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Cuadernos penales

José María Lidón


Núm. 14

¿Es posible una justicia


orientada a la persona?
Retos que plantea el proceso penal
tras la aprobación del
Estatuto de la víctima del delito

Cristina de Vicente Casillas / Gema Varona Martínez /


Izaskun Sáenz de la Fuente Aldama / Galo Bilbao Alberdi /
Pedro Luis Viguer Soler / María Rosario Palenque Lus /
Jesús María Herrero Avia / Lourdes Lorente Diharce / Salvador Viada Bardají /
José Luis González Álvarez

DeustoDigital
Cuadernos penales
José María Lidón

© Universidad de Deusto
Cuadernos penales
José María Lidón

Núm. 14
¿Es posible una justicia
orientada a la persona?
Retos que plantea el proceso penal
tras la aprobación del
Estatuto de la víctima del delito
Cristina de Vicente Casillas
Gema María Varona Martínez
Izaskun Sáenz de la Fuente Aldama
Galo Bilbao Alberdi
Pedro Luis Viguer Soler
María Rosario Palenque Lus
Jesús María Herrero Avia
Lourdes Lorente Diharce
Salvador Viada Bardají
José Luis González Álvarez

Bilbao
Universidad de Deusto
2018

© Universidad de Deusto
Los Cuadernos de Teología Deusto pretenden tratar con ri-
gor y de una manera accesible a un público amplio, temas
candentes de la teología actual. La serie está promovida
por la Facultad de Teología de la Universidad de Deusto,
pero cada número se debe a la responsabilidad y libertad
de su autor. Estos cuadernos son flexibles y abiertos a una
problemática muy amplia, pero tienen una especial preocu-
pación por hacer presente la reflexión cristiana en lo más
palpitante de la vida eclesial y social de nuestro tiempo.

Consejo Asesor:
Carmen Adán del Río
Adela Asúa Batarrita
Juan Mateo Ayala García
Juana Balmaseda Ripero
Juan Luis Ibarra Robles
Inmaculada de Miguel Herrán
Miren Ortubay Fuentes
Ana Palacio de Begoña
Federico Ruiz de Hilla Luengas
Reyes San Emeterio Peña
Directora:
Itziar Casanueva Sanz
Secretaria:
María Soledad Gil Nobajas

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunica-


ción pública o transformación de esta obra sólo puede ser
realizada con la autorización de sus titulares, salvo excep-
ción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español
de Derechos Reprográficos, [Link]) si necesita
fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.

© Publicaciones de la Universidad de Deusto


Apartado 1 - 48080 Bilbao
e-mail: publicaciones@[Link]
ISBN:  978-84-16982-52-3
Depósito Legal:  BI - 871-2018

© Universidad de Deusto
Índice

Presentación
Cristina de Vicente Casillas y Gema María Varona Martínez. . . . . . . . 9

Cambio de foco del sistema de justicia penal: del victimario a la víctima.


Análisis ético-político del Estatuto de la víctima
lzaskun Sáez de la Fuente Aldama y Galo Bilbao Alberdi . . . . . . . . . . 15

Estatuto de la víctima, protección del menor y prueba preconstituida


Pedro Luis Viguer Soler . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 49

Compromiso activo con la persona. Los derechos a la información e


instrucción, puerta de entrada para todos los demás derechos de
las víctimas
María Rosario Palenque Lus. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 83

Víctimas y Ertzaintza: presente y futuro


Jesús María Herrero Avia. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 129

El Servicio de Atención a la Víctima


Lourdes Lorente Diharce . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 161

El derecho de las víctimas a la reparación


Salvador Viada Bardají. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 191

Perfiles de víctima y de agresor en violencia de género: implicaciones


para la valoración del riesgo. Presentación del último estudio de
casos sobre homicidios de violencia de género
José Luis González Álvarez. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 219

Victimización secundaria, en particular en delitos contra la seguridad


vial, sistemas de justicia y la creencia en seres mitológicos
Gema María Varona Martínez. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 247
Cuadernos penales José María Lidón
ISBN: 978-84-16982-52-3, núm. 14/2018, Bilbao, pág. 7

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Presentación

Cristina de Vicente Casillas


Magistrada Juzgado de lo Penal n.º 2 de Bilbao

Gema María Varona Martínez


Profesora de Victimología. Doctora investigadora permanente UPV/EHU

1.  En la contraportada de estos Cuadernos Penales se lee lo si-


guiente: «Estos cuadernos pretenden mantener viva la memoria del
profesor y magistrado José María Lidón, asesinado por ETA, ya que re-
legarlo al olvido sería tanto como permitir que la insoportable injusticia
de su muerte viniera a menos, y en cierto modo hacerse cómplice de
ella...».
Memoria y justicia. Estas palabras, escritas por los compañeros y
amigos de José María Lidón, contienen una verdad trascendental:
la memoria es un imperativo, un requisito, una exigencia de la jus-
ticia. En su sencillez encierran además una apremiante necesidad,
una urgencia, como si ya entonces aquellos amigos de Lidón temie-
ran que el paso del tiempo borrara la huella implacable que el golpe
de la violencia produce en todo ser humano y, al mismo tiempo, vis-
lumbraran la terrible injusticia que supondría el silencio sobre el re-
cuerdo mismo.
Al celebrar estas jornadas recordamos que Jose Mari se convirtió
en víctima porque era Juez, precisa y trágicamente, pues para el vio-
lento, la ley y quienes la aplicamos constituyen un obstáculo definitivo,
un muro para el logro de sus objetivos. El fanático desearía que la ley
no existiera y de ahí su empeño en eliminar a personas como Jose Mari
que dedicaron su vida al estudio, la enseñanza y la aplicación de la ley,
como garantía de los derechos de todos sin excepción.
Hubo un día, hace dieciséis años, en que Marisa tuvo que reunir a
sus hijos y hablarles serenamente para que pudieran encarar su vida.
Darles el consuelo que ella no tenía. De su fortaleza interior dependía
la felicidad de ellos. De su mirada, las suyas a partir de ese momento.
Como Marisa ha habido muchas mujeres que, de la negación, han he-
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ISBN: 978-84-16982-52-3, núm. 14/2018, Bilbao, págs. 9-14

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10 Cristina de Vicente Casillas y Gema María Varona Martínez

cho vida; han transformado lo absurdo en un día a día que tenía que
ser normal. Han hecho calladamente que lo irreparable diera paso a lo
cotidiano, sin permitir que la amargura ensombreciera su existencia. Su
sufrimiento encierra el misterio de una capacidad de convivencia ex-
traordinaria a los ojos de quienes no hemos pasado por ello.
En nuestra tierra hubo quienes despojaron de su condición de se-
res humanos a cientos de personas. El legado de esas personas son sus
mujeres, sus hijos, sus seres queridos, la vida que han hecho crecer a su
alrededor con tanto esfuerzo y dignidad.
El Estatuto de la víctima nos dice que las actuaciones judiciales han
de estar orientadas hacia la persona, teniendo en cuenta que el reco-
nocimiento, protección y apoyo a la víctima se extiende a su dimensión
moral. Es precisamente esta dimensión moral de la víctima la que he-
mos querido destacar especialmente en estas jornadas.
La humanidad herida es una categoría que se nos escapa: cuanto
más grande es el dolor infligido, menor es la satisfacción que produce
la reparación material. El dolor encierra una realidad, una verdad indivi-
dual y de todo eso nos habla la dimensión moral de la víctima.

2.  La pretensión con la que hemos abordado la organización de


este curso dedicado a la Ley 4/2015, de 27 de abril, del Estatuto de la
víctima del delito, como transposición de la Directiva 2012/29/UE, es la
de divulgar el contenido de una ley imprescindible, sensibilizar sobre su
importancia y animar a ser proactivos en la aplicación de los principios
de los que se nutre este magnífico texto legal.
Con este objetivo se han buscado ponentes experimentados en la
práctica diaria de los juzgados, provenientes de todos los ámbitos pro-
fesionales que lidian con la justicia penal, solicitando un especial es-
fuerzo de concreción a fin de que el lector pueda visualizar a través de
las páginas, como si de una película se tratara, los principales retos a
los que se enfrentan quienes trabajan a diario en sus despachos para
hacer funcionar la maquinaria de la justicia.

3.  La condición de víctima del terrorismo de José María Lidón re-


clamaba, de forma instintiva y casi maquinal, la reflexión académica en
el ámbito de la violencia terrorista. A ella dedicamos la primera jornada
de la mañana. La ética y la filosofía han sido fuentes en las que estos
últimos años se ha desarrollado un pensamiento extraordinariamente
lúcido y crítico en el ámbito de la victimología terrorista. La ponencia
conjunta de don Galo Bilbao (compañero de José María en la Univer-
sidad) y doña Izaskun de la Fuente incluyó testimonios de victimación
junto con reflexiones sobre la acogida, el acompañamiento y la impor-
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ISBN: 978-84-16982-52-3, núm. 14/2018, Bilbao, págs. 9-14

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presentación 11

tancia que la sociedad debe otorgar a las víctimas del terrorismo: la víc-
tima, en cuanto testigo moral, desenmascara el mal y reclama poder
narrar lo sucedido y las consecuencias que perduran.
Por otra parte, hasta hace bien poco, la justicia penal ha sido des-
piadada con las víctimas menores de edad, a las que, haciendo abs-
tracción de su condición, se les dispensaba el mismo tratamiento que
al testigo víctima mayor. La ponencia del Decano de los Juzgados de
Valencia, don Pedro Viguer, expuso la última jurisprudencia dictada en
torno a las condiciones en que debe llevarse a cabo la prueba precons­
ti­tui­da de los menores y la forma en que deben realizarse las explora-
ciones atendiendo al nivel de madurez del menor. La ponencia con-
textualiza la evolución jurisprudencial: desde un trato ciertamente
deshumanizado, que se justificaba por las necesidades del sistema,
hasta llegar al Estatuto de la víctima que irrenunciablemente deberá in-
formar nuestra práctica diaria.
El contacto de la víctima con el juzgado se produce ordinariamente
a través de una primera diligencia de ofrecimiento de acciones que se
realiza de forma rutinaria y burocrática, sin discriminar entre víctimas
que pueden precisar mayor atención por la gravedad de caso o por
sus circunstancias personales, en condiciones ambientales muchas ve-
ces inadecuadas. A esta diligencia se le otorga, en la práctica, escasa
o nula atención. Es realmente un eufemismo consignar que la víctima
«queda enterada« de sus derechos. La ponencia de la letrada de la Ad-
ministración de Justicia doña Rosario Palenque Lus, que tuvo la gene-
rosidad de relatarnos su experiencia como víctima en la mesa redonda
de la tarde, trata precisamente de esta cuestión que tan escaso interés
ha suscitado, incluso en este momento, más de dos años después de la
entrada en vigor de la norma que regula ese ofrecimiento.
La diligencia de ofrecimiento de acciones constituye la clave para
que la víctima pueda ejercer su derecho fundamental a la tutela judicial
efectiva. El Estatuto de la víctima provee de la necesaria armadura legal
para que las víctimas salgan del juzgado conociendo los trámites esen-
ciales del procedimiento, sus posibles formas de terminación, sus posi-
bilidades de actuación, con sus necesidades de protección adecuada-
mente satisfechas, y con un canal de comunicación con el juzgado que
debe definirse como fácil, seguro y atendido con diligencia por profe-
sionales formados.
El derecho de la víctima a entender y ser entendida hace referencia
a comprender los aspectos relevantes que conciernen la respuesta a sus
necesidades, intereses legítimos y derechos. Una víctima que entiende
es una víctima que toma decisiones, en lugar de un instrumento del
que se sirve la justicia para tomar decisiones. Puede, por ejemplo, apor-
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12 Cristina de Vicente Casillas y Gema María Varona Martínez

tar pruebas ante el juzgado instructor, derecho que expresamente se


reconoce a las víctimas en el Estatuto, con independencia de su situa-
ción procesal. Asimismo, también puede recurrir la decisión de archivo
de las actuaciones, para lo que se le reconoce un plazo extraordinario
de veinte días. Estas dos novedades se encuentran directamente enca-
minadas a la satisfacción del fin último del sistema penal. La ponencia
referida recoge, además, la experiencia práctica llevada a cabo en el
Juzgado de lo Penal n.º 2 de Bilbao como consecuencia de la aplicación
del Estatuto.
La práctica nos muestra cómo la víctima se «enfrenta» al sistema
penal, al que se acerca para buscar ayuda. En este acercamiento puede
resultar dañada. El Estatuto de la víctima trata de evitar este daño o vic-
timización secundaria. Se trata, sin embargo, de una encrucijada fatal-
mente necesaria. El sistema penal, cuyo fin es la búsqueda de la verdad
para satisfacer las necesidades de justicia y reparación de las víctimas
de los delitos, es a la vez un sistema diseñado para evitar las posibili-
dades de cometer un error, señalando o condenando a quien no es el
responsable. Todas las garantías que celosamente envuelven el enjui-
ciamiento con el fin de evitar errores se pueden erigir —se erigen, de
hecho, en no pocos casos— en barreras para la víctima que, estupe-
facta e impotente, no acierta a comprender los impenetrables caminos
que tiene la justicia para resolver sus expedientes. Sobre este complejo
tema se celebró un debate muy provechoso, con posiciones cierta-
mente encontradas, en el que se contó con la intervención del letrado
don Javier Beramendi, la coordinadora del Servicio de Atención a la Víc-
tima doña Lourdes Lorente Diharce, la letrada de la Administración de
Justicia doña Rosario Palenque Lus y don Jesús María Herrero Avia, res-
ponsable de coordinación operativa de la División de Investigación Cri-
minal de la Ertzaintza.
La victimización secundaria tiene su origen entre el choque de ex-
pectativas con las que la víctima acude al proceso penal y la realidad.
La denuncia de un hecho criminal es un primer paso que pone en mar-
cha una maquinaria, lenta, pesada, burocrática, fría en sus trámites,
impersonal, contradictoria y, en ocasiones, despiadada. Ningún texto
legal, hasta la entrada en vigor del Estatuto de la víctima, se ha preocu-
pado en señalar que la actitud de la víctima hacia el sistema penal con-
diciona el rendimiento del sistema penal y el grado de confianza de los
ciudadanos en la justicia. Un sistema penal desafecto con las víctimas e
indiferente hacia sus necesidades no solo es poco ético, sino también
escasamente eficaz.
La ponencia de la coordinadora del Servicio de Atención a la Víc-
tima trata del referido choque de expectativas y recoge varios casos
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ISBN: 978-84-16982-52-3, núm. 14/2018, Bilbao, págs. 9-14

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presentación 13

prácticos extraídos de la realidad del trabajo diario desarrollado en el


Servicio que permite comprobar el efecto expansivo del texto legal.
Una víctima, con la armadura legal que reconoce el Estatuto, va a
acercarse a interponer su denuncia —generalmente en el momento de
máxima victimización— a una comisaría de la Ertzaintza o de la policía
local. Allí debería experimentar un sentimiento de alivio y esperanza, al
encontrar profesionales que le proporcionen información, ayuda —si la
precisa— y seguridad de que se van a emplear todos los medios para
dar solución a su caso de la mejor forma posible. El trato profesional
es la clave del bienestar de la víctima desde el primer momento. De ahí
la importancia de involucrar a las fuerzas y cuerpos de seguridad en su
adecuado tratamiento. Tras la reforma de la LECR que reduce la obliga-
ción de enviar al juzgado los asuntos denunciados únicamente cuando
el responsable es conocido, el esfuerzo de nuestra policía por mantener
adecuadamente informadas a las víctimas es realmente necesario para
evitar el maltrato del sistema. Este es el tema tratado en la interesante
ponencia de don Jesús María Herrero Avia.

4.  La sesión del viernes comenzó con una ponencia dedicada al


contenido material y procesal del derecho a la reparación de la víc-
tima, materia tan injustamente relegada en la práctica y expuesta bri-
llantemente por el fiscal del TS don Salvador Viada, con propuestas
novedosas y sugerentes sobre las condiciones en que ordinariamente
se lleva a cabo el ejercicio o renuncia de la acción civil derivada del
delito.
A continuación tuvo lugar una sesión dedicada a las necesidades
de protección de las víctimas de violencia contra la mujer. La sesión, di-
rigida por don José Luis González, teniente coronel de la Guardia Civil
y Doctor en Psicología, tuvo por objeto presentar el estudio que desde
el Ministerio del Interior se está llevando a cabo con la colaboración de
la universidad y diversas instituciones, entre ellas el CGPJ, con el fin de
analizar las variables de los homicidios machistas ocurridos en nuestro
país durante los últimos diez años, realizando entrevistas con los auto-
res y los familiares de las víctimas, para mejorar la comprensión del fe-
nómeno delictivo y perfeccionar el sistema de protección y prevención
de la violencia contra la mujer.
Como conclusión de las jornadas, la profesora de Victimología
doña  Gema María Varona dirigió un diálogo entre el filósofo Reyes
Mate y Rosa María Trinidad, víctima indirecta de la violencia vial, em-
pleando el término con el que prefieren trabajar las organizaciones de
víctimas en este ámbito. Este encuentro grabado, pleno de reflexiones
profundas y humanas, sobrecoge por su capacidad de cambiar reali-
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ISBN: 978-84-16982-52-3, núm. 14/2018, Bilbao, págs. 9-14

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14 Cristina de Vicente Casillas y Gema María Varona Martínez

dades conocidas como la seguridad vial y fue el perfecto colofón para


unas jornadas intensamente vividas por todos los participantes.
El libro contiene, asimismo, una interesante reflexión sobre la
forma en que las culturas organizacionales se sirven de mecanismos
subyacentes, que trabajan de forma incansable para que nada cam-
bie. La ponencia acaba por reclamar una «justicia procedimental» o
ejercicio justo de la autoridad a través del procedimiento penal que
permita aumentar la confianza en la norma por parte de los ciudada-
nos, a la vez que aporte satisfacción personal y profesional a los ope-
radores jurídicos.

5.  El Estatuto, en fin, no deja flanco sin proteger ni responsable sin


deber, señalando a todos y cada uno de los actores del proceso penal,
como un aspersor que, dirigido a los recovecos del sistema de justicia
penal, tiene como fin llegar a todos los espacios, evitando el trato ina-
decuado a la víctima incluso antes de que su caso llegue al juzgado, no
se persone o no se llegue a identificar al responsable.
Agradecemos sinceramente a todos los participantes su interven-
ción. En especial agradecemos la intervención de los ponentes que se
han arriesgado, haciéndonos partícipes de sus vivencias y reflexiones
más personales: estamos seguras de que su testimonio constituye una
guía de actuación en un terreno en el que está todo por hacer. Solo
falta que el cambio de actitud se produzca. La empatía, la escucha ac-
tiva, la amabilidad no tienen porqué estar reñidas con la objetividad
y la profesionalidad. Esperamos y proponemos, para dentro de unos
años, una segunda edición de este tema tan apasionante.

Cuadernos penales José María Lidón


ISBN: 978-84-16982-52-3, núm. 14/2018, Bilbao, págs. 9-14

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Cambio de foco del sistema de justicia penal:
del victimario a la víctima.
Análisis ético-político del Estatuto de la víctima

Izaskun Sáez de la Fuente Aldama


Galo Bilbao Alberdi
Centro de Ética Aplicada de la Universidad de Deusto

Sumario:  l. Introducción. II. El Estatuto de la víctima del delito: al-


gunas claves de interpretación. 1. Sobre las víctimas en sentido
ético. 2. Asumir la perspectiva de las víctimas. Significado y justifi-
cación. 3. El paradigma de la justicia restaurativa. a) Balance ético
de los modelos de justicia. b) Implicaciones del modelo restaura-
tivo para los diferentes agentes. III. Relatos de victimización terro-
rista transmitidos por sus testigos morales. ¿Lecciones aprendidas?
1.  Ejes de los procesos. 2. Consecuencias. IV. Los derechos de las
víctimas a la verdad, a la justicia y a la reparación. V. Conclusión.
VI. Bibliografía.

Resumen:  Partiendo de lo que dice la ley, la conferencia realiza una lectura


ética de la misma que permite su apertura a cuestiones y espacios problemáticos.
En primer lugar, suministra claves de interpretación del Estatuto de la víctima del
delito centradas en quiénes son víctimas en sentido ético y qué significa asumir
su perspectiva. Después, evalúa el paradigma de justicia restaurativa y visibiliza
posibles lecciones aprendidas de los testimonios de las víctimas. Finalmente, con-
cluye con un balance sobre los derechos de las víctimas a la verdad, a la justicia y
a la reparación.

Palabras clave:  víctimas, justicia restaurativa, verdad, deber de memoria, repa-


ración.

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ISBN: 978-84-16982-52-3, núm. 14/2018, Bilbao, págs. 15-47

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16 Izaskun Sáez de la Fuente Aldama y Galo Bilbao Alberdi

l.  Introducción

Un somero acercamiento a la justicia penal, tal y como se viene tra-


dicionalmente desarrollando en nuestro contexto, nos puede llevar a la
conclusión de que está focalizada en la persona del victimario. Él es el
protagonista (pasivo) principal ante la Ley, sobre él recaen las garantías
procesales de modo preeminente (in dubio pro reo) y lo que verdadera-
mente importa es qué se hace con él y cuál el castigo que corresponde
imponerle y con cuyo cumplimiento salda las deudas que tiene contraí-
das con la sociedad y con sus víctimas directas, lo que no satisface a es-
tas últimas prácticamente nunca.
Además, en este modelo penal punitivo, centrado en el victimario,
los damnificados por su acción criminal, las víctimas carecen de pro-
tagonismo. En el proceso judicial apenas son tenidas en cuenta; mu-
chas veces figuran simplemente como meros testigos y la información
que reciben de todo el procedimiento es frecuentemente escasa, si no
inexistente. De algún modo podría decirse que con la intervención de
la justicia penal la víctima lo transfiere todo al Estado y a su sistema ju-
dicial para que él «arregle cuentas» con el infractor.
Aunque hay que reconocer que se van dando lentos, pero progre-
sivos, pasos para reorientar esta situación cuando menos anómala —y
el fenómeno de la visibilización de las víctimas del terrorismo vivido en
nuestro país tiene una gran relevancia en ello—, desde una perspectiva
ética, que no puede menos que reconocer que el auténtico moral point
of view ha de incluir necesariamente la perspectiva de las víctimas y no
la fría y abstracta mirada del «espectador imparcial», ha de propug-
narse un verdadero protagonismo de los damnificados por los críme-
nes.
Por desgracia, en la realidad cotidiana, la provocación ética que
supone la focalización de la justicia penal en el victimario queda sus-
tituida por otra, de no menor importancia, cuando se acerca la ilu-
minación —y los micrófonos— a las víctimas. En no pocas ocasiones,
quienes desde fundamentos éticos enraizados en los derechos huma-
nos defienden el protagonismo de las víctimas en el sistema penal que-
dan consternados y perplejos al escuchar los posicionamientos de éstas,
que, con frecuencia, reivindican planteamientos (desde el «¡que se pu-
dran en la cárcel!» o «¡que sientan lo que han hecho sufrir!» a la ne-
gación de la reinserción social como objetivo penal o la solicitud de la
reinstauración de la pena de muerte) que, siendo humanamente com-
prensibles, sin embargo chocan frontalmente con la defensa de la dig-
nidad humana, núcleo de los derechos humanos y, por tanto, son éti-
camente inasumibles.
Cuadernos penales José María Lidón
ISBN: 978-84-16982-52-3, núm. 14/2018, Bilbao, págs. 15-47

© Universidad de Deusto
   Cambio de foco del sistema de justicia penal: del victimario a la víctima 17

¿Cómo solucionar esta paradoja? En primer lugar, reconociendo


que la aspiración a una justicia penal de mayor calidad ética no pasa
solamente por prestar más atención a las víctimas. No basta con com-
plementar, ni siquiera con cambiar, la orientación del foco de interés
del victimario a la víctima.
En segundo lugar, y más importante, sobre todo se trata de dar ca-
bida progresivamente a un modelo de justicia en el que los plantea-
mientos retributivos actuales sean, si no sustituidos, al menos com-
plementados e interpretados a la luz de los de carácter restaurativo.
Porque cuando, como se pretende con la justicia restaurativa, lo más
importante es atender los derechos y necesidades de las víctimas —y
esto se hace con prontitud y diligencia—, la demanda de castigo no fi-
gura entre sus prioridades y la sensación de frustración, abandono e
incom­pren­sión respecto del sistema judicial y de la sociedad en su con-
junto que viven disminuye significativamente.
Nuestra pretensión en esta ponencia en el contexto jurídico en el
que nos encontramos es precisamente la de aunar, desde un enfoque
crítico de carácter ético-político, la necesaria reivindicación del prota-
gonismo de las víctimas también en el terreno jurídico con la configu-
ración de un modelo más restaurativo de ejercicio del sistema legal pe-
nal, pues solo así se podrán contener los riesgos y excesos derivados de
una concepción puramente reivindicativa del papel de las víctimas.
Para ello, tomando como punto de partida la Ley 4/2015, de 27
de abril, del Estatuto de la víctima del delito, abordaremos la caracteri-
zación de la condición de víctima, la justificación de la importancia de
asumir su perspectiva, el modelo de justicia restaurativa y, finalmente,
la condición de la víctima como testigo moral y los derechos que le
asisten, todo ello asumiendo la victimización terrorista como telón de
fondo prioritario, aunque no exclusivo. En todos los casos, junto con
los posicionamientos que caracterizan nuestra propuesta, destacare-
mos numerosos aspectos ambiguos y problemáticos que reflejan tanto
la propia limitación de nuestras aportaciones como la complejidad de
los temas abordados, necesitados de una permanente revisión crítica.

II. El Estatuto de la víctima del delito: algunas claves


de interpretación

1.  Sobre las víctimas en sentido ético

¿Quiénes son víctima? El artículo 2 del Estatuto de la víctima del


delito, desde un acercamiento evidentemente legal, la define como
Cuadernos penales José María Lidón
ISBN: 978-84-16982-52-3, núm. 14/2018, Bilbao, págs. 15-47

© Universidad de Deusto
18 Izaskun Sáez de la Fuente Aldama y Galo Bilbao Alberdi

«toda persona física que haya sufrido un daño o perjuicio sobre su pro-
pia persona o patrimonio, en especial lesiones físicas o psíquicas, daños
emocionales o perjuicios económicos directamente causados por la co-
misión de un delito». Junto con esta categoría principal, se habla tam-
bién de la víctima «indirecta», identificable con el cónyuge, pareja, hi-
jos u otros familiares próximos de la «directa».
En su comprensión más englobante, víctima —en este caso, hu-
mana— es toda persona que sufre. En su sentido ético —el que ten-
dremos presente en nuestra ponencia—, víctima es toda persona en
cuyo sufrimiento ha mediado injustamente una iniciativa humana, bien
por acción bien por omisión.
Hay una tendencia significativa socialmente a no hacer esta distin-
ción, ignorando sus consecuencias prácticas y englobando indiferen-
ciadamente a todos los sufrientes, pero algo así añadiría injusticia a las
víctimas morales y bloquea la realización de sus derechos. Entre otras
cosas, la existencia de estas víctimas implica la existencia de victimarios,
de causantes de la injusticia.
No es una cuestión menor en el debate sobre la diferenciación o no
entre sufrimiento justo e injusto definir precisamente lo que es injusto
o no. Desde nuestra posición, el criterio delimitador son los derechos
humanos fundamentados en la dignidad universal, perenne e intangi-
ble, y tomados en su indivisibilidad e interdependencia. De esto se des-
prende que hay víctima siempre que se daña efectivamente a una per-
sona en su dignidad, incluso aunque quien la dañe piense que no hace
mal, según sus convicciones sobre lo bueno y lo malo.
¿Y qué características o rasgos definen la victimidad1, la condición
de víctima? Por nuestra parte, proponemos básicamente dos: inocencia
y pasividad2.
La inocencia es, posiblemente, el rasgo identificador básico de la
víctima. Ahora bien, parece que el contenido que se dé al término es

1 Ya desde este momento hacemos ver el uso peculiar de los términos nucleares en

juego y que proponemos al lector, conscientes de que no se ajustan, en ocasiones, a los


criterios reconocidos lingüísticamente: el hecho objetivo y directo de violencia contra un
individuo, la agresión injusta que lo convierte en víctima, será entendido aquí como el
acto de «victimación». Llamaremos «victimización» precisamente al proceso —al mismo
tiempo, y no siempre armónicamente, personal y social— por el que, a partir de una vic-
timación real y concreta, se constituye la identidad de una víctima como tal. Por último,
«victimidad» sería el conjunto de rasgos o características que reflejan la condición de
víctima.
2  Recogemos aquí desarrollos presentes, entre otras publicaciones, en BILBAO, G.,

Jano en medio del terror. La inquietante figura del victimario-víctima, Bakeaz, Bilbao,
2009.

Cuadernos penales José María Lidón


ISBN: 978-84-16982-52-3, núm. 14/2018, Bilbao, págs. 15-47

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   Cambio de foco del sistema de justicia penal: del victimario a la víctima 19

muy amplio y ambiguo y no tan sencillo y unívoco como la contunden-


cia y claridad con que se afirma puede dar a entender. ¿Qué quiere de-
cir que la víctima es inocente?
En primer lugar, de la manera más radical, cabría entender que se
afirma de ella que carece de culpa absolutamente, que es un ser mo-
ralmente impecable, que no conoce el vicio o la transgresión de las le-
yes morales. Pronto nos damos cuenta, a nada que seamos honestos
con la realidad o que abandonemos los discursos heroicos e idealizado-
res, que éste no es el caso de la inmensa mayoría de las víctimas entre
noso­tros. Está claro que la inocencia que predicamos de la víctima no
es ésta, absoluta y total.
En otros casos, se emplea la palabra inocente, para dar a entender
que la víctima, quien ha sufrido la victimación, era una persona no im-
plicada en un conflicto violento. Aquí parece que no se entra en la va-
loración moral de la persona en su conjunto (superando la dificultad
de la inocencia absoluta), sino que se subraya que el agredido carece
de responsabilidad y participación en el conflicto en el cual ha resul-
tado damnificado. Esto suele ser habitual en la descripción de con-
frontaciones bélicas: las víctimas inocentes se identifican con las bajas
producidas entre la población civil, distinguiéndose claramente de los
combatientes militares. Parece que la traslación de este significado de
inocencia a todo tipo de acción violenta o delictiva es más que compli-
cada. Resulta evidente que la inocencia entendida como no implicación
no cuadra con los sujetos a los que sin ningún género de dudas llama-
mos en nuestro entorno víctimas.
Parece, por tanto, que inocente puede querer decir otra cosa dis-
tinta de las dos explicaciones ya apuntadas cuando la aplicamos a las
víctimas. Propiamente podemos denominarla inocente porque la víc-
tima no merece el acto de victimación padecido. No se trata de que
sea un ser inmaculado (que no lo es), ni que no esté implicado en el
conflicto (que lo está, voluntaria o involuntariamente) sino que, a pe-
sar de todo ello, haya hecho lo que haya hecho (nada, poco o mucho,
neutro, bueno, regular o malo), sea quien sea, sea lo que sea, no es
justo el trato que ha recibido, pues éste ha supuesto una conculcación
de sus derechos humanos fundamentales, una violación de la intangi-
ble dignidad personal. Nadie, ni siquiera el victimario, se merece pade-
cer un acto de conculcación de sus derechos fundamentales. Si la dig-
nidad humana es inviolable y no depende ni siquiera de la actuación
del sujeto, si no puede ser violentada en razón del crimen o la atroci-
dad cometidos, entonces se puede decir que toda víctima es inocente
en cuanto víctima, incluso si quien ha padecido la agresión era un vic-
timario, pues en ese caso merecería un proceso judicial con todas las
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20 Izaskun Sáez de la Fuente Aldama y Galo Bilbao Alberdi

garantías, incluso una condena —justa, proporcionada y, en lo posi-


ble, rehabilitadora—, pero no sufrir un atentado a sus derechos fun-
damentales.
La pasividad, por su parte, significa que no nos hacemos víctimas,
sino que somos hechas víctimas a nuestro pesar. El victimario3 aplasta
nuestra autonomía: sufriendo a causa de él lo sufrimos a él. Es evidente
el cúmulo de dificultades que acompañan a esta vivencia: en primer lu-
gar, solo porque se da esa pasividad hay víctima moral y cabe reclamar
justicia; además, en el asesinato la pasividad se hace total y definitiva;
por otro lado, a quien sobrevive le cuesta identificarse con lo pasivo
—con ser víctima—, pero en principio tiene la oportunidad —cos-
tosa— de la reacción activa: superviviente, resistente frente a la violen-
cia sufrida, que cada víctima tiene derecho a concretar como le parezca
oportuno; por último, la víctima tiene la dificultad específica de desalo-
jar de su interior al victimario, abriéndosele mecanismos tan complica-
dos como el del olvido consciente o el perdón.
En definitiva, la víctima no es titular, per se, de activo alguno, no
debe acreditar merecimientos especiales; es el victimario quien tiene un
pasivo con ella y, por extensión, con la sociedad y es esa deuda la que
debe saldarse para no dejar sitio a la impunidad. La inocencia de la víc-
tima lo es sólo en relación al acto de victimación, en lo demás es una
persona como el resto. Su ubicación como sujeto paciente de un acto
de violencia injusta es la única y exclusiva condición para ser acreedora
del título de víctima.
La victimidad así entendida, la condición de víctima moral iguala a
todos los tipos de víctimas: de violencia de género, de injusticia estruc-
tural, de terrorismo, de xenofobia, etc. Esto veta que se haga una jerar-
quización valorativa entre ellas. Con todo, es relevante tener presentes
los modos o tipos de violencia sufridos por las víctimas, pues permiten
que nos fijemos en todas ellas y descubramos las conexiones posibles
entre los tipos, a la vez que nos desvelan lo que debe hacerse específi-
camente ante cada tipo de víctima (y con ella).
Alrededor de la definición de víctima existen muchos problemas,
tanto teóricos como prácticos, genéricos o concretos, que no quedan
eludidos sino, al contrario, confirmados, cuando nos colocamos en el
terreno jurídico y legal. Sin pretender ser exhaustivos, apuntamos algu-
nos de ellos:

3  En contraposición, los rasgos que definen al victimario son la culpabilidad y la ac-

tividad. Esto supone que se da, entre víctima y victimario, una nítida asimetría moral,
clave para afrontar temas como la justicia, el perdón o la reconciliación, en los que hay
que estar coherentemente abiertos a la transformación moral del victimario.

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— La enorme tensión existente entre la víctima «ideal» de las defini-


ciones legales —también de las disquisiciones filosóficas— y de las
concepciones existentes en los propios profesionales de la justicia
y las víctimas «reales», concretas, particulares con las que han de
interactuar ambos. Parece como si la incomodidad para tratar y
reconocer como víctima a una persona que ha sufrido un delito se
debiera a que su comportamiento no encajara en determinadas
exigencias o condiciones que incorporamos por nuestra cuenta a
la victimidad, como pueden ser su respetabilidad, su interés parti-
cipativo, el perfil conciliador y no punitivo de sus declaraciones, su
coherencia discursiva o destreza comunicativa en el proceso, etc.
Desde esta misma perspectiva, queda la sospecha de si varios de
los trastornos psiquiátricos habituales en los informes forenses (es-
trés post-traumático, síndrome de Estocolmo...) no son sino una
reacción a la comprobación del desajuste entre nuestra imagen
ideal de la víctima y la realidad de la que tenemos delante4.
— En nuestro entorno inmediato, no son menores problemas de
reconocimiento de la condición de víctimas en términos legales y
judiciales a diversos sujetos implicados en la violencia terrorista.
Así tenemos el caso del victimario-víctima5, en su doble versión
de integrante de ETA que sufre una vulneración grave de sus de-
rechos o de una víctima de ETA que, a su vez, ha actuado de-
lictivamente, y el distinto —y discriminatorio— trato legal que
reciben. O la consideración legal del empresario o profesional
víctima de la extorsión practicada por ETA como colaborador en
la financiación de la organización terrorista.
— En un contexto sociocultural como el nuestro, en el que, por un
lado, parece llegarse a una hipertrofia de la figura de la víctima
y, por otro, se profundiza en la búsqueda de responsabilida-
des humanas en todos los males que se padecen, no es menor,
sino todo lo contrario, el número de problemáticas que ponen
en cuestión la definición de la víctima o el acceso a su reconoci-
miento6. Por poner solamente unos ejemplos: ahí están las vícti-
mas de tráfico, las víctimas de desastres naturales o todas aque-
llas víctimas derivadas de la violencia estructural o cultural.

4  Cf. la reflexión de HERRERA MORENO, M., «¿Quién teme a la victimidad? El de-

bate identitario en victimología», Revista de Derecho Penal y Criminología n.º 12, 2014,


pp. 343-404, del que otros aspectos de nuestra propuesta también son deudores.
5  Cf. BILBAO, G., Jano en medio del terror. La inquietante figura del victimario-víc-

tima, Bakeaz, Bilbao, 2009.


6 
Cf. GATTI, G. (ed.), Un mundo de víctimas, Anthropos, Barcelona, 2017.
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2.  Asumir la perspectiva de las víctimas. Significado y justificación7

El Estatuto de la víctima del delito, en el primer apartado de su


Preámbulo, fija la propia dignidad de las víctimas como fundamento o
justificación del desarrollo legislativo posterior, al tiempo que se marca
como objetivo la preservación de todos sus bienes y derechos.
Desde la ética, asumiendo estas formulaciones, se puede elaborar
un argumentario más desarrollado que culmina en la proposición de la
asunción de la perspectiva de las víctimas8 como una exigencia ética y
política de primer orden.
Desde el razonamiento ético son muchos los argumentos que po-
demos aducir para reivindicar y hacer nuestra la perspectiva de las víc-
timas:
— Ellas son un antídoto contra la abstracción o la ideologización
de los derechos humanos. Encarnan su vulneración, la injusticia
concreta que se comete y, por ello, son una referencia ineludible
de la necesaria historización de los derechos humanos.
— Desvelan una parte de la realidad que sin ellas sería incompleta.
Si la realidad no es la misma con víctimas que sin ellas, su mi-
rada, específica, forma parte de la realidad y ha de ser tenida en
cuenta, convirtiéndose en condición para alcanzar la verdad.
— Aportan un criterio deslegitimador crítico. La víctima es una rea-
lidad no prevista por el sistema democrático y, por ello, com-
plica y corrige todo análisis de carácter político, introduciendo
un elemento (la asimetría radical de la víctima) que obliga a
cuestionar, revisar y corregir todas las seguridades conceptuales
previas.
— En cuanto radicales (asesinadas), las víctimas son una contingen-
cia irreversible que desenmascara la falsa necesidad histórica de
la violencia.
— En sí mismo, asumir esa perspectiva es un ejercicio incompleto,
pero real, de reconocimiento de la injusticia y, por tanto, al
mismo tiempo, un gesto de justicia.
— Supone la recuperación del protagonismo y la actividad de la víc-
tima. El testimonio de la víctima permite a ésta recuperar la li-

7  Seguimos aquí los planteamientos desarrollados en BILBAO, G. y ETXEBERRIA, X.,

La presencia de las víctimas del terrorismo en la educación para la paz en el País Vasco,
Bakeaz, Bilbao, 2005.
8  Entre nosotros, en la comunidad internacional hispanohablante, es inexcusable re-

ferirse aquí a Reyes Mate como el gran impulsor de estos planteamientos. En la biblio-
grafía final se referencian unas pocas obras suyas dentro de su ingente producción.

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bertad perdida (pues no ha elegido su condición, ha sido víctima


contra su voluntad) al convertirse en autor de su propia historia.
Podemos hablar de una «identidad narrativa» de las víctimas. De
hecho, hay muchas víctimas cuyo sufrimiento reclama no preci-
samente venganza sino narración.
— Por último, es un modo de hacer posible la incorporación a la
sociedad de la aportación de valores éticos que hace la víctima
en cuanto «testigo moral»9. Su testimonio que desenmascara el
mal se produce necesariamente desde las condiciones de verdad
(lo narrado ha acontecido así) y justicia (con el objetivo de desle-
gitimar la injusticia), desde la autenticidad personal. Desde esta
perspectiva, todos los testigos morales pueden dar testimonio,
pero no todos están igualmente cualificados para iluminar el mal
para los demás.
A la asunción de la perspectiva de las víctimas le debe acompañar,
para evitar todo peligro de mero emotivismo, una perspectiva propia-
mente institucional, política. No basta con ponerse (sentimentalmente)
en el lugar del otro, hace falta (políticamente) hacerle un lugar al otro.
La política es el arte del reconocimiento del otro y la víctima es el radi-
calmente otro. No hay auténtica política sin reconocimiento, también
político, de la víctima. Por eso, no se puede hacer política auténtica
como si no hubiese víctimas. Además, asumir la mirada, la perspectiva
de las víctimas tiene una gran virtualidad política, especialmente en so-
ciedades lastradas por la violencia, porque:
— Puede colaborar a desarrollar una concepción y ejercicio de la
política que no se base en la violencia.
— Puede estimular a iniciar proceso de reconciliación en una socie-
dad fragmentada.
— Frente a la perspectiva puramente instrumental, puede llegar a
ofrecer unos significados que den sentido a las pérdidas sufridas
en el proceso de victimación.
— Permite reconocer en ellas el patrimonio común, prepartidista,
pero político y no sólo moral, que exige unidad frente al te-
rror.
— Posibilita salir de la lógica victimaria que, en determinadas cir-
cunstancias, suele transformar sucesivamente a las víctimas en
verdugos, y viceversa, o que nos suele impedir reconocer otras
víctimas distintas de las nuestras.

9  Cf. MARGALIT, A., Ética del recuerdo, Herder, Barcelona, 2002.

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Este reconocimiento de la víctima como sujeto político adquiere


una modulación diversa, analíticamente diferenciable:
— Es, en primer lugar, un sujeto político que ejerce una tarea inter-
pelante y crítica frente a la satisfacción generalizada y el olvido
interesado del statu quo.
— Es, en segundo lugar, un sujeto político que demanda precisa-
mente a la sociedad que se le haga justicia, siendo resarcido en
lo posible de los males y sufrimientos padecidos.
— Es, en tercer y último lugar, un sujeto político que tiene dere-
cho a intervenir en el debate acerca de lo opinable en el foro
público, no teniendo sus propuestas en ese terreno otro valor
principal distinto del de las razones que las justifican y funda-
mentan10.
Esta pretensión de asumir la perspectiva de la víctima —no pode-
mos menos que reconocerlo— no está exenta de peligros y dificulta-
des, alguno de los cuales conviene recordar aquí:
— No podemos suplantar a las víctimas, ni consideramos tales sin
serlo (algo por desgracia, excesivamente extendido entre noso-
tros).
— Y mucho menos vernos sólo como tales, olvidando que somos
más capaces de ejercer la violencia que de sufrirla.
— También hay que mantener siempre la cautela de reconocer que
posiblemente no puede hablarse de la mirada o la perspectiva
de las víctimas, sino de sus miradas y perspectivas, en plural.
— Consecuentemente con todo lo dicho, es imprescindible delimi-
tar el modo, condiciones y valor que tiene la participación de las
víctimas, individual y asociativamente, en la vida pública y desde
su condición de tales11.
— Por último, y no por ello menos importante, es necesario tomar
muy en serio (y especialmente en la presente reflexión) las ad-
vertencias contra la manipulación del sufrimiento de las víctimas
desde supuestos principios morales.

10  Como sugerencia conclusiva, podemos proponer que, si bien las propuestas polí-

ticas de las víctimas no tienen más valor que el de las razones que las justifican, las que
procedan de quienes no somos víctimas adquieren mayor valor y legitimidad éticos en la
medida en que sean más solidarias con dichas víctimas.
11  Cf. ETXEBERRIA, X.. La participación social y política de las víctimas del terrorismo,

Bakeaz, Bilbao, 2007.


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3.  El paradigma de la justicia restaurativa. Significado y alcance

Realizamos una somera evaluación ética de los modelos punitivo o


retributivo, transicional y restaurativo12 para después ver las implicacio-
nes de este último en los diferentes agentes implicados, siendo nuestra
referencia empírica de contraste la victimación terrorista en el País Vasco.

a)  Balance ético sobre los modelos de justicia


El modelo punitivo, que se materializa en el derecho penal, está foca-
lizado en el victimario —sus garantías procesales, la pena que se le debe
imponer y el cumplimiento de la misma—, ya que atiende prioritaria-
mente a la comunidad afectada por el delito. Las víctimas parecen «esta-
tuas de cera»13, porque son simples sujetos pasivos del delito —que reci-
ben poca o ninguna información durante el proceso judicial— o, en todo
caso, testigos, si bien su testimonio se minusvalora, por su componente
emocional y parcial, frente al de aquellos que pueden ofrecer relatos so-
bre el caso supuestamente más imparciales14; aquí emerge la problemá-
tica sobre la diferenciación entre testigo judicial y testigo moral.
Semejante modelo imposibilita que las víctimas vean reconocidos
sus derechos y las revictimiza. No sólo porque las invisibiliza, sino por-
que las condena a vivir instaladas en su condición de víctimas, pen-
dientes de un ansia de justicia que nunca resultará suficientemente sa-
ciada, sobre todo si los daños son irreparables y graves como ocurre en
los delitos de terrorismo15. Porque la justicia se interpreta como sinó-
nimo de aplicación de la «ley del talión», de hacerle sufrir al infractor lo
mismo que él hizo sufrir, mediante el cumplimiento íntegro de las pe-
nas, la cadena perpetua e, incluso, la pena de muerte. Tales medidas,
propias de un cierto «populismo punitivo»16, además de atentar contra

12  Para profundizar en este tema, véase BILBAO, G., «El desafío de la paz y la justicia

restaurativa en sociedades divididas. El caso del País Vasco», Sociedad y Utopía, n.º 42,
2013, pp. 194-219.
13  PASCUAL, E., Los ojos del otro. Encuentros restaurativos entre víctimas y ex miem-

bros de ETA, Sal Terrae, Santander, 2013, p. 22.


14  MATE, M.R., «La práctica de la justicia victimal y el valor público del testimonio de

las víctimas del terrorismo», Eguzkilore, n.º 26, 2012, pp. 193-199.


15  VARONA, G., «Justicia restaurativa en supuestos de victimación terrorista: hacia

un sistema de garantías mediante el estudio criminológico de casos comparados», Eguz-


kilore n.º 26, 2012, pp. 213-214.
16  SUBIJANA, I.J., «La viabilidad de la justicia terapéutica, restaurativa y procedi-

mental en nuestro ordenamiento jurídico», Cuadernos Penales José María Lidón, n.º 9,
2013, p. 42.
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las bases del ordenamiento jurídico, también lo hacen contra la digni-


dad humana y, por tanto, son éticamente injustificables.
Tomando como referente la Declaración Universal de los Derechos
Humanos (1948), el rigorismo del modelo punitivo se modula a través
de un paradigma rehabilitador o resocializador que: a) establece un lí-
mite a la proporcionalidad entre el delito y la pena, excluyendo con-
denas extremas que lesionan la dignidad (la pena de muerte) y casti-
gos que supongan un trato inhumano, cruel o degradante (la tortura);
b) considera las penas, sin obviar su componente de retribución del de-
lito, una ocasión para la rehabilitación del victimario como sujeto mo-
ral, hasta el punto de que pueda acabar reintegrándose en la sociedad;
c) el criterio de realización de esta justicia es el total de personas que se
rehabilitan y no el de penas impuestas y cumplidas; d) la víctima sigue
teniendo un papel secundario, aunque reciba determinadas reparacio-
nes, ya que se pide al delincuente que cambie respecto a la conducta
pasada, pero no que reconstruya su relación con la persona a la que in-
fringió el daño17.
El modelo transicional sólo tiene sentido en contextos de transición
de una dictadura a una democracia o de guerra civil en la que la vio-
lencia y la vulneración sistemática de derechos humanos es ejercida por
distintos bandos. En Euskadi, la autodenominada izquierda abertzale se
ha mostrado muy interesada en utilizar este tipo de modelo. Pero no es
precisamente el que, tras décadas de violencia terrorista, debe aplicarse
en nuestro entorno. Porque estrategias que se pueden amparar bajo el
eufemismo de la justicia transicional como el negacionismo, el revisio-
nismo, la tergiversación o la nivelación estimulan la difusión de discur-
sos que pivotan sobre la necesidad de que todos reconozcamos haber
cometido errores —«todos somos culpables», cuyo correlato es «nadie
es responsable»—, que emplean una cierta equidistancia, la cual faci-
lita la exculpación e impunidad de quienes han cometido crímenes y la
revictimización de las víctimas18.
El modelo restaurativo se hace eco de lo que REYES MATE deno-
mina propositivamente «emergencia de las víctimas»19 y CAROLINE
ELIACHEFF y DANIEL LARIVIÈRE, de modo muy crítico, el «tiempo de

17  ETXEBERRIA, X., La educación para la paz reconfigurada. La perspectiva de las víc-

timas, 2013, Catarata, Madrid, pp. 190-191.


18  SAEZ DE LA FUENTE, l. (ed.), Misivas del terror. Análisis ético-político de la extor-

sión y la violencia de ETA contra el mundo empresarial, Marcial Pons, Madrid, 2017,
p. 23.
19  MATE, M.R., Justicia de las víctimas: terrorismo, memoria y reconciliación, Anthro-

pos, Barcelona, 2008.

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las víctimas»20. Es, por tanto, un paradigma de filosofía moral que atri-
buye una importancia nuclear a la reparación y a la satisfacción de sus
derechos y que da sentido a una justicia penal del mismo signo y al lla-
mado derecho victimal21. El Estatuto de la víctima del delito de 2015
reconoce las insuficiencias de los modelos penales clásicos centrados
en el imputado, acusado o condenado y el imperativo de responder a
las víctimas no solo reparando el daño en el marco del proceso penal,
sino también minimizando «otros efectos traumáticos en la moral que
su condición puede generar, todo ello con independencia de su situa-
ción procesal»22.
El modelo restaurativo defiende la reinserción del victimario, siendo
consciente de la profunda asimetría moral entre ambos —porque, tal y
como afirmamos en la conceptualización, la víctima es inocente y el vic-
timario culpable de victimar—. Como colofón, apuesta por la recupera-
ción de la armonía social de la sociedad afectada por las fracturas y la
deshumanización que la violencia trae consigo. En lugar de defender el
delito como una mera transgresión de las leyes, reconoce que las per-
sonas infractoras dañan a las víctimas, a las comunidades y también a sí
mismas; además, en vez de medir cuánto castigo debe imponerse al in-
fractor, determina cuántos daños deben ser reparados o prevenidos23.
Hoy en día, prácticas y programas restaurativos tienden a desarrollarse
dentro del modelo de justicia clásico como elementos complementa-
rios, sin que se haya llegado a producir una integración transversal de
conceptos básicos de la justicia restaurativa24. El Estatuto de la víctima
podría representar un intento en esta dirección.
La justicia restaurativa no lleva en su ADN impunidad, olvido o
prescripción porque el daño dura mientras no sea saldado25. Tampoco

20  ELIACHEFF C. y LARIVIÈRE, O., El tiempo de las víctimas, Akal, Madrid, 2009.

Cuando todavía hay mucho que hacer para que las víctimas sean rehabilitadas y reci-
ban la solidaridad de la sociedad, el efecto péndulo lleva a un análisis casi apocalíptico
de su presunta centralidad en las decisiones gubernamentales y en la jurisprudencia; no
obstante, conviene estar atentos para evitar los riesgos de un inadecuado giro victimo-
lógico.
21  MATE, M.R., «Sobre la justicia restaurativa», Cuadernos Penales José María Lidón,

Bilbao, Universidad de Deusto, 2013, 13.


22 
BOE, Estatuto de la víctima del delito, 27/04/2015, p. 2.
23  PASCUAL, E., Los ojos del otro. Encuentros restaurativos entre víctimas y ex miem-

bros de ETA, Sal Terrae, Santander, 2013, p. 25.


24  VARONA, G., «Mitología y realidad de la justicia restaurativa. Aportaciones del de-

sarrollo de la justicia restaurativa en Europa y su repercusión en la CA de Euskadi», Cua-


dernos Penales José María Lidón, n.º 9, 2013, p. 65.
25  MATE, M.R., «Sobre la justicia restaurativa», Cuadernos Penales José María Lidón,

n.º 9, 2013, p. 15.

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implica necesariamente perdón o reconciliación. Aplicado al caso del


terro­ris­mo en Euskadi, sus principales detractores la han condenado sin
matices en términos de eufemismo para acabar con ETA o de «compo-
nenda» para dar salida a los presos. Nada más lejos de la realidad. No
obstante, debe reconocerse que su implantación ha resultado proble-
mática por el apoyo social de la autodenominada izquierda abertzale
a ETA y a sus presos, por la significativa presencia entre los miembros
de ETA de personas que se consideran a sí mismas las principales vícti-
mas, con escasa capacidad para el discernimiento crítico y los remordi-
mientos, y por una más que deficitaria, desigual y tardía empatía social
e institucional hacia las víctimas que les ha hecho sujetos de una doble
victimación26.

b)  Implicaciones del modelo restaurativo para los diferentes agentes


Tras una simple enunciación de la expresión justicia reparadora y la
alusión al derecho que la víctima tiene a la información sobre los servi-
cios disponibles asociados a ella, en el apartado VI del Preámbulo del
Estatuto de la víctima27 se explicitan sus rasgos definitorios, los cua-
les aparecen algo más detallados en el artículo 1528. El texto, que trata
de convertir a la víctima en sujeto de derechos29, enfatiza la desigual-
dad moral entre víctima y victimario, tratando de superar las referen-
cias tradicionales a la mediación entre víctima e infractor. El objetivo es
la reparación no solo material sino moral de la víctima. Fija tres condi-
ciones para su puesta en marcha: a) reconocimiento de los hechos vic-
timadores por parte de su autor; b) consentimiento individual, libre e
informado por parte de la víctima y del victimario, consentimiento que
podrá ser revocado en cualquier momento; c) que no suponga riesgos
para la seguridad de la víctima o le pueda causar cualquier otro perjui-
cio. Además, insiste en que los profesionales de la mediación están su-
jetos al secreto profesional y deben garantizar la confidencialidad de
los debates desarrollados en el marco de ese procedimiento.
Si la justicia restaurativa se realiza de forma adecuada, la víctima
tiene que adquirir un protagonismo epistemológico y hermenéutico

26  VARONA, G., «Justicia restaurativa en supuestos de victimación terrorista: hacia

un sistema de garantías mediante el estudio criminológico de casos comparados», Eguz-


kilore n.º 26, 2012, 207.
27  BOE, Estatuto de la víctima del delito, 27/04/2015, p. 5.
28  BOE, Estatuto de la víctima del delito, 27/04/2015, p. 12.
29  DEFENSOR DEL PUEBLO, Los derechos de las víctimas de ETA. Su situación actual,

Defensor del Pueblo, Madrid, 2016, p. 42.

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irrenunciable y deben poderse satisfacer mejor sus derechos. Dicho


protagonismo remite a su carácter de testigo moral —y no solo judi-
cial— que le faculta para una participación activa que se consigna en el
artículo 11 del Estatuto en relación al proceso penal30. El proceso res-
taurativo puede ayudar a la víctima a experimentar cierto proceso de
empoderamiento y de cierre emocional de sus heridas que, a su vez, le
permita salir de su condición31, despojándose de ese traje y revistién-
dose del de superviviente. Por otro lado, la víctima puede llegar a ver
en el infractor, además del delito que le obliga a cumplir con sus res-
ponsabilidades penales, una persona con dignidad que merece una se-
gunda oportunidad, es decir, con posibilidad de regeneración moral
y de reintegración social. Nunca se debe obligar a las víctimas a parti-
cipar en procesos restaurativos si ellas no quieren o no se sienten pre-
paradas, porque forzar su voluntad tendría efectos revictimizadores; el
hecho de que no participen tampoco significa que no vayan a ser capa-
ces de superar el duelo. Lejos de cualquier tentación utilitarista o ins-
trumental, el victimario debe arrepentirse de sus actos, lo que implica
asunción de responsabilidades, de su culpa moral, comprendiendo
los efectos de tales actos para las víctimas y para el conjunto de una
sociedad —en cuyo nombre se ha asesinado, secuestrado, extorsio-
nado y amenazado— y mostrando disponibilidad a reparar el daño.
Luis Carras­co, ex miembro de ETA y partícipe de los encuentros restau-
rativos en la cárcel de Nanclares32, explica que dichos encuentros repre-
sentaron «una oportunidad de objetivar y asumir de una manera más
realista la responsabilidad —propia y exclusiva de uno mismo— por el
dolor causado a las víctimas y a sus familiares y por nuestro pasado y
sus consecuencias y, por otra parte, para tener la ocasión de evaluar,
con un criterio más fundado, con un contraste ético más sensato, la

30  El citado artículo contempla el derecho: a) a ejercer la acción penal y la acción ci-

vil conforme a lo dispuesto en la Ley de Enjuiciamiento Criminal, sin perjuicio de las ex-
cepciones que puedan existir; b) a comparecer ante las autoridades encargadas de la
investigación para aportarles las fuentes de prueba y la información que estime rele-
vante para el esclarecimiento de los hechos (véase BOE, Estatuto de la víctima del delito,
27/04/2015, p. 10).
31  SUBIJANA, I.J., «El paradigma de la humanidad en la justicia restaurativa», Eguzki-

lore, n.º 26, pp. 148-149.


32  Se trata de encuentros restaurativos entre víctimas (personas secuestradas, heri-

das en un atentado o familiares directos de víctimas mortales) y victimarios (nivel micro


de justicia restaurativa). Representan la culminación de un trabajo realizado con presos
de ETA que se habían desvinculado de la organización terrorista y habían adoptado una
perspectiva crítica frente a la violencia (la llamada «Vía Nanclares»). Las intervenciones
se realizaron en momentos en los que esos presos estaban cumpliendo condena o ha-
blan cumplido una buena parte de la misma.

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30 Izaskun Sáez de la Fuente Aldama y Galo Bilbao Alberdi

violencia de la que un día fuimos autores y el desagarro y la fractura


sufridas, en consecuencia, por toda la sociedad [...]»33.
Las víctimas tienden casi siempre a culpabilizarse de su situación,
sobre todo por el posible dolor o sufrimiento generado a su alrededor
antes, durante y después del proceso de victimación: «si hubiera ex-
tremado las medidas de precaución», «si no hubiera tenido esta pro-
fesión», «si no hubiera estado allí», «si hubiera solicitado el traslado
cuando me lo sugirieron»; es lo que Enrique Echeburúa denomina com-
ponentes internos de la culpa34. Mientras, el victimario tarda mucho
tiempo en sentirse culpable. La banalización del mal, en el sentido que
Arendt le atribuye35 sólo es posible para el victimario tras haber sido so-
cializado en un odio que le hace percibir siempre al diferente como ene-
migo. La animalización y despersonalización de la víctima, que hace que
no se vea en ella al ser humano sino solo símbolos, no puede ser objeto
de repugnancia ética36. Desde el trasfondo filosófico de WALTER BEN-
JAMIN, la víctima experimenta dos muertes: la primera, la física; la se-
gunda, hermenéutica. Porque el asesino, además de matar, se esfuerza
en quitar importancia a lo sucedido, para que precisamente se vea como
algo normal37, hecho al que ha contribuido de forma decisiva hasta fe-
chas bastante recientes el olvido y la invisibilización de las víctimas.
En un proceso de sanación moral que se precie de tal, el victimario
deja, de la mano de la víctima, de verse a sí mismo como héroe/mártir
de una causa y se percibe, ni más ni menos, que como un asesino que
ha cometido un crimen contra un semejante. Poco a poco, tras largos
años en prisión y no sin muchas dificultades, el imaginario ideológico
y simbólico que dio cobertura a sus prácticas violentas se desmorona
como un castillo de naipes. Para Luis CARRASCO:

33  PASCUAL, E., Los ojos del otro. Encuentros restaurativos entre víctimas y ex miem-

bros de ETA, Sal Terrae, Santander, 2013, pp. 277-278.


34  ECHEBURÚA, E., Superar un trauma. El tratamiento de las víctimas de sucesos vio-

lentos, Pirámide, Madrid, 2013, p. 89.


35  ARENDT, H., Los orígenes del totalitarismo, Alianza Editorial, Madrid, 1981.
36  Con una prosa impecable, Fernado Aramburu reconstruye narrativamente el diá-

logo amenazante entre la madre de un joven muerto en un extraño encontronazo con


la Guardia Civil y la futura viuda de un policía municipal: «Dile a tu marido que deje el
puesto y se vaya. Si no, le tendrás que ir preparando la capilla ardiente y no te lo digo
más. Ya estáis avisados, sinvergüenzas» [...]. «Oye [...] ¿te hemos hecho algo? Porque si
te hemos hecho algo yo te pido disculpas ahora mismo». «Tu marido es un español de
mierda, ¿te parece poco? [...]. Largaos a vuestra tierra si no quieres que a tu marido le
saquen con los pies por delante» (véase ARAMBURU, F. Los peces de la amargura, Tus-
quets, Barcelona, 2006, p. 36).
37  MATE, M.R., Medianoche en la historia. Comentarios a las tesis de Walter Benja-

min sobre el concepto de historia, Madrid, Trotta, 2009.

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   Cambio de foco del sistema de justicia penal: del victimario a la víctima 31

«El deseo o, aún más, la necesidad de encontrarme con las vícti-


mas no siempre existió. Durante años construí toda una serie de ar-
gumentos defensivos, de autojustificaciones [...] El proceso de madu-
ración me llevó años [...] Años ásperos, duros, de discontinua pero
tenaz evolución hasta depurar e instalar en mi fuero interno el senti-
miento de culpa, de arrepentimiento, de necesidad de pedir perdón.
Estaba convencido de que, al ser culpable de un crimen absoluta-
mente reprochable y condenable, el veredicto [...] también sería im-
placable. Acudí con un solo objetivo: pedirle a ella y a todos los que
tanto habían sufrido por mi culpa, perdón. Perdón por ser el cau-
sante de una gran injusticia [...].»38
En encuentros de este tipo, la figura del mediador desempeña un
papel importante, si bien de carácter instrumental. No se puede pedir
que la persona mediadora sea neutral, porque cualquier tipo de media-
ción debe partir de una condena absoluta de cualquier tipo de vulne­
ración de derechos humanos. No puede ser imparcial respecto de la
inocencia de la víctima ni de la voluntad de asumir responsabilidades
y de reparar el daño por parte del victimario. Pero sí debe generar el
clima de confianza necesario para facilitar la preparación psicológica y
emocional de víctima y victimario y ser especialmente escrupulosa con
las exigencias éticas de confidencialidad y consentimiento informado.
La persona mediadora tiene que salvaguardar la seguridad y derechos
de las víctimas y, al mismo tiempo, crear espacios para reforzar en el
victimario su voluntad de arrepentimiento y reparación; éste necesita
reservas emocionales para, además de enfrentarse a la víctima, des-
pegarse del estigma social de «terrorista» y de «traidor» por parte del
entorno social y político de la organización armada39. Resulta funda-

38  PASCUAL, E., Los ojos del otro. Encuentros restaurativos entre víctimas y ex miem-

bros de ETA, Sal Terrae, Santander, 2013, pp. 279-280.


39  Después de décadas de ejercer un férreo control sobre sus activistas encarcelados,

de modo que cualquier discrepancia se interpretaba en términos de traición, el EPPK


(Euskal Preso Politikoen Kolektiboa) renunció, a finales de 2016, a una salida colectiva
(amnistía) y desde entonces permite que sus presos disfruten de beneficios, progresos
de grado y permisos. Pero con un severo límite, el arrepentimiento y la delación. Dicha
resolución comenzó a diseñarla Sortu un año antes y se consolidó cuando un grupo de
600 expresos de ETA aglutinados en Ursubil (Gipuzkoa) defendieron que los reclusos se
acogieran a medidas individuales y así facilitaran su acercamiento a cárceles vascas. Del
proceso se desmarcó el Movimiento Pro Amnistía y contra la Represión (ATA), que en-
vió una carta a los presos de la organización terrorista en la que se insistía en que no se
les podía exigir la aceptación de la legalidad penitenciaria, la renuncia a su «lucha y mi-
litancia, ni el arrepentimiento, ni reconocimiento del daño o sufrimiento generado». Por
su parte, el Ministerio de Interior sigue condicionando el acceso al tercer grado o la li-
bertad condicional a la renuncia de la violencia y a la desvinculación de ETA (véase GO-
ROSPE, P., «El colectivo de presos de ETA acepta permisos individuales, pero sin arre-

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mental la discreción y la decisión voluntaria de cada víctima para par-


ticipar, no siendo necesaria la aprobación de los miembros de ninguna
asociación por poderosa que ésta sea; es importante, aunque no fácil
de conseguir —como se ha podido constatar en la práctica—, evitar la
instrumentalización política y mediática de los encuentros restaurativos
frecuente en delitos de terrorismo.
Al mismo tiempo que ha sido víctima de la violencia de diversas for-
mas, la sociedad ha evidenciado durante décadas, con su praxis, una
profunda erosión de los principios cívicos democráticos. Buena parte
de ella mantuvo una actitud indiferente y públicamente distante hacia
las víctimas del terrorismo, aunque, a medida que el hartazgo frente a
la violencia crecía, la indiferencia pública se combinase con el rechazo
privado, pero sin repercusiones prácticas. Por su parte, el entorno de la
autode­no­mi­na­da izquierda abertzale y de su vanguardia juvenil, para
nada numérica y socialmente despreciable, jaleó a los victimarios y le-
gitimó y contribuyó decisivamente a la expansión de la socialización del
sufrimiento en nuestros pueblos y barrios. Dicho sector, cómplice activo
de la victimización, tiene una especial responsabilidad a la que debe en-
frentarse para favorecer la reconstrucción de su identidad cívica, respon-
sabilidad que para nada casa con su demanda de aplicar en Euskadi cri-
terios de justicia transicional. A continuación, presentamos brevemente
tres experiencias restaurativas cuyo foco directo o indirecto ha sido la
contribución a la regeneración ética de la convivencia en Euskadi.
Los encuentros interpersonales entre víctimas y ex  miembros de
ETA se complementaron con un espacio de debate denominado Taller
de Convivencia, que se desarrolló a finales de 2011 en el Centro Peni-
tenciario de Nanclares de Oca para potenciar las reflexiones colectivas.
En él participaron, además de los ex miembros de ETA, que terminaron
autodenominándose «Grupo de presos comprometido con el irreversi-
ble proceso de paz», expertos y víctimas. Tras los debates, los internos
adoptaron el compromiso de colaborar en el reconocimiento y repara-
ción a las víctimas a través de la concesión de entrevistas, la publicación
de artículos y comunicados y la participación en homenajes a víctimas
de ETA y en foros públicos40.
Por otro lado, en el nivel meso de la justicia restaurativa, se desa-
rrolló la iniciativa «Glencreee» (2007-2012), que pertenece a lo que se
conoce como perspectivas multivictimales y fue protagonizada por un

pentirse», El País, 27/12/2016, p. 1, [Link]


actualidad/1482826510_448607.html [10/10/2017]).
40  PASCUAL, E., Los ojos del otro. Encuentros restaurativos entre víctimas y ex miem-

bros de ETA, Sal Terrae, Santander, 2013, p. 302.

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   Cambio de foco del sistema de justicia penal: del victimario a la víctima 33

grupo de casi una treintena de víctimas del terrorismo de ETA, del con-
traterrorismo (GAL, BVE, GAE...) y de los abusos policiales (muerte en
controles y manifestaciones, torturas...). En el texto de presentación
pública de la iniciativa, sus firmantes, además de insistir en su plurali-
dad ideológica y en su rechazo a ser objeto de instrumentalización par-
tidista, hicieron hincapié en que, mediante tales encuentros pasaron
del conocimiento mutuo a la empatía y al reconocimiento del otro, su-
perando barreras y estereotipos. «[...] Por ello, queremos actuar con
responsabilidad y compromiso hacia la sociedad en la que vivimos, sin
reclamar ahora nuestros derechos legítimos, sino subrayando nuestro
deber hacia los demás. Pretendemos ubicarnos en el terreno ético, con
la legitimidad que nos da nuestra condición de testigos y de personas
que hemos sufrido una violencia radicalmente injusta.»41
Finalmente, el proyecto «Víctimas educadoras» remite propiamente
al nivel macro de la justicia restauradora. Consiste en hacer presente,
de manera directa y personal, el testimonio prepartidista de víctimas
del terror en las aulas para contribuir a la socialización de las nuevas
generaciones mediante una adecuada gestión de las emociones que,
desde la perspectiva ética, favorezca la empatía y la indignación frente
al sufrimiento y ciegue las vías del odio y de la exclusión. Tal y como
subraya lÑAKI GARCÍA ARRIZABALAGA42:
«Hablamos de valores universales que pertenecen al terreno de lo
humano. Lo importante es huir de partidismos [Aboga por] transmitir
un mensaje prepolítico a favor de la reconciliación y la memoria que
pueda ser compartido por todos los afectados por la lacra del terro-
rismo. El denominador común: el sufrimiento.»43
Para responder a tales objetivos, el Aula de Ética de la Universidad
de Deusto, Bakeaz y Gesto por la Paz elaboraron, a petición de la Di-
rección de Atención a las Víctimas del Terrorismo del Gobierno Vasco,
una propuesta pedagógica44. Dicha propuesta tiene como dinamizador
central los relatos, las historias de las víctimas45 y busca que los/as edu-

41  Cfr. BILBAO, G., Cuando la víctima se hace prójimo. Reflexiones a partir de la ex-

periencia «Glencree», IDTP-DDB, Bilbao, 2012, pp. 39-40.


42  Hijo de José Manuel García Cordero, delegado de Telefónica en Gipuzkoa, secues-

trado y asesinado por los Comandos Autónomos Anticapitalistas en octubre de 1980.


43  GIL, L., «La memoria de las víctimas forma también parte de la educación», El Co-

rreo, 13/06/10.
44  La fundamentación teórica de la misma se refleja en BILBAO, G. y ETXEBERRIA, X.,

La presencia de las víctimas del terrorismo en la educación para la paz en el País Vasco,
Bakeaz, Bilbao, 2005.
45  Quizás ello explique que la guía lleve por título Historias que nos marcan. Las vícti-

mas del terrorismo en la educación para la paz. Guía didáctica para educación secundaria.

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cadores/as asuman su responsabilidad en esta materia, apostando por


la no neutralidad frente a los procesos de victimación.

III. Relatos de victimizacíón terrorista transmitidos por sus


testigos morales: ¿lecciones aprendidas?46

Hemos repetido varias veces que la centralidad de las víctimas im-


plica otorgar una especial relevancia al testimonio del testigo moral, de
aquellas víctimas que han sobrevivido o de las que son víctimas por su
condición de personas cercanas afectivamente a las asesinadas, secues-
tradas o extorsionadas. Cuando una víctima de la violencia narra su ex-
periencia, la recuerda desde el presente y desde su propia subjetividad
(visión retrospectiva de los hechos). Ello no debe utilizarse como excusa
para menospreciar o relativizar el alcance del proceso de victimización
ni del sufrimiento que lo caracteriza o la verdad moral que se trasluce
a través del mismo. En este apartado de la ponencia pretendemos ha-
cer un uso ejemplificador de determinados relatos sobre los procesos
de victimización y sus consecuencias para extraer claves éticas de in-
terpretación y plantear interrogantes sobre la posible colaboración del
sistema judicial en la construcción de la víctima, siendo conscientes de
que los propios jueces fueron perseguidos por la organización terrorista
y su entorno.

1.  Ejes de los procesos

Durante décadas, la violencia ha colocado a las víctimas en contex-


tos particularmente difíciles y traumáticos por los que estaban condi-
cionadas, marcadas por la soledad y el abandono de las instituciones
—incluidas las judiciales— e ignoradas —cuando no estigmatizadas—
por sus propios entornos, lo cual ha añadido una carga de sufrimiento
suplementaria.
La víctima potencial era hostigada, se le insultaba llamándole «es-
pañol de mierda», «empresario explotador» o, simplemente, «fascista»,
se pintaba su nombre o una diana en su portal, se realizaban concen-

46  Los fragmentos de los relatos han sido extraídos de dos fuentes: SAEZ DE LA

FUENTE, J., Informe sociológico sobre tos testimonios de las víctimas, Bakeaz-Fundación
Fernando Buesa, 2011 ([Link] [5/10/2017]; y SAEZ DE LA FUENTE, l.,
Misivas del terror. Análisis ético-político de la extorsión y la violencia de ETA contra el
mundo empresarial, Marcial Pons, Madrid, 2017.

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   Cambio de foco del sistema de justicia penal: del victimario a la víctima 35

traciones frente a su despacho laboral o delante de su domicilio: «[...]


Yo recuerdo llegar del taller a casa de trabajar, encontrarme un letrero
mío en el que, en fin, traidor, todas esas cosas y tal y cual, ir a quitar[lo]
y en la acera de enfrente, casualmente, pasar uno y decirme, de acera a
acera, “¡eh!, ya te he visto” [...]. Eso es matonismo. ¡Joder!» Así hasta
que en determinados casos era secuestrada o asesinada. Incluso des-
pués de su muerte, se profanaba su tumba, se llamaba a los familiares
por teléfono para escarnecerles o se les gritaba en plena calle, riéndose
de ellos. Los ejemplos de los gritos: «iOrdóñez, jódete!, ¡Ése es el hijo
puta de...!» o «¡Ten cuidado, vas a terminar como tu padre!» son im-
presionantes muestras de ello. Vivir en una zona donde, por ejemplo,
se sucedían cadenas de bombas y sabotajes, sufrir encarteladas frente
al propio domicilio o aparecer señalado en comunicados de ETA, en do-
cumentación incautada a la organización terrorista o en artículos publi-
cados en el diario Egin o en revistas en euskera de la órbita radical eran
hechos que intensificaban la sensación de intimidación. Semejantes pro-
cesos de estigmatización, ¿qué tipo de eco han tenido en la Administra-
ción de Justicia?
Tras sufrir cotidianamente el hostigamiento radical, determinadas
personas de distintos sectores sociales (empresarios, periodistas, pro-
fesores/as, políticos, jueces...) se vieron obligadas a marcharse tempo-
ral o definitivamente de Euskadi. Para ellas, pese a disponer —aunque
no siempre— de recursos económicos, el sentimiento de culpabilidad,
la ruptura de relaciones y el desarraigo fueron procesos muy agudos. El
exilio interior (hacia otro municipio de la Comunidad Autónoma Vasca)
o exterior no necesariamente debía ser definitivo, también podía ser de
fin de semana o de puente festivo o implicar, por ejemplo, no ir de va-
caciones al pueblo de toda la vida para pasar desapercibidos, evitar en-
frentamientos con el mundo radical y conseguir que «les dejaran en
paz».
De las mayorías silenciosas emergieron periódicamente sectores
que reaccionaron airadamente al verse como víctimas potenciales, por
su cercanía física, con las personas amenazadas. Es el caso de las comu-
nidades de vecinos que, presas del miedo, tendieron a aplicar la política
de «No en mi patio trasero», a mostrar queja, desagrado o rechazo ha-
cia ciertas medidas de seguridad por su potencial peligroso, para evi-
tar ser contagiadas por el estigma. Ello ha alimentado el sentimiento de
culpa, transformando a las víctimas en victimarios y condenándolos al
ostracismo: «Algunos, de buenas maneras; otros, de malas, nos decían
que donde teníamos que estar era en las afueras de la ciudad, “donde
no pusiéramos a nadie en peligro” [...]. Ellos no culpaban de lo que ha-
bía ocurrido a los autores de los ataques. Para ellos, los culpables de
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su malestar, los que los poníamos en peligro, éramos nosotros [...].»


Desde instancias judiciales, ¿qué se hizo para perseguir a los autores de
los sabotajes y evitar o paliar el extrañamiento de las víctimas?
A lo largo de los años, el grado de visibilidad de la solidaridad so-
cial con familiares de víctimas y, más aún, con personas amenazadas
ha sido muy diverso en función de factores como la catalogación que
se tenga de la propia víctima, de la proximidad relacional y del lugar en
el que los sucesos acontecían. En general, el mayor apoyo ha procedido
de los círculos más próximos e íntimos, sobre todo la familia, mientras
que el miedo, la indiferencia (e incluso la sensación de una cierta com-
plicidad por acción o por omisión con los victimarios) se han propa-
gado con más facilidad en ámbitos tan diversos como la comunidad de
vecinos, la cuadrilla, el municipio, etc.: «El grupo de amigos del barrio
con los que tomaba los zuritos en el bar, con los que veía los partidos
de fútbol, no me quieren ni ver tras lo que pasó. Tuercen la cara para
no saludarme o simplemente cambian de acera. La indiferencia de la
gente duele mucho [...] es una miseria la gente que nos rodea, ésos me
duelen más que los que me han puesto la bomba.»
A veces, sus vecinos o determinados sectores sociales y políticos les
llegaron a considerar, en lugar de víctimas, unos privilegiados que alar-
deaban de su situación al recibir cierto tipo de protección fruto, por
ejemplo, de su vinculación laboral con una gran corporación o un par-
tido político. «Y no me voy a olvidar nunca [que] algunos [...] cada vez
que llegaba a algún acto con el coche blindado, me decían: “¡Joé, pa-
reces Aznar!”, en plan despectivo [...]»; «O sea, el problema lo tienes
tú porque te has metido en líos. Es una cosa que sorprende. Pero es
una opinión bastante generalizada; si no te metes en líos no te pasa
nada  [...]». Testimonios como estos revelan hasta qué punto la vio-
lencia de ETA y su entorno pudo favorecer una inversión de las cate-
gorías éticas entre víctima y victimario en la medida en que parte de
la sociedad asumió inconscientemente prejuicios como la tendencia a
menospreciar determinadas profesiones, incluida la judicial, o a ignorar
e incluso descalificar a quienes las ejercían adoptando estereotipos de
menosprecio que relativizaban el sufrimiento y dificultaban tanto el de-
sarrollo de actitudes empáticas hacia las víctimas como la deslegitima-
ción social de la violencia. Porque la mayor perversión ética consiste en
que la sociedad interiorice, asumiendo la lógica de la violencia, y con el
objetivo de potenciar una especie de distancia de seguridad o de corre-
dor sanitario, que quienes están perseguidos tienen alguna culpa de su
situación y se benefician de la misma. ¿Qué papel jugó la Administra-
ción de Justicia en la determinación o valoración de medidas de protec-
ción? ¿Por qué?
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   Cambio de foco del sistema de justicia penal: del victimario a la víctima 37

Si bien durante los años más duros el miedo atenazó a una gran
parte de la sociedad vasca, en las últimas décadas la curva de la intimi-
dación se fue rompiendo y el panorama poco a poco cambió. De forma
minoritaria fue surgiendo una actitud de rechazo hacia la violencia y de
solidaridad con las víctimas. Lo hizo con el surgimiento de organizacio-
nes que visibilizaron a las víctimas y a las personas amenazadas como
sujetos activos y no meramente pasivos o sufrientes, la creciente efica-
cia policial y judicial y, en menor medida, el «hartazgo silente» de la
mayoría de la sociedad frente a ETA, que se hizo manifiesto durante
el secuestro y tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco. Durante la dé-
cada de los años 90, Gesto por la Paz y «el lazo azul» lideraron los di-
versos tipos de movilizaciones contra los secuestros. Además, acuñó a
principios de la década de 2000 el término «violencia de persecución»
—que incluía al sector de la judicatura— y desarrolló toda una serie
de campañas de concienciación en torno a la misma. Ello contribuyó a
erosionar el fuerte proceso de estigmatización sufrido por las víctimas,
pero no consiguió romper con él, mientras buena parte de la ciudada-
nía vasca seguía convencida de que la violencia era inevitable y no se
despegó significativamente de su insensibilidad.

