Anu-Yahvé
El Verdadero Diablo
El Dios Impostor
Actualmente la mayor parte de la población del hemisferio occidental, del
Medio Oriente y del continente africano cree en alguna variedad del
monoteísmo abrahámico y reconoce al dios hebreo bíblico El-Yahvé como el
creador bueno y justo de nuestro mundo. Los Judíos ven a su dios como el
señor de la justicia que salvó al pueblo israelita por entregarle a Moisés su santa
ley, los Cristianos afirman que el mismo dios es el padre amoroso que sacrificó a
su hijo primogénito para salvar a la humanidad de las consecuencias del pecado y
los seguidores del Islam que lo llaman por el apelativo árabe Alá reconocen a la
deidad de los Judíos y los Cristianos como un dios justo y misericordioso. La idea
de que el dios bíblico es una gran figura del bien y de la justicia ha dejado una
impresión tan arraigada en la mente colectiva de los pueblos occidentales que
hasta los incrédulos piensan que el personaje de Yahvé representa la justicia. Sin
embargo, a pesar de que vivamos en países con una tradición histórica
judeocristiana la gran mayoría de las personas tanto creyentes como seculares no
ha leído la Biblia en su totalidad. Estoy seguro de que si los creyentes se
pusieran a leer los textos bíblicos enteros de modo objetivo y sin sus
prejuicios acondicionados, muchos de ellos se horrorizarían por la
'moralidad' de su dios y entenderían que la enseñanza de que Yahvé es un
padre justo y benévolo es contraria a la razón y peor aún una mentira
flagrante.
¿Quién es Yahvé realmente? A lo largo de la historia varios grupos pequeños han
reconocido que el dios bíblico del Judaísmo y del Cristianismo es el auténtico
engañador del hombre. Antes de la cristianización de Europa y el nacimiento del
Islam en el Medio Oriente las varias escuelas esotéricas gnósticas como los Ofitas
en Siria y Egipto y los Naasenos en Palestina entendían que Yahvé era un
impostor malévolo que había atrapado al hombre en un sistema de
engaño mientras la Serpiente rebelde del Edén en Génesis era el verdadero
benefactor de la humanidad cuyo conocimiento iluminador nos liberó de la
esclavitud del malvado dios demiúrgico de los Judíos. Los Gnósticos lo
llamaban 'Yaldabaoth' o 'el falso dios de este mundo' y reconocían su
maldad. Las sectas ofitas conocían el gran secreto: el dios de los Judíos era el
verdadero diablo que se había arrogado el título de 'dios creador' e invertido los
papeles del bien y del mal a través del engaño presentándose a sí mismo como el
'padre benévolo' de la humanidad y calumniando a la Serpiente de la sabiduría
como 'el demonio' y 'enemigo del hombre'. Esta inversión acusatoria empezó con
la creación de la Biblia cristiana a finales del primer siglo y engañaría a muchas
generaciones durante los milenios.
¿Por qué creían los Gnósticos que Yahvé era un dios falso y malévolo? A
diferencia de la gente medieval que estaba sometida a la teocracia de la Iglesia
Católica y no podía leer la Biblia por sí misma, los intelectuales gnósticos de los
primeros siglos de la era cristiana sí tenían acceso a todas las escrituras bíblicas y
las podían estudiar libremente. Ellos sabían que la Biblia hebrea está repleta de
maldades crueles, genocidios despiadados, exigencias de sacrificios
cruentos, actos de barbaridad y conductas de tiranía atribuidos a
Yahvé. Dicho de otro modo, los Gnósticos sabían que el dios bíblico era un
auténtico demonio y sus religiones eran brutales, sanguinarias, misantrópicas y
oscurantistas. La verdad es que la misma Biblia da amplio testimonio de que el
supuesto padre amoroso de los Judíos y los Cristianos tiene una naturaleza sádica
y malvada y sus numerosos hechos documentados en las supuestas Sagradas
Escrituras son tan aborrecibles que la mayoría de la gente hoy pensaría que eran
propios de una entidad demoníaca. Al leer la Biblia de manera objetiva, es
evidente que el dios hebreo Yahvé tiene un carácter belicoso, asesino y
depravado y está claro que él tiene un gran desamor por la humanidad. Los
mismos textos bíblicos ponen en entredicho la moralidad y la benevolencia de la
deidad judeocristiana y no hacen nada más que confirmar que Yahvé es el
verdadero adversario del hombre.
Hoy día ya no es ningún secreto que el dios de la Biblia es un personaje
sanguinario y vengativo. A partir del Renacimiento muchos pensadores ilustrados
empezaron a cuestionar la inmoralidad, la depravación, la crueldad, la lujuria de
sangre, la misantropía y la xenofobia deplorables de Yahvé. Por lo tanto, muchos
filósofos de la época moderna abandonarían la religión judeocristiana y
favorecerían cosmovisiones más humanistas como el deísmo y el naturalismo. Por
ejemplo, el intelectual estadounidense Thomas Paine, uno de los Padres
Fundadores de los Estados Unidos, rechazó al dios bíblico escribiendo
en La Edad de la Razón (1794) que 'la creencia en un dios cruel hace que el
hombre sea cruel' y abogó una teología deísta cuya divinidad era el dios de la
naturaleza. En la época actual de la ciencia y del Internet ya no es ninguna
novedad que el dios del Antiguo Testamento es una pesadilla abominable
(simplemente muy poca gente tiene un conocimiento completo del contenido de la
Biblia y muy pocos creyentes son lo suficientemente honestos como para analizar
su fe y el criterio moral de su dios de modo objetivo). Sin embargo, el hecho de
que la historia del personaje divino de Yahvé se remonte hasta la época sumeria
del tercer milenio AEC es algo muy novedoso para la mayoría de los lectores. En
este artículo pienso ahondar en la historia de los cultos antiguos y exponer el
verdadero origen de ese dios siniestro. Al final veremos cuál es la verdadera
identidad de ese gran tirano cósmico y descodificaremos el gran secreto de los
milenios.
La Malevolencia de Yahvé: La Infamia Divina
Hoy día cualquier persona sensata y razonable pensaría que actos religiosos
como la inmolación de animales inocentes para apaciguar la ira de un
superior, el sacrificio humano ritual, el derramamiento de sangre por el
perdón de los errores, la matanza en masa de niños y recién nacidos, el
genocidio de pueblos extranjeros enteros y el belicismo extremo son
crímenes abominables y depravadísimos propios de un culto satánico y
perpetrados sólo por la gente más enfermiza y endemoniada. Cualquier hombre
de buen juicio consideraría todas esas prácticas espeluznantes la cúspide de la
perversión. La mayoría de la gente normal creería que todas las atrocidades
enumeradas arriba son actos propios del mismo Satanás. Sin embargo,
curiosamente el hecho de que todas esas prácticas escalofriantes fueran exigidas
por el dios bíblico en la religión hebrea primitiva, constituyeran la parte central del
Judaísmo auténtico y estén documentadas abundantemente en la propia Biblia
atribuidas a Yahvé es aparentemente poco conocido. En fin, al analizar los textos
veterotestamentarios de manera honesta y objetiva, uno pronto se da cuenta de
que todas las características que típicamente se asocian al personaje diabólico
Satanás son atribuibles a Yahvé, el dios del Judeocristianismo.
