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Joëlle Bahloul

LECTURAS PRECARIAS
ESTUDIO SOCIOLÓGICO SOBRE LOS "POCO
LECTORES"

Liminar
Pese a que la formación de lectores es una de las prioridades
educativas de nuestros gobiernos, en la mayor parte de los países
de habla hispana sólo hasta hace muy poco se ha comenzado a
construir conocimiento científico acerca de las prácticas de lectura
de la población. ¡Curiosa paradoja!, la lectura es reconocida por
legos y expertos como el mejor vehículo para transmitir el
conocimiento, pero rara vez se ha convertido ella misma en objeto
de conocimiento. (¿Cómo se podrá entonces hacer de ella un
instrumento para una cultura crítica, en el sentido filosófico del
término?) Por esto en las discusiones y programas en torno a la
lectura prospera la opinión ("antes se leía más", "en nuestro país no
se lee"), no los datos duros; los presupuestos ideológicos ("leer nos
hará mejores", "formar lectores es la mejor manera de alcanzar el
desarrollo"), no investigaciones rigurosas. Esto nos condena a
oscilar entre diagnósticos catastrofistas y campañas y programas
que los pretenden encarar sin saber bien a bien qué relación tienen
hacia la lectura y los diferentes objetos de la cultura escrita (libros,
revistas, periódicos) los niños, jóvenes y adultos de nuestros países.
En Francia la situación es distinta, aunque dista de ser
satisfactoria. Desde 1955 -fecha en la que se publicó la primera
encuesta- hasta el día de hoy, la conducta lectora de los franceses
ha sido objeto de estudio e investigación por parte de analistas e
instituciones dedicadas a la educación y la cultura. Formuladas con
regularidad, las encuestas son ampliamente comentadas por la
prensa y tomadas en consideración por los responsables de las
decisiones políticas y culturales. A lo largo de varias décadas se han
convertido en un "termómetro" para evaluar los cambios en los
comportamientos de las diferentes generaciones y grupos. También
para medir la efectividad de las propias políticas públicas
relacionadas.
Pero, ¿hasta qué grado el acercamiento cuantitativo puede
contribuir verdaderamente a una comprensión profunda de la
conducta lectora? ¿En qué medida la aparente frialdad aséptica de
los acercamientos estadísticos permite una comprensión de los
procesos lectores?

JOËLLE BAHLOUL Lecturas precarias


© FCE - Prohibida su reproducción total o parcial 1
El libro que hoy publicamos se suma a la larga cadena de
investigaciones en este campo desde una perspectiva crítica frente
al acercamiento meramente cuantitativo. Al reubicar a la lectura en el
tejido de las relaciones simbólicas y reales de los lectores pone de
manifiesto las limitaciones de una aproximación así pues muestra
cómo lo que determina la cualidad de un lector en tanto tal, no es
sólo qué o cuánto lee, sino la manera en que capitaliza la lectura en
su vida social, afectiva, política o laboral, cómo y por qué se llega a
la lectura, qué o quiénes influyen en ella, cómo se socializa. O, para
decirlo coloquialmente, la forma en que a través de la lectura el
lector se planta en el mundo.
La publicación en español de esta obra clave no sólo busca
alentar la producción de conocimiento sobre este campo. Pretende
asimismo motivar en sus lectores un distanciamiento crítico acerca
de sus propios presupuestos alrededor de una actividad -la lectura- y
unos objetos -los libros- que a menudo aparecen envueltos de un
aura de piadosa e incuestionable neutralidad.

Daniel Goldin

JOËLLE BAHLOUL Lecturas precarias


© FCE - Prohibida su reproducción total o parcial 2
Prefacio a la primera edición en español

