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VEINTE POEMAS DE AMOR Y UNA CANCIÓN La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
DESESPERADA (1924) Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
{PUEDO ESCRIBIR LOS VERSOS MÁS TRISTES Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
ESTA NOCHE} [42] Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche. De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos». Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
Puedo escribir los versos más tristes esta noche. mi alma no se contenta con haberla perdido.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos. y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
- «Tristeza a la orilla de la noche», Claridad, n.° 115, Santiago, 24.11.1923 / Veinte
poemas de amor…, 1924, 1932, poema 20
Ella me quiso, a veces yo también la quería. [Edición conmemorativa RAE, páginas 42 y 43]
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella. [43]
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
2
LA CANCIÓN DESESPERADA [44] Era la negra, negra soledad de las islas,
y allí, mujer de amor, me acogieron tus brazos.
Emerge tu recuerdo de la noche en que estoy.
El río anuda al mar su lamento obstinado. Era la sed y el hambre, y tú fuiste la fruta.
Era el duelo y las ruinas, y tú fuiste el milagro.
Abandonado como los muelles en el alba.
Es la hora de partir, oh abandonado! Ah mujer, no sé cómo pudiste contenerme
en la tierra de tu alma, y en la cruz de tus brazos!
Sobre mi corazón llueven frías corolas.
Oh sentina de escombros, feroz cueva de náufragos! Mi deseo de ti fue el más terrible y corto,
el más revuelto y ebrio, el más tirante y ávido.
En ti se acumularon las guerras y los vuelos.
De ti alzaron las alas los pájaros del canto. Cementerio de besos, aún hay fuego en tus tumbas,
aún los racimos arden picoteados de pájaros.
Todo te lo tragaste, como la lejanía. [45]
Como el mar, como el tiempo. Todo en ti fue naufragio! Oh la boca mordida, oh los besados miembros, [46]
oh los hambrientos dientes, oh los cuerpos trenzados.
Era la alegre hora del asalto y el beso.
La hora del estupor que ardía como un faro. Oh la cópula loca de esperanza y esfuerzo
en que nos anudamos y nos desesperamos.
Ansiedad de piloto, furia de buzo ciego,
turbia embriaguez de amor, todo en ti fue naufragio! Y la ternura, leve como el agua y la harina.
Y la palabra apenas comenzada en los labios.
En la infancia de niebla mi alma alada y herida.
Descubridor perdido, todo en ti fue naufragio! Ése fue mi destino y en él viajó mi anhelo,
y en él cayó mi anhelo, todo en ti fue naufragio!
Te ceñiste al dolor, te agarraste al deseo.
Te tumbó la tristeza, todo en ti fue naufragio! Oh sentina de escombros, en ti todo caía,
qué dolor no exprimiste, qué olas no te ahogaron.
Hice retroceder la muralla de sombra,
anduve más allá del deseo y del acto. De tumbo en tumbo aún llameaste y cantaste
de pie como un marino en la proa de un barco.
Oh carne, carne mía, mujer que amé y perdí,
a ti en esta hora húmeda, evoco y hago canto. Aún floreciste en cantos, aún rompiste en corrientes.
Oh sentina de escombros, pozo abierto y amargo.
Como un vaso albergaste la infinita ternura,
y el infinito olvido te trizó como a un vaso. Pálido buzo ciego, desventurado hondero,
descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!
3
Es la hora de partir, la dura y fría hora
que la noche sujeta a todo horario.
El cinturón ruidoso del mar ciñe la costa.
Surgen frías estrellas, emigran negros pájaros.
Abandonado como los muelles en el alba.
Sólo la sombra trémula se retuerce en mis manos.
Ah más allá de todo. Ah más allá de todo.
Es la hora de partir. Oh abandonado!
- {1924} / Veinte poemas de amor…, 1924, 1932
[Edición conmemorativa RAE, páginas 44-46]
4
RESIDENCIA EN LA TIERRA (1925-1935)
ENTIERRO EN EL ESTE [102]
Yo trabajo de noche, rodeado de ciudad,
de pescadores, de alfareros, de difuntos quemados
con azafrán y frutas, envueltos en muselina escarlata:
bajo mi balcón esos muertos terribles
pasan sonando cadenas y flautas de cobre,
estridentes y finas y lúgubres silban
entre el color de las pesadas flores envenenadas
y el grito de los cenicientos danzarines
y el creciente y monótono de los tam-tam
y el humo de las maderas que arden y huelen.
Porque una vez doblado el camino, junto al turbio río,
sus corazones, detenidos o iniciando un mayor movimiento
rodarán quemados, con la pierna y el pie hechos fuego, [103]
y la trémula ceniza caerá sobre el agua,
flotará como ramo de flores calcinadas
o como extinto fuego dejado por tan poderosos viajeros
que hicieron arder algo sobre las negras aguas, y devoraron
un aliento desaparecido y un licor extremo.
