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El Regalo Perfecto - Mia Ford

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1º Edición Noviembre 2020


©Mia Ford
EL REGALO PERFECTO
Título original: The Perfect Gift

©2020 EDITORIAL GRUPO ROMANCE


©Editora: Teresa Cabañas
tcgromance@[Link]
 
Esta es una obra de ficción. Nombres, caracteres, algunos lugares y
situaciones son producto de la imaginación de la autora, y cualquier parecido
con personas, hechos o situaciones son pura coincidencia.
Todos los derechos reservados. Bajo las sanciones establecidas en las leyes,
queda rigurosamente prohibida, sin autorización escrita del copyright, la
reproducción total o parcial de esta obra por cualquier método o procedimiento,
así como su alquiler o préstamo público.
Gracias por comprar este ebook.
 

 
Índice
 
 
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Capítulo 11
Capítulo 12
Capítulo 13
Capítulo 14
Capítulo 15
Capítulo 16
Capítulo 17
Capítulo 18
Capítulo 19
Capítulo 20
Capítulo 21
Capítulo 22
Capítulo 23
Capítulo 24
Capítulo 25
Capítulo 26
Capítulo 27
Capítulo 28
Capítulo 29
Capítulo 30
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Capítulo 1

 
 
Dex
Mientras los pequeños y helados cristales simétricos
flotaban cautelosamente desde el cielo y aterrizaban en el
césped de Central Park, sentí una gran tristeza. Era
Nochebuena, una fecha que disfrutaba de crío. Mis padres
siempre decoraban la casa para que coincidiera con el aire
festivo de la ciudad con sus guirnaldas, luces y el olor a
canela y pino. Organizaban grandes y lujosas fiestas en su
ático en Canton Commons.
Las familias más ricas de Nueva York dejaban a un lado
su esnobismo para traer regalos y comida para compartir
con todos los demás. De niños, mi hermana Natalie y yo
corríamos por la casa con los otros chiquillos, jugando con
nuestros juguetes y disfrutando de la magia de la Navidad.
Siempre había sido mi época favorita del año.
Años más tarde, sin embargo, me encontraba en
Nochebuena mirando las luces titilantes del parque, viendo
a la gente caminar por la nieve, cogida de la mano, y a
pequeños coros amenizarlos con sus villancicos, sintiendo el
silencio de una casa ahora casi vacía. Después de que mis
padres murieran, estas fiestas perdieron su magia.
No hubo más celebraciones, ni fuegos artificiales
mientras los adornos se quedaban en sus cajas, esperando
un día ser utilizados de nuevo. Mi hermana adoraba la
Navidad y trataba de mantener su espíritu vivo, pero era
demasiado para una sola persona. Yo estaba centrado en la
dirección de la empresa y no tenía tiempo para cosas tan
frívolas como las fiestas. Casi parecía que mis padres se
hubieran llevado la Navidad con ellos al fallecer.
Ni Natalie ni yo teníamos familia propia, así que o
pasábamos las vacaciones juntos o yo iba a trabajar y la
dejaba a su aire. Este año, pendiente de viajar, decidí
descansar en Nochebuena. Intentaba no ser tacaño, así que
les concedía días libres a mis empleados en Nochebuena y
Navidad. Por lo general, pasaba esas jornadas solo en la
oficina, cenando comida china y viendo Historias de Navidad
mientras repasaba informes financieros. Este año, en
cambio, ya que me iba a ir pronto, me senté para recordar y
contemplar la ciudad. Hacía frío, más que en otras
navidades, e incluso dentro del ático, por lo que llevaba
puesto un grueso jersey. Oí a Natalie en el pasillo, haciendo
algo, aunque supuse que pasaría la noche en casa.
Saqué el número del restaurante chino para pedir la
cena. Ya no sabía qué le gustaba a Natalie, así que esperaría
a que saliera de su habitación. El hecho de que siempre
mantuviera una actitud alegre durante estas fechas me
reconfortaba. Levanté la vista mientras atravesaba
rápidamente el pasillo y sacaba su abrigo del armario. Se lo
puso y, al volverse, me vio sentado en la sala de estar.
—Oh —exclamó, ligeramente sorprendida—. Dex, ¿qué
estás haciendo aquí? Pensé que ibas a trabajar, como todos
los años.
—Como me voy dentro de un par de días, pensé en
romper ese hábito y pasar la Nochebuena en casa, contigo
—le respondí, notándola nerviosa—. ¿Vas a algún sitio?
—Sí. Iba a pasar la Navidad con una amiga —me dijo,
acercándose y sentándose en el brazo del sillón. Me di
cuenta de que la tranquilidad de la casa estaba empezando
a afectarla y no pude evitar decepcionarme ante la idea de
pasar la Nochebuena solo—. Debería habértelo dicho. Estoy
tan acostumbrada a que trabajes que, la verdad, no se me
ocurrió avisarte.
Negué con la cabeza, tratando de que no se sintiera
culpable. Después de todo, tenía razón, ya ni me tomaba los
fines de semana libres. La última vez que tuve algo de
tiempo libre fue por su cumpleaños, cuando me fui de la
oficina a las cinco en vez de a medianoche. Natalie se había
acostumbrado a vivir su propia vida. Una parte de mí quería
decirle que no se preocupara, pero otra deseaba que se
quedara.
—Ya sé —dijo—. La llamaré y se lo explicaré, seguro
que podemos ir los dos.
Asentí y sonreí, pasar las vacaciones con gente que no
conocía era mejor que hacerlo solo. Observé cómo volvía al
pasillo y llamaba a su amiga. Habló con ella unos minutos y
luego colgó, volviendo alegremente a la sala. Cogí la botella
de licor de avellana que había comprado para esta noche y
fuimos hasta el garaje, a por el coche.
Como les di la noche libre a todos mis empleados,
conduje yo mismo, un poco confundido mientras salía de
Manhattan y atravesaba los barrios de la ciudad.
Terminamos en Brooklyn, lo cual me resultó raro ya que di
por hecho que Natalie iba a ver a una de las niñas ricas con
las que creció. Sin embargo, cuando me detuve frente al
edificio de cinco pisos, me di cuenta de que su amiga tenía
mucho menos que nosotros.
Casi me sentí como un tonto por haberme puesto mi
suéter Gucci, de setecientos dólares, y mi impío y caro
cinturón. Sonreí a Natalie cuando salimos, pasando por
encima de la nieve que había sido retirada de las calles por
las máquinas. Me alegré de que no percibiera lo confuso que
estaba. No quería que creyera que prejuzgaba a sus amigos.
Era mi hermana, aunque si no sabías de qué familia
provenía, parecía cualquier chica de clase media. Su
corazón siempre fue demasiado grande como para
comportarse como la típica niña rica del Upper East Side.
Al subir las escaleras, ya olía a la cena y empecé a
relajarme. El brillo de luz que sobresalía por debajo de la
puerta me hacía sentir como en casa. Natalie llamó a la
puerta y oímos pasos dentro. Nos abrió una mujer pelirroja
de rizos. Era bajita, regordeta y de mejillas sonrosadas, y
sonrío al abrazar a Natalie. La señora no tardó en volverse
hacia mí y abrazarme. Yo me reí por la sorpresa, pero acogí
su feliz saludo.
—Pasar, pasar. Soy Andrea —dijo, haciéndose a un lado
—. Poner vuestros abrigos ahí y seguirme a la cocina. Allí es
donde está ocurriendo toda la magia.
Apoyé la botella de licor en el suelo junto a mis
zapatos, cubiertos de nieve, y colgué el chaquetón. Natalie
sonrió y me apretó el brazo. Después, tomó la mano de
Andrea para ir a la cocina desde donde, además del aroma
a comida, provenía la melodía de unos villancicos. Natalie
se veía feliz por lo que, al instante, me sentí mejor —pese a
tener que ausentarme por mis viajes—, ya que parecía
haber formado su propia y pequeña familia en Brooklyn.
Cuando entré a la cocina me fijé en el papel con dibujos
de manzanas de las paredes, los adornos con temas
agrícolas y los libros de recetas de las estanterías. Era como
si me hubieran transportado de Brooklyn a una granja en el
campo. Había un enorme pavo en la encimera, junto a
varios tazones con los demás ingredientes de la cena
tradicional de Navidad.
Mis ojos escudriñaron la cocina y se posaron en mi
hermana mientras abrazaba a una chica curvilínea de pelo
castaño. Estaba de cara a la cocina y las luces hacían
resaltar los mechones cobrizos de su cabello. Natalie le
susurró algo y cuando se dio la vuelta y me miró, se me
debilitaron las rodillas. Sus ojos verdes me atravesaron.
Asintió con un gesto y miró al suelo, ruborizada. Era tímida,
lo que la hacía aún más atractiva.
—Dex, esta es mi mejor amiga, Casey —me dijo Natalie
—. Casey, te presento a mi hermano mayor, Dex.
—Encantada de conocerte —susurró Casey con mejillas
aún más brillantes.
—Bien —intervino Andrea, aplaudiendo—. ¡Pongamos la
cena en la mesa!
Empecé a recoger los platos para ayudar a llevar toda
aquella comida a la gran mesa de roble que tenían en el
comedor. Al pasar, miré las fotografías que decoraban la
pared. Había varias de un hombre, de uniforme, que supuse
sería el marido de Andrea. Por las cintas que adornaban
aquellas fotografías, debía haber fallecido. No quise
mencionarlo, sin saber los detalles, así que me senté y
empecé a pasar la cena.
—Y, ¿cómo os conocisteis? —Miré a Natalie y luego a
Casey.
—Oh, fue en la universidad —dijo mi hermana
emocionada—. Formamos equipo en uno de nuestros
proyectos de segundo.
—Eso es impresionante —exclamé. Me volví hacia
Casey y añadí—: ¿Eres de Nueva York?
—Sí —respondió Andrea—. De hecho, su padre, que en
paz descanse, y yo somos de aquí, de Brooklyn. Y me alegro
de que decidiera quedarse. —La mujer miró a Casey y le
guiñó un ojo mientras comíamos y continuamos con la
conversación.
Quería saber más sobre Casey. Era preciosa, con esos
ojazos y ese cuerpo curvilíneo. Ya me imaginaba lo que se
sentiría al acariciar su suave piel.
Me excusé de la mesa y fui por el licor que había
comprado, esperando que lo disfrutaran. Era
extremadamente caro, pero no lo mencioné. Se lo mostré a
Andrea, quien le echó un vistazo a la botella y me señaló
unas copas del aparador que teníamos detrás. Saqué cuatro
y vertí una pequeña cantidad en cada una, asegurándome
de que la de Casey estuviera un poco más llena que las
demás. Me sonrió al extender la mano para cogerla y
cuando nuestros dedos se rozaron, sentí como una descarga
eléctrica.
Sentados en torno a la mesa, escuchamos a Andrea
contarnos anécdotas navideñas de cuando Casey era
pequeña. La mujer era tan alegre y divertida que resultaba
inevitable disfrutar de su compañía. Estuve pendiente en
todo momento de la copa de Casey, asegurándome de
rellenarla cada vez que bebía un poco. Quería que se soltara
porque la atracción que había entre nosotros era muy
intensa.
Cuando me sorprendía comiéndomela con los ojos,
mantenía mi mirada hasta sonrojarse y volver su atención a
su madre. Su inocencia resultaba de lo más sexi. Estiré una
pierna bajo la mesa y le rocé su pie con el mío. Ella se lo
frotó, mirando hacia adelante y escuchando las continuas
historias de su madre. Natalie parecía ensimismada en su
mundo, lo que nos permitió a Casey y a mí seguir atrapados
en esa particular burbuja de deseo.
Tal vez fue el hecho de que me iba, quizás efecto del
licor de avellana o incluso del parpadeo de las luces de
Navidad, pero deseaba a Casey, y mucho.
 

 
Capítulo 2

 
Casey
Cuando Natalie me llamó y me preguntó si su hermano
podía acompañarnos a cenar, no tenía ni idea de que
acabaría delante del tío más guapo que había conocido. Tan
pronto como mis ojos se encontraron con los suyos, supe
que estaba metida en un lío. Me atravesó con una mirada
asombrosamente azul y había algo en la forma en que sus
ojos brillaban mientras sonreía que me dejó sin aliento.
Anhelaba acariciar aquel bonito cabello rubio y
perderme en sus rizos. El calor de mi pecho fue causado por
la combinación de su lujuriosa mirada y el licor de avellana
con el que rellenaba mi copa una y otra vez. Un aire de
peligro emanaba de él y eso, normalmente, me haría correr
en dirección opuesta pero, con Dex, era justo al revés.
Mientras hablábamos de nuestra infancia, mi madre se
dispuso a lavar los platos. Yo me levanté también,
alcanzando los cuencos y platos vacíos. Sin embargo,
Natalie me detuvo y me guiñó un ojo, señalándome a su
hermano que seguía mirándome fijamente.
—Yo la ayudaré —me dijo Natalie—. Tú ya cocinaste. Ve
a relajarte y muéstrale a mi hermano la casa.
Me sonrojé por sus palabras porque se había dado
cuenta de nuestro intercambio de miradas y de que ambos
estábamos atentos al comportamiento del otro. Retrocedí
mientras ella recogía los platos, sin saber qué hacer. Miré
hacia el suelo y, entonces, Dex me agarró del brazo para ir
a la sala de estar. Le sonreí dulcemente a Natalie y permití
que Dex me llevara hasta allí, ya que lo encontraba
demasiado sexi para ignorarlo. Sentía el alcohol corriendo
por mis venas y destensar mis nervios. Me acerqué al sofá y
me senté, observando cómo él me seguía. Se sentó cerca y
se giró para mirarme.
—¿En qué te graduaste? —Estaba muy interesado en
mi vida y yo en sus deliciosos labios.
—Hmm. Bueno, empecé a estudiar Medicina, pero
después mi padre falleció, así que me cambié a
Empresariales, con la esperanza de que me abriera algunas
puertas —dije—. La pensión de mi padre paga la casa,
aunque mi madre necesitaría más que eso. Quería ir a la
Escuela de Graduados como Natalie, pero decidí esperar.
—Es realmente admirable, sé lo que se siente al perder
a un padre —murmuró. Vi cómo contemplaba nuestros
adornos navideños. Resultaba agradable tener invitados,
pero aún más que Dex estuviera sentado tan cerca. Se
volvió hacia mí, me tocó la rodilla y nos miramos a los ojos
un instante.
—Bien, chicos —dijo mi madre, sorprendiéndonos y
haciendo que nos separáramos—. Voy a la iglesia para ver si
necesitan ayuda. Vosotros divertíos, hay tarta y helado en la
cocina por si os apetece tomar algo más.
—De acuerdo, mamá —respondí con las mejillas
sonrojadas.
—Gracias por todo, Andrea —exclamó Dex, poniéndose
de pie y besando a mi madre en la mejilla.
Vimos cómo mi madre salía del apartamento, sintiendo
la ráfaga de aire frío mientras cerraba la puerta tras ella.
Natalie nos miró y sonrió, tomando otra copa de licor y
contemplando las luces de Navidad. Me moví en el sofá,
tratando de quitarme de la cabeza a este hombre tan sexi.
Cada vez que nuestras piernas se rozaban accidentalmente,
notaba un cosquilleo en el estómago.
—Vale, ¿os apetece jugar a las adivinanzas, podemos
hacerlo con mímica? —No sabía qué más proponer.
—Sí. —Natalie se carcajeó—. Espera, solo somos tres.
¡Ya sé! Nos turnaremos. Dex y yo haremos las imitaciones y
tú intentas adivinarlas, es que odia actuar.
—Me parece bien.
Jugamos durante una hora, y terminamos medio
borrachos. Me reía tanto de la imitación de pato de Dex, que
casi escupí mi copa de licor por todas partes. Justo cuando
llegó el turno de Natalie, le sonó el móvil y fue a la cocina a
contestar. Me acosté en el sofá, con las piernas apoyadas en
el regazo de Dex, tratando de controlar la sensación de
borrachera. No me había divertido tanto desde hacía siglos
y cuanto más bebíamos, más acaramelados nos poníamos
Dex y yo. Cuando Natalie volvió, la miramos. Tenía una
expresión pensativa que nos hizo fruncir el ceño a su
hermano y a mí.
—Era Ben —nos explicó, señalando el teléfono—. Ha
conseguido entradas en primera fila para el espectáculo de
Rockette, pero si las quiero, tengo que irme ahora.
—Hazlo —dijo Dex, mirándome—. Ese pobre chico se ha
esforzado mucho, lo mínimo que puedes hacer ahora es
divertirte.
—No sé —murmuró ella, sentada en la silla—. Me estoy
divirtiendo mucho aquí, con vosotros.
—Cielo, a nosotros siempre nos tendrás aquí. ¡Ve y
diviértete, anda! —la animé, esperando que me tomara la
palabra.
—Está bien —dijo con entusiasmo—. Iré. Os quiero,
chicos. Feliz Navidad. Te llamaré mañana, Casey.
Me incliné y besé a Natalie en la mejilla. Me reí entre
dientes mientras se ponía el abrigo, los guantes y el gorro, y
salía corriendo por la puerta. Nada más cerrarla, me di
cuenta de que nos habíamos quedado Dex y yo solos, y
resultaba de lo más emocionante. Nunca antes había estado
con un hombre, aunque no es que me estuviera reservando
para nadie. Simplemente, era muy tímida y los pocos tíos
con los que había salido nunca lo intentaron. Miré a Dex que
observaba su bebida. Estaba tan ardiente que apenas podía
soportarlo. Aparté mis piernas de su regazo y me senté a su
lado.
Una pequeña sonrisa apareció en sus labios y se volvió
hacia mí, agarrando mi copa y poniéndola sobre la mesa.
Levantó las manos y sostuvo mi cara, para besarme con
dulzura. El ambiente era de lo más romántico, con el suave
resplandor de las luces del árbol, el olor a canela en el aire y
la música navideña de fondo. Correspondí a su beso,
sintiendo una necesidad desesperada. El licor me mareó, así
que nos apoyamos en el sofá, besándonos sensualmente.
Aunque podía sentir el calor que se acumulaba en mi
vientre, no me importaba besarle un rato bajo aquellas
luces tenues y brillantes.
Lentamente, Dex me empujó, me recostó en el sofá y
empezó a acariciarme. Noté su erección contra mi pierna y
eso envió escalofríos a mi columna vertebral. No tenía
sentido decirle que era virgen, no con su actitud de hacerse
cargo. Sus dedos se movían bajo mi vestido y llegaron hasta
el borde de mis bragas. Las hizo a un lado para colarse tras
el encaje y después deslizó sus dedos causando que se me
escapara un gemido. El sonido pareció excitarlo aún más y
se movió hacia abajo, tirando de mi vestido completamente
hacia arriba y besando mi estómago. Cerré los ojos mientras
él separaba mis piernas y tiraba de mis bragas de encaje
rojo a un lado, reemplazando sus dedos por su lengua.
Gemí mientras lamía mi húmedo montículo,
saboreando cada gota antes de volver por más. Alcancé y
desabroché la parte superior de mi vestido. Tiré de las
copas de mi sujetador hacia un lado, masajeando mis
grandes pechos y alzando las caderas contra su boca. Se
sentía tan bien que sabía que mi temperatura aumentaba
por momentos. Movió su mano desde mi muslo y deslizó
dos dedos dentro de mí y gimió contra mi clítoris, sintiendo
lo apretada y mojada que estaba. Después de unos minutos,
sacó sus dedos y subió por mi cuerpo. Presionó su boca
contra la mía y gruñó mientras yo le chupaba la lengua. Me
agaché y le desabroché el cinturón, sabiendo que mi madre
no tardaría mucho en volver.
Se sentó y se quitó los pantalones y los calzoncillos,
tirándolos al suelo. Se mostró ante mí y sonrió con
entusiasmo mientras se zambullía de nuevo, besándome el
cuello y el pecho mientras frotaba la cabeza de su polla
contra mi clítoris. Puede que nunca hubiera estado con un
hombre, pero sabía que lo quería dentro de mí. Me agarré a
su eje, besándolo con fuerza mientras levantaba mis
caderas y lo arrastraba dentro de mí con necesidad. Gimió
con fuerza en mi boca cuando entró en mí, deslizándose
fácilmente a través de mi humedad.
—Estás tan apretada —susurró, mordisqueándome la
oreja—. Te sientes increíble.
Mientras se inclinaba, me agarró las manos y las puso
sobre mi cabeza. Sosteniéndolas con un brazo, levantó mi
pierna alrededor de su cintura. Empezó a empujarme con un
movimiento constante, su eje se movía a través de mi coño
mojado y apretado. Era tan grueso y tan grande que pensé
que me dolería, pero cuando separé mis caderas para
llevarlo más adentro, lo que sentí fue un increíble placer. Me
soltó las manos y me agarró las caderas, empujando hacia
delante cada vez más fuerte. Levanté la mano y me agarré
del sofá, cerrando los ojos y escuchando cómo nuestra piel
se unía. Se lamió los labios y gimió mientras mis jugos le
cubrían la polla.
Mientras aceleraba el ritmo, comenzó a mover sus
caderas hacia adelante mientras empujaba, frotando contra
mi clítoris. Sentí que el orgasmo se acumulaba en mi vientre
mientras empezaba a entrar en erupción. Grité, agarrando
el sofá y arqueando la espalda mientras sentía las olas de
placer explotaban a través de mí. Mientras temblaba y me
estremecía debajo de él, podía sentir que me contraía
contra su eje, lo que solo lo hacía más necesitado. Abrí los
ojos y vi cómo empujaba con fuerza una, dos y luego una
tercera vez, poniendo los ojos en blanco. Continuó
empujando suavemente mientras las olas de éxtasis
rodaban sobre él, mordiéndose el labio y apretando mis
muslos en sus fuertes manos. Mientras sus músculos se
relajaban, me miró y sonrió, sacudiendo su cabeza e
inclinándose hacia mi cuello.
—Eso ha sido increíble —dijo sin aliento—. Feliz maldita
Navidad.
Incliné la cabeza hacia atrás y me reí en voz alta
mientras él se retiraba y alcanzaba mis manos. Cuando me
incorporé, me dio un largo y apasionado beso en los labios.
No podía imaginar una mejor primera vez. Sabiendo que mi
madre llegaría pronto a casa, nos vestimos y nos
levantamos. Quería que se quedara pero sabía que
parecería sospechoso. Lo acompañé a la entrada y le di su
gorro mientras se ponía el chaquetón. Abrió la puerta pero
se volvió y me besó por última vez, con pasión, antes de
lanzarme esa sonrisa asesina y salir del apartamento. Puede
que unas horas antes fuera un extraño, pero no me
arrepentí por lo que pasó entre nosotros.
Aunque, en ese instante, no sabía que no volvería a ver
a Dex durante mucho tiempo.
 

 
Capítulo 3

 
 
Dex
Los últimos cinco años habían sido toda una aventura. El
negocio necesitaba un impulso y había que plantar cara a la
competencia para que Canton Enterprise siguiera
avanzando. Pasé esos años viajando por Asia, haciendo
tratos con los hombres más importantes y ricos que pude
encontrar. Desde China, Japón y Corea, hasta Vietnam,
Tailandia e Indonesia, el mundo vería ahora los Canton
Resorts, las Canton Towers y Canton Enterprise en la
vanguardia del lujo. Aprendí mucho fuera, pero me apetecía
volver. Aunque todavía tenía algunos negocios por finiquitar,
debía regresar a casa para la boda de mi hermana. Era la
única familia que me quedaba y no podía perderme un
evento tan transcendental en su vida.
Me puse ante el altar, al lado de Brandon, el futuro
esposo de Natalie. Me alegraba que hubiera conocido a un
hombre tan increíble con el que pasar su vida. Se
conocieron en un karaoke, en Hell’s Kitchen, y Brandon se
enamoró de ella al instante. Cuando volaron a Pekín para
visitarme, supe que lo suyo era para siempre.
Cuando la música empezó a sonar, miré hacia la puerta
de la iglesia, al otro lado del pasillo. Mi felicidad iba más allá
de que aquel fuera un día especial para mi hermana. Estar
en aquella pequeña capilla, al norte del estado de Nueva
York, significaba también que volvería a ver a Casey. No
podía quitármela de la cabeza, ni siquiera cinco años
después, y esperaba que ella sintiera lo mismo.
Las flores amarillas colocadas en los bancos de la
iglesia se acentuaban con las otoñales hojas que llegaban
hasta la puerta. De pronto, las damas de honor aparecieron
por el pasillo y vi a Casey. Llevaba un maxi vestido sin
mangas, con un corpiño ajustado que destacaba sus
voluptuosas e increíbles pechos. Su vestido era del color de
las flores y se había recogido su hermoso cabello
elegantemente, de tal forma que largos rizos enmarcaban
su rostro. Estaba aún más guapa de lo que recordaba y
aquella noche que pasamos juntos volvió a mi mente. Me
quedé atónito porque estaba preciosa. La observé mientras
subía los escalones del altar y miraba rápidamente en mi
dirección. Sus mejillas se sonrojaron como la primera vez
que nos vimos.
Mientras subía y se colocaba con las otras chicas,
sonrió, mirando hacia el altar pero sintiendo mi mirada en
su piel. La música terminó y respiró hondo. Me miró,
levantando las cejas con una sonrisa juguetona. Negué un
poco con la cabeza y me reí para mí mismo, dándome
cuenta de que ella sabía exactamente cómo me sentía.
Cuando volví a mirarla, había enderezado el rostro y
aguardaba a que Natalie hiciera su gran entrada. Por mucho
que quisiera contemplar a mi hermana, no podía apartar los
ojos de Casey. No me había imaginado que, después de
cinco años, me sentiría tan atraído por ella. Sabía que
deseaba verla.
Estaba emocionado porque iba a encontrármela en la
boda, pero no esperaba sentirme así. Tuve el impulso
repentino de agarrarla y besarla nada más verla. Sin
embargo, me sujeté las manos y miré a Brandon, quien lucía
nervioso mientras miraba hacia la puerta esperando la
aparición de Natalie.
Cuando la marcha nupcial empezó a sonar, todos los
invitados se pusieron en pie y miraron hacia atrás.
Entonces, vi cómo mi hermana atravesaba la puerta, del
brazo de nuestro tío, con la sonrisa más grande que jamás
le había visto. Luego, no presté atención al resto de la
ceremonia. No aparté la vista de Casey ni siquiera durante
el intercambio de votos de Natalie y Brandon. Cada vez que
sus ojos verdes se encontraban con los míos, notaba
revolotear las mariposas en mi estómago. Cuando la
ceremonia terminó, acompañé a una de las damas de honor
y le guiñé un ojo a Casey mientras miraba hacia atrás.
Inmediatamente, sus mejillas se enrojecieron y me fijé en su
mano, en la que no llevaba alianza.
Después de salir de la iglesia, nos reunimos todos para
las fotos. Observé, algo apartado, cómo las damas de honor
se sacaban algunas juntas. Mi hermana se acercó a mí y me
dio un codazo en el costado. La rodeé con el brazo,
maravillándome de lo absolutamente preciosa que estaba.
—Felicidades, hermanita —dije sonriendo.
—Gracias, me alegro de que hayas podido venir. —Se
rio.
El fotógrafo llamó a Natalie. Tan pronto como Casey se
liberó del grupo, fui hacia ella. No quería perder tiempo.
Cuando me acerqué, me miró y sonrió, entregando sus
flores a otra chica y encontrándome a mitad de camino.
Inmediatamente nos abrazamos con fuerza y no podía creer
lo bien que se sentía tenerla entre mis brazos.
—Me alegro de verte —me susurró al oído—. Ha pasado
mucho tiempo.
—Estás guapísima —le dije, retirándome para mirarla.
—Bueno, ya sabes, tuve que bajar el listón para no
eclipsar a la novia.
Ambos nos reímos y miramos a Natalie y Brandon,
abrazándose y besándose para el fotógrafo. Vi cómo las
mejillas de Casey tornaban de un rojo brillante a un rosa
tenue. Contempló a mi hermana y a su ahora marido
cuando el sol comenzó a ponerse detrás de la iglesia.
Cuando terminaron sus fotos, Casey me sonrió antes de irse
con las otras damas de honor para tomar la limusina que las
llevaría a la recepción. Sus redondeadas caderas y su
increíble trasero se balancearon de un lado a otro bajo su
ajustado vestido al caminar hacia el coche. Cuando se
agachó para entrar en él tragué saliva. Me acerqué y agarré
a mi hermana antes de que pudiera desaparecer.
—Oye —dije, mirando a la limusina—, ¿Casey está
saliendo con alguien?
—No —me respondió con una sonrisa pícara, que
ignoré por completo—. ¿Nos vemos en la recepción?
—Allí estaré —le dije, aplaudiendo y caminando hacia la
limusina de los padrinos.
¿Por qué no seguir donde lo dejamos aquella vez? No
buscaba nada serio y, como no podía quitármela de la
cabeza, no me importaría repetir aquella velada de
Nochebuena. Cuando llegamos a la recepción, me senté en
mi mesa y vi a Casey reírse y comer con las otras chicas.
Estaba impresionante. Cuando la vi levantarse para ir por
una copa a la barra, supe que era un buen momento para
charlar con ella. Avancé entre la multitud y me apoyé junto
a ella.
—Hola —dije, sonriendo.
—Hola. —Se rio—. Sigues tan encantador como
siempre.
—Lo intento. —Me reí entre dientes.
Me sonrió mientras tomaba su bebida. Pasé mi mano
por su brazo e inmediatamente sentí una chispa, la misma
que sentí hacía cinco años. Respiró hondo y dio un paso
atrás, forzando una sonrisa en sus labios. No pude descubrir
por qué era, pero parecía un poco distante. Seguía siendo
sexy como el infierno, dulce, adorable como siempre. Se rio
de mis estúpidos chistes pero también se alejó un poco de
nuestra conversación. Sonreí y abrí la boca para invitarla a
sentarse conmigo, pero me cortó el que se anunciara el
primer baile de los novios. Casey se encogió de hombros y
sonrió, se dio la vuelta y volvió a su propia mesa.
Volví a mi asiento, ligeramente perplejo por lo que
acababa de pasar. ¿Habían cambiado las cosas mientras
estaba fuera? ¿Ya no sentía nada por mí? Cinco años era
mucho tiempo, sí, pero como no había dejado de pensar en
ella, creí que a Casey le habría pasado lo mismo. Se veía tan
sexi con ese vestido y su sonrisa era más radiante que
nunca. Todo lo que quería era desnudarla y tener otra noche
de pasión.
Durante una hora, vi cómo se desarrollaba el primer
baile de los recién casados, el corte de la tarta nupcial y
hasta el emotivo baile con nuestro tío. Cuando todo se hubo
tranquilizado y los invitados andaban ya desperdigados por
el salón de fiesta, levanté la vista y vi a Casey sola en su
mesa, contemplando a las parejas bailar en la pista. Sabía
que era el momento perfecto para acercarme a ella. La idea
de tenerla en mis brazos era demasiado tentadora para
dejarla escapar. Así que me acerqué por detrás a ella,
dándole un golpecito en el hombro.
—Disculpe, señorita —dije con una reverencia
juguetona—. ¿Me concede este baile?
Me miró y sonrió tímidamente, asintiendo con la cabeza
y extendiendo la mano. Enlacé su brazo con el mío mientras
caminábamos por la pista de baile. La giré y la tomé en mis
brazos. Casey se rio mientras se estrellaba contra mí,
levantando la cabeza y cogiendo mi mano. Le rodeé la
cintura y la acerqué, sintiendo sus pechos contra el mío. Me
miró con sus grandes ojos verdes y mi corazón se saltó un
latido. Era como aquella noche en la que nos conocimos,
cuando el deseo y la necesidad fueron tan grandes que
apenas podíamos respirar. Mientras bailábamos, nuestros
ojos no se desprendieron y, durante un instante, sentí como
si fuéramos los únicos presentes en aquel salón. Sabía que
tenía que volver a tenerla. Necesitaba sentir su piel contra
la mía, probarla y que su boca envolviera mi polla.
Necesitaba crear el ambiente, la acerqué aún más sin
importarme que notara mi semi erección contra su cuerpo.
Cuando se dio cuenta del estado de mi entrepierna, sus ojos
se abrieron y se mordió el labio. Una expresión de conflicto
cruzó su cara. Me incliné y la cogí por la cintura, haciendo
que sus pies se elevasen y dejaran de tocar el suelo
mientras nos balanceábamos con la música que la orquesta
tocaba. Su respiración era pesada contra mi cuello y enterré
mi cara en su pelo, respirando su dulce aroma. Quería otra
noche de pasión y lujuria. No, necesitaba otra noche de
pasión y lujuria y no con cualquiera, con Casey. Puede que
hubiera algo que no entendiera de ella, pero en ese
momento, no me importaba. Todo lo que me importaba era
hacerla sentir deseada y sexi.
Mientras nos movíamos al ritmo de la música, su
respiración era profunda y la dejaba salir con fuerza. Temía
que no se sintiera igual que yo, pero la forma en que se
aferró a mi cuerpo, frotando sus labios contra mi cuello, me
confirmó que se trataba de otra cosa. No estaba seguro de
cuál era el problema y esperaba no haber hecho algo que
estropeara la posibilidad de estar de nuevo juntos, aunque
no sabía cómo podría haberlo hecho. De cualquier manera,
iba a disfrutar teniéndola en mis brazos hasta que la
canción terminara y luego, con suerte, la tomaría en mi
cama esa misma noche.
 

 
Capítulo 4

 
 
Casey
La jornada de hoy ha sido un cúmulo de emociones.
Siempre lloro en las bodas pero viendo a mi mejor amiga
casarse con el amor de su vida, un bombero increíble y
extremadamente guapo, estoy más sensible aún. Vi
consolidar su relación con el paso de los años y supe, desde
su primera cita, que no había vuelta atrás para Natalie. La
forma en que Brandon la protegía, la respetaba y la amaba
era algo que raramente se encuentra hoy en día. Verlos
juntos era perfecto y me dio la esperanza de que, un día, yo
sería igual de feliz.
Además, el hombre por el que pasé cinco largos años
suspirando, ha vuelto. Sabía que acudiría a la boda. Es el
único hermano de Natalie, así que hubiera sido extraño que
no viniera. Sin embargo, mi memoria no le hizo justicia y
cuando me mostró esa maldita sonrisa desde el otro lado de
la iglesia, casi me desmayo allí mismo, en el pasillo. Me dije
una y otra vez que necesitaba relajarme.
Habían pasado cinco años desde que nos vimos, no
había forma de que se interesara por mí ahora. Pero, por si
acaso lo estaba, me di instrucciones estrictas de mantener
la distancia. Mi vida era muy diferente y no podía darle la
bienvenida con los brazos abiertos. Entonces, me miró con
esos profundos ojos azules y me quedé atrapada, sin poder
moverme, ni respirar siquiera. Estoy de nuevo donde
estaba, completamente vulnerable a sus encantos.
Yo era fuerte. Aprendí mucho en los últimos cinco años
pero fue como si todo desapareciera ante una sola mirada
de Dex. No sabía si enfadarme conmigo misma o aceptar
que era humana y que esto iba a pasar. De cualquier
manera, sabía que tenía que mantener mi ingenio y no
ceder como la última vez. No obstante, era más fácil decirlo
que hacerlo cuando estaba colgada de su cuello, con el
rostro apoyado en su hombro y sus brazos me rodeaban con
fuerza. Seguí suspirando para no llorar, todo resultaba muy
abrumador. Su olor era tan familiar, como si estuviéramos
de nuevo en aquel sofá bajo las pálidas y parpadeantes
luces navideñas, bebiendo licor de avellana y lanzando la
precaución al viento. La sensación de su piel en la mía
estaba todavía fresca en mi mente y solo con estar cerca de
él, con su evidente erección, era tan tentador que apenas
podía soportarlo. Sin embargo, sabiendo a dónde nos llevó
nuestro primer encuentro, sabía que tenía la fuerza de
voluntad para resistir.
Mientras la canción terminaba, Dex se aferró a mí,
apretándome con fuerza y respirando en mi cuello. Inspiré
hondo mientras me apoyaba los pies suavemente en el
suelo. Me perdí en sus grandes ojos azules. Él se dio cuenta
de que algo iba mal, pero no dije una palabra. Sonreí y me
di la vuelta para irme. No podía respirar, ni hablar, solo
necesitaba un poco de espacio, y rápido. Me vio ir hacia el
baño, sosteniendo mi mano contra el pecho. No sabía cómo
explicarle nada de esto. Doblé la esquina y entré
directamente al baño, deteniéndome al toparme con Natalie
luchando con su vestido. Ella me miró y sonrió, para luego
prorrumpir una carcajada. Solo aquel sonido ya me hizo
sentir mejor.
—¿Qué demonios estás haciendo? —pregunté, mirando
su vestido mal colocado.
—Tenía que orinar y no había nadie para ayudarme, así
que me quité el vestido un minuto. Ahora no puedo cerrar la
cremallera. —Se rio, apoyándose en la pared y sudando
ligeramente.
—Oh, Dios mío. —Me eché a reír—. Eres un desastre.
Me acerqué y la giré, enderezando la tela mientras
abrochaba bien los botones. La miré en el espejo mientras
le subía la cremallera. Estaba tan feliz y no quería
arruinarlo, pero necesitaba hablar con alguien.
—Tu hermano y yo hemos estado bailando —murmuré.
—Lo sé, os vi —dijo ella, sonriendo.
—Es confuso —respondí—. Se fue hace mucho tiempo
aunque parece como si nunca lo hubiera hecho.
—¿Estás bien?
—¿Yo? Sí —afirmé, pero era mentira—. Claro. ¿Por qué
no iba a estarlo?
—¿Vas a contarle lo de Seth? —La miré mientras
aquellas palabras salían de su boca, demasiado sorprendida
como para ocultarlo.
Había inventado una historia sobre quién era el padre
de Seth y cómo me quedé embarazada. Supongo que
debería haberme dado cuenta de que no podría engañar a
Natalie, ella me conocía demasiado bien.
—Yo, cómo... no —finalmente tartamudeé—. Es decir,
¿cómo empezar esa conversación? Y, Dios, ¿qué pasaría si
Seth fuera el único que saliera herido? No digo que tu
hermano sea mala persona pero eso pertenece al pasado y
no puedo arriesgarme a que se lo diga a Seth, se acerque al
niño y, luego, se vaya otra vez. Tal vez cuando Seth sea
mayor…
Me apoyé en el lavabo e inspiré hondo. ¿Cómo se
complicó todo tan rápido? Vine a celebrar la boda de mi
mejor amiga y terminé teniendo que enfrentarme a lo que
más temía. Sabía que estaba mal mentirle a Dex, pero solo
habíamos hecho el amor una vez. Fue mi primera vez y
luego… ahí estaba yo con esta adorable personita a la que
amaba más que a mi propia vida. Era perfecto en todos los
sentidos y me aterrorizaba que Dex le hiciera daño.
—No digo que mi hermano sea un santo —comentó
Natalie, tomándome de la mano—. Sin embargo, merece
saberlo. Nunca le diré una palabra, pero creo que deberías
hacerlo tú, en algún momento. Al menos, prométeme que lo
pensarás.
Asentí y cerré los ojos mientras Natalie se inclinaba y
me besaba en la mejilla. Se alisó el pelo y se limpió el sudor
de la frente antes de salir del baño. Me quedé mirando mis
manos, pensando en mi hombrecito, que se había quedado
en casa con mi madre. Él fue lo mejor que me había pasado
en la vida y por nada del mundo quería herirlo. ¿Y si Dex
trataba de quitármelo? No podía dejar que eso ocurriera.
Sabía que era un multimillonario hombre de negocios que
viajaba por todo el mundo, vivía libremente y nunca se
había establecido. No tenía ninguna duda de que él querría
saberlo, pero ni por un segundo lo imaginaba compartiendo
su día a día con nosotros.
Seth vivía en un mundo diferente al de su padre. El de
Seth era un mundo de horas de ir a dormir, dibujos
animados, sus dibujos de edificios, y todo el amor que
podíamos ofrecerle mi madre y yo. En cambio, Dex vivía en
un mundo de áticos, coches caros, limusinas y la mejor ropa
que el dinero podía comprar. Sería muy confuso para Seth
verse obligado a formar parte de eso, posiblemente sin las
dos únicas personas que sabía que lo amaban y cuidaban.
Dudaba qué hacer, pero sabía que no podía volver a salir y
enfrentarme a Dex de nuevo, era demasiado peligroso para
mí. Una mirada de esos seductores ojos y me tendría justo
donde quería. Sería como arcilla en sus capaces manos.
Miré el reloj y me di cuenta de que se acercaba la hora
en la que Natalie y Brandon se dirigirían a su hotel para
pasar la noche. Si me iba entonces, mi amiga ni siquiera se
enteraría, especialmente con la ridícula pompa del
momento. No podía volver a salir, ni siquiera para
despedirme. Agarré mi bolso y me di la vuelta, mirando mi
reflejo en el espejo. Estaba guapa, como una chica rica con
su vestido caro y su maquillaje perfecto. El único problema
era que yo no era esa chica y nunca lo sería. Crecí siendo la
hija de un policía fallecido, nacida y criada en Brooklyn, y
ahora madre soltera. Eso no me importaba porque podía
darle a Seth todo el amor que se merecía.
Reviví aquella Nochebuena todos los días desde
entonces, viendo cómo crecía y se convertía en un niño
adorable, pero para Dex, no significaba más que reavivar
una vieja llama. Si lo escondía y me entregaba a sus ojos
azules, su cuerpo sexi y su increíble encanto, al final me
dejaría sola y destrozada, igual que cuando se fue la última
vez. No podía seguir haciéndome eso, era demasiado.
Respiré hondo y me miré en el espejo, reuniendo la
fuerza necesaria. Salí lentamente del baño, mirando a la
esquina para asegurarme de que no había moros en la
costa. Dex estaba sentado solo en su mesa, mirándome, su
preciosa sonrisa se borró de su cara. Se preguntaba por qué
me iba y a dónde, que era algo que tenía que dejar pasar.
Giré en la otra dirección y me colé entre las sombras del
patio, hacia el apartamento. Tomaría un coche de regreso al
hotel para pasar la noche y luego saldría hacia la ciudad
antes de que alguien se diera cuenta de que me había ido.
Echaba de menos a Seth y quería disfrutar de la comodidad
de estar en mi casa y con mi familia.
Me quedé a un lado del coche viendo cómo Natalie y
Brandon entraban por la puerta principal, tomados de la
mano y seguidos por toda la recepción. Se rieron y
saludaron mientras esquivaban la pared de burbujas que
soplaban en su dirección. Sonreí, sabiendo que mi mejor
amiga había encontrado algo único. Mientras se alejaban,
las brillantes luces de los fuegos artificiales llenaron aquel
camino de entrada. Era realmente precioso y pude ver a
Dex observarlos, con las manos en los bolsillos, su pajarita
desatada en torno a su cuello y los fuegos artificiales
proyectando sombras sobre su rostro. Me preguntaba si así
sería Seth cuando creciera, fuerte y seguro con una mirada
perdida en el rabillo del ojo.
Respiré hondo y me metí en el coche, pidiendo al
conductor que esperara hasta que todos entraran. Vi cómo
Dex miraba a la multitud, se rascaba la cabeza y golpeaba
el suelo. No era muy elegante salir corriendo sin decir una
palabra, pero sabía que si me acercaba a él, caería
directamente en sus brazos. Lo último que necesitaba era
que me rompieran el corazón otra vez. Me dije a mí misma
que era la decisión correcta. Asentí con la cabeza al
conductor, que puso el coche en marcha.
Estaba tomando la decisión correcta, lo sabía, pero era
muy difícil convencerme de ello.
 

