Velen y oren, volveré
Ven, Señor Jesús
Escucha y responde
Busca un tiempo (no necesita ser mucho) y un espacio (donde haya
silencio). Toma la Biblia, si puedes enciende una vela (te ilumine la Luz de
Cristo), pon delante una cruz y una imagen de la Virgen (ella es modelo de
oración y Esposa del Maestro) y una foto del Papa (siempre oras en la Iglesia,
nuestra gran familia). Invoca al Espíritu Santo (Él es el Maestro interior); te
propongo una breve invocación, puedes usar otra:
"Ven, Espíritu Santo, ven;
ven, fuerza y dulzura, ven.
Ven del costado del crucificado, ven;
ven de la boca del Resucitado, ven".
Son unos pocos versículos, toma de a uno y deja que te vayan instruyendo por
dentro, que lleguen al corazón. Es importante que los tomes como dichos para
vos.
PRIMER PASO: "Él salió a encontrarte". Dios toma la iniciativa.
* "¿Dónde estás?" Gn 3,8-10. Es la pregunta de Dios a Adán después
que este cometió el pecado y se escondió. El peligro de esconderse detrás de
las cosas, las ocupaciones o los miedos. Dios no abandona, busca, llama...
** "...conozco muy bien sus sufrimientos" Ex 3,7. Dios conoce tu
corazón (Jr 17,9-10), la opresión que te aflige por estar, no pocas veces,
expuesto a la inestabilidad de las cosas criadas que te "cansan, y atormentan, y
oscurecen, y ensucian, y enflaquecen" (San Juan de la Cruz). Sale a rescatarte
de la "prisión" en la que el enemigo, el Demonio, quiere que vivas, la de la
desesperanza y el olvido. Nosotros nos fabricamos esa cárcel por mirarnos
mucho a nosotros mismos (Ex 3,7-10).
*** "...amó tanto al mundo" Jn 3,16. Dios te ama para que vivas, y no
lo hace porque seas bueno sino para que lo seas. "Salió" para decírtelo. Se
subió a la Cruz para decírtelo desde lo alto y para que elevaras hacia Él la
mirada y el deseo de tu corazón, despegándolo de la tierra (Jn 3,16-17; Gal
2,20; Rm 5,8.11; 1Jn 4.9-10; Heb 1,2). Mira su costado, allí dejó que abrieran
una "ventana" por la que puedes llegar a contemplar la profundidad del
Misterio ante el que te pones cuando oras: "Dios te ama hasta el fin", y tu
historia sólo tiene sentido en Él (Jn 19,33-34; Jn 20,27-28). "Mete tu mano",
deja que el Espíritu te lleve a confesar con Fe: "Señor mío y Dios mío". Ante
ello calla, haz silencio y escucha el latido de su Corazón, late por vos, su
criatura, que ahora vino a la oración a beber de su Amor (Jn 7,37-39).
Estarás empezando a orar cuando creas que Él te ama, te desea, te busca
y te habla.
SEGUNDO PASO: “¿Dónde vive el Maestro?” (cf Jn 1,38). Saber
dónde te espera es importante para encontrarse con Él, porque hay quienes
acechan para confundirte el camino.
* “…estoy en el Padre” (Jn 14,11). “…vivo por el Padre” (Jn 6,57),
llegará a decir Jesús. Ante la pregunta de los dos discípulos: “Maestro ¿dónde
vives?” (Jn 1,37-38) ¿qué crees que les mostró Jesús cuando los llevó a estar
con Él (Jn 1,39)? Tal vez allí entreabrió, ante la mirada de aquellos “inquietos
buscadores” de Maestro e intimidad, “cuál era SU CASA”, aquella a la que
volvería cada vez que podía, buscándola en el silencio y la soledad de la
oración, en un lugar retirado del ruido y los hombres, solía hacerlo en el monte
(Mc 1,35; 6,46; Lc 6,16; Lc 22,41-44), el Corazón de su Padre. ¿Algo de eso
no había en lo que sucedió a los doce años (Lc 2,49) o en la expulsión de los
vendedores del Templo (Jn 2,16-17)?. A ti también te ama el Padre; desea
estar con Él, busca estar con Él, siente celo por el honor de su casa que es la
Iglesia y tu alma, no dejes que el intruso del pecado ponga allí su tienda.
** “…su vida está desde ahora oculta con Cristo en Dios” (Col 3,3).
Vamos a la oración no porque sepamos rezar, sino para mendigar el don de la
oración. Así lo propone Jesús en la figura del publicano (Lc 18,13). En la
oración te haces “recipiente”, debes decirle que eres indigente, totalmente
necesitado de Él (“…ten piedad de mí, que soy un pecador…”); puedes hacer
allí la misma experiencia de Jesús que sabía que todo lo recibía del Padre (Mt
11,27; Jn 17,21; 5,19-20; 10,38) y serás feliz de ver lo que tiene para darte (Lc
13,16-17), pues en ello consiste la Vida eterna (Jn 17,3). Recuerda que eres
destinataria de su Amor, Amor que viene en auxilio de tu incapacidad de orar
en verdad (Rm 8,26). Anda a la oración para que se te enseñe a orar, para que
puedas participar de la oración del Espíritu.
*** “Yo soy el pan de Vida” (Jn 6,35). La Carne del Hijo de Dios es la
puerta que entreabrió para que nosotros “tocáramos” la divinidad y
pudiéramos vivir ahí (Lc 24,39; Col 2,2-3.6.9-13; 3,1-4). Cada Domingo te lo
prepara la Iglesia, que como Madre quiere darte de comer. La Sagrada
Escritura y la Eucaristía son el Pan de la Vida. No hay mejores alimentos para
nuestra vida. La lectura diaria de las Sagradas Escrituras ya no es sólo para
ilustrados, es para discípulos “buscadores” de Maestro; la comunión
Eucarística diaria ya no es un privilegio de unos pocos, es un llamado para
todos lo que quieren “vivir por el Padre” como Cristo. Esto no se te manda, te
lo demanda tu condición de resucitado, tu condición de criatura nueva llamada
a la Gloria (Rm 8,5-17). Se te sacó de la muerte por la muerte de Cristo, para
que vivas; viviendo no elijas ahora morir (Gal 2,20; Rm 6,20-23). Crecerá tu
oración si el alimento que recibes es el que Jesús te dejó. No busques en la
oración consuelos o respuestas, el Espíritu irá inclinando tu corazón hacia las
cosas que el Señor quiere que quieras. Muchas cosas te saldrán amargas al
comienzo, pero serán dulces y sabrosas al final. Jesús bebió la hiel amarga de
tu pecado en la cruz, pero su corazón fue alcanzado por la dulzura del Padre
que no lo abandonó a la corrupción. Ahora vive para siempre.