2.  Consecuencias

Respecto a efectos físicos y psicológicos, algunos de los sentimien-


tos más generalizados en las víctimas del terrorismo son la pérdida de
libertad y de intimidad y cierta dosis de miedo y paranoia que difícil-
mente desaparece: «[...] estaba yo en [...] un pueblo pequeño, con mi
hija en el parque [...]. Vi llegar un coche, del que se bajaron dos chava-
les, melenudos, con bolsas de deporte. Uno se quedó mirando, el otro
se acercó a mí [...]. Cuando ya estaba a un metro de mí, me levanté
y estuve a punto de estamparle un puñetazo en la cara. Resultó que
sólo estaban buscando el frontón del pueblo. En ese momento piensas:
“esto es una locura”.»
Algunas víctimas o sus familiares más próximos sufrieron trastornos
psicológicos temporales, e incluso crónicos y, de forma más generali-
zada, tendencias hacia el retraimiento social, sobre todo en los casos
en los que el miedo o la verosimilitud de la amenaza llevaron a la víc-
tima a considerar insuficientes las medidas de autoprotección y a optar
por la vía del escolta. El aislamiento también se autoalimentaba. Uno se
recluía en prácticas sociales endogámicas e incluso decidía que no me-
recía la pena salir escoltado o que otra persona resultase estigmatizada
por su contacto con él: «[...] El culpable eres tú, porque muchas veces,
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38 Izaskun Sáez de la Fuente Aldama y Galo Bilbao Alberdi

por no poner en riesgo a tu gente, te apartas. Y eso es contraprodu-


cente para los que vivimos amenazados.» A veces, las víctimas y los fa-
miliares experimentaron serias dificultades de adaptación a la vida co-
tidiana y sus relaciones de pareja se vieron afectadas, multiplicándose
los efectos del estigma, a veces, en un cierto clima de incomprensión
social.
El estigma y sus secuelas físicas, psicológicas y sociales se intensifi-
caron tras haber sido víctimas de un atentado o de un secuestro. A Es-
ther Cabezudo —concejala del PSE-EE en Portugalete—, el atentado
que sufrió junto con su escolta en febrero de 2002 le ocasionó una
merma física importante, incapacitándola para el desarrollo de su ac-
tividad y con molestias permanentes que redujeron sensiblemente su
calidad de vida. Intentaba evitar rememorar aquellos sucesos, pero re-
cordaba hasta el más mínimo detalle: «tengo unos zumbidos conti-
nuos en los oídos... además de unos vértigos por los que estoy en tra-
tamiento  [...]; a veces me cuesta hablar del atentado [...]. Recuerdo
perfectamente cómo salimos de casa, cómo bajábamos la calle.» Sin
que necesariamente tuviera que mediar un atentado, episodios de se-
guimiento también pudieron generar una especial tensión: «Un coche,
conducido por una persona encapuchada que nos fotografió, nos per-
siguió [...]. Fueron momentos muy angustiosos [...]. Me angustiaba que
fuese a disparar. Cuando ya nos pusimos a salvo y pude salir del coche,
me desmayé por la tensión acumulada [...]. Después de eso, lo pasé
muy mal. Tuve que irme una temporada fuera del País Vasco. Me plan-
teé dejar esto (su cargo de concejal) y marcharme de aquí, porque fue
muy duro. Vi muy de cerca la muerte.»
Tras sufrir un atentado, debido al cargo o trabajo desempeñado,
las secuelas psicológicas pudieron ser de tal calibre que la víctima pudo
verse obligada a solicitar la baja laboral —con el miedo y la incertidum-
bre de si iba a poder reincorporarse y en qué condiciones—, solicitar
un cambio en el tipo de funciones que estaba realizando o cambiar de
destino para atenuar la sensación de inseguridad y, en las situaciones
más extremas, solicitar la incapacidad absoluta. «No podía trabajar, te-
nía la tensión altísima por el estrés postraumático [...]. Tuve que estar
con psicólogos y psiquiatras porque no estaba bien [...], me quedé de
baja [...] y, finalmente, me dieron la incapacidad permanente.» ¿Cómo
ha funcionado el aparato judicial en este terreno?
Medidas de autoprotección y de seguridad, que no son normales,
terminaron invisibilizándose, pasando desapercibidas para el conjunto
social y rutinizándose para el propio amenazado, sobre todo cuando se
prolongaban en el tiempo. Algunos de los hijos de las víctimas han vi-
vido toda su infancia y adolescencia a la sombra de los escoltas de sus
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   Cambio de foco del sistema de justicia penal: del victimario a la víctima 39

progenitores. Tales medidas condicionaban decisivamente su vida, li-


mitaban su libertad y mantenían a la víctima en un estado permanente
de alerta. El trabajo de unos —ser escolta— se erigía en el recordatorio
cotidiano del estigma y de la victimización de otros: «[...] todavía me
acuerdo, un 1 de enero, que me vinieron a buscar, como siempre, aquí
arriba, y le felicito el año al que había subido y le digo: “—¿Qué tal has
empezado el año?”; y me dijo: “—Muy bien, con trabajo”. ¡Joer!, a mí
me dejó pulverizado, porque el trabajo de él era...»
En su exposición de motivos, el Estatuto de la víctima asegura que
«las medidas de protección buscan la efectividad frente a represalias,
intimidación, victimización secundaria, daños psíquicos o agresiones a
la dignidad durante los interrogatorios y declaraciones como testigo, e
incluyen desde las medidas de protección física a otras, como el uso de
salas separadas en los Tribunales, para evitar contacto de la víctima con
el infractor y cualesquiera otras, bajo discrecionalidad judicial, que exijan
las circunstancias»47. Si de algo se han quejado las víctimas del terro-
rismo es que enfrentarse al juicio de los presuntos asesinos de un fami-
liar o de quienes cometieron un atentado para acabar con la propia vida
provoca un estado de estrés y de ansiedad añadido al tener que enca-
rarse con los violentos e incluso tener que aguantar sus gestos y sus ri-
sas: «el juicio lo he vivido muy mal, con muchos nervios [...].» A seme-
jante problemática tratan de responder de diverso modo los artículos 19
(derecho de las víctimas a la protección), 20 (derecho a evitar contacto
entre víctima e infractor), 23 (evaluación individualizada de las necesida-
des de protección) y 25 (en distintas fases) del citado Estatuto48.
Cuando se percibe que la justicia funciona y los culpables reciben
una sentencia condenatoria proporcional al delito cometido (modelo
punitivo), se siente alivio, pero también impotencia y una cierta sole-
dad, por muy acompañado que uno se encuentre: «es un dolor irre-
parable con el que tienes que aprender a convivir.» Sentimientos que
pueden ser síntoma de la insuficiencia del modelo tradicional para res-
ponder a las necesidades de las víctimas, incluso aunque se las trate
adecuadamente durante el proceso penal; según consta en el capítulo I
de las Disposiciones finales del Estatuto, la justicia restaurativa se sigue
considerando una solución extraprocesal, un mero complemento al de-
venir del proceso penal.
En numerosas víctimas cunde la sensación de impunidad frente a
delitos atroces, lo que las instala en su condición de víctimas. Según un

47  BOE, Estatuto de la víctima del delito, 27/04/2015, p. 5.


48  BOE, Estatuto de la víctima del delito, 27/04/2015, pp. 13 y 25.

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informe de la Defensora del Pueblo, Soledad Becerril, que data de 2016,


un 44% de los crímenes cometidos por la organización terrorista carece
de resolución judicial49. JUAN F. CALDERÍN asegura que existen más de
300 asesinatos de ETA sin resolver; muchos han prescrito por razones
varias que, a su juicio, incluyen el no suficiente empeño de la Adminis-
tración de Justicia en resolverlos y la deficitaria coordinación entre las
Fuerzas de Seguridad y la Justicia50. Pero también, determinadas instan­
cias políticas han tomado decisiones que anulaban o corregían sen­
tencias penales por la vía de indultos que han resultado incomprensibles
para las víctimas. Es, por ejemplo, lo que ha tendido a suceder con las
víctimas de los GAL presentadas muchas veces como terroristas ante la
opinión pública. Así de desgarrador es el testimonio de LAURA MARTÍN,
viuda del objetor de conciencia Juan Carlos García Goena:
«Todas las muertes fueron un error injustificable, pero en nuestro
caso le convirtieron en terrorista y eso duele mucho [...]. El día que
indultaron a Vera y a Barrionuevo fue el segundo peor de mi vida,
después del asesinato de Juan Carlos [...].»51
Precisamente, el capítulo II del Estatuto se dedica a la Formación.
Incluye, entre otros, el artículo 34 sobre sensibilización que imputa una
especial responsabilidad a los poderes públicos y a los medios de co-
municación para preservar la intimidad, la dignidad y demás derechos
de las víctimas52 . Es un tema clave. ¿Y cómo puede garantizar el poder
judicial que la presencia de víctimas y victimarios en los mass media no
induce a procesos de victimación secundaria?
Cuenta PILAR ELÍAS53 cómo, paradojas del destino, el asesino de su
marido, Ramón Baglietto, fue el niño al que él había salvado la vida die-

49  DEFENSOR DEL PUEBLO, Los derechos de las víctimas de ETA. Su situación actual,

Defensor del Pueblo, Madrid, 2016, p. 9.


50  «Durante el transcurso de la investigación para la redacción de este libro, los da-

tos que éste contiene se han puesto delante de jueces, fiscales, destacados miembros
del estamento policial, responsables de labores de información de la lucha antiterrorista.
Casi todos reaccionaron de forma similar: los datos, las cifras, el modo en que la Justicia
actuó les llamó la atención. De alguna manera, unos y otros intuían que en los 70 y 80
habían podido producirse errores fruto del incesante trabajo que debían acometer dia-
riamente los investigadores policiales y la Justicia. Lo que no imaginaban era que tales
descuidos se habían reproducido también en los años 90» (véase CALDERÍN, J.F., Agu-
jeros del sistema: más de 300 asesinatos de ETA sin resolver, lkusager, Vitoria-Gasteiz,
2014, pp. 25-27.)
51  CUESTA, C., Contra el olvido. Testimonios de víctimas del terrorismo, Temas de

Hoy, Madrid, 2000, pp. 91 y 95.


52  BOE, Estatuto de la víctima del delito, 27/04/2015, p. 18.
53  Viuda de Ramón Baglietto, concejal de Unión de Centro Democrático (UCD) en el

Ayuntamiento de Azkoitia, y, posteriormente, concejala del Partido Popular (PP).

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ciocho años atrás, cuando apenas era un bebé. Siempre interesada por
la política, Elías decidió implicarse activamente en ella tras la muerte de
su marido para continuar con su legado, circunstancia que la convir-
tió en destinataria directa de una dura campaña de violencia de perse-
cución. A mediados de la década de los 90, Herri Batasuna presentó a
uno de los asesinos de Baglietto, Kandido Azpiazu, en la lista de con-
cejales del Ayuntamiento de Azkoitia y su viuda —concejal— tuvo que
enfrentarse a su presencia y a la de una multitud de personas que ha-
bían acudido a apoyarle:
«No vino nadie a apoyarme, yo estaba sola porque los que po-
dían apoyarme no fueron, porque tenían miedo, estaba sola, sola
[...]. Se le homenajeó y rindió honores de una manera absolutamente
vergonzosa [...]. Él había asesinado a mi marido y le homenajeaban a
él y me insultaban a mí. Es una de las cosas más tristes que he vivido
[...]. Fueron recibidos en el pueblo como héroes y el Ayuntamiento
los nombró hijos predilectos. A mi marido nunca se le rindió un ho-
menaje, ni ningún otro tipo de reconocimiento.»
Casos como este ilustran los duros procesos de revictimización su-
fridos durante décadas por las víctimas del terrorismo con la vuelta de
los victimarios a los lugares de origen, sin señal alguna de arrepenti-
miento, o con su representación iconográfica, incluso tras la aplicación
de la política de tolerancia cero54. En más de un caso se les presentaba
sociopolíticamente en clave heroica y, además, se obligaba a los fami-
liares de las víctimas a tropezarse día tras día con la cara de los asesi-
nos. La decisión de Azpiazu de abrir en 2004 una cristalería debajo del
piso de la familia de Baglietto provocó una intensa controversia mediá-
tica con consecuencias judiciales: la Audiencia Nacional tomó cartas en
el asunto y ordenó la subasta del negocio para que Azpiazu, quien en
su momento se había declarado insolvente, afrontase la indemnización
debida en concepto de reparación.
El Estatuto de la víctima enfatiza el reconocimiento del derecho de
las víctimas de participar en el proceso penal y, siendo conscientes de
que es el Estado el que conserva el monopolio absoluto sobre la ejecu-
ción de las penas, la importancia de que, sin afectar a la «reinserción
del penado», se le facilite a las víctimas ciertos cauces de participación
en la fase de ejecución penitenciaria para evitar situaciones de peligro

54  Hay que esperar hasta junio de 2011 para que, con una resolución aplicada

ad cassum, el Tribunal Supremo, en contra de una sentencia previa de la Audiencia Na-


cional, concluyese que la exposición de fotos de presos constituía «una alabanza de ac-
tos terroristas o apología de los verdugos».

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y garantizar su seguridad55. Surgen entonces preguntas como ¿qué se


entiende por situación de peligro para la víctima? ¿Y la humillación en
el caso de la vuelta de los victimarios a los lugares de origen incluso
con homenajes y sin que haya mediado arrepentimiento? ¿Cómo hacer
comprensible a las víctimas de que se cuenta con ellas y sus razones,
pero que no les corresponde tomar decisiones en materia penal y peni-
tenciaria?
En definitiva, la victimación no solo acontece cuando se asesina a
un familiar o las agresiones se suceden. Se genera un círculo vicioso
revic­ti­mi­za­dor ante demandas de reparación y de justicia insatisfe-
chas, el retorno heroico de los victimarios a sus localidades natales y
cuando la sociedad —e incluso el círculo próximo de la víctima— mira
para otro lado (muchas veces por miedo a la estigmatización) y aplica
una cierta «economía de los afectos»56 o incluso tiende a una perversa
equiparación de las muertes, la de la víctima y la del victimario que ter-
mina cayendo preso de las consecuencias de su opción por el ejerci-
cio de la violencia. En lugares emblemáticos para el entorno radical la
revic­ti­mi­za­ción terrorista ha resultado especialmente cruel.

IV. Los derechos de las víctimas a la verdad, a la justicia y a la


reparación

Ya se han recogido, en el apartado precedente, los derechos de las


víctimas y algunas de las reivindicaciones de éstas reflejadas en su tes-
timonio. Por ello vamos a completar este acercamiento con la reflexión
ético-política al respecto.
Una cuestión nuclear a la hora de abordar la temática de las víc-
timas del terrorismo es la pregunta, formulada de múltiples maneras

55  BOE, Estatuto de la víctima del delito, 27/04/2015, pp. 5, 9 y 11.


56  Edurne Portela aplica esta conceptualización para ejemplificar, en el caso vasco,
las tesis básicas de Judith Butler en Vidas desperdiciadas (2009), sobre la distribución di-
ferencial de la vulnerabilidad que hace que algunas vidas resulten altamente protegidas,
mientras otras se considera que no merecen la pena. «Cuando economizamos nuestra
empatía, cuando no lamentamos la desdicha, el dolor o incluso la muerte de un conve-
cino, surge el “algo habrá hecho” y el individuo que padece deja de ser un individuo
a nuestros ojos y se convierte en objeto que encarna una ideología, un bando, un co-
lectivo al que podemos despreciar [...]. En nuestra imaginación contaminada la víctima
aparece entonces como un ser de una otredad radical, tan radical como la del perpetra-
dor, porque somos incapaces de reconocer a la víctima como ser individual sufriente»
(véase PORTELA, E., El eco de los disparos: cultura y memoria de la violencia, Galaxia
Gutemberg, Barcelona, 2016, p. 122).

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—¿qué demandan? ¿a qué tienen derecho? ¿qué se les debe en jus-


ticia?— sobre sus reivindicaciones. Si bien hasta hace poco esto care-
cía de sentido, pues propiamente los protagonistas dominantes eran el
Estado y el victimario, con la ya anotada visibilización de las víctimas,
se percibe un proceso creciente de reconocimiento, tanto en la legis-
lación del Derecho Internacional como en la jurisprudencia de los tri-
bunales internacionales de derechos humanos, del derecho a la repa-
ración que asiste a las víctimas57, genéricamente, a todas aquellas que
han padecido la vulneración grave o sistemática de sus derechos fun-
damentales.
Aunque, como destacan los expertos58, no se ha llegado a explicitar
como auténtico derecho en la legislación internacional de los derechos
humanos, se ha avanzado mucho en el terreno de la concepción de la
reparación como derecho de las víctimas, junto a los de verdad y justi-
cia, que si bien son independientes entre sí, se entienden cada vez más
como interrelacionados mutuamente y necesarios para la superación de
situaciones de vulneración sistemática de derechos fundamentales.
El derecho a la verdad remite, por una parte, al conocimiento ade-
cuado y certero de lo realmente ocurrido (violaciones de derechos
humanos producidas, agentes activos y pasivos de las mismas, res-
ponsables, circunstancias, etc.) y, por otro, al correspondiente reco-
nocimiento público y oficial a las víctimas en su condición de tales. De
este modo, el derecho a la verdad enlaza con un deber de memoria por
parte del Estado y de la sociedad y un correlativo derecho de las vícti-
mas a ella. Aunque todavía es un concepto emergente, la Comisión de
Derechos Humanos de la ONU ya ha aprobado una resolución acerca
del derecho a la verdad59.
Por su parte, el derecho a la justicia, ampliamente reconocido en
el terreno jurídico internacional, también tiene una doble perspectiva.
Por un lado, significa que los Estados tienen el deber de disponer de un
entramado judicial que posibilite la denuncia, investigación, enjuicia-

57  Podemos citar así, por ejemplo, la Declaración sobre los Principios fundamenta-

les de justicia para las víctimas de delitos y del abuso de poder (Resolución 40/34, de 29
de noviembre de 1985, de la Asamblea General de la ONU) o el Estatuto de Roma para
la creación del Tribunal Penal Internacional (17 de julio de 1998) o el documento Prin-
cipios y Directrices básicos sobre el derecho de las víctimas de violaciones de las normas
in­terna­cio­na­les de derechos humanos y del derecho internacional humanitario a inter-
poner recursos y obtener reparaciones (Resolución 2005/35, de 19 de abril de 2005, de
la Comisión de Derechos Humanos de la ONU).
58  GÓMEZ ISA, F. (dir.), El derecho a la memoria, Alberdania, lrún, 2006.
59  El derecho a la verdad, Resolución 2002/66, de 20 de abril de 2005, de la Comi-

sión de Derechos Humanos de la ONU.

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miento y penalización de las actuaciones vulneradoras de derechos hu-


manos y, por otro, que hay que evitar en lo posible la impunidad de di-
chas violaciones graves.
En tercer lugar, el derecho a la reparación supone más bien todo
un proceso integral de actuaciones tendentes a que las víctimas sean
atendidas y resarcidas en la medida de lo posible de los daños cau-
sados por la vulneración de derechos sufrida. En cierto sentido, este
derecho a la reparación no sería sino el ejercicio de una justicia repa-
radora que reintegrara a las víctimas a una sociedad de la que no de-
berían haber sido apartadas por el injusto acto victimario. Los modos
como puede realizarse esta reparación —seguimos en su formulación
los que figuran en la Resolución 2005/35, de la Comisión de Derechos
Humanos de la ONU— son varios: la restitución, cuando sea posible,
a la situación anterior a la vulneración (devolución de bienes, regreso
a residencia habitual, recuperación de la libertad...); la indemnización
económica proporcionada a los perjuicios —crematísticamente evalua-
bles— sufridos; la rehabilitación (a través de ayudas médicas, psicológi-
cas, jurídicas y sociales) en aquellos casos en los que se han producido
secuelas; la satisfacción, que comporta todas las medidas de carácter
simbólico que expresan el reconocimiento público y la memoria hacia
las víctimas y, por último, las garantías de no repetición, que integran
las medidas destinadas a impedir que las violaciones sufridas puedan
volver a producirse en el futuro.
Introduciendo la dimensión cronológica se puede decir que estos
tres derechos de «verdad, justicia y reparación» abarcan la totalidad
del despliegue del tiempo: mientras la verdad remite al pasado, para
desvelar lo que realmente ha ocurrido, la justicia hace propiamente re-
ferencia al presente, donde ha de realizarse y cumplirse para resarcir la
injusticia sufrida sin mayor dilación, mientras que, por su parte, la repa-
ración se vincula al futuro, generando unas condiciones que posibiliten
una vida en adelante más digna, con recuperación lo más plena posible
de derechos.
Aunque en el apartado anterior ya se han formulado varias in­terro­
gan­tes sobre los derechos de las víctimas y su cumplimiento en el sis-
tema jurídico y legal, no queremos terminar éste sin formular algunas
cuestiones especialmente problemáticas vinculados a él, como, por
ejemplo:
— El reconocimiento de partida de las limitaciones propias del sis-
tema judicial para cumplir plenamente con los derechos que
asisten a las víctimas, así como de que la reparación del daño,
desde una perspectiva más integral, superadora de las fronte-
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ras judiciales, siempre será también incompleta, parcial e insufi-


ciente, especialmente ante los ojos de las propias víctimas.
— La constatación de la existencia de tendencias sociales y en las
víctimas que parecen hablarlos de una perspectiva competitiva o
comparativa entre las víctimas, de tal modo que el cumplimiento
de los derechos de unas se produce al precio de retraerlos de
otras.
— El peculiar carácter que se da en nuestro contexto a las víctimas
del terrorismo como víctimas «vicarias» (en el atentado contra
ellas, no se les ataca tanto a sus personas como a la sociedad en
su conjunto, es como si sufriesen una injusticia en nombre de
todos nosotros) y su especial tratamiento correlativo a la hora de
repararles el daño padecido.
— Como una cuestión puntual, concreta, pero especialmente im-
portante en la actualidad entre nosotros: ¿cómo armonizar el
derecho a la verdad de la víctima con el del victimario que no
está obligado a testimoniar contra sí mismo? ¿El deber moral
del victimario por desvelar la verdad de lo que conoce respecto
al mal cometido tiene alguna cabida como obligación legal? ¿Se
puede obligar legalmente al victimario a arrepentirse del delito
cometido? ¿Y a colaborar con la justicia hasta delatar a sus cóm-
plices? ¿Y todo esto, respondido afirmativa o negativamente,
respecto a cualquier delito?

V.  Conclusión

Frente a las reservas, razonables en varios casos, del sistema judicial


a reconocer el protagonismo de las víctimas, hemos pretendido afirmar
la necesidad de que esto se produzca, haciendo efectivo el Estatuto de
la víctima del delito como primer paso, importante pero insuficiente.
El «giro victimológico» que propugnamos no tiene necesariamente
que derivar en una indeseada rigorización punitiva (agravamiento de
penas, supresión del horizonte resocializador, reinstauración de la pena
capital...) de la Justicia ni con la rechazable reducción de las garantías
procesales. Antes al contrario, demanda, no la profundización en el
modelo punitivo sino la apertura, articulación —y quién sabe si sustitu-
ción— por iniciativas que responden al paradigma de la justicia restau-
rativa, como tímidamente se hace, por cierto, en el propio Estatuto.
En las actuales circunstancias, sin abandonar la perspectiva reivindi-
cativa de las víctimas en el sistema judicial y en la sociedad en su con-
junto, es necesario complementar ésta con otra visión más crítica que
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nos prevenga de sus posibles riesgos y exageraciones. Más que nunca


hace falta una victimología, un discurso sobre las víctimas, al mismo
tiempo convencido pero autocrítico, constructivo, vigilante y no com-
placiente.
Además, se trata sobre todo de tomar radicalmente en serio, con
sus limitaciones y contradicciones, a las víctimas reales y concretas, de
carne y hueso, y no tanto pensar, decidir y actuar desde idealizaciones
de las mismas. En definitiva, el «giro victimológico» de la Justicia aquí
esbozado tiene un claro objetivo, que es el de contribuir a que nuestra
sociedad sea cada vez más «decente»60 porque desde las instituciones
no se humilla a las víctimas de los delitos y, más allá, en sentido contra-
rio, se expresa una ética del cuidado hacia ellas también en el ámbito
judicial.

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Estatuto de la víctima,
protección del menor y prueba preconstituida

Pedro Luis Viguer Soler


Magistrado-Juez Decano de los Juzgados de Valencia

Sumario:  1. Introducción. El Estatuto de la víctima. II. La jurispru-


dencia relativa a la intervención del menor víctima del delito en el
proceso penal. 1.  Evolución jurisprudencial. 2.  Breve análisis de las
sentencias más recientes del Tribunal Supremo. 3. Algunas conclu-
siones. III. Iniciativas en los Juzgados de Valencia. 1.  El Servicio de
exploración de menores, discapacitados y víctimas de especial vul-
nerabilidad del Decanato de los Juzgados de Valencia. 2.  La Guía
práctica del Estatuto de la víctima del Decanato de los Juzgados de
Valencia. 3. Página web del Decanato e información sobre protec-
ción y asistencia a la víctima.

Resumen:  En el presente trabajo se analizan los primeros efectos de la aplica-


ción del Estatuto de la víctima en especial en cuanto a la protección de menores
y discapacitados frente a su victimización secundaria mediante la preconstitución
de la prueba en la fase de instrucción y la evitación de la reiteración de diligen-
cias que les afecten e incluso de su presencia en juicio en ciertos casos, y se ana-
liza la jurisprudencia en la materia tanto del Tribunal Constitucional como del
Tribunal Supremo con referencias a las sentencias del Tribunal Europeo de Dere-
chos Humanos y del Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Se realiza además
un pormenorizado examen de las últimas sentencias del Tribunal Supremo y una
somera exposición de algunas iniciativas puestas en marcha en los Juzgados de
Valencia.

Palabras clave:  victimización secundaria, víctima menor de edad, prueba


precons­ti­tui­da, derechos procesales, «Cámara Gesell».

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l.  Introducción. El Estatuto de la víctima

Por primera vez en la historia, los Juzgados y Tribunales españoles


disponen de un Estatuto de la víctima, recientemente aprobado por
Ley 4/2015, de 27 de abril (BOE, 28 de abril de 2015, norma que en-
tró en vigor el 28 de octubre de 2015), que a su vez transpone la Di-
rectiva  2012/29/UE y que ha sido objeto de desarrollo reglamentario
mediante RD  1109/2015, de 11 de diciembre (BOE, 30 de diciembre
de 2015).
La reforma es especialmente relevante si se tiene en cuenta que
hasta la fecha sólo disponíamos de algunas normas dispersas relativas a
las víctimas de determinados delitos (terrorismo, libertad sexual, violen-
cia de género, etc.), pero no de un catálogo sistemático y unificado de
derechos de la víctima1.
El Estatuto de la víctima, sin duda, supone un antes y un después
en la atención y protección que se dispensa a las víctimas en los proce-
sos judiciales, pues sistematiza y regula sus derechos desde las primeras
diligencias en dependencias policiales hasta la completa ejecución de
la pena, lo que obviamente implica a numerosas autoridades, funcio-
narios, profesionales e instituciones (jueces, fiscales, letrados de la Ad-
ministración de Justicia, funcionarios de Instituciones Penitenciarias, de
Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, abogados, médicos foren-
ses y por supuesto a las Oficinas de Asistencia a las Víctimas del Delito),
cuya demostrada profesionalidad va a estar ahora volcada en la asis-
tencia y protección de las víctimas.
En este contexto, los jueces hemos vivido frecuentemente situacio-
nes en relación a las víctimas, en las que nos hemos preguntado si las
cosas no se deberían de hacer de otra manera, especialmente cuando
de menores se trata; nos hemos preguntado, por ejemplo, si lo más
adecuado era recibir declaración al/la menor o discapacitado/a —o, en

1  Además de la Ley 4/2015, de 27 de abril, del Estatuto de la víctima del delito y su

Reglamento de desarrollo, aprobado por RD 1109/2015, de 11 de diciembre, deben te-


nerse en cuenta las siguientes normas anteriores en el tiempo: a) La Ley 35/1995, de
11 de diciembre, de ayudas y asistencia a víctimas de delitos violentos y contra la liber-
tad sexual (desarrollada por RD 738/1997). b) LO 1/1996, de 15 de enero, de protec-
ción jurídica del menor (modificada por LO 8/20, de 22 de julio, y Ley 26/2015, de 22
de julio, de modificación del sistema de protección de la infancia y de la adolescencia).
c) LO 1/2004, de 28 de diciembre, de medidas de protección integral contra la violencia
de género. d) Ley 29/2011, de 22 de septiembre, de reconocimiento y protección inte-
gral a las víctimas de terrorismo y su Reglamento, aprobado por Real Decreto 671/2013,
de 6 de septiembre. e) LO 19/1994, de 23 de diciembre, sobre protección de peritos y
testigos en causas criminales.

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realidad, a cualquier víctima desvalida—, en una fría sala rodeado/a de


jueces, fiscales, abogados y letrados de la Administración de Justicia;
nos hemos planteado también si en los juzgados no se ha sometido
inne­ce­sa­ria­men­te a las víctimas y, en especial, a los menores a intermi-
nables y reiterativas exploraciones, intensificando el daño sufrido como
consecuencia del delito. En fin, surgía la duda acerca de si estábamos
actuando correctamente o, por el contrario, estábamos contribuyendo
a intensificar la victimización secundaria, centrando toda la atención en
la represión del delito y olvidando en cierto modo a las víctimas.
La reforma, por tanto, está llena de sentido —aunque llega tarde—,
porque el daño causado a la víctima no se agota con el delito (victimi-
zación primaria) sino que se agrava frecuentemente tras su paso por el
largo camino del proceso penal y su relación con el sistema policial y
judicial, que muchas veces incrementa el daño ocasionado dando lugar
a lo que se conoce como victimización secundaria, provocando situa-
ciones de estrés, angustia, depresión o miedo, a las que pueden con-
tribuir, sin duda, determinadas situaciones como la participación en
diligencias de identificación del presunto autor del delito (como las rue-
das de reconocimiento), la reiteración de declaraciones, exploraciones
o exámenes médicos, o incluso, la indebida publicación de datos o cir-
cunstancias que obran en la causa relativas a la víctima, por citar algu-
nas situaciones dañinas, lo que provoca en la misma una sensación de
frustración y desamparo a la que necesariamente hay que poner reme-
dio en la medida de lo posible.
A todo ello cabe añadir que la víctima ha sido la gran olvidada del
sistema procesal español, ya que el Estado siempre ha centrado sus es-
fuerzos en el ejercicio de su ius puniendi y la reinserción social del pe-
nado, quedando reducida a un mero instrumento de investigación
como prueba de cargo, como un simple testigo, si acaso cualificado.
De hecho, hasta hace muy pocos años la única referencia legal para
apoyar medidas de protección de la víctima se limitaba al vago y lacó-
nico art. 13 LECr.
En consecuencia, el Estado y su sistema judicial tenían (tienen) una
deuda con las víctimas, porque tan importante es el respeto de las ga-
rantías procesales en beneficio del investigado o acusado como la de-
bida asistencia y protección de aquéllas. En este sentido, la progresión
de la jurisprudencia del Tribunal Supremo y del Tribunal Constitucional
en los últimos años, en busca de un delicado equilibrio, tarea no siem-
pre fácil, es indudable.
En fin, las dependencias policiales y judiciales, en particular los juz-
gados y tribunales, deben significar para la víctima un espacio de aco-
gida e información, respetuoso, amable, reparador y protector, sin que
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ello implique merma alguna de los derechos de los investigados o acu-


sados.
Es, por tanto, imprescindible que la reforma vaya acompañada de
una progresiva sensibilización de todos los operadores jurídicos, autori-
dades y funcionarios que intervienen de uno u otro modo en la perse-
cución del delito, así como de un radical cambio en la forma de enten-
der la participación de la víctima en el proceso judicial.
Así lo hemos hecho en Valencia los jueces en sucesivas Jun-
tas, participando en la elaboración de una Guía Práctica y creando
el Servicio de exploración de menores para la obtención de pruebas
precons­ti­tui­das, evitando su presencia en juicio, reduciendo al mí-
nimo la victimización secundaria en la medida de lo posible, y tras-
ladando después dichas iniciativas a los abogados a través del Ilustre
Colegio de Abogados de Valencia mediante comunicaciones, cursos,
conferencias, etc.
Aun a pesar de los escasísimos recursos de que dispone la Justi-
cia española, es evidente que el Estatuto de la víctima es una de las le-
yes más relevantes de los últimos tiempos, que sin duda va a contri-
buir a mejorar el sistema judicial y la atención a las personas que han
sido víctimas de un delito. Hay que tener en cuenta que muchas medi-
das de protección, que antes se consideraban excepcionales, ahora se-
rán habituales, como las que se refieren, por ejemplo —y por citar una
de ellas—, a la evitación de la confrontación visual de la víctima con el
presunto autor del delito, y ello tanto en la fase de investigación como
en la de enjuiciamiento.
En suma, la víctima va a ser protagonista, destinataria del trabajo
policial y judicial y objeto de especial atención, ya que por fin va a estar
siempre presente en el proceso y deberá ser tenida en cuenta desde su
inicio: se trata, en definitiva, de concentrar en ella todos los esfuerzos
de las autoridades y funcionarios intervinientes en la persecución de los
delitos.
Por otro lado, el Estatuto también reconoce a la víctima una parti-
cipación mucho más activa en el proceso, siempre que con ello no se
obstaculice su desarrollo. En este sentido, es fundamental la primera
comparecencia en sede judicial, en la que se le informará de sus de-
rechos y se le requerirá para que proporcione una dirección de correo
electrónico o, en su defecto, un domicilio o dirección postal a efec-
tos de estar informada cumplidamente del estado de la causa durante
su tramitación o, al menos, de sus hitos más relevantes (resoluciones
que pongan fin al proceso, medidas cautelares, etc...), especialmente,
cuando puedan implicar un riesgo para la misma, si así lo solicita en di-
cha comparecencia. E, incluso, se le permite recurrir determinadas re-
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soluciones aun cuando no esté previamente personada y, en ocasiones,


sin necesidad de asistencia letrada.
No obstante, el cambio de actitud debe venir no sólo de los profe-
sionales sino también —y sobre todo— del ámbito político, y en este
sentido la Ley contiene una preocupante disposición adicional que
anuncia que no se van a destinar medios personales para su aplicación.
De nuevo, los profesionales de la Justicia nos topamos con el problema
de siempre, que es la ausencia de sensibilidad ante la precaria situación
de la Administración de Justicia y la escasa reflexión acerca de las con-
secuencias que sufren los ciudadanos. En este sentido, las Conclusio-
nes de los Jueces Decanos de octubre de 2016 abordaron este sombrío
aspecto de la Ley, dedicando expresamente una referencia al Estatuto
de la víctima2. De igual modo, una de las reivindicaciones de las asocia-
ciones judiciales, en un reciente comunicado de 16 de junio de 2017
(en este aspecto, hay absoluta unanimidad), es la necesidad de inver-
sión por parte del Estado (Ministerio de Justicia y Comunidades Autó-
nomas) para procurar los medios necesarios a fin de hacer efectivos los
derechos reconocidos en las leyes, con cita expresa del Estatuto de la
víctima.
En fin, el presente trabajo sólo pretende —desde la más absoluta
humildad y sin ninguna pretensión dogmática— dar a conocer algunos
de los avances que supone el Estatuto de la víctima y las iniciativas y
los pasos dados en los Juzgados de Valencia para su aplicación durante
los casi dos años transcurridos desde su entrada en vigor. Pero, sobre
todo, lo haremos centrándonos especialmente en las personas desva-
lidas: los menores víctimas del delito, analizando la más reciente juris-
prudencia del Tribunal Supremo sobre la declaración del menor como
prueba precons­ti­tui­da y la evitación, en ciertos casos, de su asistencia
a juicio para paliar la victimización secundaria, con una breve referen-
cia al protocolo de exploración de menores víctimas del delito, la Guía
Práctica para la aplicación del Estatuto de la víctima y a la página web

2  Señalan en sus conclusiones los Jueces Decanos de España: «El Estatuto de la víc-

tima, aprobado por Ley 4/2015, merece una valoración positiva, una Ley sin duda im-
prescindible, aunque los medios para aplicarla son claramente insuficientes. Es más, su
Disposición Adicional Segunda prohíbe expresamente destinar ni un solo euro a los me-
dios personales de atención a las víctimas, algo realmente sorprendente. Si se legisla sin
invertir, la aplicación de la ley será tarea imposible. Hacen falta traductores, intérpre-
tes, psicólogos, trabajadores sociales, dependencias adecuadas para realizar las explo-
raciones de menores sin riesgo de daño psicológico, sistemas adecuados de videoconfe-
rencia, suficientes oficinas de asistencia a la víctima, etc... El Estado cada vez reconoce
más derechos e impone más obligaciones a los Juzgados en la tramitación de las causas,
pero no ayuda ni invierte en Justicia, lo cual es un contrasentido.»

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del Decanato de los Juzgados de Valencia, que contiene una valiosa in-
formación para el ciudadano sobre estas cuestiones, que analizaremos
más adelante.

II. La jurisprudencia relativa a la intervención del menor víctima


del delito en el proceso penal

1.  Evolución jurisprudencia/

Tradicionalmente el Tribunal Supremo (TS) había venido enten-


diendo que era ineludible la presencia de los menores en el juicio oral
para prestar declaración (exploración), ya que, de no hacerlo en el ple-
nario, podría verse afectado el derecho del acusado a un proceso justo
con todas las garantías, en especial, el derecho de defensa, así como
los principios de inmediación y de contradicción. Sólo en casos muy ex-
cepcionales, en concreto los previstos en el art. 448 LECr (testigo aque-
jado de grave enfermedad o en peligro de muerte, previsible ausencia
del territorio nacional, etc.) era admisible la prueba precons­ti­tui­da en
previsión de la imposibilidad futura de asistencia a juicio del testigo,
sin perjuicio de la reproducción en el juicio oral de la declaración pre-
constituida mediante su visionado o lectura conforme al art. 730 LECr
siempre que no fuera posible la presencia del testigo en el juicio. O si
finalmente fuera posible su asistencia, mediante la confrontación de su
testimonio con la grabación videográfica de la exploración en fase de
instrucción en caso de que hubiera incurrido en contradicciones con-
forme al art. 714 LECr.
Sin embargo, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) e
incluso también el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE)3 han
venido incidiendo en los últimos años en la necesidad establecer un
procedimiento especial para la exploración de menores como el de la
practica anticipada de prueba «para evitar la pérdida de elementos de
prueba, reducir al mínimo la repetición de interrogatorios y evitar con-
secuencias perjudiciales para las referidas víctimas, de prestar declara-
ción en audiencia pública»; y, en este contexto, la evolución de la ju-
risprudencia del Tribunal Constitucional y del Tribunal Supremo ha sido
innegable. De hecho, actualmente, la jurisprudencia del Tribunal Eu-
ropeo de Derechos Humanos, del Tribunal Constitucional y del Tribu-
nal Supremo relativa a la exploración de menores en el proceso penal

3  STJUE de 16 de junio de 2005: «caso Pupino».

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tiende a ponderar la necesidad de procurar la mayor protección posi-


ble, facilitando que su testimonio sea utilizado como prueba anticipada
y evitando los perniciosos efectos de las sucesivas comparecencias en
el juzgado o tribunal, pero siempre que se cumplan ciertos requisitos y
sobre todo garantizando, en todo caso, la presencia y control judicial,
el principio de contradicción y el derecho de defensa. En fin, se ha pa-
sado de restringir al máximo la posibilidad de que el menor pudiera evi-
tar su presencia en juicio mediante la preconstitución de la prueba, a
admitirla abiertamente en ciertos casos. Es más, hoy se regula expresa-
mente esta posibilidad en los arts. 26, del Estatuto de la víctima, apro-
bado por Ley 4/2015, y 433, de la LECr, en la redacción dada por dicha
Ley.
Obviamente, es indudable la relevancia de las declaraciones de los
menores víctimas del delito, en especial en el caso de delitos contra la
libertad sexual, máxime si se tiene en cuenta el singular contexto en el
que se producen este tipo de conductas, ya que de ordinario suele tra-
tarse de la única prueba directa de cargo, situación perfectamente des-
crita en la recientísima STS 468/2017, de 22 de junio (ponente Excmo.
Sr. Sánchez Melgar), que cita otras anteriores, cuyas reflexiones, por su
interés, se reproducen a continuación:

«Hemos dicho finalmente (SSTS 480/2016, de 2 de junio, o


938/2016, de 15 de diciembre) que las investigaciones criminológicas
de abusos sexuales sobre menores, realizadas en hospitales, institutos
médico-forenses, centros de investigación y agencias de protección
del menor, ponen de manifiesto dos datos relevantes que como regla
de experiencia refuerzan la necesidad de utilización como prueba de
cargo del testimonio de la víctima y, al mismo tiempo, ratifican la exi-
gencia del máximo rigor en su valoración.
En primer lugar, existe consenso científico en que la proporción
de falsos relatos de abuso sexual infantil es muy reducida, pues la po-
sición de dependencia del (o la) menor respecto del agresor, máxime
cuando la agresión se produce en el ámbito familiar, le hace poco
propicio para formular una acusación falsa. El miedo al rechazo,
junto a los sentimientos de vergüenza y culpa, así como las frecuen-
tes amenazas, suelen impedir la revelación del abuso. Esta circunstan-
cia puede cambiar cuando existe un conflicto familiar que enfrenta a
los progenitores del (o la) menor, en los que la realidad judicial la-
mentablemente pone de relieve la posible incidencia en la denuncia
de motivaciones espurias, derivadas del conflicto conyugal o de las
contiendas sobre la custodia.
En segundo lugar, la proporción de casos de abuso sexual sobre
menores que no presentaron ninguna alteración en el examen físico
es muy elevada. Esta ausencia de hallazgos médico forenses puede
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obedecer a varias razones. Puede tratarse de una modalidad de


abuso que no ocasione trauma, como caricias, roces en zonas eróge-
nas o requerimientos de masturbación sobre el abusador, por ejem-
plo, que no dejan huella física. Y en otro caso, el retraso con el que
normalmente se realizan las denuncias, incluso años después de ha-
berse producido los hechos, puede determinar que la lesiones hayan
cicatrizado, sin dejar vestigios o dejando vestigios inespecíficos. La
frecuente ausencia de vestigios físicos, unido al secreto que suele re-
vestir esta clase de conductas, hace necesario recurrir como prueba
de cargo habitual a la declaración de la víctima. La constatación de
que existen supuestos de relatos falsos, aun cuando sean minorita-
rios, exige que esta prueba se valore en función de una serie de pa­
ráme­tros que, conforme a reglas de experiencia, permiten constatar
racionalmente la veracidad del testimonio.»

Por otro lado, como señala la reciente STS 514/2017, de 6 de julio


(ponente Excmo. Sr. Palomo del Arco), remitiéndose a la STS 355/2015,
de 28 de mayo:
«Cuando se trata de abusos continuados sobre menores por
parte de personas de su entorno familiar, resulta en muchas ocasio-
nes imposible identificar las fechas, las ocasiones y el número de ac-
ciones abusivas cometidas, pues la actuación abusiva es reiterada y
comienza a temprana edad, de modo que los menores no pueden
ordinariamente precisar ni el número de veces que se ha repetido el
abuso, ni la fecha exacta de cada uno de los actos».

Situación la descrita que, dicho sea de paso, y según indica la men-


cionada sentencia citando la 210/2014, precisamente lleva a recurrir en
estos supuestos a la aplicación del instituto del delito continuado, «de
gran utilidad para abarcar la punición de la totalidad de la conducta
enjuiciada».
Sentado lo anterior, es conveniente realizar un breve estudio cro-
nológico para analizar la mencionada evolución de la jurisprudencia
del Tribunal Supremo en los últimos años, con especial detenimiento
en las sentencias más recientes sobre las declaraciones de menores víc-
timas de delito en el proceso penal, preconstituidas en atención a la
necesidad de modular su declaración para preservar su integridad psí-
quica, buscando un equilibrio que permita respetar los derechos y ga-
rantías del acusado en el proceso penal. Como dato curioso a destacar,
sólo en el pasado mes de junio de 2017 la Sala Segunda del Tribunal
Supremo ha dictado cinco sentencias, y otras dos más en el mes de ju-
lio, que abordan la compleja cuestión de la declaración de los menores
víctimas del delito en el proceso penal, lo que evidencia la actualidad e
importancia del tema que analizamos.
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Quizás podría fijarse como punto de partida la STS 832/1999, de


28 de febrero (ponente Excmo. Sr. Conde-Pumpido Tourón), que cita
la de 22 de abril de 1999, en la que ya se vislumbra la preocupación
del Tribunal Supremo por buscar este equilibrio en orden a conciliar los
derechos del acusado a un proceso justo y con todas las garantías con
la necesidad de tutelar la indemnidad sexual de los menores y minimi-
zar los efectos negativos de su ineludible intervención en el proceso4.
Poco después, en la STS 429/2002, de 18 de marzo (ponente Ex-
cmo. Sr. Jiménez Villarejo), el Tribunal Supremo autorizó la ausencia de
una menor del juicio oral para evitar su victimización secundaria, lo que
constituía un importante precedente que se alejaba de la rigidez de la
jurisprudencia anterior5.
Posteriormente, se dictaron algunas sentencias aisladas en el mismo
sentido, como la STS 1229/2002, de 1 de julio (mismo ponente),

4  Señalaba dicha sentencia: «cuando se trata de menores, es procedente reprodu-

cir las consideraciones ya efectuadas por este Tribunal en supuestos similares, tenden-
tes a hacer compatible la valoración como prueba de cargo de la declaración de la víc-
tima, con la necesaria salvaguardia de los principios fundamentales que caracterizan
un sistema democrático de Justicia Penal y específicamente el derecho a la defensa, el
derecho a un proceso con las debidas garantías, el principio de contradicción, el prin-
cipio de igualdad de armas entre acusación y defensa, el principio constitucional de
presunción de inocencia o el de interdicción de la indefensión. Siendo unánimemente
reconocida la necesidad de tutelar eficazmente la indemnidad sexual de los meno-
res, así como la de minimizar los efectos negativos de su ineludible intervención en
el proceso, adoptando para ello las necesarias cautelas, ha de convenirse también en
que estos objetivos no pueden alcanzarse a través de la creación de un modelo pro-
cesal excepcional, de carácter cuasi-inquisitorial, en el que se invierta la carga de la
prueba sustituyéndose el deber de la acusación de probar la culpabilidad por la obli-
gación de la defensa de probar la inocencia, se prescinda de la inmediación y de la
contradicción, o se impida a la defensa el acceso directo a las fuentes de prueba, con
las precauciones que se estimen procedentes, desequilibrando con ello la balanza del
proceso en favor de la acusación, única parte a quien se permite dicho acceso, sin po-
sibilidad de contradicción. La justicia penal no puede obtenerse a cualquier precio, y
por relevante que sea el bien jurídico que pretenda tutelarse, en ningún caso puede
justificar el prescindir de las garantías fundamentales del derecho de defensa, que
constituyen las bases esenciales de nuestro sistema jurídico.» La referida sentencia ab-
solvió al acusado, dado que la única prueba de cargo estaba basada en testimonios
indirectos o periciales sin que la menor fuera explorada por el tribunal sentenciador ni
tampoco en fase de instrucción.
5  La STS 429/2002, de 18 de marzo (ponente Excmo. Sr. Jiménez Villarejo), en un

supuesto en que la condena se basó fundamentalmente en prueba indirecta mediante


testigos de referencia (declaración de los padres), ya que la declaración de la menor era
considerada absolutamente inconveniente según los informes psicológicos de autos por
los perjuicios que podía causarle, todo ello en aplicación de la LO 1/1996, de protección
jurídica del menor, que obliga a los poderes públicos evitar al menor toda situación per-
judicial para su desarrollo.

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la 626/2006, de 2 de junio (ponente Excmo. Sr. Puerta Luis), y la


151/2007 (ponente Excmo. Sr. Martínez Arrieta)6, mientras que el Tri-
bunal Constitucional sólo tangencialmente abordó la problemática de
las declaraciones de menores víctimas de delito en la STC 41/2003, en
la que obiter dicta y tras citar las SSTC 79/1994, 68/2002 y 155/2002,
admitía la validez, como prueba de cargo, de los testimonios de re-
ferencia como sustitutivos de la exploración personal de la víctima,
cuando por su muy escasa edad carece de discernimiento (en el caso
madre y abuela de la niña víctima del delito), aunque algunos años
más tarde el Tribunal Constitucional regresaría sobre la cuestión, que
abordaría ya frontalmente y en profundidad en las SSTC 174/2011 y
57/2013, admitiendo abiertamente la validez de la declaración de me-
nores como prueba preconstituida en fase de instrucción, siguiendo la
estela de la jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos
sobre el valor de las declaraciones sumariales como prueba de cargo en
ciertos casos, en especial, de la prueba preconstituida en aras a la evita-
ción de victimización secundaria de los menores, como luego veremos.
En este contexto inicial, cada vez fueron más frecuentes las sen-
tencias del Tribunal Supremo que permitían evitar la declaración de
menores en juicio y la preconstitución de la prueba siendo ejemplo de
ello las SSTS 694/2007, 96/2009, 1033/2009, 1259/2009, 173/2010 y
743/2010. Además, en el Tribunal Supremo se fue abriendo paso una
interpretación amplia del requisito de la «imposibilidad de asistencia a
juicio» que el art. 448 LECr exigía como presupuesto para preconsti-
tuir prueba, que explicita la STS 96/2009 antes citada (ponente Excmo.
Sr. Prego de Oliver y Tolívar) al señalar que el concepto de imposibili-
dad es la clave, pues es el que permitirá al juez acudir o no a la prueba
preconstituida; en este sentido, el Tribunal Supremo dio un paso más al
equiparar el concepto de «imposibilidad» a aquellos supuestos en los
que la asistencia a juicio del menor es «inviable» o «no recomendable»
ante el riesgo para su incolumnidad psíquica o moral. Por otro lado, en
la referida STS 96/2009 se destaca también la diferente redacción, por

6  La STS 626/2006 se refiere al testimonio de una menor, de tres años de edad, y ad-

mite su declaración como prueba preconstituida teniendo en cuenta la admisibilidad de


dicha prueba de cargo según la jurisprudencia del TC, así como la obligación de los po-
deres públicos de dar protección a los menores según la LO 1/1996 y la Convención de
los Derechos del Niño de 1989, mientras que la STS 151/2007, de 28 de febrero, cita la
anterior STS 429/2002 antes mencionada. Se refería a un supuesto en que se consideró
suficiente prueba de cargo la exploración de la menor en la fase de instrucción como
prueba preconstituida, en la que estuvieron presentes el juez y las partes y se practicó
un interrogatorio cruzado, canalizando la juez las preguntas a través de la psicóloga, no
considerando el tribunal necesaria la posterior citación a juicio de dicha menor.

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Estatuto de la Víctima, protección del menor y prueba preconstituida 59

un lado, del art. 448 LECr, aplicable al procedimiento ordinario por de-
litos graves, que sólo admitiría la prueba testifical preconstituida en
supuestos tasados como sustitutiva de la presencia en juicio del tes-
tigo, y, por otro, la del art. 777 LECr, aplicable al procedimiento abre-
viado, que se pronuncia en términos mucho más amplios, ya que per-
mite la prueba preconstituida por razón de la de residencia del testigo
o víctima «o por cualquier otro motivo» cuando sea previsible que una
prueba no podrá practicarse en juicio o motivar su suspensión, motivos
entre los que puede encontrarse precisamente el riesgo de victimiza-
ción secundaria, en especial en el caso de menores. Como mera curio-
sidad, la sentencia también menciona y describe por primera vez el sis-
tema de exploración denominado «Cámara Gesell»7, cita en su apoyo
no sólo la LO 1/1996, de protección jurídica del menor, la Convención
de Derechos del Niño de Naciones Unidas de 1989, la sentencia del Tri-
bunal de Justicia de la Unión Europea de 16 de junio de 2005 (caso
Pupino)8 y la Decisión Marco 2001/220/JAI y concluye que, con todos
los señalados antecedentes, cuando se prevea la «imposibilidad» de
practicar una prueba testifical en el juicio oral para justificar su práctica
anticipada en la fase sumarial, «no puede ya ser interpretado sino con
plena inclusión en esa hipótesis de los casos de niños víctimas de deli-
tos sexuales».
Llegó entonces el turno del Tribunal Constitucional, que en el
año  2011 dictó la relevante sentencia 174/2011, de 7 de noviembre,
que constituye un hito en la materia ya que en ella se abordó, frontal-
mente y en profundidad, la cuestión que analizamos. Esta sentencia, a
pesar de estimar la demanda de amparo en el caso concreto (al no ha-
berse practicado la exploración de los menores en sede judicial y con

7  Que describe como una «sala de exploración separada por un cristal de amplias

dimensiones que permitía la visión de las personas que estaban en el local adjunto y
donde estaban instalados los aparatos dispuestos para la grabación del interior de la
sala de exploración conectada mediante señal de audio con la sala adjunta». Añadiendo
la sentencia que «desde la sala de exploración el cristal tenía la apariencia de un espejo
de modo que la niña no podía ver que en el local adjunto estaban las personas que in-
tervendrían y presenciarían la exploración». En el mismo sentido, la STS 398/2017, de
29 de mayo, señala: «se preconstituyó la declaración de la menor, utilizando para ello la
técnica llamada “Cámara de Gesell”, esto es, sirviéndose de una habitación acondicio-
nada para permitir la observación no invasiva de las personas que se ubican en su inte-
rior, mediante un vidrio de visión unilateral o sistemas de retransmisión.»
8  Señala la STJUE de 16 de junio de 2005: «el órgano jurisdiccional nacional debe

poder autorizar que niños de corta edad que aleguen haber sido víctima de malos tratos
presten declaración según las formas que garanticen a dichos niños un nivel adecuado
de protección, por ejemplo, fuera de la audiencia pública y antes de la celebración de
ésta.»

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intervención de las partes), señala, siguiendo la jurisprudencia del Tri-


bunal Europeo de Derechos Humanos, que la protección del interés del
menor de edad que afirma haber sido objeto de un delito justifica y le-
gitima que, en su favor, se adopten medidas de protección que pue-
den limitar o modular la forma ordinaria de practicar su interrogatorio,
que puede llevarse a efecto a través de un experto incluso evitando la
confrontación visual con el acusado mediante dispositivos físicos de se-
paración o la utilización de videoconferencia o cualquier otro medio
técnico de comunicación a distancia; e, incluso, indica el Tribunal Cons-
titucional las pautas a seguir para la validez de la exploración como
prueba preconstituida al señalar:
«si la presencia en juicio del menor quiere ser evitada, la exploración
previa habrá de ser grabada, a fin de que el tribunal del juicio pueda
observar su desarrollo y, en todo caso, habrá de darse a la defensa la
posibilidad de presenciar dicha exploración y dirigir directa o indirec-
tamente, a través del experto, las preguntas o aclaraciones que en-
tienda precisas para su defensa, bien en el momento de realizarse la
exploración, bien en un momento posterior. De esta manera, es po-
sible evitar reiteraciones y confrontaciones innecesarias y, al mismo
tiempo, es posible someter las manifestaciones del menor que incri-
minan al acusado a una contradicción suficiente, que equilibra su po-
sición en el proceso».
En similares términos se pronunció dos años más tarde la
STC 57/2013, de 11 de marzo, si bien en este caso la demanda de am-
paro fue desestimada a pesar de que las menores fueron exploradas
extrajudicialmente por los expertos del equipo psicosocial del Juzgado,
ya que el informe fue puesto a disposición de la defensa, que pudo
contradecirlo, si bien no lo cuestionó ni solicitó nuevas diligencias o la
declaración de las menores en el juicio oral9.

9  La STC 57/2013 afirma que «las menores no fueron interrogadas por la Policía, ni

por el Ministerio Fiscal, ni por la Juez de Instrucción. Su exploración se llevó a efecto a


través de la psicóloga y la trabajadora social del equipo del Juzgado al que se encargó
un informe pericial sobre ellas. Tal exploración a través de expertos, además de estar
expresamente prevista en la Ley procesal (art. 433 de la Ley de Enjuiciamiento Crimi-
nal, ha sido admitida como legitima por este Tribunal, en protección de los intereses
de la víctima (STC 174/2011, FJ 4). Dada la escasa edad de las menores, que no alcan-
zaba en ningún caso los seis años de edad, no sólo resultaba adecuado para su de-
bida protección que la exploración se llevara a cabo por expertos, sino también lo era
para fortalecer la fiabilidad de sus manifestaciones ...», añadiendo a continuación que
«a diferencia del supuesto analizado en la STC  174/2011 [...], la defensa no solicitó
ninguna otra diligencia de investigación, ni pidió una nueva exploración de las meno-
res [...] tampoco en su escrito de defensa propuso como prueba la declaración en jui-
cio oral de las menores, en ninguna de sus modalidades, lo que refuerza la impresión

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Estatuto de la Víctima, protección del menor y prueba preconstituida 61

Tras las aludidas sentencias del Tribunal Constitucional comienza


a consolidarse en el Tribunal Supremo la doctrina sobre la admi-
sión de la exploración de los menores como prueba preconstituida,
que permitiría, en ciertos casos, evitar su presencia en juicio, siem-
pre que la exploración se practique con todas las garantías (en espe-
cial, respetando el principio de contradicción). A partir del año 2012,
las sentencias del Tribunal Supremo sobre esta cuestión se multipli-
can en progresión geométrica y comienzan a ser numerosas10 y, en
este sentido, cabe citar la STS 470/2013, de 5 de junio, que compen-
dia la jurisprudencia anterior sobre la materia que analizamos y cita las
SSTS 96/2009, 743/2010, 593/2012, 19/2013 y el ATS 1594/2011. Ló-
gicamente, excede de las posibilidades de este trabajo analizar todas
ellas, pero las más recientes generalmente suelen citar como referente
la STS  598/2015, de 14 de octubre (ponente Excmo. Sr. Colmenero
Méndez de Luarca), en cuanto que condensa, sistematiza y resume la
doctrina legal y jurisprudencial (nacional e internacional) sobre la ma-
teria, y cuyos pilares argumentales, brevemente expuestos (sin perjuicio
de recomendar su lectura obviamente), son los siguientes:

de que resultaba patente que se habían observado las garantías constitucionales. En


este caso, por tanto, los órganos judiciales responsables de la investigación o el juicio
no se pronunciaron sobre la posibilidad de interrogatorio directo de las menores, ni lo
obstaculizaron ni lo impidieron». Por lo tanto, «el demandante tuvo posibilidad sufi-
ciente de ejercer adecuadamente su derecho de defensa y contradicción frente a las
manifestaciones prestadas por las menores durante su exploración pericial en fase su-
marial, dado que fueron grabadas en vídeo, recogidas en el informe psicosocial elabo-
rado e, inmediatamente después, puestas a disposición de la defensa, pudiendo ser
cuestionadas con suficiente antelación antes de que la instrucción fuera concluida. La
defensa del demandante conoció la exploración de las menores, tuvo pleno acceso a
su contenido íntegro y a su grabación audiovisual. Por tanto, tuvo posibilidad de cues-
tionarla durante todo el proceso judicial y pudo solicitar la ampliación de la misma
a fin de que, en una nueva exploración, se les plantearan otros aspectos, preguntas
o matizaciones. El ordenamiento jurídico procesal no lo impedía. El demandante no
lo consideró entonces necesario u oportuno y, además —como ya se ha dicho—, no
propuso como prueba a practicar en el juicio oral la exploración de las menores. Por
todo lo expuesto, no se aprecia el déficit de contradicción que sería constitucional-
mente relevante si, de haber pretendido cuestionarlas, le hubiera sido impedido por
los órganos judiciales (STEDH S.N. c. Suecia, antes citada, § 49-50; B. contra Finlandia,
de 24 de abril de 2007, § 44 o el Auto Accardi y otros contra Italia, de 20 de enero
de 2005) o si, por falta de suficiente información o puesta a su disposición, o por im-
pedimento legal, no hubiese podido contradecir la exploración en la forma que ha
sido indicada. Todo lo cual conduce a la desestimación de la pretensión de amparo en
cuanto denuncia la vulneración del derecho a un proceso con todas las garantías por
insuficiente contradicción».
10  Pueden citarse las SSTS 593/2012, 925/2012, 1016/2012, 470/2013, 940/2013,

632/2014, 71/2015, 88/2015, 181/2015, 401/2015, 598/2015 y 735/2015.

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1.º La existencia de doctrina consolidada. El Tribunal Supremo ha-


bla ya abiertamente de la existencia de una «doctrina consoli-
dada» acerca de los aspectos que deben ser tenidos en cuenta
cuando se plantea la cuestión relativa a la declaración en el
proceso de menores víctimas de delitos contra la libertad e in-
demnidad sexual, en atención a la necesidad de preservar la in-
tegridad psíquica del menor sin afectación de los derechos de
defensa del acusado.
2.º El necesario respeto de las garantías procesales. Precisa, no obs-
tante, el Tribunal Supremo que dicha doctrina tiene como punto
de partida la necesidad de respetar adecuadamente los derechos
del acusado en el proceso, ya que la justicia penal no puede ob-
tenerse a cualquier precio; y por relevante que sea el bien jurídico
que pretenda tutelarse, en ningún caso se puede justificar el pres-
cindir de las garantías fundamentales del derecho de defensa, que
constituyen las bases esenciales de nuestro sistema jurídico. Se se-
ñala que la jurisprudencia no avala el desplazamiento caprichoso
del principio de contradicción ni del derecho de defensa por el sim-
ple hecho que la víctima sea un menor de edad, esto es, la presen-
cia de un niño en el proceso no permite un debilitamiento de las
garantías procesales y, en todo caso, la preconstitución probatoria
dependerá de las circunstancias concurrentes; en suma, no debe
considerarse sustitutiva de la declaración en juicio en todo caso. El
Tribunal Supremo ha señalado que, como norma general, no cabe
prescindir de la presencia del testigo en el juicio oral «ni optar por
la regla general contraria cuando se trate de menores».
3.º La protección de las víctimas. Ahora bien, el Tribunal Supremo
realiza una segunda precisión que a su vez matiza la anterior: el
proceso debe contemplar medidas de protección a las víctimas,
en especial cuando se trata de menores, y, de hecho, tanto la
normativa nacional e internacional y la jurisprudencia se orien-
tan en dicha dirección. Se cita como marco legal el art. 39.4.º
CE, el art. 3.1.º de la Convención de Naciones Unidas sobre los
Derechos del Niño de 20 de noviembre de 1989, la Decisión
Marco  2001/220/JAI del Consejo, de 15 de marzo, relativa al
Estatuto de las víctimas en el proceso penal, y la sentencia del
Tribunal de Justicia de la Unión Europea de 16 de junio de 2005
(caso Pupino)11 y en la legislación interna, la LO 1/1996, de 15

11  Habría que añadir la Directiva 2012/29/UE del Parlamento Europeo y del Consejo,

de 25 de octubre, que también se cita en el texto de la sentencia.

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Estatuto de la Víctima, protección del menor y prueba preconstituida 63

de enero, de protección jurídica del menor, y la Ley 4/2015, del


Estatuto de la víctima, en especial su art. 26, que regula las de-
claraciones de los menores en el proceso penal, Ley que ade-
más dio nueva redacción a los arts. 433, 448, 707 y 730 L­ECr
que amparan —y regulan— la preconstitución probatoria
cuando exista causa legítima, esto es, para evitar la victimiza-
ción secundaria generalmente acreditada mediante un informe
médico-forense o psicológico. Normas todas ellas orientadas a
evitar la victimización secundaria de los menores en el proceso
penal mediante la reducción de las ocasiones en las que la víc-
tima menor de edad es sometida a interrogatorio, garantizando
al mismo tiempo los derechos del acusado, en especial el dere-
cho de defensa y el principio de contradicción.
4.º La jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos.
Tanto el Tribunal Constitucional como el Tribunal Supremo se
remiten constantemente a la jurisprudencia del Tribunal Euro-
peo de Derechos Humanos, que ha señalado que la incorpora-
ción de declaraciones sumariales al proceso no lesiona los dere-
chos del acusado, siempre que exista causa legítima que impida
la declaración en juicio oral y se respete el derecho de contra-
dicción, dando ocasión al acusado para contestar a los testimo-
nios de cargo e interrogar a su autor en el mismo momento o
con posterioridad (SSTEDH de 20 noviembre 1989, caso Kos-
tovski; de 15 de junio de 1992, caso Lüdi; de 23 de abril de
1997, caso van Mecheleny, y otros). En particular, y en lo que a
menores víctimas de delito sexuales se refiere, dado que la de-
claración del menor suele ser la única prueba directa —pues
las restantes suelen referirse a lo que el menor ha narrado o
su credibilidad—, el centro de atención debe recaer sobre las
garantías que han de rodear la declaración del menor y en la
forma en que debe introducirse el debate en el juicio oral, ga-
rantizando la protección a la víctima y las garantías procesales.
Es muy relevante la STEDH de 28 de septiembre de 2010, caso
A.S. contra Finlandia, de la que se desprende que el acusado
debe tener la oportunidad de observar la exploración del menor
bien en el momento en que se produce o después, a través de
su grabación audiovisual, y la posibilidad de dirigir preguntas
al menor de forma directa o indirecta durante el desarrollo de
la primera exploración o en ocasión posterior. En suma, sinteti-
zando los pronunciamientos del Tribunal Europeo de Derechos
Humanos, la protección del menor víctima del delito justifica y
legitima que se adopten medidas de protección que puedan li-
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mitar o modular la forma ordinaria de practicar su interroga-


torio, lo que puede llevarse a cabo a través de un experto, evi-
tando la confrontación visual; y si la presencia en juicio quiere
ser evitada, la exploración deberá ser grabada y dar a la de-
fensa la posibilidad de presenciar dicha exploración y dirigir di-
recta o indirectamente, a través del experto, las preguntas o
aclaraciones que estime oportunas para su defensa, bien en el
momento de realizarse la exploración o en un momento poste-
rior. De este modo se evitan reiteraciones y confrontaciones in-
necesarias y al mismo tiempo se respeta el principio de contra-
dicción que equilibra su posición en el proceso.
5.º La jurisprudencia del Tribunal Constitucional y del Tribunal Su-
premo. Según reiteradísima jurisprudencia del Tribunal Consti-
tucional y del Tribunal Supremo sólo son válidas para enervar
la presunción de inocencia, como regla general, las pruebas
practicadas en el juicio oral, aunque se admiten excepcio-
nes que permiten conferir validez como prueba de cargo a la
prueba sumarial preconstituida bajo ciertos presupuestos y re-
quisitos: a) Materiales: que exista una causa legítima que im-
pida reproducir la declaración en el juicio oral; b) Subjetivos:
la necesaria intervención del Juez de Instrucción; c) Objetivos:
que se garantice la posibilidad de contradicción, para lo cual
ha de haber sido convocado el abogado del imputado, a fin
de que pueda participar en el interrogatorio sumarial del tes-
tigo; y d) Formales: la introducción del contenido de la decla-
ración sumarial a través de la lectura del acta en que se do-
cumenta, conforme a lo ordenado por el art. 730 LECr, o a
través de los interrogatorios, o si la disponibilidad de medios
tecnológicos lo permite, mediante el visionado de la graba-
ción de la diligencia, lo que posibilita que su contenido acceda
al debate procesal público y se someta a confrontación con las
demás declaraciones de quienes sí intervinieron directamente
en el juicio oral. La cuestión es si en el caso de menores existe
dicha causa legítima que impida su declaración en juicio oral.
Como regla general, el menor, como cualquier testigo, debe
declarar en juicio oral sin perjuicio de que se adopten las me-
didas de protección oportunas (art. 707 LECr) para preservar
su incolumidad psíquica, sin perjuicio de lo que se señala a
continuación.
6.º El concepto de «imposibilidad» de asistencia a juicio. Según el
Tribunal Supremo, la «imposibilidad» de practicar la prueba en
el juicio oral a que se refiere el art. 448 LECr que justificaría la
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Estatuto de la Víctima, protección del menor y prueba preconstituida 65

práctica anticipada de la prueba o la preconstitución probato-


ria, incluye los supuestos de menores víctimas de delitos sexua-
les, con el fin de evitar los riesgos de su victimización secunda-
ria, cuando sea previsible que dicha comparecencia en juicio
puede comportar daños psicológicos, lo cual es razón suficiente
y fundada para justificar la ausencia del juicio oral, pero que
debe ser explícita y acreditada ordinariamente mediante un in-
forme psicológico que alerte de un posible riesgo para los me-
nores en caso de comparecer y verse sometidos al interrogato-
rio de las partes, aunque salvaguardando siempre el derecho de
defensa del acusado, sustituyendo la presencia en juicio por el
visionado de la grabación de la exploración realizada en la fase
de instrucción, en cuyo desarrollo se debe haber dado interven-
ción a las partes para formular las preguntas y aclaraciones que
estimen necesarias12.
7.º La justificación de la preconstitución probatoria. La preconsti-
tución probatoria presenta, por otro lado, indudables venta-
jas, que se destacan en la sentencia del Tribunal Supremo que
analizamos, en particular alude a razones «no sólo victimoló-
gicas sino epistémicas», que aconsejan dicha práctica, ya que
se elude el riesgo de empobrecimiento de los testimonios oca-
sionado por el transcurso del tiempo o de contaminación, a
los que se muestran especialmente permeables los testimonios
de niños de corta edad13. Por otro lado, la intervención de un
experto en la exploración tiene un valor especial y añadido,
aunque resulta renunciable si el juez decide estar presente
junto con las partes en el interrogatorio. En suma, la precons-
titución probatoria impide la contaminación del material pro-
batorio y asegura, desde el primer momento, una prueba de
especial fragilidad cual es el testimonio de niños, con pleno
respeto del principio de contradicción, lo que permite ade-
más una mayor y eficaz tutela de la víctima menor de edad en
coherencia con las normas nacionales e internacionales antes
citadas14.

12  SSTS 96/2009, de 10 de marzo; 743/2010, de 17 de junio; 593/2002, de 17 de ju-

lio; y 19/2013, de 9 de enero.


13  Con cita de la STEDH de 2 de julio de 2002, caso S.N. contra Suecia; la STJUE

de 16 de junio de 2005, caso Pupino; la STC 174/2011, de 11 de noviembre; y la


STS 96/2009, de 10 de marzo.
14  STS 925/2012, de 8 de noviembre.

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2. Breve análisis de las sentencias más recientes del Tribunal Supremo

Para culminar este estudio de la jurisprudencia del Tribunal Su-


premo en la materia, puede ser ilustrativo realizar un breve recorrido
por las sentencias más recientes dictadas por el mismo con posterio-
ridad a la analizada (esto es, durante los años 2016 y 2017) que nos
aportan una rica, significativa y variada casuística enmarcada ya en una
jurisprudencia consolidada:
  1.ª STS 1/2016, de 19 de enero (ponente Excmo. Sr. Granados
Pérez).  Se trataba de abusos sexuales a un menor de 3 años
de edad en la fecha de los hechos, que contaba con 4 años y
9 meses en la fecha del juicio. El tribunal enjuiciador no consi-
deró oportuna su comparecencia en juicio dados los posibles
perjuicios que se derivarían para el menor, según un informe
de la EATP de Barcelona. La exploración se practicó con per-
sonal técnico, dirigida por el juez instructor y en presencia del
letrado defensor, levantándose la oportuna acta videográfica.
El Tribunal Supremo consideró justificada dicha decisión de la
Audiencia Provincial de Barcelona dados los superiores inte-
reses de la menor, vistos los informes periciales y la reiterada
jurisprudencia del Tribunal Supremo. Consideró, por tanto,
válida dicha prueba preconstituida al cumplir los requisitos exi-
gidos por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, y recogi-
dos en la LO 1/1996, en la Ley 4/2015 y en la L­ECr al sustituir
la declaración en juicio por la reproducción videográfica de la
grabación de la exploración realizada en la instrucción judicial,
quedando aseguradas las garantías de la defensa y el principio
de contradicción, así como la protección del menor, con el fin
de evitar los riesgos de la victimización secundaria, especial-
mente importantes en menores de tan corta edad.
  2.ª STS 366/2016, de 28 de abril (ponente: Excmo. Sr. Saavedra
Ruiz).  Se trata de un supuesto de abusos sexuales a dos me-
nores de 4 años en la fecha de los hechos. Se practicó la ex-
ploración extrajudicial de las menores en la fase de instrucción
por dos psicólogas, sin intervención de las partes ni del juez.
El Tribunal Supremo considera que la no convocatoria a juicio
estaba más que justificada (se trata de menores de 6 años de
edad al tiempo del juicio), pero cuestiona la validez de la de-
nominada prueba preconstituida, ya que no respetó el princi-
pio de contradicción, y señala que, si el tribunal no consideró
conveniente la asistencia de las menores a juicio, debió arbi-
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Estatuto de la Víctima, protección del menor y prueba preconstituida 67

trar una solución alternativa razonable que equilibrase la po-


sición del acusado en el juicio, por lo que aprecia déficits de
defensa contrarios al derecho a un proceso con todas las ga-
rantías. En consecuencia, se anula la prueba preconstituida
consistente en la exploración de las menores (única prueba di-
recta) y se absuelve al acusado del delito de abusos sexuales.
  3.ª STS 675/2016, de 22 de julio (ponente Excma. Sra. Ferrer Gar-
cía).  Se analiza la prueba preconstituida consistente en la ex-
ploración de dos menores que tenían 11 y 4 años en la fecha
de los hechos, 14 y 8 años en la fecha del juicio. Tras aludir a
la jurisprudencia consolidada del Tribunal Supremo y con cita
de la STS 598/2015 antes analizada, se declara la validez de la
prueba preconstituida, ya que la exploración fue acordada por
el juez instructor a petición del Ministerio Fiscal, en presencia
de psicólogos y con intervención de las partes a través de di-
chas profesionales, evitando la confrontación personal de los
menores con las partes, ya que las preguntas se hicieron a tra-
vés de las psicólogas, asegurando el principio de contradic-
ción. La sentencia también contiene un interesante resumen
de las pruebas periciales sobre la credibilidad del testimonio15.
  4.ª STS 711/2016, de 21 de septiembre (ponente: Excma. Sra.
Ferrer García).  Menor de 4 años en fecha de los hechos
y 6  años al tiempo del juicio. En este caso, no se trata de
prueba precons­ti­tui­da, ya que la menor prestó declaración
en el juicio oral, pero lo hizo a través de un circuito cerrado
de videoconferencia desde otra sala, lo que acordó el tribu-
nal como medida de protección para garantizar los intereses

15  STS 675/2016, de 22 de julio, FJ 5: «Como hemos dicho en otras ocasiones

(SSTS 126/2015 de 12 de mayo, 851/2015, de 9 de diciembre, o 215/2016, de 23 de fe-


brero, entre otras), este tipo de pruebas, como pericias que son, consisten en la emisión
de pareceres técnicos por parte de quienes tienen una especial preparación para ello,
sobre datos obtenidos a través de la exploración de las menores y analizados a partir de
sus propios conocimientos empíricos y el auxilio de las técnicas propias de su disciplina.
Dado su objeto, constituyen una herramienta que auxilia al Tribunal en la función valo-
rativa que le corresponde, aunque no la suplen y carecen de efecto corroborador, salvo
que constaten la presencia de una sintomatología sugerente de la realidad del hecho
objeto de prueba. La intervención de las psicólogas de ADIMA, que trabajaron con las
hermanas más avanzada la instrucción, detectaron en ambas sintomatología compatible
con episodios de abuso sexual tales como miedo, tristeza, vergüenza, baja autoestima,
conocimiento sexual precoz e inadecuado para su edad y débiles habilidades sociales.
Incluso ambas hubieron de someterse a tratamiento con el segundo de los equipos cita-
dos, una vez detectadas una serie de alteraciones de conducta, tratamiento que, a la fe-
cha del juicio, persistía respecto a la más joven.»

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de la menor y respetar al mismo tiempo los derechos consti-


tucionales del acusado. El Tribunal Supremo cita de nuevo la
STS 598/2015 y considera perfectamente válida dicha declara-
ción, que se realizó para garantizar, en la medida de lo posi-
ble, la incolumidad de la menor, asegurando, asimismo, la in-
mediación propia del juicio oral y el principio de contradicción
al permitir su intervención para hacer preguntas a través de la
Presidenta del Tribunal.
  5.ª STS 750/2016, de 11 de octubre (ponente Excmo. Sr. Varela
Castro).  Interesante sentencia que, en este caso, no se re-
fiere al enjuiciamiento de un delito contra la libertad sexual
sino de un delito de asesinato consumado y otro en grado
de tentativa, siendo víctima de este último un menor que de-
claró como testigo sólo en la fase de instrucción como prueba
precons­ti­tui­da, en la que, además, se admitieron sólo pre-
guntas previas a la declaración (no durante ni después de la
misma) que el Tribunal Supremo considera «vagas, genéricas
y poco precisas», y sin que se permitiera al letrado intervenir
durante el interrogatorio. El Tribunal Supremo considera que,
en este caso, no está acreditado el impacto emocional que
justificara relevar al menor de la carga de comparecer en jui-
cio, sobre todo, porque ya tenía 14 años y 9 meses de edad
en la fecha del juicio. Considera el Tribunal Supremo justifi-
cado que se adoptaran cautelas para modular la declaración
del menor, pero entiende que hubiera bastado con la no pre-
sencia física del letrado en el escenario en que dialogan el
testigo y los expertos, de modo que «la contradicción quedó
anulada, el derecho de defensa lesionado y muy mermada la
posibilidad del juzgador para conocer cómo se desarrollaron
los hechos», lo que generó una «enorme laguna en la forma-
ción del material probatorio». Se acuerda la estimación par-
cial del recurso de casación y la reposición de las actuaciones
al momento anterior al juicio, pero sólo respecto del delito de
asesinato intentado, sin que ello implique repetir el juicio con
jurado, ya que al tratarse de un delito frustrado debe seguirse
por los trámites del proceso ordinario por delitos graves.
  6.ª STS 965/2016, de 21 de diciembre (ponente Excmo. Sr. Sán-
chez Melgar).  En este caso, se enjuició un delito de violación
a una menor de 16 años de edad, con ligero retraso mental,
trastorno psicótico inespecífico y déficit de atención por hi-
peractividad. Los médicos forenses desaconsejaron su cita-
ción a juicio dada la posible victimización secundaria debido
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Estatuto de la Víctima, protección del menor y prueba preconstituida 69

a la alta probabilidad de que la comparecencia de la menor


la desestabilizara totalmente y llegara a provocar graves con-
ductas autole­si­vas o autolíticas. Se practicó exploración en
fase de instrucción como prueba preconstituida con inter-
vención de las partes y pleno respeto de las garantías pro-
cesales. El letrado de la defensa estuvo presente y formuló
las preguntas que consideró oportunas y que el juez de ins-
trucción trasladó a las dos psicólogas, quedando registrada y
grabada dicha diligencia, que fue reproducida en el juicio. El
Tribunal Supremo declara la plena validez como prueba de
cargo de la exploración practicada como prueba preconsti-
tuida.
  7.ª STS 26/2017, de 25 de enero (ponente Excmo. Sr. Jorge
Barrei­ro).  La sentencia de instancia condenó por un delito
continuado de agresión sexual a una menor, cuando tenía en-
tre 7 y 9 años de edad (11 años y medio en la fecha del jui-
cio). La defensa impugnó la inadmisión de la prueba consis-
tente en la declaración de la menor en juicio. La prueba se
había precons­ti­tui­do en fase sumarial dados los costes que
podría tener para la integridad psíquica de la menor (la pre-
sencia de la menor en juicio fue desaconsejada por un in-
forme psicológico previo) y se procedió a su reproducción
en juicio. El Tribunal Supremo admite la validez de la prueba
precons­ti­tui­da al haber sido practicada con todas las garantías
y con intervención de todas las partes al poder formular pre-
guntas a través de las psicólogas.
  8.ª STS 1008/2016, de 1 de febrero de 2017 (ponente Excmo. Sr.
Monterde Ferrer).  En este caso (delito continuado de abuso
sexual), el menor contaba con 3 años de edad en la fecha de
los hechos (4 años en la fecha del juicio). Se intentó preconsti-
tuir la prueba durante la fase de instrucción, pero la diligencia
resultó fallida ante la escasa colaboración del menor —tuvo
que suspenderse ya que no aportó ningún dato relevante—,
siendo el resto de las pruebas insuficientes a juicio del Tribu-
nal Supremo. Se trataba de pruebas indirectas; en concreto,
declaraciones de testigos de referencia y un informe excesi-
vamente vago sobre credibilidad del testimonio tras tres en-
trevistas previas extrajudiciales no grabadas, en las que no se
siguió el «protocolo del Estatuto de la víctima» ni los «cáno-
nes jurisprudenciales». La sentencia cuenta con un interesante
voto particular que suscriben los magistrados Excmos. Sres.
Del Moral García y Soriano Soriano, que contiene profundas
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y acertadas reflexiones sobre las singulares especialidades del


testimonio de los menores16.
  9.ª STS 389/2017, de 29 de mayo (ponente Excmo. Sr. Llarena
Conde).  La sentencia condena por un delito continuado de
abusos sexuales a menor de 8 años de edad. La defensa cues-
tionó la exploración de la menor practicada como prueba
precons­ti­tui­da considerando que la técnica empleada por los
expertos fue deficiente, fundamentalmente porque se induje-
ron las respuestas de la menor y no se valoraron posibles mo-

16  Señala el voto particular, en su apartado 11: «Una premisa elemental inicial con-

siste en no empeñarse en encorsetar en moldes rígidos la capacidad de testificar del me-


nor. La fijación de una edad por debajo de la cual se carecería de idoneidad para ser
testigo en un proceso penal “por imperativo de la ley” no es, en principio, razonable.
Una limitación normativa taxativa, que algunas legislaciones contienen, o más flexible
como sucede en la nuestra para otros órdenes jurisdiccionales (art. 361 LEC), puede ge-
nerar problemas. Decidir si un menor goza de facultades para referir al ser preguntado
lo que ha visto u oído es una cuestión de hecho, de supuesto concreto. Ese tratamiento
legal favorable a la admisibilidad no prejuzga en nada el crédito que deba otorgarse a
sus manifestaciones. En su valoración, ha de sopesarse, entre otras cuestiones, la edad
que sin duda influye en la capacidad de memorizar, de verbalizar las propias vivencias o
de distinguir claramente entre lo verdadero y lo no real. Pero excluir de raíz, abstracción
hecha de las características concretas de un menor, la posibilidad de testificar si no se
ha alcanzado determinada edad es una limitación innecesaria. Obviamente edades muy
tempranas son incompatibles con una declaración, lo diga la ley o no. Y a partir de cier-
tas edades, sin que pueda establecerse una línea separadora nítida, el menor comienza
a adquirir habilidades para transmitir de forma más o menos imperfecta informaciones
sobre lo que ha visto u oído que pueden ser útiles para formar una convicción probato-
ria en un proceso penal. Pero —y esto nos parece extremadamente importante— no es
sin más un testigo al que pueda y deba proyectarse todo el estatuto procesal del testigo
y todas las reglas legales o jurisprudenciales de práctica y valoración de la prueba testifi-
cal. No habrá que reclamarle juramento o promesa de decir verdad (art. 365 LEC). Sería
igualmente improcedente advertir de las penas del delito de falso testimonio, inaplica-
bles a quien no ha alcanzado la mayoría de edad penal. Bastará explicarle, en términos
acordes a la respectiva edad, qué se espera de él. Llámesele exploración o declaración,
estamos sin duda ante una diligencia probatoria de naturaleza personal, pero singu-
lar. A medida que la edad es más baja, crecen las singularidades (en el desarrollo de la
prueba; y también en su valoración). A partir de cierto grado de madurez sí será con-
veniente advertir de la necesidad de decir verdad. No a edades tan tempranas como la
aquí tratada, pese a lo que señaló la perito de la defensa, de lo que se hace eco la sen-
tencia mayoritaria (vid. art. 365 LEC). La psicología del testimonio nos advierte sobre la
mayor permeabilidad del testimonio de los menores al influjo de preguntas sugestivas.
El menor goza de menos recursos para sustraerse a la tendencia, tanto de dar la ra-
zón al adulto interrogador cuando percibe gestos de asentimiento o de complacencia
con su declaración; como de retractarse cuando percibe que sus respuestas no son del
agrado de quien le entrevista. Está muy inclinado a ajustarse a la versión que espera que
ofrezca. La técnica de interrogatorio de un menor requiere habilidades de las que nor-
malmente carecemos los profesionales del ámbito forense».