Los practicantes del Judaísmo creen que Yahvé es justo y los seguidores del
Cristianismo típicamente afirman que su dios es un ser perfecto e infinitamente
benévolo y el padre amoroso del hombre. En las paredes de las iglesias cristianas
se suelen encontrar placas propagandistas que dicen 'Dios es amor' o 'el Señor es
misericordioso'. Los Cristianos típicamente citan versículos bíblicos como Juan
3:16 que afirma que Yahvé ama tanto al mundo que sacrificó a su hijo unigénito
para su salvación y 1 Juan 4:7-12 cuyo mensaje es que Yahvé es la fuente del
amor. Sin embargo, es evidente que ellos no conocen la Biblia en su totalidad, no
la leen de manera honesta y objetiva y sólo creen ciegamente en las afirmaciones
engañosas de sus curas y pastores basadas en versículos selectivos. ¡La Biblia
leída en su totalidad no enseña que Yahvé es amor! Eso es solamente una
mentira piadosa de la teología cristiana ortodoxa. La Biblia expone claramente
que Yahvé es un dios iracundo e intolerante (Salmo 78), belicoso y
militarista (Éxodo 15:3; Salmo 2:1-12; Deuteronomio 7:23-24), homicida (2
Reyes 2:23-24), genocida (Éxodo 32:27-28; Deuteronomio 20:11-
17), inmisericorde y cruel (1 Samuel 15:2-3), traicionero (Ezequiel 20:25-
26), infanticida (Salmos 135:8; 137:9; Éxodo 12:29) y embriagado de su lujuria
por el sacrificio cruento (Levítico 1:5-9).
La Biblia deja bien claro que el dios de los Hebreos no es un dios de amor sino un
tirano violento, sanguinario y despiadado. Aquí vemos que la acusación de que el
padre de los Judíos, el diablo, ha sido un asesino y mentiroso desde el principio
hecha por Jesús (Juan 8:44) es muy aplicable al dios hebreo patriarcal Yahvé. Si
alguien aún cree que la deidad judeocristiana es una entidad benévola y
amorosa entonces se está engañando a sí mismo, se ha tragado una mentira
profesional y no está siendo honesto a nivel intelectual. ¡La propia Biblia
revela que Yahvé es un auténtico demonio!
La verdad es que la inmoralidad y la crueldad del dios bíblico no conocen ningún
límite. Muy lejos de la fantasía de los pastorcitos y los teólogos evangélicos que
piensan que su deidad es la epítome del amor y de la benevolencia, Yahvé es en
realidad un dios de la guerra y un belicista tiránico con una insaciable sed de
conquista que no sólo disfruta de la invasión de territorios extranjeros sino que
también se ensaña de manera muy sádica con las víctimas de su Pueblo
Elegido. Según la Biblia, Yahvé les ordena a los Israelitas que no sólo venzan
a los varones guerreros de los pueblos lindantes sino que también masacren
despiadadamente a mujeres desarmadas, ancianos indefensos, niños
pequeños y hasta los infantes recién nacidos (1 Samuel 15:2-3; Deuteronomio
2:33-34; 7:16; 13:15; Josué 6:21; Ezequiel 9:5-7; Isaías 13:15-18).
Además, el mismo dios demoníaco y depravado le aconseja a su Pueblo Elegido
que a la hora del sometimiento de un pueblo gentil asesinen a todos los niños
varones e inmolen a todas las mujeres desvirgadas pero que tomen para sí a
todas las muchachas vírgenes como botines de guerra (Números 31:17-18).
Yahvé les permite a sus guerreros hebreos que secuestren y violen a las vírgenes
extranjeras.
Para colmo, el dios de los Hebreos es el Sionista militarista original, pues su plan
para su pueblo judío siempre ha sido la dominación mundial judía y la
conquista de todas las naciones gentiles de la tierra (Salmo 2:8-9).
En fin, la deidad judeocristiana Yahvé es, según la Biblia, una entidad beligerante
que goza de la matanza de inocentes e incluso exige el asesinato de niños
pequeños e infantes recién nacidos. ¿Qué clase de monstruo podría pedir la
matanza de un bebé inocente e indefenso? Si algunos de ustedes aún creen
que un infanticida degenerado como Yahvé es un dios de amor y digno de la
alabanza entonces les falta la honestidad y han sacrificado su propia humanidad
por una mentira flagrante.
Cualquier persona civilizada sabe que el sacrificio de la vida inocente es
algo totalmente inmoral. De hecho, para la mayoría de la gente la matanza ritual
de seres vivientes es una práctica que se asocia a las sectas satánicas de nuestro
tiempo. Sin embargo, demasiada gente ha olvidado que el sacrificio animal
siempre fue el tema central y el meollo esencial del Judaísmo bíblico. La verdad es
que el culto jehovítico se caracterizaba por la continua inmolación de criaturas
como ovejas y bueyes. En los templos de Yahvé el sacrificio animal se ofrecía
diariamente para apaciguar su ira ardiente y expiar la culpa de las transgresiones
de la ley mosaica.
En el Judaísmo antiguo se realizaban por lo menos tres tipos distintos de
prácticas sacrificatorias: 1) el holocausto, una ofrenda quemada de un animal
que se ofrecía todos los días en el altar del templo o del tabernáculo a la hora de
la oración y la alabanza con el propósito de mostrarle a Yahvé amor y devoción; 2)
la ofrenda de paz, un sacrificio festivo cuyo fin era agradecer la supuesta gracia y
misericordia del dios de Israel sobre la nación judía; y 3) la ofrenda de expiación,
una práctica sacrificatoria particularmente sangrienta en la cual el Judío inmolaría
un animal de su ganado sobre el altar de Yahvé para recibir el perdón por sus
pecados y sus transgresiones de la ley.
No sería ninguna exageración si dijéramos que el continuo derramamiento de
sangre de manera ritualista era el fundamento de la religión judía bíblica. De
hecho, la Biblia explica abiertamente que Yahvé encuentra deleite en los
sacrificios sangrientos y macabros (Génesis 8:20-21; Levítico 1:5-9; Números
18:17-19). Es como si él estuviera fascinado por la inmolación de la vida inocente.
Es evidente que el dios de los Judíos es una entidad carnívora y de una
naturaleza depredadora puesto que en Génesis él rechaza la ofrenda vegetal de
Caín y se deleita con el sacrificio animal de Abel (Génesis 4:3-5). Es más, a veces
las inmolaciones rituales jehovíticas se convertían en hecatombes enormes. El
primer Libro de Reyes relata que el monarca jehovítico Salomón y su
sacerdocio real sacrificaron más de 22,000 bueyes y 120,000 ovejas en el
templo de Yahvé en un período de sólo dos semanas (1 Reyes 8:62-64). El
dios hebreo siempre ha tenido una sed por la sangre inmolada.
La misma perversión absoluta judía continuaría en la teología
neotestamentaria del Judío cripto-sionista Pablo de Tarso cuyo dogma
mantenía que la muerte del testador es necesario para que se finalice un pacto
con Yahvé, la sangre sacrificatoria lo purifica todo y sin el derramamiento de
sangre no hay ninguna remisión (Hebreos 9:16-17; 9:22). En fin, el culto de Yahvé
es un culto de la muerte y sus fundadores y élites son gente completamente
perversa, depravada, enfermiza, endemoniada, ida de la cabeza y entregada a la
enfermedad mental. Ellos y su dios inicuo son la epítome de la perversidad
patológica.
Muchos de los creyentes evangélicos saben por lo menos algo sobre las prácticas
del sacrificio animal en la religión veterotestamentaria. Ellos creen que la matanza
ritual de ovejas y bueyes era un justo prototipo del sacrificio mesiánico de Jesús
en la cruz por la expiación del Pecado Original, un concepto que irónicamente
nunca existió en la religión hebrea original. Sin embargo, muy fuera del hecho de
que el sacrificio de cualquier tipo de vida por los pecados ajenos sea algo
totalmente inmoral y abominable, muy poca gente conoce el secreto más
espeluznante de la Biblia: el dios hebreo Yahvé a veces pedía y aceptaba hasta
el sacrificio humano.