TERCER PASO: “cierra la puerta y ora…” (Mt 6,6)
Recuerdo la conveniencia de buscar un lugar (espacio físico, luz,
imagen…) y un tiempo material (de reloj) para la oración diaria; disponer el
exterior y buscar el espacio real interior (silencio de cosas y atención, “estarse
amando al amado”, diría san Juan de la Cruz) para encontrarte con Quien
salió a buscarte. El Espíritu vendrá en tu ayuda, tú pones la voz y Él la
Palabra; tú el instrumento y Él la Música…; puedes ser parte de una gran
sinfonía que empezó a cantarse en el cielo, puedes ser compañero de los
Ángeles, pueden ser parte de la Alabanza de su Gloria (Is 6,2-3; Ap 5,11-14;
7,11-12; cf Ef 1,5-6.14)
* Somos de su propiedad. Cerrar “la puerta” no es un cortar o romper
relaciones, es más bien un guardar “la casa” de nuestro interior de la invasión
de cualquier extraño que la puede venir a usurpar. Le pertenecemos a Dios, Él
nos puso “precio” (1Pe 1,18-19; 1Cor 6,19-20; 7,23; Ap 1,5; 5,9).
Ser propiedad de Dios está en la base de la Alianza antigua (Ex 19,3-6;
Lv 26,11-12), es la conciencia del Pueblo que se reconoce elegido (Sal
99,3.5); lo recordarán los profetas (Jr 30,22). Pero sobre todo está presente en
el Corazón de la Alianza Nueva, en el Corazón de Hijo que ora al Padre.
Puedes orar con Jn 17,6-19 escuchando lo dice también de ti Jesús: “eran
tuyos y me los diste…” (v6). Dios te sabe suyo (Lc 12,32), quiso que fueras
suyo.
** La puerta de tu corazón. Lo que nos arroja fuera es la fuerza del
deseo y la puerta por donde entra lo que solicita al deseo son los sentidos. Los
ejemplos de la Sagrada Escritura son muy elocuentes: Eva (Gn 3,6), David
(2Sam 11,2), dos ancianos (Dn gr. 13,7-14), Jesús (Mc 6,34; Lc 7,13)… Vela
sobre tus sentidos, ellos buscarán despertar tus deseos; si no mides dónde
pones la atención de tus sentidos entrarán en tu interior muchas imágenes e
imprimirán sensaciones que “moldearán” tus deseos para que gustes y busques
esos objetos que te presentaron los sentidos, así lograrán inquietar tu corazón
que experimentará una mentirosa necesidad de esos objetos. Mira lo que
deseas y verás lo que ama tu corazón (Mt 6,21). Vas deseando lo que vas
amando, y vas amando lo que vas tratando. El enemigo quiere que trates
mucho las cosas del mundo (que le entregues lo mejor de tu vida, tus fuerzas,
tu atención…), para que tratándolas las vayas deseando y así te vayan
enamorando… para alejarte del trato con el Señor (1Jn 2,15-17; St 4,1-10) y tu
“casa” quede habitada por otro señor y Dios tenga que seguir esperando (Ap
3,20).
*** Los deseos del Espíritu. “No hay santidad sin renuncia y sin
combate espiritual”, nos enseña el Catecismo de la Iglesia Católica (nº 2015;
cf 2725-2733).
2015 “El camino de la perfección pasa por la cruz. No hay santidad sin renuncia
y sin combate espiritual (cf 2 Tm 4). El progreso espiritual implica la ascesis y la
mortificación que conducen gradualmente a vivir en la paz y el gozo de las
bienaventuranzas:
«El que asciende no termina nunca de subir; y va paso a paso; no se alcanza
nunca el final de lo que es siempre susceptible de perfección. El deseo de quien
asciende no se detiene nunca en lo que ya le es conocido» (San Gregorio de Nisa, In
Canticumhomilia 8).
EL COMBATE DE LA ORACIÓN
2725 La oración es un don de la gracia y una respuesta decidida por nuestra
parte. Supone siempre un esfuerzo. Los grandes orantes de la Antigua Alianza antes
de Cristo, así como la Madre de Dios y los santos con Él nos enseñan que la oración es
un combate. ¿Contra quién? Contra nosotros mismos y contra las astucias del
Tentador que hace todo lo posible por separar al hombre de la oración, de la unión con
su Dios. Se ora como se vive, porque se vive como se ora. El que no quiere actuar
habitualmente según el Espíritu de Cristo, tampoco podrá orar habitualmente en su
Nombre. El “combate espiritual” de la vida nueva del cristiano es inseparable del
combate de la oración.
I. Obstáculos para la oración
2726 En el combate de la oración, tenemos que hacer frente en nosotros mismos
y en torno a nosotros a conceptos erróneos sobre la oración. Unos ven en ella una
simple operación psicológica, otros un esfuerzo de concentración para llegar a un
vacío mental. Otros la reducen a actitudes y palabras rituales. En el inconsciente de
muchos cristianos, orar es una ocupación incompatible con todo lo que tienen que
hacer: no tienen tiempo. Hay quienes buscan a Dios por medio de la oración, pero se
desalientan pronto porque ignoran que la oración viene también del Espíritu Santo y
no solamente de ellos.
2727 También tenemos que hacer frente a mentalidades de “este mundo” que
nos invaden si no estamos vigilantes. Por ejemplo: lo verdadero sería sólo aquello que
se puede verificar por la razón y la ciencia (ahora bien, orar es un misterio que
desborda nuestra conciencia y nuestro inconsciente); es valioso aquello que produce y
da rendimiento (luego, la oración es inútil, pues es improductiva); el sensualismo y el
confort adoptados como criterios de verdad, de bien y de belleza (y he aquí que la
oración es “amor de la Belleza absoluta” [philocalía], y sólo se deja cautivar por la
gloria del Dios vivo y verdadero); y por reacción contra el activismo, se da otra
mentalidad según la cual la oración es vista como posibilidad de huir de este mundo
(pero la oración cristiana no puede escaparse de la historia ni divorciarse de la vida).
2728 Por último, en este combate hay que hacer frente a lo que es sentido
como fracasos en la oración: desaliento ante la sequedad, tristeza de no entregarnos
totalmente al Señor, porque tenemos “muchos bienes” (cf Mc 10, 22), decepción por
no ser escuchados según nuestra propia voluntad; herida de nuestro orgullo que se
endurece en nuestra indignidad de pecadores, difícil aceptación de la gratuidad de la
oración, etc. La conclusión es siempre la misma: ¿Para qué orar? Es necesario luchar
con humildad, confianza y perseverancia, si se quieren vencer estos obstáculos.
