0% encontró este documento útil (0 votos)
483 vistas203 páginas

Historia del Imperio Chino Ming y Qing

Este documento proporciona una introducción a la historia de China durante las dinastías Ming (1368-1644) y Qing (1644-1911). Explica cómo China fue vista en Occidente como una tierra lejana y misteriosa, y cómo los viajeros europeos y misioneros comenzaron a difundir más información sobre el país. También describe el establecimiento del comercio entre España, China y América a través de Manila, lo que llevó a una mayor presencia de objetos chinos en España.

Cargado por

Fran Kitsune
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
483 vistas203 páginas

Historia del Imperio Chino Ming y Qing

Este documento proporciona una introducción a la historia de China durante las dinastías Ming (1368-1644) y Qing (1644-1911). Explica cómo China fue vista en Occidente como una tierra lejana y misteriosa, y cómo los viajeros europeos y misioneros comenzaron a difundir más información sobre el país. También describe el establecimiento del comercio entre España, China y América a través de Manila, lo que llevó a una mayor presencia de objetos chinos en España.

Cargado por

Fran Kitsune
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

LA CHINA IMPERIAL

(1506-1795)

Cinta Krahe Noblett

1
Título del Libro o Parte

1. INTRODUCCIÓN
1.1 Características del Imperio
1.2 Sobre el origen de la dinastía Ming o brillante (1368-1487)
1.3. Revisión historiográfica para el análisis del Imperio de
China durante las dinastías Ming (1368-1644) y Qing (1644-
1911)

2. El IMPERIO CHINO DURANTE LOS MING TARDÍOS (1506-


1644): AUTOCRACIA Y TRADICIÓN

2.1. Gobierno, estructura y administración


2.2. El imperio en declive: de Zhende (1506-1521) a Long-
qing (1567-1572)
2.3. Política exterior: la amenaza Mongol. Tíbet y Corea. Los
Yurchen. Japón
2.4. Desarrollo económico y social durante los Ming
2.5. Comunicación y comercio
2.6. Relación con las potencias marítimas europeas (1514-
1644)
2.7. Creencias y pensamiento. Ciencia y literatura
2.8. Cultura material durante los Ming: pintura y caligrafía.
Artes decorativas
2.9. El desmoronamiento del Imperio Ming y la conquista de
los Manchúes

2
Título de Capítulo

3. EL FLORECIMIENTO DE CHINA BAJO LOS PRIMEROS


QING (1644-1795)

3.1. Los inicios de la dinastía Qing: el regente Dorgon (1612-


1650) y el emperador Shunzi (1644-1661)
3.2. El absolutismo ilustrado durante los reinados de los em-
peradores Kangxi (1662-1722) y Yongzheng (1723-1735)
3.3. La edad de oro del emperador Qianlong (1735-1795)
3.4. Desarrollo económico entre 1644 y 1795
3.5. Cambio y diversidad en la sociedad Qing
3.6. El comercio y los extranjeros en la China manchú
3.7. La vida intelectual y espiritual
3.8. La cultura material en el mercado doméstico y de expor-
tación
3.9. China en la Europa del siglo XVIII

4. APÉNDICES
5. GLOSARIO
6. MAPAS
7. TABLA CRONOLÓGICA DE LOS EMPERADORES MING Y
QING
8. CRONOLOGÍAS
9. UNIDADES DE PESO, MEDIDA Y MONEDA.
10. BIBLIOGRAFÍA

3
Título del Libro o Parte

En el presente libro se ha utilizado el sistema de romanización o trans-


cripción fonética del mandarín (lengua china oficial de la República Popu-
lar de China) denominado pinyin (alfabeto de deletreo fonético), que fue
introducido en China en la década de 1950 y ha sido adoptado desde en-
tonces por distintos organismos internacionales, periodísticos y académi-
cos. En la mayoría de los casos, el pinyin se pronuncia como se escribe,
siendo las excepciones más importantes la c que se pronuncia “ts”, y la q
que se pronuncia “ch”. Se ha mantenido el sistema antiguo wade giles
para los nombres consagrados por el uso como Pekín (Beijing), Nankín
(Nanjing) o Cantón (Guangzhou). En la tradición china los emperadores
recibían distintos nombres: de pila, póstumo y de reinado (nian hao) pero
con el fin de evitar confusiones, sólo se empleará el nombre de reinado de
los emperadores.

4
Título de Capítulo

1
Introducción

5
Título del Libro o Parte

Desde la antigüedad, China ha sido para Occidente una tierra lejana y


fabulosa, poblada por habitantes sabios y justos de longevidad portentosa
conocidos como seres, término acuñado por primera vez en el si-
glo V a. C. por Ctesias de Cnido en su libro Indika, y del que procede el
adjetivo sericus, sericum o sirgo, utilizado en Europa para definir tanto a
los chinos como al propio tejido de la seda. Desde comienzos de nuestra
era, China fue también un territorio cargado de promesas de riqueza y la
principal fuente de abastecimiento mundial de extraordinarios tesoros,
como la seda, que se exportaba en grandes cantidades desde la ciudad de
Chang’an, antigua capital de la dinastía de los Han (206 a. C-220 d. C)
hasta la cuenca mediterránea. En ella se envolvían lujosamente a los ciu-
dadanos más pudientes del Imperio romano, y la mismísima Cleopatra
(69-30 a. C.) lucía “un velo de Sidón, hecho de un tejido prensado por el
peine de los seres” (Lucano, Farsalia, X, 141). Esos mismos seres tam-
bién aparecen mencionados unos siglos más tarde (634 d. C.) por el ecle-
siástico y erudito Isidoro de Sevilla (556-636 d. C), en una de las primeras
alusiones al Celeste Imperio en la Hispania visigoda: “Los seres han to-
mado nombre de su ciudad: un pueblo situado al Oriente en cuya tierra se
teje lana de los árboles, de la que se dice aquello de los seres desconoci-
dos de rostro, pero conocidos por su vellón” (Etimologías IX 2, 40).

Pero China era y sigue siendo por su lengua, costumbres y actitudes tan
distintas, un lugar encerrado en sí mismo, introvertido, del que se conocía
muy poco, origen de interminables mitos y leyendas, como la del preste
Juan, de quien se decía que allí habitaba y que fue precisamente el motivo
que impulsó al papa Inocencio IV a enviar la primera embajada a China,
liderada por el padre franciscano Juan de Piano (1245). A partir de enton-
ces se sucedieron otras expediciones pero, sin duda, el viaje que más im-
pacto tuvo en la Europa medieval fue el del comerciante Marco Polo, el
descubridor de China en Occidente, narrado en su relato Il Milione, publi-
cado por primera vez en lengua castellana en 1503. En él describía el im-
perio de Kublai, el gran kan de la dinastía mongol de los Yuan (1279-
1368), el “más rico que todos los emperadores del mundo”, cuya capital
se situaba en el norte de China en la ciudad de Cambalic (Pekín). Unos
años después de la caída de la dinastía Yuan, ya durante los Ming (1368-
1644), se produjo el primer encuentro entre españoles y chinos (1404) con

6
Título de Capítulo

el envío de la embajada de Enrique III de Castilla al imperio de Tamerlán


(1336-1405), en Samarcanda. Para la Europa de la Baja Edad Media, Chi-
na se comenzaba a configurar como un reino de avanzada organización
política y riquezas fabulosas que más tarde inspirarían a Cristóbal Colón
para emprender su viaje a través del Atlántico en dirección a poniente.

A medida que se sucedieron los viajes de exploradores ibéricos por Asia,


desde finales del siglo XV, China fue entrando con más fuerza en el ima-
ginario colectivo de los españoles, primero a través de mapas, como la
Suma de geographía de Martín Fernández de Enciso (Sevilla, 1530), des-
pués por las crónicas de los navegantes, y luego a través de las relaciones
en que los misioneros como Martín de Rada, Miguel de Loarca, Francisco
de Sande, Agustín de Tordesillas, Francisco Dueñas, Pedro Alfaro, Martín
Ignacio de Loyola o Alonso Sánchez dejaron constancia escrita de su ex-
periencia, sobre todo a partir del establecimiento de una presencia coloni-
zadora en el archipiélago filipino (1565) y la fundación de la ciudad de
Manila en 1571. En 1577 se publicó el primer texto monográfico en caste-
llano dedicado a China titulado Discurso de la navegación que los portu-
gueses hacen a los reinos y provincias del oriente, y de la noticia que se
tiene del reino de China, de Bernardino de Escalante; ocho años después
se publicó el libro del agustino Juan González de Mendoza Historia de las
cosas más notables, ritos y costumbres del gran reino de la China (1585),
uno de los textos que más impacto iba a tener en los lectores europeos de
la Edad Moderna. En él se definía este territorio como “ese gran Reino
que nosotros hemos usado en llamar China, sin saber la causa y funda-
mento que para ello haya habido, los de los reinos comarcanos a él le lla-
man Sangley, y en su lengua propia se llama Taybinco, que no quiere
decir otra cosa sino Reino. Es el mayor y de más gente de todos de cuan-
tos tenemos noticia que hay en el mundo […]”.

Ya en el siglo XVII, aparecieron otras publicaciones españolas como la del


jesuita Adriano de las Cortes y su Viaje a la China (1626), donde se des-
cribía la lejana Catay como “la Gran China, tanto como por ser ella en su
número de reinos y número de gente muy grande, y su Rey tan grande en
poder por ella como por los reinos y vasallos dichos y sus millones de
renta […]”. En la España del Siglo de Oro, los letrados no tardaron en
hacerse eco de la existencia de aquellas tierras, pero tenían de ellas una
noción muy vaga y a sus ojos prácticamente sinónima de un lugar remoto,
exótico y desconocido, tanto que, en la segunda parte de La Araucana

7
Título del Libro o Parte

(1578), el gran poema épico sobre la conquista de Chile, Alonso de Ercilla


incluyó la China entre los lugares más distantes del orbe conocido. Miguel
de Cervantes, en cambio, la tomó como superlativo absoluto de riqueza en
su dedicatoria al conde de Lemos en la segunda parte del Quijote (Krahe
2016, 53). Con la creación de la ruta comercial entre China y América,
conocida como Galeón de Manila, Nao de China o de Acapulco, la actual
capital de Filipinas sirvió de enlace entre China y América desde 1565
hasta 1815. Gracias a la apertura de esa vía, todo tipo de objetos suntua-
rios chinos —incluyendo aquellos elaborados con materiales nuevos como
la laca o la porcelana— entraron a formar parte de la vida cotidiana de la
sociedad española, intercambiándose por plata americana.

El siglo XVIII trajo la libertad de comercio y, a partir de 1765, el estable-


cimiento de una ruta directa desde Cádiz hasta los puertos chinos, seguida
por la fundación en 1785 de la Real Compañía de Filipinas y la creación
de un comisionado permanente en el puerto chino de Cantón, donde por
primera vez ondeó de forma oficial la bandera española. Por otro lado,
China tuvo que hacer frente a los efectos de la presión demográfica, tanto
sobre la tierra como en la economía, y a una administración central exce-
sivamente personalizada. Además, hubo de comenzar a asumir la realidad
de unas fronteras permeables a otras formas de vida y de pensamiento, ya
que por mucho que intentó controlar o librarse de las injerencias extranje-
ras, al final no tuvo más remedio que aprender a convivir, aunque fuera de
manera traumática, con agresivos comerciantes occidentales: los llamados
“demonios extranjeros”, que pusieron a prueba las restricciones comercia-
les y que se acabarían disputando económicamente su territorio.

8
Título de Capítulo

1.1. Características del Imperio

Cuando se inició la colonización española del archipiélago filipino en el


siglo XVI, China se veía a sí misma como Zhongguo o “País del Centro”, y
estaba en la cúspide de su gloria. Sus dominios territoriales eran los más
vastos del planeta y su población —de unos 120 millones de habitantes—
equivalía a la de toda Europa. Debido a su gran extensión y a que dos
tercios del territorio estaban constituidos por montañas como el Hindu
Kush o el Himalaya y a otros espacios inhóspitos como las áridas estepas
del norte, durante siglos China había permanecido aislada del resto del
mundo. Además, cuando los españoles llegaron a la zona de Asia Orien-
tal, imperaba el código Haijing (o Prohibición del Mar), que impedía
explícitamente a los ciudadanos chinos la salida del imperio y la divulga-
ción de informaciones sobre este (Ollé, 2007, 83). La mayor parte de sus
habitantes pertenecían a la etnia han (definida después como lengua y
cultura), mientras que el resto, sobre todo a partir de la dinastía
Qing (1644-1911), incluía a otras etnias minoritarias como tibetanos,
mongoles, manchúes, y musulmanes, que vivían en zonas escasamente
pobladas del norte, oeste, sur y sudoeste. De hecho, las fronteras actuales
de la República Popular de China quedaron fijadas en el siglo XVIII duran-
te la dinastía Qing, cuando los manchúes conquistaron Mongolia, Tíbet,
las “regiones occidentales” (que en la actualidad incluyen las provincias
de Xinjiang y Qinghai) y la isla de Taiwán.

En lo que a la China interior se refiere, la diversidad topográfica y climá-


tica entre el norte y el sur, tomando con frontera el río Yangtsé (o río
Azul, de 6300 kilómetros de longitud), determinó en gran medida su evo-
lución política y cultural. En el norte, de inviernos fríos y poca precipita-
ción pluvial, el río Amarillo, con sus 4845 kilómetros de longitud, atravie-
sa una gran llanura de loess —una tierra anaranjada procedente de los
desiertos de Gobi— que convirtió esta zona en una de las tierras más férti-
les del mundo (rica en mijo, trigo y sorgo), cuna de la civilización china.
Su curso describe tres grandes curvas de 90 grados que encierran un terri-
torio rectangular, cuya parte meridional desempeñó un papel estratégico
fundamental en el destino de su historia, al formar una fortaleza natural
protegida por cadenas montañosas en la que varias dinastías como los
Xin, los Han o los Tang establecieron sus capitales. El valle del río

9
Título del Libro o Parte

Yangtsé, que es muy lluvioso y húmedo, discurre a través de accidentados


sistemas montañosos y atraviesa tres importantes depresiones: la de la
provincia de Sichuan en la zona occidental, la región de los lagos en el
centro y el delta de la provincia de Zhejiang al este. En la parte meridional
de China se encuentra el río de la Perla (o Zhu Jiang), el tercero en longi-
tud, que surca húmedos y lluviosos arrozales diseñados en terrazas con
forma de media luna. Esta región, completamente tropical, cubierta de
selvas de densa vegetación, impidió el asentamiento humano hasta épocas
imperiales tardías. Tan importantes contrastes topográficos y climáticos
dieron lugar a diferentes tradiciones socioculturales, aunque durante siglos
China se mantuvo como una sola unidad política, un Estado centralizado
organizado mediante una burocracia enraizada en una tradición milenaria
que tenía en común un conjunto de leyes que servían para regir la vida de
los individuos integrados en tan vasto imperio. En palabras de Jonathan
Spence, “China tenía el estado más eficazmente centralizado del mundo
moderno” (Spence 2011, 43).

10
Título de Capítulo

1.2. Sobre el origen de la dinastía Ming o Brillante (1368-1487)

En el segundo cuarto del siglo XIV, una serie de devastadoras hambrunas,


consecuencia de los reiterados desbordamientos del río Amarillo, provo-
caron el descontento del pueblo chino hacia la administración de la dinast-
ía mongol Yuan. Hasta mediados de siglo, el Gobierno había sofocado los
levantamientos populares y reprimido las numerosas sociedades secretas
enemigas de los mongoles. Sin embargo hacia 1355, una de las más im-
portantes, conocida con el poético nombre del Loto Blanco, fue dominan-
do a través de sus ejércitos rebeldes el valle central del río Yangtsé. Con-
taba con raíces en el culto budista y reclutaba tropas entre los trabajadores
de las obras de reparación de los canales, dañados por las inundaciones.
Poco a poco se fue extendiendo hacia el norte y el oeste, y entre sus filas
surgió el general Zhu Yuanzhang, que haría posible la expulsión de los
mongoles de China y la instauración de la nueva dinastía Ming o Brillan-
te, cuyos caracteres, el sol y la luna unidos, iluminaron tres siglos de es-
plendor.

Zhu Yuanzhang (1328-1398), mejor conocido por el nombre oficial de su


reinado, Hongwu o “Hueste Universal” y también por su nombre póstu-
mo, Taizu o “Gran Progenitor” (imagen 1: retrato del emperador Hongwu,
en el Museo de Palacio, Taipei), fue el primer plebeyo en 1500 años que
logró convertirse en emperador. Era hijo de campesinos del norte de la
provincia de Jiangsu, tierra natal del primer emperador de la dinastía Han
(206 a. C.-220 d. C.), Gaozu (256 o 247-195 a. C.). Durante la gran ham-
bruna de 1344, en la que falleció casi toda su familia, buscó refugio en un
monasterio budista donde aprendió a leer y escribir. A los veinticinco
años se puso a la cabeza de un grupo rebelde conocido como los Turban-
tes Rojos (Hongjin), que consiguió apoderarse de una pequeña ciudad al
nordeste de la actual provincia de Anhui (1352). Un año después domina-
ban ya la antigua región de Wu (Nankín, provincia de Jiangsu) y entre
1360 y 1362 cayeron en sus manos las provincias de Jiangxi y Hubei. Tras
someter totalmente el sur de China, en 1368 Hongwu fundó la capital en
la ciudad de Nankín, que fue la primera sede de un gobierno chino al sur
del río Yangtsé, con una población que creció de 100 000 a un millón de
habitantes. Unos meses después se hizo con el control de Dadu o Camba-
lic (Pekín), la capital de los mongoles en el norte de China, pero necesitó
aún veinte años más para rematar la unificación de todo el país, que

11
Título del Libro o Parte

además incluyó otros territorios en el noreste de Mongolia, Asia Central y


el sudeste asiático.

Durante su reinado se volvió a dar gran importancia al sistema tributario y


así, el “Hijo del Cielo” controló a sus vasallos mediante misiones di-
plomáticas y comerciales (ver capítulo 2.3.). El reino coreano Yi se con-
virtió en Estado tributario de la corte de los Ming y se enviaron embajadas
solicitando la misma condición a Japón, Annam, Champa (norte de Viet-
nam), Tíbet y, después, a Borneo, Java, Sumatra y a la región de Coro-
mandel, en el sudeste de la costa de India.

El emperador Hongwu estuvo muy influido por las tradiciones taoístas y


confucianas, aunque autocracia y despotismo fueron las características de
su gobierno y el poder absoluto del emperador se reflejó en la administra-
ción de su imperio, que se reorganizó siguiendo el modelo institucional de
los Tang y Song y revertiendo el modelo económico de los Yuan, que se
había basado en el comercio exterior, volviendo a la agricultura.

A finales del siglo XIV la población china, que contaba con 65 millones de
habitantes, se encontraba en una situación caótica debido a un éxodo ma-
sivo causado por hambrunas derivadas de catástrofes naturales y a la des-
trucción de las construcciones agrícolas como diques, sistemas de regadío
o terrazas. Para llevar a cabo la reconstrucción del territorio, el primer
objetivo del emperador fueron las obras de irrigación, el cultivo de miles
de hectáreas y la reforestación (cada familia en tierra colonizada tenía la
obligación de plantar 200 árboles). Después, llevó a cabo una reorganiza-
ción económica y fiscal, para lo que fue necesario disponer de una pobla-
ción activa, especializada y bien distribuida en el territorio. Por eso, des-
pués de reconstruir todas las instalaciones agrícolas, el Gobierno
estableció una división hereditaria de la población entre campesinos o
pueblo llano (min), militares (zhu) y artesanos (qiang). Posteriormente, se
crearon los llamados “Registros Amarillos”, que posibilitaron una mejor
recaudación de impuestos y también la prestación de servicios a la admi-
nistración, como tareas burocráticas o de de vigilancia. La mayoría de los
impuestos procedía del trabajo de los campesinos, y el código Ming pres-
cribía severas penas para “quien se hiciese pasar por miembro de otro
grupo profesional para rehuir los servicios obligatorios de su propio gru-

12
Título de Capítulo

po” (Franke y Trauzettel 1973, 241). Como medida adicional, en 1387 se


levantaron planos de tierras inscritos en catastros que por su forma fueron
conocidos como “Registros Escama” (Yulin Tuce). Además, los agriculto-
res se agruparon en unidades autónomas y en los lugares despoblados se
realizó una nueva colonización por la que se eximió a los colonos de todos
los impuestos. Asimismo, se llevaron a cabo traslados forzosos de pobla-
ción militar (alrededor de 2 millones de personas) al norte de China, don-
de se les asignaron parcelas de tierra para su propio sustento. Junto a estas
medidas, alrededor de 45. 000 familias de la élite de la zona de Suzhou
(provincia de Jiangsu) fueron conducidas hasta la ciudad de Nankín, don-
de el emperador podía ejercer un mayor control sobre ellas. Junto a estas
medidas de control, se intentó optimizar la productividad agrícola en el
sur de China mediante la siembra de mejores variedades de arroz y la
sustitución de este cultivo por trigo y cebada en algunas zonas.

Una de las características del gobierno de Hongwu fue la desconfianza


hacia los intelectuales y letrados-burócratas, que le llevó a concentrar de
forma paulatina todo el poder hasta suprimir la labor del gran secretario
en 1380 y hacer depender directamente de él los Seis Consejos (Waichao):
Nombramientos Civiles, Finanzas, Ritos, de la Guerra, Justicia y Obras
Públicas, al tiempo que incrementaba el poder de los eunucos de su círcu-
lo. Por otro lado, el sistema de oposiciones del que se nutría la administra-
ción china, que se había mantenido desde la dinastía Tang (618-
907 d. C.), salió fortalecido. En 1368 fundó la Universidad Nacional, en
1369 se apostó por la implantación de escuelas locales y en 1370 se reini-
ció el sistema de exámenes nacionales reorganizando su contenido, que
pasó a otorgar más importancia al comentario de los textos clásicos, y
utilizando textos y edictos del propio emperador.

En 1398 murió el fundador de la dinastía Ming y su nieto Jianwen o “Es-


tablecimiento de la Virtud Civil” (1399-1402) heredó el “mandato del
cielo”. Sin embargo, este emperador tuvo un reinado muy breve durante el
que delegó el Gobierno en sus letrados confucianos Huang Zicheng, Qitai
y Fang Xiaoru, por encima de los Seis Consejos. Desafortunadamente, las
intrigas palaciegas dominaron su Gobierno y, aunque este emperador in-
tentó reducir el poder de sus tíos, al final no pudo evitar la sublevación de
Zhu Di, el príncipe de Yan, comandante de las tropas en la zona septen-
trional de Pekín, con el que se inició una guerra civil que duró hasta 1402,
año en el que el emperador pereció en el incendio del palacio imperial.

13
Título del Libro o Parte

Aunque Zhu Di, mejor conocido con el nombre de Yongle o “Alegría


Eterna” (1402-1424), se convirtió en emperador usurpando el gobierno al
legítimo sucesor del fundador de la dinastía Ming, su reinado logró justi-
ficar la toma del poder mediante un gobierno inteligente durante el que se
llevó a cabo una gran expansión militar y una intensa actividad en el te-
rreno diplomático. Para defender de forma más adecuada las fronteras
septentrionales, este emperador trasladó la capital en 1421 desde la ciudad
de Nankín a la antigua capital de los mongoles, Dadu, que a partir de en-
tonces tomó el nombre de Pekín o Capital Septentrional. Durante su rei-
nado se llevaron a cabo importantes acciones militares con las que se aisló
territorialmente a los mongoles y los manchúes. Durante la Baja Edad
Media y la Edad Moderna, Occidente denominó a estas dos etnias con el
término genérico de tártaros, aunque los tártaros eran un pueblo medieval
turcoparlante originario de Eurasia Central, Crimea y el Cáucaso. Se tra-
taba de dos importantes tribus que desafiaban el poder de los Ming, contra
las que llegó a obtener una victoria decisiva en el río Onón (al nordeste de
Ulan Bator) que le permitió controlar una parte de la actual Mongolia
Exterior. Tras la muerte de Zhu Di creció la presión de los mongoles, que
atacaban una y otra vez las fronteras imperiales. Se establecieron coman-
dancias militares en las zonas de Manchuria y Siberia, y Corea aceptó el
estatus de Estado tributario. En el sur de China, Yongle conquistó el Viet-
nam septentrional y se apoderó de la ciudad de Dai Viet, lo que puso fin al
reino de los Tran.

Junto a estas conquistas, que anteceden en casi un siglo a los viajes de


exploración de portugueses y españoles, el emperador Yongle organizó
las expediciones del almirante eunuco Zhen He (1371-1435), que fueron
posibles gracias al nivel tecnológico alcanzado en la época, ya que su flota
contaba con todo tipo de adelantos como mapas o compases, pero también
con experimentados guías y marineros. En total se sucedieron 7 grandes
expediciones durante el primer tercio del siglo XV, en las cuales participa-
ron 63 embarcaciones que transportaron a 27. 870 hombres. Los viajes se
iniciaron en Indonesia (1405) —aunque desde el siglo XI ya se habían
establecido contactos en esta zona—, después siguieron hacia Malaca, Sri
Lanka (Ceilán), Calicut, Somalia y Zanzíbar, en la costa oriental de Áfri-
ca, y concluyeron en la ciudad portuaria de Jidda (Arabia), en el mar Ro-
jo. Constancia escrita de estas navegaciones dejaron los libros publicados
por uno de los compañeros de Zheng He, el eunuco Ma Huan: Memorias

14
Título de Capítulo

sobre los reinos bárbaros de los mares occidentales (Xiyang Fanguo Zhi,
1434), Maravillas descubiertas por barco navegando por las estrellas
(Xingcha Shenglan, 1436), y Memorias de los océanos (Xingya Shanglan,
1451). El carácter propagandístico de la flota era evidente, pues allí donde
llegaba se establecían lazos comerciales y diplomáticos. Por otro lado, un
gran número de embajadas y comerciantes llegaron también hasta Pekín,
llevando información sobre los territorios de Asia Occidental.

Sin embargo, es indudable que uno de los mayores logros del reinado de
Yongle fue la construcción en 1406 del complejo palaciego de la Ciudad
Púrpura Prohibida, el palacio amurallado más grande del mundo, que
después heredaron los manchúes de la dinastía Qing; de hecho, la mayor
parte de las edificaciones que hoy se conservan proceden de restauracio-
nes de los siglos XVII y XVIII. (Imagen 2: Zhu Bang. Retrato de un funcio-
nario delante de la Ciudad Púrpura Prohibida. Dinastía Ming, siglo XVI,
rollo vertical, tinta sobre color y seda. 169 X 190 cm. Museo Británico.
Londres). El palacio estaba dividido en dos secciones: los pabellones im-
periales, donde residían el emperador y su familia, así como sus conseje-
ros más cercanos y guardia personal (Neiting), y las residencias oficiales
donde habitaba la corte y se encontraba la sección ejecutiva del Gobierno,
a la que pertenecían los Seis Consejos (Waichao). La estructura del pala-
cio reflejaba el orden celestial y sus construcciones estaban ordenadas
según un eje central axialmente simétrico de norte a sur desde la puerta de
acceso, con una sucesión de edificios oficiales en los que tenían lugar las
audiencias y los exámenes públicos para acceder a la administración del
gobierno. Al sur del palacio vivía el pueblo llano, separado de la Ciudad
Prohibida por una gran muralla y un foso. Aunque Pekín se convirtió en el
centro administrativo del país, no era el único centro cultural, porque las
ciudades al sur del río Yangtsé como Suzhou, Yangzhou o Nankín, de
gran riqueza mercantil gracias al comercio de la seda, el té o la sal, atraje-
ron tanto a artistas como a artesanos profesionales. Por último, cabe des-
tacar que durante su reinado se compiló la llamada Enciclopedia de Yon-
gle, realizada por unos 3000 letrados durante 4 años y que recogía en
22. 877 volúmenes todo el conocimiento científico y literario de la histo-
ria de su imperio. Desafortunadamente, es muy poco lo que hoy en día se
conserva de esa colosal tarea, tan solo unos pocos fragmentos de una co-
pia del siglo XVI.

15
Título del Libro o Parte

Al emperador Yongle le sucedió su hijo Renzong, con el título oficial de


Hongxi, quien tuvo un brevísimo reinado de un año y que fue relevado
por uno de sus diez hijos, Xuande (1426-1435). Este soberano, buen ges-
tor y mecenas de las artes, heredó una China social y económicamente
próspera que supo consolidar. En lo que a la política exterior se refiere, su
reinado se caracterizó por el mantenimiento de la paz con sus vecinos: en
1427 reconoció la independencia de Annam, y promovió unas relaciones
diplomáticas con Corea y Japón que se mantuvieron en el segundo caso
hasta 1549.

A mediados del siglo XV China perdió interés por el mundo exterior y se


replegó sobre sí misma: se concentró en las zonas occidentales de su terri-
torio, en las provincias de Gansu y Xinjiang, y en las regiones meridiona-
les de Guizhou, Guangxi y Yunnan. Mientras que grupos de piratas, la
mayoría japoneses, comenzaban a saquear las poblaciones costeras, los
mongoles volvieron a amenazar las fronteras del norte y llegaron incluso a
capturar al emperador Yingzong (Zhengtong), que no fue liberado hasta
1457 y durante cuyo cautiverio su hermano menor, Jingtai (1450-1457),
ocupó el trono. Tras su liberación, el segundo período de gobierno de este
emperador (de 1457 a 1464) se caracterizó por el enfrentamiento de los
funcionarios letrados en la corte y por las suspicacias que el cautiverio
había dejado en su personalidad. A causa de los conflictos que estas origi-
naron, el emperador acabó dejando el poder en manos de su policía secre-
ta y eunucos, que se ocuparon de eliminar cualquier rasgo de la cultura de
los mongoles en la corte.

En 1465 el hijo mayor del emperador Zhengtong, Zhu Jianshen (1465-


1487), fue proclamado emperador con el nombre de Chenghua. Su perso-
nalidad estuvo muy determinada por los sucesos de su niñez, sobre todo
por las inseguridades sufridas durante el cautiverio de su padre. En los
primeros años de su reinado, un consejo regido por doce regentes redujo
los impuestos y se ocupó de reorganizar el ejército, desde los cuerpos de
la guardia imperial de palacio, constituidos por divisiones de 10 000 hom-
bres comandadas por un eunuco imperial, hasta los destacamentos de la
frontera del norte para la defensa del territorio ante las incursiones de los
mongoles y los manchúes, y se reconstruyó una parte importante de la
gran muralla. Su reinado estuvo después muy influido por la personalidad
de su madre, la emperatriz Qian, y luego por la concubina Wan Guifei y el
eunuco Liang Fang, asistido por el jefe de policía Wang Zhi. Estos utiliza-

16
Título de Capítulo

ron su posición privilegiada para beneficiarse económicamente hasta


hacerse con una gran riqueza de cobre, plata, oro y piedras preciosas, que
obtuvieron corrompiendo a funcionarios por todo el Imperio. Como resul-
tado, los terrenos imperiales pasaron de 80. 000 hectáreas en la época del
emperador Hongwu a 1. 200 000 al inicio del siglo XVI (Paludan 1998,
173).

Por otro lado, el emperador Chenghua destacó por ser un gran mecenas de
las artes, muy aficionado al teatro y la música, pero también buen calígra-
fo y pintor. Fue asimismo un gran impulsor de las artes decorativas y
cuidó muy especialmente la elaboración de la porcelana, que destacó por
su magnífica calidad, su pureza y sus diseños pincelados con esmero en
colores polícromos tipo doucai. Chenghua murió en 1487 después de 23
años en el trono, y su sucesor fue el emperador Hongzhi. Este fue criado
en la clandestinidad, escapando de la terrible influencia de la concubina
Wan, que fue como una madre para él antes de convertirse en su amante.
Tuvo un hijo con él que murió, y como venganza se dedicó a inducir abor-
tos o envenenar a todos los descendientes del emperador.

17
Título del Libro o Parte

1.3. Revisión historiográfica para el análisis del Imperio de China


durante las dinastías Ming (1368-1644) y Qing (1644-1911)

La civilización china se distingue de otros pueblos por su larga tradición y


por el gran corpus documental histórico que, sin lugar a dudas, ha con-
formado su identidad. A medida que se fueron estableciendo la soberanía
imperial y la unidad territorial de China ya a partir de la dinastía Qin
(221-206 a. C.), se nombraron historiadores oficiales (shi) cuya labor
principal consistía en registrar los acontecimientos históricos. El control
de la historia legitimaba a la nueva dinastía, porque, como decía un anti-
guo proverbio, “el presente es un reflejo del pasado”. La conciencia histó-
rica en la China preimperial germinó a partir de una visión “antropo-
cósmica” del mundo, donde las acciones del cielo y del hombre estaban
íntimamente ligadas. El Dios supremo del cielo o Di ordenaba los ritmos
cósmicos y controlaba los fenómenos naturales, pero también otorgaba la
victoria al emperador o abundancia en las cosechas. Por el contrario, el
“mandato del cielo” ponía fin a un gobierno corrupto o enviaba desastres
y calamidades a la humanidad (Eliade 1979, 23). Asimismo, la gran ma-
yoría de los escritos históricos registraban la influencia que las fuerzas y
principios morales de ciertos personajes tenían sobre el Estado y la socie-
dad del momento. Por este motivo muchos de los textos tenían además
una función didáctica o propagandística: proporcionar a los estadistas y
gobernantes ejemplos de conductas dignas de alabanza o condena (1969,
321). En la China imperial, la transición entre una y otra dinastía se expli-
caba en términos de continuidad a través de gobernantes virtuosos (zheng)
que lograban la unidad (tong) mediante la excelencia moral y el valor
militar porque había recibido el “mandato del cielo”. Así, se sucedían los
ciclos dinásticos y los linajes imperiales tanto chinos como extranjeros; de
hecho, el período histórico que analizamos en este libro, que en Occidente
corresponde con la Edad Moderna, comprende la última parte de la dinast-
ía Ming o Brillante (1368-1644), desde el reinado del emperador Chengde
(r. 1506-1521), perteneciente a la etnia han —mayoritaria en China—,
hasta finales del siglo XVIII, cuando gobernaba el emperador “bárbaro”
(ver p. **) de etnia manchú Qianlong (r.1735-1795) de la dinastía de los
Qing o “Pura” (1644-1911).

Las primeras inscripciones sobre acontecimientos históricos diversos


(nombramientos, guerras, cosechas o registros administrativos) de la épo-

18
Título de Capítulo

ca preimperial (dinastías Shang 1600-1050 a. C y Zhou 1050-221 a. C) se


realizaron en distintos soportes como huesos oraculares —caparazones de
tortuga y osamentas de animales—, recipientes de bronce, listones de
madera de bambú o epitafios en piedra. Estos soportes contenían informa-
ción que después encontaron complemento o confirmación en fuentes
históricas posteriores. Si bien es cierto que el papel fue inventado en una
época muy temprana —siglo II a. C.—, las fuentes manuscritas antiguas
en las que se basan las compilaciones históricas posteriores son muy esca-
sas. Las cinco obras históricas de mayor prestigio de la época preimperial,
los llamados Cinco Clásicos de tinte confuciano (Wujing), que fueron los
pilares a partir de los que se construyó su cultura milenaria, no se han
conservado en su soporte original (tiras de bambú escritas con tinta y pin-
cel), sino por medio de copias posteriores. El más importante de los clási-
cos, el Shujing, conocido en Occidente como Libro de la historia o Libro
de los documentos, es uno de los más antiguos en contener textos (discur-
sos, mandatos, metáforas) atribuidos a los reyes de la dinastía Zhou, ela-
borados por archivistas reales y seleccionados por Confucio. Otro texto
muy distinto, pero que se supone publicado también bajo la dirección de
Confucio, es el Chunqiu, que bajo la forma de una crónica registra cro-
nológicamente los acontecimientos del pequeño Estado de Lu, donde na-
ció el pensador. El motivo que le llevó a publicar esta obra fue de índole
didáctica. A estos dos libros clásicos habría que añadir el Shijing (Libro
de las Odas), el Yiying (Libro de las Mutaciones) y el Zhouli (Código
Ritual de los Zhou).

Durante la época imperial, sobre todo a partir de la dinastía Han


(206 a. C.-220 d. C.), se crearon géneros historiográficos que sirvieron de
base para la escritura de la historia de China, se instituyó oficialmente la
historiografía como una actividad fomentada por el Estado, surgió una
disciplina específica de estudios históricos (shixue) y se dio luegar una
serie de historias modelo (zhengshi). La primera gran obra sobre historia
de China fue la compilación denominada Shiji o “Memorias históricas”,
finalizada en el 91 a. C. y redactada por Sima Qian (145-86 a. C.) y su
padre, Sima Tan (m. 110 a. C.), la cual abarcaba cronológicamente desde
la fundación de China hasta la entronización del emperador Wu (r. 141-
87 a. C.). El libro se compone de cinco partes: anales esenciales, cuadros
cronológicos, tratados temáticos dedicados a instituciones, economía,
rituales o costumbres, treinta “Casas hereditarias” sobre los linajes más
importantes, y setenta “Vidas ejemplares”. Este texto contiene notas a pie

19
Título del Libro o Parte

de página en forma de apuntes críticos que ponen de relieve la importan-


cia que ya entonces tenía la historia como ciencia. Asimismo, otra de las
obras que contenía una crítica a la historiografía es el Shitong (708-
710 d. C.), de Liu Zhiji. Esta obra contiene reglas sobre la recogida de los
materiales históricos y el principio de la historiografía, pero también sobre
el origen de las historias, el fracaso y éxito de otros historiadores y el sis-
tema oficial de estos. Además, la obra Zizhi Tongjian, escrita por Sima
Guan en 1084, es un relato cronológico de la historia de China desde el
403 a. C. hasta el 959 d. C. Esta obra destaca por la gran cantidad de do-
cumentación utilizada, procedente tanto de historias oficiales dinásticas
como de registros privados.

Con el establecimiento de la dinastía Ming a mediados del siglo XIV, la


burocracia china incrementó considerablemente el volumen de documen-
tación de toda índole. Además, con la consolidación del sistema oficial de
exámenes de Estado, la historia se convirtió en uno de los temas de estu-
dio más importantes para los futuros funcionarios-letrados. Asimismo, el
desarrollo de la imprenta —la xilografía fue creada por los chinos en el
siglo IX d. C.— comportó que los textos históricos como los Cinco Clási-
cos, los Cuatro libros del confucianismo o las “historias modelo” u oficia-
les (zhengshi), fueran publicados por empresas privadas que los distribu-
yeron entre otros segmentos de la población (Ng y Wang 2005, 193;
Franke 1988, 726-82). La publicación de la Bibliografía de la dinastía
Ming (Yiwen zhi), en la época Qing (1644-1911), nos da una idea de la
variedad y cantidad de fuentes que se manejaron durante la era Ming:
historias modelo (zhengshi), misceláneas (zashi o shichao), anecdotarios
(gushi), tratados geográficos (dili), genealogías (pudie) y biografías
(zhuanzhi), además de trabajos sobre la burocracia imperial (zhiguan),
ritos y ceremonias (yizhu) y códigos penales (xinfa), incluso teniendo en
cuenta que muchos textos fueron destruidos al inicio de la dinastía Qing
en 1644. Una de las fuentes primarias más importantes de la época Ming
es el Da Ming Shilu o Verdadero registro de los Ming, que comprende las
crónicas de los reinados de 13 de los 16 emperadores Ming elaborados por
los funcionarios-letrados después del fallecimiento de cada gobernante.
Estos documentos se basaban en edictos y memoriales que han desapare-
cido en la actualidad. El Da Ming fue fundamental para la elaboración del
Ming Shi o Historia oficial de los Ming (también conocido como Las 24

20
Título de Capítulo

historias de China), que comprendía un total de 332 tomos redactados por


funcionarios-letrados liderados por el historiador Zhang Tingyu. Aunque
la obra se terminó en 1735, durante el reinado del emperador Yongzheng
(1723-1735), fue presentada para su aprobación final en el transcurso de
la regencia del emperador Qianlong (1735-1795), de la dinastía Qing.

Como la corte Ming fundamentó su sistema de gobierno en la ortodoxia


confuciana, se llevó a cabo una reedición de los libros clásicos de Confu-
cio basada en la interpretación y los comentarios de los letrados de la di-
nastía Song, como Zhu Xi (Ng y Wang 2005, 194). Destacaron también
las compilaciones enciclopédicas destinadas a ayudar a los funcionarios a
cumplir sus deberes en la administración del gobierno. El proyecto más
importante fue la Enciclopedia de Yongle publicada en el siglo XV, aun-
que solo se conservan 400 volúmenes distribuidos entre más de 30 colec-
ciones en ocho países. Se organizó por categorías temáticas (22 877 sec-
ciones o juan en 11 095 volúmenes) sobre 8. 000 textos que abarcaban
desde la China preimperial hasta inicios de la dinastía Ming a cargo de
especialistas en distintas áreas como astronomía, geografía, filosofía, his-
toria de las religiones o arte. También se publicó el Da Ming huidian
(Compilación esencial de los augustos Ming) y el Da Ming ji li (Colec-
ción del ceremonial de los augustos Ming), publicado en el siglo XVI bajo
la supervisión del Directorio de Ceremonias (shili jian); sus bloques de
madera se conservaban en el “almacén de los libros clásicos” o jingchang
ben (Ng y Wang 2005, 194). La institución encargada de editar estas im-
portantísimas publicaciones históricas era el Departamento de Historia
Nacional (guoshi guan) de la Academia Hanlin, fundada en el siglo el
siglo VIII por el emperador Xuanzong, de la dinastía Tang.

Además de las historias oficiales, hubo funcionarios-letrados que publica-


ron de forma privada sus trabajos para un nuevo público ávido de infor-
mación histórica, aunque algunos de estos textos se basaban en fuentes
primarias enriquecidas por los autores y pasaron a formar parte de la lite-
ratura de ficción, como la famosa novela de Luo Guanzhong El romance
de los tres reinos (San´Guo yanyi), de la que hablaremos en el capítulo
3.5. Otros historiadores fueron mucho más rigurosos y se centraron en
grandes trabajos de compilación histórica. Según la bibliografía recogida
en la Historia oficial de los Ming, de las 110 historias privadas aprobadas
oficialmente, 69 trataban de asuntos contemporáneos de diversa importan-

21
Título del Libro o Parte

cia. Lu Shen (1477-1544), gran admirador del historiador Liu Zhiji, de la


dinastía Tang, publicó una reedición de su obra titulada Perspectivas glo-
bales sobre la historiografía; Liang Menglong (1527-1602) realizó un
trabajo de compilación histórica titulado Antología de las historias esen-
ciales y Bu Dayou dio a la luz una serie de fascículos titulados Significado
esencial sobre el aprendizaje histórico (Shixue yaoyi), en los que se re-
cogían diversos acontecimientos históricos desde la dinastía Han hasta el
final de los Yuan. Por último, cabe destacar también otra publicación que
recogía parte de la historia de los Ming desde 1368 hasta 1572 y que fue
redactada por He Qiaoyuan (1558-1632), titulada Los tesoros ocultos en
las montañas célebres (Mingshan cang), también conocida como La his-
toria olvidada de los 13 reinados de los Ming (Ming shishan chao yishi).
Comprendía 100 fascículos cuyo formato estaba inspirado en las historias
modelo, divididas en anales imperiales, tratados y biografías, pero sin
incluir las tablas.

La burocracia imperial de los Qing generó enormes cantidades de docu-


mentación (hoy en día se conservan alrededor de 15 millones de docu-
mentos de la época, pero muy pocos de las dinastías anteriores), que pro-
cedía de los archivos centrales en la Ciudad Prohibida y de las prefecturas
provinciales y locales. Los documentos no solo están en mandarín, sino en
otras lenguas como manchú, mongol, tibetano o japonés. Sin embargo, el
60 por ciento de los documentos de los Seis Consejos y del Archivo Impe-
rial, el Huangshicheng, fueron destruidos en 1900, cuando las fuerzas
extranjeras invadieron Pekín durante el levantamiento de los bóxers (Wil-
kinson 1998, 866).

Con la fundación de la dinastía Qing en 1644, el Gobierno trató de conti-


nuar la obra de sus predecesores examinando los estudios antiguos para
dar a conocer el mensaje de los textos clásicos confucianos, aunque a
partir de ese momento se valoraron desde una desde una perspectiva dis-
tinta, mucho menos idealizada. La misma atención se prestó a los textos
de las historias modelo: los Qing buscaron comprender el presente inter-
rogando al pasado con el fin de desarrollar una disciplina crítica. Uno de
los grandes historiadores del período de transición entre los Ming y los
Qing fue Huang Zongxi (1619-1695), el primer erudito en reflexionar
sobre la historia intelectual de China. Después de investigar las historias
oficiales y otro tipo de documentos como biografías, tratados geográficos
o astronómicos, llegó a la conclusión de que los mejores estudios solo se

22
Título de Capítulo

podían construir sobre la base de una rigurosa y sólida recopilación e in-


vestigación de fuentes primarias. Sus obras Estudios de la dinastía Ming
(Ming shi’an), en 240 fascículos perdidos en la actualidad, Linajes inte-
lectuales de los confucianos Ming (Mingru xue’an), en 62 fascículos, y
Esperando al amanecer: un plan para el príncipe, un tratado de teoría y
práctica política, son fundamentales para comprender la historia y el pen-
samiento político de los Ming. Otros historiadores de la misma época
como Wan Sitong (1638-1702), Gu Yanwu (1613-1682) y Wang Fuzhi
(1619-1692), en lugar de centrar su discurso en la búsqueda de la “virtud
moral” (zun dexing), apoyaron la investigación basada en la recopilación
de datos y el cuestionamiento científico (dao wenxue). Además, se puso
en marcha una nueva escuela de crítica textual con el fin de aclarar los
textos confucianos mediante “una norma rigurosa de análisis filológico”
(Loewe 1969, 339-340). En el siglo XVIII Dai Zhen (1724-1777) y Zhang
Xuecheng (1738-1801) comprendieron la necesidad de seleccionar el
material histórico y realizar una valoración crítica de este. Zhang
Xuecheng, por ejemplo, hizo hincapié en la necesidad de contrastar la
información con los archivos y las tradiciones locales para llevar a cabo
un análisis más completo y de carácter sintético.

23
Título del Libro o Parte

2
El Imperio Chino durante los
Ming tardíos (1506-1644): au-
tocracia y tradición

24
Título de Capítulo

2.1. Gobierno, estructura y administración

El sistema de gobierno que se forjó durante la dinastía Ming fue el resul-


tado de las reformas iniciadas en la administración central de China desde
el siglo VIII (dinastía Tang, 618-907), que se consolidaron durante las
dinastías Song (960-1279) y Yuan (1279-1368). El emperador, como
hemos visto, ocupaba la posición central en un sentido tanto simbólico-
ritual como político-administrativo, aunque en determinados momentos de
la historia el poder real fuera detentado por regentes o eunucos.

Alrededor del “Hijo del Cielo” se agrupaba la familia imperial, denomi-


nada neiting o “corte interior”, integrada por la emperatriz, las consortes y
concubinas, los hijos, eunucos y criados, y la guardia personal, conocida
como “guardia de uniforme de brocado”, cuyo número de integrantes
fluctuó a lo largo de la dinastía. Además de la emperatriz, el emperador
tenía alrededor de cuatro consortes o fei de alto rango y numerosas concu-
binas que eran elegidas por linaje, virtud, edad y belleza; dentro de este
grupo existía una jerarquía muy definida que estaba controlada por los
eunucos. Excepto el heredero al trono, el resto de los hijos del emperador
eran trasladados a distintas zonas del territorio al cumplir 18 años y, por
tanto, la mayor parte del clan imperial no residía en la corte, aunque a
partir de la dinastía Qing (1644-1911) sí se permitió a los varones hacerlo.
La numerosa parentela de los emperadores Ming, tanto en la capital como
en otros territorios, podía alcanzar hasta los 100. 000 individuos, cuya
manutención y cuidado dependían de las arcas del Estado. Los antepasa-
dos de la familia imperial seguían teniendo una posición muy relevante en
la vida de la corte Ming, y los emperadores y su familia tenían la obliga-
ción de venerar su memoria a través de la celebración de ritos en el tem-
plo Fengxuandian en la Ciudad Prohibida y en el llamado Templo de los
Ancestros o Taimiao, situado fuera de palacio y donde se celebraran ritos
más formales.

Un numeroso personal de servicio formado por jefes de la intendencia de


palacio, supervisores de talleres, músicos, acróbatas, bailarines, artesanos,
mozos de cocina, criados y eunucos se ocupaba de atender la casa impe-
rial. La influencia y número de los eunucos —varones castrados que al

25
Título del Libro o Parte

final de la dinastía Ming formaban un grupo de 10. 000 personas— fue en


aumento y ocuparon distintos cargos, desde consejeros personales del
emperador con poder para despedir funcionarios, redactar decretos, con-
trolar el tesoro imperial o administrar impuestos, hasta posiciones como
supervisores de talleres o jefes de la casa imperial. Otros desempeñaban
funciones más humildes como guardianes y ayudantes de las concubinas
imperiales —de hecho, el término eunuco procede del griego euno (cama)
y ekho (guardián)—, pero eran además procuradores de todos los enseres
de palacio (ropa, alimentos, etcétera), mozos en las cocinas, barrenderos,
músicos, actores y marionetistas. La procedencia de los eunucos era muy
variada, desde personas de origen humilde que se automutilaban con la
esperanza de ascender socialmente o cautivos de tribus fronterizas como
los miao y yao en el sur de China, hasta condenados a la pena de castra-
ción que después se incorporaban al servicio del palacio.

La corte exterior (waiting) estaba formada por funcionarios-letrados civi-


les que formaban parte de los Seis Consejos y por oficiales militares que
se relacionaban con el emperador a través de audiencias, entrevistas, ban-
quetes y celebraciones formales o informales. Regulaciones muy estrictas
prescribían cómo debían ser las relaciones de estos grupos con el empera-
dor, reglamentando la indumentaria (túnicas de seda con los colores y
símbolos que se correspondían con los nueve rangos oficiales), los acceso-
rios, los saludos o la distancia a su persona. También existía una nobleza
titulada que no formaba parte del clan imperial, pero que era invitada a
participar en distintos eventos en la Ciudad Prohibida. Los títulos nobilia-
rios eran generalmente hereditarios (aunque no siempre), se otorgaban
como reconocimiento a determinados méritos o virtudes y el escalafón era
similar al de occidente: duque (gong), marqués (hou) y conde (bo) (Huc-
ker1961). Los miembros de la Academia Hanlin también disfrutaban de
un acceso privilegiado a la corte, igual que los miembros de las embajadas
extranjeras, que tuvieron un papel muy destacado en el protocolo cortesa-
no, acentuando la posición del emperador como Hijo del Cielo y refor-
zando el estatus de la corte Ming en Asia. A la cabeza de las embajadas
figuraban desde jefes tribales como los yurchen del noreste de China o
líderes de los grupos aborígenes del suroeste como los yi, los zhuang o los
luoluo, hasta reyes de la dinastía Choson de Corea, shogunes de la dinast-
ía Muromachi del Japón, prelados tibetanos o emperadores vietnamitas.
Para finalizar, las figuras religiosas budistas, taoístas o musulmanas tam-

26
Título de Capítulo

bién formaban parte de la vida de la corte, donde llevaban a cabo ritos de


índole variada (ver capítulo 2.7).

El emperador estaba a al mando de un aparato burocrático muy bien deli-


mitado en trece provincias (sheng) y dos regiones metropolitanas (Bei
Zhili, en la zona de Pekín, y Nan Zhili, en la zona de Nankín), al frente de
las cuales se encontraban burócratas provinciales que se ocupaban de
supervisar las 159 prefecturas (fu), 240 subprefecturas (zhou) y 1.144
distritos o condados (xian) (Mote 2003, 750-751 y Hucker 61). Además,
existían jurisdicciones militares en el norte: áreas especiales de defensa
(zhen) y zonas fronterizas (bien). Este tipo de organización ascendente de
menor a mayor, con el emperador a la cabeza como máximo responsable,
se conocía como “jerarquía tipo nido” (Dardess 2012, 69). En la dinastía
Yuan, los emperadores habían tenido un secretario general que controlaba
los Seis Ministerios, pero en 1380 este puesto fue suprimido. Sin embar-
go, desde principios del siglo XV la acumulación de trabajo obligó a crear
un nuevo órgano administrativo de asesoramiento. Así se constituyó el
Gabinete Privado (neige), compuesto por tres o seis grandes secretarios
que asesoraban al emperador en la dirección y coordinación de los Seis
Consejos, pero no tenían funciones ejecutivas (Chan, 1982, 19-29). El
neige era un consejo consultivo que además se responsabilizaba de la
educación del heredero, controlaba el procedimiento de los exámenes de
Estado, y llevaba a cabo distintos rituales religiosos. El número de funcio-
narios del neige varió a lo largo de la dinastía Ming de 30 a 200 miembros
y todos formaban parte de la prestigiosa Academia Hanlin.

