Guerra de los 30 años
La Guerra de los Treinta Años es una de las guerras más conocidas y estudiadas de la Edad
Moderna en Europa. Es un conflicto bélico que se inicia en Bohemia (Sacro Imperio Romano
Germánico) en el año 1618, y que se extiende hasta el año 1648, cuando termina con la Paz de
Westfalia. Es una guerra que, aunque comienza siendo un conflicto interno del Sacro Imperio,
acaba siendo una guerra internacional entre católicos y protestantes, participando en ella
potencias europeas de ambos bandos, como España y Holanda. Sin embargo, no es únicamente
una guerra religiosa, sino que representa además un conflicto político y económico.
Causas:
- Orden religioso: El afán del Emperador Fernando II de Alemania por unificar sus
Estados, imponiendo el catolicismo y las luchas religiosas en Bohemia.
- Orden político: El deseo del mismo Emperador de transformar el Imperio Alemán
que era electivo, en Imperio hereditario, para dejarle la corona a su hijo. La rivalidad entre el
emperador y los varios Príncipes que gobernaban sus Estados.
- Orden internacional: El plan de Francia para arruinar a la Casa de Austria,
restableciendo el equilibrio europeo. La rivalidad comercial de Alemania con Dinamarca y Suecia
en el Mar Báltico. Hay numerosas rivalidades por el control del tráfico comercial de estas zonas, de
las más importantes durante la Edad Moderna. Suecia, Dinamarca y Holanda, que en principio
eran aliadas por ser de religión protestante, son rivales por el dominio económico de estas zonas.
Primer período: palatino (1618-1623)
La guerra comenzó en Bohemio (parte de Austria). Los bohemios estaban divididos: unos
eran protestantes y formaban la unión evangélica; otros eran católicos y formaban la liga católica.
Como los católicos destruyeron una iglesia protestante, los ánimos se enardecieron y los
protestantes atacaron el local donde trabajaban los funcionarios reales, que eran católicos,
tomaron a los secretarios y los arrojaron por las ventanas. Este hecho histórico se llama la
defenestración de Praga (23 de mayo de 1618). Los insurrectos se adueñaron de la ciudad y
establecieron un gobierno provisional, declarando que el Emperador Fernando II no tenía derecho
para gobernar en Bohemia. Llamaron, pues, a Federico V, elector del Palatinado, para que se
hiciera cargo del trono.
Como dicho elector aceptó la designación, se trasladó a Praga y asumió el poder. De este
modo la revolución que al principio fue religiosa, se transformó en revolución política contra el
emperador. Fernando II, envista de esta situación, envió un ejército a Bohemia y por medio del
terror, se apoderó de varias ciudades hasta llegar a Praga.
Como el Elector Federico V no había sabido aprovechar el tiempo para organizar un
ejército bohemio, fue completamente derrotado en la montaña blanca. Para castigar a Bohemia,
Fernando II prohibió la libertad de cultos, y para castigar a Federico V le quitó todos sus dominios
del Palatino.
Segundo período: danés (1625-1628)
Los electores alemanes en vistas de que Fernando II se apropiaba del Palatinado y de
Bohemia, se vieron preocupados debido a que sólo restaban dos electores protestantes
(Brandenburgo y Sajonia) siendo católicos todos los electores restantes. Así es que tratándose de
elegir Emperador los católicos estarían en mayoría y esto no podían permitirlo. Entonces llamaron
a Cristian IV, rey de Dinamarca (rival de Alemania en el comercio del Mar Báltico). Pero el
catolicismo derrota al rey Cristian.
Tercer período: sueco (1630-1635)
El Rey de Suecia Gustavo II Adolfo, era un experto guerrero. El armamento de sus tropas
era el mejor de la época. Su objetivo era convertir al Mar Báltico, en un mar sueco. En el
enfrentamiento entre Alemania y Suecia, los segundos triunfan, pero Gustavo Adolfo muere en
batalla.
