OJEROSA y .
PINTADA DE
AGUSTÍN
. YÁÑEZ:
•
DOS ENSAYOS
Antonio Marquet
UAM
PQ7233
L5.3
nO .19
,
_~ lN\IERSIDAD AUTlNlMA METROPOlITANA
.......- UNIDAD AZCAPOTZAlCO
_ _ w_ _
A Luis Alfonso Maruri,
in memoriam.
OJEROSA Y PINTADA
DE AGUSTÍN YÁÑEZ:
DOS ENSAYOS
~ AZCA'OflAlCO
,~, COlll~
Rector General
Dr. Óscar M. GonzáJez Cuevas
Secretario General
lng. Alfredo Rosa. Areeo
UNIDAD AZCAPOTZALCO
Rector
Mtro. Carlos PaUán Figueroa
Secretario
Arq. Manuel Sánchez de Carmona
COOrdi ..... o"' de Extenaión Universitaria
Lic. Laura Salinas Beristáin
Libro. del Laberinto reúne textos
literarios y testimoniales
Prim(·t'3 t'cf¡ (' ió n . 1989
© Antonio Marqu et
ISB\ '/6 8-840-658-9
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l)roducc ión : Ocelote
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Impre.o y hecho en Mé%ico
OJEROSA Y
PINTADA DE
AGUSTÍN
-YÁÑEZ:
DOS ENSAYOS
Antonio Marquet
A1l\ UNIVERSIDAD AUTONOMA METROPOLITANA
UNIDAD AlCAP OTZAlCO
,. 2894575
AGUSTÍN YÁÑEZ
y LA CIUDAD DE MÉXICO
¡C7 0'10 DIQ,DIDiD DID ' G' DIf>JD, <,C O D'OtDIDtO D:(fJ
OJEROSA y PINTADA 1 HA SIDO CONSIDERADA como una
radiografía de la ciudad de México a fines de los años cin-
cuenta con sus esplendores y miserias. Desde est a perspec-
tiva , los numerosos perso,najes que aparecen en e Ua son
concebidos como representantes arquetípicos de un a clase
soc ial , de un estilo de pensar, de una generación, lo cual ha
dado origen a comentarios que tienen como objetivo "ex-
plicar" Jos móviles de su conducta, haciendo caso omiso de
la psicología contemporánea _
Tal acÜtud de la crítica ha co ndu cido ala elaboración
de una seri t: de conclusiones de carác ter sociológico o bien
a una exégesis fenomenológica que tendría como finalidad
poner de manifiesto el "alma del mexicano'" interpreta-
ción respaldada por un clima intelectual de una época que
juzgó posible aventura rse en los umbrosos arcanos del ser
del me xicano, entelequia qu e merece un lugar de honor en
un museo de lo imaginario. Oc esta manera , Yáñez queda
emparentado con Reyes.¡ Paz, Ramos, Chávez, Ramírez,
Portilla . . . Si n emba rgo , es preciso señalar que ambos pun-
tos de vista no toman en consideración la especificidad del
texto literario y reducen el universo de Ojerosa y pintada
al cstatu s de simple fuente docu mental. Natu ralmcntc, las
posibilidades de estudio de la novela que nos ocupa no se
agotan con eUo. En efecto, se puede plantear como punto
de partida la tesis de que la Ciudad de México ofreció a Yá-
I Aiustín Yáñez, OjeroJo y pintodo: lo vido en lo ciudad de Méxic'J, U-
[Link] Edi tores., México. 1960. En adelante se hará alusión a la presente eru...
ción sefLalando el número de la vagtna entre parénte6ie.
9
¡le' "'D:O,&,& D C,D D eJ'C.".D'¡1D'&'''"HD,D:~,DtIo(
ñez la superficie necesaria para que éste proyectara su
"sombra". Una mi;ada que describe el horizonte de su
campo visual imprime a todo lo que registra el sello indele·
.ble del sujeto . De esta forma, la descripción, pOr más obje.
tiva que pretenda ser, queda siem pre marcada por una sub-
jetividad que la determina.
Es obvio que al elaborar un fresco de " la vida en la Ciu·
dad de Méx ico" -subtítulo de la novela- Yál1ez realizó
una operación de evaluación y selección 'de materiales que
fueron apropiados para su proyecto narrativo. Una vez en-
sambladas esas historias, a la vez dramáticas y triviales, el
conjunto cobró una dimensión inesperada a imprevisible
aún para el mismo autor. Los elementos elegidos y dispues.
tos según una sintaxis inconsciente ponen al descubierto
todo un sistema de preferencias, una sensibilidad particuJar,
una estética y, en una palabra, toda una subjetividad. De
tal manera que todo aquello a lo que YáI1ez dio cabida en
su novela "realista" constituye, al mismo tiempo, la cristali-
zación de un yo profundo, dotado de un armazón sui gene-
ris, y se convierte así en el principio organizador del uni-
verso de una de las más importantes novelas del escritor
jalisciense. Ojerosa y pintada es un edificio cuyos cimien·
tos reposan en el terreno de lo inconsciente. Es preciso des-
cubrir y describir esa arquitectura a la vez evidente y encu-
bierta tras una escritura.
En Ojerosa y pintada, Yál1ez está presente como ocul·
tamiento, como· oído que registra el ~iáJogo entre el taxista
y el pasajero, pero también está en el taxista y en el pasaje.
ro anónimo (ambos son criaturas suyas); en cada una de
estas historias anónimas, está como ser supremo que orga-
niza el curso de la novela, juez que sin apelación convoca a
tal o cual personaje, en las constantes que lo delatan y que
permiten hacer una interpretación. 2
2 'Utilizo el término interpre tación en el sentido de dar una ~8trucru ra a
loe dementos de W1 tuto que organiza loe signoe de tal fonna que pennitenuna
lecrura. Acordá18d.a no aignifica de ninguna manera intentara pretender una in_
terpretación total. Evidentemente eato im¡tica ejercer una eelección en el e~
10
'>1<>1<);0 Di DJC>IoC>/[Link]:~/t>ID-ICi D/~
Este planteamiento no pu ede dejar de parecer un poco
gratuito e injustificado (y quizá también sofista c irrespe·
tuoso) ya que, por un lado, se encu entra en las antípodas
de la intención "objetiva" y urealista" del narrador ; y, por
el otro, porque el lector con particular facilidad (y placer)
cede al alibí de Yáñez, que al fin de cuentas es la trampa
(¿o el atractivo?) de toda novela realista y que consiste en
sentir que existe un parentesco muy cercano entre realismo
y " realidad". Ilusión que, por otro lado , forma parte (en
una novela de esta escuela) del pacto narrativo qu e se esta·
blece entre el texto y su lector, y sin el cual no sería posi.
ble lectura alguna.
EH Ojerosa y pintada la intriga o~upa un espacio míni·
mo: un taxista recorre durante veinticuatro horas la Ciu·
dad de México. En su desplazamiento incesante, las dife·
rentes personas que abordan el "cocodrilo" traban breves
conversaciones, cuyas palabras quedan registradas en la no·
vela. De esta forma hay una historia que enmarca un sinnú·
mero de historias "secundarias".
Con este proceder, parecería que Yáñez se esmera en
seguir al pie de la letra la recomendación stendhaliana se·
¡Íún la cual la novela debe ser el espejo que se pas~a por el
camino de la vida.
La presencia del narrador es discreta, casi del todo ausen·
te. El taxista escucha las palabras de pasajeros que tratan
de conjurar con ellas el silencio durante el trayecto. Proteo
gidos por el anonimato, por la certeza cabal de que el inter·
locutor es un perfec to desconocido al que nunca volverán a
ver. con facilidad se enfrascan.. en temas personales que en
otras circunstancias seguramell te hubieran evitado . Esta
particular situación, secundada por el hecho de que los
clientes pagan un servicio que les permite en cierta forma
imponer un destino al recorrido del taxi , aJie nta la emer·
paradigmático que, ineluctablemente, .1. ve2 que uwnina la obra con Wla nue·
va luz, también reduce l. polivalencia del eigno literario. [ e una aventura eLm·
[Link] y fecundante a la vez .
11
D,'D,'DIOe¡(; e [Link] CIO. t>lOI&'o c. 0#<>10'10' ' O'JO;
gencia dl' condic ion('~ in éditas en las que los pasajeros tienen
la pO.:libiJidaJ de mallifestarse Je ulla manera transpare nte,
sin circunloquios: Jc ellcontrar un es pacio para desalojar
sus ohst'siolH'~, aunque esto ~ea de manera fugaz: cn el Ji ,
Lre se ~icnt('n " libres",J
Nada parece má~ convi ncente que un taxista. Él está en
COlltacto pcrm¡:..ncntc con un gra ll número de personas rc-
presentativas de todas las clases. de tod as las condiciones, de
todas las edades. ~c diría que sólo él goza del privilegio
de r ircu lar sin traba algu na por el tejido social. Es testigo de
nacimientos, parrandas, rilias conyugales, negocios fraudu-
l e nto ~. asiste a los cn lrctelones de la política:
lino a uno al ho,:pital , vue lvo de un entierro. y'en segu ida me
tom an Jos que andan de fiesta, 105 que buscan rf' lajo , Jos que
\'an o sajen de canti nas. de cabarrs, de teatros y cines o centros
de vieio. altcrnandose aquí en el ca rro el sufrimiento) el jolgo,
rio. los angustiados y los alegres . los que ti enen algu na pena
gorda y los que van a consegui r un buen rato, a darse gusto, a
retozar, a echar canas al aire. 4
Oc tal suerte que el au to móvil de nuestro protagonista nos
permite la posihilidad de asistir a escenas de la vida co tidia-
na de la Ciudad de 'léxico en 10:5 arios cincuenta. Vemos la
injw¡ticia. megaloman ía desenfrenada, prepotencia, corrup-
ció n institucionalizada . el desaliento ahsoluto, ambiciones
vorac('~. o la escatología apocalíptica. Al taxista le puede
suceder cualquicr CO!'a . Nada se le encubre. Siempre perma-
IH.'CC franco Sil oído.
Por otro lado. t.:S prct.:iso s(,l~l a !ar que el hecho de qu·c
nucst ro taxista no esté involucrado directamente en las tri -
bubciolle:; de sus c1ielltes, lo il1\iste de cierta neutralidad
tfue incide el1 el discurso de sus interlocutores : el lector se
3 A este rt'~p«to. resul la inlert'sanle recordar la confesión del [Link],
ñll no.>rtt'ado· "en el fondo, no si si me tenga lástima [alude a su esposa.} o me
despreCIe. Nunca le daria el gusto de conreurJe que me pierdo en México. Aun,
que no se burlara. ni me dijera nada: yo sé que me deepreciaria más" (p. 210).
4 Op, cif" p . 138.
~ 'O:O"D ' O; D;D ' O/O'(D ' O; O' ro D;OI-O"OI O I# 'eN""
siente inclinado a pensar que aquéllos no tiene n por qu é
ocultar, fingir o d isfraz ar sus intencio rars ante un deseo,
no~ id o .
Al dar cabida al relato co tidi ano. hecho por un capitali·
no cualquiera, al qu e nadie pr"esta atención por ser OllHU'
presf'nte, Ojerosa y pintadu St' transforma en un mural a la
manera de Rivera : UII haz de pt;r~onajes pulula n por las p'á.
gin ru, de es ta novel a a través dc la euaJ Yáñez pretendió in ,
filtrarse en un ¡\I éxico '~autént i co'" ten iend o especial cuida·
do cn 110 Ilacer evide ntes los art ifieios litl'rarios, po r medio
de la ilu ~ión de la transcripció n direc ta.
Si tua ció n que no deja de ser paradójica y ('0 11 ciert a
dosis de absurd o: una novela qu e no quiere pa ba r por novl:'
la ; un proyecto narrativo que desea oc ultar o disfrazar su
lit eralidad ; 0, visto desde una perspec tiva contraria. una
" reaJidad" que rehúsa asumir sin ambages el esta tus de ¡JI
vcnción , ya qu c co n pudor vela los artificIOs rdórico..: que
. utiliza,.!'i
\ Ya que Yáfiez se pronunció tan categoTlt' .. JIlt'lIte por
un realismo al c ual creyó ac ceder a travé~ JI.": la ni ím(,~ ls
qu e hace un uso casi exclusivo del tlialngu ismo, de lú qU t
la críti ca anglosaj o na llama shoulLng ) de la multlplieidau
de punt os de vista qu e se expresan a tr¡)\'é::. de lus persfln.,·
jes ([Link] cfo s re tratos, Cincelados con ; 1n pur1ado de tra,
zos seg ur os y certeros), es preciso tr atar de f'.' plicar es te
imperativo objetivista , [Link] (ompllbiólI qu e obliga a esfu-
mar la presencia del narrador. ,..)Jo,;; e"tos ek men tos evi·
dentes que ca racteri za n la ('~Lrakgia Ildrra tiva de Ojerosa )'
pintada, no son prhati . . os de ('l:'ta obra. Con esos mismos
5 Octa \'io Pu. COIllt' lltitndo una 'lo~t'la dt' Ibar¡;Ge ngOlua - w [Link].J ,
a(inna : "el artificio tiUpremo cvlwBte en conquIStar la naturalidad" . (O. Paz,
So mbrO$ de obn:u, ~Il•• lbrrd, 1 tU' l, t>. 229.) En efec lo, todo es [Link] e n lit
teratuta. Pero. aUl! n;l' on~ ,,. .. ,Jc.l.o. 110 deJ3 rle !!ter t1l1portante p~b"mtar¡;e por
que se prt>(.t(upó Yái\e .. por " m:on tr .. r una [Link] q ue pudi,.ra, en CirCWlli'
t"J\ ci~ delenuJnC\dM. \!r~ " r W l tfectu dl' natural idad t'n loslt'ctore8, Un pruner
t'ler nt'llto dc n:8pue~ta es poner d,. ma.n1Íieelo que tal [Link] concede gra n
im portant' l" al narr,lIan(), qur deja de ser cOl\8ulerado como un lector pwvo e
indiferente , tluora¡lor dr textoll en rnt06 de ocio. J::llte pasa a ser JUI'Z al que' se
le trat a de persu'Htir, al que es vlLaj com'l'ncer,
fNoQ'QJO'O D auCJCIOJc::t'&,,(C'IOuOuc:r¡ O,O c:r:c::t't'D'OIOJ
recursos HEI plan que peleamos"b tenía como objetivo
ofrecer un "retrato de México",' describiendo la proble-
mática de la costa de Jalisco (La tierra pródiga); el curncu-
lum lúdico de un niño en los albores de la Revolución (Flor
de juegos antiguos); las tribulaciones de un músico (La
creación); la vida en las rancherías apartadas de Jalisco
(Las tierras flacas). _. ,
Desafortunadamente, al haber sido traducida esa reali-
dad a palabras (traduttore-traditore) se le aplicó un filtro
necesariam ente deformador; se, le falseó al im ponerle una
estructura susceptible de una lectura; se le redujo. La pala-
bra organiza el universo de una manera arbitraria pero cohe,
rente y le inflige un tamiz que convierte ese propósito de
y árlez en una ingenua buena intención de reflejar la rea-
lidad.
El objetivo del presente ensayo no es, por tanto , com-
parar lo HReal" articulado por un discurso sociológico con
lo "real" novelesco (ambos productos de la imaginación) y,
a partir de ello, elaborar un juicio estético que impondría
como unidad de medida la distancia que existe entre una y
otra dimensión, Su propósito es tratar de descubrir cómo
detrás de csa "objetividad" aparente se delata un fondo in-
consciente qu e sirvió como catalizador para poner en pie
una plataforma desde la cual se apostó Yáñez para contem-
plar dc manera urealista" la socie dad capitalina de los rulos
cincuenta.
¿Por qué el narrador quiere dar la impresión de repro-
ducir únicamente una realidad fónica? ¿Por qué optó por
ofrecer la ilu sión de ser ~ólo un trans~ riptor ? Si en última
instancia un proyec to realista está destinado al fracaso en
la mewda en que ese realismo debe ten~r conciencia 4e que
6 Con es L e título bautizó Yá.i\ez a su proyecto narrativo' en 1964, especie
de Comedio humana mexicana.