Los órganos ejecutivos se dividían funcionalmente en Seis Ministerios o


Consejos, aunque ninguno de ellos controlaba totalmente su ámbito de
influencia. Cada uno de estos ministerios estaba dirigido por un ministro
(shangshu) y viceministro (shilang), y el minucioso trabajo de cada insti-
tución estaba subdividido a su vez entre cuatro y trece departamentos.
Dentro de cada uno de los ministerios se encontraba una Oficina de Servi-
cios Generales (suwuding). El Ministerio de Personal o Consejo de Nom-
bramientos Civiles se ocupaba de todos los nombramientos, promociones,
degradaciones, evaluaciones de la actuación, jubilaciones y honores de los
funcionarios, y se subdividía a su vez en cuatro organismos: Nombra-
mientos, Honores, Evaluaciones y Registros. El Ministerio de Rentas o
Consejo de Finanzas, subdividido en las 13 jurisdicciones provinciales,
era el responsable de los censos de población y tierras cultivadas, así co

27
Título del Libro o Parte

mo de las cuentas generales (administración de las rentas, recaudación y


cálculo de los impuestos). Formaban parte de este ministerio el Departa-
mento de la Moneda y Abastecimiento, que gestionaba los almacenes y
graneros donde se almacenaban los cereales en tiempos de escasez, y
también las aduanas que recaudaban impuestos a las embarcaciones pri-
vadas del Gran Canal. Estos últimos impuestos directos eran vitales para
el Gobierno central, al no pasar por las autoridades provinciales. El Minis-
terio o Consejo de los Ritos estaba dividido en cuatro organismos que se
ocupaban de las ceremonias de Estado, la regulación del clero de los mo-
nasterios budistas y taoístas, de los rituales y sacrificios, de la recepción
de visitantes y preceptos, y de los exámenes públicos para acceder al fun-
cionariado chino, aunque del control general se ocupaba una oficina del
“Gabinete del Censorado”. El Ministerio o Consejo de la Guerra constaba
de cuatro organismos con funciones de nombramiento de los oficiales,
inspección de las operaciones y equipamiento y suministro militar.
Además, existía una Oficina de Asuntos Militares que se estructuraba en
cinco delegaciones (central, oriental, occidental, frontal y posterior) y
gestionaba la administración y la estrategia militar de las guarniciones
distribuidas por el Imperio; en ella, el emperador era el máximo jefe mili-
tar. El Consejo de los Castigos o Ministerio de Justicia se ocupaba de los
procesos judiciales y penales. Hasta 1390 se dividía en cuatro organismos,
pero después, como ocurrió en el Ministerio de Rentas, se creó un orga-
nismo para cada una de las trece provincias. Este ministerio trabajaba de
forma coordinada con el Gabinete de Censura y con el Tribunal de Revi-
sión Judicial. El sistema legal se basaba en los principios morales y en la
práctica social estipulada por Confucio. El código de 1740 de la dinastía
Qing estaba fundamentado en el de la dinastía Ming de 1397, que a su vez
se sustentaba en el código de la dinastía Tang del 737 d. C. Por último, el
Consejo o Ministerio de Obras, dividido en cuatro organismos, se ocupaba
de la planificación y construcción de infraestructuras estatales, el recluta-
miento forzoso de mano de obra para el servicio del Estado, la fabricación
de equipamiento para el Gobierno, las comunicaciones por tierra y mar, y
la normalización de pesos y medidas. En estos órganos del Gobierno cen-
tral no existía una diferenciación entre los aspectos administrativos, legis-
lativos y judiciales.

28
Título de Capítulo

Una de las instituciones más importantes en la época Ming fue el Gabine-


te de Censura o Censorado, un organismo independiente encargado de
investigar los posibles casos de corrupción o injusticia, tanto a nivel cen-
tral como provincial. Estaba dirigido por dos censores principales ayuda-
dos por dos lugartenientes, cuatro asistentes y 110 funcionarios que vigi-
laban de forma transversal todas las instituciones del Imperio, con
potestad para criticar incluso las decisiones del propio emperador. Duran-
te las dinastías Ming y Qing algunos censores arriesgaron su vida para
desenmascarar abusos de poder o despilfarros de la corte. En la cumbre de
este órgano se encontraban los coordinadores generales (xunfu) y los co-
mandantes supremos (zondu), que actuaban como gobernadores provin-
ciales y de las fronteras, y solían tener además responsabilidades milita-
res. Asimismo, el Gobierno central de Pekín enviaba anualmente
inspectores regionales (xun’an) para comprobar que los mandatos impe-
riales se hubieran cumplido diligentemente en todos los territorios aleja-
dos de la capital (Twitchett y Mote 1998, 9-105 y Loewe 1969, 183-187).
Por último, una de las innovaciones de la dinastía Ming dentro del Gabi-
nete de Censura fue la creación del jiancha yushi, una institución que se
encargó de supervisar los exámenes nacionales para acceder al funciona-
riado, además de controlar las cuentas de las distintas instituciones y de la
administración local. Las Secretarías de Supervisión: la Oficina de Trans-
misión y las Seis Oficinas de Escrutinio, tenían la responsabilidad de con-
trolar el flujo de la correspondencia y la documentación de los distintos
ministerios. Por último, uno de los documentos más importantes sobre la
administración del gobierno durante la dinastía Ming es el Daxue yanyibu
o Suplemento del extenso saber de las grandes enseñanzas, publicado por
el viceministro de Ritos Qiu Jun en 1488, durante el gobierno del empera-
dor Hongzhi. Dividido en 12 secciones y 119 subsecciones, este docu-
mento proporciona una información valiosísima sobre la corte a finales
del siglo XV: desde el organigrama de la burocracia, los asuntos fiscales,
el programa de los rituales de Estado, la educación o la administración de
justicia hasta los asuntos militares.

29
Título del Libro o Parte

2.2. El imperio en declive: de Zhengde (1506-1521) a Longqing (1567-


1572)

El reinado del emperador Zhengde anuncia el comienzo de la larga agonía


que culminó a mediados del siglo XVII con el desmoronamiento de la di-
nastía, y se caracteriza por un deterioro de la autoridad imperial debido al
alejamiento de la realidad de los emperadores, que, sobreprotegidos en la
Ciudad Prohibida, se convirtieron en meros instrumentos en manos de
ambiciosos e inteligentes consejeros y eunucos. El 19 de junio de 1505
accedió al trono Zhu Houzhao o “Virtud Recta”, el futuro emperador
Zhengde (1506-1521). Tenía tan solo trece años y habían transcurrido
unos escasos once días desde la muerte de su padre, Hongzhi (1488-
1505), considerado uno de los emperadores más aplicados y éticos de toda
la historia de la dinastía Ming. Criado por los eunucos de palacio, el joven
optó por seguir su consejo en dos de los principales problemas a los que
tuvo que enfrentarse al inicio de su reinado: la escasez de rentas derivada
de los elevadísimos gastos anuales (de 5 millones de onzas de plata) y los
problemas fronterizos con los mongoles. En 1506 encomendó al eunuco
Liu Jin (1451-1510), conocido honoríficamente con el nombre de “Nueve
Mil” (asociado a la longevidad), la tarea de gestionar la administración del
gobierno. Mientras empujaba al emperador a entregarse a todo tipo de
placeres mundanos (banquetes, fiestas, orgías y partidas de caza), Liu Jin
puso en marcha nuevas formas de elevar las rentas públicas e insitigó la
eliminación de todos los burócratas con que discrepaban de sus actuacio-
nes. En 1510 se sucedieron importantes revueltas y se extendió el descon-
tento en distintas zonas del imperio debido a su corrupta gestión. En 1510
Liu Jin fue acusado de traición y ejecutado.

Durante la segunda década del siglo XVI, las excentricidades de Zhengde


fueron en aumento: en 1515 mandó construir un templo lamaísta en la
Ciudad Prohibida para traer desde Lhasa (Tíbet) al Buda Viviente, líder
espiritual de la secta Karma-pa del budismo mahayana. También convir-
tió parte de la Ciudad Prohibida en un mercado y ordenó a la corte actuar
y vestir como mercaderes, mientras se paseaba ataviado como un vulgar
pechero. Este emperador hedonista emprendió costosas expediciones tanto
a la frontera en el noroeste de China como a la antigua capital del imperio,
la ciudad de Nankín.

30
Título de Capítulo

En 1518 un ejército al mando de Wang Yang Ming reprimió un levanta-


miento en el sur de China, en la provincia de Jiangxi, liderado por algunos
ricos terratenientes molestos por la elevada carga impositiva y la pérdida
de importancia de Nankín como centro político. En el viaje de regreso tras
esta expedición, la embarcación del emperador zozobró y el soberano
cayó al agua. Como consecuencia de este accidente, enfermó de gravedad
y murió. Durante los últimos años de su reinado, el gran secretario Yang
Dinghe (1459-1529), que se había hecho de facto con el control del Go-
bierno, fue el que inició los preparativos para la sucesión, porque Zhengde
no tenía descendencia. El futuro emperador había nacido en 1507 en Hu
Kuan (provincia de Hubei) con el nombre de Zhu Houcong, y era nieto
del emperador Chenghua (1465-1487), aunque accedió al trono como hijo
adoptivo de Zhengde con el nombre de Jiajing (1522-1566).

El primer mandato de este emperador fue el de elevar al rango imperial a


su familia natural: así, convirtió a su madre en emperatriz regente, otorgó
a su padre un título imperial póstumo y transformó su tumba en un mauso-
leo imperial fastuoso. De acuerdo con el gran secretario Yang Dinghe, una
de sus primeras órdenes fue la de destituir los eunucos que habían ocupa-
do los puestos más relevantes de la administración durante el reinado de
su predecesor, aunque hay que apuntar que una parte de estos eunucos
siguieron detentando un gran poder y, con el tiempo, eclipsaron la labor
de algunos de los grandes secretarios. Yan Song, fue uno de los secreta-
rios que llegaron a gozar de mayor poder e influencia. Desde 1542 hasta
1545, cuando fue sucedido brevemente por Xia Yan, y después entre 1548
y 1562, junto a Zhao Wenhua y su hijo Yan Shifan (1513-1565), se ocupó
más de satisfacer los deseos íntimos del emperador y colocar estratégica-
mente a sus partidarios en los principales puestos de la administración que
de hacer frente a los problemas derivados de la carestía de fondos para
financiar las megalómanas construcciones de este soberano que, desde el
inicio del reinado, se habían elevado hasta los 6 millones de onzas de
plata. Aunque el régimen tributario se reformó con el sistema conocido
como de “látigo único”, que consistía en realizar pagos en metálico (plata)
sustituyendo parte de las prestaciones de trabajo (ver capítulo 2.4), el pro-
blema fundamental radicaba en que la mayor parte de la tierra cultivada
no aparecía en los censos y escapaba al control del fisco. Lo mismo ocu-
rrió con el comercio: aunque el intercambio de productos manufacturados
fue muy importante en tiempos de Jiajing, los beneficios de estas transac-
ciones no llegaron jamás a las arcas imperiales (Geiss 1988, 509).

31
Título del Libro o Parte

Sin embargo, el rasgo más característico del reinado de este emperador


fue su completa devoción al culto taoísta y su entrega a la conquista de la
inmortalidad. En 1524 invitó a la corte a Shao Yuanqie, un monje taoísta
de la provincia de Jiangxi, y desde ese momento se convirtió en fiel se-
guidor de todos sus augurios y profecías, invirtiendo enormes sumas de
dinero en la construcción de templos y mausoleos. De hecho, muchas de
las decisiones del emperador se basaron en las profecías de este monje y
después en las de su seguidor Dao Zhongwen. A este último se debió la
utilización de todo tipo de métodos y medicinas esotéricas (como pastillas
de arsénico y plomo) con el fin de buscar la inmortalidad, aunque paradó-
jicamente fueron este tipo pócimas las que con el trascurso del tiempo le
acabaron envenenando. Asimismo, tenemos noticias de la utilización en
1552 de 800 niñas de entre ocho y catorce años para aprovechar sus pri-
meros fluidos menstruales con el fin de incrementar la parte yang de la
energía vital del emperador. En 1556 ordenó al Ministerio de Ritos la
búsqueda de plantas y hongos mágicos, y dos años después llegaron 1860
variedades recogidas por todo el imperio a la corte. Jiajing intentó erradi-
car otras religiones tradicionales como el budismo, cuyo templo más im-
portante fue destruido en 1536, y prohibió el uso de imágenes en los tem-
plos confucianos. Por último, en lo que a la política exterior se refiere,
durante su reinado se produjo la ocupación de Macao por los portugueses;
en la década de 1540 los mongoles atacaron la zona de Datong (provincia
de Shanxi) y estuvieron a punto de conquistar Pekín, a cuyas puertas lle-
garon en 1550; en esa misma época, los piratas japoneses saquearon la
costa de China ante la ausencia de una flota que lo impidiera (ver capítulo
2.3). El emperador Jiajing tuvo tres esposas; la primera de ellas fue la
emperatriz Chen, que murió en 1528 a causa de un aborto desencadenado
durante un ataque de celos; su segunda mujer, Zhang, fue depuesta en
1534 y murió al poco tiempo; la tercera, Fang, salvó de morir al empera-
dor cuando un grupo de concubinas intentó estrangularle la noche del 27
de noviembre de 1542.

El emperador Longqing (1537-1572), nacido con el nombre de Zhu Zai-


hou, ascendió al trono en 1567. El único acierto en sus cinco años de go-
bierno fue el nombramiento del gran secretario Zhang Zhuzheng (1525-
1582), un erudito letrado confuciano de gran eficacia diplomática, que no
solo fue capaz de negociar la paz y firmar un tratado en 1471 con el kan
mongol Altan, sino también de frenar las incursiones de los piratas japo-

32
Título de Capítulo

neses en la costa de China. Este gran burócrata consiguió limitar la co-


rrupción y gestionar los asuntos de la corte —especialmente el cobro in-
controlado de impuestos—, cuestiones que abordó porque el emperador
era totalmente incapaz de hablar en público e incluso de comprender el
significado de su función política, y dedicaba su tiempo únicamente a los
entretenimientos de la corte.

33
Título del Libro o Parte

2.3. Política exterior: la amenaza mongol. Tíbet y Corea. Los yurchen


y Japón

Las relaciones de los chinos con otros pueblos estaban determinadas por
su grado de civilización, por el modo de comportarse de acuerdo con los
valores e ideales de Confucio. Consideraban “bárbaros” a aquellos cuyas
formas de subsistencia diferían de las suyas: los chinos eran campesinos
agricultores o habitaban en pequeños pueblos o ciudades, mientras que sus
vecinos mongoles eran pastores nómadas. El emperador chino se conside-
raba superior a cualquier otro gobernante y, desde esta perspectiva, el
resto del mundo tenía una relación de vasallaje con él (ver apéndice 4).
Las relaciones internacionales se basaron en el sistema tributario, que era
una extensión de la estructura social confuciana a través de la obediencia
a la autoridad y la aceptación de una serie de derechos y obligaciones para
con el Estado. Mientras los países tributarios reconocieran el poder políti-
co de China, podían solicitar a cambio ayuda militar o derecho a comer-
ciar. La manera de oficializar las relaciones diplomáticas consistía en el
envío a la capital de emisarios con un tributo; la frecuencia de sus visitas
estaba previamente estipulada y pactada por la corte, y se exigía la prome-
sa de cumplir a rajatabla con el ceremonial, que culminaba con el llamado
koutou, una reverencia simbólica que implicaba el reconocimiento político
del Estado chino y consistía en ponerse de rodillas y tocar el suelo con la
frente tres veces. Ya hemos señalado que el emperador Hongwu fue el
primero en enviar misiones diplomáticas a distintas zonas de Asia como
Japón, Malasia, Indonesia, India e incluso Siria, con el requerimiento de
que se le reconociera como soberano legítimo.

Una de las amenazas más graves durante el imperio de los Ming fue la de
los mongoles. Estos nómadas formaban una confederación de tribus inte-
grada en aquella época por 2 y 3 millones de personas, y que se dividía en
dos grupos: los oirat en la zona occidental de China (actual provincia de
Xinjiang), liderados en el siglo XV por Esen, y los mongoles orientales,
que eran los descendientes de Gengis Kan y se subdividían en distintas
tribus como los chahar, tumed, ordos y jalja, y ocupaban lo que actual-
mente son la Mongolia Interior y Exterior. Al haber sufrido durante casi
un siglo la invasión de su territorio bajo la dinastía Yuan (1279-1368), la
obsesión de casi todos los emperadores Ming fue la de empujar a los

34
Título de Capítulo

mongoles hacia el norte y enfrentar entre sí a los líderes de los distintos


clanes, aunque en algunas zonas al noroeste de China, como en la provin-
cia de Gansu, algunos de ellos venían desempeñando tareas específicas
para el gobierno de los Ming como soldados, intérpretes o delegados di-
plomáticos en misiones especiales. Aunque en 1388 el emperador Hong-
wu había infligido una gran derrota tanto a los mongoles de la zona orien-
tal, liderados por Töghüs Temür, como a los oirates en el noroeste, estas
tribus continuaron sus ataques en las fronteras septentrionales. En las
décadas centrales del siglo XV los oirates se convirtieron en el clan más
poderoso y llevaron a cabo constantes e inesperados ataques en las fronte-
ras en los que, como ya hemos visto, llegaron a capturar al emperador
Yingzong (o Zhengtong), que no fue liberado hasta 1457. A finales del
siglo XV Batu Möngke asumió el título de Dayan Kan, unificó Mongolia,
reafirmó su superioridad sobre el clan de los oirates en el noroeste y re-
clamó al gobierno Ming ventajas comerciales especiales, una exigencia
rechazada frontalmente por la corte. A partir de entonces la frontera norte
de China sufrió ataques constantes desde Datong hasta Ningxia. En 1506
el emperador Zhengde nombró al general Yang Yiqing para desarrollar un
plan destinado a hacer frente a las incursiones mediante la construcción de
pequeñas fortificaciones en distintos enclaves de la frontera, pero al final
el emperador rechazó todas sus propuestas y los mongoles continuaron
sus ataques, que se incrementaron a mediados del siglo XVI: en 1550 el
príncipe Anda, el futuro Altan Kan (1507-1583), trasladó sus tropas hasta
las puertas de Pekín y sitió la capital. Ante este despliegue de fuerzas, al
emperador Jiajing no le quedó más opción que negociar y aceptar el esta-
blecimiento de mercados estatales fronterizos desde Datong (en la provin-
cia de Shanxi) hasta Xuanfu. Además, el kan Altan se convirtió al budis-
mo lamaísta en 1578 y recibió por parte del emperador chino el título de
Príncipe Honrado y Obediente o Shunyi Wan. Gracias a este acuerdo se
redujo considerablemente la presión de los mongoles en las fronteras
(Rossabi 1998, 224-240 y Mote 2003, 689), aunque se inició una alianza
mongol-tibetana que indudablemente afectó después a la política exterior
de los Ming y los Qing. El apoyo y la protección que brindaron al Dalai
Lama de la secta de los Gelug o “sombreros amarillos”, pertenecientes al
budismo tibetano Sayka, acabó con el establecimiento de un kanato en
Tíbet por parte de Gushi Kan (1582-1655) entre 1637 y 1642.

Aunque el Gobierno chino tuvo importantes relaciones con Tíbet durante


la dinastía Yuan, los contactos en época Ming fueron escasos y se limita-

35
Título del Libro o Parte

ron a los primeros emperadores, fascinados por las religiones del Tíbet. El
primer emperador de los Ming, Hongwu (1368-1398), que en su juventud
había buscado refugio en un monasterio budista en el sur de China, envió
una embajada liderada por el monje Congluo con el fin de recopilar textos
budistas, pero fue el emperador Yongle (1403-1424) el que consiguió
establecer relaciones más sólidas con Tíbet por cuatro motivos principa-
les: legitimar su reinado, asegurar la paz en la frontera, adquirir para los
establos imperiales caballos que los tibetanos intercambiaban por té y
reforzar la implantación de una red de postas entre China y Tíbet que faci-
litara las comunicaciones y el comercio.

La situación geográfica de la península de Corea, entre China y Japón, ha


determinado su historia, pues su territorio estuvo muy disputado por chi-
nos, mongoles y japoneses (ver mapa 3). Al inicio del siglo VII, durante la
dinastía Tang (618-907), China estableció una alianza militar con los co-
reanos de la dinastía Silla (57 a. C.-935 d. C.), al tiempo que estos adapta-
ban sus instituciones a las del Gobierno chino. En 1231, durante la dinast-
ía Koryo (918-1392), la península de Corea estuvo controlada por los
mongoles, que establecieron una política de alianzas matrimoniales entre
los dos Estados. Con el derrocamiento de los Koryo y el inicio de la di-
nastía Choson o Yi (1392-1910), se inició una relación de vasallaje basada
en la obtención de tributos y los gestos de sumisión al emperador chino.
Al inicio de la dinastía Ming las relaciones entre China y Corea fueron
complicadas, pero desde el reinado del emperador Yongle (1403-1424)
hasta la última década del siglo XVI se desarrollaron sin problemas: entre
1392 y 1450 la corte Joseon envió 391 embajadas a China, mientras que
en el mismo período los chinos enviaron 95. En 1592 un gran ejército
japonés invadió Corea y se inició la guerra. China acudió en su defensa
porque los Ming consideraban a los coreanos unos aliados fieles, y cinco
años más tarde se produjo un segundo ataque que fue repelido de nuevo
por fuerzas sino-coreanas. Los japoneses se retiraron de Corea en 1598
por el corte de de las líneas de abastecimiento y los problemas internos en
Japón; por su parte, las campañas de defensa en Corea costaron al Gobier-
no chino alrededor de 10 millones de onzas de plata o taels (Clark 1998,
272-300).

Las relaciones entre la corte Ming y la dinastía coreana estuvieron muy


condicionadas por las tensiones con el clan de los yurchen, que en 1635
adoptó el término manchú. Eran un pueblo tungú que habitaba en las ex-

36
Título de Capítulo

tensas estepas de Manchuria, en las actuales provincias de Liaodong (lla-


mada Liaoning a partir del siglo XVII), Heilongjian y Jilin, muy cerca de
los ríos Amur y Sungari. La sociedad yurchen estaba organizada en pe-
queños pueblos fortificados de unas veinte casas que dependían de la pes-
ca, la recolección de piñones o ginseng y el curtido de la piel para su su-
pervivencia, aunque algunos se dedicaban también al cultivo de trigo,
mijo o cebada. En el siglo XII habían fundado la dinastía Jin o Áurea
(1115-1234) y extendido su poder hasta abarcar el norte de China (inclu-
yendo la ciudad de Kaifeng), pero en 1234 cayeron en manos de los mon-
goles y fueron obligados a replegarse de nuevo a Manchuria. En el siglo
XVI las relaciones de los yurchen con la China Ming y la Corea Choson
fluctuaban entre la amistad y la hostilidad porque estos pueblos pugnaban
por conseguir privilegios comerciales exclusivos (títulos, patentes) y apo-
yo militar, y por afianzar su propia posición frente a otros clanes rivales a
cambio de tributos. Algunos de estos pueblos, especialmente los yurchen-
jianzhou (los más orientales, cercanos a la península de Corea), eran ricos
y poderosos gracias al comercio con ciudades chinas como Fushun, Kai-
yuan y Tieling, o con la frontera coreana.

Hacia el final del siglo XVI, los yurchen presentaban una gran variedad
étnica y cultural (inmigrantes de los territorios Ming, coreanos o mongo-
les), y para defenderse habían creado federaciones unidas bajo el poder
protector de una autoridad distributiva o beile (Kyle Crossley 2002, 60)
que poco a poco se fueron aglutinando en torno al beile Nurhaci (1559-
1626), un jefe mongol-yurchen que en 1616 fue nombrado kan, fundando
la dinastía Jin Posterior y desafiando al Estado de los Ming. En la segunda
década del siglo XVII, Nurhaci había extendido su poder a otras zonas por
medio de la guerra y las alianzas matrimoniales. Además, los Jin Posterio-
res acusaron al Gobierno de Pekín de no respetar la frontera con el territo-
rio yurchen y en verano de 1619 derrotaron a la primera expedición china
en Sarhu, al este de Fushun. En mayo de 1621 Shenyang (capital provin-
cial Ming en Liaodong) y Liaoyang cayeron en poder de las tropas Jin y
en 1625 Nurhaci convirtió la ciudad de Shenyang (actual Mukden) en su
capital. (ver mapa 4.).

Uno de los problemas más graves a los que se tuvo que enfrentar la China
de los Ming fueron las difíciles relaciones con Japón. Hasta el inicio del

37
Título del Libro o Parte

reinado del emperador Jiajing (1522-1566), los representantes de ambos


Estados habían establecido relaciones diplomáticas, comerciales y religio-
sas, pero a partir de 1530 se prohibieron los intercambios de toda índole a

causa de distintos altercados entre las autoridades chinas y grupos de co-


merciantes y monjes budistas japoneses en el puerto de Ningbo. La pira-
tería marítima era otro de los asuntos que más espinosos en época Ming, y
la mayor parte de los piratas procedía de Japón. En China se les conocía
como wokou y eran mercenarios que dependían de los daimios Matsudaira
(señores de la guerra), aunque a veces también se asociaban con piratas
chinos. Su actividad se había incrementado considerablemente a mediados
del siglo XVI, especialmente en las décadas de 1550 y 1560, cuando reali-
zaron hasta un centenar de razias al año. Este aumento se debía a la políti-
ca china de restricción al comercio marítimo, que había favorecido el
intercambio ilegal en sus costas, desde la desembocadura del río Yangtsé
hasta el litoral de Guangdong. Aunque el Gobierno intentó reforzar la
defensa de las costas, sobre todo en las provincias de Zhejiang y Fujian, la
actividad de los piratas tuvo consecuencias económicas y demográficas
devastadoras debido a los intensos saqueos del litoral, pero también a que
la población tuvo que emigrar al interior. En 1567, al inicio del reinado
del emperador Lonqing (1567-1573), se aprobó para la provincia de Fu-
jian una política de apertura marítima (kaihai) que eliminaba la anterior
prohibición de comerciar y establecía el libre comercio. Sin embargo, se
mantuvo una restricción total al intercambio con los japoneses, mercado
que aprovecharon los portugueses convirtiéndose en intermediarios entre
China y Japón (Ollé 2002, 22).

38
Título de Capítulo

2.4. Desarrollo social y económico durante los Ming

China ha sido y sigue siendo el país más poblado del planeta. Durante las
dinastías Ming y Qing su población pasó de suponer, respectivamente, un
cuarto a un tercio de la población mundial. Hacia finales de la dinastía
Ming, a mediados del siglo XVII, se calcula que el número total de habi-
tantes era de unos 260 millones, que aumentaron en los últimos años del
reinado de Qianlong (1736-1795) hasta los 300 (Mote 2003, 744-45).
China no sufrió guerras ni epidemias que afectaran al conjunto del Estado,
sino solo a áreas concretas de su territorio, por lo que las migraciones
hacia otras zonas evitaron una excesiva mortandad. Durante este período,
la mayor parte de la población se concentró al oeste de la cuenca del río
Yangtsé y en las provincias sureñas de Anhui, Zhejiang y Jiangxi, aunque
el traslado de la capital a Pekín en 1420 contribuyó a la recuperación de-
mográfica de la llanura del norte.

En términos generales se podría decir que la sociedad Ming era relativa-


mente abierta: se dividía entre aquellos letrados que gozaban de un estatus
oficial y ejercían funciones administrativas (guan), y el resto de la pobla-
ción, que era gobernada (min), de forma que existían ricos y pobres en
ambas categorías. Lógicamente, la gran mayoría pertenecía al segundo
grupo, pero como argumenta Mote “aunque la sociedad china era una
sociedad jerárquica, sin embargo, los logros individuales se promovían,
honraban y recompensaban” (Mote 2003, 754) y existía movilidad social
(Heijdra 1998, 553). La organización social se basaba en el concepto con-
fuciano de la familia, el linaje o el clan, y era en este microcosmos en el
que se inspiraba el macrocosmos del Estado, donde todo estaba regulari-
zado a través de derechos y deberes, normas y protocolos. El primogénito
era el jefe de la familia y la sucesión era patrilineal, mientras que la mujer
desarrollaba su labor en el interior del hogar. Aunque ellas estaban ex-
cluidas de las oposiciones al funcionariado porque “se las consideraba
incapaces de comprender la naturaleza de los libros confucianos” (Wetzel
2007, 214), durante el brevísimo reinado de la emperatriz Wu Zetian de la
dinastía Tang sí se permitió a las mujeres acceder a cargos públicos ofi-
ciales.

39
Título del Libro o Parte

Los campesinos ocupaban el primer lugar en la jerarquía de las clases


productivas establecida por Confucio, porque el cultivo de la tierra fue
siempre determinante para la prosperidad del país. La mayor parte de la
población, alrededor del 90 por ciento, vivía en pequeños municipios en el
campo que albergaban entre 10 y 50 familias, aunque eran mayores los
núcleos del sur que los del norte. Como señala Loewe, “en ocasiones las
comunidades rurales estaban constituidas por miembros de un solo linaje
en los que la solidaridad aseguraba el éxito de la producción agrícola”
(Loewe 1969, 172). En China ninguna familia vivía aislada en granjas; los
campesinos vivían en chozas dentro de pequeños municipios durante el
invierno, pero en verano se trasladaban a trabajar al campo, donde vivían
al aire libre.

La posesión de tierra cultivable para la obtención de alimentos tenía un


gran valor en China y constituía el núcleo de la economía, por lo que tanto
el Gobierno como los funcionarios-letrados y prósperos comerciantes
consideraban que la inversión en tierras era siempre un negocio rentable.
Las propiedades se dividían en estatales y privadas, y se clasificaban
según su naturaleza, productividad, impuestos o la existencia de presta-
ción de servicios gratuitos y obligatorios al Estado (corveas) en ellas.
Estos se satisfacían según un modelo de catastro conocido como lijia, que
consistía en dividir a la población en grupos de 10 agrupaciones de fami-
liares (jia) que formaban en total 110 familias (li). De estas, las más des-
tacadas actuaban como administradoras locales y se ocupaban de la re-
caudación de impuestos. Cada jia tenía un gestor administrativo (lizhang)
que servía durante un año y este puesto, que tenía un carácter rotativo,
cambiaba de titular cada diez años. El representante también se ocupaba
de dirimir las disputas locales mediante el arbitraje, aunque los pleitos de
mayor complejidad se elevaban al magistrado de las prefecturas. Los ser-
vicios obligatorios de corvea (jun yao) estaban divididos entre la pobla-
ción adulta masculina y consistían en servir en la milicia, en el sistema
postal, fabricando armamento o en la extracción de carbón. Otros servi-
cios implicaban trabajos en las oficinas públicas (yamen) de la adminis-
tración local en las principales capitales de las prefecturas, como llevar a
cabo funciones de mantenimiento del orden público, ya fuera como polic-
ías o en las cárceles (Botton Beja 2008, 307). El peso de este sistema reca-
ía casi siempre sobre las familias menos privilegiadas, porque los funcio-
narios y los opositores al cuerpo burocrático del Estado estaban exentos
de pagar impuestos y prestar servicios de corvea.

40
Título de Capítulo

Al inicio de la dinastía Ming los impuestos se pagaban dos veces al año


(verano y otoño) en grano, seda, moneda o papel moneda, pero después se
sustituyeron por plata. Durante el reinado del emperador Jiajing (1522-
1566) se emprendió una importante reforma conocida como yitiao bian o
“todo en uno” (también llamada de “látigo único”, al sustituir un carácter
homónimo por otro), con la que se trató de unificar todos los impuestos en
uno a causa de las irregularidades en el pago de tributos, que habían arrui-
nado y convertido en arrendatarios a antiguos pequeños propietarios. El
objetivo principal de este sistema era establecer en todo el territorio ofici-
nas recaudadoras que se ocuparan de cobrar en plata una vez al año y en
fechas predeterminadas, reducir las parcelas únicamente a dos o tres cate-
gorías, cobrar por la cantidad de tierra que cada persona poseía y unificar
los servicios de corvea. El resultado de la implantación de este sistema fue
la paulatina monetización de la economía, ya que la plata se comenzó a
utilizar para las transacciones económicas: el dinero que se enviaba a la
capital se utilizó para costear la mano de obra que sustituyó a la corvea.
Además, los excedentes agrícolas pasaron a pagarse en metálico; los agri-
cultores, por su parte, comenzaron a producir materias primas específicas
para el mercado (por ejemplo algodón) y con el dinero recaudado empeza-
ron a pagar otros productos como alimentos, ganado, herramientas, fertili-
zantes o mano de obra. De hecho, durante la dinastía Ming las industrias
de la artesanía comenzaron a absorber una gran cantidad de mano de obra,
sobre todo en el sur de China.

Las primeras monedas que circularon por el Imperio chino fueron de


bronce, pero desde finales del siglo VIII y debido a la escasez de dicho
metal, la seda alternaba con el oro y la plata como moneda de cambio. En
la época Song, con el desarrollo de la imprenta, se introdujo el papel mo-
neda, aunque su uso fue interrumpido hasta que en 1375 el emperador
Hongwu lo reimplantó junto con las monedas de bronce. Pese a estos in-
tentos, la inflación, la discrepancia de las cotizaciones oficial y real, y las
transacciones fraudulentas hicieron imposible el funcionamiento de este
sistema. Por este motivo, el gran secretario Qiujun, miembro del gabinete
privado del emperador Hongzi (1488-1505), planteó un nuevo sistema
numerario de base triple (monedas de plata, bronce y papel), establecien-
do la plata como patrón monetario. A partir de ese momento se generalizó
el uso de plata para el pago de impuestos por los problemas que la emi-
sión descontrolada de billetes sin el respaldo de la sociedad podía generar

41
Título del Libro o Parte

a las reservas del tesoro imperial. Es importante mencionar que China no


disponía de yacimientos de plata, lo que dejaba a Japón como principal
proveedor antes de que aparecieran los ibéricos en el siglo XVI. A partir de
entonces, sobre todo con la llegada del Galeón de Manila, la plata, y en
concreto los pesos españoles de 8 reales (los llamados reales de a ocho,
conocidos también como pesos fuertes, pesos de plata y pesos de colum-
nas por el motivo que aparecía en el reverso) se convirtieron en la moneda
corriente y oficial del Imperio chino, e hicieron desaparecer por completo
el papel moneda a mediados del siglo XVI, durante el reinado del empera-
dor Jiajing (1522-1566) (Chan 1982, 133). Según Marina Alfonso Mola y
Carlos Martínez Shaw, “China recibió alrededor de dos millones de pesos
anuales que equivalían a más de cincuenta toneladas de plata, por tanto, a
lo largo de los siglos XVII y XVIII, esta cantidad vendría a ser una cuarta
parte del total de la plata de hispanoamérica introducida en China, suman-
do el tráfico desde las Filipinas y también el tráfico desde Europa de todas
las naciones que comerciaban con Asia [...] así se inyectaron a la econom-
ía del Celeste Imperio una media de doscientas toneladas anuales de plata
española” (Alfonso Mola y Martínez Shaw 2007, 159).

Según hemos visto, la economía de China estaba basada en la agricultura


y los impuestos sobre la tierra, pero el Estado buscó también otras formas
de aumentar sus ingresos a través de sus derechos sobre monopolios como
el té. el alumbre y la sal. Esta última se obtenía en salinas situadas entre la
costa septentrional de Shandong y la provincia de Guangdong, en el sur,
pero también en lagos y depósitos repartidos por distintas zonas del terri-
torio, que a estos efectos se dividía en doce regiones donde su producción,
distribución y venta estaba muy reglamentada. En 1395 se adoptó el sis-
tema de kaizhong o “entrega en la frontera”, que ofrecía oportunidades a
quienes querían obtener licencias para comerciar con la sal, les obligaba a
entregar grano, animales (caballos por ejemplo) y forraje. Además, las
ganancias derivadas de este monopolio fueron tan importantes para el
Estado que se utilizaron para mantener a las tropas fronterizas, auxiliar al
pueblo en tiempos de escasez (como pago por grano) e incluso para coste-
ar los salarios de los funcionarios públicos. Sin embargo, el precio excesi-
vamente elevado del transporte de grano impulsó a algunos mercaderes a
adquirir tierras en el norte para cultivarlo allí y se crearon colonias mer-
cantiles o shangtong, aunque en 1492 el Ministerio de Rentas, a través de
su titular Ye Chi (1426-1501), permitió sustituir estas entregas por pagos
en metálico al Gobierno. Las licencias de sal después se revendían al por

42
Título de Capítulo

mayor en el interior del país en las provincias septentrionales de Shanxi y


Shaanxi, así como a otros procedentes de comunidades mercantiles en la
provincia meridional de Anhui, que las revendían una tercera vez a los
llamados “mercaderes del agua”, quienes multiplicaban sus ganancias al
distribuirlas de nuevo entre los minoristas locales. En 1552 había varios
cientos de mercaderes de la sal del noroeste de China en el interior, en la
ciudad de Yangzhou (Brook 1998, 681).

El monopolio del té también proporcionó liquidez al Estado, que además


intercambiaba este producto con las tribus fronterizas por caballos, para lo
que se establecieron mercados en las provincias de Liadong (Liaoning),
Gansu, Shaanxi y Sichuan. 120 cattys (la catty es una libra de alrededor de
20 onzas) o 70 kilos de té se intercambiaban por un caballo excepcional,
70 cattys o 40 kilos por uno de calidad media y 50 cattys o 30 kilos por un
caballo inferior (Chan 1982, 141). El té que se utilizaba para los inter-
cambios en unas oficinas llamadas chama su era suministrado por merca-
deres que lo adquirían al por mayor a través de sus correspondientes li-
cencias (Rossabi 1970, 142-143). El único té que se podía comercializar
tenía que proceder de productores oficiales designados por el Gobierno en
la prefectura de Anhua, Huguang, concretamente de las colinas situadas al
oeste de la ciudad de Changsha, en la provincia de Hunan, y era transpor-
tado por el río Zi al lago Tongting, y de allí tanto a la frontera como a las
provincias meridionales de Jiangxi, Sichuan y Yunnan. Los funcionarios
gestores del té (chafa guan) controlaban que ni la compra ni las cantida-
des oficiales excedieran el máximo indicado en las licencias. A mediados
del siglo XVI el volumen anual que atravesaba las fronteras era de 16 mi-
llones de cattys o 9 millones y medio de kilos (Brook 1998, 682).

El tercer monopolio del Estado era el del alumbre, que se utilizaba para
tintar y preservar las pieles, y también para la elaboración del papel por su
efecto aglutinante. Este monopolio se estableció en 1370 en las prefectu-
ras de Luzhou y Anqing, que eran las regiones donde se obtenía este sul-
fato. Por último, hay que mencionar que otros productos como el vinagre
o el licor también tenían impuestos especiales.

En lo que a los gastos se refiere, las partidas más importantes iban desti-
nadas a mantener el aparato burocrático del Estado y pagar los salarios de
la familia imperial y los funcionarios. Al inicio de la dinastía Ming el
emperador Hongwu repartió lotes de tierra, después sacos de arroz y, du-

43
Título del Libro o Parte

rante la primera mitad el siglo XV, papel moneda; sin embargo, hacia
1471, el Ministerio de Rentas decidió ante la escasez de este último pagar
los salarios mediante rollos de tela y después, en el siglo XVI, con plata. A
mediados de dicha centuria, durante el reinado del emperador Jiajing, los
descendientes del fundador de la dinastía Ming aumentaron hasta las
30 000 personas y se hicieron necesarios 8 530 000 picos (el pico o quin-
tal chino equivalía a 5 arrobas y media) de grano para mantener a la fami-
lia imperial.

Otra de las principales partidas de gastos para el tesoro imperial eran las
donaciones. El Consejo de Ritos distinguía entre las donaciones a los fun-
cionarios residentes dentro y fuera de la capital, a la familia imperial, a los
jefes de las tribus de las provincias de la periferia y a los extranjeros de
visita en la capital. Las ocasiones para el reparto eran muy variadas: desde
la entronización de un nuevo emperador, el nombramiento del heredero o
las festividades estacionales hasta los sacrificios anuales del soberano.
Debido a que a lo largo del siglo XVI el volumen de gastos fue en aumen-
to, las arcas del tesoro imperial se fueron vaciando. En 1581 el emperador
Wanli (1573-1620), quizá el más extravagante de todos los Ming, requirió
al tesoro 200 000 taels de plata (cada tael equivalía a 10 reales) con moti-
vo del nacimiento de una princesa y siete años más tarde, solicitó 200 000
más para otras donaciones. En la época de Wanli la mitad de los impues-
tos se dedicaban exclusivamente a mantener a la familia real, por lo que la
cancillería comenzó a reducir drásticamente las autorizaciones de matri-
monio entre los miembros de la élite imperial.

A partir de 1570 el Gobierno estableció un sistema de reformas derivado


del “látigo único” conocido como jun tian jun yi (equiparación de tierras y
corvea), de manera que el pago de impuestos recaudado por cada gestor
comunitario o lizhang pasara a calcularse sobre la cantidad de mu (unidad
de tierra), que solía ser de unos 250 mu por unidad familiar o vecindad
(jia). La cantidad de tierras por jia susceptible de imposición se determi-
naba entonces deduciendo una parte exenta de impuestos al total de tie-
rras, y dividiéndola por el número de gestores comunitarios determinados
por ley para cada área. Durante los siguientes diez años no se pudo incre-
mentar la cantidad de tierra exenta de impuestos, pero luego se fijó un
máximo de tierra exenta, de forma que la llegada de nuevos funcionarios
no supusiera una disminución de los impuestos recaudados. En 1640, bajo
la administración de Jin Zhijun (1593-1670), los servicios de corvea como

44
Título de Capítulo

la dación obligatoria de arroz o paño se sustituyeron por pagos en metáli-


co (en plata). Estas reformas continuaron durante la dinastía Qing.

Como hemos visto, el factor clave de la organización socio-económica de


China fue la existencia de una élite cultivada compuesta por un grupo de
funcionarios-letrados (xianshen, shenjin o shenshi, aquellos que estaban
en posesión de un grado) que hicieron posible no solo la administración
del territorio, sino también la continuidad y supervivencia del imperio. El
Gobierno central y provincial estaba formado por esta élite: un sector de
la burocracia vivía en Pekín, bien sirviendo al emperador, bien formando
parte del Gran Secretariado o de los Seis Consejos o Ministerios; otro
estaba integrado por burócratas que ocupaban puestos en las prefecturas y
que se ordenaban jerárquicamente desde los gobernadores provinciales a
los prefectos en las ciudades o los magistrados, aunque la élite incluía
también a funcionarios retirados. La característica común a todos ellos era
el haber superado con éxito los exámenes de acceso al funcionariado.

Durante la dinastía Ming, el sistema educativo básico (escuelas financia-


das por el Estado) y las oposiciones a cargos oficiales (ke ju) estuvieron
ligados, de manera que únicamente los candidatos reconocidos de forma
oficial pudieran presentarse a los exámenes, que se dividían en tres nive-
les: el local o shengyuan, el nivel provincial o juren y el nivel nacional o
jinshi. Con los dos primeros niveles se alcanzaba la condición de letrado y
todos los privilegios asociados a este rango, pero el último, que se cele-
braba en Pekín, garantizaba un puesto en la administración del Estado en
la capital o en las provincias. Durante los Ming, el número de graduados
shengyuan aumentó considerablemente: de 30 000 al inicio del reinado de
Hongwu se pasó a 500 000 a mediados del siglo XVII (Heijdra 1998, 561).
La preparación de la élite era muy exigente: los exámenes se basaban en
el análisis de los Cuatro Libros del confucianismo seleccionados por el
erudito de la dinastía Song (960-1279) Zhu Xi, que eran El gran saber, la
Doctrina de la medianía y las Analectas de Confucio y Mencio. A partir
de 1487 se estableció un sistema de redacción mediante ocho rubros (bagu
wen) con un máximo de 700 caracteres en total. Los privilegios disfruta-
dos por la élite de funcionarios eran muy variados, ya que disponían de un
estatus jurídico especial, derecho a la posesión de esclavos, beneficios
fiscales, exención del servicio de corvea y privilegios sociales y honorífi-
cos como ocupar lugares preferentes en los rituales o ceremonias religio-

45
Título del Libro o Parte

sas. Además, a partir de la dinastía Ming se estableció que tanto los gra-
dos juren como los jinshi fueran vitalicios.

Los militares no gozaron de un estatus elevado en la jerarquía social, aun-


que durante la dinastía Ming fueron fundamentales para controlar las
amenazas del exterior, al crear colonias capitaneadas por oficiales que
pertenecían a familias militares. En realidad, la mayor parte del tiempo los
soldados se dedicaban a actividades agrícolas. Como veíamos anterior-
mente, en Pekín existía un Consejo de Guerra que gestionaba los nom-
bramientos, títulos o ascensos, y que era el encargado de controlar los
suministros. También existían oposiciones para acceder al funcionariado
militar y quienes las superaban se convertían en oficiales de distinta gra-
duación con rangos hereditarios. Más tarde, se trasladaban a distintas zo-
nas del territorio y se dividían en unidades de 5600 hombres (wei) o bata-
llones de 1120 hombres (suo). La estrategia y la táctica militar no eran
responsabilidad del Consejo, sino de los altos cargos cercanos al empera-
dor, que debían actuar como Estado Mayor. Durante los Ming, el número
de militares creció desde los 15 000 oficiales hasta los 100 000, y de
1 100 000 soldados a 4 millones en los últimos tiempos de la dinastía.

En la jerarquía de las clases productivas, los artesanos figuraban en tercer


lugar. Identificados con el carácter gong, que se traduce como “trabajo”,
se subdividían entre los artífices que tenían habilidades técnicas o artísti-
cas y aquellos que hacían simples utensilios o trabajaban como obreros o
cargadores. Desde la época preimperial, este grupo había tenido una con-
dición hereditaria y su trabajo se dividía entre el oficio manufacturero y la
agricultura, a causa del sistema de corveas. Sin embargo, al finalizar la
dinastía Ming había muy pocos que estuvieran sujetos a esta condición,
porque los servicios obligatorios al Estado se había sustituido por pagos
en metálico y se fue liberalizando su trabajo. Los oficios más técnicos o
especializados, que se transmitían oralmente de padres a hijos, estaban
organizados en gremios bajo la supervisión de un capataz, sobre todo para
defender sus intereses —de una excesiva presión fiscal por ejemplo— y
sus conductas profesionales. Muchos de los trabajadores de los monopo-
lios estatales, junto a otros como los obreros de las minas de carbón,
petróleo —al que llamaban “aceite de piedra”—, oro, plomo, cobre, esta-
ño o mercurio, o los culíes o estibadores, etcétera, trabajaban en condicio-
nes penosas, por lo que el dinamismo artesanal de la época Ming escondía
un auténtico infierno que constituyó un abono fértil para las revueltas

46
Título de Capítulo

sociales al final de la dinastía. El Estado chino tenía también talleres para


la manufactura de todo tipo de productos, desde las armas o los utensilios
de bronce y hierro hasta la producción de artículos suntuarios como seda,
laca o porcelana.

Existían además talleres privados que crecieron hasta formar pequeñas


compañías que comercializaban sus productos no solo en el mercado
doméstico, sino también en el exterior de China y empleaban a multitud
de trabajadores. A mediados del siglo XVI la producción artesanal se fue
especializando para mejorar la productividad y la eficiencia, y se puso en
práctica el principio de la división del trabajo. La fundición de hierro tenía
su centro en la provincia de Hebei y la tintorería, en Anhui. Las industrias
textiles como la de la seda desarrollaron enormemente su capacidad pro-
ductiva y, desde las zonas de Jiangznan, Suzhou y los alrededores del lago
Tai, floreció su fabricación. Lo mismo ocurrió con la industria del al-
godón, que tenía grandes hilanderías en el delta del Yangtsé (provincia de
Jiangsu) y sobre todo en la zona de Songjiang, porque el algodón se había
convertido en el tejido de uso corriente en todo el Imperio chino a finales
del siglo XVII y daba empleo a más de 200 000 trabajadores solo en la
ciudad de Songjiang (provincia de Jiangsu) especializados por tareas co-
mo cardadores, planchadores, hilanderos y bordadores. Lo mismo ocurrió
con la industria de la porcelana en Jingdezhen (provincia de Jiangxi), en la
que trabajaban desde los extractores de la materia prima hasta moledores,
técnicos de hornos, pulidores o artistas. A finales del siglo XVI la industria
de la imprenta adquirió un gran auge ligado al deseo de parte de la socie-
dad de integrarse en la élite de funcionarios letrados, y el comercio de
libros experimentó un gran impulso desde las ciudades de Jiangyan (pro-
vincia de Jiangsu) y Huizhou (provincia de Guangdong). Para los exáme-
nes oficiales se imprimían con tipos móviles toda suerte de obras basadas
en la literatura de los clásicos confucianos, pero también de género histó-
rico o dramático.

En el último lugar del escalafón social estaban los comerciantes (shang),


porque el Gobierno consideraba peligrosa la compra-venta de mercancías
y quiso mantener un rígido control sobre ella. Sin embargo, como vere-
mos en el siguiente capítulo, el aumento de la productividad agrícola y
artesanal a mediados de la dinastía Ming reforzó el comercio y dio un
espaldarazo a la clase comerciante, de modo que se terminó pasando de
una economía cerrada y dirigida hacia otra privatizada y liberalizada.

47
Título del Libro o Parte

48
Título de Capítulo

2.5. Comunicación y comercio

Uno de los aspectos más importantes de la China Ming fue el crecimiento


de la actividad comercial gracias al desarrollo de los transportes y las
comunicaciones, pero también debido a la diversificación de la produc-
ción tanto agrícola como artesanal, que no solo estimuló el intercambio
estatal y privado de productos de distinta índole, sino también de informa-
ción y personas entre distintas regiones. Con el fin de fomentar la unidad
del imperio y la buena comunicación entre la capital y las provincias, el
Gobierno puso un gran interés en desarrollar la red viaria para movilizar
todos sus recursos mediante tres elementos claves: las casas de postas, el
servicio postal y la calidad de los transportes. Aunque su número se redu-
jo a la mitad al final de la dinastía, en los primeros tiempos de los Ming el
territorio chino contaba con 1936 casas de postas (yi chuan) que se habían
diseñado para facilitar la transmisión de las comunicaciones oficiales por
medio de funcionarios y correos a caballo, pero también para ofrecer alo-
jamiento y asistencia en los traslados a los funcionarios, las embajadas y
los visitantes oficiales. Los caminos entre las postas podían ser terrestres
—para caballos, mulas (kuan lu) y viandantes (zuyi)— o fluviales (shuiyi),
aunque en China la red de caminos había tenido menor desarrollo que las
vías fluviales. Cada casa de postas, con sus relevos de tiros y paradores, se
estableció a una distancia de entre 60 y 80 li (entre 35 y 40 kilómetros),
que era la distancia calculada para cada jornada. Las redes partían desde
las antiguas capitales del imperio: primero en las ciudades de Nankín y
Luoyang; después en Pekín. Los relatos de viajeros por la China Ming
informan de que en cada casa de postas se encontraba todo lo necesario
para el viaje, desde caballos, mulas o sillas de manos con porteadores,
hasta comida, bebida y alojamiento adaptado al rango y condición de cada
huésped. Con la monetización de la economía durante el siglo XVI, los
servicios gubernamentales de postas, mensajería y transporte pasaron de
formar parte de la prestación obligatoria de corvea a la profesionalización.
A pesar de esto, en la segunda década del siglo XVII, debido al vaciamien-
to de las arcas del Estado, la mitad de las casas de postas tuvieron que
cerrar, y hubo que recurrir a destacamentos militares para controlar las
redes viarias. Sin embargo, la comunicación en el imperio pudo continuar
gracias al magnífico funcionamiento del servicio postal instituido durante

49
Título del Libro o Parte

la dinastía Yuan (1279-1368): en las prefecturas existía una oficina gene-


ral de correos (zunpu) y en las carreteras que conducían a la capital de
cada prefectura se ubicaban pequeñas sucursales (pu) cada 10 li (6 kiló-
metros). Aunque a veces la distancia fuera algo mayor, en cada prefectura
el número de sucursales iba de 3 a 41, dependiendo de la fluidez de los
sistemas de transporte. A la cabeza de las sucursales se encontraban un
funcionario jefe y cuatro militares (pubing) que se ocupaban de recibir la
documentación oficial, verificando su número y destino, para enviarla a la
siguiente sucursal sin demora. Cada grupo de diez sucursales tenía un
inspector y un inspector jefe para cada prefectura. El correo era relativa-
mente rápido porque en cada jornada se cubría una distancia de 170 kiló-
metros (Brook 1998, 595).

