Memorias Campesinas de Antioquia
Memorias Campesinas de Antioquia
PRÁCTICAS
AGRÍCOLAS
Una triste e innegable realidad en
nuestro país es que los habitantes
de las ruralidades más profundas
se nos están envejeciendo poco a
poco. Hoy los jóvenes que habitan garantizado el abastecimiento de
allí no vislumbran oportunidades las plazas de mercado de las
en sus territorios y deciden migrar grandes ciudades y posibilitado
a las ciudades o centros poblados que los distintos frutos y sabores
en busca de posibilidades que les del campo no falten en nuestras
permitan construir un “mejor mesas. Para muchos de ellos
futuro”. Producto de este (campesinos y campesinas) estos
fenómeno van quedando en las saberes parecen obvios y
veredas, principalmente, personas automáticos; sin embargo, en la
mayores, sumidas en la soledad y modernidad, resultan cada vez
el olvido estatal, pero más escasos, si tenemos en cuenta
paradójicamente, repletas de que día a día son menos las
saberes y experiencias personas que se dedican de forma
invaluables, e incluso tradicional a las labores del
indispensables para toda la campo, y que, como lo decíamos,
Humanidad, que corren el riesgo deciden quedarse en la ruralidad,
de desaparecer para siempre si heredando el legado de sus
como sociedad no los revaloramos ancestros montañeros. Por otro
oportunamente, visibilizándolos, lado, hay que considerar que este
documentándolos, tipo de información pocas veces
comunicándolos, y sobre todo, se enseña en las universidades o
trabajando desde distintos frentes colegios, pues se trata de
e instituciones para lograr que prácticas muy particulares,
perduren en el tiempo. propias y empíricas que en su
Precisamente, algunos de esos mayoría se han transmitido de
conocimientos tienen que ver con generación a generación a través
las prácticas agrícolas. Esos del ejemplo, la experiencia y/o la
secretos que durante siglos han tradición oral.
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Es por ello que el proyecto MEMORIA Y TERRITORIO: EN BÚSQUEDA DE LO
QUE SOMOS ha querido dedicar una sección especial a documentar
Nuestras prácticas agrícolas en esta edición, adentrándonos en el mundo
del máiz, de la cebolla de rama, las coles y la yuca, indagando por su
proceso de siembra, las herramientas que se usan en él, las épocas más
fructíferas y por todos aquellos detalles que nos permitan dejar
plasmados para la posteridad los conocimientos que alrededor de ellos
han tejido las comunidades campesinas de Argelia de María y San
Francisco, oriente antioqueño.
9
E DE L
T
N
M
GE
A ÍZ
O S
M
O
En la actualidad es sumamente
difícil encontrar una troja en
territorio San Francisquense, a
tal punto que hay habitantes que
aseguran que hace más de 20
años que no ven una.
S
S CO
AB
U E L OS
L A
Las coles son muy propensas al ataque del gusano o la palomilla, pero
como ya había dicho antes, el gusano le da mucho cuando usted coge las
coles en creciente. En mi casa se ha combatido esa plaga con agua de
ceniza o agua de jabón rey”.
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Ana es de esas pocas jóvenes
que resisten y que aún creen
en el campo a pesar de las
brechas, la inequidad y la falta
de oportunidades.
Garantizarle a estas nuevas
generaciones rurales las
condiciones para seguir
habitando y soñando en su
lugar de origen es clave si
queremos conservar el
sustento que por siglos nos
han proporcionado las
comunidades campesinas.
