Teoría correspondentista de la verdad
En esta teoría se establece que la verdad o falsedad de una proposición está
determinada exclusivamente por la forma en que corresponde con el mundo
y si se representa con exactitud. De acuerdo con esta teoría, la verdad está
en una relación de concordancia entre el entendimiento que uno conoce y
lo real, junto con la expresión de un lenguaje adecuado de la ciencia, que
va a ayudar a expresar la verdad del conocimiento.
La teoría correspondentista de la verdad está clasificada en dos tipos: la
correspondencia como congruencia y la correspondencia como correlación.
(Ortiz, 2016, pág. 7) La del primer tipo se identifica porque la relación que
hace verdadero a un portador de verdad en una teoría del primer tipo es la
semejanza entre la estructura de este y el hacedor de verdad, ya que, al no
existir una similitud, se considera falso al portador de verdad. Por ejemplo,
«El perro está sobre la cama» es verdadera si en el mundo hay un perro,
una cama, y que el perro esté relacionado con la cama, es decir, esté sobre
ella. Si falta cualquiera de las tres partes (el perro, la cama y la relación
entre ellos) la proposición es falsa.
Alvin Goldman otorga una explicación metafórica de la siguiente manera:
la verdad es una adecuación, como cuando “la ropa se adecúa al cuerpo".
Esto quiere decir que la variedad de las herramientas expresivas que tiene
el lenguaje y el pensamiento es como la diversidad que hay en las
vestimentas. La moda impone que partes del cuerpo se tiene que cubrir o
que colores utilizar o de que marca comprar, etc. De la misma manera, las
teorías favorables dentro de una sociedad establecen con qué recursos
describiremos el mundo. Así mismo sucede con un juicio, puede ser
adecuado para la sociedad, o no. Cuando es adecuado, es verdadero y
cuando no lo es, es falso.
La de segundo tipo se desarrolló en oposición a la del primer tipo, negando
que hubiera una relación estructural entre el creador de la verdad y el
portador de verdad, es decir que no hacía falta que existiera una
correspondencia estructural entre una proposición verdadera y los
argumentos que la hacen verdadera. Sin embargo, si es necesario que la
semántica del lenguaje en la cual esté expresada la proposición se
correlacione totalmente con las proposiciones de los argumentos que la
hacen verdadera. Entonces cualquier relación entre miembros de un
conjunto y por lo tanto toda función, establece una correspondencia, pero
debemos tener en cuenta que para la verdad se necesitan más
especificaciones referidas al tipo de formas que serán sus términos. Por
ejemplo, un juicio es verdadero cuando se correlaciona con un hecho
oportuno, o cuando se indica que el hecho es apropiado.
John Austin critica una concepción de este tipo entre otras cosas porque la
semejanza estructural con el mundo hace meramente fiel al portador de
verdad, pero eso no es hacerlo verdadero. (Ortiz, 2016, pág. 8) Lo cual
hace fuertemente importante porque demuestra que pese de hallar el tipo de
rasgos que solicitaríamos de un portador de la verdad que pueda describir
cómo es el mundo, no sería suficiente para alcanzar por completo la
verdad.
Las teorías correspondentistas quieren formar una relación entre los
pensamientos o las proposiciones por un lado y las cosas o los hechos por
el otro.