunos


preferiríamos evitar. Pero debemos mantenernos
despiertos, con una actitud alerta ante las amenazas
espirituales, y corregirnos los unos a los otros cuando
sea necesario. La corrección es algo que también nos

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ocupa en el ministerio, pero esta no es igual a maltrato,


humillación o descalificación. Cuando corriges o
exhortas a alguien, la otra persona debería quedar
lo suficientemente animada por ti para cambiar. Por
supuesto que la corrección duele, pero de la misma
manera que en una intervención quirúrgica el
cirujano debe tener mucha pericia cuando hace uso
del bisturí, nosotros debemos procurar corregirnos
unos a otros “sin malas praxis que produzcan
infecciones”. Hagamos las advertencias oportunas
cuando sea necesario, amonestando y enseñando.
Es posible corregir a otros dejándoles el ánimo y la
esperanza suficientes para cambiar (Hechos 20.31-
32).

Aportar

Dar. En el ministerio siempre hay diferentes


necesidades, y algo que por lo general hace falta es
el dinero. Así que una acción más que no debes dejar
de hacer es aportar económicamente. Ten presente
que el ministerio es sobre hacer muchas cosas
para alcanzar y cuidar a otros, y para hacer posible
todo eso se necesita dinero. Sobre esto, Pablo nos
enseña en Hechos 20 que “más bienaventurado es
dar que recibir”. Así que siempre que tengamos la
oportunidad de asistir las necesidades económicas
de otros en la estructura ministerial, o sostener al
mismo ministerio, hagámoslo, y daremos el ejemplo
de esta manera también a otros (Hechos 20.34-35).

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Es válido que experimentemos con diferentes


métodos cuando se trata de hacer ministerio. Pero
no debes pasar por alto que la razón de ser de cada
esfuerzo ministerial son las personas, mientras
damos gloria a Dios alcanzando y cuidando a otros.

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16 Cómo crear el
hábito de lectura
de la Biblia
Es posible leer la Biblia por completo. Solo es
cuestión de disciplina. Como señaló Dallas Willard:
“Aunque muchas veces no estemos conscientes
de esto, practicamos disciplinas todos los días. En
la práctica de estas disciplinas diarias o “naturales”
realizamos acciones que nos permiten adquirir
mayores capacidades o habilidades que de otra
manera no lograríamos”. Lo mismo sucede con la
lectura de la Biblia. Para lograr esta disciplina hay
algunos “recursos” que me han servido mucho. Te
comparto tres de ellos:

Calendario

Ocupa un plan de lectura. Crea un sistema. Esto te


permitirá tener siempre claro dónde estás, de dónde
vienes y hacia dónde quieres llegar en tu lectura.
Puedes buscar y descargar varios en internet.

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Costumbre

Crea hábitos. Busca un determinado momento del


día para leer tu Biblia. Haz el “esfuerzo” por sentarte
todos los días, en el mismo lugar, a la misma hora
y de la misma manera para leer. Si actúas todos los
días con constancia, llegará un momento en el que
simplemente se volverá algo natural.

Compañía

Busca un compañero. Compartir con alguien la


aventura de la lectura de la Biblia puede resultar muy
enriquecedor. Más allá de tener a tu lado a alguien
que pueda ser ese “empujón” para animarte cada
día, pueden investigar y aprender juntos, y luego
compartir lo que Dios les haya enseñado. Busca de
preferencia a alguien que ya ha sido capaz de crear
esta disciplina en su vida.

Siempre se dice mucho sobre la lectura de Biblia,


pero siempre creo que nunca se dice lo suficiente.
Ten en cuenta este pensamiento de David W: “Al
pasar tiempo meditando sobre las interminables
expresiones y promesas de seguridad encontradas
en la Biblia, mi fe en el Dios vivo se fue fortaleciendo
y me mantuvieron seguro en sus manos. La palabra
de Dios para nosotros y especialmente su Palabra
hablada de su Espíritu por medio de la Biblia, es
el ingrediente mismo que alimenta nuestra fe. Si

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alimentamos regularmente nuestras almas con


la Palabra de Dios varias veces al día, deberíamos
robustecernos espiritualmente tal como lo
hacemos con los alimentos comunes, día a día, para
robustecernos físicamente. Nada es más importante
que aprender y obedecer la Palabra de Dios”.