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BACO
R
BA
AS
:
LA S
un espacio
TRADICIONAL
para la CEBOLLA
DE RAMA
Cuando uno camina por las calles de Si bien hoy podemos toparnos con
San Francisco, o visita las casitas la cebolla de rama casi en
campesinas en sus veredas, es cualquier parte sembrada de esta
habitual encontrar cebollas de manera, en el pasado,
rama, casi siempre sembradas en principalmente en las zonas
vasijas, tarros u otros recipientes rurales, se usaba una forma
reciclados. Esta hortaliza se ha particular de cultivarlas: las
constituido en un elemento esencial barbacoas.
en la dieta de los san
francisquenses, pues acompaña Estas construcciones tradicionales
muchas clases de recetas como los hoy por hoy casi han desaparecido
huevos revueltos, la rellena o por completo. Las barbacoas
morcilla, y en general, sirve de aliñobásicamente son camas o
para casi todas las comidas. tendidos de tablas construidos en
madera, algunas veces en guadua,
Normalmente son las mujeres anteriormente con árboles finos
quienes más las cuidan y se dedican como el comino o el melcocho,
a ellas, por eso es frecuente verlas para garantizar que duraran
dándose la pasadita por la huerta, muchísimos años.
las terrazas, los balcones o la cera,
(cuando se trata del casco urbano), Se hacen levantadas del suelo y se
para arrancarle unas ramitas a esta abonan con abundante boñiga de
plantica que le da un sabor especial vaca, tierra bien negra, cáscaras
a cada plato. descompuestas y cenizas.
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La construcción obedece a varias razones. La primera, aislar a las
cebollas de rama de sus enemigos naturales más letales, la lombriz y las
“hormigas calentonas”, que terminan por consumirlas y no dejan que
prosperen. La segunda; evitar que las aves de corral como gallinas y
piscos, que en otros tiempos las comunidades campesinas criaban en
mayores cantidades, se las comieran.
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Hoy la realidad es otra y tal vez su contexto nos dé pistas de por qué se
están acabando las barbacoas: el conflicto armado obligó el
desplazamiento de más del 80 por ciento de la población rural del
municipio, una gran cantidad de tierras propias de las comunidades
campesinas que frecuentaban este tipo de prácticas actualmente se
encuentran abandonadas, el cultivo del maíz se redujo a pequeñas
parcelas para el consumo familiar, lo que deriva en que para el
mantenimiento de las especies menores sea necesario comprar
concentrado, esto hace que sea más difícil criarlas en grandes
cantidades.
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Y U CAS
E
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H
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DADES
MU C
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S A
VA
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Nosotros la utilizamos para comer,
para el consumo, se puede consumir
de muchas formas, se pueden hacer
migas con ella, se le puede echar a
la sopa, se pueden hacer cosas
diferentes con ella como el engrudo
que eso es como un tipo de pega .
PROCESO DE COSECHA
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Actualmente, una gran cantidad de jóvenes del campo sueñan más con
migrar a las ciudades que con heredar esos saberes ancestrales
campesinos, pues, tomando en cuenta sus contextos rurales y la gran
cantidad de limitantes que los rodean, vislumbran mejores
oportunidades en los grandes centros poblados.
“Mis abuelos y mis papás comieron mucha yuca y nosotros también, quién
sabe si nuestros hijos también puedan comerla”.
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Detrás de
NUESTRAS
HISTORIAS
Territorios como Argelia de María y una leyenda, porque a veces
San Francisco, en el oriente cuesta creer lo que han vivido, lo
antioqueño, están colmados de que les ha tocado superar, las
relatos maravillosos y mágicos. En acciones que han llevado a cabo
estas cunas de arrieros, por para sobrevivir y progresar, y más
fortuna, aún rodeadas de espesos aún, la manera como las han
montes que albergan una gran asumido, llenos de amor,
biodiversidad, ríos cristalinos y sacrificio, dedicación, resignación
caminos ancestrales de herradura, y una sabiduría admirables.
se cuentan un sinnúmero de
historias que enriquecen su En esta sección nos inspiramos en
tradición oral. algunos relatos de lugares,
situaciones o personajes
La exigencia y el entorno de estas particulares y emblemáticos de
montañas del oriente antioqueño estas dos localidades con el
lejano han hecho que todo aquí se propósito de dignificar la tradición
construya a pulso, bien sea a oral y honrar la memoria de
través de largas caminatas, hombres, mujeres, paisajes,
convites comunitarios, pico y pala, plantas y animales que han hecho
a lomo de mula o a la espalda, parte fundamental de la historia
sangre, sudor y/o lágrimas… Un de Argelia y San Francisco, aunque
contexto que hace que de alguna no aparezcan en los libros que
manera cada situación parezca leemos o las películas que vemos.
surreal.