7 El subtítulo de u F) plan que pdeamoe" es: "Primer esbozo para un re-
trato de tIolixico", Conviene recNdu que tal proyecto estaba dividido en cua~
uo granda; apartados: La,; edadea y los afectos ; El país y la gente ; La historia
y 108 tipos ; L06 oficios y las ilusiones, El plan global abarcaba veinte novdas de
las cuales Yái\ez [Link]ó sólo nueve ,
l-l
OJO '0 'c:tJc:tJD'''''' PO 'OJO 'aJaJO Pc:tJ~JQ' • .Q~ PO c7 O
sólo puede ser una ilusión de realismo, un realismo ficticio .
¿Por qué entonces empeñarse en tal empresa?, ¿qué signifi.
cado puede atribuirse a tal aventura?
Detrás de todo eUo ex iste la necesidad del narrador de
encontrar un procedimie nto co nvincente, un medio seguro
de [Link] al lector. Es una tentativa de conceder al rcla·
to una veracidad a pru eba de dudas. El narrador se siente
dueño de una verdad y quiere ponerla al abrigo del escepti.
cismo del lector. Al encontrar un medio adecuado, el na·
rrador no sólo salva su verdad de UJla eventual refutación,
sino que ha ganado la adhesión e incluso la complicidad del
lector.
Pero, ¿por qué afanarse en otorgar esta dimensión a la
literatura? ¿Por qué pre tender ser objetivo e Impárcial a
toda costa , si un novelista , según la creencia popular t'nás
arraigada, trabaja sobre todo con la intuición?
Lo que parecería en un primer momento una elerclón
contingente, fortuita o intrascendente, iltribuibL~ a \.ma rs·
tética particular o a una escuela literaria en bo~a tn la. épo·
ca, nos coloca inm ediatam ente frente a una tellJellci3 oL·
sesiva, a la vez subterránea ·y evidente (por la manua itera-
tiva en que la encon tramos en la obra [Link]). muy
característica de Yáñez. El pacto narrati'lo del ..;scritor ja.
Jisciense guarda una estrecha relaei¿m ron todo un síndro·
me que se inscribe dentro de la problerncitica que Marthe
Robert expone en su libro Roman de> origines, origines du
roman,' la cual adopta a 1.0 largo de la .obra narrativa de
y áí[Link] diferentes fac eta:;,9
Tomando como criterio el concepto freudiano de
unovcla familiar de los Ilcur6ticos",lO la ensayista fran·
8 Marthc Rober l, HOl1lan de, oriBines, Ol"[Link] du roman, Gallima rd, Pa-
rís , 1972, 364 pp. ( Col. [Link], 1:1.)
9 El desarrollo de Ima ahrmación de es ta natural na e xige un esludio más
. detenido, qut tNerviUTlO'¡ para oLTa {ocasión.
lO En 1909, Fn:ud escribió Wl prólogo a la oblil de Qtto Rank, El mifo
det nacimien to det heme, en el que estudia el Pam ifienromon ("novela fami-
liar"). Esta COIlSLílte en el relato ficticio que fabri ca el niño durante un periodo
de cruia para expLcar sus propi08 orígenes. En esencia, sU contenido es el si·
15
cesa uistingue uos tipos dc narradores: los que relatan
desde la perspec tiva del " niüo enco ntrado" y los que
construyen sus obras desde el ·punto de vist~ del "bas-
tardo", de acuerdo con la posición dominante que asu-
men ante la conlUctiva desc rita por el fundador del psico.
análisis.
E.n el primer tipo ,3(' 'encuentran 10 5 narradores que to-
m:;m co mo esce nari o de sus obras universos inexiste ntes .
producto de su imaginación hasta en los detalles mínimos.
Esos rnundo~ con::.tit uye n una realidad aparte y son, de
alguna [Link] , un intento de recuperación de un paraíso
pre-cd ípico en el cual el "niiio encontrado" fue dueño y
señ or. En este meruo ambiente, sus per30najes pueden ser
gigantes, hadas , animales con atributos humanos, o seres
hum anos que han dado la espalda a la realidad. Las obras
de esta categoría de narradorps que se huelga en descubrir
mundos on íricos y que ha optado por una ficción que no
pretende ser otra cosa qu e ficción y qu e de ninguna mane-
ra quieren se r tom adas por verosímiles, más bien son fan·
tásticas. Entre los ejemplos que ~Iarthe Robert analiza en
su Libro, se encu entran los cuentos infantiles, las fábulas,
pero también hay libros como Robinsoll Grusoe, El Quijo.
te, y cita además autores como Hoffman, j ean Paul, Nova·
lis, Kafka y Melville.
Por otra parte, el narrador que se sitúa en la perspecti-
va del "bastardo" trata de dar a sus ensoñaciones una apa-
rie ncia de verosimilitud . Sus obras están llenas de persona-
jes tomados de la vida co tidiana. Los narrádores que Marthe
Robert incluy e en esta categoría pedeuecen a las escuelas
guiente (aWlque emten iliferenle8 variantea ): el nit10 imagina que sw " verda-
der08" padrea son seres noLles que viven en países remotos. Él es un nillo en-
contrado que se encuentra bajo la tutela de personas ajenas (que en realidad
son sus padres verdaderO/l). Cuando el ~quefto narrador se entera de la dife-
rente función que ejercen 8U padre y su madre en la gCij tación. iruneilialamente
deja de poner en tela de juicio su filiaci ón materna: las dudas son dirigidas en·
toncelI hacia el padre únicamente. A la madre se le atribuyen aventuras con un
se r legendario. de las cuales él es el produclo. Es así como viene a considerarse
como Wl bas tardo.
16
O\IG"uQCD'OCC7'O'DCCUD'e PO'I1OCCCDCOt"oCu o QPgu CIP PD
realista y naturalista. Son narradores comprometidos que
en UII afán de "legitimación" crean vastos universos en los
cuales los protagonistas generalmente están animados por
ambiciones - por cierto muy similares en el grado de inten-
sidad a las ambiciones de los autores que les dieron aliento-
que rara vez enc'uentran satisfacción: ansía~ fama , riqueza,
sabiduría, desean seducir o anhelan cualqUier cosa que pue,
da conferirles prestigio. Ese original espacio es inventado
por una imaginación desbordante que lo colma de situacio-
nes, tramas, caracteres sin número que son descritos con
una técnica a la vez original y fecunda en recursos. Balzac,
Zola, Stendhal, Maupassa_nt, Dostoyevski, son algunos de
los autores que sirven a Marthe Robert para ilustrar este se-
gundo tipo de narradores.
La oora de Agustín Yáñez tiene muchos elemen-
tos en común con esta segunda categoría. ti Su com,
promiso con la realidad social de México; su gran am-
bición narrativa cuyo proyecto no fue llevado a buen
término; la alta densidad de perso najes que hay en sus
novelas; e incluso el hecho de que la misma ambición
sea uno de los elementos centrales que mueven a mu-
chos de los protagonistas agustinianos, son algunos de
los ingredientes fundamentales que pueden interpre-
tarse a través de los postulados de la autora de tan su-
gerente teoría sobre las motivaciones inconscientes que
regulan la génesis y la producción narrativa."
1 1 Ea preciso teqer en cuenta, ademú. que much08 de loe personajes de
Yál\ez son bastardos o huérfW08 de padre. El caso mú notable es el de Gabrid.
Martínez, protagonista de lA creación y que aparece en Al filo del tIf'UO, úu
tierrru j1oCfU, y en Ojero.a y pintada. También es huérfano Aguatín, personaje
de Flor de jue601 antiguo., En lo que respec ta a baatard08, recuerdeee a 108 hi.
j08 de Epifanio Trujillo que aparecen en La" tiemu jlacfU.
11 En su libro Le corp' de ,'oeuvre (Gallimard. 1'981), Didier [Link]
acepta con reservaa las tesis de Marthe Robert, ya que en su opinión el ni.t'.lo se
plantea muchas otrae situaciones imaginaria.s sobre sus orígenes. y agrega. ade-
mú, que al adulto se le ofrece un número casi infinito de situaciones 8Wcepti.
bles de se r objeto de relatos Jel tipo, .. , cómo hubiera sido mi vida si lTliII padres
no se hubieran divorciado, , , muerto, vuelto a casar? ",Si no hubiera tenido
hij08't ' Cómo hubiera sido mi vida si hubiera eatudiado tal carrera! ¿Si hubiera
escogiJo II tal '!, etc , (lbid., pp, 218-226 ,)
l7
Una voz que clama en el Canal
De los numerosos personajes de Ojerosa y pintada, el Filó·
sofo del Gran Canal es sin duda el más insólito. José Luis
Martínez ha señalado que existe un parentesco entre Lucas
Macías (Al filo del agua), Matiana (Las tierras fWcas) y este
curioso ser. 1J En efecto, muchas son las incidencias que
encontramos en su descripción, de tal suerte que se puede
construir con estos tres perso~ajes un arquetipo cu yas ca-
racterísticas serían las siguientes : la fecha de su nacimiento
se pierde en un pasado remoto r~de sÍ, Lucas Mac ías no
sabe ni la edad")¡14 conoce a todos los miembros de su co-
munidad ("de todos, Lucas Macías da santo y seña, como
si los hubiera tratado íntimamente: sabe sus man ías, sus
modos de ves tir, sus expansiones domésticas")¡15 conserva
memoria de 103 acontecimientos más remotos y enigmáti-
cos, tanto de catástrofes como de periodos de bonanza, he-
chos violentos, detalles baladíes o sucesos notables ("yo no
puedo revelar tantas cosas como sé o he visto, con ~is
ochenta y pilón a cuestas", dice Matiana)j16 descifra el sig·
nificado oculto del diario acontecer; entrevé el futuro de
sus paisanos y comprende los resortes ~isteriosos de su
conducta (el "excéntrico discurseador" es dueño de "todos
los secretos de todos los habitantes y de los millares de visi·
tantes que pueblan esta gran capital de la República") ;" y
es capaz de emitir una sen tencia que por todos es conside-
rada como inapelable.
Especie de juglar; oráculo, juez, historiador, autoridad
moral, psicólogo, profeta, cronista, filósofo de la condic ión
humana o chamán, su presencia en tres de las más impor-
tantes novelas de Yáñez exige un atento análisis, sobre
1J er. BU prólogo a las Obra. [Link].J de Agustín Yát\ez(Aguilar,1968),
p.64.
14 a. Al fijo deJagua, en Obnu elCogidOl, p. 741.
1S lbidem .• p. 742.
16 er. LlU tierTOI flactu. en Obro# elCogidaJ , p. 409.
17 [Link].
18
o:a:0H[Link]IO,Ou'OtOJo,oO,e:",0"1e'¡'OJO,OIDCOu'Q
todo si se tiene en cuenta que este arquetipo cumple con
una función tan trascendente que la muerte de Lucas Ma·
cías, por ejemplo, anuncia el final de toda una era, con Jo
cual termina Al filo del agua; o que a! filósofo se le conce·
de la parte centra! y más extensa de Ojerosa y pintada .
. Los demás personajes que aparecen en estas tres obras
se agrupan en torno a estas figuras casi legendarias. Acuden
a ellas en busca de refugio ante las adversidades, de infor·
mación de carácter práctico, de consejos en sítuaciones difí·
ciles, o para que les ayuden a acallar sus angustias. La pluma
de Yáñez se complace en pintarlos en todos sus aspectos:
su físico, sus actividades, sus inquietudes, su intimidad, su
función social, de tal suerte que quizá sean los personajes
más complejos y sin lugar a dudas los más atractivos o enig.
máticos que haya creado el escritor jalisciense.
Al adentrarse en la personalidad de cada uno de ellos,
el lector conoce la visión del mundo de la sociedad que es
protagonista de la novela en cuestión; se pone al tanto de
su historia y de su situación actuaL Es a tal punto un pero
s'onaje clave en el universo narrativo en el que vive que a
través de su análisis se podría establecer un espectro de es·
tas tres novelas de Yáñez. 18
Aunque en Ojerosa y pintada está aislado y sus afirma·
ciones parecen demasiado radicales, el Filósofo representa,
de alguna manera, la suma de toda una serie de elementos
repartidos en los demás personajes." En esta novela lo en· ·
Con tramos como Hun hombre de traza estrafalaria" (p . 114),
sin nombre, como la mayoría de los personajes, Hcategóri-
co" y notablemente desequilibrado (Ha leguas maniático'"
1 a El significado de cada uno de e8t06 tres personajes es muy diferente,
El Fllósofo sería el polo negativo de una función que desempei\an positiva.
mente Matiana y Lucas Madu, por ejemplo.
19 Es preciso poner de relieve el hecho de que el Filósofo ocupa el capi.
tulo central, que constituye el zenit de la esuuctura triangular de OjerolQ.y
pintado.. compuesta por "Cueata arriba", "Parteaguas" y "Cuesta abajo'·, Este
pel'8onaje es el que más habla, a! que se le dedica mayor espacio y el el que tie·
n~ la visión del mundo más original, en una novela en que muchos de los perso-
najes que representan una se rie de clichés o prejuicios de una mora! de los aft08
cincuenta que ahora resulta ancrónica.
19
"'D DI <>'D :al D'OD' 'DODO a: '00':;101 0 DO O"QOQIDIQIO/oD'.
p. 114). Se distingu e por su obsesión: se dedica a observar
el canal del desagüe y para justificar tan peregrina conduc-
ta no duda e n investir con carácter de obligatorio su absur·
da actividad a la que ha dedicado toda su vida. Víctima de
tan grave perturbación, llega a afirmar que en el canal se en-
cuentra la "verdadera historia de la gran ciudad" (p. 114).
En su soledad y sin ninguna ocupación práctica que
distraiga su atención se cree poseedor privilegiado de un
gran sec reto , dueño de la Verdad. Esta dimensión megalo-
maniaca desconoce toda coordenada que limite sus delirios
y lo lleva a sentirse por encima de cualquier mortal que
pretenda ser detentador de atguna certeza, sea ésta de carác-
ter religioso, científico, humanístico o social:
me he convertido en especialista de la ciudad , mi experiencia
no la tiene ni el más planchado historiador, ni el periodista más
águila , ni el médico de más clientela , porqu e todos eUos no
ven , digo , sin o as p ec ~os , partes de la vida, y yo abarco todo el
pan orama subterrán eo ... 10
En su opinión , el hombre no puede escapar de la corrope
ción. La condición humana se compone ese ncialmente de
porquería, fetidez, inmundicia, heces, putrefacción , carro·
¡la, hediondez, pesti lencia . . . Todos éstos tan sólo son al·
gunos de los numerosos adjetivos de los que se sirve para
exp resar tan radical náusea. Parece ría que el grado de in,
tensidad del sentimiento de abyección, de la ignorñinia (Ial.
in + nomen = Hsin nombre") es inefable o por lo menos
inasible a la palabra : la sinonimia sería la única posibilidad
para poner un paliativo a esta incapacidad del lenguaje, en
la medida en que cada palabra sólo puede abarcar un aspec-
to de una realidad que lo rebasa.
Durante años se ha dedicado a observar el canal del de-
sagüe. En el incesante flujo de las aguas negras ve el Hautén·
tico" rostro del devenir de la soc iedad. Todo está condena-
do a la destrucc ión; el hombre no es capaz de bondad: la
10 P. 11 5.
20
' 0 ' 0 'O. O 0 / 0 / 0 ' 0 '010.<7;0 010 PD OIOCO.4:»';D PO. 1> ' (
condición humana es sórdida y repugnante. Su juicio es ra·
dical; no admite siquiera una pálida esperanza de redención.
Su nihilismo no hace ninguna concesión. Su postu ra es a
tal grado extrema que no se puede imaginar una evolución:
¿cómo llegó a ese extremo?
En el momento en que el taxista se topa con él, el Filó-
sofo lleva ya cuatro décadas de entregarse a tan extraña es·
pecie de vida contemplativa. A pesar de ello, es sorprenden.
te la precisión con que puede datar el origen de su actitud '
frente a la vida: movido por un curioso afán de ver aún la
sangre fresca, p!=>r una fascinación in controlable, se dirige ·
por primera vez al canal e! dia del asesinato de Madero y
Pino Suárez . Sería absurdo tratar de explicar su actitud
mediante una motivación de orden político. Ni una feroz
convicción antirreelecciorllsta, ni un profundo sentido de,
mocrático pueden dar origen a una pe rturbación semejan-
te. Hay que tomar en un se ntido más profundo las palabras
de las que se sirve para hablar de la impresión que le produ-
jo el asesinato : Htristeza y rabia" ; y agrega, inmedia ta -
mente después, que se sintió "desesperado, anonadado"
(p. 122).
