Obatalá: Creador y Orishá Mayor
Obatalá: Creador y Orishá Mayor
OBATALÁ
En el principio de las cosas, cuando Olordumaré bajó al mundo, se hizo
acompañar de su hijo Obatalá. Debajo del cielo sólo había agua. Entonces, Olordumaré,
le entregó a Obatalá un puñado de tierra metido en el carapacho de una babosa, y una
gallina. Obatalá echó la tierra formando un montículo en medio del mar. La gallina se
puso a escarbar la tierra, esparciéndola, y formando el mundo que conocemos. Olofi
también encargó a Obatalá, para que formara el cuerpo del hombre. Así lo hizo, y
culminó su faena afincándole la cabeza sobre los hombros. Es por eso que Obatalá, es
dueño de las cabezas.
En cierta ocasión los hombres estaban preparando grandes fiestas en honor a los
orishas, pero por un descuido inexplicable, se olvidaron de Yemayá. Furiosa, conjuró al
mar que empezó a tragarse la tierra. Daba miedo verla cabalgar, lívida, sobre la más alta
de las olas, con su abanico de plata en la mano. Los hombres, espantados, no sabían
que hacer y le imploraron a Obatalá. Cuando la rugiente inmensidad de Yemayá se
precipitaba sobre lo que quedaba del mundo, Obatalá se interpuso, levantó su opayé
(cetro), y le ordenó que se detuviera. Por respeto, la dueña del mar atajó a las aguas y
prometió desistir del cólera.
Es orishá mayor, creador de la tierra y escultor del ser humano. Es la deidad pura
por excelencia, dueño de todo lo blanco, de la cabeza de los hombres, de los
pensamientos y de los sueños. Hijo de Olofi y Olordumaré, fue mandado a la tierra para
hacer el bien y para que gobernara como rey del planeta. Es misericordioso y amante de
la paz y la armonía. Rige la buena conducta y es capaz de aplacar a su hijo Xangó y
Oggún Areré. Todos los orishas le respetan. Todos lo buscan como abogado. No admite
que nadie se desnude en su presencia o se profieran frases duras o injuriosas. Sus hijos
deben ser muy respetuosos. Tiene veinticuatro caminos o “avatares”. En el Diloggún
habla por Unlé (8), y le pertenecen todos los múltiplos y submúltiplos de 8. El castillo que
le pertenece tiene 16 ventanas. Sus sacerdotes se llaman Ochabi.
LEYENDAS DE OBATALÁ:
Obatalá vive con su mujer e hijos, Oggún, Ochossi, Elegguá, y tiene un centinela,
Osun; Oggún era el hijo preferido de Obatalá y Yemmú. Era el más trabajador, y sus
hermanos estaban obligados a obedecerlo. Oggún se enamoró de su madre y varias
veces estuvo a punto de violarla, pero el chiquito Elegguá, lo vigilaba y le avisaba a
Osun, que llegaba de improvisto y requería a Oggún.
Oggún comprendió que Elegguá, que andaba siempre fisgoneando, le había
contado a Osun lo que él pretendía, e inventado un pretexto, lo echó a la calle. Elegguá
se quedó en la esquina; daba vueltas alrededor de la casa sin entrar, y no perdía de
vista a Oggún, quién le echaba montones de maíz a Osun para que no lo delatase.
Mientras Osun comía, él aprovechaba aquel momento para abusar de su madre que se
lo consentía. Y así todos los días a una misma hora, Oggún cerraba la puerta de la casa,
dejaba afuera a Osun atracándose de maíz, y... ya usted sabe !
Elegguá esperó a Obatalá y le dijo: “Babami hace muchos días que no como.
Oggún me ha castigado dejándome afuera en la calle para que no vea las maldades que
está haciendo, y Osun no se lo ha advertido porque Oggún le da mucho maíz, y se
queda dormido...”
¡ Pero Osun no puede quedarse dormido !
A la mañana siguiente Obatalá se levantó temprano, volvió antes de la hora
acostumbrada y se acostó entre las yerbas detrás de un árbol. Desde allí vio a Osun
durmiendo, y a Oggún que cerraba la puerta. Obatalá lloró de pena, y de pena temblaron
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las piernas. Cortó un gajo del árbol para apoyarse, y tocó a la puerta con aquél bastón...
Yemmú comprendió que era Obatalá que venía a sorprenderlos y quiso precipitarse a
abrir la puerta. Pero Oggún sabiendo que su madre no era culpable, le dijo : ¡ No mamá,
no abra usted, yo soy un hombre y la culpa es mía !
Obatalá tenía la mano levantada para maldecirlo cuando Oggún abrió la puerta.
¡ No maldiga Baba, que yo mismo me maldigo ! ¡ Que yo, Oggún Agguanillé,
Oggún onile Kobú, Oggún tocumbí, trabaje día y noche hasta el fin del mundo !
Entonces Obatalá entró en la casa y Oggún dijo mostrándole a Yemmú : “mi
madre es inocente...” Obatalá le dijo a Oggún : ¡ Lárgate ! No puedes vivir dentro de
casa. Y Oggún avergonzado, se marchó y se metió en su herrería.
A Osun le dijo : Confiaba en ti y te vendiste por agguadó ( maíz ). Y a Elegguá :
Mi centinela serás tú. Y a Yemmú : No te maldigo, pero si nos nace otro hijo varón, lo
mataré.
Nació Orulá, y Obatalá lo mandó enterrar bajo una Ceiba. Nació después Xangó,
y a pesar de su juramento, al verlo tan gracioso se compadeció del niño y se lo entregó a
Dáda, su hermana mayor, para que lo cuidase en su casa. Pasaron cuatro años y Dáda
lo vistió de rojo y lo llevó de visita a la casa de sus padres. Obatalá se alegró con su hijo
y le hizo muchas caricias, mientras Yemmú lo contemplaba llorando porque pensaba en
Orulá. Obatalá lo sentó en sus piernas y al ver el llanto de Yemmú, Xangó Mokokén,
preguntó la causa de aquellas lágrimas.
Yemmú le respondió : ¡ Algún día te lo diré...!
Le ordenó a Dáda que en adelante todos los días le trajera a su hijo. Y Obatalá
todos los días le narraba a Xangó algún episodio de su vida ; todos los días le contaba lo
que Oggún le había hecho. Así creció Xangó - que cuando es niño se llama Olúfina Koke
-, criando en su corazón odio y rencor para Oggún. Cuando se hizo un hombre, Ayalá
Yeo, bonito y guarachero, se vistió de guerrero, montó en su caballo Esinla, y se dirigió a
las posesiones de Oggún para llevarse a su mujer, Oyá. Esta lo vio pasar, y enseguida
se quedó enamorada y se prendió a su lado. Oggún trabajaba como un esclavo y no
pensaba más que en beber como una esponja.
Era un hombre brutal, despótico y manilarga, y Oyá se dejó robar por Xangó
encantada. Este rapto dio origen a una guerra tremenda entre Xangó y Oggún, y de la
que Xangó al principio, no salió victorioso...
LA PALOMA de OBATALÁ: cuando todos los grandes hombres de Efí estaban reunidos
para dar comienzo al barroco, vieron que faltaba el boncó y delegaron en el rey de Efí
Cubakua para que fuese a tierra Enyemiyá - la tierra de los tambores - y trajese un
boncó. Este cumplió su misión y se lo ofreció a Efiméremo ( Mocongo ). Comenzaron las
fiestas, y a la hora de la consagración, Mocongo vio una paloma, y preguntó si no sería
un espíritu que venía a participar con ellos de la fiesta. Ekueñon mandó a Nasacó que
adivinase que sería esa aparición y Nasacó dijo : “Anamieto, viaña iruá akuaramina”. No
era un fantasma. Era una paloma, gracias e imagen del Espíritu Santo. Ekueñon la tomó
y la presentó al Ekué murmurando : Madre mía te presento esta paloma que es de la
tierra de Orú, venida por obra de Dios y del Espíritu Santo. Y Ekué sonó tres veces, y
Ekueñon la dejó partir en paz. Y todos vieron la paloma del Espíritu Santo cuando,
camino del palacio del rey de tierra Besundi desfilaba la procesión, y los príncipes de
tierra Efó, Yambeke y Eyegueyé, llevaban el fundamento de Obatalá...
