Época Helenística
Época Helenística
Período helenístico
Se denomina período helenístico o helenismo o
periodo alejandrino (por Alejandro Magno) a
una etapa histórica de la Antigüedad cuyos
límites cronológicos vienen marcados por dos
importantes acontecimientos políticos: la muerte
de Alejandro Magno (323 a. C.) y el suicidio de
la última soberana helenística, Cleopatra VII de
Egipto, y su amante Marco Antonio, tras su
derrota en la batalla de Accio (30 a. C.). Es la
herencia de la cultura helénica de la Grecia
clásica que recibe el mundo griego a través de la
hegemonía y supremacía de Macedonia, primero
con la persona de Alejandro Magno y después de
su muerte con los diádocos (διάδοχοι) o
sucesores, los reyes de las tres grandes dinastías
e imperios: Ptolemaica, Seléucida y Antigónida.
Estos soberanos supieron conservar y alentar el Estatua de un guerrero gálata del período helenístico, perteneciente a la
espíritu griego tanto en las artes como en las escuela de Pérgamo (ca. 100 a. C.).
ciencias. Entre la gente culta y de la aristocracia
«lo griego» era lo importante y en este concepto educaban a sus hijos. El resto de la población de estos reinos tan
dispares (Egipto, Siria, Macedonia) no participaba del helenismo y continuaba con sus costumbres, su lengua y sus
religiones. Las ciudades-estado griegas (Atenas, Esparta, Tebas…) habían llegado al declive y habían sido
sustituidas en importancia por las ciudades modernas de Alejandría, Pérgamo y Antioquía, cuyo urbanismo y
construcción no tenían nada que ver con las anteriores. En todas ellas se hablaba la lengua griega, en la variante
llamada koiné (κoινή), que es un adjetivo griego que significa «común». Vale decir, la lengua común o panhelénica,
principal vehículo de cultura.
Es considerado como un período de transición entre el declive de la época clásica griega y el ascenso del poder
romano. Sin embargo, el esplendor de ciudades como Alejandría, Antioquía o Pérgamo, la importancia de los
cambios económicos, el mestizaje cultural y el papel dominante del idioma griego y su difusión son factores que
modificaron profundamente el Oriente Medio antiguo en esta etapa. Esta herencia cultural será asimilada por el
mundo romano, surgiendo así con la fusión de estas dos culturas lo que se conoce como «cultura clásica»,
fundamento de la civilización occidental.
El término «helenístico» fue utilizado por primera vez por el historiador alemán Johann Gustav Droysen en
Geschichte des Hellenismus (1836 y 1843), a partir de un criterio lingüístico y cultural, es decir, la difusión de la
cultura propia de las regiones en las que se hablaba el griego (ἑλληνίζειν – hellênizein), o directamente relacionadas
con la Hélade a través del propio idioma, un fenómeno alentado por las clases gobernantes de origen heleno de
aquellos territorios que nunca tuvieron relación directa con Grecia, como pudo ser el caso de Egipto, Bactriana o los
territorios del Imperio seléucida. Este proceso de helenización de los pueblos orientales, y la fusión o asimilación de
rasgos culturales orientales y griegos, tuvo continuidad, como se ha mencionado, bajo el Imperio romano.
Los trabajos arqueológicos e históricos recientes conducen a la revalorización de este período y, en particular, a dos
aspectos característicos de la época: la importancia de los grandes reinos dirigidos por las dinastías de origen griego
o macedónico (Lágidas, Seléucidas, Antigónidas, Atálidas, etc.), unida al cometido determinante de decenas de
ciudades cuya importancia fue mayor que la idea comúnmente aceptada durante mucho tiempo.
Período helenístico 2
La conquista de Alejandro
En el año 336 a. C., a los 20 años de edad, el
hijo de Filipo II fue proclamado rey de
Macedonia como Alejandro III, siendo
reconocido como el gobernante de toda la
Hélade tras su aplastante victoria sobre
Tebas dos años más tarde. Durante su breve
reinado, que duró apenas 13 años hasta el
323 a. C., realizó la conquista más rápida y
espectacular de toda la Antigüedad. El
pequeño reino balcánico, en alianza con El mundo helenístico a la muerte de Alejandro Magno.
algunas polis griegas, se convirtió
inesperadamente en el imperio más grande de la época, tras sojuzgar al Imperio persa de Darío III. Este soberano
aqueménida fue derrotado en cuatro años (334–330) tras tres batallas: en el río Gránico, en Issos y en la llanura de
Gaugamela. Durante los tres años siguientes (hasta el 327 a. C.) Alejandro se dedicó a la lenta y difícil conquista de
las satrapías de Asia Central, además de asegurar, en el 325 a. C., la dominación macedónica en el valle del río Indo.
En ese momento Alejandro, presionado por sus agotadas tropas, hubo de renunciar a proseguir con su epopeya,
regresando a lo que se había convertido en el núcleo de su imperio, Mesopotamia. En ese momento sus dominios se
extendían desde el Danubio al Indo y desde Egipto hasta el Sir Daria.
A fin de asegurar su poder en todo el territorio, trató de asociar la clase dirigente del antiguo Imperio aqueménida a
la estructura administrativa de Macedonia. Intentó crear una monarquía que asumiera, a la vez, la herencia
macedónica y griega y, por otro, la herencia persa y, en términos generales, la asiática. La muerte inesperada del rey,
víctima probablemente de la malaria a la edad de 32 años, puso fin a esta tentativa original, que fue muy criticada
por el entorno macedónico del soberano.
