0% encontró este documento útil (0 votos)
1K vistas77 páginas

Memorias Campesinas de Antioquia

Les compartimos esta revista digital en la que podrán conocer todos los hallazgos de nuestra búsqueda sobre lo que somos. Prácticas agrícolas, remedios tradicionales, historias de vida y de memoria que fueron documentadas por jóvenes de Argelia y San Francisco. Estamos convencidos del gran reto que tenemos para continuar esta búsqueda por indagar y compartir el patrimonio cultural desde nuestros territorios campesinos. Gracias por acompañarnos en este viaje. #MemoriayTerritorio
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
1K vistas77 páginas

Memorias Campesinas de Antioquia

Les compartimos esta revista digital en la que podrán conocer todos los hallazgos de nuestra búsqueda sobre lo que somos. Prácticas agrícolas, remedios tradicionales, historias de vida y de memoria que fueron documentadas por jóvenes de Argelia y San Francisco. Estamos convencidos del gran reto que tenemos para continuar esta búsqueda por indagar y compartir el patrimonio cultural desde nuestros territorios campesinos. Gracias por acompañarnos en este viaje. #MemoriayTerritorio
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Proyecto ganador de la convocatoria

ENFOQUE DIFERENCIAL: MEMORIAS Y ESTÉTICAS MESTIZAS, CAMPESINAS Y RURALES


del Instituto de Cultura y Patrimonio de Antioquia (ICPA) - 2020
Contenido
Presentación6
Documentando nuestras prácticas agrícolas 8
Detrás de nuestras historias 26
Nuestros remedios tradicionales 42
Historias de vida de mujeres campesinas 59
INVESTIGACIÓN, DOCUMENTACIÓN: Jair Giraldo Quintero, Fabio Andrés Daza Marín,
César Daza Marín (San Francisco) - Raquel Soto Ramírez, Luz Dary Quintero (Argelia) -
DISEÑO GRÁFICO, EDICIÓN DE FOTOGRAFÍAS Y TEXTOS, DIAGRAMACIÓN:
Camilo Botero, Juan David Delgado Vélez, Carlos Alberto Otálvaro, Luz Dary
Quintero, Raquel Soto, Gustavo Adolfo Hincapié V.
Explorar los caminos de herradura, (as) , una gran oportunidad para
conversar con los (as) abuelos (as), materializar una serie de sueños
interesarnos por la tradición oral, colectivos alrededor de aquellos
las prácticas culturales, elementos que nos identifican y
costumbres, memorias e historias nos constituyen como
de nuestros territorios. campesinos (as).
Adentrarnos en la Antioquia
profunda, alimentando nuestra Hemos querido llamar esta
capacidad de asombro con los aventura MEMORIA Y TERRITORIO:
paraísos naturales que aún le EN BÚSQUEDA DE LO QUE
quedan, maravillarnos con los SOMOS… porque justamente eso
relatos que se tejen entorno a su ha significado este proyecto, una
mágica biodiversidad, reivindicar y corta expedición al interior del
revalorar los saberes ancestrales patrimonio cultural inmaterial
de quienes habitan el campo y su campesino de las comunidades de
importancia para la sociedad. Argelia y San Francisco Antioquia,
Propósitos que nos han movido procurando documentarlo,
desde hace varios años como visibilizarlo y comunicarlo a través
jóvenes documentalistas de diversas piezas audiovisuales
campesinos, oriundos de los dentro de las que se encuentra
municipios de Argelia y de San esta revista digital.
Francisco, en el oriente
antioqueño. Sabemos y reconocemos de
antemano que tal misión
El ejercicio que les compartimos a representa un reto enorme, y tal
continuación, precisamente, se vez, un ejercicio interminable, por
inspira en ese anhelo de (re) ello, hemos querido comenzar
construir memoria desde el definiendo cuatro temáticas
territorio, por esto, hemos específicas, abordando dos
encontrado en la convocatoria historias en cada una de ellas:
ENFOQUE DIFERENCIAL: prácticas agrícolas propias,
MEMORIAS Y ESTÉTICAS MESTIZAS relatos de lugares o personas
CAMPESINAS Y RURALES, liderada emblemáticas, remedios
por el Instituto de Cultura y tradicionales e historias de vida de
Patrimonio de Antioquia (ICPA), y mujeres campesinas.
de la cual resultamos ganadores
6
En esta publicación recogemos,
pues, sólo un primer acercamiento
a cada una de estas líneas gracias
a los testimonios y a los
conocimientos que por fortuna
aún permanecen en algunos
habitantes de nuestros territorios;
no obstante, es un hecho que poco
a poco, el campo colombiano está
envejeciendo y las generaciones
más jóvenes están optando por
irse a las grandes ciudades en
busca de oportunidades, pues no
vislumbran en la ruralidad un
futuro promisorio. Muchos
saberes ancestrales e historias
hermosas y valiosas se están
yendo al olvido, y cada vez que un
(a) abuelo (a) muere en las
montañas de Antioquia se lleva
para siempre memorias y saberes
invaluables que no se enseñan en
ninguna institución educativa y
que resultan indispensables para
el ser humano como especie.

En tiempos como los que vivimos


(en medio de la emergencia
sanitaria por COVID 19) se habla de
reconocer a los héroes del campo; MEMORIA Y TERRITORIO: EN
sin embargo, siguen siendo BÚSQUEDA DE LO QUE
escasas las acciones que nos SOMOS… nos ha permitido
permitan reconocer con mayor conectarnos aún más con
profundidad y respeto nuestras nuestras raíces y alimentar el
realidades, valores, sentido de pertenencia por
conocimientos, dificultades, algo que esperamos nada,
sentires, historias y memorias absolutamente nada, nos
para redimensionar los aportes pueda arrancar del alma: ¡el
que hacemos a la sociedad, la orgullo de ser campesinos(as)
mayoría de las veces, desde el y la posibilidad de contar lo
anonimato, el abandono y el que esto significa desde
olvido. nuestras propias miradas!
7
Documentando nuestras

PRÁCTICAS
AGRÍCOLAS
Una triste e innegable realidad en
nuestro país es que los habitantes
de las ruralidades más profundas
se nos están envejeciendo poco a
poco. Hoy los jóvenes que habitan garantizado el abastecimiento de
allí no vislumbran oportunidades las plazas de mercado de las
en sus territorios y deciden migrar grandes ciudades y posibilitado
a las ciudades o centros poblados que los distintos frutos y sabores
en busca de posibilidades que les del campo no falten en nuestras
permitan construir un “mejor mesas. Para muchos de ellos
futuro”. Producto de este (campesinos y campesinas) estos
fenómeno van quedando en las saberes parecen obvios y
veredas, principalmente, personas automáticos; sin embargo, en la
mayores, sumidas en la soledad y modernidad, resultan cada vez
el olvido estatal, pero más escasos, si tenemos en cuenta
paradójicamente, repletas de que día a día son menos las
saberes y experiencias personas que se dedican de forma
invaluables, e incluso tradicional a las labores del
indispensables para toda la campo, y que, como lo decíamos,
Humanidad, que corren el riesgo deciden quedarse en la ruralidad,
de desaparecer para siempre si heredando el legado de sus
como sociedad no los revaloramos ancestros montañeros. Por otro
oportunamente, visibilizándolos, lado, hay que considerar que este
documentándolos, tipo de información pocas veces
comunicándolos, y sobre todo, se enseña en las universidades o
trabajando desde distintos frentes colegios, pues se trata de
e instituciones para lograr que prácticas muy particulares,
perduren en el tiempo. propias y empíricas que en su
Precisamente, algunos de esos mayoría se han transmitido de
conocimientos tienen que ver con generación a generación a través
las prácticas agrícolas. Esos del ejemplo, la experiencia y/o la
secretos que durante siglos han tradición oral.
8
Es por ello que el proyecto MEMORIA Y TERRITORIO: EN BÚSQUEDA DE LO
QUE SOMOS ha querido dedicar una sección especial a documentar
Nuestras prácticas agrícolas en esta edición, adentrándonos en el mundo
del máiz, de la cebolla de rama, las coles y la yuca, indagando por su
proceso de siembra, las herramientas que se usan en él, las épocas más
fructíferas y por todos aquellos detalles que nos permitan dejar
plasmados para la posteridad los conocimientos que alrededor de ellos
han tejido las comunidades campesinas de Argelia de María y San
Francisco, oriente antioqueño.
9
E DE L
T
N

M
GE

A ÍZ
O S
M
O

El maíz se ha convertido para las


comunidades rurales de San pueden traer, quisimos como
Francisco, históricamente, en una parte del proyecto MEMORIA Y
fuente de sustento. Alrededor de él TERRITORIO: EN BÚSQUEDA DE LO
se han tejido múltiples relaciones QUE SOMOS… documentar y
que trascienden lo netamente comunicar fragmentos de esa
agrícola y se adentran en lo cultural. historia inspirada en el maíz que
El maíz convoca, reúne, e incluso, ha tenido origen en las montañas
genera un ambiente de alegría en del municipio de San Francisco,
los hogares en el tiempo de relatos de sus pobladores más
cosecha, pues su transformación, antiguos que nos hablan de las
bien sea en bollos, tortas, arepas o prácticas, las herramientas, los
mazamorra implica un trabajo métodos tradicionales, las
familiar en el que cada uno aporta recetas, y sobre todo, con cierta
“un granito”, desarrollando alguna nostalgia, de los recuerdos …
labor en la cadena productiva.
Cuando se hace el ejercicio de
Sin embargo, los tiempos han conversar con los adultos
cambiado y con ellos las dinámicas mayores, hombres o mujeres,
propias del cultivo, la sobre el maíz se pueden encontrar
comercialización y la elementos comunes en sus
transformación. Conscientes de historias. El primero de ellos es
estos cambios y de las que ya nada es como antes.
consecuencias negativas que ellos
10
Don William Gustavo Quintero
Marín, nacido en El Porvenir de
Aquitania, (una zona enclavada en
lo profundo de las montañas
sanfrancisquenses), y hoy
habitante de la vereda La Ventana,
fija su mirada en el horizonte y
abre sus manos con amplitud para
indicar que años atrás los cultivos
de maíz eran extensos y comunes
en el territorio.