- {Rangoon, septiembre de 1928} / Residencia en la tierra, I, 1933
[Edición conmemorativa RAE, páginas 102 y 103]
5
RITUAL DE MIS PIERNAS [113] y mi cuerpo vive entre y bajo tantas cosas abatido,
con un pensamiento fijo de esclavitud y de cadenas.
Largamente he permanecido mirando mis largas piernas,
con ternura infinita y curiosa, con mi acostumbrada pasión, Bueno, mis rodillas, como nudos,
como si hubieran sido las piernas de una mujer “divina” particulares, funcionarios, evidentes,
profundamente sumida en el abismo de mi tórax: separan las mitades de mis piernas en forma seca:
y es que, la verdad, cuando el tiempo, el tiempo pasa, y en realidad dos mundos diferentes, dos sexos diferentes
sobre la tierra, sobre el techo, sobre mi impura cabeza, no son tan diferentes como las dos mitades de mis piernas.
y pasa, el tiempo pasa, y en mi lecho no siento de noche que
Una mujer está respirando, durmiendo desnuda y a mi lado, Desde la rodilla hasta el pie una forma dura, [115]
entonces, extrañas, oscuras cosas toman el lugar de la ausente, mineral, fríamente útil, aparece,
viciosos, melancólicos pensamientos una criatura de hueso y persistencia,
siembran pesadas posibilidades en mi dormitorio, y los tobillos no son ya sino el propósito desnudo,
y así, pues, miro mis piernas como si pertenecieran a otro cuerpo, [114] la exactitud y lo necesario dispuestos en definitiva.
y fuerte y dulcemente estuvieran pegadas a mis entrañas.
Sin sensualidad, cortas y duras, y masculinas,
Como tallos o femeninas, adorables cosas, son allí mis piernas, y dotadas
desde las rodillas suben, cilíndricas y espesas, de grupos musculares como animales complementarios,
con turbado y compacto material de existencia; y allí también una vida, una sólida, sutil, aguda vida
como brutales, gruesos brazos de diosa, sin temblar permanece, aguardando y actuando.
como árboles monstruosamente vestidos de seres humanos,
como fatales, inmensos labios sedientos y tranquilos, En mis pies cosquillosos,
son allí la mejor parte de mi cuerpo: y duros como el sol, y abiertos como flores,
lo enteramente sustancial, sin complicado contenido y perpetuos, magníficos soldados
de sentidos o tráqueas o intestinos o ganglios: en la guerra gris del espacio,
nada, sino lo puro, lo dulce y espeso de mi propia vida, todo termina, la vida termina definitivamente en mis pies,
nada, sino la forma y el volumen existiendo, lo extranjero y lo hostil allí comienza,
guardando la vida, sin embargo, de una manera completa. los nombres del mundo, lo fronterizo y lo remoto,
lo sustantivo y lo adjetivo que no caben en mi corazón,
Las gentes cruzan el mundo en la actualidad con densa y fría constancia allí se originan.
sin apenas recordar que poseen un cuerpo y en él la vida,
y hay miedo, hay miedo en el mundo de las palabras que designan el cuerpo Siempre,
y se habla favorablemente de la ropa, productos manufacturados, medias, zapatos,
de pantalones es posible hablar, de trajes, o simplemente aire infinito,
y de ropa interior de mujer (de medias y ligas de “señora”), habrá entre mis pies y la tierra
como si por las calles fueran las prendas y los trajes vacíos por completo extremando lo aislado y lo solitario de mi ser,
y un oscuro y obsceno guardarropas ocupara el mundo. algo tenazmente supuesto entre mi vida y la tierra,
algo abiertamente invencible y enemigo.
Tienen existencia los trajes, color, forma, designio,
y profundo lugar en nuestros mitos, demasiado lugar, - {Wellawatta, 1930} / Residencia en la tierra, I, 1933
demasiados muebles y demasiadas habitaciones hay en el mundo, [Edición conmemorativa RAE, página 113-115]
6
SÓLO LA MUERTE [129] con la aguda humedad de una hoja de violeta
y su grave color de invierno exasperado.
Hay cementerios solos,
tumbas llenas de huesos sin sonido, Pero la muerte va también por el mundo vestida de escoba,
el corazón pasando un túnel lame el suelo buscando difuntos,
oscuro, oscuro, oscuro, la muerte está en la escoba,
como un naufragio hacia adentro nos morimos, es la lengua de la muerte buscando muertos,
como ahogarnos en el corazón, es la aguja de la muerte buscando hilo.
como irnos cayendo desde la piel al alma.