Es muy común ver en personas que ocupan un alto
puesto o que gozan de autoridad moral , intelectual, políti.
ca o j e rárquic~, sustitutos de la imagen paterna. En el caso
de nuestro profeta, este aspecto se ve particularmente e n·
fa tiza do cuando afirma que con la violenta desaparición
del prcsidente sintió "como si algo Re me huLiera perdido
irremisiblemente" (p . 122). Esta identificación es tan fu er·
te que el asesinato evoca en nuestro personaje aspectós in·
conscientes de su historia persOlh l que lo confrontan brutal·
mente con sus sentimientos parricidas. Un acontecimiento
aparentemente alejado y ajeno desencadena inmediatam en·
te un conflicto edíp ico latente, de tal forma que su vida
cotidiana y su equilibrio emoc ional se ven gravemente afec-
tados. Nuestro protagonista se identifica inconscientemente
con los asesinos del presidente y del vicepresidente. Ago.
biado por un sentimiento de culpa insoportable e incapaz
21
CoOIO'CIOIOoloOloOIG'.iO.C.D'O D t>N:[Link]"OIO/e
de reconocer el significado de su reacción, cae en una pro-
funda depresión.
La ciudad se convierte brusamente en la Gran Cloaca.
En el curso de un solo día su visión se torna desesperanza-
dora y profundamente escéptica. De golpe todo aparece
marcado con el signo de la corrupción. A nadie trala con
indulgencia. Consideraciones como jerarquía, sexo, edad o
condición social le son indiferentes : todo es carroña. Este
es el rasero con el que mide a todos los seres humanos. Con
manifiesto orgullo afirma haber retocado la formula bíbli-
ca: "me gusta corregirle al sabio y decir: corrupción de co-
rrupciones y todo es corrupción".l ' De la Decena Trági-
ca a esta aseveración tan categórica existe una gran distan-
cia: una conclusión sobre un hecho singular es elevada a la
categoría de universal absoluto.
Desde el primer momento asegura: "me siento con fe,
H
sor.. . confesor de muchos y muy graves secretos (pp.
114-115)_ Su profesión, si así puede llamarse a su ritual ob-
sesivo, consiste en poner en evidencia la verdad última de
la vida_ Sin embargo, por un extraño azar del destino no lo-
gra sacar - hay que señalar que ni siquiera lo intenta- la
más trivial confidencia -del taxista_ No lo deja hablar, se
apodera de la palabra. (el narrador dice que habla como "si
saboreara" las palabras, p_ 114), Y movido por una neuróti-
ca compulsión de confesarse, él mismo aborda el tema de
su extraña tarea cotidiana. Para justificarla - le es preciso
buscar la aprobación de su interlocutor (de la misma mane-
ra que el narrador está interesado en conseguir la adhesión
del lector)- recurre a loda suerte de argumentos: su fija-
ción, asomarse al canal por las razones que él arguye es un
"gusto", una "obligación", una "diversión", una "útil ocu-
pac ión", un "oficio" (p. 11 4).
Es interesaute hacer resal lar que nuestro profeta guar-
da cierta afinidad con el Caballero de la Triste Figura: ex-
21 (Jp. p. 122. Es interelante seftalar, por otra parte, que no ca el Fi.
("1/ .,
)'''¡;oro dd Canal quien
acuña cata fónnula, ya que los abogados recogidos ante
la [Link]ía lo afirman en . Cuesta arriba", 21.
presiones del tipo "bastón en ristre" (p. 113); su indumen·
taria rotosa y anacrónicaj figura enjuta, su mis ma locura y
pobreza; su mezcla de hidalga dis tinción y ridícula proso·
popeya, e incluso el hecho de que el taxista lo haya encono
trado a la oriUa de un camino '(Ia carretera a Puebla) , so n
los elementos responsables de tal semejanza. Co mo Don
Quijote, cI "excéntrico diseurseador" (p. 1 J 7) le ha dado
la espalda a la realidad en aras de un cierto idea lismo.
No es posible en tender la lógica interna del personaje si
no se plantea uno como interrogante la causa por la cual
esas· afirmaciones son tan categóricas y, además, la razón
por la que es precisa tal vehemencia para exponer su punto
de vista. .
Tan alta, carga de afecto utilizada en el tono enfá tico y
tan con tundente extrem ismo son índices de la inte nsidad
de su conflicto psíquico. Su proceder tiende a acaUar un
sentimiento de culpabilidad neurótica.
En "Análisis fragmentario de una histeria", Freud se rt a·
la que este tipo de rcciminaciones, es decir , aquéllas que
una persona repite incesantemente, responde a un mecanis-
mo de defensa conocido con el nombre de proyección. 21
Por ello, la actitud de nuestro predicador es de constan-
te inculpación: necesita mostrar la ignominia y la sordidez
del otro. Tiene que denunciar a la humanidad achacándole
el m,ismo contenido de lo que da origen a su sentimiento
de culpabilidad para poder conservar un frágil equilibrio .
Sólo de esla forma encuentra alivio, y esas incesantes recri-
minaciones le apo rtan, colateralmentc, una satisfacción
narcisista: ¿acaso no es él el único que está conscicnte de
la esencial e ineluctable degradaciÓn física y moral del gé.
22 "Una serie de reproche. contra otr08 oos hace lIospechar la existencia,
detJÚ de eUa, de lUla Merie de reprochell de igual contenido contra la propia
persona. N08 bastará entonces referir suceshamente cada uno de eUos a la per-
sona del enfermo. ElIte modo de defenderse contra un reproche referido a uno
mWno, transfiriéndolo a otra persona, muestra algo inegablemente automático
y tiene su modelo en la conducta de 108 niñOti pequeños que siempre que se les
reprocha alguna mentira responden 'el mentir080 ereli tú'," Freud., op. cit., en
Obrc.J compleku, Uiblioteca Nueva, Madrid, 1948, t. 11. y, 523,
23
'e' PDJO. CJO PD PDJC,4>lD'O':O, c:>(dJ# O' 'O':c:t:D,O:c:t:c:t. C'
nero ,humano , el único dueño de la Verdad? Este es el ori-
gen de una locura que se despliega en una doble vertiente
caracterizada por una monomanía y una megalomanía que
son inseparables.
No puede permanecer eh casa ni dedicarse a alguna ac-
tividad: le es vital tener frenle a sí la prueba fehaciente de
que los criminales son los otros y no él mismo, ya que sien-
do el Juez, está al abrigo de cualquier sospecha. A esto se
puede atribuir también su necesidad de conve ncer a su in-
terlocutor de que lo que dice es una verdad indiscutible. Su
actitud hace pensar que él busca a través del asentimiento
del otro, de su aprobación, convencerse a sí mismo.
Se permite ver en los demás miedos insuperables que
los obligan al despilfarro (eufemismo por masturbación), al
asesinato de víctimas inoc.e ntes (aborto) y a la esterilidad_"
Sin embargo , resulta evidente que el Filósofo del Gran Ca-
nal vive en el celibato y que su prédica es totalmente infe-
cunda. La incapacidad para modificar sus puntos de vista
lo ha llevado casi a la inmovilidad. Se diría que ya es impo-
sible que vuelva a t,ener preocupaciones de orden prác tico,
sex ual, económico o social "normalcS·".l4.
Una de las caracte rísticas que mejor lo definen es la
dramática escisión de su visión del mundo sin que exista
punto medio posible. Imagina que la gente sólo puede ser
santa o pecadora; apóstolo asesino ; virgen o meretriz.1S
Esta ocasión guarda una analogía con su propia historia,
que tiene como línea demarcadora la Decena Trágica. An,
l3 El tema del despilfarro es una obsesión de Yái'tez que requiere un aná·
lisi! detenido.
24 La proyección es un mecanWno de defensa utilizado por otros perso-
najes de esta novela. Por ejemplo, el oaxaqueilo norteado, que prefiere ignorar
sus Limitaciones y atribuirlas a su esp06a, "zapateca pura", de quien se expresa
en ténninos desdeft0606, cuando en realidad "ella fu e la primera en hallar colo-
cación en Palacio a 106 d06 días de llegar, y la que se agenció para conseguir
casa .. . comprando 108 muebles indispel18ables ... De cualquier modo, es un es-
torbo cargar con la mujer cuando se trata de abri1'8e paso en México" (pp. 207-
208).
1 S El Filósofo sentencia: ''una ciudad es así: junta de sant06 y pecado-
res, de apó8toles revuelt06 con asesin06 y ladrones, de vírgene8 pruden tes y ne.
cias, de mujeres corruptas ... ) de meretrices. de santos y enfe nnos" (p. 120).
24
PIOlO D, Oi O 0'011:' 'D, Di DIO 01010 D O t7 O"O'IDIO,
tes de esa fecha , veía la capital corno la Ciudad de los Pala·
cios, contempló el esplendor de Porfirio Díaz:
Yo había visto el esplendor de I'orfirio Díaz cuando ti Cen te,
nari o, el entusiasmo de la gente c uando la entrada del se ñor
Madero, y había visto e l esp lendor de las procesiones de Cor-
pus , de los arzo bispos, de 'las damas , de los carruajes, de los ca-
trin es, de muchísimos banquetes y bailes, de las iluminaciones,
de los palacios, , . había entrado a los teatros, a los res toranes
de luj o, .. 16
Sus palabras dejan ver claramente qu e hasta el día del mago
nicidio, todo fu e entusiasmo, placeres, buen comer, elegan,
cia. Después del asesinato sólo ve deterioro, destrucción,
decadencia, cuando se pasea por la ciudad de México. La
histori a se convierte en '"río voraz, .. destrucción, dese-
chos" (p. 121). De pronto, el mundo se convierte en letri·
na fétida, sin solución de continuidad.
La imagen física del " discurseador" que nos presenta el
narrador es acorde con su personalidad esquizoide: sucias
sus ropas pero pulcro y afeitado el rostro ; estrafalario pero
distinguido ; dueño de la Verdad, pero en una miseria que
no le permite siquiera pagar el taxi ; solemne y de buenas
maneras, pero reducido a pedir caridad. En su descripción
abundan los rasgos que se contraponen y los signos inequí.
vocos de su decadencia física , social y económica,17
Dentro de los numerosos contrastes mencionados, so-
bresale en el retrato del profeta su "buena y brillante den·
tadura" (p. 114). Símbolo por antonomasia de la agresión
(ya que ésta sirve para triturar , devorar, destruir) es el úni·
co elemento que escapa de"!a imagen de caducidad que
aquél proyecta. Esta excepción es muy significativa : los
16 Op. cit, p. 123.
17 Desde un punto de villta eatilíltico es interesante hacer noW que en
la deacripción de esle pel'8On.,je, el narrador Iccunda toda afinnacion con fra ,
sea advenativu conceaivas. Parecería que trata de reacalar il elte perllofuJe. A
tnvéa de ell oe "pero" y "aunque" le mtra algún upec lO poeitivo: lu cida, u-
peranza, razón . No todo en elte pellonaje es locura.
25
dientes sirven de com plemento al canal. Ellos inauguran el
largo proceso cuyo apéndice está constituido por éste. Am·
pos forman el a1fa'y el omega de la digestión. La dentadura
muele, corta, desgarra, ·el-canal sólo es el conducto que
transporta los desechos. El proceso de degradación tan de·
nunciado y estiginatizado por nuestro filósofo se ha inicia·
do en una boca que ostenta afilados colmillos. Si en la opio
nión del protagonista de "Parteaguas", nadie es capaz de
un acto generoso y en ningún ser humano existe una cuali-
dad genuínai él, a "Su vez, cuenta con sólidos colmillos que
metafóricamente aluden a su agresividad y a la ·;iolencia
con que considera al género humano. Es conveniente recor-
dar que el fin último que persigue es "arrojar sus inmundi-
cias al rostro de la sociedad".2S
La imagen que tiene del cuerpo humano está en conso-
nancia con su visión del mundo: prefiere imaginar cuerpos
desarticulados, cadáveres , abortos. 29 Incluso al ruletero,
que era el único personaje que se había salvado ("muchísi-
28 Op. cit., p. 120. Por otra parte, hay que eeftalar que una fantaaia de de.
voración [Link] a varios' personajes de OjeroUJ y pintadtz. Por ejemplo, el
oaxaquel\o norteado de "Cuesta abajo", 8 afinna que ''me asustasentinne frente
a Wl monstruo [la Cilldad de México] dentro de su boca, que me traga"(p. 208~
El taxista, a su vez, expresa su sentimiento de [Link] por asaltantes y poli.
cías de la siguiente manera: "cuando no asaltado, mordido" (p. 41) Y también
responde a los penalistas "no me vayan a comer" (p. 109). Por SU parte. uno .
de los integrantes del grupo que se sube frente al cabaret Leda dice '"nos ceme-
m03, ¿a quién?, si. ya nos hemos comido 3 medio mtmdo"; otro insiste sobre el
te1llo3 al decir "a mí no me [Link] digestión los prójimo! que hemos comi·
do desde hace rato" (p. 30). Entre las posibilidades que existen para "triunfar"
en la Ciudad de México es "dar mordidas" (p. 55). .
A los dientes se les consagra un lugar importante: en un'a ciudad tan hos-
til, [Link] de las cualidades más preciadas es que se necesita "cohnillo" (p. 87).
Del genernl. Robles, héroe admirado. se &ei\:da con particular uombro que SU
cuerpo conserva "la dentadura completa" (p. 213~ El taxista. por su parte. re·
cuerda con enigmática nost~gia "el dolor de la primera muela que le sacaron"
(p. 191). Por último. es conveniente sei\alar qu'c la agresión asociada al aparato
digestivo está presente en abas obras de Yáñez; por ejemplo, en la figu ra. de
Epifaroo Trujillo, personaje de La, tierra, fJacfU. Una de las manifestaciones de
su sadismo es un apetito particularmen te voraz: "come y traga como de6C08i.
do"(p. 317~
29 PoI' lo menos existen otrae dos imágenes de fragmentación de cuerpos
ea Ojerosa y pintada: el taxista recuerda la anécdota de los estudiantes de me·
dicina .que arrojan a la calle partes de un cadaver. Por o tn parte, el maniquí
con el que se divierten unos jóvenes [Link] a Bellas Arte.s termim Cr3g!llentado.
2ú
mas gracias, caballero, porque usted lo es . .. ", p . 120) lo
ve sólo como cuerpo capaz de secretar sudor, orina, mugre,
heces. 30
En suma, el Filósofo del Gran Canal, que sin lugar a
dudas es la figura más extraña que haya creado Agustín Yá·
ñcz, es un hombre al que la Decena Trágica marcó profun.
damente. En Madero reconoce a una figura paterna cuyo
asesinato actualiza toda una problemática edípica latente.
La intensidad emotiva de este conflicto lo lleva a retirarse
de la sociedad y a un abandono general de la vida práctica,
lo cual lo condena a un estado patológico del cual parece
difícil que salga. Compul~ivamente reprocha a la humani·
dad su hipocresía, inmoralidad y corrupción. Sus acusacio·
nes, sin embargo, sólo cobran sentido si se le aplican a él
mismo. De esta forma, resulta evidente que es un ser ago-
biado por un intenso sentimiento de culpa. Esta problemá·
tica lo lleva a emitir juicios extremos y generalizaciones
maniqueas. Ambos efectos son índice de lo agudo de su
conflicto y reflejo de la dicotomía que caracteriza su histo·
ria personal.
La Ciudad de México: un desie rto
Ya se ha hecho alusión al gran número de personajes que
pueblan las páginas de Ojerosa y pintada. En esta novela
hay niños y ancianos; aristócratas y gente común; prostitu-
tas y presidentas de asociaciones cristianas de beneficencia;
succesful men y oficinistas sin porvenir; políticos y ascetas;
policías y asaltantes... Diversí.Jad que sugeriría una visión
verdaderamente representativa, equilibrada y minuciosa de
la sociedad capitalina de mediados de siglo.
Pero, ¿cómo es semejante multitud?, ¿qué frecuencias
30 El Filósofo afinna: "cuántas veces habré visto pasar e ntre lu aguas
negras la historia de 115ted, es decir: el residuo de su sudor, de sus apurOil)' sus-
t06 la materia sobrante de SUi dUel08 v fiestas . . . qué sé: yo, hasta ~I mugre "
(p.'120). .
