16º Domingo del tiempo ordinario (C)
María y Marta amigas de Jesús
¿Cuál es la mejor parte escogida por María?
Lucas 10,38-42
1. Oración inicial
Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con
el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra,
escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos
dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza,
apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.
Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los
acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra
nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos
experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en
medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti,
Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.
2. Lectura
a) Clave de lectura:
El texto del Evangelio de este domingo narra la visita de Jesús a la casa de Marta y María.
Jesús dice a Marta: “María ha escogido la mejor parte que no le será quitada”. A lo largo de
los siglos, estas palabras, muchas veces, han sido interpretadas como si fuese una
confirmación por parte de Jesús del hecho que la vida contemplativa escondida en los
monasterios es mejor y más sublime que la vida activa de aquellos que trabajan en el
campo de la evangelización. Esta interpretación no es muy correcta, porque no tiene
fundamento en el texto. Para entender el significado de estas palabras de Jesús ( y de
cualquier otra palabra), es importante tomar en consideración el contexto, sea el contexto
del evangelio de Lucas, como también el contexto más amplio de la obra de Lucas que
comprende el Evangelio y las Actas de los Apóstoles. Antes de verificar el contexto más
amplio de las Actas de los Apóstoles, tratemos de echar una mirada al texto en sí y ver
como está colocado en el contexto inmediato del evangelio de Lucas. Durante la lectura,
trata de sentirte presente en la casa de Marta y de sentirte vecino al ambiente y a las
palabras de Jesús no sólo al oído de Marta, sino al oído de las comunidades para las cuales
Lucas escribía su evangelio y a nuestro oído, el de nosotros, que hoy escuchamos estas
palabras tan inspiradoras de Jesús.
b) Una división del texto para ayudarnos en la lectura
Lucas 10,38: Marta recibe a Jesús en su casa
Lucas 10,39-40a: María escucha la palabra de Jesús. Marta se dedica al servicio de la casa
Lucas 10-40b: Marta reclama y pide a Jesús que intervenga
Lucas 10,41-42: Respuesta de Jesús
c) Texto:
38
Yendo ellos de camino, entró en un pueblo; y una
mujer, llamada Marta, le recibió en su casa. 39 Tenía
ella una hermana llamada María, que, sentada a los
pies del Señor, escuchaba su palabra, 40 mientras
Marta estaba atareada en muchos quehaceres. Al fin,
se paró y dijo: «Señor, ¿no te importa que mi
hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que
me ayude.» 41 Le respondió el Señor: «Marta, Marta,
te preocupas y te agitas por muchas cosas; 42 y hay
necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha
elegido la mejor parte, que no le será quitada.»
3. Un momento de silencio orante
para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros
e iluminar nuestra vida.
4. Algunas preguntas
para ayudarnos en la meditación y en la oración.
a) ¿Cuál es el punto que más te ha gustado o ha llamado más tu atención? ¿Por qué?
b) ¿Qué querrá decir Jesús con esta afirmación: “una sóla cosa es necesaria”?
c) ¿Cuál era la “mejor parte” que María escogió y que no le será quitada?
d) Un suceso histórico puede tener un sentido simbólico profundo. ¿Has conseguido tú
descubrir un sentido simbólico en el modo en el que Lucas describe la visita de Jesús a la
casa de Marta y María?
e) Lee atentamente las Actas de los Apóstoles y trata de descubrirle el nexo que hay entre
el problema de los apóstoles y la conversación de Jesús con María.
5. Para los que quisieren profundizar más en el tema
a) Contexto del Evangelio de Lucas:
En Lucas 9,51 comienza la segunda etapa de la actividad apostólica de Jesús, el largo viaje
desde Galilea hasta Jerusalén. Al comienzo del viaje, Jesús sale del mundo judío y entra en
el mundo de los samaritanos (Lc 9,52). A pesar de ser mal recibido por los samaritanos (Lc
9,53), continúa en su territorio y hasta corrige a los discípulos que piensan de modo diverso
(Lc 9,54-55). Cuando responde a aquellos que querían seguirlo, Jesús les aclara el
significado de cuanto acontece y les señala las exigencias de la misión (Lc 9,56-62).
Después Jesús designa otros setenta y dos discípulos para ir en misión delante de Él. El
envío de los doce (Lc 9,1-6) era para el mundo de los judíos. El envío de los setenta y dos
es para el mundo no judío (Lc 10,1-16). Terminada la misión, Jesús y los discípulos se
reúnen para evaluar el trabajo desarrollado por ellos, pero Jesús insiste en la certeza mayor
de que sus nombres están escritos en el cielo (Lc 10.17-37).