SUS PATAKKI :
Obanlá, Orichanlá u Ochanlá : es una viejecita friolenta y temblorosa a la que hay que
tapar con una sábana blanca. En cuanto baja pide manteca de cacao para que le hagan
una cruz en la palma de la mano y en la cabeza hacia la zona donde se une el occipital
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con los parietales. También come un poco de esa grasa que se supone, aclara la
inteligencia, que es un preparado a base de aceite de palma, huevo batido, ralladura de
coco y aguardiente, y que toman los ancianos de Ochá. Se la funda en una sopera
blanca que lleva una tapa transparente de cristal o vidrio. Su otá es un canto rodado de
río, blanco, granulado, bien redondo, que se asienta sobre un puñado de algodón o de
tela blanca. Tiene paggugú, y un assón de plata...
Igbá Ibó, Ibaíbo, Ibá Ibó Obá Ibó, Obba Iba, Baba : es un Obatalá viejo ( arubó ). Es el
pensamiento divino y se le representa como el ojo de la Divina Providencia. Es el
misterio del güiro que habla. No se deja ver y si alguien lo viera, quedaría ciego para
siempre. Es el Foddú Daa de los Arará. Los Eguadó dicen que es de su tierra, y que su
mujer, Iyemmú, constituye la pareja de padre y madre ( Baba - Iya ) de donde nacieron
todos los Orishas.
Owá Olofón , Obá Olofún , Oba Lufón , Ocha Lufón , Arubó : es el Obatalá macho
primitivo. Igual al sol y al creador, se dice que muchas veces aparece o se manifiesta
como una viejecita que, cuando baja, se presenta muy arrugada, pequeña y temblorosa
de frío. Se le cubre desde la cabeza a los pies con una sábana limpia. Todos los Orishas
obedecen de inmediato cualquier orden de ésta deidad, pues con sólo levantar su mano
derecha y ponerla frente a la cara de cualquiera de ellos, se tranquilizará y prometerá lo
que le pida Obatalá. Su baile es muy difícil, lo hace muy agachado, con las manos casi a
ras del suelo, el espinazo totalmente encorvado y con una gracia y cadencia tan
subyugante como ardua. Es de tierra Lucumí Oyó, Yebú y Eggwadó. Es el primero que
habló y dio a los hombres la palabra y el derecho a ejercitar el sexo.
Ocha Griñán, Ocha Guiña, Osa Griñán, Sagriñá y Agguiriñá : se trata de un Obatalá,
también muy viejo, mensajero de Olofi, que subía a las montañas. Muy pacífico, tiembla
mucho por su vejez. Proviene de la tierra de Ijesá. Le pertenece la lechuza, que es el
símbolo de la inteligencia, la discreción y la experiencia. También es el que puede ver
cuando nadie puede. Le pertenecen los Ibeyis ; Salako (varón) y Talabí (hembra). Por
ese camino dicen que conduce el Ilé que Olofi tiene en la loma. Vive escondiéndose del
aire. Anda con muletas, pero cuando se molesta, las tira y arremete con un machete.
Cuando se le pide, se le pide al revés.
Oba Moró u Obamoró : Es macho. Sus otanes son cuatro. Cuando baja es como si
cargara una cruz, un gran peso de la humanidad, y por ello se le aplican todos los
tributos de la pasión. No baila y se lo suele vestir de morado. Está sincretizado con el
Jesús Cristo crucificado y también en Jesús Nazareno. Viene de tierra Takuá, y su
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patakkí es muy controvertido, ya que en sus largas peregrinaciones como rey, pasó “las
de Caín”.
Baba Fururú : es el que se sienta a dar instrucciones a los jóvenes. Por su gran
sabiduría, es muy escuchado, y todo lo que enseña se basa en leyendas y cuentos
místicos de Ochá. Está sincretizado con San Joaquín. Su fundamento se talla en una
imagen de madera que representa a un anciano con vestimenta harapienta y un libro en
su mano izquierda. Se le atribuye el conocimiento y las enseñanzas.
Yekú-Yekú, Yekú Oño: Unos lo dan por anciano, y otros por anciana, pero lo transcultan
con el Cristo de Limpias y San Joaquín de la Paciencia y Humildad, que durante la
esclavitud se hallaba en la iglesia de los ingenios. Representa ambas facetas de la
humanidad, el femenino y el masculino, siempre como anciano. Su collar ritual es de
cuentas blancas con bolas de nácar y marfil. Lleva bastón, el cual va adornado con una
pelota que se saca del estómago de las vacas. Se lo asocia con la Santísima Trinidad.
Ekenike: De la tierra Iyebú, es guardián del pueblo, guerrero, y un sabio anciano que
temblequea un poco. Cuando baja, hay que cubrir de blanco el cuarto de las Ochá, el
baggí, hasta donde están los tambores. Viste de blanco, y se le da una escopeta de
juguete, y para que salga a bailar ante el tambor, se dispara un fulminante de salva. Éste
se sorprende, da un salto, y luego empieza con su danza.
Eyuaró , Eruadyé: es la hija mimada y única de Olofi con Iyá. Se casó con Ayáguna. Es
una santa inalterable, no se mueve ni se inmuta. Hay que hablar con ella para que Oba
Moró sancione a alguien.
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Yemmú o Yembo: está considerada como Madre, Esposa y fundamento de los demás
Obatalá.
SUS HIJOS: son personas de férrea voluntad, tranquilos y dignas de confianza. Son
reservados y no acostumbran a lamentarse de los resultados de sus propias decisiones.
Dados a las letras, la literatura o la filosofía. Estudiosos incansables. Sabios.
Disciplinados maestros. Excelentes padres de familia. A veces infieles en lo sentimental.
Son lo supremo de la Regla de Ochá, la perfección, la pureza. A veces su ego lo lleva a
aislarse de los demás, pues cree que es él, el único dueño de la verdad...
SU OKUTÁ : es una sopera blanca de cerámica, muy fina y elegante, honda, ancha,
donde se asientan cuatro Otás, llamados oké ( de la loma del monte ). Sus piedras no
admiten sol, aire o sereno. Las circundan 16 caracoles blancos abiertos, 16 monedas de
plata o plateadas, una cadena gruesa de plata, una medialuna, una estrella, y sus
atributos y herramientas.
ATRIBUTOS : dueño de la plata y de los metales blancos, tiene una corona con 16
plumas de loro. Lleva sol y luna y seis manillas. Tiene majá. Una mano de plata que
empuña un cetro ( poayé ). Dos huevos de marfil. Dieciséis caparazones de babosa
( okotós ). Manteca de cacao, cascarilla y algodón. Una pandereta. Una bandera blanca.
Es dueño de iroko, la ceiba. Y su rama o palo del monte deberá estar en la estera para el
karí ocha de su Iyawó. Tiene agogó y assón de plata.
SUS HERRAMIENTAS : opá, bastón de mando ( paggugú ), manilla, sol, luna, majá.
Puayé u Opuayé : cetro, iruke de color blanco.
SUS COLLARES : es blanco y se insertan las cuentas de color típico, de acuerdo a cada
camino, como por ejemplo : los collares de Ayáguna, Ochagriñán y Ochalufón, que se
ensartan cuentas de color rojo cada veinticuatro cuentas blancas, y admiten caracoles.
En el de Obá Moró, el coral o la cuenta roja se sustituye por una de color morado. En el
collar de Ochanlá, las cuentas son de marfil o nácar y cada 16 cuentas. Como el de
todos los Obatalá, lleva cuatro de color cacao. Solamente por Aguema se combinan
cuentas blancas con verdes.
SU ROPA : siempre viste de blanco. En sus caminos guerreros lleva una banda roja
cruzada al pecho. Como Oba Moró, a veces se viste de morado. En ocasiones se le
bordan custodias y cintas en número de ocho.
SUS PEDIDOS : se refieren a todo aquello que tenga que ver con la salud de la cabeza
humana: audición, habla, parálisis, demencias, etcétera.
