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Historia de la Política Exterior de EE. UU.

La política exterior de Estados Unidos ha evolucionado desde su aislamiento inicial hasta convertirse en una potencia global tras la Primera Guerra Mundial. Durante la Guerra Fría, EE.UU. lideró el bloque capitalista occidental en su enfrentamiento con la Unión Soviética. Tras la caída de la URSS en 1991, Estados Unidos emergió como la única superpotencia mundial y ha intervenido militarmente en varias regiones para defender sus intereses.
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Historia de la Política Exterior de EE. UU.

La política exterior de Estados Unidos ha evolucionado desde su aislamiento inicial hasta convertirse en una potencia global tras la Primera Guerra Mundial. Durante la Guerra Fría, EE.UU. lideró el bloque capitalista occidental en su enfrentamiento con la Unión Soviética. Tras la caída de la URSS en 1991, Estados Unidos emergió como la única superpotencia mundial y ha intervenido militarmente en varias regiones para defender sus intereses.
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LA POLÍTICA EXTERIOR DE ESTADOS UNIDOS

BREVE HISTORIA DE LA POLÍTICA EXTERIOR DE ESTADOS UNIDOS


Desde su independencia hasta la Primera Guerra Mundial, Estados Unidos fue un país neutral y
políticamente aislado que solo se relacionó con el resto del mundo a través del comercio. Sin
embargo, tras participar en la Gran Guerra, los estadounidenses pasaron a jugar un papel más
activo en el mundo, aumentando su presencia militar y diplomática y llegando a ser la gran
potencia global. Ahora, tras más de un siglo de protagonismo, EE. UU ha empezado a
replegarse, algo que están aprovechando otras potencias emergentes.

 El nacimiento de una gran potencia (1898-1914)

A finales del siglo XIX, además de haberse convertido en una potencia regional en América,
Estados Unidos era también una de las mayores potencias económicas del mundo. Su mercado
interno, conectado por redes ferroviarias y cables telegráficos, era autosuficiente gracias a sus
vastos recursos naturales y tierras arables, así como sus numerosos puertos en el Atlántico y el
Pacífico, por lo que los estadounidenses mantenían un poder militar y de política exterior
limitado. 

Sin embargo, el aislamiento que había permitido prosperar a Estados Unidos se rompió en
1898, cuando Washington decidió ayudar a la resistencia cubana en su lucha por
independizarse de España, con la que Estados Unidos entró en guerra. La cómoda victoria
contra España marcó el nacimiento de Estados Unidos como potencia mundial y la afianzó
como potencia regional en América. Además, España cedió importantes posesiones a los
Estados Unidos, en particular Puerto Rico, Filipinas y la isla de Guam. Estos nuevos territorios,
junto con la anexión de Hawái ese mismo año, dieron a Estados Unidos presencia también en
Asia, convirtiéndola en una potencia imperial. 

Tras la guerra hispano-estadounidense, Estados Unidos estableció una política exterior más


agresiva. Por una parte, pasó considerar a América Latina y el Caribe territorios donde
estaría dispuesto a intervenir por la fuerza para proteger sus intereses económicos. Al mismo
tiempo, la adquisición de Filipinas precipitó una nueva postura hacia Asia, la “política de
puertas abiertas”, que pretendía garantizar el acceso estadounidense al vasto mercado chino.

 El fin del aislacionismo (1914-1920)

En vísperas de la Primera Guerra Mundial, la capacidad económica e industrial de Estados


Unidos superaba la de Europa combinada, pero este músculo económico no se traducía en
poder internacional. Eso cambió con la Gran Guerra, que redujo el poder de Europa,
devastándola a nivel psicológico, económico y demográfico. Por el contrario, Estados Unidos
crecía económicamente comerciando con las potencias europeas en guerra.

