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Didajé: Doctrina de los Apóstoles

Doctrina de los doce apóstoles (1) Doctrina del Señor a las naciones por medio de los doce apóstoles I. Primer mandamiento de la doctrina 1. Hay dos caminos, uno de la vida y otro de la muerte (Jer. 21, 8; Mt.. 7, 1314); pero grande es la diferencia entre los dos caminos. 2. Mas el camino de la vida es éste. "El primero, amarás a Dios, que te ha hecho; el segundo, a tu prójimo como a ti mismo" (Mt.. 22, 3739; Mc. 12, 3031; Eclo. 7, 30; Deum. 6, 5; Lev. 19, 18); "lo que no quieras" que se te haga
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Didajé: Doctrina de los Apóstoles

Doctrina de los doce apóstoles (1) Doctrina del Señor a las naciones por medio de los doce apóstoles I. Primer mandamiento de la doctrina 1. Hay dos caminos, uno de la vida y otro de la muerte (Jer. 21, 8; Mt.. 7, 1314); pero grande es la diferencia entre los dos caminos. 2. Mas el camino de la vida es éste. "El primero, amarás a Dios, que te ha hecho; el segundo, a tu prójimo como a ti mismo" (Mt.. 22, 3739; Mc. 12, 3031; Eclo. 7, 30; Deum. 6, 5; Lev. 19, 18); "lo que no quieras" que se te haga
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DIDAJÉ (*)

Doctrina de los doce apóstoles (1)


Doctrina del Señor a las naciones por medio de los doce apóstoles

I. Primer mandamiento de la doctrina

1. Hay dos caminos, uno de la vida y otro de la muerte (Jer. 21, 8; Mt.. 7, 1314); pero grande
es la diferencia entre los dos caminos.

2. Mas el camino de la vida es éste. "El primero, amarás a Dios, que te ha hecho; el segundo,
a tu prójimo como a ti mismo" (Mt.. 22, 3739; Mc. 12, 3031; Eclo. 7, 30; Deum. 6, 5; Lev. 19,
18); "lo que no quieras" que se te haga, no lo hagas tú tampoco a otro (Mt.. 7, 12; Lc 6, 31).

3. Mas la doctrina de estas palabras es ésta: "bendecir a los que os han maldecido y rogad por
vuestros enemigos", ayunad "por los que os persiguen; porque, ¿qué gracia si amáis a los que
os aman? ¿No hacen también esto los paganos? Vosotros amad a los que os odian (Mt.. 5, 44.
4647; Lc 6, 2728 y 32 y 33), y no tendréis enemigo.

4. "Apártate de las concupiscencias carnales (y corporales)" (1 Pe. 2, 11; Tit. 2, 12). Si alguno
te da una bofetada "en la mejilla derecha, vuélvele también la otra" (Mt.. 5, 39; Lc. 6, 29) y
"serás perfecto" (Mt.. 5, 38); si "alguien te fuerza a caminar una milla, acompáñale dos" (Mt..
5. 41.); si "alguien quita tu manto, dale también la túnica" (Lc. 6, 29; Mt.. 5, 40); si alguien
toma lo que es tuyo, "no se lo reclames", porque no puedes.

5. "A todo el que te pide, da y no se lo reclames" (Mt. 5, 42; Le 6, 30); porque el Padre quiera
que se dé a todos de los carismas propios. Bienaventurado el que da según el mandamiento,
porque es inocente. Pero ay del que recibe!; porque si alguno recibe teniendo necesidad, será
inocente; mas si no tiene necesidad, habrá de dar cuenta por qué recibió y para qué; puesto en
prisión, será examinado sobre lo que hizo, y "no saldrá de allí hasta que no haya pagado el
último cuadrante" (Mt.. 5, 26).