Son recuerdos escondidos de la
Es por ello que en estas tierras se montaña que no dejan de
pueden encontrar personajes que alimentar nuestra capacidad de
se asemejan a los de una fábula o asombro…
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TA S
SI ES A S
P I E DR
RAN
HABLA
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La vereda La Ventana se ha cuadrillas de la Gobernación de
convertido en todo un referente Antioquia. Es que este camino era
para el municipio de San Francisco departamental, era la ruta desde
y esto obedece a factores como su La Danta – Magdalena Medio-
microclima, algo más frío que el pasando por Aquitania, llegando a
del resto del territorio por San Francisco e iba hasta Cocorná.
encontrarse en la parte más alta En todo ese trayecto se veía gente
del municipio, una biodiversidad trabajando. Las jornadas de
muy particular dada su ubicación arriería eran largas de dos o tres
geográfica, con especies de flora y días, dándole duro…”. William
fauna que tal vez sólo puedan Gustavo Quintero Marín (vereda La
apreciarse con facilidad en esta Ventana).
zona, y un camino de herradura
construido con piedras, ubicadas Hoy a pesar del paso del tiempo el
con especial cuidado sobre el que camino a La Ventana aún conserva
han pasado los arrieros más parte de su esencia aunque
legendarios que cruzaron por esta algunos tramos se han perdido por
región. falta de mantenimiento y por
deslizamientos de tierra que
“Este camino se mantenía como históricamente han ocurrido en
una carretera, no se veía un brinco. ciertos sectores de su trayecto,
Sacaban la misma piedra de ahí, la removiendo parte de su
explotaban con dinamita y la dejan estructura original.
lisita, lisita. Fue construido por
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Llama la atención que los fragmentos del camino
que se mantienen dejan a la vista un trabajo muy
cuidadoso, piedras colocadas con especial
detalle, bien niveladas, parejas y firmes, que han
permanecido así desde hace más de 70 años sin
necesidad de cemento. Lo cierto de todo es que
este camino tiene un alto valor histórico, pues se
constituyó en la ruta que conectaba a los
municipios del oriente cercano y lejano con el
Magdalena Medio y a través de la cual transitaron
innumerables recuas de mulas conducidas por
arrieros que posibilitaron la comercialización de
diversos productos como maíz, fríjol, panela y
madera, impulsando así las economías locales y
el progreso de la región.
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“Ese camino siempre ha
estado toda la vida, la comida
entraba y salía siempre por
estas montañas”. Javier Daza.
Hoy, cuando la autopista
Medellín-Bogotá amenaza
con borrar las conexiones
con el pasado, se hace
necesario volver la mira-
da hacia atrás para tratar
de encontrar en aquellos
elementos que nos consti-
tuyeron como pueblo una
identidad y un sello pro-
pios. En ese sentido, los
caminos de herradura y la
arriería han sido determi-
nantes.
Detrás de
NUESTRAS
HISTORIAS
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CORRE EL AGUA Y
LA HISTORIA
POR LA MATA DE GUADUA
La Mata de Guadua es otro de los puntos reconocidos en el municipio
de San Francisco, especialmente por los habitantes más antiguos. Si
bien no se trata de un referente por su belleza natural como lo suelen
ser muchos de los balnearios por los que se ha hecho famosa esta loca-
lidad, sí se trata de un lugar icónico que esconde una historia valiosa.
“Es una quebradita, una fuentecita de agua muy buena, que ha existido
toda la vida. Ningún verano la ha secado. Y allá se juntaban las mujeres
los lunes a lavar ropa, a cantar y hacer bulla como un verraco”. Heriberto
Alfonso Sánchez Navá. (Sector La Mata de Guadua).