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tivos espurios. Además, sostiene que debieron intervenir en la


exploración dos peritos psicólogos y no uno sólo. El Tribunal
Supremo, tras remitirse —una vez más— a la STS 598/2015 y
repasar los requisitos legales y jurisprudenciales, rechaza tales
alegaciones de la defensa, ya que considera que la prueba se
preconstituyó respetando todas las garantías del acusado y los
requisitos que exigen la ley y la jurisprudencia. Explicita, ade-
más, el sistema de exploración por «Cámara Gesell», remi-
tiéndonos en dicho aspecto a la nota 7 al final del texto.
10.ª STS 415/2017, de 8 de junio (ponente Excmo. Sr. Colmenero
Méndez de Luarca).  La sentencia recurrida condenó por abu-
sos sexuales a menores de 3 años de edad. En este caso, la
exploración judicial, aunque se realizó correctamente, resultó
inutilizable dada la mala calidad de la grabación y los menores
no comparecieron en juicio, por lo que no se pudo valorar su
testimonio.
11.ª STS 454/2017, de 21 de junio (ponente Excma. Sra. Ferrer
García).  Se condenó al acusado como autor de un delito con-
tinuado de abusos sexuales a dos menores de 4 y 6 años de
edad al tiempo de los hechos. Considera el Tribunal Supremo
que la Sala sentenciadora se excedió al integrar el contenido
incriminatorio de esos testimonios con retazos de las manifes-
taciones, que en distintos momentos y en el curso de las di-
ferentes intervenciones a las que fueron sometidos los niños,
terapéuticas unas y netamente periciales otras, hicieron a las
profesionales que los evaluaban o trataban. Fueron manifes-
taciones obtenidas siguiendo los estándares de su específica
disciplina e idóneas para sustentar, una vez interpretadas con
arreglos a criterios empíricos, las conclusiones de las profesio-
nales que las escucharon. Pero entiende el Tribunal Supremo
que, en cuanto obtenidas al margen del proceso, de los prin-
cipios que rigen el mismo y sin posibilidad alguna de contra-
dicción, no puede atribuírseles fuerza incriminatoria propia, ni
respaldarse como acordes a los estándares legales y constitu-
cionales a los que la prueba de cargo debe ajustarse. Ni tan si-
quiera como testimonios de referencia, cuyo valor probatorio
es residual, admitido en supuestos muy específicos y, en todo
caso, supeditados a la imposibilidad de obtención de los testi-
monios directos, de los que aquí sí se disponía. Y añade el Tri-
bunal Supremo —una vez más— que, por relevante que sea
el bien jurídico que pretenda tutelarse, y la indemnidad sexual
de los menores lo es, no puede justificar que se cercenen las
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garantías del proceso. La vulnerabilidad de las víctimas en es-


tos casos puede justificar algunas limitaciones de la publici-
dad en sus intervenciones o el que en su interés se excepcione
el principio general de que la prueba de cargo haya de prac-
ticarse en el acto del juicio oral, facultando la incorporación
al plenario de prueba preconstituida obtenida con respeto al
principio de contradicción. Pero lo que no justifica es el des-
plazamiento caprichoso del principio de contradicción ni del
derecho de defensa por el simple hecho de que la víctima sea
un menor de edad, en suma, recuerda el Tribunal Supremo
que la presencia de un niño en el proceso penal no permite
un debilitamiento de las garantías que informan la valoración
probatoria. Como consecuencia de todo ello, se excluyen del
relato de los hechos probados las afirmaciones de los niños no
realizadas en sede judicial sino ante los peritos, sin contradic-
ción, aunque se mantiene la condena.
12.ª STS 468/2017, de 22 de junio (ponente Excmo. Sr. Sánchez
Melgar).  La sentencia de la Audiencia condenó por un de-
lito continuado de exhibicionismo y otro delito continuado de
abuso sexual de menor de 4 años de edad que tenía 8 años
en la fecha del juicio. Se remite a la doctrina jurisprudencial
sintetizada en la ya tantas veces citada STS 598/2015. La sen-
tencia declara la validez de la prueba preconstituida al ha-
berse realizado con todas las garantías y que estaba justifi-
cado por un informe forense que advertía de la necesidad de
evitar los riesgos de victimización secundaria en una menor de
tan corta edad, al ser previsible que la comparecencia perso-
nal reviviendo episodios de naturaleza sexual como los descri-
tos en los hechos probados, podía ocasionarle en el futuro da-
ños psicológicos.
13.ª STS 478/2017, de 27 de junio (ponente Excmo. Sr. Soriano So-
riano).  Se trata de una condena por un delito de abuso sexual
y otro delito continuado de agresión sexual. En este caso, la
Ley 4/2015, que aprobó el Estatuto de la víctima, ya estaba vi-
gente al tiempo del juicio y el Tribunal Supremo se remite al
art. 26 de dicha Ley, así como a los arts. 433, 448 y 707 L­ECr,
en la nueva redacción dada por dicha norma, declara la validez
de la prueba preconstituida y su posterior reproducción en jui-
cio, a la vista del examen psicológico de ambos menores, que
indicaba la improcedencia de someter al interrogatorio del jui-
cio oral a los mismos, señala la conveniencia de atender a la
grabación de sus manifestaciones efectuada en el Juzgado y
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Estatuto de la Víctima, protección del menor y prueba preconstituida 73

considera que la Audiencia, atendiendo al criterio de los exper-


tos y con base en la legislación que lo autorizaba, determinó
correctamente la forma de declaración de los menores.
14.ª STS 497/2017, de 29 de junio (ponente Excmo. Sr. Gimé-
nez García).  De nuevo nos encontramos ante un delito con-
tinuado de abusos sexuales. La menor víctima del delito no
declaró en el plenario, pero sí lo hizo en la fase de instruc-
ción en sede judicial, estando presente el Ministerio Fiscal, el
Secretario Judicial y el Abogado del recurrente en una estan-
cia desde la que se tenía audio y vídeo de las manifestacio-
nes de la menor ante la trabajadora social. La prueba precons-
tituida se introdujo mediante su audición en el plenario y el
Tribunal Supremo la considera plenamente válida y ajustada
al art.  433  LECr, sin que quede viciada por el hecho de que
la experta encargada de la exploración de la menor fuera la
misma que llevó a cabo su tratamiento terapéutico previo.
15.ª STS 556/2017, de 13 de julio (ponente Excmo. Sr. Soriano So-
riano).  La sentencia de instancia condenó por un delito con-
tinuado de agresión sexual. La defensa impugna en casación
la sentencia, entre otros motivos por infracción del derecho
fundamental a un proceso con todas las garantías, del dere-
cho de defensa y a la presunción de inocencia. Entre otros
extremos, alega que, al preparar el recurso de acusación, se
comprobó que la grabación del juicio presentaba deficiencias
de audición. El tribunal de instancia envió el acta al servicio
informático para potenciar el sonido y consideró que el vo-
lumen era suficiente y las manifestaciones de la menor com-
prensibles, aunque algunas deficiencias persistían. La senten-
cia del Tribunal Supremo tiene mucho interés, ya que aborda
el frecuente problema de los defectos de grabación o audi-
ción de las pruebas preconstituidas, en especial, de las realiza-
das por videoconferencia. El Tribunal Supremo avala la prueba
precons­ti­tui­da, consistente en la «declaración separada» de
la menor por videoconferencia para garantizar su incolumi-
dad, lo que considera ajustado a los arts.  448 y 707  LECr, a
la LO 1/1996, de protección del menor, y al Estatuto de la víc-
tima (Ley 4/2015); rechaza los argumentos impugnativos de
la defensa al constatar que el tribunal sentenciador pudo es-
cuchar en su integridad la exploración, ya que el problema se
produjo después, al incorporarla a la grabación de la vista, por
lo que tanto el tribunal como las partes pudieron percatarse
de forma íntegra y clara del testimonio de la víctima, que-
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74 Pedro Luis Viguer Soler

dando salvaguardado el principio de inmediación; y realiza un


recorrido por las recientes resoluciones del Tribunal Supremo
y el Tribunal Constitucional sobre la problemática de las defi-
ciencias en la grabación de las vistas, así como el acuerdo del
Pleno no jurisdiccional de 24 de mayo de 2017 que abordó
esta cuestión. La sentencia termina con una llamada de aten-
ción al Ministerio de Justicia y a las Comunidades Autónomas
con competencias transferidas en Justicia, dada la frecuencia
de este tipo de incidencias17. La sentencia cuenta con un voto
particular (Excmo. Sr. Giménez García) que considera que de-
bió anularse la sentencia con celebración de nueva vista «to-
mando las prevenciones necesarias para que, en caso de utili-
zarse grabaciones, éstas sean perfectamente audibles».
16.ª STS 568/2017, de 17 de julio (ponente Excmo Sr. Colmenero
Méndez de Luarca).  Se trata de un supuesto curioso porque
aquí es la defensa la que se opone a la exploración de los me-
nores en el juicio oral y solicita el visionado de la exploración
realizada durante la instrucción para evitar su victimización se-
cundaria. Señala la sentencia que
«esta Sala ya se ha pronunciado en numerosas ocasiones
acerca de las cautelas que deben ser adoptadas cuando es
necesaria la exploración de un menor, para hacer compati-
bles los derechos de defensa del acusado y la protección del
interés del menor, especialmente cuando se trata de víctimas
de delitos contra la indemnidad o la libertad sexual. La cues-
tión se examina, entre otras, en la STS n.º 598/2015, de 14 de
octubre, en la STS n.º 366/2016, de 28 de abril, o en la STS
n.º  750/2016, de 11 de octubre, cuya doctrina se da ahora
por reiterada. En todas ellas, después de examinar la cuestión
y señalar la correcta forma de proceder, se afirma de modo
claro que, como regla general, la prueba consistente en la
declaración testifical de los menores víctimas de los hechos,

17  Señala la sentencia en el apartado 5.º del FJ 2.º: «A la vista de tal doctrina y en

evitación de sucesivas deficiencias que podrían afectar al derecho de defensa, en lo re-


ferente a la grabación de juicios orales y especialmente a la incorporación de lo grabado
por videoconferencia, se hace preciso poner de manifiesto el problema a los órganos de
las administraciones encargados de resolverlo (Ministerio de Justicia y Comunidades Au-
tónomas con competencias en el suministro de medios materiales a los Juzgados y Tri-
bunales). También resulta de interés comunicar a las Audiencias provinciales a través del
Consejo General del Poder Judicial, que los letrados de la Administración de Justicia se
aseguren de que la grabación del juicio ha tenido efectividad, en evitación de nulidades
y repeticiones de juicio, con posible responsabilidad de los órganos encargados de ga-
rantizar una correcta grabación.»

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debe ser practicada mediante su exploración o declaración en


el plenario, bajo los principios de inmediación y contradicción,
y sólo cuando esta forma de proceder esté desaconsejada en
atención a la preservación de la salud psíquica del menor, su-
primiendo los riesgos ciertos de victimización secundaria del
mismo, generalmente acreditados mediante un informe peri-
cial médico, es lícito acudir a la prueba preconstituida, proce-
diendo entonces al visionado y audición de la grabación de la
exploración que haya sido realizada correctamente en sede de
instrucción, dirigida por el Juez, con el concurso de expertos y
con presencia y posibilidad de intervención de las partes. Pero
se advierte en esas sentencias que no es lícito convertir la ex-
cepción en regla general, de forma que sólo se podrá prescin-
dir de la declaración directa en el plenario cuando esté sufi-
cientemente justificado».

El Tribunal Supremo considera, dada la edad de los menores


—once años—, que es perfectamente posible su interrogatorio
directo en juicio, compatible con la valoración de las exploracio-
nes en fase sumarial y las posibles contradicciones conforme al
art. 714 LECr, tal y como lo acordó la Audiencia Provincial en el
juicio. Lo que reprocha el Tribunal Supremo es que no se rea-
lizara valoración alguna en la sentencia sobre las contradiccio-
nes existentes, por lo que se estima el recurso de casación y se
devuelven a la Audiencia para que dicte nueva sentencia moti-
vando este extremo.

3.  Algunas conclusiones

A la vista de este somero recorrido por las más recientes sentencias


del Tribunal Supremo, se pueden extraer, en un primer análisis, las si-
guientes conclusiones en cuanto a las pautas a seguir en la declaración
de menores como prueba preconstituida, que se exponen brevemente:
1.ª Para que sea admisible la prueba preconstituida y evitar la pre-
sencia del menor en juicio, es necesario, en todo caso, que
conste en la causa acreditada la inconveniencia de su presencia
en juicio, ordinariamente mediante informe psicológico previo.
No puede practicarse sin más la prueba preconstituida como re-
gla general, sino sólo cuando existe una causa legítima.
2.ª Es extraordinariamente relevante que en la práctica de la dili-
gencia se respete escrupulosamente el principio de contradic-
ción, hasta el punto que esta cuestión es la que ha suscitado el
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mayor número de nulidades procesales. Por tanto, es necesario


que se permita la intervención de las partes (aun cuando puede
realizarse sin confrontación visual, por ejemplo, mediante vi-
deoconferencia o Cámara Gesell), así como la posibilidad de
formulación de preguntas en el mismo acto o con posterioridad
a la vista de su resultado, conforme a la doctrina del Tribunal
Europeo de Derechos Humanos, nunca con carácter previo a la
práctica de la diligencia.
3.ª Suele citar el Tribunal Supremo en sus sentencias como refe-
rente la STS 598/2015, de 14 de octubre, que condensa y sinte-
tiza la doctrina jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos
Humanos, del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, del Tri-
bunal Constitucional y del Tribunal Supremo en la materia.
4.ª Sólo muy excepcionalmente pueden admitirse pruebas indi-
rectas para fundar una sentencia condenatoria, en particu-
lar testimonios de referencia (habitualmente padres, tutores,
guardadores, educadores o psicólogos), únicamente cuando la
declaración del menor es inviable o imposible.
5.ª No cabe sustituir la declaración o exploración del menor en jui-
cio o como prueba preconstituida por los informes emitidos ex-
trajudicialmente por los técnicos sin intervención de las partes.
6.ª Son admisibles los informes sobre verosimilitud o credibilidad
del testimonio del menor, aunque simplemente se trata de ins-
trumentos que auxilian al juez en su función valorativa, si bien
no la suplen en absoluto.
7.ª Es de destacar el frecuente problema de los deficientes medios
materiales con los que cuenta hoy por hoy la Administración de
Justicia para la práctica de este tipo de pruebas y los habitua-
les fallos en la grabación o en la audición de la misma, hasta el
punto de que el Tribunal Supremo ha denunciado en sus reso-
luciones esta situación realizando un llamamiento al Ministerio
de Justicia y a las Comunidades Autónomas para que se solven-
ten a la mayor brevedad.

III.  Iniciativas en los Juzgados de Valencia

1. El Servicio de exploración de menores, discapacitados y víctimas de


especial vulnerabilidad del Decanato de los Juzgados de Valencia

Partiendo de la evolución de la jurisprudencia en los últimos años


anteriormente examinada, los jueces de Valencia iniciaron contactos a
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Estatuto de la Víctima, protección del menor y prueba preconstituida 77

través del Decanato con la Fiscalía Provincial de Valencia, el Instituto de


Medicina Legal, la Oficina de Asistencia a las Víctimas de Delito, la Di-
rección General de Justicia de la Conselleria de Justicia i Interior y los
letrados de la Administración de Justicia y se creó el Servicio de explo-
ración de menores, discapacitados y víctimas de especial vulnerabilidad
del Decanato de los Juzgados de Valencia en junio de 2014. Se elabo-
raron unas normas de funcionamiento que se aprobaron en la Junta
de Jueces de Instrucción, que fueron avaladas por la Sala de Gobierno
del Tribunal Superior de Justicia que, además, a petición del Decanato
de los Juzgados de Valencia, ofreció el servicio a los partidos judiciales,
cuyos Juzgados son hoy los principales demandantes del servicio. Tam-
bién los Jueces Decanos en las XXIV Jornadas Anuales de Jueces Deca-
nos de España, celebradas en Valencia en diciembre de 2014, respaldó
la iniciativa. Finalmente se dio a conocer la existencia y funcionamiento
del servicio a los Letrados Valencianos mediante diversas conferencias y
mesas redondas, remitiendo el Decanato las normas de funcionamiento
del servicio al Ilustre Colegio de Abogados de Valencia, que, a su vez,
lo hizo llegar a todos los letrados.
En suma, hoy, en la ciudad de Valencia, las exploraciones de me-
nores víctimas de delitos se realizan a distancia, siguiendo el sistema de
«Cámara Gesell», pero mediante videoconferencia, es decir, el menor
es explorado por un psicólogo-forense a modo de mera entrevista, al
tiempo que dicha exploración es observada a distancia y por videocon-
ferencia (sin conocimiento del menor) por el juez, el fiscal, los letrados
de las partes y el letrado de la Administración de Justicia, pudiendo las
partes formular preguntas al finalizar la diligencia a través del juez, que
las traslada al experto, con lo que se garantiza el principio de contra-
dicción.
Y lo excepcional se ha convertido en una realidad cotidiana. Tras
tres años de funcionamiento, las estadísticas son realmente motivado-
ras: desde julio de 2014, se han gestionado en el Decanato 285 explo-
raciones de menores como prueba anticipada. El servicio funciona con
plena normalidad, la realización de este tipo de diligencias se ha con-
vertido en algo habitual y forma parte del día a día del trabajo de los
Juzgados, fundamentalmente de los Juzgados de Instrucción cuando se
trata de preconstituir prueba, o de los Juzgados de lo Penal e incluso
de Menores cuando se trata de la práctica de prueba en el juicio oral,
e incluso la Audiencia Provincial ha utilizado el servicio. Es de destacar
por otro lado, tal y como consta en las normas de funcionamiento, que
el servicio no sólo es aplicable y útil para las exploraciones de los meno-
res y discapacitados, sino también para las declaraciones testificales de
las víctimas mayores de edad en situación de especial vulnerabilidad, en
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este caso, sin la asistencia de expertos (psicólogos), como prueba anti-


cipada en los casos en que proceda legalmente.
Un dato relevante es que el Estatuto de la víctima aprobado recien-
temente ha modificado los arts. 433, 448 y 707 LECr, preceptos que
junto a los arts. 3, 19, 20, 21, 25 y 26 del propio Estatuto avalan el es-
quema y los parámetros del servicio de exploración de menores que
ya se venían practicando en los Juzgados de Valencia, que se puso en
funcionamiento casi un año antes de la publicación de la Ley al cons-
tatar el giro de la jurisprudencia del Tribunal Constitucional y del Tribu-
nal Supremo, lo cual debe ser motivo de satisfacción. Pero, además, a
partir del 28 de octubre de 2015, fecha de entrada en vigor de la Ley,
este sistema de exploración ya no es una opción, sino que cuando así
sea indicado por los técnicos en caso de posible victimización secun-
daria debe ser acordado por los jueces en cualquier órgano judicial de
España. Afortunadamente en la Ciudad de la Justicia de Valencia fun-
ciona desde hace tres años y está dando resultados realmente buenos,
como lo evidencian las estadísticas; de hecho, lo están utilizando tam-
bién los Juzgados de los partidos judiciales, que nos hacen llegar sus
solicitudes con cierta frecuencia.
Por otro lado, el servicio es un claro ejemplo de perfecta colabo-
ración entre distintas entidades, organismos y profesionales que reali-
zan un trabajo extraordinario, comenzando por la Fiscalía Provincial pa-
sando por el Instituto de Medicina Legal —pieza clave del sistema—, la
Conselleria de Justicia, la Oficina de Asistencia a Víctimas de Delito, los
Letrados de la Administración de Justicia y, por supuesto, el Decanato
de los Juzgados de Valencia, que centraliza las solicitudes, las gestiona
y coordina. Finalmente, la respuesta de los profesionales, fundamental-
mente Letrados, ha sido magnífica y su colaboración resulta muy im-
portante.
En suma, en Valencia llevamos recorrido un pequeño trecho del
largo camino hacia la protección de las víctimas del delito en especial
de menores, discapacitados y víctimas de especial vulnerabilidad, con
esta experiencia pionera de la que nos sentimos razonablemente satis-
fechos, pues nos mantiene en la vanguardia judicial española en mate-
ria de servicios de apoyo a la labor judicial.

2. La Guía Práctica del Estatuto de la víctima del Decanato de los


Juzgados de Valencia

Por otro lado, también en colaboración con la Fiscalía Provincial, así


como con el Instituto de Medicina Legal —pieza clave del sistema—,
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Estatuto de la Víctima, protección del menor y prueba preconstituida 79

la Oficina de Asistencia a Víctimas de Delito y los Letrados de la Admi-


nistración de Justicia, el Decanato de Valencia ha elaborado una Guía
Práctica del Estatuto de la víctima que ha tenido una extraordinaria
acogida, cuya finalidad es fundamentalmente informativa y pedagó-
gica y, para ello, sistematiza los derechos de las víctimas y los deberes y
obligaciones de cuantos profesionales intervienen en la persecución del
delito en todas las fases del procedimiento.
En este contexto, en la Ciudad de la Justicia de Valencia siempre ha
existido una cierta inquietud por dar una atención adecuada y un trato
digno a la víctima, en la medida de lo que permiten los medios dispo-
nibles —escasos—, con el fin de evitar situaciones embarazosas o que
puedan suponer un riesgo psíquico o emocional para la misma, espe-
cialmente cuando de menores o personas con capacidad disminuida se
trata. De hecho, como ya se ha expuesto, ya desde un año antes de la
aprobación del Estatuto de la víctima (en concreto, en julio de 2014),
se implantó en los Juzgados de Valencia el servicio de exploración o de-
claración sin confrontación visual antes aludido.
Ante este panorama completamente nuevo, era necesario sistema-
tizar de algún modo las nuevas normas del Estatuto de la víctima y el
Reglamento que lo desarrolla para protocolizar su aplicación, estable-
cer unas pautas y delimitar las funciones de cada uno de los funciona-
rios, instituciones y operadores jurídicos en relación con la atención a la
víctima en los Juzgados y Tribunales, y a ello responde la Guía Práctica,
para cuya redacción se contó con las opiniones y aportaciones de los
magistrados de los distintos órganos judiciales concernidos (Juzgados
de Instrucción, de Violencia sobre la Mujer, de lo Penal, de Menores,
de Ejecutorias y de Vigilancia Penitenciaria), así como de representantes
del Ministerio Fiscal, de los Letrados de la Administración de Justicia, de
la Oficina de Asistencia a la Víctima del Delito de Valencia, del Instituto
de Medicina Legal, así como del Ilustre Colegio de Abogados de Valen-
cia y del ICPV. El texto se sometió finalmente, a la Sala de Gobierno del
Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana, para su co-
nocimiento y homologación.
La Guía se estructura en ocho apartados: introducción, concepto
de víctima, normas generales, la víctima en la fase de instrucción, en
la fase de enjuiciamiento y en la de ejecución, entrada en vigor y apli-
cación temporal, con una referencia a otras normas relativas a las víc-
timas y un anexo en el que se exponen las necesidades mínimas en
cuanto a medios materiales. A su vez, en el apartado relativo a la fase
de instrucción, se analizan minuciosamente las concretas funciones y
responsabilidades de las distintas autoridades, profesionales y funcio-
narios respecto de las víctimas (funcionarios de las Fuerzas y Cuerpos
Cuadernos penales José María Lidón
ISBN: 978-84-16982-52-3, núm. 14/2018, Bilbao, págs. 49-81

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80 Pedro Luis Viguer Soler

de Seguridad del Estado y de la Administración Penitenciaria, Oficinas


de Asistencia a las Víctimas del Delito, Ministerio Fiscal, Letrados de la
Administración de Justicia, Juez instructor, Abogados e Institutos de
Medicina Legal), así como derechos procesales de las víctimas (derecho
a la información, a la traducción e interpretación de actuaciones y re-
soluciones, al reembolso de gastos y a la notificación efectiva de reso-
luciones, derecho a ejercitar la acción civil o penal y a aportar pruebas,
derecho a recurrir en ciertos casos, normas sobre evitación de la victi-
mización secundaria con especial referencia a la exploración de meno-
res y a la declaración de víctimas adultas de especial vulnerabilidad sin
confrontación visual y a la prueba anticipada y medidas para la protec-
ción de la intimidad de las víctimas).
En suma, la finalidad de la Guía Práctica no es otra que servir de
ayuda tanto a los profesionales como a las víctimas y coadyuvar para
que éstas reciban en los órganos judiciales, bien en fase de instrucción,
bien en la de enjuiciamiento o ejecución, un trato digno, atento y pro-
tector. Y ello con la implicación de todas las autoridades, funcionarios y
profesionales que participan en el proceso penal y, por supuesto, con la
intervención activa de la propia víctima, lo que conllevará sin duda un
cambio de inercia y de dinámicas de trabajo, cuyo fin último es reducir
al mínimo los efectos de la victimización secundaria. Todo un reto que
tenemos que afrontar los que trabajamos en el ámbito de la Justicia.

3. Página web del Decanato e información sobre protección y asistencia


a la víctima

Por otro lado, para dar la oportuna difusión a los servicios del De-
canato de Valencia, con el fin de procurar una atención lo más digna e
integral posible a las víctimas, se creó una nueva pestaña en la página
web del Decanato ([Link] dedicada
exclusivamente al Estatuto de la víctima, con todo tipo de información
sobre sus derechos y los servicios puestos a su disposición en los Juzga-
dos de Valencia. En la página web, la persona interesada puede acce-
der a la Guía Práctica del Estatuto de la víctima, así como las normas de
funcionamiento del servicio de exploración de menores, discapacitados
y víctimas especialmente vulnerables, al Decálogo sobre Violencia so-
bre la Mujer elaborado por el magistrado titular del Juzgado de lo Pe-
nal núm. 2 de Valencia y publicado por el Consejo General del Poder
Judicial, e información sobre los derechos reconocidos en el Estatuto
y su Reglamento. Pero la web también contiene información de utili-
dad para quienes trabajan en los Juzgados, como modelos de diligen-
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ISBN: 978-84-16982-52-3, núm. 14/2018, Bilbao, págs. 49-81

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Estatuto de la Víctima, protección del menor y prueba preconstituida 81

cia de información de derechos, enlaces con la legislación aplicable y,


sobre todo, un compendio de las resoluciones más recientes del Tribu-
nal Supremo sobre exploración de menores como prueba anticipada,
que periódicamente actualiza el Decanato, siendo la más reciente la
STS  497/2017, de 29 de junio. El catálogo se completa con la reseña
de los teléfonos de contacto en el Decanato de los Juzgados, el Servicio
de Atención a las Víctimas y el Instituto de Medicina Legal.
En fin, el Estatuto de la víctima ha sido el primer paso. Un gran
paso que hemos querido complementar, consolidar y llevar a la prác-
tica en los Juzgados de Valencia con los protocolos y servicios antes
aludidos. El segundo paso. Quizás el tercero sería dotar a los Juzga-
dos de los medios personales y materiales suficientes para una atención
digna y humana a la víctima, lo que requiere indudablemente de un es-
fuerzo inversor del Estado, es decir, de todos, lo que sería un comple-
mento ineludible a una ley trascendental que debe llevarnos a cambiar
ciertas inercias en nuestra forma de trabajar en los juzgados.

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ISBN: 978-84-16982-52-3, núm. 14/2018, Bilbao, págs. 49-81

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Compromiso activo con la persona.
Los derechos a la información e instrucción,
puerta de entrada para todos los demás
derechos de las víctimas

María Rosario Palenque Lus


Letrada de la Administración de Justicia.
Juzgado de lo Penal n.º 2 de Bilbao

Sumario:  l. Introducción. II. Obligación general —de todos— de


evitar la victimización secundaria. Rol de los distintos profesionales
en el desarrollo del proceso penal. 1. Letrados de la Administración
de Justicia. 2. Jueces y Magistrados. 3. Ministerio Fiscal. 4. Atención
en la Oficina Judicial. III. Identificación e individualización de las vícti-
mas. 1. ¿Quién es víctima? 2. ¿Qué víctimas precisan más atención?
IV. Derechos esenciales comunes a todas las víctimas e ineludibles
en las individualizadas como dignas de especial protección. 1.  De-
recho a la información, apoyo, asistencia y atención. 2.  Derecho al
acceso a la Justicia y a la participación en el proceso penal. a) Dere-
cho a ser parte. b) Procedimiento para ser parte. c) Momento último
para mostrarse parte. 3. Derecho a ser notificada aun cuando no
se mostrare parte o solicitare ser informada de la causa. a) Archivo.
b)  Notificación, sentencia, instancia. c) Notificación de la sentencia
de apelación. d) Información de los actos que puedan afectar a su
seguridad. 4. Derecho a la protección. V. De la teoría a la práctica.
Exposición de casos reales. 1. Abuso sexual. Víctima deficientemente
informada y entendida. 2. Robo con violencia en casa habitada. Víc-
tima mujer de 91 años. 3. Robo con violencia. Víctima mujer de
85 años. Sentencia absolutoria. 4. Robo con violencia y lesiones. Víc-
tima menor de edad. Solicitud del Ministerio Fiscal de convocatoria
a efectos de conformidad. 5. Abuso sexual y lesiones. Dos víctimas:
mujer y su pareja. Solicitud del Ministerio Fiscal de convocatoria a
efectos de conformidad. 6. Víctima de violencia doméstica menor de
edad. Acusación particular retirada en la fase de juicio oral. 7. Víc-
tima de violencia doméstica menor de edad. Acusación particular
retirada en la fase intermedia. 8. Abuso sexual. Escrito conjunto de
conformidad. Acusado en el extranjero. VI. Bibliografía.
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84 María Rosario Palenque Lus

Resumen:  Recién cumplidos 2 años de la entrada en vigor del Estatuto de la


víctima del delito, es momento de analizar si se ha aprovechado este tiempo
para mejorar su atención y reflexionar no sólo sobre las deficiencias que hay que
corregir, sino también sobre el modo de hacerlo.
    Comenzando por la obligación general de evitar las situaciones susceptibles de
propiciar una segunda victimización, los derechos de información e instrucción,
como auténtica base de la tutela de las víctimas, centran el objeto de este mo-
desto trabajo que trata de ofrecer, al final, una revisión de la evidencia empírica,
desde un Juzgado de lo Penal. Quizás el hecho criticable de que la Disposición
adicional segunda establezca que las medidas incluidas en esta Ley no podrán
suponer incremento de dotaciones de personal, ni de retribuciones ni de otros
gastos de personal, apenas permite otra cosa que incidir en la mejora, compe-
tencia y dedicación del capital humano existente, apelando al compromiso de
cada uno de nosotros para con aquéllos que más nos necesitan.

Palabras clave:  victimización secundaria, víctima: identificación, individualiza-


ción, información de derechos, ofrecimiento de acciones, notificaciones, protec-
ción.

l.  Introducción

La propuesta de la Directora de estas jornadas, mi compañera Cris-


tina, de que colaborase en ellas causó en mí dos sensaciones: por una
parte, preocupación por no estar segura de poder resolver «digna-
mente esta papeleta» y, de otra, sorpresa por el hecho de que alguien
pensara que tengo méritos suficientes como para ello, aunque esto,
poco a poco lo he ido entendiendo en función de nuestra relación dia-
ria, el trabajo codo a codo y, muy a mi pesar, mi experiencia personal a
ambos lados del mostrador.
Que alguien tome la decisión de dedicar bastantes horas de su
tiempo no sólo a preparar las jornadas, sino a poner en práctica cada
día lo que ya no es un desideratum sino una obligación legal para to-
dos y cada uno de los que tenemos la «fortuna» de poder restaurar en
alguna medida el trance vivido por aquellos que sufren las consecuen-
cias de un hecho delictivo, merece que sus ideas traspasen las fronteras
de su Juzgado.
Mi contribución no tiene pretensiones eruditas. No puede ser de
otro modo a la vista del elenco de profesionales autorizados que tam-
bién van a intervenir en este curso. Quienes vais a asistir conocéis so-
bradamente los textos legales y tenéis acreditada capacidad para es-
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Compromiso activo con la persona 85

tudiarlos e interpretarlos. Trataré, más que nada, de concienciar en


la necesidad de llevar a la práctica el reconocimiento efectivo de los
derechos de las víctimas. Mostraré mi experiencia con casos reales y
propon­dré pautas para ello.

II. Obligación general —de todos— de evitar la victimización


secundaria. Rol de los distintos profesionales en el desarrollo
del proceso penal

Todas las personas que profesionalmente contactamos con las vícti-


mas estamos implicados en su debida atención: policías, Ministerio Fis-
cal, Jueces, Magistrados, letrados de la Administración de Justicia, resto
de funcionarios de los Juzgados, médicos forenses y personal de las
Oficinas de Asistencia a las Víctimas.
Me centraré en la atención una vez que el asunto llega al Juzgado.
Nuestra conducta, nuestra actitud con las víctimas pueden sumar o sus-
traer un daño añadido al generado por el delito y su autor. La indife-
rencia, la falta de empatía y de humanidad, que tristemente están de-
masiado generalizadas, hacen a la víctima sentirse sola, incomprendida
y desconfiada hacia nosotros, profundizando e incrementando los efec-
tos lesivos de la infracción.
Identificar, individualizar y evaluar a las víctimas, hacer lo posible
por minimizar los efectos secundarios de la vivencia sufrida, contribuye
en gran medida a su reparación/recuperación. Y téngase en cuenta que
la víctima lo es desde el inicio y durante todo el proceso con indepen-
dencia de su resultado.
Gran parte de las víctimas, después de experimentar sentimientos
múltiples (rabia, desconfianza, miedo, vergüenza, incluso culpa), apre-
cian la reparación si perciben que su vivencia puede servir para que
otros no pasen por lo que ellas o sus familias han pasado, si se reco-
noce su, bien entendido, protagonismo y su contribución para evitar o
prevenir futuros delitos.
Las víctimas no son tan «vengativas» o castigadoras como se cree
y, si somos capaces de darles su lugar en el proceso, es posible encon-
trar soluciones alternativas a la punición, contribuyendo a la disminu-
ción de la litigiosidad e incluso a la propia prevención del delito.
Es fundamental, y lo exige positivamente el Estatuto, darles un
trato respetuoso, profesional, individualizado y no discriminatorio
desde el primer contacto con las autoridades o funcionarios. Hay que
evitar la victimización secundaria no propiciada ya por el ofensor sino
por el propio sistema legal y judicial.
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86 María Rosario Palenque Lus

Lo esencial y primordial es ser conscientes, todos, de la necesidad


de implicarnos para dar la atención debida a las víctimas. Partiendo
de esa premisa, el Estatuto y la Ley de Enjuiciamiento Criminal regulan
perfectamente cuáles son sus derechos y quiénes tienen obligación de
llevarlos a efecto.
El legislador atribuye la función de evaluación de la víctima a las au-
toridades judiciales, fiscales, policiales y las Oficinas de Asistencia a las
Víctimas.
El artículo 24 del Estatuto establece que la valoración de las necesi-
dades y la determinación de las medidas de protección de las víctimas
corresponden a Jueces y Tribunales, pero también al Ministerio Fiscal y
a la Policía Judicial durante la fase de investigación.
Conforme al artículo 773.2 de la LECr, el Ministerio Fiscal efectuará
la evaluación y resolución provisionales de las necesidades de la víctima,
de conformidad con lo dispuesto en la legislación vigente. Ha de velar
el Ministerio Público también especialmente por la garantía de sus de-
rechos procesales, reconocidos en los artículos 4 a 26 del Estatuto, eva-
luando las necesidades individuales contempladas en los artículos 23 y
24. También, y es la verdadera novedad legislativa, le corresponde velar
por los derechos extraprocesales de asistencia, atención y apoyo regu-
lados en los artículos 17 a 29.
La Policía Judicial, por disposición del artículo 282 LECr, llevará a
cabo una valoración sobre las circunstancias particulares de la víctima y
la determinación de sus necesidades de protección, sin perjuicio de la de-
cisión final del Juez o Tribunal. La información es también deber policial
y será la primera que reciba la víctima en la mayoría de las ocasiones.
Las Oficinas de Asistencia a las Víctimas, en el ámbito propio de sus
funciones, realizarán, conforme al artículo 28.2 del Estatuto, una valo-
ración de las circunstancias y, en especial, respecto de las circunstan-
cias particulares prevenidas en el artículo 23.2.
No nos corresponde a los letrados de la Administración de Justicia
la evaluación de las víctimas, pero antes de la evaluación es precisa su
identificación e individualización como sujeto de los derechos reconoci-
dos por el Estatuto y, para esto, nuestro papel es imprescindible.
Con carácter general, nosotros somos los titulares de la instrumen-
tación del proceso, la ordenada documentación y dación de cuenta del
cumplimiento del trámite y los hitos más importantes del mismo. Hemos
de tutelar el cumplimiento de las citaciones y notificaciones en defensa
del llamamiento efectivo1 y la preclusividad de los plazos procesales.

1  STC 266/2015, de 14 de diciembre; SAP Valencia, Sección 4.ª, 480/2014, de 20 de junio.

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Compromiso activo con la persona 87

Como titulares y garantes también de la publicidad de las actua-


ciones y la seguridad y protección de datos personales, hemos de mos-
trar especial cuidado con aquellos correspondientes a las víctimas que
en nada afectan al derecho de defensa del investigado, encausado y
acusado, preservándolos cuando resulte necesario para tranquilidad de
ésta y en evitación de su difusión a terceros.
Incoado el procedimiento judicial, corresponde a los letrados de
la Administración de Justicia, por disposición del artículo 109 LECr, la
instrucción a la víctima del derecho a mostrarse parte en el proceso
y renunciar no a la restitución de la cosa, reparación del daño e in-
demnización del perjuicio causado por el hecho delictivo y también la
información de derechos, con posibilidad, en este último caso, de de-
legación en el personal especializado en la asistencia a las víctimas. Los
artículos 776, 779.1.1.ª, 782.2.a), 785.3, 789.4, 791.2, 792.5 y 797.5.ª
de la LECr preceptúan la información de ésta a lo largo del procedi-
miento, asignándonos la tutela de estos derechos.
Tras la aprobación de la legislación protectora de la víctima, el ar-
tículo  35 del Reglamento, en desarrollo del artículo 10 del Estatuto,
otorga a los letrados de la Administración de Justicia la responsabilidad
de derivar a las víctimas a las Oficinas de Asistencia, en los términos es-
tablecidos en las leyes procesales, cuando resulte necesario en atención
a la gravedad del delito, vulnerabilidad de la víctima o en aquellos ca-
sos en los que ésta lo solicite.
Los derechos reconocidos por ley a la víctima han de hacerse efec-
tivos por toda autoridad o funcionario que contacte con ella y por
tanto gestores, tramitadores y agentes o funcionarios de auxilio no
pueden ignorar tampoco, deliberadamente o no, las obligaciones del
Estatuto.
La implicación, por tanto, nos corresponde a todos y hemos de ha-
cer una reflexión personal sobre el trabajo que, a este respecto, cada
uno hacemos. Debemos examinar si damos por hecho que en cada
uno de nuestros órganos se cumple correctamente con esta labor y,
sin embargo, es posible profundizar, modificar y mejorar en la atención
óptima de las personas.
Mi condición de letrada de la Administración de Justicia de un Juz-
gado de lo Penal de enjuiciamiento me permite aportar la experiencia
desde esta posición, una vez que, finalizadas las fases de instrucción e
intermedia, ha de tramitarse la fase de juicio oral. Por tanto, el análisis
de identificación, individualización, información e instrucción de las víc-
timas y sus derechos lo centraré en el enjuiciamiento, pero también en
la instrucción, analizando con espíritu constructivo, algunas dificultades
con las que nos encontramos en nuestra fase para hacer mínimamente
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88 María Rosario Palenque Lus

efectiva la protección y asistencia integral de las víctimas en el proceso


penal.

1.  Letrados de la Administración de Justicia

Considero que el letrado de la Administración de Justicia del Juz-


gado de lo Penal, como titular de la potestad de instrumentación y or-
denación del proceso, al recibir la causa para enjuiciar, debe examinar
si se ha realizado la preceptiva información actualizada de la víctima y
el ofrecimiento de acciones en las fases previas, sobre todo en los ca-
sos más violentos, con resultados graves y afectados más vulnerables.
Caso de remitirse piezas separadas de responsabilidades pecuniarias,
debe dejar constancia de si efectivamente se han concluido y, en su
caso, están aseguradas las eventuales responsabilidades civiles. La es-
casa trascendencia que se otorga a estas piezas hace que las pesquisas
de bienes, no prestada fianza, sean mínimas y caso de hallarse bienes,
contrariamente a lo dispuesto en el auto de apertura del juicio oral,
no se embargan o aseguran de algún modo las posibles responsabili-
dades futuras. No se hace lo posible por satisfacer los intereses de las
víctimas, evitando que la duración del proceso la haga inviable a su fi-
nalización. La existencia de bienes incautados o cantidades consigna-
das puede suponer también el reintegro o reparación de la víctima. No
es necesario esperar a la celebración de juicio y sentencia para adoptar
decisiones de esta clase.
Por tanto, la existencia de víctimas especialmente dignas de protec-
ción, bienes o cantidades consignadas debe ser visible desde el inicio
del procedimiento, identificando la causa exteriormente con etiquetas
que nos ayuden a visualizar los asuntos más relevantes en este sentido.
Una ordenada documentación y formación de los autos es indispensa-
ble para juzgar y ejecutar lo juzgado.
Antes, los letrados de los Juzgados de Instrucción en el ejercicio de
esas facultades pueden y deben también velar por estas mismas garan-
tías. Si damos, por principio, efectivo cumplimiento a los artículos 109
y 109 bis LECr y evitamos que se conviertan en un mero trámite, dare-
mos a la víctima el tratamiento procesal que se merece. Al igual que el
proceso debe estar presidido por el principio de presunción de inocen-
cia, en lo que se refiere al investigado, debemos proteger y no abando-
nar a las víctimas a su propia suerte, pues así lo requiere el derecho a la
tutela judicial efectiva.
Considero que los letrados de la Administración de Justicia, en el
ejercicio de estas obligaciones generales y para garantizar los derechos
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Compromiso activo con la persona 89

fundamentales, hemos de identificar subjetivamente a las víctimas, to-


mando decisiones con arreglo a nuestras competencias y dando cuenta
de lo actuado con ellas, fundamentalmente en aquellos casos más dig-
nos de especial protección. Si las víctimas tienen, por ejemplo, dere-
cho a la instrucción e información por parte nuestra, si tienen derecho
a la protección de sus datos personales en determinadas condiciones,
a la devolución de efectos o reparación del daño y la adecuada forma-
ción de los autos nos exige advertir de su existencia, en su caso, no po-
demos actuar sólo a base de resoluciones judiciales, hemos de adoptar
nosotros la decisión de informar, instruir, formar piezas separadas, en-
tregar cantidades consignadas o, en su defecto, hemos de promover
que las mismas se adopten.
Hemos de concienciar e implicar también a todos y cada uno de los
funcionarios del Juzgado de la necesaria atención y entendimiento de-
bido de las víctimas cuando comparezcan personalmente en las Ofi-
cinas o se pongan en contacto telefónico o por otros medios con és-
tos. La acogida, el trato debido y el respeto que nos merece la víctima
los va a obtener primero, de inicio, por parte de los funcionarios en la
oficina. Han de conocer su obligación para con ella. Hemos de facili-
tar la comparecencia escrita de las víctimas en la oficina, si es precisa,
para que puedan participar en el proceso, informarles de cómo hacerlo
o derivarles a quien pueda materializar esa participación2. No se les
puede considerar, la mayoría de las veces, como simples testigos, sino
que pueden aportar datos de utilidad a la causa, son sujetos activos de
la prueba cuando denuncian y el Estatuto reconoce su participación ac-
tiva, al margen de su constitución en parte, en el artículo 11.

2.  Jueces y Magistrados

Jueces y Magistrados han de ser imparciales pero no insensibles.


Desde la incoación del procedimiento penal, sin entrar en cuestiones
propiamente jurisdiccionales y decisorias, han de tener presente a la
víctima. La víctima ha dejado de ser un dato, un elemento más del pro-
ceso para pasar a ser sujeto de importantes derechos.

2  COSCOLLOLA FEIXA, M.A., FERNÁNDEZ PALMA, M.R., GUIL ROMÁN, C., HER-

NÁNDEZ GARCÍA, J., RIVA ANIES, M.V., El impacto del Estatuto de la víctima del delito
en el proceso penal, Centre d’Estudis Juridics i Formació Especialitzada del Departament
de Justicia de la Generalitat de Catalunya, Barcelona, 2016. Nada impediría que la víc-
tima pudiera aportar fuentes de prueba a través del Ministerio Fiscal en el trámite de
cuestiones previas.

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En la instrucción, es indispensable oír a la víctima. Los análisis teóri-


cos alejados de ella pueden ser inadecuados y contrarios a su dignidad
personal. El factor humano es determinante para evitar la revictimiza-
ción y toda persona, por el hecho de serlo, merece ser tratada como
tal, no como una referencia o circunstancia. El cierre inmediato del pro-
ceso sin escucharla es contrario al análisis particular e individualizado
y repercute en perjuicio de la persona que confía en el proceso penal
para resolver su conflicto.
A la hora del interrogatorio, presidido por el respeto, atención y
evaluación, no ha de olvidarse que, si no lo ha expresado ya, es im-
portante conocer su voluntad de participar y/o reclamar en el procedi-
miento y, si lo desea, ha de ser tan protagonista como el infractor.
En todo momento ha de tener el Juez presente a la víctima, tam-
bién cuando ha establecido una medida cautelar real como es la pres-
tación de una fianza en su favor, disponiendo el embargo inmediato
de los bienes del acusado, si no la presta. No está justificada la de-
claración de solvencia con la simple averiguación patrimonial, sin ase-
gurarse, como está acordado, que, en caso de tenerse que ejecutar
bienes, podrán satisfacerse sus derechos. La duración en exceso del
procedimiento se reconoce al condenado en forma de atenuante de di-
laciones indebidas. No cuenta con un reconocimiento similar la víctima
que además ve frustradas sus expectativas de resarcimiento económico
cuando, durante la prolongada duración del procedimiento, el acusado
se ha deshecho de sus bienes para hacer frente a sus responsabilida-
des. Tampoco la declaración de insolvencia, que en muchas ocasiones
se adopta con un automatismo injustificado, tutela los intereses de las
víctimas.
El Juez de Instrucción, cuando dicte el auto de incoación de proce-
dimiento abreviado, tiene que conocer qué postura procesal va a adop-
tar la víctima, si se va a personar o no, para actuar en consecuencia y
vigilar por su correcta constitución en parte.
Recibida la causa para enjuiciamiento, el Magistrado de lo Penal
debe reevaluar a la víctima, si es necesario. Conjuntamente con el le-
trado de la Administración de Justicia cuidará de que, actualizada la in-
formación de sus derechos, ésta pueda participar en el proceso si por
deficiencias durante la instrucción se le hubiera quebrantado su dere-
cho a la tutela judicial efectiva. Es preciso comprobar que ninguna víc-
tima ha sido preterida y cuenta con el apoyo y asistencia necesarios.
A la hora de redactar las resoluciones, autos y sentencias es impor-
tante tener presente a la víctima y su derecho a entender reconocido
en el artículo 4 del Estatuto. Todos los Jueces deberían procurar el em-
pleo, en la medida de lo posible, de un lenguaje claro y alejado de for-
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Compromiso activo con la persona 91

mulismos o expresiones en desuso, un lenguaje accesible que la víc-


tima pueda comprender, en función de sus circunstancias. Si ésta no
está personada en la causa, va a tener incluso mayor dificultad, porque
no dispondrá de profesionales que puedan explicarle sus contenidos. El
destinatario del mensaje contenido en la sentencia es la víctima cuando
exista: a ella hay que explicarle primero por qué se absuelve o condena
al infractor. Este pequeño ejercicio mental provocará un cambio, se-
guro, en la forma de confeccionar la sentencia.
Para informarle o notificarle, el artículo 7 del Estatuto establece que
en la comunicación se incluirá, al menos, la parte dispositiva de la reso-
lución y un breve resumen del fundamento de la misma. La comunica-
ción nos corresponde efectuarla a los letrados de la Administración de
Justicia y ésta debe ser clara para la víctima. Ello no es fácil, si el len-
guaje en origen no lo es. Una interpretación posterior puede distorsio-
nar la verdadera razón de la decisión y la excesiva erudición puede con-
fundir no sólo a la víctima, sino también a no pocos juristas.

3.  Ministerio Fiscal

El Ministerio Fiscal por su parte, institucionalmente, es el defensor


de la víctima. Su Estatuto orgánico (artículo 3.10.º) le encomienda la
protección de los intereses de ésta. Desde mucho tiempo atrás, ya se
viene reiterando la obligación de los Fiscales de velar por la víctima en
todas las fases del procedimiento y evitar indeseables formas de victi-
mización secundaria3. Esta obligación debe ser rigurosamente cumplida
desde la aprobación del Estatuto.
Los escritos de calificación pueden llegar a manos de la víctima y lo
dicho anteriormente respecto al lenguaje de las resoluciones es igual-
mente aplicable para ellos. Es habitual encontrarnos con escritos plaga-
dos de otrosís que ni se ciñen al caso concreto ni se vela posteriormente
por que exista pronunciamiento sobre ellos o se les dé cumplimiento.
Si la instrucción de derechos a la víctima no está correctamente
realizada, no debería formularse el escrito de acusación, pues el Fiscal
no está en condiciones de saber si debe o no ejercitar la acción civil de
reparación del daño.
Ha de controlarse la adecuada notificación a la víctima aun cuando
la misma no se encuentre personada. Previo al archivo de la causa, el
Fiscal velará por que la víctima esté notificada del auto o sentencia ab-

3  Así en la Circular 2/1998, de la Fiscalía General del Estado.

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solutoria correspondiente, en las distintas instancias si es el caso. Igual


cuidado ha de prestarse si la sentencia es condenatoria y ejecutoria.
Deben generalizarse también prácticas como la asistencia e infor-
mación personal a las víctimas en la sede de las Fiscalías o en el mismo
acto de juicio oral cuando éstas lo demanden o se alcance una confor-
midad4. La cercanía, información y atención son prioridad también para
los Fiscales.

4.  Atención en la Oficina Judicial

De gran importancia resulta el trato de sumo respeto con el que


se debe trabajar con las víctimas desde el primer contacto con el pro-
ceso. Las víctimas, que son atendidas al inicio por los funcionarios de
la Oficina Judicial, pueden encontrarse en una situación de incertidum-
bre, miedo y sentimiento de soledad. Por esta razón, todos los funcio-
narios en la Oficina deben mostrarse receptivos, facilitando la escucha,
la transmisión de confianza y el apoyo, ofreciéndoles información y/o
ayuda que, por la situación en que se encuentren, pueda prestársele.
La protección personal común, no la jurídica o cautelar, depende
también en gran medida del trabajo de la Oficina. Las dependencias de
los Juzgados no están preparadas para ofrecer a las víctimas, por ejem-
plo, zonas separadas de espera. Por esto es importante citar a éstas en
la Oficina Judicial, en lugar de en las Salas de Vista, para resguardar-
las de incomodidades. Es preciso acompañarlas al juicio en el momento
preciso. Advertirlo convenientemente a la hora de documentar las ci-
taciones, confeccionar los estadillos de Sala, atender y conducirlas con
atención depende de estos profesionales.
Las víctimas contactan telefónicamente también con los funciona-
rios para transmitir sus miedos y sus dudas. Ofrecerle sencillas solucio-
nes, como la posibilidad de interesar un biombo, o dar cuenta de situa-
ciones, circunstancias o aspectos concretos, incidirá notablemente en
que se pueda dar o no la «revictimización», o «victimización secunda-
ria», de la que hablamos5.

4  A partir de la Instrucción 8/2005, de la Fiscalía General del Estado, lo contrario de-

bería ser la excepción.


5  Un ejemplo es el primer caso expuesto al final de esta ponencia. El Agente Judi-

cial comunica de inmediato a la Sala que la víctima le ha referido que tiene un informe
clínico. Al certificar la asistencia de la víctima a la vista suspendida, tiene conocimiento
del lugar desde el que se ha desplazado. Cuando en la segunda vista, ésta le comenta
que no le han abonado gastos del primer desplazamiento, también lo participa, orien-
tando a la víctima sobre cómo debe proceder para ser indemnizada. Durante su decla-

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Para el caso de delegar en los funcionarios de Gestión o Tramita-


ción Procesal la información e instrucción, ha de vigilarse que se cum-
pla correctamente con estas obligaciones, dejando constancia de lo
manifestado por las víctimas. Se ha de advertir a aquéllos que, en caso
de que se ponga de manifiesto alguna dificultad o complejidad, se dé
cuenta a fin de proceder oportunamente.
Inmediatamente, pensamos que es tanto el trabajo que hemos de
afrontar que no disponemos de tiempo suficiente para llevar a cabo
toda esta labor. Es indudable también que faltan medios y profesionali-
zación y merece todas las críticas la aprobación de una ley sin ninguna
dotación presupuestaria. Pero hemos de ser capaces de entender que,
prestando mayor atención a aquellos casos más necesarios y mejo-
rando ésta —la atención— simplemente con empatía y sentido común,
contribuimos a que las víctimas y la sociedad en general reconozcan en
mayor medida nuestro trabajo —el de todos—. Así, seremos también
más respetados y considerados, y todo ello redundará en la disminu-
ción de la litigiosidad, del delito y la sobrecarga de asuntos.
Mi pretensión es plantear los derechos básicos de las víctimas en
supuestos concretos y reales, aportando procedimientos de actuación,
de forma que se pueda atender y entender mejor a las víctimas. Sólo
con un mayor conocimiento y mejor comprensión del fenómeno de la
revictimización conseguiremos mejorar nuestra labor profesional y acer-
carnos a lo que sería un trato íntegro y meritorio.

III.  Identificación e individualización de las víctimas

1.  ¿Quién es víctima?

El artículo 2 del Estatuto de la víctima nos da el concepto general


de víctima que resulta de aplicación
a) Como víctima directa, a toda persona física que haya sufrido un
daño o perjuicio sobre su propia persona o patrimonio, en espe-
cial lesiones físicas o psíquicas, daños emocionales o perjuicios
económicos directamente causados por la comisión de un de-
lito.

ración se centró en el hecho padecido sin referir para nada el perjuicio económico que
su desplazamiento en dos ocasiones de Sevilla a Bilbao le ocasionó. Un Agente Judicial
cumplidor tan sólo de la rutina burocrática e insensible no habría puesto freno a la re-
victimización.

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b) Como víctima indirecta, en los casos de muerte o desaparición de


una persona que haya sido causada directamente por un delito,
salvo que se tratare de los responsables de los hechos:
1.º A su cónyuge no separado legalmente o de hecho y a los hi-
jos de la víctima o del cónyuge no separado legalmente o de
hecho que en el momento de la muerte o desaparición de la
víctima convivieran con ellos; a la persona que hasta el mo-
mento de la muerte o desaparición hubiera estado unida a
ella por una análoga relación de afectividad y a los hijos de
ésta que en el momento de la muerte o desaparición de la
víctima convivieran con ella; a sus progenitores y parientes en
linea recta o colateral dentro del tercer grado que se encon-
traren bajo su guarda y a las personas sujetas a su tutela o
curatela o que se encontraren bajo su acogimiento familiar.
2.º En caso de no existir los anteriores, a los demás parientes en
linea recta y a sus hermanos, con preferencia, entre ellos, del
que ostentara la representación legal de la víctima.
Las disposiciones de esta Ley no serán aplicables a terceros que
hubieran sufrido perjuicios derivados del delito.
El concepto de víctima, por tanto, es amplio, pero tiene importan-
tes matices. Es víctima el afectado por cualquier delito y cualquiera que
sea la naturaleza del perjuicio físico, moral o material que se le haya
irrogado. Comprende tanto a la víctima directa como a la indirecta,
pero limita esta última a familiares o asimilados, excluyendo expresa-
mente en el párrafo final a terceros que hubieran sufrido perjuicios de-
rivados del delito.
Así, deja fuera de la consideración de víctima a las personas jurídicas
y los perjudicados que, no siendo víctimas directas del delito, tampoco
se les puede incluir en los supuestos regulados de víctima indirecta.
No obstante, el carácter de mínimos predicado por la exposición de
motivos del propio Estatuto hace que la enumeración haya de enten-
derse como meramente casuística y ningún límite puede representar a
la tarea jurisdiccional de delimitación del círculo de afectados por el de-
lito.
Para Chozas Alonso, la exclusión de otros perjudicados del con-
cepto de víctima no implica la posibilidad de no reconocerle el derecho
a personarse en el proceso penal. Ello sería incoherente con la preten-
sión del legislador de ir más allá de la protección de mínimos exigida
por la normativa europea6.

6  CHOZAS ALONSO, J.M., Los sujetos protagonistas del proceso penal, conforme a

las recientes reformas legislativas. Editorial Dykinson. Madrid. 2015. p. 222.

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Ya ha existido, sin embargo, alguna resolución que ha negado la


posibilidad de ejercicio de la acción penal al perjudicado no ofendido
por el delito con base en la nueva redacción de los artículos 109 y 110
de la LECr7.
Habrá que estudiar cada caso en concreto y particular, viendo
cómo evoluciona la jurisprudencia en este sentido.

2.  ¿Qué víctimas precisan más atención?

Una vez que tenemos identificada o delimitada subjetivamente a la


víctima hemos de proceder a individualizarla teniendo en cuenta fun-
damentalmente sus circunstancias personales, la naturaleza del delito
cometido y los daños y perjuicios sufridos.
Centrándonos en el contexto de los delitos de nuestra competen-
cia, son individualizables aquellas que han sufrido violencia de cual-
quier tipo (física, psíquica o sexual), las víctimas más gravemente afec-
tadas y las que personalmente están más necesitadas de protección
(menores, ancianos, personas con discapacidad o personas especial-
mente vulnerables por otras razones como raza, sexo u orientación
sexual, convivencia en determinados entornos u otros parámetros de
índole social, religiosa o cultural).
Es importante, a mi entender, prestar atención también a las víc-
timas que el Estatuto denomina «indirectas», aquéllas que han per-
dido un familiar. No han de olvidarse, aunque el Estatuto expresa-
mente no los mencione, los familiares de aquellas víctimas directas
que han sufrido lesiones graves y resulten dependientes de un ter-
cero. Aunque no se particularice, considero que es un supuesto
acreedor de individualización, pues es indudable que, aunque la víc-
tima directa no ha fallecido o desaparecido, tampoco podemos aten-
derla y entenderla y sí a estos familiares o asimilados que son per-
judicados cualificados por un hecho delictivo. Estas personas son
quienes van a sufrir de manera intensa la victimización secundaria a
la que ya nos hemos referido, soportando el peso de la investigación
y enjuiciamiento.
El establecimiento únicamente, por vía reglamentaria (artículo 13),
de la posibilidad de que las Administraciones Públicas y las Oficinas de
Asistencia a las Víctimas hagan extensivo el derecho de acceso a los
servicios de asistencia y apoyo a los familiares, aunque no tengan la

7  Auto TSJ de Canarias de 11 noviembre 2016.

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consideración de víctimas, cuando se trate de delitos que hayan cau-


sado perjuicios de especial gravedad, es insuficiente no sólo para ellos
sino para la propia víctima directa que, por sí misma, tampoco puede
hacer efectivos sus derechos.
Del número de asuntos que podemos tramitar en cada Juzgado
los realmente atendibles en este sentido, si nos ajustamos al con-
cepto de víctima con carácter de mínimos, no son tan elevados. Pen-
semos, por ejemplo, en los supuestos más graves de delitos con
resultado de muerte (dolosos o imprudentes), los casos que anual-
mente ingresan en Juzgado de lo Penal no superan los cinco asuntos
de este tipo.

IV. Derechos esenciales comunes a todas las víctimas e ineludibles


en las individualizadas como dignas de especial protección

El año 2015 fue un año de reformas constantes y continuas de las


más importantes normas penales y procesales penales.
Destaca, por lo que aquí nos ocupa, la promulgación de la
Ley 4/2015, de 27 de abril, del ya aludido Estatuto de la víctima del de-
lito, y el Real Decreto  1109/2015, de 11 de diciembre, por el que se
desarrolla éste y se regulan las Oficinas de Asistencia a las Víctimas del
Delito. Dos años después de su vigencia cuesta aún ver su aplicación
práctica.
Se regula positivamente un catálogo de derechos bastante am-
plio. En palabras de su Exposición de Motivos, en el Título preliminar
del Estatuto, la víctima tiene unos derechos comunes que se van de-
sarrollando a lo largo del articulado. A grandes rasgos, el artículo 3 re-
sume que tiene derecho a la protección, información, apoyo, asisten-
cia y atención, a participar activamente en el proceso penal y a recibir
un trato respetuoso, profesional, individualizado y no discriminatorio
desde su primer contacto con las autoridades o funcionarios, durante
la actuación de los servicios de asistencia y apoyo a las víctimas y de
justicia restaurativa, a lo largo de todo el proceso penal y por un pe-
riodo de tiempo adecuado después de su conclusión, con independen-
cia de que se conozca o no la identidad del infractor y del resultado del
proceso.
Todos estos derechos son importantes, pero no cabe duda de que
sin la información e instrucción de los propios derechos difícilmente
tendrá acceso la víctima a los demás. Si la víctima no accede ni tiene in-
formación ninguna del proceso, no recibirá protección, apoyo, asisten-
cia o atención dentro del mismo.
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Por esta razón, he optado por que estos derechos esenciales for-
men parte del título de este modesto trabajo, considerándolos puerta
de entrada para los restantes. Los verdaderos cimientos de la tutela de
las víctimas se fijan al inicio del proceso, haciendo efectivos estos dere-
chos de información e instrucción.

1.  Derecho a la información apoyo, asistencia y atención

Se ha establecido como un derecho básico el de información a la


víctima de determinados aspectos como la vía para ejercitar su derecho
a reclamar y participar en el proceso, conocer sus trámites más impor-
tantes, las condiciones de protección, asesoramiento jurídico y defensa,
las indemnizaciones, las medidas de apoyo disponibles y los servicios
existentes de justicia reparadora entre otros.
Este derecho de información inicial, desde el primer contacto con
las autoridades, se reconoce en el artículo 5 del Estatuto para poste-
riormente reconocerle también, concretándolo sobre la información de
la causa penal en el artículo 7, para aquellas víctimas que hayan solici-
tado ser notificadas de determinadas resoluciones.
Con el propósito de garantizar la orientación desde el inicio, la
Ley 4/2015 modifica el artículo 109 de la LECr8 para recoger este de-
recho expresamente y facultar al letrado de la Administración de Jus-
ticia a delegar esta función en las Oficinas de Asistencia a las Vícti-
mas.
La información inicial, por prescripción del apartado 2.º del ar-
tículo  5, debe ser actualizada en todas las fases del procedimiento y
por ello no se agota el derecho en ese primer momento, llevado a cabo
con carácter simultáneo al ofrecimiento de acciones.
Ha de irse más allá de la mera información formal, de dar a cono-
cer la normativa que la mayoría de las veces no va a ser comprendida.
Las referencias normativas deberían reducirse al mínimo imprescindible.
Es necesario hablar, establecer un diálogo si es necesario, con fluidez y
claridad en el lenguaje, para permitir a la víctima entender y ser enten-
dida.
Debemos desterrar la constancia en autos de fórmulas estereotipa-
das huecas o vacías de contenido como «manifiesta que queda ente-
rado».

8  También los arts. 282 y 773.2 LECr, reguladores de esta misma obligación para la

Policía y el Ministerio Fiscal.

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El manejo de formularios es útil, pero la información ha de dirigirse


individualmente, de modo detallado y comprensible. Lo contrario es dar
cumplimiento teórico a una obligación sin eficacia práctica ninguna.
La información —lo reitero para llamar la atención sobre ello—
debe ser permanentemente actualizada. De este modo, el conoci-
miento tempestivo y adecuado de la evolución del proceso y sus posibi-
lidades de actuación no dependen de que la víctima esté personada o
no en el procedimiento.
Las medidas de asistencia a las víctimas vienen recogidas en la
Ley 35/1995, de 11 de diciembre, de ayudas y asistencia a las víctimas
de delitos dolosos violentos y contra la libertad sexual, Ley que tiene
dos líneas de actuación perfectamente diferenciadas. La primera inte-
gra la protección económica de la víctima y regula las ayudas públicas.
La segunda se refiere a un concepto más amplio y personal que pre-
tende generalizar la información y la atención psicológica y social de las
víctimas de delitos de todo tipo, intentando paliar el fenómeno de victi-
mización secundaria, derivadas de las relaciones de la víctima con el sis-
tema jurídico penal. Para cumplir estos fines se crearon las Oficinas de
Asistencia a las Víctimas. Aunque su objetivo sea la atención de todo
tipo de víctimas, sin embargo, atienden preferentemente a las víctimas
con resultado de muerte, lesiones graves o daños contra la salud física
y mental, así como a las víctimas de los delitos contra la libertad sexual.
Atienden igualmente a las víctimas indirectas, es decir familiares de las
víctimas directas o quienes los tuvieran a su cargo.
Las ayudas previstas en la Ley 35/1995 prevén un limitado ámbito
de beneficiarios y un significativo catálogo de incompatibilidades y de
criterios de reducción de las mismas. En primer lugar, interesa signifi-
car que sólo se aplicará a las víctimas de delitos dolosos, impidiéndose
obtener una ayuda a quien haya sufrido perjuicios (aún de una entidad
importante) a causa de una actuación imprudente de otra persona. En
segundo término, no se permite la percepción de tales ayudas a las
víctimas de cualquier delito doloso, sino sólo a las de aquellos delitos
violentos, cometidos en España y que hubiesen causado la muerte, le-
siones corporales graves o daños graves a la salud física y mental. En
el caso de delitos contra la libertad e indemnidad sexuales, no será
preciso que se hayan realizado con violencia, al entenderse que llevan
implícitos daños contra la salud mental. En esta última hipótesis, la
ayuda sufragará los gastos del tratamiento terapéutico que la víctima
elija (art. 6.4, Ley 35/1995). Además, se exige que el resultado del de-
lito sea la muerte, lesiones corporales graves o daños graves en la sa-
lud física o mental (incapacidad temporal superior a seis meses o in-
capacidad permanente por minusvalía de más de un treinta y tres por
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ciento, según criterios de la Seguridad Social), que la víctima no haya


percibido a través de un seguro privado el total de las indemnizacio-
nes por daños y perjuicios establecidas en la sentencia y que no tenga
derecho a percibir un subsidio de la Seguridad Social por incapacidad
temporal.
En cuanto a las denominadas «víctimas indirectas», sólo se consi-
deran como tales a las personas que dependieran económicamente del
fallecido en los supuestos con resultado de muerte, obviando a aque-
llos otros a quien la comisión del delito les hubiera originado perjuicios
y ostenten, por tanto, la consideración de meros perjudicados. A éstos
sólo les queda, para lograr su reparación, acudir a la vía judicial ejerci-
tando la acción civil, no existiendo ninguna previsión de un fondo pú-
blico que atienda a su situación en los frecuentes casos de insolvencia
del responsable civil.
Estas ayudas públicas se prevén para los casos en que el culpable
sea desconocido o insolvente (al menos, parcialmente), siendo incom-
patibles con la percepción de las indemnizaciones por daños y perjui-
cios causados por el delito y que se establezcan en sentencia (art. 5.1).
Como límite, se prevé que el importe de la ayuda no superará
nunca la indemnización fijada en sentencia (art. 6.1).
En el art. 6 se enumeran los criterios a valorar para determinar el
importe de las ayudas, distinguiéndose entre casos de incapacidad
temporal, lesiones invalidantes (diferenciándose, a su vez, entre incapa-
cidad permanente parcial, total, absoluta y gran invalidez) y muerte.
Asimismo, se prevé la aplicación de mecanismos correctores que
matizarán la cantidad a percibir en atención a la situación económica
de la víctima y del beneficiario, el número de personas que dependie-
ran económicamente de los anteriores y el grado de afectación o me-
noscabo que sufriera la víctima en las situaciones antes enumeradas.
El momento natural para percibir estas ayudas es el posterior al dic-
tado de la sentencia. Sin embargo, se prevé igualmente la posibilidad
de conceder ayudas provisionales, «siempre que quede acreditada la
precaria situación económica en que hubiere quedado la víctima o sus
beneficiarios» (art. 10, Ley 35/1995).
La necesidad de claridad y nitidez en la información exigida ahora por
el Estatuto venía exigida ya por el artículo 15.4 de dicha Ley  35/1995,
que dispone:
«El Secretario judicial cuidará de que la víctima de un hecho que
presente caracteres de delito, en el mismo momento de realizar la
denuncia o, en todo caso, en su primera comparecencia ante el ór-
gano competente, sea informada en términos claros de las posibili-
dades de obtener en el proceso penal la restitución y reparación del
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daño sufrido y de las posibilidades de lograr el beneficio de la justi-


cia gratuita. Igualmente cuidará de que la víctima sea informada de
la fecha y lugar de celebración del juicio correspondiente y de que le
sea notificada personalmente la resolución que recaiga, aunque no
sea parte en el proceso.»

Ha de ofrecerse a la víctima apoyo jurídico, psicológico, social, sa-


nitario etc. y, en este aspecto, es evidente que poco más nos com-
pete que informarles de la existencia de la aludida Ley de Asistencia
en los términos antes sucintamente detallados, si es necesario, y faci-
litarle el contacto, derivando o planteando incluso al Servicio u oficina
correspondiente, la valoración de determinadas víctimas. En la infor-
mación, además de facilitar dirección y teléfono, podemos hacer en-
trega de una hoja informativa sobre el propio Servicio, con sucinta in-
formación de lo que en el mismo se puede encontrar si a él se acude.
Personalmente, yo he optado por entregar una copia del contenido
de la información ofrecida del Servicio de Asistencia a las Víctimas
(SAV) en la página web [Link], del Departamento de Jus-
ticia. Igualmente, se puede proceder respecto a la información de la
Ley de Asistencia las víctimas de delitos dolosos violentos y contra la
libertad sexual, entregando una copia de la información ofrecida por
el Ministerio de Justicia en su página web [Link], donde se ex-
plica de forma detallada de los pasos y requisitos de solicitud de di-
chas ayudas.
En cuanto a la información particular sobre la causa penal, las re-
soluciones detalladas en el artículo 7 del Estatuto, entre otras la de ar-
chivo, la sentencia que pone fin al procedimiento, la prisión, la libertad
o la fuga del infractor o las medidas cautelares y definitivas que garan-
ticen la seguridad de la víctima, serán comunicadas al e-mail facilitado
a estos efectos, haciendo de este medio de notificación el preferente
para ir conociendo el desarrollo del proceso, rebajando la comunica-
ción postal al carácter de excepcional, y sólo para el caso de que no
dispusiera de correo electrónico. Dicha información podría y creo que
debería extenderse a los eventuales archivos provisionales dictados por
motivos de salud psíquica del acusado, por imposibilidad de conocer el
paradero de éste o de algún testigo esencial.
Como una muestra más de la claridad, cercanía y trato persona-
lizado exigidos, el Estatuto mantiene que estas comunicaciones in-
cluirán, al menos, la parte dispositiva de la resolución y un breve re-
sumen del fundamento de la misma y se efectuarán siempre a la
víctima, aun cuando ésta se hubiera personado formalmente en el
procedimiento. Hay que promover activamente el ejercicio de ese de-
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recho particular por la víctima y para ello considero esencial requerirle


el e-mail, con ofrecimiento, en su caso, del tratamiento reservado de
dicho dato en el proceso, en lugar de esperar a que sea ésta quien
demande la información, haciéndole saber también que en cualquier
momento puede dejar sin efecto la solicitud de ser notificada. Si no
lo posee, o no desea facilitarlo, ha de dejarse constancia. Una queja
frecuentemente oída es que no se le informa del seguimiento que se
da a «su asunto». Tener a la víctima al corriente de la continuación
dada al mismo puede ser muy importante para ella y puede ser deter-
minante para la comprensión del tiempo empleado en su adecuada
resolución. Prácticamente en la totalidad de los casos en que actuali-
zada la información en la fase de enjuiciamiento se requiere e-mail a
la víctima lo facilita sin ningún reparo y agradece el interés mostrado
para con ella.
No debe olvidarse tampoco de que, en caso de haber efectuado la
solicitud de información, han de comunicársele personalmente los hi-
tos más importantes del proceso, aunque la misma se encuentre perso-
nada en la causa (art. 7.1 in fine).
El Reglamento 1109/2015, en su artículo 7, prevé facilitar a la víc-
tima información escrita cuando lo precise, posibilitando, con el fin de
hacer efectivo este derecho, que estos documentos incluyan una solici-
tud para ser notificada y para dejar sin efecto dicha solicitud. También
podrá interesar que estas resoluciones se comuniquen, además, a la
Oficina de Asistencia a las Víctimas.

2. Derecho al acceso a la Justicia y a la participación en el proceso penal

Las víctimas necesitan acceder fácilmente a la justicia, de manera


que la Administración de Justicia debe poner en marcha todos aquellos
mecanismos destinados a que puedan tener una participación activa
en los procedimientos judiciales mediante una representación jurídica
adecuada, facilitándole que puedan comprender en todo momento la
información recibida y el significado de las diferentes actuaciones que
puedan afectarles durante el proceso penal.
Una vez la causa se encuentra en el Juzgado, ha de instruirse a la
víctima de su derecho a ser parte, procedimiento y momento último
para hacerlo.
El artículo 109 LECr, en su redacción tras la Ley del Estatuto de la
víctima, contempla la obligación de instrucción de este derecho tan im-
portante al ofendido, así como de informarle sobre derechos recogidos
en la legislación vigente.
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Aunque este artículo no contenga la exigencia expresa, la obliga-


ción de llamar a las víctimas lo antes posible al procedimiento, ahora
sí positivizada en el Estatuto, y el propio interés del ofrecimiento de
acciones, demandan que la instrucción de sus derechos se haga en
cuanto se conozca la identidad de las mismas. Retrasarlo supone privar
al acusador particular de su derecho a participar en las diligencias ins-
tructoras.
Si bien la obligación de información se puede delegar en personal
especializado en la asistencia a las víctimas, no se establece lo mismo
respecto a la instrucción del derecho a mostrarse parte y renunciar o
no a la restitución de la cosa, reparación e indemnización del perjuicio
causado por el hecho punible. Se confía la tutela de este derecho tan
importante a un técnico en Derecho capacitado para ello: el letrado de
la Administración de Justicia.
Tiene sentido que así sea y lo aconseja la necesaria neutralidad res-
pecto a las partes que debe mantener el Juez.
Instruir es más que informar, es indicar cómo, es prevenir y comuni-
car según cada víctima exija, cuidando con la máxima diligencia de ase-
gurar que estos derechos lleguen a su entendimiento.
Si para la información es necesario hablar y escuchar, tanto o más
necesario lo son para instruir a la víctima de estos derechos.

a)  Derecho a ser parte


El artículo 11 del Estatuto reconoce a la víctima este derecho:
Toda víctima tiene derecho:
a) A ejercer la acción penal y la acción civil conforme a lo dis-
puesto en la Ley de Enjuiciamiento Criminal, sin perjuicio de
las excepciones que puedan existir.
b) A comparecer ante las autoridades encargadas de la investi-
gación para aportarles las fuentes de prueba y la información
que estime relevante para el esclarecimiento de los hechos.

Hemos de retomar de nuevo el concepto de víctima, que reconoce


el artículo 2, y, en su virtud, podrán ser parte ejercitando la acción penal
y/o civil la persona física ofendida y perjudicada como víctima directa y
la perjudicada víctima indirecta en caso de desaparición de la anterior. El
perjudicado, no víctima, únicamente podrá ejercitar la acción civil.
El artículo 109 de la LECr regula el ofrecimiento de acciones al
ofendido víctima directa; el 109 bis del mismo texto legal, al perjudi-
cado víctima indirecta, y el artículo 110, al perjudicado no víctima. Así,
tanto el ofendido como el perjudicado son destinatarios obligados del
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ofrecimiento de acciones. Cuestión distinta es que las acciones que


cada uno de ellos pueda ejercitar sean de naturaleza diferente.
Con anterioridad al Estatuto de la víctima, el artículo 110 LECr
reco­no­cía el ejercicio de las acciones penales tanto al ofendido como
al perjudicado, sin diferenciar entre uno y otro. Tras el Estatuto, el ar-
tículo  110 tan sólo reconoce al perjudicado la acción civil9. La acción
penal queda reservada, por los artículos 109 y 109 bis, a las víctimas di-
rectas e indirectas, haciendo referencia a los casos de pluralidad de víc-
timas y las asociaciones y personas jurídicas encargadas de la defensa
de éstas. Los perjudicados no incluidos como familiares o asimilados en
el artículo 2 del Estatuto no son considerados víctimas, ni pueden ejer-
cer la acción penal.
No deja lugar a dudas, por tanto, ya que es errónea la generalizada
concesión del ejercicio de acciones penales a perjudicados indirectos (en
su mayoría compañías aseguradoras), que únicamente tendrían legiti-
mación para actuar como actor civil, pero no como acusación particu-
lar. Y aunque estas entidades, como personas jurídicas, tampoco gozan
a  priori, como partes activas, de la protección del Estatuto, es preciso
llamar la atención de la especial laxitud con la que se les otorga también
el reconocimiento de parte pasiva sin serlo, por la mera personación,
permitiéndoles, como responsables civiles, ejercer una defensa auténti-
camente penal, conculcando el necesario equilibrio que ha de existir en
el procedimiento y quebrantando así los derechos de las víctimas10.
Traigo aquí, de nuevo, a consideración los supuestos de aquellos
familiares que, no habiendo llegado a perder a la víctima directa, ésta
queda inválida o incapacitada de tal gravedad que la convierte en de-
pendiente de un tercero. A estos familiares ha de efectuárseles el ofre-
cimiento de acciones y debe permitírseles, sin duda, el ejercicio de ac-
ciones civiles y penales.
Todos los profesionales que tomamos contacto con la víctima y ya
en el Juzgado, los letrados de la Administración de Justicia, habríamos

  9 
Auto TSJ de Canarias de 11 noviembre 2016.
10 Reiteradísima jurisprudencia niega a los responsables civiles legitimación para
cuestionar temas de responsabilidad penal que no afectan a sus intereses. Así, la Sen-
tencia de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo 706/2012, de 24 de setiembre, rea-
liza un examen bastante completo de la legitimación de un tercero responsable civil
para impugnar los temas penales sustantivos y concluye que «el responsable civil —en
ese concreto caso era el subsidiario— tiene delimitada su actuación, dentro del proceso
penal, al área puramente indemnizatoria, sin que le sea posible alegar en su defensa
cuestiones de descargo penales...».
  En este sentido se pronuncia también la Audiencia Provincial de Bizkaia, [Link]., Sen-
tencia 90020/2016, de 19 de enero.

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de promover su personación como parte en el procedimiento penal,


explicándoles, con un lenguaje sencillo y comprensible, las ventajas y
derechos que lleva aparejada:
a) tomar conocimiento de las actuaciones e intervenir en todas las
diligencias del procedimiento, salvo que hayan sido declaradas
secretas;
b) proponer al Juez la práctica de todas aquellas diligencias de
prueba que sean de su interés;
c) ser notificadas de todas las resoluciones que se dicten durante
la tramitación del proceso, e interponer los oportunos recursos
contra ellas;
d) formular escrito de acusación, solicitando la condena del acu-
sado y una indemnización por las lesiones, daños y perjuicios
sufridos, que podrán ser diferentes a las solicitadas por el Mi-
nisterio Fiscal;
e) intervenir activamente en el juicio oral, asesorada con defensa
técnica a través de abogado y procurador que represente sus
intereses11.
Además de explicar las ventajas, hemos de prevenirle de las con-
secuencias de su inacción. Debe saber la víctima que puede reservarse
la acción civil para ejercitarla una vez terminado el proceso penal y, si
no lo hace y deja en manos del Ministerio Fiscal su reclamación, puede
producirse el efecto de cosa juzgada respecto a futuras acciones civiles
que deseare ejercitar posteriormente, en caso de desacuerdo con la ac-
tuación de éste12.

b)  Procedimiento para ser parte


Debemos explicar a la víctima que el procedimiento para mostrarse
parte exige designar un abogado y un procurador que lleven a cabo su
representación y su defensa y que, si no dispone de profesionales de
su confianza, el Juzgado podrá, valorando el caso concreto, interesar
la designación de profesionales a los Colegios, sin perjuicio de la trami-

11  GARCÍA RODRÍGUEZ, M.J., «El nuevo estatuto de las víctimas del delito en el pro-

ceso penal, según la Directiva Europea 2012/29/UE, de 25 de octubre, y su transposi-


ción al ordenamiento jurídico español». Revista Electrónica de Ciencia Penal y Criminolo-
gía (en línea), núm. 18, 2016, p. 47.
12  MARTÍN RÍOS, M.P., Víctima y Justicia penal. Reparación, tutela e intervención de

la víctima en el proceso penal. Atelier. Barcelona. 2012. SSTS de 11 septiembre y de 22


de noviembre de 2006.

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Compromiso activo con la persona 105

tación posterior del beneficio de justicia gratuita, quedando obligada


a abonar los honorarios profesionales, si le fuere denegado13. El ar-
tículo 16 del Estatuto reconoce este derecho a la víctima.
Con carácter general, es precisa la acreditación de insuficiencia de
recursos para litigar; sin embargo, existen supuestos en que el dere-
cho se reconoce «en todo caso» o «con independencia» de que exista
la insuficiencia de recursos, aunque la resolución que reconozca el de-
recho deba dictarse siempre tras la tramitación del correspondiente ex-
pediente administrativo. En estos supuestos de reconocimiento por dis-
posición legal expresa14, se prestará asistencia jurídica de inmediato a
las «víctimas de violencia de género, de terrorismo y de trata de seres
humanos en aquellos procesos que tengan vinculación, deriven o sean
consecuencia de su condición de víctimas, así como a los menores de
edad y las personas con discapacidad intelectual o enfermedad men-
tal cuando sean víctimas de situaciones de abuso o maltrato», que se
extenderá a sus causahabientes en caso de fallecimiento de la víctima,
siempre que no fuera el agresor. También tienen derecho a esta pres-
tación inmediata «quienes, a causa de un accidente, acrediten secue-
las permanentes que les impidan totalmente la realización de las tareas
de su ocupación laboral o profesional habitual y requieran la ayuda de
otras personas para realizar las actividades más esenciales de la vida
diaria, cuando el objeto del litigio sea la reclamación de indemnización
por los daños personales y morales sufridos»15.

