0% encontró este documento útil (0 votos)
376 vistas4 páginas

Conócete A Ti Mismo PDF

El documento discute la importancia del autoconocimiento para la espiritualidad cristiana. Citando varios pasajes bíblicos y escritos de santos, argumenta que para conocer a Dios, uno primero debe conocerse a sí mismo, examinando sus cualidades internas y comportamiento, y reconociendo su propia miseria para elevarse al conocimiento de Dios.

Cargado por

Federico
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
376 vistas4 páginas

Conócete A Ti Mismo PDF

El documento discute la importancia del autoconocimiento para la espiritualidad cristiana. Citando varios pasajes bíblicos y escritos de santos, argumenta que para conocer a Dios, uno primero debe conocerse a sí mismo, examinando sus cualidades internas y comportamiento, y reconociendo su propia miseria para elevarse al conocimiento de Dios.

Cargado por

Federico
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

“Conócete a ti mismo”

La importancia del propio conocimiento para la espiritualidad cristiana

1) Entonces Sócrates dijo:

– Dime Eutidemo, ¿has estado alguna vez en Delfos?


– Sí, ciertamente; dos veces.
– Entonces has notado en alguna parte del templo la inscripción: «conócete a ti mismo».
– Sí, así es.
– ¿Y no has prestado atención a la inscripción, o te has detenido en ella intentando
considerar quién eras?
– De hecho, no lo hice; porque estaba seguro de ya saber quién era; porque difícilmente
podría saber alguna otra cosa si ni siquiera me conociera a mí mismo”.
– ¿Y qué se supone que un hombre debe conocer para conocerse a sí mismo? ¿Tan sólo su
propio nombre? ¿O debe considerar qué tipo de creatura es en tanto humano, conociendo sus
propias cualidades, de la misma manera que quienes compran caballos no piensan que conocen
el animal que quieren conocer hasta que no han considerado si es dócil o mañoso, fuerte o
débil, rápido o lento y, en general, cómo se comporta en todo aquello que hace que un caballo
se útil o no?
– Eso me lleva a pensar que quien no conoce sus propias cualidades es ignorante de sí mismo.
– ¿No está claro que el autoconocimiento hace a los hombres mucho bien, y que el
autoengaño les hace mucho mal? (Jenofonte, Memorabilia IV,2,24-26).

2) Pero es lógico que ahora, como hicimos con lo demás, apliquemos también esto a Cristo y a la
Iglesia, pues Cristo, hablando a su esposa, es decir, a las almas de los creyentes, estableció la
cumbre de la salvación y de la dicha en el conocimiento de sí mismo. Sin embargo, de qué
manera el alma se conoce a sí misma, creo que no se puede explicar ni fácil ni brevemente; con
todo, intentaremos aclarar algunas cosas, entre las muchas que hay, según nuestras fuerzas. Mi
opinión en este caso es que el alma debe abordar el conocimiento de sí misma por doble
camino: qué es ella misma verdaderamente y de qué manera se comporta; es decir, qué tiene
en su substancia y qué en sus sentimientos, de suerte que pueda comprender, por ejemplo, si
es de buenos o de malos sentimientos, de rectos o de torcidos propósitos; y en el caso de ser
éstos ciertamente rectos, si tiene el mismo empeño para todas las virtudes, tanto de
pensamiento como de obra, o bien solamente para las cosas necesarias y que están a mano. Y
también si está en situación de progresar de modo que vaya creciendo por la comprensión de
las cosas y por el aumento de las virtudes, o bien se ha parado y asentado en el punto al que
pudo llegar. Además, si se dedica a cultivarse exclusivamente a sí misma, o bien se esfuerza por
aprovechar a otros y aportarles un poco de utilidad, ya con la palabra de la doctrina, ya con los
ejemplos de su obrar”; (Orígenes, Comentario al Cantar de los cantares, II,2,1ss.)

3) Por último, el diligente examen de ti mismo, te conducirá, como por la mano, al conocimiento
de Dios. Pues, si atiendes a ti mismo, nada te costará investigar mediante la disposición de las
cosas creadas, al Hacedor (…) estate atento a ti mismo para poder estar atento a Dios (Homilía
de San Basilio PG 31, 1733-1744)

4) “- Quiero conocer a Dios y al alma?


- ¿Nada más?
- Nada más” (San Agustín, Soliloquios I,2,7)

5) “Oh Dios, siempre el mismo: que me conozca, que te conozca. He aquí mi plegaria” (San
Agustín, Soliloquios II,1,1.)