 
Capítulo 5

 
 
Dex
Mi cabeza palpitaba por culpa del champán. Normalmente,
me mantenía alejado de esas bebidas y tomaba whisky con
coca. Pero, estaba en una boda y una vez que empecé a
beber, seguí adelante, sobre todo después de que Casey
desapareciera. Decir que me sentía decepcionado sería
quedarse corto.
Estaba tan hermosa, más que el día que la conocí, y
esperaba reavivar la llama que había entre nosotros. En mi
estado de embriaguez, traté de averiguar su número de
habitación. Estábamos en el mismo hotel, así que pensé que
sería fácil, pero las habitaciones habían sido reservadas sin
nombre. Natalie simplemente había repartido las llaves
entre todos los invitados. Lo último que quería era golpear
todas las puertas del hotel en plena noche solo para
encontrar a Casey. Así que, decepcionado, subí al ático y me
dejé caer boca abajo en la cama. No fue hasta que el
servicio de habitaciones llamó a la puerta que me di cuenta
de que me había quedado dormido con el esmoquin y los
zapatos puestos.
Me alegré de que mi hermana lo arreglara todo, de lo
contrario el desayuno no se me habría pasado por la
cabeza. Yo era de tomarme el café solo mientras atendía
llamadas de negocios, pero como Natalie lo sabía, me envió
algo sólido también. Después de la ducha, tomé nota de las
cosas que el hotel necesitaba arreglar en el ático, lo cual
hacía en todos los sitios en los que me hospedaba.
Bajé las escaleras y me aseguré de que el traslado de
mi hermana al aeropuerto estaba listo. Iban a pasar unas
vacaciones increíbles que Brandon había planeado. Traté de
convencerlo de que me dejara pagarlas, pero se negó,
diciendo que había ahorrado para eso. Me gustaba cómo
hacía las cosas, tenía los pies en la tierra, pero al mismo
tiempo, entendía a mi hermana.
Mientras me apoyaba en el ascensor, tratando de
controlar el mareo, Casey volvió a mi mente. Todavía podía
sentir su cuerpo presionado contra el mío mientras
bailábamos, el olor de su perfume había sido absolutamente
embriagador.
Borré ese recuerdo de mi mente cuando llegué a la
planta de la suite nupcial. Llamé a la puerta y sonreí cuando
oí a mi hermana hablar y reírse a carcajadas. Brandon abrió
la puerta y sonrió, limpiándose los restos del almuerzo que
estaban disfrutando. Se inclinó y me abrazó cálidamente
antes de hacerse a un lado e invitarme a entrar. Dentro, me
encontré a mi hermana vestida y lista para irse, con la
emoción grabada en cada línea de su rostro.
—Buenos días, hermanito —exclamó, poniéndose de
pie para besarme en la mejilla.
—Buenos días —murmuré—. Vine a deciros que vuestro
jet privado os espera en la pista y el coche está abajo. Están
programados y listos para llevarte al Pacífico Sur.
—Excelente —respondió Brandon, dándome una
palmada en el hombro.
—¿Quieres almorzar? —preguntó mi hermana,
señalando unas mimosas y tortitas. Mi estómago se
derrumbó con solo mirar las burbujas de aquella bebida.
—No, gracias. Me han subido el desayuno hace un rato.
—Sonreí, tomando asiento frente a ella mientras Brandon
llevaba las maletas a la puerta.
—Y, ¿cómo fueron las cosas entre tú y Casey anoche?
—Trató de parecer indiferente pero no consiguió engañarme.
—Pensé que bien —dije, pasando mis manos por mi
pelo—. Estábamos hablando, riendo, bailando, como si no
hubiera pasado el tiempo. Y, de repente, se marchó. No sé
lo que hice, pero me quedé sin palabras.
Natalie se sentó en silencio, terminando su almuerzo y
poniendo sus cubiertos en el plato. Se limpió la boca con la
servilleta de tela, con el anagrama de Canton Resorts, y
miró por la ventana. Me di cuenta de que estaba meditando
sus próximas palabras, queriendo decir lo correcto. Siempre
odié ese silencio, ya que normalmente soltaba alguna perla
de sabiduría que no quería oír. Se volvió hacia mí y sonrió
pensativa, extendiendo la mano para tomar la mía.
—Dex, sé que te gusta Casey y que os enrollasteis
antes de que te fueras a Asia, pero ella es mi mejor amiga
—dijo con recato y elegancia—. Te quiero, pero no eres de
los que se establecen. Te encargas de mantener en pie la
empresa familiar y has hecho un trabajo increíble, aunque si
solo estás buscando una aventura, Casey no es la indicada.
Ella es dulce e inteligente, y merece mucho más. No me
gustaría que la tratases como una más de tus amantes, es
demasiado buena para eso.
Me dio una palmadita en la pierna y tomó un sorbo de
su mimosa, dándome tiempo para procesar sus palabras. En
el fondo, sabía que esto no sería tan simple como volver y
retomarlo con ella donde lo dejamos, al menos no con una
chica como Casey. Tenía una vida, una carrera y
probablemente algún romance en vista que no podía
esperar que dejara por otro polvo de una noche.
Lo cierto es que pasé los últimos cinco años
completamente dedicado a mi trabajo, sin pensar en
ninguna aventura. Sin embargo, lo último que quería era
admitirlo ante mi hermana y darle una impresión
equivocada. La advertencia de Natalie no me pasó por alto.
Me la tomé en serio, sabiendo que velaba por el interés de
Casey y por el mío.
—Lo sé. —Suspiré, inclinándome hacia atrás—. Cuando
ella se fue sin decir nada, recibí el mensaje alto y claro. No
quiero causarle un estrés excesivo, Natalie. Puede que no
sea de los que se comprometen, pero no soy un completo
imbécil.
—Oh, Dios, Dex, eso no es lo que quise decir —
exclamó, negando con la cabeza—. Sé que eres una buena
persona.
—No tengo intención de perseguir a Casey —dije,
queriendo terminar la conversación—. Me quedaré un par
de semanas en la ciudad y, luego, me iré de nuevo.
Tampoco quiero complicaciones.
—Bien —respondió Natalie, inclinándose y besándome
en la mejilla—. Me alegro de que hayamos resuelto eso.
Mi hermana era muy astuta a veces, era como si
supiera exactamente lo que quería oír y cuando lo decía,
levantaba la carga y seguía adelante. Vi cómo Brandon se
acercaba, se inclinaba y la besaba en la mejilla. Mi hermana
se ruborizó y cerró los ojos con una sonrisa de felicidad.
Eran la pareja perfecta y aquello resultaba casi
nauseabundo.
Dentro de tres semanas, yo iba a estar en un avión a
Sudamérica para terminar algunas adquisiciones para la
compañía. A partir de ahí, no estaba seguro de adónde iría.
Mi hermana iba a pasar las vacaciones con Brandon y su
familia, por lo que yo sabía, así que no había razón para que
me sentara en un solitario ático, mirando con envidia a las
familias que caminaban por el parque. Ya me harté de eso el
año pasado, aunque el final fue mucho mejor de lo que
imaginé que sería.
—¿Lista para irnos? —Mi hermana miró a Brandon y le
sonrió.
Cuando abrimos la puerta, los empleados estaban allí
esperando para bajar las maletas. Les di una generosa
propina y tomé el ascensor hasta la planta baja con mi
hermana y mi cuñado. Sin ellos allí, y sin ningún tipo de
relación, a corto o largo plazo, me sentía un poco perdido en
la ciudad. Aunque podría aprovechar para adelantar algo de
trabajo durante las próximas tres semanas. Y eso me
ayudaría a ignorar las decoraciones navideñas que ya se
estaba colocando por todas partes. Llegamos al vestíbulo,
sonriendo a algunos de los invitados congregados allí. Los
empleados cargaron el equipaje mientras yo abrazaba a mi
hermana.
—Cuídate —dije mientras la apretaba fuerte—. No
bebas agua y no te acerques a los ríos.
—Sí, mamá —me contestó, riendo. Me besó en la
mejilla y se metió en el coche.
Brandon se volvió hacia mí y me dio la mano,
agradeciéndome todo lo que hice para que su día fuera
perfecto. Desde la acera, observé cómo se alejaban por la
calle. Miré a mi alrededor y los árboles que bordeaban el
complejo ya habían cambiado de color, por lo que concluí
que construir aquel hotel en el norte del estado había sido
una buena idea, aunque estaba preparado para volver a la
ciudad. Al ser un domingo por la tarde, supuse que el tráfico
no sería tan terrible y me daría tiempo a trabajar un poco al
llegar.
Volví a subir y recogí mis cosas, colgando el esmoquin
en la puerta para que lo devolvieran. Tenía varios, pero al
estar tanto tiempo fuera del país, resultaba más fácil
alquilar uno para la ocasión. Bajé con mi pequeña bolsa de
viaje y me subí a la limusina, que me esperaba delante del
hotel. El conductor no era el de siempre, pero nada era
realmente igual después de pasar cinco años fuera.
Mientras íbamos de camino a la ciudad, contemplé las
granjas por las que pasábamos, los cultivos marchitos y los
árboles de vibrantes colores anaranjados y rojizos. De
pronto, Casey se coló en mi mente.
Lo que le comenté a mi hermana, aunque de manera
frívola, era verdad. Me iba a marchar y no estaba seguro de
por cuánto tiempo esta vez. No había forma de que le
dedicase tiempo a Casey. Aquella noche de hacía cinco años
fue tan increíble que se mantuvo viva en mi mente desde
entonces, pero solo se trataba de eso, de un recuerdo. Uno
que tuvo repercusiones.
Sabía que a Casey le encantaría sentar cabeza como
Natalie y Brandon, pero yo no estaba listo para hacerlo. Ella
necesitaba un hombre que estuviera con ella
completamente. Y yo me encontraba en la ciudad de paso,
por mucho que adorara su cuerpo y me perdiera en sus
humeantes ojos verdes. No fue buena idea tratar de repetir
lo de aquella noche. Necesitaba recordarlo y seguir adelante
con mi vida. Eso era lo mejor para los dos, sin importar lo
que mi polla tratara de decirme. Mientras me repetía esas
palabras una y otra vez, sentí un golpe en el pecho, y era
algo que no había sentido desde hacía mucho tiempo.
Respiré hondo y me puse el maletín en el regazo,
ignorándolo y tratando de centrar mi mente en otra cosa,
cualquier cosa que no tuviera que ver con Casey.
A medida que nos acercábamos más y más a casa,
empecé a volcarme en mi trabajo con mi habitual
determinación. Le prometí a mi hermana que dejaría a
Casey en paz y debía mantener mi palabra. Aún así, al
pasar por Brooklyn, miré hacia aquellas filas de casas y me
pregunté qué estaría haciendo esa hermosa chica en ese
preciso momento.
 

 
Capítulo 6

 
 
Casey
Me alegré de volver a casa, a mi rutina normal, y recordar
por qué me fui de la boda sin decir una palabra. Oí a Seth
recogiendo sus lápices y ceras de colores después de
terminar de dibujar su último edificio. Estaba obsesionado
con dibujar edificios, ya fueran rascacielos gigantes o
casitas en el campo. Era mi pequeño arquitecto. Cuando le
oí saltar y empezar a correr por la cocina, me reí para mis
adentros, recordando que solo tenía cuatro años.
Su pelo castaño claro y sus ojos color avellana le
hacían parecer mi gemelo, lo cual era una suerte ya que no
quería que nadie supiera quién era su padre. Sin embargo,
cuando se acurrucó en mi regazo, tímido, y me miró con
aquella gran sonrisa, pude apreciar rasgos de Dex en él. Me
rompía el corazón, pero sabía que la elección había sido mía
y, por lo tanto, las consecuencias también.
La risa de mi madre a mi espalda me sacó de mis
pensamientos mientras cogía a Seth y lo sentaba en la silla,
haciéndole cosquillas. Era la hora de la cena y mi hora
favorita del día ya que podía sentarme con mi familia y
charlar.
Mañana habría pasado ya una semana desde que
escapé de las cálidas y reconfortantes garras de Dex en la
boda, pero aún así no lograba quitármelo de la cabeza.
Trabajé toda la semana, tratando de hacer algo de dinero
extra. Mi madre quería que siguiera con mi vida y yo sabía
que le encantaba cuidar de Seth. Fue como si le hubiera
dado algo que hacer que la sacara del silencio que
atormentaba nuestra casa desde que mi padre murió.
Estaba más animada que nunca y pude ver en ella a la
joven que recordaba de cuando era pequeña.
Saqué las patatas del fuego y las coloqué en un
cuenco, cogí una cuchara y me uní a mi madre y a mi hijo
en la mesa. Aunque me encantaba dar de comer al niño,
dejé que mi madre tuviera ese honor. Siempre le sacaba
una sonrisa. Seth era un chiquillo afortunado, tenía dos
personas que lo amaban más que a nada en el mundo. Me
senté a la mesa y empecé a pasarle la cena a mi madre. Tan
pronto como me la devolvió y me dispuse a servirme, un
golpe resonó en la puerta principal. Miré a mi madre, y ella
a mí. Ya había empezado a dar de comer a Seth, así que
suspiré, me levanté y fui a abrir. Probablemente se tratara
de algún vendedor. Agarré el pomo de la puerta y abrí,
mirando al suelo.
—Lo siento —empecé a decir, reparando en que el
recién llegado calzaba un par de caros zapatos—. No
queremos...
Mientras alzaba la vista por unos pantalones muy caros
y sobre el pecho de un hombre fuerte y en forma, mis ojos
se posaron en la hermosa sonrisa de Dex. Abrí la boca un
momento y me quedé allí, mirándolo fijamente en la puerta.
Sostenía en sus manos un hermoso ramo de flores otoñales
y parecía un poco torpe de pie, en aquel pasillo sucio,
acicalado para la gran ciudad. Levantó las cejas y cambió de
postura.
—Eh, ¿puedo entrar?
Me eché a un lado, cerré la puerta y me puse de nuevo
delante de él. Mi corazón se aceleró porque no sabía nada
de Seth, ni siquiera que existía. La risa de Seth flotaba en el
aire y vi cómo la expresión de Dex se tornó confusa.
—Nos disponíamos a cenar —dije tímidamente,
contemplando el suelo.
Miró la estancia y me di cuenta de que no había vuelto
desde la noche en que tuvimos un sexo increíble en el
mismo sofá que seguía en la sala de estar. El olor de su
colonia resultó embriagador cuando se desabrochó la
chaqueta del traje y metió la mano en el bolsillo. Sabía que
estaba esperando que lo invitara a cenar, pero no sabía qué
hacer.
Si entraba en la cocina, iba a encontrarse con Seth y
eso me aterrorizaba. Me moví incómoda, tratando de
entretenerme para inventar una buena excusa, aunque
comprendí que no se iría hasta que no entrara en la cocina.
Inspiré hondo y me encontré con su mirada, sintiendo mi
corazón revolotear bajo la presión de sus profundos ojos
azules. Dios, ¿por qué tenía que ser tan sexy?
—¿Te gustaría pasar a la cocina? —Tan pronto como
esas palabras salieron de mi boca, me invadió el miedo. Por
un lado, era una oportunidad, pero por otro lado, ni siquiera
le había mencionado a mi hijo. Sabía que esto sería difícil.
Él sonrió y me extendió la mano, quitándome un
mechón de pelo de la cara.
—Te traje esto —me dijo, entregándome las flores.
—Gracias. Son preciosas —respondí con una sonrisa—.
Bueno, déjame ponerlas en agua.
Volví hacia la cocina y contuve la respiración mientras
íbamos hacia donde mi madre y mi hijo nos esperaban. Al
doblar la esquina, miré a mi madre, que se congeló. Sin
embargo, se recuperó enseguida, se aclaró la garganta y
sonrió a Dex.
Cogí un jarrón y me di la vuelta para ver la expresión
de Dex cuando se topó con Seth sentado a la mesa.
Observé cómo intentaba ocultar su sorpresa al ver a mi
madre dando de comer a un niño de cuatro años. Tardó un
segundo pero usó su encanto natural para convertir esa
cara de sorpresa en una bonita sonrisa. Yo quería llamar su
atención, porque temía que sumara dos y dos, pero
tampoco quería hacerlo demasiado evidente.
—Mamá, ¿recuerdas a Dex? —dije sonriendo.
—Claro —respondió amable—. ¿Cómo estás?
—Bien, gracias.
—Y ese pequeño bichito es mi hijo, Seth —dije,
conteniendo la respiración y esperando su reacción.
—Hola, amiguito. —Dex se rio. Seth lo miró con los ojos
muy abiertos antes de bajar la cabeza con las mejillas
sonrojadas. Era muy tímido, como yo, y tardaba en abrirse a
la gente, lo que ahora me venía bien, ya que no quería que
Dex comprendiera que Seth era su hijo—. Eres tímido como
tu madre.
Terminé de llenar el jarrón con agua y dispuse las flores
dentro, poniéndolas sobre la mesa. Me imaginé que sería
una grosería no invitar a Dex a unirse a nosotros. Por mucho
que quisiera que se disculpara y se fuera, temí que
continuara mirándonos fijamente a los tres. Me senté y
aparté la silla que había a mi lado, mirando a Dex.
—¿Te gustaría quedarte a cenar?
—Oh, no. Ojalá pudiera, pero tengo una reunión al otro
lado de la ciudad —dijo, negando con un gesto de cabeza.
—¿Sigues trabajando? Eres un hombre ocupado —dijo
mi madre riéndose.
—Sí, la empresa nunca me deja descansar —respondió
incómodo, antes de dirigirse a mí—: De hecho, solo venía a
invitarte a cenar conmigo mañana.
Puse la servilleta de nuevo en la mesa y fui a la
encimera a por un vaso de agua. Mi corazón latía
incontrolablemente y traté de ocultar el hecho de que mis
manos temblaban. Sabía que era una idea terrible estar a
solas con él otra vez. La batalla entre el bien y el mal
comenzó en mi cabeza y sentía tres pares de ojos clavados
en mí, mirándome fijamente. Dejé el vaso y respiré hondo,
tratando de sopesar mis opciones lo más rápido posible. Al
final, al darme cuenta de que no podía hacerle esperar para
siempre, me volví hacia él y sonreí.
—Gracias —le dije con una sonrisa forzada—. Me
encantaría.
—Genial —exclamó, dejando escapar su respiración
contenida—. Entonces, ¿te recojo a las seis?
—¿Mamá? —Esperaba que dijera que tenía algún
evento en la parroquia, pero no lo hizo.
—¡Claro! Yo y este hombrecito podemos disfrutar de
una noche de cine —dijo, levantando las cejas.
—Estupendo —respondió Dex, apoyándose en la pared
—. Ha sido un placer veros, pero tengo que irme, las
reuniones no esperan a nadie.
Asentí con la cabeza y lo seguí hasta la puerta,
dándome cuenta de que tenía más prisa de lo normal. Era el
dueño de una gran empresa, no el chico de los recados,
seguramente lo entenderían si aparecía unos minutos tarde.
Cuando llegó a la puerta, la abrió, me guiñó un ojo y salió.
Yo cerré la puerta y me quedé con la frente apoyada en la
madera. ¿Qué es lo que acababa de hacer?
Mi atención volvió a la cocina cuando mi madre informó
a Seth de que era la hora del baño. Le dije que yo me
encargaría, para que mi mente se centrara en otra cosa.
Mientras bañaba al niño, perdida en su dulce sonrisa y su
asombrosa curiosidad, sonreí, sabiendo que era todo como
yo quería. El regreso temporal de Dex no debería afectar a
mi vida de ninguna manera.
Decidí, en ese momento, que no iba a revelarle que
Seth era su hijo, no tenía sentido. Dex no era el tipo de
hombre que aceptaría atarse a alguien. Lo sabía y estaba de
acuerdo con ello, siempre lo había estado. Aún así, no
permitiría que entrara en la vida de mi hijo de una forma tan
importante cuando iba a dejar la ciudad pronto.
El sacar a Seth del baño y ponerle el pijama me
entretuvo durante la siguiente hora. Pero después de leerle
dos cuentos y darle un beso de buenas noches, salí de
puntillas de su habitación y fui a la sala de estar, donde me
tiré en el sofá.
Pasé mi mano por los cojines, recordando lo genial que
fue sentir a Dex dentro de mí esa noche, cómo me llenó.
Pensé en el orgasmo que me dio y en ese momento, casi
deseé que volviera a llamar a la puerta. No me había
interesado por ningún otro hombre desde esa noche y
habían sido cinco largos años de soledad en este
apartamento. No le iba a contar a Dex lo de Seth, pero eso
no significaba que no pudiera disfrutar de su compañía
mientras estuviera en la ciudad. Como mucho, iba a
quedarse dos semanas y en vez de preocuparme por los
sentimientos, necesitaba preocuparme por cómo llevarlo a
la cama durante esas dos semanas.
No había nada de malo en que dejara de lado mis
sentimientos y disfrutara de algo o alguien por una vez en la
vida. Pasé por muchas cosas en estos últimos años y pensé
que, tal vez, se me permitía disfrutar un poco.
Claro que había muchos hombres, si solo quería tener
sexo, pero había algo excitante, apasionado y lujurioso en
Dex. Su increíble cuerpo me enviaba descargas de deseo
cada vez que lo veía. Así que me prometí a mí misma que
disfrutaría con él y luego, cuando se fuera, seguiría con mi
vida.
 

 
Capítulo 7

 
 
Dex
Después de dejar a Casey, no pude prestar atención a la
reunión. Cuando llegué esa noche, no lograba dormir así
que fui al gimnasio y luego sí, volví a casa y me quedé
dormido. Necesitaba procesar lo que había visto.
A la mañana siguiente, mi cabeza no estaba tan
obnubilada, pero aún así seguía impactado por lo que
descubrí. Cuando entré en aquella cocina, lo último que
esperaba ver era un niño con los preciosos ojos color
avellana de Casey y su tímida sensibilidad. Ahora que lo
pensaba no me sorprendía que se comportara de forma tan
extraña en la boda y que mi hermana me dijera que Casey
no necesitaba a alguien que no se comprometiera.
Sabía que no debería haber ido a su casa pero después
de una semana de sentirme completamente inútil, atrapado
en una mezcla de sueños y deseos protagonizados por
Casey, cedí, queriendo verla, tocarla y estar cerca de ella.
Incluso después de volver a la ciudad y sumergirme de
lleno en el trabajo, las visiones de esa noche de hace cinco
años y nuestro baile en la boda se colaban una y otra vez en
mi mente. Intenté desterrar a Casey de mis pensamientos
pero fue imposible. Nunca conocí a una chica tan excitante
y sensual que no pudiera olvidar. Estaba comenzando a
afectar a mi psique.
Así que, sabiendo que había sido derrotado por mi
propia polla, cogí unas flores y fui a casa de Casey. Sin
embargo, cuando esos tímidos ojos color avellana
parpadearon, sentí pánico y me inventé una historia sobre
una reunión de negocios. En ese momento, sin embargo, ya
era demasiado tarde y me vi obligado a compartir una cena
con ella.
Pasé todo el día pensando en Casey y su pequeño, pero
ahora, debía prepararme para la cena. Un millón de cosas
bullían por mi mente en ese momento, la más grande
aprender a controlar mi polla para pensar con la cabeza, por
una vez. Para evitar la incomodidad del viaje, envié un
coche a recogerla, diciéndole que me reuniría con ella en el
restaurante.
Al distanciarme de ella tanto como fuera posible, pensé
que sería capaz de resistir el deseo de tenerla de nuevo. Si
pasábamos media hora solos en el coche, no estaba seguro
de poder controlar mis impulsos. En vez de eso, la vería en
la cena, sería educado, amable y encantador como siempre,
pero cuando la noche terminara, le daría un beso en la
mejilla y me iría a casa solo.
Sonaba bien, pero al recordar sus tetas, supe que iba a
tener que pelearme con mi polla. Solo esperaba que ella
pensara lo mismo y no quisiera irse a la cama conmigo.
Bajé y me monté en el coche, viendo cómo nos
alejábamos por la calle en dirección hacia el restaurante.
Cuando llegamos, reconocí que el vehículo que teníamos
delante era uno de los míos. Entonces, observé a Casey salir
elegantemente por la puerta trasera, recolocándose el
vestido y poniéndose un chal sobre los hombros.
Estaba preciosa con aquellos increíbles rizos oscuros.
Su vestido era sencillo pero sexy, ya que se amoldaba a
cada curva perfectamente. Era negro y ajustado y la parte
inferior descansaba justo bajo sus rodillas. Llevaba medias
negras y tacones de quince centímetros. Miró hacia atrás,
reconociendo a mi conductor, quien se cruzó de brazos
frente a ella. Podría quedarme toda la noche
contemplándola.
Me reuní con Casey en la puerta y la abrí, poniendo mi
mano en la parte baja de su espalda mientras entrábamos.
Se encendieron chispas en mi pecho mientras mi mano se
deslizaba sobre su suave espalda. Inspiré hondo,
recordando lo que me prometí y seguí a la anfitriona hasta
nuestra mesa. Pedí una botella de vino y un aperitivo y miré
fijamente a Casey, cuyas mejillas estaban sonrojadas.
Deseaba preguntarle sobre su hijo pero no quise ser
grosero. Por lo visto, habían pasado muchas cosas desde
que me marché, y quería que se sintiera cómoda hablando
conmigo sobre ello.
—¿Qué tal el viaje? —Bebió su vino y sonrió.
—Increíble —dije—. Había tantos lugares que ver, que
deseaba no haberme quedado tanto tiempo en la oficina. No
pude hacer mucho turismo.
—Me encantaría viajar y ver el mundo. —Suspiró,
mirando su plato—. Pero con Seth y mi madre, eso tendrá
que esperar.
—Seth es realmente adorable —le dije—. Se parece a ti.
—Cierto. —Ella se rió.
—Siento no haberme mantenido en contacto —me
disculpé, poniendo la servilleta en mi regazo—. No sabía
que tenías un hijo o que salieras con alguien. Me siento
como un completo idiota.
—Oh —dijo, tragando el vino con fuerza—. No tengo
pareja. El padre de Seth y yo no estamos juntos.
Esperé un momento a que continuara pero resultaba
evidente que no quería hablar del padre de su hijo. No me
importaba. Cambié el tema y me centré de nuevo en mi
viaje, hablándole de los diferentes lugares en los que había
estado y cómo iban a albergar nuestra nueva línea de
complejos turísticos. Ella sacudió la cabeza, sorprendida por
lo grande que era mi empresa.
—Es una locura, cuando entraste en mi casa hace cinco
años, no me pareciste el dueño de un imperio. —Se rió.
—¿Qué te parecí entonces? —Le sonreí con timidez y
bebí un sorbo de vino.
—Pensé que eras guapo —dijo cohibida—. Y que
parecías un completo idiota jugando a las adivinanzas.
—Oh, Dios. —Me reí—. Me había olvidado de eso. Pero
oye, no me veía tan tonto como Natalie tratando de imitar
un dirigible.
—Eso fue increíble —dijo, riéndose—. Aunque no puedo
echártelo en cara porque, esa noche, nos bebimos una
botella entera de licor de avellana. Incluso hoy no puedo
oler las avellanas sin recordarlo. Bajó tan bien.
—No me extraña, la botella costaba más de quinientos
dólares —respondí, viendo cómo se ahogaba con su trozo de
comida.
Pasamos el resto de la cena, relajados, felices y riendo.
Me sentía tan cómodo con Casey que no quería que la
velada terminara solo porque lo había hecho la cena.
Cuando salimos del restaurante, señalé el parque del
otro lado de la calle y ella me sonrió, asintiendo en silencio.
Paseamos por el sendero de hormigón que conducía a
través de los grandes robles, mirando el césped que
normalmente estaba lleno de perros corriendo, gimnastas o
lanzadores de frisbi.
Esta noche, sin embargo, bajo el frío aire de octubre,
solo estábamos nosotros dos y no pude evitar sentir mi
lujuria subiendo hasta mi garganta. La miré mientras se
frotaba los brazos. Me quité la chaqueta y se la puse sobre
los hombros. Ella me sonrió, sus ojos verdes brillaban por
las luces que bordeaban el camino.
Solo el sentir su hombro rozando mi mano encendió
todos los sentidos de mi cuerpo e inmediatamente, pude
sentir que fluía la pasión. No sabía cómo pensaba que me
saldría con la mía y no la follaría porque, ahora, estaba
seguro de que eso sería imposible de evitar.
El deseo me corría por mis venas mientras
caminábamos y solo pensaba en llevarla a casa y a mi
cama. Pero ¿cómo? Ella estaba en contra de algo así, ya que
pronto me iría de nuevo. La escuché hablarme de su
trabajo, aunque no me enteré ni de la mitad porque
intentaba idear un plan para convencerla de que viniera a
casa conmigo para tomar una copa.
De pronto, la tomé de la mano, esperando que no se
alejara. Me miró y sonrió. Al dar otro paso, se tambaleó y
gritó cuando se le rompió un tacón. La sujeté, tomándola en
mis brazos.
—Mierda —maldijo, mirándose el tacón roto.
—No te preocupes —le dije—. Soy el dueño del hotel
que hay al final de la calle. Podemos ir hasta allí y te
conseguiré un nuevo par de zapatos.
Me miró un momento, y algo le pasó por la mente
antes de asentir y sujetarse de mi cuello con los brazos. Me
recordé a mí mismo enviarle una carta de agradecimiento a
aquel fabricante de zapatos. La llevé al hotel, indicando con
la cabeza en recepción para que supieran que subíamos a la
suite. Normalmente era para mí o para mis invitados que
venían a la ciudad. Cuando entramos en el ascensor, la dejé
en el suelo con cuidado y puse mi llave en la cerradura. Las
puertas se cerraron lentamente y nos dirigimos hacia el
último piso.
Una vez dentro, cogí el teléfono y llamé a recepción.
Casey deambulaba por la suite con los ojos abiertos de par
en par. Le dije al conserje que necesitábamos un par de
zapatos de la talla 8, y rápido, para poder probarlos. Sin
embargo, mientras colgaba el teléfono y reparaba en la
botella de champán de la pequeña nevera de cristal, supe
que podían tomarse su tiempo en conseguirlos.
Me acerqué y saqué la botella de la nevera, cogiendo
dos copas del minibar. Casey se volvió hacia mí y le hice
señas con la botella y las cejas levantadas. Ella se rio
dramáticamente mientras iba hacia el sofá que daba a las
ventanas. Se sentó y cruzó sus largas piernas. Nos serví una
copa y me senté a su lado, respirando hondo.
Durante unos instantes, solo bebimos en incómodo
silencio; la tensión entre ambos era densa y sensual.
Lentamente, bajé mi mano y la pasé por su pierna, incapaz
de controlarme por más tiempo. Ella giró la cabeza y me
miró, sus ojos se oscurecieron. Me incliné despacio,
presionando mis labios suavemente contra los suyos,
sintiendo su aliento atraparse en su garganta y sus rodillas
comenzar a temblar.
Dejé mi copa sobre la mesa, delante de nosotros, sin
separar mis labios de los suyos. Levanté la mano, haciendo
lo mismo con su champán. Una vez que nuestras manos
estuvieron libres no perdí tiempo, la tomé por la cintura y la
acerqué a mí. Nuestros cuerpos se inclinaron el uno hacia el
otro y mientras mi lengua separaba sus deliciosos labios,
sus hombros se relajaron y se dejó llevar por el beso.
Nuestras lenguas rodaron una contra la otra y yo gemí
suavemente en su boca, probándola una vez más. Mi polla
ya estaba dura y me acerqué, tomé su mano y la puse en
mi entrepierna. Ella sabía lo que yo quería y, por la presión
de su mano sobre mi eje, supe que ella también lo deseaba.
Su perfume nos rodeó mientras yo apretaba mi boca
con más fuerza contra la suya, besándola apasionadamente
con la ciudad como telón de fondo. Puede que hubieran
pasado cinco años, pero nuestra atracción seguía siendo tan
fuerte como aquella Nochebuena. Estaba listo para poseerla
de nuevo, toda la noche.
 