Período helenístico 3
Sin embargo, Antígono y su hijo Demetrio fueron quienes más lucharon por restablecer el Imperio macedónico,
llegando a controlar Anatolia y el Levante mediterráneo antes de ser derrotados por una coalición del resto de los
diádocos (excepto Ptolomeo) en la batalla de Ipso (301 a. C.). Muerto Antígono, Demetrio huyó a Europa, donde
consiguió apoderarse temporalmente de Macedonia, antes de ser derrotado y terminar sus días miserablemente como
prisionero de Seleuco. El hijo mayor de Ptolomeo I, Ptolomeo Cerauno, fue expulsado de Egipto por su padre,
refugiándose en casa de su cuñado Lisímaco en Tracia, y apoderándose de su reino y de Macedonia, tras lo cual llegó
a asesinar a Seleuco, que se enfrentaba a él. El Medio Oriente estaba, por tanto, dominado por las ambiciones de
estos generales, que con presteza se coronaban reyes, apoyados por sus tropas, constituidas generalmente por
mercenarios griegos y macedonios.
Es preciso añadir además las confederaciones de ciudades que se oponían a los intereses de otros reinos mayores,
especialmente a Macedonia, como fueron la Liga Aquea y la Liga Etolia, que desempeñaron un importante papel en
la zona egea hasta la conquista romana. Algunas de estas ciudades llegaron incluso a preservar completamente su
independencia y a mantener relaciones en pie de igualdad con los reinos helenísticos, como es el caso de Rodas.
La monarquía helenística
La monarquía helenística era personal, lo cual significaba que podía llegar a ser soberano cualquiera que, por medio
de su conducta, sus méritos o sus acciones militares, pudiese aspirar al título de basileus. En consecuencia, la
victoria militar era, la mayoría de las veces, el acto que legitimaba el acceso al trono, permitiendo así reinar sobre
una provincia o un estado. Seleuco I utilizó la ocupación de Babilonia en 312 a. C. para legitimar su presencia en
Mesopotamia, o su victoria en 281 a. C. sobre Lisímaco para justificar sus reivindicaciones sobre el Bósforo y
Tracia. Asimismo, los reyes de Bitinia sacaron provecho de la victoria en 277 a. C. de Nicomedes I sobre los gálatas
para afirmar sus pretensiones territoriales.
Esta monarquía personal no tenía reglas de sucesión precisas, por lo cual eran frecuentes querellas incesantes y
asesinatos entre los muchos aspirantes. Tampoco existían leyes fundamentales ni textos que determinaran los
poderes del soberano, sino que era el propio soberano quien determinaba el alcance de su poder. Este carácter
absoluto y personal era, a la vez, la fuerza y la debilidad de estas monarquías helenísticas, en función de las
características y la personalidad del soberano. Por tanto, fue necesario crear ideologías que justificaran la
dominación de las dinastías de origen macedonio y de cultura griega sobre los pueblos totalmente ignorantes de esta
civilización. Los lágidas pasaron, de este modo, a ser faraones ante los egipcios y tenían derecho a aliarse con el
clero autóctono, otorgando espléndidas donaciones a los templos.
En cuanto a los pueblos de origen griego y macedónico que también gobernaban, los soberanos helenísticos debían
mostrar la imagen de un rey justo, que asegurase la paz y el bienestar de sus pueblos, existiendo así la noción de
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evergetes, el rey como benefactor de sus súbditos. Una de las consecuencias, acaecida ya en el reinado de Alejandro
Magno, fue la divinización del soberano, a quien rendían honores los súbditos y las ciudades autónomas o
independientes que habían sido favorecidas por el rey, lo que permitió reforzar la cohesión de cada reino en torno a
la dinastía reinante.
La fragilidad del poder de los soberanos helenísticos les obligaba a una incesante actividad. En primer lugar era
necesario vencer militarmente a sus adversarios, por lo que el periodo se caracterizó por una serie de conflictos entre
los propios soberanos helenísticos o contra otros adversarios exteriores, como los partos o la incipiente Roma. Los
soberanos se veían obligados a viajar constantemente a fin de instalar guarniciones, a la vez que erigían ciudades que
controlasen mejor las divisiones administrativas de sus reinos, siendo sin duda Antíoco III el monarca helenístico
que más viajó entre Grecia, Siria, Egipto, Mesopotamia, Persia y las fronteras de India y Asia Menor, antes de morir
cerca de la ciudad de Susa en 187 a. C. A fin de mantener sus armadas y financiar la construcción de las ciudades,
fue indispensable que los soberanos desarrollaran una sólida administración y fiscalidad. Los reinos helenísticos se
convirtieron así en gigantescas estructuras de explotación fiscal, erigiéndose en herederos directos del Imperio
Aqueménida. Este trabajo agotador, al que se unían las incesantes quejas y recriminaciones (ya que el rey era
también juez para sus súbditos) hicieron exclamar a Seleuco I:
Si las gentes supieran cuánto trabajo conlleva el escribir y leer todas las cartas, nadie querría ocupar una
diadema, aunque se arrastrara por el suelo.
