LA DICTADURA (1973-1984)
Tradicionalmente se ha dividido este período histórico en tres etapas, siguiendo la división
realizada por el politólogo Luis E. González:
1) La etapa de la “dictadura comisarial” desde 1973 a 1976.
2) La etapa “fundacional” hasta 1980.
3) La “transición hacia la democracia” a partir del plebiscito del 80 hasta que asume el
nuevo gobierno en marzo de 1985.
EL INICIO: EL GOLPE DE ESTADO DEL 27 DE JUNIO
El 27 de junio de 1973 el Presidente Juan María Bordaberry decretó la disolución del
Parlamento y la creación de un Consejo de Estado. Se intervinieron los Entes Autónomos y se
destituyó al intendente de Rocha. Tres días después se declaró ilegal a la Convención Nacional
de Trabajadores (CNT) y se ordenó la captura de sus dirigentes.
¿Quienes apoyaron el golpe y quienes se opusieron? El ex-presidente Jorge Pacheco
Areco, que había sido designado embajador en España, envió un telegrama apoyando las
medidas de Bordaberry. La lista 15 del P. Colorado hizo una declaración rechazando el golpe.
Dentro del Partido Nacional los sectores que habían apoyado la candidatura presidencial de
Wilson Ferreira Aldunate se opusieron y lo mismo hizo el Frente Amplio. Este y los sectores
blancos antigolpistas decidieron coordinar acciones para hacer fracasar el golpe. La CNT
también se opuso e inició una huelga general. También las organizaciones estudiantiles
rechazaron el golpe.
Hubo sectores del Parido Nacional que vieron con simpatía el golpe y lo apoyaron. Entre
otros Martín Etchegoyen, que había apoyado a la dictadura de Terra en los años 30, y que fue
designado presidente del Consejo de Estado
Los sectores opositores coordinaron una manifestación que se realizó el 9 de julio de
1973 por la avenida 18 de Julio de Montevideo. La manifestación fue reprimida violentamente
deteniéndose a cientos de manifestantes, entre ellos al presidente del Frente Amplio, Liber
Seregni. Algunos días después la CNT decidía levantar la huelga general al no lograr la caída de
los golpistas. Algunos dirigentes políticos, temiendo las represalias, abandonaron el país.
Al ver consolidado su poder, el gobierno dirigido por Bordaberry comenzó a imponer
medidas para profundizar el control sobre la población y llevar acabo su política:
- Se prohibieron los partidos de izquierda y se suspendió la actividad política de los
demás partidos
- Se inició la destitución de docentes y se clausuraron los institutos de formación
docente.
- Se intervino la Universidad de la República y se prohibió la Federación de Estudiantes
Universitarios.
- Se inició una campaña publicitaria para obtener el apoyo de la población (“Póngale el hombro
al Uruguay”). A través de los medios de comunicación se mostraba al gobierno estableciendo
el orden en un país que era atacado por la “subversión”. Y esta no era sólo la guerrilla, sino los
partidos políticos, los sindicatos, la Universidad, etc. Como en el resto de América Latina el
ejército de Uruguay aplicaba la “doctrina de seguridad nacional”.
LA DOCTRINA DE SGURIDAD NACONAL
“Doctrina difundida por los Estados Unidos en América Latina a través de la escuela de
formación de oficiales superiores de las fuerzas armadas. En esta institución ubicada en la zona
del Canal del Panamá y conocida como "Escuela de las Américas", oficiales norteamericanos
instruían política y militarmente a los jefes de los ejércitos latinoamericanos. Allí se difundió
esta teoría según la cual el enemigo no estaba fuera de las fronteras sino dentro del propio
país. Ese enemigo era el opositor, denominado genéricamente como "subversivo" al que había
que combatir hasta la muerte. Esta Doctrina tuvo una nefasta influencia en la región y fue
aplicada a rajatabla por las distintas dictaduras latinoamericanas”. (Felipe Piña, historiador
argentino)
“LA CASA EN ORDEN” (1973-76)
El predominio de los sectores “duros” dentro del ejército consolidó la dictadura.
Aumentó la represión: mayor cantidad de presos por razones políticas (especialmente
integrantes del Partido Comunista), condición de “rehenes” para 9 dirigentes tupamaros,
censura de prensa (clausura definitiva del semanario “Marcha”), persecución a periodistas e
intelectuales, intensificación de la destitución de docentes. A todos los funcionarios públicos se
les exigió un certificado de “fe democrática”: los que figuraban en la listas de los partidos de
izquierda en las elecciones de 1971 fueron destituidos.