II. La humilde vigilancia de la oración
Frente a las dificultades de la oración
2729 La dificultad habitual de la oración es la distracción. En la oración vocal,
la distracción puede referirse a las palabras y al sentido de estas. La distracción, de un
modo más profundo, puede referirse a Aquél al que oramos, tanto en la oración vocal
(litúrgica o personal), como en la meditación y en la oración contemplativa. Dedicarse
a perseguir las distracciones es caer en sus redes; basta con volver a nuestro corazón:
la distracción descubre al que ora aquello a lo que su corazón está apegado. Esta
humilde toma de conciencia debe empujar al orante a ofrecerse al Señor para ser
purificado. El combate se decide cuando se elige a quién se desea servir
(cf Mt6,21.24).
2730 Mirado positivamente, el combate contra el ánimo posesivo y dominador
es la vigilancia, la sobriedad del corazón. Cuando Jesús insiste en la vigilancia, es
siempre en relación a Él, a su Venida, al último día y al “hoy”. El esposo viene en
mitad de la noche; la luz que no debe apagarse es la de la fe: “Dice de ti mi corazón:
busca su rostro” (Sal 27, 8).
2731 Otra dificultad, especialmente para los que quieren sinceramente orar, es
la sequedad. Forma parte de la oración en la que el corazón está desprendido, sin
gusto por los pensamientos, recuerdos y sentimientos, incluso espirituales. Es el
momento en que la fe es más pura, la fe que se mantiene firme junto a Jesús en su
agonía y en el sepulcro. “El grano de trigo, si [...] muere, da mucho fruto” (Jn 12, 24).
Si la sequedad se debe a falta de raíz, porque la Palabra ha caído sobre roca, no hay
éxito en el combate sin una mayor conversión (cf Lc 8, 6. 13).
Frente a las tentaciones en la oración
2732 La tentación más frecuente, la más oculta, es nuestra falta de fe. Esta se
expresa menos en una incredulidad declarada que en unas preferencias de hecho.
Cuando se empieza a orar, se presentan como prioritarios mil trabajos y cuidados que
se consideran más urgentes; una vez más, es el momento de la verdad del corazón y de
su más profundo deseo. Mientras tanto, nos volvemos al Señor como nuestro único
recurso; pero ¿alguien se lo cree verdaderamente? Consideramos a Dios como
asociado a la alianza con nosotros, pero nuestro corazón continúa en la arrogancia. En
cualquier caso, la falta de fe revela que no se ha alcanzado todavía la disposición
propia de un corazón humilde: «Sin mí, no podéis hacer nada» (Jn 15, 5).
2733 Otra tentación a la que abre la puerta la presunción es la acedia. Los
Padres espirituales entienden por ella una forma de aspereza o de desabrimiento
debidos a la pereza, al relajamiento de la ascesis, al descuido de la vigilancia, a la
negligencia del corazón. “El espíritu [...] está pronto pero la carne es débil” (Mt 26,
41). Cuanto más alto es el punto desde el que alguien toma decisiones, tanto mayor es
la dificultad. El desaliento, doloroso, es el reverso de la presunción. Quien es humilde
no se extraña de su miseria; ésta le lleva a una mayor confianza, a mantenerse firme en
la constancia.
Decidirse a la oración es decidirse a entrar a un “combate” que se da en
el corazón de cada uno, donde “dos amores” quieren tomar posesión de la casa
de nuestro corazón (Rm 8,5-13; Gal 5,16-26; 6,7-9). La tarea es cerrar la
puerta, con el auxilio de la gracia de las virtudes, a las solicitudes que
despiertan el deseo de la carne y abrirla a los deseos del Espíritu para que
crezca en nosotros el hombre interior, el hombre espiritual iluminado por la fe
y animado y arraigado por el amor (Ef 3,16-17), hasta que sea un mismo deseo
el que lo mueva todo (Jn 4,34), el que inspira la Caridad y toca todo el
hombre, cuerpo y alma. Ahí confluye con mi deseo el deseo de Dios que me
desea (Catecismo de la Iglesia Católica nº 2560; cf 2541.2543.2545.2548-
2549).
La oración como don de Dios
2559 “La oración es la elevación del alma a Dios o la petición a Dios de bienes
convenientes”(San Juan Damasceno, Expositio fidei, 68 [De fide orthodoxa 3, 24]).
¿Desde dónde hablamos cuando oramos? ¿Desde la altura de nuestro orgullo y de
nuestra propia voluntad, o desde “lo más profundo” (Sal 130, 1) de un corazón
humilde y contrito? El que se humilla es ensalzado (cf Lc 18, 9-14). La humildad es la
base de la oración. “Nosotros no sabemos pedir como conviene” (Rm 8, 26). La
humildad es una disposición necesaria para recibir gratuitamente el don de la oración:
el hombre es un mendigo de Dios (San Agustín, Sermo 56, 6, 9).
2560 “Si conocieras el don de Dios”(Jn 4, 10). La maravilla de la oración se
revela precisamente allí, junto al pozo donde vamos a buscar nuestra agua: allí Cristo
va al encuentro de todo ser humano, es el primero en buscarnos y el que nos pide de
beber. Jesús tiene sed, su petición llega desde las profundidades de Dios que nos
desea. La oración, sepámoslo o no, es el encuentro de la sed de Dios y de la sed del
hombre. Dios tiene sed de que el hombre tenga sed de Él (San Agustín,De diversis
quaestionibus octoginta tribus 64, 4).
2561 “Tú le habrías rogado a él, y él te habría dado agua viva” (Jn 4, 10).
Nuestra oración de petición es paradójicamente una respuesta. Respuesta a la queja del
Dios vivo: “A mí me dejaron, manantial de aguas vivas, para hacerse cisternas,
cisternas agrietadas” (Jr 2, 13), respuesta de fe a la promesa gratuita de salvación
(cf Jn 7, 37-39; Is 12, 3; 51, 1), respuesta de amor a la sed del Hijo único (cf Jn 19,
28; Za 12, 10; 13, 1).
2541 La economía de la Ley y de la Gracia aparta el corazón de los hombres de
la codicia y de la envidia: lo inicia en el deseo del Supremo Bien; lo instruye en los
deseos del Espíritu Santo, que sacia el corazón del hombre.
El Dios de las promesas puso desde el comienzo al hombre en guardia contra la
seducción de lo que, desde entonces, aparece como “bueno [...] para comer, apetecible
a la vista y excelente [...] para lograr sabiduría” (Gn 3, 6).
2543 “Pero ahora, independientemente de la ley, la justicia de Dios se ha
manifestado, atestiguada por la ley y los profetas, justicia de Dios por la fe en
Jesucristo, para todos los que creen” (Rm 3, 21-22). Por eso, los fieles de Cristo “han
crucificado la carne con sus pasiones y sus apetencias” (Ga 5, 24); “son guiados por el
Espíritu” (Rm 8, 14) y siguen los deseos del Espíritu (cf Rm 8, 27).