6. Mas también sobre esto fue dicho: "Sude tu limosna en tus manos, hasta que sepas a quién
das".

II. Segundo mandamiento de la Doctrina:

2. "No matarás, no cometerás adulterio" (Mt. 19, 18), no corromperás a niños, no fornicarás,
"no robarás" (Mt. 19, 18), no practicarás la magia, no harás hechicería, no matarás al hijo en
el seno ni quitarás la vida el recién nacido.

3. "No codiciarás los bienes del prójimo, no perjurarás, no levantarás falso testimonio", no
calumniarás, no guardarás rencor (Ex. 20 17; Deut. 5,21; Mt. 5,33; 19, 18).

4. No serás doble de mente y de lengua; porque la doblez de lengua es lazo de muerte (Prov.
14, 27; 21, 6).

5. Tu palabra no será mentirosa ni vacía, sino cumplida por obra.


6. No serás avaro ni ladrón, ni hipócrita, ni malicioso, ni soberbio. No tomarás decisión
malvada contra tu prójimo.

7. No odiarás a ningún hombre, sino que a unos convencerás, por otros rezarás, a otros amarás
más que a tu propia alma (Jud. 22-23).

III. Hijo mío, huye de todo malvado y de todo lo parecido a él.

2. No seas iracundo, porque la ira conduce al asesinato, ni envidioso, ni pendencioso, ni


acalorado; porque de todas estas cosas se engendran muertes.

3. Hijo mío, no seas codicioso, porque la codicia conduce a la fornicación, ni deshonesto en


las palabras, ni altanero al mirar; porque de todas estas cosas se engendran adulterios.

4. Hijo mío, no te hagas adivino, puesto que conduce a la idolatría; ni encantador, ni


astrólogo, ni purificador, ni quieras ver ni oír estas cosas; porque de todas estas cosas se
engendra la idolatría.

5. Hijo mío, no te hagas mentiroso, puesto que conduce al robo; ni amante del dinero ni
vanidoso; de todas estas cosas se engendran los robos.

6 Hijo mío, no te hagas murmurador, puesto que conduce a la blasfemia, ni arrogante, ni


malévolo; porque de todas estas cosas se engendran las blasfemias.

7. Sé manso, en cambio, pues "los mansos heredaran la tierra (Ps 36, 11; Mt. 5, 5).

8. Hazte magnánimo y compasivo y sincero y tranquilo y bueno y temeroso siempre de las


palabras que has oído (cfr Is. 66, 2).

9 No te exaltarás a ti mismo ni darás temeridad a tu alma. No se juntará tu alma con los


altivos, sino que tratarás con los justos y humildes (cfr Rom. 12, 16).

10. Recibirás los acontecimientos que te sucedan como buenos, sabiendo que nada acaece sin
(el querer de) Dios.

IV Hijo mío, "te acordarás del que te habla la palabra de Dios" (Heb. 13, 7) día y noche, le
honrarás como al Señor; porque donde se publica la soberanía, allí está el Señor.

2. Buscarás cada día la presencia de los santos, para que descanses en sus palabras.

3 No provocarás divisiones, sino que pondrás en paz a los contendientes; "juzgarás


justamente" (Deum. 1, 16. 17; Prov. 31, 9), no tendrás acepción de personas al reprender los
delitos.

4 No dudarás si será o no será.

5. No serás de los que extienden las manos para recibir, pero de los que las encogen para dar
(Eclo. 4, 31).
6 Si tienes por tus manos, darás rescate por tus pecados.

7. No vacilarás en dar, ni dando murmurarás; porque sabrás quien es el buen remunerador de


la limosna.

8 No rechazarás al necesitado (Eclo. 4, 5), sino que compartirás todo con tu hermano y no
dirás que es propio; porque si sois copartícipes en lo inmortal, cuánto más en los bienes
mortales (cfr Hch. 4, 32).

9. No levantarás la mano de tu hijo ni de tu hija, sino que desde la juventud enseñarás el


temor de Dios.