SUS COMIDAS : arroz blanco, mazamorra blanca, merengue, nata de leche, leche en
taza blanca, manteca de cacao, miel, calabazas blancas, etcétera. Frutas que se sientan
granulases o arenosas al paladar como el anón, la guanábana, la granada, la manzana,
el zapote, etcétera. Maíz, arroz, alpiste y otros granos y porotos blancos. Bolas de
malanga y ñame. Bolas de manteca de cacao y cascarilla. Y en general, cualquier
comida blanca y sin sal. Flor de algodón, clavel blanco.
Su comida ritual se prepara de la siguiente manera : se hierve mazamorra blanca, la cual
se lava y se cuela, y se la machaca ( una parte ) en mortero. Ésta última se mezcla con
miel y se amasa un opeté ( figura hecha de legumbres que representan una figura de
orisha ) redondo, al que se le hacen los ojos y la boca. La mazamorra entera se deposita
dentro de un bols cerámico blanco con miel, y “la cabecilla” se cubre con algodón como
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simulando un manto blanco, dejándola arriba del manto de mazamorra. Se ofrenda en
las riveras de un río, cerca de la vegetación, su jurisdicción metafísica. También, al pié
de una montaña, en la cima. Cuanto más alto, mejor la recibe, y más levanta al individuo.
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Yekú Yekú : Se le figura como un anciano que personifica la humildad y la paciencia. Se
le presenta con bastón. Tradicionalmente se lo viene sincretizando con San Joaquín o
con el Cristo de Limpias. Pero la adoración de Cristo de Limpias es autóctona de Cuba y
tuvo su origen en la iniciativa de una cierta encarnación Camut, muy devota en 1925.
Esto indica que la verdadera sincretización de Yekú Yekú tiene que haber sido con San
Joaquín, también humilde, paciente y representado habitualmente con un báculo, pero
adorado en los ingenios azucareros en tiempos de la esclavitud como conveniente
símbolo de la humildad y la paciencia.
Ayáguna : Se cuenta que Olofi lo mandó poner en paz con la tierra, pero al ver que no le
hacían caso, comenzó a cortar cabezas y se enamoró de la vida guerrera. Como su
Obatalá padre descendía de la tierra, se limpió la sangre del machete en el pecho, para
ocultar su desobediencia. Suele sincretizarse con el Jesús Cristo de treinta y tres años.
La iglesia siempre ha considerado ésta etapa de la vida de Jesús como la del predicador.
Él mismo dijo : “No penséis que he venido para traer paz a la tierra, para salvar a la
humanidad, sino que he venido a poner mi espada...” ( Mateo 10 : 34 ). Es probable que
ese carácter combativo, y quizá la huella de sangre en el cuerpo, asociada con los
estigmas, hayan determinado la sincretización de Ayáguna con el Cristo predicador.
Igbá Ibó : Es un camino de Obatalá. Representa el pensamiento divino, el misterio del
güiro que habla, no se deja ver, y si alguien lo viera quedaría ciego. Se le sincretiza con
el ojo de la Divina Providencia. A causa de las numerosas referencias bíblicas al Ojo de
Dios, se utiliza como símbolo de Dios omnisciente y omnipresente. En la cultura Asirio -
Babilónica el conocimiento de Dios se expresaba mediante figuras aladas, con
numerosos ojos, es decir, que todo lo veían. Los querubines y serafines con muchos ojos
se encuentran en el Apocalipsis de San Juan. En la Edad Media se popularizó la imagen
del Ojo dentro del triángulo para sugerir la omnipresencia de Dios uno y trino. Entre
nosotros fue muy popular.
Como una reacción ante el desprecio racista por las culturas africanas, se ha
pretendido atribuirle a la concepción Yoruba de la Divinidad una significación metafísica
simplemente anacrónica. En la trilogía Olofi, Olordumare y Olorum, se ha querido
descubrir una analogía con la trinidad de la teología católica. Los yorubas apuntaron la
necesidad conceptual de un principio absoluto, que estuviera por sobre los demás
orishás, que cumplieran el arquetipo de las funciones y actividades que actúan en el
mundo. Ese “ser supremo”, sin embargo, al ser enfocado en diversas relaciones,
proyectó en tres entidades : el Creador, que trata directamente con los orishas y los
hombres, individualmente en Olofi ; la sujeción a leyes de la naturaleza, la ley universal
misma, individualizada como Olordumare ; y la fuerza vital, la energía universal,
identificada con el sol y personificada en Olorun. No se trata sino de otro ejemplo de la
dificultad del pensamiento primitivo para elaborar un concepto de alto nivel de
abstracción y de su tendencia espontánea a concretar y particularizar. La portentosa
creación religiosa de los yorubas no requiere ciertamente que se le adjudiquen
intenciones que le son ajenas...
OLOFI
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Es tan poderoso que hacer el mundo le pareció algo fácil ; pero una cosa es
hacer algo, y otra que funcione a la perfección. Cuando distribuyó los cargos entre sus
hijos, se encontró con que los hombres siempre estaban peleando y tuvo que hacer de
Ayáguna, el orisha de las pendencias. Pero Olofi es la paz, porque es completo, y no
podía comprender porqué Ayáguna siempre está atizando las peleas. Así que un día dijo
: ¡ Por favor Hijo mío ! Pero Ayáguna le respondió : “ Si no hay discordia no hay
progreso, porque haciendo que quieran dos, quieren cuatro, y triunfa el que sea más
capaz, y el mundo avanza “.
“Bien - dijo Olofi -, si es así, durará el mundo hasta el día en que le des la espalda
a la guerra y te tumbes a descansar”.
Ese día no ha llegado todavía, y Olofi comprendió que su creación dejaba mucho
que desear, y se desilusionó, y desde entonces ya no interviene directamente en las
cosas del mundo.
Olofi es la personificación de la divinidad, la causa y la razón del ser de todas las
cosas. Nació de nadie, por sí mismo. Vive retirado y pocas veces baja al mundo. No
tiene tratos directos con nadie, pero sin su ayuda, nada se puede conseguir. Si bien
todos los ebbó se tramitan a través de un orishá determinado, hay que dejar bien claro
que, en última instancia, todos llegan a Olofi y se resuelven gracias a su soberana
voluntad. Es por eso que se dice : el ebbó llegó a Olofi, que puede ser desde un amalá
o addimú, hasta un rito a Eggun.
Olofi hizo el mundo, a los orishas, los animales y los hombres. Fue él quién
repartió poderes a los orishas para que se crearan todas las cosas, y por ello, tiene los
secretos de la creación. Hizo que Orulá echara los secretos de la adivinación por la
boca, y fue por el habla que pudieron llegar a los hombres su interpretación. Puede
utilizar y utiliza a todos los orishas como sus mensajeros, pero para predecir la muerte,
emplea a Osun.
En tierra de Ifá, Olofi es adorado directamente. Es un hecho material. Se recibe,
es fundamento y se le sacrifican palomas y animales de cuatro patas. Existe trato directo
con él, pero su aché y contacto con los hombres está reservado a muy pocos de los
consagrados en Ifá. Allí también se le concibe como padre y hay historias que hablan de
sus hijos. Con bastante frecuencia se le considera como viejo y muy cansado de todo, de
sus imperfecciones en la creación humana.
OLORDUMARE
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dice : ese muerto que está en el Ara-Onu ibae bayen tonu que embelese Olordumare
( que se eleve hacia el cielo y llegue a tus pies ).
OLORUN
OSUN
Era vigilante de Obatalá. Obatalá vivía con su mujer, Yemmú, y sus hijos : Oggún,
Ochosi y Elegguá. Oggún era preferido y sus hermanos tenían que obedecerlo. Oggún
estaba enamorado de su madre y varias veces estuvo a punto de violarla, pero elegguá
siempre le avisaba a Osun, quién venía y regañaba a Oggún. Entonces Oggún echó a la
calle a Elegguá y le dio montes de maíz a Osun para que no lo delatara. Osun comía y
luego dormía y, Oggún podía disfrutar del incesto con su madre. Elegguá le fue con el
cuento a Obatalá, quién no lo podía creer, pero al otro día volvió más temprano. Obatalá
vio a Osun acostado, y a Oggún abusando de su madre, y llegó a su casa furioso. Fue
cuando Oggún se maldijo así mismo y Obatalá le dijo a Osun : “confiaba en ti y te
vendiste por maíz”. Y nombró a Elegguá su vigilante. Desde entonces Osun perdió el
cargo.