En el año 1975 la dictadura reforzó su campaña para obtener una mejor imagen tanto
dentro como fuera del país. Al cumplirse 150 años de los sucesos de 1825 se declaró a 1975
“Año de la Orientalidad”, realizándose actos y festejos exaltando el nacionalismo y el
patriotismo como una forma de obtener más respaldo popular. Además se realizó la
repatriación de los restos de Lorenzo Latorre y se le realizaron homenajes, tratando de
prestigiar una figura que la historia tradicional presentaba como dictador y a su vez crear un
paralelismo de su gobierno (cuando se hizo la primera modernización) con la nueva dictadura.
Prestigiando a los dictadores del pasado la dictadura pensaba prestigiarse a si misma.
Se estrecharon vínculos con las dictaduras vecinas: Brasil, Chile y Paraguay en primera
instancia y luego Argentina tras el golpe militar de 1976. Los gobernantes de esos países
fueron recibidos y homenajeados. Años después se sabría que las dictaduras del cono sur
coordinaron la represión y persecución de opositores a través del “Plan Condor”. Fue así que
muchos exiliados uruguayos fueron capturados en países vecinos, especialmente Argentina, y
traídos en forma secreta al Uruguay, para ser interrogados, torturados y desaparecidos.
De acuerdo a la constitución en el año 1976 debían celebrase elecciones. Por lo tanto
eran de esperar novedades en el campo político: o se convocaba a elecciones con un
funcionamiento restringido de los partidos o se aplazaban, reformándose la constitución. El
presidente Bordaberry presentó a los jefes militares una propuesta de constitución de tipo
fascista por la cual no funcionarían partidos políticos, ni siquiera los tradicionales blanco y
colorado. Los militares no compartieron las ideas de Bordaberry y lo destituyeron, designando
como presidente a Alberto Demicheli.(junio de 1976).
En un comunicado público los militares dieron a conocer que las Fuerzas Armadas no
querían “compartir el compromiso y la responsabilidad histórica de suprimir los Partidos
Tradicionales” como quería Bordaberry, pero tampoco convocarían a elecciones. Se proponían
crear Leyes Constitucionales para sustituir a la Constitución y mantener un gobierno
provisorio, o sea continuar con la dictadura.
EL INTENTO FUNDACIONAL (1976-80)
El día que asumió la presidencia, Demicheli firmo las dos primeras de esas “leyes
constitucionales”, conocidos como Actos Institucionales 1 y 2. Se trataba de normas que
modificaban la constitución de 1966 en aquellos aspectos que chocaban con lo que la
dictadura hacía. El primero establecía la suspensión de las elecciones por tiempo indefinido. El
segundo creaba un nuevo organismo, el Consejo de la Nación, integrado por el Consejo de
Estado y la Junta de Oficiales Generales del ejército, la marina y la aviación. Las funciones de
este organismo eran designar al Presidente, a los miembros del Consejo de Estado y de la
Suprema Corte de Justicia. Es decir que los máximos organismos del estado eran designados
por un órgano militar: la Junta de Oficiales.
Para reforzar la presencia militar en el gobierno, que ya existía de hecho pero ahora quería
establecerse de “derecho”, el Acto Institucional 3 legalizó la existencia del Consejo de
Seguridad Nacional (COSENA) que venía actuando desde febrero de 1973. Además creó el
Ministerio de Justicia, supeditando el Poder Judicial al Poder Ejecutivo.
El Acto Institucional número 4 establecía la proscripción por 15 años de todos los políticos con
actuación en los últimos años, bajo la acusación genérica de haber colaborado con la
subversión o la corrupción. Cuando volviera a haber actividad política esas personas no
podrían participar. El presidente Demicheli se negó a firmarlo y fue destituido. En su lugar fue
designado Aparicio Méndez (setiembre de 1976).
El Acto Institucional 5 también “legalizaba” otra situación de hecho: la violación de los
derechos humanos. Establecía que los derechos individuales quedaban limitados por razones
de seguridad nacional. Por su parte el acto 7 dejó las manos libres al gobierno para “disponer”
de los funcionarios públicos es decir destituirlos sin causa. Esta medida se consideraba
importante para limpiar la administración de la “infiltración subversiva” como lo señaló el
Ministro de Justicia Fernando Bayardo Bengoa.
La reiterada violación de los derechos humanos (detenidos sin causa, torturas,
destituciones, proscripciones, etc) le causó problemas a la dictadura en el exterior. Las
denuncias realizadas por los exiliados (Wilson Ferreira, Zelmar Michellini y Enrique Erro entre
otros) provocaron la condena de varios países y de organismos internacionales. Además el
presidente de EEUU, James Carter que en ese momento llevaba adelante una política de fuerte
respaldo a los derechos y de condena a su violación, expresó su desagrado por lo que sucedía
en Uruguay y el Congreso norteamericano suspendió la ayuda militar a nuestro país.