Después viene nuestro texto que describe la visita de Jesús a la casa de Marta y María (Lc
10,38-42). Lucas no especifica dónde se encuentra la aldea de María y Marta, pero en el
contexto geográfico de su evangelio, el lector imagina que la aldea se encontraba en
Samaría. Por el evangelio de Juan sabemos que Marta y María vivían en Betania, una
pequeña aldea vecina a Jerusalén (Jn 11,1). Juan nos dice además que tenía un hermano de
nombre Lázaro.
b) Comentario del texto
Lucas 10,38: Marta recibe a Jesús en su casa
“Yendo ellos de camino, entró en un pueblo y una mujer de nombre Marta, lo acogió en su
casa”. Jesús iba de camino. Lucas no siempre dice por dónde está pasando Jesús, pero
muchas veces dice que Jesús iba de camino (Lc 9,51.53.57; 10,1.38; 11,1; 13,22.33;
14,25; 17,11: 18,31.35; 19,1.11.28.29.41.45; 20,1). Porque Jesús estaba firmemente
decidido a subir a Jerusalén (Lc 19,51). Esta decisión le orienta durante todas las etapas del
viaje. La entrada en el pueblo y en la casa de Marta y María es una etapa más de esta larga
caminata hasta Jerusalén y forma parte de la realización de la misión de Jesús. Desde el
comienzo, el objetivo de la caminata está definido; realizar su misión de Siervo, anunciada
por Isaías (Is 53,2-10; 61,1-2) y asumida por Jesús en Nazaret (Lc 4,16-21).
Lucas 10,39-40a: María escucha la palabra, Marta se dedica al servicio
“Tenía ella una hermana llamada María, que, sentada a los pies de Jesús, escuchaba su
palabra; mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres”. Una cena normal en
casa, en familia. Mientras algunos hablan, otros preparan la comida. La dos cosas son
importantes y necesarias, las dos se complementan, sobre todo cuando se trata de acoger a
alguno que viene de fuera. Afirmando que “Marta estaba atareada en muchos quehaceres”
(diaconía), Lucas evoca a los setenta y dos discípulos también ocupados en muchas cosas
del servicio misionero (Lc 10,17-18)
Lucas 10,40b: Marta reclama y pide a Jesús que intervenga
“Al fin se paró y dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo?
Dile, pues, que me ayude». Otra escena familiar, pero no tan normal. Marta se está
preocupando sola de la preparación de la comida, mientras María está sentada, y está
conversando con Jesús. Marta reclama. Quizá Jesús interfiera y diga algo a la hermana para
ver si le ayuda en el servicio en la diaconía. Marta se considera una sierva y piensa que el
servicio de una sierva es el de preparar la comida y que su servicio en la cocina es más
importante que el de su hermana que habla con Jesús. Para Marta, lo que hace María no es
servicio, porque dice: “¿No te importa que mi hermana me deje sola en el servicio? Pero
Marta no es la única sierva. También Jesús asume el papel de siervo, a saber, el Siervo
anunciado por el profeta Isaías. Isaías había dicho que el servicio principal del Siervo es el
de estar delante de Dios a la escucha en oración para poder descubrir una palabra de
consuelo que llevar a aquellos que están cansados. Decía el Siervo: “ El Señor Dios me ha
dado una lengua de discípulo, para que yo sepa dirigir al cansado una palabra. Cada
mañana despierta mis oídos para que yo oiga como discípulo.” (Is 50,4). Ahora, María tiene
un comportamiento de oración delante de Jesús. Y surge la pregunta: ¿quién realiza mejor
el servicio de sierva: Marta o María?
Lucas 10,41-42: Respuesta de Jesús
“Le respondió el Señor: «Marta, Marta te preocupas y te agitas por muchas cosas y hay
necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la mejor parte, que no le será
quitada»”. Una bella respuesta y muy humana. Para Jesús una buena conversación con
personas amigas es importante e incluso más importante que el comer (cf. Jn 4,32). Jesús
no está de acuerdo con la preocupación de Marta. Él no quiere que la preparación del
almuerzo interrumpa la conversación. Y es como si dijese: “Marta, no hay necesidad de
preparar tantas cosas. Basta una pequeña cosa. Y luego ven a participar de la conversación,
tan bella”. Este es el significado principal tan sencillo y humano de las palabras de Jesús. A
Jesús le agrada una buena conversación. Y una buena conversación con Jesús produce
una conversión. Pero en el contexto del evangelio de Lucas, estas palabras decisivas de
Jesús toman un significado simbólico más profundo:
i) Como Marta, también los discípulos, durante la misión, se preocupaban de muchas cosas,
pero Jesús aclara bien que la cosa más importante es la de tener los nombres escritos en el
cielo, o sea, ser conocidos y amados por Dios (Lc 10,20). Jesús repite a Marta: “Tú te
preocupas y agitas por muchas cosas y hay necesidad de pocas, mejor, de una sola”.
ii) Antes de este episodio, un doctor de la ley había reducido los mandamientos a uno solo:
Amarás al Señor sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo” (Lc 10,27).
