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Encuesta: Sobre La Musica Moderna

Este documento presenta respuestas de varios compositores y profesores de música a una encuesta sobre cómo mejorar la aceptación de la música moderna por parte del público en Chile. René Amengual atribuye la indiferencia del público a una falta de educación musical y sugiere introducir gradualmente la música moderna en los conciertos. Zulema Hurtado cree que es difícil cambiar la mentalidad de los adultos y que la educación musical en las escuelas debe enfocarse en la música moderna. Alfonso Letelier opina que incl
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Encuesta: Sobre La Musica Moderna

Este documento presenta respuestas de varios compositores y profesores de música a una encuesta sobre cómo mejorar la aceptación de la música moderna por parte del público en Chile. René Amengual atribuye la indiferencia del público a una falta de educación musical y sugiere introducir gradualmente la música moderna en los conciertos. Zulema Hurtado cree que es difícil cambiar la mentalidad de los adultos y que la educación musical en las escuelas debe enfocarse en la música moderna. Alfonso Letelier opina que incl
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ENCUESTA

SOBRE LA MUSICA MODERNA


A partir del presente número comenzamos a publicar, conforme
anunciamos, las respuestas recibidas a nuestra primera encuesta
dirigida a compositores, intérpretes y profesores de música y, en
general, a cuantas personas se interesen en los problemas de la mú-
sica contemporánea.
CUESTIONARIO

Es evidente la indiferencia, cuando no la oposición, del público


respecto a la música contemporánea. ¿A qué razones atribuye Ud.
este fenómeno?
¿Cómo cree Ud. que la cooperación del público en el progreso
de la vida musical podría estimularse,
· .. por la organización de conciertos consagrados a esta mú-
sica?
· .. por la creación de una sociedad de músicos y aficionados
que prestase un interés concreto al análisis de la música moderna
en reuniones de estudio, conferencias y conciertos?
· .. por una campaña de conciertos radiados que desarrollase
una labor previa de captación sobre la de los conciertos públicos?
· .. por un nuevo concepto de la educación musical impartida
en las escuelas y liceos?
En cuanto a la música moderna de compositores chilenos,
¿habría que difundirla y facilitar su comprensión como un aspecto
más de la música contemporánea o seria preferible prestarle una
atención aparte?

***
RENÉ AMENGUAL, Compositor y Director del Conservatorio
Nacional de Música, nos contesta:
Yo no diría que la situación creada a la música moderna en los
conciertos se ha producido por oposición o indiferencia del público.
Se debe más bien a una falta verdadera de cultura musical. Vida
musical intensa, en Chile no la tenemos sino desde 1941, año en
que fué creado el Instituto de Extensión Musical. Es cierto que antes
existió, por cuanto a la música sinfónica se refiere, la Asociación
Nacional de Conciertos Sinfónicos; pero ésta no pudo desarrollar
más que en forma esporádica temporadas de conciertos. Con ante-
rioridad a la citada Asociación, sólo rara vez se podía escuchar mú-
sica sinfónica. La actividad de cámara y solística de algunos ejecu-
tantes de fama internacional que solian visitar nuestro país se con-
cretaba al repertorio común y corriente y, sin preparar al público
para la música moderna, se le daba por ejemplo una primera au-
dición del .Petrushka> de Strawinsky en versión de piano, o de otras
obras que para los aficionados chilenos de entonces eran difíciles de
(43)
REVISTA MUSICAL

digerir. ¿C6mo podemos pedir que el público se muestre bien dis-


puesto hacia la música contemporánea cuando aun hoy muchas
obras del repertorio clásico y romántico no se han ejecutado entre
nosotros? La Tercera Sinfonía de Brahms fué estrenada por Busch
hace dos años. Todavía no conocemos las cuatro sinfonías de Men-
delssohn, ni todas las de Schumann, para no citar otros músicos.
Estimo que sería una mala solución consagrar conciertos en-
teros a la música contemporánea. Hay que imponerla gradualmente
en los conciertos, después de haber educado, o cultivado mejor,
el gusto por la música en general dentro de la enseñanza impartida
en las escuelas y liceos. El problema, a mi entender, es ante todo
de una bien dirigida educación musical. Por medio de ella, se-po-
dría conseguir que el público que ha tenido desde su niñez un con-
tacto diario con la música, y no sólo con la clásica y romántica,
pueda enfrentarse sin fastidio con las primeras audiciones de obras
modernas.
A la música contemporánea chilena habría que darle en su
difusión exactamente el mismo trato que a la música moderna en
general. Pretender audiciones completas y exclusivas de música
chilena, sería causar un gran daño. Ahora bien, sí creo que habría
que acometer incluso la dictación de una ley que asegurase el que
todo intérprete nacional o extranjero incluya en sus programas obras
chilena~, salvo en los casos de conciertos de una fisonomía especial,
como ser los festivales dedicados a una época determinada, un
músico, etc.

