Lectura 1:
Vivir sin discriminación
Somos un país diverso y multicultural. No obstante ello, el racismo y la
discriminación son males que aquejan a nuestra sociedad y que,
particularmente, los sufren los pobres, los provincianos quechua hablantes y
los afroperuanos. La discriminación es el trato diferenciado o desigual que –
sin justificación– se ejerce sobre una persona o grupo, ocasionando el
menoscabo en el ejercicio o goce de sus derechos individuales o colectivos.
Dicho trato no justificado se sustenta en motivos prohibidos por el
ordenamiento jurídico. Para que se produzca un acto discriminatorio se
deben configurar tres elementos:
• Un trato diferenciado sin justificación.
• Que el trato diferenciado se base en un motivo injustificado: color de la
piel, origen, etnia, sexo, idioma, religión, opinión, filiación política,
discapacidad, enfermedad, orientación sexual, identidad de género,
condición económica, social o de cualquier otra índole.
• Que se produzca la anulación o menoscabo del reconocimiento, ejercicio
y/o goce de un derecho.
La Defensoría del Pueblo quiere combatir frontalmente a la discriminación en
nuestra sociedad. En razón de ello, atiende en sus oficinas casos por
presuntos actos de discriminación en diversas partes del país, investigando
los hechos y solicitando a las instituciones públicas intervenir en cada caso
para erradicar los actos discriminatorios, con el objetivo de restituir los
derechos vulnerados. Además, lleva a cabo reuniones de trabajo, talleres y
eventos de sensibilización para incidir de manera positiva en las instituciones
públicas y privadas, así como en la sociedad en su conjunto, destacando el
valor de las diferencias y la defensa de los derechos fundamentales.
Lectura 2:
Luchemos contra la discriminación
La discriminación es una lacra que atenta contra los esfuerzos por construir una sociedad
igualitaria, justa y democrática, en la que todos los individuos sean respetados al margen
del color de su piel, origen étnico, orientación sexual o política, religión, entre otras
características. Como muchos otros países, el Perú no se ha librado de este problema. La
discriminación por motivos de raza es un mal endémico cuyos orígenes pueden rastrearse
en los albores de nuestra vida republicana. O incluso antes. Hoy, a poco más de un año de
celebrar el Bicentenario de la Independencia del Perú, con indignación comprobamos que
un importante sector de nuestra sociedad mantiene naturalizadas y normalizadas
conductas discriminatorias racistas. Esas manifestaciones pueden observarse en
comportamientos, comentarios y bromas. La tecnología y las redes sociales contribuyen a
dar difusión a este tipo de actos denigrantes y repudiables. Vemos, por ejemplo, a
ciudadanos que discriminan a otras personas por su color de piel u origen. En estos casos,
el objetivo es rebajar al congénere a una posición inferior apelando para ello a una
supuesta superioridad racial, económica o social.
De acuerdo con la Primera Encuesta Nacional Percepciones y Actitudes Sobre Diversidad
Cultural y Discriminación Étnico-Racial, elaborada en el 2017, más de la mitad de peruanos
se han sentido algo discriminados, discriminados o muy discriminados. Las principales
causas señaladas son el color de la piel (28%), nivel de ingresos (20%), rasgos faciales o
físicos (17%), lugar de procedencia (16%), forma de hablar (15%), costumbres (14%),
vestimenta (12%) y grado de educación (11%). Asimismo, el 53% de los encuestados
considera que los peruanos son muy racistas o racistas. El sondeo demuestra que en el
Perú el tema está muy asociado a la raza y a la condición étnica o social. En nuestro
ordenamiento legal, la discriminación es un delito desde el 2000, cuando se incorporó en
el Código Penal el artículo 323, que sanciona con máximo tres años de prisión a quienes
incurren en esa práctica con motivos étnicos, raciales, sexuales, políticos o religiosos, etc.
Si ya está tipificado y es moneda corriente en nuestra sociedad, ¿por qué no hay condenas
contra las personas que cometen este tipo de conductas deleznables? El Ministerio de
Cultura atribuye esta paradoja a la normalización de los actos racistas, la vergüenza de las
víctimas de hacerlos públicos, el desconocimiento de los mecanismos de denuncia, la
dificultad de contar con medios probatorios y la ausencia de una cultura de sanción. Si
estas son las causas de la impunidad que gozan los racistas, es tarea de los próximos
legisladores y de las autoridades encontrar los procedimientos más idóneos para hacer
cumplir la ley y convertirla en una herramienta efectiva contra la discriminación. En tanto
ello ocurra, es pertinente condenar con la mayor firmeza la discriminación y el racismo en
todos los ámbitos, pues el Perú no será un país igualitario ni democrático si es que no
elimina estos flagelos.
A partir de lo leído, responde lo siguiente:
- ¿Qué entiendes por discriminación?
-¿Por qué hasta hace algunos años situaciones de desigualdad y
discriminación se consideraban “normales”?
- ¿Por qué en aquella época no se respetaron, reconocieron ni valoraron las
distintas creencias de los pobladores del mundo andino?
- ¿Qué señala la Constitución Política con respecto a la pluralidad étnica y
cultural?
- ¿Por qué debemos respetar a todas las personas sin importar su condición ?