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La Reacción Termidoriana

La Constitución de 1795 estableció el Directorio como forma de gobierno, con un poder ejecutivo de 5 directores renovables anualmente y un poder legislativo dividido en dos cámaras. Se eliminó el sufragio universal y se priorizaron las libertades económicas sobre la igualdad social. El Directorio tuvo dificultades para gobernar debido a la inestabilidad política y la crisis económica, hasta que Napoleón dio un golpe de estado en 1799 poniendo fin al Directorio.
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La Reacción Termidoriana

La Constitución de 1795 estableció el Directorio como forma de gobierno, con un poder ejecutivo de 5 directores renovables anualmente y un poder legislativo dividido en dos cámaras. Se eliminó el sufragio universal y se priorizaron las libertades económicas sobre la igualdad social. El Directorio tuvo dificultades para gobernar debido a la inestabilidad política y la crisis económica, hasta que Napoleón dio un golpe de estado en 1799 poniendo fin al Directorio.
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LA REACCIÓN TERMIDORIANA

El 27 de julio de 1794, también conocido como el 9 de Termidor en la terminología del


calendario republicano francés, tuvo lugar la caída de Robespierre junto con otros líderes, ya
sin apoyos ni por parte de “la llanura” de la convención nacional ni de los jacobinos
moderados, llegando así al fin del periodo más radicalista de la Revolución Francesa.

La ejecución de Robespierre en la ya conocida guillotina daba inicio a un nuevo gobierno


dominado por la burguesía que desplegó una dura represión contra los jacobinos, recibiendo
esta vez la denominación de terror blanco, arremetiéndose contra quienes lo habían
practicado. La revolución comenzaba a retomar un camino más moderado. En 1795 tuvo lugar
la disolución de la Convención Nacional, no sin antes promulgar la Constitución del Año III, más
conocida como la “Constitución de 1795”, de cual nacería el Directorio.

DIRECTORIO

Esta nueva carta magna suprimía el sufragio universal sustituyéndolo por el denominado
sufragio censitario masculino indirecto, -rememorando la Constitución de 1791-. Ponía fin a la
participación democrática popular, contando con restricciones económicas y sociales, también
relacionadas con la instrucción con requisitos tales como sabes leer y escribir. Este nuevo
sistema dejó a un lado a las clases populares y fue controlado por un gobierno de notables, se
trató de un paso atrás en las libertades teóricas, priorizando las libertades económicas e
individuales frente a la creación de un estado de igualdad social tan prometido en el pasado.
Por otra parte, mantuvo la soberanía nacional y la republica como forma de gobierno, lo que sí
llevó a cabo fue la división de poderes ante el profundo miedo de una nueva dictadura
personal como había sido la del jacobino radical Robespierre.

Esta división de poderes dio nombre a dicha forma de gobierno, pues el poder ejecutivo se
encontraba en manos de cinco “directores” quienes eran renovados anualmente. El poder
legislativo residía en una asamblea bicameral compuesta por El Consejo de los Quinientos,
quienes eran elegidos por sufragio censitario indirecto, y por el Consejo de los Ancianos, un
total de doscientos cincuenta miembros electos por el consejo anteriormente mencionado,
que hacía el papel de cámara alta o Senado, pues estos eran a su vez quienes nombraban a los
miembros del ejecutivo (los cinco directores).

Inconvenientes

Este nuevo régimen duró un total de cinco años, sin embargo no llegó a afianzarse debido a la
enorme agitación política consecuencia de los últimos años, pues había dejado fuera de la
política tanto a monárquicos como a la clases populares. Las conspiraciones se dieron de
manera persistente, teniendo que hacer frente al empeño que jacobinos y realistas tenían en
derrocar dicha forma de república. Además de la conspiración comunista encabezada por
Babeuf, «Conspiración de los Iguales», quién acabó siendo guillotinado.

