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Magnetismo Animal y Mesmerismo

El documento resume la vida y contribuciones de Franz Mesmer y Jose Custodio de Faria al campo del magnetismo y la hipnosis. Mesmer desarrolló la teoría del "magnetismo animal" y creó las "cubas de la salud" para transferir este fluido magnético a los pacientes. Sin embargo, una comisión real concluyó que el "fluido magnético" no existía y que las curas eran resultado de la imaginación. Faria, como religioso, buscó explicaciones alternativas y concluyó que el fenómeno se debía a
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Magnetismo Animal y Mesmerismo

El documento resume la vida y contribuciones de Franz Mesmer y Jose Custodio de Faria al campo del magnetismo y la hipnosis. Mesmer desarrolló la teoría del "magnetismo animal" y creó las "cubas de la salud" para transferir este fluido magnético a los pacientes. Sin embargo, una comisión real concluyó que el "fluido magnético" no existía y que las curas eran resultado de la imaginación. Faria, como religioso, buscó explicaciones alternativas y concluyó que el fenómeno se debía a
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Alumno: Rogger Alexis Choque Huamani

MAGNETISMO

FRANZ ANTON MESMER

Nació en mayo de 1734 en Radolfzell, Suabia, estudió teología, se graduó como doctor en
filosofía, siguió cursos de derecho en Viena y por último estudió medicina, en 1764 a los 30
años, obtuvo su título de médico, y gracias a sus dotes persuasivos se casó con una viuda
mayor que él y muy rica que poseía un palacio con espléndidos jardines, piscina de
mármol, estatuas y un pequeño teatro en las afueras de Viena, no abrió consultorio, era un
concertista y en su casa hasta el mismo Mozart acudía con frecuencia a animar las
reuniones que él organizaba.

Mesmer desarrolló sus ideas del “magnetismo animal” a partir de su trabajo inicial
expuesto en su tesis doctoral de 1766. Intentó poner de acuerdo los principios científicos de
Newton y Descartes, entrelazándolos con la vieja astrología de Helmont y Paracelso.
Defendió la idea de un fluido magnético universal, reformulando bajo su interpretación las
ideas de Newton sobre el “éter” y la gravitación. “Se mueve con la máxima celeridad, actúa
a distancia, se refleja y refracta, como la luz; es inactivado por algunos cuerpos y cura
directamente las enfermedades nerviosas e indirectamente todas las restantes” (López
Piñero, 2002).

MAGNETISMO ANIMAL

El magnetismo animal es definido por Mesmer como: “El magnetismo animal no es en


modo alguno lo que los médicos creen: un remedio misterioso. Es una ciencia que tiene sus
principios, consecuencias y reglas… El magnetismo animal podría convertirse en una
moda: cada cual querría brillar con ello y sacar del hecho más o menos de lo que hay en
realidad. Se haría mal uso de esta propiedad, haciendo que a la postre degenerase en un
problema cuya solución quedaría relegada tal vez a los siglos venideros”

Toda su fama comenzó en 1774 cuando conoció el caso de una dama inglesa que
presentaba calambres de estómago que se quitaban al aplicarse un hierro imantado, Mesmer
recordaba que Paracelso llamó al imán el ‘‘monarca de todos los misterios’’, así como atrae
limaduras de hierro, podría extraer enfermedades del cuerpo, por lo que Paracelso pensaba
que el imán podía ser más valioso que cuanto enseñaron en vida Galeno y sus discípulos.

Mesmer afirmaba que los seres vivos tenemos un fluido invisible, el magnetismo animal,
que permite el funcionamiento nervioso y cuyo desequilibrio puede provocar muchas
enfermedades; por tanto, el método para curarlas debía consistir en la manipulación del
magnetismo.

Así, Mesmer empezó a usar imanes con el propósito de modificar la concentración de


magnetismo animal en las partes del cuerpo afectadas. Concretamente, creía que podía
transferir esta energía de su cuerpo, donde abundaba, al de sus pacientes.

Mesmer estaba convencido de que la fuerza magnética podía ser transmitida mediante
conducciones, embotellada y concentrada en acumuladores (como si fuera energía
eléctrica), de manera que creó las famosas “cubas de la salud”, un recipiente de madera
tapado, en el que dos hileras de botellas llenas de agua magnetizada corrían convergentes a
una barra de acero provista de puntas conductoras movibles, de las que el paciente podía
aplicarse algunas en la región dolorida. Una vez construida esta especie de “batería
magnética” (Zweig, 1932), Mesmer situaba a sus pacientes alrededor de ella, en contacto
unos con otros a través de la punta de los dedos, formando una especie de cadena. Lo que
Mesmer quería comprobar era que, al transmitirse el magnetismo animal a través de varios
organismos, la corriente aumentaba. Es importante notar el parecido de este “ritual” con las
sesiones de espiritismo, que sólo unos años después se pondrían tan de moda en la nobleza
europea y que tanto mal harían al mesmerismo (como estrategia de terapia) al meterles en
el mismo saco de charlatanería y superchería.
Ante la clínica magnética de Mesmer, había multitud de carrozas y cabriolets de la nobleza
desde primeras horas de la mañana hasta el anochecer. Mesmer atendía con la apariencia de
un mago con una larga bata de seda lila con bordados zodiacales, el maestro comienza a
rozar por encima de los cuerpos con su vara magnética y los pacientes comienzan a tocarse
de las manos y los muslos, el maestro se retira y se pone a tocar música y comienzan los
pacientes a presentar la acción del ‘‘magnetismo’’, presentan convulsiones, se retuercen en
el suelo, lloran, gritan, etc. Termina la música, se corren las cortinas y la luz y los pacientes
recobran poco a poco su aspecto normal.