“Harto, harto maíz había. Era


mucha la gente que lo cultivaba.
Cuando eso las plagas (animales del Una prueba palpable que
monte) por más que comieran le demuestra la magnitud en la que
dejaban a uno, porque era tanto que el cultivo del maíz se ha venido
uno no se perjudicaba. Ahora como reduciendo en San Francisco es la
es tan poquito lo que se siembra las escasez de trojas, anteriormente
plagas vienen y no dejan nada”. con amplia presencia en la
localidad. Las trojas son
“Muladas, pero muladas cargadas construcciones tipo choza,
de maíz se veían pasar toda la levantadas del suelo,
semana, subían desde la Danta o generalmente elaboradas en
desde Aquitania e iban hasta San guadua y techo de zinc, en las que
Francisco o Cocorná, todo se se almacenaba el maíz en grandes
vendía…”. cantidades en épocas de cosecha.
Su finalidad era posibilitar la
Por su parte, don Javier Daza, preservación del producto
también oriundo de El Porvenir de durante el tiempo necesario hasta
Aquitania y ahora habitante de la que su precio en el mercado
vereda El Pajuí, nos cuenta: mejorara, ya que usualmente en la
época de cosecha era mucho más
“De eso vivíamos, del maíz y del barato.
fríjol. Si uno quería lo vendía en la
misma montaña, no había que Este maíz almacenado también se
traerlo hasta el pueblo porque empleaba poco a poco para el
había muchos compradores, pero consumo familiar y la
ese comercio se perdió. Hoy en día si alimentación de los animales, al
uno saca dos o tres cargas de maíz igual que para seleccionar las
al pueblo ahí queda que no se las semillas de mejor calidad que
compran”. garantizarían cosechas futuras.
11
“Chozas llenas, pero llenas de maíz
pelao. Hacía mi papá unos cercos
grandes, levantados del suelo y les
TROJAS
tiraba una capa de hojas de Yarumo
en la parte de abajo para proteger
las mazorcas de la humedad y las
plagas” Celsa María Aizales A.
(vereda La Esperanza).

En la actualidad es sumamente
difícil encontrar una troja en
territorio San Francisquense, a
tal punto que hay habitantes que
aseguran que hace más de 20
años que no ven una.

municipios como San Francisco,


“En esa época dejábamos el maíz más apartados, no resultaban
entrojado y eso se taqueaba de maíz rentables o atractivos para los
hasta arriba, hasta que no cabía compradores, resultándole
más, cien, ciento cincuenta cargas; complejo competir a los
una vez empacamos doscientas. Ahí campesinos frente a las nuevas
lo dejábamos hasta que cogiera dinámicas de estos mercados
precio, seleccionábamos la mazorca emergentes.
mejor y a sembrar de nuevo…”.
William Gustavo Quintero M. (vereda Hoy se podría decir que en el
La Ventana). municipio el maíz se sigue
cultivando a muy baja escala,
El por qué el comercio del maíz a básicamente para el consumo
gran escala se perdió tiene varias familiar y muy poco se
hipótesis; algunas de ellas le comercializa; sin embargo, se
apuntan a la llegada de maíz de conserva todavía un arraigo, un
distintas regiones, otras, a la vínculo y una conexión que devela
incursión de nuevas semillas que se la relación histórica y tradicional
adaptaban mejor a suelos menos que estas comunidades han
ricos en materia orgánica pero que sostenido con él.
precisaban del uso frecuente de
agroquímicos, así empezaron a A pesar que no se cultiva como
producir maíz en más localidades y antes, los métodos y las
finalmente la oferta fue tanta en herramientas de antaño aún se
zonas con mayor accesibilidad del usan y ésto obedece a
oriente antioqueño cercano, que ya particularidades del territorio.
12
Por ejemplo, el recatón, una
herramienta que se emplea para
picar el suelo, generalmente se
elabora con la madera de un árbol
que las comunidades campesinas
llaman popularmente “garrapato”;
es el preferido, pues resulta muy
resiste, derecho y liviano para la
labor. Hay personas que sostienen
conservar sus recatones desde
hace más de 30 años.

La longitud, bastante considerable


(2 a 3 metros) tiene que ver con la
inaccesibilidad de los terrenos, ya
que esta región es de cuestas Existen dos formas de sembrar
empinadas y boscosas, lo que maíz, en crudo, que quiere decir,
implica sembrar sobre rozas con sobre un terreno que fue rozado y
muchos chamizos o terrenos en el cuál se deja todo el material
enmalezados y resulta muy vegetal cortado como un colchón
complejo acercarse bien hasta el que poco a poco se va
suelo para depositar la semilla. descomponiendo. La otra forma
Por eso se usa el recatón así de es en seco, que significa en un lote
largo; desde la distancia se hace que ha sido quemado y del cual se
un picado muy superficial y luego aprovecha la ceniza fresca como
se arrojan tres granitos de maíz al abono.
agujero, (se requiere una puntería
excepcional para la labor). Muchas “Cuando es en crudo, apenas se
veces se acompañan también de hace la roza, se deben esperar unos
tres granitos de frijol, pues 15 días antes de sembrar. Si es en
normalmente son cultivos seco, se roza unos 15 días antes de
asociados. Una vez se lanzan los quemar el terreno, luego se quema
granos se vuelve a tapar con el y tan presto se siembra para
mismo recatón el agujero para que aprovechar la ceniza”. Javier Daza.
las aves silvestres no se coman la
semilla. Si bien algunos hablan de ciertas
fechas que tienen que ver con
Para cargar los granos que se van festividades religiosas como las
sembrado se usa un coco mejores épocas para sembrar
(recipiente) de guadua o de maíz todos coinciden que la mejor
totumo que va amarrado a la de ellas es agosto.
cintura.
13
Al hablar de las variedades es
generalizada la mención de la que
los campesinos llaman Chocó, ya
muy escasa en el territorio. Se
trataba de una variedad nativa que
daba mazorcas muy grandes y
pesadas. Se daba muy bien en la
montaña, en suelos ricos en
materia orgánica. Luego apareció
el maíz amarillo o mejorado, una
semilla introducida que se adapta cubierta y para ello se debe sacar
mejor a suelos más desgastados, con especial cuidado, haciéndole
aunque es más pequeña, y según una pequeña incisión por el
dicen los que saben, de menos reverso. Se trata de una ligera
calidad que la de antaño. presión con el machete apoyado
en un tronco, garantizando que el
Con relación al tiempo que tarda pezón del capacho no se vaya a
una mata de maíz en producir romper del todo, porque de lo
mazorca para el consumo, las contrario éste quedaría con un
personas entrevistadas aseguran orificio y por ahí se saldría la masa.
que oscila entre los 4 y los 6 meses, Una vez listos los capachos se
dependiendo de la temperatura y procede a introducir la masa – el
de la calidad del suelo en el que se maíz molido revuelto con su
siembre. propia leche- . Se cierra el capacho
y se le hace un pequeño nudo con
“Cuando la mata está totalmente una cabuya o con una tira del
amarilla o seca, y se ladea bien mismo capacho.
hacia abajo es el momento indicado
para coger la mazorca, si la mata
está verde no es bueno cogerla
todavía”. Javier Daza.

En cuanto a recetas tradicionales


elaboradas con maíz en San
Francisco se destacan los bollos de
chócolo.

Se desgrana el maíz, se muele en


máquina, luego se revuelve con la
misma leche que suelta al molerlo.
Para cocinarlo es necesario usar el
mismo capacho del chócolo como
14
información en su ADN y que
Por otro lado, se tiene una olla con alrededor de él existen un
agua hirviendo y en ella se sinnúmero de prácticas culturales
depositan los bollos. Allí se dejan que podrían convertirse también
alrededor de 50 minutos o una en alternativas de
hora. Una manera de probar si el emprendimiento para una
bollo está listo consiste en: población que en un 76 por ciento
“Meterle un cabo de cuchara a un vive en una pobreza multimodal.
bollo, si sale limpia es porque ya
está cocinado, pero si sale untada Este ejercicio documental busca
de masa es porque todavía le falta dar un primer paso enmarcado en
cocinar”. Celsa María Aizales A. este propósito, visibilizar el maíz
(vereda La Esperanza). como un potencial elemento del
patrimonio cultural inmaterial san
No cabe la menor duda que los pachense, reconociendo y
habitantes de San Francisco, comunicando lo que ha
especialmente los de las zonas más representado para estas
rurales, siguen siendo gente del comunidades e inspirando
maíz. Su relación histórica y posibles oportunidades que
ancestral con este grano, muy puedan redundar en su desarrollo
seguramente heredada de los integral y su calidad de vida.
antepasados indígenas que
habitaron este territorio, aún
puede apreciarse a pesar de los
cambios drásticos en las semillas,
el clima y principalmente en los
mercados.