El Directorio tuvo que hacer frente, además de la inestabilidad política y social, a una gran
dificultad interna tal como la crisis económica, desatada a raíz de la supresión del control de
los salarios y los precios; la denominada libertad económica dio inicio a un proceso
inflacionista que conllevó a números levantamientos y hambrunas.

No obstante dicha situación, esta forma de gobierno se caracterizó por su política exterior,
logrando hacer frente a la Primera Coalición, formada por las diferentes monarquías europeas
que trataban de contener la Revolución Francesa; a medida que Francia ganaba poder
potencias como Prusia y España se retiraban de la coalición antifrancesa.

Las tropas francesas lograron mantener su hegemonía gracias a brillantes campañas de


generales, entre los cuales destacó la figura de Napoleón Bonaparte quién ya había
demostrado su genio militar en diferentes ocasiones y desempeñaría un papel político
fundamental.

IMPERIO NAPOLEÓNICO

Napoleón Bonaparte, convertido en general tras su éxito en el sitio de Toulon (1793), marcó
decisivamente las primeras tres décadas de principios del siglo XIX. En las últimas décadas del
Directorio se podía observar un panorama político inestable y corrupto, donde la reputación
de este régimen se vio destruida y la burguesía republicana buscaba un carismático y fuerte
poder militar que enderezase la situación.

Napoleón Bonaparte había tenido un peso importante en las campañas en Italia(1797) y su


prestigio había crecido de manera considerable. Fue entonces cuando el Directorio, temiendo
su creciente fama y prestigio, apoyó una expedición a Egipto del general en 1798. Esta
comenzó positivamente para el ejército francés, que consiguió vencer a los mamelucos, sin
embargo, dicha victoria se vio ensombrecida por la derrota frente a la flota naval británica
sobre el rio Nilo. Pese a todo ello su poderío no dejó de aumentar.

Fue en ese mismo año (1798) cuando se estaba organizando la Segunda Coalición antifrancesa,
Napoleón acudió a la llamada de dos miembros del directorio y fue entonces cuando tuvo
lugar el 18 de Brumario, el 9 de noviembre de 1799, un golpe de Estado dónde se adueñaría
del poder hasta el año 1804, acabando con el régimen por la fuerza de las armas. Nacía una
nueva forma de gobierno, el Consulado, que pese a tener muchos protagonistas era Napoleón
quién decidía el destino de Francia poniendo así fin a la Revolución Francesa.
El periodo siguió dominado como en los años anteriores por la inestabilidad política y así durante una
revuelta de partidarios del Antiguo Régimen en octubre de 1795 el directorio se vio obligado a pedir el
apoyo del ejército donde apareció como salvador un joven general, Napoleón Bonaparte, que en años
posteriores desempeñará un papel político esencial.

se trató de un paso atrás en las libertades teóricas de la revolución, aunque fuese una
mejoría respecto al terror. En definitiva, esta constitución priorizó las libertades
económicas e individuales por encima de la garantía del estado de bienestar e
igualdad social tan prometido en el pasado. Es curioso, ya que muchas de estas
promesas anteriores se hicieron cuando el gobierno necesitó el apoyo del pueblo en
los momentos difíciles. Al no ser ahora el caso, quedó en un segundo plano.
En ella, la igualdad se entendía como igualdad ante la ley y no en cuanto a derechos [Link]
suprimía el sufragio universal masculino y se volvía a establecer el voto restringido y el sistema
indirecto que ya -regulaba la Constitución de 1791. Una de las novedades más notables fue la
división del poder legislativo en dos asambleas: el Consejo de los Quinientos y el Consejo de
Ancianos, renovables por tercios cada año. El primero de ellos era el que tenía la iniciativa
legislativa y el segundo, que hacía el papel de cámara alta o senado, discutía el contenido de
las leyes propuestas. En cuanto al poder ejecutivo, se confiaba a un directorio de cinco
miembros, cada uno de los cuales ejercía el cargo durante cinco años.