6) “No quieras ir fuera; entra en ti mismo, porque en el hombre interior reside la verdad; y si
hallares que tu naturaleza es mudable, trasciéndete a ti mismo, mas no olvides que, al
remontarte sobre las cimas de tu ser, te elevas sobre tu alma, dotada de razón. Encamina, pues,
tus pasos allí donde la luz de la razón se enciende. Pues ¿adónde arriba [llega] todo buen
pensador sino a la verdad?” (San Agustín, Sobre la verdadera religión, 39,72)

7) “Ea, hombrecillo, deja un momento tus ocupaciones habituales; entra un instante en ti mismo,
lejos del tumulto de tus pensamientos. Arroja fuera de ti las preocupaciones agobiantes; aparta
de ti tus inquietudes trabajosas. Dedícate algún rato a Dios y descansa siquiera un momento en
su presencia. Entra en el aposento de tu alma; excluye todo, excepto Dios y lo que pueda
ayudarte para buscarle; y así, cerradas todas las puertas, ve en pos de él. Di, pues, alma mía, di
a Dios: «Busco tu rostro; Señor, anhelo ver tu rostro»” (S. Anselmo, Proslogion I)
8) “[Dice el esposo:] Oh, hermosa entre las mujeres, si quieres conocerme, no te ignores; ésta es
la respuesta de Apolo en Delfos, conocerse a sí mismo. Hay dos cosas que hacen que nos
ignoremos: o nuestra excesiva temeridad, o nuestro excesivo temor a la humillación (…)
presunción y pusilanimidad (…) En verdad la experiencia engendra la humildad, la humildad del
conocimiento de sí mismo” (S. Bernardo - Breve comentario al Cantar de los cantares XXII PL
184, 425)

9) “Lo primero que le ocurre al hombre que llega al uso de la razón es pensar acerca de sí mismo y
a quién (debe) ordenar todas las otras cosas como a su fin, pues el fin es lo primero en la
intención” (San Tomás, ST I-II 89,6 ad 3)

10) “Porque nadie puede aprovechar al prójimo si antes no se conoce a sí mismo, reconociendo su
maldad y la bondad de Dios. De este conocimiento surge el amor, y el que ama, procura seguir
la verdad y revestirse de ella” (S. Catalina, Diálogo 1)

11) “Conoce, hombre soberbio, qué paradoja eres para ti mismo. Humíllate, razón impotente;
cállate, naturaleza imbécil; aprende que el hombre sobrepasa infinitamente al hombre y
escucha de tu maestro tu verdadera condición, que tú ignoras. ¡Escucha a Dios!” (B.
Pascal, Pensamientos, 434)

12) “El conocimiento de Dios sin el de nuestra miseria hace el orgullo: el conocimiento de nuestra
miseria sin el de Dios hace a la desesperación. El conocimiento de Dios es el medio, porque en
él encontramos a Dios y nuestra miseria” (B. Pascal, Pensamiento 527)

13) “La sabiduría consiste en conocer a Dios y en conocerse a sí mismo. El conocimiento de nosotros
mismos ha de elevarnos al conocimiento de Dios” (J.B. Bossuet – Citado por E. Gilson en “El
Espíritu de la Filosofía Medieval”)

14) “El hombre, cuanto más conoce la realidad y el mundo y más se conoce a sí mismo en su
unicidad, le resulta más urgente el interrogante sobre el sentido de las cosas y sobre su propia
existencia. Todo lo que se presenta como objeto de nuestro conocimiento se convierte por ello
en parte de nuestra vida. La exhortación ‘Conócete a ti mismo’ estaba esculpida sobre el dintel
del templo de Delfos para testimoniar una verdad fundamental que debe ser asumida como la
regla mínima por todo hombre deseoso de distinguirse en medio de toda la creación,
calificándose como ‘hombre’ precisamente en cuanto ‘conocedor de sí mismo’” (San Juan Pablo
II – Fides et Ratio 1)

15) “Es un buen principio de la vida espiritual el del propio conocimiento y miseria en la que todos
nacemos y también de la ingratitud con que después de tantos beneficios hemos correspondido
a Dios y si se ejercita en ello con diligencia (...) yo le aseguro que tendrá en esta vida por premio
algún conocimiento de Dios. (...) El conocimiento de Dios va beatificando al hombre según el
grado que después del conocimiento crece en el amor divino. Le exhorto a hacer que cada día
la primera cosa sea ese estudio después del cual el Señor le concederá todas las demás cosas
que el mundo no conoce” (Calasanz – Carta al Hno. Carlos Cesario. 15/3/1630)

16) “Me alegra saber que tiene algún conocimiento de sus enemigos, los cuales cuanto más
escondidos están dentro de nosotros, son tanto más peligrosos, porque saben fingirse amigos y
engañan con esta ficción (...) Yo querría que todos nuestros religiosos los conocieran de tal forma
que conociesen todas sus artes y engaños, y se darán cuenta de que son tan esclavos de ellos,
por así decirlo, que ninguno sabe dar dos pasos sin caer en tierra. Esto se verifica ya en los justos,
de los que se dice que caen siete veces, que quiere decir, muchas veces al día. Entonces, ¿qué
diremos del pecador que tiene por amigos sus enemigos capitales? Si considera los
despropósitos que le pasan por la imaginación desde la mañana a la tarde, debiendo estar
siempre en presencia de Dios, verá que no sabe dar dos pasos si caer, porque ha dejado de mirar
a Dios para mirar con el pensamiento o con la imaginación a la criatura. (Calasanz – Carta al Hno.
Julio Pietrangeli. 4/8/1628)

También podría gustarte