El presidente Woodrow Wilson, guiado por la opinión pública estadounidense, estaba


determinado en mantenerse en una posición neutral, involucrándose en la guerra solo
comercialmente. Esa política comercial beneficiaba en gran medida a los Aliados, Francia y
Reino Unido, y se vió afectada por los ataques de submarinos alemanes a buques mercantes
estadounidenses. Los ataques de Alemania forzaron a Wilson a entrar en la guerra en 1917 en
el bando aliado, rompiendo la tradición de neutralidad y aislacionismo respecto a Europa. 
Hacia el final de la guerra, Wilson realizó una serie de propuestas para asegurar una paz
duradera en el futuro. Estas propuestas, conocidas como los “Catorce Puntos”, se centraban
en la autodeterminación de los pueblos, la democracia y la cooperación internacional, y
pretendían fundar un nuevo orden internacional basado en el libre comercio, la libertad de
navegación y el desarme. Con esta doctrina, Wilson estableció las bases del internacionalismo
liberal, que ha caracterizado la política exterior estadounidense desde entonces. 

 El período de entreguerras y la Segunda Guerra Mundial (1921-1947)

Mientras el orden internacional de la Sociedad de Naciones se quebraba, el presidente


estadounidense Franklin D. Roosevelt decidió mantener una estricta neutralidad y priorizó los
desafíos internos de la crisis económica. Solo hacia 1940, cuando la economía estadounidense
ya estaba estabilizada y había estallado la Segunda Guerra Mundial en Europa, EE. UU. Pasó de
la neutralidad a la no beligerancia para proporcionar ayuda a los países en guerra contra
Alemania e Italia.

Pero la no beligerancia terminó abruptamente el 7 de diciembre de 1941, cuando Japón atacó


por sorpresa la base naval estadounidense de Pearl Harbor, en Hawái. Estados Unidos entró en
la guerra como aliado del Reino Unido, la URSS y China. Fue la única potencia luchando en dos
frentes distintos a la vez, con más de dieciséis millones de estadounidenses
involucrados directa o indirectamente en la guerra y fabricando los bienes que sostuvieron a
los Aliados. 

La guerra terminó en 1945 con los bombardeos atómicos estadounidenses sobre las ciudades
japonesas de Hiroshima y Nagasaki. Para entonces, Estados Unidos había aprendido que no
podría aislarse en un mundo con aviones de combate y armas nucleares, y que debía liderar el
nuevo orden internacional si quería garantizar su seguridad. El primer paso en este camino fue
la creación de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), sucesora de la Sociedad de
Naciones, en 1945. 

 Guerra Fría (1947-1991)

Estados Unidos emergió de la guerra prácticamente ilesa y más próspera que nunca: poseía el
monopolio de armas nucleares, tenía la tecnología militar y comercial más avanzada y su
ejército dominaba el mar y el cielo. Había un solo país capaz de desafiar su liderazgo: la Unión
Soviética, cuyo ejército dominaba Europa del Este tras su victoria contra Alemania y cuya
ideología comunista contaba con apoyos en todo el mundo. El poder geopolítico de estas dos
potencias era tan grande que ganaron la nueva categoría de superpotencias. Sin embargo, sus
valores eran prácticamente opuestos: de un lado, el internacionalismo liberal promulgado por
Wilson y la economía capitalista; del otro, el comunismo soviético. Así se abrió la Guerra Fría,
un período en el que ambas superpotencias se disputarían la influencia mundial.

Las bases de la política exterior estadounidense durante la Guerra Fría las estableció en
1946 George Kennan, un diplomático estadounidense destinado en Moscú, en un telegrama
secreto de 8.000 palabras que pasaría a la historia como el Telegrama largo. Según Kennan,
Estados Unidos debía contener a la URSS, impidiendo la expansión del comunismo. Pero no
debía hacerlo a través del enfrentamiento directo, sino “conteniendo” la difusión del
comunismo por el mundo. La doctrina de la contención, o doctrina Truman tras su
proclamación por el presidente Harry Truman en 1947, llevaría a Estados Unidos a intervenir
en Corea en 1950 para defender a la mitad sur del país de la invasión comunista del norte, y
más adelante en otros países, principalmente en Asia y Latinoamérica.
En ese contexto de tensión, el mundo estuvo al borde de una guerra nuclear en 1962, cuando
Estados Unidos descubrió bases de misiles nucleares soviéticos en Cuba, país aliado de la URSS,
desde donde podrían atacar fácilmente suelo estadounidense. La crisis de los misiles cubanos
se solucionó con el traslado de los misiles de vuelta a la URSS a cambio de que EE. UU
desmantelara sus propios misiles estacionados en Turquía. Sin embargo, el miedo a una nueva
escalada nuclear llevó a ambas potencias relajar tensiones. Se abrió así un período de
distensión conocido como détente, del francés ‘aflojamiento’, promovido en Estados Unidos
por el presidente Richard Nixon y su asesor Henry Kissinger. Esta mejora de las relaciones
permitió que se alcanzaran acuerdos de control de armas nucleares como el Tratado sobre
Misiles Antibalísticos (SALT I).