-?('
describen las ondas de sus obsesiones?, ¿qué scanner puede
sondear sus miedos? ¿Cuáles son los catalizadores de su vida
afectiva?, ¿cómo elaborar una clasificación de sus destinos?
Al bosquejar una respuesta a estas interrogantes, la ilu·
sión de estar frente a un amplio panorama se desvanece. El
lector s~ percata de que los personajes fueron sometidos a
una especie de lecho de Procusto.
En efecto, la nutrida variedad de personajes sólo es nu·
mérica ; no hay una diversidad cualitativa, ya que es posible
encontrar ciertas consonancias que permiten afirmar que
en el fondo .todos eUos responden a un patrón determina·
do;" están pintados con un mismo pincel que ha dejado
en eUos una hueUa inconfundible.
Tomando como criterio el estado de ánimo, es posible
afirmar que en Ojerosa y pintada los personajes sólo ex is·
ten en situaciones extremas, dispuestas a manera de contra-
punto: la desesperación más sombría colinda con la alegría
desbordante, acabada y completa. Entre los personajes que
se encuentran en el primer caso hay quienes están al borde
de la quiebra ("Cuesta abajo", 12); otros (los militares de
"Cuesta abajo", i) se encuentran frente a la Húnica tabli-
ta", un provinciano desempleado que después de haber pa·
sado penalidade. sin límite dice "buscarte ha sido mi último
recurso" ("Cuesta arriba, 13); un misterioso militar f~Cues ta
abajo" , 9) "cuya voz denunciaba estados de cólera a punto
de estallar"; alguien que sufre dolor de muelas y que dice
"quisiera darme un balazo" ("Cuesta abajo", 4) ..Se encuen-
tran en una especie de callejón sin salida, con todas las
puertas cerradas, en la última e tapa de un proceso de de·
gradación económica, social o familiar. Entre los persona-
jes que se encuentran en el segundo caso, están los que fes-
tejan "santo, boda, bautizo al mismo ti~mpo" ("Cuesta arri-
31 Ese "patrón deteiminado" pone en evidencia un tejido de obsesiones
que cOIUtituye una manifelltación del inCOfl8Cle nte de Yál'lez y que debe lIer
descrito para conabuir'un protomito, como lo sugería el creador de la psicocrí-
tica, Otarlell Mauron, a travéll del cual se podría intentar una "explicación" de
la narrativa agustiniana.
28
'O'O(O'o.D(DnO'O~¡10(D. nQ,O'O'D(<>oI<>I-<>
ba", 13); Y la familia que celebra el ascenso del padre y cl
cumpleaños de uno de los chicos ("Cucsta abajo", 8). Es in·
tereiante destacar el hecho de que en estos personajes la alc·
gría 'no se concibe de una manera simple. Para que esa di·
cha pucda manifestarse, es necesario qu e sea el resultado
de una acumulación de éxitos en varias esfera s: social , fa ·
miliar y profesiOnal. Es la etapa final de una historia qu e
necesariamente exige esfuerzo personal, integridad moral y
estabilidad familiar. La felicidad sólo puede ser de natura·
leza exultante, sin sombra que haga mella a la plenitud."
Adocenados en el anonimat o (hay que recordar que
sólo en contadas ocasiones tienen apellido), el primer tipo
de personajes está construido utilizando -nuevamentc-
como recurso prinCipal el contraste : por un lado, todos ma-
nifiestan una ambición sin límites; y, por el otro, la situa ·
ción en la que se encuentran siempre es muy precaria , Son
presa de un agudo desaliento c insatisfacCión y lo mayo ría
de ellos tiene un profundo sentimiento de fru stración. La
libido dominandi que se e xpresa a la vez de manera inge.
nua y ridícula, por ejemplo en el deseo de los provincianos
recién llegados a la capital que quieren "conquistar Méxi·
co", irrumpe auspiciada por fantasías delirantes -alguno
de los personajes llega a imaginarse a la cabe7.a de un desfi·
le triunfal por la Avenida Juárez- que permiten a los pero
sonajes escapar de una reali<;lad hostil y apabullante.
Son muchas las formas que adopb es tc que cs el esquc·
ma básico de la conflictiva ; sin embargo, todos los persona·
jes se ven confrontados en él y nunca eltcue ntran solución ,
recursos para llegar a eUa o es per~',za de hacerlo .
En el glosario de Ojerosa y pintada. el momento pre·
sente es sinónim o de carencia . Cada uno de los perso najes
represen ta un aspec to de IIn déficit fundamental : unos se
Jl Eslo ea índice de IIn cambio no table en la narrativa de Yáñez. Atráa
han quedado los héroea rebeJdea (María, Gabriel) que son desviantea 80Cialea
de Al filo del ~ A partir de esta novela. Yáftez opta por 106 val orea estable.
cidos: ya sean valorea ancts traleli o 106 de un optimismo gubernamental . Lasa·
do en un orden legal y en el progreso técnico : la Revolución ya rue hecha.
29
"1<0 '0'10'$ O' 'OIDIOoe>IDIOtD. Ot' D tO C7 '~t'DI</110(Ol!DtO"c
aferran al recuerdo de los privilegios (la antigua burguesía
porfiriana); otros han quedado huérfanos (por ejemplo, el
niño que trabaja en la fábrica de azulejos); a éstos se les
niega el reconocimiento al que creen tener derecho (los mi-
litares) ; aquéllos son víctimas de la injusticia (el velador
despedido sin justificación después de veinticinco años de
servicio); otros (com!> el ruletero, o los provincianos que
acaban de llegar a la capital) tienen que someterse a rudas
pruebas para sacar adelante sus proyectos_
Este sentimiento de déficit ontológico, de tara incon-
turnable, tiene mil máscaras: desnutrición, mediocridad,
miseria, enfermedad, ignoraf!.cia, bastardía, orfandad, des-
clasamiento, insatisfacción, psicopatía, cárcel, desesperan.
za, incomunicación! soledad, amoralidad, corrupción, con·
vencionalismo.
El optimismo de Yáñez que se manifiesta en otras no-
velas a través de la confianza en un estado tecnócrata, ca·
paz de poder ofrecer solución a los conflictos de una co-
munidad (La tierra pródiga); en el progreso por medio de
la técnica y la superación de la etapa de dominación del Ca-
cique (Las tierms flacas); o en un movimiento social que
puede aportar una liberación frente a una sociedad opresi-
va (Al filo del agua), ha desaparecido en Ojerosa y pintada.
para dejar lugar a un escepticismo absoluto en la sociedad;
con un gran desengaño frente al progreso y sin esperanza
de encontrar la redención ya sea en la acción política o
simplemente en la pareja: no hay expectativa viable.
El universo de la Ciudad de México, al igual que los
cuerpos que obsesionan al Filósofo, se encuentra desarticu.
lado . A excepción de tres núcleos familiares (la familia del
taxista, la del hombre que ha sido ascendido en su. trabajo
-"Cuesta abajo", 8- y los que festejan santo, bautizo y ani·
versario de bodas - "Cuesta arriba'" 7-), la trama social ha
desaparecido o se ha transformado en una especie de trame
pa en que los personajes han quedado atrapados: en todos
los grupos que aparecen en esta novela existe un malestar
eviden te, incluso cuando se di,~erten .
30
En algunos casos, la muerte de la figura paterna viene a
romper la unidad familiar (por ejemplo, el General Robles;
el padre desahuciado, enfermo de cáncer -"Cuesta abajo",
16.,.); para otros, la familia es un infierno (como es el caso
del que quería matar a su esposa o el de la pareja que se pe·
lea en el libre de "Cuesta arriba", 4 y 2, respectivamente); en
otr08 más, la ruptura se ve duplicada -por ejemplo, los
provincianos que no sólo sufren cl traumatismo que signifi.
ca tener que separarse de su medio ambiente sino que pa·
, decen la hostilidad de la megalópolis cuya laberíntica dispo.
sición los cpnfunde-; para otros, verbigracia, el taxista, la
sociedad es una jungla: constantemente se encuentran en
posición de víctimas que-'son hostigadas por la policía o
son presa de los asaltantes ("por unos y otros acosado, ex·
torsíonado", p. 41). En el plano profesional, los personaje"
son explotados, como en el caso del niño de la fábrica de
azulejos al que le pagan easÍ propinas; o su trabajo es sórdi·
do o frustrante (un violinist!, afirma que su Lrabajo es "ho·
rrilble", y hay momentos de volverse loco y querer pegarse
un tiro", p. 39) y de las ficheras se' dice que "no tienen
quién las' defienda y todos tratan de explot"rlas" (p. 39); a
los burócratas, por su parte, se les impon en cuotas obliga.
torias para agasajar a líderes c uya única función consiste en
asegurar una mejor explotación de los trabajadores por par·
te de los patrones, Incluso cuando un peroohaje tiene éxito
y logra un ascenso social, esto a la postre resulta ser un <'s-
pejismo, ya que termina por no pertenecer a ninguna clase
social -ya no se puede identificar con los intereses de su
antigua clase y la nueva clase social a la que perLenece lo re·
chaza por considerarlo arribisfe.- y por encontrarse en el
vacío. Parecería que la única salida es el alcoholismo y la
enajenación y resignar~c_
Los personajes Jt! Ojerosa y pintada so n seres expu l-
sados del paraíso y no tienen redenc ión alguna: quiell
vive en el Distri to fede ral es una víeLima explotada. ame·
nazada, asediada, hostigada, vejada, violentada, humilla-
da, dcsprf'ciaua, extorsionada: rs una prl'sa acorralada
:11
11'(0 O c:r:&' te:> 'Dlt:I'IOIt:1Ie:>tOIt:1It:110(t:1/~ 't:1It:1I~
que vive con una constante "sensación de aniquilamiento"
(p. 203).
¿ Cuál es la causa de semejante malestar tan generaliza.
do? Una constante que encontramos a lo largo de toda la
novela nos brinda una pista muy interesante para resolver .
esta cuestión: la muerte del padre. En efecto, todo lo rela·
cionado con la figura paterna, sea real o simbólico , es criti-
cado, destruido , puesto en tela de juicio o convertido en
objeto de escarnio.
El primer cuadro de la "vida en la Ciudad de México"
se abre -como lo ha señalado José Luis Martínez en el pró-
logo a las Obras de Agustín Yáñez- con un nacimiento y
se cierra con un fallecimiento. Prjncipio y fin encuentran
una correspondencia rigurosa lo cual pone en evidencia' la
sólirla estructuración del relato. Cabe apuntar, sin embar-
go, que el solo acto de nacer crea por sí mismo la paternidad
y, por otra parte, es conveniente recordar que el personaje
a cuya muerte asistimos 33 es el qeneral Robles,34 padre
33 No podemOl!l dejar de sei'ialar que el nacimiento y la muerte seRaladas
son las accione8 más importantes, cuando no laa únicas que merecen el nombre
de acción, en el sentido de que 108 pc:rllO~ee de Ojer06iJ y pintodiJ no "ha-
cen" nada. ú decir, 8lIben al taxi, son transportadóe, narran su hiJtoria y bajan
del coche. fl único verbo transitivo es narrar, Jo cual pone en evidencia el esta-
tus particular de la palabra en esta novela. Todo coruiste en poner en palabras
un pasado, un presente o un futuro. El "libre" es el lugar vacío en que 108 pero
eonajes se enfrentan a la palabra. Hablar, y por ende narrar, no sólo otorga a
cada uno de eUosla jerarquía de personajea, es decir,la exiatencia misma _ una-
ITa, luego existo", sería la divisa del actante de OjerOliJ y pintodiJ- , sino que
108 confronta bruWmente consigo mism08, con Ja imagen que tienen de si, de
lOe otrOfl ; o toman una posición en relación con la imagen que 106 otr06 se foro
man dt ellos - irn~n que está materializada por laa palabras, por relat08_. De
allí la doble importancia d&.la palabra en esta novela: no sól o cOlUltituye el ma·
terial que veruculala historia, sino que la palabra es Ja que crea el ser mismo de
106 persoflljet.
34 El mismo nombre del person~e está lleno de connotaciones: General,
título que indica el grado máximo del ejército y detrás del cual se encuentran
108 semu de autoridad, poder, respoll5abilidad, orden, dominio; y Robles, por
otro lado, se opone a Gonzílez, nombre que remite a otro Nombre ; nombre
que ea sólo pantalla que oscurece al Nombre (hijo de Gonzalo) y además se
contrapone porque es un apellido co>mún y comente, de sentido pobre y de...
gastado. Gonzáles es el apellido del periodista que aparece vari.., veees en la
noveJa , es el pelllonlje eaté ril que representa la negación de la paternidad, el
grado cero.
32
"CC:>J\OC~CO'COCO; OCOIO; ~/OIO. o; OIDtO; 0101
por excelencia, figura patriarcal, padre bueno y generoso,
el padre qu e da "que pan, que azúcar, que ropa" (p. 213)
-es decir , alimento, afecto, protección. 3S
No sólo el General Robles fallece, hay otro padre que
está desahuciado ("Cuesta abajo", 16); de otro más se dice
que muere atropellado (p. 17). Además, la muerte de figu .
ras paternas es capaz de provocar un estado de duelo que
puede durar más de cuarenta IIIlos (tal es el caso del Filóso·
fo del Canal). Por otra parte, hay que señalar que una de
las constantes obsesiones del taxista son sus hijos y que too
das las conversaciones que abordan las relaciones [Link]
dan pábulo a sus remor~mientos. Incluso los motivos de
celebración que aparecen en Ojerosa y pintada están ínti·
mamente relacionados con la paternidad : se festeja el bau-
tizo, qu e es un acto de filiación o de parentalización sim-
bólica; se celebra el cumpleaños, es decir , el nacimiento de
un 'ser que implica el acto inaugural de la paternidad . .
El padre bondadoso, proveedor, fuerte , hombre con
fortaleza física y moral, honesto, mesurado , que lleva una
vida frugal -regida por el deber, la laboriosidad y colmada
por las realizaciones, la satisfacción personal y un sentido
patriótico" profundo-, imagen particularmente idealiza ..
da, es el padre que está condenado a desaparecer: cáncer,
paro cardiaco, accidente o asesinatl;> pone término a sus días.
35 .El General Roblel muere de un ataque (p. 212). Cómo ruiatir l. ten-
tación de exp,otar la ambigüed.d de esta palabra que nuevamente nos lleva .1.
constelación de la agreaión. Asalto inesperado y cuyo origen es desconocido y
por elto mismo se puede relacionar con mayor facilidad con lo mconlCienle.
región de lo incognoctble y lo innombrable. .
36 ¡Será la relación [Link] uno de 101 poeibles e1emehtOl dtl patno-
tismo de Agustín Yáftez. ya que la patria el el ámbito del padre?
33
DOS VISIONES DE LA CIUDAD
DE MÉXICO
EN LOS AÑos CINCUENTA
BIEN CONOODA ES LA FRIALDAD que mostró la crítica a
, Ojerosa y pintada en el momento de su aparición. A ello se
puede aducir fundam~ntalmcnte dos razone~. En primer lu-
gar, en 1960 se esperaba con gran ansiedad la reaparición
en el terreno de la narrativa del autor de la más importante
novela mexicana escrita en la primera mitad del siglo XX.
En 1947 Al filo del agua había sido señalada como la pri.
·mera novela mexicana genuinamente contemporánea: la úl-
tima novela de la Rcvolución era la más importante y la
más comp leja; representaba al mismo tiempo el más acaba-
do y el último ejemplo del género. El momento de su pu -
blicación marcaba el fin y el principio de dos épocas. Se
pensaba que trece años de incubación eran suficientes para
una gran obra. Parecía evidente que la decisión misma de
romper un prolongado silencio significaría un hecho de ex-
trema relevancia para las letras mexicanas. La crítica en
realidad esperaba de Yáñez una novela de la misma calidad
e importancia de su primera incursión en el género ya que
La creación (1959) había sido considerada como fallida.
En segundo lugar , en 1960 ya se había publicado una
novela urbana que si bien hi'bía sido calificada de ambicio·
sa y desigual, también había provocado una acalorada polé-
mica al punto de convertirse en el acontecimiento cultural
de México en 1958, La región más transparente. 1 El carác-
ter totalizador de una obra que aspiraba a ser la suma de la
1 Carlos Fuentes, La región mIÍJ tranJparente, introducción y notas de
Georgina Gutiérrez, Ediciones Cátedra, Madrid , 1982, 565 pp. (Colección Le·
tras Hispánicas, 145.)