La muerte está en los catres:
Hay cadáveres, en los colchones lentos, en las frazadas negras
hay pies de pegajosa losa fría, vive tendida, y de repente sopla:
hay la muerte en los huesos, sopla un sonido oscuro que hincha sábanas,
como un sonido puro, y hay camas navegando a un puerto
como un ladrido sin perro, en donde está esperando, vestida de almirante.
saliendo de ciertas campanas, de ciertas tumbas,
creciendo en la humedad como el llanto o la lluvia. - {Santiago, 1933} Residencia en la tierra, II, 1935
[Edición conmemorativa RAE, página 129 y 130]
Yo veo, solo, a veces,
ataúdes a vela
zarpar con difuntos pálidos, con mujeres de trenzas muertas,
con panaderos blancos como ángeles,
con niñas pensativas casadas con notarios,
ataúdes subiendo el río vertical de los muertos,
el río morado,
hacia arriba, con las velas hinchadas por el sonido de la muerte,
hinchadas por el sonido silencioso de la muerte.
A lo sonoro llega la muerte
como un zapato sin pie, como un traje sin hombre,
llega a golpear con un anillo sin piedra y sin dedo,
llega a gritar sin boca, sin lengua, sin garganta.
Sin embargo sus pasos suenan [130]
y su vestido suena, callado, como un árbol.
Yo no sé, yo conozco poco, yo apenas veo,
pero creo que su canto tiene color de violetas húmedas,
de violetas acostumbradas a la tierra,
porque la cara de la muerte es verde,
y la mirada de la muerte es verde,
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WALKING AROUND [130] Y me empuja a ciertos rincones, a ciertas casas húmedas,
a hospitales donde los huesos salen por la ventana,
Sucede que me canso de ser hombre. a ciertas zapaterías con olor a vinagre,
Sucede que entro en las sastrerías y en los cines a calles espantosas como grietas.
marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro
navegando en un agua de origen y ceniza. Hay pájaros de color de azufre y horribles intestinos
colgando de las puertas de las casas que odio,
El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos. hay dentaduras olvidadas en una cafetera,
Sólo quiero un descanso de piedras o de lana, hay espejos
sólo quiero no ver establecimientos ni jardines, que debieran haber llorado de vergüenza y espanto,
ni mercaderías, ni anteojos, ni ascensores. hay paraguas en todas partes, y venenos, y ombligos.
Sucede que me canso de mis pies y mis uñas [131] Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos, [132]
y mi pelo y mi sombra. con furia, con olvido,
Sucede que me canso de ser hombre. paso, cruzo oficinas y tiendas de ortopedia,
y patios donde hay ropas colgadas de un alambre:
Sin embargo sería delicioso calzoncillos, toallas y camisas que lloran
asustar a un notario con un lirio cortado lentas lágrimas sucias.
o dar muerte a una monja con un golpe de oreja.
Sería bello - {Buenos Aires, septiembre de 1933} / Residencia en la tierra, II, 1935
ir por las calles con un cuchillo verde [Edición conmemorativa RAE, páginas 130-132]
y dando gritos hasta morir de frío.
No quiero seguir siendo raíz en las tinieblas,
vacilante, extendido, tiritando de sueño,
hacia abajo, en las tripas mojadas de la tierra,
absorbiendo y pensando, comiendo cada día.
No quiero para mí tantas desgracias.
No quiero continuar de raíz y de tumba,
de subterráneo solo, de bodega con muertos,
ateridos, muriéndome de pena.
Por eso el día lunes arde como el petróleo
cuando me ve llegar con mi cara de cárcel,
y aúlla en su transcurso como una rueda herida,
y da pasos de sangre caliente hacia la noche.
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CANTO GENERAL (1950) joven guerrero de tiniebla y cobre
oh tú, planta nupcial, cabellera indomable,
AMOR AMÉRICA (1400) [215] madre caimán, metálica paloma.
Antes de la peluca y la casaca Yo, incásico del légamo, [216]
fueron los ríos, ríos arteriales: toqué la piedra y dije:
fueron las cordilleras, en cuya onda raída Quién
el cóndor o la nieve parecían inmóviles: me espera? Y apreté la mano
fue la humedad y la espesura, el trueno sobre un puñado de cristal vacío.
sin nombre todavía, las pampas planetarias. Pero anduve entre flores zapotecas
y dulce era la luz como un venado,
El hombre tierra fue, vasija, párpado y era la sombra como un párpado verde.
del barro trémulo, forma de la arcilla,
fue cántaro caribe, piedra chibcha, Tierra mía sin nombre, sin América,
copa imperial o sílice araucana. estambre equinoccial, lanza de púrpura,
Tierno y sangriento fue, pero en la empuñadura tu aroma me trepó por las raíces
de su arma de cristal humedecido, hasta la copa que bebía, hasta la más delgada
las iniciales de la tierra estaban palabra aún no nacida de mi boca.
escritas.
Nadie pudo - {¿1946?} / Canto General, canto I, pórtico, 1950
[Edición conmemorativa RAE, páginas 215 y 216]
recordarlas después: el viento
las olvidó, el idioma del agua
fue enterrado, las claves se perdieron
o se inundaron de silencio o sangre.
No se perdió la vida, hermanos pastorales.
Pero como una rosa salvaje
cayó una gota roja en la espesura
y se apagó una lámpara de tierra.