 
Capítulo 8

 
 
Casey
El deseo pulsaba a través de mi cuerpo. El hombre, que
hacía cinco años había hecho las cosas más memorables a
mi cuerpo, estaba aquí, presionado contra mí y listo para
irse de nuevo. Sabía que no debía, pero eso me hizo
desearlo aún más. Tantas noches me acosté pensando en su
cuerpo, su tacto y la forma en que se sentía dentro de mí.
Sabía que nunca podría dejar pasar la oportunidad de
estar con él de nuevo, de recordar exactamente cómo era
sentirlo. Me incliné hacia adelante, dejándole explorar mi
boca con su lengua. Me separó las piernas y me pasó las
manos por los muslos, deteniéndose y tocando los broches
que sujetaban mis medias. Me mordió el labio inferior,
obviamente excitado por lo que notaba ahí abajo.
Me levanté, le miré fijamente a los ojos mientras
llevando la falda de mi vestido hasta mis caderas. Me
agaché y tomé su mano, deslizándola entre mis piernas. No
me había puesto bragas a propósito, por si acaso pasaba
algo así. Estaba tan contenta de haber elegido esos viejos
zapatos de tacón esta noche. Cuando se rompió uno, sentí
que el universo se alineaba para que Dex y yo
termináramos en la cama juntos. Su respiración aumentó al
sentir mi coño caliente y húmedo contra su mano.
Abrí las piernas más ampliamente y lo miré mientras
me echaba hacia atrás y abría la cremallera de mi vestido.
Sentí que sus dedos comenzaban a moverse y gemía
suavemente mientras presionaba contra mi montículo. Me
eché hacia atrás y me quité el vestido por la cabeza,
dejando que mis firmes pechos rebotaran delante de mí. Su
mirada era profunda y me bebía con sus profundos ojos
azules.
Fui a moverme, pero me agarró las caderas con una
pequeña sonrisa y deslizó dos dedos dentro de mí. Jadeé al
sentirlo pero me quedé congelada mientras él se deslizaba
por mis jugos con facilidad.
Con cada empujón, podía sentir las puntas de sus
dedos rozando contra las paredes de mi coño, lo que me
enviaba olas de placer. Volvió a empujar profundamente,
esta vez tomando su pulgar y frotándolo con fuerza contra
mi clítoris en un movimiento circular. Eché la cabeza hacia
atrás y le agarré la muñeca por reflejo. No quería que se
detuviera, pero Dios, se sentía tan bien. Levantó ambas
manos y me tiró hacia delante, obligándome a sentarme a
horcajadas sobre él. Pensé que me quería en su polla, pero
siguió tirando hasta que mi humedad descansó en su pecho.
Me miró y se mordió el labio mientras deslizaba su
cuerpo hacia abajo y presionaba su boca contra mí. Me
agarré a la parte de atrás del sofá y gemí en alto mientras
pasaba su lengua por mi cavidad, masajeando mi clítoris
antes de cerrar sus labios sobre él.
Me acaricié las tetas y las masajeé con fuerza cuando
mis caderas empezaron a rodar contra su cara. Me
encantaba esta sensación de control. A pesar de que su
agarre sobre mi trasero demostraba que Dex tenía el poder,
todavía disfrutaba de la ilusión de tenerlo yo. Bajé mis
manos a la parte superior de su cabeza y empecé a gemir
contra sus labios, cogiendo su cara y jadeando con placer.
Miré hacia abajo y pude ver su erección pulsando a
través de sus pantalones negros. Estaba más que listo y no
podía esperar a sentirlo dentro de mí. Sin embargo, en ese
momento, estaba encantada de dejar que su lengua se
deslizara dentro y fuera de mí antes de correr a través de
mi montículo y rodear mi clítoris. Mientras yo continuaba
cabalgándole, él se echó hacia atrás un poco y me miró.
—¿Te gusta esto? —susurró, pero su voz grave resonó
en mi pecho—. Sabes tan jodidamente bien. Quiero que te
corras para mí, cariño.
—No. —Me quedé sin aliento—. Quiero hacerlo contigo
dentro de mí.
—Tenemos mucho tiempo para eso. —Se rio,
empujando hacia adelante y enterrando su cara en mi
humedad.
Mientras mis caderas se movían como una ola contra
su rostro y su lengua daba vueltas alrededor de mi
humedad, sentí el aguijón del orgasmo empujando con furia.
En ese momento, no había vuelta atrás, así que me agarré
de sus rubios rizos y me moví más rápido, sintiendo su
gemido vibrar contra mi clítoris.
Arqueé la espalda y eché la cabeza hacia atrás,
gritando y riendo mientras las ondas del orgasmo fluían a
través de mí. Podía oír su lengua lamiendo mis jugos y
sentir una sonrisa tirando de los bordes de sus labios.
Cuando mi cuerpo dejó de temblar por el éxtasis, me
aparté de su cara y me puse de pie mientras él se levantaba
ante mí, tomando mi mano y llevándome hacia el
dormitorio. La habitación estaba en penumbras, aunque se
distinguía una cama enorme. No sabía si podría
mantenerme de pie porque me temblaban las piernas. Me
volví hacia Dex y vi cómo se quitaba la ropa con rapidez.
Sabía que en cuanto estuviera desnudo, vendría a por
mí. Recogió sus pantalones del suelo y sacó su billetera,
sacando un condón y tirándolos de nuevo al suelo. Me senté
y me moví hacia atrás en la cama, viéndole acariciar su
dura erección. Antes de que pudiera abrir el envoltorio del
preservativo, me acerqué y le agarré el pene, lamiéndome
los labios. Sus ojos se abrieron de par en par mientras lo
acercaba y lo lamía de abajo hacia arriba.
Podía sentir sus rodillas temblar y sonreí, mirándole a la
cara antes de meterme su polla en la boca.
Inmediatamente, me llevó la mano a la nuca y gimió
mientras su erección se deslizaba por mi garganta. Me
detuve, con los ojos llorosos, y moví mi lengua salvajemente
alrededor antes de chupar fuerte y levantarme.
Podía sentir sus caderas empezar a rodar hacia mi cara
y levanté la mano, acunando sus pelotas y gimiendo por la
sensación de sus dedos enredados en mi pelo. Relajé la
garganta y le agarré el culo, tirando hacia adelante y luego
hacia atrás, engullendo profundamente su polla una y otra
vez. Lo miré con ojos llorosos y pasé mi lengua por su punta
hinchada. Su polla estaba roja y palpitante y sabía que no
tardaría mucho. Todavía estaba desesperada por sentirlo
dentro de mí.
—¿Me deseas? —gruñó mientras me empujaba hacia
atrás en la cama y enganchaba mis piernas con sus brazos.
—Mmm —murmuré, mordiéndome el labio y asintiendo
con la cabeza.
Me mostró esa increíble sonrisa y se zambulló,
colocando la cabeza del pene en mi humedad y empujando
ligeramente dentro de mí. Se rio mientras me retorcía,
queriendo sentirlo todo. Se retiró y luego se deslizó solo un
poco de nuevo. Apreté los dientes y lo sujeté, pero él negó
con un dedo y se retiró. Cogió el condón, lo abrió y lo hizo
rodar por su largo eje.
—Bien —susurró—. Ahora, voy a follarte.
Con esas palabras, se empujó hacia adelante con
fuerza, llenándome rápidamente antes de retroceder. Lo
hizo una y otra vez mientras sus dedos masajeaban mi
clítoris. La sensación era tan poderosa que apenas podía
gemir siquiera. Aguanté la respiración y me agarré a las
sábanas.
Mientras él disminuía ligeramente su ritmo y movía sus
caderas, yo arqueaba mi espalda y gritaba de éxtasis
mientras las ondas de placer vibraban por todo mi ser. Lo
miré, gimiendo fuertemente, y vi cómo sus ojos se
oscurecían y sus empujes se endurecían. Mi coño
contrayéndose a su alrededor y mis jugos fluyendo le
prendieron fuego porque alargó la mano y me agarró los
pechos y empujó tan fuerte como pudo, deteniéndose
cuando llegó a la cima y gimiendo su propio placer. Podía
sentir su polla estallando dentro de mí, el eje pulsando y
vibrando contra mis paredes.
Levanté la mano y la pasé por su pecho mientras él
respiraba profundamente, tratando de controlarse. Me miró
con sus penetrantes ojos azules y sonrió a sabiendas antes
de caer a mi lado. Lo vi salir de la cama y entrar en la otra
estancia, saliendo por la puerta y recogiendo una caja de
zapatos del pasillo. Debimos ignorar completamente el
golpe o los asusté con mis gritos.
Dex entró de nuevo y me entregó la caja. Abrí la tapa y
saqué un zapato de tacón alto, jadeando cuando me di
cuenta de que era un Louboutin de suela roja. Estos zapatos
eran muy caros y no podía creer que tuviera uno en la
mano.
—¿No te gustan? —Se estaba vistiendo cuando notó mi
mirada de sorpresa.
—No es eso, son preciosos, pero estos zapatos deben
valer novecientos dólares —exclamé asombrada, y con
miedo a tocarlos incluso.
—Tal vez —dijo Dex, riéndose y sentándose a mi lado—.
Cariño, no me importa el dinero. Y aunque haya disfrutado
llevándote en brazos, no puedo hacerlo por toda la ciudad
de Nueva York.
—Bueno, es una lástima —dije con una sonrisa. Se
inclinó y me besó la mejilla mientras me ponía los zapatos y
los miraba con excitación.
—¿Puedo volver a verte antes de irme? —Mis ojos se
dirigieron a su cara. Esta era la pregunta del millón.
—No lo sé. —Suspiré—. Quiero decir, me encanta pasar
tiempo contigo. Es muy divertido, pero no sé si volver a
vernos sería buena idea.
Antes de que pudiera contestarme, una mirada de
decepción se reflejó en su cara. Entonces, sonó su teléfono
y me dio una palmadita en la pierna, salió de la cama y
contestó la llamada en la otra habitación.
Observé cómo se convertía en un instante en un
hombre de negocios, sonriendo por lo sexi que se veía junto
a la ventana ataviado solo con una toalla. Respiré hondo y
me vestí, aunque seguía con las medias todavía puestas.
Sabía que irme así no era muy agradable, pero tenía que
marcharme. Me eché el pelo hacia atrás y lo atusé, cogí los
zapatos y me dirigí hacia la puerta de puntillas. Cogí el
ascensor y me calcé antes de salir al vestíbulo.
Ya había un taxi en la entrada, así que me alegré de no
tener que esperar a que me llevaran. Entré y cerré la
puerta, mirando hacia la ventana de la suite. No podía
entender cómo había sucedido todo tan rápido. Me dije a mí
misma que iba a pasar un buen rato, porque me lo merecía,
pero ya notaba ese familiar dolor en el corazón. Él era el
único hombre al que me había entregado y, ahora, había
vuelto y era el mismo Dex de antes.
No podía darme lo que yo quería, yo deseaba mucho
más de lo que él me ofrecía. Mientras el taxi me llevaba a
casa, pensé en mi vida, en mi hijo y en mi familia, y me di
cuenta de que estaba atrapada en un cuento de hadas, otra
vez. Dex no me entregaría su corazón, no de la manera que
yo quería. Necesitaba aceptar eso o mi dolor solo
empeoraría.
Mientras entraba en mi apartamento y contemplaba a
mi hijo durmiendo en su camita, supe que había tomado la
decisión correcta. No podía vivir con el corazón roto y así
terminaría si seguía con Dex.
 

 
Capítulo 9

 
 
Dex
Fue el primer sábado que realmente deseé estar trabajando.
Había pasado una semana desde que Casey me acompañó
al hotel y después se fue. Todavía no podía quitármela de la
cabeza. Todo lo que quería era conducir y aparecer en su
puerta para ver su hermoso rostro de nuevo. Le envié dos
docenas de rosas pero no me contestó. Le mandé un
mensaje, la llamé y dejé un audio pidiéndole que, por favor,
me llamara, pero se negó a hablar conmigo o a verme. Me
estaba volviendo completamente loco. Y no entendía por
qué me estaba volviendo loco por ella para empezar.
Nunca en mi vida había estado tan desesperado por
ver a una mujer. Jamás había dejado un mensaje de voz
preguntando a una chica si podía ir a verla. Si no respondían
cuando llamaba, simplemente, pasaba a la siguiente. Pero,
después de Casey, no sabía con quién seguir. Sentía como si
no hubiera ninguna otra a la que acudir.
Nuestra atracción era tan intensa que me volvía loco.
No importaba lo que hiciera, cuando estaba cerca de ella no
podía evitar pensar en desnudarla. Quería sentir su piel, oír
su voz, probar su dulzura. Al mismo tiempo, me hubiera
gustado sentarme con ella y hablar. Era una locura. Tal vez
era solo atracción, tal vez estaba pensando demasiado en
ello, o tal vez había trabajado tanto que Casey me
proporcionó una agradable distracción. Pero sentirse así no
era relajante, era todo lo contrario. Fuera cual fuera la
razón, hice todo lo posible por no analizarlo mucho,
sintiéndome completamente atrapado. Ya no solo pensaba
en tener sexo con Casey, sino que pensaba en nuestras
conversaciones, nuestras bromas, su risa y todo lo demás
que pasaba entre nosotros.
Me levanté, tomando el café, y comencé a caminar.
Necesitaba decidir qué hacer. Intenté olvidarme de ella y
seguir adelante, pero eso se fue a la mierda con el primer
mensaje que le envié. Intenté verla como un par de tetas y
un buen culo, pero luego me sentí culpable por degradarla
de esa manera. Debí haber escuchado a mi hermana desde
el principio y no haberme liado con Casey. Si lo hubiera
hecho, estaría disfrutando mi estancia en Nueva York en vez
de sentarme aquí, en mi ático, e inventarme excusas para
plantarme ante su puerta. A quién pretendía engañar,
estaba jodido incluso antes de volver a Nueva York.
Solo pensar en ella y en lo mucho que quería pasar
otra increíble noche con ella fue suficiente para cautivarme
por completo. Esa chica realmente se había colado en mi
cabeza y, aunque descartaba cualquier posibilidad de que
se tratara de algo más que lujuria, no pude evitar sentir ese
repugnante tambaleo en mis entrañas.
Negué con la cabeza y cogí mi chaqueta. Ya había
terminado de torturarme. Tomé el ascensor hasta el
vestíbulo y salí a la calle, cogí un taxi y le di la dirección de
Casey al conductor. No iba a quedarme sentado como un
miserable. No, iba a tener que decirme a la cara que no
quería verme en lugar de salir a hurtadillas por la puerta de
atrás por tercera vez.
Mientras atravesaba la ciudad, veía por la ventanilla
todos los adornos de Halloween y, de repente, tuve una
brillante idea que terminó conmigo en la puerta de Casey,
portando una de las calabazas más grandes que jamás
había visto. La apoyé en mi rodilla y llamé al timbre. Cuando
abrieron, Andrea se quedó allí, mirando a la calabaza y,
luego, a mí. Una sonrisa de satisfacción se formó en sus
labios mientras me invitaba a entrar.
—Casey está vistiendo a Seth —me dijo—. Ve a la
cocina para que puedas dejar esa cosa.
Oí a Seth riendo y gritando en la otra habitación
cuando entré en la cocina. El sonido de sus pequeños pies
hizo eco y me volví para verle entrar en la cocina gritando, y
sin pantalones. Tan pronto como me vio, se congeló en una
posición casi cómica. De inmediato, sus mejillas se tornaron
rojas y bajó las manos, para sujetarlas delante de él. Esa
timidez me recordaba a cuando conocí a Casey. Sonreí al
niño mientras Casey doblaba la esquina, luciendo agotada.
—Seth —dijo sin aliento—. Tienes que ponerte los
pantalones, yo no...
Me enderecé y puse mi mano en la calabaza,
sonriendo amablemente. Pude ver una sonrisa en la esquina
de su boca antes de que le pusiera los pantalones a Seth.
Su paciencia parecía no tener límites con el niño, pero no
tanto conmigo. Eché un vistazo a los dos jarrones de rosas y
me di cuenta de que los había recibido.
—¿Qué estás haciendo aquí?
—Oh, pensé en traer esta calabaza gigante para que
Seth pudiera decorarla —dije, inclinándome hacia el niño—.
¿Sabes cómo se hace?
Seth negó con la cabeza y miró a su madre. Ella
asintió y lo empujó hacia delante. Sus ojos brillaban como
los de su madre.
—Esto es una calabaza —le expliqué—. Crecen en el
campo. En Halloween, las recogemos, sacamos todas las
semillas y les tallamos caras graciosas. Luego, ponemos
velas en su interior y brillan por la noche.
Los ojos de Seth se abrieron de par en par y me
sorprendió que nunca hubiera decorado una calabaza. Alzó
la mano y tocó la piel lisa de la calabaza, así que la bajé de
la mesa para que pudiera tocarla bien. Me miró a los brazos
y luego a los suyos e intentó levantarla. Me reí,
estabilizándola para que no se cayera y le rompiera los
deditos de los pies.
—Pesa bastante —le dije—. Esta es una de las
calabazas más grandes que he visto, así que pensé que
deberías tenerla.
—Gracias —murmuró tímidamente.
Seth miraba la calabaza, la golpeaba, intentaba
moverla, y repetidamente miraba a su madre para
tranquilizarla. Quería hacer algo con Casey y su familia.
Deseaba demostrarles que no era mal tío, al menos no tanto
como para justificar que se escabullera sin decir una
palabra. Dos veces. Pensé un segundo antes de mirar a
Casey y Andrea. Sabía que esto podría enfadar a Casey pero
no me importaba.
—Hoy es sábado —comenté —. Y hay una granja a
una hora de la ciudad. Tienen prados de heno, un zoológico
de mascotas, sidra caliente, y lo más importante, calabazas.
¿Por qué no nos abrigamos, vamos en mi coche y pasamos
el día allí? Creo que a Seth le gustaría mucho.
Miré a Andrea, para no ver la expresión irritada de
Casey. Sus ojos se abrieron de par en par y aplaudió,
llamando a Seth. Parecía muy emocionada por pasar el día
en el campo, eso me gustó. Se inclinó y miró a Seth
sonriendo.
—¿Qué te parece, cariño, quieres ir a dar un paseo por
el heno y recoger calabazas? Dex conoce el lugar perfecto
—dijo con la típica voz de abuela.
Seth asintió con la cabeza febrilmente y se echó a
reír, mirando a su madre. Andrea miró a Casey, esperando
su respuesta. Pensé que ya que la estaban mirando todos,
yo también podría hacerlo. Parecía muy irritada pero, con
las risas de Seth y mi sonrisa, su rostro comenzó a
suavizarse. Puso los ojos en blanco y asintió, suspirando
como si hubiera sido derrotada. Seth se puso a saltar y
corrió hacia su habitación.
—Mamá, ¿puedes asegurarte de que se ponga ropa de
abrigo, por favor? —le pidió Casey a Andrea.
—Claro, querida. Y ponte tú también un suéter —le
respondió ella, golpeando los brazos desnudos de Casey.
Esperé junto a la puerta hasta que los tres estuvieran
listos. Llamé a mi limusina más pequeña para que viniera a
recogernos, al darme cuenta de que había tenido tanta prisa
por llegar a aquel apartamento que había cogido un taxi.
Seth gritó al ver el coche. Me senté justo enfrente del niño
para poder hablar con él. Saqué una botella de vino de la
nevera y una lata de zumo para el chiquillo.
—Seth, ¿te gusta Halloween? —Quería que se sintiera
cómodo conmigo si íbamos a pasar el día juntos.
—Mmm —murmuró mientras bebía—. ¿Sabías que
hace mucho tiempo usaban disfraces para ahuyentar a los
fantasmas?
—Sí.
—Lo aprendimos en la guardería —dijo—. Voy un par
de veces a la semana para que la abuela pueda arreglarse
el pelo.
—Oh. —Me reí entre dientes—. ¿Y qué más aprendes?
—Ahora conozco parte del alfabeto —me explicó,
poniendo el zumo en el soporte de su asiento—. A, B, C, D,
E, F, G, H, I, L...
—Eso es increíble —dije entre risas. Seth miraba por la
ventanilla los edificios que pasábamos, con los ojos muy
abiertos.
—Mira, mamá —exclamó, dándole golpecitos y
señalando uno de los rascacielos más grandes—. Ese no lo
he dibujado todavía.
—Bueno, tendremos que salir alguna vez para que
puedas hacerlo. —Sonrió, antes de mirarme—. A Seth le
gusta mucho dibujar edificios. Ya ha dibujado la mitad de los
de Brooklyn.
Sonreí y miré al niño. Era mucho más inteligente de lo
que pensaba, sobre todo porque la única vez que nos vimos
fueron unos minutos, cuando nos conocimos, y luego hoy,
con la calabaza. Me alegré de que pareciera estar
acostumbrándose a mí. No quería pasar todo el día viéndole
esconderse de mí, como su madre tendía a hacer. Miré a
Casey mientras hablaba y se reía con Seth. Ella amaba a su
pequeño, era evidente en todo lo que hacía. Hoy estaba
viendo un lado completamente diferente de ella. Estuviera
enfadada o no, me alegré de haber decidido levantarme del
sofá e ir a su casa.
Cuando salimos de la ciudad, Seth se entristeció al
desaparecer todos los grandes edificios. Casey se inclinó y
empezó a señalar los comercios más pequeños, en especial
los bancos que fueron construidos para parecer pequeñas
réplicas de edificios griegos. Le explicó por qué eran así y
Seth escuchó cada palabra con asombro y emoción.
Era extraño, había algo en el niño que me recordaba
mucho a mí cuando era pequeño. Su interés por la
arquitectura era algo que yo siempre había tenido. Incluso
de chavalín, me encantaba ayudar a mis padres a buscar
nuevos locales. Me encogí de hombros, pensando que eso
me ayudaría a hablar con él y a entenderlo un poco mejor.
 

 
Capítulo 10

 
 
Casey
A medida que avanzábamos, no pude evitar sentirme muy
nerviosa por toda la situación. Estaba confusa. No sabía si la
invitación de Dex era una señal de que le interesaba algo
más que sexo o si era otro de sus intentos de meterme en la
cama antes de marcharse de nuevo. Los pensamientos que
corrían por mi mente eran peligrosos y sentía un bulto
formándose en mi garganta mientras pensaba en Dex, el
padre de Seth, queriendo ser parte de nuestras vidas. Mi
madre no tenía reparos en permitir que esto continuara,
pero era la única que sabía lo de Dex y Seth.
Miré a Dex que me miraba con amabilidad. Le sonreí
débilmente y volví mi atención al paisaje. Nos estábamos
acercando y vi cómo pasábamos por los campos de heno y
los árboles de colores brillantes. La limusina giró a la
izquierda por un viejo camino de tierra de calabazas. Seth
estaba tan emocionado que apenas podía quedarse quieto,
y gritaba cuando veía un granero o a los animales que veía
al pasar.
La limusina se detuvo en el estacionamiento. Me quedé
boquiabierta ante la gran granja y el césped lleno de juegos
para los niños. Al darme cuenta de que no estaba cogiendo
la mano de Seth, me asusté y le vi caminando delante de
mí, con Dex. Miré a mi madre, que sonreía con complicidad.
—No —le advertí—. Ni se te ocurra.
—Estoy encantada de estar fuera de casa —dijo con un
tono culpable.
Cuando llegamos, Dex rechazó mi dinero y pagó para
que hiciéramos de todo. Primero, jugamos a mil cosas y yo
me quedé atrás riéndome mientras Dex y Seth intentaban
derribar unas botellas. Seth estaba entusiasmado con Dex e
incluso le dejó cogerlo y fingir que iba a tirarlo a las
botellas. Su risa mezclada con la de su padre me llenó de
tristeza. Quería disfrutar de ello, fingir que era real, pero
sabía que solo me quedaría con el corazón roto cuando
tuviera que volver a casa y enfrentarme a la realidad.
Después de los juegos, dimos un paseo por los campos
de heno y Dex se sentó cerca de mí, mirándome de vez en
cuando con esos grandes ojos azules. Si no fuera por la
puerta de la parte trasera del remolque, probablemente me
habría derretido en el campo. Seth se aferró a mí con fuerza
mientras pasábamos por encima de los baches,
manteniendo una mano firmemente en la rodilla de Dex. Era
como si se sintiera bien porque sabía que Dex estaba allí.
Cuando el paseo terminó, Dex bajó a Seth del remolque
y se lo puso sobre los hombros, caminando y señalando los
diferentes animales del zoológico de mascotas. A Seth no
parecía gustarle las cabras y las gallinas, así que se quedó
sobre los hombros de Dex, señalando a cada animal desde
lejos y repitiendo todo lo que Dex decía. Finalmente,
después del apestoso zoo, nos tomamos un descanso y me
senté en una de las mesas de picnic, bebiendo sidra
caliente mientras mi madre llevaba a Seth a limpiarse.
Dex se sentó frente a mí, soplando aire caliente en sus
manos y bebiendo el café que pidió en vez de la sidra. Su
expresión era de excitación y no pude evitar sentirme cerca
de él. Parecía estar pasándolo bien conmigo y mi familia, lo
cual era muy extraño y completamente inesperado. Se
volvió hacia mí y me extendió la mano, golpeándome
suavemente en la nariz.
—Te pareces a Rudolph —se burló. Le sonreí, mi mirada
se fijó en la suya.
—Hace frío —le respondí—. Espero que nieve para
Acción de Gracias. Pero, esta sidra debería calentarme
enseguida.
—Se me ocurren varias formas de calentarte —dijo
astutamente—. Ninguna de las cuales sería apropiada para
este sitio.
Quería ignorar su comentario pero con el aire fresco y
el follaje otoñal, no pude evitar verme arrastrada por el
romanticismo de todo ello. Me incliné hacia adelante
mientras él se acercaba, dejando que sus cálidos labios
rozaran los míos. No fue largo y apasionado, o seductor y
lujurioso, fue un beso que significó más que eso. Mientras
nuestros labios se separaban, nos miramos a los ojos.
De repente, vi a mi hijo corriendo hacia mí y eso
rompió el hechizo bajo el que estábamos. Seth se subió al
banco y acercó su chocolate caliente, lamiéndose los labios.
Mi madre se rio y se sentó junto a Dex, tomando una sidra y
sonriendo. Lo único que faltaba era coger una calabaza y
volver a la ciudad.
Ver a Dex llevando cuatro calabazas enormes por un
polvoriento aparcamiento, con un niño de cuatro años
delante, fue divertidísimo. Nunca pensé que presenciaría a
Dex haciendo algo tan normal. Por su mirada, tampoco
pensé que imaginé que haría algo tan normal. Cuando su
chófer le vio, se apresuró a tomar dos de las calabazas y
abrir el maletero.
Cargaron el coche con las calabazas y una bolsa llena
de artesanías que Dex compró en la tienda de regalos
mientras mi madre y yo subíamos a Seth a la limosina.
Antes de que pudiera sentarme al lado de Seth, mi madre
levantó las cejas, señalando el asiento junto a Dex. Mis
mejillas se sonrojaron y lo dejé estar, sonriendo al hombre
que estaba a mi lado.
No pasó mucho tiempo hasta que mi madre y Seth se
quedaron dormidos. Después de un día tan emocionante,
ambos estaban exhaustos. Me reí en silencio de lo cansado
que estaba Dex cuando salimos del huerto de calabazas. No
hacíamos cosas así muy a menudo. Dex me sonrió y me
rodeó con su brazo. No había forma de resistirse a él e hice
lo que sabía que no debía, apoyé mi cabeza en su hombro y
me entregué a la fantasía de que esto podría ser real. Sabía
que las cosas serían diferentes mañana y que no tener a
Dex me rompería el corazón, pero no podía evitarlo. Ahora
mismo, era demasiado perfecto. Viajamos por la autopista,
cerca uno del otro, mirando el paisaje.
Decir que me decepcionó que pronto diera paso a la
ciudad habría sido quedarse corto. Sabía que mi sueño de
vivir con el padre de Seth estaba a punto de terminar.
Cuando llegamos al apartamento, desperté a mi madre y le
dije que entrara y que yo iría a buscar a Seth. Desabroché el
asiento infantil del coche pero antes de que pudiera sacarlo,
lo hizo Dex y el niño se acurrucó en su hombro, para subir
las escaleras del apartamento. Sonreí, sabiendo que este
momento era uno que recordaría para siempre, aunque
fuera solo un sueño.
Saqué las bolsas del maletero, dejé las calabazas para
que las recogiera el chófer y subí corriendo. Le enseñé a
Dex la habitación de Seth, lo acostamos con cuidado y lo
tapamos. Le besé en la frente antes de salir de puntillas de
su habitación.
Mi madre estaba en la cocina haciendo un bocadillo
mientras Dex y yo nos quedamos en la sala de estar,
recordando aquel día tan largo. Miré a Dex mientras se
adelantaba y me abrazaba. Me apretó fuerte, se echó hacia
atrás y me besó con dulzura en los labios. Sonrió
suavemente.
—¿Volverás y te quedarás conmigo esta noche?
Asentí y cogí mi chaqueta, comprobando que mi madre
estaba conforme, y por supuesto lo estaba. Dex me abrió la
puerta y yo prácticamente bajé las escaleras y salí a la
acera. Estaba viviendo un sueño. Subimos a la limusina y
encendimos la calefacción mientras me acurrucaba cerca de
Dex. Tan pronto como nuestros ojos se encontraron,
nuestros labios también lo hicieron y me encontré atrapada
entre sus brazos en la parte trasera de su limusina. Me
agarró la cara, presionando su boca contra la mía. Sus
manos se movieron por mis hombros y mi cintura,
empujándome bruscamente hacia él. Me incliné hacia él,
sabiendo que esto era exactamente lo que necesitaba para
hacer el día aún más perfecto.
Mientras íbamos hacia su ático, el brillo de las luces de
la ciudad se reflejaba en nuestras caras a través de las
ventanas tintadas del coche. Abrí mi boca para él y gemí
mientras su lengua se movía sobre la mía. Podía sentir un
calor en mi vientre más fuerte que cualquier otro que
hubiera sentido antes.
Cuando llegamos a su edificio, Dex me tomó de la
mano y me llevó adentro, sin perder tiempo. En el ascensor,
nos besamos inmediatamente, esta vez con más pasión. Mis
manos pasaron por su cuerpo y su pecho. Deslizó sus
manos por mis pechos, por mi estómago y se agarró a mi
montículo húmedo. Incluso a través de los vaqueros, sabía
que estaba más excitada que nunca. Cuando las puertas del
ascensor se abrieron a su ático, no me molesté en mirar su
casa, sino que empecé a desnudarlo, caminando hacia atrás
mientras me llevaba a su dormitorio.
En la oscuridad, le quité la camisa y le besé el cuello,
sintiendo su erección a través de los pantalones mientras
me apretaba. Mis manos se arrastraron hasta su cinturón y
luché por liberarlo. Él sonrió y se agachó, tratando de
ayudar. Me eché para atrás, me deshice del jersey y lo tiré a
un lado. Me quité los pantalones y las bragas y me subí a la
cama.
Estaba tan ocupado quitándose los zapatos y los
calcetines que ni siquiera se había dado cuenta de que yo
estaba en su cama, esperando que él llegara. Tiró sus
zapatos al suelo y se encontró con mi cuerpo. Lentamente
separé mis piernas y vi cómo se lamía sus suntuosos labios.
Podía notar mi humedad y todo lo que quería era sentirle en
lo más profundo de mi ser, para abrazarme mientras me
empujaba lenta y suavemente.
Dex se mordió el labio inferior y se arrastró por la cama
hacia mí, con la polla dura y erguida. Mientras ponía sus
manos a cada lado de mi cintura, pensé que continuaría
hacia arriba pero, en vez de eso, me miró con unos ojos
azules oscuros y bajó su cara hasta mi coño. La sensación
de su boca en mi piel me excitó y gemí mientras empujaba
su lengua hacia afuera y lamía los jugos de los labios de mi
coño. Inmediatamente, alcé las caderas mientras él frotaba
mi clítoris con sus dedos y me lamía febrilmente. Bajé mi
mano y la puse en la parte superior de su cabeza.
—Hazme el amor —susurré—. Toda la noche.
 
 
Capítulo 11

 
 
Dex
Tenía un sabor increíble y no me cansaba de ella. El sonido
de su voz que me incitaba a entrar en ella era demasiado
para ignorarlo y esta noche no se trataba de juegos. Le lamí
su coño mojado por última vez antes de presionar mis labios
contra los suyos. Sin pestañear, bajé mis caderas y empujé
profundamente en ella, queriendo sentir cada parte.
Gemí en voz alta mientras sus jugos envolvían mi polla
antes de sacar un condón del cajón de arriba de la mesilla
de noche. Por mucho que la deseara, tenía que ser
cuidadoso. Saqué el condón tan rápido como pude y lo
deslicé sobre mi polla. Me incliné hacia abajo y besé
sensualmente su cuello mientras abría las piernas y me
daba la bienvenida dentro de ella.
Lentamente, me moví encima de ella, empujando.
Nuestros labios se mantuvieron juntos y agarré su mano en
la mía mientras la empujaba fuerte y profundamente. Ella
gimió en voz alta y arqueó la espalda, sintiendo mi polla
dentro de ella. Cuando soltó sus músculos y cayó de nuevo,
rodamos por la cama y se sentó a horcajadas, aplastando
sus caderas contra mí.
Subí la mano mientras movía las caderas, jadeando
mientras mis dedos corrían por su clítoris. Se inclinó hacia
atrás, sus tetas rebotaban con sus caderas, y se agarró a
mis muslos, tirando de su cuerpo hacia arriba y hacia abajo
por mi largo eje. El clímax se acumulaba en ella mientras
sus músculos se tensaban. Se estiró hacia adelante y puso
sus manos sobre mi pecho. Empezó a jadear rápido, sus
gemidos se hacían cada vez más fuertes.
—Sí, nena, córrete para mí —susurré, viéndola
morderse el labio inferior. Ella empujó hacia abajo con más
fuerza.
Le agarré las caderas y las moví rápidamente mientras
ella se estiró para agarrarse las tetas, echando la cabeza
hacia atrás y gritando. Podía sentir su cuerpo contraerse y
su coño palpitando alrededor de mi erección. Sus jugos
estaban calientes y húmedos mientras fluían sobre mi polla
y se acumulaban en la base de mi pene. Antes de que
terminara, la di la vuelta y la follé con fuerza, sintiendo que
se mojaba cada vez más.
Respirábamos con rapidez sobre las sábanas, con
nuestras emociones derramándose a través de nuestro
tacto. Ella me alargó la mano y tiró de mi cara hacia la suya,
besándome mientras me movía dentro y fuera de ella.
Mientras gemía suavemente en mi boca, pude sentir el
orgasmo elevándose. No estaba listo para terminar, pero en
ese momento, no tenía otra opción.
Me agarré a sus manos y empujé fuerte y
profundamente, sosteniéndola y presionando mi boca
contra la de ella mientras llegaba al orgasmo. Las olas de la
pasión atravesaron mi cuerpo y gemí. Mis caderas se
movieron ligeramente hacia adelante mientras me corría y
me desplomé en los brazos de Casey. Deslicé mi polla fuera
de ella y me moví hacia abajo, poniendo mi cabeza en su
pecho mientras intentaba recuperar el aliento. Podía sentir
sus manos frotando mi espalda, escuchando el sonido de su
corazón latiendo en su pecho.
Mientras nuestros cuerpos se relajaban, envolví a
Casey con mis brazos. Nos quedamos dormidos todavía
entrelazados. Podía sentir su pesada respiración como si
todo estuviera como debería estar. Incluso cuando nos
movíamos en la cama, terminábamos cerca, como si nos
atrajéramos el uno al otro.
Cuando el sol se coló a través de la ventana, bostecé,
frotando mi mano en la espalda de Casey, contento de que
no hubiera huido. Se dio la vuelta y me sonrió, cerrando los
ojos mientras yo besaba sus suaves labios. Nos levantamos,
sabiendo que tenía que llevarla a casa, ya que Seth se
despertaría pronto, si no lo había hecho ya.
Nos pusimos la ropa en silencio, alisándonos el pelo y
tratando de estar presentables. Pedí un coche y nos
tomamos nuestro tiempo para salir a la calle. Entramos, y
nos sentamos uno junto al otro. Observé a Casey mientras
la luz de la mañana la cubría con su resplandor y sus ojos
brillaban. El tiempo era frío pero la sensación que había
entre nosotros era cálida y familiar.
Vi cómo los dueños de las tiendas colgaban diferentes
decoraciones en sus escaparates y la gente caminaba
abrigada y con guantes de punto. Instantáneamente, sentí
la misma felicidad que tenía de niño, durante las
vacaciones, algo que realmente había echado de menos.
Cuando llegamos a su casa, Casey me invitó a tomar un
café y acepté, al no estar listo para separarme todavía de
ella. Por alguna razón, no podía apartarme de ella.
Fuimos de la mano, subimos las escaleras y entramos
en el apartamento. El olor del café y el tocino llenó mi nariz
y oí a Seth hablando con su abuela en la cocina. Al entrar,
fuimos recibidos con los dulces saludos de Andrea y Seth.
Andrea estaba preparando el desayuno y Seth dibujaba en
la mesa.
—Hola, Dex —me dijo, todavía mirando su dibujo.
Casey me guiñó un ojo mientras sacaba unas tazas de café
del armario y empezaba a prepararlo.
—Hola, amigo —le saludé, revolviéndole el pelo—.
¿Dormiste bien?
—Sí —dijo sin pensarlo.
—¿Qué dibujas? —Miré por encima de su hombro y me
senté a su lado.
—Edificios —respondió—. Este lo vi cuando fuimos al
huerto de calabazas. Es la granja.
—Ya lo veo —dije—. Cuando era pequeño, también solía
dibujar edificios.
—¿En serio? —Sus ojos se abrieron de golpe como si
nunca hubiera conocido a otro pintor en su vida.
—Sí —dije—. Mi madre me llevaba por la ciudad y me
dejaba dibujar mientras hacía los recados.
—La mía no me deja solo —se burló.
—Bueno, solo tienes cuatro años y te quiere más que a
nada del mundo —dije, riéndome—. Tal vez cuando seas
mayor.
Casey trajo mi taza de café y la puso en la mesa
delante de mí. Sonreí cuando me dio una palmadita en la
cabeza y se inclinó para besarme la mejilla. Esto fue tan
perfecto como aterrador. Me senté de nuevo en la silla y
bebí un poco de café, mirando fijamente el papel mientras
Seth garabateaba.
Podía oír a Andrea y a Casey hablando, pero me quedé
sin aliento, pensando en cuando tenía la edad de Seth. Solía
sentarme en la mesa de la cocina haciendo exactamente lo
mismo. Tenía una extraña forma de sostener los lápices, ya
que mis dedos eran gordos por aquel entonces. Miré a Seth
y observé cómo empujaba su pulgar entre sus dedos medio
y anular mientras sostenía el lápiz, exactamente como yo lo
hacía. Fruncí el ceño. Aquella era una extraña coincidencia.
Mientras tomaba otro poco de café, pensé en el tiempo
que estuve fuera. Negué con la cabeza, sintiéndome tonto
por haberlo pensado. No podía ser, ¿verdad? Observé cómo
Seth estudiaba su dibujo con detenimiento, buscando
cualquier imperfección, revisando un lado y arreglando otro.
Lo miré fijamente durante unos momentos, tratando de
encontrar cualquier conexión entre nosotros. Debía parecer
un loco mirándole así. Casey me miraba con una expresión
rara. De repente, algo me golpeó. El niño podría ser mío.
Pero ¿por qué me lo ocultaría? No, tenía que estar
equivocado, tenía que ser todo producto de mi imaginación.
De pronto, el pánico se apoderó de mí y dejé mi café,
me levanté y accidentalmente tiré la silla. Todos me miraron
confundidos y Casey dio un paso adelante, asustada. Recogí
la silla y me reí con nerviosismo. Miré a la madre de Casey
y, luego, al apuesto niño que estaba sentado frente a mí. No
quería asustar a nadie, así que respiré hondo y me aclaré la
garganta.
—Me acabo de acordar que mañana tengo una reunión
importante y debo prepararla —dije, sabiendo que era
mentira—. Muchas gracias por el café.
Le di a Casey la taza y salí de la cocina. Me puse el
abrigo y los guantes y miré hacia atrás, viendo a Casey
aturdida y confundida en el pasillo. Le sonreí con falsedad y
agarré el pomo de la puerta, tirando con fuerza hasta que
me di cuenta de que seguía cerrada. Casey se acercó y la
abrió, mirándome fijamente.
La miré un momento, queriendo decir algo, cualquier
cosa, pero no pude. Salí de la puerta y bajé los escalones,
irrumpiendo en el frío aire de la mañana. Cerré la puerta
tras de mí y respiré hondo, sin saber adónde ir. Miré a mi
chófer que mantenía la puerta abierta, así que me cerré el
abrigo y me metí en el coche.
Mil pensamientos volaron por mi mente de camino a
casa. Seth tenía cuatro años, me había acostado con Casey
hacía cinco, lo que significaba que existía la posibilidad de
que Seth fuera mío. Negué con la cabeza y me reí. Casey
me lo habría dicho si tuviéramos un niño. Y si no lo hubiera
hecho ella, seguramente me lo habría contado mi hermana.
Una parte de mí quería llamar a Natalie pero aún
estaba de luna de miel y no quería arruinársela,
especialmente si me ponía a pensar demasiado. Lo de los
dibujos tenía que ser coincidencia, a muchos niños les
gustan los edificios y dibujar.
Cuando nos detuvimos frente a mi edificio, salí y subí
las escaleras, tiré mi abrigo en el recibidor y saqué una
cerveza de la nevera. Me asustaba un poco la idea de que
Seth fuera mi hijo. No estaba preparado para ser padre,
aunque eso significara criar a un niño increíble con una
mujer tan maravillosa como Casey.
Tenía una carrera y muchas responsabilidades y no me
establecía porque necesitaba mi espacio y tiempo para
ocuparme del trabajo. Mientras me sentaba en el salón,
bebiendo y mirando la ciudad, podía sentirme distanciado
de Casey y de toda esta situación.
Dejé la botella en la mesa auxiliar y entré en mi
habitación, sacando varios trajes y una maleta. Sin
pensarlo, como si me controlaran como un robot, vacié mi
cómoda y volví a hacer mi equipaje. Eso era demasiado
para mí y quería olvidarlo. Me sentí demasiado atraído por
Casey y eso tenía que terminar. Ya. No importaba que aún
faltaran días para irme de viaje. No importaba que hubiera
pensado cuidar de verdad de Casey y Seth. Nada importaba
más que mi deseo de huir. Tenía que salir de la ciudad lo
más rápido posible.
 