Es claro que hay un reto vigente,


trabajar desde diversos frentes e
instituciones para que un
patrimonio como éste no termine
desapareciendo, para ello sería
necesario volver la mirada a este
territorio, incentivar y recuperar
sus dinámicas productivas,
entendiendo que sus suelos siguen
siendo propicios para este cultivo,
que aún existen personas que
conocen a la perfección su ciclo de
principio a fin, que las nuevas
generaciones conservan esta
15
E S DE L
O
L

S
S CO

AB
U E L OS
L A

Años atrás, las coles TERRITORIO: EN BÚSQUEDA DE LO


acompañaban frecuentemente, QUE SOMOS, dedicarle un
por no decir diariamente, las fragmento a esta hortaliza que
comidas de nuestros ancestros, acompañó los platos de nuestros
especialmente a los fríjoles. abuelos y que nunca faltó en sus
huertas.
Avanzan los tiempos y con ellos
nuestras costumbres alimenticias Por fortuna, todavía quedan
han ido cambiando, a tal punto jóvenes, aunque muy pocos, que
que hoy en día la presencia de las desde el campo luchan por
coles en nuestros platos es casi conservar la esencia campesina,
nula, principalmente en las los saberes y sabores ancestrales
ciudades. Sin embargo, en las que históricamente nos dieron
ruralidades más profundas, esta una identidad como pueblo.
práctica aún subsiste y se
convierte en una importante Ana Galeano Cardona, de la vereda
fuente de vitaminas y minerales. el Zancudo, municipio de Argelia,
conoce detalles importantes de la
Interesados por esos elementos col que quisimos documentar para
tradicionales que poco a poco se posibilitar que su cultivo subsista y
van transformado e incluso, ojalá sea aprendido por las nuevas
perdiendo, quisimos en esta generaciones.
edición de MEMORIA Y
16
“La col se siembra en menguante, la primera o segunda semana de llenar
la luna. Se siembra un brazo o un esqueje. A los dos o tres meses ya está
llena de hojas y se puede cosechar, tratar de cogerlas en menguante para
que las hojas que quedan en la mata no se llenen de gusanos o palomillas.
Es recomendable sembrarlas en climas cálidos y templados, pues ellas se
ponen más bonitas, como más repolluditas, las hojas, más fértiles.
Las herramientas que utilizamos para sembrar esta planta son el
machete, el retacón y más que todo, las manos. Para cosecharla no es
necesario herramienta porque éstas se desgajan fácilmente.

Se utiliza mucho en los frijoles, se parte pequeñita y se echa en agua


hirviendo para amortiguarla y botarle un poco el fósforo o calcio y luego
se sofríe y revuelve con huevo, otras personas también la utilizan como
jugos verdes revuelta con lechuga; también sirve para el consumo
animal, las gallinas, los conejos y los pollos. Hay personas que la utilizan
para ensaladas, las coles hace mucho tiempo han existido, pues nuestros
abuelos y abuelas las utilizaban mucho en las comidas con los frijoles,
ahora ya no se usan como antes.

La mata de coles se llena de retoños o brazos o esquejes como muchos los


llamamos y éstos son los que se desgajan para hacer las nuevas siembras,
las resiembras. La hoja de la col es la que se utiliza, no es el tallo ni la raíz,
sino las hojas, éstas se van tornado amarillas cuando ya están muy
“jechas”, esas ya no se usan, se pueden usar como abono de la propia
mata, porque ya si usted las usa su sabor es amargo, entonces hay que
cogerlas como más bien niñonas.

Las coles son muy propensas al ataque del gusano o la palomilla, pero
como ya había dicho antes, el gusano le da mucho cuando usted coge las
coles en creciente. En mi casa se ha combatido esa plaga con agua de
ceniza o agua de jabón rey”.

17
Ana es de esas pocas jóvenes
que resisten y que aún creen
en el campo a pesar de las
brechas, la inequidad y la falta
de oportunidades.
Garantizarle a estas nuevas
generaciones rurales las
condiciones para seguir
habitando y soñando en su
lugar de origen es clave si
queremos conservar el
sustento que por siglos nos
han proporcionado las
comunidades campesinas.

“La tierra es muy importante porque nos da la comida, todo lo que


nosotros sembremos ella lo va a producir. Para mí el campo significa,
¡Juuum, la vida! Porque uno en el campo lo tiene todo, no necesita tener
muchísima plata, sí la necesita, claro, pero no demasiada porque usted en
el campo produce lo que se va a comer (la mayoría de cosas pues), y qué
más que usted es libre, puede irse para donde quiera, moverse para donde
quiera y no necesita dinero, mientras que si usted está en una ciudad para
todo lo necesita…”.

18
BACO
R
BA

AS
:
LA S

un espacio
TRADICIONAL
para la CEBOLLA
DE RAMA

Cuando uno camina por las calles de Si bien hoy podemos toparnos con
San Francisco, o visita las casitas la cebolla de rama casi en
campesinas en sus veredas, es cualquier parte sembrada de esta
habitual encontrar cebollas de manera, en el pasado,
rama, casi siempre sembradas en principalmente en las zonas
vasijas, tarros u otros recipientes rurales, se usaba una forma
reciclados. Esta hortaliza se ha particular de cultivarlas: las
constituido en un elemento esencial barbacoas.
en la dieta de los san
francisquenses, pues acompaña Estas construcciones tradicionales
muchas clases de recetas como los hoy por hoy casi han desaparecido
huevos revueltos, la rellena o por completo. Las barbacoas
morcilla, y en general, sirve de aliñobásicamente son camas o
para casi todas las comidas. tendidos de tablas construidos en
madera, algunas veces en guadua,
Normalmente son las mujeres anteriormente con árboles finos
quienes más las cuidan y se dedican como el comino o el melcocho,
a ellas, por eso es frecuente verlas para garantizar que duraran
dándose la pasadita por la huerta, muchísimos años.
las terrazas, los balcones o la cera,
(cuando se trata del casco urbano), Se hacen levantadas del suelo y se
para arrancarle unas ramitas a esta abonan con abundante boñiga de
plantica que le da un sabor especial vaca, tierra bien negra, cáscaras
a cada plato. descompuestas y cenizas.
19
La construcción obedece a varias razones. La primera, aislar a las
cebollas de rama de sus enemigos naturales más letales, la lombriz y las
“hormigas calentonas”, que terminan por consumirlas y no dejan que
prosperen. La segunda; evitar que las aves de corral como gallinas y
piscos, que en otros tiempos las comunidades campesinas criaban en
mayores cantidades, se las comieran.

En la actualidad es difícil toparse con una barbacoa, las pocas que


quedan se encuentran en veredas más alejadas del casco urbano en las
que sus habitantes aún conservan ese arraigo y las prácticas de sus
ancestros.

De dónde provino el nombre sigue siendo un misterio, lo cierto de todo


es que resultaban muy efectivas y acordes a los propósitos para los que
eran construidas. La necesidad de elaborarlas también nos habla de un
pasado y una esencia muy rural de estas tierras, de una biodiversidad y
una riqueza de suelos cuyos espejos también son las lombrices, la gran
variedad de hormigas y otros insectos; finalmente, nos cuentan de una
época de antaño en la que abundaba el maíz, un producto que permitía
sostener con facilidad grandes cantidades de aves de corral que no
permanecían encerradas.

20
Hoy la realidad es otra y tal vez su contexto nos dé pistas de por qué se
están acabando las barbacoas: el conflicto armado obligó el
desplazamiento de más del 80 por ciento de la población rural del
municipio, una gran cantidad de tierras propias de las comunidades
campesinas que frecuentaban este tipo de prácticas actualmente se
encuentran abandonadas, el cultivo del maíz se redujo a pequeñas
parcelas para el consumo familiar, lo que deriva en que para el
mantenimiento de las especies menores sea necesario comprar
concentrado, esto hace que sea más difícil criarlas en grandes
cantidades.

Posiblemente sólo sean hipótesis pero siempre que parte de nuestra


historia se va perdiendo deberíamos preguntarnos por qué y emprender
acciones que nos lleven a reencontrarnos con lo que fuimos para
entender mejor lo que somos, y posiblemente, lo que vamos a ser…

21
Y U CAS
E
D

H
AY
DADES

MU C
E

H
I
R

S A
VA

La yuca es un tubérculo bastante centros educativos sino en las


común y apetecido a lo largo de montañas. Por eso viajamos hasta
todo el territorio nacional. Lo la vereda Caunzal Alto, del
encontramos en diferentes corregimiento Ríoverde de los
presentaciones y platos de Montes, municipio de Sonsón,
nuestra gastronomía; no obstante, para conversar con Luis Enrique
el hecho de que sea tan común no Soto:
implica que para que llegue a
nuestras mesas no existan en su “La yuca se siembra en menguante,
cadena productiva una serie de pues por aquí el proceso de la yuca
saberes y prácticas indispensables es muy sencillo, se hace un buen
desarrolladas por hombres y picado –preparación del suelo-
mujeres del campo que nos donde uno va sembrar el colino de
permiten disfrutar de sus delicias. la yuca. A cada pica se le mete de
dos a tres colinos, por si de pronto
Quizás cada vez sean menos las alguno de ellos no pega. El colino
personas que conocen los es parte del árbol, la yuca se
pormenores de sembrar y siembra en travesía –en diagonal-,
cosechar una yuca y es muy osea no se puede sembrar hacia
posible que este conocimiento abajo, para que la yuca pueda
específico no se transfiera en expandirse.
22
El colino de yuca tiene un
puyito (brote por donde sale
la nueva rama) antes del
cañutico (anillo del tallo).
Ese puyito tiene que ir hacia
afuera, porque si va hacia
adentro el colino se ahoga.
El clima caliente es mejor
para la yuca, y en un terreno
escurrido, que no sea
enlagunado.

Por aquí variedades de


yucas hay muchas, está la
chirosa, la guaduita, una
que nosotros llamamos
yema huevo por el color
de la hoja, hay una que
dura entre nueve meses
a un año que es la chirosa,
la guaduita si por ahí más o
menos unos ocho meses, la
yema huevo si da a los seis o
siete meses.

23
Nosotros la utilizamos para comer,
para el consumo, se puede consumir
de muchas formas, se pueden hacer
migas con ella, se le puede echar a
la sopa, se pueden hacer cosas
diferentes con ella como el engrudo
que eso es como un tipo de pega .

El mejor clima para la yuca es el


caliente, entre más caliente mejor, si
es demasiado frío no es bueno, debe
sembrarse en un terreno escurrido,
que no sea enlagunado o que baje
mucha corriente”..