Yo estoy aquí para contar la historia.
Desde la paz del búfalo
hasta las azotadas arenas
de la tierra final, en las espumas
acumuladas de la luz antártica,
y por las madrigueras despeñadas
de la sombría paz venezolana,
te busqué, padre mío,
9
ALTURAS DE MACCHU PICHU la pared suavizada por el tacto de un rostro
que miró con mis ojos las lámparas terrestres,
VI [196] que aceitó con mis manos las desaparecidas
maderas: porque todo, ropaje, piel, vasijas,
Entonces en la escala de la tierra he subido palabras, vino, panes,
entre la atroz maraña de las selvas perdidas se fue, cayó a la tierra.
hasta ti, Macchu Picchu.
Y el aire entró con dedos
Alta ciudad de piedras escalares, de azahar sobre todos los dormidos:
por fin morada del que lo terrestre mil años de aire, meses, semanas de aire,
no escondió en las dormidas vestiduras. de viento azul, de cordillera férrea,
En ti, como dos líneas paralelas, que fueron como suaves huracanes de pasos
la cuna del relámpago y del hombre lustrando el solitario recinto de la piedra.
se mecían en un viento de espinas.
VII
Madre de piedra, espuma de los cóndores.
Muertos de un solo abismo, sombras de una hondonada,
Alto arrecife de la aurora humana. la profunda, es así como al tamaño
de vuestra magnitud
Pala perdida en la primera arena. vino la verdadera, la más abrasadora
muerte y desde las rocas taladradas,
Ésta fue la morada, éste es el sitio: desde los capiteles escarlata,
aquí los anchos granos del maíz ascendieron desde los acueductos escalares
y bajaron de nuevo como granizo rojo. os desplomasteis como en un otoño,
en una sola muerte.
Aquí la hebra dorada salió de la vicuña [197] Hoy el aire vacío ya no llora,
a vestir los amores, los túmulos, las madres, ya no conoce vuestros pies de arcilla, [198]
el rey, las oraciones, los guerreros. ya olvidó vuestros cántaros que filtraban el cielo
cuando lo derramaban los cuchillos del rayo,
Aquí los pies del hombre descansaron de noche y el árbol poderoso fue comido
junto a los pies del águila, en las altas guaridas por la niebla, y cortado por la racha.
carniceras, y en la aurora Él sostuvo una mano que cayó de repente
pisaron con los pies del trueno la niebla enrarecida, desde la altura hasta el final del tiempo.
y tocaron las tierras y las piedras Ya no sois, manos de araña, débiles
hasta reconocerlas en la noche o la muerte. hebras, tela enmarañada:
cuanto fuisteis cayó: costumbres, sílabas
Miro las vestiduras y las manos, raídas, máscaras de luz deslumbradora.
el vestigio del agua en la oquedad sonora,
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Pero una permanencia de piedra y de palabra: muéstrame la cuchara, déjame, arquitectura,
la ciudad como un vaso se levantó en las manos roer con un palito los estambres de piedra,
de todos, vivos, muertos, callados, sostenidos subir todos los escalones del aire hasta el vacío,
de tanta muerte, un muro, de tanta vida un golpe rascar la entraña hasta tocar el hombre.
de pétalos de piedra: la rosa permanente, la morada:
este arrecife andino de colonias glaciales. Macchu Picchu, pusiste
piedra en la piedra, y en la base, harapos?
Cuando la mano de color de arcilla Carbón sobre carbón, y en el fondo la lágrima?
se convirtió en arcilla, y cuando los pequeños párpados se cerraron Fuego en el oro, y en él, temblando el rojo
llenos de ásperos muros, poblados de castillos, goterón de la sangre?
y cuando todo el hombre se enredó en su agujero, Devuélveme el esclavo que enterraste!
quedó la exactitud enarbolada: Sacude de las tierras el pan duro
el alto sitio de la aurora humana: del miserable, muéstrame los vestidos
la más alta vasija que contuvo el silencio: del siervo y su ventana.
una vida de piedra después de tantas vidas. Dime cómo durmió cuando vivía.
Dime si fue su sueño
X [202] ronco, entreabierto, como un hoyo negro
hecho por la fatiga sobre el muro. [203]
Piedra en la piedra, el hombre, dónde estuvo? El muro, el muro! Si sobre su sueño
Aire en el aire, el hombre, dónde estuvo? gravitó cada piso de piedra, y si cayó bajo ella
Tiempo en el tiempo, el hombre, dónde estuvo? como bajo una luna, con el sueño!
