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Desarrollo Afectivo en Niños de 0 a 6 Años

Este documento trata sobre el desarrollo de la personalidad en niños de 0 a 6 años. Explica que el desarrollo es un proceso que depende de la maduración y las experiencias del niño. Se enfoca en el desarrollo afectivo, el autoconcepto y el desarrollo social, incluyendo el apego. Finalmente, propone estrategias para una intervención educativa acorde a las etapas del desarrollo.

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Desarrollo Afectivo en Niños de 0 a 6 Años

Este documento trata sobre el desarrollo de la personalidad en niños de 0 a 6 años. Explica que el desarrollo es un proceso que depende de la maduración y las experiencias del niño. Se enfoca en el desarrollo afectivo, el autoconcepto y el desarrollo social, incluyendo el apego. Finalmente, propone estrategias para una intervención educativa acorde a las etapas del desarrollo.

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Tema 3: DESARROLLO DE LA PERSONALIDAD.

EL DESARROLLO AFECTIVO
EN LOS NIÑOS Y NIÑAS DE 0 A 6 AÑOS. APORTACIONES DE DISTINTOS
AUTORES. LA CONQUISTA DE LA AUTONOMÍA. DIRECTRICES PARA UNA
CORRECTA INTERVENCIÓN EDUCATIVA.