13  El artículo 3 de la Ley 1/1996, de 10 de enero, de asistencia jurídica gratuita, re-

conoce el derecho de asistencia jurídica gratuita a aquellas personas físicas que, care-
ciendo de patrimonio suficiente, cuenten con unos recursos e ingresos económicos bru-
tos, computados anualmente por todos los conceptos y por unidad familiar, que no
superen, en función de las circunstancias, dos, dos y media o tres veces el IPREM. El ór-
gano judicial puede hacer uso, valorando el caso concreto, de la facultad que le con-
cede el art. 21 de la Ley, y dictar resolución motivada requiriendo de los Colegios pro-
fesionales el nombramiento provisional de Abogado y de Procurador, cuando por las
circunstancias o la urgencia del caso, fuera preciso asegurar de forma inmediata los de-
rechos de defensa y representación de las partes, y alguna de ellas manifestara carecer
de recursos económicos (este requisito sólo cuando fuese exigible para obtener el dere-
cho a la justicia gratuita).
14  Ley 1/1996, de 10 de enero, a través del Real Decreto-ley 3/2013, de 22 de fe-

brero, que recientemente ha sido complementada por la Ley 42/2015, de 5 de octubre,


en su nuevo art. 2.g).
15  En esta Comunidad Autónoma, desde el 2 de abril de 2003, existe un Acuerdo

entre el Gobierno Vasco y el Consejo Vasco de la Abogacía para la creación del Servicio
de Asistencia Jurídica Inmediata y Turno de Oficio para Víctimas de Violencia Doméstica
y/o Agresiones Sexuales. Dicho acuerdo es sustituido por el Convenio de 26 de febrero
de 2007, para la asistencia jurídica inmediata a personas víctimas de delitos de violencia
sobre la mujer, de violencia doméstica y de agresiones sexuales.

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106 María Rosario Palenque Lus

El Tribunal Constitucional, con anterioridad al reconocimiento del


Estatuto, había declarado de forma reiterada que la gratuidad de la
asistencia jurídica, consagrada en el artículo 119, es instrumento y
concreción de los derechos fundamentales a la tutela judicial efectiva
(art. 24.1 de la Constitución española), a la igualdad de armas proce-
sales y a la asistencia letrada (art. 24.2 de la Constitución española), y
que no sólo consagra una garantía de los intereses de los justiciables,
sino también de los intereses generales de la justicia, ya que tiende a
asegurar los principios de contradicción e igualdad procesal entre las
partes y a facilitar así al órgano judicial la búsqueda de una sentencia
ajustada a Derecho y, por ello, indirectamente, coadyuva al ejercicio de
la función jurisdiccional16.
En consecuencia, la privación del derecho a la gratuidad de la jus-
ticia implicará una lesión del derecho fundamental a la tutela judicial
efectiva17.

c)  Momento último para mostrarse parte


Finalmente, ofrece algunas dudas la determinación del término fi-
nal para personarse el ofendido/perjudicado en la causa para el ejerci-
cio de la acusación particular. El artículo 109 bis LECr prevé que las víc-
timas podrán ejercer la acción penal en cualquier momento, cuando no
hubieran renunciado a su derecho: «antes del trámite de calificación
del delito». El artículo 110 especifica que los perjudicados podrán mos-
trarse parte en la causa antes del mismo trámite para ejercer las accio-
nes civiles. El problema surge a la hora de determinar qué debe enten-
derse por el «trámite de calificación del delito».
Si analizamos el procedimiento abreviado, resulta obvio que la po-
sibilidad de ejercitar la acusación particular tiene que finalizar antes de
dar traslado a las defensas para que presenten los escritos de califica-
ción provisional. Los escritos correspondientes se tienen que formalizar
a la vista de los escritos de acusación, respondiendo a sus diferentes
peticiones. Por tanto, el término final para personarse el ofendido coin-
cidirá con el momento de dictarse auto de apertura del juicio oral, en el
que se da traslado a las defensas para la presentación del escrito de ca-
lificación provisional (arts. 783 y 784 LECr)18.

16  SSTC 182/2002, de 14 de octubre; 187/2004, de 2 de noviembre; 127/05, de 23

de mayo; y 217/2007, de 8 de octubre, entre otras muchas.


17  STC 95/2003, de 22 de mayo, FJ 4.
18  Ésta es la solución adoptada por la Jurisprudencia de la que cabe citar la STS de

12 de abril de 2005: «Por otra parte, la STS 846/2000, fundamento jurídico octavo, en

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Compromiso activo con la persona 107

Sin embargo, no es extraño que si en el cumplimiento del Estatuto


se actualiza la información a las víctimas en la fase de enjuiciamiento,
por éstas se ponga de manifiesto que no fueron informadas de la po-
sibilidad de ser parte en el procedimiento o del momento último para
hacerlo.
La personación de la víctima con posterioridad al trámite de califi-
cación ha sido analizada por el Tribunal Supremo concluyendo que, sin
perjudicar el derecho de defensa con acusaciones sorpresivas, no existe
obstáculo para que la víctima o perjudicado comparezca en el juicio
oral, acompañada de su abogado, permitiéndose apud acta su perso-
nación e incorporándose al juicio con plenitud de derechos y con posi-
bilidad de presentar conclusiones19.
El Estatuto no ha acogido esta jurisprudencia para reconocer la po-
sibilidad de personación una vez calificada la causa y abierto el juicio
oral, pero considero que será preciso examinar individualmente cada
caso y, si no consta en la causa que la información ha sido suficiente y
actualizada, ha de permitirse a la víctima la personación en las actua-
ciones a fin de interesar lo que a su derecho convenga, sin retroacción
de las actuaciones o con retroacción de las mismas si fuera necesaria la
declaración de nulidad de actuaciones, en reconocimiento a su derecho
a la tutela judicial efectiva.
La omisión del ofrecimiento de acciones en el momento preceptivo
o el cumplimiento formal y vacío de contenido ya determinaba juris-
prudencialmente la posibilidad de que la víctima se personara pasado
el trámite preclusivo para hacerlo, siempre que se le hubiera producido
indefensión20.

relación al alcance del artículo 110 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, que permite
a los perjudicados por un delito o falta mostrarse parte en el proceso penal correspon-
diente si lo hicieren antes del trámite de calificación del delito, es decir, antes de los
escritos de calificación provisional en los procesos por delitos o escritos de acusación
cuando se trata del procedimiento abreviado (arts. 649 y siguientes y 790 de la Ley de
Enjuiciamiento Criminal), expone que la finalidad de esta perentoriedad es que la recla-
mación de los perjudicados «tenga lugar antes de que las defensas hayan realizado sus
contestaciones a las pretensiones condenatorias de quienes ejercitan sus acciones en el
proceso, esto es, antes de que haya comenzado el trámite de calificación provisional de
las defensas»; luego, si conocen las pretensiones acusadoras antes de calificar provisio-
nalmente la causa, no puede entenderse que exista indefensión».
19  El Tribunal Supremo, Sala 2.ª, en sentencias de 18/02/2005, 3/10/2005, 30/03/2010

y 25/06/2015, seguidas, entre otras muchas, por la Sección 2.ª de la Audiencia Provin-
cial de Bizkaia en sentencias 90579/2012, de 23 de octubre, y 90143/2017, de 31 de
mayo.
20  «Si el ofrecimiento de acciones tiende a posibilitar al ofendido o perjudicado el

ejercicio del derecho de defensa en un determinado proceso, su omisión debía ser sub-

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108 María Rosario Palenque Lus

Por tanto, la instrucción e información no supone la simple cons-


tancia, en la diligencia realizada en la fase de instrucción o investiga-
ción, de la cita de los artículos 109 y 110 de la LECr. Supone explicar
qué implica ser parte o no serlo en el proceso y cómo se debe de pro-
ceder en caso de querer personarse.
Se debe valorar si la persona puede acceder, sin dificultades, a los
servicios de abogado y procurador y, si es necesario, facilitarle la desig-
nación de oficio, desde del Juzgado, sin perjuicio de la tramitación o
no, posterior al beneficio de justicia gratuita.
Se deben evitar tecnicismos, recogiendo de la forma más clara po-
sible cuál es el deseo de la víctima. Es relevante, además, en este sen-
tido, la labor de documentación del letrado de la Administración de
Justicia. Como titular de la potestad de instrumentación y de la Fe Pú-
blica Judicial, debe dejar constancia de la realización de un acto proce-
sal y de la producción de hechos con trascendencia procesal mediante
las oportunas actas y diligencias. El acta no sólo revela la autenticidad
formal, sino que acredita que las observaciones, manifestaciones o de-
claraciones que los intervinientes procesales efectuaron en la misma,
efectivamente se hicieron en los términos reflejados en ella21.

sanada si el estado del procedimiento permite aún al sujeto afectado el ejercicio eficaz
de ese derecho en el mismo proceso, es decir, comparecer en él en tiempo oportuno
para poder conocer el material instructorio, calificar los hechos y proponer la prueba
que sea de su interés (art. 110 LECrim). De no ser así, y si el procedimiento se encuentra
ya en una fase que no permite esa actuación procesal, la situación que con dicha omi-
sión se genera a aquel perjudicado es de efectiva y manifiesta indefensión, pues aunque
se cumpliera formalmente con la instrucción al mismo de cuanto el art. 109 LECrim es-
tablece, se trataría de una actuación vacía de contenido y carente de toda eficacia, al no
poder realizar los actos que son substanciales para la defensa de sus intereses. En estos
casos, de conformidad con lo dispuesto en el art. 240.2 LOPJ, el remedio a adoptar no
podría ser otro que el de la anulación de lo actuado con reposición de las actuaciones al
momento procesal que permita la correcta realización del acto omitido, esto es, la ins-
trucción a la parte en sus concretas posibilidades de actuación en el proceso como per-
judicado, conforme a lo dispuesto en los arts. 109 y 110 LECrim, para que puedan in-
tervenir efectivamente en el proceso ejercitando las acciones civiles y penales, según le
conviniere». Sentencia del Tribunal Supremo de 22 de setiembre de 2006.
  En este mismo sentido las Sentencias del Tribunal Constitucional 111/1995, de 4 de
julio, y 140/1997, de 22 de julio.
21  El Real Decreto 1608/2005, de 30 de diciembre, Reglamento Orgánico del Cuerpo

de Secretarios Judiciales, artículo 5, apartado a), fija el contenido del acta, en las actua-
ciones orales, vistas y comparecencias que se registren en soporte apto para la graba-
ción y reproducción del sonido y la imagen el acta a extender por el Secretario Judicial
deberá consignar, al menos, y dará fe de los siguientes datos «el número y clase de pro-
cedimiento; lugar y fecha de su celebración, tiempo de duración, asistentes al acto; pe-
ticiones y propuestas de las partes; en caso de proposición de pruebas, declaración de
pertinencia y orden en la práctica de las mismas; resoluciones que adopte el Juez o Tri-

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Compromiso activo con la persona 109

Es importante también, a estos efectos, el interrogatorio de los Ma-


gistrados. En los formularios utilizados por los Juzgados de Instrucción
aquí, en el País Vasco, al final de la declaración del ofendido/perjudi-
cado, es donde se recoge la manifestación a preguntas de éste. En la
mayoría de las veces, la expresión se limita a un protocolario «quedar
enterado». En otros casos, se emplea la fórmula «lo que queda gra-
bado en soporte audiovisual». Incluso en estos casos en que ha de es-
cucharse la grabación completa se comprueba, con cierto desánimo,
que nada se ha preguntado a la víctima sobre este extremo. Si existe
grabación de sonido e imagen podemos corroborar si ha sido pregun-
tada y qué ha dicho en concreto la víctima. Si no existe, debe quedar
constancia de su manifestación de forma clara y sin lugar a interpreta-
ciones.
En alguno de los casos reales que examinaré, se constata que
cuando la víctima manifiesta que no desea personarse «de momento»
o que explicita que sí, que «desea reclamar todo lo que le pertenezca»,
no se actualiza la información y ofrecimientos en las siguientes fases
del procedimiento y se continúa el proceso adelante sin volver a infor-
marle de nada22.
Dado que la actualización de la información ha de ser verificada en
todas las fases del procedimiento, si la víctima no ha expresado con cla-
ridad que no desea ser parte ni reclamar y tampoco que no desea ser
informado del procedimiento, deberá comunicársele la conclusión de la
instrucción y notificarle la resolución dándole, en caso de incoar proce-
dimiento abreviado, la posibilidad de personarse en dicho momento, ya
correspondiente a la fase intermedia, para ser parte y formular califica-
ción acusatoria.
Otro momento en que puede ser actualizada la información es el
previsto en el artículo 782.2 LECr:
«Si el Ministerio Fiscal interesara el sobreseimiento de la causa, el
Juez de Instrucción podrá acordar que se haga saber esta situación a
los directamente perjudicados u ofendidos por el delito no persona-
dos, para que, dentro del plazo máximo de quince días, comparezcan
en las actuaciones para defender su acción. De no hacerlo, dará lugar
al sobreseimiento de las actuaciones.»
Podría la víctima en este momento ejercitar la acusación particular.

bunal; y cualquier otra circunstancia o incidencias que no pudieran constar en dicho so-
porte». «Para el caso de que el contenido del acto procesal no sea recogido en aquel
soporte, el acta contendrá, además, el reflejo más fiel y exacto posible del resultado de
las actuaciones practicadas...».
22  Ver caso real expuesto al final de esta ponencia, en cuarto lugar.

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Ni qué decir tiene que, en caso contrario, si se archiva la causa, a la


víctima hay que notificarle personalmente, siempre, la resolución. Hay
que tener presente el plazo especial de 20 días que la reforma del ar-
tículo 779.1.1.ª LECr le otorga para recurrir esta decisión, facilitándole
en dicho momento, si lo requiere, la asistencia letrada para tomar la
decisión que más convenga a sus intereses.
En caso de prosecución de la causa, si la víctima aduce su falta de
conocimiento de la posibilidad de personarse, por no haber sido in-
formada o no haber entendido cómo y hasta cuándo podía hacerlo, y
manifiesta que desea formular acusación, debe permitirse su compa-
recencia a efectos de interesar lo que corresponda sobre una eventual
nulidad de actuaciones y ejercicio de recursos. Ha de valorarse, según
los casos, la posibilidad de incoación de oficio del incidente que deter-
mine si se ha garantizado o no la tutela judicial efectiva de la víctima23.
Está claro que, sin previo y efectivo ofrecimiento de acciones y sin
actualización de la información del procedimiento, no podrá obstacu-
lizarse la personación de una acusación particular, aunque ello pueda
dar lugar a indeseables nulidades. Si la falta de personación antes del
trámite de calificación del delito no es debida a la indiligencia de la
parte, no puede impedirse su personación y, en su caso, la necesidad
de retrotraer el procedimiento.
Es conveniente que la víctima conozca la calificación del Fiscal
cuanto antes. Su conocimiento previo a la apertura del juicio oral es el
momento que más garantiza su derecho a ser parte.
En definitiva, la víctima tiene derecho a personarse en calidad de
parte e intervenir plenamente en el proceso penal y su posición proce-
sal, según la doctrina del máximo intérprete de la Constitución, ha de
ser protegida al mismo nivel que la del acusado24.

23  COSCOLLOLA FEIXA, M.A., FERNÁNDEZ PALMA, M.R., GUIL ROMÁN, C., HER-

NÁNDEZ GARCÍA, J., RIVA ANIES, M.V., El impacto del Estatuto de la víctima del delito
en el proceso penal. Centre d’Estudis Juridics i Formació Especialitzada del Departament
de Justicia de la Generalitat de Catalunya. Barcelona. 2016.
24  STC 218/2007, de 8 de octubre, que anula la STS de la Sala Segunda de fecha 15

de febrero de 2005, dictada en el rollo de casación núm. 785-2003, retrotrayendo las


actuaciones judiciales al momento del juicio oral. En ese caso, «se produjo un quebran-
tamiento de las exigencias propias del correcto desarrollo del procedimiento en curso
que limitó los derechos de defensa de la parte y generó indefensión material, proscrita
por el art. 24.1 CE, deparando a las recurrentes un perjuicio real y efectivo en sus dere-
chos e intereses legitimos. Esta violación, de acuerdo con la doctrina constitucional an-
teriormente expuesta, es compatible con la anulación de la Sentencia impugnada y, en
definitiva, con la repetición del juicio oral. La decisión contraria del Tribunal Supremo,
otorgando un «peso» relativo superior a la presunción de inocencia de los acusados por
el «grave perjuicio que representa [para los acusados] hacer frente de nuevo al riesgo

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Compromiso activo con la persona 111

3. Derecho a ser notificada aun cuando no se mostrare parte o solicitare


ser informada de la causa

Una lectura rápida del Estatuto, en especial del artículo 7, al que ya


me he referido en el apartado correspondiente al derecho de informa-
ción, puede llevarnos a pensar que, salvo que la víctima solicitare ser in-
formada de la evolución del procedimiento, no es necesario notificarle
las resoluciones que en el mismo se enumeran.
Sin embargo, la Ley de Enjuiciamiento Criminal va a exigir esta noti-
ficación de casi todas ellas y así siempre habrá de comunicarse.

a)  Archivo de la causa


Es trascendente la notificación a la víctima del auto de sobresei-
miento y archivo de las actuaciones, resolución que, innegablemente,
le puede deparar perjuicio.
La reforma parcial de la Ley de Enjuiciamiento Criminal del año 2002
incidió en su día en la necesidad de informar a la víctima de todos sus
derechos. La Ley 35/1995 ya establecía antes, en el artículo  15.4, ese
deber de información y notificación personal de la resolución que re-
caiga en el proceso, aunque no sea parte.
Pues bien, el Estatuto de la víctima ha ido más allá. En el artículo 12
contempla la notificación de la resolución de sobreseimiento en térmi-
nos preceptivos, no potestativos («será comunicada») y, dando nueva
redacción al artículo 779 LECr25, exige su notificación personal, estu-
viere o no personada en la causa, reconociéndole un plazo especial y
privilegiado de 20 días para recurrir dicha decisión.
Así, el auto de sobreseimiento será comunicado en cualquier caso
a las víctimas del delito, en la forma expresamente prevista al efecto. Si

de una condena por delito» y, correlativamente, un «peso» inferior al derecho a la tu-


tela judicial efectiva de las acusadoras, que tendría en este caso una dimensión «más
bien formal», porque «no cabe racionalmente prever que la reiteración de la vista fuera
a aportar nada esencial, más allá de lo que pudiese representar la comprensible gratifi-
cación personal de las interesadas», implicó desconocer que toda resolución judicial ha
de dictarse en el seno de un proceso respetando en él las garantías que le son consus-
tanciales y, por tanto, de acuerdo con nuestra doctrina, supuso una nueva violación del
derecho a la tutela judicial efectiva de las demandantes (art. 24.1 CE), que se sumó a la
que ya había sido reconocida por los propios órganos jurisdiccionales. Todo ello, en con-
secuencia, conduce a la estimación de la pretensión de amparo».
25  Esta obligación de notificar el auto de sobreseimiento de las diligencias previas a

los ofendidos y perjudicados, ya se encontraba prevista en el art. 779.1.1.ª LECr para las
resoluciones que en él se refieren.

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112 María Rosario Palenque Lus

disponemos de la dirección de correo electrónico, transcurridos cinco


días desde la comunicación, se entenderá que ha sido efectuada válida-
mente y desplegará todos sus efectos, salvo que éstas acreditaran justa
causa de la imposibilidad de acceso al contenido de la comunicación.
En defecto de e-mail, se notificará el auto en la dirección postal o
domicilio que conste en la causa.
La víctima tiene que conocer esta resolución, no sólo para ejercer
su derecho al recurso, también para, en su caso, plantear acción en vía
civil. Además, el plazo de prescripción de un año para solicitar ayudas
públicas ex art. 7.1, Ley 35/1995, vuelve a correr desde que recae reso-
lución firme que ponga fin, provisional o definitivamente, al proceso,
razón importante también, en su caso, para conocer el archivo de la
causa.
Por tanto, aun cuando la víctima no haya hecho uso del derecho re-
conocido en el artículo 5.m) del Estatuto, la resolución a) del artículo 7,
aquella por la que se acuerde no iniciar el procedimiento penal, ha de
notificársele en todo caso.

b)  Notificación de la sentencia de instancia


Los artículos 789.4 LECr y 973.2 exigen la notificación de la senten-
cia aun cuando la víctima no se hubiere personado en la causa.
Igualmente, aun cuando la víctima no haya hecho uso del dere-
cho reconocido en el artículo 5.m) del Estatuto, la resolución b) del ar-
tículo 7, la sentencia que ponga fin al procedimiento, ha de notificár-
sele en todo caso.

c)  Notificación de la sentencia de apelación


Igual derecho y obligación existe en la fase de apelación, conforme
a los artículos 792 y 976.3 LECr.
Ambas notificaciones de sentencia deben ser controladas por el Mi-
nisterio Fiscal y/o el Juzgado de Ejecución. La víctima debe conocer per-
sonalmente la sentencia recaída tanto en instancia como en apelación.
Puede ocurrir —y he tenido conocimiento de algún caso real—
que, condenado el acusado por varios delitos y reconocida indemniza-
ción a favor de la víctima por uno de ellos, se absuelva al acusado por
ese concreto delito, manteniendo la condena por los restantes, y la víc-
tima, cuyo resarcimiento ha sido revocado, no llega a conocerlo hasta
años después, porque no ha sido notificada de la sentencia de apela-
ción. La causa fue remitida a Ejecutorias para el cumplimiento de los
pronunciamientos condenatorios.
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Personalmente, en casos de víctimas especiales, con revocación


total me he preocupado de comunicarles el archivo. Disponiendo del
e-mail es un trámite sencillo y rápido.

d)  Información de los actos que puedan afectar a su seguridad


La Ley Orgánica 4/1999 introdujo en el artículo 109 de la LECr la
obligación de informar a la víctima de los actos que puedan afectar a
su seguridad. Aquí hemos de entender que deben ser informadas de la
situación personal del denunciado, arraigo, situación económica y labo-
ral, así como la peligrosidad de aquél.
Por previsión legal expresa habrán de notificársele todas aquellas
medidas cautelares, penas accesorias u obligaciones derivadas de la
suspensión condicionada de las penas de prisión, que puedan afectar
a su seguridad, poniendo en su conocimiento el inicio y finalización de
las mismas.
Gran parte de las resoluciones que se contemplan en los aparta-
dos  c) a f) del artículo 7 del Estatuto han de serle comunicadas tam-
bién, aun cuando no haya efectuado expresamente la solicitud prevista
en el artículo 5.m).

4.  Derecho a la protección

Independientemente de las decisiones jurisdiccionales que se


puedan adoptar en cada caso, como medidas protectoras genera-
les en el contexto del proceso, el Estatuto obliga a llamar a la causa
a las víctimas lo antes posible, evitándoles comparecer en dependen-
cias judiciales más allá de lo imprescindible y salvo que ellas mismas
así lo deseen, para informarse. Recogiéndole un e-mail y comunicán-
dole los hitos más importantes del proceso, apenas será necesario
que lo hagan.
El déficit en el tratamiento adecuado dentro del proceso es, proba-
blemente, lo que más daño o insatisfacción produce a las víctimas, mu-
cho más incluso que el resultado definitivo contrario a sus intereses.
De entre las víctimas que hemos individualizado como necesitadas
de más atención precisan especial mención menores y ancianos, siendo
relevante, a estos efectos, la aconsejable realización justificada de su
declaración como prueba preconstituida. De esta manera, no sólo se
asegura la prueba y su calidad, sino que se evita a las víctimas revivir el
hecho traumático que tanto ha podido influir en sus vidas, cuando ya
están en proceso de recuperación.
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114 María Rosario Palenque Lus

La participación en la vista puede significar el peso de vencer de


nuevo la victimización. Si, de una forma u otra, han podido comenzar
a superar el trance, retroceder y volver a sentirse de nuevo víctimas, les
puede ocasionar miedo y fuerte reticencia a declarar.
En este aspecto, también ha de llamarse la atención en que, si bien
los menores son víctimas vulnerables por su edad más frecuentemente
(aunque no siempre) individualizadas, los ancianos sufren el olvido en
el 100% de los casos.
Una vez que comparezcan, acompañándose por la persona que de-
seen (artí. 21 del Estatuto), hay que evitar el contacto suyo y de sus fa-
miliares, en su caso, con el infractor (arts. 20 y 25).
Desde el inicio, las condiciones ambientales hemos de procurar
que sean de seguridad, tranquilidad, comodidad y discreción. El trato
ha de ser respetuoso, profesional, individualizado y no discriminatorio.
Difícilmente una víctima podrá percibir esta atención si, a efectos de
información e instrucción, nos limitamos a remitirle una citación para
comparecer y, cuando lo haga, le hacemos firmar un documento en
dependencias comunes, con numerosas personas dedicadas a otros
asuntos, muchas veces simultaneando su atención con otras labores,
con el teléfono, para hacerle entrega, a lo sumo, de una hoja informa-
tiva tan genérica y despersonalizada que no sería entendida más que
por un experto conocedor de su significado y de lo que implica lo que
en ella se contiene. Expondré en los casos reales alguno que eviden-
cia la ausencia total de esta práctica personalizada, hasta el punto de
que, en la documentación de la información de derechos y declaración
de una perjudicada, anciana de 85 años, se identifica a la persona del
entonces investigado, con sus datos y no los de esta víctima objetiva-
mente vulnerable26.
Es más rápido, sencillo y cercano efectuar una llamada telefónica a
la víctima, ponerla en antecedentes de cómo y para qué queremos con-
certar una cita con ella en el momento, dentro de lo posible, que me-
nos trastorno le produzca. Contar con ella de este modo le ayudará a
percibir el servicio mutuo que el sistema y ella han de prestarse. Necesi-
tamos de la víctima para resolver el proceso y nos centramos en exceso
en este aspecto, sin que la misma perciba que también es el sistema el
que está a su servicio.
Una vez comparezca, hemos de ofrecerle un trato personalizado,
reservado y cercano, informándole sin prisa y con detalle, permitién-
dole hacer preguntas que disipen sus dudas y nos permitan a noso-

26  Exposición de casos reales al final de esta ponencia: caso n.º 3.

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tros valorar su entendimiento y capacidad para adoptar, en su caso,


una decisión trascendente en el proceso y a nivel particular, probable-
mente, en su vida. Una actitud correcta, atenta y empática constituye
un apoyo emocional para la víctima y es percibida por ésta como el pri-
mer tratamiento de su «problema».
En la fase de enjuiciamiento, en la citación de la víctima al acto de
juicio, ha de valorarse su asistencia a las dependencias del Juzgado sin
concurrir en el exterior de la Sala de Vistas con su agresor.
No está exenta de dificultades la materialización del derecho de
evitar el contacto con el infractor. Las dependencias de los órga-
nos judiciales no están preparadas para dar cumplimiento al mismo.
Cuando nos encontramos ante una víctima vulnerable, debemos ha-
cer todo lo posible para que ésta no se vea obligada a compartir el
mismo espacio que su agresor. No contamos con zonas de espera in-
dependientes. La única solución posible, en nuestro caso para el en-
juiciamiento, pasa por citar a la víctima en la Oficina Judicial en lu-
gar de en la Sala de Vistas. Debemos procurar la reserva de una sala
dotada con biombo que tenga acceso interior, esto es, una sala con
biombo fijo, pues, en la mayoría de los casos, la víctima con infor-
mación actualizada así lo habrá solicitado, o puede solicitarlo en ese
mismo momento. El acceso interior proporciona tranquilidad ya que
ésta, por lo general, no sólo desea no ver ni ser vista por su agresor,
sino por las personas que puedan acompañarle al acto de juicio. Si
la víctima no se siente observada y es acompañada en el momento
preciso a la Sala, prestará su testimonio con mayor tranquilidad y fa-
cilidad. El abandono de la Sala también por circuito interno y con
tiempo suficiente, antes de que lo haga el acusado, le resta temor o
inquietud.
Otra medida de protección sencilla es fijar el señalamiento en pri-
mer lugar para que los eventuales retrasos que puedan demorar el co-
mienzo de las distintas vistas en una misma jornada, no incrementen
los tiempos de espera de estas víctimas.
Es importante advertir a las dependencias de información y, en
nuestro caso, ya lo hemos hecho, que a la hora de dirigir a los ciuda-
danos a la celebración de un juicio procedan a comprobar la cédula de
citación que portan y así, si en la misma se convoca a la persona en la
Oficina Judicial, deberán indicarle exactamente la planta y el lugar en
que se encuentra, en lugar de remitirlas a la Sala de Vistas en que cele-
bra el Juzgado en cuestión.
En la confección de expedientes ha de valorarse también si han de
aparecer los datos personales, como direcciones postales, electróni-
cas, números de teléfono que no sean imprescindibles para conocer su
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identidad y siempre que no se afecte al derecho de defensa27. Habrá


casos en que no sea excesivamente relevante. En otros, otorgará a la
víctima tranquilidad y sensación de protección.
A continuación, desarrollaré en casos concretos y reales, específica-
mente, estas ideas.

V.  De la teoría a la práctica. Exposición de casos reales

Quiero concluir esta ponencia con algunos casos en que el olvido


de las víctimas ha exigido la tramitación en fase de enjuiciamiento de
un conjunto de diligencias que, yendo más allá de la preceptiva actua-
lización, han supuesto el restablecimiento de los derechos de informa-
ción e instrucción, previo a la convocatoria de la vista de juicio oral.
Éste es un intento de visualizar todo lo anteriormente expuesto y
mantener presente que, detrás de cada uno de ellos, hay personas que,
con independencia del resultado del proceso, han valorado el apoyo re-
cibido después de no tener noticia (así lo entienden ellos) durante mu-
cho tiempo de los hechos.

1.  Abuso sexual. Víctima deficientemente informada y entendida

Se trata del primer caso que entró en nuestro Juzgado a inicios de


2016 y que supuso la primera constatación de la existencia de una víc-
tima «abandonada a su propia suerte», lo que no pudimos o no supi-
mos apreciar hasta el mismo momento del juicio.
Con carácter previo diré que se trata de una víctima no evaluada con
arreglo al Estatuto, pues los hechos se remontan a noviembre de 2014.
A grandes rasgos, el atestado: una joven pareja de novios, estando
de vacaciones un fin de semana, acude a un hotel para recibir un ma-
saje. Durante el masaje en estancias diferentes, ella sufre un abuso
sexual. La Ertzaintza deja constancia de que, durante la tramitación de
las diligencias, la víctima, al ver al presunto agresor, «se había puesto a
llorar y se había escondido».
El ofrecimiento de acciones se efectúa en diciembre de 2014 a la
víctima en un Juzgado de Paz. En dicho Juzgado se documenta que

27  COSCOLLOLA FEIXA, M.A, FERNÁNDEZ PALMA, M.R., GUIL ROMÁN, C., HER-

NÁNDEZ GARCÍA, J., RIVA ANIES, M.V., El impacto del Estatuto de la víctima del delito
en el proceso penal. Centre d’Estudis Juridics i Formació Especialitzada del Departament
de Justicia de la Generalitat de Catalunya. Barcelona. 2016.

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Compromiso activo con la persona 117

manifiesta que «desea seguir adelante con el procedimiento, ejer-


ciendo cuantas acciones civiles y penales le pudieran corresponder. No
presenta factura/presupuesto, ya que la denuncia se refiere a un even-
tual delito contra la libertad e indemnidad sexual».
Nada más. No se le interroga en absoluto sobre lo ocurrido, no se
le instruye de cómo y hasta cuándo puede ejercitar las acciones y es in-
formada genéricamente del contenido de los artículos 109 y 110 LECr
y de la existencia de Ley 35/1995, de asistencia a las víctimas de delitos
dolosos, violentos y contra la libertad sexual.
El enjuiciamiento se fija para el día 3 de mayo de 2016. Para enton-
ces, la víctima se ha trasladado por razones de estudios a Sevilla, ciu-
dad en la que también lo hace su novio. En la causa, no constaba en
absoluto esta circunstancia. Ella es citada en su pueblo de Navarra y él
en Málaga. Ambos citados a juicio en calidad de testigos se desplazan
juntos a Bilbao. La falta de identificación, individualización y actualiza-
ción de la información de derechos, desprotege a la víctima, que se ve
obligada a compartir espacio físico con su agresor en el exterior de la
Sala de Vistas.
En esa primera sesión, el juicio ha de ser suspendido debido a la in-
tervención quirúrgica de una testigo de la defensa, intervención cono-
cida escasos días antes de la convocatoria y que se considera esencial
por dicha parte en el mismo momento de la vista. Ése es el día que la
víctima comparece por primera vez en el Juzgado y trae consigo un in-
forme de su Centro de Salud Mental reciente, de fecha 11/04/2016,
acreditativo de que la misma es derivada por su médico de cabecera y
atendida por primera vez en ese Centro en diciembre de 2014 a raíz de
los hechos, resultando psíquicamente afectada por éstos. Recuérdese
que el ofrecimiento de acciones se efectuó ese mismo mes de diciem-
bre. Debería de haberse averiguado este hecho tan relevante, al inicio
de la investigación.
La víctima, que en modo alguno esta obligada a suplir la defec-
tuosa instrucción, espontáneamente pone de manifiesto al agente el
anterior informe. Éste da cuenta en la Sala y la Magistrada exhorta al
Ministerio Fiscal para que escuche a la misma y, en su caso, vele por su
derecho a aportar prueba, con carácter previo a la próxima vista que se
convoca para el día 7 de julio de 2016, siendo citados en el acto.
Facilitadas certificaciones de asistencia a ambos como testigos al
acto de juicio, comparecen de nuevo el expresado día, desplazándose
otra vez desde el sur. En esta segunda comparecencia, tanto la víctima
como su pareja declaran protegidos por biombo y comparten espacio
físico con el acusado exclusivamente en el interior de la Sala de Vistas,
sin contacto visual con el mismo. Entonces tenemos conocimiento de
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que a la víctima se le ha denegado la indemnización por gastos de des-


plazamiento al primer juicio por el Departamento de Justicia, al consi-
derar que la misma no es testigo y, por tanto, no cumple el requisito
que su resolución —la del Departamento— exige para el amparo de la
petición.
Ante esta situación, a través del agente judicial, que nuevamente
receptivo y en disposición de apoyo a la víctima me da cuenta de esta
situación, le insto a que me remitan por e-mail reclamación y justifican-
tes de los gastos de viaje y alojamiento. Procedo a la formación de una
pieza separada de indemnización de testigos conforme al artículo 722
LECr, pero haciendo una especial consideración a la condición de víc-
tima de ella.
Fijadas las indemnizaciones, y requerido el cumplimiento al Depar-
tamento, se remiten desde el mismo nuevas certificaciones para efec-
tuar, «si procede», abono y, en el caso de la víctima, se remite un cer-
tificado a rellenar por el Servicio de Asistencia a la Víctima. Recuérdese
que la víctima no ha sido evaluada en ningún momento.
Considerando improcedente el inicio de un nuevo expediente ad-
ministrativo para determinar la pertinencia de un derecho reconocido
ya de manera clara e indiscutible desde el Juzgado, reitero y ordeno el
inmediato cumplimiento del oficio anteriormente remitido, haciendo
constar expresamente que habrían de removerse los obstáculos mera-
mente formales que se invocaban y cuyo mantenimiento no supondría
sino una nueva victimización, proscrita por el Estatuto.
Ambos fueron indemnizados en las cantidades fijadas. Recla-
mada únicamente una noche de hotel y gastos de desplazamiento en
vehículo propio, sin aludir a otros conceptos como peajes o aparca-
mientos, la cantidad a abonar a la víctima fueron 583,30 euros. Su no-
vio, al que ya se había abonado el primer desplazamiento como tes-
tigo, fue indemnizado por el segundo en 262,08 euros, reforzando el
decreto el acompañamiento de ella como derecho reconocido por el
Estatuto de la víctima.
Desde el mismo momento que advertimos la necesidad de apoyo y
atención de la víctima, todos hicimos lo posible por ofrecérselo. Le fa-
cilitamos la audiencia con el Ministerio Fiscal, que aportó en la fase de
cuestiones previas el informe psíquico-clínico, le facilitamos la indem-
nización de los gastos y todas las comunicaciones sucesivas se efectua-
ron por medio de e-mail, informándole de los derechos básicos del Es-
tatuto.
A partir de este asunto comprendí la importancia de la informa-
ción de derechos a la víctima, de la evaluación y ofrecimiento de los
servicios de apoyo, asistencia y atención. Con una lectura más atenta
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del atestado y el ofrecimiento de acciones efectuado podría haber dis-


puesto la actualización de la información a la recepción de la causa y,
como desde entonces procedo, con una llamada telefónica, habría co-
nocido sus circunstancias y sus necesidades.
Sólo descubriendo y asumiendo las propias deficiencias podemos
trabajar para mejorarlas. El fruto de nuestra superación personal, adop-
tando un compromiso activo con las personas, repercute siempre posi-
tivamente en las víctimas a las que atendemos.
En este supuesto, la víctima no fue interrogada ni escuchada en la
instrucción. No tuvo acceso a un reconocimiento médico-forense y, en
consecuencia, su derecho a la reparación no estuvo adecuadamente
contemplado en el escrito de acusación. Acudió a su Centro de Salud.
Allí recibió terapia de apoyo y psicoeducación, pero ninguna asistencia
desde el proceso.

2. Robo con violencia en casa habitada. Víctima mujer de 91 años.


Causa con presa

Se trata de una causa de robo con violencia de una anciana de más


de 90 años. La misma es abordada en su domicilio por una mujer que
se hace pasar por médico de Osakidetza para acceder al mismo. Una
vez que la anciana, engañada, le permite el paso, sospecha de su con-
dición de sanitaria y, al hacérselo saber, la acusada comienza a abrir
cajones. La víctima le pide que abandone su casa y, tras hacer caso
omiso, la acusada sale a la escalera para pedir ayuda al vecindario, por
lo que la agresora le arranca del cuello la medalla de asistencia que le
permitiría pedir socorro y posteriormente le propina un empujón tirán-
dola al suelo con la finalidad de abandonar el lugar.
La causa inicialmente no tiene autor conocido. La Policía no pasa la
causa al Juzgado hasta seis meses después, cuando la investigación da
con la presunta agresora, el atestado y la detenida es puesta a disposi-
ción judicial, que ingresa en prisión. Para entonces la víctima ha falle-
cido.
Es obvio que ninguna instrucción e información pudo hacer el Juz-
gado de Instrucción. Sí se pudo, pero no se hizo, a sus familiares. Pese
a que la anciana vivía sola, constaba en la causa la existencia de, al me-
nos, dos sobrinos: una sobrina, con todos sus datos en el atestado y
otro, hermano de la anterior, identificado, que al conocer la detención
de la investigada remite una carta al periódico El Correo Español que se
une al atestado. Dicha carta muestra un trasfondo de especial relación
y afección por el fallecimiento de su tía, de agradecimiento a la Policía
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por la detención producida y cierto descontento por la falta de equili-


brio entre víctima y agresora.
En la causa, el Fiscal califica los hechos como robo con violencia en
casa habitada y lesiones leves, no reclamando nada por daños y perjui-
cios. La carta de su sobrino relaciona la muerte de su tía con el hecho
delictivo.
Al recibir la causa, como letrada de la Administración de Justicia,
le doy entrada, la examino y doy cuenta a Su Señoría, dejando cons-
tancia de lo actuado. Me encargo personalmente de contactar telefó-
nicamente con la sobrina de la que dispongo de datos —citada como
testigo por el Ministerio Fiscal— y la convoco a mi despacho practi-
cando con ella la información de derechos. Le informo también del
estado del procedimiento, de la acusación Fiscal. Le hago entrega de
hojas informativas que contienen la relación de estos derechos, que
le explico con detalle, manteniendo un diálogo que me permite com-
probar su entendimiento. Al propio tiempo, le hago entrega de los
mismos documentos para su hermano, comprometiéndose ella a ha-
cérselos llegar. Por las manifestaciones de aquél en la carta publi-
cada en el periódico, le explico las diferencias que existen cuando la
muerte de la víctima tiene relación o no con el delito. Informo para
que la decisión, que a ellos corresponde, puedan tomarla con conoci-
miento de la causa.
Tratándose de causa con presa el señalamiento es rápido y le cito
al acto de juicio. Le informo de las posibilidades de intervención en la
causa si lo desean, de la evolución del procedimiento si no lo hacen y
me solicita poder declarar con biombo que la proteja, facilitándome un
correo electrónico para ser notificada.
El mismo día se adopta la resolución de protección disponiendo su
comparecencia en el Juzgado de modo que no sea vista en las depen-
dencias judiciales ni por la acusada ni por el público (se trata de una
acusada de etnia gitana, presumiendo la asistencia al acto de juicio de
numerosos familiares).
Para facilitar las condiciones de tranquilidad y seguridad se procede
a la formación de una pieza separada, restringida y reservada, exclu-
yendo de la causa principal todos los datos personales de los dos sobri-
nos víctimas, para evitar cualquier difusión a terceros.
Todos estos acuerdos se le comunican puntualmente a la direc-
ción electrónica facilitada, que también es dato reservado, empleando
en las comunicaciones un lenguaje lo más respetuoso, considerado y
atento posible.
Se le comunica y explica cómo debe comparecer, cómo es el espa-
cio físico y el ambiente en que se desarrollará el acto de juicio.
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Finalmente, el día previsto se alcanza una conformidad entre el Fis-


cal y la defensa, solicitando la libertad de la condenada, alcanzado el
acuerdo. La testigo-víctima no llega a entrar en Sala, pero es informada
verbal y puntualmente de lo que se va produciendo por el agente ju-
dicial, que la acompaña desde las dependencias del Juzgado a la sala
de espera de testigos, siempre por vía interna y sin contacto con el
público. Una vez que no es necesaria su intervención, se le facilita el
abandono del Palacio de Justicia por la misma vía interna, con antela-
ción suficiente a que lo hagan cualesquiera de las personas que han ac-
cedido a la Sala, anonimizando visualmente su presencia e intervención
en la causa.
El mismo día se le comunica por escrito al e-mail, también lo ac-
tuado. Se le participa que la sentencia está en transcripción y le será
notificada en cuanto sea publicada, y así se hace después. Cuando se
procede a la notificación se le explica sucintamente la fundamentación
de la misma. La propia posibilidad de conformidad le fue informada
con carácter previo.
La víctima, pese a que inicialmente sí que mostró cierta contrarie-
dad por no haber conocido el desarrollo de la causa, finalmente no se
personó, no reclamó nada y mostró su agradecimiento por el trato y la
información recibida.
Probablemente, si hubiera llegado a conocer el mismo resultado sin
haber sido oída ni tenida en cuenta, su descontento y afección hubie-
ran resultado mucho mayores.

3. Robo con violencia. Víctima mujer de 85 años.


Sentencia absolutoria

Se trata de una causa de robo con violencia de otra anciana. En


este caso, aprovechando que la anciana entraba en el portal, el acu-
sado accede tras ella. Cuando se encuentran en el ascensor la agarra
por detrás y tirando le arranca del cuello la cadena y el colgante que
portaba, al tiempo que le decía: «no chilles que tengo un cuchillo»,
«hija de puta, zorra, cabrona, cállate que tengo un cuchillo».
La causa inicialmente tampoco tiene autor conocido, pero la Po-
licía sí pasa la causa al Juzgado, que incoa y sobresee la causa provi-
sionalmente sin perjuicio de las investigaciones policiales. No se actúa
(recordemos que la víctima tiene 85 años) ni se notifica a la víctima el
archivo.
Cuando la investigación da con el presunto agresor, el atestado
con el detenido es puesto a disposición judicial, y en libertad provisio-
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nal nueve meses después de los hechos. Dos meses más tarde, se efec-
túa ofrecimiento de acciones y reconocimiento por el Médico Forense
que informa unas lesiones consistentes en ansiedad, precisando una
primera asistencia de 5 días, sin secuelas.
En la declaración de la víctima se documenta la comparecencia del
entonces investigado en lugar de la suya, y únicamente que «se afirma,
ratifica en la denuncia y reclama por cuantas acciones civiles y penales
pudieran corresponderle».
En la causa, el Fiscal califica los hechos únicamente como robo con
violencia, no reclamando nada por daños y perjuicios.
Al recibir la causa, como letrada de la Administración de Justicia,
le doy entrada, la examino y doy cuenta a S.S.ª, dejando constancia de
lo actuado (han transcurrido 17 meses desde los hechos, la anciana ha
cumplido un año más y pronto cumplirá otro).
Intento contactar telefónicamente en sucesivas ocasiones con ella
y ante la imposibilidad de ello, doy cuenta a Su Señoría, que recaba la
intervención de la Oficina de Asistencia a la Víctima del Delito (OAVD).
Hablo con ese servicio (SAV), exponiéndole el caso. La Oficina contacta
con la anciana, que se encontraba unos días fuera de su domicilio, en
casa de un hijo, por obras. Contactan con ella y con su hijo del que fa-
cilitan el e-mail para notificaciones. A través del OAVD, solicita poder
declarar con biombo que la proteja y renuncia a formular reclamación
alguna. Le ofrecen apoyo psicológico informando de la situación perso-
nal de miedo e inseguridad que desde entonces vive.
El mismo día que se recibe en el Juzgado el informe, se dicta auto
de protección disponiendo su comparecencia en el Juzgado de modo
que no sea vista en las dependencias judiciales, ni por el acusado ni
por el público. Dispongo también la protección de datos y circunstan-
cias personales para su tranquilidad (en el informe se enumeran las es-
casas salidas del domicilio que la anciana efectúa después de los he-
chos, el temor contraído de volver a ser víctima de delitos, el cambio en
sus hábitos de vida y los lugares a los que acude, ahora prácticamente
siempre acompañada). Comunico a su hijo ambas decisiones. Le pongo
en antecedentes de cuándo y cómo se celebrará la vista para familiari-
zarse de algún modo con el ambiente. Le explico que la dimensión de
la sala es grande, que el acceso al biombo es por dependencias inte-
riores, fuera de la vista de cualquier persona, salvo de los profesionales
imprescindibles, que el acusado se encuentra en prisión por otra causa
y por tal motivo vendrá conducido, custodiado por la Policía. Que el
mismo accederá directamente de calabozos. Familiares y personal del
SAV la acompañan al juicio desde la Oficina a la sala de espera de testi-
gos y luego a la Sala de Vistas.
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La sentencia que recae es absolutoria. La notifico al e-mail de su


hijo. Le explico sucintamente la fundamentación de la misma. No me
resulta difícil porque la sentencia en sí razona la absolución explici-
tando claramente que tanto el hecho como su resultado han quedado
probados, pero no la responsabilidad del acusado. Aquí es esencial
que los Jueces cuiden en la medida de lo posible de tener en cuenta
a la víctima a la hora de redactar sus sentencias. Los Letrados pode-
mos intentar explicar o aclarar la fundamentación o razonamientos
existentes, pero no podemos crearlos o improvisarlos. Con la redac-
ción y explicación, se reafirma la comprensión de lo vivido por la víc-
tima y aunque la misma no obtiene una respuesta punitiva, se trata de
que pueda entender el por qué y le ofrezco de nuevo la comunicación
de la sentencia a la OAVD para proseguir en su caso la atención de la
misma.
Este caso es un ejemplo de que la víctima debe ser atendida con in-
dependencia del resultado del proceso y que está atención no sólo es
jurídica también asistencial, psicológica o social.

4. Robo con violencia y lesiones. Víctima menor de edad. Solicitud


del Ministerio Fiscal de convocatoria a efectos de conformidad

En este caso la víctima es una menor de 15 años de edad, agredida


por otra joven de 21 años. El ofrecimiento de acciones se efectuó al
padre y representante legal manifestando éste que «de momento» no
deseaba personarse en el procedimiento.
No se actualiza la información del procedimiento con posterioridad
y la causa llega a enjuiciamiento con la petición Fiscal de señalamiento
a efectos de conformidad. Si no se actualiza la información del proce-
dimiento y se alcanza la conformidad, la víctima conocerá la sentencia
sin haber tenido posibilidad de participar en el proceso.
Contacto con el padre de la víctima. Tras expresar que no sabe
nada desde hace mucho tiempo me facilita un e-mail para actuali-
zar su información. Puedo apreciar, después, que con él se encuentra
su mujer quien le dice que es mejor que no hable con nadie y le pide
que diga que no se les moleste. Así me lo manifiesta él expresándome
que no quiere reclamar nada. Le explico que únicamente pretendo
que tenga información de la causa, que le enviaré, solo si lo desea,
al e-mail copia de la calificación Fiscal y hoja actualizando su conoci-
miento. Asiente que información «no le importa recibir». En dicha hoja
le informo del procedimiento, le explico sucintamente que es la con-
formidad y el día fijado para la comparecencia. El acto se celebra el día
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señalado, la acusada reconoce los hechos y se dicta sentencia de con-


formidad.
Al notificarle la sentencia me acusa recibo de la misma, agradece la
atención y pese a sus reticencias iniciales, habiéndole explicado como la
suspensión de la pena de prisión impuesta está condicionada al abono
de la responsabilidad civil por la condenada y que para ello se le han
concedido plazos mensuales para cumplir con ella, se muestra recep-
tivo y me pregunta si tiene que facilitar una cuenta para abono de las
cantidades. Todo a través del e-mail y sin que tenga que desplazarse
para nada al Juzgado, le informo que será el Juzgado de Ejecutorias el
que dará cumplimiento a la sentencia. Le facilito e-mail y dirección del
Penal n.º 7. Le hago saber que, si desea facilitar la cuenta, puede ha-
cerlo y caso que no lo hiciera, no teniendo domicilio en Bilbao el Juz-
gado puede dar orden al Banco para hacerle llegar la cantidad sin ne-
cesidad de comparecer en el órgano.
La víctima se muestra desconfiada si no tiene información. Darle
conocimiento del proceso y reconocer su protagonismo contribuye a su
satisfacción

5. Abuso sexual y lesiones. Dos víctimas: mujer y su pareja. Solicitud


del Ministerio Fiscal de convocatoria a efectos de conformidad

Se trata de un delito de abuso sexual y lesiones agravadas del que


es víctima una mujer y también un hombre, pareja de la anterior, que
lo es de un delito de lesiones leves cuando trata de auxiliar a la ante-
rior.
Intento contactar en primer lugar y sucesivas ocasiones con ella y
ante la imposibilidad de hacerlo lo hago con él. Me dice que ésta no
atiende números desconocidos y por ello no coge el teléfono. Que cree
que ella sí se ha personado en el procedimiento (no es así). Me facilita
su e-mail personal (el de él) y le remito la información actualizada. Le
pido que le haga saber que el Juzgado desea contactar con ella y por
tanto que telefónica, personalmente o por e-mail, si es posible sea ella,
quien lo haga. El día hábil siguiente ésta contacta por teléfono con el
Juzgado, facilita su e-mail y le adelanto la calificación Fiscal oralmente.
Me dice que sufrió más perjuicios, que tuvo que cerrar un negocio. Le
hago saber que con la actualización de la información podrá reflexio-
nar sobre si desea personarse en la causa y reclamarlos. Le explico que
en este momento se pretende únicamente satisfacer su derecho a pro-
curar el resarcimiento íntegro de sus perjuicios pero una indemnización
mayor por el concepto que pretende, exige hacerlo en determinadas
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Compromiso activo con la persona 125

condiciones y luego poder probarlos. Se le informa de las consecuen-


cias que puede tener su decisión para que adopte la que más convenga
a sus intereses.
Ninguno de las dos víctimas se persona. Se alcanza conformidad y
recae sentencia condenatoria que se comunica del mismo modo que
en casos anteriores.
El acuse de recibo final por parte de él agradece la «atención» y ex-
presamente «la cercanía en el trato». Contamos, seguro, con una víc-
tima que podrá dar una opinión positiva sobre la atención de los Juzga-
dos.

6. Víctima de violencia doméstica menor de edad. Acusación particular


retirada en la fase de juicio oral

Se trata de una víctima menor con orden de protección y medidas


cautelares de prohibición de aproximación y comunicación con el agre-
sor (su padre) y tutela provisional de sus tíos, vigentes. El menor ejerce
la acusación particular con la asistencia gratuita de abogado y procu-
rador. Dicha acusación difiere sustancialmente de la acusación pública
del Fiscal que interesa el enjuiciamiento y condena por un delito de
maltrato familiar puntual. La acusación particular, por el contrario, ade-
más de ese maltrato puntual acusa por un delito de maltrato habitual y
distintos hechos que califican como amenazas, coacciones.
Al recibir la causa, dado que el menor de edad no tiene capacidad
de obrar y no se ha efectuado ofrecimiento de acciones a sus tíos que
ostentan la tutela provisional dispuesta en el propio procedimiento, es
preciso aclarar sin concurren los requisitos de procedibilidad de la acu-
sación particular. Aun cuando la víctima esté personada, tiene derecho
a la información personal y tenemos que asegurarnos que la decisión
de acusar es conocida y está adoptada por los legitimados para ejerci-
tar la acusación en representación del menor.
Aclarado el extremo se procede a incluir a la acusación particular y
los delitos en el registro informático del procedimiento. Se da trámite a
la causa y actualiza la información de la víctima a través de sus repre-
sentantes legales, simultáneamente con la citación a juicio.
En fechas próximas a la vista oral, la acusación particular presenta
escrito apartándose de ésta y firmando el mismo la tía y tutora del me-
nor. Se cita, ante mí, a esta representante del menor a fin de ratificar
el escrito y valorar la oportunidad de dicha retirada. Le informo de las
consecuencias de la retirada de la acusación. Compruebo que la deci-
sión como se ha anunciado es del menor, libre y voluntaria y está con-
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126 María Rosario Palenque Lus

sensuada con sus representantes legales. Los intereses personales del


menor y la tutela de éste como víctima, aconsejan conocer si es una
decisión informada y si se ha adoptado libremente. Dada cuenta a la
Magistrada de la comparecencia anterior, acepta finalmente la renun-
cia, celebrando juicio únicamente por el maltrato puntual.
A través de este asunto se ha constatado que la designación auto-
mática de Abogado y de Procurador al menor exige comprobar que la
decisión de ser parte y acusar está adoptada por quien ostenta la legiti-
mación correspondiente y del mismo modo también la retirada. La de-
cisión ha de ser autónoma, oportuna, adoptada con conocimiento y
siempre a favor del menor víctima.

7. Víctima de violencia doméstica menor de edad. Acusación particular


retirada en la fase intermedia

Se trata de una víctima menor, mujer, musulmana con orden de


protección y medidas cautelares de prohibición de aproximación y co-
municación con la agresora (su tía). La tutela provisional corresponde a
la Diputación Foral de Bizkaia. La menor ejerce la acusación particular
con la asistencia gratuita de abogado y procurador.
La información de derechos y ofrecimiento de acciones se efectuó a
la propia menor sin asistencia de representación alguna. En la declara-
ción grabada en soporte audiovisual no se le pregunta nada sobre ese
extremo. En el acta de dicha declaración consta literalmente «lo que
consta en la grabación».
Tras haber presentado escrito de calificación como acusación parti-
cular, la propia menor presenta un escrito apartándose de la causa y re-
tirando su acusación por la situación que ésta vive al haber denunciado
a un familiar suyo. El Juez de Instrucción requiere a la representación y
defensa de la menor para subsanar lo que entiende un defecto de pos-
tulación y, presentado un escrito idéntico al anterior con las firmas de
éstos, tiene por apartada a la acusación particular.
Recibida la causa en el Juzgado de lo Penal y apreciada la concu-
rrencia de factores objetivos de vulnerabilidad (por razones de edad,
sexo y procedencia o pertenencia a una comunidad, factores culturales,
sociales o religiosos), sin constar personación en la causa de la Diputa-
ción Foral, ni a la hora de la acusación ni en la retirada, se considera la
necesidad de requerir al ente público para participar la situación de la
menor y se opta por derivar el asunto a la OAVD.
Al día de la fecha la Diputación ha aceptado la renuncia a seguir
con la acusación particular, con la convicción de que el Ministerio Fiscal
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Compromiso activo con la persona 127

continuará ejerciendo la acusación y velará por los intereses de la me-


nor. Alcanzada la mayoría de edad por la víctima se le cita al Juzgado
para dejar constancia de su situación, de su decisión. Con su resultado
se acordará.

8. Abuso sexual. Escrito conjunto de conformidad. Acusado en el


extranjero

La información y ofrecimiento de acciones a la víctima se efectuó


por exhorto dirigido al Juzgado de su domicilio. La víctima facilitó su
e-mail y manifestó que deseaba ser parte y reclamar lo que le corres-
pondiera. Pese a esta constancia no se le comunicó la conclusión de
la instrucción, no se le informó con claridad hasta cuando podía cons-
tituirse en parte y presentar acusación. No se le informó de la califica-
ción conjunta ni de la reparación del daño.
Tras llegar los autos al Juzgado de lo Penal, reclamo el traspaso de
la cantidad consignada por el acusado en el Juzgado de Instrucción
para la efectiva reparación del daño y, una vez tengo la misma en la
cuenta judicial, como en muchos de los casos expuestos, me pongo en
contacto telefónico y por e-mail le actualizo la información.
Inicialmente, la víctima muestra su descontento por no haber sido
informada de la evolución del proceso y explicita que «esto no se
puede arreglar pagando 500 €», siendo reticente a aceptar la cantidad.
Le explico que esto no es exactamente así. Que le remitiré la informa-
ción a su e-mail si así lo desea, para que pueda realizar las alegaciones
que estime convenientes. Que tiene derecho a recibir lo antes posible
la cantidad abonada y que puedo hacérsela llegar a la cuenta corriente
que me facilite, que puedo dar orden al banco para que sea él quien se
la haga llegar o puedo remitir un documento de pago a través del Juz-
gado de su domicilio. Intento mantener un diálogo que le haga com-
prender que las circunstancias del caso con un acusado en el extranjero
que ha reconocido los hechos y asumido la responsabilidad exigida, no
le garantizan que con el enjuiciamiento, si el mismo es posible, quede
satisfecha su mayor pretensión punitiva. Podemos tener dificultades
para celebrarlo si la pena solicitada supera los dos años de privación
de libertad pues deberíamos citarlo personalmente y debería compare-
cer. Si no lo hace no se podría celebrar en tanto fuera puesto a disposi-
ción del Juzgado precisando para todo ello la cooperación de las auto-
ridades australianas. Su personación y acusación conllevaría un número
elevado de trámites que, de no disponer del beneficio de justicia gra-
tuita, le supondrían un coste económico importante. Con toda esta in-
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128 María Rosario Palenque Lus

formación, unos días después, me facilita una cuenta para transferirle


el dinero y me pide que le comunique la fecha de la comparecencia
para ratificación de la conformidad mostrada.
Comprobado que la víctima ha sido reparada, e informada a satis-
facción, se convoca fecha para dicha ratificación, y se le remite e-mail,
informándole de la fecha, recordándole que no tiene obligación de
acudir, salvo que lo desee.
Finalmente, el acto se lleva a cabo y se le informa el mismo día co-
municándole la sentencia una vez documentada y publicada.
Así se procede. Con toda esta información, contamos con la víc-
tima para la resolución del asunto. Es lo obligado.

VI.  Bibliografía

BURGOS LÓPEZ, R. «El secretario judicial en las Leyes 8/2002 y 38/2002: espe-
cial consideración a las innovadoras funciones informativas». Estudios Jurí-
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NÁNDEZ GARCÍA, J., RIVA ANIES, M.V El impacto del Estatuto de la víctima
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litzada del Departament de Justicia de la Generalitat de Catalunya. Barce-
lona, 2016.
CHOZAS ALONSO, J.M. Los sujetos protagonistas del proceso penal Conforme
a las recientes reformas legislativas. Dykinson. Madrid. 2015.
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proceso penal según la Directiva Europea 2012/29/UE, de 25 de octubre, y
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Ciencia Penal y Criminología (en línea), 2016, núm. 18.
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La Ley Actualidad, 2005.
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Víctimas y Ertzaintza: presente y futuro

Jesús María Herrero Avia


Policía Autónoma del País Vasco-Ertzaintza

Sumario:  l. La situación de la víctima del delito hasta la Directiva


2012/29/UE. 1. Antecedentes históricos. 2. La desprotección de las
víctimas. II. Punto de inflexión. La Directica 2012/29/UE y la Orden
Europea de Protección (OEP). 1. La Directiva Europea 2012/29/UE.
2. La Orden Europea de Protección (OEP). III. El Estatuto de la víc-
tima del delito y la Ertzaintza. 1. El Estatuto de la víctima del delito.
2. Las víctimas y la Ertzaintza. Presente y futuro. a) Estadio 1:  De-
rechos de la víctima desde el primer contacto con la Ertzaintza.
b)  Estadio 2: Derechos de la víctima como denunciante. c) Estadio
3: Notificación a las víctimas del resultado de las investigaciones.
IV. Reflexiones finales.

Resumen:  La presente ponencia presenta un análisis de la situación de las víc-


timas de los delitos desde el primer contacto con los funcionarios o autoridades
y durante su participación en el proceso penal, centrándose principalmente en la
práctica policial de la Ertzantza.
    Expuesta una breve reseña sobre la histórica desprotección de las víctimas de
los delitos, se ofrece una reflexión en torno al impacto en la posición jurídica de
las víctimas de la Directiva 2012/29/UE y del Estatuto de la víctima del delito,
aprobado por la Ley 4/2015, de 27 de abril, poniendo el foco en su incidencia en
la praxis actual de la Ertzaintza en relación con las personas víctimas de delitos
en la Comunidad Autónoma del País Vasco, que viene determinada por la norma
interna recientemente aprobada Orden de Servicio 030 sobre «Atención a la Víc-
tima del Delito».

Palabras clave:  Ertzaintza, víctimas, Directiva 2912/29/UE, Orden Europea de


Protección, Estatuto de la víctima.

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130 Jesús María Herrero Avia

l. La situación de la víctima del delito hasta la Directiva 2012/29/UE

1.  Antecedentes históricos

En la actualidad las víctimas de los delitos gozan, en la ciencia y


práctica criminal, de una atención y un interés hasta ahora descono-
cido. Esto es debido seguramente, en parte, al gran desarrollo que ha
experimentado en los últimos años la Victimología y también, por otra
parte, a la evolución social en su conjunto que ha propiciado una sen-
sibilización y movilización muy importantes de los grupos de personas
afectadas por los delitos.
La Victimología experimentó un afianzamiento cada vez mayor a
partir de los años 70 del siglo xx como una rama de la Criminología
que se ocupa de modo específico de la víctima desde una doble ver-
tiente: por un lado, como «actuante», es decir como partícipe en un
suceso criminal, y, por otro, como «sufriente», como persona afectada
por un suceso criminal.
Como consecuencia del denominado «labeling approach»1, teoría
criminológica que pretende explicar el desarrollo de la carrera criminal
a partir de las reacciones de las instancias de persecución penal, se ad-
virtió que son ante todo las propias víctimas las que se preocupan de
que la criminalidad quede registrada. Además, esto sucede, preferente-
mente, en relación a los clásicos delitos contra el patrimonio y también
en relación a los delitos contra la libertad sexual, siendo pocos los he-
chos que se denuncian porque la disposición de la víctima de cara a la
denuncia depende de determinados criterios como son, entre otros, el
grado de afectación o la relación social con el autor, etc. De ello se de-
riva que casi toda la persecución penal en su conjunto depende de la
voluntad privada de la víctima en el hecho de denunciar. Por lo tanto,
después de la denuncia, y salvo que participe como testigo, la concep-
ción del proceso penal, a partir de ese momento independiente, ha
prescindido tradicionalmente de la víctima.
El hecho es que desde una perspectiva histórica la atención por la
víctima dentro de la Criminología ha surgido muy tardíamente. Cier-

1  También llamada teoría «de la reacción social o la conducta desviada» o del «eti-

quetamiento», que nace en [Link]. a mediados de los años 60 de la mano de Howard


Becker. Es una de las teorías microsociológicas de la sociología de la desviación, postula,
en relación con las teorías de las relaciones sociales, que la desviación no es inherente al
acto concreto, sino que es una manifestación de la mayoría social que califica o etiqueta
negativamente los comportamientos de las minorías al desviarse de las normas cultura-
les estandarizadas de la mayoría.

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Víctimas y Ertzaintza: presente y futuro 131

tamente, al final del siglo xix, miembros de la Escuela Positiva —como


Lombroso y Ferri— y de la Unión Internacional de Criminología —como
von Listz, en Alemania, y Prins, en Bélgica— destacaron la importancia
de incluir a la víctima en la política criminal.
En este contexto, la Victimología y la Criminología encuentran un
interés común en el estudio de las implicaciones del acto delictivo. Es el
creciente interés por la víctima lo que determina un notorio cambio en
la Criminología, ya que la Victimología amplía, de una manera determi-
nante, el alcance y análisis de la investigación de la delincuencia.
El interés por los problemas de la víctima ha influido no sólo en la
manera de controlar la delincuencia en cuanto a la represión sino tam-
bién, especialmente, en el campo de la prevención además de en los
ámbitos siguientes:
— La manera de describir y medir la delincuencia.
— La manera de organizar la reacción social contra la delincuencia.
— El proceso penal, a partir del momento del contacto entre víc-
tima y policía.
En los orígenes de la Criminología etiológica, el interés por la víc-
tima se encontraba absolutamente subordinado a la explicación del
comportamiento del autor de los delitos.
El Derecho penal, como ciencia normativa del delito y de la pena,
no ha operado tradicionalmente con el término víctima. Lo común en
este ámbito ha sido distinguir entre sujetos afectados por el delito, «su-
jeto pasivo» y «perjudicado». Sujeto pasivo como titular del bien jurí-
dico lesionado por el delito, y perjudicado, como toda persona que su-
fre perjuicios como consecuencia del delito y que puede coincidir, o no,
con el sujeto pasivo del mismo.
A pesar de que únicamente el primero de los conceptos revestía ca-
rácter jurídico penal, mientras que el segundo era constitutivo de na-
turaleza jurídico-civil, ambos se incluyen en el concepto que ahora nos
ocupa, en el término «víctima».
A lo largo de la historia del Derecho penal, se pueden distinguir
dos grandes fases en cuanto a la relevancia del papel de la víctima. Ini-
cialmente, en el Derecho romano primitivo fue posible asistir a lo que
se conoce como «edad de oro» de la víctima. En esta época, en efecto,
la reacción al delito quedaba prácticamente en manos del sujeto pasivo
del mismo o de sus allegados perjudicados por los hechos, que devol-
vían la ofensa incidiendo, a su vez, sobre los bienes jurídicos del autor
o sus familiares.
Progresivamente, sin embargo, el Derecho penal se va consoli-
dando como Derecho público, circunstancia que reporta indudables
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132 Jesús María Herrero Avia

ventajas, sobre todo en términos de pacificación social, tendencia a la


objetivización, imparcialidad y proporcionalidad.
Con el desarrollo del Derecho penal y del Derecho procesal moder-
nos, la víctima crece en un protagonismo general a partir de los esfuer-
zos emprendidos por mejorar la posición del lesionado en el proceso
penal2.
Sin embargo, la finalidad primordial del Derecho penal de obtener
una justicia objetiva y desapasionada en la que queden debidamente
garantizados los derechos del acusado, provoca una postergación de la
víctima, que únicamente encuentra una posibilidad de resarcimiento de
los daños sufridos por el delito en el Código Penal a través de la institu-
ción de la responsabilidad civil derivada del delito.
En este estado de cosas irrumpe la Victimología, fundamental-
mente poniendo de manifiesto que el sistema legal (policía y proceso
penal) y, más tarde, el sistema social en su conjunto, suelen deparar a
la víctima perjuicios adicionales a los sufridos como consecuencia del
delito. Es ésta la llamada «victimización secundaria» que, en algunos
casos, puede resultar tan grave como la «primaria», siendo objeto de
exposición las características y efectos de ambas mas adelante.
A todo lo anterior, puede añadirse, además, la frecuente frustra-
ción de las expectativas de obtener un resarcimiento del daño sufrido
por el delito, pues, aunque se produzca una sentencia condenatoria
para el autor de los hechos, éste, en numerosas ocasiones, resulta in-
solvente y el Estado no dispone de mecanismos suficientes para aten-
der, al menos de modo subsidiario, las necesidades de la víctima.

2.  La desprotección de las víctimas

Hasta épocas recientes, la contemplación de la situación de las víc-


timas por parte del sistema jurídico español resultaba tremendamente
insatisfactoria, encontrándose muy lejos de las políticas y actuaciones
emprendidas al respecto por países de nuestro entorno. El Estado social
y democrático de Derecho constituido al amparo del art. 1 de la Cons-
titución española de 1978 no contemplaba, sin embargo, acciones de
información, apoyo y/o protección a las víctimas de los delitos, por lo
que se propiciaba, desde el nuevo ordenamiento jurídico, que los efec-

2  Ley de Protección de la Víctima de 1987, de la República Federal alemana. Primera

Ley para el mejoramiento de la situación de la víctima en el proceso, de 18 de diciembre


de 1986.

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Víctimas y Ertzaintza: presente y futuro 133

tos nocivos que éstas experimentaban por su contacto con el delito se


multiplicasen, fenómeno conocido como «victimización».
Así, en función de la naturaleza del delito sufrido, de las circunstan-
cias personales de las personas objeto del mismo y de otra variedad de
circunstancias que pudieran concurrir, pueden derivarse consecuencias
muy diferentes para las víctimas.
Resulta importante, por tanto, diferenciar, desde una perspectiva
dinámica, dos niveles fundamentales de victimización: el primario y el
secundario. La victimización primaria refleja la experiencia individual de
la víctima por el delito sufrido y las diversas consecuencias inmediatas
provocadas por éste, de índole física, económica, psicológica y social.
La víctima del delito sufre a menudo un severo impacto psicológico que
genera un sentimiento de incremento del daño material o físico su-
frido. La impotencia ante la agresión o el miedo a que se repita, pro-
vocan ansiedad, angustia o abatimiento, cuando no complejo de cul-
pabilidad ante los hechos sucedidos, cuestiones que necesariamente
repercuten en los hábitos de las personas víctimas alterando su capaci-
dad de relación. Por otro lado, además, la respuesta social a los pade-
cimientos de las víctimas no siempre es solidaria, cristalizándose en nu-
merosas ocasiones en actitudes compasivas que, a su vez, contribuyen
también a su aislamiento.
La victimización secundaria se deriva de las relaciones de la víctima
con el sistema jurídico penal. En su contacto con la Administración de
justicia o la Policía, las víctimas experimentan muchas veces la sensa-
ción de estar perdiendo el tiempo y/o malgastando su dinero. En ese
mismo estadio, las víctimas sufren, asimismo, situaciones de incom-
prensión derivadas de la burocratización y dinámica del sistema, pu-
diendo resultar a veces ignoradas. Incluso en ocasiones, y con relación
a determinados delitos, la falta de empatía, tacto o la actitud de deter-
minados profesionales (incredulidad, prejuicios...), provoca que las víc-
timas puedan llegar a percibirse como acusadas o provocadoras del de-
lito sufrido.
Consecuentemente, no resulta extraño que la victimización secun-
daria esté considerada como más nociva todavía que la primaria, ya
que es el propio sistema el que victimiza a quien se dirige al mismo so-
licitando ayuda, comprensión y justicia.
En los últimos tiempos ya se venían planteando iniciativas ambicio-
sas que propugnaban la inclusión en nuestro sistema de una política
no simplemente indemnizadora, sino que recomendaban, en la línea ya
experimentada con éxito en otros países, proyectar la protección a las
víctimas en varios planos perfectamente diferenciados, estructurándola
en torno a tres ideas fundamentales:
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134 Jesús María Herrero Avia

— Articulación y desarrollo de una asistencia adecuada a las víc-


timas y establecimiento de fondos especiales indemnizatorios
ajustados a determinados parámetros.
— Creación y paulatina integración de políticas penológicas orien-
tadas hacia la atenuación de la responsabilidad criminal, en
aquellos supuestos en los que el autor de los hechos delictivos
haga cuanto le sea posible para eliminar o disminuir los daños
causados.
— Mejora constante de la atención que exige la victimización de las
ciudadanas y los ciudadanos, disponiendo los medios necesarios
en la fase policial o preprocesal, durante la instrucción de las di-
ligencias judiciales y, en el acto del juicio oral, para que ese trán-
sito no suponga un daño adicional a las víctimas de delitos.
La protección a las víctimas de delitos en el ámbito de la Unión
Europea no es, sin embargo, una preocupación nueva, sino que
cuenta en su haber con algunos antecedentes, tanto jurisprudenciales
como legales.
Los primeros pasos en el ámbito de la protección a las víctimas vi-
nieron de la mano del concepto del Espacio de Libertad, Seguridad y
Justicia y se desarrollaron en dos fases. La primera se inició tras la firma
del Tratado de Ámsterdam3, en vigor desde el año 1999, y la segunda
comienza y se desarrolla al amparo del Tratado de Lisboa4 , en vigor
desde el año 2009. En la primera fase, se produjo un avance decisivo,
pero limitado, en relación con la protección de las víctimas de delitos.
Sin una base jurídica específica en materia de protección a las víc-
timas de delitos, las instituciones actuaron en el marco de la coopera-
ción policial y judicial en materia penal, es decir, dentro de la parte in-
tergubernamental del Espacio de Libertad, Seguridad y Justicia. En este
marco de actuación, el Consejo adoptó la Decisión Marco 2001/220/
JAI5 de 15 de marzo de 2001, relativa al Estatuto de la víctima en el
proceso penal, que propicia que la víctima aparezca por primera vez
como sujeto de protección en un instrumento jurídico.
También en el ámbito del entonces pilar comunitario se produjeron
algunos avances en relación con la protección de las víctimas. El 29 de

3  El Tratado de Ámsterdam, en vigor desde el 1 de mayo, ratificado por todos los Es-

tados miembros, pasando a convertirse en la nueva normativa legal de la Unión Europea,


cuyo objetivo fundamental era crear un espacio de libertad, seguridad y justicia común.
4  Tratado de Lisboa, de 13 de diciembre, por el que se modifican el Tratado de la

Unión Europea (Maastricht) y el Tratado Constitutivo de la Comunidad Europea (Roma).


5  Decisión Marco del Consejo, de 15 de marzo de 2001, relativa al Estatuto de la víc-

tima en el proceso penal.

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Víctimas y Ertzaintza: presente y futuro 135

abril de 2004, el Consejo adoptó la Directiva 2004/806 sobre indemni-


zación a las víctimas de delitos. Esta Directiva 2004/80 supuso, efecti-
vamente, un nuevo paso en relación con la protección de las víctimas
de delitos en el ámbito de la Unión Europea, pero adolece de dos im-
portantes limitaciones.
Por un lado, y desde el punto de vista de su ámbito de aplica-
ción personal, la Directiva no se aplica a las víctimas de delitos en ge-
neral, sino que se circunscribe a las víctimas de delitos en situaciones
transfron­te­ri­zas, es decir, cuando la víctima de un delito tiene su resi-
dencia habitual en un Estado miembro distinto de aquél en el que se
comete dicho delito. Por otro lado, desde un punto de vista material, la
Directiva se limita a establecer un sistema de cooperación para facilitar
el acceso a la indemnización a tales víctimas. Es decir, se centra en el
acto de indemnización estatal sin preverse otras medidas encaminadas
a proporcionar una protección integral a la víctima.
No obstante, es el referido Tratado de Lisboa del año 2009 el que
posibilita la adopción de un nuevo enfoque en materia de protección a
las víctimas, superando la doble vertiente, comunitaria e interguberna-
mental, en la que venían sustentándose las iniciativas en esta materia.
Este Tratado de Lisboa inserta una base jurídica que permite, por pri-
mera vez, adoptar normas específicamente relacionadas con los dere-
chos de las víctimas de los delitos.
El grado de cumplimiento de la Decisión Marco 2001/220/JAI fue
objeto del Informe de la Comisión Europea de abril de 2009, que puso
de relieve que ningún Estado miembro había aprobado un texto legal
único que recogiera sistemáticamente los derechos de la víctima y des-
tacó la necesidad de un desarrollo general y efectivo de algunos aspec-
tos del mencionado Estatuto.
En concreto, y en relación con España, el Informe de referencia re-
conoce la existencia de un marco normativo sobre los derechos de la
víctima, aunque gran parte de esos derechos son exclusivamente pro-
cesales o están centrados únicamente en la indemnización de unas ca-
tegorías específicas de víctimas, ya referidas en el epígrafe relativo a la
desprotección de las víctimas de la presente ponencia.
En efecto, aunque en los Códigos Penales de 1848, 1870 y 1980
ya se realizaban alusiones y reflexiones en torno a posibles indemniza-
ciones a las víctimas de delitos, ha sido tras la entrada en vigor de le-
yes, tales como la de ayuda y asistencia a víctimas de delitos violentos y

6  Directiva 2004/80/CE, del Consejo, de 29 de abril de 2004, sobre indemnización a

las víctimas de delitos.

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contra la libertad sexual de 19957, la Ley Orgánica de medidas de pro-


tección integral contra la violencia de género de 20048, la Ley de asis-
tencia jurídica gratuita de 19969, la Ley Orgánica 4/2000, de 11 de
enero, de derechos y libertades de los extranjeros en España10, la Ley
de reconocimiento y protección integral a las víctimas de terrorismo de
201111, fundamentalmente, cuando se ha regulado y empezado a ma-
terializarse una política integral de atención y protección a las víctimas
de los delitos representada a través de las Directivas 2012/29/UE12 y
2011/99/UE13 consolidándose con la aprobación de la Ley 4/201514 del
Estatuto de la víctima del delito.

II. Punto de inflexión: la Directiva 2012/29/UE y la Orden Europea


de Protección (OEP)

Analizamos a continuación una descripción general de las cuestio-


nes más importantes de las Directivas 2012/29/UE y 2011/99/UE y des-
pués de la Ley 4/2015, del Estatuto de la víctima del delito, que nos
ayudarán a contextualizar mejor las novedades incorporadas en la Er­
tzain­tza en relación con las actividades de información, apoyo y protec-
ción a las víctimas de delitos que se están desarrollando en la actuali-
dad, detalladas en el epígrafe III.2 de este documento.

1.  La Directiva 2012/29/UE

En los últimos años, la Unión Europea ha adoptado una actitud


muy favorable al reconocimiento y a la protección de las víctimas de

7  Ley 35/1995, del 11 de diciembre, sobre ayudas y asistencia a las víctimas de deli-

tos violentos y contra la libertad sexual.


8  Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de medidas de protección integral con-

tra la violencia de género.


9  Ley 1/1996, de 10 de enero, de asistencia jurídica gratuita.
10  Ley Orgánica 4/2000, de 11 de enero, de derechos y libertades de los extranjeros

en España y su integración social.


11  Ley 29/2011, de 22 de septiembre, de reconocimiento y protección integral a las

víctimas de terrorismo.
12  Directiva 2012/29/UE, de 25 de octubre, por la que se establecen normas mínimas

sobre los derechos, el apoyo y la protección de las víctimas de delitos y que sustituye a
la Decisión Marco 2001/220/JAI.
13  Directiva 2011/99/UE, del Parlamento Europeo y del Consejo, de 13 de diciembre

de 2011, sobre la orden europea de protección.


14  Ley 4/2015, de 27 de abril, del Estatuto de la víctima del delito.

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Víctimas y Ertzaintza: presente y futuro 137

delitos cometidos en el territorio de sus Estados miembros. Esta acti-


tud queda reflejada en la Directiva 2012/29/UE, adoptada por el Parla-
mento y el Consejo el 25 de octubre de 2012, que representa el último
desarrollo normativo en esta materia.
Fruto de lo anterior, se ha venido observando en los últimos años
una decidida voluntad política por parte de las instituciones de la Unión
Europea que han incluido la protección integral a las víctimas de delitos
como un objetivo fundamental dentro de sus respectivas agendas.
En este nuevo enfoque, la Directiva 2012/29/UE ostenta un papel
determinante. En ella se establece que:
«El delito constituye un injusto contra la sociedad y una violación
de los derechos individuales de las víctimas. Por ello, las víctimas de de-
litos deben ser reconocidas y tratadas de manera respetuosa, sensible
y profesional, sin discriminación de ningún tipo por motivos como la
raza, el color, la etnia o el origen social, los rasgos genéticos, la lengua,
la religión o las creencias, la opinión política o de otro tipo, la perte-
nencia a una minoría nacional, la propiedad, el nacimiento, la discapa-
cidad, la edad, el sexo, la expresión de género, la identidad de género,
la orientación sexual, el estatuto de residente o la salud. En todos los
contactos con una autoridad competente que actúe en el contexto de
procesos penales, y cualquier servicio que entre en contacto con las
víctimas, como los servicios de apoyo a las víctimas o de justicia repara-
dora, se deben tener en cuenta la situación personal y las necesidades
inmediatas, edad, sexo, posible discapacidad y madurez de las víctimas
de delitos, al mismo tiempo que se respetan plenamente su integri-
dad física, psíquica y moral. Se ha de proteger a las víctimas de delitos
frente a la victimización secundaria y reiterada, así como frente a la in-
timidación y las represalias; han de recibir apoyo adecuado para facili-
tar su recuperación y contar con un acceso suficiente a la justicia.»