Con todo, la distensión no impidió que en 1965 EE. UU entrara en la guerra de Vietnam para


evitar que la facción comunista tomara el poder en el país. Tras más de una década de
intervención, miles de millones de dólares gastados y casi 60.000 víctimas
estadounidenses, Estados Unidos no logró su objetivo. La huella de Vietnam saldría a la luz ya
en 1979, con la invasión soviética de Afganistán: el presidente Jimmy Carter no quiso enviar
tropas estadounidenses y optó combatir a los soviéticos de forma indirecta dando apoyo
financiero y armas a los muyahidín, las guerrillas islamistas locales.

 La hegemonía estadounidense (1991-2007)

A lo largo de los noventa, mientras la democracia y el liberalismo económico se extendían por


todo el mundo, Estados Unidos fortaleció sus alianzas, y muchos países del antiguo bloque del
este se unieron a la OTAN. Esta hegemonía condujo a EE. UU. a intervenir incluso en conflictos
donde sus intereses no estaban en juego, como en las guerras de Yugoslavia. 

Al mismo tiempo, Estados Unidos aumentó su presencia en Oriente Próximo, región de


importancia estratégica por sus grandes reservas de petróleo. Además, en esta región se
encuentra Israel, uno de los principales aliados de EE. UU., que fue el primer país en reconocer
al nuevo Estado hebreo en 1948. La relación entre ambos se basa principalmente en vínculos
históricos y culturales, así como en intereses de seguridad mutuos.  

Cuando el régimen iraquí de Sadam Huseín invadió Kuwait en 1990, Estados Unidos lideró
una coalición internacional con la que derrotó a Irak en la guerra del Golfo. Entre ellos
surgió Al Qaeda, un grupo yihadista liderado por un saudí llamado Osama Bin Laden que atacó
objetivos estadounidenses y con el tiempo se convirtió en la mayor organización terrorista del
mundo, atentando incluso contra las Torres Gemelas en Nueva York el 11 de septiembre del
2001. Tras ese ataque, el presidente George W. Bush lanzó la “guerra contra el terrorismo”,
una campaña antiterrorista contra grupos terroristas como Al Qaeda, así como contra países
sospechosos de colaborar con ellos. Bajo el Gobierno de Bush, Estados Unidos adoptó una
política exterior más intervencionista y unilateral, alejándose de los ideales wilsonianos. 

Afganistán, donde Al Qaeda tenía su cuartel general, fue el primer escenario de esta campaña.
Cuando los talibanes, la facción islamista que controlaba el país, se negaron a entregar a Bin
Laden en 2001, EE. UU invadió Afganistán. Pese a que los estadounidenses pronto expulsaron
a los talibanes de Kabul, la capital, mantener el control del país resultó mucho más difícil, lo
que ha obligado a Estados Unidos a prolongar su presencia en el país hasta hoy.

El segundo escenario de la guerra contra el terrorismo fue Irak, donde miembros de la


Administración Bush creían erróneamente que había armas de destrucción masiva. Pese a no
tener evidencias ni prácticamente apoyo internacional, EE. UU invadió Irak en 2003 violando,
además, el derecho internacional. Esta invasión tuvo un resultado similar que la de Afganistán:
pese a tomar la capital rápidamente y derrocar a Huseín, la dificultad de mantener el control
del país prolongaría la guerra. Cuando las últimas tropas estadounidenses abandonaron Irak en
2011, dejaron atrás un país más violento e inestable que una década antes, el caldo de cultivo
para que surgieran organizaciones terroristas como Daésh. 