No obstante, como orisha mayor, se lo sigue considerando por los Yoruba como
mensajero de Obatalá y de Olofi. Orulá se apoya en él para tener los poderes de la
adivinación y el conocimiento real y trascendente. Es el vigilante de la cabeza de los
creyentes. No tiene eleke ni mano de cauris. No es orisha de posesión sino de
irradiación. No se sube ni se asienta. Se recibe cuando se entregan los guerreros :
Elegguá, Oggún y Ochossi.
No habla en el Diloggún, pero acompaña a los guerreros. Representa la vida
misma. Su día es el jueves. Sus números : 8, 16 y 24.
SU OKUTÁ : se conforma de una copa metálica con un gallo en la parte superior, sobre
un pedestal. Su base es pesada, de eje perpendicular que se implanta en un receptáculo
tapado que contiene la carga mágica. Todo está rematado con la figura de un animal que
es, generalmente, un gallito de plomo o metal blanco, aunque también puede ser una
paloma, un perro o un saurio. Hay Osun de Babalawo , Osun de pié y Osun de Oddúa
( tiene la altura de su poseedor ) y Osun de Babaluayé con perro. La parte superior tiene
una paloma con las alas desplegadas. Puede presentarse con dos cabezas de caballo,
estrella, etcétera. No lleva Otá.
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SU COLOR : representa todos los colores en la ceremonia del Fifí Ocán (iniciación),
porque Osun quiere decir : color o pintura. Existe la hipótesis de que le conciernen los
cuatro colores fundamentales : blanco, azul, amarillo y rojo.
ORULA
Iracundo con sus hijos al saber que Oggún había tenido incesto con su madre,
Obatalá mandó matar a todos los varones. Cuando nació Xangó, el compasivo Elegguá
se lo llevó escondido a su hermana mayor Dadá, para que lo cuidara. Pero después
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nació Orulá, y con el mismo propósito de salvarlo, Elegguá lo enterró al pié de la ceiba, y
le llevaba comida todos los días. Pasó el tiempo y un día Obatalá enfermó. Elegguá
buscó corriendo a Xangó para que lo curara. Cuando el gran curandero resolvió el
problema de su padre, Elegguá aprovechó la ocasión para implorar a Obatalá el perdón
de Orula. El perdón fue concedido y entonces Xangó lleno de alegría, cortó la ceiba,
labró un tablero espléndido y le dio a su hermano Orulá el secreto de la adivinación. Es
por eso que Orulá dice : Maferefum (bendición) Elegguá, maferefum Xangó, Elegbará. Y
es por eso que el ekuelé de Orula lleva en la cadenilla un fragmento del collar de Xangó
por una punta.
Desde entonces Orula es el dueño del tablero, el adivinador del futuro y el
consejero de los hombres, además de ser el intérprete del oráculo de Ifá.
Es orisha mayor, y a su alrededor se ha formado todo un complejo religioso que
lo singulariza en relación a todos los demás orishas. Orula es el gran benefactor de los
hombres, su principal consejero, porque les revela el futuro y les permite influir sobre él.
Orula es el poseedor de los secretos de Ifá, el oráculo supremo mediante el cual se
comunica con ellos.
Personifica a la sabiduría y a la posibilidad de influir sobre el destino, incluso el más
adverso. También es considerado como gran médico y como uno de los dueños de los
cuatro vientos. Quién no acata sus consejos, sea hombre u orisha, puede ser víctima de
los osogbos inducidos por Eshu. Fue Xangó quién con la autorización de Olofi, le
proporcionó a Orula el até ( o tablero de Ifá ), y el dominio de los secretos de la
adivinación.
Orula forma una trinidad con Oddum y Oddúa. Habla en el Diloggún por Iroso (4)
y Obbara (6), y en Metadiloggún (16). Le pertenecen todos los días, y su fiesta es el 4 de
Octubre. Sus colores son el verde y el amarillo.
Para ser sacerdote de Ifá o Babalawo, no es indispensable ser santero ( Pai de
Santo), aunque habitualmente lo sea. Su poder es tan grande que, cuando reclama a
alguien, para ser su hijo, el individuo tendrá que abandonar el culto a cualquier otro
orisha y dedicarse a Orula. El primer paso para hacerse Babalawo es una ceremonia
llamada “abo faca” ( recibir la mano de Orula ), y solo pueden pasar por ella aquellos a
quienes se lo haya sugerido la adivinación. Las mujeres tienen acceso a ello ( ico-fa ) y
representa el ritual mas elevado por el que puedan pasar en relación a Ifá. Las así
iniciadas son conocidas con el nombre de Apetebi y se les considera como esposas de
la deidad, y copartícipes de algunos de sus secretos. La Apetebí ideal es mayormente
hija de Ochún.
Ahora bien, el pleno acceso a los secretos de Ifá sólo lo tienen algunos hombres
rigurosamente escogidos. Ninguna mujer puede llegar a Babalawo, así como ningún
hombre que tenga indefiniciones sexuales. Los Babalawos no utilizan el oráculo del
Diloggún, sino el ékuele y el tablero de Ifá con ikines.
ORÁCULOS: Orula es el único orisha que posee los secretos adivinatorios de Ifá. Orulá
no baja en las cabezas de nadie y sólo se comunica a través de sus oráculos que son el
ékuele y el tablero de ikines.
El ékuele es una cadenilla de 14 a 16 pulgadas de largo, formada por abalorios
engarzados con eslabones metálicos. Los abalorios tienen metales y cáscaras de
semillas o carapachos de jicotea. También suele consagrarse como opelé de Ifá,
compuesto por divisiones de cuentas de misanga o collar ( opelé ), que representan a
cada uno de los orishas del panteón yoruba.
El até o tablero de Ifá, es una tabla redonda para la adivinación, de unas 14 o
más pulgadas de largo. Tiene un borde labrado en la madera y cuatro puntos marcados
en los extremos de los diámetros perpendiculares. Representan las cuatro esquinas del
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Awó bàbá Alafin Erí Idé olú àse
mundo, los cuatro puntos cardinales : el norte, Obatalá ; el sur, Oddúa ; el este de Xangó
; y el oeste es Eshu.
Sobre el tablero el Babalawó echa un polvo llamado yefá, hecho de colmillo de
elefante o de ñame molido. El Babalawo se sienta en una estera, de espalda a la pared,
frente al tablero que también yace sobre la estera. Quién se va a registrar ( atender ), se
sienta frente a él con una toalla en las rodillas sobre la que se coloca el ékuele del
Babalawo. Éste agarra entonces varias semillas de corojo o de Kola, los cuales son
rogados para después tomarlos y soltarlos con la mano derecha. Se hace el recuento de
las semillas que quedaron en la mano, y se va rayando en el yefá del até que sirve para
marcar las letras u oddunes de Ifá.
ATRIBUTOS : tablero de ifá ( até ), ékuele, dos manos de ikines ( semilla, nuez de kola ),
dos oráculos, una pesa y su balanza, un iddé, un cuje de álamo, un irofá, un iruke. El
tablero simboliza el mundo.
BAILES : no tiene baile específico, puesto que no sube, pero se ejecutan danzas en su
honor, aunque sin ninguna característica especial. Se le toca en el lugar después de
Oxúm y comprende tres toques.
MONTE ( Ewe ) : olivo, albahaca, almorejo, altea, arabo, ceiba, arará, acediana, bejuco
de fideo, colonia, copey, corteza de coco, ñame ( con el corazón del ñame se prepara el
aché yefá, el polvo blanco lleno de virtudes con que se cubre el tablero de adivinación ),
ojo de profeta y paraíso.
SU SALUDO : antes de abrir un arte adivinatorio, fuera cual fuere, lo primero será en
saludar a Orulá diciendo : ¡ Agoró emafuá oliboró...! y después al orishá de cabeza, y por
último a cada uno de los orishas asentados.