10 No mandarás con aspereza a tu esclavo o esclava, que esperan en el mismo Dios, no sea
que no teman a Dios que está sobre unos y otros; porque no viene a llamar con miramiento de
personas, sino a los que el espíritu preparó (Mt. 9, 13).

11. Vosotros los esclavos someteos a vuestros señores como a imagen de Dios, con reverencia
y temor (Ef. 6, 5; Tit. 2, 9; 1 Pe. 2, 18; Sant. 4, 7).

12. Odiarás toda hipocresía y todo lo no agradable al Señor.

13. No abandonarás "los mandamientos del Señor, guardarás" (Deut. 4, 2) lo que has recibido,
"ni añadirás ni quitarás" (Deut. 12, 32).

14. En la asamblea confesarás tus delitos, y no te acercarás a tu oración con la conciencia


mala.

Este es el camino de la vida.

V. Mas el camino de la muerte es éste: Ante todo es malo y lleno de maldición: "asesinatos,
adulterios, concupiscencias, fornicaciones, robos" (Mt. 15, 19), idolatrías, magias,
hechicerías, rapiñas, "falsos testimonios", hipocresías, doblez de corazón, "engaño, soberbia,
maldad", arrogancia, "avaricia", deshonestidad en el hablar, celotipia, temeridad, altanería,
"jactancia" (Rom. 1, 29-30; Col. 3, 8).

2. Perseguidores de los buenos, los que odian la verdad, amantes de la mentira, no


conocedores de la recompensa de la justicia, no "seguidores del bien" (Rom 12, 9), ni del
juicio justo, vigilantes no del bien sino del mal; alejados de la mansedumbre y la paciencia,
"amantes de la vanidad" (Ps 4, 3), perseguidores de la paga (Is 1, 23), no compasivos del
pobres, no sufriendo con el atribulado, no reconocedores del que los ha creado, "asesinos de
hijos" (Sab 12, 5), corruptores del plasma de Dios, defraudadores del necesitado, opresores
del atribulado, defensores de ricos, jueces inicuos de los pobres, pecadores en todo. Libraros,
hijos, de todos éstos.

VI. Mira, "que nadie te extravíe" (Mt. 24, 4) de este camino de la doctrina, pues te enseña
fuera de Dios.
2. Porque si puedes llevar el yugo entero del Señor, serás perfecto (Mt. 19,21); si no puedes,
haz lo que puedas.

3. Mas respecto de la comida, observa lo que puedas; pero de lo sacrificado a los ídolos,
abstente; porque es culto de dioses muertos (cfrl. Cor. 8, l; 8, 4-7; 10. 19).

VII Sobre el bautismo, bautizad así; expuestas de antemano estas cosas, "bautizad en el
nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo" (Mt. 28, 19) en agua viva.

2. Pero si no tienes agua viva, bautiza con otra agua; mas si no puedes con fría, con caliente.

3. Mas si no tienes una y otra, derrama sobre la cabeza tres veces agua "en el nombre del
Padre y del Hijo y del Espíritu Santo".

4. Antes del bautismo, ayunen el bautizante y el bautizando y algunos otros si pueden;


prescribirás, sin embargo, que el bautizando ayune antes uno o dos (días).

VIII. Vuestros "ayunos" no serán al tiempo de los de "los hipócritas" (Mt. 6. 16), porque
ayunan el segundo y el quinto de la semana; pero vosotros ayunad el cuarto y el día de la
preparación.

2. Tampoco "oréis como los hipócritas" (Mt. 6, 5), sino como el Señor mandó en su
evangelio; "orad así:
Padre nuestro que (estás) en el cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase
tu voluntad como en el cielo también en la tierra; el pan nuestro el supersustancial,
danos hoy, y perdónanos nuestra deuda. como también nosotros perdonamos a nuestros
deudores, y no nos introduzcas en la tentación, sino líbranos del maligno" (Mt. 6, 913;
Lc. 11, 24).
Porque tuyo es el poder y la gloria por los siglos.