En Éxodo, el segundo libro del Pentateuco, encontramos unas referencias
escalofriantes a la práctica del infanticidio ritual hebreo ordenada por el
mismo Yahvé en la cual los Hebreos fieles a su dios tenían que consagrar
(sacrificar) a sus hijos primogénitos como una ofrenda a su señor, justo como
solían inmolar las primeras crías de su ganado, con el fin de conmemorar la
matanza de los varones primogénitos en Egipto por parte de Yahvé (Éxodo 13:2;
13:12-15).
En Levítico, el tercer libro del Pentateuco, el mismo dios sanguinario explica
que ningún hombre, animal o campo poseído que sea propiedad de un Judío
y haya sido consagrado a él no puede ser rescatado sino que morirá sin
remisión definitivamente (Levítico 27:28-29). Notemos que en algunas
traducciones de la Biblia pone una nota al pie de la página que dice que en el
idioma original la expresión se refiere a 'una ofrenda para el dios Yahvé', lo cual
deja clarísimo que la deidad bíblica disfrutaba del sacrificio de los hombres.
En el primer Libro de Reyes, una crónica de la historia primaria del pueblo hebreo,
vemos que en el Judaísmo primitivo Yahvé solía pedir la inmolación de la
vida de los hijos de los Hebreos por la santificación de las ciudades a la hora
de su reconstrucción (1 Reyes 16:34). La arqueología bíblica revela que la
práctica bárbara de enterrar los cadáveres de los niños inmolados en las bases de
los edificios era muy común en las regiones de Meggidó, Jericó y Guerer en
Palestina donde habitaban los Hebreos (B.A. Turaiev, 'El Oriente Clásico'i).
En el mismo libro bíblico morboso leemos también que Yahvé le ordenó a su
siervo Josías que sacrificara a los sacerdotes extranjeros en sus templos y
quemara sus huesos sobre los altares (1 Reyes 13:1-3; 16:34).
El ejemplo de la práctica del sacrificio humano jehovítico más asustante, sin
embargo, se encuentra en el Libro de Jueces según el cual el juez israelita
Jefté, tras ser instigado por el espíritu de Yahvé, le hizo voto a su dios
prometiendo que sacrificaría en holocausto la primera persona que saliera
de su casa a cambio de que Yahvé le entregara la victoria en la guerra contra
los enemigos de Israel (Jueces 11:29-31). Yahvé cumplió con su promesa y Jefté
volvió a su casa victorioso. Sin embargo, desgraciadamente la primera persona
que salió de su casa fue nadie más que su querida hija y el pobre Jefté, bien
entristecido, se vio obligado a ofrecer a su propio vástago humano en
holocausto a su dios depravado (Jueces 11:34-40).
La verdad es que un estudio minucioso de la Biblia hebrea revelará que el
sacrificio humano jehovítico constituyó una costumbre común en el culto hebreo
original.
Esta revelación horripilante no debería ser ninguna sorpresa para los estudiosos
que tienen un buen entendimiento de la historia de la región de Palestina. Los
estudios arqueológicos muestran que incluso en el segundo milenio AEC la deidad
semítica El, el rey del panteón levantino y el precursor del El-Yahvé bíblico, era un
dios asociado al sacrificio humano ritual y cuyo culto se caracterizaba por el
holocausto de los primogénitos (Olyan, 1988ii). El mismo culto sacrificatorio
continuaría entre los Hebreos en el Judaísmo primitivo (Smith, 2002iii). Vemos
que el sacrificio sangriento tanto animal como humano siempre estuvo bien
arraigado en la religión jehovítica original. Es más probable que Yahvé no sólo
disfrutara de los sacrificios para su propio entretenimiento sino que también los
necesitara para alimentarse de su energía a nivel astral. Recordemos que a lo
largo de la historia ciertas escuelas esotéricas como las gnósticas enseñaron que
el malévolo demiurgo Yaldabaoth, asociado al dios hebreo Yahvé, y sus Arcontes
depredadores se alimentaban del sufrimiento humano y de la energía transferida a
través de los cultos religiosos demiúrgicos.
Los Judíos han hecho todo lo posible para ocultar este secreto vergonzoso de su
religión y los apologistas cristianos se inventarán cualquier escusa y dirán
cualquier mentira para convencernos de que no hubo ningunos sacrificios
humanos jehovíticos y asegurar que todos los versículos bíblicos citados aquí
están 'malinterpretados' a pesar de que varios pasajes de la propia Biblia digan
claramente que sí hubo muchos sacrificios humanos ordenados por Yahvé e
incluso hablen de los detalles horripilantes. Los apologistas de las iglesias suelen
citar la Biblia de manera selectiva y por lo tanto sus ministerios son
engañosos. Ellos están dispuestos a hacer cualquier escusa para justificar la
conducta perversa de su dios misántropo y aunar todos sus esfuerzos para
defender algo que es completamente inmoral y presentarlo como algo moral
y justo. Así han sacrificado su propia humanidad y su comportamiento es
solamente vergonzoso.
Sus mentiras son expuestas por las palabras de su propio dios demoníaco que le
admite a su profeta Ezequiel que él mismo había instigado a los pueblos a que le
ofrecieran sacrificios infanticidas:
'Por eso yo también les di estatutos que no eran buenos, y decretos por los
cuales no podrían vivir. Y los contaminé en sus ofrendas cuando hacían
pasar por el fuego a todo primogénito, para desolarlos y hacerles saber que
yo soy Jehová.' (Ezequiel 20:25-26).
La frase bíblica 'hacer pasar por el fuego al primogénito' es una referencia al
holocausto infantil, un tipo de sacrificio en el cual la víctima era quemada por
completo y ofrecida a Yahvé. Según el mismo libro profético, Yahvé contaminó
las ofrendas del pueblo y le hizo inmolar a sus hijos a través del
fuego simplemente porque los Hebreos no habían guardado su sábado o día de
descanso y algunos de ellos habían fabricado ídolos (Ezequiel 20:24). ¡Así es la
moralidad retorcida del perverso dios de los Judíos!
Mucha gente ingenua considera la cultura judeocristiana una fuente de valores
morales sanos. Esa gente defiende la Biblia por razones éticas. En las sociedades
occidentales estamos acondicionados a creer que las llamadas Sagradas
Escrituras son un manual para alcanzar la santidad. Sin embargo, una vez
comprendida en su totalidad, la ley bíblica que Yahvé mismo supuestamente le
reveló a Moisés en el Monte Sinaí no es de ningún modo un código moral
auténtico, sino más bien un manifiesto casi político cuyo propósito real era la
justificación de la dictadura tiránica del déspota cósmico Yahvé.
La ley mosaica aparenta ser un manual ético a primera vista, pero en realidad no
intenta establecer ningún sistema moral auténtico y coherente sino que sólo
pretende justificar las costumbres cuestionables del culto jehovítico. La moralidad
de Yahvé no tiene coherencia alguna. Por ejemplo, está prohibido que la gente
trabaje en el día sábado o haga el amor antes del matrimonio y ambas
transgresiones pueden ser castigadas por la muerte por apedreamiento, pero sí
está bien e incluso ordenado que los Judíos perpetren el genocidio contra sus
vecinos extranjeros y cometan el infanticidio masivo. La verdad es que la ley
bíblica es solamente una tortura sádica para el hombre.