Plutarco, Moralia, «Si la política es el quehacer de los ancianos», II
Alrededor de estos soberanos gravitaba una corte en la que el cometido de los favoritos se volvió gradualmente
preponderante. Por regla general, eran los griegos y los macedonios los que casi siempre ocuparon el título de
amigos del rey (philoi). El deseo de Alejandro Magno de asociar las elites asiáticas al poder fue abandonado, por lo
que esta dominación política greco-macedónica adquirió, en muchos aspectos, la apariencia de una dominación
colonial. Para conseguir unos colaboradores fieles y eficaces, el rey tenía que enriquecerlos con donaciones y
dominios pertenecientes al dominio real, lo cual no impidió que algunos favoritos mantuvieran una dudosa fidelidad,
y en ocasiones, especialmente en caso de una minoría de edad real, ejercer efectivamente el poder. Son los casos de
Hermias, del que Antíoco III no pudo deshacerse fácilmente, o Sosibios en Egipto, al que Polibio achacó una
reputación siniestra.
Estos reyes disponían de un poder absoluto, pero estaban sometidos a múltiples obligaciones, como asegurar sus
fronteras, vencer a sus enemigos y poner a prueba su naturaleza real por medio de su comportamiento, legitimando
su función por la divinización de su persona. En la época clásica, el modelo de la monarquía, rechazada por los
filósofos griegos, era asiático; en la época helenística era griego.
Culto al rey
La monarquía helenística se apoyó en una aristocracia creada por el propio rey y desarrolló un carácter
especialmente cosmopolita, muy lejos de la anterior nobleza solariega. En adelante el rey no sería elegido libremente
por sus ciudadanos. Los reyes helenísticos y sus nobles fueron elegidos por el propio rey pero para llevar a cabo con
éxito y ante el pueblo tal sistema, insistieron en la idea de la divinidad, es decir, el rey tenía derecho a gobernar y a
seleccionar la nobleza porque su poder lo había obtenido a través de su linaje divino y porque él mismo era en cierto
modo un dios. El paso siguiente fue iniciar el culto al rey.
Este sistema de divinización fue más político que religioso y tenía sus antecedentes en el pensamiento griego anterior
con ejemplos de veneración a héroes y otros personajes mortales que se convirtieron en deidades después de su
muerte, como es el ejemplo de Asclepio y otras figuras menores que habían sido jefes militares o fundadores de
ciudades. La deificación o apoteosis en vida de los reyes helenísticos nunca o casi nunca fue un asunto puramente
religioso o espiritual; nadie fue a rezar o a pedir gracias especiales a ninguno de estos personajes. Sin embargo fue
necesario establecer el poder político en seres considerados por sus súbditos como dioses.
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El culto al rey había empezado ya en la figura de Alejandro Magno que fue reconocido como un mortal realizador de
grandes hazañas y descendiente de Heracles, confirmado en el oráculo de Siwa como hijo del propio Zeus-Amón. La
deificación de Alejandro en vida le sirvió en muchas ocasiones como aprobación y reconocimiento legal de su poder
real. El propio Alejandro se tomaba su deificación como algo muy serio. Después de su muerte muchas de las
ciudades helenísticas siguieron este proceso, deificando a algunos de sus diádocos, como ocurrió con Demetrio
Poliorcetes, Antígono II Gónatas, Lisímaco de Tracia, Casandro de Macedonia, Seleuco I Nicátor y Ptolomeo I.
Vasos de la reina
Son unas jarras de cerámica vidriada, fabricadas en serie, que se utilizaban en las fiestas que se hacían para el culto
de los reyes. Se levantaban altares provisionales donde se hacían las ofrendas. Las libaciones de vino se depositaban
en estas jarras especiales que solían estar decoradas con el retrato de la reina que ocupaba el trono en ese momento.
En el entorno artístico se llaman vasos de la reina porque siempre viene representada la reina, con una cornucopia en
la mano izquierda y un plato de libaciones en la derecha, con un altar y un pilar sagrado. Los relieves descritos iban
acompañados con inscripciones que servían para identificar a la reina representada. Algunas de estas jarras o vasos
han aparecido en distintas tumbas. Estos ejemplares se pueden fechar desde Ptolomeo II hasta el año 116 a. C. El
vestido de las reinas es fundamentalmente griego: llevan un quitón sin mangas y un himatión enrollado alrededor de
la cintura y recogido sobre el brazo izquierdo
Grecia continental
Aparentemente, algunas ciudades de la Grecia independiente, como Atenas y Corinto, conservaban su autonomía,
sus instituciones y sus tradiciones. Los problemas sociales que iban surgiendo, más el empobrecimiento paulatino
hicieron que esta Grecia clásica, no perteneciente a los estados helenísticos, fuera sufriendo una crisis tras otra hasta
la intervención de Roma.
• En Atenas, perdido el espíritu democrático, se asistió a una disminución del comercio tras el fin de las cleruquías
(reparto de tierras a ciudadanos pobres) y del puerto de El Pireo como escala estratégica de las rutas comerciales.
La última crisis económica se dio a partir del saqueo de la ciudad por el ejército de Sila en el 86 a. C., que originó
el descenso de los salarios, el abandono de los cultivos y las limitadas exportaciones de artículos como vino,
aceite y algunos productos de lujo a precios muy bajos. Consecuencias lógicas de la situación fueron el
empobrecimiento del pueblo y el descenso de la natalidad. Estas circunstancias favorecieron el mercenariado, el
bandolerismo y la piratería como formas de subsistencia.
Sin embargo, subsistió un cierto aire intelectual con ayuda de las fiestas, sobre todo las dionisíacas y los
Misterios eleusinos, durante las cuales se representaban comedias nuevas, y a las que acudían los reyes y
gobernantes helenísticos de Asia y Egipto. Las escuelas filosóficas tampoco perdieron su atractivo y siguieron
siendo las más brillantes del mundo conocido. En época romana, Atenas llegaría a ser el equivalente de una
ciudad universitaria.
