JESÚS DE NAZARET
Secretaría general 18, de agosto 2020
Querida hija:
Conozco bastante bien tus ilusiones y tus sueños. También conozco tus preocupaciones e inquietudes.
Me intereso por ti y por eso me permito decirte algunas cosas, sabes que "... antes de formarte en el seno
de tu madre, mi Padre te ha llamado y pronunciado tu nombre. Él te ha dado un destino...., una misión
que cumplir... ser luz de las naciones para que mi salvación pueda llegar a todas las naciones de la
tierra...." "...yo te he amado con amor eterno. Te he elegido y eres mía. Aunque camines sobre las
brasas, estaré contigo. Y el fuego no te dañará porque yo te protegeré...." Por eso tus problemas son mis
problemas, tus inquietudes son mis inquietudes y sabes que tengo fama de ser el amigo que nunca falta.
No olvides que a mí también me crucificaron.
"... ¡Cuánto te quiero! Una madre podrá olvidarse de su niño de pecho, podrá olvidarse del hijo que lleva
en sus entrañas. Aunque ella se olvidara de él, yo nunca te olvidaré." Por eso quiero encomendarte una
misión que cumplir "...por el camino proclamad que ya ha llegado el Reino de Dios, curad enfermos,
resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. De balde lo recibisteis, dadlo de balde..." He
puesto toda mi confianza en tus manos, necesito tus labios para gritar el evangelio y ser voz de los sin
voz, tus pies para caminar levantando al que se siente caído y sólo, tus manos para que se crucifiquen
con todos esos que hoy son crucificados en la cumbre del basurero de nuestro mundo, también necesito
tu corazón con las puertas abiertas; amigo de todo el mundo. Recuerda siempre "... que no hay amor más
grande que el que da la vida por sus amigos.... y a ti te llamo amiga, porque te he dado a conocer todo lo
que conocí".
Lo que te pido es que me prestes tus manos para que con ellas yo pueda seguir curando, bendiciendo y
acariciando. Te pido que me prestes tus pies para que pueda seguir acudiendo a las llamadas de tantos
desvalidos y para correr detrás de los que están alejados o perdidos. Te pido tu boca para seguir dando
buenas noticias a los pobres y denunciar a los hipócritas y opresores. Te pido tus ojos para mirar con
ternura y cariño a toda la gente.
Te pido tu rostro, para sonreír a cada uno, para sonreír a pesar de todo, para iluminar todas las
situaciones con mirada de paz y alegría. Te pido en fin tu corazón para que yo pueda seguir amando a mi
manera. Si me los prestas, no hace falta que te desprendas de ellos. Utilízalos tú como si fuesen míos,
como si te los prestara yo a ti; comparte, aunque te cueste, pero piensa que yo lo haría.
Reconóceme en todos, acéptalos y perdónalos, como yo te perdono a ti. Quiérelos.
No te preocupes, te enviaré mi Espíritu, mi fuerza, para actuar yo desde ti. Te enseñaré el modo y la
manera, te daré la fuerza y la capacidad. Tú y yo seremos, te lo aseguro, un Dios para cada hermano/a.
Te lo pido por el amor del Padre, por el dolor de los excluidos, por todo lo que
más quieras.
En espera de tu respuesta, te mando un beso de amistad.
Tu amigo. Jesús, el de Nazaret.