Fuiste también el pedacito roto Antigua América, novia sumergida,
de hombre inconcluso, de águila vacía también tus dedos,
que por las calles de hoy, que por las huellas, al salir de la selva hacia el alto vacío de los dioses,
que por las hojas del otoño muerto bajo los estandartes nupciales de la luz y el decoro,
va machacando el alma hasta la tumba? mezclándose al trueno de los tambores y de las lanzas,
La pobre mano, el pie, la pobre vida... también, también tus dedos,
Los días de la luz deshilachada los que la rosa abstracta y la línea del frío, los
en ti, como la lluvia que el pecho sangriento del nuevo cereal trasladaron
sobre las banderillas de la fiesta, hasta la tela de materia radiante, hasta las duras cavidades,
dieron pétalo a pétalo de su alimento oscuro también, también, América enterrada, guardaste en lo más bajo
en la boca vacía? en el amargo intestino, como un águila, el hambre?
Hambre, coral del hombre,
hambre, planta secreta, raíz de los leñadores, XI
hambre, subió tu raya de arrecife
hasta estas altas torres desprendidas?
A través del confuso esplendor,
a través de la noche de piedra, déjame hundir la mano
Yo te interrogo, sal de los caminos,
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y deja que en mí palpite, como un ave mil años prisionera joyero de los dedos machacados:
el viejo corazón del olvidado! agricultor temblando en la semilla:
Déjame olvidar hoy esta dicha, que es más ancha que el mar, alfarero en tu greda derramado:
porque el hombre es más ancho que el mar y que sus islas, traed a la copa de esta nueva vida
y hay que caer en él como en un pozo para salir del fondo vuestros viejos dolores enterrados.
Mostradme vuestra sangre y vuestro surco,
con un ramo de aguas secretas y de verdades sumergidas. decidme: aquí fui castigado,
Déjame olvidar, ancha piedra, la proporción poderosa, porque la joya no brilló o la tierra
la trascendente movida, las piedras del panal, no entregó a tiempo la piedra o el grano:
y de la escuadra déjame hoy resbalar señaladme la piedra en que caísteis
la mano sobre la hipotenusa de áspera sangre y cilicio. y la madera en que os crucificaron,
Cuando, como una herradura de élitros rojos, el cóndor furibundo encendedme los viejos pedernales,
me golpea las sienes en el orden del vuelo las viejas lámparas, los látigos pegados
y el huracán de plumas carniceras barre el polvo sombrío a través de los siglos en las llagas
de las escalinatas diagonales, no veo la bestia veloz, y las hachas de brillo ensangrentado.
no veo el ciego ciclo de sus barras, Yo vengo a hablar por vuestra boca muerta.
veo el antiguo ser, servidor, el dormido A través de la tierra juntad todos
los silenciosos labios derramados
en los campos, veo el cuerpo, mil cuerpos, un hombre, mil mujeres, y desde el fondo habladme toda esta larga noche [205]
bajo la racha negra, negros de lluvia y noches, como si yo estuviera con vosotros anclado,
con la piedra pesada de la estatua: [204] contadme todo, cadena a cadena,
Juan Cortapiedras, hijo de Wiracocha, eslabón a eslabón, y paso a paso,
Juan Comefrío, hijo de estrella verde, afilad los cuchillos que guardasteis,
Juan Piesdescalzos, nieto de la turquesa, ponedlos en mi pecho y en mi mano,
sube a nacer conmigo, hermano. como un río de rayos amarillos,
como un río de tigres enterrados,
XII y dejadme llorar, horas, días, años,
edades ciegas, siglos estelares.
Sube a nacer conmigo, hermano.
Dadme el silencio, el agua, la esperanza.
Dame la mano desde la profunda
zona de tu dolor diseminado. Dadme la lucha, el hierro, los volcanes.
No volverás del fondo de las rocas.
No volverás del tiempo subterráneo. Apegadme los cuerpos como imanes.
No volverá tu voz endurecida.
No volverán tus ojos taladrados. Acudid a mis venas y a mi boca.
Mírame desde el fondo de la tierra,
labrador, tejedor, pastor callado: Hablad por mis palabras y mi sangre.
domador de guanacos tutelares:
albañil del andamio desafiado: - {Isla Negra-Santiago, 1945-1946} / Canto General, canto II, 1950
[Edición conmemorativa RAE, páginas 196-205]
aguador de las lágrimas andinas:
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LOS ENIGMAS [247] Anduve como vosotros escarbando
la estrella interminable,
Me habéis preguntado qué hila el crustáceo entre sus patas de oro y en mi red, en la noche, me desperté desnudo,
y os respondo: El mar lo sabe. única presa, pez encerrado en el viento.
¿Me decís qué espera la ascidia en su campana transparente? ¿Qué espera?
Yo os digo, espera como vosotros el tiempo. - {1949} / Canto General, canto XIV, poema XVII, 1950
[Edición conmemorativa RAE, páginas 247 y 248]
Me preguntáis a quién alcanza el abrazo del alga Macrocustis?
Indagadlo, indagadlo a cierta hora, en cierto mar que conozco.
Sin duda me preguntareis por el marfil maldito del narwhal, para que yo
{os conteste
de qué modo el unicornio marino agoniza arponeado.