37
cultura mexicana de aquella época, atlamada, además, in-
ternacionalmente, eclipsaba los breves episodios de Ojerosa
y pintada que sólo se había propuesto describir una jorna-
da en el Di. trito Federal. De esta forma , se veía compro-
metido el carácter innovador que los círculos literarios 'exi-
gían a quien había enriquecido la cartografía mexicana con
un pueblo imaginario ; al creador de personajes tan convin-
centes como María o el Padre Martínez, calificado como
"uno de los personajes más plenamente elaborados de la
novela mexicana" 2
El tiempo ha hecho justicia a la obra tan polémica de
Fuentes , y ya nadie puede negar , por lo menos, que La re-
gión más transparente ha promovido mundialmente una vi-
sión de la ciudad de México de los años cincuenta, y un
habla, o conjunto de hablas, con las cu~les se identifica al
citadino de mediados de siglo. Como dijera Cortázar , "a
pesar de sus excesos, La región más transparente es una
grao novela".
Por su parte, Ojerosa y pintada no ha salido aún del pur-
gatorio. Hoy en día todavía resiente los efectos de un juicio
precipitado y superficial , que de ninguna manera resiste un
atento examen, y según el cual esta obra no es más que
un eco poco afortunado de la La región más transparente.
Se ha hecho caso omiso de un dato importante: la pri-
mera parte de esta novela está fechada en "San Gabriel de
Guadalajara , julio de 1956" (p . 109), dos años antes de la
publicación de su supuesto arquetipo .
Muy poco efecto ha tenido la incitación de Brushwood
a un juicio más temperado . El investigador norteamericano
la con sidera como una " novela escrita con amor" que ""me-
rece una segunda lec tura".3 De nada ha valido la opinión
de José Luis Martínez , quien ha llamado la atención sobre
aspectos técnicos ¡rmovadores. Y, por su parte , Emmanu el
2 El j uicio es de J ~se ph Sommers, YóIle.t, Rullo, Fuente. : la novela m~·
xiClfna moderna, Monte Avüa Editores, Caracas, 1969, p. 75.
3 JOOn S. Brush wood , México en su novela, FCE, México, 1973, p. 76.
38
Carballo, en una certera reseña a esta nove la, ha indicado
que "se atreve a enfrentarse a problemas que no desvelan a
los nove listas mexicanos" y en seguida añade que ~Ise trata
de una obra compleja, de difíciles planos simbólicos y de
arquitectura a la vez atrevida y desconcertante".4
Bien es verdad que muchas situaciones, temas y clichés
aparecen ya en la obra de Fuentes. En efecto , Juan Mora·
les, el ruletcro de La región más transparente, tiene, como
el taxista de Ojerosa y pintada, tres hijos y una esposa. Am·
bos son presentados por los narradores en un día especial
en que la fortuna les sonríe. Recuérdese que Juan Morales
gana en el hipódromo gracias a los boletos que le regala un
pasajero; y que el taxista de Yáñez, encuentra un paquete
con dinero y a un chamaco que le trae buena suerte.
Fuentes ya había convocado a aristócratas arruinados y
. a sindicalistas desengañados; ya había hecho alusión a una
revolu ción traicionada; había descrito las dificultades del
proletariado; 'había caracterizado a la clase media por el
cultivo de las apariencias; había registrado la imagen de
provincianos emigrantes con U!1 atillo rebosante de ambicio-
nes. En la La región más transparente la Ciudad ya mostra·
ba signos de macrocefalia y de ataxia. También se había
inscrito en el curriculum de los intelectuales capitalinos un
engolosinamiento por charlar (ésta era su única "obra" lo-
grada). Había sido denunciada la atmósfera opresiva de la
Ciudad. Volvemos a encontrar todos estos temas en la no·
vela de Yáñez.
Todo esto es muy cierto, evidente e irrebatible. Pero
esgrimir una falta de originalidad contra Yáñez y de allí
aventurar un juicio de valor".:!n favor de Fuentes, es ceder a
un tic atávico quc heredamos de la crítica declmonónica y
que consiste en rendir un culto ingenuo y ciego a la origi-
nalidad , reduciendo, dc esta manera , el juicio estético a
una cuestión de cronología.
4 Enunanuel Carballo, Protagoniltal de la lih!.-a turo mexicana, SEP, Mé.
xico, 1986, p. 401. (Lec turas Mexicanas, Segunda Serie; 48.)
39
Se~ejante razonamiento también revela una visión sim·
plista de la tradición literaria. En última instancia, habría
que recordar que tanto Fuentes como Yáñez han confesa·
do su deuda con Dos Passos, del cual son discípu los. Sin
embargo, tal' franqueza no contribuye en nada al conoci·
miento de estas dos novelas , es sólo una información tan·
gencial .
Para comprender la existencia de motivos f>imilares en
ambas novelas hay que recordar que los autores se imp usie.
ron com o objeto de observación una misma ciudad en una
misma época. No debería sorprender que hayan coincidido
en diversos puntos, que por otra parte son los más caracte-
rísticos de la sociedad capitalina de aqueUa época.
Es preciso subrayar otra evidencia. Del estudio de esa
Ciudad al libro editado, puesto en manos del lector, existe
. un abismo. Entre uno y otro extremo se encuentra, ante.
todo, el autor, verdadera encrucijada, nudo gordiano que
filtrará y transformará esos datos observados. Resulta inge.
nuo esperar que las novelas 'sean objetivas e imparciales en
su visión de la Ciudad de México.
En mi opinión, los conceptos tradicionales de influen·
cia y originalidad no tienen más que un valor relativo: un
autor toma un elemento determinado (argumento, situa-
ción, personaje, cita) porque responde a una necesidad in- _
terior. Obviamente, el elemento incorporado tiene un signi-
ficado diferente en ambos autores.
Comparar para poner de relieve semejanzas liene una
función determinada: estc-s elementos Son índices de pro-
cesos identifica torios y proyectivos que revelan un fondo
inconsciente similar.
Hipólito de Eurípides y Fedra de Racine responden a
un espectro emocional semejante. Sin embargo, las obras
tienen un significado diferente, como la ha demostrado
Charles Mauron'
s Cf. L tncon8Cient dOlll lo uie et l'oeuvre de Racine. Io8Cph c'orti., París,
1968.
40
~ '0':'0:'0 O 'O/O 'O/~:'O:'O/<:íI>Id"O"O. OIOID:'D
Estas notas tienen por objeto comparar ambas novelas
con la intención ,d e mostrar las profundas diferencias que
las separan , a pesar de que existe n algunas coincidencias en
y áñez y Fuentes ,
Antitesis y paradoja
La historia de los Pala. a diferencia de la de los De Ovando
y los Zamacona, es referida en las tres partes de La región
más transparente. Esta familia constituye uno 'de los ele·
men tos que dan cohesión a la ambiciosa obra de Fuentes,
ya que, ,a pesar de ser el clan más pequeño, es el único que
mantie ne relaciones con los demás personajes de La re·
gión . . , : Rodrigo se casa con Pimpinela de Ovando y' tiene
con tacto con el grupo de los burgueses, de los satélites, de
los ex tranjeros, de los intelectuales y con los guardines; el
capitán Zamaconá da el tiro de gracia a Gervasio Pala y
posteriormente corteja a Rosenda Zubarán; ésta trabaja en
un almacén bajo las órdenes de tío de Norma Larragoiti,
Si bien los comentadores suelen abordar La región . . ' a
través de Federico Robles, cuyo éxito, ruina y recomienzo
marcan de alguna manera la dinámica de la novela (Robles,
el revolu cionario que logra co ns~ Lidar un e mporio; que pue-
de cap italizar las oportunidades de una época turbulenta y
además · dar sentido a todo este periodo histó rico, paradig-
ma del éxito y uno de los centros de gravedad de la nove·
la): las diversas rupturas, repetidos fracasos , el desconcier-
to y ascensión final de Rodrig,o Pala representan una suerte
de con trapeso de la historia de Robles,
Este grupo familiar no sólo tiene la fun ción de equili.
brar 1__ trama y de servir de nexo a grupos de personajes
que pertenecen a diferentes esferas, su análisis pone en evi-
dencia una serie de tendencias generales de la novela que es
preciso [Link].
Los ZuLarán, hacendados porfiristas, toleran las relacio-
nes de Rosenda con Ocrvasio Poi a porqu e éste es tenien te
41
maderista. Todo cambia, sin embargo, con la Decena Trági-
ca. Lo que parecía matrimonio ventajoso se vuelve una
trampa. La recién adquirida certeza de conservar sus privi-
legios sociales y económicos se desvanece inmediatamente
y el acuerdo oportul"ista se traca en "repugnancia" (p. 350)_
Este hecho constituye la primera manifestación de una fi-
gura que rige el destino de la familia: la constante aparición
de elementos contradictorios, reunidos en una síntesis pa-
radójica, no carente de un frágil equilibrio.
Gervasio Pola es aprendido y llevado a 1& cárcel de Be-
lén. En 1913 se evade con tres de sus soldados. Huyen para
unirse a las tropas de Zapata. Las condiciones adversas (el
hambre, el frío, el desconocimiento del terreno, amén de
que están heridos y enfermos) terminan por derrotarlos en
la región de Tres Marías. La esperanza de salvarse se esfu-
ma y su situación inopinadamente se vuelve absurda: para
sorpresa del lector, los fugitivos vienen a añorar la celda
porque ésta por lo menos los protegía del frío; pero el re-
cuerdo de la suerte de Gabriel Hernández, recién [Link] e
incinerado pn Belén, les impide regresar; quisieran abando- .
nar la bola pGro saben qllo no habría sitio seguro para escon- .
derse (o por lo menos, el hecho de que así lo crean es muy
significativo en la medida en que refleja el desmoran"'{llien-
to de sus convicciones que los lleva a la inmovilidad). Llegar
a un campamento zapatista parece imposible, enfermos,
descalzos y perdidos en el monte. Continuar, permanecer
en el sitio, regTesar o escapar son posibilidades cerradas.
Una cierta inconsistencia aparece súbitamente al acercarse
los personajes a la realización de aspiraciones que han abri-
gado durante mucho tiempo_ Parecería que sc ha consumi-
do toda la energía en construir imaginariamente esos ·pro-
yectos y, al llevarlos a cabo, por esta repentina debilidad, la
relación de significación se fractura. La aspiración ha cum-
plido la función de conducir al personaje hacia un destino;
pero al 2rribar la realidad quiebra csos' frágiles moldes ela-
borados con tanta paciencia. El sentido desaparece y las
acciones se vuelven significados vacíos. En esta ocasión, los
42
elementos contradictorios de la paradójica situación ad·
quieren la apariencia de lo absurdo. Algo similar ocurrirá a
Rodrigo Pola en la tercer. parte de la novela.
Por fin, Gervasio Pola se adelanta a un vivac para po·
nerse bajo las órdenes del general Inés Llanos, al cual infor·
ma que huyó solo. Éste, por desgracia, pertenece al ejército
de Huerta. E! destino se burla de Gervasio: lo que parecía
salvación resulta ser derrota final. Espejism o y realidad son
extremos que se funden en una paradoja. De regreso a la
cárcel de Belén, el capitán Zarnacona lo interroga sobre el
paradero de los tres fugitivos restantes. Gervasio lo revela:
Pedro se había quedado con fiebre en el monte; Sindulfo
avanza con dificultad .p'or las heridas infectadas que le cau·
san los grilletes y Froylán Reyero -primo de Federico Ro·
bles- le había dicho "más vale quedarse aquí, en el monte,
y morir solos, con Dios" (p. 212). En todo caso, los tres
querían morir juntos.
E! capitán Zamacona, que ignora lo que ha sucedido en
el monte, piensa que al confesar, Gervasio PoJa traiciona a
sus compañeros. Imagina que prefiere entregarlos para no
morir solo . Este nuevo equívoco dará pábulo al resenti·
miento de Rosenda y además servirá de piedra angular para
que Rodrigo -que nace mientras aquél está en prisión-
construya la imagen de un padre al que nunca conoció.
Rodrigo Pola es educado por su madre, quien trabaja
como dependiente el"). un almacén y tejiendo por las noches.
Crece bajo la presencia aplastante de un ausente -primera
contradicción-o el retrato de su padre domina y marca toda
su infancia, pero lo único que tiene de él es una información
falsa -segunda contradiccl'>n-. El colmo de la paradoja es
que su madre venera el recuerdo de un Gervasio Pola trai·
dor, cobarde, un hombre derrotado, imagen que ena forjó
a partir de las noticias que le dio el encargado de ejecutar a
su esposo. Seguramente esta violencia que se ejerció sobre
las convicciones del niño al cual se le obliga por un lado a
admitir dos cosas diametralmente opuestas (respeta a un
traidor ; el ser que tanto extrañas es una persona desprecia-
43
D'l'OCD.O/OIDu DIDIOIC. DID.C;t.D ' D. D se DID D 'iC2'.<"/Dt
ble), y, por el otro, se le destruye sistemáticamen te una
imagen que su necesidad afectiva ha idealizado, es el origen
de la inmovilidad cavilosa, del azoramiento que impide
toda actividad práctica a Rodrigo.
¿ Qué es lo que teje Rosend. Zubarán por las noches,
en silencio? Por un lado, urde una sutil red con la que pre·
tende aprisionar a Rodrigo; por el otro, da trama al odio
que siente con tra su esposo. Su soledad, sus frustraciones,
el desplome de su mundo, aunados a una vid. gris bajo el
signo de la desesperanza, atizan permanentemente un re-
sentimiento que no conoce fin. Las si tuaciones con tradic,
torias vuelven a aparecer: se enamora de un revolucionario,
es decir, de alguien cuyos ideales se oponían radicalmente
a los valores de su familia. Casarse con él significaba una
ruptura ql,.. por un [Link] " frecía la libertad y una autoafir·
mación; pero , .tI mismo tiempo, d~ban expresión a tenden-
cias hostiles hacid su familia. Con el tiempo, reprochará a
Gervasio Po la su fidelidad a la causa 'rnaderista, por la cual
. murió . Hubiera preferido que traicionara los mismos idea-
les revolucionarios que en un primer momento lo hicieron
a~ractivo. En el fondo , lo acusa de traición, es decir, de ha-
berla abandonado, por no haber traicionado sus conviccio-
nes. De una y otra form a el papel de perjuro le estaba re-
servado. Para colmo de todo, será el capitán que comandaba
el pelotón de fu silamiento quien la cortejará ya cuyo rela-
to sobre los últimos momentos de la vida de Gervasio dará
crédito. Justamente, la persona digna de aversión y de des-
confianza es en la que confía.
Quizá la paradoja más sorprendente de la vida de Ro-
senda Zubarán es qu e, por un lado, pase toda su vida bajo
la sombra de un fantasma, cuyo regreso espera durante mu-
cho tiempo , negándose a aceptar su .muerte. lncluso cuan-
do le confirman que su esposo fu e fu silado, decide perma-
necer fiel a su memoria. Por otro lado , es eviden te qu e lo
. único que la une a él es un re ncor sordo del cual no tiene
concienc ia. Sus votos de soledad y el silencio en el que se
enclaustra le permiten una entrega total a su odio. Rosenda
44
~ '011>.<110, O. 010100.0(3 ¡(;ti O. OIt:>H:ti\OCOPO
Zubarán es un personaj e complej~ : si en relación con Cer-
vasio Pola es una especie de Penélopc sombría - quizá con
una cierta dosis de Clitemnestra-, en relació n con I{odrigo
adquiere un dejo de Medea , es la madre que por "amo r" al
esposo sacrifica al hijo 0, en sU defec to, mina t odas sus ca-
pacidades.