• En Esparta hubo un resurgir de los tiempos arcaicos, un intento revolucionario para comenzar de nuevo un
Estado, movimiento encabezado por los reyes Agis IV y Cleómenes III. Se abolieron las deudas, se crearon
nuevas clases de ciudadanos, se repartieron tierras y se organizó una nueva milicia que obtuvo algunos éxitos
hasta que fueron vencidos en el 222 a. C. por la Liga Aquea. Cleómenes fue sucedido por el rey Nabis, que fue el
último hasta la intervención de Roma.
Grecia insular
Las islas griegas mantuvieron una cierta prosperidad gracias a las importantes vías creadas para el intercambio entre
Asia, Egipto y Occidente. Contaban sin embargo con la constante inseguridad provocada por los piratas de regiones
como Iliria, Creta y Cilicia.
• Respecto a Cos, su economía se basaba en la producción del vino, en la manufactura de cerámicas y en la
fabricación de la bombicina,[1] una seda especial que teñían de púrpura. En esta isla se encontraba una escuela de
medicina reconocida en todos los estados helenísticos.
• Rodas fue capaz de mantener en pleno período helenístico su estatus de polis. Se consideraba como una república
de comerciantes que se comportaban con inteligencia con aquellos extranjeros que ayudasen a aumentar su
posición económica. Los tres puertos de Rodas, construidos con grandes diques y buenos arsenales, y situados
estratégicamente frente a Alejandría y la costa egea asiática, desarrollaron el papel que antaño desempeñara El
Pireo. La república rodia poseía además una importante marina de guerra que sabía mantener firmes a los piratas,
y se regía por la llamada Lex Rhodia (ordenación helenística del comercio mediterráneo), convirtiéndose así en un
enclave vital para el resto de las ciudades mediterráneas.
En el plano cultural, resplandecieron en Rodas las artes y las ciencias. Se organizó un gran foco cultural donde
acudían sobre todo jóvenes discípulos romanos de la aristocracia. Tuvo grandes maestros de retórica,
empezando por Esquines (orador enemigo de Demóstenes), de ciencias como Posidonio de Apamea y muy
buenos escultores que crearon escuela.
• En cuanto a Delos, obtuvo su independencia en el 314 a. C. de Atenas, siendo gobernada mediante una
constitución democrática. No obstante, en el año 166 a. C. la intervención de Roma devolvió la isla a manos de
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Atenas, quien la convirtió en una cleruquía. A partir de este momento su prosperidad fue en aumento, siendo
declarada puerto franco, al cual llegaban mercancías de todas partes, a través de Alejandría y de los puertos sirios
y fenicios.
Delos contaba además con enormes riquezas guardadas en sus templos, razón por la que pronto los sacerdotes
se convirtieron en verdaderos banqueros, conocedores de elaboradas técnicas económicas. Adoptaron como
una de las principales actividades el cambio y las tasas de interés, generalmente al 10 por ciento. El empleo de
la letra de cambio, el cheque y las transferencias fue práctica habitual. Otra fuente de ingresos fue el
gigantesco mercado de esclavos, en el cual podían llegar a venderse 10 000 por día, tal como menciona
Estrabón.
Al amparo de esta prosperidad y grandeza, la población cambió radicalmente: todos los nativos fueron
deportados a Acaya, quedando en su lugar los colonos de Atenas, los del Mediterráneo, itálicos, orientales,
comerciantes y banqueros de todo el mundo conocido. Todos ellos formaban grupos bien diferenciados en
cuanto a costumbres y religión, pero mantenían entre sí buenas relaciones. Se trataba de una burguesía
mercantil, cuyas casas estaban decoradas lujosamente y donde podía contemplarse el arte helenístico en todo
su apogeo. Tal prosperidad se alargó hasta el siglo I de nuestra era, hasta los saqueos y masacres cometidas por
Menofaneses, general de Mitídrates IV de Partia, quien ordenó a sus soldados que mataran a todos los griegos,
sin que importase su edad. Los habitantes que no eran griegos abandonaron la isla, dejándola desierta, lo que
aceleró su ruina.
Las koiná
Las koiná (κoινά, plural de koinón, κoινόν) fueron los estados federales, también llamados ligas, formados por las
ciudades más pequeñas. Estas confederaciones surgieron como una forma de protección y resistencia frente a los
gobernantes de Macedonia, el poder hegemónico de este período, y al que sólo hacían frente estas ligas federales.
Fueron dos las más influyentes durante el periodo helenístico, el Koinón Etolio (o Liga Etolia) y el Koinón Aqueo (o
Liga Aquea).
• El Koinón Etolio llegó a ser un estado federal muy extenso, agrupando Acarnania, Lócrida occidental y Tesalia.
En las asambleas se agrupaban todos los ciudadanos de cada ciudad aliada, celebrándose dos sesiones al año,
eligiéndose al jefe o estratega para un mandato anual. El koinón etolio demostró constantemente una gran
hostilidad hacia el poder de Macedonia. El declive etolio comenzó al mismo tiempo que el progreso romano,
hasta que en el 189 a. C. perdieron su independencia finalmente.
• El Koinón Aqueo fue el rival del Koinón Etolio. Tras apoderarse de Corinto, fue poco a poco anexionándose todo
el Peloponeso, absorbiendo también a la ciudad de Esparta. En un principio este koinón fue aliado de Roma, la
cual nunca confió en esta liga. En el 146 a. C. se declararon abiertamente enemigos de Roma, quien arrasó
Corinto en respuesta, quedando la liga disuelta. Al igual que su rival etolio, su principal enemigo fue el reino de
Macedonia. Contaba con una asamblea a la que podían asistir todos los ciudadanos de la confederación, con
cuatro sesiones al año en el santuario de Zeus, situado en el nomo de Aigio (llamada Egio hasta 1991). Su jefe o
estratega era también designado anualmente.