El supuesto 'padre amoroso' exige que los hombres sean apedreados hasta su
muerte sólo por encender una llama o recoger leña en el día sábado, el día
santificado de Yahvé (Éxodo 31:12-15; Números 15:32-36); y requiere también
que los creyentes asesinen a sus familiares y sus amigos si deciden abandonar el
culto sangriento de Yahvé y seguir otros caminos espirituales (Deuteronomio 13:6-
10). Del mismo modo, la teología neotestamentaria enseña que todos aquellos
que no sigan la religión bárbara de Yahvé serán juzgados por su supuesto hijo
Jesús y quemados en un lago de fuego infernal (Apocalipsis 20:10-14; Juan 8:24;
2 Tesalonicenses 1:8-9; 2:11-12). ¡Yahvé no es un dios benévolo sino un
monstruo aborrecible y su maldecido libro sagrado es nada más que una
malvada herramienta para la destrucción de la humanidad!
Además de ser una entidad sumamente malévola y con un carácter sádico, el
dios hebreo Yahvé es también un adversario que siempre se opuso a la
iluminación del hombre. El relato del Huerto del Edén en el Libro de Génesis
empieza con una prohibición contra el fruto del Árbol de la Ciencia (Génesis 2:17).
En el siguiente capítulo Yahvé no sólo mintió diciéndole a Adán que el día que
comiera del Árbol de la Ciencia ciertamente moriría sino que también admitió que
la Serpiente tuvo razón reconociendo que entonces el hombre era como uno de
ellos = los dioses (Génesis 3:4-5; 3:22). Al leer Génesis minuciosamente,
sabemos que Adán sí adquirió el conocimiento de los dioses al comer del fruto
prohibido justo como dijo la Serpiente y nos damos cuenta de que el hombre no
murió porque comiera del Árbol de la Ciencia sino porque el mismo Yahvé y sus
malévolos querubines impidieron su acceso al Árbol de la Vida (Génesis 3:24).
Además, el texto dice que Yahvé introdujo muchas maldiciones al mundo a
propósito (Génesis 3:16-19). Es evidente que Yahvé nunca quiso que el
hombre despertara a tener la misma conciencia que los seres divinos y sólo
quiso mantenerlo como un esclavo ignorante en el santuario terrenal.
La política de oscurantismo de Yahvé no termina allí. La ley mosaica prohíbe
cualquier tipo de conocimiento espiritual desde la magia y la adivinación hasta la
comunicación con espíritus familiares o entidades interdimensionales (Levítico
19:26; 19:31; Deuteronomio 18:10-12). ¿Por qué temía Yahvé tanto que prohibió
que los pueblos se comunicaran con seres interdimensionales? La respuesta es
que Yahvé tenía miedo a que los hombres tuvieran contacto con sus dioses
ancestrales y supieran la verdad acerca de su identidad
auténtica.Irónicamente el Libro de Enoc, un texto apócrifo de considerable
importancia en el Judaísmo del Segundo Templo, revela que las artes mágicas y
las técnicas de la adivinación tienen su origen en el cielo y les fueron enseñadas a
las hijas de los hombres por los ángeles que habían abandonado sus puestos en
el cielo y se habían opuesto a la autoridad de Yahvé (Enoc 7:1; 8:3). Los ángeles
de Yahvé les acusaron a los ángeles rebeldes de haberles revelado a los hombres
los 'secretos eternos del cielo' (Enoc 9:6). Del mismo modo, durante el episodio
del desbaratamiento de la Torre de Babel en Génesis 11 Yahvé se asusta por el
progreso espiritual asombroso de los hombres cuya torre (alegórica) ya está a
punto de llegar al cielo y él les admite a sus compañeros divinos, los otros dioses
Elohim, que nada los podrá detener (Génesis 11:6). Aquí Yahvé teme que el
hombre llegue hasta el reino divino y se convierta en un rival. Así que él y sus
secuaces celestiales descienden a la tierra y confunden el lenguaje (espiritual) de
la humanidad. Esto es bien interesante puesto que algunos de los textos sumerios
más antiguos en los cuales se basan muchos de los relatos bíblicos cuentan que
el dios más alto del cielo se opuso a la revelación de la ciencia del designio del
cielo y de la tierra al hombre (Leyenda de Adapa). Lo cierto es que Yahvé
siempre se puso en contra de la iluminación de la humanidad y por lo tanto
debe ser considerado el enemigo de nuestra raza.
En resumen, muy lejos de las fantasías de los pastores evangélicos y sus víctimas
engañadas, el dios de la Biblia no es nuestro padre amoroso sino una maligna
pesadilla para la humanidad. Él sólo puede ser el auténtico diablo. Si alguien te
dice que Yahvé es amor, ¡dile que no te joda! Los apologistas cristianos que
hacen cualquier escusa para justificar a su dios, ignoran la infinitud de
versículos bíblicos que cuentan la maldad de Yahvé y siguen fantaseando
que la deidad judeocristiana es una entidad perfecta, benévola e
infinitamente amorosa son poco honestos y sólo se están engañando a sí
mismos. Ellos se han caído en la trampa de la inversión acusatoria engañosa de
la religión sionista de Yahvé. A pesar de que la propia Biblia dé testimonio muy
claro de que Yahvé tiene todos los atributos de una entidad demoníaca, la mayoría
de la gente sigue creyendo ingenuamente que la Serpiente de la sabiduría es el
enemigo de la humanidad. En realidad, la Serpiente del Edén, el gran Ushumgal
de Eridú y nuestro benévolo Enki, es el auténtico defensor y benefactor de la raza
humana y él se rebeló contra la tiranía y la crueldad del malévolo Yahvé por un
motivo justo.
La Verdadera Identidad de Yahvé: Una Revelación Espeluznante
¿Quién es Yahvé realmente? Sin duda, el origen y la identidad del dios de los
Judíos son unos temas que están rodeados de misterio. Según la Biblia, Yahvé es
el dios único que creó el cielo y la tierra y no hay nadie más como él. Sin embargo,
contrario a las afirmaciones de la teología judeocristiana tradicional, la erudición
bíblica actual revela otra historia. En realidad, el monoteísmo jehovítico fue un
invento bastante tardío en la historia del pueblo hebreo y tiene su origen en
el siglo 7 AEC según el consenso académico. ¿Cuáles son las implicaciones de
esta revelación? La religión original de los Semitas occidentales, los Hebreos
incluidos, reconocía una teología politeísta y la entidad conocida como Yahvé en
la religión bíblica posterior era originalmente sólo uno de muchos dioses en el
panteón antiguo. Por lo tanto, el dios del Judaísmo tiene su origen entre las
antiguas deidades de las culturas politeístas del Medio Oriente y del Mediterráneo
levantino.
Aunque el tetragrámaton YHWH, vocalizado como Yahvé, sea el nombre más
conocido del dios de los Hebreos, no es de ningún modo su nombre original en la
tradición bíblica. De hecho, la deidad bíblica empieza su vida en la Biblia
hebrea bajo el nombre El y a veces su forma plural Elohim, y luego adopta el
epíteto Yahvé cuando se presenta a Moisés por primera vez en el Monte Horeb.
Dicho de otra manera, Yahvéno es un nombre personal sino más bien un título
divino que se puede traducir como 'él que hace existir' o 'él que crea'.