2545 “Todos los cristianos han de intentar orientar rectamente sus deseos para
que el uso de las cosas de este mundo y el apego a las riquezas no les impidan, en
contra del espíritu de pobreza evangélica, buscar el amor perfecto” (LG 42).
2548 El deseo de la felicidad verdadera aparta al hombre del apego desordenado
a los bienes de este mundo, y tendrá su plenitud en la visión y la bienaventuranza de
Dios. “La promesa [de ver a Dios] supera toda felicidad [...] En la Escritura, ver es
poseer [...]. El que ve a Dios obtiene todos los bienes que se pueden concebir” (San
Gregorio de Nisa, De beatitudinibus, oratio 6).
2549 Corresponde, por tanto, al pueblo santo luchar, con la gracia de lo alto,
para obtener los bienes que Dios promete. Para poseer y contemplar a Dios, los fieles
cristianos mortifican sus concupiscencias y, con la ayuda de Dios, vencen las
seducciones del placer y del poder.
CUARTO PASO: “No hablen mucho” Mt 6,7
* No murmures en tu corazón. La pregunta de Jesús Resucitado a los
dos discípulos que iban camino a Emaús nos la podría hacer a nosotros al
momento de llegar a la oración: “¿de qué vienen hablando?” (cf Lc 24,17a),
“¿qué son esas conversaciones (preocupaciones, inquietudes, fracasos y
desencantos masticados, broncas y amarguras, murmuraciones y tristezas)
que traes?” Nos sorprenderíamos de la cantidad de conversación que tenemos,
de murmuraciones que rondan en nuestro interior, que hasta que no nos
detenemos no las desenmascaramos. Muchas de esas “murmuraciones”
interiores nos entristecen, cambian nuestro semblante, nos vuelven
desesperanzados y artífices de desaliento en los demás (Lc 24,17b.21; Gn 4,4-
7). Y llegamos apurados por hablar de eso mismo, y no nos damos cuenta que
estamos aturdidos. El centro de la oración no soy yo, es el Señor.
** “Tengan el pensamiento puesto en las cosas del cielo” Col 3,2. Eva
conversó con el tentador (Gn 3,1-6), y así llegó a poner en duda la palabra de
Dios, considerándolo mentiroso al desobedecer y creer que nada habría de
suceder. David conversó con su corazón tentado (1Sam 11,1-27), dejó que
perdurara en él el estado de tentación, permitiéndole al tentador engañarlo con
la soberbia escondida detrás de la lujuria, tramando cómo salvar su imagen
escondiendo su pecado, a la vez que deshonraba su dignidad de Rey Ungido.
Un signo para discernir si los pensamientos son de Dios o del Demonio
es considerar a dónde me llevarían si los dejo correr: los de Dios llevan a la
paz, la alegría, la caridad… a la vida, estos hay que seguirlos, aunque
impliquen una renuncia o una aceptación dolorosa, porque no seguirlos sería
exponerme al pecado o la infidelidad a la gracia; en cambio los del Demonio
llevan a la inquietud, el desaliento, la tristeza… a la muerte, estos hay que
rechazarlos sin demora, sin concesiones, con una oración simple invocando el
Nombre de Jesús o la misma Palabra de Dios (Mt 4,4.7.10; 14,13). No basta
con desviar la atención, porque el enemigo volverá al acecho. Si cada vez que
vuelve yo le respondo con la oración, y la ocasión de tentación se convierte en
ocasión de oración, el tentador dejará de acechar por ahí, lo que no soporta es
que seamos hombres orantes.
A veces llegamos a la oración trayendo la conversación que el tentador
inició antes en el corazón, infundiéndonos miedo o inquietud por el futuro,
haciéndonos pesado el trabajo diario y las fatigas del trato con los hermanos,
entristeciéndonos por el pasado o con solicitudes de la sensualidad; todo para
hacernos dudar de la presencia salvadora del Señor (Mt 14,25-28; Lc 24,38-
39), haciéndonos olvidar que no podemos agregar ni un día a los días de
nuestra vida y que llevamos contados los cabellos de nuestra cabeza (Mt 6,25-
34). Quiere hacernos dudar del Señor que nos dijo: “Yo estaré siempre con
ustedes hasta el fin del mundo” Mt 28,20. Oye estas palabras del Maestro al
comenzar tu oración: “No hables mucho… ¿por qué está inquieto tu
corazón?”. Si vas a la oración fíate de Quien está y te llama y te ama, no
empieces hablando, calla tus murmuraciones, escucha. No hagas pasar al
Señor por mentiroso dudando de su Gracia.
*** “… cuando ores, di: Padre…” (cf Lc 11,2) y deja que su presencia
amorosa te inunde. ¿Para qué crees que iba Jesús a la oración, pasando en ella
noches enteras (Lc 6,12)? Piensa en ello y verás a Jesús callando, dejándose
“acariciar” por el Padre que le amaba y al cual amaba con todo su Corazón de
Hijo. Cuando ores no hables mucho y escucharás mejor el “gemido del
Espíritu” (Rm 8,23.26) que descansa en tu interior y puja por salir de tus
labios como salió de labios de Jesús: “Abba, no se haga mi voluntad sino la
tuya” (Mc 14,36; cf Lc 23,46). Dios te ama y sabe lo que necesitas, debes
confiar.
QUINTO PASO: “El Señor viene… velen” (1Cor 10,22; Mt 26,41)
* “…mientras todos dormían, vino su enemigo” Mt 13,25 (1Pe 5,8). El
dicho: “el demonio no duerme”, podría encontrar en una parábola de Jesús una
aplicación concreta, aquella en la que advierte sobre el modo que tiene el
enemigo de hacer su trabajo (Mt 13,24-30). Si no impidió que Dios ganara tu
corazón, que te dedicaras más a la oración, que desees hacer penitencia por tus
pecados y seas más cuidadoso en la ascesis, reconociendo tus fragilidades, que
crecieras en humildad y caridad; esperará a verte distraído (presumiendo de
haber ya triunfado, de ser ya fuerte, creyendo que el demonio no tiene ningún
poder, entreteniéndote en muchas preocupaciones que te ocupan el corazón…)
y entonces volverá al ataque, pero de un modo más sutil, casi imperceptible.