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Las personas entrevistadas nos
cuentan que hace muchos años la
entrada al pueblo era por caminos
de herradura o caminos reales
como les suelen llamar y había uno
que precisamente venía desde la
vereda Las Aguadas hasta la “Mata
de guadua”.
“Esto era un camino real, la mayoría de la gente venía y se lavaba las botas
para entrar acá. No ha dejado de existir el agua ni la mata de guadua, esa
no la han dejado tumbar ¡Ni riesgos!”. Heriberto Alfonso Sánchez Navá.
(Sector La Mata de Guadua).
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B A
L
ROSRA
A N GO
A
EN SU MEMORIA
Q.E.P.D. (1941-2017)
Detrás de
“Yo me amaño mucho en el campo,
NUESTRAS toda la vida me ha gustado porque
es más tranquilo”.
HISTORIAS
33
Detrás de
NUESTRAS
HISTORIAS
Ya hace más de 3 años que doña Rosalba Arango partió de este plano
terrenal hacia los caminos de la eternidad, desde donde sabemos
sigue guiando los pasos que damos como colectivo para recorrer la
historia y la memoria de nuestros territorios campesinos y sus comuni-
dades.
Yo siempre quise estudiar pero como mis padres andaban tanto para un
lado y para otro, yo empezaba el estudio y al momentico me sacaban,
sólo hice hasta segundo porque me decían que dizque las mujeres pa’
qué estudiaban. Pero yo anhelaba estudiar y hasta que llegó la radio Su-
tatenza fue que puede continuar los estudios. Eso venía desde Boyacá.
Yo por esa emisora puede hacer la primaria y en Argelia había personas
que entregaban las cartillas, los cuadernos y hasta la pinturita para
pintar el tablero. Ahí enseñaban mucho.
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Por la vereda las fechas especiales las celebrábamos a puro surrungo de
guitarra. Eso era muy bueno. En las escuelas presentaban comedias y
dramas, la gente era muy colaboradora y muy entusiasta pa’ esas cosas.
O
A
L AE N
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Z M RO
L U VA
L
OTÁ
Pues bien, allí nació y ha pasado gran parte de su vida doña Luz Mila
Otálvaro, quien de no haber sido por la guerra que no escatimó alcan-
ces para penetrar también hasta lo más profundo de este territorio, ella
jamás se hubiese ido de allí.
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“En mi casa nunca faltaban la yuca, el plátano, los frijoles ni el maíz. Eso
era mazamorra y más mazamorra, frijoles y más frijoles, de lo más de
bueno. La vida mía siempre fue muy triste porque yo perdí a mi mamá
a la edad de 4 años y siempre nos tocó luchar mucho hasta que tuvimos
la edad para defendernos. A nosotros nos tocó mucha cosa, coger café,
desherbar, sacar guarapo, de todo nos tocó.
Recuerdo mucho las romerías, eso era una cosa muy bella, como no era
sino cada año. Muy bueno, en ese tiempo había mucha religión, mucha
creencia, es que la religión se ha acabado mucho, y el vivir de la gente.
Lo que pasa es que nos vamos alejando de las manos de Dios y se va
descontinuando la religión.
Doña Luz Mila, también, al igual que muchas otras mujeres de su época
que habitaban las ruralidades más profundas, aprendieron y ejercieron
el arte de la partería:
Les debemos mucho a los –as- viejos –as-, no nos cansaremos de repe-
tirlo, tampoco de conversar con ellos y con ellas, procurando plasmar
sus historias y memorias en piezas de comunicación como ésta con la
que esperamos retribuirles así sea un poco por tantas luchas y saberes
compartidos.