¿Cuál es el origen de la deidad antigua conocida como El en muchos pasajes de
la Biblia? En el segundo milenio AEC mucho antes de la redacción del Pentateuco
y el nacimiento del monoteísmo jehovítico absoluto, El era considerado la deidad
más alta del panteón semítico antiguo y reverenciado como el Padre de
todos los Elohim junto con su consorte Asera. Sus hijos divinos, conocidos
como los Bene ha Elohim o 'hijos de los dioses', incluían dioses semíticos como
Baal, Kothar-wa-Khasis, Astarté y Mot. Estos hijos de la pareja divina de El y
Asera más tarde se convertirían en los ángeles caídos, los Hijos de Dios, en
Génesis 6:2 y también en la literatura enoquiana apócrifa de acuerdo con la nueva
teología monoteísta (Day, 2002iv, Smith, 2003v). En la religión cananea pre-
israelita El era conocido por el título divino El dū yahwī ṣaba’ôt cuyo
significado es 'El que crea los ejércitos' (Miller, 2000vi). Tengamos en cuenta
que el teónimo bíblico Yahvéaparece muchas veces como una abreviatura
de Yahvé Sebaot, un epíteto hebreo que se puede traducir como 'él que crea los
ejércitos'. Es decir, Yahvé siempre fue un epíteto asociado a la deidad primigenia
El en la religión semítica politeísta pre-bíblica. Por lo tanto, Yahvé y El siempre
han sido la misma entidad.
¿Cómo era El según la religión semítica primitiva? El era reconocido como el rey
del cielo, la cabeza de la asamblea de los Elohim, el gran juez divino, el 'Padre de
todos los dioses' y la deidad principal de la cosecha y la agricultura. Además, era
asociado al toro como símbolo de su potencia masculina y conocido como
el 'Padre de los Años', lo cual significa que era el dios del tiempo. En las
regiones levantinas de la edad del hierro, El era adorado como el Padre Supremo
y el Altísimo por los Fenicios, los Filisteos y los Cananeos entre otros pueblos
semíticos, y su culto se caracterizaba por el sacrificio tanto animal como
humano y la ofrenda de los primogénitos por holocausto en
particular (Olyan, 1988vii). Lo cierto es que El era un dios bélico, sanguinario y
deseoso de la sangre sacrificatoria. Curiosamente la misma deidad pre-israelita
era representada por un disco solar aleado con una estrella en su centro.
Tomemos un momento para revisar las numerosas semejanzas entre el El-
Yahvé bíblico y su precursor semítico pre-israelita. Primero, ambos eran
conocidos por el epíteto Yahvé Sebaot (yahwī ṣaba’ôt) siendo los dos 'creadores
de los ejércitos'. Eran dioses de la guerra. Segundo, ambos se presentaban como
el Padre Supremo y eran adorados como el Altísimo. La versión cananea pre-
bíblica era reverenciada como el Padre de todos los Elohim y su sucesor bíblico es
presentado como el Padre de los ángeles (Bene ha Elohim) (Génesis 6:2).
Tercero, ambos son el jefe que preside en la asamblea de los dioses. En Salmo
82:1 El-Yahvé se presenta como el presidente del concilio de los dioses y juzga en
medio de sus colegas celestiales. Según los textos cananeos, El presidía en la
asamblea divina junto con su hijo Baal, pero siempre mantuvo su estatus como el
dios superior (Smith, 2009viii). Cuarto, ambos eran dioses sedientos de sangre
cuyo culto exigía el sacrificio humano y el holocausto de los varones primogénitos.
Los Hebreos heredarían sus prácticas sacrificatorias del culto cananeo de modo
directo (Smith, 2002ix). Quinto, ambos tenían como epíteto Padre de los Años y
eran descritos como dioses envejecidos. Las referencias a Yahvé en la Biblia
como el Anciano de Días cuyo cabello era blanco como lana pura (Daniel 7:9) y el
dios (El en el texto hebreo original) grande cuyos años son incontables (Job 36:26)
son idénticas a las descripciones de El en los textos ugaríticos (Day, 2002x).
Sexto, El era representado por una estrella puntiaguda dentro de un disco solar
con alas en la religión cananea y el dios al que adoraban los Judíos era asociado
a la estrella en la Biblia (Amós 5:26). Actualmente el símbolo principal del
Judaísmo es la Estrella de David o el Sello de Salomón. El Culto de Yahvé en el
Judaísmo tiene sus raíces en el Culto de El de los pueblos semíticos
politeístas como los Cananeos y los Fenicios.
¿De dónde vino el Culto de El de los Semitas levantinos? Ya es sabido que el
panteón semítico occidental igual que los otros panteones del Medio Oriente
antiguo como el babilonio últimamente tiene su origen en el antiquísimo panteón
de los Sumerios (Kramer, 1998xi). Por lo tanto, los panteones de las culturas
acadia, babilonia, asiria, semítica levantina (cananea) y hasta la helénica tienen un
ancestro común y muchos de sus integrantes divinos son idénticos en todas las
distintas culturas mencionadas arriba. El dios semítico El, la versión precursora del
El-Yahvé bíblico, tiene su inicio en la religión sumero-acadia más antigua en la
cual era conocido por su nombre original: Anu, el dios del cielo.
Muy parecido a su equivalente semítico El, el dios sumerio Anu era el rey del cielo,
el más alto del panteón mesopotámico, un gran juez temido, el presidente del
Concilio Divino y el Progenitor de todos los Anunnaki. Engendró el linaje de los
grandes dioses sumero-acadios como Enlil, Enki (Ea), Inanna (Ishtar) y Nergal
(Erra). Éstos son los equivalentes sumerios de los dioses semíticos Baal, Kothar-
wa-Khasis, Astarté y Mot respectivamente. Además, igual que El, Anu era
representado por el toro como símbolo de su virilidad y en la religión sumeria se
creía que él había creado las huestes del cielo como sus soldados para la
destrucción de sus enemigos. Del mismo modo, en la Biblia hebrea Yahvé es
conocido como el Señor de las Huestes Celestiales. Anu era un dios poderoso y
belicoso. Paralelamente su símbolo era una estrella dentro de un disco. Según los
textos sumero-acadios, todos más antiguos que la Biblia hebrea por milenios, Anu
fue el dios que se opuso a que Enki le revelara a Adapa (Adán) la ciencia
del designio del cielo y de la tierra (Kramer y Maier, 1989xii), le denegó el Pan y el
Agua de la Vida (Leyenda de Adapa) y fue el primero en prestar su juramento de
destruir a la humanidad por el diluvio (Diluvio Sumerio de Nippur). Cabe decir
también que en la mitología mesopotámica Anu era un violento usurpador que se
levantó en combate contra el rey previo Alalu y lo derrotó en la lucha por el trono
del cielo (Van Der Toorn, 1996xiii).
El y Anu equivalían la misma deidad en la región de Mesopotamia (Blásquez,
2001xiv). De hecho, la raíz semítica el/il/ilu de la cual proviene el teónimo cananeo
y hebreo El es de origen sumero-acadio. En el Acadio, el ancestro de todas las
lenguas semíticas, el ideograma cuneiforme para la deidad Anu tenía dos valores
fonéticos y se podía leer como Anu o Ilu. Aquí encontramos un vínculo etimológico
directo entre los teónimos El y Anu. Además, como acabamos de ver, casi todas
las características fundamentales de ambos son tan idénticas como para
concluir que El y Anu son la misma deidad. La única diferencia es que aún no
hemos encontrado en los textos cananeos pre-israelitas ninguna referencia
explícita a que El fuera un usurpador del trono del cielo, aunque sí era
considerado el hijo de las deidades primordiales Elyon y Beruth justo como Anu en
la mitología mesopotámica fue engendrado por los dioses pre-panteónicos Anshar
y Kishar. Sin embargo, en los textos hebreos más primitivos que subyacen
algunas partes del Pentateuco, sí podemos encontrar unas referencias sutiles a
una ascensión al poder e incluso una usurpación del trono celestial por parte de
El-Yahvé gracias a su gran destreza militar (Stark, 2011xv). En el Canto de Moisés
del manuscrito pre-bíblico 4QDeut vemos que Yahvé primero hereda la tierra de
Israel de su superior Elyon, el Altísimo, y luego sube a la cabeza del panteón
después de derrotar a sus rivales divinos. Encontramos una escena paralela en el
Salmo 82 en la cual Yahvé, el dios de Israel, juzga a los demás dioses en medio
del concilio divino, condena a los otros hijos divinos de Elyon a morir como los
hombres y declara que él mismo heredará todas las naciones (Smith, 2001xvi). En
fin, en los textos más primitivos de la Biblia hebrea se conserva un vestigio del
mito mesopotámico primordial de la usurpación del trono del cielo por parte de Anu
(El).