 Nuevas potencias (2008-presente)

Mientras las economías occidentales se hundían y el liderazgo estadounidense se quebraba,


surgían otras potencias como China. El presidente Obama trató de alejarse de la herencia de
Bush adoptando una postura más multilateral, y se apoyó en la OTAN para intervenir en la
guerra de Libia en 2011, por ejemplo. Obama también trató de mejorar las relaciones
diplomáticas con enemigos históricos de EE. UU como Cuba e Irán, con quién negoció
un acuerdo para limitar su programa nuclear en 2015.

Para cuando EE. UU intervino para combatir a Dáesh, que estaba aprovechando la guerra siria
para expandirse, otras potencias como Rusia y Turquía habían tomado la iniciativa. Por si fuera
poco, la creciente importancia de Asia llevó a Obama a dar un giro estratégico hacia esa
región: trató de sacar a Estados Unidos de las guerras en Oriente Próximo retirando la mayoría
de las tropas de Irak y Afganistán, lo que redujo también su influencia en la región. 

La elección de Donald Trump como presidente en 2016 y su cambio de política exterior hacia
el unilateralismo, el proteccionismo y el  America First sugiere que la política exterior de
Estados Unidos está entrando en un nuevo ciclo, lejos de los ideales wilsonianos que la han
caracterizado desde 1917. La derrota de Trump en las elecciones del 2020 podría suponer una
vuelta al internacionalismo liberal, pero a pesar de ello es probable que Estados Unidos siga
perdiendo protagonismo en favor de potencias como China. 

 La política exterior de los estados unidos hacia américa latina en la era Trump

La incertidumbre que reina sobre este tema tras la victoria de Trump, que tomó por sorpresa a
los líderes latinoamericanos – y al resto del mundo -, ha provocado previsiones negativas
acerca de las intenciones de su gobierno. Aquellos que aún no han hecho saltar las alarmas se
muestran, como poco, preocupados. No obstante, aún no está claro cómo los cambios en la
política exterior afectarán a la región; los analistas ya han aprendido que intentar predecir los
movimientos del presidente Trump es arriesgado.

Además, la administración se encuentra dando sus primeros pasos y el equipo de política


exterior del presidente está comenzando a tomar forma. Por tanto, en lugar de alarmarse,
parece más sensato dar un paso atrás y reflexionar sobre la forma en la que la presidencia de
Trump podría cambiar el enfoque de los Estados Unidos y cómo afectaría a los distintos países.

Casi no se hizo mención de América Latina –con la excepción de México– durante la campaña
presidencial y lo más probable es que la región carezca de importancia estratégica para la
administración Trump. Ante la falta de iniciativas específicas relacionadas con la región, y
teniendo en cuenta el lema que presidió la campaña electoral de Trump «América Primero»,
este ensayo sostiene que la política exterior de la presente administración con respecto a
América Latina se verá afectada por determinadas posturas sobre los temas que EE. UU. ha
tenido como pilares principales de su política exterior en  la región desde finales de la década
de los ochenta: libre comercio, democracia y gobernanza (soft power), y seguridad.
CONCEPTO
Es el resultado de un proceso de elaboración compleja, de grandes debates contradictorios
solucionados por arbitrajes. Por otra parte, el sistema constitucional estadounidense prevé
una distribución precisa de poderes, lo que les da a los diferentes actores (presidencia,
Congreso, sociedad civil, etcétera) un poder capaz de influir de un modo muy diferenciado
sobre la elaboración de la política exterior de los Estados Unidos.

Ciertos fundamentos de la política exterior de los Estados Unidos están presentes desde su
creación. Es indispensable conocerlos para aprender el conjunto del proceso de decisión. Por
otra parte, la toma de decisiones es compartida entre el poder ejecutivo (la presidencia y la
administración) y el poder legislativo (el Congreso). Los dos sufren la influencia de la sociedad
civil (grupos de presión, electorados, think tank, etcétera).