La Directiva 2012/29, como ya se ha comentado, constituye el úl-


timo referente normativo adoptado en materia de protección a las vícti-
mas de delitos en la Unión Europea. Su finalidad principal es garantizar
que las víctimas de delitos reciban la información, el apoyo y la protec-
ción adecuados y que puedan participar en los procesos penales.
En ella se establecen algunas categorías de víctimas que deben ser es-
pecialmente tenidas en cuenta, como las víctimas de terrorismo, de de-
lincuencia organizada, de trata de seres humanos, de violencia de gé-
nero, de violencia en las relaciones personales, de violencia o explotación
sexual, de delitos por motivos de odio y las víctimas con discapacidad.
Tiene una especial consideración hacia los menores y da por supuesto que
las víctimas menores de edad tienen necesidades especiales de protección
en razón de su vulnerabilidad a la victimización secundaria o reiterada.
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138 Jesús María Herrero Avia

En este sentido, no es un instrumento jurídico aislado, sino que se


enmarca dentro de una estrategia global de protección a la víctima y
está, por ello, en íntima conexión con otros textos legales adoptados
con anterioridad o que están actualmente en vías de preparación o ac-
tualización. Estos instrumentos jurídicos son los que abordan las nece-
sidades específicas de las tipologías de víctimas objeto de especial aten-
ción anteriormente referidas.
Se trata, en definitiva, de consolidar un marco de referencia al que
pueda acogerse cualquier persona que haya sido víctima de un delito
en cualquier Estado miembro de la Unión Europea, con independencia
de cuál sea su nacionalidad y con independencia del lugar donde tenga
su residencia.
En primera instancia, se refiere la Directiva a los derechos de infor-
mación y apoyo que asisten a la víctima desde que se comete el delito
y desde que ésta entra en contacto con la autoridad competente, con
prolongación posterior a las diferentes fases del proceso penal.
La norma prevé, asimismo, que las víctimas han de ser evaluadas
puntual e individualmente para determinar si poseen necesidades espe-
ciales de protección y si pueden beneficiarse de medidas especiales en
el curso de un proceso penal. En dicha evaluación, los Estados deben
tener en cuenta las características personales de la víctima, el tipo de
delito y las circunstancias en las que éste fue cometido.
Dispone también la Directiva de un mecanismo de control15 en vía
administrativa, por parte de la Comisión Europea, cuando establece que
los Estados miembros comunicarán a la misma, con fecha tope 16 de
noviembre de 2017 y cada tres años a partir de ahí, los datos de que
dispongan en los que se muestren de qué modo han accedido las vícti-
mas al ejercicio de los derechos establecidos en la presente Directiva.
Con la misma fecha límite, la Comisión Europea presentará un In-
forme al Parlamento europeo y al Consejo, en el que se valorará en
qué medida los Estados miembros han adoptado las disposiciones ne-
cesarias para dar cumplimiento a lo previsto en la Directiva.

2.  La Orden Europea de Protección (OEP)

Como acabamos de ver el objetivo principal de la Directiva 2012/29,


es garantizar que las víctimas de delitos puedan participar en los proce-
sos penales originados por los hechos delictivos en los que se han visto

15  Arts. 28 y 29, Directiva 2012/29/UE.

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Víctimas y Ertzaintza: presente y futuro 139

inmersas y que reciban la información, el apoyo y la protección adecua-


dos, estableciendo, además, un marco de referencia al que puedan aco-
gerse todas las personas víctimas de delitos en cualquier Estado de la
Unión Europea, con independencia de su nacionalidad y de su lugar de
residencia.
Se exponen, a continuación, unas reflexiones generales sobre la
normativa europea en ese contexto de medidas especiales de protec-
ción y, en concreto, la regulación que sobre la OEP se desarrolla en la
Ley 23/201416, que es la vía para la implementación en nuestro país de
la Directiva 2011/99/UE.
La OEP, tal y como recoge la Ley 23/2014, es una resolución adop-
tada en materia penal por una autoridad judicial o su equivalente de un
Estado miembro en relación con una medida de protección que faculta,
a la autoridad competente de otro Estado miembro, la adopción de las
medidas que considere necesarias a favor de las víctimas o posibles vícti-
mas de delitos que puedan poner en peligro su vida, su inte­gridad física
o psicológica, su dignidad, su libertad individual o su integri­dad sexual,
cuando se encuentren en su territorio.
El dictado de una OEP tiene su razón de ser, por tanto, en el des-
plazamiento de la víctima a un Estado diferente de aquel en que per-
manece de forma estable o reside el causante del riesgo. La orden de
protección puede emitirse en relación con medidas cautelares adop-
tadas en un proceso penal, o también como consecuencia de penas o
medidas privativas de derechos. Es importante reseñar, sobre las medi-
das de protección a víctimas, que se trata de un listado cerrado, de tal
manera que en el origen del dictado y emisión de una OEP sólo podrán
estar aquellas medidas que consistan en:
— Prohibición de entrar o aproximarse a ciertas localidades, lugares
o zonas definidas en las que la persona protegida reside o fre-
cuenta.
— Prohibición o reglamentación de cualquier contacto con la per-
sona protegida a través de cualquier medio —teléfono, e-mail,
etc.—.
— Prohibición o reglamentación del acercamiento a la persona pro-
tegida a una distancia menor de la indicada en la medida.
Resulta necesario que el proceso penal del que se deriva la OEP se
siga por delito y no por delito leve (antiguas faltas hasta la reforma del

16  Ley 23/2014, de 20 de noviembre, de reconocimiento mutuo de resoluciones pe-

nales en la Unión Europea, para los supuestos de medidas de protección acordadas en


procesos penales.

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Código Penal del 201517), por tanto, en el supuesto en el que se hu-


biera dictado una OEP durante la instrucción de una causa que después
se transforma en un procedimiento de enjuiciamiento por delito leve,
se debería dejar sin efecto la OEP dictada.
En España, son autoridades competentes para emitir y recibir una
OEP los Jueces y Tribunales que conozcan del procedimiento penal en
el que se dicta la resolución, adoptando la medida de protección, es
decir, Juzgados de Instrucción y Centrales de Instrucción, de Violencia
sobre la Mujer, de Menores y Central de Menores, de lo Penal y Cen-
trales de lo Penal, de Vigilancia Penitenciaria y Central de Vigilancia Pe-
nitenciaria, Audiencias Provinciales, Sala de lo Penal de la Audiencia
Nacional, Sala de lo Civil y Penal de los Tribunales Superiores de Justicia
y Sala de lo Penal del Tribunal Supremo.
En todo caso, será la víctima que se traslada, o que ya reside en
otro Estado de la UE, quien deberá solicitar, por sí misma o a través de
tutor o representante legal, el dictado de la OEP. No es una resolución
judicial en consecuencia que pueda dictarse de oficio por la autoridad
judicial que acordó la medida de protección nacional ni tampoco a ins-
tancia del Ministerio Público.
No obstante, en esa labor de información y apoyo constante que
debemos ofrecer a las víctimas de los delitos, decir que sí compete a la
autoridad judicial, que adopta alguna medida de protección, o al Minis-
terio Público informar a la víctima sobre la posibilidad de solicitar una
OEP cuando piense trasladarse a otro Estado de la UE y aconsejarle,
además, que lo haga antes de salir del territorio en el que reside.
Es importante, además, que las víctimas conozcan que, aunque la
solicitud deberá resultar validada por el Juez o Tribunal competente
del país de residencia, pueden solicitar esa protección también desde
el Estado de ejecución y de que existe la posibilidad, asimismo, de
transmitir la OEP a varios Estados de la UE cuando se manifiesta la in-
tención de permanecer en varios de ellos y se aprecie un riesgo cierto
en los mismos.
A los efectos de evitar una posible situación de desprotección de la
víctima o de imprecisiones en el procedimiento que pudieran generar
una denegación del mismo, es una práctica recomendable la comuni-
cación fluida y previa entre las autoridades judiciales implicadas en la
emisión y recepción de la OEP.

17  Ley Orgánica 1/2015, de 30 de marzo, por la que se modifica la Ley Orgá-

nica 10/1995, de 23 de diciembre, del Código Penal.

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III.  El Estatuto de la víctima del delito y la Ertzaintza

1.  El Estatuto de la víctima del delito

El Estatuto de la víctima del delito, aprobado por la Ley 4/2015,


tiene como objetivo constituirse en el catálogo general donde se regis-
tran los derechos procesales y extraprocesales de todas las víctimas de
delitos, además de la normativa específica en los supuestos de víctimas
con especiales necesidades o con especial vulnerabilidad y pretende
ofrecer una respuesta a las víctimas que vaya más allá de la dimensión
jurídica y que abarque también el ámbito social, en un intento de res-
tauración de los otros efectos traumáticos en la moral y dignidad de las
mismas con independencia de su situación procesal.
Los antecedentes del presente Estatuto de la víctima del delito se
encuentran en la Decisión Marco 2001/220/JAI, del Consejo, ya men-
cionada, que reconoce un conjunto de derechos de las víctimas en ese
ámbito, incluido el derecho de protección e indemnización, y que fue
el primer proyecto profundo del legislador europeo para lograr un re-
conocimiento homogéneo de la víctima en la Unión Europea, germen
de la normativa especial posterior.
Procede, por tanto, transponer al derecho interno no sólo las cues-
tiones que traslucía el informe de la Comisión de 2009 respecto al
grado de implementación de la Decisión Marco 2001/220/JAI, sino
también otras cuestiones pendientes con arreglo a lo dispuesto en las
Directivas especiales y los nuevos derechos y exigencias que recoge la
nueva Directiva 2012/29/UE, que serán de aplicación a todas las vícti-
mas de delitos ocurridos en España o que puedan ser perseguidos en
España, con independencia de la nacionalidad de la víctima o de si dis-
frutan o no de residencia legal.
Contempla la Ley 4/2015 que las actuaciones han de estar siempre
orientadas hacia las necesidades de la persona y esto implica la nece-
sidad de realizar y dispensar una evaluación y un trato individualizado
a toda víctima, sin perjuicio de la atención especializada que requieren
las tipologías de víctimas especiales ya mencionadas. En consecuencia,
la protección y el apoyo a la víctima cobran una dimensión extraproce-
sal, propugnándose una atención integral hacia la víctima.
Además de los derechos de la víctima, desde la perspectiva de su
participación en el proceso penal y de las medidas de protección de
que puede ser objeto durante el proceso y que veremos más adelante,
se recogen, asimismo, en la citada Ley 4/2015, una serie de derechos
extraprocesales también comunes a todas las víctimas, que afectan a
éstas incluso con anterioridad a la iniciación del proceso penal, y que
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paso a reseñar a continuación, porque, a pesar de ser sobradamente


conocidos ya, nos servirán de ayuda para un mejor seguimiento de las
actuaciones relacionadas emprendidas en la Ertzaintza:
— En aras a facilitar que encuentre un arrope personal adicional,
toda víctima podrá hacerse acompañar por la persona que de-
signe, sin perjuicio de abogado en sus diligencias policiales y ju-
diciales.
— Derecho a obtener información de toda autoridad o funcionario
al que se acuda, con lenguaje sencillo y accesible, desde el pri-
mer contacto.
— Derecho de la víctima, como denunciante, a obtener una copia
de la denuncia, debidamente certificada, asistencia lingüística
gratuita a la víctima que desee interponer denuncia y traducción
gratuita de la copia de la denuncia presentada.
— Derecho a la traducción e interpretación, tanto en las entre-
vistas, incluidas las policiales, como en la participación activa
en vistas, incluyendo el derecho a la traducción escrita y gra-
tuita de la información esencial, en particular la decisión de
poner término a la causa y la designación de lugar y hora del
juicio.
— Acceso a los servicios de apoyo, que comprende la acogida ini-
cial, orientación e información y medidas concretas de protec-
ción, sin perjuicio de apoyos específicos para cada víctima, se-
gún aconseje su evaluación individual y para ciertas categorías
de víctimas de especial vulnerabilidad.
— Reconocer como víctimas a los menores que se encuentran en
un entorno de violencia de género o violencia doméstica para
garantizarles el acceso a los servicios de asistencia y apoyo, así
como la adopción de medidas de protección con el objetivo de
facilitar su recuperación integral.
En el ámbito de su participación en el proceso penal, se reconocen
a la víctima los derechos siguientes:
— Derecho a participar en el proceso, con la consolidación de me-
didas como la notificación de las resoluciones de sobreseimiento
y archivo y el reconocimiento del derecho a impugnarlas dentro
de un plazo de tiempo suficiente a partir de la comunicación,
con independencia de que se haya constituido anteriormente, o
no, como parte en el proceso y el reconocimiento, además, del
derecho a obtener el pago de las costas que se le hubieran cau-
sado.

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— Derecho a participar en la impugnación ante los Tribunales de


determinadas resoluciones que afecten al régimen de cumpli-
miento de condena de delitos de carácter especialmente grave, a
facilitar información que pueda ser relevante para que los Jueces
y Tribunales resuelvan sobre la ejecución de la pena, responsabi-
lidades civiles o comiso ya acordados, y a solicitar la adopción de
medidas de control con relación a liberados condicionales que
hubieran sido condenados por hechos de los que pueda deri-
varse razonablemente una situación de peligro para la víctima.
— Derecho a la solicitud de justicia gratuita ante la autoridad o fun-
cionario encargado de informarle de sus derechos.
— Derecho de la víctima a obtener la devolución inmediata de los
efectos de su propiedad, salvo en los supuestos excepcionales en
los que el efecto en cuestión, temporalmente o de forma defini-
tiva, tuviera que permanecer bajo la custodia de las autoridades
para garantizar el correcto desarrollo del proceso.
— Derecho a la posible actuación de los servicios de justicia restau-
rativa, orientada a la reparación material y moral de la víctima,
con la condición del consentimiento libre e informado de la víc-
tima y el previo reconocimiento de los hechos esenciales por
parte del autor.
Además de lo anterior, se abordan en la Ley 4/2015 cuestiones re-
lativas a la adopción, tanto de medidas generales de protección, como
de medidas de protección específicas para cierto tipo de víctimas.
Estas medidas de protección buscan la efectividad frente a represa-
lias, intimidación, victimización secundaria, daños psíquicos o agresio-
nes a la dignidad durante los interrogatorios o las declaraciones como
testigo, e incluyen desde las medidas de protección física, a las desti-
nadas a evitar el contacto de la víctima con el infractor y cualesquiera
otras que exijan las circunstancias.
Por otro lado, la adopción de medidas de protección y el acceso a
ciertos servicios requieren de una evaluación individualizada de la víc-
tima, para determinar sus necesidades de protección específica y de
eventuales medidas especiales en la que se tendrán en cuenta el carác-
ter de la misma, la naturaleza del delito concreto sufrido, la entidad del
daño causado y su gravedad y la vulnerabilidad de la víctima. Las medi-
das adoptadas deberán actualizarse además en función del transcurso
del proceso y a las circunstancias sobrevenidas.
En relación con esto, y en tanto se establece un procedimiento es-
pecífico sobre la valoración de todas las víctimas de delitos a efectos de
determinar sus necesidades de protección en función de las circunstan-

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cias de cada caso, en la Ertzaintza ya viene ofreciéndose habitualmente


a las víctimas una serie de medidas de protección generales en la fase
inicial de la investigación, orientadas a evitar o minimizar su victimiza-
ción secundaria o reiterada, entre las que se encuentran las siguientes:
— Atención en dependencias adecuadas y toma de declaración el
menor número de veces, sin dilaciones injustificadas y siempre
que sea posible por el o la mismo/a agente, evitándose pregun-
tas sobre su privacidad no relevantes para la investigación.
— Además de estas medidas, en los casos de delitos contra la li-
bertad sexual o de trata con fines de explotación sexual, la toma
de declaración se lleva a cabo preferentemente por una persona
del mismo sexo, especialmente cuando la víctima lo solicite, y, si
ésta fuera menor, se aplican en todo caso las medidas reseñadas
en el párrafo primero.
— La víctima podrá estar acompañada por una persona de su elec-
ción, y se evitará el contacto entre ella y sus familiares y el/la o
el/la infractor/a.
— Se podrán aplicar medidas recogidas en la Ley Orgánica 19/1994,
de protección a testigos y peritos en causas criminales, destina-
das a proteger la intimidad de la víctima y de sus familiares y, en
particular, impedir la difusión de información sobre la identifica-
ción de las víctimas, especialmente menores de edad o con dis-
capacidad, necesitadas de especial protección.
En caso de víctimas o testigos menores de edad y en el de víctimas
con discapacidad necesitadas de especial protección, tal y como se con-
templa en el «Manual: criterios para la práctica de diligencias por la Po-
licía Judicial», elaborado por la Comisión Nacional de Coordinación de
la Policía Judicial, se adoptarán, además, las medidas que resulten ne-
cesarias para evitar o limitar que el desarrollo de las investigaciones se
convierta en una nueva fuente de perjuicios para ellas y se seguirán las
pautas de actuación que a continuación se exponen:
— Instar de la autoridad judicial y/o de la Fiscalía, cuando el tipo o
la gravedad del delito así lo aconseje a juicio de las/los investiga-
doras/es, que la declaración se tome en sede judicial con todas
las garantías de la prueba preconstituida.
— Grabar, por medios audiovisuales, las declaraciones recibidas en
sede policial.
— Recibirse la declaración por medio de expertos.
La adopción de medidas de protección para víctimas menores de
edad tendrá en cuenta su situación personal, necesidades inmedia-
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Víctimas y Ertzaintza: presente y futuro 145

tas, edad, género, discapacidad y nivel de madurez, y respetará ple-


namente su integridad física, mental y moral. Cuando existan dudas
sobre la edad de la víctima y no pueda determinarse con certeza, se
presumirá que es menor.
En la Ertzaintza ya se venía trabajando, no obstante, en la valoración
y aportación de medidas concretas de protección a colectivos que carecen
de legislación especial y, particularmente, los de menores de edad vícti-
mas de abusos, explotación o pornografía infantil, personas con discapa-
cidad y otros colectivos, como delitos con pluralidad de afectados y los de
efecto catastrófico, terrorismo, organización criminal, víctimas de trata de
seres humanos, violencia doméstica o de género, etc., ámbitos estos últi-
mos que vienen siendo atendidos por especialistas en la materia que diri-
gen y supervisan las actuaciones desde el conocimiento del delito.
En este sentido, comentar, además, que, al objeto de realizar la va-
loración de riesgo de violencia grave en las relaciones de pareja cuando
el agresor es un varón y la víctima una mujer, la Ertzaintza se ha do-
tado de la herramienta denominada «EPV-R», confeccionada y super-
visada por el equipo del catedrático en Psicología Clínica de la Universi-
dad del País Vasco —UPV/EHU— D. ENRIQUE ECHEBURÚA18.
Se recogen en esta escala un total de 20 ítems de riesgo, que se
van identificando a partir de la verificación de los hechos concurrentes
en cada caso.
Los indicadores de riesgo se han seleccionado a partir de su capaci-
dad discriminante de una violencia grave y de su coherencia psicológica
con el conjunto y se agrupan en cinco apartados: datos personales, si-
tuación de la relación de pareja, tipo de violencia, perfil del agresor y
vulnerabilidad de la víctima.
A partir de la aplicación de la escala, resultan cuatro posibles niveles
de riesgo y, en función de los mismos, desde la Ertzaintza, se aplican di-
ferentes medidas policiales de protección que abarcan desde la formación
en medidas de autoprotección de la víctima, entrevistas, visitas y verifica-
ciones aleatorias, comprobaciones vía telefónica, posibilidad de facilitar
el traslado de la víctima al Juzgado para la primera comparecencia, hasta
una oferta de protección durante las 24 horas al día o de solicitud, al ór-
gano judicial correspondiente, de seguimiento por medios telemáticos de
control. Los cuatro niveles de riesgo referidos son los siguientes:
— Nivel de riesgo básico: baja probabilidad de que puedan darse
nuevos incidentes violentos.

18  ECHEBURÚA, E. «Escala de predicción del riesgo de violencia grave contra la pa-

reja», Psicothema, vol. 22, 2010.

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— Nivel de riesgo moderado: alguna probabilidad de que puedan


darse nuevos incidentes violentos.
— Nivel de riesgo alto: alta probabilidad de existencia de nuevos in-
cidentes violentos.
— Nivel de riesgo especial: muy alta probabilidad de que puedan
producirse nuevos episodios violentos.
Para concluir este apartado, insistir en la absoluta necesidad, por
un lado, de que las víctimas de delitos reciban una atención de calidad
desde el primer contacto con las autoridades judiciales y con las Fuer-
zas y Cuerpos de Seguridad, así como de que resulten detalladamente
informadas de los derechos que les asisten y de los servicios de apoyo
a los que pueden acceder, labor en la que también deben desempeñar
una relevante función las oficinas de atención a las víctimas y, por otro
lado, de que nos aseguremos de que realmente asimilan y comprenden
la información facilitada.
Ese primer contacto de las víctimas con las instituciones referidas
resulta fundamental en el objetivo de minimizar la repetición de la vic-
timización sufrida por el delito y, en este sentido, veremos a conti-
nuación cómo se afrontan, desde la Ertzaintza, todas las exigencias y
necesidades recogidas en este campo en la Directiva 2012/29/UE y tras-
puestas a nuestro derecho interno a través de la Ley 4/2015, del Esta-
tuto de la víctima, desarrollada en el Real Decreto 1109/2015.

2.  Las víctimas y la Ertzaintza. Presente y futuro


En verdad, las Directivas europeas objeto de análisis y la Ley 4/2015,
del Estatuto de la víctima del delito, han supuesto un punto de inflexión
en la forma de trabajar de la Ertzaintza, que ha coincidido además, en
el tiempo, con el cese de las actividades criminales de la banda terrorista
ETA.
El hostigamiento terrorista sufrido por la Ertzaintza y otros colec-
tivos como jueces, políticos, periodistas, ..., ha generado durante mu-
chos años, además de numerosas víctimas directas y concretas perte-
necientes a estos colectivos, otra realidad de víctimas en el resto de
integrantes de los mismos, que hemos sufrido de manera permanente
la amenaza de violencia que ha condicionado durante tanto tiempo
nuestras vidas y las de nuestros allegados.
En esos años complicados, también nuestra actividad profesional
como colectivo directamente amenazado se ha visto en consecuencia
dificultada, ya que, sin perder de vista la vocación de servicio a la ciu-
dadanía que constituye una de nuestras señas de identidad, debíamos
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Víctimas y Ertzaintza: presente y futuro 147

también prestar una especial atención a nuestra propia seguridad para


poder proporcionar seguridad a los demás, circunstancia que puede
haber generado, en ocasiones, un distanciamiento de las personas de
nuestra comunidad y de sus problemas.
Son tiempos que afortunadamente van superándose y ahora más
que nunca el carácter, enfoque, actitud y filosofía presente en todas
las actuaciones de la Ertzaintza se manifiesta claramente orientada a la
atención de las necesidades de la ciudadanía en todos sus requerimien-
tos, tanto incidentales con demanda de protección y seguridad, como
de índole asistencial.
Desde este compromiso de cercanía, la Ertzaintza presta un apoyo
especial a aquellas ciudadanas y aquellos ciudadanos que han sido víc-
timas de delitos, a quienes traslada, de manera proactiva y personali-
zada, información sobre los derechos que les asisten y sobre las gestio-
nes relacionadas con los casos en los que se han visto inmersos.
Ya hemos visto en los epígrafes anteriores cómo el Estatuto de la
víctima del delito, en vigor desde el 28 de octubre de 2015, realiza una
trasposición de las Directivas del Parlamento europeo referidas a las
normas mínimas sobre los derechos que asisten a las víctimas y que,
en su finalidad de prestar a las víctimas de delitos una atención coordi-
nada en los ámbitos jurídico, psicológico y social, contempla el desarro-
llo de sus derechos a recibir información desde el primer contacto con
las funcionarias y los funcionarios o autoridades, a denunciar, a la in-
terpretación y traducción, a las medidas de apoyo y asesoramiento dis-
ponibles, a indemnizaciones, a la protección, etc.
Desde la Ertzaintza, en cumplimiento de lo dispuesto en la ci-
tada Ley 4/2015, del Estatuto de la víctima del delito, y en el Real De-
creto 1109/2015, que la desarrolla, en los que «se insta a las Adminis-
traciones Públicas a aprobar y fomentar el desarrollo de protocolos de
actuación y de procedimientos de coordinación y colaboración» con las
víctimas del delito, se articula y desarrolla una Orden de Servicio que
regula con detalle el procedimiento a seguir desde el momento de co-
nocimiento del hecho delictivo y de la interacción con las víctimas del
mismo y que se seguirá, en todos los casos, con independencia de la
nacionalidad de la víctima, de si son mayores o menores de edad, o de
si disfrutan o no de residencia legal.
Tiene incidencia, asimismo, en la referida Orden lo dispuesto en la
Ley 41/201519, de modificación de la LECr, que introduce, entre otras

19  Ley 41/2015, de 5 de octubre, de modificación de la Ley de Enjuiciamiento Crimi-

nal para la agilización de la justicia penal y el fortalecimiento de las garantías procesales.

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cuestiones, una modificación del art. 284 de ésta, por la que se dis-
pone, cuando no exista autor conocido y salvo que se trate de los de-
litos y circunstancias expresamente contemplados/as en el mismo, la
Policía Judicial no remitirá el atestado a la autoridad judicial y/o al Mi-
nisterio Fiscal.
Así, en la Orden de Servicio 030 del Jefe de la Ertzaintza20, cuya es-
tructura y contenidos analizamos a continuación, se definen el trata-
miento y atención por parte de la Ertzaintza a las personas víctimas de
delitos, incluidos algunos de los delitos contra la seguridad vial que re-
sulten de accidentes de tráfico, para facilitar el ejercicio de todos los
derechos que tienen reconocidos en el Estatuto de la víctima durante
las diferentes fases del proceso penal, que incluye en la fase de investi-
gación policial, la notificación sobre el transcurso de las investigaciones
policiales realizadas, aún en ausencia de resultados. Esta comunicación
se llevará a cabo cuando la víctima haya manifestado su voluntad de
ser informada, salvo en los supuestos excepcionales que se recogen en
la Orden de referencia y que veremos, asimismo, más adelante.
Se recogen, al inicio de la Orden de Servicio, las definiciones clave
que aportan criterio para el correcto desempeño de todas las actuacio-
nes previstas en ella. Se describen a continuación:
  1. Víctima.  Se aplicará la definición general de víctima recogida
en el Estatuto de la víctima del delito, que ofrece un concepto
unitario de la víctima del delito, más allá de su consideración
procesal, del que se extraen los dos conceptos referidos a con-
tinuación:
— Víctima directa: persona física que ha sufrido un daño o
perjuicio sobre su propia persona o patrimonio, en especial
lesiones físicas o psíquicas, daños emocionales o perjuicios
económicos directamente causados por la comisión de un
delito.
— Víctima indirecta: en los casos de muerte o desaparición de
una persona que haya sido causada directamente por un
delito, salvo que se trate de los responsables de los hechos.
Se considerarán como tales a su cónyuge, no separado le-
galmente o de hecho, y a los hijos de la víctima o del cón-
yuge, no separado legalmente o de hecho, que en el mo-
mento de la muerte o desaparición de la víctima convivieran

20  Orden de Servicio 030 del Jefe de la Ertzaintza, de 22 de mayo de 2017, de aten-

ción a la víctima del delito.

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Víctimas y Ertzaintza: presente y futuro 149

con ellos; a la persona que hasta el momento de la muerte


o desaparición hubiera estado unida a ella por una análoga
relación de afectividad y a los hijos de ésta que, en el mo-
mento de la muerte o desaparición de la víctima, conviviera
con ella; a sus progenitores y parientes en línea recta o co-
lateral, dentro del tercer grado, que se encontraren bajo su
guarda y a las personas sujetas a su tutela o curatela o que
se encontraren bajo su acogimiento familiar.
En caso de no existir los anteriores, a los demás parientes en
línea recta y a sus hermanos, con preferencia entre ellos, del
que ostentara la representación legal de la víctima. No será
aplicable a terceros que hubieran sufrido perjuicios deriva-
dos del delito.
  2. Responsable de la notificación.  Persona encargada de realizar
la comunicación a la víctima por cualquiera de los medios esta-
blecidos en la Orden.
  3. Notificación inicial de los derechos de la víctima.  Diligencia en
la que se recogen los derechos de la víctima antes de la inter-
posición de la denuncia.
  4. Acta de información de acciones y derechos de la víctima.  Acta
en la que se recogen los derechos de la víctima como denun-
ciante.
  5. Acta de información específica a víctimas de determinados de-
litos.  Actas en las que se recogen derechos específicos para
determinados tipos de víctimas:
— Delitos violentos o sexuales.
— Trata de seres humanos.
— Violencia de género.
— Bandas armadas y elementos terroristas.
  6. Oficina de Asistencia a las Víctimas (OAV), denominado en la
CAPV Servicio de Asistencia a la Víctima (SAV), dependiente
del Departamento de Justicia del Gobierno Vasco.
  7. Servicio de Asistencia a las Víctimas del Terrorismo (SAVT), de-
pendiente de la Dirección de Atención a las Víctimas del Terro-
rismo del Gobierno Vasco.
  8. Oficina judicial.  Oficina o sede del Juzgado que entiende de la
causa en cada fase del procedimiento.
  9. Servicio de Orientación Jurídica (SOJ).  Servicio público de
orientación legal del Colegio de Abogados, mediante el que las
víctimas gestionan su derecho a la asistencia jurídica gratuita.
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10. Indicador Público de Renta de Efectos Múltiples (IPREM). Ín-


dice empleado en España como referencia para la concesión
de ayudas, becas y subvenciones.
Como ya hemos visto con anterioridad, toda víctima de un de-
lito, sin perjuicio de otros derechos que igualmente le asisten y que
podrá hacer efectivos en las diferentes fases del procedimiento en el
que se encuentre inmersa, tiene reconocidos unos derechos desde
su primer contacto con la Ertzaintza, que incluye el momento pre-
vio a la presentación de la denuncia. Ya en ese primer contacto con
las víctimas, éstas resultarán informadas, además, de forma acorde
a sus circunstancias y condiciones personales, sobre los servicios que
se prestan en las Oficinas de Asistencia a las Víctimas, cuando re-
sulte necesario en atención a la gravedad y naturaleza del delito y a
los daños y perjuicios sufridos, o en aquellos casos en los que la víc-
tima lo solicite.
Teniendo en cuenta lo anterior, y al objeto de facilitar un conoci-
miento más preciso de la envergadura de las actuaciones incorporadas
a los procedimientos policiales en este campo, desglosaré a continua-
ción los derechos de las víctimas y las actuaciones de la Ertzaintza al
respecto en tres estadios diferenciados: el momento en el que se da el
primer contacto, la víctima como denunciante y la notificación a la víc-
tima del resultado de las investigaciones.

a)  Estadio 1: derechos de la víctima desde el primer contacto con la


Ertzaintza
Estos derechos se recogen en una diligencia denominada de «Noti-
ficación inicial de derechos a las víctimas de delitos», meramente infor-
mativa, que se facilitará a todas las víctimas de un delito de forma in-
mediata al primer contacto con ellas.
Cuando una ciudadana o un ciudadano acude a un centro poli-
cial, informando haber sido víctima de un delito, la/el agente a quien
corresponda su atención le entrega un ejemplar de dicha diligencia, si
no lo tuviera, y resolverá las dudas que le puedan surgir respecto de su
contenido.
Lógicamente, esta diligencia no sólo se encuentra disponible en los
centros policiales, sino que se porta impresa además por las dotaciones
de protección ciudadana por si resultara necesario facilitarla a cualquier
persona en el transcurso del servicio, con carácter previo a la persona-
ción en el centro policial.

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b)  Estadio 2: derechos de la víctima como denunciante


Resulta importante diferenciar en este ámbito entre los derechos
que tienen todas las víctimas de los delitos en general, que denomina-
remos genéricos, y aquellos otros derechos específicos que, de manera
adicional, corresponden además a las víctimas de los delitos más gra-
ves.
Los derechos que asisten a la víctima, en el momento de interponer
la denuncia, quedan recogidos en el «Acta de información de acciones
y derechos a víctimas de delitos», que se imprime por duplicado en el
momento de formalizar cualquiera de las diligencias relacionadas con
la condición de víctima, no sólo en los documentos de denuncia (decla-
raciones...).
Es importante resaltar la voluntad de poder dar inicio ya a la activa-
ción de determinados derechos desde el momento de la interposición
de la denuncia y evitar así, en lo posible, un molesto y complejo pere-
grinaje de las víctimas por otras instancias. Así, sin perjuicio de los de-
rechos generales a los que se alude en el párrafo anterior y en función
de los delitos de que se trate en cada caso, determinadas víctimas reci-
birán además información adicional sobre los derechos reconocidos en
las normativas particulares.
En estos casos, junto al acta de información general, se facilitará a
la persona denunciante una segunda acta de derechos, denominada
«Acta de información de derechos a víctimas de... (según la tipología
delictiva concreta de que se trate)», que se imprimirá, al igual que la
primera, de forma automática en todos los casos cuando la víctima lo
sea de alguno de los cuatro delitos siguientes:

1.  Delitos violentos y contra la libertad sexual


La Ley 35/1995, de «Ayuda y asistencia a las víctimas de delitos do-
losos violentos y contra la libertad sexual», en su artículo 1, regula un
sistema de ayudas públicas en beneficio de las víctimas directas e indi-
rectas de los delitos dolosos y violentos con resultado de muerte, o de
lesiones corporales graves, o de daños graves en la salud física o men-
tal», y para las «víctimas de los delitos contra la libertad sexual aun
cuando éstos se perpetraran sin violencia».
Por otro lado, y en relación con lo anterior, cabe mencionar que
el «II Acuerdo interinstitucional para la mejora en la atención a muje-
res víctimas de maltrato en el ámbito doméstico y de violencia sexual»,
aborda la equiparación de los derechos contenidos en determinadas di-
ligencias entre los delitos contra la libertad sexual y los de violencia do-

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mestica y de género, por lo que las víctimas de esta tipología delictiva


podrán solicitar, asimismo, asistencia letrada, tanto para el momento
de la interposición de la denuncia como para la solicitud de una orden
de alejamiento o medidas de protección.

2.  Trata de seres humanos


Ley Orgánica 4/2000, sobre derechos y libertades de los extranjeros
en España, sujetos también de atención especial regulada en la norma-
tiva interna de la Ertzaintza.

3.  Violencia de género


El contenido de este acta hace referencia exclusivamente a las víc-
timas de delitos de violencia de género, en virtud de lo dispuesto en la
Ley Orgánica  1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección
Integral contra la violencia de género.

4.  Bandas armadas y elementos terroristas


Información de ayudas y mecanismos para su solicitud de ayudas
reconocidas por la Ley 29/2011, de reconocimiento y protección inte-
gral de las víctimas del terrorismo.
Todas estas actas de derechos genéricos y específicos podrán impri-
mirse, asimismo, también de manera autónoma, a criterio del instruc-
tor de las diligencias, fuera de los casos automatizados en aquellos su-
puestos en los que lo considere pertinente.
Una vez formalizada en los centros policiales, el acta de informa-
ción de acciones y derechos inherente a la denuncia, la solicitud del
ejercicio de algunos de ellos en concreto requiere de trámites y/o ac-
tuaciones adicionales por parte de las/os agentes que instruyen las
mismas, que especialmente en los supuestos que se describen a con-
tinuación, facilitarán el desarrollo de esas gestiones y aportarán a las
víctimas las informaciones siguientes:

Asistencia lingüística gratuita y traducción escrita de la copia de la


denuncia
Excepcionalmente, la traducción escrita de la denuncia podrá susti-
tuirse por un resumen oral de su contenido. La decisión policial de no
facilitar interpretación/traducción de las actuaciones policiales a la víc-
tima, será excepcional y motivada, debiendo quedar constancia de ello
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Víctimas y Ertzaintza: presente y futuro 153

en el atestado, así como la disconformidad que la víctima hubiera po-


dido formular al respecto.
En el momento de la formulación de la denuncia, y si así lo hubiera
solicitado, se concertará con la víctima la posterior entrega a la misma de
la denuncia una vez recibida la traducción correspondiente. Esta tramita-
ción se llevará a cabo por parte del centro policial receptor de aquella.

Conocer el procedimiento para obtener asesoramiento y defensa


jurídica y, en su caso, condiciones en las que pueda obtenerse
gratuitamente
Si en el momento de la formalización del Acta de información de
acciones y derechos la víctima manifestara su intención de ejercer el
derecho de asesoramiento y defensa jurídica gratuita, se cumplimen-
tará en el atestado la diligencia denominada «Solicitud de asesora-
miento y defensa jurídica gratuita a la víctima del delito» .
Tanto para supuestos de tramitación como de no tramitación de
las diligencias a la autoridad judicial21. En esta solicitud se cumplimen-
tarán, de forma obligatoria, únicamente los datos personales de la víc-
tima y aquellos otros que se conozcan en ese momento.
El resto de información y documentación necesaria, y que no se co-
nozca en el momento de realizar la diligencia, se cumplimentará por la
víctima en una fase posterior, ya que este derecho sólo se hará efectivo
cuando se haya tramitado el atestado al Juzgado (si se dan los supues-
tos de tramitación), desde donde contactarán con ella para que se rati-
fique tanto en los extremos recogidos en la denuncia, como en su vo-
luntad de hacer efectivo el ejercicio de este derecho.
Una vez realizado el trámite de ratificación, será dicho Juzgado
quien notifique al SOJ del Colegio de Abogados que corresponda la so-
licitud de la víctima, el cual, a su vez, contactará con ella para solicitar
el resto de datos o documentación necesaria.
Como información complementaria, en la propia diligencia se in-
cluye una referencia a los ingresos económicos por unidad familiar que,
como norma general, no deben superarse para poder beneficiarse de la
Asistencia Jurídica Gratuita.
Estas cantidades vienen establecidas por el IPREM, índice empleado
en España como referencia para la concesión de ayudas, becas y sub-
venciones, que se revisa y actualiza todos los años.

21  El art. 284 de la LECr establece los supuestos en los que la Policía Judicial conser-

vará el atestado a disposición del Ministerio Fiscal y de la autoridad judicial, sin enviár-
selo.

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Las revisiones anuales del IPREM se pueden consultar en la página


web [Link].

Solicitud de ayudas a víctimas del terrorismo


Cuando la víctima de un delito de terrorismo desee ejercer el dere-
cho de solicitud de ayudas que tiene reconocidas por la Ley 29/2011,
de reconocimiento y protección integral de las víctimas del terrorismo,
se cumplimentará la diligencia «Solicitud de ayudas a víctimas del terro­
ris­mo» y se tramitará a la Secretaría General de la Ertzaintza, Sección
de Derechos Ciudadanos y Seguridad Pública, dejando constancia de
todo ello mediante los correspondientes registros informáticos de en-
tradas y salidas de correspondencia.
Desde la Secretaría General de la Ertzaintza se remitirá a la Secre-
taría General para la Paz y la Convivencia de la Dirección de Víctimas y
Derechos Humanos del Gobierno Vasco.

Solicitud para la notificación de las resoluciones judiciales


A los efectos de posibilitar la ejecución de este derecho cuando así
fuera requerido por la víctima, se procederá a la formalización de la di-
ligencia de nueva creación denominada «Solicitud de notificación de
resoluciones judiciales a la víctima».

c)  Estadio 3: notificación a las víctimas del resultado de las investigaciones


Incidiendo en el derecho de la víctima a la información a lo largo
de todo el proceso, en determinados supuestos que se verán más ade-
lante, la Orden de Servicio 030 establece la obligación de notificar a la
víctima determinadas informaciones sobre las investigaciones de los he-
chos por los que se ha visto afectada, independientemente del resul-
tado de las mismas.
Con independencia de dichos supuestos de notificación, todas las
personas denunciantes serán informadas, en el momento de la interpo-
sición de la denuncia, de la posibilidad de recabar información sobre la
situación de su caso, bien personándose en el centro policial, bien vía
telefónica o telemática. Tal y como ya se ha mencionado con anteriori-
dad, la notificación a la víctima de los resultados de las investigaciones
se realizará cuando ésta haya manifestado su voluntad expresa de ser
informada, cuestión que quedará registrada, de manera automática, en
el momento de la formalización de cualquiera de las diligencias en las
que se actúe en calidad de víctima.
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Cuando la víctima ha mostrado su deseo de resultar informada, se


llevarán a cabo las notificaciones correspondientes en los cuatro su-
puestos que a continuación se exponen: notificación por resultados,
notificación sin resultados, notificación por tramitación de las diligen-
cias, notificación a solicitud de la víctima, existiendo, asimismo, excep-
ciones a la notificación.

1.  Notificación por resultados


La notificación por resultados estará vinculada a los supuestos de
identificación de la/el autora/or del hecho y a la incautación y/o devolu-
ción de efectos pertenecientes a la víctima22. Se informará a la víctima
de la resolución de su caso, siempre que se realice cualquiera de las di-
ligencias policiales relacionadas con la identificación o detención del/la
presunto/a autor/a del hecho.

2.  Notificación sin resultados


La Ley 35/1995, de 11 de diciembre, de ayudas y asistencia a las
víctimas de delitos violentos y contra la libertad sexual, establece la
obligación de la Policía de informar sobre el curso de las investigacio-
nes de delitos dolosos violentos, salvo que con ello se ponga en peligro
su resultado.
Esta modalidad de notificación sin resultados está orientada a las
investigaciones en las que, debido a la naturaleza de los delitos que las
originan, se considera necesario informar a la víctima aun en ausencia
de resultados concretos, por lo que ésta recibirá una notificación en ese
sentido cuando se trate de homicidio y sus formas, de lesiones graves o
de delitos contra la libertad e indemnidad sexuales. No obstante, en los
supuestos de homicidio y sus formas, la notificación sin resultados in-
cluye los casos de imprudencia.
Esta notificación sin resultados se realiza transcurridos tres meses
desde la primera remisión de las diligencias, siempre y cuando no se
haya formalizado antes ninguna de las vinculadas a los supuestos men-
cionados de «notificación por resultados», puesto que cualquiera de
ellos implica la notificación en el momento de formalización de las dili-
gencias vinculadas.

22  El art. 284.4 de la LECr establece que la incautación de efectos que pudieran per-

tenecer a la víctima del delito será comunicada a la misma.

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3.  Notificación de la tramitación de las diligencias


Esta notificación se llevará a cabo en los casos en los que, tratán-
dose inicialmente de unas diligencias de no tramitación en virtud de lo
previsto en el art. 284 de la LECr, concurra con posterioridad alguna
de las circunstancias establecidas en el propio artículo citado o se pro-
duzca cualquier hecho que haga necesaria la tramitación de las mis-
mas, como pudiera ser la necesidad de solicitar oficios judiciales para
continuar con las investigaciones.
Al tratarse de atestados en los que inicialmente se ha informado a
la víctima sobre la no tramitación a la autoridad judicial y/o Fiscalía, se
le deberá comunicar este hecho.

4.  Notificación a solicitud de la víctima


Cuando se demande información, por parte de una víctima, sobre
la situación de su caso en supuestos diferentes de los vistos con ante-
rioridad, la/el agente que recepcione la solicitud dará inmediato tras-
lado de la misma a la persona responsable de la notificación.
Esta persona responsable de la notificación informará a la víctima,
de manera general, de la puesta en marcha de las gestiones propias de
comprobación/investigación, recordándole que resultará puntualmente
informada cuando se obtenga algún resultado o se tramiten las diligen-
cias en los supuestos en que éstas resulten de no tramitación en ori-
gen.

5.  Excepción de la notificación


Aun en el supuesto de que la víctima haya manifestado su voluntad
de ser informada del resultado de las investigaciones, no se facilitará la
información en los casos en los que el Juzgado haya declarado el se-
creto de las diligencias, en tanto no se levante la referida medida.
En relación con lo anterior, reseñar que el art. 588 bis de la LECr
establece que las diligencias policiales que incluyan medidas de inves-
tigación tecnológica resultarán declaradas secretas de oficio sin necesi-
dad de resolución judicial expresa.
No obstante, será necesario verificar si se ha declarado o si se man-
tiene, en su caso, el carácter secreto, o no, de las mismas antes de pro-
ceder a la comunicación y, en caso afirmativo, ésta quedará aplazada
hasta que finalice la medida.
Cuando en el transcurso de unos hechos delictivos la víctima de los
mismos manifieste su deseo de no ser informada no se llevarán a cabo

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las notificaciones previstas, salvo en los supuestos en los que se pro-


ceda a la tramitación de unas diligencias que inicialmente no eran de
tramitación y en aquellos en los que se produzca la incautación o recu-
peración de efectos propiedad de la víctima.
En todo caso, y para evitar actuaciones innecesarias, no se realiza-
rán las notificaciones en cuestión cuando el autor de los hechos denun-
ciados sea conocido y señalado por la víctima en el momento de la in-
terposición de la denuncia o de la formalización de otras diligencias en
las que participe. Finalmente, la notificación a las víctimas de acciden-
tes de circulación merece una mención especial.
Al igual que sucede en los supuestos de delitos generales tratados
en los epígrafes anteriores, los accidentes de tráfico provocan, en al-
gunos casos, víctimas de delitos contra la seguridad vial, que deberán
ser, asimismo, informadas sobre el resultado de las investigaciones de
aquéllos en los que se vean inmersas.
Es importante reseñar que los accidentes de tráfico son incidentes
en los que a menudo resulta complejo determinar en origen la respon-
sabilidad de las personas involucradas y que, en un porcentaje, muy
elevado quedan fuera del ámbito penal.
En los accidentes de tráfico frecuentemente se da la circunstan-
cia de que la identidad de las personas implicadas es conocida desde
un primer momento e incorporada, por tanto, a las diligencias corres-
pondientes. La información de interés necesaria para determinar la po-
sible evolución de los hechos y para el ejercicio de las acciones legales
que pudieran corresponder se encuentra debidamente estructurada en
el Sistema de Información Policial (SIP), a efectos de su remisión inme-
diata a las entidades y/o particulares afectadas/os que lo soliciten.
Por esto, la notificación del resultado de las investigaciones a las
víctimas de accidentes de tráfico queda vinculada a los supuestos en
los que resulten personas fallecidas o con heridas de carácter grave
como consecuencia del incidente, y cuyo causante sea desconocido/a
en un primer momento de la investigación.
En estos casos de vehículo desconocido o fugado, y de manera
análoga a los supuestos generales ya descritos, las notificaciones que
se realizarán a la víctima se ajustarán a las modalidades siguientes:
ii) Notificación por resultados: se formalizará cuando se proceda
a la identificación de la persona presuntamente responsable
de los hechos investigados y que, en un primer momento, era
desco­no­ci­da o fugada.
ii) Notificación sin resultados: se llevará a cabo cuando, trans­curri­
dos tres meses desde la primera remisión de las diligencias al

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Juzgado, no se haya formalizado la diligencia policial vinculada


a la identificación de la persona presuntamente responsable de
los hechos. Esta notificación sin resultados se llevará a cabo una
sola vez, vinculándose una posterior notificación a la efectiva
obtención de los resultados concretos ya descritos.

IV.  Reflexiones finales

Se está avanzando en el ámbito de la información, apoyo y pro-


tección a las víctimas de delitos, exigencias demandadas desde hace
tiempo en las Directivas europeas y ya reflejadas en nuestro derecho in-
terno.
Va superándose también esa concepción de la función policial
como algo exclusivamente correspondiente a ese ámbito y se va im-
pregnando una vocación de servicio en la que ya conviven con norma-
lidad las actividades profesionales propias del mantenimiento de la paz
pública, la prevención e investigación de los delitos, con una actitud y
desempeño claramente alineados ya con una función asistencial, de-
cantada hacia las necesidades de la ciudadanía, como corresponde a
una Ertzaintza moderna y eficaz.
Para consolidar la efectividad de todos los derechos de las víctimas
de los delitos, y garantizar así una minimización de la victimización se-
cundaria, es imprescindible no limitarnos únicamente a facilitar impresa
a las víctimas toda la información relacionada con su caso, sino que
tendremos que cerciorarnos de que las víctimas de los delitos que acu-
den a nuestras instituciones, porque tienen un problema, queden ver-
daderamente informadas de todas las opciones de las que disponen y
de los mecanismos a través de los que podrán hacerlas efectivas.
Todo esto, además, procurando que se sientan atendidas y acom-
pañadas durante todo el proceso por el que tengan que transitar, fa-
voreciendo que experimenten un sentimiento de alivio y esperanza por
el hecho de haber confiado en nosotros, porque, además, no debemos
olvidar que en cualquier momento también nosotros estaremos en el
otro lado del camino y sentiremos un cierto consuelo y alivio, al menos
por el sentimiento de confianza en las actuaciones de nuestras institu-
ciones.
Se antoja imprescindible, por tanto, en este camino, la máxima co-
laboración institucional, la dotación a las instituciones de protocolos de
actuación y mecanismos de coordinación y colaboración, de la forma-
ción técnica continuada del personal que tiene contacto y relación con

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las víctimas de delitos y del fomento de instancias especializadas en la


atención, apoyo y tratamiento de éstas.
Mucho trabajo por delante. Pendiente el desarrollo de protocolos
policiales que, de manera sistemática, se activen para la valoración de
riesgos y adopción de medidas de protección en función de sus necesi-
dades, de cualquier víctima de delito.
Una operativa conjunta, coordinada y solidaria de estas actuaciones
en materia asistencial reportará una clara mitigación de los efectos de
la victimización secundaria a las víctimas de los delitos, generará un re-
forzamiento del sentimiento de cercanía en la ciudadanía y supondrá,
sin duda, además, un crecimiento de la confianza en las instituciones
y de la colaboración con las mismas, y una mejora sustancial también,
por tanto, en la eficacia de la labores de prevención e investigación de
delitos en los ámbitos policiales y judiciales.

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El Servicio de Atención a la Víctima

Lourdes Lorente Diharce


Coordinadora del Servicio de Atención a la Víctima del Gobierno Vasco

Sumario:  l. La víctima. II. La victimación judicializada. III. El Servicio


de Atención a la Víctima en Euskadi. 1. El Programa de Acompaña-
miento Jurídico-Terapéutico en el ámbito judicial. 2. La comunica-
ción a la víctima de la excarcelación del/la victimario/a. IV.  La pre-
sencia del Servicio de Atención a la Víctima. V. Algunos ejemplos.
1. Caso l. 2. Caso II. 3. Caso III. 4. Caso IV. 5. Caso V. 6. Caso VI.
VI. Conclusión. VIl. Bibliografía.

Resumen:  La persona victimizada, tradicionalmente, ha sido la gran olvidada, al


ser tenida en cuenta de forma parcial, como testigo de primera mano de la vic-
timización y, por tanto, relatora de excepción de lo acometido por el/la victima-
rio/victimaria, pero no en la magnitud de la problemática que el hecho delictivo
desencadena en la persona. El Servicio de Atención a la Víctima del Gobierno
Vasco viene trabajando por y para la víctima y, naturalmente, con la persona víc-
tima, situándola en el centro de la intervención y facilitando y entrenando las
herra­mien­tas necesarias para que sea ella misma la que propicie la mejora: tra-
bajar para la persona, con la persona. De esta manera, la persona victimizada se
empodera y recupera las riendas de su vida, lo que le va a facilitar abordar cada
cuestión desde el conocimiento.

Palabras clave:  persona, víctima, atención, restauración, empoderamiento.

l.  La víctima

La persona que sufre una victimización se encuentra con una situa-


ción sobrevenida y no buscada. De la noche a la mañana, ve como su
vida diaria, su cotidianidad, sus proyectos, su vida laboral y profesional,
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su vida social, su formación, etc., deben hacer espacio, sin paralizarse,


para dar cabida y abordar una nueva circunstancia que le ha generado
un daño, que no tiene vuelta atrás y que le afectará, en mayor o menor
medida, en su salud física, psíquica y social, dependiendo, de un lado,
del delito con el que haya sido violentada1 y, por otra, de su manera de
afrontar las situaciones estresantes2, y de su red de apoyo, en toda su
globalidad3, 4.
La Resolución 40/34, del 1985, de la Asamblea General de la ONU,
define como víctima a aquella persona que haya sufrido daños físicos,
psicológicos o emocionales, o un ataque y disminución de sus derechos
fundamentales como consecuencia de acciones u omisiones que estén
tipificadas como delitos. Asimismo, también considera víctimas a las
personas allegadas a las primeras o a aquéllas que hayan sufrido daños
en la asistencia a la víctima. Por tanto, la ONU entiende que el daño y/o
perjuicio que vive la víctima de un delito no es una circunstancia indivi-
dual. Que hay víctimas directas; las que viven el delito en primera per-
sona; pero también hay víctimas indirectas (la familia, las amistades...)
que viven a través de la víctima directa el sufrimiento, el menoscabo y
el esfuerzo de la víctima por enfrentar su nueva realidad.

II.  La victimización judicializada

En contextos no familiarizados con el sistema penal, existe una ten-


dencia a pensar que, ante la comisión de un delito, la «solución» pasa
por denunciar el hecho. Sin embargo, la realidad es que la judicializa-
ción hace su aportación a la restauración de la persona víctima, desde
un punto de vista penal; sobre el delito, en tanto en cuanto violación
de la norma, para valorar la responsabilidad de la persona acusada y
aplicar la sanción correspondiente no tiene capacidad «mágica» para
«resolver el problema». Ese proceso conlleva unas consecuencias para
la víctima que ha puesto sus expectativas en el sistema; sistema que, al
activarse, abre nuevos ramales que van a incidir en la persona víctima y
que, aunque pudiera parecer que no hay relación directa entre ese pro-

1  ECHEBURÚA, E., DE CORRAL, P., AMOR, P.J., «Evaluación del daño psicológico en

las víctimas de delitos violentos». Psicothema. vol. 14, 2002, pp. 139-46.


2  LAZARUS, R.S., Estrés y procesos cognitivos, Ed. Martínez-Roca, Barcelona, 1986.
3  LAZARUS, R.S., Estrés y emoción: manejo e implicaciones en nuestra salud, Edito-

rial Desclée de Brouwer, Bilbao, 2011.


4  LAZARUS, R.S. y FOLKMAN, S., Stress, coping and adaptation, Springer, New York,

1984.

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ceso penal y las cuestiones extrajudiciales, sí que se encuentran en co-


nexión, incluso, en ocasiones, en dependencia directa; por ejemplo, el
reconocimiento del estatus de víctima protegida en violencia de género
posibilita determinadas acciones que, sin esa credencial, no sería posi-
ble accionar.
Por otra parte, no todas las victimizaciones son denunciadas5, y no
lo son por distintas razones; desconocimiento, miedos a posibles re-
presalias, a no ser escuchado/a-creído/a, vergüenza, desconfianza...
WALLER6 comprobó, en el año 2003, que sólo el 3% de los delitos fi-
nalizaba con una sentencia de culpabilidad. Y WALKER7 (2004) añade
que menos del 20% de los delitos finalizan en detención.
En el caso de las victimizaciones judicializadas, además, la víctima
ha sido vivida como «un testigo incómodo». Esta afirmación, que hoy
nos puede parecer cuando menos políticamente incorrecta, tradicional-
mente ha sido un pensamiento perfectamente interiorizado y, en con-
secuencia, actuado; desconociendo y obviando el torrente de malestar
que invade a la víctima y que puede adquirir distintas formas desde lo
físico, pasando por lo psicológico y emocional, hasta lo material y lo so-
cial8.
La participación de la persona perjudicada en el proceso penal era
—es— una necesidad fundamental para la demostración de los hechos
imputados al/la victimario/victimaria, pero no puede abordar cuestiones
extrajudiciales que traspasan el procedimiento y que han de ser tenidas
en cuenta para comprender la magnitud de la experiencia de la victimi-
zación, que va más allá de lo estrictamente penal, alcanzando dimen-
siones físicas, emocionales y sociales y, por tanto, es necesario interve-
nir para conseguir una recuperación bio-psico-social9.

5  CÁCERES CARRASCO, J., «La violencia en el seno de las relaciones íntimas, anali-

zadas por un psicólogo clínico». Pensamiento Psicológico, vol. 6, 2009, pp.13-26. Acce-
sible en: [Link] [consultada 10/10/17].
6  WALLER, I., «Víctimas del crimen: haciendo justicia para su apoyo y protección»,

accesible en: [Link]


[Link] [consultada 10/10/2017], 2011, p. 20.
7  WALKER, L., «Restorative Justice Without Offender Participation: A Pilot Program

for Victims». lnternational lnstitute for Restorative Practices, 2004. Accesible en https://
[Link]/eforum-archive/4295-restorative-justice-without-offender-participation-a-
pilot-program-for-victims [consultada 10/10/2017].
8  GINER ALEGRÍA, C.A., «Consecuencias psicológicas de la victimización». Emer-

gencias y Seguridad Ciudadana, n.º  114, 2013, pp. 39-41. Accesible en: [Link]
[Link]/articulos/[Link] [consultada 10/10/2017].
9  ROSEMBAUM, A., GEFFNER, R., SHELDON, B., «A biopsicosociological model of

understanding aggression», en R. GEFFNER y P.K. LUNDBERG-LOVE (dirs.), Violence and


sexual abuse at home, Haworth, Nueva York, 1997, pp. 57-80.

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En el análisis del fenómeno delictivo se ha constatado que la gran


olvidada, tanto en las elaboraciones teóricas como en los supuestos de
tipo práctico, ha sido siempre la víctima del delito.
Es necesario esperar al siglo xx para que el binomio víctima/victima-
rio empiece a ser estudiado con equidad y, por tanto, se valore positiva-
mente la participación de la víctima en el proceso penal, no sólo como
forma de probar la conducta delictiva del/la victimario/a, sino también
como una forma de poner en valor lo que la persona víctima puede
aportar al proceso; reconociendo así el daño causado a la víctima y la
necesidad de apoyarle en su recuperación, así como la prevención.
La Victimología fue la primera en llamar la atención sobre la necesi-
dad de formar y ensayar programas de asistencia, reparación, compen-
sación y tratamiento de las víctimas del delito.
Estos programas, que tuvieron sus orígenes en Gran Bretaña, han
ido evolucionando ante la constatación de que la víctima judicializada
se siente maltratada —nuevamente victimizada— por el sistema legal
y, conociendo la importancia de su colaboración con los órganos ju-
diciales, comprueba, por una parte, que no recibe un trato equitativo
que compense los perjuicios y molestias que esta cooperación le oca-
siona y, por otra, que habiendo sido la gran perjudicada por el hecho
delictivo, las consecuencias generadas por la comisión del delito, bien
sean de índole económica, social o psicológica, quedan sin respuesta.
Todo ello provoca una determinada actitud de la víctima hacia
el sistema legal que condiciona significativamente el grado de rendi-
miento del propio sistema penal y, por ende, la confianza de la ciuda-
danía en el mismo.

III.  El Servicio de Atención a la Víctima en Euskadi

Con la aprobación de la Ley 4/2015, de 27 de abril, se impone y re-


gula la necesidad de la existencia de oficinas de asistencia a la víctima:
en Euskadi, contamos con este servicio desde 1991. Somos pioneros en
la atención a la víctima y referente para el Ministerio de Justicia, tanto
por cuestiones estrictamente técnicas, respecto de la metodología se-
guida en las intervenciones, como por el tratamiento que se da a la in-
formación; para empezar a poner en marcha las oficinas que establece
el Estatuto de la víctima que han de existir para dar las coberturas se-
ñaladas.
El Servicio de Atención a la Víctima (SAV) es un servicio de carác-
ter gratuito, universal y voluntario que ofrece información y asistencia
a aquellas personas que han sido víctimas, directas o indirectas, de un
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delito o que se han visto perjudicadas por la comisión de un hecho de-


lictivo o por una conducta socialmente desviada, al tiempo que coo­
pe­ra con los operadores jurídicos. En el marco de una gestión mixta,
donde la titularidad es pública y la gestión del mismo está a cargo del
IRSE-EBI, a través de concurso público, el Gobierno Vasco puso en mar-
cha el SAV en Euskadi en 1991, con presencia en los tres Territorios
Históricos (Bilbao y Barakaldo, Vitoria-Gasteiz y Donosti), con profesio-
nales especializados y un enfoque interdisciplinar10 que actúa interdisci-
plinarmente11 y que sitúa, en el centro de la intervención, a la persona.
El objetivo principal del SAV es ofrecer una respuesta integral e in-
tegradora a las distintas y complejas problemáticas que surgen como
consecuencia de la victimización, y que no sólo van a estar relacionadas
con el resultado evidente del hecho delictivo que ha sufrido y vivido, de
forma directa o indirecta, sino que también están íntimamente ligadas
esas situaciones-problema con las acciones —o no acciones—, que ten-
drá que activar y ejecutar para su restauración bio-psico-social.
La persona víctima se encuentra en shock y su capacidad de com-
prensión se ve alterada, los tiempos legales y procesales son diferentes
a los de la capacidad de la persona víctima para comprender y tomar
decisiones en una situación estresante, ... las opciones y los recursos
existentes para enfrentarse a la nueva circunstancia tampoco son úni-
cas: pueden ser incompatibles y, en cualquier caso, tienen sus propias
condiciones.
Toda esta información sobre las posibles rutas a tomar, el diseño de
los distintos escenarios, ha de ser expuesto de forma ad hoc; para cada
caso, para cada circunstancia, para cada capacidad cognitiva, para
cada resiliencia... para cada historia de vida; con un respeto exquisito
a los tiempos de la persona, a sus miedos, sus dudas, con un lenguaje
comprensible, accesible y que comunique realmente.
Quintero Olivares12 entiende que el sistema penal actual, al no dar
respuestas a los intereses de la víctima, más allá de la respuesta penal,
puede llegar a generar perjuicios tras pasar por la Administración de
Justicia Penal. El contacto de la víctima con los sistemas de ayuda, for-

10  PIZARRO AGUILAR, R., «Los equipos interdisciplinarios». Revista Cúpula, vol. 8

(17), 1984, pp.11-18.


11  MENÉNDEZ OSORIO, F., «lnterdisciplinariedad y multidisciplinariedad en sa-

lud mental». Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, vol. 8 (65), 1998,


pp.145-150. Accesible en: [Link]
65/12-interdisciplinariedad-y-multidisciplinariedad­-[Link] [consultada
10/10/2017].
12  QUINTERO OLIVARES, G., «La víctima y el Derecho Penal». Estudios de victimolo-

gía: Actas I Congreso Español de Victimología. Valencia, 2005, pp. 15-26.

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males y/o informales, pueden ser generadores de malestar, el trato con


la víctima, desde la posición de ayuda y sin intención de dañar, produ-
cen consecuencias negativas a niveles emocionales que retroalimentan
la sensación de indefensión y culpabilidad; es la victimización secunda-
ria cuya base se sitúa en el choque entre la expectativa de la persona
víctima al acercarse a la fuente de ayuda y la realidad de esa misma
fuente.
García-Pablos afirma:
«Tal vez, porque nadie quiere identificarse con el “perdedor” del
suceso criminal tiene que soportar la víctima no sólo el impacto del
delito, en sus diversas dimensiones, sino también la insensibilidad
del sistema legal, la indiferencia de los poderes públicos e, incluso, la
inso­li­da­ri­dad de la propia comunidad. En el denominado Estado “so-
cial” de Derecho oscilan, paradójicamente, las actitudes reales ha-
cia la víctima entre la compasión y la demagogia, la beneficencia y la
descarada manipulación.»13
El catedrático GARCÍA-PABLOS14, refiriéndose en exclusiva al con-
tacto entre la persona víctima y el sistema penal, explica que el rol que
juega la víctima dentro del proceso ha pasado por tres momentos a lo
largo de la historia:
a) Protagonismo: antes de que el Estado fuera el único con capa-
cidad para ejercer justicia, ésta era de carácter privado. El delito
era así un hecho que afectaba de forma exclusiva a la víctima y
a su familia, por tanto, sólo en la víctima y en la familia recaía
la «responsabilidad» de vengar el daño producido, restituyendo
así el honor.
b) Neutralización: con la aparición del Derecho penal público, el
ius puniendi, el papel de la persona perjudicada, queda muy re-
ducido, apareciendo como máximo, simplemente como alguien
que cuenta lo que ha sucedido como un testigo, pero sin tener
en cuenta lo que para ella ha significado, física, emocional, so-
cial o emocionalmente. El proceso sitúa en el centro de su in-
tervención al/la infractor/a. La persona víctima tiene obligacio-
nes que cumplir frente al sistema penal, como es la de declarar,
pero ningún derecho al que acogerse. Incluso se ha llegado a
sugerir que la víctima y el victimario tienen grados de respon-

13  GARCÍA-PABLOS, A., Manual de Criminología. Introducción y teorías de la crimi-

nalidad, Espasa, España, 1988, p. 4.


14  GARCÍA-PABLOS, A., Criminología: una introducción a los fundamentos teóricos,

7.ª ed. Tirant lo Blanch, Valencia, 2003.

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sabilidad propios, en la comisión/padecimiento del delito, y lo


sumado a la primera debe ser restado al segundo, obteniendo
como resultado una pena menor.
c) Resurgimiento de la víctima: a partir de la década de los 70, la
Victimología introduce una nueva corriente, la Victimología Crí-
tica, que defiende un mayor protagonismo de la persona víc-
tima en el proceso penal, dejar de considerarla como un sujeto
pasivo, reconociéndole sus derechos.
La victimización es un proceso que puede tener, al menos, dos es-
tadios bien diferenciados: la victimización primaria; es decir la produ-
cida por el hecho delictivo en sí; y la victimización secundaria.
El concepto de victimización secundaria fue utilizado por primera
vez por KHONNE, en 1986, y con él identificaba las nuevas agresiones,
no intencionadas, pero perniciosas, y que pueden producirse desde
quienes son el soporte y el vehículo de ayuda a la víctima: la familia, el
sistema judicial, la policía, los servicios sociales, la comunidad, la socie-
dad, etc. En este sentido, la victimización secundaria puede ser tam-
bién considerada como una reacción social negativa producida como
consecuencia de la victimización primaria, donde la persona víctima
vive de nuevo una violación de sus derechos legítimos cuando los or-
ganismos públicos intervienen para velar por sus intereses y ayudarle
en la reparación de la victimización, bien sea a nivel psicológico, so-
cial, físico o estrictamente económico, especialmente cuando la socie-
dad considera que la victimización ha sido provocada por la propia víc-
tima15.
El objetivo primigenio del Servicio de Atención a la Víctima es evi-
tar, en la medida de lo posible, que este segundo estadio de la victi-
mización se produzca y, si se produce, intervenir para corregir la tra-
yectoria y paliar sus efectos. La victimización secundaria, producida a
partir de la relación que la persona víctima, establece con los sistemas
de ayuda, que en principio velan y se preocupan por su bienestar en el
sentido más amplio y que, sin embargo, en el abordaje de la victimiza-
ción, resultan ser, en ocasiones, tan nocivos que pueden producir nue-
vas lesiones psicológicas a la persona víctima.
La casuística atendida en el SAV es variada: atendemos a víctimas
de cualquier tipo de delito, directas, indirectas, con asuntos judicializa-
dos y sin judicializar. Atendemos los aspectos diezmados y debilitados
como consecuencia de la victimización y ayudamos a la persona víctima

15  GUTIÉRREZ DE PIÑERES BOTERO, C., CORONEL, E., ANDRÉS PÉREZ, C., «Revisión

teórica del concepto de victimización secundaria». Liberabit, vol. 15, 2009, pp. 49-58.

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a encontrar la mejor manera de paliar los daños sufridos a través de la


información individualizada y pormenorizada, el acompañamiento en
su proceso y la recuperación de sus habilidades, en busca de la restau-
ración del bienestar perdido.

Expectativa Realidad

— La denuncia abre el proceso judicial.


— El proceso no tiene fecha de finalización.
La denuncia resolverá — Siempre se prolonga más de lo que la per-
y finalizará con el daño vivido sona víctima desearía.
— El procedimiento iniciado le resulta incontro-
lable e inentendible.
— Estas figuras (funcionariado, juristas, magis-
tratura, etc.) son personas con su propio ba-
gaje de creencias, ideología y personalidad.
Las figuras judiciales actuarán
— La persona víctima interactúa con estas fi-
con sabiduría vs justicia
guras de forma limitada, desconociendo sus
universal
funciones.
— La persona víctima desarrolla sentimientos de
inseguridad.
Confía en que las personas — No hay empatía: hay rigor científico y jurí-
que trabajan en el sistema dico, carga de la prueba, elementos enjuicia-
empaticen con ella bles, plazos, requisitos...
Equiparación de sistema judicial — Todo ha de ser demostrado fehaciente-
con «la verdad» mente.
— Se producen retrasos incontrolables por cau-
El sufrimiento terminará
sas imponderables y la angustia permanece,
con el juicio
e, incluso, aumenta.
Fuente:  IRSE-EBI. Modelo de Asistencia a Víctimas (pendiente de publicación).

1. Programa de Acompañamiento Jurídico-Terapéutico en el ámbito


judicial

Tradicionalmente, y desde un enfoque bio-psico-social, el concepto


de acompañamiento terapéutico ha estado presente en todo proceso
de rehabilitación y recuperación, fundamentalmente en el entorno de
la salud mental. Desde la década de los 70 va más allá de la mera pre-
sencia física de una persona de referencia y confianza.
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«[...] Desde nuestro criterio, la función del acompañante tera-


péutico sólo puede definirse en relación a la estrategia de un trata-
miento, e irá cobrando sentido en la medida en que este avance, es
decir, en relación a las particularidades de cada caso. En la dirección
de un tratamiento, no hay un saber previo. Sí hay un saber supuesto
que el paciente, en la transferencia, atribuye al terapeuta ... Es ne-
cesario aclarar, no obstante, que cuando hablamos de estrategia no
es en sentido de un saber previo puesto del lado de quien conduce
un tratamiento, acerca de cómo intervenir frente a cada entidad clí-
nica, de manera general. Y menos aún de parte de los distintos pro-
fesionales que pudieran participar en ese tratamiento, incluido el
acompañante...»16
El Servicio de Atención a la Víctima, en 2011, estructuró, en un pro-
grama concreto, acciones que ya venía realizando. El objetivo es conse-
guir que la persona victimizada, que tiene que acudir al Juzgado a de-
clarar, lo haga en las mejores condiciones posibles, minimizando, en la
medida de lo posible, los niveles de estrés que produce el desconoci-
miento del entorno, las figuras judiciales (jueces, fiscales, abogados/as,
funcionarios/as...), la conciencia de que el/la victimario/a puede encon-
trarse en el mismo edificio o en las inmediaciones, la farragosidad de la
terminología jurídica... Busca el empoderamiento de la persona victimi-
zada y, por tanto, en su preparación está la clave de su éxito.
En el contexto del SAV, y en su campo de actuación, el acompaña-
miento se realiza a la persona víctima, con tres vertientes: pedagógica,
terapéutica y situacional. Articulado en tres fases; con la víctima, con
los agentes intervinientes y, finalmente, el acompañamiento físico. Es
una herramienta utilizada, obviamente, con criterios estrictamente téc-
nicos y, sobre todo, individualizados y personalizados.

2. La comunicación a la víctima de la excarcelación del/la victimario/a

El conocimiento, sobre cualquier materia, proporciona seguridad;


así pues, no resulta infrecuente que los técnicos y las técnicas del SAV
atendamos demandas de información sobre la situación penitenciaria
del/la penado/penada con una pena privativa de libertad. Para la víc-
tima, contar con esa información le permite dibujar un futuro sin la in-
certidumbre del desconocimiento y el temor al encuentro casual con
su victimario/victimaria. Es una demanda y también es un derecho de

16  PULICE, G. y ROSSI, G., Acompañamiento terapéutico: aproximaciones a su con-

ceptualización-presentación de material clínico, Polemos Editorial, Buenos Aires 1997.

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la víctima conocer esa situación. Esta información tiene un doble obje-


tivo:
— prevenir una nueva victimización;
— prevenir una victimización secundaria al estar la persona víc-
tima al corriente —salvo manifestación expresa de lo contrario—
de los beneficios penitenciarios de los que va disfrutando el/la
condenado/a.
A través de la Ley 27/2003, de 31 de julio, se creó la orden de
protección de las víctimas de violencia doméstica y de género, que
se incorpora a la Ley de Enjuiciamiento Criminal en el nuevo ar-
tículo 544 ter.
El objetivo es salvaguardar, desde el inicio del procedimiento y du-
rante su tramitación, la integridad de la persona denunciante y ofrecer
a la misma una respuesta integral y coordinada que reúna tanto medi-
das cautelares penales sobre el agresor, orientadas a impedir la reali-
zación de nuevos actos violentos, como las medidas protectoras de ín-
dole civil y social que eviten el desamparo de las víctimas de la violencia
doméstica y den respuesta a su situación de especial vulnerabilidad. En
concreto, en el apartado 9 del art. 544 ter de la Ley de Enjuiciamiento
Criminal, se establece que:
«La orden de protección implicará el deber de informar perma-
nentemente a la víctima sobre la situación procesal del imputado,
así como el alcance de las medidas judiciales cautelares adoptadas.
En particular, la víctima será informada en todo momento de la si-
tuación penitenciaria del presunto agresor. A estos efectos se dará
cuenta de la orden de protección a la administración penitencia-
ria.»

Por su parte, la Instrucción 1-2005, de la Dirección General de Ins-


tituciones Penitenciarias, detalla el procedimiento de comunicación en
tales casos, señalando que «se procederá a comunicar a la víctima di-
rectamente —de conocer su localización— o a través de la autoridad
judicial, o institución competente, según proceda, la situación del in-
terno, así como cualquier tipo de salida temporal o excarcelación pre-
vista, con la debida antelación, recogiéndose fecha, lugar y motivo de
la misma.
Dicha Instrucción 1-2005 amplía, en aplicación del principio de
igualdad y más allá del ámbito de la orden de protección, la obligación
de comunicar la situación penitenciaria a las víctimas en todos los casos
en los que a la persona penada le haya sido aplicado el artículo 57 del
Código Penal, en relación con el artículo 48 del Código Penal. Esto es,
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la Administración asume la obligación de facilitar la información sobre


cualquier tipo de salida temporal o excarcelación prevista a:
— Todas las víctimas (sean o no de violencia doméstica/género).
— Siempre que lo sean por alguno de los siguientes delitos: homi-
cidio, aborto, lesiones, contra la libertad, de torturas y contra la
integridad moral, la libertad e indemnidad sexuales, la intimidad,
el derecho a la propia imagen y la inviolabilidad del domicilio, el
honor, el patrimonio y el orden socioeconómico.
— Y siempre, además, que se haya acordado en la sentencia con-
denatoria la imposición al penado de una de las prohibiciones
del art. 48 (prohibición de residir en el lugar donde reside la víc-
tima, prohibición de aproximarse a la víctima o prohibición de
comunicarse con la víctima).
En virtud de los acuerdos adoptados en el marco del Protocolo de
Coordinación para la Eficacia de la Orden de Protección, de ámbito au-
tonómico, «la Administración penitenciaria o, en su caso, el Juzgado
de Vigilancia Penitenciaria comunicará cualquier cambio, bien al SAV o
bien directamente a la víctima. De esta comunicación quedará constan-
cia».
Dada la alta especialización del SAV, las comunicaciones de excar-
celaciones son trasladadas a la persona víctima por profesionales con
gran experiencia en el manejo de las emociones y las reacciones que
la comunicación de una excarcelación del/la victimario/a pueden gene-
rar en la persona víctima, realizar una contención emocional e informar
con rigor y exactitud.
La vocación del SAV Euskadi es ofrecer información y orientación a
la persona que ha sido víctima —que está siendo víctima— de un de-
lito, teniendo en cuenta aspectos sociales, jurídicos y psicológicos que
le permitan una participación activa en el proceso penal, si lo hubiera, y
en el suyo propio, sin que ello produzca daños colaterales, además de
proporcionarle el apoyo y los medios que le permitan su recuperación,
la restauración y el fin de la victimización.

IV. La presencia del Servicio de Atención a la Víctima: antes y


después del Estatuto de la víctima

Por tanto, el SAV-Euskadi, y desde 1991, informa, orienta, apoya,


asesora y tiene función pedagógica respecto de la persona víctima: la
información desde el SAV es entendida de una manera mucho más
profunda que la mera expedición de un sumario de derechos, recur-
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sos y ayudas: realiza un diagnóstico pormenorizado, individualizado y


singular de la situación concreta, valorando cada circunstancia en re-
lación con la realidad de la persona, activando los recursos propios y/o
realizando derivaciones activas, cuando procede, a espacios que sean
necesarios y coordinándose con aquellos agentes, recursos, institucio-
nes, ..., para que el proceso de recuperación y atención, directa o in-
directa, se produzca sin la perversidad de la victimización secundaria.
Todo esto siempre teniendo presente la capacidad que cada persona
posee en la toma de decisiones en lo concerniente a sí misma, res-
petando sus cambios de opinión y entendiéndolos como la parte del
proceso personal de recuperación, atendiendo al ritmo evolutivo, en
un diálogo comprensible y ajustado a cada personalidad, a cada mo-
mento vital.
Es necesario tener muy en cuenta que el mismo hecho afecta de
forma distinta a personas distintas e, incluso, el mismo hecho acaecido
sobre la misma persona, pero en momentos vitales diferentes, es perci-
bido y abordado de forma diferente.
La persona que ha sido víctima, o que siente que es víctima llega,
al SAV con toda su complejidad; no es una «víctima de laboratorio»;
tiene una vida anterior a la victimización: familia, trabajo, estudios,
vida social, responsabilidades de toda índole, espacios de ocio, ..., po-
see una forma propia de afrontar las dificultades, que viene dada por la
educación que haya recibido, las relaciones que mantenga, la experien-
cia vital que posea y la forma de relacionarse con el mundo, ... , todos
esos elementos, que forman parte de su individualidad, van a convivir,
van a compartir espacio, en sus emociones y en sus pensamientos, con
la victimización y con las acciones y/o cambios que deba realizar para
alcanzar el equilibrio perdido.
En el SAV-Euskadi nunca ha sido un requisito para la atención la
interposición previa de la denuncia. De hecho, es un escenario ideal,
aunque no siempre posible, poder trabajar con la persona víctima an-
tes de que tome una decisión respecto a la interposición de la denun-
cia. De esa manera, puede conocer de antemano las consecuencias y
los distintos escenarios que se podrían elaborar para ayudarle a que en-
cuentre formas de solventar su malestar y sus dificultades, los recursos
necesarios para cada camino...17.

17  De los asuntos atendidos en el año 2016 (2.534), un total de 1.820 llegaron al

SAV ya judicializados.

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V.  Algunos ejemplos

Para ilustrar de una manera práctica lo comentado hasta aquí, pre-


sentamos algunos ejemplos de victimizaciones atendidas en el SAV. En
estos ejemplos, se puede ver cuál es el planteamiento inicial y de qué
manera se ha ido interviniendo a medida que la situación ha ido evo-
lucionando. Se puede ver cómo los perjuicios de la victimización lle-
gan más allá de lo estrictamente penal y cómo el SAV se convierte en
el canal necesario para dar una cobertura de apoyo y orientación a tra-
vés de la intervención en cuestiones que dimanan de la victimización y
que, aunque la norma prevea cuestiones como la transversalidad, sigue
siendo necesaria la coordinación entre instituciones para poder dar una
respuesta resolutiva y no revictimizante.
En todos los casos, la metodología utilizada ha sido la realización de
exploraciones mediante entrevistas semiestructuradas, dentro de un es-
quema acogida-seguimiento. En los casos presentados, se puede obser-
var cómo la demanda inicial explícita va evolucionando a medida que se
avanza en la indagación, apareciendo nuevas necesidades. Asimismo, se
puede apreciar que, a pesar de ser casos judicializados y con medidas de
protección a las víctimas establecidas, la victimización y las consecuencias
de la misma se extienden a gran parte de la experiencia vital de la persona.

1.  Caso I

a)  Descripción
ii. Demanda explícita: información y orientación.
ii. Exploración en acogida (2010):
— Mujer de 43 años. Activa laboralmente.
— Derivada por la Fiscalía de Menores.
— Madre de dos hijos, de 10 y 14 años de edad.
— Refiere maltrato por parte de su hijo mayor al padre y a la
madre: violencia verbal —insultos, amenazas...— e inobser-
vancia e incumplimiento de las normas de convivencia..., que
viene produciéndose desde hace dos años.
— La informada afirma haber pasado por diversos programas de
ayudas y mediación, sin resultados destacables.
— Incapacidad para conseguir que el menor acuda a recibir
apoyo psicológico.
— Refiere que ella y el padre del menor han iniciado un proceso de
divorcio y que esta circunstancia ha complicado más la situación.
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174 Lourdes Lorente Diharce

b)  Intervenciones en seguimientos presenciales y no presenciales


IIIi. Valoración y derivación a un grupo terapéutico y de apoyo a
familias víctimas de violencia filio-parental.
IIii. Respecto a la sentencia que establece el ingreso en un centro
semi-abierto del menor, plantea dudas relacionadas con:
— La responsabilidad civil.
— Las costas; entendemos que no las hay, al no haber llevado
ella ni abogado ni haber precisado de peritos; no obstante,
se le indica que, para el caso de que su hijo no haya trami-
tado la Asistencia Jurídica Gratuita (AJG), podría haber una
responsabilidad de los progenitores en el pago de los gastos
de abogado, puesto que sea del Turno de Oficio no quiere
decir que sea gratis; entendemos que la AJG debería trami-
tarla el hijo y el padre, pues ella podría tener cierta incom-
patibilidad, conforme al art. 3.3.º, Ley 1/1996, al existir inte-
reses contrapuestos.
— Se ha fijado para el 29/07/2010 audiencia para revisar si la
medida en un centro semi-abierto debe continuar o ser mo-
dificada.
En 2013, acude de nuevo.
Iiii. Participó en el grupo de autoayuda para padres y madres vícti-
mas de violencia filio­parental.
Iiv. Coordinación con responsables del grupo terapéutico: su asis-
tencia en el primer año, 2010, fue irregular y, en el segundo
año, apenas acudió a cuatro sesiones, dejando el grupo por-
que «sentía que ella no aportaba nada».
IIv. Nueva denuncia frente al menor.
Ivi. Ha agredido al hermano pequeño: le ha roto un tímpano.
Ivii. El comportamiento hacia ella sigue siendo el mismo: sin nor-
mas, sin límites, gritos, amenazas (las de autolesionarse siguen
siendo muy utilizadas).
viii. La informada está divorciada, la relación con el padre de sus
hijos es mala, cuando existe; si bien, normalmente, es inexis-
tente...
Iix. En los grupos, pudimos observar que su deseo y su compor-
tamiento hacia el hijo denunciado era de «colega», amiga,
etc.
IIx. Demanda hacer algo que pueda ayudarle a ella.
Ixi. Refiere que no quiere que su hijo regrese a casa. Está ingre-
sado en un centro de menores.
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Ixii. Se detecta un uso recurrente de alcohol: reconocido, aunque


negando una situación problemática.
xiii. Coordinación con responsables del grupo terapéutico: observa-
ron que, en la resolución de problemas y como actitud general,
se acerca más a un cliché masculino que femenino.
xiv. Mantenía una relación de pareja, sin convivencia habitual,
que ha cesado recientemente: «me llamó hijadeputa», «la
relación estaba cambiando»... No quiere abordar más el
tema.
Ixv. Apoyo psicológico en el SAV: 15 sesiones. A través de las mis-
mas, se observan los siguientes aspectos psicológicos que pu-
dieran correlacionar con los hechos relatados y en los que se
ha intervenido terapéuticamente:
— Sentimientos de impotencia intensos.
— Unión simbiótica madre-hijo.
— Autoconcepto negativo y autoestima baja.
— Sentimientos de incapacitación como madre: dificultades
para asumir el rol de madre. Sentimientos de culpa.
— En situaciones de estrés, presenta ataques de pánico.
— Antecedentes de trastorno depresivo.
— Alcohol y marihuana para calmar la ansiedad.
— Relación traumática con el padre de sus hijos.
— Tono vital depresivo.
— Necesidad de apoyo y afecto por parte de su pareja.
— Lenguaje metafórico.
— Temor a las conductas violentas de su hijo.
Durante este proceso, se celebra un juicio en relación con el menor
y la informada ha de acudir como testigo.
IIi. Se trabaja con ella la preparación para el mismo: programa
de acompañamiento jurídico y terapéutico en el ámbito judi-
cial.
Iii. En junio de 2013, el Juzgado de lo Penal número  7 de Bilbao
nos remite testimonio de la sentencia en la ejecutoria.
iii. Las personas perjudicadas/víctimas han sido la madre y el her-
mano.
iv. Tiene establecida una prohibición de acercamiento para ambos
de no menos de 500 metros y de comunicación por tiempo de
2 años.