Mira a los Apóstoles, no pudo impedir que lo siguieran durante los años de
vida pública (algunos abandonaron, cf Jn 6,60.66), pero al llegar a la hora que
Jesús tanto deseó, se durmieron (cf Mt 26,36-41), no velaron con Él, no oraron
y, cuando vino la persecución, huyeron (cf Mt 26,56). El demonio intentará
hasta el último instante de nuestra vida procurar que reneguemos de Jesús y
nos condenemos. La oración de la noche, con el examen de conciencia, son
muy importante, son una experiencia de aquella última hora de mi vida, de
cómo quiero llegar a ella; es volver a “casa” donde descansar de tantas fatigas,
evitando nos inquiete el mañana, que aún no nos pertenece (Lc 12,22-32),
confiando el día vivido porque ya no es nuestro. Tu cuerpo va ahora a dormir,
tu alma no, hay en nosotros algo que permanece “despierto”, activo, por ello
lo último del día debe ser la oración, el pensamiento puesto en Dios, una
lectura de algún texto espiritual. A la caída del sol, caen también algunas de
nuestras defensas en lo espiritual (Lc 24,29), por eso a la noche hay que ser
más cuidadosos de lo que dejamos entrar o no en nuestro interior o los
pensamientos que dejamos venir (Col 3,2-3).
** “No nos durmamos…” 1Tes 5,6. El ensueño de los excesos
mundanos (murmuraciones, frivolidades en comidas, vestidos, adornos,
diversiones, bailes, televisión, internet…) nos aleja del gusto de los bienes
espirituales, de la oración, nos vuelve superficiales (1Pe 4,7; Rm 13,11-14; Jr
7,8-11; 1Pe 1,13-14; 2Pe 3,17-18). No “asientes” aquí tu corazón, sueña con
“volver a casa” (cf Heb 13,14; 1Tes 5,17; Heb 11,10-16).
*** “El primer día de la semana…” Hech 20,7. Reconocer que hay un
ritmo diario y uno semanal para vivir el Misterio de Cristo, nos ayuda a
ordenar la oración. Desde el comienzo de la vida de la Iglesia el Domingo es
día de la Eucaristía, día de la reunión de los cristianos para comer el Pan,
escuchar la Palabra del Señor y las enseñanzas de los Apóstoles, para la
oración. Ordena tu oración diaria de la mañana y de la noche, el tiempo para la
meditación de la Palabra de Dios, la contemplación de los misterios del
Rosario. Que en el Domingo tenga un tiempo destacado la oración y la vida
fraterna (la caridad); que el “sábado a la noche” (que no existe para la Liturgia
cristiana, ya que es vigilia de Domingo) no te quite lo mejor de ese Día. Por
eso el cristiano no puede asistir a cualquier fiesta o distracción si no quiere ver
expuesta su Vida de Gracia, si no quiere ver disipado su corazón por la
sensualidad o la embriaguez de placeres. Cada Domingo hacemos experiencia
del anuncio: “ya viene el esposo (Jesucristo)…” (Mt 25,6) para que no
permanezcamos en el sueño del pecado o en el engaño de la distracción de las
muchas cosas que pueden sacarme de la oración, dejando vaciar la “lámpara”
de nuestra esperanza en el retorno Glorioso del Señor (cf 2Pe 3,13). Tener un
tiempo generoso (a la medida del Amor que le tengo al Señor) para la
Adoración Eucarística semanal mantiene la “tensión” espiritual hacia lo que
en verdad vale y es perdurable (Jesús “dedicaba” tiempo exclusivo para dejar
que libremente su corazón se volcara en el Padre que lo amaba – cf Mc 1,35).
Orar con otros hermanos el Domingo es hacer visible la Comunión en la que
nos establece la oración (cf Col 3,16).
SEXTO PASO: Restaurar la Alegría (cf Jn 16,22)
La Alegría, junto con la Paz, es don en la Pascua de Cristo (Jn 20,20-21).
La Alegría se recibe y se vive en la Iglesia, porque el Espíritu es quien la da y
Él ha sido dado por Cristo a su Esposa la Iglesia (Jn 20,22; Hech 1,12-14; 2,1-
4).
* “Vengan ustedes solos a un lugar desierto, para descansar un poco”
Mc 6,31. La oración encuentra en el descanso del Domingo su centro, su eje.
Allí se “restaura” el edificio interior, allí la comunidad cristiana vuelve a su
“lugar” de Origen, a la Fuente que mana sin cesar.
La experiencia de desaliento y confusión de los discípulos de Emaús (Lc
24,13-17.21.25) es tentación para nosotros también en el mundo de hoy,
tentación que nos aleja de la oración confiada y perseverante. Vivir dispersos
en las cosas, olvidando la promesa que nos hizo el Señor de estar con nosotros
hasta el fin del mundo (cf Mt 28,20), dejarnos abatir por los aparentes fracasos
del Evangelio que parece ya no dar respuestas ni siquiera a mis inquietudes,
menos a los dramas del mundo. Jesús te invita cada Domingo a “ir a un lugar
desierto”, lugar de la Alianza, a encontrarte a solas con Él en un tiempo más
prolongado, a descansar de tus cansancios, a restaurar “tus piedras caídas”, a
restaurar tu Alegría que sólo Él da. Desde el Domingo puedes ordenar tu
oración. Si ese Día no tienes “tiempo” para orar más prolongadamente a solas
y con tus hermanos ¿cuándo lo harás? ¿dónde lo harás? Ese es tu Día, ese es tu
Lugar. Si llegas abatido a la Pascua semanal y nada cambia cuando la celebras
¿qué has celebrado? ¿puedes decir que has “participado de Ella”?. Es probable
que no te hayas dejado tocar por la Gracia que Ella trajo, que haya algo que no
le has dejado al Señor tomar de ti para ser redimido y transfigurado.
Ante los signos de muerte que nos rodean, el Señor cada Pascua semanal
te vuelve a preguntar, le vuelve a preguntar a cada una de nuestras
comunidades: “Crees que Yo soy la Resurrección y la Vida” (cf Jn 11,25-26).
Vivir de la Pascua semanal: Te propongo un esquema sencillo para
vivir en la Fe:
1- Jueves de la Cena del Señor y de su Agonía en Getsemaní: “velen
conmigo” (cf Mt 26,38b; Mc 13,33-37): dedica 15 minutos antes de irte a
dormir a contemplar a Jesús en alguna de aquellas escenas de la Última Cena
o de su Agonía.
2- Viernes de la Pasión del Señor: “hagamos penitencia” (cf Mt
26,41; Mc 2,20; Lc 9,23). Ten presente durante el día la Pasión de Jesús para
unirte a su Corazón y hacer alguna penitencia (real y significativa), reza la
coronilla de la Divina Misericordia o el vía crucis, o medita algún pasaje de su
Pasión.
3- Sábado de la Virgen: “recibe a la Madre entre tus cosas más
preciadas” (cf Jn 19,21; Mt 1,24). Ten presente a la Virgen en este día,
ofrécele tus obras, pensamientos y deseos. Dedícate 15 minutos a contemplar
un misterio del Santo Rosario, y reza los cinco decenas. Piensa con Ella en los
hombres que aún no conocen a su Hijo y por los cuales Él también murió, y
así comparte la Soledad de la Madre que ve a muchos hijos aún lejos o
alejados extraviados en la ignorancia o el pecado; ofrécete por ellos, por su
salvación.