 Toma de decisiones: El presidente negocia los tratados con naciones extranjeras. Él es,
también, el Comandante en jefe de las fuerzas armadas, y como tal tiene la amplia
autoridad sobre éstas, una vez que se despliegan. El Secretario de Estado es el
Ministro de Relaciones Exteriores de los Estados Unidos y es el conductor primario de
la diplomacia internacional. El Senado (una de las dos cámaras del Congreso) también
tiene el derecho exclusivo de aprobar los tratados hechos por el presidente. El
Congreso es de la misma manera responsable de aprobar los proyectos de ley que
determinan el carácter general de la política exterior de los Estados Unidos.

ENFOQUE REGIONAL
La política exterior de Estados Unidos persigue dos objetivos interrelacionados: primero, en el
corto y mediano plazo consolidar y aumentar su predominio militar a nivel global y, segundo,
en el largo plazo institucionalizar esa dominancia en un orden político sumamente difícil -o
costoso- de transformar. La política exterior estadounidense hacia América Latina, en general,
y en relación con la Región Andina, debe estudiarse a partir de la consideración de esos fines
rectores de las decisiones y comportamientos de Estados Unidos, así como de los medios que
emplea para lograrlos, a saber: los tratados de libre comercio (TLC); la guerra antiterrorista y la
promoción de la democracia. Aunque superficialmente el comportamiento internacional de
Estados Unidos aparece similar al del Imperio Británico durante el largo siglo XIX (c. 1800-
1914), analizarla desde la perspectiva del imperialismo sería emplear las gafas erróneas. No
entraré a presentar y discutir las experiencias históricas contrastantes entre la Inglaterra del
largo siglo XIX y la política contemporánea de Estados Unidos, que ponen en duda el empleo
de las categorías “imperio” e “imperialismo” para analizar este último caso.

En el caso de la Región Andina el análisis debe proceder mediante la identificación de los


factores históricos de largo plazo que han estructurado las relaciones de Estados Unidos con la
región, y de los cambios que en esas relaciones se han producido a partir de las políticas de la
administración Bush de “guerra al terrorismo” y “Nacional Security” . Entre los primeros hay
que tomar en consideración que en la región coexisten países que han sido importantes
históricamente para la política exterior estadounidense, como Colombia y Venezuela, con
países tradicionalmente secundarios, como Ecuador, Perú y Bolivia. También es posible indicar
que, independientemente de su importancia para Estados Unidos, los países andinos han
mantenido políticas exteriores favorables a ese país. Entre los cambios contemporáneos, cabe
destacar dos. Primero, el carácter fuertemente ideológico que la administración de George W.
Bush ha impreso a las relaciones de Estados Unidos con Colombia, Venezuela y Ecuador; países
con los cuales Estados Unidos se relaciona ahora principalmente a través de una percepción de
potenciales amenazas a su seguridad doméstica. Segundo, que por primera vez en la historia
de las relaciones de Estados Unidos con la región existe un gobierno claramente opuesto a los
intereses de seguridad de ese país en relación con el terrorismo y Cuba, el del presidente
venezolano Hugo Chávez.

1. INTERESES GLOBALES, REGIONALES Y LOCALES.

Históricamente los intereses de Estados Unidos en relación con América Latina han estado
filtrados por las relaciones del primero con Europa y otros potenciales rivales en la región. Este
filtro ha actuado para producir las principales doctrinas de la política exterior estadounidense
hacia la región (vg. Doctrina Monroe, 1823; el Corolario Roosevelt y la diplomacia del dólar,
1933-1940; la doctrina de la lucha contra el totalitarismo durante la Segunda Guerra Mundial;
y la doctrina de contención del comunismo luego de la Revolución Cubana de 1959). Esta
herencia institucional se continúa en la actualidad en el tema del libre comercio con las
iniciativas estadounidenses de integración norteamericana (el tratado con Canadá y luego su
extensión hacia México bajo el NAFTA), la propuesta del Acuerdo de Libre Comercio para las
Américas (ALCA), y más contemporáneamente con los tratados de libre comercio propuestos
para América Central (CAFTA) y Colombia, Ecuador y Perú. De igual manera, el período de la
Guerra Fría -esencialmente una lucha entre Estados Unidos y sus aliados europeos contra la
Unión Soviética y los países del Pacto de Varsovia, que tuvo como teatro de operaciones
militares el Tercer Mundo- dejó tres herencias institucionales en la política exterior
estadounidense que continúan actuando como filtros cognitivos para la decisión de políticas
hacia América Latina, aún cuando las condiciones que dotaban de racionalidad a esas
decisiones hayan desaparecido, a saber: 1) la tendencia de Estados Unidos a emplear la fuerza
y la coerción (vg. Guatemala, República Dominicana, Chile, Granada y Nicaragua entre 1954 y
1990); 2) la transformación de la política fuertemente ideológica anticomunista en la “guerra
contra las drogas”, desde la segunda administración Reagan hasta la actualidad, y más
recientemente en la “guerra contra el terrorismo”; 3) la política hacia Cuba.