ODDÚA
Cuando Olofi quiso hacer el mundo, bajó con Obatalá. En el entusiasmo de la
creación, Olofi hizo cosas maravillosas ( como la ceiba, las nubes, el arco iris y el pájaro
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Awó bàbá Alafin Erí Idé olú àse
zún-zún ), pero también tuvo fracasos y dejó otras por la mitad. A los hombres, por
ejemplo, los dejó sin cabeza. Como es natural, andaban sin dirección y el mundo parecía
una casa de locos. Molesto, Olofi le encargó a Oddúa que les hiciera cabezas. Éste las
hizo, pero las dejó con un sólo ojo. Tuvo que venir Iba-Ibo para ponerle los ojos donde
ahora están y darles boca, voz y palabra. Entonces los hombres empezaron a ser como
se los conoce, y todo pareció bien. Hoy, sin embargo, amenazan con desbaratar toda la
creación de Olofi, y uno no sabe si echarle la culpa al Padre de los Orishas o a Oddúa, o
si ponerse triste, o si echarse a reír...
Fue el primer rey de Oyó, muerto. Representa los misterios y secretos de la
muerte. Dueño de la soledad, es andrógino. Oddúa, Oddún y Orulá, son hermanos que
siempre andan juntos formando una trinidad. Por Oddúa se conoce a Olorun y se intuye
a Olofi. Su mujer se llama Odduaremú u Oñó-Oro, la que cura a los moribundos y asiste
a las parturientas. También es considerado como un camino de Obatala. Puede ser el
más viejo de todos, el que creó a los 16 Obatalá junto a su mujer Odduaremú ; puede
ser un Obatalá macho que vive en Iroko y también el guía de todos los Obatala y por eso
los hijos de éste tienen que recibirlo. Como creador y hacedor de la justicia, es visto
como un elemento divino e impersonal.
No es orisha de santeros o sacerdotes menores, sino de Babalawos. Por
considerarse un camino de Obatalá, no se recibe directamente en Ocha, aunque sí en
Ifá.
En Arará se llama Oddúa Daa. En el Diloggún viene por Eyeunle (8-8) y en el 16
por Metadiloggún. Su día es el jueves y su color el blanco, rojo y negro.
ATRIBUTOS: lleva dos bolas de marfil de elefante, un caballo blanco y 16 otás de río,
loma o camino que van dentro de una sopera, como okutá representativo. Tiene 36
caracoles, pero no habla por ellos. Se le pone una mechita alimentada por aceite de
almendras, que se enciende todos los jueves. Lleva espada o machete, caballo, globo
terráqueo y dos muñecos iguales. Tiene uke o ukre, que no es más que una escobilla
para barrer el yefá. Esa escobilla debe ser de rabo de elefante, de caballo o de venado.
Puede tener un mango o dos agarraderas centrales formadas por ocho anillos de
cuentas blancas, negras, rojas y amarillas. Oddúa se representa por el Osun de pie que
tienen los Babalawos, y que es una varilla de metal blanco con base redonda y con una
paloma del mismo metal en el extremo superior ( fabelo ). A Oddúa también le pertenece
el azabache, el coral y el ámbar, el nácar y el marfil.
COLLARES: tiene 18” de largo, es de cuentas de nácar y coral, 16 blancas por cada 8
punzó. El coral separa las secciones de nácar que, para quienes saben leer las
leyendas, representan los caminos o incidentes. Otro collar tiene 8 secciones de cuentas
blancas de leche para señalar los caminos. Estas secciones están separadas entre sí
por dos cuentas de nácar que, llevan en el medio una de coral. Otros llevan 16 cuantas
blancas y 8 punzó.
ROPA: es blanca con faja roja en la cintura que, al amarrase, deja el extremo derecho
más largo. Usan sombrero o pañuelo de cabeza, porque nunca deben recibir la luz solar.
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Awó bàbá Alafin Erí Idé olú àse
Cuando se va a realizar una iniciación en casa de Babalawo, el trono debe ser
completamente blanco.
MONTE Ewe: álamo, albahaca, cimarrona, ateje, ceiba, coquito africano, fruta de pan,
jagüey macho, vergajos, platanillo de Cuba, llantén, salvia, arbicuajer o arbicua, árbol del
cuerno, árbol de la vida, copaiba o copalba, esclaviosa, guacamayo, trepadera, higuera,
curujey, romero, flor de marmol, campana, prodigiosa, almendro, madreselva, jobo,
belledrina, bledo blanco, peonía, millo y almácigo.
Oddúa Ayáguna : Es el sordo. En la pieza que lleva se le ponen dos pitos, uno abierto y
otro cerrado. El Diloggún ensartado en un alambre. Sólo se lava con cogollos de mariwó
de Orula. Este vive arriba de una palma.
Oddúa Abelli Lukoso : Tiene dos otá, y vive en el techo. Va en una jaba dentro de una
pieza y son de Arabba, donde nace el sol, hacia el este. Las piezas se visten con ellá
( pescado ) y coidé ; además lleva plumas de loro y tanto la pieza como el Diloggún son
dobles.
Oddúa Ataná : Este lleva cuatro atanás ( velas ) de plata, y cuatro amarillas y gordas
(cocheras). Debe llevar aunque fuera dos tamborcitos planos de plata o de marfil. Uno
lleva una faja de caracoles. Los hijos de Oddúa no tiran caracoles. Todas las matas o
hierbas que nazcan una sobre otra son de Odduá.
Oddúa Obaibó : Lleva escalera y bastón de curva. También seis ojos de caracoles.
Oddúa Akualosiña : Lleva hilo de plata adornado con cuentas. Afuera tiene cuatro
ojales y un ojo.
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Oddúa Akuesí : Lleva un Ikú de plata adornado con cuentas y va fuera del receptáculo.
Siempre anda con Babalú Ayé.
OKÉ
Al principio Olokum reinaba solo en el mundo, pero Olofi se aburría ( para muchos
la vida y los problemas de los hombres no son más que un juego con el que la divinidad
se entretiene ). Fue entonces que Oroiñá, con la fuerza que le dio Orum, hizo surgir la
primera loma del fondo del mar. Así fue que nació Oké. Luego Olordumare reunió a los
demás orishas en Oké y le señaló a cada uno su dominio. Pero sin Oké ninguno hubiera
podido hacer nada, y por eso siempre hay que recordarlo y hacerle ebbó.
Es la loma, todo lo que es elevado y alto. También deidad tutelar de las
montañas. Sirve como fuerza y guardián de todos los orishas. Su otá, una china pelona,
recuerda por su solidez los pilares de las construcciones coloniales. Puede ser blanca o
negra.
Vive en el piso, frente al canastillero. Es pilar de Obatalá y de Olofi. Cuando lo
emplean en cualquier obra de orishá, es expresión patente de los misterios de Olofi, que
van desde una hierba hasta cuestiones del más allá. Con él se muele cualquier tipo de
ofoché.
Es orisha de fundamento que no se asienta. Se apoya sobre el hombro izquierdo.
Indivisible de Obatalá, lo reciben los hijos de Yemayá ; se le ofrenda y sacrifica lo mismo
que a éste, y habla por su boca. No tiene herramientas ni caminos. Actualmente su culto
es limitado, pero durante la colonia, fue adorado en los palenques por los esclavos
cimarrones, especialmente por los provenientes de Abeokuta e Ibadán, donde era muy
popular. Sus hierbas son el alacrancillo, el bejuco guaro y la candela. Su fecha de
celebración es el 25 de Julio. Se suele estudiarlo junto a Oko y Oggúe. Hermano de
Ochossi y de Inle. Se ha hecho popular el ubicar a Oké junto a Obatalá dentro del
canastillero y forrado de algodón. La nonagenaria Omi-Zaya ( negra de nación cuyo
nombre es Aurelia Mora, hermana mía de religión ), lo adora todavía en el piso, debajo
de su canastillero, según le enseñó su abuela Latuán, madre espiritual ya espirada de
nuestro Baba Ochanlá de Obatalá.