Hasta finales del siglo II a. C., China contaba con una red viaria de 35 400
kilómetros, aunque el transporte fluvial era más rápido y eficiente: un
barco podía transportar 10 toneladas métricas de mercancías a razón de 75
kilómetros al día, mientras que una carreta de bueyes tan solo podía llevar
tres cuartos de tonelada cubriendo una distancia de 50 kilómetros diarios,
por lo que el transporte terrestre resultaba mucho más costoso. Para la
distribución comercial por tierra se utilizaban mulas, carretas de bueyes y
también carretillas de mano, empleadas en China ya desde el siglo II a. C.,
mientras que en Europa no se adoptaron hasta el siglo XII d. C. Este inven-
to redujo el número de trabajadores necesarios para transportar cargas de
peso elevado. Del mantenimiento de caminos y puentes se ocupaban los
magistrados locales, cuyas funciones incluían su reparación y cuidado,
aunque en la práctica los comerciantes aportaban los fondos necesarios
para su conservación y también para la construcción de puentes (Brook
1998, 611). El uso del caballo para el transporte de personas y mercancías
se limitaba a los funcionarios y comerciantes porque el territorio chino —
sobre todo en el sur— no se adaptaba bien a la cría de estos animales, así
que el Gobierno tenía que importarlos. En los ríos o lagos se utilizaban
naos impulsadas a vela, con pértiga o movidas por la rueda de popa, mien-
tras que fue el junco, de tonelaje variado, el tipo de embarcación utilizada
para viajar por mar.

La obra hidráulica más importante de China, y probablemente también del


mundo moderno, fue sin duda el Gran Canal o Canal Imperial, que permi-
tió la comunicación entre el norte y el sur del país a través de sus sistemas
fluviales: los ríos Amarillo y Yangtsé y sus afluentes: los ríos Huai, Jian-

50
Título de Capítulo

tang y Bai. El primer tramo del Gran Canal se había construido en el siglo
VII d. C., pero gracias al dique y las presas de la provincia de Shandong,
construidos en 1411, se pudo desviar parte del caudal del río Wei al suro-
este para regular su nivel de agua y hacerlo navegable, lo que permitió la
conexión entre la capital y las zonas fértiles de la desembocadura del río
Yangtsé y el área de Jiangnan. Del mantenimiento del canal se ocupaba el
ejército, al que se permitía transportar mercancías con las que comerciar,
mientras que otras labores relacionadas con él o con la conservación de
los muelles se llevaban a cabo mediante el servicio obligatorio de corvea.
Por el Gran Canal se transportaban el grano y la plata necesarios para
mantener al millón de residentes de la capital, pagar los sueldos de 15 000
funcionarios y 70 000 eunucos, y mantener un ejército formado por
300 000 soldados, tanto en la capital como en las fronteras del norte. El
Gran Canal se utilizaba también para transportar todo tipo de mercancías,
de manera que las ciudades situadas alrededor de su curso se convirtieron
en importantísimos núcleos de distribución comercial.

La invención del papel y la técnica de la impresión xilográfica fueron los


dos avances técnicos que más contribuyeron a la difusión del conocimien-
to de la red de transportes y el tránsito en el interior de China. En 1570, la
obra de Huang Bian Yitong Luchen Tuji (Libro de rutas detallado e ilus-
trado) marcó un punto de inflexión en ese ámbito, contribuyendo a la di-
fusión y el conocimiento de las redes viarias y fluviales del Celeste Impe-
rio. Aunque en China se habían publicado mapas desde el siglo X d. C.,
solo entonces comenzaron a aparecer cartografías muy detalladas en las
que se identificaban, aparte de los accidentes geográficos y las principales
ciudades y poblaciones secundarias, también las casas de postas y el
cálculo de las distancias más importantes para los viajeros.

No hay duda de que la mejora de los transportes y las comunicaciones


contribuyó al proceso de urbanización, y al final de la dinastía Ming el
comercio interior se fue liberalizando gradualmente por la necesidad del
Gobierno de encontrar nuevas fuentes de ingresos, de forma que las ciu-
dades se transformaron en centros comerciales cada vez más activos y
dinámicos. Durante los siglos XVI y XVII, la vida urbana se hallaba relati-
vamente desarrollada: el Estado chino era gobernado desde Pekín, pero
para dirigir un territorio de tal magnitud de forma eficaz se necesitaba una
burocracia local que operase en las ciudades y poblaciones repartidas por
todo el territorio en un momento en el que estas ciudades estaban convir-

51
Título del Libro o Parte

tiéndose en importantes centros comerciales. Las grandes metrópolis del


delta del río Yangtsé como Yangzhou, Hangzhou o Suzhou tenían impor-
tantes núcleos de comerciantes que suministraban todo tipo de productos
y bienes manufacturados tanto a la capital como a otros mercados urbanos
y rurales. La riqueza de estas ciudades inspiró el siguiente proverbio: “El
cielo, allá arriba, cuenta con sus paraísos; el mundo, aquí abajo, tiene
Suzhou y Hangzhou”.

Al inicio de la dinastía los mercados solían ser itinerantes; se celebraban


una vez al día en las capitales de las prefecturas y cinco o seis veces al
mes en las subprefecturas, mientras que en las pequeñas poblaciones rura-
les se convocaban tres veces al mes. A mediados del siglo XVI los merca-
dos se fueron haciendo permanentes y se asentaron en áreas estratégica-
mente situadas; cerca del curso de ríos importantes o en zonas fértiles de
gran producción agrícola. Los mercados eran montados y organizados por
personas o familias con visión comercial y capital suficiente, y aunque
estos lugares se reconocían oficialmente, no eran supervisados por los
funcionarios del Gobierno. Según confirmaba el funcionario letrado He
Qiaoyuan (1588-1632), hacia el final de la dinastía Ming se podían ver
todo tipo de comerciantes viajando por el Imperio. En el Yitong lucheng
tuzhi —uno de los primeros libros de viaje para comerciantes—, publica-
do en 1570 por Huang Bian, se describen las experiencias y observaciones
de este comerciante por el sur de China.

Las ciudades se convirtieron también en la residencia de dos clases de


mercaderes: los que comerciaban al por mayor, empleando un número
considerable de personas y abarcando grandes distancias, y los que lo
hacían al por menor, en mercados locales o especializados en mercancías
muy exclusivas. Junto a estos prósperos comerciantes existían también
vendedores ambulantes muy pobres que cargaban con todo tipo de pro-
ductos prácticos para la vida diaria como hierbas medicinales, recipientes,
juegos o pequeños animales domésticos. Algunos mercaderes, después de
haber amasado grandes fortunas con estos negocios, dedicaban parte de
sus beneficios al apoyo de iniciativas de índole religiosa o cultural. Una
de las formas de ascenso social era imitar el estilo de vida de los funciona-
rios letrados mediante la construcción de suntuosos jardines de recreo y
bibliotecas, el coleccionismo de antigüedades, el patronazgo de nuevos
artistas o la contratación de letrados para la composición de obras litera-
rias. Sin embargo, en la China Ming no bastaba con poseer objetos sun-

52
Título de Capítulo

tuarios; era necesario también conocer la época y el entorno en el que


habían sido creados para apreciarlos y exhibirlos correctamente, por lo
que se comenzaron a publicar todo tipo de obras redactadas por especialis-
tas o coleccionistas, que proporcionaban una guía informativa para aficio-
nados sobre el gusto, el uso y el aprecio de la obra de arte como forma de
ascenso social (ver capítulo 2.8).

Aunque la antigua estructura social menospreciara a los comerciantes


porque se dedicaban a tareas secundarias en relación con el bien común e
incluso les diera un trato discriminatorio —prohibiéndoles por ejemplo
presentarse a las oposiciones a la administración o vestirse con seda de
alta calidad (Wang 1982,84)—, no hay duda de que al final de la dinastía
su reputación fue en ascenso, porque la realidad económica era que mu-
chos de los funcionarios del Gobierno desarrollaban actividades comercia-
les paralelas a su gestión administrativa; además, las familias de los más
prósperos comerciantes empezaron a establecer lazos familiares con la
élite de funcionarios o ricos terratenientes, por lo que las antiguas reticen-
cias hacia este grupo social se comenzaron a diluir (Mote 2003, 764).
Asimismo, algunos oficios como el de agente de muelles o el de los in-
termediarios relacionados con los monopolios estatales, desarrollaron
actividades reconocidas como exclusivas de determinados linajes familia-
res. Aunque el Estado Ming no promoviera directamente la creación de
instituciones para el intercambio o el control de las transacciones comer-
ciales, el código penal fijaba penas muy severas para los mercaderes que
monopolizaran o elevaran artificialmente los precios de algún producto.
En 1635 Li Jinde publicó la obra Shanggu xingmi en la que, a través de las
máximas pronunciadas por distintos mercaderes, el autor explicaba la
conducta moral que este grupo debía seguir con ejemplos muy concretos,
como por ejemplo el máximo tipo de interés aceptable por la sociedad del
momento, que era del 20 por ciento. En el siglo XVII el estatus de los mer-
caderes se modificó, ya que la posesión de riqueza y el acceso a la cultura
procuró el ascenso social definitivo a este grupo.

Por último, cabe destacar que aunque el comercio marítimo estuviera res-
tringido durante la primera mitad del siglo XVI, el aumento de la actividad
comercial en el sureste de China tuvo un impacto decisivo en el desarrollo
de la economía del imperio, no solo por la entrada de remesas de plata
americana, sino también porque estimuló la producción de una amplia
variedad de manufacturas demandadas en el exterior como sedas o porce-

53
Título del Libro o Parte

lanas. La llegada de los portugueses al suroeste del país, de los españoles


a Filipinas y de los holandeses a Taiwán y Japón, supuso un incremento
de la actividad comercial que hizo posible que los comerciantes de las
provincias meridionales de Guangdong y Fujian acumularan enormes
fortunas al ser capaces de adaptarse muy rápidamente a las demandas de
la nueva clientela occidental. Además, hacia la segunda mitad del siglo
XVI comenzaron a introducirse en China especies y plantas americanas a
través del Galeón de Manila como tabaco, maíz, camote (boniato o patata
dulce), patata, cacahuete, girasol, cacao, tomate, chile, calabaza, piña o
chirimoya, que no solo modificaron la gastronomía de China, sino que
tuvieron además un efecto muy importante sobre la productividad agríco-
la, al aumentar la extensión de tierra cultivable a zonas antes estériles.

54
Título de Capítulo

2.6. Relación con las potencias marítimas europeas (1514-1644)

A mediados del siglo XV la expansión del Imperio turco otomano puso fin
a las relaciones comerciales de Occidente con Asia Oriental. Este hecho
histórico coincidió además con el desarrollo de los grandes viajes de ex-
ploración marítima realizados por los navegantes ibéricos en la última
década del siglo XV, que culminaron con la apertura de sendas vías hacia
Oriente y Occidente, las cuales permitieron el establecimiento de relacio-
nes políticas, económicas y culturales directas con Asia Oriental y Améri-
ca. Como resultado de estos primeros viajes transoceánicos, en 1493 se
otorgaron las bulas alejandrinas y en 1494 se firmó el Tratado de Tordesi-
llas, que dividía el mundo en las dos zonas de influencia ibérica a 370
leguas al oeste de las islas de Cabo Verde. Sin embargo, cuando los dos
reinos llegaron a Asia Oriental, surgió la idea del “contrameridiano” de
Tordesillas, porque no quedaba claro si las Molucas, precisamente las
codiciadas islas de las Especias (pertencientes a la actual Indonesia), que-
daban en una u otra zona. En 1529 este contencioso se resolvió a través
del Tratado de Zaragoza, que zanjó la cuestión a favor de Portugal.

En 1498 Vasco de Gama (1469-1524) había doblado el cabo de Buena


Esperanza; después de recorrer la costa oriental de África y de Oriente
Medio y fundar una cadena de fortalezas en Sofala, Mozambique, Mom-
basa y Socotorá, llegó a la India. Dos años después, alrededor de 1502, los
portugueses cartografiaban ya la zona de Asia oriental en el planisferio de
Cantino, donde aparecía la costa de China parcialmente trazada. En 1510
el almirante Alfonso de Albuquerque (1453-1515) conquistó el municipio
de Goa, convirtiendo este enclave en el centro del emporio comercial
portugués en Asia. Un año más tarde arribó al puerto de Malaca (penínsu-
la de Malasia), donde encontró numerosos juncos chinos que llegaban allí
a comerciar. Los juncos partían de los puertos de Amoy (Xiamen, provin-
cia de Fujian) y Cantón aprovechando el monzón del mar de la China
Meridional para descargar sus preciadas mercancías en Malaca, que en
aquel entonces era un poderoso sultanato. Los cargamentos se entregaban
a comerciantes musulmanes que después partían hacia otras zonas de In-
dia o de Oriente Medio. Con la base de Malaca asegurada, los portugueses
se lanzaron a la exploración de las rutas marítimas que se extendían al
sureste, interesados en las llamadas islas de las Especias o Molucas: la
contratación y utilización de capitanes y mapas orientales explican la ra-
pidez con la que se extendieron por el sudeste asiático (Molucas, Timor,

55
Título del Libro o Parte

Camboya), así como por las costas de China y Japón. En 1512 Antonio de
Abreu y Francisco Serrão llegaron a las Molucas, y ese mismo año el
cartógrafo Francisco Rodrigues trazó de forma mucho más precisa el con-
torno de la costa de China. Un año después, Núñez de Balboa alcanzaba el
océano Pacífico por la zona de Tierra Firme (hoy Panamá), bautizándolo
como mar del Sur.

En 1514 se produjo la primera expedición a China del navegante portu-


gués Jorge Alvares, y en 1515-1516 la del italiano Rafael Perestrello, al
servicio de la corona portuguesa. Aunque ambos fueron conducidos a
Cantón en embarcaciones chinas o malayas con el objetivo principal de
recabar todo tipo de información sobre estas tierras, los dos volvieron
cargados con cofres y cajones repletos de objetos chinos. En 1515 el em-
bajador Tomé Pires y el funcionario de la administración portuguesa ul-
tramarina Duarte Barbosa redactaron los primeros tratados geográficos
sobre Asia Oriental: la Summa oriental y el Libro das cousas de Oriente.
En ellos se trataban distintas cuestiones relacionadas con Asia Oriental y
con China, como el comercio de productos para su exportación, pero tam-
bién otros aspectos relacionados con la geografía, la administración o la
forma de vida en este país.

En 1517 los portugueses llegaron a la actual Cantón (provincia de Guang-


dong) bajo el mando de Fernando Peres de Andrade y con Tomé Pires
como embajador del rey de Portugal ante la corte Ming, pero debido a
distintos enfrentamientos con autoridades e intermediarios y sobre todo a
que el emperador Chengde falleció en 1521, fueron expulsados de la costa
de China. En 1542-1543 arribaron a Japón. La coyuntura política nipona,
con el país en plena guerra civil, proporcionó a los portugueses extraordi-
narias posibilidades comerciales. Además, al no existir relaciones comer-
ciales entre China y Japón, esta circunstancia tan favorable fue aprove-
chada por los portugueses para convertirse en intermediarios comerciales
entre el sudeste asiático, China y Japón, desarrollando un comercio trian-
gular que consistía en la adquisición de pimienta en las islas del sudeste
asiático a cambio de seda y porcelana de China, que se intercambiaba a su
vez por plata, oro, cobre y objetos lacados del Japón. Este lucrativo co-
mercio hacía perentorio un puerto permanente en el litoral chino, que fue
concedido oficialmente por las autoridades imperiales en 1557 en el en-
clave de Macao. Quedaba así inaugurada la llamada Carrera de Indias, que
unía Europa y Asia Oriental a través del cabo de Buena Esperanza; aun-

56
Título de Capítulo

que estuvo primero en manos portuguesas, pasó después de holandeses e


ingleses, quienes rompieron finalmente el monopolio ibérico. La Carrera
proporcionaba a los europeos la plata que necesitaban para acelerar su
economía, pero también para obtener productos como especias (clavo,
pimienta, nuez moscada o canela), seda, té o porcelana. No obstante, con-
viene tener en cuenta que los enclaves comerciales portugueses, holande-
ses e ingleses no eran como las colonias españolas en América: se trataba
de superficiales puntos de encuentro entre oferta y demanda.

Además del comercio, los portugueses intentaron establecer misiones


religiosas para la evangelización del territorio. En 1549 San Francisco
Javier llegó a Japón y comenzó su labor; después se trasladó a China pero
murió de fiebre en la isla de Sanchuan, muy cerca de Cantón. A finales
del año 1556 el sacerdote portugués Gaspar de Cruz viajó a Cantón, reco-
giendo todo tipo de información a partir del testimonio tanto de portugue-
ses como de chinos, pero también de fuentes escritas locales traducidas al
portugués. En 1569 publicó el primer libro dedicado exclusivamente a
China, el Tractado en que se cotam muito por esteso as cousas da China,
co suas particularidades, es assi do reyno d’Ormuz, llamado a tener mu-
cha influencia en otras publicaciones europeas de la época. Sin embargo,
el misionero que consiguió penetrar hasta el corazón de China y llegar a
Pekín fue el jesuita italiano Matteo Ricci (1552-1610), el primer sinólogo
occidental, que desembarcó en Macao el 7 de agosto de 1582 y llegó en
1601 hasta la corte del emperador Wanli (1573-1620), que describió de la
forma siguiente: “el protocolo real está constituido por tantos rituales que
no tiene parangón en el mundo. Únicamente los eunucos y su familia cer-
cana (hijos e hijas) se dirigen a él, y si algún magistrado tuviera la inten-
ción de comunicarse con el emperador, tendría que hacerlo a través de una
complicada forma de veneración” (Ricci 2006, 180). Este misionero, que
proclamaba su doble pertenencia al cristianismo y al confucianismo, había
aprendido mandarín y adoptado incluso la indumentaria china, y era de-
signado oficialmente “gran letrado”. Ricci publicó un catecismo chino, el
Tianzhu shiyi o Tratado de la verdadera doctrina de Dios, que se convir-
tió en una herramienta imprescindible para la labor de los misioneros en
China. Ricci consiguió convertir al cristianismo a funcionarios letrados
ilustres como Xu Guanqi (1562-1633), con el que tradujo varias obras
sobre matemáticas, astronomía e hidráulica; Li Zhizao (?-1630) con el que
estudió geografía y cartografía, y que como Xu Guanqui era residente de
la ciudad de Shanghai; y Miguel Yang (1555-1627), de la ciudad de

57
Título del Libro o Parte

Hangzhou, con el que colaboró en la redacción de libros sobre geografía y


religión. Ricci elaboró un mapamundi basado en sus conocimientos ge-
ográficos en el que tradujo el nombre de todos los países al mandarín y
que fue publicado en China en 1584. Además, se convirtió en el descubri-
dor de la cultura espiritual china en Europa al traducir al latín obras como
los Cuatro Libros de Confucio bajo el título Tetrabiblion sinense de mori-
bus (1593). Elaboró asimismo un diccionario chino-portugués que por
desgracia no se ha conservado. Más tarde, los padres jesuitas Johann
Adam Schall y Ferdinand Verbiest continuaron la labor de establecer un
diálogo cultural y religioso entre la civilización china y Occidente iniciada
por Ricci.

En lo que a la Monarquía Hispánica se refiere, el impulso al comercio


marítimo que supuso el descubrimiento de América estimuló la conquista
de nuevas rutas marítimas a las entonces llamadas Indias Orientales. En
1518 el emperador Carlos V firmó un contrato con el caballero portugués
Fernando de Magallanes con el objetivo principal de emprender un viaje
de calado por mar, sorteando el continente americano para llegar directa-
mente a los puntos de abastecimiento de especias y otros productos exóti-
cos. Después de encontrar el canal navegable que les llevó del Atlántico al
Pacífico, los españoles llegaron a las islas Molucas (aunque después se las
tuvieron que devolver a Portugal) y a las islas Filipinas en 1521; al año
siguiente, Juan Sebastián Elcano remató la hazaña con la primera circun-
navegación de la Tierra.

El 21 de noviembre de 1564 Miguel López de Legazpi zarpó, al mando de


una flota compuesta por cinco barcos, desde el puerto mexicano de la
Natividad el 21 de noviembre de 1564 y el 27 de abril del año siguiente
llegó a la isla de Cebú; allí, en la ciudad de San Miguel, estableció el pri-
mer asentamiento permanente en Filipinas. También en 1565 Urdaneta
descubrió el llamado “tornaviaje” hacia tierras americanas, con el que
daba comienzo el comercio español de la Ruta del Galeón, de la Nao de
China o de Acapulco, que iba a enlazar Filipinas con la Nueva España.
Gracias al tornaviaje, los españoles conservaron su posición en el sureste
de Asia durante más de trescientos años.

Cuando los españoles llegaron a las islas Filipinas se encontraron con una
antigua red comercial establecida entre chinos y japoneses con los sulta-
natos musulmanes de la zona (Ollé 2008, 94); descubrieron también que

58
Título de Capítulo

los productos de Filipinas eran de poco valor y provecho para un comer-


cio tan ambicioso como el que pensaban llevar a cabo, por lo que decidie-
ron trasladarse a la bahía de Manila, mucho mejor situada para el estable-
cimiento del intercambio comercial con China, que pasó a ser su principal
fuente de abastecimiento. Así, desde 1572 Manila se convirtió en una
ciudad de enlace, el punto de intercambio fundamental entre los productos
chinos y la plata americana (ver mapa 2), y desde entonces el comercio
quedó en manos de comerciantes hispanos afincados en Manila y de espa-
ñoles criollos, organizados desde 1591 en un consulado mexicano. Los
juncos partían de la costa de Fujian, de los puertos de Amoy, Chincheo y
Macao, y tardaban de 15 a 20 días en hacer la travesía; después, sus mer-
cancías (ver apéndice 1) se vendían en el mercado conocido como el Pa-
rián de Manila, en el barrio chino de la alcaicería. En 1626 los españoles
conquistaron la isla Formosa (hoy Taiwán), que ocuparon hasta que en
1642 fueron expulsados por los holandeses.

El descubrimiento de las nuevas rutas hacia Oriente dio un nuevo ímpetu


a la labor civilizadora y evangelizadora de las misiones religiosas para
llevar el cristianismo a la población indígena. Detrás de ese afán misione-
ro estuvo siempre el rey Felipe II, que no desechaba la idea de convertir a
los habitantes de China al catolicismo para que “por medio de esta comu-
nicación, recivan la doctrina cristiana y professen nuestra santa fe católi-
ca, a que se dirige nuestro principal deseo e intención” (Recopilación, VI
18, 10 [II, f. 273r] en Gil 2011, XV). Los misioneros de la Compañía de
Jesús concedieron una gran importancia a China y a Japón en sus aposto-
lados, pero otras órdenes mendicantes como las de los agustinos, francis-
canos o dominicos también intentaron establecerse en China. El agustino
Martín de Rada (1533-1578) fue uno de los hombres más influyentes du-
rante los primeros años de colonización en Filipinas, y en su Relación de
viaje a China, publicada en 1575, describió con gran rigor y detalle las
características del Celeste Imperio como base informativa para emprender
su conquista (Folch 2008 y Cervera 2008). Entre 1574 y 1590 los españo-
les se plantearon la ocupación militar de China: en 1588 el jesuita Alonso
Sánchez llegó desde México a Madrid para apoyar los planes de conquis-
ta, aunque esta idea nunca se materializó debido a que su propuesta llegó
el mismo año que el desastre de la Armada (Cervera Jiménez 2013 y Ollé
2002). Por otro lado, también intentaron reforzar sus lazos económicos y
comerciales con China estableciendo un enclave comercial similar al que
tenían los portugueses en Macao: en 1588 las autoridades chinas conce-

59
Título del Libro o Parte

dieron a los españoles un asentamiento en El Pinal. Aunque no se sabe


exactamente su localización porque fue abandonado al poco tiempo, se
supone que se encontraba entre las ciudades de Cantón y Macao.

Hasta 1580 los Países Bajos habían adquirido en Lisboa las especias y
otros productos de Asia Oriental para después redistribuirlos por el norte
de Europa, pero a partir de 1580 Felipe II se proclamó rey de Portugal y
en 1585 impuso un embargo al comercio con de las Provincias Unidas de
los Países Bajos en el puerto de Lisboa. El resultado de esta medida fue la
interrupción del comercio de las especias y la creación de la Compañía
Holandesa de las Indias Orientales (VOC por sus siglas en neerlandés) en
1602 para el restablecimiento de dicho comercio. Fundada bajo el auspi-
cio de los Estados Generales, esta corporación multinacional estaba cons-
tituida por seis cámaras de comercio representadas en las principales ciu-
dades holandesas y dirigidas por un gobernador, un consejo formado por
16 consejeros (Heeren) y 60 directores. Desde su llegada a Asia, la Com-
pañía intentó establecer una base comercial en China, pero la oposición de
Portugal le impidió crear un asentamiento en territorio imperial. En 1596
inauguró una factoría en Bantam (Indonesia), en 1602 en Patani (Malasia)
y en 1609 en Hirado, en la costa oeste de la isla de Kyūshū, muy cerca de
la ciudad de Nagasaki. A partir de entonces, el Imperio neerlandés de
ultramar rompió definitivamente el monopolio ibérico y se consolidó co-
mo una potencia comercial con el establecimiento de bases en Batavia
(1619), la isla de Java (Indonesia) y Formosa (1624). En 1639 los portu-
gueses fueron expulsados de Japón por la política de sakoku y a partir de
1641 los holandeses se trasladaron a la isla de Dejima, en la bahía de Na-
gasaki. Ese mismo año lograron arrebatar el estratégico puerto de Malaca
a los portugueses. En 1648 la Monarquía Hispánica reconoció la indepen-
dencia de las Provincias Unidas, pero para mantener dicha independencia
fueron imprescindibles los recursos de Asia Oriental, especialmente de
China, que en parte frenaron el desarrollo comercial de los ibéricos en la
zona.

En 1600, durante el reinado de Isabel I de Inglaterra (r. 1558-1603), se


constituyó la Compañía Británica de las Indias Orientales por un período
de 15 años y después como sociedad anónima por tiempo indefinido, con
el propósito de promover el comercio asiático y fomentar las expediciones
coloniales desde el África meridional hasta Asia Oriental. La primera
gran expedición fue dirigida en 1601 por el capitán James Lancaster y se

60
Título de Capítulo

materializó en la fundación de una factoría comercial en la ciudad de Ban-


tam, en la isla de Java (Indonesia), que se especializó en el comercio de
pimienta y otras especias. En 1613 los ingleses fundaron también una base
en la ciudad portuaria de Hirado (Japón), pero debido a los continuos en-
frentamientos con los holandeses tuvieron que abandonarla diez años des-
pués. Los primeros contactos directos entre Inglaterra y China tuvieron
lugar en 1637, durante el reinado del emperador Chongzhen (1628-1644),
cuando el capitán John Wedell llegó a Cantón; sin embargo, los ingleses
no lograron establecerse en territorio chino y debieron emprender el viaje
de retorno. En 1672 la Compañía Británica estableció una factoría en la
isla de Taiwán, que comerciaba con distintos puertos de la costa de China;
a finales del siglo XVII había establecido distintos puestos clave en Calcu-
ta, Madrás y Bombay, desde los que exportaba algodón y opio a China a
cambio de té y otros productos. En 1685 el emperador Kangxi permitió a
los ingleses fijar una factoría comercial en la ciudad de Amoy (hoy
Xiamen), aunque después sus actividades se trasladaron definitivamente a
la ciudad de Cantón, de la que hablaremos en el capítulo 2.6.

61
Título del Libro o Parte

2.7. Creencia y pensamiento. Ciencia y literatura

Las antiguas creencias de los chinos —sobre todo desde el final de la épo-
ca de Primavera y Otoño (551 a. C.) hasta la instauración del primer Im-
perio chino (221 a. C.)— se basaron en el culto a los antepasados, al Cielo
y la Tierra, y a los dioses de la naturaleza. Dicha naturaleza y el orden
social estaban íntimamente ligados por una especie de relación cósmica en
la que los desórdenes morales y políticos del mundo se convertían en
catástrofes naturales, razón por la cual los ritos y las prácticas adivinato-
rias conducidas por los chamanes primero y por el propio emperador des-
pués daban sentido y orden a la vida. El culto estatal en la China Ming
incluía sacrificios dirigidos al Cielo y la Tierra realizados por el empera-
dor, que tenían una importancia fundamental en el gobierno, porque ase-
guraban una relación armoniosa entre el soberano y los súbditos, además
de proporcionar paz y fertilidad en el reino. Estos ritos se celebraban en
altares circulares y cuadrados, en el norte y el sur de Pekín, durante los
solsticios de invierno y de verano, respectivamente. El emperador realiza-
ba además otros sacrificios al Sol, a la Luna y a los ancestros, a poderes
medios o menores como las fuerzas de la naturaleza (viento, nubes, lluvia,
montañas y océanos), pero también a espíritus celestiales, terrestres o
humanos, incluido el sabio Confucio. Se veneraba también a espíritus
protectores del ámbito urbano (por ejemplo los que controlaban las puer-
tas, los pozos o los caballos) o del ámbito militar como los patronos de las
banderas o estandartes. Sin embargo, a partir de 1540 los emperadores
Ming dejaron de oficiar incluso los ritos más importantes como los dirigi-
dos al Cielo y la Tierra, y fueron sustituidos por otros miembros de la
familia imperial o por funcionarios letrados. Aparte de estos sacrificios
realizados en la capital, también se llevaban a cabo otros similares en las
prefecturas, las subprefecturas y los condados conducidos por funciona-
rios locales de rango equivalente al de Pekín. La Oficina de Astronomía
desempeñaba funciones relacionadas con el cálculo del calendario religio-
so, y los Ministerios de Obras Públicas, de Ritos y de Finanzas se ocupa-
ban de la construcción de altares y templos. Los sacrificios se ofrendaban
con textos, música, recipientes, alimentos y una indumentaria muy con-
creta. Los participantes observaban un protocolo y un ceremonial muy
estrictos, estipulados por el Consejo de Ritos, que se ocupaba de unificar
y de transmitir los mismos códigos o ritos a todos los santuarios y altares
de China. Además, existía un Directorio de Sacrificios encargado de la

62
Título de Capítulo

distribución de los oficiantes, así como del suministro de los utensilios


necesarios en cada templo.

El tema central del pensamiento chino fue siempre la ética humana y su


relación con el Estado, pero paralelamente a este asunto también se for-
muló la pregunta de cuál era el camino que habría que seguir tanto en el
gobierno como en la vida de los hombres. Estas cuestiones fueron aborda-
das por los dos grandes pensadores de su civilización: Confucio (551-
479 a. C.) y Laozi (siglo VI a. C.), que sentaron las bases del confucianis-
mo y el taoísmo, respectivamente. Según estas escuelas de pensamiento,
el concepto genérico del dao o camino tiene distintos significados: para
los confucianos significa orden moral o ley, mientras que para los taoístas
representa el principio inefable de todas las cosas. Sin embargo, a estas
habría que añadir una tercera enseñanza, el budismo, que llegó desde la
India a lo largo del siglo I d. C., y que, aunque los chinos la consideraban
una religión extranjera, fue adoptada después por varios emperadores y
ejerció una gran influencia en la filosofía china.

El pensamiento de Confucio dominó la ideología del gobierno imperial


durante siglos, pero fue durante el reinado de Wudi (140 a. C.-87 a. C.) de
la dinastía Han (206 a. C.-229 d. C.), cuando esta doctrina fue oficialmen-
te reconocida por el Estado. Se instituyó un cuerpo de doctores (boshi)
cuyo conocimiento radicaba en los textos clásicos que conformaban el
canon confuciano (ver los Cinco Clásicos, pág. *), se formaban en una
academia imperial que funcionaba a través de un sistema de exámenes
basados en dichos textos (Prevosti i Monclús, Domènech y Prats, 2014,
1642). Durante la dinastía Song (960-1279) se produjo la revitalización de
esta doctrina con el surgimiento del neoconfucianismo, que partía de las
enseñanzas del erudito Zhu Xi (1130-1200), el gran sintetizador del pen-
samiento confuciano, y en los Cuatro Libros donde se concentraban y
comentaban las teorías de Confucio: Analectas (Lunyu), que era una reco-
pilación de dichos y conversaciones de Confucio reunidas por sus discípu-
los, las palabras de Mencio (Menzi) (372-289 a. C.), el gran seguidor de
Confucio, el Gran aprendizaje (Daoxue), que enseñaba cómo lograr el
orden social a través de los valores del soberano y el valor del aprendizaje
para lograr el conocimiento y la Doctrina de la medianía (Zhongyong),
que versa sobre la búsqueda del equilibrio para conseguir la armonía so-
cial. Estos cuatro textos, base de la instrucción de los funcionarios de la
China Ming, describían un mundo compuesto por li, principio o razón que

63
Título del Libro o Parte

gobierna las cosas, y por qi, fluido vital, de modo que todos los fenóme-
nos físicos y psíquicos se formaban a través de combinaciones de estas
dos sustancias. Además, el neoconfucianismo de la Escuela de los Princi-
pios o Lixue también desarrolló la idea de que la mejor acción solo podía
estar guiada por la adquisición de conocimientos o la preparación. Estas
creencias se integraron en la Escuela de los Principios, también conocida
como racionalismo dualista. Sin embargo, en tiempos de Zhu Xi su gran
rival, Lu Xiangshan (1139-1193), identificaba li con la mente, al tiempo
que defendía que para alcanzar al conocimiento solo era necesario llegar
al interior de uno mismo. Las teorías de Zhu Xi predominaron durante las
dinastías Song y Yuan, pero a partir de la dinastía Ming la Escuela de la
Mente o Intuicionista de Lu Xiangshan consiguió finalmente imponerse a
través del pensamiento de Wang Shouren, también conocido como
Yangming (1472-1529). Este sabio, natural de la provincia de Zhejiang,
llevó a cabo una carrera brillante como funcionario letrado y estratega
militar, y desarrolló la llamada teoría del conocimiento innato o intuitivo,
donde explicaba que la mente es el principio integrador donde se encuen-
tran todas las cosas. Para Wang Yangming, la dualidad entre li y qi no
existe, porque li se encuentra en el interior del individuo y, como hemos
mencionado, es el origen de todas las cosas: para comprender las verdades
de Confucio, basta con cultivar el conocimiento intuitivo y pierde impor-
tancia el estudio memorístico de los clásicos confucianos. En este concep-
to la influencia del budismo de la meditación o chan fue determinante.
Wang Yangming también formuló la idea de que la bondad es inherente a
cada individuo, pero hay que cultivarla a través de la práctica diaria del
esfuerzo y la voluntad. Su ética reconocía además la relación entre los
pensamientos y la acción (unidad entre teoría y práctica o zhixingheyi);
conocimiento y acción van siempre unidos porque son dos caras de una
misma moneda. Este concepto de la unidad entre teoría y práctica tuvo
una gran influencia en el pensamiento japonés y de la China moderna.
Uno de los aspectos más interesantes de su legado fueron las teorías sobre
la educación. En su Chuan Xilu o Apuntes de lo transmitido por el maes-
tro, planteó conceptos muy novedosos en este ámbito, rechazando la mera
acumulación de conocimientos en aras de una formación basada en la
comprensión y el análisis crítico. Además, destacó la importancia que la
actividad física tenía en el bienestar y el aprendizaje del individuo (Botton
Beja, 1977).

64
Título de Capítulo

Uno de los seguidores de este pensador fue su pariente Wang Ji (1498-


1583), quien a su muerte, acaecida en 1527, se ocupó de recopilar y editar
todos sus escritos, conversaciones y conferencias, y de difundir su doctri-
na a través de lecciones en la zona de Shaoxing (provincia de Zhejiang).
Otro de los discípulos de Wang Yangming fue el filósofo Wan Gen
(1483-1541), que procedía de una humilde familia trabajadora de las sali-
nas del pueblo de Taizhou, cerca de Yangzhou, al norte del río Yangtsé
(provincia de Jiangsu). Después de formar durante años parte del círculo
de Wang Yangming, decidió volver a su pueblo natal y fundar la escuela
Taizhou, donde difundió durante la primera mitad del siglo XVI las ense-
ñanzas de su maestro. Wan Gen se ocupó de los temas mundanos de la
vida de la gente sencilla, y en sus conferencias transmitía la idea de la
importancia del aprendizaje y la educación como elementos de movilidad
social para detener la herencia de la pobreza. Además, defendía que el
conocimiento innato es accesible para cualquier individuo, independien-
temente de su condición económica y social. Otra de las claves de su pen-
samiento residía en la importancia de aprender a quererse a uno mismo
para después, de manera libre y espontánea, poder consagrarse en benefi-
cio de la humanidad, y en sus teorías se produce una conciliación entre las
ideas del taoísmo y el confucianismo. Asimismo hay que mencionar la
ideología de Li Zhi (1527-1602), uno de los pensadores más independien-
tes y polémicos de la segunda mitad del siglo XVI. Este filósofo fue un
gran defensor de la capacidad intelectual de la mujer y de su incorpora-
ción al sistema educativo; habló en defensa de todos los oprimidos y las
minorías, y llegó a desarrollar una teoría relacionada con la primacía de la
inteligencia y el sentido común en el individuo sobre las normas del con-
fucianismo, que criticó por su moral cerrada. Fue acusado de propagar
falsas doctrinas que conducían al comportamiento excéntrico y al rechazo
de las normas educativas confucianas; en 1602 fue encarcelado y se quitó
la vida poco tiempo después.

A finales del siglo XVI la filosofía de Wang Yangming fue muy criticada
por fomentar el individualismo excéntrico e iniciar la crisis de valores
confucianos que eventualmente contribuyó al desmoronamiento de la
dinastía Ming. Los opositores a su pensamiento se reunían en la Sociedad
Donglin, un prestigioso centro fundado en el siglo XII por Yangshi, letra-
do confuciano amante de la justicia y la honestidad en el desempeño de la
gestión pública. El centro fue refundado en 1604 por el gran secretario Gu
Xiancheng (1550-1612) y el alto funcionario Gao Panlong (1562-1626).

65
Título del Libro o Parte

En él se preparaban los exámenes de Estado y se escuchaban conferencias


sobre ética, pero también era un foro de debate político que generó an-
helos de cambio. Sus miembros intentaron influir para que los funciona-
rios corruptos del reinado del emperador Wanli (1573-1620) fueran susti-
tuidos, pero las severísimas críticas al eunuco Wei Zhongxian bajo el
emperador Tianqi (1621-1627) dieron como resultado el cierre de la So-
ciedad en 1622 y la tortura y ejecución de su líder, así como de otros cin-
co miembros, en 1624. Resta por último analizar el pensamiento de Huang
Zongxi (1610-1695), hijo de Huang Xunsu, eminente letrado de la corte
del emperador Tianqi y miembro de la Academia Donglin que murió en
prisión al oponerse al todopoderoso Wei Zhongxian. Fue crítico con el
absolutismo chino y en su trabajo más importante, el Mingyi daifanglu o
Esperando el amanecer, propuso interesantes proyectos de reforma políti-
ca como una ley constitucional para limitar el poder del soberano y de los
eunucos, y otros cambios educativos relacionados con los sistemas de
enseñanza y los exámenes, que aparecen recogidos en su obra Mingru
Xu’an. La carrera política de este filósofo finalizó abruptamente con la
conquista de los manchúes en 1644. Al comienzo del reinado siguiente, el
eunuco Wei Zhongxian fue asesinado y la Academia Donglin fue rehabili-
tada oficialmente.

Como veíamos antes, el taoísmo fue la segunda gran tendencia espiritual


autóctona de China, y en ella se suelen distinguir dos vías. La primera es
la escuela filosófica daojia o “escuela del camino”, que basaba su doctrina
en cuatro textos antiguos: el Libro de la vía o de la virtud (siglo V a. C.),
redactado por Laozi, el Zhuangzi, atribuido al maestro Zhuang Zhou o
Zhuanzi (siglo IV a. C.), y en los textos derivados de éstos como el Liezi y
el Huainanzi. Por otro lado, el taoísmo religioso o daojiao se originó du-
rante la dinastía Han Oriental (siglo II d. C.) con la fundación de la Escue-
la de los Maestros Celestiales o Tianshi, que adoptaron prácticas relacio-
nadas con la búsqueda de la inmortalidad. Estas actividades condujeron al
desarrollo de la medicina, la alquimia, las técnicas respiratorias o de medi-
tación, junto a otros rituales de carácter mágico-religioso de la antigua
China que habían formado parte de la religión popular. Con estos ritos los
emperadores Ming reforzaban su persona prolongando su vida, pero tam-
bién aseguraban la paz y la riqueza del reino. Durante la dinastía Ming las
escuelas o sectas taoístas disfrutaron del apoyo imperial, y la más impor-
tante fue la escuela Jing Ming o Iluminación Pura, fundada durante el
período de las Seis Dinastías por Xu Sun, quien hacía hincapié en valores

66
Título de Capítulo

confucianos como la lealtad, la fidelidad, la sinceridad y la voluntad. Des-


tacó asimismo la antigua escuela de los Maestros Celestiales que se basa-
ba en el canon taoísta (Daozang), que había sido compilado por el maestro
Zhang Yuchu (1316-1410). Otra de las escuelas taoístas de la época Ming
fue la del Camino de la Perfección Completa o Quanzhen, fundada duran-
te la dinastía Song por Wang Zhe (1112-1170). Era una síntesis entre ide-
as confucianas y budistas chan que abogaba por la doble vía en el cultivo
de la vida y la naturaleza humana, con prácticas destinadas a reforzar el
cuerpo y el espíritu a través de la meditación. Cada escuela tenía un mar-
cado carácter esotérico y el acceso se realizaba a través de una compleja
iniciación bajo la dirección de un maestro que se encargaba de transmitir
la Verdad original que cada secta poseía, además del conocimiento de los
textos sagrados (Puech 1993, 289).

Cuando se inició la dinastía Ming el budismo llevaba existiendo en China


más de catorce siglos, y las escuelas búdicas oficiales fundadas durante
las dinastías Sui (581-618) y Tang (618-907) como la doctrina Chan
(Zen), la de la Tierra Pura o Qingtu —que se centraba en el culto de Buda
Amitabha y en el bodhisattva Guanyin—, las escuelas Tiantai o Huayan y
el budismo tibetano o lamaísmo, continuaban integradas en la tradición
religiosa de China. El budismo Ming gozaba de un considerable enraiza-
miento en todos los aspectos de la vida del pueblo chino, con la prolifera-
ción de monasterios y comunidades budistas o sangha. Al inicio de la
dinastía los emperadores promovieron muy activamente tanto el conoci-
miento como la práctica de esta religión, y llevaron a cabo además una
legislación muy detallada que normalizaba todos los aspectos de la doctri-
na. En 1368 se instituyó una oficina llamada Reforma del Mundo, deno-
minada después Dirección del Registro de los Monjes, con funcionarios
encargados de controlar cada detalle de la organización de los monasterios
y de la ordenación o jerarquización de los monjes. Sin embargo, desde los
siglos XV y XVI hasta el inicio del reinado del emperador Wanli, en 1573,
se produjo un declive espiritual por el abandono de la disciplina monástica
y de las prácticas de estudio y meditación. Además, a finales del siglo XV
se comenzaron a comercializar los certificados de ordenación de monjes,
por lo que se acentuó su decadencia. En el siglo XVI se multiplicaron las
críticas de los funcionarios y la corte se fue distanciando paulatinamente
de la práctica de esta religión. En 1530, durante el reinado del emperador
Jiajing, ferviente taoísta, se ordenó suprimir la escultura del Buda Saky-
muni, y en 1536 se eliminó de forma definitiva el templo dedicado a esta

67
Título del Libro o Parte

deidad. También permitió que 1300 onzas de oro fueran levantadas de la


superficie de todas las esculturas budistas y que 2000 cattys (un cate
equivale a una libra de 20 onzas) de reliquias budistas fueran quemados.
Sin embargo, a partir del reinado de Wanli (1573-1620) se produjo un
renacimiento del budismo, porque este emperador fue un entusiasta bene-
factor y patrocinó la construcción de importantes templos, de tal forma
que durante su reinado uno de cada tres edificios de la capital era un tem-
plo budista. En la ciudad de Nankín se concentraban 160 monasterios
budistas divididos en 3 grupos de distinto tamaño, junto a otros 100 dema-
siado pequeños para su inclusión en el registro pormenorizado elaborado
en 1627 (Yü 1998, 897). Como resultado del ambiente de efervescencia
intelectual y religiosa surgieron cuatro monjes budistas notables: Zhuhong
(1535-1615), Zhenke (1544-1604), Deqing (1546-1623) y Ouyi Zhixu
(1599-1655). Desde mediados del siglo XVI se llevó a cabo una síntesis de
las Tres Doctrinas (sincretismo), que daba más importancia al cultivo
espiritual y al principio de reciprocidad que a las normas estrictas, y en
general los monjes se esforzaron por armonizar el budismo, el confucia-
nismo y el taoísmo. El ya mencionado pensador Li Zhi consideraba a
Confucio y a Buda como modelos inspiradores para que cada uno adapta-
ra su vida a través de su ejemplo.

En la China Ming existió una gran variedad de santuarios y altares confu-


cianos, budistas y taoístas, pero también hubo mezquitas, localizadas en la
zona occidental del imperio, donde residía la mayor parte de los musul-
manes. Estaban construidas con forma de pagoda, renunciando a los mina-
retes y haciendo que el almuecín llamara a los fieles desde un pilar situado
a la entrada (Spence 2002, 127).

Como en algunos estados tributarios de China eran musulmanes (que ten-


ían una presencia muy importante en el sudeste asiático y en la India), en
1407 el emperador Yongle (1403-1424) promulgó un edicto, redactado en
chino clásico, persa y mongol, en el que garantizaba su protección a los
clérigos de esta fe dentro del territorio chino. La corte imperial empleaba
musulmanes en la Oficina de Traducción, pero también como astrónomos
y matemáticos. Algunos eran eunucos en la Ciudad Prohibida (la familia
del famoso almirante eunuco Zheng He era musulmana) y también forma-
ban parte del ejército.

68
Título de Capítulo

Los miembros de la comunidad judía en la China Ming eran relativamente


escasos, aunque existían algunas sinagogas consagradas por los descen-
dientes de antiguos viajeros judíos en la ciudad de Kaifeng. Los chinos
vinculaban a los musulmanes con los judíos definiéndoles como huihui,
por la prohibición que existía en ambas religiones de comer carne de cer-
do.

También existieron pequeñísimos grupos de cristianos; de hecho, el sa-


cerdote jesuita Matteo Ricci se sorprendió al encontrar en Nankín y otras
partes de China central algunos nestorianos que probablemente habían
llegado durante la ocupación mongol de China y procedían de Armenia.
En la década de 1580 solo había dos o tres jesuitas en China, acompaña-
dos de uno o dos novicios chinos y 20 cristianos confinados en la misión
de Zhaoqing, y la cantidad de chinos convertidos al cristianismo era de 15
al año. En la década de 1590, aunque se cerró la misión de Zhaoqing, se
inauguraron nuevos centros en Shaozhou, Nanchang y Nankín, con seis o
diez sacerdotes al frente y numerosos novicios que multiplicaron el núme-
ro de conversos. A partir de 1601, con la inauguración de la cuarta misión
en Pekín, el número de sacerdotes se incrementó hasta 17 y las conversio-
nes aumentaron a 150 o más al año, y muchas de ellas tuvieron lugar en
familias muy prósperas e influyentes. En 1605 tres miembros de la casa
imperial Ming se convirtieron al catolicismo, y los nombres bautismales
elegidos para la ocasión fueron Melchor, Gaspar y Baltasar (Spence 2002,
183). Hacia el final de la dinastía Ming, a mediados del siglo XVII, el
número de seguidores de esta religión en territorio chino se había elevado
a 38 200.

En lo que al ingenio tecnológico se refiere, hay que señalar que los avan-
ces técnicos en maquinaria fueron especialmente importantes en la época
preimperial (era de los Estados Combatientes) y durante la dinastía Han,
con inventos decisivos como la manivela, que se utilizó para hacer girar
máquinas de aventar, muelas o tornos para levantar importantes cargas
como el agua o el carbón y se aplicó en todo tipo de maquinaria textil.
También fue muy significativa la utilización durante los Han (206 a. C.-
220 d. C.) del fuelle de doble efecto, una bomba de aire que se utilizaba
para alcanzar altas temperaturas en los hornos. Aunque la noria se em-
pleaba desde el siglo II a. C., a partir de las épocas Song (960-1279) y
Yuan (1279-1368), la utilización de energía hidráulica mejoró considera-
blemente, así como su aplicación en el proceso de manufactura industrial.

69
Título del Libro o Parte

Por otro lado, la mayor parte de los historiadores de la ciencia coinciden


en que el ingenio tecnológico decayó durante las dinastías Ming y Qing,
quizá porque las posibilidades de mecanización ya se habían explorado
anteriormente, pero también debido a que el aumento de la población creó
una presión mayor sobre los recursos disponibles provocando una subida
de precios de las materias necesarias para la construcción de maquinaria, a
la vez que abarataba la mano de obra. Además, la existencia de un sistema
de distribución muy eficaz para aprovechar todos los recursos impidió
unos cortes de producción que hubieran estimulado la innovación
(Shaughnessy 2008, 181). Sin embargo, hay que destacar la publicación
de importantes obras de carácter científico-técnico como la Enciclopedia
de Yongle (1403-1424), que fue una de las grandes aportaciones de la
época, aunque prácticamente nada se ha conservado. El tratado médico
Bencao gangmu (53 volúmenes), escrito por Li Shizhen en 1596, era una
exhaustiva recopilación de 1892 hierbas con una descripción muy detalla-
da de su naturaleza o función medicinal, junto a 11 096 descripciones de
tratamientos para todo tipo de enfermedades. Por último, la tecnología de
la época Ming aparece descrita en el Tiangong kaiwu (Creaciones de la
naturaleza y del hombre), redactado por Song Yingxing en 1637 con todo
tipo de ilustraciones que abarcan desde cuestiones técnicas relacionadas
con la ingeniería agrónoma o mecánica, la tecnología de la alimentación
(sal, azúcar) o las industrias suntuarias (textiles, cerámica, piedras duras)
hasta la industria metalúrgica, armamentística o naval.

En el ámbito literario, durante la dinastía Ming se produjo el florecimiento


de la novela, que había surgido ya bajo los Yuan (1279-1368) con la pu-
blicación de importantes obras. Este género de narrativa escrita en lengua
vernácula o hablada (despectivamente denominada por los ortodoxos el
“habla pequeña”), se desarrolló con la difusión de la imprenta y se destinó
a un nuevo público que era la burguesía urbana de artesanos y comercian-
tes que sabían leer y apreciaban la literatura de entretenimiento. Destacan
cuatro grandes obras maestras: las más antiguas son el Romance (o histo-
ria) de los tres reinos (Sanguo Yanyi), atribuido a Luo Guanzhong (hacia
1330-1400), que vivió entre las dinastías Yuan y Ming, A la orilla del
agua (traducida también como Al borde del río) o Los forajidos del pan-
tano (Shuihu Zhuan), atribuida a Luo Guanzhoung y/o Shi Nai’an (1296-
1370) y que probablemente se redactó en la segunda mitad del siglo XIV,
aunque los ejemplares más antiguos que se han conservado y que con

70
Título de Capítulo

certeza incluyen revisiones y alteraciones, son del siglo XVI (Prado-Fonts


2012, 443). Además, cabe destacar El loto dorado (Jin Ping Mei), anóni-
mo, y Viaje al oeste o El mono (Xi You Ji), de Wu Cheng’en (hacia 1506-
1582).

La primera de estas novelas, el Romance de los tres reinos, publicada en


24 volúmenes, se estructuraba en 120 capítulos y estaba compuesta por 1
millón de caracteres. Tenía su origen en el género de “historias simples” o
pinghua, textos redactados entre los siglos XIII y XIV que fueron utilizados
por cuentacuentos profesionales, aunque el autor de esta novela utilizó
también documentos históricos como los Registros de los tres reinos. Este
relato épico, basado en hechos históricos y personajes reales, estaba am-
bientado en la época de la fragmentación del Imperio chino acaecida tras
la caída de la dinastía Han Oriental (25-220 d. C.). Los Han dieron paso al
período de los Tres Reinos (desde el año 220 d. C. hasta la conquista de
los Wu en el 280 d. C.), y la obra narra el enfrentamiento de tres reinos
rivales —Shu-Han, Wei y Wu, que se disputan la conquista del imperio—
a través de la vida de Liu Bei, el gobernante del reino de Shu-Han, y de
sus hermanos: el orgulloso Guan Yu y el salvaje guerrero Zhang-Fei. Lui
Bei es un pariente pobre y lejano de la casa imperial Han que se abre ca-
mino gracias a los consejos del brujo Zhuge Liang, quien a la muerte de
su señor intentará cumplir su deseo de unificar China. Liu Bei aparece
como un gobernante ejemplar, aunque su principal defecto es su obsesión
por vengar la muerte de sus hermanos, incluso al precio de renunciar al
gobierno de China. El rival de Liu Bei es Cao Cao, soberano del reino de
Wei, que históricamente fue un gran administrador y poeta, aunque en la
novela figura como un personaje cruel a la par que sugestivo. El protago-
nista de la obra es, sin embargo, Zhuge Liang, un letrado taoísta y estrate-
ga con habilidades sobrenaturales y planes muy ingeniosos. La narración
finaliza tres siglos más tarde con la unificación de China bajo los Sui
(581-618).