o Libre comercio. Hecha la excepción del tratado de libre comercio que vincula
las economías canadiense y mexicana con la de Estados Unidos (NAFTA), las
iniciativas de éste por promover el libre comercio en el hemisferio, en sí
mismas tienen un valor marginal para la economía estadounidense, pero una
gran importancia para promover sus intereses globales, especialmente en las
áreas financiera, agrícola, de servicios, propiedad intelectual y protección a las
inversiones. Los tratados de libre comercio han facilitado que Estados Unidos
gane poder de negociación frente a sus rivales europeos y asiáticos en la
creación de instituciones que establecen regulaciones específicas y
mecanismos concretos de aplicación de estas reglas en todas o algunas de esas
áreas. Los TLC son de hecho un mejor escenario que una potencial ALCA; en
primer lugar porque le permiten a Estados Unidos avanzar sus intereses en
condiciones de alta asimetría de poder, en las cuales gobiernos urgentemente
necesitados de fortalecer sus estrategias de crecimiento por exportaciones
están dispuestos a hacer prácticamente cualquier concesión; en segundo lugar
porque un TLC resuelve en la práctica y de una vez por todas, el problema de
la exclusión de terceros de beneficiarse de regulaciones sobre inversiones,
servicios financieros y otros y propiedad intelectual acordados entre dos
estados. Un resultado que no puede despreciarse ante la insistencia de la
Unión Europea de favorecer una negociación regional con la Comunidad
Andina. Puesto simplemente, los TLC con Colombia, Ecuador y Perú
condenarían como fútiles los intentos de los europeos por una mayor
penetración comercial y financiera en la región; con el beneficio adicional de
que las regulaciones que emanen de la OMC tendrían también menos fuerza
en la “región” donde los TLC tendrían vigencia.

o Seguridad y democracia. Las relaciones de Estados Unidos hacia los países


andinos dependen con fuerza de la definición de la administración Bush acerca
de lo que constituye una amenaza a la seguridad nacional y las medidas más
apropiadas para contrarrestarla. A partir del ataque del 11 de septiembre el
gobierno Bush ha definido como la amenaza de seguridad prioritaria a la
posibilidad de que el territorio y la población de Estados Unidos sean
alcanzados por ataques terroristas; una situación provocada por “los estados
colapsados” y percibida como “inminente”. Independientemente, es difícil
sostener que cualquiera de esas condiciones se encuentra presente -o incluso
de manera “inminente”- en los países andinos. Sin embargo, es dentro de este
marco interpretativo ideológico que el gobierno de Estados Unidos ha
diseñado y avanzado su actual política hacia Colombia y Venezuela, en el
primer caso a través de la calificación de “grupos terroristas” para los grupos
armados colombianos, en el segundo por la consideración del gobierno
venezolano como favorable a las guerrillas colombianas y a los así llamados
“rogue states” del Medio Oriente (Irak principalmente) y Cuba. Es dentro de
esta concepción que Estados Unidos conduce su política actual hacia los países
andinos.

BIBLIOGRAFÍA

https://ideas.llorenteycuenca.com/2017/07/la-politica-exterior-de-los-estados-unidos-hacia-
america-latina-en-la-era-trump/

https://www.redalyc.org/pdf/531/53101008.pdf

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