El sistema educativo español está regulado actualmente por dos normas básicas: la Ley Orgánica 2/2006, de 3 de
mayo, de Educación (LOE) y la Ley Orgánica 8/2013, de 9 de diciembre, para la mejora de la calidad educativa
(LOMCE), que modifica la LOE, y 6 artículos y una disposición adicional de la Ley Orgánica 8/1985, de 3 de julio,
reguladora del Derecho a la Educación (LODE).
Por tanto, en las referencias normativas que realicemos a lo largo del tema aclaremos si suponen no una modificación
de la normativa vigente hasta la aprobación de la LOMCE.
Como señala la Ley Orgánica 8/2013, de 9 de diciembre, para la mejora de la calidad educativa (LOMCE), en el
apartado IV del Preámbulo, necesitamos propiciar las condiciones que permitan el oportuno cambio metodológico,
de forma que el alumnado sea un elemento activo en el proceso de aprendizaje. Para ello es necesario conocer sus
características psicoevolutivas. En este tema nos vamos a ocupar del desarrollo socio-afectivo, abordándolo desde
una perspectiva contextualista-interaccionista.
Tras definir lo que se entiende por desarrollo y personalidad, analizaremos los elementos fundamentales que
componen esta dimensión evolutiva: el autoconcepto y el desarrollo social. Posteriormente, nos referiremos a la
conquista de la autonomía por parte del niño y finalizaremos el tema proponiendo algunas estrategias y acciones
específicas para lograr que la intervención educativa sea acorde con los supuestos que el desarrollo marca para estos
grupos de edad.
Del conocimiento de estos aspectos derivará una selección de estrategias y acciones específicas para lograr que la
intervención educativa vaya acorde con los supuestos que el desarrollo marca para estos grupos de edad. De ellas se
ocupará la última parte del tema.
Comenzaremos hablando del desarrollo de la personalidad.
Según Jesús PALACIOS (2009) “el desarrollo es un proceso evolutivo que se extiende a lo largo de toda la vida y
está formado por una secuencia de cambios en el comportamiento y en el mundo del pensamiento y de los
sentimientos que sigue un orden a lo largo del devenir cronológico de cada sujeto”.
Como hemos indicado anteriormente, la visión que presentamos del desarrollo es contextualista-interaccionista ya
que admite que el desarrollo psicológico es resultado de las relaciones que los individuos mantienen con su entorno.
Tras posiciones extremas ambientalistas o genetistas, hoy se reconoce la importancia de la interacción que existe
entre la herencia y el medio ambiente.
Así pues, la maduración proporcionará las bases y el medio contribuirá a construir la estructura. Hablar de herencia
y medio solo tiene sentido si lo consideramos desde el punto de vista de unas relaciones complementarias en las que
cada uno de los aspectos adquiere un peso diferencial dependiendo del comento evolutivo que consideremos.
En el tema utilizamos el término personalidad vinculado a los aspectos relacionados con la vida emocional y
afectiva, aunque hay que matizar que son aspectos de la persona no independientes del resto de aspectos que
configuran al ser humano y que, por tanto, todos se hayan interrelacionados.
En la configuración y desarrollo de la personalidad del niño intervienen dos aspectos básicos que son:
- Maduración: podemos decir que aunque la mayor parte de los recién nacidos son muy parecidos, algunas
características que luego los harán fácilmente distinguibles se encuentran ya presentes en este momento. Estas
características son las que forman al temperamento del niño (forma característica que tiene el sujeto de
reaccionar al ambiente y de regular su propia actividad, determinado en gran medida por la herencia, factores
prenatales y perinatales).
- Experiencias que el niño tenga a lo largo de su infancia. Pueden ser de dos tipos: únicas y comunes.
Para continuar, hablaremos del desarrollo afectivo en los niños de 0 a 6 años y de los aspectos clave en este
desarrollo: el autoconcepto y el desarrollo social.
Esto se debe a que, en estas edades, el lado afectivo de la personalidad se halla estrechamente unido al social ya que
el mundo de las emociones, el afecto y el cariño le vienen a través de las personas que tiene a su alrededor y con las
que mantiene una relación social.
Un buen desarrollo social necesita que la persona se reconozca, se conozca a sí misma y se diferencia de los demás,
por ello, uno de los pilares del desarrollo afectivo es la formación del autoconcepto.
El autoconcepto se puede definir como aquel conjunto de características o atributos que utilizamos para describirnos
a nosotros mismos. No debe confundirse con la autoestima que es la valoración subjetiva y personal que cada
persona hace de su autoconcepto. El autoconcepto del desarrollo del niño pasa por una serie de fases.
Poseer un autoconcepto ajustado a la realidad y una alta autoestima serán una excelente base para que se desarrolle
una personalidad equilibrada. Es en la infancia cuando se inicia esta autoestima y, por tanto, donde debemos ayudar
al niño/a para que su autoconocimiento y su autoestima empiecen a formarse sólidamente.
En cuanto al desarrollo social, se puede definir (según SHAFFER, 2004): “la socialización es el proceso a través del
cual los individuos adquieren las creencias, los valores y las conductas considerados deseables o apropiados por su
cultura o subcultura”.
En la socialización intervienen tres procesos diferenciados aunque interrelacionados: los procesos mentales,
conductuales y afectivos.
Los procesos mentales de socialización son aquellos a través de los cuales el individuo adquiere un conocimiento de
lo que es la sociedad y de lo que ésta espera de él. Dicho conocimiento es un requisito imprescindible para que el
niño adquiera conductas sociales y de lo que ésta espera de él. Dicho conocimiento es un requisito imprescindible
para que el niño adquiera conductas sociales y establezca vínculos afectivos.
Los conocimientos sociales que el niño deberá adquirir se referirán tanto a las personas como a la sociedad.
De 0 a 3 años los conocimientos sociales más importantes son: el conocimiento de las personas, el reconocimiento
de sí mismo, identidad y rol.
De 3 a 6 años los conocimientos sociales más importantes son: el reconocimiento de las características de las
características de los otros, el conocimiento de las relaciones interpersonales y el conocimiento de ciertos sistemas e
instituciones sociales.
Los procesos conductuales de socialización se refieren a aquellos por medio de los cuales el niño adquirirá una serie
de valores, normas y conductas de autocontrol, útiles para futuras interacciones sociales.
Dentro de los comportamientos que la sociedad espera que aprenda se incluyen:
- Hábitos sociales como comer, peinarse, lavarse…
- Habilidades sociales como saludar, despedirse…
- Conductas prosociales como sonreír, dar afecto…
- Evitación de conductas indeseables como pegar, insultar… que deberán reconducirse de forma socialmente
aceptada.
Los procesos afectivos de socialización facilitarán el que el niño se vincule afectivamente a determinadas personas
padres, madres, hermanos, abuelos, primos, amigos…). Los más importantes en esta etapa son: la empatía, la amistad
y el apego.
PANIAGUA y PALACIOS (2008) advierten de que la mayor parte de las emociones empiezan a sentirse y
manifestarse muy pronto; muchas de estas emociones (alegría, enfado, sorpresa, miedo, ansiedad, tristeza…) están
ligadas a una raíz fisiológica relacionada con estados de bienestar y malestar, pero luego son socializadas en su
expresión y manifestaciones: pero todo proceso afectivo está determinado por las características individuales y las
experiencias previas.
El apego es el vínculo emocional interpersonal que, de modo privilegiado, se establece con las personas que para el
niño son importantes y significativas; su presencia les aporta seguridad y les resultan insustituibles (PANIAGUA y
PALACIOS, 2008) estando caracterizado por determinadas conductas, representaciones mentales y sentimientos.
- Las conductas: intentan conseguir o mantener la proximidad con la persona a la que se está apegado y
conductas de interacción privilegiada.
- Las representaciones mentales: el apego supone también la construcción de un modelo mental de la
relación con las figuras de apego. Los contenidos más importantes de esa relación son:
o Los recuerdos que deja
o El concepto que se tiene de la figura de apego y de sí mismo
o Las expectativas sobre la dicha relación