Ahora entendemos que la deidad semítica El, conocida también como Yahvé en la
Biblia hebrea, tiene su origen en el panteón sumerio antiquísimo y es idéntica al
dios celestial Anu. Sin embargo, la revelación no termina allí. La siguiente es
mucho más sorprendente y espeluznante. En tiempos antiguos el mismo El de
los Semitas occidentales era identificado con Kronos en la religión helénica
(Smith, 2002xvii). Para los pueblos levantinos, El y Kronos eran idénticos. ¿Quién
era Kronos? Kronos era el nombre griego de nadie más que el violento y
sanguinario dios romano Saturno. Igual que Anu-El en el Medio Oriente,
Saturno-Kronos en la mitología mediterránea era el titán más alto del panteón, el
dueño del trono del cielo, un usurpador violento que había vencido a su propio
padre por la supremacía y un tirano despiadado. Idéntico a El en la religión
semítica, Saturno-Kronos era un dios de la cosecha y la agricultura y también era
considerado el Padre del Tiempo justo como El era conocido como 'Padre de los
Años' y 'Anciano de Días' en los textos semíticos pre-israelitas y en algunos libros
de la Biblia hebrea. Además, Saturno-Kronos era un dios infanticida que devoraba
a los niños y su culto se caracterizaba por el sacrificio humano y la ofrenda de los
primogénitos en holocausto. Esto explicaría por qué encontramos algunos
vestigios de la práctica del sacrificio humano y el infanticidio ritual en el culto
jehovítico en los textos de la historia primaria de la Biblia hebrea. Los símbolos
principales de Saturno-Kronos eran la hoz, la cruz y la luna menguante.
Los Hebreos siempre fueron adoradores de Saturno desde el
principio. Aunque los Judíos lo quieran ocultar, el Judaísmo siempre ha sido un
culto satúrnico cuyo dios es nadie más que El/Kronos y por ende Anu. Todo el
mundo sabe que el día sagrado del dios hebreo es el día sábado. El sábado está
vinculado intrínsecamente a la deidad antigua Saturno-Kronos. Aunque en
Castellano y el Griego moderno se haya adoptado el
vocablo sábado/sábbato cuyo significado más conocido es 'día de descanso', el
séptimo día de la semana (sábado) era llamado Diēs Saturnī o 'Día de Saturno'
en Latín y Kronía en honor de Kronos en el Griego clásico. Mucha gente sabe que
sábado en Hebreo es Shabbath, el día de reposo del Judaísmo; sin embargo, muy
poca gente conoce el verdadero origen de este término semítico. Shabbath
comparte su raíz etimológica con el vocablo Shabbathai, el nombre del dios
y del planeta Saturno en la lengua hebrea. Además, en la antigüedad pre-
israelita el planeta Saturno, el juez de todos los planetas, era asociado a El. Del
mismo modo, su precursor sumerio Anu era asociado a un conjunto de cuerpos
celestiales que incluía los planetas bélicos Marte y Saturno en la mitología
mesopotámica (Evans, 1998xviii). Además, en la Kabala, el esoterismo judío,
Yahvé Elohim es asociado a la sefirá Binah y por ende al planeta Saturno (Guiley,
2009xix).
En resumen, la auténtica identidad del dios hebreo Yahvé es una revelación muy
escalofriante. Yahvé es El, Saturno, Kronos y Anu. Todas éstas son las varias
facetas de la misma entidad: el malévolo rey del cielo del panteón sumerio. Los
Hebreos siempre fueron el pueblo de Saturno. Al comienzo de su historia, el
pueblo judío adoró a Saturno abiertamente. Sin embargo, a partir del exilio de los
Hebreos en Babilonia (siglo 6 AEC), ellos empezarían a ocultar la verdadera
naturaleza de su deidad y el Judaísmo pos-exílico se desarrollaría como un culto
cripto-satúrnico. Desde entonces su adoración de Saturno ha sido el secreto
más espeluznante de la élite del pueblo judío.
El Cripto-Saturnismo del Judaísmo
Ya hemos establecido que el dios hebreo Yahvé era El, la deidad semítica pre-
israelita asociada a Saturno; el pueblo judío siempre ha santificado el día de
Shabbathai (Saturno) y en la religión hebrea primitiva las prácticas satúrnicas
como el sacrificio humano y el holocausto de los varones primogénitos eran
costumbres comunes en el culto jehovítico. Queda claro que la deidad auténtica
de la religión judía siempre ha sido Saturno. De hecho, el nombre de la patria
hebrea Israel puede significar 'El (Saturno) lucha' o 'El (Saturno) rige'. Sin
embargo, desde la época de los profetas pos-exílicos, la élite del sacerdocio
siempre ha querido ocultar el aspecto satúrnico del Judaísmo y presentar a
Yahvé como un dios único completamente separado de su historia satúrnica.
El Judaísmo de los profetas pos-exílicos es una fachada diseñada por la élite de la
judería con el fin de ocultar el Saturnismo de la religión hebrea. En dicha época los
Hebreos estaban exiliados en el extranjero y lo más probable es que el sacerdocio
judío quisiera que su culto aparentara más respetable delante de los ojos de los
pueblos foráneos. Tengamos en cuenta que el objetivo principal del Judaísmo
siempre ha sido el Sionismo y desde luego los Judíos empezarían a
infiltrarse en las naciones gentiles a partir del exilio babilónico. Así que era
necesario que ellos escondieran las intenciones verdaderas de su secta oscura,
cortara sus vínculos con su pasado vergonzoso y comenzara a operar de modo
subrepticio.
El Libro de Amós es un bueno ejemplo de la construcción de una fachada religiosa
para ocultar las prácticas satúrnicas del culto hebreo. En Amós 5:26 vemos que el
profeta amonesta a la casa de Israel y reprende a los Judíos por llevar las
imágenes dedicadas a Moloc y Quiún.
'Antes bien, llevabais el tabernáculo de vuestro Moloc y Quiún, ídolos
vuestros, la estrella de vuestros dioses que os hicisteis.'
Este versículo es muy importante. Aquí podemos ver que los Hebreos adoraban
un dios conocido como Quiún y representado por una estrella. ¿Quién era
Quiún? El teónimo Quiún era una forma hebraizada del vocablo paleo-
babilonio Kewan/Kayawanu, un nombre mesopotámico para el planeta
Saturno. En la Septuaginta griega Quiún fue traducido como Renfán, otro nombre
para Saturno. La Estrella de Quiún está vinculada a la llamada Estrella de David o
el Sello de Salomón, el símbolo satúrnico del culto judío. En fin, este pasaje de
Amós confirma que los Hebreos eran adoradores de Saturno.