PROCESO DE COSECHA

“La mata se jala hacia arriba y la


yuca que queda dentro de la tierra
se saca con un recatón o con un
palín.La yuca cuando está a punto
de cosechar si se desyerba le
cambia el sabor, se vuelve amarga,
y la peste que le puede dar por la
humedad nosotros le llamamos
´llaga´. El colino es llenito de
cañutos -anillos en el tallo- , la hoja
es larguita, hecha muchos brazos y
como unas bolitas cuando ya está
de arrancar”.

Aunque aparentemente todo este


proceso parece sencillo lo cierto es
que cada práctica agrícola esconde
secretos que han sido transmitidos
de generación en generación,
principalmente a través del
ejemplo o la tradicional oral, y
resulta esencial no sólo conocerlos
sino sobre todo estar dispuesto a
aplicarlos.

24
Actualmente, una gran cantidad de jóvenes del campo sueñan más con
migrar a las ciudades que con heredar esos saberes ancestrales
campesinos, pues, tomando en cuenta sus contextos rurales y la gran
cantidad de limitantes que los rodean, vislumbran mejores
oportunidades en los grandes centros poblados.

Esta problemática y preocupación la resume muy breve pero


contundentemente el mismo Luís Enrique:

“Mis abuelos y mis papás comieron mucha yuca y nosotros también, quién
sabe si nuestros hijos también puedan comerla”.

25
Detrás de

NUESTRAS
HISTORIAS
Territorios como Argelia de María y una leyenda, porque a veces
San Francisco, en el oriente cuesta creer lo que han vivido, lo
antioqueño, están colmados de que les ha tocado superar, las
relatos maravillosos y mágicos. En acciones que han llevado a cabo
estas cunas de arrieros, por para sobrevivir y progresar, y más
fortuna, aún rodeadas de espesos aún, la manera como las han
montes que albergan una gran asumido, llenos de amor,
biodiversidad, ríos cristalinos y sacrificio, dedicación, resignación
caminos ancestrales de herradura, y una sabiduría admirables.
se cuentan un sinnúmero de
historias que enriquecen su En esta sección nos inspiramos en
tradición oral. algunos relatos de lugares,
situaciones o personajes
La exigencia y el entorno de estas particulares y emblemáticos de
montañas del oriente antioqueño estas dos localidades con el
lejano han hecho que todo aquí se propósito de dignificar la tradición
construya a pulso, bien sea a oral y honrar la memoria de
través de largas caminatas, hombres, mujeres, paisajes,
convites comunitarios, pico y pala, plantas y animales que han hecho
a lomo de mula o a la espalda, parte fundamental de la historia
sangre, sudor y/o lágrimas… Un de Argelia y San Francisco, aunque
contexto que hace que de alguna no aparezcan en los libros que
manera cada situación parezca leemos o las películas que vemos.
surreal.
Son recuerdos escondidos de la
Es por ello que en estas tierras se montaña que no dejan de
pueden encontrar personajes que alimentar nuestra capacidad de
se asemejan a los de una fábula o asombro…
26
TA S
SI ES A S
P I E DR
RAN
HABLA

27
La vereda La Ventana se ha cuadrillas de la Gobernación de
convertido en todo un referente Antioquia. Es que este camino era
para el municipio de San Francisco departamental, era la ruta desde
y esto obedece a factores como su La Danta – Magdalena Medio-
microclima, algo más frío que el pasando por Aquitania, llegando a
del resto del territorio por San Francisco e iba hasta Cocorná.
encontrarse en la parte más alta En todo ese trayecto se veía gente
del municipio, una biodiversidad trabajando. Las jornadas de
muy particular dada su ubicación arriería eran largas de dos o tres
geográfica, con especies de flora y días, dándole duro…”. William
fauna que tal vez sólo puedan Gustavo Quintero Marín (vereda La
apreciarse con facilidad en esta Ventana).
zona, y un camino de herradura
construido con piedras, ubicadas Hoy a pesar del paso del tiempo el
con especial cuidado sobre el que camino a La Ventana aún conserva
han pasado los arrieros más parte de su esencia aunque
legendarios que cruzaron por esta algunos tramos se han perdido por
región. falta de mantenimiento y por
deslizamientos de tierra que
“Este camino se mantenía como históricamente han ocurrido en
una carretera, no se veía un brinco. ciertos sectores de su trayecto,
Sacaban la misma piedra de ahí, la removiendo parte de su
explotaban con dinamita y la dejan estructura original.
lisita, lisita. Fue construido por
28
Llama la atención que los fragmentos del camino
que se mantienen dejan a la vista un trabajo muy
cuidadoso, piedras colocadas con especial
detalle, bien niveladas, parejas y firmes, que han
permanecido así desde hace más de 70 años sin
necesidad de cemento. Lo cierto de todo es que
este camino tiene un alto valor histórico, pues se
constituyó en la ruta que conectaba a los
municipios del oriente cercano y lejano con el
Magdalena Medio y a través de la cual transitaron
innumerables recuas de mulas conducidas por
arrieros que posibilitaron la comercialización de
diversos productos como maíz, fríjol, panela y
madera, impulsando así las economías locales y
el progreso de la región.

29
“Ese camino siempre ha
estado toda la vida, la comida
entraba y salía siempre por
estas montañas”. Javier Daza.
Hoy, cuando la autopista
Medellín-Bogotá amenaza
con borrar las conexiones
con el pasado, se hace
necesario volver la mira-
da hacia atrás para tratar
de encontrar en aquellos
elementos que nos consti-
tuyeron como pueblo una
identidad y un sello pro-
pios. En ese sentido, los
caminos de herradura y la
arriería han sido determi-
nantes.

Detrás de

NUESTRAS
HISTORIAS
30
CORRE EL AGUA Y
LA HISTORIA
POR LA MATA DE GUADUA
La Mata de Guadua es otro de los puntos reconocidos en el municipio
de San Francisco, especialmente por los habitantes más antiguos. Si
bien no se trata de un referente por su belleza natural como lo suelen
ser muchos de los balnearios por los que se ha hecho famosa esta loca-
lidad, sí se trata de un lugar icónico que esconde una historia valiosa.

“Es una quebradita, una fuentecita de agua muy buena, que ha existido
toda la vida. Ningún verano la ha secado. Y allá se juntaban las mujeres
los lunes a lavar ropa, a cantar y hacer bulla como un verraco”. Heriberto
Alfonso Sánchez Navá. (Sector La Mata de Guadua).

Por esta razón la calle o el sector en el que se encuentra esta fuente de


agua hoy sigue siendo reconocido como la “Mata de Guadua”. Allí aún
se conserva el guadual y sigue corriendo el preciado líquido, que en
lugar de hacerlo libre como en otrora por el cauce de la antigua que-
brada, lo hace a través de un tanque y de una estructura en concreto.

31
Las personas entrevistadas nos
cuentan que hace muchos años la
entrada al pueblo era por caminos
de herradura o caminos reales
como les suelen llamar y había uno
que precisamente venía desde la
vereda Las Aguadas hasta la “Mata
de guadua”.

Como el tránsito por estos caminos


era por canelones que se
empantanaban considerablemente
con la lluvia y el paso continuo de
las mulas, la gente que venía del
campo llegaba bastante
empantanada al pueblo. La
quebrada de la Mata de Guadua
sirvió entonces también de
“lavadero de botas” para que las
personas ingresarán “mejor
presentadas”.

“Esto era un camino real, la mayoría de la gente venía y se lavaba las botas
para entrar acá. No ha dejado de existir el agua ni la mata de guadua, esa
no la han dejado tumbar ¡Ni riesgos!”. Heriberto Alfonso Sánchez Navá.
(Sector La Mata de Guadua).

32
B A
L
ROSRA
A N GO
A
EN SU MEMORIA
Q.E.P.D. (1941-2017)
Detrás de
“Yo me amaño mucho en el campo,
NUESTRAS toda la vida me ha gustado porque
es más tranquilo”.
HISTORIAS
33
Detrás de
NUESTRAS
HISTORIAS

Ya hace más de 3 años que doña Rosalba Arango partió de este plano
terrenal hacia los caminos de la eternidad, desde donde sabemos
sigue guiando los pasos que damos como colectivo para recorrer la
historia y la memoria de nuestros territorios campesinos y sus comuni-
dades.

Antes de su partida tuvimos la fortuna de compartir con ella y apren-


der de su experiencia y de sus visiones como habitante de la Argelia
de María, específicamente de la vereda El Zancudo. Ella nos habló de
tiempos pasados, de transformaciones y recuerdos que quisimos traer
en esta publicación.

A su memoria, a su vida, a su espíritu, una combinación de valentía


y paz que nos dejó para siempre la más bella serenidad en nuestros
corazones.
34
“Yo tenía nueve años cuando mis padres me trajeron aquí a la vereda
El Zancudo, nosotros vivíamos en Chinchiná. Yo nací en Pensilvania, en
Arboleda- Caldas.

Me casé a la edad de 16 años y eso hace que vivimos aquí en El Zancudo.


Cuando vinimos la primera vez por acá no había carretera, no había luz,
Argelia era un corregimiento, todo lo traían de Sonsón.
Aquí nos tocó trabajar mucho para echar la luz, echar la carretera para
la vereda, ya se organizó más el pueblo, pero era como una montaña,
las casas eran muy poquiticas, casi la mayoría eran de tierra, de astilla
y paja o casitas de pura guadua, todo eso era puro monte. La escuelita
era una casita de balcón, tenía unas escalitas de madera para uno subir,
un saloncito y un corredorcito. La comunidad comenzó a trabajar, había
profesores de mucho empuje, muchos sembrados en la escuela: naran-
jos, aguacates, se cultivaba mucho.