4- Domingo, Pascua Semanal: “Estén alegres, vivan en Paz” (cf Jn
20,20-21; Mt 28,9-10). Recuerda que la Alegría no es contraria al dolor,
pueden convivir, aún más, una puede enriquecer a la otra. Si estás en
enemistad con algún hermano, perdona, ora por él; procura no ocupar tantas
horas de este Día a dormir o a vanas distracciones, por lo que debes cuidar en
qué ocupas las horas de la noche, que la noche no sea excusa para el exceso.
Busca al menos una vez al mes quedarte en vigilia de oración algunas horas de
la noche, hace mucho bien para templar el alma en la Esperanza del retorno
glorioso del Señor Resucitado; su regreso será el amanecer del Domingo sin
ocaso de la Eternidad (cf Jn 14,3; Ap 22,20), cumplimiento de los anhelos de
nuestro corazón en la oración: unirnos en la Iglesia con Jesucristo el Señor sin
que nada nos pueda separar. Celebra la Eucaristía, nunca pases por Ella sin
Comulgar, la reconciliación es el deseo del Corazón del Padre que sale
siempre a encontrarte.
“Ora sin cesar” (cf 1Tes 5,17), y para hacerlo, “ama en todo”, y así
desearás siempre al Señor y lo tendrás presente. Ten siempre tu hora de
adoración al Santísimo Sacramento en la semana y medita diariamente la
Palabra de Dios, su Luz guiará tus pasos. El Santo Rosario acompañe tus
silencios y tus caminos (cf del Catecismo nº 2742-2745).
Perseverar en el amor
2742 “Orad constantemente” (1 Ts 5, 17), “dando gracias continuamente y por
todo a Dios Padre, en nombre de Nuestro Señor Jesucristo” (Ef 5, 20), “siempre en
oración y suplica, orando en toda ocasión en el Espíritu, velando juntos con
perseverancia e intercediendo por todos los santos” (Ef6, 18).“No nos ha sido prescrito
trabajar, vigilar y ayunar constantemente; pero sí tenemos una ley que nos manda orar
sin cesar” (Evagrio Pontico, Capita practica ad Anatolium, 49). Este ardor incansable
no puede venir más que del amor. Contra nuestra inercia y nuestra pereza, el combate
de la oración es el del amor humilde, confiado y perseverante. Este amor abre nuestros
corazones a tres evidencias de fe, luminosas y vivificantes:
2743 Orar es siempre posible: El tiempo del cristiano es el de Cristo resucitado
que está con nosotros “todos los días” (Mt 28, 20), cualesquiera que sean las
tempestades (cf Lc 8, 24). Nuestro tiempo está en las manos de Dios:
«Conviene que el hombre ore atentamente, bien estando en la plaza o mientras
da un paseo: igualmente el que está sentado ante su mesa de trabajo o el que dedica su
tiempo a otras labores, que levante su alma a Dios: conviene también que el siervo
alborotador o que anda yendo de un lado para otro, o el que se encuentra sirviendo en
la cocina [...], intenten elevar la súplica desde lo más hondo de su corazón» (San Juan
Crisóstomo, De Anna, sermón 4, 6).
2744 Orar es una necesidad vital: si no nos dejamos llevar por el Espíritu
caemos en la esclavitud del pecado (cf Ga 5, 16-25). ¿Cómo puede el Espíritu Santo
ser “vida nuestra”, si nuestro corazón está lejos de él?
«Nada vale como la oración: hace posible lo que es imposible, fácil lo que es
difícil [...]. Es imposible [...] que el hombre [...] que ora [...] pueda pecar» (San Juan
Crisóstomo, De Anna, sermón 4, 5).
«Quien ora se salva ciertamente, quien no ora se condena ciertamente» (San
Alfonso María de Ligorio, Del gran mezzo della preghiera, pars 1, c. 1)).
2745 Oración y vida cristiana son inseparables porque se trata del mismo amor
y de la misma renuncia que procede del amor. La misma conformidad filial y amorosa
al designio de amor del Padre. La misma unión transformante en el Espíritu Santo que
nos conforma cada vez más con Cristo Jesús. El mismo amor a todos los hombres, ese
amor con el cual Jesús nos ha amado. “Todo lo que pidáis al Padre en mi Nombre os
lo concederá. Lo que os mando es que os améis los unos a los otros” (Jn 15, 16-17).
«Ora continuamente el que une la oración a las obras y las obras a la oración.
Sólo así podemos cumplir el mandato: “Orad constantemente”» (Orígenes, De
oratione, 12, 2).
SÉPTIMO PASO: "El Espíritu Santo ora en nosotros" (cf Rm 8,26).
¿Cómo obra el Espíritu Santo en nuestra oración? La respuesta a esta
pregunta es una de las fundamentales en nuestra vida de oración, en nuestra
vida espiritual.
*Vida espiritual (cf Gal 5,25): es vida en el Espíritu Santo. Es vida
recibida en el Bautismo. No lo tienes a Dios, Él te tiene a ti; no lo recibes a
Dios, Él te recibe (cf Rm 14,7-9; Hech 17,28). Dios te puso frente a sí para
hacerte destinatario de su don, que no es sino Él mismo, el Amor en Persona;
para hacerte su interlocutor, capacitándote para dialogar su mismo lenguaje (cf
1Jn 4,10-11) que no entiende el que sólo vive para este mundo (el mundano) y
no espera la Resurrección, para que el grano muerto en la "tierra" de la
ofrenda libre de la Caridad dé su fruto para la Gloria (cf Jn 12,24). El
ESPÍRITU SANTO te es dado para que participes de la Pascua, para tu paso
de la muerte a la Vida (cf Rm 6,11); es principio de vida, de comunión, de
oración...Cree en su acción, cree que viene a santificarte...
Vas a la oración porque crees en su FUERZA, no en la tuya; en que Él
puede lo que tu pobreza no. A la oración va el que espera que la Salvación le
venga de lo alto; en cambio el que presume de saberlo y poderlo todo se queda
perdido en las ocupaciones y cosas de este mundo... "no tiene tiempo"... para
escuchar a Dios, para estar a solas con Él.
**Los dolores de parto de la creación (cf Rm 8,19-22). Salida de la
mano de Dios, la creación cayó en la corrupción a causa de la libre elección
del hombre que las sometió al desorden, tomándola no como medio, sino
como fin, buscando en ella lo que ella no puede darle. No olvides que aquí
está la mentira: en esperar que las criaturas te den vida eterna cuando ellas
mismas están sometidas a lo transitorio, a la caducidad, a la corrupción. "Sólo
Dios da Vida en abundancia" (cf Jn 10,10; Rm 5,21).