3. Oraréis así tres veces al día.

IX. Sobre la eucaristía, así daréis gracias.

2. Primero, sobre el cáliz:


Te damos gracias. Padre nuestro, por la santa viña de David, tu siervo, que nos diste a
conocer por medio de Jesús, tu siervo.
A Ti gloria por los siglos.

3. Luego, sobre el pan partido:


Te damos gracias, Padre nuestro, por la vida y el conocimiento, que nos diste a conocer
por Jesús, tu siervo.
A Ti gloria por los siglos.

4. Como este pan partido estaba esparcido sobre los montes y reunido se hizo uno, así sea
reunida tu Iglesia de los confines en tu reino (Jn. 11, 52)
Porque tuya es la gloria y el poder por Jesucristo, por los siglos.
5 Mas nadie coma ni beba de vuestra eucaristía, sino los que han sido bautizados en el nombre
del Señor; porque también sobre esto dijo el Señor: No deis lo santo a los perros" (Mt. 7 6)

X. Después de estar saciados, daréis gracias así:

2. Te damos gracias, Padre santo (Jn. 17, 11), por tu santo nombre, que has hecho habitar en
nuestros corazones y por el conocimiento y la fe y la inmortalidad, que nos has dado a
conocer por medio de Jesús, tu siervo.
A Ti gloria por los siglos.

3. Tú, Señor omnipotente,


"has creado todo" (Sap. 1, 14; Eclo. 18, 1; 24, 8; Apoc. 4, 11) por tu nombre, has dado comida
y bebida a los hombres para refrigerio para que te den gracias; pero a nosotros donaste comida
espiritual y bebida y vida eterna por su siervo.

4. Ante todo, te damos gracias, porque eres poderoso.


A Tí gloria por los siglos.

5. Acuérdate, Señor, de tu Iglesia, para librarla de todo mal y hacerla perfecta en tu caridad, y
"reúnela de los cuatro vientos" (Zac. 2, 6; Mt. 24 31) santificada, en tu reino, que le has
preparado.
Porque tuyo es el poder y la gloria por los siglos.

6. Venga la gracia y pase este mundo.


"Hosanna al Dios de David" (Mt. 21, 9 y 15).
Si alguno es santo, avance; si alguno no es, se arrepienta;
Maranatha (1 Cor. 16, 22).
Amén.

7. A los profetas, permitid dar gracias cuantas quieran.

XI. Si alguno viniera a enseñaros todo lo anterior, acogedlo;

2. mas si, extraviado el maestro mismo, enseñase otra doctrina para destruir, no le escuchéis;
pero si (es) para acrecentar la justicia y el conocimiento del Señor, acogedlo como al Señor.

3. Sobre los apóstoles y profetas, conforme a la verdad del evangelio, obrad así:

4. Todo apóstol que venga a vosotros, acogedlo como al Señor (Mt. 10, 40-41).

5. pero no permanecerá más que un sólo día; mas si tiene necesidad, también otro; mas si
permaneciere tres, es profeta falso.

6. Cuando se marche el apóstol, no se lleve más que pan, hasta donde se aloje; si pidiere
dinero, es profeta falso.
7. Y no pongáis a prueba ni juzguéis a ningún profeta que habla en espíritu; porque "todo
pecado será perdonado", pero este pecado "no se perdonará" (Mt. 12, 31).

8. Mas no todo el que habla en espíritu es profeta, sino si tiene las costumbres del Señor. Así,
por las costumbres se discernirá el falso profeta y el profeta (verdadero).

9. Y todo profeta que constituya una mesa en espíritu, no comerá de ella; si lo hiciere, es
profeta falso.

10. Todo profeta que enseña la verdad, si lo que enseña no lo hace, es profeta falso.

11. Todo profeta probado, verdadero, que actúa por el ministerio cósmico de la Iglesia, no
enseñando a hacer lo que él mismo hace, no será juzgado por vosotros; porque tiene el juicio
de parte de Dios; ya que de ese modo actuaron los antiguos profetas.