Yo siempre quise estudiar pero como mis padres andaban tanto para un
lado y para otro, yo empezaba el estudio y al momentico me sacaban,
sólo hice hasta segundo porque me decían que dizque las mujeres pa’
qué estudiaban. Pero yo anhelaba estudiar y hasta que llegó la radio Su-
tatenza fue que puede continuar los estudios. Eso venía desde Boyacá.
Yo por esa emisora puede hacer la primaria y en Argelia había personas
que entregaban las cartillas, los cuadernos y hasta la pinturita para
pintar el tablero. Ahí enseñaban mucho.
35
Por la vereda las fechas especiales las celebrábamos a puro surrungo de
guitarra. Eso era muy bueno. En las escuelas presentaban comedias y
dramas, la gente era muy colaboradora y muy entusiasta pa’ esas cosas.

Las romerías eran muy buenas, se rezaba el rosario, había eucaristía,


presentaban cosas y juegos por las noches, era un rato de diversión, y la
gente acudía mucho. No como ahora que poco más son los que llegan,
todo se ha acabado mucho, mejor dicho la religión se ha acabado mu-
cho. Las tradiciones viejas eran muy buenas. Es muy importante no dejar
acabar lo del campo, se van muriendo los mayores y la familia por lo
regular comienza es a irse para el pueblo a conseguir trabajo y ya dejan
caer y perder todo.

Yo quiero mucho el campo, la ciudad no me ha gustado, el pueblo no me


ha gustado para vivir. Yo me amaño mucho en el campo, toda la vida me
ha gustado porque es más tranquilo, así sea un terreno chiquito que uno
tenga, puede sembrar una mata de cebolla para no tener que comprar,
se enseña uno con los animalitos y en el campo es muy bueno porque
se respira por lo menos mejor, en el campo a uno le halaga madrugar;
en cambio, en la ciudad para qué madrugar uno, para oler gasolina de
carros…”.
36
36
Detrás de
NUESTRAS
HISTORIAS

O
A
L AE N
I H
Z M RO
L U VA
L
OTÁ

Evocando otros tiempos en


Rioverde de los Montes.
37
37
Cada vez son más pocos los abuelos y abuelas que habitan en las mon-
tañas de Ríoverde de los Montes. Esos “antiguas”, como se les llama
popularmente, se van reduciendo con el paso de los días . Los y las que
quedan guardan recuerdos, algunos conscientes, otros inconscientes
de lo que significó abrirse vida en aquel territorio que hoy, a pesar del
incontenible avance del concreto, producto de nuestro modelo de
desarrollo, se constituye tal vez en una de las pocas despensas de bos-
ques conservados y ríos cristalinos del departamento de Antioquia. No
gratuitamente los que hemos tenido el privilegio de pisar esas mágicas
tierras las hemos llamado la “Amazonía Antioqueña”.

Pues bien, allí nació y ha pasado gran parte de su vida doña Luz Mila
Otálvaro, quien de no haber sido por la guerra que no escatimó alcan-
ces para penetrar también hasta lo más profundo de este territorio, ella
jamás se hubiese ido de allí.

Esta abuela que retornó al lugar de sus raíces, después de apaciguar-


se el conflicto armado, nos cuenta fragmentos de su historia que nos
conectan con lo que alguna vez fuimos.

38
38
“En mi casa nunca faltaban la yuca, el plátano, los frijoles ni el maíz. Eso
era mazamorra y más mazamorra, frijoles y más frijoles, de lo más de
bueno. La vida mía siempre fue muy triste porque yo perdí a mi mamá
a la edad de 4 años y siempre nos tocó luchar mucho hasta que tuvimos
la edad para defendernos. A nosotros nos tocó mucha cosa, coger café,
desherbar, sacar guarapo, de todo nos tocó.

Primero nadie compraba panela, nos levantábamos a las 2 de la ma-


ñana a moler guarapo y eso nunca faltaba la panela a pesar de que
éramos bastante gente.

Recuerdo mucho las romerías, eso era una cosa muy bella, como no era
sino cada año. Muy bueno, en ese tiempo había mucha religión, mucha
creencia, es que la religión se ha acabado mucho, y el vivir de la gente.
Lo que pasa es que nos vamos alejando de las manos de Dios y se va
descontinuando la religión.

También se fue acabando el uso de yerbas, primero a un niño le dolía el


estómago y uno corría a darle paico o apio, y así hacía uno para sanar
a los niños, según las ramas que se necesitaran. Primero había muchas
ramas en el potrero y ahora en cambio con esos riegos que hacen de
matamalezas acabaron con las ramitas”.

Doña Luz Mila, también, al igual que muchas otras mujeres de su época
que habitaban las ruralidades más profundas, aprendieron y ejercieron
el arte de la partería:

“Yo no le negaba favores a nadie, yo ya perdí la cuenta de las mujeres


que hubo que atender, yo creo que son más de 50, a uno lo llamaban,
vaya pa allí o vaya pa allá a atender a las maternas. Y saber que yo eso
lo estudié más que todo en un libro y se me quedó mucho en la mente”.
39
39
Ella, además nos explicaba muy bien, ade-
más, cómo y por qué los tiempos cambiaron
tan abruptamente:

“Por aquí se trabajaba mucho, la gente tenía


sus tierras o también se ganaba un jornal,
todo era como más sanamente. Las cosas
cambiaron del todo fue cuando llegó la gue-
rra. Si llegaba la guerrilla había que atender-
la, lo mismo al ejército y a los paramilitares y
después se encartaba uno porque la misma
gente que uno atendía se pasaban pa’ los
unos y pa los otros y decían que uno les cola-
boraba. Qué más se iba a hacer si aquí todos
llegaban armados pidiendo cosas, le toca a
uno darles lo que tiene.

Todo grupo armado manda. Y es que lo que


fue de aquí pa abajo hasta Santa Rosa a
todos nos mandaron a desplazarnos y nos die-
ron 8 días pa’ salir. A nosotros nos tocó irnos
y arrancar dizque pa’ la costa, yo por allá me
estaba enfermando grave.

Cuando todo se empezó a calmar fue que


pudimos volver, por que yo en los pueblos o
en las ciudades no me amaño, a mi me gusta
es donde uno pueda tener una gallinita,un
cerdito, un perrito o un gatico pa’ que se coma
los ratones.

No hay como el campo definitivamente, poder


uno arrancar las yucas frescas, hacer maza-
morrita, matar una gallinita pa’ atender una
visita. Lo duro de vivir tan lejos en esta monta-
ña es cuando toca salir al pueblo, digamos al
médico o a reclamar algún subsidio del adulto
mayor hasta Sonsón”.
40
Envejecer en el campo, siempre y cuando perdure la paz, tiene sus
contrastes, por un lado, poder disfrutar de esa vida tranquila, en liber-
tad, en abundancia de productos de la tierra; por el otro, la gran difi-
cultad de acceder a servicios médicos y ofertas institucionales, enfren-
tarse a la imposibilidad de viajar durante largas horas por caminos de
herradura y a la idea de que ya no se es el mismo o la misma de antes
para trabajar sin descanso desde tempranas horas hasta que cae el sol.
Muchos abuelos y abuelas de las ruralidades hoy se enfrentan a esta
realidad y a una soledad que se percibe en sus miradas, como evocan-
do viejos tiempos de romerías, convites y festivales.

Les debemos mucho a los –as- viejos –as-, no nos cansaremos de repe-
tirlo, tampoco de conversar con ellos y con ellas, procurando plasmar
sus historias y memorias en piezas de comunicación como ésta con la
que esperamos retribuirles así sea un poco por tantas luchas y saberes
compartidos.

Detrás de
NUESTRAS
HISTORIAS

41
nuestros remedios
TRADICIONALES
42
nuestros remedios
TRADICIONALES
Nuestros abuelos(as) encontraron sustancias químicas hasta para las
en las plantas silvestres y otros dolencias más mínimas, y
elementos naturales propios de lamentan que aquellos secretos
sus entornos, alternativas valiosas que en otros tiempos mejoraran
para curar muchas enfermedades su salud o incluso les salvaran la
y dolencias, también para hacerle vida ya se estén perdiendo en el
frente a situaciones que ponían en olvido.
riesgo su salud como cortadas,
picaduras de insectos o En aras de recuperar e
mordeduras de culebras. inmortalizar ese conocimiento
Cuando se habita en la Antioquia invaluable y necesario, el proyecto
profunda, a varias horas o incluso MEMORIA Y TERRITORIO: EN
días de viaje por canelones, BÚSQUEDA DE LO QUE SOMOS se
caminos de herradura, trochas, ha empeñado en documentar esos
puentes colgantes y garruchas, no remedios o medicinas
resulta sencillo acudir a los tradicionales que se usaron y que
servicios médicos en cualquier actualmente, en menor medida,
momento. aún utilizan algunas personas de
las comunidades campesinas de
Aún hoy, existen personas y Argelia de María y San Francisco,
comunidades que se enfrentan a en el departamento de Antioquia.
esta difícil situación.
Los adultos mayores que, por Seguimos firmemente
cuestiones de la vida, poco a poco convencidos que la madre
fueron migrando desde lo naturaleza nos ofrece grandes
profundo de las montañas a herramientas para mejorar
veredas más cercanas o hacia los nuestra calidad de vida y
cascos urbanos de Argelia de María preservar la salud, y que nuestros
y San Francisco, hoy se inquietan y abuelos (as) campesinos en este
se sorprenden con el uso ámbito (as) tienen todo por
frecuente de fármacos y enseñarnos…
43
nuestros remedios
TRADICIONALES

EL CARIAÑO:
UN ÁRBOL MILAGROSO
Por estas montañas hace algunos años era común encontrarse con
un cariaño en medio del bosque. Eran gigantes silenciosos que ser-
vían de “farmacias silvestres”” para las comunidades campesinas
que al habitar a varias horas de camino de los centros poblados, no
tenían más opción que recurrir a sus milagros curativos, los cuales
eran muchos, y además, bastante efectivos.