Tal vez por la condena internacional, tal vez por que pensaba que ya se había eliminado
la “subversión comunista”, el gobierno comenzó a planificar una salida a largo plazo.
En un Cónclave reunido en Santa Teresa (agosto de 1977) el gobierno trazó un plan
político en el que se preveía hacer una nueva constitución que se plebiscitaría en el año 1980 y
elecciones para 1981 donde sólo participarían los partidos tradicionales.
Hasta ese momento los partidos tradicionales tenían un funcionamiento clandestino
mínimo. Hubo cierta apertura cuando los militares consultaron a algunos políticos sobre los
cambios ha realizar en la constitución. Los políticos consultados se mostraron en contra del
proyecto y los militares volvieron a criticar a los políticos sosteniendo que “a los vencedores no
se le ponen condiciones”.
A pesar de las críticas de los políticos, el gobierno siguió adelante con su proyecto de
constitución que claramente se basaba en la doctrina de la seguridad nacional. Entre otras
cosas se preveía la existencia del COSENA (lo que significaba la presencia permanente de los
militares en el gobierno), se establecía que en las elecciones de 1981 habría un candidato
único a la presidencia y debía contar con el apoyo militar. En materia de derechos humanos se
restringían las libertades: se permitían allanamientos nocturnos, se daba más plazo para
mantener detenida a una persona, se reglamentaba el derecho de huelga recortándolo. Se
creaba un Tribunal de Control Político que tenía potestades para investigar el funcionamiento
de los partidos y sancionar a sus dirigentes, además se ponía trabas a la formación de nuevos
partidos.
EL PLEBISCITO DE 1980
En noviembre el gobierno lanzó una fuerte campaña publicitaria para lograr el voto de
apoyo por el SI en el plebiscito a realizarse el último domingo de ese mes. La propaganda se
basaba en “crear un nuevo Uruguay” y “combatir al comunismo internacional”. La dictadura
intentó asociar el voto por el NO con la subversión y la corrupción política.
Casi todas las figuras políticas habilitadas (aún se mantenía la proscripción) se
expresaron por el NO. Sólo se expresaron por el SI el colorado Jorge Pacheco Areco y dentro
del Partido Nacional algunos sectores herreristas y Alberto Gallinal. Los dirigentes de izquierda
desde el exilio la cárcel se pronunciaron en contra de la reforma. Pero mientras el gobierno
disponía de todos los medios de comunicación para hacer propaganda a favor de la reforma,
los opositores no tenían esa posibilidad. El boca a boca fue importante para difundir los
motivos de quienes se oponían. También se contó con dos medios de comunicación que
trataron de hacer la crítica de la reforma propuesta: el semanario “Opinar” fundado por
Enrique Tarigo y CX30 La Radio a través de las palabras de su director José Germán Araújo.
Ambos medios se convirtieron en símbolos de la resistencia frente a la dictadura y de la lucha
por recuperar la democracia.
En el plebiscito participó el 85% de los habilitados para votar. Triunfó el NO (57% de los
votantes) por lo tanto el proyecto de constitución presentado por el gobierno no fue aceptado.
Se abría una gran interrogante: ¿qué haría el gobierno?¿Se haría una apertura democrática?
¿Se volvería más represivo? El resultado podía interpretarse como un rechazo a una
constitución poca democrática, pero algunos militares podían entenderlo como un rechazo a
una salida constitucional y el mantenimiento de la dictadura.
LA DICTADURA TRANSICIONAL (1980-84)
Ante el resultado del plebiscito el gobierno preparó un nuevo plan político que buscaba
la participación de los partidos políticos. En julio de 1981el gobierno entregó a algunos
dirigentes políticos unas “bases para el diálogo” que establecían un transición de tres años, la
designación de un nuevo presidente, la integración de representantes de los partidos
tradicionales en el Consejo de estado, desproscripciones paulatinas.
El plan se puso en marcha. Se desproscribió a un centenar de políticos (no los de
primera línea) y se designó un nuevo presidente: el General Gregorio Alvarez (setiembre de
1981).
Las Fuerzas armadas crearon una Comisión de Asuntos Políticos (COMASPO) que
comenzó a discutir con los representantes de los partidos las condiciones en que estos
funcionarían. No fue convocado ningún representante de la izquierda. Las mayores dificultades
de entendimiento de los militares fueron con el Partido Nacional, cuya mayoría se organizó en
torno a la figura de Wilson Ferreira, exiliado en Londres.