Me preguntáis tal vez por las plumas alcionarias que tiemblan
en los puros orígenes de la marea austral? [248]
Y sobre la construcción cristalina del pólipo habéis barajado, sin duda,
una pregunta más, desgranándola ahora?
Queréis saber la eléctrica materia de las púas del fondo?
La armada estalactita que camina quebrándose?
El anzuelo del pez pescador, la música extendida
en la profundidad como un hilo en el agua?
Yo os quiero decir que esto lo sabe el mar, que la vida en sus arcas
es ancha como la arena, innumerable y pura
y entre las uvas sanguinarias el tiempo ha pulido
la dureza de un pétalo, la luz de la medusa
y ha desgranado el ramo de sus hebras corales
desde una cornucopia de nácar infinito.
Yo no soy sino la red vacía que adelanta
ojos humanos, muertos en aquellas tinieblas,
dedos acostumbrados al triangulo, medidas
de un tímido hemisferio de naranja.
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ODAS ELEMENTALES (1954) en las manos [279]
tu regalo de plata:
el pez de cada día.
ODA AL MAR [278]
Aquí en cada casa
Aquí en la isla lo queremos
el mar y aunque sea de plata,
y cuánto mar de cristal o de luna,
se sale de sí mismo nació para las pobres
a cada rato, cocinas de la tierra.
dice que sí, que no, No lo guardes,
que no, que no, que no, avaro,
dice que si, en azul, corriendo frío como
en espuma, en galope, relámpago mojado
dice que no, que no. debajo de tus olas.
No puede estarse quieto, Ven, ahora,
me llamo mar, repite ábrete
pegando en una piedra y déjalo
sin lograr convencerla, cerca de nuestras manos,
entonces ayúdanos, océano,
con siete lenguas verdes padre verde y profundo,
de siete perros verdes, a terminar un día
de siete tigres verdes, la pobreza terrestre.
de siete mares verdes, Déjanos
la recorre, la besa, cosechar la infinita
la humedece plantación de tus vidas,
y se golpea el pecho tus trigos y tus uvas,
repitiendo su nombre. tus bueyes, tus metales,
Oh mar, así te llamas, el esplendor mojado
oh camarada océano, y el fruto sumergido.
no pierdas tiempo y agua,
no te sacudas tanto, Padre mar, ya sabemos
ayúdanos, cómo te llamas, todas
somos los pequeñitos las gaviotas reparten
pescadores, tu nombre en las arenas:
los hombres de la orilla, ahora, pórtate bien,
tenemos frío y hambre, no sacudas tus crines,
eres nuestro enemigo, no amenaces a nadie,
no golpees tan fuerte, no rompas contra el cielo
no grites de ese modo, tu bella dentadura, [280]
abre tu caja verde déjate por un rato
y déjanos a todos
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de gloriosas historias, con cuchillo de fuego,
danos a cada hombre, en un caballo eléctrico
a cada saltaremos la espuma,
mujer y a cada niño, cantando
un pez grande o pequeño nos hundiremos
cada día. hasta tocar el fondo
Sal por todas las calles de tus entrañas,
del mundo un hilo atómico
a repartir pescado guardará tu cintura,
y entonces plantaremos
grita, en tu jardín profundo
grita plantas
para que te oigan todos de cemento y acero,
los pobres que trabajan te amarraremos
y digan, pies y manos,
asomando a la boca los hombres por tu piel
de la mina: pasearán escupiendo,
«Ahí viene el viejo mar sacándote racimos,
repartiendo pescado». construyéndote arneses,
Y volverán abajo, montándote y domándote
a las tinieblas, dominándote el alma.
sonriendo, y por las calles Pero eso será cuando
y los bosques los hombres
sonreirán los hombres hayamos arreglado
y la tierra nuestro problema,
con sonrisa marina. el grande,
el gran problema.
Pero Todo lo arreglaremos
si no lo quieres, poco a poco:
si no te da la gana, te obligaremos, mar,
espérate, te obligaremos, tierra,
espéranos, a hacer milagros,
lo vamos a pensar, porque en nosotros mismos,
vamos en primer término en la lucha,
a arreglar los asuntos está el pez, está el pan, [282]
humanos, está el milagro.
los más grandes primero,
todos los otros después, [281] - Ms. Isla Negra, 28.11.1952 / Odas elementales, 1954
y entonces [Edición conmemorativa RAE, página 278-282]
entraremos en ti,
cortaremos las olas
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ODA A LA CEBOLLA [286] También recordaré cómo fecunda
tu influencia el amor de la ensalada,
Cebolla, y parece que el cielo contribuye
luminosa redoma, dándole fina forma de granizo
pétalo a pétalo a celebrar tu claridad picada
se formó tu hermosura, sobre los hemisferios de un tomate.
escamas de cristal te acrecentaron Pero al alcance
y en el secreto de la tierra oscura de las manos del pueblo,
se redondeó tu vientre de rocío. regada con aceite,
Bajo la tierra espolvoreada
fue el milagro con un poco de sal,
y cuando apareció matas el hambre
tu torpe tallo verde, del jornalero en el duro camino.