ZULEMA HURTADO DE COLL!, Profesora de Música de Radio


Escuela Experimental.

La mayor parte del público que asiste a los conciertos está


formado por personas adultas cuya educación musical se \levó a
cabo en una época en que se ejecutaba y difundía muy poca música
moderna. Soy de opinión que es muy difícil hacer cambiar de men-
talidad a los adultos; si bien es posible que se pudiera obtenér al-
gunos resultados con la creación de una sociedad de músicos y afi-
cionados en la que se analizase y difundiese la música moderna en
reuniones de estudio, en conferencias y conciertos. Sin embargo, es
a los niños y adolescentes de los colegios a quienes se les debe educar
y de quienes se puede esperar un resultado concreto en el futuro.
Creo que a la modificación de los programas en las escuelas y
liceos, basados en el aprendizaje de música y educación auditiva
puramente tonal, debiera añadirse una permanente y sistemática
difusión por medio de conferencias y conciertos comentados de mú-
sica moderna, que es la que capta con mayor facilidad que la que se
imparte en los establecimientos educacionales.
En cuanto a la música moderna de compositores chilenos,
podda hacerse conciertos divididos en tres partes: en la primera,
música moderna europea; en la segunda, música sudamericana y
en la tercera, música de compositores chilenos.
ENCUESTA SOBRE LA M( SICA MODERNA 45

ALFONSO LETELIER, Compositor y Profesor, Director del


Coro de la Escuela Moderna de Música.
La organización de conciertos dedicados exclusivamente a mú-
sica contemporánea no me parece que sea el medio más eficaz para
atraer al público. Creo, sin embargo, que la inclusión permanente
de una o algunas obras modernas en cada concierto seria definitivo
para el objeto. En esta forma Ee obliga al público a escuchar ya
familiarizarse poco a poco con esta claEe de música. Este problema
adquiere mayor dificultad cuando la temporada de conciertos queda
en su mayor parte en manos de directores extranjeros pues, a pesar
de los empeños de nuestras autoridades musicales, nuestros ilustres
visitantes nos repiten incansablemente siempre la misma literatura
sinfónica, comprendida entre fines del XVIII y el XIX.
Ha sucedido con los conciertos sinfónicos algo Eemejante a lo
que ocurrió en otro tiempo con el «bel canto»; entonces importó
mucho más la calidad de la voz y la habilidad técnica de su poseedor
que la música misma y esto, arrastrado hasta nuestros días, hace que
el público discuta mucho más acaloradamente la calidad y duración
del Do de pecho de cualquiera de los innumerables tenores, que la
calidad de la música que ejecutan (en el fondo, criterio acróbata-
heroico). Análogamente en el terreno de los conciertos sinfónicos
(especialmente de literatura clásica y romántica) el público quiere
valorar mucho más que la música en sí al director y a «su versión».
Es gracioso oír discutir a los diletantes sobre las grabaciones de dis-
cos. Tienen un conocimiento increíble de cuantas versiones hay de
la Quinta o de la Novena; que la de Furtwangler es menos buena
que la de Toscanini o la de Sir Thomas Beacham. Así, con tal de
descubrir pequeñas diferencias entre unas y otras interpretaciones,
se pasan la vida sin escuchar nada nuevo. Esta posición, casi diría-
mos deportiva, del público ante los conciertos se ve ampliamente
favorecida por la psicología de divos de los directores: son los héroes
de este momento.
Nos parece, por ejemplo, increíble que en los conciertos de M.
Paul Para y hallamos tenido que escuchar la Sinfonía en Re de
César Franck, L'apprenti sorder de Dukas, la Tercera Sinfonía de
Beethoven, la Sinfonía Fantástica de Berlioz. " ¡y el Capricho Es-
pañol!, en vez de que este buen embajador del arte francés nos hu-
biera traído algo siquiera de lo que se está estrenando en su patria
en este momento.
Creo que podrlamos exigir mucho más en materia de programas
a los directores y convencerlos de que, por lo menos en Chile, nos
interesa mucho más mostrar al público estrenos que no medir sus
habilidades. Por otra parte, me parece de gran importancia que de
un año para otro se discutieran, confeccionaran y acordaran progra-
mas; así con tiempo podríamos obtener partituras y materiales en
punto de presentar a los directores.
La creación de una sociedad destinada al análisis y estudio de
las obras modernas no me parece que resuelva mayormente el pro-
blema a que nos referimos, a no ser que lográramos hacer actuar al
46 REVISTA MUSICAL