A la orilla del agua es también un trabajo de recuperación de piezas orales


y teatrales que trata de una banda de rebeldes y proscritos que, al estilo de
Robin Hood —aunque los protagonistas de esta novela son imperfectos y
misóginos—, han sido obligados por un grupo de funcionarios corruptos a
vivir fuera de la civilización, por lo que se esconden en la espesura de los
bosques y en las orillas de ríos y lagos, bajo el liderazgo de Song Jiang.
Escrita en diez capítulos, la novela narra las trayectorias y hazañas de

71
Título del Libro o Parte

cada héroe —todos ellos maestros de las artes marciales— antes de unirse
al grupo y finaliza con la dispersión de los 108 forajidos y la muerte o
conversión de todos ellos al credo budista.

El loto dorado o Jing Ping Mei (el título chino es el nombre de las tres
protagonistas) es una novela de contenido erótico aunque ejemplarizante
que narra la historia de Ximen Qing, un rico y corrupto boticario, gran
seductor protagonista de encuentros eróticos descritos con gran detalle,
pero que le acabarán conduciendo a la tragedia. No se conoce al autor de
esta obra, pero se cree que un famoso poeta la escribió para un funciona-
rio corrupto culpable de la muerte de su padre. Antes de entregarle el
ejemplar, lo impregnó de veneno con la esperanza de que el lector, en su
afán por avanzar en la historia, mojara los dedos con la punta de la lengua
y muriera al ingerirlo. Esta obra erótica, junto a otras como el relato de
Liyu (1611-1680), titulado La alfombrilla de los gozos y los rezos (Rou-
putuan), circularon durante las dinastías Ming y Qing junto a otros ma-
nuales de prácticas sexuales como el Maestro del pabellón de la cosecha
de damas, pese a estar oficialmente prohibidos.

Completa la tetralogía la novela fantástica y cómica titulada Viaje al oeste


o Xiyouji, publicada en 1592, que narra los viajes de peregrinación a la
India del legendario monje budista Xuanzang, denominado en la novela
Tripitaka, en busca de sutras (escrituras sagradas budistas). Sus acompa-
ñantes (el mono travieso Sun Wukong y dos inmortales taoístas, el Cerdo
y el Pez de Arena) deben redimir los pecados por los que fueron expulsa-
dos del paraíso celestial de la Reina Madre de Occidente. En su camino
son acosados por todo tipo de seres y criaturas míticas y fantásticas. Mu-
chas de las historias que conforman este texto procedían de “historias
simples” o pinghua de la tradición budista; su esencia filosófica viene del
Sutra del corazón y su mensaje de que toda ilusión es vacío, y que para
alcanzar la iluminación es necesario renunciar a los vínculos terrenales:
“el vacío es forma y la forma es vacío”.

Además de estas novelas, también apareció un número importante de an-


tologías de relatos cortos inspirados en formas literarias antiguas como los
chuanqi o “notas a pincel”, que eran cuentos cortos como anécdotas, chis-
tes o leyendas que habían surgido durante la dinastía Tang (618-907) y
procedían de la tradición oral, aunque los autores Ming usaban nombres
ficticios o anónimos. Los escritores que contribuyeron a consolidar esta

72
Título de Capítulo

narrativa corta como género fueron Feng Menlong (1574-1646), que en


1620 publicó tres antologías de 120 cuentos titulados Tres palabras (San-
yan) sobre la vida cotidiana con un marcado carácter moralizante, y Ling
Mengchu (1580-1644), que publicó antologías de sus propios cuentos.
También destacó Pu Songling (1640-1715), autor de los Cuentos de Lia-
ozhai, una obra de unos quinientos chuanqi.

73
Título del Libro o Parte

2.8. Cultura material durante los Ming: pintura y caligrafía. Artes


Decorativas

La dinastía Ming se caracterizó por el florecimiento de todas las manifes-


taciones artísticas, porque tanto para la corte imperial como para los letra-
dos Ming instruidos en los clásicos del pensamiento confuciano y los co-
merciantes que se habían enriquecido en los últimos tiempos, sobre todo
en el siglo XVI, era fundamental tanto conocer, comprender y apreciar los
objetos antiguos como apoyar las creaciones de su tiempo, con la finali-
dad de crear un ambiente adecuado para estimular los sentidos y desarro-
llar la creatividad. Es indudable que el auge económico y urbano —sobre
todo en las ciudades del delta del Yangtsé como Suzhou o Hangzhou—
propició el desarrollo del mercado del arte y el coleccionismo de objetos
artísticos, por lo que se crearon en el espacio cortesano y doméstico —
como estaba sucediendo en la Europa moderna— gabinetes de “curiosida-
des” de enorme sofisticación, donde el diletante evocaba la milenaria cul-
tura china en tertulias literarias o artísticas. Incluso se comenzaron a editar
tratados sobre el buen gusto como el de Wen Zhenheng (1585-1645),
Zhangwu zhi o Tratado sobre posesiones mundanas o cosas superfluas, o
el de Li Rihua (1565-1635), Zitaoxuan zahui o Miscelánea del estudio del
melocotón púrpura, en los que se describía con todo lujo de detalles cómo
debían ser las casas y los jardines, así como el tipo de obras de arte que se
debían coleccionar, figurando en primer lugar las denominadas artes del
pincel (pintura y caligrafía) y después los objetos elaborados en otros
soportes artísticos como el jade, la porcelana o el cloisonné. Además,
estos tratados también proporcionaban criterios para el peritaje y detalla-
ban la mejor la forma de presentar las obras de arte que contribuían a re-
forzar la posición social e intelectual del coleccionista y la época del año
idónea para hacerlo. (Imagen 3)

Las artes del pincel, como las artes decorativas, contaron con el mecenaz-
go imperial y muchos de los soportes artísticos existentes (entre ellos la
confección de brocados de seda, la elaboración de porcelana o el cloi-
sonné) recibieron un impulso definitivo con la creación de talleres u hor-
nos oficiales. El inicio de la dinastía Ming coincidió con la reapertura de
la Academia Imperial por parte de la corte Ming, que patrocinó a un gran
número de artistas. Esto dio como resultado la aparición de distintas es-
cuelas de pintura que desarrollaron estilos inspirados en las grandes obras

74
Título de Capítulo

del pasado y, como los alfares de cerámica, llevaban los nombres de las
localidades donde aparecieron.

Hay que distinguir entre dos escuelas: la oficial y académica Escuela de


Zhe, y la individualista y contestataria Escuela de Wu. La primera de
ellas, situada en la provincia de Zhejiang, agrupaba a artistas profesiona-
les que se habían inspirado en la pintura de la dinastía Song Ma Xia, que
había resurgido con fuerza durante el reinado del emperador Xuande
(1426-1435). Destacaba por la creación de paisajes animados con figuras,
escenas de flores, frutas y pájaros, acontecimientos históricos o personajes
de la literatura confuciana, taoísta e histórica. Estaba formada por grandes
pintores como los paisajistas Zhou Wenjing (activo en la segunda mitad
del siglo XV), Zhong Li (1480-1500), Jiang Song (activo en la primera
mitad del siglo XVI), el especialista en pintura de flores y frutas Lin Liang
(1424-1500), los pintores de pájaros y flores Lü ji (1477-¿?) y Zhu Duan
(1500-1521) —aunque este último también abordó la pintura de paisaje—,
y el pintor aristócrata Zhang Lu (1490-1563). La escuela del sur, indivi-
dualista y culta, estaba integrada por letrados aficionados que habían fra-
casado o renunciado a su carrera como funcionarios y se dedicaban a la
pintura por placer, inspirándose en pintores y calígrafos de la dinastía
Song del Norte, como Mi Fu (1052-1107) o Su Shi (1037-1101), y en
otros maestros de la dinastía Yuan como Ni Zan (1301-1374) o Wang
Meng (1308-1385), que preconizaban la necesidad de entender la pintura
como la expresión de un sentimiento que surge de la espontaneidad y de la
intuición; más que un copista de formas y colores, el artista se consideraba
un intérprete de la realidad. Estos pintores, que se caracterizaron por su
libertad estilística y vitalidad, se agruparon en la Escuela de Wu, situada
en la ciudad de Suzhou y en los alrededores del condado de Wu (hoy
provincia de Jiangsu) —la abreviatura del primer carácter del topónimo
wu da nombre a esta escuela—, a la que pertenecieron los cuatro grandes
artistas de esta época, conocidos como los Cuatro Talentos de Wu o Wuz-
hong si cai: Shen Zhou (1427-1509), Wen Zhengming (1470-1559), Tang
Yin (1470-1523) y Qiu Ying (1494-1552). Exceptuando a Qiu Ying, que
procedía de una familia humilde, estos virtuosos de fuerte personalidad
artística pertenecían a familias acomodadas de la próspera ciudad de Suz-
hou, de las que habían heredado la sensibilidad artística y el gusto por el
coleccionismo de obras de arte. El fundador de la escuela fue el maestro
Shen Zhou, también llamado Shen Shitian, miembro de una familia de
funcionarios letrados y reconocidos pintores, pero de la que se había man-

75
Título del Libro o Parte

tenido al margen, dedicándose a la pintura, la caligrafía y la literatura.


Shen Zhou pintó más de 200 obras que estuvieron muy influidas por los
cuatro grandes maestros de la dinastía Yuan (Zhao Mengfu, Wang Meng,
Huang Gung Wang y Ni Zan) y también por los artistas de los Song del
norte como Mi Fu (1051-1107), Dong Yuan (907-962) o el poeta Bo Juyi
(772-846) de la dinastía Tang. En China, el aprendizaje a partir de obras
de los antiguos maestros es una constante, aunque su ejemplo debía servir
al discípulo para superarlos. El estilo de este pintor, que en sus composi-
ciones incluía la caligrafía para enriquecer la comunicación visual, otor-
gaba preeminencia al trabajo del pincel y la tinta en unidad pintando a
base de gruesos trazos de tinta china, de los que resultaba una composi-
ción muy sencilla con una repetición de líneas y puntos que derivan de la
obra de Mi Fu (Fadón Salazar 2006, 254). En su trabajo utilizó tanto for-
matos reducidos como hojas de álbum, así como rollos horizontales más
apropiados para la representación de paisajes, que concebía como compo-
siciones monumentales donde se desarrollaban sucesos cotidianos de la
vida real: excursiones, encuentros, despedidas y fiestas.

Wen Zhengming procedía también de una familia de la élite de Suzhou


que había formado parte de la administración en la capital y, como alum-
no de Shen Zhou, sentía también admiración por los maestros de la dinast-
ía Yuan, pero a diferencia de su mentor, la meta de este pintor fue ingresar
en el cuerpo de funcionarios y acceder a la Academia Hanlin de Pekín, lo
que consiguió en 1523, aunque cuatro años después y sintiéndose decep-
cionado volvió a Suzhou. Desde entonces se centró en la poesía, en la
redacción de ensayos sobre pintura y, a partir de los sesenta años, se volcó
plenamente en el dibujo. Sus temas predilectos fueron los paisajes más
famosos de Wu, en los que utilizó tanto formatos verticales como horizon-
tales. Su estilo era meticuloso y detallista en algunas composiciones, pero
en otras predominaba el trazo caligráfico, de pincelada rápida y directa.
Otro de sus temas favoritos eran las reuniones de letrados que pasaban el
tiempo en la naturaleza, recitando poemas, admirando pinturas o jugando
al ajedrez. Entre los discípulos de este artista destaca Zhen Shun (1483-
1544). Tan Yin era un pintor profesional que había sido rechazado por el
círculo de letrados al suspender los exámenes imperiales, y su obra mues-
tra una mayor influencia de la Escuela de Zhe. Abordó distintas temáticas
como los paisajes al estilo de los Song del Norte y los retratos de persona-
lidades célebres. Por último, hay que mencionar a Qiu Ying, nacido en el
seno de una familia humilde, pero formado en Suzhou con el pintor Zhou

76
Título de Capítulo

Chen (1460-1535). Este artista, que se ganaba la vida como pintor de laca,
se especializó en la utilización de pintura monocroma y en la bicromía de
tinta seca azul y verde pincelada con gran exactitud y preciosismo en los
detalles. Desarrolló todo tipo de géneros como flores y frutas, jardines,
paisajes y personalidades históricas célebres elaborados para los grandes
coleccionistas del momento como Chen Guan, Zhou Fenglai o Xiang
Yuanbian.

Como colofón a la pintura de la época Ming cabe recordar al crítico, pin-


tor y calígrafo Dong Qichang (1555-1636), fundador de una de las escue-
las de pintura más renombradas, la Escuela Huating, topónimo de la ciu-
dad de Huating (hoy Songjiang), de donde procedía este artista, que
superó con honores los exámenes para el puesto de funcionario y desem-
peñó además varias cargos en la corte imperial como el de tutor del here-
dero, el príncipe Zhu Zhang. Dong Qichang, que fue monje budista, mi-
nistro, coleccionista y el teórico más influyente de su época, escribió el
tratado los Principios de la pintura o Hua Zhi, obra que tuvo una influen-
cia decisiva durante los siguientes tres siglos. En ella dividía la pintura en
períodos históricos y estilísticos e incluía comentarios sobre la forma de
entender y clasificar este arte. Desde el punto de vista artístico, Dong se
limitó al género de la pintura de paisaje, en el que prácticamente no apa-
recían figuras, y su pintura se basó en la interiorización; criticaba a los
artistas profesionales de la Escuela de Zhe y abogaba por la síntesis y
reinterpretación de los maestros antiguos para conseguir una expresión
personal y original.

Como ya hemos visto, en la época Ming y muy especialmente en la Es-


cuela Wu, el arte de la pintura y la caligrafía estaban íntimamente ligados
porque compartían los mismos soportes artísticos (papel, seda, tinta, tinte-
ro y pincel) y una filosofía subyacente.

En las composiciones, los artistas incluían poemas que inspiraban o eran


inspirados por la pintura, y de manera que la palabra escrita y la imagen
pintada formaban un conjunto armonioso. Muchos de los artistas (Wen
Zhenming entre ellos) eran excelentes calígrafos, pero el que destacó por
su excepcional calidad fue Zhu Yongming (1440-1526), quien curiosa-
mente tenía seis dedos. Este artista abordó todos los géneros de la cali-
grafía (zhouanshu o “estilo arcaico”, caishu o “regular” y los más comple-
jos, conocidos como zhaoshu o “escritura de hierba” y xinshu o “estilo

77
Título del Libro o Parte

cursivo”), aunque sus obras más logradas fueron realizadas en los estilos
zhaoshu y xingshu, los más complejos por sus trazos sinuosos, rápidos y
espontáneos, que transmiten energía y vitalidad.

La opulencia y la sofisticación de las artes decorativas durante los Ming


fueron el resultado de la consolidación de las innovaciones técnicas intro-
ducidas previamente en los distintos soportes artísticos, como la aplica-
ción de óxido de cobalto y cobre bajo vidriado en la porcelana o la exce-
lencia técnica y artística lograda en la talla de la laca monocroma sumado
al empleo de nuevos materiales importados como el cloisonné (pasta
vítrea de distintos colores separados mediante alambres de metal pegados
sobre el cuerpo metálico del recipiente). Además, en la Ciudad Prohibida
se instalaron talleres de bronce, laca, jade, seda, marfil y madera (tanto
para recipientes como para mobiliario), de los que salieron piezas de gran
calidad destinadas a la decoración de los distintos pabellones y templos,
pero también a las casas de la élite.

En lo que al arte de la cerámica se refiere, los alfares de Jingdezhen, que


contaban con el mecenazgo de la corte, elaboraron porcelana de gran cali-
dad y exquisitez tanto para el mercado doméstico como para la exporta-
ción. Estos alfares llegaron a convertirse en una auténtica ciudad indus-
trial con un gran volumen de producción: algunos documentos oficiales
del reinado de Jiajing (1522-1566) demuestran que se elaboraban alrede-
dor de 600 000 piezas al año para los ajuares domésticos de la corte. Al
parecer, la demanda de estas piezas creció tanto —sobre todo durante el
reinado del emperador Wanli— que algunos de estos pedidos fueron satis-
fechos en hornos privados, ante la imposibilidad de que la factoría impe-
rial pudiera atenderlos. A partir de 1529, la prefectura de Fuliang (donde
se encontraban los hornos de Jingdezhen) comenzó a elaborar registros
muy completos donde se especificaba el número, la tipología y el tipo de
decoración para las piezas suministradas a la Ciudad Prohibida. En aque-
lla época la factoría imperial de Zhushan, en Jingdezhen, se dividía en 23
departamentos y contaba con 300 trabajadores contratados, además de
otros ocasionales, cuyas funciones iban desde la preparación de la arcilla
y otros pigmentos hasta la construcción de barcos para el transporte de las
piezas por el Gran Canal hacia Pekín.

Dos novedosas técnicas decorativas fueron introducidas en los talleres


imperiales de Jingdezhen a partir de la segunda mitad del siglo XV y du-

78
Título de Capítulo

rante el XVI: la técnica de policromía doucai (colores encajados o embuti-


dos) fue una de las más apreciadas por la corte, y lo sigue siendo hoy por
los coleccionistas. Se lleva a cabo pintando bajo vidriado en azul cobalto
para después rellenar los diseños sobre el vidriado con esmaltes de distin-
to color. Sabemos que durante la dinastía Ming se enviaban a los alfares
de Jindezhen las obras de los mejores artistas de la colección imperial
para servir de inspiración a los artífices de la porcelana. La segunda técni-
ca, conocida como wucai, fue desarrollada en la segunda mitad del siglo
XVI y consistía en la aplicación de distintos esmaltes (verde, rojo, negro,
berenjena, amarillo) sobre un vidriado previamente cocido a alta tempera-
tura, con algún detalle de la ornamentación aplicado en óxido de cobalto
bajo cubierta. Los contornos del diseño se pincelaban en rojo o en negro.
Este proceso de decoración era menos complicado que el anterior, porque
admitía correcciones y repintes, al estar realizado sobre porcelana previa-
mente cocida. Este segundo estilo fue fundamental en el desarrollo de la
ornamentación de las llamadas familias occidentales (verde, rosa, etcéte-
ra), que tanto éxito tuvieron en el mercado europeo a partir de la segunda
mitad del siglo XVII. Pero si hay un estilo característico de la porcelana
Ming es el azul y blanco, aunque es curioso que esta técnica no fuera del
gusto chino cuando se comenzó a elaborar. En la segunda década del siglo
XIV, durante la dinastía Yuan, se empezó a importar óxido de cobalto
desde la ciudad persa de Kashan para decorar piezas de porcelana destina-
das a los mercados de Oriente Medio. Ya en el siglo XV, este estilo estaba
totalmente aceptado por la corte Ming para la ornamentación de piezas
imperiales o para los encargos privados de los letrados y comerciantes.
Desde el siglo XVI, los artífices se adecuaron además a las peticiones de
nuevos compradores instalados en los mercados del sudeste asiático y
Japón, aunque durante el reinado del emperador Wanli (1573-1620) Euro-
pa se convirtió en uno de los principales mercados y la producción se
intensificó. El tipo principal para exportación recibe el nombre de “porce-
lana de carraca”, por el navío portugués que la transportaba, y se caracte-
riza por la variedad de formas y decoraciones enmarcadas en paneles ra-
diales polilobulados. (ver imagen 4)

La laca tallada, elaborada a partir de la resina del árbol rhus verniciflua y


coloreada con rojo de cinabrio o con negro de hierro, fue otra de las gran-
des producciones de los talleres imperiales aplicada a todo tipo de objetos
para uso tanto civil como religioso. El grosor de la laca Ming se incre-
mentó hasta las 200 capas, y es muy llamativa la habilidad de los artífices

79
Título del Libro o Parte

para tallar la superficie de estos objetos con hermosos y delicados diseños


florales, e incluso paisajes con figuras. Además, se perfeccionaron las
técnicas de la laca incisa con incrustaciones de polvo de oro y la incrusta-
ción de nácar sobre la laca, que dio como resultado diseños muy elabora-
dos que incluían escenas de las suntuosas edificaciones de la élite o paisa-
jes con figuras que copiaban los diseños de la pintura a tinta.

Otro de los soportes más característicos de la época Ming es el cuerno de


rinoceronte. Los chinos atribuían a este material propiedades milagrosas
como antídoto para el veneno, y parece ser que los romanos adoptaron
esta idea por influencia china. Los objetos se tallaban de manera muy
simple, ornamentados únicamente con una línea de meandros en la boca o
el pie, o bien de forma virtuosa y preciosista con una variedad de intrinca-
dos motivos.

Todos estos objetos aumentaron de valor durante la dinastía Ming, por lo


que iban identificados con los sellos del artífice o con las marcas del rei-
nado del emperador, sobre todo en el caso de la porcelana.

80
Título de Capítulo

2.9. El desmoronamiento del Imperio Ming y la conquista de los


manchúes

En 1573 Zhu Yizhun ascendió al trono imperial con el nombre de Wanli


(1573-1620). Su reinado, de cuarenta y tres años, iba a convertirse en el
más longevo de todos los Ming. Debido a que en el momento de su ascen-
so al poder tan solo contaba con diez años, la administración del imperio
fue confiada al gran secretario y reformador Zhang Juzheng (1525-1582).
Gracias a este, los primeros diez años del reinado se caracterizaron por la
estabilidad, el buen funcionamiento de la administración, el desarrollo del
comercio y el florecimiento cultural, pues el emperador, que confiaba y
respetaba profundamente a su mentor, no interfirió en su acción de go-
bierno. Sin embargo, a partir de su muerte, el caos y la decadencia política
se instalaron en el reino, porque el emperador no mostró interés alguno en
los asuntos del Estado, delegó las responsabilidades del gobierno en sus
eunucos, cuya influencia aumentó peligrosamente su influencia al enco-
mendarles el cobro de las rentas en las provincias. Como consecuencia de
este hecho, volvieron a desencadenarse la corrupción y los abusos de po-
der. Además, la situación económica se hizo insostenible porque el Estado
comenzó a vaciar sus arcas de forma vertiginosa para mantener a los
miembros de la numerosísima familia imperial, que se llevaba la mitad de
los impuestos recaudados; además, mientras se esquilmaba el tesoro con-
tinuaba la extravagante forma de vida de la corte, desde la compra exage-
rada de indumentaria o joyas hasta la elaboración de un número ingente
de objetos, algunos de fabricación muy compleja como mangos de pince-
les o piezas de ajedrez de porcelana, suscitaban acaloradas protestas por
parte de los trabajadores de los alfares imperiales de Jingdezhen. Solo la
construcción del mausoleo del emperador durante la década de 1580, su-
puso un gasto de 8 millones de taels ya que los materiales tenían que tras-
ladarse desde zonas situadas a más de 1000 kilómetros.

A finales del siglo XVI y comienzos del siglo XVII, los gremios de artesa-
nos y también los obreros esclavos de los monopolios del Estado como las
salinas empezaron a rebelarse; además, se extendieron los motines urba-
nos en las ciudades más importantes, entre ellas Pekín, Hangzhou o Suz-
hou. Aparte de estas revueltas, una serie de desastres naturales (inunda-
ciones y una pequeña glaciación en el norte de China) desencadenaron

81
Título del Libro o Parte

hambrunas y epidemias por todo el territorio. Como la previsión por parte


del Estado era nula, estas desgracias derivaron en bandidaje y violencia; la
situación de los campesinos se hizo crítica y la cantidad de tierra produc-
tiva que podía gravarse se redujo considerablemente. Por otro lado, esta
época de crisis desencadenó entre los intelectuales de Pekín deseos de
reforma que se materializaron en la creación de sociedades como la socie-
dad Donglin (ver capítulo 2.8), aunque por desgracia al final no lograron
poner en práctica sus proposiciones morales y limpiar el país de corrup-
ción. Así pues, antes de que el emperador Wanli falleciera en 1620, China
había comenzado a sufrir un lento declive que no hizo sino acentuarse con
la caída de las importaciones de plata debida a las incursiones de holande-
ses y británicos en Asia Oriental para expandir sus propios imperios mer-
cantiles, y también al desplome de la extracción de plata mexicana de
Zacatecas en la década de 1620.

Cuando en 1627 finalizó el reinado del emperador Tianqi (r. 1621-1627),


nieto de Wanli que había sucedido a su padre, el emperador Taichang, que
únicamente había durado en el trono un mes, estallaron las grandes insu-
rrecciones populares que acabaron derrocando a los Ming. Tianqi, que no
gobernó más que seis años, había dejado el gobierno en manos del intri-
gante y despótico eunuco Wei Zhongxian (1568-1627), que consiguió ser
venerado como un dios. Al inicio del reinado del último emperador Ming,
Chongzhen (1628-1644), el eunuco Wei Zhongxian fue asesinado; sin
embargo, ese mismo año tuvo lugar otra gran hambruna en la provincia de
Shaanxi provocada por las malas cosechas que desencadenó una ola de
protestas entre los campesinos de las provincias septentrionales de Sha-
anxi, Henan, Hebei y Anhui. Aunque el emperador intentó remediar la
situación llevando a cabo importantes reformas y renovando los cargos
más importantes de la clase dirigente, no fue capaz de evitar que a las
protestas se unieran soldados desmovilizados que acabaron haciéndose
con el control de distintas provincias de China. En el norte, Li Zicheng
(1606-1645), un antiguo pastor convertido en guardia de postas, se pro-
clamó rey del reino de la Gran Prosperidad (Dashun); en el sur, el soldado
raso Zhang Xianzhong (1606-1647), que había establecido su gobierno en
la provincia meridional de Sichuan, se proclamó rey en la ciudad de
Chengdu. Durante algunos años los líderes de estos dos territorios comba-
tieron entre sí, pero también con los representantes del gobierno de los
Ming. Los estragos de esta guerra civil se vieron agravados por una gran
epidemia de peste que asoló el norte de China. En 1641 y con el apoyo de

82
Título de Capítulo

un grupo de letrados, Li Zhicheng empezó a barajar la idea de la creación


de una nueva dinastía: tres años más tarde, en 1644, sus ejércitos entraron
en Pekín. El último soberano de la dinastía Ming, el emperador Chongz-
hen, se ahorcó en un árbol en la ladera de la colina Panorámica y Li Zhi-
cheng se proclamó emperador.

Mientras la dinastía Ming se deslizaba hacia su final, el pueblo manchú


comenzaba a dominar el nordeste de China. Su líder, Nurhaci, había sido
declarado kan en 1616: fundó la dinastía Jin posterior y estableció la capi-
tal en la ciudad china de Shenyang (que había sido tomada en 1621 junto
a Liaouyang), que rebautizó como Mukden. Nurhaci había expandido su
dominio de un grupo de poblados a toda Manchuria, incluyendo la pro-
vincia fronteriza de Liaodong, y había organizado a sus tropas y sus fami-
lias en ocho grupos diferentes de banderas (que servían para reconocerles
en el campo de batalla y serían la futura base organizativa sociomilitar del
Estado Qing, desde la época de Nurhaci hasta 1924, cuando fueron disuel-
tas por el general Yuan Shikai) con distinto color: amarillo, rojo, azul y
blanco; cuatro desornamentadas y cuatro con orlas.

Sin embargo, en 1626 Nurhaci sufrió una gran derrota militar frente a los
Ming a resultas de la cual murió pocos meses después; fue sucedido por
su octavo hijo, Hong Taiji (r. 1626-1643), que había sido el general al
mando de las banderas amarillas con orlas. Hong Taiji comenzó reorgani-
zando la administración del gobierno de la provincia de Liaodong con la
creación de seis ministerios y convocando oposiciones para el funciona-
riado, que evidentemente imitaba la estructura del gobierno de los Ming,
empleando chinos en todos los ámbitos de la burocracia. Ante la caótica
situación política en Pekín, poco a poco se fueron produciendo desercio-
nes entre los generales Ming a los que se había encomendado la defensa
de la provincia de Shangdong, en el noreste de China. Indudablemente,
estas deserciones acrecentaron el poder de Hong Taiji, y en 1637 creó dos
banderas chinas, que aumentó a cuatro en 1639 y a ocho en 1642.
Además, en 1636 decidió cambiar el título dinástico Jin del Imperio yur-
chen por el de Qing (el nombre de un río en Manchuria en el que Nurhaci
había librado una importante batalla para ganar Liadong en 1619 y signi-
ficaba “Puro” o “Claro”), que fue utilizado desde entonces y hasta 1911
por los gobernantes manchúes. El nuevo soberano también sustituyó el
antiguo nombre de la tribu yurchen por el de manchú, que probablemente
procedía del término budista “buena fortuna grande”.

83
Título del Libro o Parte

Con la estructura de gobierno bien organizada, Hong Taiji se lanzó a la


conquista de Corea: obligó a su rey a renunciar a la lealtad a los Ming y le
hizo entregar a sus hijos como rehenes. Además, parte de su ejército ya
había cruzado la Gran Muralla al norte de Pekín, y había ido ocupando
zonas de la provincia de Shandong, aunque el acceso por tierra a la capital
a través del paso de Shanhaiguan estaba protegido por Wu Sangui, un
destacado general Ming natural de Liaodong. En 1642 la estratégica ciu-
dad de Jinzhou cayó en poder de los manchúes, pero un año más tarde
murió Hong Taiji, dejando a su hermano menor Dorgon (1612-1650) co-
mo regente del heredero elegido, el noveno de sus hijos, un niño de cinco
años llamando Fulin (1638-1661) que fue entronizado con el nombre de
Shunzi, traducido como “bediencia en la regla”. Dorgon gobernó con la
inteligentísima emperatriz viuda Xiaozhuang Wen (1613-1687), que tuvo
una influencia decisiva durante su reinado.

Mientras tanto, Pekín había sido tomada por Li Zichen (ver p. ***), pero
éste decidió salir de la capital para atacar al general Ming Wu Sangui, el
último defensor de la causa Ming. Aprovechando esta oportunidad, el
regente Dorgon cruzó la frontera y el 6 de junio de 1644 el general Ming
se unió a los manchúes y juntos se apoderaron de Pekín. El 30 de octubre
el nuevo emperador fue entronizado en la Ciudad Prohibida. Li Zicheng
huyó hacia sudoeste, a la ciudad de Xian, pero en 1645 finalmente fue
acorralado por los manchúes y se suicidó. El segundo rebelde, el antiguo
soldado raso Zhang Xianzhong, que se había instalado en la provincia de
Sichuan, proclamó en 1644 la formación de un nuevo Estado denominado
“Gran Reino del Oeste”, en el que instauró un reino de terror que finalizó
en 1647, cuando murió a manos de tropas manchúes.

Sin embargo, mucho antes de que los manchúes ocuparan la capital, los
príncipes de la familia imperial de los Ming y su cuerpo de funcionarios-
letrados habían huido de Pekín y se habían instalado en distintas partes del
imperio, por lo que la victoria de los manchúes distaba mucho de ser
completa: todavía iban a tardar 17 años en conquistar todo el territorio de
China. Uno de los descendientes del emperador Wanli, el príncipe Fu, que
se había establecido en la antigua capital, la ciudad de Nankín, intentó
hacer un pacto con el regente Dorgon, ofreciéndole una enorme suma
anual con la condición de que el ejército manchú se replegara de nuevo a

84
Título de Capítulo

Liaodong; los manchúes, que habían instado al príncipe a renunciar a sus


pretensiones imperiales, rechazaron el ofrecimiento. Pese a todo, la corte
Ming en Nankín volvió a dividirse y se convirtió en el escenario de seve-
ras fracturas, mientras los ejércitos manchúes avanzaban por el Gran Ca-
nal hasta llegar a la próspera ciudad de Yangzhou, donde se produjo una
terrible masacre. Después de este episodio la ciudad de Nankín fue toma-
da prácticamente sin resistencia, y el príncipe Fu fue enviado a Pekín,
donde murió al año siguiente. A medida que la conquista de China avan-
zaba, se organizó un nuevo ejército manchú con desertores Ming, el Es-
tandarte Verde, que era uno de los más numerosos y en el que los solda-
dos de etnia manchú eran solo una minoría frente al gran número de
aliados de etnia han.

Pese a todo, surgieron nuevos pretendientes a recuperar el trono de los


Ming y a dirigir la resistencia: primero en el sur, en la ciudad de Fuzhou y
en Cantón, y más tarde en Amoy (hoy Xiamen), en la costa oriental. El
gobernante de Fuzhou fue capturado y ejecutado en 1646; su hermano
cayó en Cantón en 1647, y el descendiente de la familia imperial en Amoy
renunció a su título en 1653. El príncipe de Gui se convirtió, a la postre,
en la última esperanza de los fieles a la dinastía Ming, pero en diciembre
de 1650 el príncipe y su corte huyeron hacia la provincia de Guagxi y
finalmente cruzaron la frontera hacia Birmania, cuyo rey tuvo al “empera-
dor” y su familia prisioneros durante un brevísimo espacio de tiempo an-
tes de entregarlos al general Wu Sangui. En 1662, en la provincia meri-
dional de Yunnan, el último “emperador Ming” y su familia fueron
ejecutados mediante estrangulamiento.

85
Título del Libro o Parte

3
El florecimiento de China bajo
los primeros Qing (1644-1795)

86
Título de Capítulo

3.1. Los inicios de la dinastía Qing: el regente Dorgon (1643-1650) y el


emperador Shunzhi (1644-1661)

La dinastía manchú de los Qing fue la última en gobernar el Imperio chi-


no, que abarcaba entonces el territorio más extenso de su historia. Ocupa-
ba una extensión de doce millones de kilómetros cuadrados y albergaba
una población que triplicaba a la de la época Ming, y que a finales del
siglo XVIII era de trescientos millones de habitantes. Durante el siglo XVIII
China se consagró como el País del Centro, auténtico protagonista del
florecimiento económico y cultural en Asia Oriental, y su influencia se
extendió mucho más allá de sus fronteras, tanto que esta civilización se
convirtió en paradigma e inspiración de filósofos y pensadores políticos
europeos en su camino hacia la Ilustración. Sin lugar a dudas, a mediados
del siglo XVIII China era el Estado más rico y extenso del mundo, pero al
finalizar dicha centuria –y aquí concluiremos este relato sobre la China
Imperial en la Edad Moderna– la desintegración y decadencia del sistema
imperial ya se estaban fraguando. Aunque el imperio se iba a mantener
todavía durante cien años más, la proclamación de la República Popular
de China en 1911 terminó con dos mil años de continuidad dinástica.

Sin embargo, habíamos dejado nuestra historia en 1662, cuando los


manchúes dieron muerte al último representante de la dinastía Ming, dos
décadas después de haberse apoderado de la capital. No obstante, los pro-
blemas relativos al gobierno de un imperio tan extenso distaban mucho de
estar totalmente resueltos. Dorgon (1612-1650), que gobernó hasta 1650
como regente de su sobrino, el futuro emperador Shunzi (r. 1644-1661),
intentó ganarse el apoyo popular organizando con gran pompa y boato los
funerales del último emperador Ming y recompensando a los generales
que habían ayudado a los manchúes a hacerse con el poder con feudos
semiindependientes en la zona meridional de China, pero los manchúes
todavía tuvieron que enfrentarse al último núcleo de la resistencia de los
Ming. La isla de Formosa (actual Taiwán), había sido un refugio de pira-
tas y comerciantes extranjeros (principalmente portugueses y holandeses)
durante la época Ming. Fue aquí desde donde Zheng Chenggong (conoci-
do por los occidentales como Coxinga), un pirata chino-japonés que había
sido leal a los Ming en la década de 1950, lanzó un ataque contra la ciu-
dad de Nankín, que sin embargo fue sofocado rápidamente por los Qing.

87
Título del Libro o Parte

En los primeros años de la década de 1660, los Qing evacuaron a la po-


blación de la costa de China desde Shangdong hasta Guangdong y: sa-
quearon numerosos pueblos, donde asesinaron a los partidarios de los
Ming, y obligaron a Zheng Chenggong a retirarse a Formosa. Después de
la muerte por paludismo del líder pirata, su hijo resistió, hasta que en 1683
fue derrotado en un combate naval por los Qing, que incorporaron la isla
al Imperio chino.

La dominación manchú impuso nuevas normas a la población china some-


tida mediante el uso de la fuerza. En 1645, un año después de la conquista
de Pekín, Dorgon promulgó un decreto por el que se obligaba a los chinos
de etnia han a llevar una indumentaria y un peinado determinados: cha-
queta ceñida de cuello alto abrochada en el hombro derecho y mangas
ajustadas en forma de casco de caballo, en lugar de las amplias túnicas
cruzadas de manga ancha, y el peinado manchú, que consistía en afeitarse
la frente y llevar el pelo recogido en una larga trenza. Las consecuencias
del incumplimiento de este decreto se resumían en el dicho “pierde el pelo
o pierde la cabeza”. Se prohibieron los matrimonios mixtos y comenzó a
haber segregación entre chinos de etnia han y manchú: los primeros no
podían residir en Manchuria, y en las ciudades comenzaron a formarse
barrios diferenciados para los han y los manchúes. Además, se prohibió
vendar los pies a las niñas chinas y castrar a los hombres. La vida en pala-
cio se transformó, porque se redujo notablemente el número de eunucos y
la guardia personal del emperador pasó a estar formada por un cuerpo
especial de guerreros manchúes descendientes de la guardia de Nurhaci.
En el norte de China, los nuevos gobernantes confiscaron numerosas tie-
rras que habían pertenecido a la élite Ming para recompensar tanto a sus
nuevos funcionarios como a sus guarniciones militares: la incautación de
estos terrenos fue de 8000 kilómetros cuadrados (Kyle Crossley 2002,
99).

Sin embargo, en los aspectos más importantes de la gobernación, los


manchúes se adaptaron a las instituciones de época Ming y a la ideología
confuciana, razón por la cual la estructura de los seis ministerios (Nom-
bramientos Civiles o Personal, Rentas, Ritos, Guerra, Justicia y Obras
Públicas) se mantuvo intacta. El único cambio destacable fue que al frente
de cada uno de ellos se nombraron dos presidentes simultáneos, represen-
tantes de las dos etnias principales: uno manchú y otro chino de las bande-
ras; y la vicepresidencia se instituyó mezclando las dos etnias y duplican-

88
Título de Capítulo

do los puestos: dos manchúes y dos han. Además, el Gran Secretariado –


que estaba formado por un número variable de grandes secretarios que
ayudaban al emperador con la coordinación entre los ministerios– se man-
tuvo, y durante el reinado de Shunzi estuvo presidido por un grupo inte-
grado por siete miembros en total: dos manchúes, dos chinos de las bande-
ras y tres ex altos funcionarios Ming. El regente Dorgon dividió en dos las
tres mayores provincias de los Ming para facilitar la gobernación (ahora
eran dieciocho provincias en total) y nombró a un gobernador chino de las
banderas para administrarlas. A las órdenes de cada gobernador colocó a
dos funcionarios con competencias económicas y jurídicas, así como a
varios censores que supervisaban su gestión. Continuando hacia abajo en
el escalafón administrativo, los prefectos gestionaban las grandes ciudades
y controlaban a su vez a los funcionarios de los condados locales, que –
como señala Jonathan Spence– “se encargaban de la administración coti-
diana y de la recaudación de impuestos en las ciudades y en el campo”
(Spence 2011, 91). Es evidente que el regente Dorgon benefició a los
antiguos funcionarios Ming con importantes cargos en el gobierno, un
hecho que le valió críticas por parte de la élite manchú, aunque por otro
lado se ocupó de eliminar la corrupción que había caracterizado a la di-
nastía anterior y bajar los impuestos. En 1646 volvieron a convocarse
oposiciones para a la administración del Gobierno: 373 plazas para candi-
datos de la zona de Pekín y las provincias septentrionales de Shanxi y
Shandong, y un año más tarde otras para las provincias de Jiangsu y An-
hui.

Tras seis años de poder absoluto, al final de su regencia Dorgon sucumbió


también a las actitudes extravagantes y escandalosas que habían caracteri-
zado la vida en palacio de los emperadores Ming, lo que puso en peligro
la estabilidad de la recién inaugurada dinastía. Sin embargo, el joven em-
perador Shunzi (1638-1661) consiguió estabilizar y garantizar la continui-
dad dinástica de los Qing.

En muchos aspectos, su reinado fue continuador de las políticas iniciadas


por su tío, pero este emperador fue mucho más permeable a la cultura
china: se aficionó muy pronto tanto a la lengua y la caligrafía como al
teatro y la novela chinos. Además, volvió a poner en funcionamiento al-
gunos departamentos de palacio gestionados por eunucos, a los que de-
volvió un poder considerable. También contó con el consejo del padre
jesuita alemán Johann Adam Schall von Bell, que se había instalado en la

89
Título del Libro o Parte

corte durante el reinado del último emperador Ming, Chongzhen, y que


había continuado haciéndolo bajo los Qing, pues fue elegido por Dorgon
para dirigir la Oficina Imperial de Astronomía. El emperador Shunzi tenía
una relación muy cercana con el jesuita, al que llamaba familiarmente
mafa o “abuelo”, e incluso lo nombró letrado, poniéndole al frente del
Ministerio de Ritos y Astronomía. Once años después de su ascenso al
trono, a la edad de veintidós, el emperador Shunzi falleció inesperada-
mente a causa de una viruela, y el poder fue asumido por cuatro regentes:
Oboi, Suksaha, Soni y Ebilun, ya que el pequeño Xuanye, el futuro empe-
rador Kangxi, tan solo contaba con siete años de edad. Oboi fue el más
influyente y poderoso de los regentes, y su primera actuación consistió en
abolir algunas de las políticas de Shunzi, como los departamentos de eu-
nucos. Restableció a letrados manchúes en los puestos más elevados de la
administración y destituyó fulminantemente a los consejeros extranjeros
como Shall von Bell, que fue detenido y encarcelado. También se ocupó
de consolidar el poder territorial de los manchúes en China, así como de
endurecer las políticas de recaudación de impuestos.

90
Título de Capítulo

3.2. El absolutismo ilustrado durante los reinados de los emperadores


Kangxi (1662-1722) y Yongzheng (1723-1735)

El emperador Kangxi era menor de edad cuando ascendió al trono, y con


tan solo catorce años tomo las riendas del poder tras expulsar al regente
Oboi y sus partidarios. Dotado de fuerte personalidad, gran vigor físico y
una salud de hierro (había superado la viruela infantil que había acabado
con la vida de su padre), este emperador se había ejercitado durante su
juventud en el dominio de las habilidades guerreras de los manchúes, y
por eso se mostró tan inflexible con la élite de funcionarios-letrados
manchúes e hizo que siguieran su modelo. Como él mismo decía, “los
manchúes consideran la arquería y la equitación como sus raíces, y en el
origen esto no fue un obstáculo para aprender de los libros. Aquellos
abanderados que aprueban las oposiciones regionales y provinciales tam-
bién deberían demostrar dominio de la arquería y la equitación” (Kyle
Crossley 2002, 102). La personalidad del emperador Kangxi se caracte-
rizó además por el talento y la capacidad de trabajo, por su perspicacia y
asombroso intelecto. Trabajaba concienzudamente, leyendo hasta cin-
cuenta documentos al día, y no dejaba ningún detalle sin resolver: “Todos
los antiguos solían decir que al emperador solo le deben preocupar los
principios generales y no es necesario dar importancia a los pequeños
detalles. No puedo estar de acuerdo. Cualquier detalle manejado sin cui-
dado puede perjudicar a la humanidad, un momento de descuido daña a
todas las generaciones futuras. No descuidar nada, esa es mi naturaleza”.
Dotado de una aguda curiosidad intelectual, era un excelente escritor que
dominaba el chino y el manchú, y que impulsó iniciativas culturales como
la redacción de una historia de la dinastía Ming, o proyectos para la re-
construcción de las bibliotecas destruidas durante la ocupación del rebelde
Li Zhicheng. Durante sus sesenta años de reinado, este emperador –
contemporáneo de Luis XIV de Francia o Pedro el Grande de Rusia–
afianzó y consolidó el poder de los manchúes en China y convirtió el de
los Qing en uno de los imperios más grandes de la Edad Moderna. (Ima-
gen 5)

91
Título del Libro o Parte

Durante los primeros años de su reinado, Kangxi tuvo que hacer frente a
graves problemas en la zona meridional de sus dominios. El sur y el suro-
este (provincias de Yunnan, Guizhou, Cantón, Guangxi y Fujian) habían
quedado bajo el dominio de tres generales chinos que habían dirigido la
contienda contra los Ming a finales de la década de 1650. A causa de la
enorme distancia con la capital, habían obtenido de los emperadores Qing
amplios poderes para conquistar o gravar con impuestos la zona. El más
poderoso de todos ellos, el general Wu Sangui (1612-1678), controlaba
las provincias de Yunnan, Guizhou y Hunan, y tenía también una gran
influencia en las de Gansu y Shaanxi, situadas más al norte. Recibía
además generosos subsidios de la corte, había sido nombrado príncipe
imperial y le habían concedido el honor de casar a sus hijas con herederos
de nobles manchúes. Los otros dos generales, Geng Jimao y Shang Kexi,
también habían colaborado con los manchúes desde 1633: el primero do-
minaba la provincia de Fujian desde la ciudad de Fuzhou y el segundo
ejercía un gran control sobre las provincias de Guangdong y zonas de
Guangxi desde su base en Cantón. En 1673 el emperador Kangxi, cons-
ciente del poder que estos tres generales habían acumulado, comenzó a
replantarse el estatus de los Tres Feudatarios (como se los conoció desde
entonces), y en diciembre de ese mismo año Wu Sangui dejó de ser leal a
los Qing y proclamó el nuevo Estado de Zhou en la provincia de Yunnan,
tras lo cual penetró con sus ejércitos en Hunan. Geng Jingzhong se rebeló
un año más tarde y Shang Kexi propuso hacer de su feudo un reino here-
ditario. El joven emperador Kangxi logró el apoyo de su corte para crear
una estrategia que le permitiera invadir el sur de China. Además, como los
Tres Feudatarios nunca se pusieron de acuerdo para desarrollar una defen-
sa común, en 1681 los tres líderes habían muerto y la guerra civil se dio
por concluida. Kangxi nombró nuevos gobernadores pertenecientes al
grupo de los chinos de las banderas, y esta zona quedó nuevamente inte-
grada en el imperio, aunque el emperador siempre sintió una gran descon-
fianza hacia el sur de sus dominios y evitó la concentración de poder en
sus nuevos nombramientos, tanto en la burocracia imperial como en las
provincias.

Otra de las cuestiones a las que el emperador se tuvo que enfrentar duran-
te los primeros años de su reinado y de la que ya hemos tratado anterior-
mente (ver p. *) fue la integración de Taiwán en el Imperio Qing. La isla
pasó de ser una prefectura de la provincia de Fujian a estar dividida en
tres condados para evitar precisamente la concentración de poder en ma-

92
Título de Capítulo

nos de una sola persona. Kangxi militarizó fuertemente la isla y limitó la


emigración china a Taiwán. Además, durante la década de 1660, como
resultado de la evacuación de la población de la costa hacia el interior de
China (ver p. *), las fuerzas navales de los Qing bloquearon el próspero
enclave portugués de Macao, pero gracias a la intercesión de los jesuitas
en Pekín, el emperador Kangxi autorizó la reanudación del comercio en la
zona (Sheperd 2016, 77-110).

Una vez consolidada la mayor parte del territorio, el emperador volvió la


mirada hacia la zona occidental de China. Como veíamos, el Tíbet había
sido conquistado brevemente por los mongoles en el siglo XIII, y durante
la época Ming, Pekín recibía regularmente tributo desde allí, así como la
visita de congregaciones de lamas. El budismo lamaísta suscitaba una
gran simpatía entre los mongoles, y en la época Ming un sucesor de
Tsongkhapa, famoso maestro de la purista secta Amarilla, se había trasla-
dado a Mongolia, donde el príncipe Althan Khan le había otorgado el
título de Dalái Lama. En 1642 los mongoles ayudaron al V Dalái Lama a
establecerse en la ciudad de Lhasa, y los chinos reconocieron la indepen-
dencia del Tíbet. Los estrechos lazos tibetano-mongoles permitieron el
asentamiento entre 1665 y 1685 de los mongoles dzhungaros, que proced-
ían del norte del Turquestán, en las regiones de los oasis chinos de Koko-
nor y Gansu. Su líder era Galdan, quien más tarde se lanzó a la conquista
de Mongolia Exterior y Qinghai, habitadas por los khalkas. Gracias a un
acuerdo de estos últimos con el emperador Kangxi, que avanzó hacia el
oeste con 80 000 hombres, se pudo derrotar a Galdan en la gran batalla de
Jao Modo en 1696. Sin embargo, los problemas para el emperador conti-
nuaron con el sucesor de Galdan, Tsewang Araptan, que en 1717 invadió
Lhasa, y los conflictos se acentuaron radicalmente cuando el Dalái Lama
fue asesinado. En 1720 la corte Qing envió un destacamento militar y
designó un nuevo Dalái Lama, el séptimo, leal a los chinos. La realeza
tibetana fue abolida y se estableció una guarnición permanente de las ocho
banderas con comisarios políticos que informaban puntualmente al empe-
rador. Asimismo, en 1721 se estableció un consejo de ministros denomi-
nado Kashag, integrado por cuatro kalons (ministros) que ejercían el po-
der bajo la supervisión de un representante imperial, pero que no tenía
poderes administrativos.

Otro de los frentes que el emperador Kangxi tuvo que atender fue el de las
fronteras del norte de Manchuria con Siberia, porque los Qing entraron en

93
Título del Libro o Parte

conflicto con el Imperio ruso de los Romanov por el río Amur y las mon-
tañas de Xing’an. Después de sendos ataques de los chinos contra la guar-
nición que los rusos tenían destacada en la ciudad de Albazin, a orillas del
río Amur, y ante la incapacidad de estos últimos para mantener un territo-
rio tan extenso con la oposición de los Qing, representantes de ambos
imperios se reunieron en septiembre de 1689 para firmar el Tratado de
Nerchinsk, que fue el primer acuerdo entre una potencia europea y China.
Allí se fijó la frontera del norte de Manchuria tal y como se encuentra hoy
en día, y fue posible en parte gracias a la colaboración de los jesuitas, que
actuaron como intérpretes utilizando sus conocimientos de latín y
manchú. En este tratado, por el que Rusia renunciaba a la región del río
Amur, se establecieron los límites del Imperio ruso en la cordillera de
Stanovói y el río Argún, de modo que la ciudad de Albazin quedaba en
territorio chino. Además, se firmaron condiciones ventajosas relaciones
comerciales entre los dos países.

En el ámbito de la política interior, el emperador Kangxi intentó ganarse


el favor de la clase letrada han, así como apoyar el confucianismo como
base política para el Estado Qing. En 1670 otorgó a la nación un “Edicto
Sagrado” o Shengyu basado en el canon confuciano, que inistía en la im-
portancia de seguir al pie de la letra la sumisión jerárquica de las relacio-
nes sociales confucianas o wulun, en las que cada miembro de la sociedad
debía ocupar su puesto, aplicando las relaciones familiares al conjunto del
Estado: el marido debía obedecer al padre, la mujer al marido, el hermano
pequeño al mayor, el súbdito al príncipe y los amigos decían obedecerse
entre sí. Además, había que perseverar en valores como la generosidad, la
responsabilidad, la obediencia, la frugalidad y la laboriosidad. El empera-
dor procuró la máxima difusión de su edicto: publicó versiones populares
que se distribuyeron entre el pueblo y se ocupó de que se recitase públi-
camente en las plazas de todas las grandes ciudades. Kangxi dominaba
perfectamente el mandarín, pero además contó con un grupo de letrados
manchúes y chinos para profundizar en el conocimiento de los Cuatro
Libros y los Cinco Clásicos confucianos, que pasaron también a ser la
base de los exámenes para acceder a los puestos de funcionario en la ad-
ministración Qing. Los miembros de este grupo de letrados confucianos,
que fueron instalados en el Estudio del Sur, dentro del palacio de la Ciu-
dad Prohibida, se ocupaban también de instruir a la familia imperial, así
como a los secretarios personales del emperador.