Sin embargo, aquí los élites del sacerdocio hebreo fueron bien astutos. A pesar de
que el culto satúrnico hubiera sido una práctica propia de los Hebreos desde el
principio bajo el Culto de El, los redactores sacerdotales de Amós pretendieron
presentar a Saturno como un dios extranjero engañosamente, utilizando su
nombre babilónico a propósito pese a que ya existieran los términos
satúrnicos El y Shabbathai en su propio idioma. En otras palabras, los sacerdotes
judíos buscaron hacer que su propio dios ignominioso pasara como un dios de los
Babilonios, presentar su culto entre los Hebreos como una herejía extranjera
adoptada por el pueblo judío en el exilio y desasociar a Yahvé de su pasado
elita/satúrnico presentándolo como un dios único y distinto.
Las tres religiones abrahámicas son cultos cripto-satúrnicos. El Judaísmo
actual aún mantiene la estrella satúrnica que se remonta al culto de El/Anu como
su símbolo principal y los Judíos practicantes siguen utilizando el Tefilín, el cubo
negro de El/Saturno, en su culto religioso. Además, en la religión judía aún se
practica la matanza ritual del ganado al estilo satúrnico. El Islam, otra secta
derivada del Judaísmo, tiene como su logotipo principal la luna menguante y la
estrella, dos símbolos asociados a Saturno-Kronos en el mundo antiguo. Además,
su estructura más sagrada, el Kaaba en el centro de la Meca, es el mismo cubo
negro satúrnico que el Tefilín judío. El Cristianismo también está lleno de
simbolismo satúrnico. De hecho, la práctica de la Santa Cena en las iglesias
cristianas es nada más que el simulacro del sacrificio del primogénito del
antiguo Culto de Saturno. El supuesto hijo de El-Yahvé es inmolado en la cruz
como una ofrenda por los pecados de los creyentes cuyo papel es comer el
cuerpo y beber la sangre de su Cristo sacrificado. Es el canibalismo ritual
simulado. Recordemos que en la mitología grecorromana Saturno-Kronos era una
deidad depravada que devoraba a sus propios hijos. Luego, la cruz cristiana
también puede interpretarse como un símbolo de la esclavitud satúrnico puesto
que era uno de los símbolos de Saturno-Kronos en la antigüedad y ha servido
para subyugar a la humanidad gentil, la descripción del Nuevo Jerusalén en el
Libro de Apocalipsis se asemeja bastante al cubo de Saturno y algunos de los
sermones alegóricos de Jesús en los Evangelios contienen simbolismo satúrnico
como la idea de Yahvé como un segador que cosecha el campo separando el trigo
de la cizaña. Recordemos que Saturno-Kronos era considerado una deidad de la
agricultura y un segador de la cosecha. En fin, las tres religiones monoteístas
dedicadas a Yahvé, a saber el Judaísmo, el Cristianismo y el Islam, son de
hecho cultos cripto-satúrnicos cuyo dios oculto es El/Saturno/Kronos/Anu y
por lo tanto son tres herramientas muy poderosas del Sionismo judío.
Yahvé-El-Saturno: El Misterioso Dios Demoníaco de los Illuminati
Mucha gente se desmayaría si supiera quién es el verdadero dios de los Illuminati.
¿Quiénes son los Illuminati? Illuminati es una palabra latina que significa 'los
Iluminados' y actualmente sirve como un término genérico para referirse a la red
de sociedades secretas y hermandades ocultas entrelazadas que ejerce su poder
sobre las naciones del mundo de modo subrepticio. Los Illuminati son la élite de la
política, la economía y la religión mundiales y el objetivo de su organización
clandestina es el monopolio total sobre todas las estructuras del poder de todos
los países y el dominio completo sobre el sistema financiero. Se cree que los
Illuminati buscan instaurar un solo gobierno mundial, lo que se denomina
el 'Nuevo Orden Mundial'.
¿Cuál es la identidad verdadera de los Iluministas del Nuevo Orden
Mundial? Algunas personas piensan que los Illuminati son adoradores de
Satanás. Otras piensan que son una camarilla oscura de reptilianos metamórficos.
Sin embargo, nosotros debemos alejarnos de toda esa desinformación y ver
quiénes son realmente. En la actualidad el pináculo de la sociedad es dominado
por la élite de la judería internacional. Curiosamente aquel pueblo pequeño y
misterioso de apenas 15 millones de miembros (menos de 0.2% de la población
mundial) ha sido la fuerza fundadora de las tres religiones más dominantes en el
mundo occidental, ha estado detrás de casi todos los movimientos revolucionarios
y radicales de la época moderna, controla la mayoría de la riqueza del planeta y
ejerce un tremendo nivel de poder en la palestra política. El Cristianismo, la
religión más extendida de la tierra, fue fundado por un grupo de Judíos sionistas
vinculado al Gran Sanedrín de Jerusalén (Pablo de Tarso y su maestro Gamaliel).
Del mismo modo, el Islam, la segunda gran religión mundial, nació de la misma
corriente abrahámica judía. En tiempos modernos el mismo pueblo errante ha
estado detrás de la infiltración de la Francmasonería, las revoluciones francesa y
rusa, los movimientos comunistas, el fascismo y el Iluminismo. Actualmente el
mundo financiero sigue dominado por banqueros judíos corruptos y el país más
poderoso del mundo, los Estados Unidos, está comprometido misteriosamente a la
causa del estado judío belicista de Israel. En fin, el Nuevo Orden Mundial de los
Illuminati es nada más que el Sionismo conspiratorio.
¡La identidad verdadera del Nuevo Orden Mundial es el Judaísmo y su culto
satúrnico!
Los élites del orden de los Illuminati son Judíos sionistas cuyo dios es nadie
más que el mismo Yahvé/El/Kronos/Saturno (Anu) del Antiguo
Testamento. Ellos son los herederos del pacto de su dios y el Nuevo Orden
Mundial por lo cual ellos señorearán sobre el mundo entero es el cumplimiento de
las promesas bíblicas de Yahvé. Tengamos en cuenta que en realidad la Biblia
hebrea es nada más que un cianotipo para el Sionismo judío. Las supuestas
Sagradas Escrituras son de hecho un anteproyecto para la dominación mundial
judía y una herramienta para alcanzar ese fin siniestro. En fin, los Illuminati no
son secuaces del diablo cristiano Satanás o seguidores de una filosofía
luciferina oculta como mucha gente quiere hacernos creer; todo ese
simbolismo satánico es nada más que una cortina de humo para la
ocultación de su verdadera identidad. Los Illuminati son los iniciados de un
ignominioso culto satúrnico heredado de la religión original de la Biblia hebrea.
Eso quiere decir que el personaje demoníaco al que adoran los Illuminati es una
faceta más del mismo dios adorado en las iglesias cristianas, las sinagogas judías
y las mezquitas islámicas.
Es evidente que el orden de los Illuminati está estrechamente vinculado al Culto
de Saturno. Muchas de las organizaciones de la élite actual están repletas de
simbolismo satúrnico como señal de su alianza con su dios oscuro.
La Francmasonería, un gran baluarte del Iluminismo de la élite, es un grupo ocultista
basado en la Kabalá judía y cuyo dios anónimo el Gran Arquitecto del Universo es el
mismo El-Saturno. Sus símbolos principales incluyen el compás y la escuadra masónicos, la
pirámide iluminada, el ojo que todo lo ve acompañado por los rayos solares y el Sello de
Salomón entre otros. El secreto de todos éstos es que están ligados al Culto de Saturno. Por
ejemplo, con el logotipo del compás y de la escuadra no sólo se puede formar el llamado Sello
de Salomón, la estrella judeosatúrnica, sino que también el símbolo se asemeja al sigilo mágico
de Saturno. Del mismo modo, la bien conocida pirámide iluminada forma la mitad del mismo
Sello de Salomón y cuando se le da la vuelta se ve claramente el símbolo místico del Judaísmo.