El vínculo de apego pasa por distintas etapas que son:


1. Hasta los dos meses: el niño busca activamente estímulos sociales. No hay pruebas seguras de que llegue a
conocer a las personas en cuanto a tales. De hecho, acepta los cuidados de personas desconocidas de forma
similar a los prestados por los padres, si se le ofrecen siguiendo las pautas de éstos.
2. Desde el 2º al 6º mes: discriminan claramente entre unas personas y otras y aceptan mejor las atenciones y
cuidados de quienes les cuidan habitualmente. Sin embargo, esto no implica que rechacen los cuidados
ofrecidos por otras personas, aunque sean desconocidas, lo que sí ocurrirá e el período siguiente.
3. De los 6 a los 12 meses: ponen de manifiesto conductas de preferencia por determinadas personas y ante
los desconocidos reaccionan con cautela, recelo, miedo e incluso algo de rechazo.
4. El segundo año: el vínculo de apego se consolida, enriqueciéndose sus componentes representacionales por
el desarrollo de las capacidades intelectuales. Esto junto con las nuevas capacidades lingüísticas facilita la
comunicación y el entendimiento con las figuras de apego.
5. Entre los 2 y los 4 años: el apego se transforma en dependencia emocional, caracterizada por la búsqueda
de aprobación, afecto y proximidad de otras personas.
6. A partir de los cuatro años aproximadamente, el apego se transforma en ele intento por establecer
relaciones emocionales con los iguales y con adultos desconocidos, lo que favorece considerablemente el
proceso de socialización.
El vínculo de apego será de gran importancia a estas edades ya que proporcionará la seguridad necesaria en el
niño para poder ser cada vez más autónomo.
A continuación, destacaremos las aportaciones de distintos autores al conocimiento del desarrollo afectivo
en los niños y niñas de 0 a 6 años.
Los conocimientos que hoy poseemos acerca del desarrollo afectivo y de la personalidad son fruto de la
evolución, revisión e integración de diferentes autores y tendencias. Vamos a destacar las aportaciones de
algunos de ellos pertenecientes a corrientes clásicas ya otras perspectivas más recientes.
Dentro de las teorías clásicas podemos resaltar tres enfoques:
1. La orientación psicoanalítica en la que destacan dos autores:
o FREUD: fundador del psicoanálisis mantiene que el desarrollo de la personalidad está ligado al
desarrollo de la sexualidad. La sexualidad e los años que van del nacimiento a los 6 años
aproximadamente es pregenital (no persigue una relación interpersonal, lo predominante son las
estimulaciones autoeróticas de distintas zonas erógenas -boca, ano, vulva, pene-).
o Erickson resalta más los aspectos sociales y culturales que los biológicos. Se interesa sobre todo por el
moldeamiento social del “yo” a lo largo de la vida.
2. El enfoque conductista o del aprendizaje social dentro del cual destacamos a:
o Watson, padre del conductismo, sostenía que el tipo de persona que los niños llegarán a ser dependerá
totalmente de su ambiente de crianza.
o Skinner con su teoría del aprendizaje operante e la que propone que el desarrollo depende
fundamentalmente de estímulos externos (refuerzos y castigos) más que de fuerzas internas.
o Bandura desarrolla la teoría del aprendizaje vicario o por observación. Afirma que el aprendizaje se
produce por medio de la observación e imitación del comportamiento de las otras personas a las que
llama modelos.
3. El enfoque cognitivo, cuyo principal representante es Piaget. Afirma que la actividad intelectual es una
función vital básica que ayuda a los niños a adaptarse al ambiente. Piaget defiende a los niños como
exploradores activos e inventivos que están continuamente construyendo esquemas para representar lo que
saben y modificándolos en función de las nuevas experiencias a través de procesos de acomodación y
asimilación.
Dentro de las perspectivas recientes podemos resaltar:
* La etología: con autores como Lorenz y Tinbergen, que afirman que todos los miembros de una misma
especie nacen con una determinadas conductas “programadas biológicamente” que son el resultado de la
evolución.
* La genética de la conducta: trata de explicar si existen capacidades específicas, rasgos y patrones de
comportamiento que dependen fuertemente de la combinación específica de los genes que subyacen a un
individuo, y si es así, si estos atributos se pueden modificar o no mediante la experiencia.
* La teoría de los sistemas ecológicos, propuesta por Bronfenbrenner, en la que describe como múltiples
niveles de entorno que rodea al niño y adolescente influyen en su desarrollo: el microsistema, el
exosistema y el macrosistema.
Pertenecientes a las Perspectivas cognitivas modernas podemos señalar:

 La teoría sociocultural de Vygotski, en la que señala que los niños adquieren sus valores culturales,
creencias y estrategias de resolución de problemas a través de las interacciones con otros miembros
más competentes de la sociedad.
 La Teoría del procesamiento de la información o perspectiva atribucional: propone que las
explicaciones que construimos acerca de las experiencias sociales determinan en gran medida el modo
cómo reaccionamos a esas experiencias. Por ejemplo, si vemos a alguien que e ríe podemos pensar
que es de nosotros o no y reaccionar de forma diferente.
 La Teoría de la adopción de perspectivas de Selman: según la cual para “conocer” a una persona,
uno debe ser capaz de asumir su perspectiva y comprender sus pensamientos, sentimientos, motivos e
intenciones; o sea, los factores internos que explican su comportamiento.

A continuación, vamos a mostrar cómo tiene lugar la conquista de la autonomía.


La LOE señala, en su art. 13 (no modificado por LOMCE) como una de las capacidades que debe contribuir a
desarrollar la Educación Infantil la de “Adquirir progresivamente autonomía en sus actividades habituales”. De
cómo el niño va conquistando su autonomía hablaremos a continuación.
La autonomía se define como “la condición del individuo de que nadie dependen de ciertos conceptos”.
Precisamente, en el momento del nacimiento, el niño se encuentra en un estado de dependencia absoluta de los que
le rodean para poder crecer, desarrollarse, integrarse en la sociedad e, incluso, sobrevivir.
Según Montserrat ANTÓN (2008) “El desarrollo de la autonomía personal (capacidad de decisión e iniciativa y
ganas y habilidad de hacer las cosas por uno mismo) permite a los niños y niñas afirmar su identidad por la vía
menos conflictiva, ya que les hace disminuir la necesidad de afirmarse por medio de conductas de oposición a las
personas adultas, tan frecuentes a partir de los 2 años”.
Para que el niño alcance la autonomía es necesario que, se considere a sí mismo como individuo particular distinto
de los demás, es decir, que tome la conciencia de su individualidad, de sus propio yo, disociándose de todo lo que
le rodea.
Esto requiere un proceso que se va a producir paulatinamente, gracias al desarrollo de diferentes aspectos: el
desarrollo psicomotor, intelectual y afectivo-social.
Lógicamente, los centros de EI deben potenciar el desarrollo de todos los ámbitos que acabamos de mencionar para
que los niños puedan adquirir habilidades y hábitos básicos y elementales de autonomía, pues una de sus metas
principales es lograr el desenvolvimiento autónomo e independiente del niño en su entorno a la vez que la
integración activa y participativa en el mismo.
De aquí se deriva la necesidad de trabajar desde una doble perspectiva: autonomía personal y autonomía social del
alumno.
La educación deberá dirigirse a cada individuo particular, teniendo en cuenta sus características y posibilidades
concretas.
Por otra parte, tenemos que cuidar la dimensión social del individuo, pues la socialización es la que va a permitir al
niño establecer relaciones con los demás e integrarse en la sociedad en la que vive.
Por lo tanto, podemos decir que “La autonomía depende tanto de las capacidades o competencias del individuo
como de las características del entorno, es decir, de que éste facilite situaciones o competencias del individuo como
de las características del entorno, es decir, de que este facilite situaciones o experiencias donde aplicar los hábitos
adquiridos (PALOMAR, 2008).
Para finalizar el tema vamos a ofrecer unas directrices para una correcta intervención educativa.
Los hábitos, entendidos como modos de comportarse producto de la repetición de actos semejantes, son muy
importantes en la infancia. Los hábitos van a permitir que el niño incorpore en su comportamiento habitual
conductas estables que le ayudarán a conseguir cierto equilibrio y seguridad. Los hábitos que deberán adquirir los
niños a lo largo de la etapa son de dos tipos: personales y sociales.
Para que se adquieran los hábitos se requieren una serie de condiciones que son:
- Que el niño haya adquirido el nivel de desarrollo adecuado.
- Ser regulares en la repetición del hábito y en el entrenamiento del mismo, así como conseguir un horario
fijo.
- Crear un ambiente de comprensión, constancia y motivación
Para favorecer el desarrollo de la personalidad y la autonomía del alumno podemos señalar unas consideraciones
metodológicas de tipo general como son:
o El aprendizaje de los hábitos se realizará fundamentalmente a través de las distintas situaciones que ofrece
la vida cotidiana, aunque también e aprovecharán situaciones de juego que servirán de refuerzo y
motivación.
o Se dará un tratamiento globalizado a la enseñanza relacionando distintas áreas.
o Se tendrá en cuenta no sólo el nivel real de desarrollo de los niños, sino también el potencial para estimular
su evolución.
o Se utilizarán actividades lúdicas y contextualizadas.