El inicio del fin se presentó en el caso de Marie Theresia Paradies era una joven de noble
talento, que desde la edad de cuatro años y a causa de la parálisis del nervio óptico, sufría
una ceguera incurable. Era todo un reto para la terapéutica de Mesmer, quien se convirtió
en su última opción. Mesmer diagnosticó una conmoción general del sistema nervioso y
consideró que podía resolverlo con su método (Zweig, 1932). Después de un lento
tratamiento, Mesmer sostuvo que le había devuelto la vista a la joven, pero los médicos
oftalmólogos que hasta entonces la habían atendido, negaron toda supuesta mejoría,
calificándola de fantasía y embuste.

El rey Luís XVI era enemigo de agitaciones y desasosiegos, así que decidió ordenar, en
marzo de 1784, que la comisión de médicos y la academia crearan una comisión especial
que estudiara el magnetismo animal y sus consecuencias. De esta forma, se creó la
“Comisión” más imponente que habría podido nombrarse, con figuras de primera línea del
mundo académico, como el Dr. Guillotin (célebre por inventar la cura que en un segundo
acaba con todas las enfermedades terrenales: la guillotina); Benjamín Franklin, inventor del
pararrayos; el señor Baily, astrónomo, más tarde alcalde de París, y Jussieu, célebre
botánico.

La “Comisión” estudió el método de Mesmer en busca del fluido magnético animal y su


fatídico dictamen fue que éste no existía y, por lo tanto, tal terapéutica era inútil, y acaso los
accesos catárticos violentos de los pacientes podrían producir problemas a largo plazo sobre
su salud. De esta forma, concluyeron que todo el proceso de sanación era producto de la
imaginación y la fantasía
JOSE CUSTODIO DE FARIA (ABATE FARIA)

Nace en Candolim de Bardes (cerca de Goa en la antigua India portuguesa), el 31 de mayo


de 1756. Hijo de padre religioso que adopta lo hábitos para completar los estudios que
había interrumpido para contraer matrimonio, y de madre monja en el convento de Santa
Mónica, hacen grandes esfuerzos para darle a su hijo nobles estudios.

Sus estudios comienzan a los quince años en Lisboa, de carácter eclesiástico, hasta que
consiguen enviarle a Roma para obtener un doctorado en teología, donde logró
inmejorables relaciones, como se pone de manifiesto en su tesis doctoral que dedica a la
reina Maria I de Portugal, y sus trabajos que con mucha frecuencia dedica al propio papa, a
quien consigue impresionar, siendo invitado a dar un sermón en la capilla sextina que el
pontícipe seguía con interés.

HIPNOTISMO - SUGESTIÓN
El magnetismo rápidamente suscita el interés de Jose Custodio de Faria, como religioso
abnegado, veía en él una oportunidad de ayudar a pobres y desamparados incapaces de
acceder a las atenciones médicas de la época. Sin embargo, sus fuertes convicciones
religiosas le hacían muy difícil conceder crédito a las curaciones al “fluido magnético”, ya
que según lo entendía, tal cosa no podía ser voluntad de Dios.

Como religioso ilustrado, de ideología renovadora, busca mejores explicaciones al


fenómeno, labor que le ocupa años, para finalmente concluir que “fluido magnético” en
realidad se trataba de “concentración” (como por entonces se denominaba a la focalización
atencional), que se produciría a través de un “sueño artificial o lúcido” que no dependía
tanto de la habilidad de quien lo realiza, sino de la predisposición de quien lo recibe,
llegando incluso a describir sus posibles aplicaciones analgésicas.

En 1813 imparte un curso sobre el “sueño lúcido”, que consistía básicamente en dar la
orden (palabra literal) ¡dormid! a sujetos en los cuales previamente había pedido que
“concentrasen la atención en su mirada”. Estas mismas expresiones literales y modos de
actuación, se han venido utilizando en hipnosis hasta Clark Hull con su hipnosis directa o
conductista, lo que supone más de un siglo de vigencia.