El año 1982 fue clave para el comienzo del fin de la dictadura. Tres hechos importantes
debilitaron al gobierno y aumentaron la fuerza de la oposición:
a) la crisis económica conocida como el “quiebre de la tablita” que le quitó al gobierno el
apoyo de sectores empresariales;
b) la aparición pública de organizaciones gremiales de trabajadores y estudiantes (ASCEEP:
Asociación Social y Cultural de Estudiantes de la Enseñanza Pública);
a) el triunfo de los sectores más opuestos a la dictadura en las elecciones internas realizadas
en noviembre.
En junio de 1982 el Consejo de Estado había aprobado el Estatuto por el que debían
regirse los partidos políticos. Inmediatamente comenzaron las movilizaciones partidarias para
las elecciones internas de noviembre. En ellas se elegirían las autoridades de los partidos
tradicionales. Esas autoridades eran las que después discutirían con los militares el proceso
para poner fin a la dictadura.
Las internas de 1982.-
Se presentaron muchas listas (las que se identificaban con tres letras del alfabeto para evitar
usar los números que identificaban a las antiguas listas) pero inmediatamente aparecieron
figuras predominantes. En el Partido Colorado Jorge Pacheco Areco ( a quien se identificaba
con la dictadura por el apoyo que le había dado a ésta), Julio María Sanguinetti (a quien se veía
como representante de Jorge Batlle que estaba proscrito) y Enrique Tarigo (que aparecía como
uno de los colorados opositores por su campaña por el NO en el 80 y por las críticas constantes
al gobierno hechas en el semanario Opinar y como una figura política nueva ya que no tenía
actuación política anterior al 73). El acercamiento que hubo entre Sanguinetti y Tarigo llevó a
un grupo de jóvenes colorados que apoyaban a Tarigo a crear su propio sector: la Corriente
Batllista Independiente liderada por Manuel Flores Silva y Victor Vaillant.
En el Partido Nacional había claramente dos tendencias: una a la que se identificaba con
la dictadura y que tenía entre sus líderes a Alberto Gallinal y la otra identificada con el
Movimiento Por la Patria (Wilson Ferreira) y el Movimiento de Rocha (Carlos Julio Pereira),
opositora. Como ambos dirigentes estaban proscriptos (Ferreira se mantenía aún en el
exterior)no podían formar parte de la lista que fue encabezada por el historiador Juan Pivel de
Voto
El gobierno también había autorizado el funcionamiento de la Unión Cívica, pero no había
permitido el funcionamiento de los sectores de izquierda que en 1971 habían integrado el
Frente Amplio. Algunos de estos sectores, como el Partido Socialista y el Partido Demócrata
Cristiano reclamaron la posibilidad de presentarse a las internas pero le fue negada. Entonces
a la izquierda se le presentaron dos posibilidades: o hacer que sus seguidores votaran dentro
de los partidos tradicionales aquellas listas más opositoras a la dictadura o votar en blanco. En
un primer momento el Partido Comunista, que en el exterior coordinaba acciones con exiliados
blancos de la línea wilsonista, se pronunció a favor de que sus afiliados votaran por la lista
identificada con Wilson Ferreira. Pro otros sectores del Frente Amplio, siguiendo la
recomendación de su líder Liber Seregni, aún preso, optaron por el voto en blanco.
El gobierno liberalizó las condiciones políticas para permitir el desarrollo de la campaña
electoral. Hubo mayor libertad de prensa, reuniones y concentraciones callejeras. La campaña
se fue radicalizando ya que todas las actividades políticas eran aprovechadas por la población
para expresar sus críticas y desaprobación al gobierno. Este reaccionó cerrando algunos
medios de prensa y procesando a algunos dirigentes.
Las elecciones se realizaron el 28 de noviembre de 1982. Concurrió a votar el 60% de los
habilitados. Los sectores simpatizantes con la dictadura fueron ampliamente derrotados.
Dentro de los blancos se consolidó la postura intransigente frente al régimen que tenían
Wilson Ferreira y Carlos Julio Pereira. Dentro del P. Colorado la derrota del pachequismo abría
el camino para Sanguinetti y Tarigo. Ambos sectores ganadores quedaban confirmados como
representantes de la mayoría de la población. La importante cantidad de votos en blanco
(85.377 votos) demostraba la existencia de una izquierda que no se podía desconocer.
Al gobierno la situación se le había complicado: ahora los partidos estaban legitimados y
los dirigentes políticos con quienes tenían que dialogar la “salida” tenían el respaldo de la
gente, a pesar la durísima crítica que la dictadura había hecho desde 1973 a “los políticos”.