Rodrigo Pola es heredero de una doLle tradición en
que la paradoja predomina y, con el tiempo, resulta ser un
muy digno sucesor. No sólo la practica inconscientemente,
como lo hiciera su madre, o la padece como víctima, como
su padre , sino que se vuelve un agudo teórico. No olra cosa
es su elogio de la " lata":
La categoría de la "'ata " - afirma Rodri go- merecería un es tu-
dio amp lio y detenido. ¿Por qu é se es latoso? ¿Por qué se le da
la " lata" a nuestros se mejantes? Quizá la " lata" sea la definición ,
en el plano cotidiano, de mi estilo de heroicidad. Si - como es
corriellte- no hay tiempo para plantear y desarrollar ante la
mirada ajena toda la actitud que yo asumo en la dimensión he·
roica, se acaba dándole la lata a los demás como pru eba feha-
cie nte de que uno es capaz de influir sobre eUas, de hacerse
se ntir (p. 365).
Esta conclusión es consecue ncia del fracaso de las manio-
bras de Rodrigo para· llamar la atención de quienes lo ro·
dean . Recuérdese que este personaje intene·ionalm ente pre·
senta una imagen suya desventajosa, con el fin de corregir
luego esa primera irnpresión. Desafortunadamente nunca
hay tiempo para llevar a cabo la segunda parte de sus pro·
pósitos y en vez de proyectar una imagen "heroica" de sí
mismo, sólo causa desagrado.
En tanto que praxis, su téc nica consiste en imponer a
sus subordinados un juego masoquista. Para llevarlo a la in ·
movilidad y hacer de su trabajo una actividad estéril y ca·
rente de sentido se complace en abrir a sus presas las puer-
tas de dos trampas: ordena a su sec retaria que saque punta
a un lápiz y cuando ésta se lo entrega, lo deja caer y le pid ~
que lo afile nuevamente. Esta operación se repite una y otra
45
vez. Por la tarde solicita el trabajo mecanografiado y como
la secretaria ni siquiera ha tenido a bien empezarlo es re·
prendida enérgicamente por no haber cumplido con sus
obligaciones.
Las situaciones paradójicas no son el feudo exclusivo
de la familia Pola. Abundan en La región más transparente
y tienen diversas funciones, a! grado de que esta figula es
imprescindible para describir la estrategia de Fuentes en
esta novela.
Se utilizan ya con un efecto irónico (el mismo titulo
de la novela es un ejemplo claro de eUo por el flagrante
contrapunto entre la fórmula uregión más transparente" y
el clima asfixiante desde un punto de vista social, económi·
co y atmosférico de la ciudad) ; ya como recurso empleado
en la concatenación de las acciones: un desenlace contrario
a las expectativas de los personajes y del lector da un giro
nuevo e inesperado a la trama, lo cual puede tener incluso
un efecto catártico (recuérdese por ejemplo· el desenlace
bucólico de un destino tan insólito y controvertible como
el de Robles).
La contradicción también es un elemento que sirve para
reforzar la consist~ncia psicológica de los personajes. En el
caso extremo, cs seña! de una soledad profunda en la que
éstos, después de haber perdido toda esperanza y convic·
ción, se ven enfrentados a un caos de disyuntivas cerradas
que los conducen a la inmovilidad (ta! es el caso de Gerva·
sio Pola e incluso el de Ix ca Cienfuegos en la tercera parte
de la novela).
Un aspecto no menos interesante es la relación que se
establece entre el narrador y sus personajes a través de esta
figura: el narrador resulta en ocasiones un sádico que guía
a sus personajes por medio de una serie de espejismos para
luego abandonarlos en el desaliento. El periplo que recorre
el hommo regionis tiende por lo genera! a la degradación
física, materia! o mora!. O simplemente a! desaliento. En el
mejor de los casos, sólo puede aspirar a un conocimiento
ilusorio, a un desengaño.
46
Por último, la paradoja debe ser tomada en considera·
ción para construir la imagen del mundo implícita en La
región mtÍ5 transparente: ya se señaló que ésta rige el desti·
no de los Pola, y que Rodrigo l. adopta como divisa, pero
éste sólo es un ejemplo.
Pasemos ahora a describir la manera en que Yáñez se
sirve de la paleta del claroscuro. Ante todo hay que señal ..
que enh obra del escritor jalisciense no existe la amalgama
de los contrarios que se conoce bajo el nombre de parado.
ja. En su obra existe sobre todo la polarización de los con·
trastes que puede incluso !legar a ser dramática. Concreta·
mente en Ojerosa y pintada existe un sistema binario de
oposiciones que es fácilmente perceptible.
Los personajes se organizan a través de pares netamen·
te antinómicos: existen quienes tienen éxito en la Ciudad
de México y los que fracasan en ella (la gran mayoría); las
prostitutas y las presidentas de ligas cristianas; la "gente
decente" y los \"pelados"; los aristócratas y los arribistas;
los perseguidos y los perseguidores; los corruptos y los
amorales y la gente honesta; los juerguistas y los afligidos.
Los contraste. son tan marcados que en ocasiones pueden
resultar un poco simplistas.
La incapacidad de integrar en una síntesis los elemen·
tos opuestos puede llegar a la patología. Tal es el caso del
Filósofo del Gran Canal, en el cua! existe una frontera defi·
nida que es la Oecen.'·Trágica. Hasta ese momento su exis·
tencia se desarrolla normalmente. m mismo evoca recuer·
dos placenteros de un pasado irrecuperable. A partir de esa
fecha comprende que todo .está sujeto a la cor",pción y su
atención se fija en el cana! del desagüe, en el cual está cifra·
do el sentido último de la humanidad: fetidez . excrementos
y putrefacción constituyen las únicas realidades permanen.
tes. En el destino de este "discurseador" aparecen perfecta.
mente separados a!egría y depresión; confianza y nihilis·
mo; salud y enfermedad me' ,t.!. La patología de: Filósofo
representa la forma extrema del Ji\'orcio entre deseo y rea·
lidad en que viven los personajes de esta novela: con conta·
47
D"eDOe'a Da ceD.'Dec:>te'eo, DeCID; DloeDa DIO 'OIOIO/~
das excepc iones todos ellos tie nen un agudo se ntimiento
de carencia y son presa de ambiciones desmedidas.
La paradoja en La regió n más transpare nte sirve a los
intereses veleidosos de la Fortun a. Es su cómplice la di-
mensión de lo inesperado, del acontecimiento que se cierne
de manera [Link] para cambiar radicalm ente el destino
de los personajes, transformando la ilusión de salvació n en
derrota (Gervasio Pola), el éxito en fracaso , el prestigio y el
poder ec onómico en desc ré dit~ y bancarrota (Robles), que
hace que aparezca el oscuro origen tras el aparente abolen-
go (Príncipe Va mpa) y reúne e n una relación de causalidad
la nimia autogratificación y el accidente mortal (Juan Mo-
rales). Estos incesantes cambios, e n ocasiones tajantes, agi-
lizan el ritmo de un relato que tiene aspiraciones totaliza-
doras. Por otro lado, crean una atmósfera de inestabilidad
angustiosa producida por un devenir caprichoso que hace
caso omiso del mérito. A fin de cuentas, las acciones están
aisladas de efectos consecuentes a su naturaleza. Parecería
que en La región . .. lo do se ofrece o se arrebata de manera
arbitraria.
Un nihilismo similar aqueja a Yáñez en Ojerosa y pinta-
da. La·única novela citadina del narrador de la provincia de
Jalisco , es también su única novela pesimista. La única qu e
termina en la mue rte y el desamparo , obra cuyo carácter
excepcional se debe sobre todo al hecho de que los padres
generosos, protectores y proveedores desap~recen (el Gene,
ral Robles), son asesinados (Made ro) o son atropeUados (el
padre del muchacho que trabaja en la fábri ca de azulejos),
lo cual incrementa el número de huérfanos e n la obra na-
rrativa de Yáñez.
En las de más obras de Yátlez, son las figuras parentales
rígidas (el padre Martínez), severas (el profesor del cu ento
" Las abispas" ), arbitrarias (El AmariUo), crueles (Nanacas.
tillo), atrabiliarias (TrujiUo) las que son obje to de escarnio
y son derrotadas.
En la imagen de la Ciudad de Mé xico que nos legó Yá-
ñez , los personajes, salvo aisladas e xcepciones, viven en una
48
C7/O'l'O'D(OIDIDIO'D'D'~'O/~/~(Q ' DJt>'DID.
especie de agobio. En algunos casos este sentimie nto Uega
hast"a la enfermedad men tal. que se produce como incapa.
cidad de superar el duelo por el padre cuya desaparición es
resentida corno un hecho traumático.
En otras ocasiones toma la forma de un desalie nto pro·
fundo , como sucede co n los obreros sindicalizados que el
ta x ista recoge e n Azcapotza1co. con el mismo periodista
González, o con el violinista que presta sus servicios en el
cabaret Leda.
Tambié n socialment e se deja sentir ese malestar. Ya sea
en la falta de convicciones políticas de los obreros de la re·
fine ría quc son víctimas de injusti cias , persecuciones o de
la misma corrupción SIndical ("esclavo por partida doble:
del patrón y del líde r", p. 200), Y que reaccionan con un
esccpticismo generalizado qu e se traduce en desconfianza
hacia sus co mpañe ros ("hay tantos espiones, tantos traido·
res", p. 197), o en una actitud esca pista que e ncuentra en
el burdel o la cantina los únicos paliativos. ' Uno de e Uos
conclu ye qu e es to es una forma de " matarse por la vía más
corta" (p. 199).
Se manifies ta tambi én en una aristocracia que vive de
ilusiones pasarlas, cada día más aislada y con una situación
económica qu e se degrada irre mediable me nte.
¿ Qué dec ir del adolesccnte explotado de la fábrica de
azulejos, o del empicado despcdido, o del joven acusado
de ro bo para no te ner que indemnizarlo? ("Cuesta arri·
ua", 20.)
El único tipo de padre que so brevive es aquel qu e mues·
tra una scri e de dc bilidades. En primer lu gar ante una esposa
que permanentemente le ré? roc ha su irrcsp~Hlsabilidad . su
falta de ambiciones, sus ce los. En segu ndo lu gar, es acusa-
do de abandonar a sus hijos y de mostrar indiferencia hacia
eUos, En dive rsas ocasiones es te padre aparece derrotado
fre nte a una esposa, convertida en erinia perseguidora y
ex igente . cuyas demandas no puede satisfa cer. Una figura
paterna acusada de "irresponsable", "pa) aso", "arribista",
"payo". Sirva de ejemplo la siguiente cita :
11.I.m llllll
2894575
49
DID,QIQ'DJC7't7 ' t7It7JDICIQIt7 o D'O<c!oO ' O'tOfOtt7JC7.D
Una de las secuencias que más .se repiten en Ojerosa y
pintada es el primer encuentro de provincianos con la Ciu -
dad de México, temática que con toda seguridad hunde sus
raíces en la experiencia personal de Yáñez, quien se instala
en eita en 1932 (a los 28 años).
Aq uéllos llegan con el deseo de "conquistarla". Uno
dice: "vine a México a triunfar y triunfaré" (p. 172); otro
" decía que iba a ser du eño de México" (p. 150). No vaci·
lan en compararse con juárez, Altamirano o Cortés.
Sus primeras impresiones es tán marcadas por la admira·
ción y la sorpresa qu e les provoca estar finalm ente en los lu ·
gares qu e tanto desearon . Al asombro que les causan los
monumentos se agrega la satisfacción de reconocer una to-
pografía memorizada previamente, lo cual constitu ye una
forma de adueñarse mágicamente de la Ciudad : "sa berse
una ciudad, pienso yo, es dominarla" (p. 208).
Este apetito voraz que manifiestan los pro vincianos se
caracteriza por la violencia con que se experimenta y por
los objetivos tan vagos ,!UC se propone. 'En vez de ser una
ambición I'!ne constru ye . es inconsecuente, una inflama-
ción tan ag1lfta como vo,~ til.
Como contrapeso de esos personajes se encuentra un
segundo tipo de emigrantes que ha superado el primer mo·
mento de fascin ación . Para quienes residen ya en la Ciudad,
el espejismo ha cedido el lugar a la desilusión. La experien.
cia del fracaso, de la vida rutinaria, sin ninguna expectativa
de cambio, ha abierto el camino al pesimismo, a la fr ustra-
ción e, incluso, a la desconfianza en la naturaleza humana.
La apetencia insac iable de los primeros se ha transformado
en derro tismo. Para salir de esta situació n sólo que da el al·
coholismo , la corrupción o el cscapismo. La Ciudad deja de
ser escenario de sueño para conve rtirse en pesadiUa cotidia,
na. Es el origen de todos y cada uno de los males, una letri·
na infecta.
Mtre la ciu dad admirada y la ciudad letrina, Utopía o
Babilonia, no existen, en Ojerosa y pintada, puntos inler-
medios.
50
Los habitantes de La región . .. ·- tambi én provincianos
, o extranjeros en su mayorí a- se expresan con desprecio de
la Ciudad de México . La califican de " aldea cnorme" (p .
149); o es " deforme y escroful osa, llena de joro bas de ec·
mento e runchazones secre tas" (p. 348) . Ü es (e n el caso de
Natasha) la alternativa menos desfav orable.
Los elogios no están del todo ausentes. Son colocados
en boca de un provinciano , dese mbarcado direc tamente en
Insurgentes y Reforma , y de un merolico. El primero habla
de algo qu e no conoce y subraya el csplendor de la Ciudad
sólo porqu e los fracasos qu e ya ha acumul ado en provincia
exigen una reparac ión pere ntoria. Este tip o tiene su equi va-
lente ex acto en Ojerosa y pintada. En lo qu e respecta al se·
gundo , se trata dc un charlatán que para atraer al público
hace cualquier afirmación excesiva. Tradicionalmente enfá-
tico e hipe rbólico, no resulta sorprenQe nte que diga que la
Ciudad es la " tierra donde la providencia ha dejado más
dones qu e hojas tie ne un laurel" (p. 346). Sus palabras sólo
sirve n de preámbulo a un espec táculo calleje ro cuyo único
número, caqu ítico por cierto , son las suertes de un perrito.
Para colmo, no logran captar siquiera la atención de las sir -
vientas.
La ignorancia y las ilusiones compensatorias determi-
nan , en el [Link] caso, lo que dice e l provinciano. En el se-
gulldo, las palabras del merolico cumplen con una fun ción
meramente c onativa ~. En su boca, esos elogios desmesura·
dos tienen un efecto iró nico.
A partir de Yáñez y Fuentes, la Ciudad de México apa·
recerá en la narrativa co mo una regió n del caos, del descon-
cierto , dc la enaje nación y >le lo abyecto.
De esta forma , la tan me ntada pureza del aire y la lumi·
nosidad del sol en el Valle de Anáhuac han desaparecido
• por comple to de la novela de Fuentes. Tan sólo ha queda.
do como re ferencia mecánic2. que entra en contradicció n
con una realidad inmediata. Esos epítetos tan inflamados
como trillados sólo sirven para encubrir, como lo sugiere
Yáñez en el título de su no vela . Son un afeite va no que mal
51
10/0'0'0,0'0'0'[Link] ' 0';<1 D(Q'Q'O:[Link]:>:C:
¿Qu é le de ben los niños a más. del ac to de ¡nconcie ncia co n
que los llamaste al mundo? ¿En qué te has preoc upad o si algo
necesi tan , si están enferm os, si comen O no? Sólo para mortifi.
carlos si los ves conte ntos y para reñirlos c uando son cariñosos
conmigo. Eres un cobarde (p. 14.).
La may'oría de los personajes aparecen com o víctimas. Su
situación podría resumirse en la frase : "uno tiene que
aguantar los malos tratos, las inconsecuencias, sin que na·
die nos defie nda" (p . 101). Son presas indefensas cuya
opresión aumenta por su ofu scamiento ante la apre miante
situación . Comple mentan esta categoría los abogados co-
rruptos, los diputados qu e asesinan a los de la oposición,
los militares arb it(ario~. los líderes corruptos, la polic ía
que aco~ a a1 taxi. ta , los agentes de tránsito presentados
como H m o r, l e l one~ " o el padre alcohólico que ha intenta·
do matar a su esposa ("Cuesta arriba", 4).
Estas figuras nos hablan de una ausencia de justicia que
transforma a la sdciedad en una jungla, de un poder co-
rrompido y autoritario. Quienes deberían ser defensores
de los íntereses o de la seguridad de la sociedad utilizan su
poder para satisfacer necesidades personales. Se valen de
sus fu eros para extorsionar a la sociedad. La autoridad es
co ncebida únicamente como venal y atrabiliaria, que no
duda en cometer asesinatos, corromper, sobornar o vio-
lentar.