Como se puede fácilmente deducir, tal adelanto en el conocimiento y la deducción empírica


facilitan que rápidamente le declaren como enemigo del mesmerismo, dada su oposición al
“fluido magnético” y tampoco fue entendido en absoluto por la medicina oficial, aún muy
distante de desarrollar una psiquiatría y neurología avanzadas. Obviamente la psicología ni
existía, ni estaba próxima, o peor aún, en la medicina contemporánea a José Custodio de
Faria se entendía la interacción mente-cuerpo como una idea absurda y sin sentido
anatómico.

Diversos personajes han resaltado el papel de Faria, al señalar que aquel hizo depender la
respuesta al sueño lúcido - hipnosis - del grado de habilidad de una persona para
experimentar el fenómeno, en combinación con las exigencias contextuales de la situación,
así como con las creencias, expectativas y motivaciones del individuo (Laurence y Perry,
1988; Nadon, Breton, Perry y Laurence, 1991; Perry, 1978). Probablemente por ello, el
Abate Faria puede ser considerado como uno de los primeros precursores de las modernas
concepciones sobre la hipnosis.
Moniz recoge un extracto de las técnicas aplicadas por Faria en el proceso de la hipnosis,
en donde se pueden observar algunos de estos aspectos:“Primero elijo aquellos que tienen
disposición adquirida para la concentración ocasional (hipnosis) y luego de hacerlos
sentar en un asiento cómodo, pronuncio enérgicamente la palabra ¡duerma! También
suelo mostrarles mi mano abierta a cierta distancia, recomendándoles que la miren
fijamente, sin cambiar la mirada y evitando el pestañeo. En el primer caso, les invito a
cerrar los ojos y les advierto que en cuanto los intime a dormir, sentirán un temblor en sus
miembros y se dormirán. Esta sacudida es una prueba cierta de tranco abandono a la
concentración (hipnosis). En el segundo caso, me fijo que no pestañeen y les aproximo mi
mano abierta desde cierta distancia. Si observo que no cierra los ojos, les someto en
seguida a otra prueba. Pero antes de preparar a los nuevos epoptas (sujetos muy
sugestionables), tomo la precaución de hacerlos dormir en mis sesiones ante otros epoptas
ya habituados al sueño. El fin de esta medida no es sino facilitar el sueño a aquellos que
ya poseen disposiciones adquiridas. Pero si este procedimiento no da los efectos
esperados, a las personas aptas les toco la coronilla, el hueso frontal y la base de la nariz,
el diafragme y el corazón, rodillas y dedos de los pies. Demuestra la experiencia que, una
ligera presión en tales partes, donde la sangre es extraordinariamente líquida, provoca
casi siempre una concentración suficiente para la abstracción de los sentidos, con tal que
no haya oposición voluntaria o falta de entendimiento”. (Moniz, 1960, págs. 82-83).

Jose Custodio de Faria plantea que existen diferencias en el comportamiento hipnótico en


relación con la sugestionabilidad, adelantándose así a los planteamientos de Bernheim y la
Escuela de Nancy; plantea que la producción de la hipnosis se lleva a cabo a través de un
proceso de concentración y la administración de instrucciones directivas, adelantándose a
las tesis de James Braid. Aunque Faria no llegó a crear escuela, si influyó en toda una línea
de autores que mantuvieron, desde entonces, una visión más psicologicista.

Abate Faria fue incomprendido y rechazado por ambas partes (era objeto de las burlas de
los adeptos al “fluido magnético”, como sería el caso de Jules Vernet, quien intenta clara y
abiertamente de ridiculizarle en su obra “La magnetisomanía” llamándole Abate
“soporino”, y tampoco encuentra el amparo deseado entre la comunidad médica), como
suele suceder en todos los avanzados a su tiempo.
A partir de entonces José Custódio de Faria, decepcionado con la condición de los hombres,
decide retirarse de la vida pública, exiliándose en un humilde puesto de capellán. Emplea su
tiempo en la redacción de un voluminoso tratado en el que expone sus teorías “De la cause
du sommeil lucide ou étude de la nature de l’homme”, compuesto por cuatro tomos, de los
cuales, sólo el primero llegó a publicarse.

BIBLIOGRAFÍA

 Héctor González Ordi, Sugestionabilidad e hipnosis: aspectos cognitivo-subjetivos


y psicofisiológicos, España 1999. Disponible en:
[Link]
 Las técnicas de actuación: del magnetismo al hipnotismo. Disponible en:
[Link]
clave=cVaCharcot&pag=12
 H.L. Ocaña Servín, H.M. Tlatoa Ramírez y J. Bermeo Méndez. El fluido magnético
de Mesmer. Disponible en: [Link]
investigacion-353-linkresolver-el-fluido-magnetico-mesmer-S2214310615000230.
 Claudio Becerro de Bengoa-Callau. La medicina en la época de la ilustración.
Disponible en: [Link]
epoca-de-la-ilustracion-por-claudio-becerro-de-bengoa-callau/

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