 
Capítulo 12

 
 
Casey
Miré fijamente al rociador de pavo de la encimera, sintiendo
que mi dolor de cabeza regresaba como venganza. Había
pasado más de un mes desde la última vez que hablé con
Dex. Había pasado más de un mes desde que miró
fijamente a Seth y, luego, huyó de casa como si esta
estuviera en llamas.
Una parte de mí supo lo que estaba pensando, no era
estúpido, y la otra se preguntaba si lo estaría pensando
demasiado. Esa noche había sido increíble, reveladora y
emotiva para ambos. Salimos de su ático en una nube,
flotando de emoción y atracción. Mi corazón nunca había
estado tan pleno, ni pensaba que volvería a estarlo así.
Mientras recorríamos las calles de Nueva York camino de
Brooklyn, me sentí segura y entera como nunca.
Desde entonces, pasé por las etapas del duelo como
alguien que pierde a un pariente o un amigo cercano. Me
negué a creer que Dex pudiera abandonarme así, sin más,
sin decir una sola palabra, especialmente si pensaba que
Seth era su hijo. Estaba enfadada porque me permitió tener
esperanzas. Me engañó, se llevó a mi familia de excursión a
ver calabazas y me hizo el amor en su propia cama. Me
abrazó toda la noche, sin dejar que me alejara ni un
centímetro de él.
Me hizo creer que empezaba a vernos como una pareja
y no solo como dos adolescentes lujuriosos que se
acostaban cada vez que él estaba en la ciudad. Estaba
desesperada y ese corazón roto me mantuvo despierta
durante noches. Me dije a mí misma que me preparara para
que me rompiera el corazón pero, después de esa última
noche en su apartamento, me di por vencida y pensé que
no había razón para ello. Me permití creer que él se
quedaría. Fui una estúpida.
Miré a mi madre mientras sacaba el pavo del horno y
me sonreía. Ella sabía lo que me pasaba, aunque no se lo
dijera. Después de que Dex desapareciera, ella se llevó a
Seth unos días, dejándome dormir y estar sola en mi dolor.
Respiré hondo, intentando que el constante nudo de mi
garganta desapareciera.
Levanté la vista cuando alguien llamó a la puerta. Abrí
y me encontré con mi mejor amiga y a su esposo. Ella
sostenía una botella de vino y estaba igual de bronceada
que su marido. Por un segundo, casi olvidé lo triste que me
sentía, feliz de tenerla de vuelta para pasar las vacaciones.
Abracé a Natalie, sabiendo que ella iba a sentir el dolor en
mi pecho.
—Estáis guapísimos —exclamé con emoción—. ¡¿Cómo
fue el viaje?!
—Oh, maravilloso —dijo Natalie, tomándome del brazo
y caminando hacia la cocina—. El agua era azul, el cielo
claro, y las bebidas de coco muy abundantes.
Tan pronto como Natalie vio a mi madre, gritó y corrió a
darle un abrazo. Luego se volvió hacia Seth y lo tomó en
brazos, soplándole pedorretas en el cuello. Su risa y el olor
de la cena de Acción de Gracias calmaron mi alma y casi me
hicieron llorar. Todo había sido tenso y tranquilo desde que
Dex desapareció. Sin mi madre acosándome, me había
vuelto complaciente con mis sentimientos. Pero ahora, con
mi familia alrededor, podía sacar a Dex de mi mente,
aunque fuera solo un rato.
Natalie me agarró del brazo y me llevó a la sala de
estar, donde nos dejamos caer en el sofá. Sirvió dos copas
de vino blanco y se sentó, mirando la decoración. Siempre
le gustaron nuestros adornos, decía que la hacía sentir
como si estuviera en casa. Tomó un sorbo de vino y me
miró. No quería hablar de eso, solo quería disfrutar de
Acción de Gracias.
—Lo sabe, ¿verdad?
—Solo quiero disfrutar de Acción de Gracias. —Suspiré
—. Ha sido muy estresante desde que huyó. Creo que lo
sospecha, pero aún no se lo he dicho.
—¿Vas a hacerlo?
—No lo sé —dije, mirando el suelo—. Tal vez, si vuelve
a aparecer. Su mirada cuando se fue me dio a entender que
lo sabe, pero no preguntó y, después de eso, no volví a
saber nada de él. Estoy segura de que se marchó de viaje.
No quiero que venga si no quiere quedarse, Natalie. Quiero
que esté aquí si puede comprometerse. Realmente empezó
a abrirse a Seth y eso me rompe el corazón porque el niño
todavía pregunta dónde está Dex y no sé qué decirle.
—Lo siento —murmuró, con una mirada triste—. Siento
que fuera así. Pero conozco a Dex, y no te está rechazando.
Si piensa que Seth es suyo, probablemente esté sorprendido
y no tendrá ni idea de qué hacer.
—Yo tampoco —respondí, ligeramente enfadada—. Pero
no tuve elección.
—Lo sé —dijo tímidamente—. Lo siento.
—Mira —contesté, bajando la voz—. Estoy tan contenta
de que hayas vuelto. Disfrutemos esta noche y dejemos a
Dex en segundo plano, podemos hablar de ello mañana.
—Bien. —Ella sonrió—. Quiero que disfrutes de las
vacaciones.
Me incliné y abracé a Natalie, finalmente respiré hondo
y me dejé embarcar por Acción de Gracias. Mientras dejaba
mi copa sobre la mesa, lista para escuchar más anécdotas
de su luna de miel, alguien llamó con fuerza a la puerta.
Inmediatamente, me puse nerviosa y Natalie debió darse
cuenta porque extendió la mano y me agarró.
Me levanté del sofá y caminé despacio hacia la puerta.
Al abrirla, mis peores temores se confirmaron. Con el
corazón en un puño, me encontré a Dex, quien luchaba por
sostener un montón de caramelos, regalos y dulces típicos
de la festividad de Acción de Gracias. Me sonrió cuando
entró por la puerta. Una parte de mí quería hacerle
tropezar, otra decirle que se largara, y otra parte besarlo y
darle la bienvenida.
Nos quedamos uno frente al otro sin decir una palabra,
solo mirándonos. No sabía qué hacer, especialmente con
Natalie y Brandon en casa. Además, Seth estaba en la
cocina. Habría sido horrible por mi parte decirle que se
fuera, nadie lo habría entendido. Pero al mismo tiempo, no
sabía si podría pasar toda la noche con él. Estaba tan
confusa. Sin embargo, mientras iba a decirle lo que sentía,
Brandon salió de la cocina y dio una cálida bienvenida a
Dex. Le dio una palmadita en el hombro y le ayudó con los
regalos.
—Feliz Día de Acción de Gracias, tío —exclamó Brandon
—. Vamos, dejemos esto en la cocina.
—Gracias —dijo Dex, mirándome con una sonrisa—. He
volado muchas horas para venir hoy.
Suspiré y los seguí hasta la cocina, de donde provenían
las carcajadas de Seth. No iba a tener elección, aunque no
estaba enfadada con Brandon porque no tenía ni idea de lo
que ocurría.
Durante la cena, intenté centrar mi atención en Natalie
y Brandon, escuchando sus anécdotas sobre la luna de miel
y riéndome de sus percances. Me di cuenta de que Dex
quería hablar conmigo, pero no estaba segura de poder
mantener una conversación con él. Ya no me preocupaba el
no controlarme sexualmente con él, ahora me preocupaba
no contener mi temperamento y mi profunda decepción.
Creo que él lo sabía, ya que no hizo ningún intento
directo por hablar conmigo. En cambio, dirigió sus
preguntas al grupo. Yo solo movía mi cabeza y miraba hacia
mi plato, sin responderle directamente. Tampoco pude
evitar notar que miraba a Seth de vez en cuando, con una
expresión confusa.
Cuando la cena terminó, me disculpé, ayudando a
llevar las sobras a la cocina y a poner los platos en el
fregadero. No pasó mucho hasta que Dex entró, bebiendo
una copa de vino y charlando con mi madre sobre cómo le
iba. Como siempre, mi madre fue educada y cortés, le
gustaba mucho Dex.
—Bien, chicos —dijo mi madre mientras colocaba el
último plato—. Voy a llevar esto a la parroquia.
—Yo lo haré —me ofrecí enseguida, sabiendo que
Natalie no se quedaría mucho más. Mi madre quería darme
la oportunidad de hablar con Dex, pero no estaba segura de
estar preparada para eso.
—Iré con ella —dijo Dex, dejando el vino y agarrando
una bolsa de comida para llevar.
—Oh, bien —exclamó mi madre con una sonrisa—.
Casey sabe dónde es, preguntad por Debbie al llegar.
—Puedo sola —refunfuñé mientras Dex me ayudaba
con las bolsas. Por un momento, mi aliento se quedó
atrapado en mi garganta cuando nuestras manos se
rozaron. Rápidamente me libré de esa sensación y caminé
hacia la puerta.
Dex me la sostuvo mientras yo salía, ignorando el
guiño y la sonrisa de Natalie desde el sofá. No había
absolutamente nada por lo que guiñar y sonreír, esto era
muy incómodo. Bajamos a la iglesia en silencio, ambos
queríamos decir algo pero permanecimos callados. Nos
mirábamos torpemente, y luego hacia otro lado. Una parte
de mí quería oír lo que tenía que decir, por qué se escapó y
cuál iba a ser su excusa esta vez, pero al mismo tiempo
sabía de qué quería hablar. Forcé una sonrisa cuando dejé la
comida, sin pensar siquiera en presentar a Dex. Puso las
bolsas en la cocina de la parroquia y le deseó a la mujer un
feliz día de Acción de Gracias.
A la vuelta, había tantas cosas que pasaban por mi
mente que ni siquiera podía pensar con claridad. Dex no
actuaba con su despreocupación habitual sino parecía
pensativo. Intenté acelerar el paso para que no tuviéramos
oportunidad de hablar antes de volver al apartamento, pero
él me siguió el ritmo, y nuestras manos se rozaron
momentáneamente. Caminé sin esperar a Dex ya que un
coche venía por la calle. Me acerqué al edificio, pero sentí
que el brazo de Dex me agarraba. Lentamente me hizo girar
para enfrentarlo.
Mi corazón empezó a latir tan fuerte que podía oírlo.
Estábamos parados increíblemente cerca, casi en los
escalones del apartamento pero no me sentí amada, atraída
o deseada. En vez de eso, tenía miedo de que mi secreto
saliera a la luz. Temía que Dex me dijera que sabía que Seth
era suyo.
—Voy a ir directo al grano —me dijo con una
respiración profunda—. ¿Quién es el padre de Seth?
Lo miré, sabiendo que no podía mantener el secreto
por más tiempo. Respiré hondo y finalmente reconocí:
—Tú, Dex. Tú eres el padre de Seth.
 

 
Capítulo 13

 
 
Dex
—Tú, Dex —dijo con certeza y culpa—. Tú eres el padre de
Seth.
Las palabras resonaron en mi cabeza y retrocedí,
sintiendo todo mi mundo girando bajo mis pies. Tenía esa
sospecha, por lo que me fui a Sudamérica. Tenía que
aclararme, entender que quería hacer al respecto. Al final,
sin embargo, pensé que me diría que era de otro. Nunca
pensé que alguien me ocultaría este tipo de cosas. Seth
tenía casi cinco años y yo me perdí todo ese tiempo.
Recordé a mi propio padre y el tiempo que pasamos
juntos. Él trabajaba mucho pero fue una parte
extremadamente importante de mi vida, sobre todo de niño.
A Seth le gustaba dibujar edificios como a mí, sostenía su
lápiz igual que yo y se reía a carcajadas como yo. Estaba
tan confundido, tenía tanto que ofrecer pero al mismo
tiempo no tenía ni idea de cómo iba a hacerlo.
Durante todo este tiempo Seth podría haber aprendido
y crecido conmigo. En cambio, yo estaba volando por medio
mundo y soñando con la aventura de una noche que
compartí con su madre. Pero nada de esto fue culpa mía.
Nunca supe que Seth era hijo mío. Ni siquiera había
pensado en ello hasta aquel día, después de ir al campo y
ver las calabazas.
Dios, el huerto de calabazas. Llevé a ese niño sobre mis
hombros y lo acaricié sin saber que era mío. Tenía un hijo,
un niño de cuatro años. Era mío y Casey me lo ocultó. Ni
siquiera me dijo la verdad. Ni una sola vez en todos estos
años.
Todo iba tan rápido. Casey se quedó quieta con
lágrimas en los ojos. Debió pensar que yo era un monstruo,
que me iba y no volvía ni llamaba. Pero al mismo tiempo,
era la mejor amiga de mi hermana, podría habérmelo dicho
en cualquier momento.
Mientras mis pensamientos se volvían hacia mi
hermana, sentí una nueva ola de rabia correr por mis venas.
Nadie podría convencerme de que Natalie no sabía nada.
Aunque Casey tratara de mantenerlo en secreto, mi
hermana era muy inteligente, ella habría descubierto la
verdad. Pero de nuevo, nadie me lo había dicho, ni siquiera
mencionado esa posibilidad. De hecho, ni siquiera sabía que
el niño existía hasta que me presenté en el apartamento de
Casey la semana después de la boda de Natalie. Si no lo
hubiera hecho, habría pasado el resto de mi vida sin saber
nada de mi propio hijo.
—¿Por qué no me lo dijiste? —Estaba enfadado y no
intenté ocultarlo, pero su respuesta no fue la que esperaba.
—Todo fue una sorpresa total —dijo, sacudiendo la
cabeza—. Yo era virgen cuando nos acostamos. Ni siquiera
se me pasó por la cabeza que pudiera quedarme
embarazada. Dios, era mi primera vez. Ese tipo de cosas no
pasan.
La miré en estado de shock. Era virgen y yo no lo sabía,
ni me dio la más mínima pista. No solo le había arrebatado
su virginidad en un viejo sofá, en la sala de estar de su
madre, sino que la dejé embarazada. Quería sentirme
culpable, pero con toda esta nueva información, la única
emoción a la que podía aferrarme era la ira.
—Deberías habérmelo dicho —gruñí.
—Estabas fuera del país —me respondió con ligereza—.
No al otro lado de la calle. Y además, ¿qué se suponía que
debía hacer? Llamarte y decirte: «Hola, soy Casey, la chica
con la que te acostaste en el sofá en Nochebuena. Solo
quería decirte que era virgen y ahora estoy embarazada.
¡Buen viaje!» No, eso no era algo que se pudiera decir por
teléfono, Dex. Y, de todos modos, no me habías dejado tu
número.
—Eres la mejor amiga de mi hermana —murmuré—.
Podrías haberte puesto en contacto conmigo si hubieras
querido.
—Estabas persiguiendo tus sueños, ganando millones,
construyendo centros turísticos —dijo, empezando a ir de un
lado a otro—. No tenías tiempo para una chica de Brooklyn.
Dejaste muy claro que no eras un hombre de familia.
—¿Cómo lo hice?
—Oh, vamos, Dex. Apareces en todas las revistas de
cotilleos. Eres un playboy. Puede que seas dulce y amable,
pero no eres de los que mantienen relaciones largas, y
mucho menos para criar a un niño —dijo—. Se necesita
mucho más que dinero para criar a un hijo.
—¿Crees que no lo sé? —Estaba furioso—. Ni siquiera
me diste la oportunidad de tomar esa decisión.
—No sé —respondió, sacudiendo la cabeza—. Tenía
miedo de que pensaras que iba detrás de tu dinero o algo
así. No soy una cazafortunas. No quería, ni necesitaba tu
dinero.
—¿Por qué el dinero siempre tiene que ser un
problema? —Me pasé las manos por el pelo y miré al cielo—.
Dios, ahora entiendo la irritación de mi padre con mi madre.
Ella siempre pensó las cosas y nunca consideró los
sentimientos de mi padre.
—Tenía un montón de cosas en qué pensar. —Ella se
quebró—. Siento no haber considerado tus sentimientos.
—¿Por qué no me lo dijiste cuando volví? —Me sentía
culpable por el hecho de que criara al niño sola y traté de
calmar mis nervios.
—Porque eras el mismo Dex. Un hombre obsesionado
con el trabajo pero que busca una aventura. Si te lo decía,
tenía miedo de que te fueras... o peor, que intentaras
quitarme a Seth. No quiero pelear por la custodia, el niño ya
ha pasado por mucho. Tiene una familia cariñosa y gente
que renunciaría a todo por él. Gente que ha renunciado a
todo por él. No quiero que sea un juguete, que se mezcle en
la vida de un rico de Manhattan que pasea por Brooklyn. Así
que tomé la decisión de mantenerlo en secreto y, hasta
hace poco, nadie lo sabía excepto yo.
Anduve de un lado a otro, tratando de controlar mi ira.
¿Cómo pudo no decírmelo? ¿Y si hubiera una batalla por la
custodia? Tenía derecho sobre mi hijo y me mantuvo al
margen todos estos años. Pensó que no sería un buen padre
porque era rico y tenía una empresa que dirigir. Mi padre
era rico y trabajaba para construir un imperio, pero seguía
siendo un buen padre. Sentí que me juzgaba porque no era
rica, porque no entendía el mundo en el que yo vivía.
Intentaba hacer todo lo posible para controlar mis
tumultuosas emociones.
—¿Cómo te atreves a guardar un secreto así porque no
pensaste que sería un buen padre? —le dije—. ¿Cómo lo
sabrías si no me dabas la oportunidad de demostrarte que
estabas equivocada?
—Eso no es lo que he querido decir y lo sabes —me
rebatió enfadada—. Y además, no hay nada malo en
proteger a un hijo. No hay nada malo en que tema que me
lo arrebates. No hay nada malo en que tenga miedo de que
le trates de la misma manera que a mí. Ese niño no puede,
ni debe, tener a un ser querido que se va de la ciudad sin
decir nada. Te comportas muy bien para cenar con mi
familia, pasar un rato con mi hijo y luego largarte. Seth ha
preguntado por ti desde que te fuiste y no sabía que decirle.
¿Cómo crees que le afectaría eso si supiera que eres su
padre?
—¡Pero no es así! —grité—. Ni siquiera me diste la
oportunidad de decidir. No puedes acusarme de eso cuando
no sabía que debía estar allí, que no debía irme.
—No —dijo, señalándome con el dedo—. Ese fue un
muy buen ejemplo de lo que mi hijo podía esperar.
Independientemente de si lo sabía o no, te acercaste a
nosotros y saliste corriendo. Yo no puedo darme el lujo de
marcharme cuando las cosas se complican. Mi hijo necesita
estabilidad.
Estaba tan enfadado que ni siquiera pensaba con
claridad. Anduve de un lado para otro, tratando de
controlarme, tratando de no explotar. Debería haber sido
capaz de sentarme e intentar entender su postura, pero
estaba demasiado enfadado para hacerlo. Toda mi vida,
había sido capaz de soportarlo todo, pero por primera vez,
sentí que no tenía control de las palabras que salían de mi
boca. Respiré hondo y apreté los dientes, mirando la boca
temblorosa de Casey.
—Quién sabe —dije con un tono inquietantemente
tranquilo—. Tal vez sí eres una cazafortunas. Este niño quizá
ni siquiera es mío y estás tratando de encasquetarme al hijo
de otro. Te avergonzabas de haberte tirado a un pobre de
Brooklyn y no podías soportar la verdad, así que inventaste
que era mi hijo.
—No digas eso —murmuró Casey en voz baja, con
lágrimas en la cara—. No puedes creer eso.
—¿No? ¿Acaso sé quién eres? Pareces dulce, sincera e
inteligente, pero tal vez eres igual que las demás. —Escupí
esas palabras, sin pensar—. Buscas salir de Brooklyn, de la
zona residencial y de la ciudad. ¿Cómo se supone que voy a
saberlo?
Comprendí lo mucho que aquellas palabras lastimaron
a Casey. Estuvo mal por mi parte arremeter contra ella de
esta manera. Estuvo mal que dijera estas cosas,
especialmente cuando no las creía. Casey era dulce, amable
y una madre increíble para Seth. Nunca me había mostrado
nada diferente, ni siquiera por una fracción de segundo.
Pero estar allí de pie, enfrentándome a la verdad de
que tenía un hijo de cuatro años y que me mantenían al
margen porque temía cosas que nunca haría, me hizo hervir
la sangre. Me sentí como el niño que camina con el papel
higiénico en su zapato y del que todo el mundo susurra a
sus espaldas pero nadie se adelanta para decirle la verdad.
Negué con la cabeza. Me aparté de Casey, sabiendo
que sus lágrimas me harían sentir culpable porque no creí
que mereciera sentirme así en este momento. Llámame
egoísta, pero me merecía algo mejor que lo que me acaban
de dar. En ese momento, no quería detenerme, quería decir
cosas hirientes y no me importaban las consecuencias.
—¿Sabes qué? —dije en voz baja con una sonrisa
perversa—. Ni siquiera creo que fueras virgen. Una chica
como tú habría buscado un amante mucho antes. Y tal vez
no lo hayas dejado todavía, especialmente con lo fácil que
fue para mí meterme en tus bragas.
 

 
Capítulo 14

 
 
Casey
Respiré hondo, tratando de entender el dolor de Dex. Le
había engañado y aunque no fue por malicia o mala
intención, le oculté un gran secreto. Tenía que creer que
aquellas palabras no las pensaba de verdad. Tenía que
mantener mis emociones a raya, pero él me lo estaba
poniendo muy difícil. Cuando decidió atacar mi carácter y
mi persona, sentí que mi propia ira se apoderaba de mí.
Respiré hondo y apreté la mandíbula, sabiendo lo que
vendría después.
—¿Sabes qué? —dije en voz baja con una sonrisa
perversa—. Ni siquiera creo que fueras virgen. Una chica
como tú habría buscado un amante mucho antes. Y tal vez
no lo hayas dejado todavía, especialmente con lo fácil que
fue para mí meterme en tus bragas.
Eso era, eso era lo único que sabía que no podía
soportar. Mis ojos se abrieron de par en par y sin pensarlo,
le di una bofetada. Las lágrimas corrían por mis mejillas y
sentí que no podía respirar.
—¿Cómo te atreves? —susurré—. ¿Cómo te atreves a
cuestionar algo tan sagrado e importante? Vete al infierno,
Dex.
Corrí por las escaleras y atravesé la puerta, cerrando
de golpe y con llave detrás de mí. Todo mi cuerpo temblaba
y tan pronto como me separé de Dex, me volví
completamente loca. No me importaba que Brandon y
Natalie estuvieran sentados en la sala. No me importaba
que el padre de mi hijo estuviera en la calle, debajo del
apartamento.
Dejé salir todas las emociones que había contenido
durante los últimos cinco años. Natalie corrió y me agarró
del brazo, llevándome al sofá. Me temblaban las manos y
sollozaba incontrolada. No podía respirar ni pensar. La
cabeza me daba vueltas y el corazón me dolía como nunca.
Todo lo que oía eran las duras palabras de Dex resonando
en mi mente.
Natalie sonrió con amabilidad mientras servía una copa
de vino y me la daba. Esperaron pacientemente mientras la
cogía y recuperaba el aliento. Apenas veía a través de las
lágrimas y me llevé el vino a los labios, dejando salir una
respiración profunda mientras me calmaba la garganta.
Sabía que tendría que contar toda la historia desde el
principio, ya que Brandon no sabía nada pero no me
importaba, sería la primera vez que hablaba de ello y
necesitaba hacerlo.
Una cosa con la que me podía sentir cómoda era que
Natalie sabía quién era yo. Ella conocía mi carácter, mis
acciones, mi amor y mi corazón. Ella nunca pensaría, ni
siquiera por una fracción de segundo, que algo de lo dicho
por Dex fuera verdad. Aún así, contarlo fue un poco
estresante ya que nunca se lo había contado a Natalie. Ella
nunca preguntó. Me dejó, entendiendo que cualquiera que
fuera la razón, era probablemente una razón de peso.
—Brandon, sé que todo esto es muy confuso para ti —
gimoteé—. Así que, empezaré desde el principio. Hace cinco
años, conocí a Dex. Era Nochebuena y bebimos, los chistes
eran divertidísimos, y conectamos. Cuando Natalie se fue,
tuvimos sexo. Fue mi primera vez y no lo pensé dos veces.
Al día siguiente, Dex se fue de viaje y, dos meses más
tarde, descubrí que estaba embarazada. Dex es el padre de
Seth.
Dejé que Brandon lo asimilara mientras Natalie le
tomaba la mano. Sabía que tendría preguntas, pero quería
que supieran toda la historia para que me entendieran
mejor. Una parte de mí estaba avergonzada por esconder a
Seth de Dex, pero la otra parte de mí seguía apoyando
firmemente mi decisión de proteger a mi hijo.
—Nunca se lo dije a Dex porque no era de los que se
establecen —le expliqué—. Cuando lo conocí, estaba
demasiado centrado en su empresa: construyéndola,
ampliándola y llevando a cabo el trabajo del padre de
Natalie. Era un playboy, no porque fuera imbécil, sino
porque se había establecido en su propia vida. Cuando
volvió para la boda, vi que seguía igual.
Puse mis manos en mi regazo y las junté para detener
el temblor. No quería sentarme y culpar a Dex, pero él hizo
lo que hizo y dijo lo que dijo. Si iba a contar la verdad,
necesitaba contarla toda y no solo lo que pensé que ellos
querrían oír. Sabía que tenía un papel en esto y que
continuaría haciéndolo el resto de mi vida, pero lo que dijo
Dex fue innecesario e hiriente.
—Pensé por un segundo, por una fracción de segundo,
cuando nos llevó a la granja de calabazas, que tal vez su
idea de futuro estaba cambiando. Era tan bueno con Seth y
actuó como si quisiera más, pero al final del día, se fue. No
llamó, ni envió mensajes, nada —dije—. Hoy cuando
apareció, fue la primera vez que lo vi desde ese día. Seth
lleva preguntando por él semanas y no supe qué decirle.
Ahora, en la calle, Dex me preguntó quién era el padre de
Seth, y se lo dije.
—Lo siento —dijo Brandon—. No sabía que nada de eso
había pasado. No le habría dado la bienvenida a tu casa de
esa manera.
—No, Brandon —exclamé, con voz amable—. No es tu
culpa. No te preocupes.
—Y, no salió bien —lamentó Natalie.
—No —dije, llorando de nuevo—. Me acusó de ser una
cazafortunas. Dijo que estaba mintiendo sobre mi
virginidad, que solo estaba tratando de atraparle con Seth
porque me acosté con un tío de mierda. Entiendo por qué
estaba enfadado, pero eso fue ir demasiado lejos. No
entiendo cómo pudo decirme cosas así.
—Oh, Dios —jadeó Natalie mientras me rodeaba con
sus brazos—. Siento mucho que haya actuado de esa
manera. No nos criaron así. Puedo ir a darle una patada en
el culo por ti.
—Sí —respondió Brandon—. No te ofendas, cariño, sé
que soy nuevo en la familia, pero… a tu hermano le vendría
bien una buena patada en el culo.
Me reí a pesar de las lágrimas, me alegré de tener su
apoyo, sin embargo, deseaba estar sola. Apreté a Natalie
con fuerza y me alejé, todavía sosteniendo sus manos.
—Os quiero —dije entre lágrimas y sonrisas—. Pero en
realidad, me gustaría descansar. Estoy cansada y creo que
una buena noche de sueño sería lo mejor para mí.
—Bien —contestó Natalie, abrazándome fuerte—. Si
necesitas algo, envíame un mensaje o llámame. A cualquier
hora, en serio.
—Lo haré. Pero de verdad, no te preocupes por mí. Esto
también pasará. Ya estoy acostumbrada a que Dex me
rompa el corazón.
En realidad, nunca fue más fácil. Todavía no estaba
acostumbrada a que Dex saliera constantemente de mi vida
y ahora, con sus palabras hirientes, estaba completamente
fuera de mí. Parte de mí quería que Natalie se quedara,
parte de mí quería ese consuelo y cariño que ella me
proporcionaba pero sabía que si iba a lidiar con todo esto,
necesitaría estar sola.
Estaba acostumbrada a resolver los problemas sola,
sobre todo por ser tan tímida y no tener muchos amigos. En
cambio, aprendí a concentrar mi energía y a resolver mis
problemas por mi cuenta. Esta vez, sin embargo, sabía que
habría muchas preguntas e incluso más lágrimas de lo
normal. No se trataba solo de un problema con las facturas
o con mi madre, sino que afectaba tanto a mi corazón como
a mi cabeza.
Sonreí y los acompañé a la puerta, dándoles a ambos
un gran abrazo antes de que se fueran. Tan pronto como la
puerta se cerró, el dolor volvió a mi pecho. El silencio de la
casa era ensordecedor y deseaba que mi hijo se levantara
para distraerme de mi dolor. Me giré y apagué todas las
luces porque mi madre ya estaba en la cama. Fui de
puntillas por el pasillo a mi habitación, cerré la puerta y me
metí en la cama.
De pronto, las lágrimas comenzaron a inundar mis ojos
de nuevo, con la realidad golpeándome de lleno. Después
de cinco años de secretismo, le dije a Dex la verdad. Pensé
que si algún día llegaba este momento me sentiría aliviada,
pero no fue así. En lugar de quitarme este peso de los
hombros, lo expulsé de mi pecho, dejando un oscuro
agujero.
Mis pensamientos se remontaron cinco años atrás,
cuando estaba sentada al lado de ese hombre guapo y
encantador. Estaba despreocupada, feliz, y no pensé ni por
un momento que las cosas saldrían así. Nunca me
arrepentiría, adoraba a Seth, pero ¿cómo se había
estropeado todo tanto? Fue una de las experiencias más
placenteras y eróticas de mi vida.
Mi primera vez, algo que no podía olvidar por mucho
que lo intentara. En realidad, no quería hacerlo. No quería
recordar al padre de mi hijo como un hombre enfadado e
hiriente, aunque me resultara mucho más fácil odiarlo. Pero
no le odiaba, por mucho que quisiera hacerlo. Mientras
yacía allí, sentí que había convertido todo en un gran
desastre. Una situación ya de por sí jodida, ¿acababa de
empeorarla?
Cuando fuimos al huerto de calabazas, pensé que
reservaba mis sentimientos pero después de ver a Dex con
Seth y de hacer el amor esa noche, no podía explicar mis
emociones al verle salir corriendo de la cocina. Mi madre
trató de consolarme, diciéndome que tal vez me
equivocaba, pero no estaba ciega y tampoco lo estaba Dex.
Se fue corriendo a Sudamérica, asustado por lo que sabía
que era verdad. No volvió a pasar Acción de Gracias con
nosotros, volvió para ordenar sus pensamientos y descubrir
la verdad. Bueno, ya la sabía, pero por su respuesta, no
estaba listo para ella.
Me di la vuelta en la cama cuando oí el crujido de mi
puerta. Me limpié los ojos rápidamente y resoplé. Seth entró
tambaleándose, con los ojos adormecidos y frotándose la
cara. Me senté en la cama y lo levanté, dejándolo a mi lado.
A veces tenía pesadillas y siempre entraba en mi habitación
para acurrucarse a mi lado. Era una de mis partes favoritas
del día. Aunque odiaba cuando tenía pesadillas, sabía que
esa necesidad de estar conmigo no duraría para siempre.
Me senté allí, mirando su pelo rubio y su naricilla
arrugada mientras se dormía en la seguridad de los brazos
de su madre. Era lo único que me importaba en el mundo y
casi lo había olvidado. No había palabras de enfado, ni
historias amargas, ni peleas que pudieran quitarme eso.
Nunca volvería a ver a Dex para mantener a Seth a
salvo y feliz. Puede que no me sintiera bien al pensar en
ello, pero tenía que tomar una postura, y una que protegiera
a mi querido hijo para siempre.
 

 
Capítulo 15

 
 
Dex
El cuero blanco de los asientos del avión chirriaba bajo mi
mano. Miré fijamente el portátil mientras repasaba los datos
de mi próxima reunión. Iba de regreso a Caracas para
terminar los contratos de nuestro nuevo centro turístico. El
viaje no podría haber llegado en mejor momento. Mi mente
había estado en un torbellino desde lo del huerto de
calabazas, así que no había trabajado mucho.
Necesitaba concentrarme, trabajé mucho para que la
compañía volviera a estar en primera línea y ahora que lo
habíamos logrado, no podía permitirme distracciones.
Escribí algunos datos más y revisé el informe por si había
errores, dándome cuenta de que ya ni siquiera entendía las
matemáticas. Mi mente estaba saturada de cifras.
Suspiré y me pasé las manos por el pelo, viendo las
nubes pasar por el cristal de la ventanilla. Fui tan cruel con
Casey. No me había parado a pensar antes de hablar. Mi
padre se revolcaría en su tumba si supiera el tipo de
reacción que tuve. Pararme frente a su apartamento,
tratando de asimilar que era padre mientras miraba la cara
de Casey fue demasiado para mí. Pasó tanto tiempo
mintiendo a todo el mundo sobre Seth y quién era su padre,
incluyéndome a mí. Todavía no había hablado con mi
hermana, aunque me llamó varias veces. La ansiedad se iba
apoderando de mi estómago solo de pensar en el hecho de
que era padre. Y no de cualquiera, sino de un niño dulce,
cariñoso y extremadamente inteligente.
Casey se esforzaba mucho por proteger a su hijo de
una desagradable batalla legal, de la crueldad del mundo y
de mí. No tenía suficiente fe en mí para decirme la verdad.
En cierto modo, no podía culparla. Nunca le había dicho que
deseaba ser padre. Mostré mi encantadora sonrisa hablando
de todas las cosas que más temía para su hijo. Había sido
tan cruel con ella.
Le lancé palabras de odio como si no fuera nada.
Sabía que no le interesaba mi dinero ni mi empresa y le creí,
de todo corazón, cuando me confesó que era virgen cuando
nos conocimos. No se podía negar que Seth era mi hijo y,
aunque le dije todas esas cosas horribles, no creí ni una
palabra, ni por un segundo. Me merecía esa bofetada y
probablemente más. No la culpaba por reaccionar de la
manera en que lo hizo. Me merecía una patada en el culo
por cabrón.
La azafata se acercó con mi habitual whisky con hielo
y una toalla caliente, sonriéndome amablemente mientras
los ponía en la bandeja y se alejaba. Este era el ejemplo
perfecto de por qué todo era tan difícil para mí. Claro,
descubrir lo de mi hijo fue emocionante, pero mi mente ya
lo había aceptado como un hecho. A lo que me enfrentaba
era mucho más egoísta y egocéntrico que eso.
Era libre, libre de hacer lo que quisiera cuando
quisiera. Si quería tomar un avión a un lugar cálido y
trabajar, podía hacerlo. Si quería salir a tomar unas copas
en la ciudad, podía hacerlo. No se trataba de otras mujeres,
ya había tenido muchas, se trataba del poder de elegir lo
que quería teniéndome en cuenta solo a mí mismo. Con un
niño que dependía de mí, mental y emocionalmente, ya no
podría tomar decisiones sin considerar sus consecuencias.
El whisky bajaba más fácilmente de lo que debería,
mientras reflexionaba sobre mi vida y mis elecciones. Mi
ático estaba perfectamente diseñado, decorado y
mantenido a la altura de mi estilo de vida. No había nada
fuera de lugar y las habitaciones eran exactamente las
mismas. Nada en mi vida fue construido para acomodar a
una familia, lo cual se hizo a propósito. Sabía que mis
responsabilidades no me permitirían esa opción por mucho
tiempo.
Había construido mi existencia alrededor de ese
hecho irrefutable. Claro que me sentía solo de vez en
cuando, pero en realidad, me gustaba esa soledad. Quería
una excusa para continuar presionándome
profesionalmente, creyendo que tendría el control sobre
cuándo y si alguna vez decidía sentar cabeza. Mi padre no
tuvo esa opción y construyó su negocio con una familia a
cuestas. Él fue una parte extremadamente importante de mi
vida y la razón por la que soy así.
¿Podría Seth crecer sin un padre? Claro que sí, había
miles de madres solteras. Pero ¿era eso lo mejor para él?
Casey había soportado todo esto ella sola, cada noche, cada
lágrima, cada problema financiero, y ni una sola vez cogió el
teléfono para pedirme ayuda. Ayer, me hubiera enfadado
por eso, pero hoy me daba cuenta de lo fuerte que era y lo
difícil que debía haber sido para ella. Además de dejar a
Seth sin padre, ¿podría dejar a Casey seguir adelante con su
vida sin pareja? Debería tener a alguien a su lado,
soportando sus mismos problemas.
Casey era una mujer increíblemente valiente. Guardó
un secreto en lo profundo de su alma, sin decírselo a nadie
más que a su madre. Lo que me sorprendió fue que Andrea
actuara como si no tuviera ni idea de que yo era el padre de
Seth. Casi me hizo pensar que Casey también le mintió. Una
parte de mí quería saber qué historia había inventado para
seguir adelante, pero sabía que solo me enfadaría y me
amargaría más. Aún así, me sorprendió que pudiera haber
acudido a mí en busca de ayuda en cualquier momento,
pero que decidiera proteger a su hijo con tanta fuerza que lo
cargara todo sobre sus hombros.
Ese hecho por sí solo hizo que me sintiera culpable.
Podría haber estado ahí para ella y debería haberlo estado.
Si no hubiera actuado como un playboy rico, se habría
sentido más cómoda y venido a mí a decirme lo del niño.
Realmente no sabía cómo habría reaccionado hace cinco
años, pero al menos podría haberme asegurado de que se
ocuparan de ellos.
¿Qué pasaría si volviera para construir una relación
con mi hijo? ¿Casey me rechazaría? ¿Me rechazaría Seth? Si
tuviera una relación con ese niño, no podría hacerlo sin
tener una con su madre. Era una mujer extraordinaria que
ejemplificaba lo que significaba ser madre y compañera. La
forma en que me miró esa noche después de las calabazas
me demostró que se entregaba a sus sentimientos y que no
podía evitar pensar en mí como su otra mitad. ¿Y qué hice
yo? Me asusté y me fui. Sin llamadas, sin respuestas, nada.
Dejé que mi mente tomara el control y mis emociones
se desbocaron, alejándome de dos personas que realmente
me necesitaban. En ese momento, ambas me querían de
verdad en sus vidas. Pero, ¿y ahora? Me costaba creer que,
después de todo lo que pasó y de todo lo que dije, ella me
recibiría con los brazos abiertos.
Dejé mi vaso de whisky vacío y me limpié las manos
con la toalla caliente. Todo era tan confuso en ese momento
que ni siquiera sabía cómo asimilarlo. Estos eran los
momentos en los que deseaba desesperadamente que mi
padre estuviera vivo. Deseaba que pudiéramos sentarnos
aquí y hablar de todo. Pero, no lo necesitaba físicamente
para decirme qué era lo correcto. Me diría que necesitaba
estar con mi hijo y su madre. Me diría que había hecho mi
cama y que era hora de acostarme en ella.
Mi padre pudo haber sido un tío duro, pero era un
buen hombre que sabía cuál era la definición de
responsabilidad. Aún así, sentado solo en el avión, no podía
evitar preguntarme cómo habría sido mi vida si lo hubiera
sabido desde el principio. Casey habría estado feliz de
tenerme a su lado y Seth y yo ya tendríamos una increíble
relación padre-hijo.
Respiré hondo, sin saber cómo manejar las emociones
que fluían por mi cabeza y mi corazón. Toda la ira se había
disipado y dio paso a la tristeza, el miedo y la culpa. Estaba
triste por haberme perdido tanto tiempo con mi hijo. Me
sentí fatal por haber dejado a Casey sola, dándole la
impresión de que nunca querría tener nada que ver con una
familia.
Pero, sobre todo, estaba asustado. Tenía miedo de no
ser el hombre que mi hijo necesitaba, tenía miedo de no
estar a la altura de las expectativas de mi padre como
hombre. Sobre todo, estaba aterrorizado de que Casey no
quisiera tener nada que ver conmigo nunca más.
Obviamente no había seguido adelante, pero eso no
significaba que un día no lo hiciera.
Me imaginé a Casey, su hermosa sonrisa irradiando
mientras otro hombre la acompañaba por la iglesia,
llevando a Seth sobre sus hombros. Si me mantenía al
margen y ella conociera a otro, un buen tío como Brandon,
él se haría cargo de la familia que se suponía que era mía.
Solo de pensar en otro hombre tomando la mano de Casey y
abrazando a Seth me hizo ponerme mal del estómago.
Esa era la primera vez que experimentaba celos y me
di cuenta de que mis sentimientos por Casey iban más allá
de un fuerte deseo. Ella era la madre de mi hijo, la mujer
que recordé durante cinco años, y la única persona que me
había hecho sonreír y reír como si nadie me estuviera
mirando. Nada en el mundo se podía comparar con lo que
sentía estando con ella y Seth, disfrutando juntos de la cena
de Acción de Gracias.
En ese momento, quería dar la vuelta y volver
corriendo con Casey. Quería rogarle su perdón, prometerle
la vida que merecía y tomar a mi hijo en brazos. Clavé las
uñas en los brazos de la silla, preguntándome si eso era lo
que debía hacer. Tenía la habilidad de hacer que pasara
cualquier cosa, así que ¿por qué no eso? Pero no lo hice. En
vez de eso, continué mirando las nubes.
Mi incapacidad para actuar no estaba alimentada por
el miedo, sino porque realmente no sabía si mi presencia en
sus vidas era la elección correcta. Por primera vez en mi
vida, tenía que pensar en mí y en lo que era capaz de hacer.
¿Sería una buena elección cambiar mi mundo? ¿Podría
comprometerme completamente con Casey y Seth?
Estaba confuso, pero sabía que cuando el viaje
terminara, tendría que tomar una decisión.
 