Las ciudades
Los sucesores de Alejandro tuvieron buen cuidado en seguir el espíritu que su gran general les había infundido:
helenizar el Oriente y llevar hasta los confines conquistados la civilización griega a la que consideraban la mejor (si
no la única) para el hombre. Durante la etapa del griego clásico los grandes centros urbanos fueron llamados polis
(Atenas, Siracusa, Corinto), que eran verdaderos Estados independientes. Las nuevas ciudades del mundo helenístico
contaban con una autonomía jurídica y financiera, estaban gobernadas por magistrados, pero ya no era el Estado
independiente sino que todas ellas dependían de un gobernador nombrado por el rey, llamado epistates. Por otra
parte los reyes de los territorios helenísticos participaban personalmente con su fortuna en el embellecimiento y
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engrandecimiento de muchas de estas ciudades, siendo los principales mecenas de la construcción de edificios
públicos o de la reconstrucción o restauración. Todas estas ciudades con su régimen de vida y su política reformada
en gran medida favorecieron el auge económico y como consecuencia, el tesoro real.
Aunque en el fondo la política administrativa fue casi la misma en los reinos helenísticos, y el afán de conservar y
extender la cultura griega era un lazo de unión, cada reino dotó a sus ciudades de un estilo propio y diferente. No
siempre la fundación de estas ciudades partió de la nada. Dentro del concepto fundacional se puede incluir un simple
cambio de nombre de una ciudad ya existente (con añadidos y mejoras) o la transformación de un pueblo pequeño
indígena en una ciudad próspera.
El trazado de las ciudades era la consecuencia de un estudio bastante serio. Además de la belleza y el sentido
práctico se tenían en cuenta muchos más detalles que se conocen en la actualidad gracias a las inscripciones de
reglamentos municipales descubiertas en los yacimientos arqueológicos. Se daban normas para la anchura de las
calles, para la distancia entre las viviendas, para la construcción de acueductos, recogida de basura, etc.
Ciudades seléucidas
El primero de los reyes, Seleuco I Nicátor fundó 16 ciudades a las que dio el nombre de Antioquía en recuerdo de su
padre llamado Antíoco. Y con otros nombres diversos llegó a fundar hasta 60. Su hijo, Antíoco I Sóter, siguió
multiplicando la fundación de ciudades y más tarde, en época de Antíoco IV Epífanes, hubo otro gran impulso de
construcción.
La fundación de una ciudad nueva, desde un punto de vista urbanístico, seguía las reglas difundidas por el filósofo y
arquitecto griego Hipódamo de Mileto hacia el año 480 a. C. y que aconsejan un proyecto cuadrilátero con calles
cortadas en ángulo, con zonas que puedan ocupar los servicios, los edificios oficiales, templos y con otras zonas
dedicadas a vivienda. Las mejores ciudades seléucidas son las construidas en Siria y de todas ellas las más conocidas
y estudiadas son Antioquía (en la orilla izquierda del río Orontes, navegable hasta el mar) y Apamea, situada más al
norte de Antioquía.
En la antigua Mesopotamia surgieron zonas de gran actividad urbanística donde aparecieron Antioquía-Edesa,
Antioquía-Nisibis, Dura Europos, Seleucia del Tigris y Babilonia.
Ciudades ptolemaicas
Alejandría fue la ciudad capital de los ptolomeos y la que más importancia tuvo durante el periodo helenístico.
Fundada por el propio Alejandro Magno fue durante muchos siglos la referencia a la grandiosidad y actividad
económica así como el gran centro del estudio de las ciencias y de las artes.
Ptolomeo I Sóter fundó Náucratis y Ptolemaida, pero Alejandría siguió siendo la ciudad por excelencia.
Ciudades atálidas
La capital de los atálidas fue Pérgamo, una ciudad que quiso ser la Atenas de los tiempos clásicos. Tuvo una gran
biblioteca y un museo de escultura donde se dice que nació la crítica de arte. Los arquitectos siguieron en Pérgamo
las mismas normas de Hipódomo de Mileto, pero el enclave que ofrecían los terrenos hizo que los constructores se
lucieran edificando una ciudad totalmente distinta, con la acrópolis en todo lo alto y el perímetro urbano dividido en
tres terrazas, cada una con sus templos, que se unían entre sí por una original vía trazada en zigzag y con grandes
escaleras.
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El ágora
Se prestó gran atención a este espacio público que en tiempos anteriores se había limitado a ser una simple plaza de
mercado. Los pórticos vinieron a configurar este espacio, favoreciendo su aspecto, dándole nueva y mejor prestancia.
El ágora se empezó a construir de acuerdo con un plan hipodámico (calles trazadas en ángulo recto), es decir, se
acotó un espacio rectangular y porticado en varios de sus lados. Fueron ágoras diseñadas con amplitud, donde se
reunía la actividad comercial que podía disfrutar de un espacio suficiente y cómodo. Cada ciudad tenía al menos una,
según sus necesidades. En Delos se construyeron varias ágoras en las cercanías del puerto. En Atenas también se
modificó este espacio y se embelleció con tres nuevos pórticos, uno de ellos ofrecido a Átalo II.