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17 Cómo
aprovechar la
lectura de la Biblia
Creo que se dice mucho sobre la Biblia, pero nunca
lo suficiente. Sin embargo, el verdadero problema
es que, por lo general, hablamos demasiado de la
Biblia pero no actuamos conforme a todo lo que
decimos, creemos y defendemos de ésta.
La Biblia es la Palabra de Dios. Sus palabras son
confiables y traen luz a nuestras vidas. Una relación
íntima con este libro nos permite obtener una
comunión verdadera con el Autor de su mensaje.
Por esta razón, debes procurar sacar el máximo
provecho cuando te dispones a leerla. Aquí hay tres
consejos para poder hacerlo:

Medítala

La Biblia puede parecer abrumante a simple vista,


pero en realidad es mucho más sencilla de lo que
algunos creen. A excepción de unas pequeñas
porciones en todo el texto su contenido es fácil

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de comprender. Asegúrate de ir a sus páginas con


un corazón correcto y no tardarás en encontrar
sus lecciones prácticas, aún donde no lo hubieras
esperado. Puedes valerte de herramientas como
diccionarios y concordancias bíblicas.

Memorízala

Como la Biblia nos aconseja de sí misma: “guardemos


sus palabras en nuestro corazón” (Proverbios 7:1).
El primer paso debería de ser aprender el orden
y el nombre de cada uno de sus 66 libros. A partir
de esto puedes empezar por memorizar tus
versículos favoritos, y luego porciones más grandes.
Acostumbramos guardar muchas cosas en nuestra
mente, pero no hay nada más provechoso que
tener un versículo en medio de todos nuestros
pensamientos. Somos lo que pensamos, así que
deberíamos de esforzarnos más por memorizar la
Biblia para pensar y actuar conforme a ella.

Márcala

Algunas personas pueden considerar esta práctica


inapropiada. Sin embargo, personalmente he
encontrado un gran beneficio al poder subrayar
versículos, señalar referencias, marcar ideas
principales, etc. Si decides empezar a marcar
tu Biblia, incluso puedes volverlo más complejo
y eficiente creando códigos a través de colores,

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símbolos o letras. Esto volverá más estructurado tu


estudio, y hará aún más visible todo lo que Dios te
hable por medio de su Palabra.

Crece en tu relación con la Biblia, para que puedas


hacerlo en tu comunión con el Autor de sus palabras.
Prepara tu corazón para estudiarla, cumplirla y
enseñarla a otros.

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18 Porqué la Biblia
es la Palabra de
Dios
El primer libro que leí por completo fue “El
Principito”. Fue un regalo de mi papá cuando tenía
once años, y todavía lo conservo. Recientemente
leí que este libro se encuentra dentro de la lista de
los más leídos, ya que han sido vendidas alrededor
de 50 millones de copias desde su primera edición.
Esta lista incluye además “El Alquimista” de Paulo
Coelho con la misma cantidad de copias vendidas,
“El Código da Vinci” de Dan Brown con 60.5 millones,
las sagas de las “Crónicas de Narnia” y “El Señor de
los Anillos” con 100 millones de copias y la reciente
saga de libros de “Harry Potter” con un aproximado
de 1,000 millones de copias vendidas. Sin embargo,
la lista está encabezada por el máximo best seller
con miles de millones de copias vendidas: la Biblia.
Quiero compartirte dos razones por las que, con
toda seguridad, el libro de todos los tiempos es la
Palabra de Dios:

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Porque sus Palabras son Confiables