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Awó bàbá Alafin Erí Idé olú àse
durante la invasión árabe. Rescatado alrededor del año 800, fue conducido a
Compostela, donde se dice que provocó tantos milagros, que fue adoptado como
patrono nacional. Durante la Reconquista, se dice que se le vio en la famosa batalla de
Clavijo, montado en un caballo blanco, por lo cual la señal de acometida de los soldados
españoles comenzó a ser : “Santiago y cierra España...”
El arte hispano suele representarlo montado y llevando una bandera. En Italia lo
muestran con un báculo de peregrino, un bonete con conchillas y la calabaza, que
simboliza su peregrinación a Compostela.
La sincretización de Santiago con Oké de seguro tiene relación con el papel de
vigilante y guardiero que Jesús le encomendó en tres ocasiones, con su ascensión a la
montaña para orar junto a él, y además, con las conchas y calabazas con que ocasional-
mente se le representa, y que son ofrendas propias del orishá.
ORANIYÁN
En cierta ocasión Oggún arrasó una aldea y raptó a una doncella que convirtió en
su mujer. Cuando Oddúa, el padre de Oggún, vio a la joven, se enamoró de ella y
también la poseyó. Nueve meses mas tarde, producto de aquellos confusos amores,
nació Oraniyán, mitad blanco y mitad negro, porque mientras que Oggún era oscuro de
piel, Oddúa era muy claro.
Oraniyán tuvo una gran importancia en África y su culto, aunque más popular lo
fue en Cuba en el siglo XIX, luego perdió adoración. En su momento estelar, Oraniyán
fue considerado el creador de la tierra. En efecto, se cuenta que al principio sólo existía
el cielo. Olordumaré creó entonces siete príncipes coronados, que se repartieron todas
las riquezas. Al más joven sólo le dejaron una bolsa con una sustancia oscura, 21 barras
de hierro y una gallina. Oraniyán, que así lo llamaron, esparció la sustancia oscura sobre
las aguas y vio como surgía un montículo. Entonces la gallina se posó sobre el mismo, y
comenzó a escarbar, agrandándolo. De ahí surgió la Tierra. Cuando los principes vieron
el mundo, quisieron apoderarse de él, pero Oraniyán transformó las 21 barras de hierro
en lanzas, flechas y espadas, y los espantó, amenazándolos de muerte. Entonces lo
reconocieron como señor y dueño de la Tierra.
OCHUMARÉ
Orisha del Arco Iris, se le considera como una gran serpiente que al aparecer en
el cielo, simboliza una bendición para la humanidad. Se cuenta que ayudó a curar la
ceguera de Olordumare y que desde entonces, reside en el cielo y sólo recibe
autorización para tocar la Tierra de vez en cuando. Es andrógino ( hermafrodita ) y
representa tanto la movilidad como la permanencia, y también la riqueza. Es corona de
Yemayá, ayudante de Xangó, come guanajo y pato de la Florida, y por sus colores tiene
relación con Oyá.
Ochumaré se encuentra entre las deidades que todavía eran adoradas en Cuba
en el siglo XIX, pero su culto se fue extinguiendo posteriormente. Viene de África del
territorio Yewé.
SU ROPA : gorra blanca con adornos de caurís ( simboliza la paz ), y una banda cruzada
de cordón con caracoles.
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SUS HIJOS : son los que típicamente quieren ser ricos. Son pacientes y perseverantes,
pero rara vez francos. No carecen de generosidad. El éxito suele hacerlos ostentosos y
un tanto vulgares.
AGGANYÚ SOLÁ
Es un gigante poderoso y temido, dueño del río que, se precipita desde los alto.
Acostumbra ayudar a cruzar la corriente, pero siempre exige que le paguen.
En cierta ocasión le hizo el favor a Yemayá, quién no tenía con que pagarle, y
tuvo que acostarse con él para contentarlo. De esta unión nació Xangó, aunque
Agganyú no supo nada. El gigante era tan temido que dejaba la puerta de su casa
abierta de par en par, aunque la tenía abarrotada con viandas y frutas ; nadie se hubiera
atrevido a entrar. Un día, sin embargo, Xangó que es muy fresco, se metió en la casa, le
comió todo y hasta se acostó a dormir en su misma estera. Cuando Agganyú volvió del
campo, y vio el espectáculo, sin pensarlo dos veces agarró a Xangó y lo tiró dentro de
una hoguera que, por supuesto, jamás ardió. Entonces lo cargó y lo llevó a la orilla del
mar para ahogarlo, pero Yemayá apareció y, muy solemne, le hizo saber que era su
propio hijo. No por eso se acabaron los problemas.
Un día Xangó pasó por Orunzale y vio que la gente del pueblo andaba como
zombie. Xangó se empeño en saber quién era el rey del pueblo, y tras muchos
esfuerzos, descubrió que era Aganjú, y fue a verlo. ¿ Para que tú quieres saber quién
es el rey ?, dijo Aganjú encolerizado, y Xangó le contestó : “Papa, es que este pueblo no
puede tener a la cabeza un rey tan fuerte. Todos andan muy mal, no oyen, no contestan,
no hablan. No quiero que sigan sufriendo...”
Fue así como se pusieron de acuerdo, y desde entonces, Xangó va a la cabeza,
y Aganjú a los hombros. Es por eso que los hijos de Aganjú tienen esa perfecta
comunión con Xangó, y dicen : Aganju eco erepeo, Aganju eco saraña. O bien : Xangó
con orun para Agganyú.
Está considerado como orisha mayor, padre de Xango, el gigante de Ochá. Es el
orisha de la tierra seca, por tanto, deidad de los desiertos. Es patrón de los caminantes,
porteadores y mochileros o expedicionarios. También de los automovilistas y aviadores,
y estibadores del puerto. Es patrón de la ciudad de la Habana, en Cuba.
Las fuerzas terrenales que le pertenecen, son símbolos de sus tremendas
energías, como la potencia de los ríos que dividen dos territorios, la de la lava que
perfora la corteza terrestre, la de los terremotos que la conmueven, y la del impulso
( acción-reacción ) que la hace girar eternamente.
Es en Báculo de Obatalá. Oroiña es su madre. Su temperamento es colérico y
belicoso. Él protege junto a Oggún los choferes en las rutas. Su refugio es la palma o el
plátano, sobre todo cuando se encuentra en alguna situación difícil. Se le reconoce por
sus pasos largos y porque alza mucho las piernas al andar.
Xangó respeta tanto a Agganyú que, cuando está muy majadero o a punto de
hacer una de sus barrabasadas, en alguna fiesta o en cualquier lugar en que se
manifieste, pues dada la índole de su naturaleza se enfurece con facilidad, Agganyú
humilla su cabeza e interviene. Con una mirada el padre domina al hijo...
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Agganyú y Xangó son para muchos, dos en uno. Adorando a uno se adora al
otro. Cuando un hijo de Xangó está abatido, le ruega a Agganyú. Agganyú le traspasa a
Xangó el derecho de la Palma y los dos imperan en ésta. Los dos se visten igual, y
ambos son reyes. Son dos orishas que no pueden estar separados y que comen lo
mismo. Al iyawó que se le asienta Xangó de cabeza, recibe al mismo tiempo o después
a Agganyú, como el que asienta a Yemayá no puede dejar de recibir a Olokum. Al que
es hijo de Xangó y Ochún, es necesario hacerle oro para que reciba a Agganyú. La
piedra de Agganyú, cuando se le hace a un hijo de Xangó o de Yemayá, no se le
sostiene sobre la cabeza, sólo se le apoya en el hombro. La sopera destinada a contener
a Agganyú tiene dos cuernos, cuatro piedras y dieciséis mates. Como es dueño del río,
su otá permanece nueve días amarrado y sumergido debajo del agua. Una hija de
Ochún lleva al neófito al río y durante estos días, allí se le ofrenda. Agganyú no puede ir
a la cabeza de nadie. Sus días son el miércoles y los 16 de cada mes. Su número es el 9
y habla en el Diloggún en Osá ( melli ).
SUS ATRIBUTOS : Oché ( hacha bipene roja y blanca adornada con abalorios amarillos,
rojos y azules ) ; Oggué ( dos cuernos de novillo ) ; 16 mates ( semillas redondeadas que
se encuentran en la orilla del mar ).