El todopoderoso Directorio llevó a cabo algunas reformas de cierta eficacia, como fue la de la
retirada de la circulación de todo el papel moneda devaluado y la moratoria en todas las
deudas pendientes, que resultaron muy favorables para la estabilización monetaria. También
se reformó el sistema tributario, que tendió a una mayor simplificación para poner fin al caos
existente hasta entonces. Por otra parte, las buenas cosechas de los dos últimos años
contribuyeron a hacer descender el precio del grano y supusieron un alivio para la población,
que había sufrido mucho por la escasez. Pero el Directorio no tendría mucho tiempo para
disfrutar de los resultados de esta situación de bonanza.
La nueva Constitución, sancionada mediante un plebiscito en septiembre de 1795, fijaba una
tajante división de poderes que intentaba evitar por todos los medios la reproducción de una
dictadura personal como la que había protagonizado Robespierre. El poder ejecutivo quedó en
manos de un nuevo organismo, el Directorio, formado por cinco «directores», renovados a
razón de uno cada año por los miembros del legislativo. Dos cámaras elegidas por sufragio
censitario indirecto, el Consejo de los Quinientos y el Consejo de Ancianos, detentaban el
poder legislativo; el poder judicial correspondía a los tribunales electos, a los que se investía de
gran solemnidad e independencia.

El nuevo ordenamiento, por otra parte, ponía fin a la participación democrática popular del
periodo anterior al eliminar el sufragio universal, y salvaguardaba los intereses de la burguesía
adinerada volviendo al principio de capacidad económica como condición previa al ejercicio de
los derechos políticos. El Directorio comenzó su andadura en octubre de 1795, manteniendo
una línea continuista respecto al último año de vida de la Convención y priorizando la
estabilidad y el orden internos para consolidar una república conservadora erigida en la
primera potencia de Europa.

Los grandes objetivos del régimen tropezaron, sin embargo, con graves dificultades internas
que condicionaron de forma determinante sus cinco años de vida. La crisis económica
desatada a raíz de la supresión del control de los salarios y los precios abrió un proceso
inflacionista (depreciación de los "asignados": papel moneda emitido para la compra de bienes
nacionales), que repercutió negativamente en las clases populares y en las arcas de la
República, cada vez más dependientes de los botines de guerra.

Si bien la crisis económica constituyó el principal problema del régimen, no hay que olvidar la
inestabilidad política y social que siempre le afectó al tener que combatir por igual los intentos
de subversión conservadora (insurrecciones realistas en la Vendée y Bretaña, marzo de 1796) y
las conspiraciones de carácter radical («Conjura de los Iguales» de Babeuf, mayo de 1797). La
Constitución de 1795, al configurar el Directorio como un sistema republicano y censitario (sin
sufragio universal), parecía haber excluido de la vida política tanto a los monárquicos como a
las clases populares, pero realistas y jacobinos ganaron posiciones en las elecciones de 1797 y
1798.

La faceta más brillante del Directorio fue su política exterior, basada en la actuación victoriosa
de sus ejércitos contra la Primera Coalición. Las brillantes campañas de generales como
Moreau, Jourdan, Pichegru y Hoche culminaron en el rotundo triunfo de Napoleón sobre el
ejército austriaco en Italia. Las paces de Tolentino y Campoformio (1797) convertían al militar
corso en el hombre más admirado de Francia, a cuyo gobierno había proporcionado inmensos
recursos procedentes de los territorios ocupados.

