Christus vincit
Andrés Vázquez de Prada
La inmensa asamblea entona el canto de entrada:
Lauda, Jerusalem, Dominum;
lauda, Deum tuum, Sion ...
El Papa cierra la comitiva. Detrás de él, se entornan los portones de bronce
del atrio.
El interior de la basílica queda en silencio y de los altos ventanales caen, ses-
gados, regueros de sol. La armónica proporción de la arquitectura del templo
engaña a los sentidos en las distancias, peso y volumen. La alta bóveda des-
cansa sobre las pilastras que, de trecho en trecho, separan la nave central de
las laterales. En estas pilastras, como en nichos, están las estatuas de los gran-
des fundadores a lo largo de los siglos: San Vicente de Paúl, San Benito, San
Francisco, San José de Calasanz, San Ignacio, Santo Domingo ...
La basílica ha quedado en silencio. En la dormida quietud de su ámbito pa-
rece oírse un leve rumor de labios de mármol. Escuchamos. Los santos adosa-
dos a las pilastras, de pie en su nicho, inmóviles en su gesto de piedra, pare-
cen entablar conversación de un lado a otro de la nave. Y, de pronto, con leve
Regnare Christum
volumus! ¡Queremos
que Cristo reine!
145 ~
Biblioteca Virtual Josemaría Escrivá de Balaguer y Opus Dei
sobresalto, oímos hablar en castellano. Alzamos los ojos a la pilastra de nues-
tra derecha, dominada desde lo alto por la figura de Teresa de Jesús; y volve-
mos después la mirada a la izquierda, al nicho donde reside Pedro de Alcánta-
ra. Escuchamos en silencio su callada conversación.
Hablan de la "contradicción de los buenos". Es, sin duda, prolongación de la
charla que el santo y la santa mantuvieron en cierta ocasión, allá en Castilla,
cuando Teresa era atacada por todos. Un grupo de clérigos y gente piadosa le
acusaban de ser monja embaucadora e insumisa; y, según algunos buenos cris-
tianos, de estar seducida por el mismo demonio. Así pasó una temporada de
indecible sufrimiento hasta que fray Pedro de Alcántara, reformador francis-
cano y fundador de conventos en Castilla y Extremadura, devolvió la paz a su
alma. Recordándole, aseguraba Teresa que la "contradicción de los buenos", y
de los que no son tan buenos, es una de las más dolorosas pruebas que puede
pasar un alma.
Imposible seguir de cerca a Cristo si no estamos dispuestos a cargar con su
Cruz. Esto es, si no conllevamos con gallardía el peso de la tribulación, del do-
lor, de las enfermedades y humillaciones. Y santos hay que han tenido, y tie-
nen, que soportar calumnias e insultos aun después de muertos ...
De fuera llega como un clamor de voces y un fragor de aplausos. Desde el
atrio de San Pedro puede verse, hasta donde alcanza la vista, a la inmensa
concurrencia, bañada en sol, cantando jubilosa el
Christus vincit, Christus regnat;
Christus, Christus imperat.
La Iglesia, por boca del Papa, acaba de pronunciar oficialmente Beatos a Jo-
semaría Escrivá de Balaguer, sacerdote fundador del Opus Dei, y a Josefina
Bakhita, virgen, religiosa canosiana.
Prosigue la liturgia de la misa y, después del Evangelio, en la homilía, Juan
Pablo 11 comenta el texto de los Hechos de los Apóstoles (Hch 14, 22): Es nece-
sario pasar muchas tribulaciones para entrar en el reino de Dios.
Porque la Cruz es el signo del amor de Cristo. El padecer con Cristo y por
Cristo, imitando su vida, es el signo que hermana a todos los santos, Josefina
Bakhita (que significa "la Afortunada") nació en Sudán en 1869. De niña fue
raptada por negreros y vendida y revendida en los mercados africanos. Su
cuerpo quedó marcado por las atrocidades infligidas por la crueldad de sus
amos; la Providencia la sostuvo y, un día, recibió el bautismo en Venecia y pro-
fesó de religiosa.
En la vida del Beato Josemaría Escrivá hay cuarenta y siete años de predica-
ción infatigable, anunciando la llamada universal a la santidad y al apostolado.
La amorosa gestación del mensaje fundacional, recibido de Dios, dejó impreso,
en su cuerpo y en su espíritu, la dolorosa huella de trabajos y padecimientos in-
calculables. Pero, en medio de tan prolongada prueba, el Beato Josemaría siem-
pre se supo, por la fe, hijo de Dios en Cristo; de ahí su constante alegría.
En estos momentos precisamente, el Santo Padre está leyendo una cita de los
escritos del fundador:
Tener la cruz es encontrar la felicidad, la alegría: tener la cruz es identificarse con
146 Virtual Josemaría Escrivá de Balaguer y Opus Dei
Biblioteca
Cristo, es ser Cristo y, por eso, ser hijo de Dios. Más de doscientas cincuenta mil
personas escuchan con atención y con gozo. Hoy es día de fiesta. Un santo
fundador ha regalado a la Iglesia, de manos de Dios, una nueva espiritualidad
para santificación de los cristianos en el mundo.
Todo está ya listo. La
plaza de San Pedro
aguarda a los
peregrinos.
147
Biblioteca Virtual Josemaría Escrivá de Balaguer y Opus Dei