Los pórticos
La construcción de pórticos fue una moda que se extendió de manera asombrosa por todas las ciudades. La sensación
de magnitud y suntuosidad que ofrecían estas grandes obras hicieron que las ciudades que poseían un pórtico fueran
las más bellas y armoniosas. Pero además se consideraban de gran utilidad dando cobijo en las horas de mucho sol o
en los días de lluvia. Los pórticos monumentales de las ciudades importantes llamaron enseguida la atención de los
romanos cuando tuvieron contacto con ellas en sus conquistas de Oriente. Muchos historiadores y críticos de arte,
como José Pijoán, opinan que fue a la vista de estos pórticos cuando los romanos desarrollaron el gusto por el arte
griego. Muchas veces se construía un pórtico por el capricho de embellecer un santuario, el rincón de una ciudad o
por delimitar un ágora.
Teatros
Los teatros también se multiplicaron. Se construyeron a la antigua usanza, generalmente adosados a la ladera de una
colina o elevación del terreno. En esta época tuvieron una modificación que dio lugar al escenario permanente donde
actuaban los actores. Anteriormente éstos se situaban sobre una plataforma que se colocaba en el momento de la
actuación delante del proscenio. Uno de los teatros que más información puede dar al respecto es el de Priene del año
150 a. C.
Gimnasios
Éste fue el complejo arquitectónico más difundido en el mundo helenístico. No hubo ciudad o poblamiento por muy
humilde que fuera que no tuviese construido su gimnasio. El gusto por los ejercicios físicos (heredado de los griegos)
fue general en este periodo y fue parte de la educación de los jóvenes. Además, en el complejo gimnástico no sólo se
realizaban ejercicios físicos sino que se daban enseñanzas diversas, conferencias, y se organizaban lo que hoy se
llamaría «actos culturales». Los edificios solían estar rodeados de grandes jardines con bonitos y agradables paseos
donde los discípulos escuchaban las charlas de sus maestros filósofos. Tampoco olvidaron el tema religioso, de
manera que los gimnasios fueron protegidos y dedicados a un dios o en algunos casos a un héroe como Hermes o
Heracles.
Estos centros fueron de una gran ayuda para la educación de los nativos, sobre todo en Asia. Acudían a ellos con
gran entusiasmo y deseos de aprender. Llegaron a formar asociaciones que de manera general eran llamadas apo tou
gymanasiou ('los que salen del gimnasio').
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Los negocios
El mundo de los comerciantes y de los negocios también tuvo necesidad de enclaves especiales. Se construyeron
edificios comparables con las cámaras de comercio y otros menos importantes pero igualmente necesarios como
almacenes y despachos. Las excavaciones de Delos han dado abundante información sobre estos edificios, en
especial sobre el conjunto de los Posidoneístas de Bertos, actual Beirut, que poseían un importante complejo
formado por una lujosa residencia llena de obras de arte, y sobre el otro conjunto de los Negotiatiores itálicos con un
ágora particular, tiendas, despachos y demás dependencias. Los romanos lo imitarían en época imperial en Ostia con
la Plaza de las corporaciones.
Religión y filosofía
La religión consistía en una suerte de sincretismo entre el panteón
clásico, los dioses locales y las deidades del antiguo Oriente. Entre las
divinidades propias de este período destacan la diosa Tique (Τύχη) y el
dios grecoegipcio Serapis (Σέραπις). Asimismo, cobraron gran
relevancia los cultos de Isis, Dionisos y Cibeles.
La filosofía, que en épocas anteriores abarcaba todos los saberes, se
desmembró paulatinamente de las ciencias empíricas y se quedó como
ciencia del pensamiento cuya preocupación se inclinó más a los
problemas individuales que a la propia naturaleza del mundo. En este
período surgieron varias sectas y escuelas filosóficas de entre las que
cabe mencionar:
• Cínicos
• Cirenaicos
• Epicúreos
• Escépticos
• Estoicos
• Megáricos Ilustración de la Tique de Antioquía de
Eutíquides, circa 300 a. C.
Academia Antigua
Su característica es seguir siendo fiel al maestro Platón. Después de este filósofo los directores de la Academia
fueron: su sobrino Espeusipo (407–339 a. C.) durante ocho años, su discípulo Jenócrates (c. 395–314 a. C.) que fue
director hasta su muerte, Polemón (351–270 a. C.) que estuvo al frente desde el 314 hasta su muerte y el tebano
Crates.
Academia Media
Se caracteriza por la introducción del escepticismo y sus directores fueron el escéptico Arcesilao de Pitane en Eolia
(c. 315–240 a. C.) (fue maestro de Eratóstenes), Carnéades de Cirene (214–129 a. C.) que había estudiado en la
propia Academia con Hegesino, Clitómaco de Cartago, filósofo cartaginés discípulo del anterior y Metrodoro de
Estratonicea.
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Academia Nueva
Sus filósofos se centran más en el eclecticismo, abandonando las teorías del escepticismo. Su director fue Filón de
Larisa (150–83 a. C.) que departió sus enseñanzas en Roma y tuvo como discípulo a Cicerón sobre quien ejerció una
gran influencia; su discípulo Antíoco de Ascalón fue su rival en la dirección de la Academia. Después tuvo lugar el
neoplatonismo de Plotino cuyo máximo exponente fue Proclo.
Escuela peripatética
La escuela de Aristóteles se vio engrandecida con el gran impulso que le dio el orador Arcesilao, fundador de la
Academia Nueva. Su doctrina rechazaba el dogmatismo de los estoicos y trataba de demostrar que lo más importante
era buscar y descubrir lo más verosímil o probable.