Se partirá del nivel madurativo y de conocimientos de cada niño para individualizar el proceso educativo.
Además de estas consideraciones educativas generales, podemos mencionar otras estrategias metodológicas más
específicas que agruparemos según los aspectos a los que se refieren para una mayor claridad:
- Algunas de ellas hacen referencia a la organización de espacios, tiempo, material y agrupamientos de
alumnos como, por ejemplo, que los horarios de trabajo con los niños deberán estar estructurados e incluir
rutinas fijas que ayuden al niño a orientarse temporalmente y que le faciliten la adquisición de determinados
hábitos.
- Otras estrategias se refieren al tipo de actividades que podemos realizar con nuestros alumnos, como por
ejemplo: las actividades de observación y exploración sensorial serán muy útiles para el conocimiento del propio
cuerpo y del de los otros, y por lo tanto, para el desarrollo psicomotor, social y afectivo.
Dentro de las relaciones que se establecerán entre los distintos agentes educativos, podemos resaltar la importancia
de establecer una estrecha conexión entre familia y escuela, para lograr una coherencia educativa y compensar
posibles déficits familiares.
El maestro cumple un importante papel en el desarrollo de los aspectos tratados en el tema, pues el establecimiento
de un clima de seguridad, de relaciones de calidad entre el educador y el alumnado, la valoración y confianza
ajustada de aquel en las capacidades de progreso de este, y la interacción de los niños y niñas con las personas que
forman parte de su entorno, con las que se establecen vínculos de relación de distinta naturaleza, desempeñan un
papel fundamental en la construcción de la propia identidad y de una imagen propia positiva y ajustada.
El educador debe buscar siempre en cada niño los aspectos más positivos, para resaltarlos y tomarlos como punto de
partida de nuevos desarrollos. Ello es especialmente importante en el caso de niños y niñas con necesidades
educativas especiales.
Es imprescindible que el centro de EI esté atento para detectar tempranamente desajustes que pudieran presentarse en
el ámbito del equilibrio personal y relacional, con el fin de adoptar las medidas adecuadas para evitar que los
problemas se agraven o se instalen de manera definitiva.
Por último, conviene insistir en la importancia de la continuación entre familias y maestros para mostrar al niño
confianza en sus posibilidades, ponerlo en situaciones de creciente autonomía, animarlo a resolver las pequeñas
dificultades con que se encuentra. El modelo de actuación que proporcionan los adultos, tanto en casa como en el
centro educativo, es un medio fundamental para que los niños y niñas desarrollen actitudes y adqueiran hábitos de
colaboración y ayuda, de identidad y características de los demás, etc .

- BERGER, K. S. (2007), Psicología del desarrollo. Infancia y adolescencia. Madrid. Ed. Médica
Panamericana.
- PALACIOS, J.; MARCHESI, A. y CARRETERO, M. (2004). Psicología evolutiva Madrid: Alianza.
- PIAGET, J. e INHELDER, B. (2007): Psicología del niño. Madrid: Morata.

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