COLLARES : En la Habana, entre otros, el de color cacao, matipó, perla, azul turquesa,
una roja, y aveces, una amarilla o verde. En otros Hounfoures, cuentas color cacao
alternadas con matipó, insertándosele cada nueve cuentas ; otrs rojas, azul turquesa,
verde y amarillo. También una cuenta blanca grande, seguida por nueve rojas y ocho
amarilla, orden que se repite hasta cerrar el opelé ( collar ).
ROPA : Pantalón y chaqueta de color rojo oscuro. De su cintura penden pañuelos o tiras
de diversos colores.
SU BAILE : pega grandes trancos como para salvar obstáculos. Carga a los niños que
están a su alcance y se los pone sobre los hombros.
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MONTE ( Ewe ) : plátano, banano, palma, moco de pavo, baría, zarzaparrilla, paraíso,
álamo, cedro, jobo, curujey, coquero y mar pacífico.
AJÉ CHALUGA
OROIÑA
Orisha mayor ( fundamento de Ifá ), nació del orisha Oko y es la manifestación del
fuego universal, el centro incandescente del globo terráqueo, el lugar donde nacen los
fuegos volcánicos y la conmoción de los terremotos. Sus poderes forman la montaña,
colinas y las cordilleras. Oroiña es la madre y el padre de Aganjú, en algunos pasajes o
patakkiés de éste. Es el foco central de la energía solar centrado o reflejado en el orisha
Oko. Se asoma por Oké en forma de Aganjú buscando su identificación con Orum.
También se dice que nace de Orum, como Aganjú y Xangó.
ORUNGÁN
Orisha menor, y del mediodía, es hijo de Aganjú e Yemayá. Se dice que violó a
su madre, y ésta, aterrorizada, huyó de él, y al caer al suelo, rendida de cansancio, dio
origen desde sus pechos a los innumerables ríos y los orishas : Olosá Dadá, Xangó,
Oggún, Oyá, Ochún, Obbá, Oko, Ochossi, Oké, Aje Chaluga, Ochu y Chakpono.
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Se considera que fue el primer hombre consagrado en Ifá. Al quejarse de su mala
situación a Elegguá, éste le enseño el uso de los ikines ( nueces de palma ) para la
adivinación, para que pudiera ganarse la vida.
Según otro patakkí, Ifá era el que se hallaba en mala situación, por lo que Elegguá le dijo
que si podía conseguir 16 ikines, Orungán le enseñaría como adivinar el futuro y
beneficiaría a la humanidad. Orungán estuvo de acuerdo. Ifá aprendió de Bara como
adivinar el futuro y, mas tarde, le enseñó a Orungán. Es un orisha exclusivo de los
Babalawos.
OGGUÉ
Orisha menor, compañero de Xangó, está representado por dos tarros de novillo
pintados con listas rojas y blancas. Patrón de todos los animales con cuernos (tarros), es
orisha de los rebaños.
Se lo tiene muy resguardado, pues es poderoso y peligroso. Gracias a un pacto
con Xangó, su fundamento se constituye dentro de una sopera de igual a la de éste, o
bien una panela. Este consiste en un cuerno con otás, caracoles y varios atributos de
pastoreo. Tiene un solo toque, aunque no se posesiona de sus hijos y tampoco se
asienta. Se le baila en rueda y los danzarines se ponen los dedos índices a cada lado de
la frente en imitación de tarros.
Su hierba es la albahaca y la acelga.
DADÁ Obañeñe
SU CATOLIZACIÓN : suele estar sincretizada con San Ramón Nonnato. Ramón nació
un día después de la muerte de su padre ( por eso fue llamado Nonnato ), en el
principado de Cataluña. Por inspiración de la Virgen tomó los hábitos de los religiosos de
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la Merced. Fue a predicar a África, entre los cristianos que allí se encontraban y también
entre infieles. Lo apresaron y torturaron. Promovido a Cardenal por Gregorio IX, regresó
a España para morir poco después.
La sincretización de Dadá con San Ramón parece tener su explicación en la
ingenua asociación entre el apelativo de “nonnato” dado al Santo y al hecho de que
Dadá, por haber recogido a Xangó recién nacido, sea considerado como el orishá
protector de todos los niños tiernos. Para otros Dadá está referida a Nuestra Señora del
Rosario.
Su día es el domingo y su fiesta se celebra el 31 de Agosto. A la nonagenaria
Omi-Zaya ( negra de nación ) le entregaron a Dadá que, exteriormente está
representada por la mitad de una güira cubierta por una tela a la que se le bordaron
cauris en forma de espiral.
YEWÁ
Yewá que era bellísima, vivía aislada en el castillo de su padre Oddúa, que le
quería como la niña de sus ojos. La fama de su virtud y su belleza llegó hasta los oídos
de Xangó, que apostó a que podría seducirla. Xangó se introdujo en el castillo de
Oddúa, y se puso a arreglar las flores del jardín. Yewá se asomó a la ventana de la torre,
y al verlo, quedó prendada del apuesto orisha. Fue así como Xangó ganó su simpatía.
Oddúa al enterarse, montó en cólera y Yewá, arrepentida, le rogó que la enviara donde
ningún hombre la viera. Oddúa, entonces, la hizo reina de los muertos. Desde esa época
Yewá vive en el cementerio y es ella la que desde allí le entrega a Oyá los cadáveres
que Babalú Ayé conduce hasta orisha Oko para que se los coma.
Es orisha mayor, y vive entre las tumbas y sepulcros de los muertos. Es una vieja,
considerada virgen, sumamente casta y que prohibe a sus hijos todo comercio carnal. Se
trasladó a la tierra Egbadó donde hay mucha adoración por Obatalá. Ante la presencia
de Yewá, nadie puede desnudarse, ni tener relaciones sexuales o disputas, y ni siquiera,
hablar en voz alta o comportarse con rudeza. Sus servidores siempre son, viejas
vírgenes o mujeres estériles. Se sube muy pocas veces. En esos casos mimetiza la
acción de devanar en una rueca o hacer un atadijo con cordel, gracias a ciertos
movimientos rotativos de los brazos.
Goza de gran prestigio por sus oráculos y sus hijos se someten a la más rígida
austeridad. Es particularmente adorada en Santiago de Cuba. En el Diloggún siempre
habla junto a Obbá y Oyá. Sus letras son Osa (9), Okana (1), y Eyekun (16 boca abajo,
Ocha-Kuariwó). Su número es el 11 y su día el viernes, el día de la expiación. Su color
es el rosado.
FUNDAMENTO : vive en una casita que se coloca en algún cuarto interior, en lo alto.
Tiene Otá, una muñeca, un cesto y una tinaja, siempre lejos de la que representa a
Ochún. Tiene muchos nácares y caurís.
ROPA : viste de rosado ; lleva una bata ceñida con una franja de la misma tela y una
corona adornada con muchos caurís. Su collar es de matipós rosado.
SUS HIJAS : son mujeres mayores, dominantes, severas y exigentes. Suelen ser
desagradables moralistas y abominan el comercio carnal, que seguramente están más
allá de sus posibles prácticas.
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NANÁ BURUKÚ
Cuando se formó el mundo, Babalú Ayé, llevaba una vida muy disipada y no
cumplía con los mandatos de Olofi. Fue mujeriego y contrajo enfermedades contagiosas.
Llegó la peste a la tierra Yoruba. Los sacerdotes consultaron a los Dioses a través del
Diloggún, y vino Mentanlá. Acordaron que era un oddún fatídico y entonces metieron los
caracoles en una cazuela, y la taparon con otra, para tener las enfermedades
controladas ; a Xapaná lo botaron, echándole agua mientras decían : Ano Brurukú, unlo
burukú. Despreciado vagó y se encontró con su hermano Xangó que venía de tierra
Arará, donde había una gran pestilencia. Xapaná le contó sus penas y le dijo : Xangó,
por donde quiera que paso me gritan “Ano burukú”, y me tratan mal. Xangó le enseñó a
curar con manteca de coco y de corojo, pan y maíz tostado ; le dio los secretos de la
curandería y le dijo que curara a los Arará, que estaban esperando a alguien, a quién
coronarían rey. Siguió su camino y salvó a los enfermos, fue tratado muy bien y recibido
como el asojín o asojuano, y es por eso que tomó el nuevo nombre de Asojín ( en uno de
sus pasajes o caminos ).