1983: año de conversaciones y movilizaciones.-
El resultado de las internas, como había sucedido con el intento de reformar la
constitución en 1980, era una clara derrota para el gobierno. Dentro de este comenzaron a
hacerse notar diferencias. Por un lado los sectores que querían buscar una salida y dejar el
gobierno en manos de civiles (aunque con la tutela de los militares) y aquellos que querían
crear un partido del proceso. Dentro de esta postura estaba, entre otros el presidente
Gregorio Alvarez, como quedó claro en un discurso realizado en la localidad de Aceguá.
En el mes de mayo en el Parque Hotel comenzó el diálogo entre militares y políticos
sobre la futura constitución. Pero las conversaciones no avanzaron mucho: los militares
planteaban la futura constitución en términos parecidos ala rechazada en 1980. Además se
endureció la censura a la prensa y se detuvieron dirigentes políticos, acciones que se
atribuyeron a Alvarez, que parecía no estar de acuerdo con la salida y quería “enturviar” el
diálogo. Al suspenderse las conversaciones, el gobierno prohibió la actividad de los partidos
políticos y amenazó en aprobar por su cuenta la nueva constitución.
Mientras se paralizaban las conversaciones, aumentaron las movilizaciones populares,
realizadas sobretodo por gremios de trabajadores y estudiantes. En abril se había formado el
Plenario Intersindical de Trabajadores (PIT), que el 1° de mayo había conmemorado el día de
los trabajadores con una gran concentración luego de 10 años de prohibición. A partir fueron
frecuentes las movilizaciones tanto para reclamar por cuestiones puramente gremiales como
para reclamar por el retorno a la democracia. También los estudiantes organizados en ASCEEP
se movilizaban, siendo su actividad más importante la realización de “La semana del
estudiante” en setiembre de ese año que culminó con una multitudinaria manifestación. A
estas movilizaciones hay que agregar la formación de la intersectorial, formada por los
gremios, los partidos, cooperativas de vivienda, etc que impulsaron las “caceroleadas” a partir
del mes de agosto.
Las movilizaciones tuvieron su punto culminante en la concentración realizada en el
Obelisco de los Constituyentes el 27 de noviembre. En ese acto se reunieron más de 400 mil
personas que escucharon una proclama leída por el actor Alberto Candeau. En el acto había un
estrado donde se ubicaron las principales figuras de la oposición a al dictadura; lo novedoso
fue además de las figuras políticas de los partidos tradicionales, también se encontraba figuras
de la izquierda.
Pero a pesar de las manifestaciones en conjunto realizadas por todos los partidos, se
comenzaban a notar diferentes enfoques sobre la “salida” de la dictadura entre blancos y
colorados. Era evidente que los militares buscaban la mejor salida para él, es decir alejarse del
poder sin tener que rendir cuentas. Los colorados, con Sanguinetti perfilándose como máximo
líder buscaban una salida negociada y moderada que implicaba aceptar algunos de los
planteos militares. Por su parte la mayoría blanca quería negociar desde una posición de
fuerza y ponía como condición para cualquier diálogo la desproscripción de Wilson Ferreira.
Sanguinetti le comunicó a Ferreira en una reunión que tuvieron en Santa Cruz de la Sierra
(Bolivia) que el P. Colorado estaba dispuesto a llegar a un acuerdo con los militares, aún sin el
P. Nacional. Pero no parecía legítimo un acuerdo sólo con los colorados. La Unión Cívica era
otro de los partidos habilitados pero tenía escaso respaldo popular, por lo tanto no era
suficiente su participación en un posible acuerdo. Por otro lado no se podía negar la existencia
de la izquierda en la calle, aunque seguía proscripta. Podemos especular que la estrategia de
quienes querían una salida negociada apuntó a permitir la actividad de cierta parte de la
izquierda para tener otro partido para dialogar y posiblemente acordar.
1984: EL AÑO DE LA SALIDA
En marzo de 1984 se produjo la liberación de Liber Seregni. En sus primeas palabras
desde el balcón de su apartamento anunció, refiriéndose al Frente Amplio, “somos una fuerza
pacífica y pacificadora”, dando a entender la posibilidad de integrar a la izquierda en el diálogo
para la salida de la dictadura.
El P. Nacional dio a conocer su intención de recoger firmas para convocar a un plebiscito
para reformar la constitución. Tanto el P. Colorado como la izquierda no estuvieron de
acuerdo. Entonces el P. Nacional anunció que no iba a seguir negociando y que no haría ningún
acuerdo si se mantenían las proscripciones. Wilson Ferreira que se había trasladado desde
Londres a Buenos Aires, anunció su pronto regreso al país, a pesar de había una orden de
captura contra él. Los colorados consideraron que la actitud de confrontación de Ferreira
podía perjudicar el diálogo y favorecer a los sectores duros del gobierno.