y nacieron Estrella de los pobres,
tus hojas como espadas en el huerto, hada madrina
la tierra acumuló su poderío envuelta
mostrando tu desnuda transparencia, en delicado
y como en Afrodita el mar remoto papel, sales del suelo,
duplicó la magnolia eterna, intacta, pura
levantando sus senos, como semilla de astro,
la tierra y al cortarte
así te hizo, el cuchillo en la cocina
cebolla, sube la única lágrima
clara como un planeta, sin pena.
y destinada Nos hiciste llorar sin afligirnos.
a relucir,
constelación constante, Yo cuanto existe celebré, cebolla, [288]
redonda rosa de agua, pero para mí eres
sobre más hermosa que un ave
la mesa [287] de plumas cegadoras,
de las pobres gentes. eres para mis ojos
globo celeste, copa de platino,
Generosa baile inmóvil
deshaces de anémona nevada.
tu globo de frescura
en la consumación Y vive la fragancia de la tierra
ferviente de la olla, en tu naturaleza cristalina.
y el jirón de cristal
al calor encendido del aceite - Ms. Isla Negra, 31.12.1953 / Odas elementales, 1954
se transforma en rizada pluma de oro. [Edición conmemorativa RAE, páginas 286-288]
16
FIN DE MUNDO (1969) partes sexuales humilladas
y corazones demolidos.
LAS GUERRAS [457]
Un siglo de zapaterías
Ven acá, sombrero caído, llenó de zapatos el mundo
zapato quemado, juguete, mientras cercenaban los pies
o montón póstumo de anteojos, o por la nieve o por el fuego
o bien, hombre, mujer, ciudad, o por el gas o por el hacha!
levántense de la ceniza
hasta esta página cansada, A veces me quedo agachado
destituida por el llanto. de tanto que pesa en mi espalda
la repetición del castigo:
Ven nieve negra, soledad [258] me costó aprender a morir
de la injusticia siberiana, con cada muerte incomprensible
restos raídos del dolor, y llevar los remordimientos [459]
cuando se perdieron los vínculos del criminal innecesario:
y se abrumó sobre los justos porque después de la crueldad
la noche sin explicaciones. y aun incluso después de la venganza
no fuimos tal vez inocentes
Muñeca del Asia quemada puesto que seguimos viviendo
por aéreos asesinos, cuando mataban a los otros.
presenta tus ojos vacíos
sin la cintura de la niña Tal vez les robamos la vida
que te abandonó cuando ardía a nuestros hermanos mejores.
bajo los muros incendiados
o en la muerte del arrozal. - {Ms. Isla Negra, 1969} / Fin de mundo, 1969
[Edición conmemorativa RAE, página 457-459]
Objetos que quedaron solos
cerca de los asesinados
de aquél tiempo en que yo viví
avergonzado por la muerte
de los otros que no vivieron.
De ver la ropa tendida
a secar en el sol brillante
recuerdo las piernas que faltan,
los brazos que no las llenaron,
17
ARTES POÉTICAS (II) [465]
No he descubierto nada yo,
ya todo estaba descubierto
cuando pasé por este mundo.
Si regreso por estos lados
les pido a los descubridores
que me guarden alguna cosa,
un volcán que no tenga nombre,
un madrigal desconocido,
la raíz de un río secreto.
Fui siempre tan aventurero
que nunca tuve una aventura
y las cosas que descubrí [466]
estaban dentro de mí mismo,
de tal modo que defraudé
a Juan, a Pedro y a María
porque por más que me esforcé
no pude salir de mi casa.
Contemplé con envidia intensa
la inseminación incesante,
el ciclo de los sateloides,
la añadidura de esqueletos,
y en la pintura vi pasar
tantas maneras fascinantes
que apenas me puse a la moda
ya aquella moda no existía.
- {Ms. Isla Negra, 1969} / Fin de mundo, 1969
[Edición conmemorativa RAE, página 465 y 466]
18
SIEMPRE YO [466]
Yo que quería hablar del siglo
adentro de esta enredadera,
que es mi siempre libro naciente,
por todas partes me encontré
y se me escapaban los hechos.
Con buena fe que reconozco
abrí los cajones al viento,
los armarios, los cementerios,
los calendarios con sus meses
y por las grietas que se abrían
se me aparecía mi rostro.
Por más cansado que estuviera
de mi persona aceptable
volvía a hablar de mi persona
y lo que me parece peor
es que pintaba a mí mismo [467]
pintando un acontecimiento.
Qué idiota soy, dije mil veces
al practicar con maestría
las descripciones de mí mismo
como si no hubiera habido
nada mejor que mi cabeza
nadie mejor que mis errores.
Quiero saber, hermanos míos,
dije en la Unión de Pescadores,
si todos se aman como yo.