94
Título de Capítulo

Una de las grandes prerrogativas del gobierno de China era fue? la gestión
de los exámenes imperiales que se celebraban cada tres años; sin embar-
go, la mayoría de los candidatos seguían siendo fieles a los Ming y se
negaban a presentarse a los exámenes, por lo que en 1679 el emperador
ordenó la celebración de unas oposiciones especiales para candidatos de
gran talento. Como consecuencia, se otorgaron cincuenta títulos, la ma-
yoría de ellos a letrados del sur de China procedentes de las provincias del
delta del río Yangtsé, que se ocuparon de compilar la historia de la dinast-
ía Ming.

El emperador Kangxi quería que sus súbditos, especialmente los de la


China meridional, conocieran su dedicación y entrega al pueblo, por lo
que realizó numerosos viajes con un impresionante cortejo para demostrar
su interés por las obras de construcción de diques para prevenir las inun-
daciones del río Amarillo, y también se interesó por las construcciones en
el Gran Canal, el río Yangtsé o la apertura de nuevos canales para el
transporte de grano. Durante estos viajes, el emperador convocaba a los
burócratas provinciales para que le informaran acerca de las cosechas, el
tiempo u otros asuntos de índole local. En su visita de 1684 a Qufu, cuna
del filósofo Confucio, el emperador le rindió un emotivo homenaje y, al
igual que habían hecho los emperadores anteriores, Kangxi escaló la mon-
taña sagrada de Tai. En 1713 el emperador suprimió los impuestos sobre
la tierra, algo que le granjeó la gratitud de su pueblo.

Uno de los problemas más graves que se planteó al final de su reinado fue
la disputa en torno a su sucesor, el príncipe Yinreng. Kangxi tuvo 56 hijos
e hijas, de los que solo sobrevivieron 20 varones y 8 mujeres. Los manch-
úes tenían una tradición distinta a los Ming, pues seleccionaban a los futu-
ros emperadores en base al mérito, más que por la posición de nacimiento
o el estatus de la madre. Además, se les permitía residir en la corte y par-
ticipar en las tareas de gobierno. Uno de los temores del emperador era
que se repitiese una nueva regencia como las que habían tenido lugar al
inicio de la dinastía Qing, en la década de 1640, y después del reinado de
Shunzi, en la de 1660, por lo que decidió nombrar a su segundo hijo, Yin-
reng, como su sucesor. La educación del príncipe fue planificada de ma-
nera minuciosa por una serie de letrados de gran sabiduría que sintetizaron
preceptos chinos de la moral confuciana y valores manchúes. Sin embar-
go, el príncipe se convirtió en un ser despiadado y cruel, por lo que fue
destituido y encarcelado por el propio emperador. Durante los últimos

95
Título del Libro o Parte

diez años de su reinado, el emperador Kangxi se negó a nombrar heredero


y castigó a todo aquel que le sugería un candidato. Lógicamente, el com-
portamiento del emperador desencadenó todo tipo de intrigas de las que
resultó vencedor su cuarto hijo, el príncipe Yinzhen, que gobernó con el
nombre de Yongzheng (1723-1735).

Aunque el trono de China no le estaba en principio destinado, el corto


reinado de este ambicioso pero competente emperador, tan trabajador
como su padre, y que despachaba entre cincuenta y cien documentos de
palacio al día, fue muy fructífero. Consolidó la dinastía haciendo uso del
poder absoluto empleado ya por Kangxi, lo que se reflejó en una mayor
eficacia en el gobierno y en la reforma del sistema fiscal (ver capítulo
3.4). Con el fin de fortalecer su posición y suprimir de raíz las intrigas
palaciegas, durante los primeros años de su reinado persiguió cruelmente
a sus hermanos, la mayoría de los cuales fueron puestos bajo arresto do-
miciliario. Únicamente Yingxiang fue ascendido y ocupó importantes
cargos en el Gobierno como gran secretario y director de la Oficina audi-
tora de ingresos. Otras de las medidas que adoptó consistieron en despojar
de poder a los príncipes de las bandera —la élite militar manchú y china
que había logrado la conquista del país—, estrechar la vigilancia sobre los
altos mandos militares y controlar el sistema de comunicación —basado
en memoriales abiertos— entre los distintos ministerios y el Gran Secreta-
riado, que el emperador amplió para incluir información extraoficial y
secreta de los funcionarios de la administración central y provincial.

Una de las novedades más importantes fue la sustitución en 1729 del ga-
binete privado o neige por un Consejo de Estado que estuvo integrado
desde entonces por cinco o seis miembros. Sus principales integrantes en
época de Yongzheng fueron su fiel hermano y dos componentes chinos
del Gran Secretariado leales al emperador: Zhang Tingyu, hijo del minis-
tro de Hacienda durante el reinado de su padre, el emperador Kangxi, y el
pintor de fama nacional Jiang Tingxi, que también había estado al frente
del mismo ministerio. El objetivo de este consejo era erradicar la corrup-
ción, para lo que se aumentaron los ingresos de los funcionarios mediante
la institución de un salario suplementario o yanglian. El tema de la co-
rrupción obsesionaba al emperador de tal forma que en 1724 escribió un
ensayo titulado Pengdanglun o “Sobre las facciones”.

96
Título de Capítulo

Como forma de propaganda política y adoctrinamiento a escala nacional,


Yongzheng amplió el Edicto Sagrado de su padre con una serie de pautas
morales, redactadas tanto en chino como en los dialectos de los pueblos
minoritarios, que debían ser leídas en público dos veces al mes por letra-
dos locales. Estas normas (pagar los impuestos puntualmente o evitar las
rencillas familiares y los pleitos) pretendían dictar el comportamiento de
las comunidades y hacían especial hincapié en la protección frente a los
forajidos, la importancia del ahorro y la laboriosidad agrícola.

En el terreno de la política exterior, el emperador firmó el Tratado de


Kiachta, en el que se ratificaron las fronteras entre China y el Imperio
ruso, y se establecieron relaciones diplomáticas entre las dos cortes. Esto
permitió a los rusos establecer una misión en Pekín y abordar la construc-
ción de una iglesia ortodoxa, así como negociar la neutralidad del zar ante
una campaña militar manchú en la zona de Asia Central. Además, se
acordó el paso de una caravana comercial cada tres años a través de Mon-
golia. Una de las mayores amenazas para el Estado Qing procedía de la
zona occidental de China, pues aunque el emperador Kangxi había some-
tido a los dzhungaros en 1696, éstos continuaban amenazando las fronte-
ras. En 1732 el general Yue Zhongqi los atacó en Urumqi, pero cayó en
una emboscada cerca de Jobdo junto con su ejército de diez mil soldados.
A este problema se sumaron los enfrentamientos entre los pueblos indíge-
nas miao en el suroeste de China, que se negaban a ser administrados
como parte del sistema de prefecturas. En 1726 el emperador nombró a
Oertai gobernador general de Yunnan y Guizhou, y en 1728 gobernador
de Guangxi, con el fin de acabar con los cabecillas miao, someter a toda la
población y confiscar sus tierras. El éxito del gobernador, que consiguió
pacificar el suroeste de China, fue decisivo para que el emperador le en-
comendara la dirección de la Oficina de Finanzas Militares en Pekín y le
propusiera para sustituir al príncipe Yinxiang y a Jiang Tingxi en el Con-
sejo de Estado, convirtiéndose así en uno de los asesores de mayor con-
fianza del emperador. En lo que a Taiwán se refiere, el emperador Yongz-
heng mejoró la estructura administrativa de la isla, lo que influyó de
manera decisiva en su desarrollo y estabilidad: fijó la visita regular de un
delegado del gobierno central (censor), nombró funcionarios estatales en
la isla, supervisó el establecimiento de una pequeña milicia integrada por
12 670 soldados, permitió la emigración desde la China continental, des-
arrolló el monopolio de la sal y favoreció su comercialización. El empera-
dor suprimió impuestos para incrementar la producción agrícola, creó un

97
Título del Libro o Parte

cargo de consejero de educación, aumentó el número de escuelas confu-


cianas y profesores, y estableció dos puestos en los exámenes nacionales
para candidatos de Taiwán. En 1723, en Tíbet, el emperador Yongzheng
retiró las tropas de Lhasa y reemplazó a su representante militar por un
consejero civil permanente, que al cabo de un año dejó su puesto en ma-
nos del noble tibetano Kanchenas, al que formalmente se dio el título de
primer ministro. En 1727, tras el asesinato de Khanchenas, estalló una
guerra civil de la que salió victorioso el príncipe Polhané Sönan Topgyé
(1689-1747), de la casa imperial de Polhané, que, con la supervisión del
gobierno manchú a través de un amban o ministro representante del empe-
rador, disfrutó de un breve periodo de paz. Asimismo, durante la época de
Yongzheng se llevaron a cabo en Pekín numerosas ceremonias lamaístas;
de hecho, este emperador transformó uno de sus palacios en el templo
lamaísta de Yonghegong.

En 1730 Yongzheng recibió la noticia de que se había descubierto el


complot de un leal de la causa Ming, Zeng Jing, natural de la provincia de
Hunan, para derribar el Imperio Qing. Sin embargo, este supuesto com-
plot, apoyado en las ideas de un tal Lü Liuliang (que había fallecido mu-
cho antes en la provincia de Zhejiang) sobre la falta de mérito del gobier-
no manchú, no triunfó. Después de desterrar y esclavizar a sus
descendientes, todo el asunto concluyó con la redacción de un docto ensa-
yo que refutaba todas esas ideas y que a partir de entonces se exigió como
lectura obligada a los candidatos a las oposiciones a la administración
china. El 7 de octubre de 1735, con una China consolidada políticamente
y una economía saneada que arrojaba un saldo positivo de 24 millones de
onzas de plata en el tesoro imperial, falleció el emperador Yongzheng,
quien había mantenido en secreto el nombre de su sucesor, que solo fue
revelado entonces. El trono recayó en su cuarto hijo, el futuro emperador
Qianlong, una de cuyas primeras decisiones fue juzgar a Zeng Jing por
traición, pese a que había sido perdonado por su padre. Además, ordenó
destruir las copias de los ensayos de su predecesor, un acto deshonroso
para la memoria del linaje Aisin Gioro de los manchúes. Con esta primera
acción el emperador Qianlong demostró una gran autoridad y fuerza, así
como su firme compromiso con la defensa de la dominación manchú so-
bre China.

98
Título de Capítulo

99
Título del Libro o Parte

3.3. La edad de oro del emperador Qianlong (1735-1795)

El largo reinado de Qianlong (1711-1799) fue uno de los periodos de ma-


yor esplendor del Imperio chino. Cuando subió al trono con veinticinco
años recibió un imperio en paz y saneado económicamente, un territorio
multicultural que más tarde se amplió de manera muy considerable con la
integración de una gran territorio al oeste: el Turquestán oriental, desde
1884 provincia de Xinjiang (ver p. *). Su infancia y juventud transcurrie-
ron sin sobresaltos, y recibió una esmerada educación basada en las ense-
ñanzas de Confucio. Cuando el 18 de octubre de 1735 aceptó el mandato
imperial para hacerse con las riendas del país, adoptó un estilo de vida
frugal similar al de sus predecesores, con largas jornadas de trabajo, una
vida ordenada e, igual que su abuelo, frecuentes viajes al sur (en 1751,
1757, 1762, 1765 y 1784). El emperador Qianlong tenía una constitución
física de gran fortaleza que le permitió desarrollar una exitosa carrera
como jefe militar; era además muy aficionado a las artes marciales y a la
caza, un gran lector y un amante de las artes, tanto que llegó componer
hasta 40 000 poemas en manchú y chino.

La historia china tradicional ha dividido su reinado en tres periodos que


llevan la marca de sus ministros y consejeros más cercanos. El primero,
hasta 1749, fue una de las mejores épocas de su gobierno gracias al man-
dato de dos competentes estadistas: Oertai (1680-1745) y Zhang Tingyu
(1672-1755). Desde 1750 hasta 1780 los consejeros más influyentes del
Gobierno de Qianlong fueron su cuñado Fuheng (m. 1770) y Yu Minz-
hong (1714-1780), que ocupó cargos en el Ministerio de Finanzas y de
Justicia, y que en 1773 fue nombrado miembro del Consejo de Estado. La
última época, entre 1780 y 1790, estuvo dominada por el favorito del em-
perador, Heshen (1750-1799), un miembro de la élite de las banderas a
quien la historiografía atribuye la decadencia que acaeció al final del rei-
nado de Qianlong: aprovechando el favor imperial, Heshen desplegó una
brutal represión y llevó a la ruina a las arcas imperiales.

La estructura administrativa del Gobierno de Qianlong se basaba en la de


época Ming: el Gran Consejo era el órgano principal y estaba presidido
por los dos consejeros de confianza de su padre (Oertai y Zhang Tingyu),

100
Título de Capítulo

junto a otros cuatro ministros que contaban con el apoyo de una secretaría
integrada por doscientas personas de etnia manchú y china, las cuales
asistían al consejo durante las veinticuatro horas del día. Además, se per-
petuó la división tradicional en seis ministerios (Personal, Rentas, Ritos,
Guerra, Justicia y Obras Públicas), con dos presidentes de cada una de las
dos etnias (manchú y china) y cuatro vicepresidentes, aunque la duplica-
ción de puestos restó eficacia al funcionamiento de la labor de gobierno.
Como en la época Ming, el Censorado se ocupaba de vigilar cómo se go-
bernaba en el imperio y sobre todo de eliminar los casos de corrupción o
ineficacia. Este organismo constaba de 24 oficiales integrados en seis
ministerios, 10 miembros en dependencias en la capital, y 56 en las pro-
vincias, repartidos en 15 circuitos. Además, los manchúes añadieron otras
instituciones como el Departamento de la Casa Imperial, la Oficina de
Asuntos Fronterizos, el ejército de las Ocho Banderas, y la Oficina para la
Gestión del Río Amarillo, el Gran Canal y el Transporte de Grano.

Una de las innovaciones más importantes de la época Qing fue la creación


del Departamento de la Casa Imperial (Neiwu fu), una institución burocrá-
tica que se encargaba de proporcionar servicio doméstico al emperador y
su familia, así como de gestionar sus intereses financieros por toda China.
Se ocupaba también del mantenimiento de las fincas y los palacios impe-
riales, de la gestión de los graneros en el norte y nordeste de China, de la
industria de la seda en Nankín y Suzhou, de la manufactura de porcelana,
de los derechos de tránsito del comercio en las aduanas, del cobro de in-
gresos del monopolio de la sal y de las minas de cobre, del comercio de
ginseng y de los de regalos del sistema tributario. Este departamento había
sido instituido por el regente Ebai a la muerte del emperador Shunzi en
1661 para suprimir la influencia política de los eunucos en la corte, al
sustituirlos por esclavos de distintas etnias. Al finalizar el siglo XVIII el
departamento contaba con 1600 funcionarios y un numerosísimo personal
auxiliar.

En lo que a la estructura de la administración provincial se refiere, era


muy parecida a la de la dinastía Ming, porque cada provincia se dividía en
prefecturas y distritos. Sin embargo, esta configuración se amplió conside-
rablemente con la anexión de Manchuria, Tíbet, Mongolia y los Nuevos
Territorios (el Turquestán oriental, donde convivían influencias islámicas,
turcas, mongolas, tibetanas, indoiranias y chinas), aunque algunas provin-
cias como Manchuria se administraban de forma diferente, porque las del

101
Título del Libro o Parte

norte (Heilongjiang y Jilin) estaban organizadas según un modelo militar


donde no se admitían la emigración ni la cultura chinas. Tíbet, Xinjiang y
Mongolia dependían de la Oficina de Asuntos Fronterizos (Lifanyuan), en
manchú Tulergi golo be dasara jurgan (Ministerio para el Gobierno de las
Provincias Exteriores), un organismo creado en 1638 para controlar a las
minorías étnicas que vivían en zonas fronterizas y que tenía oficina en
Pekín y un estatus equivalente al de los Seis Ministerios.

El Imperio de Qianlong consolidó su influencia en un vasto territorio:


había tomado control de los Nuevos Territorios (Xinjiang) con la derrota
de los dzhungaros en 1697, pero en 1756-1757 el mongol dzhungaro
Amursana, al que Pekín había ordenado sofocar una pequeña resistencia
alrededor del valle de Ili, decidió rebelarse y fundar su propio kanato en el
Turquestán oriental. Pekín emprendió una campaña en la que la mayor
parte de los dzhungaros fueron exterminados, y se abolió incluso el nom-
bre de la tribu, cuyos miembros pasaron a ser a partir de entonces oloths
(eleuthes). En 1759 los ejércitos imperiales, comandados por Zhaohui —
un general manchú de las banderas que había sido ascendido hasta ocupar
un cargo en el Gran Secretariado— tomaron los oasis islamizados de la
cuenca del Tarim y las ciudades de Kashgar, Aksu y Yarkand, mientras
que Amursana huía a Kazajistán, donde murió de viruela. Con esa acción,
el Turquestán oriental se incorporó definitivamente al imperio con un
gobierno separado de ocupación militar.

Desde 1751 el control de China sobre el Tíbet era prácticamente definiti-


vo, sobre todo desde que el emperador Qianlong tuviera que intervenir en
el golpe de Estado que se produjo tras el asesinato del sucesor del rey
Pholhané Sönam Topgyé, Gyurmey Namyal (r. 1747-1750), en el que el
Dalái Lama asumió la autoridad hasta la llegada de las tropas manchúes.
Este acontecimiento supuso la restauración del gobierno teocrático del VII
Dalái Lama. Al haber desaparecido la amenaza de los mongoles dzhunga-
ros, la actividad de las tropas manchúes en el Tíbet disminuyó, hasta que
ya no fue necesaria su ayuda para repeler la invasión gurkha nepalí de
1792. La primera invasión nepalí del Tíbet se produjo en 1788 debido a
un conflicto monetario (la devaluación de las antiguas monedas de cobre
que tradicionalmente se habían acuñado en Nepal) y a la violación de una
cláusula en el tratado comercial tibetano-nepalí firmado en 1645. Con el
fin de evitar un conflicto armado, los tibetanos firmaron una tregua con
los nepalíes por la que se obligaban al pago de elevados tributos a cambio

102
Título de Capítulo

de la retirada del ejército. Ante la imposibilidad de hacer efectivo el pago,


las tropas gurkhas se apoderaron del altiplano tibetano en 1791 y ocupa-
ron el monasterio del Panchen Lama en Shigatsé. Los tibetanos solicitaron
ayuda al emperador Qianlong, que envió un ejército al mando del general
Fu Kangan y, a mediados de 1792, los gurkhas retrocedieron. A raíz de
aquello, a través de la mediación del general manchú se firmó un tratado
en el que se impulsaban las relaciones amistosas entre Nepal y Tíbet y se
encomendaba a los ambanes (ministros representantes de los emperadores
chinos) de Lhasa un papel mediador para dirimir futuras disputas. Asi-
mismo, Nepal quedaba sujeto a remitir a Pekín misiones tributarias, y el
emperador Qing se comprometía a proteger a Nepal ante una potencia
exterior. Qianlong emitió un edicto imperial que establecía el papel de los
ambanes para decidir en asuntos de gran importancia para Tíbet, además
de controlar las relaciones exteriores (desde 1793 se prohibió la entrada a
los extranjeros), el comercio y la defensa del territorio. Pero la disposición
que más riesgo supuso para la existencia del Estado tibetano fue el méto-
do de selección del Dalái Lama, que a partir de entonces iba a ser elegido
al azar por el amban entre los nombres de los candidatos propuestos, es-
critos en un papel e introducidos en una urna de oro. Sin embargo, la si-
guiente entronización tras el edicto, la del IX Dalái Lama en 1806, se
efectuó siguiendo el método tradicional tibetano (Esteve Moltó 2004, 29 y
ss.).

La relación con otros pueblos del sudeste asiático como Vietnam, Birma-
nia, Tailandia, las islas Ryu Kyu o Corea, era de carácter tributario —
mediante el pago regular de un impuesto determinado— y estos países,
que no perdían la soberanía, reconocían el prestigio político y cultural de
China a cambio del mantenimiento de relaciones comerciales. El Ministe-
rio de Ritos se ocupaba de la relación con los Estados tributarios, con los
que China compartía muchos aspectos de su cultura, entre ellas la organi-
zación de la burocracia basada en la moral confuciana, la religión budista,
el calendario, diversas formas de escritura que derivaban del mandarín, la
alimentación o la indumentaria. Las misiones diplomáticas y comerciales
más importantes en época Qing fueron las coreanas, mientras que las de
Japón, aunque habían sido muy importantes en el pasado —sobre todo
durante la dinastía Tang (618-907)—, se estancaron. Las causas fueron la
negativa del gobierno Tokugawa a permitir la residencia de extranjeros en
su territorio, limitada a los holandeses en Nagasaki, y a la prohibición del
comercio directo entre los dos Estados. El único conflicto de relevancia se

103
Título del Libro o Parte

produjo siete años antes de la abdicación de Qianlong, cuando el rey de


Vietnam solicitó ayuda al emperador, al haber sido derrocada la dinastía
Le. Aunque Qianlong envió varios ejércitos al mando del general Sun
Shiyi, no pudo evitar la matanza de 4000 soldados chinos y terminó por
reconocer al usurpador como nuevo rey de Vietman. A partir de esa derro-
ta, el liderazgo militar chino fue puesto en entredicho (Spence 2011, 173,
181).

En 1775 un joven y apuesto oficial manchú de gran inteligencia, cultura y


carisma llamado Heshen (1750-1799), se convirtió en el cortesano favori-
to del emperador. Aprovechando su influencia, abusó de la confianza del
emperador para lograr una serie asombrosa de ascensos: teniente general
segundo de la Bandera Azul sin adornos manchú, viceministro de Hacien-
da, miembro del Gran Consejo y del Gran Secretariado, y comandante y
supervisor de los derechos de tránsito de las tropas de Pekín. Durante el
ejercicio de sus funciones, Heshen no dudó en utilizar la coacción, la fal-
sificación y la malversación de fondos para embolsarse enormes sumas de
dinero y vaciar las arcas imperiales. Además, lideró campañas catastrófi-
cas contra los musulmanes en la provincia de Gansú (1781-1784) en las
que incitó a las tropas al saqueo y favoreció el resurgimiento de organiza-
ciones secretas como la del Loto Blanco, inspirada en una ideología que
profetizaba el retorno de los Ming y la llegada de Buda. Algunas minorías
étnicas comenzaron a levantarse, como los miao en Yunnan o los lolo en
Vietnam, pero también se sucedieron rebeliones contra los Qing en mu-
chas partes de China, entre ellas Sichuan, Hubei, Shaanxi, Henan y
Taiwán. Cuando en 1796 el emperador Qianlong abdicó, la corrupción
estaba ya muy extendida; Heshen, sin embargo, continuó ejerciendo el
poder hasta que el emperador murió en 1799, momento en que su hijo, el
nuevo emperador Jiaqing (r. 1796-1820), acusó a Heshen de corrupción y
abuso, y sus bienes fueron confiscados. Tres semanas después de la muer-
te del emperador Heshen fue obligado a suicidarse mediante ahorcamien-
to.

104
Título de Capítulo

3.4. Desarrollo económico entre 1644 y 1795

Durante los siglos XVII y XVIII se mantuvo el predominio de la agricultura


como base del sistema económico, y la superficie de tierra cultivada se
dobló, pasando de 600 a 1200 millones de mu. El gobierno manchú se
esforzó por asegurar la fluidez de los intercambios de grano y otros pro-
ductos alimenticios entre las distintas provincias del imperio. El grano se
trasladaba desde las zonas productoras como Hunan hasta el suroeste o
desde Guangxi hasta la provincia de Guangdong, en la costa, pero los
envíos más importantes fueron los que se destinaron a alimentar a la po-
blación de las tierras bajas del río Yangtsé porque, como veíamos, era la
región más urbanizada de China y en ella se había instalado la mayor par-
te de la industria artesanal, sobre todo las manufacturas del algodón. El
gobierno estimulaba y protegía el traslado privado del grano por el valle
del río Yangtsé, suprimiendo los impuestos sobre éste, pero además ase-
guraba la estabilidad de los precios regulando las fluctuaciones monetarias
mediante la compra de los excedentes cuando el precio bajaba y vendien-
do el mismo grano a un precio razonable cuando los suministros escasea-
ban en los mercados locales. El emperador Kangxi recibía regularmente
información sobre el precio del cereal —para contrastarla con el precio
que recibía de los funcionarios provinciales— y de esa manera el gobierno
protegía a la población ante subidas artificiales de precios o posibles ham-
brunas. Cada condado tenía además la obligación de tener un granero con
reservas de cereal. En la gran hambruna que tuvo lugar en el sur de Pekín
entre 1743 y 1744, el gobierno anunció exenciones fiscales, inspeccionó
todos los hogares, clasificando los que habían sufrido la hambruna en
distintos niveles de necesidad y levantó campamentos y cocinas para ali-
mentar a 1,6 millones de personas. Aunque el gobierno intentó limitar las
consecuencias negativas de las hambrunas —especialmente en la cuenca
del río Yangtsé— a través de un control sobre los precios del grano, fue
muy cauteloso a la hora de imponer una excesiva intervención estatal en
asuntos comerciales. Como reza una nota manuscrita en uno de los memo-
riales del emperador Qianlong de 1748, “[e]n lo que se refiere a los asun-
tos del mercado, se debe dejar que las personas lleven a cabo esta activi-
dad libremente. Si el Gobierno empieza a administrar algo que
inicialmente era beneficioso para las personas, terminará resultando un
obstáculo” (Naqin y Rawski 1987, 25, 26).

105
Título del Libro o Parte

La producción y el rendimiento agrícola aumentaron con la introducción


de nuevas variedades de trigo en la zona meridional, el cultivo de arroz en
nuevas tierras de irrigación y, sobre todo, con el sistema de la doble cose-
cha (trigo y cebada en invierno, mijo o arroz en verano), que implicó un
incremento significativo del rendimiento agrícola. Se dio también una
gran importancia al mantenimiento de las labores de control de aguas en
el norte, sobre todo en el río Amarillo, que inundaba con frecuencia las
planicies orientales de la China septentrional, y que junto al Gran Canal
—la otra vía fluvial que abastecía a Pekín— requería por parte del gobier-
no una gestión y coordinación a gran escala. El gobierno manchú destinó
un 10 por ciento del total de sus ingresos al mantenimiento del río Amari-
llo. Fueron decisivas las labores hidráulicas —entre ellas la construcción
de presas o diques para el dragado de ríos como el Yangtsé, la vía fluvial
más importante de China— porque permitieron el flujo de productos ali-
menticios y otras mercancías para el mantenimiento de la población del
delta del río Yangtsé, que en el siglo XVIII era de unas 400 personas por
kilómetro cuadrado).

También aumentó la productividad agrícola gracias a la disponibilidad de


una gran cantidad de mano de obra y de fertilizantes orgánicos como ex-
crementos humanos y animales, pero también a la utilización de sembra-
doras mecánicas que colocaban las semillas ordenadas en filas, evitando
que se malgastasen. Por otro lado, se fomentó mediante incentivos
económicos (exención de impuestos, concesión de ayudas para la compra
de bueyes, herramientas y semillas) la recolonización de áreas que habían
sido devastadas en las rebeliones campesinas de finales de la época Ming,
especialmente en la cuenca de Chengdu (provincia de Sichuan), en
Hunan, en Hubei y en el suroeste. Sin embargo, en otras zonas de China la
deforestación agravó el agotamiento del suelo y el peligro de inundacio-
nes se incrementó, sobre todo a finales del siglo XVIII.

Fue también decisiva la introducción de nuevos cultivos, entre ellos varie-


dades de arroz de maduración rápida y los llegados desde América como
el maíz, la patata blanca, la patata dulce (que fue el alimento básico de los
pobres); t ambién los cacahuetes, que constituían una fuente muy nutritiva
de aceite vegetal y se cultivaban en escarpadas montañas o en terrenos
arenosos junto a las veredas de los ríos, así como los boniatos, que llega-
ron desde África y se adaptaron sin problemas a los suelos pobres o a las
nuevas tierras que no eran apropiadas para el cultivo del arroz o el trigo,

106
Título de Capítulo

pero que contribuyeron a enriquecer la dieta de la población al incremen-


tar la ingesta de calorías, algo que indudablemente ayudó a mejorar la
salud y el crecimiento demográfico. Conviene mencionar también que las
legumbres y la fruta se incorporaron a la alimentación diaria. En esta épo-
ca los cultivos comerciales como el té, el algodón, o la caña de azúcar
estaban ya en plena expansión. Junto a ellos, el tabaco fue otro de los
productos introducidos en el siglo XVI desde América que compitió por
las mejores tierras. La agricultura europea en comparación con la china
parece especialmente atrasada a mediados del siglo XVIII: el campesino
chino estaba mucho mejor alimentado y, probablemente, como apunta
Jacques Gernet, se sintiera más feliz que su homólogo francés en tiempos
de Luis XV (Gernet 2005, 431).

A finales del siglo XVIII casi todas de las tierras del imperio estaban en
manos de particulares, aunque los registros oficiales diferenciaran entre
latifundios, tierras privadas y tierras de los miembros de las Ocho Bande-
ras (la incautación de terrenos para los abanderados continuó hasta los
años treinta del siglo XVIII y fue posible en detrimento de la élite Ming).
En China nunca pudo generalizarse el latifundio al no existir el mayoraz-
go, por eso la mayoría de las tierras se parcelaban: en general eran mini-
fundios trabajados por sus propietarios, sobre todo en el sur, y convivían
junto a otras propiedades algo más grandes que eran arrendadas. Durante
todo el siglo XVIII el precio de las tierras se incrementó considerablemen-
te: en 1644 un mou (1/5 de hectárea) costaba 2 o 3 onzas de plata, y en
1736 se pagaba por la misma extensión hasta 20 onzas, porque a pesar de
la incorporación de nuevos territorios al imperio estas tierras no eran aptas
para el cultivo. Se estima que el total de la superficie disponible para labo-
res agrícolas en la segunda mitad del siglo XVIII era de alrededor de 8
millones de qing (6144 hectáreas); además, el aumento del precio de los
productos agrícolas durante dicha centuria fue imparable. Como comenta
Jacques Gernet “a mediados del siglo XVIII se enfrenta una agricultura de
rendimientos mediocres en una Europa débilmente poblada, en la que el
número de personas aumenta lentamente, con la agricultura hábil y diver-
sificada de una China que conoce un extraordinario aumento demográfico.
Es en este momento cuando, gracias a una acumulación de progresos
técnicos que se venía produciendo desde los siglos IX-XI, la población de
China y de Asia Oriental en su conjunto adquirió un neto avance sobre la
de Europa. Las sociedades de Extremo Oriente no han estado ‘atrasadas’
respecto a las de Occidente: han seguido otro camino” (Gernet 2005, 431).

107
Título del Libro o Parte

Hemos visto en el capítulo anterior que las industrias fueron un monopo-


lio del Estado excepcionalmente floreciente, sobre todo las minas de cobre
y plata, que suministraron metal para acuñar moneda. Al inicio de la di-
nastía Ming, el Estado producía para satisfacer las necesidades propias y
las minas se cerraban cuando las reservas de metal eran suficientes.
Además, el Estado empleaba un número elevado de mineros y de fundido-
res, que estaban exentos del servicio de corvea pero que pagaban el im-
puesto corriente ligado a los grupos familiares. En el siglo XVI se produjo
una modificación, porque el impuesto sobre las minas pasó a calcularse a
partir de un porcentaje de la producción real, y el efecto de esta medida se
tradujo en una activación de las empresas privadas en detrimento del Es-
tado. Como consecuencia, en el siglo XVII las minas de cobre de la pro-
vincia de Yunnan funcionaban bajo control del Estado, que percibía el
derecho del 20 por ciento en especie y el de preferencia —comprar el
resto de la producción a precio muy bajo—, pero este sistema acrecentaba
el contrabando, por lo que el gobierno autorizó la venta libre del cobre
que quedaba después de pagar los derechos, de modo que la producción
aumentó rápidamente: 1 millón de libras en 1724, 2 millones en 1726 y
más de 3 millones en 1727. En lo que se refiere al monopolio de la sal,
que ya analizamos para la época Ming, el Estado recurrió a los comercian-
tes para su distribución, pero durante la última dinastía el impuesto de la
sal se elevó a unos cinco millones de taels u onzas de plata; al principio se
cobraba un 50 por ciento del impuesto y después de mediados del siglo
XVIII un 40 por ciento. En la China del centro y del suroeste se distribuían
anualmente 600 millones de libras de sal entre 75 millones de personas, la
cuarta parte de la población a mediados de siglo. Este negocio estaba en
manos de comerciantes al por mayor que compraban la sal a los fabrican-
tes para venderla a los distribuidores mediante la adquisición de certifica-
dos (Etienne Balazs 1974, 359-66).

108
Título de Capítulo

Las plantaciones de té de las provincias meridionales de Yunnan, Guiz-


hou, Guangxi y Guandong se beneficiaron de la llegada de los ingleses a
Cantón a mediados del siglo XVIII: el primer encargo de té chino en 1664
fue de 45 kilos, a través de la base comercial inglesa en la isla de Java, y
en 1750 la exportación anual de té se había incrementado hasta los 10,5
millones de kilos anuales. En 1762 la exportación de té ascendió hasta un
millón ciento setenta y nueve mil kilogramos (2,6 millones de libras), y a
finales de siglo llegaba a algo más de diez millones de kilogramos (23,3
millones de libras inglesas). La Compañía Británica de las Indias Orienta-
les desarrolló a través de los mercaderes chinos de Cantón un sistema de
pago adelantado del 50 por ciento del precio de la siguiente cosecha; estos
mercaderes entregaban a su vez el 70 u 80 por ciento a los productores en
las plantaciones. La garantía de liquidez proporcionó a los chinos una
seguridad que se tradujo en un incremento de la producción, que permitió
además estabilizar los precios. Sin embargo, el té continuó siendo un pro-
ducto caro debido a los elevados impuestos, por lo que comenzó a expor-
tarse de contrabando, y se ampliaron las plantaciones a otras zonas de
China como las montañas Wuyi en el noroeste de Fujian y Zhejiang.

El estímulo de la demanda extranjera benefició a la industria de los texti-


les, lo que se reflejó en una subida de precios. En el centro productor de
seda de Wujiang, al sur del río Yangtsé, el precio de la seda ascendió un
86 por ciento durante la primera mitad del siglo XVIII; sin embargo, el del
damasco al no ser tan demandado por el exterior, tan solo se incrementó
un 30 por ciento. Además, los centros algodoneros del sur de Shanghai
como los de Songjiang empleaban a 200 000 obreros de forma permanen-
te. Hasta principios del siglo XVIII los alfares de Jingdezhen, en la provin-
cia meridional de Jiangxi, habían tenido la exclusiva de la fabricación de
la auténtica porcelana (la mezcla del caolín y el feldespato), tanto para el
mercado doméstico como para la exportación, porque todavía ninguna
potencia en el mundo había descubierto el secreto de su composición. En
aquella centuria la industria de la porcelana había crecido tanto que, según
el padre jesuita d’Entrecolles (que visitó China a comienzos del siglo
XVIII y publicó sus experiencias en un libro de cartas), existían 18 000
familias, quizá 100 000 personas, ocupadas en el negocio de la porcelana.
Hay que tener en cuenta la importancia de las manufacturas chinas en el
comercio mundial, porque hasta mediados del siglo XVIII casi la mitad de

109
Título del Libro o Parte

la riqueza mundial se generaba tanto en China como en la India del Impe-


rio mogol. Sin embargo, la participación en un sistema económico de
mayor alcance significó la pérdida de la economía de autosuficiencia: la
especialización en la agricultura comercial puso al agricultor a merced de
las fuerzas del mercado, fuera de su control, incrementando tanto las posi-
bles ganancias como el riesgo de pérdidas. Además, la intervención en
una economía de mercado tuvo como consecuencia una mayor vulnerabi-
lidad y el peligro de inflación o deflación de los precios. En general, el
siglo XVIII se caracterizó por el incremento moderado de los precios entre
la depresión del XVII y el reinado del emperador Daoguang (r. 1820-
1850). Asimismo, el aumento del precio del cobre en relación al de la
plata tuvo efectos positivos que se tradujeron en una reducción de impues-
tos, un ascenso del precio de venta del grano de los campesinos y un clima
favorable a las inversiones (Naquin y Rawski 1987, 222).

El sistema tributario de los Qing, sobre todo a partir de la consolidación


de Kangxi como emperador en 1683, debe entenderse como parte de la
política de reconciliación y apaciguamiento hacia el pueblo chino después
de la invasión. Dos de las primeras medidas fueron la abolición del servi-
cio de corvea o prestaciones de trabajo obligatorias al Estado, así como la
exención de impuestos en los territorios arrasados durante la guerra.
Además, en 1712 el emperador Kangxi congeló las bases impositivas del
impuesto de los hombres activos (dingfu) que trabajaban determinadas
zonas agrícolas y decretó que aunque la población aumentara en una zona
específica, no aumentaría los impuestos para que las tasas no superaran
las fijadas en 1712, de modo que los campesinos sin tierra quedaron exen-
tos de tributar al Estado.

Durante el reinado del emperador Yongzheng se fundió el impuesto per-


sonal (impuesto de capitación) con el territorial mediante la creación de
uno nuevo denominado diding, el cual se pagaba en plata, y pasaba a las
oficinas de los funcionarios encargados de la administración fiscal, y el
caoliang, que era un impuesto del grano y se utilizaba para alimentar a la
corte en Pekín, a los funcionarios y a las tropas en la capital y las regiones
fronterizas, aunque parte del grano quedaba en las provincias productoras
para alimentar a la población en caso de hambruna. Estos dos impuestos
suponían un 73,5 por ciento de los ingresos estatales. Para evitar la co-
rrupción de los funcionarios encargados de la labor fiscal, el emperador

110
Título de Capítulo

Yongzheng estipuló un aumento de las pagas, el famoso yanglian, desti-


nado a «mantener la probidad», y legalizó la costumbre del llamado

haoxian, una tasa sobre el grano para compensar posibles pérdidas durante
el transporte que fijaba límites máximos. También instauró un sistema de
verificación de las cuentas de los funcionarios que encargó a su hermano
Yinxiang. Parte del dinero recaudado a nivel local se destinadaba a finan-
ciar distinto tipo de obras como la construcción de carreteras o escuelas,
trabajos de regadío, mejoras en las cárceles o construcción de alcantarilla-
do urbano que no entraban en el presupuesto del Ministerio de Hacienda.
Durante la mayor parte del reinado del emperador Qianlong, las cuentas
del Estado estuvieron saneadas gracias a las reformas impositivas imple-
mentadas por su padre (Franke y Trauzettel, 1973, 291-92).

111
Título del Libro o Parte

3.5. Cambio y diversidad en la sociedad Qing

La prosperidad económica y el gran desarrollo del comercio de los que


disfrutó China en el siglo XVIII tuvieron como consecuencia un proceso de
crecimiento demográfico, el desarrollo de las migraciones y una mayor
movilidad social. Al finalizar el reinado del emperador Kangxi (1662-
1722), la población se había vuelto a recuperar después de las terribles
guerras civiles que asolaron China a mediados de la centuria anterior. El
número de habitantes ascendía a 150 millones (cifra que se duplicaría al
finalizar el reinado de su nieto, el emperador Qianlong), la mayor parte de
los cuales se concentraba en una octava parte del territorio: en la llanura
del norte del río Amarillo, el valle del río Yangtsé, la costa meridional y la
provincia de Sichuan. Aunque la tasa de nacimientos se mantuvo, la de
mortalidad se redujo significativamente como resultado de la ausencia de
guerras y desastres naturales. Aunque la esperanza de vida de los chinos
en el siglo XVIII era de treinta años, es curioso que en 1757 la edad de
jubilación de los funcionarios-letrados del Gobierno pasara de 55 a 65
años, lo que podría indicar una mejora de las perspectivas. Según los da-
tos obtenidos en las investigaciones del archivo imperial de palacio por
Susan Naquin y Evelyn S. Rawski, los príncipes vivían un promedio de 31
años, y las princesas de 25; la mortalidad infantil era muy elevada, incluso
en las clases más altas: de los 55 hijos del emperador Kangxi, 22 murieron
antes de cumplir los cuatro años; los tres grandes emperadores del siglo
XVIII perdieron a más de la mitad de sus hijos antes de los quince años,
con la tuberculosis y la viruela como las enfermedades más mortales.

La colonización china hacia nuevos territorios absorbió parte del creci-


miento: en 1765 se fundaron colonias en la provincia de Xinjiang ocupan-
do cerca de un millón y medio de hectáreas, Manchuria, la isla de Borneo
(en el sultanato de Pontianak) o el Sudeste Asiático. Una parte importante
de la población emigró, pese a las prohibiciones gubernamentales, desde
la región de Chaozhou, en el noroeste de Guangdong, y desde la provincia
de Fujian a Filipinas o Taiwán a Filipinas o Taiwán. Según figura en un
padrón de la Audiencia de Manila, en 1700 había 1322 chinos o sangleyes
que desarrollaban actividades comerciales relacionadas con el comercio
del Galeón, aunque este número se había reducido considerablemente
desde 1603, cuando la colonia estaba compuesta por 20 000 inmigrantes

112
Título de Capítulo

chinos. También migraron pobladores desde el norte y la costa de China a


otras provincias meridionales como Yunnan, Guizhou o Guangxi e inclu-
so al Tíbet. Los grupos sociales que se instalaron en estos territorios fron-
terizos tenían características semejantes: predominaban los adultos jóve-
nes que después formaban pequeños núcleos familiares, pero al no haber
representantes del Gobierno central, en ocasiones surgieron conflictos
entre los nuevos colonizadores y los grupos aborígenes, por lo que estas
zonas solían estar fuertemente militarizadas. Las poblaciones fronterizas
vivían en las montañas, en chozas construidas con materiales deleznables,
y se dedicaban al cultivo del té, las hierbas medicinales y la planta del
añil, o al comercio de la madera, los metales preciosos y las pieles, excep-
tuando los asentamientos en Taiwán o Manchuria, donde vivían del culti-
vo de cereales.

Como hemos visto anteriormente, si bien es cierto que la mayor parte de


la población (el 90 por ciento), continuó trabajando en el campo y vivien-
do en pequeñas aldeas, las nuevas medidas adoptadas por el Gobierno
para limitar las hambrunas y los desastres naturales —como la introduc-
ción de nuevos cultivos, el incremento de la superficie cultivable, el desa-
rrollo de la industria y la reducción o supresión de los impuestos— pro-
porcionaron recursos complementarios que, indudablemente, mejoraron
las condiciones de trabajo y el nivel de vida de los campesinos. Además,
las relaciones serviles fueron desapareciendo en aras de relaciones libres
(leyes de 1761 y 1786) y contratos de arriendo, aunque en algunas zonas
como en el sur de la provincia de Anhui (Huizhou, Ningguo y Chizhou),
continuó existiendo la servidumbre. Además, como consecuencia de la
movilidad de los trabajadores y el desarrollo agrícola, surgieron mercados
laborales en áreas rurales y urbanas que servían para complementar el
trabajo de larga duración con ocupaciones estacionales en época de mayor
demanda de jornaleros como la cosecha o la siembra.

Por otro lado, al aumentar el número de familias con mayor poder adquisi-
tivo también se incrementó la demanda de sirvientes y esclavos, que en el
siglo XVIII, como en otras épocas y lugares, constituían un símbolo de
riqueza. Muchos de ellos procedían de las zonas más pobres o de los terri-
torios fronterizos de China y habían sacrificado su libertad por una mejora
en su nivel de vida. Su presencia en las comunidades chinas tendría un
impacto positivo en la asimilación de otras formas de vida (alimentación,
dialectos o folclore) en el grupo cultural de los han. Aun así, en época

113
Título del Libro o Parte

Qing la mayoría de los esclavos habían heredado la condición de sus an-


tepasados o habían sido vendidos en la infancia, heredando los apellidos
de sus dueños.

Como en época Ming, la familia o jia era la base del sistema social, admi-
nistrativo y económico de China, porque todos los miembros del clan
descendían de un antepasado común y compartían propiedades o servicios
de apoyo relacionados con la administración, la educación o la religión. A
la cabeza se encontraba un letrado o terrateniente-burócrata, que era el
ascendiente masculino de más edad, el cual tenía un gran poder sobre los
demás miembros de la familia porque administraba sus bienes y decidía
sobre cualquier aspecto de su vida, y era además, el mediador con el ma-
crocosmos del Estado. Podía volver a contraer matrimonio en caso de
muerte o divorcio, practicar la poligamia y adoptar concubinas. Al igual
que en otros lugares del mundo, la posición de la mujer siempre fue de
sumisión, opresión y subordinación, porque la ideología confuciana dicta-
ba su sometimiento al padre, al marido y al hijo. Los matrimonios se con-
certaban a la edad de 17 o 18 años —20 años en los hombres—, y la tasa
de fecundidad era relativamente baja, unos 5,5 hijos por mujer (Naquin y
Rawski 1987, 108, 109). El sistema de parentesco patrilineal y patrilocal
consideraba miembros contribuyentes de la familia solo a los hijos que
aseguraban la continuidad del apellido. Existía asimismo la obligación de
las familias a contribuir con el pago de una dote en el matrimonio, por lo
que su carga se agravaba. Las mujeres tampoco podían llevar a cabo tare-
as en el campo porque la tradicional costumbre de vendarles los pies im-
pedía su movilidad y, aunque el emperador Kangxi trató de acabar con
dicha práctica, la realidad es que esta costumbre perduró hasta principios
del siglo XX. Los emperadores Qing del siglo XVIII también intentaron
modificar la tradición que obligaba a las viudas a quitarse la vida por leal-
tad, pero debido a la presión de los letrados confucianos estas prácticas
continuaron siendo bien vistas por la sociedad, que consideraba el suicidio
femenino como una prueba de fidelidad, virtud y castidad. Además, el
infanticidio de las niñas era una práctica muy generalizada en China, por
lo que en el siglo XVIII había 120 hombres por cada 100 mujeres.
Aunque aparentemente no hubiera cambios radicales en la sociedad, que
en teoría seguía dividida en los grupos tradicionales —letrados, artesanos,
campesinos y comerciantes—, sí hubo cierta movilidad: algunos sirvientes
se ganaron la confianza de sus patronos y alcanzaron posiciones de relati-
vo poder en las familias. Algo similar ocurrió con los sirvientes de la Casa

114
Título de Capítulo

Imperial, que se clasificaban en cuatro grupos y estaban encabezados por


una pequeña élite de sirvientes relativamente rica y poderosa que había
sustituido a los eunucos, mientras que el nivel inferior estaba constituido
por los siervos de los siervos. Algunos de los que habían acompañado a
los militares de las Ocho Banderas también consiguieron ascensos y títu-
los, por lo que ascendieron en la escala social. Además, el desarrollo
económico favoreció la movilidad social y surgieron más posibilidades de
progresar: se crearon mercados laborales en las zonas mayor demanda
como la próspera ciudad de Hangkou, en la macrorregión del Yangzi, en
la costa oriental en las provincias de Fujian, sur de Zhejiang y este de
Guangdong.

Como en la dinastía anterior, al no existir una aristocracia hereditaria, la


élite estaba formada por funcionarios-letrados (shenshi) que ejercían el
liderazgo político y económico porque habían superado con éxito los
exámenes de acceso a la administración central o local, e invertían tiempo
y dinero en preparar a sus descendientes para esos mismos puestos. La
gran mayoría de los letrados seguían siendo oriundos del sudeste de Chi-
na, del delta del río Yangtsé, y muchos de ellos procedían de familias de
mercaderes ricos, sobre todo de lugares como Shaoxing, la ciudad sedera
de Nanxun en la provincia de Jiangsu, o de la prefectura de Huizhou, en la
provincia de Anhui, y tan solo una quinta parte de los consejeros pertenec-
ían a la etnia manchú. La inversión de su patrimonio se materializaba en
la compra de tierras y en el comercio, que era la actividad más boyante en
la época, y era habitual también el establecimiento de casas de empeño u
otras formas de usura. Sin embargo, aunque la convocatoria de exámenes
era anual, muy pocos aspirantes lograban superar las pruebas, por lo que
gracias a su dominio de las letras muchos miembros de la élite ocupaban
puestos técnicos como tutores, maestros, escritores, editores, secretarios
privados de funcionarios, abogados e ingenieros. Para los que quisieran
saltarse los procedimientos oficiales establecidos también era posible la
compra de cargos, un sistema implementado durante los años ochenta del
reinado de Kangxi. En tiempos de Yongzheng la venta de cargos y oficios
públicos continuó estando regulada, sobre todo para mantener las necesi-
dades financieras del Gobierno ante desastres naturales, para abastecer los
graneros o financiar al ejército evitando las subidas de impuestos. Sin
embargo, la gran mayoría de los funcionarios-letrados se oponían a este
sistema porque suponía un debilitamiento moral de su estamento, motivo
por el que el emperador Qianlong suprimió esta práctica al inicio de su

115
Título del Libro o Parte

reinado. No obstante, durante la segunda mitad del siglo XVIII, ante el


incremento de gastos militares, Qianlong volvió a instaurar la compra de
cargos públicos: se estima que en 1800 350 000 puestos habían sido adju-
dicados de esta forma (Rowe 2009, 112-114).

El florecimiento económico del siglo XVIII hizo aumentar el número de


mercaderes y comerciantes, que, como los funcionarios-letrados, se cons-
tituyeron en asociaciones o grupos de poder solidario. Los miembros de
estas corporaciones o asociaciones gremiales —que se formaron siguien-
do el modelo iniciado por los prósperos mercaderes de las zonas de Anhui
y Shanxi de los últimos Ming— compartían lugar de procedencia, paren-
tesco o actividad, y se agrupaban para gestionar y financiar una gran va-
riedad de actividades como el teatro, la minería, la navegación, la agricul-
tura comercial o las instituciones financieras. El lugar de nacimiento o
jiaxiang, donde se encontraban las raíces familiares y donde uno sería
enterrado llegado el momento, era uno los vínculos más importantes a la
hora de establecer relaciones laborales y, muy especialmente, para desig-
nar puestos de confianza como encargados o gerentes. Además del naci-
miento, la ocupación o la especialización en un determinado tipo de pro-
ducto o servicio reforzaba los lazos entre comerciantes. Estos grupos
corporativos conocidos como huiguan o gremios se multiplicaron durante
los siglos XVIII y XIX, y estaban gestionados por los miembros más exito-
sos de la comunidad, que se encargaban de gestionar las propiedades co-
munes adquiridas mediante las contribuciones de los miembros. Los hui-
guan servían como punto de encuentro para intercambiar información
sobre distintos aspectos del comercio como los precios, las variaciones de
la demanda de los productos, las estrategias de venta, la limitación de
zonas comerciales y las relaciones con el Gobierno. Estas corporaciones
se ocupaban tanto del comercio local como del interregional o de larga
distancia (Schottenhammer 2010, 568).

Por último, hay que mencionar que el ejército Qing, basado en el sistema
creado por Nurhaci (1559-1626) de agrupaciones socio-militares de las
Ocho Banderas (estandartes o unidades) manchúes, se mantuvo, aunque se
añadieron también los abanderados no manchués como los mongoles
(menggu baqi) y las ocho banderas, que sumaron un total de veinticuatro
banderas, aunque más tarde se crearon otras especiales para nuevas unida-
des manchúes y musulmanes de Xinjiang. Estos destacamentos manteni-
dos por el Gobierno se instalaron en tierras confiscadas a la antigua élite

116
Título de Capítulo

Ming. Las guarniciones se ubicaban alrededor de la capital, en distintos


puntos de la Gran Muralla y en las ciudades más pobladas de China, y
estaban integradas por una pequeña población de 4000 personas entre las
que se contaban las familias y los sirvientes, aunque estos ejércitos vivían
separados en sus propios baluartes, fuera de las ciudades. Según Botton
Beja, en el momento de la conquista, en 1644, había 563 compañías con
170 000 militares; en 1735, 1155 compañías con un promedio de 350 000
soldados. Durante el siglo XVIII (Botton Beja 2008, 364), por tanto, la
población de las guarniciones creció, pero no sucedió lo mismo con la
tierra, que en muchos casos fue vendida por los mismos oficiales en bene-
ficio propio. Por otra parte, los salarios fueron disminuyendo paulatina-
mente, lo que —sumado al aumento de población y la pérdida de tierras—
hizo que este grupo social se viera en peligro de exclusión y sus únicas
opciones fueran convertirse en bandidos o rebelarse. Aunque el empera-
dor Kangxi intentó mejorar las condiciones del ejército incrementando los
salarios de 80 000 a 120 000 taels y Yongzheng intentó mejorar la educa-
ción de los hijos de los soldados, al final los abanderados fueron reubica-
dos en granjas del gobierno en Manchuria. Sin embargo, el 90 por ciento
de ellos huyeron para volver a China y ganarse la vida como ladrones o
mendigos. En el siglo XVIII estas agrupaciones militares fueron reempla-
zadas por ejércitos profesionales conocidos como Brigadas Verdes o lü-
ying (Botton Beja 2008, 364-365), cuyos componentes, que habían acce-
dido a la carrera militar después de aprobar los exámenes, pasaban a
depender después del Ministerio de Guerra.