Detrás de
NUESTRAS
HISTORIAS
41
nuestros remedios
TRADICIONALES
42
nuestros remedios
TRADICIONALES
Nuestros abuelos(as) encontraron sustancias químicas hasta para las
en las plantas silvestres y otros dolencias más mínimas, y
elementos naturales propios de lamentan que aquellos secretos
sus entornos, alternativas valiosas que en otros tiempos mejoraran
para curar muchas enfermedades su salud o incluso les salvaran la
y dolencias, también para hacerle vida ya se estén perdiendo en el
frente a situaciones que ponían en olvido.
riesgo su salud como cortadas,
picaduras de insectos o En aras de recuperar e
mordeduras de culebras. inmortalizar ese conocimiento
Cuando se habita en la Antioquia invaluable y necesario, el proyecto
profunda, a varias horas o incluso MEMORIA Y TERRITORIO: EN
días de viaje por canelones, BÚSQUEDA DE LO QUE SOMOS se
caminos de herradura, trochas, ha empeñado en documentar esos
puentes colgantes y garruchas, no remedios o medicinas
resulta sencillo acudir a los tradicionales que se usaron y que
servicios médicos en cualquier actualmente, en menor medida,
momento. aún utilizan algunas personas de
las comunidades campesinas de
Aún hoy, existen personas y Argelia de María y San Francisco,
comunidades que se enfrentan a en el departamento de Antioquia.
esta difícil situación.
Los adultos mayores que, por Seguimos firmemente
cuestiones de la vida, poco a poco convencidos que la madre
fueron migrando desde lo naturaleza nos ofrece grandes
profundo de las montañas a herramientas para mejorar
veredas más cercanas o hacia los nuestra calidad de vida y
cascos urbanos de Argelia de María preservar la salud, y que nuestros
y San Francisco, hoy se inquietan y abuelos (as) campesinos en este
se sorprenden con el uso ámbito (as) tienen todo por
frecuente de fármacos y enseñarnos…
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nuestros remedios
TRADICIONALES
EL CARIAÑO:
UN ÁRBOL MILAGROSO
Por estas montañas hace algunos años era común encontrarse con
un cariaño en medio del bosque. Eran gigantes silenciosos que ser-
vían de “farmacias silvestres”” para las comunidades campesinas
que al habitar a varias horas de camino de los centros poblados, no
tenían más opción que recurrir a sus milagros curativos, los cuales
eran muchos, y además, bastante efectivos.
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En la actualidad encontrar un
cariaño no es tan fácil, hace falta
caminar hacia zonas veredales
con fragmentos de montes con-
servados para toparse con uno.
Tampoco es tan común, como en
otros tiempos, que las personas
acudan a él y a sus bondades
sanativas.
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Con una candela la calorea (calienta) y la pone a derretir. Las goticas
de cariaña que van chorreando las recoge en una gasa o trapito limpio.
Luego se amarra ese pañito en la herida con una cura o esparadrapo. Es
bueno cambiarla cada 2 ó 3 días”. Javier Daza (vereda El Pajuí).
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“Vamos a hablar de dos plantas:
árnica y
arboloco” Luz Elena Ramírez Pineda
nuestros remedios
TRADICIONALES
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Si detalláramos la etiqueta de verde de los Montes, municipio
algunos ungüentos o cremas de Sonsón, quien destaca que
que ofrecen para aliviar dolores, estos saberes resultaron indis-
generalmente a base de coca o pensables en otros tiempos para
mariguana, nos encontraríamos sobrevivir a las exigencias de las
con otro componente adicional: montañas y que hoy, lamenta-
árnica. Y es que antes de llegar blemente, podrían perderse en el
a estos productos que pasan por olvido:
diversos procesos de laboratorio
nuestros abuelos conocieron y “Yo fui nacida en el campo y allá
aprovecharon sus beneficios al viví hasta que tuve 42 años y yo
máximo de manera empírica pero no recuerdo que nunca me hayan
igualmente efectiva. traído al médico, nos enfermá-
bamos y nuestras mamases nos
De esto nos habla Luz Elena hacían bebidas, que mi niño está
Ramírez Pineda, una mujer de enfermo; a buscar ramas para
58 años que habita en la vereda hacerle bebidas, entonces yo así
Caunzal alto, corregimiento Río- aprendí.