El 16 de junio Ferreira regresó al país. Un gran despliegue militar esperó su llegada al
puerto de Montevideo; fue detenido y recluido en un cuartel en Florida. Algunos blancos
esperaban que la llegada de Ferreira provocaría tal conmoción que provocaría la caída de la
dictadura. Pero no sucedió así. los colorados mantuvieron su actitud negociadora y los
militares, que se habían opuesto a la posibilidad de que la izquierda volviera a existir, se dieron
cuenta que necesitaban otro sector político que participara de los posibles acuerdos.
Empezaron a considerar la posibilidad de que algunos sectores del Frente Amplio fueran
permitidos e incluidos en el diálogo.
En julio se reinició el diálogo entre los militares y los representantes del P. Colorado, la
Unión Cívica y de algunos sectores del Frente Amplio (P. Socialista y Partido Demócrata
Cristiano). Las reuniones se realizaron por casi un mes y culminaron en un acuerdo realizado
en el Club Naval. En noviembre se realizarían elecciones y se harían algunas reformas
transitorias a la constitución referidas al ascenso de los oficiales militares y la designación de
los comandantes de las tres armas. Los sectores políticos solicitaron la libertad de Ferreira para
que el P. Nacional se incorporara al acuerdo, pero los militares respondieron que era la justicia
militar la que debía resolver. No se trató el tema de la violación de los derechos humanos, pero
en la opinión de los militares no había posibilidad de “revisión” de lo que ellos llamaban “la
lucha antisubversiva”.
El acuerdo fue rechazado por el P. Nacional que habló de un “pacto del Club Naval”
entre Sanguinetti y Hugo Medina (Comandante del Ejército) para dejar afuera de las elecciones
a Ferreira y facilitar el triunfo del P. Colorado. A cambio, decía el P. Nacional, Sanguinetti hizo
concesiones a los militares que significaban reconocer la dictadura. Acusó al Frente Amplio de
haber prestado apoyo a ese “pacto”.
El P. Colorado consideraba que el acuerdo logrado era el único camino responsable para
salir de la dictadura, ya que si no había acuerdo los militares seguían en el poder.
Para el Frente Amplio el diálogo y el acuerdo con los militares era la forma de recuperar
su legalidad y participar de la toma de decisiones. Si bien mantenía varios sectores y muchos
dirigentes proscriptos (como Seregni), recuperaba la posibilidad de actuar públicamente y salir
de la clandestinidad.
LAS ELECCIONES DE 1984
El 15 de agosto de 1984 se dictó el Acto Institucional 19 que recogía el acuerdo entre los
militares y los partidos políticos (Colorado, Frente Amplio, Unión Cívica). Allí se establecía la
convocatoria a elecciones para el mes de noviembre y las normas transitorias que se
agregarían a la Constitución.
En esa misma fecha se creó la Concertación Nacional Programática (CONAPRO),
organismo integrado por los partidos políticos y organizaciones sociales con el objetivo de
establecer objetivos comunes en economía, educación, salud, etc que llevaría acabo el futuro
gobierno.
Para las elecciones presidenciales el P. Colorado presentó dos candidaturas: Sanguinetti
(con Enrique Tarigo como vice) que reunía a los sectores batllistas y Jorge Pacheco Areco. En
el P. Nacional se presentaron tres candidatos. El sector mayoritario (Movimientos Por la Patria
y de Rocha) al tener a su lider Ferreira preso y proscripto, designó como candidato a Alberto
Zumarán (acompañado de Gonzalo Aguirre a la vice-presidencia). Además eran candidatos
Dardo Ortiz (por sectores herreristas) y Carlos Paysée (último intendente de Montevideo
durante la dictadura y claramente identificado con ésta). El Frente Amplio que tenía a su lider
Seregni proscripto, presentó como candidato a José Crotoggini acompañado por José D’Elía,
dirigente de la CNT.
Las elecciones del 25 de noviembre le dieron el triunfo al P. Colorado y dentro de él a
Sanguinetti Su candidatura recogió muchos votos extrapartidarios (seguramente blancos) que
lo veían como el único garante de una salida moderada y pacífica. Su campaña publicitaria en
la que se mostraba como “el cambio en paz” atraía votantes que querían cambios pero no
sobresaltos. El P. Nacional perdió votos: porque muchos blancos se asustaron por el nivel de
enfrentamiento con los militares y porque Zumarán no pudo suplantar el carisma de Ferreira.