Cumpliendo este único y mejor mandamiento, la persona estará dispuesta a obrar con amor
como el Buen Samaritano y no como el sacerdote y el levita que no cumplieron con su
deber (Lc 10,25-42). Los muchos servicios de Marta deben ser realizados a partir de este
único servicio verdaderamente necesario que es la atención amorosa a las personas. Esta es
la mejor parte que María ha escogido y que no le será quitada.
iii) Marta se preocupa de servir (diaconía). Ella quería ser ayudada por María en el servicio
de la mesa. ¿Pero cuál es el servicio que Dios desea? Esta es la cuestión. El comportamiento
de María está más de acuerdo con el comportamiento del Siervo de Dios, porque, como el
Siervo, ella se encuentra en una situación de oración delante de Jesús. María no puede
abandonar esta postura de oración en presencia de Dios. Porque si lo hiciese, no descubriría
la palabra de consuelo que llevar a los cansados y desanimados. Este es el verdadero
servicio que Dios está pidiendo a todos.
c) Ampliando conocimientos:
El contexto más amplio de las Actas de los Apóstoles.
Después de la muerte y resurrección de Jesús nacerán las comunidades. Ellas debían
afrontar problemas nuevos, para los cuales no existían soluciones previstas de antemano.
Para orientarse en la solución de los problemas, las comunidades intentaban recordar las
palabras y gestos de Jesús, que pudiesen ayudar a traer un poco de luz. Así, el episodio de
la visita de Jesús a la casa de Marta y María fue recordado y narrado para ayudar a
esclarecer el problema descrito en las Actas 6,1-6.
El rápido crecimiento del número de cristianos creó divisiones en la comunidad. Los fieles
de origen griego comenzaron a quejarse de los de origen hebreo y decían que sus viudas
estaban desatendidas en la vida de cada día. Era una discriminación en la vida de la
comunidad y falta de personas para los diversos servicios. Hasta entonces no había surgido
todavía la necesidad de comprometer a otras personas en la coordinación de la comunidad y
en el cumplimiento de los servicios. Como Moisés, obligado por los hechos, dividió el poder
y convocó a otros setenta jefes para los servicios necesarios entre el pueblo de Dios (Ex
18,17-23; Núm. 11,16-17). Jesús había hecho la misma cosa: convocó otros setenta
discípulos (Lc 10, 1). Ahora, ante nuevos problemas, los apóstoles hicieron lo mismo.
Convocaron a la comunidad y propusieron el problema delante de todos. Sin duda, la
palabra de Jesús a Marta y María les ayudó en la solución. A continuación se puede leer los
dos textos, uno junto al otro. Intenta descubrir cómo se iluminan mutuamente:
1 38
Por aquellos días, al Yendo ellos de camino, entró
multiplicarse los discípulos, en un pueblo; y una mujer,
hubo quejas de los helenistas llamada Marta, le recibió en su
contra los hebreos, porque sus casa. 39 Tenía ella una hermana
viudas eran desatendidas en la llamada María, que, sentada a
asistencia cotidiana. 2 Los los pies del Señor, escuchaba
Doce convocaron la asamblea su palabra, 40 mientras Marta
de los discípulos y dijeron: estaba atareada en muchos
«No está bien que nosotros quehaceres. Al fin, se paró y
abandonemos la palabra de dijo: «Señor, ¿no te importa
Dios por servir a las mesas. 3 que mi hermana me deje sola
Por tanto, hermanos, buscad en el trabajo? Dile, pues, que
de entre vosotros a siete me ayude.» 41 Le respondió el
hombres, de buena fama, Señor: «Marta, Marta, te
llenos de Espíritu y de saber, y preocupas y te agitas por
los pondremos al frente de esa muchas cosas; 42 y hay
tarea; 4 mientras que nosotros necesidad de pocas, o mejor,
nos dedicaremos a la oración y de una sola. María ha elegido la
al ministerio de la palabra.» mejor parte, que no le será
(Hechos 6, 1-4) quitada.»