Sufres esa lucha en tu interior: los deseos de la carne, que son según el
mundo y conducen a la muerte, luchan contra los deseos del espíritu, que son
según el Espíritu Santo y llevan a la Vida en libertad (Cf Rm 8,1-13; 7,12-
14.20-23; Gal 5,1.13; St 1,14-15; St 4,4-10).
***El Espíritu Santo viene en tu ayuda (cf Rm 8,26). Te dejo unos
principios:
+ El Espíritu Santo educa tus deseos (Catecismo de la Iglesia Católica n°
2764) : vas deseando las cosas que más tratas, si tratas mucho las cosas del
mundo las vas a ir deseando cada vez más, si tratas al Señor en la oración, en
la escucha de su Palabra, en el sagrario, en la invocación frecuente de su
Nombre... lo irás deseando cada vez más (Catecismo de la Iglesia Católica n°
2541-2543; Flp 1,21.23; Salmos 41; 62; 83).
+ El Espíritu Santo te sostiene en el combate que se da en tu vida
espiritual y en especial en tu oración: "...No hay santidad sin renuncia y sin
combate espiritual..." (Catecismo de la Iglesia Católica n° 2545-2549.2725;
Rm 7,15-25; 2Cor 12,7-10; 2Tim 3,12; 2Tim 4,7-8; Heb 12,3-4; 1Pe 4,16).
+ Mira el velero cómo extiende sus velas, es una figura de tu vida
espiritual, de tu relación con el Espíritu Santo, tú extiendes las velas de tus
deseos, de tu disponibilidad, de tu fidelidad diaria al silencio y a la escucha de
la oración, Él SOPLA, y al encontrar tus "velas" desplegadas puede hacerte
avanzar sereno por la aguas de este mundo. ¿Qué sucede si encuentra tus velas
recogidas?
Anda a la oración y verás las maravillas que obra el ESPÍRITU, como las
hizo en la VIRGEN, en quien el ESPÍRITU actuó a sus anchas.
OCTAVO PASO
Estos son solo pensamientos, tal vez no tengan mucho orden. Pero van
como “apuntes de clase” en esta pequeña escuela.
"¿Por qué dudar del Señor? Él no abandonó la Barca. La tormenta nos
una en la misma lucha por permanecer fieles a nuestra misión a nuestro
horizonte, mantengamos desplegadas las Velas de nuestra oración humilde y
el Espíritu soplará llevándonos al puerto de la Gloria. María es nuestra
Estrella"
Mientras camina "entre las persecuciones del mundo y los consuelos de
Dios", como decía San Agustín, el orante puede entretenerse o distraerse con
la "belleza del paisaje" (con los consuelos sensibles que en la oración puede
experimentar) y así quedarse a mitad de camino (dejando de dirigirse a Dios
con el deseo y creer que los sabores que paladea su alma ya es todo lo que
busca, cuando es sólo sabor de criatura, todavía no del Creador) o bien
esconderse ante la furia de los vientos que pueden azotarle en el camino (la
persecución en forma de detractación por parte de los impíos o de los
cristianos mediocres, de la incomprensión o la humillación, las ironías o las
burlas...). Son tiempos para almas grandes, sueños generosos de Gloria (no de
éxito), de fidelidades probadas (no de seguimiento por conveniencia mientras
no haya obstáculos a mis gustos, caprichos o intereses, siendo incapaz de
soportar calumnias, incomprensiones, humillaciones...). Es tiempo de JESÚS,
de SANTOS-
Una de las grandes pruebas en la oración es el aparente silencio de Dios,
y parece que se da justo cuando todo se oscurece y pierde sentido.
Vale decir primero que, si no es mi pecado o mi negligencia lo que me
llevó a ese estado de oscuridad, lo que requeriría penitencia y conversión, de
no ser eso es Dios mismo quien me pone en esa "noche" del alma donde todo
parece perder significación, valoración. Lo que hasta ayer era luz hoy ya no lo
es, lo que hasta ayer hacía con facilidad hoy ya no lo puedo hacer. ¿Por qué
Dios me pone en esa prueba? Las razones son simples:
-Él me conoce y, sobre todo, ME AMA BIEN y nunca querrá hacerme
mal.
-Él sabe que soy presumido, y me apropio fácilmente de lo que es obra
suya y con facilidad me la atribuyo. Me libra de la soberbia, haciéndome ver
qué poco puedo sin Él, a la vez que me permite conocer hasta donde puedo sin
Él, ciertamente poco puedo solo.
-Me enseña a caminar en la fe, no en las certezas meramente humanas.
Pienso en Pedro y recuerdo su caminar sobre el agua ¿puede un ser humano
caminar sobre el agua? Si tiene fe puede vencer en Cristo la muerte misma. Si
miro la muerte sin fe tengo que decir que es el final, si la miro en Cristo digo
que es el Paso que espero.
Los peligros que más debemos temer no son los de fuera sino los de
dentro: nuestra falta de fe en el Señor, de confianza en la fuerza de su Gracia,
nuestra pereza para ir al Maestro, nuestra dureza de corazón que no nos deja
obedecer con humildad las enseñanzas del Papa como Pastor y Guía, sobre
todo cuando la doctrina que nos enseña no está de “acuerdo” a mi pensamiento
o criterio.
Esa “noche” la podemos estar también viviendo hoy como hermanos,
como Iglesia. Nos duelen los pecados de los hermanos, y deben dolernos, pero
no porque nos humillan sino porque ofenden al Corazón de Jesús. Dios nos
libre de tirar la primera piedra, escandalizados del pecado de un hermano, más
bien nos ayude a hacer penitencia por los nuestros, también por los de los
hermanos, y volver alegres al Padre, a la Madre Iglesia.
Si Dios ha puesto mi alma en la “noche” de la prueba, demos gracias, es
porque Él está trabajando conmigo para hacer algo que yo solo no podría, ya
que soy duro de entendimiento y de corazón, y porque cree que puede hacer de
mí algo grande: ME QUIERE LLEVAR A LA MEDIDA DE CRISTO, ME
QUIERE SANTO COMO ÉL. Jesús también entró en la noche por mí para
que yo no caminara solo ("siento angustia de muerte", decía a sus discípulos
en Getsemaní). Recuerdo el versículo del salmo 22: “El Señor es mi Pastor…
me conduce por cañadas oscuras… hacia fuentes tranquilas…”
“Velen y oren para no caer en la tentación. El espíritu es fuerte pero la
carne es débil”. Más que nunca oremos. Si estás en la noche, espera, la
oscuridad no quiere decir que el Sol se apagó, sino que Dios está preparando
tus ojos para ver de otra manera cosas que nunca antes viste, ten paciencia y
lucha con constancia.
¡Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor!