 
Capítulo 16

 
 
Casey
Me apoyé en la encimera bebiendo mi café matutino y
pensando en los últimos días. Aunque ya no lloraba, podía
sentir la tristeza inundando mi pecho. Era como si me
hubiera tragado toda mi ira y tristeza y ahora, esperara
para bajar o volver a subir. Lo último que quería era permitir
que se apoderara de mí y me hiciera la vida aún más difícil
de lo que ya era. Tomé la decisión de mantener a Dex fuera
de mi vida y de la de Seth y sabía que tenía que seguir con
ello. Hasta ahora, no ha sido muy difícil. No había sabido
nada de Dex desde que lo dejé en la acera, frente a mi
apartamento. Pero aún así, Dex siempre se quedaba callado
después de un evento en nuestras vidas y aparecía de
repente un día, listo para irse como si hubiera lavado el
pasado de su memoria.
Caminé hacia el calendario y le di la vuelta a la página,
dándome cuenta de que ya era diciembre y faltaba menos
de un mes para Navidad. Me encantaba esa época del año,
la música, las luces, los adornos, pero ahora solo me
molestaba. La Navidad se vio contaminada en mi mente y,
aunque me dio mi hermoso y dulce niño, también me dio
mis primeros recuerdos de Dex.
Todo en mi vida desde esa noche se había juntado
como resultado de mi decisión de acostarme con él. Mi hijo,
mi corazón roto y mi constante temor de que el equipo de
abogados de Dex apareciera en mi puerta con los papeles
de la custodia, listos para hacer pedazos mi mundo. La
Navidad ya no era mágica. Ni siquiera podía pensar en el
veinticinco de diciembre sin ver la cara de Dex. Apareció tan
claramente en mi mente, que fue como si estuviera frente a
mí. Cerré los ojos y sacudí la cabeza, forzándolo a alejarse.
—Mamá —dijo Seth, tirando de mi camisa. Estaba en
pijama sosteniendo su cuaderno de dibujo y sus lápices de
colores. Quería salir y dibujar edificios, lo cual era algo que
probablemente sería bueno para los dos.
—Bien, amiguito —dije con un suspiro—. Vamos a
vestirte.
Su carita se iluminó de emoción y se fue a su
habitación. Mientras le ponía la camisa y el suéter, no pude
evitar ver un poco de Dex en su sonrisa. La misma que una
vez me hizo pensar que había una posibilidad de tener una
vida normal con él. Pero aún así, no pude evitar sentirme
cálida al pensar que mi hijo compartía el mismo impulso y
curiosidad que vi en Dex cuando nos conocimos.
Seth se puso los pantalones y corrió por la habitación
entusiasmado mientras yo recogía sus zapatos y su abrigo.
Su excitación casi bastaba para borrar mi tristeza, pero aún
permanecía ahí, justo debajo de la superficie. Esperaba que
salir de casa fuera bueno para mí.
Tomamos el metro de Brooklyn a Manhattan y
paseamos por las calles. Seth miraba embobado todos los
edificios, tratando de decidir cuál quería dibujar primero. Le
encantaban los grandes y brillantes, los que ponían a
prueba su imaginación. Sin embargo, cuando miraba su
obra final, veía una realidad sorprendente en la que el lápiz
no captaba el brillo y las nubes se sentaban en un tono gris
oscuro. Cruzamos la calle hacia la gran área abierta frente a
Canton Commons donde estaba la fuente ahora vacía.
Cerraban el agua la mayor parte del invierno para evitar
problemas de congelación.
Dejé a Seth a un lado de la fuente y le ayudé a colocar
el papel y a organizar sus lápices de colores. Mientras lo
hacía, noté que Seth miraba fijamente al cielo con
curiosidad. Sabía que había algo más en esa pequeña
cabeza que simple asombro.
Una vez me preguntó por qué los edificios eran tan
altos, pero no supe responderle. Dex habría sido perfecto
para explicárselo, incluso para mostrarle uno en
construcción. Pero eso era solo una quimera de la vida que
podría haber sido, no la que teníamos. Necesitaba dejar de
soñar despierta o, de lo contrario, nunca lograría seguir
adelante.
Con Seth instalado, a pesar del abrigo, me estremecí.
Hacía mucho frío y el clima cambiaba. No nos quedábamos
mucho tiempo, pero no podía privar a Seth de lo que le
gustaba. Pronto, esa zona estaría cubierta de nieve como
me gustaba. Vivir en Nueva York significaba disfrutar de
unas Navidades blancas. Antes solía tener ganas de ver la
escarcha, pero ahora, rezaba para que las vacaciones
llegaran y se fueran lo más rápido posible.
Estaba lista para un nuevo año, un momento en el que
podría respirar y renovar toda nuestra vida. Sabía que el
paso de los días no curaba el corazón, pero había algo
refrescante en dar la vuelta al calendario el primer día de un
año nuevo y esperar lo mejor. Ya sabía que el próximo no
podía ser mucho peor que este.
Miré hacia el edificio alto y la terraza que rodeaba el
ático. Ahí era donde vivía Dex, donde pasó la mayor parte
de su infancia, y donde probablemente estuviera sentado
ahora mismo. No pude evitar preguntarme qué hacía en el
último piso de ese brillante edificio. ¿Estaba pensando en
nosotros? ¿Alguna vez pensaba en nosotros? O, ¿estaba
trabajando lejos, construyendo un imperio más grande, y
olvidándose de la pequeña familia que dejó atrás? Una
parte de mí quería saber las respuestas a esas preguntas
pero la otra parte estaba feliz de no saberlo nunca.
Vi cómo Seth dibujaba como algunos de los artistas del
Distrito de Arte. Siempre me gustó ver a la gente con
talento plasmar su trabajo en un lienzo en medio de la
concurrida metrópolis de Nueva York. Deseaba ser tan
creativa como mi hijo o, al menos, tener la imaginación
positiva y amorosa de un niño. En cambio, la mía me llevaba
a pensar en Dex y torturarme con visiones de un futuro que
nunca se haría realidad.
Suspiré y me senté al lado de mi pequeño, frotándole la
espalda y respirando el frío aire de la ciudad. Hacía un día
precioso y me esforcé en dejar que eso se asimilara, para
simplemente disfrutar de este momento con Seth.
Sonreí al escuchar a mi hijo reír mientras presionaba el
lápiz en el papel. Abrí los ojos y me giré para mirar su obra
maestra, viendo de reojo a alguien que venía de las puertas
del edificio. Al principio, no le di importancia. Aquel era un
lugar muy concurrido, residentes y empleados yendo de un
lado a otro. Sin embargo, cuando volví a mirar, me di cuenta
de que era un empleado del complejo. Iba vestido de negro
y llevaba un walkie talkie en el cinturón. Tenía un auricular
presionado contra la oreja y hablaba con alguien mientras
nos miraba fijamente. Tan pronto como nuestros ojos se
encontraron y dio un paso adelante, agarré a Seth y recogí
sus cosas con rapidez.
Le di la espalda e ignoré sus ruegos de que esperara.
Seth parecía asustado, así que respiré hondo y le dije que lo
llevaría a otro sitio, que aquel estaba muy concurrido.
Suspiró pero me rodeó el cuello con sus brazos mientras me
apresuraba a cruzar hacia un taxi que esperaba en la
esquina. Corrí y le dije al taxista que arrancara antes de
darle una dirección. Levanté la vista y me encontré al
guardia de seguridad corriendo hacia nosotros. Me incliné
hacia atrás mientras él disminuía la velocidad, levantando
las manos y hablando por su radio. Puse a Seth en el asiento
de al lado y traté de ocultarle mi ansiedad.
Señalé todos los edificios al pasar, decidiendo que el
mejor destino ahora era nuestro apartamento. Me di la
vuelta y miré por la ventana mientras el gran y brillante
Canton Commons se hacía más pequeño. Pronto, todo lo
que pude ver fue la parte superior del edificio. Me incliné
hacia atrás, aliviada y respirando con la mano
presionándome el pecho.
No sabía qué quería ese hombre, pero me había dado
un susto de muerte. Sabía que no debería haberme
detenido frente al edificio de Dex. No tenía ni idea de dónde
tenía la cabeza ahora mismo. No sabía si pensaba en volver,
en ignorándonos por completo, o peor aún, intentando
llevarme a juicio para conseguir la custodia de Seth. La idea
de enfrentar una batalla legal con Dex y sus abogados me
aterrorizaba. Vivía en un apartamento en Brooklyn, con mi
madre, y él era dueño de una empresa multimillonaria.
Tenía todo el dinero del mundo para llevarme a juicio
hasta que Seth cumpliera la mayoría de edad y yo apenas
podía permitirme contratar un abogado. ¿Qué haría si me
enfrentara a un juicio por la custodia? No podía competir
con los abogados de Dex, estaba forrado de dinero y podía
llevar tan lejos como quisiera. Dex tenía todo lo que yo no
tenía.
Cuando nos detuvimos frente a nuestro apartamento,
estaba paranoica, mirando a nuestro alrededor para
asegurarme de que no veía a nadie sospechoso. Estábamos
solos, pero eso no calmaba mis temores. Dex sabía dónde
vivía y podía enviar un abogado en cualquier momento.
Claro, mi apartamento era agradable y hogareño para los
tres, pero no era Canton Commons y no podía darle a Seth
todo, como Dex. Me aterrorizaba que un juez pensara que el
dinero era más importante que el amor de una madre.
Miré hacia la puerta mientras subíamos las escaleras,
preguntándome si debería mudarme a otro sitio. El mayor
problema sería que mi madre nunca aceptaría mudarse y
era la que cuidaba de Seth cuando yo trabajaba. No podía
permitirme cuidar al niño y pagar otro apartamento. Quería
darle a Seth la mejor vida que pudiera conseguir.
Después de entrar, me dejé caer en el sofá mientras
Seth corría a terminar su nuevo dibujo en el escritorio que le
había comprado para su habitación. No era mucho, pero le
proporcionaba algo más que la mesa del comedor para
dibujar. Cerré los ojos y apoyé la cabeza contra el respaldo,
recordando al hombre que nos había perseguido. ¿Era
posible que Dex supiera que estábamos allí? ¿O fue una
coincidencia? ¿El guardia de seguridad quería asegurarse de
que no estábamos haciendo nada malo en la fuente de
mármol del patio de Canton Commons?
De cualquier manera, la tristeza me desbordaba. No
solo estaba aterrorizada por perder a mi hijo, sino que ahora
me enfrentaba a la idea de que podría tener que luchar con
el hombre que amaba por la custodia de nuestro hijo. No
entendía cómo había llegado a esto. ¿Cómo dejé que las
cosas llegaran tan lejos?
 

 
Capítulo 17

 
 
Dex
Tal vez me equivoqué, tal vez no debería haber pasado por
la casa de Casey. Me quedé fuera, mirando las luces
parpadeantes de su árbol de Navidad. Sabía que se oían
coches y los sonidos propios de la ciudad, pero no oía nada.
Mi corazón latía tan fuerte que llenaba mis oídos y se
apoderaba de mi capacidad de pensar con claridad.
Casey y Seth estaban allí dentro, continuando con sus
vidas y tratando de superar todo lo que pasó. Pero sabía
que nunca descansaría si no le confesaba mis sentimientos
a la madre de mi hijo. Ella guardó su secreto durante mucho
tiempo y me tocaba a mí dar un paso y asumir mi
responsabilidad. Además, quería ver al niño que ahora sabía
que era mi hijo. Quería conocerlo, verlo sonreír, oír su risa.
Me volví hacia el chófer que había abierto el maletero y
estaba cogiendo los paquetes. Sabía que iba a ser una
sorpresa encontrarme en la puerta, así que pensé que era
mejor no venir con las manos vacías. En vez de eso, me
detuve en una juguetería y compré todo lo que pensé que le
gustaría a Seth. No conocía al chiquillo bien pero se parecía
mucho a mí, así que elegí todo lo que yo hubiera querido a
su edad.
Tardaron en envolverlo todo, pero lo hicieron y lo
metimos en la limusina. Me incliné y saqué la más grande
de las cajas, gruñendo por lo pesada que era. Subimos los
escalones y nos paramos frente a la puerta de Casey. Al
principio, no pude levantar la mano y llamar. Esto no iba a
ser fácil o agradable. Casey no me recibiría con los brazos
abiertos.
Equilibré la caja sobre mis rodillas y llamé a la puerta,
mi corazón empezó a latir aún más rápido. ¿Qué haría si ella
no respondía? ¿Qué haría si se negaba a dejarme entrar? Me
fui aquella noche sin decir una palabra, excepto las cosas
horribles que le grité a Casey. Debí haber venido y
disculparme, pero… Oí pasos dentro, así que había alguien
en casa. Me incliné hacia la izquierda, esperando que no me
viera por la mirilla. No quería que supiera que era yo y
decidiera no abrir.
—Cuando llegue querrá hablar conmigo —le dije a mi
chófer—. Adelante, suba todo y póngalo en la sala de estar.
—Sí, señor —respondió, luchando con los paquetes de
regalos.
Lentamente el pomo de la puerta comenzó a girar y
guardé la respiración. Listo o no, iba a tener que
enfrentarme a esto sin dejarme llevar por la ira. Necesitaba
mantener la cabeza despejada, entendiendo que Casey
había pasado por mucho, sin importar si pensaba que
estaba mal mantener a Seth alejado de mí. Llevaba la
intensa presión de criar a un niño sin su padre. La puerta se
abrió y Casey me miró, inexpresiva. Entré y dejé la caja
grande antes de volverme hacia ella.
—¿Qué estás haciendo aquí? —me dijo con un poco de
ira en su voz.
—Vine a ver a mi hijo —exclamé triunfante, dándome
cuenta enseguida de que no era la respuesta correcta.
Casey me agarró del brazo, arrastrándome por el
pasillo hasta su dormitorio. Me adelanté y miré a mi
alrededor. Era simple pero elegante, como Casey. Podía oírla
respirar detrás de mí mientras cerraba la puerta y se daba
la vuelta. Echaba humo y entendía por qué. Estaba lista
para una pelea, pero no quería dejar que llegara a ese
punto.
—Casey —dije con calma, levantando las manos—. Si
pudieras escucharme...
—¿Ah, sí? —explotó—. ¿Piensas que después de cómo
actuaste, después de lo que dijiste, después de que
desapareciste otra vez, debería escucharte? Te quejaste de
que basé mi decisión de no decirte lo de Seth en que huiste.
Dijiste que no era justo juzgarte por tus acciones antes de
saber que tenías un hijo. ¿Y qué hiciste? Saliste corriendo y
te subiste a tu avión. El niño no necesita un padre a tiempo
parcial, está perfectamente bien con una madre a tiempo
completo.
—No estoy aquí para ser un padre a tiempo parcial —
declaré.
—Y tus pequeñas payasadas, cuando estuvimos en tu
edificio el otro día, ¿qué? —se burló—. Eso fue genial, tener
a un guardia de seguridad persiguiéndonos por el patio. Si
Seth se hubiera dado cuenta, se habría muerto de miedo.
—¿Un guardia de seguridad? No, Casey, lo has
entendido todo mal —dije, negando con la cabeza—. La
fuente está en construcción. Probablemente trataba de
asegurarse de que estuvieras a salvo.
—¿Y se supone que debo creer eso? —Estaba llorando y
no había nada que pudiera hacer para calmarla—. Si crees
que puedes venir a avasallarme con tu dinero y tus
abogados, y tratar de llevarte a mi hijo, vas listo. Lucharé
con todas mis fuerzas para quedarme con Seth. No me vas
a intimidar en una batalla legal por su custodia. No soy un
peón en tu juego y tampoco lo es Seth. No es un nuevo y
reluciente juguete que puedes coger porque tienes dinero y
poder. No me importa cuántos abogados me envíes, me
aseguraré de que mi hijo esté a salvo.
—No estoy tratando de quitarte a Seth, Casey —
murmuré—. Lo juro, no tengo intención de llevarte a los
tribunales.
Vi cómo sus hombros se relajaban ligeramente. Ni
siquiera había pensado en el hecho de que temiera que
intentara quitarle a Seth. El niño adoraba a su madre y a su
abuela, nunca intentaría perturbar su vida de esa manera.
Podía entender el miedo de Casey, especialmente porque
Seth era toda su vida y lo había sido desde el día en que
nació. No tenía ni idea de cómo se sentía, tan solo intentaba
ser lo más empático posible. No quería pelear con ella, ni
verbal ni legalmente, y necesitaba que se calmara para
poder explicárselo.
Ella estudiaba mi cara para ver si yo estaba diciendo la
verdad. Mis ojos se entristecieron por lo lejos que habíamos
caído y en lo poco que confiaba en mi palabra. Casey era
una mujer increíble y ahora estaba frente a mí, asustada de
que fuera una especie de monstruo que venía a llevarse a
su hijo. Me preocupaba más que no me perdonara, que
idear un plan para robarle a Seth. Negué con la cabeza y me
acerqué a Casey, me agaché y le cogí las manos.
—No estoy aquí para pelear y no voy a llevarte a juicio
—dije con calma—. Solo quiero conocerlo y tratar de
recuperar el tiempo perdido.
Me miró con lágrimas en los ojos. Sus manos
temblaban. La llevé hasta la cama y la senté, haciendo lo
mismo a su lado. Me volví hacia ella y obligué a sus ojos a
conectarse con los míos. Si íbamos a llegar a alguna parte,
necesitaba ser sincero con ella.
—Mira —dije con calma—. Siento haberme ido de
aquella manera. Acababa de recibir una de las noticias más
duras que he recibido desde que murieron mis padres. Me
tomó por sorpresa. Cuando dije todas aquellas cosas
horribles, estaba fuera de sí. Sé que has estado sola todo
este tiempo, pero necesitaba respirar y calmarme. Quería
pensar en todo, tomar las decisiones correctas, y saber que
podía ofrecer a Seth algo.
Su mirada era de miedo y dolor, pero se había calmado
para poder escucharme. Su desesperado intento de
proteger a Seth a cualquier precio me mostró lo increíble
que era, como madre y como mujer. Su amor por ese
chiquillo no conocía límites y estaba dispuesta a enfrentarse
a todo un imperio con tal de protegerlo a él y a su hogar.
Me di cuenta en ese momento de que admiraba la
persona que era y que su excepcional habilidad como
madre era la raíz de todos mis temores sobre ser padre. Una
parte de mí no quería contarle mis miedos, pero otra sabía
que tenía que hacerlo. ¿Quién mejor para decírselo que la
mujer que conocía el asombroso poder de ser padre?
—Nunca pensé que sería padre —dije lentamente—. Al
menos no por ahora. Pensé que sería capaz de controlarlo,
como todo lo demás. Cuando me enteré de lo de Seth, el
miedo se apoderó de mí por completo. Mi padre fue un
hombre increíble y no tengo ni idea de cómo ser igual que
él. Estuve días pensando porque quería asegurarme de
poder ser el hombre que Seth se merece en su vida. No
quiero volver a ser un padre aterrorizado. Por supuesto,
todavía tengo que dirigir mi negocio, pero eso no significa
que no pueda amoldar mi vida para anteponer a mi hijo,
como mi padre hizo por mí y Natalie. Al final, mientras
estaba en el balcón de mi hotel en Caracas, supe cuál era
mi decisión. Quiero ser parte de la vida de Seth, una parte
real de ella. Si me lo permites.
Tras esas palabras, respiré hondo y me alejé de Casey.
Pude verla meditando mis palabras mientras se rodeaba la
cintura con sus brazos. Sabía que estaba asustada. Yo
también lo estaba, pero sabía que no podría vivir alejado de
un hijo mío. Podía mantener a Seth de una forma que haría
realidad todos sus sueños. Y, a pesar de sus miedos, Casey
también quería eso para él.
Trabajaba mucho para darle la mejor vida posible y
sabía que podría respirar más tranquila si contaba con
alguien para ayudarle. Esos pocos minutos sentado en la
cama de Casey fueron los más largos de mi vida. La miré
fijamente, esperando su decisión, sabiendo que, fuera cual
fuera el camino que tomara, cambiaría mi vida para
siempre.
 

 
Capítulo 18

 
 
Casey
Encontrar a Dex ante mi puerta no era como esperaba que
se desarrollara el día. Me enfureció que apareciera, cargado
de regalos, y pensando que podría entrar en la vida de Seth
sin mantener una conversación conmigo primero. Así no. No
iba a permitirle que entrara y pusiera nuestras vidas en
peligro, mientras me preguntaba qué otra intención tenía.
Sin embargo, después de escucharle, de ver su cara de
dolor y entender realmente por lo que pasó, creí que era mi
deber considerar su petición.
Quería formar parte de la vida de su hijo y si decía la
verdad sobre la custodia y lo de esforzarse por estar con el
niño, entonces podía darle una oportunidad. No obstante,
estaba absolutamente aterrorizada de que todo fueran solo
palabras. Temía que descubriera que era demasiado duro y
volviera a su privilegiada vida en la ciudad, dejándome a mí
el recomponer el corazón roto de Seth. La idea de que Dex
hiriera a mi hijo como me había herido a mí resultaba
desgarradora. Casi bastó para rechazar a Dex y apartarlo de
nuestro lado para siempre.
No mentiría, una parte de mí intentaba proteger mi
propio corazón tanto como el de Seth. Me enamoré de este
hombre y sabía que él también sentía algo por mí, al menos
así parecía. ¿Formar parte de la vida de Seth lo traería
también de vuelta a la mía? ¿Quería que volviera? Sabiendo
lo fácil que me derretía por él, era difícil de creer que
pudiera evitar caer en la tentación otra vez.
No podía pasarme los próximos veinte años siendo la
mujer a la que abandonara cuando encontrara una guapa y
rica perteneciente a su propio ámbito social. No, y solo
pensar en ello me revolvía el estómago. No permitiría que
eso sucediera pero, al mismo tiempo, no usaría eso como
factor decisivo para ser partícipe activo en la vida de Seth.
Mi mente era un batiburrillo. Me estaba pidiendo que
tomara la mayor decisión de la vida de Seth en ese mismo
momento, en mi dormitorio. No sabía si tenía fuerzas para
decir que sí. Si lo hacía, y si volvía a fallar, el peso del
corazón roto de Seth recaería sobre mis hombros porque le
dije a Dex la verdad. ¿Y si decía que sí y nos abandonaba de
nuevo? Nunca había visto a Seth enfrentarse a algo de esa
magnitud y no sabía si podría superarlo. El hecho es que no
debería tener que hacerlo. Sin embargo, si Dex se iba de
nuevo, no habría forma de que yo pudiera soportarlo.
Acabaría haciendo las maletas y mudándome lejos, como a
Wyoming, solo para que Dex no volviera a aparecer en
nuestra casa. Aquella constante montaña rusa de
emociones me estaba poniendo enferma e incluso en ese
momento, sentada en mi cama, tenía ganas de vomitar. Me
dolía de una manera que nunca hubiera imaginado posible.
Trataba de proteger a mi pequeño y a mí misma al mismo
tiempo.
Miré a Dex, que permanecía sentado en silencio, y el
pánico se extendió por su cara mientras se preguntaba qué
estaba pensando. Una parte de mí quería decirle que me
había dejado así cada vez que se alejaba, pero no quería
pelear más.
—Comprendo tu dolor. —Suspiró—. Entiendo que seas
muy cautelosa con esto. Entiendo que intentas proteger al
pequeño pero, por favor, Casey. Por favor, déjame ser parte
de su vida. No puedo vivir sabiendo que un pedazo de mí
crece y aprende sin estar a su lado para verle y ayudarle.
Abrí la boca para decir algo hiriente, aunque enseguida
la volví a cerrar. Me di cuenta de que mis pensamientos no
provenían de mi necesidad de proteger a Seth, sino de mi
propio corazón roto. Me froté las manos contra los muslos,
me sequé las lágrimas y el sudor que permanecía en las
palmas de las manos.
Miré hacia la puerta cuando el pomo giró, limpiándome
rápidamente la cara y mirando a mi niño al entrar. Sonrió
mucho a Dex cuando entró y corrió hacia mí, arrojando su
cuerpo sobre mis piernas.
—Mami —susurró—. ¿Para quién son todos esos
regalos?
—Oh —dije, riendo y llorando al mismo tiempo—. Son
de Dex. Te los trajo para Navidad.
—Ah —murmuró, decepcionado por tener que esperar.
—¿Qué te parece si hacemos algo? —le propuse con
calma, inclinándome y besándolo en la mejilla—. Tú y Dex
salid a la sala y elegid un regalo. Ese puedes abrirlo ahora,
pero el resto deberán esperar hasta Navidad.
—¡Genial! —exclamó, agarrando la mano de Dex y
tirando de él.
Dex me miró y pronunció un gracias, antes de
desaparecer. Aún no me había decidido, pero no iba a privar
a Seth de todos los regalos que su padre le había traído. De
hecho, tenía curiosidad por ver lo que le había comprado.
¿Había enviado a alguien a elegirlos para impresionar a Seth
o había pensado en qué traerle?
—Ese. —Escuché a Seth gritar.
—Vale —dijo Dex, riéndose—. Vamos a ponerlo aquí y
esperaremos a tu madre.
Podía oír a Seth gruñir mientras ayudaba a colocarlo en
el suelo. Respiré hondo y me limpié el resto de las lágrimas
de la cara. Me levanté y salí hacia la sala de estar donde vi
a Seth de pie, triunfante, junto a la caja más grande del
grupo. Por supuesto, él elegiría la más grande, tenía cuatro
años.
La caja era más grande que Seth y estaba envuelta en
un hermoso papel metálico con un estampado de cachemira
y un enorme lazo verde. Me apoyé en la puerta y vi a Dex
sacar el lazo y ponerlo sobre la cabeza de Seth. Este se rio y
volvió a hacerlo de su nuevo sombrero de terciopelo antes
de acercarse y tirar del papel.
El sonido del envoltorio al rasgarse me hizo sonreír,
pensando en la mañana de Navidad cuando Seth salía en
pijama todo despeinado y los ojos soñolientos. Dex le ayudó
a sacar aquel gran trozo de papel. Parecían dos elfos
bailando alrededor de la caja. Dex abrió la parte superior de
la caja y sacó el regalo, dejándolo en el suelo. Era un
escritorio de dibujo, obviamente hecho a medida, y venía
con una pequeña silla y todo. Era precioso y se semejaba
exactamente al de la oficina de un arquitecto de lujo. Seth
se acercó a la silla y se sentó, poniendo sus manos delante
de él y sonriendo.
—Es para que tengas un lugar donde dibujar tus
edificios —le explicó Dex, arrodillado junto a él—. Y mira, la
mesa se levanta en este extremo para facilitarte las cosas.
Dex cogió la mano de Seth y el escritorio, llevándolo a
su habitación. Los ojos se me llenaron de lágrimas,
entendiendo lo considerado que era su regalo. No era solo
algo que una secretaria elegiría, era algo pensado para el
niño. A Seth le encantaba dibujar edificios y Dex lo había
recordado. Decir que me conmovió el gesto sería quedarse
corto y permanecí en el pasillo sorprendida cuando Dex
puso el escritorio en la habitación de Seth y le ayudó a
sacar papel y sus lápices de colores. Me quedé sin palabras
cuando Dex reapareció, sonriendo y sacudiendo la cabeza.
—Le encanta —dijo, señalando la habitación de Seth—.
Ya está dibujando.
Me quedé inmóvil, viendo cómo Dex volvía para
recoger el papel de regalo y lo tiró en la caja vacía. Llevó la
caja hasta la puerta y la dejó para poder llevarla al basurero
cuando saliera. Me adelanté y empecé a mover la gigante
pila de regalos del medio. Mi madre y yo no podríamos
poner todas las cosas que comprábamos para Navidad bajo
el árbol. Dex me ayudó a colocar los regalos bajo el árbol,
saludando a mi madre que se había quedado a un lado y le
miraba con una sonrisa. Cuando terminamos, se volvió
hacia mí y me tomó la mano.
—¿Vendrás a mi casa para que podamos hablar?
Respiré hondo, sintiéndome menos emocional y asentí
con la cabeza. Necesitábamos hablar, hablar de verdad, sin
toda la emoción y la ansiedad que había estado flotando por
aquel apartamento. Me aseguré de avisar a mi madre y le
dije a Seth que volvería dentro de un rato. Estaba tan
alucinado con su nuevo escritorio que apenas se dio cuenta
de que estaba hablando con él. Movió la cabeza y se apretó
la nariz mientras le daba un beso de despedida.
Hicimos el camino hacia su ático en silencio. Vi pasar
por mi ventanilla las luces navideñas que decoraban la
ciudad. Una vez allí, salí del ascensor a su enorme
apartamento y me quedé en la sala de estar, sujetando mi
chaquetón y mirando el horizonte de la ciudad de Nueva
York. Era tan bonito y pacífico. Me encantó estar en aquel
último piso. Dex caminaba detrás de mí y me volví para
enfrentarlo. Sonrió y respiró hondo.
—Casey —dijo en voz baja y profunda—. Sé que los
últimos cinco años han sido duros para ti. Siento no haber
estado a tu lado para ayudarte, apoyarte y ser parte de la
vida de Seth. Ojalá lo hubiera sabido antes para que no
estuvieras sola. No es culpa tuya, es mía. Nunca te mostré
señal alguna de que pudieras confiar en mí.
Levantó la mano y suavemente secó una lágrima de mi
mejilla. Me sonrojé y lo miré con los ojos muy abiertos.
Lentamente, se inclinó hacia adelante y me besó, apoyando
su mano en mi hombro. Me incliné hacia adelante, sintiendo
la familiaridad de su beso y exhalando profundamente en la
finalidad del momento. Me atrajo con fuerza hacia él, su
lengua separó mis labios y su pesadez llegó a mi cuerpo.
Dejé caer mi abrigo en el suelo y le rodeé el cuello con los
brazos, sin sentir su sabor ni su olor. Se agachó y me
levantó, me acunó en sus brazos y volvió a su habitación.
Nuestros labios se mantuvieron firmemente apretados
con cada paso que dio hasta su dormitorio, de pie, frente a
frente y mirándonos a los ojos. Su toque fue suave y
sensual, a diferencia de nuestra normal prisa por terminar.
Paseó sus dedos por mis pechos hasta que llegó al borde de
mi suéter y me lo sacó.
Podía sentir el calor de su cuerpo irradiando hacia mí.
Enviaba ondas a través de mis miembros, desde mis manos
hasta mis pies. El simple hecho de estar en sus brazos fue
suficiente para disminuir mi determinación. Me tenía
atrapada. Nuestra atracción era como la gravedad, tirando
de mí hacia él con una fuerza poderosa. Supe, en ese
instante, que jamás sería capaz de resistirme a él.
 

 
Capítulo 19

 
 
Dex
Mis manos se deslizaron por sus hombros, bajando los
tirantes de su sujetador de encaje. Se lo desabroché,
permitiendo que sus pechos se derramaran en mis manos.
Echaba de menos el toque de su piel y la forma en que se
mordió el labio cuando le froté los pezones. Bajé mis dedos
por la parte delantera de su estómago hasta la parte
superior de sus pantalones y se los desaté, dejándolos caer
al suelo.
Caminó hacia adelante, me sacó la camisa y me besó
el pecho. Sus labios eran ardientes. Podía ver el deseo y la
necesidad en sus ojos. Me desabrochó los pantalones y me
los bajó hasta los tobillos, sosteniéndolos mientras salía de
su interior. Se puso de rodillas y enganchó sus dedos en la
banda de mis calzoncillos, deslizándolos sobre mi polla
dura.
Cuando pensé que se iba a poner de pie, se inclinó
hacia adelante y tomó mi erección en sus manos. La levantó
y lamió desde la base hasta la punta, girando su lengua
alrededor de la parte superior, golpeando las terminaciones
nerviosas. Gemí en voz alta al sentir su boca moverse sobre
el eje, su lengua girando salvajemente como si estuviera
lamiendo una piruleta.
Bajé la mano y le acaricié la parte de atrás de su
cabeza mientras se metía mi polla hasta la garganta. La
sostuvo allí durante unos segundos antes de volver a
levantarla lentamente. Pasó sus dedos por mis pelotas,
empujando ligeramente contra ellas mientras subía y
bajaba, mirándome con ojos llorosos. Empecé a mover las
caderas contra su boca y la abrió más, permitiéndome
controlar el movimiento y la profundidad.
Gruñí con fuerza mientras la sostenía por el pelo. La
sujeté así mientras la introducía y sacaba de su boca,
sintiendo la succión en la parte posterior de su garganta
tirando de mi enorme polla. Solté su cabeza y levanté los
brazos mientras ella se echaba hacia atrás, agarrando mis
caderas y tirando fuerte y rápido hacia su cara. Observé
cómo ponía su mano entre sus piernas y la deslizaba por
debajo del borde de sus bragas, frotando su clítoris y
gimiendo con la boca llena. La sensación de su gemido
contra mi eje me llevó más lejos, hacia mi liberación. Me
agaché, no queriendo detenerla, sino queriendo sentirla al
mismo tiempo. La levanté y la empujé de nuevo en la cama,
acariciando mi vara mientras se movía contra la cabecera.
Levantó la mano para que me quedara quieto y se
mordió el labio con una sonrisa mientras abría bien las
piernas y movía las bragas a un lado. Podía ver su coño
mojado mientras empujaba sus dedos a través de los
pliegues y en círculos. Mi mano se deslizó por mi polla
mientras veía cómo sus dedos se deslizaban dentro de ella
y luego se retiraban. Fue la cosa más sexy que había visto
hacer a una mujer. Empujó sus dedos dentro de ella,
gimiendo en alto por la sensación de su propio placer.
—¿Quieres probarme? —arrulló.
Asentí con la cabeza febrilmente mientras movía sus
manos hacia atrás y se quitaba las bragas. Alcancé la cama
y agarré un condón, poniéndoselo enseguida y mirando
hacia ella. Casey me hizo un gesto con el dedo para que me
acercara, así que me recosté boca abajo y tomé su jugoso y
húmedo coño, gimiendo por su increíble sabor. Giré la
lengua a través de su montículo escuchándola gritar de
éxtasis con cada movimiento de su clítoris.
Sentía su cuerpo tenso, así que empujé dos de mis
dedos dentro y los moví con rapidez, queriendo aumentar el
orgasmo que estaba a punto de tener. Mientras mis dedos
se deslizaban hacia adentro y afuera, ella arqueó la espalda
e inclinó la cabeza, dejándose llevar y sintiendo las olas de
placer que rodaban a través de ella. Sus jugos estallaban
sobre mi mano y no podía contenerme más.
Me arrastré y empujé mi polla profunda y duramente,
haciendo que se agarrara a mis hombros y moviera sus
caderas contra las mías. Quería darle un orgasmo para
sentir sus jugos por mi polla. Me incliné hacia ella, girando
mis caderas en círculos sobre su humedad. Abrió los ojos,
mientras me rodeaba con sus piernas, sintiendo cómo su
orgasmo se iba construyendo antes de que el otro
terminara. Rodeé su espalda con un brazo y la acerqué, sin
querer que se escurriera.
—Quiero que te corras —le dije con severidad—. Quiero
sentirte por toda mi polla. Quiero hacerte gritar tan fuerte,
que puedan oírte en la calle.
—Sí —gimió—. Dios, esto es increíble. No pares.
Empujé mis caderas con más fuerza, frotándolas en su
clítoris mientras mi polla se hundía en su interior. Casey se
agarró a mi culo, tirando de él y rozando contra mí. Levantó
el suyo de la cama y empujó como si no pudiera meterse mi
polla en su interior.
Me agarré de la cabecera mientras ella colgaba de mi
cuerpo, dándole todo lo que tenía. Soltó sus piernas y yo me
acosté con suavidad, elevando una pierna sobre mi brazo y
mirándola fijamente a los ojos. Despacio, empujé hacia
adentro y hacia afuera mientras ella respiraba con dificultad
y cerraba los ojos.
Esa lujuria devastadora se convirtió rápidamente en un
toque sensual y romántico. Mi cuerpo se deslizó sobre el
suyo con facilidad y pude sentir cada centímetro de ella
llevándome. Nuestros ojos se mantuvieron cerrados y la
emoción fue más fuerte que cualquier cosa que hubiera
sentido antes. Juntos nos fundimos en un cuerpo,
moviéndonos y retorciéndonos en las sábanas de mi ático
de Nueva York. A medida que su respiración se hacía más
profunda y llegaba al clímax una vez más, no pude aguantar
más y la penetré con fuerza, sosteniendo su cuerpo
arqueado y gimiendo en armonía con sus gemidos.
Mientras su cuerpo se relajaba y ella recostaba de
nuevo en la cama, y el sudor cubría su frente, me retiré
lentamente y me acosté a su lado. Apenas lograba controlar
la respiración. Observé cómo se frotaba las manos en la
cara, sonriendo y riendo. Tan pronto como recuperé el
aliento, me incliné hacia adelante y la besé.
—Vaya —dijo, girando el rostro hacia mí. —Quiero decir,
¡¡vaya!!
—Me lo estás diciendo. —Me reí—. Ha sido increíble.
—¿Por qué querías que viniera? —preguntó, rodando
hacia mí y apoyando su cabeza en su mano—. ¿Para
seducirme? ¿Crees que es la respuesta para entrar en la
vida de Seth?
—No. —Sonreí—. Quería estar contigo. Arg, es tan
complicado. —Me di la vuelta para apoyarme sobre la
espalda y miré al techo.
—No es complicado —me respondió—. Solo tienes que
hablar con el corazón.
No sabía si sincerarme o guardármelo todo como había
hecho durante años. Me imaginé que no había manera de
evitarlo y, en realidad, no podía soportar otro día sin que
Casey supiera lo mucho que la amaba. Necesitaba estar a
su lado y no solo por Seth.
La quería porque era una mujer increíble de la que no
podía evitar enamorarme locamente. Dicho esto, estaba
aterrado de decirle la verdad. ¿Y si me rechazaba? ¿Y si
tenía que pasar el resto de mi vida, cerca de Seth, pero
deseando a su madre también? Sería una tortura y no como
había imaginado nuestra pequeña familia.
—Eres la mujer más increíble que he conocido —
comencé—. Te amo, Casey. Simple y llanamente, me he
enamorado loca y profundamente de ti. No solo quiero
formar parte de la vida de Seth, sino también de la tuya.
Quiero que seamos una familia y que cada uno de tus
sueños y los de Seth se hagan realidad. No puedo
imaginarme en ningún otro escenario. Tú lo eres todo.
—Quiero creerte —susurró—. Deseo creer que es
verdad, pero me aterroriza que cuando lo haga, te vayas de
nuevo.
Me incliné hacia adelante, sin querer que siguiera
hablando, sin querer que dudara sobre mis sentimientos por
ella. Besé sus labios suavemente y me eché hacia atrás,
mirándola a los ojos. Comprendía sus temores, y eso me
rompió el corazón. No me di cuenta hasta ese momento del
daño que le había hecho con mi egoísmo.
—Te prometo que nunca más te dejaré —le dije con los
ojos fijos en los suyos—. Tú y Seth son mi mundo ahora. Lo
seréis el resto de mi vida.
Me besó y se limpió las lágrimas de sus ojos.
—Yo también te amo. —Lloró de felicidad—. Te he
amado desde la primera noche que pasamos juntos. No ha
habido nadie desde entonces y no quiero a nadie más en mi
vida.
—Oh, Casey —dije, suspirando—. Gracias.
—¿Por qué?
—Gracias por darme este regalo. Gracias por darme tu
virginidad. Gracias por crear esa pequeña y asombrosa vida,
y cuidarlo cuando yo no estaba. Gracias por amarme tanto
que nunca te diste por vencida, y gracias por ser la luz más
asombrosa de mi vida —dije, secando sus lágrimas—. Me
has dado más de lo que crees y te debo toda una vida de
gratitud por ello. No puedo hacer que me creas, pero sí
decírtelo. Prometo no volver a irme sin decirte por qué.
Prometo trataros a Seth y a ti con el amor y el cuidado que
ambos merecéis. Prometo pasar mis días formando la vida y
la familia que siempre soñaste para nosotros. Seth es la
persona más importante de mi vida ahora y quiero que
tenga las mejores oportunidades. Prometo enseñarle,
guiarle y ser el hombre que mi padre fue para mí. Al mismo
tiempo, prometo apoyarte, protegerte y tratarte como la
increíble mujer que eres.
—He esperado mucho tiempo para oírte decir eso —
reconoció, inclinándose hacia adelante y besándome en los
labios.
Por fin, sentí aquel peso alzarse de mis hombros y
evaporándose. Miré a esta hermosa mujer que estaba en mi
cama y me juré a mí mismo que nunca más la
decepcionaría. Seth y Casey eran mi mundo ahora y no
podía esperar a construir nuestra vida juntos. Todo era tan
completamente diferente pero al mismo tiempo, era tan
completamente perfecto. Más perfecto de lo que nunca
pensé que podría ser.
 