Los apóstoles se encontraban entre dos necesidades reales, las dos muy importantes,
definidas como servicio (diaconía): el servicio de la Palabra y el servicio de las mesas. ¿Qué
hacer? ¿Cuál de las dos es la más importante? La respuesta de Jesús a María ayudó a
resolver el problema. Jesús dice que María no podía abandonar la conversación con Él para
a ayudar en la cocina. Así, Pedro concluye: “¡No es justo que nosotros dejemos la Palabra
de Dios por el servicio de las mesas!” Y Pedro define el servicio del apóstol como “ el
dedicarse a la oración y al ministerio de la Palabra”.
No se dice que un servicio sea mejor que otro. Lo que no puede suceder es que el servicio
de la Palabra quede perjudicado por las exigencias imprevistas del servicio de las mesas. La
comunidad tenía la obligación de afrontar el problema, preocupándose de tener gente
suficiente en todos los servicios, para poder conservar, así, el servicio de la Palabra en su
integridad. El servicio de la Palabra propio de los apóstoles (y de María a los pies de Jesús)
tenía dos dimensiones: por un lado la escucha de la Palabra, recibirla, encarnarla,
anunciarla, divulgarla mediante el trabajo activo de la evangelización y, por otro, en nombre
de la comunidad, responder a Dios en la oración, representar a la comunidad en su
dimensión orante ante Dios. No se trata de una oposición entre los dos servicios: palabra y
mesa. Los dos son necesarios e importantes para la vida de la comunidad. Para los dos es
necesario tener gente disponible. En la economía del Reino, además, el servicio de la
Palabra (evangelización) es la raíz, la fuente. Es la parte mejor que María ha escogido. El
servicio de la mesa es el resultado, el fruto, es su revelación. Para Lucas y para los primeros
cristianos, la “parte mejor” de la que habla Jesús a Marta, es el servicio de la
evangelización, fuente de todo el resto.
El Maestro Eckart, el gran místico dominico del Medio Evo, interpreta de un modo simpático
este episodio. Dice que Marta sabía ya cómo trabajar y vivir en presencia de Dios, María no
sabía y estaba aprendiendo. Por esto no podía ser interrumpida. Los grandes místicos son la
prueba de que este texto no se puede interpretar como una confirmación por parte de Jesús
de que la vida contemplativa es mejor y más sublime que la activa. No está bien hacer una
distinción de estas dos palabras, porque la una se completa, se fundamenta , se aclara en la
otra. Nuestro San Juan de la Cruz carmelita, en algo más de diez años recorrió 27.000
kilómetros caminando por toda la España. Santa Teresa de Jesús no se quedaba nunca
parada, ocupada como estaba en la fundación de tantos monasterios. Jesús mismo vivía la
profunda unidad de la vida contemplativa y activa.
6. Oración de un Salmo
Salmo 145 (146): Dios merece alabanza
Te ensalzaré, Dios mío, mi Rey,
bendeciré tu nombre por siempre;
todos los días te bendeciré,
alabaré tu nombre por siempre.
Grande es Yahvé, muy digno de alabanza,
su grandeza carece de límites.
Una edad a otra encomiará tus obras,
pregonará tus hechos portentosos.
El esplendor, la gloria de tu majestad,
el relato de tus maravillas recitaré.
Del poder de tus portentos se hablará,
y yo tus grandezas contaré;
se recordará tu inmensa bondad,
se aclamará tu justicia.
Es Yahvé clemente y compasivo,
tardo a la cólera y grande en amor;
bueno es Yahvé para con todos,
tierno con todas sus creaturas.
Alábente, Yahvé, tus creaturas,
bendígante tus fieles;
cuenten la gloria de tu reinado,
narren tus proezas,
explicando tus proezas a los hombres,
el esplendor y la gloria de tu reinado.
Tu reinado es un reinado por los siglos,
tu gobierno, de edad en edad.
Fiel es Yahvé en todo lo que dice,
amoroso en todo lo que hace.
Yahvé sostiene a los que caen,
endereza a todos los encorvados.
Los ojos de todos te miran esperando;
tú les das a su tiempo el alimento.
Tú abres la mano y sacias
de bienes a todo viviente.
Yahvé es justo cuando actúa,
amoroso en todas sus obras.
Cerca está Yahvé de los que lo invocan,
de todos los que lo invocan con sinceridad.
Cumple los deseos de sus leales,
escucha su clamor y los libera.
Yahvé guarda a cuantos le aman,
y extermina a todos los malvados.
¡Que mi boca alabe a Yahvé,
que bendigan los vivientes su nombre
sacrosanto para siempre jamás!
7. Oración final
Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del
Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir
lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no
sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre
en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.