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Vamos a hablar de dos plantas: árnica y arboloco. Sirven para la hin-
chazón en los pies y el cuerpo, muchas veces uno se cae y se pega unos
aporreones muy duros, uno toma bebidas de árnica con el arboloco e
inmediatamente uno siente la mejoría, porque ellas sirven para sanar,
limpiar las heridas y para los dolores.
Yo les diría a las personas que no creen en el poder de las plantas me-
dicinales que están muy perdidos porque si no saben del poder de las
plantas es porque nunca las han tomado, pero yo si he tomado de esas
plantas; yo también era una que no traía mis hijos al pueblo, mis hijos se
enfermaban y siempre íbamos a buscar la ramitas al campo para hacer
la bebida, nosotros no pegábamos para el pueblo porque estaba muy
lejos, siempre eran las ramas del campo.
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nuestros remedios
Regularmente las to-
mamos en té, si uno TRADICIONALES
quiere hierve la rama
y se la toma cocina-
da, o calienta el agua
y hace lo que hacen
muchas personas
que echan las planti-
cas en una vasija, le
echa el agua calien-
te, la tapa y al rato se
la puede tomar.
Se pueden combinar
con limón o miel de
abeja para mejorar el
sabor.
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“Lo digo porque yo soy
una sobreviviente de las
ramas del campo y una
víctima de las medicinas
que toma uno mandadas
por el médico, porque
éstas le curan a uno una
cosa pero le dañan otra,
mientras que las ramas
nunca le hacen mal a
nadie, son inofensivas,
solamente curan”.
Luz Elena Ramírez Pineda
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EL PODER
CURATIVO DE LA
salvia
nuestros remedios
TRADICIONALES 52
La salvia es una planta que crece con facilidad en los potreros y la
mayoría de veces, ante ojos poco entrenados, podría ser considerada
“maleza”. Sin embargo, esta plantica en las manos correctas, como por
ejemplo, en las de doña Celsa María Aizales A., de la vereda La Esperan-
za se convierte en una medicina invaluable.
“Usted pone a secar varias hojas de salvia al sol. Luego tritura o macera
esas hojas cuando estén bien secas. Cuela ese polvito y lo guarda en
papeleticas. Así le puede estar echando por encima a la cortada. La va
lavando todos los días y le sigue echando el polvo de salvia, eso es ya
que empieza a cerrar…”.
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“Y pa una infección… Chorréesela lo más caliente que aguante el agua
de salvia bien sea en una pierna o en una mano…”
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nuestros remedios
TRADICIONALES
el secreto de la
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Normalmente hemos usado la
arracacha para sopas y caldos,
otros la prefieren frita, pero tal
vez muy pocos saben que este
tubérculo esconde un secreto
que algunas mujeres de Argelia
de María muy bien conocen.
Dentro de ellas Marleny Ocam-
po, habitante de la vereda El
Zancudo, quien nos cuenta un
remedio tradicional muy útil
para tratar la afecciones y hemo-
rragias provocadas en los ciclos
menstruales femeninos:
“Pues por lo general uno si brega mucho a usar las plantas medicina-
les, lo que tenemos a la mano, a veces le tenemos más fe a las plan-
tas que nuestros ancestros nos han enseñado, a las recetas para una
cosa y para la otra, ya cuando es una enfermedad que se nos sale de
las manos pues se recurre a otros métodos, pero uno principalmente,
cuando algo ocurre, mira a ver qué tiene a la mano o en su entorno
para suplir la necesidad. Para mí en el campo la vida es más alegre y
vive uno más en paz; la vida del campo es pacífica, uno vive tranqui-
lo, nadie le está acosando cuánto hizo, qué hizo, qué no hizo, ni estoy
pendiente de si me van a pagar o no me van a pagar, uno sabe que se
consigue su diario vivir con su lucha, con su trabajo, más sin embargo
vive uno sin el dominio de nadie”.
nuestros remedios
TRADICIONALES
57
Esta visión simple pero muy
práctica de la vida que nos
comparte esta mujer campe-
sina nos enseña que tal vez
sea el momento definitivo de
volver la mirada al campo, de
descubrir, conservar y aprove-
char las maravillas invaluables
que nos ofrece, y quizás, de
abandonar tantas vanidades,
ciertas comodidades y prácti-
cas de consumo desmesurado
que hoy nos tienen al borde
del colapso como sociedad.