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c)  Conclusión sobre la intervención del SAV


En este caso, la informada llega con una medida que le protege
frente al victimario (su hijo) y a él mismo, en tanto en cuanto es menor.
Se le ha informado sobre el alcance de la misma y se le ha ayudado a
conocer otros aspectos post-sentencia. Se han detectado consecuen-
cias de la victimización y se ha trabajado sobre las mismas. Se le ha
preparado para un segundo juicio dimanante de una nueva denuncia y
ha contado con acompañamiento al mismo. Han sido necesarias 27 ac-
tuaciones del SAV (marzo de 2010-mayo de 2013).

2.  Caso II
a)  Descripción
Ii. Demanda explícita llegada a través de su abogado. Está en el
Juzgado y solicita información del SAV. Su cliente ha realizado la
prematrícula de su hijo en un colegio y, al parecer, su ex pareja
ha llamado no dando su consentimiento. El centro se lo ha co-
municado hoy. El plazo de prematriculación acaba en dos días y
teme que, si no lo soluciona, no podrá matricularle.
ii. Exploración en acogida:
— Mujer de 40 años de edad. Activa laboralmente. Actual-
mente, casada. Ambos son padre y madre de un niño de
5 años y una niña de 2.
— Refiere una relación de 8 años. Su marido es natural de
Marrue­cos.
— Relata que su marido era ilegal y con causas abiertas por ro-
bos.
— La familia de la informada le ayudó, contratándole en la em-
presa familiar, y contraen matrimonio. Actualmente, su ma-
rido es residente legal.
— La informada refiere que en la relación eran frecuentes los es-
tallidos violentos: gritos, insultos y menosprecios, y hacia ella
también exigencias sexuales. Violencia contra los objetos.
— Decide poner fin al matrimonio e inicia el procedimiento de
divorcio: medidas provisionales; guarda y custodia para la ma-
dre; visitas para el padre en fines de semana alternos, con
pernocta, entrega y recogida de los menores en el punto de
encuentro familiar.
— Posteriormente, interpone denuncia por violencia de género:
credencial de víctima de violencia de género.
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— Al día siguiente de la aprobación de la orden de protección,


se produce el quebrantamiento de la misma y se modifican
las medidas civiles: se suspenden los fines de semana con per-
nocta y se sustituyen por una visita semanal en el punto de
encuentro familiar, con supervisión.
— Profesora de infantil y primaria; funcionaria, jornada completa.
— Ha intentado matricular a los menores (el mayor ahora está
matriculado en CIPE xxx y la pequeña en la Haureskola xxx,
sito en la plaza del mismo nombre) para el próximo curso,
en el mismo centro en el que ella trabaja, con el objetivo de
compatibilizar sus obligaciones profesionales con las de la
guarda y custodia.
— El centro exige la autorización del padre.
— El padre ha contactado con el centro, negando su autorización.
— El letrado ha usado la jurisdicción voluntaria para intentar re-
solver este asunto, pero es del todo imposible que se resuelva
a tiempo, con el perjuicio que conllevaría para los menores.

b)  Intervenciones en seguimientos presenciales y no presenciales


IIi. Coordinación con el Departamento de Educación y la inspec-
tora de zona.
Iii. Elaboración de un informe remarcando la Ley Integral y la trans-
versalidad de la misma, instando a la observancia de la misma
y, en definitiva, a la matriculación de los menores en el mismo
centro en el que trabaja la madre y guardadora de los mismos,
pues son los tres víctimas de violencia de género protegidas.
iii. Nuevas cuestiones planteadas.
— En el NIE de su marido figura ella como raíz: demanda no
aparecer en dicho documento.
— Posibilidad de alterar el orden de los apellidos de sus hijos.
— Para solicitar DNI de la menor, exigen la presencia ambos
progenitores.
— Plantea algunas cuestiones respecto del pago en costas.
— Pregunta sobre la asistencia jurídica gratuita, ya que ha te-
nido dirección letrada privada para el asunto civil y penal.
— Pregunta sobre la idoneidad de contar con dirección letrada.
Acciones en coordinación con:
• Registro Civil.
• Policía Nacional.
• Ministerio de Justicia.
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c)  Conclusión sobre la intervención del SAV


El problema principal era la dificultad en la matriculación de los me-
nores en el centro en el que trabaja la madre. La intervención del SAV
ha servido para:
Ii. que puedan ser matriculados en el plazo ordinario;
ii. llamar la atención del Departamento de Educación sobre la trans-
versalidad de la protección a las víctimas de violencia de género
(los menores están actualmente reconocidas como víctimas direc-
tas) y conseguir abrir una nueva pauta para situaciones similares.
En las demandas posteriores se ha evitado la victimización secunda-
ria al coordinar las informaciones necesarias desde el SAV (Policía Na-
cional, Registro Civil, etc.), evitando el peregrinaje por las distintas ven-
tanillas y tener que hacer el relato y el argumento de su victimización.
La aludida ha tomado decisiones respecto a su necesidad, o no, de
contar con dirección letrada en los quebrantamientos a partir de la in-
formación recibida en el SAV. Han sido necesarias 26 atenciones del
SAV (diciembre de 2016-septiembre de 2017).

3.  Caso III

a)  Descripción
IIi. Conflictiva derivada en violencia de género.
Iii. Demanda explícita: información sobre ayudas económicas. Deri-
vada por el Juzgado.
iii. Exploración en acogida (2015):
— Mujer. 39 años. Casada. En común, un hijo de 7 años. Sin
empleo. Dependiente económicamente de su marido, tam-
bién en paro, con alguna actividad sumergida (construcción)
y perceptor de la prestación por desempleo.
— La familia reside en una vivienda en régimen de alquiler, a
través de Alokabide.
— Tenían una vivienda en propiedad con una hipoteca de
1.600  euros mensuales. Con la crisis, no pueden hacer
frente a las mensualidades y ha culminado en un desahucio.
Se subastó la vivienda. Siguen manteniendo una deuda de
90.000 euros con el banco.
— La aludida refiere que la relación era normal; que ahora es
mala; que su marido, en general, es buena persona, pero
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que bebe mucho a diario, llegando a casa en estado ebrio


con frecuencia.
— Refiere que ha solicitado asistencia jurídica gratuita en dos
ocasiones anteriores, con intención de divorciarse, sin culmi-
nar.
— Refiere que, en esta última ocasión, decidió continuar, a pe-
sar de que su marido se niega al divorcio.
— Al día siguiente, su marido llegó a casa ebrio, exigió la cena;
ella se negó y él le agredió con una sartén. El menor se puso
en medio de los dos.
— La informada denunció los hechos.
— Tiene a su favor una orden de protección sin medidas civiles.
— El Ayuntamiento afirma no poder dar de baja del Padrón al
victimario.

b)  Intervenciones en seguimientos presenciales y no presenciales


IIIIIi. Orientación sobre la idoneidad de establecer medidas referen-
tes al menor.
IIIIii. Orientación sobre la forma de proceder a tal efecto junto a su
letrado.
IIIiii. Lanbide: tiene cita el 27 de enero:
— Ha solicitado la renta de garantía de ingresos (RGI), antes
de que se dictara la orden de protección: unidad familiar
anterior de tres personas.
— Debe aporta una credencial para demostrar la nueva situa-
ción.
— Ha de facilitar un nuevo número de cuenta.
— Debe aportar resguardo de haber solicitado la asistencia ju-
rídica gratuita para el divorcio y el nombramiento de abo-
gado.
IIiv. Orientación e información sobre ayuda específica para las víc-
timas de género del Gobierno Vasco.
IIIv. Se le ofrece apoyo psicológico y se trabaja sobre la idoneidad
del mismo: lo declina. Atendida por su médico de familia, con
un diagnóstico de ansiedad.
IIvi. Coordinación con la tutora de violencia de género en Lan­
bide:
— Ha solicitado la RGI y la renta activa de inserción (RAI); esta
última es incompatible con la ayuda específica a las vícti-
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mas de violencia de género (AWG). Debe esperar la resolu-


ción al respecto.
Ivii. Coordinación con Servicios Sociales de Base de Larrabetxu:
distintos aspectos familiares, económicos y sociales:
— Disfuncionalidad familiar; alcoholismo y conflictiva múlti-
ple. Dificultad en la resolución de problemas sin el uso de
la violencia (verbal y física).
— Orígenes familiares igualmente disfuncionales y con alto
grado de desestructuración.
— El menor está siendo atendido en la red pública de salud
mental: ha visto agravado su estado de ansiedad, no tanto
por el hecho violento..., sino como las consecuencias de
la orden de protección: haber visto al padre viviendo en el
coche, la forma en la que le transmiten la separación, etc.
— El Equipo de Intervención Socioeducativa del Ayuntamiento
está trabajando con la familia desde hace un año. Actual-
mente, sólo con el menor.
— Refiere que la informada y su marido se ven por la calle,
se hablan y discuten airadamente. Los Servicios Sociales de
Base animarán a la informada a aceptar la indicación del
SAV sobre la idoneidad de apoyo psicológico.
viii. Coordinación con Lanbide:
— Confirmada la aprobación RAI (incompatible con la AWG).
No revocable.
— Confirmada la aprobación de la RGI.
— Sigue declinando apoyo psicológico.
Iix. Nuevas demandas surgidas en seguimientos:
— Plantea la posibilidad de cambiar de municipio de residen-
cia. Refiere que ha solicitado una permuta de la vivienda.
— Se ha producido una nueva agresión y no quiere seguir en-
contrándose con él.
— Los Servicios Sociales de Base: emitieron informe con el
mismo objetivo.
— Lanbide le indica que le suspenderán la Renta de Garantía
de Ingresos si cambia de vivienda y el precio es mayor que
el actual, no así si es igual...
— Se ha celebrado juicio penal, con sentencia condenatoria.
— Refiere que el procedimiento de divorcio no está termi-
nado.
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IIIIx. Manifiesta confusión por los procedimientos abiertos, quiénes


son los letrados:
— Hacemos un esquema aclaratorio de la situación actual:
• penal y civil en el Juzgado de Violencia sobre la Mujer,
• un letrado para cada asunto.
IIIxi. Coordinación con los Servicios Sociales de Base:
— ha denunciado nuevo quebrantamiento;
— Bizigune le indica que:
• para poder hacer una permuta, necesita ser ella la titular
del contrato de alquiler,
• para ser ella la titular, necesita:
— la sentencia de divorcio (que aún no existe);
— la renuncia del derecho a la vivienda por parte de él
(cosa que parece poco probable).
IIxii. Bizigune: no tiene en cuenta la medida de alejamiento que la
informada tiene a su favor.
Ixiii. La aludida refiere que, según Lanbide, si deja la vivienda, per-
derá la Renta de Garantía de Ingresos y obligarle a permanecer
en ella es una revictimización. ¿No tienen en cuenta la medida?:
— Coordinación con LANBIDE; tutora de violencia de género:
• En principio, no es posible renunciar al derecho de vi-
vienda.
• Tampoco confirma que la renuncia conlleve sanción al-
guna.
• Se consideraría justificada la renuncia sin sanción de
cese de RGI, si desde el SAV se aporta un informe en el
sentido de la idoneidad del cambio en relación con la si-
tuación de violencia de género (con posterioridad, se
confirma esta propuesta, se elabora el informe y la in-
formada renuncia a la vivienda de protección sin san-
ción alguna en la RGI).
— Coordinación con los Servicios Sociales de Base:
• La informada ha encontrado nueva vivienda.
• Se plantea un nuevo problema: el centro escolar del
nuevo municipio de residencia se niega a matricular al
menor sin la autorización del padre (ver Caso 2).
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— Durante este tiempo, además, el padre del menor, conde-


nado por un delito de maltrato con medida de alejamiento
respecto de la informada, ingresa en prisión tras varios in-
cumplimientos de dicha medida.
— Se activa en tres ocasiones el Programa de Comunicacio-
nes Penitenciarias para poner en conocimiento de la infor-
mada las excarcelaciones del penado.
Ixiv. Orientación sobre la idoneidad de establecer medidas referen-
tes al menor.
xv. Orientación sobre la forma de proceder a tal efecto junto a su
letrado.
xvi. Lanbide: tiene cita el 27 de enero:
— Ha solicitado la Renta de Garantía de Ingresos (RGI), antes
de que se dictara la orden de protección: unidad familiar
anterior de tres personas.
— Debe aporta una credencial para demostrar la nueva situa-
ción.
— Ha de facilitar un nuevo número de cuenta.
— Debe aportar resguardo de haber solicitado la asistencia ju-
rídica gratuita para el divorcio y el nombramiento de abo-
gado.
Ixvii. Orientación e información sobre ayuda específica para las víc-
timas de género del Gobierno Vasco.
xviii. Se le ofrece apoyo psicológico y se trabaja sobre la idoneidad
del mismo: lo declina. Atendida por su médico de familia con
un diagnóstico de ansiedad.
IIxix. Coordinación con la tutora de violencia de género en Lan­
bide:
— Ha solicitado la RGI y la renta activa de inserción (RAI); esta
última es incompatible con la ayuda específica a las vícti-
mas de violencia de género (AWG). Debe esperar la resolu-
ción al respecto.

c)  Conclusión sobre la intervención del SAV


Tras las entrevistas iniciales, se pone de manifiesto que la demanda
de apoyo económico, siendo importante la necesidad, no es sino otro
aspecto más de la situación vivida por esta familia. La intervención del
SAV ha permitido que la transversalidad de la Ley Integral sea observada
en una coordinación a cuatro bandas: Servicios Sociales de Base, Bizi-
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gune, Lanbide y el propio SAV; los planteamientos que se hacían desde


cada departamento, desde cada organismo, eran normativamente ab-
solutamente correctos, pero en la combinatoria de los recursos el objeto
de los mismos: el bienestar de la persona, estaba siendo valorado unila-
teralmente desde cada posición. El SAV ha posibilitado canales de co-
nocimiento de la circunstancia concreta y, naturalmente, con plena ob-
servancia de las normas, ha facilitado que se modifique la realidad de la
persona para posibilitar una mejora tras la victimización. Para esta inter-
vención, han sido necesarias 40 atenciones (enero-octubre de 2015).

4.  Caso IV

a)  Descripción
Ii. Demanda explícita: información y orientación.
ii. Exploración en acogida (2017):
— Varón, de 30 años de edad. Casado. Un hijo de 2 años. Re-
side en una vivienda municipal en régimen de alquiler.
— Activo laboralmente: cocinero. Actualmente, de baja por acci-
dente laboral.
— Relata que en 2015 intentaron entrar a robar en su casa, los
municipales hicieron un atestado e interpuso denuncia.
— La Policía localizó a las personas implicadas.
— Se celebra juicio, con sentencia por conformidad.
— A partir de ese momento, los ya condenados identifican en
el vecindario al denunciante y comienza una situación conti-
nuada de acoso mediante insultos, amenazas, gestos amena-
zantes cada vez que se cruzan por la calle.
— Refiere que han intentado de nuevo robar en su domicilio; no
ha interpuesto denuncia en esta ocasión.
— Ha solicitado una permuta de la vivienda; ha sido aprobada,
pero la nueva ubicación está en la calle paralela: la victimiza-
ción continua. El cambio no ha posibilitado mejora.
— Refiere que esta situación le ha afectado psicológica y física-
mente: caída de pelo, pérdida de peso, dificultad para dormir.
Miedo a salir de su domicilio, miedo a permanecer solo en casa.

b)  Intervenciones en seguimientos presenciales y no presenciales


IIi. Coordinación con el Departamento de Vivienda correspon-
diente; nueva solicitud de permuta, informe médico que certi-
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fique que el malestar psicológico es producido por la victimiza-


ción.
Iii. Se le orienta sobre la necesidad de continuar insistiendo en de-
nunciar los hechos y solicitar el apoyo de la Policía cada vez que
se produzca una situación de riesgo. Se repasan los procedi-
mientos que actualmente están abiertos y en los que es el de-
nunciante: se le orienta sobre el procedimiento, sus fases y las
necesidades que pueden surgir en cada una (dirección letrada,
posibilidad de solicitar el beneficio de justicia gratuita, las posi-
bles medidas).
iii. Le informamos sobre la posibilidad de trabajar a través de media-
ción intrajudicial y las condiciones que deben darse para que se
produzca la misma; aunque, por el momento, no lo considera.
Iiv. Manifiesta temor ante el acto del juicio y que se produzca al-
guna forma de contacto con los victimarios: se establece activar
parte del programa de acompañamiento jurídico-terapéutico en
el ámbito judicial.
IIv. Se valora pertinente el apoyo psicológico (la victimización ha in-
terferido en la organización familiar y en la relación de pareja) y
se le ofrece: acepta (finalizada a fecha actual).
Ivi. Coordinación con el Departamento de Vivienda correspon-
diente, que solicita informe del SAV respecto de la victimiza-
ción, en relación con la nueva solicitud de permuta de vivienda
(pendiente de conocer la decisión de ese Departamento).
vii. Respecto del procedimiento judicial: celebrado el juicio, se han
establecido sendas medidas de alejamiento para los victimarios
frente a la víctima y su familia. No obstante, la dinámica se si-
gue produciendo.

c)  Conclusión sobre la intervención del SAV


La persona víctima acude al SAV con la pretensión general de po-
ner fin a la situación de sufrimiento generada en su unidad familiar a
raíz de la victimización: la dinámica de amenazas y el crecimiento del
miedo está entorpeciendo la cotidianidad del grupo familiar incluso
se han modificado y alterado tareas ordinarias: horarios de trabajo y
de colegio, imposibilidad de salir a la calle sin compañía, sentimientos
de inseguridad que se han trasladado incluso al interior del domicilio y
enorme sensación de indefensión. La intervención del SAV se ha cen-
trado en la preparación de la asistencia de la víctima al acto de la vista,
la elaboración de un informe al Departamento de Vivienda correspon-
diente, manifestando que un cambio de vivienda, situada en una zona
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alejada del foco de su malestar, podría servir de apoyo en la recupera-


ción emocional de la víctima y de su grupo familiar. Han sido necesa-
rias 18 atenciones (de noviembre de 2016 a mayo de 2017).

5.  Caso V
a)  Descripción
Ii. Demanda explícita: indeterminada.
ii. Exploración en acogida (2017):
— Varón, de 57 años de edad. Beneficiario del Programa de In-
tervención Socioeducativa y Comunitaria con Personas Adul-
tas.
— Acompañado por la educadora del programa.
— El aludido describe, con dificultad, la situación de violencia
que está viviendo, ejercida por parte de otro varón, al que
acogió en su casa, en propiedad, «por pena». No existe rela-
ción de pareja.
— Perceptor de Renta de Garantía de Ingresos, realizó al aco-
gido un contrato de pupilaje; reducción en su RGI.
— El acogido no abona el alquiler, le ha sustraído su tarjeta de
crédito y le ha provocado situaciones de descubierto y se pro-
ducen amenazas y agresiones.
— La víctima ha dejado su casa, ha estado en el albergue y ac-
tualmente reside en un establecimiento religioso.
— El acogido ha falsificado la última renovación del contrato de
pupilaje y lo ha presentado en Lanbide para poder seguir per-
cibiendo la RGI.

b)  Intervenciones en seguimientos presenciales y no presenciales


IIi. Planteamiento, a la víctima y a la educadora, de una interven-
ción coordinada con los recursos intervinientes: Servicios Socia-
les de Base, Módulo Psicosocial, Centro de Salud Mental: elabo-
ración de informe o informes dirigidos a Lanbide a fin de que:
— Conozca que la víctima no está percibiendo ingreso en con-
cepto de alquiler.
— Conozca que el acogido ha presentado un documento falso.
— Conozca las causas por las que la víctima no reside en su do-
micilio (en sí mismo, supone una irregularidad que lleva apa-
rejada sanción).
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— Realice la valoración conjunta sobre la promoción de una de-


manda de prodigalidad; en caso afirmativo, se ampliaría la
coordinación al Ministerio Fiscal.
Iii. Coordinación con Lanbide: se traslada la información sobre las
circunstancias del interesado y se llegan a acuerdos favorables a
la recuperación respecto a cuestiones que, en otras circunstan-
cias, serían irregulares y sancionables.
iii. El aludido es derivado a apoyo psicológico.
iv. Se le informa y orienta sobre la posibilidad de la interposición
de la denuncia y también de poder iniciar un desahucio por
precario.

c)  Conclusión sobre la intervención del SAV


El caso llega de la mano de una intervención social. No es un caso
judicializado y, aún hoy, sigue sin estarlo en tanto en cuanto el inte-
resado no se encuentra en situación óptima para afrontar un proceso
de esas características. El SAV, a través de las coordinaciones, ha plan-
teado distintos escenarios y ha puesto en relación a los recursos impli-
cados. Con este trabajo se han evitado victimizaciones secundarias que
podían haberse producido como una posible suspensión de la RGI, y se
ha actuado para detener la acción fraudulenta del victimario. El inte-
resado continúa recibiendo apoyo psicológico, a través del cual se tra-
baja para la consecución de las herramientas necesarias para el manejo
del miedo y la toma de decisiones. Han sido necesarias 16 actuaciones
(enero-junio de 2017).

6.  Caso VI
a)  Descripción
i. Demanda explícita: orientación.
ii. Exploración en acogida (2009):
— Varón, de 42 años de edad.
— Activo laboralmente, soltero, sin hijos.
— Refiere haber sufrido una suplantación de identidad a par-
tir de que le sustrajeran la cartera con su DNI dentro en el
año 2004.
— A partir de entonces llegan a su domicilio contratos de com-
pra de vehículos, de créditos, de móviles..., no habiendo sido
hecho ninguno de ellos por él.
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— A medida que le llegaban, lo iba denunciando.


— Refiere que ha tenido que acompañar a la Policía en distintos
concesionarios, durante varias horas, donde se han realizado
compras fraudulentas a su nombre. Refiere que le sugirieron
que él es el principal sospechoso y que, si algún concesionario
de los visitados le reconocía, sería inmediatamente detenido.
— Posteriormente, le llegaron multas sobre los vehículos y recla-
maciones de las financieras.
— Las multas no pudo recurrirlas para «no interferir en la inves-
tigación», según le explicaron los agentes.
— Como consecuencia de las denuncias interpuestas por él, se
abrieron dos procedimientos. Refiere que no le explicaron
cuál sería el proceso, ni que podía personarse, no le avisaron
de la suspensión de uno de los juicios...
— No pudo acceder a la sentencia, porque no estaba personado.
— A la empresa en la que trabaja, ha llegado una orden de em-
bargo de sueldo por el importe de las multas impagadas.
— El Ayuntamiento de su municipio le reclama importes impa-
gados, relativos al Impuesto de Circulación.

b)  Intervenciones en seguimientos presenciales y no presenciales


IIi. Coordinación con la Agencia Tributaria: exposición del asunto
y búsqueda de alternativas: una sentencia que dejara de mani-
fiesto que el aludido no es el responsable de las compras y las
deudas, podrían paralizar el embargo:
— Petición de la sentencia al Juzgado correspondiente; se niega
a facilitarla, debe ser el interesado quien la solicite (previa-
mente, no se la había facilitado por no estar personado): pe-
tición por escrito de la misma.
Iii. Planteamiento de otra alternativa: que el interesado solicite
a la Agencia Tributaria el embargo de los coches en lugar del
sueldo: se le ayuda a realizar la petición.
iii. El Juzgado entrega la sentencia al informado: el imputado, ha
quedado absuelto por falta de pruebas y queda demostrado
que el interesado no ha sido el comprador de los vehículos.
Iiv. Se le orienta para que remita la sentencia a la Agencia Tributa-
ria, a su Ayuntamiento y a su empresa.
IIv. La Agencia Tributaria cancela las multas vinculadas a los vehícu-
los que estaban a nombre del informado y desaparece del lis-
tado de morosos.
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Ivi. El paso siguiente es dar de baja los vehículos.


vii. Con la baja de los vehículos más la sentencia, presenta escrito a
su Ayuntamiento.

c)  Conclusión sobre la intervención del SAV


El aludido fue robado y su identidad, suplantada. Las consecuencias
han incidido en su vida diaria sobremanera. La intervención del SAV ha
servido fundamentalmente para dos cuestiones: que consiguiera obte-
ner la sentencia que le servía para demostrar que él no había realizado
compras, ni solicitado créditos, ni registrado vehículos a su nombre, y le
ha ido pautando los pasos a dar para recuperar su nombre, para lo que
ha sido necesario un alto nivel de coordinación con otros organismos.
Resulta interesante destacar que, en el momento en el que se desarro-
lla este caso, el beneficio de la asistencia jurídica gratuita no contempla
el nombramiento de profesionales de oficio para procedimientos que
no fueran judiciales. Han sido necesarias 16 atenciones (mayo de 2009-
febrero de 2010).

VI.  Conclusión

El Servicio de Atención a la Víctima realiza lo contemplado en los


artículos 28 y 29 de la Ley 4/2015, informar, orientar, apoyar, coor-
dinar, derivar..., palabras que, por sí mismas —y, tal vez, por exceso
de uso o por un uso «disperso» y «diverso»—, llegan a trasladar real-
mente poco o ningún contenido.
Para poder realizar esas tareas, que son en sí mismas funciones del
SAV, es necesario la escucha activa; conocer qué ha pasado, cuál es
la historia, cómo se ha llegado hasta ahí, en qué contexto, qué herra-
mientas de afrontamiento existen, si hay apoyos, e imaginar escenarios
que proporcionen alivio y recuperen equilibrios.
La victimización no es una foto fija; es un continuo evolutivo que
se mezcla con lo ordinario, lo habitual en la vida de la persona y del
marco social en el que vive. En ese rodaje, aparecen nuevas circuns-
tancias que hacen que los caminos, las estrategias de intervención, las
generadas de forma conjunta, entre SAV y víctima, se bifurquen, se
cierren, desaparezcan... En suma, hacen que se modifiquen para adap-
tarse a las circunstancias personales y únicas de cada individuo en cada
momento vital.
Y para ello, obviamente, son necesarios equipos profesionales que
dispongan de medios suficientes para poder acoger el aumento, de di-
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mensiones gigantescas, de personas demandantes del servicio, si la lla-


mada Ley del Estatuto de la víctima, aprobada sin dotación económica,
es exigida per se.
La Ley 4/2015 contempla fundamentalmente los derechos de las
víctimas que han judicializado la victimización, pero no podemos olvi-
dar que existe un gran número de victimizaciones que no se denuncian
y que igualmente son causantes de un malestar, al que también es ne-
cesario poder dar cobertura bio-psico-social: a todas las personas que
son víctimas, de cualquier forma de victimización, poniendo siempre a
la persona en el centro de la intervención; un proceso restaurativo.

VIl.  Bibliografía

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Cuadernos penales José María Lidón


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El derecho de las víctimas a la reparación

Salvador Viada Bardají


Fiscal del Tribunal Supremo

Sumario:  l. La víctima en el proceso. II. El Estatuto de la víctima.


Concepto de víctima. III. Tiempo y modo de ejercitar la acción ci-
vil. Reserva y renuncia. IV. Principios generales sobre la responsa-
bilidad civil derivada del delito según la jurisprudencia del Tribunal
Supremo. V. Ejercicio de la acción civil por el Fiscal. VI. Consecuen-
cias favorables para el infractor de la satisfacción de la responsa-
bilidad civil. 1. Atenuante de reparación del art. 21.5 del Código
Penal. 2.  Suspensión de la ejecución. 3. La mediación penal. 4. Li-
bertad condicional. 5. El consenso y la responsabilidad civil. VIl. El
artículo  989 LECr. VIII. La pieza de responsabilidad civil. Adopción
de medidas cautelares. IX. La Oficina de recuperación de objetos y
gestión de activos. X. Conclusiones. XI. Bibliografía.

l.  La víctima en el proceso penal

Desde los años siguientes al final de la Segunda Guerra Mundial se


viene asistiendo, de manera lenta pero progresiva, a una toma de con-
sideración de la víctima de los delitos como eje de la respuesta penal al
delito1. Se habla de redescubrir a la víctima, de ensanchar el ámbito de
su participación en el proceso penal, de conferirle, en palabras de An-
tonio Beristain, «mayor protagonismo en lo policial, en lo procedimen-
tal, en lo penitenciario y en la ejecución de las diversas penas y medi-
das de seguridad»2; quizá estemos ante un nuevo fenómeno llamado

1  Las obras del israelí BENJAMIN sobre «victimología» o la obra de VON HENTING,

El criminal y su víctima, de 1948, suelen citarse como los padres de ese nuevo enfoque
en el tratamiento del delito y sus consecuencias.
2  BERISTAIN, A., «La victimología y el nuevo Código Penal español de 1995», en

La victimología, Montevideo,1998.

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a modificar de manera importante la concepción del Derecho penal y


del Derecho procesal penal, tal como lo hemos venido entendiendo y
practicado. En efecto, quienes ya tenemos cierta veteranía hemos vi-
vido toda nuestra vida profesional en un sistema de enjuiciamiento pe-
nal que ha ido evolucionando hacia una mayor sofisticación técnica,
cada vez más interrelacionado con los sistemas procesales de otros paí-
ses y, al tiempo, cada vez más centrado en las garantías que el proceso
ha de tener para las personas enjuiciadas como consecuencia de lo es-
tablecido en nuestra Constitución y los tratados internacionales sobre
Derechos Humanos de los que nuestro país es parte. La vigencia de los
principios de presunción de inocencia, de tutela judicial efectiva, del
derecho a un proceso con todas las garantías y a los demás derechos
que se recogen en los arts. 24 y 25 de nuestra Carta Magna han ido
creando un acervo de doctrina que se ha incorporado a la práctica de
nuestros Tribunales de manera que hoy resulta inseparable de una con-
cepción democrática del Derecho sancionador penal. Sin embargo, la
víctima, en la práctica procesal y hablando en términos generales, no
ha estado especialmente cuidada: muchas veces, como nos dicen Mar-
chena-González Cuéllar3, el papel del perjudicado ha sido en el pro-
ceso el de transmisor de la denuncia y fuente de prueba, como ocurre,
por ejemplo, en la República Federal de Alemania, y ese punto de vista
parece estar muy compartido en la doctrina. Es cierto que, con carácter
sectorial, diversas normas se refieren a la protección de determinados
tipos de víctimas, tales como la Ley 35/1995, de 11 de diciembre, de
Ayudas y Asistencia a las Víctimas de Delitos Violentes y contra la Liber-
tad Sexual4; la LO 1/1996, de 15 de enero, de Protección Jurídica del
Menor; la Ley 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección
Integral contra la Violencia de Género, o por la grave incidencia del
terro­ris­mo en España la Ley 29/2011, de 22 de septiembre, de Recono-
cimiento y Protección Integral a las Víctimas del Terrorismo. Pero para
disponer de una normativa general de protección integral a las víctimas
ha habido que esperar hasta el año 2015 con la Ley 4/2015, de 27 de
abril, del Estatuto de la víctima del delito, y ha habido que hacerlo por
mandato normativo de la Unión Europea: la Decisión Marco 2001/220/
JAI, sobre el Estatuto de la víctima en el proceso penal, fue muy negli-

3  MARCHENA GÓMEZ, M. y GONZÁLEZ CUÉLLAR, N., La reforma de la Ley de Enjui-

ciamiento Criminal en 2015, Castillo de Luna Ediciones Jurídicas, Madrid, 2015.


4  La STS 1032/2007, de 3 de diciembre, dio la razón a la Abogacía del Estado, que

reclamaba sobre la base de las ayudas provisionales y definitivas concedidas a ciertas


víctimas al amparo del art. 13 de la Ley 35/1995, de 11 de diciembre, el reintegro de las
mismas subrogándose el Estado en los derechos de las víctimas indemnizadas.

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gentemente incorporada por el conjunto de los países de la UE, de ma-


nera que, en sustitución de la citada Decisión Marco, se aprobó la Di-
rectiva 2012/29/UE, del Parlamento europeo, y del Consejo, de 25 de
octubre de 2012, que ahora sí ha sido íntegramente traspuesta a nues-
tro ordenamiento interno con la Ley antes citada y con una reforma
importante en la Ley de Enjuiciamiento Criminal. Siendo eso así, y ci-
ñéndonos al espacio asignado a nuestro trabajo, es decir, el derecho a
la reparación de las víctimas, no es menos cierto que, en el marco del
proceso penal, España no es un país al que se le pueda reprochar una
posición pasiva en el terreno de los principios. En el Derecho compa-
rado existen dos modelos fundamentales en relación con la satisfacción
del derecho al resarcimiento de las víctimas. Por un lado, el modelo an-
glosajón, en el cual la separación entre el proceso civil y el proceso pe-
nal es absoluta. No puede, en ese modelo, hacerse valer en el proceso
penal pretensión resarcitoria alguna. Por otro lado, el modelo continen-
tal —en el que se inserta nuestro país— permite que en el proceso pe-
nal sea posible tramitar conjuntamente la acción penal derivada del de-
lito y también la acción civil con el contenido y extensión que establece
el art. 110 del Código Penal. En el Derecho procesal penal español, ya
desde la promulgación de la Ley de Enjuiciamiento Criminal de 1882, el
art. 100 establece que de todo delito o falta «puede nacer acción civil
para la restitución de la cosa, la reparación del daño y la indemnización
de perjuicios causados por el hecho punible». Al margen de que la Ley
nos indica que lo que genera la responsabilidad civil no es el delito en
sí mismo, sino el hecho de que al realizar la acción delictiva se causa un
daño o perjuicio patrimonial, lo cierto es que en nuestro sistema pro-
cesal los perjudicados por el delito, víctimas directas o indirectas y aún
terceros que no pudieran ser considerados como tales, tienen la posi-
bilidad de defender su pretensión —siempre limitada en los términos
y con el alcance que establece el mencionado art. 100 del Código Pe-
nal— a través del ejercicio de la acción civil correspondiente en el pro-
ceso penal. A tal fin, se permite la personación en el proceso penal a
actores civiles junto con acusadores penales que pueden compatibilizar
pretensiones de naturaleza penal y civil. Y ello haciendo el Código Civil
(art. 1.092) una remisión genérica a la regulación de la responsabilidad
civil ex delicto a lo establecido en el Código Penal.
Esa compatibilización de pretensiones penales y civiles en el proceso
penal es algo que ofrece un terreno muy extenso de actuación a los per-
judicados por el delito para el resarcimiento, al menos en el terreno teó-
rico, además de una serie de ventajas de quien reclama en el proceso
penal que no encuentra parangón en el ámbito del Derecho civil. Y ello
por varias razones: en primer lugar, porque el ejercicio de la acción civil
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derivada del delito es obligatorio para el Ministerio Fiscal, que por tanto
habrá de indagar sobre las bases fácticas que justifican esa pretensión
civil, de manera que la prueba de las mismas —en su mayor parte— va
a ser responsabilidad de la Fiscalía y no del perjudicado, como corres-
ponde con los principios que informan el derecho procesal civil; por otra
parte, porque a diferencia de lo que ocurre en la ejecución del proceso
civil, en el proceso penal la ejecución penal se produce de oficio por el
Juez que dicta la sentencia, y previamente a la ejecución, las medidas de
aseguramiento de la responsabilidad civil también pueden ser adoptadas
de oficio o a instancia del Ministerio Fiscal; y también porque nuestro
sistema procesal penal y especialmente nuestro Código Penal han ido
incrementando los efectos en la respuesta penal al delito cometido que
ha de tener la satisfacción de la pretensión resarcitoria lo que sin duda
es un estímulo para el condenado a la hora de abonar las responsabili-
dades civiles. A mi modo de ver, poco a poco, por razones de política
criminal, la acción civil derivada del delito que se ejercita en el proceso
penal, sin mutar su esencia, va trascendiendo a la naturaleza privada de
su contenido sustantivo hasta perder algunos de sus rasgos característi-
cos en el proceso civil precisamente para facilitar a la víctima la satisfac-
ción de sus pretensiones privadas, además de entenderse que la repa-
ración tiene un efecto socializador que evidencia de alguna manera la
voluntad del condenado (cuando no es enteramente forzosa) de atem-
perar los efectos del delito. Podemos señalar en este sentido que el Es-
tado no se muestra pasivo ante la reclamación privada de la víctima del
delito. Por el contrario, la satisfacción de la víctima parece convertirse en
una cuestión de interés general, y ello genera una serie de efectos como
los que estamos señalando. Esa suerte de transformación de los rasgos
de la acción civil derivada del delito que se viene observando puede to-
davía —y debería, en mi opinión— potenciarse en un contexto de me-
jora de la posición de las víctimas en el proceso en lo que se refiere a su
derecho a la reparación. Una reparación que, aunque aquí abordaremos
en aspectos sustancialmente de resarcimiento económico, debe abor-
dar otros aspectos que en muchos casos no deberían limitarse al dere-
cho a una suma dineraria. Derechos de información, asistencia, apoyo,
derechos procesales, de protección, de restauración material y moral de
los perjuicios causados por el delito deberán en el futuro formar parte
del contenido de la reposición a la víctima, en lo posible, a una posición
análoga a la que tenía antes de sufrir la ofensa delictiva.
En este trabajo intentaremos hacer constar los distintos aspectos
en los cuales la satisfacción de la pretensión indemnizatoria del perjudi-
cado por el delito va a tener efectos positivos en el tratamiento penal o
penitenciario que va a sufrir el penado, lo cual son indudablemente es-
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tímulos para que este termine cumpliendo sus obligaciones. Y, además,


abordaremos algunas cuestiones que podrían tal vez ser implementa-
das para mejorar las posibilidades de reintegro de las víctimas. Y es que
a pesar de la gran batería de recursos en la ley para tratar de mejorar la
eficacia de la acción de la justicia penal en la cuestión del resarcimiento
a los perjudicados, existen deficiencias fundamentales —creo que es-
pecialmente en el cuidado con el cual se ha de elaborar la pieza de res-
ponsabilidad civil— para asegurar el pago de las indemnizaciones, ade-
más de inducir al cumplimiento voluntario por el condenado a cambio
de beneficios de naturaleza penal.
No se nos oculta el hecho de que sobre esta materia existen ob-
jeciones importantes: por un lado, se señala que si el derecho penal
existe es precisamente porque con el delito se infringen bienes jurídicos
importantes que el Estado considera que deben merecer más reproche
que el de ofrecer un reintegro a las víctimas; es decir, un castigo, una
pena, un mal asociado al quebrantamiento del derecho al autor del de-
lito. Que ese castigo, de facto, pueda acabar convirtiéndose finalmente
en la simple satisfacción a las víctimas de unas cantidades de dinero
además de una pena simbólica, desvirtúa el propósito del legislador al
establecer los delitos. Por ello no falta quien habla de «mercantiliza-
ción» de la respuesta al delito si, de una manera u otra, el resultado fi-
nal para el autor de una infracción penal no es otro más grave que la
restitución de los daños y perjuicios causados. Además de resultar in-
justo que quien tiene voluntad y dinero para pagar acaba teniendo me-
nor castigo que quien acaso quiere, pero no puede abonar las indem-
nizaciones solicitadas por la víctima. Es lo cierto, por otro lado, que las
deficiencias en la formación de las piezas de responsabilidad civil y los
retrasos de la justicia juegan a favor de los delincuentes especialmente
en casos complejos o con muchos perjudicados que litigan agrupados
o bajo una misma dirección: ciertas víctimas pueden verse compelidas a
aceptar cantidades menores de las que les pudieran llegar a correspon-
der tras largos años de proceso y ciertos delincuentes pueden salir me-
jor librados de sus delitos sin llegar a reponer íntegramente a la víctima
a la situación anterior a la comisión del delito. Sin olvidar el hecho de
que —al igual que ocurrió en el pasado en aquellos casos en los que
el perdón de la víctima producía efectos procesales en algunos delitos
contra la libertad sexual— pudieran darse casos de presiones ilícitas a
los perjudicados para que se conformaran con indemnizaciones meno-
res que pudieran acabar teniendo efectos sustantivos en la responsabi-
lidad penal de los delincuentes.
Como vemos, en estas cuestiones, como en general en muchas
otras que nos encontramos en el ámbito del Derecho penal, hay as-
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pectos que merecen un tratamiento equilibrado, tratando de conciliar


derechos de unos y de otros, tratando asimismo de evitar abusos por
parte de falsas víctimas o de quienes pretenden sobre la coerción del
derecho penal obtener un lucro indebido, así como satisfaciendo las
necesidades de prevención general que son consustanciales al estable-
cimiento de penas para ciertos delitos.

II.  El Estatuto de la víctima. Concepto de víctima

La Ley 4/2015, de 27 de abril, del Estatuto de la víctima del delito,


como dice su Preámbulo, aglutina en un solo texto legal el catálogo de
los derechos de las víctimas, trasponiendo las Directivas de la Unión Eu-
ropea en la materia y recogiendo la particular demanda de la sociedad
española. Víctima, según la Ley, son sólo personas físicas y se distingue
entre víctimas directas e indirectas (art. 2 de la Ley). Las víctimas direc-
tas son los ofendidos por el delito y las indirectas son determinados pa-
rientes de personas muertas o desaparecidas con ocasión directa de un
delito, en términos muy semejantes a la definición que de víctima re-
coge la Directiva 2012 en su art. 2.1.a). A las víctimas se les reconoce
un conjunto de derechos de carácter general en el art. 3 de la Ley, de-
rechos que se desarrollan en el articulado de la misma. Entre los dere-
chos básicos de las víctimas existen una serie de ellos muy relacionados
con la eventualidad del ejercicio de sus derechos a la restitución en el
proceso penal, singularmente los derechos de información recogidos
en los arts. 5 a 7. En este aspecto, la regulación española se coloca por
encima de los umbrales comunitarios que establece la Directiva 2012,
que en su art. 16 se limita a indicar que «los Estados miembros garanti-
zarán que, en el curso del proceso penal, las víctimas tengan derecho a
obtener una decisión sobre la indemnización por parte del infractor, en
un plazo razonable, excepto cuando el Derecho nacional estipule que
dicha decisión se adopte en otro procedimiento judicial». Y se añade
que «los Estados miembros promoverán medidas para que el autor de
la infracción indemnice a la víctima adecuadamente».
De manera específica, el título II del Estatuto se ocupa del examen
de la participación de la víctima en el proceso penal, para ejercer la ac-
ción penal y civil, y que en definitiva se rige por lo dispuesto en la LECr,
conforme a la cual la víctima desde el ofrecimiento de acciones tiene
la posibilidad de convertirse en parte del proceso y de reclamar lo que
a su derecho convenga, posibilidad que incluye la reserva del ejerci-
cio de las acciones civiles para un procedimiento en la jurisdicción civil
(art. 110 CP).
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III. Tiempo y modo de ejercitar la acción civil. Reserva y renuncia

La acción civil derivada del delito se ejercita sin necesidad de que-


rella, ejerciéndose la pretensión en el escrito de calificación provisio-
nal, y es hasta ese trámite (art. 110 de la LECr) cuando puede pro-
ceder la personación para su ejercicio. Por otra parte, la ley procesal
penal impide plantear —salvo el supuesto del art. 843 de la LECr—
pleito civil (siendo causa de suspensión de los ya entablados) mientras
está pendiente la resolución de una causa penal por los mismos he-
chos, entendiéndose que el efecto suspensivo solo tendrá lugar si la
resolución de la causa penal es determinante del resultado del pleito
civil.
El ejercicio de la acción civil puede ser objeto de reserva por el
perjudicado para su ejercicio después de terminado el juicio criminal
(arts. 108 y 112 de la LECr) o de renuncia. En el primer caso, la senten-
cia no podrá contener un pronunciamiento sobre la responsabilidad ci-
vil. Pero obviamente, los caracteres que delimitan la acción civil son los
sujetos procesales, el petitum y la causa de pedir. Puede, por tanto,
ejercerse fuera del proceso penal acciones civiles en las que varíen los
anteriores elementos previamente ejercitados en el proceso. Sobre este
particular, quizá sea ilustrativa la STS 107/2015, de 20 de febrero, que
sobre este particular indica:
«En el esquema de la responsabilidad civil del Código Penal exis-
ten diferentes legitimaciones pasivas. Están pasivamente legitimados,
el autor, partícipe o cómplice; el responsable civil subsidiario; el res-
ponsable civil directo del artículo 117 CP e incluso los terceros par-
tícipes a título lucrativo. El esquema evidencia que son compatibles
todas esas responsabilidades. Por lo tanto, el hecho de haberse ejer-
citado la acción contra un escalón de responsables no determina que
la acción se haya ejercitado contra los demás.»

La Sentencia pone como ejemplo el supuesto de hecho contem-


plado en la sentencia de fecha 28 de enero de 1998, en la que en un
supuesto de un cliente herido por el atracador de una entidad banca-
ria en la que se encontraba cuando se perpetró el robo con intimida-
ción y armas, estimó compatible que se fijara en la sentencia penal la
responsabilidad civil del atracador condenado a favor del cliente herido
y que se reservasen las acciones civiles contra el banco para ejercitarlas
en un proceso civil posterior. En tal Sentencia, el Tribunal Supremo se-
ñaló que no existió una propia renuncia por parte del cliente herido. En
cuanto a la renuncia, el Tribunal Supremo ha entendido que la misma
ha de ser objeto de interpretación restrictiva. La STS de 30 de diciem-
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bre de 2014 señala los caracteres de la renuncia al ejercicio de la ac-


ción civil diciendo:

«El artículo 109 LECrim establece la obligación del órgano juris-


diccional, que se concreta tras la Ley 13/2009, de 3 de noviembre,
de reforma de la legislación procesal para la implantación de la nueva
oficina judicial, en la persona del Secretario Judicial, de informar a los
posibles perjudicados por el hecho delictivo de la posibilidad de mos-
trarse parte en la causa y de ejercitar o no las acciones civiles que les
correspondan y poner en conocimiento que en todo caso el Ministe-
rio Fiscal ejercitará las acciones penales en el marco de los delito pú-
blicos, y civiles salvo renuncia o reserva. Y el artículo 110 del mismo
texto que los perjudicados por un delito o falta que no hubieren re-
nunciado a su derecho, podrán mostrarse parte en la causa si lo hi-
cieran antes del trámite de calificación del delito, y ejercer las accio-
nes civiles y penales que procedan, o solamente unas u otras, según
les conviniere, sin que por ello se retroceda en el curso de las actua-
ciones.
La jurisprudencia de esta Sala ha exigido a la renuncia, para que
tenga efectividad extintiva del derecho a ser reparado, que sea formal
y expresa (STS 681/2012, de 20 de septiembre, o 1394/2011, de 27
de septiembre); expresa y terminante, que no deje lugar a duda por
su claridad y contundencia, acerca de cuál fue la voluntad del renun-
ciante (STS 1755/2003, de 19 de diciembre, y 250/2005, de 28 de fe-
brero). En palabras de la STS 3862/1990, de 1 de diciembre, los actos
de renuncia tienen que ser interpretados de un modo absolutamente
restrictivo, y al efecto se remitió, entre otros, al artículo 1815 del CC
según el cual «la transacción no comprende sino los objetos expresa-
dos determinadamente en ella o que, por una inducción necesaria de
sus palabras, deban reputarse comprendidos en la misma».
En el presente caso Sebastián dijo en instrucción (folio 149): “ma-
nifiesta que no quiere ninguna indemnización, que lo único que
quiere es no ver más a estas personas”. Por su parte, Antonio dijo
(folio 160): “manifiesta que no quiere un duro de los agresores, pero
que lo que no quiere es que aparezcan nuevamente por donde vive
el declarante”. José consta que dijo en el folio 164: “manifiesta que
no reclama dinero, pero que lo que quiere es no ver más a estas per-
sonas” y Pedro “manifiesta que no reclama, que sólo quiere que esta
gente los deje en paz, al declarante y a su familia” (folio 176).
Ciertamente tales expresiones, en principio, sugieren que no es-
tán interesados en reclamar una indemnización, pero en ningún caso
son renuncias inequívocas y terminantes. No se empleó a tal efecto
el verbo que más claramente patentiza esa voluntad, “renunciar”, y,
en todo caso, se formularon condicionadas a determinado compor-
tamiento de los acusados. Como dijo la Fiscal al impugnar el motivo,
no fue una renuncia terminante y los actos posteriores de los perjudi-
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El derecho de las víctimas a la reparación 199

cados ponen de manifiesto un comportamiento de signo inequívoca-


mente contrario a lo pretendido por los recurrentes, dirigido a mos-
trar un pleno interés en el ejercicio de la acción penal y de la acción
civil derivada de las agresiones padecidas.»
El ATS 1406/2007, de 18 de julio, consideró nula la renuncia de la
víctima por tener «una información viciada sobre las consecuencias de
la agresión», pese a reconocer que la renuncia del perjudicado en su
día fue voluntaria y realizada en sede judicial. Me parece un pronuncia-
miento muy interesante.
Las características del proceso penal español, en el cual salvo re-
serva o renuncia del ejercicio de la acción civil por el perjudicado se
ejerce conjuntamente la acción penal y la pretensión civil determina
que la sentencia penal supone asimismo cosa juzgada en la pretensión
civil deducida en el proceso, aunque el perjudicado no la hubiera ejer-
citado. Los riesgos, pues, son grandes para las víctimas que abandonan
el ejercicio de su pretensión sin renunciar a ella, porque la sentencia fi-
jará de manera definitiva el alcance de su indemnización. Esta materia
debe ser objeto de información a las víctimas en el momento del ofre-
cimiento de acciones (art. 109 de la LECr) advirtiendo de manera clara
de las consecuencias. Sin perjuicio de que en casos excepcionales pu-
diera abrirse un proceso civil por reclamaciones no ejercitadas en el
proceso penal (por ejemplo, por la aparición de complicaciones en la
salud derivadas del hecho punible que no fueron tenidas en cuenta en
la sentencia), la renuncia al ejercicio de la acción civil supone la renun-
cia definitiva a la reclamación. Ya hemos visto que el Tribunal Supremo
interpreta en términos restrictivos el alcance de la renuncia, pero los
problemas siguen apareciendo. En delitos contra las personas causa-
dos en el seno de las familias no es infrecuente que el lesionado se pre-
cipite a renunciar a las acciones civiles en sus comparecencias ante el
juez. La cuestión es que la renuncia no es revocable de manera que
si las molestias que tenía la víctima tras el golpe sufrido se convierten
más adelante en una grave dolencia su acto libre y terminante de re-
nunciar prevalece. Sobre este tema quizá fuera conveniente reflexionar
un poco sobre el alcance de las renuncias precipitadas y la posibilidad
de lege ferenda de considerar la revocación de la renuncia cuando los
efectos del delito son mucho más graves de lo que se preveía cuando
se hizo la declaración ante el juez. O al menos, conceder un periodo de
reflexión a la víctima en la línea del que establece el art. 8 del Estatuto
de la víctima, quizá acortando los plazos, para permitir la reconsidera-
ción de la renuncia.

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IV. Principios generales sobre la responsabilidad civil derivada del


delito según la jurisprudencia del Tribunal Supremo

El ATS de 13 de noviembre de 2008 sintetiza los principios genera-


les por los que se rige esta materia:

«La sentencia debe contener una determinación del daño, en


la medida de lo posible, como si de una acción civil se tratara, ejer-
cida con independencia de lo penal; por cuanto la acción civil ex de-
licto no pierde su naturaleza civil por el hecho de ser ejercitada en
un proceso penal. 2) La estimación de la concreta cuantía objeto de
la condena ha de ser razonada en los supuestos en que la motiva-
ción sea posible, y no lo es, o alcanza dificultades a veces insupera-
bles, explicar la indemnización por daño moral, difícilmente sujeta
a normas (utilizando la palabra en sentido general) preestablecidas.
3) Comprende también los intereses legales del artículo 576 LEC (an-
tiguo art. 921), porque la Ley ordena que, si hay condena a una can-
tidad líquida, ésta devengará —el precepto está redactado en forma
imperativa y se trata, por tanto, de una obligación ex lege— desde
que se dicta en primera instancia y hasta la ejecución el interés que
el art. 576 fija, si la sentencia es mantenida por el Tribunal que co-
nozca del recurso. Se trata de una norma dictada sin duda para fa-
vorecer al acreedor colocado en situación a veces comprometida y
desestimar las impugnaciones sin base alguna, con un profundo sen-
tido de búsqueda de equilibrio y armonía en todo tipo de relaciones
jurídicas que tienen un soporte económico y que se someten a de-
bate judicial, siendo injusto que la posible pérdida del poder adqui-
sitivo del dinero y su rentabilidad lo pierda quien ha visto satisfecha
judicialmente su pretensión. 4) La fijación del quantum es potestad
del Tribunal de instancia: en casación sólo son impugnables las ba-
ses sobre las que se asientan. 5) La cuantía sólo es revisable cuando
la cifra fijada por el Juez o Tribunal rebase, exceda o supere la re-
clamada o solicitada por las partes acusadoras y la sentencia sólo lo
será cuando no fije —o lo haga defectuosamente— las bases corres-
pondientes. Y 6) La indemnización comprende los perjuicios mate-
riales (que han de estar probados) y los morales que no son suscep-
tibles de prueba, cuando su existencia se infiere inequívocamente de
los hechos.»

El daño moral (o psíquico) constituye un concepto indeterminado,


pero real y existente, ante la evidencia de que todo delito afecta a los
aspectos más sensibles y espirituales del ofendido, que soporta indebi-
damente el daño del ilícito penal, aunque no se traduzca directamente
en un perjuicio patrimonial. El art. 110.3.º CP lo establece de forma ex-
presa, pero la vigencia del derecho a la tutela judicial efectiva obliga a
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que el Tribunal que establezca razone o argumente la existencia e in-


tensidad del daño moral y su cuantía.

V.  Ejercicio de la acción civil por el Fiscal

Una de las cuestiones más características del ejercicio de la acción


civil en el proceso penal es el hecho de que la misma es obligación del
Ministerio Fiscal en los delitos públicos o semi-públicos (art. 108 de la
LECr). El Fiscal ejerce la acción penal junto al acusador particular y al
actor civil cuando concurran. El ejercicio de la acción civil está vedado a
la acusación popular, según el Tribunal Supremo ha establecido desde
antiguo. No podemos olvidar que la acción civil, que es el derecho a
iniciar e impulsar la actuación de los Tribunales en el ejercicio de una
pretensión de naturaleza privada, participa de las características que
le confiere el derecho procesal civil, la primera de las cuales es la legi-
timación, es decir, la vinculación de la parte con el objeto litigioso. En
el caso de la acción penal, por ministerio de la ley se confiere legitima-
ción ad causam, con carácter genérico al Ministerio Fiscal. Ello incide
también en aspectos como la vigencia del principio dispositivo, que en
el proceso civil aparece vinculado al titular de la acción y que en el pro-
ceso penal se extiende también al Fiscal. Esa obligación del Fiscal se ha
de ejercitar haya o no acusador particular. Es decir, se ejercita obligato-
riamente por el Fiscal en concurrencia con el acusador particular, que
por su parte desarrolla el contenido de su pretensión de naturaleza civil
conforme a los principios del proceso civil. La obligación del Fiscal solo
cede cuando el perjudicado enuncia o reserva el ejercicio de las accio-
nes civiles derivadas del delito. Siempre he considerado esa duplicidad
de ejercicio de acciones civiles por parte del Fiscal y del perjudicado en
el mismo proceso como una anomalía, pero está plenamente consoli-
dada en nuestro proceso penal. La actuación de la pretensión civil por
el Ministerio Fiscal es una legitimación extraordinaria, ya que no actúa
como representante ni sustituto procesal del perjudicado, careciendo
además de derecho civil sustantivo alguno. Encontramos la justificación
procesal a esa facultad del Fiscal en el art. 773 de la LECr, que señala
que en el ejercicio de las acciones penal y civil, el Fiscal velará por la
protección de los derechos de las víctimas y de los perjudicados por el
delito. Tanto el Tribunal Constitucional, en la sentencia 98/1993 como
la Circular de la FGE 2/1998, de 27 de octubre, sobre ayudas públi-
cas a las víctimas de delitos dolosos violentos y contra la libertad sexual
abundan en el interés público de la protección de la víctima como fun-
damento de la legitimación del Fiscal para el ejercicio de la acción civil
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en el proceso penal. Esta última Circular excita el celo de los fiscales a


la hora de instar la averiguación y constancia de los hechos relevantes
para el éxito de la acción pretensión civil, y dado que el ejercicio de la
acción civil se rige por los principios de rogación y congruencia, ordena
que no se deba cerrar la instrucción sin haber recabado prueba de la
identidad de las víctimas y de los daños físicos o psíquicos sufridos, in-
cluso en el caso de que el proceso se vea abocado al archivo por otras
razones. Pero no deja de ser paradójico el hecho de que el interés pú-
blico en el resarcimiento de las víctimas solo encuentre una plasmación
privilegiada cuando se ejercita en el proceso penal, no cuando se acude
por la víctima al proceso civil donde queda sometida a las reglas gene-
rales de ese tipo de procesos.
Las relaciones entre los perjudicados personados y el Ministerio Fis-
cal en lo que se refiere a la responsabilidad civil a veces entran en con-
flicto (por reclamar más el perjudicado que el Fiscal) de manera que en
esos casos no se entiende muy bien el papel que el Fiscal desempeña.
En general soy partidario, como se apunta por la profesora MARTÍN
RÍOS5, en incrementar la cercanía y comunicación del Fiscal con el per-
judicado antes de ejercer la acción civil en el proceso penal, a sabien-
das de que la sobrecarga de trabajo que padecen muchas fiscalías no
permite muchas veces la mencionada actividad.
Pero es que, además, el mandato del art. 112 de la LECr, al señalar
que «ejercitada la acción penal se entenderá utilizada la civil, a no ser
que el dañado o perjudicado la renunciase o la reservase expresamente
para ejercitarla después de terminado el juicio criminal» obliga a to-
mar en consideración que la pasividad del perjudicado y el ejercicio de
la acción civil por el Fiscal puede suponer cosa juzgada para la víctima
cuando recaiga sentencia absolutoria. Los efectos por tanto para la víc-
tima pueden ser graves. Es relevante por tanto conocer que en el ejerci-
cio de la acción civil por el Fiscal —que tan útil y ventajosa se revela en
la práctica diaria de nuestros Tribunales para las víctimas— puede tener
inconvenientes puntuales para el perjudicado. Por ello son muy impor-
tantes las obligaciones de información general a la víctima que estable-
cen los arts. 5 a 7 de la Ley 4/2015, de 27 de abril, y en concreto sobre
las consecuencias de la inacción de la víctima en relación con sus recla-
maciones civiles. En concreto, y a los efectos que nos ocupan aquí, la
notificación a las víctimas no personadas del archivo de las actuaciones
penales es cuestión establecida en la LECr, y preceptiva a fin de posibi-
litar por su parte el ejercicio de las acciones civiles si procedieran.

5  MARTÍN RÍOS, M.P., Víctima y justicia penal, Ed. Atelier, Barcelona, 2012.

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En cualquier caso, y conocedores todos de la importancia de la


correc­ta formación de la pieza de responsabilidad civil, éste es un
campo en el cual el Fiscal sí puede jugar un papel determinante, como
veremos más adelante.

VI. Consecuencias favorables para el infractor de la satisfacción


de la responsabilidad civil

Vamos a ver ahora el conjunto de consecuencias que se prevén en


la ley penal derivadas del cumplimiento por el infractor de sus obliga-
ciones civiles. Éste es un terreno interesante para explorar, en la me-
dida en que si el legislador permite, por razones de política criminal,
que el pago de las indemnizaciones a que queda obligado por el delito
tengan influencia muchas veces determinante del tiempo que se va a
cumplir en prisión, de su indulto o de la cancelación de sus anteceden-
tes penales, caben todavía opciones para ir algo más allá en términos
de lege ferenda, para dar una completa satisfacción a la víctima como
alternativa al ejercicio de acción penal en términos de justicia restaura-
tiva.

1.  Atenuante de reparación del art. 21.5 del Código Penal

La primera, y quizá más conocida, consecuencia de la satisfacción


de la responsabilidad civil es la reparación del daño causado por el de-
lito o la disminución de sus efectos en cualquier momento del proce-
dimiento y con anterioridad a la celebración del juicio oral. Se trata
de una causa de atenuación de la responsabilidad que opera con pos-
terioridad a la comisión del delito y, por tanto, las razones de su exis-
tencia son de mera política criminal, sin que la culpabilidad del conde-
nado tenga aquí relevancia alguna. Como dice la STS 74/2016, de 10
de febrero, su fundamento está en la protección de la víctima favore-
ciendo la reparación privada posterior al delito. Aquí no se exige arre-
pentimiento de clase alguna tratándose de una circunstancia objetiva
en la que únicamente ha de constatarse el momento de la reparación
y la entidad de la misma, que irá desde la irrelevancia penal hasta la
eventual apreciación como atenuante muy cualificada. El TS señala en
la sentencia antes citada que cualquier forma de reparación del delito o
disminución de sus efectos, sea por la vía de la restitución, de la indem-
nización de los perjuicios, de la reparación moral o incluso simbólica,
puede integrar las previsiones de la atenuante (STS  74/2016). La con-
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figuración de la atenuante permite un amplio juego a su operatividad


como instrumento para el resarcimiento de la víctima. La reparación
durante las sesiones del Juicio Oral podría dar lugar a la atenuante ana-
lógica del art. 21.7, con los mismos efectos que la ordinaria, en el bien
entendido de que si el pago de la responsabilidad civil y la aplicación
de esa atenuante fuera fruto de un acuerdo entre las partes que se re-
flejara en la calificación definitiva, la misma atenuante habría de ser es-
timada por el Tribunal so vulneración del principio acusatorio. El conte-
nido de la atenuante va más allá del alcance de la responsabilidad civil
que recoge el art. 110 CP, ya que una mera reparación moral o simbó-
lica que se considerara aceptable por el perjudicado podría integrar las
previsiones del art. 21.5 CP. No creo, sin embargo, que este tipo de re-
paración sea lo frecuente en los Tribunales y que en términos genera-
les al hablarse de reparación lo corriente es que se refiera al contenido
concreto de la responsabilidad civil. Se trata, por tanto, de una atenua-
ción orientada hacia la satisfacción de la víctima entendiéndose que la
satisfacción de sus intereses es una cuestión que trasciende del ámbito
privado de ésta para convertirse en una cuestión de interés general, sin
perjuicio además de la valoración del comportamiento del condenado
que repara el daño causado como un indicio de su rehabilitación.
La reparación ha de ser relevante o significativa en relación tanto
del monto de la responsabilidad civil como de las posibilidades econó-
micas del reo, debiendo excluirse reparaciones consistentes en la con-
signación de pequeñas cantidades. No se exigen factores de índole
subjetiva, tales como pudiera ser la motivación del sujeto para indem-
nizar o el reconocimiento de su culpabilidad. La atenuante alcanza a
quien indemniza, pero no al acusado que no lo hace, aunque la repa-
ración haya sido completa por parte de otro coimputado.
Es posible la apreciación de la atenuante como muy cualificada
(aunque el TS no se muestra proclive a su apreciación en tal grado úni-
camente con la reparación total, sino que hay que valorar en su con-
junto las circunstancias), y la vigencia del principio acusatorio determi-
nará la obligación del Tribunal de aplicar en esa extensión la atenuante
solicitada por todas las partes acusadoras. Vemos, pues, que esta ate-
nuante es quizá la más relevante a efectos de procurar mediante una
reducción significativa de la pena el resarcimiento de las víctimas, y ve-
mos también como consecuencia de ello una enorme ventaja del ejer-
cicio de la acción civil en el proceso penal, al existir un potente factor
coercitivo para que se indemnice a las víctimas.

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2.  Suspensión de la ejecución

Con la firmeza de la sentencia no se agotan las posibilidades de


que el perjudicado cuente con instrumentos para incentivar el resar-
cimiento de los perjuicios sufridos por el delito. El art.  80 del Código
Penal establece que los jueces y tribunales podrán dejar en suspenso
la ejecución de las penas privativas de libertad no superiores a los dos
años, cuando sea razonable esperar que la ejecución de la pena no sea
necesaria para evitar la comisión futura por el penado de nuevos deli-
tos. Entre los elementos que ha de valorar el juez está «en particular su
esfuerzo para reparar el daño causado», siendo además condición ne-
cesaria para dejar en suspenso la ejecución de la pena, además de la
condición de delincuente primario del reo, «que se hayan satisfecho las
responsabilidades civiles que se hubieren originado...» (art. 80.2.3  CP).
Este requisito se entenderá cumplido cuando el penado asuma el com-
promiso de satisfacer las responsabilidades civiles de acuerdo a su capa-
cidad económica, y sea razonable esperar que el mismo será cumplido
en el plazo prudencial que el juez o tribunal determine, valorándose
en todo caso el esfuerzo posterior al hecho del condenado en reparar
el daño causado. Esta circunstancia es consecuencia de que no puede,
en términos de equidad, discriminarse al delincuente solvente respecto
del insolvente, y que lo correcto es valorar la voluntad reparadora del
condenado. Se prevé que el Juez o Tribunal soliciten las garantías con-
venientes para asegurar su cumplimiento. El juego de los arts. 80 y 94,
que recoge diversos supuestos para permitir la suspensión de la eje-
cución de la pena, para delitos de cierta gravedad, con incluso la no
concurrencia de los requisitos legales básicos, nos hace concluir que
siempre el factor del abono de las responsabilidades civiles (o el com-
promiso de hacerlo) está presente como uno de los factores ineludibles
para acceder a dicho beneficio.
Singular interés tiene ahora lo dispuesto en el art. 84.1 CP. En esos
casos, la suspensión se condiciona siempre a la reparación efectiva del
daño o a la indemnización del perjuicio causado, conforme a sus posi-
bilidades físicas o económicas, o al cumplimiento del acuerdo a que se
refiere el art. 84.1 CP, es decir el acuerdo obtenido a través de la me-
diación penal.

3.  La mediación penal

La Directiva 2012/29, del Parlamento Europeo, y del Consejo de 25


de octubre de 2012, relativa al Estatuto de la víctima en el proceso pe-
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nal, establece que «los Estados miembros procurarán impulsar la me-


diación en las causas penales». Esa Directiva, que es vinculante por su
rango normativo, establece en el apartado número 44 de su fundamen-
tación lo siguiente, si bien se hace constar que en el articulado de la Di-
rectiva no se exige ni impone a los Estados un impulso de la mediación
penal aunque sí se establecen, «cuando proceda» facilitar la derivación
de casos, los límites y requisitos de los servicios de la justicia reparadora:
«Los servicios de justicia reparadora, incluidos, por ejemplo, la
mediación entre víctima e infractor, las conferencias de grupo fami-
liar y los círculos de sentencia, pueden ser de gran ayuda para la víc-
tima, pero requieren garantías para evitar toda victimización secun-
daria y reiterada, la intimidación y las represalias. Por tanto, estos
servicios deben fijarse como prioridad satisfacer los intereses y nece-
sidades de la víctima, reparar el perjuicio que se le haya ocasionado
e impedir cualquier otro perjuicio adicional. A la hora de remitir un
asunto a los servicios de justicia reparadora o de llevar a cabo un pro-
ceso de justicia reparadora, se deben tomar en consideración facto-
res tales como la naturaleza y gravedad del delito, el grado de daño
causado, la violación repetida de la integridad física, sexual o psico-
lógica de una víctima, los desequilibrios de poder y la edad, madurez
o capacidad intelectual de la víctima, que podrían limitar o reducir su
capacidad para realizar una elección con conocimiento de causa o
podrían ocasionarle un perjuicio. Los procedimientos de justicia repa-
radora han de ser, en principio, confidenciales, a menos que las par-
tes lo acuerden de otro modo o que el Derecho nacional disponga
otra cosa por razones de especial interés general. Se podrá conside-
rar que factores tales como las amenazas o cualquier forma de vio-
lencia cometida durante el proceso exigen la divulgación por razones
de interés general.»
¿Qué es la mediación? Básicamente consiste en la intervención
de una persona experta en Derecho penal para que las partes afecta-
das por el hecho criminal, el autor y la víctima o perjudicado, resuel-
van el conflicto creado por el delito, lo que se alcanzará con el recono-
cimiento del crimen por el autor y la satisfacción material o moral de la
persona que lo ha sufrido6. En la mediación penal ni se obvia la reso-
lución judicial ni se evita el proceso penal, porque pertenece a la esen-
cia de los poderes del Estado (y, en particular, al Poder Judicial) la apli-
cación del Derecho penal conforme al sistema de garantías procesales
establecidas. Una serie de reformas procesales y sustantivas importan-

6  RUIZ RUIZ, R.M. «La mediación penal: una realidad». Accesible en [Link]

[Link]/.../Ponencia%20Ruiz%20Ruiz%20Rosa%20M»%20%[Link]?...

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El derecho de las víctimas a la reparación 207

tes acercan, sin embargo, la realidad de la mediación a nuestros textos


legales, hasta ahora limitada en España al ámbito juvenil, aunque to-
davía falta mucho terreno que recorrer. Así, la reforma del Código Pe-
nal operada por las LO 1/2015 y 2/2015, de 30 de marzo, suprime las
faltas del catálogo de infracciones penales y convierte algunas de ellas
en delitos leves. Y la Ley 1/2015 también modifica la LECr, al introducir
moderadamente el principio de oportunidad en la actuación del Fiscal
en el enjuiciamiento de los delitos leves (art. 963 LECr), de manera que
procederá el Juez a archivar las actuaciones cuando el Fiscal lo solicite
por entender que i) el delito leve denunciado resulta de muy escasa en-
tidad; y ii) no exista un interés público relevante en la persecución del
hecho, entendiéndose aquí que en los delitos patrimoniales no existe
ese interés público, cuando se hubiere procedido a la reparación del
daño y no exista denuncia del perjudicado.
A través de la vía combinada del citado artículo que incide en el en-
juiciamiento de los delitos leves (art. 963 de la LECr), de lo dispuesto en
el art. 84.1 CP, de lo dispuesto en la Directiva Comunitaria apuntada, y
de lo establecido en el art. 15 del Estatuto de la víctima, se va constru-
yendo poco a poco un cuerpo normativo que ha permitido introducir
la mediación penal —todavía limitadamente— en el ámbito de nuestro
proceso. Una mediación penal que bien en el ámbito de la suspensión
de la ejecución de la pena (art. 81) o bien en el terreno de los delitos
leves encuentra un terreno propicio a favorecer las pretensiones indem-
nizatorias de la víctima. Pero que no se limita exclusivamente a dichos
aspectos, toda vez que allá donde según nuestra normativa procesal
sea posible concordar una pena entre la defensa y las acusaciones, en-
tiendo que es posible intentar la mediación penal.
La mediación, que como decimos se va introduciendo en la práctica
de nuestros Tribunales y Fiscalías, no supone la exención de la respon-
sabilidad del reo, pero una vez conseguido el acuerdo y la reparación
de la víctima permite la apreciación de una serie de beneficios penales
y penitenciarios para éste, además de producir en teoría economizar re-
cursos procesales. El juego de las atenuantes constituidas con posterio-
ridad a la comisión del delito, tales como la analógica de confesión y la
de reparación —que pueden llegar a ser calificadas como muy cualifica-
das— adquieren aquí una importancia muy importante para estimular
la voluntad del investigado si hay predisposición en la víctima para en-
trar en el programa de mediación, siempre tras la información exhaus-
tiva e imparcial que hay que brindar a la víctima (art. 15 del Estatuto de
la víctima). En todo caso, y siendo cierto que la mediación funciona sa-
tisfactoriamente en algunos países que tienen el sistema implementado
desde hace tiempo, en esta materia para avanzar van a ser precisos
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cambios estructurales de mucho peso en nuestro proceso penal. Cues-


tiones como el interés público en la represión de la infracción —fruto
de una concepción arraigada de que el castigo es la reacción natural al
delito—, la escasa vigencia en nuestro sistema del principio de oportu-
nidad que permitiría a la Fiscalía deferir a los servicios de mediación una
parte importante de los casos penales y —claro— la presunción de ino-
cencia del acusado (la mediación ha de partir del reconocimiento del
responsable del delito cometido), son factores que todavía lastran desde
los principios la implantación de esta modalidad de justicia restaurativa,
en la que no podemos olvidar que su objeto principal es el dar protago-
nismo a las víctimas en la solución del conflicto generado por el delito
y en la reparación económica y moral de la víctima. Y, además, y como
obstáculo principal está el hecho de que para iniciar el proceso de me-
diación será preciso que «el infractor haya reconocido los hechos esen-
ciales de los que deriva su responsabilidad» (art. 15.a) del Estatuto de la
víctima). ¿Y si el infractor no llega a un acuerdo en el curso de la media-
ción y se enfrenta a un Juicio Oral tras haber iniciado la mediación? Fis-
cales expertos en la cuestión sugieren que el reconocimiento de hechos
se realice no antes sino durante la mediación, de manera que la presun-
ción de inocencia en el caso de fracaso del proceso no se vería afectada.

4.  Libertad condicional

La libertad condicional —último grado de la ejecución penitencia-


ria— se puede conceder a los penados en quienes concurran ciertos
requisitos. Pero conditio sine qua non para la concesión de la liber-
tad condicional es que el penado haya satisfecho la responsabilidad ci-
vil derivada del delito. La progresión al tercer grado penitenciario asi-
mismo exige el pago de la responsabilidad civil, en los términos del
art. 72 de la Ley Orgánica General Penitenciaria, 1/1979. Tanto el Có-
digo Penal (art. 80.2.3) como la Ley Orgánica General Penitenciaria son
sensibles al hecho —como señalábamos más arriba— de que no se
puede discriminar a penados insolventes respecto de los solventes. Por
ello la satisfacción de la responsabilidad civil parece que se matiza con
«la conducta efectivamente observada en orden a restituir lo sustraído,
reparar el daño e indemnizar los perjuicios materiales y morales» en-
tre otras condiciones, es decir, la expresión de su voluntad de reparar
el daño causado. El Código Penal establece las posibilidades de que el
Juez de Vigilancia deniegue la suspensión del resto de la pena en estos
casos, si se observa que el penado oculta la realidad de su situación pa-
trimonial o incumple sus compromisos en orden al pago de las respon-
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El derecho de las víctimas a la reparación 209

sabilidades civiles a que hubiese sido condenado. En estos casos, y en


los términos del art. 5.1.m) y 7 del Estatuto de la víctima, parece posi-
ble que el perjudicado pueda conocer —si lo solicita previamente y en
relación de una serie de delitos específicos— las resoluciones que afec-
tan a la progresión de grado del penado o la concesión de permisos de
salida o beneficios penitenciarios a fin de poder alegar lo que convenga
—incluso interponiendo recursos en determinados casos, aunque no
hubiera sido parte en la causa, conforme a la LECr— sobre dichos cam-
bios en el régimen penitenciario, así como a informar al Juez de Vigi-
lancia sobre la satisfacción de la responsabilidad civil por el condenado.
Se ha discutido si el contenido de la responsabilidad civil derivada
del delito ha de ser la establecida en el proceso penal, o también la fi-
jada en un proceso civil de reclamación tras la reserva de acciones ci-
viles. No veo más que ventajas en extender también el contenido de
la obligación a las responsabilidades determinadas por tribunales civi-
les a aquellos elementos que condicionan la concesión de los anterio-
res beneficios penitenciarios. Sin modificar el régimen de imposición de
las costas procesales, el Estatuto de la víctima establece que la víctima
tiene derecho a obtener el reembolso de los gastos necesarios para el
ejercicio de sus derechos y las costas procesales que se le hubieren cau-
sado con preferencia respecto del pago de los gastos causados al Es-
tado, modificándose así el art. 126 CP.

5.  El consenso y la responsabilidad civil

Parece una tendencia legislativa cada vez más notable la introduc-


ción de las posibilidades de consenso en el proceso penal. Las críticas
dogmáticas a la institución de la conformidad son consistentes (se alega
que el consenso se realiza sacrificando las garantías propias del proceso
en aras de la utilidad y de la eficacia, que las motivaciones para aceptar
los acuerdos por parte de los acusados pueden venir inspiradas en el te-
mor a sufrir males mayores tras el juicio que el hecho de reconocer una
responsabilidad atenuada, además de alentar el fenómeno de hinchar la
gravedad de las acusaciones para conseguir más fácilmente acuerdos).
Pero, aun así, el consenso, revestido como está en el proceso español
de suficientes garantías —básicamente, la supervisión judicial— se ha
abierto paso de manera espectacular. No es la única institución que está
llamada a tener un impacto importante en el proceso moderno: el prin-
cipio de oportunidad se acaba de introducir con carácter general para
los delitos leves y es otro factor con el que sin duda deberemos contar
en el futuro. Ambos, el consenso y el principio de oportunidad están li-
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gados de alguna manera a la garantía de que el perjudicado sea con-


venientemente reintegrado en sus reclamaciones civiles. En el caso del
consenso porque lo más frecuente es que la acusación incluya en el con-
junto de pretensiones sobre las que versará el acuerdo la indemnización
de los daños y perjuicios causados por el delito, no siendo lo normal
que la defensa se muestre disconforme únicamente con la pretensión
civil. Esa posibilidad se contempla en el art. 655 de la Ley procesal, pero
la experiencia abunda en que la conformidad se liga a todos los aspec-
tos de los escritos de acusación. En cuanto al principio de oportunidad
que se introduce de manera explícita para los delitos leves en la hasta la
fecha última reforma procesal, art. 963, condiciona en los delitos patri-
moniales la falta de interés público que permitiría el sobreseimiento de
las actuaciones a haberse procedido a la reparación. De manera que en
esos delitos, si se satisface la responsabilidad civil, la ley presume que no
hay interés público en la persecución del delito siempre que se trate de
un hecho de muy escasa gravedad.
Una referencia a lo que se ha denominado «conformidad pre­
mial»7, es decir la que se regula en el art. 801 LECr, es decir el deno-
minado juicio rápido. Se trata de un procedimiento especial, tal como
viene así considerado en la propia Exposición de Motivos de la Ley
38/2002 que lo incluye en la norma procesal penal española. La con-
formidad en el Juzgado de guardia produce un efecto importante por-
que puede suponer una rebaja de hasta un tercio respecto a la pena
señalada por la ley para el delito cometido, es decir se configura la
aceptación de la acusación como una causa de atenuación con efec-
tos de privilegiada. No falta quien resalta que este sistema puede verse
como un castigo a quien no «ahorra» recursos y trabajo a la Adminis-
tración de Justicia, decidiendo someterse a un proceso con todas las
garantías. Creemos que no es tal. La pena para quien no se conforma
es la pena legal. La rebaja es para quien acepta su responsabilidad, con
una condición importante. En lo que se refiere a la responsabilidad civil
considera la FGE (Circular 1/2003) que en el caso de que el acusado no
se muestre conforme con la responsabilidad civil o que por esa razón
la víctima personada decida proseguir el procedimiento, el Juez de ins-
trucción no podría dictar sentencia y el asunto sería remitido al Juez de
lo Penal, pero que en ese caso habría que permitir a quien se ha con-
formado con la pena la aplicación de la rebaja de la pena prevista en el
art. 801 por razones de analogía.

7  DEL MORAL GARCÍA, A., «La conformidad en el proceso penal (reflexiones al hilo

de su regulación en el ordenamiento penal español)». Revista Auctoritas Prudentium.


2008, n.º 1.

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La nueva vía de la Aceptación por Decreto del art. 803 bis de la LECr
es otro cauce abierto al acuerdo y a la celeridad procesal, aunque al sola-
parse con los requisitos establecidos para la conformidad en las diligen-
cias urgentes del procedimiento abreviado (art. 801 LECr) y no estar pre-
vista aquí la personación del perjudicado —a pesar de que uno de los
objetos de la Aceptación por Decreto es precisamente la acción civil re-
paratoria—, algunos dudan de la operatividad práctica de esta nueva vía.
Se ha señalado que la constante preocupación del legislador para
anudar de una manera u otra el pago de las responsabilidades civiles
a consecuencias puramente punitivas evidencia la falta de confianza
en el sistema de justicia penal para exigir de manera efectiva el pago al
condenado. Puede que haya algo de cierto en ello, si bien no hay nin-
guna duda de que cuando se trata de infracciones de escasa entidad,
no necesariamente delitos leves, el interés público en la represión y cas-
tigo del delincuente no es tan perentorio como en supuestos de mayor
gravedad, como no es la misma la alarma social por el delito ni la fun-
ción preventivo general de la pena en unos supuestos que en otros. Y
por el contrario la satisfacción de la víctima en esos supuestos se man-
tiene siempre como uno de los objetos del proceso penal, al margen
de la gravedad del delito que se enjuicia. Por ello parece razonable una
mayor flexibilidad del legislador en dar salidas menos gravosas en tér-
minos punitivos al delincuente que cumple con sus obligaciones civi-
les. Los riesgos que apuntábamos más arriba de mercantilizar el pro-
ceso penal a fin de convertirlo en un instrumento de cobro potenciado
por la amenaza de una sanción penal están siempre presentes, pero la
cuestión se ha de examinar a la luz de una ponderación de factores e
intereses que no son los mismos dependiendo de la gravedad del delito
cometido. En palabras del Magistrado del Tribunal Supremo Sr. Martí-
nez Arrieta, «La reparación como sanción única debe encontrar sus lí-
mites allí donde además de la satisfacción de los intereses particulares
de la víctima, aparecen aspectos preventivo generales de afirmación de
la norma y de restablecimiento del orden social».
Creo que España no es un país con un Código penal poco riguroso,
antes al contrario8. Por tanto, parece que otros países desarrollados

8  Aunque los datos muestran que la población reclusa en España disminuye en los

últimos años, un estudio correspondiente al año 2012 del Consejo de Europa (Informes
Space I y II) mostraba que España es el tercer país de entre los miembros de la UE donde
la media de estancia en prisión es más larga (19 meses), con unos 70.000 personas in-
gresadas en prisión, y el segundo país con el mayor número de reclusos por habitante
en toda Europa (147,3 presos por cada 100.000 habitantes, que contrasta con los 117
de Francia, 84 de Alemania, 67 de Holanda o 71 de Noruega).