 
Capítulo 20

 
 
Casey
Me gustaba estar de vuelta en casa de mi madre por
vacaciones. Había pasado un año desde que Dex regresó a
nuestras vidas y no podía imaginar que algo resultara más
perfecto. Seth y yo nos habíamos mudado al ático poco
después de que Dex y yo decidiéramos formar una familia, y
aunque era precioso y enorme, decidimos mantener la
tradición y venir a casa de mi madre por Nochebuena.
Natalie y Brandon también iban a venir para celebrar
las fiestas juntos. Yo había visto a Natalie unas semanas
antes cuando vino al ático para ayudarme a bajar sus viejos
adornos. Sabía cuánto le gustaba a Dex que sus padres
decoraran la casa, así que Natalie y yo lo sorprendimos
haciendo lo mismo.
Nunca olvidaré su cara cuando entró por la puerta para
ver aquello. Incluso organizó un cóctel para todos nuestros
amigos y sus colegas, como sus padres solían hacer. Nos
sentamos a beber vino, a disfrutar de la compañía de todos
y a ver a los niños correr por la casa con los nuevos
juguetes que Dex les compró. Seth se estaba divirtiendo
mucho y con tanta gente alrededor, se obligó a dejar atrás
su timidez.
Coloqué el último regalo bajo el árbol de Navidad ya
lleno y me reí de la locura que iba a ser esta Navidad. El año
pasado fue genial por todos los regalos que Dex le dio a
Seth, pero este pude comprarle a mi madre algunas cosas
que sabía que le iban a encantar. Se lo merecía después de
pasar años ayudándome a cuidar de Seth.
Cuando nos mudamos, tuve la sensación de que ella
extrañaba cuidarlo, así que en lugar de contratar a una
niñera, como Dex sugirió, llevaba a Seth a su casa antes del
trabajo todos los días. Ella estaba encantada de pasar
tiempo con él. Dex no quería que me preocupara por el
trabajo, pero me sentía mejor haciendo algo. La fortuna de
Dex era suya, no mía, y él ya hacía mucho para cuidar de la
familia. Además, ahora que ya no estaba tan preocupada y
estresada, encontré la manera de disfrutar de mi trabajo.
Cuando terminé de enderezar el árbol, tomé un sorbo
del ponche de huevo que mi madre nos preparó y avancé de
puntillas por el pasillo. Oía la voz de Dex desde la habitación
de Seth. Me asomé y me apoyé en la pared, viendo cómo
Dex metía a Seth en la cama y se sentaba a su lado para
leer En la víspera de Navidad. Seth se subió las sábanas
hasta la barbilla y apoyó la mano en la pierna de Dex
mientras le leía.
—Era la noche antes de Navidad y por toda la casa no
se movía ni una criatura, ni siquiera un ratón. Las medias
fueron colgadas en la chimenea con cuidado con la
esperanza de que San Nicolás pronto llegaría —leyó.
—Ese es Santa —dijo Seth, bostezando.
—Así es, colega —respondió Dex antes de continuar—:
Los niños estaban acurrucados en sus camas, mientras
imaginaban unos dulces. Mamá, con su pañuelo, y yo, con
mi gorra, acabábamos de acomodarnos para una larga
siesta de invierno.
Dex me miró cuando los ojos de Seth comenzaron a
cerrarse. Me dirigió esa deslumbrante y encantadora sonrisa
que yo conocía y amaba. De pronto, mi corazón se derritió y
retrocedí, escuchándolo continuar mientras salía a la sala de
estar. Me senté e inspiré hondo, pensando en lo afortunada
que era de tenerlos en mi vida.
Mi madre acababa de terminar de hacer galletas y
corrió a la parroquia, mi hijo estaba quedándose dormido en
una mágica Nochebuena, y mi novio estaba pasando tiempo
con su hijo, queriéndolo y cuidándolo. Y yo, bueno, me
estaba relajando por primera vez en mucho tiempo,
pensando en lo afortunada que era. Solo seis años antes, el
sofá en que me hallaba sentada fue el telón de fondo de lo
que se convertiría en uno de los acontecimientos más
sorprendentes, pero difíciles de mi vida.
No podía creer lo mucho que había cambiado todo
desde entonces. Solo de pensar en cómo era Dex hace seis
años y compararlo con el hombre que era ahora, apenas si
podía reconocer al joven que me sedujo aquella
Nochebuena. Me reí para mis adentros cuando Dex
apareció, cerrando el libro y poniéndolo de nuevo en la
estantería.
Estiró los brazos y yo me levanté, caminando y
envolviéndolo entre los míos. Era tan cálido y reconfortante.
Resultaba definitivamente agradable estar así, juntos en la
casa de mi niñez. Lo abracé fuerte antes de volver al sofá.
Él me atrapó suavemente en sus brazos. Nos acurrucamos
bajo el brillo del árbol de Navidad, oliendo las galletas
recién hechas.
—Seth se ha quedado frito. —Dex se rio—. Creo que
comió demasiado pastel.
—Bien. —Suspiré—. Tal vez no nos despierte hasta las
tres de la mañana.
—Sí, claro. —Se carcajeó—. No con estos regalos bajo el
árbol...
—Estaba pensando en nuestra primera Nochebuena en
esta casa —le dije.
—¿Ah, sí?
—Mmm —respondí, bebiendo mi ponche de huevo—.
Aquella noche empezó todo.
—La mejor noche de mi vida, aunque no me diera
cuenta entonces —respondió, besándome la cabeza—. Ese
licor de avellana, sin embargo, nunca podré volver a
beberlo.
—Oh, Dios. —Me acobardé—. Creo que bebí demasiado
aquella vez.
Ambos nos reímos al pensar en aquella noche y
tomamos nuestras bebidas, sentados cómodamente uno al
lado del otro. No pude evitar sentirme extremadamente feliz
por el tiempo que iba a pasar con Dex. Sabía que él podría
haber tomado otra decisión y estar en cualquier lugar del
mundo. En cambio, nos eligió a nosotros, eligió quedarse
aquí y construir una vida con Seth y conmigo, algo que
jamás daría por sentado.
Las cosas eran tan perfectas que era difícil recordar
todas las noches solitarias que pasé en este apartamento,
añorando a Dex completamente destrozada. Todo era tan
familiar, pero al mismo tiempo diferente con el amor que
ahora había en nuestras vidas. Dex me empujó y me apretó
más fuerte, besando mi cabeza, pensando en lo mismo que
yo.
Los villancicos sonaban de fondo y aunque nos
sentábamos en silencio, lo hacíamos juntos, unidos. Dex
pasó de ser el hombre al que no podía quitarle las manos de
encima, al hombre que amaba, y en última instancia a mi
mejor amigo, aunque nunca se lo diría a Natalie.
Por fin tenía una verdadera familia como la que soñé
mucho antes de que Seth naciera. Era más de lo que podía
esperar y nunca, ni siquiera por un momento, lo di por
sentado. Sabía, por la muerte de mi padre, la de los padres
de Dex y todo lo que he pasado en los últimos seis años,
que deberías ser feliz y valorar a las personas que quieres
porque nunca sabes cuándo podrían desaparecer en un
abrir y cerrar de ojos.
—Sabes —me dijo Dex, inclinando su cabeza hacia mí
—. Tu madre sigue en la parroquia, podríamos hacer
tonterías, tal vez reavivar esa vieja llama que surgió hace
seis años, aquí en este sofá del amor.
Me reí a carcajadas al pensar en actuar como entonces.
Apoyé la cabeza contra el pecho de Dex, sintiendo su
aliento y sus latidos. Nunca había estado tan cómoda con
nadie como en ese momento, entre los brazos de Dex. Dejó
su copa y me apoyó en su regazo, besándome suavemente
los labios. Nos miramos a los ojos hasta que algo se le
ocurrió. Sonrió con timidez antes de levantarse e ir hacia el
árbol.
—Tengo un regalo para ti —dijo emocionado.
—Pero no es Navidad. —Me reí.
—Puedes abrir uno antes —dijo, dándome una caja
pequeña.
La cogí y sonreí por el terrible envoltorio que tenía. Dex
se había asegurado de envolver él mismo todos los regalos.
No le creí hasta que me fijé en la cajita que había sido
envuelta con demasiada fuerza en papel de regalo rojo, con
cinta adhesiva como una momia, y tenía un lazo torcido en
la parte superior. Sacudí la cabeza, riendo mientras sacaba
el lazo y luchaba con la cinta. Arranqué el papel y abrí la
caja, encontrando otra más pequeña dentro, esta un poco
más familiar. Era de terciopelo y cuadrada y parecía como
las que se usaban para los anillos.
La abrí lentamente, temblando, y jadeé al descubrir el
anillo de diamantes más grande que jamás había visto.
Brillaba con las luces del árbol y entonces, al alzar la vista,
vi a Dex arrodillado delante de mí. De pronto, las lágrimas
inundaron mis ojos. Sujetaba un enorme anillo de diamantes
y el amor de mi vida se había puesto de rodillas, todo era
demasiado real.
—Casey Nelson —dijo, extendiendo la mano y cogiendo
la mía—. Me has dado una vida que nunca llegué ni siquiera
a soñar. Has llenado mi mundo de amor, risas, amistad y es
lo más increíble que podría haber imaginado. Mudarte al
ático no es suficiente. Quiero despertarme cada día al lado
de mi esposa, la mujer a la que juré amar. Quiero saber que
Seth puede mirar a su madre y a su padre y ver un amor
puro, un vínculo auténtico, y una familia fuerte e
inquebrantable. Así que, te pido que, por favor, digas que sí.
Di que sí a pasar el resto de tu vida en mis brazos, como mi
esposa, y yo como tu marido. Casey Nelson, ¿te quieres
casar conmigo?
Me cubrí la boca con la mano mientras las lágrimas
rodaban por mis mejillas. Asentí y sonreí, riendo y llorando
al mismo tiempo. Dex sacó el anillo de la caja y me lo puso
en el dedo, levantándose y rodeándome con sus brazos. Su
corazón latía con rapidez en su pecho y yo no podía
controlar el mío. Se echó hacia atrás y me besó mientras el
sonido de unos aplausos llegaban desde la puerta.
Terminamos nuestro beso y nos encontramos a mi madre,
Natalie y Brandon de pie en la puerta, con una botella de
champán y una docena de rosas.
—Felicidades —dijeron todos a la vez.
Yo sonreí mucho y miré a Dex.
—¿Qué? No pensarías que podía pedirte que fueras mi
esposa sin que todos estuvieran delante, ¿verdad?
Me reí y le abracé. Esta acababa de convertirse en la
mejor Navidad de mi vida y estaba deseando pasar el resto
como la mujer de Dexter Canton, la mujer más feliz del
mundo.
 

 
Capítulo 21

 
 
Dex
Aguardando en la iglesia, no pude evitar mirar a todos y
preguntarme qué estaban pensando. Sabía que nadie había
imaginado verme con esposa y formando una familia. Joder,
ni siquiera yo lo había pensado, pero aquí estaba, frente al
altar, sosteniendo la mano de mi hijo y esperando que su
madre atravesara aquel pasillo.
Al principio, Casey quería que Seth la entregara, pero él
dijo que prefería ser el padrino, así que Andrea decidió
acompañarla al altar. No podía esperar a ver a Casey con su
precioso vestido de novia. Estaba tan emocionada desde el
día en que se lo dieron. Lo escondió en su vestidor hasta
que mi hermana pudo recogerlo para guardarlo en su casa.
Uno de los diseñadores locales se ofreció a crear el vestido
de sus sueños y aunque, al principio se mostró tímida ante
tanta atención, luego se sintió emocionada por semejante
oportunidad.
La música empezó a sonar y las damas de honor
avanzaron hacia nosotros, sonriendo y arrullando a Seth en
su pequeño esmoquin. Parecía un hombrecito de pie a mi
lado, con sus zapatos brillantes y su pelo perfectamente
peinado.
Cuando la marcha nupcial empezó a sonar, los
invitados se pusieron de pie y se volvieron hacia la puerta.
Los asistentes la abrieron y me encontré a Casey, la mujer
más hermosa que había visto. Su vestido era ajustado en la
parte superior, cubriendo sus hombros como un tejido fino.
Luego bajaba hasta su cintura, donde se abría en una falda
ondulada. Parecía una princesa. Su velo estaba fijado con
cautela en su cabello, recogido de tal modo que formaba
una montaña de delicados rizos.
Miraba a su madre con nerviosismo mientras
caminaban por la alfombra roja. Vi cómo le temblaban las
manos mientras miraba a los invitados que la contemplaban
fijamente. Luego, sus ojos se dirigieron hacia el altar, se
encontró con mi mirada y todos mis nervios desaparecieron.
Cuando sonrió, su nerviosismo también disminuyó.
Agarré la mano de Seth y miré hacia el niño, al tiempo que
él se reía al ver a su madre caminar por el pasillo. No podía
creer lo afortunado que era de casarme con esa hermosa
mujer. Era la mujer más dulce, amable, sexy y cariñosa que
había conocido, e iba a poder llamarla mi esposa.
No le importaba el dinero o mi apellido, solo nuestra
familia, nuestra conexión, nuestro amor y nuestro vínculo
eterno. Su deseo de hacer crecer nuestra familia era fuerte
y decidido. Cuando pienso que no podría estar más unido a
ellos, les miro y mi corazón se llena de amor y admiración.
Cuando Casey llegó al altar, Andrea me la entregó,
besándome en la mejilla y levantando el velo de Casey. Las
dos intercambiaron unas palabras tranquilizadoras y vi la
emoción en el rostro de Andrea, pensando en su difunto
marido. La ceremonia fue corta y optamos por los votos
tradicionales ya que Casey era demasiado tímida para
hablar frente a tanta gente.
Todos se rieron cuando Seth sacó nuestras alianzas del
bolsillo de su esmoquin y se las entregaba a Natalie, que
era la dama de honor. Mientras deslizaba la pequeña banda
incrustada de diamantes sobre el frágil dedo de Casey, la
miré a los ojos para hacerle saber que iba en serio. Amaba a
esta mujer y a nuestro hijo más de lo que ellos podrían
imaginar. Me aseguraría de que tuvieran todo lo que
necesitaban y querían en la vida. Me aseguraría de que los
problemas del pasado permanecieran en el pasado, sin
perturbar nuestras vidas nunca más.
—Por el poder que me confiere el estado de Nueva York
—dijo el pastor—, os declaro marido y mujer. Puede besar a
la novia.
Nos miramos con emoción mientras ponía mi mano
alrededor de su mejilla y la acercaba, presionando mis
labios contra los suyos. Cuando nos dimos la vuelta, cogí a
Seth y levantamos las manos en señal de triunfo. Los
invitados aplaudieron y se rieron cuando salimos de la
iglesia y saltamos. Lo había hecho. Llegamos donde
sabíamos que debíamos estar y era increíble.
Después de la ceremonia, nos sacamos como un millón
de fotos en la iglesia antes de ir a la recepción, en el salón
principal de Canton Commons. Estaba decorado con tanta
elegancia que me impresionó mucho cómo lo había
preparado Casey. Las flores eran todas de un rosa palo, las
mesas estaban cubiertas de encaje y satén, y todo tenía un
profundo aire romántico. Las velas, esparcidas por todas las
mesas, y las luces principales bajas creaban un ambiente
fantástico. En el centro de la sala había una pista de baile
con nuestras iniciales iluminadas. Seth corrió hasta allí y
comenzó a bailar con el adorable estilo de un crío de cuatro
años.
Nada más entrar, comenzó la celebración y llevé a mi
esposa a la pista para nuestro primer baile. Ella me miró con
sus ojos brillantes y no pude evitar acercarla y besarle los
labios. Me agarró la mano con fuerza pero mantuve su
atención en mí y no en los cientos de ojos que nos miraban.
Cuando la canción terminó, Casey bailó con Seth y los dos
deslumbraron a la multitud con un dulce baile lento a
Somewhere Over the Rainbow.
No había ni un ojo seco en todo el salón, sobre todo
porque sabían que ese baile sustituía al de padre-hija.
Entonces, Andrea y yo tomamos la palabra mientras ella se
ofrecía como voluntaria para sustituir a mi madre en el baile
madre-hijo. Las emociones no eran fáciles de contener y en
cuanto vi a Natalie comenzar a llorar, las lágrimas me
abrumaron.
El resto de la noche fue una explosión de champán,
música y buena compañía para compartir nuestro amor y
felicidad. Aunque me estaba divirtiendo más de lo que
recordaba desde hacía años, deseaba marcharme y llevar a
mi esposa a nuestra luna de miel. Ella estaba
absolutamente impresionante en aquel vestido pero yo
quería sacárselo y hacer el amor con ella.
La vi moverse por la sala, saludar a los invitados, reírse
de los chistes y con Natalie, de lo que sea que hablen las
chicas. Me miraba desde el otro lado de la estancia, con la
lujuria cubriéndole la cara. Supe entonces que, como yo,
estaba lista para irse de luna de miel.
Una hora antes de que nos fuéramos, Andrea nos dio
un beso de despedida, sosteniendo al niño, que se había
quedado dormido. Se divirtió tanto y entre la tarta y la
emoción, estaba agotado. Casey luchaba consigo misma por
dejar a Seth y la abracé fuerte mientras la limusina los
llevaba a casa. Respiró hondo y se volvió hacia mí, con los
ojos parpadeando con las luces de la ciudad.
—Estoy exhausta. —Se rio—. Y apenas comí nada con
tanta gente.
—A mí me pasa igual —dije, acercándola—. Pero no
estoy tan cansado como para no quitarte este vestido y
llevarte a la cama.
—Mmm. —Sonrió, inclinándose para besarme—. Eso
suena como el final perfecto para un día perfecto.
—Solo tenemos que esperar un poco más. —Sonreí.
Volvimos a entrar y continuamos bailando y hablando
con los invitados. De ahí en adelante, Casey se quedó a mi
lado, sintiéndose libre de relajarse. Todos estaban más que
entusiasmados por hablar con nosotros, pero los dos
estábamos tan agotados que apenas podíamos movernos.
Al final, la coordinadora de la boda vino y nos dijo que era
hora de irnos.
Volvimos al apartamento y nos pusimos nuestra ropa
de luna de miel, sonriéndonos mientras nos desnudábamos.
Quise tomarla en ese mismo momento pero sabía que el
avión nos esperaba. Cuando llegamos a la azotea para
tomar el helicóptero al aeropuerto, todos estaban allí para
despedirnos. Agarré la mano de Casey mientras
caminábamos entre los invitados, deteniéndome solo un
momento para besar y abrazar a Natalie y Brandon antes de
montarnos en el helicóptero.
Miré por la ventanilla y todos nos despedían mientras
volábamos. Cuando llegamos al avión, fuimos directamente
a la habitación y caímos de bruces sobre la cama. Casey
salió un minuto y yo esperé a que estuviéramos en el aire
antes de acurrucarme entre las sábanas. Ambos dormimos
todo el camino y nos despertaron justo antes de aterrizar
para abrocharnos los cinturones. Casey sabía que íbamos al
Pacífico Sur, pero no conocía los detalles, así que estaba
emocionado por sorprenderla.
Llevamos la limusina al puerto y la acompañé hasta el
gigantesco yate que alquilé para llevarnos a nuestra propia
isla privada. Estaríamos solos en el mar, atendidos por el
personal del barco, y podríamos relajarnos y pasar un muy
necesario tiempo a solas. De hecho, estaba seguro de que
era la primera vez que estaríamos completamente solos
durante un largo período de tiempo.
Cuando subimos a bordo, miramos a nuestro alrededor
y nos dimos cuenta de que todas nuestras cosas ya habían
sido guardadas en el armario. Una vez que el barco salió del
puerto, cerré la puerta de la habitación y miré a mi esposa
mientras permanecía junto a la ventana con su vestido
blanco, viendo las olas arremolinarse a nuestro alrededor.
—Ven aquí —dije, con la lujuria reflejada en mi voz.
Se volvió y caminó hacia mí, sonriendo y sus ojos se
fijaron en los míos. Pasé mi dedo por su clavícula y por el
pequeño tirante de su vestido. Mientras movía el otro, el
vestido cayó al suelo dejando ver sus preciosas tetas, su
suave y suculenta piel y sus diminutas bragas de encaje
blanco. Levantó la mano y se quitó las pinzas del pelo,
dejándolo caer sobre sus hombros.
Me saqué la camisa por la cabeza y la tiré, presionando
su cálida piel contra la mía y sintiendo cómo se endurecían
sus pezones. Paseé mis dedos por su espalda, causando que
se le pusiera la piel de gallina en el cuello y los hombros. No
podía esperar para sentirla a mi alrededor y probar cada
parte de ella.
La giré y la empujé suavemente sobre la cama. Se echó
hacia atrás y se apoyó en la pila de almohadas, respirando
hondo y mirando hacia abajo, a mi erección. La alcancé y
liberé, observando cómo se lamía los labios mientras me
sacaba los calzoncillos. Me agarré el eje y lo acaricié
suavemente mientras me arrastraba hacia ella y le quitaba
las bragas y las tiraba al suelo.
Me incliné y pasé mi lengua por su humedad,
escuchando su jadeo mientras empujaba sus pliegues y me
arremolinaba alrededor de su clítoris. Tenía un sabor
increíble y supe en ese momento que no me iba a contener,
ni esta noche, ni nunca.
 

 
Capítulo 22

 
 
Casey
Podía sentir su boca moviéndose sobre la mía a un ritmo
que me volvía absolutamente salvaje. Me incliné hacia atrás
para asimilarlo todo, sabiendo que no había necesidad de
apresurarse en este momento. Sus manos flotaban sobre mi
cuerpo de la misma manera que su lengua: apasionadas,
hambrientas y concentradas en darme placer.
Pasé mis manos por su cabello mientras gemía con
fuerza. Dex apoyó mis piernas sobre sus hombros y empujó,
moviendo su boca salvajemente mientras mi cuerpo se
retorcía debajo de él. Quería probarlo, sentirlo en mi boca.
Le di un golpecito en la cabeza y le miré a los ojos.
—Date la vuelta —susurré.
Sonrió y se movió, girando sobre su espalda y tirando
de mí. Me puse a horcajadas sobre su cara, poniendo mis
manos a ambos lados de sus caderas y bajé, sintiendo su
boca contra mí. Gemí en voz alta por los movimientos de su
lengua y me acerqué, agarrándole el pene y lamiendo la
punta. Bajé, tomando su polla en mi boca hasta el fondo,
chupando fuerte mientras volvía a subir.
Gimió en mi húmedo coño pero continuó lamiendo
mientras yo movía mi cabeza arriba y abajo en su polla. Me
agarró las nalgas y presionó mi montículo contra su cara
mientras yo empezaba a gruñir. Estaba a punto de alcanzar
el orgasmo pero me contuve, no quería correrme todavía.
Miré su brillante polla y la sostuve, metiéndomela hasta
la garganta, sintiendo cada palmo sobre mi lengua. Me
sostuve sobre su polla, moviendo la boca y contrayendo los
músculos de la garganta. Gruñó debajo de mí mientras yo
levantaba lentamente mi cabeza un poco antes de volver a
bajar. Podía verlo agarrándose a la cama mientras lo
chupaba más fuerte y más rápido.
Aquello me excitó más que nada. Gemí con su polla en
mi boca, empujándola hacia adentro y hacia afuera en
pequeñas ráfagas. Extendí mis brazos sobre mi cabeza,
agarrando sus piernas y me concentré en mover las caderas
contra su lengua mientras le dejaba follarme la boca.
Estaba cerca del orgasmo y esta vez no lo frenaría.
Clavé mis uñas en sus piernas y gemí mientras su polla
dejaba mi garganta antes de volver a empujar. Cuando el
clímax me golpeó, empujé mi boca hacia su polla y presioné
mi humedad contra su cara, mi cuerpo brillaba y temblaba
encima de Dex.
Le oía gemir, saboreando mis jugos mientras deslizaba
mi boca hacia arriba y tomaba una profunda bocanada de
aire. Mis caderas seguían moviéndose contra su boca y
aunque mi clítoris era sensible, mi cuerpo quería más. Giré
el cuerpo hacia el suyo, a horcajadas justo debajo de su
polla.
Tomé su vara en mi mano y me levanté sobre mis
rodillas, frotando la punta contra mis pliegues, absorbiendo
los jugos que todavía fluían incluso después del orgasmo.
Sus ojos lucían oscuros y mi humedad brillaba en su cara
mientras se mordía el labio y me observaba encima de él.
Empujé la cabeza de su erección contra mi clítoris y gemí
mientras lo frotaba en círculos. Le gustaba ver cómo me
complacía, ya fuera con su polla o con mis dedos. A parte
de mí le gustaba verle acariciarse la polla. Utilicé esa
imagen muchas veces durante mis frías y solitarias noches
en Brooklyn.
Dex extendió su mano para levantarme, queriendo
sentir su polla dentro de mí. Yo sonreí e hice lo que quería,
adelantándome y bajándome sobre él. Jadeé mientras su
enorme polla me abría y llenaba. Cuando estuvo
completamente dentro, empecé a moverme en círculos,
levantándome ligeramente antes de volver a cabalgarlo.
Cada vez que me lo volvía a meter dentro, gemía más,
le gustaba saber que quería montarlo con fuerza. Sin
embargo, no estaba dispuesta a ceder, así que le sujeté las
manos por encima de la cabeza y le coloqué las tetas en la
cara mientras movía las caderas cada vez más rápido en
todas las direcciones.
—Fóllame, nena —balbuceó—. Quiero sentir cada
centímetro de ti.
Le sonreí maliciosa y me miró sorprendido antes de
sacudir la cabeza. Me agarré a sus muñecas con más fuerza
mientras intentaba moverlas, gimiendo al sentir su polla en
lo más profundo. A medida que la excitación crecía, también
lo hacían mis movimientos, queriendo sentirlo tan
profundamente como pudiera.
Durante unos momentos, me entregué a sus deseos,
galopando arriba y abajo, dejando que su eje se moviera
dentro y fuera de mí, antes de inclinarme hacia atrás y
apoyar mis manos en mis muslos. Miró mi clítoris expuesto
y se lamió los labios, levantando la mano y frotándolo con el
pulgar. Grité ante aquella sensación y mi humor pasó de
juguetón a necesitado.
Me senté bien y moví las caderas con fuerza y rapidez,
gimiendo y cerrando los ojos porque el orgasmo se
acercaba. Lo deseaba tanto que flexioné el coño para sentir
cada centímetro de su eje dentro de mí. Me agaché y puse
mis manos en su pecho follándolo profundamente.
—Sí, nena, así —dijo—. Quiero sentir cómo te corres.
Al escuchar esas palabras y alcancé el clímax. Grité,
clavando mis dedos en su pecho y arqueando la espalda
mientras mis caderas me movían hacia el puro placer. Le oía
gemir debajo de mí y sus manos me apretaban la cintura.
Antes de que terminara, me giró y se abalanzó sobre mí,
agarrándome las manos y sujetándolas por encima de mi
cabeza.
—Te sientes tan bien.
Se inclinó para que su cara estuviera en mi cuello
mientras encontraba el mismo placer que yo momentos
antes. Me empujó profundamente y con fuerza y me apoyé
en sus manos. Levantó su cabeza y presionó su boca contra
la mía, besándome mientras se movía hacia su propio
éxtasis. Gemí dentro de su boca sintiendo nuestros cuerpos
entrelazados. Levanté las piernas para rodearle la cintura y
alcé mi trasero para sujetarle mejor.
Él empujó varias veces, profundo y lleno de significado
antes de follarme fuerte y cerrar los ojos mientras explotaba
dentro de mí. Sus caderas se movieron ligeramente hacia
dentro y hacia fuera mientras gemía, soltando su semilla y
sintiendo las olas de placer que lo bañaban completamente.
Sus manos agarraron las mías con fuerza y lo besé
apasionadamente mientras encontraba su propio orgasmo.
Cuando sus manos me soltaron y su cuerpo empezó a
relajarse, abrió los ojos y me miró, devolviéndome el beso y
acariciándome el pelo. Dex se detuvo un momento y me
miró con adoración antes de cerrar sus ojos y fundir sus
labios en los míos. Rodeé sus mejillas y me dejé abrazar,
sintiendo nuestras piernas entrelazadas y su cuerpo aún
dentro del mío.
Nos acurrucamos, dejando que la brisa que se colaba
por la ventana nos acariciara la piel desnuda. Fue el
momento más relajado de mi vida. Podría haberme quedado
así el resto de la luna de miel, pero decidimos subir, ver la
puesta de sol sobre el océano y cenar, ya que el chef casi
había terminado de prepararlo todo.
Cuando salí a cubierta, me quedé sin aliento al ver lo
hermoso que era aquello. Me sentí como una estrella de
Hollywood tomando el sol en mi yate personal. De pronto,
pensé en Seth y en lo mucho que le gustaría estar en el
barco, así que saqué el móvil, que milagrosamente todavía
tenía cobertura, y llamé a casa.
—Hola, mamá —dije cuando contestó.
—Oh, hola, mi niña —, respondió ella—. ¿Por qué llamas
en vez de disfrutar de esas vacaciones?
—Solo quería saber cómo está Seth —respondí
sonriendo.
—Oh, cariño, está jugando y correteando por el
apartamento. —Se rio—. No tienes que preocuparte.
Disfruta de tu luna de miel, te lo mereces.
—Vale. —Sonreí—. Dile que le quiero, y a ti también.
—Yo también te quiero, tesoro —dijo—. Hablaremos
pronto.
Colgué y contemplé el paisaje. No podía creer que
estuviera viajando por el mundo. Siempre había querido
hacerlo, pero no me lo podía permitir. Esto era más que un
sueño y me impresionaba que Dex hubiera organizado un
viaje tan increíble. Vimos la puesta de sol y nos sentamos a
disfrutar de la increíble comida que el chef nos había
preparado, riendo y hablando de nuestras aventuras. Luego,
ambos estábamos tan agotados que nos quedamos
dormidos, abrazados.
Al día siguiente desayunamos en cubierta antes de
acercarnos a una cala y pasar horas buceando. Nunca había
visto unos peces tan bonitos ni agua tan cristalina. Dex me
hizo una señal para que lo siguiera, así que lo hice, mirando
el entorno mientras me llevaba a otra cala entre dos
grandes acantilados. Sentí que éramos las únicas dos
personas que quedaban en el mundo. Salí del agua, me
quité las gafas y quedé con los ojos abiertos. Dex apareció
detrás de mí, envolviendo sus brazos alrededor de mi
cintura.
—Deberías quitarte este traje y sentir realmente el
agua —se burló, agarrando mis pechos y presionando su
erección.
Me reí y me empujó, corriendo hacia aquella playa de
arena blanca. Me reí mientras me perseguía, lanzando mis
gafas y mis aletas a la orilla y corriendo por la arena. Me
alcanzó, respirando pesadamente y me hizo girar para
enfrentarlo. Tiró del cordón del bikini, agarrando mis pechos
y masajeándolos con fuerza mientras me besaba con
pasión.
Miré a mi alrededor para asegurarme de que
estábamos solos, la idea de tener sexo al aire libre, me
excitó. Me quité el top completamente y lo tiré a un lado,
frotando mi mano contra su bañador y agarrando su
erección a través de la tela. Estaba tan duro que volví a
poner los ojos en blanco, anticipando ya la forma en que se
sentiría dentro de mí.
Con precaución, me arrodillé y desaté su bañador,
tirando de él hacia abajo y envolviendo mi boca alrededor
de su polla. Si iba a estar de vacaciones, las disfrutaría bien.
 