CAMPESINAS
Durante la más cruda guerra que vivieron estos territorios del oriente
antioqueño ellas experimentaron pérdidas irreparables, sufrieron en
carne propia la muerte de esposos e hijos y toda clase de abusos de los
alzados en armas, muchas quedaron solas con la responsabilidad de
sacar adelante, por su propia cuenta y en medio de tantas necesida-
des, a familias numerosas.
UR
RI A
ÁN PÉRE
LO
Z
G
Por ello estuvimos hablando con Gloria Patricia Duran Pérez, del co-
rregimiento Rioverde de los Montes, la vereda Caunzal Alto, municipio
de Sonsón, oriente antioqueño, quien nos comparte sus experiencias y
visiones como mujer campesina:
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“Lo que más valoro de ser una mujer campesina es la tranquilidad y
estar rodeada de tanta naturaleza, poder transitar libremente, ir a los
ríos, ir a jugar con mis hijas a los porteros, ir a varias partes. Como mujer
campesina me gusta mucho trabajar cogiendo café, desherbando, con
la caña, también es muy bueno trabajar en el campo porque hay mucha
libertad. No me siento menos que una mujer de ciudad porque yo adoro
el campo. Mucha gente se burla de la mujer campesina, que por el tra-
bajo que hace, no lo valoran, pero yo me siento orgullosa de ser mujer
campesina.
Me encantaría que el Estado me viera como mujer líder que da todo por
su familia en todo momento, que el Estado nos ayudara más con mu-
chos proyectos. Que tampoco nos abandone porque estas tierras son
muy lejanas, muy difícil para uno sacar lo que produce, las carreteras
muy malas, entonces me gustaría ver las carreteras mejores.
64
N DA
L A AG
YO
UD
E
LO
historias de vida de
MUJERES CAMPESINAS
¡ORGULLOSAMENTE
CAMPESINA!
65
Desde hace más de 20 años que Yolanda Agudelo llegó a San Francisco
proveniente de las remotas tierras de Palestina, jurisdicción del muni-
cipio de Sonsón.
Considera y sobre todo, demuestra, que la mujer puede tener las mis-
mas condiciones que el hombre para ejercer las labores en el campo
pero cree que tal vez ese papel no ha sido tan valorado y reconocido.
66
Recuerda que su infancia fue luchada y sufrida:
D
A
O
GL
L Ó P EZ
Aquí algunos fragmentos de su vida, que nos enenseñan pero que tam-
bién nos ponen a reflexionar ¿cómo podemos aportar para que estas
realidades se transformen positivamente?
69
“Mi vida es trabajar para poderme conseguir la comidita, tengo que es-
tar por ahí jornaleando, trabajo por ahí dos o tres diitas desde que resul-
te trabajito; trabajo para poder mercar y pagar la luz por ahí cogiendo
café y demás labores que resulten y por la tarde venir a hacer la comida.
A veces subo también a desyerbar de vez en cuando, porque ahora he
estado muy enferma, entonces no puedo trabajar mucho.
A los hombres normalmente les pagan 35 mil, 40 mil o hasta 50 mil por
un jornal, en cambio a nosotras las mujeres no, 25 mil o hasta 10 mil
porque dizque uno no trabaja lo mismo que un hombre, eso siempre a
unos les pagan más que a otros y eso no me parece justo, debería ser
por parejo.