<snobismo' (útil en muchos casos). Esta sociedad, normalmente,


acogería sólo a la gente interesada en la música contemporánea y el
grueso público se nos quedaría en la calle.
La radio quizá podrá ser útil y surtir algún efecto. En todo
caso muy a la larga, pues el público no se somete a ella, la busca.
y como el público de la radio es mucho menos controlable que el
de los conciertos, ya que la manera que tiene de zafarse de lo que
no le agrada es tan simple como hacer girar un botón, ¿cómo lo obli-
garlamos a escuchar? Por otra parte, la eficacia de este medio está
condicionada al número de estaciones que se presten a colaborar y
a la sucesión intensa de programas, de manera que a) público no le
quede más remedio que escuchar determinado tipo de música. El
ejemplo es claro y no admite discusión respecto, por ejemplo, a la
detestable invasión folklórica de baja estirpe que impone la radio
hoy día.
La educación musical es un medio poderoso siempre que no se
pretenda creer que la masa, así como tal, sea capaz de comprender lo
que sigue siendo privilegio de las «élites». A la masa, que hoy día
se le ha querido iluminar con los destellos de lo mesiánico, nos esfor-
zamos vanamente en creerla capaz de sentir toda manifestación
superior, sin acordarnos que esta masa pobre de espíritu, incapaci-
tada para vivir el misterio, ha sido arrojada a la estandarización,
a lo limitado, a lo parejo, no se tolera que todo no sea para todos.
La necesidad de música no tiene por qué ser de todos; en cambio,
hoy se exige casi, que la música «acompañe' la vida. La música
puesta en ese plano debe entenderse como un pasatiempo, un des-
canso o bien, como dije antes, un torneo deportivo.
Como todo esto obedece no a factores educacionales sino cul-
turales, de concepción del mundo, no puedo sino ser pesimista sobre
esta interesante encuesta. De todos modos la educación musical no
puede ser considerada aisladamente; el problema, ya lo digo, lo en-
tiendo mucho más profundo y de todos modos tiene un aspecto
tota\.
El compositor, vibrando, como es natural, con los problemas
humanos que estremecen al mundo de hoy, está espiritualmente muy
lejos de la masa, aun cuando se hagan esfuerzos soberanos por escri-
bir música para las masas y a costa de la música. De ahí, a mi modo
de ver, el divorcio entre la creación musical de hoy día (como tal,
elevada, libre, y sin finalidad) y el grueso público.
No quiero ser un destructor y en consecuencia mi opinión con-
cretamente para Chile es que hagamos conciertos en que siempre
se incluyan obras contemporáneas y así se lo exijamos a los direc-
tores, especialmente extranjeros.
No creo necesario que la producción chilena tenga su capítulo
especial; basta, y quizá si es mejor, que se le dé un tratamiento igual
que a la música extranjera. Eso sí, creo que debe ejecutarse más re-
gularmente y no dejando que las obras duerman largos años. Hay
que distribuir mejor su audición.
ENCUESTA SOBltE LA MÚSICA MODERNA 47