El ojo que todo lo ve con sus rayos solares brillantes en realidad representa un eclipso solar del
planeta Saturno y ha estado asociado a Yahvé desde el medievo, y el Sello de Salomón usado
abiertamente en el simbolismo masónico ha sido una imagen propia de El-Saturno desde el
tiempo de los Fenicios.
De la misma manera, muchas de las religi
esencialmente templos dedicados al Culto
católicos como protestantes exhiben un simb
con el oscuro dios de este mundo. Para emp
la arquitectura de muchas capillas y catedral
encontramos el ojo que todo lo ve exhibido
nuevas sectas cristianas, no es ninguna nove
mormona están adornados con imágenes del
Saturno, y varios tipos de estrellas ocultas y
Testigos de Jehová es famosa por su vergon
Iglesia Adventista del Séptimo Día en partic
no sólo es una secta sabática que rinde culto
Saturno, sino que también se caracteriza por
satúrnico. En su logotipo principal se vislum
ocular en el centro y tres anillos que rodean
asemeja al ojo que todo lo ve. Sin embargo,
de la simple pirámide iluminista. Si volteam
espejo en el centro nos damos cuenta de que
Kronos se esconde en su diseño. Los Jesuita
astrológico de manera flagrante en algunos d
Encontramos lo mismo en el simbolismo de los
mundos de los negocios y de la política. Es bien
sabido que el ojo que todo lo ve y la estrella
satúrnica del Judaísmo se encuentran en algunos
billetes del dólar estadounidense y los mismos
símbolos aparecen en los emblemas de muchas
organizaciones gubernamentales. Además, la imagen
del planeta Saturno está muy presente en los
logotipos de las grandes empresas de la élite global.
Por ejemplo, los anillos de Saturno aparecen en los
logotipos de Pepsi, Toyota, Boeing, Nike, Samsung,
la NASA, Intel, Singtel, Nortel, Alcatel, AOL,
Nokia, CBS y muchos más. Todas estas empresas
iluministas están aliadas con el oscuro dios de este
mundo: El-Saturno/Yahvé/Anu.
Curiosamente en la última década la sonda Cassini descubrió una extrañísima
vórtice hexagonal en el polo norte de Saturno, el planeta de El/Yahvé/Anu. Como
podemos ver arriba, la vórtice no sólo forma la estrella satúrnica del Judaísmo sino
también el cubo negro satúrnico. El dios de los Illuminati, El-Saturno/Yahvé/Anu, el
malvado dios de este mundo, ha atrapado nuestra tierra en su red de energía
(magia negra kabalística) a través de la vórtice energética de su planeta
maligno. El-Yahvé es el dios del Nuevo Orden Mundial.
Reflexiones
Acabamos de ver que el dios de la religión bíblica no es y nunca ha sido un gran
padre amoroso como la élite de las religiones ha querido hacernos creer, sino más
bien él ha sido una entidad sumamente sádica e inmoral desde el principio. El
propio libro sagrado del Judaísmo, la Biblia hebrea, presenta a Yahvé como un
monstruo depravado sediento de sangre y un tirano extremadamente cruel y
belicoso.
Por lo tanto, el mito de la supuesta benevolencia del dios judeocristiano es nada
más que una mentira descarada de los curas, pastores y apologistas cristianos
poco honestos y como muchas de las doctrinas eclesiásticas no tiene ningún
fundamento en las escrituras bíblicas. De hecho, la misma Biblia dice que el dios
hebreo no sólo le ordenaba a su pueblo que le ofreciera sacrificios animales
diarios y cometiera actos de genocidio despiadados contra los pueblos no-judíos,
sino que también les exigía a los Judíos que inmolaran a sus propios hijos en
holocausto y asesinaran a los infantes extranjeros al filo de la espada y luego
admitió que él mismo les había dado a los Hebreos estatutos malos a propósito
para que sacrificaran a sus propios hijos en el culto jehovítico como un castigo por
sus pecados.
El dios de Israel no es un dios de amor; ¡él es una auténtica entidad
demoníaca! Eso se comprueba en los mismos textos de la Biblia. Por lo
tanto, la enseñanza de que Yahvé es un dios benévolo queda refutada
rotundamente y resulta ser nada más que una fantasía ilusa y una mentira
piadosa de los ciegos, contumaces y engañosos fanáticos de la religión.
La identidad verdadera de Yahvé también resulta ser una gran sorpresa muy
espeluznante. Nuestros estudios demuestran que el dios hebreo Yahvé, cuyo
teónimo bíblico es de hecho una abreviatura del epíteto Yahvé Sebaot o 'él que
crea los ejércitos', es idéntico a la antigua deidad cananea pre-israelita El, un dios
sanguinario y belicoso cuyo culto exigía el holocausto de los varones primogénitos
y cuyos epítetos comunes incluían El dū yahwī ṣaba’ôt (El que crea los ejércitos)
y Padre de los Años igual que el Yahvé bíblico. Lo más escalofriante es que en la
antigüedad el mismo El semítico era idéntico a la infame e ignominiosa deidad
infanticida Kronos cuyo nombre occidental es Saturno. De hecho, los Judíos
siempre han sido adoradores de El-Saturno desde el inicio de su historia y ellos
siempre han santificado el día de Shabbathai (Saturno) como parte de su culto. En
fin, el Saturnismo siempre ha constituido el meollo esencial de la religión judía.
¿De dónde vino El-Saturno? La conclusión de nuestras investigaciones nos dice
que la deidad semítica primigenia El era idéntica al dios del cielo y rey del panteón
en la religión sumero-acadia, el malévolo monarca divino Anu, el padre y
enemigo encarnado de nuestro benévolo creador Enki. Anu, una deidad
misántropa conocida también como el Señor de las Huestes Celestiales, es el
mismo El-Saturno y por ende es idéntico al Yahvé bíblico. En la época de los
profetas, la élite religiosa judía intentó ocultar la naturaleza satúrnica de su culto;
sin embargo, seguiría practicando la misma religión de Saturno a nivel clandestino.
La verdad es que el Judaísmo original siempre ha sido un anteproyecto para el
Sionismo o la dominación mundial judía. Los Sionistas del Culto de Saturno son
los verdaderos herederos del pacto de su dios El-Yahvé. Ellos son los hijos de
la promesa del dios bíblico. Lo que les fue prometido fue el dominio judío sobre
todas las naciones. La promesa fue el cumplimiento del Sionismo. Es totalmente
ridículo que los Cristianos gentiles cuyas iglesias apoyan la Teología del
Reemplazo se crean los herederos del pacto de Yahvé. Sería absurdo creer que
Yahvé anuló su pacto original y abandonó a su pueblo judío. Yahvé nunca
abandonó a su Pueblo Elegido a favor de los Cristianos; los Cristianos gentiles
están bien engañados. ¡El Cristianismo es nada más que un Caballo de
Troya judío y una herramienta para la dominación judía! ¡Es una estrategia
de infiltración sigilosa por parte de los Judíos sionistas!
Los Cristianos gentiles no son el nuevo pueblo elegido de Yahvé; sólo han caído
presos de su juego cruel. Al convertirse al Cristianismo del proto-sionista Pablo de
Tarso y sus maestros judíos del Gran Sanedrín de Jerusalén, los gentiles se han
sometido a la manipulación de los élites sionistas. Los Cristianos han firmado sus
documentos de alistamiento y los marionetistas judíos ya tienen a sus 'soldados
cristianos'. En fin, los Cristianos y los Musulmanes han caído en las garras
del auténtico adversario de la humanidad, el malévolo El/Yahvé/Saturno/Anu,
el malvado dios de este mundo y dueño de los Illuminati y su nefando Nuevo
Orden Mundial.