12. Si alguno dijere en espíritu: dame dinero y otras cosas, no le escuchéis; pero si dijere dar a
otros que tienen necesidad, nadie le juzgue.

XII. "Todo el que viene en nombre del Señor" (Mt. 21, 9; Ps. 117, 26; Jn. 5, 43), sea acogido;
después, poniéndolo a prueba, conocedlo, porque tenéis sentido de lo recto y de lo no recto.

2. Mas si el que viene está de paso, ayudadle, cuanto podáis; no permanezca con vosotros sino
dos o tres días, si hay necesidad.

3. Mas si quiere asentarse junto a vosotros, teniendo un oficio, trabaje y coma.

4. Pero si no tiene oficio, proveed según vuestro sentido para que no viva ocioso un cristiano
entre vosotros.

5. Mas si no quiere obrar así, es un traficante de Cristo; guardaos de los tales.

XIII. Todo profeta verdadero que quiera asentarse junto a vosotros, "es digno de su sustento".

2. Del mismo modo, el maestro verdadero es "digno" y como el mismo "operario, de su


sustento" (Mt. 10, 10; Lc. 10, 7; 1 Cor. 9, 13-14; 1 Tim. 5, 17-18).

3. Así pues, tomando las primicias del lagar y de la era, de los bueyes y de las ovejas, darás
las primicias a los profetas; porque ellos son vuestros sumos sacerdotes.

4. Mas si no tenéis profeta, dad a los pobres.

5. Si amasas, tomando las primicias, da según el mandamiento.

6. Igualmente, abriendo un cántaro de vino o de aceite, tomando las primicias, da a los


profetas;

7. tomando las primicias del dinero y del vestuario y de toda posesión inmueble, según te
parezca, da conforme al mandamiento.
XIV. Reuniéndoos cada día del Señor, romped el pan y dad gracias, después de haber
confesado vuestros pecados, para que sea puro vuestro sacrificio.

2. Todo el que tenga contienda con su compañero, no se una a vosotros, hasta que no se hayan
reconciliado, para que vuestro sacrificio no sea profanado (Mt. 5, 23-24; 15, 11-20; Mc. 7, 15
y 23; Heb. 9, 13).

3. Porque éste es el anunciado por el Señor: "En todo lugar y tiempo ofrecemos un sacrificio
puro; porque yo soy el gran rey, dice el Señor, y mi nombre es admirable en las naciones"
(Mal 1, 11. 14).

XV. Designaos obispos y diáconos dignos del Señor, varones mansos y desinteresados y
auténticos y probados; porque también ellos ejercen para vosotros el ministerio litúrgico de
los profetas y maestros.

2. No los miréis con altivez; porque, junto con los profetas y maestros, deben ser honrados
por vosotros.

3. Corregíos unos a otros no con ira, sino en paz, como tenéis en el evangelio; nadie hable al
que se enemista con otro, ni escuche nada de vosotros hasta que no se arrepienta (Mt. 5, 22-
26; 18, 15-35).

4. Haced vuestra oraciones y limosnas y todas las acciones como tenéis en el evangelio de
nuestro Señor (Mt. 6, 7).

XVI. "Vigilad" (Mt. 24, 44; Lc. 12, 35) sobre vuestra vida; "vuestras antorchas" no estén
apagadas, "y vuestros lomos" no estén desceñidos, sino "estad preparados; porque no sabéis la
hora, en que nuestro Señor viene" (Mt. 25, 13; Lc. 12, 35 ss).

2. Reuníos con frecuencia, inquiriendo lo que conviene a vuestras almas (cfr Bern. 4, 1);
porque no os servirá todo el tiempo de vuestra fe (cfr Bern. 4, 9), si no sois perfectos en el
último momento (cfr Bem. 4, 11).