 
Capítulo 23

 
 
Dex
Cerré los ojos y sentí sus suaves labios moverse por mi eje,
su lengua lamiéndome salvajemente y su boca tomarme
con fuerza. Esto era exactamente lo que tenía en mente
después de anoche, cuando tuve que contenerme para no
correrme en su garganta. Gemí y puse mi mano en la parte
de atrás de su cabeza, guiándola y sosteniéndola allí
durante varios segundos antes de tirar ligeramente de su
pelo.
Me miró con sus ojos verdes brillando a la luz del sol.
Parecía como si fuéramos las únicas dos personas del
mundo, pero al mismo tiempo, la idea de que pudieran
pillarnos resultaba muy excitante.
—Acuéstate —me ordenó, mientras echaba la cabeza
hacia atrás y se ponía de pie.
Gruñí y me tumbé en la suave y cálida arena,
mirándola mientras se quitaba la parte inferior del bikini.
Contemplé sus curvas sin poder esperar a sentirla encima
de mí. Se sentó a horcajadas en mi cuerpo, arrodillándose y
agarrándose fuerte a mi eje.
Alcancé mi mano y la posé en su cavidad, empujando a
través de los pliegues y frotándola. Casey inclinó la cabeza
hacia atrás y gimió mientras yo empujaba dos dedos dentro
y los sacaba de nuevo, volviendo a su clítoris. Movía sus
caderas con los movimientos de las olas mientras yo la
tocaba, viendo su cuerpo retorcerse de placer.
La dejé gozar solo unos segundos antes de agarrarla
por la cintura y moverla arriba y abajo sobre mi polla. Su
coño estaba tan mojado que se deslizaba con facilidad y yo
golpeaba su cuerpo hacia abajo, haciéndola gritar de
éxtasis. Movió sus rodillas a un lado para que yo pudiera
empujar más dentro de ella. Arriba y abajo, la alcé mientras
el agua se encontraba con nuestros cuerpos en la orilla.
Casey gemía una y otra vez mientras su cuerpo se
preparaba para el clímax.
—Voy a correrme, nena —grité—. No te detengas.
Podía sentir mi propio orgasmo formarse a fuego lento
y sabía que no podría contenerme mucho más. Solté su
cintura y se inclinó hacia delante, mi polla entrando y
saliendo tan rápido como podía. Cuando alcanzó el
orgasmo, empujé su cuerpo hacia arriba, sintiendo
contraerse y empujarme al borde del clímax. Ella se corrió
con fuerza mientras gritaba de placer y yo exploté dentro de
ella, dejando que los gemidos escaparan de mi garganta.
Finalmente, mi cuerpo se desplomó en la arena y ella cayó
hacia adelante, apoyando la cabeza en mi hombro.
—Vaya —jadeó sin aliento—. Ha sido increíble.
Me reí, coincidiendo completamente con ella. Era
jodidamente increíble. Nos levantamos y recogimos
nuestros trajes de baño, vistiéndonos y regresando al yate,
completamente hambrientos y listos para el almuerzo.
En el yate, nos pusimos algo de ropa encima de
nuestros bañadores y, en cubierta, nos dispusimos a comer
viendo cómo el sol bajaba cada vez más hacia el horizonte.
Casey quiso llamar a nuestro hijo, así que le pedí al capitán
que trajera el teléfono del barco, ya que nuestros móviles
casi no tenían cobertura desde el mar. Sonreí mientras
Casey llamaba, iluminada ante el sonido de la voz de
nuestro hijo.
Le preguntó cómo había pasado el día, le escuchó
hablar de sus edificios y que iba a desayunar. Resultaba
adorable y me di cuenta de que lo extrañaba más de lo que
pensaba. De repente, se detuvo y me miró, diciéndole a
Seth que esperara un segundo. Me pasó el teléfono con una
sonrisa.
—Insiste en hablar contigo —me dijo.
Cogí el teléfono, sintiendo que las emociones se
hinchaban en mi pecho. Su vocecita me golpeó de pronto y
empecé a ahogarme. En ese momento me di cuenta de que
Seth me quería de verdad y que yo le quería a él más que a
nada en el mundo. Era mi hijo y finalmente sentí todo lo que
eso suponía, desde el amor, la protección y la amistad,
hasta la necesidad de estar cerca de él.
Todo lo que habíamos pasado me llevó a este punto y
sabía que no me arrepentía ni un solo instante. Esa
Nochebuena en la que la llevé al sofá fue el momento
decisivo de mi vida y no podría estar más contento por lo
que pasó. No sabía lo que había hecho antes de la llegada
de Seth y, ahora, no podía imaginarme mi vida sin él.
Colgué después de decirle que le quería y me volví hacia
Casey.
—Quiero que sepas —dije, luchando contra las lágrimas
—, que no hay nada de lo que me arrepienta. Estoy
encantado de haberte hecho el amor aquella Nochebuena y
estoy muy orgulloso de formar parte de la vida de este niño.
Le quiero más que a nada en el mundo.
Casey se limpió una lágrima y se puso de pie. Me rodeó
por la cintura y me abrazó, sus lágrimas empaparon mi
camisa. Ellos dos eran lo mejor que me había pasado y no
me iba a contener más para decírselo. Se lo diría una y otra
vez el resto de mi vida. Se inclinó y me miró, con las
lágrimas de sus mejillas besadas por el sol.
—Te quiero —me dijo—. Y Seth y yo somos muy
afortunados por tenerte en nuestras vidas. No se me ocurre
ningún otro hombre con el que quisiera formar una familia.
Gracias por luchar por nosotros, incluso cuando me eché
atrás.
Nos abrazamos de nuevo y nos volvimos hacia la
puesta de sol. Era como una imagen sacada de un cuento y
nada podría arruinar nuestra luna de miel. Eso fue lo que
pensé hasta que uno de los miembros de la tripulación
apareció en cubierta con un mensaje. Se disculpó por
interrumpirnos y me entregó una nota. Le miré, confundido
y me di cuenta de que alguien había llamado al barco
buscándome. Casey se sentó viendo cómo los rayos del sol
desaparecían mientras las estrellas comenzaban a brillar en
el cielo. Abrí la nota y la ira empezó a burbujear en mi
estómago. Eran noticias de mi vicepresidente sobre nuestro
cliente en Caracas.
Me senté releyendo el mensaje. Había surgido un
problema con aquella compra para la que me había
esforzado tanto. Me fui de luna de miel antes de que se
completara, confiando en que el vendedor y yo firmaríamos
el trato a mi regreso. Pues, por lo visto, el muy imbécil
trataba de jugármela y estaba enfadado porque me había
ido antes de finiquitar el negocio. Ahora decía que estaba
considerando retirarse a menos que todas sus demandas se
cumplieran de inmediato. No quería llamarle, pero era lo
único que podía hacer, tenía que ser yo el que cerrara el
trato. En la oficina necesitaban que volviera para arreglar
ese asunto o perderíamos todo el trabajo que pusimos en el
nuevo complejo.
Casey me miró con curiosidad mientras bebía un poco
de vino. Le entregué el papel, sabiendo que podía incluirla
ya que era mi esposa y eso la afectaría también. Lo leyó con
atención e intentaba controlar su respuesta emocional,
sabiendo que yo estaría muy enfadado. Me leía como un
libro abierto y ajustaba sus emociones a las mías. Tomó un
sorbo más de vino, reflexionando sobre lo que iba a decir.
—Esto es una mierda —exploté—. Estamos de luna de
miel, joder. De ninguna manera voy a dejarte para irme a
Caracas.
—Shhh —murmuró, cogiéndome del brazo—. Respira
hondo. No es el fin del mundo. Todo esto es más de lo que
hubiera imaginado nunca y siempre he querido ver Caracas.
Sería una aventura.
—No estoy seguro de cuánto tiempo tendríamos que
quedarnos allí —dije, pensando en Seth.
—Vale, entonces volamos a casa, recogemos a nuestro
hijo y lo llevamos con nosotros —comentó, sonriendo—. Que
sean unas vacaciones familiares. Estará encantado.
Durante un momento, pensé en la posibilidad de llevar
a Casey y Seth conmigo. Nunca había ido de viaje de
negocios con nadie, pero la idea de hacer un viaje familiar
no solo me parecía atractiva, sino que me recordaba a
cuando mi padre solía llevarnos de viaje. Natalie y yo vimos
muchos lugares maravillosos de niños y sería genial hacer lo
mismo con Seth. La tensión se liberó de mis hombros y
tomé un trago de whisky, pensando en lo bien que se lo
pasaría Seth en Caracas. Asentí y me volví hacia Casey, que
esperaba pacientemente mi respuesta.
—Creo que es una idea fantástica —dije con una
sonrisa—. A ti y a Seth os encantará. No estaré con vosotros
todo el tiempo, pero hay guías que pueden llevaros de
tiendas y a los eventos que organizan para los niños. La
verdad es que no sé qué haría sin vosotros.
—Volverte loco. —Se echó a reír.
Me levanté y la besé en la cabeza.
—Voy a avisar al capitán de que debemos volver a
puerto y tener el avión listo. Gracias por ser tan
comprensiva —dije, pasando mi mano por su mejilla.
—Nos vamos de vacaciones en familia. —Se rio—.
¿Quién puede resistirse?
Sonreí y me dispuse para arreglarlo todo. Era una
nueva forma de hacer las cosas y tenía suerte de contar con
Casey para ayudarme a guiarme a través de esas aguas
desconocidas. Por otro lado, vería a mi hijo, a quien
extrañaba tanto que me dolía el corazón.
 

 
Capítulo 24

 
 
Casey
Desde nuestra llegada a Caracas, todos nos mostraron la
más asombrosa hospitalidad. Los empleados del hotel se
ocuparon de nosotros y se aseguraron de cumplir todos
nuestros deseos. Seth no se cansaba de los postres que
enviaban a nuestra habitación y yo me reía por cómo abría
los ojos cada vez que oía llamar a la puerta. La suite era
más grande que el ático y estaba extravagantemente
decorada con muebles ornamentados y detalles
sorprendentes grabados en cada superficie. Seth tenía su
propio cuarto en la suite y el hotel se había asegurado de
que fuera acogedor para un niño de su edad antes de que
llegáramos.
Las vistas desde la suite eran espectaculares. Había
edificios preciosos, detalles tropicales y gente por todas sus
calles. Era como una versión más rural de Nueva York,
donde todo el mundo iba en bicicleta y se podían comprar
productos en los inmensos mercados callejeros cerca del
centro. Dex iba y venía de las reuniones, pero se aseguraba
de que nos entreteníamos antes de irse. Aún no habíamos
paseado por la ciudad y planeábamos hacerlo al día
siguiente. Pensé en comprarles, a mi madre y a Natalie,
algunos hermosos tapices del país.
Dex nos sorprendió volviendo temprano y nos llevó a
Seth y a mí abajo, para un almuerzo ligero y pasar un rato
juntos. Parecía estresado, pero trataba de ocultarlo cuando
jugaba con Seth. Tomé un té y comí los pequeños
sándwiches y ensaladas que nos habían servido. Seth se
contentó con un plato lleno de patatas y huevos que el chef
preparó para él.
Al principio, pensé que la atención extra era igual para
todos pero, después de ver a los otros huéspedes, me di
cuenta de que tenía más que ver con quién era Dex que con
la hospitalidad del restaurante. Sonreí cuando el socio de
Dex, Joe, entró, despeinó a Seth y se inclinó para susurrarle
algo al oído a mi marido. Dex asintió y se levantó, yendo
ambos a un lado. Era difícil escuchar su conversación pero
capté la mayor parte.
—Me sorprende que hayas traído a tu familia —le dijo
Joe—. Se han producido graves disturbios políticos en
Caracas últimamente.
—No lo sabía —dijo Dex con una mirada preocupada—.
Todo fue bien la última vez que estuve aquí.
—Es que empezó poco después de que te fuiste
entonces —le explicó Joe—. Ya sabes cómo son estas cosas,
se intensifican de golpe. Deberías ir a la oficina de
seguridad y contratar unos guardias para proteger a tu
familia. Deberían quedarse aquí, en el hotel; puede que no
sea seguro para ellos ir a la calle.
Dex se pasó la mano por la cara y asintió.
—Gracias, Joe. Lo haré.
—¿Vendrás a la reunión después del almuerzo?
—Sí, por supuesto —dijo Dex, mirándome. Bajé la
cabeza tratando de que no se notara que les había estado
escuchando.
—Encantado de conocerte —se despidió Joe, poniendo
la mano en mi hombro.
Asentí y sonreí, aunque el miedo bullía en mi
estómago. Dex se sentó de nuevo y sonrió a Seth, que le dio
algunas de sus patatas. Me di cuenta de que estaba más
preocupado de lo que quería aparentar. Tomé un sorbo de té
antes de abordar el tema.
—¿Seguirás el consejo de Joe? —le pregunté
despreocupadamente, mirando mi taza.
—Por supuesto —dijo Dex, tras beberse su agua de
golpe—. Iré antes de la reunión y os enviaré unos guardias a
la puerta de la habitación. Todo esto es muy inesperado,
debería haberme informado mejor de la situación del país.
Apoyé mi mano en su pierna y sonreí, tratando de
mostrarle que confiaba en que todo saliera bien. Sin
embargo, por dentro, estaba nerviosa y me di cuenta de
que estar casada con un empresario multimillonario
requería mucha moderación en cuanto a la forma en que
expresaba mis emociones. No tanto por la gente que nos
rodeaba sino por apoyar a Dex, para que se sintiera más
cómodo y pudiera concentrarse en los negocios. No
obstante, conociendo a Dex, necesitaría mucho más que
una mirada para calmar su nerviosismo, en especial cuando
ya estaba enfadado por tener que volver a Venezuela tan
pronto.
—Lo siento —dijo, inclinándose y besándome en la
mejilla—. Prometo que resolveré esto lo más rápido posible
e iremos a un lugar más seguro para continuar con nuestras
vacaciones en familia.
—Estaremos bien, tranquilo —respondí—. Concéntrate
en la negociación. Esto es una aventura, ¿verdad?
—Bueno, desde luego, no era la que tenía en mente
para mi esposa e hijo. —Se rio—. Con lo de la boda, no me
preocupé por comprobar la situación política del país.
Supongo que nunca había tenido que hacerlo.
Negué con la cabeza, tratando de quitarle importancia.
Eché más agua en su vaso y le ofrecí un poco de ensalada.
Se negó, sus nervios le impedían comer. De hecho, a mí
tampoco me apetecía mucho pero necesitaba mantener la
calma por los tres, sobre todo porque no quería que Seth
supiera qué ocurría. Quería que estuviera despreocupado y
que se divirtiera mientras estuviéramos aquí, algo que
todos los niños de cinco años deberían hacer. Mientras
tanto, Dex tomaría todas las medidas necesarias para
mantenernos a salvo.
—Dex —le dije, inclinándome hacia él y besándole la
mejilla—. No te culpes por esto. No sabías lo que pasaba. Y
además, yo también tengo la culpa, no quería separarme de
ti ni un segundo. Aún no he llegado a ese punto como
esposa, supongo.
—Lo sé —dijo, sonriéndome con esa misma sonrisa
encantadora—. Me siento mal porque vas a tener que estar
encerrada en el hotel todo el tiempo.
—Oh, no —exclamé, sarcástica—. ¿Quieres decir que
tengo que quedarme en una lujosa suite con servicio de
habitaciones, más grande que nuestro ático, y con todas las
películas que quiera ver a mi alcance? ¿Cómo me las
arreglaré? ¿Conseguí adaptarme a ser una esposa rica?
—Perfecto. —Dex se rio, se limpió la boca y se levantó
—. Tengo que irme, mi amor. Volveré lo antes posible y os
enviaré unos guardias.
Vi cómo Dex besaba a Seth en la cabeza y luego se
volvió hacia mí, presionando sus labios firmemente contra
los míos. Mientras se alejaba, suspiré y lo observé hasta que
desapareció. Mi amor por él era más fuerte que nunca.
Sabía que haría todo lo posible para mantenernos a salvo,
pero una parte de mí seguía preocupada por su seguridad.
Estaba tan absorto por todo lo que estaba pasando, que
esperaba que se acordara de protegerse a sí mismo. Miré a
Seth, que estaba construyendo una ciudad con patatas, y
sacudí la cabeza, deseando que pudiéramos estar todos
juntos.
Cuando terminé de almorzar, pedí que me subieran un
poco de té a la habitación y atravesé el vestíbulo, con Seth
de la mano. Mi hijo nunca había visto nada tan asombroso
como la arquitectura de estos edificios, así que ir del
restaurante a la suite nos llevó bastante tiempo. Hizo un
millón de preguntas, para las que no sabía las respuestas, y
me dijo que investigaría un poco cuando llegáramos arriba.
En el ascensor, me apoyé en la pared, mirando los
pisos pasar en la pantalla. Mi mente recordó la advertencia
de Joe y me pregunté si saldría algo en las noticias.
Pensándolo bien, probablemente debería guardarme todo
para mí, así no habría posibilidad de que Seth se enterara y
se asustara. Lo último que quería hacer era arruinarle las
vacaciones, se estaba divirtiendo como nunca.
Pensaba que el ático era el más elegante del mundo,
pero cuando llegó al hotel, se volvió loco con las cosas que
había. Sin mencionar que todos lo atendieron directamente,
asegurándose de que se divirtiera y siempre tuviera la
barriga llena. Al final del viaje, todos tendríamos que
ponernos a dieta.
Cuando llegamos a la suite, le pedí a Seth que
recogiera sus juguetes. En realidad, quería tener nuestras
cosas listas por si teníamos que irnos de repente, para que
no hubiera ningún problema. Mientras Seth guardaba sus
coches de juguete, recogí nuestros pasaportes e
identificaciones y me los metí en el bolsillo para que, sin
importar lo que pasara, tenerlos encima en todo momento.
No quería terminar atrapada en la aduana sin poder
volver a casa por no tenerlos. Seth deambuló por la suite,
mirando los diferentes cuadros que decoraban las paredes.
Me ofrecí a ponerle una película, pero no era un niño muy
aficionado al cine, así que tomé su cuaderno de dibujo y sus
lápices y lo senté frente a la cristalera para que pudiera
dibujar cualquier edificio que quisiera. Estaba casi
abrumado por la cantidad de opciones que tenía, así que le
sugerí que empezara por el edificio más pequeño, en forma
de cúpula, que veíamos en el centro de la ciudad. Aceptó
con entusiasmo y se puso a trabajar en su obra maestra.
Mientras tanto, revisé los dormitorios y preparé el
equipaje. Doblé nuestra ropa lavada y la puse en las
maletas, soñando despierta con nuestro viaje en yate. Me
asomé por la puerta del cuarto y Seth seguía ensimismado
dibujando, así que encendí la televisión y vi las noticias. No
había nada importante, que pudiera entender ya que
hablaban un idioma diferente, así que apagué el televisor y
me fui a la habitación de Seth. Sus juguetes estaban
esparcidos por todas partes, así que tomé su bolsa y
empecé a guardarlos cuidadosamente, aunque sabía que,
dentro de una hora, los sacaría todos de nuevo. Mientras
recogía, Seth entró en el cuarto con su dibujo en la mano.
Me lo enseñó y sonreí, mirando el edificio del patio de abajo.
Sin embargo, entrecerré los ojos, mirando pequeños círculos
que había puesto alrededor del edificio.
—¿Qué es esto? —le pregunté, señalando los círculos.
—La gente —dijo—. Han empezado a llegar todos
juntos. Debe haber algo importante ahí abajo.
Le devolví el dibujo a Seth y, lentamente, me acerqué a
la ventana. Entonces, pude ver filas de gente marchando
por las calles y reuniéndose ante el hotel. Llevaban carteles,
banderas y algunos de ellos máscaras. Estaban cantando
pero, desde nuestra altura, no sabía lo que decían. Inspiré
hondo y contemplé la escena que se formaba allí abajo. Las
protestas de las que hablaban habían llegado a nuestra
puerta y el miedo se apoderó de mí. No podía moverme
mientras aquella escena se desarrollaba ante mi hijo y yo.
 

 
Capítulo 25

 
 
Dex
Inmediatamente después de despedirme de mi esposa e
hijo, supe que debía hacer lo que Joe me aconsejó. Me metí
en el coche y pedí al chófer que me llevara a la oficina de la
empresa de seguridad. No quería perder tiempo en enviar
guardias al hotel. Me arrepentí de haber traído a Casey y a
Seth conmigo, pero entonces solo pensaba en lo mucho que
echaría de menos a Casey después de nuestra boda.
Estaba más tenso de lo que había sentido desde hacía
mucho tiempo, y una parte de mí quería irme con Casey y
Seth y largarme del país. Sin embargo, mi socio y yo
habíamos trabajado mucho por el negocio, así que debía, al
menos, llegar hasta el final. De cualquier manera, de ahora
en adelante, investigaría de verdad el lugar de destino
antes de traer a mi familia a estas negociaciones. Nunca
más los pondría en este tipo de situación si podía evitarlo.
Casey se mantenía tranquila, pero la conocía y sabía que
disimulaba su nerviosismo. Quería asegurarme de que se
sintiera lo más segura posible.
Cuando llegué a la empresa de seguridad, el chófer me
abrió la puerta del coche y pasé directamente al interior, ya
que les había llamado con antelación. Me acompañaron a
una sala del fondo para repasar la logística de sus servicios.
Ya había utilizado un servicio de seguridad antes, pero era
solo para los dignatarios con los que trabajaba, no para mi
familia ni para mí. Me dijeron que eran los mejores de la
ciudad, así que deseaba recibir alguna garantía de la
seguridad de Seth y Casey.
—Hola, señor Canton —dijo un hombre grande con un
traje negro, estrechando mi mano—. Soy Sebastián Mateo,
el dueño de esta empresa. Me han dicho que su familia se
aloja en el Hotel Cayena y necesita nuestros servicios.
—Sí, se trata de mi esposa y mi hijo —le informé con un
guiño.
—Esta es una época convulsa para Venezuela —
comentó, escribiendo en su portátil—. Siento que tu familia
tenga que pasar por esto. La ciudad suele ser un sitio
encantador que visitar.
—No era consciente de lo que estaba pasando —dije—.
Solo quiero que estén a salvo.
—No hay problema —respondió, mirándome—. Hemos
enviado un equipo al hotel. Estarán apostados en el
ascensor y en cualquier otra entrada que lleve a la suite.
También me he tomado la libertad de llamar a Mateo. Él le
acompañará a su reunión y a cualquier otro lugar al que
tenga que ir mientras esté aquí.
—Gracias —dije, asintiendo.
Firmé los papeles para los servicios y me dirigí al
coche, con Mateo a la cabeza. Nos desplazamos por las
calles de Caracas, cruzándonos con varios grupos de
personas. Todos portaban carteles y se dirigían hacia la
misma dirección. Sentí una presión en el pecho y me
preguntaba cómo de mal se podrían poner las cosas.
Había visto muchas protestas en Nueva York, pero
sabía que eran completamente diferentes en otros países,
en especial aquí. La violencia era frecuente y que mucha
gente llevaba armas. Intenté inspirar hondo y recordar que
Seth y Casey estaban a salvo en el hotel y que los de
seguridad llegarían enseguida para asegurarse de que
siguieran así. Fue difícil, sabiendo lo mucho que los amaba y
lo vulnerables que eran, sobre todo siendo este su primer
viaje fuera del país.
Cuando llegamos a las oficinas para reunirnos con mi
socio, me apresuré a entrar, sin querer perder tiempo. Joe lo
tenía todo preparado y le aseguré que había enviado
seguridad al hotel para proteger a Casey y Seth. Empezó a
repasar los detalles del acuerdo, que el vendedor había
cambiado por completo desde la última vez que estuve en
Caracas.
Resultaba increíblemente frustrante ya que estaba
aprovechándose de mi tiempo con mi familia. Este tío
pensaba que nos tenía en sus manos, pero ni loco aceptaría
sus términos. Sabía que quería vender y pensó que podía
engañar a mi socio, sin darse cuenta de que yo era el que
tomaba las decisiones. Miré a Mateo, que hablaba por
teléfono, con una mirada de determinación cruzando su
cara. Dejé el bolígrafo y le miré mientras se acercaba.
—Necesito que vea esto, señor —me dijo,
entregándome su móvil.
En la pantalla se reproducía un vídeo. Miles de
personas marchaban por las calles, cantando y portando
carteles. Les cercaban policías armados y con equipo
antidisturbios, que me infundieron miedo. De pronto,
reconocí el edificio en forma de cúpula que rodeaban.
—¿De cuándo es esto? —pregunté, devolviéndole el
teléfono al guardia.
—Señor, se trata de una retransmisión en directo —me
informó—. Se han reunido frente al hotel. La policía los está
rodeando, pero mi gente dice que esperan un
enfrentamiento. La tensión se ha intensificado más rápido
de lo previsto. Es muy peligroso. Aquí, en Venezuela, la
policía dispara primero y no hace preguntas, como en su
país.
Me froté la cara con las manos, dándome cuenta de
que la situación se volvía cada vez más difícil. Cogí el móvil
y envié un mensaje a mi piloto, diciéndole que nos recogiera
con el helicóptero en la azotea del hotel. ¿Cómo no preví
esto de antemano? ¿Cómo se me escapó una situación
extremadamente peligrosa que se desarrollaba a nuestro
alrededor sin ver el peligro? Caracas era como un polvorín
rodeado de llamas y, al parecer, estaba a punto de estallar.
Llamé a las aerolíneas, avisándoles de que saldríamos
lo antes posible, así que preparé el avión y llamé para
establecer el destino. Todo el mundo parecía estar
esperando la respuesta, ya que la noticia del levantamiento
se había extendido por la ciudad como el fuego. No sabía
cuáles eran los problemas políticos, pero con unos
manifestantes enfurecidos y una policía despiadada, la
mezcla prometía un auténtico desastre a los pies de Casey y
Seth.
—¿Adónde vas? —me preguntó Joe, al verme levantar y
recoger las cosas—. Tenemos que cerrar el trato.
—Me voy y me llevo a mi familia a un lugar seguro, te
sugiero que hagas lo mismo —le dije abruptamente—. Joe,
esto no es seguro. Tu vida vale más. En cuanto al trato, se
acabó.
—¡Oye, espera!
—Dile al vendedor que se vaya a la mierda, crearemos
nuestro complejo en otro sitio —grité por encima del
hombro mientras Mateo me mostraba la salida y el coche.
El chófer arrancó inmediatamente pero no tardó mucho
en verse inmóvil por culpa del tráfico. Por la ventanilla, vi a
cientos de manifestantes gritando y agitando pancartas. En
las afueras de las manzanas, vehículos blindados avanzaban
y policías armados con equipos antidisturbios se preparaban
para la lucha. Estaba seguro de que la visión de hombres
con máscaras de gas sosteniendo rifles quedaría grabada en
mi mente para siempre, pero no me importaba, solo quería
llegar hasta Casey y Seth lo más rápido posible.
Saqué el teléfono y llamé a Casey. Sonó tres veces y
saltó el buzón de voz. Colgué y marqué de nuevo,
obteniendo la misma respuesta. Entré en la página web del
hotel y llamé a la recepción, pero no recibí más que la señal
de ocupado. Frustrado, lo intenté de nuevo con el móvil de
Casey pero sin éxito.
Tiré el teléfono al otro lado del coche enfadado, sin
saber qué hacer. Supuse que lo único que me quedaba era
llegar lo más rápido posible. Casey y Seth eran mi vida,
eran todo lo que siempre quise y finalmente lo había
conseguido. Los amaba más que a mi propia vida y mientras
pensaba en sus dulces rostros, el arrepentimiento empezó a
surgir en mi pecho.
Nunca lo pensé dos veces mientras navegaba por el
mundo, haciendo negocios, viendo lugares de interés...
Nunca me planteé si estos eran seguros o no. Pero ahora,
con una familia, esa debería haber sido mi primera
preocupación. El mundo ya no era solo un lugar tranquilo
lleno de hoteles de lujo y de limusinas, sino que iba más allá
de mi pequeña burbuja y, a menudo, no era seguro.
Ahora, con Casey y Seth en mi vida, tenía la
responsabilidad de asegurarme de que estuvieran a salvo.
Tenía la responsabilidad de investigar estas cosas antes de
empacarlos y llevarlos al otro lado del mundo. Esta era mi
primera prueba real como padre y me sentí como si hubiera
fallado. Llevé a mi familia directamente al peligro y no me di
cuenta hasta que fue demasiado tarde.
El hotel estaba rodeado de gente furiosa y militares,
mientras Seth y Casey se hallaban atrapados en el último
piso. Todo el edificio estaba hecho de ventanales y solo
había una salida a menos que arrastrara a Seth por cien
tramos de escaleras. En ese momento, dejé que el miedo
me golpeara en el corazón. Me sentí vulnerable e indefenso.
No podía hacer más de lo que ya estaba haciendo, pero
nunca debí haber llegado a eso. Debería haberlo visto venir
y, en primer lugar, no viajar hasta aquí. Ese vendedor
imbécil sabía a lo que me estaba exponiendo y cuando
volviera, me aseguraría de que nunca le vendiera esa
propiedad a nadie. No debía haberse metido con la familia
Canton.
Respiré hondo, tratando de superar el miedo pero no
sirvió de nada. Perder a Seth y a Casey sería peor que
perder mi propia vida. Estaría acabado, no quedaría nada de
mí. Esas dos personas eran mi vida ahora, mi corazón y mi
alma estaban en ellos. Miré a Mateo que escuchaba las
instrucciones de su jefe a través de su auricular. Cuando
colgó, me miró con cara de sorpresa.
—Los de seguridad no han podido acercarse —me dijo
—. Tendremos que tomar este asunto en nuestras manos. La
buena noticia es que la escalera de atrás da una puerta
cerrada desde abajo y el ascensor solo funcionará con su
llave, así que deberían estar seguros si se quedan en su
habitación.
—¿Deberían?
—Los manifestantes no van a jugar limpio y la policía
tampoco, señor —me dijo—. Cuando la policía empiece a
avanzar, los manifestantes escaparán a cualquier sitio en el
que puedan encontrarse seguros, derribando puertas y
asaltando negocios. Ya lo he visto antes. Estoy siendo
sincero con usted, señor Canton. Lo único que podemos
hacer es sacarlos nosotros mismos.
Asentí, sin sentirme mejor. El helicóptero no llegaría,
por lo menos, hasta dentro de dos horas. Entonces, podría
ser demasiado tarde. Atravesamos la ciudad, acercándonos
al hotel mientras mi estómago se tensaba de miedo.
 

 
Capítulo 26

 
 
Casey
La situación parecía descontrolarse por momentos. Los
policías atacaban a los manifestantes en la calle, tirándolos
al suelo y esposándolos. Había peleas por todas partes y ya
no podía ni siquiera saber quién era quién. A lo lejos, se
veían grandes vehículos blindados avanzando hacia el hotel,
hombres con equipos antidisturbios y armados hasta los
dientes. Las sirenas se oían por todas partes y las alarmas
de emergencia sonaban por los altavoces que colgaban de
los postes por toda la ciudad.
Los comerciantes recogían sus cosas corriendo para
cubrirse, dándose cuenta de que no era una manifestación
cualquiera. Los helicópteros pasaron volando por las
ventanas, sacudiendo los cristales y poniendo grabaciones
en español dirigidas a los manifestantes. Seth vio a un
hombre en el centro de la calle ondeando su bandera
mientras los policías corrían directamente hacia él
apuntando con sus armas.
—Seth —le dije, llamándole su atención para que no
viera al hombre siendo abordado—. Es un dibujo muy
bonito. Cada día lo haces mejor.
El sonido de disparos resonaba en las calles, aparté a
Seth de la ventana y lo senté en el sofá, dándole su tablet
para que jugara. La situación era demasiado peligrosa para
seguir mirando desde la ventana, así que puse las noticias
para seguirla desde allí. Los manifestantes estaban
enfadados, pero la policía más y empezaban a pelearse en
las calles. Aquello empeoraba cada vez más.
Estaba aterrada, cogí el teléfono y llamé a Dex. Pero no
había línea porque el sistema debía estar colapsado.
Cambié de canal, leyendo los subtítulos lo más rápido
posible. Por lo que sabía, los de seguridad no habían
llegado, pero no había forma de que tomara el ascensor
para averiguarlo. Si estaban fuera, no necesitaba
confirmación y si no, tendría que empezar a pensar en cómo
protegernos a Seth y a mí.
—¿Qué pasa, mamá?
—Nada, cielo —le dije, besándolo en la cabeza e
inclinándolo de nuevo en el sofá.
Seth estaba alerta y consciente de que algo sucedía y
me costaba ocultárselo. Lo que empezó como un viaje
increíble se había convertido en una pesadilla y yo me
estrujaba el cerebro tratando de encontrar una solución. Era
como si pensara que podía sacarnos a Seth y a mí de
cualquier problema, de protegerlo de ver o escuchar algo
que lo asustara. Sin embargo, esta era una situación que no
sería capaz de ocultarle. Era inteligente y había visto a la
policía en la calle, derribando a los manifestantes. Me pateé
a mí misma por esperar tanto antes de sentarlo en el sofá.
Era solo un niño pequeño, no necesitaba ver eso.
—La gente de abajo quiere decir algo —le expliqué—.
Quieren ser libres para tomar sus propias decisiones, pero
sienten que la única manera de hacerlo es gritarlo fuerte.
—¿Es ilegal?
—No. —Me reí de su inteligencia—. No, exactamente.
Pero la policía no quiere que estén aquí, así que ahora están
enfadados unos con otros. Las cosas son diferentes aquí.
—¿Van a hacernos daño? —Su cara se veía triste e
inmediatamente me rompió el corazón.
—Nunca dejaré que nadie te haga daño —le dije,
mirándole a los ojos—. Todo irá bien. Esperaremos aquí a
Dex y, entonces, podremos resolverlo todo.
Cerré los ojos y pensé en cómo lo lograríamos.
Estábamos disfrutando de una luna de miel increíble antes
de que decidiéramos venir por negocios a Venezuela. Estaba
tan preocupada por no dejar el lado de Dex que ni siquiera
pensé en la situación política de aquí. Lo había visto en las
noticias en casa durante semanas, pero cuando llegó el
momento de irme con mi marido, lo olvidé. No me
extrañaba que mi madre pareciera tan nerviosa de que
trajera a Seth.
Me preguntó si estaba segura, en su tono preocupado
antes de irnos, pero no pensé más que en que Seth nunca
había viajado al extranjero. ¿Cómo pude ser tan estúpida
como para, ni siquiera, relacionar los levantamientos con el
país al que traía a mi familia? Debí haberle dicho a Dex que
no viniera, que lo arreglara a distancia, pero solo podía
pensar en estar con mi marido. Nada más importaba y,
ahora, estas eran las consecuencias.
Volví a coger mi móvil e intenté llamar a Dex, pero las
llamadas seguían bloqueadas. Me levanté y a por el teléfono
del hotel, llamando a recepción. Una empleada me contestó
pero había tanto jaleo que no oí lo que decía. Colgué y
marqué el número del móvil de Dex, esperando poder
comunicarme por el fijo, pero incluso este no hizo más que
pitar febrilmente en mi oído.
Estaba tan preocupada que no había pensado en el
hecho de que Dex estaba fuera, en medio de todo ese caos.
De pronto, mi corazón comenzó a latir rápidamente
mientras me preocupaba que le pasara algo con todos estos
manifestantes. ¿Y si se apoderaban de su coche? ¿Y si
estaba tratando de llegar hasta aquí y le herían? La policía
no sabría quiénes eran turistas y quiénes manifestantes y
su vida podría estar en grave peligro. Decir que estaba
aterrorizada lo habría minimizado a la legua. Me temblaban
las manos tanto que apenas podía sostener el mando de la
televisión mientras volvía a cambiar de canal.
Cuando la retransmisión en directo apareció en
pantalla, me congelé, el mando se me cayó y rebotó en el
suelo. La policía había comenzado a empujar a los
manifestantes y estos corrían hacia el hotel. Las puertas
estaban rotas, había cristales por todas partes y la gente
rodaba, ahogándose con las bombas de humo que la policía
había lanzado contra la multitud.
Apagué las noticias, dándome cuenta de que los
sonidos de los disparos ya no provenían de la televisión. Me
levanté y corrí hacia la salida de emergencias, cogiendo una
silla y colocándola bajo el pomo. Estaba cerrada con llave
desde fuera, pero también lo estaba la puerta y, por los
ruidos que se oían, los manifestantes habían subido hasta el
último piso. Si podían atravesar esa puerta, serían capaces
de pasar por esta. Había dos salidas de emergencia, una en
el interior y otra en el exterior que la escalera llevaba del
techo al vestíbulo.
Inmediatamente, me di la vuelta, bajé a Seth del sofá y
me dirigí al baño. Lo dejé en el suelo y cerré la puerta, lo
metí en la bañera conmigo y lo sostuve con fuerza entre mis
brazos. No sabía qué más hacer o adónde ir en ese
momento. Seth estaba asustado, temblando, cuando se dio
cuenta de que yo también lo estaba. Lo único en lo que
podía pensar era en Dex y en dónde se encontraba. ¿Y si
hubiera venido a buscarme y se hubiera quedado atrapado
entre la multitud? ¿Y si uno de esos disparos era para él? Ni
siquiera podía controlar mis pensamientos. El terror inundó
mi cuerpo.
Envolví a Seth con fuerza y enterré mi cara en su pelo.
No sabía adónde ir o qué más hacer, excepto atrincherarme
en ese baño y esperar que alguien llegara antes que la
policía o los manifestantes. Mientras esperábamos, pensé
en Dex, en nuestra historia y en la forma en que nuestras
vidas nos habían traído a este sitio. Aunque estábamos en
peligro, no me arrepentí de lo nuestro, me arrepentí de no
ser más responsable como madre.
Me incliné y cogí mi teléfono, marcando el número de
Dex de nuevo pero nada. Estaba tan frustrada y asustada
que no podía pensar con claridad. Oía el ruido de pasos en
los pasillos fuera de la habitación. La gente gritaba, y aun
así, los sonidos apagados de los disparos se podían apreciar
a lo lejos. Con cada golpe, mi cuerpo saltaba, sosteniendo a
Seth más cerca.
Nunca había experimentado nada como esto y estaba
completamente fuera de mí. Normalmente era valiente,
sensata, pero nunca había pasado por una situación como
esta. Había hombres armados por todas partes, luchando
por su libertad, luchando por sus causas, mientras Seth y yo
nos escondíamos de ellos, deseando no haber venido nunca
a su país.
Mis pensamientos se dirigieron a nuestro ático en
Nueva York, donde estaba segura y cómoda. Me parecía una
locura que pudiera pensar en la ciudad de Nueva York como
un lugar seguro, pero comparado con donde estábamos,
parecía Kansas. Quería estar en nuestra sala de estar,
viendo a Seth dibujar desde los ventanales, tan altos que no
teníamos que preocuparnos por nada. Quería oír la voz de
Dex y sentir sus brazos a mi alrededor. Nunca me había
sentido más segura que cuando estaba con él, pero estar en
esta situación sola era absolutamente aterrador. En lugar de
estar reconfortada y calentita en nuestro apartamento,
estaba en un país extranjero que decidió comenzar, de
repente, una revolución.
Estaba encerrada en un baño desconocido, en un lugar
desconocido, donde apenas entendía su cultura, y mucho
menos sabía cómo luchar contra unos disturbios civiles.
Dios, esperaba que mi madre no estuviera viendo las
noticias, le daría un ataque al corazón sin saber si
estábamos bien o no. La verdad era que ni siquiera yo sabía
si estábamos bien o no.
Mis pensamientos volvieron a Dex y me pregunté
dónde estaba. Dex se había convertido en mi mejor amigo y
mi compañero, ¿a quién recurriría sin Dex? Siempre había
sido valiente e independiente pero ahora, me hallaba
sentada en una bañera completamente aterrorizada y sin
ninguna idea de qué hacer a continuación. ¿Adónde iría si
herían a Dex? ¿Cómo le encontraría? Mi respiración
aumentó su ritmo y sentí como si las paredes se cerraran a
mi alrededor. Los ruidos de fuera comenzaron a retumbar en
mis oídos y me cubrí la cara con las manos, tratando de
calmarme. Estaba teniendo un ataque de pánico y
necesitaba recuperarme. Dejé a Seth en la bañera y me
dirigí al lavabo, haciendo correr el agua. Me salpiqué con
ella en la cara para tratar de despejarme. Cogí una toalla y
me sequé el cuello y las mejillas. Lentamente, levanté la
cabeza y me miré en el espejo.
«Cálmate, Casey. Con o sin Dex, tienes que encontrar
una forma de sobrevivir a esto, por el bien de tu hijo», me
dije.
 