El presente estudio se basa en los datos etnográficos recabados


en 1985 en diferentes regiones urbanas de Francia. Las
investigaciones realizadas entonces, se propusieron cubrir una
muestra formada por distintas categorías socioprofesionales y
regionales, con informadores de ambos sexos y una gran variedad
de grupos de edad. Desde el punto de vista metodológico, la
investigación sociológica sobre las prácticas de lectura en Francia ha
experimentado un desarrollo considerable desde fines de los años
ochenta. Con el impulso del gobierno, y también de organismos y
programas de investigación privados, la lectura y los lectores
franceses han estado sometidos a una observación sociológica
clínica. Por ejemplo, ahora se conocen mejor las prácticas lectoras
de los jóvenes, en particular de los estudiantes de educación media
superior, y su relación con el capital educativo.1
Es innegable que el conocimiento sociológico de los hábitos de la
lectura es un asunto de orden público, y por tanto político, en el que
se involucra la responsabilidad nacional en materia de alfabetismo y,
en consecuencia, de formación de ciudadanos. Pero al mismo
tiempo este proceso de observación de los lectores, de los no
lectores o, como en el caso del presente estudio, de los "poco
lectores",* implica la instrumentación de un sistema de evaluación
organizado a partir de criterios legítimos y legitimizadores que
definen la lectura como práctica cultural. En otras palabras, el hecho
de observar, estudiar y analizar la lectura y su "puesta en práctica"
por los individuos constituye una forma de juicio, en mi opinión
altamente ideológica, del nivel cultural de los individuos observados.
Esto es particularmente cierto cuando el organismo patrocinador del
estudio es el gobierno ¡y, en especial, su Ministerio de Cultura!...
Desde los años sesenta, en efecto, un gran número de
investigaciones sociológicas sobre la lectura en Francia se basaron
en una definición estadística de la lectura, es decir que los lectores
fueron clasificados en función de la cantidad y la naturaleza de los
textos impresos que leían cada año.2 En la mayoría de los casos,
"texto impreso" se entendía como "libro". Así, lo que hicieron estos
estudios fue seguir una definición precisa de la cultura como una
"práctica" en cuyo centro se encontraba el fuerte simbolismo de lo
escrito, lo impreso y el objeto-libro. Bastó un enfoque antropológico
de la lectura para sacudir ese aparato metodológico e ideológico,
animado pese a todo por una buena fe progresista: ¿acaso los
antropólogos no habían estudiado ya desde hacía un siglo la cultura
en su diversidad universal, en particular en las formas no escritas o
no impresas, y en sociedades cuya cultura no estaba definida por
estructuras estatales y mucho menos por un Ministerio?
El estudio que se presenta a continuación es el resultado de un
cuestionamiento profundo sobre la legitimidad y la validez científicas

JOËLLE BAHLOUL Lecturas precarias


© FCE - Prohibida su reproducción total o parcial 3
de las preguntas legitimizadoras de los investigadores a los
ciudadanos, lectores o no. Este enfoque cuestiona los paradigmas
tradicionales de la sociología de la lectura en Francia, y es el
resultado de una ambigüedad inicial en el desarrollo del proyecto,
ambigüedad que se refleja claramente en el título de la obra. La
categoría "poco lectores" fue impuesta por el organismo que inició la
investigación, es decir, la Dirección del Libro del Ministerio de
Cultura. Este organismo fue el promotor de una serie de estudios
estadísticos sobre las prácticas de los franceses desde fines de los
años cincuenta y principios de los sesenta. En el último de estos
estudios antes de la realización del presente proyecto de
investigación, el Servicio de Estudios e Investigación del Ministerio
de Cultura identificó una categoría que definió como "poco lectores"
con base en el número -considerado poco- de libros leídos en el año:
entre cero y cinco. En la perspectiva de conocer y dominar mejor
esta categoría de lectores y sus prácticas, las autoridades de la
cultura decidieron encargar un estudio que concebían como
“cualitativo", es decir, que utilizaba los métodos de investigación
cualitativa. En esa época había pocas investigaciones sociológicas
sobre la lectura que se valieran de este tipo de acercamiento a la
lectura o a las "prácticas culturales" en general. Desde ese punto de
vista, el trabajo que se presenta a continuación pretendía ser
pionero. Y en mi opinión lo sigue siendo hasta hoy, pese a la
aparición de unos cuantos proyectos de investigación sociológica
recientes que se inspiran en un enfoque similar al que elegimos en
1985.3
La formación misma del proyecto contenía una ambigüedad. El
estudio de los "poco lectores" se planteó en una demanda fundada
en una categoría estadística, es decir cuantitativa; se había
planteado como específicamente cualitativo, con el fin de
"completar" los datos cuantitativos originales. No obstante, desde el
inicio de las investigaciones se situó en completa oposición al
procedimiento que lo había animado, es decir, a la categoría
artificialmente sociológica de los "poco lectores". Este trabajo no sólo
es cualitativo por el método elegido. Tampoco se limita a una
categoría de lectores específicos, como sugieren algunos balances
de la investigación en la materia.4 Yo afirmo que el trabajo que se
desarrolla en las páginas siguientes es un cuestionamiento de orden
sociológico "total" (en el sentido maussiano del término) a la relación
con el libro y la lectura, y no simplemente un análisis cualitativo de
una categoría específica de lectores y prácticas lectoras. Y es que la
lectura constituye un "hecho social total" en el que intervienen
diferentes niveles de formulación del capital y del medio cultural de
los individuos. La investigación etnográfica permitía resaltar esos
diferentes niveles y sus interrelaciones prácticas.
En particular, devolvía una práctica cultural al marco de las
historias de vida individuales, acentuando las estrategias de orden
generacional y familiar, en igual medida que las de orden
socioprofesional.5 La lectura se aborda aquí, pues, como un proceso