La estrella de los militares -y en especial del joven Bonaparte- comenzaba a brillar con luz
propia en un panorama político inestable y corrupto como el que ofrecía el Directorio a finales
de siglo. Ante los avances de una Segunda Coalición internacional contra Francia (formada en
diciembre de 1798 por Inglaterra, Austria, Rusia, Turquía y el rey de Nápoles refugiado en
Sicilia) y el peligro de escoramiento que suponían las presiones de jacobinos y realistas, la
burguesía republicana comenzó a identificarse cada vez más con una solución militar que
apuntalase sus intereses.
El directorio fue la penúltima forma de gobierno adoptada por la Primera República Francesa,
durante la Revolución francesa. Establecido por la Constitución del Año III que aprobó la
Convención termidoriana, se inició el 26 de octubre de 1795, y terminó con el golpe de Estado
del 18 de brumario del Año VIII (9 de noviembre de 1799) que instauró el Consulado. Tras el
período del Terror impuesto por el ala más extremista de los Jacobinos, se produjo un retorno
hacia posiciones más moderadas.

Primer directorio 1795-1797[editar]

Estos propósitos se debían hacer con un dinero que no había, porque el tesoro nacional estaba
vacío, aumentaba la miseria que produjo insurrecciones populares a favor de un sistema de
propiedad comunal de la tierra. Esto acabó oponiendo al directorio con los diputados
montañeses.

Tras los tratados de paz firmados por el gobierno termidor de 1795, Francia solo sigue en
guerra con Austria e Inglaterra, aquí es cuando entra en escena Napoleón Bonaparte.
Napoleón Bonaparte, que estaba al frente del ejército en Italia, realizaba unas maniobras con
el fin de distraer y dispersar a las fuerzas austriacas. La operación tuvo éxito y le abrió el
camino a Viena. Sin esperar instrucciones, Napoleón Bonaparte concluye acuerdos con
Nápoles, los Estados Pontificios, Toscana y Austria. El directorio se ve en la obligación de
ratificar, pero mostrando un malestar por la actuación de Napoleón Bonaparte de forma
independiente. Al directorio no le gusta la actitud de Napoleón, pero no puede enemistarse
con el ejército, sobre todo porque Napoleón Bonaparte goza de buena fama en el ejército.

Segundo Directorio 1797-1799[editar]

El segundo directorio se resume en establecer un régimen autoritario que abusa de su poder,


anulando unas elecciones en los distritos porque daban la victoria a sus rivales.

Durante 1797 y 1798 Francia disfrutó de unas excelentes cosechas que relajaron la tensión
social, pero el segundo directorio no pudo mantener una estabilidad política para consolidar su
autoridad. por una parte es debido a la política de expansión territorial, en este momento solo
seguía la guerra con Inglaterra y como era imposible atacarla directamente, Bonaparte y
Talleyrand decidieron cortar su vía comercial invadiendo Egipto.

En el mismo momento Francia atacó Suiza e Italia creando unas repúblicas, dependientes de
Francia. Se crea una segunda coalición de países entre 1798 y 1799 entre Inglaterra, Rusia,
Turquía, Nápoles y Suecia. Renace el espíritu de lucha contra las naciones aristocráticas. Tras
varias derrotas, los ejércitos republicanos tienen que retroceder en todos los frentes, pero
mantienen sus fronteras naturales. Este repliegue acarrea una crisis en el directorio, los neo-
jacobinos, que fueron los principales perjudicados por la manipulación electoral, van a exigir el
sometimiento de los directores a los consejos legislativos. Este golpe parlamentario va a
devolver las iniciativas a los neojacobinos que van a imponer un estilo político muy parecido al
del comité de salvación pública. Algunas de sus medidas fueron obligar a los ciudadanos más
acomodados a pagar los gastos del ejército mediante un préstamo obligatorio, represalias
contra las familias de emigrados y pedir la vuelta al terror en la prensa.

En estos momentos la República está en una encrucijada: cualquier acción podía hacer que la
balanza se incline hacia la monarquía o hacia el jacobismo. La mayoría de franceses, los
propietarios agrícolas y la burguesía pedían calma política y estabilidad social. En estas
circunstancias Sieyès, un miembro destacado del directorio, va a organizar un golpe de estado
para salvar a la República, entonces entrará en acto Napoleón y su posterior Imperio.

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