117
Título del Libro o Parte

3.6. El comercio y los extranjeros en la China manchú

El gran auge económico se reflejó en la expansión del comercio local,


interregional e internacional durante el siglo XVIII. Algunos historiadores,
como William Skinner han elaborado una nueva división de China a partir
de núcleos comerciales y de comunicación claves, con áreas de mayor
densidad económica rodeadas por zonas periféricas de menor población
que aislaban al núcleo (Skinner 1977). Las diez macrorregiones —que
incluyen distintas provincias— son, de norte a sur, Manchuria, la región
del noroeste donde se ubicaba la ciudad de Chang’an, hoy Xi’an en la
provincia de Shaanxi (antigua capital del Imperio chino); el norte de Chi-
na, cuyo núcleo es la ciudad de Pekín, que incluía las provincias de Hebei
y Shandong; tres macrorregiones (alta, media y baja) a lo largo del curso
río Yangtsé; la región Gan Yangtsé, donde se encontraba la ciudad indus-
trial de Jingdezhen (provincia de Jiangxi), que elaboraba la porcelana (ver
apéndice 5); la provincia de Fujian en la costa sudeste; el activo puerto de
Amoy (hoy Xiamen); la zona de Lingnan alrededor de Cantón, que hoy
comprende las provincias de Guangdong y Guanxi; y la región de Yungui
en el sudoeste, que comprendía las provincias de Yunnan y Guizhou.

La región comercialmente más activa era la del delta del río Yangtsé, que
comprendía el sur de la provincia de Jiangsu, el norte de Zhejiang y el sur
de Anhui, una zona conocida como Jiangnan. Era el terreno ideal para la
agricultura de irrigación, con arrozales dominando el paisaje, y constituía
el centro de almacenamiento y distribución de distintas mercancías: los
densos canales de agua comunicaban el norte con el Gran Canal, el oeste
con el río Yangtsé y el este con el mar, donde se amontonaban los juncos
que distribuían productos del norte, como trigo y soja, mientras se carga-
ban a su vez con otros productos del sur, como azúcar, té y cerámica, que
eran transportados hacia el norte. El delta del Yangtsé era un importante
centro de distribución comercial donde llegaba el algodón sin procesar a
través del Gran Canal desde el norte de China, que después se reexportaba
como tejido acabado, así como la seda en bruto elaborada en Huzhou, al
norte de Hangzhou. Las manufacturas de Nankín, Hangzhou y Suzhou
empleaban a cientos de trabajadores en la producción de seda para uso
imperial, que se transportaba a Pekín por el Gran Canal (ver fig. *)

118
Título de Capítulo

Además, habría que incluir otros productos como el papel y el azúcar de


caña elaborados en la provincia de Fujian, el acero de Wuhu, en el
Yangtsé, río abajo desde Nankín, y los productos suntuarios para abaste-
cer a la élite china como la porcelana de Jiangxi, que se comercializaba
desde Macao por todo por todo el mundo, el vino de Shaoxing, el té verde
de Hangzhou, las teteras de gres oscuro de Yixing, las piedras de tinta de
Huizhou y todo tipo de libros.

Como señalábamos antes, esta zona era la más urbanizada y densamente


poblada de China, y en ella tres ciudades dominaban el comercio: Suzhou,
la más populosa, era el centro del comercio de arroz, seda y algodón;
Hangzhou, antigua capital durante los Song del Norte, estratégicamente
situada junto al Gran Canal, se especializó en la industria de la seda; y
Nankín, capital con los Ming, fue un centro administrativo y comercial
con una importante comunidad de comerciantes musulmanes que se hab-
ían establecido en tiempos de la dinastía Yuan (1279-1368) y que tenían
conexiones con el Turquestán para desarrollar el comercio del jade, fieltro
y cuero. Suzhou, Hangzhou y Nankín eran puntos clave de comunicación
y centros de distribución logística de productos regionales, así como ejes
de la industria textil y editorial. Gran parte de su población estaba consti-
tuida por residentes permanentes, pero también por transeúntes de etnia
han que procedían de distintas zonas de dentro y fuera de la macrorregión,
como mercaderes de Huizhou y Fujian, banqueros de Ningbo y Shanxi y
otros menos cualificados descendientes de las tribus autóctonas de esta
zona, los yue, que se dedicaban a trabajos de baja cualificación como
vendedores ambulantes, porteadores de mercancías o de sillas de manos,
culís, cargadores, artesanos y peones.

Por último, hay que mencionar los puertos de Yangzhou, Ningbo y


Shanghai. El primero fue uno de los principales centros de navegación
entre el Gran Canal, el río Yangtsé y el río Huaihe, y la base de los gran-
des mercaderes de la ciudad de Huizhou, en las montañas del sur de la
provincia de Anhui. Estos se dedicaban al comercio internacional y con-
trolaban extensas redes de intermediarios de productos de las montañas
como madera, papel y té, pero también eran distribuidores de sal —la
administración de sal de Liang-Huai, situada en la ciudad de Yangzhou,
era la más importante de China—, arroz, seda y porcelana. Además, estos
mercaderes contribuían activamente al mantenimiento de obras públicas
como la construcción o reconstrucción de puentes, carreteras y alberges,

119
Título del Libro o Parte

esenciales para el desarrollo de la actividad comercial. El puerto de Ning-


bo, al que los portugueses habían llegado en 1522, fue un núcleo comer-
cial muy destacado, sobre todo con Japón; el de Shanghai, que iba a ter-
minar siendo más importante en el comercio internacional, comenzó a
despuntar en el siglo XVIII en el comercio de la soja y el grano, al conectar
los mercados del centro y el sur con Manchuria y el norte de China.
Shanghai comenzó a destacar como un lugar de encuentro para miembros
de las grandes corporaciones mercantiles que se reunían en oficinas, hote-
les o pequeños almacenes, en los que se instalaban bancos que aceptaban
depósitos en metálico, proporcionaban préstamos, emitían papel moneda y
pagarés, o realizaban transferencias a otras regiones. Los pagarés a cinco
o diez días, emitidos por los bancos locales en nombre de los mercaderes,
facilitaban la compra de grandes cantidades de mercancías. Al inicio del
siglo XIX el papel moneda —que se empleaba en China desde el siglo
XI a. C.—, constituía ya un tercio del volumen total del dinero en circula-
ción.

Otra de las macrorregiones destacadas era la del norte, que tenía su centro
en la capital, Pekín, e incluía la provincia de Henan y la parte septentrio-
nal de Jiangsu, aunque en dirección oeste se extendía también hacia Shan-
dong. El producto más importante de la zona era el algodón, al que esta-
ban dedicados entre un 20 y un 30 por ciento de los terrenos cultivables.
En paralelo se desarrolló la industria del hilado y el tejido, que se llevaba
a cabo en los sótanos de las casas, donde la atmósfera tenía la humedad
necesaria para impedir que los hilos se rompieran. El cultivo del tabaco
también se incrementó durante el siglo XVIII, junto con la industria del
carbón y la cerveza: entre 1723 y 1730 cerca de 400 nuevas cerveceras
obtuvieron licencia en la prefectura de Zhili. Los mercaderes más impor-
tantes eran los de la provincia de Shanxi, que controlaban el comercio del
té y los textiles con Manchuria y Mongolia a cambio de productos gana-
deros. En la provincia de Shandong predominaban las manufacturas de
vidrio y la industria de la sal, y allí se habían establecido dos de los cen-
tros de producción de bloques de madera y grabados que distribuían sus
productos por toda China. Además, la península de Shandong exportaba
soja y sorgo por mar hacia Manchuria y el delta del río Yangtsé.

Pekín, el centro del poder administrativo del Imperio chino, con una po-
blación de un millón de habitantes en el siglo XVIII, tenía un aparato bu-
rocrático muy dinámico formado por 10 000 funcionarios, además de una

120
Título de Capítulo

población flotante que visitaba la capital de manera regular, integrada por


los candidatos a los exámenes públicos, los peregrinos en ruta hacia luga-
res sagrados como los montes Tai (en la provincia de Shandong), Heng o
Wutai (en el noreste de Shanxi), mercaderes y trabajadores atraídos por la
corte y por el mercado laboral. El Departamento de la Casa Imperial era
una de las instituciones con mayor poder económico en la época, no solo
porque se trataba del mayor terrateniente de la zona, sino también porque
se ocupaba de asuntos comerciales con el norte de China y hacía de inter-
mediario en la compraventa de distintos productos como la sal o el arroz,
y efectuaba operaciones financieras, entre ellas préstamos. Pekín importa-
ba productos de todo el Imperio chino, y en sus almacenes se atesoraban
los productos más lujosos: plata, oro, cobre, perlas, jade, seda, porcelanas,
pieles, hierbas medicinales, pintura, caligrafía, antigüedades y, por su-
puesto, el grano necesario para alimentar a todos sus ciudadanos y las
armas para su defensa. Era en el sur de la ciudad donde se desarrollaba la
mayor parte de la actividad comercial, pues allí se encontraban el mercado
más importante y el distrito de entretenimiento, con las casas de té, de
vino y los burdeles. La carta redactada por lord Macartney en Pekín el 7
de octubre de 1783 ofrece una interesante descripción de la capital a fina-
les del siglo XVIII (ver apéndice 3).

121
Título del Libro o Parte

Dos macrorregiones situadas en la costa meridional proporcionaban pro-


vechosos contactos comerciales con Taiwán, el Sudeste Asiático y Occi-
dente. La primera, más al norte, estaba constituida por la provincia de
Fujian, el sur de Zhejiang y la parte oriental de Guangdong. El puerto
comercial de Xiamen había sido clave en época Ming para el traslado de
mercancías tanto hacia el norte como hacia el Sudeste Asiático, y aquí se
había creado además un sistema bastante avanzado de crédito y banca.
Desde finales del siglo XVI, siete mil mercaderes de la provincia de Fujian
se trasladaban todos los años a la ciudad de Manila y a los puertos de
Siam, Batavia, Malacca y Sumatra, y a la isla de Taiwán, y muchos de
ellos acabaron instalándose en esos lugares. Esta macrorregión era relati-
vamente próspera debido a las plantaciones de té, tabaco y azúcar de caña,
pero el alimento básico era el arroz, mientras que el grano se tenía que
importar desde Taiwán, el delta del Yangtsé o el Sudeste Asiático. Fue
desde esta región desde donde, a mediados del siglo XVIII, se comenzó a
introducir ilegalmente en China opio. En un principio se obtenía en el
Sudeste Asiático, pero más tarde empezó a producirse en la India y la
Compañía de las Indias Orientales Británica lo comercializaba en el mer-
cado negro desde Cantón.

La segunda macrorregión era la zona de Lingnan, que comprendía las


provincias de Guangxi y Guangdong, pero desde el punto de vista comer-
cial estaba totalmente dominada por el puerto de Cantón, situado a orillas
del río de las Perlas, porque aunque estuviera más distante de los centros
productores de seda y porcelana que los puertos de Xiamen (Amoy) o
Ningpo, la red de comunicaciones por tierra con las provincias de Jiangxi
y Hunan era mucho más eficiente. Como vimos, los portugueses habían
sido los primeros en llegar a la zona en 1511; después de intensas nego-
ciaciones, el Gobierno chino decidió otorgarles una base comercial en la
ciudad de Macao en 1557. Los holandeses habían comenzado a aparecer
en las costas de China a inicios del siglo XVII, y mercadearon con China
desde sus bases comerciales en la ciudad de Batavia, en la isla de Java
(1611), en Formosa (1624), y desde la costa de Japón, primero desde
Hirado (1609-1641) y después desde la isla de Deshima, en la prefectura
de Nagasaki. Desde mediados del siglo XVII, embajadas holandesas y
portuguesas intentaron establecer relaciones comerciales más sólidas con
China, pero solo fueron autorizadas a enviar misiones diplomáticas y co-

122
Título de Capítulo

merciales puntuales, controladas desde el Ministerio de los Ritos, porque


ambas fueron consideradas “naciones tributarias”. Los estrechos vínculos
de los portugueses y las misiones jesuíticas con la élite en Pekín en la
segunda mitad de la centuria dificultaron los tratos comerciales de la
Compañía de las Indias Orientales Holandesa con China.

En 1637 llegó a Cantón el capitán Wedell de la Compañía de las Indias


Orientales Británica, pero debido a las hostilidades de los portugueses,
que temían perder su monopolio, fueron expulsados, aunque se les permi-
tió comerciar esporádicamente en los puertos de Zhoushan (Chusan) y
Xiamen. La Compañía británica había intentado arrebatar a holandesa el
comercio con China, pero después del asesinato de mercaderes ingleses en
Java a manos de súbditos holandeses en Java, los británicos se concentra-
ron en el comercio con India, donde la Corona británica les concedió po-
deres para acuñar moneda y hacer leyes, así como el control de Bombay.
Su influencia se fue extendiendo poco a poco por todo el subcontinente
indio, y llegaron a dominar el comercio de algodón, seda y minerales para
elaborar pólvora. En 1708 se concedió el monopolio del comercio con
China y Japón a la Compañía de las Indias Orientales que conservó este
privilegio hasta 1858, fecha en que se le retiró la concesión.

En la década de 1680, el emperador Kangxi decidió poner fin a la política


de restricción del comercio y, paulatinamente, las potencias occidentales
establecieron almacenes comerciales (hong) en la ciudad de Cantón. En
1729 los mercaderes chinos establecieron el llamado Cohong, un gremio
de compañías mercantiles monopolista que se hallaba bajo las órdenes de
un superintendente de la aduana marítima y del comercio, conocido como
Hoppo. Asimismo, también se incrementaron los viajes comerciales de los
chinos hacia Java, Taiwán y Siam: entre 1700 y 1715 se enviaban anual-
mente de doce a quince navíos chinos a Batavia, pero a partir de 1723 esta
cifra se incrementó hasta veinte, además de los barcos portugueses que
salían anualmente desde el puerto de Macao. En la década de 1730 el
volumen de negocio de los comerciantes chinos en Batavia era de alrede-
dor de 20 000 piculs de té (un picul equivalía a 60 kilos); el comercio con
Siam y con Taiwán también se incrementó por la necesidad de importar
arroz y grano, respectivamente. Las autoridades japonesas limitaron el
volumen de negocio con China a 600 000 taels, lo que equivalía al volu-
men comercial de chinos y portugueses en Batavia o al del comercio eu-

123
Título del Libro o Parte

ropeo en los puertos chinos en la década de 1730. En los últimos años de


la década de los 1730, el comercio de China con Japón comenzó a des

cender, porque disminuyeron las importaciones de cobre japonés, y Japón


había comenzado a desarrollar su propia industria de la seda, con lo que la
importación de este tejido disminuyó. El volumen del comercio de China
con Manila entre 1696 y 1710 era de un millón de taels anuales, pero se
había reducido a la mitad de lo que había sido al principios del siglo XVII;
a partir de 1710 estas cantidades fueron reduciéndose cada vez más (Wills
y Cranmer-Byng 2016, 276-277). Wills y Cranmer-Byng ofrecen un
cálculo del volumen total de las exportaciones de productos chinos a Eu-
ropa a lo largo del siglo XVIII, especialmente té, seda y porcelana. Según
sus estimaciones, en la década de 1720 el total ascendía a 1 000 000 taels;
en la de 1760 llegaba a los 3 500 000 de taels; en 1780, a 4 400 000; y a
6 400 000 en 1790, aunque Spence eleva las cifras a 7 500 000 en 1770 y
16 millones de taels en 1780 (Spence 2011, 194).

A partir de 1759 Cantón se convirtió en el único puerto abierto a los euro-


peos (británicos, franceses, daneses y holandeses), y en 1784 también a
los estadounidenses. El 10 de marzo de 1785 los españoles fundaron la
Real Compañía de Filipinas, y en 1790 consiguieron comerciar directa-
mente desde España con la India y China sin escala en Manila, así como
abrir una factoría permanente en Cantón que iba a funcionar como oficina
consignataria. El puerto estaba controlado por funcionarios del departa-
mento de la Casa Imperial de Pekín para la vigilancia y el control del co-
mercio con los extranjeros asentados en la zona, así como para la recauda-
ción de impuestos. Este sistema proporcionaba cuantiosos ingresos a la
corte, a los funcionarios designados para su control y a ciertas familias de
mercaderes, y simplificaba los problemas para la inspección del tránsito
de las mercancías y evitaba el contrabando. A los extranjeros se les
prohibía residir en Cantón, excepto durante la temporada de comercio,
que transcurría de octubre a junio; el resto del tiempo estaban obligados a
residir en Macao. Sin embargo, el sistema era complejo y estaba muy
alejado de la igualdad comercial entre las naciones, por lo que en la déca-
da de 1770 las tensiones entre los miembros de la Compañía de las Indias
Orientales Británica se intensificaron, sobre todo debido el déficit comer-
cial que obligaba al pago de productos suntuarios como la porcelana, las
sedas o la laca, o alimenticios como el té, con lingotes de plata.

124
Título de Capítulo

En 1793 la Compañía de las Indias Orientales Británica, de acuerdo con el


rey Jorge III, envió a la corte del emperador Qianlong al emisario norir-
landés Lord Macartney (1737-1806) para protestar por las restricciones al
comercio. El objetivo de la misión (1793-1794), compuesta por casi cien
personas entre las que había científicos, artistas, guardias y profesores de
chino del colegio católico de Nápoles, era obtener ventajas comerciales
con la apertura de nuevos puertos, aumentar el volumen de negocio y
mejorar ell trato con los comerciantes ingleses mediante la fijación de
aranceles menos onerosos. La recepción que el emperador le dispensó en
el palacio de verano de Rehe (Jehol) puso en evidencia la opinión tradi-
cional sobre los extranjeros en China, a los que se trató como meros emi-
sarios y portadores de tributos. Además, el embajador Macartney se negó
a postrarse siguiendo el ritual kowtow, como era habitual para las delega-
ciones de visita en China. El choque cultural y la incompatibilidad básica
entre los dos países se reflejó en el edicto que el emperador Qianlong
envió a Jorge III, en el que, entre otras cuestiones, argumentaba que “nun-
ca hemos valorado los artículos ingeniosos, ni tampoco tenemos la menor
necesidad de las manufacturas de su país”, para después añadir que los
occidentales “no están en armonía con las leyes del Celeste Imperio y no
representan ninguna ventaja para el país” (ver apéndice 4). En su viaje de
vuelta, Macartney escribió: “el Imperio de China, es un barco de guerra
viejo, loco y de primera clase, que una afortunada sucesión de oficiales
capaces y vigilantes ha conseguido mantener a flote durante los pasados
ciento cincuenta años, y para intimidar a sus vecinos meramente por su
tamaño y apariencia; con hombres inferiores al timón, China navegaría
lentamente a la deriva hasta hacerse pedazos en la costa” (Spence 2011,
187).

En 1800 la Compañía de las Indias Orientales Británica compraba más de


diez millones de kilos de té chino, lo que representaba un coste de 3,6
millones de libras, pero además se enfrentaba a la competencia de los
recién independizados Estados Unidos, que comenzaban a importar té y
otros productos suntuarios. Por otro lado, en 1790 los mercaderes chinos
compraban a los ingleses más de un millón de taels de lana y la misma
cantidad de algodón indio; además adquirían alrededor de 2000 baúles de
opio a 250 taels cada uno, lo que representaba un total de 500 000 taels. A
finales del siglo XVIII China importaba una gran cantidad de productos del
exterior, pero ya solo ingresaba anualmente 3 millones de taels de plata, la

125
Título del Libro o Parte

misma cantidad que en 1760 (Wills y Cranmer-Byng 2016, 297). Desde


principios del siglo XIX la Compañía de las Indias Orientales Británica
estableció un monopolio para la venta de licencias a través de mercaderes
occidentales denominados country traders para la venta en China de opio
cultivado en la India. A mediados de dicha centuria el consumo de opio se
había extendió por todo el imperio, y de esa forma tan sórdida la Com-
pañía de las Indias Orientales Británica equilibró con creces su balanza de
pagos.

Los manchúes se habían beneficiado de la influencia de los jesuitas en la


corte de los Ming durante la conquista de China, sobre todo de los caño-
nes capturados en Liaodong que el ejército de Nurgaci había capturado así
como de hombres que conocían cómo construir y desplegar el armamento,
y también de los detalladísimos mapas que les habían ayudado a introdu-
cirse en territorio imperial. Se ha calculado que, durante los primeros años
de la nueva dinastía Qing, en territorio chino había un total de 100 000
cristianos. Cuando el ejército manchú entró en Pekín se encontró con el
padre jesuita Adam Schall von Bell (1592-1666), que residía en la ciudad
desde 1622, en época del emperador Ming Chongzhen (1628-1644), y era
el director del servicio astronómico. Lo primero que solicitó al nuevo
regente Dorgon (1612-1650) fue que mantuviese la residencia de los je-
suitas en Pekín y le permitiese continuar su labor como astrónomo, por lo
que poco tiempo después fue nombrado director de la Oficina de Astro-
nomía (Qintian Qian). La fama de Schall continuó en ascenso hasta que el
emperador Shunzhi (r. 1644-1661), que tenía una relación muy familiar
con él, le concedió en 1650 un terreno para la construcción de una iglesia
conocida como Nantang (iglesia del Sur), erigida con forma de cruz lati-
na, altar elevado y cuatro pequeñas capillas. Dos años después de procla-
marse emperador de China, Shunzhi nombró a Schall dongxuan jiaoshi o
profesor de religión, aunque continuó su labor como astrónomo y diseña-
dor del calendario. En China la astronomía y la ciencia del calendario
tenían una gran importancia porque la cosmología china establecía la exis-
tencia de un vínculo entre la naturaleza y los hombres cuya armonía de-
pendía del emperador; por eso es llamativo que la Oficina Astronómica
estuviera dirigida por occidentales hasta 1827 (Trauzettel 1987, 287).

Cuando Kangxi ascendió al trono, la población cristiana se había incre-


mentado ligeramente hasta los 114 000 fieles, gracias a la labor de dos
docenas de sacerdotes jesuitas, dominicos y franciscanos. El emperador,

126
Título de Capítulo

que era un hombre muy curioso, respetaba enormemente los conocimien-


tos de los jesuitas e incluso pensó en adoptar el calendario europeo, por-
que los cálculos de misioneros como Schall o Ricci (que junto a letrados
como Li Zhizao y Xu Guanqi habían traducido a Euclides a finales del
siglo XVI) demostraron ser más exactos. En los últimos años el emperador
impulsó la realización de un mapa unificado de todo el Imperio Qing. Los
cartógrafos jesuitas Jean-Baptiste Régis (1663-1738) y Pierre Jartoux
(1668-1720) calcularon, junto al agustino Guillaume Fabre-Bonjour
(1669-1714), la posición exacta de la gran muralla y de los territorios
adyacentes, pero además visitaron zonas del norte de China donde ningún
europeo había estado antes, y otros territorios como Manchuria y Taiwán,
donde consultaron mapas y gacetas locales, además de recabar informa-
ción de las autoridades civiles y militares de otros territorios como Tíbet o
la Corea de los Choson. El resultado de esta gran empresa cartográfica se
presentó al trono en 1719 con el nombre de Huang yu Chuanlan tu o Ma-
pa global del imperio, que fue impreso en París entre 1730 y 1734.

Bajo la mirada desconfiada de los funcionarios de su corte y del príncipe


Yinzhen, futuro emperador Yongzheng, el soberano entablaba conversa-
ciones profundas con algunos de los jesuitas franceses que residían en
Pekín como Jean Baptiste Régis (1663 o 1664- 1738), Pierre Jartoux
(1669-1720), Tomás Pereira (1645-1708), Jean-Françoise Gerbillon
(1654-1707), Joachim Bouvet (1659-1730), Jean-François Foucquet
(1665-1741) y Joseph Henri Marie de la Prémare (1666-1736) sobre asun-
tos tan diversos como astronomía, matemáticas, literatura y filosofía, de-
bido a que los sacerdotes habían aprendido a comunicarse tanto en man-
darín como en manchú. Gracias a los informes que estos sacerdotes
enviaron a la Francia de Luis XIV, el Imperio chino gozó de una gran
atención e influencia en los escritos de los intelectuales franceses del siglo
XVIII (ver capítulo 3.9).

En 1692 el emperador contrajo la malaria y fue tratado por los misioneros


muy eficazmente con quinina, por lo que a partir de ese momento también
se interesó por la ciencia médica. El resultado fue un texto anatómico con
dibujos adaptados de manuales europeos, como la Anatomía de Thomas
Bartholin de 1684, con comentarios en manchú. En agradecimiento, el
emperador concedió otro terreno a los jesuitas, pero esta vez en la propia
Ciudad Prohibida, donde se erigió una iglesia conocida como Beitang
(iglesia del Norte). Sin embargo, el emperador actuó con firmeza cuando

127
Título del Libro o Parte

en 1705 llegó un delegado del papa, monseñor Charles de Tournon, para


poner fin a las idolatrías (sobre todo buscando que la influencia confucia-
na fuese purgada en la práctica de los jesuitas como en los homenajes a
Confucio y a los sabios de la Antigüedad o las ceremonias a los difuntos),
pidiendo además al emperador que aceptase a un embajador en su corte.
Dos años más tarde, monseñor De Tournon lanzó en Nankín el anatema
sobre las prácticas supersticiosas de los chinos, y el emperador reaccionó
encarcelando al representante papal en Macao e intentando razonar con
los jesuitas en los siguientes términos: “Confucio es honrado por los chi-
nos como un maestro y su nombre no es invocado en las plegarias para
obtener felicidad, posición o riqueza; la veneración de los antepasados es
una expresión de amor y recuerdo filial y no un intento de recibir protec-
ción, y cuando se ofrecen sacrificios al Cielo no se trata del cielo azul
presente sino del señor y creador del universo” (Botton Beja 2008, 379).

Kangxi también estableció una gran amistad con el sacerdote flamenco


Ferdinand Verbiest (1623-1688), que sucedió a Adam Schall von Bel
como astrónomo y director del Observatorio Astronómico de Pekín, que
no solo rehabilitó, sino que equipó con la fabricación in situ de todo tipo
de instrumentos astronómicos. En 1678 publicó el texto Kangxi yong nian
lifa o métodos perpetuos para el calendario en la era de Kangxi, que inclu-
ía el cálculo de las posiciones de cinco planetas, así como los eclipses
solares y lunares durante los siguientes dos mil años. También contribuyó
al conocimiento del mundo con un detallado mapa del globo terráqueo
que tenía su centro en Pekín. Verbiest era políglota, dominaba el latín, el
alemán, el neerlandés, el italiano y el español, y fue un autor muy prolífi-
co que escribió alrededor de 30 libros, incluyendo algunas traducciones al
manchú de libros clásicos de la cultura grecolatina como el de Euclides.
Tras el edicto de tolerancia de Kangxi (1692), y debido a la política favo-
rable de Luis XIV hacia los jesuitas, se decidió enviar dos misiones oficia-
les a China. Ambas salieron desde Brest, la primera en 1685, con los pa-
dres Le Comte, Fontaney, Gerbillon y Visdelou, y la segunda en 1698 a
bordo del Amphitrit.

El emperador Yongzheng no mostró la misma apertura que su padre en


relación a los misioneros cristianos en la corte, debido a la suspicacia que
le provocaba el trato que su hermano y rival, el príncipe Yintang (1683-
1726), había mantenido con el sacerdote jesuita João Mourão (1681-
1726). Exceptuando algunos misioneros que quedaron en Pekín al frente

128
Título de Capítulo

de la Oficina de Astronomía, el resto fueron expulsados a Cantón o Ma-


cao, 300 iglesias y residencias provinciales quedaron convertidas en al-
macenes para grano o escuelas, y se confiscaron sus bienes. Aunque el
emperador denunció su influencia, se abstuvo de prohibir de forma defini-
tiva la religión cristiana y señaló que aunque “los bárbaros lejanos vienen
aquí atraídos por nuestra cultura, debemos mostrar generosidad y virtud”.
El sacerdote jesuita Antoine Gaubil (1689-1759), que llegó en 1723 a
Pekín, manifestó que, aunque el emperador mirara con recelo a los misio-
neros cristianos, eran necesarios para gestionar la Oficina de Astronomía,
establecer contactos con Rusia, y manejar los instrumentos científicos
europeos de la Ciudad Prohibida. Gaubil, el sinólogo europeo más impor-
tante del siglo XVIII, que había sido el matemático del rey Luis XV, llegó
a Pekín para reemplazar a Paul Demiéville como profesor de latín de los
diplomáticos chinos y manchúes. Su cronología comparada de la biblia y
la historia de China, que incluía un análisis muy detallado de información
científica, fue fundamental para dar a conocer la historia de China en Oc-
cidente. Otros misioneros también escribieron luego sobre historia de
China, como Joseph de Moyriac de Mailla (1669-1748), quien redactó una
Histoire générale de la Chine, que era una traducción de la obra Tongjian
gangmu del filósofo Chuxi (1130-1200) de la dinastía Song, y que él ex-
tendió para incluir parte de la dinastía Qing. El sucesor de Mailla, Jean-
Joseph Amiot (1718-1793), llegó a la corte manchú en 1750, y se especia-
lizó en el conocimiento de la población, la lengua y los dialectos, pero
también se interesó por la historia y el arte. Todo su aprendizaje se mate-
rializó en la obra Mémoires concernant l’histoire, les sciences, les arts,
les moeurs, les usages Ec. des Chinois: Par les missonaires de Pékin,
publicada en París en 1776. Estas dos obras fueron fundamentales en el
desarrollo de la historiografía sobre China en Francia.

El misionero jesuita Giuseppe Castiglione (1688-1766), conocido en Chi-


na como Lang Shining, fue un gran artista milanés que trabajó para los
tres emperadores manchúes. Durante los primeros años al servicio del
emperador Kangxi se especializó en pintura de historia natural; en la épo-
ca de Yongzheng realizó varias pinturas panorámicas de batallas y cere-
monias, y durante el reinado de Qianlong, que sí le conoció personalmente
y admiró su talento, se dedicó al realizar diseños a la italiana para la cons-
trucción del palacio de verano (yuanmingyuan), a pocos kilómetros al
noroeste de Pekín, y los interiores se embellecieron con las pinturas que
realizó junto al pintor francés Jean-Denis Attiret. Castiglione también

129
Título del Libro o Parte

realizó retratos del emperador y de sus esposas y concubinas, que eran una
mezcla de la estética occidental y china. Cuando murió en 1766, el empe-
rador Qianlong le otorgó funerales de Estado acordes con el rango que
había adquirido como funcionario-letrado de segunda clase.

Qianlong adoptó una actitud parecida a la de su abuelo hacia los jesuitas


en la corte, permitiendo su presencia en la capital pero restringiéndola en
las provincias, aunque desde mediados del siglo XVIII las condiciones no
fueron demasiado favorables para la acción misionera, con persecuciones
de jesuitas en la provincia de Fujian en 1746 y de franciscanos en la pro-
vincia de Hubei entre 1784 y 1785. Pero el ocaso definitivo de las misio-
nes jesuíticas en China comenzó con la publicación de las bulas papales
Omniun solicitudinum y Ex quo singulari (1742), que denunciaban las
prácticas misioneras de adaptación al confucianismo y prohibían, entre
otras cuestiones, las postraciones del kowtow, la asistencia de cristianos a
los funerales paganos o la de los paganos a los cristianos. En 1773 la
Compañía de Jesús fue disuelta en Europa y sus miembros fueron susti-
tuidos en 1785 por los padres lazaristas de la Congregación de la Misión
(también conocidos como vicencianos), que se hicieron cargo de la iglesia
del Norte o Beitang, en Pekín. La Revolución francesa y las guerras napo-
leónicas socavaron definitivamente la labor de las misiones en China. No
obstante, a lo largo del siglo XVIII y gracias a la labor de las misiones en
China se publicaron numerosos escritos que permitieron ampliar el cono-
cimiento de China en Europa: Description géographique, historique,
chronologique, politique, et physique de l’empire de la Chine et de la
Tartarie chinoise, del padre du Halde (París, 1735, 4 vols.), Lettres édi-
fiantes et curieuses écrites des missions étrangères (París, 1703-1776, 34
vols.) (ver apéndice 5), o la Description générale de la Chine…, del padre
Grosier (París, 1785) (ver capítulo 3.9).

130
Título de Capítulo

3.7. La vida intelectual y espiritual

El reinado de los primeros emperadores de la dinastía Qing se caracterizó


por el conservadurismo ideológico, que reafirmó los valores esenciales del
neoconfucianismo sobre los cuales se iba a sustentar el Estado; los fun-
cionarios-letrados durante los Qing se seguían formando con los clásicos
confucianos, que constituían el plan básico de los exámenes de Estado,
donde predominaba el ensayo de ocho secciones o bagu wen para acceder
a los tres grados de la administración: shengyuan para las prefecturas,
juren a nivel provincial y jinshi, que daba derecho a un puesto en la admi-
nistración central. En estos ensayos se encontraban las frases incontesta-
bles del pensamiento chino destinadas a ser memorizadas y escritas con
exquisita caligrafía. En 1657 se crearon academias privadas (shuyuan)
patrocinadas por el Estado dedicadas exclusivamente a preparar estos
ensayos.

Sin embargo, el confucianismo evolucionó debido a la adopción o elimi-


nación de distintas líneas de pensamiento. Las teorías propuestas por la
escuela Taizhou durante la dinastía Ming (ver p. *) acerca del individua-
lismo extremo y la teoría del conocimiento moral innato fueron frontal-
mente contestadas durante los reinados de Shunzi y Kangxi, y se hizo
hincapié en el carácter práctico de ciertos valores confucianos de la época
Song (lixue), como la jerarquía social o la práctica de determinados ritua-
les, que se plasmaron en la publicación de la Obra completa del maestro
Zhu Xi (Zhuzi quanshu) y en Ideas esenciales sobre el principio y la natu-
raleza (Xingli jingyi), publicadas en 1713 y 1715 respectivamente y com-
piladas por el funcionario-letrado y miembro de la Academia Hanlin, Li
Guangdi (1642-1718).

Otros pensadores de la época de transición que formaban parte de la So-


ciedad de Renovación (fushe), inspirada en la Academia Donglin, desarro-
llaron líneas de pensamiento rompedoras que cuestionaban la tradición y
el sistema político. Huang Zongxi (1610-1695), de quien ya hemos habla-
do (ver p. *), fue un erudito de la transición que reflexionó sobre la histo-
ria intelectual de China. Era hijo de un letrado asesinado en 1626 por or-
den del eunuco Wei Zhongxian, lo que explica sus ataques

131
Título del Libro o Parte

antiabsolutistas. Wang Fuzhi (1619-1692), pensador liberal, escribió una


filosofía de la evolución de la historia (ver p. *). Según su teoría, la trans-
formación de las sociedades es el resultado de fuerzas naturales: la histo-
ria del hombre se caracteriza por una evolución ininterrumpida y el pro-
greso constante de las sociedades, por eso el retorno a las instituciones
antiguas o a alguna de sus prácticas es incongruente. Wang Fuzhi está
considerado como el primer teórico del nacionalismo chino; sus obras
fueron aclamadas al final de la dinastía Qing e inicios de la República, y
estudiadas por Mao Zedong. Gu Yanwu (1613-1682), uno de los pensado-
res más importantes de su generación, fue asimismo fundador de la nueva
escuela de crítica textual e histórica que iba a triunfar en el siglo XVIII,
también conocida como Escuela de Estudios Han. Nació en la ciudad de
Kunshan, cerca de Suzhou, e ingresó en la Escuela de Renovación en
1642. Viajó por todo el norte de China anotando de forma rigurosa sus
impresiones sobre la administración, la defensa militar, la agricultura, la
minería o los sistemas bancarios entre otras muchas cuestiones; además,
investigó concienzudamente los documentos y gacetas locales. En sus
escritos Las ventajas y desventajas estratégicas y económicas de los dis-
tritos y estados del Imperio (Tianxia junguo lipinshu) y Notas sobre co-
nocimientos, acumulados día a día (Rizhilu) habló sobre la labor de go-
bierno, economía, geografía, relaciones sociales y ética. Prestó una
atención especial a las ciencias auxiliares de la historia como la arqueo-
logía y la epigrafía, ya que estudiaba los calcos de las antiguas estelas
chinas. Así, publicó Notas sobre las grafías de las inscripciones sobre
bronce y sobre piedra (Jinshi wnzi ji) y Cinco escritos sobre fonética
(Yinxue wushu).

Si Gu Yanwu fue precursor de una de las escuelas de pensamiento más


importantes del siglo XVIII, la Escuela de Estudios Han o Escuela de Tex-
tos Antiguos, así denominada porque los textos de la antigua dinastía Han
(206 a. C.-220 d. C.), al estar cronológicamente más próximos a los tiem-
pos de Confucio, se acercaban mejor a sus pensamientos y sentimientos.
Se trataba de un movimiento intelectual de tradición lingüística y política
que pretendía rescatar y revaluar los textos clásicos de dicha época y des-
arrollar nuevos métodos de análisis —que denominaban kaozheng xue
(“practicar la búsqueda de pruebas” o “investigación basada en prue-
bas”)—, y que se caracterizaban por verificar los datos, fundamentar los
estudios en hechos concretos y no en especulaciones, y por la objetividad
de sus interpretaciones. Como resultado, se promovió la reedición de un

132
Título de Capítulo

numeroso corpus documental que despertó un renovado interés por la


cultura china, y que contó con el apoyo de impresores, editores, comer-
ciantes y propietarios de bibliotecas que se fueron formando en las
prósperas ciudades de China. Entre estos letrados, que abordaron distintas
disciplinas —entre ellas geografía, lingüística, matemáticas, astronomía,
otras ciencias auxiliares de la historia propuestas por Gu Yanwu—, desta-
can Hui Dong (1697-1758), Hui Zhouqi (1671-1741), Jiang Yong (1681-
1762) y Dai Zheng (1724-1777). Este último fue uno de los más brillan-
tes, hijo de un mercader de tejidos de la provincia de Anhui. Dotado de un
auténtico espíritu científico, consideraba que las pruebas objetivas eran el
único criterio de la verdad. Fue un apasionado de las matemáticas y llegó
a escribir varios tratados sobre la medición del círculo (Gougu geyuanji,
1775) y sobre ecuaciones (Cesuan, 1744), aunque también se interesó por
la historia de esta ciencia en las dinastías Song y Yuan. Como filósofo
criticó las ideas neoconfucianas porque, al centrarse en inútiles discursos
cosmológicos, se habían alejado de los objetivos éticos, y volvió al análi-
sis de las pasiones humanas y el significado de la acción moral. Criticó
también a Zhu Xi sobre la teoría del dualismo (li y qi), porque según su
opinión el li no es trascendente, sino que, como los deseos humanos (ins-
tinto de conservación, sexual, etcétera), forma parte de la vida y solo hay
que saberlo dirigir equilibradamente: “Querer suprimir los deseos es más
peligroso que querer parar el curso de un río”. Sus dos obras más relevan-
tes en el campo de la filosofía son el Comentario detallado sobre el signi-
ficado de las palabras del libro de Mencio de 1772 y Sobre los orígenes
del bien (Yuanshan) de 1776. Los sucesores de Dai Zhen fueron su discí-
pulo directo Duan Yucai (1735-1815), Wang Niansun (1744-1832) y
Wang Yinzhi (1766-1834).

La segunda escuela de pensamiento, conocida como Escuela de Textos


Modernos, surgió en la segunda mitad del siglo XVIII. Se opuso a la inter-
pretación de los clásicos basada en el análisis filológico y propuso un
análisis del significado profundo de los textos confucianos que proporcio-
nara pautas inspiradoras para la renovación política del momento. Sus
representantes más importantes fueron Kong Yansen (1753-1787), Liu
Fengli (1776-1829), Gong Zhizhen (1792-1841) y Wei Yuan (1794-1857)
(Florez Paz 2012, 623).

133
Título del Libro o Parte

La época Qing experimentó un florecimiento bibliográfico que se tradujo


en la publicación de numerosas recopilaciones, enciclopedias y coleccio-
nes. El emperador Kangxi patrocinó la publicación de un diccionario chi-
no, el Kangxi zidian; una recopilación de citas literarias titulada Peiwen
yunfu, que constituía un diccionario de expresiones tomadas de distintas
obras desde los clásicos hasta el siglo XVII, y que fue publicada en 1711;
una enciclopedia ilustrada de 5 000 volúmenes y 800 000 páginas titulada
Colección completa de ilustraciones y escritos desde los tiempos más
antiguos hasta los actuales (Gujin tushu jicheng), que fue dirigida por
Chen Menglei y por uno de los hijos del emperador. En ella se reunieron
los mejores escritos sobre la gobernación, la geografía, la historia, la lite-
ratura y las cienciasde la naturaleza. Kangxi también encargó al letrado
Xu Qianxue (1631-1694) la publicación de la Historia oficial de la dinast-
ía Ming (Mingshi), que concluyó en 1735 y que constaba de 366 capítu-
los; la recopilación de poesía Tang, conocida como Quantangshi, cuya
edición fue supervisada por Cao Yin —abuelo del autor de la célebre no-
vela Sueño del pabellón rojo (Hongloumeng)— y se terminó en 1703, con
unos 48 900 poemas de 2200 autores. En total, durante el reinado de
Kangxi se publicaron 57 obras de gran envergadura patrocinadas y sub-
vencionadas por el Estado.

El emperador Qianlong patrocinó la Biblioteca Completa de los Cuatro


Tesoros, iniciada en 1772 bajo la dirección del filólogo y miembro de la
Academia Hanlin Zhu Yun (1729-1781). El proyecto consistía en revisar
toda la literatura existente editada o inédita —incluyendo libros clásicos,
históricos, filosóficos, religiosos o literarios—, repartida por el territorio
chino (incluyendo la biblioteca imperial, las provinciales y las privadas), y
que a partir de entonces se conservó en unas cuantas bibliotecas seleccio-
nadas por todo el imperio. En 1787 se presentó una bibliografía comenta-
da de 10 230 obras, 3450 de las cuales fueron a su vez copiadas en colec-
ciones de 36 000 volúmenes que se repartieron en distintos lugares como
el palacio de la Ciudad Prohibida de Pekín, el palacio de verano (aunque
esta colección fue destruida en el bombardeo británico de 1860), y los
palacios manchúes de Chengde y Mukden (Shenyang). Otras copias se
trasladaron después a las ciudades de Yangzhou, Zhenjiang (ambas des-
truidas a mediados del siglo XIX durante la rebelión Taiping), y Hangzhou
para que pudieran ser consultadas por los letrados locales. Esta colosal
tarea se realizó durante quince años y trabajaron en ella 3.800 letrados.

134
Título de Capítulo

Sin embargo, paralelamente a esta empresa, entre 1774 y 1789 hubo una
inquisición literaria que provocó la desaparición de muchas obras de la
dinastía Ming, y aquellas que eran consideradas literatura peligrosa para el
Estado manchú; además, se tomaron crueles medidas contra los autores y
sus familias.

Durante los siglos XVII y XVIII, la literatura de distracción escrita en len-


gua próxima a la hablada desapareció para introducir otra de estilo más
erudito. Uno de los autores más reconocidos fue Pu Songling (1640-1715)
con su obra Cuentos fantásticos de un estudio chino, también traducida
como Cuentos extraños escritos en un estudio desordenado (Liaozhai
zhiyi), redactada en 1700. Es una colección de relatos inspirados en el
modelo de los antiguos Registros de sucesos extraordinarios, anécdotas e
historias breves (Zhiguai), escritos por religiosos budistas y taoístas en el
siglo IV d. C. El poeta y ensayista Yuan Mei (1716-1798), que fue miem-
bro de la Academia Hanlin y defensor de los derechos de la mujer (se
proclamó contrario a la poligamia y a la costumbre de vendarles los pies),
abogó por la expresión de los sentimientos en la poesía, practicó los géne-
ros tradicionales del cuento brevísimo escrito en prosa en Lo que no dijo
el maestro (Zibuyu, 1788), inspirándose en las leyendas o tradiciones para
destacar lo oculto, lo raro o lo insólito. Por último, conviene destacar al
letrado Ji Yun y su obra Apuntes de investigación minuciosa en el caserío
(Yuewei caotang biji), redactada entre 1789 y 1798.

En la dinastía Qing se llegó a la cumbre de la novela con dos obras de


gran envergadura: Sueño en el pabellón rojo, también conocida como la
Historia de la piedra, escrita por Cao Xueqin (1715-1764), y Los manda-
rines. Historias del bosque de los letrados (Rulin waishi), por Wu Jingzi
(1701-1754). La primera es la obra clásica más importante de la literatura
china, y se difundió en versión manuscrita de 80 capítulos; en 1782 fue
impresa y editada por Gao E. en 120 capítulos, 40 de ellos añadidos por él
a posteriori. La novela narra la historia de la decadente familia Jia, del
excéntrico, rebelde y orgulloso hijo Jia Baoyu, y sus dos primas: la deli-
cada y sensible Lin Daiyu y la convencional e inteligente Xue Baochai,
que se crían en las mansiones de la familia Jia, a la sombra del emperador.
Un día, sus inocentes vidas se ven truncadas por la influencia negativa de
sus padres, que engañan a Jia Baoyu para que se case con Xue Baochai, lo
que lleva a la muerte de su amada, Lin Daiyu. Como resultado, Jia Baoyu,
que había aprobado los exámenes de Estado, abandona a su esposa y la

135
Título del Libro o Parte

finca familiar, y renuncia al mundo para convertirse en monje budista. La


novela, en parte autobiográfica, presenta con gran lucidez y nostalgia un
mundo muy rico de historias entrelazadas de unos 400 personajes, des-
cripciones detalladas de todo tipo de objetos (rollos de seda, plata, jade,
cofres, artículos exóticos o indumentaria) y lugares (jardines, mansiones y
templos), pero también de acontecimientos de la vida social y cultural
(fiestas, funerales, bodas, visitas, ritos budistas y taoístas) de una familia
de la élite en la China del siglo XVIII. Es también un relato psicológico y
emocional sobre la realidad del mundo, sobre el apego y desapego hacia
lo material. La segunda obra fue escrita entre 1740 y 1750, pero publicada
en 1768 tras la muerte de su autor. Sin una trama argumental definida,
esta sátira mordaz ambientada en la sociedad aristocrática durante la di-
nastía Ming, es una recopilación de narraciones y personajes diversos,
redactada con mucha ironía aunque también con amargura, que denuncia
el mundo corrupto, pedante y falso de los letrados.

El género operístico constituyó una parte fundamental de la cultura


manchú, con la aparición de nuevos estilos y la construcción de teatros
públicos con espectadores entusiastas. Mientras que las representaciones
dramáticas de la época Ming habían enfatizado el texto o la melodía de las
obras, en la época Qing el público estaba más interesado en la puesta en
escena y la actuación. A partir del siglo XVIII, las compañías de ópera
dejaron de actuar únicamente en festivales religiosos o en los hogares de
la élite, sino que deambulaban de un teatro a otro por todo el imperio. La
ópera clásica conocida como Kunqu, que se había originado a finales de la
dinastía Ming en la pequeña ciudad de Kunshan, cerca de Shanghai (pro-
vincia de Jiangsu), continuó con gran éxito durante los Qing, sobre todo
porque el emperador Kangxi se convirtió en un ferviente entusiasta de este
género, especialmente de la obra de Hong Shen El palacio de la eterna
juventud (Changsheng dian) (1684) y la de Kong Shangren El abanico del
melocotonero en flor (Taohua shan). Otros estilos operísticos también
gozaron de la aclamación popular, como el Yiyang, originario de la pro-
vincia de Jiangxi, que se caracterizaba por tener una música rápida y rui-
dosa, y sobre todo la ópera Qinqiang, originaria de la provincia de Sha-
anxi, en el noroeste de China, muy popular entre los hombres en los años
setenta y ochenta del siglo XVIII, porque estaba interpretada únicamente
por actores caracterizados de mujer que utilizaban un lenguaje muy colo-
quial y una indumentaria muy subida de tono. El actor más célebre fue
Wei Changsheng, gracias a sus actuaciones de 1779 y 1780 para celebrar

136
Título de Capítulo

el 70 cumpleaños del emperador Qianlong. Pese a todo, el contenido eró-


tico de estas obras ofendía a los funcionarios-letrados conservadores y en
1785 terminaron por prohibirse. Entre los autores dramáticos hay que
destacar a Li Yu (1611-1680?), que además de obras dramáticas también
escribió relatos y ensayos sobre la vida cotidiana.

La religión adoptada por los manchúes en el noreste de China, en la zona


de Manchuria, fue el chamanismo, que no era una religión institucionali-
zada con un canon escrito o una jerarquía eclesiástica establecida, sino
más bien una serie de creencias y prácticas espiritistas centradas en la
figura del chamán como intermediario entre el mundo superior e inferior,
natural o espiritual. El chamán se ocupaba de comunicar y mediar con los
espíritus para conseguir ayuda o liderar sacrificios y ritos. De hecho, nada
más ocupar el trono de China en 1644, los manchúes establecieron un
sistema de ritos chamánicos que fueron introducidos en el calendario ofi-
cial del Ministerio de los Ritos, y el emperador Qianlong los incluyó en
1747 en el Código imperial de ritos y sacrificios de los manchúes, donde
los chamanes aparecen ya como un cuerpo organizado, se especifica el
conjunto de reglas para oficiar las ceremonias (diarias, mensuales o anua-
les), el tipo de sacrificios que se debían oficiar para según qué dioses, los
ritos de propiciación, las plegarias más convenientes para la salud de ni-
ños y caballos, el tipo de instrumental que debía utilizarse para la celebra-
ción de cada rito, la instrucción para llevar a cabo el baño del Buda, los
rituales de año nuevo y un largo etcétera.

Durante la época de la conquista de China los manchúes habían desarro-


llado campañas militares en Mongolia, donde establecieron contacto con
los lamas del budismo tibetano de la secta gelugpa (de los sombreros
amarillos); de hecho, un año antes de que comenzara la invasión final de
China, en 1643, el V Dalái Lama (1617-1682) había enviado emisarios a
la capital manchú de Mukden (Manchuria), por lo que en 1652, una vez
conquistada China, el propio Dalái Lama viajó a Pekín y nombró al empe-
rador Shunzi cakravartin, o gran gobernante del Imperio budista, que
debía unificar Tíbet, Mongolia y China. El emperador Kangxi recibió
también el título de “Emperador Manjughosa”, que reconocía a los empe-
radores manchúes como la reencarnación del boddisatva Manjusri, el gran
boddhisatva del Asia central cuyo culto se había implantado en las monta-
ñas del norte de China y era el más antiguo de la literatura Mahayana,
personificación de la sabiduría trascendental. A los manchúes les intere-

137
Título del Libro o Parte

saba la adopción del budismo lamaísta para dominar a mongoles y tibeta-


nos, con el fin de llevar a cabo sus ambiciosos proyectos de expansión.
Por otro lado, los emperadores manchúes también adoptaron el budismo
chan; de hecho, el primer emperador de los Qing, Shunzi (1644-1661),
invitó a su palacio a los maestros más importantes de dicha religión.

El budismo chan y el lamaísmo, las dos ramas de la vía mahayana o Gran


Vehículo del budismo, continuaron gozando de las simpatías del empera-
dor Yongezheng, que transformó su antiguo palacio, el Yonghegong, en
un templo lamaísta (1732). Asimismo, escribió un texto sobre conversa-
ciones entre célebres monjes del budismo chan, fomentó la publicación de
sutras budistas y fundó una sociedad de estudios religiosos, tanto budistas
como taoístas. Sin embargo, el budismo lamaísta alcanzó la época de ma-
yor popularidad durante el reinado de Qianlong, especialmente después de
la conquista del Tíbet, por el significado simbólico que esta zona tenía
para la corte. El emperador aparece representado en un importante número
de retratos como un lama gelugpa que sostiene simultáneamente la rueda
de la ley budista o dharmachakra de un gran gobernante o cakravartin,
pero también lleva sobre los hombros los atributos del boddisatva Manjus-
ri. El maestro del emperador fue el monje Rolpay Dorje, que inició a
Qianlong en el budismo tibetano en 1745 y continuó instruyéndolo en sus
enseñanzas hasta su muerte, en 1786. El emperador, que se postraba ante
él como cualquier discípulo, lo nombró preceptor nacional o Zhanjia
Guoshi, además de encargarle la dirección del Palacio de la Rectitud Con-
centrada (Zhongzheng dian), que era el cuartel general del budismo tibe-
tano en la Ciudad Prohibida, donde se elaboraban todo tipo de objetos e
imaginería religiosa para los templos tibetanos de toda China.