La Biblia es la Palabra de Dios. Esto es algo que


teólogos, eruditos y detractores han discutido
interminablemente: cómo un libro escrito alrededor
de más de mil quinientos años y por más de cuarenta
autores puede ser la palabra inspirada por Dios. Sin
embargo, sus palabras son seguras.
Peter Stoner, astrónomo y matemático,
planteó en su libro “La ciencia habla” un análisis
a través del cual demuestra que es imposible que
sean mera coincidencia las profecías escritas sobre
Jesús en el Antiguo Testamento y el cumplimiento
de cada una de ellas en el Nuevo Testamento.
Describe que la probabilidad de sólo ocho de todas
las decenas de profecías que se cumplieron sobre
la primera venida de Jesús ha sido calculada en 1
en 10 a la 17 potencia. Eso sería una posibilidad en
100 000 000 000 000 000. Esto equivale a cubrir
por completo la superficie del globo terrestre con
azulejos de cuatro por cuatro centímetros, marcar
uno de estos con una equis, extraviarlo en algún
lugar de todo el mundo y luego ser capaces de
encontrarlo. La misma probabilidad de encontrar
este azulejo la primera vez es el equivalente del
cumplimiento de solo ocho de todas las profecías
que estaban escritas sobre la primera venida de
Jesús. Simplemente es imposible. Sin embargo, la
Biblia es el único libro que se atreve a predecir el
futuro y nunca se equivoca.

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De la misma manera que sus profecías son


confiables lo son sus preceptos, sus principios y
demás. Todas sus palabras son las más seguras y
verdaderas jamás escritas, y nos revelan la verdad de
Dios.

Porque sus Palabras traen Claridad

“La exposición de tus palabras alumbra; hace


entender a los simples” (Salmos 119:130). O como
nosotros lo diríamos en nuestro tiempo: nos
enciende el foco. Esta es otra de las grandes razones
por las que la Biblia es el libro de todos los tiempos,
y la Palabra de Dios.
Cada una de las palabras de la Biblia es luz,
dan entendimiento sobre todos los temas que como
hombres y mujeres necesitamos conocer. Nos dan
la inteligencia necesaria para resolver problemas,
pero sobre todo la sabiduría completa para tomar
las decisiones correctas.
La Biblia es un libro sobre personas reales, y
acerca de un Dios real. Puedes confiar en sus palabras
y estar seguro de que traerán claridad a tu vida.

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19 Cómo superar la
depresión
Amenazante como un fantasma pero real, muy real
y letal, es la depresión. Según la OMS (Organización
Mundial de la Salud) existen más de 350 millones de
personas en el mundo que la padecen. Una de las
mejores personas que conozco pasó por una crisis
de este tipo, y en una ocasión mientras me platicaba
sobre esta etapa pasada de su vida, le escuché una
frase que nunca olvidaré: “Si nunca has sentido ganas
de morirte no te preocupes… nunca has pasado por
depresión…”
En el Nuevo Testamento, en la carta de Santiago,
se describe al profeta Elías como un hombre “sujeto a
pasiones semejantes a las nuestras…” (Santiago 5:17)
Definitivamente lo era. A pesar de que experimentó
de manera envidiable una relación con Dios, en un
momento de su vida su ánimo llegó a decaer tanto
como su humanidad se lo permitió, y pasó por un
episodio que bien podría ser descrito como una
crisis de depresión. La Biblia relata en 1 Reyes 19
como después de ser amenazado de muerte por
Jezabel, una mujer perversa, el profeta se encontró

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totalmente afectado, a tal punto que llegó a decir:


“Basta ya, oh Jehová, quítame la vida…”
Podríamos pensar que la depresión es algo
que no ocurre entre los hijos de Dios, o que por
ninguna razón debería de ocurrir. La verdad es que
aun cuando nos convertimos a Cristo toda nuestra
naturaleza humana sigue estando presente, y por lo
tanto debemos entender que todos podemos llegar
a pasar por un “decaimiento del ánimo”.
Volviendo al relato del profeta Elías en 1 Reyes
19 el “cuadro de depresión” puede distinguirse.
Después de expresar su total desesperanza, la Biblia
dice que fue a recostarse debajo de un enebro
hasta quedarse dormido. La misma práctica que
he escuchado en los testimonios de personas que
han pasado por esta crisis: un deseo constante
de permanecer dormido y no hacer nada más.
Seguramente estaba experimentado el proceso
completo: tristeza profunda, sensación de vacío,
pesimismo, rabia, irritabilidad, pérdida de interés
en las actividades cotidianas, fatiga, dificultad para
concentrarse y tomar decisiones, trastornos del
sueño y del apetito. Incluso obvias ideas sobre el
suicidio.
Muchas cosas pueden llevarnos a un desánimo
tremendo y por motivos totalmente razonables,
sin embargo, no es aceptable que los hijos de Dios
nos quedemos en ese estado. Esto fue lo que tuvo
que entender el profeta Elías. La Biblia dice que el
Ángel de Jehová interrumpió su sueño, le tocó y

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despertándole le dijo: “Levántate y come”.