3. Porque en los últimos días (2 Pe. 3, 3) se multiplicarán los falsos profetas (Mt. 24, 10-12; 7,
15) y los corruptores, y las ovejas se convertirán en lobos, y la caridad se convertirá en odio.

4. Porque creciendo la iniquidad, se odiarán unos a otros y se perseguirán y se traicionarán, y


entonces aparecerá el extraviador del mundo (Apoc. 12, 9; 2 Jn. 7) como hijo de Dios y hará
"señales y prodigios" (Mt. 24, 24; 2 Tes. 2, 9; Apoc. 13, 13s; Mc. 13, 22, etc.), y la tierra será
entregada a sus manos, y hará abominaciones cuales no se cometieron jamás desde los siglos.

5. Entonces la creación de los hombres irá hacia el abrasamiento de la prueba, "y muchos se
escandalizarán" (Mt. 24, 10) y perecerán, "mas los que permanecieren firmes" en su fe "se
salvarán" (Mt. 24, 13; 10, 22) por el mismo que fue maldecido.
6. "Y entonces aparecerán las señales" (Mt. 24, 30) de la verdad; primero la señal de la
extensión en el cielo, después la señal "del sonido de trompeta" (Mt. 24, 31; 1 Cor. 15, 52; 1
Tes. 4, 16; Apoc. 8, 12) y, en tercer lugar, la resurrección de los muertos;

7. mas no de todos, sino como se dijo: "Vendrá el Señor y todos los santos con Él" (Zac. 14,
5).

8. "Entonces verá" el mundo al Señor "viniendo por encima de las nubes del cielo" (Mt. 24,
30; 26, 64 y parl. Mc. 13, 26; Lc. 21, 27; Mc. 14, 62; Dan. 7, 13-14).

NOTAS
*.- También conocida como Didaché, esta obra es la recopilación de la doctrina expresada por
los Apóstoles, discípulos directos de Jesucristo. Su traducción a lenguaje actual vendría a ser
“Doctrina de los Doce Apóstoles”. Este documento fue descubierto en 1873 por el patriarca
Bryennio, en la biblioteca del Santo Sepulcro de Jerusalén, y se supone escrito en los últimos
decenios del siglo I. Es posible que el contenido de la Didajé sea una recopilación de las
enseñanzas que los Apóstoles y sus discípulos inmediatos dispensaban en Tierra Santa hacia
la mitad del siglo I.
Este texto no forma parte del Canon establecido por la Iglesia Católica en el siglo IV, aunque
su lectura siempre ha sido recomendada por la jerarquía y los sacerdotes. De hecho, en
muchas ceremonias religiosas, sobre todo de los primeros siglos, se leían párrafos de la Didajé
como lectura oficial.
Es el primer texto conocido que describe aspectos del cristianismo primitivo, como es el caso
del bautismo, la catequesis de los neófitos, comportamiento de los obispos y diáconos y
algunos elementos de su papel en la comunidad cristiana, y la recomendación de que los
obispos sean varones, oraciones eucarísticas y anamnesis, y, por último, la primera
codificación del Padrenuestro como reproducción fiel de la que aparece en el Evangelio de
Mateo, con toques del Evangelio de Lucas.
1.- Este texto ha sido extraído del libro: Padres apostólicos, cuya traducción y notas
corresponden a José María Berlanga López, Col. Los Santos Padres nº 1, Edt. Apostolado
Mariano, Sevilla, 1991. Esta edición, brevemente comentada, es excelente si se quieren
consultar los textos del AT y del NT que alimentan su contenido, pues aparecen todas las
referencias. Además de la Didajé, aparecen en el mismo volumen la Epístola del Pseudo-
Bernabé y la Epístola de Clemente a los Corintios, con pequeñas introducciones a cada una
de ellas.

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