En general, los emperadores Qing intentaron incorporar las prácticas reli-


giosas de todo el imperio en la corte, para gobernar relacionándose con
sus súbditos a través de sus mismos ritos y lenguas. Además, el Departa-
mento de la Casa Imperial y el Ministerio de los Ritos destinaron partidas
muy importantes del tesoro imperial a la ejecución de proyectos de índole
religiosa, como la construcción de docenas de templos en la capital y fue-
ra de ella, tanto dedicados a deidades del budismo tibetano como pensa-
dos para albergar rituales confucianos y taoístas. La ciudad de Rehe o
Jehol (hoy Chengde), 235 kilómetros al norte de Pekín, fue uno de los
lugares de descanso preferidos de los emperadores manchúes en el siglo
XVIII. Además de la existencia de un conjunto de majestuosos palacios

138
Título de Capítulo

como el Bishushanzhuang (Refugio de montaña para huir del calor) y


parques de caza, esta ciudad tuvo importancia religiosa porque fue un
centro de estudio del budismo muy prestigioso, donde se construyeron
réplicas de los grandes templos de las minorías anexionadas a China, co-
mo el famoso monasterio de Potala (Tíbet) (ver apéndice 6) o los templos
lamaístas de Purensi y Pulesi, donde el emperador mostraba respeto a los
credos de sus nuevos vasallos. Asimismo, se construyeron magníficos
templos en Mongolia y Tíbet, que se ornamentaron suntuosamente con
pinturas, textiles, esculturas y todo tipo de imágenes y objetos rituales.
Los memoriales de palacio demuestran que el Estado promovió la cons-
trucción de pequeños santuarios dedicados a los espíritus ancestrales de
los manchúes, al dios chino de la guerra Guandi, que los manchúes vincu-
laron al culto del rey Geser de los mongoles o al bodhisattva Guanyin de
la compasión, pero también participaron en la erección de mezquitas mu-
sulmanas y, como ya hemos visto, de iglesias cristianas.

De todas las funciones religiosas que asumían los emperadores Qing, la de


oficiar los ritos fue sin duda la más exigente, porque incluía la celebración
de numerosas ceremonias al Cielo, la Tierra, el Sol y la Luna, las monta-
ñas sagradas, la agricultura y la sericultura, y a los ancestros imperiales.
Estos ritos, heredados del pasado, eran los más importantes porque subra-
yaban los valores confucianos de humildad, piedad filial y productividad,
pero había también otros que gozaban de gran devoción popular, como los
que se dedicaban a la veneración del dios-dragón en los años de sequía, a
los dioses taoístas de la secta de la Verdad Completa en el templo de
Quanzhen de Pekín, a Zhenwu, dios del norte, a Dongyue, dios de la mon-
taña del este o a Bixia Yuanjun, diosa de la montaña azul (Berger 2005,
131-133). A estos se sumaban los altares chamánicos y templos lamaístas
y taoístas repartidos en distintos emplazamientos de la Ciudad Prohibida.

Los emperadores, en calidad de reyes-sacerdotes, oficiaban personalmente


o delegaban estas funciones en sus hijos. De todas ellas, la más importante
era el rito anual de veneración al Cielo, iniciado en tiempos de la dinastía
Han, y que se perpetuó hasta el final del imperio. Según explica Anne
Birrell, “la ceremonia comenzaba al atardecer de la víspera del solsticio
de invierno en el mes de diciembre, cuando el emperador, ataviado con
una túnica de seda dorada bordada con un dragón de cinco garras y doce
símbolos, se trasladaba en silencio desde la Ciudad Prohibida hasta el

139
Título del Libro o Parte

Templo del Cielo (un altar sobre una plataforma de madera con forma de
cuadrilátero de 1600 metros de longitud situado al sudeste del palacio
imperial), sobre un trono dorado entre un séquito de dos mil hombres por
un sendero amarillo que simbolizaba la tierra. Al anochecer, al son de una

música sacra, subía las tres terrazas circulares de color blanco del Altar
del Cielo, que simbolizaba la bóveda celeste, y rendía culto al cielo como
habían hecho sus predecesores a lo largo de dos mil años” (Birrel 2005,
74-75).

140
Título de Capítulo

3.8. La cultura material en el mercado doméstico y de exportación

Los reinados de Kangxi, Yongzheng y Qianlong se caracterizaron por el


mecenazgo artístico, que estimuló la producción de objetos suntuarios y la
formación de importantes colecciones que embellecieron las residencias
de la corte y la élite. Estos objetos, exquisitamente elaborados en los talle-
res imperiales y en otras zonas de China, se utilizaron para distintos me-
nesteres de la vida de palacio y se caracterizaron por la diversidad de esti-
los y la innovación de técnicas, si bien continuaron con la tradición
artística anterior, que se asimiló a las nuevas tendencias. El ambiente de
apertura cultural, sobre todo por la influencia de los jesuitas en la corte,
así como la llegada de nuevos clientes europeos a las costas, favoreció la
innovación estilística, técnica y decorativa del mercado nacional y de
exportación. En la Ciudad Prohibida se crearon talleres de pintura para la
ornamentación de los distintos pabellones del palacio, y otros se especiali-
zaron en la manufactura de objetos elaborados en distintos soportes, como
el metal (oro, plata y bronce), las piedras preciosas o semipreciosas (jade
y malaquita), la laca, el cristal, la madera (huanhuali, palisandro amarillo
o palo de rosa), el zitan (sándalo rojo) o el bambú, y otros soportes obte-
nidos de los animales (cuerno de rinoceronte, marfil o hueso). Surgieron
además nuevos talleres especializados en el esmaltado de piezas de porce-
lana. Todos dependían del Departamento de la Casa Imperial y estaban
situados en el Pabellón del Cultivo Mental (Yangxin dian), donde vivían
los tres emperadores, que supervisaban muy de cerca el trabajo de los
distintos oficios, adaptados a los gustos estéticos de cada uno de ellos.

En el campo de la pintura cabe distinguir dos corrientes principales: la


pintura cortesana y la de los letrados artistas que abandonaron la carrera
en la administración para reivindicar su independencia como creadores.
La pintura de corte ejercida por pintores académicos o profesionales se
caracterizó por reproducir fielmente los gustos de los emperadores, y pre-
sentaba un carácter documental y decorativo que comprendía cuatro géne-
ros distintos: el retrato; la pintura fengsu hua, que registraba aconteci-
mientos contemporáneos como ceremonias cortesanas, viajes, escenas de
la vida cotidiana y representaciones de carácter etnográfico; el género
decorativo de flores, pájaros y animales; y la pintura religiosa, sobre todo
relacionada en esa época con el budismo tibetano (lamaísmo).

141
Título del Libro o Parte

En el género del retrato, los artistas italianos Giuseppe Castiglione (1688-


1766) y Giuseppe Panzi (1734-1812), junto a los franceses Jean-Denis
Attiret (1734-1812) y Louis de Poirot (1735-1768), ya mencionados, tu-
vieron una gran influencia al introducir el realismo y el claroscuro en el
diseño de los rostros de los emperadores y otros miembros de la corte,
pero también la técnica de la perspectiva, la pintura al óleo y la estampa-
ción a partir de planchas de cobre. Los talleres dependían de la Academia
Imperial (Huayuan chu o Huazuo), que formaba parte del Departamento
de la Casa Imperial, y estaban situados al sur del palacio de Qixiang, en la
Ciudad Prohibida. Durante los reinados de Kangxi y Yongzheng, estos
pintores se englobaban bajo el término nanjiang o artesanos del sur, pero
a partir del reinado de Qianlong comenzaron a denominarse huahuaren, y
vieron su estatus elevado a la categoría de artistas.

Además de la pintura, la corte llevó a cabo un extraordinario programa


editorial de todo tipo de géneros literarios, enciclopedias y manuales que
los pintores cortesanos debían ilustrar. Uno de los más interesantes para
estos artífices fue el Manual de pintura del Jardín de la semilla de mosta-
za (Jie zi yuan hua pu), compilado y editado por el paisajista Wang Gai
(1677-1705), en el que se presentan las técnicas básicas de la pintura y se
analiza la obra de los grandes paisajistas del pasado, con recomendaciones
sobre cómo imitarlos para llegar a convertir las copias en actos naturales,
asimilando su genio. La obra de los pintores y calígrafos que formaba
parte de la colección imperial se reunió en un catálogo en tres volúmenes
encargado por Qianlong y titulado Shiqu baoji que vio la luz en 1744,
1791 y, ya fallecido el emperador, en 1815.

Dentro de la pintura de letrados se distinguían a su vez varias corrientes.


Una ortodoxa, que se basaba en la tradición pictórica de los grandes maes-
tros del pasado y, sobre todo, en el legado del gran artista, historiador del
arte y coleccionista Dong Qichang (1555-1636), de la dinastía Ming (ver
pág. *), que rechazaba el estilo meramente descriptivo de los pintores
profesionales de la corte, en favor de un estilo tradicionalista basado en el
arte de pintores eruditos de las épocas pretéritas, que debía servir de inspi-
ración a los artistas del momento y que, según su criterio, eran Huang
Gongwang (1269-1354), Ni Zan (1306-1374) y Wang Meng (1308-1385).

El grupo de artistas “ortodoxos” estaba formado por los llamados “Cuatro


Wangs”: Wang Shimin (1592-1680), Wang Jian (1598-1677), Wang Hui

142
Título de Capítulo

(1632-1717) y Wang Yuanqi (1642-1715), junto a Wu Li (1632-1718) y


Yun Shouping (1633-1690). Aunque no eran parientes, desarrollaron su
trabajo en el sur de China y se especializaron en el género del paisaje
realizado con tinta seca y húmeda, un tipo de pintura que se caracterizó
por romper los contornos con la aplicación de pequeños trazos de diferen-
tes formas llamada tien. Wang Shimin (1592-1680), al que se atribuye la
fundación de esta escuela, estudió con Dong Qichang y ocupó la posición
de letrado hasta la caída de la dinastía Ming, cuando decidió retirarse de la
vida pública y trasladarse a la ciudad de Taicang, en la provincia de Jiang-
su. Sus grandes y densos paisajes están inspirados en los del maestro
Huang Gongwang (1269-1354), de la dinastía Yuan (1279-1368), aunque
su pincelada fue siempre muy personal. Wang Shiming fue maestro de
Wang Jian, de Wang Hui y también de su nieto Wang Yuanqi. Los últi-
mos tres artistas tuvieron la oportunidad de pintar en la corte y, de hecho,
Wang Hui diseñó el famoso rollo de los Viajes del emperador Kangxi por
el sur de China, hoy en el museo del palacio de la Ciudad Prohibida. El
más innovador de los cuatro fue el pintor Wang Yuanqi , que trabajó en la
Corte de Kangxi y ocupó el cargo de conservador de las colecciones de
pintura y caligrafía del emperador. Sus paisajes destacan por la imagina-
ción y la forma de expresar el volumen y la profundidad de forma casi
cubista, y por resolver los problemas compositivos mediante la creación
de nuevas estructuras o a través del uso del color (Cervera 2003, 106).

La segunda corriente pictórica, contemporánea de los paisajistas orto-


doxos, aglutinó a un grupo de pintores para los que la originalidad y la
independencia eran cualidades esenciales, y que optaron también por tras-
ladarse al sur, lejos de la corte, para vivir en comunión con la naturaleza.
La mayoría de ellos prefirieron establecerse en comunidades budistas
chan, donde alternaban la práctica de la meditación con la pintura. A este
grupo de artistas integrado por Shixi o Kuncan (1612-1673), Shitao o Zhu
Ruoji (1642-1707), Zhu Da o Bada Shanren (1626-1705) y Hongren
(1610-1664), se los conoce con el nombre de “individualistas”, porque
rechazaban cualquier escuela y porque su pintura surgía de la expresión
individual, del trazo intuitivo que nace en momentos de inspiración. Uno
de los más singulares fue Shixi, también conocido como Kuncan (1612-
1673), oriundo de Changde (provincia de Hunan). Como los otros pintores
de este grupo, se convirtió en monje budista. Cultivó el género del paisaje,
caracterizado por la variedad de elementos, infinidad de caminos y deta-
lles que invitan al espectador a perderse, olvidándose del tiempo. Sus

143
Título del Libro o Parte

composiciones llaman la atención por la emoción, la fuerza y la libertad


de expresión. Otros pintores se convirtieron también al budismo después
de la conquista de los manchúes, entre ellos Zhu Da (de nombre budista
Bada Shanren) y Zhu Ruoji (conocido como Shitao), que vivieron en co-
munidades en contacto con la naturaleza y rechazaron la imitación de los
maestros antiguos. Zhu Da perteneció a la familia imperial Ming, pero con
su caída perdió el habla y se aisló totalmente del mundo exterior al entrar
en un monasterio budista. La naturaleza que aparece en su pintura está
aformada por rocas escarpadas y raíces nudosas en composiciones violen-
tas, animales en actitudes extrañas pero muy expresivas o metafóricas,
imbuidos de sentimientos y emociones humanas, aunque el ser humano
rara vez aparece en sus pinturas. Su pincelada es seca (gan bi), puntillista,
nítida, espontánea, con manchas de tinta dispersas por la superficie del
soporte, capaz de dar vida a la naturaleza que representa. Zhu Da era ca-
paz de dotar al vacío de un gran valor expresivo, y su pintura combina la
poesía y la caligrafía, que aparecen cargadas de humor o crítica. No se
conocen muchas de sus obras, pero de su época budista destaca el álbum
de flores de loto, símbolo de pureza de la religión budista, y el famoso
Luna y melón (Yueliang hé tiangua) (Arthur M. Sackler Museum, Univer-
sidad de Harvard), que realizó con motivo del segundo viaje del empera-
dor Kangxi al sur de China, en 1689. El melón es el artista que aparece
representado como un príncipe desencantado, y la luna sería una metáfora
de la dinastía Ming. Aunque la obra de Zhu Da no fue muy valorada en su
tiempo, tuvo una gran influencia en la pintura china del siglo XX.

Shitao, natural de la provincia de Guanxi, estaba relacionado por lazos


familiares con la dinastía Ming, y a la edad de tres años, debido al asesi-
nato de su padre, fue escondido en un monasterio budista por un antiguo
sirviente. Allí practicó la oración y la meditación, pero también fue ins-
truido en el arte del pincel: pintura, caligrafía y poesía. Desde muy joven,
este inquieto monje emprendió viajes por distintas provincias de China,
donde experimentó la naturaleza que integró después en su pintura. Con
38 años se trasladó a la ciudad de Nankín, donde entró en contacto con el
ambiente de los letrados y con otros pintores de la corte. Después viajó a
Pekín, donde conoció la obra de los artistas del pasado en las colecciones
imperiales, y también la de los llamados artistas ortodoxos. Al final de su
vida, decidió volver a la ciudad de Yangzhou, y se instaló en una pequeña
choza en plena naturaleza, a la que llamó “Gran Pureza”. La obra de Shi-
tao se distingue por sus pinturas de paisajes, bambúes y rocas, pero fue

144
Título de Capítulo

también autor de uno de los primeros autorretratos que se conocen en la


historia de la pintura china. Shitao escribió un importante tratado Acerca
de la pintura (Hua pu), en el que hacía hincapié en dos cuestiones princi-
pales: por un lado destacaba el concepto de la pincelada como un acto
único que recoge toda la fuerza de la obra (porque, según el Libro de los
cambios, en el principio de las cosas lo uno fue el origen de lo múltiple);
por otro, abogaba por la ausencia de método a favor de una pintura es-
pontánea que surgiera de la intuición y donde cualquier copia carecería de
sentido y frescura. Negaba, por tanto, la tradición pictórica de los orto-
doxos. Sus obras se caracterizan por ser de pequeño formato, realizadas
con tinta negra o de colores, pero de gran frescura y originalidad, y en
ellas cada trazo es único. Sus obras más conocidas son: Cascada sobre el
monte Lu, ilustración al poema de Tao Yuan Ming La fuente de los melo-
cotones en flor, El paseo nostálgico (museo de Tianjin), El retiro del sa-
bio entre el pino y la roca (museo de Sichuan) y Claro de luna bajo el
acantilado (museo del Palacio Imperial de Pekín).

La tercera corriente pictórica surgió a finales del siglo XVII en la ciudad de


Yangzhou (provincia de Jiangsu), con una gran actividad comercial deri-
vada sobre todo de las transacciones de sal entre el Gran Canal y el río
Yangtsé, que conectaba la capital con el sur de China. Aquí se fue concen-
trando, bajo el mecenazgo de prósperos comerciantes, un heterogéneo
grupo de artistas conocidos como los Ocho Excéntricos de Yangzhou,
integrado por Wang Shishen (1686-1759), Huang Shen (1687-1766), Jin
Nong (1687-1763), Gao Xiang (1688-1759), Li Shan o Li Futan (1695-
1755), Zheng Xie o Zheng Banquiao (1693-1765), Li Fangying (1695-
1755) y Luo Pin (1733-1799). Estos artistas eran letrados aficionados a la
pintura pero dispuestos a comerciar con su obra, aunque ninguno de ellos
se reconocía como parte de ninguna escuela concreta, ya que el nombre de
Ocho Excéntricos de Yangzhou, utilizado para definir esta corriente, sur-
gió en el siglo XIX. Eran además pintores relativamente pragmáticos, de
diferentes especialidades, que dieron respuesta a diversos gustos. Para
ellos la pintura era la expresión del espíritu, lo que explica la innovación
de técnicas y estilos propios que llevaron a cabo, aunque no rompieron
con la tradición pictórica. Jin Nong, considerado el cerebro del grupo, fue
un gran calígrafo que se había ganado la vida como anticuario itinerante
antes de comenzar a pintar. Se inspiró en la obra de artistas de la dinastía
Tang, y se especializó en la pintura de flores simbólicas como el ciruelo
(símbolo del invierno) o el crisantemo (símbolo del otoño y de la vida de

145
Título del Libro o Parte

retiro), para luego centrarse en las figuras de caballos y las imágenes bu-
distas realizadas con brochas de cerdas gruesas y a veces desgastadas. Su
discípulo, el artista Lou Ping, se especializó en la pintura de fantasmas. El
más conocido de los excéntricos fue Zheng Xie, un famoso poeta, ensayis-
ta y calígrafo que se había especializado en la pintura de bambúes ejecu-
tada a base de trazos caligráficos y contrastes cromáticos de tinta que iban
del negro profundo al gris claro para crear la ilusión de cercanía o distan-
cia través de atmósferas cambiantes.

En lo que a la elaboración de porcelana se refiere, Jingdezhen (provincia


de Jiangxi) tereminó convirtiéndose con sus alfares en una ciudad indus-
trial con más de 3000 hornos que suministraban piezas de porcelana tanto
para el mercado nacional como para la exportación, con talleres y hornos
que se agrupaban en zonas distintas según el gusto y bolsillo de la cliente-
la, y que pertenecían a empresarios privados residentes en la provincia de
Anhui. La porcelana se elaboraba en cadena y, en palabras del misionero
jesuita D’Entrecolles, que visitó Jingdezhen en 1712, “un artista no hace
otra cosa que pintar los círculos bajo el borde, otro dibuja flores y un ter-
cero las colorea; otros se especializan en aguas o montañas y el cuarto en
pájaros o animales. La figura humana no se realiza satisfactoriamente”
Hoy en día sabemos que una misma pieza de porcelana pasaba por las
manos de 70 personas (ver también apéndice 5).

La porcelana Qing se caracterizó por su virtuosismo técnico y artístico, así


como por su variedad de formas y decoraciones: objetos para la mesa del
letrado, figuras de devoción religiosa, piezas que se inspiraban en formas
de la metalistería de la China pre-imperial, en la orfebrería Tang, en obje-
tos europeos para el menaje doméstico que procedían de la loza de Delft o
en la plata y el peltre. A partir del primer cuarto del siglo XVIII se elabora-
ron servicios de comedor completos con platos, platones, bandejas, sope-
ras y figuras, porque las fiestas y los banquetes europeos requerían vajillas
extensas y con una interminable variedad de piezas para complacer a los
comensales antes, durante y después de la comida. Bajo la dirección de
Zhang Ying Xuan (1680-1688), supervisor de los alfares de Jingdezhen
durante el reinado del emperador Kangxi, comenzó a impulsarse la elabo-
ración de nuevos y coloridos esmaltes traslúcidos y verdosos, aplicados
sobre un vidriado porcelánico muy mejorado y mucho más espeso que
proporcionaba una base excelente para los nuevos colores. En 1862 el
historiador francés Albert Jacquemart describía este nuevo estilo que hab-

146
Título de Capítulo

ía hecho furor en Europa entre 1675 y 1725 en su Historia artística, in-


dustrial y comercial de la porcelana como famille verte (familia verde).
Los chinos definían este estilo como ying cai o colores sólidos, porque
para ellos el esmalte traslúcido sobre el vidriado era semejante a dos cris-
tales superpuestos. A partir de 1725, y bajo la supervisión de Nian Xiyao
(1726-1735), se introdujeron nuevos esmaltes que transforman la paleta
de color e inauguraron un nuevo estilo conocido como famille rose (fami-
lia rosa), que se caracterizaba por la utilización de un esmalte rosa, un
esmalte blanco —que podía mezclarse con otros colores para producir una
amplia gama de tonalidades pastel— y uno amarillo opaco. En el pasado
se pensaba que el rosa se había introducido desde Europa, pero recientes
investigaciones han demostrado que el rosa chino está elaborado a partir
de un esmalte transparente mezclado con polvo de rubí. Otra novedad fue
un nuevo esmalte negro opaco, que permitía reproducir la simplicidad de
los diseños de la pintura a tinta o los occidentales de grisalla, a veces con
realces en dorado, con el fin de imitar los grabados europeos que servían
de modelo, y que se popularizaron sobre todo a partir del reinado del em-
perador Qianlong. Ambos estilos decorativos se utilizaron para ornamen-
tar la porcelana con motivos de la más diversa índole: heráldicos, litera-
rios, mitológicos, galantes y eróticos,
históricos y políticos (a veces satirizados), retratoscostumbristas, náuticos,
masónicos y religiosos, con escenas bíblicas u otros motivos de la icono-
grafía cristiana.

La porcelana de la casa imperial y la élite reflejaba la tradición imitando


los estilos monocromos característicos de la época Song, como los barni-
ces azulados de los celadones Guan, Ru, Ge o Jun, aunque también se
utilizaban exquisitos monocromos como el rojo langyao o el rojo melo-
cotón con manchas verdosas, elaborados a base de óxido de cobre soplado
bajo el vidriado; a veces se añadía la decoración incisa conocida como
anhua o “decoración secreta”, que reproducía motivos imperiales (el
dragón o el fénix, símbolos del emperador y la emperatriz) escondidos
bajo el pigmento y el vidriado. Otros monocromos imperiales elaborados
con esmaltes sobre el vidriado porcelánico fueron el amarillo, conocido
como imperial, el café-au-lait, el negro, el rojo coral, el turquesa, el verde
de hibisco, el morado o el azul sacrificio. Predominaban las formas arcai-
zantes (del bronce o del jade) que se destinaban a uso ritual, pero también
se elaboraron otras más extravagantes (como soportes para sombreros o

147
Título del Libro o Parte

mangos de pinceles) y piezas de gran tamaño (como tibores peceras) de


gran complejidad técnica para uso doméstico.

El mobiliario Qing elaborado con maderas tropicales duras tipo huanhuali


o zitan fue uno de los productos más célebres de los talleres de Suzhou y
Guangzhou para el mercado doméstico, aunque también se hacían otro
tipo de piezas lacadas para la exportación. En 1639 los portugueses fueron
expulsados de Japón, que hasta entonces había sido el principal suminis-
trador de laca (namban) para Europa, por lo que el sur de China se convir-
tió en proveedor de este tipo de objetos, sobre todo de biombos de doce
hojas, que a veces se cortaban para acoplarse a todo tipo de mobiliario
europeo y que llegaron a conocerse con el nombre de coromandel, aunque
también se utilizaron otros nombres (bantam, como el puerto de Java,
desde donde la compañía holandesa exportaba sus piezas, o guancai). El
término coromandel hacía referencia al puerto del mismo nombre situado
en la costa de Kerala, en la India, desde donde estas piezas salían rumbo a
Inglaterra, aunque como en el caso de la porcelana, fueron los franceses
los que adoptaron el término para su clasificación en el siglo XIX. La
técnica de la laca coromandel consistía en preparar el soporte de madera
con una pasta blanquecina (una mezcla de polvo de yeso, sangre de cerdo
y laca cruda). Ésta se cubría con laca negra o marrón que se tallaba hasta
la base y después se decoraba mediante la aplicación de una última capa
de laca policroma. A partir de 1710 se abandonó esta técnica en favor del
estilo makie, de origen japonés, que consiste en la aplicación de ornamen-
tos dorados a base de polvos metálicos espolvoreados o pintados sobre la
superficie húmeda de la laca. Los talleres que desarrollaron esta técnica se
concentraban en la zona de Cantón, que se ocupaba de suministrar todo
tipo de piezas para la exportación, pero también para el mercado interior.
Por otro lado, los talleres imperiales de laca se especializaron en la copia
de estilos japoneses,—que eran entonces los más refinados— como el
furoshiki, que reproducía un hatillo con un objeto lacado ornamentado
mediante la técnica makie. Desde el reinado de Yongzheng, el nombre de
los artífices de los talleres imperiales comenzó a aparecer en los objetos
más exquisitos, y emperador premiaba y registraba las creaciones más
sobresalientes. En los rollos horizontales titulados Imágenes de Cosas
Antiguas o Guwan tu aparecen dibujadas las piezas antiguas, así como las
creaciones contemporáneas de su colección. Por lo que respecta a la deco-
ración, las escenas pastorales y galantes de la cerámica europea influyeron
en los diseños de la porcelana imperial esmaltada tipo famille rose, que se

148
Título de Capítulo

elaboró en los talleres de palacio durante el reinado del emperador Qian-


long; del mismo modo, el cristal que se elaboraba en los talleres de pala-
cio debía mucho a las formas del cristal francés que llegaba con los mi-
sioneros.

149
Título del Libro o Parte

3.9. China en la Europa del siglo XVIII

En 1697 el jesuita y sabio francés Joachim Bouvet, que había sido profe-
sor de geometría de Kangxi, regresó a París como embajador imperial con
el encargo de localizar jesuitas de gran preparación que quisieran formar
parte de la corte china. Durante su estancia presentó al rey Luis XIV un
texto de 100 000 palabras que luego se publicó como Portrait historique
de l’empereur de la Chine présenté au roi (1697) y otro ensayo titulado
L’Estat present de la Chine en figures, dedicado a los duques de Borgoña
y generosamente ilustrado, que dieron a conocer China en Francia. Como
Bouvet, a su vuelta a Francia en 1692 el astrónomo Louis le Comte (1655-
1728) publicó Nouveau mémoire sur l’état présent de la Chine, y el padre
jesuita Jean-Baptiste du Halde su Description géographique, historique,
chronologique, politique, et physique de l’empire de la Chine et de la
Tartarie chinoise…, publicado en La Haya en 1735. Todos estos trabajos
tuvieron una enorme influencia en el campo del pensamiento político y
social, hasta el punto de que los filósofos europeos de la Ilustración como
Gottfried Wilhelm Leibniz (1646-1716) reflejaron la importancia que el
descubrimiento de China tuvo para la Europa de la Edad Moderna. En una
carta dirigida al padre Verjús, decía: “es imposible que incluso una des-
cripción desnuda pero exacta de aquello que practican no nos aporte unas
luces considerables y en mi opinión mucho más útiles que el conocimien-
to de los ritos y de los muebles de griegos y romanos a que se entregan
tantos sabios”. Entre 1697 y 1699 Leibniz publicó su Novissima Sinica,
donde expresó sus ideas sobre China como nación civilizada, digna de
emulación, y después estableció con el jesuita Bouvet un provechoso in-
tercambio epistolar entre Europa y China, que se materializó en su Disco-
urs sur la théologie naturelle des chinois, donde se condensaban sus pen-
samientos sobre China como pueblo avanzado, sus progresos científicos y
su filosofía práctica de índole confuciana, que regulaba la educación y las
relaciones sociales (Mungello 1977). En 1697 estableció la equivalencia
entre las dos civilizaciones y afirmó que ambas debían enriquecerse mu-
tuamente: “Me parece singular designio de los hados que la mayor cultura
y refinamiento humanos se hayan recogido en los dos extremos de nuestro
continente, Europa y China (así se llama), adornando una en Oriente y
otra en Europa los dos extremos de la tierra. Quizás la suprema providen-
cia los haya hecho así para que pueblos tan cultos y distantes se tiendan
los brazos hasta alcanzar poco a poco el modo de vida más racional y
perfecto”. Leibniz puso un gran énfasis en la conciliación del pensamiento

150
Título de Capítulo

chino y el cristianismo europeo, a través de la tesis del figurinismo chino


(representado por otros pensadores como A. Couplet, A. Schall, M. Mar-
tini, J. Bouvet y L. Le Comte), según la cual la Revelación transmitida por
los Patriarcas bíblicos se había conservado en la cultura china y el confu-
cianismo bebía de sus fuentes (Rensoli 2012, 9-10). Para Leibniz y para el
clérigo alemán Andreas Müller, autor de la Clavis Sinica, la escritura chi-
na era la lengua ideal, porque a través de sus caracteres (logogramas) se
facilitaba la comunicación entre los hombres de diferentes naciones, ya
que se acercaba a la estructura simbólica del pensamiento del hombre. A
través de los contactos de Leibniz con el padre Grimaldi desarrolló la
teoría de la Monadología, redactada en 1714, que se refiere a una metafí-
sica de las sustancias simples o de átomos formales y que evoca las teorías
neoconfucianas del Li, que sería la razón o fundamento de toda la natura-
leza, una sustancia universal sin cuerpo que solo se puede conocer me-
diante el entendimiento, consiguiendo resolver la oposición irreductible
entre idealismo teológico y materialismo atómico que hasta sus días hab-
ían dominado todo el pensamiento occidental (Gernet 2005, 466). La im-
portancia que en China tuvo la agricultura como base del sistema econó-
mico inspiró las teorías de los fisiócratas como François Quesnay (1695-
1774), el marqués de Mirabeau (1715-1789) o Dupont de Nemours (1739-
1817), que propugnaban que las leyes humanas debían estar en armonía
con las de la naturaleza. Para ellos, la agricultura era la única fuente de
riqueza y, antes de la revolución industrial, la manufactura y el comercio
solo permitían la distribución de la riqueza agrícola y eran actividades
estériles.

Una de las cuestiones desarrolladas en el Siglo de las Luces fueron “las


costumbres y las leyes” que se habían inspirado en el modelo chino, por-
que proporcionaba el primer ejemplo de un Estado civilizado, rico y pode-
roso que no debía nada al cristianismo y que se basaba en la razón y el
derecho natural. Otro de los modelos tomados de China durante la Revo-
lución francesa fue el sistema de exámenes públicos para el ingreso al
cuerpo de funcionarios. Éste ya había sido descrito por el español Gonzá-
lez de Mendoza en su Historia de las cosas más notables, ritos y costum-
bres del gran reyno de la China (1585), y después por otros jesuitas fran-
ceses como el padre Nicolás Trigault en Recueil d’observations curieuses
(1615) y por Henri de Feynes en su Voyage faict par terre depuis Paris
iusques à la Chine (1615). La Compañía de las Indias Orientales comenzó
a aplicar este mismo sistema para sus empleados en la India y Gran Breta-

151
Título del Libro o Parte

ña a partir de 1800 y 1855, respectivamente. Además, la operación es-


tadística de los censos de población —que se realizaron por primera vez
en el Canadá francés en 1665 y en Suecia en 1749— surgió por influencia
del Estado chino. Como comenta Jacques Gernet, a partir del siglo XVI se
desarrollaron ciencias experimentales que habían estado ausentes de la
tradición occidental como el magnetismo, y aparecieron nociones como el
campo de fuerza, los torbellinos corpusculares y la propagación por on-
das, la lógica combinatoria que procedía del Yijing o libro de los cambios,
la concepción de una totalidad orgánica y la autorregulación de los orga-
nismos, así como la introducción de la vacuna de la viruela, que se había
practicado habitualmente en China mediante la inoculación en el paciente
de una pequeña cantidad del contenido de una pústula de la enfermedad
(Gernet 2005, 464-466).

La llegada masiva de objetos chinos a Holanda y Francia durante los si-


glos XVII y XVIII, que coincidió con la estética europea barroca y rococó,
impulsó un estilo artístico sumamente original conocido como chinoiserie
que se reflejó en todas las creaciones artísticas, desde la arquitectura hasta
los objetos de uso cotidiano. A mediados del siglo XIV se había publicado
en francés el best seller de ficción Los viajes de Sir John Mandeville, que
desencadenó el mito del lujo oriental en Europa, y en el que aparecían
descripciones como esta: “pieles de pantera colgaban en las paredes, pila-
res de oro macizo y aceras y escaleras de plata, techos de oro desde los
que colgaban racimos de uva hechos de piedras preciosas”. Otro de los
libros que contribuyeron a la configuración de China como suministrador
de objetos suntuarios en el imaginario europeo fue el libro del padre agus-
tino Juan González de Mendoza Historia de las cosas más notables ritos y
costumbres del gran reino de China, traducido a siete lenguas europeas y
reeditado 46 veces, y en el que se describía un banquete chino de la forma
siguiente: “acostumbran los chinos, aunque haya cien invitados, a comer
cada uno en su mesa. Las tablas son muy galanas doradas y pintadas de
volatería, boscaje y montería, y también de otras variedades alegres a la
vista. No usan poner manteles sobre ellas sino solo un frontal de damasco
en cada una que llega hasta el suelo, también ponen canastillos labrados
con hilo de oro y plata llenos de flores y cosas hechas de azúcar y de ello
hacen muchas curiosidades como elefantes, perros o ciervos [...]. En di-
chos banquetes hombres y mujeres se visten muy costosamente y se ponen
todas sus joyas, adornan sus casas y puertas con muchas alfombras, paños
de seda, y diversas telas de oro y ponen muchas flores y rosas, y plantan

152
Título de Capítulo

en todas las puertas muy grandes árboles y cuelgan de ellos muchas lumi-
narias”. En 1656 el dibujante holandés Johan Nieuhoff viajó a China
acompañando a una embajada hacia Pekín, y en el trayecto dibujó muchas
“curiosidades”, entre ellas la famosa pagoda de porcelana de Nanjing o
los jardines imperiales de Pekín, que se convirtieron después en fuentes
imprescindibles para evocar “lo oriental” en la arquitectura y las artes
decorativas europeas.

A mediados del siglo XVII el comercio de piezas chinas pasó de manos


portuguesas a holandesas y francesas, y se extendió la importación de
porcelana, laca, papel y textiles chinos, que fueron colonizando los inte-
riores de los hogares de la élite europea, y que eran ejemplos palpables de
lujo y refinamiento al estar elaborados con materiales de alta calidad,
algunos de los cuales no se elaboraban por entonces en Europa, y por ello
los artesanos locales trataron de imitarlos. Los holandeses fueron los pri-
meros en utilizar porcelana para la decoración de interiores, y tanto ellos
como los franceses los pioneros en reutilizar laca china cortando trozos de
biombos o cajas (sobre todo de tipo coromandel) enmarcados por guarni-
ciones metálicas para elaborar todo tipo de mobiliario, desde armarios o
tableros de mesa hasta marcos de espejo. En Francia, los muebles lacados
reemplazaron a los de plata, que habían tenido que fundirse para pagar las
costosas guerras de Luis XIV. El primer gran edificio de gusto orientali-
zante fue el Trianón (1675), diseñado por Louis de Vau —creador del
estilo Luis XIV en Versalles— para la amante del rey, Madame de Mon-
tespan. Del edificio tan solo se conserva un grabado que refleja un estilo
más occidental que oriental, excepto por los tejados cubiertos de loza azul
y blanca, y por las balaustradas con jarrones de estilo chino; sin embargo,
la gran novedad residía en la ornamentación interior con colgaduras, pape-
les pintados y todo tipo de objetos que había traído desde Tailandia la
famosa embajada del rey de Siam Somdet Phra Narai (r. 1656-88). Según
refleja el inventario, esta incluía todo tipo de objetos chinos como mue-
bles lacados “a la manera china”, 1500 piezas de porcelana, además de
tambores y trompetas, plata, piedras preciosas y caparazones de tortuga.
El arquitecto francés Daniel Marot (1661-1752), que había trabajado para
la corte de Luis XIV, desempeñó un papel decisivo en la introducción del
estilo decorativo chino en el norte de Europa. En sus diseños de interior
los objetos chinos tenían un papel protagonista, al estar colocados de ma-
nera muy abigarrada por todas las estancias: en las paredes, sobre peque-
ñas ménsulas, colocaba la porcelana, pero también en repisas, armarios o

153
Título del Libro o Parte

sobre las chimeneas, y empotraba paneles de laca enmarcados de tal ma-


nera que contribuían a acentuar las características arquitectónicas de las
salas. A finales del siglo XVII en los alfares de Jingdezhen, en la provincia
de Jiangxi, comenzaron a realizarse ex profeso juegos de tres, cinco o
siete piezas denominadas guarniciones (conocidos también con el término
francés garniture) en varias combinaciones cromáticas y tipológicas (fa-
mille verte, famille rose, imari o blanco y azul) que armonizaban entre sí y
que se colocaban en la parte superior de las vitrinas o armarios, y también
entre las patas del mobiliario. Los tibores de mayor tamaño se colocaban
en las esquinas de las salas y en los descansillos de las escaleras. La forma
y la decoración de estas piezas chinas se imitó fielmente en los talleres de
loza de Delft, en la porcelana blanda de Vincennes y después en la porce-
lana de pasta dura de los talleres de Meissen y Sèvres.

Mientras que el barroco acomodó los objetos chinos dentro de esa fascina-
ción por lo exótico, los artistas y diseñadores del siglo XVIII manifestaron que el
“estilo chino” era la esencia del rococó europeo, aunque a partir de mediados de
siglo, y sobre todo después de la condena papal de los ritos chinos, Europa ya no
imitó directamente los originales traídos de aquel país, sino que se produjo una
trivialización de esta temática, con diseños fantásticos, frívolos y caprichosos que
ofrecían una imagen distorsionada del otro. Uno de los artistas que mejor expre-
saron este nuevo estilo fue Antoine Watteau, cuyos pasos siguieron los artistas
posteriores. Su ingenio recreó el mundo chino en las fiestas galantes de los salo-
nes de París y en las reuniones al aire libre de la aristocracia francesa, que se
inspiraban en los diseños que ornamentaban los objetos chinos. En dos de sus
dibujos más típicos, la Divinité Chinoise (1729-1730) y la Adoración de la diosa
Ki Mao Sao (1719), combinó motivos de inspiración chinesca en un marco total-
mente rococó. Los diseños a la manera china de Watteau influyeron en los pane-
les pintados por Christophe Huet (1700-1759) para el Château de Chantilly en
1735, así como en los del pintor François Boucher (1703-1770), que fue el artista
favorito de la amante del rey Luis XV, Madame Pompadour. Jean Baptiste Pi-
llement (1728-1808), que trabajó en Francia, Londres y Varsovia, también en-
contró en China una fuente de inspiración: movido por su interés en los mundos
imaginarios y fantásticos, creó diseños para distintos soportes artísticos, entre
ellos madera, tela y el papel.

Al principio, el estilo chino no gozó de buena aceptación en Inglaterra, y


entre sus detractores figuraba el tercer conde de Shaftesbury, patrón del
estilo palladiano, que declaró que aquél era afeminado, excesivamente
lúdico, ornamentos irregulares y “deformes”, aunque en tres de los pala-

154
Título de Capítulo

cios ingleses más significativos —Blenheim, Burghley y Chatsworth—


hubo estancias decoradas con mobiliario confeccionado a base de trozos
de paneles de biombos coromandel, laca occidental de imitación o japan-
ning y porcelana china azul y blanca. Para la difusión del estilo chino en
la decoración de interiores ingleses resultaron fundamentales dos libros
que contenían numerosos grabados: A New Book of Chinese Designs Cal-
culated to Improve the Present Taste (1754), de Matthias Darly y George
Edwards, y Ladies Amusement: Or, The Whole Art of Japanning Made
Easy (1760), publicado por Robert Sayer (1725-1794), ilustrado con dise-
ños del artista francés Jean Baptiste Pillement. El mobiliario Chippendale
fue el más representativo del estilo chinesco en Inglaterra, y aunque algu-
nos muebles se lacaban en distintos colores, la mayoría estaban realizados
en madera de caoba y se caracterizaban por su sobriedad.

En España, fue Isabel de Farnesio (1692-1766), segunda esposa de Feli-


pe V (1683-1746), la gran impulsora de este estilo al encargar la decora-
ción de sus palacios a arquitectos extranjeros que eran seguidores de Da-
niel Marot. Al francés René Carlier (?-1722) le encargó la decoración de
las nuevas habitaciones del Alcázar de Madrid; el Cuarto de las Furias se
adobó con trozos de biombos chinos heredados entre 1716 y 1717 de su
suegro, el gran Delfín (Luis de Francia, 1661-1711), junto a otras piezas
de porcelana china que colocó sobre repisas imitando la decoración de los
palacios del norte de Europa. Desafortunadamente, todo esto se perdió
durante el incendio del Alcázar de 1734. Unos años más tarde los reyes
decidieron abordar el proyecto de remodelación del palacio del Buen Reti-
ro, y alguna de sus estancias también se inspiró en la moda chinesca, con
piezas de porcelana, laca y textiles que no sobrevivieron a la destrucción
ocasionada durante la invasión francesa a inicios del siglo XIX. Al sicilia-
no Filippo Juvara (1678-1736) se le encargó la decoración de varias es-
tancias del palacio de La Granja de San Ildefonso, inspiradas en el Palacio
Real de Turín, con lacas orientales y porcelana china. Entre 1734 y 1736
se colocaron paneles de laca negra en la chambre du lit, que afortunada-
mente todavía hoy se conserva Además, el arquitecto diseñó un Gabinete
de los Espejos con paneles de laca roja que ha desaparecido. Estas lacas
procedían de uno de los navíos llegados al puerto de Cádiz desde Manila
en 1719. En el inventario de la reina Isabel de Farnesio de 1766 (conser-
vado en el Archivo de Palacio de Madrid) se indica la ubicación de las
piezas orientales en el palacio de La Granja y su elevada tasación. Allí
figuran lacas (conocidas en España como charoles) de color negro, rojo y

155
Título del Libro o Parte

blanco (aunque es posible que los asientos mezclaran piezas chinas e imi-
taciones de laca española), y un gran número de tibores de estilo famille
verte, famille rose o imari (si bien las descripciones son muy poco preci-
sas en lo que a las técnicas decorativas se refiere). También figura en el
inventario a una importante cantidad de figuras del estilo blanc de Chine,
procedentes de los hornos de Dehua (provincia de Fujian), colocadas so-
bre repisas.

El gabinete de su nieta María Luisa de Parma (1751-1819), princesa de


Asturias, en el palacio de La Granja de San Ildefonso estaba tapizado de
tafetán verde con molduras doradas y contaba con 56 repisas de distinto
tamaño con 88 piezas de China sobre ellas. Estas comprendían una vein-
tena de figuras blancas, ocho leones, figuras zoomorfas como gallos o
perros y figuras humanas, pero también recipientes, botes y jarrones de
estilo famille verte que armonizaban con el color del tafetán. La decora-
ción del nuevo Palacio Real de Madrid, construido en la época del rey
Carlos III (1716-1788) en el lugar que ocupaba el antiguo Alcázar, fue
encargada a Matías Gasparini, pintor y estuquista italiano que imitaba la
textura de la porcelana en las paredes. La bóveda se decoró con flores,
frutas y pájaros de inspiración oriental. La decoración del palacio de
Aranjuez fue encargada a Guiseppe Gricci entre 1763 y 1765, y presenta-
ba también una ornamentación “de estilo chino” de porcelana en altorre-
lieve con figuras de rasgos orientales elaboradas en la Real Fábrica de
Porcelana del Buen Retiro de Madrid, conocida como la China, que se
fundó en 1760.

156
Título de Capítulo

4. Apéndices

Apéndice 1. Carta del 6 de mayo 1572 de Juan Pacheco Maldonado,


procurador de la ciudad de Manila.

La carta de Juan Pacheco Maldonado, procurador de Manila, informa


sobre el tipo de mercancía china de importación en Manila.

“[…] bienen cada año a la dicha ciudad de Manila doze y quinze navíos
de tierra firme de la China, cargados de mercadurías, sedas labradas de
todas las suertes, trigo, harina, azúcar, muchos géneros de frutas, hierro,
azero, estaño, latón, cobre y plomo, y otros géneros de metales, y todo
quanto ay en España y en las Yndias, que no carecen de cosa ninguna; los
precios de todo son tan moderados, que casi todo es de balde; traen asi-
mismo cantidad de artillería de bronze muy bien labrada y todo género de
municiones”.

Carta en relación de Juan de Maldonado tocante al viaje y población de


la isla de Luzón en Filipinas que emprensió Martín de Goyti por mandado
del Gobernador de la Isla de Panae en aquel pays, López de Legazpi. Río
de Panay, 6 de mayo de 1572. Archivo General de Indias, Patronato 24,
ramo 14. Transcrito en Fernández de Navarrete 1946, XVII, doc. 39 y ac-
tualmente en Rodríguez, 1965-1988, XIV, doc. 46.

157
Título del Libro o Parte

Apéndice 2. Carta de Martín de Rada al virrey de la Nueva España,


Martín Enríquez. Cebú, 8 de julio 1569.

La carta del misionero agustino Martín de Rada a Martín Enríquez, virrey


de la Nueva España, informaba sobre las características de China y sus
posibilidades de conquista.

“Si su magestad pretende la china, ques tierra muy larga, rrica y de gran
poliçía, que tiene ciudades fuertes y muradas, muy mayores que las de
Europa, tiene necesidad primero de azer asiento en esta yslas; la uno, por-
que no sería azertado pasar por entre tantas yslas y baxíos, como ay a la
costa della, con navíos de alto bordo sino con navíos de rremos; lo otro
también, porque para conquistar vna tierra tan grande y de tanta gente, es
necesario tener cerca el socorro y acogida para qualquier caso que suce-
diere, avnque según me e ynformado, así de portugueses como de indios,
que tratan con ellos, como de vn chino que tomaron los días pasados en vn
junco, la gente de China no es nada belicosa y toda su confiança está en la
multitud de la gente y en la fortaleça de las murallas, lo qual creo que
mediante dios fáçilmente, y no con mucha gente, serán sujetados”.

Archivo General de Indias, Audiencia de Filipinas, 79. Reproducido en


Rodríguez 1978, vol. 4, 30-31 y Cervera Jiménez 2013, 215-216.

158
Título de Capítulo

Apéndice 3. Diario de lord Macartney.

Esta carta fechada en el 7 de octubre de 1783 que ofrece una interesante


descripción de la ciudad de Pekín.

“No obstante mis observaciones sobre lo enormemente poblado que esta-


ba este país, en general, la población de Pekín parece ser menor, en pro-
porción, que la de Tientsin y de algunos otros lugares. Aunque la apari-
ción de un espectáculo tan nuevo como el de mi embajada lanzó a las
calles grandes muchedumbres de sus habitantes, yo dudo si Londres se
quedaría muy atrás en cualquier día de gran ceremonia. Yo me pregunto si
cuando el rey fue a San Pablo, después de su enfermedad, no se veía más
gente en la calle o en las ventanas de su recorrido que en las calles de
Pekín la tarde de mi marcha o en la mañana de mi llegada. Debo ahora,
sin embargo, olvidar que en Pekín no se encuentra uno por la calle sino
hombres, pues a las mujeres difícilmente se las ve. Las casas de China
solamente tienen un piso, y en ellas se alojan gran número de seres huma-
nos y no es difícil que una docena de personas se apiñen dentro de una
pequeña habitación que en Inglaterra consideraríamos reducida para una
sola persona. Me parece que la superficie ocupada por Pekín es una terce-
ra parte más pequeña que la que ocupa Londres, si incluimos Westminster
y Southwark, pero aun así es una de las mayores ciudades del mundo, y
muy de admirar por sus murallas y puertas, la distribución de sus barrios,
la anchura y alineación de sus calles, la grandeza de sus arcos triunfales y
el número y magnificencia de sus palacios.

Tiene dos calles, ambas de poco menos de una milla de longitud y de cer-
ca de 100 pies de ancho, que están principalmente habitadas por comer-
ciantes y negociantes, cuyas tiendas y almacenes están profusamente de-
corados con todo cuanto el color, los dorados y los barnices pueden
aportar. Los hoteles de las personas importantes están principalmente
situados en calles estrechas y retiradas. El que yo habité estaba cerca de la
muralla de la ciudad, y no hacía mucho que había sido construido. Se
decía que había costado cerca de 100 000 libras, y había sido levantado
por uno que había tenido el cargo de Hoppo (superintendente de las adua-
nas) en Cantón, que había sido degradado por sus delitos, y sido senten-

159
Título del Libro o Parte

ciado a una larga pena de prisión. Como toda su fortuna había sido em-
bargada por la Corona, mi hotel también había sido objeto de

confiscación, y uno de los misioneros nos dijo que los ingenios de Pekín
se habían divertido mucho con que se nos hubiera asignado como residen-
cia, pues, decían, no era más que una justa compensación, ya que la casa
la había construido el Hoppo con el producto de las extorsiones hechas en
Cantón a nuestros compatriotas.

Las calles no están pavimentadas, por lo que en tiempo lluvioso se cubren


de barro y en tiempo seco el polvo es enormemente desagradable y llega a
cubrir lugares y objetos; pero lo que es verdaderamente intolerable es su
olor, pues aunque se tiene buen cuidado de que todas las calles se limpien
todas las mañanas de suciedad e inmundicias arrojadas la noche anterior,
sin embargo, el olor generalmente continúa flotando en el aire durante la
mayor parte del día.

La policía es extraordinariamente meticulosa. Su acción se extiende hasta


un punto desconocido, creo yo, en cualquier otra ciudad, y esto hace notar
con fuerza el celo del gobierno y su constante miedo de algún peligro. Por
la noche, todas las calles se cierran poniendo barricadas en sus extremos y
un piquete patrulla constantemente entre ellos de forma que ninguna per-
sona pueda pasar después de una hora determinada, a no ser que presente
razones satisfactorias, pero exponiéndose a un castigo si no se las conside-
ra así. Hay guardias estacionados uno cerca de otro y son portadores de
una carraca que hacen sonar cada dos o tres minutos para hacer constar
que permanecen vigilantes. Uno o dos de estos guardianes de la paz tenían
su puesto tan cerca de mi casa que no pude pegar ojo las tres o cuatro
primeras noches, pero poco a poco me fui acostumbrando al ruido y acabé
por darle la misma importancia que al repique de la campana de una igle-
sia”.

La traducción de esta carta se encuentra en Michael Loewe, La China


Imperial. Fundamento histórico de la Edad Moderna, pp. 279-80. La
carta, así como las relaciones de China con los Estados europeos, puede
encontrarse en la embajada de lord Macartney a China publicada por J. L.
Cranmer-Byng, An Embassy to China, Londres 1952, p. 156-57.

160
Título de Capítulo

Apéndice 4. Carta del emperador Qianlong al rey Jorge III de Ingla-


terra (r.1761-1820).

Esta curiosa carta se encuadra dentro de la misión de lord Macartney


(1793-1794) de solicitar al emperador Qianlong ventajas comerciales para
Inglaterra, que fueron rechazadas. Refleja el choque de culturas y la pers-
pectiva china de considerar al extranjero como un mero porteador de tri-
butos sin civilizar.

“Vos, oh rey, vivís más allá de los confines de muchos mares; no obstan-
te, movido por vuestro humilde deseo de compartir los beneficios de nues-
tra civilización, habéis enviado una misión para que respetuosamente
presentase vuestras peticiones. Vuestro enviado ha atravesado los mares y
ha presentado sus respetos en mi Corte, en el aniversario de mi nacimien-
to. Para probar vuestra devoción, también enviáis ofrendas de vuestros
productos. He leído vuestras peticiones: la propiedad de los términos en
los cuales están redactadas revelan una respetuosa humildad de vuestra
parte, sumamente digna de encomio. En consideración al hecho de que
vuestro embajador y asistente ha recorrido un largo camino con vuestras
peticiones y tributo, les he hecho un señalado favor y he permitido que
fueran introducidos ante mi presencia. Para manifestar mi buena voluntad,
les he entretenido en un banquete y les he hecho incontables regalos.
Asimismo he enviado presentes al comandante naval y a seiscientos de
sus oficiales y hombres, aunque no vinieron a Pekín, a fin de que también
ellos se beneficien con mi ilimitada generosidad.