En Ojerosa y pintada, Yáñez hace una crítica del po-
der, pero a diferencia de sus otras o bras, no hay ninguna
perspec ti va positi va. No existe el movimient o social que
fun ciona como válvula de escape en A l fil o del agua. Tam -
poco encontramos al Estado fu erte de La tierm pródiga,
provisto de planes de desarrollo regional viables. Ni el pro-
greso técnico que libe ra alos personaj es de Las tierrasjlacas. '
Si en La región. .. el destino, que siempre se manifiesta
de manera inesperada, hace caso omiso del esfu erzo hum a·
no, del cual incluso se burla, en Ojerosa y pintada el citadi-
no es un ser derrotado, indefenso y perseguido. Cuando no
52
1010 OIO/D, DI D/:DI<7I00/D. [Link]¡'D,ClfD.:D¡IO:H
está loco o borracho , un aspecto inelu ctable ensorn'brccc S:.J
porvenir. Se puede deci r qu e su destino está comprometi·
do, ya quc la única posibilidad de éxito se encuen tra fuera
del orden legal, más allá de toda justicia.
Una ciudad sin nombre
Ni Yáñez ni Fuentes nombran a la Ciudad de Méx ico e n los
títulos de las novelas que nos ocupan. Ambos hacen refc·
rencia a ella a través de fórmulas de cuño antiguo. Fuentes re ·
curre a la celebé[Link] del barón de Humboldt, refe·
rencia obligada cuando se quiere poner de manifiesto el es·
plendor de la Ciudad de los Palacios. Yáñez, por su parte,
recurre a la tradición poética, a la "Suave patria>! de López
Velardc.
La misma nominación de la Ciudad de México se ha
convertido en un tabú . Sólo se pu edc hacer alusión a eUa .
Está vedado articular sus seis letras. Por ello recurren a dos
ilustres representantes de una tradición reconocida por to-
dos. Paradójicame nte, estas dos novelas constituyen un ca-
tegórico mentís a dos citas que por ser tan in vocadas se han
cO,nvertido ya en lugar com ún. Este cuestionamiento es tan
vigoroso qu e marca un hito en la historia de la temática de
la novela mexicana.
En efec to, exaltados atributos de la Ciudad de México
era una costumbre inveterada. El Valle de México había sub·
yugado a innumerables viajeros, comenzando por Cortés y
Bernal Díaz. Se insistía en un particular esplendor, en los
aciertos arquitectónicos, en"la "primavera inmortal", en la
peregrina calidad del aire y la luz. Todo era excepcional.
De acu erdo con la imagen que los siglos se hablan en-
cargado de decant ar y difundir, las dádivas de la naturaleza
rivalizaban con el ingenio humano para embellecer el VaUe
de Anáhuac. El lector estaba acostumbrado a una descrip .
ción de la Ciudad hecha en términos hiperbólicos. diclados
por un genuino asombro.
rc>(O'IO'IO'; CID' O' 01010» D. OiC1» 010'1010'. D. DtOtOtDCO
disimulan unas ojeras, signo inequívoco de decadencia, de-
prepitud , fatiga o enfermedad.
A este respecto es pertinente recordar otro tipo de ín·
dices incuestionables: el olor. En la Ciudad de los Palacios
nunca se perciben olores puros. Fuentes insiste en el hecho
de que la voluntad es incapaz de ejercer control sobre ellos:
Aquí vivimos, en las calles se cruzan nuestros olores de sudor y
pachuli, de ladrillo nuevo y gas subterráneo , nuestras -carnes
ociosas y tensas, jamás nu~stras miradas (p. 146).
De suyo huidizo, fácilmente alterable, renuente a cualquier
intento de cristalización , el olor, atributo que revela ¡neluc-
tahlemente ciertas propiedades del objeto que lo despren.
de, recibe, en primer lugar, el sello dc lo indeterminado:
Ese olor de vapor y ruedas de tren , de gas escapado, de flores
despiertas llevadas al mercado, de orines húmedos sobre la pa-
red y el polvo, de las primeras cocinas del día (p. 525).
En la novela de Fuentes, las emanaciones rara vez son per-
fume. Es un tufo insosportable que casi logra asfixiar a los
prófugos de Belén: "Los pulmones se congestionaban de
hierbas prodridas y excremen tos". Es un signo que desde el
principio anuncia el destino de Gervasio y sus compañerQs,
a quienes Hsofocaba una pestilencia muda". HEl olor de la
carne tostada" (p. 207) profetiza la muerta anónima, la in·
cineración vejatoria, es la prueba de que no habrá escapato-
ria posible.
Por su parte, parecería que el habitante de la ciudad
encuentra en el olor una forma de expresar su agresividad,
ya que sólo produce tufillos. Recu érdese la halitosis del
único cliente de Gladys García; los "olores viejos de piel y
vello" (p. 155) o el olor "maloliente e insano" (p. 153).
Del hommo regionis parece que se quiere poner en relieve
sobre todo su boca, su axila o su sexo. Es considerado como'
cavidad vacua y fétida. Condenado, también por esto , a la
soledad.
54
' / 0 O;'Di<)' O, O' D/DIDi O'/OIDi 0'10"0. Di 0'10'.0'. O. D. 0'.
Señalados como detalle accidental dentro dc u n cuad ro
más bien abigarrado, esos efluvi os acompañan constante-
mente a los personajes. Llegan, po r ejemp lo , hasta la pe·
queña habitación de Ro drigo Pola en la callc de Rosales
-detalle cáustico, ya que el aro ma de estas flo res ha sido
excluido de La región . . . Se hace presente sin que haya
sido invocado y Rodrigo no tie ne o tra alterna tiva q ue pa·
decerlo : "un tufo de grasa chisporro teante subía por el
patio interior [... ] hasta el centro del aire, a mezclarse con
t odos los olores de la ciudad" (p . 218). El lugar q uc se le
asigna a est e come ntario es mu y signifi cativo. Esta dcscrip.
ción del narrador se encuentra inmediatamente después de
que Rodri go repite la interrogante q ue le obsesiona perm a·
nente mente: " mi padre, mi padre, mi padre" (p. 218). Pa·
recería que la única respuesta a su ~ngu s tia fuera ese olor
que sólo asciende para relle nar la región hueca de sus re·
cuerdos, vac ía para siempre. La fotografía de su padre, que
es lo único real y concreto que tiene de él Rod rigo Po la,
será siempre una superficie plana, que sólo puede ser en·
grosada por la repetició n de un nombre y por el miasma
desagradable.
Incluso la fi esta e xplosiva del 15 de septiembre (uno de
los mo mentos climáticos de la novela, porque es el punto
hacia el cual convergen todos los personajes) es inva did a ha·
cia el final por Hel pequeño olor a vó mito que comenzaba a
vencer al ·de pip ián" (p.. 503). La sonoridad y el desborda·
miento de la ce lebració n de la Indepe nde ncia ceden el lu·
gar a un tu Cillo t ímido pero aciago. La fjesta, qu e reúne a
todos los personajes, qu e am,a1gama la celebración ex ulta n·
te y el duelo (hay que recordar que en esta fecha mueren
Norma Larragoiti , Jorge Mo rales , Manuel Zamacona, Ga·
briel y es el día de la bancarrota de Ro bles), termi na con el
vómito , con la digestión interrumpida, expulsión espaslfló-
dica de un plato sofisticado que es tam bién suma de con·
trarios: lo picoso y lo du lce ; el luj o que represen ta la profu.
sió n de ingredie ntes y la humilde recuperación de productos
secundarios (la pepit a). El vó mit o representa la descarga
55
enérgica e incontrolable; la violencia angulosa y repentina
que niega a la asimilación .
Lo propio de la Ciudad parece se r ese indicio de co·
rrupción , proceso lenlo que apenas se ha ini ciado pero que
nada podrá detener. En su camino a Acapulco, la Ciudad
despide a ·'Ios satélites" con una emanació n fétida que pro-
viene de la fábrica de Peña Pobre. El narrador insistc en el
" mal olor del lugar", en las "e xcrecencias" (p . 485) de una
ciudad que ha entrado en un proceso irreversible.
Tímida y aisladamente aparecen, pero son signos omi-
nosos que paulatinamente se apoderarán de todo.
Más abiertam ente y con mayor insistencia se encuentra
esta vertiente en Ojerosa y pintada, que tiene en la figu'ra
del Filósofo del Gran Canal al intérprete qu e puede expli.
car todo a través de lo corrupto . No duda en consagrar es-
pecial atención -y el lugar eentral- a lo nauseabundo, a lo
asqueroso : sudor, e xcrementos, pus, abo rtos, cadáveres , se-
guro de que en ello radica la verdad última .
La conclusión del razonamiento del Filósofo se en-
cuentra cifrada en la frase IIcorrup ción de corrupciones y
todo es corrupción" (p. 122), fórmula que corrige la sen·
tencia del salm ista y que el anónimo "chiflado " pronuncia
con particular orgullo ("me gusta corregirle ~ sabio", seña-
la modes tam ente nues tro exégeta). Los cambios introduc i.-
dos al proverbio son interesantes ya qu e en su fo rma origi-
nal , la sentencia im plica la existen cia de Dios : todo lo qu e
existe en el mundo es vanidad si no conduce a la salvación
eterna. Decir que nada puede escapar a la corru pe ión signi.
fica negar la resurrección. La frase del Filósofo es de esta
forma una manifes tación más de un corrosivo pesimismo ,
producto de la mu erte del padre -llámese presidente, Dios,
imagen paterna, com o la del General Robles, o padre geni.
tor-, y es en cÍerta forma su corolario.
Ambos autores coin ciden en señalar esa pútrida des-
composición de la Ciudad . Para Fuentes es Htiña irrespe-
tuosa" (p. 151) Y no vacila en atribuirle el calificativo de
" cscrofulosa" (p . 348). Para el chiflado imaginado por Yá·
56
~ '0':0(0' '0'1010' 0'. o¡c:>fo,'o 0':0:0'. O/uO 'O/
ñcz, la Ciudad es un intes tino detrítico, depósi to de in-
mundicias.
Fuentes y Yáiicz aniquilan un a secular tradi ción ¡itera-
ria para la cual la Ciudad de .\I éx ico sólo era digna de co·
'me ntarios e logioso s. A pesar de que escriLcn en una época
de auge econó mi co -..:uyo inicio data del pcriouo de Mi-
guel .\1 cllláll (1946·1'>52) . mome nto ell el qu e la Ciudad
dt: ~·d é.\ ico se tran sforflla por medio de una rápida indus-
triali zacióll que 1<.1 convierte en espejismo para una pobla-
c ió n rural ávida de mejores condi c ion es de vida. en la déca-
da en que se habla del "' mil agro m c xic~U1o" (hay crecimiento
económico y urbano ; ~ube e l nivel de vida ; ha y mejores
oportunidades de educac ión y nuevas expcctati vas-, am-
bos autores inauguran una nueva corriente e n que la Ciu -
dad se convierte en la eran Cloaca. La Ciudad no sólo Co ·
rrompe y enajena al ser humaJlo sino que es el cC lltro de la
mi seria económica)' mo ral, el epicentro de los vi cios y el
rcflejo del dcsmoronamicn lo eh: una soc iedad cuyo tejido
está atacado por la violencia soc ial, la ex plotación , el racis-
mo , el desempleo, el subempleo, la enferm edad mental
(abundan los psicó patas en ambas nov.,las) y un malestar
generalizado.
Es ta imagen de la Ciudad es heredera direc ta de las
conce pciones de Rousseau. Con la difere nc ia de que no
existe en e llos la bucólica recomendación defuyez les viUes.
pues no hay escapatm:ia posible. Yáñez y Fuentes encono
traron in spiración en los ese n tores románticos, realistas y
naturalistas : Víctor Hugo, Suc, Dickens. Balzac , Zola y ,
po r supu es to , Dos rassos. Sin embargo, agregaron a esta
tradic ió n un matiz pcsimista'"-luc resultó ser profé tico.
El universo de la palabra
En Ojerosa y pintada la palaura ticlle una dimensiólI par-
ticular. La acc ión cs tá red ucida a una sola secuellcia lineal
- nunca entra en relaciones de oposición ni de imbrica·
57
ció n- que se repite una y otra vez. Debido a las exigencias
que Impone la situación del taxi , los personajes observan
una conducta similar: suben al ruletero, son transportados
a su destino, pagan y en su gran mayoría no vuelven a apa-
recer. Esto incide en primer lugar en la dimensión de las es·
cenas y en la constante rotación de personajes que se suce-
den con gran rapidez. También influye en las intervencio nes
breves de cada personaje y en el carácter necesariam ente
fragmentario y apenas bosquejado .de la evocación de su
múndo . La opción de presentar en esta forma ula vida en la
Ciudad-de México" se hizo de cierta manera en detrimento
de la complejidad de la trama psicológica de los personajes.
Estas restricciones, asimisr;no , debieron ser un argumento
de peso para que Agustín Yáñcz limitara la extensión de
Ojerosa y pintada, que es finalmente una de sus novelas ·
más bre ves.
Debido a la naturaleza misma de la situació n, en Ojero-
sa y pintada la jerarquía de upersonaje " se alcanza al ha-
blar y poner en palabras la propia circunstancia. En efecto,
al iniciar su monólogo <el taxista se rehúsa a entablar el
diálogo con los pasajeros) los personajes se definen ante
todo como narradores al mismo tiempo que protagonistas
de su narración. Sus tribulaciones toman la fo rma de un re·
lato coherente que el lector "oye" a través del oído .del ta-
xista, el cual "conduce" no sólo a sus clientes sino también
al lector.
Por ser sobre todo autobiográfica y haber germinado
en una zona reservada de la personalidad que se manifies·
ta en ocasiones esporádioas, la palabra en Ojerosa y pintada
está matizada por una tonalidad afectiva, puede ser confe-
sión , insulto, pre texto exhibicionista , discusió n, justifica.
ción , súplica, defensa, requisitorio, desahogo o . varias de
estas posibilidades combinadas a la vez. Nunca es relato
neutro , impersonal.
Por lo general, el chofer funge como narratario. En
otras ocasiones -no raras- los clie ntes ignoran ,al taxis ta
desde el primer momento y éste se convierte en testigo aje.
58
~ t:1 "ea Q/QuDlOIOlD'Dla.C7ID'QJDIQ'Q¡Q/QoO/
no . A pesar de esta variante, el oído del taxista siempre re-
gistra el diálogo y el lector es un "intruso".
En ambos casos, la naturaleza del relato depende de
una relación íntima que se establece entre el taxista y sus
pasajeros, y el taxi es la condición indispensable para la
ex istencia del relato . En cambio , el extcrior es el mundo tle
la praxis, el universo en el que los personajes abandonan su
estatus exclusivo de narradores/personajes. En el exterior
se definen respecto de otra índole de acciones y no por el
hecho de haber asumido la articulación de la palabra. El
taxi /lO constituye más que el umbral o el refugio dc la ac-
ción . Quienes lo abord~n ven duplicada su situ ación de pa-
saje : no viajan únicamente entre dos puntos geográficos de-
finidos, también recorren una distancia interior, Al romper
el silencio , e mergen sus inquietudes, angustias, pe rspecti .
vas, resentimientos o alucinaciones, con una apariencia
nueva incluso para eUos mismos. Quizá de una manera ob,
jetiva nada haya cambiado económica o socialmente. P.e ro
ellos sí han experimentado una metamorfosis por el solo
hecho de haber tomado el riesgo de la palabra furigida a un
destinatario mudo, poco importa que éste haya sido anóni·
mo (¿o ac aso es la condición sine qua non para que lo
hagan ?).
Este carácter ineludible de la palabra, que obliga a to-
dos a asumi rla, permite no sólo la aparición de los persona-
jes en su pequeño universo úarrativo , sino que regu la el
pac to que se establece entre narrador , narradores/persona-
jes, narratario/personaje y el lector.