44
En la actualidad encontrar un
cariaño no es tan fácil, hace falta
caminar hacia zonas veredales
con fragmentos de montes con-
servados para toparse con uno.
Tampoco es tan común, como en
otros tiempos, que las personas
acudan a él y a sus bondades
sanativas.

El cariaño produce una resina a


la que popularmente se le cono- de edad aproximadamente, esto
ce como cariaña que se obtiene hace que cada vez sea más difícil
haciendo una pequeña incisión encontrar árboles de estas carac-
o cortada en la base del tallo del terísticas.
árbol. Es recomendable realizarla
en época de luna menguante, “Después de que uno saca la
luego se deja un recipiente para cariaña del árbol la pone a her-
que poco a poco la resina vaya ca- vir, y de ahí saca unas pastas. La
yendo a él. Al cabo de unos 15 o cariaña sirve para tratar cortadas,
20 días se puede pasar a recoger para atajar una infección. Yo la
el producido. uso siempre para las cortadas
porque es muy sanativa. También
Es de anotar que para que un sirve para los cólicos; uno se pue-
cariaño empiece su época pro- de tomar unas bolitas pequeñas
ductiva debe llegar a los 20 años con aguapanela. A un nacido
que no quiera reventar también se
le puede poner un parchecito de
cariaña en la boca y eso lo ayuda
a que reviente rápido”. Javier Daza
(vereda El Pajuí)

La preparación tiene pasos muy


sencillos: “Después de que usted
tiene la pasta en un recipiente
saca un poquito con un clavo.

45
Con una candela la calorea (calienta) y la pone a derretir. Las goticas
de cariaña que van chorreando las recoge en una gasa o trapito limpio.
Luego se amarra ese pañito en la herida con una cura o esparadrapo. Es
bueno cambiarla cada 2 ó 3 días”. Javier Daza (vereda El Pajuí).

El poder curativo de la cariaña ha sido fundamental para las comuni-


dades rurales, especialmente las más apartadas, que han encontrado
en ella una solución inmediata para dolencias y afecciones que proba-
blemente no habrían podido superar sin su presencia en el territorio y
sin el saber ancestral que les ha posibilitado aprovecharla, entendien-
do que el acceso a servicios médicos de urgencia resulta prácticamen-
te imposible en su contexto.

46
“Vamos a hablar de dos plantas:

árnica y
arboloco” Luz Elena Ramírez Pineda

nuestros remedios
TRADICIONALES
47
Si detalláramos la etiqueta de verde de los Montes, municipio
algunos ungüentos o cremas de Sonsón, quien destaca que
que ofrecen para aliviar dolores, estos saberes resultaron indis-
generalmente a base de coca o pensables en otros tiempos para
mariguana, nos encontraríamos sobrevivir a las exigencias de las
con otro componente adicional: montañas y que hoy, lamenta-
árnica. Y es que antes de llegar blemente, podrían perderse en el
a estos productos que pasan por olvido:
diversos procesos de laboratorio
nuestros abuelos conocieron y “Yo fui nacida en el campo y allá
aprovecharon sus beneficios al viví hasta que tuve 42 años y yo
máximo de manera empírica pero no recuerdo que nunca me hayan
igualmente efectiva. traído al médico, nos enfermá-
bamos y nuestras mamases nos
De esto nos habla Luz Elena hacían bebidas, que mi niño está
Ramírez Pineda, una mujer de enfermo; a buscar ramas para
58 años que habita en la vereda hacerle bebidas, entonces yo así
Caunzal alto, corregimiento Río- aprendí.
48
48
Vamos a hablar de dos plantas: árnica y arboloco. Sirven para la hin-
chazón en los pies y el cuerpo, muchas veces uno se cae y se pega unos
aporreones muy duros, uno toma bebidas de árnica con el arboloco e
inmediatamente uno siente la mejoría, porque ellas sirven para sanar,
limpiar las heridas y para los dolores.

Si el aporreón es muy grande es mejor echarle bastanticas ramas para


que quede fuertecita la bebida. Nuestros padres cogían un bracito o un
puñadito de hojas y las echaban a cocinar y con eso se hace uno el baño.
Son ramas muy suaves se pueden dejar hervir un ratico y ya. Si hay bas-
tantes ramas se puede hacer uno, dos o tres baños al día, tomar dos o
tres veces la bebida. Lo que yo sé del árnica y el arboloco es que usted se
baña en la noche y al otro día no es perjudicial hacer sus trabajitos. Lo
que he sabido y he visto es que no les ha hecho mal efecto a las personas
y no tiene edad, cualquier persona mayor o niño la puede consumir sin
ningún peligro.

Yo les diría a las personas que no creen en el poder de las plantas me-
dicinales que están muy perdidos porque si no saben del poder de las
plantas es porque nunca las han tomado, pero yo si he tomado de esas
plantas; yo también era una que no traía mis hijos al pueblo, mis hijos se
enfermaban y siempre íbamos a buscar la ramitas al campo para hacer
la bebida, nosotros no pegábamos para el pueblo porque estaba muy
lejos, siempre eran las ramas del campo.
49
49
nuestros remedios
Regularmente las to-
mamos en té, si uno TRADICIONALES
quiere hierve la rama
y se la toma cocina-
da, o calienta el agua
y hace lo que hacen
muchas personas
que echan las planti-
cas en una vasija, le
echa el agua calien-
te, la tapa y al rato se
la puede tomar.
Se pueden combinar
con limón o miel de
abeja para mejorar el
sabor.

50
“Lo digo porque yo soy
una sobreviviente de las
ramas del campo y una
víctima de las medicinas
que toma uno mandadas
por el médico, porque
éstas le curan a uno una
cosa pero le dañan otra,
mientras que las ramas
nunca le hacen mal a
nadie, son inofensivas,
solamente curan”.
Luz Elena Ramírez Pineda

51
EL PODER
CURATIVO DE LA

salvia

nuestros remedios
TRADICIONALES 52
La salvia es una planta que crece con facilidad en los potreros y la
mayoría de veces, ante ojos poco entrenados, podría ser considerada
“maleza”. Sin embargo, esta plantica en las manos correctas, como por
ejemplo, en las de doña Celsa María Aizales A., de la vereda La Esperan-
za se convierte en una medicina invaluable.

“Sirve para muchas enfermedades. Usted pone el agua a hervir y a lo


que el agua esté hirviendo coge los copos (ramas) de la salvia y se los
echa. Tienen que estar verdecitos porque secos no sueltan mucha sus-
tancia. Los deja un ratico allí, a lo que el agua esté reposada, empapa
un trapito o con las mismas ramas y va escurriendo el agua de salvia
sobre una herida de modo que la aguante, no muy caliente. Luego seca
la herida con una motica de algodón”.

Además de esta aplicación existe otra manera de emplear la salvia, en


seco:

“Usted pone a secar varias hojas de salvia al sol. Luego tritura o macera
esas hojas cuando estén bien secas. Cuela ese polvito y lo guarda en
papeleticas. Así le puede estar echando por encima a la cortada. La va
lavando todos los días y le sigue echando el polvo de salvia, eso es ya
que empieza a cerrar…”.
53
“Y pa una infección… Chorréesela lo más caliente que aguante el agua
de salvia bien sea en una pierna o en una mano…”

Al igual que la cariaña, en San Francisco se documenta el uso por parte


de personas mayores provenientes de las zonas más rurales, de salvia
como planta medicinal para tratar heridas o infecciones.

54
nuestros remedios
TRADICIONALES

el secreto de la

55
Normalmente hemos usado la
arracacha para sopas y caldos,
otros la prefieren frita, pero tal
vez muy pocos saben que este
tubérculo esconde un secreto
que algunas mujeres de Argelia
de María muy bien conocen.
Dentro de ellas Marleny Ocam-
po, habitante de la vereda El
Zancudo, quien nos cuenta un
remedio tradicional muy útil
para tratar la afecciones y hemo-
rragias provocadas en los ciclos
menstruales femeninos:

“Cuando la hemorragia durante


el periodo de la mujer es muy
fuerte o persistente entonces se
puede hacer un remedio que hay.
Se trata de un tubérculo que se
llama arracacha. Uno coge una
arracacha grande, la pone a
cocinar con panela y con canela
en muy poca agua, cuando ve
que está cocinada la licua, esto
le va quedar una coladita, la
deja quietica y le agrega una
pucha de leche a esa coladita,
que le quede espesa en poquita
cantidad. Se hace en una olla grande, recipiente hondo, cuando esté
hirviendo le va a echar una herradura de una bestia, pero la herradura
debe estar cascada, viejita, usada de la bestia. La lava y hecha al fuego
la herradura, cuando esté bien roja, roja totalmente, la coge con algo y
la echa en esa olla que tiene con la coladita de arracacha. La deja hervir
unos cinco minutos y baja este compuesto y lo puede envasar, todos los
días toma a tarde y mañana un vasito hasta darle fin al compuesto, al
otro mes puede repetir, ya con estas dos recetas muchas personas se
han aliviado.”
56
“La arracacha también se usa mucho para hacer los caldos para una
mujer de dieta, en cambio de papa le debemos echar al caldo arraca-
cha o guineo porque es algo que es caliente, que le cae bien al orga-
nismo de las personas, sobre todo a una mujer de dieta”.