Teofrasto de Éreso (370–287 a. C.), alumno de Aristóteles y colaborador, fue también su sucesor en la escuela
peripatética que experimentó un gran desarrollo a partir de su ingreso y colaboración.
Cultura helenística
Las grandes ciudades se convirtieron, en este período, en los centros del saber,
de las ciencias y del arte. A partir del siglo IV, la mayoría de los artistas
fueron griegos de las colonias de Asia. Se dio un gran avance en el mundo de
las ciencias, medicina, astronomía y matemáticas. Estas últimas fueron
disciplinas estudiadas y enseñadas por grandes sabios como Euclides,
Apolonio, Eratóstenes, Arquímedes, etc.
Hubo también muchos y buenos pintores entre los que se destacó Apeles, el
pintor de Alejandro Magno.
En el período comprendido entre el siglo II a. C. y el I a. C., salieron a la luz Venus de Milo
las esculturas más famosas:
• Apolo de Belvedere
• Victoria alada de Samotracia
• Diana cazadora
• Venus de Milo (Milo es una isla situada al sureste de Grecia, en el archipiélago de las islas Cícladas)
• Relieves del altar de Zeus en Pérgamo
Sin olvidar las de otros siglos como:
• Gálata Ludovisi (225 a. C.), de la Escuela de Pérgamo
• Gálata moribundo (225 a. C.), de la Escuela de Pérgamo
• Alegoría del Nilo, de la Escuela neoplatónica de Alejandría
El ámbito de las joyas tuvo su estilo propio aunque ligeramente influenciado por la etapa anterior. Se pusieron de
moda los colgantes con formas de victorias aladas, palomas, ánforas y cupidos, utilizando para su elaboración las
piedras de colores, sobre todo el granate. También se utilizaban otras gemas para hacer figuras en miniatura, como el
topacio, ágata y amatista. El vidrio entró en los talleres de los artistas como sustituto de las piedras preciosas y con
este material confeccionaban toda clase de objetos, sobre todo camafeos.
Período helenístico 14
El sabio y la ciencia
Durante el periodo helenístico las ciencias tal y como las entendemos hoy se independizaron de la filosofía, concepto
éste que en la antigüedad comprendía todo el saber. Se constituyeron en materias autónomas, siendo favorecidas para
su desarrollo por el mecenazgo gracias al cual fueron creadas aulas de investigación y museos como el de Alejandría,
que comprendía observatorios, jardines botánicos y zoológicos, salas de medicina y disección, etc. Contribuyó
también a este desarrollo la ampliación del mundo conocido.
El estudio de las matemáticas, sobre todo en Alejandría tuvo una importancia enorme no sólo por la materia en sí
sino como aplicación al conocimiento del Universo. En el museo de Alejandría estudiaron, investigaron y enseñaron
grandes sabios como Euclides (que fue solicitado por Ptolomeo I Sóter), que supo organizar todas las investigaciones
precedentes y añadir las suyas propias, aplicando un método sistemático a partir de principios básicos. Euclides sentó
las bases del saber matemático a partir de las cuales evolucionó dicha materia a través de los siglos hasta llegar a la
reciente invención de las nuevas matemáticas.
En geometría el gran maestro en Pérgamo y en Alejandría fue Apolonio de Pérgamo. Ofreció la primera definición
racional de las secciones cónicas. Arquímedes de Siracusa (287–212 a. C.) fue un gran matemático, interesado en el
número π al que dio el valor de 3,1416. Se interesó también por la esfera, el cilindro y fundó la mecánica racional y
la hidrostática. Estudió la mecánica práctica inventando máquinas de guerra, palancas y juguetes mecánicos. Su
mejor invento práctico de uso inmediato fue el tornillo sin fin, utilizado en Egipto para las labores de irrigación.
Sóstrato de Cnido, ingeniero y arqueólogo fue considerado como otro de los grandes sabios. Fue el constructor del
faro de Alejandría.
El estudio de las matemáticas favoreció el conocimiento de la astronomía. Se despertó un nuevo interés científico
por conocer la Tierra, su forma, su situación, su movimiento en el espacio. Eratóstenes de Cirene, bibliotecario de
Alejandría creó la geografía matemática y fue capaz de medir la longitud del meridiano terrestre. Aristarco de Samos
(310–230 a. C.) fue matemático y astrónomo y determinó las dimensiones del Sol y la Luna y sus respectivas
distancias a la Tierra. Aseguró que el Sol estaba quieto y que era la Tierra quien se movía a su alrededor. Se le
considera como el primer antecesor de Copérnico.
Hiparco de Nicea estaba dotado de un gran don de observación y desde su observatorio de Rodas pudo elaborar un
gran mapa del cielo con más de 800 estrellas catalogadas y estudiadas por él. Gran conocedor de las teorías de los
caldeos, comparó sus estudios con aquellos, descubriendo la precesión de los equinoccios. Hiparco sentó las bases de
la trigonometría estableciendo la división del ángulo en 360 grados que dividió en minutos y segundos.
Posidonio de Apamea además de dedicarse a la filosofía fue un gran científico. Estudió el hasta entonces misterio de
las mareas, explicando científicamente su existencia y su relación con la luna.
Algunas deficiencias
El sistema de notación de los números se hacía con la ayuda del alfabeto, así α era igual a 1, ι era igual a 10, ρ era
igual a 100. Si escribían ρια, estaban escribiendo el número 111. Este sistema dificultaba mucho el manejo de las
matemáticas. En el siglo III a. C. Diofanto aportó una notación algebraica que fue buena pero que todavía resultó
insuficiente. Otra deficiencia era la gran carencia de instrumentos de observación para las ciencias naturales. Pese a
todo esto, la humanidad llegó hasta el Renacimiento utilizando y valiéndose de los grandes inventos y
descubrimientos de los sabios helenísticos, sobre todo de los procedentes de Alejandría, Pérgamo y Rodas.