JOËLLE BAHLOUL Lecturas precarias


© FCE - Prohibida su reproducción total o parcial 4
en desarrollo, que por lo mismo no puede aprehenderse desde el
punto de vista sociológico a través de categorías metodológicas fijas,
que no tienen más virtud que la conveniencia metodológica. El
problema reside en que esas categorías se aplican también
artificialmente a realidades a las que sólo describen en forma parcial,
es decir "poco". Una práctica lectora que estadísticamente se define
como escasa, puede en realidad ser muy densa por los "usos
sociales" que produce.6 Por ejemplo, gran parte de los lectores de
"pocos" libros que figuran en nuestra muestra podían devorar
diferentes tipos de publicaciones que quizá no se consideraban
legítimas desde el punto de vista cultural, tales como la prensa
diaria, las revistas, las enciclopedias y los libros prácticos.
Lo que dejó en claro nuestro estudio de 1985 fue que, en las
diferencias cuantitativas de la lectura de libros, había que ver
variaciones cualitativas en la relación individual con el libro y la
cultura legítima, definida así por las instancias dotadas de autoridad
cultural. En la sociedad contemporánea mundial que privilegia la
comunicación virtual e internáutica, el libro impreso, el libro-objeto es
más que nunca un mundo en sí, una historia, una manera de ver el
mundo y de transmitirlo. El enfoque antropológico cultural que se
desarrolla en las páginas siguientes es, en mi sentir, capaz de
regresar al libro a esta dinámica social total. En ello residía la
especificidad de nuestro enfoque de hace 16 años. Y en ello sigue
residiendo en un universo sociológico que, para lograr un avance
notable de los conocimientos, aún tiene que unificar los campos de
investigación, como sugería Nicole Robine desde 1980.7

Por último, cabría preguntarse si debimos cambiar el título del


volumen debido al cuestionamiento profundo que se hace del
concepto de lectura, los "poco lectores" y de su fundamento
estadístico. Creemos que no, precisamente porque ese concepto
constituyó el fundamento de un enfoque que se desarrolló no en la
negación sino en un espíritu crítico y, en el fondo, clarificador.

Joëlle Bahloul
Bloomington, junio de 2001

Notas:
1
François de Singly, Lire à 12 ans, une enquête sur les lectures des adolescents,
París, Nathan, 1989; E. Fraisse (coord.), Les étudiants et la lecture, París, PUF,
1993.
* Faible lecture o faible lecteur, literalmente lectura o lector débil, son términos
ampliamente utlizados por la sociología francesa y provienen de una aproximación
cuantitativa al estudio de la conducta lectora: son personas que declaran leer
menos de diez libros al año. En nuestra traducción -poca lectura o poco lector-
deliberadamente hemos buscado generar un efecto de extrañamiento de manera
que siempre se tenga presente que se trata de una categoría sociológica.
2
Ch. Horellou-Lafarge y M. Segré, Regards sur la lecture en France: Bilan des
recherches sociologiques, París, L'Harmattan, 1996.
3
Christian Baudelot, Marie Cartier y Christine Detrez, Et pourtant ils lisent...,París,
Seuil, 1999; G. Mauger, CI. Poliak y B. Pudel, Histoires de lecteurs, París, Nathan,
1999.

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© FCE - Prohibida su reproducción total o parcial 5
4
Véase en particular Horellou-Lafarge y Segré, op. cit., p. 64, quienes afirman que
algunos trabajos de tipo "cualitativo" se "detuvieron" en prácticas de lectura
específicas. ¡Curiosa visión ésta del concepto "cualitativo" como un "detenerse"!
De acuerdo con ello, lo cuantitativo estaría en el centro de la empresa sociológica,
al constituir la materia prima, la fuente de su autoridad científica, mientras que lo
cualitativo estaría relegado a su periferia.
5
Este enfoque fue utilizado más recientemente en la obra de Mauger, Poliak y
Pudel, Histoires de lecteurs, op. cit.
6
G. Mauger y CI. Poliak, "Les usages sociaux de la lecture", en Actes de la
recherche en sciences sociales, núm. 123, junio de 1998, pp. 3-24.
7
Nicole Robine, "Pour une unification des champs de recherche sur la lecture et le
livre", en Bulletin des bibliothèques de France, t. 25, núm. 16, 1980, pp. 205-208

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