La verdad es —me contestaron—
que nosotros pescamos peces
y tú te pescas a ti mismo
y luego vuelves a pescarte
y a tirarte al mar otra vez.
- {Ms. Isla Negra, 1969} / Fin de mundo, 1969
[Edición conmemorativa RAE, páginas 466 y 467]
19
GEOGRAFÍA INFRUCTUOSA (1972)
SER [496]
Soy de anteayer como todo rumiante
que mastica el pasado todo el día.
Y ¿qué pasado? Nadie
sino uno mismo, nada
sino un sabor
de asado y vino negro callado
para unos,
para otros de sangre
o de jazmines.
Yo eres el resumen
de lo que viviré, garganta o rosa,
coral gregario o toro,
pulsante ir y venir por las afueras
y por los adentros:
nadie invariable, eterno
solo porque la muchedumbre de los muertos,
de los que vivirán, de los que viven,
tienen atribuciones en ti mismo,
se continúan como un hilo roto
que sigue entrecortándose y siguiendo
de una vida a la otra, sin que nadie
asuma tanta esperma derramada:
polen ardiente, sexo, quemadura,
paternidad de todo lo que canta.
Ay yo no traje un signo
como corona sobre mi cabeza:
fui un pobre ser: soy un orgullo inútil, [497]
un seré victorioso y derrotado.
- {París, marzo de 1971} / Geografía infructuosa, 1972 (mayo)
[Edición conmemorativa RAE, página 496 y 497]
20
DEFECTOS ESCOGIDOS (1974) Toda la guerra me pasé la paz [533]
sacando cuentas,
pero no de muertos,
TRISTE CANCIÓN PARA ABURRIR A CUALQUIERA [532]
pero no de flores,
no.
Toda la noche me pasé la vida
sacando cuentas, Toda la lluvia me pasé la tierra
pero no de vacas, haciendo cuentas,
pero no de libras, pero no de caminos,
pero no de francos, pero no de canciones,
peco no de dólares, no.
no, nada de eso.
Toda la tierra me pasé la sombra
Toda la vida me pasé la noche sacando cuentas,
sacando cuentas,
pero no de cabellos,
pero no de coches, no de arrugas,
pero no de gatos, no de cosas perdidas,
pero no de amores, no.
no.
Toda la muerte me pasé la vida
Toda la vida me pasé la luz sacando cuentas:
sacando cuentas,
pero de qué se trata
pero no de libros, no me acuerdo,
pero no de perros, no.
pero no de cifras,
no. Toda la vida me pasé la muerte
sacando cuentas
Toda la luna me pasé la noche y si salí perdiendo
sacando cuentas, o si salí ganando
pero no de besos, yo no lo sé, la tierra
pero no de novias, no lo sabe.
pero no de camas,
no. Etcétera.
Toda la noche me pasé las olas
- {Ms. Isla Negra, otoño de 1973} / Defectos escogidos, 1974
sacando cuentas,
[Edición conmemorativa RAE, página 532 y 533]
pero no de botellas,
pero no de dientes,
pero no de copas,
no.
21
ORÉGANO [534] me acompañó a pasear entre las fieras:
esa palabra defendió mis versos.
Cuando aprendí con lentitud
a hablar Un tarascón, unos colmillos (iban [535]
creo que ya aprendí la incoherencia: sin duda a destrozarme
no me entendía nadie, ni yo mismo, los jabalíes y los cocodrilos):
y odié aquellas palabras entonces
que me volvían siempre saqué de mi bolsillo
al mismo pozo, mi estimable palabra:
al pozo de mi ser aún oscuro, orégano, grité con alegría,
aún traspasado de mi nacimiento, blandiéndola en mi mano temblorosa.
hasta que me encontré sobre un andén
o en un campo recién estrenado Oh milagro, las fieras asustadas
una palabra: orégano, me pidieron perdón y me pidieron
palabra que me desenredó humildemente orégano.
como sacándome de un laberinto.
Oh lepidóptero entre las palabras,
No quise aprender más palabra alguna. oh palabra helicóptero,
purísima y preñada
Quemé los diccionarios, como una aparición sacerdotal
me encerré en esas sílabas cantoras, y cargada de aroma,
retrospectivas, mágicas, silvestres, territorial como un leopardo negro,
y a todo grito por la orilla fosforescente orégano
de los ríos, que me sirvió para no hablar con nadie,
entre las afiladas espadañas y para aclarar mi destino
o en el cemento de la ciudadela, renunciando al alarde del discurso
en minas, oficinas y velorios, con un secreto idioma, el del orégano.
yo masticaba mi palabra orégano
y era como si fuera una paloma - {Ms. Isla Negra, otoño de 1973} / Defectos escogidos, 1974
la que soltaba entre los ignorantes. [Edición conmemorativa RAE, página 534 y 535]
Qué olor a corazón temible,
qué olor a violetario verdadero,
y qué forma de párpado
para dormir cerrando los ojos:
la noche tiene orégano
y otras veces haciéndose revólver