En el primer cuadro de la lIovela , la palabra hace irrup-
ción de manera desorganiza"Ja. Son frases incompletas, en,
trecortadas, sin sentido . Son princ ipalmente exclam ac io nes
que no logran estru c turarse en relato. El carác ter perento-
rio de la naturaleza lo domina todo. Las frases estáll desga-
rradas por qu ejidos. En el último capítulo , la palabra se
desvanece, sepultada por el silencio de la muerte. Entre
una y o tra frontera, la palabra sufre me tamorfosis : se transo
forma e n injüria o delirio j ha sido contradictoria c illcon-
59
~/OID. Di OIDID: DID'IOID'/oO'IO'IO'O 'Di t>lC:C7, en~
secuen te ; se ha vuelto recu rso para ocultar las [Link]
intenciones'. se ha cantado, se ha "saboreado" (p. 114) Y
rumiado . Se ha convertido en susurro , reticencia o grito en-
trecortado.
A pesar de la versatilidad de la palabra, en el taxi no se
entablan conversaciones. En algún momento, se afirma que
ula 'conversación en tre los cuatro se hace un embrollo de
los diablos" (p. 200). Existe el duelo verbal; la riña matri·
. monial, la' maquinación. el reproche; hay un intento faUido
de se du cc ión: se atomiza en diálogos rompiendo la uni-
dad de los grupos. .
Esa incapacidad de charlar es índice de una sociedad
desarticulada. En efec to , cn toda reunión de personajes
existe un malestar evidente. Sólo parece haber un mutuo
acuerdo c" " ndo Iny complicidad.
Pro\'itlla de una d '¡:lcnsiün de instantancidad irrept;tible
por estar privada de una de sus funciones más evidente-
mente sociales de mutuo intercambio de comunicación y
por ser el vchículo de una su bjetividad : de un acercamiento
momentáneo en tre dos l1esconocidos, la palabra se trans-
forma en el terreno en el que se puede cataJizar algo tan fu-
gaz y delez nable por su versatilidad oomo un estado de áni-
mo , expresión de tendencias p síquicas profundas que están
condenadas a una permanente trashuman cia.
También en la novela de Fuentes la articu lación de la
palabra tiene un lugar muy importante . La incapac idad de
encontrar una expresión adecuada, vacilación, seguridad en
la manipulación de los signos o la posibilidad de fungir
co mo catalizador de la articulación son coordenadas que
definen a los personajes.
Antes que nada [Link], previo a todo acontecimiento,
el nombre se impone desde la primera frase de La región . ..
Ixca Cienfuegos afirma: "mi nombre es ... " La definición
de los personajes pasa primero por una nominación. El
nombre es adelantado hacia el primer plano , relega ndo a
las acciones. E:ste es el primer elemento de dcfilliciólI y de
identidad. Las obras bien pueden contradecir lo que se dice
60
-...o; % ; D; 0/c:>tt<::110JOIDIDJC¡'D; c:>/oO¡'D. C. ¡(jtD t>I<>I<>I<
y. sin embargo, cuenta más lo expresado. Los inlelectuales.
por ejemplo, se alltonomhran poetas sin haher publi cado
una sola línea.
En casa de Bohó, Delquinto -definido como imitador
local de lIemingway~ irrumpe afirmando que:
somos la calca de una calca, el fracaso de la mccanografia : la
vigésima copia al carLon en Llanco (p. 183).
Los mismos personajes deben ser descifrados como un tex ·
too Al parecer, el símil qu'e mejor los define es la palahra
escrita. Incluso se pone -en evidencia la materialidad fónica
de la palahra :
la sangre le punzaba a [Rodri go Pola1 con c inco letra s: éx ito.
Cada letra brillaba aislada': e, equis . i , te, o, , , habia que conju-
rar esa palabra (p. 181).
Antes de ser una realidad , los deseos se expresan en pala-
bras que so n repetidas, desme mbradas en su materialidad
fónica. Como si la acción de hiera ser precedida por un ri ·
tual primiti vo que concede una mayor importancia a la Ola·
terialidad de los signos que a las acciones que denotan,
Los momentos capitales de la vida de Rohles tienen re-
lación con una palabra diferente, En un principio es funda ·
mental conocer y dominar la palabra original, una palabra
pura, La palabra de los te xtos sagrados: Uel cura me decía
que cuando supiera bien latín me mandaría al seminario"
(p. 234). Posteriorm ente, la !,rtieulaeión de la pala ora per-
mitirá iniciar una insó lita canera: "en un pueblo de Coahui -
la le caí Lien a un general constituc ionaLista porque saLía
algu nas palahras de latín" (p. 236). Por Ílltimo , la eaida de
Hohles es producida por una modalidad de la palaLfa: UII
rumor. Régules y Pimpinela de Ovando se encargall de
propagar que I{ohles está en quie bra (UJl ejemplo más de la
supremacía de la palabra sobre IU5 hechos), que sus in vl:r·
siones han sido un fracaso . La noticia se publica y el cfer·
61
rJO/[Link]/O.:o.:f#CQJQJD • .,. (7. Q:DC:f#. QIOJQ ., 11.
to es inmediato: todo el mundo retira sus inversiones tan
pronto como se abre el banco. Esta falta de liquidez provo-
ca la quiebra de Robles.
La materia prima de la seducción, de la fecun¡lación y
de la obsesión son las palabras. Con la palabra conquista
Gervasio a Rosenda, con la palabra la preña; y el mismo
Rodrigo fue originalmente un signo lingüístico:
me llenó [dice Rosenda] para siempre de palabras la cabeza y
el vientre, (que [él] nunca conoció, porque la palabra vino al
mundo mientras él se pudría en un calabozo (p. 349).
Es interesante recordar que la prim era manifestación del
azoramiento en que vive Rodrigo, el primer índice de inca-
pacidad de desligamiento del medio en el que vive se produce
cuando, en clase, le es imposible comprender el significado
de las virtudes teologales: "avergonzadó de las palabras que
no entendía" (p . 263) . Para poder manipular esas palabras
es preciso inventar para eUas un significado original. Rober-
to Régules, su primer amigo, es capaz de imaginar para
ellas nuevas relaciones de significación y ju stamente ese sig-
nificado se da a través de un relato . Esta revelación redistri-
buye las relaciones de fu erza :
Me sentía superior a ella [su madre], gracias al juego exclusivo
de dos, de Roberto y mío, al juego qu e sólo él y yo podíamos
explicar y al que sólo él y yo podíamos perm~tir la entrada a
olro. (p. 265).
Rodrigo Pola vive luchando por preservar la independencia
de su palabra. Es sorprendente el paralelismo que existe en-
tre el grupo de poetas de la preparatoria y su madre. Am-
bos le exige.n su palabra, se la quieren extraer. El grupo
rompe con él cuando se entera que Rodrigo publicó su pri-
mer libro, Florilegio, sin presentarlo a la consideración pre-
via del cenáculo . La ruptura de Rosenda sobreviene cuando
ésta lee sus manuscritos sin su autorización.
Para escapar al amor posesivo de su madre, Rodrigo
62
10"0 OlOlO'OlOCOCOCOCOCO,C:>IDCDJOID.D ,,: ':(>'D,"
debe batirse en el terreno de la palabra. , Rosenda Zubarán
trata de adueñarse de su palabra para impedir que Rodrigo
se aleje de ella:
Si no le cuentas -afirma amenazante- lodo lo que te pasa a tu
madre, te quedarás Ueoo de dudas y ,io explicarte oada(p. 268).
Actitud que es [Link] por Rodrigo con escepticismo
y rechazo: "esas palabras gratuitas que nunca entendí, que
rtunca creí ciertas", las entiende como un "deseo de beber-
me entero, de apresarme entre sus piernas", para que Ro-
senda lo tuviera en un estado de "eterno parto parlante"
(p. 269).
El éxito de Rodrigo sobreviene en el momento en que
logra crear un espacio de resonancia para su palabra. En el
momento en que pone parlamentos en boca de personajes.
Poco importa que sus palabras sean modificadas y que su
ordenación final sea impuesta desde el exterior por un Si·
món Ebrahim, quien corrige y aumenta e inclu so llega a
proponer un sentido contrario a los guiones que Rodrigo
esquematiza. La sola acción de hablar le ofrece a Rodrigo
el Jaguar amarillo y la casa del Pedregal, símbolos del éxito.
Hablar significó salir de su habitación en la calle de Ro·
sales para ir a vivir en una casa del Pedregal. El cuarto en el
que vive es asfixiante, símbolo de su derrota y lugar de la
palabra rumiada. Fue ·alejarse del mundo de Rosenda y
acercarse a la "palabra de piedra" de lxca Cienfuegos.
La Ciudad que aparece en estas dos novelas de fines de
los años cincuenta es el lugar del diálogo imposible. Los
personajes de Yáñez tuvieron"que recurrir a un desconoci·
do - renuen te a la conversación- para confiar a alguien las
preocupaciones que los agobiaban. Su soledad agrava la
precaria situación en la qu e se encuentran.
En lo que concierne a Fuentes, la comunicación está
conscientemente sab"teada en La región. " En algún mo-
mento se hace alusión al códice Chimalpopoca en donde se
afirma que ··llegó. el día de la orfandad, el día en que la pa-
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labra ya 110 salía más de nuest ra boca" (p. 332) Y parecería
qu e la novela se desarrolla en ese infau sto el ¡a.
o Muy a men ud o las voces de los personajes no son más
qu e la tran sc ripción hec ha por el f1 arrado r o mnisciente de
sus solil oquios. Por ejemplo , Beta -o lro taxista- se niega
a entablar cualquier conversación : H il O quiero, qu e me ha-
bles; yo nunca le platico a la gen te" (p. 329) -en es to se
parece a su co lega, el laxista de Ojerosa y pintada.
Para Hasenda Zuuará n hablar significa vulgarizar, de-
gradar un pasado que sólo pertenece a ella . R?dr!go , por su
parle, vacila y no sabe pronun ciar las palabras adecuadas.
Durante mu cho ti empo , sus palabras -citadas- le sirven
para rellenar:
Se dio cue nta - IIOS dice el narrador- de qu e él había se ntido
siempr,', con No rma , la necesidad de precisar su amor, de r e-
llenarlo de palabra s, )' ecos dI? pala bras ajenas . .. (p. 373).
Su ineap . cidad para [Link] lo lle va a citar. A hablar por
medio de refere ncias übreSC3l:). La suya es una palabra escri-
t a antes que articulada. No exp resa una interioridad sino
un a erudi ción que vanamente pre tende cegar un vacío. Dé-
bil reve rberac ión de otras palabras, nadie 'presta oído a lo
que di ce.
Una debilidad similar aqueja a las palabras de No rma
Larragoit i que "'siente des fall ecim iento de su palabra frente
a Jxca Cien fu cgos" (p. 420) . Y se propone evitar la comu-
nicación co n éste por medio del coito qu e, paradójicam en-
tc, ticJle la funció n de conservar su oclu sión , qu e ya había
probado su carácter inexp ugnabl e prim ero ante su familia ,
lu ego eD il It odrigo y, po r último , con Federico Robles. iró-
ni camente morirá calc inada. víc tima de su pro pia impene-
trabil idad: después de haoerse nega do a abrir el cofre de
sus joyas y de haberse encerrado en su habitación, no en-
cueJltra la Uave de su CJsa qu e es tá en llamas.
No se habla para trans mitir un mensaje. En ambas no-
velas se profiere la pal a ~ra para oirla. Como si resultara
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-:ODOa'l:O"Oe Oe ODODO '0 0/0/0 # 'oiO "DO; 010'10' 'O; c::>k
imposible disociarla de su dimensión fónica. Se habla para
escucharse a sí mismo , para afrontar la coherencia o in-
coherencia de un discurso articulado, nunca para captar la
atención del otro . De esta manera, Federico Robles piensa
que:
se había prestado a relatar la historia de su pasado sólo para
convencerse a sí mismo que podía enfrentarse a los hec hos de
su origen (p. 387).
Para concluir, quisiera insistir en los siguientes puntos:
1. Una somera comparac!ón de La región más transpa-
rente y de Ojerosa y pintada pone en evidencia qu e a pesar
de que la materia prima es la misma, ambas novelas tienen
un sentido diferente. Sirva como ejemplo de ello el hecho
de que en ambas hay una ausencia de figuras paternas. En
La región . .. J los personajes sufren esa carencia pero esto
no les impide realizar sus proyectos a la postre. En cambio,
en el caso de Ojerosa y pintada, el duelo por la muerte del
padre es interminable e incluso puede llegar a arrojar a pero
sonajes a estados patológicos (v. gr., El Filósofo del Gran
Canal).
2. Yáñez y Fuentes conceden a la palabra gran impor.
tancia: frente a ella los protagonistas adquieren el esta tus
mismo como personajes; ella los estructura y por medio de
ella realizan su destino.
3. En ambas novelas existe un sistema de elementos di·
cotómicos sobre el cual reposa su estructura profunda . En
La región . . . se agrupan en paradojas; en Ojerosa y pintada
nunca logran fundirse: son siempre partes de conflictos
que no encuentran solución y se contraponen con una par-
ticular tensión que caracteriza a esta novela y por otro lado
es una constante de la narrativa agustiniana en general.
4. Al comparar ambas obras, resulta evidente que La
región . . . no es la fuente de inspiración de Ojerosa y pinta.
da. Ambas novelas pertenecen a una tendencia de la narra-
tiva mexicana que comienza en los años cincuenta y que
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~tDt#e~tO.D ~eo & D Q DPDeD D o 04#'0 040 O e
centra su atención en una ciudad que se transforma rápida-
mente. La visión de Fuentes es la oel citadino cosmopolita
que co n facilidad se, desplaza en un gra n número de círcu-
los sociales; la de Yáñcz es una visión desde el ex terior (el
taxista sie mpre está en las calles de la gran urbe): la del es-
u itor qu e es ajeno a la vida ruidosa y frívola de una ciudad
que parece monstruosa para el nativo de una ciudad pro-
vinciana ritmada }Jor el pUlltu allalier de las cam}Janas, acos-
tumbrado a una vida de recogimiento, estable.
La obra de Fu entes, por otro lado, es la del escritor
que a los·treinta años hace su prim era incursión en la nove-
la y la emprende Uen o de ambición y expectativas_ El pro-
du cto es una novcl"a totalizadora que ahora se nos presenta
co mo la suma de to da una época. Oje rosa y pintada, en
cambio, es la novela de un escritor consagrado , qu e en su
madurC'.l (Yáñcz frisa los cuare nta y cinco años) decide ex·
perimentar nu evas técn icas narrativas.
5. EJ tie mpo ha demostrado qu e Yái'iez y Fuentes tie-
nen más de un punto en común. Recienteme nte, el autor
de Crist óballlollaL o ha dado a conocer un proyec to narra-
tivo de corte balzaciano. !-Iay que recordar que Yáfiez se
fijó un objetivo similar dos décadas antes.
66
íNDICE
Agustín Yáñez y la Ciudad de México 7
Dos visiones de la Ciudad de México
en los años cincuenta 33
"Ojerosa y pinli:ida" de Agustín Ydñe%: dOJ en-
JayoJ, de Antonio Marquet, se terminó de impri-
mir el 30 de junio de 1989 bajo la supervisión y
cuidado de la Sección de Producción Editorial
de la UAM Azcapotzfllco y la producc ión de
Ocelote, se rvicios edi to rial es, s.a. de c.v ., Av.
de la Paz 58, local 21, San Ángel OlooO D.F. La
edición consta de 1 000 ejemplares.
LIBRO S DEL LABER INTO
TíTULOS DE RECIENTE APARICIÓN
14. Palabras de fe ,
Arturo Trejo.
15. El poder: cuatro conferencias,
Michel Foucault.
16. Lagos de Moreno , visto y oído,
Sergio López Mena (compilador).
17. Crímenes para la beneficencia pública,
Joaquina Rodriguez Plaza-César Martínez Silva.
18. Apolo Musageta,
Enrique González Rojo.
Uf:,IlVERSlDAD ~
AlITONOMA
METROPOUTANA
<+)
00g:1
COORDINACIóN
DE SERVICiOS
DE INFORMACIóN
c.... """"'. """" Azcapowlco
Formato de Papeleta de VencimIento
El usuario se obliga a de-volver este libro en la fecha
señalada en el sello mas reciente
Código de barras .. ,~?YS ;z.'5
FECHA DE DEVOLUOON
.1I11,1!'~JIHI~~RIII
• Ordenar la¡¡ fechas dQ vencimiento de manera vertical,
• Cancelar con el sello de "DEVUELTO· la 1echa de vencImiento a la
entrega del Ubro
UAM 2894575
PQ7233 Mar que t, Anto nio .
L5.3 Ojerosa y pintada de Agus
no.19