NOVENO PASO: “La verdad nos hace libres”.
Estos pensamientos pueden ser un poco más difíciles de entender, los
confío a la acción del Maestro interior que es el Espíritu Santo, y a su Esposa,
la Santísima Virgen, que veló tanto por el mundo interior de Jesús en los años
de su niñez y de su infancia. Los escribo porque quisiera que las cosas del
alma sean más conocidas. Porque me parece que los cristianos vivimos en la
superficie de nuestra existencia, olvidando, y por lo tanto abandonando, la
profundidad de una vida que toca a Dios por la Gracia del Bautismo.
¡¡¡CÓMO SERÁ NUESTRO MUNDO INTERIOR CUANDO
COMULGAMOS A JESÚS EUCARISTÍA Y ÉL NOS INTRODUCE MÁS
EN “SU MUNDO”, EL QUE VIVE CON EL PADRE Y EL ESPÍRITU EN
LA TRINIDAD!!! ¡CUÁNTOS NIÑOS NO SABEN QUE DIOS LOS
AMA…! ¿No será nuestra misión hacérselos saber?
*El poder, el tener y el placer al margen de la verdad de Jesucristo, son
un eco de la tentación en el paraíso: “serán como dioses, medida del bien y del
mal”, sugirió el Demonio. Comer de aquel fruto fue, para Adán y Eva, negarse
a reconocerse dependientes de Dios, destinatarios de una existencia que no se
habían dado a sí mismos. Quisieron decirse: la vida comienza “conmigo”, que
puedo hacer de ella lo que quiero, que Dios no hacía falta. Hoy todavía se
puede escuchar lo mismo…
**La ignorancia en la vida espiritual, en las cosas que pasan en mi alma,
me llevan a cometer no pocos errores, no pocos pecados. Como nuestros
primeros padres, oímos susurrar al oído del corazón la tentación original: Dios
miente, Él sabe que puedes ser dios, decide tú mismo sin esperar saber lo que
Él quiere de ti, no le obedezcas.
¿Pasa eso en tu alma? Sí, y no te das cuenta. Es cierto que el Espíritu
Santo también te habita (si estás en Gracias), te mueve, te inspira…
Te dejo algunas preguntas: ¿quién es tu maestro interior, el Espíritu por
la Palabra y la enseñanza de la Iglesia, o la opinión pública, la moda, tu gusto,
tu estado de ánimo o lo que te dicta la pasión? ¿quién ordena tus pensamientos
tan alterados a veces por problemas, dificultades, adversidades…? ¿vas al
confesionario con frecuencia? ¿sabes que los pensamientos tienen mucha
incidencia en los estados de tu corazón llevándolo hacia los objetos en los que
se entretienen? ¿crees que si oyes música sensual no te afecta? ¿crees que si
miras sin necesidad televisión o internet no incide en lo que pasa en tu
pensamiento? ¿crees que si participas en conversaciones vanas y chabacanas
no estás dejando sembrar en tu interior superficialidad? ¿crees que si
participas en fiestas donde se excede en la bebida, en la comida, en las
murmuraciones, en las groserías… la única “resaca” que te queda es la del
alcohol, que queda sólo el dolor de cabeza y nada le pasa a tu corazón? ¿crees
que no te hace olvidar y hasta despreciar las cosas del Cielo cuando te
sumerges tanto en las cosas de la tierra?...
*** La Verdad te hace libre. La ignorancia te esclaviza a lo transitorio, a
lo corruptible. ¿Cómo vivir en la Verdad? Te recuerdo algunas cosas que ya
he dicho, y diremos otras más adelante:
-vas a la oración a recibir antes que a dar, Dios tiene sed de ti antes que
tú sientas sed de Él, Él puso esa sed en tu corazón para que lo busques, y si
algún día te alejaras por el pecado del olvido, Él, desde dentro, con esa sed
insaciable, buscará atraerte nuevamente. Piénsalo: el infierno será sentir esa
sed y no poderla saciar jamás… será triste ¿no?. Y el cielo embriagarse en
Dios… maravilloso ¿no?.
-tu corazón vive de lo que lo alimentas: si “comes tierra” (lo mundano, lo
que te ofrece el espíritu del mundo), serás tierra, y tendrás el destino de lo
terreno; si “comes cielo” (el Cielo es Dios, Dios se te da en Jesucristo por su
Espíritu en la Iglesia: en los Sacramentos, en su Palabra, en tu hermano…)
serás cielo, habitarás en él, y lo serás para los demás. Los hombres
encontrarán por dónde ir a Dios al encontrarte… caminarán juntos llevando la
Cruz.
-la Verdad se aprende siendo discípulo, sentándose a los pies del
Maestro. Para aprender hay que estudiar, leer, meditar. Es tiempo de madurez
para los cristianos, y para no permanecer ignorantes de la Verdad, hay que
dedicar tiempo a estudiar la Doctrina Católica junto a los tiempos que
debemos dedicar a la Caridad, al Apostolado y a la Oración. Cada uno en la
medida que le permite su deber de estado.
DÉCIMO PASO. "El amor implica prioridad de tiempos”
Es tiempo de santos que exige prioridad en los amores que ordene
nuestros tiempos y los sepamos consagrar en fidelidad al espíritu del
Evangelio, sin acomodos, aunque el mundo nos persiga.
*Decirle a alguien que lo quiero es darle tiempo, dándole mi tiempo
material (el del reloj), pero sobre todo mi tiempo real (el interior, "estarse
amando al amado", diría San Juan de la Cruz, cuerpo y alma todo allí).
**Recuerda siempre que tu silencio es ganado siempre por una palabra, y
tu memoria por un “rostro” (humano, divino, bello o desfigurado, no importa,
algo la ocupa).
***Tu tiempo es tu persona que se entrega a lo que amas y esperas, una
persona se puede definir por aquello en lo “gasta” su tiempo. Nuestro vida
exige que elijamos a qué darle nuestro tiempo: a Dios o al demonio (que tiene
socios: el espíritu del mundo y el deseo desordenado de placer). Eres tan
valioso como aquello a lo que das tu tiempo. Prolifera en nuestro mundo las
horas de fiesta (no pocas veces mundanas) y las falsas distracciones, velar
sobre ellas para discernir es muy importante, para no perder en ellas nuestro
corazón.
¡BENDITO SEA EL NOMBRE DE JESÚS!
¡BENDITA SEA SU SANTA Y AMADA IGLESIA
“La oración ensancha el corazón delicado hasta el punto de
estar en condiciones de acoger el don del propio Dios»
“La cosa más importante no es lo que decimos nosotros, sino
lo que Dios nos dice a nosotros. Jesús está siempre allí,
esperándonos. En el silencio nosotros escuchamos su voz”
Beata Madre Teresa de Calcuta