Este fue liberado 5 días después de las elecciones.
El Frente Amplio se mantuvo como tercera fuerza política afirmando su presencia en el
mapa electoral a aunque muchos de sus dirigentes estaban aún proscritos y a pesar de la
persecución que sufrió durante la dictadura.
LA ECONOMÍA DURANTE LA DICTADURA
La evolución de la economía durante la dictadura se puede dividir en tres etapas.
PRIMERA ETAPA: LAS REGLAS DEL MERCADO (1974-78)
Antes del golpe de estado, en 1972, la Oficina de Planeamiento y Presupuesto había
elaborado un Plan Nacional de desarrollo para ser aplicado por cinco años. El plan se basaba
en las ideas del neoliberalismo. Era la adaptación de las viejas ideas del liberalismo del siglo
XVIII según las cuales la economía se autoregula o está regulada por leyes naturales (como la
ley de oferta y demanda), con las que el estado no debe interferir. “El mercado debe ser el
asignador de recursos”, es decir que el mercado (todos los individuos que forman parte de una
sociedad) a través de lo que hacen (consumo, trabajo, inversiones) establecen los pecios de los
productos, el salario, etc.
El plan elaborado en 1972 consideraba que la economía uruguaya se había estancado
por la perdida de importancia del mercado frente al estado y por la desvinculación del Uruguay
a lo que pasaba en la economía mundial. Proponía devolver al mercado su rol en la asignación
de recursos disminuyendo la actividad del estado y que los agentes productivos (empresarios,
trabajadores, etc) tomaran libremente sus decisiones. Había que abrir la economía del país
(apertura económica) al comercio y a las inversiones internacionales eliminando impuestos
aduaneros y trabas legales.
Este plan, elaborado para el gobierno de Bordaberry, fue implementado por este mismo
presidente luego del golpe de estado a través del Ministro de Economía Alejandro Vegh
Villegas.
Se inició la apertura económica con la libertad de cambio de moneda extranjera y de
movimientos de capitales. En marzo de 1976 se decretó el fin del uso forzoso del peso dentro
del país, abriendo camino para la “dolarización”. Para las importaciones se eliminó la
obligación de los importadores de hacer un depósito previo y se redujeron los impuestos
aduaneros.
Se favoreció a las inversiones extranjeras, al dejarles libertad para disponer de sus
ganancias (podían retirarlas del país).
Se intentó promover las industrias en el sector de las exportaciones no tradicionales,
como una forma de aumentar las ventas al exterior ante el estancamiento de las exportaciones
tradicionales. La Comunidad Económica Europea había tomado medidas proteccionistas
cerrando sus mercados al ingreso de carne perjudicando las exportaciones de Uruguay. Antes
con lo obtenido por la exportación de carne se podía pagar buena parte del petróleo
importado. Pero con el aumento del precio del petróleo y la caída de las exportaciones de
carne hubo que recurrir a las reservas en dólares para pagar las cuentas.
El gobierno fijó los salarios y las jubilaciones, mientras los precios de los productos se
fueron liberando. En 1974 había precios fijados al 94% de los productos de la canasta familiar;
en 1978 se habían reducido al 51% de esos productos. Al quedar libres algunos de esos precios
aumentaron, mientras los salarios, sólo aumentaban cuando el gobierno lo decidía. Y el
gobierno decidía escasos aumentos salariales porque se basaba en la idea neoliberal de que el
aumento de salarios podía provocar un exceso de circulante (dinero disponible) y esto llevaría
a la inflación (aumento de precios). Hay que tener en cuenta que los sindicatos estaban
prohibidos y los trabajadores no podían organizarse para hacer reclamos.
Si observamos los resultados vemos un crecimiento del producto bruto interno (3,8%
anual) que se dio especialmente en la construcción, el comercio y en la industria textil, de
aparatos eléctricos y papel. Aumentaron las exportaciones no tradicionales (del 38% al 70%).
También aumentaron las importaciones por lo que se mantuvo el déficit de la balanza
comercial. Hubo un aumento de las inversiones extranjeras, destacándose el ingreso de
capitales argentinos en negocios inmobiliarios que provocaron el “boom” de la construcción en
Punta del Este. Aumentó la deuda externa, bajó la inflación y también bajaron los salarios.
SEGUNDA ETAPA: LA TABLITA (1978-1982)
La segunda etapa corresponde al período en que el Ministerio de Economía estuvo a
cargo de Valentín Arismendi tras la renuncia de Alejandro Vegh Villegas.