MARTK CANALES, Compositora y Directora del Coro Ana


Magdalena Bach.
El problema de la música moderna presenta en Chile la más
obscura y difícil de las soluciones. Nuestro ambiente está cargado
de prejuicios que es necesario eliminar con paso prudente, mesurado
y con argumentación convincente. Cosa muy dificil en un campo
como éste, lleno de tanteos e imitaciones. Para mí el ideal en cuanto
a la difusión de la música moderna estaría en abrir un centro en el
que se cumpliera una labor, como ya se está haciendo en otros paí-
ses, de comentar la estructuración de nuevos acordes; planes, ela-
boración y desarrollo de sus ideas en los músicos precursores del
movimiento contemporáneo, como Ravel y Debussy. Cursos como
los que indico, hechos en forma familiar, con debate, exposición de
recursos expresivos y técnicos, ejecución de ciertos pasajes, seguidos
por un análisis meditado y profundo de cada uno de ellos, abrirían
un ambiente más amable hacia la música moderna y eliminarían
los puntos negros que en nuestro medio se adjudican a toda obra
por el solo hecho de aparecer con la etiqueta de «moderna>.
Debemos prepararnos para saber discriminar y comprender
cuando un músico escribe 'porque tiene algo que decir> o cuando
lo hace por acrobacia, preocupándose sólo de poner en práctica una
sucesión de atonalidades, disonancias y efectos sonoros en los cuales
quiere vaciar lo que a veces no es sino el resultado de muy difíciles
elucubraciones, a cuyo término no ha dicho nada.

FILOMENA SALAS, Secretaria de Difusión Artlstica de la Fa-


cultad de Bellas Artes.
Creo que la cooperación del público en el progreso de la vida
musical podría estimularse valorizando a la composición musical
universal como lenguaje de hoy día. La música contemporánea
debería ser ofrecida también en conciertos en los que se destacasen
las características del lenguaje musical de las diferentes épocas hasta
llegar a la actual. En estos conciertos, debería preceder a cada obra
un pequeño análisis que hiciese comprender al auditor las singula-
ridades de cada época y estilo.
La educación musical impartida en escuelas y liceos debe con-
tribuir en poderosa medida a la mejor comprensión de la músiCa.
Pero habría que valorizar ante los escolares, tanto como al intérpre-
te, al creador. Habría que procurar despertar el interés hacia el
proceso creativo; familiarizar a los jóvenes auditores con el conte-
nido más profundo de la obra de arte.
La música cliilena no debe ejecutarse en conciertos aparte de
los consagrados a la música moderna de los demás ·países. Para
contribuir a su difusión, estimo necesario crear concursos de eje-
cución de música contemporánea, imponer en las radios programas
de esta música, tanto la grabada en discos como la interpretada por
artistas vivos. Insisto en que al hablar de la música contemporánea
i¡;¡cluyo la chilena de nuestros días.
48 REVISTA MUSICAL

ANA DE AGUIRRE y ERNESTO RUDLOFF, Presidente y


Secretario de la Sociedad Musical de Osomo.

La incomprensión y oposición que existen en las provincias a la


música contemporánea, la atribuímos a su casi absoluto deEconoci-
miento, ya que solamente en Santiago se la difunde más amplia-
mente. Casi no existen grabaciones de ella, y llega al público sola-
mente en contadísimas ocasiones y nunca repetida, por lo que no se
la logra captar en forma completa. El público corriente, formado
por adultos que se interesan por estas manifestaciones, ha crecido
y conocido más ampliamente las escuelas antiguas y clásicas; no así
la música contemporánea, pues Debussy y Ravel aún no son cono-
cidos; mucho menos los músicos actuales, como tampoco sus pro-
pósitos y tendencias.
La difusión de la música moderna sólo puede hacerse a través
de un plan desarrollado en conjunto por los organismos oficiales y
las sociedades musicales y centros de extensión cultural, ya que los
primeros están en condiciones de proporcionar grabaciones, intér-
pretes y todos los antecedentes necesarios para que los segundos
organicen conciertos, charlas, audiciones públicas y radiales, etc.,
dirigidas en especial a la juventud, para que los conocimientos que
ésta adquiera vayan equilibrados en calidad, repartiéndolos justa-
mente entre música antigua, clásica y romántica, por un lado; y
por otro, la música contemporánea, tanto nacional como extran-
jera. Esta difusión debe ser acompañada imprescindiblemente, de
una mayor acción de parte de los educadores musicales, tanto en
liceos, como escueias especiales, conservatorios, etc.
La música chilena contemporánea creemos que debe gozar de
la misma difusión amplia y activa que la extranjera. Si hubiera el
suficiente material, se la podría dar a conocer en forma exclusiva;
es decir, sin programarla junto a la extranjera.

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