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van consiguiendo mantener sus niveles de convivencia sin necesidad de


castigar con tanta dureza como nosotros las infracciones penales me-
nos graves.

VIl.  El artículo 989 de la LECr

La LO 7/2003 modificó el art. 989 de la Ley procesal a fin de mejo-


rar la eficacia en la ejecución de las sentencias penales en lo que se re-
fiere a los aspectos relativos a la responsabilidad civil. Así, se recoge en
el apartado segundo de ese artículo que el Letrado de la Administra-
ción de Justicia podrá encomendar a la Agencia Tributaria o en su caso
a los organismos tributarios de las agencias forales las actuaciones de
investigación patrimonial necesarias «para poner de manifiesto las ren-
tas y el patrimonio presente y los que vaya adquiriendo el condenado
hasta tanto no se haya satisfecho la responsabilidad civil establecida en
la sentencia». Es decir, se favorece por el legislador la ejecución de la
responsabilidad civil derivada del delito a través de la puesta a disposi-
ción de la administración de justicia de los recursos de la Agencia Tri-
butaria. Se trata de una herramienta de una gran potencia operativa,
semejante a la que, por ejemplo, está dotada la Fiscalía Anticorrupción
en virtud de un Convenio celebrado con la Agencia Tributaria con oca-
sión de su constitución. Es cierto que no se trata de una novedad en la
medida en que los deberes de colaboración de todas las entidades pú-
blicas con los Tribunales obligaban genéricamente también a la Agen-
cia Tributaria. Pero su concreción en la ley, en términos que sugieren
la colaboración para averiguar el patrimonio del ejecutado y su posibi-
lidad de ser acordada de oficio por el Letrado de la Administración de
Justicia es otra ventaja operativa en beneficio de la satisfacción de las
responsabilidades pecuniarias derivadas de la comisión de un hecho
delictivo.

VIII. La pieza de responsabilidad civil. Adopción de medidas


cautelares

Dentro de las normas generales sobre fianzas y embargos de la


LECr, el art. 590 señala que todas las diligencias sobre fianzas y em-
bargos se instruirán en pieza separada. la finalidad será la de asegurar
las responsabilidades pecuniarias derivadas del delito, pero se incluirán
también todos los datos que resulten relevantes para la determinación
del alcance de la citada responsabilidad civil. En la pieza de responsa-
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El derecho de las víctimas a la reparación 213

bilidad civil el papel del Ministerio Fiscal tiene relevancia ya que forma
parte de sus funciones el velar por el aseguramiento de las responsa-
bilidades civiles y en tanto eso es así, está el Fiscal obligado a solicitar
cuantas medidas de aseguramiento considere necesarias. Sería desea-
ble, aunque la práctica nos muestre lo contrario, que no se produjeran
declaraciones automáticas de insolvencia por falta de investigación, por
falta de iniciativa del Juez de Instrucción o del Fiscal a la hora de velar
por el aseguramiento de dichas responsabilidades. Se trata de una ac-
tividad que muchas veces no goza de la misma atención que la investi-
gación del conjunto de hechos que configuran el delito, pero que tiene
capital importancia. De la correcta formación de la pieza de responsa-
bilidad civil va a depender en definitiva el éxito de la pretensión civil,
por lo que las Circulares e Instrucciones de la Fiscalía ocasionalmente
advierten a los fiscales de mantener la atención centrada en dichos as-
pectos y de evitar declaraciones de insolvencia sin investigar con dete-
nimiento la situación financiera del responsable. La Instrucción 1/1992,
señala que es preciso lograr la satisfacción de la víctima del delito re-
parándose todos sus efectos. Y llama la atención de los Fiscales so-
bre la necesidad de iniciar y sustanciar las piezas de responsabilidad ci-
vil y de adoptar las medidas cautelares de protección económico social
de la víctima. En particular se indica que los Fiscales deben evitar que
por la simple declaración verbal de carecer de bienes se produzcan de-
claraciones de insolvencia, instando a los Fiscales a vigilar, impulsar y
solicitar una investigación «más profunda» sobre los bienes del incul-
pado, con informes especializados de la Policía Judicial, Ayuntamien-
tos, Hacienda, incluso las declaraciones de Hacienda y Patrimonio de
los últimos años. Ordena a los Fiscales que se opongan al archivo de
una ejecutoria mientras no quede acreditado el pago de las indemni-
zaciones derivadas del delito o la verdadera situación económica del
condenado, instando incluso la revisión periódica de las ejecutorias ar-
chivadas provisionalmente para averiguar si el condenado ha venido a
mejor fortuna. La Instrucción reconoce la carga de trabajo de Fiscales,
Juzgados y Tribunales, pero señala que es la única forma de que se dé
debido cumplimiento al derecho fundamental a la tutela judicial efec-
tiva y se dé un paso más en la protección de la víctima del delito. Tam-
bién la Circular de la FGE 1/2003, de 7 de abril, aborda con ocasión de
impartir directrices y pautas de actuación a los fiscales ante las refor-
mas procesales operadas por las Leyes 38/2002 y LO 8/2002, la cues-
tión de la intervención activa del Fiscal en el ámbito de la protección de
los derechos patrimoniales de las víctimas. Así, la FGE deja claro a los
fiscales que la remisión que el art. 764.2 de la ley procesal penal hace
a la LEC no puede interpretarse a que sea precisa para la adopción de
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cualquier medida cautelar real para el aseguramiento de las responsa-


bilidades civiles, la previa petición de parte, lo que había dado lugar a
cierta controversia doctrinal. La petición de parte, sin embargo, es per-
fectamente natural y está prevista en la ley, en el contexto de las actua-
ciones generales que puede realizar el actor civil (art. 320 LECr) pero
también en el Sumario ordinario (arts. 589 y siguientes) y en el Proce-
dimiento Abreviado (art. 764 de la Ley procesal penal). Naturalmente,
cuando la responsabilidad civil aparezca en un tercero, regirá la regla
del art. 615  LECr, en el sentido de que ahí sí será precisa para la adop-
ción de medidas cautelares la previa petición del actor civil. En relación
con el procedimiento para los juicios rápidos, y el trámite establecido
en el art. 798.1 se considera un momento idóneo para «hacer valer
uno de los cometidos esenciales del Fiscal, a saber, la protección de las
víctimas». Y se señala que en ese momento, ante el Juez de Guardia,
los Fiscales cuiden de modo especial al puesta en marcha de aquellas
cautelas que, en el momento de la ejecución, puedan hacer más efec-
tiva la reparación de la ofensa inherente al delito.
En relación a los criterios para solicitar las medidas rigen las pautas
generales del fumus boni iuris y del periculum in mora. ¿Cuándo hay
que entender que existe apariencia de buen derecho, es decir, cuando
es el momento adecuado para exigir el aseguramiento de las responsa-
bilidades civiles? Creo que esta es una cuestión que depende de cada
caso y de la consistencia de los indicios con que se cuente respecto de
la responsabilidad del investigado. Pero no es una cuestión que haya
de ir anudada a la existencia de resoluciones de carácter especialmente
incriminatorio, como puede ser la prisión, la incoación de abreviado o
en su caso, el procesamiento.
En cuanto a la ejecución de la sentencia en sus pronunciamientos
civiles, hemos indicado más arriba que se realiza de oficio, sin necesi-
dad de petición de parte. Ahí hay una importante ventaja para los per-
judicados respecto del ejercicio de su acción en el proceso civil.
Otra ventaja son las costas. El actor civil o la acusación particular
serán condenadas a las costas del proceso, en la que frente al crite-
rio general del vencimiento de la LEC, art. 394.1, en la LECr se con-
sidera que las costas se imponen al querellante particular o actor
civil «cuando resulte de las actuaciones que han obrado con teme-
ridad o mala fe» (art. 240 de la Ley rituaria penal). La Sala II del Tri-
bunal Supremo, al interpretar cuando concurre temeridad o mala fe
es ciertamente más restrictiva, siendo así que una referencia válida
para apreciarla puede ser la comparación de las pretensiones del
Ministerio Fiscal con las del actor civil. En la STS 842/2009, se lee lo
siguiente:
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El derecho de las víctimas a la reparación 215

«La jurisprudencia de esta Sala tiene declarado sobre esta cues-


tión que, ante la ausencia de una definición auténtica de lo que haya
de entenderse por temeridad o mala fe, ha de reconocerse un mar-
gen de valoración subjetiva al Tribunal sentenciador, según las cir-
cunstancias concurrentes en cada caso, ponderando a tal fin la con-
sistencia de la correspondiente pretensión acusatoria, teniendo en
cuenta, por un lado, la procedencia de mantener una interpretación
restrictiva de estos términos legales, pero sin olvidar que el que obliga
a otro a soportar una situación procesal debe responder por los gas-
tos que tal situación le ha originado, salvo limitadas excepciones en
las que se haya podido considerar que tenía razones para suponer
que le asistía el derecho; siendo generalmente válida, a estos efec-
tos, una referencia a la actuación del Ministerio Fiscal, por el carácter
imparcial de la Institución, de tal modo que alguna sentencia de esta
Sala ha llegado a decir que existe temeridad cuando la pretensión de
la acusación particular supera ampliamente tanto la petición del Fis-
cal como la considerada ajustada a Derecho por el Tribunal».

IX.  La Oficina de recuperación y gestión de activos

A nadie se le oculta que la razón fundamental de la frecuente


desaten­ción a la correcta formación de la responsabilidad civil es la so-
brecarga de trabajo de los Juzgados de Instrucción y quizá debería pen-
sarse algo sobre como optimizar recursos en esta cuestión. No creo que
en términos generales la Oficina de Recuperación de Activos, creada por
el RD 948/2015, de 23 de octubre, pueda llegar a ser de gran utilidad
para las víctimas salvo en casos de delincuencia organizada o fraudes
financieros de gran volumen. Se trata de una Oficina diseñada con el
objetivo de lograr la recuperación de los activos procedentes del delito
para destinar —entre otros varios fines— esos bienes al abono de in-
demnizaciones a las víctimas. Aunque bajo el organigrama del Ministe-
rio de Justicia, se concibe la Oficina como una herramienta al servicio de
los juzgados, tribunales y fiscalías, con funciones de especial relevancia
en los que se refiere al decomiso en su nueva regulación. Entre los fines
prioritarios de la Oficina, además de la restitución pecuniaria de las vícti-
mas mediante el abono de las indemnizaciones reconocidas en el marco
del proceso penal, está el apoyo a programas de atención a víctimas y
también el impulso y dotación de medios de las Oficinas de Asistencia a
las Víctimas y ese parece ser el principal destino de los recursos que la
Oficina pueda obtener con destino indirecto a las víctimas de los delitos.
Esa Oficina, adscrita a la Secretaría de Estado de Justicia y con rango de
Dirección General se organiza en dos Subdirecciones: una de localiza-
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ción y recuperación de bienes, con funciones de identificación y bús-


queda de los efectos provenientes del delito radicados dentro o fuera
del territorio nacional, así como su puesta a disposición judicial; y la se-
gunda de conservación, administración y realización de bienes, siempre
bajo la supervisión judicial o en su caso de la Fiscalía. Esta última fun-
ción puede tener importancia especial cuando se trate de gestionar con
mayor eficacia bienes económicos complejos, ofreciendo la praxis judi-
cial todo tipo de ejemplos, desde ganaderías de toros a clubes de futbol
pasando por empresas o sociedades de los más variados tipos. Por las
características de su creación el ámbito más natural de colaboración de
la Oficina con los Tribunales es la Audiencia Nacional.

X.  Conclusiones

Finalmente, me gustaría señalar que si resulta una evidencia que la


acción civil en el proceso penal muta alguna de sus características más
propias (legitimación del MF, ejecución de oficio); si la satisfacción de la
víctima tiene el efecto de rebajar la pena o de posibilitar la obtención
de beneficios penales y penitenciarios y si paralelamente, el legislador
considera que en aras de la celeridad en la conformidad es posible la
rebaja de la pena hasta un tercio por debajo de la establecida penal-
mente, ahí hay un terreno para trabajar en beneficio de la víctima y en
delitos menores. Es una cuestión de analizar la cuestión sobre las posi-
bilidades existentes teniendo en cuenta que los derechos regulados de
la víctima, los principios con recompensa de la celeridad procesal y la
propia configuración de los caracteres de la acción civil en el proceso
penal pueden ser factores que ayuden a las partes procesales a obte-
ner recíprocos beneficios. Ha de mejorar, sin duda, la tramitación de las
piezas de responsabilidad civil, quizá a través del estudio de la creación
de un servicio común procesal en los términos del art. 438 de la LOPJ,
con la finalidad de investigar de manera eficaz y con la utilización de
todas las herramientas posibles los activos patrimoniales de los inves-
tigados. Asimismo, debería procederse a la elaboración de un baremo
propio para las víctimas de delitos dolosos supondría seguridad jurídica
al no tener que tomar en consideración el baremo de la Ley 35/2015
para infracciones imprudentes. Y, sobre todo, si el Fiscal ejercita en el
proceso penal una pretensión civil ajena, ha de articularse de manera
suficiente una comunicación entre el Fiscal y la víctima, de manera que
al menos ésta sea informada de la trascendencia de ese hecho, de cuál
va a ser el alcance de la reclamación que ejercitará el Fiscal y de los lí-
mites de la acción del Fiscal que se ejercitan en el proceso penal.
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XI.  Bibliografía

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La Victimología, Montevideo,1998.
DEL MORAL GARCÍA, A. «La conformidad en el proceso penal (reflexiones al
hilo de su regulación en el ordenamiento penal español)». Revista Auctori-
tas Prudentium, 2008, n.º 1.
HOYOS SANCHO, M. El ejercicio de la acción penal por las víctimas. Un estu-
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Perfiles de víctima y de agresor en violencia de género:
implicaciones para la valoración del riesgo.
Presentación del último estudio de casos
sobre homicidios de violencia de género

José Luis González Álvarez


Teniente Coronel de la Guardia Civil
Jefe de Área en la Secretaría de Estado de Seguridad
Gabinete de Coordinación y Estudios. Ministerio del Interior

Sumario:  l. La violencia contra la mujer, y la de género en España.


II. Tipologías de víctimas y de agresores de pareja. III. La valoración
del riesgo de reincidencia. 1. Enfoques de la evaluación del riesgo.
2. La valoración policial del riesgo en violencia de género. 3. Opera-
tiva de la valoración policial del riesgo. 4. ¿Funcionan los formula-
rios de valoración policial del riesgo? 5. Complementariedad entre
la valoración policial del riesgo y las valoraciones forenses o peni-
tenciarias. 6. La gestión del riesgo de reincidencia: el plan de seguri-
dad personalizado. IV. Equipo Nacional de Revisión de Feminicidios.
V. Referencias.

Resumen:  En este trabajo se comentan los fundamentos de la valoración del


riesgo de reincidencia de violencia de género, como procedimiento para adop-
tar decisiones preventivas y de intervención. Atendiendo a características de-
mográficas, parece que cualquier mujer puede llegar a ser víctima y cualquier
hombre maltratador. Pero identificando y estudiando indicadores de riesgo
que se relacionen empíricamente con la reincidencia, se pueden encontrar al-
gunos patrones que ayuden a proteger y, por tanto, a prevenir la ocurrencia
de nueva violencia. Ése es el propósito de los formularios de valoración poli-
cial de riesgo (VPR y VPER) que constituyen el protocolo del Sistema de Segui-
miento Integral en los casos de Violencia de Género (Sistema VioGén), una
aplicación informática gubernamental, de ámbito nacional, implementada
desde 2007 para coordinar las actuaciones de los profesionales públicos espa-
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ñoles implicados en el seguimiento, asistencia y protección de las mujeres mal-


tratadas y de sus hijos menores de edad. A dicha aplicación, que gestiona ya
más de 470.000 casos, acceden diariamente miles de usuarios especialistas de
las diferentes instituciones integradas. La parte policial del Sistema VioGén es,
por el momento, la más desarrollada, habiéndose realizado casi tres millones
de valoraciones de riesgo, que podrían ayudar para la realización de valoracio-
nes forenses, penitenciarias y asistenciales. Los actuales formularios todavía
no tienen la capacidad de predecir la violencia mortal, por lo que se ha consti-
tuido un equipo multidisciplinar nacional de revisión pormenorizada de femi-
nicidios, que tiene como objetivo identificar indicadores empíricos que ayuden
a esa predicción.

Palabras clave:  violencia de género, agresión en la pareja, valoración de riesgo,


Sistema VioGén, VPR, VPER, revisión de feminicidios.

l. La violencia contra la mujer y la violencia de género en España

La violencia contra la mujer se define en la Declaración sobre la Eli-


minación de la Violencia contra la Mujer (Resolución 48/104, 20 de di-
ciembre de 1993), adoptada por la Asamblea General de las Nacio-
nes Unidas, ratificada en la IV Conferencia Mundial sobre las Mujeres
(B­eijing, 1995) como:
«Todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo feme-
nino que tenga o pueda tener por resultado un daño o sufrimiento fí-
sico, psicológico o sexual para las mujeres, así como las amenazas de
tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si
se producen en la vida pública como en la privada.»
Y especifica que se incluye la violencia física, psicológica y sexual
que se produce en la familia incluidos los malos tratos, la violación
por el marido, el abuso sexual de las niñas en el hogar, la violencia re-
lacionada con la dote, la mutilación genital femenina y otras prácticas
tradicionales nocivas para la mujer, los actos de violencia perpetrados
por otros miembros de la familia y la violencia referida a la explota-
ción; la violencia física, psicológica y sexual perpetrada dentro de la
comunidad en general; la violación, el abuso sexual, el acoso y la in-
timidación sexuales en el trabajo o en instituciones educacionales, el
tráfico de mujeres y la prostitución forzada; y la violencia física, psico-
lógica o sexual perpetrada o tolerada por el Estado, dondequiera que
ocurra.
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Entre las diferentes formas de violencia contra la mujer se encuen-


tra la violencia contra la pareja, definida por la Organización Mundial
de la Salud (OMS; 2005, 2013) como:
«... la gama de actos coercitivos sexuales, psicológicos y físicos come-
tidos contra mujeres adultas y adolescentes por parte de su pareja ín-
tima masculina habitual o formal».

En el ordenamiento jurídico español, el artículo 1 de la Ley Orgá-


nica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral
contra la Violencia de Género, define este tipo de violencia como:
«La violencia que, como manifestación de la discriminación, la si-
tuación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres so-
bre las mujeres, se ejerce sobre éstas por parte de quienes sean o ha-
yan sido sus cónyuges o de quienes estén o hayan estado ligados a
ellas por relaciones similares de afectividad, aun sin convivencia.»

En España, el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ, 2015) in-


formó de 129.193 denuncias por violencia de género en el año 2015.
Por datos de macroencuesta, parece que la Policía sólo recibe denun-
cia del 28,5% de los casos (Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e
Igualdad, 2015), con lo que es posible que exista cifra negra y que mu-
chas víctimas queden fuera de los sistemas de seguimiento y protección
a cargo de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad (FCS).

II.  Tipologías de víctimas y de agresores de pareja

La violencia contra la pareja (o de género, en España) es un fenó-


meno complejo, con gran variedad de componentes, que configuran
un patrón de conductas violentas y coercitivas, generalmente reitera-
tivo, que incluye diferentes actos de violencia contra la mujer, los cua-
les pueden extenderse en el tiempo de manera crónica. Esta situación
no se produce de forma abrupta, sino que es un proceso de mayor o
menor duración donde se van dando una serie de conductas por parte
del agresor con la finalidad de ejercer el control sobre la víctima, todo
ello facilitado por lo que Leonor Walker (en 1986) llamó «el ciclo de la
violencia», patrón repetitivo donde se darían tres fases: acumulación
de tensión, explosión violenta y luna de miel, donde el hombre pide
perdón de forma genuina haciendo todo lo posible para que la pa-
reja siga a su lado, siendo durante un tiempo el marido o novio ideal.
El problema es que esta situación dura poco tiempo, que además se va
reduciendo hasta desaparecer en los casos más graves. De esta forma,
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desde que comienza el proceso hasta que se llega al maltrato psicoló-


gico más grave, al físico o al sexual, la víctima se siente sola, avergon-
zada, con sentimientos de culpabilidad y totalmente dependiente de su
pareja, haciendo más difícil pedir auxilio y/o denunciar.
Pero la mujer maltratada no responde a un perfil de mujeres sus-
ceptible de recibir maltrato: ni son mujeres de estratos sociales bajos, ni
son siempre mujeres dependientes económicamente de sus parejas, ni
son mujeres de baja formación y escasa cualificación. Cualquier mujer
puede ser víctima de un maltratador.
Y también existe un amplio consenso respecto a que los agresores
de pareja tampoco constituyen un grupo homogéneo (AMOR, ECHE-
BURÚA y LOINAZ, 2009), por lo que no hay un perfil único: ejercen
violencia contra las mujeres tanto hombres de alto poder económico
como bajo; desde ejecutivos a peones de obra, con escasa formación
profesional; o ilustres académicos o políticos, hombres violentos en
otros contextos o aparentemente tranquilos; jóvenes o de edad más
avanzada, etc.
Entonces, a efectos de prevenir y de intervenir con ellos, ¿café para
todos? No: cabe distinguir grupos o tipos de maltratadores, de modo
que la mayoría de estudios tipológicos han llegado a proponer tres ca-
tegorías: a) limitados al ámbito familiar, con baja probabilidad de rein-
cidencia; b) borderline/disfóricos, con moderada probabilidad de rein-
cidencia; y c) violentos en general/antisociales, de mayor riesgo de
reincidencia. En otros trabajos se ha identificado algún subtipo más
de agresores, como el antisocial de «bajo nivel» con características del
primer y tercer grupo (HOLTZWORTH-MUNROE, MEEHAN, HERRON,
R­EHMAN y STUART, 2003); se han formulado tipologías con caracterís-
ticas comportamentales muy distintivas que permiten anteceder delitos
(LLOR-ESTEBAN, GARCÍA JIMÉNEZ, RUIZ-HERNÁNDEZ y GODOY-FER-
NÁNDEZ, 2016); o bien se han centrado en otras variables de clasifica-
ción psicopatológicas, distinguiendo entre antisociales patológicos y no
patológicos (LOINAZ, 2014). Estos estudios indican que la probabilidad
de reincidencia se asocia a determinadas características de personali-
dad, siendo mayor en los grupos violentos en general (19%) y patoló-
gicos (16%) respecto a los grupos antisocial de bajo nivel (14%) y nor-
malizados (7%); los dos primeros grupos también reincidieron mucho
antes en el tiempo que los otros dos (THIJSSEN y DE RUITER, 2010).
Por tanto, cuando se tiene que atender un caso (en dependencias
policiales o judiciales, por ejemplo), ¿cómo saber qué respuesta es la
más adecuada tanto para la víctima como para su maltratador? Puede
ayudar el proceso de valoración de riesgo, tal y como se explicará se-
guidamente.
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III.  La valoración del riesgo de reincidencia

La OMS afirma que la violencia se puede predecir y prevenir. Ya en


1996 se propuso la interesante analogía entre la predicción de la vio-
lencia y la predicción meteorológica, refiriendo que, en ambos domi-
nios, un profesional evalúa factores de riesgo, los procesa con la ayuda
de modelos predictivos que pueden ser explícitos o implícitos y cons-
truye un pronóstico de ocurrencia del evento, para finalmente comu-
nicar el riesgo a quienes deban tomar alguna decisión al respecto.
Además de estimar la probabilidad de ocurrencia de un evento, la pre-
dicción debe incluir información sobre la severidad del fenómeno y una
indicación de cómo actuar ante el peligro. Siguiendo estos parámetros,
al igual que en el campo de la meteorología, la predicción de la violen-
cia debe realizarse para un período de tiempo y un área específica, y
debe expresar el grado de certeza sobre su ocurrencia en términos pro-
babilísticos.
La valoración del riesgo de violencia es un proceso de reunión de
información sobre personas, para poder tomar decisiones en materia
de seguridad en función del riesgo de que se vuelva a producir nueva
violencia. En 1992 se formuló la idea, totalmente extendida en la ac-
tualidad, de la valoración de riesgo como un proceso que contemple
finalmente la gestión y la prevención de la conducta violenta. En este
sentido, cualquier procedimiento de evaluación del riesgo debe respon-
der a las siguientes preguntas: ¿qué víctimas tienen más probabilidad
de volver a ser agredidas?; ¿qué tipo de agresor es más probable que
reincida?; ¿qué víctimas y agresores pueden continuar con una vida
normal sin necesidad de control policial?; ¿qué medidas de protección
son las más adecuadas?
No obstante, el proceso de reunión de información para un caso
concreto no es común a cualquier tipo de violencia. Así, se entiende
que cada violencia tiene sus factores de riesgo y de protección particu-
lares y, por tanto, se deben adecuar los procedimientos genéricos de
predicción de riesgo de violencia al tipo concreto que se pretenda pre-
decir. Para ello, es fundamental identificar factores de riesgo empírica-
mente asociados al fenómeno que se quiere predecir (en el caso que
nos ocupa, a la violencia de género), manejar las estrategias de gestión
del riesgo, y volver a reevaluar el riesgo con cierta periodicidad.
Cuando se habla de factores de riesgo de violencia se hace refe-
rencia a conductas, características y atributos de la víctima, del agresor
y del contexto, que incrementan la probabilidad de que se cometa un
episodio violento en un momento dado. Se han identificado dos clases
diferentes de factores:
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— Predictores estáticos o factores de riesgo personales: pertene-


cen al pasado de la persona y son difícilmente modificables o,
directamente, no pueden ser modificados (rasgos de comporta-
miento, historial previo de la víctima y el agresor, existencia de
hijos menores...).
— Predictores dinámicos o factores de la persona o de su entorno
que pueden ser modificados: suelen fluctuar en el tiempo y re-
flejan estados internos o circunstancias temporales del indivi-
duo (calidad de la relación de la pareja; situaciones específicas
que incrementen el riesgo como separaciones, juicios, estableci-
miento de nuevas relaciones sentimentales por parte de alguno
de los miembros de la pareja; creencias sobre la violencia y la pa-
reja...). Su mejora o empeoramiento se asocian a una disminu-
ción o incremento, respectivamente, del riesgo de cometer o su-
frir futuros incidentes violentos.
Esta diferencia es importante tanto a la hora de valorar el riesgo
existente en cada momento como para diseñar un plan de interven-
ción o de tratamiento del caso, puesto que, mientras que los factores
estáticos no permiten modificación o cambio, los dinámicos pueden ser
corre­gi­dos o convertidos en funcionales a través de tratamientos o in-
tervenciones apropiadas, tanto con la víctima como con el agresor. Se
ha de comentar que ambos tienen un gran efecto a la hora de condi-
cionar el comportamiento futuro del agresor. Es por ello que los instru-
mentos de valoración de riesgo cuyos indicadores estuviesen basados
estrictamente en factores estáticos no resultarían del todo apropiados
para garantizar una adecuada gestión de las necesidades de protección
de las víctimas en cada momento.
El procedimiento de valoración de riesgo, del que se va a hablar en
este trabajo, está pensado para predecir la reincidencia de cierta grave-
dad, tomando como referencia los cuatro tipos de violencia que dife-
rencia la OMS: física, sexual, psicológica y la derivada de los comporta-
mientos dominantes:
— Física.  Comprende cualquier acto de fuerza intencionado que
provoque o pueda provocar daños en el organismo de la víc-
tima agredida. Incluiría golpes, empujones, patadas, mordiscos
o cualquier conducta, sea por acción o por omisión, que pueda
producir lesiones en la mujer.
— Sexual.  Engloba una gran cantidad de acciones encaminadas
todas ellas a restringir la libertad sexual de la víctima mediante
fuerza física, amenazas, intimidación, coacción o cuando se en-
cuentra en estado de inconsciencia o indefensión.
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— Psicológica.  Son todas aquellas conductas de abuso que pue-


dan causar desvalorización, intimidación, sentimientos de culpa,
sufrimiento y disminución o pérdida de autoestima. Este tipo
de violencia suele darse a través de humillaciones, vejaciones,
acoso, amenazas, exigencias de obediencia o sumisión, coerción
verbal, insultos, aislamiento o cualquier otra limitación de su ám-
bito de libertad.
— Comportamientos dominantes.  Se trata realmente de una cate-
goría mixta que incluye muchos comportamientos y actitudes re-
flejados ya en la violencia psicológica. Incluye los siguientes he-
chos: acusarla de ser infiel, aislarla de su entorno familiar y social
más cercano, control económico, exigir saber dónde se encuen-
tra constantemente...

1.  Enfoques de la evaluación del riesgo

Históricamente, las decisiones en el ámbito forense sobre la rein-


cidencia del comportamiento delictivo o la peligrosidad de las perso-
nas se han basado principalmente en juicios clínicos intuitivos, ligados
a patrones muy específicos, como la presencia de enfermedad mental
grave, historial criminal del agresor o su nivel de adaptación social. No
obstante, dicho enfoque se ha visto claramente insuficiente en deter-
minados ámbitos, como el de la violencia de género, dado que fijarse
exclusivamente en la peligrosidad del agresor implica una capacidad
de predicción limitada. Así, para valorar el riesgo de violencia contra
la mujer en las relaciones de pareja es importante conocer y evaluar,
apropiadamente, los factores de riesgo asociados a la víctima, pero
también al autor y, además, los derivados de su relación diádica y situa-
ción contextual.
La comunidad científica habla de tres enfoques a la hora de clasi-
ficar los tipos de valoración del riesgo: juicio no estructurado, toma de
decisiones actuariales y juicio estructurado.
El juicio no estructurado ha sido posiblemente el procedimiento de
recogida de información más utilizado. Las decisiones están basadas en
el juicio profesional del experto y, normalmente, están justificadas de
acuerdo a las calificaciones y experiencias del profesional. Los datos de
las pruebas (test), la información de la entrevista y los antecedentes son
obtenidos y analizados por el profesional (generalmente, del ámbito clí-
nico: psicólogo, psiquiatra, médico forense), quien combina de forma
intuitiva su conocimiento y experiencia previa con la información que
considera relevante sobre un caso único para hacer una predicción.
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Desde un punto de vista esquemático, sería como la predicción de un


comportamiento de N = 1, basado en el estudio de la persona indivi-
dual. Bajo este enfoque, no existe un procedimiento explícito de trata-
miento de datos.
Aunque este método tiene como elementos positivos su capaci-
dad para considerar características raras del caso, la incorporación de
sucesos infrecuentes a la predicción, y su énfasis en la prevención de
la violencia de manera personalizada, se ha demostrado, no obstante,
de forma clara, que es un enfoque con grandes dosis de subjetividad,
con una fundamentación teórica débil y unos índices bajos de fiabili-
dad interjueces (procedimiento por el que se comprueba si se obtiene
un mismo resultado al realizar una evaluación aunque la persona que
evalúe sea diferente). Además, este enfoque impide el desarrollo de un
marco único sistematizado, común y estandarizado para recoger, pon-
derar e informar de los datos y poder, así, hacer juicios transversales a
los distintos profesionales que realizan una valoración de riesgo sobre
el mismo caso y dificulta notablemente la reconstrucción del proceso
de toma de decisiones en cada caso concreto.
Otro método de predicción ampliamente utilizado es la aproxima-
ción actuarial, basada principalmente en reglas estadísticas, es decir,
en correlaciones establecidas empíricamente entre variables predicto-
ras (los factores de riesgo) y una variable criterio o resultado (como, en
este caso, la reincidencia). En concreto, permite cuantificar el riesgo de
violencia por medio de un registro detallado de datos relevantes de la
historia personal de la víctima, del agresor y de su relación. El objetivo
final es poder predecir los episodios de violencia, comparando a un in-
dividuo con un grupo de referencia y, en un sentido más absoluto, pro-
porcionar una estimación de la probabilidad de futuros episodios vio-
lentos.
Este enfoque mejora notablemente las propiedades psicométricas
de fiabilidad y validez tan debilitadas en la aproximación no estruc-
turada y, paralelamente, mejora la capacidad para predecir compor-
tamientos violentos. Además, permite hacer una identificación de los
factores sistemáticos de riesgo para la violencia y, consecuentemente,
facilita el desarrollo de instrumentos estandarizados para evaluar la
presencia de esos factores en un caso individual. Por el contrario, a
mayor heterogeneidad de los individuos dentro de un grupo, más
riesgo de error, y esto puede ser una limitación a la hora de comparar
a una persona con un grupo de referencia. Otra limitación es su falta
de sensibilidad para detectar casos raros o idiosincráticos, característi-
cos en las evaluaciones cotidianas, y más en el contexto de la violencia
de género.
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Como tercer enfoque, se ha propuesto el juicio clínico estructurado


o guía clínica, diseñada como un puente entre los métodos actuariales
y los juicios profesionales no estructurados. El término «clínico», que
es el habitual en el ámbito científico, se debe entender a efectos prác-
ticos en este informe como «experto». Está orientado a la recopilación
sistemática de información sobre factores de riesgo explícitos que han
mostrado su capacidad de predicción de la violencia de género, pero, y
a diferencia de los procedimientos estrictos actuariales, permite cierta
libertad al profesional en la valoración y toma de decisiones para cada
caso concreto. Otra característica es que puede ser utilizado por per-
sonas que, no siendo profesionales de la evaluación clínica, están en
constante intervención en este tema y, a menudo, son requeridas para
realizar la valoración del riesgo.
Cada guía dispone de un número de factores de riesgo que deben
ser valorados en todos los casos. Suele incluir recomendaciones para la
recolección de datos (múltiples fuentes y múltiples métodos), y recoge
estrategias de prevención. La cuantificación y la estadística se combi-
nan con el juicio del experto para producir un conjunto de prediccio-
nes elaboradas para cada caso individual. De ser necesario, este tipo de
guías están abiertas a la inclusión de nuevos factores de riesgo, al cam-
bio en su ponderación e, incluso, a la combinación de indicadores.
Una de las ventajas de estos métodos es que la lista de factores y
la puntuación final pueden ser fácilmente generados y perfectamente
informatizados, dando un resultado final que suele predecir adecua-
damente la reincidencia en la conducta violenta. En la actualidad, la
evaluación clínica (o experta) estructurada es tal vez el enfoque más
ampliamente utilizado y recomendado en los diversos sistemas nacio-
nales e internacionales de evaluación de la violencia contra la mujer,
ya que combina las ventajas del enfoque actuarial con la necesaria su-
pervisión y verificación propias del juicio realizado por los profesionales
que se ocupan habitualmente del fenómeno a valorar.

2.  La valoración policial del riesgo en violencia de género

La valoración del riesgo de que alguien violento vuelva a ejercer


violencia (que reincida) a corto o medio plazo, se ha convertido en una
tarea más de la seguridad ciudadana, y en un procedimiento impres-
cindible no sólo en la prevención de la violencia de género sino tam-
bién en la protección y gestión del futuro de la víctima que denuncia
hechos de este tipo. En los casos de violencia de género, con esta valo-
ración se trata de estimar el riesgo de que una persona pueda volver a
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agredir (en sentido amplio) a su pareja o ex pareja, y, en función de esa


valoración, se definen las medidas policiales de protección a aplicar en
cada caso para prevenir la reiteración de los comportamientos violen-
tos. Realizar una buena o mala predicción tiene muchas repercusiones,
siendo la más importante y el objetivo principal de la evaluación la pro-
pia seguridad de la víctima. Una mala gestión del nivel de riesgo puede
conducir, en el peor de los casos, a la muerte de la víctima por falta de
previsión. Además, la aplicación de las medidas policiales una vez he-
cha una adecuada valoración, supone una movilización apropiada y
proporcionada de recursos humanos y materiales, mientras que una
inadecuada valoración del riesgo en sentido negativo (falso positivo)
implicaría un mal uso de los recursos y, en último extremo, afectaría a
los casos donde sí era necesaria la aplicación de mayores y más inten-
sas medidas de protección.
La norma que dio origen a las actividades policiales de valoración
de riesgo en España fue la Resolución de 1 de julio de 2004, de la Se-
cretaría de Estado de Seguridad (SES), por la que se dictaba el «Pro-
tocolo de actuación de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y de coor-
dinación con los órganos judiciales para la protección de las víctimas
de violencia y de género», previa aprobación por la Comisión de Se-
guimiento de la Implantación de la Orden de Protección de las Vícti-
mas de Violencia Doméstica y de Género, y de la Comisión Nacional
de Coordinación de la Policía Judicial. Dicho Protocolo especifica en su
apartado I.A.1 que «... se realizarán acciones de averiguación para de-
terminar la existencia y la intensidad de la situación de riesgo para la/s
víctima/s...»; en el I.A.2 que «una vez valorados los hechos y la situa-
ción de riesgo existente, se determinará la conveniencia de adoptar
medidas específicas dirigidas a proteger la vida, la integridad física y
los derechos e intereses legítimos de la víctima y sus familiares»; y en el
I.C. que una vez recibida la resolución judicial, «... la unidad operativa
responsable del seguimiento y control de la/s medida/s acordadas/s se
atendrá a los siguientes criterios: 1) examen individualizado del riesgo
existente para graduar las medidas aplicables a las distintas situaciones
que puedan presentarse... 3) adopción de medidas de protección ade-
cuadas a la situación de riesgo...».
Para facilitar todas estas nuevas tareas de valoración policial del
riesgo, en la SES se creó un grupo de trabajo formado por expertos
policiales y académicos que, siguiendo estándares científicos y consi-
derando las restricciones de la operativa de las Fuerzas y Cuerpos de
Seguridad (FCS), diseñó y validó dos instrumentos originales de valora-
ción policial (VPR y VPER; GARRIDO, 2012; ZURITA, 2014), dictándose
la Instrucción 10/2007, de 10 de julio, por la que se aprobaba el «Pro-
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Perfiles de víctima y de agresor en violencia de género 229

tocolo para la valoración policial del nivel de riesgo de violencia contra


la mujer en los supuestos de la LO 1/2004», que fue actualizada pos-
teriormente por la Instrucción 14/2007 (de 10 de octubre) y la 5/2008
(de 18 de julio).
Este protocolo de valoración policial del riesgo es una funcionalidad
importante dentro del Sistema de Seguimiento Integral en los casos de
Violencia de Género (Sistema VioGén; GONZÁLEZ, 2017), una aplica-
ción informática que lleva funcionando ininterrumpidamente en España
desde el 26 de julio de 2007, creada por la ORDEN INT/1911/2007, de
26 de junio (actualizada por la Orden INT/1202/2011, de 4 de mayo),
en virtud del mandato del artículo 32 de la Ley Integral 1/2004 (de
medidas de protección integral contra la violencia de género1), con
la finalidad de facilitar a las diversas Instituciones públicas el segui-
miento de las mujeres que denuncian ser víctimas de violencia por
parte de los hombres que sean o hayan sido sus parejas, así como a
sus hijos menores de edad (desde la reforma operada por la Ley Orgá-
nica 8/2015, «de modificación del sistema de protección a la infancia y
a la adolescencia»2). Dicho artículo 32 establece que «los poderes pú-
blicos elaborarán planes de colaboración que garanticen la ordenación
de sus actuaciones en la prevención, asistencia y persecución de los ac-
tos de violencia de género, que deberán implicar a las administraciones
sanitarias, la Administración de Justicia, las Fuerzas y Cuerpos de Segu-
ridad (FCS) y los servicios sociales y organismos de igualdad».
En el Sistema VioGén participan todas las unidades de Policía Nacio-
nal y Guardia Civil. A nivel autonómico, está integrada la Policía Foral
de Navarra, interactúan los Mossos d’Esquadra (en el territorio de Ca-
taluña y de forma parcial, puesto que cuentan con su propio protocolo
de valoración del riesgo), y, respecto a la Ertzaintza (en el País Vasco),
se están realizando las primeras actuaciones para compartir datos de
manera automática, puesto que allí cuentan con su propio sistema de
seguimiento y de valoración del riesgo (EPV). A nivel local, participan
los cuerpos policiales de más de 300 ayuntamientos.
En abril de 2014, se reunieron los tres ministros españoles que más
tienen que ver con la violencia de género (Interior, Justicia y Sanidad,
Servicios Sociales e Igualdad) y, literalmente, acordaron la «creación de
un grupo de trabajo para revisar el actual Protocolo de Valoración del
Riesgo. El nuevo protocolo elaborará un nuevo cuestionario en el que
se incluirán datos como la situación laboral de la víctima y de su agre-

1  [Link]
2  https:l/[Link]/boe/dias/2015/07/23/pdfs/[Link]

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sor, factores de vulnerabilidad —como la discapacidad, el ser menor de


edad, o el tener menores a su cargo—, y factores de peligrosidad del
agresor». En cumplimiento de ese mandato, desde la Secretaría de Es-
tado de Seguridad, otro equipo multidisciplinar de expertos en violen-
cia de género de los cuerpos policiales, algunos de ellos psicólogos que
venían trabajando desde hacía años en la formación y el despliegue
de los agentes de las unidades policiales especializadas en esta mate-
ria (Equipos Mujer Menor de la Guardia Civil y Servicio de Atención a
la Mujer de la Policía Nacional, hoy UFAM), junto a expertos universita-
rios, perfeccionaron los dos formularios que ya se habían desarrollado
en 2007.
De este modo, nacieron la VPR4.0, de Valoración Policial del Riesgo,
que, a modo de diagnóstico inicial, contempla 39 indicadores de riesgo
agrupados en cuatro dimensiones; y la VPE4.0, de Valoración Policial de
la Evolución del riesgo, que permite monitorizar los cambios tras la de-
nuncia gracias a 43 indicadores, 34 de riesgo y 9 de protección, agru-
pados en cinco dimensiones. Dichos formularios han crecido en cuanto
a indicadores (el anterior VPR3.1 tenía 16; y el VPER3.0 17), incluyéndose
los indicadores demandados por la sociedad y los recientes cambios le-
gislativos, relacionados con la situación laboral de la víctima y de su
agresor, factores de vulnerabilidad de la víctima (discapacidad, ser me-
nor de edad, o tener menores a su cargo) y factores de peligrosidad del
agresor, teniendo en consideración, además, aquellas circunstancias o
situaciones de máxima presencia hoy en día, tales como la detección
de escenarios de especial vulnerabilidad, el uso de las nuevas tecnolo-
gías y redes sociales y, finalmente, la violencia de género que se pro-
duce en los entornos escolares y entre «parejas inmaduras».
Todo el proceso de construcción y validación de estos nuevos for-
mularios se ha documentado extensamente en una tesis doctoral por
compendio de publicaciones (la tercera en este ámbito), defendida en
la Universidad Autónoma de Madrid (LÓPEZ-OSSORIO, GONZÁLEZ, BU-
QUERÍN, RODRÍGUEZ y BUELA-CASAL, 2017; LÓPEZ-OSSORIO, GON-
ZÁLEZ y PUEYO, 2016; MUÑOZ y LÓPEZ-OSSORIO, 2016).
Una vez finalizados los trabajos científicos, el 8 de julio de 2016,
la SES dictó la Instrucción 7/2016, por la que se establecía el nuevo
«Protocolo para la valoración policial del nivel de riesgo de violencia
de género (LO 1/2004) y de gestión de la seguridad de las víctimas».
Un nuevo Protocolo que supuso una gran actualización del anterior
por dos vías: la mejora de los dos formularios de valoración policial del
riesgo; y la incorporación como novedad (y a mayores de las ya habi-
tuales medidas de protección policial) que los agentes policiales en-
cargados del seguimiento ayuden a las víctimas a que incrementen su
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Perfiles de víctima y de agresor en violencia de género 231

autoprotección, adaptando al entorno español las buenas prácticas al


respecto desarrolladas años atrás en otros países de nuestro ámbito.
De este modo, los agentes policiales siguen ocupándose de la valo-
ración del riesgo de nueva violencia, conforme a lo que ya se estableció
en el año 2007, y de aplicar las medidas de protección que, adaptadas
a cada nivel de riesgo, a lo largo de todos estos años se han demos-
trado más útiles para tratar de evitar esa posible nueva violencia a satis-
facción de las víctimas, esperándose que los nuevos formularios discri-
minen mejor qué víctimas están más necesitadas de protección, y que
así se reduzca la tasa de reincidencia.

3.  Operativa de la valoración policial del riesgo

La VPR4.0 es cumplimentada por el agente policial (no por la víc-


tima) cuando se presenta denuncia por primera vez. Para ello tiene
que disponer de información suficiente y contrastada, por lo que se
aprovecha la instrucción de las diligencias para indagar sobre los fac-
tores de riesgo con los distintos implicados: víctima, agresor, testigos,
técnicos, facultativos, etc. A modo de diagnóstico inicial, este formu-
lario ayuda a los agentes a establecer el riesgo de que se repita la vio-
lencia a corto plazo en cinco niveles: no apreciado, bajo, medio, alto o
extremo. Estos agentes naturalmente cuentan con formación especia-
lizada en la atención a las víctimas y en los principios de la valoración
del riesgo. Si la denuncia se presenta en los Juzgados es necesario que
luego se traslade al cuerpo policial competente, para que se dé de alta
el caso en el Sistema VioGén y se realice la pertinente valoración del
riesgo; de otro modo, la mujer quedaría fuera del dispositivo de pro-
tección policial.
Durante el seguimiento de la situación de la víctima, para mantener
actualizada la estimación del riesgo y actuar en consecuencia, las uni-
dades policiales encargadas de su protección cumplimentan el segundo
formulario, el VPER4.0, que presenta dos formas: una denominada «sin
incidente», a cumplimentar en unos tiempos tasados (nivel extremo,
antes de las 72 horas; nivel alto, antes de los 7 días; nivel medio, cada
30 días; y nivel bajo, cada 60 días); y otra «con incidente», a cumpli-
mentar cuando se produzca un nuevo hecho violento o se tenga cono-
cimiento de alguna circunstancia relevante. También se puede cumpli-
mentar a solicitud judicial, del Ministerio Fiscal.
Se da traslado al órgano judicial y al Ministerio Fiscal tanto de la
valoración inicial como de las valoraciones posteriores que supongan
una modificación a mayor o menor gravedad de la última valoración de
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riesgo comunicada, junto con un informe sobre los principales indica-


dores de riesgo apreciados.
Para cada nivel de riesgo se han pautado una serie de medidas po-
liciales de protección (obligatorias y complementarias; recogidas en los
anexos de la Instrucción SES 7/2016), pensadas para asegurar la integri-
dad de la víctima; medidas que van aumentando en cantidad e intensi-
dad según se incrementa el riesgo (GONZÁLEZ y GARRIDO, 2015 a, b).
Aunque la víctima cambie de lugar de residencia sigue bajo protec-
ción policial, porque precisamente ya se ha dicho que la «residencia ac-
tual conocida» de las víctimas se constituye como uno de los datos más
relevantes del sistema: mediante un proceso automatizado, el propio
sistema determina cuál es la unidad policial competente en función de
ese domicilio y efectúa las reasignaciones pertinentes.
El empleo de dos formularios de valoración de riesgo distingue este
procedimiento español de valoración del riesgo del resto de protocolos
conocidos en el mundo, que sólo utilizan uno. Además, los formularios
españoles, de corte más actuarial que de juicio clínico (MUÑOZ y LÓ-
PEZ-OSSORIO, 2016), cuentan con una fórmula automática de correc­
ción que pretende reducir la subjetividad de las decenas de miles de
evaluadores que lo utilizan. Y, finalmente, este protocolo va más allá
de la mera valoración del riesgo, puesto que conlleva la activación y
puesta en práctica de una serie de medidas de protección policial, tasa-
das y proporcionadas a cada nivel de riesgo resultante.
Pero la estimación del riesgo no descansa en una mera máquina,
sino que el sistema permite que los agentes policiales, que son los que
mejor conocen los casos por haberlos investigado en profundidad,
puedan corregir el resultado automático del protocolo de valoración de
riesgo cuando cuenten con información que así lo aconseje. A sabien-
das de que es imposible constreñir en unas pocas frases o indicadores
toda la posible casuística que se puede dar entre las decenas de mi-
les de víctimas, de agresores y de contextos de pareja, desde su origen
en 2007, el protocolo de valoración policial del riesgo no ha preten-
dido sustituir a los agentes por una máquina, sino facilitarles una herra­
mien­ta que les ayude en su trabajo diario, asumiendo la importancia
que tiene la experiencia profesional, como en cualquier oficio.
De este modo, al final de cada valoración policial de riesgo, el Sis-
tema VioGén resume las respuestas señaladas y pregunta por la con-
formidad del agente con el resultado automático (que suele ser muy
alta, del orden del 95%; ZURITA, 2014), y permite que el usuario ma-
nifieste su desacuerdo y asigne el nivel de riesgo que él considera más
apropiado, facilitando sus observaciones de por qué, que ayudan a per-
feccionar el sistema y a actualizar la formación de los agentes.
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Así, el protocolo español es único a nivel internacional por su com-


plejidad (cuenta con dos formularios, uno para establecer el nivel de
riesgo de partida y otro para reevaluarlo conforme pasa el tiempo,
cuando en el resto del mundo sólo se utiliza uno), por su implantación
a nivel nacional, por su integralidad respecto al nivel de riesgo obtenido
(al conllevar aparejadas medidas de protección policial concretas para
cada nivel de riesgo), y por estar implementado en un sistema informá-
tico «on line» y «multiagencia», al que se conectan miles de usuarios
de forma simultánea.
Como muestra de la potencia de este Protocolo, desde que se
puso en funcionamiento y hasta el 30 de septiembre del año 2017
se han cumplimentado 2.897.992 valoraciones de riesgo (670.451
VPR y 2.227.541 VPER), lo que da una idea de la envergadura del Sis-
tema  VioGén, puesto que no se conoce ningún otro protocolo en el
mundo que tenga tal nivel de implantación. En relación al nivel de
riesgo, a esa fecha de los 55.585 casos activos, 28.327 (50,96%) esta-
ban catalogados con riesgo no apreciado, 22.516 (40,50%) con riesgo
bajo, 4.554 (8,19%) con riesgo medio, 165 (0,29%) con riesgo alto y
21 (0,041%) con riesgo extremo.

4.  ¿Funcionan los formularios de valoración policial del riesgo?

Tal y como defendió LÓPEZ OSSORIO en su tesis doctoral, los pa­


ráme­tros de rendimiento del nuevo VPR4.0 orientados a la validez pre-
dictiva, se calcularon con medidas repetidas de la reincidencia policial
a 3 y 6 meses (4,6% y 7,4%, respectivamente), en una muestra de
6.613 casos que ingresaron en el Sistema VioGén en octubre y noviem-
bre del año 2015. En la tabla 1 se resumen tanto los estimadores de
discriminación (odds ratio [OR], área bajo la curva ROC [AUC], sensibi-
lidad y especificidad), como los de calibración (valor predictivo positivo
[VPP] y valor predictivo negativo [VPN]) en la submuestra del 40% de
los casos utilizada para la validación cruzada. Puede verse que el VPR4.0
obtuvo un valor AUC entre 0,63 y 0,66, valores que se encuentran en
el rango de 0,66-0,74 informado en meta-análisis (FAZEL, SINGH, DOLL
y GRANN, 2012). La sensibilidad osciló entre el 82-79%, y la especifici-
dad entre el 32-33%, obteniendo los mejores valores la capacidad pre-
dictiva de la reincidencia con violencia más grave. Sensibilidad y especi-
ficidad informan de la proporción de casos reincidentes clasificados de
riesgo y de la proporción de casos no reincidentes clasificados de riesgo
no apreciado, respectivamente. El valor predictivo positivo (VPP) indica
la proporción o porcentaje de individuos clasificados de riesgo y que
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rein­ci­die­ron, oscilando entre el 5 y el 8% (según el plazo de reinciden-


cia) y el 15% para la violencia grave. El valor predictivo negativo (VPN),
que informa de la proporción de individuos clasificados de riesgo no
apreciado y que no reincidieron, resultó entre 98-95%.

Tabla 1
Datos del 40% (n = 2.706) de la muestra utilizada para validación
cruzada en los diferentes parámetros de rendimiento para el
formulario VPR4.0 y reincidencia a 3 y 6 meses, con prevalencia
del 4,6% y 7,4% respectivamente, así como su asociación con la
violencia grave

VPR4.0 y VPR4.0 y 0VP


Parámetros reincidencia reincidencia 4.0 y
violencia grave
a 3 meses a 6 meses

2,19 1,84 3,10


*Odss ratio (OR)
[1,36-3,54] [1,28-2,66] [1,90-5,06]
Sensibilidad ,82 ,79 ,90
Especificidad ,32 ,33 ,26
,63 ,60 ,66
Área bajo la curva (AUC)
[,58 ,67] [,57-,64] [,62-,69]
Valor predictivo positivo (VPP) ,05 ,08 ,15
Valor predictivo negativo (VPN) ,98 ,95 ,9
Notas.  IC 95%; datos obtenidos de la muestra utilizada para la estimación de la gravedad de
la violencia (N = 3.725).

En la tabla 2 se muestran los parámetros obtenidos con las dos ver-


siones de VPER4.0 para estimar la reincidencia a partir de los casos uti-
lizados en su construcción, con la muestra de validación (n = 3.973) y
246 casos reincidentes. Las dos versiones de VPE4.0 («con» o «sin inci-
dente») obtuvieron un valor AUC superior a 0,80. La versión VPER-C4.0
(con incidente) alcanzó un cociente de riesgo odds ratio de OR = 11,65,
y la VPER-S4.0 (sin incidente) una OR  =  10,04 (con punto de corte en
riesgo bajo). La sensibilidad alcanzada por las versiones C y S se situó
entre el 90% y el 95%, con una especificidad del 28-38%, respectiva-
mente.
Todas estas cifras indican que los dos formularios son capaces de
estimar adecuadamente el riesgo de reincidencia de nueva violencia
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contra la mujer en las relaciones de pareja, con lo que pueden ayudar


mucho a la toma de decisiones a fin de gestionar ese riesgo con efica-
cia.

Tabla 2
Valores de validación obtenidos en los diferentes parámetros
de rendimiento para reincidencia del formulario VPER4.0
(versiones VPER-C y VPER-S)

Parámetros VPER-C4.0 VPER-S4.0

Odss ratio (OR) 11,65 [7,66-17,70] 10,04 [6,92-14,58]


Sensibilidad ,90 ,86
Área bajo la curva (AUC) ,82 [,79-,84] ,82 [,79-,85]
Valor predictivo positivo (VPP) ,12 ,12
Valor predictivo negativo (VPN) ,99 ,98
Nota.  Datos de la muestra utilizada para validación de la VPER4.0 (n = 3.973) con 246 casos
reincidentes; IC = 95%.

5. Complementariedad entre la valoración policial del riesgo y las


valoraciones forenses o penitenciarias

Durante la construcción y validación de los nuevos formularios de


valoración policial se establecieron contactos con profesionales encar-
gados de la valoración de riesgo en este ámbito de violencia contra la
pareja a requerimiento judicial, pertenecientes a los Institutos de Medi-
cina Legal y Ciencias Forense (psicólogos y médicos forenses), del Con-
sejo General de la Psicología de España y de la Asociación de Psicó-
logos Forenses de la Administración de Justicia (APF), por si desde su
perspectiva pudieran aportar sugerencias e indicadores que tuvieran
utilidad policial.
Una gran limitación de la valoración policial del riesgo es que no
se exige a los agentes que valoren indicadores que se sabe que tam-
bién influyen sobre la conducta violenta, pero que están fuera de su al-
cance, como los debidos a presencia de psicopatologías o a creencias,
actitudes o distorsiones cognitivas de agresores y víctimas para justifi-
car esta violencia. Por lo que la valoración policial del riesgo nunca po-
drá ser perfecta. Este vacío lo deben cubrir otros expertos, como los
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psicólogos forenses y penitenciarios, que están mucho más capacitados


que los agentes policiales para valorar cualquier tipo de riesgo, espe-
cialmente el de la conducta delictiva reincidente.
Desde el entorno policial se sabe que los operadores judiciales tam-
bién encargan este tipo de valoraciones de riesgo a los especialistas de
las Unidades de Valoración Forense Integral (UVFI), ya sean médicos o
psicólogos, en cumplimiento de lo dispuesto en la «Guía y Manual de
Valoración Integral Forense de la Violencia de Género y Doméstica, ela-
borados por el Ministerio de Justicia, y en el Protocolo Forense para la
Valoración Urgente del Riesgo»3 de 2011. Estos profesionales deben
tener en consideración la valoración policial del riesgo, según se esta-
blece en la «Guía práctica de la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciem-
bre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género»4
(pág. 248), actualizada por los expertos del Consejo General del Poder
Judicial en 2016. Para lo cual cuentan con acceso al Sistema VioGén.
En la Memoria 2016 de la Fiscalía General del Estado5 (correspon-
diente al año 2015), pág. 410, se informa literalmente, en el apartado:
«1.7.1 Implantación del protocolo médico forense de valoración
urgente del riesgo de violencia de género, que “pese a la gran utili-
dad del Protocolo Médico Forense de Valoración Urgente de Riesgo
como herramienta para efectuar la valoración de riesgo objetivo, su
uso sigue siendo muy escaso, habiéndose emitido exclusivamente
421 informes de conformidad con el protocolo lo que a todas luces,
teniendo en cuenta el número de solicitudes de órdenes de protec-
ción en las que su utilización podría haber sido de gran utilidad es
insignificante (1,16% del total de aquellas). En concreto, en Castilla
y León se han emitido 102 frente a 78 del año anterior, si bien me-
nos que en el año 2102 (144); en Extremadura, 159 (13 más que en
2014); en Murcia, 129 (frente a 83 del 2014 o 37 del 2013). Sin em-
bargo en Baleares no se ha emitido ninguno en 2015 (en el año 2014
se emitieron 13 y 45 en el año 2013)».
Tanto para los agentes policiales como para las víctimas sería ideal
que fueran estos profesionales los que se ocuparan por completo de la
valoración del riesgo de reincidencia, para lo cual habría que desplegar
suficientes psicólogos forenses por todo el territorio nacional, y dotarles

3   [Link]

Actividad-del-Observatorio/Premios-y-Congresos/relacionados/Protocolo-medico-
­forense-de-valoracion-urgente-del-riesgo-de-violencia-de-genero
4  [Link]

y-Protocolos-de-actuacion/Guias/Guia-practica-de-la-Ley-Organica-1-2004--de-28-de-
­diciembre--de-Medidas-de-Proteccion-Integral-contra-la-Violencia-de-Genero--2016-
5  [Link]

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Perfiles de víctima y de agresor en violencia de género 237

de medios para que pudieran afrontar tanto las valoraciones iniciales


del riesgo en todos los casos denunciados, como posteriores valoracio-
nes que permitan saber cuándo desactivar las medidas de protección.
Mientras se llega a ese escenario, lo que actualmente se ofrece
desde el Sistema VioGén es facilitar que los psicólogos forenses puedan
consultar las valoraciones policiales cuando se les encargue alguna pe-
ricia a este respecto, ya que pueden acceder al Sistema tanto desde las
sedes judiciales como desde los Institutos de Medicina Legal y Ciencias
Forenses.
Lo mismo se podría decir del entorno penitenciario: aunque no
exista todavía un procedimiento de valoración de riesgo específico,
como también son usuarios del Sistema VioGén, tras sus intervencio-
nes con los agresores condenados (privados de libertad o cumpliendo
medidas en medio abierto), los psicólogos penitenciarios a su cargo po-
drían aportar al Sistema datos valiosos para mejorar la protección de
las víctimas.

6. La gestión del riesgo de reincidencia: el plan de seguridad


personalizado

Como se ha comentado, la otra novedad significativa del nuevo


«Protocolo para la valoración policial del nivel de riesgo de violencia
de género (LO 1/2004) y de gestión de la seguridad de las víctimas» es
que, para intentar reducir aún más la tasa de reincidencia, los agentes
policiales procurarán que las víctimas se impliquen más en su autopro­
tec­ción, ayudándolas a poner en práctica las medidas que volunta-
riamente deseen y estén a su alcance, sin que de ningún modo ello
suponga ningún menoscabo en las actuaciones de protección respon-
sabilidad de los propios agentes.
Los planes de seguridad con las víctimas de violencia de pareja
han sido estudiados científicamente, tanto para el caso de las mujeres
(M­URRAY, HORTON, JOHNSON, NOTESTINE, GARR, MARSH, FLASCH
y DOOM, 2015) como en el de los menores a su cargo (CARTER, KAY,
GEORGE y KING, 2003), por lo que están recomendados tanto por or-
ganismos internacionales (UNODC, 2010) como por organizaciones in-
dependientes (WAWE, 2012). Así, ya se ponen en práctica en países
como Suecia (BELFRAGE, STRAND, STOREY, GIBAS, KROPP y HART,
2012; STOREY, KROPP, HART, BELFRAGE y STRAND, 2014), Reino
Unido (ACPO, 2008), Nueva Zelanda (SNZ, 2006), Canadá (CENTRE
FOR CHILDREN AND FAMILIES IN THE JUSTICE SYSTEM, 2004), Esta-
dos Unidos (DEPARTMENT OF HEALTH AND HUMAN SERVICES, 2011),
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e incluso en España (por ejemplo, ver los de los Puntos Municipales del
Observatorio Regional de Violencia de Género de los Ayuntamientos de
Alcobendas y de Madrid).
Atendiendo a referencias como las comentadas en el párrafo ante-
rior, se han recogido las medidas de autoprotección más indicadas para
las mujeres víctimas de violencia de género y para los menores que de
ellas estén dependiendo, y se han incorporado en los anexos a la Ins-
trucción 7/2016, organizándolas en función de los niveles de riesgo es-
timados. A finales de septiembre de 2017 ya se habían elaborado un
total de 63.629 planes de seguridad personalizados.

IV.  Equipo Nacional de Revisión de Feminicidios

La violencia contra la mujer en las relaciones de pareja presenta


su forma más grave y extrema en el homicidio (OMS, 2016). Aunque
España presenta una tasa por debajo de las medias europea y mun-
dial a este respecto (2,81 por millón de mujeres mayores de 14 años;
STÖCKL, H., DEVRIES, K., RITSTEIN, A., ABRAHAMS, N., CAMPBELL, J.,
WATTS y GARCÍA, C., 2013), debido a las políticas adoptadas en los
últimos años en materia de violencia de género, cualquier homicidio de
una mujer pareja se considera inaceptable y es objeto de gran atención
mediática, en busca de lo que pudo fallar en el sistema de detección,
seguimiento y protección de este tipo de víctimas.
En el mundo, uno de cada siete homicidios (13,5%) lo perpetra la
pareja, siendo la tasa de asesinatos de mujeres pareja seis veces más
alta que la de los varones (38,6% vs. 6,3%; CORRADI y STÖCKL, 2014;
UNITED NATIONS OFFICE ON DRUGS AND CRIME [UNODC], 2013), de
modo que casi el 40% de las mujeres que son asesinadas mueren a
manos de quienes eran o habían sido sus parejas.
En España, entre 2010 y 2014 se registraron en el Sistema VioGén
236 casos de mujeres asesinadas por su pareja varón (confirmados por
el Consejo General del Poder Judicial, CGPJ), que, en comparación con
los 1.416 homicidios contabilizados en el Sistema Estadístico de Crimi-
nalidad (también administrado en el GCE), supusieron el 16,67% del
total de casos de homicidio en España en ese periodo; encontrándose
que el 45,21% del total de víctimas mortales eran mujeres, y que pre-
cisamente las mujeres eran víctimas mortales de violencia por parte de
su pareja en mucha mayor medida (88,72%) que los hombres (9,57%).
La media de homicidios de mujeres pareja de los últimos 17 años en Es-
paña es de 61,70 casos/año, con un máximo de 76 mujeres muertas en
el año 2008 y un mínimo de 44 en el año 2016.
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Perfiles de víctima y de agresor en violencia de género 239

Entre 2007 y 2016 se contabilizaron 602 feminicidios, de los cua-


les 94 (15,61%) tenían denuncia previa, y 81 de ellas valoración policial
del riesgo conforme al Protocolo del Sistema VioGén. Esto preocupa
por dos motivos: a) un elevado número de víctimas mortales se en-
contraban al margen del seguimiento y protección policial que otorga
el Sistema VioGén (más del 80%); y b) en los casos que sí se habían
denunciado es posible que ese sistema de protección haya fallado en
algo.
Respecto a la segunda preocupación, algunos estudios ya se han
ocupado de analizar las características asociadas al riesgo de feminici-
dio en España entre mujeres expuestas a la violencia de pareja o aná-
logo y su posible asociación con las denuncias a los agresores (FERRER
y BOSCH, 2016; SANZ-BARBERO, HERAS-MOSTEIRO, OTERO-GARCÍA y
VIVES-CASES, 2016), y de ver las distancias temporales entre la denun-
cia, la valoración policial del riesgo de reincidencia, y la muerte (SAN-
TOS y GONZÁLEZ, 2017).
El interés y la preocupación institucional por las mujeres que pier-
den la vida en sus relaciones de pareja en España se ha venido refle-
jando en diferentes normas, como, por ejemplo, la Estrategia Nacional
para la erradicación de la violencia sobre las mujeres (2013-2016); el
Plan Estratégico de Igualdad de Oportunidades (2014-2016); o el Ins-
trumento de ratificación del Convenio del Consejo de Europa sobre
prevención y lucha contra la violencia contra las mujeres y la violencia
doméstica, hecho en Estambul el 11 de mayo de 2011 y ratificado por
España en 2014 (BOE, de 6 de junio de 2014). En cumplimiento de este
tipo de mandatos, diversas instituciones ya se han venido ocupando en
los últimos años de estudiar los casos de homicidio de mujeres pareja.
Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad de España (FCS) implicadas en el
«Protocolo de Valoración Policial del Riesgo de Violencia sobre la Mu-
jer en los supuestos de la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre»,
operativo a través del Sistema VioGén, han venido elaborando un in-
forme interno cada vez que conocían e investigaban uno de estos ase-
sinatos. La Unidad de Coordinación contra la Violencia sobre la Mujer
de las Delegaciones del Gobierno y las Unidades de Violencia sobre la
Mujer de las Subdelegaciones del Gobierno tienen fijadas, como una
de sus tareas, el seguimiento de la casuística mortal, y la elaboración
de informes detallados sobre lo ocurrido. El Observatorio contra la Vio-
lencia Doméstica y de Género del Consejo General del Poder Judicial
(CGPJ) ha venido elaborando, desde el año 2009, informes centrados
en el análisis de las víctimas mortales en el ámbito de la pareja o ex pa-
reja, incluyendo un estudio específico de los procedimientos judiciales
cuando se hubieran presentado denuncias o se hubieran practicado de
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240 José Luis González Álvarez

oficio actuaciones con anterioridad al resultado de muerte. Y la Unidad


de Violencia sobre la Mujer de la Fiscalía General del Estado también
viene examinando la documentación procesal sobre los casos mortales.
No obstante, estos esfuerzos institucionales se vienen desarro-
llando de manera independiente, sin demasiada coordinación y, aun-
que los informes que se emiten ayudan a describir el fenómeno, no
contribuyen a explicarlo suficientemente de cara a prevenirlo. Y lo
mismo puede decirse de la actividad de los medios de comunicación y
de iniciativas del tercer sector, que también se limitan a recopilar da-
tos descriptivos de los casos, incrementando la dispersión de esfuer-
zos y conllevando, ocasionalmente, la correspondiente guerra de ci-
fras.
Para prevenir, interesa ir más allá de la mera descripción, tratando
de llegar a conocer a fondo los factores determinantes de que una per-
sona en concreto (agresor) perpetre una conducta de tal gravedad (ase-
sinato, consumado o tentativa) contra su pareja en un momento espa-
cio-temporal concreto y con un modus operandi concreto. Ya se ha
constatado que entre un 70% y un 80% de las mujeres españolas ase-
sinadas por sus parejas no habían denunciado previamente a sus agre-
sores; y que de las que habían denunciado, algunas se encontraban
bajo protección policial (incluidas en el Sistema VioGén) en niveles de
riesgo bajo o no apreciado. Pues bien, además de describir, puede ser
muy importante identificar factores de riesgo, especialmente en esos
casos «silenciosos» (no denunciados). Estudiando una muestra signifi-
cativa de casos quizá se puedan recopilar indicadores que, si se agru-
pan, permitan identificar patrones explicativos que, a su vez, faciliten
la prevención de la ocurrencia de casos futuros, mediante advertencias
a las posibles víctimas y a las personas de su entorno. Pero hasta que
no se haga un estudio más pormenorizado que los existentes no se sa-
brá si existen esos indicadores, y si es posible detectar diferencias entre
los casos silenciosos y no silenciosos. ¿Por qué no denunciaron las víc-
timas? ¿Acudieron a algún servicio? ¿En qué se diferencian de las que
denunciaron? ¿Los agresores presentan características diferenciales?
¿Existen variables situacionales específicas de estos casos? El conoci-
miento de estos factores facilitaría el diseño de protocolos específicos
de alerta y protección, y de campañas de prevención con capacidad de
impactar en este tipo de posibles víctimas. Además, una revisión más
exhaustiva que la actual facilitaría la inspección de los protocolos y pro-
cedimientos de las distintas Instituciones implicadas: policiales, judi-
ciales y asistenciales (psicológicos, jurídicos, sociales, sanitarios...); de
modo que, si se identifican disfunciones, se podrían corregir, también
en beneficio de la prevención.
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© Universidad de Deusto
Perfiles de víctima y de agresor en violencia de género 241

El Gabinete de Coordinación y Estudios de la Secretaría de Estado


de Seguridad del Ministerio del Interior recibió, en 2014, el mandato
de actualizar el Protocolo de Valoración Policial del Riesgo de Violencia
sobre la Mujer, para lo que se constituyó ya un equipo multidisciplinar
formado por expertos institucionales y académicos, y en 2015 recibió el
mandato de elaborar un informe criminológico nacional sobre homici-
dios, incluyendo el caso particular de los homicidios de mujeres en las
relaciones de pareja. A estas dos circunstancias se suma que compete
a este Gabinete el impulso de la formalización de convenios de colabo-
ración con universidades y fundaciones, públicas y privadas, para fo-
mentar, entre otras, actividades de colaboración educativa y de investi-
gación científica; y el que su personal directivo ostenta la interlocución
por parte del Ministerio del Interior con el resto de Instituciones espe-
cializadas en violencia de género (Fiscalía, CGPJ, DGVDG...).
Por tanto, en el marco de ambos mandatos, el GCE asumió la tarea
de organizar y coordinar las actividades de un grupo institucional, esta-
ble y multidisciplinar de personas dedicadas a la revisión holística de los
homicidios de mujeres pareja, con capacidad a nivel nacional, y a dis-
tintos niveles (GONZÁLEZ, GARRIDO, LÓPEZ-OSSORIO, MUÑOZ, ARRI-
BAS, CARBAJOSA y BALLANO; en prensa).
Al nivel más central se ha constituido un equipo con expertos en
violencia de pareja de la Guardia Civil, Policía Nacional e Instituciones
Penitenciarias (con formación especializada y capacidad operativa y di-
rectiva como para coordinar a otro personal de sus respectivas Institu-
ciones); del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid; de la Unidad de
Violencia sobre la Mujer de la Fiscalía; y del Observatorio contra la Vio-
lencia Doméstica y de Género del CGPJ. Aunque se invitó a participar
a los Cuerpos de Policía Autonómica de Cataluña y del País Vasco, y al
colectivo de Medicina Legal y Ciencias Forenses del Ministerio de Justi-
cia, todavía están pendientes estas incorporaciones.
Este Equipo Central se ocupa de planificar y de impulsar la revisión
de los casos, facilitando la organización de Grupos de Revisión Provin-
ciales en los diferentes territorios del país, a los que se incorpora el per-
sonal de las delegaciones y subdelegaciones del Gobierno, de órganos
de la Administración autonómica, y expertos académicos de universida-
des y centros de investigación científica (profesores y alumnos de pos-
grados, especialmente psicólogos-forenses) que, en virtud de conve-
nios de colaboración con la SES, actúan de revisores de campo, bajo
la tutela de personal policial, judicial (fiscales) y penitenciario de cada
territorio, y previa formación a cargo de los coordinadores del Equipo
Central, utilizando una metodología estandarizada que asegure la ho-
mogeneidad en la recogida de los datos. Por el momento, se han incor-
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242 José Luis González Álvarez

porado expertos del Máster en Análisis e Investigación Criminal e in-


vestigadores del Instituto de Ciencias Forenses y de la Seguridad de la
Universidad Autónoma de Madrid; Máster en Perfilación y Análisis de
la Conducta Criminal de la Universidad de Barcelona; Máster Oficial en
Psicología Jurídica y Forense de la Universidad de Granada; Máster en
Psicología Clínica, Legal y Forense de la Universidad Complutense de
Madrid; y del Máster Oficial en Análisis e Investigación Criminal de la
Universidad a Distancia de Madrid. Estando previsto que se incorporen
en breve profesores y posgrados de las Universidades de Salamanca,
Oviedo, Valencia, La Laguna y Santiago de Compostela; y quedando la
puerta abierta a la incorporación de nuevos expertos interesados.
Se ha planificado la revisión retrospectiva de todos los homicidios
consumados que sea posible de mujeres a cargo de sus parejas varo-
nes, sucedidos desde el año 2010 a la actualidad, en todo el territorio
nacional, con autor suicida o ya condenado, priorizándose los más re-
cientes. Cuando sea posible, se revisarán también casos de homicidios
en grado de tentativa.

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Victimización secundaria, en particular
en delitos contra la seguridad vial,
sistemas de justicia y la creencia en seres mitológicos1

Gema María Varona Martínez


Doctora Investigadora Permanente
Instituto Vasco de Criminología (UPV/EHU)
Presidenta de la Sociedad Científica Vasca de Victimología

Sumario:  l. Introducción: mecanismos de desvinculación moral se-


lectiva en el sistema penal que justifican y refuerzan la victimiza-
ción secundaria. 1. Desafecto y desvinculación moral en las culturas
organizacionales. 2. La concepción del ser humano en el Derecho
penal: entre la vulnerabilidad y la autonomía. II. El Estatuto de la
víctima: ¿un brindis al sol? 1. Víctimas y derechos. a) Justicia proce-
dimental. 2. Deberes de las instituciones públicas: ¿sin recursos di-
cionales? a) Protocolos de actuación y coordinación. b) Formación y
sensibilización. c) Evaluaciones. 3. Derecho victimal simbólico: nue-
vos derechos e inercias de las culturas organizacionales. III. Un ejem-
plo de la frustración generada ante el nuevo Estatuto: las víctimas
de delitos contra la seguridad vial. 1. Violencia vial. 2. Individualiza-
ción e igualdad. 3. Reparación material y simbólica. IV. Conclusio-
nes inacabadas: ¿la entrada de las víctimas está causando un peor
sistema penal o constituye una nueva oportunidad para un cambio
cultural en términos de derechos humanos? V. Bibliografía.

Resumen:  Tras unas consideraciones introductorias, aludiendo a las críticas ju-


rídico penales al nuevo «protagonismo de las víctimas», con una breve mención

1  El conjunto de este libro, y el curso anual que lo origina, está dedicado a la me-

moria de José María Lidón, asesinado por ETA en 2001. De forma particular, me gusta-
ría dedicar también este texto a su viuda, Marisa Galarraga, con quien siempre tendré
una deuda de gratitud por su testimonio generoso en varios proyectos de investiga-
ción sobre la victimización primaria y secundaria producida en casos de terrorismo en el
País Vasco, testimonio con el que he podido trabajar con mis alumnos de Victimología,
como forma de memoria restaurativa.

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248 Gema María Varona Martínez

de la teoría de la desvinculación moral de Bandura y de la teoría de la vulnerabi-


lidad de Fineman, este texto pretende abordar las contradicciones entre el Esta-
tuto de la víctima del delito, aprobado por la ley española 4/2015, y la realidad
cotidiana de las víctimas en el sistema penal. Por sistema penal entendemos el
conjunto e interacción de la política criminal, la normativa, el proceso penal, en
sentido amplio, y la actuación de los diferentes profesionales. Nos acercamos al
Estatuto de 2015 para analizar, de forma general, su contenido y aplicación, cen-
trándonos después en algunos aspectos referidos a las víctimas de delitos contra
la seguridad vial, antes de terminar con unas notas conclusivas. Estas reflexiones
siguen una perspectiva interdisciplinar victimológica.

Palabras clave:  victimología, víctimas, Ley 4/2015, seguridad vial.

l. Introducción: mecanismos de desvinculación moral selectiva


en el sistema penal que justifican y refuerzan la victimización
secundaria

«En la realidad, en lo que se está viviendo de verdad, todos estos


campos se unen en un campo único. Sucede que las personas sufren
en sus vidas las consecuencias de unos males que están clasificados
en categorías separadas, y los sufren de forma simultánea e insepa-
rable (...) Es necesario tener una visión interdisciplinar de lo que está
sucediendo, porque es necesario conectar esos “campos” que insti-
tucionalmente se mantienen separados.»2

1. Desafecto y desvinculación moral en las culturas organizacionales

Sorprende que defensores de los derechos humanos de las perso-


nas detenidas, investigadas y condenadas recelen a priori de los dere-
chos de las víctimas como derechos humanos3, sin perjuicio de la ne-
cesaria actitud crítica frente a la adecuación de la legislación vigente y
su impacto real. Sorprende también que defensores de derechos de las
víctimas, por ejemplo, de violencia de género, que nunca cuestionarían

2  BERGER, J., «¿Dónde estamos?», 03.11.02, [Link]

opinion/1036278007_850215.html
3  WEMMERS, J., «Victims’ Rights are Human Rights: The lmportance of Recognizing

Victims as Persons», Temida, vol. 2, 2012, pp. 71-84.

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Victimización secundaria, en particular en delitos contra la... 249

el fin de reinserción de la pena en otros delitos, pongan pegas a dicho


fin, y a los programas que lo incluyen, cuando se refieren a condena-
dos por este tipo de violencia. En numerosos trabajos hemos puesto de
relieve estas incoherencias que, vengan de la posición doctrinal o ideo-
lógica que vengan4, suponen caer en dualismos simplificadores que no
se corresponden con la realidad ni con los estándares éticos que funda-
mentan los derechos humanos, en cuanto a su interdependencia e in-
divisibilidad, y la necesidad de su reconocimiento individual en marcos
de aplicación sociales.
El pensamiento académico jurídico-penal hostil hacia un mayor re-
conocimiento de los derechos de las víctimas en el proceso penal5 se
basa, en ocasiones, en un criterio utilitarista: se acepta en tanto en
cuanto sirva para los fines clásicos de la pena6, olvidando, que esos fi-
nes, amén de lo relacionado con la reparación, tienen mucho que ver,
en la teoría y en la práctica, con las necesidades de las víctimas, a sa-
ber7: seguridad, bienestar, reconocimiento social, respeto, autonomía o
control, y sentido o integración de lo ocurrido.
Por los resultados de numerosas investigaciones científicas8 sa-
bemos que, con toda su diversidad, las víctimas buscan un recono-
cimiento social de la injusticia del daño sufrido, lo cual se relaciona
con la prevención general positiva. Además, la prevención especial
positiva implica una inversión en las garantías de no repetición que
desean las víctimas. A las víctimas les interesa, de manera priori-
taria, que no se vuelva a cometer ese hecho contra ellas o contra
otras personas, por lo que tienen un interés legítimo en la resocia-
lización.

4  VARONA, G., «El papel de las víctimas respecto de los mecanismos utilizados en la

justicia transicional», en GIL, A. y MACULAN, E. (coords.), La influencia de las víctimas


en el tratamiento jurídico de la violencia colectiva, Dykinson, Madrid, 2017, pp. 145-
183.
5  Por otra parte, también se recrimina su protagonismo en el diseño de la política cri-

minal. Vid. CEREZO DOMÍNGUEZ, A.l., El protagonismo de las víctimas en la elaboración


de las leyes penales, Tirant lo Blanch, Valencia, 2010.
6  GIL GIL, A. «El papel del Derecho penal en el tratamiento jurídico de la violencia

colectiva», en GIL, A. y MACULAN, E. (coords.), La influencia de las víctimas en el trata-


miento jurídico de la violencia colectiva, Dykinson, Madrid, 2017, pp. 365-392.
7 KIRCHHOF, J., STRACK, M. y WAGNER, U., «The Needs of Victims: An Empirical

Categorization Based on lnterpersonal Conflicts», Journal of Social and Political Psychol-


ogy, vol. 1.1, 2013, pp. 29-50.
8  Recogidas ampliamente en las revistas especializadas lnternational Review of Victi-

mology y Revista de Victimología/Journal of Victimology.

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250 Gema María Varona Martínez

A pesar de la entrada en vigor del Estatuto de la víctima9, podemos


hablar de un sistema penal, como cultura organizacional10, desafec­to
hacia las víctimas o, al menos, indiferente en muchos casos a sus ne-
cesidades y derechos. No se trata de nada esencialmente intencionado
o perverso, sino de una actuación rutinaria, común a muchos sistemas
institucionales y sociales, donde operan, a esa escala de cultura organi-
zacional, algunos de los mecanismos de desvinculación moral selectiva
descritos por el psicólogo social Albert Bandura11.
Mientras que el sistema penal se rige por un conjunto imprescindi-
ble de garantías hacia la persona detenida, investigada y/o condenada,
con los fines teóricos ya apuntados, y esa parte innegable de retribu-
ción o proporcionalidad penal, en el día a día del proceso penal a veces
se dan tratos no éticos o inadecuados hacia las víctimas12, y, sin duda,
también hacia los presuntos culpables o condenados. Ello es entendible
en tanto en cuanto el sistema penal es un sistema humano, como lo
es, por ejemplo, el sistema académico universitario donde también se
puede dar ese trato inadecuado o deshumanizado. El problema reside
en que el sistema penal trata con el sufrimiento humano, en relación
con la libertad y otros derechos fundamentales.
Nuestro argumento es que en el sistema penal puede observarse,
en ocasiones, un trato inadecuado hacia las víctimas por parte de al-
gunos profesionales. Sin embargo, a pesar del avance del Estatuto, no
se realizan cambios sustanciales para evitarlo o repararlo ya que ope-
ran, de forma más o menos inconsciente, una serie de mecanismos de
justificación, descritos para individuos por la teoría de la desvinculación
moral13, y que también parecen operar en contextos institucionales. La

9  Ley 4/2015, de 27 de abril, del Estatuto de la víctima del delito (BOE-A-2015-

4606), desarrollado por el Real Decreto 1109/2015, de 11 de diciembre (BOE-A-2015-


14263).
10  SCHEIN, E.H., «Coming to a New Awareness of Organizational Culture», Sloan

Management Review, 25, 2, 1984, pp. 3-16.