Los suecos, después de la victoria, no supieron conservar sus posiciones y terminan
perdiendo contra los católicos y se los obliga a firmar la paz de Praga en condiciones ventajosas
para el Emperador y desastrosas para los suecos.
Cuarto período: francés (1635-1648)
Francia creyó llegado el momento de intervenir para arruinar a la Casa de Austria. El
Ministro de Luis XIII, Cardenal Richelieu, con gran visión, empujó a su país al conflicto, seguro de la
victoria final. Firmó alianzas con Bernardo de Sajonia, con los Países Bajos y con algunos Príncipes
de Italia y lanzó sus ejércitos contra Alemania y España, que también estaban unidas. Al principio
de la guerra, el Emperador Fernando II invadió Francia y obtuvo algunas victorias; pero Richelieu
puso al frente de sus ejércitos a Bernardo de Sajonia y al temerario general Chatillón. El primero
venció a los alemanes en Alsacia. El segundo derrotó a los españoles en Arras y les quitó la
provincia francesa de Artois.
Durante varios años ningún bando dominó muy marcadamente la guerra de los 30 años, y
ocurrió entonces un cambio de gobierno en los países beligerantes. En Alemania ocupo el trono
Fernando III, y en Francia subió al poder Luis XIV. Entonces la guerra pudo terminar. Generales
franceses metieron sus ejércitos hasta el corazón de Alemania, y amenazaron con tomar Viena
(capital del Imperio). Y ante tan grave peligro, el nuevo Emperador Fernando III prefirió hacer la
paz.
Consecuencias:
A partir de la Guerra de los Treinta Años, todos los procesos de resolución de conflictos
bélicos se harían mediante conferencias diplomáticas de paz, a través de reuniones multilaterales
donde se establecen los principios y acuerdos de la paz. Estos acuerdos, por lo general, buscaban
tres principios: la soberanía, la igualdad y el equilibrio. El tercero de estos principios, el más
importante, hacía referencia a las intenciones de que no existiera ninguna potencia hegemónica
sobre las demás, al menos territorialmente hablando.
El tratado de Westfalia fue el más importante de los tiempos modernos, y cuyas
consecuencias se dejan sentir aún en la época actual. He aquí sus condiciones:
- El Emperador de Alemania reconoció que los príncipes de su país eran soberanos
en cada uno de sus respectivos Estados.
- Se estableció una completa libertad religiosa en Alemania.
- Alemania devolvió a Francia las provincias de Alsacia y Lorena.
De este modo, el título de emperador del Sacro Imperio tenía más un valor simbólico u
honorífico que un poder político real. Por otro lado, el Imperio español veía como su dominio
hegemónico sobre Europa se veía sustituido por la Francia absolutista de Luis XIV, primera
potencia europea en la segunda mitad del siglo XVII. Además, España tuvo que reconocer la
independencia de las Provincias Unidas, con las que llevaba en conflicto más de medio siglo.
Como la guerra había sido también contra España, fue necesario firmar con esta nación un
tratado aparte y esta fue la Paz de los Pirineos (1658). Según ella, España devolvía a Francia las
provincias de Rosellón y Artois, situadas en la frontera con los Países Bajos. Terminó así la Guerra
de los 30 años.
La Paz de Augsburgo de 1555 establecía la libertad religiosa de los príncipes del Sacro
Imperio, pudiendo elegir entre la confesión católica o luterana, pero sin admitir otras como la
calvinista. Con la paz de Westfalia de 1648, la libertad establecida en este tratado se amplió, y el
calvinismo se convirtió en otra de las religiones reformadas permitidas.
Alemania va a quedar debilitada (por lo menos hasta 1870), Holanda y Suiza se
independizan (antes pertenecían al Sacro Imperio).
Triunfa la política de Richelieu, se agudiza la decadencia de los Habsburgo (casa del Sacro
Imperio). Final total de las tácticas medievales.