Naná Burukú es orisha mayor. Su culto está en decadencia, y entre nosotros ha
sido considerada de una manera por los descendientes de la tribus Arará. Éstos
suponen que es la Madre de Babalú Ayé y hasta uno de sus caminos. Es deidad
misteriosa y terrible. Vive en forma de majá en ríos, manantiales y juncales, en los
fondos fangosos y lodosos de éstos. Recomienda a sus hijos que vayan al hospital
durante doce miércoles y repartan toda la limosna que puedan, que usen el collar de los
Ibeyis y los adoren, porque a ellos le deberán su bienestar. En algunos lugares se le
invoca en ojos de agua, lagunas, pozos y desembocaduras de ríos. Según las miles de
leyendas distintas que hablan sobre esta orisha, es Madre de las Aguas Dulces, y
también, de las aguas fangosas de los pantanos. Babalú y Naná proceden del trono
ewe-ashanti ; sus cabildos fueron establecidos por los minas, fon y arará. En otros
caminos o patakkí, se la considera Madre de Dios y de todos los Obatalá. Se la
representa por un triángulo isósceles, al que se le pone yeso y humo de tabaco. En el
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Diloggún habla en Oché (5) y en Ofun (10). Su día es el viernes, pero también el sábado
santo.
SU FUNDAMENTO : se constituye de tinajas que llevan siete piedras u otás con huesos,
más un majá y una mano de caracoles. Sus atributos son : estómago de metal, cuchillo
de caña. Le pertenece iroko, la caña brava o juncal ( su casa ) y trabaja con el majá en
un círculo. Sus collares se confeccionan con cuentas o piedras blancas, rojas y azules.
Su ropa es de refajos de todos los colores, con sombrero de paja.
SUS HIJAS : siempre actúan con calma, dignidad y benevolencia. Son muy equilibradas
y, aunque sus decisiones le tomen bastante tiempo, siempre se orientan sabia y
justamente. Aman a los niños y tienden a tratarlos de la misma manera que sus abuelos.
SU CATOLIZACIÓN : se la sincretiza con Santa Ana, madre de la virgen. Santa Ana era
esposa de Joaquín Galileo y estuvo veinte años sin tener descendencia. Suplicó al
Señor que se la concediera, prometiendo que la dedicaría a su servicio. La complació
anunciándole que tendría una hija bienaventurada entre todas las mujeres. Ana era muy
piadosa y dedicaba una tercera parte de los modestos ingresos familiares para repartirla
como limosna entre los pobres. Su celebración es el 26 de julio.
OLOKUN
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En el Diloggún habla en el Eyirosun (4), Unle Meyi ( 8-8) y en Ochakuaribó que son 16
cauris boca abajo. Su color es el azul marino, el negro y el blanco. Forma una trilogía
con Sumu Gada y Akaró.
FUNDAMENTO : va en tinajas que llevan dentro tinajas más pequeñas. Su otá es una
piedra negra y redonda. Se acompaña de otras siete piedras negras y 21 coníferas,
caracoles de mar, conchas y caurí. Lleva monedas y biyutería en pidras preciosas, oro y
plata. No acepta baratijas.
ATRIBUTOS : siete caretas, siete cadenas, majá, sirena, caballito de mar, conchas y
todo cuanto se encuentre en sus aguas. Sus metales son : plata, oro y plomo. Le
pertenecen dos manos de caracoles y muñecas de dos caras. También monedas de
distintos países en número de siete y múltiplos de siete.
SU SALUDO : se besan los dedos que han tocado tres veces el piso, ambas manos se
abren, se unen y tocan el piso frente a los pies y se llevan los dedos a la boca, se besa y
se pide la bendición, diciendo : “Baba lokun Eyirosú lobbí Yemayá” Siempre viste de
negro, y es su ropa ritual.
SUS COMIDAS : Se le da comida en alta mar. Desde que murió Tatá Gaitán se teme
darle comida a Olokun, pues aluden los viejos de Ochá que : ¡ Olokún tá bravo...! De los
que van, siempre muere uno. Como nadie quiere ser el muerto, su salida se pospone
siempre. No obstante, los estibadores del puerto de Matanzas reanudaron esta tradición
en 1944. Le llevan maíz molido, cocinado con ajo, cebolla y manteca, bolas de coco,
ekó, melado, frijol, bolas de ñame salchonado, carne de puerco, plátanos verdes fritos,
mazos de berro, mazorcas de maíz, malarrabia, frutas y monedas.
SU BAILE : se baila raras veces por algún Babalawo con careta. Luego tiene que hacer
rogación inmediatamente, para no morirse. Las caretas que se conocen son de pasta
verde y azul claro, con una boca muy grande abierta, el labio inferior muy grueso y un
ornamento sobresaliente en la frente. En la ceremonia secreta se corean los cantos
llevando el compás palmeando las rodillas con las manos. Estos cantos son difíciles,
sumamente enrevesados. Tienen siete tambores en forma de copa, pintados de azul y
blanco.
MONTE ( Ewe ) : Copalillo de Monte, guama hediondo, ratón de oro, romerillo, coralillo,
hierba fina, cerrojo, culantrillo, anón, alambrillo, sauce y paragüita.
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Awó bàbá Alafin Erí Idé olú àse
Las herramientas no son estrictamente necesarias ; en realidad son simplemente
alegóricas, pero la ceremonia en el mar sí es indispensable. Con el omiero de Olokun se
lava a quién lo recibe. Más tarde se coloca una canasta que lleva un metro de tela azul
en el fondo, en el medio del cuarto. La canasta se rodea de platos blancos separados
por un metro, uno de otro ; en ellos van las comidas mencionadas. Todos los santeros
presentes, uno detrás de otro, toman con las manos un puñado de lo que contiene el
primer plato, se tocan la frente, lo besan, y lo depositan en la canasta. Así, plato por
plato. Lo último que se toma son los huevos, que se pasan por los párpados cerrados.
Los huevos no van en la canasta hasta que todos los santeros puedan repetir la misma
operación. Después se depositan en la canasta la omilasa ( agua bendita ), monedas, y
se rocía con cascarilla. Se toman las cuatro puntas del paño azul y se anuda este bulto,
llamado “carga de Olokun”, y se lleva al mar como ofrenda. Esta ceremonia no
representa ningún tipo de limpieza.
Olokun vive fuera del canstillero. Delante de él no se puede gritar, escandalizar o
blasfemar, ni siquiera mirar dentro de la tinaja cuando la rellenan de agua.
Con Olokun se resuelven los problemas más insuperables. Es un orishá que
jamás ha ido en la cabeza o en los hombros de nadie. Una muestra del carácter
misterioso y terrible de Olokun es que habla en el Diloggún por Ochá Kuaribó ( 16
caracoles boca abajo ), signo que nadie conoce, que no tiene ebbó, y donde se aconseja
tirar agua hacia arriba en forma de lluvia, porque presagia todos los osogbos del
Diloggún.
Olokun es fundamento de los Babalawo, que sólo entregan, adoran y le hacen
ofrendas. Hay quienes no hacen la ceremonia del mar, y entonces se le coloca dos
manos de Diloggún, una en el fondo de la tinaja y otra en la tinaja, añadiéndole
exclusivamente un juego de herramientas, conchas de mar y piedras. Además se
realizaba un ritual llamado “bailar la canasta”, de la siguiente manera : una vez
preparada la carga de Olokun, todos los santeros toman la canasta con una mano,
balanceándola, al tiempo que se canta “Sawadé Ladé Olokun, sawadé Ladé Olokun”.
También muchos han incluido tirar las manos de caracoles al piso y leerlas a
quién lo reciba, a modo de Ifá. Hecho insólito, pues todo tipo de contacto con ésta
deidad compete sólo a los iniciados en Ifá.
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