Marleny Ocampo, como su apellido lo refuerza, es una mujer que ha


encontrado en el campo, la respuesta y las alternativas para con-
trarrestar enfermedades y dolencias, también para disfrutar de una
mayor calidad de vida:

“Pues por lo general uno si brega mucho a usar las plantas medicina-
les, lo que tenemos a la mano, a veces le tenemos más fe a las plan-
tas que nuestros ancestros nos han enseñado, a las recetas para una
cosa y para la otra, ya cuando es una enfermedad que se nos sale de
las manos pues se recurre a otros métodos, pero uno principalmente,
cuando algo ocurre, mira a ver qué tiene a la mano o en su entorno
para suplir la necesidad. Para mí en el campo la vida es más alegre y
vive uno más en paz; la vida del campo es pacífica, uno vive tranqui-
lo, nadie le está acosando cuánto hizo, qué hizo, qué no hizo, ni estoy
pendiente de si me van a pagar o no me van a pagar, uno sabe que se
consigue su diario vivir con su lucha, con su trabajo, más sin embargo
vive uno sin el dominio de nadie”.

nuestros remedios
TRADICIONALES
57
Esta visión simple pero muy
práctica de la vida que nos
comparte esta mujer campe-
sina nos enseña que tal vez
sea el momento definitivo de
volver la mirada al campo, de
descubrir, conservar y aprove-
char las maravillas invaluables
que nos ofrece, y quizás, de
abandonar tantas vanidades,
ciertas comodidades y prácti-
cas de consumo desmesurado
que hoy nos tienen al borde
del colapso como sociedad.

“Para mí la tierra nos da lo que


necesitamos, la tierra produ-
ce lo que necesitamos, que
nosotros no sepamos darle el
uso debido es otra cosa, pero
la tierra nos produce muchas
ramas, incluso uno a veces que
ve que es rastrojo alguien le
dice, no, esta planta sirve para
esto o para aquello, o sea casi
todas las ramas sirven para
algo, si no que uno no tiene esa
sabiduría que tenían nuestros
ancestros de saber cada rama
para qué sirve; sin embargo,
uno sabe que hay mucha rama
me puede servir pa esto, pa
esto pero sí, uno le tiene esa fe
y nos sirve, vemos los benefi-
cios que nos traen las plantas,
la naturaleza”…
58
mujeres
HISTORIAS DE VIDA DE

CAMPESINAS

Nunca alcanzarán las páginas ni las acciones


para describir y exaltar el papel de la mujer
campesina en nuestra sociedad. Su capaci-
dad de entrega, dedicación y amor resultan
tan inabarcables que cualquier gesto de re-
conocimiento y admiración es simplemente
insuficiente.
59
No obstante, como parte de un pequeño homenaje, si se quiere, en
esta edición nos nace desde lo más profundo del alma, visibilizar algu-
nas historias de mujeres campesinas de Argelia de María y San Francis-
co; verdaderos ejemplos de vida que proyectan valores y experiencias
de las que el mundo entero debería aprender.

Para nadie es un secreto que nuestra sociedad, históricamente cons-


truida sobre una estructura patriarcal y machista ha relegado y subva-
lorado el papel de las mujeres, a pesar de que han sido ellas, las que
han sobrellevado las más difíciles situaciones desde posiciones que
las han puesto en desventaja. En la ruralidad la realidad no es distinta,
hoy, en pleno siglo 21, muchas mujeres siguen sometidas, soportan-
do abusos, desigualdad, sufriendo en silencio, viendo vulnerados sus
derechos, experimentando las más crudas injusticias, y muchas veces,
llevando solas a cuestas las obligaciones de miles de hogares y familias
desatendidas por los padres.

Las primeras en levantarse, las últimas en acostarse,una solución para


cada problema, la atención al detalle, el remedio casero, las manos
que curan, consuelan, producen, construyen, almas que encienden el
verdadero calor de hogar.

Durante la más cruda guerra que vivieron estos territorios del oriente
antioqueño ellas experimentaron pérdidas irreparables, sufrieron en
carne propia la muerte de esposos e hijos y toda clase de abusos de los
alzados en armas, muchas quedaron solas con la responsabilidad de
sacar adelante, por su propia cuenta y en medio de tantas necesida-
des, a familias numerosas.

Podríamos decir que, gracias a su fe inquebrantable y a su naturaleza


amorosa, en la actualidad, se están volviendo a construir poco a poco
los cimientos de unas comunidades campesinas muy aporreadas por
el conflicto armado y el abandono estatal que luchan por resistir y vol-
ver a ser lo que eran, a recuperar sus tejidos sociales.

Para esta edición quisimos abordar cuatro historias de vida de mujeres


campesinas, cuyos testimonios se constituyen para nosotros en refe-
rentes de dignidad. ¡A su vida y memoria!
60
R I CIA
AT D
P

UR
RI A

ÁN PÉRE
LO

Z
G

“Me encantaría que


historias de vida de el Estado me viera
MUJERES CAMPESINAS
como mujer líder”.
61
El liderazgo femenino es muy marcado en el campo a pesar de que,
generalmente, es poco reconocido o subvalorado. Cuando el conflicto
armado golpeó de la manera más atroz al oriente antioqueño muchas
mujeres perdieron a sus esposos, hijos o padres, y a raíz de ello no tu-
vieron otra opción distinta a la de asumir diversos roles dentro de sus
hogares y echarse a cuestas la responsabilidad de sacar a sus familias
adelante.

Una vez la intensidad del conflicto fue menguando el papel de las


mujeres campesinas resultó clave en la reconstrucción paulatina de los
tejidos sociales y la recuperación de las formas de vida que llevaban
las comunidades antes de la guerra.

Hoy, muchas de ellas siguen afrontando con gran “verraquera y op-


timismo” los retos que implica brindarle calidad de vida y progreso
a una familia en el campo, sus luchas, sueños, e historias de vida nos
siguen inspirando.

Por ello estuvimos hablando con Gloria Patricia Duran Pérez, del co-
rregimiento Rioverde de los Montes, la vereda Caunzal Alto, municipio
de Sonsón, oriente antioqueño, quien nos comparte sus experiencias y
visiones como mujer campesina:

62
“Lo que más valoro de ser una mujer campesina es la tranquilidad y
estar rodeada de tanta naturaleza, poder transitar libremente, ir a los
ríos, ir a jugar con mis hijas a los porteros, ir a varias partes. Como mujer
campesina me gusta mucho trabajar cogiendo café, desherbando, con
la caña, también es muy bueno trabajar en el campo porque hay mucha
libertad. No me siento menos que una mujer de ciudad porque yo adoro
el campo. Mucha gente se burla de la mujer campesina, que por el tra-
bajo que hace, no lo valoran, pero yo me siento orgullosa de ser mujer
campesina.

Me encantaría que el Estado me viera como mujer líder que da todo por
su familia en todo momento, que el Estado nos ayudara más con mu-
chos proyectos. Que tampoco nos abandone porque estas tierras son
muy lejanas, muy difícil para uno sacar lo que produce, las carreteras
muy malas, entonces me gustaría ver las carreteras mejores.

Esta zona siempre ha sido de mucho abandono, las carreteras muy


malas, no hay por dónde sacar los productos al pueblo, por ejemplo,
si trabajamos algo y no tenemos la carretera buena, pues se tiene que
perder porque no hay por dónde sacarlo, eso baja mucho los recursos
económicos para nosotros.
63
Mucha gente lo admira a uno por la forma en la que uno trabaja, mucha
gente le dice a uno: yo me le quito el sombrero porque a pesar de yo
ser hombre, usted es una mujer muy verraca. Hace unos veinte años las
mujeres no trabajaban o en lo que a mí me tocó, no porque los hombres
decían que la mujer era para estar en la casa, que cuidando los hijos,
esto y lo otro, si uno salía a trabajar era rarísimo, ya hoy en día no, las
mujeres salen a trabajar, porque si uno quiere salir adelante con sus
hijos le toca salir a rebúscarsela como dice el dicho.

No he pensado en irme a la ciudad, por el momento por acá me siento


muy bien pero si uno tiene oportunidad de irse a darle estudios a las
hijas y tiene oportunidad de trabajar por allá mejor sí, porque el cam-
po es muy duro, la verdad sí, porque uno por ejemplo en un aguacero
cogiendo por ahí café, o un sol bien bravo lo marea a uno también, me
gustaría que mis hijas estudien y salgan adelante, eso sí me encantaría,
tengo tres hijas”.

64
N DA
L A AG
YO

UD
E
LO

historias de vida de
MUJERES CAMPESINAS

¡ORGULLOSAMENTE
CAMPESINA!
65
Desde hace más de 20 años que Yolanda Agudelo llegó a San Francisco
proveniente de las remotas tierras de Palestina, jurisdicción del muni-
cipio de Sonsón.

Su esencia es neta y orgullosamente campesina y así lo demuestra a


cabalidad, pues pasa la mayor parte de su día, entre jornada y jorna-
da, dedicada a los quehaceres en su parcela en la que produce pollos,
cerdos, peces, cultiva café, limón, plátano, yuca y cacao, y además,
participa activamente en los convites de su vereda.

Considera y sobre todo, demuestra, que la mujer puede tener las mis-
mas condiciones que el hombre para ejercer las labores en el campo
pero cree que tal vez ese papel no ha sido tan valorado y reconocido.

Y en realidad a Yolanda no le queda grande nada, pues en su menta-


lidad nunca está el recibir sino más bien el producir, y esta forma de
pensar, en buena medida, la desarrolló desde muy niña, porque tuvo
que sobreponerse a las dificultades y a los retos que le puso la vida
desde muy temprano.

66
Recuerda que su infancia fue luchada y sufrida:

“Mis papás eran muy pobres. Ya estando yo muy grande, de 13 años,


todavía no tenía el primer par de zapatos, era a pie pelao. Yo hacía lo
que ellos hacían, coger cogollos de palma para hacer escobas y luego
iban y las vendían. Un día le dije a mi papá, lo que logre sacar hoy lo
voy a dejar pa´ mí, para ver si me compro unos zapatos. Y así empe-
cé, me compré mis primeros zapatos, luego una cobija, después me
fui haciendo a las cositas de la cocina porque uno no mantenía casi
nada, también le compré unos zapatos a mi hermanito y bregaba a
darle cualquier cosita a mi mamá”.