En cuanto a vuestra súplica de enviar a uno de vuestros nacionales para


que, acreditado ante mi Corte Celestial, estuviese al frente del comercio
de vuestro país con China, esta petición es contraria a todo uso de mi di-
nastía y no es posible considerarla siquiera. Verdad es que algunos euro-
peos, al servicio de la dinastía, han recibido permiso de vivir en Pekín,
pero obligados a adoptar la vestimenta china, vivir estrictamente confina-
dos a sus propios recursos y nunca han recibido permiso de volver a sus
patrias. Supongo que estáis familiarizados con nuestros reglamentos
dinásticos. El enviado que proponéis ante mi Corte no podría hallarse en

161
Título del Libro o Parte

una posición similar a la de los funcionarios europeos en Pekín a quienes


se ha prohibido abandonar China y, por otra parte, no se le podría autori
zar una libertad de movimientos ni el privilegio de sostener corresponden-
cia con su propio país. Por eso, nada ganaríais con que residiera entre
nosotros.

A mayor abundamiento, Nuestra Dinastía Celestial posee vastos territorios


y las misiones tributarias de las dependencias son abastecidas por el De-
partamento de Estados Tributarios, que atiende a sus necesidades y ejerce
una estricta supervisión de sus movimientos. Totalmente imposible sería
dejarlos librados a sus caprichos. Si vuestro enviado viniese a nuestra
Corte, su lenguaje y vestimenta nacional diferirían de las de nuestro pro-
pio pueblo, y no se le podría colocar en lugar alguno. Podría sugerirse que
imitara a los europeos que ya hay en China y adoptara la indumentaria y
costumbres de China; pero nunca ha sido deseo de nuestra dinastía obligar
a la gente a hacer nada que pudiese parecer impropio ni inconveniente.
Además, en la suposición de que yo enviase un embajador a residir en
vuestro país: ¿cómo podríamos consentir? Se trata de algo totalmente
impracticable. ¿Cómo puede nuestra dinastía alterar todo su procedimien-
to y sistema de protocolo, establecidos hace más de un siglo, a fin de ac-
ceder a vuestras peticiones? Si decir que vuestro objeto es regir el comer-
cio de vuestro país, diré que vuestros nacionales han recibido absoluta
libertad de comerciar en Cantón desde hace muchos años, y se les han
dado muestras de la mayor consideración. De Portugal e Italia recibimos
misiones que solicitaban idénticos favores. El trono supo apreciar su sin-
ceridad y los colmó de favores, además de probar medidas tendientes a
facilitar su comercio con China. Sin duda estáis enterado de que cuando
mi mercader cantonés Wu Zhaobing, quedó a deber a unos barcos extran-
jeros, yo hice que el Hoppo (funcionario chino) hiciera el pago con dinero
del tesoro provincial y le ordené castigar severamente al culpable: ¿por
qué, entonces, unas naciones extranjeras han de hacer esta petición, abso-
lutamente irrazonable, de estar representadas en mi Corte? Pekín se halla
casi a tres mil kilómetros de Cantón, y a tal distancia, ¿qué vigilancia
podría ejercer cualquier representante británico?

Si me aseguráis que vuestro respeto por nuestra Dinastía Celestial os llena


del deseo de adquirir nuestra civilización, os diré que tan completamente
difieren nuestras ceremonias y código de leyes de los vuestros que, aun si
vuestro enviado fuese capaz de aprender los rudimentos de nuestra civili-

162
Título de Capítulo

zación, no podríais trasplantar nuestras maneras y costumbres a vuestro


suelo extraño. Por lo tanto, por muy adicto a nosotros que llegase a ser
vuestro enviado, nada resultaríais ganando.

Gobernando el ancho mundo no tengo más que un objeto ante mí; a saber,
mantener un perfecto gobierno y cumplir las tareas del Estado. Los obje-
tos extraños y costosos no me interesan. Si he ordenado que se aceptaran
los tributos enviados por vos, oh rey, fue solamente en consideración al
espíritu que os incitó a despacharlo desde tan lejos. La gloriosa virtud de
nuestra dinastía ha penetrado en todos los países bajo el Cielo y los reyes
de todas las naciones han ofrendado sus valiosos tributos por tierra y por
mar. Como vuestro embajador puede apreciar por sí mismo, nosotros po-
seemos de todo. No atribuyo valor alguno a los objetos extraños o inge-
niosos, ni tengo empleo para los productos de vuestro país. Esta es enton-
ces mi respuesta a vuestra petición de instalar un representante en mi
Corte, petición contraria al uso de nuestra dinastía, que solo podría resul-
tar en inconvenientes para vos. He expuesto en detalle mi voluntad y he
ordenado a vuestros enviados retornar en paz a su país. Toca a vos, oh
Rey, respetar mis sentimientos y mostrar aún más devoción y lealtad en el
futuro de manera que, mediante perpetua sumisión a nuestro Trono, teng-
áis paz y prosperidad en vuestro país. Además de hacer regalos a cada
miembro de vuestra misión (de los cuales os adjunto un inventario), os
envío a vos, oh rey, valiosos presentes en un número que excede el
usualmente concedido en tales ocasiones, incluyendo sedas y una larga
lista de curiosidades. Recibid estos presentes reverentemente y tomad nota
de mi benigna bondad hacia vos. Es éste un mandato especial”.

Traducciones de esta carta en García-Ormaechea, C. Porcelana china en


España. (1987). Tesis doctoral. Universidad Complutense de Madrid.
Madrid, pp. 349-353 y también online en
http://www.geocities.ws/obserflictos/quianlong.html

163
Título del Libro o Parte

Apendice 5. Cartas edificantes y curiosas escritas de las misiones


extrajeras y de levante por algunos misioneros de la compañía de
Jesús. Traducidas por el padre Davin. Tomo VIII. Madrid, 1755.
Carta del padre Dentrecolles, p. 65-.

Estas cartas son de un gran valor para conocer el Imperio Chino al inicio
del siglo XVIII. Fueron escritas al padre Louis-François Orry, tesorero de
las misiones jesuíticas en India y China, y se publicaron en el anuario
jesuita Lettres édifiantes et curieuses de Chine par des missionnaires
jésuites (1702–76), que fundó el padre Le Gobien en 1702, sucediéndole
Du Halde en 1711. La carta del padre jesuita Xavier d´Entrecolles sobre la
industria de la porcelana en Jingdezhen está fechada en 1712 y se publicó
por primera vez en francés en París en 1717. En ella no sólo se describe la
manufactura de la porcelana, todavía secreta en Europa, sino también la
vida en la industria más floreciente del Imperio chino al inicio del siglo
XVIII.

“No puedo dispensarme de dar a V.R. alguna descripción de este lugar, al


cual solamente falta que esté rodeado de murallas, para que tenga el nom-
bre de ciudad, y pueda entrar en comparación con las más grandes, y más
pobladas de la China. Las poblaciones llamadas Tching, que son en corto
número, pero de gran concurso, y comercio, no suelen estar rodeadas de
muros, quizá para que se puedan extender, y engrandecer tanto como se
quiera: quizá también, para que haya más facilidad de embarcar, y desem-
barcar mercancías en Kingte-tching [Jingdezheng], se cuentan diez y ocho
mil familias. Hay allí comerciantes muy ricos, cuyas casas ocupan un
vasto espacio, y contienen un número prodigioso de artífices: por ello se
dice comúnmente, que hay en el lugar un millón de almas: que se consu-
men cada día más de diez mil cargas de arroz, y más de mil puercos.
Finalmente, tiene una legua de largo en la orilla de un bello río. No se
imagine nadie, que es un agregado disforme de casas, porque las calles
están tiradas a cordel, se cortan, y se cruzan a ciertas distancias: todo el
terreno está empleado: las casas están demasiadamente juntas, y las calles
muy estrechas. Pasando por ellas, se diría que hay feria: por todas partes
se oyen las voces de los esportilleros, para que les abran paso. Los tem-
plos de los ídolos son en gran número, y construídos con mucho gasto.
Un rico comerciante, después de haber navegado por inmensos mares para

164
Título de Capítulo

comerciar, creyó haberse librado del naufragio por la protección de la


Reina del Cielo, la cual, según cuenta, le apareció en lo recio de la tem-
pestad. Para cumplir su voto, acaba de emplear todo su caudal en leva-
vantar un palacio, que por su magnificencia excede a todos los demás
templos. Quiera Dios, que lo que anuncié a mis cristianos, se verifique
algún día, y que se convierta este templo en basilica, decicada a la verda
dera Reina del Cielo. Ha construido el comerciante su nuevo templo con
los pesos mejicanos, que ha juntado en las Indias; porque esta moneda de
Europa es aquí muy conocida, y para emplearla en el comercio, no es
menester fundirla, como en otras partes.

El gasto es mucho más considerable en King-te-tching [Jingdezhen] que


en Jaotcheou [Yaozhou], porque todos los viveres han de venir de fuera, y
aún la leña necesaria para los hornos. Con ser tan caros los viveres, es
Kingte-tching el asilo, y refugio de infinitas familias pobres, que no pue-
den ganar su vida en las ciudades comarcanas: allí hallan que trabajar los
mozos, y las personas de poca salud: aun los ciegos y estropeados ganan
su pan moliendo los colores. Dice la historia de Feouleam [distrito de
Fuliang], que antiguamente había solamente trescientos hornos de porce-
lana en Kingte-tching, y ahora habrá tres mil. No es de admirar, que su-
cedan aquí frecuentes incendios: por eso mismo tiene el Genio o Espíritu,
que preside al fuego, muchos templos en el lugar. El mandarín actual le
ha dedicado uno, y en consideración mía, eximió a los cristianos de ciertas
peonadas, a las cuales está obligado el pueblo, cuando se levantan seme-
jantes edificios. El culto y honores, que tributan al Genio, no hace los
incendios menos frecuentes: poco ha se quemaron ochocientas casas, y en
corto tiempo deben haber sido reedificadas, si atendemos al gran número
de carpinteros, y albañiles, que sacan del alquiler de las tiendas, aviva
mucho a los pueblos, para reparar presto semejantes pérdidas. […] Noto-
se también, que no es permitido a los forasteros dormir en Kingte-tching:
o han de pasar la noche en sus barcas, o hospedarse en casa de sus cono-
cidos, los quales son responsables de su conducta. Esta policía mantiene
todo en orden, y pone en seguridad a un lugar, cuyas riquezas despertarían
la codicia de infinitos ladrones.

Dada esta corta relación del sitio, y estado presente de Kingte-tching,


hablemos de porcelana en la cual consiste toda su riqueza. Lo que tengo
que decir a V. R. se reduce a sus materiales, y a sus preparativos. A las

165
Título del Libro o Parte

diferentes especies de porcelanas, y al modo de fabricarlas: al oleo, que da


el brillante, y a sus calidades: a los colores que la adornan, y la arte de

aplicarlos: a su conocimiento, y a las medidas que se toman para darla el


grado proporcionado de calor. En fin, acabaré con algunas reflexiones
sobre la porcelana antigua, y moderna; y sobre ciertas cosas, por las cua
les no pueden los chinos ejecutar las obras, o piezas, de las cuales se les
podrían embiar los dibujos. Las obras, que no se pueden fabricar en Chi-
na, se harían quizá fácilmente en Europa, se se encontraran los mismos
materiales. […]

La materia de la porcelana es de dos especies de tierra, la una llamada pe-


tun-tse, y la otra Kaolin. Esta última sembrada de corpúsculos resplande-
cientes, la otra es solamente blanca, y muy suave al tacto. En el mismo
tiempo, que un gran número de barcas grandes suben el río de Jaotcheou
[Yaozhou], a Kingte-tching, para cargar de porcelana, bajan de Kimuen
casi otras tantas más pequeñas, cargadas de pe-tun-tse, y kaolín, hechos en
forma de ladrillos; porque donde se hace la porcelana, no hay cosecha de
materiales a propósito. […]”.

166
Título de Capítulo

Apéndice 6. Descripción de George-Leonard Staunton (1731-1801) de


los templos lamaístas de Jehol, residencia de verano de los emperado-
res Qing en 1797.

“El más interesante de los templos que hizo construir el emperador era el
Poo-Ta-La o gran templo de Fo (Buda) consistente en un edificio grande y
otros menores. El principal tiene forma cuadrada y mide doscientos pies
por lado. Difiere de los demás edificios chinos. La fachada exterior se
parece mucho a la de un edificio europeo. Es muy elevado. Hay once
filas de ventanas, lo que anuncia un número igual de pisos. La fachada es
hermosa y bien acabada, pero sencilla y uniforme. Este edificio tiene en
medio un creado en cuyo centro está la capilla dorada, así llamada por el
oro que contiene, al menos en apariencia. Un vasto corredor abajo y unas
galerías abiertas arriba comunican con los apartamentos del cercado En
medio de la capilla hay un estrado rodeado por una balaustrada, elevado
sobre el nivel del suelo. En el mismo hay dos altares ricamente adorna-
dos, en los que se ven estatuas colosales de Fo, de su esposa y su hijo.
Detrás del altar y en un lugar oscuro, está situado el tabernáculo, que una
lámpara solitaria alumbra débilmente, como desando inspirar terro religio-
so. En cuanto nos acercábamos, la cortina, que estaba enterabierta, se
corrió para que los ojos profanos no pudieran contemplar las reliquias que
hay en tal lugar. […]. Ochocientos lamas están dedicados al servicio del
Poo-Ta-La. Sun-Ta-Zhin y los ingleses hallaron a varios lamas sentados
en tierra, por filas, con las piernas cruzadas canturreando lentamente y
sosteniendo en la mano unos papeles con unas líneas de escritura tártara,
muy bien trazada. Algunos de estos sacerdotes están consagrados al tem-
plo desde su infancia. Todos ejecutan a la perfección las ceremonias ex-
ternas de la religión, contribuyendo sin duda a su magnificencia”.

Sir George-Leonard Staunton. An historical account of an embassy to the


Emperor of China, undertaken by order of the King of Great Britain,
1797. Traducción de esta carta en Groh, J. Viaje por la China imperial, p.
134.

167
Título del Libro o Parte

5. Glosario

Academia Hanlin: Era un cuerpo académico de alto rango que tenía fun-
ciones consultivas, aunque durante la dinastía Ming sus miembros se
hicieron cargo de los puestos más importantes del Gobierno central.

Banderas, sistema de: Organización sociomilitar manchú creado por


Nurhaci que agrupaba a los miembros del ejército en ocho divisiones
identificadas por sus banderas: cuatro de color rojo, azul, blanco o amari-
llo sin adornos, y otras tantas de los mismos colores pero con orlas.

Baojia: Sistema de organización administrativa vigente desde la dinastía


Song hasta la dinastía Qing, que consistía en dividir 100 familias en una
vecindad o jia. 10 jias constituían un bao. Los dirigentes de cada jia eran
rotativos y se encargaban de mantener el orden local, supervisar el trabajo
de la comunidad y hacer efectiva la recaudación de impuestos.

Beijing: Pekín.

Bodhisattva: Término del sánscrito que significa ser iluminado o buda


que, habiendo alcanzado la iluminación, decide voluntariamente no entrar
en los reinos celestiales hasta haber ayudado a todos los seres vivientes en
su proceso de iluminación.

Bodhisttva Avalokitesvara: El término Avalokitesvara procede del


sánscrito “Señor que mira hacia abajo” y se corresponde con el ser ilumi-
nado o buda de la compasión, uno de los más venerados en el budismo
mahayana. En China se corresponde con el bodhisttva Guanyin (ver
Guanyin).

Budismo: Religión basada en las enseñanzas del príncipe indio Sidd-


hartha Gautama (563-483 a. C.) que propugna que la finalidad del indivi-
duo es romper con las ataduras terrenales a través de la meditación, las
buenas obras y la disciplina, para alcanzar la iluminación. Fue una reli-
gión muy influyente en China a partir de la dinastía Han (206 a. C.-

168
Título de Capítulo

220 d. C.) que se mezcló con las tradiciones autóctonas de China (taoísmo
y confucianismo).

Budismo Mahayana o Gran Vehículo: Una de las corrientes principales


del budismo indio que se expandió por Tíbet, China, Corea y Japón. En el
budismo mahayana se alcanza el nirvana a través de estados contemplati-
vos o de meditación. Esta corriente del budismo indio se estableció en
China como escuela de la meditación o chan (conocida después en Japón
como zen), pero otras, como las escuelas Huayen, Tientai y “Tierra Pura”
fueron las que tuvieron mayor difusión en China.

Budismo Chan o de la meditación: Fue fundado por el patriarca indio


Bodhidharma en el siglo VI d. C. Esta escuela del budismo mezclaba la
práctica de la meditación (dhyana en sánscrito, chan en chino y zen en
japonés) con conceptos taoístas como la intuición frente al discurso racio-
nal; el discurso de la mente se atravesaba mediante la observación de la
misma durante la práctica de la meditación. Tuvo mucha influencia en el
arte chino.

Calendario chino: Cada año se divide en doce meses lunares de 30 días,


y cada tres años se intercala un mes más para acordarlo con el calendario
solar. La luna nueva es el primer día del mes y la luna llena el día 15,
cuando porque la claridad permite la celebración de actividades nocturnas.
Cada mes se estructura en tres bloques de diez días, y cada día en doce
periodos de dos horas.

Cantón o Guangzhou: Ciudad meridional en la provincia de Guangdong,


situada en el delta del río de las Perlas.

Cloisonné: Técnica decorativa introducida en China desde Oriente Medio


en el siglo XIV para la ornamentación recipientes de metal, tanto para uso
doméstico como ritual, que consiste en la formación de compartimentos
mediante la soldadura de alambres sobre el cuerpo del recipiente para
rellenarlos después con pasta vítrea coloreada con óxidos metálicos.

Cohong: Gremio de mercaderes chinos fundado en 1720 que monopoli-


zaba el comercio marítimo con los países occidentales. A partir de 1720,
cuando el comercio quedó limitado a Cantón, este gremio ejerció como

169
Título del Libro o Parte

agente del gobierno de los Qing para recaudar derechos y tratar con los
occidentales.

Confucianismo o Rujia: Sistema ético basado en las enseñanzas de Con-


fucio (551-479 a. C.), Mencio (390-305 a. C.) y Xunzi (312-230 a. C.),
que busca la armonía del individuo y la sociedad en su conjunto. Propug-
na el cumplimiento de una serie de deberes, ritos y papeles sociales con-
cretos, además del estudio de los textos clásicos, el culto a los antepasados
y la sumisión a la autoridad.

Culí, coolí o culie: Término utilizado para designar a los trabajadores de


baja cualificación en China y de otros países asiáticos que estaban someti-
dos a un régimen de semiesclavitud.

China: Término que procede del primer Estado centralizado, la dinastía


china Qin (221-207 a. C.).

Doucai: Técnica decorativa imperial de la porcelana denominada “colores


contrastados o embutidos”, que consiste en la aplicación de óxido de co-
balto bajo vidriado para dibujar los motivos ornamentales. Después de la
primera cocción a alta temperatura, los motivos se rellenan sobre vidriado
con esmaltes de color que necesitan de una segunda cocción para fijarse.

Gelugpa o gelug: Es una escuela del budismo tibetano conocida también


como el Linaje de los Sombreros Smarillos, fundada por Je Tsongkhapa
(1357-1419), aunque su primer monasterio se fundó en 1409 en Ganden.

Gran Consejo: Pequeña cámara de asesores de confianza del emperador


formada por primera vez por Yongzheng (1723-1735) y establecida como
institución formal durante el reinado de Qianlong. El Gran Consejo susti-
tuyó al Gran Secretariado y los Seis Ministerios de los Ming.

Gran Secretariado: Organización administrativa del gobierno imperial


de las dinastías Ming y Qing cuya misión era encargarse de los memoria-
les (órdenes o cédulas) de los Seis Ministerios.

170
Título de Capítulo

Guanyin: Término abreviado que procede del mandarín Guan Shi Yin,
que se traduce como “quien oye los lamentos del mundo” y designa al
Bodhisattva Avalokitesvara de la compasión o la misericordia.

Guanyuan: Término genérico utilizado para designar a los funcionarios


del gobierno, que equivale al término “mandarín” utilizado por los ibéri-
cos durante el siglo XVI para denominar a los funcionarios chinos y que
deriva del verbo mandar.

Guangzhou: Véase Cantón.

Han: Grupo étnico mayoritario en China. Es también el nombre de la


dinastía Han (206 a. C.-220 d. C.). Hanyu es el idioma también conocido
como mandarín.

Haijing: Literalmente “Prohibición del Mar”. Prohibición de navegar y


comerciar por la costa china tanto para ciudadanos chinos como extranje-
ros, mantenida por la dinastía Ming entre 1368 y 1567 (Ollé 2002, 253).

Hoppo: Superindentes del comercio.

Jia: Familia o clan que consistía en varias generaciones viviendo bajo el


mismo techo y bajo la autoridad de un pater familias; cada miembro del
sistema familiar ocupaba una posición determinada que conllevaba deter-
minados privilegios y obligaciones. La familia era la base de la organiza-
ción social y administrativa del Imperio chino.

Jin, dinastía: Nombre elegido como título dinástico del Imperio jurchen
que significa “oro” o “dorado”, que gobernó el norte de China desde 1121
hasta 1234.

Jinshi: Máximo grado obtenido por oposición que equivale al actual de


doctor.

Junco: Embarcación centenaria china de madera, también llamada


champán, utilizada para el comercio, la guerra, la pesca y como vivienda.

171
Título del Libro o Parte

Jurchen: El pueblo que usó este nombre en el siglo X era heredero de los
mohe, un grupo étnico de los tunguses de Manchuria.

Kaihai: Política de apertura comercial implantada a partir de 1567 en la


provincia costera de Fujian.

Kan: Título de origen incierto para designar un alto gobernante en las


etnias mongoles y manchúes.

Laca: Resina de los árboles rhus verniciflua o vernicifera originario del


centro y sur de China y de Japón, utilizada para impermeabilizar todo tipo
de objetos.

Liao, dinastía: Imperio de los Kitan, un grupo étnico de los tunguses,


establecido en el nordeste de China en el 907 y destruido por los jurchen
en 1121.

Magistrado: Administrador de un condado. Era el funcionario de menor


rango por designación del Gobierno central en la China imperial, encarga-
do de recaudar las rentas públicas y de administrar justicia.

Makie: Estilo de ornamentación de la laca japonés que consiste en la apli-


cación de adornos dorados y plateados en polvo metálico espolvoreados o
pintados sobre la superficie húmeda de la laca.

Manchú: Grupo étnico originario de Manchuria. La palabra manchú no se


utilizó oficialmente hasta 1635.

Namban o Namban-Jin: Literalmente, “bárbaros del sur”. Se refiere a las


obras de arte, sobre todo mobiliario lacado, realizadas en Japón para por-
tugueses y españoles durante los siglos XVI y XVII.

Neiting: Corte Interior, compuesta por los departamentos imperiales rela-


cionados con el personal, las tareas o el ajuar de la corte.

Ningbo: Ciudad situada en el sur de la provincia de Zhejiang.

172
Título de Capítulo

Picul: Unidad de peso que equivale a lo que un hombre es capaz de trans-


portar: 60 kilos.

Pinghua: Es un género de narrativa basado en historias simples de la tra-


dición oral.

Qing, dinastía: Nombre dinástico del imperio de los manchúes que go-
bernó China entre 1644 y 1911, fundado por Hung Taiji. Significa “pu-
ro”, “claro” o “brillante” y, según Pamela Kyle Crossley, se puede rela-
cionar con el agua, aunque Qing es también el nombre de varios ríos en
Manchuria. En 1619 tuvo lugar en el río Qing una de las victorias más
decisivas del khan Nurhaci en la toma de Liaodong (ver Kyle Crossley
2002, 233-34).

Sangha: Término que procede del pali o del sánscrito y significa “comu-
nidad” o “asociación”; se utiliza en China para referirse a las comunidades
religiosas del budismo mahayana.

Sangley o sangleyes: Miembros de la comunidad china expatriada en


Manila. El término significa literalmente “los que asiduamente vienen” y
explicaría el carácter frecuentativo de la llegada de los comerciantes chi-
nos a Manila.

Sheng: Provincia. Durante la dinastía Ming se contabilizaban trece pro-


vincias y dos administraciones metropolitanas de la ciudad de Nankín y
de la capital, Beijing.

Taoísmo o Daojia: Escuela de pensamiento que abogaba por vivir según


el dao, camino o principio que era la senda del mundo natural en constan-
te trasformación y presente en todas las cosas. Creada en la época de los
Estados Combatientes (475-221 a. C.), sus teorías aparecen recogidas en
el Libro de la vía y de la virtud, atribuido a Laozi (siglo V a. C.) y en el
Zhuangzi del maestro Zhuang Zhou o Zhuagzi (siglo IV a. C.) una compi-
lación redactada por diferentes autores a lo largo de dos siglos.

Tael: Onza de plata acuñada en la tesorería del Gobierno. Era la moneda


de cambio en la China imperial y fue utilizada para el pago de impuestos.

173
Título del Libro o Parte

Waiting: Corte Exterior, encargada de la burocracia civil o militar.

Wen: Término del mandarín que significa “escritura”, “lenguaje”, “litera-


tura”, “cultura” o “civilización”.

Wenrenhua: Pintura de los letrados eruditos que aparece por primera vez
durante la dinastía Song del Norte (960-1127) con los poetas, pintores y
calígrafos Su Dongpo (1037-1101), Su Shi (1036-1101) y Mi Fu (1051-
1107), aunque esta denominación queda articulada como corriente artísti-
ca por el polifacético artista y teórico Ming, Dong Qichang (1555-1636).
Qichang defendió la necesidad de la expresión individual y espontánea
frente a la artificiosidad y excesiva reglamentación de la pintura académi-
ca. Desde la dinastía Song, los pintores letrados se retiraron al sur del río
Yangxi, a las ciudades de Hangzhou, Suzhou o Wuxi. Durante la dinastía
Ming esta corriente quedó representada en la Escuela de Wu por pintores
como Shen Zhou (1427-1509), Tang Yin (1470-1523), Wen Zhengming
(1470-1559) o Qiu Yin (1494-1552) entre otros.

Wokou: Término que se aplicaba a los piratas japoneses en la costa de


China y que literalmente significa “enano ladrón”.

Wucai: Literalmente, “cinco colores”. Se refiere a la decoración que


combina esmaltes de varios colores (rojo, verde, amarillo, púrpura y ne-
gro) sobre la cubierta o vidriado de la porcelana combinada con la aplica-
ción de óxido de cobalto para algunos detalles de la ornamentación bajo
cubierta.

Yi Jing: Libro clásico de los cambios o las mutaciones.

Zhongguo: País del Centro o del Medio. Hoy en día se utiliza como
fórmula habitual para denominar a China.

174
Título de Capítulo

6. Mapas

Mapa 1. La China Ming

175
Título del Libro o Parte

Mapa 2. China y el sudeste asiático.

176
Título de Capítulo

Mapa 3. Amenazas extranjeras a finales de la dinastía Ming

177
Título del Libro o Parte

Mapa 4. El avance del poder manchú.

178
Título de Capítulo

Mapa 5. La China Qing.

179
Título del Libro o Parte

7. Tabla cronológica de los emperadores de las dinastías Ming y Qing

Dinastía Ming

Emperador Cronología

Hongwu 1368-1398
Jianwen 1399-1402
Yongle 1403-1424
Xuande 1426-1435
Zhengdong 1436-1449
Jingtai 1450-1457
Chenghua 1465-1487
Hongzhi 1488-1505
Zhengde 1506-1521
Jiajing 1522-1566
Longqing 1567-1572
Wanli 1573-1620
Taichang 1620
Tianqi 1621-1627
Chongzhen 1628-1644

Dinastía Qing

Emperador Cronología

Shunzhi 1644-1661
Kangxi 1662-1722
Yongzheng 1723-1735
Qianlong 1736-1795
Jiaqing 1796-1820
Daoguang 1821-1850
Xianfeng 1851-1861
Tongzhi 1862-1874
Guangxu 1875-1908
Xuantong 1909-1911

180
Título de Capítulo

8. Cronología de la expansión europea hacia China

1368 Fundación de la dinastía Ming (1368-1644)

1403-33 Expediciones navales y diplomáticas del almirante Zheng He


al sudeste asiático, Indonesia, Ceilán (Sri Lanka), la India, el
Golfo Pérsico, la Península Arábiga, y África.

1487 Bartolomé Diaz dobla el cabo de Buena Esperanza.

1492 Cristobal Colón desembarca en la isla de Guanahaní (bautiza-


da por ellos como el San Salvador), actual isla de Watling, en
el archipiélago de las Bahamas.

1494 España y Porgugal firman el Tratado de Tordesillas.

1498 El portugués Vasco da Gama dobla el Cabo de Buena Espe-


ranza y llega a Calcuta (India).

1506-21 Reinado del emperador Zhengde.

1508 Primera expedición portuguesa a Malasia.

1509 Los portugueses llegan a Indonesia.

1511 El almirante portugués Alfonso de Albuquerque conquista la


ciudad de Malaca (Malasia).

1513 Embarcaciones portuguesas llegan al estuario del río de la


Perla en el sur de China.

1517 El explorador Tomé Pires llega llega a Cantón (Guangzhou)


como embajador del rey de Portugal.

181
Título del Libro o Parte

1519 El navegante Fernando de Magallanes comienza la primera


circunnavegación del globo.

1519 Hernán Cortes llega al Yucatán: primeros contactos con los


aztecas.

1520 Primera embajada portuguesa a la corte imperial del empera-


dor Zhengde en Pekín al mando de Tomé Pires.

1522-66 Reinado del emperador Jiajing

1522 Los portugueses son expulsados de China.


Magallanes completa la primera circunnavegación del globo.

1542 Los portugueses se establecen en Ningbo, provincia de Zhe-


jiang (China).
Los portugueses llegan a Tanegashima, Japón.

1552-57 Los portugueses fundan el primer asentamiento estable en la


ciudad de Macao (China).

1565 Asentamiento de los españoles en las islas Filipinas.


Andrés de Urdaneta descubre el tornaviaje de Filipinas a
México que será la ruta del galeón de Manila hasta 1815.

1571 Los españoles fundan la ciudad de Manila.

1573-1620 Reinado del emperador Wanli.

1575 Los portugueses crean la primera diócesis católica en la ciudad


de Macao (China), con jurisdicción eclesiástica sobre Asia
Oriental.

1579 El pirata inglés Francis Drake llega a California.

182
Título de Capítulo

1580 Los ingleses llegan a Hirado, Japón.

1582 El jesuita italiano Matteo Ricci llega a Macao.

1584 Mateo Ricci diseña e imprime el primer mapa del mundo el


Pekín.

1599 Los holandeses se establecen un asentamiento comercial en las


islas Banda y Maluku, en Indonesia.

1600 Fundación de la Compañía Británica de las Indias Orientales.


Los holandeses llegan a Hirado, Japón.
Los portugueses abandonan las islas Maluku, Indonesia.

1601 Mateo Ricci se presenta ante la corte del emperador Wanli.

1602 Holanda funda la Compañía Neerlandesa de las Indias Orien-


tales (VOC).
Los holandeses se establecen en Ceilán (Sri Lanka).

1619 Los holandeses fundan un asentamiento comercial en la ciudad


de Batavia (Indonesia).

1621-27 Reinado del emperador Tianqi.

1624 Los holandeses fundan un asentamiento comercial en la isla de


Formosa (Taiwan).

1628-44 Reinado del emperador Chongzhen.

1630 El padre jesuita Johann Schall von Bell reforma el calendario


en la corte de Pekín.

183
Título del Libro o Parte

1635 El primer barco inglés llega a Macao, China.

1639 Los ingleses ocupan la ciudad de Madrás (Chennai), India.

1644 Fundación de la dinastía Qing (1644-1911)

1644-61 Reinado del emperador Shunzhi.

1656 Primera embajada holandesa a la corte imperial.

1662 Los holandeses son expulsados de la isla de Formosa (Tai-


wan).

1693 El padre jesuita francés Jean de Fontaney cura al emperador


Kangxi con quinina.

1685 El puerto de Cantón se abre al comercio a otras potencias eu-


ropeas.

1699 Los ingleses inauguran el primer asentamiento comercial en la


ciudad de Cantón (China).

1715 El padre jesuita Giussepe Castiglione llega a la corte del em-


perador Kangxi.

1723-35 Reinado del emperador Yongzheng.

1729 Los mercaderes chinos crean el Cohong, un gremio de com-


pañías mercantiles monopolista.

1731 Fundación de la Compañía Sueca de las Indias Orientales.

1736-95 Reinado del emperador Qianlong.

1759 Restricción del comercio europeo a la ciudad de Cantón.

184
Título de Capítulo

1747 Comienza la construcción del palacio europeo en el complejo


palaciego de Yuanming Yuan (Pekín) bajo la dirección del pa-
dre jesuíta Giussepe Castiglione.

1773 La Compañía Británica de las Indias Orientales comienza el


comercio del opio indio en la ciudad de Cantón.

1784 Comienza el comercio entre los Estados Unidos y China.

1785 Fundación de la Real Compañía de Filipinas por Carlos III.

1790 España comercia directamente con la India y China sin escala


en Manila. Inaugura una factoría permanente en la ciudad de
Cantón.

1793 Embajada de Lord Macartney a Pekín.

1798 Los americanos fundan un establecimiento comercial en la


ciudad de Cantón (China).

185
Título del Libro o Parte

9. Unidades de peso, medida, y moneda.

Peso:

1 jin: 0,5 kilogramos.


1 picul (dan) : 100 catti o cate : approx. 60 kilogramos.

Medida:
1 li: 0.6464 km.
1 mou: 0,14 acres.
3 chi:1 metro

Moneda:
1 tael : 10 mas o maes :100 condarijn (condrin). Equivalía a un peso de
diez reales en la Edad Moderna.

186
Título de Capítulo

10. Bibliografía

Abru, H. (1970). A Persian Embassy to China. Nueva York: Paragon Bo-


ok Corp.

Alfonso Mola, M. y Martínez Shaw, C. (2007). La plata española y los


tesoros de la Nao de China. En Martínez Shaw, C. y Alfonso Mola, M.
(eds.), La ruta española a China. Madrid: Ediciones El Viso.

Berger, P. (2005). Religion. En Rawski, E.S. y Rawson, J. (eds.), China.


The Three Emperors. 1662-1795 (pp. 130-153). Londres: Royal Academy
of Arts.

Birrell, A. (2005). Mitos chinos. Madrid: Ediciones Akal.

Botton Beja, F. (1977). Wang Yang-Ming, un educador moderno del siglo


XVI. Estudios de Asia y África, 12 (3), 292-314.

Botton Beja, F. (2008, 2ª ed.). China. Su historia y cultura hasta 1800.


México, D.F.: El Colegio de México, Centro de Estudios de Asia y África.

Brook, T. (1998). Communications and commerce. En Twitchett, D. y


Mote, F.W. (eds.), The Cambridge History of China, vol. 8, The Ming
Dynasty (pp. 579-707). Cambridge: Cambridge University Press.

Brook, T. (1999). The Confusions of Pleasure. Commerce and Culture in


Ming China. Berkeley: University of California Press.

Brook, T. (2010). The Troubled Empire: China in the Yuan And Ming
Dynasties. Cambridge, Mass: Belknap Press of Harvard University Press.

Brown, M. y Schirokauer, C. (2006). Breve historia de la civilización


china. Barcelona: Edicions Bellatera.

187
Título del Libro o Parte

Buckley Ebrey, P. (2009). Historia de China. Madrid: La Esfera de los


Libros.

Cervera Jiménez, J.A. (2013). Los planes españoles para conquistar China
a través de Nueva España y Centroamérica en el siglo XVI. Cuadernos
Intercambio, año 10, 10 (12), 207-234.

Cervera, I. (1989). El arte chino. Cuadernos de Historia del arte, nº: 23 y


37, Historia 16, Madrid.

Cervera, J.A. (2008). Martín de Rada (1533-1578) y su trabajo científico


en Filipinas. Revista Huarte de San Juan, Geografía e Historia, 15, 65-75.

Chan, A. (1982). The Glory and Fall of the Ming Dynasty. Oklahoma:
University of Oklahoma Press.

Chaunu, P. (1974). Las Filipinas y el Pacífico de los ibéricos. Siglos XVI-


XVII-XVIII. (Estadísticas y Tablas). México: Instituto Mexicano de Comer-
cio Exterior.

Chen, B. (2014). The Urban Life of the Ming Dynasty. Reading: Paths
International Ltd.

Clarck, D.N. (1998). Sino-Korean Tributary Relations under the Ming. En


Twitchett, D. y Mote, F.W. (eds.), The Cambridge History of China, vol.
8, The Ming Dynasty (pp. 271-300). Cambridge: Cambridge University
Press.

Clunas, C. (1991). Superfluous Things: Material Culture and Social Sta-


tus in Early Modern China. Urbana: University of Illinois Press.

Clunas, C. (1996). Pictures and Visuality in Early Modern China. Prince-


ton: Princeton University Press.

Clunas, C. y Harrison-Hall, J. (2014). Ming: 50 years that changed China.


London: The British Museum.

188
Título de Capítulo

Cranmer-Byng, J.L. (ed) (1962). An Embassy to China: Being the Journal


Kept by Lord Macartney during His Embassy to the Emperor Ch´ien-
Lung 1793-1794. Londres: Longmans.

Dardess, J.W. (2012). Ming China. 1368-1644. A concise history of a


resilent empire. Plymouth: Rowman & Littlefield Publishers.

Dreyer, E. Early Ming China: A Political History, 1355-1435. Stanford:


Stanford University Press.

Ebrey, P.B. (1996). The Cambridge Illustrated History of China. Cam-


bridge: Cambridge University Press.

Ebrey, P.B. (2009). Historia de China. Madrid: La Esfera de los Libros.

Eliade, M. (1979). Historia de las creencias y de las ideas religiosas. De


Gautama Buda al triunfo del Cristianismo. Madrid: Ediciones Cristian-
dad.

Elman, B. A. (2000). A Cultural History of Civil Examinations in Late


Imperial China. Berkeley: University of California Press.

Elman, B. A. (2005). On Their Own Terms: Science in China 1550-1900.


Cambridge: Harvard University Press.

Elman, B. A. y Woodside, A. (eds). (1994). Education and Society in


Late Imperial China, 1600-1900. Berkeley: University of California
Press.

Escalante, B. de (2008). An Account of the Empire of China. Bad Mer-


gentheim: Ascanio.

Esteve Molto, J.E. (2004). El Tíbet: la frustración de un Estado. El geno-


cidio de un pueblo. Valencia: Editorial Tirant Lo Blanch.

189
Título del Libro o Parte

Fadón Salazar, P. (2006). Breve historia de la pintura china. Albolote:


Comares.

Fahr-Becker, G. (2000). Arte asiático. Colonia: Konemann.

Fairbank, J.K. (1953). Trade and Diplomacy on the China Coast. Cam-
bridge, Mass: Harvard University Press.

Farmer, E.L. (1995). Zhu Yuanzhang and Early Ming Legislation. Leiden:
Brill.

Fisac Badell, T. (1996). El otro sexo del dragón. Mujeres, literatura y


sociedad en China. Madrid: Narcea.

Folch, D. (2008). Biografía de Fray Martín de Rada. Revista Huarte de


San Juan. Geografía e Historia, 15, 33-65.

Franke, H. y Trauzetell, R (1973). El Imperio chino. Madrid: Editorial


Siglo XXI.

Franke, W. (1988). Historical writing during the Ming. En Mote, F.W. y


Twitchett, D. (eds), The Cambridge History of China, vol. 7, The Ming
Dynasty (pp. 726-782). Cambridge: Cambridge University Press.

Fransworth MacNair, H. (1923). Modern Chinese History Selected Read-


ings. Shanghai: Commercial Press Ltd.

Frèches, J. (2006). Érase una vez China. De la Antigüedad al siglo XXI.


Madrid: Editorial Espasa Calpe.

García-Noblejas, G. (2012). China. Pasado y presente de una gran civili-


zación. Madrid: Alianza Editorial.

García-Ormaechea, C. (1987). Porcelana china en España. Tesis doctoral.


Universidad Complutense de Madrid. Madrid.

190
Título de Capítulo

Geiss, J. (1979). Peking under the Ming. Tesis doctoral. Universidad de


Princeton. Ann Arbor: University Microfilms International

Geiss, J. (1988). The Chia-Ching Reign, 1522-1566. En Mote, F.W. y


Twitchett, D. (eds), The Cambridge History of China, vol. 7, The Ming
Dynasty (pp. 440-510). Cambridge: Cambridge University Press.

Gernet, J. (1982). A History of Chinese Civilization. Nueva York: Cam-


bridge University Press.

Gernet, J. (2005). El mundo chino. Barcelona: Crítica.

Gil, J. (2011). Los chinos en Manila. Siglos XVI y XVII. Lisboa: Centro
Científico e Cultural de Macau.

Groh, J. (2000). Viaje por la China imperial: Marco Polo, Ricci, Dam-
pier, Hunter, Huc, Claudel y otros. Barcelona: Ediciones Abraxas.

Heijdra, M. (1998). The socio-economic development of rural China dur-


ing the Ming Dynasty. En Twitchett, D. y Mote. F.W. (eds.), The Cam-
bridge History of China, vol. 8, The Ming Dynasty (pp. 417-578). Cam-
bridge: Cambridge University Press.

Ho Ping-ti (1980). The Ladder of Successs in Imperial China: Aspects of


Social Mobility, 1368-1911. Nueva York: Columbia University Press.

Huang, P. (2011). Reorienting the Manchus. A Study of Sinicization


1583-1795). Ithaca: Cornell East Asia Series.

Huang, R. (1969). Fiscal Administration during the Ming Dynasty. En


Hucker, C. (ed.), Chinese Government in Ming Times: Seven Studies, (pp.
73-128). Nueva York: Columbia University Press.

Huang, R. (1974). Taxation and Governmental Finance in Sixteenth-


Century China. Cambridge: Cambridge University Press.

191
Título del Libro o Parte

Hucker, C. O. (1961).The tradicional Chinese State in Ming Times: 1368-


1644. Tucson: University of Arizona Press.

Jackson, A. y Jaffer, A. (eds). (2004). Encounters: The Meeting of Asia


and Europe, 1500-1800. Londres: Victoria and Albert Museum.

Johns, C.M.S. (2016). China and the Church. Chinoiserie in the Global
Context. Oakland: University of California Press.

Jörg, C.J.A. (1982). Porcelain and the Dutch China Trade. La Haya: Mar-
tinus Nijhoff.

Krahe, C. (2016). Chinese Porcelain in Habsburg Spain. Madrid: Centro


de Estudios Europa Hispánica.

Kyle Crossley, P. (2002). Manchúes: fundadores del imperio Qing. Barce-


lona: Ariel.

Lam, J. (1998). State Sacrifices and Music in Ming China: Ortodoxy,


Creativity, and Expressiveness. Albany: State University of New York
Press.

Leibniz, G.W. (2000/2005). Discurso sobre la teología natural de los


chinos. Traducción, introducción y notas de Lourdes Rensoli Laliga. Bue-
nos Aires: Biblioteca universal Martin Heidegger, 2000, reimpresa en
2005 por la Editorial Prometeo de Buenos Aires.

Liang, F. (1957). The Single-whip Method of Taxation in China. Cam-


bridge, Mass: Harvard University Press.

Loewe, M. (1969). La China imperial. Fundamento histórico de la Edad


Moderna. Madrid: Ediciones de la Revista de Occidente.

Lufrano, R. J. (1997). Honorable Merchants: Commerce and Self-


Cultivation in Late Imperial China. Honolulu: University of Hawai’i
Press.

192
Título de Capítulo

Martínez Shaw, C. y Alfonso Mola, M. (2007). La Ruta Española a Chi-


na. Madrid: Ediciones El Viso.

Meskill, J. (1965). Ch’oe Pu’s Diary: A Record of Drifting across the Sea.
Tucson: University of Arizona Press.

Mote, F.W. (2003). Ming China’s Borders. En Imperial China, 900-1800


(pp. 685-722). Cambridge, Mass: Harvard University Press.

Mote, F.W. (2003). The lively society of the late Ming. En Imperial Chi-
na. 900-1800 (pp. 743-775). Cambridge, Mass: Harvard University Press.

Mote, F.W. y Twitchett, D. (eds.) (1988). The Cambridge History of Chi-


na, vol. 7, The Ming Dynasty. Cambridge: Cambridge University Press.

Mungello, D.E. (1977). Leibniz and Confuncianism: The Search for Ac-
cord. Honolulu: University of Hawaii Press.

Mungello, D.E. (2005). The Great Encounter of China and the West,
1500-1800. Lanham: Rowman and Littlefield.

Naquin, S. y Rawski, E.S. (1987). Chinese Society in the Eighteenth Cen-


tury. New Haven y Londres: Yale University Press.

Ng, O. y Wang, E. (2005). Mirroring the Past. The Writing and Use of
History in Imperial China. Honolulu: University of Hawaii Press.

Ollé, M. (2000). La invención de China. Percepciones y estrategias filipi-


nas respecto a China durante el siglo XVI. Wisbaden: Harrassowitz Ver-
lag.

Ollé, M. (2002). La empresa de china. De la Armada Invencible al Ga-


león de Manila. Barcelona: Acantilado.

Ollé, M. (2007). La formación del parián de Manila: la construcción de un


equilibrio inestable. En San Ginés Aguilar, P. (ed.), La investigación so-
bre Asia Pacífico en España (pp. 27-49). Granada: Editorial Universidad
de Granada.

193
Título del Libro o Parte

Ollé, M. (2007). La imagen española de China en el siglo XVI. En Martí-


nez Shaw, C. y Alfonso Mola, M. (eds.), La ruta española a China (pp.
81-96). Madrid: Ediciones El Viso.

Ollé, M. (2008). 300 años de relaciones (y percepciones) entre España y


China. Revista Huarte de San Juan, Geografía e Historia, 15, 91-99.

Paludan, A. (1998). Chronicle of the Chinese Emperors. The reign-by-


reign record of the rulers of Imperial China. Londres y Nueva York:
Thames and Hudson.

Prevosti i Monclús, A. (coord.); Domènech del Río, A. y Prats, R.N.


(2014). Pensamiento y religión en Asia Oriental. Barcelona: Editorial
UOC.

Puech, H.C. (1993). Las religiones en la India y en Extremo Oriente.


Formación de las religiones universales y de salvación. Historia de las
Religiones. Siglo XXI. Madrid: Siglo XXI Editores.

Rensoli, L. (2005). G. W. Leibniz: Europa, China, civilización. Saarbrüc-


ken: Editorial Académica Española.

Ricci, M. (2006). A Discourse of the Kingdom of China. En Mancall, P.C.


Travel Narratives from the Age of Discorery: An Anthology. Oxford: Ox-
ford University Press.

Robinson, D.M. (2008). Culture, Courtiers, and Competition. The Ming


Court (1368-1644). Cambridge, Mass, y Londres: Harvard University
Press.

Rossabi, M. (1970). The tea and horse trade with Inner Asia during the
Ming. Journal of Asian History, 4 (2), 136-68.

Rossabi, M. (1998). The Ming and Inner Asia. En Twitchett, D. y Mote,


F.W. (eds.), The Cambridge History of China, vol. 8, The Ming Dynasty
(pp. 221-271). Cambridge: Cambridge University Press.

194
Título de Capítulo

Rowe, W.T. (2009). China’s Last Empire. The Great Qing. Cambridge:
Harvard University Press.

Shaughnessy, E. L. (2008). China. El mundo chino. Creencias y rituals.


Creación y descubrimientos. Barcelona: Blume.

Schmidt-Glintzer, H., Mittag, A. y Rüsen, J. (2005). Historical Truth,


Historical Criticism, and Ideology. Chinese Historiography and Histori-
cal Culture from a New Comparative Perspective. Leiden y Boston: Brill.

Schneewind, S. A Tale of Two Melons: Emperor and Subject in Ming


China. Indianapolis: Hackett, 2006.

Shepherd, J.R. (2016). Taiwan prefecture in the eighteenth century. En


Peterson, W.J. (ed.). The Cambridge History of China. The Ch’ing Dynas-
ty to 1800, vol. 9, (pp. 77-110). Cambridge: Cambridge University Press.

Skinner, G.W. (1977). Cities and the hierarchy of local systems, en Skin-
ner, G.W. (ed.), The City in Late Imperial China. Stanford: Stanford Uni-
versity Press.

Spence, J. D. (1984). The Memory Palace of Matteo Ricci. Nueva York:


Penguin Books.

Spence, J.D. (2002). El palacio de la memoria de Matteo Ricci. Un jesuita


en la China del siglo XVI. Barcelona: Tusquets Editores.

Spence, J. D. (2011). En busca de la China moderna. Barcelona: Tus-


quets Editores.

Sullivan, M. (1973). The Meeting of Eastern and Western Art. Londres:


Thames and Hudson.

Ten-Doesschate Chu, P. y Ding, N. (eds). (2015). Qing Encounters. Artis-


tic Exchanges between China and the West. Los Ángeles: Getty Research
Institute.

195
Título del Libro o Parte

Tsai, H. (1996). The Eunuchs in the Ming Dynasty. Albany: State Univer-
sity of New York.

Tsai, H. (2001). Perpetual Hapiness: The Ming Emperor Yongle. Seattle:


University of Washington Press.

Tsai, S.H. Perpetual Happiness: The Emperor Yongle. Seattle: University


of Washington Press, 2001.

Valera Vizcaíno, C. (2006). Historiografía China y Occidente: una visión


desde la antropología. Granada: CEIAP, Universidad de A Coruña y Uni-
versidad de Pekín.

Van Dyke, P.A. (2011). Merchants of Canton and Macao: Politics and
Strategies in Eighteenth-Century Chinese Trade. Hong Kong: Hong Kong
University Press.

Wakeman, F. (1985). The Great Enterprise: The Manchu Reconstruction


of Imperial Order in Seventeenth-Century China, 2 vols. Berkeley: Uni-
versity of California Press.

Wetzel, A. (2007). China. Milán: Electa.

Wilkinson, E. (1998). Chinese History. A Manual. Cambridge y Londres:


Harvard University Press.

Wills, J.E. and Cranmer-Byng, J.L. (2016). Ching relations with maritime
Europeans. En Peterson, W.J. (ed.). The Cambridge History of China, vol.
9 The Ch’ing Dynasty to 1800 (pp. 265-328). Cambridge: Cambridge
University Press.

Yü, C.F. (1998). Ming Buddhism. En Twitchett, D. y Mote, F.W. (eds.),


The Cambridge History of China, vol. 8, The Ming Dynasty (pp. 893-
952). Cambridge: Cambridge University Press.

196
Título de Capítulo

FUENTES ELECTRÓNICAS

Solís, M. Un recorrido general por la historiografía China. Consultada el


12 de febrero de 2016 en http://www.temporamagazine.com/un-recorrido-
general-por-la-historiografia-china/.

Schottenhammer, A. Corredores y “gremios” (huiguan) en el comercio


marítimo de China con sus vecinos del este durante las dinastías Ming y
Qing, Estudios de Asia y África [en línea] 2010, XLV (septiembre-
diciembre). Consultada el 11 de noviembre de 2016 en
http://uacm.redalyc.org/articulo.oa?id=58620950002

Rensoli Laliga, L. Europa, China y la idea de la civilización. Consultada


el 2 de diciembre de 2016 en
http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/rensoli.pdf.

197
Título del Libro o Parte

Imágenes sugeridas:

Imagen 1. Anónimo, emperador Hongwu, fundador de la dinastía Ming.


Tinta y colores sobre seda. Rollo vertical. 1400. Nanjing. H: 268, 8 cm x
163, 8 cm. Museo Nacional de Palacio. Taipei. Taiwan.

198
Título de Capítulo

Imagen 2. Zhu Bang. Retrato de un funcionario delante de la Ciudad


Púrpura Prohibida. Dinastía Ming, siglo XVI, tinta y color sobre seda.
Rollo vertical. 169 x 190 cm. Museo Británico. Londres.

199
Título del Libro o Parte

Imagen 3. Xie Huan (1377–1452), Reunión elegante en el jardín de los


melocotoneros, 1437, pintura en tinta y color sobre rollo horizontal de
seda, 37,1 x 243,2 cm, nº. 1989.141.3 Museo Metropolitano, Nueva York.

200
Título de Capítulo

Imagen 4. Plato azul y blanco del San Diego. Jingdezhen, Jiangxi Prov-
ince, c. 1600, reino deWanli reign (1573–1620). D: 20 cm. Museo Naval,
Madrid. Inv. no. 7345.

201
Título del Libro o Parte

Imagen 5. Anónimo, Retrato del emperador Kangxi con indumentaria


informal practicando la pintura. Tinta y colores sobre seda. Rollo verti-
cal. 50,5 x 31,9 cm. Museo de Palacio, Pekín. Gu6402.

202
Título de Capítulo

Imagen 6. Giuseppe Castiglione, emperador Qianlong a caballo, dinastía


Qing, reinado del emperador Qianlong period 1739, tinta y colores sobre
seda. Rollo vertical. 322,5 x 232,0 cm, Museo de Palacio, Pekín.

203

También podría gustarte