11  BANDURA, A., «Selective Moral Disengagement in the Exercise of Moral Agency»,

Journal of Moral Education, vol. 31, 2002, pp. 101-119; BANDURA, A., Moral Disen-
gagement: How People Do Harm and Live with Themselves. Worth Publ lnc, 2015.
12  VILLACAMPA, C., «La protección de las víctimas en el proceso penal: considera-

ciones generales e instrumentos de protección», en TAMARIT, J.M. (coord.), El Estatuto


de las víctimas de delitos. Comentarios a la Ley 4/2015, Valencia, Tirant lo Blanch, 2015,
pp. 168-240.
13  Las reflexiones de este trabajo tienen como base las conclusiones a las que ha

podido llegarse en los encuentros interprofesionales organizados, desde 2014 hasta


2017, por la Sociedad Vasca de Victimología y el Instituto Vasco de Criminología/Kri-
minologiaren Euskal lnstitutua (UPV/EHU), sobre el proyecto y aprobación del Estatuto
de la víctima. Asimismo, nos hemos beneficiado de la participación en diversos proyec-

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Victimización secundaria, en particular en delitos contra la... 251

teoría de la desvinculación moral describe los mecanismos subyacentes


que justifican ese trato irrespetuoso o poco empático que constituye
victimización secundaria, es decir, ese daño, generalmente no intencio-
nal, causado en el trato con las víctimas, tras la comisión delictiva, por
los diferentes agentes que se relacionan con ella.
Entre los mecanismos indicados, como ya se ha dicho presentes en
muchos sistemas de la vida cotidiana, podemos indicar los cuatro si-
guientes14:
1. Apelación a objetivos superiores.  Se apela a que ese trato a
las víctimas es necesario para cumplir con los fines del Derecho
penal y del proceso, basado en un sistema garantista frente al
ius puniendi, sin duda una de las grandes conquistas sociales de
la Ilustración.
2. Negación de la responsabilidad individual en la causación de la
victimización secundaria.  La responsabilidad individual se difu-
mina ya que no se tiene una intención de dañar a las víctimas,
sino que simplemente se sigue la normativa, los protocolos o
las prácticas existentes. El individuo se diluye en un sistema con
sobrecarga de trabajo y tiempos pautados a vencer, achacando
los efectos de sus actos al propio sistema o a otros profesiona-
les.
3. Negación de las consecuencias negativas.  Al no existir puntos
de encuentro directo y escucha a las víctimas, no se es cons-
ciente de las consecuencias de un tratamiento poco empático
o irrespetuoso, no es necesario confrontar directamente su mi-
rada y sus opiniones sobre el sistema.
4. Negación de la víctima.  A veces el responsable de cometer un
acto irrespetuoso responsabiliza a la propia víctima de la victi-
mización secundaria.
En todo caso, debe subrayarse que no queremos generalizar es-
tas observaciones y que siempre han existido, existen y existirán profe-

tos de investigación del MINECO con el IGGM (UNED), el CSIC, el IVAC/KREI y la Uni-
versidad de Alicante, así como con la red europea sobre prácticas de memorialización
PRACMEM. Finalmente, algunos apartados de este texto se corresponden con la parte
redactada por la autora en el documento inédito, TRESPADERNE, M.l. y VARONA, G.,
Implicaciones del nuevo Estatuto de la víctima del delito en la atención sanitaria. De la
justicia procedimental y la cultura organizacional, IVAC/KREI, Donostia/San Sebastián,
2016.
14   BIETTI, L.M., «Disonancia cognitiva: procesos cognitivos para justifi-

car acciones inmorales», Ciencia Cognitiva, 2009, [Link]


cienciacognitiva/?p=59

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sionales que, más allá de sus obligaciones con el Estatuto actual, han
ofrecido, ofrecen y ofrecerán un trato humano y respetuoso a las víc-
timas.

2. La concepción del ser humano en el Derecho penal: entre la


vulnerabilidad y la autonomía

La puesta en marcha de esas técnicas de justificación se debe, en


parte, a la concepción mitológica del ser humano, por parte del De-
recho penal, como un ser abstracto, autónomo y descontextualizado.
Hablamos de mitología porque no existe en la realidad como tal, pero
sí en el imaginario cultural jurídico-penal. Nos parece muy importante
mencionar este hecho, y detenernos en él brevemente, para enten-
der el debate actual entre autonomía y vulnerabilidad que condiciona
la redacción e interpretación del Estatuto de la víctima, así como las
prácticas profesionales derivadas y el mismo uso del término «víc-
tima».
MARTHA ALBERTSON FINEMAN15, profesora estadounidense de
Derecho, ha desarrollado la teoría de la vulnerabilidad y el programa de
investigación sobre vulnerabilidad y condición humana en la Universi-
dad de Emory, en los Estados Unidos. En el marco de este proyecto se
ve la necesidad de re-enmarcar la oposición aparente entre vulnerabili-
dad y autonomía ya que no son conceptos opuestos, aunque esta po-
larización se advierta en campos tan diversos como el Derecho, la Me-
dicina, la Economía o la Filosofía, entre otros. La vulnerabilidad parece
identificarse con un estado de inseguridad, dependencia y/o falta de li-
bertad, mientras que la autonomía parece una meta a alcanzar para el
bienestar y la realización personal.
Sin embargo, la vulnerabilidad también puede concebirse, de forma
general, como un aspecto intrínseco, universal y generador de la con-
dición humana. Con todas sus potencialidades, la vida es vulnerable y
por ello hay que protegerla, considerando los diferentes contextos y
factores existentes. Eso significa que la vulnerabilidad no es ni buena ni
mala, sino un hecho de la condición humana, en su finitud, limitacio-
nes, fragilidad y precariedad. De la conciencia de la vulnerabilidad nace

15  FINEMAN, M.A., «The Vulnerable Subject: Anchoring Equality in the Human Con-

dition», Yale Journal of Law & Feminism, vol. 20, núm. 1, 2008, pp. 9-15. Véase, tam-
bién, la página web del proyecto: [Link]
donde se explican los puntos desarrollados en los párrafos de este texto sobre la teoría
de la vulnerabilidad.

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entonces la solidaridad pública y privada dirigida hacia la recuperación


y la resiliencia. También nace de esa conciencia la necesidad de identifi-
car y responsabilizarse cuando se producen vulneraciones de derechos
que desatan o acrecientan dicha vulnerabilidad. Esas vulneraciones es-
tán desigualmente repartidas, son evitables y generan responsabilida-
des. En definitiva, surge la obligación de proteger, reparar y garantizar
el control de la propia vida, es decir, una autonomía, que siempre será
relacional al insertarse en una comunidad y sociedad concretas, donde
junto a los derechos se configuran obligaciones positivas por parte de
las instituciones públicas.
Como veremos posteriormente, en el trato con las víctimas en el
sistema penal parece acogerse esa dualidad, autonomía y vulnerabili-
dad/dependencia, de forma antagónica. Sin embargo, como indica Es-
quirol16:
«Nadie se sostiene en pie solo. Nos damos mutuo apoyo, pero a
veces la ayuda requerida es mayor, y es entonces cuando entende-
mos que se trata de una situación de especial dificultad. La propia
firmeza depende de los demás —de su reconocimiento, de su aco-
gida—, y de ahí que sea erróneo simplificar la relación entre autono-
mía y dependencia para ver en ella una simple contraposición.»
Tras estas consideraciones introductorias, habiendo aludido a las
críticas jurídico penales al nuevo «protagonismo de las víctimas», con
una breve mención de la teoría de la desvinculación moral de BAN-
DURA y de la teoría de la vulnerabilidad de FINEMAN, este texto pre-
tende abordar las contradicciones entre el Estatuto de la víctima del
Delito, aprobado por la Ley española 4/2015, y la realidad cotidiana
de las víctimas en el sistema penal. Por sistema penal entendemos el
conjunto e interacción de la política criminal, la normativa, el proceso
penal, en sentido amplio, y la actuación de los diferentes profesiona-
les. Nos acercamos al Estatuto de 2015 para analizar, de forma gene-
ral, su contenido y aplicación, centrándonos después en algunos as-
pectos en relación con las víctimas de delitos contra la seguridad vial,
antes de terminar con unas notas conclusivas. Como ya ha podido
apreciar el lector, estas páginas siguen una perspectiva interdiscipli-
nar victimológica, considerando las aportaciones de la Victimología
crítica17.

16  ESQUIROL, J.M., La Resistencia íntima. Ensayo de una filosofía de la proximidad.

Acantilado, Barcelona, 2015, p. 83.


17  SPENCER, D.C. y WALKLATE, S. (eds.), Reconceptualizing Critical Victimology,

Lexington Book, Lanham, MD, 2016.

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II.  El Estatuto de la víctima: ¿un brindis al sol?

1.  Víctimas y derechos

Hemos tenido que esperar muchos años para que, de forma con-
creta y más completa, se recogieran en nuestro sistema penal los de-
rechos de las víctimas. Esto debería sorprendernos, teniendo en cuenta
que las víctimas siempre han estado ahí, a veces, de forma trágica.
Como indica SUBIJANA, y sin perjuicio de las diferentes circunstancias
modificativas de la responsabilidad y de tipos específicos, con sus res-
pectivas reformas a lo largo del tiempo18:
«El Código Penal de 1995 no define a las víctimas. Las víctimas
no tienen cabida en el concepto legal de delito. Afirma el artículo 10
del Código Penal que son delitos o faltas las acciones y omisiones do-
losas o imprudentes penadas por la ley. La noción normativa de de-
lito se cimenta sobre dos premisas: el hecho que se atribuye a una
persona (acciones y omisiones dolosas o imprudentes) y la lesión de
un interés tutelado por el Estado (penadas por la ley). Ninguna refe-
rencia se hace a las personas cuyo ser y entorno vital resulta afectado
por el hecho penado por la ley.»
A escala internacional, en 2015 se cumplieron treinta años de la
aprobación de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los princi-
pios fundamentales de justicia para las víctimas de delitos y del abuso
de poder (A/RES/40/34, de 29.11.1985). Con dicha norma, que no es
jurídicamente vinculante pero sí orientadora de buenas prácticas, se in-
tentaba avanzar en la cultura jurídica de los derechos de las víctimas
como parte del movimiento en favor de los derechos humanos19. En el
caso de nuestro ordenamiento, se ha tenido que esperar a dicho trigé-
simo aniversario para legislar sobre los derechos de las víctimas de deli-
tos en general20.

18  SUBIJANA, l., «Las víctimas en la legislación penal y procesal general», Lección in-

troductoria al Posgrado en línea «Trabajar con víctimas», IVAC/KREI, Donostia/San Se-


bastián, p. 1.
19  EUROPEAN UNION AGENCY FOR FUNDAMENTAL RIGHTS (FRA). Victims of Crime

in the EU: The Extent and Nature of Support for Victims, FRA, Viena, 2014.
20  Sin perjuicio de la legislación específica de la Ley 35/1995, de 11 de diciembre,

de ayudas a las víctimas de delitos violentos y contra la libertad sexual (BOE n.º  296,
de 12.1.2.1995); la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de medidas de protec-
ción integral de las víctimas de violencia de género (BOE n.º  313, de 29.12.2004); la
Ley  29/2011, de 22 de septiembre, de reconocimiento y protección integral a las víc-
timas del terrorismo (BOE n.º 229, de 23.9.2011); y la Ley 52/2007, de 26 de diciem-
bre, por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas en favor de

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La Ley 4/2015, de 27 de abril, del Estatuto de la víctima del delito


(en adelante LEV), y el Real Decreto 1109/2015, de 11 de diciembre,
por el que se desarrolla la Ley 4/2015, de 27 de abril, del Estatuto de
la víctima del delito, y se regulan las Oficinas de Asistencia a las Vícti-
mas del Delito, constituyen las normas de incorporación a nuestro or-
denamiento de la Directiva 2012/29/UE, del Parlamento europeo, y del
Consejo de 25 de octubre de 2012 (DO L 315, de 14.11.2012)21. Por
medio de esta Directiva se establecen normas mínimas sobre los dere-
chos, el apoyo y la protección de las víctimas de delitos y se sustituye
la Decisión marco 2001/220/JAI, del Consejo. Fue aprobada tras diecio-
cho meses de negociaciones en la Unión Europea, plazo relativamente
corto para este tipo de iniciativas22.
Entre los derechos de las víctimas, recogidos en el Estatuto, como
derechos procesales y extraprocesales, se encuentran los siguientes:
  1. Información.
  2. Ser entendidas.
  3. Asistencia de intérprete.
  4. Acompañamiento.
  5. Protección (con una evaluación individualizada y actualizada)23.
  6. Asistencia psicológica y social.
  7. Acceso a la justicia y participación en el proceso.
  8. Reparación (incluyendo programas de justicia restaurativa).
  9. Trato individualizado, particularmente para víctimas que re-
quieren especial atención.
10. Trato humano.

quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura (BOE


n.º 310, de 27.12.2007). Véanse, también, los desarrollos reglamentarios de las citadas
leyes.
21  PÉREZ-RIVAS, N., «El modelo europeo de Estatuto de la víctima», Díkaion, vol. 26,

núm. 2, 2017, pp. 1-27.


22  La fecha límite para su transposición era noviembre de 2015 y la Comisión tiene el

mandato de emitir un informe sobre su cumplimiento en noviembre de 2017. Para una


correcta interpretación de esta Directiva debe considerarse el documento guía de la Di-
rección General de Justicia de la Comisión Europea, de 2013. Por su parte la Plataforma
para la Cooperación Internacional sobre Migrantes Indocumentados ha desarrollado
su propia guía para la aplicación de la Directiva, la cual tiene particular interés conside-
rando la crisis de las personas refugiadas en Europa y su trato, una vez en la UE. Cfr. PI-
CUM (PLATAFORM FOR INTERNATIONAL COOPERATION ON UNDOCUMENTED MI-
GRANTS). Guide to the EU Victims’ Directive: Advancing Access to Protection, Services
and Justice for Undocumented Migrants, PICUM, Bruselas, 2015.
23  En virtud de la reforma de la LECrim de 2015, si en las investigaciones policiales

no se identifica al autor, cabe preguntarse cómo opera esta evaluación individualizada


en sede judicial.

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La Directiva transpuesta implica un cambio cultural jurídico orien-


tado hacia una mayor consideración de las víctimas. Por un lado regula
el reconocimiento de la condición de víctima que acarrea una serie de
derechos. Ese reconocimiento es independiente del estatus legal de la
víctima y del proceso penal en sí (independiente de la denuncia o de la
detención y procesamiento, ahora bien, si existe un proceso penal, se
reconocen derechos específicos). Por otro lado, también como dere-
cho, promueve el trato respetuoso, sensible, individualizado, profesio-
nal y no discriminatorio hacia las víctimas en todos sus contactos con
servicios de apoyo y autoridades competentes que actúen en el con-
texto de un procedimiento penal.
La normativa distingue entre víctimas directas e indirectas. Las pri-
meras son las personas físicas que han sufrido un daño o perjuicio so-
bre su propia persona o bienes, en especial lesiones físicas o psíquicas,
daños emocionales o perjuicios económicos, causados por un delito
(art.  2 LEV). Las víctimas indirectas serían los familiares más cercanos
de personas muertas o desaparecidas por un delito, que no sean res-
ponsables de los hechos. Aunque el apoyo psicosocial se puede prestar
a todas las víctimas, los familiares de personas seriamente heridas, in-
cluyendo con graves secuelas, no entran dentro de la definición estricta
de víctimas respecto del proceso penal.
Asimismo, según el Estatuto, existen víctimas que merecen una es-
pecial protección por su consideración de «vulnerables». Sin embargo,
la utilización de este término ha conllevado diferentes críticas por po-
ner el acento en la persona y, por tanto, en su propio autocuidado, en
lugar de en el contexto de dicha vulnerabilidad24. En relación con ello,
la dimensión objetiva del proceso de victimización debe entenderse en
estrecha conexión con cómo las víctimas son percibidas socialmente y
cómo se perciben ellas mismas (dimensión subjetiva). Los mitos y este-
reotipos condicionarán en gran medida cómo se sienten las víctimas,
así como el trato dispensado por los diferentes profesionales que han
de relacionarse con ellas. Dichos mitos se construyen y reproducen, de
forma amplificada, en la cultura del espectáculo de los medios de co-
municación actuales.
Los medios de comunicación suelen aparecer como un elemento
perturbador que media entre el derecho a la información de la socie-
dad y los derechos de las víctimas (art. 34 LEV), siendo en ocasiones
las víctimas un producto secundario de las noticias buscadas. Además,

24  MADRID, A., «Palabras que piensan: ¿soy “vulnerable” o me “vulneran”?», 2014,

[Link]
vulneran#[Link]

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los medios contribuyen a la construcción social de las víctimas, esta-


bleciendo diferentes categorías. El Estatuto de la víctima subraya cues-
tiones que ya se recogían en parte, para los menores, en la Ley Orgá-
nica 1/1996, de protección jurídica del menor, modificada también en
2015. En el Estatuto se insiste en la autorregulación de los medios, pú-
blicos y privados, para evitar una victimización secundaria a las víctimas
de todos los delitos en general25. Para ello se pide una sensibilización
y formación específica, elaboración de protocolos y cooperación con
otros profesionales y colectivos. Además, se incluyen posibles restriccio-
nes en relación con la grabación, difusión e identificación de las perso-
nas participantes en los juicios.
Según la normativa europea y española, las víctimas vulnerables
son aquellas con un alto riesgo de victimización secundaria o revictimi-
zación. Aunque no se incluye una lista exhaustiva de las mismas, se in-
dica que los menores siempre lo son26. También pueden serlo las per-
sonas con discapacidad y las extranjeras. Otras personas pueden serlo
en virtud del tipo de delito cometido contra ellas (violencia contra la
mujer, doméstica, sexual, terrorista, trata de personas, delitos de odio
o que impliquen discriminación o abuso de poder...). Para estas perso-
nas se requiere una evaluación individualizada y unos servicios especia-
lizados (art. 22, Directiva).
El impacto de una victimización se traduce en un daño físico, ma-
terial y/o psicológico. El daño psicológico se da especialmente cuando
el delito se vive como un suceso traumático, es decir, un hecho inespe-
rado o incontrolable que lesiona o pone gravemente en peligro el bien-
estar de una persona, provocando en su caso secuelas psicológicas que
pueden incluir síntomas de ansiedad (con problemas, entre otros, de
alimentación), agitación, evitación (incluyendo el uso de drogas) y/o
re-experimentación del suceso. El daño psicológico es especialmente
constatable cuando el suceso traumático es ocasionado como conse-
cuencia de un delito grave ya que debe asumirse que otro ser humano

25  Las menciones expresas a los medios de comunicación, además de en la Exposi-

ción de Motivos, se recogen en el art. 34 y la Disposición final 18. Cfr. el art 21.2 de la
Directiva 2012/21/UE, por la que se establecen normas mínimas sobre los derechos, el
apoyo y la protección de las víctimas de delitos, traspuesta a nuestro ordenamiento jurí-
dico a través del mencionado Estatuto.
26  Debe cumplirse con la legislación especifica, considerando como buena práctica

las guías del Comité de Ministros del Consejo de Europa sobre una justicia acogedora o
amable hacia los menores (CM/Del/Dec(2010)1098/10.2abc-app6, de 17 de noviembre
de 2010). Sobre su cumplimiento en la Unión Europea, cfr. EUROPEAN UNION AGENCY
FOR FUNDAMENTAL RIGHTS (FRA). Handbook on European Law Relating to the Rights
of the Child, FRA, Viena, 2015.

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es capaz de provocar ese sufrimiento y ello supone, en ocasiones,


miedo, confusión, sentimientos de humillación, baja autoestima, culpa-
bilidad, ira y/o venganza27. El trauma en este caso procede de una vio-
lación de derechos humanos y puede ahondar la vulnerabilidad de las
personas, particularmente cuando no cuentan con apoyo familiar, so-
cial y/o institucional.
Las víctimas esperan empatía como una labor de acompañamiento
y buena praxis que no tiene por qué estar reñida con la objetividad re-
querida a los profesionales, incluso los de la administración de justi-
cia28. La nueva normativa pretende evitar y minimizar la victimización
secundaria y la revictimización y, aunque no la menciona expresa-
mente, en los valores inherentes a ella se encuentran los de la llamada
justicia procedimental (procedural jurisprudence).

a)  Justicia procedimental


En la justicia procedimental (procedural justice) se enfatiza el sig-
nificado de la justicia como proceso. Su estudio se desarrolló de forma
específica en la década de los ochenta por TYLER29, dentro de contex-
tos judiciales y policiales anglosajones30. Posteriormente las investiga-
ciones han abarcado otros contextos y se relaciona con los conceptos
de conformidad, legitimidad y confianza, dentro de una noción de con-
trol social inclusivo respecto de la toma de decisiones31. A las partes
implicadas en un proceso les importan los resultados, pero son mejor
aceptados si consideran que la decisión tomada se ha realizado con ga-
rantía de sus derechos e intereses (entre los que se incluyen el ser es-
cuchados activamente e informados de forma clara de la base de la de-
cisión tomada). Este es el sentido de la expresión: «la decisión se tomó

27  SAMHSA (SUBSTANCE ABUSE AND MENTAL HEALTH SERVICES ADMINISTRA-

TION). SAMHSA’s Concept of Trauma and Guidance for a Trauma-informed Approach,


SAMHSA, Rockville, MD, 2014.
28  WETTERGREN, Á. y BERGERMAN BLIX, S., «Empathy and Objetivity in the Legal

Procedure: The Case of Swedish Prosecutors», Journal of Scandinavian Studies in Crimi-


nology and Crime Prevention, vol. 17, núm. 1, 2016, pp. 19-35.
29  TYLER, T.R., «Procedural Justice: Future Directions», Social Justice Research, vol. 1,

1987, pp. 41-65.
30  ELLIOTT, I., THOMAS, S.D.M. y OGLOFF, J.R., «Procedural Justice in Contacts with

the Pollee: The Perspective of Victims of Crime», Police Practice and Research: An lnter-
national Journal, vol. 13, núm. 5, 2012, pp. 437-449; MAZEROLLE, L. et al., Procedural
Justice and Legitimacy in Policing, Springer, Nueva York, 2014.
31  HEUER, L., PENROD, S. y KATTAN, A., «The Role of Societal Benefits and Fairness

Concerns among Decision Makers and Decision Recipients», Law and Human Behavior,
vol. 31, núm. 6, 2007, pp. 573-610.

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de forma justa». No se trataría de una mera estrategia de gestión de


cara al público, sino un verdadero cambio de valores y prácticas de ca-
rácter más humanista en relación con la ética del cuidado y los dere-
chos humanos.
La profesionalidad de la justicia conlleva también un trato humano
respetuoso, expresado como: «me trataron justamente». La necesidad
de sentirse justamente tratado afecta a las creencias, actitudes, emo-
ciones y sentimientos y, finalmente, a las conductas, relacionándose en
ocasiones con motivaciones pro sociales más allá del interés propio32.
Sentirse justamente tratado, por personas y organizaciones, significa:
a) Percibir un cierto control del proceso (tener voz para ser escu-
chado y preguntar). Ello incluye la recepción de una informa-
ción completa y a tiempo, donde la persona se da cuenta del
interés de su interlocutor por explicar por qué se toman esas
decisiones o por qué se actúa de esa forma, en los términos y
formas adecuados a cada persona y contexto (justicia informa-
cional).
b) Percibir que se puede confiar en el interlocutor porque tiene las
competencias necesarias y se preocupa por el caso, tratando a
los demás con respeto, lo cual puede demostrarse por el trato
humano y personalizado dispensado (justicia interaccional).
Dentro de esas competencias podrían incluirse la transparencia,
equidad, neutralidad, imparcialidad u objetividad. Dentro del
trato humano lo primero es percibir que se le reconoce al otro,
víctima, en su condición de ser humano en un contexto de vul-
nerabilidad de la cual la sociedad se hace cargo por el princi-
pio de solidaridad, además de establecer responsabilidades. La
escucha activa a las víctimas implica un acompañamiento em-
pático, sin cuestionar ni juzgar, lo cual podría parecer chocar
con el principio fundamental, en sede judicial, de presunción de
inocencia de la persona acusada.
La percepción de la justicia procedimental o del ejercicio justo de
la autoridad genera confianza en las normas, en las instituciones que
las interpretan y en sus decisiones. En el sistema penal dichas garan-
tías y trato humano debe asegurarse desde el contacto con la policía
hasta la ejecución de la pena, en su caso. Los estudios empíricos mues-

32  HERRERO, M.C., GARRIDO, E. y DURÁN, R., «La psicología social de la justicia pro-

cedimental en la justicia restaurada: revisión y propuesta de un nuevo planteamiento de


investigación», en TAMARIT, J.M. (coord.), Estudios de Victimología: Actas del I Con-
greso Español de Victimología, Valencia, Tirant lo Blanch, 2001, pp. 245-260.

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tran sus efectos positivos respecto de la minoración de la victimización


y también respecto de la reinserción de los victimarios, así como del in-
cremento en la confianza pública en las instituciones. Para los opera-
dores jurídicos supone un esfuerzo de capacitación técnica, conciencia-
ción y formación en inteligencia relacional y emocional, pero también
les aporta mayor satisfacción personal y profesional porque encuentran
un sentido a su actividad cotidiana y ven la apreciación de la misma por
personas concretas33.

2.  Deberes de las instituciones públicas: ¿sin recursos adicionales?

Junto a todo ese catálogo extenso de derechos procesales y extra-


procesales, el Estatuto de la víctima también es claro en los deberes ha-
cia las víctimas por parte de las instituciones públicas, si bien pueden
existir dudas respecto de la autoridad específica que debe actuar, así
como sobre el cómo y con qué recursos. Esos deberes son fundamen-
talmente cuatro:
1. Garantizar los derechos mencionados.
2. Tener, todos los profesionales en contacto con las víctimas, una
formación específica.
3. Cooperar y establecer buenas prácticas en la actuación.
4. Evaluar, asegurando la recogida y el análisis adecuados de los
datos necesarios.
En realidad, el primer deber de garantía mencionado depende en
gran parte del cumplimiento del resto de los deberes, que iremos desa-
rrollando a continuación, según lo descrito en el propio Estatuto de la
víctima.

a)  Protocolos de actuación y coordinación


Los protocolos de actuación y coordinación deben estar basados en
buenas prácticas y en la cooperación con servicios municipales, provin-
ciales, autonómicos y estatales. Además, recordemos que todo apoyo
a las víctimas, conceptuado como obligación mínima, tiene un carácter
confidencial y gratuito (arts. 8-9, Directiva).

33  VARONA, G., «Justicia procedimental, justicia terapéutica», en IGARTUA, I.,

OLALDE, A. y VARONA, G., Diccionario breve de justicia restaurativa. Una invitación in-
terdisciplinar e introductoria a sus conceptos clave, Editorial Académica Española, Saar-
brücken, 2012, pp. 95-98.

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Según el art. 31 LEV:


«El Gobierno y las Comunidades Autónomas en el marco de sus
competencias, con el fin de hacer más efectiva la protección de las
víctimas y de sus derechos reconocidos por esta Ley, aprobarán los
Protocolos que resulten necesarios para la protección de las víctimas.
Asimismo, los Colegios profesionales que integren a aquellos que, en
su actividad profesional, se relacionan y prestan servicios a las vícti-
mas de delitos, promoverán igualmente la elaboración de Protocolos
de actuación que orienten su actividad hacia la protección de las víc-
timas.»

Adicionalmente (art. 32 LEV), se establece que los poderes públi-


cos fomentarán la cooperación con los colectivos profesionales especia-
lizados en el trato, atención y protección a las víctimas. Se fomentará
la participación de estos colectivos en los sistemas de evaluación del
funcionamiento de las normas, medidas y demás instrumentos que se
adopten para la protección y asistencia a las víctimas. Asimismo debe
trabajarse con el Consejo Asesor de Asistencia a las Víctimas, con di-
ferentes representantes, e incentivarse la cooperación internacional
(art. 33 LEV).
De forma concreta, según el artículo 19.10 del Reglamento sobre
las funciones de las Oficinas de Asistencia a las Víctimas, con sede en
los Juzgados, a éstas compete la colaboración y la coordinación con los
organismos, instituciones y servicios que pueden estar implicados en la
asistencia a las víctimas: judicatura, fiscalía, Fuerzas y Cuerpos de Segu-
ridad, servicios sociales, servicios de salud, asociaciones y organizacio-
nes sin ánimo de lucro, sobre todo en los casos de víctimas vulnerables
con alto riesgo de victimización.
El Ministerio de Justicia, o las [Link]. con competencias en justicia,
podrán coordinar las actuaciones de las Oficinas de Asistencia a las Víc-
timas con los diferentes órganos o entidades competentes que prestan
asistencia a las víctimas. Con este fin se podrán realizar convenios de
colaboración y protocolos (art. 34, Reglamento). Podrán impulsar, asi-
mismo, la colaboración con redes públicas y privadas que asisten a las
víctimas, entre otras con:
a) Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y las Policías Auto-
nómicas.
b) Servicios de bienestar social.
c) Ayuntamientos.
d) Servicios de Salud (112/061, urgencias, urgencias psiquiátricas y
Programas de Salud Mental).
e) Servicios de Educación.
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f) Servicios laborales.
g) Asociaciones, fundaciones y otras entidades sin ánimo de lucro.
h) Servicios psicosociales de la Administración de Justicia.
i) Unidades de Coordinación contra la Violencia sobre la Mujer y
las Unidades de Violencia sobre la Mujer, integradas orgánica-
mente en las delegaciones y subdelegaciones del Gobierno y en
las Direcciones Insulares.
j) Servicios especializados para la atención a las víctimas de vio-
lencia de género.
k) Cualquier otro órgano o entidad de la Administración General
del Estado u otras Administraciones con competencias en asis-
tencia y/o atención a las víctimas.
Con una función de acceso coordinador o ventanilla única, las Ofi-
cinas de Asistencia a las Víctimas podrán mantener reuniones periódi-
cas con los organismos mencionados anteriormente. En particular, se
alude a la necesidad de coordinación con los servicios de asistencia so-
cial en caso de hospitalización (art. 22, Reglamento).
Cabe preguntarse cuántos planes de actuación y coordinación se
han puesto en marcha y están siendo evaluados a día de hoy.

b)  Formación y sensibilización


La formación en Victimología y justicia restaurativa sigue siendo
escasa entre los profesionales del sistema penal. Por ejemplo, en la
formación de los jueces en el temario a nivel teórico no hay nada es-
pecífico, salvo lo que puede relacionarse con aspectos procesales. En
todo caso, a título personal, hay profesionales que integran en su
formación estos conocimientos, lo cual implica también aspectos de
justicia restaurativa. También se necesitaría mayor formación en co-
municación, ya que estamos ante profesionales que comunican as-
pectos vitales para las personas que se acercan a los tribunales en
busca de justicia. Ese día en un tribunal de justicia es rutinario para
los profesionales pero excepcional —y quizá traumático— para las
víctimas.
La sensibilización y formación específica van destinadas a enten-
der el miedo, confusión, dudas, sentimientos de vergüenza, culpabili-
dad, baja autoestima, impotencia y/o rabia de las víctimas; comprender
cómo estos condicionan su actitudes y conductas; saber que pueden
aparecer meses o años tras el delito y perdurar en el tiempo; saber tra-
bajar la resiliencia; saber cómo tratar con la policía, los letrados o los
medios de comunicación y entender cómo les afecta la investigación
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penal y el juicio o la ausencia de los mismos —porque no se puede co-


nocer quién fue el autor o no ha sido detenido, o no se ha encontrado
el cuerpo de la víctima—, etc. Para esa sensibilización y formación es
necesario relacionarse con las víctimas porque sólo desde su mirada se
observan aspectos que los demás, por muy en contacto que estemos
con ellas o estudiemos sus casos, pasamos por alto.
De acuerdo con el art. 30 LEV:
«El Ministerio de Justicia, el Consejo General del Poder Judicial,
la Fiscalía General del Estado y las Comunidades Autónomas, en el
ámbito de sus respectivas competencias, asegurarán una formación
general y específica, relativa a la protección de las víctimas en el pro-
ceso penal, en los cursos de formación de Jueces y Magistrados, Fis-
cales, Secretarios judiciales, Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, médicos
forenses, personal al servicio de la Administración de Justicia, perso-
nal de las Oficinas de Asistencia a las Víctimas y, en su caso, funcio-
narios de la Administración General del Estado o de las Comunida-
des Autónomas que desempeñen funciones en esta materia. En estos
cursos de formación se prestará particular atención a las víctimas ne-
cesitadas de especial protección, a aquellas en las que concurran fac-
tores de especial vulnerabilidad y a las víctimas menores o con disca-
pacidad.»
Asimismo, los poderes públicos fomentarán campañas de sensibi-
lización social en favor de las víctimas, así como la autorregulación de
los medios de comunicación social de titularidad pública y privada en
orden a preservar la intimidad, la dignidad y los demás derechos de las
víctimas (art. 34 LEV).

c)  Evaluaciones
La Directiva establece que, a más tardar el 16 de noviembre de
2017, la Comisión presentará al Parlamento Europeo y al Consejo un
informe en el que se evaluará en qué medida los Estados miembros
han adoptado las disposiciones necesarias para dar cumplimiento a lo
dispuesto en la presente Directiva, incluida una descripción de las me-
didas adoptadas.
De acuerdo con el art. 19.15 del RD, en relación con las funciones
de las Oficinas de Asistencia a las Víctimas, se encuentra «la coope-
ración con estudios e investigaciones sobre diferentes aspectos de la
victimización a partir de los resultados de la intervención de las Ofici-
nas». En todo caso, para realizar buenas evaluaciones e investigacio-
nes se necesitan datos y colaboración de otros profesionales e institu-
ciones.
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264 Gema María Varona Martínez

Poniendo una excesiva carga de trabajo, sin apenas recursos, en las


Oficinas de Asistencia a las Víctimas, la recopilación de los datos esta-
dísticos de esas Oficinas deberá incluir al menos (art. 39 RD):
a) El número de víctimas que han solicitado asistencia y las asisti-
das, distinguiendo entre adultos y menores, y el sexo.
b) Tipo de víctima por delito sufrido.
c) Tipo de asistencia y actuaciones realizadas.
d) Las derivaciones principalmente las de la policía y de los letra-
dos de la Administración de Justicia.
e) El número de víctimas que han sido derivadas a servicios de me-
diación.
Las Oficinas realizarán un seguimiento de cada caso individual, que
se documentará en los correspondientes archivos o registros. Asimismo
realizarán una memoria anual de la que se dará traslado al Ministerio
de Justicia, o en su caso, a las Comunidades Autónomas con compe-
tencia en la materia (art. 40 RD).
De acuerdo con la disposición adicional primera del Estatuto, el
funcionamiento de las instituciones, mecanismos y garantías de asis-
tencia a las víctimas del delito será objeto de una evaluación anual, pu-
blicable en la web, que se llevará a cabo por el Ministerio de Justicia
conforme al procedimiento que se determine reglamentariamente. En
principio, según la LEV, estas evaluaciones deben orientar la mejora del
sistema de protección y la adopción de nuevas medidas para garantizar
su eficacia, remitiendo el Gobierno a las Cortes Generales un informe
anual con la evaluación y las propuestas de mejora «del sistema de pro-
tección de las víctimas y de las medidas que garanticen su eficacia».
Las evaluaciones e investigaciones trascienden el ámbito estatal ya
que, siguiendo la Directiva y conforme al artículo 33 LEV:
«Los poderes públicos promoverán la cooperación con otros Esta-
dos y especialmente con los Estados miembros de la Unión Europea
en materia de derechos de las víctimas de delito, en particular me-
diante el intercambio de experiencias, fomento de información, remi-
sión de información para facilitar la asistencia a las víctimas concretas
por las autoridades de su lugar de residencia, concienciación, investi-
gación y educación, cooperación con la sociedad civil, asistencia a re-
des sobre derechos de las víctimas y otras actividades relacionadas.»

Si todos los artículos se estuvieran cumpliendo verdaderamente,


esto supondría un cambio cultural fundamental de cara a la transpa-
rencia y a una práctica judicial orientada por los conocimientos empí-
ricos, propia de los países más avanzados. En uno de los encuentros
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interprofesionales organizados por el IVAC/KREI sobre el Estatuto, reco-


gíamos el siguiente comentario de un participante sobre las necesida-
des requeridas para su correcta aplicación:
«Se necesita una actitud proactiva para tratar de superar las dis-
funciones, cada cual desde su ámbito de actuación: cuestionamiento,
formación, difusión, denuncia de disfunciones, propuestas de me-
jora, coordinación, sensibilización a la ciudadanía, levantar la vista y
combinar las luces cortas (el día a día) con las luces largas (cuál es el
horizonte que desearíamos encontrar).»
También se sugirieron propuestas interesantes, como:
«Hacer programas de intercambio entre profesionales para que,
con visitas o estancias cortas, se den cuenta cada uno de ellos de
cómo trabajan los demás y cómo podría mejorarse la coordinación y
el trabajo conjunto.»
En definitiva, los párrafos anteriores sobre obligaciones, a los que
no se les suele prestar importancia ni garantizar su cumplimiento, dibu-
jan un mundo ideal de derechos y obligaciones en papel, sin embargo,
sin las evaluaciones requeridas es imposible evaluar la aplicación y el
impacto real del Estatuto. Se requieren evaluaciones internas y externas
de cómo están funcionando los servicios dirigidos a las víctimas y cuáles
están siendo sus efectos. Sólo así se podrá redactar un buen informe
estatal, exigido de forma anual al Ministerio de Justicia y accesible en
su web, que debe remitirse a las Cortes y a la Unión Europea para la
supervisión del cumplimiento de la Directiva (disposición adicional pri-
mera LEV y art. 28 Directiva). Todo ello sin perjuicio de que la dispo-
sición adicional segunda de la LEV, en línea con otras normas aproba-
das en el periodo de austeridad, indique que las medidas incluidas en
la ley no podrán suponer incremento de dotaciones de personal, ni de
retribuciones ni de otros gastos de personal, un nuevo indicador de ese
brindis al sol o derecho victimal simbólico.
Sin caer en el pesimismo y sin perjuicio de cambios futuros sobre
las prioridades en la inversión pública, tanto del Estado como de las
Comunidades Autónomas, según las conclusiones del último Simposio
Internacional de Victimología, celebrado en Perth en 201534, los gestos
pequeños hacen sentirse a las víctimas tratadas humanamente. Las víc-
timas valoran particularmente los servicios que no les causan más daño
y respetan los elementos de confidencialidad, adecuación en el tiempo

34  VARONA, G., «Crónica del XV Simposio Internacional de Victimología (Perth, Aus-

tralia, 5-9 de julio de 2015)», Revista de Victimología/Journal of Victimology, vol. 2,


2015, pp. 153-161.

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y a los contextos culturales y sociodemográficos de cada persona, sin


discriminar. Puntúan positivamente los servicios precisos, prácticos,
ofrecidos proactivamente, sin juzgar, integrados, accesibles, especiali-
zados victimológicamente, empoderaradores, consistentes, coherentes
con los demás servicios públicos y que inspiren confianza. Para poder
valorar todos estos extremos se requieren procedimientos y metodolo-
gías adecuadas de recogida, procesamiento y análisis de datos.
En lo que respecta a estas obligaciones organizacionales y estruc-
turales, si los países incumplen la Directiva los ciudadanos pueden pre-
sentar quejas ante la Comisión35, que, en su caso, puede acudir al
Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) respecto del incumpli-
miento de las normas comunitarias. En todo caso, debe recordarse que
la Directiva tiene un efecto jurídico directo vinculante en nuestro orde-
namiento y puede alegarse ante los tribunales, los cuales también pue-
den plantear decisiones prejudiciales al TJUE para solicitar la aclaración
respecto de la interpretación de las normas. Los tribunales de un país
también pueden acudir al TJUE para determinar si una normativa o
práctica nacional es compatible con la legislación europea sobre vícti-
mas de delitos.

3. Derecho victimal simbólico: nuevos derechos e inercias de las culturas


organizacionales

Como ha sido mencionado, según la disposición adicional segunda


de la Ley:
«Las medidas incluidas en esta Ley no podrán suponer incre-
mento de dotaciones de personal, ni de retribuciones ni de otros gas-
tos de personal.»
En la misma línea, según la disposición adicional única del Regla-
mento:
«La entrada en vigor del presente real decreto no producirá incre-
mento del número de efectivos, ni de las retribuciones, ni de otros
gastos de personal con impacto presupuestario.»
Debe insistirse en que, junto con la asignación de recursos y las re-
clamaciones ante incumplimientos, la entrada de los derechos de las
víctimas requiere un cambio cultural, particularmente en los sistemas

35  Puede hacerse a través de la página web de la Comisión en [Link]

atwork/applying-eu-law/make_a_complaint_es.htm

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penales. La cultura organizacional comenzó a ser objeto de estudio en


la literatura anglosajona, respecto de los contextos laborales, en las dé-
cadas de los sesenta y setenta, pero fue en la década de los ochenta
cuando proliferaron los estudios sobre dichas culturas. Uno de los pa-
dres de estos estudios fue el psicólogo social Edgar Schein36 quien se
refería a tres capas. En la más profunda, difícil de observar, estarían las
asunciones que darían lugar, en la segunda capa, a una serie de valo-
res, traducidos, en la capa más superficial y constatable, en una serie
de estructuras, rituales y normas. Posteriormente se desarrollaron enfo-
ques más funcionalistas donde la cultura se trataba como una variable
que condicionaba los resultados de la actuación de las organizaciones.
Otros autores37 entienden la cultura como metáfora o lente desde la
que observar las contradicciones y complejidades del comportamiento
humano. Recientemente se habla también de neurocultura organiza-
cional38.
Todos estos enfoques permiten modelos integrados macro-me-
so-micro para explicar la interrelación entre estructuras y comporta-
mientos concretos. Los sistemas penales suelen ser más reactivos que
preventivos y, en general, suelen percibirse como poco coordinados
(interna y externamente) e insuficientes por muchas de las personas
«usuarias»39. Además, ante una situación de temor y desconocimiento
de la ciudadanía que se acerca al sistema penal, existe un riesgo de
deshumanización, particularmente perceptible cuando se impone la
austeridad y valores puramente economicistas o técnicos que no permi-
ten tener en cuenta visiones más complejas e inclusivas a medio y largo
plazo. Una persona que se enfrenta a un juicio, lo hace con temor, des-
conocimiento y sensación de falta de control del proceso que afecta
profundamente a sus vidas40, aunque para los profesionales de la orga-

36  SCHEIN, E.H., «Coming to a New Awareness of Organizational Culture», Sloan

Management Review, vol. 25, núm. 2, 1984, pp. 3-16.


37  MARTIN, J., Organizational Culture: Mapping the Terrain, Sage, Londres, 2002.
38  REISTAN, G.D., Neuro-Organizational Culture: A New Approach to Understanding

Human Behavior and lnteraction in the Workplace, Springer, Nueva York, 2016.
39  Creemos incorrecto este término en relación con el argumento de este artículo

porque las personas no sólo «usan» la justicia, sino que la «viven», la perciben como
algo excepcional en sus vidas y, además, al ser instituciones públicas, forma parte de un
entendimiento democrático de la forma de convivir. La forma en cómo ha de concre-
tarse su participación en dichos sistemas es otro debate.
40  Existen estudios, por ejemplo, en el ámbito de la justicia penal para casos no gra-

ves en que las personas entrevistadas que han pasado por ella, como denunciantes y/o
denunciadas, o incluso como testigos, manifiestan sus problemas para dormir desde la
interposición de la denuncia o la recepción de la citación —escrita en un lenguaje judi-
cial generalmente conminatorio y oscuro para los legos—. Vid. las entrevistas en el es-

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nización concernida sea un caso rutinario más, como ya ha sido men-


cionado.
El cambio hacia una visión no instrumental de las personas supone
que lo importante no es sólo el resultado de la intervención, sino las
personas mismas y el modo en que se lleva a cabo ese proceso para
que perciban haber sido tratadas justamente en un sentido amplio. Sin
embargo, en la práctica cotidiana judicial, la pérdida del sentido etimo-
lógico del término «audiencia» resulta significativa.
¿Qué deben hacer los profesionales concernidos para que esos de-
rechos, que ahora sistematiza el Estatuto, sean una realidad para las
víctimas? En ocasiones puede haber frustración porque el día a día
de los Juzgados (sus tiempos, procedimientos, lenguaje e infraestruc-
tura) no permite un contexto adecuado. En las entrevistas realizadas
en nuestros estudios, hemos recogido expresiones de algunas víctimas,
como: «Llevo cinco horas aquí y nadie me ha dicho nada», «me dicen
que vaya a firmar, que han llegado a un acuerdo, pero yo no he dicho
nada». Incluso algunos profesionales de los servicios de cooperación
con la justicia relatan haber sido vistos como entorpecedores de las ru-
tinas judiciales cuando se quiere hacer realidad los derechos de las víc-
timas. Obviamente hay que ceñirse a los plazos existentes dentro del
marco legal del proceso penal, pero humanizándolo y parándonos a
preguntarnos para qué y cómo estamos haciendo lo que hacemos cada
día, preguntando también a las personas afectadas y a otros profesio-
nales.

III. Un ejemplo de la frustración generada ante el nuevo Estatuto:


las víctimas de delitos contra la seguridad vial

Todo lo que hemos dicho anteriormente sobre las víctimas de cual-


quier tipo de delito y el sistema penal puede aplicarse a las víctimas de
delitos contra la seguridad vial, no obstante, queremos ahora profun-
dizar en este tipo de víctimas, subrayando su diversidad, por entender
que, aunque constituyen un número muy significativo dentro de la ac-
tividad cotidiana del sistema judicial (y sin duda de los sistemas sanita-
rios}, han estado tradicionalmente olvidadas. Además, el propio Esta-
tuto no las menciona expresamente, como sí hace con otras tipologías.

tudio cualitativo de IGARTUA, I., OLALDE, A., PEDROLA, M. y VARONA, G., Evaluación
del coste de la justicia restaurativa integrando indicadores cuantitativos y cualitativos: el
caso de la mediación penal aplicada a las infracciones de menor gravedad (Álava, 2013),
Gobierno Vasco, Vitoria/Gasteiz, 2015, pp. 60-82.

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En este apartado nos referiremos a tres cuestiones específicas41: la de-


manda de las víctimas de delitos contra la seguridad vial para utilizar el
término de «violencia»; su conceptualización en el Estatuto; y las posi-
bilidades abiertas de reparación, más allá del Código penal, todo ello
considerando sus necesidades e intereses legítimos.

1.  Violencia vial

Nos encontramos ante una victimización extensa y cotidiana, de


graves consecuencias, pero tradicionalmente olvidada al catalogarse de
accidental por la sociedad42. ¿Cómo conceptualizar los accidentes e im-
prudencias en términos de victimización y Derecho penal? Sólo hasta
que nos toca de cerca, podemos percibir las razones y estado de ánimo
de las personas que se acercan al sistema penal como víctimas de este
tipo de delitos, al mismo tiempo que, por su cotidianeidad y circunstan-
cias, todos podemos identificarnos mejor con los victimarios en compa-
ración con otro tipo de delitos.
El término de «violencia vial» se utiliza principalmente por las aso-
ciaciones de víctimas para concienciar sobre la gravedad de los delitos
e infracciones contra la seguridad del tráfico, incluyendo la omisión del
deber de socorro. La Organización de la Salud (OMS) trata este tema
dentro de sus programas generales de prevención de la violencia y las
lesiones. Sin embargo, en el campo estrictamente jurídico-penal deben
considerarse aspectos relacionados con la conceptualización de la im-
prudencia y el dolo eventual.
Dentro de las víctimas, con o sin implicaciones penales, la Organi-
zación Mundial de la Salud (OMS)43 señala que cerca de 1,3 millones de
personas mueren anualmente en las carreteras, casi la mitad eran pea-
tones, ciclistas o motoristas, y entre veinte y cincuenta millones quedan
heridos. A escala global, son una de las mayores causas de muerte en
todas las franjas de edad y la principal en jóvenes de 15 a 29 años. La
Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, de las Naciones Unidas, se

41  El desarrollo de las respuestas a estas preguntas puede visualizarse en el debate

grabado en la mesa redonda dedicada a estas cuestiones, dentro del curso objeto de
esta publicación, el 10 de noviembre de 2017 en Bilbao, accesible en el siguiente en-
lace: [Link]
42  MATE, M., «El progreso, la velocidad y los accidentes. Sobre la indiferencia moral

a propósito de las víctimas de la carretera» (sin fecha). [Link]


sites/defaultlfiles/[Link]%202011%20Victimas%[Link]
43  Véanse diversos documentos en su página web en [Link]

factfiles/roadsafety/en/

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ha fijado la meta de reducir a la mitad el número de muertos y heridos


para 2020. El coste de este tipo de victimización tiene un impacto en
términos económicos muy grande, incluyendo las consecuencias físicas
y psíquicas para víctimas directas e indirectas.
Según se afirma en la Memoria de la Fiscalía General del Estado re-
ferida al año 2016, en el apartado sobre seguridad vial44:
«Quizá lo que puede constatarse es la ausencia de toda relevan-
cia o escasa atención a la seguridad vial con su trasfondo cultural,
tanto en los programas de los partidos políticos en general como en
los debates de investidura en particular. Todo ello a pesar de tratarse
de cuestiones que afectan a la vida diaria de los ciudadanos y en las
que está en juego el diseño futuro de un espacio de convivencia que
no se limita sólo a la reducción de las cifras de siniestralidad, cuyo
coste moral en vidas humanas es elevadísimo y el económico ronda
el 1% del PIB, sino también al bienestar y desarrollo económico de
los núcleos urbanos y rurales con los parámetros de la movilidad sos-
tenible.»
Respecto de la victimización primaria, el consumo de alcohol y otras
drogas, el exceso de velocidad, la conducción sin permiso, temeraria, el
uso del móvil u otras distracciones, todo ello evitable, hace que se ha-
ble de violencia porque la concienciación sobre esos factores de riesgo
ya es muy alta en las sociedades occidentales45. Evidentemente las me-
didas preventivas y reparadoras dependen no sólo del sistema penal,
sino también del sistema de transportes, educativo, sanitario, empresas
automovilísticas, etcétera.
De forma creciente en el tiempo, el sistema penal español ha ido
penalizando comportamientos de riesgo, con un cierto éxito preven-
tivo46, aunque cabría indicar las limitaciones de valorar ese éxito con-
siderando, como se ha mencionado anteriormente, las simultáneas
mejoras en las campañas de sensibilización y en otras medidas adminis-
trativas y relativas a la construcción de carreteras. De forma particular,

44  Accesible en la página web de la Fiscalía General del Estado, dentro de la sección

documentos, Memorias, [Link]


[Link]
45  SÁNCHEZ, J.A., «La seguridad vial en el ordenamiento penal: justificación y crí-

tica», Revista de Derecho Político, núm. 98, 2017, pp. 425-449.


46  NOVOA, A., PÉREZ, K., SANTAMARÍA-RUBIO, E. y BORRELL, C., «Effect on Road

Traffc Injuries of Criminalizing Road Traffc Offences: A Time-series Study», Bulletin of


the World Health Organization, vol. 89, 2011, pp. 422-431. En todo caso, la penaliza-
ción o el incremento de las penas se relaciona en este estudio con una mayor vigilancia,
celeridad y efectividad en su aplicación, así como una mayor concienciación social.

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se advierte una criminalización desde 2007 de conductas de riesgo47,


pasando del ámbito civil al penal donde, dependiendo del tipo de de-
lito y la gravedad, la pena puede ir desde la prisión, la multa, el trabajo
en beneficio de la comunidad hasta la retirada del carnet Las asociacio-
nes de víctimas han venido denunciando la escasa severidad de las pe-
nas y la posible desigualdad en la apreciación de los niveles de veloci-
dad o alcohol para considerar la existencia de delito, algo que se ha ido
corrigiendo posteriormente.
Por su parte, en la reforma de 2015 se despenalizaron las faltas de
tráfico, incluyendo las imprudencias con consecuencias de diversa en-
tidad que sean calificadas como leves. La Asociación Española de Pre-
vención de Accidentes de Tráfico criticó esta despenalización, a lo que
fuentes del Ministerio de Justicia respondieron48: «El problema de las
asociaciones de víctimas es que quieren que una infracción grave sea
directamente un delito penal, independientemente del resultado... Pero
no es lo mismo que muera una persona a que no pase nada. En ese se-
gundo caso, no debe ir al código penal», explican. Según declaraba un
juez: «Tengo la mesa llena de robos, violaciones... Esto colapsaría la
administración de justicia, el sistema no lo aguantaría. Además, el he-
cho de ir a la jurisdicción civil no cambia nada. Atropellar a alguien ya
no se enfoca desde el punto de vista del derecho penal, sino civil, pero
si hay motivos graves, como puede ser haber bebido, seguirá siendo un
delito».
Asimismo, algunos profesionales aluden a las prácticas de los abo-
gados de presentación de denuncias para obtener el informe forense y
luego poder plantear la reclamación civil, donde la responsabilidad está
objetivada y requiere estándares de prueba menores que en la jurisdic-
ción penal. Por su parte el gobierno ha insistido en impulsar un proce-
dimiento extrajudicial, donde como en la faltas no es necesaria la in-
tervención con abogado, para que la víctima pueda ir directamente a
la aseguradora, si bien algunos abogados han insistido en los mayores
costes en la vía civil y en la posición ventajosa de las compañías asegu-
radoras, junto con la complejidad del nuevo baremo y las disparidades
en su interpretación, teniendo en cuenta además que el Estatuto de la
víctima no se aplica en la jurisdicción civil.

47  GARCÍA ALBERO, R., «La nueva política criminal de la seguridad vial. Reflexiones a

propósito de la LO 15/2007, de 30 de noviembre, y del Proyecto de Reforma del Código


Penal», Revista Electrónica de Ciencia Penal y Criminología, 2007, núm. 9, pp. 1-28.
48  RAMOS, D. «Accidentes de tráfico: las víctimas lo pagarán más caro», 30/06/2015,

[Link]

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En concreto, respecto del informe forense, para algunos autores sí


habría un avance49:
«esto que supone una auténtica revolución en cuanto a la posibilidad
de solucionar por vía amistosa esta discusión que sobre la valoración
del daño, se ha desarrollado posteriormente de forma reglamentaria,
especificando las condiciones y tasas a que puede acceder en dicho
informe, por el RD 1148/2015, que regula las pericias a solicitud de
particulares por los Institutos de Medicina Legal»50.
Según el art. 13 del Real Decreto Legislativo 8/2004, de 29 de oc-
tubre, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley sobre respon-
sabilidad civil y seguro en la circulación de vehículos a motor, consi-
derando la Ley 35/2015, de 22 de septiembre, de reforma del sistema
para la valoración de los daños causados a las personas en accidentes
de circulación:
«Cuando en un proceso penal, incoado por hecho cubierto por
el seguro de responsabilidad civil de suscripción obligatoria en la cir-
culación de vehículos de motor, recayera sentencia absolutoria, si el
perjudicado no hubiera renunciado a la acción civil ni la hubiera re-
servado para ejercitarla separadamente, el juez o tribunal que hu-
biera conocido de la causa dictará auto, a instancia de parte, en el
que se determinará la cantidad líquida máxima que puede reclamarse
como indemnización de los daños y perjuicios sufridos por cada per-
judicado, amparados por dicho seguro de suscripción obligatoria y
según la valoración que corresponda con arreglo al sistema de valo-
ración del Anexo de esta ley.
Se procederá de la misma forma en los casos de fallecimiento en
accidente de circulación y se dictará auto que determine la cantidad
máxima a reclamar por cada perjudicado, a solicitud de éste, cuando
recaiga resolución que ponga fin, provisional o definitivamente, al
proceso penal incoado sin declaración de responsabilidad.
El auto referido se dictará a la vista de la oferta motivada o de la
respuesta motivada del asegurador, o del Consorcio de compensa-
ción de Seguros, y contendrá la descripción del hecho, la indicación
de las personas y vehículos que intervinieron y de los aseguradores
de cada uno de éstos.

49   ESTRELLA, M., «Efectos de la despenalización de las faltas», E­lDerecho.

com, 2016, [Link]


faltas_11_921430004.html
50  Véase la normativa de las diferentes [Link]. por la que se aprueba el modelo nor-

malizado de solicitud a petición de particulares de pericias forenses a los institutos de


medicina legal en las reclamaciones extrajudiciales formulada por hechos relativos a la
circulación de vehículos de motor.

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En todo caso, antes de dictarse el auto, si en las actuaciones no


consta oferta motivada o respuesta motivada según las prescripcio-
nes de esta ley, el juez convocará a los perjudicados y posibles res-
ponsables y sus aseguradores, incluido en su caso, el Consorcio de
Compensación de Seguros, a una comparecencia en el plazo de cinco
días, a fin de que pueda aportarse la oferta o la respuesta motivada,
o hacerse las alegaciones que consideren convenientes.
Si en la comparecencia se produjera acuerdo entre las partes, el
mismo será homologado por el juez con los efectos de una transac-
ción judicial.
De no alcanzarse el acuerdo, se dictará auto de cuantía máxima
en el plazo de tres días desde la terminación de la comparecencia y
contra el mismo no podrá interponerse recurso alguno.»
Debe subrayarse que estas prácticas, sin un programa adecuado,
no pueden calificarse realmente como justicia restaurativa, aunque al-
gunas resoluciones judiciales se refieran a ello51. Debe considerarse,
además, la desigualdad entre un particular y una compañía asegura-
dora. Adicionalmente, respecto de la victimización secundaria, las víc-
timas esperan una correcta investigación del caso y un cuidado psi­
coso­cial y sanitario adecuado, así como un trato correcto por parte de
todos los profesionales del sistema penal, desde la policía, los médicos
forenses, los abogados, los letrados judiciales, los fiscales, los jueces y
los trabajadores de los servicios de cooperación con la administración
de justicia.
El Fiscal de Seguridad, Bartolomé Vargas, se ha referido a «la
despro­tec­ción, desamparo y abandono» que sufren las víctimas de ac-
cidentes de tráfico por parte del sistema judicial, de forma más acen-
tuada tras la reforma de 201552. En la Memoria de la Fiscalía, referida
al año 2016, se concluye sobre:

51  Auto de Audiencia Provincial: AAP Madrid, sección 1.ª, 165/2017, de 23 de fe-

brero. En su fundamento de derecho tercero se dice:


  «En estos casos no olvidemos que también podría funcionar la vía de la me-
diación penal o justicia restaurativa por la que aplicando también el art. 14
RD 8/2004 las partes, perjudicado y asegurado/compañía de seguros podrían pedir
del juez la suspensión del procedimiento para someterse a la vía de la mediación
penal y en ella indemnizar la aseguradora al perjudicado y cerrarse un acuerdo de
mediación que conllevaría aplicar luego el protocolo de conformidades firmado
entre el CGPJ, el Consejo general de la abogacía y la Fiscalía, por el que se pro-
pondría una rebaja de las penas que constan en el art. 152.1 CP o el apartado 2.º
para los casos de imprudencia menos grave.»
52  Vid., sobre las funciones de la Fiscalía de Sala de Seguridad Vial, [Link]

[Link]/fiscal/publico/ciudadano/fiscal_especialista/seguridad_vial/funciones/. Véanse
también en esta página web, además de las conclusiones de las Jornadas anuales de los

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«la inexistencia de criterios consolidados de interpretación de las nue-


vas categorías de imprudencia y en la paralela existencia de parcelas
desjudicializadas y praxis judiciales tendentes asimismo a excluir a li-
mine de la vía penal supuestos indiciarios de imprudencia sin una mí-
nima instrucción, que han podido ser corregidas, al menos en parte,
por la vía del recurso del Ministerio Fiscal, con el consiguiente riesgo
de devaluación de las imprudencias de tráfico más allá de los desig-
nios y finalidad de la reforma de la LO 1/2015».
En cuanto a la calificación penal, parece haber una remisión al Real
Decreto Legislativo 6/2015, de 30 de octubre, por el que se aprueba el
texto refundido de la Ley sobre Tráfico, Circulación de Vehículos a Mo-
tor y Seguridad Vial respecto de qué infracciones son graves y cuáles
son muy graves. Las que se correspondan con imprudencia grave se-
rán las recogidas en el art. 77 de dicho Real Decreto y las que se co-
rrespondan con imprudencia menos grave las del art. 76. Por tanto,
para la entrada en la vía penal, se exige una de las infracciones de esos
artículos y al mismo tiempo una imprudencia grave o menos grave. Lo
que resulta chocante para las víctimas es que cuando se sufra una im-
prudencia grave o menos grave pero no concurra una infracción de los
artículos 76 y 77, se excluya la vía penal y la vía civil siga siendo una vía
sin un adecuado tratamiento para estas víctimas53.
Según la Memoria de la Fiscalía, en 2016 hubo 80.831 sentencias
condenatorias dictadas por los delitos de riesgo contra la seguridad
vial, con más de 800 personas cumpliendo penas de prisión, exclusiva-
mente por estos delitos. En cuanto a penas no privativas de libertad, la
misma Memoria indica que se gestionaron 28.332 entradas por penas
y medidas alternativas dictadas por delitos contra la seguridad vial, de
las que 27.954 lo fueron por trabajos en beneficio de la comunidad y
376 por programas de educación vial impuestos como condición para
conceder la suspensión o sustitución de la pena. El número de penas

Fiscales Delegados, el Dictamen n.º 2/2016 del Fiscal de Sala Coordinador de Seguridad


Vial sobre la Ley Orgánica 1/2015, de 30 de marzo, por la que se modifica el Código Pe-
nal, los nuevos conceptos de imprudencia grave y menos grave de los arts. 142 y 152
CP y su incidencia en la actuación especializada del MF para una efectiva protección pe-
nal de la seguridad vial; el Dictamen n.º 3/2016 del Fiscal de Sala Coordinador de Segu-
ridad Vial sobre la Ley 35/2015, de 22 de septiembre, de reforma del sistema para la va-
loración de los daños y perjuicios causados a las personas en accidentes de circulación y
protección de los derechos de las víctimas en el ámbito de la siniestralidad vial; y el Dic-
tamen n.º  1/2016, del Fiscal de Sala Coordinador de Seguridad Vial, sobre cuestiones
sobre los delitos contra la seguridad vial y la concurrencia de la agravante de reinciden-
cia entre los delitos de los artículos 379 a 381 y 384 del Código Penal.
53  Auto de Audiencia Provincial: AAP Madrid, sección 1.ª, 165/2017, de 23 de fe-

brero.

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de multa fue de en torno a las 50.000. En cuanto a las penas de pri-


vación del derecho a conducir de los arts. 379, 380, 381 y 383 CP, en
2016 se impusieron aproximadamente 55.148. De ellas, 2.060 acce-
dieron al Registro de Conductores e Infractores, con una duración su-
perior a dos años, lo que implica la pérdida de vigencia del permiso
—art. 47.3 CP—. En clave victimológica estas cifras deben leerse consi-
derando las víctimas, directas e indirectas, causadas en cada una de es-
tas causas penales, sin perjuicio de la amplia victimización no registrada
penalmente que pueda existir.
En definitiva, nos atreveríamos a decir que no se trata tanto de una
mayor penalización, como del hecho de que haya una respuesta judicial
y un acompañamiento institucional y social que reconozca la victimiza-
ción y su reparación, sea en vía penal o civil, sin mercantilizar los daños.
Numerosos estudios han puesto de relieve que la vivencia y percepción
de desamparo e injusticia por parte de las víctimas, tanto como parte de
la victimización primaria como secundaria, fomentan las actitudes puni-
tivas de las mismas, no porque la punición vaya a solventar sus necesi-
dades e intereses legítimos, sino porque no se les ofrece otra respuesta
que resulte adecuada en la escucha y atención que requieren.

2.  Individualización e igualdad

¿Es realista pensar que una norma, como el Estatuto de la víctima,


que reconoce derechos de forma general para todas las víctimas, de
cualquier delito, garantizará por sí misma la atención de las necesida-
des diversas de cada una de ellas y, en particular, de las víctimas de vio-
lencia vial?
Esta pregunta resulta común para todas las víctimas en el sentido
de cómo articular legalmente generalidad y singularidad, para evitar
la deshumanización y la percepción de discriminación respecto del tra-
tamiento a víctimas de otro tipo de sucesos traumáticos o delitos. Asi-
mismo pretende ahondar en algunas cuestiones que las asociaciones
de víctimas de violencia vial echan en falta en relación con el Estatuto.
En la propuesta de Directiva europea de la Comisión, de 18 de
mayo de 2011, se decía que, aunque esta norma no podía recoger to-
das las necesidades detalladas de las víctimas de delitos contra la se-
guridad vial, se necesitaba una mayor concienciación y una mejora de
actitudes culturales de los operadores jurídicos, combinadas con inves-
tigaciones y evaluaciones adecuadas de este tipo de daños. Sin em-
bargo, finalmente no se recogió una mención expresa en la Directiva
europea.
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Diversos colectivos de víctimas han expresado su valoración del Es-


tatuto y de la Directiva 2012/29/UE en términos de insatisfacción por
su insuficiencia, cuando, como ya se ha dicho, ni siquiera son mencio-
nadas en ninguno de los dos textos de forma expresa. En línea con lo
anterior, la Federación Europea de Víctimas de Tráfico54, en un estudio
sobre el impacto de la Directiva 2012/29/UE, a través de encuestas a
asociaciones de quince países, incluyendo España, concluye que deben
considerarse delitos, de diversa entidad, todas las infracciones contra la
seguridad del tráfico donde se produzcan víctimas. Esta idea debe de-
batirse para respetar el principio de mínima intervención penal que su-
pone correlativamente una adecuada intervención en otros ámbitos.
En todo caso, se insiste en dicho estudio, sobre la inclusión en la
condición de víctima a los familiares de las personas gravemente heri-
das y no sólo fallecidas. Asimismo se destaca que deben considerarse
las necesidades especiales de personas con diversidad funcional, en
su caso causadas por los hechos y, en todo caso, el estado emocional
de las víctimas tras los mismos que pueda dificultar las declaraciones y
toma de decisiones. Además, se debería proporcionar información so-
bre las asociaciones existentes. Finalmente, existen diversos aspectos
que, por mandato de la Directiva, deben vigilarse en su cumplimiento,
como es el caso del respeto al derecho a la privacidad de las víctimas
frente a los medios de comunicación, aspecto ya mencionado ante-
riormente en este texto. En general, el informe de la Federación Euro-
pea de Víctimas de Tráfico constata que una organización inadecuada
y una falta de atención respetuosa, desde que se produce la infracción
hasta el final del proceso penal, agravan la victimización sufrida y per-
judica el proceso de recuperación, físico y/o psíquico.

3.  Reparación material y simbólica

¿En qué medida la reparación económica, con las últimas mejoras


introducidas, será siempre insuficiente para abordar la reparación del
daño sufrido e, incluso, puede causar un daño añadido?
Diversos estudios señalan la necesidad de completar la reparación
económica, con la sanción en su caso, y con la reparación simbólica a
través de peticiones de disculpas individuales, o incluso instituciona-

54  VARONA, G., «El impacto de la política victimal de la Unión Europea en el sistema

penal español: estudio particular de los efectos reales de la Directiva 2012/29/UE sobre
derechos de las víctimas de delitos». Proyecto MINECO DER201343883-P, IVAC/KREI
Adaptación del Derecho penal español al Derecho penal europeo, 2017 (en prensa).

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les55, a través de programas de justicia restaurativa. Debe resaltarse la


insuficiencia de la reparación económica, ya que la vida o el daño pro-
ducidos son irreparables y no pueden reducirse a dinero, sin restar la
importancia de la responsabilidad civil. La reparación debe incluir as-
pectos simbólicos y de prevención. Dentro del enfoque preventivo y re-
parador deben mejorarse los programas de reeducación vial, donde,
junto con programas de reinserción en prisión, podrían trabajarse me-
canismos de ofrecimiento de disculpas56.
Por otra parte, se están desarrollando diversos proyectos, españo-
les y europeos, que están aplicando programas de justicia restaurativa
para este tipo de victimización. En la actualidad existe un proyecto eu-
ropeo (Victims of road traffic offences) que valora esta vía, en la que
se trabaja asimismo en la mejora de la información a las víctimas y la
cooperación de los diferentes agentes implicados. En él participa la Fe-
deración Europea de Víctimas de Tráfico y el Foro Europeo de Justicia
Restaurativa. Financiado por el Programa de Justicia de la Unión Euro-
pea, para los objetivos perseguidos se utilizan en este proyecto, entre
otros, relatos digitales que ayuden a la prevención social y a visibilizar
las dimensiones de la victimización sufrida.
Debe recordarse que en la Recomendación CM/Rec (2010)1 del Co-
mité de Ministros a los Estados miembros sobre las reglas del Consejo
de Europa relativas a penas y medidas comunitarias, adoptada por el
Comité de Ministros el 20 de enero 2010, se indica que toda práctica
restaurativa, salvaguardando los derechos de las personas involucra-
das en ella, debe tener como objetivo principal la reparación del daño
causado. Según dicha Recomendación, dentro de la justicia restaura-
tiva tienen cabida enfoques y programas basados en cinco postulados:
a) una respuesta apropiada al delito debe permitir reparar, en la media
posible, el daño sufrido por la víctima; b) es necesario facilitar que los

55  Más allá de las responsabilidades penales, en ocasiones las víctimas, dentro de

esos procesos de victimización secundaria o fuera de ellos, esperan una petición de dis-
culpas por negligencias o por el trato recibido por las propias instituciones.
56  Sobre el perdón y los talleres para infractores, véase GERMÁN, l., «Victimización

vial y justicia restaurativa: reflexiones desde la propia experiencia victimal», Oñati Socio-
legal Series, vol. 4, núm. 3, 2014, pp. 573-592. Cfr., en el País Vasco, la colaboración
entre la organización Berriztu y Stop Accidentes, relativa a la concienciación y responsa-
bilización de los infractores. Vid., sobre las necesidades de la búsqueda del ofrecimiento
o dación de perdón, el documental «Mil sonrisas y un perdón», accesible en https://
[Link]/watch?v=FlgC5UiKFE0. De forma diferente, sobre las complejida-
des de la reparación y los diferentes vínculos traumáticos creados, en diferentes contex-
tos culturales, véase la película china de Emily Tang, de 2012, titulada Ai De Ti Shen/All
apologies.

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infractores entiendan que su comportamiento no es aceptable y que


tiene consecuencias reales para la víctima y la sociedad; e) los infracto-
res pueden y deben asumir la responsabilidad de sus actos; d) las vícti-
mas deben tener la oportunidad de expresar sus necesidades y partici-
par en reflexiones que lleven a determinar la mejor manera en que el
infractor repare el perjuicio causado; y e) la comunidad tiene la respon-
sabilidad de contribuir a este proceso.
Esta concepción de justicia restaurativa parece más completa que la
recogida en el art. 15 del Estatuto57, el cual tiene una pretensión más
centrada en salvaguardar los derechos de las víctimas. Además la de-
finición del Consejo de Europa también aporta más elementos que la
definición contenida en la Directiva 2012/29/UE, en la cual identifica la
justicia restaurativa con «cualquier proceso que permita a la víctima y
al infractor participar activamente, si dan su consentimiento libremente
para ello, en la solución de los problemas resultantes de la infracción
penal con la ayuda de un tercero imparcial»58.
Un elemento interesante para futuros programas de justicia restau-
rativa en este campo podría ser el trabajo con la memoria, en el que
podrían participar, de forma solidaria y creativa, personas condenadas
como muestra de una responsabilización activa. El derecho a la memo-
ria, como derecho de las víctimas, se recoge jurídicamente de forma ex-
presa, en la normativa internacional e interna, sólo para víctimas de te-
rrorismo y de violaciones graves de derechos humanos. Ni la Directiva ni

57  En el artículo 15 LEV se indica lo siguiente: «Servicios de justicia restaurativa.

1. Las víctimas podrán acceder a servicios de justicia restaurativa, en los términos que re-
glamentariamente se determinen, con la finalidad de obtener una adecuada reparación
material y moral de los perjuicios derivados del delito, cuando se cumplan los siguientes
requisitos: a) el infractor haya reconocido los hechos esenciales de los que deriva su res-
ponsabilidad; b) la víctima haya prestado su consentimiento, después de haber recibido
información exhaustiva e imparcial sobre su contenido, sus posibles resultados y los pro-
cedimientos existentes para hacer efectivo su cumplimiento; c) el infractor haya pres-
tado su consentimiento; d) el procedimiento de mediación no entrañe un riesgo para
la seguridad de la víctima, ni exista el peligro de que su desarrollo pueda causar nuevos
perjuicios materiales o morales para la víctima; y e) no esté prohibida por la ley para el
delito cometido. 2. Los debates desarrollados dentro del procedimiento de mediación
serán confidenciales y no podrán ser difundidos sin el consentimiento de ambas partes.
Los mediadores y otros profesionales que participen en el procedimiento de mediación,
estarán sujetos a secreto profesional con relación a los hechos y manifestaciones de que
hubieran tenido conocimiento en el ejercicio de su función. 3. La víctima y el infractor
podrán revocar su consentimiento para participar en el procedimiento de mediación en
cualquier momento».
58  En la traducción oficial de la Directiva se habla de «justicia reparadora», si bien el

Estatuto de la víctima y el Real Decreto que lo desarrolla utilizan el término de «justicia


restaurativa».

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el Estatuto lo mencionan específicamente. No obstante, la Organización


Mundial de la Salud (OMS) celebra anualmente un día internacional en
recuerdo de las víctimas de la carretera, cada tercer domingo de no-
viembre59. Al dedicar ese día, la OMS quiere reconocer, a escala global,
el efecto en las víctimas directas, familias y amigos, así como en la so-
ciedad en general, de los daños producidos en los accidentes de tráfico,
con o sin consecuencias penales. Se reconoce que la juventud de mu-
chas víctimas y la percepción de que en muchos casos se podría haber
evitado incrementa el daño psicológico de víctimas directas e indirectas.
También se celebra ese domingo como un día de agradecimiento a los
servicios de emergencias o urgencias y de reivindicación para una con-
cienciación sobre el impacto de los daños, la urgencia de actuar mejor
y de un mejor trato institucional y social que resulte adecuado para la
pérdida de la vida ocasionada. La creación de ese día, hace poco más de
veinte años, respondió a la necesidad de reconocimiento público del su-
frimiento de estas víctimas y de acompañamiento social.

IV. Conclusiones inacabadas: ¿la entrada de las víctimas está


causando un peor sistema penal o constituye una nueva
oportunidad para un cambio cultural en términos de
derechos humanos?

En alusión al título de este texto, los sistemas penales muchas veces


trabajan bajo la creencia de las víctimas como seres mitológicos que no
sienten ni se ven perjudicados por el trato frío, los espacios, los tiem-
pos y el lenguaje técnico de la administración de justicia. Las víctimas
de carne y hueso, que pueden ser escuchadas de verdad cada día, no
son en su mayoría especialmente vengativas, ni absolutamente vulnera-
bles, ni irracionales, son seres humanos diversos, con sus virtudes y de-
fectos (existen victimarios que han sido, son o serán víctimas), que no
han elegido ser víctimas y que se ven inmersos en un proceso que, en
muchas ocasiones, no controlan ni entienden y del cual, quizá, espera-
ban otra cosa, pero fundamentalmente que al daño producido no se
sumen otros, lo que en Victimología hemos denominado victimización
secundaria. Tal y como se ha mencionado anteriormente respecto de
la noción de justicia procedimental, el valor intrínseco de la experiencia
de justicia se encuentra más en el trayecto que en la llegada o el resul-

59  Véase la página web dedicada al mismo en [Link]

about/. Este día se comenzó a celebrar internacionalmente, en 1995, a iniciativa de la


Federación Europea de Asociaciones de Víctimas de Tráfico.

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tado. Ese trayecto, el trabajo de todas las personas en el sistema penal,


se fundamenta por la comisión de un delito que causa un daño a una
persona y/o a la sociedad. Por ello, no debería tener un fundamento
autorreferente que produce discursos circulares y, finalmente, prácticas
deshumanizadoras.
Siguiendo a GATTl y MARTÍNEZ60, en la actualidad ha surgido un
nuevo concepto de ciudadano-víctima, dentro de su progresiva cen-
tralidad, que, en este texto se ha calificado como centralidad o prota-
gonismo aparente más que real. La víctima se define por estos auto-
res como «este humano en posición de desdicha (que) es tan central en
nuestra arquitectura moral que en torno a él se ha organizado un po-
deroso edificio, de personajes, de valores, de prácticas» ya sea por una
mayor sensibilidad colectiva ante el dolor de los demás o una «econo-
mía moral del humanitarismo» globalizada que produce sujetos víctimas
de forma creciente. Ahora bien, aunque haya abusos en la utilización
del término «víctima», aunque se esté convirtiendo en un término más
connotativo que descriptivo en la sociedad, lo cierto es que en el mundo
jurídico-penal aún falta esa sensibilidad. Las víctimas siguen siendo suje-
tos incómodos, y las definiciones jurídicas de víctima siempre serán limi-
tadas, dejando invisibilizadas y sin apoyo a numerosas victimizaciones, a
pesar de que el Estatuto actual, como la Directiva, no vincule esa defini-
ción a la existencia de denuncia o proceso penal. Todo ello sin perjuicio
del cuestionamiento por las propias víctimas de cómo son nombradas y
la opción por algunas de ellas por términos, como perjudicados, perso-
nas que han sufrido una victimización o supervivientes, que les resultan
menos pasivos o menos paternalistas que el de «víctimas»61.
Tomarse en serio a las víctimas de los delitos, en particular de los
delitos contra la seguridad vial, no es santificarlas, eso también las des-
humanizaría, sino reconocer precisamente que son ciudadanos a quie-
nes injustamente se les ha causado un daño evitable. Por daño en-
tendemos aquí no sólo el delito, sino fundamentalmente la propia
victimización secundaria causada por el sistema penal, de la cual éste
debe hacerse responsable para prevenirla y repararla.
En el siglo xxi se advierte una tensión entre el discurso emergente de
derecho victimal simbólico y la realidad. A esa realidad puede accederse

60  GATTI, G. y MARTÍNEZ, M., «El ciudadano-víctima. Notas para iniciar un debate»,

Revista de Estudios Sociales, vol. 59, 2017, [Link]


61  Sobre el significado original ritual del término «víctima», como objeto de sacrifi-

cio, y su evolución histórica hacia un significado metafórico como perjudicado o persona


dañada, véase GALONA, Y., «From ritual to metaphor. The semantic shift in the concept
of “victim” and medieval Christian piety», lnternational Review of Victimology, 2017.

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simplemente preguntando a las propias víctimas que navegan por el sis-


tema penal con la ayuda de algunos excelentes profesionales y la indife-
rencia de otros. A las víctimas se les encapsula y unidimensiona cuando
no se reconocen sus derechos como ciudadanos multidimensionales, sin
esencialismos, antagonismos o patologías62, cuando son sólo «vulnera-
bles», «dependientes», «víctimas ideales», según las diferentes comuni-
dades de referencia, o «seres traumatizados y enfermos». Los estudios
empíricos sobre el trato a las víctimas por parte del sistema penal arro-
jan el resultado de un tratamiento muy mejorable respecto de sus de-
rechos como ciudadanos porque el sistema tiene una visión principal-
mente instrumental de las víctimas que termina dañándolas, muchas
veces de forma mecánica e inconsciente, lo cual produce, a su vez, una
frustración y desconfianza con la administración de justicia que, ade-
más, puede condicionar futuras denuncias o testificaciones.
En muchos foros sobre víctimas se repite la idea de que, en el si-
glo  xxi, «las víctimas han llegado para quedarse». Quizá el problema es
que no sabemos muy bien quiénes han llegado y quienes no, a dónde
han llegado y cómo lo han hecho. Las instituciones, incluyendo el colec-
tivo académico, la sociedad y las mismas víctimas no parecen encontrar
el lugar donde deben colocarse, tal vez porque la victimidad nunca po-
drá prescindir de sus características de ubicuidad y debería formar parte
de una respuesta ante el sufrimiento injusto que debe ser transversal, de
escucha, reparadora y preventiva, más que meramente puntual, deciso-
ria, punitiva y reactiva. La victimidad, como la vulnerabilidad, forma parte
de la condición humana como rasgo potencialmente luminoso hacia la
responsabilización, el acompañamiento y el cuidado de vidas precarias,
limitadas y atacables. Todas las vidas comparten estas características, ya
sean vidas de víctimas, victimarios, profesionales u otros miembros de
la sociedad, todos compartimos esa condición humana, independiente-
mente del papel que, ocasionalmente, nos toque interpretar.
Debe buscarse la coherencia en la defensa de los derechos huma-
nos, fundamentados en una ética global, y en la misión del sistema
penal para con ellos, en su aplicación cotidiana, que nos permita ser
menos ciegos ante las victimizaciones ocultas o silenciadas, tanto pri-
marias como secundarias dentro del sistema. El Estatuto de la víctima,
con su innegable importancia y necesaria inversión en recursos, no
basta para cambiar una cultura organizacional como el sistema penal.
Como expresaba Francisco de Asís: «Luchemos por alcanzar la sereni-

62  TAMARIT, J.M., «Paradojas y patologías en la construcción social, política y jurídica

de la victimidad», lnDret: Revista para el Análisis del Derecho, vol. 1, 2013, pp. 18-31.

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dad de aceptar las cosas inevitables, el valor de cambiar las cosas que
podamos y la sabiduría para poder distinguir unas de otras». La falta
de un trato humano hacia las víctimas no es ni aceptable ni inevitable.
Ese trato humano tiene mucho que ver con el que también debemos a
los victimarios, en un contexto de populismo punitivo y derecho victi-
mal simbólico.

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