Poco a poco sus necesidades se fueron convirtiendo en oportuni-


dades y siempre ha tenido como propósito salir adelante al lado de
su familia. Yolanda es partidaria que no se debe depender de nadie
para conseguir “las cositas que uno anhela” y hoy ve como su fin-
quita y sus proyectos productivos van creciendo progresivamente,
impulsados por su espíritu y su actitud:

“Yo trabajaré duro mientras mi Diosito me tenga con vida, dejaré de


trabajar el día que él me lleve…”.

“Toda la vida no va a ser gloria, el día se llega que toca asolearse o


empeluzarse, uno no puede quedarse esperando a que le traigan o le
den….”.
67
Y S HU R
TA
D

D
A

O
GL

L Ó P EZ

“Sueño con otras


oportunidades,
para mis hijos…”
historias de vida de
MUJERES CAMPESINAS
68
Definitivamente la vida nunca es igual para todos, hay quienes vienen
al mundo llenos de posibilidades y otros que desde muy temprana
edad deben enfrentarse a las más duras pruebas y sacrificios para
sobrevivir. Ese es precisamente el caso de Maria Gladys Hurtado López,
habitante de la vereda El Zancudo del municipio de Argelia de María y
madre de 7 hijos, quien ha tenido que encarar múltiples adversidades
que despiertan una mezcla de admiración, tristeza e indignación; por
un lado, por la valentía y entereza con la que ha asumido sus luchas,
y por el otro, por esa brecha que lamentablemente, en pleno siglo 21,
sigue existiendo entre hombres y mujeres, por la inequidad y la falta
de oportunidades muy marcadas en las zonas rurales y por las conse-
cuencias irreparables que dejó el conflicto armado en familias y comu-
nidades enteras.

Aquí algunos fragmentos de su vida, que nos enenseñan pero que tam-
bién nos ponen a reflexionar ¿cómo podemos aportar para que estas
realidades se transformen positivamente?

69
“Mi vida es trabajar para poderme conseguir la comidita, tengo que es-
tar por ahí jornaleando, trabajo por ahí dos o tres diitas desde que resul-
te trabajito; trabajo para poder mercar y pagar la luz por ahí cogiendo
café y demás labores que resulten y por la tarde venir a hacer la comida.
A veces subo también a desyerbar de vez en cuando, porque ahora he
estado muy enferma, entonces no puedo trabajar mucho.
A los hombres normalmente les pagan 35 mil, 40 mil o hasta 50 mil por
un jornal, en cambio a nosotras las mujeres no, 25 mil o hasta 10 mil
porque dizque uno no trabaja lo mismo que un hombre, eso siempre a
unos les pagan más que a otros y eso no me parece justo, debería ser
por parejo.

Yo sufrí mucho para levantar esos niños, soy madre de 7 hijos. Es duro
porque le toca a uno trabajar y de ahí venir a hacer la comida. Cuando
estoy en la casa me levanto y lavo la ropa, lo que haya que hacer en la
cocina, trapeo y ya me voy a coger café, también abono cuando hay
trabajo para abonar, pero ahora como me encuentro de enferma ya no
me provoca ni trabajar.

Y hay veces no consigue uno ni con qué mercar, ya le toca a uno hasta
sufrir y aguantar hambre porque al no resultar trabajo no hay nada y la
familia diciendo; deme pues la comida, y si no hay, eso es muy duro.
Yo vivo en una zona de alto riesgo. El Estado con lo que me ayudó fue
no más con una piecesita, porque yo tenía mi finca, con la guerra me
tocó dejarla y no me respondieron por ella, una pieza fue todo lo que me
dieron.

Sueño con otras oportunida-


des, para mis hijos que tengan
otra vida, otro futuro mejor,
con un trabajo a la sombra
porque el trabajo material es
muy duro, uno asoleándose y
mojándose a toda hora. A mí
no me dieron estudio y es muy
importante porque mire que yo
no sé ni firmarme y eso es muy
duro”.
70
historias de vida de
MUJERES CAMPESINAS

D OÑ
A

C
EL
SI TA:
SABIDURÍA ANCESTRAL
QUE INSPIRA
Escuchar hablar a doña Celsa María Aizales, más nombrada de cariño
doña “Celsita”, resulta toda una cátedra para la vida que probablemen-
te nunca tenga lugar en ningún colegio o universidad.

“Celsita” es una mezcla de sabiduría ancestral, conocimiento profundo


de la naturaleza, de las plantas medicinales, las prácticas agrícolas
propias de la región, el cuidado y la cría de animales domésticos, pero
sobre todo, de los valores humanos que hacen grandes a las personas.
71
Ella nació muy adentro en
las mágicas montañas del
oriente antioqueño, en los
límites entre Cocorná y San
Francisco. Vino al mundo
en manos de una partera
tradicional, ignorando tal
vez que cuando llegase a la
edad de 18 años también se
convertiría en una, gracias
al legado que heredó de su
madre.

Hoy, a sus 85 años, ya perdió la


cuenta de cuántos bebés pu-
dieron haber llegado al mundo
a través de sus mágicas manos:
“Vea, yo partera desde la edad de
18 años y vaya si yo -mijo querido
-se me ha muerto un niño o una
señora en mis manos”.

Recuerda una infancia “muy


dichosa”, una época muy pa-
cífica pero en la que nada era
fácil. Desde muy niña le tocaba
trabajar duro en los quehaceres
del hogar y en su memoria aún
conserva las historias de aque-
llos tiempos en los que el maíz
abundaba por estas tierras, y
ella, muy pequeña aún, junto
con sus hermanas se iba monte
adentro a llevarles comida a los
peones que trabajaban en las
rozas:

72
“A nosotros nos tocó una vida luchándola fuertemente desde muy pe-
queñas. Colgábamos en una vara mijo ollas, galones, tarros, calabazos,
llenos de claro y estopas llenas de comida para ir a llevarles a toda esa
gente, y no se nos daba nada. En tiempo de chócolo yo cogía mijo un ca-
nasto de esos cogedores, me lo terciaba, echaba una máquina, un galón
mazamorrero, una batea, el maquín, una olla, el machete y arrancaba
pa’ la roza. Allá pegaba la máquina en dos troncos, donde hubiera for-
ma y me decía a moler el chócolo que ellos mismos cogían, hacía bollos
de chócolo y panochas allá mismo, le daba a los trabajadores y ensegui-
da traía también pa’ la casa”.
Fue un tiempo muy feliz para doña
“Celsita” en el que según dice nunca
se sintió aburrida a pesar de tanto
trabajo. Pero esa felicidad no fue
eterna y todo cambió drásticamen-
te con la llegada de los armados al
territorio, que vinieron para arreba-
tarle lo más preciado para ella, su
familia y su tranquilidad:

“Hoy en día todo es como con un


miedo ¿Por qué? Porque nos dejó
aterrados la guerra, ¡La guerra nos
dejó asustados! Y grabado lo que nos
pasó en el corazón. Usted está soñan-
do que una madre así como me tocó
a mí, que me mataron tres hijos no
va a quedar uno asustado y verme yo
como me vi aquí. Yo le pido a Dios que
a ninguna madre le toque un fracaso
tan grande como el que me tocó a
mí”.

Y es que para doña “Celsita” no ha habido en su vida prueba más


dura que ésta. Ni las largas jornadas de trabajo en el campo pudieron
doblegar su espíritu como lo hizo la guerra y la pérdida de sus seres
queridos.
73
historias de vida de
MUJERES CAMPESINAS

Tal vez, después de tanto sufrimiento, uno podría pensar que esta
abuela de las montañas guarda en su corazón algo de odio y venganza,
pero no. Hay tanta sabiduría en su alma que realmente sorprende. A
pesar de las marcas dolorosas y de los recuerdos imborrables, en sus
palabras y su forma de vivir sólo existe bondad y amor:

“Si no perdonara no le pedía en el Santo Rosario a la Virgen, perdónale


señor al que me mató a mi hijo que no supo lo que hizo. Uno perdona
para uno mismo, para uno poder vivir mejor y dormir tranquilo”.

Y es que “Celsita” reconoce enérgicamente que de no haber sido por su


fe en Dios, para ella hubiese sido imposible superar tantas amarguras.
Lo de ella es una espiritualidad profunda llevada a la práctica y con
tal autoridad que hasta los más incrédulos, dudarían en cuestionar lo
que su convicción en lo divino le ayudó a afrontar. Por ello si existe una
maestra de la vida es “Celsita”.

“Pídale con fe uno a Dios nuestro señor y a la Santísima Virgen que uno
vive es dichoso, en cuando se halle enfermo, no vive aburrido, porque yo
vivo muy enferma, pero vivo contenta…”.
74
Podría uno pasarse los días enteros hablando con “Celsita” o más
bien estudiando y ella le contaría con pelos y señales para qué sirven
y cómo se usan una amplia cantidad de plantas silvestres que crecen
a su alrededor, y aunque su saber ancestral sobre el entorno no tiene
precio, son sus visiones sobre la vida, representadas en valores genui-
nos, los que más inspiran:

“Qué alegría de que nos reconociéramos todo mundo, de que nos amá-
ramos los unos a los otros. Lo que un hogar necesita para vivir bueno es
que haiga amor y respeto”.

Si quisiéramos, escribiríamos un libro completo sobre la vida, las expe-


riencias, los saberes y las enseñanzas de “Celsita”.

75
Por el momento, en esta edición de MEMORIA Y TERRITORIO: EN BÚS-
QUEDA DE LO QUE SOMOS… Nos inspiramos en estos cortos pero pro-
fundos fragmentos de su vida para ofrecer un pequeño homenaje a sus
luchas, dolores, sacrificios y grandes virtudes que la han convertido en
un ser humano excepcional y en una mujer referente en estas tierras;
por eso, si usted va por las calles o los caminos de San Francisco, se
topa con ella y le ofrece su bendición, nunca dude que lo acompañarán
una fuerza y una energía poderosas que provienen de lo más noble de
su corazón…

¡GRATITUD ETERNA CELSITA,


TODO NUESTRO RESPETO Y ADMIRACIÓN!
76
77

También podría gustarte