Yo sufrí mucho para levantar esos niños, soy madre de 7 hijos. Es duro
porque le toca a uno trabajar y de ahí venir a hacer la comida. Cuando
estoy en la casa me levanto y lavo la ropa, lo que haya que hacer en la
cocina, trapeo y ya me voy a coger café, también abono cuando hay
trabajo para abonar, pero ahora como me encuentro de enferma ya no
me provoca ni trabajar.
Y hay veces no consigue uno ni con qué mercar, ya le toca a uno hasta
sufrir y aguantar hambre porque al no resultar trabajo no hay nada y la
familia diciendo; deme pues la comida, y si no hay, eso es muy duro.
Yo vivo en una zona de alto riesgo. El Estado con lo que me ayudó fue
no más con una piecesita, porque yo tenía mi finca, con la guerra me
tocó dejarla y no me respondieron por ella, una pieza fue todo lo que me
dieron.
D OÑ
A
C
EL
SI TA:
SABIDURÍA ANCESTRAL
QUE INSPIRA
Escuchar hablar a doña Celsa María Aizales, más nombrada de cariño
doña “Celsita”, resulta toda una cátedra para la vida que probablemen-
te nunca tenga lugar en ningún colegio o universidad.
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“A nosotros nos tocó una vida luchándola fuertemente desde muy pe-
queñas. Colgábamos en una vara mijo ollas, galones, tarros, calabazos,
llenos de claro y estopas llenas de comida para ir a llevarles a toda esa
gente, y no se nos daba nada. En tiempo de chócolo yo cogía mijo un ca-
nasto de esos cogedores, me lo terciaba, echaba una máquina, un galón
mazamorrero, una batea, el maquín, una olla, el machete y arrancaba
pa’ la roza. Allá pegaba la máquina en dos troncos, donde hubiera for-
ma y me decía a moler el chócolo que ellos mismos cogían, hacía bollos
de chócolo y panochas allá mismo, le daba a los trabajadores y ensegui-
da traía también pa’ la casa”.
Fue un tiempo muy feliz para doña
“Celsita” en el que según dice nunca
se sintió aburrida a pesar de tanto
trabajo. Pero esa felicidad no fue
eterna y todo cambió drásticamen-
te con la llegada de los armados al
territorio, que vinieron para arreba-
tarle lo más preciado para ella, su
familia y su tranquilidad:
Tal vez, después de tanto sufrimiento, uno podría pensar que esta
abuela de las montañas guarda en su corazón algo de odio y venganza,
pero no. Hay tanta sabiduría en su alma que realmente sorprende. A
pesar de las marcas dolorosas y de los recuerdos imborrables, en sus
palabras y su forma de vivir sólo existe bondad y amor:
“Pídale con fe uno a Dios nuestro señor y a la Santísima Virgen que uno
vive es dichoso, en cuando se halle enfermo, no vive aburrido, porque yo
vivo muy enferma, pero vivo contenta…”.
74
Podría uno pasarse los días enteros hablando con “Celsita” o más
bien estudiando y ella le contaría con pelos y señales para qué sirven
y cómo se usan una amplia cantidad de plantas silvestres que crecen
a su alrededor, y aunque su saber ancestral sobre el entorno no tiene
precio, son sus visiones sobre la vida, representadas en valores genui-
nos, los que más inspiran:
“Qué alegría de que nos reconociéramos todo mundo, de que nos amá-
ramos los unos a los otros. Lo que un hogar necesita para vivir bueno es
que haiga amor y respeto”.
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Por el momento, en esta edición de MEMORIA Y TERRITORIO: EN BÚS-
QUEDA DE LO QUE SOMOS… Nos inspiramos en estos cortos pero pro-
fundos fragmentos de su vida para ofrecer un pequeño homenaje a sus
luchas, dolores, sacrificios y grandes virtudes que la han convertido en
un ser humano excepcional y en una mujer referente en estas tierras;
por eso, si usted va por las calles o los caminos de San Francisco, se
topa con ella y le ofrece su bendición, nunca dude que lo acompañarán
una fuerza y una energía poderosas que provienen de lo más noble de
su corazón…