 
Capítulo 27

 
 
Dex
Las calles se inundaron de manifestantes y ya no podíamos
movernos entre la multitud. La policía trató de sacarlos de
la calle pero, cada vez que se acercaban, se producía una
pelea. De hecho, empecé a pensar que ya no estábamos
seguros dentro del coche. Miré por la ventanilla a la gente
que alzaba los puños, cantando por su libertad y sus
derechos. Recordé haber visto protestas como esta en la
televisión y pensé en lo valientes que eran por defenderse.
Aunque era peligroso lo que ellos y la policía habían
hecho para los habitantes de la ciudad. Bombas de humo
estallaban por todas partes y, a lo lejos, se oía el débil
rumor de los disparos. Si era tan mala la situación a esta
distancia del hotel, no quería ni imaginarme cómo sería
estar en el centro de todo. Casey y Seth debían estar
absolutamente aterrorizados, encerrados en el hotel y
escuchando lo que pasaba a su alrededor. Me los imaginé
todavía en la habitación y no quise pensar cómo estarían.
Mateo se inclinó hacia el conductor y le susurraba algo
al oído antes de volver a su asiento. Miró hacia arriba e hizo
un gesto al cinturón de seguridad, así que me acerqué y me
lo abroché rápidamente. El coche giró a la izquierda por una
calle vacía y comenzó a acelerar. Miré a Mateo, confundido
sobre a dónde íbamos.
—¿Qué pasa? El hotel está en la otra dirección —
exclamé—. Tenemos que llegar hasta allí.
—Lo sé —me dijo Mateo con un tono serio—. Las calles
están bloqueadas. Cuanto más lejos lleguemos, más
violento será. Los vídeos muestran que los manifestantes se
han metido en el hotel y la policía ya está deteniendo a
cualquiera que vea por las calles. Nunca llegaremos si
seguimos en esa dirección. Vamos al aeródromo más
cercano, allí puede alquilar un helicóptero. Con un poco de
suerte y con su dinero, podremos llegar al hotel más rápido
que por carretera.
—¿Y si no hay helicópteros? Mi piloto está atascado
ahora mismo mientras todos huyen de la ciudad —le
expliqué.
—Es un pequeño aeródromo —me respondió—. Lo usan
principalmente la milicia y los militares. Debería haber
muchos. Y si no, nos iremos. En este momento, es nuestra
única opción.
Tal vez tuviera razón, tal vez pasar por ese lío era lo
peor que podíamos hacer. Si los otros guardias no hubieran
llegado, pasarían horas antes de que pudiéramos reunirnos
con Casey. Horas en las que todo podría salir mal y horas
que pasarían mi mujer y mi hijo aterrorizados dentro de la
suite, esperando que alguien les ayudara. ¿Y qué pasaría si
algo les sucediera? ¿Y si necesitaban ayuda y no intentamos
llegar más rápido? Nunca podría vivir conmigo mismo si
tomara la decisión equivocada y eso me costara a mi
familia.
Era algo que no podía ni siquiera imaginar, era un
miedo tan profundo que mi mente se negaba a dejarme
pensar en ello. Así que, viendo que Mateo había pasado por
situaciones como esta antes y conocía la zona, decidí seguir
adelante con lo que él pensaba que era lo mejor en ese
momento.
Asentí y miré hacia afuera mientras nos apresurábamos
por las calles y fuera de la ciudad. Justo en el borde de la
metrópolis, había un pequeño aeródromo con helicópteros
antiguos. Al acercarnos a la puerta, Mateo bajó su ventanilla
e hizo un gesto de cabeza al guardia. El hombre, armado, se
asomó al coche y me miró sospechosamente. Mateo le
habló en voz baja y nos abrieron las puertas. Cuando nos
acercamos a una pequeña construcción, Mateo y yo salimos
y nos apresuramos a entrar. Habló con el hombre que allí
había ya que yo no hablaba español con fluidez,
transmitiendo mis peticiones y ofreciéndome pagar el doble
cuando pareció incómodo.
Tan pronto como se le ofreció el dinero, asintió y llamó
al piloto del fondo. Vimos cómo corría hacia el helicóptero y
comenzó a prepararlo para el vuelo. Era evidente que el
dueño le había ordenado que se apresurara al sacar el
contenido del helicóptero y lo preparara enseguida. Le
entregué el dinero al dueño y corrí tras Mateo, saltando al
helicóptero y abrochándome el cinturón. Me pusieron
auriculares para que pudiera oírlos y me agarré con fuerza
cuando las aspas empezaron a girar.
Mientras el helicóptero despegaba y se adentraba en la
ciudad, vi hordas de gente dirigirse hacia el hotel. Miles de
ellos llevaban pancartas protestando por la división política,
pero en lo único que podía pensar era en Casey y Seth,
atrapados en lo alto del hotel. Había pasado toda mi vida
envalentonado por el hecho de que era un lobo solitario,
capaz de todo. Mi independencia había sido el aspecto más
importante de mi vida pero, ahora, mientras volaba hacia el
destino, me di cuenta de que la independencia no
significaba nada para mí. Ya no me sentía como un lobo
solitario sino como el alfa, protegiendo a su familia,
manteniéndolos conmigo y asegurándose de que estuvieran
a salvo.
Quería tener a Casey y a Seth a mi lado el resto de mi
vida, donde siempre pudiera garantizar su seguridad. Eran
lo único de mi vida que me importaba, incluso más que la
empresa y mucho más allá de mi independencia. En
realidad, gracias a esta situación, por primera vez, me sentí
completamente dependiente de otra persona para que me
guiara en la dirección correcta. Renuncié a mi audacia, ya
que no quería tomar la decisión equivocada y que las
consecuencias afectaran a los seres más queridos y
cercanos.
Dimos la vuelta a la manzana y nos quedamos en la
cima del hotel. Había gente en la azotea, agitando carteles
y atendiendo sus heridas. Aquello estaba lleno de
manifestantes que huían de la policía y habían roto los
bloqueos de las escaleras que conducían directamente a las
suites en las que estaban Casey y Seth. Mi corazón latía
desbocado cuando aterrizamos, inmediatamente salté del
helicóptero y nos dirigimos hacia la puerta. Me volví hacia
Mateo mientras escuchaba su auricular, asintiendo con la
cabeza. Me agarró del brazo y me acercó, gritando para
hacerse oír sobre la multitud y el sonido del helicóptero.
—Los otros están en camino —me dijo—. Vayamos a la
suite e intentemos sacarlos.
Asentí y me abrí paso entre la gente y en el hueco de la
escalera. Aquel sitio estaba abarrotado, unos se hallaban
heridos, otros escondidos, pero todo era un verdadero caos.
Respiré hondo al darme cuenta de que lo único que se
interponía entre mi familia y yo era esa gente y, aunque
sentía algo por ellos y por su situación, ahora, eran el
enemigo. Los empujé, rompiendo la multitud, apartando a la
gente de mi camino, y deteniéndome solo un momento
mientras luchaba con aquellos que querían bloquearnos el
paso.
Mateo venía detrás de mí, manteniendo el camino
despejado mientras yo empujaba y empujaba. Cuando
llegué al rellano donde la puerta de las suites estaba abierta
de par en par, un hombre con un pasamontañas se plantó
ante mí. Se colocó delante de la puerta sin dejarme pasar.
En ese momento, las caras de Casey y Seth pasaron por mi
mente y corrí hacia delante, hacia aquel tipo, intentando
llegar a la puerta. Una vez frente a él me eché hacia atrás
para coger impulso y le di un puñetazo en la mandíbula
para después empujarlo hacia Mateo.
El individuo tropezó, agarrándose la cara e intentando
ponerse en pie. Me miró, con ira, pero antes de que pudiera
volver a por mí, mi guardaespaldas lo agarró por el hombro.
El tipejo se giró y miró hacia arriba lentamente, era mucho
más bajo que el guardia. Mateo sacudió la cabeza al hombre
y vio cómo levantaba las manos y volvía a correr hacia el
hueco de la escalera. No pude evitar reírme de la reacción
que tuvo, aunque no le culpé ya que mi guardaespaldas
medía unos dos metros de altura y era más ancho que tres
hombres juntos.
Era un poco extraño pensar que semejante gigantón
fuera tan tranquilo en una situación como esta. Me indicó
con un gesto de la cabeza la puerta de la suite y yo miré,
respirando hondo, al notar que seguía cerrada, fuerte y
segura. Metí la mano en el bolsillo y saqué la tarjeta,
esperando que los sistemas de seguridad estuvieran todavía
intactos. Al pasar la tarjeta y girar el pomo, sonreí, abriendo
y mirando dentro. Me volví hacia Mateo.
—Quédate aquí, protege la puerta hasta que lleguen
los demás —le dije—. Voy a sacarlos y podremos salir de
aquí.
Asintió y me dio la espalda, cruzando los brazos y
haciendo guardia mientras la gente inundaba la salida de
emergencias. Entré en la suite queriendo estar seguro de
que no hubiera entrado nadie y retuviera a mi mujer y a mi
hijo. Miré por la sala de estar, pero estaba vacía. Me
apresuré a entrar en nuestra habitación, aunque no había
nada excepto nuestro equipaje a medio hacer. Luego, fui a
la habitación de Seth pero, de nuevo, estaba vacía. De
pronto, el terror me atenazó las entrañas mientras
caminaba hacia el ventanal y veía los dibujos que Seth
había hecho. Sus lápices de colores aún se hallaban por el
suelo y su dibujo no estaba terminado.
—Casey —grité—. Casey, ¿dónde estás?
Busqué en la habitación cualquier señal de dónde
podrían haber ido. Todo estaba tal como lo había dejado
antes de que fuéramos a almorzar. No había signos de
lucha, ni nada. De pronto, reparé en la puerta del baño, que
estaba cerrada. La luz se colaba por debajo, así que corrí y
empecé a golpear la puerta. Después de hacerlo un
momento, me detuve y escuché, tratando de averiguar si
estaban dentro o no.
No escuché ni un solo sonido, así que moví el pomo y
empecé a golpear de nuevo. O estaban dentro y heridos, o
tan asustados que no sabían qué hacer. Sentí pánico al
pensar que estaban solos y heridos y golpeé más fuerte.
Exhausto, apoyé mi frente contra la puerta. Tal vez no
estaban allí.
Me giré para ir a buscar al guardia, pensando que
podría quitar la puerta de las bisagras cuando escuché un
gemido que se convirtió en un grito que provenía del
interior del baño. Era Casey y estaba aterrorizada. Y aquel
grito indicaba que algo no iba bien.
 

 
Capítulo 28

 
 
Casey
Mis manos temblaban tanto que apenas podía sostener a
Seth. El teléfono seguía sin funcionar y no tenía ni idea de
dónde estaba Dex o si estaba bien. Podía oír la multitud
gritando y corriendo por los pasillos y las escaleras de
emergencia. El sonido de las sirenas resonaba por todo el
edificio y se había disparado una alarma dentro del hotel.
Las luces parpadeaban sobre la puerta del baño y Seth se
agarró a mí, asustado por todos aquellos ruidos. Tenía ganas
de calmar a mi hijo, de hacerle sentir que todo iba a salir
bien, pero no podía entender lo que estaba ocurriendo como
para calmarme ni siquiera a mí misma.
Habían pasado horas desde que todo aquello empezara
y todavía estábamos acurrucados en el baño, escuchando a
los manifestantes correr por el hotel. Disparos amortiguados
resonaban debajo de nosotros y me preguntaba si la gente
estaba muriendo o eran balas de goma, como las que se
usan en los [Link]. durante los disturbios. Esta tenía que ser
la peor situación en la que había estado y todo lo que quería
hacer era escuchar la voz de Dex, sentir sus reconfortantes
brazos y poner a nuestro pequeño a salvo.
Nos sentamos en silencio, escuchando todos los
sonidos que nos rodeaban, preguntándonos cuándo se
acercarían y, si lo hicieran, qué debía hacer para salir
indemnes. En realidad, el baño parecía la elección correcta,
pero al final nos habíamos acorralado, sin poder huir. Una
parte de mí pensó en salir del baño y aventurarnos entre la
multitud, tratando de llegar a un lugar seguro, pero sabía
que la visión de una mujer y un niño no significaba nada
durante este tipo de sucesos. Esta gente estaba enfadada y,
aunque entendía su situación, no podía evitar verlos como
el enemigo que nos mantenía a mí y a mi hijo en peligro.
Escuché atentamente un sonido de la lucha en el
pasillo y me agarré a Seth con la esperanza de que
terminara rápido y siguiera adelante. Sin embargo, cuando
la lucha terminó, oí el chasquido de la puerta, alguien
estaba dentro de la suite. Las pisadas resonaban a nuestro
alrededor mientras alguien recorría la estancia, buscando
algo o alguien. Escuché a una persona gritar algo pero,
entre las alarmas y los sonidos del pasillo, no entendí lo que
estaba diciendo.
Seth empezó a lloriquear. Lo acerqué, tratando de no
revelar nuestro escondite. Nos agachamos en la bañera,
encontrando consuelo en los laterales de porcelana,
escuchando cómo se acercaban los pasos. De repente, hubo
un fuerte ruido de golpes en la puerta del baño y me tapé la
boca para sofocar un grito. Aquella persona que estaba
fuera golpeó durante unos momentos y Seth presionó su
cara contra mi pecho. Cuando los golpes cesaron, respiré
despacio y en silencio, esperando que se fuera.
Pero cuando mis hombros comenzaron a relajarse,
volvieron a golpear con fuerza, asustándonos a Seth y a mí
casi hasta la muerte. Las lágrimas inundaron mis ojos
mientras me sentí incapaz de hacer nada. Vi la sombra de
los zapatos de aquella persona bajo la puerta y me senté
muy quieta. Mientras él seguía golpeando la puerta, yo ya
no podía aguantar más y Seth lloriqueaba con fuerza
mientras yo dejaba salir un grito asustado y frustrado.
—Déjanos en paz —grité incoherentemente.
Los golpes cesaron y una voz gritó por encima del
sonido de las alarmas:
—¿Casey? Casey, soy yo —gritó Dex—. Abre la puerta,
cariño, tranquila. Estoy aquí.
Besé a Seth en la frente y lo dejé en el suelo de la
bañera. Agarré el pomo de la puerta y la abrí, con lágrimas
cayendo por mis mejillas. Me arrodillé mientras Seth salía y
corría a mi lado. Dex nos abrazó a los dos, apretándonos
fuerte y dejando que la emoción se apoderara de nosotros.
Nos mantuvimos abrazados durante varios minutos,
disfrutando del momento. Seth envolvió sus brazos
alrededor del cuello de Dex y se negó a soltarlo. Las manos
de mi marido temblaban y pude ver lo nervioso y asustado
que estaba. Enterró su cara en el cuello de nuestro hijo, una
lágrima se deslizó por su mejilla.
—Lo siento mucho —gritó—. Nunca quise poneros en
esta situación. Nunca os habría traído aquí si hubiera sabido
que esto estaba pasando. Prometo que os sacaré de aquí.
Tenemos un helicóptero esperando en la azotea y el jet está
listo para despegar. Por favor, perdonarme, nunca os
pondría en peligro, nunca.
—Lo sé —dije, atrayendo su cabeza hacia la mía—. No
te vayas de mi lado, por favor. Quédate con nosotros.
Estaba tan asustada de que algo pudiera haberte pasado.
No podía ni siquiera imaginar lo que haría sin ti.
—Te amo —susurró.
—Yo también te amo —respondí, cerrando los ojos y
sintiendo el calor de su tacto.
—Vamos —dijo, poniéndose en pie con Seth aún
aferrado a su cuello—. Tenemos que salir de aquí.
Negué con la cabeza y cogí el móvil, revisando mis
bolsillos para asegurarme de que tenía toda la
documentación. Mientras salíamos a la sala de estar, oímos
los disparos en las calles. Las cosas se estaban poniendo
peor de lo que ya estaban. Esta gente ya no protestaba,
sino que ahora luchaba por sus vidas. Se oían gritos en el
pasillo mientras la gente entraba y salía por las escaleras.
Miré la habitación, tratando de encontrar nuestras cosas.
—¿Qué pasa con nuestras maletas?
—Déjalas —gritó Dex por encima del sonido de las
sirenas—. Son solo objetos. Todo puede ser reemplazado,
menos vosotros dos.
Me detuve un momento y me di cuenta en qué clase de
hombre se había convertido Dex. Mientras estaba acunando
a nuestro hijo en sus brazos, y llevándonos a un lugar
seguro, supe que Dex ya no era el hombre que conocí seis
años antes. Este Dex, en cambio, era fuerte, valiente, y no
le importaba nada más que yo y nuestro hijo. Nos quería de
verdad más de lo que yo ya sabía y, por eso, le confié de
todo corazón nuestras vidas. Extendí la mano y tomé la que
me ofrecía, siguiéndolo hasta la puerta. Cuando llegamos al
pasillo, había seis enormes guardaespaldas esperándonos.
Asentí y sonreí, sabiendo que estaban allí para sacarnos de
esta situación de una sola pieza.
—Esto es lo que vamos a hacer —gritó el hombretón de
la puerta—. Vamos a rodearles formando una especie de
burbuja. Permanezcan en ese círculo y sacaremos a todos
de su camino. Una vez que estén en el helicóptero, no nos
esperen, nosotros volveremos a la oficina. ¡Limítense a salir
de aquí a salvo y vayan a un lugar mucho más tranquilo que
este!
Me reí cuando levantó las cejas, mirando hacia arriba
cuando otro manifestante corrió rápidamente por el pasillo y
subió la escalera. Respiré hondo y me situé junto a Dex,
agarrando su mano con fuerza mientras los guardaespaldas
nos rodeaban, creando una barrera protectora. El más
grande hizo un gesto con la cabeza para señalar las
escaleras. Todos comenzamos a caminar en grupo,
abriéndonos paso a través de las abarrotadas escaleras.
Había cientos de personas allí dentro y me sentí mal por no
ayudar a los que estaban heridos. Los manifestantes
parecían derrotados y nos miraban fijamente mientras
subíamos.
Algunos nos gritaron algo en español mientras que
otros ignoraron nuestra presencia por completo, atendiendo
a sus heridos e intentando crear un plan para salir del hotel
sin ser vistos por la policía. No podía ni siquiera imaginarme
vivir en un mundo en el que esta fuera una forma de vida
normal. No podía imaginarme salir a manifestarme a favor
de la libertad y que la policía te disparase, golpease y
arrestase. Aunque deseaba salir de allí, mi corazón estaba
con esa gente.
Subimos las últimas escaleras y salimos al tejado. El sol
comenzaba a ponerse a lo lejos y me detuve un momento
para mirar el horizonte. Mientras se producían todos esos
disturbios, todavía había un hermoso trozo de vida
floreciendo en la distancia. La ciudad seguía siendo
preciosa, a pesar del humo que salía de los coches en
llamas, las sirenas que sonaban en las calles y el olor de las
bombas de humo que flotaban en el aire.
Levanté la vista cuando Dex tiró de mi mano,
haciéndome un gesto para que me subiera al helicóptero.
Subí al interior y le quité a Seth, envolviéndolo con mis
brazos y besándole la frente. Vi cómo Dex se acercaba al
que parecía el jefe de los guardaespaldas, le estrechó la
mano y le dio las gracias por todo. Este rechazó el dinero
que Dex intentó darle pero, en cambio, le gritó que nos
cuidara porque había mucha gente hoy en día que ya no
tendría ese lujo.
Asintió y se dirigió al helicóptero, abrochándose el
cinturón y cogiendo mi mano mientras nos alzábamos de la
plataforma. A medida que ascendíamos más y más, dejé
escapar un profundo respiro de alivio. Habíamos logrado
ponernos a salvo, algo que no estaba segura de que fuera a
suceder. Apreté la mano de Dex con fuerza mientras
surcábamos el aire, mirando a toda aquella gente que
marchaba y luchaba en las calles.
Justo en la base del hotel, se produjo un fuerte estallido
y un brillante destello, antes de que todo se llenara de
humo. Alguien había hecho estallar una bomba justo en
medio de cientos de personas. Las lágrimas corrían por mi
cara mientras veía a grupos de ellos alejarse cada vez más
de mí, sabiendo que había más víctimas de las que me
había dado cuenta. Lo que escuché en el baño, escondida
en la bañera, fue solo el comienzo del caos que se estaba
produciendo en las calles de Caracas. La gente había ido allí
a luchar y eso era, exactamente, con lo que se encontraron.
Cuando el helicóptero aterrizó, nos llevaron
rápidamente hacia el avión. Oíamos las sirenas a lo lejos y
sabía que no terminarían pronto. Llevé a Seth al avión y le
abroché el cinturón. Tomé asiento junto a él y le sostuve la
mano con fuerza mientras Dex se sentaba frente a nosotros.
La tripulación trabajó con suma rapidez y antes de que me
diera cuenta, el avión se dirigía a la pista y ya estábamos en
el aire. Entonces, apoyé la cabeza contra el asiento y cerré
los ojos, dejando que la emoción me llenara
completamente.
Las lágrimas corrían por mis mejillas y sollozaba. Estas
lágrimas lo abarcaban todo, desde el miedo, la impotencia y
la empatía por los que fueron heridos o muertos en los
acontecimientos que ocurrían. Sentada en aquel baño,
nunca pensé que volvería a sentir un miedo igual, pero me
di cuenta de que mientras volábamos hacia un lugar seguro
en nuestro jet privado, miles de personas se sentían así a
diario.
Dex se acercó y tomó mi mano, llevándola a sus labios
y besándola suavemente. Abrí los ojos y miré su
reconfortante rostro. Aquí era donde necesitaba estar y no
podría estar más agradecida de que estuviéramos a salvo, y
juntos.
 

 
Capítulo 29

 
 
Dex
Entramos y salimos del espacio aéreo venezolano antes de
hablar con los pilotos. Cuando las turbulencias pasaron y
pudimos desabrocharnos el cinturón, Casey llevó a Seth al
dormitorio para intentar que se echara una siesta. Todavía
estaba muy nervioso por la experiencia y esperábamos que
hablara con un profesional cuando volviéramos a casa. En
realidad, probablemente sería una buena idea que todos
fuéramos a ver a un terapeuta después de algo como esto,
en especial Casey, porque tenía una naturaleza muy
sensible.
Me di cuenta de que estaba dolida por la violencia y las
muertes sucedidas ante sus ojos. Una cosa era verlas en
una pantalla de televisión, y otra muy distinta presenciarlas
de primera mano. A pesar de que trató de ocultarlo, Casey
estaba muy afectada después de ver todo lo que pasó.
Esperé a que cerrara la puerta del dormitorio antes de ir a la
cabina del piloto.
—Buenas noches, señor Canton —me dijo este,
inclinando su gorra—. ¿Ya ha escogido destino? He puesto el
rumbo a casa para poder despegar, pero puedo cambiarlo
en cualquier momento.
—Quiero llevarlos a un lugar tranquilo, silencioso y
seguro —respondí—. Algún sitio exótico, ya sabes, algo que
toda la familia pueda disfrutar pero que sea perfecto para la
señora Canton. Acortamos nuestra luna de miel para
terminar en este lío. Se ha convertido en un asunto familiar,
pero deseo que ella lo disfrute. No queremos ningún lugar
abarrotado y había pensado en un clima cálido.
—¿Qué tal si volvemos al Pacífico Sur?
—Claro —respondí, imaginando el océano cristalino—.
Pero ya no tengo el yate.
—¿Qué le parece Bali? —La azafata había entrado en la
cabina—. Hay una parte de la isla que está bastante aislada.
No encontrará a turistas allí. Tienen cabañas con el suelo de
cristal para ver el agua. Apuesto a que al pequeño le
encantaría ver nadar a los peces bajo sus pies.
—Eso suena perfecto —exclamé—. ¿Puedes reservar
uno de esos para nosotros?
—Por supuesto —me contestó ella, sonriendo y dejando
la cabina.
—Fletaré el avión para Bali, señor —respondió el piloto
sin dudarlo.
—Gracias —respondí, pensando en sorprenderlos con
unas vacaciones increíbles—. Oh, y voy a estar en el
dormitorio con mi familia, intentamos que el hombrecito
duerma. Llámame si necesitas algo.
—Descuide, señor —asintió el piloto.
Me sentí completamente desbordado por lo que
acabábamos de pasar. Entré en el área principal del avión y
me senté un momento, abriendo el portátil y revisando mis
mensajes. Quería asegurarme de que Joe también estuviera
a salvo, así que le envié una nota antes de buscar el
alojamiento que la azafata me recomendaba. Parecían
absolutamente increíbles, tranquilos y justo lo que yo
buscaba para unas vacaciones para los tres.
Miré por la ventanilla y vi cómo el cielo se llenaba de
tonos naranjas y rosas. Este cambio temporal había
afectado mi capacidad de pensar con claridad, sin
mencionar que no había dormido. Todo había salido bien,
pero mi mente todavía estaba afectada por casi perder a los
amores de mi vida. Bostecé y volví al dormitorio para ver
cómo estaba Casey.
Abrí despacio la puerta y me asomé, sonriendo ante lo
que veía delante de mí. Casey y Seth estaban acurrucados
en la cama gigante, profundamente dormidos uno al lado
del otro. Me incliné y apagué la luz antes de acurrucarme a
su lado. Contemplé a ese hermoso niño y a su
absolutamente impresionante madre dormir seguros y
tranquilos en mi cama. Nunca había estado tan asustado
como cuando trataba de reunirme con ambos.
Ellos lo eran todo para mí y el agotamiento me estaba
pasando factura. Apoyé la cabeza en la almohada y me
acerqué a Casey, sintiendo cómo se acurrucaba contra mí.
Mientras el avión se elevaba hacia un destino mejor, me
dormí con mi familia a mi lado.
Cuando nos despertamos, el jet se preparaba para
aterrizar en Bali. Estábamos tan exhaustos que dormimos
durante todo el viaje. Abrochamos el cinturón de Seth y nos
sentamos uno al lado del otro, cogidos de la mano mientras
el avión aterrizaba en la pista. Casey miró por la ventanilla,
con curiosidad por saber adónde habíamos llegado. Yo la
miré y ella sonrió mientras el avión se posaba.
—Bienvenidos a Bali —exclamé en voz baja—. Un viaje
agradable y seguro para los tres.
—Es increíble —dijo, mirando embobada aquellas
aguas azules.
Sonreí a la azafata mientras me informaba que todo
estaba preparado y que el coche nos esperaba fuera. Nos
metimos en la limusina y nos sentamos, mirando a Seth
mientras observaba el hermoso paisaje. Parecía estar bien
después de un sueño reparador e incluso las mejillas de
Casey volvían a mostrar algo de color. Paramos en una
tienda de camino y compramos algunos artículos de aseo
para la cabaña ya que dejamos todo en Caracas.
La azafata se había tomado la libertad de hacer que
nos enviaran ropas nuevas y ya nos esperaban colgadas en
los armarios cuando llegamos. La limusina se dirigió al
muelle y salimos del coche. La boca de Casey se abrió al
contemplar la cabaña grande que se hallaba en el agua al
final del muelle.
Sostuve la mano de Seth mientras caminábamos por el
agua y entrábamos en la casa. Seth empezó a correr
enseguida, persiguiendo a los peces que nadaban bajo él.
Todo el suelo era de cristal e incluso con el sol de la tarde,
las luces iluminaban el agua mostrando el deslumbrante
coral y una multitud de peces de colores. Casey sonría
mientras Seth se reía, pasando las manos por el suelo.
—Esto es realmente genial —dijo, inclinándose para
besarme—. Gracias.
—Te lo mereces —le respondí, dándole una juguetona
palmada en el trasero mientras se alejaba.
Ella miró hacia atrás y me guiñó un ojo al entrar en el
dormitorio y encontrarse toda la ropa que nos habían
mandado. Casey sacudió la cabeza, impresionada de que se
hubiera podido reunir todo aquello en tan poco tiempo.
Pasamos el resto de la noche holgazaneando, cenando en el
porche, con vistas al agua, y luego nos acostamos con Seth
como una familia. Observé al niño, vestido con un pijama de
dinosaurios y acurrucado con sus nuevos peluches, y
agradecí a mis estrellas la suerte de que todavía
pudiéramos disfrutar de una vida tan increíble juntos. Casey
y él eran increíbles y yo podía seguir formando parte de sus
vidas. Casey se inclinó y besó la mejilla de Seth, austando la
sábana y apagando la lámpara.
Salimos lentamente de su dormitorio y entramos en la
sala de estar, donde me giré y cogí a Casey en mis brazos.
La abracé fuerte, sin querer soltarla. Suspiró hondo mientras
apretaba su cara contra mi pecho. Le pasé las manos por el
pelo y le alcé la barbilla, besando sus labios con dulzura. Era
la mujer más hermosa que había visto en mi vida, incluso
con los ojos cansados y despeinada.
—En aquellos momentos en que permanecimos
separados y estaba aterrorizado de perderte, mi vida me
pareció completamente vacía. Tenía tanto miedo de
regresar y que no estuvieras —dije, mirándola a los ojos—.
Prometo dedicar cada segundo de mi vida a hacerte feliz y a
construir nuestra familia. Me has hecho el hombre más feliz
y afortunado de la tierra y nunca lo daré por sentado.
Nunca.
Mis manos aún temblaban por los acontecimientos del
día, pero acuné su rostro con ellas y presioné suavemente
mis labios contra los suyos. Inspiró hondo mientras se
inclinaba hacia mi boca, alzando los brazos y envolviéndolos
en mi cuello. La agarré por la cintura y la acerqué lo más
posible, sintiendo su boca moverse apasionadamente sobre
la mía.
De pronto, el amor y el deseo explotaron de mi pecho y
la alcé, tomándola en brazos. Mientras caminaba,
continuamos besándonos, sin querer separarnos ni siquiera
un momento. Entré en nuestro dormitorio y me senté en la
silla, sosteniéndola en mi regazo mientras mis manos
atusaban su cabello. La pasión de nuestro beso era más de
lo que nunca había conocido y era demasiado bueno para
detenernos.
Se inclinó cerca de mi pecho, jugando con el pelo de la
nuca mientras nuestras lenguas exploraban la boca del otro.
Sabía incluso mejor que antes y no pude apartarme de sus
labios. Sin embargo, cuando ella inclinó su cabeza hacia
atrás, para explorar otros lugares, pasé mi lengua por su
barbilla y por su cuello. Ella se echó hacia atrás e inclinó su
cabeza a un lado mientras yo mordisqueaba el borde de su
cuello.
Sentía su aliento contra mi oído y el deseo enviaba
escalofríos por mi columna vertebral. Se inclinó y me chupó
ligeramente el lóbulo de la oreja mientras ascendía con mis
manos por su espalda hasta llegar a la cremallera de su
vestido. Despacio, la bajé, manteniendo mis labios en su
piel. La ventana de la cabaña estaba abierta, llenando de un
aire cálido la habitación. Cuando su cremallera llegó justo
encima de su culo, levanté mis manos y las pasé por su piel.
Tenía la piel de gallina porque mis dedos apenas rozaban su
espalda y gemía contra mi oreja.
Me levanté y la puse de pie, bajando por completo la
cremallera y sacándole el vestido. Me incliné y me llevé uno
de sus pezones a la boca, pasando la lengua por él,
contento de que no llevara sujetador. Tomé sus pechos y los
masajeé suavemente, escuchando su respiración
acelerarse.
Me arrodillé, le pasé las manos por los muslos y le bajé
las bragas hasta los tobillos. Puso una mano sobre mi
hombro para salir de ellas y separó las piernas mientras mis
dedos rozaban su húmedo montículo. La miré mientras
empujaba mis dedos en sus pliegues, sintiendo sus jugos
saliendo de su coño. Jadeó cuando doblé las puntas de mis
dedos contra su clítoris y la besé justo encima de la
humedad.
Vi cómo abría más las piernas y se agarraba al poste de
la cama, estabilizándose. Tomé dos dedos y separé su coño,
lamiéndome los labios y metiendo la lengua entre ellos.
Tenía un sabor increíble cuando la empujé para que se
sentara, apoyando sus piernas sobre mis hombros e
inclinándose hacia su coño.
Estaba empapada y moví mi lengua sobre ella con una
suave pasión. Se agarró a la madera, inclinando la cabeza
hacia atrás mientras le masajeaba el nudo con mi lengua,
asegurándome de besar y lamer cada centímetro de ella. Se
inclinó hacia atrás sobre las sábanas y la empujé hacia mi
cara.
Esta mujer se merecía cada momento sensual que
pudiera darle.
 

 
Capítulo 30

 
 
Casey
Nunca me había tocado de una manera tan seductora y
apasionada como en este momento. Su lengua lamió mi
humedad suave pero firmemente y pude sentir su lujuria
rodeándome. Me apoyé en las sábanas mientras su boca se
movía sobre mi cavidad, llevándome a un nivel de placer
diferente. Sentía sus manos moviéndose sobre mis muslos y
entre mis piernas.
Arqueé mi espalda con placer mientras él empujaba
sus dedos lentamente dentro y fuera de mí, construyendo el
orgasmo que ya estaba hirviendo. Bajé la mano y la pasé
por su pelo rizado mientras mis caderas empezaban a
moverse contra su lengua. Lo deseaba tanto, pero sabía que
quería tomarse su tiempo y me parecía bien.
Cuando mis caderas empezaron a moverse más rápido,
supo que yo estaba cerca del clímax. Empujó sus labios
contra mi humedad y movió su lengua como si estuviera
besando mi boca. Me agarré de sus brazos mientras movía
mis caderas, queriendo sentir que me probaba, queriendo
escuchar mis jugos mezclándose con los suyos. Solo ese
pensamiento mezclado con su aliento caliente y su cálida
lengua me empujó al borde y llegué al orgasmo, gimiendo
en voz alta y arqueando la espalda. Podía sentir una sonrisa
formarse en su cara mientras subía por mi cuerpo y se
tumbaba a mi lado.
Volví mi cabeza hacia él y nuestros ojos se encontraron
en pleno placer y lujuria. Tiré de él para que se subiera
encima de mí, pero negó con la cabeza, separando mis
muslos y empujando sus dedos entre mis piernas. Cada vez
que volvía a levantar la cabeza se aferraba a mí con sus
preciosos ojos azules. Su mirada era intensa y después de
unos momentos, sentí como el placer comenzaba a
formarse de nuevo. Era obvio que estaba decidido a
proporcionarme múltiples orgasmos.
—Quiero verte correrte —susurró.
Respiré pesadamente cuando el orgasmo comenzó a
materializarse en mi vientre, empujando las sábanas a un
lado y dejando que mi cuerpo se abriera a él. Cuando el
placer comenzó a moverse a través de mí, gemí fuerte,
abriendo los ojos y mirando profundamente a los suyos.
—Sí —gemí—. Oh Dios, no te detengas.
—Mmm —murmuró, viéndome acercarme cada vez
más al clímax.
Me rodeó con una pierna mientras yo me retorcía y me
retorcía debajo de él, el placer alcanzaba su punto máximo.
Podía sentir cada movimiento de sus dedos dentro de mí
mientras inclinaba la cabeza hacia atrás y abría la boca,
jadeando mientras el orgasmo se apoderaba de mí. Mis
caderas se movían en oleadas mientras él empujaba sus
dedos profunda y duramente dentro de mí. Grité mientras el
placer de sus manos me paralizaba, empujando los jugos de
mi cuerpo y sacando mi aliento del pecho. Mientras liberaba
mi aliento, sentía mi cuerpo temblando y me agarré a Dex,
besándolo profunda y apasionadamente.
—Hazme el amor —susurré, mirándolo a los ojos.
—Será un placer —me dijo, dándose la vuelta sobre mí
y empujando despacio hacia mi humedad.
Jadeé mientras me llenaba. Me besó mientras se
sujetaba sobre mi cuerpo. Una brisa se levantó y sentí que
el aire fresco golpeaba mi piel húmeda, causándome
escalofríos. Dex se agachó y tiró de las sábanas sobre
nuestros cuerpos y continuó entrando y saliendo de mí, sin
romper nunca el contacto visual excepto para inclinarse y
besar mis labios una y otra vez.
Mientras nuestra pasión se convertía en lujuria, Dex me
empujó con fuerza, tirando de mí y gimiendo fuertemente
mientras estallaba en un orgasmo. Me agarré a sus piernas,
sintiendo todo su cuerpo tenso mientras expulsaba su
semilla dentro de mí. Le besé cuando sus músculos
empezaron a relajarse y abrió los ojos, mirándome con
intensidad.
Dex se inclinó y me besó apasionadamente, soltando
su agarre en mi culo y sosteniendo mi rostro. Lo que había
sucedido me había afectado hasta el punto de que no podía
librarme de esa sensación aterradora de la boca del
estómago. Sin embargo, lo que me afectó, aún más, fue lo
conmovido que estaba Dex. Podía sentir su amor por mí en
cada toque. Nunca me había sentido más segura de nuestro
vínculo o más querida que en ese momento.
Se inclinó y me puso de espaldas, colocándose junto a
mí. Me quedé mirando el techo disfrutando de estar cerca
de él. Podía sentir las puntas de sus dedos acariciándome el
estómago y las caderas mientras me contemplaba
pensativo. Giré el rostro hacia él y cerré los ojos mientras
me atusaba el cabello y continuaba acariciándome. Sus
manos eran justo lo que necesitaba y no podía, ni por un
segundo, imaginar lo que sería no tenerlo tan cerca de mí.
Se había visto tan afectado por lo ocurrido que
intentaba mostrarme cuánto me amaba. Nos acostamos uno
al lado del otro en silencio, sintiendo que nuestro vínculo
crecía aún más. La brisa refrescó nuestros cuerpos. Bostecé
y me volví hacia él, viendo cómo sus ojos azules brillaban
mientras el sonido del océano se colaba a través de las
paredes.
—¿Sabes lo que creo que necesitamos?
—¿Qué? —Le aparté los rizos y le miré a los ojos con
nostalgia.
—Una hermanita para Seth —dijo sonriendo.
Incliné la cabeza hacia atrás y me reí, sabiendo que iba
en serio con lo de hacer nuestra familia lo más grande
posible. El amor me llenó el pecho al pensar en tener un
niño con Dex a mi lado. Fue difícil pasar por todo esto sola
con Seth y supe que quería compartir esa experiencia con
Dex. Se había convertido en un compañero y padre tan
increíble, que estaba de acuerdo.
Era tan feliz que casi quería pellizcarme para
asegurarme de que aquello era real. Hace seis años me
quedé viendo marchar a este hombre pensando que nunca
lo volvería a ver, y aunque la vida ha sido tumultuosa, ha
resultado asombrosa. ¿Cómo no iba a querer tener otro hijo
con él? Era devoto, cariñoso y el hombre que había
esperado toda mi vida. No había duda alguna cuando se
trataba de que Dex estaría con nosotros. Éramos una
familia, y eso no iba a cambiar.
Antes de que pudiera responder nos volvimos hacia la
puerta, escuchando a Seth reírse en la sala de estar. Miré a
Dex y levanté las cejas, adorando la mirada de adoración de
su cara. Me levantó y me sacó de la cama y abrí un cajón
para coger un camisón. Ambos nos vestimos, tratando de no
reírnos por las adorables carcajadas que provenían de la
otra estancia.
Abrí la puerta y me asomé, viendo a Seth sentado de
espaldas a nosotros en el suelo de cristal. Abrimos
lentamente la puerta y salimos de puntillas, queriendo ver
qué era tan mágico para que se muriera de risa. Entonces,
vimos que los lápices de colores se extendían a su alrededor
y cómo intentaba seguir el rastro de los peces en el suelo de
cristal. Me cubrí la boca, sofocando el asombro y miré a Dex
que estaba haciendo lo mismo. ¿Cómo podía ser tan
adorable? Seth intentaba capturar los peces nadadores, y
en vez de frustrarse por sus movimientos, se reía con
alegría.
Me agaché, cogí dos lápices de colores y le di uno a
Dex. Él lo miró y sonrió, entendiendo lo que yo estaba
sugiriendo. Ambos nos colocamos alrededor de Seth y lo
miramos mientras se quedaba quieto, inseguro entre correr
o, simplemente, aceptar su castigo. Me senté en el suelo y
miré su hermosa obra de arte. Seth vio cómo Dex se sentó a
su lado y movió su cabeza en aprobación.
—Es un cuadro realmente precioso —le dijo—. Pero creo
que necesita algo más.
Seth presenció, con los ojos abiertos como platos,
cómo Dex comenzaba también a dibujar en el suelo. Estaba
más que sorprendido de que decidiéramos unirnos a él, en
vez de regañarle por ser creativo. Dex y Seth se reían
mientras perseguían a los peces por el suelo con sus lápices
de colores. Al final, lo había conseguido. Nuestra familia no
podía ser más perfecta.
 

 
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¿Podría ese hombre ser mi regalo de Navidad?
Deacon era el mejor regalo que podía desear. Rico,
sexy y tan encantador que era imposible resistirse a él.
Nuestras hijas eran las mejores amigas, aunque su
hija fuera una arpía que odiaba a todas las mujeres que
salían con su padre.
Aun así, cometí el error de acercarme demasiado a él
y como resultado acabé con el corazón roto.
Pero, ¿y si no todo está perdido entre nosotros? ¿Y si
él es el único que puede protegerme del peligro en el que
me he metido?
Una novela romántica ambientada en Navidad,
donde los sueños se pueden hacer realidad.
 
 
 

 
 
No quería volver a enamorarse, hasta que conoció a
su vecina de al lado.
Divorciado y con el corazón destrozado, Theo se muda
dispuesto a comenzar de nuevo y a centrarse en su trabajo.
No desea enamorarse para que no le vuelvan a lastimar,
pero sus planes se vienen a abajo cuando conoce a Esme.
Esme Smith, la vecina, parece pensar lo contrario. Su
sonrisa embriagadora es todo lo que un hombre podría
desear y más.
Saltándose sus normas Theo acaba cenando con ella, a
pesar de saber que se está metiendo en problemas. Pero
eso es solo el principio, ya que todo se vuelve más
complicado cuando la recata del fuego y se convierte en su
héroe.
Pero, ¿ahora qué?
¿Se conformará Esme con ser amigos? ¿Acabará Theo
enamorarse de ella?
 

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