Las Inescrutables Riquezas de Cristo
Efesios 3:8
¡Qué son las riquezas de la tierra, del mar o del sol, en comparación con éstas! Sin embargo, todas son de Él.
I. Lo que son estas riquezas. Inescrutables:
1. LAS RIQUEZAS DE SU SABIDURÍA (Ro. 11:33). Evidenciadas en creación, providencia y redención.
La sabiduría de Dios es su habilidad para escoger los mejores medios para el logro de la meta más alta. Dios es
sabio, es decir, sabe exactamente qué es lo mejor para todos nosotros. También, ÉL sabe qué es lo que se
debe hacer en un momento dado. Los seres humanos, muchas veces no sabemos qué hacer. Nos parecemos al
rey Josafat que cuando se le presentó un gran problema no sabía qué hacer y oró al Señor y le dijo: “¡Oh Dios
nuestro!… no sabemos qué hacer, y a ti volvemos nuestros ojos” (2 Crónicas 20:12).Pero nuestro Dios sí sabe lo
que se debe hacer y cómo se debe hacer.
2. LAS RIQUEZAS DE SU GRACIA (Ef. 1:7). Evidenciadas en su amor, sacrificio y misericordia.
La redención está relacionada a la salvación o liberación que Dios ofrece a su pueblo. El ejemplo más destacado
de redención es la liberación de Israel de la servidumbre de Egipto. La redención señala el resultado del acto
libertador de Jesús al derramar su sangre, dando su vida en una cruz por el pecador. La redención se refiere
tanto al sacrificio de Jesús, como al resultado de su sacrificio.
3. LAS RIQUEZAS DE SU GLORIA (Fil. 4:19).
Una promesa como esta resulta muy alentadora, sobre todo cuando vemos que hay vientos borrascosos que
están golpeando muy fuertemente el sustento para la familia. También es alentadora cuando vemos que la
aparición de una enfermedad se hace presente para atemorizarnos y robarnos el gozo que nos viene del Señor.
Y lo es también cuando notamos que hay vacíos en la vida, tales como: la soledad, la falta de comprensión; y en
algunos casos, hasta la falta de un amor verdadero. Y es bueno que podamos asirnos de esta promesa, pues
todo es posible según “sus riquezas en gloria en Cristo Jesús”.
II. Cómo pueden obtenerse estas riquezas. «Te aconsejo que de mí compres oro refinado por fuego, para que
seas rico (Ap. 3:18).
1. CÓMPRALE A ÉL.
2. PERO SIN DINERO NI PRECIO (Is. 55:1, 2).
El oro refinado es suave y maleable, está libre de corrosión y de otras sustancias. Cuando el oro está mezclado
con otros metales (cobre, hierro, níquel, etc.). Se vuelve duro, menos maleable, y más corrosivo. Esta mezcla se
llama “aleación”. Cuanto mayor es el porcentaje de metales extraños, más duro es el oro. Por el contrario,
cuanto menor es el porcentaje de aleación, más suave y maleable es el oro. Inmediatamente vemos el paralelo:
un corazón puro es como el oro puro (suave, maleable, manejable). Hebreos 3:13 dice que los corazones son
endurecidos por el engaño del pecado. Son como sustancias agregadas que endurecen nuestros corazones de la
misma manera que una aleación endurece el oro. Ello reduce o quita por completo la imagen de Dios en
nosotros, produciendo una pérdida de la sensibilidad. Nuestra capacidad de escuchar la voz Dios se ve obstruida.
Nuestra agudeza visual espiritual disminuye. Es un escenario perfecto para el engaño. El primer paso para
refinar el oro es molerlo hasta hacerlo polvo y mezclarlo con una sustancia llamada fundente.