Se conoce como polea a una máquina simple diseñada para transmitir fuerza y operar
como un mecanismo de tracción, reduciendo la cantidad de fuerza necesaria para
mover o suspender en el aire un peso. Consiste en una rueda que gira sobre un eje
central y provista de un canal en su periferia por donde pasa una cuerda.
La polea puede definirse además como el punto de apoyo de una cuerda que se mueve
en torno a él sin darle una vuelta completa; tal es la definición del científico
francés Hatón de la Goupillière. Así, en uno de los extremos de dicha cuerda actúa
una resistencia o peso, mientras en la otra una potencia o fuerza.
El uso de poleas es muy frecuente en los ámbitos de la construcción, la carga o
descarga de vehículos y muchos otros, en los que se requiere de un sistema para
movilizar grandes pesos con una fuerza considerablemente menor.
Por ejemplo, el mecanismo diseñado para extraer agua de un pozo profundo, tan común
en películas y el imaginario medieval, consiste en un cubo atado a una cuerda que
pasa a través de una polea. Así, al tirar del extremo libre, se puede hacer subir
el cubo lleno de agua (y considerablemente pesado) hasta el borde del pozo.