Para abrir más la economía del Uruguay al exterior se siguieron bajando los impuestos
aduaneros y además se redujeron los subsidios a las industrias nacionales, para que estas se
vieran obligadas a “ser eficientes” y competir con las importaciones sin apoyo estatal.
Se utilizó un sistema de fijación del valor oficial del cambio de dólares (el valor que el
estado le daba a esa moneda en territorio nacional) preanunciando su valor a futuro. De esta
manera alguien se podía endeudar en dólares con la tranquilidad de saber cuando valdría el
dólar en los siguientes meses. Este sistema de fijación anticipada del dólar se conoció
popularmente como “la tablita”. Como el valor del dólar de la tablita aumentó menos que los
precios dentro del Uruguay, aumentaron las importaciones.
Se privilegió la actividad financiera (bancaria). Se eliminaron los encajes bancarios
obligatorios (cantidad mínima de dinero que los bancos debían siempre mantener en
depósito), se amplió el posibilidad de endeudamiento e los bancos y se liberó la tasa de
interés. Los bancos aumentaron las tasa de interés que pagaban por los depósitos lo cual
atrajo depositantes de adentro y fuera del país. De esta manera se favorecía la especulación
sobre la producción porque muchos capitales se depositaron para obtener una tasa más alta
de ganancia en los bancos en lugar de invertirlos en industrias, comercio, etc. Los depósitos en
los bancos se hacían en dólares y los préstamos de los bancos también se hacían en esa
moneda.
El producto bruto interno siguió creciendo como en la etapa anterior, pero por el
mantenimiento de las construcciones privadas en Punta del este y Montevideo y por las obras
públicas (como la represa de Salto Grande) mientras caía la producción industrial.
En 1982 dejaron de ingresar capitales extranjeros. El déficit del estado (gastos) era
importante. El sector productivo especialmente pequeños y medianos productores
agropecuarios e industriales, se había endeudado en dólares. Debido alas altas tasas de interés
y la caída de sus ventas esos productores no pudieron pagar los préstamos y los bancos
pidieron ayuda al estado para que se hiciera cargo de esas deudas. El Banco Central así lo hizo
(la compra de carteras pesadas). Como lo expresa el historiador Benjamín Nahum los bancos
privados, para salvarse del desastre reclamaron el salvataje del estado que, según esos mismos
bancos y las ideas sostenidas desde el gobierno, no debía intervenir en la economía para que
esta funcionara “naturalmente”.
Al hacerse cargo de esas deudas y salvar a los bancos el estado se endeudó aún más
con el exterior. Finalmente, en noviembre de 1982, días antes de las elecciones internas de los
partidos, convocadas por la dictadura, el Ministerio de Economía anunció el fin de la tablita, o
sea el fin del valor del dólar prefijado. El valor del dólar aumentó inmediatamente, pasando en
dos días de 13 a 39 pesos. Días antes, entrevistado el ministro Arismendi sobre la posibilidad
que el dólar subiera había dicho enfáticamente “sólo un marciano puede creer eso”.
El aumento del dólar perjudicó a todos aquellos que se habían endeudado en esta
moneda, tanto productores con préstamos bancarios como consumidores que habían
comprado a plazos. Cientos de empresas quebraron.
TERCERA ETAPA: EL DESASTRE (1982-1984)
La elevada deuda externa obligó al gobierno a refinanciarla a través del FMI. En febrero
de 1983 se firmó un acuerdo con este organismo donde Uruguay aceptaba las “recetas” que
aquel imponía a los países endeudados: obtener un equilibrio en el presupuesto, limitar los
gastos del estado disminuyendo la asistencia social (salud, educación, etc), comprimir los
salarios (no aumentar los salarios, mantenerlos por debajo de la inflación), controlar la
cantidad de dinero circulante, evitar el proteccionismo. Para cumplir con estas
recomendaciones el gobierno dictatorial aumentó el impuesto al consumo (IVA) que pasó del 8
al 12%; aumentó las tarifas públicas (entre 25 y 50%); se redujeron los impuestos aduaneros.
En estos dos años finales de la dictadura se vieron las consecuencias de la “crisis de la
tablita”: disminuyó la producción (en el sector industrial un 25%), el salario real descendió un
20% en 1983, disminuyó el consumo provocando la caída de las importaciones (lo que permitió
el superávit comercial), muchos depósitos bancarios se fueron el país al bajar los intereses y
aumentó la deuda externa ( mil millones de dólares en 1984, lo que equivalía a las
exportaciones de 5 años).
El gobierno decidió no pagar los vencimientos y refinanciar pagando interese más altos,
lo que significaba pasar la enorme deuda para los futuros gobiernos.