Lo que sigue en el relato es la presencia de Dios
diciendo: “Ánimo, sigue adelante…” Esto hace ver
que no fue fácil para el profeta salir de ese estado
de ánimo, como creo que no lo es para cualquiera
que se encuentra en una crisis de este tipo. Pero
después de comer y beber lo suficiente, y de que
Dios le señalara que todavía le quedaba camino por
recorrer, finalmente se levantó.
Gracias a Dios nunca he pasado por una
experiencia de este tipo. Sin embargo, conozco
algunos buenos hermanos en la fe que han
pasado por esto y salieron adelante. Lo hicieron a
través de la misma receta que Dios aplicó a Elías.
Comieron y bebieron suficiente yendo a la Biblia y
siendo controlados por el Espíritu Santo. Además,
entendieron que todavía tenían muchas cosas
buenas por delante. Creyeron lo que Efesios dice,
que hemos sido “creados en Cristo Jesús para
buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano
para que andemos en ellas”. (Efesios 2:10)

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20 Cómo puedo
aprovechar el
sufrimiento
El título no es sobre ser masoquistas, es acerca
de tener esperanza. Para esto primero debemos
entender que existen dos clases de sufrimiento.
Está uno que podemos evitar, que no es nada más
y nada menos que el resultado de nuestros errores
y malas decisiones. Sin embargo, también existen
circunstancias que simplemente nos exponen
a mucho dolor, y casi siempre parecen no tener
sentido, como las enfermedades, ser despedido de
un trabajo o el fallecimiento de un ser querido. De
este último tipo sufrimiento es del que podemos
sacar mucho provecho, si creemos en lo que Jesús
nos garantizó cuando dijo: “En el mundo tendréis
aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”.
(Juan 16:33)
Si Jesús tiene el control de tu vida, y le amas,
debes ser capaz de entender que todas las cosas
pueden ayudar a bien, incluso el sufrimiento en
nuestras vidas. Los siguientes principios no son nada

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fáciles de desarrollar, pero si decidimos ponerlos


en práctica con nuestra fe puesta en Jesús nos
desarrollarán en muchos sentidos, y nos ayudarán
a ser más como Él. Tengamos en mente esto y
entonces cuando el sufrimiento venga a nuestras
vidas reconozcamos que tenemos:

La Oportunidad de Crecer

En el dolor correcto hay desarrollo. Este principio


lo entienden perfectamente los atletas, cuando sus
músculos deben ser llevados a un nuevo punto de
tensión y dolor. De igual manera, como creyentes
debemos recordar que las experiencias de dolor a
las que somos sometidos son con el propósito de
perfeccionarnos.

La Opción de Confiar

Los escenarios de la vida algunas veces están lejos


de parecer buenos o agradables, pero siempre
podemos escoger depender del poder de Dios. El
peligro y las amenazas pueden ser ciertos o no, pero
el temor a las circunstancias es nuestra decisión.
Podemos decidir aprovechar las situaciones difíciles
para darle a Dios el lugar que le corresponde en
nuestras vidas y llenarnos de su temor, o temblar por
cualquier otra cosa. Cuando tienes temor de Dios no
existe razón para temerle a todo lo demás.

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La Obligación de Convencer

Las experiencias dolorosas pueden ser las mejores


ocasiones para demostrar el predominio de Jesús
en nuestras vidas ante otros. Aquí es cuando
importa cómo usamos todo lo que predicamos o
compartimos a las personas sobre nuestra fe. En
medio de nuestro sufrimiento no dejemos pasar
la oportunidad de llevar fruto para la eternidad
persuadiendo a otros de nuestra esperanza en los
cielos con nuestras acciones y actitudes.

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