Período helenístico 15
Biología y medicina
La figura del médico pasó a sustituir al mago o hechicero que se valía de los milagros. Fue un personaje respetado y
estimado, fue considerado un gran sabio en quien se podía confiar no sólo para ayuda física sino también para ayuda
psicológica. Los lugares helenísticos donde floreció principalmente la medicina fueron:
• Alejandría, donde ya existía un cierto conocimiento científico a causa de la tradición de momificar y del respeto y
estudio de los despojos mortales.
• Cos, lugar de nacimiento de Hipócrates (siglo V a. C.) el célebre médico y escritor, considerado padre de la
medicina. En Cos se mantenía una tradición médica. Lo mismo ocurría en aquellas ciudades en las que existía un
antiguo santuario de Asclepio, como Cnido, Epidauro y Pérgamo.
Herófilo de Calcedonia aprendió en Alejandría mucho sobre anatomía, practicando con la disección de cadáveres e
incluso con la vivisección de seres humanos (criminales convictos). Descubrió el sistema nervioso y explicó su
funcionamiento y explicó el de la médula espinal y del cerebro y estudió el ojo y el nervio óptico. Fue poniendo
nombres de objetos que él creía parecidos en la forma a las partes de anatomía que iba estudiando y descubriendo.
Este sabio fue un pionero de la anatomía humana. Sus estudios y descubrimientos fueron trasmitidos gracias a la
labor de la escuela de medicina que fundó y que duró unos 200 años.
Erasístrato de Ceos (315–240 a. C.) trabajó e investigó en Alejandría siguiendo la labor de Herófilo. Fundó también
una escuela de medicina. Se le considera el padre de la fisiología. Se dedicó sobre todo al estudio de la circulación de
la sangre cuyos descubrimientos no fueron superados hasta la aparición de William Harvey.
Judaísmo helenístico
A principios del siglo I a. C. tiene lugar la diáspora helenística, vale decir, la dispersión del pueblo judío a través del
mundo alejandrino. A partir de entonces, gran parte de los judíos —especialmente los que vivían en Egipto,
Cirenaica y Siria— comenzaron a usar el griego para entenderse entre ellos y también en las sinagogas. De este
modo, comenzó a hacerse distinción entre los «judíos helenísticos» (o helenizados) y los «hebreos» (o judaizantes),
que fueron aquellos que se opusieron y resistieron a la influencia griega. San Lucas escribió sobre este tópico en los
Hechos de los Apóstoles 6:1 y 11:20. Es así como el término «helenístico» pasó a designar a grupos humanos que,
aunque no tuvieran sangre griega, seguían y adoptaban la cultura y la lengua griegas.
En este período tuvo lugar también la traducción griega del Antiguo Testamento que se conoce con el nombre de
Septuaginta o Biblia de los Setenta, ya que, según se cree, habría sido efectuada por un grupo de setenta y dos sabios
alejandrinos.
De entre los judíos helenizados más destacados, puede mencionarse al filósofo Filón de Alejandría y al historiador
Flavio Josefo.
Decadencia
Con la llegada de los romanos y su hegemonía sobre todos estos pueblos de la antigüedad, llegó a su fin, en teoría, el
período helenístico; aunque lo cierto es que Roma, pasados algunos años y como consecuencia del contacto y
conocimiento del arte griego extendido por todas sus colonias y provincias, tomó el relevo y puede decirse que fue la
continuación de la cultura helenística, empezando por el propio idioma. La clase alta tenía a gala hablar griego y se
educaba a los hijos en esta cultura. Los grandes políticos romanos, por mucho que tuvieran un cargo importante,
serían siempre menospreciados por el resto si no eran capaces de entenderse en el idioma griego.
Período helenístico 16
Notas
[1] La palabra «bómbice» significa 'gusano de seda'.
Bibliografía
• CANTARELLA, Raffaele: La literatura griega de la época helenística e imperial. Buenos Aires, Losada, 1972.
• JOUGUET, Pierre: El imperialismo macedónico y la helenización del Oriente. Barcelona, Cervantes, 1927.
• MIRALLES, Carles: El helenismo: épocas helenística y romana de la cultura griega. Barcelona, Montesinos,
1989 (2.ª).
• REYES, Alfonso: La filosofía helenística en Obras completas de Alfonso Reyes. México, FCE, 1979, tomo XX.
{ISBN 968-16-0347-8}
• SHIPLEY, Graham: El mundo griego después de Alejandro. 323-30 a. C. Barcelona, Crítica, 2001. {ISBN
84-8432-230-0}
Enlaces externos
• Wikimedia Commons alberga contenido multimedia sobre Período helenístico. Commons
• Cuadro sincrónico de la época helenística (http://www.cibernous.com/crono/cuadros/cuadro3.html).
• Viajes de verdad, viajes de mentira: literatura de viajes del período helenístico (http://revistas.ucm.es/fll/
0212999x/articulos/RFRM0606220059A.PDF).
• François Rodolphe Dareste de la Chavanne: La Lex Rhodia.
• Texto (http://remacle.org/bloodwolf/lois/rhodia.htm) francés en el sitio (http://remacle.org/) de Philippe
Remacle (1944 - 2011). Nouvelle revue historique de droit français et étranger, 1905.
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